El mundo de Nasrudin

Cuentos sufies
Un día estaba en un banquete cuan-
do observó a un hombre ricamente vestido llena-
ndo de comida sus bolsillos.
—Es para mi esposa —explicó el ladrón—.
No podía venir así que le dije que le llevaría a
casa algo de comida para ella.
Sin decir palabra, Nasrudín abrió el bolsillo del
hombre y vertió en él un puchero de té.
—¿Qué estás haciendo? —gritó el avaro.
—Cuando tu mujer se haya comido todo eso —
contestó el mulá—, tendrá que beber algo.
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Autor- Idries Shah
Diseñador-Daniel Elhordoy
Nro de estudiante-146830
Entrega de diseño editorial
Universidad ORT
Impreso en papel de 90gr y 100gr
Tipografías usadas Verdana y Acadian
Impreso en copyser
Hecho en Indesign CS2
— —le preguntó el vecino—, ¿quién es
más inteligente, el camello o el hombre?
—El camello —contestó el mulá—, porque lleva
cargas pesadas sin quejarse, pero nunca pide
una carga adicional. El hombre, por el contra-
rio, atestado de responsabilidades, siempre
quiere aumentar sus cargas.
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Indice
Introducción...........................................7
Biografía................................................8
Un regalo de Dios ...................................9
Un pan para la cabeza ...........................11
Una copia perfecta.................................12
La habilidad con las palabras...................14
El tesoro de otro hombre........................16
Manzanas.............................................18
¿Eres yo...............................................21
Preguntar al hombre equivocado..............23
Camellos y hombres...............................24
Come y luego bebe................................27
icen que es el loco más sabio
que ha existido. Como todos los libros de Idries
Shah, este volumen está lleno de sorpresas. Hace
40 años, este autor trajo los cuentos y chistes de
Oriente Medio y Asia Central al mundo occidental.
En todos ellos el protagonista es el Mulá
el sorprendente personaje de
las enseñanzas sufíes que a veces aparece como
un sabio y otras como un loco.Las enseñanzas de
Nasrudín son un refejo de la sabiduría que su-
byace en la naturaleza humana. Este compendio
incluye 10 nuevos cuentos inéditos recogidos por
Idries Shah.
Muchos de ellos tienen siglos de antigüedad, pero su
signifcado resiste el paso del tiempo y hoy pueden
ser considerados más actuales que nunca. Violentos
tiranos, fanáticos religiosos, jueces incompetentes,
hombres ricos y avariciosos son algunos de los per-
sonajes que aparecen en estas historias, que tam-
bién pueden leerse para disfrutar de un momento
de diversión o para meditar sobre el signifcado de
la verdad.
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Introduccion ´
trataba de asegurar el gallinero
antes de que las aves tuvieran oportunidad de es-
capar, cuando fue interrumpido por un vecino.
—¿Cuántos días tiene el año?
—¿Tengo yo aspecto de comerciante de años —dijo
con brusquedad —, para que pienses
que llevo la cuenta de los días?
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Idries Shah
Nació en Afganistán. Era especialista en la
tradición sufí, y fue el introductor de esta flos-
ofía en el mundo occidental. Sus escritos tuvieron
infuencia en numerosos intelectuales contem-
poráneos, como por ejemplo Doris Lessing. Su
defnición del sufsmo era muy liberal, ya que él
consideraba que esta tradición es independiente
del Corán y que su espíritu es universal.
Es considerado como el intelectual más impor-
tante en la adaptación del pensamiento espiritual
clásico al mundo moderno. Sus libros han ven-
dido más de 15 millones de ejemplares en todo
el mundo.
Es autor entre otras obras, de Las Hazañas del
Incomparable Mulá , Cuentos de los
derviches, Las ocurrencias del increíble Mulá
Nasrudín o El monasterio mágico (Paidós).
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Biografia ´
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Andaba por la concurrida ciudad
de Bagdad cuando chocó con otro hombre y
ambos cayeron al suelo.
—Perdón —dijo educadamente mientras se le-
vantaba—, ¿tú eres tú o eres yo? Porque
si eres yo, entonces yo debo ser tú.
—Seas quien seas, eres un completo lunáti-
co —replicó el otro hombre al oír la pregunta
del mulá.
—Es que tú y yo somos de una complexión
similar y llevamos ropas parecidas. Pensé que
podría haberme confundido en la caída.
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había salido a pasear cuando una
abeja le picó en la nariz. La picadura empezó
a hincharse de forma alarmante y se fue
corriendo a ver al médico. Cuando cruzaba el
bazar, un guasón le vio y dijo riendo:
—¿Dónde conseguiste esa nariz?, ¿de un
burro?
—Sí —contestó el mulá—Cuando Dios dividió
al asno, te dio a ti su inteligencia, y a mi, su
nariz.
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Mulá estaba una vez trabajando
como recogedor de manzanas. Después de
todo un día de trabajo agotador, su jefe —que
era un avaro— se negó a pagarle el salario
acordado.

—No tengo dinero para darte, pero vuelve
mañana a trabajar y puedes comer todas las
manzanas que quieras.
El mulá volvió al otro día y siguió cogiendo
diligentemente la fruta de los árboles. A la
puesta del sol, trepó al árbol más alto y em-
pezó a comer manzanas con tal deleite que
el avaro se alarmó.
—¿Por qué no comes de las ramas inferiores?
—le gritó desde el suelo.
—Empiezo desde arriba y voy bajando poco
a poco —gritó —.Con casi todo un
huerto de manzanas para comer, debo ser
sistemático.
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Una noche llegó a casa de su her-
mano ya muy tarde, e inmediatamente le hici-
eron pasar a la mejor habitación. Aunque se le
había dado la cama más cómoda de la casa, con
las sábanas y las mantas más suaves, nadie
pensó en preguntarle si había cenado.
Dando vueltas a un lado y al otro,
luchaba en vano por suprimir los ruidos que el
hambre le hacía en las tripas. Finalmente, saltó
de la cama y llamó a su anftrión.
—¿Qué pasa?
—preguntó el hermano del mulá, asustado al
ver que le despertaban en mitad de la noche.
—Las almohadas son demasiado suaves —rep-
licó —.¿Podría coger un pan de la
cocina y descansar la cabeza en él?
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Caminaba por la ribera cuando vio
una copa fotando en el agua. La sacó, miró
en su interior y descubrió que estaba medio
llena de agua. En la superfcie brillaba la
cara de un hombre.
—Lo siento —dijo al refejo—, no me he
dado cuenta de que la copa era suya.
—Y sin dudarlo un instante la echó de nuevo
al río.
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estaba en Turquía visitando a un
amigo. Una noche, los dos hombres se sentaron
fuera, bajo el cielo estrellado.
Enseguida el mulá dejó de hablar y empezó a
dar sonoras muestras de aprobación.
—¿Por qué haces “¡ooh!” y “¡aah!”?
—Estaba admirando tu cielo y me asombraba de
la maestría de vuestros pintores de cielos. Han
hecho una copia perfecta de las estrellas que
tenemos en mi tierra natal.
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Una cuadrilla de ladrones, a la espera de juicio,
estaban preocupados por las duras condenas que
estaban aplicando los tribunales
.
—Necesitamos a un hombre que nos defenda de
manera tan elocuente que ningún juez pueda conde-
narnos —dijo el jefe.
Recordando la habilidad de con las pala-
bras, le contrató como abogado.
El mulá apareció en la audiencia al día siguiente y
pronunció una defensa tan convincente que todo
el palacio de justicia quedó convencido de que los
hombres eran inocentes.
había puesto tanta energía en su ac-
tuación que empezó a sudar. Segundos antes de que
el juez ordenara la liberación de los acusados, su
abogado no puedo resistir al calor por más tiempo.
Se quitó el manto y pidió a los guardias que lo me-
tieran en una celda.
—¿Por qué quieres encarcelar a tu manto? —pre-
guntó el juez.—Si estos hombres van a ser libera-
dos —contestó el mulá—, quiero asegurarme de que
mi manto esté en un lugar seguro.
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