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I
MARIO BUNGE
Foundations & Philosophy of Science IJnit,
McGill Universitt, Mon¡real
ECOIVOMIA
Y FILOSOFIA
PRESENTACI ON
DE
RAUL PREBI SCH
Cont i si ón Econóni c' . p' r a Anúr i cu Lat i n. , e l . . t t \ act ones ( Jni das
SEGUNDA EDICION
H#
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PRESTA
Á 00MICru0
Diseño de cubierta: J. M. Domínguez y
Impresión de cubierta: Gráficas Molina
J. Sánchez Cuenca
INDICE
Pnes¡ Nr ncr óN o¡ Rnúl Pn¡ sr scH
Pnol oco A LA sEGUNDA EDr ct oN
Png¡ncro
I Nr noouccr óN. . . .
l . Ei ¡ , suNr o DE LA ECONOMI A
pol - t r l cA
2. Coucr pr os ECoNoMr cos
3. GeN¡nRLTzRCI oNES ¡co¡¡ól rrcas
4. Teoni ns Y MoDELos ECoNóMr cos
5. Pol i r r cns ECoNóMr cAS
6. El voN¡rRnrsi l ro .
7. T¡ onÍ n Y REALTDAD
8.
¿Cr eNcl , +osEMr cr ENCr a?
. . .
9.
¿Quo
veors?
ApÉNnl c¡ l ExHrsreNbo Los REFERENTES .
ApÉNor ce z. L¡ ves Y REGLAS
Apr Nor cr 3 TEoRi A DEr cRECTMTENTo
ApÉNor cE
q
Mop¡ l o LTNEAL DE
pRoDl r ccr oN
Ap¡Nol c¡ ¡ CoNcepros DE DESARRoLLo
Br sLr ocRRnÍ A . . .
Filfr $E PRESTA
A }'.t-HIfItIÜ
Ptí5.
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2, 9
P, 7
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1. " edi ci ón: 1982
2. " edi ci ón: 1985
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ECOF{*f , , {l A
Reservados todos l os derechos. Ni l a total i dad ni parte de este l i bro
puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electró-
nico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética o cual-
quier almacehamiento de información y sistema de recuperación, sin
.
permi so escri to de Edi tori al Tecnos, S. A.
O by Manro Br-;Nce
EDI TORI AL TECNOS, S. 4. , 1985
O' Donnel l , 27
.
28009 MADRID
I SBN: 84- 309- 1165- 0
Depósi t o Legal : M- 18223 - 1985
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Pri nted i n Spai n. Impreso en España por GAMA, S. A.
Tracia. l7 - 28037 Madrid
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PRESENTACION
Ha sido para mí una grata
-rorpresa
que Marío
Bunge me sugiríera escribír la introduccíón a este
pequeño libro. Filósofo eminente, se ha dejado lle-
var por su vasta curiosidad intelectual al campo de
l a ci enci a económi ca o, más bi en di cho, de l á oasí
l l amada ci enci a económi ca>, como me hc dado en
deci r
f recuent ement e. Y ha escri t o est e l i bro muy
provocat i vo.
Llega en muy buena oportunidad y nos será de
gran ayuda a l os economi st as que, como en mí
caso, rechazan l os art í cul os de
f e
del pensami ent o
convenci onal . El doct or Bunge aruemet e resuel t a-
ment e cont rs l as t eorí as cl ási cas y neocl ási cas, si n
que escapen a su análisís crítico las concepciones
marxistas. Pero es a las neoclásicas a donde se
díríg e prefere nte mente.
Como he recordado más de una vez en los últi-
mos tiempos, yo he sido un
firme
neoclásico en mi
juventud.
Sin embargo, Ia gran depresión mundial
me hí zo comenzar una obra de desmant el amí ent o.
De haber sido esa depresión un simple descenso
cíclico pude haber recordado, sin compartirlo,
desde l uego, una af i rmaci ón de un prof ei or mí o,
neocl ási co al ext remo, quí en decí a sent enci osa-
ment e:
"
Las cri si s cí cl i cas el i mi nan i nexorabi e-
ment e a l os menos apt os, a l os i nef i ci ent es, I o
mi smo que un i nvi erno muy severo t ermi na con l os
tuberculosos. Formas crueles -agregaba-, pero
muy ef i caces de saneami ent o. ))
Bien sabemos que la gran depresíón eliminó a
muchí si mos sanos en t odo el mundo. Yf ue necesa-
ria la gran obra de Keynes, que Mario Bunge ad-
9
m¡ra, para comprender la índole de este
fenómeno
y decídir contiarrestarlo con nuevas iáeas, muy
audaces en aquellos tiempos.
Tardé bastante tiempo, sin embargo, en llevar mi
tarea crítíca al punto avanzado en que hoy me
encuent ra.
Qui enes
esperábamos en l a Améri cu
Lat i na, l l evados por el razonamí ent o
neocl ási co,
que el desaruollo económíco intpulsado por la in-
dustrialización iría estrechando progresivamente
las grandes disparidades en la distribución del in-
greso, t uví mos que reconocer l o cont rarí o f rent e u
la evídencia de los hechos.
pero
en vano pudimos
encontrar una explicación valedera de este fenó_
meno a l a I uZ de l as enseñanzas neocl ásí cas.
Más aún, no hay una t eorí a económi ca que
permita explicar los
fenómenos
globales
del ctisa_
rrollo, ni de esas crecientes dtsparidades
sociales,
sal vo en l o que conci erne a ci ert as rest ri cci ones del
libre
juego
de las leyes económicas y a las imper_
fecciones
del mercado.
¿Qué
hacer ent once, s? Al procurcr
l a respuest a,
entro decididamente
a un campo de amplia coirtci_
dencia con el doctor Bunge. Si la teoría económica
resulta claramente ínsuficiente es porque ígnora la
est ruct ura soci al y sus mut aci ones y l as cambi ant es
relacíones de poder que emergen de todo ello. En
su afliyt de asepsia doctrinaría, sus adeptos evitan
cuidadosamente la influencia de elemeitos exópe_
nos. A mi
juício,
ni los elementos técnicos, potític-os,
soci al es y cul t ural es son exógenos. Forman
Dart e
i nt egrant e de un si st ema y, como t al es, t i enen gran
influencia en esGS, mufaciones y en las contrádic_
ci ones que aparecen cada vez más en su
f unci ona_
mi ent o.
La penetración
del progreso
técníco de los cen_
t ros, en sus di versas mani f est aci ones,
t i ert e un pa_
pel importantísimo en esas mutaciones de la es_
tructura social. La estructura social de la periferia
es sumament e het erogénea y permi t e que el
f rut o
l 0
-
del progreso
técníco,
de la creciente pr.oductividad
que l e acompañe,
se concent re
periores
de ia estructura
sociar'írfi,íi'"::':;
:h
ry?f"t
la mayor parte
de los _idio, p;;;r;;;r;r.
Ahí radica el
fenólfno de apropiación
del exce_
dente económic.o.
Et sistema
]unciona ,fn griil",
tropiezos
mientras
no hay
fuLrzos que contrarres_
tan este poder
de apropiación
det' excedinii,")"
donde sal e, en úl t . ¡má i ni t anci a. ,
t o orr^i i ; ; ; ; ; ; ,
capital reproductivo,
cuyo cont' inuo
crecimiento
es
esenciol a la dinámica
del sístema.
En otros t¿lm¡_
nos, mi ent ras domí ne, si n
cont rapesos
el poder po-l i
tico y económico
de los estratotr
superiores,
se de_
senvuelve
la acutnulac_ión
!,
al m|smo tt"mpo,-' io
sociedad privilegiada
de consumo
en tares
"riroior.
clásicos
no admitieron
ómeno i mport ant í si mo
ues sosl uvi eron gue
el
colectividad
por
-el
alza o;' r!' *:!:::,:r::o:
' ,:
baja generctl
de los precios.
ei Llegar
"t
,iiiriro"
o
una posición
de equiribrio
-ro cual ,"chazi
it i",
tor Bunge
como yo_,
habría ,trropn)ir¡¿r"í"
apropia.ción
empr.esarial
del
fruto drt
w;g;;r-, ,¿'r_
nico, sin otras disparídadei
d¡stribui¡ro7
;;""i;,
correspondíentes
a la aportación
de to, aiiir"r",l,
individuos
al proceso
pioductivo.
El excedente
se retiene
debido a la heterogenei_
enórrteno
de expansión
' nt egrant e
del proceso
de dentostr0r
ert un
Pues bi en, en el avance de l as mut aci one. ,
eJ_
lo el poder
sindical y
te de la
fuerza de trá_
, enui nament e
y no en
de democratización.
I
Capitali.rmo periférico
_
Crisis y Transformación,
Fondo de
Cul tura Económi ca,
-Méxi co,
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4
E
Ademós, comienza la tendencia a la hipertrofia del
Estado, que se explíca en cierto ntodo por la pre'
sión soclat y la propia dinámíca del Estado y el
crecímiento de los gastos militares
'
Y ese doble
poder redistibutivo
-de la
fuerza
de trabaio y del
' Estado--
se aontrapone cada vez más al poder de
apropiación
de los estratos superiores'
Eita creciente confrontación no obedece a prin-
cípio regulador alguno. Más todavía, el oumento
del consumo
privado y social de la
fuerza
cle tra-
baj o
y del consumo ci vi l y mi l i t ar del Est ado, que
resultan de esa confrontación, no se cumple a ex-
pensas del consumo pri vi l egi ado de l os est rat os
superi ores, si no que se superpone a ese consul rt o.
Y, con el andar del t i empo, se va debi l i t ando el
rítmo de crecimiento del e.rcedente y de Ia ocLtnlu'
lación de capital reproductivo (que hay que distin-
gui r del capi t al que no aument a progresi vament e l a
product i vi dad y el ent pl eo). Así pues, l a pugna di s-
tribtttiva termina por reducir la rentabilidad de las
empresas, con ef ect os adversos a l a ocupaci ón. Y
l a ct ut ori dad monet ari a, por más que se hayu preo-
cupado de la estabílidad del nivel de precios, se ve
obl i gada a ceder, creando el di nero necesari o para
que el al za de l as remuneraci ones proveni enf e di -
recta e indirectamente de Ia presión redistributiva
pueda t raduci rse en al za de preci os y rest abl ecer
así l a di námi ca del excedent e. Trát ase de un nLt evo
tipo de inflación, de inflación social, que suele
compl i carse con
f ormas
i nvet eradas de i nf l aci ón.
Y aquí entra en escena el inefable doctor Fried-
man, que ha adqui ri do gran i nf l uenci a en nuest ro
hemi sf eri o sur. Mu¡, senci l l o, nos di ce est e prest i -
gi oso economi st a. Hay que
f renar
l a creaci ón de
di nero por el si st ema bancari o. No i nt eresa cual
sea el orí gen subyacent e de est e
f enómeno,
si no
desbarc.tar el poder sindical y político de Ia
fuerza
del Estado y achicar las dimensiones del Estado.
¿Cómo
hacer l o pri mero? Por I a rest ri ccí ón cre-
l 2
ditícia, a
fin
de eliminar la plétora monetaria. Es el
método de la sangría a que se refiere Mario Bunge.
Y uno recuerda a aquel médi co
f amoso' de
una
novela clásica que recomendaba esta operación
para elíminar Ia plétora sanguínea: oQue el pa-
cí ent e se debi l i t ara cada vez mós, no i mport a, hay
que prosegui r t enazment e. En una de esas el en-
fermo
muere. Pero el médico no se perturba y
frente
a r¿r^s discípulos desconcertados exclama:
¡Qué
l ást i ma, de no haberse muert o el paci ent e
habríamos comprobado la eficiencia de mi terapéu-
tíca.t>
Pues bi en, l a sangrí a monet ari a l l eva
f at al ment e
a l a cont racci ón de l a economí a y I a desocupaci ón.
Y ha¡, que persistir hasta doblegar el pocier sindical
y polítíco, de manera que puedan descender las
remuneraci ones y rest abl ecerse l a di námi ca del ex-
cedent e. Tal es el
f ri edm. ani smo
en boga.
Por cierto que en vctrios de nuestros países he-
mos veni do, además, usando un mét odo mucho
más expeditivo. Recurrir al poder militar del Es-
tado para suprimir el poder de la
fuerza
de trabajo.
Y en est a
. f orma
se mant í enen l as remuneraci ones
mi ent ras se dej an que l os preci os o al cancen su
propi o ni vel r.
Pero no abominemos de Milton Friedman por
est e desenl ace.
¿Acaso
el poder redi st ri but i vo no
significa una
flagrante
violación del
juego
de las
l eyes del mercado? Hay, pues, que recurui r a l a
f uerza
para corregí r est a grave desvi aci ón del si s-
t ema. Lo cual t i ene t arnbi én l a vi rt ud de permi t i r el
f l oreci mi ent o
del l i beral i smo económi co a cost a del
proceso de democrat i zaci ón y del bi enest ar de
grandes masas.
No digo que la restricción monetaria haya sido
íneficaz en otros tiempos para corregir las viola-
ciones de las reglas del
juego
cuando se ha abu-
sado del crédito privado; pero es absurdo pensar
que pueda combatir la inflación de tipo social; el
l 3
*
problema es mucho más
profundo. Y, a mi
juicio,
no se podrá resolver sin una transformación fun-
damental en el régimen de dístribución del ingreso
nuevo
por devorarse a sí misma. Es tiempo que
sociólogos
y polítólogos proyecten también sus lu-
ces sobre est e
f undament al
probl ema.
Mucho más habría que decir sobre todo ello,
pero sospecho que Marí o Bunge pudi era acusarme
legítímamente de extralimitación
frente
a la es-
cueta sobriedad de su libro. Pero basta lo que
acabo de exponer para justfficar
su crítica a la
teoría y subrayar la necesidad de una tarea muy
profunda de re novación.
Renovación teórica no sólo en el ámbito de la
macroeconomía dinámica a que me he venido refi-
.riendo,
sino a la microeconomía. Afirma sin amba-
ges el doct or Bunge que vari os de l os supuest os
sobre los cuales se
funda
aquélla, acerca de la
conduct a humana, no est án de acuerdo con l o que
la psicología y la antropología nos enseña. Su crí-
tíca es incisiva y justifica
aquí también un gran
esfuerzo de renovacíón.
Fi nal ment e, Mari o Bunge l l eva su examen a l os
model os econcmét ri cos. Acept a ci ert os model os
parciales, pero duda acerca de los ntodelos globa-
Ies. S¿¿ ef;cacia es muy díscutible, sobre todo
cuando se pret ende que ses. n i nst rument os de pre-
ví si ón. Concuerdo con él en que un buen model o
requi ere i nel udi bl ement e una buena t eorí a. Y una
buena teoría no ha surgido como para enfrentar la
grave cri si s que el doct or Bunge encuent ra con
razón en el pensami ent o económi co present e.
Intriga mucho comprobar que no hemos podido
superar las teorías de hace más de un siglo. En
l 4
cuant o al neocl asi ci smo, yo creo que gravi t a enor-
. mement e el peso de l os i nt ereses que t i enden a
mant ener el est ado de cosas exi st ent es.
No me refiero solamente al desarrollo interno de
nuestros países, síno a las relaciones Centro-
Periferia en cuya complejidad no han penetrado en
forma
alguna las teorías neoclásicas. No recono-
cen, por supuesto, la hegemonía de los centros ni Ia
dependencía periferica;
fenómeno
político al que se
superpone la superioridad técnica y económica de
l os cent ros.
La teoría de la división internacional del trabajo
y l as vent aj as comparat i vas t i enen una grt n val i dez
lógica; pero ignoran las grandes diferencias estruc-
turales entre los centros y la periferia que traen
también grandes contradicciones en el desaruollo
periférico. Diría sin vacilación que al perseguir sus
propios inf ereses con vistas muy cortas, /os centros
no se han preocupado hi st óri cament e ni se preocu-
pan ahora de estímular a los países perifericos a
qt t e desenvuel van sus vent aj as comparat i vas' en el
í nt ercambi o Ce manuf act uras, además de l as t ra-
bas con que t ropi ezan l as export aci ones pri mari as.
Tct l es l a di námi ca del si st ema i nt ernaci onai .
Este pequeño libro de Mario Bunge invita a una
sostenida reflexión. Yo he tratado de subrayar mis
primeras impresiones y me síento llevado a profun-
di zar mi examen. Y cel ebro y agradezco que el
aut or nt e haya i nvi t ado a su l ect ura.
Mari o Bunge, como yo,
f ui mos
el i mi nados de I a
cát edra uni versí t arí a en moment os aci agos de
nuest ro paí s. Lo cual cont ri buyó a al ej ar nuest ros
caminos. Veo cthora con profunda satisfacción que
se avent ura en el campo de I a economí a, donde
nuest ros cami nos l l egan a encont rarse. Espero que
siga trabajando en é1, desde su posicíón de
filósofo
y gran conocedor del método científico para des-
cubrir esta compleja realidad en que vivímo,s.
Ahora, si se me permite, un recuerdo de viejos
{
ú
4
1
*
t 5
tiempos. El padre de Mario, el doctor Augusto
Bunge, me ofrecíó su cordíal amistad en mis príme-
ros años universitarios.
¿Cómo
no habría de emo-
cionarme el gesto de su híjo ilustre al recordar mí
nombre? En su casa, que yo visitaba con
frecuen-
cia, conocí a Mario cuando empezaba a caminar.
Augusto Bunge era hombre de gran talento y vísión
universal, y tenía un papel eminente en el partido
socialísta. En mi prímera conversacíón con é1, creo
que en 1920, en l a cual quedé
f ascí nado,
me pre-
guntó qué pensaba de la plataforma del partido.
Muchas cosas buenas y of ras que no l o son, l e di j e;
ent re est as úl t i mas, el demandar el pago de sal a-
rios en oro (concepto muy neoclásico) para comba-
tir la inflación. Me pidió inmediatamente un artícu-
lo para la revista La Hora, que él dírigía desde la
izquierda del partido. Fue mi primer artículo en
que, posi bl ement e con pedant erí a j uveni l ,
demos-
t raba que el oro t ambi én se habí a desval ori zado.
Tambíén tenía Augusto Bunge una posición crítica
acerca de este asunto y la publicación de mi artícu-
l o l e
f ue
cl arament e recri mi nada por l a
j erar-
quía. Cuando comprobé esta expresión de dogma-
t i snt o arroj é ol canast o mi sol i ci t ud de ent rar al
partído, que por coincidencia yo había
firmado
en
ese mi s¡no moment o. Si para bi en o para mal , no
podría decirlo hasta ahora.
ReuI PRBSI ScH
CEPAL
(Comi si ón
Económi ca para Améri ca Lati na
de l as Naci ones Uni das)
Washi ngt on, D. C. ,
16 de febrero de 1982
PROLOGO A LA SEGUNDA EDICION
La crisis económica mundial no ha amainado en el
curso de los tres años transcurridos desde que apare-
ció la primera edición de este libro. En particular, las
economías de los países en vías de desarrollo (valga el
eufemismo) han seguido decayendo: su deuda exterior
ha aumentado al punto de que en muchos casos se ha
vuelto impagable, y los precios de sus productos de ex-
portación han continuado bajando
t.
Se dirá que hubo dos excepciones: Japón y los
EE. UU. Es verdad que l a economí a
j aponesa
ha esca-
pado casi incólume, gracias a que: a) está regulada por
el gobierno, b) ha adoptado un régimen de participa-
ción en las ganancias, c) ha seguido elevando su nivel
técnico, y d) practica el proteccionismo al mismo tiem-
po que invade el mercado mundial con productos de
alta calidad a buen precio. Pero hay señales de que los
socios económicos del Japón no seguirán tolerando esta
relación asimétrica.
En cuanto a la economía norteamericana, es verdad
que se recuperó en 1983. Pero el precio de esta recupe-
ración temporal ha sido un aumento enorme de la deu-
da exterior y de la deuda fiscal. La economía nortea-
mericana se ha repuesto no sólo gracias a una política
de reconversión industrial que está restringiendo los sec-
tores tradicionales. sino también a las enormes inver-
siones extranjeras atraídas por la estabilidad sociopo-
lítica y las altas tasas de interés. Este remedio, lejos de
curar el mal de fondo, no hace sino agravarlo a largo
I
Castro, Fi del (1983), Lo cri si s económi ca y soci al del mundo,
Informe a l a VII Cumbre de l os países no al i neados, Ofi ci na de Pu-
bl i caci ones del Consej o de Estado, La Habana.
l 6
l 7
plazo: una economía no es sana cuando pasa gradual-
mente a manos de sus acreedores. Ni cuando, como
ocurre con la norteamericana, está caracterizada por
una productividad decreciente y por la rigidez de su
organización.
Mientras tatrto casi todos los economistas académi-
cos han seguido dando la espalda a la realidad. En par-
ticular,
nadie se asornbró cuando, en 1983, se otorgó
el premio Nobel de economía al autor de una demos-
tración
matemática de que es posible el equilibrio ge-
neral
(o sea, en todos los mercados) en una economía
de competencia
perfecta. El que tal economía no exis-
ta, ni sea posible resucitarla sin desmantelar los oligo-
polios, ni privatizar las empresas estatales, ni destruir
las cooperativas, los sindicatos obreros y las institucio-
nes de seguridad social, parecería no importarles a quie-
nes siguen
pensando como en 1920.
Ha habido, desde iuego, excepciones: algunos pres-
tigiosos eco;romistas han criticado agudamente la eco-
nomía neoclásica, así como las políticas
económicas que
se inspiran en ella. Por ejemplo, los profesores
britá-
ni cos A. J. Browf l , D. F. Hendry y N. Eri csson2 han
demolido el libro Monetary Trends in the United Sta-
tes and the United Kingdom (1982), en que Milton
Friedman
y Anna Schwartz pretendían
demostrar que
los períodos de prosperidad
se debieron a la aplicación
de políticas monetaristas. Otro ejemplo es el libro Dan-
gerous Currents3, en que un conocido profesor
del
MIT denuncia con vehemencia el estancamiento de la
economía teórica, afirmando que la teoría neoclásica
se ha convertido en una ideología, y que el retorno a
la misma es paralelo al retcrno al fundamentalismo
rel i gi oso.
Se dirá que es muy cómodo criticar pero que, a fal-
2
Bank of Engl and Panel of Academi c Consul tants,
paper
N."
22, Bank of Engl and, Londres, 1983.
3
Thurow, Lester (1983), Dangerous Currents, Random House,
New York.
18
r i al ,
Pgnq.,
Jvlario (1985), Seudociencio e ideología, Alianza Edito_
Madr i d.
l 9
PREFACIO
La economí a mundi al est á coj eando, y l a econo-
mía política hace poco por ayudarla a marchar. Lo
que es peor, en ocasi ones cont ri buye a empeorarl a,
como ocurre con el monet ari smo.
Cuando una di sci pl i na es i mpot ent e o i ncl uso
cont raproducent e, es i ndi ci o de que est á en cri si s.
Si endo est e el caso, i ncumbe al met odól ogo exa-
mi nar l os supuest os de l a di sci pl i na y l a manera en
que han si do somet i dos a prueba.
El present e ensayo se propone preci sament e
eso:
analizar algunas de las ideas básicas de la economía
pol í t i ca y averi guar si corresponden a l a real i dad.
El resul t ado de est e anál i si s es que muchos de
di chos supuest os son f al sos y ot ros
j amás
han si do
puest os a prueba, no obst ant e l o cual si gue ense-
ñándosel os como verdades revel adas en cent enares
de f acul t ades de economí a.
Si est o es así , l a economí a pol í t i ca no es aún una
ci enci a cabal si no una semi ci enci a.
y
si est o es
verdad, es urgent e hacer al go por convert i rl a en
una ci enci a. Para est o será menest er empezar por
desembarazarse de l os supuest os f al sos, poner a
prueba l os que aún no han si do cont rast ados con
l os hechos, y r evi sar l os supuest os f i l osóf i cos ( on-
t ol ógi cos, gnoseol ógi cos y ét i cos).
Agradezco los comentarios y las críticas de los
prof esores
S. N. Af ri at (Uni versi t y
of Ot t awa), A.
Asi makopoul os ( McGi l l
Uni ver si t y) , G. Chi chi l -
,i
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21
d
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:
ni sky (Col umbi a Uni versi t y), G. Heal (Uni versi t y
of Essex) , y J. Ni osi
( Uni ver si t é du
Québec) ,
así
como de vari os part i ci pant es del Symposi um on
Mat hemat i cal Economi cs and Publ i c Pol i cy (Uni -
versi t y of Essex, marzo de l 98l ), en el que expuse
l o esenci al dé est e t rabaj o.
MeRIo BuNcn
F' oundat i ons & Phi l osophy of Sci ence Uni t ,
McGi l l Uni ver si t y
Mont r eal H3A l W7. Canadá
INTRODUCCION
La economía política es la más vieja y respetada
de t odas l as ci enci as soci al es. Si n embargo, t odaví a
no ha madurado, a punt o t al de que al gunos di st i n-
gui dos economi st as dudan de que sea una ci enci a o
i ncl uso pueda convert i rse en t al .
Ni ngún ot ro campo del conoci mi ent o ha si do cul -
t i vado por t ant os f i l ósof os i mport ant es y, si n em-
bargo, l a f i l osof í a de l a economí a est á aun at rasada.
Est o es t ant o más ext raño por cuant o, mi ent ras el
i nvest i gador en una ci enci a
"dura,
no necesi t a sa-
ber mucha met odol ogí a porque
"el
propi o t ema
t i ene una propi edad aut oaseant e que t orna i nof en-
si vas sus aber r aci ones", en una ci enci a
"bl anda,
como l a economí a pol í t i ca, un i nvest i gador conf uso
r espect o de pr obl emas met odol ógi cos bási cos
"puede
pasarse l a vi da boxeando con sombras' ,
( Samuel son, 1965, p. i x) .
La problemática de la filosofia y metodología de
l a economí a pol í t i ca es vast a, i nt eresant e, y t i ene
i mport anci a práct i ca, porque l as t eorí as y pol í t i cas
económi cas nos af ect an a t odos. ( Cp.
Keynes 1936,
Hut chi son, 1977. ) He aquí una muest r a de di cha
probl emát i ca.
¿De
qué t rat a l a economí a pol í t i ca:
i ndi vi duos, r ecur sos escasos, bi enes y ser vi ci os,
i nt er cambi o, o si st emas económi cos?
¿Cuál es
son
l as pecul i ari dades de l os concept os e hi pót esi s eco-
nómi cos?
¿Hay
l eyes económi cas, o t an sól o t en-
denci as económi cas y regl as económi cas?
¿Es
po-
si bl e l a economí a pol í t i ca dado que l a economí a
i nt eract úa t an f uert ement e con l a pol í t i ca y l a cul -
t ura? La mi croeconomí a, y en part i cul ar l a t eorí a
del consumi dor ,
¿es
un capí t ul o de l a psi col ogí r r ' l
22
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La macroeconomí a,
¿es
reduct i bl e a l a t eorí a de l a
deci si ón o a l a t eorí a de l os
j uegos?
¿Por
qué se
si gue est udi ando l as t eorí as cl ási cas y neocl ási cas
en l as escuel as de economí a?
¿Cómo
se conval i dan
l os model os t eóri cos económi cos?
¿Cómo
se rel a-
ci onan l as pol í t i cas económi cas con l os model os
económi cos? La economí a posi t i va,
¿t i ene
supues-
t os f i l osóf i cos? La economí a normat i va (o pol í t i ca
económi ca),
¿presci nde
de l os val ores y es moral -
ment e neut ra? La economí a,
¿est á
i nevi t abl ement e
cont ami nada de i deol ogí a, y es i nevi t abl e que t oda
i deol ogí a sea aci ent í f i ca?
¿Cuál
es l a condi ci ón
ci ent í f i ca de l a economí a pol í t i ca: art e, ci enci a, o
semi ci enci a? En part i cul ar,
¿es
el monet ari smo
ci ent í f i co o seudoci ent í f i co? Est os son al gunos de
I os probl emas que nos ocuparán en l o que si gue.
CAPITULO I
EL ASUNTO DE LA ECONOMIA
POLITICA
Hace casi medi o si gl o el f amoso economi st a Li o-
nel Robbi ns -más t arde Lord Robbi ns- escri bi ó
que
"Todos
habl amos de l o mi smo, pero t odaví a no
nos- hemos puest o de acuerdo sobre qué est amos
habl ando, ( 1935 p. l ) . La i ndet er mi naói ón concer -
ni ent e a l os ref erent es de l a economí a pol í t i ca
no ha
di smi nui do ent re t ant o. Los mi croeconomi st as di -
cen t rat ar de product ores y consumi dores i ndi vi _
dual es, l os macroeconomi st as
est udi an economí as
ent eras, l os que hacen pol i t ol ogí a
económi ca est u-
di an super si st emas económi co- pol í t i cos,
y l os i n_
geni er os que se dedi can a cuest i ones económi cas
s. ost i enen que, en úl t i mo anál i si s, l a economí a pol í -
t i ca se ocupa de l a pr oducci ón y, por ende, de
t ransf ormaci ones
energét i cas.
A pri mera vi st a el probl ema
de l a ref erenci a t i ene
nomí as naci onal es y regi onal es. Más aún, puest o
que l os si st emas económi cos est án compuest os por
i ndi vi duos, <<en pri nci pi o"
o <en
el f ondo" l a ma-
1A
: + 25
logía, la economía
¡iolítica
es realmente (o en úl-
t i mo anál i si s) una rama de l a psi col ogí a. Por ci ert o
no t odos l os economi st as compart en est a úl t i ma
afirmación, pero ella se sigue de la premisa de que
l a economí a t rat a, en úl t i ma i nst anci a, de agent es
económi cos i ndi vi dual es.
Est a opi ni ón es suscept i bl e de di versas obj eci o-
nes. En pri mer l ugar, si l a economí a pol í t i ca f uese
en verdad una rama de l a psi col ogí a,
ent onces l a
genét i ca debi era ser di rect ament e rel evant e a l a
economí a pol í t i ca, puest o que l a conduct a y l a
i deaci ón est án parci al ment e
det ermi nadas por el
genomo. En part i cul ar, l a di st ri buci ón de l a ri queza
debi era est ar posi t i vament e
correl aci onada con l a
di st ri buci ón de l os genes: en general , l os más i nt el i -
gent es debi eran ser l os más pudi ent es, y l os más
t ont os, l os más pobr es. Est a hi pót esi s, que f uer a
popul ar hace un si gl o, ha si do somet i da a pruebas
est adí st i cas. El resul t ado ha si do negat i vo: el i n-
greso no est á det ermi nado genét i cament e (Gol dber-
ger 1978) .
En segundo l ugar, si l a economí a pol í t i ca t rat ara
sol ament e, o aun pr edomi nant ement e,
de l a con-
duct a i ndi vi dual , podrí a consi derarse como l a
"l ó-
gi ca de l a el ecci ó¡ ", donde l a el ecci ón est ar í a de-
t er mi nada por l a escasez. De hecho hay economi s-
t as que sost i enen pr eci sament e
est o y por consi -
gui ent e ubi can a l a economí a pol í t i ca ent r e l as ci en-
ci as de l a deci si ón, en l ugar de consi der ar l a como
una ci enci a soci al í nt i mament e l i gada con l a soci o-
l ogí a y l a pol i t ol ogí a.
Si n embar go a) el pr obl ema
de l a el ecci ón se pr esent a i ncl uso en si t uaói ones de
abundanci a(emburras de ri chesse); b1 en t ant o que
el empresari o puede el egi r a menudo ent re di versas
al t er nat i vas mut uament e excl uyent es, el consumi -
dor t i ene poca l i ber t ad de el ecci ón, especi al ment e
si est á por debaj o de l a l í nea de pobreza o si est á
f orzado a comprar a monopol i os o cart el es, como
sucede con l a energí a y
con l as corporaci ones est a-
26
tales; c) el enfocar la atención sobre la elección
entre diversas mercancías es adoptar una actitud
vulgar y superficial, típica del vendedor, que olvida
l a producci ón, l a i nversi ón, l os i nt ereses, el creci -
mi enro, l a di st ri buci ón, el empl eo, l a i nf l aci ón, l a
pol í t i ca f i scal , l os regl ament os del gobi erno, el po-
der sindical, y otros factores que preceden a la
el ecci ón y l a rest ri ngen.
CANTI DAD
Fi gura 1. Curvas de oferta y demanda según l a teoría del con_
sumi dor. El preci o de equi l i bri o p* es el punto de i ntersecói én
de l as curvas de ofefta y demanda, o seá, aquel para el cual
D( q) : S( q) .
.
Fn t ercer l ugar, l as f unci ones de of ert a (produc-
ci ón) y demanda (consumo),
cent ral es a l a mi croe-
conomí a, no se ref i eren a personas
si no a agrega_
dos. (Véase
l a f i gura l . ) En ef ect ó, rl i chas f unci onl s
represent an l a of ert a y l a demanda de l a t ot al i dad
en el mercado (o
soci edad) dado. Tan es así , que
una formulación
cuidadosa de esa pretendida
ley de
la determinación
de precios
comienza enunciando r¿r
condi ci ón . . , En un mercado (o
economí a) l i br. c ro
LU
t
o_
*
P
21
l
*$.'i
q
compet i t i vo). . . " El que semej ant e ol ey> no sea t al ,
porque
esa condición ya no rige en las naciones
industrializadas, no viene a cuento. El hecho es que
l os concept os cent ral es de l a mi croeconomí a
cón-
ciernen a agregados de agentes económicos (hoga-
res y f i rmas) encast rados en una soci edad dada.
Prívese a dichos agentes de fuentes de materias
pri mas, energí a, e i nst i t uci ones que l es permi t a ha-
cer sus negoci os, y no quedará
negoci o por condu-
ci r.
Los agent es económi cos no son como part í cul as
que se mueven en el vací o, si no más bi en como
burbuj as de ai re en un l í qui do: poseen al gunos de
sus at ri but os en vi rt ud de ser component es de un
si st ema soci al . En consecuenci a, es f al so que t odos
l os enunci ados general es
de l a mi croeconómí a . . se
ref i eren a l o que aparent an, a saber, i ndi vi duos'
(Rosenbere
1976 p. 45). Tan sól o l a (pseudo) psi co-
l ogí a que subyace a l a l l amada
"t eorí á
del consurni -
doro sg ref i ere a i ndi vi duos (que
act úan en el l l a-
mado mercado l i bre).
En cuart o l ugar, hast a ahora l a macroeconomí a
no ha si do reduci da a (deduci da
de) l a mi croeco-
nomí a: l os dos capí t ul os subsi st en el uno al l ado del
ot ro. Por ej empl o, l as noci ones de t asa de desem-
pl eo, bal ance de pagos,
di vi sa, y presupuest o na-
ci onal , no son reduct i bl es a l os concept ós de ut i l i -
dad (valor
subjetivo) y decisión. Ni hay razón para
suponer que t al reducci ón se l l eve a cabo: a) por-
que t odo agent e económi co i ngresa en el mercado o
l o abandona en l ugar de crearl o, de rrrodo que sus
acci ones no est án det er mi nadas sol ament e por él
mi smo si no que est án enor mement e const r óRi das
por l a est ruct ura soci oeconómi ca; á) l os i ndi vi duos
real es no se comport an t an si mpl e y raci onal ment e
(o codi ci osament é) como . uponen l os t eóri cos de
l a ut i l i dad máxi ma esperada, y c) mi ent ras que l a
intención principal de la microeconomía es descrip-
tiva y centrada sobre la firma, la de la macroecono-
28
mí a es normat i va y se ref i ere a si st emas económi _
cos en gr an escal a.
y t eorí as) t í pi cos de l a economí a pol í t i ca.
Si real i -
zamos est a t area encont ramos que l os const ruct os
en cuest i ón se di st ri buyen ent re l as cat egorí as si -
gui ent es:
A) ref erent es a recursos naí ural es t al es como
mi nas, bosques, pr ader as, r í os y mar es;
B) ref erent es a obj et os no humanos baj o conÍ rol
hunt ano -o sea, art ef act os- t al es como t i erra cul -
t i vada, ani mal es domést i cos, máqui nas, y pl ant as
i ndust r i al es;
C) ref erent es a agent es económi cos (en part i cul ar
product ores o consumi dores) agrupados en hoga-
r es, f i r mas, car t el es, si ndi cat os obr er os, o agenci as
regul adores naci onal es o ext ranj eras (t al es
como
l os bancos cent r al es y el Banco Mundi al ) ;
D) ref erent es a econont í as í nt egrt t s, p. ej . naci o-
nal es o r egi onal es;
E) nt i xt os. ' ref erent es a dos o más i t ems de l as
cat egorí as ant eri ores.
Los const ruct os de t i po A f i guran en l a economí a
pol í t i ca en l a medi da en que l os recursos nat ural es
son pot enci al ment e
expl ot abl es, o sea, si se
j uzga
que t i enen pot enci al i dad
como r ef er ent es de cons-
t ruct os del t i po B. (Por
ej empl o, l os empresari os no
most r ar on i nt er és por l a Luna mi ent r as no se l es
present ó l a oport uni dad de act uar como proveedo-
r es de l as expedi ci ones espaci al es y hast a que al -
gui en pensó que se podrí a expl ot ar mi nas en el
subsuel o l unar . ) Los const r uct os de l os demás t i pos
se ref i eren, di rect a o i ndi rect ament e (o sea, super-
f i ci al ment e o en prof undi dad),
a gent e que t rabaj a,
o goza de l os f rut os del t rabaj o, en al gún si st ema
soci al . Est e si st ema puede ser l a f ami l i a, l a f i r ma, el
29
car t el , l a naci ón, l a OPEP, o i ncl uso el mundo
ent er o. En ot r as pal abr as, l os const r uct os cent r al es
de l a economí a pol í t i ca se ref i eren a act i vi dades
económi cas, t al es como l a producci ón y el i nt er-
cambí o, ej ecut adas por seres humanos pert eneci en-
t es a al gún si st ema soci al . (En real i dad est a af i rma-
ci ón puede general i zarse a t odos l os ani mal es t raba-
j adores,
desde l a hormi ga hast a el cast or. Si n em-
bar go, nos est amos l i mi t ando a l as economí as hu-
manas, que son l as que est udi a l a economí a pol í -
t i ca. )
Obsér vese el despl azami ent o en énf asi s, de i ndi -
vi duos a si st emas soci al es: l os pr i mer os no son ni
más ni menos que l os component es de l os segun-
dos. La act i vi dad económi ca y, en gener al , l a con-
duct a soci al , es i ni nt el i gi bl e cuando se l a consi der a
separadament e del si st ema en que ocurre di cha ac-
t i vi dad; del mi smo modo, el si st ema no puede en-
t ender se si no en t ér mi nos de di cha act i vi dad. Todas
l as ci enci as soci al es son necesar i ament e si st émi -
cas ant es que i ndi vi dual i st as, por que t r at an de so-
ci osi st emas ( Bunge
1979a) . La economí a no es ex-
cepci ón, por que el i nt er cambi o de dos bi enes o
ser vi ci os cual esqui er a r equi er e por l o menos un
sr st ema compuest o de dos i ndi vi duos, por ef r mer o
que sea; y l a pr oducci ón de cual qui er bi en r equi er e
l a pr oducci ón
de muchos ot r os.
La car act er i zaci ón más senci l l a de cual qui er si s-
tema se da en términos de sü composición (o colec-
ci ón de component es) , ambi ent e ( o
conj unt o de
cosas, di st i nt as de l as component es, que i nt er ac-
t úan cor r ést as) , y esf r ut ' t ur a ( o
col ecci ón de r el a-
ci ones y, en par t i cul ar , l azos, ent r e sus componen-
t es y ent r e ést os y obj et os del ambi ent e) . En par t i -
cul ar, un si sÍ ent o econónei co puede caract eri zarse
cual i t at i vament e como si gue (Bunge
1979b):
Cont posi ci ón: Una col ecci ón de personas (agen-
t es económi cos) y cosas no humanas de ci er t o t i po
( a
saber , bi enes) .
30
ffi
gF
DFFfTñ
R nftBffinTrTn
Ambi ent e: Los mi embros de l a soci edad y de l a
naturaleza circundante en que está empotrado el
si st ema económi co.
Estructura: La colección de relaciones de pro-
ducci ón, i nt ercambi o, y admi ni st raci ón de bi enes y
servi ci os, i ncl uyendo l as rel aci ones con ot ros so-
ci osi st emas.
Est a def i ni ci ón de <si st ema económi ca" i ncl uye
t odo cuant o parece i nt eresar a un economi st a como
t al . En part i cul ar, el psi coeconomi st a est udi a el
comportamiento de los componentes de la primera
coordenada de l a t erna, no como i ndi vi duos ai sl a-
dos, si no como conponent es del si st ema. (Pese a
al gunos conoci dos economi st as, Robi nson Crusoe
no era un agente económico. La frecuente referen-
ci a a Robi nson Crusoe en l a l i t erat ura económi ca
sólo muestra cuán alejada de la realidad está gran
part e de l a mi sma. ) Los ent es que i nt eract úan con
el si st ema económi co, t al es como recursos nat ura-
l es, si ndi cat os obr er os, or gani smos est at al es, et c. ,
est án i ncl ui dos en l a segunda coordenada. La t erce-
ra coordenada incluye todas las relaciones econó-
mi cas, que en úl t i ma i nst anci a son rel aci ones ent re
personas medi adas por cosas.
(Por
ej empl o, pode-
mos anal i zar el produci r y el comprar como rel aci o-
nes ternarias: ,.x produce Y pafa Zrr, ,rx compra
y
a zrr. ) La t ercera coordenada i ncl uye t ambi én l as
t ransacci ones del si st ema económi co con ot ras co-
sas, sea nat ur al es, sea soci al es. ( Di cho sea de paso,
mal que l e pese al est ruct ural i smo, vari ant e del
pl at oni smo, no hay est ruct uras en sí . Toda est ruc-
t ura l o es de al gún obj et o concret o. En part i cul ar,
una est ruct ura económi ca es l a col ecci ón de rel a-
ci ones económi cas ent re l os component es de un
si st ema soci al . )
En resumen, podemos est i pul ar que l a economí a
pol í t i ca es l a di sci pl i na que est udi a l os subsi st e-
más económi cos de l as soci edades. Es deci r: Lr¡
econontía política traÍo de sislentcts ec:onónticos.
3l
CAPITULO 2
CONCEPTOS ECONOMICOS
-
Aunque parezca
extraño,
algunos conceptos
cl ave de l a economía pol íti ca
.i gu"n ri endo' i un
obscuros hoy como hacé dos siglós. Vatgan óomo
ejemplos las nociones de dinero-y de valór (a
dife_
qenc-ia de precio).
El dinero ha ii¿o
"u.u"té¡rádo
de diversas maneras, por
ejemplo como ,.el
medio
uni versal
de i ntercamüi orr, ..l a' mercancía
de mer_
cancías>,
"l a
uni dad de contabi l i dadr,, ..el l uro
"n_
tre el presente
y el futuro,, (Keynes),
..el
u""ii" qu"
engrasa l as ruedas del comerci ó" (Smi th),
e i ncl üso
:o*: "l o
que hace el di neroo (Hi cks). y' ,' al p;;;;"
l os tenderos y menetari stas parecen' asi gnári e
"i [_
tenci a propi a y efi caci a .uuüI, ros economi stas no
monetari stas
suel en consi derai l o
como un epi fenó-
meno. En suma, l a noci ón de di nero pur"ü-áU._
LyT,
Y,_en lugar-de aclararse, se obscui";;;;";;;-
srvamente
a medi da que
se i ntroducen
meái os- de
pago
no monetarios,
tales como tarjetas de crédito.
La noci ón de val or obj eti vo (ó
val or ¿" u.ái ,
central en l a economía pol íti ca
desde Ri cardo, l o
está en mej or forma. se i o defi ne a veces en térmi -
nos de necesi dades,
otras en térmi nos de
"r¿ur",
(por
tanto, en úl ti ma i nstanci a,
de OemanOai ,
-V
Marx l o defi ni ó como trabaj o séci al ment"
n.."rJ_
lll._ fi.suna
de estas es una ¿enn¡cián f.;;i;
l l l guT",
se presta
a medi ci ón.
De aquí Ia deval ua_
cron der concepto
de val or en l a teoría económi ca
99^1t-emporánea,
al punto
de que Lady Robinson
(1962,
cap. 2) decl ará que <no
".
i i no ñ"
;;;-b;:
I-
os economistas
mariista.
," uf"rrun a la noción
de valor porque
desean
"on.".ru.
ra noción de
32
pl usval ía,
que
a su vez
noci ón económi co_éti ca
b.argo, esta última pue(
si n ayuda de l a noci ón dr
Por consi gui ente,
es pos
taci ón si n empl ear l a i n
En todo caso, casi to
acerca del valo¡
-objetivo
(o
valor de uso) puede
decirse acerca del piecio,
que ¿.nn"lá
ü"#áil"
val or de cambi o. Ei ta
".,
¿".¿" l u"go, ,ñ"."f"Ji j "
de equi val enci a.y,-
como tal , i nducJtu pu.ti "i orr-á"
todo conj unto de bi enes en' cl ases
de équi vaü"i u
(u
homogéneas)..
Si n embargo,
del
"nn*i Ái "rr;;;"
semejante partición
-no
podémos
ascender
a la de_
terminación
de una función
de valor. (L"ielfpr;"
sería posi bl e
si , Ri cardo,
Marx, o sus sucesores,
hubi esen
defi ni do una funci ón-i '
d"r
"on:uni ó
¡¿á"
mercancías
a la semirecl
dríamos
definir: para
tr
' : . / ,
a¡ V
( ¡ ) : v( y)
uti l i dad
absol uta
o vai or
fantasmal
o <metafís]ca>,
como l a l l ama
Robi nson
(1962,
cap. 3). (Los
filósófo. ." of"nJ"n po;;ffi;
de o¡¡s¡¿físico"
como término injurioso
;;"d" l;
l doci entífi co".
Hay buena
í como l a hay mal a: véase
rnas teorías
metafisicas
u
cierras reorías económic;::i' "t
y verdaderas
que
Por ci erto que
es posi bl e
evi tar ra obscuri dad
conceptual
evi tando
el usar conceptos
,
hazaña
oue
se l ogra aj usrándose
a l a pi el
.ü.;;;tl ;;
l ;;
cosas, tal es como- bi enes, sérvi ci os, y sus preci os.
Pero Ia finalidad
de la teoría económíc"
; ;_;ii;;;
qué hace que una cosa, o una tarea, sea una mer_
cancía, o sea, algo intercambiable
por
otra mercan-
cla, y que por
tanto posee
un preció.
El economi.iu
si gue-el
consej o de Ri cardo y' de-Marx,
zambui l én-
dose baj o l as external i dades
para descubri r l as ac_
JJ
nes, et c.
Álgurru. de las variables
(funciones) que intere-
satt il economista
son inobservables porque repre-
sentan
propensiones
psicológicas (p. ej. a trabajar,
consum^i r,
o ahorrar). Ot ras,
por ej empl o l a de-
manda, son inobservables
porque se refieren a
srandes
si st emas soci al es, t al es como f i rmas y re-
l i ones
económi cas,
que t ampoco son percept i bl es.
i Pode*o.
ver l os edi f i ci os y l a maqui nari a de una
pl ant a i ndust ri al , pero no l a pl ant a mi sma, que es
un si st ema soci ot écni co al i ment ado por cerebros,
no sól o por combust i bl e
y mat eri as pri mas. ) Si n
embargo, se puede adqui ri r al guna i nt ui ci ón en el
manej o de al gunas de esas vari abl es porque t odos
l os si st emas económi cos, por grandes que sean,
compart en al gunas de l as propi edades de pequeños
si st emas con l os cual es est amos f ami l i ari zados, t a-
l es como l a granj a, l a i ndust ri a domést i ca y el co-
merci o al menudeo. En est e respect o l os economi s-
t as enf rent an probl emas menos arduos que l os f í si -
cos at ómi cos, l os bi ól ogos mol ecul ar es,
Y
l os ast r o-
f i si cos.
Buenos candi dat os a propi edades prof undas y no
observabl es son l as psi col ógi cas que encont ramos
en l a psi coecononl í a y l a mi cr oeconomí a. así como
l as vari abl es t í pi cament e macroeconómi cas. Si n
embar go, no t odas el l as si r ven. Ya hemos vi st o que
al gunas, t al es como
, . val or ' , y
"ut i l i dado,
no si r ven
por que son obscur as. Ot r as si r ven. Por ej empl o, l a
propensi ón a consumi r, i nt roduci da por Keynes,
parece cl ara y aun medi bl e; no así , en cambi Q, l a
expect at i va de gat t anci as f ut uras, t ambi én i nt rodu-
ci da por Keynes, y que parece ser bast ant e escu-
rndiza.
Oj o: el requi si t o de mensurabi l i dad debi era mane-
34
es medi bl en, si no más bi en
"X
es medi bl e con
medi da concept ual de l a react i vi dad o sensi bi l i dad
de l os product ores (o consumi dores en el c. aso de l a
el ast i ci dad de consurno) a cambi os de preci o. Des_
graci adament e
l as el ast i ci dades son di f i i i l es de me_
di r .
¿Habr á
que abandonar l as por est e mot i vo? No
si f i guran en general i zaci ones
l mport ant es. Si est o
ocurre habrá que buscar mét odos mej ores para me_
di r l as, sea di r ect a o i ndi r ect ament e ( o
sea. me-
di ant e vari abl es más accesi bi es rel aci onadas con l as
el ast i ci dades por f órmul as t eóri cas).
La vi abi l i dad de cual qui er vari abl e depende en
úl t i ma i nst anci a de su pot enci al para f i gurar en
enunci ados de l ey, o sea, hi pót esi s per t eneci ent es ¿r
t eorí as y conf rrmadas por dat os empí ri cos. Tómese
por ej empl o l a pr opensi ón
mar gi nal a consumi r , que
Keynes def i ni era como l a deri vada del consumo
r espect o del i ngr eso. I Jna
consecuenci a de ést a y
ot ras f órmul as es que el mul t i pl i cador A de i nver-
si ón, que f i gura en l a f órmul a . rd| ' :
k d1, , , donde
t r/ se i nt erpret a como i ngreso e 1 como i nversi ón, es
i gual a l l l - p, donde p es l a propensi ón margi nal a
consumi r ( Keynes
1936 p. l l 5) . De modo pues que
el i ngreso y l a i nversi ón, dos concept os est ri ct a-
ment e económi cos, est án rel aci onados ent re sí
por
35
t
, !
p: ;
r , ' ; .
r'.q
' ) \
E
ef
par ámet r o psi coeconómi co p. El mi smo par áme-
t r o f i gur a t ambi én en l a t eor í a del empl eo, del
mi smo Keynes,
y según l a cual el vol umen del
empl eo en equi l i br i o depende de l a of er t a, l a pr o-
pensi ón a consumi r ,
y el vol umen de l a i nver si ón.
De modo que l as vari abl es psi col ógi cas ocupan
un l ugar l egí t i mo en l a economí a pol í t i ca, a condi -
ci ón
de que rel aci onen vari abl es est ri ct ament e eco-
nómi cas
y que se l es asi gne l as di mensi ones y uni -
dades
apr opi adas.
( Di cho sea de paso, muchos t r a-
baj os
en psi col ogí a y soci ol ogí a est án vi ci ados por
l a
f al t a de uni dades adecuadas. Un buen ej empl o de
ello
es el famoso libro Models of Man del premio
Nobel
H. A. Si mon. Gran part e de l a economí a pol í -
tica
era imprecisa y por tanto incontrastable hasta que
Keynes,
en su General Theory, pág. 40, i nt roduj o
uni dades
de t rabaj o y de sal ari o. La pri mera se
def i ne como una hora de t rabaj o ordi nari o y l a
segunda como el pr eci o de una uni dad de t r abaj o. )
Para no dar l a i mpresi ón de que sól o l os concep-
t os
cuant i t at i vos son i mpor t ant es en economí a pol í -
t i ca,
me apresuro a af i rmar que al gunas propi eda-
des cual i t at i vas de l os si st emas económi cos, t al es
como
l a organi zaci ón y el est i l o de admi ni st raci ón,
no son menos i mport ant es que muchas vari abl es
cuant i t at i vas.
Los economi st as t i enden a menos-
preci ar t al es propi edades, pero l os expert os en ad-
mi ni st r aci ón saben que pueden ser esenci al es. Así ,
por ej empl o, nos di rán que dos f i rmas que operan
en el mi smo sect or económi co, en condi ci ones eco-
nómi cas
i ni ci al es si mi l ar es ( p. ej i nver si ones de
capi t al compar abl es) , no f unci onar án exact ar nent e
del mi smo modo, debi ci o a di f erenci as de crgani za-
ci ón,
o de r el aci ones ent r e ger enci a y per sonal , o
de ref i nami ent o t écni co, o de modo de f i nanci aci ón.
No es que semej ant es i mponderabl es sean i nt rí nse-
cament e
i rraci onal es: es posi bl e ubi carl os y con-
cept ual i zarl os,
pero acaso sól o cual i t at i vament e.
(Por ej., las diferencias de estructura se reflejan en
36
diferencias de organigramas.) Tampoco son dichas
propiedades intrínsecamente cualitativas: lo únibo
que podemos decir prudentemente
acerca de ellas
es que hasta ahora no han sido cuantificadas. Su
existencia debiera considerarse como un reto al
teórico antes que corno motivo de pesimismo
o
pretexto de desaliño conceptual.
Finalmente hal' emos dos observaciones sobre los
conceptos de la economía poiítica. La primera es
que l os economi st as suel en ser ví ct i mas de una
semántica (o más bien ausencia de tal) incapaz de
di st i ngui r l os concept os de l as cosas o propi édades
que represent an. Por ej empl o, un economi st a ma-
temático estará tentado de decir que un haz de n
mercancías es (en lugar de es representable por) un
vect or en un espaci o cart esi ano de n di mensi ones.
Lo mi smo val e para el preci o
correspondi ent e. Se-
mejante confusión entre identidad y representación
es i nof ens, i va para f i nes mat emát i cos, pero es un
obstáculo importante para la interpretación co-
rrect a de l os resul t ados en t érmi nos económi cos.
Es deseabl e i ndi car expl í ci t ament e l os ref erent es de
l as f unci ones que represent an propi edades
o act i vi -
dades de agent es o si st emas econórni cos, l o que
si empre puede hacerse i ncl uyendo t al es ref erent es
en l os domi ni os de l as f unci ones. Véase el Apén-
di ce l .
Nuest ra segunda observaci ón se ref i ere a l a uni -
ver sal i dad. Al gunos econor ni st as han sost eni do
que l a economí a pol í t i ca debe ser radi cal ment e di -
f erent e de l as ci enci as nat ural es porque carece de
const ant es uni ver sal es t al es como l a vel oci dad de l a
l uz en el vací o y l a const ant e de Pl anck. Est o no es
est ri ct ament e ci ert o: sól o l a f i si ca, y en medi da
mucho menor l a quí mi ca, poseen const ant es uni -
versal es. A medi da que avanzamos de l a f í si ca de
l as part í cul as y de l os campos haci a l a f í si ca y l a
quí mi ca de macrosi st emas, di chas const ant es uni -
versal es se van rodeando de una cort e. cada vez
J/
más numerosa. de const ant es
"l ocal es' ' ,
t al es como
pesos
at ómi cos y t asas de reacci ones quí mi cas. La
bi ol ogí a no posee const ant es uni versal es propi as, y
sin embargo se las arregla bastante bien. Toda
ci enci a posee gener al i zaci ones . . l ocal es' ' ( no
uni versal es) que cont i enen const ant es
ol ocal esr.
En resumi das cuent as, l os concept os de l a eco-
nomí a pol í t i ca poseen di st i nt os grados de exact i t ud.
La formalización (matematización)
basta para exac-
tificar pero no para dar contenido. Sólo la perte-
nenci a a un si st ema de general i zaci ones puede
asi gnar un cont eni do preci so a un concept o. Proce-
damos por t ant o a exami nar l as general i zaci ones de
i a economí a pol í t i ca.
38
CAPITULO 3
GENER ALIZACIONES ECONOMICAS
Al i gual que cual qui er ot ra ci enci a, l a economí a
pol í t i ca est udi a general i zaci ones
de t res t i pos: t en-
denci as, l eyes, y regl as. Es más f áci l ej empl i f i car
est as cat egorí as que def i ni rl as. He aquí unos pocos
ej empl os.
"El
preci o i nt ernaci onal del pet ról eo
crudo ha aument ado en f orma monót ona desde
1973" expresa una t endenci a.
"La
producci ón de
un si st ema económi co aument a al comi enzo, y
l uego crece a un ri t mo decreci ent e, a medi da que
aument a l a i nversi ónn, es una f ormul aci ón verbal
de l a l ey de l os rendi mi ent os decreci ent es. (Véase
l a f i gur a 2. ) Y l a
"l ey"
del i nt er és compuest o es,
como t odas l as demás f órmul as de l a mat emát i ca
f i nanci era, una regl a i ncl ui da en act i vi dades y con-
t rat os de ci ert o t i po.
Fi gura 2. La l ey de l os rendi mi entos decreci entes. C: Indus-
tri as cl ási cas, 1
:
InCustri as i nformáti cas. (Estas úl ti mas suel en
l l amarse <i ndustri as de rendi mi entos creci entes,, pero se en-
ti ende que el l as tambi én l l egarán al punto de saturaci ón.) La i ey
no es una curva úni ca si no una fami l i a de curvas que al canzan
un pl ateau cuando el i nsumo l l ega a ci erto val or,
ó
J
a
I NSU MO ( p. e) . t r ooo. ¡ o)
39
Grosso modo, las peculiaridades de las generali-
zaci ones de l os t res t i pos son l as si gui ent es
(Bunge
1969). Una t endenci a es l a marcha gl obal del cam-
bi o de al guna
propi edad. Más exact ament e, es el
aumento ó la disminución
global del valor de alguna
propi edad en el curso del t i empo' Por est e mot i vo
üna t endenci a se represent a mat emát i cament e
como una f unci ón monót ona del t i empo. Las t en-
denci as son aspect os t ransi t ori os de procesos: t i e-
nen l a mal a cost umbre de desaparecer. Además, l a
acci ón humana del i berada y concert ada puede mo-
di f i car
y aun i nvert i r ci ert as t endenci as. Por ej em-
pl o, el aument o de l a pobl aci ón puede cont rol arse
medi ant e l a pl aneaci ón f ami l i ar, y una t asa el evada
de desempl eo puede di smi nui r graci as a un vast o
programa de t rabaj os públ i cos. (Véase Popper 1957
purá ut t u crí t i ca de l a conf usi ón ent re t endenci a
v
l eY) .
En cambi o no es f áci l met erse con l as l eyes nat u-
ral es o soci al es. Por ej empl o, l a l ey de l os rendi -
mi ent os decreci ent es val e uni versal ment e, o sea, es
verdadera en t odos l os t i pos de organi zaci ón eco-
nómi ca y régi men de propi edad. (I ncl uso l as l l ama-
ci as i ndust ri as de rendi mi ent os creci ent es, o sea, l as
i nf ormát i cas, se aj ust an presumi bl ement e a di cha
l ey, a l argo pl azo. ) Por ci ert o que es posi bl e aumen-
t ar l a producci ón y su t asa de creci mi ent o moderni -
zando l a t écni ca y l a admi ni st raci ón, aument ando l a
part i ci paci ón del personal en l a admi ni st raci ón e
i nt roduci endo i ncent i vos. Si n embargo, est as rnedi -
das no harán si no ret ardar el moment o en que el
pr óxi mo aument o de l os i nsumos no se t r aduzca en
t r n aument o del pr oduct o; o sea, no pueden cambi ar
l a f orma general de l a curva i nsumo-product o.
A di f erenci a de l as t endenci as, l as l eyes son pro-
pi edades permanent es de l as cosas que l as poseen.
Por consi gui ent e, si una general i zaci ón económi ca
dada dej a de val er, podemos i nf eri r, o bi en n) que
no era una l ey genui na si no t an sól o una t endenci a,
40
o bi en b) que el si st ema económi co correspon-
di ent e ha cambi ado radi cal ment e o i ncl uso ha de-
j ado
de exi st i r. (Ej erci ci o:
Averi guar cuál es de l as
"l eyes
de movi mi ent o de l a soci edad capi t al i st a, , ,
de Marx, eran l eyes genui nas, y cuál es meras t en-
denci as. Y en t odo caso averi guar cuál es si guen
ri gi endo y cuál es muri eron j unt o
con l a Rei na Vi c-
t ori a y el mercado l i bre. )
Desgraci adament e, el probl ema f i l osóf i co de l a
nat ural eza de l as l eyes económi cas (y
su di f erenci a
r espect o de l os enunci ados cor r espondi ent es) ha
reci bi do t an poca at enci ón como el de l as l eyes
nat ural es. Est e descui do parece t ener dos raí ces
f i l osóf i cas. Una es l a doct r i na empi r i st a de que sól o
podemos est abl ecer regul ari dades empí ri cas, nunca
l eyes obj et i vas, l as que serí an art ef act os met af í si -
cos. La ot ra raí z es, desde l uego, l a creenci a de l os
economi st as cl ási cos y neocl ási cos en l a exi st enci a
de
"l eyes
nat ural es de l a economí a> con l as que no
hay que met erse, porque l a economí a serí a un si s-
t ema aut o-regul ado que l a i nt erf erenci a del i berada
sól o podr á dest r ui r . ( Es
ext r año que no sól o l os
economi st as neol i ber al es, o l i br ecambi st as, si no
t ambi én l os marxi st as -qui enes f avorecen f uert es
medi das regul adoras, que l i egan a l a pl ani f i caci ón
cent ral - crean en l a aut onomí a de l as l eyes eco-
nómi cas. ) En t odo caso el descui do de l a i nvest i ga. -
ci ón de l a condi ci ón met odol ógi ca de l os enunci a-
dos de l eyes económi cas se paga con conf usi ón y
superf i ci al i dad.
Un buen ej empl o es l a i ncert i dumbre concer-
ni ent e a l a condi ci ón de l a l ey de l os r endi mi ent os
decr eci ent es, que no si empr e es consi der ada como
una l ey. Ot ro es el de ci ert as f órmul as que l l evan el
t í t ul o de l ey aun cuando, de hecho, son def i ni ci o-
nes. Ul l a de est as es l a f ór mul a oE : 0l n
h>
eu€
rel aci ona el número de personas empl eadas l . E/ con
el pr oduct o ( O) ,
l a pr oduct i vi dad ( n) y el númer o
medi o de hor as de t r abaj o por semana ( h) . Despe-
41
j ando
7r uno se da cuent a
de que ést a no es una
f órmul a l egal si no una def i ni ci ón de product i vi dad
del trabajo.
Otro cáso del mismo tipo es el del sistema de
ecuaci ones
que rel aci ona
el i ngreso naci onal Y' con
el consumo C,
Y
l a i nver si ón 1, en un año ¡ dado:
Y' : C' +I '
C, : aY, - t *b,
r amos t odas l as r egl as, t ambi én
podemos r enuncl ar
a el l as. Est o no si gni f r ca
que t odas l as r egl as sean
A1
+L
corner 10 kg. de pan por persona y por dí a. )
En
t ercer l ugar, aun cuando t odas l as regl as deben ser
compat i bl es con l as l eyes rel evant es, al gunas regl as
son más ef i caces que ot ras. En part i cul ar, l as más
eficaces son las que se fundan explícitamente sobre
l eyes. Por ej empl o, l as regl as más ef , rci ent es para l a
expl ot aci ón de pesquerí as son l as f undadas sobre
l as l eyes ecol ógi cas de t al es si st emas; en pri mer
l ugar, si l a t asa de pesca excede a l a t asa de creci -
mi ent o, el si st ema se dest ruye. (Para l a noci ón de
regl a f undada sobre l eyes véase Bunge 1969. )
En resumen l as regl as, o por l o menos l as regl as
ef i caces, no son t ot al ment e arbi t rari as. Est o no i rn-
pl i ca que sean l egal es, en el sent i do de que se l as
adopta, modif,rca o abandona de manera regular o
uni f orme. Serí a bueno descubri r l eyes del t i po
"Toda
vez que l os hurnanos est án en el est ado , S
i magi nan o ponen en vi gor regl as de conduct a de
t i po R. > Pero ni si qui era sabemos si hay l eyes de
est a cl ase. (Si el l ect or abri ga aun dudas acerca de
l a di f erenci a ent re regl as y l eyes, l e i nvi t o a que l ea
el Apéndi ce 2. )
De l os t res t i pos de general i zaci ones económi cas
(t endenci as,
l eyes y regl as), l as l eyes son l as más
di f í ci l es de consegui r. Las t endenci as se descubren
habi t ual ment e con ayuda de t écni cas economét ri -
cas, y l as regl as pueden ponerse de mani f i est o es-
t udi ando hi st ori a económi ca, así como el f unci o-
nami ent o de si st emas económi cos t al es como ex-
pl ot aci ones agr í col as, f ábr i cas, y comer ci os. En
cambi o, el descubr i mi ent o de l eyes r equi er e al go
más que dat os, t ant o más por cuant o ni ngún con-
j unt o
de dat os sugi er e si n ambi güedad una l ey.
Ei descubri mi ent o de l eyes va de l a mano con l a
const rucci ón de t eorí as ci ent í f i cas. Tant o es así
que, al menos en l as ci enci as , . dur aso, se empl ea
t áci t ament e l a si gui ent e def i ni ci ón (Bunge
1969).
Una hi pót esi s se l l ama (enunci ado
de) l ey si , y
sol ament e si , a) es general en al gún respect o
(o
+J
sea, no es od hot ' ) , b) per t enece a al gún si st ema
hi pot ét i co- deduct i vo
( t eor í a) y c) t r a si do conf i r -
mado sat i sf act or i ament e
en al gún domi ni o
( o sea,
puede consi der ár sel o
ver dader o o adecuado con
r espect o a di cho domi ni o) . Los economi st as usan el
t ér mi no
. , l ey' de maner a más l i ber al , l o que acaso
expl i que su r esi st enci a a abandonar ci er t as hi pót e-
si s que no son conf i rmabl es o que han si do ref ut a-
das, como se ver á dent r o de un r at o'
La economí a
pol í t i ca cont i ene di ver sos enunci a-
dos de l ey, aún descont ando l as def i ni ci ones que
pasan por l eyes, así como l as dudosas
. , l eyes"
psi col ógi cas que subyacen a l a economí a pol í t i ca
neocl ási ca. Una l ey genui na es l a de que exi st e
ul l a cor r el aci ón posi t i va ent r e consumo e i ngr eso.
Ot r a es l a l ey de Cobb- Dougl as
"Pr oduct o:
: ( t LbÁI - b, , , donde nL, denot a el t r abaj o i n-
sumo y
"K "
el capi t al i nsumo, en t ant o que a y b
son const ant es posi t i vas. Ci er t ament e, hay di ver sas
ot r as f unci ones de pr oducci én que se aj ust an
i gual ment e bi en a l os dat os, y l a hi pót esi s no da
cuent a de l a i nnovaci ón t écni ca
( Sol ow
1960) . Si n
embar go, l a I ey de Cobb- Dougl as se consi der a ge-
ner al ment e como una buena apr oxi maci ón a l a ver -
dad. Además, es una l ey uni ver sal , vál i da par a t o-
das l as economí as moCer nas, sean capi t al i st as, so-
cialistas o mixtas. Un tercer enunciado nomológico
es ést e: <el predomi ni o de l a compet enci a i rnperf ec-
t a
[ o
sea, del ol i gopol i o] en el mundo real causa
una t endenci a a l a expl ot aci ón> (Robi nson 1933, p.
313). Est a no es una mera regul ari dad empí ri ca,
si no que pert enece a l a t eorí a del ol i gopol i o. Pero,
por cont ener el concept o moral de expl ot aci ón, es
una proposi ci ón económi co-ét i ca ant es que pura-
ment e económi ca.
Además de t ener sus pr opi as l eyes l a economí a
pol í t i ca, como cual qui er ot r a ci enci a soci al , t oma
pr est adas l eyes de l as ci enci as nat ur al es. En pr i mer
l ugar l a economí a da por sent ado
( pr esupol l e) que
44
nada pr ovi ene de l a nada ( una de l as posi bl es
ver -
si ones del pr i nci pi o de conser vaci ón de l a ener gí a) .
Est a l ey subyace, en par t i cul ar , a l a l ey de Cobb-
Dougl as que acabamos de menci onar. Tambi én es
uno de l os supuest os de l os model os que se em-
pl ean par a admi ni st r ar r ecur sos agot abl es, t al es
como l os mi ner al es. En ef ect o, t odos esos model os
gi ran en t orno a l a noci ón de reserva, que no t en-
drí a sent i do en el Paí s de Cucaña, donde l a energí a
puede sal i r de l a nada y si n t r abaj o.
Y t odo model o r eal i st a de un r ecur so r enovabl e,
t al como un bosque o una pesquer í a, exi ge, ade-
más, l eyes bi ol ógi cas especí f i cas. En par t i cul ar ,
semej ant es model os i ncl uyen l eyes de cr eci mi ent o
en condi ci ones de expl ot aci ón. ( Cp.
Cl ar k 1976. )
Una admi ni st r aci ón que f uese a expl ot ar un r ecur so
renovabl e a una t asa mayor que l a di f erenci a ent re
l as t asas de nat al i dad y de mort al i dad (como
se ha
veni do haci endo en el caso de l as bal l enas) ser í a
acusada de i ncompet enci a. Muí at i s mut andi s, l o
que val e par a l os r ecur sos nat ur al es val e t ambi én, o
al nr enos debi er a val er , par a l os r ecur sos humanos.
Est os no se admi ni st r an bi en si se i gnor an l as l eyes
bási cas de l a bi ol ogí a y psi col ogí a humanas.
En r esumen, l as pol í t i cas económi cas, sea que
conci er nan a una f i r ma, a una i ndust r i a o a una
naci ón, debi eran basarse sobre model os real i st as de
l os si st emas en cuest i ón. Y semej ant es model os
r eal i st as i ncl uyen l as l eyes nat ur al es per t i nent es
además de l eyes, o al menos t enci enci as, económi -
cas ( y soci al es y pol í t i cas) .
La col ecci ón de l as l eyes económi cas es var i abl e:
al par que al gun?s Fr u€V?s l eyes se i ncor por an de
cuando en cuando a di cha col ecci ón, ot r as l a aban-
donan. Est e egr eso puede deber se a uno de dos
mot i vos. Uno es que l os si st emas económi cos de
ci er t o t i po dej an de exi st i r . ( Las l eyes emer gen y
desapar ecen j unt o
con l as cosas que l as poseen: no
resi den en un rei no separado y más el evado de l as
45
i deas pl at óni cas. ) Por ej empl o, l as l eyes económi -
cas t í pi cas de l as economí as escl avi st a y f eudal
desapar eci er on
j unt o con di chas economí as. ( Y l as
l eyes bi ol ógi cas dej arán de operar en nuest ro pl a-
net a si se pone en uso el al macén de bombas nu-
cl eáres. )
' El
segundo mecani smo de desgast e es l a cr í t i ca y
l á' Cont r ast aci ón
empí r i ca, de r esul t as de l as cual es
al gunos enunci ados de l ey son degradados al rango
de hi pót esi s f al sas. Un ej empl o cl ási co es l a . . l ey, ,
de Say, o
"l ey
de l os mer cados, , , segúr r l a cual
"La
of ert a crea su propi a demanda". En ef ect o, a veces
no hay compradores. Ot ra es l a f amosa curva de
Phi l l i ps, o más bi en su i nt er pr et aci ón causal , según
l a cual
"El
desempl eo causa l a baj a de pr eci os y
sal ar i os". La est anf l aci ón ( i nf l aci ón
si n cr eci mi ent o
y con desempl eo) ha r ef ut ado est a gener al i zaci ón.
( Véase l a f i gur a 3. )
tJ)
o
U
c,
o
tt
1C
o
-o
E
UU
s
!
D
:o
tJ
o
o
Fi gur et
- 1.
Tasa de cambi o de pr eci os ( i ncl uyendo
sal ar i os) como
f unci ón de l a t asa U de desocupaci ón. Según l a. l eyo ae Éni t t i ps
l a pr i mer a decr ece al aument ar l a desocupaci ón. ( La t asa . nat l _
r al " de desempl eo U* de Fr i edman cor r esponde al equi l i br i o, o
sea, al est ado . ópt i mo' . )
En per í odos de ei t anf l aci ón í os p. eci o,
aument an
Junt o
con l a desocupaci ón ( r ect a punt eada) .
46
No t i ene nada de ver gonzoso el que una hi pót esi s
ci ent í f i ca sea r ef ut ada. Lo que sí debi er a aue. gon_
zar es el af er r ar se obcecadament e a hi pót esi J
en
ausenci a de dat os o en pr esenci a
de dat os adver sos.
Y cuando se usa hi pót esi s not or i ament e f al sas par a
f undament ar pol í t i cas que af ect an el bi enest ai de
mi l l ones de ser es humanos, est amos en pr esenci a
de un escándal o. Como ver emos en el capí t ul o 6,
est e es el caso de l as pol í t i cas
monet ar i st as.
Los economi st as no suel en dudar l a exi st enci a de
l eyes económi cas. Di scr epan en cambi o en cuant o
al al cance de di chas l eyes. En t ant o que al gunos de
el l os sost i enen que t odas l as l eyes económi cas son
r egi onal es o l i nl i t adas t empor al ment e ( o
hi st ór i ca_
ment e r el at i vas) , ot r os - en par t i cul ar
l os que abu_
san de l as t eor í as de l a ut i l i dad, de I a deci si ón y de
l os j uegos-
sost i enen que l as l eyes económi cas
son uni ver sal es, en el sent i do de que val en por
doqui er en t odos l os t i empos.
Pr opongo una sol uci ón sal omóni ca: mi ent r as al _
gunas l eyes económi cas son uni ver sal es, ot r as son
l ocal es. En ot r as pal abr as,
en t ant o que al gunas
l eyes económi cas val en par a t odos l ós si st "emas
económi cos ( y
t odos l os si st emas pol í t i cos y j ur í di _
cos) , ot r as val en sol ament e par a si st emas de Ci er t os
t i pos o especi es. Por ej empl o, l a l ey de l os r endi _
mi ent os decr eci ent es y l a l ey de Cobb- Dougl as pa_
r ecen ser uni vel ' sal es. En cambi o t ocl a l ey i oncer _
ni ent e, seA a l a l i br e compet enci a, sea al oi i gopol i o,
est á acot ada t empor al ment e.
Tant o es así , - qúe l as
l eyes
de l a compet enci a per f ect a desapar eci ér on
al
f enecer el mer cado l i br e, y l as l eyes del ol i gopol i o
son r eempl azadas por l as del monopol i o t oda vez
que se pr oduce l a f usi ón de l os monopol i os que
domi nan un sect or . ( Est o
val e cual qui - er a sea el
r égi men de pr opi edad. )
Si bi en l os economi st as no han puest o mayor
at enci ón a l a di st i nci ón enr r e l ey y r egl a, l os f i l ó-
sof os l a han t eni do muy en cuent a. ( Cp
Br own
47
1973. ) En ef ect o, casi t odos l os f i l ósof os se agru-
pan, sea en l a escuel a nomot ét i ca, sea en l a vol un-
t ar i st a. Según I a pr i mer a l a soci edad, y en par t i cu-
l ar l a economí a, est á suj et a a l eyes t an i nvi ol abl es
como l as l eyes nat ur al es. El hombr e puede acaso
l l egar a conocer al gunas de est as l eyes y ut i l i zar l as
' en
su pr ovecho, per o no puede escapar a el l as' En
cambi o, l os vol unt ar i st as sost i enen que no hay l e-
yes soci al es: que t odo pr ocede conf or me a deci si o-
nes t omadas más o menos l i br ement e por i ndi vi -
duos o gr upos de i ndi vi duos. Par a saber cuál de l as
dos escuel as t i ene r azón, exami nemos un par de
casos.
Consi dér ese l a gener al i zaci ón
"
La pr oducci ón
aument a con l a i nver si ón". Est o es ci er t o, per o l os
i nver sor es pueden abst ener se de i nver t i r dur ant e
per í odos de i ncer t i dumbr e causada por cambi os so-
ci al es y t écni cos muy r ápi dos. De modo que, aun-
que l a l ey es ver dader a, cont i ene var i abl es ( i nver -
si ones de t r abaj o y capi t al ) que dependen de l a
el ecci ón. En ot r as pal abr as, una vez que l os deci so-
r es han asi gnado val or es a l as var i abl es i r - r depen-
di ent es, l a dependi ent e r esponder á conf or me a l a
l ey y con pr esci ndenci a de cual esqui er a r asgos de
per sonal i dad de l os deci sor es. Ot r o ej empl o:
"La
pr oduct i vi dad es una f unci ón monót ona cr eci ent e
del ni vel t écni co. " Ol vi demos por el moment o el
pr obl ema de cuant i f i car l os ni vel es t écni cos. Pode-
*o, aonaeder que l a l ey es ver dader a, per o, dent r o'
de ci er t os l í mi t es, el ni vel t écni co puede aj ust ar se a
vol unt ad. ( Depende del est ado del conoci mi ent o,
de l as i nver si ones i ni ci al es, y de var i abl es soci al es
t al es como el vol umen y l a cal i dad de l a mano de
obr a, así como de l os sal ar i os. )
Concl ui mos que l as dos escuel as, l a nomot ét i ca y
l a vol unt ar i st a, t i enen par t e de r azón. Hay l eyes
soci al es, en par t i cul ar económi cas; per o, l ej os de
ser i ndependi ent es de l a vol unt ad humana, al gunas
l eyes son puest as en vi gor o suspendi das por el
48
hombr e. Al gunas comi enzan como r egl as más . o
menos ef i ci ent es ( par a
ci er t os f i nes) y, al ser pues-
t as en vi gor y per f ecci onadas, t er mi nan como l e-
yes. No hay mi st er i o en est o, por que el hombr e es
el creador, ref ormador y dest ruct or de l os si st e-
mas soci al es humanos. El hacer y deshacer r egl as
est á const r eñi do por l eyes per o no r egi do por ést as.
Pero, si reconocemos l a exi st enci a de regl as so-
ci al es al l ado de l eyes soci al es, debemos est ar pre-
parados para expl i car al gunos hechos económi cos
en t ér mi nos de r egl as, ot r os en t ér mi nos de l eyes, y
ot ros en t érmi nos de regl as y l eyes. Est o puede
parecer obvi o pero cont radi ce l a t radi ci ón posi t i -
vi st a según l a cual t odo hecho, sea nat ur al o soci al ,
es expl i cabl e por l eyes y ci r cunst anci as. Y t ambi én
cont r adi ce l a t r adi ci ón hi st ór i co- cul t ur al , según l a
cual l as ci enci as soci al es no pueden expl i car nada:
a l o sumo pueden , . compr ender o por
empat í a
( Ver st ehen) .
Por ej empl o, podemos expl i car ci ert o aument o
del cost o de l a vi da por un aument o br usco de l a
t asa de i nt er és ( r egl a) ,
deci si ón que a su vez puede
expl i carse por l a pol í t i ca monet ari st a adopt ada por
l as aut or i dades f i nanci er as. Y podemos expl i car l a
adopci ón de t al pol í t i ca en t ér mi nos de val uaci ones
que no se basan sobr e r egl as ni l eyes si no sobr e
i nt er eses cr eados, i gnor anci a, et c. ( La economí a
neocl ási ca est á l ej os de ser ver dader a, per o al me-
nos t i ene el mér i t o de l a exact i t ud y de haber i nsi s-
t i do en l a cent r al i dad de l a val uaci ón como mot i vo
de l a acci ón humana. La psi col ogí a nos debe aún
l as l eyes de l a val uaci ón. )
Pr esumi bl ement e, l a expl i caci ón cor r ect a de
cual qui er hecho económi co compl ej o r equi er e l e-
yes, r egl as, val uaci ones, y dat os r ef er ent es a l as
ci r cunst anci as y ant ecedent es especi al es. ( En
cam-
bi o, l as t endenci as car ecen de val or expl i cat i vo:
son obj et os a expl i car . ) Tí pi cament e, el expl i car
por qué un i ndi vi duo o un gr upo empr ende acci ones
49
de t i po A puede exi gi r pr emi sas de l os cuat r o t i pos:
( Lav)
Todo A es segui do de un B
( si empr e o con
al guna pr obabi l i dad) .
( Vul uuci t i t t ) B es val i oso par a l os i ndi vi duos ( o
gr upos) de cl ase C.
(Regl u) Esf uérzat e por al canzar cuant o sea
bl e y val i oso par a t i
( o par a t u gr upo) .
( Dat o) El i ndi vi duo ( o gr upo) en cuest i ón
f act i -
es de
cl ase C.
En r esumen, l a i nvest i gaci ón económi ca descu-
br e t endenci as, l eyes y r egl as que oper an en l a
soci edad. Al gunas de est as l eyes son uni ver sal es y
ot r as est án acot adas t empor al ment e; y al gunas r e-
gl as t er mi nan convi r t i éndose en l eyes. La I i mi t a-
ci ón t empor al de al gunas l eyes económi cas l as
t or na si mi l ar es a l as l eyes bi ol ógi cas: est as úl t i mas
no exi st í an ant es de que emer gi ese l a pr i mer a cé-
l ul a.
Se ha di cho a veces ( p
ej . Hi cks 1979) que l a
di f er enci a ent r e l as l eyes de I a economí a y l as de l a
ci enci a nat ur al es que l as pr i mer as cont i enen r et ar -
dos t empor al es. ( P.
ej . , l a cosecha del año en cur so
depende de l o que se sembr ó el año pasado. ) Es
ver dad que l a mi cr of i si ca no conoce ( aún) r et ar dos
t empor al es, per o l a f i si ca de l os macr osi st emas do-
t ados de memor i a sí l os conoce, y t ambi én l os
conoce, desde l uego, I a bi ol ogí a. ( Recuér dese que
hay genes y aun ór ganos ent er os que no se
( expl - e-
san" si no mucho después del naci mi ent o. ) La di f e-
r enci a r eal ent r e l eyes económi cas y l eyes bi ol ógi -
cas r esi de en ot r a cosa: el hombr e puede cr ear ,
t or cer , suspender o dest r ui r l as pr i mer ¿l s al con: , -
t r ui r , modi f i car o dest r ui r l os si st emas económi cos
cor r espondi ent es. Est a es l a f i nal i dad de t oda r evo-
l uci ón económi ca del i ber ada, sea vi ol ent a o pací -
f i ca.
CAPI TULO 4
TEORIAS
Y MODELOS
ECONOMICOS
En t odos l os campos de i nvest i gaci ón
una t eorí ct
es un si st ema de proposi ci ones
(f ormul as)
uni Ou,
por l a rel aci ón de deduct i bi l i dad (argamasa
si nt ác_
t i ca) y un asunt o común ( ar gamasa
semánt i ca) .
En
una t eorí a bi en organi zada
t oda proposi ci ón
"i ,
, "u
una pr emi sa ( post ul ado,
def i ni ci ón ó dat o¡ , , "u unu
c, onsecuenci a (t eorema)
de al gunas premi sás
t oÁu_
das conj unt ament e.
(Oj o:
En el l enguaj e ordi nari o y en l as ci enci as
"bl andaso
l a pal abra , . t eorí a,
dési gna
"
i l ; ; ; ;
una hi pót esi s.
Por ej empl o, l a . , t eorí á"
di námi ca áe
Harrod (1952)
se reducé a l a proposi ci ón
á; q; ; l ;
t asa de creci mi ent o g es i gual a l á t asa de i nversi ón
s di vi di da por l a razón cupi t uVp. oducci ón
t , ; ; ; ; ;
g
:
sl ! . Ot ro ej empl o de uso i ul gar de l a paf abü
<. t eorí a>
es el del t í t ul o del f amoso l i b. o d. M; "d; i
Teoría econónúca
marxistd, que es una obra pura_
ment e descri pt i va y crí t i ca, si n asomo ¿" t "oi f ui . i
Al gunos economi st as_cr een
que l as t . or i ; ; ; ; ;
el l os manej an son edi f i ci os pui ament e
l ógi cos á
mat enrát i cos
mi ent ras no se rei agregue dat o-s. Est a
opi ni ón es equi vocada.
Una di f érenci a
ent re una
t eorí a en mat emát i ca pura y una t eorí a en economí a
pol í t i ca,
o al gí rn ot ro campo de i nvest i gaci ón
f ác_
t i ca, es que l as pr oposi ci ones
de est e úl t i mo t i enen
referencia fáctica: se refieren a alguna parte
o as_
pect o
de l a real i dad.
Graci as a est á ref erenci a
f ác_
t i ca l as t eorí as ci ent í f i cas pueden
ser puest as
a
prueba
cont rast ándose
al gunas de sus pi oposi ci o_
nes con dat os de obser vaci ón,
medi ci ón, o' . *p. r i _
ment aci ón.
Ot ra di f erenci a
ent re l as t eorí as t i e l rr
5l
50
mat emát i ca pura, por un l ado, y l as de l a ci enci a y
l a t ecnol ogí a, por ot ro, es que al gunas de l as propo-
si ci ones de est as úl t i mas represent an, correct a o
i ncorrect ament e, regul ari dades o l eyes obj et i vas.
En t odo caso en l as ci enci as avanzadas, que son l os
marcapasos met odol ógi cos de l as demás, t oda t eo-
rí a genui na cont i ene enunci ados l egal es, es deci r,
fórmulas que representan regularidades objetivas
(l eyes). Un cuerpo de conoci mi ent os que cont i ene
t an sól o t endenci as, como l as que resul t an de anál i -
si s economét ri cos, no cuent a como t eorí a. Por con-
si gui ent e, no puede expl i car nada. Tampoco puede
usarse para cal cul ar predi cci ones f i dedi gnas: a l o
sumo da ext rapol aci ones.
Tambi én l os model os (concept ual es o t eóri cos)
son si st emas hi pot ét i co-deduct i vos y, t ant o en
ci enci a f áct i ca como en t ecnol ogí a, se ref i eren a
part es o aspect os del mundo nat ural o soci al . Los
model os di f i eren de l as t eorí as en t res respect os.
En pri mer l ugar, l os mcdel os t i enen un domi ni o
(o
cl ase de ref erenci a) más angost o que l as t eorí as.
Así , por ej empl o, podemos habl ar de una t eorí a de
una economí a ent era, pero habl aremos de un mo-
del o de una f ábri ca de al f i l eres. En segundo l ugar,
l os model os son represent aci ones muy i deal i zadas
(si mpl i f i cadas) de sus obj et os, t ant o que al gunos de
el l os pueden l l amarse , . cari cat uras> (Gi bbard y Va-
ri an 1978). En t ercer l ugar, a di f erenci a de l as t eo-
r í as, l os model os pueden no cont ener l eyes. Así ,
por ej empl o, mi ent ras un nrodel o de una granj a
debe cont ener, o al menos presuponer, al gunas [ e-
yes bi ol ógi cas especí f rcas (p. ej . . . Los cerdos al -
canzan el est ado adul t o al año de edad"), un rl o-
del o de un banco puede no cont ener ni ngún enun-
ciado de ley aparte de algunas generalizaciones
acerca de l a conduct a humana y de l a soci edad.
Hay dos maneras de const rui r un model o t eóri co:
desde el comi enzo o sobre l a base de al guna t eorí a.
Llamo modelo libre al primero, y ligado al se-
52
gundo. Los model os l i bres pueden o no cont ener
enunci ados de l ey. En cambi o l os model os l i gados
cont i enen proposi ci ones
de est e t i po pcrqué
son
generados
especi f i cando t eorí as, es deci r, enri que-
ci endo est as úl t i mas medi ant e suposi ci ones espet i a-
l es. Por ej empl o, dada una t eorí a general de l a
La economí a pol í t i ca
cont emporánea t i ene al gu-
nas t eorí as, t al es como l a t eorí a neocl ási ca del equi -
l i bri o, y numerosos model os, t al es como l os mohe-
l os l i neal es de pr oducci ón. ( Véase
l os Apéndi ces 3
y 4. ) Si n embar go, a veces se ha di sput ado l a posi -
bi l i dad mi sma de const r ui r t al es si st emas
hi pot ét i co-deduct i vos,
o al menos l a posi bi l i dad
de
que sean verdaderos en al gún sent i do. Una obj e-
ci ón comúrr es l a que puede denomi narse románi ca
y reza así : oNo puedes capt urar al hombre con un
puñado de f órmul as, porque no hay dos seres hu-
manos i dént i cos y porque t odos cambi amos de con-
La respuest a breve es que t odas l as ci enci as f ác-
t i cas y t écni cas enf rent an l a rpi sma di f i cul t ad en l o
que respect a a l a vari abi l i dad y mut abi l i dad i ndi vi -
cuant o a l a mensurabi l i dad, al par que al gunas pro-
pi edades de un si st ema económi co son en ef éct o
cual i t at i vas -o en t odo caso aún no han si do cuan-
t i f i cadas- l a rnayorí a son cuant i t at i vas. (Más
aún,
l a economí a pol í t i ca podrí a def i ni rse como l a ci en-
ci a soci al que se ocupa de l as propi edades
cuant i t a-
53
t i vas de l os si st emas económi cos, t al es como nú-
meros de personas empl eadas o desocupadas, can-
t i dades de bi enes produci dos, i nt ercambi ados o
consumi dos, et c. En cambi o, l a l l amada ci enci a de
la administración enfoca su atención sobre las pro-
pi edades est ruct ural es de l os si st emas económi cos,
aunque si n descui dar l as cuant i t at i vas. ) Además, l a
predictibilidad no es una propiedad intrínseca del
asunto de una teoria, sino una propiedad de la
úl t i ma. Fi nal ment e, en t odas l as ci enci as, i ncl uso
en f í si ca, debemos t ol erar predi cci ones i mpreci -
sas de l a f orma <Event ual ment e X aurnent ará
(o
di smi nui rá, o f l uct uará)".
Lt rego vi ene l a obj eci ón gl obal i st a (u hol i st a):
"Donde
t odo depende de t odo l o demás, corno en l a
economí a, habrí a que conocer el t odo para poder
conocer l a part e. Puest o que est o es i mposi bl e, no
se puede model ar l a economí a. "
p6p11ca:
Est a ob-
jeción
se reduce a observar que la economía constituye
un si st ema y, más aún, un si st ema f uert ement e aco-
pl ado a ot ros si st emas
(l a pol í t i ca y l a cul t ura de l a
mi sma soci edad, así como ot ros si st emas económi -
cos) . Per o t odas l as ci enci as y t écni cas se ocupan.
más o menos exi t osament e, de si st emas; y no l o hacen
i gnorando su est ruct ura, si no descubri éndol a. Si l a
cosa A est á f uert ement e acopl ada a l a cosa B, el
teórico puede adoptar alguna de estas estrategias: a)
est udi ar el si st ema compuest o porA y B, o b¡ mode-
l ar A (o bi en B) y dar cuent a de sus i nt eracci ones
conB
(o
con A) en t érmi nos de vari abl es exógenas.
En cual qui er caso l as i nt eracci ones pueden t rat arse
exact ament e. La obj eci ón gl obal i st a val e sol ament e
en est e respect o: t odo t rat ami ent o de l a economí a
como si f uese un si st ema aut ónomo est á dest i nado
al f racaso. Pero est o no i mposi bi l i t a l a economí a
pol í t i ca; sól o l e i mpone que i ncorpore vari abl es bi o-
l ógi cas, cul t ural es y pol í t i cas como vari abl es exó-
genas.
La tercera objeción que se hace frecuentemente a
54
menos que se t enga al guna hi pót esi s, como l o ob_
servara Darwin hace tiempo. La recolección de da-
t os y l a f ormul aci ón de hi pót esi s van de l a mano en
l ugar de suceder se en t odos l os casos. Además,
l as t eorí as no se f orman dest i l ando dat os. si no f or-
mul ando, ensayando e i nt erconect ando hi pót esi s.
Lo que est á mal no es usar hi pót esi s y ext raer
concl usi ones de el l as, si no exi gi r que t odas l as hi -
pót esi s sean superf i ci al es, t ol erar cont radi cci ones
ent re el l as, f orrnul ar conj et uras i ncomprobabl es, y
af errarse a hi pót esi s que han si do repet i dament é
ref ut adas. Como cual qui er ot ra ci enci a, l a econo-
mí a pol í t i ca debe escoger una ví a i nt ermedi a ent re
el apri ori smo (que presci nde
de l a experi enci a) y el
empi ri smo (que presci nde de l a t eorí a). Desgraci a-
dament e, una f racci ón excesi va de l a ci enci a eco-
nómi ca consi st e en recol ect ar dat os, t al es como l os
que acumul an l as of i ci nas est adí st i cas, o en especu-
l ar acerca de f ánt assras t al es como el mercado
compet i t i vo y el consumi dor r aci onal . ( Como
di j er a
Leont i ef 1966, pág. a3, l a economí a
"adqui ri ó
muy
t empranament e en su desarrol l o l a act i t ud y l os
modal es de i as ci enci as empí ri cas exact as si n haber
pasado por l a dura escuel a de l a i nvest i gaci ón f ác-
t i ca di r ect a y det al l ada". )
Fi nal ment e, l a obj eci ón vol unt ari st a a l a t eonza-
ci ón y model i zaci ón reza como si gue: . . Las soci e-
dades son regi das por regl as, no por l eyes, y l as
regl as, así como su rechazo, son obra nuest ra.
por
l o t ant o no es posi bl e const rui r model os económi -
55
cos a semej anza de l as ci enci as natural es. Debemos
abandonar toda tentativa de construir modelos eco-
nómicos, y tratar los sistemas económicos, de la
firma a la nación, día a día. La intuición y la expe-
riencia deben prevalecer sobre la teoría: debemos
ser pragmati stas, no raci onal i stas." Creo que esta
objeción contiene un grano de verdad
junto
con un
montón de falsedades peligrosas. El grano de ver-
dad es éste: Cual qui er teoría económi ca que trate l a
economía como un sistema nat' ¿ral o una máquina
autorreguladora, que funcioira según
"leyes
de hie-
rro>), es falsa porque ignora la existencia de reglas
j unto
a l as l eyes. (Recuérdese
el cap. 3.) Esto val e
para todas l as teoías cl ási cas (i ncl uyendo
l a de
Marx) y neoclásicas, así como para ciertas teorías
contemporáneas tales como la ..economía fisioló-
gi ca" de Georgescu-Roegen (1978).
Si n embar-
go, las reglas, en particular
los reglamentos esta-
tal es, no consti tuyen un obstácul o a l a teori za-
ci ón. En efecto, l as regl as pueden i ncl ui rse en
un model o mat emát i co a modo de ví ncul os
( o
r est r i cci ones) . Semej ant e model o per mi t i r á
formular predicciones mientras valgan las ecua-
ci ones ( o
desi gual dades) , o sea, en t ant o que
l os agentes respeten l as regl as. Cual qui er cam-
bi o en l as regl as bási cas obl i gará a modi fi car
el model o. Vol veremos a este punto en el capí-
tul o 6.
Los más ambi ci osos de todos l os model os en
ci enci as soci al es son, desde l uego, l os model os
mundi al es. Hay por l o menos sei s de el l os: cuatro
model os descri pti vos y dos normati vos (l os de Bari -
l och.e y Japón). En tanto que al gunos de el l os (en
particular Límites al Crecimiento) son primordial-
mente especul ati vos, otros (en parti cul ar el Model o
Mundi al de l as Naci ones Uni das) están l l enos de
datos; y mientras algunos de ellos contienen unas
pocas vari abl es, otros i nvol ucran muchas. Todos
el l os han si do cri ti cados severamente (cp.
Nord-
56
haus
. 1973
y Col e l 97B), al punt o
de que pocos
especi al i st as conser van f e en el l os.
) /
) ó
CAPITULO 5
POLITICAS ECONOMICAS
En l a vi da real l os economi st as suel en ser, no
sól o est udi osos de l a economí a, si no t ambi én con-
sul t ores, pl aneadores, e i ncl uso admi ni st radores o
pol í t i cos. Est a acumul aci ón de f unci ones en una
sol a persona no debe hacernos ol vi dar l a di st i nci ón
cl ási ca ent re l a econont í a posi t i va, o el est udi o de
l os si st emas económi cos, y l aeconomí a nor mat i va,
o l a f ormaci ón de pol í t i cas y pl anes económi cos. La
pri mera es una ci enci a bási ca y l a segunda una
ci enci a apl i cada o, mej or, una rama de l a t écni ca
soci al ,
j unt o
con el derecho y l a pedagogí a. (El
nombre neconomí a posi t i va>) no es del t odo ade-
cuado, porque l a economí a pol í t i ca bási ca i ncl uye
t ambi én l o que pudi era l l amarse . . economí a
nega-
t i va", o sea, l a cr í t i ca de l os si st emas económi cos
exi st ent es, y cuyo model o si gue si endo El Capi t al
de Marx.
"Bási ca>
o <<pura>
Son cal i f i cat i vos más
adecuados y conf ormes a l a di st i nci ón ent re bási co
y apl i cado que se hace en t odas l as demás ci en-
ci as. )
La economí a norrnat i va o apl i cada se l l ama t am-
bi én
"economí a
pol í t i ca", nombr e que sugi er e que
se t rat a de una f usi ón de l a econcmí a bási ca y de l a
pol i t ol ogí a. Desgr aci adament e, est a suger enci a es
f al sa: si bi en al gunos economi st as prest an at enci ón
a l os f act ores pol í t i cos, no aprenden de l a pol i t ol o-
gí a, l a que a su vez se venga i gnorando t ant o a l a
economí a como a l a ci enci a económi ca. Est e hecho
es t ant o más ext raño por cuant o l a pol i t ol ogí a mo-
derna naci ó preci sament e en l a época en que el
_59
si st ema pol í t i co se l i gaba más est rechament e que
nunca al económi co
( Ski del sky, 1977) .
La economí a normat i va, como cual qui er ot ro
campo del conoci mi ent o, se di st i ngue por una pro-
bl emát i ca propi a. Los probl emas que enf rent an sus
cul t or es son pr obl emas económi cos, t al es como el
de l a est anf l aci ón
(o i nf l aci ón acompañada de deso-
cupaci ón) . Est o par ecer í a obvi o, per o no l o es,
porque no hay problemas puramente económicos
(V. Robinson and Eatwell 1974). Lo quc común-
mente llamamos <problemas económicos>> son pro-
blemas,sociales multidimensionales que involucran
no sólo la economía, sino tarnbién la política y la
cultura,
y ello simplemente porque cada uno de és-
tos es un subsistema de la sociedaci (Bunge, 1979b).
Por ej empl o, puede argüi rse que no habrí a est an-
f l aci ón si : a) t odas l as cor por aci ones i nvi r t i er an sus
gananci as en el paí s en l ugar de hacer l o en el ext e-
r i or ( como l o hacen l as compañí as mul t i naci onal es) ;
á/ l os gobi er nos no i mpr i mi esen di ner o o cont r at a-
sen empr ést i t os con el sól o f i n de segui r l a car r er a
ar mament i st a o de r nant ener una bur ocr aci a gi gan-
t esca y par asi t ar i a, c) l os si ndi cat os obr er os no
l ucharan por prot eger el ni vel de vi da de sus af i l i a-
dos; y d) el públ i co se educar a par a r esi st i r l as
t ent aci ones del consumi smo.
( Véase Davi dson
y
Wei nt r aub, 1973, y Wi l es, 1973) .
Ahor a bi en, si t odo pr obl ema económi co no es
si no un component e de un pr obl ema soci al mul t i -
di mensi onal , est á cl ar o que no puede t ener sol uci o-
nes purament e económi cas. En part i cul ar el monet a-
r i smo no puede cur ar l a i nf l aci ón por que pr escr i be
t an sól o un r emedi o f i scal , a saber , el cont r ol de l a
Casa de Moneda, par a cur ar un compl ej í si mo pr o-
bl ema soci al .
Obsér vese que no ni ego l a posi bi l i dad de l a ci en-
ci a económi ca.
( Recuér dese el Capi t ul o 4. ) Puede
haber model os ( casi ) pur ament e económi cos, t al es
como un model o par a expl ot ar una r ni na de cobr e,
60
Acabamos
de t oparnos
con l a moral , ausent e de
61
it
%
la economía positiva, pero central, aunque a
.me-
nudo subterráneamente,
en la economía normativa'
(Para
la centralidad
de los valores en investigación
social aplicada véase Myrdal, 1969' ) En efecto, el
di seño de una
pol í t i ca económi ca no es un mero
t ecni ci smo económi co a l a par de, di gamos, l a con-
f ecci ón del
presupuest o de una f i rma' El di seño de
pol í t i cas económi cas i nvol ucra, o debi era i mpl i car,
un model o de l a soci edad í nt egra, así como un
conj unt o
de val ores
Y
obj et i vos.
Est e aspect o de l a cuest i ón resal t a en el cont rast e
ent re l as pol í t i cas keynesi anas (o f i scal es) y mone-
t ari st as. Tant o el f i nado l ord Keynes como el pro-
f esor Fri edman han def endi do al capi t al i smo. Pero,
mientras el primero queía darle un rostro humano,
el segundo parece querer que recupere los rasgos
l obunos que t ení a ant es de Bi smarck. Keynes es-
t aba mot i vado no sól o por una vi si ón menos uni l a-
teral de la sociedad sino también, y qluizá primor-
di al ment e, por el horror que sent í a por l a guerra y
por su compasi ón para con l os desocupados.
(Más
aun, rel aci onaba l a guerra con el desempl eo, sost e-
ni endo que ést e úl t i mo i nci t a a l a compet enci a co-
merci al i nt ernaci onal , l a que a su vez puede dege-
nerar en guerra: véase Kl ei n, 1947. ) No se not a t al
horror por l a guerra, ni t al compasi ón por l os deso-
cupaci os, en l os escri t os del prof esor Fri edman y
sus
"Chi cago
boys", qui enes i nsi st en en que es ne-
cesari o que haya una <t asa nat ural de desempl eo"
para mant ener baj os l os sal ari os y l os preci os
( Fr i edman, 1968) .
Hay, por supuest o, una var i edad de t i pos de pol í -
t i ca econónri ca, pero t odos el l os compart en ci ert os
aspectos metodológicos que trataremos de poner al
descubi ert o. Los t i pos pri nci pal es son el l i bera-
l i smo, el i nt ervenci oni smo, y l a pl aneaci ón cent ral .
El pri mero no recomi enda pol í t i ca al guna: reco-
mi enda l a i nacci ón. Fundament o t eóri co: l a econo-
mí a es una máqui na ( o un or gani smo) aut o-
62
EJ segundo t i po de pol í t i ca,
el i nt er venci oni smo,
se da en di ver sas var i edades,
des( e una compr en_
si va pol í t i ca f i scal dest i nada a est i bi r i zar r a eóono-
mí a, hast a l as pol í t i cas
escandi navas dest i nadas a
di smi nui r l a i nequi dad.
Fundament o t eór i co: I a
mr cos, es menest er cont r ol ar l a economí a. ( El
mo_
Vemos ent onces que t oda pol í t i ca económi ca se
f unda sobr e al guna doct r i na económi ca y al gún si s_
63
t ema de val ores y normas. A su vez, un pl an eco-
nómi co especí f i co se f unda sobre una pol í t i ca
eco-
nómi ca j unt o
con un model o de un sect or econó-
mi co o de l a economí a (o,
mej or, de l a soci edad
í nt egra), así como dat os más det al l ados. En resu-
men.
POLITICA
:
TEORIA + DATOS + SISTEMA DE VAL)RES
PLAN
:
POLITICA + MODELO + DATOS
de donde:
PLAN : TEORIA + MODELO + DATOS + SISTEMA DE
VALORES
Parece razonabl e est i pul ar que un pl an se deno-
mi ne ci ent í f i co si , y sól o si , descansa sobre a) t eo-
rí as, model os y dat os ci ent í f i cos, así como á) un
si st ema de val ores y normas compat i bl e con el co-
noci mi ent o ci ent í f i co del dí a. El f racaso de cual -
qui era de est os component es da como resul t ado
i nevi t abl e el f racaso de l a t ot al i dad a un enorme
cost o soci al . En part i cul ar, una t eorí a económi ca
f al sa, o un códi go moral anacróni co (y, por t ant o,
i mposi bl e de poner en vi genci a), arrui nará el pl an
económi co di señado con el mayor cui dado.
El i ndi vi dual i smo ext remo, sea en economí a o en
ética, es un buen ejemplo de lo que se acaba de
añrmar. No puede t ener éxi t o a l a l arga porque l a
soci edad es un si st ema del cual l a economí a no es
si no un subsi st ema, y el mant eni mi ent o de t odo
si st ema exi ge al guna cooperaci ón, sea del i berada,
sea i nvol unt ar i a. ( Es ver dad que et i ndi vi dual i smo
no excl uye l a sol i dar i dad, per o l a l i mi t a a l os
mi embr os de l a mi sma cl ase soci al : es t r or i zont al y
def ensi va, no i nt egral y al t rui st a. ) Además, l os si s-
t emas art i f i ci al es, t al es como l a economí a, l a pol í -
t i ca y l a cul t ura, requi eren al gún cont rol o méca-
ni smo de regul aci ón.
Ot ro buen ej empl o de una mal a pol í t i ca
soci al es
el economi smo, o l a creenci a de que l a economí a
64
POLI TI CA
BI OLOGI CA
POLI TI CA
POLI TI CA
POLI TI CA
CULTURAL
POLI TI CA
ECONOMI CA
El Tercer Mundo t i ene al guna experi enci a con
pl aneadores
económi cos que i gnorañ l us compo_
VALORES
&
I' JORMAS
65
nent es no económi cas de l a soci edad, así como el
si st ema de val ores y normas i nherent es a l a mi sma.
La mayoría de los planes de desarrollo concebidos
para
di chos paí ses se deben a economi st as que han
i gnorado l as ci rcunst anci as y l os val ores cui t ural es
y políticos, y han sacrificado deliberadamente
las
necesidades culturales y las aspiraciones políticas
del pueblo para alcanzar un único objetivó a todo
cost o, sea l a i ndust ri al i zaci ón,
sea I a ést abi l i zaci ón
ment e por l a CEPAL, que él creara y ani mara du_
rant e t res décadas. (Véase
el apéndi ce 5. )
soci edad í nt egra y, por t ant o, no puede t ener éxi t o
de desarrol l o, en l as que l as úni cas f uerzas mot ri ces
eran l a f racci ón del product o
i nt erno brut o dedi _
cada a l a i nversi ón, y l as i mport aci ones
de capi t al ,
66
67
CAPI TULO
6
EL MONETARISMO
El monet ari smo es l a pol í t i ca económi ca neol i be-
ral según l a cual t odo cuant o
hay que hacer para
consei var l a sal ud de l a economí a
es cont rol ar l a
of ert a de di nero. o sea, l a i mpresi ón
de bi l l et es de
banco y el crédi t o bancari o
(Fri edman 1963, 1968,
1980). i nevi t abl ement e, el monet ari smo
recuerda a
ot ras panaceas: el agua de al qui t rán,
l a mani pul a-
ci ón de l a col umna vert ebral ,
y l a sangrí a, espe-
ci al ment e est a úl t i ma. Se r ecur r e
a é1, como a l a
bruj erí a, cuando l os dernás rernedi os
parecen f al l ar'
Y, óomo l a bruj erí a, se l o adopt a
con f e, no sobre l a
base de una t éorí a comprobada
y de est adí st i cas'
Los gobi er nos conser vador es,
e i ncl uso al gunos
gobi ernos l i beral es, adopt an
el monet ari smo por
dos mot i vos: por su senci l l ez
y porque da l a casua-
l i dad de que f ávorece a l os adi nerados.
La senci l l ez
del monet ari smo es t al , que el Presi dent e Reagan
ha di cho del mani f i est o de l os Fri edman, Li bre para
el egi r ( 1980) , que es
"sober bi o".
Que
el monef a-
ri si no f avorece a l os ri cos, f ue conf esado por Davi d
St ockman aAt l ant í c Mont hl y en di ci er nbr e de 1981.
Ese señor debe saber l o, puest o
que es el di r ect or
de Presupuest os y pri nci pal ej ecut or
de l a l l amada
reaganomí a en el gobi erno del Presi dent e R' eagan'
Es i gual ment e comprensi bl e
que el rnonet ari smo
atraiga a los polítióos reaccionarios,
puesto que
predica el desmantelamiento del Fstado benefactor,
ásí como l a i rresponsabi l i dad soci al de l os empresa-
ri os. (La úni ca responsabi l i dad
soci al de l os di ri -
gent es de empresa serí a
. . hacer t ant o di nero para
68
sus accl orust as
como puedanrr:
Fri edman
1962, pé+
gi na
133. )
que subyace al monetarismo
es la teoría del mer_
cado l i bre propuest a por
Adam Smi t h en 1776: es l a
poner
a prueba
di chas premi sas para
averi guar si
son ver dader as: ' l o
sean o no, l as cosas suceden
conTo si l o f uerarr. Est e t ruco met odol ógi co es t an
cél ebre que se l o ha baut i zado ol a
coni orsi ón F,
(t he
F-Twi st : Samuel son, 1963). (para
una crí t i ca
69
cp. Rosenberg 1976, y para una def ensa t i bi a, cp.
Bol and 1979. )
Pero l a cont ri buci ón más i mport ant e del prof esor
Fri edman a l a f undament aci ón t eóri ca de l a pol í t i ca
monet ari st a es su . . . armazón
t eóri ca para el anál i si s
monet ari o" (1970). Ti ene razón en l l amarl o
"arma-
zón t eóri ca", y serí a aún más correct o l l amarl o
<programa de una t eorí a", o <<pagaré t eóri coo, por-
que no es una t eorí a propi ament e di cha. En ef ect o,
est e si st ema concept ual cont i ene t r es sí mbol os f un-
ci onal es t ot al ment e i ndet ermi nados (f g y l ), de
modo que l as f órmul as en que ést os aparecen son
enunci ados vagos del t i po . . I / es al guna f unci ón/ de
X, , . Toda l a pol í t i ca económi ca que r ecomi enda
Fri edman est á, pues, basada sobre un programa
para una t eorí a, no sobre una t eorí a f ormul ada ex-
pl í ci t ament e y compr obada empí r i cament e. Si endo
un programa (que al gui en debi era ej ecut ar) es i nca-
paz de expl i car o predeci r nada. (Para
ot ras crí t i cas
cp. Gor don 1970. )
Quien
desee explicar el funcionamiento del siste-
ma monetario, así como su descompostura (infla-
ción y estanflación), deberá construir una teoría pro-
piamente dicha del mismo, no meramente un pro-
grama para una teoría. No podrá satisfacerle una
teoría cualquiera, sino tan sólo una teoría conlpro-
bable y que no trate al sistema monetario como autó-
nomo, ni menos aún como pri mer mot or de l a eco-
nomí a, si no que, por el cont rari o, i ncorpore f ac-
tores no monetarios, taies corno la organización de
l a empresa, l os gast os i mproduct i vos (pri nci pal men-
t e en armament os), y l as expect at i vas (no si empre
raci onal es) de product ores y consumi dores.
Más aún. las economías de las naciones desarro-
lladas necesitan una teoría diferente de las adecua-
das a las naciones en vías de desarrollo. Así, por
ejemplo, en los países desarrollados un factor im-
portante de estanflación, amén de la carrera arma-
mentista, es que las empresas oligopolistas disminu-
70
yen l a prcducci ón y el empl eo, no l os preci os,
al dé_
caer la demanda (lo que refuta la teoría del con_
de la capacidad de producción. (Véase
Olivera.
1980 y Fernández-Pol , 1982 para
al t ernat i vas l at i no_
americanas a la seudoteoría monetarista).
. , Lor . monet ar i st as
no t i enen una t eor í a de l a i nf l a_
caso l o opuest o es ver dader o, a saber , que l a vel o-
ci dad a que un Gobi er no i mpr i me di nei o est á de-
t er mi nada por l a di f er enci a ent r e l os gast os y l os
i ngr esos del Est ado. Si i os pr i mer os
ei ceden a l os
segundos, el Gobi er no i mpr i me di ner o o l o t oma
pr est ado a f i n de cumpl i r sus obl i gaci ones; sól o un
pr esupuest o
est r i ct ament e equi l i br ado da como r e_
sul t ado l a vel oci dad nul a de of er t a de di ner o.
Ahor a bi en, en un Est ado benef act or el egr eso
( E)
es una f unci ón l i neal cr eci ent e de l a t asa de
desempl eo, por que el gobi er no paga compensaci o-
nes sal ar i al es. En cambi o el i ngr eso ( R)
es una
f unci ón l i neal decr eci ent e del desempl eo, por que
l os ci esocupados consumen poco y apenas pagan
i mpuest os. El r esul t ado es que l a vel oci dad I , I a l a
que el gobi erno i mpri me di nero, o l o t oma pres-
t ado, depende l i neal ment e de l a t asa U de desem-
pl eo. En resumen, el desempl eo causa i nf l ací ón, l a
que a' su vez aument a el desempl eo. Se t r at a, pues,
de un ci cl o de r et r oal i ment aci ón posi t i va. Di cho en
sí mbol os, [ 4: E - R, E: a *b( J, y R: c -
cJ( J,
71
de donde l ul
:
a
- c +
(b
+ d) U, donde a, b, c y d
son númer os r eal es
posi t i vos. ( En un Est ado no
benef act or , ¡ , : 0. ) Por t ant o l V : 0
si ,
. r '
sr í l o si ,
u : ( y L/
: 0. Véase I a f i gur a 5. Aunque est e
Fi gt t r t t 5. La desocupaci ón causa i nf l aci ón. La t asa M de i mpr e-
si ón de moneda es una f unci ón cr eci ent e del desempl eo.
cr udo model o l i neal ( y l i br e) del pr oceso i nf l aci ona-
r i o par ece bast ant e evi dent e y de acuer do con l os
dat os, no ha si do t eni do en cuent a por l os monet a-
r i st as.
En cuant o al f undament o est adí st i co del monet a-
r i smo, se r educe a ci er t as cor r el aci ones i nt er pr et a-
das como r el aci ones causal es. Así , por ej empl o,
según Lucas ( 198C) , l os dat os sobr e l a economí a
nort eameri cana para el perí odo 1953- 1977 conf i r-
man l as hi pót esi s de que una det er mi nada t asa de
cambi o de l a cant i dad de ci r cul ant e i nduce: c) un
cambi o i gual en l a t asa de i nf l aci ón de pr eci os, y á)
un cambi o i gual de l as t asas nomi nal es de i nt er és.
En ver dad t odo l o que muest r an sus dat os es una
cor r el aci ón posi t i va, no una r el aci ón causal . Lucas
72
no ha est udi ado l os mecani smos que subyacen a
est a cor r el aci ón. La mayor í a de l os economi st as
sospechan, con r azón, que di chos mecani smos son
pr ocesos soci al es compl ej os. Después de t odo, el
di nero es un t ermómet ro de l a act i vi dad económi ca
más que l a act i vi dad mi sma.
Pero i ncl uso esa conf i rmaci ón est adí st i ca es
cuest i onabl e. Modi gl i ani ( 1977)
est udi ó apr oxi ma-
dament e el mi smo per í odo en l os EE. UU. , bus-
cando t rechos en l os que l a of ert a de di nero cre-
ci ese bast ant e l ent ament e. Encont r ó dos per í odos
de est e t i po, de comi enzos de 1953 a l a pr i mer a
mi t ad de 1957, y de l 97l a 1975. Est os perí odos
r esul t ar on ser l os más i nest abl es de t odos: com-
pr endi er on l a cont r acci ón de 1954, l a r ecuper aci ón
de 1955, l a nueva r ecesi ón de 1958, y l a de 1973- 75.
La concl usi ón es evi dent e: <nuest r os per í odos más
i nest abl es han coi nci di do con per í odos de est abi l i -
dad monetaria relativa> (pág. 12). Esta conclusión
se ve reforzada por las estadísticas más recientes.
La recesi ón económi ca en l os EE. UU. ,
eue
duró de
1978 a 1983, f ue acompañada pri mero de una res-
tricción y luego de una reducción del volumen de
dinero circulante o Ml; la reducción fue aún más
drástica en Canadá, donde la crisis fue todavía más gra-
ve. (Los cambios relativos del volumen de Ml en los
EE. UU. han si do de 1, 0 por 100, 2, 3 por 100, 0, 8 por
100, - 0, 9 por 100, - 1, 6 por 100 y - 3, 8 por 100 en
l os años 1976 a 1982, respect i vament e: I MF, i 982,
p. 202. ) Por supuest o que el monet ari st a i nvocará
choques exógenos para justificar
el fracaso de su
pol í t i ca. Pero ést e es preci sament e el qui d de l a cues-
tión: la severidad de ia inestabilidad atribuida a ta-
les choques muestra que la economía no es un siste-
ma sel l ado y a prueba de choques. Y, puest o que
no lo es. es preciso estabilizarlo mediante vigoro-
sas medidas fiscales o incluso planeación central.
Prebi sch (1981a) ha most rado el ocuent ement e que
esto vale, muy particularmente, para América La-
DESCCUPACI ON
I J
librios de la economía mundial (IMF, 1982). Por aña-
didura, Hahn
(1983) exhibió un modelo en que se
prod.uce inflación
(a pesar)) de mantenerse constante
ia cantidad de dinero. En resumen, el monetaris-
mo hace agua
Por
todas
Partes.
Los hol andeses haq veni do pr act i cando con éxi t o
l a pl aneaci ón cent r al desde que per di er on sus col o-
ni as, y t ant o Leont i ef como Gal br ai t h l a r ecomi en-
dan para sal i r de l a est anf l aci ón. I -a l i bert ad eco-
nómi ca - l a l i ber t ad de empl ear y despedi r , de l r a-
baj ar o no t rabaj ar, de comer o no comer- no
puede ser el obj et i vo del 90 por 100 de l a pobl aci ón
en ni ngún paí s del mundo. Par a el l os l a l i ber t ad
económi ca, no l a pl aneaci ón, es
"el
cami no de l a
ser vi dumbr e>, por que i nvol ucr a i ncer t i dumbr e en
el mej or de l os casos y hambr e en el peor . Far a
el l os el di l ema no es l i ber t ad ver sl t s pl aneaci ón si no
planeación autoritaria versus planeación democrá-
t i ca: ent r e pl aneaci ón t i r áni ca, r í gi da, bur ocr át i ca y
por t ant o enaj enant e, por una par t e, y pl aneaci ón
part i ci pat i va, pl ást i ca, descenf ral i zada, y por t ant o,
a l a l arga, ef i ci ent e, para l o cual debe f undarse
sobr e una pol í t i ca ci ent í f i ca y humani st a. Par a bi en
o par a mal , est a el ecci ón no es mat er i a t écni ca qLr e
sól o l os exper t os en economí a pol í t i ca pul eden t o-
car , si no de el ecci ón pol í t i ca por el públ i co. ( Véase
Pr ebi sch l 98l a par a una or i gi nal sí nt esi s de l i ber a-
l i smo y soci al i smo. Para una hi st ori a crí t i ca de l as
controversias en torno a la planeación, véase Nien-
haus 1984. )
No di r emos más acer ca de l a mi ser abl e f unda-
ment aci ón t eór i ca y empí r i ca del monet ar i smo. En
cuant o a l as f i l osof i as mor al es, soci al es y pol í t i cas
que l o basan, son esenci al ment e l as del l i ber al i smo
74
económi co, o sea, el i ndi vi dual i smo. ( Véase
Hayek
1949 par a una l úci da f or mul aci ón del i ndi vi dua-
l i smo. ) Est a doct r i na se r educe a l os si güi ent es
principios: a/ egoísmo (<Cada cual para sí>), -bl
dar wi ni smo soci al ( "Sól o l os mej or adapt ados so-
br evi ven y mer ecen sobr evi vi r l a compet enci a eco-
nómi ca") , y c' ) l i ber al i smo pol í t i co ( net ament e di s-
t i nt o de l a democr aci a) . En mi opi ni ón el pr i mer o
no es sól o despr eci abl e si no t ambi én i nef i caz ( ex-
cept o en r asgar l a t el a de l a soci edad) , ya que l a
vi da en soci edad exi ge un módi co de al t r ui smo y
cooper aci ón. Tambi én dar emos por sent ado que el
dar wi ni smo soci al ha si do r ef ut ado hace t i empo,
aunque sól o sea por que: r ¡ ) en l a vi da r eal f r acasan
muchas empr esas sól i das al par que t r i unf an mu-
chas avent ur as al ocadas, y b) l a
"dur a
di sci pl i na del
mer cado" mol dea no sól o l í der es si no t ambi én est a-
f ador es y opr esor es.
En cuant o a l a asoci aci ón ent r e l a l i ber t ad eco-
nómi ca y l a pol í t i ca, par ece que no es si no una
cor r el aci ón t empor ar i a t omada por r el aci ón causal
per manent e. En ef ect o, aunque el l ai ssezf ai r e eco-
nómi co ha est ado vi ncul ado a l as l i ber t ades p- ol í t i -
cas en cuat r o naci ones ( l os Paí ses Baj os, Gr an Br e-
t aña, Fr anci a y l os EE. UU. ) ent r e 1750 y 1850, est a
asoci aci ón no val e hoy dí a en ni nguna par t e, aun-
que sól o sea por que l os monopol i os y I a i nt er ven-
ci ón est at al han mat ado a l a l i br e empr esa. Más
aún, el mant eni mi ent o exi t oso de l a l i br e empr esa
si n cor t api sas exi gi r í a un gobi er no aut or i t ar i o l i st o a
r epr i mi r cual esqui er a amenazas a l a l i ber t ad eco-
nómi ca, t al es como l as que pl ant ean el movi mi ent o
obr er o, l os par t i dos pol í t i cos que pr opugnan l a na-
ci onal i zaci ón de l os ser vi ci os públ i cos y l os r ecur -
sos ener gét i cos, e i ncl uso el movi mi ent o cooper a-
t i vo. Como di ce Pr ebi sch ( l 98l b) ,
"l os
pr i nci pi os
neocl ási cos sól o pueden apl i car se baj o un r égi men
de f uer za".
En l as naci ones i ndust r i al i zadas l as pol í t i cas mo-
75
net ar i st as causan l a dest r ucci ón de l as i ndust r i as
manuf act ur er as y de l os ser vi ci os soci al es, l o que
aument a l a pobreza, l a que f oment a el descont ent o,
el que a su vez i nvi t a a l a r epr esi ón. En l as naci o-
nes del Tercer Mundo l a represi ón posi bi l i t a l a apl i -
caci ón de pol í t i cas monet ari st as, l as que aument an
l a mi ser i a, l a que gener a i nsur r ecci ones, l as que a
su vez provocan una represi ón más i nt ensa. No es
de ext r añar ent onces que el l i ber al i smo económi co,
y en
par t i cul ar el monet ar i smo, se haya conver t i do
en t odas part es en una i deol ogí a de ext rema dere-
cha y una amenaza a l a ci vi l i zaci ón. Un car i cat u-
r i st a mexi cano l o expi : esó como si gue. El guí a de
un museo de pi nt ur a va anunci ando:
"Est e
cuadr o
per t enece a l a escuel a del Gi ot t o, est e ot r o a l a
escuel a neocl ási ca, y el de más al l á es un buen
r epr esent ant e de l a escuel a i mpr esi oni st a, , .
y,
apunt ando a una vi l l a mi ser i a ( o
ci udad per di da, o
barri o cal l ampa, o vi l l a Fri edman) que se ve a t ra-
vés de l a vent ana, i nf or ma: . . En
cuant o a ése, es
t í pi co de l a escuel a de Chi cago. "
La maner a en que obr an l as pol í t i cas monet ar i s-
t as en l os paí ses en desarrol l o y
en est ado de i nf l a-
ci ón es l a si gui ent e: Se f r j an l as t asas de cambi o ( en
part i cul ar el preci o del dól ar), se l evant an l as barre-
ras aduaneras y se rest ri ngen l os crédi t os banca-
r i os. Al comi enzo l as dos pr i mer as medi das no t i e-
nen ef ect os apreci abl es, pero l a t ercera af ect a de
i nmedi at o a l as empr esas pequeñas
y medi anas. que
se ven en f i gur i l i as par a f i nanci ar sus oper aci ones.
Muchas de el l as t er mi úan por quebr ar en conse-
cuer r ci a. Est o t i ene como ef ect o una Ci smi nuci ón
del er npl eo y del consumo y una r et r acci ón econó-
mi ca. Al pri nci pi o
l as grandes empresas se benef i -
ci an con l as qui ebr as de l as pequeñas y medi anas,
pero al poco t i empo t ambi én el l as empi ezan a suf ri r
debi do a l a di sni i nuci ón del consumo que acompaña
a l a desocupaci ón.
Mi ent ras t ant o l a i nf l aci ón si gue, o al menos no
76
ha di smi nui do apr eci abl ement e. Ll ega un moment o
en que l o úni co barat o en el paí s es el dól ar. A
part i r de est e moment o empi ezan a act uar l os dos
pr i mer os exor ci smos monet ar i st as, es deci r , l a es:
t abi l i dad de l as di vi sas ext ranj eras y el l i bre cambi o
ext eri or. En ef ect o, l as mercanci as naci onal es est án
t an caras que el públ i co pref i ere l as i mport adas, por
ser más barat as y acaso t ambi én de mej or cal i dad,
o por l o menos de mayor prest i gi o. La consecuen-
ci a es l a dest r ucci ón de l a i ndust r i a naci onal . Est e
resul t ado de i a pol í t i ca monet ari st a t i ene t res bene-
f i ci ar i os: l as economí as cent r al es ( en par t i cul ar l a
nort eameri cana), l os i mport adores (y
ex cont raban-
di st as) y l os sect or es pol í t i cos que desean l a des-
t r ucci ón de l os si ndi cat os obr er os. La gr an ví ct i ma
del r i t o de sacr i f i ci o monet ar i st a es l a naci ón. cuvo
gobi erno ha adopt ado l a i deol ogí a i mport ada de
Chi cago.
En r esumi das cuent as, t oda pol í t i ca económi ca
se f unda sobre una t eorí a, un cuerpo de dat os y un
si st ema de val or es y nor mas; y t odo pl an econó-
rni co se basa sot rre i a pol í t i ca económi ca j unt o
con
un model o económi co, así como más dat os. Las
pol í t i cas y l os pl anes son ci ent í f i cos en l a medi da
en que l o son sus component es. De l o cont r ar i o no
sonLci ent í f i cos ni t i enen l a posi bi l i dad de t r i unf ar .
El monet ari smo es un paragón de pol í t i ca
econó-
mi ca ant i ci ent í f i ca, por que se f unda sobr e: ¿) un
model o r r ni di mensi onal ( pur ament e
econór ni co) de
l a soci edad, b) una t eoí a econór ni ca anacr óni ca
l l ena de hi pót esi s no compr obadas o f al sas, c) aná-
l i si s est adí st i cos que, en el mej or de l os casos, sól o
exhi ben cor r el aci ones, y d) un si st ema anacr óni co
de val or es y de pr i nci pi os mor al es i nhumanos que
sól o pueden dest rozar el orden soci al .
por
consi -
gui ent e hay razones de t odo t i po, en part i cul ar
ci ent í f i cas y moral es, paÍ a l uchar cont ra el monet a-
nsmo.
¿Qué
ví a queda si el keynesi ani smo encuent r a
77
di f i cul t ades y el monet ari smo f racasa rot unda-
ment e? Sugi ero que l a act i t ud ci ent í f i ca que debe-
mos adopt ar cada vez que f racasa una pol í t i ca o un
pl an
no es pedi r ot ra prórroga (o sea, el t i empo
necesari o para que suf ran ot ros mi l l ones de gent es),
o echar l es l a cul pa a l os
"choques
exógenos>
( pol í -
t i cos y cul t ur al es) . La act i t ud ci ent í f i ca es exami nar
crí t i cament e l as premi sas t eóri cas, empí ri cas y
axi ol ógi cas de l a pol í t i ca en cuest i ón. En par t i cul ar
debemos aver i guar cuán bi en o cuán mal nuest r as
t eoí as y nuest r os model os se aj ust an a l os dat os;
debemos pr egunt ar nos si l os pr opi os dat os son r e-
l evant es o suf i ci ent es; y debemos empeñar nos en
const r ui r t eor í as y model os mej or es, así como en
r ecol ect ar dat os de t i pos nuevos ( p.
ej . r ef er ent es a
l a cal i dad de l a vi da y a l a emanci paci ón f emeni na) ,
que event ual ment e puedan ser vi r par a di señar pol í -
t i cas per f ecci onadas. Enf r ent emos, pues, el pr o-
bl ema de poner a pr ueba l as t eor í as y l os model os
de l a economí a pol í t i ca.
Hast a hace pocas décadas al gunos f amosos eco-
nomi st as, t al es como Ludwi g von Mi ses, sost ení an
que l as t eorí as económi cas son verdaderas a pri ori ,
y por l o t ant o no necesi t an de t est s empí ri cos. Y
Hayek sost ení a que l a úni ca part e empí ri ca de l a
economí a conci erne a l a adqui si ci ón de conoci -
mi ent o. Ot ros, t al es como Kennet h Arrow y t odos
cuant os consi deran a l a economí a como una ci enci a
de deci si ones, pret enden que l as t eorí as económi -
cas no son descri pt i vas si no normat i vas, y por l o
t ant o i ncomprobabl es. Parecerí a que es l a gent e l a
que debe ser somet i da a pruebas para averi guar si
se compor t a a l a al t ur a de l os al t os ni vel es de
raci onal i dad propuest os por l os t eóri cos,
Ot ros economi st as, aunque pagan t ri but o verbal
al requi si t o de l a cont rast abi l i dad empí ri ca, creen
que l as hi pót esi s f undament al es de una t eorí a eco-
nómi ca no son si no f i cci ones út i l es, <porque no
t i enen por qué conf or mar se a l os "hechos", si no
que t an sól o deben ser út i l es en el razonami ent o del
t i po "como si "" ( Machl up
1955. ) Mi l t on Fr i edman
es el adal i d de est a post ura: sost i ene que el ant ece-
dent e A de una hi pót esi s condi ci onal de l a f orma
"Si
A, enr onces B" puede ssr f ánt ást i cc mi ent r as
que l a proposi ci ón í nt egra puede ser verdadera,
como l o muest ran l as predi cci ones hechas con su
ayuda. (Los l ógi cos l l aman , rvací a> a est a cl ase de
verdad, l a más barat a de t odas, y suel en ej empl i f i -
carl a con <<Si l a Luna est á hecha de queso verde,
ent onces dos más dos es i gual a cuat ro. r) Por
ej empl o, no i mport ana el que una economí a sea o
CAPITULO 7
TEORIA Y REALIDAD
:
r," . - Jh¡ f r ; : : *
! J
a' i r , /
! , , r :
- l
78
79
80
reconoce
la necesidad
r
conceptual.
Sin embarg
teorías incompatibles
co]
o que
contradicen
los re
todos los demá,
"u.po como el quími co
acatá l ¿
slno convertir
a cada una
n una
componente
de un
que goce
del sostén y del
ados en l os di verso,
óui l _
:parados.
stación
empírica
de una
I menudo
se toman pres_
run de otros
campoi
de
, la econornía
neoclásiia
iis acerca
de la
""n¿u"iu vi dual es,
tal es
como
ou"
lna de valores y
.a
"o
_
ar sus utilidades
espera_
cas (axiomas
o postula_
posrc,ones
son a veces
,":l3iif,::':J":nfl:ü_
8t
ral sobre la conducta humana que se recordó hace
un momento. El que sea verdadero es otro asunto,
que trataremos dentro de un rato.)
Sin embargo, los postulados de las teorías más
potentes no pueden contrastarse directamente con
datos
porque son muy generales y contienen con-
ceptos muy alejados de la experiencia. En tales
casos
procede unir algunos de dichos postulados
con hi pót esi s subsi di ari as, así como con dat os,
y
calcular
predicciones que puedan confrontarse con
ot ros dat os. A su vez, l as hi pót esi s subsi di ari as
conciernen a las propiedades específicas del sis-
tema particular que se investiga -p. ej. rasgos es-
tructurales o ambientales- o consisten en indica-
dores, o sea, en ví ncul os de propi edades i nobser-
vabl es con propi edades observabl es. En ot ras pal a-
bras, uno usa la teoría para resolver algunos pro-
bl emas no académi cos,
y l uego cont rast a l as sol u-
ci ones con l os dat os. O, si se pref i ere, se const ruye
t oda una f ami l i a de model os l i gados
(a l a t eorí a
dada), uno por probl ema o si t uaci ón, enri queci endo
la teoría con hipótesis subsidiarias y datos, y se
somete a cada uno de tales modelos a pruebas empí-
ri cas, t al es como comparaci ones con seri es t empo-
ral es. En el caso de l os model os l i bres, o sea,
model os que no se basan sobre ni nguna t eorí a ge-
neral , se l es añaden dat os, se comput an predi cci o-
nes, y f i nal ment e se comparan est as úl t i mas con
nuevos dat os.
Aquí no para la cosa. La propia compara.ción
entre proposiciones teóricas y empíricas
plantea di-
versos probl emas di f i ci l es, como l o saben l os est a-
dígrafoi. Sin embargo, dejando de lado los cuestio-
nables fundamentos de la estadística, hay un nota-
ble consenso entre los estadígrafos en cuanto se
82
refiere a la contrastación
de hipótesis.
por
este
motivo no entraremos
en esta cuestión.
(i )
Todas l as personas
t i enen necesi dades y de_
seos.
(i i ¡
El hombre es i nsaci abl e en l o que respect a a
sus deseos.
(i i i )
El hombre es adqui si t i vo.
(iv)
Todas las personas
tienen preferencias y
pueden
ordenarl as coherent ement e.
(vii)
El hombre trata de minimizar el esfuerzo
(ix)
El hombre se enfrenta constantemente
con
elecciones' y por
lo tanto se ve forzado
"
t.Ári
deci si ones.
(x)
El hombre es un maxi mi zador:
t oma l as de_
ci si o-nes que más probabl ement e
maxi mi cen su ut i
lidad (o placer
o ganancia).
83
Todas las teorías económicas referentes a merca-
dos competitivos
o libres se fundan en última ins-
tancia .óbt" el Decáiogo Individualista
(o hedo-
nista) que acabamos
de leer. Sin embargo,
pocos
psicólogos parecen interesarse por é1, y no parece
haber ñabido un esfuerzo metódico e intenso
por
someterlo a otra
prueba que no sea la de la edad'
Acaso est o se deba a l a creenci a de que l as susodi -
et al . 1981 di cen:
, , No pregunt amos sl se maxl ml za
el val or; suponemos
que el val or se maxi mi za
y
preguntamos en consecuencia
qué valoran los or-
guni smo. . , Las i nvest i gaci ones experi ment al es
de
Mazur 1981 ref ut an esa hi pót esi s' )
i nsaci abi l i dad
(i i ) parece poco común, si no desco-
noci da, en soci edades
prei ndust ri al es, al menos en-
t re el popol o mi nut o, que a menudo apenas
puede
sat i sf acer sus necesi dades más bási cas. Tampoco
se conoce l a adqui si t i vi dad en l as soci edades
pri mi -
t i vas, de modo
. que
debe ser un gust o adqui ri do
ant es que i nnat o.
Aunque t odos l os ani mal es
(no sól o l os seres
hur, ranós) t i cnen pref erenci as (hi pót esi s i v), l os psi -
cól ogos descubri eron a f i nes de l os años 1950
y
comi enzos de l os 1960 que l a mayorí a de nosot ros
no somos coherent es en nuest ras pref erenci as: o
84
como dat os, en l ugar de i nvest i gar l os mecani smos
psi col ógi cos y soci al es de l a f or maci ón de pr ef er en-
ci as. Par a peor suel en t r at ar l as pr ef er enci as
de
maner a i r r eal i st a, por gui ar se por consi der aci ones
de pr eci o ( o val or de cambi o) ant es que de necesi -
dad ( o val or de uso) . En ef ect o, una i dea cent r al de
l a t eor í a del consumi dor es que dos haces cual es-
qui er a de mer cancí as, compuest os por obj et os de
l as mi smas cl ases, per o en cant i dades di f er ent es,
son equi val ent es si t i enen el mi smo pr eci o. Véase
l a f i gur a 6.
Q,
Fi gt t r t t ó. Cur vas de i ndi f er enci a par a dos mer cancí as ( bi enes o
ser vi ci os) . Se supone que el consumi dor es i ndi f er ent e ent r e
cual esqui er a combi naci ones de l as dos mer cancí as que yacen
sobr e una mi sma cur va, t al es como A y B. Véase una cr í t i ca en
el t ext o.
Según est o, cual qui er consumi dor r aci onal de-
bi er a ser i ndi f er ent e ent r e una cest a que cont i ene 9
panes y I ki l ogr amo de mant equi l l a, y ot r a que
cont i ene I pan y 3 ki l ogr amos de mant equi l l a. Las
necesi dades obj et i vas no desempeñan ni ngún papel
en l a const r ucci ón de cur vas de i ndi f er enci a, l as
que son f ant ást i cas par a el consumi dor común aun-
que t i enen sent i do para el acaparador. Y, puest o
que l a const r ucci ón de l as f unci ones de ut i l i dad se
funda sobre tales curvas de indiferencia. todo el
85
edi f i ci o de l a mi croeconomí a cl ási ca es un art ef act o
que apenas t i ene rel aci ón con l a real i dad.
Que
el hombre es compet i t i vo ant es que coopera-
t i vo ( hi pót esi s vi ) es si mpl ement e f al so. Todos so-
mos a l a vez cooper at i vos
y compet i t i vos, y l a
mayorí a de nosot ros más l o pri mero que l o se-
gundo. De l o cont rari o no serí amos capaces de
f unci onar como component es de si st emas soci al es,
desde l a f ami l i a hast a l a empr esa t r ansnaci onal . El
exager ar l a compet enci a a expensas de l a cooper a-
ci ón - a l a maner a de l os f i l ósof os di al éct i cos, l os
darwi ni st as soci al es, Freud, Konrad Lorenz, y l os
economistas neoliberales- hace imposible el com-
pr ender l a exi st enci a mi sma de l os si st emas soci a-
l es. Tampoco es ver dad que t odos nos esf or cemos
por mi ni mi zar el esf uerzo, y menos aun que t odos
nat ural ment e aborrecemos el t rabaj o
(hi pót esi s vi i ).
Ei hombr e es nat ur al ment e act i vo y se i nvent a t a-
reas para mant enerse ocupado cuando se l e i mpi de
t rabaj ar. Lo que es ci ert o es que a nadi e l e gust a
hacer t rabaj o i nút i l o f orzado, o t rabaj ar para bene-
f i ci o excl usi vo de ext r años.
La l ey ( vi i i ) de l a ut i l i dad mar gi nal decr eci ent e es
i nt ui t i vament e ver dader a. Si n embar go, obsér vese
que a) cont radi ce al post ul ado (i i ) de i nsaci abi l i -
dad, b) es di f i ci l de poner a prueba porque, por
def i ni ci ón, l as ut i l i dades
( val or es subj et i vos) no son
obj et i vas y, por t ant o, no son f áci l es de est i mar ;
y
c) ser í a deseabl e deduci r esa l ey de l eyes concer -
ni ent es a necesi dades y deseos obj et i vos.
En cuant o a l a hi pót esi s
( i x) , es ver dad que en-
f r ent amos el ecci ones y debemos t omar deci si ones a
cada paso, pero nunca l o hacemos con l i bert ad
t ot al . Est amos suj et os a ví ncul os de di versos t i pos,
bi ol ógi cos y soci al es -part i cul arment e qui enes no
somos pr í nci pes ni empr esar i os, si no escl avos,
si ervos, amas de casa, presos, obreros no si ndi ca-
dos, desocupados, margi nados, sol dados, o sacer-
dot es, ni nguno de l os cual es t i ene l a posi bi l i dad de
86
t omar deci si ones económi cas i mport ant es. Toda l a
teoría de la elección social (socíal choice), con sus
t ros, así como en asunt os de vi da o muert e. En
t al es casos, que t al vez son l os más comunes, es-
t amos en el bret e de Porci a:
"¡Ay
de mí , l a pal abra
" el egi r" ! No puedo
escoger a uno ni rechazar a
ni nguno. " (El mercader de Veneci a, I , i i ).
La úl t i ma hi pót esi s, según l a cual el hombre es
un maximizador (x).
es acaso la más típica de todas
l as presuposi ci ones psi col ógi cas
de l a economí a
cl ási ca y neocl ási ca. Parece t an evi dent e, que Sa-
muel son (1976, pág. 436) sost i ene que <<no es me-
rament e una l ey de l a economí a, si no de l a propi a
l ógi ca", af i rmaci ón que ni ngún l ógi co harí a-suya.
Tambi én es una de l as más vi ej as -t i ene dos si -
gl os- y, si n embargo, ha si do cuest i onada sól o
reci ent ement e con argument os met odol ógi cos y
empí ri cos. Ant e t odo l a conj et ura es ambi guu, poi -
que no especifica si se trata de maximizar la ganan-
cia a corto, mediano o largo plazo. (Esta
no és una
bi en en l as pruebas
empí ri cas. h-i mero, l a mayor
part e de l a gent e no se comport a raci onal ment e en
si t uaci ones de el ecci ón; en part i cul ar, habi t ual -
ment e no act uarnos de manera de maxi mi zar nues-
t ras ut i l i dades esperadas, y a menudo ni si qui era
i dent i f i camos cof f ect ament e l as opci ones poi i bl es
(Kahneman y Tversky, 1973, Tversky y Kahne-
man, l 98l ) . Segundo, casi t odos l os admi ni st r ado-
res parecen f avorecer el creci mi ent o ant es que l os
rendi mi ent os a l argo pl azo (Hi l l er,
1978).
y,
por
87
supuesto, en tiempos de depiesión los administra-
dores no especulativos luchan meramente por so-
brevivir. Estos hallazgos refutan concluyentemente
la psicoeconomía neoclásica y con ello la teoría de
la firma que se basa sobre ella.
Simon
(1955) ha propuesto una alternativa intere-
sante: los decisores tacionales no tratan de maxi-
mizar nada, sino más bien de satisfacer sus aspira-
ciones. En lugar de esperar a que se haya
juntado y
evaluado todas las alternativas, el decisor las busca
y pone término a su búsqueda en el momento en
que cree que ha pescado una oportunidad que
acaso no se repita: es un satisfactor, no un maximi-
zzdor. Aunque esta alternativa goza de algún so-
porte empírico
(Simon,
1979), está aquejada de la
misma dificultad metodológica que las mediciones
de utilidad. Su mejor recomendación es acaso que,
la marimización no anda, o al menos no anda mejor
que l a sati sfacci ón.
Sugiero que todos los organismos, en particular
l os agentes económi cos raci onal es, son normal -
mente optimizadores antes que maximizadores o
Figura 7. En asuntos biológicos y sociales lo mejor suele no ser
el mínimo ( m) ni el máximo ( M) de una función/ sino algún valor
i ntermedi o O.
88
sat i sf act o{es, y que,
en general ,
l os ópt i mos yacen
ent r e mí ni mos y máxi mos.
Véase. t a f i gur a- Z] l {r i ,
por
. ej ernpl o,
no debi éramos
mi ni mi za?-l "r, l . ^i "
maxi mi zar gananci as),
porque
est o sól o se p""¿"
alcanzar a costas de enorme miseria; ni á"úieiñá,
i nt ent ar
maxi mi zar
l a cal i dad, porque
est o harí a
que l-a mayor parte
de las rnercancía, y ,".uiai,o,
estarían solamente
ar arcance
de ros
-úv-prá.rá
sos. Del mi smo modo debi éramos
opt i mi zar,
no
maxi mi zar,
l as t asas de creci mi ent o y de i nnova_
ci ón t écni ca, l os sal ari os y l os benef i cí os,
1".
-i i *__
pos. . de
oci o y años de éscol ar i dad,
l o. ' r "i r r ¡ "i o,
públ i cos y l a part i ci paci ón
popul ar
ón l os-; . r; ; ; ,
públ i cos,
así como l as densi dades
de pobl aci ón. y,
mi ent ras en al gunos casos podemos
conf ormarnos
con la mera satisf' acción _particularmente
;;rd"
eJ esperar a que se produi can
ópt i mo,
i . ; ; l u; ; ;
nesgos cl emasi ado
el evados_
ot ras veces debernos
apunt ar a met as más el evadas.
Es claro que
el mandamie
nto Maximizarás
es
mat emát i cament e
conveni ent e, ya que
a menudo
permi t e
t raduci rse
en un probrema
¿er cercur, o-áe
variaciones,
en tanto que
Opümizards
requié;;-_;_
del os. más prof undos
y reui i st us. "pero
l a^""o"oÁi u
posi t i va (a
di f erenci a
de I a normat i val
¿eui ei a^re_
present ar
l a real i dad
en_l ugar
de consi i t ui . un pi "-
t ext o para hacer mat emát i ca; y l a economí a
norha_
t i va debi era est ar al servi ci o
en armoní a
con una mora
di go i ndi vi dual i st a.
Ahor
ar cent ral porque,
en ge_
nes) de equi l i bri o
corres_
r i mos) . Lo que expl i ca l a
cl ási ca del equi l i bi i o.
En
suma' somos opt i mi zadores
ant es que
maxi mi zad, o_
res en lo que respecta
a nuestros
¡¡irr.
p,i-;;;;;;,
puesto
que nos esforzamos pór
maximizar
las
chances de alcanzar nuestras
metas, somos maxi_
89
mi zadores (o mi ni mi zadores) con respect o a l os
ntedios.
Baste lo dicho en lo que atañe al test de las
presuposi ci ones de l as t eorí as económi cas. Ocupé-
monos ahora del t est de l as hi pót esi s expl í ci t as, o
post ul ados, de t al es t eorí as. Como vi mos al co-
mi enzo. mi ent ras al gunas de el l as son cont rast abl es
di rect ament e, ot ras deben uni rse a hi pót esi s subsi -
di ari as
y dat os. Comencemos
por l as pri meras y' en
part i cul ar, por l os si gui ent es
post ul ados expl í ci t os
de l a economí a cl ási ca
y neocl ási ca:
l . El mercado l i bre
(compet i t i vo) es un si s-
t ema aut orregul ado, o sea, en t odo moment o est á
en est ado de equi l i bri o
(mej or, est aci onari o),
y evo-
l uci ona de una posi ci ón de equi l i bri o a ot ra.
2. En el mercado l i bre l os preci os no l os f i j an
l os product ores ni l os consumi dores ni ni ngún ot ro:
resul t an del l i bre
j uego de l a of ert a y l a demanda.
La obj eci ón más obvi a a est os post ul ados es que
su ant ecedent e se ref i ere a un ent e f eneci do. En
ef ect o.
ya no quedan mercados l i bres o compet i t i -
vos en l os paí ses i ndust ri al i zados, al menos al ni vel
de l as grandes corporaci ones
pri vadas o est at al es,
que est án regul adas por una pesada maqui nari a l e-
gul y burocrát i ca,
y cont rol ada por poderosos si n-
di cat os de t rabaj adores.
(Más aun, l os hi st ori ado-
res económi cos nos di cen que el mercado, i ncl uso
durant e el si gl o XI X, si empre ha si do const reñi do
por l eyes y t or ci do por monopol i os, sea pr i vados,
sea est at al es. Por consi gui ent e l a hi pót esi s de que
el mercado es una rnáqui na aut orregul ada cont i ene
. , un el ement o de verdad, ot ro de mal a f e, y t arnbi én
al go de aut oengaño>, como di ce Braudel , 1977,
pág. 44.) Sin embargo, el refinado Journal of Eco-
nomi c Theory Q2: l 2l -376)
publ i có en 1980 t odo un
,simposio
sobre la teoría de la competencia perfecta.
, los economistas se dan el lujo de decir que los
f os vi ven en l as nubes. )
9l
capaz de regul ar l a economí a. Exi st en. en cambi o.
las patas bien visibles del gran
capital, el gran si¡_
dicato obrero, y el gran gobierno.
En resumen: el mercado l i bre, obj et o de l as t eo_
rí as cl ási cas y neocl ási cas, ya no exi st e, de modo
que esas t eorí as sól o t i enen i nt erés hi st óri co. (Lo
mi smo cabe deci r de l as crí t i cas a est as t eorí as. ) En
cuant o a l a t ent at i va de resuci t ar el mercado l i bre
que -como lo advirtieron Adam Smith v Karl
Marx- reducen subst anci al ment e l a esenci a mi sma
de l a economí a l i bre, a saber, l a compet enci a. Se-
gundo, porque
esas regul aci ones, t arr odi adas por
los mercaderes de la libertad económica, son la
única protección para los pequeños capitalistas
y el
público. De modo
que la eliminación del Estado
benefactor (welfare state) en nombre de la teoría
neoclásica
(welfare economícs) causará no sólo mi-
seria, sino también descontento y, eventualmente,
rebelión. La codicia es mala consejera.
En cuanto al postulado (2), según el cual el pre-
cio de equilibrio es fijado por el libre
juego de la
oferta
y la demanda, fue a parar al mismo ..basure-
ro de la historia, que el postulado (1). No es verda-
dero allí donde algunos sectores de la producción
(la agricultura en los países industrializados y la
industria en algunos países subdesarrollados) reci-
ben fuertes subsidios estatales; tampoco vale allí
donde la producción, ayudada por la publicidad,
crea demanda en lugar de satisfacerla. No corres-
ponde a la realidad dondequiera que haya fuerzas
no económicas, tales como gobiernos y sindicatos
obreros. Si quedara alguna duda acerca de la false-
dad de
(2) bastará echar una ojeada a los datos.
Estos muestran que, en las naciones altamente in-
dustrializadas, las grandes corporaciones frjan los
precios (Gal_braith 1967). El procedimiento que uti-
l i zan es el si mpl e cost pl us>, o sea, agregan un
porcentaje fúo al costo estimado, sin tomar en
cuenta l a demanda
(Si l berston 1970). Este es, por
supuesto, el mi smo método que usa l a OPEP
para
fi j ar el preci o del petról eo crudo. De modo, pues,
que nadi e, sal vo l os estudi antes bi soños y al gunos
economi stas académi cos, parece creer en l a uti l i dad
de l as funci ones de demanda (l as de pendi ente ne-
gati va) en el cál cul o de preci os. Y nadi e, sal vo
al gunos economi stas
(p. ej ., Okun 1981) i gnora el
mecanismo de fijación de precios por las grandes
corporaciones en las naciones industrializadas
y
por las transnacionales en el Tercer Mundo.
El resultadó es bien claro: Los postulados de las
teorías económicas clásicas y neoclásicas, particu-
92
l arment e l as de t i po Wal ras y Marshal l , son i ncorn_
probabl es
en el mej or de l os casos, y en el peor
carecen de ref erent es real es. Se han convert i dó
en
curi osi dades hi st óri cas.
peor
que est o, como ha
dicho Lord Kaldor (1972 pág.
IZll), ..el poderoso
at ract i vo que ej ercen l os hábi t os de penl ami ent o
engendrados por l a
. . economí a
de equi i i bri o" se ha
t ornado un obst ácul o i mport ant e
al desarrol l o de l a
economí a como ci enci a". (Véase
ot ras crí t i cas en
Lange 1963, Di amand 1973,
perroux
l g7S. Hol l i s v
Nel l 1975, Pr ebi sch l 98t a y Dyke l 9gl . i
La teoría marxista de la firma no es superior a
la neoclásica porque
comparte con ésta un postula-
do que ha dej ado de val er: que qui en posee l os me_
dios de producción
los controla. Esie postulado,
adecuado a los tiempos de la pequeña y mediana
empresa capitalista, no vale para el capitalismq oli_
gopolista, ni para el socialismo. ni para la ernpresa
estatal. En el primer caso los capitalistas son los
acci oni st as, y en l os ot ros dos el públ i co, pero en
los tres casos el poder es ejercido y máximamente
usufructuado por los administradores. El problema
cl ási co, <¿Qui én posee?>>,
ha si do despl ai ado por
este otro:
¿<Quién
controla?>>. Al fin y al cabo, el
principal
usufructuario de una unidad económica es
qui en l a cont rol a, ya que no sól o cont rol a l os be-
neficios, sino que a menudo conserva sus privile-
gi os aun cuando l a empresa da pérdi das.
¿Qué
hay de l a pr edi cci ón
como medi o par a eva-
l uar l as t eor í as y model os de l a economí a? Nadi e
duda hoy dí a de que l a pr edi cci ón
es i mpor t ant e, no
sól o par a poner a pr ueba l as t eor í as y model os, si no
t ambi én par a di señar pol í t i cas y pl anes que guí en I a
acci ón. (Si n
embargo, no hay que exaf erai l a i m-
port anci a
de l a predi cci ón
al punt o de sost ener,
como l o hace Hut chi son 1977, que es l a pr i nci pal
t area del economi st a. El
j unt ar
dat os, i magi nar i n-
di cador es, const r ui r t eoí as y model os, di séñar po-
l í t i cas y pl anes,
son act i vi dades i gual ment e i mpor -
93
t ant es. ) Preci sament e porque l a predi cci ón es i m-
port ant e
debi éramos est udi ar el st at us met odol ó-
gi co de l as di versas cl ases de predi cci én que hacen
l os economi st as.
Desde el punt o de vi st a concept ual podemos di s-
t i ngui r l as si gui ent es cl ases de predi cci ón: rz) proJe-
cí a o predi cci ón i nt ui t i va f ormul ada sobre l a base
de una corazonada
(sugeri da, p. ej . ,
Por
anal ogí as
hi st óri cas o por i ndi cadores pri nci pal es); á) predi c-
ci ón semi empí ri ca: ext rapol aci ón de una seri e t em-
poral (sucesi ón de dat os pasados), como sucede en
l a proyecci ón de t endenci as y en l a predi cci ón eco-
nomét ri ca sobre l a base de model os economét ri cos;
c) predi cci ón t eóri ca, o predi cci ón hecha con ayuda
de una t eorí a o model o ci ent í f i co que cont i ene
enunci ados de l ey. (Véase Wheel wri ght y Makri da-
ki s 1977 para un resumen de mét odos de predi c-
ci ón. ) Todos sabemos que c es pr ef er i bl e ab, que a
su vez es pref eri bl e a a. Si n embargo, no si empre
di sponemos de l a t eorí a o model o correct o, o de
dat os suf rci ent es, o de dat os suf i ci ent ement e
preci -
sos, y a veces no sabemos si una f órmul a repre-
sent a una l ey o una mera t endenci a. Pero est os son
probl emas que compart en t odas l as ci enci as f áct i -
cas, sea soci al es o nat ural es.
Las pr edi cci ones macr oeconómi cas exi t osas
(verdaderas)
son todas a corto plazo y se fundan
sobre model os economét ri cos que i ncl uyen paráme-
t ros que deben reaj ust arse por l o menos una vez al
año. Uno de l os mej or es model os de est e t i po es el
model o de Mi chi gan de l a economí a de l os EE. UU.
(cp. Sui t s 1967). Est e model o cont i ene 68 ecuaci o-
nes en di f erenci as f i ni t as que comport an 98 vari a-
bl es, 8l de el l as endógenas
(t al es como el product o
brut o i nt erno y l a t asa de empl eo), y el rest o exó-
genas (t al es
como l a pobl aci ón y l os gast os del
gobi erno). Est as úl t i mas vari abl es se proyect an i n-
dependi ent ement e, y est as proyecci ones i nci ert as
94
se enchuf an en l as ecuaci ones que predi cen
l os
val ores de l as vari abl es endógenas.
(El model o se resume en una ecuaci ón mat ri ci al
de fa forma
"BX
:
CZr, f,sndeX es el vector de las
f unci ones endógenas y Z el de l as exógenas, en
t ant o que
^B
y C son l as mat ri ces de l os parámet ros
que resumen l a i nf ormaci ón est adí st i ca. El pro-
bl ema de l a predi cci ón se resuel ve cal cul ando
X: B- L C Z. Ot r os model os economét r i cos, más
ref i nados, i nvol ucran ret ardos t emporal es (t í pi cos
de f enómenos económi cos y bi ol ógi cos) y pueden
encont rarse revi sando l as pági nas de Econome-
t ri ca. Si n embargo, ni si qui era l os model os econo-
mét ri cos más ref i nados t i enen poder expl i cat i vo:
son sol ament e descr i pt i vos y, cuando son ver dade-
rrf , s, t i enen t ambi én poder predi ct i vo (a
cort o
pl azo). Sól o l as t eorí as propi ament e di chas pueden
expl i car y pr edeci r . )
Hay una di f erenci a i mport ant e, por ci ert o cono-
ci da, ent re l as predi cci ones que se hacen en ci en-
ci as soci al es y l as que se hacen en ci enci as nat ura-
l es. Los ci ent í t ' rcos nat ural es no pueden f orzar l as
cosas de modo que se cumpl an sus predi cci ones, ya
que no cont rol an l a nat ural eza. En cambi o, l os
ci ent í f i cos soci al es y l os t écni cos pueden obl i gar a
l os si st emas que cont rol an a comport arse, dent ro
de ci ert os l í mi t es, en f ormas pre-est abl eci das: pue-
den f ormul ar predi cci ones que se conf i rman por l a
fuerza ( s elf-fulfilling
fore
casfs).
Hay ent onces dos cl ases de predi cci ones en l as
ci enci as soci al es y en l as t écni cas: pasi vas y act i -
vas. Las pri meras no usan si no general i zaci ones y
dat os, y resul t an ser verdadel ' as o f al sas en al guna
medi da: t i enen, pues, poder comprobat ori o. En
cambi o una predi cci ón act i va no se hace con pro-
pósi t os de cont rast aci ón si no para gui ar l a acci ón
humana: pone a prueba l a ef i caci a de un pl an, y t an
sól o i ndi rect ament e l a verdad de l as general i zaci o-
nes y dat os subyacent es.
95
¡
i
l
I
Un ej empl o cl ási co de predi cci ón pasi va f ue l a de
que f as di f erenci as de i ngresos p¿r capi t a en l os
di st i nt os paí ses se reduci rí an progresi vament e a f a-
vor del l i bre cambi o.
(Desgraci adament e l os hechos
han ref ut ado est a predi cci ón. La razón de l os i ngre-
sos en l os paí ses ri cos y pobres era aproxi mada-
ment e de 2 a I en 1800, y ahora es de 20 a l , y el
hi at o si gue aument ando. Véase Bhagwat i 1972. ) Un
buen ej empl o de una predi cci ón act i va exi t osa f ue
el de l os pl aneadores sovi ét i cos, qui enes af i rmaron
que, al cabo de l os dos pri meros Pl anes
Qui nquena-
l es, l a URSS se convert i rí a de una pot enci a agrí col a
en una pot enci a i ndust ri al .
Una predi cci ón pasi va es de l a f orma
"Si
l a cosa
X est á en el est ado s¡ al t i empo r¡, ent onces el
est ado de X al t i empo / 2 s€rá sz. " En cambi o una
predi cci ón act i va es de l a f orma
"Si
l a cosa X est á
én el est ado s r
al t i empo f
¡ ,
y l e apl i camos el
i nsumo o l a rest ri cci ón I ' de al l í en adel ant e, ent on-
ces el est ado de X al t i empo f 2 será s3, donde
ss
*
sz. , Las pr edi cci ones pasi vas di cen l o que
sucederá, l as act i vas l o que ocurri rá si hacemos
est o o aquel l o. Obvi ament e, l as di st i nci ones ant e-
ri ores ent re prof ecí a, ext rapol aci ón
y predi l ecci ón
ci ent í f i ca son compat i bl es con l a di cot omí a pasi va-
act i va.
Así como l as pr edi cci ones pasi vas son, o debi e-
r an ser , t í pi cas de l a economí a posi t i va, l as pr edi c-
ci ones act i vas debi er an ser pecul i ar es de l a econo-
mí a nor mat i va
( o economí a pol í t i ca) . Per o es muy
di f í ci l , si no i mposi bl e, cal cul ar pr edi cci ones pasi -
vas a l ar go pl azo en economí a o en cual qui er ot r a
ci enci a soci al . Una r azón par a"cl l o es que l a eco-
nomí a no es un si st ema cer r ado si no abi er t o: est á
í nt i mament e acopl ado con l a cul t ura y l a pol í t i ca.
( En ot r as pal abr as, l a economí a t i ene i nsumos y
sal i das cul t ural es y pol í t i cos, no sol ament e econó-
mi cos; véase Bunge 1979. ) Ot ra razón es que, al
f enecer l as t eorí as económi cas cl ási cas v neocl ási -
96
cas, nos hemos quedado
si n buenas t eorí as de l a
economí a capi t al i st a moder na. ( El
mér i t o de Mar x
f ue cri t i car l a economí a capi t al i st a de su t i empo, no
const rui r una t eorí a de l a mi sma. Y, al parecer, aun
no exi st e una t eori a sat i sf act ori a de i a economí a
soci al i st a: véase Lange 1963. )
Est a prof unda
cri si s t eóri ca de l a economí a ha
sugeri do a Lowe (1965)
l o si gui ent e: <La
economí a,
como medi o de cont empl aci ón, obser vaci ón y si s-
t emat i zaci ón de procesos
aut ónomos, debi era con-
vert i rse en economí a pol í t i ca, o sea, en i nst ru-
ment o de i nt erf erenci a act i va en el curso de esos
pr ocesos> ( pág.
9l ) . Dej ando de l ado l os mér i t os
soci al es del i nt er venci oni smo y de l a pl aneaci ón
cent ral , el f racaso de l as economí as cl ási ca y neo-
cl ási ca no debi era l l evar a l os economi st as a adop-
t ar semej ant e act i t ud derrot i st a y pragmát i ca, por-_
que l as recet as ef i caces se f undan sobre descri pci o-
nes verdaderas. En ot ras pal abras, l a economí a
nor mat i va, a menos que sea i r r esponsabl e, necesi t a
de l a economí a posi t i va, y ést a necesi t a de l a pr i -
mera como campo de pruebas. Lo que es ci ert o es
que, en cuant o se l ogr a cont r ol ar un si st ema, l a
pr edi cci ón pasi va pi er de en i mpor t anci a, y l a act i va
t oma l a del ant er a. Con t odo, l a pr edi cci ón
act i va, si
es ci ent í f i ca, ú) est ará basada sobre al guna t eorí a o
model o posi t i vo del si st ema cont r ol ado, y b) i n-
cl uye a l a pr edi cci ón pasi va como caso l í mi t e o
par t i cul ar , a saber , cuando l a i nt ensi dad de l a va-
r i abl e de cont r ol se hace nul a.
Por ej empl o, si se empl ea un model o economé-
t ri co de f a f orma st andard , . BX :
CZ" -donde X
es el vect or de l as var i abl es endógenas y Z el de l as
exógenas- el anal i st a de pol í t i cas
económi cas pro-
cederá como si gue. Pri merament e concept ual i zará
una pol í t i ca económi ca dada como una vari abl e i n-
dependi ent e P de l a que dependerán t ant o l as va-
ri abl es endógenas X como l as exógenas Z. Se-
gundo, comput ará el ef ect o de P sobre cada una de
97
l as ant er i or es ( o sea, cal cul ar á l os val or es de l as
deri vadas parci al es de X y Z respect o de P)' Est a
recet a parece senci l l a
pero su apl i caci ón es compl i -
cada: véase Sui t s 1967.
(Para una t eorí a más ref r-
nada de l a pl aneaci ón véase Heal 1973. ) Ni qué
deci r que sol ament e
pl anes di señados cui dadosa-
ment e son i nt el ect ual
y soci al ment e r esponsabl es, y
est o si empr e
que sean acompañados de eval uaci o-
nes cr posf
f acl o
a l a l uz del desempeño de gr upos
exper i ment al es
y de cont r ol .
( Par a un br i l l ant e r e-
sumen de exper i enci as r eci ent es en eval uaci ón de
pr ogr amas soci al es véase Most el l er 1981, donde se
muést r a que más de un pr ogr ama soci al i nt ui t i va-
ment e obvi o puede f al l ar . )
En r esumen, l as t eor í as y model os económi cos
debi er an ser puest os a pr ueba l o mi smo que cual es-
qui er a ot r os model os y t eoí as en ci enci a. Per o de
hecho l as t eor í as económi cas más conoci das pr esu-
ponen o cont i enen hi pót esi s que no son comproba-
bl es por medi os obj et i vos, t al es como l as que con-
ci ernen el val or y l a ut i l i dad. Más aún, l a t eorí a
neocl ási ca de l a f i rma cont i ene un post ul ado cent ral
que ha si do ref ut ado por l a i nvest i gaci ón empí ri ca,
a saber, l a hi pót esi s de que l os empresari os se
proponen si empre maxi mi zar l as gananci as (en l u-
gar de buscar el creci mi ent o, o l a sat i sf acci ón, o l a
mera supervi venci a). Tambi én cont i ene ot ros pos-
t ul ados que, aunque pueden haber val i do para el
mercado l i bre, han dej ado de t ener vi genci a porque
el rnercado l i bre ya no exi st e.
El bal ance es desol ador: parecerí a que no hay
t eorí as general es verdaderas en economí a, aun
cuando l os l i bros de t ext o si guen exponi éndol as
y
i as revi st as si guen di scut i éndol as.
(En cambi o hay
vari os model os, o t eorí as especí f i cas, de l os proce-
sos de producci ón y de i nt ercambi o, que son ver-
daderos en pri mera aproxi maci ón, p. ej . l os mode-
los de Leontief.) No se trata de que tales teorías
general es son sól o aproxi maci ones groseras, o sea,
98
parci al ment e verdaderas: est o es normal en ci enci a.
Lo que sucede en economí a es al go mi l veces peor
que l a i nexact i t ud, a saber, l a t ot al i rrel evanci a: l as
t eorí as general es de l a economí a, sean
"burguesaso
o marxi st as, no se ref i eren a real i dad económi ca
al guna de nuest ro t i empo. (Para ot ras crí t i cas véase
Bl aug 1980. ) Por consi gui ent e, t oda pol í t i ca eco-
nómi ca que se f unde sobre al guna de el l as est á
dest i ri ada al f racaso, al i gual que una t erapéut i ca
que se f unde sobre t eorí as acerca de demoni os,
espí ri t us vi t al es, o f ant asmas pareci dos. El caso del
monet ar i smo es el ocuent e.
No menos escandalosa es la ausencia de una teo-
ría aceptada de la firrna transnacional, tan caracte-
ristica de nuestro tiempo. La teoría clásica, según
la cual los capitales se mueven de los países de baja
tasa de interés a los de tasa más elevada, es refu-
tada por los hechos de que: a) los movimientos in-
ternacionales de capitales suelen ser modestos, ya
que
las transnacionales usan principalmente
capita-
les indígenas, y b) las transnacionales invierten prin-
cipalmente en países avanzados con tasas de interés
parecidas. Tampoco Ia teoría marxista, del colonia-
lismo y del dominio del capital financiero, se ajusta
a la realidad actual, ya que Ia prosperidad de las
transnacionales deriva de su superioridad tecnológi-
ca y administrativa (en particular su capacidad de
innovar), del oligopolio que ejercen en escala inter-
nacional, y de su poder de corrupción de los gober-
nantes indígenas. Por consiguiente, el economista
que estudia la realidad de las transnacionales se ve
obl i gado a arregl ársel as por sí mi smo, empl eando
hi pót esi s t omadas de di versas t eorí as: mont a su ma-
quinaria empleando piezas rescatadas de los cemen-
terios de Ia economía teórica. (Véase Niosi 1982.)
La part e más sana de! pensami ent o t eóri co en
economí a moderna est á const i t ui da por l os model os
mat emát i cos (en part i cul ar economét ri cos) de act i -
vi dades especí f i cas (p.
ej . expl ot aci ón de mi nas o
99
de campos) y de pl anes, sea en economí a capi t al i s-
t a, soci al i st a o mi xt a. Pero t ambi én aquí hay que
t ener cui dado de no caer en abst racci ones mat emá-
t i cas y de recordar en t odo moment o l as t res regl as
del mét odo ci ent í f i co pr opuest as por Hendr y
( 1980) : TesÍ , I est , t esf .
CAPITULO
8
¿CIENCIA
O SEMICIENCIA?
A
quienquiera
que se
\"v1-l:iTado
en una cien-
cia natural,
ta ecó' nomía
le
presenta
algunos
rasgos
;;;'
";,."i;;.
Ú;;-Je
elloJ,es-.qu"
incluso
revrstas
especializadas
q;; ;;
-t"
¿"¿ióu"
orincipalmente
a l a hi stori a
""i not]"1-nguri gi n
ártícul os
sobre
Turgot, Qu"' nui ,' "S;i th"
Bentham'
Ri cardo'
l os
dos Mill,
Marx,' ¿";;;;i;
v
ott:.t
economistas
cla-
sicos,
como
si fueran
contemporáneos
nuestros'
De
este
modo,
' i"t""!t' n""t"*i;*t
de estudiosos
de la
economía
"orr.' ,t' J"
felizmente
en el
panteón
eco-
nómico.
(Más
";;;
t"k"chman
1976'
pág' 26 nos
dice
que
".' "
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no ha
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de la economía
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de las ciencias
nattl-
rales,
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' "
invierte-
gran esfuerzo
por
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racionalizar'
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"ti¡t'
tales como
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y utilidad'
-Et
cumbio.'
se dedica
enormes
energías
u oit"iiit'
1""' "u
de ellos'
lo
que aproxrma
la economí"
p;;ili";
' o' p""tto.samente
a la teología'
un tercer
t"t;;;;;tá¡ó
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enorme
valor
que se
asigna
u *"nfiXo' ;' hü¿t*is
piicológicas v
econó-
micas
(a
'"i-'l'"¿J
;i'gtifi;"d*
cori el título
de
. ol eyr), uri
"o*o
á t"oi i u'
muy comprensi vas'
tal es
101
100
como l a t eorí a
general del equi l i bri o, que rara vez
se somet e a l a pr ueba de l os hechos' Un cuar t o
rasgo curi oso es l a vi vaci dad con que l os economi s-
t as nos descri ben,
y a veces aún gl ori f i can, a cadá-
veres t al es como el mercado l i bre, y l a convi cci ón
con que enunci an l os dogmas cor r espondi ent es. Un
qui nt o r asgo si mi l ar es el i ngeni o mat emát i co que
se invierte en formalizar, adornar y analizar seme-
j ant es t eorí as
y model os f ant asmal es. El conj unt o
de est os rasgos ext raños despi ert a l a sospecha de
cual qui er a
que se haya f or mado en una ci enci a na-
t ur al :
¿es
l a economí a pol í t i ca r eal ment e l a más
dur a de l as ci enci as soci al es? Y, l o que es más
i mpor t ant e:
¿es
una ci enci a?
En
j ust i ci a, es pr eci so r econocer que va cr e-
ci endo el númer o de l os economi st as que expr esan
sus dudas acer ca del est ado act ual de su di sci pl i na.
El l as van desde cr í t i cas despi adadas
( P. ej . Robi n-
son 1962 y Galbraith 1973), al reconocimiento de
que la disciplina está en un estado de profunda cri-
sis (p. ej. Phelps Brown 1972, Wiles 1972, Hutchi-
son 1977, Blaug 1980, Leontief 1982, Thurow 1983)
a la afirmación rotunda de que la economía polí-
tica no es una ciencia (p. ej. Perroux 1972). En to-
do caso, se reconoce ahora que nos han vendido la
economía política a un precio excesivo. A algunos
de nosotros porque maneja montañas de datos, a
otros porque emplea una matemática poderosa, y
a t odos porque se supone que recet a nredi cament os
ef i caces
para l as enf ermedades económi cas.
¿En
qué est ado est á l a economí a pol í t i ca?
¿Y
hay
esperanza de que mej ore? Empecemos por el di ag-
nóst i co, y comencemos por ref ormul ar l a pri mera
pregunt a de est e modo:
¿Cuál
es l a condi ci ón ci en-
t í f i ca de l a economí a pol í t i ca? Evi dent ement e, l a
respuest a a est a pregunt a presupone al guna i dea de
l a ci enci a y de l os est ándares ci ent í f i cos. Ut i l i zaré
l a mí a propi a, que se puede encapsul ar en l a def l rni -
ción que sigue (Bunge 1983b).
r02
Una ci enci a es un campo de i nvest i gaci ón
C: ( W, S, G, F, D, B, P, K, O' M) donde, en
cual qui er moment o dado:
i ) W es un si . gt et t t r t compuest o
por per sonas que
han r eci bi do una educaci ón especi al i zada,
mant i e-
nen f uer t es r el aci ones de i nf or maci ón ent r e sí , e
i ni ci an o cont i núan una t r adi ci ón de i nvest i gaci ón'
i i ) S es ut t rt soc' i edud capaz de apoyar
y est i mu-
en el mi smo campo
y en campos cer canos'
i v) La t ' i si t i t t generul o t rasf ondo f i l osrí Ji ut
G
de C const a de:
u) Una ot t f t t l o¡ 4í u dc <' o. st t , s ct t t t t bi ut t t e. r ( en
l ugar de una ont ol ogí a de obj et os f an-
t asmal es o i nmut abl es) .
b) Una gnos eol ogí a real i st ct (pero crí t i ca,
no i ngenua) en l ugar de, di gamos, una
gnoseol ogí a i deal i st a o convenci onal i st a.
c) El et hos de l a l i bre búsqueda de l a ver-
dad
( en l ugar de, di gamos, el eÍ hos de l a
f e o de l a búsqueda de l a gananci a, del
poder , o del consenso) .
v) El t asf ondo
f ornt ul
F de C es una col ecci ón
de t eor í as l ógi cas y mat emát i cas al dí a
( en l ugar de
ser vací a o de est ar f ormada por t eorí as f ormal es
anacr óni cas) .
vi ) El domi ni o o uni ver so del di scur so D de C
est á compuest o excl usi vament e de ent es r eal es,
cer t i f i cados o pr esunt os ( en l ugar de, p. ej . , i deas
que f l ot an l i br ement e en el espaci o) . pasados, pr e-
sent es o f ut uros.
vii) El trasfondo espectfico B de C es una co-
l ecci ón de dat os, hi pót esi s y t eorí as al dí a y conf i r-
mados
(aunque no i ncorregi bl es) obt eni dos en ot ros
campos de i nvest i gaci ón rel evant es a C.
103
viii) La problemátíca P de C consta exclusiva-
mente de problemas cognoscitivos referentes a la
naturaleza (en particular las leyes) de los miembros
de D, así como de problemas concernientes a otras
componentes de C.
ix) El
fondo
de conocimiento K de C es una
colección de teorías, hipótesis y datos al día y
comprobables
(aunque
no finales) compatibles con
I os de B y obt eni dos por mi embros de W en t i em-
pos anteriores.
x) Los objetívos o finalidades O de C incluyen
el descubri mi ent o o uso de l as l eyes de l os D, l a
si st emat i zaci ón (en t eorí as) de hi pót esi s acerca de
D, y el refinamiento de métodos en M.
xi ) La met ódi ca M de C const a excl usi vament e
de procedi mi ent os escrut abl es (exami nabl es,
anal i -
zabl es, cri t i cabl es) y j ust i f i cabl es (expl i cabl es).
xi i ) C es un component e de un campo cognosci -
tivo más amplio; o sea, hay por lo menos otro
campo de i nvest i gaci ón (cont i guo)
t al que:
a) Las vi si ones gener al es, t r asf ondos
formales, trasfondos específrcos, fondos
de conoci mi ent o, obj et i vos y met ódi cas
de ambos campos t i enen un sol apa-
miento no vacío.
b) O bi en el domi ni o de uno de l os campos
est á i ncl ui do en el del ot ro, o bi en cada
mi embro del domi ni o de uno de l os
campos es un conl ponent e de un si st ema
i ncl ui do en el domi ni o del ot ro.
Cual qui er campo del conoci mi ent o que no cum-
pl a ni si qui era aproxi madament e con l as condi ci o-
nes anteriores se llamará acientífico. Un campo del
conocimiento que las satisfaga aproximadamente (o
en parte) podrá llamarse semíciencia o protocien-
ci a. Y si , además, est á evol uci onando haci a l a
plena satisfacción de todas las condiciones, lo lla-
maremos una ciencia emergente o en desaruollo.
to4
En cambi o, cual qui er campo cognosci t i vo que sea
aci ent í f i co pero que se anunci a y vende como ci en-
t í f i co se di rá pseudoci ent í f i co
\ o si nt i l ci enci a). La
di f erenci a ent re ci enci a y prot oci enci a es cosa de
gr ado; en cambi o, l a di f er enci a ent r e ci enci a y
pseudoci enci a es de especi e. La di f er enci a ent r e
prot oci enci a y pseudoci eni i a es paral el a a l a di f e-
r enci a ent r e er r or y ment i r a.
Todos l os i nvest i gador es de pr obl emas soci al es a
par t i r de Smi t h, Condor cet , Ri car do, Comt e y
Mar x aspi r ar on a que el est udi o de di chos pr obl e-
mas f uese conduci do ci ent í f i cament e a semej anza
del est udi o de l a nat ur al eza. Est a aspi r aci ón est á
i ncor por ada a l a cor r i ent e cent r al de l as ci enci as
soci al es cont empor áneas. Una mi nor í a de est udi o-
sos, par t i cul ar ment e l os l i br escos aj enos a l a i nves-
t i gaci ón empí r i ca, cr i t i can di cha aspi r aci ón. Los
cr í t i cos más conoci dos f uer on, hace un si gl o, l os
mi embr os de l a escuel a hi st ór i co- cul t ur al ( en par -
t i cul ar Di l t hey y Ri cker t ) ; y en nuest r os dí as Hay-
yek, qui en est i gmat i zó di cha aspi raci ón con el nom-
. bre de ci ent i f i ci smo. El ant i ci ent i f i ci smo es cel ebrado
no sól o por f i l ósof os de cor t e t r adi ci onal si no t am-
bi én por i deól ogos de ambos ext r emos del espect r o
pol í t i co, qui enes af i r man que t odo est udi o de l a
sociedad es necesariamente ideológico y no cientí-
f i co. Est o se expl i ca: el ci ent i f i ci smo di st i ngue hi -
pót esi s de consi gnas, y exi ge l a
j ust i f i caci ón
de
unas y ot r as, en t ant o que l os i deol ógos se r ef ugi an
en dogmas. (Véase Bunge 1985b. )
¿Cómo
se compor t a l a economí a pol í t i ca?
¿Es
una ci enci a cabal , una semi ci enci a, una ci enci a
emer gent e, o una pseudoci enci a? Veanr os cuán
bi en o mal sat i sf ace nuest r os r equi si t os, y l o sa-
br emos.
Evi dent ement e, I a economí a pol í t i ca sat i sf ace l os
dos pri meros requi si t os, que son de nat ural eza so-
ci al . En ef ect o, un número creci ent e de soci edades
hospeda a comuni dades creci ent es de economi st as,
r05
quienes están organizados
tanto académica como
profesionalmente, de modo que cooperan entre sí
tanto críticamente
como en forma constructiva.
(Sospecho que hay casi medi o mi l l ón de personas
que trabajan en economía en el mundo distribuidas
entre universidades, agencias estatales y firmas.)
La condi ci ón
(i i i ) se cumpl e a medi as. La eco-
nomía cambia, aunque demasiado lentamente, de
resul t as de i nvest i gaci ones económi cas; y, más l en-
tamente aún, bajo la presión de disciplinas conti-
guas t al es como l a psi col ogí a, l a soci ol ogí a, l a pol i -
tología
y la filosofia, sin hablar de las técnicas, en
primer lugar las ingenierías y las ciencias adminis-
trativas.
En óambio la condición (iv), referente a la visión
cientíhca, no siempre se satisface, particularmente
con respecto al punto (c), la ética de la investiga-
ci ón. En ef ect o, gran part e de l a mi croeconomí a es
una pintura idealizada del mercado libre, y a veces
i ncl uso un el ogi o abi ert o del mi smo. Y l a i nvest i ga-
ci ón es a veces recort ada o t endenci osa por obede-
cer a sol i ci t aci ones o a presi ones empresari al es o
pol í t i cas. Los economi st as
"burgueses"
t i enden a
embel l ecer el capi t al i smo, y l os economi st as mar-
xi st as a mi ni mi zar l as di f i cul t ades del soci al i smo.
Por ejemplo, los primeros nos dirán acaso que la
i nf l aci ón es causada por l os aument os de sal ari os, y
l a est anf l aci ón por l os aument os del preci o del pe-
t ról eo crudo. Y l os marxi st as no se
j act an
de l os
t ri unf os de l a agri cul t ura soci al i st a ni nos recuerdan
que el bl oque soci al i st a debe unos 70. 000 mi l l ones
de dól ares a l os banqueros occi dent al es, ni nos
explican la estruendosa bancarrota de la economía
pol aca. Hay, por supuest o, excepci ones honrosas,
tales como John K. Galbraith. Raúl Prebisch y Paul
A. Baran, pero en su conj unt o casi t odos l os eco-
nomi st as son mi embros l eal es de sus respect i vos
est abl i shment s.
En cambi o l os economi st as, part i cul arment e l os
l 0r 5
que se dedican a modelos matemáticos, cumplen la
condición
(v) de rigor formal. Por cierto que, dado
el paupérrimo resultado en términos de soluciones
a urgentes problemas económicos, uno se pregunta
a veces si vale la pena invertir tanta matemática en
atacar problemas que son en su mayor partb aca-
démi cos, pero est o no vi ene al caso. El caso es que
la escuela neoclásica tiene el mérito de haber intro-
ducido matemática de alto vuelo en la economía
política. (La comprensible reacción contra la eco-
nomía neoclásica después de la Gran Depresión se
debe en parte a ia desconftanza de los economistas
empí ri cos
por una mat emát i ca que no conocen y
cuyos benef i ci os di st an de ser obvi os. )
La condición
(vi) debiera hacer sonrojar a más de
un economi st a. En ef ect o, como se vi era en el
capítulo anterior, el grueso de la teorización más
refinada en Occidente todavía trata de agentes li-
bres, raci onal es y bi en i nf ormados, que j uegan
al
mercado competitivo en equilibrio, todos los cuales
son obj et os f ant asmal es. (¿Será por est o que el
Presidente Reagan nos insta a que tengamos fe en
"el
mi l agro del mercado l i bre"?) Si n embargo, est a
mal di ci ón pesa sól o sobre l a mi croeconomí a neo-
cl ási ca. Los model os de producci ón (en l a t eorí a de
l a f i rma) y l os model os economét ri cos
(t ant o en
micro como en macroeconomía) son a menudo rea-
l i st as, si bi en excesi vament e si mpl es
(por ser l i nea-
l es). En resumen, l a condi ci ón
(vi ) se cumpl e sól o
en par t e.
En cuant o a l a condi ci ón
(vi i )
de un sól i do t ras-
f ondo especí f i co, l a economí a pol í t i ca no l a cumpl e.
En ef ect o, como se vi o en el Capí t ul o 7, l os supues-
t os psi coeconómi cos de l as t eorí as económi cas cl á-
sicas y neoclásicas son casi todos anacrónicos
cuando no incomprobables. En otras palabras, la
economía
política hace poco uso de la psicología y
la antropología contemporáneas. En este respecto
la economía es notablemente inferior a la biologíir.
107
$
que está firmemente plantada en la química, la que
a su vez está enraizada en la fisica.
{
La problemática de la economía política (condi-
ción (viii))
es mixta: contiene tanto problemas au-
ténticos como cuestiones académicas referentes a
objetos o condiciones inexistentes. En correspon-
dencia con esto, el fondo de conocimiento de la
economía política (condición (ix))
es igualmente
mixto. Con todo, nuestra disciplina posee un nú-
cleo de conocimiento genuino, de modo que la con-
di ci ón
(i x)
es sati sfecha aunque sea a medi as.
También la condición (x)
es satisfecha, aunque
uno no puede dejar de lamentar que se invierta tan
menguado esfuerzo en descubrir leyes genuinas,
o
al menos en distinguir leyes de tendencias (una
dis-
tinción que requeriría una investigación metodoló-
gica más refinada).
La condi ci ón (xi ),
concerni ente a l os métodos, es
satisfecha tan sólo parcialmente, porque los eco-
nomi stas cl ási cos y neocl ási cos: a) confi an dema-
giado en la experiencia ordinaria y la intuición, y
á) descui dan l a contrastaci ón empíri ca.
pero
esta
crítica va dirigida a la microeconomía, no a la ma-
croeconomía (con
excepci ón del monetari smo), de
modo que podemos dar la condición por satisfecha
parcialmente.
Fi nal mente, l a condi ci ón (xi i )
no es sati sfecha
para nada. No sólo la economía política no crece en
el suelo de la psicología experimental y de la antro-
pol ogía contemporáneas, si no que no hace caso de
sus hermanas, l a soci ol ogía y l a pol i tol ogía. (Al gu-
nas teorías de la planeación económica hacen caso
de l as teorías de l a el ecci ón soci al , en parti cul ar en
l o que respecta a l os esquemas el ectoral es. Pero el
asunto de la politología
es la lucha por el poder y la
admi ni straci ón públ i ca antes que l as votaci ones, de
modo que el estudio de las paradojas
electorales, de
Condorcet a Arrow, es un deporte intelectual antes
que una investigación seria del sistema político,
108
cuya est ruct ura const a de rel aci ones de poder. )
Est a ausenci a de sol apami ent o con l as ci enci as ve-
ci nas es un def ect o graví si mo, ya que l a act i vi dad
económi ca no es si no una component e de l a act i vi -
dad soci al , y por que el ai sl ami ent o de' l os demás
campos cognosci t i vos es una caract erí st i ca de l a
pseudociencia. Véase la figura 8 y Bunge (1985a).
Fi gura 8, La economía está fl anqueada por l a soci ol ogía y l a
pol i t ol ogí a, y est as t r es ci enci as est án compr endi das ent r e l a
hi stori a y l a antropol ogía, que a su vez se funda sobre l a psi co-
l ogía concebi da como una rama de l a bi ol ogía.
Sumemos l os r esul t ados del examen. Ant e t odo
descar t emos l as condi ci ones
( i ) y ( i i ) , por que se
apl i can a todas l as di sci pl i nas, no sól o a l as ci en-
ci as. En segundo l ugar, asi gnemos el mi smo peso a
todas l as condi ci ones restantes. Fi nal mente, asi g-
nemos un punto a l a sati sfacci ón total , medi o a l a
parci al , y cero a l a i nsati sfacci ón de una condi ci ón.
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CAPITULO 9
¿QUO
VADrS?
La economía pol íti ca está en cri si s. Di spone de
más datos que nunca, y.i amás
se ha usado métodos
matemáti cos tan poderosos
en l as ci enci as soci al es
com-o l os que empl ean l os economi stas.
pero
ape-
nas hay i deas nuevas en este campo, por l o cuai el
abi smo qre separa a l a teoría de l a i eal i dad, que
cambia día a día vertiginosamente,
se ensanóhu
progresivamente.
Las teorías económicas no re-
s_uelven.los problemas más urgentes del día ni pre-
dicen sino a cortísimo plazo.
por
consiguiente las
pol íti cas
económi cas son a menudo i mpotentes y en
ocasi ones contraproducentes.
Algunos economistas y planificadores
aducen
gu_e: puesto que el enfoque analítico ha fallado,
debi éramos ensayar el i ntui ti vo; y, puesto que l a
ci enci a no nos ayuda, debi éramos-eni ayu,
l a pseu-
dociencia y aún la brujería. En una
-palabü,
la
gente desencantada de l os consej os que ños dan l os
economi stas rl os aconsej an que abandonemos el en-
foque ci entífi co. Este consej o es tonto y, si se l o
adopta, puede tener consecuenci as trági cas, entre
ei l as l a desapari ci ón de l a profesi ón
económi ca. Lo
que cabe hacer cuando fal l a un enfoque ci entífi co
parti cul ar
es anal i zarl o para descubri r l as hi pótesi s
fal sas o l os métodos i ncorrectos, y ensayar otro
enfoque. La i gnoranci a se corri ge cón más-ci enci a,
no con rnenos.
El anál i si s metodol ógi co que hemos hecho en l os
capítulos anteriores sugiere poner
en práctica
los
consejos siguientes para sacar a la economía de su
actual estanflación:
rt2
l ) No quedarse en l os cl ási cos, y menos aun en
los neoclásicos: ellos no tienen respuestas a nues-
t ros probl emas, que no son l os de el l os.
(Ni l os
clásicos ni los neoclásicos sabían de corporaciones
gigantescas, de sindicatos obreros poderosos ni de
gobiernos todopoderosos. Y Marx no pudo estudiar
l os probl emas económi cos del soci al i smo ni de l os
paí ses en ví as de desarrol l o. )
2) I nt ént ese ser i deol ógi cament e neut ral en eco-
nomía posítiva, pero declárese sinceramente las
preferencia,s en economía normatíva.
(No hay nada
de subjetivo en trabajar con
juicios
de valor explíci-
t os, y es deshonest o t rat ar de ocul t arl os. )
3) No se dé por sentada ninguna máxima vulgar
sobre la naturaleza o la conducta humanas, y ú{,s!
j ese
l a psi coeconomí a a l os psi cól ogos y ant ropól o-
gos.
4) Continúese usando la maternática
para cons-
truir teorías
y modelos en economía
política. Pero
úsese la matemática como una herramienta en lugar
de usar la economía como un pretexto para hacer
matemática.
5)Trát ese t odo si st ema económi co, de l af i rma al
congl omerado, como un sí st ema
(dot ado de com-
posi ci ón, ambi ent e
y est ruct ura det ermi nadas aun-
que cambi ant es), no como un bl oque sól i do o como
un conj unt o de i ndi vi duos'
6) No se aí sl e I a economí a: t rát esel a como un
subsi st ema de I a soci edad, y por I o t ant o como Lt n
sistema
fuertemente
acoplado con la cultura y la
política.
7) Refuérzese los vínculos entre Ia economía
y
l as ci enci as adyacent es, en especi al l a soci ol ogra y
l i
l '
t : :
l l 3
l a pol i t ol ogí a, ya que t oda ci gnci a soci al est udi a t an
sól o un aspect o de una t ot al i dad úni ca'
8) Renuévese l a
f i l osof í a
i nherent e a l a i nvest i ga-
ci ón económi ca,
ya que t oda ci enci a, en t oda et apa
de su desarrol l o,
posee supuest os ont ol ógi cos, gno-
seol ógi cos
y ét i cos.
Para t ermi nar me at revo a predeci r que, si l os
economi st as si guen l os consej os i mpert i nent es que
acabo de darl es, l ograrán subi r l a cal i f i caci ón de su
di sci pl i na de un mer o ci nco a un ocho o acaso más:
l ograrán convert i rl a de l a semi ci enci a que es hoy en
una ci enci a cabal . Si no l o hacen se desprest i gi arán
del t odo y el públ i co hará caso de cual qui er mi l a-
grero que promet a cuant o l os economi st as han si do
i ncapaces de proveer: una economí a vi gorosa que
dé pl eno empl eo y sat i sf aga l as necesi dades bási cas
de t odos.
APENDICE I
EXHI BI ENDO LOS REFERENTES
En l a l i t erat ura ci ent í f i ca l os ref erent es se i ndi can
sól o en cont ext o: no f i guran en l as f órmul as mat e-
mát i cas. I ncumbe al f i l ósof o reparar est a omi si ón
para que se sepa de que se est á habl ando. Por
ej empl o, l a producci ón de si st emas económi cos de
t i po . E puede represent arse por una f unci ón I ' del
product o cart esi ano E x T a l a semi rect a real dere-
cha, donde T es el conj unt o de t odos l os i nst ant es
(que
a su vez es un subconj unt o de l a l í nea real con
su orden nat ural ). La cl ase de ref erenci a f áct i ca (no
conceptual) de I/ es .8.
Anál ogament e, l a f unci ón de ut i l i dad para un
conj unt o M de mercancí as y un conj unt o P de per-
sonas en una soci edad s dada puede anal i zarse
como una f unci ón u del pr oduct o car t esi ano
M x P x
{s}
al conj unt o de l os númer os r eal es posi -
t i vos, de modo t al que el númer o u( nt , p, s) , par a
nt e M y p e P, es l a ut i l i dad ( val or subj et i vo) Ce
l a mercan cí a nt
,
para el i ndi vi du o p
,
en l a soci edad
s. Cámbi ese l a soci edad y l a ut i l i dad, par a l a mi sma
mer cancí a y' l a mi sma per sona, ser á di st i nt a. Est o
nunca se menci ona por que nunca se exhi be expl í ci -
t ament e l os ref erent es. Si def i ni mos f unci ones de
ut i i i dad par a t odas l as r ner cancí as, t odas l as per so-
nas, y el conj unt o. S de t odas l as soci edades, r esul t a
que di chas f unci ones, def i ni das sobre el domi ni o
M x P x
^S,
se ref i eren a l a col ecci ónM
U P U S.
Torrrando precauci ones de est e t i po, y si rvi én-
dose de l a semánt i ca de l a ci enci a (Bunge
1974), se
puede di ri mi r l a cuest i ón de l a ref erenci a preci sa de
t odos l os concept os de l a economí a pol í t i ca.
¿i
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APENDICE 2
LEYES Y REGLAS
La diferencia entre leyes y reglas puede eluci-
darse con ayuda del concepto de espacio de los
estados de cosas de ci erto ti po.
(Cp.
Bunge 1977,
1979b.) Considérese una colección de cosas de
cl ase K. Cada una de estas cosas está, en cada
i nstante, en un estado determi nado. Este estado
puede representarse corno un punto en un espacio
^Sx,
llamado el espacio de los estados de las cosas
de cl ase K (p.
ej . átomos de carbono, neuronas de
l a corteza audi ti va, si stemas económi cos, etc.).
Este espaci o ti ene tantos ej es coordenados como
propiedades tengan las cosas de tipo K (o, mejor
di cho, cuantas propi edades de el l as conozcamos).
Una l ey Lx de l os mi embros de K es un mapeo
( apl i caci ón) de Sx sobr e sí mi smo, o sea,
Lx :Sr---+Sx. Si una cosa de cl ase K está en un
est ado s
( per t eneci ent e a
^Sx
) ,
ent onces
Lx(s)
:
l e ,Sx representa el paso de di cha cosa al
estado r.
Sea ahora una especi e ani mal , por ej empl o l a
humani dad, denotada por M, y l l amemos A¡7 al
conj unto de todas l as acci ones que l os i ndi vi duos
de M son capaces de ej ecutar. (Es deci r, A¡a €S el
repertori o conductual de l os M.) Una regl a R
vK
para animales de especie M que tratan con cosas de
especie K será un mapeo de los estados de tales
cosas a l as acci ones de di chos ani mal es, o sea,
Ru
x
1 Sr
- A¡ r
. Si s est á en Sr
,
ent onces
Rvr(s): o e Au es l a acci ón que l a regl a R¡,' ¡
prescribe para los individuos de especie M enfren-
tados con si stemas de ti po K en estado s.
r t 6
A di ferenci a de l as l eyes, l as regl as son prescri p-
ci ones humanas. Si n embargo, a) toda regl a sus-
cepti bl e de ser puesta en vi gor es compati bl e con
l as l eyes rel evantes, y b) una regl a obedeci da da
origen a regularidades de comportamiento que se
parecen mucho a l as l eyes. Véase el texto.
117
mtn
j ¡ r
l i
APENDICE 2
LEYES Y REGLAS
La diferencia entre leyes y reglas puede eluci-
darse con ayuda del concepto de espacio de los
estados de cosas de ci erto ti po'
(cp' Bunge 1977
'
1979b.) Considérese una colección de cosas de
cl ase K. Cada una de estas cosas está, en cada
i nstante, en un estado determi nado. Este estado
puede representarse como un punto en un espaci o
Sx, l l amado el espaci o de l os estados de l as cosas
de cl ase K
(p.
ej . átomos de carbono, neuronas de
la corteza auditiva, sistemas económicos, etc.).
Este espaci o ti ene tantos ej es coordenados como
propiedades tengan las cosas de tipo K (o, mejor
dicho, cuantas propiedades de ellas conozcamos).
Una ley L¡a de los miembros de K es un mapeo
( apl i caci ón) de Sx sobr e sí mi smo, o sea,
Lx: Sx- - - +Sx. Si una cosa de cl ase K est á en un
est ado s ( per t eneci ent e a Sr
) ,
ent onces
Lx(s)
:
/€^Sr representa el paso de di cha cosa al
estado r.
Sea ahora una especi e ani mal , por ej empl o l a
humani dad, denotada por M, y l l amemos A¡a al
conj unto de todas l as acci ones que l os i ndi vi duos
de M son capaces de ej ecutar.
(Es deci r, A¡a ES El
repertori o conductual de l os M.) Una regl a Rv6
pala animales de especie M que tratan con cosas de
especie K será un mapeo de los estados de tales
cosas a las acciones de dichos animales, o sea,
Ru
x
: Sx
- Av
. Si s est á en Sx
,
ent onces
R¡rr(s)
:
a É.Au es l a acci ón que l a regl a R¡ar
prescribe para los individuos de especie M enfren-
tados con si stemas de ti po K en estado s.
t t 6
A di ferenci a de l as l eyes, l as regl as son prescri p-
ci ones humanas. Si n embargo, a) toda regl a sus-
cepti bl e de ser puesta en vi gor es compati bl e con
l as l eyes rel evantes, y b) una regl a obedeci da da
origen a regularidades de comportamiento que se
parecen mucho a l as l eyes. Véase el texto.
rt 7
APENDI CE 4
MODELO LINEAL DE PRODUCCION
Tomaremos como ej empl o de model o económi co
el model o l i neal ( o de Leont i ef ) de pr oducci ón. ( Cp.
Gal e 1960) .
[ Jn model o l i neal de pr oducci ón
es una cuat er na
L,
: ( W, P, M
,
A) , donde l V es l a col ecci ón de
des del pr oduct o
de l a i ndust r i a i absor bi das por l a
i ndust r i a j por uni dad de su r espect i vo pr oduct o. )
Un model o i i neal si mpl e de pr oducci ón
es uno en
que se supone que hay una cor r espondenci a bi uní -
voca ent re el conj unt o P de act i vi dades y el con-
j unt o
M de mer cancí as, o sea, nt
:
n. En est e caso
l l ámese p; a l a i nt ensi dad de l a act i vi dad P; , y nr i
al núr ner o de uni dades de l a mer cancí a M¡ pr odu-
ci da por di cha act i vi dad. Más aun, r eúnase l ós dos
conj unt os de númer os en n- t upl as ( o vect or es) :
P : ( Pr , Pr , . . . , Pi y nt - ( nt 1, r t t z, nt ".
Ent onces l a pr oducci ón
net a de l a f i r ma, o sea,
su. pr oducci ón menos su consumo, est á r epr esen-
t ada por i a di f er enci ap - Ap, que a su vez és i gual
a n| :
p- pA:
f f i , óp( f - A) : m
donde 1 es la matriz identidad de n filas
y
n colum-
t20
nas. Esta es la premisa básica del modelo. Es típi-
camente fenoménica o de caja negra, porque no afir-
ma nada acerca del proceso o mecanismo de pro-
ducción, excepto que se resume en la matriz A de
insumo-producto. Y no presupone otra ley que <Na-
da de la nada>.
Comúnment e l os dat os son l a mat ri z de produc-
ci ón A y l a demanda ( u obj et i vo) nt . El pr obl ema es
cal cul ar el vect or act i vi dad p, o sea, det er mi nar el
ni vel adecuado de cada act i vi dad o i ndust r i a. Ma-
t emát i cament e est e pr obl ema consi st e en i nver t i r l a
mat r i z I - A par a obt ener p: m ( l - A) - , . Las
t ar eas de j unt ar
l a i nf or maci ón r esumi da en A, y de
i nver t i r I - A, consumen t ant o t i empo, que al mo-
del ador no l e queda energí a para t eori zar más pro-
f undament e.
El model o ant er i or es est át i co. Se l o puede di na-
mi zar, o mej or di cho ci net i zar, añadi endo l a t asa de
depl eci ón de l as exi st enci as, ó - p B, donde el el e-
ment o b¡ , de l a mat r i z B
: ( b¡ ; )
es el i nvent ar i o de
l os pr oduct os de l a i ndust r i a i r equer i da por el
sect or j por uni dad de su r espect i vo pr oduct o. O
sea, el model o i nsumo- pr oduct o ( o
est r uct ur al ) de
l a pr oducci ón se r esume en l a ecuaci ón:
p(t ) (I - Al -
i
(t ) B :
m(t ).
Advi ér t ase l o si gui ent e sobr e est os dos model os
de pr oducci ón. En pr i mer l ugar , ambos son mode-
l os l i bres, porque no se f undan sobre ni nguna t eorí a
gener al . En segundo l ugar , son pur ament e descr i p-
t i vos o f enoméni cos: r esumen mi l es de uni dades de
i nf ormaci ón ref erent e al est ado del si st ema econó-
mi co si n expl i car cómo f unci ona. Ter cer o, est os
model os no cont i enen el ement os i deol ógi cos; por
est e mot i vo, se l os ut i l i za t ant o en paí ses capi t al i s-
t as como en paí ses soci al i st as. Cuar t o, pese a su
caráct er descri pt i vo, un model o de est e t i po no
t i ene por qué veni r si empre ex post
f act o:
t ambi én
puede ut i l i zarse, y de hecho se ut i l i za, para pl anear
act i vi dades económi cas. En ef ect o. al const r ui r
12,1
semej ant e model o y despej ar p, el pl ani f i cador en-
cuent r a el vect or act i vi dad p, o sea, det er mi na el
ni vel deseabl e de cada act i vi dad necesari o y suf i -
ci ent e para al canzar l a f i nal i dad zr (l a demanda).
Si n embar go, a menos que se ponga su sombr er o de
soci ól ogo y pol i t ól ogo, no podrá aconsej ar adecua-
dament e respect o de l a mej or manera de al canzar el
valor deseado. Véase el capítulo 5.
APENDICE 5
CONCEPTOS DE DESARROLLO
El problema del desarrollo nacional ha sido enfo-
cado t radi ci onal ment e desde un sól o punt o de vi st a,
habi t ual ment e el económi co. Los pol í t i cos de dere-
cha han adoptado este punto de vista por favorecer
i nt ereses económi cos poderosos, y l os de i zqui erda
por creer en el det ermi ni smo económi co. En cual -
quiera de los dos casos han dejado de lado los
aspect os bi ol ógi cos, cul t ural es y pol í t i cos.
Semej ant e punt o de vi st a es uni l at eral y por l o
t ant o erróneo. La soci edad est á compuest a por se-
res vi vos con necesi dades bi ol ógi cas, cul t ural es y
pol í t i cas1' y l a economí a es un si st ema abi ert o no
sól o a l a nat ural eza si no t ambi én a l a cul t ura y l a
pol í t i ca. Al ser erróneo el economi ci smo, sea de
derecha o de i zqui erda, est á dest i nado a f racasar en
l a práct i ca. En un caso porque f avorece el desarro-
l l o de una pequeña mi norí a de l a soci edad, con l o
cual l i mi t a el propi o desarrol l o de l a econorní a. En
el ot ro caso porque no l ogra conqui st ar l a adhesi ón
dei públ i co, condi ci ón necesari a para el éxi t o de
cual quri er pl an ambi ci oso.
Según l a concepci ón si st émi ca de l a soci edad,
expuest a en ot ro l ugar (Bunge 1979b), t oda soci e-
dad puede anal i zar se en cuat r o subsi st emas. . Est os
son el subsi st ema bi ol ógi co (mant eni do por rel aci o-
nes de parent esco y por organi zaci ones de sal ud
pública), el económico (mantenido por relaciones
de producci ón, i nt ercambi o y consumo), el cul t ural
(mant eni do por rel aci ones de i nf ormaci ón), y el po-
Iítico (mantenido por relaciones de poder y de par-
t23
r22
1
Por úl t i mo, t ambi én se si gue que t odo pl an de
desarrol l o aut ént i co deberá ser i nt egral , no parci al .
Y, para que l o sea, deberá ser concebi do por equi -
pos mul t i di sci pl i nar i os ant es que por economi st as
(o hi gi eni st as o pol í t i cos o educadores). I gual -
ment e, t oda eval uaci ón de l a ej ecuci ón de seme-
j ant e pl an deber á hacer se t eni endo en cuent a i ndi -
cadores de l os t i pos menci onados hace un mo-
ment o.
En suma, l os economi st as del desarrol l o i gnoran
a su r i esgo, y sobr e t odo a r i esgo de sus puebl os,
l os aspect os no económi cos del desar r ol l o, así
como l a vi si ón f i l osóf i ca si st émi ca que i ndi ca su
exi st enci a. Comet en así l o que Pr ebi sch ( 1981a p.
3l ) ha cal i f i cado de <t rági co desat i no>>. En cambi o,
la CEPAL ha adoptado un modelo multidimensio-
nal del desarrollo (Solari et al. 1976).
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t26
t27
T
t i ci paci ón en ést e). Por consi gui ent e, t ant o el desa-
rrollo como el subdesarrollo de una comunidad,
región o nación, pueden ser biológico, económico,
político,
o cultural.
Puesto que los cuatro subsistemas son parte de
una misma sociedad, están fuertemente ligados en-
t re sí y, por est arl o, ni nguno de el l os puede est u-
diarse adecuadamente con independencia del otro.
Y, por estar ligados, el avance de uno cualquiera de
el l os causa o requi ere el adel ant o de l os demás. Por
ejemplo, la industrialización moderna no se logra
si n ni Vel es bani t ari os y cul t ural es adecuados que
eviten el ausentismo y permitan
el manejo de ma-
quinarias complicadas. I' ampoco se logra sin una
organi zaci ón pol í t i ca (i ncl uyendo
el régi men j urí -
dico) adecuada y estable.
Hay, ci ert ament e, al gún j uego, pero no es grande
ni permanente. Por ejemplo, puede darse una socie-
dad económicamente primitiva pero políticamente
avanzada debi do a una act i va part i ci paci ón popul ar
en el manej o de l a cosa públ i ca. Tambi én puede
darse una soci edad económi cament e avanzada con
una pol í t i ca at rasada (p. ej . aut ori t ari a), pero no
con una cul t ura i gual ment e pri mi t i va, ya que l a
economí a moderna requi ere t écni cos a di versos ni -
vel es,
l o
que a su vez supone t ecnol ogí a, ci enci a y
educaci ón.
Puest o que el desarrol l o y el subdesarrol l o t i enen
di versos aspect os, es preci so di st i ngui rl os y rel a-
ci onarl os ent re sí en l ugar de conf undi rl os o de
sost ener dogmát i cament e que al guno de el l os (p. ej .
el económi co) es el domi nant e, al cual est án subor-
di nados l os demás. En par t i cul ar , es menest er di s-
t i ngui r l os si gui ent es aspect os del subdesarrol l o:
a) bi ól ogi co: al i ment aci ón, al oj ami ent o, hi gi ene o
cui dado de l a sal ud def i ci ent es;
b) económi co: agri cul t ura, i ndust ri a o comerci a-
lización anacrónicas o mal organizadas;
124
c) polítíco.' concentración del poder político
en
pocas cabezas;
d) cultural: analfabetismo, falta de acceso popu-
lar a la cultura superior, predominio
de la pseudo-
cultura comercial (por
ejemplo novelas de Corín
Tellado y música rock), o atraso de las ciencias.
técnicas, humanidades, o artes.
Dado que tanto el desarrollo como el subdesarro-
llo son multidimensionales, no es legítimo igualar-
los con algunos de sus aspectos. Ei desarróilo (o
subdesarrollo) auténtico es integral, no sólo porque
se da en los cuatro aspectos sino también porque
éstos están interrelacionados. (V.
Bunge 1980.)
Obsérvese que esta visión sistémica o integral del
desarrollo se alcanza, no desde una ciencia social
particular,
sino desde la filosofia. Y nótese que
tiene diversas consecuencias teóricas y prácticás.
Mencionaré sólo tres de ellas.
Una primera
consecuencia es que todo modelo
del desarrollo (o subdesarrollo o estancamiento) de
una sociedad debiera contener variables biológicas
(por
ejemplo longevidad y tasas de natalidad y mor-
talidad), económicas (por
ejemplo, PIB y tasa de
inversión productiva), políticas (por
ejemplo, grado
de participación popular en la gerencia de empresas
y en asuntos del Estado), y culturales (por
ejemplo,
porcentaje de la población que accede a la univer-
' si dad) .
Una segunda consecuenci a del model o si st émi co
de l a soci edad y del desarrol l o es que no exi st e un
úni co i ndi cador de desarrol l o, ni si qui era una bat e-
rí a de i ndi cadores del mi smo t i po, por ej empl o eco-
nómi cos. Un i ndi cador f i dedi gno de desarrol l o no
puede ser un número úni co (t al
como el PI B) si no
un vector con componentes biológicas, económi-
cas, políticas y culturales de diversos tipos: domi-
nant es o débi l es, rel at i vos o absol ut os. ai sl ados o
si st émi cos, descri pt i vos o normat i vos. (V. Bunge
1981. )
,
;..}
H
H
!.9
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