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Luis Chiozza

INDICE
Prólogo
I - Lo que ocurrió con Milena
II - Un lunar inocente ...
III - La sangre tira ....
IV - El tratamiento psicoanaltico !e "onia
V - La pato#iogra$a !e un ni%o con leucemia lin$o#l&stica agu!a - con
Silvana Aizenberg
VI - El conteni!o latente !el horror al incesto ' su relación con el cancer
VII - El incesto ' la homose(uali!a! como !i$erentes !esenlaces !el
narcisismo - con Gerardo Wainer
VIII - El c&ncer en !os cuentos !e "turgeon
a. )heo!ore "turgeon
b. El encuentro !el hom#re con el c&ncer
c. Cuan!o se quiere* cuan!o se ama - Alejandro Fonzi
d. Nue+amente "turgeon - Enrique Obstfeld y Silvia Furer
I, - -cerca !e la superstición en el uso !e la esta!stica
, - -cerca !e algunas crticas a . Psicoanálisis e cancro . ' a . Coro! affetto e
linguaggio .
,I - Una concepción psicoanaltica !el c&ncer
,II - - manera !e eplogo
/i#liogra$a
Luis Chiozza
Prólogo
Las personas tienen sus propias historias "constitutivas", que llevan dentro de sí,
de manera inseparable, "hecha carne"... y los libros también. En algunos casos
más que en otros, sentimos que sin conocer esa historia no terminamos de
comprender las características de una manera de ser. Quizás convenga que, para
presentar al lector este libro, consigne aquí, esquemáticamente, la historia que le
dio su forma.
--En 1967 escribí y presenté en La Asociación Psicoanalítica Argentina el trabajo
"Una contribución al estudio del horror al incesto", centrado en el estudio del
material clínico proveniente del tratamiento psicoanalítico de un caso de incesto
consumado (Chiozza, L., 1984b [1967]). Se trataba de una paciente de cuarenta y
seis años que mantenía relaciones genitales con su hermano desde los dieciocho
años de edad. Ambos presentaban, en el momento en que ella me consultó, una
cancerofobia.
-- Durante los años 1968 y 1969 integramos, junto con los doctores J. Elenitza, V.
Laborde, E. Obstfeld, J. Pantolini y E. Turjanski, un grupo de investigación
psicoanalítica acerca del cáncer, que continuó elaborando las ideas presentadas
en aquel trabajo, pero que interrumpió su labor solicitado por otros intereses.
-- En 1970 publiqué, en el libro Un estudio del hombre que padece (Chiozza, L. y
colab., 1970c) el trabajo "El contenido latente del horror al incesto y su relación con
el cáncer" (Chiozza, L., 1970i [1967-1969]), que integra el presente volumen y que
contenía los lineamientos teóricos del historial anterior.
-- En 1977 realizamos en el CÌMP (Centro de Ìnvestigación en Psicoanálisis y
Medicina Psicosomática) una Jornada sobre el tema "El enfermo canceroso", que
reunía, en diferentes trabajos, muchas de las ideas elaboradas en nuestro primitivo
grupo de investigación. Para esa Jornada escribí la introducción titulada "Un
encuentro del hombre con el cáncer", incluida como un apartado en el octavo
capítulo de este libro. Allí exponía el espíritu que animaba nuestra indagación en
aquella Jornada de la cual también surgieron los dos trabajos que reproduzco aquí,
en ese mismo capítulo.
-- Al año siguiente, en 1978, publicamos el libro Ideas para una concepción
psicoanalítica del cáncer (Chiozza, L. y colab., 1978a), que fue editado en Roma
por Borla tres años más tarde, con el título Psicoanalisi e Cancro y que incluía los
trabajos más importantes de aquella Jornada.
-- En 1981 presentamos en el ÌÌÌ Encuentro Argentino -Brasileño y Ì
Latinoamericano de Medicina Psicosomática el trabajo "Azar o acción terapéutica"
(Chiozza, L. y colab., 1983a [1981]) que relata la Patobiografía de un paciente con
melanomas malignos, y a partir del cual escribí, para el libro ¿Por qué
enfermamos? (Chiozza, L., 1997a [1986]) el trabajo "Un lunar inocente..." que
reproducimos en este volumen.
-- En 1985 publicamos, como Lecturas de Eidón (Chiozza, L. y colab., 1985a), un
fascículo de circulación interna, "Esquema para una interpretación psicoanalítica
de la leucemia linfoblástica". De las ideas allí presentadas surgirían luego tres
escritos, "La sangre tira..." (Chiozza, L., 1997a [1986], págs. 156-169), "Evolución
de una patobiografía en un tratamiento psicoanalítico" (Chiozza, L. y colab., 1995h
[1985], págs. 81-96) y "La Patobiografía de un niño con leucemia linfoblástica
aguda" (Chiozza, L. y Aizenberg, S. 1995a) que constituyen otros tantos capítulos
de este libro.
-- En 1995 publicamos el caso Milena (Chiozza, L., 1995) que también
reproducimos aquí.
En las Patobiografías que ya realizamos en el Centro Weizsaecker (casi dos mil
quinientas) lo que más hemos visto son enfermos de cáncer. De modo que en el
transcurso de todos esos años en que las hicimos, siempre hemos estado en
contacto con esa enfermedad que (como sucede con las cardiopatías isquémicas)
"mata" al veinticinco por ciento de los seres humanos, y sin embargo nunca hemos
intentado transformar nuestras "Ideas para!!!" nacidas alrededor del año 1967, en
una bien elaborada "concepción psicoanalítica del cáncer".
El libro que hoy publicamos, aunque no fue escrito "de un solo tirón", sino que por
el contrario, reúne en sus páginas artículos dados a luz en distintas épocas y
circunstancias, contiene ya la concepción que buscamos. No se justificaba
entonces esperar hasta que la vida, con sus inesperados designios, me ofreciera el
remanso necesario para rescribirlo por entero.
He preferido, en este libro, invertir el orden habitual que conduce a exponer en
primer lugar la teoría y acompañarla luego con algunos ejemplos. Me ha parecido
mejor dejar que las historias nos "cuenten" en qué clase de drama se desarrollan
los cánceres, y reproducir luego el trabajo original, que fundamenta la teoría que
sustenta nuestro enfoque del cáncer. De más está decir que el lector podrá, de
todos modos, leer los capítulos en el orden que prefiera.
Ìncluimos también el trabajo que realizamos, en 1974, acerca del incesto y la
homosexualidad como diferentes desenlaces del narcisismo; y el estudio de dos
cuentos de Sturgeon, en los cuales asistimos a una "sorprendente" coincidencia,
entre las ocurrencias de la ficción literaria y los desarrollos de nuestra teoría.
Recuerda lo ocurrido con el Complejo de Edipo y con otros tantos hallazgos de
Freud. Aunque yo ignoraba la existencia de esos cuentos de Sturgeon, llegamos a
una misma "verdad" por distintos caminos.
El contenido del capítulo nueve proviene de un trabajo que, acerca de la
superstición en el uso de la estadística, realizamos en un grupo de estudio, en
1984. Publicado, por primera y única vez, en un fascículo de circulación interna
(Chiozza, L. y colab., 1984a), encuentra un lugar en este libro por el hecho de que,
cuando de cánceres se trata, es frecuente que se tomen decisiones en función de
datos estadísticos.
Han pasado veintidós años desde la publicación de Ideas para una concepción
psicoanalítica del cáncer y los oncólogos de nuestros días, entusiasmados por lo
que ha dado en llamarse "psiconeuroendocrinoinmunología"" ya no se
escandalizan tanto cuando, frente a la presencia de un tumor maligno, uno se pone
a hablar de significados inconcientes. Nadie niega la relación existente entre el
desarrollo del cáncer y la respuesta inmunitaria, y también se acepta que la
condición inmunitaria recibe una indudable influencia que emana del estado
psíquico.
Sin embargo muchos equívocos persisten, aun entre aquellos que nos observan
con benevolencia, y nos otorgan cierto crédito. La inclusión, como antepenúltimo
capítulo, de mis respuestas a los comentarios críticos suscitados con motivo de la
edición italiana, en 1981, de Ideas para una concepción psicoanalítica del cáncer y
Cuerpo" afecto # len$ua%e (Chiozza, L., 1998e [1976]), tiene la ventaja de
presentar, en toda su crudeza, algunas de las dificultades que, a pesar del tiempo
transcurrido, conservan cierta actualidad.
El capítulo once, extraído del prólogo escrito para el libro Ideas para!!!, hoy
agotado, discute cuestiones esenciales en lo que respecta al uso de una
concepción psicoanalítica del cáncer en el ejercicio de la clínica oncológica. El
capítulo doce, por fin, reproduce las palabras que "a manera de epílogo"
finalizaban Psicoanálisis" presente # futuro (Chiozza, L., 1983a), que también está
agotado. En ellas se aborda el tema de los cambios epistemológicos actuales que
nutren nuestra interpretación psicoanalítica de los trastornos somáticos e influyen
en nuestra concepción psicoanalítica del cáncer.
La psicoterapia que suele llamarse "profunda" nos conduce hacia el significado
inconciente del haber enfermado sin limitarse a la tarea de lidiar con el sufrimiento
psíquico que suele interpretarse como una consecuencia (" patoneurótica") de la
enfermedad. La experiencia acumulada en ese terreno confirma lo que la
oncología actual, a partir de los descubrimientos en el área de la inmunología,
afirma cada vez con un énfasis mayor: debemos desplazar el acento de nuestras
indagaciones desde la enfermedad denominada cáncer hacia el enfermo
canceroso.
Sin embargo no basta con sostener que la relación entre un tumor canceroso y el
enfermo que lo "alberga" puede ser comparada a la que se establece entre un
parásito y su huésped. Es necesario enfrentarse con un hecho que el psicoanálisis
revela: el tumor mismo, como cualquier otro fenómeno patológico, no se desarrolla
como producto de una infortunada combinación de factores más o menos
"casuales". Por el contrario, el "fracaso" inmunitario posee una estructura similar a
la de un acto fallido, que contraría e interfiere los deseos concientes, pero que
cumple acabadamente, y de manera exitosa, con un designio inconciente.
A pesar de que el choque entre la medicina técnica y los sentimientos humanos del
enfermo es cada día más violento, y crece la demanda de una "asistencia
psicológica", las ideas psicoanalíticas que más se difunden se han plagado de
superficialidades y de malentendidos. Por este motivo el libro que hoy publicamos,
juntando la reedición de artículos y trabajos escritos en diferentes circunstancias,
con algunos, pocos, pensamientos nuevos, es todavía un libro audaz. Hace falta
recorrer aun un largo trecho para que una concepción científica y al mismo tiempo
empática, acerca del significado que cada enfermedad posee en la vida de un
hombre, penetre de manera profunda en la mente de los médicos que todos los
días atienden enfermos, impregnando, de manera natural, el hábito con el cual
ejercen su labor.
Cabe pues, terminar este prólogo, con las palabras que usé como epígrafe en un
libro anterior (Chiozza, L., 1983a): &i padre" cuando #o era un ni'o" me eplicó
una (e)" mientras disfrutábamos los tres de una ca%a de dátiles" que tanto
$ustaban a mi madre" que el que siembra dátiles" a menos que sea %o(en" no
lle$ará a comerlos! Esto me debe haber impresionado" porque nunca más lo
ol(idé! *a# ideas que son como los dátiles" tardan tanto en crecer" que el que las
siembra no (erá sus frutos! Pero los dátiles eisten" # los sembramos mientras
comemos los que otros sembraron!
Luis Chiozza
Octubre de 2000
Luis Chiozza
Lo que ocurrió con Milena
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Estoy en Roma, a fines de setiembre de 1994, dentro de dos días debería entregar
a Rita Parlani, en Perugia, el original terminado de este libro2, al cual le faltan sólo
una diez páginas, y que deberá constituir el número 31 de la Revista +uaderni di
Psicoterapia Infantile. Pero Rita tendrá que esperarme algunos días más, porque
esta mañana ha ocurrido algo que debo incluir. No podría sentirme bien si
finalizara, ahora, este libro, sin relatar lo que ocurrió con Milena.
Milena es una niña de cinco años, que fue asistida en el servicio de oncología
pediátrica del Prof. Manuel Castello (en el Hospital Policlínico de Roma), porque
había desarrollado en tumor maligno en el muslo derecho. Ayer, en el aula de la
clínica pediátrica (del mismo Hospital Policlínico) donde acababa de dar una
conferencia sobre el Estudio Patobiográfico, se acercó Fiorella Del Pidio para
darme el material que deberíamos supervisar esta mañana. Se trataba de unas
cincuenta páginas que incluían lo que había ocurrido dos años atrás, en febrero de
1992, durante el seminario en el cual yo había supervisado el mismo caso. Me
había propuesto leerlas, pero cuando comenzamos a trabajar, esta mañana, aun
no las había tocado.
Acerca de los padres de Milena, y a partir de la anamnesis realizada por el Prof.
Adriano Giannotti, contaré lo siguiente:
El padre, a quien llamaremos Marcelo, tiene 58 años y es un
profesional exitoso. Hijo de un hombre también exitoso, que murió
a los 90 años, fue educado en una escuela religiosa. La madre de
Marcelo vive y tiene 85 años, proviene de una familia noble,
orgullosa de su apellido. Ha sido una madre inteligente y culta,
pero siempre un poco distante.
La madre de Milena, a quien llamaremos Lidia, tiene 37 años y es
también una profesional exitosa. Dice que sus padres se casaron
"huérfanos". Su madre, en las palabras de Lidia, estaba
enamorada de su único hermano, que murió, repentinamente, en
el momento en que nacía Lidia. Ese tío de Lidia tuvo, poco antes
de morir, una hija, que moriría, a su vez, casi coincidentemente
con el matrimonio de Lidia.
El padre de Lidia, celoso de ese cuñado, hermano de su mujer,
que era un motivo continuo de peleas y discusiones en el
matrimonio, era mujeriego, hasta el punto de haberle presentado a
Lidia, que entonces tenía 9 años, una amante, con la cual ella lo
había descubierto. La madre de Lidia, luego de la muerte de ese
hermano, no había querido más hijos.
Marcelo se había casado, por primera vez, a los 25 años, con una
mujer "rubia y rica" a la cual no amaba. Con ella tuvo dos hijos,
una mujer y un varón. Diez años más tarde su matrimonio entra en
crisis, pero se separan, de común acuerdo, siete años después,
para evitar que los hijos sufrieran. Ha transcurrido un año, desde
su separación, cuando Marcelo se encuentra con Lidia, y seis años
más tarde contraen matrimonio.
El amor de Marcelo y Lidia fue maravilloso pero tuvo que luchar,
durante muchos años, con la oposición de ambas familias y,
especialmente, con la oposición de la hija primogénita de Marcelo.
Marcelo se había propuesto no tener otros hijos, ya que temía
morir antes de que su hijo estuviera crecido. Lidia deseaba un hijo
con toda su alma, y la experiencia de amor que estaban viviendo,
la primera y única experiencia conmovedora de amor que ambos
habían vivido, condujo a Marcelo a aceptar el embarazo de Lidia.
No fue, desde su mismo comienzo, un embarazo común.
Transcurridos los primeros tres meses aparece un quiste ovárico
pedunculado que alcanza muy pronto un mayor tamaño que el
feto. Debe ser evacuado con grave riesgo de aborto. En el quinto
mes una flebitis de Lidia requiere su reposo riguroso en cama.
Durante el séptimo mes aparece una hipertensión arterial que
conlleva el peligro de una gestosis. Lidia aumenta 12 kilogramos
de peso y luego del parto se siente deshecha.
Marcelo ha vivido, desde la penumbra de su conciencia, y toda su
vida, bajo la amenaza de una inminente catástrofe. Cuando se
presentan las complicaciones del embarazo de Lidia, no vacila en
comunicar al obstetra que la vida de su mujer ha de ser lo primero.
Ahora, ante la enfermedad de su hija, se siente desesperado y, por
primera vez en su vida, teme fracasar en el intento de conseguir lo
que desea. Lidia en cambio, se siente culpable por haber insistido
en cumplir con su deseo de transformarse en madre.
Estos son, poco más o menos, los antecedentes familiares de Milena, y yo los
espiaba esta mañana, en el dactiloescrito que tenía en las manos, mientras la Dra.
Lia Schiavetti, la médica que tenía a su cargo "el caso Milena", me resumía su
historia clínica.
Cuando Milena tenía dos años y medio de edad se descubrió, en
su muslo derecho, un pequeño tumor, del tamaño de un poroto
mediano. Operado tres meses después, cuando alcanzaba el
tamaño de un huevo de gallina, se diagnosticó, histológicamente,
un rabdomiosarcoma embrional, y fue remitida al servicio de
Manuel Castello para su tratamiento quimio y radioterápico. En esa
oportunidad los padres solicitaron asistencia psicológica, y fue
comenzado el Estudio Patobiográfico que aportó los antecedentes
familiares que, en parte, acabo de relatar. El Estudio
Patobiográfico fue atípico, y además de la anamnesis de los
padres, se realizaron cuatro sesiones con Milena, en lugar de la
hora de juego diagnóstica que forma parte habitual del
procedimiento. Ese fue el material que supervisé en febrero de
1992, mientras Milena era sometida a una quimioterapia con
Vincristina, Actinomicina alternando con Adriamicina, y
Ciclofoxamida, complementadas con radioterapia. En ese
entonces el pronóstico de Milena era relativamente "optimista",
formaba parte de un llamado grupo B al cual se le asignaba un
60% de posibilidades de sobrevida en un término de tres años.
Luego de que la Dra. Schiavetti me comunicó esos datos, hicimos un breve
paréntesis para leer un resumen de la desgrabación de lo que dije en febrero de
1992, durante la supervisión del caso.
Basado en el material de entonces, sostuve en aquella ocasión que el pronóstico
era infausto. Milena pensaba que la muerte, que simbolizaba durante la sesión
refiriéndose al dormir y a la oscuridad, era la única solución que le quedaba.
Agregué entonces que no quería sostener que era imposible que se salve, pero
que era muy difícil. Quizás la psicoterapia podía variar ese destino, pero para eso
era imprescindible enfrentarse directamente con el núcleo central, constituido por
la fantasía del incesto.
Reproduzco aquí lo esencial de los conceptos que en aquel momento expresé:
El incesto ya se presenta en este caso cuando se habla de la
abuela enamorada de su hermano, un hermano que muere cuando
nace la hija de la abuela, que es la madre de Milena. Un delirio en
el cual el nacimiento de una hija que en la fantasía surge del
incesto, debe pagarse con la muerte de su padre. Para la fantasía
inconciente, los padres de Lidia, que se han casado "huérfanos",
se han vuelto huérfanos en el acto de casarse, dado que ese
casamiento, incestuoso y culpable, adquiere el sentido de un acto
parricida.
Se trata de una familia impregnada de una fantasía incestuosa y
culpable que no puede resolverse. El padre de Milena, casado con
una mujer que tiene la edad de su hija y que se embaraza casi al
mismo tiempo que ella, no puede ni quiere separarse de esta
mujer que ama, pero tampoco puede asumirla como tal. En la sala
de espera recibe complacido los gestos de cariño que ella le
prodiga, pero no puede demostrarlo, y menos aún atreverse a
retribuirlos. Marcelo y Lidia se comportan "como padre e hija",
inhibiendo en la superficie su relación genital, pero aumentando de
este modo su excitación incestuosa inconciente.
La enfermedad de Milena parece haber reconciliado en la familia
todos los rencores, la tragedia los une. Milena se convierte de este
modo en un chivo expiatorio que restablecería con su muerte la
inocencia familiar. Debe morir, además, porque es tan mala como
para querer a su padre todo para sí. Este proyecto de Milena,
inconcientemente presentido, aterroriza a todos, y es este el
motivo por el cual, cuando, buscando un sostén psicoterápico para
enfrentar los cambios de la quimioterapia, se encuentran con la
propuesta de un estudio (que lleva implícita la idea de una
"explicación" psíquica de la enfermedad), al mismo tiempo que,
decididamente, lo aceptan, aumentan su nivel de angustia.
Nuestra tarea consiste, por lo tanto, en arruinar el proyecto de
Milena, y para esto es necesario hablarles claro, lo cual no
significa colocarse frente a ellos como si fueran monstruos
incestuosos, ya que sus fantasías inconcientes son también las
nuestras. Deben llegar a comprender, de un modo afectivo y no
meramente intelectual, que el círculo vicioso de la culpa que
conduce a las actitudes que generan más culpa, debe ser cortado.
Es ese círculo vicioso el que conduce a Milena a decir: "cuando mi
padre está desnudo es un monstruo", como también dice su
madre. Por obra de la misma culpa Milena transgrede los límites y
se los dejan transgredir. Es una niña de tres años que se golpea la
cabeza en el espacio limitado de la sesión psicoanalítica y al
mismo tiempo se comporta como la princesa que marcha delante
de su corte. Sus padres lo toleran porque la miran como se mira a
una hija del pecado.
Es necesario hablar de todo esto con el padre, con la madre y con
la niña. No es posible afirmar que será la solución, porque el caso
es difícil, pero es posible alimentar grandes esperanzas acerca de
lo que puede ocurrir si se les habla de las fantasías que
encontramos en el material obtenido.
La psicoterapia nunca es un proceso directo, es necesaria una
elaboración, dado que el paciente puede entender, pero no logra
creer. El trecho que separa el entender del creer es un transcurso
que a veces necesita años. Pero en el caso de Milena no tenemos
ese tiempo y, por lo tanto, es imprescindible que logremos sustituir
la elaboración por una comunicación que arruine el proyecto
inconciente que implica su muerte. Podrá decirse que es un
procedimiento agresivo, o traumático, pero no tenemos nada
mejor, y es lo único que puede darnos alguna esperanza. Si las
cosas funcionan, lo primero que obtendremos no será gratitud,
sino hostilidad, pero podemos estar seguros de que, en la medida
en que se enojen, la niña tendrá una posibilidad que antes no
tenía.
Milena quiere desaparecer para restablecer la pareja de sus
padres, que siente dañada, satisfaciendo, al mismo tiempo, sus
fantasías de un crecimiento omnipotente y autosuficiente. Lo ha
dicho claramente cuando afirma: "sai che ti dico?" io la palla me la
ten$o" (¿sabes lo que te digo?, yo al tumor lo conservo). Marcelo,
con desesperación, siente que debe entregar a Milena para
conservar a Lidia y, ya una vez, eligió del mismo modo cuando le
habló al obstetra. Lidia, que se siente culpable por haberlo
deseado "todo", lucha también contra la idea de que no podrá
conservar cuanto tiene y que deberá resignarse a perder a la hija
que nunca debió pretender.
Sabemos que todo cáncer es el producto de una regresión que
surge ante la imposibilidad de continuar sosteniendo la investidura
de una fantasía incestuosa inconciente. Una regresión a una etapa
anterior a la procreación: el crecimiento que se realiza mediante la
división celular "asexuada" y que corresponde a un tipo de fantasía
inconciente que, vista desde la sexualidad, denominamos
hermafrodita. Milena es el eslabón más débil, el fusible a través del
cual "se corta", y al mismo tiempo culmina, una historia familiar
cuyo decurso puede hilvanarse a través de tres generaciones.
Volvamos ahora a la historia clínica de la Dra. Schiavetti:
En octubre de 1992, ya terminada la quimioterapia y la
radioterapia, aparece, para consternación de todos, una recidiva
del tamaño de una nuez, en el pliegue inguinal derecho, que se
constata además mediante resonancia magnética. Los padres,
desesperados, reclaman lo mejor para su hija, y todos deciden, de
común acuerdo, enviarla a París, al Prof. Frederic Gautier, para
una nueva intervención quirúrgica, que se realiza en el mes de
diciembre. La histología revela entonces que se trata de un
rabdomiosarcoma alveolar, más maligno que el embrional, pero se
piensa que es más probable un error en el primer estudio
histológico que una transformación en la estructura histológica del
tumor, aunque esto último no es imposible.
Nuevamente se instituye quimioterapia y radioterapia, esta vez con
Carboplatino y Etopoxide. Llegamos así a julio de 1993, cuando,
casi contemporáneamente con la finalización de esa terapéutica,
aparece una nueva recidiva en el abdomen, esta vez con
protrusión endoabdominal y perturbaciones en la micción y la
defecación. Vuelve entonces a Francia, en donde el Prof. Gautier,
ante a la gravedad del caso, decide que ya no tiene sentido
operarla y le prescribe Etopoxide por vía oral con fines paliativos.
La madre, frente al temor de que su hija no ingiera la droga con
regularidad, insiste en que se le suministre por vía endovenosa, y
se hace de este modo.
En diciembre de 1993, y ante la sorpresa de todos, una nueva
resonancia magnética permite comprobar la remisión completa del
tumor. Se decide entonces reenviarla a París, para una
exploración quirúrgica de los ganglios lumboaórticos y
abdominales, pero fue necesario insistir y enviarles previamente la
resonancia magnética obtenida para que aceptaran operarla
nuevamente, dado que, en virtud de la última consulta, estaban
convencidos de que se trataría de un sacrificio inútil.
En marzo de 1994 se le extirpan a Milena, en París, una gran
cantidad de ganglios abdominales y de la cadena lumboaórtica. El
estudio histológico de esos ganglios los encuentra normales.
Estamos en el mes de setiembre y Milena continúa sana. Los
oncólogos que han intervenido en su tratamiento no han tenido
noticia de ningún otro rabdomiosarcoma alveolar fehacientemente
comprobado que haya evolucionado de una manera similar.
Llegamos ahora al punto culminante de esta historia. Esta mañana, luego de haber
releído mi intervención de hace dos años, y de haber escuchado la historia clínica
que relata la evolución del tumor de Milena, no pude menos que centrar mi
curiosidad en cuáles habrían sido las circunstancias que determinaron una
evolución similar de los significados inconcientes. ¿Por qué, no pude menos que
preguntarme y preguntar, Milena había empeorado tanto al principio para mejorar
dramáticamente al final? Para mi sorpresa la respuesta de la Dra. Del Pidio fue
concisa y rotunda. Sucedió que, por diversos motivos, nadie se había atrevido a
seguir mi consejo y hablar con la niña y sus padres de los contenidos que el
Estudio Patobiográfico había revelado, hasta que, movidos por la desesperación
sentida frente al hecho que Milena, desahuciada, se estaba muriendo, la Dra. Del
Pidio, en el mes de setiembre, pocos meses antes de la desaparición del tumor, se
había decidido a emprender la tarea.
La Dra. Del Pidio escribió un extenso y documentado informe de los pormenores
del caso. Veremos enseguida, en sus propias palabras, algunos de los párrafos
que relatan los momentos más conmovedores de la evolución de Milena y de la
intervención psicoterapéutica, pero debemos resumir, previamente, algunas de la
circunstancias y las apreciaciones que ella describe en su relato.
De acuerdo con lo previsto la Dra. Del Pidio debería hablar con Milena a solas y,
junto con el Prof. Giannotti, con ambos padres reunidos. Se habían propuesto
afrontar, en ambos coloquios, el punto esencial constituido por la fantasía
incestuosa. Este proyecto, según ella cuenta, quedó obstaculizado por varios
factores. Por un lado la evolución clínica de la enfermedad "requería una actitud
que permitiera contener las fantasías de muerte" y, por el otro, una "particular
dinámica" se había creado entre la pareja de padres y la pareja terapéutica. Como
resultado, las entrevistas de resignificación que pertenecen al procedimiento
Patobiográfico típico se "transformaron en un trabajo que se realizó durante cuatro
meses mediante coloquios semanales".
Durante ese período ÷continúa diciendo la Dra. Del Pidio÷ pudo observarse que
Marcelo vivía melancólicamente la perdida de su hija, como una pérdida objetal
interna frente a la cual experimentaba un dolor sordo que lo aislaba de todas sus
relaciones y, en particular, de su mujer, con la cual no podía compartir su
sentimiento de que sus permanentes premoniciones acerca de una catástrofe se
habían cumplido. Durante el primer año de vida de Milena murió el padre de
Marcelo, y esta muerte reforzó en él la vivencia pesimista de que por cada vida
debe ser ofrecida, como pago, una muerte. Lidia en cambio, sufría de una grave
estructura fóbica con angustias hipocondríacas y fantasías bisexuales. El
encuentro entre ellos parecía concretarse sólo a través de la culpa que sentían
frente a la enfermedad de Milena, quien, por las circunstancias que rodeaban a su
concepción, se había transformado en un símbolo, para ambos, de la transgresión
edípica.
La primera formación tumoral de Milena fue descubierta justamente cuando
Juanita, la niñera que la había cu idado desde su nacimiento, se fue porque
deseaba tener su propia hija. Juanita, de la misma edad de Lidia, perdió su
embarazo, que era extrauterino, y no pudo cumplir con su deseo. Ìntentó retornar a
su puesto de niñera, pero Lidia no lo consintió. Le preguntó entonces a Lidia por
qué no lograba quedarse embarazada, y Lidia le contestó: ¿Por qué me lo
preguntas a mí? ¿Soy acaso la diosa de la fertilidad?
Parece, sostiene la Dra. Del Pidio, que la culpa de Lidia está ligada a fantasías de
una fertilidad arcaica, pregenital, partenogenética y omnipotente, como expresión
de una situación interna de bisexualidad y de la angustia que va unida a las
fantasías de retaliación que corresponden a la idea inconciente de una fertilidad
robada. Por lo tanto, Milena constituye, para Lidia, el fruto de esa fertilidad, y la
niña se hará cargo de ese "legado" con la enfermedad que traduce la fantasía de
producir infinitos tumores÷niños.
Toda esta fantasmática ÷continúa diciendo la Dra. Del Pidio÷ "tan rica como
inquietante, que cobraba vida dentro de nosotros, durante las sesiones de Lidia y
Marcelo, no podía, sin embargo, ser verbalizada, según lo que creo, por dos
motivos". La lejanía de estos contenidos con respecto a la conciencia de los
progenitores y algo más, el compromiso emotivo de la pareja de terapeutas, que
reflejaba especularmente las mismas ansiedades que los padres en cuanto a sus
funciones de pareja sexual y parental. Esto desencadenaba, en un plano más
superficial, el temor de arruinar un matrimonio que estaba afrontando un período
crítico, y en otro plano, más profundo, el temor que despierta la realización de algo
prohibido. De modo que "aquella comunicación, que se nos aparecía cada vez más
obvia, al mismo tiempo nos resultaba cada vez más indecible".
Lidia continuó, por lo tanto, acusando a su marido de ser demasiado permisivo con
Milena, hasta el punto de llegar a funcionar como un apéndice de su hija, mientras
que Marcelo, a su vez, acusaba a su mujer de faltar a su función de madre
comportándose como una niña pequeña que competía con Milena. La situación
llegó de esta manera a un máximo de saturación.
La Dra. Del Pidio cuenta que Milena, con diversas técnicas, había logrado reducirla
al silencio, impidiéndole especialmente hablar de la enfermedad, que había llegado
a constituir una especie de tabú.
Durante los cuatro meses de coloquios semanales fue tomando forma un juego en
el cual había una pequeña gansa hija y una pequeña gansa madre que se exhiben
mutuamente sus habilidades motoras en ejercicios gimnásticos y saltos mortales
especulares. En este juego aparece tres veces (!) un monstruo que quiere comerse
a la hija, y la madre lucha contra él y finalmente lo vence. En la segunda y la
tercera vez el monstruo trae como aliados a animales prehistóricos, y la madre
animales domésticos. En la segunda lucha la madre mata al monstruo, que quiere
siempre comerse a la hija, pero en la tercera se ve que el monstruo parecía muerto
pero no lo estaba. Los animales prehistóricos de la tercera vez son muchos más, y
por lo tanto la madre trae, también, más aliados domésticos. La lucha final se
transforma luego en un banquete fabuloso del cual todos participan.
Estas fantasías, según relata la Dra. Del Pidio, quedaron allí, sin poder ser
elaboradas, y en los días sucesivos, en julio de 1993, se acentuaron en Milena
problemas de retención urinaria y fecal, que condujeron a indagaciones
instrumentales, de las cuales surgió la existencia de una nueva recidiva, esta vez
endoabdominal y más grave que las precedentes. Fue el derrumbe.
El Prof. Giannotti decidió entonces emprender un tratamiento psicoterapéutico
"intensivo" de la pareja y la niña por separado. La Dra. Del Pidio se niega a
hacerse cargo del tratamiento de Milena. Nos aclara que su negativa surgía de
varios factores.
Le disgustaba el sentirse empujada a desempeñar el papel de Juanita, la niñera
que había cuidado a Milena "en lugar " de la madre y a costa de su propio
desarrollo maternal. La asustaba el tener que enfrentarse con la muerte de una
niña, y le despertaba angustias profundas relacionadas con su propia historia, ya
que ella misma había recibido su nombre, Fiorella, de una niña que había fallecido
antes de que ella naciera. La insistencia del Prof. Giannotti, que había adoptado la
posición de "la niña debe ser salvada a cualquier precio", para que aceptara tratar
a Milena, le parecía un proyecto maníaco, semejante al de Lidia, la madre, en tanto
que la Dra. Del Pidio, según lo que piensa ahora, retrospectivamente, estaba más
identificada con la posición del padre, quien, melancólicamente, daba a su hija por
perdida. Se sentía, además, culpable, desesperanzada e impotente, por el hecho
de no haber podido trabajar, en todo el tiempo transcurrido, con las fantasías
hermafroditas, procreativas e incestuosas, que ya se habían hecho evidentes en la
supervisión conmigo en febrero de 1992. Durante los últimos meses se había
descubierto un cáncer incurable al padre de la Dra. Del Pidio, y, en el momento en
que ella tenía que decidir si aceptaba la psicoterapia de Milena, ese cáncer se
encontraba en su fase terminal. Enfrentarse, en ese momento, con el temor que le
despertaba la niña incestuosa que habitaba en Milena, superaba la posibilidad de
sus fuerzas. La elaboración de todas estas temáticas la condujo, por fin, a iniciar la
psicoterapia de Milena en setiembre de 1993, al mismo tiempo en que el Prof.
Giannotti lo hacía con los padres. La Dra. Del Pidio consigna, en esta parte de su
historia, que al mes siguiente, en octubre, su propio padre, enfermo de cáncer,
moría, y que dos meses más tarde, en diciembre, le fue diagnosticado el cáncer
pulmonar al Prof. Giannotti, quien interrumpió, en ese momento, la psicoterapia de
los padres y falleció en mayo de 1994.
"Cuando vi a Milena en la primera sesión" ÷cuenta la Dra. Del Pidio÷ "me
impresionó su aspecto físico, estaba extremadamente deteriorada por la
quimioterapia, y tuve la sensación de que se estaba muriendo."
Fue a verlo entonces inmediatamente al Prof. Giannotti para decirle que la niña se
estaba muriendo, para preguntarle qué tipo de trabajo se suponía que debía hacer,
y si no había llegado el momento de prepararse para la despedida. Él, luego de
pensar un momento, le contestó: "Una cosa é certa, io non (o$lio fare il becchino"
(realmente no quiero ser quien la entierre). Esta frase ÷continúa diciendo la Dra.
Del Pidio÷ fue, para ella, como una puñalada. Le provocó un tumulto de pasiones y
sentimientos contradictorios, y entre ellos la rabia que le daría la fuerza para
atreverse a formular, por primera vez, las interpretaciones que ya desde hacía
mucho tiempo hubiera querido decir y que, en cambio, callaba.
Lo que sigue es la reproducción, casi con las mismas palabras, de una parte del
texto de la Dra. Del Pidio, en la cual relata los acontecimientos de la etapa que
precedió y acompañó a la desaparición de la recidiva.
Así que, en cuanto Milena comenzó a utilizar sus técnicas
habituales para distraerme e inmovilizarme, la interrumpí
decididamente. Le dije que todas esas técnicas eran maniobras
que ella utilizaba para distraerme de la enfermedad, para evitar el
hablar de la cosa verdaderamente importante, que ella se estaba
muriendo, y que moría porque no quería renunciar a su proyecto
de tener al papá todo para sí.
Milena se inmovilizó, y me miró con una concentración tal que me
espantó, pero continué diciéndole que los tumores que ella hacía
eran los muchos niños que imaginaba tener con el padre tomando
el lugar de la madre. De este modo ella sentía que estaba
haciendo las cosas bien, porque más allá de su deseo realizaba
también el deseo de la madre de tener muchos niños, al mismo
tiempo que entraba en competencia con ella, y muriendo elegía el
vínculo con el padre, que no quería niños. Agregué que, de este
modo, se estaba sin embargo quitando la posibilidad de llegar a
ser grande y tener realmente niños.
Milena adquirió una expresión de odio, comenzó a gritar de un
modo que me impidiera hablar, y luego comenzó a lanzarme
imprecaciones: "¿pero quien te crees que sos? ¿la patrona de la
ciudad? ¿el señor del mundo? ¡sos una boluda! (La traducción
literal del italiano stron)a sería "sorete", pero el sentido que
adquiere en el lenguaje habitual corresponde, en nuestro ámbito,
al significado de la palabra "boluda").
Enseguida se dirigió a la madre para pedirle que se la llevara. Le
dijo que no quería venir más a lo de una boluda para escuchar
boludeces (frescacce). Le dije que se iría cuando la sesión hubiera
terminado y no antes. Milena se tiró al suelo y comenzó a
lanzarme todos los objetos que tenía a mano. Me había declarado
la guerra y yo finalmente había conseguido salir del letargo.
Las sesiones sucesivas fueron muy difíciles durante
aproximadamente dos meses. Milena llegaba traída por la madre,
que debía arrastrarla levantándola en peso, mientras ella gritaba y
daba patadas a diestra y siniestra. Apenas me veía me hacía los
cuernos y conjuros de todo tipo. En las sesiones tenía crisis de
pánico. Decía que el consultorio era la casa de los monstruos.
Estaban todos escondidos detrás de los rincones y saldrían luego
para devorarla de un solo bocado.
Se quedaba todo el tiempo pegada al cuerpo de la madre y era
imposible separarla. Le dije que yo me había transformado en un
monstruo en el momento en que le había hablado de su
enfermedad y que ella se había sentido devorada de un solo
bocado por mis palabras. Milena entonces adoptó una defensa
todavía más sutil. Se caía adormecida sobre la escalera de mi
consultorio y dormía durante toda la sesión.
Le interpreté que durmiendo ella se entregaba, como una comida,
al monstruo que además temía y que entonces, en conclusión,
también le gustaba mucho ser comida de un solo bocado. Milena
protestó con violencia que quería que se la dejara en paz y dormir.
Ocurrió luego un cambio que coincidió, aproximadamente, con la
emergencia clínica de la enfermedad del Prof. Giannotti. El cambio
quedó asociado a un dibujo que representaba una casa con
cabellos. Era una casa que tenía los ojos, una nariz, la boca y los
cabellos, que eran muchos y largos. Los cabellos servían a la
casa, porque así se escondía de los ladrones. Cuando los
ladrones llegaban la casa se soltaba los cabellos y los ladrones no
la veían más. En esta casa vivía una madre, un padre y dos niños.
Un día decidieron ir al circo, pero previamente fueron al bar y
comieron pochoclo, y después fueron al restaurante y comieron
pizza a la margarita y papitas fritas. Cuando volvieron a casa,
encontraron adentro una amiga que había venido porque los
ladrones estaban justamente adentro de la casa. Esta amiga los
ayudó a echar a los malos y entonces todos se durmieron bien. Es
ahora otro día. Es sábado, se han despertado al alba y a la madre
se le ocurrió una hermosa idea: que todos fueran al mar. Suben al
auto y encuentran que los ladrones se han refugiado justamente
allí. Pero llega el auto de la policía, que los arresta, y todo termina
bien.
Había terminado, de este modo, el período de las angustias
psicóticas. Las sesiones cambiaron de atmósfera. Ahora yo soy
una señora que tiene una niña pequeña gravemente enferma. Ella
es el médico que me dice que para mi niña no se puede hacer
nada porque tiene una enfermedad en el corazón, y las
enfermedades del corazón no se curan. Luego me pregunta, de
improviso, si yo tengo un padre. Le contesto que se ha muerto.
Entonces me dice que también el padre de la niña está muerto. Ha
sido asesinado por los ladrones mientras defendía a la niña. Le
digo que entonces la niña tenía una enfermedad en el corazón
porque sufría mucho, y sufría porque se sentía culpable por la
muerte del papá. Y se sentía tan mala como para no merecer vivir,
y por esto no podía curarse.
Cuando Milena tuvo que ser sometida en París a la última
exploración quirúrgica, y se lo anuncié diciendo que los médicos
afirmaban que las cosas estaban yendo bien y que era posible que
se curara definitivamente, me contestó: "Ah, pero si yo me puedo
curar entonces alguien ha muerto".
La sesión inmediatamente sucesiva a la muerte del Prof. Giannotti
adquirió, de nuevo, características psicóticas. Entró a la sesión
diciendo: "Se creían que el monstruo estaba muerto, pero está
aquí, ha vuelto". Tomó un títere y comenzó a asustarme con él , a
mí y a todas sus muñecas, pero en mitad de la sesión me dijo:
"Rápido, llama a tu marido para que venga a ayudarnos a combatir
al monstruo". Y comenzó una lucha entre el monstruo y otro títere
que representaba a mi marido. Mi marido logró matar al monstruo,
que no volverá más en la sesión.
El juego que comienza entonces dramatiza la siguiente fantasía:
Ella y yo éramos dos señoras, cada una de las cuales tenía una
niña. Mi niña era una niña mala, sucia, fea y despreciativa. Era
mala porque se le había muerto el padre. Se llamaba Celestina. Su
niña, en cambio, de nombre Rosa, era bellísima, buena y amada
por todos. Tenía a su papá. De pronto sucede que a Celestina le
nace un "pitito" (pisellino), así que tiene, al mismo tiempo, la
"conchita" (passerina) y el pitito. El pitito le molesta, por lo cual se
lo debe tocar continuamente y caminar mirando para abajo. Ahora
nadie quiere a Celestina porque les da asco a todos. Celestina,
desesperada, va a pedirle ayuda a la mamá de Rosa. Rosa,
efectivamente, tiene sólo la conchita, es feliz y puede ir al parque
con Giuseppe y divertirse (Giuseppe es el sobrino de Milena, tres
meses mayor, y con el cual había dicho, durante las primeras
sesiones del Estudio Patobiográfico, que pensaba casarse).
Celestina, en cambio está siempre sola y rechazada por todos.
La mamá de Rosa le dice que no la puede ayudar, porque el pitito
le ha nacido por obra de una magia. Ha sido su propia madre
quien se lo ha hecho crecer, porque es una bruja y hace magias
malas. Y no se puede hacer nada contra la magia de la propia
madre. Luego, dado que los sufrimientos de Celestina son
verdaderamente muchos, deciden operarla para cortarle el pitito.
Pero cuando la están operando se dan cuenta que en la conchita
de Celestina están todos los niños del mundo, las cabecitas están
todas allí, aplastadas, y los niños están en riesgo de morir
sofocados. Así que, además del pitito deben cortarle también la
conchita, y todos los niños del mundo se salvan. En este punto
Milena abandona a Celestina, y no vuelve a referirse a ella.
Rosa, mientras tanto, se ha transformado en una estupenda
muchacha de 20 años y todos los muchachos la desean. Rosa
elige al muchacho más hermoso y quiere hacer el amor, pero llega
su padre, y echa al muchacho y manda a Rosa a dormir. Pero
Rosa, que ahora tiene 20 años, discute con el padre y le dice:
"andate vos, que sos viejo, yo soy grande y no te obedezco más".
Rosa va a lo de su muchacho y hacen el amor de este modo: "él la
besa, le acaricia las tetas, y después le mete un pie en la
conchita".
Actualmente, en setiembre de 1994, Milena está bien, está en fase de remisión
total de la enfermedad, que no parece haber dejado en su cuerpo signos locales ni
generales. Es una hermosa niña de cinco años, vital y creativa.
En una de las últimas sesiones dibuja al mundo como era antes de que ella
naciera, y se localiza en la panza de la madre. Luego se dibuja a sí misma bajo la
forma de un conejito; a la madre, al padre y a mí, ubicada entre sus padres y ella,
como si quisiera indicar de este modo la forma en que me utiliza para distanciarse
de ellos. En la extremidad izquierda de la hoja dibuja una serpiente, que
representa un elemento inquietante localizado ahora en el pasado, del lado del
padre y en el lado opuesto con respecto a sí misma. En su último dibujo representa
a la que imagina como mi familia, en la cual mi marido y yo tenemos dos niños, lo
cual puede ser interpretado como una renuncia temporaria a la fertilidad en mi
favor.
Marcelo y Milena expresaron, casi de una manera idéntica, que si Milena vive es
porque alguien ha muerto en su lugar, y, para Marcelo, quien ha muerto por ese
motivo es su padre. El equipo que atendía a Milena sintió, "especularmente", que
el Prof. Giannotti ha muerto en el lugar de Milena, y esta fantasía, que se ha hecho
conciente, impregna una parte del relato que la Dra. Del Pidio nos leyó esta
mañana. Esperaban que pudiera decirles algo que calmara su angustia. Yo me
preguntaba, mientras tanto, cuál podía ser el sostén inconciente de esa fantasía de
"contaminación" cancerosa, que comprometía la idea de un monstruo que exigía
de cualquier modo una víctima. No cabía duda que las fantasías hermafroditas e
incestuosas que habitan los estratos más reprimidos de nuestro inconciente y que
motivan las resistencias intensas para psicoanalizar a los enfermos de cáncer, se
habían movilizado, como es natural, bajo la forma de un sentimiento de culpa que
exige un castigo. Pero también era evidente, y así se los dije, que la enfermedad
del Prof. Giannotti (así como la del padre de la Dra. Del Pidio) era un desenlace de
su propia historia, y que de no existir Milena, en el vínculo con la cual confluyeron
los "puntos de urgencia" de ambas historias, se hubiera expresado, o realizado, en
algún otro vínculo.
La Dra. Del Pidio consignó en su informe, con sinceridad y lucidez conmovedoras,
observaciones acerca de las vicisitudes de la compleja contratransferencia vivida
por ella y el Prof. Giannotti durante el tratamiento de Milena. Esas palabras, que
incluyen el relato de alguno de sus propios sueños o de sus diálogos con él en las
difíciles circunstancias que ambos tuvieron que vivir, constituyen un ejemplo
enormemente conmovedor, en el cual se unen la autenticidad, la capacidad
intelectual, la honestidad, y la responsabilidad profesional, de un modo que no se
encuentra con frecuencia. Cuando lo escuchaba, esta mañana, no podía
sustraerme a mis propios recuerdos con el buen amigo, que hoy no estaba allí,
como otras, muchas veces. Y, lo que es peor aun, comprendía y me dolía su
profunda lucha con la enfermedad, que era también su lucha intelectual entre dos
maneras de comprender la interpretación psicoanalítica de los trastornos del
cuerpo. Una batalla desigual, porque en el rescate de esa y otras "Milenas" que no
quería abandonar, él no podía dejar de ver la presencia de un monstruo que
finalmente triunfaría.
Esos y otros pensamientos semejantes se apoderaban de mi mente, y al mismo
tiempo me llegaban las palabras con las cuales Fiorella Del Pidio terminaba su
informe: "Desde el momento en que se enfermó el Prof. Giannotti, el padre de
Milena no ha querido encontrarme más... esto me inquieta por las repercusiones
que podría tener en el tratamiento de Milena. Mientras tanto, en la sesión, ella
acuna su muñeca niña, la nutre con el biberón y la acuesta a dormir. Luego se
sienta sobre mi regazo y me canta dulcemente:
-ono tutte belle le mamme del mondo
quando un bambino strin$ono al cuore"
sono l.espressione di un bene profondo
fatto di $ioia" rinunce ed amore
(Son todas bellas las madres del mundo
cuando aprietan a un niño contra su corazón,
son la expresión de un bien profundo
hecho de alegría, renuncia y amor).
Veo lágrimas en los ojos de mis colegas, me doy cuenta que tengo un nudo en la
garganta... De pronto desfilan, en un relámpago, dentro de mí, todos los años de
lucha que relato en este libro3 y, frente a lo que ocurrió con Milena, un
pensamiento me atraviesa el alma: ha valido la pena.
Notas
1 El texto del presente capítulo fue publicado por, primera vez, como parte
del libro Un lugar para el encuentro entre medicina y psicoanálisis
(Chiozza, L. 1999a [199!".
2 #e alude a$uí a Un lugar para el encuentro entre medicina y psicoanálisis
(Chiozza, L. 1999a [199!".
Luis Chiozza
Un lunar inocente ...
0

El cirujano dejó caer en la cubeta el trozo de piel que había extirpado en la parte
posterior del brazo derecho... junto con el nuevo nódulo había quitado la cicatriz
del anterior... El informe anatomopatológico diría: "melanoma maligno metastásico
en tejido celular subcutáneo"... Qued aban muy pocas esperanzas... Tal vez uno,
de cada diez pacientes en estas condiciones, podría sobrevivir cinco años... tal vez
ninguno... si, como en este caso, el nódulo afecta a un miembro superior... Parece
mentira... Un hombre joven, inteligente, simpático, un arquitecto brillante... con
amigos que lo quieren y que preguntan por él... Un hombre que, por culpa de una
pequeña mancha obscura, pronto se va a morir...
Alberto estuvo siempre lleno de lunares. Recuerda que, ya hace mucho, a los doce
años, cuando su madre dejó el empleo de institutriz y él volvió a vivir con ella en la
casa de inquilinato, sus lunares se multiplicaron... allí se masturbaba apretándose
las tetillas hasta lastimarse y fantaseando que era hombre y mujer al mismo
tiempo... Ahora, cuando se acuesta con Ra quel, algunas veces, las que más goza,
todavía se aprieta las tetillas y le vuelven las mismas fantasías. Preferiría no
acordarse de esa época, que duró tanto tiempo... Ernesto, de quien su madre se
empeñaba en decir que era su padrastro, y que vivía en otra parte con otra mujer y
otros hijos, se instalaba en el único cuarto que tenían como si fuera el dueño... por
la noche los oía revolcarse en la cama... y luego, de día, le asustaba verlo con su
uniforme de gendarmería y el estuche negro en el cual guardaba la pi stola.
Pero eso fue al principio; después, cuando ya era grande y se salvó del servicio
militar por ser "hijo único de madre viuda", no era miedo, era una rabia sorda que
se convertía en tristeza, en fastidio, o en una permanente e indefinida
incomodidad... Mamá ya no trabajaba y, entre los dos, debían mantenerla; pero
Ernesto casi nunca traía su parte y el día quince se acababa la plata... La plata...
que nunca alcanzaba... y el fin de mes... ese período trágico que siempre volvía...
en que Tina "se enculaba" y había que encontrar a quién pedir prestado para
poder comer o viajar en colectivo.
Fue hace diez años, cuando se separó de Tina, que dos de sus lunares, el de la
espalda y el de la parte posterior del brazo, comenzaron a crecer. Su vida con ella
fue una pesadilla. Cuando se casaron estaba encantado por tener su casa y su
mujer... nunca, hasta entonces, se había acostado con ninguna... no le importaba
que casi todos sus compañeros de la oficina lo hubieran hecho con Tina antes que
él, o quizás... ¿por qué no?... el saberlo lo excitaba. Ni siquiera se dio cuenta de
que "era loca"... Tal vez porque no era tan diferente de mamá.
Fue por eso, porque casarse le pareció maravilloso, que dejó de psicoanalizarse
con Morente, después de esos tres años en que el tratamiento le otorgó la
esperanza de haber encontrado, por fin, el padre que nunca había tenido. Un
padre que no se muriera, como el suyo, enfermo de tuberculosis en una cama de
hospital, sin saber que mamá andaba con Ernesto... teniendo un hijo de ocho años
que tanto lo necesitaba, cuando, de noche, tenía miedo, aunque se metiera en la
cama con mamá... Pero papá había muerto... sin despedirse siquiera de su hijo, y
él, que se enfermó de asma, tuvo que quedarse con sus tíos, porque mamá, que
era modista, se empleó de institutriz en esa casa adonde fue a vivir...
Cuando Tina se embarazó y nació Enrique, el desorden y el desequilibrio eran lo
normal. Que ella se acost ara con otros hombres, y que se lo contara, no era
insoportable. Le dolía como siempre le había dolido el infortunio, casi con un cierto
placer, como duele un grano que se aprieta. Ìns oportables eran la falta de plata, el
desprecio, los reproches y el escándalo... La separación, difícil, caótica,
interminable, llegó cuando entre ambos sólo quedaba la locura y un Enrique con el
cual no se sabía qué hacer.
Por suerte estaba el trabajo, los amigos, y, otra vez, Morente. Más tarde se
presentó Raquel y, cuando se fue (¿o se escapó?) con ella a la provincia, fue el
mismo Morente, que mientras tanto lo había curado del asma, quién le recomendó
al psicoanalista. Allí nació y creció Adriana, allí el problema terrible de la plata
quedó atrás. Allí, hace tres años, cuando Raquel quedó otra vez embarazada,
cuando compraron la casa en la cual podría, por fin, poner sus libros en orden, los
lunares que le habían crecido en la espalda y en el brazo empezaron a picarle y a
sangrar.
¿Por qué esperó dos años? Dos años en los cuales a veces se arrancaba la
costrita. Dos años en los cuales sabía que era necesario consultar. Por fin
comenzó todo; la primera operación, insuficiente, la biopsia, el viaje a Buenos
Aires. La consulta a Morente y al equipo que le recomendó. El Estudio... que lo
obligó a atar cabos entre tantos recuerdos de su vida... La nueva operación, el
injerto de piel sana en la herida (¿tan grande?) donde antes habían estado los
lunares... El miedo nuevo y desconocido, el miedo, en serio, de morir... y la eterna
pregunta... ¿por qué?
Y así, entre aturdido y conmovido, pudo volver... con la herida, todavía fresca, que
le daba vergüenza, lo humillaba y le dolía... se había cortado por lo sano... las
chances eran buenas...
Todo marchó perfectamente. Todo marchó perfectamente hasta hace un mes...
tres meses atrás hubo un pequeño nódulo, insignificante, en la parte interna del
brazo... y fue mejor sacarlo. El segundo apareció, a escasos centímetros de la
antigua cicatriz, hace ya casi un mes.
Mañana será la operación... Parece mentira... Le hubiera gustado decir que
Enriquito, que tiene 16 años, es ya casi un hombre... como le gustaría estar seguro
de que se arreglará sin él... pero Tina está loca... Hace unos cuantos meses, un
poco más de tres, cuando Enrique volvía de sus vacaciones con ella... parecía
borracho, pero no había tomado... En la guardia, por suerte, consiguieron que
vomitara las pastillas... porque Enrique había dicho... porque Enriquito dijo que...
que no quería vivir... dijo que quería ser mujer... que se había entregado a un
muchacho... y que le había gustado... y mientras lloraba, y se abrazaba muy
fuerte... rodeaba con sus brazos la espalda de Al berto, y apretaba con una de sus
manos justo en la cicatriz...

La se(uali!a!
Freud sostuvo que la excitación sexual no aparece en la pubertad, sino que ya se
manifiesta en la infancia. El rechazo intenso y generalizado que esta afirmación
produjo impidió que fuera comprendido el verdadero sentido de sus ideas acerca
de la sexualidad.
Freud sostenía que cada órgano produce durante su funcionamiento una cuota de
excitación, cuya acumulación, más allá de un cierto límite, es displacentera, y cuya
descarga puede producir placer. La afirmación, sorprendente, de que este placer
es de naturaleza sexual, surgía del conjunto de sus observaciones clínicas como
un principio que, en su esencia, podemos resumir así: La actividad genital puede
descargar la excitación generada en otros órganos y, recíprocamente, cualquiera
de los órganos del cuerpo puede, en determinadas condiciones, descargar,
mediante su funcionamiento, la excitación que se origina en los órganos genitales.
Se trata, pues, para Freud, de una misma excitación, la libido, transferible de un
órgano a otro. Las diferencias cualitativas en la naturaleza del placer están
determinadas por las cualidades de los distintos órganos "elegidos" para la
descarga. A partir de este punto surge la posibilidad de comprender teóricamente
por qué razón los distintos trastornos corporales llevan i mplícitas distintas
fantasías inconscientes que son específicas de cada uno de ellos (Chiozza, L.
1998e [1976]).
Durante el crecimiento y el desarrollo del individuo humano, que culmina luego de
la pubertad, su sexualidad evoluciona hacia un predominio genital, recorriendo
distintas etapas. En cada una de ellas un órgano disti nto, entrando en "primacía"
como zona erógena, determina la modalidad predominante de la descarga
libidinosa.
Desde este punto de vista, que es médico antes que moral, las perversi ones de la
sexualidad corresponden al predominio, durante la vida adulta, de una etapa
pregenital, infantil, que no ha sido superada. Pero la perversión no siempre se
actualiza en la conducta. Durante el desarrollo los traumas infantiles dejan en cada
uno de nosotros distintas disposiciones o "preferencias" pregenitales, que
permanecen latentes o que se satisfacen parcialmente, incluidas en las actividades
sexuales de los estadios sucesivos. El psicoanálisis las denomina "fijaciones".
Cuando ocurre un fracaso en el ejercicio de la sexualidad correspondiente al
período de desarrollo alcanzado, solemos "regresar" a las formas de satisfacción
pertenecientes a la etapa en la cual hemos quedado "fijados".
La sexualidad propia de las funciones orgánicas que mantienen la vida, no sólo
toma por objeto a las personas del entorno que contribuyen a la realización de
esas funciones, sino que también, y en primer lugar, es c apaz de satisfacerse,
autoeróticamente, sobre distintas partes del mismo cuerpo que la origina. Cuando
las distintas partes que son objeto de la satisfacción autoerótica se integran en la
imagen corporal de uno mismo, aparece, como un componente normal del
desarrollo, el narcisismo.
El esquema que, acerca de la sexualidad, hemos trazado, quedaría incompleto si
omitiéramos señalar que el dolor y los impulsos destructivos no intervienen
solamente en la génesis de la angustia, sino que pueden aportar sus propios
componentes a la excitación, generando tendencias sádicas o masoquistas.

Una concepción psicoanaltica !el c&ncer
Desde hace algunos años trabajamos en la interpretación psicoanalítica del cáncer
(Chiozza, L. 1984b [1967], 1970i [1967÷1969] 2; Chiozza, L. y colab. 1978a
[1977]), lo cual nos ha llevado a establecer algunas conclusiones que intentaremos
resumir aquí.
Si tenemos en cuenta que una de cada cuatro personas muere como
consecuencia de un cáncer, y que se admite que la desviación neoplásica de
células aisladas ocurre de manera continua sin que, en la mayoría de las veces,
llegue a constituir una enfermedad cancerosa, podemos suponer que existe una
primera condición para enfermar de cáncer que todos compartimos en alguna
medida.
Esa primera condición, expresada en el lenguaje que utilizamos los psi coanalistas,
consiste en una fijación a un período prenatal de la evolución libidinosa, que
corresponde al desarrollo embrionario 3. Todos los seres humanos
experimentamos fijaciones que permanecen como deseos inconcientes,
insatisfechos y reprimidos, y que configuran de este modo disposiciones latentes.
La "cuota" de fijación embrionaria que constituye la precondición cancerosa, puede
concebirse como un deseo "narcisista" prenatal que no se integra con el desarrollo
que emprende el resto de la personalidad hacia los estadios sucesivos, y
permanece, por lo tanto, completamente ajeno a la conciencia.
La segunda condición necesaria para la aparición de un cáncer consiste en un
fracaso, actual, de la gratificación libidinosa correspondiente a los úl timos estadios
de la evolución que la sexualidad ha alcanzado en una determinada persona.
Especialmente en aquellos que, para esa persona, son los más eficaces,
"económicamente", y constituyen su modo habitual de descargar la libido. A partir
de esa frustración se condiciona una regresión que incrementa la energía pulsional
contenida en la fijación narcisista e mbrionaria, "reactivando" las fantasías que ese
núcleo inconciente "contiene".
La observación clínica muestra que esta segunda condición, necesaria para la
aparición de un cáncer, suele presentarse bajo la forma de un duelo importante,
provocado por la pérdida de alguna persona, o situación, significativa.
La tercera condición necesaria consiste en la imposibilidad de descargar, en
sentido progresivo, es decir, a través de cualquier otro de los estadios posteriores
de la evolución libidinosa, la excitación generada en la fijación embrionaria.
La etapa que sigue inmediatamente, en sentido progresivo, a la fijación narcisista,
surge de la relación de objeto endogámica que el niño establece con su madre y
excita los deseos incestuosos que determinan el Complejo de Edipo. Por este
motivo, el fracaso en la descarga "progresiva" que constituye la tercera condición
necesaria para la aparición de un cáncer, surge, la mayoría de las veces, como un
fracaso en la descarga de la excitación incestuosa, excitación que, en situaciones
normales, se satisface con los objetos consanguíneos en forma sublimada o
coartando y substituyendo su finalidad genital.
Entre las teorías que surgen de la investigación en el terreno denominado
psiquismo, no encontramos otra que nos permita explicar las características que
diferencian el cáncer de cualquier otra enfermedad somática. Es decir: un
crecimiento celular ilimitado e invasor, que no se conforma al plan de los órganos y
tejidos diferenciados que constituyen al individuo pluricelular, jerárquicamente
estructurado, en el cual el cáncer aparece.
Las observaciones realizadas han consolidado progresivamente la convicción que
nos despierta esta teoría y nos han permitido encontrar repetidamente, en el
momento de la vida de los pacientes en que la enfermedad cancerosa se
desencadena, un tipo particular de fracaso. Se trata, como dijimos antes, de un
fracaso constituido por la pérdida de la satisfacción de los deseos inconcientes
correspondientes a un vínculo incestuoso, detrás del cual se oculta una excitación
hermafrodita, satisfacción hasta entonces obtenida, casi siempre, mediante la
substitución de los fines directos, pero no de los objetos consanguíneos.
Este tipo de fracaso rara vez está ausente entre los enfermos de cáncer; sin
embargo dicha ausencia no es incompatible con la teoría que planteamos. Como
acabamos de ver, esta teoría concibe otras maneras de alcanzar la regresión y la
reactivación narcisista necesarias para la aparición del cáncer.
En los últimos años, nuestro interés por la investigación metahistórica fue
cubriendo de carne nuestro esqueleto teórico metapsicológico, y nos condujo hacia
una práctica psicoterapéutica que, en el trato con el paciente, fue abandonando la
jerga de nuestra especialidad, para expresarse cada vez mejor en el lenguaje de la
vida. En este lenguaje podemos decir que la forma patológica del narcisismo
esconde una íntima traición del amor a sí mismo (Chiozza, L. 1995$ [1983]). Es
soledad, incomunicación, aislamiento, desinterés en los otros, falta de participación
en la comunidad, falta de curiosidad en la vida. Una pérdida del entusiasmo y del
significado de los actos del vivir, que desemboca en la hipocondría, en el temor a
la ruina en el terreno de la salud o del dinero, en el tedio, o en el sentimiento de
vacuidad y de fracaso 4.
La posibilidad de instaurar, a través de la "respuesta" orgánica de estos enfermos,
un diálogo similar al que estamos habituados a contemplar en la psicoterapia de
los pacientes neuróticos, dependerá del progreso alcanzado por nuestro
conocimiento metahistórico de la temática cancerosa.
El c&ncer !e -l#erto
La relación existente entre las enfermedades de la piel y los problemas afectivos
de la infancia vinculados a las dificultades, o a la carencia, del contacto, es
ampliamente conocida. En el caso de Alberto, cuya relación con su madre, que no
lo amamantó, fue muy conflictiva desde la más tierna infancia, no es inverosímil
suponer que haya existido esa carencia de contacto.
Aunque el comienzo de su pubertad permite ofrecer una explicación endocrina a la
multiplicación de sus lunares (George y Jeff, 1958), que ocurre en esa época, su
coincidencia con el clima promiscuo y excitante, que experimenta durmiendo en la
misma habitación con la madre y el amante, es significativa.
Podemos comprender que en el clima de celos y promiscuidad en el cual vivía con
su primera esposa, satisfacía el mismo tipo de excitación que lo conducía a
apretarse las tetillas fantaseando que era hombre y mujer al mismo tiempo. Estas
fantasías no eran en realidad homosexuales, sino que correspondían a una
excitación "indiferenciada", narcisista, bisexual y "hermafrodita", que no cesaba
nunca. En la época que culmina con su separación, a los treinta y dos años de
edad, ocurre que algunos de sus lunares crecen.
Con su segundo casamiento el desorden, paulatinamente, queda atrás. Queda
atrás la promiscuidad que daba salida a la excitación bisexual y enloquecedora,
detenida en su desarrollo hacia la sexualidad adulta; excitación representada en la
promiscuidad de la madre con su amante, y de su primera mujer, infiel. Se va
configurando una nueva familia, más normal. Su esposa se embaraza
nuevamente. Su situación económica se estabiliza. Compra una casa, y en ella
aparece el orden. Era típico de su vida anterior que sus libros se esparcieran,
caóticamente, por el suelo. En su nueva casa conforman una biblioteca ordenada.
Este es el momento del cáncer. Su excitación "loca", desordenada, no encuentra
ya satisfacción en su vida. Sí la encuentra en un conjunto de células que crecen
liberándose del resto. Su hija, y el acercamiento con ella, parecían reactivar su
clima infantil de excitación incestuosa, caracterizado por la falta de límites. Se
encuentra en el punto donde los caminos se abren. Ya no puede volver a ese
clima. Tampoco le es posible olvidar, derivar los impulsos de esta excitación
integrándolos en rendimientos más sanos. "Hace" el cáncer. En él encuentra
satisfacción esa fuerza arrolladora que no tiene otro camino.
Casi un año después, en el contacto con la excitación homosexual, y por lo tanto
narcisista, de su hijo, se le vuelve a reactivar, junto con intensos sentimientos de
culpa, su "viejo drama" de excitación bisexual, indiferenciada. Poco tiempo
después, en un lugar donde debe haber entrado en contacto con su hijo durante el
abrazo traumático, aparecen los nódulos que corresponden a las metástasis del
melanoma extirpado. Sus células metastásicas representan adecuadamente el
remanente de excitación narcisista. Así, dentro de una fantasía hermafrodita, niega
de manera omnipotente sus sentimientos de pérdida y abandono, reiterados ahora
en la relación con su hijo.
1Por qu2 un melanoma3
En cuanto al "¿por qué un melanoma?", como tipo particular de cáncer, es poco
todavía lo que podemos decir 5.
Existe una línea que vincula la pigmentación (melanina) con el ciclo luz÷oscuridad
y con la sexualidad. La palabra "lunar", que se utiliza para designar al nevo
pigmentario, deriva de "luna", que en su origen etimológico significa "luminosa". La
pigmentación melánica de la piel es estimulada por la luz solar. La glándula pineal,
estimulada por la oscuridad, segrega melatonina, la cual, si bien en los peces y
anfibios actúa antagónicamente con la hormona melanocitoestimulante hipofisaria,
en el hombre y demás mamíferos actúa como inhibitoria de la secreción
gonadotrófica hipofisaria. La sexualidad excita el sistema melanocitoestimulante, y
la contemplación de los lunares, a su vez, produce un efecto excitante de la
sexualidad. Algunas mujeres se pintan artificialmente lunares, y otras se visten con
tules, o medias, con espesamientos de la trama que los remedan. En condiciones
normales se observa, además, hiperpigmentación en las zonas de la piel
especialmente vinculadas al ejercicio de la sexualidad.
-ntece!entes
-#ril !e 0456: Fecha de la primera consulta. Presenta en todo el cuerpo un
centenar de nevus pigmentarios de tamaño variable. Le acaban de extirpar dos
nódulos, uno en región posterior del brazo derecho y el otro del mismo lado en el
dorso del tórax. De acuerdo con la biopsia realizada se trataba de melanomas
melanóticos. El anatomopatólogo 6 que examina en Buenos Aires los preparados
histológicos que trajo de la provincia en la cual reside, informa melanomas
malignos invasores. Los niveles de infiltración histológica en profundidad
corresponden, respectivamente, para los tumores del dorso y brazo, a los grados 3
y 4 de Clark. Aproximadamente la mitad de estos pacientes sobreviven cinco años
con tratamiento adecuado 7. La extirpación había sido completa pero con escaso
margen de seguridad. Aconseja extirpar ahora hasta aproximadamente 3 cm de la
herida anterior y completar con vaciamiento de los ganglios axilares.
7unio !e 0456: El Estudio Patobiográfico confirma la intensidad del i mpulso
bisexual, hermafrodita, indiferenciado y narcisista, que explica la eficacia
específica del momento vital en el cual "hace" el cáncer. Su excitación regresiva ya
no encuentra lugar en el nuevo sesgo que ha adquirido su vida. La intervención
psicoterapéutica no consiguió actuar más allá de las resignificaciones secundarias
postnatales homosexuales vinculadas a sus mecanismos de idealización, las
actitudes pregenitales sadomasoqui stas y los problemas ligados a las dificultades
con la identificación masculina.
El paciente fue intervenido quirúrgicamente. El informe anatomopatológico 8
señala adenopatías con linfadenitis retículo÷hiperplásica. Se prescribe tratamiento
con BCG y levamizol tendiente a estimular el sistema inmunitario.
8e#rero !e 0459: Aparece un pequeño nódulo en la parte interna del brazo
derecho. Se le extirpa, en su lugar de residencia, en el mes de marzo. En mayo le
aparece otro nódulo cercano al lugar en que se encontraba el anterior. El primer
Estudio Patobiográfico pudo seguramente consolidar y reforzar los aspectos más
"ordenados" de su vida y conducirlo hacia la iniciación de un nuevo tratamiento
psicoanalítico, pero no pudo protegerlo del desarrollo de una nueva formación
cancerosa. El tipo de relación transferencial que el paciente mantuvo con nuestro
Centro 9 le permitió consultarnos nuevamente con motivo de sus nódulos
metastásicos.
La aparición del segundo nódulo, un mes más tarde de la aparición del primero,
permite suponer que la cirugía, que, como cualquier otro evento biográfico, posee
siempre un efecto sobre la fantasía inconciente, no modificó la situación de base.
7unio !e 0459: El cirujano al cual lo enviamos extirpa, en losan$e, el nuevo nódulo
y la cicatriz del anterior. El anatomopatólogo informa melanoma metastásico en
tejido celular subcutáneo. Según la clasificación T.N.M., tratándose de un nódulo
alejado más de dos centímetros del tumor original, debe interpretarse como
metástasis linfática en tránsito (Koliren y otros, 1978). Los oncólogos consultados
(J. Chacón y R. Estévez) siguen dando validez de actualidad a las cifras
publicadas por Knutson, Horn y Sprapp en 1971 (Knutson y otros, 1971), quienes,
de acuerdo con el criterio general, consideran importante distinguir entre las
diferentes zonas de radicación de la neoplasia. La evaluación estadística de
cuarenta y dos recurrencias de este tipo tratadas quirúrgicamente muestra que a
los dos años han muerto los cuatro enfermos cuya lesión se hallaba localizada en
un miembro superior. Cuatro enfermos sobrevivieron cinco años, es decir, algo
menos de un diez por ciento del total.
El segundo Estudio Patobiográfico inmediatamente posterior a su intervención
quirúrgica muestra que el contacto con la excitación homosexual, es decir,
narcisista, de su hijo mayor, reactiva su propia excitación bisexual, indiferenciada,
que durante casi un año se mantuvo somáticamente asintomática. Alberto dice,
refiriéndose a Raquel: "... me satisface la parte sexual con ella... pero debe haber
otra que no me satisface. Esta la satisfago con la masturbación", "... gozo
pensando en lo que yo, idealmente, le hago a la mujer, pero también en lo que la
mujer siente...".
Eplogo
Marzo !e 045:: Sabemos, indirectamente, que le ha sido extirpado un lunar
sospechoso, y que su examen anatomopatológico mostró que se trataba de un
proceso benigno. Nuestra intervención terapéutica durante el segundo Estudio
Patobiográfico pudo centrarse en los contenidos más precoces de su excitación
narcisista y, desde entonces, el paciente ha evitado reanudar su contacto con
nosotros.
Las últimas noticias que recibimos acerca del paciente se refieren a siete años
después de la operación de sus metástasis. Hasta entonces vive sin nuevas
manifestaciones de cáncer. Uno de cada cuatrocientos casos, entre todos los
melanomas, aun en condiciones avanzadas, remiten en forma espontánea (Koliren
y otros, 1978). En opinión del anatomopatólogo 10 es posible considerar a nuestro
enfermo "curado". ¿Azar o acción terapéutica? Nuevas experiencias lo dirán poco
a poco. Mientras tanto la estadística, sujeta a su extraña y eterna condena de tarea
contable, no puede hacer más que computarlo como si se tratara de un suceso
fortuito entre casos aleatorios equiposibles.
Notas
1 El presente capítulo se basa en un traba%o anterior, realizado sobre el mismo paciente, con
la colaboraci&n de los doctores #. 'izenber(, C. Califano, '. )onzi, *. +rus, E. ,bstfeld, -.
-. #ainz . -. C. #capusio. )ue publicado por primera vez en ¿Por qué enfermamos?
(Chiozza, L. 199/a [1901!".
2 Capítulo 23 del presente libro.
3 La primera condici&n para enfermar de c4ncer, expresada en t5rminos oncol&(icos
habituales, correspondería a lo $ue se caracteriza como predisposici&n (en5tica hereditaria.
4 6emos observado frecuentemente $ue las circunstancias vitales en las cuales aparece un
c4ncer, conf i(uran crisis 7bio(r4ficas7 $ue se caracterizan por la p5rdida de una situaci&n
en la cual satisfacía su capacidad productiva o creativa, a menudo vinculada a una
influencia importante sobre las personas del entorno.
5 El melanoma, $ue representa entre el 1 . el 8 por ciento de los c4nceres humanos, es el
c4ncer de los melanocitos. Estos derivan de la cresta neural . aparecen en la epidermis
aproximadamente al tercer mes de vida intrauterina (Lerner, 19/1". ' diferencia de los
$ueratinocitos, carecen de desmosomas. #e postula $ue este hecho favorece la conducta de
los melanocitos atípicos $ue, al ad$uirir caracteres embrionarios, mi(ran f4cilmente de la
epidermis, ocasionando met4stasis precoces ('bulafia, -., 19/9, comunicaci&n personal"
6 9r. -. 'bulafia.
7 El pron&stico de la enfermedad depende de varios factores: variedad clínica, tama;o
tumoral, espesor (niveles de infiltraci&n histol&(ica en profundidad de Clar<", compromiso
(an(lionar . cuantificaci&n . tipo de las met4stasis (Clasificaci&n =.>.?. de la ,.?.#."
(@oliren . otros, 19/0".
8 9r. -. 'bulafia.
9 Centro Aeizsaec<er de Consulta ?5dica.
10 9r. -. 'bulafia.
Luis Chiozza
La sangre tira ...
0
Cuando le dijeron que era leucemia sólo había pensado eso, que era una
solución... y ahora se preguntaba... por qué su vida había llegado,
insensiblemente, a un punto muerto... No se hacía falsas ilusiones... Sonia se daba
cuenta de que todos aquellos que sabían de su enfermedad se p onían incómodos
cada vez que hablaba de temas que tuvieran que ver con el futuro. La cara de
Olga, cuando le trajo la noticia, ya lo decía todo... a pesar de que sus palabras, en
un tono forzadamente optimista, hablaban de las buenas posibilidades que ofrecía
el tratamiento...
Tenía 47 años, pero sabía que representaba menos, que su rostro era agradable y
atractivo, y que su presencia no era indiferente a los hombres que pudiera haber
alrededor. Era sensata y lúcida, se sentía inteligente... ¿cómo habían llegado las
cosas a este punto?...
Jorge y Daniel ya estaban grandes, entraban y salían de la casa siempre metidos
en sus propios asuntos... en realidad no la necesitaban... Ernesto era un buen
marido, un Rozenbaum, trabajador y recto... pero ahora, que el padre se había
convertido en un inútil, se sentía perdido... y sus negocios, que eran los del padre,
iban muy mal.
Todo empezó hace un año, aunque no fue de golpe. Se había sentido cansada,
extremadamente cansada, y lo único que le encontraron fue una "discreta"
anemia... anemia y depresión. Si no hubiera sido por los mareos, que, en estas
últimas semanas, le paralizaron la vida, no se habría descubierto la leucemia... Y
bueno... algo tenía que pasar...
Nunca se había sentido enamorada... Cuando se casó, a los 25 años, papá y
mamá se iban a Ìtalia con Bernardo... porque aquí, en los diez años que
estuvieron, los negocios nunca fueron bien.
En Checoslovaquia, cuando ella tenía 12 años, papá era un hombre importante, y
vivían sin problemas de dinero, felices... a pesar de Bernardo y de mamá. Mamá
no lo quería... siempre salió con otros hombres... pero papá era un Cobo, era
fuerte, y allí lo respetaban... Bernardo, en cambio, siempre fue un cabeza hueca,
no parecía hijo de papá... Pobre papá... al principio pudo defenderse del nazismo,
luego no hubo más remedio que escapar... y aquí, en Porto Alegre, por más que lo
intentara, nunca pudo volver a resurgir.
Nunca se había sentido enamorada... pero en Venezuela, adonde Ernesto fue con
un contrato, la vida tenía otro color... Los hijos eran chicos... traían sus disgustos,
pero las cosas iban bien. Podía ganar su propio dinero, y ayudar a papá, que, allá
en Ìtalia, de nuevo fracasaba, sintiéndose un judío desterrado, con menos
esperanzas cada vez. Si no hubiera sido porque Ernesto, que había perdido su
trabajo, quería ocupar un lugar en los negocios de su familia, jamás habrían vuelto.
Nunca se había sentido una Rozenbaum, como ellos, como la familia de Ernesto,
que aquí, en Porto Alegre, formaba un verdadero clan... un clan que la trataba
como a una máquina para producir más Rozenbaums... ¡a ella!... que se sentía
Cobo en cuerpo y alma.
Cuando, hace un año, mamá escribió desde Ìtalia, para decir que papá estaba
inválido y había perdido el habla, que había que internarlo, que ya no podía más
con él, no lo pensó dos veces, sacó un pasaje y se fue...
Verlo fue casi insoportable... un Cobo derrotado, en una casa que ya no era la
suya; en una casa que Toti, alemana y católica, manejaba a su antojo, como lo
hacía con Bernardo, desde que se casó con él.
Pobre papá... balbuceante... con la mirada perdida en el vacío... Ya no fue capaz
de saber que su querida Sonia, la " niña de sus ojos", la que se sentaba en sus
rodillas para escuchar fascinada las historias de la raza heroica, era la que estaba
allí... Todo empezó hace un año...

El sistema inmunitario ' la $unción lin$ocitaria
La biología utiliza el término inmunidad para referirse a la condición en virtud de la
cual un organismo se manifiesta refractario a contraer una determinada
enfermedad. La inmunidad es el producto de un proceso que se ejerce a través de
funciones celulares y humorales. Estas funciones, que conforman al sistema
inmunitario, llevan implícita la posibilidad de reconocer lo "propio", diferenciándolo
de lo "ajeno", posibilidad que depende, a su vez, de la existencia de una memoria.
Se ha descubierto, hace muy pocos años, que los linfocitos conservan ese tipo de
memoria. Cuando son estimulados regresan a su condición de linfoblastos y se
reproducen, formando progenies o clones. Cada clon guarda una información
inmunitaria particular, la misma para todo el clon, que proviene de su linfocito de
origen. A partir de esa información se produce el reconocimiento específico
necesario para que los mecanismos de ataque y destrucción de la sustancia
"extraña" se pongan en acción.
El sistema inmunitario no puede reaccionar frente a una molécula que desconoce
totalmente. Por este motivo las prótesis de siliconas, por ejemplo, no
desencadenan reacciones de rechazo. Durante la vida embrionario÷fetal se
produce una selección clonal en virtud de la cual, algunas, e ntre todas las
configuraciones moleculares reconocidas, son toleradas y pasan a constituir la
identidad del individuo, mientras que las demás son reprimidas o prohibidas. Así se
establece la diferenciación entre lo propio y lo ajeno. Lo ajeno, o extraño, no es
pues, desconocido, es algo "familiar" que ha sido reprimido.
El concepto que utiliza Jerne (1975) para definir lo extraño al organismo, se basa
en la idea de que se trata de moléculas que son reconocidas porque su estructura
constitutiva coincide con información contenida en la pluripotencialidad de los
genes y ha sido "reprimida" durante el desarrollo unilateral de determinados
clones, que constituyen la identidad genética del sujeto.
Encontramos una notable y esclarecedora coincidencia entre este concepto y el
concepto psicoanalítico de lo "siniestro" elaborado por Freud. Como la voz
alemana unheimliche (no familiar), que se traduce por "siniestro", lo demuestra,
"siniestro" es aquello familiar que es experimentado como no familiar. Los motivos
de esta transformación residen, nuevamente, en el fenómeno de represión y,
especialmente, en la cisura represiva intensa que separa lo postnatal de lo
intrauterino.
Podemos encontrar, en la psicopatología, un ejemplo conocido de esta vivencia de
lo siniestro, cuando un enfermo que sufre un fenómeno de extrañamiento se mira
en el espejo y ve su cara, familiar, en vértices y ángulos que le despiertan un
sentimiento de extrañeza. Podemos añadir que, cuando un bebe "extraña" a la
mamá, en el sentido de que no la en cuentra ("reconoce") y desea su presencia, se
halla ante una vivencia similar. Este fenómeno trasciende, por lo tanto,
cotidianamente, los límites de la psicopatología, y se presenta con mayor
frecuencia en aquellas personalidades que gozan de una cierta permeabilidad
frente a lo inconciente.
No es de extrañar entonces que, sobre esta base, se fundamente la peculiaridad
del fenómeno artístico, hasta el punto que podríamos atrevernos a decir que,
quizás, lo esencial del arte resida en la capacidad de presentarnos lo familiar en
modos y maneras no familiares que poseen la facultad de conmovernos.
Tal como lo sostiene Jerne, la función inmunitaria no se asemeja al modelo de una
reacción entre dos términos, sino al de una compleja red, en la cual el reconocedor
(anticuerpo) es a su vez reconocido (antígeno) y puede dejar de ser tolerado. De
este modo lo propio puede transformarse en ajeno y ser atacado,
desencadenándose entonces lo que se conoce como una reacción
autoinmunitaria.
La existencia de todo organismo, que implica co÷existencia armónica y
jerarquizada de "individuos" más elementales, depende del fenómeno llamado
tolerancia. Contrariamente a lo que suele creerse con respecto a las
organizaciones sociales, la tolerancia no comienza por ejercerse "desde arriba
hacia abajo", sino al revés. De acuerdo con el proceso de selección clonal, la
tolerancia primitiva, aquella a partir de la cual la organización se constituye, es la
que el conjunto de individualidades elementales mantiene hacia un clon, el cual, en
virtud de esa tolerancia, pasa a ser el fundamento de un individuo más complejo.
La idea de que cada individuo posee un mapa genético completo de cuanta
molécula o forma de organización haya ensayado la vida, y de que la evolución
biológica de los organismos y de las formas vitales se parece más al producto de
un plan creativo que a la consecuencia de una lucha selectiva, adquiere un
consenso científico cada vez mayor (Ruyer, 1974; Thomas, 1974; Charon, 1977;
Rattray Taylor, 1982; Hoyle, 1983). De acuerdo con ella los conceptos de represión
de genes, selección clonal, tolerancia, inhibición o defensa inmunitarias, deberían
quedar desprovistos de su connotación "militar" para poder revalorizar, de este
modo, su carácter de participación armoniosa en el concierto general de la vida.
En términos muy esquemáticos, la tolerancia de los individuos elementales hacia el
clon organizador debe acompañarse de una intolerancia complementaria del clon
organizador hacia los organismos elementales. Si falla esta "intolerancia" "desde
arriba hacia abajo", nos encontraríamos con enfermedades como la infección o el
cáncer. Si, en cambio, falla la tolerancia "desde abajo hacia arriba", nos
encontraríamos con los trastornos que denominamos autoinmunitarios.
La a!quisición !e la i!enti!a!
El psicoanálisis utiliza el término identidad para referirse al resultado psíquico de
un proceso por el cual nos constituimos en diferentes entre nuestros similares. Una
identidad bien establecida se acompaña generalmente de la capacidad de
reconocerse en la peculiaridad de su propia forma.
La identidad es el producto de una particular combinatoria de identificaciones.
Llamamos identificaciones a las características que el sujeto adquiere mediante un
proceso de "copia" o duplicación.
La identificación que ocurre con los padres de la "historia" personal, o con sus
representantes posteriores, es secundaria o indirecta con respecto a la que se
realiza con ambos padres de la "prehistoria". Utilizamos el término "prehistoria"
para referirnos a un período del desarrollo individual que antecede a la posibilidad
de "recordar mediante la palabra". Este período incluye la adquisición primaria o
directa, prenatal, de los "arquipadres heredados", anterior a la que ocurre cuando
se los "reencuentra" en las personas de la realidad que llamamos "exterior".
V. Laborde (1974a, 1974b) ha investigado las fantasías específicas del timo, lo
cual lo condujo a ocuparse de los procesos inmunitarios y a sostener que estos
procesos aparecen como representantes inconcientes del establecimiento de la
identidad a partir de su función de discriminar entre lo propio y lo ajeno. Analiza la
relación existente entre el timo y la noción de "self". Subraya que no debe ser
casual el hecho de que, para referirse a uno mismo, dirijamos la mano hacia el
lugar del pecho que aloja la glándula tímica. Continúa sus desarrollos ocupándose
de la relación existente entre los linfocitos T (que maduran bajo la influencia del
timo) y la "memoria" de aquello que debe considerarse "propio". Describe de este
modo, a través del análisis de la palabra "intimidad", las relaciones entre la
identidad y lo "íntimo". Esto último le permite también introducirse en interesantes
consideraciones acerca de la timidez como un rasgo esencial del carácter tímico, y
sus vinculaciones con la vergüenza y el orgullo despectivo.

Esquema para una interpretación psicoanaltica !e la leucemia lin$o #l&stica
Durante la vida embrionario÷fetal coexisten distintos clones o familias lin focíticas
sin ningún género de incompatibilidad, pero, más adelante, una determinada
selección clonal configura la identidad del individuo, mientras que las demás son
reprimidas.
No es de extrañar, por lo tanto, que el sistema linfocitario sea especialmente
adecuado para arrogarse la representación simbólica 2 de los procesos por los
cuales se establece la identidad más precoz, precisamente aquella que se logra
mediante la identificación primaria y se relaciona más íntimamente con un tipo de
identidad "familiar" asociada a la idea de ance stro y de clan.
Si el sistema linfocitario normal actúa en salvaguarda de la identidad de un
individuo, su proliferación atípica podría representar una defensa exagerada frente
a una vivencia de pérdida. Es posible suponer que el nódulo central de la fantasía
inconciente leucémica linfoidea encierre un temor insoportable a perder la
identidad establecida mediante la identificación primaria.
El peligro que surge en los enfermos de leucemia por la disminución del número de
plaquetas y neutrófilos (hemorragias e infecciones que pueden llevar a la muerte)
podría representar la fantasía de desangrarse y contaminarse en una especie de
"simbiosis" destructiva, simbiosis que es vivenciada como una forma de "fidelidad"
a la antigua identidad, que se está a punto de perder.
Algunos tratamientos instituidos para la leucemia, en especial la radioterapia
encefálica, parecen representar una dramática oferta de salvación, que consiste en
destruir o "matar" todo lo que tiene que ver con la identidad.
En la fantasía específica de la leucemia linfoblástica encontramos, en realidad, la
combinación de dos "series" de fantasías inconcientes. Las fanta sías específicas
linfocitarias y tímicas, y las fantasías en virtud de las cuales la leucemia
linfoblástica es catalogada entre las proliferaciones cancerosas, fantasías que
hemos descripto en el capítulo anterior. Es posible suponer que la fantasía
específica de cada leucemia surja de una combinación semejante entre las
fantasías inherentes al cáncer y las que corresponden a cada una de las distintas
clases de glóbulos blancos.

Cómo "onia pro!u;o una leucemia
Sonia y papá eran "de la misma sangre", eran "Cobo", a diferencia de Bernardo,
"un cabeza hueca", y de mamá. Sonia se sentía "Sonia÷Papá Cobo". Si hubiera
completado exitosamente su diferenciación individual, habría llegado a sentir que
ella, Sonia Cobo, era una mezcla "No Bernardo" de "Papá Cobo" y "Mamá Levi".
Pero habría debido enfrentar la vivencia de ser una "Sonia Cobo No Papá".
Su identidad de "Sonia÷Papá Cobo" podría quedar simbólicamente repr esentada
por el "mapa" de una determinada selección clonal, de progenies linfocitarias
toleradas, correspondiente a una parte de su identificación primaria. Esta condición
parece haberse mantenido sin mayor variación a pesar de su casamiento y su
maternidad, ya que no se ha sentido perteneciendo al clan de los Rozenbaum, ni
siente que sus hijos son Cobo.
Cuando su padre, enfermo, la "desconoce", lejos de romperse su identidad
simbiótica con él, siente que algo suyo la trata como extraña, y ese algo se le
vuelve extraño. Sonia debe entonces tratarlo como ajeno y, para "reconocerlo"
como "antígeno", debe estimular el "recuerdo linfoblástico" de una configuración
antes "dormida", frente a lo que toleraba.
Sin embargo el proceso no se completa: Sonia no puede "atacar" a "su padre",
como ocurre normalmente en el proceso de diferenciación que llamamos
adquisición de una identidad propia, porque todavía ÷como quién, acechando a un
enemigo, estuvo cerca de matar a un ser querido÷ teme destruir a una parte de
"Sonia÷Papá Cobo". Por este motivo, porque los linfocitos maduros pasan a
representar sim#ólicamente el ejercicio de esa función, no puede generarlos
normalmente.
El clon linfoblástico que, impotente para madurar y finalizar el proceso detenido, se
multiplica monstruosamente hasta desarrollar la leucemia, simboliza el proceso
conflictivo por el cual no puede ser "Sonia Cobo No Papá" ni regresar a "Sonia÷
Papá Cobo". Antes no pudo ser "Mamá Levi", y después, tampoco, ser
Rozenbaum. Ahora que Papá comienza a hacerse extraño, como si fuera, por
ejemplo, un Rozenbaum, no puede "atacarlo" para diferenciarse.

Entre las fantasías inconcientes que son específicas de las leucemias linfoblásticas
y que suponemos corresponden a un trastorno de los procesos de diferenciación
de la identidad "familiar", que deriva de las identificaci ones más primitivas,
encontramos, como era de esperar, las que son propias de la proliferación
cancerosa y llevan implícita la aparición de una determinada tolerancia frente a
desviaciones o mutaciones celulares.
La intolerancia "inmunitaria" de Sonia hacia todo lo que no fuera "Sonia÷Papá
Cobo" ha intentado primero crecer para incluir en el rechazo a Papá, que se ha
vuelto extraño. Pero luego, ante el fracaso de este intento conflictivo, que se
e(presa en un lin$o#lasto que no logra ma!urar, "tolera", en una substitución
transaccional, la proliferación linfoblástica "cancerosa".
Esa proliferación, anárquica con respecto al plan del organismo, representa, como
todo cáncer, el triunfo de una progenie "primitiva" que satisface de forma extrema
su propio "narcisismo". Se presta, por lo tanto, para representar substitutivamente
el "triunfo" simbólico, de la intolerancia narcisista de Sonia, intolerancia que, al
mismo tiempo que permanece exacerbada y fallida, regresa hacia su fijación
"hermafrodita".
<istoria clnica
Hacía ya un año que Sonia padecía depresión, astenia y severos mareos, cuando
le fue diagnosticada la leucemia. El informe de ese momento consigna:
"Plaquetopenia, anemia normocrómica y 80.000 blancos por mm 3, con
características inmaduras (linfoblastos). Discreta hepato÷esplenomagalia. La
punción medular revela 'reemplazo' de las progenies roja y blanca por la presencia
de linfoblastos semejantes a los encontrados en la sangre periférica. Diagnóstico:
Leucemia linfoblástica aguda".
El pronóstico, en cuanto a la posibilidad de sobrevida, es malo. Se decide
entonces inmediato tratamiento con citostáticos y radiaciones sobre el sistema
nervioso central. Ìnicia, casi simultáneamente, un Estudio Patobiográfico y un
tratamiento psicoanalítico en cinco sesiones semanales 3.
El tratamiento se realiza de acuerdo con el protocolo utilizado por la Academia
Nacional de Medicina. En la primera etapa se utilizó Vincristina, Prednisona y
Metotrexato oral e intratecal. También Asparaginasa Aracytin y Puri÷nethol. Se
efectuaron diez aplicaciones de radioterapia en la zona encefálica por una única
vez.
Su facies adquirió un aspecto cushingoide. La pérdida del cabello, de las cejas y
del vello corporal fue completa, pero la medicación citostática fue muy bien
tolerada durante todo el tratamiento, y no hubo necesidad de hacerle más que una
sola transfusión de sangre. El efecto de la terapéutica fue controlado, en la primera
etapa, con análisis hematológicos semanales y punciones medulares frecuentes.
Al finalizar los dos meses de la primera etapa, Sonia logra lo que dentro del
protocolo utilizado se considera remisión completa. Permanece asintomática. En la
sangre periférica se encuentra 11.1 g. % de hemoglobina, 3600 leucocitos en cifras
absolutas, y 368.000 plaquetas por microlitro. La punción medular muestra
celularidad disminuida, menos del 5% de blastos y la presencia de las tres series
hematopoyéticas.
En la segunda etapa, luego de un descanso de una semana, fueron utilizadas las
mismas drogas durante un mes. El Metotrexato se administra ahora por vía oral.
En este período su padre, inválido, muere en Ìtalia.
Casi cuatro meses después de iniciada la quimioterapia, Sonia comienza el
período de mantenimiento, que durará, aproximadamente, dos años. Las dosis de
Prednisona, Metotrexato, Puri÷nethol y Vincristina son mucho menores. Se
suprimen la Asparaginasa y el Aracytin. Se realizan hemogramas cada dos
semanas y punciones medulares cada tres meses.
Hubo en este período sólo un episodio de leucopenia, en el cual el número de
leucocitos descendió por debajo de los 1500. El trastorno coincidió con la visita de
su madre, que viajó hasta Porto Alegre. Sonia se encontró con una mujer de
setenta años que no representaba su edad. Autosuficiente e interesada en sus
propios asuntos, no se conmovió demasiado al enterarse de la enfermedad de su
hija.
Eplogo
El tratamiento psicoanalítico que Sonia inició en su país de residencia, al
descubrirse su leucemia, continúa en cinco sesiones por semana. El material de
las sesiones es muy rico en contenidos y se ve claramente que el trabajo
elaborativo de Sonia y su percepción de sus conflictos inconcientes prosiguen. La
crisis en el proceso de diferenciar su identidad constituye una temática constante,
que apareció representada a través de distintos símbolos, cuyo énfasis se
distribuía entre el intento de conservar o recuperar la identidad ancestral de su
antigua familia, la búsqueda de un camino propio para desarrollar su vida, y la
integración de ese proyecto personal, "egoísta", con los proyectos de su nueva
familia en su nuevo entorno social.
La hematóloga que asiste a Sonia le dijo, hace poco, que le sobran los dedos de
una mano para contar a los pacientes que, sufriendo la enfermedad de Sonia,
evolucionaron tan bien. Luego de este comentario agregó: "¡que suerte que
tuviste!".
El comentario de la colega que presenció la inesperada mejoría de Sonia me
recuerda otro similar, expresado frente al enfermo con lesiones metastásicas de un
melanoma maligno, que presentamos en el capítulo anterior.
Todos estamos de acuerdo en que utilizamos el nombre "azar" para referirnos a
una combinatoria de variables desconocidas que no podemos pre-ver. La cuestión
que ahora nos interesa es saber hasta que punto en la mejoría de una leucemia
grave, o en la tolerancia de Sonia a la quimioterapia, tuvo importancia el hecho de
que en su tratamiento se incluyera el psicoanálisis ejercido de una particular
manera.
Hay acontecimientos, como la fractura de un hueso consecutiva a un traumatismo,
en los cuales podemos admitir fácilmente la intervención de un motivo psíquico
inconciente en la determinación del evento desencadenante. Pero estamos
habituados a ver en la fractura una mera consecuencia, cuya forma y cuya
evolución se explican tan satisfactoriamente como efectos de una causa, que
parece innecesario interpretarlas como un lenguaje que transmite una fantasía
inconciente.
A pesar de la fuerza que posee ese pensamiento cotidiano, la tarea
psicoterapéutica nos enfrenta muchas veces con interpretaciones semejantes que
nos convencen con una evidencia innegable. Cuando, descifrando el código,
logramos interpretar el lenguaje que el trastorno "habla" ÷como en el caso de la
leucemia de Sonia÷ no podemos evitar la idea de que la evolución ha de verse
influida por el "diálogo" que nuestra interpretación inaugura.
A través de los años, lentamente, nuestra convicción va creciendo, pero nuestro
"diálogo" es todavía un balbuceo torpe, y nuestra convicción deberá esperar aún
mucho tiempo, para adquirir la fuerza con la cual hoy creemos en otras terapias.
Notas
1 El presente capítulo se basa en un traba%o anterior, realizado sobre el mismo paciente, con
la colaboraci&n de los doctores #. 'izenber(, L. Barbero, C. Califano, E. ,bstfeld . -. C.
#capusio. )ue publicado por primera vez en ¿Por qué enfermamos? (Chiozza, L. 199/a
[1901!".
2 'cerca de la capacidad simb&lica de las estructuras or(4nicas . sus trastornos, tema cu.a
fundamentaci&n escapa a la finalidad de este capítulo, v5ase 7La capacidad simb&lica de la
estructura . el funcionamiento del cuerpo7 (Chiozza, L. 1901d" . el apartado 7La formaci&n
de símbolos7 en 7El psicoan4lisis . los procesos co(nitivos7 (Chiozza, L. 199/e [199!".
3 En el pr&ximo capítulo se expone la evoluci&n ocurrida en dieciocho meses del
tratamiento psicoanalítico de #onia.
Luis Chiozza
El tratamiento psicoanaltico !e "onia
0
I= La historia !e "onia
Sonia, la paciente de la cual nos ocupamos en el capítulo anterior, es una mujer
lúcida e inteligente, vestida con elegancia, cuyo rostro no revela la edad que tiene.
Su trato es educado y cordial pero distante.
Es la primer hija de un adinerado matrimonio judío oriundo de Checoslovaquia.
Hasta el advenimiento del nazismo vive, junto a sus padres, en la prosperidad de
la sociedad a la cual pertenece.
Su padre, extremadamente exigente y de una personalidad "avasalladora", se
ocupaba de ella con mucho cariño, "tanto en los estudios como en las diversiones,
o lo que sea, estaba detrás mío tratando de que lo haga perfectamente...". "... y
eran obligaciones, obligaciones, obligaciones...". En estas palabras su voz dejaba
traslucir el intenso placer que existía detrás de la exigencia. "Ese viejo león me
dejó a la miseria, con la responsabilidad de cubrir, donde hubiese faltas, porque mi
madre no podía y mi hermano no sabía... Yo realmente fui la adulta, era la
confidente de mi madre, que nunca me ocultó sus amoríos".
Recuerda, emocionada: "Fui la niña de los ojos de mi padre". Es posible que nos
exprese de este modo que, en los ojos de su padre, se veía a sí misma, y que esa
mirada le otorgaba un elemento esencial para configurar la imagen de su propia
identidad.
Cabe pensar que la excitación de sentirse "la elegida" debe haber sido muy
grande, tanto como la culpa y el miedo de perder ese privilegio.
Describe con admiración a su progenitor, quien ÷nos cuenta÷ se había revelado
valerosamente contra una alta figura del gobierno nazi y había sido recluido en un
campo de concentración durante seis meses. La guerra, con sus horrores, y la
amenaza de sufrimiento, los unió entrañablemente y solidificó una particular
estructuración edípica.
Guarda especial significación una fotografía, en la cual se la ve abrazada a su
padre, al borde de una ventana, mientras que en el fondo se divisa una sinagoga
que fue incendiada poco tiempo después. Cuando ella tenía 13 años huyen a
Occidente "sólo con lo puesto". Su madre hace públicas, entonces, sus continuas
infidelidades conyugales, y se aleja afectivamente de su marido, que queda "al
cuidado" exclusivo de la hija.
Llegan a Brasil un año después de la huida. Su padre, intentando alcanzar la
lujosa vida que una vez habían tenido, arruinaba cuanto negocio comenzaba.
Durante una de las tantas quiebras, Sonia, que entonces tiene 16 años, "se ve
obligada" a dejarse seducir por un socio del padre, en un intento de lograr que este
socio los ayude.
Acerca de su adolescencia puede contar muy poco. Se casa a partir de la primera
relación que establece, a los 25 años. Ìnterpretamos que lo hace para alejarse de
sus padres, que viajan a Ìtalia tentando nuevamente fortuna.
Su matrimonio es una relación formal, con un "buen marido", "trabajador" y "recto",
en la cual sobresale la falta de amor. Sus ojos quedan puestos en las vicisitudes
que sufre su padre en Milán. "Nunca me sentí realmente enamorada de nadie".
Poco tiempo después se radica en Venezuela, a raíz de un contrato profesional de
su marido. "La falta de paz se instaló otra vez", "empecé a organizar todo tipo de
negocios para ayudar a mi padre a vivir mejor".
En una época en que el marido intenta un acercamiento afectivo, sufre la fiebre del
heno. Podemos interpretar esta reacción alérgica como la dramatiza ción corporal
de un rechazo a lo que es vivido como extraño, su marido, mientras mantiene la
simbiosis endogámica.
Su padre comienza a padecer un proceso arteriosclerótico, después de un fracaso
comercial que desbarata las últimas esperanzas. Sufre entonces un ictus
apopléjico, que lo deja inválido y afásico. Por esta razón Sonia viaja para visitarlo.
Lo encuentra en un profundo deterioro psíquico y, cuando se despide de él no la
reconoce. Se siente ya sin padre.
Cuando vuelve a Brasil comienza a sufrir mareos esporádicos y cansancio
permanente. Poco tiempo después se le diagnostica la leucemia linfoblástica.
Hemos esbozado un esqueleto biográfico que pueda mostrar lo esencial del
momento actual en la vida de Sonia, y que nos ayude a comprender el significado
que adquiere tanto la localización como la forma de la enfermedad.
Siente que debe elegir entre su familia pasada, que cada día experimenta como
más destruida, y su familia actual, por la cual nunca sintió el mismo atractivo. Se
siente dolorosamente desgarrada por ese dilema. Le surgen frecuentemente
deseos de desaparecer, para "liquidar de una vez" la tortura que la acosa.
Desde Ìtalia llega una carta en la cual le comunican que su padre necesita,
urgentemente, ser internado. Es evidente, por la actitud de su madre, que intenta
desligarse de él. Sonia siempre habló de responsabilidad y de culpa, pero la
historia que transcurre subterráneamente es otra. En ella se entreteje el afecto
profundo y entrañable de su amor incestuoso, simbiótico, con el intolerable dolor
de no poder ayudar a su padre frente a la inminencia de una muerte que confunde,
inconcientemente, con la suya. Es el drama de un vínculo de sangre, y es en la
sangre en donde ahora su enfermedad se manifiesta.
Su niñez la ha marcado especialmente. Sintió mucho placer en su infancia. Fue la
única figura a quien su padre "amó" y también la que ocupó el lugar que su madre
dejara vacante, el rol de la señora responsable y adulta que se hace cargo de la
casa. Se sentía "todo" para él. Vivió sus exigencias como una carga penosa, pero
la excitación de sentirse la elegida fue aún más importante. Cuando aconteció la
guerra, la persecución y el sufrimiento, consolidaron su unión.
Su vida, tanto en Brasil como en Venezuela, giró en torno del ganar dinero para
ayudar a su padre y devolverle algo de la vida que él había perdido. Siempre sintió
que, en su corazón, el pasado, que representaba toda su antigua y bienquerida
vida, luchaba con el presente, representado por su familia actual.
El ataque cerebral de su padre parece haberla sumido en un estado de profunda
depresión. Parece evidente que su empeoramiento de este último año marchó
paralelo con el deterioro creciente de su progenitor. Cuando él ya no la reconoce,
Sonia siente que ya no sabe quién ser.
Mucho antes de enfermarse de leucemia tenía un problema: salvarse, vivir con su
familia actual y enterrar el pasado, su padre y la historia europea. Pero sentía
entonces que eso era como matar en ella todas aquellas cosas por las que había
vivido. Frente al peso de su historia, sus hijos y su marido no eran su familia.
Su identidad de clan estaba allá, en Europa, y ahora, paulatinamente, junto a la
agonía de su padre, esa identidad se deshacía amenazando con dejar en su lugar
ninguna. De haber podido construir su identidad en el vínculo con sus hijos,
proyectado hacia el futuro, no habría enfermado de leucemia.

II= Dieciocho meses !e tratamiento psicoanaltico
Sonia hace cinco sesiones semanales de un tratamiento psicoanalítico que in icia
al mismo tiempo que el Estudio Patobiográfico en nuestro Centro2, cuando se
descubre su leucemia. Comienza la quimioterapia, una semana más tarde, luego
de finalizar el Estudio.

"u psicoanalista nos relata:
Sonia era un caso de leucemia linfoblástica aguda con un
pronóstico pésimo; el colega que me propuso su tratamiento me
dijo que era "un presente griego". A pesar de eso decidí
entrevistarla y, desde ese m omento, su presencia de mujer
inteligente, sensata y agradable, despertó en mí un particular
interés que se mantiene vivo de sesión en sesión. En su primer
entrevista, a la que, pese a la gravedad de su estado, acudió sola,
me dijo: #o sentía que me moría!!! no tenía $anas de nada!!! #a
hace un a'o que me siento así! Cuando /l$a 0una ami$a"
hematólo$a1 me di%o que era leucemia" me salió de adentro
decirle, 2es una solución2" # por eso me mandó a que me tratara
con usted!
Trataremos de mostrar, a través de una apretada síntesis de los primeros
dieciocho meses del tratamiento psicoanalítico de Sonia, cómo las vicisitudes de
su vida que representan una particular patología "de la identidad", evolucionan
junto con los trastornos de la leucemia linfoblástica que, de acuerdo con lo que
pensamos, simbolizan esa particular patología.
La $amilia
Veamos un material de sus primeras sesiones:
!!!me siento sola! -i tu(iera a mis padres" mi hermano!!!" si tu(iera
tíos!!! #o esto# sola" sola de familia mía!!! Cuando lle$amos a
3rasil" a mi marido se lo chupó la familia! El se encontró con todo
lo su#o" # a mis chicos los ubicaron ense$uida" en cole$ios!!! todo!
4o sentía que a ellos los aceptaban porque eran 5o)enbaum" a mí
no" #o era de afuera! -iempre me sentí así" sentía que a mí no me
necesitaban!!!
Para Sonia su familia era la de sus padres. No se sentía casada con Ernesto. Esto
nos permitió comprender por qué el vivir con sus hijos no le alcanzaba para dar
sentido a su vida. Ella sentía hasta a sus propios hijos, como a "los Rozenbaum",
los de la otra familia.
Sentirlos como parte de su vida era traicionar a la que ella consideraba su
"verdadera" familia. Cuando más adelante nos dice que "no la necesitaban",
pensamos que este sentimiento tan penoso provenía de la fantasía de haber sido
"chupada"3 para hacer "Rozenbaums", y luego dejada.
A los pocos meses de comenzar su tratamiento muere su padre en Ìtalia:
&e llamó 6oti (la esposa de su hermano Bernardo) desde Italia
para a(isarme que murió mi padre! &e di%o que me quedara
tranquila" que papá no había sufrido!!! que le habían hecho una
misa" que estaba cerca de 7esucristo!!! ¿-e da cuenta?!!! +ue
mamá habló con un cura # que le hi)o mucho bien! En
Checoeslo(aquia éramos una familia importante! Los Cobo
éramos una familia %udía conocida" se ima$ina ahora!!!" 6oti
alemana # católica" educando a los hi%os en eso!!! es como si no
fuéramos!!! nadie!!! no queda nada!!!
La muerte de su padre simbolizaba, para Sonia, la pérdida de su identidad. Siente
que su vieja historia desaparece con él, ya que su hermano, "débil", se ha casado
con una mujer "alemana y católica", dejando caer así el estandarte familiar. "Ya no
queda nada" por qué vivir. Vivir, para Sonia, era sostener "lo familiar", "lo judío",
que era lo que sentía más suyo. Ya no era Cobo, lo "Cobo" desaparecía con su
padre, y no era Rozenbaum porque no se sentía casada.
Cómo ser
Han pasado varios meses y es a través de un sueño que empieza a insinuarse la
temática acerca de " cómo ser". Lo viejo está podrido, socavado, nos va a decir, es
necesario ahora comenzar la búsqueda... Veamos el sueño:
&i casa está en (enta # (ale lo mismo que una especie de pueblito
donde son todos de una familia!!! # es como en la época medie(al!
Está sobre un pasto hermoso! Pero está como en un lu$ar que de
arriba cae a$ua # soca(a" pudre!!! #o sentada en el pasto mirando
un desfile de modelos! 8espués" en una calle!!! por la calle (iene
ba%ando un carrua%e con caballos desbocados! &e sal(o tirándome
para otro lado!
Vuelve a aparecer la fantasía de que su identidad es la de su familia, "la medieval,
la vieja". Esta vivencia aparece idealizada en el "pasto hermoso", pero "cae agua
que socava y pudre". Alude así a su vieja identidad. El "desfile de modelos" implica
la incipiente conciencia de la necesidad de buscar una nueva identidad.
Ella vive su leucemia como algo arrollador que puede matarla, y que, para la
percepción conciente, proviene desde afuera, como el carruaje del sueño. En este
sueño aparece también la idea de que puede salvarse, idea que más adelante se
repetirá de diferentes maneras.
Otro sueño de la misma semana reitera una temática semejante:
-o'é que tenía que salir al escenario # era la actri) principal! Era
mu# an$ustiante porque no me acordaba nada de lo que tenía que
decir" no estaba preparada! 8esesperada pre$untaba si me iban a
soplar!!! no sabía nada!
Expresa dramáticamente que tiene que salir al escenario de la vida. "No se
acuerda de nada", no es la de antes, pero todavía no se siente preparada para un
nuevo papel que aún no sabe cuál es. Está sola, sin un padre que "le sople".
Recordemos que su padre, tiempo antes de morir, estaba afásico y no la
reconocía.
La recuperación !el ancestro
Sonia ha terminado la primera etapa de su tratamiento quimioterápico logran do la
remisión completa. Esto significa que ya no se encuentran linfoblastos en la sangre
periférica ni en la médula ósea. Comienza a generar nuevamente linfocitos
maduros. De acuerdo con nuestra interpretación de la leucemia, podríamos decir
que estos linfocitos representan el intento de crear una nueva identidad "viable".
Recordemos a Goethe: "Lo que por herencia tienes de tus padres adquiérelo tú a
fin de poseerlo...". Sonia no ha podido hacer suyo lo que de "su padre" recibiera.
En las sesiones que siguen aparecen sus intentos de rescatar "lo viejo" para
asimilarlo como propio y utilizarlo en la gestación de "lo nuevo" . Lo nuevo aquí
representa aquello que se manifiesta en cada uno de nosotros como el sentimiento
de poseer una identidad original y distinta de todas las demás.
Sonia viaja con su marido a Buenos Aires luego de haber pasado algunos días en
una vieja ciudad brasileña, cercana a Porto Alegre. Para Ernesto comenzaba una
crisis muy profunda. No sólo es una crisis económica, sino que significa el
derrumbe de la familia de sus padres:
4o le quiero hablar de mis pro#ectos" mis ideas" pero!!! ¿se
ima$ina?!!!" #o con la idea de in(ertir # Ernesto con un montón de
problemas! La fábrica no funciona" parece que (an a tener que
cerrar! 4o con leucemia!!! Usted sabe que #o me siento curada"
pero!!! bueno!!!" # #o le (en$o con proposiciones de in(ertir!!!
Lo que a mí me $ustaría hacer" # que además me siento capa) de
hacer" sería comprar un campo en Porto 9le$re" plantar frutales
para hacer dulces" especias para las comidas" poner una casa de
té con tortas" llamar $ente que te%a de acuerdo con mis dise'os!!!
pero no la $ran industria! En fin!!! no todo es idea mía! Conocí" en
:ene)uela" lu$ares así! 9 (eces siento que en una ciudad $rande
me pierdo" so# anónima" en un pueblo peque'o podría ser #o!
Comprendimos que el campo del pequeño pueblo brasileño representaba
adecuadamente los nuevos límites de su yo. En un sentido expresaba sus intentos
de diferenciación de su marido y la familia de él, que siempre habitara en grandes
ciudades. En otro sentido el pequeño pueblo que se caracteriza por el cuidado de
lo viejo y de la tradición representaría, para Sonia, a su padre y a su vieja historia.
El campito de Porto Alegre en el que quiere construir y sembrar simboliza
seguramente la germinación de los nuevos brotes de una identidad que asienta
dificultosamente sus retoños, nutriéndose a duras penas de lo viejo, sobre la
devastación de la quimioterapia. La idea de servir el té, tal vez, represente al
intento de extrovertir su libido, encerrada en un proceso narcisista4.
Veamos el mismo tema en otras dos sesiones:
¿Le conté que a mí nunca me hicieron re$alos # que #o no ten$o
ob%etos? ;in$<n recuerdo de mi padre de Checoeslo(aquia" ni de
otros! 4 no se me había ocurrido nunca que" si me interesa" me
los puedo comprar #o! Es al$o que nunca había pensado! 9hora
ten$o $anas de poner en casa un tapi) de Checoeslo(aquia" son
cosas que me e ncantan!
¿-abe?" mi cu'ado # su mu%er tienen dos hi%os adoptados!!! La
nena es una belle)a!!! mu# inteli$ente" pero es una belle)a india" #
creo que debe ser mu# difícil para ella!!! =í%ese" los días de fiesta
%udía faltó a la escuela porque ella quiso! 7untar todo debe ser
mu# difícil! &e acordaba que en Estados Unidos la adopción no es
tab<" como acá! 6odo es más natural! Crían a los chicos" como en
el caso de esta chica" con las costumbres de las familias de
adopción> pero además tratan de mantenerle lo que tiene que (er
con el ori$en" en este caso lo indio" que es tan e(idente en ella!
Vivir es, ahora, para Sonia, construir una historia propia que no implica, como en el
pasado, vivir para su padre, sino, por el contrario, hacer su'o lo que él representa.
Encomen!&n!ose a Dios
Sonia había terminado su tratamiento quimioterápico e iniciaba lo que se ll ama "el
mantenimiento". Consiste en un tratamiento más leve, cuya finalidad es prolongar
la duración de la remisión completa y, en el caso de una recaída, impedir la brusca
irrupción de linfoblastos. A veces se pueden encontrar linfoblastos en focos
ocultos, aunque no se detecte su presencia en la médula ósea, o en la sangre
periférica. Por esta razón se realiza el "mantenimiento".
Los hematólogos afirman que no saben qué es lo que puede desencadenar una
recaída y, eventualmente, la muerte en este período. Llegado a este punto
consideran que han hecho por su paciente, en cuanto a tratamiento se refiere, todo
lo que pueden hacer. Sostienen, y se lo hacen saber a los enfermos, que en el
período de mantenimiento no ha pasado el peligro; muy por el contrario, ha
desaparecido la relativa seguridad proporcionada por la posibilidad de producir una
remisión mediante la droga. De acuerdo con lo que Sonia contó en una de sus
sesiones de esta época, su médico le había dicho que, de ahora en adelante, se
encomendara a Dios, a Mahoma o a su psicoanalista.
Coincidimos, desde nuestra perspectiva, en considerar a este momento como muy
peligroso. Entendemos que, en la primera etapa del tratamiento, el enfermo, bajo
el impacto del miedo a la muerte y teniendo que "zambullirse" en la terapéutica
"para salvar la vida", no puede "pensar dos veces" lo que decidirá, pero, lograda la
remisión completa, y ya sin síntomas, cuando la familia y los amigos han vuelto
cada uno a lo suyo, el enfermo, otra vez solo, se pregunta cómo trazar la nue+a
+i!a.
Esto# mu# mal! &e siento peor que cuando me enfermé! En esa
época estaba deprimida pero sabía lo que quería" podía tomar
decisiones! 9hora es un desastre" ten$o la sensación de no saber
quién so#" ni qué quiero!!! El otro día me estaba ba'ando # me
miré en el espe%o!!! antes no me animaba!!! # me (i! Esto# $orda!
El pelo de la cabe)a me está creciendo bastante" pero sólo el de
la cabe)a! Pero esa sensación de que no puedo definirme en
nada!!! *o# pienso de una manera # ma'ana de otra" me tiene mal
todo eso!
Dios es la participación en la +i!a
4o estaba decidida" si él no quería le di%e que me de%ara el auto!!!
#o iba sola! =ue difícil" tenía un dolor en el pecho # un miedo!!!
pero le di%e que #o no le (o# a torcer el bra)o" pero que tampoco
quería que él me lo torciera a mí" que entonces cada uno si$uiera
su camino!
Con estas palabras nos expresa Sonia cómo está en el camino de ser ella misma,
a través de un proyecto personal, que siente con una fuerza que va más allá de su
voluntad conciente.
Compramos el campo" esto# chocha! Ernesto también se
entusiasmó" después!!! Es hermoso" está en una loma" en la
ladera" desde arriba se (e el río" # tiene unos manantiales! +uiero
conser(ar lo que tiene de natural!!! # plantar además" pero lo que
plante tiene que ser especies que cre)can sin pesticidas!!!
Este campo, este proyecto, la representa en su deseo de crecer respetando lo que
siente como más íntimamente suyo. Simboliza en una especie de plantas, capaces
de crecer sin pesticidas, su deseo de curarse sin necesidad de recurrir a las
drogas anticancerosas.
Sonia se plantea cómo hacer para vivir sin que este vivir sea muerte para otros,
aludiendo así a sus conflictos de individuación, que la enfrentan con la fantasía de
dañar a los objetos de los cuales se separa, en el proceso de ruptura de un vínculo
que experimenta como simbiótico.
!!! un día me di%eron que si plantaba iba a tener que matar las
liebres" porque se comen a las plantas! Esa noche lloré como una
loca" porque #o sentía!!! ?qué prepotente es el $énero humano@!!!
cómo iba a matar a ese animalito que estaba allí" en su ambiente"
desde hace tantos a'os!!! ¿qué derecho tenía #o?!!!
Las liebres, como Ernesto, que tiene sus propias necesidades y sus propios
deseos, podrían representar a los otros seres que, tal como ella lo siente, se
oponen a su proyecto. Teme comportarse con la familia como un "monstruo
egoísta", pero siente que, si no lo hace, hay algo en su interior que,
permaneciendo insatisfecho, la devora. Cuando se propone conservar la vida de
su alrededor, se refiere quizás, intuitivamente, a su necesidad de curar su
alteración cancerosa sin atacar "la vida joven" que, en sus células, ha comenzado,
mediante la quimioterapia, a morir junto al cáncer. Su proyecto "ecológico" alude
así a una "participación en la vida" que otorga un sentido profundo al "consejo" de
"encomendarse a Dios".
¿-abe que allá nos (ienen a (er?!!! nos (en como los que (amos
a dar (ida a ese lu$ar! El otro día nos di%eron que era una suerte"
que era como que estábamos dando una transfusión de san$re
fresca a ese l u$ar" que hacia falta! -e ofrecen para traba%ar" #"
cuando podemos" los fa(orecemos!
Una cuestión !e suerte
Hace poco, en una sesión, Sonia decía:
!!! lo más importante que aprendí de la leucemia es que no somos
eternos" que #a pasaron cincuenta a'os de mi (ida # no pude
hacer al$o como #o lo quiero!!! 6e di$o" esto# tan ocupada" que de
la leucemia casi no me acuerdo!!! #o me siento curada" ten$o
mucho para hacer!!! Le decía a Ernesto que" cuando ten$a la edad
de él (ocho años más) #a los árboles (an a producir!!!
Cuando Sonia enfermó, sentía que morir era su solución. Así lo dijo en su primera
entrevista. Luego lo que más la afectaba era percibir que nadie hacia proyectos
futuros con ella. Ahora su leucemia se ha ido transformando en otro proyecto que
significa vivir...
Contaba que hace unos días, en casa de unos amigos, alguien que no sabía de su
enfermedad, le dijo que sus ojos eran más vivaces que los de otra gente. Allí la
hematóloga que la había considerado "un presente griego" le dijo: "Hay muy
pocos, los puedo contar con los dedos de una sola mano, que soportan el
tratamiento como vos, sin complicaciones... ¡Qué suerte que tuviste!".
En un sueño que relató hace un tiempo, tenía que seguir buscando las piezas que
le faltaban para armar un rompecabezas... Su identidad es un proceso en curso,
como es natural, pero ya no parece ser el motivo de una terrible destrucción...
"¿Una cuestión de suerte?"...
La e+olución posterior
Cuando Sonia finalizó los primeros dieciocho meses de tratamiento psicoanalítico
se trasladó a su campo de Brasil y viajaba a Buenos Aires una vez por mes para
continuar, de este modo, realizando algunas sesiones. También decidió, bajo su
responsabilidad, interrumpir la quimioterapia, aunque no se había cumplido todavía
el tiempo estipulado en su protocolo5. Un año más tarde interrumpió también,
completamente, su tratamiento psicoanalítico. Ocho años después, de acuerdo con
los datos que hemos recibido, Sonia permanecía sana. Su historia nos recuerda
las palabras que escribimos en ¿Por qué enfermamos? (Chiozza, L. (1997a
[1986]): !!! al hombre enfermo que busca un tratamiento" lo anima la idea de
2(ol(er2 a un estado anterior! Pero la enfermedad" como toda pérdida de la
inocencia" es siempre irre(ersible" # la salud sólo puede pro(enir de un doloroso
pro$reso" que es totalmente opuesto a la ilusión de (ol(er.
Notas
1 El contenido del presente capítulo fue publicado por primera vez en el libro Un lugar
para el encuentro entre medicina y psicoanálisis (Chiozza, L. 1999a [199!" . form& parte
de un traba%o realizado con los doctores #. 'izenber(, L.Barbero, C. Califano, E. ,bstfeld .
-. C. #capusio, presentado en el C3?C (Centro de 3nvesti(aci&n en Csicoan4lisis . ?edicina
Csicosom4tica" en 190.
2 Centro Aeizsaec<er de Consulta ?5dica.
3 Es posible relacionar la fantasía de ser 7chupada7 vampirescamente con la presencia de
trastornos an5micos.
4 =ambi5n expresa a$uí, como lue(o veremos, el primer indicio de un pro.ecto, vital .
personal, $ue .a no la abandonar4 . lle(ar4 a constituir un epicentro sobre el cual orbitar4
su vida.
5 El ob%etivo principal de la $uimioterapia en estos casos, es eliminar los blastos del
or(anismo, sobre todo de la m5dula &sea, permitiendo así el retorno de la hematopo.esis
normal. Cuando esto ocurre los hemat&lo(os hablan de remisi&n completa. Lue(o el
tratamiento continDa con el llamado mantenimiento, cu.o ob%etivo es prolon(ar la duraci&n
de la remisi&n completa ., en el caso de una recaída, impedir la brusca irrupci&n de blastos.
El mantenimiento se realiza como prevenci&n, dado $ue se supone la existencia de estos
elementos en focos ocultos, aDn cuando no se detecte su presencia en la san(re perif5rica o
en la m5dula &sea. ' los tres o cuatro a;os de remisi&n completa . continua suele
suspenderse todo tratamiento, pero los es$uemas varían se(Dn las distintas escuelas.
Luis Chiozza
La pato#iogra$a !e un ni%o con leucemia lin$o#l&stica agu!a
0
con Silvana Aizenberg
Las leucemias en Clnica M2!ica2
Las leucemias agudas son neoplasias hematológicas que se caracterizan por la
acumulación de células inmaduras de la serie blanca con fracaso simultáneo de la
hematopoyesis normal. Las células malignas surgen de la médula ósea, de la
sangre y de otros órganos. Se reconocen en general dos formas de leucemia
aguda, la linfocítica y la mieloide, también llamada leucemia no linfocítica.
La leucemia aguda es la forma más común de neoplasia en la infancia, el 75% de
ellas son linfoblásticas. Su frecuencia máxima se encuentra alrededor de los cuatro
años de edad, y es más común en los varones. Hoy se sostiene que entre el 60 y
70% de los niños con diagnóstico precoz de leucemia alcanzan una supervivencia
libre de enfermedad mayor de 5 años, y que es probable que la mayoría de ellos
se cure.
La leucemia linfoblástica aguda infantil se caracteriza por una proliferación y un
crecimiento incontrolados de células linfoides inmaduras, que se denominan
blastos. En este momento se considera que se trata de una enfermedad clonal,
porque se interpreta que es el resultado de la transformación maligna de una sola
célula progenitora anormal, que posee la capacidad de desarrollarse
indefinidamente a lo largo del proceso de autorrenovación.
Los signos y síntomas clínicos están determinados por la participación medular y
extramedular de los linfoblastos.
Los que corresponden a la participación medular pueden ser:
• Anemia, con palidez y/o fatiga.
• Trombocitopenia, con petequias, sufusiones y/o hemorragias.
• Neutropenia, con fiebre y/o infecciones.
Los que corresponden a la participación extramedular varían de acuerdo con la
localización y pueden ser:
• Hepatomegalia.
• Esplenomegalia.
• Linfoadenopatías.
Dolor óseo. Corresponde a la participación leucémica del periostio y el hueso, y es
muy frecuente. Los niños de corta edad pueden negarse a caminar o presentar
cojera.
Ìnfiltración meníngea y aumento de la presión intracraneal.
Los lugares más comunes de recidiva extra medular son el testículo y el sistema
nervioso central.
Al comienzo la enfermedad se presenta con síntomas inespecíficos, como
malestar general, anorexia, irritabilidad y febrícula, pudiendo simular
padecimientos no malignos. La duración de los síntomas específicos varía de días
a meses.
La anemia y la trombocitopenia ocurre en más del 66% de todos los pacientes con
leucemia linfoblástica aguda. El recuento leucocitario es elevado en cerca del 50%
de los enfermos y en el 20% es superior a 50.000. Las cifras mayores aumentan la
gravedad del pronóstico. El 30% de los pacientes, al hacer el diagnóstico,
presentan niveles bajos de inmunoglobulinas en el suero.
Si bien pueden identificarse células leucémicas en la sangre periférica, el
diagnóstico definitivo debe realizarse por la punción÷aspiración, o por la biopsia,
de médula ósea.

Los /enitez ' los >ianni
Nelly y Raúl se conocieron siendo muy jóvenes, ella era la única hija de los
Benítez, y él, el mayor de los Gianni.
Cuando a los 18 años Raúl estaba pensando en ir a estudiar a Buenos Aires, el
padre de Nelly le propone que trabajen juntos fabricando cajas (actividad que era
tradicional en la familia de los Benítez). Raúl se sintió siempre con poco carácter
para tomar decisiones y, luego de grandes dudas, se quedó en su ciudad y se
integró a la empresa familiar de los Benítez.
El noviazgo fue largo. Durante nueve años Raúl trabajó para ganarse un lugar en
la fábrica y en la familia de Nelly, mientras se sentía cada vez más alejado de los
suyos... Nelly no congeniaba con ellos.
Cuando se casaron planeaban disfrutar... mientras eran novios no habían tenido
relaciones sexuales... Querían esperar un tiempo para tener hijos, pero Nelly
quedó embarazada al mes y medio.
Con el nacimiento de Nicolás los lazos con los Benítez se refuerzan. Comparten la
empresa, las cosas cotidianas y las reuniones con amigos. La vida familiar incluía
cada vez menos a los Gianni, con quienes se visitan de tanto en tanto. Nelly
obligada, Raúl tenso... Y eso que los Gianni "los esperan con gusto"...
A pesar de su título docente, Nelly pocas veces trabajó. A ella le gusta hacer las
cosas a su manera y Raúl se ha ido acomodando a todas las situaciones. En
cuanto a la vida sexual... Nelly, con sus dificultades e inhibiciones, no puede
entregarse, y Raúl fue postergando sus propios deseos para no sentirse
rechazado.
Nelly no tolera nada que sea distinto al "clan de los Benítez". Mediante su
casamiento sintió que le daba a su padre el hijo que, según ella pensaba, él
siempre había querido. Los Gianni, para ella, son extraños, y teme que pongan en
peligro el vínculo con aquello que siente como "propio", los seres que quiere y que
son de su sangre. Nicolás no será pues, nunca (!), alguien distinto de su sangre,
alguien distinto a ella misma.
Raúl buscó un modelo de hombre emprendedor y decidido. Al lado de su suegro
pensó que le resultaría más fácil desarrollarse, crecer y hacerse una posición. A su
padre no lo tolera. Cree que estando lejos de él ÷desconociéndolo÷ podría superar
sus temores e indecisiones. Nicolás, para él, es el hijo de Nelly, lo quiere bien,
como la quiere a ella, pero no piensa en él como un Gianni, sangre de su sangre.
Si bien Nelly lo trata a Raúl como a un Benítez, mantiene inconciente que lo
rechaza, que lo siente "ajeno", distinto a ella. No lo "reconoce" ni tolera como a un
Gianni. Y Raúl se comporta como si fuera un Benítez, se "asimila" a la familia de
Nelly, aunque inconcientemente los sienta extraños, diferentes a los Gianni. La
negación del reconocimiento de lo "ajeno", de lo que no es propio, forma parte del
carácter de los padres de Nicolás.
Nicol&s
Su nacimiento fue por cesárea. La lactancia fue interrumpida a los 5 días por una
operación de la madre. Los padres relatan que tuvo un crecimiento normal. "Era
infatigable", caminó a los 11 meses y "a pesar de su hiperdinamismo nunca se
caía". La primer palabra que dijo fue "mamá" y nunca habló en media lengua. Sin
embargo también cuentan que fue llorón, que no quiso gatear y que controló
esfínteres a los tres años. Durmió con sus padres hasta los seis meses. Siempre
necesitó compañía para dormirse.
Dicen que a Nicolás le dieron "todo" y que "no lo dejaban respirar". A Nelly siempre
le gustó abrazarlo y besarlo, aún "sabiendo que a él no le gustaba tanto". Nicolás
acostumbraba verla desnuda y no toleraba que lo dejara solo. Cuando, a los 3
años, comenzó el jardín de infantes, le costó adaptarse.
Supo que iba a tener un hermano cuando a su mamá se le empezó a notar el
embarazo y "no tuvo ninguna reacción de celos". Cuando nació Cecilia él tenía
cuatro años y dos meses. En aquella época su dificultad para dormir solo se
intensificó y habitualmente dormían "todos juntos".
La historia clnica !e Nicol&s
Tenía cuatro años y siete meses cuando comenzó a quejarse de dolor en una
pierna. Por esa misma época se constataron sucesivos cuadros de hipertermia sin
foco aparente. Una hinchazón marcada en el cuello decidió a los padres a
consultar en un hospital pediátrico. Presentaba entonces poliadenopatías,
hipertermia y palidez marcada. Los exámenes hematológicos dieron como
resultado 2.000.000 de glóbulos rojos y 30.000 blancos. Cuando la punción de
médula ósea confirmó el diagnóstico presuntivo de leucemia linfoblástica aguda, a
los cuatro años y diez meses de edad, comenzó el tratamiento quimioterápico3.
Cuando los padres nos consultan, exactamente un año después de haberse
realizado el diagnóstico, "para cubrir todos los aspectos", y se realiza el Estudio
Patobiográfico, Nicolás tenía que ingresar en la escuela primaria. Su enfermedad
estaba en período de remisión, no presentaba síntomas clínicos y el estado
general era bueno4.
Seis meses después de realizado el Estudio Patobiográfico y habiendo
transcurrido dos meses del inicio de su tratamiento psicoanalítico, normalizó la
fórmula leucocitaria absoluta5.
8ragmentos !e las horas !e ;uego6
Entró confiado, parecía contento, y sin embargo daba la impresión de tener miedo,
de no saber qué hacer. Se dirigió rápidamente hacia la mesa, donde había hojas y
fibras, para dibujar y pintar.
Dibujó una casa con una chimenea, de la cual salía humo en forma de espiral.
Rellenó, pintando con colores y con prolijidad, los redondeles del humo. Explicó
que era una casa en la que vivía con su familia y, cuando la psicoterapeuta le
preguntó "¿querés decirme algo más?", agr egó: "ni inventar, ni nada sé".
En otro momento de la hora de juego dijo: "El camión vigilaba la avioneta para que
no la roben, pero el Citroën la agarró y se la llevó..."
Cuando quiso armar el rompecabezas sintió mucha angustia, no podía encontrar la
forma. Preguntó: "¿cómo va esto?¿esto va así? ¡no puedo armar esto! ¿las
piernas van?¿los pies? pero no sé... ¿dónde va el cuerpo?¿y dónde van los pies?
¿así?... "
Mira un auto que estaba entre los juguetes con el capot abierto, "¿por qué se
rompió?¿por qué se le abrió esto?¿se le abrió esto?... Estos tres (se refiere a otros
con el capot cerrado) eran sanitos..."
A los indios y a los soldados no los hizo pelear, "había dos soldados rojos que eran
amigos y dos indios verdes que eran amigos... Todos eran amigos... nada más que
para distintas cosas... Mickey era amigo de los autos, y lo miraba al gigante porque
se creía que los iba a molestar, a los amigos de ellos, que los iba a matar.
Entonces los empieza a pisar, a los autos (habla con mucha velocidad y ansiedad).
Ahora empiezan a matar a todos, se murieron todos, menos los soldaditos, todos
los malos...". Nicolás mira entonces a la psicoterapeuta y dice: " uno había
quedado, la avioneta quedaba ahí, no la habían muerto. Uno había quedado. Vino
un soldadito. La avioneta tenía todo para matar. Lo mató a él y se murió y la
avioneta quedó bien..." .
En la segunda hora de juego, en la cual se repitió esta temática, construyó una
muralla alrededor de los autos, los soldados, los indios y el avión amontonados, y
dijo: "así no los van a ver, se vinieron los más bravos, y así no los pueden
matar...".
La psicoterapeuta pregunta: "¿la única que se quedó viva fue la avioneta?".
Nicolás responde: "todos los que estaban tirados están muertos". Y enseguida
agrega: "voy a ordenar todo porque me voy a ir con mi mami".
"En un rato [dice la psicoterapeuta] vamos a terminar, y te vas a ir con tu mamá".
Entonces contesta: "voy a pintar con lápiz, voy a hacer el pastito, florcitas,
departamentos que viven familias, pastito para que crezcan las flores...".
La psicoterapeuta dice, entonces: "nos contaron que estuviste enfermo, ¿qué
tuviste?". Cuando Nicolás contesta " ausemia", ella pregunta "¿qué?" y Nicolás
corrige "leucemia", y agrega "mamá lloraba porque decía que se había asustado.
Por ahora me estoy sanando...".
En las horas de juego intentó de manera inconciente, comunicar su saber
conciente del estar enfermo, cuando se refería, por ejemplo, al auto que se rompió.
Cuando expresaba la dificultad para armar, con el rompecabezas, una figura de
forma definida, comunicaba en cambio sus fantasías inconcientes acerca de la
enfermedad. También, mediante el juego de los autitos, los soldaditos y la
avioneta, muertos o sobrevivientes, comunicaba las fantasías inconcientes acerca
del efecto de la quimioterapia.
Su alusión a los autos sanos, diferenciándolos del que no lo estaba, representaba,
de manera inconciente, su angustiosa pregunta acerca de por qué otros no se
enfermaron y él sí.
La intensa angustia de sentirse perdido, sin poder reconocer una "forma propia",
sin saber qué hacer, y el sentimiento inconciente de que necesitaba llenar un vacío
para poder construir su identidad, se reflejaban en el dibujo en el cual rellenó,
pintando con colores, el humo que salía de la chimenea. Pensamos que intentaba
de este modo fijar y conservar la forma del humo que utilizaba como un
representante de su propia identidad.
La amistad que, para distintas cosas, él atribuía a soldados e indios, representaba,
más allá de su modalidad de conducta caracterizada por negar las diferencias
entre las personas y encubrir los sentimientos de violencia o de hostilidad, su
percepción inconciente de la lucha entablada en su cuerpo.
Cuando en su juego construye una muralla, protegiendo de los peligros a los
autos, los soldados, los indios y el avión, "amontonados", expresa sus fantasías
inconcientes de que los extraños pueden ser peligrosos o destructivos, y que el
encierro familiar y la propia indiscriminación pueden protegerlo. También
representa así, nuevamente, sus fantasías acerca de la batalla entre la
quimioterapia y las células jóvenes de su organismo, sanas o enfermas.
El Citroën que se apodera de la avioneta parece aludir al sentimiento de que su
hermana era una intrusa que vino para sacarle a su madre y para ocupar su lugar.
En los momentos en que más se aproxima a los contenidos inconcientes
angustiantes que se refieren a las vicisitudes de su grave enfermedad, manifiesta
su deseo de abandonar la sesión y, ante la afirmación de que falta todavía un rato
para terminar, intenta refugiarse en representaciones optimistas acerca del
florecimiento de la vida y de la armonía familiar.
El análisis de la transferencia÷contratransferencia permitió comprender que, junto
al intenso deseo de colaborar con el Estudio Patobiográfico para recibir ayuda, su
modalidad de juego y su actividad verbal desbordante, expresaban el monto de su
ansiedad y correspondían a la necesidad de negar que la analista era una de las
personas "diferentes" de él y su familia. De modo que la incorporó en su juego
como si él y ella fueran una sola individualidad indiscriminada.
La ?ltima entre+ista
En la entrevista destinada a comunicar a Nicolás nuestras conclusiones, él se
dispuso a escuchar atentamente. Cuando la terapeuta le habló de su relación con
la madre, se puso a jugar con dos indios colorados, a los cuales entrelazaba unía
como si tratara de fundirlos. La psicoterapeuta utilizó entonces a los indios como
ejemplo, para decirle que así permanecían él y la mamá, agregando que,
probablemente, él sentía también que ambos eran completamente iguales.
Miró atentamente y afirmó con un movimiento de cabeza. La terapeuta dramatizó
con los indios, tomándolos y separándolos, la angustia que se podía llegar a sentir
frente a la separación, señalando que tal vez por eso él y la mamá hacían el
esfuerzo para estar unidos el uno con el otro.
Nicolás hizo decolar entonces un avión, partiendo de un grupo de juguetes
amontonados, y la psicoterapeuta le dijo que probablemente expresaba de este
modo su deseo de tener más espacio para él solo alejándose del encierro familiar.
Dibujó enseguida una casa, el sol, el humo y un puntito rosa en el cielo. Dijo que el
punto rosa en el cielo estaba ahí porque "se estaba poniendo de noche, que se
hacía más de noche". La psicoterapeuta le habló en ese momento del temor que,
seguramente, tenía por las noches, de su angustia por la enfermedad y del miedo
a morir e irse al cielo. Le dijo también que probablemente el sentía que no podía
hablar con nadie de ese miedo y entonces comenzó a pestañear, como si fuera a
llorar.
Llegamos a la conclusión de que Nicolás quería saber por qué se había enfermado
él y no su hermana, y que también deseaba que el padre ocupara un lugar más
importante en la casa, estar más cerca de su abuelo paterno, conocerlo más. La
psicoterapeuta habló con él de esos deseos y de que, a veces, se siente como si
fuera un hijo que es sólo hijo de la mamá.
Volvió entonces a juntar algunos juguetes y los unió, a todos, desordenad amente.
En ese momento la terapeuta le dijo que él sentía que en su familia siempre
estaban todos muy juntos, que le parecía que a la mamá le gustaba de ese modo,
y que él no podía hacer otra cosa o que no sabía si podía hacerlo de otra forma.
Ìnmediatamente contó que la abuela, en esos momentos, estaba en Mar del Plata,
y dijo: "¿cómo debe estar mi abuela? ¿Debe estar durmiendo?". Se comprendía
claramente, aunque no pareció conveniente decírselo, que se estaba refiriendo a lo
que sentía que le podría suceder a un miembro de la familia si se apartara o
hiciera algo diferente a lo que se acostumbraba.
Al finalizar la sesión hizo un circulo con sus dedos índice y pulgar y pasó por
adentro un auto colorado, sacándolo por el otro lado. La psicoterapeuta le habló
entonces de su deseo de nacer, de ser otro. Un Nicolás que fuera la mezcla de
cosas de la mamá y del papá, pareciéndose un poco a cada uno. Afirmó,
conmovido, con la cabeza.

La $antasa inconciente espec$ica !e la leucemia lin$o#l&stica agu!a 5

Cuando investigamos la fantasía específica de la leucemia linfoblástica aguda
siguiendo los desarrollos que Burnet (1959) y Jerne (1975) realizaron sobre
inmunidad, decíamos que el sistema inmune se ocupa predominantemente de la
diferenciación entre lo que llamamos "propio" y lo que llamamos "ajeno"; y que se
presta, por lo tanto, mejor que cualquier otro sistema, para arrogarse la
representación completa del proceso psicofísico por el cual un sujeto se
"reconoce" a sí mismo como diferente entre sus similares. En este sentido, la
identidad, construida sobre la base de una combinatoria de identificaciones
primarias y secundarias, sería el resultado psíquico, conciente e inconciente, de
este proceso.
Durante la vida embrionario-fetal ÷afirmábamos÷ coexisten distintos clones o
familias linfocíticas sin ningún género de incompatibilidad, pero, más adelante, una
determinada selección clonal configurará la identidad del individuo, mientras que
las demás serán reprimidas. Así se establece la diferenciación entre lo propio y lo
ajeno.
Este proceso se ve posibilitado por la existencia de la memoria que conservan los
linfocitos que, cuando son estimulados, regresan a su condición de linfoblastos y
se reproducen, formando progenies o clones. Cada clon guarda una información
inmunitaria particular, la misma para todo el clon, que proviene de su linfocito de
origen. A partir de esa información se produce el reconocimiento específico
necesario para que los mecanismos de ataque y destrucción de la sustancia
"extraña" se pongan en acción. Lo ajeno, o extraño, no es pues, desconocido, es
algo familiar que ha sido reprimido.
De esta forma el sistema linfocitario se arroga especialmente la representación
simbólica de los procesos por los cuales se establece la identidad más precoz, que
es la que se logra mediante la identificación primaria y que se relaciona más
íntimamente con un tipo de identidad "familiar" asociada a la idea de ancestro y de
clan.
Si el sistema linfocitario normal actúa en salvaguarda de la identidad de un
individuo, su proliferación atípica podría representar una defensa exagerada frente
a una vivencia de pérdida. El nódulo central de la fantasía inconciente leucémica
linfoidea encierra un temor insoportable a perder la identidad establecida mediante
la identificación primaria.

La fantasía específica de la leucemia linfoblástica sería el resultado de la
combinación de dos "series" de fantasías inconcientes. Por un lado las fantasías
específicas linfocitarias y tímicas. Son fantasías vinculadas a los problemas de la
identidad e intimidad primitivas, a los trastornos de la inmunidad y a las vicisitudes
de la lucha contra los agentes patógenos que invaden al organismo. Por otro lado
estarían las fantasías específicas cancerosas, vinculadas a la proliferación
anárquica, con respecto al plan del organismo, de células neoplás icas. Estas
células representan el "triunfo" de una progenie "primitiva" que satisface de forma
extrema su propio "narcisismo".
1Por qu2 Nicol&s pro!u;o una leucemia3
Nicolás siempre sintió que formaban, con su mamá, una sola persona. Que
podían, los dos, pensar y querer lo mismo y hasta le parecía que no hacían falta
palabras para entenderse. Aunque un día se quedó muy sorprendi do porque,
según nos contó en la segunda hora de juego, él pidió "para los reyes" una
ametralladora y su mamá puso en la cartita "cualquier cosa". Tenía la sensación de
que ella siempre "sabía todo" y se sentía tranquilo cuando estaba cerca y lo
cuidaba. A veces ni para comer necesitaba hacer esfuerzos por sí solo.
Desde que su mamá está contenta y ocupada por el nacimiento de Cecilia, Nicolás
se siente perdido y no sabe qué hacer. Últimamente se sentía extraño. Nunca se
imaginó que iba a tener que compartir a su mamá, a la que sentía como una parte
de su propio cuerpo. Sin embargo, a partir del nacimiento de Cecilia, todo había
cambiado. Era muy chiquita, llorona y molestaba. Su mamá la atendía y ya no lo
miraba como antes. Le parecía que no era la misma mamá. Nicolás comenzó a
tener esa fea sensación de que no sabía nada, que no podía pensar, que no sabía
quién era. Se sentía perdido, no podía "estar" sin ella.
A él le dieron un dormitorio nuevo, mientras que a su hermana, esa nena de
"cachetes gordos" (así la llamó en su segunda hora de juego), le dejaron el cuarto
de él y le regalaron su cuna. Un mes y medio después se enteraron que estaba
enfermo, y los médicos, en el hospital, "lo empezaron a pinchar".
Pensamos que Nicolás no podía enojarse con su mamá, no podía ser su
"enemigo". Pelearse con ella era como pelearse con él mismo. A su papá lo veía
"ahí tranquilo". No entendía por qué razón "hacía todo como quería mamá".
A José y a Teresa, sus abuelos, los quería mucho. Todos los días comían jun tos.
Teresa lo mimaba y le daba todos los gustos. Pero, ¿cuál era el papá que
mandaba en su casa? ¿José, su abuelo, o su papá? ¿Por qué su papá no era
importante como lo era su mamá?
Nicolás mantenía con su madre una unión indisoluble, un vínculo en el que se
conservaban las características de las identificaciones primarias. No pudo realizar
la combinatoria de identificaciones necesarias para crecer e integrarse
conformando una identidad propia y diferenciada de la de sus padres. Sentía que
su mamá era Nicolás y Nicolás era su mamá. La presencia de su padre no adquiría
la fuerza necesaria para interrumpir dicha relación materno÷filial y configurarse
como un nuevo objeto de identificación.
Con el nacimiento de su hermana se desencadenó el proceso por el cual Nicolás
siente que su mamá ya no es la misma que antes. Comienza a desconocerla y a
desconocerse, experimenta que algo suyo lo trata como extraño. Ante la
imposibilidad de realizar el duelo por la pérdida de ese vínculo "simbiótico"
primario, comienza a sentir que algo de sí mismo se le vuelve ajeno.
Nicolás no puede "atacar" esa parte que siente diferente o extraña, porque también
siente que sería como "atacar" una parte de sí mismo. Teme dañar la identidad
compartida con su madre. Siente que su identidad, adquirida a través de esa
particular unión, es irrecuperable. Su enfermedad es un intento de reconstruir lo
que siente perdido.
Si el sistema linfocitario normal actúa en salvaguarda de la identidad de un
individuo, su proliferación atípica podría representar una defensa exagerada frente
a una vivencia de pérdida de la identidad establecida mediante la identificación
primaria. La proliferación linfoblástica representa, además, como todo cáncer, el
triunfo de una progenie "primitiva" que satisface de forma extrema su propio
"narcisismo".
Dijimos que no podía enojarse con su mamá, que no podía ser su "enemigo" y que
pelearse con ella era como pelearse con él mismo. Y sin embargo, la intolerancia
"inmunitaria" normal de Nicolás ha comenzado a "defenderse" de mamá, porque
mamá ha comenzado a diferenciarse como "extraña". Pero el intento permanece
fallido, la meta no se cumple. La progenie linfocítica se coarta en su fin, y el
intento, exacerbado y fallido, se descarga en una proliferación linfocítica, regresiva
y anómala, que, al modo de una transacción, lo representa sin cumplirlo.
Notas
1 El material . las conclusiones del presente capítulo, publicado por primera vez en Un
lugar para el encuentro entre medicina y psicoanálisis (Chiozza, L. 1999a [199!",
provienen del Estudio Catobio(r4fico realizado en Enero de 199E en el Centro Aeizsaec<er
de Consulta ?5dica, por los doctores Luis Chiozza . Enri$ue ,bstfeld . las licenciadas
#ilvana 'izenber( . Elsa Lanfri. )ueron presentados en el Encuentro ioplatense sobre
Psicoanálisis de los trastornos !rgánicos, en ?ontevideo, *. ,. F., en 9iciembre de 199G,
por #ilvana 'izenber(, Carmen 'rau%o, *ub5n +arcía, Cedro 6errera, 3n5s @aramanian,
Caula Cicco . Caula #teinber(. 9e este Dltimo traba%o, titulado 7Fn caso de leucemia
infantil7, hemos reproducido al(unos p4rrafos sin modificaci&n al(una.
2 Los datos de este apartado fueron obtenidos en Coplac<, 9. +. (190" . Coplac<, 9. +.,
*eaman, +., (1909".
3 #e realiz&, se(Dn el protocolo B)? 0/, poli$uimioterapia con prednisona,
vincristina,daunomicina, 1Hmarcaptopurinas . metotrexato.
4 +B G8EImm8 (1>, 1E, G?, sin blastos". 6b 1G,9 (r J . pla$uetas 8EE.EEE por mm8.
9iariamente purinetol 8IK comp., . metotrexato, 1 comp., sulfametoxazol, trimetoprima
cc. cada 1G horas.
5 =iene ho. (>oviembre de GEEE" $uince a;os . hace ocho a;os . medio $ue su
enfermedad se encuentra en remisi&n completa.
6 ' partir del Estudio Catobio(r4fico le fue indicado tratamiento psicoanalítico con una
frecuencia de cuatro sesiones semanales.
7 Los conceptos expuestos en este apartado sur(en de dos traba%os anteriores, 7Es$uema
para una interpretaci&n psicoanalítica de la leucemia linfobl4stica7 (Chiozza, L. . colab.
190a" . 7La san(re tiraL7 (Chiozza, L. 199/a [1901!", reproducido en el capítulo tercero
de este libro.
Luis Chiozza
El conteni!o latente !el horror al incesto ' su relación con el c&ncer
0
!!! no podían dormir" estaban tendidos" con los o%os abiertos" #
procuraban adormecerse cerrándolos con fuer)a! ;o me interesa
establecer qué le pasaba a la muchacha" pero en cuanto a Aili$is
diré que conmo(ido por la muerte de su padre # pensando en su
propia (ida suspiraba ecitado hasta que por fin saltó de la cama #
con los pies desnudos!!! al)ó el cobertor de -ib#lla #" abandonado
por 8ios" entre mil ilícitos besos entró en el lecho de su hermana!
Esta di%o" bromeando con (o) aho$ada que ecluía toda broma,
B¿Cómo" se'or duque? &e concedéis un $ran honor con esta
inesperada (isita ¿+ué méritos ten$o para sentir (uestra querida
piel %unto a la mía? &i ale$ría sería completa si callaran los
l<$ubres $ra)nidos de las lechu)as que re(olotean en torno de la
torre!
B-iempre chillan!
B-i pero no tan an$ustiosamente! En (erdad" #o creo que ello se
debe a que no de%áis en pa) (uestras manos" que de un modo tan
etra'o están luchando conmi$o! ¿+ué si$nifica" hermano" esta
lucha? 9hora ten$o %unto a mis labios tu dulce cuello! ¿Por qué
no? &e $usta> sólo te pido que no quieras separarme así las
rodillas" pues éstas siempre quieren estar absoluta unidas!
!!!!!!!!!!!!!!
B !!! hermana # duquesa" dulce parte mía" amada!
B5ecuerda Bdi%o ella con (o) apa$adaB que murió ho# # está allá
aba%o en el féretro! ?8é%ame" la noche pertenece al muerto@
B*emos nacido de la muerte Btartamudeó Aili$isB # somos sus
hi%os! ?/h" dulce amada" ríndete a tu hermano en la muerte #
concédeme lo que el 9mor otor$a como meta del amor@
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
9sí lle$aron ellos hasta el fin # satisficieron el deseo que el
demonio les había inspirado! 4 di%o él en%u$ándose la boca,
B9hora #a está hecho" lo podremos hacer una # mil (eces más!!!
Thomas Mann 2

I= El Comple;o !e E!ipo ' el horror al incesto en la teora psicoanaltica
En una carta a Fliess fechada el 15 de octubre de 1897, Freud hace la primera
referencia de la cual tenemos noticias acerca del posteriormente lla mado
Complejo de Edipo. Expresa que "... cada uno de los espectadores fue una vez, en
germen, y en su fantasía, un Edipo semejante, y ante la realización onírica
trasladada aquí a la realidad, todos retrocedemos horrorizados, dominados por el
pleno impacto de toda la represión que separa nuestro estado infantil de nuestro
estado actual" (Freud, 1897, pág. 262; Freud, 1950a [1887÷1902], pág. 785).
Posteriormente, en 1900, cuando escribe La interpretación de los sue 'os, incluye
este concepto (Freud, 1900a [1899], págs. 388 y sig.) que en el ínterin ha ido
tomando cuerpo en su mente y lo desarrolla, limitándose en esta obra a señalar el
hecho de su existencia, sin intentar explicar los factores que lo determinan.
Nuevamente menciona el horror que inspira la percepción de estos deseos
infantiles.
En 1905, en Una teoría seual, postula lo que podemos considerar ya una
exposición de los motivos que determinan la fijación infantil incestuosa. Expresa
que "cuando la primitiva satisfacción sexual estaba aún ligada con la absorción de
alimentos, el instinto sexual tenía en el pecho materno un objeto sexual exterior al
cuerpo del niño" (Freud, 1905d, pág. 812). Aquí también utiliza la palabra "horror"
para referirse a los sentimientos que provoca tal elección de objeto sexual 3.
Ya en su carta a Fliess había expresado Freud que la causa de tal horror debía
encontrarse en la circunstancia de que la represión separa nuestro estado infantil
de nuestro estado actual. Los motivos que inducen a la represión no son fáciles de
comprender. En Una teoría seual ensaya una primera explicación con las
siguientes palabras: "El respeto de estos límites es, ante todo, una tendencia
civilizadora de la sociedad, que tiene que defenderse de la concentración, en la
familia, de intereses que le son necesarios para la constitución de unidades
sociales más elevadas, y actúa, por lo tanto, en todos, y especialmente en el
adolescente, para desatar o aflojar los lazos contraídos en la niñez con la familia"
(Freud, 1905d, pág. 814).
Esta explicación de la inhibición del incesto era claramente insuficiente, y en las
posteriores ediciones, luego de la publicación de 6ótem" # tab< (1912÷1913) y de
El trauma del nacimiento de Rank 4, Freud le agregó dos notas intentando
completarla. En la primera de ellas aclara que: "La inhibición del incesto cuenta
entre las adquisiciones éticas realizadas por la humanidad en el curso de su
evolución, y probablemente aparece ya establecida en muchos individuos por la
fuerza de la herencia orgánica, como tantos otros tabúes morales" (Freud, 1905 d,
pág. 814). En la segunda de ellas expresa: "... ha referido Rank la adherencia
libidinosa a la madre a la prehistoria embrional, señalando así el fundamento
biológico del Complejo de Edipo. Apartándose de las opiniones antes expuestas
por nosotros, deriva la inhibición del incesto de la impresión traumática del
nacimiento" (Freud, 1905d, pág. 815).
Arnaldo Rascovsky y Abadi han enriquecido esta línea de investigación. Aportando
nuevos elementos, entre los cuales se destaca el carácter filicida de la madre, nos
inducen a pensar que el horror al incesto encubre el contenido siniestro y terrorífico
del retorno al vientre materno, retorno a un mismo tiempo deseado y temido.
En 6ótem # tab< Freud dedica un apartado al horror al incesto, horror para el cual
utiliza también el nombre de fobia. Rechaza la tesis que postula la existencia de un
horror innato al incesto, tesis que se basa en una afirmación no comprobada
acerca de que los matrimonios consanguíneos son perjudiciales para la
descendencia. Argumenta para esto, tomando una cita de Frazer, que: "Lo que la
naturaleza misma prohíbe y castiga no tiene necesidad de ser prohibido y
castigado por la ley" (Freud, 1912÷1913, pág. 578). Luego critica sus mismas
postulaciones anteriores acerca de que la inhibición del incesto es una adquisición
cultural brindada por la civilización, aduciendo que los pueblos primitivos muestran
hoy una mayor fobia al incesto que nuestra sociedad. "Cuando creímos poder
elegir ÷dice Freud÷, también para la explicación de la fobia del incesto, entre
causas sociológicas, biológicas y psicológicas, nos vemos obligados, a fin de
cuentas, a suscribir la resignada confesión de Frazer: «Ìgnoramos el origen de la
fobia al incesto y no sabemos siquiera en qué dirección debemos buscarlo.
Ninguna de las soluciones propuestas hasta ahora nos parece satisfactoria»"
(Freud, 1912÷1913, pág. 579).
No obstante la afirmación anterior, Freud intenta una nueva respuesta, recurriendo
para ésta a una más o menos hipotética reconstrucción de las formas de
convivencia en las sociedades primitivas. Supone entonces que el tabú del incesto
es el heredero del parricidio primitivo y queda establecido por la horda fraterna
como una manera de asegurar la convivencia a través del evitar que se constituya
un nuevo padre, que queda así sustituido por el tótem.
Más tarde, en El #o # el ello (1923b) y en "El final del Complejo de Edipo" (1924d),
Freud realiza algunas otras consideraciones acerca de la constitución del superyó
que pueden enriquecer la comprensión de este tema, y que retomaremos más
adelante. Señalaremos ahora sin embargo que, en términos generales, el superyó
aparece en estos trabajos como heredero, como consecuencia de la inhibición del
Complejo de Edipo y no puede por lo tanto ser interpretado como la causa primera
de esta inhibición que permanece así inexplicada. En la última de las obras citadas
(Freud, 1924d, pág. 501) expresa que tal vez la frustración termina por hacer
desaparecer al Complejo de Edipo, o que quizás éste desaparezca porque está en
su esencia el ser una etapa de la evolución que debe desaparecer, tal como
ocurre, por ejemplo, con los dientes de leche.
Recorriendo el camino de la teoría mediante la cual Freud delineó la e structura del
Complejo de Edipo, desembocamos pues en un interrogante que podemos
enunciar más o menos de la siguiente manera: ¿qué es lo que determina
normalmente la inhibición y represión del incesto?, o ta mbién: ¿cuál es el
contenido de una enfermedad, de características poco comunes, capaz de
conducir a la consumación material de las fantasías incestuosas que habitan en
cada uno de nosotros? El aporte de diferentes autores y otras ideas del mismo
Freud permiten arrojar una nueva luz sobre este interrogante.
Melanie Klein, prosiguiendo las investigaciones de Freud, expresa en El
psicoanálisis de ni'os: "... no solamente serían las tendencias incestuosas las que
darían lugar primero al sentimiento de culpa, sino que el temor del incesto mismo
se derivaría de impulsos destructivos que han entrado en relación permanente con
los más tempranos deseos incestuosos del niño" (Klein, 1932, pág. 150). En una
nota al pie aclara que en un trabajo anterior sostuvo que "sólo en los últimos
estadios del conflicto de Edipo hace su aparición la defensa contra los impulsos
libidinosos; en los primeros períodos la defensa se dirige contra los impulsos
destructivos ligados a ellos''.
Vemos así cómo para Klein la inhibición del incesto surge como resultado de la
ambivalencia y justo en el momento en que para la misma autora hace su
aparición el Complejo de Edipo. Es decir cuando la entrada en la posición
depresiva y la relación con los objetos totales transforma la ambivalencia en
ansiedad y provoca el pasaje del pecho al pene, en un intento de preservar al
objeto ambivalentemente valorado. Klein expresa categóricamente que: " ... son
principalmente los impulsos de odio los que ocasionan el conflicto de Edipo y la
formación del superyó y los que gobiernan los más tempranos y decisivos estadios
de ambos" (Klein, 1932, pág. 150). Aquí cita lo afirmado por Freud en "Los
instintos y sus destinos" (1915c), cuando expresa que en la relación del yo
narcisista con el mundo externo, el odio precede al amor.
Los conceptos de la autora citada parecen por fin encarar la comprensión
psicodinámica primaria de la inhibición del incesto, ya que las anteriores
aportaciones de Freud nos ofrecían una explicación de los motivos basada en la
internalización de factores sociodinámicos y en la repetición de una característica
psicobiológica. (Estos conceptos kleinianos se integran con las postulaciones de
Rank, Rascovsky y Abadi, quienes subrayan la importancia de las precoces
experiencias, ligadas a la vida intrauterina, como fuente del horror al incesto).
Sólo este nuevo enfoque, psicodinámico, de las tendencias incestuosas, podía
haber llevado a Klein a escribir las siguientes palabras:
Como he puntuali)ado más de una (e) en estas pá$inas" la
eistencia de relaciones seuales entre ni'os durante su (ida
temprana" especialmente entre hermanos # hermanas" es un
hecho mu# com<n! Los deseos libidinosos de los ni'os peque'os"
intensificados como están por sus frustraciones edípicas" %unto con
la ansiedad que emana de sus más profundas situaciones de
peli$ro" los impulsan a reali)ar acti(idades seuales desde que"
como he tratado de demostrar en el capítulo presente" no sólo $r
atifican su libido" sino que los capacitan para obtener refutaciones
a los diferentes miedos en relación con el acto seual! *e
encontrado repetidas (eces que si tales ob%etos seuales han
actuado además como fi$uras CbondadosasD" las primeras
relaciones seuales de esta naturale)a e%ercen una influencia
fa(orable sobre las relaciones de la ni'a con sus ob%etos # sobre
sus futuras relaciones seuales! 8onde un miedo ecesi(o a
ambos padres" %unto con ciertos factores eternos" hubiera
producido una situación edípica per%udicial para su actitud hacia el
seo opuesto # le hubiera impedido el mantenimiento de su
posición femenina # de su capacidad para amar" el hecho de que
ella ha#a tenido relaciones seuales con un hermano o hermano
sustituto en su primera infancia" # el que ese hermano" además" le
ha#a demostrado afecto real # ha#a sido su protector" la ha
pro(isto de una base para una posición heteroseual # ha
desarrollado su capacidad de amor! 6en$o uno o dos casos en los
que la ni'a ha tenido dos tipos de ob%etos de amor, uno
representaba al padre se(ero # el otro al hermano bondadoso! En
otros casos desarrollaba una ima$o que era la combinación de los
tipos, # aquí también sus relaciones con su hermano habían
disminuido su masoquismo! -ir(iendo como prueba" basada en la
realidad de la eistencia del pene bueno" las relaciones de la ni'a
con su hermano fortificaron su creencia en el pene intro#ectado
bueno # moderaron su miedo a los ob%etos intro#ectados malos!
Ellos también la a#udaron a dominar su ansiedad en este sentido"
desde que al reali)ar actos seuales con otro ni'o" adquirió el
sentimiento de estar li$ada a él contra sus padres! -us relaciones
seuales hicieron a los dos ni'os cómplices de un crimen"
re(i(iendo en ellos fantasías de masturbación sádica que se
diri$ían ori$inariamente contra su padre # madre" # permitiendo
que las tolerasen %untos!
9l compartir así esa profunda culpa" cada ni'o se siente ali(iado
de al$o de su peso # está menos asustado" porque cree que tiene
un aliado contra sus ob%etos temibles! -e$<n lo que he (isto" la
eistencia de una complicidad secreta de esta naturale)a" que en
mi opinión desempe'a una parte esencial en toda relación de
amor" aun en personas ma#ores" es de especial importancia en
las li$aduras seuales donde el indi(iduo es paranoide!
La ni'a también considera su li$adura seual con otro ni'o" que
representa el ob%eto bueno" como una refutación" por medio de la
realidad" de su miedo a su propia seualidad # a su ob%eto como
al$o destructi(o" de modo que una li$adura de esta clase puede
impedir que se ha$a frí$ida o que sucumba de otro trastorno
seual en la (ida posterior (Klein, 1932, págs. 234÷235).
Luego añade:
-in embar$o" aunque" como hemos (isto" las eperiencias de esta
índole pueden tener un efecto fa(orable sobre la (ida seual de la
ni'a # sus relaciones de ob%eto" pueden también conducir a serios
trastornos en este terreno! -i sus relaciones seuales con otro
ni'o sir(en para confirmar sus miedos más profundos B#a sea
porque su pare%a es demasiado sádica o porque la reali)ación del
acto seual hace sur$ir a<n más ansiedad # culpa en ella a causa
de su propio sadismo ecesi(oB" su creencia en la maldad de sus
ob%etos intro#ectados # de su propio ello serán más fuertes a<n" su
super#ó será más se(ero que nunca" #" como resultado" su
neurosis # todos los defectos de su desarrollo seual # caract
eroló$ico serán ma#ores!. (Klein, 1932, pág. 235)!
Encontramos precisamente en 6ótem # tab< algunos conceptos que contienen el
germen de la concepción que desarrolló Klein apoyándose en la postulación de los
instintos de muerte.
En primer lugar Freud señala la permanente relación del tabú con la ambivalencia,
y a pesar de que en esta época la ambivalencia no era conceptualizada como
dependiente del instinto de muerte, aquello que más tarde Klein consideró como
ansiedad depresiva y paranoide frente al objeto, apa rece aquí delineado con
bastante claridad en forma de sentimientos de culpa y temores taliónicos que
sustentan el mantenimiento del tabú.
Más importantes aún para el tema que nos ocupa son las siguientes palabras de
Freud: "Las personas y las cosas tabúes pueden ser comparadas a objetos que
han recibido una carga eléctrica; constituyen la sede de una terrible fuerza que se
comunica por el contacto y cuya descarga trae consigo las más desastrosas
consecuencias cuando el organismo que la provoca no es suficientemente fuerte
para resistirla. Por lo tanto, las consecuencias de la violación de un tabú no
dependen tan sólo de la intensidad de la fuerza mágica inherente al objeto tabú,
sino también de la intensidad del maná que en el impío se opone a esta fuerza"
(Freud, 1912÷1913, págs. 521÷522). Luego expresa: "... el peligro seria
directamente proporcional a la diferencia de tales cargas. Lo más singular de todo
esto es que aquellos que tienen la desgracia de violar una de tales prohibiciones
se convierten, a su vez, en prohibidos e interdictos, como si hubieran recibido la
totalidad de la carga peligrosa" (Freud, 1912÷1913, pág. 522).
Estos conceptos de Freud acerca del "maná" pueden ser integrados con sus
afirmaciones vertidas en El #o # el ello (1923b, pág. 25), cuando expresa que la
debilidad del yo incipiente le impide mantenerse unido frente a las primeras
identificaciones, y que el superyó se forma así, en primer lugar, mediante este
mecanismo, y se constituye en heredero del Complejo de Edipo. Encontramos en
esto la base de lo que Klein conceptualizó como Edipo temprano a partir de los
conceptos de instinto de muerte e incapacidad del yo precoz para tolerar la
ansiedad.
Apoyándonos en los anteriores postulados de Freud podemos pensar que el temor
al incesto ' su consiguiente inhi#ición surgen, no sólo como consecuencia de
una necesidad depresiva de preservar a los objetos originales de la acción
destructiva de los impulsos ambivalentes, tal como lo expresó Klein, sino también
pue!en ser el resulta!o !e una ansie!a! persecutoria@ el temor primario !el
'o $rente a la realización !e los instintos en un o#;eto que lo e(pone a una
!escarga instinti+a masi+a* a un man& e(cesi+o que no est& en con!iciones
!e ela#orar

II= El horror al incesto en la trans$erencia como e(presión !e una e(citación
narcisista ' tan&tica
A partir de las formulaciones de Freud acerca del Complejo de Edipo y de su
descubrimiento de la transferencia, ha quedado claro, y es confirmado
cotidianamente por la práctica psicoanalítica, que el vínculo transferencial÷
contratransferencial contiene siempre una fantasía incestuosa actual que resulta
precisamente uno de los objetivos primordiales del análisis 5. Se acepta además
que este Complejo de Edipo retiene aquellas magnitudes libidinosas que
configuran la perturbación económica básica de la neurosis. Tomando en cuenta
las ideas que expresa Freud en 6ótem # tab< (1912÷1913, pág. 557), podemos
pensar que la omnipotencia de las ideas brinda a la mera fantasía incestuosa el
carácter de un incesto consumado en la transferencia.
Debemos aceptar pues que durante la realización de una sesión de tratamiento
psicoanalítico, y cualquiera que sea el caso considerado, el paciente se enfrenta
con la consumación del incesto. No se nos escapa sin embargo que subsiste un
interrogante de respuesta difícil. Considerando aquellos casos en los cuales el
coito incestuoso se ha consumado "real y materialmente": ¿Cuál será la especial
característica que esta circunstancia confiere a la transferencia y
contratransferencia que se realiza en el tratamiento? No nos ocuparemos ahora de
este interrogante, que sólo podríamos responder a medias y cuyo enfoque exigiría
una labor más extensa.
Roheim, citado por A. y M. Rascovsky (1967), expresa que "los psicoanalistas han
formulado la observación de que, como el mito de Edipo conti ene una versión sin
censura del complejo edípico, probablemente esté ocultando algo más". Partiendo
de una consideración idéntica procuraremos penetrar en el contenido latente del
horror que se experimenta ante el incesto. La unión del horror y el incesto posee
un grado suficiente de conciencia como para permitirnos sospechar que tal horror
ha de ocultar un contenido latente distinto del incesto aunque asociado con él a
través de algunas semejanzas.
De acuerdo con lo expresado por Melanie Klein, podemos interpretar que las
fantasías persecutorias vinculadas con el incesto se derivan de impulsos
destructivos para con el objeto, inherentes a la carga libidinosa contenida en la
fijación a las imagos primarias. Sin embargo, junto al contenido sádico de la cópula
incestuosa transferencial, debemos mencionar el carácter superyoico del objeto
que a nuestro entender condensa la representación de los impulsos instintivos y de
una figura superyoica íntimamente ligada con esos impulsos, y por lo tanto de
carácter "temprano". Este superyó precoz, considerado en el sentido que postula la
teoría kleiniana, expresa ya una fantasía de castigo que evidencia sentimientos de
culpa y temores taliónicos por el daño ocasionado al objeto.
Abandonaremos en este trabajo, apenas esbozada, una línea teórica semejante
con la cual nos encontramos en completo acuer!o, para centrarnos en el
estudio y la consideración de los aspectos más ''tempranos'' correspondientes a
estadios del desarrollo tánato÷libidinoso más primitivos aún, vinculados con la vida
intrauterina y con la configuración narcisista de las cargas instintivas.
Freud afirma que "la excitación sexual nace, como efecto secundario, en toda una
serie de procesos internos ÷ "en realidad en todos y cada uno de los órganos"
(Freud 1905d, pág. 818)÷ en cuanto la intensidad de los mismos sobrepasa
determinados límites cuantitativos" (1924c, pág. 1025). Si tenemos en cuenta que
para él "la diferencia que presentan las funciones psíquicas de los diversos
instintos puede atribuirse a la diversidad de las fuentes de estos últimos" (1915c,
págs. 1037÷1038), podemos considerar que el aspecto cualitativo queda de esta
manera indisolublemente ligado a tal formulación económica.
En lo sucesivo cuando dentro de una separación conceptual, y por lo tanto
artificial, nos referimos al aspecto económico, y sobre todo cuando utilizamos la
palabra excitación para referimos a una carga tanatolibidinosa del yo que éste
procura descargar, suponemos implcita la consi!eración !el aspecto
cualitati+o, tal como se desprende de las anteriores palabras de Freud integradas
con sus conceptos posteriores acerca de los instintos de muerte. Damos por
senta!o a!em&s que , cualquiera sea la excitación a la cual aludimos, ésta se
encuentra liga!a en la $antasa inconciente al +nculo con !etermina!os
o#;etos.
Años después, y luego de haber postulado la existencia de los instintos de muerte,
habla de una energía "... desplazable e indiferente en si, pero susceptible de
agregarse a un impulso erótico o destructor, cualitativamente diferenciado, e
intensificar su carga general" (Freud, 1923b, pág. 23), y agrega: "Declararé,
entonces, que dicha energía, desplazable e indiferente, que actúa probablemente
tanto en el yo como en el ello, procede, a mi juicio, de la provisión de libido
narcisista, siendo, por lo tanto, Eros desexualizado" (Freud, 1923b, págs. 23÷24).
En las anteriores palabras de Freud vemos, pues, cómo la excitación surgida del
funcionamiento corporal a través de las zonas erógenas que constituyen
simultáneamente fuentes del impulso y agentes de la descarga, puede desplazarse
y contribuir a la intensificación de los instintos eróticos o tan&ticos
cualitativamente diferenciados. Esta posibilidad que posee la energía libi dinosa
frustrada de contribuir al incremento de tánatos, nos permite comprender el horror
y la angustia como experiencias surgidas ante la e(citación insatis$echa que ha
empren!i!o una regresión .narcisista. y ante la posibilidad de una descarga de
tal excitación narc isista ya "tanatizada".
Muchas veces el análisis del vínculo objetal que se realiza mediante la
transferencia pone en evidencia el intento de satisfacer la fantasía de una unión
del sujeto consigo mismo a través del objeto analista que pasa a representarlo. La
excitación que corresponde a la frustración de tales pulsiones, ligadas a la elección
narcisista, manifiesta en algunas ocasiones un marcado carácter tanático.
Al observar las vicisitudes que experimenta esa excitación en el campo de la
transferencia, se enriquece nuestra comprensión de los conceptos de Freud
anteriormente mencionados.
Es frecuente que aparezca angustia, por ejemplo, frente a la conciencia de la
transferencia positiva, y que esta transferencia positiva muestre pronto el
componente de excitación sexual insatisfecha que, coartada en su fin ÷y si existe
un trastorno de la capacidad de sublimación÷ se incrementa paulatinamente. Una
excitación creciente semejante aparece entonces representada como algo
doloroso, que suele quedar asociado al insomnio o al desasosiego, y cuyo
descontrol suele ser vivenciado como locura o descompostura.
Muchas veces esta "calentura" frustrada aparece simbolizada como fiebre o como
sensación de frío, y es común, además, que ambas representaciones queden
asociadas en forma de escalofríos. La interpretación de estos contenidos en la
transferencia y en la contratransferencia permite comprender a menudo más
profundamente la transformación patológica de la excitación, que algunas veces
aparece representada a través de perturbaciones en el orgasmo, y que otras
puede adquirir la forma de una fantasía de estallar o explotar, y cuyo contenido
latente alude a la descarga de una tal excitación que ha tomado por objeto al
propio organismo que constituye su fuente.
En los casos más extremos aparece la transformación de la mencionada excitación
en el estar "hinchado" o aburrido. También a través del hastío, el fastidio y, más
aún, la modorra o el letargo, se expresa el horror encubierto y el efecto traumático
que ocasionan al yo los impulsos instintivos que, frustrados, han emprendido una
regresión narcisista y se descargan sobre ese yo que ya no puede satisfacer sus
demandas.
Una excitación semejante se manifiesta en la transferencia como algo
inseparablemente unido al vínculo con diferentes objetos, y configura así un
aspecto dinámico÷estructural cuyo estudio abandonaremos por el momento para
centrarnos en consideraciones económicas tendientes a enriquecer nuestra
comprensión del horror al incesto.
Los vaivenes y las vicisitudes de la excitación surgen asociados con fantasías
libidinosas y tanáticas, con impulsos narcisistas y objetales, con características
sádicas y masoquistas; incluso, a través de fantasías oraldigestivas, la excitación
que procuramos destacar puede ser considerada al servicio de los intereses del
yo. Estos intereses del yo, que desencadenan junto con la libido oral el mecanismo
de identificación, adquieren importancia como determinantes del proceso
terapéutico, logrado a través de la transferencia.
Si queremos mostrarnos acordes con las hipótesis postuladas por Freud y citadas
anteriormente, podemos pensar que una misma energía se transforma o se
desplaza cargando las estructuras inconcientes que constituyen el sustrato de los
diferentes instintos.
Si tenemos en cuenta las siguientes palabras de Freud (1924c, pág. 1025):
"También la excitación provocada por el dolor y el displacer ha de tener una tal
consecuencia [aportar algún componente a la excitación del instinto sexual]".
Podemos suponer que aun aquellas energías al servicio de los instintos de muerte,
en ciertas condiciones de la economía tánato÷libidinosa pueden contribuir con una
magnitud determinada a la excitación del instinto sexual.
Los conceptos postulados por Freud acerca de la existencia de una misma energía
indiferente y desplazable, capaz de contribuir a la excitación de los diferentes
instintos, pueden integrarse con sus afirmaciones expresadas en 6ótem # tab<, y
citadas anteriormente, acerca del maná como e xpresión de una terrible fuerza
cuya descarga es peligrosa sólo en la medida en que el organismo que la provoca
no sea suficientemente fuerte para resistirla.
Teniendo en cuenta estas consideraciones, podemos concluir aceptando que una
misma e(citación y a través de los distintos momentos que es posible observar
expresados en la transferencia, pue!e ser consi!era!a #ene$iciosa o
per;u!icial seg?n la capaci!a! que posea el 'o para asimilar o ela#orar !icha
e(citación* me!iante una i!enti$icación o relación !e o#;eto e(itosas.
En algunos casos las vicisitudes recientemente comentadas nos permiten suponer
la existencia de un yo débil e introducirnos así en consideraciones estructurales
que nos ocuparán más adelante.

III= Conteni!os oral!igesti+os e intrauterinos !el Comple;o !e E!ipo ' su
interrelación recproca en las $antasas hep&ticas
En el Complejo de Edipo podemos encontrar fantasías correspondientes a los
distintos niveles de la evolución tánato÷libidinosa. Ìncluso las fantasías uretrales o
anales podrían considerarse especialmente importantes o significativas. Sabemos
sin embargo que los núcleos más enfermos dentro de una personalidad, son los
que contienen aquellas fantasías y ansiedades que corresponden a las
perturbaciones acaecidas en las épocas más "tempranas", y que precisamente es
a través de la patología como podemos adentrarnos en la comprensión de los
mecanismos y contenidos inconcientes presentes en el hombre normal. Nos
limitaremos, pues, para centrar nuestro tema, a destacar algunas fantasías
primitivas que pueden ayudarnos a comprender más adelante la dinámica y la
estructura correspondiente al horror al incesto y a su consumación material.
En diversos aspectos de las fantasías aportadas por nuestros pacientes aparecen
contenidos orales que expresan, en el contexto de la relación objetal transferencial,
la equiparación, en la fantasía, del coito con la ingestión. Ya encontramos en esto
una estructura regresiva y narcisista. Según esta estructura narcisista, el
mecanismo a través del cual se cargan los objetos, es sustituido, siguiendo la
pauta señalada por Freud (1917e [1915], 1921c, 1923b), por el proceso más
primitivo de la identificación. Fenichel (1957, pág. 508) ha escrito: "«Regresión de
la relación de objeto a la identificación», «regresión al narcisismo» y «regresión a
la oralidad», significan una y la misma cosa contemplada desde diferentes puntos
de vista".
El aspecto digestivo de estas fantasías "genitales" narcisistas aparece ya a la
observación superficial en la ecuación simbólica realizada entre el embarazo y la
gordura, común en muchas expresiones del lenguaje popular. Sin embargo,
profundizando en el análisis de estos contenidos, podemos encontrar un aspecto
digestivo esencial de mayor importancia y de cualidades más "tempranas" ligado al
mismo proceso de identificación o asimilación de los objetos. Este mecanismo
digestivo÷metabólico que hemos estudiad o detalladamente en trabajos anteriores
(Chiozza, L., 1998a [1963÷1970], 1963b, 1970d [1966]), y que aparece
simbolizado frecuentemente a través de fantasías hepáticas, surge frecuentemente
en la transferencia y en la contratransferencia, vinculado a contenidos
representados mediante fantasías que aluden a la vida intrauterina.
Cabe señalar dos aspectos importantes dentro de tales fantasías. Por un lado
aparece el carácter placentero del retorno intrauterino, retorno que ha sido
señalado por Rank 6, Rascovsky (1960) y Abadi (1960), como una motivación
subyacente a la fijación incestuosa. Por otro lado encontramos en cambio el
carácter penoso de este encierro narcisista, y la cualidad terrorífica del mismo
aparece repetidamente en el contenido latente del material aportado por nuestros
pacientes. [En un trabajo anterior hemos estudiado estos dos aspectos en el mito
de Prometeo (Chiozza, L., 1970d [1966])].
Abadi (1960) y A. y M. Rascovsky (1967) han vinculado el carácter siniestro y
terrorífico de este encierro con la imago intensamente persecutoria de una madre
filicida. Han considerado esta temática como un importante contenido latente entre
las determinantes del mito de Edipo. En el próximo apartado volveremos a
ocuparnos del aspecto terrorífico vinculado a las fantasías embrionarias y fetales,
presentes en el incesto.

IV= El narcisismo ' la $antasa !e una cópula herma$ro!ita conteni!os en la
$i;ación a un o#;eto consanguneo* incestuoso
Sabemos que Freud define al narcisismo primario como aquel particular estado en
el cual una magnitud de libido proveniente del ello carga al yo. Yo que adquiere en
esta definición el sentido de ser "ante todo un yo corporal" (Freud, 1923b). El
narcisismo secundario surge mediante la asimilación de los objetos en el yo, que
provoca la retracción sobre éste de las cargas libidinosas dirigidas hacia esos
objetos. Coexistiendo en el aparato psíquico con las cargas narcisistas primarias y
secundarias, ambas dirigidas hacia el yo, encontramos el mecanismo que Freud
(1914c) denominó introversión y que se ocupó en diferenciar claramente del
narcisismo. En la introversión la carga se dirige hacia un objeto introyectado en el
mundo interno, que permanece así a mitad de camino entre el yo y el mundo
externo.
La introyección de este objeto se ha visto facilitada por la existencia de una previa
elección narcisista, modalidad de elección que se realiza mediante la búsqueda y
la proyección de una parte considerable del yo en el objeto. Freud (1914c) aclara
además que este mecanismo, constituido por la elección narcisista y la introversión
de la libido, se diferencia claramente del narcisismo secundario. Se trata, señala,
de un mecanismo que sup one la existencia de un yo ideal disociado del yo
primitivo; un yo ideal capaz de atraer las cargas del narcisismo primario. Tal
formación de un ideal, sostiene, configura ya una salida del narcisismo.
El vínculo introvertido, el vínculo con los objetos de la fantasía, según la
descripción de Freud, se halla a mitad de camino entre los estadios narcisistas y
objetales de las cargas libidinosas. Esto nos permite considerarlo narcisismo frente
a las cargas objetales y asimismo tener en cuenta su carácter objetal frente a la
distribución narcisista de la libido.
Por último, cabe señalar aquí las conexiones existentes entre la elección
narcisista, el vínculo introvertido con los objetos de la fantasía que constituyen el
recuerdo, y la identificación o introyección melancólica, modal idad de
identificación que es a la vez causa y consecuencia de los factores mencionados
(Chiozza, L., 1970d [1966]).
Solemos destacar repetidamente el carácter narcisista de algunas configuraciones
libidinosas. De acuerdo con los anteriores conceptos de Freud, podemos tener en
cuenta distintas intensidades o cualidades de esa configuración narcisista de la
libido.
El aspecto de introversión surge frecuentemente, por ejemplo, cuando en el
contexto de la transferencia se proyecta en el analista un objeto intrapsíquico de
naturaleza ideal, elegido de manera narcisista, al cual se fantasea manejar
omnipotentemente. Ese mismo aspecto aparece también proyectado sobre el
terapeuta cuando se le reprocha que siga ocupado "narcisísticamente" en sus
objetos ideales (habitualmente representados por "el psicoanálisis") mientras
abandona al paciente dentro de la excitación que el analista mismo le provoca.
El narcisismo propiamente dicho, tanto primario como secundario, caracterizado
por la depositación de la carga libidinosa en el yo, puede ser visto en la
transferencia de una manera indirecta, ya que es difícil suponer la existencia del
mero proceso de transferir sin que haya objetos internos ideales que representan
una evolución hacia el objeto de las cargas libidinosas retenidas en el yo. Sin
embargo, en el material clínico encontramos repetidamente alusiones a un estado
narcisista, habitualmente representado como castillos, murallas, encierros, quistes,
etcétera.
Nos centraremos ahora en tratar de comprender un aspecto del incesto
íntimamente vinculado tanto con el narcisismo propiamente dicho como con
aquella configuración introvertida e ideal que suele también denominarse
narcisista, puesto que contiene un importante remanente de ese narcisismo.
Es posible encontrar frecuentemente en el material de algunos enfermos claras
alusiones a la pareja incestuosa que forman con el terapeuta en el campo de la
transferencia. Suele también aludirse al significado peligroso que adquieren para el
paciente las interpretaciones del analista y los sentimientos que, como producto de
la transferencia, surgen en él durante el "contacto" con el terapeuta.
Todo eso suele quedar simbolizado a través de un coito prohibido que fructifica en
un embarazo deseado y temido. Pero el aspecto que nos interesa destacar es el
contenido narcisista que suele adquirir esta fantasía i nconciente por obra de la
cual la sesión es vivenciada como si se tratara de una introyección que alcanza al
valor simbólico de un coito. Ese carácter narcisista de la fantasía de coito÷
introyección se manifiesta muchas veces, en el material del paciente, a través de
quejas o de "preocupaciones". Puede lamentarse, por ejemplo, de que "tiene que
hacer todo", o inquietarse por el hecho de sentirse "dueño", de pronto, del
tratamiento, o de bienes materiales. Esta última situación habitualmente representa
a la reintroyección de los aspectos yoicos ideales, previamente depositados en el
analista. El terapeuta suele quedar entonces desvalorizado y es sentido como
alguien ajeno, extraño, incapaz de comprender, mientras que, al mismo tiempo,
aparece como alguien que se aleja, abandonando al paciente que ha quedado
abrumado por una riqueza que no puede manejar.
Esa "riqueza" que abruma debe corresponder, de acuerdo con lo que hemos
desarrollado hasta aquí, y desde un punto de vista económico, a la excitación
"narcisista". Podemos sin embargo enriquecer estas consideraciones si adoptamos
un punto de vista dinámico÷estructural.
En primer lugar, mediante la fantasía de ingestión y embarazo, el paciente no sólo
se adueña de la riqueza ideal del analista, sino también de la misma escena
primaria que éste contiene y frente a la cual se siente excluido y excitado. En
segundo lugar, esta escena primaria (que queda representada en el feto, símbolo
de los impulsos del ello y de la unión de los sexos) amenaza ahora "desde
adentro" al yo que se siente excluido y excitado, como antes, en la unión
incestuosa con el analista, lo amenaza ba "desde afuera" como consecuencia del
proceso que denominamos transferencia.
Podemos pensar que esta escena primaria, representada en el feto que contiene la
unión de "dos seres", es introyectada como consecuencia de la envidia, los celos,
o las ansiedades orales, configurando así una estructura maníaco÷melancólica
mediante el mecanismo de la identificación con el perseguidor.
Esta interpretación nos parece adecuada, pero si tenemos en cuenta los conceptos
postulados por Freud en El #o # el ello (1923b, pág. 17) acerca de la identificación
primaria con ambos padres de la prehistoria (1923b**, pag. 31) personal,
podemos suponer que esta escena primaria contiene tam#i2n la protoimago de
una cópula arcaica que llega al yo desde el inconciente, modificada o no a través
del pasaje por los objetos externos, y como expresión de una fantasía heredada.
Si aceptamos esta última interpretación, que nos parece acorde con el
pensamiento de Freud, y con las ideas de algunos autores que se han ocupado
especialmente de investigar las fantasías correspondientes a la vida intrauterina
(Rascovsky, 1960; Cesio y colab., 1964), podemos enriquecer nuestra
comprensión a partir de las consideraciones teóricas que expondremos a
continuación.
Freud, a través del estudio de las fantasías inconcientes, llega en repetidas
ocasiones a replantear la hipótesis, conocida ya desde los tiempos de Platón,
acerca del carácter bisexual del organismo biológico primitivo. Así, por ejemplo,
afirma: "En los psicoanálisis de los sujetos psiconeuróticos se transparenta con
especial claridad la supuesta bisexualidad original del individuo" (Freud, 1908a,
pág. 957).
Otros autores se han ocupado de este mismo tema, entre los cuales podemos
destacar a Rado (1962), quien en "Un examen crítico del concepto de
bisexualidad" discurre acerca de la existencia real en el hombre de las
características constitucionales hermafroditas repetidamente señaladas.
Sin entrar en consideraciones biológicas acerca de la realidad de esta supuesta
organización bisexual primitiva en el ser humano, nos interesa el hecho clnico
!e su e(istencia en la $antasa, y nos interesa también comprender el contenido
latente que se manifiesta en las fantasías bisexuales o hermafroditas. Podemos
suscribir aquí las palabras de Nunberg (1950, pág. 81): "Suceda lo que suceda, en
la fantasía el hombre es un ser bisexual".
Abadi (1960) ha realizado un profundo estudio del Complejo de Edipo, en el cual el
análisis de estas fantasías hermafroditas contenidas en el Mito ocupa un lugar
destacado. Examinando distintos mitos, y desarrollando consideraciones que
encontramos en Freud (1905d, 1910c), ha destacado que las fantasías
homosexuales contienen un anhelo procreativo narcisista y bisexual, simbolizado a
través del ser andrógino o hermafrodita y presente entre los atributos de la
divinidad.
Esta divinidad, tal como lo ha señalado Freud, es a su vez no sólo representante
del superyó, sino también de "la omnipotente vida instintiva" (Freud, 1932a [1931],
pág. 25). Utilizaremos la palabra "hermafrodita" para referirnos a este aspecto
procreativo de las fantasías narcisistas, íntimamente ligado, en la fantasía
inconciente, a vivencias hipocondríacas de crecimiento corporal.
El paradigma de estas fantasías bisexuales que se utiliza como ejemplo en la
mayoría de los trabajos que se ocupan del tema, desde Freud hasta nuestros días,
es el conocido mito de El banquete, de Platón, según el cual el ser humano era
primitivamente un ser andrógino, hermafrodita, de forma esférica, que fue
separado en dos mitades "hetero÷sexuales" por Zeus, quien castigó así su
arrogante soberbia (Abadi, 1960) 7.
En el estudio que acerca del Mito de Prometeo realizamos (Chiozza, L., 1970d
[1966]) nos ocupamos de analizar uno de los contenidos de estas fantasías
bisexuales. Llegamos a la conclusión de que el car&cter narcisista !e la li#i!o al
ser+icio !e los intereses !el 'o* entreteni!a en el proceso !e crecimiento que
se realiza me!iante la repro!ucción celular ' a tra+2s !el proceso !e
i!enti$icación o asimilación* a!quiere una representación en la $orma !e una
escena primaria #ise(ual* o sea herma$ro!ita.
De acuerdo con el planteo que acabamos de exponer, la excitación que se
manifiesta en la transferencia a través de fantasías incestuosas (y el horror que la
acompaña, que suele expresarse a través de fantasías de un embarazo temido, de
estar "hinchado" o aburrido, o del temor a explotar) surge del inconciente unida a la
protoimago de una pareja que cohabita en el interior del sujeto, de una manera que
podemos calificar de narcisista, bisexual o hermafrodita. Se trata de un "coito" que
lo expone en la fantasía a un crecimiento angustiante que habitualmente se
representa en el propio esquema corporal. Volveremos nuevamente sobre este
tema, ya que ahora sólo nos interesa destacar las relaciones que este contenido
de excitación posee con la fijación incestuosa y con la consumación del incesto.
Señalamos ya que la excitación sexual "placentera" que se experimenta en la
transferencia, y el horror que aparece tan estrechamente asociado con ella,
pueden ser considerados, de acuerdo con las afirmaciones de Freud acerca del
"maná", como dos experiencias diferentes del yo frente a una misma energía.
Señalamos también que el carácter incestuoso siempre está presente en esa
excitación transferencial, y nos ocupamos luego de estudiar el contenido narcisista
del incesto.
El consi!erar este car&cter narcisista !e la $antasa incestuosa nos permite
compren!er que el incesto constitu'e tam#i2n un intento* a me!ias logra!o*
!e a#an!onar el narcisismo propiamente !icho* en el cual la li#i!o se
!eposita so#re el 'o* ' que* simult&neamente* constitu'e un intento !e
conser+ar este narcisismo a tra+2s !e la elección !e un o#;eto consanguneo
o en!og&mico que represente al propio 'o.
Cabe preguntarse cuál es la razón por la cual la elección narcisista es en algunos
casos predominantemente homosexual (sea o no consanguínea), mientras que en
otros el narcisismo se manifiesta en la particular intensidad de la fijación
incestuosa heterosexual. Es indudable la intervención de otros factores cuyo
estudio no podemos emprender en este momento 8.
La relación entre el narcisismo y el incesto nos parece, a través del mecanismo
señalado y presente a nuestro juicio en la fijación incestuosa, indudable 9. Si
integramos estas consideraciones con el estudio realizado acerca del incesto por
otros autores que han señalado repetidamente el carácter hermafrodita de Edipo
(Abadi, 1960) y sobre todo el de la esfinge 10, podemos subrayar nuevamente,
entre los contenidos determinantes de la fijación incestuosa, una transformación
progresiva de la libido narcisista que abandona la descarga a través de una
fantasía bisexual, hermafrodita, que corresponde al crecimiento y al desarrollo
corporal, para dirigirse a un objeto consanguíneo capaz de satisfacer, dentro de
esa misma fantasía, el remanente de excitación narcisista.

V= 8antasas !e un crecimiento maligno* in+asor* ' !e un em#arazo
monstruoso* conteni!as en el horror al incesto
Cesio (1964, págs. 55÷56) ha escrito:
En el psicoanálisis de la mu%er encontramos que las fantasías de
embara)o # parto" además de los contenidos estudiados por
Lan$er" están en relación con fantasías de desarrollar e inte$rar
en el #o posnatal los contenidos que han quedado ecluidos"
aletar$ados en lo inconciente!!! Los contenidos prenatales
aletar$ados 0incesto" parricidio" etc!1 son mu# persecutorios #
cuando CdespiertanD el #o reacciona con alarma! El embara)o es
una manera de pro#ectar en el feto estos contenidos persecutorios
disociándolos por completo del #o! /tra manera de disociar los
contenidos prenatales aletar$ados que CdespiertanD es a tra(és
de desarrollos patoló$icos en el cuerpo que resultan así (ersiones
re$resi(as mu# (inculadas a fantasías de embara)o # parto! El
aparato di$esti(o es uno de los medios más utili)ados en ese
sentido!
Es más" el carácter masoquista de estos contenidos prenatales
hace que" tal como #a di%imos" se epresen en ni(eles anales> es
así que en el aparato di$esti(o encontramos una rica patolo$ía
que corresponde a la elaboración de fantasías de embara)o #
parto!!! Los aspectos prenatales que permanecen aletar$ados
están CperdidosD para el #o! El anhelo por la fecundación implica
en la mu%er la fantasía que en la unión de las $ametas consi$ue
inte$rar en su #o estos elementos primarios 0escena primaria1 que
perdió en su desarrollo postnatal!
En el desarrollo de un historial clínico escrito en 1963 (Chiozza, L., 1998c [1963÷
1970]) nos ocupamos detalladamente de la evolución de estos aspectos en la
transferencia. Ese historial fue centrado en la consideración del letargo, la
somatización y la simbiosis como expresiones de una regresión defensiva a las
fantasías y mecanismos fetales ante las repetidas y masivas pérdidas de objeto.
Nos apoyamos también en esa ocasión en ideas de Bleger (1962), quien señala
que la ruptura de un vínculo simbiótico y la correspondiente reintroyección
traumática del objeto depositado, puede ser expresada a través de una fantasía de
embarazo. Subrayamos entonces especialmente el carácter profundamente
regresivo, prenatal, de tal estructura melancólica, y sus fantasías digestivas
anales, orales y hepáticas, estructura a la cual denominamos protomelancolía
(Chiozza, L., 1998 a [1963÷1968]; Aizenberg, 1964), para señalar sus diferencias
con la melancolía clásica, centrada en los contenidos orales y anal÷sádicos de la
vida postnatal.
En el próximo apartado retomaremos un aspecto parcial de estas ideas al
ocuparnos de las relaciones entre la estructura melancólica presente en el
psiquismo y la materialización del incesto. A partir de nuestras consideraciones
anteriores acerca del contenido narcisista que posee el incesto, contenido que
puede llegar incluso a quedar representado en la fantasía como una cópula de
carácter hermafrodita, nos interesa destacar ahora cómo el producto de una tal
escena primaria se expresa muchas veces en el símbolo de un embrión en el
útero, símbolo que alude en algunas ocasiones al crecimiento corporal del propio
individuo, y que adquiere, en circunstancias patológicas, la representación de un
desarrollo tumoral y maligno.
Cabe recordar aquí parte de las palabras que Freud ha escrito en &ás allá del
principio del placer:
Las células $erminati(as mismas se conducirían de un modo
2narcisista2" calificación que usamos" en nuestra teoría de las
neurosis" para desi$nar el hecho de que un indi(iduo conser(e su
libido en el #o # no destine nin$una parte de ella al re(estimiento
de ob%etos! Las células $erminati(as precisan para sí mismas su
libido" o sea la acti(idad de sus instintos (itales" como pro(isión
para su post erior ma$na acti(idad constructi(a! +ui)á se deba
también considerar como narcisista" en el mismo sentido" a las
células de las nue(as formaciones noci(as que destru#en al
or$anismo! La patolo$ía se inclina a aceptar el innatismo de los
$érmenes de tales formaciones # a conceder a las mismas
cualidades embrionales2 (Freud, 1920$, pág. 1118)!
Si aceptamos estos conceptos de Freud no ha !e e(tra%arnos pues el que
pue!a utilizarse la representación !e un crecimiento tumoral para alu!ir al
conteni!o narcisista !e una e(citación incontrola!a* sien!o que
precisamente suponemos que el proceso som&tico que correspon!e a tal
representación se halla !etermina!o por una seme;ante con$iguración
narcisista.
El carácter regresivo del vínculo transferencial, un "vínculo de sangre", tal como el
que forma la base del incesto, suele quedar expresado mediante símbolos que
aluden a la vida intrauterina, y habitualmente se manifiesta a través de fantasías
de incorporación parenteral endovenosa, tal como llega el alimento materno
durante la vida prenatal.
Tal como lo ha manifestado Cesio en las palabras anteriormente citadas, el
embarazo y el parto simbolizan la integración del yo coherente con los elementos
aletargados, prenatales, que contienen fantasías muy primitivas, heredadas,
correspondientes al incesto, al parricidio y, lo que nos interesa destacar ahora, a la
escena primaria que hemos caracterizado, apoyándonos en las ideas de otros
autores, como hermafrodita. Estas fantasías permiten comprender por qué el
embarazo es frecuentemente vivenciado como patológico o, inclusive, como
monstruoso, y el parto queda muchas veces asociado a fantasías de aborto y
hemorragias uterinas o, también, a la castración genital que suele ser
representada por fantasías de técnicas quirúrgicas.
Hemos interpretado el contenido narcisista presente en el carácter consanguíneo
del incesto, fantaseado como una cópula hermafrodita, como determinante
inconciente del horror al coito endogámico. Ese horror se experimenta frente a una
excitación que es terrorífica en la medida en que provoca la vivencia de un
desarrollo monstruoso, de un crecimiento anómalo, tumoral, incontrolado y ajeno al
plan general del organismo. Esta interpretación nos parece que integra las
fantasías de embarazo monstruoso y las $antasas !e tener un c&ncer* que
encontramos $recuentemente asocia!as* en el conteni!o latente* con el
horror al incesto. Tal vez constituya una puerta de entrada al estudio de las
fantasías inconcientes específicas de las formaciones tumorales.
VI= <ipótesis acerca !e las con!iciones !in&mico=estructurales que
!eterminan la materialización !el incesto
Quedaría incompleta la formulación de nuestra tesis, delineada en los úl timos
párrafos del apartado anterior, si no vinculáramos esa formulación con diversas
consideraciones dinámico÷estructurales esbozadas a lo largo de las páginas
precedentes, que nos permitirán integrar además algunos postulados de otros
autores acerca de las condiciones que determinan la materialización del incesto.
A. y M. Rascovsky (1950) realizan consideraciones dinámico÷estructurales que
han enriquecido nuestro interés y conocimiento del tema. Nuestra observación
clínica coincide con la mención que hacen estos autores acerca de los contenidos
correspondientes a diferentes estadios postnatales de la evolución tánato÷
libidinosa, tales como las fantasías oral÷canibalistas y los impulsos envidiosos
hacia el pene, cuya ponderación en el contexto del incesto consumado no
retomaremos ahora. En el presente trabajo hemos encarado un aspecto parcial
dentro de la multitud de interrogantes que plantea la realización material del
incesto y nos hemos ded icado a intentar profundizar en los contenidos latentes
más tempranos exis tentes en el horror al coito endogámico. Procuraremos
penetrar ahora en la comprensión dinámico÷estructural de algunos factores que
posibilitan o determinan la conducta incestuosa.
Los autores mencionados expresan: "Creemos que la consumación actual de la
relación incestuosa, la cual constituye un proceso secundario derivado de un
estado primario de grave melancolía disminuye la posibilidad de psicosis en el
sujeto y le brinda una mejor adaptación hacia el mundo externo" (Rascovsky, A. y
M. 1950, pág. 4). Y luego agregan que en algunos casos con una fijación
incestuosa intensa, en los cuales la consumación no tuvo lugar, han observado
una constelación similar, pero con una fuerte acentuación de los rasgos psicóticos
maníaco÷depresivos.
Nos parece importante destacar ante todo el énfasis que han puesto los autores en
el carácter defensivo del incesto, afirmación en la cual podemos apoyarnos para
sostener que desde el punto de vista dinámico, la materialización del coito
endogámico puede muy bien representar una defensa contra los aspectos
narcisistas temidos que hemos encontrado en el contenido latente del horror al
incesto. Aunque tales aspectos narcisistas retornen sin embargo nuevamente en la
conducta incestuosa que posee, como toda defensa, un carácter transaccional11.
Otro concepto sobresaliente contenido en las palabras citadas consiste en afirmar
la configuración melancólica subyacente al incesto consumado. A. y M. Rascovsky
(1950, pág. 5) señalan que "la pérdida previa del padre del mismo sexo parece
constituir un prerrequisito en los mitos concernientes al incesto". Los mismos
autores, años más tarde, en su trabajo "Génesis del actin$Bout y de la conducta
psicopática en Edipo", señalan nuevamente la importancia que posee el abandono
y lo relacionan con los aspe ctos filicidas contenidos en el mito de Edipo
(Rascovsky, A. y M., 1967).
En ese último trabajo hacen hincapié en los aspectos maníacos y psicopáticos
contenidos en la conducta de Edipo, y señalan la importancia que posee para tal
conducta la negación (que los autores denominan "renegación") del abandono,
posible gracias a la disociación de la pareja parental y a la construcción de una
novela familiar, índice de una pareja idealizada, la cual constituye un elemento
constante en todo mito del héroe.
Los autores señalan también cómo la negación contenida en el coito de Edipo con
su madre incluye la del daño ocasionado a los objetos y al propio self (Rascovsky,
A. y M., 1967, pág. 6) y posibilita la materialización del incesto.
Los presentes conceptos pueden relacionarse con las postulaciones kleinianas
acerca de la ansiedad depresiva vinculada con los impulsos destructivos
contenidos en la fijación incestuosa como determinante de la inhibición del coito
endogámico. Cabe señalar aquí, además, que la me nción del daño sobre el propio
self, daño que debe ser negado para poder materializar ese coito endogámico,
coincide con nuestra suposición (acorde también con las formulaciones de Freud
(1912÷1913) sobre el temor al maná que proviene de las imagos prohibidas)
acerca de que la inhi#ición !el incesto contiene no solamente una
preocupación !epresi+a por los impulsos !irigi!os hacia los o#;etos* sino
tam#i2n una ansie!a! paranoi!e* .anterior a los sentimientos !e culpa.*
constitui!a por el temor al !a%o que la !escarga !e la e(citación incestuosa
pue!e pro+ocar en el 'o.
A. y M. Rascovsky (1967, pág. 7) estiman que la consumación del incesto ocurre
debido a la persistencia de una estructura psíquica anterior al establecimiento de la
represión, caracterizada por una fuerte disposición paranoide÷esquizoide y por el
empleo de mecanismos primitivos, tales como la omnipotencia, la idealización y la
negación. Consideran que esta estructura "condiciona el fracaso de la organización
del ulterior proceso de represión" 12.
Abandonaremos sin embargo estas consideraciones referidas a determinadas
etapas del desarrollo postnatal, para centrarnos en otro aspecto que nos interesa
destacar especialmente. Freud, en El #o # el ello (1923b1, cuando se ocupa de las
relaciones entre el superyó y el Complejo de Edipo, expresa que "el superyó no es
simplemente un residuo de las primeras elecciones de objeto del ello, sino también
una enérgica formación reactiva contra las mismas. Su relación con el yo no se
limita a la advertencia: «Así (como el padre) debes ser», sino que comprende
también la prohibición: «Así (como el padre), no debes ser: no debes hacer todo lo
que él hace, pues hay algo que le está exclusivamente reservado». Esta doble faz
del ideal del yo depende de su anterior participación en la represión del complejo
de Edipo, e incluso debe su génesis a tal represión" (Freud, 1923b, pág. 19).
Podemos preguntarnos pues cuál es el carácter del superyó en el incesto
consumado 13.
Ìntegrando con las anteriores palabras de Freud todo lo que hemos dicho hasta
aquí acerca del contenido latente expresado en el horror al incesto, y teniendo en
cuenta por lo tanto que el superyó se constituye mediante el mecanismo de la
identificación (nos referimos aquí a aquellas identificaciones que no logran ser
totalmente asimiladas en el yo y para las cuales suele reservarse el nombre de
introyección o internalización), vale la pena destacar la circunstancia de que siendo
el superyó el heredero del Complejo de Edipo, !e#e ser precisamente el incesto
e(presa!o a tra+2s !e $antasas oral!igesti+as* ' $un!amentalmente la
+i+encia !e su realización material en ese ni+el oral!igesti+o* aquello que
con$orma o instala intrapsqucamente al super'ó, como resultado de la
incapacidad del yo incipiente para mantenerse unido frente a la intensidad de la
descarga instintiva.
Tal formulación nos permite comprender desde un nuevo ángulo por qué
encontramos con particular intensidad en el contenido latente del horror al incesto,
fantasías oraldigestivas que sustituyen al contenido edípico genital manifiesto, y
nos permite comprender también desde un nuevo ángulo la vinculación existente y
señalada especialmente por A. y M. Rascovsky (1950) entre la estructura
melancólica y el incesto.
La descarga instintiva misma, tal como lo ha señalado Racker (1957), constituye
una fantasía de ser devorado que debe proyectarse hacia un objeto exterior
adecuado. Podemos agregar, siguiendo el pensamiento expresado por Freud
(1923b), que esta descarga, como resultado de la acción del ello sobre el yo,
conduce a la formación del superyó cuando el yo, incapaz de tolerar la carga
proveniente del ello en el proceso de identificación primaria con las protoimagos
heredadas, se disocia.
Podemos comprender entonces que el superyó así constituido sea, como lo afirma
Freud (1923b, pág. 30), el representante del ello ante el yo 14. Y podemos
comprender también el doble carácter, persecutorio y protector, que posee este
superyó. Es persecutorio porque contiene la tentación y el peligro que
corresponden a un maná excesivo fantaseado como un castigo. (El superyó atrae
al yo, puesto que contiene una parte de este último que el yo intenta recuperar). Es
protector porque contiene la experiencia de un contacto desorganizador con el ello
y su imagen se interpone entre este último y el yo evitando la reiteración del
trauma.
En este mecanismo precoz que constituye el superyó podemos encontrar el origen
de la culpa heredada, inconciente y anterior a toda acción sobre el objeto. Si lo
expresamos con los términos dinámico÷económicos utilizados por Freud en El #o
# el ello (1923b), esta culpa aparece como la tensión existente entro el yo y el
superyó. En este nivel de organización primitiva, el ideal del yo y el superyó
quedan confundidos y pueden diferenciarse a lo sumo como dos aspectos
(protector o persecutorio) que adquiere, frente al yo precoz, una misma imago 15.
En el Mito de Edipo encontramos algunas alusiones que nos permiten comprender
la estructura instintiva del superyó temprano indisolublemente ligado a las
fantasías de castigo y a los sentimientos de culpa. Por ejemplo, teniendo en cuenta
que Tiresias, como lo han señalado otros autores (Rascovsky, A. y M., 1967;
Roheim 16), es un desdoblamiento de la figura de Edipo, encontramos en un
mismo trastorno padecido por ambos, la ceguera, esta doble etiología, ideal y
superyoica, vinculada a los instintos y a los sentimientos de culpa.
Tiresias, ante la vista de la diosa Atenas en el baño, representante de su propia
madre Caricleia, enceguece cuando la diosa deseada le toca los ojos con sus
dedos. Edipo se hiere en los ojos con la hebilla de Yocasta, torturado por los
sentimientos de culpa.
En las fantasías incestuosas transferenciales de nuestros pacientes encontramos
repetidamente elementos que nos permiten observar este aspecto instintivo muy
primario del superyó, que configura las fantasías de castigo como un impulso
masoquista, perverso, que podemos suponer presente en la base de los
sentimientos de culpa heredada e inconciente.
Podemos ver frecuentemente en la transferencia, y con bastante claridad, esta
estructura del superyó temprano fuertemente impregnado por elementos instintivos
cuyo carácter libidinoso o tanático, de acuerdo con las consideraciones acerca de
la excitación que hemos expuesto detalladamente en párrafos anteriores, depende
de la capacidad que posea el yo para descargar adecuadamente las magnitudes
de esa excitación.
Recuerdo, por ejemplo, el caso de un paciente que, durante una sesión, en la cual
la regresión transferencial lo condujo por un momento a expresarme parte de sus
fantasías a través de símbolos que aludían a la vida intrauterina (calurosamente
unido a su ideal que depositaba sobre mí ÷decía que mis palabras le "entraban por
las venas"÷), me manifestaba pocos instantes después su temor hipocondríaco a
morirse de un cáncer, fantasía con la cual representaba su excitación creciente,
vivenciada como algo que se hallaba fuera del control de su yo.
Podemos pensar que sobre esa estructura tanática o masoquista básica que
condiciona y perpetúa la debilidad del yo, se estructuran los sentimientos de culpa
inconcientes y las fantasías de castigo primarias. Para evadirlas se realizan
aquellos actos que, dentro de una repetición compulsiva, con!ucen a
incrementar secun!ariamente los sentimientos !e culpa que pasan a quedar
contenidos así en un superyó más tardío re$eri!o a los o#;etos e(ternos !e un
ligamen incestuoso. Los sentimientos !e culpa resultan as atri#ui!os a los
actos realiza!os precisamente para encu#rir la conciencia angustiante !el
masoquismo primario.
Cabe recordar aquí las consideraciones que estableció Freud cuando se ocupó de
los delincuentes por sentimientos de culpabilidad: "... he de afirmar que el
sentimiento de culpabilidad existía antes del delito y no procedía de él, siendo, por
el contrario, el delito el que procedía del sentimiento de culpabilidad"; "... los delitos
cometidos para la fijación del sentimiento de culpabilidad habían de ser realmente
un alivio para el sujeto atormentado" (Freud, 1916d, págs. 1093÷1094).
Muchas veces los sentimientos de culpa conducen al paciente a preguntarse por
qué han de ser así las cosas, por qué le ocurre, o desea, dañar a los objetos,
sintiéndose esclavo de impulsos que le hacen sufrir y que no logra dominar.
Podemos pensar que la vivencia de esclavitud alude a la debilidad del yo que,
como lo señala Freud (1923b), se ve obligado a servir a tres amos: el ello, el
superyó y el mundo exterior.
Lo que corresponde al ello y lo que corresponde al superyó suele aparecer
netamente diferenciado en las fantasías de algunos pacientes cuando nos
manifiestan, por ejemplo, que se sienten esclavos del deseo y experimentan
sentimientos de culpa frente a los objetos que sienten haber complicado en los
actos prohibidos y que, vivenciados como dañados, se han tran sformado así en
acusadores.
Si tomamos nota sin embargo de lo que suele experimentarse en la transferencia y
en la contratransferencia frente a tales situaciones, caemos en la cuenta de que el
mismo o#;eto super'oico contiene la e(citación incontrola#le que el paciente
teme ' constitu'e a la +ez un i!eal se!u ctor ' e(citante capaz !e engen!rar
el horror al incesto. -s el super'ó ' el ello que!an con$un!i!os como
$uentes !e un tormento e;erci!o a tra+2s !e los impulsos instinti+os que
recaen so#re el 'o en la $orma !e una e(citación inmane;a#le.
Llegados a este punto de nuestra construcción teórica, tal vez podríamos
atrevernos a dejar planteada una hipótesis dinámico÷estructural seductora:
1) La prohibición del incesto puede quizás derivar de la experiencia traumática (en
parte heredada pero vuelta a vivir individualmente) de haberlo realizado en un nivel
oraldigestivo (o embrionario metabólico) muy precoz.
2) Lo que conduce a la consumación del incesto es la debilidad del yo frente al
superyó identificado con los impulsos del ello. Esto equivale a afirmar que la culpa
inconciente es también causa y no sólo consecuencia del incesto. Cabe recordar
aquí nuevamente los conceptos que estableció Freud cuando se ocupó de los
delincuentes por sentimiento de culpabilidad.
Estas consideraciones dinámico÷estructurales pueden integrarse con la tesis
sustentada en el presente trabajo para constituir así un tercer postula!o: el
incesto es a la vez una defensa, y un retorno, de un contenido narcisista,
desplazado sobre el ideal del yo o el superyó temprano. Este contenido narcisista
queda unido a la fantasía de una cópula hermafrodita proliferativa, capaz de dar
vida a un teratoma siniestro, a un engendro monstruoso que posee otra vez en su
interior a esa misma pareja en cópula permanente, y que puede quedar
representado a través de un crecimiento embrionario fetal anómalo o a través de
un desarrollo tumoral canceroso que invade y devora.
VII= - manera !e sntesis
a= El horror al incesto
Freud descubrió la existencia de las fantasías incestuosas inconcientes, ya
"presentadas" en otras manifestaciones de la cultura, por ejemplo en el drama de
Sófocles. Tales fantasías son reprimidas porque la omnipotencia de las ideas
brinda a la "mera" fantasía el carácter de un acto consumado materialmente. La
inhibición del acto es un hecho comprobado dentro de todas las culturas (Levi÷
Strauss, 1946), su explicación teórica ha sido siempre dificultosa: "... cuando
creíamos poder elegir ÷dice Freud÷, también para la explicación de la fobia al
incesto, entre causas sociológicas, biológicas y psicológicas, nos vemos obligados,
a fin de cuentas, a suscribir la resignada confesión de Frazer: «Ìgnoramos el origen
de la fobia al incesto y no sabemos siquiera en qué dirección debemos buscarlo.
Ninguna de las soluciones propuestas hasta ahora nos parece satisfactoria»,"
(Freud, 1912÷1913, pág. 579).
Una explicación basada en la internalización de factores sociodinámicos no aclara
por qué en el hombre y sólo en él se internalizan tales factores; sobre los cuales se
afirma, por otro lado, que han surgido, como la sociedad misma y la cultura (Levi÷
Strauss, 1946), precisamente en torno !e la inhi#ición !el incesto ABC.
Recorriendo el camino de la teoría mediante la cual Freud delineó la estructura del
llamado Complejo de Edipo ÷como lo hemos hecho en la introducción de este
capítulo÷, desembocamos en un interrogante que podemos enunciar más o menos
de la siguiente manera: ¿Cuál es el motivo "primario" que conduce a la inhibición
del incesto y determina en cada hombre "de nuevo", "más allá" de la internalización
actual de las normas sociales, el pasaje de la naturaleza a la cultura? 17.
El concepto del superyó como instancia cuya formación se inicia con la
"destrucción" del complejo de Edipo, consecuente con su represión (Freud, 1923b,
pág. 19), no puede sernos de utilidad para comprender la inhibición del incesto,
puesto que tal superyó procede precisamente de la inhibición del incesto, y, por lo
tanto, ésta no puede proceder de aquél.
El intento de abordar esta problemática recurriendo al concepto de superyó precoz
puede contribuir a enriquecer su estudio, especialmente si tenemos en cuenta que
la organización estructural primitiva debe coexistir en el individuo desarrollado
junto a las organizaciones posteriores.
Los conceptos que Freud expresa en 6ótem # tab< (1912÷1913, pág. 521) acerca
del "maná" como fuerza cuya descarga es destructiva cuando el organismo que la
provoca no es suficientemente fuerte para resistirla, pueden ser integrados con sus
afirmaciones, vertidas en El #o # el ello (1923b, pág. 17), cuando manifiesta que la
!e#ili!a! !el 'o incipiente le impide mantenerse unido frente a las primeras
identificaciones. El superyó se forma así, en primer lugar, mediante este
mecanismo, y se constituye en heredero del Complejo de Edipo. El .man&. sera
pues la caracterstica !e estos o#;etos !e las primeras i!enti$icaciones.
Subrayemos que, en su opinión (Freud, 1923b**, pág. 31), las identificaciones
primarias ocurren con ambos padres de la prehistoria personal y son directas,
inmediatas y anteriores a toda catexis del objeto externo 18.
Encontramos en la identificación primaria una base para lo que Klein conceptualizó
como formación del superyó temprano y Edipo temprano a partir de los conceptos
de instinto de muerte, incapacidad del yo precoz para tolerar la ansiedad sin
recurrir a la disociación, e internalización del pecho. El superyó precoz ha quedado
fuertemente impregnado por elementos instintivos cuyo carácter libidinoso o
tanático, de acuerdo con las consideraciones apuntadas acerca del "maná",
depende de la capacidad que posea el yo para descargar adecuadamente las
magnitudes de la excitación. Se comprende que se halla constituido así, tal como
lo afirma Freud (1923b, pág. 30), en el representante del ello ante el yo.
Klein (1932, pág. 150) sostiene la existencia de una necesidad de preservar a los
objetos originales de los impulsos destructivos ligados a los deseos incestuosos
precoces, como determinantes de la inhibición del incesto. Esta postulación implica
la conciencia precoz del daño que puede s ufrir ese objeto. Racker (1957) nos
permite avanzar un paso más cuando afirma que la conciencia del daño provocado
proviene de la vivencia depresiva primaria de haber experimentado el dolor de ese
mismo tipo de daño ya realizado en el yo.
Rank ÷de acuerdo con lo señalado por Freud (1905d, pág. 814)÷, Rascovsky
(1960) y Abadi (1960) subrayan la importancia de las precoces experiencias,
ligadas al trauma de nacimiento y a la vida intrauterina, como fuentes del horror al
incesto.
Apoyándonos en las consideraciones anteriores podemos sostener que el temor al
incesto y su consiguiente inhibición surgen no sólo como consecuencia de una
necesidad depresiva de preservar a los objetos originales, ambivalentemente
valorados, de la acción destructiva de los impulsos precoces, tal como lo expresó
Klein, sino que también puede ser el re sultado de una ansiedad persecutoria: el
temor "primario" que experimenta el yo frente al "maná" de los primeros objetos,
"maná" surgido de la identifica ción primaria.
Este temor, válido para la sociedad en su conjunto, no impide el que ocurra la
consumación del coito incestuoso en algunos casos particulares que, según lo
demuestra Kirson Weinberg (1966), son más frecuentes de lo que nuestra
represión procura hacernos creer.
Podemos preguntarnos entonces: ¿en qué caso o circunstancias, con qué
contenido latente, o en qué condiciones dinámico÷estructurales, ocurre la
consumación material de las fantasías incestuosas que habitan en cada uno de
nosotros?
Una hipótesis acerca de las condiciones que determinan tal ocurrencia puede
contribuir ulteriormente a enriquecer la comprensión de las transformaciones que
naturaleza, religión y cultura experimentan en el mundo interno de cada sujeto.
#= Drali!a! ' genitali!a! en el incesto
Freud (1921c) nos aclara que tanto la fijación como la regresión determinan que el
fin sexual genital sea muchas veces sustituido por el más primitivo de la
i!enti$icación, fin "oral" 19 que se diferencia del genital en que en lugar de
intentar tener al objeto se intenta ser el objeto. Esta finalidad "oral" posee un
!esenlace narcisista y conduce, como es obvio, a una incorporación que
determina el crecimiento y el desarrollo.
Pero este enfoque evolutivo admite un abordaje atemporal, válido en cualquier
momento del desarrollo que nos plazca considerar, si tenemos en cuenta lo que
Freud (1923b) afirma cuando dice, tomando como prototipo al varón, y en términos
del predominio del complejo positivo sobre el negativo, que del padre se apodera
por identificación, mientras que realiza una elección de objeto que recae sobre la
madre.
La identificación homosexual y la relación de objeto heterosexual no constituyen
fines absolutos, sino predominantes sobre sus complementarios (exceptuando los
incrementos transitorios del Edipo negativo), pero lo importante radica sobre todo
en que de una u otra manera ambos fines, ser o tener al objeto, pueden ser
encontrados en cualquier estadio considerado.
El abordaje de estas fantasías desde un ángulo biológico, tan habitual en Freud,
nos permite profundizar en su sentido. Así como la identificación, si bien
predomina durante el crecimiento, continúa operando a lo largo de toda la vida
individual, la reproducción genital, que inicia su predominio una vez finalizado el
crecimiento, encuentra su antecedente en la reproducción celular, como si fuera
una cópula "narcisista" y "hermafrodita", durante la etapa del crecimiento.
Este abordaje biológico puede ser interpretado como una realidad de ca rácter
genético y subyacente a la fantasía, o puede ser considerado como un mo!elo
propio !el lengua;e. Para los fines que nos proponemos es indiferente una u otra
postulación. Tampoco resulta decisivo el limitarse a un enfoque evolutivo o
atemporal.
Es importante en cambio subrayar que ambos fines, orales y genitales, no sólo
pueden transformarse uno en otro o sustituirse recíprocamente, sino que la
actividad yoica correspondiente a uno cualquiera de ellos puede adquirir en la
fantasía la representación del otro. El coito puede quedar representado por la
incorporación tanto como la incorporación por el coito.
c= La inhi#ición !el incesto
Si la identificación primaria es una modalidad "oral" de la actividad sexual que, en
este "nivel", se realiza precisamente con los objetos originales ÷ambos padres de
la prehistoria personal÷, podemos decir, aunque sea en sentido metafórico ÷ya que
la palabra "incesto" implica un fin genital÷, que los sentimientos de culpa que se
originan de la identificación primaria nacen de un "incesto oral " consuma!o.
"Ìncesto" oral significa aquí: oralidad con un objeto consanguíneo o endogámico.
Los sentimientos de culpa que nacen, junto con el superyó precoz, de este "incesto
oral" consumad o, representan, como "tensión", una ten!encia del yo hacia la
"asimilación" de ese superyó precoz, ideal y también temido, porque contiene el
"maná" de los objetos originales de la identificación primaria, que fue traumática
porque se realizó "siendo aún débil el yo".
Pero al mismo tiempo este superyó protege al yo de una nueva identificación con
los objetos originales, ya que se interpone, en virtud de la atracción que ejerce
sobre el yo, entre este último y dichos objetos, ofreciéndose en su lugar al yo como
un objeto interno que, aunque temido, es menos temido.
Podemos formular esto mismo diciendo que los sentimientos de culpa impiden una
nueva consumación del "incesto oral" original, repetición que sólo sería posible, en
"utópica teoría", una vez que la completa asimilación del superyó precoz hiciera
desaparecer a este último junto con los sentimientos de culpa correspondientes. La
persistencia de este núcleo superyoico puede ser atribuida a la circunstancia de
que conserva una parte del "maná" de los objetos originales, lo cual impide su
completa asimilación por parte del yo precoz.
Nos encontramos ya ante un conflicto, en el yo, entre el deseo y el temor con
respecto a la asimilación de su ideal. Este ideal, el superyó precoz, proyectado
sobre los objetos de la identificación secundaria, la madre y el padre de la
"historia" personal, determina una elección narcisista que alcanza su máximo
exponente precisamente con los objetos consanguíneos o endogámicos, que son
los que mejor se prestan a esa proyección. Con uno cualquiera de estos objetos la
identificación "completa" 20 tampoco resulta posible, ya que se encuentran
cargados con el "maná" que proviene ahora del superyó precoz proyectado sobre
ellos.
El grado de renuncia a la identificación implica la progresiva sustitución de ser el
objeto por el tenerlo. Es forzoso suponer que este cambio en el fin debe
encontrarse condicionado a una progresiva merma en la capacidad de crecimiento
y alcanzar al mismo tiempo diferente intensidad frente a los objetos homo y
heterosexuales, como corresponde a las características biológicas.
También es forzoso suponer que los sucesivos pasajes proyectivo÷introyectivos
fortalecen al yo y lo orientan progresivamente hacia nuevas experiencias cada vez
menos peligrosas, mientras lo mantienen separado de la asimilación completa de
los objetos internos arcaicos. Estos objetos ideales, aún temibles y alejados del yo,
ya no poseen, en t2rminos relati+os, el "maná" que poseían al comienzo.
Cuando por fin el desarrollo conduce a la posibilidad de consumar los fines
genitales específicos, el más evolucionado de los cuales es la procreación, la
excitación que provocan los objetos de la elección endogámica, cercanos a los
originales arcaicos, ya ha quedado transferida, a través de sucesivos pasajes, a
sustitutos exogámicos menos peligrosos.
Reconocemos así, implícitamente, entre el coito con un objeto consanguíneo
(incesto en la verdadera acepción del término) y el "incesto oral", una actividad
sexual "incestuosa" para cada uno de los períodos evolutivos, pero tenemos en
cuenta que, en condiciones consideradas normales, dicha actividad no alcanza,
en todos esos periodos, el mismo grado de inhibición, cuyo máximo observamos
en el incesto "genital", es decir verdadero.
El principio e(plicati+o que en última instancia hemos utilizado acerca de la
inhibición o prohibición del incesto (y por lo tanto del nacimiento de la civilización y
la cultura), y ante el cual se detiene la investigación psicoanalítica, es pues la
!e#ili!a! !el 'o incipiente, que constituiría así una característica exclusiva del
hombre. Este principio ha sido utilizado por Freud (1923b, pág. 25) en sus
formulaciones acerca de la génesis del ideal del yo y de la represión (Freud, 1940a
[1938], pág. 85). Su exclusividad en cuanto al hombre parece coincidir con la tesis
biológica acerca de que es la inmadurez en el desarrollo neurológico con el cual el
hombre ÷como repetición de una pauta heredada÷ nace, aquello que determina a
un mismo tiempo su prolongada dependencia y su excepcional apertura al
aprendizaje. Esto le permite emanciparse, en una proporción inigualada, de la
naturaleza y del instinto.
!= El incesto consuma!o
La primera tentación con la cual uno se encuentra al procurar comprender desde el
punto de vista dinámico÷estructural la génesis del incesto consumado, consiste en
interpretarlo como una " falla" en el mecanismo de la represión que equivale a un
"déficit" en la "severidad" del superyó. Si tenemos en cuenta sin embargo que el
incesto consumado es un !elito en el universo civilizado, prohibido por las leyes
sociales de todas las cult uras (Levi÷Strauss, 1946), acude a nuestra memoria lo
que Freud (1916d, 1923b) afirmó acerca de los delincuentes por sentimiento de
culpabilidad, cuando sostiene que no es el sentimiento de culpabilidad el que
procede del delito, sino el delito el que proviene del sentimiento de culpabilidad. En
opinión de Freud (1923b, pág. 27) "... se trata de un hecho indudable" y es "...
como si para el sujeto hubiera constituido un alivio poder enlazar dicho sentimiento
inconciente de culpabilidad con algo real y actual".
A. y M. Rascovsky (1950), partiendo de un ángulo diferente, han subrayado el
carácter !e$ensi+o del incesto consumado frente a un estado su byacente de
grave melancolía. Podríamos, por lo tanto, atrevernos a trazar una hipótesis según
la cual son los sentimientos de culpa provenientes de la existencia del superyó
precoz, aquellos que conducen a la consumación del coito incestuoso. Deberíamos
aclarar entonces por qué tales sentimientos determinan sólo en algunos casos, y
además específicamente, la realización de ese delito particular.
En cuanto a la primera parte de la pregunta, referente a en qué casos se produce,
responderíamos que se trata de un estado de particular intensidad en los
sentimientos de culpa provenientes de la organización estructural primaria, debido
precisamente a la carencia de una organización superyoi ca secundaria suficiente,
que sería menos severa. Esto equivale a afirmar la existencia de una organización
"oral" de carácter muy "regresivo".
Respecto al porqué la severidad del superyó precoz conduciría precisamente a la
consumación del coito endogámico, diríamos que el coito endogámico representa
una transacción.
Por un lado es una elección narcisista, en cuanto se realiza con los objetos
próximos a los originales, objetos consanguíneos que contienen la proyección del
primitivo superyó ideal. Visto desde este ángulo constituye un "retorno",
modificado, del "incesto oral" en la defensa, y puede, quedar representado en la
fantasía como una "cópula hermafrodita", proliferativa, que alude a una descarga
sexual propia de la identificación durante la época del crecimiento, y que constituye
el contenido latente del horror al i ncesto.
El coito incestuoso, con su estructura narcisista, conserva así, frente al coito
exogámico, el carácter de un delito contra la sociedad, nacida precisamente de la
exogamia (Levi÷Strauss, 1946).
Por otro lado configura una defensa que, bajo la forma de un cambio en el fin
sexual constituye una "salida" de ese "incesto oral". Este último sería mucho más
narcisista y angustioso, en cuanto representa la persistencia de una forma de
satisfacción sexual "regresiva" que, actualmente inadecuada, resulta una amenaza
para el yo.
Se comprende mejor de esta manera el que Klein (1932, págs. 234÷35) señale que
las relaciones sexuales entre hermanos, durante la infancia, contribuyen
frecuentemente a la instalación de un superyó más tolerante y a la disminución de
los temores y sentimientos de culpa frente a la sexualidad.
Repasemos ordenadamente los fundamentos de la hipótesis.
Des!e el punto !e +ista económico, la existencia de impulsos incontrol ables
que no encuentran adecuada canalización yoica sobre la realidad circundante y
que, frustrados, contribuyen a intensificar o realizar los componentes tanáticos que
desorganizan al yo.
Des!e el punto !e +ista e+oluti+o, la existencia de una intensa fijación a los
estadios más precoces del desarrollo. Las consideraciones realizadas se
enriquecen sustancialmente si tenemos en cuenta la persistencia posnatal de
fantasías de incorporación y asimilación que corresponden a funciones propias de
la vida intrauterina (Chiozza, L., 1998a [1963÷1968]), que a los efectos de una
síntesis incluimos aquí con el concepto de "oralidad". En opinión de Fenichel
(1957), oralidad, narcisismo e identificación "significan una y la misma cosa
contemplada desde diferentes puntos de vista".
Subrayamos aquí, además, la equiparación inconciente del coito con la
incorporación y las fantasías hipocondríacas "proliferativas" ligadas a la regresión
narcisista, que encontramos en el contenido latente del horror al incesto.
Des!e el punto !e +ista estructural, la existencia de figuras superyoicas
"precoces", dentro de las cuales se encuentran, íntimamente unidos, los impulsos
instintivos y las fantasías de castigo, y que se hallan intensamente cargadas frente
al complemento de un yo "débil", en términos relativos a dichas figuras.

VIII= -plicación !e la hipótesis al $ragmento !e )homas Mann utiliza!o como
epgra$e
Con el propósito de subrayar las conclusiones a las cuales hemos llegado al final
de este trabajo, analizaremos la cita de Thomas Mann que hemos utilizado como
epígrafe. Esto nos permitirá reencontrar los elementos que hemos destacado en la
estructuración teórica.
Los protagonistas del incesto fraterno narrado por Thomas Mann (1953), tal como
aparece en las primeras palabras que citamos al comienzo, "no podían dormir", el
insomnio representaba a la excitación que no podían elaborar. Así Wiligis, que
procuraba adormecerse cerrando los ojos con fuerza, "suspiraba excitado hasta
que por fin saltó de la cama... y... entre mil ílícitos besos entró en el lecho de su
hermana".
Thomas Mann subraya que Wiligis estaba "conmovido por la muerte de su padre y
pensando en su propia vida" cuando "suspiraba excitado". Esta excitación queda
ya desde el comienzo vinculada a la muerte. El intento de elaboración o control a
través del pensamiento o del sueño refleja la lucha en el yo, cargado de libido y de
impulsos tanáticos provenientes del ello. Forma parte de esa excitación la entrega
masoquista al superyó, ya que el carácter ilícito de los besos contribuye a
encenderla.
El componente tanático de estos impulsos aparece otra vez cuando el personaje
tartamudea "hemos nacido de la muerte", y surge también vinculado a la
satisfacción del deseo "que el demonio les había inspirado" cuando exclama
"ríndete a tu hermano en la muerte", expresión con la cual se alude en el contenido
manifiesto al fallecimiento de la madre ocurrido durante el parto de ambos
hermanos gemelos, y en el contenido latente a la confusión del orgasmo con la
entrega erotizada a la muerte.
Lo divino y lo demoníaco, que hemos caracterizado en otro trabajo (Chiozza, L.,
1970d [1966]) como dos experiencias diferentes del yo frente a un mismo
contenido ideal, sagrado y persecutorio, aparecen también en el epígrafe cuando
Wiligis es "abandonado por Dios" y satisface el deseo que "el demonio les había
inspirado".
El componente melancólico y letárgico, presente en la estructura subyacente a la
conducta incestuosa, nos hace pensar en objetos "muertos" o aletargados,
vinculados a continuas y dolorosas pérdidas de objeto, que se manifiestan
frecuentemente en la transferencia y en la contratransferencia como aburrimiento y
letargo. Estos mismos objetos surgen delineados con toda claridad, en las
palabras de Thomas Mann, a través de la mención de la muerte de ambos
progenitores, y quedan estrechamente vinculados a la consumación del acto
prohibido en las palabras de Sibylla: "murió hoy y está allá abajo en el féretro.
¡Déjame, la noche pertenece al muerto!", donde la alusión al féretro señala
inequívocamente el intento de mantener aletargados los impulsos que aparecen en
"la noche", y son la causa por la cual "no podían dormir".
Los impulsos orales afines a la estructura melancólica y presentes en el contenido
latente de los deseos incestuosos, quedan también evidenciados en el siguiente
párrafo del epígrafe citado: "Así llegaron ellos hasta el fin y satisficieron el deseo
que el demonio les había inspirado. Y dijo él en;ug&n!ose la #oca: ÷Ahora ya
está hecho, lo podremos hacer una y mil veces más".
Si tomamos en consideración los conceptos de Freud (1923b) acerca de la
identificación incompleta con el padre en la formación del superyó, ya que esta
identificación incluye también un "así (como el padre) no debes ser: no debes
hacer todo lo que él hace, pues hay algo que le está exclusivamente reservado",
podemos pensar que la actitud de Wiligis cuando "conmovido por la muerte de su
padre... entre mil ilícitos besos entró en el lecho de su hermana", contiene una
identificación maníaca con el superyó.
En Sibylla, en cambio, esta identificación maníaca es parcial, ya que, cuando habla
"bromeando con una voz ahogada que excluía toda broma", se disocia. Una parte
de su yo se confunde mediante un mecanismo semejante a la manía y señalado ya
por Freud (1927d): el humorismo (que en este caso se acerca a la ironía). Otra
parte de su yo, angustiada, expresada a través de la "voz ahogada", contempla
horrorizada la fusión con el superyó temprano, representante del ello, simbolizado
a través del demonio y "los lúgubres graznidos de las lechuzas que revolotean en
torno de la torre". Sibylla nos muestra su narcisismo, simbolizado en la "torre" en
torno a la cual revolotean las lechuzas, y su pregunta "qué significa, hermano, esta
lucha", nos permite comprender su "disociación", mezcla de ironía, angustia y
horror, frente al "conflicto" que abriga en su interior.
Hasta aquí, y resumiendo lo anterior, hemos podido comprobar, sólo en este breve
fragmento de un dramatismo conmovedor, algunos de los elementos que
estudiamos acerca del incesto. Hemos visto la excitación incontrolable, la
amalgama libidinosa y tanática contenida en esa excitación, la estructuración
melancólica y letárgica subyacente a la consumación del incesto, y sus
componentes orales. También vimos el intento de elaboración de esa excitación a
través del pensamiento, el intento de aletargar los contenidos de "la noche" que
deben permanecer en el "féretro" y frente a los cuales "tendidos, con los ojos
abiertos... procuraban adormecerse cerrándolos con fuerza".
Vimos además la estructura primitiva del superyó vinculado con la materialización
del incesto y el doble aspecto divino o demoníaco que adquiere frente al yo. Nos
encontramos ahora en este fragmento de Thomas Mann con una pregunta que se
halla en la base del pensamiento que motivó este trabajo, cuando Sibylla expresa:
"Ahora tengo junto a mis labios tu dulce cuello. ¿Por qué no? Me gusta".
Este "por qué no", como ocurre en la vida cotidiana, representa una aceptación,
enmascarada mediante la racionalización, de los impulsos, pensamientos o actos
que intentan vencer la inhibición. Mientras que el "utilizar" esta pregunta que
encubre una forma de aceptación conduce a la ac tuación de los actos prohibidos
que satisfacen impulsos que permanecen fuera de la conciencia, el intento de
contestar a este interrogante puede llevarnos, siguiendo los pasos de Freud, a
superar la represión para penetrar en el conocimiento de lo inconciente.
Las palabras con las cuales Sibylla continúa nos muestran el contenido latente de
su horror y su placer frente al incesto cuando dice: "sólo te pido que no quieras
separarme así las rodillas, pues éstas siempre quieren estar absoluta y
completamente unidas".
Estas rodillas unidas aluden al encierro en la torre que sólo puede ser vencido por
alguien que, como Wiligis, su hermano gemelo, le ofrece un coito consanguíneo y
le expresa: "dulce parte mía, amada", satisfaciendo así, en la unión de los gemelos
iguales, los deseos de unión narcisista expresados a través de las dos rodillas
simétricamente idénticas que, "absoluta y completamente unidas" custodiando el
interior de su cuerpo, revelan el temor a la separación como un símbolo de la
pérdida injuriosa del narcisismo primitivo.
Es posible comprender así el carácter transaccional defensivo que posee el incesto
frente a la profunda injuria narcisista contenida en el coito exogámico, injuria que
aparece simbolizada en la separación de las rodillas "absoluta y completamente
unidas" de Sibylla.
Podemos ordenar los elementos del trabajo que hemos destacado, a manera de
conclusiones, en estas consideraciones finales, y encadenarlos para llegar a
constituir la tesis principal que sustentamos:
1) El incesto consumado aparece colocado entre una distribución narcisista de la
libido, que se descarga en el desarrollo y en el funcionamiento corporal, y el coito
exogámico como una descarga genital heterosexual.
2) Lo que impide la descarga genital madura, heterosexual exogámica, es un
componente narcisista intenso asociado a una estructura melancólica muy
primitiva en la cual el ideal del yo o el superyó temprano, cargados de instinto de
muerte, invaden al yo.
3) El yo, inevitable y masoquistamente identificado con esos instintos y objetos
internos, intenta controlarlos mediante una descarga incestuosa, rica en las
fantasías oraldigestivas correspondientes a su estructuración melancólica.
4) Esta descarga incestuosa ligada a las fantasías tempranas, es dolorosa y
horrible debido precisamente a las características primitivas de la excit ación que
contiene. Sin embargo, posee un carácter transaccional entre el coito exogámico y
un contenido latente más horroroso aún, constituido por la exigencia de un
narcisismo extremo, que expone al yo a la carencia de objetos materiales en los
cuales satisfacer las necesidades correspondientes al nivel de desarrollo
alcanzado.
5) La representación de este narcisismo extremo, como algo proliferativo e invasor,
que hemos caracterizado como hermafrodita y que queda asociada a fantasías de
un embarazo maligno o de un desarrollo tumoral (como, por ejemplo, un teratoma
siniestro o un cáncer devorador), queda nuevamente proyectada sobre el coito
incestuoso y constituye el contenido latente del horror al incesto.
Hemos podido mostrar inequívocamente, en el epígrafe analizado, el contenido
narcisista presente en el coito fraterno, en este caso gemelar, contenido que se
hace más evidente aún en diferentes fragmentos de la novela. El carácter
monstruoso asociado a la profunda regresión narcisista y a las fantasías de un
embarazo patológico como la expresión de un crecimiento anómalo, aparece en el
material de algunos pacientes representado en el cáncer o en el paradigma de una
gravidez siniestra 21.
Mostrar estas mismas fantasías en la obra citada nos exigiría transcribir otros
pasajes en los cuales el autor nos comunica el desenlace del coito fraterno que
fructifica en el engendro de un niño que, luego de ser abandon ado, y luego de
descubrir con el paso de los años, horrorizado y asqueado, su origen incasto, se
llama a sí mismo "dragón" y "monstruo" y cohabita como Edipo, sin saberlo, con su
propia madre viuda. Pero a diferencia de este último no se hiere en los ojos
cuando se deshace su negación, sino que se recluye en una roca pelada en medio
del mar, en donde, sometido a las inclemencias del tiempo, sin más alimento que
el agua de lluvia que se acumula en el hueco de la roca transformándose en un
líquido lechoso, expuesta su piel desprotegida a los rayos quemantes del sol, se va
reduciendo y encogiendo durante diecisiete años hasta quedar transformado en
una especie de erizo cubierto de pelos y enrollado sobre sí mismo.
De esa roca es liberado por obra de los principales de la Ìglesia, a quienes les fue
revelado en sueños que en esa isla desierta se encontraba quien debía llevar el
anillo de Pedro. Así, convertido en Papa, abandona la profunda regresión
narcisista y embrionaria, y se identifica con el yo ideal como representante de Dios,
el ideal, en la tierra, según el mecanismo que Freud (1914c) describió cuando
expresa que la formación de un ideal constituye una salida del narcisismo primitivo.
Cuando años después, en posesión de la investidura papal, es visitado por la que
es al mismo tiempo su madre, tía y esposa, nos muestra, al hablar de sí mismo en
la primera persona del plural, como corresponde a los papas, el carácter de
escena primaria hermafrodita contenido en su mística comunión con Dios.
Nuestra primitiva pregunta resumida en un lenguaje de acción en el "¿Por qué
no?" de Sibylla, ha quedado sin contestación, ya que comprendiendo precisamente
el carácter transaccional del incesto, queda deshecho el sentido de semejante
planteo que no admite una respuesta en términos de "sí" o "no"
Thomas Mann, a través de su lenguaje magistral, pone en boca del narrador del
relato contenido en su novela las siguientes palabras, en las cuales un cierto
humor deja entrever la angustia indisolublemente ligada a la identificación con los
impulsos instintivos más reprimidos: " ... Guárdese muy bien nadie de sacar una
falsa moraleja... pensando que, a la postre, el pecado es cosa fácil de lavar; que se
guarde de decirse: « ... si tan bien les fue a éstos de la historia, ¿por qué habrás
de perderte tú?». Ese es el susurro de Satanás... Más, por cierto que es justo y
razonable pensar que el elegido lo sea entre los pecadores y es bueno que el
mismo pecador lo sepa, pues, advirtiendo la posibilidad de ser elegido, el pecado
mismo se le hace fructífero y le da alas para que se eleve." (Mann, 1953).
Notas
1 Las ideas vertidas en este capítulo formaron parte, ori(inalmente, del traba%o 7Fna
contribuci&n al estudio del horror al incesto7 presentado en la 'sociaci&n Csicoanalítica
'r(entina en 191/. Fna se(unda versi&n, con el presente título, fue expuesta en el C3?C
(Centro de 3nvesti(aci&n en Csicoan4lisis . ?edicina Csicosom4tica", en a(osto de 1919, .
publicada en Un estudio del "ombre que padece (Chiozza, L. . otros 19/Ec", la cual, con
al(unas actualizaciones . el a(re(ado del par4(rafo 233, A manera de síntesis, se inclu.e
en este volumen. El material clínico $ue acompa;aba a la versi&n de 191/, fue publicado,
muchos a;os despu5s, en #uando la envidia es esperanza (Chiozza, L., 1990c [1918!"
2 El elegido, Ed. #udamericana, Buenos 'ires, 198, p4(s. KEHK8.
3 #abemos $ue horroroso es a$uello $ue inspira temor, estremecimiento, espanto (*eal
'cademia Espa;ola, 19E". La etimolo(ía (Corominas, 1911" nos a.uda a comprender el
contenido de excitaci&n $ue poseen tales sentimientos, puesto $ue 7horror7 proviene del
latín "orrere, $ue puede traducirse como 7erizarse7, 7temblar7, . su ori(en est4 vinculado
con el de la palabra 7horripilar7, $ue si(nifica en su sentido m4s literal 7hacer erizar los
pelos7.
4 Citado por )reud en $n"ibici%n& s'ntoma y angustia (19G1d [19G!, p4(. K".
5 Considerando lo $ue Bion (1911" denomina transformation, el concepto de 7presente
atemporal7 desarrollado por Cesio (191" . las ideas de *odri(u5 (1911" sobre lo $ue llama
7el car4cter actual de la transferencia7, vale la pena meditar acerca de $ue los hechos $ue se
relatan durante un tratamiento se( uramente ocurrieron, pero $ue, puesto $ue no tenemos
acceso directo a la realidad historico(en5tica, no podemos saber si 7realmente7 ocurrieron
así. El producto de la transformaci&n de esta historia est4 . es presente en la transferencia, .
a su vez ese presente se reHtransforma en historia, en recuerdo, cuando nos acercamos a 5l .
lo mutamos mediante la interpretaci&n. El (rado de coincidencia con lo pasado de este
recuerdo es te&ricamente inco(noscible, tal como se expresa en as"omon o en Seis
persona(es en busca de un autor, de Cirandello. Lo Dnico $ue podemos afirmar
7ob%etivamente7, desarrollando un paso m4s el razonamiento $ue llev& a )reud al
descubrimiento del car4cter encubridor de al(unos recuerdos, es $ue la historia ob%etiva es
presente, mientras $ue el recuerdo, todo recuerdo de a$uello $ue ocurri&, sea del paciente o
del analista, es una reHpresentaci&n de lo $ue est4 ocurriendo actualmente.
6 Citado por )reud en $n"ibici%n& s'ntoma y angustia (19G1d [19G!, p4(. K".
7 Cabe citar a$uí la paciente estudiada por Cerestrello (1918", cuando se ocupa del
contenido de escena primaria incestuosa presente en el dolor de cabeza. Esta paciente
padecía una cefalea %a$uecosa con fen&menos hemian&psicos, los cuales expresaban su
intento de disociar a la pare%a, vivenciada como un ser Dnico en c&pula . asociado por la
misma paciente con el ?ito descrito en El banquete de Clat&n.
8 Este tema se desarrolla en el pr&ximo capítulo.
9 >o podemos resistir la tentaci&n de incluir a$uí la nota o comentario $ue, en la edici&n de
la )iblia (s.f.", se a(re(a al versículo 9, cap. 10, del Levítico, 'nti(uo =estamento,
versículo $ue se refiere a la prohibici&n del incesto fraterno. 9ice así: 7El principio en $ue
se basa la prohibici&n del incesto es $ue los parientes son una misma carne, . nadie debe
fecundarse a sí mismo7. #ubra.amos $ue el 5nfasis de la prohibici&n recae, m4s all4 del
acto mismo, en su consecuencia, la fecundaci&n, $ue representaría precisamente el (rado
m4s acabado de desarrollo en cuanto a los fines (enitales del instinto.
10 C. 6eimann, citada por '. . ?. *ascovs<. (191/, p4(s. 1EH11", expresa $ue 7la noci&n
de la mu%er vampiro $ue succiona su pare%a hasta matarla, los monstruos del fol<lore . la
mitolo(ía $ue son parcialmente hombre . parcialmente mu%er, o mitad humano . mitad
animalM 5stos constitu.en al(unos e%emplos $ue dan testimonio del horror causado por las
fantasías m4s profundas . arcaicas sobre la uni&n de los padres7. -. Carde;a (191G" ha
dedicado un interesante traba%o al estudio de la esfin(e como una ima(o compuesta $ue
condensa las fantasías inconcientes m4s primitivas.
11 La circunstancia de $ue el coito consan(uíneo fuera no s&lo permitido sino
pr4cticamente exi(ido a los faraones del anti(uo E(ipto . a los re.es incas, semidioses $ue
se constituían en depositarios del .o ideal de sus sDbditos, no constitu.e, en opini&n de
LeviH#trauss (19K1, p4(. KG" una excepci&n a la re(la social, sino una forma de prescribir la
prohibici&n. Esta prohibici&n puede ser interpretada a la luz de estas mismas conclusiones
como la necesidad de satisfacer . evitar simult4neamente, en esta transacci&n, los deseos
narcisistas m4s profundos pro.ectados sobre el soberano. En el mismo sentido cabe
interpretar tambi5n el hecho se;alado .a por )reud (198Ga [1981!" de $ue en (eneral el
incesto fuera e%ercido libremente por los dioses de la mitolo(ía.
12 Liberman, citado por estos autores (*ascovs<., '. . ?., 191/, p4(. 0", cuando se ocupa
de las relaciones recíprocas entre el acting*out . la psicopatía, aporta un nuevo elemento
$ue puede arro%ar al(una luz sobre los mDltiples interro(antes $ue plantea la realizaci&n
material del incesto. Expresa: 7 ... en dicha 5poca, en $ue el desarrollo del pensamiento
verbal es incipiente aDn . el ni;o tiene $ue expresar sus necesidades por medio de la acci&n
muscular . de los símbolos verbales e$uivalentes de la acci&n (&rdenes verbales, por
e%emplo 7dame7", las respuestas parentales fueron inadecuadas o inexistentes, debido a $ue
procedían de una fi(ura parental con incapacidad de realizar una reflexi&n previa con $ue
permitirse comprender el sentido del mensa%e del ni;o, o bien con una ausencia de respuesta
por tratarse de una fi(ura parental ale%ada emocionalmente7.
13 En cuanto a la doble faz del 3deal del .o como producto de la identificaci&n incompleta
con el padre, v5ase tambi5n 7El falso privile(io del padre en el comple%o de Edipo7
(Chiozza, L., 19//b", en el cual se discute esta postulaci&n freudiana.
14 +arma (19KG, 191G", retomando estas ideas de )reud, ha subra.ado esas características
encuadr4ndolas en su concepto del super.& biol&(ico.
15 En traba%os anteriores (Chiozza, L., 1918a, 191Ka, 19/Ed [1911!", vinculados al estudio
de las fanta sías correspondientes a la vida intrauterina, analizamos con m4s detalle las
posibles relaciones entre el .o precoz . el super.& temprano, inte(rando estas
consideraciones con las ideas $ue expres& ?elanie @lein (198G, p4(s. 1KH1", acerca del
super.& precoz en los estadios orales.
16 Citado por '. . ?. *ascovs<. (19E".
17 LeviH#trauss afirma: 7#&lo se puede hablar de explicaci&n a partir del momento en $ue
el pasado de la especie vuelve a %u(arse, en cada instante, en el drama indefinidamente
multiplicado de cada pensamiento individual, por$ue, sin duda, 5l mismo no es m4s $ue la
pro.ecci&n retrospectiva de un pasa%e $ue se produ%o, puesto $ue se produce
continuamente7. (LeviH#trauss, 19K1, p4(. 19".
18 ' los efectos restrin(idos a la hip&tesis $ue desarrollaremos en este traba%o resulta
indiferente determinar si los ob%etos de la identificaci&n primaria son, como hemos
afirmado en otros traba%os (Chiozza, L., 191Ka, 19/Ea" . apo.4ndonos en otros autores ('.
*ascovs<., 191EM Cesio . colab. 191K", los ar$uipadres heredados provenientes del ello, o
como sostiene @lein (19G, p4( 1G1", debemos entender Dnicamente $ue )reud si(nifica
con esto $ue la intro.ecci&n aDn precede a las relaciones de ob%eto7. En cambio es
importante tener en cuenta $ue cuando nos referimos al super.& o al ideal del .o, estamos
definiendo funciones o relaciones entre instancias que pueden asumir dichas funciones
en diferen tes contextos, y que, precisamente por su carácter de funciones, no son
inherentes a una determinada instancia, unívocamente diferenciable, como estructura
aislada.
19 Fsamos 7oral7, entre comillas, por$ue de%amos abierta la hip&tesis a la consideraci&n de
los estadios prenatales del psi$uismo (*ascovs<., 191EM Chiozza, L., 1990a [1918H1910!",
$ue enri$uecen profundamente su sentido.
20 Este tema se desarrolla en 7El falso privile(io del padre en el comple%o de Edipo7
(Chiozza, L., 19//b", en Presencia& transferencia e "istoria (Chiozza, L., GEEEa".
21 Cuede encontrarse un típico e%emplo de estas fantasías de embarazo monstruoso
asociado al incesto en la novela de +abriel +arcía ?ar$uez #ien a+os de soledad, Ed.
#udamericana, Buenos 'ires, 191/.
Luis Chiozza
EL incesto ' la homose(uali!a! como !i$erentes !esenlaces !el
narcisismo
0
con ,erardo -ainer

Eelación homose(ual ' relación homosangunea
Freud en Introducción del narcisismo (1914c), afirma que la elección homosexual
es una elección narcisista. En "El contenido latente del horror al incesto y su
relación con el cáncer" (Chiozza, L., 1970i [1967÷1969]) 2 afirmamos que la
elección de un objeto incestuoso constituye un forma encubierta de elección
narcisista, y nos preguntamos entonces: ¿cuáles son los factores que determinan
que en algunos casos la elección narcisista se realice a través de la consumación
del incesto, mientras que en otros se realiza a través de una actividad
homosexual?
Mientras que en la relación homosexual la elección de objeto depende de los
caracteres sexuales primarios y secundarios que determinan la identidad sexual,
en el caso del incesto la elección depende de aquellas características del objeto
que configuran una identidad familiar. Esta identidad "endogámica", que queda
representada en el lenguaje por la expresión "consanguinidad" (la voz de la
sangre), constituye, en lenguaje figurado, una relación "homosanguínea".
Laborde (1970) expresa con respecto a lo "familiar" que se contrapone a "lo
extraño": «Eso tan íntimo, lo mío, que odia a "lo extraño" que no es como "mi
carne", podríamos pensarlo como la verbalización de las fantasías del narcisismo
primario». El objeto de la elección homosexual comparte las características de su
identidad sexual con un número muy grande de los seres que constituyen la
población humana, mientras que el objeto de la elección incestuosa sólo comparte
las características de su identidad familiar con muy pocas personas. El grado de
narcisismo implícito en el incesto debe por lo tanto ser mayor que aquel otro propio
de la homosexualidad; esta última debe equivaler a una mayor renuncia narcisista.
Del mismo modo que hemos dicho en lenguaje figurado que la relación incestuosa
es homosanguínea, podemos afirmar que la relación homosexual es "consexual".
El prefijo "con" califica a la relación más que al objeto; El prefijo "homo",
inversamente, califica al objeto más que a la relación. Las razones que determinan
la diferencia en las denominaciones que se utilizan para el incesto y la
homosexualidad pasan a formar parte del interrogante que nos planteamos aquí y
de la respuesta a la cual arribamos.

Elección !e o#;eto e i!enti$icación primaria ' secun!aria en el tri&ngulo
e!pico
Si tenemos en cuenta que la identificación es el producto de las cargas de objeto
anteriormente abandonadas, y que, viceversa, la elección de objeto se realiza
nuevamente a partir de ("desde") las identificaciones "inmediatamente anteriores" a
esa elección, descubrimos la necesidad de considerar de modo insepara ble, en
cuanto al tema que nos ocupa, el problema de la elección de objeto y el de la
identificación.
Cuando pensamos en el triángulo edípico, o mejor dicho en los dos triángulos
edípicos (el directo y el invertido) que constituyen entre sí una serie
complementaria cuyas proporciones relativas varían en cada caso particular,
pensamos, siguiendo la exposición que Freud realiza en El #o # el ello (1923b), en
términos de identificaciones secundarias, es decir aquellas que derivan de la
introyección de las investiduras de los objetos externos. Esta consideración debe
ser completada, sin embargo, para poder penetrar en el tema que nos interesa,
con la inclusión del triángulo edípico que se constituye al mismo tiempo que se
estructuran las identificaciones primarias, aquellas que se establecen, según lo
postulado por Freud, "directamente", y son previas a la catexis del objeto externo.
En "El contenido latente del horror al incesto" (Chiozza, L., 1970i [1967 ÷1969]) 3
se plantea: "... el carácter narcisista de la libido al servicio de los intereses del yo
[que], entretenida en el proceso de crecimiento que se materializa mediante la
reproducción celular y a través del proceso de identificación o asimilación,
adquiere una representación en la forma de una escena primaria bisexual, o sea
hermafrodita". Este párrafo completa el siguiente extraído de Psicoanálisis de los
trastornos hepáticos (Chiozza, L., 1970a): "Si pensamos en la afirm ación de Freud
(1923b) cuando, refiriéndose a los orígenes del ideal del yo, expresa que la
primera y más duradera identificación ocurre con ambos padres de la prehistoria
personal, y es directa e inmediata, anterior a toda catexis de objeto; y si aceptamos
una representación o existencia interna, heredada, de la pareja parental
(Rascovsky, 1960; Cesio, 1960), tal como se desprende de las anteriores palabras
de Freud, podemos concluir en que la situación triangular, edípica,... ya se halla
contenida en el psiquismo desde el primer momento" (Chiozza, L., 1970a , pág.
197).

I!enti$icación completa e incompleta en el tri&ngulo e!pico
Siguiendo con nuestro propósito de considerar de modo inseparable el problema
de la elección de objeto con el de la identificación, surge la necesidad de tener en
cuenta las postulaciones que Freud realiza en El #o # el ello (1923b) con respecto
a las identificaciones y la constitución del superyó. Afirma que junto al mandato:
"Así, como el padre, debes ser", existe el mandato opuesto: "Así, como el padre,
no debes ser, no puedes hacer todo lo que él hace, pues hay algo que le está
exclusivamente reservado" (el coito con la madre).
Si nos aproximamos de manera ingenua al contenido de esta postulación,
podríamos concluir que el hijo tiene prohibida una identificación completa con el
padre. En realidad lo que se encuentra prohibido no es precisamente la
identificación completa con el padre, sino una seudoidentificación realizada de
manera que se confunde al objeto material, físicamente presente, con su rol o
función, ideal, en el triángulo edípico (Chiozza, L., 1984c [1970]) 4. El padre no
prohíbe al hijo algo que él puede en cambio realizar. Podría formularse la misma
prohibición de esta manera: "No debes acostarte con tu madre así c omo yo
tampoco me acuesto con la mía". La prohibición es por lo tanto compatible con la
identificación completa.
La confusión señalada se establece entre el objeto presente materialmente, que es
el mismo y al cual llamaremos genéricamente "mujer", y el objeto "madre" o "
esposa" que deriva de una función y es por lo tanto ideal. Se trata de una misma
mujer que dentro del triángulo edípico es esposa con respecto al padre y madre
con respecto al hijo, y cuya configuración genética, su "sangre", se parece a la del
hijo y no se parece a la del padre.

"uper'ó primario ' super'ó secun!ario
Comenzamos procurando comprender las diferencias en la elección de objeto
entre la conducta incestuosa heterosexual y la homosexual exogámica;
desembocamos entonces en la necesidad de estudiar este problema en relación
con su complementario, el de la identificación. Veremos ahora cómo el
planteamiento de un superyó precoz, esencial para comprender la consumación
del incesto, nos conduce, desde otro ángulo, al mismo problema de la
identificación.
En un trabajo anterior (Chiozza, L., 1984c [1970]) expresamos: " En primer lugar la
imago de un objeto persecutorio, cargado con una excitación que provoca horror,
puede ser homologada a la imago de los objetos originales de la identificación
primaria, contenidos en el "maná" del superyó precoz que resulta de tal
identificación. En segundo lugar la imago de un objeto protector puede ser
homologada a la imago de un objeto interno que resulta de la identificación
secundaria y que adquiere así la estructura de un superyó posteriormente
constituido, cuyo contenido instintivo, atemperado por el pasaje pr oyectivo÷
introyectivo en la relación con los objetos gratificantes, posee un menor
componente tanático".
Tenemos entonces un superyó precoz, establecido en un período de desarrollo en
el cual la debilidad del yo incipiente conduce a su disociación y que correspondería
al "precipitado" en el mundo interno de las identificaciones primarias, y un superyó
tardío, producto de las identificaciones secundarias que se configuran a partir de
aquella parte del superyó precoz que no queda definitivamente disociada sino que
a través de la posibilidad de intervención en el juego proyectivo÷introyectivo,
puede estructurarse en el mundo interno bajo la forma de un objeto o una instancia
dotada de un menor contenido tanático.
De acuerdo con lo planteado en el trabajo citado (Chiozza, L., 1984c [1970]), cabe
utilizar en la comprensión de la génesis de este suceso el mecanismo que Freud
(1916d) describió cuando se ocupa de los delincuentes por sentimiento de
culpabilidad. Los sentimientos de culpabilidad provenientes de la acción del
superyó precoz sobre el yo conducen a la consumación del incesto, en el intento
de transformar este sentimiento de culpabilidad "primario" en un sentimiento de
culpabilidad frente al superyó tardío, es decir "secundario".
En otras palabras: el superyó precoz conduce al incesto que el superyó tardío
prohíbe y procura evitar. Si comprendemos la consumación del incesto en términos
de una conducta maníaca debemos tener en cuenta que se trata en este caso de
una manía "primaria" y nunca " secundaria", puesto que la identificación con el
superyó secundario, proveniente de la introyección paterna, jamás podría conducir
a un incesto que el padre tampoco ha realizado.

La !isociación ei!2tico=material !el o#;eto !urante la i!enti$icación
La identificación maníaca primaria que conduce al incesto consumado se reali za
"más allá" del establecimiento, en el mundo interno, de los roles diferenciados de
"madre" y "esposa", característicos de las relaciones de objeto secundarias. Esta
conducta con respecto al objeto puede ser comprendida como la contraparte de
una idéntica alternativa con respecto a la identificación.
Debemos tener en cuenta que la institucionalización de la comida totémica puede
ser vista como un mecanismo de disociación, según el cual la identificación con la
figura del padre queda dividida en un aspecto ideal, que se realiza con el objeto
original, y un aspecto material, que se desplaza sobre el tótem como representante
y sustituto de ese objeto original (Chiozza, L., 1970% [1968], pág. 507).
Tanto en lo que respecta a la relación de objeto como en lo que respecta a su
contraparte, la identificación, nos encontraríamos entonces con el hecho de que el
coito incestuoso, al contrario de lo que ocurre con el homosexual, supone un déficit
en el desarrollo que se logra mediante una adecuada e instrumental disociación
eidético÷material. El incestuoso no ha logrado, en lo que respecta a la parte de su
yo que condiciona su conducta incestuosa, el establecimiento de una disociación
eidético÷material que le permita establecer los objetos internos ideales
correspondientes a los roles de madre y esposa; el homosexual, sí.

Dos !i$erentes !esenlaces !el narcisismo
Cabe recordar aquí aquello que Freud señala en Introducción del narcis ismo
(1914c), cuando afirma que la formación del yo ideal constituye ya una "salida" del
narcisismo 5. Teniendo en cuenta este concepto que toma como eje del proceso
evolutivo la formación del yo y la del yo ideal, podemos pensar que en el incesto
intervendría un narcisismo más precoz e indiferenciado, "anterior" a la formación
del yo ideal, mientras que en la homosexualidad ocurriría una elección narcisista
dentro de la cual predominarían los aspectos más evolucionados del narcisismo,
posteriores a dicha formación del yo ideal.
Cabe agregar que las vinculaciones entre formación ideal, simbolización,
sublimación y cultura permiten comprender las razones por las cuales la conducta
incestuosa no solamente resulta menos tolerada por la sociedad que la
homosexual, sino que se estructura como una modalidad de desarrollo que implica
un desenvolvimiento cultural mucho más pobre. La prohibición del incesto, como lo
han afirmado Freud y Levi÷Strauss desde sus respectivos terrenos, marca el
pasaje de la naturaleza a la cultura.
Finalizaremos recordando que distinguimos (Chiozza, L., 1970d [1966]) tres formas
de materialización de los contenidos ideales: crecimiento, procreación y
sublimación. Si tenemos en cuenta que el crecimiento representa la descarga
directa de la excitación narcisista propiamente dicha, veríamos en la
homosexualidad, que impide la procreación y es compatible con la cultura, y en la
conducta incestuosa, que impide la cultura y es compatible con la procreación, dos
formas diferentes del desenlace narcisista.
Notas
1 El presente traba%o fue publicado en Eid&n, a;o 1, >N G, Ed. C3?C H Caid&s, Buenos
'ires, septiembre 19/K . en $deas para una concepci%n psicoanal'tica del cáncer,
Biblioteca del Centro Aeizsaec<er de Consulta ?5dica, Ed. Caid&s, Buenos 'ires, 19/0.
2 *eproducido en el capítulo anterior.
3 *eproducido en el capítulo anterior.
4 Este tema se desarrolla con ma.or amplitud en 7El falso privile(io del padre en el
Comple%o de Edipo7 (Chiozza,L., 19//b", en Presencia& transferencia e "istoria,
(Chiozza,L., GEEEa"
5 *epasemos las etapas sucesivas de evoluci&n del narcisismo (Chiozza, L., 190Kc [19/E!":
79entro de una serie ininterrumpida $ue abarca desde el protonarcisismo absoluto ()reud,
19KEa [1980!, p4(. /" de un .oHello indiferenciado ()reud, 19KEa [1980!, p4(. 0" hasta la
elecci&n de un ob%eto ele(ido por aposici&n ()reud, 191Kc", cabe distin(uir el narcisismo
propiamente dicho, fundamentalmente te&rico, sea primario ()reud, 191Kc" o secundario
()reud, 19G8b", en el cual la libido se deposita sobre el .o, de a$uellas 7situaciones7 o
7modalidades7 $ue suelen tambi5n denominarse narcisistas, tales como la introversi&n hacia
los ob%etos de la fantasía ()reud, 191Kc" H$ue inclu.e el vínculo introvertido con el .o ideal
()reud, 191Kc"H o la elecci&n narcisista ()reud, 191K c" de un ob%eto $ue representa al .o
ideal7.

Luis Chiozza
El cancer en !os cuentos !e "turgeon
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I )heo!ore "turgeon
Entre los escritores de Ciencia Ficción Theodore Sturgeon sobresale como una
figura singular. Comencemos por decir que no le gustaba ser clasificado dentro de
ese "género" literario. En un prólogo escrito en 1970 para un volumen (Sturgeon,
1976 [1967]) que reúne una serie de cuentos escritos luego de varios años de
"silencio", afirma que los mejores autores de ese género escriben ciencia FÌCCÌÓN
y no CÌENCÌA ficción, ya que no se pueden escribir obras de ficción que traten
sobre ideas, sólo se puede hacer ficción sobre personas.
Creo que, en rigor de verdad, existen dos tipos de escritores, que convocan, a su
vez, dos tipos de lectores. Hay quienes escriben acerca de cosas que les interesan
de un modo indirecto, puesto que sus escritos son medios para alcanzar un fin
ulterior que puede ser muy loable, como puede serlo, por ejemplo, el aprender y el
capacitarse para algún tipo de tarea. Pero hay otros escritores y lectores que son,
como lo dice Ortega (1932) "menesterosos" del conocimiento, que buscan con
ahínco en cada frase una orientación para sus vidas.
Entre estos últimos también los hay de dos tipos: unos auténticamente empeñados
en demostrar algo falso impulsados por la tendencia a negar una realidad que les
duele. Llevados por los avatares de sus necesidades mo mentáneas, recorrerán
una línea oscilante desde una conclusión a su contraria, sin orden ni concierto.
Otros, entregados al esfuerzo incansable de encontrar para sus vidas una
orientación coherente, procuran pensar acerca de cómo viven y tienden a vivir de
acuerdo con lo que piensan. Es claro que estos dos tipos son esquemas "puros"
que se combinan en los hombres concretos en distinta proporción. Pero no cabe
duda de que algunos escritores nos conmueven por su capacidad de perseguir una
"verdad" que nos resistimos a pensar.
Sturgeon es una claro ejemplo de esta clase, pero lo caracteriza algo más. No se
trata de un hombre que busca la sabiduría que se le ha vuelto imprescindible para
seguir viviendo, aislado en una sórdida torre de marfil, en soliloquio con sus
ideales. El contacto comunicativo con la vida que lo rodea, su intensa bio-filia,
emana de su persona como una urgencia amorosa de convivir compartiendo las
más profundas emociones. Citemos sus propias palabras (De Mucci, 1989, págs.
18-19): "Estoy convencido que el secreto de un escritor... consiste en la facultad de
escribir un relato como si se tratara de una carta dirigida a una persona bien
determinada".
Sus escritos nos llevan a parajes inusitados que se encuentran detrás de las
puertas frente a las cuales todos los días pasamos, y que nunca abrimos.
En 1977, en ocasión de realizar la "Jornada sobre el Enfermo Canceroso" que
mencionamos en el prólogo, Alejandro Fonzi por un lado, y Enrique Obstfeld y
Silvia Furer por otro, presentaron los dos trabajos sobre cue ntos de Sturgeon que
reproducimos aquí. Como ellos mismos lo afirman, la coincidencia entre los
acontecimientos allí narrados y nuestra interpretación psicoanalítica del cáncer, es
impresionante. En el segundo cuento de Sturgeon no sólo se establece una
relación entre la consumación del incesto y la desaparición del cáncer (que, como
subrayan los autores, adolece de la simplificación propia de una captación intuitiva)
sino que la comunicación entre los seres "normales", y los habitantes del planeta
incestuoso, se realiza por intermedio de otro país, cuyo nombre es Leteo. Una
clara alusión al "río del olvido" representante del fenómeno denominado "letargo"
que, a partir de Cesio, ocupa un importante lugar en nuestras elaboraciones
teóricas.
El trabajo "Un contenido latente del horror al incesto y su relación con el cáncer",
escrito y presentado a la discusión en 1966, fue publicado por primera vez en 1970
(Chiozza y colab., 1970c). El segundo cuento de Sturgeon, que se refiere en el
título al incesto fraterno (!), el más "narcisista" de los incestos, fue publicado en
1967, veinte años más tarde de haber sido escrito. Veamos, en sus propias
palabras (Sturgeon, 1976 [1967], pág. 153), porqué: "Al seleccionar algún área
más o menos inexplorada en la cual pudiera ejercitar esta técnica de un-paso-más-
allá me encontré con ésta. Fue aproximadamente veinte años atrás, pero tuve que
esperar hasta ahora antes de hallar acogida favorable para algo tan turb ador
como este tema. Les quedo, por supuesto, muy agradecido. Espero que la historia,
ficticia como es, genere, sin embargo, algunas discusiones fructíferas."
En el apartado siguiente reproducimos las palabras introductorias que pronuncié al
comienzo de nuestra Jornada de 1977, ya que nos parece que coinciden con el
espíritu con el cual Sturgeon aborda la existencia del cáncer.
II El encuentro !el hom#re con el c&ncer
A medida que transcurre la vida, el encuentro del hombre con el cáncer se hace de
una manera cada vez más personal. Es decir que adquiere progresivamente una
mayor intimidad, o también que compromete y envuelve un mayor número de
afectos.
El cáncer, sea como tumor perceptible o como fantasía inconciente, posee una
fuerza arrolladora, pero si lo observamos "desde lejos" o "desde afuera", a cubierto
de esa fuerza, nada podemos comprender frente al enfermo canceroso, quien
muchas veces resulta al mismo tiempo espectador y víctima de una carnicería
cuya contemplación resulta casi insoportable.
La observación habitual, lejana y borrosa, impregnada de un pánico inconciente
que nos invita a distraernos con otros panoramas (compuestos por células
mitóticas y fenómenos virósicos, genéticos, o inmunitarios) arroja un resultado que
podrá "ser cierto" o "ser útil'', pero que desde el punto de vista de una vida humana
(la cual, mientras existe, no puede dejar de ser vivida) constituye "letra muerta".
Es cierto que el enfermo se hace cómplice (muchas veces con gusto y otras con
disgusto) de esa historia muerta, y lo hace porque conserva la ilusión de que su
cáncer puede existir, o dejar de existir, sin ser vivido. Sin embargo al mismo tiempo
se siente profundamente desamparado por esto, y experimenta al médico, en
cuanto a su función de psicoterapeuta, como a un ser muy débil, ridículamente
impotente, con el cual se puede convivir siempre que se evite hablar de lo único
importante y siempre que, además, se tenga la delicadeza de impedir que este
interlocutor médico se entere de su propio miedo y de su propia huida (en los
cuales recae permanentemente cada vez que se acerca al enfermo canceroso).
No se trata de conversar con el enfermo, de un modo que se llama "francamente",
acerca de tumores, diagnósticos o pronósticos cuya traducción al lenguaje de la
vida queda sin ser realizada. Se trata, muy por el contrario, de permitir y soportar
que la presencia concreta de su muerte reactive la presencia de la nuestra, no
tanto más lejana.
De modo que lo único realmente vivo que podemos decir acerca del enfermo
canceroso, es una historia del encuentro, personal y auténtico, del hombre con el
cáncer. En el enfermo canceroso este encuentro, inevitable, ocurre de mil maneras
diferentes, pero éste es el último escalón de un desarrollo que, aunque no siempre
alcanza un desenlace semejante, acontece en todas y cada una de las vidas.
Es necesario deshacer algunas ilusiones. Una de cada cuatro (o cinco) personas
muere como consecuencia de un cáncer. ¿Quién será, por lo tanto, aquel a quien
le toque en suerte? ¿Un padre, un hijo, un hermano, un amigo? ¿El cónyuge que
comparte nuestra vida? ¿O crecerá en nosotros mismos, un mal día, a partir del
más inocente de los huesos?
Es cierto también que ni siquiera sabemos con cuáles otros compartimos el sorteo.
Tal vez el ser querido que ha enfermado a nuestro lado pertenece a otra ruleta y
su muerte no nos libera. ¿Cuándo ha de ocurrir este sorteo? ¿Es que ya se ha
realizado? ¿O se realiza aquí mientras hablamos? En una vida en la cual "veinte
años son nada", más tarde o más temprano la escena nos alcanza más allá de
toda huida. Se trata de un singular heroísmo que ocurre sencillamente por el
simple acto de vivir.
Lo que llamamos la historia de un encuentro personal y verdadero es la historia de
un suceso que compromete una pasión. Como ocurre con las guerras, sean entre
países, razas, partidos, bandas o familias, se configura como producto de este
encuentro un enemigo que nos impregna de temor y rencor, pero también (jamás
lo hubiéramos imaginado tratándose de una enfermedad) nos llena de oprobio,
humillación y vergüenza.
A partir de este enfrentamiento brutal sólo es posible luchar o someterse. Sin
embargo, como médicos que somos y habiendo llegado a esa etapa de la vida en
que se tiene la ventaja de haber visto la cara al enemigo, hay dos lujos que no nos
podemos permitir. No podemos dar la espalda a este enemigo, ignorando su
fuerza y nuestro miedo. Tampoco podemos pretender que nuestro enojo
apasionado sea capaz de sustituir a nuestro esfuerzo de estrategos.
Como producto de una lucha encarnizada, radioterapeutas y cirujanos arrancan
todos los días su sustento a millones de células cancerosas. Pero esta población
cancerosa, forzoso es reconocerlo, tampoco ceja en la batalla por la cual cobra
siempre nuevas víctimas entre los médicos y sus pacientes.
El encuentro del hombre con el cáncer ha tenido hasta hoy la característica del
encuentro entre dos poblaciones extrañas y hostiles que se disputan cruelmente
los mismos bienes para distintos fines. Dos poblaciones entre las cuales toda
comunicación fue siempre inconcebible. Pero ¿qué cosa mejor puede hacer un
estratego que comprender a su enemigo? ¿Es que el hombre no puede acaso
llegar a saber lo que el cáncer piensa y se propone, convirtiendo su encuentro con
él en un diálogo inteligible?
Esta manera de decirlo (que alude al camino que va desde la descripción de una
patoneurosis hasta el análisis de una contratransferencia) intenta ser algo más que
una metáfora. Sólo podremos enunciar ahora la temática a que este desarrollo da
lugar. El psicoanálisis ha demostrado que sólo se teme lo que se desea. Es
imposible temer lo inconcebible, y toda concepción no es otra cosa que un
derivado de un deseo. El temor al cáncer es, por lo tanto, el temor a una tentación.
Tentación por la realización de un deseo conflictivo que permanece reprimido.
Hace ya algunos años (Chiozza, L., 1970i [1967-1969]) 2 sostuvimos que se trata
de un deseo de crecimiento ilimitado y narcisista que queda repr esentado en la
fantasía como el producto de un coito hermafrodita. Tanto ese deseo como su
representación suelen quedar encubiertos por un deseo incestuoso, consanguíneo,
que le sirve de satisfacción transaccional. El horror al incesto, por lo tanto, oculta el
temor al producto monstruoso de aquel crecimiento ilimitado.
Nuestro interés por lo inconciente nos ha hecho olvidar que el verdadero enigma
es la conciencia. Fuera de la conciencia no sólo existe la materia, sino que,
además, pululan las ideas. Las funciones y los órganos son ideas inconcientes.
Precisamente funcionan cumpliendo una finalidad implícita en su estructura. Como
dice Ortega (1946), no sólo la función hace al órgano, sino que, además, lo
explica.
Se puede decir que las ideas inconcientes una vez fueron concientes (en esta o en
anteriores existencias) y también que la conciencia es un particular estado que lo
inconciente alcanza. De uno u otro modo debemos suponer que existen diferentes
clases de conciencia y que, además, la concie ncia limita un territorio que
llamamos "yo". "Yo" es el título que damos "desde adentro" a lo que "desde afuera"
denominamos "individuo". ¿Pero qué es un individuo sino algo que no se puede
dividir sin dejar de ser el mismo? ¿No es acaso una ameba un individuo? ¿No lo
es una nación?
Como producto de las dos consideraciones anteriores podemos concluir en que el
cáncer representa la realización de una idea inconciente que habita
permanentemente, como deseo insatisfecho, en cada uno de nosotros; y que esta
idea se rige por la noción de pertenencia a un individuo que no coincide con aquel
que, desde nuestra conciencia, llamamos "yo". Tal idea se realiza porque ha
evadido el "control de población" celular ordenador que nace de las conveniencias
del individuo humano.
Si tenemos en cuenta que el planeta Tierra, como ecosistema (Bateson, 1972),
constituye una unidad individual estructurada en sutiles equilibrios que se
encuentran muy lejos de la conciencia humana, no deja de ser significativo el
hecho de que el hombre, capaz de sostener empeñosa mente propósitos egoístas
y lineales que amenazan el equilibrio del conjunto Tierra, albergue dentro de sí una
criatura que denominamos "cáncer", para tratar con la cual no basta con la lógica y
el odio, hace falta el amor.
III .Cuan!o se quiere* cuan!o se ama. !e "turgeon 0con 9le%andro -! ;! =on)i1
Esta coincidencia entre mis investigaciones y la creación poética ha sido utilizada
por mí como demostración de la exactitud de mi análisis onírico, dice Freud (1900a
[1899]), y sólo con esta frase sintetiza una posición, que no abandonó nunca,
respecto del grado de verdad que contiene toda manifestación artística. Tales
manifestaciones pueden ser utilizadas , por lo tanto, como un medio para la
investigación del inconciente.
Al leer el cuento "Cuando se quiere, cuando se ama", de Sturgeon (1976aE), me
impactó la inequívoca correspondencia que existe entre esta creación literaria,
pura fantasía, y las ideas desarrolladas por Chiozza (1970i [1967-1969]) 3. Me
propongo exponer, aunque parcialmente, la re lación entre las ideas poéticas de
Sturgeon y las científicas de Chiozza. Creo que el número de puntos de
coincidencia, por sí solo, excluirá toda posibilidad de azar, evidenciando que, en
este caso, tanto el arte como la ciencia se nutren de la misma fuente inconciente.
Cuento e investigación científica se complementan, enriqueciéndose mutuamente.
Debo, a mi pesar, sintetizar brevísimamente el cuento, a expensas de borrar la
mayor parte de su valor literario. Antes de ello haré una descripción del
coriocarcinoma, tal como lo concibe Sturgeon, ya que sin tal explicación el relato
resultaría incomprensible. Este cáncer se origina en las células sexuales
totipotenciales que se reproducen indiscriminadamente dando origen a
"embriones" más o menos monstruosos. Estos se vehiculizan por vía sanguínea y
tienden a implantarse por doquier (como una especie de embarazo ectópico). Los
más logrados llegan al pulmón, donde van ocupando cada vez más territorio para
sus fines, sustrayéndolo al necesario para el intercambio gaseoso (los enfermos
mueren ahogados). Si bien la reproducción es anómala, como el número de
células afectadas es enorme, puede pensarse, por ley de probabilidades, que
algunos de estos falsos embriones son parecidos a uno normal. Por supuesto
tendería a reproducir un ser idéntico al huésped, ya que poseen el mismo código
genético. El coriocarcinoma es un embrioma, un teratoma maligno capaz de
reproducir esbozos de órganos y tejidos embrionarios o adultos.
Y ahora el argumento. Guy es un muchacho sin historia, "invasor de propiedades
ajenas". En una propiedad de ensueño se encuentra con Sylva Wyke, quien lo
salva de morir ahogado. Ésta es la única heredera de una fabulosa potencia
económica, totalmente ignorada por el mundo, ya que cuatro generaciones de su
familia se rigen por el décimo mandamiento (enmendado por el fundador de la
dinastía): "no codiciarás los bienes ajenos... ni serás causa de codicia". Se
enamoran, se casan y en seis semanas se declara el coriocarcinoma de Guy, que
lo matará en otras seis. Sylva "no le permitirá morir" y haciendo acopio de todo su
poder, logrará llevar adelante la gestación de miles de esos "embriones" con la
esperanza de recuperar un Guy idéntico al suyo. También reconstruye toda la
historia de Guy. Prepara una "biografía escrita en forma de guión, hora tras hora",
para que ese nuevo ser viva las mismas experiencias de su amado, para no
duplicar "sólo, la corteza exterior". Cuando quedan cuatro fetos de ocho meses y
medio, ella se hace hibernar para despertar veinte años después. Sólo un feto
llega a término...
Aquí termina la historia "del muchacho que fue su propia madre". La verosimilitud
no está dada en el argumento, sino en la forma en que maneja Sturgeon su relato.
Ìncluso al describir el encuentro entre Guy y Sylva, lo hace con tal maestría que no
se sabe si se trata de un primer encuentro o del enésimo, ya cumplida la parábola,
y siendo el nuevo Guy idéntíco al anterior... incluso en el cáncer.
La extensión de esta presentación no me permite un análisis exhaustivo del
cuento. Me apoyaré en el conocido método que toma al relato como el contenido
manifiesto de un sueño, cuyo contenido latente se refiere sólo a un personaje
desdoblado en todos los que aparecen en el sueño y que gira en torno de una
situación, si bien a través de diferentes escenas.
Trataré de ir relacionando algunos de los conceptos teóricos que encuentro en
Chiozza, con algunas de las representaciones del cuento. 1) Excitación
insatisfecha que emprende una regresión narcisista (Eros desexualizado) que,
tanatizada, tiende a descargarse en el yo, en el propio organismo [Guy penetra en
el castillo de los Wyke, amurallado, secreto, cerrado en sí mismo, paradisíaco. Allí
casi muere en el lago]. 2) Una defensa contra esa descarga puede ser una relación
narcisista, introvertida, ideal, incestuosa [Sylva, irreal, ideal, lo salva (la formación
de un ideal es ya una salida del narcisismo)]. 3) Esta unión ideal contiene una
fantasía de coito prohibido que fructifica en un embarazo deseado-temido cargado
de aspectos ideales [Romance perfecto con Sylva (él mismo, su propio ideal)]. 4)
Esta escena primaria puede reintroyectarse melancólicamente por envidia y
experimentarse como ser el dueño de una "riqueza que abruma", que corresponde,
económicamente, a la excitación narcisista y, dinámico-estructuralmente, a la
fantasía de ingestión y embarazo [Guy, a través de un tutor, se entera de todo lo
referente a Sylva y a los Wyke. ¿La envidia? ¿Siente "codicia" (el peor de los
pecados de los Wyke)? Es en ese momento que se declara su cáncer]. 5) El
fracaso de la relación narcisista-incestuosa como defensa, deja expuesto a un
narcisismo extremo que ya toma al propio cuerpo como objeto y cuya
representación contiene una cópula hermafrodita proliferativa que queda adscripta
a fantasías de embarazo maligno o desarrollo tumoral, de teratoma siniestro o
cáncer devorador. [El cáncer de Guy es un coriocarcinoma. El coriocarcinoma es a
la vez embarazo maligno y desarrollo tumoral, teratoma siniestro y cáncer
devorador. Pienso que no existe cáncer que responda mejor a este grupo de
representaciones ya que re sponde a todas ellas].
Todavía me queda un último planteo que dejo como interrogante. A través del
intento omnipotente de Sylva de recrear a Guy ¿podríamos pensar que el
cumplimiento de deseos de este cuento-sueño-enfermedad es el logro de un ideal
de narcisismo extremo que no sólo sería la autosuficiencia perfecta, sino la
autorreproducción? ¿Podríamos pensar que este cáncer y todos los cánceres son
intentos fallidos de transformarnos en "madres de nosotros mismos"?

IV Nue+amente "turgeon 0con Enrique /bstfeld # -il(ia =urer1
La obra de T. Sturgeon "Si todos los hombres fueran hermanos, ¿permitirías que
alguno se casara con tu hermana?", aborda una de las problemáticas básicas del
hombre: el horror al incesto. En el clima oniroide de la ciencia-ficción el autor
penetra en la comprensión de las más profundas fantasías inconcientes.
Nos describe un planeta maravilloso, Vexvelt, donde el aire es embriagador, claro,
limpio, con un espléndido panorama que posee todo lo que un libro de paisajes
debe tener; la ropa de sus habitantes responde sólo a dos convenciones:
comodidad y belleza. A primera vista parece un planeta pastoril; sin embargo, sus
abundantes recursos naturales son explotados al máximo. "Es la cueva del tesoro,
trabajada y organizada, planeada y concebida como en ningún otro planeta del
universo conocido". Su gente es física y mentalmente sana, sin segundas
intenciones, nunca sufrió una guerra, ni modificó el plan cultural originario, vive con
alegría.
El relato no nos hubiera despertado mayor interés que el producido habitualmente
por un buen argumento de ciencia÷ficción. Pero la historia nos atrapa, en un
vuelco inesperado, al saber que una de las características de Vexvelt es la práctica
habitual, aceptada socialmente, de las rel aciones sexuales consanguíneas. El
conocimiento de este hecho generaba en el resto de los planetas una actitud de
intenso rechazo. Situación que conducía a la abolición de todo intercambio
comercial, pese a que los productos vexveltianos eran de excelente calidad y
bajísimo costo. Edificaban a su alrededor un muro de silencio. Fingían ignorar su
existencia.
Quedaba así impedido el acercamiento al mundo vexveltiano, a pesar de los
numerosos beneficios que ofrecía, uno de los cuales era un método que impedía
todo tipo de cáncer. Esta enfermedad no existía entre ellos. En un diálogo entre
Charlie Bux ÷e1 héroe de nuestro cuento÷ y el Director de Archivos de Terratu, el
planeta natal de ambos, éste último pregunta:
F¿-abe usted cuál es ese tratamiento?
F;o" #o no" pero a nin$<n equipo clínico le lle(aría más de una
semana a(eri$uarlo!
FLos cánceres incurables no son materia de análisis clínicos! -on
considerados enfermedades psicosomáticas!
FLo sé! Eso es eactamente lo que el equipo clínico descubriría
*ubo un lar$o # tenso silencio!
FUsted no ha sido totalmente franco conmi$o" muchacho!
FEs (erdad" se'or!
/tra lar$a pausa!
F8e lo dicho por usted se deduce que están libres de cáncer a
causa del tipo de cultura que han or$ani)ado (Sturgeon, 1976b,
págs. 128÷129).
Sturgeon expone y rebate, en esta obra, las "creencias" y razones sociales que
sustentan el horror al incesto (temor por la descendencia, celos, parricidio,
etcétera).
La sociedad vexveÌtiana era un lugar de amor, procreación, productividad, paz y
alegría. Es decir, ofrecía "todo". Sin embargo, debía ser rechazada porque permitía
y aceptaba las relaciones incestuosas. Y aun sabiendo que los vexveltianos
poseían el remedio para el cáncer, los seres de otros planetas preferían morir o ser
devorados vivos por el cáncer antes que vivir con "tal cordura". A consideraciones
como estas, expresadas por el Director de Archivos, responde Charlie:
F+ui)ás otros estén en desacuerdo con usted!
F?;adie podría estarlo@ ¿*i)o la prueba? ?*á$ala@ ?Lo
despeda)arían@ Eso es lo que le hicieron a 9llman! ?Eso es lo que
le sucedió a 3alrou@ ;osotros mismos matamos a 6rosan!!! ?-al$a@
?-al$a@ ?-al$a@
Sturgeon no ha elegido para esta sociedad que tan poéticamente describe, ningún
otro padecimiento que pueda ser erradicado, sino precisamente el cáncer, que,
como lo ha demostrado Chiozza (1970i [1967-1969]) 4, queda específicamente
ligado a las fantasías incestuosas.
El artista intuye la existencia del vínculo estrecho que existe entre cáncer e
incesto, cuando insinúa que el incesto es una terapéutica para el cáncer. Es
importante señalar sin embargo que, del mismo modo que Sturgeon "simplifica" el
problema, al mencionar que el incesto puede evitar el cáncer, omite también la
comunidad existente entre la cultura y la inhibición del incesto, señalado por
numerosos autores.
En las conclusiones del cuento el autor confiesa que debió esperar veinte años
para publicarlo, por tratarse de un tema sumamente perturbador. Frente al rechazo
de esta temática, sostiene que hay que "abandonar el área de la convicción
emotiva y aventurarse en el plano de la investigación científica". Agrega que "el
único daño que puede sobrevenir no procede de la respuesta sexual en sí misma,
sino del complejo de culpa y de la actitud punitiva del medio ambiente social...".
Esta opinión revela su profundo conocimiento del mundo fantástico del hombre,
aunque creemos que el sentimiento de horror al incesto va más allá del temor a la
acción punitiva social. De acuerdo con las ideas de Chiozza (1970i [1967-1969]) 5,
este rechazo proviene del temor a la propia destrucción, frente a un estado de
excitación que el yo es incapaz de tolerar. Se trata de una excitación que adquiere,
en la fantasía inconciente, la representación de una cópula hermafrodita
endogámica, proliferativa, capaz de dar vida a un teratoma siniestro o un cáncer
invasor.
Refiriéndose a la capacidad de tolerar esta excitación fascinante y tanática (de la
cual el incesto es sólo una representación), Sturgeon pone en boca de Vorhidin, un
vexveltiano, las siguientes palabras: "Lo que quiere decir es que capacidad es
capacidad, ya sea para el contenido de una taza, para un caballo de fuerza o para
la altura límite de un avión. Hombre o máquina no los dañarás si te mantienes
dentro de los parámetros para los que fueron diseñados".
Pensamos, apoyándonos otra vez en las ideas de Chiozza (1970a), que esa
excitación que los vexveltianos pueden asimilar y con÷formar (es decir, darle forma
a través de sus creaciones), se torna temible, invasora y tanática para quienes no
poseen aquella capacidad. Y es esa la razón que, a nuestro entender, sustenta el
rechazo a Vexvelt por parte de los otros planetas. El único planeta que comerciaba
con Vexvelt era Leteo, cuyo nombre queda para nosotros asociado con el letargo.
F. Cesio, que ha realizado una teoría psicoanalítica acerca del letargo, analiza la
etimología de la palabra "letargo", derivada de lethe (olvido) y ar$os (inactivo), y
sostiene que el término alude a los significados de olvidadizo y perezoso (Cesio,
1960).
La zona de fractura del aparato psíquico producida por el contacto del ideal con el
yo, constituyó el letargo primario (Chiozza, L., 1970a), que se manifiesta, durante
el dormir, en el soñar. Sobre este núcleo se instala, de acuerdo con la tesis de
Chiozza, el letargo al cual Cesio se refiere y que correspondería a la zona de
contacto entre el yo ideal y el resto del yo coherente.
Así como Leteo era el planeta intermediario entre Vexvelt y el resto del universo,
también los sueños (letargo primario) son la "vía regia" del acceso conciente al
inconciente. El contenido latente de los sueños son los deseos inconcientes, de los
cuales no debemos enterarnos. Son deseos que sólo acceden a nuestra
conciencia disfrazados por la elaboración secundaria.
Algo semejante, en el cuento, ocurre con los productos vexveltianos que,
disfrazados por los fraccionadores de Leteo, eran usados por el resto del universo,
sin enterarse de su lugar de origen. Del mismo modo que los sueños, a través de
la elaboración secundaria, son el disfraz de nuestras ideas inconcientes y son, al
mismo tiempo, una especie de delirio que convive con nuestra normalidad
cotidiana, Leteo, "... lugar donde se desarrollaban todas las perversiones...",
convivía con el resto de los planetas del universo, como un puente entre ellos y
Vexvelt.
La fascinación que ejercen los contenidos narcisistas inconcientes vinculados al
cáncer, queda expresada por Sturgeon en el siguiente párrafo que sigue al relato
del mito de Platón acerca de los primitivos andróginos posteriormente divididos:
"Cada uno de los seres de los sexos opuestos puede hacer algo, pero
habitualmente eso de alguna manera resulta incompleto... Pero cuando una parte
encuentra su otra mitad, ningún poder de la Tierra puede mantenerlas separadas,
ni apartarlas una vez que se han unido. Eso sucedió aquella noche, en algún
momento de un sueño tan profundo que ninguno de los dos pudo recordarlo
jamás. Ese fue el comienzo de algo eterno" (Sturgeon, 1976b, pág. 136).
El aspecto oral-digestivo "persecutorio" vinculado a estas fantasías aparece
también claramente descrito en la escena en la que Charlie ve que Tyng, su
amada, no sólo le ofrecía a él su suave "canción", sino que aquella "canción" era
brindada también a Vorhidin, su propio padre. Es entonces cuando, presa del dolor
y los celos, siente en su hombro la mano de Vorhidin y "... el resultado fue
sorprendente. Charlie Bux no movió nada visible, excepto los tendones de la
mandíbula y la garganta, y al contacto con la mano del vexveltiano, vomitó. Fue lo
que clínicamente se denomina un «Vómito proyectante»".
Charlie terminó su informe sobre Vexvelt y expresó que su deseo, más que el de
ser un vexveltiano, era que ellos lo necesitaran (el deseo de ser necesitado por un
objeto ideal, al cual se busca satisfacer, parece conllevar el peligro de exponerse a
una excitación intolerable). Los vexveltianos le responden a Charlie:
F;osotros te amamos!!! peroG ¿;ecesitarte?!!! Charlie" si
hubieras nacido aquí" no importaría tanto para ti! Pero si te %ue$as
a todo o nada por nosotros" ése será un compromiso total! 9l
tomar esa decisión" debes hacerte a la idea de que quedarás
completamente ecluido de todo lo que has conocido siempre
(Sturgeon, 1976b, pág. 151).
Charlie, luego de fracasar en su intento de levantar la represión en Terratu, para
que el mundo vexveltiano pudiera enriquecer con su sabiduría al resto de los
planetas, se encamina al lugar secreto donde estaba posado el navío vexveltiano
que lo había traído, y dice: "Llévenme a casa".
Charlie logra así evitar "su" cáncer, mutando su identidad, al comprender y aceptar
ese mundo presente en cada uno de nosotros, que contiene la fantasía inconciente
del coito endogámico hermafrodita.
Sturgeon expresa acerca de este cuento la esperanza de que una historia como
ésta, ficticia, genere discusiones fructíferas. Pensamos que, más allá de la
discusión fructífera, el poder comprobar en una obra literaria la emergencia de
fantasías que fueron descriptas, desde el ángulo constituido por la teoría
psicoanalítica, en el trabajo de Chiozza sobre el contenido latente del horror al
incesto y su vinculación con el cáncer, fortalece nuestra convicción acerca de esta
idea.
Notas
1 Los dos traba%os $ue forman este capítulo fueron presentados en la 7-ornada sobre El
enfermo canceroso7, realizada en el C3?C (Centro de 3nvesti(aci&n en Csicoan4lisis .
?edicina Csicosom4tica" en 19//, . publicados por primera vez en $deas para una
concepci%n Psicoanal'tica del cáncer (Chiozza . colab., 19/0a".
2 Capítulo 23 de este volumen.
3 Capítulo 23 de este volumen.
4 Capítulo 23 de este volumen.
5 Capítulo 23 de este volumen.

Luis Chiozza
-cerca !e la superstición en el uso !e la esta!stica
0

I El conocimiento esta!stico
El resultado de un estudio estadístico no es, como habitualmente se piensa, un
producto "imparcialmente objetivo", ya que implica dos tareas previas que se
realizan con un determinado y subjetivo criterio axiológico. Una consiste en aislar
' elegir el +alor que se va a computar; la otra se refiere a la homogeneización de
las variables que no se están estudiando y que podrían incidir alterando la
influencia del valor computado. Si bien la segunda de estas tareas es la única que
se refiere específicamente al conocimiento estadístico, ya que la primera es
condición previa, ambas afectan al resultado obtenido.
La homogeneización es, por su naturaleza, imperfecta y, además, tan incompleta
como cualquier otro proceso cognoscitivo, en tanto no se pueden tomar en cuenta
aquellas variables que son desconocidas. Pensamos sobre todo en aquellas
variables que no pueden ser tenidas en cuenta porque su identificación implica un
determinado criterio interpretativo. Este criterio interpretativo depende de una
adquisición cognoscitiva que puede ser concebida como un proceso que nunca
llega a su término.
No queremos significar con esto que el estudio estadístico constituya una tarea
inútil que resulte en un conocimiento falso, sino que, en la medida en que se lo
considere imparcialmente objetivo, su utilización es supersticiosa y no es acertada.
Para un empleo adecuado, conviene tener conciencia de que la estadística
sustituye al conocimiento de certeza, tanto como a la comprensión más profunda
de los fenómenos. Por este motivo afirmamos que la estadística es nuestro "peor
es nada".
El criterio de que lo que llamamos certeza no es más que una altísima probabilidad
estadística, ha ganado terreno dentro de las ciencias físicas, pero nosotros nos
referimos aquí al campo de las macroexperiencias cotidianas frente a las cuales
tiene sentido distinguir entre probabilidad y certeza. Podemos decir, por ejemplo,
que estadísticamente se ha comprobado que sólo el 5% de los soldados
conscriptos obtienen un franco solicitado, mientras que al 95% le es negado. Sin
embargo, es muy distinto afirmar que lo obtuvieron aquellos que se lo solicitaron al
teniente, y les fue negado a quienes se dirigieron al sargento. Mejor aún sería
poder explicar por qué el teniente otorga lo que el sargento niega.
También conviene tener conciencia de que las conclusiones estadísticas son
siempre en términos de números cardinales, nunca ordinales. Nos aclaran que 2
personas de cada 10 no toleran la ropa de lana, pero no nos dicen que estas 2
personas son, por ejemplo, la tercera y la quinta. Dicho de otro modo: la
estadística no se aplica al caso particular (Carnap, 1966; Popper, 1974). Uno por
ciento, cuando se trata de uno, no es más ni es menos que uno.
II 1Fu2 ocurre cuan!o se trata !e uno3
Dado que nos interesa profundizar en la comprensión y ejemplificación de esta
última idea, tomaremos como situación paradigmática el caso de la ruleta rusa.
Tenemos dos revólveres; cada uno de ellos posee un tambor giratorio con
capacidad para 6 balas. En el revólver 5B colocamos 5 balas; en el revólver 1B
una sola bala.
Sostener que la estadística no se aplica al caso individual equivale a sostener que,
frente a la situación de gatillar uno de esos dos revólveres, por una única vez,
apuntando a la propia sien, es indiferente cuál de los dos revólveres se elija, a los
efectos de la posibilidad de morir. ("Posibilidad" no es idéntica a "probabilidad".
Hay cosas posibles sin que haya manera cierta de determinar cuán probables
son).
Ìmaginemos que tenemos dos ventanillas. Frente a cada una de ellas hay una fila
de sujetos que esperan para realizar la experiencia con el revólver una única vez.
En la ventanilla 5B está el revólver de 5 balas sobre 6 espacios; en la ventanilla 1B
el revólver de una bala sobre 6 espacios. Cuando comienza la experiencia
hacemos girar el tambor de ambos revólveres, de modo que desconozcamos la
posición inicial del gatillo. Hacemos desfilar 6 sujetos delante de cada revólver, los
cuales, sucesivamente dispararán, cada uno de ellos, un tiro sobre sí mismos, sin
hacer girar nuevamente el tambor.
No nos hace falta la estadística para saber qué sucederá. En la ventanilla 5B
morirán 5 personas y se salvará 1 (descontando la intervención de otros factores
imprevistos), mientras que en la ventanilla 1B morirá sólo 1 y se salvarán 5. Esto
es una "certeza" que no surge de un conocimiento estadístico, sino de una
deducción.
Pero ahora vamos a cambiar esta experiencia imaginaria, para huir de la certeza y
recurrir al conocimiento estadístico. Vamos a desestimar lo que pasa con todas las
personas excepto con una, a la cual llamaremos Pedro y que, a los fines de
nuestra experiencia haremos resucitar cada vez que muera.
Al empezar el experimento imaginario haremos girar los tambores al azar, para
desconocer la posición inicial. Pondremos 5 personas frente a cada ventanilla y
luego, con un dado, sortearemos el orden en que Pedro, la sexta persona, se
colocará en la fila. En primer término lo hará frente a la ventanilla 5B y en segundo
término, luego de "resucitado" o ileso, frente a la ventanilla 1B. Una vez terminado
este ciclo, lo volveremos a repetir tal cual, tantas veces como queramos.
Para realizar este experimento imaginario, y ahorrarnos trabajo con dados y
anotaciones, escribimos, con estas prescripciones, un programa de computadora2.
Ensayamos 4 variantes: se repite el ciclo 100 veces, 50 veces, 3 veces y 2 veces.
Además, finalizado cada ciclo, se establece en términos de porcentaje las
probabilidades de muerte de Pedro en una y otra ventanilla y se halla también esta
probabilidad porcentual al finalizar los 100 ciclos, los 50 ciclos, los 3 ciclos y los 2
ciclos.
Una vez realizada la experiencia hallamos, como era de esperar, que en 100 casos
la probabilidad de muerte de Pedro coincide bastante aproximadamente con 5/6
para la ventanilla 5B y con 1/6 para la ventanilla 1B; que en 50 casos la
probabilidad se aproxima menos a esa cifra; que en 3 y 2 casos (repetidos muchas
veces) coincide o contradice manifiestamente dichas proporciones y que cuando
se trata de un solo caso, la "probabilidad" 3 únicamente puede ser del 100% de
muertes o del 0%, independientemente de la ventanilla considerada. Dicho en
otras palabras: en el caso individual la aproximación estadística a la cifra 5/6 ó 1/6
es igual a cero.
Las cifras obtenidas la primera vez que realizamos la experiencia fueron las
siguientes:
100 casos: N° de muertes con revólver 5B: 80 (80%)
N° de muertes con revólver 1B: 17 (17%)
50 casos: N° de muertes con revólver 5B: 39 (78%)
N° de muertes con revólver 1B: 7 (14%)
3 casos: N° de muertes con revólver 5B: 3 (100%)
N° de muertes con revólver 1B: 0 (0%)
2 casos: N° de muertes con revólver 5B: 1 (50%)
N° de muertes con revólver 1B: 0 (0%)
1 caso:
Para elegir un caso, sorteamos al azar un número del 1 al 100, lo cual nos dio el
número 85; volviendo sobre el programa de 100 casos de la computadora,
elegimos el caso número 85 que correspondía a
5B: muerto (100%),
1B: vivo (0%).
Si el sorteo hubiera arrojado el número 94 hubiera dado a la inversa. Si el número
del sorteo hubiera sido el 11 hubiese muerto con ambos revólveres. Y si hubiera
sido el 13 (!) se hubiera salvado con ambos.
Estas son las 4 posibilidades, cada una de las cuales, en el caso individual, una
vez realizada, sólo puede evidenciar una probabilidad de 0% o de 100% de muerte
(1/1 X 100=100; 0/1 X 100= 0).
Reproducimos la experiencia en el gráfico que se incluye a continuación

III 1Fu2 ocurre cuan!o se mezclan los porcenta;es3
Reintroduzcamos esta cuestión desde otro ángulo, extraído de una paradoja de
Martín Gardner (1975).
En Mendoza, sobre un total de 180 enfermos de la misma dolencia, 110 fueron
tratados con el sistema quimioterápico P y curaron 50; 70 fueron tratados con el
sistema quimioterápico E y curaron 30. Esto equivale a un 45,4545... % de
curaciones con el sistema P y un 42,857142... % con el sistema E. En términos
más exactos, a un 9GH55 !e curaciones con el sistema P* ' 99H55 con el E.
En el hospital de Córdoba, con un total de 230 pacientes de la misma enfermedad
que los de Mendoza, 90 fueron tratados con el sistema P y curaron 60; 140 fueron
tratados con el sistema E y curaron 90. Esto equivale a un 66,6666... % de
curaciones con el sistema P, y a un 64,285714... % de curaciones con el sistema
E. En términos más exactos, a un 6IHJ6 !e curaciones con el sistema P* ' a un
65HJ6 con el sistema E.
En am#os casos e(iste una le+e +enta;a a $a+or !el sistema P. Si
promediamos los porcentajes de los Hospitales de Mendoza y de Córdoba,
obtenemos un 56,0606... % de curaciones con el sistema quimioterápico P, y sólo
un 53,57 % con el sistema quimioterápico E.
Pero en la oficina central de estadísticas no se conforman con el inexacto sistema
del promedio y se procede a sumar los totales de enfermos tratados y se
encuentra que: sobre un total de 410 enfermos, 200 fueron tratados con el sistema
quimioterápico P y curaron 110; 210 fueron tratados con el sistema quimioterápico
E y curaron 120. Esto equivale a un 55 % de curaciones con el sistema P, y un
57,142857 % de curaciones con el sistema E. En términos más exactos 690HJ6K
para el caso !el sistema P* ' 6JKHJ6K para el sistema E.

Es !ecir que* so#re la misma e(periencia clnica* se o#tu+ieron conclusiones
contra!ictorias respecto !e las o#teni!as en Men!oza ' Cór!o#a
aisla!amente.
Reproducimos la experiencia en el siguiente esquema, acompañado de un gráfico.
Ìmaginemos ahora otra experiencia extremando las cifras.
En el Hospital de Mendoza, sobre un total de 1.200 enfermos de la misma
dolencia, 100 de ellos fueron tratados con el sistema quimioterápico P y curaron
90; 1.100 fueron tratados con el sistema quimioterápico E y curaron 880. Esto
equivale a un 90 % de curaciones con el sistema P, y a un 80 % de curaciones con
el sistema E.
En el Hospital principal de Córdoba, con un total de 1.000 pacientes de la misma
enfermedad que los de Mendoza, 500 fueron tratados con el sistema P y curaron
250; otros 500 pacientes fueron tratados con el sistema E y curaron 225. Esto
equivale a un 50 % de curaciones con el sistema P, y un 45 % de curaciones con
el sistema E.
En ambos casos existe una ventaja, en la acción terapéutica, a favor del sistema
P.
En la Oficina Central de Estadísticas se procede a sumar los totales de enfermos
tratados y se encuentra que: sobre un total de 2.200 enfermos, 600 fueron tratados
con el sistema P y curaron 340, y otros 1.600 pacientes fueron tratados con el
sistema E y curaron 1.105. Esto equivale a un 56,666... % de curaciones con el
sistema P, y un 69,060606... % de curaciones con el sistema E (en términos más
exactos: 2.720/4.800 para el caso del sistema P, y 3.315/4.800 para el caso del
sistema E).
Nuevamente la ventaja de un sistema respecto del otro se invierte.
Reproducimos la nueva experiencia en el siguiente esquema, acompañado de un
gráfico.
IV El pro#lema !e la e(actitu! esta!stica
Si unimos lo que nos enseña la ruleta rusa con lo que nos plantea la "paradoja" de
Gardner, tomando como ejemplo las segundas cifras de la paradoja, tenemos la
siguiente conclusión: en Mendoza (a partir de un hecho que en nuestra suposición
no fue un experimento planeado, sino la experiencia de un suceso acontecido
procesado estadísticamente), pudimos establecer que el procedimiento P era
mejor que el E, pero tuvimos que mezclar una afirmación estadística obtenida
sobre 1.100 casos, con el grado de precisión X correspondiente a 1.100, con la
afirmación estadística obtenida sobre 100 casos, con el grado de precisión Y
correspondiente a 100 casos.
Cuando establecimos nuevos cálculos en la oficina central de Buenos Aires,
sumando los hallazgos de Córdoba y de Mendoza, los grados de aproximaciones
estadísticas se mezclaron en otra proporción (600 casos para el sistema P y 1.600
para el E); por lo tanto, fue posible obtener una afirmación de signo contrario: el
tratamiento P era peor que el E.
Si preguntáramos ahora cuál es la conclusión estadística pro#a#lemente más
exacta, deberíamos decir que es la que reúne el mayor número de casos, aun que
nada nos asegura que si, a las conclusiones de Buenos Aires, sumáramos las
obtenidas, por ejemplo, en Chile, el resultado no se volvería a invertir (al fin y al
cabo, podría haber sucedido que las experiencias de Mendoza provinieran de la
suma de las experiencias realizadas en las salas A y B, y que éstas,
individualmente consideradas, hubieran arrojado un resultado inverso a favor del
tratamiento E).
Si preguntáramos en cambio, cuál de las conclusiones estadísticas (Mendoza,
Córdoba, Buenos Aires) es correcta, deberíamos decir que, en sí mismas, son
correctas las tres. Sostener que, para poder comparar las estadísticas, debería
partirse del mismo número de casos, es una afirmación que, como veremos, bajo
su apariencia lógica, oculta una falacia.
Las cifras estadísticas corresponden a una experiencia que constituye la
evaluación de un suceso real en el cual, para elegir algunos casos y excluir otros,
hubiéramos debido tener un criterio o recurrir al azar. Pero, con cualquiera de los
dos recursos, al disminuir el mayor número de casos, hasta homologarlo con el
menor (de 1.100 a 100), disminuiríamos la precisión estadística en lugar de
aumentarla. Dicho en otras palabras, restableceríamos una coherencia al precio de
someter el resultado de mayor precisión al de menor precisión. Si bien nuestra
ambición de compatibilizar una lógica coherente con nuestra impresión superficial
intuitiva quedaría satisfecha, porque habríamos superado la aparente paradoja,
estaríamos más lejos del conocimiento. Pero, lo que es más importante todavía,
estaríamos, de todas maneras, completamente inseguros de que un mayor número
de casos, aún en cantidades homólogas, no nos invertiría otra vez el resultado 4.
V. Comentario $inal
En las reuniones científicas habituales es muy frecuente escuchar que, con el
ánimo de otorgar a un postulado el carácter de una afirmación objetiva, se recurre
a la estadística como modo de evaluación privilegiado, que zanja definitivamente la
cuestión. A menudo se confunde la casuística, que es una mera acumulación de
casos, con una adecuada valoración estadística, que supone el conocimiento de la
ciencia llamada Estadística.
Cuando las afirmaciones se presentan acompañadas por cifras que, como es el
caso de las estadísticas, despiertan la idea de una medida, pareciera que
cumplimos más acabadamente con un ideal que, a pesar de ser anacrónico y
positivista, no ha dejado de tener vigencia: medir todo lo que sea susceptible de
medida, y hacer susceptible de medida lo que aún no lo es.
Se niega entonces que:
1) La objetividad (más allá de si es posible o imposible) no es una adquisición
estadística.
2) La estadística en sí misma (independientemente del grado de utilidad que le
asignemos en el conocimiento) es una interpretación de la realidad, ya que la mera
identificación de los hechos computados es el producto de haberlos interpretado.
3) Deificamos a la ciencia Estadística para conservar la ilusión de controlar y
dominar una realidad inaprehensible en sí misma. De este modo
desaprovechamos el verdadero valor de los sistemas de pensamiento que la
constituyen como ciencia.
4) La estadística no puede reemplazar al conocimiento de las relaciones causales,
que nos permiten deducir los efectos, ni al conocimiento de las relaciones de
significación, que nos permiten comprender el sentido.
Un ejemplo, tomado de Carl Hempel, muestra las falacias a las que puede
conducir el trato descuidado de la inferencia estadística. "Juan es alcohólico
anónimo. Menos del 1 por ciento de los alcohólicos anónimos son profesores de
enseñanza superior. De acuerdo con estas premisas, empleando una regla de
probabilidad, la conclusión será que Juan, tiene una probabilidad inferior a 0,01 de
ser profesor de enseñanza superior. Pero supongamos que Juan lee asiduamente
el 7ournal of Philosoph# , y más del 99 % de sus lectores son profesores de
enseñanza superior. Luego Juan tendrá una probabilidad de 0,99 de ser profesor
de enseñanza superior. Tenemos aquí dos conclusiones contradictorias"
(Wartofsky, 1968) 5.
Debemos subrayar que la estadística es útil en aquellas circunstancias en las
cuales necesitamos conocer, en un número elevado de casos, la proporción
aproximada en que un determinado acontecimiento ocurrirá. En nuestro ejemplo
de la ruleta rusa, es obvio que, de tener que establecer un negocio de venta de
ataúdes frente a una de las dos ventanillas, será más conveniente hacerlo junto a
la ventanilla 5B.
Frente a las limitaciones que hemos señalado, podría objetarse que no hacemos
las cosas por una única vez, y que si bien no nos disparamos en la sien
cotidianamente, solemos bajar las escaleras del subterráneo todos los días y
conviene que lo hagamos por los lugares estadísticamente menos peligrosos.
Si bien es cierto que no vivimos actos únicos, también es cierto que la estadística,
al homogeneizar las variables para crear la cantidad, nos quita la posibilidad de
que nos apoyemos en ella para computar como suma a un conjunto de
acontecimientos individuales que, a pesar de no ser únicos e irrepetibles son, sin
embargo, disímiles, y sólo entrarían forzados en una misma estadística.
Cuando en situaciones individuales decidimos, sin conocer razones ni significados
que estén a la altura de nuestros conocimientos mejor elaborados, lo hacemos
sobre la base de creencias que extraen su fuerza del pensamiento mágico. Tales
creencias nos explican que el uso supersticioso de la estadística sea mucho más
habitual y extendido, aún dentro de la ciencia, de lo que, en una aproximación
superficial, se está dispuesto a admitir.
La sabiduría popular, que se expresa muchas veces en forma de chistes, puede
aportarnos más elementos:
La esposa de Pedro está preocupada porque el cirujano le ha dicho que sólo el 70
% sobrevive a la operación a la que debe someterse su marido. Pero el cirujano la
tranquiliza diciéndole: "no se preocupe señora, porque yo este año ya he cubierto
mi 30 % de muertes".
Sabiendo que hay una probabilidad entre 10.000 de que exista una bomba oculta
en un determinado avión de pasajeros y una probabilidad de 10 billones de que un
mismo avión transporte 2 bombas, Juan ha decidido aumentar su margen de
seguridad llevando consigo una bomba para el próximo viaje.
Todos, espontáneamente, solemos reír frente a chistes como éstos, cuya gracia se
acompaña del sentimiento de lo absurdo, pero vale la pena meditar sobre la forma
en que ese absurdo se construye.
Notas
1 El contenido del presente capítulo proviene de un traba%o realizado en un (rupo de estudio
al cual concurrían los licenciados 9orrit 'damo, 9omin(o Boari, Cristina #chneer, *icardo
#piva< . ?irta #tisman . la doctora Liliana Barbero. 'llí ampli4bamos ideas .a expuestas
en traba%os anteriores (Chiozza, 19/0(. 1901e . 1908b [190G! Od5cimo capítulo del presente
volumenOM Chiozza . colab., 1908a [1901!"
2 'd%untamos un pro(rama escrito en B'#3C.
1E C*3>= 7C,?C*,B'C3P> E#='9Q#=3C'7
1 C*3>= 7La estadística no se aplica al caso individual7
GE C*3>=
G1 C*3>= 7El caso de la ruleta rusa7
GG C*3>= 7*.BR*evolver B7M 7*.1BR*evolver 1 B7
G8 C*3>= 7*.BR balas7M 7*.1BR1 bala7
GKC*3>= 7El tambor recar(ado (ira al azar lue(o de seis disparos7
G C*3>= 7Cedro ocupa un lu(ar al azar en una fila de seis personas7
G1 C*3>= 7#F.BRsuerte de Cedro con *.B7
G/ C*3>= 7#F.1BRsuerte de Cedro con *.1B7
G0 C*3>= 7ERvida7, 71Rmuerte7
G9 C*3>=
8E )R1
8G =RE
8K LRE
8 FRE
KK SRE
K +,=, 1E
K1 *E? Cara comprobar s&lo dos disparos run K0.O
K0 SRE
E +,=, 0E
1E ),* >R1 =, E
/E +,=, 18E
0E LRE
9E FRE
1EE )R1
11E =RG
1GE ),* >R1 =, G
18E 'R 3>= (*>9" (1"S1T1"
1KE BR 3>= (*>9" (1"S1T1"
1E CR 3>= (*>9" (1"S1T1"
11E 9R 3>= (*>9" (1"S1T1"
1/E 6R'TC
10E 3RBT9
19E 3) 6U1 =6E> 6R6H1
GEE 3) 6U1 =6E> 3R3H1
G1E 3) 6R1 =6E> 6RE
GGE 3) 6U1 =6E> 6R1
G8E 3) 3U1 =6E> 3RE
GKE C*3>= >M 77'MCM7#F.BR7M6M77BM9M7#F.1BR7M3
GE VR(6I)"S1EE
G1E WR(3I)"S1EE
G/E C*3>=7*.BJ?R7MV 7*.1BJ?R7MW
G0E 3) VR1EE =6E> VR1
G9E 3) WR1EE =6E> WR1
8EE 3) VR1 =6E> LRLT1
81E 3) WR1 =6E> FRFT1
8GE >ES= >
88E C*3>= 7 J =,='L 9E ?FE*=E#7
8KE -R (LI="S1EE
8E @R (FI="S1EE
KEE C*3>= 7*.BR7M-M7J?7, 7*.1BR7M@M7J?7
KE SRST1
EE 3) S X1E =6E> +,=, E
3 Conemos a$uí probabilidad entre comillas .a $ue, en realidad, no se trata de probabilidad,
sino Dnicamente de posibilidad.
4 Codría suceder, por e%emplo, $ue los resultados obtenidos hom&lo(amente sobre 1EE
casos en cada una de ambas ciudades, fueran inversos $ue los obtenidos m4s tarde sobre
1.EEE casos en cada ciudad. Es decir $ue, homolo(ando en 1EE los casos de ambas ciudades
habríamos (anado en coherencia pero no en precisi&n.
5 Citado por Canteros . ?artín (19/9".

Luis Chiozza
-cerca !e algunas crticas a .Psicoanálisis e cancro.
' a .Coro! affetto e linguaggio.
0

Con el fin de ordenar de algún modo asuntos y argumentos, dividiremos la
cuestión, artificialmente, en varios apartados.
I Mo!elos implcitos en lengua;es !istintos
Al pensar que al escribir Psicoanalisi e Cancro no hice esfuerzo alguno para
hacerme comprender, para abrir un diálogo entre dos mundos (el del psicoanálisis
y el de la medicina biológica) y que el esfuerzo para expresarme en un lenguaje
más simple e inmediato quizás me hubiera obligado a esclarecer mejor para mí
mismo algunos conceptos, se pasa por encima de algunos asuntos que son
esenciales.
1) Hay cuestiones que no se pueden formular en determinados lenguajes, que son
intraducibles. No existen, por ejemplo, en el lenguaje de la mecánica, términos que
permitan expresar el fenómeno denominado conciencia. 2) Son precisamente las
cuestiones informulables, cuando son importantes, aquellas que conducen a la
creación de nuevos lenguajes. 3) Si se desea comprenderlas o, más aún, siquiera
pensarlas, no hay otra solución que adquirir un nuevo lenguaje. 4) Regresar a
expresarse en un le nguaje "anterior" produce, en el mejor de los casos, una
ilusión de claridad que deriva de reinstalar el problema en sus antiguos y
"confortables" parámetros.
Weizsaecker, ante una crítica semejante, alude a que "simple" no es lo mismo que
"fácil", y señala que decir de una manera fácil lo que por su naturaleza es difícil
conduce hacia una equivocación (Weizsaecker, 1956 [1951], pág. 4). Si los
pensamientos que expresa un lenguaje se apartan de un saber implícito
compartido (lo consabido) el hecho de que ese lenguaje sea simple e inmediato no
lo convierte en "comprensible" en el sentido que hubiéramos deseado.
El lenguaje que utiliza Heidegger en ¿+ué si$nifica pensar?, por ejemplo, es
simple e inmediato, pero no es fácil. Houssay solía decir que fácil es lo que se
sabe, y difícil lo que no se sabe. Wittgenstein lleva esta cuestión hasta el punto de
afirmar, en el prólogo a su 6ractatus lo$icoBphilosophicus, que el libro sólo
resultaría comprensible a quienes ya hubieran pensado lo que en él se expone.
La expresión "medicina biológica", por ejemplo, que se utiliza a menudo, esconde
uno de los tantos modelos implícitos que dificultan de antemano el diálogo al cual
nos referimos. Ortega y Gasset señala que los griegos hacían uso de dos palabras
distintas para referirse a la vida. Una, bios, para referirse a la vida que cada uno
experimenta, en singular, como propia. Y otra, )oe, para referirse a la vida
observada como una conducta. ¿Es solamente una cuestión de términos decir
(más allá de toda ironía) que la medicina llamada "biológica" es en realidad una
medicina "zoológica"? ¡No! Por el contrario. Detrás de la aparente inexactitud
terminológica trivial se esconde un equívoco de una trascendencia inadvertida.
Se explica de este modo que la psicología, la psiquiatría o el psicoanálisis sean,
dentro de la medicina, una "especialidad" más, en lugar de constituir una parte
mucho más importante de la formación médica básica, como lo es, por ejemplo, la
microbiología, útil y necesaria en el ejercicio de cualquier especialidad. Se explica
también que lo psíquico quede degradado hasta constituir algo así como un
epifenómeno de la vida, en lugar de ser evaluado como su característica primaria y
esencial.
Pero el pre;uicio $un!amental ra!ica en !ar por garantiza!o que la e(istencia
$sica es una e+i!encia ' la e(istencia psquica una in$erencia. Por este motivo
no debería extrañarnos que los físicos se encuentren mejor preparados para
comprender la integración "psicosomática" del hombre, dado que conservan un
mayor grado de conciencia acerca de que la palabra "materia" !esigna una $orma
conceptual que construimos a partir de una experiencia que ocurre en ese terreno
que los griegos denominaban bios H.
Veamos ahora de qué manera concreta influyen esos juicios, implícitos en
determinados lenguajes.
Se critica la imprecisión temporal que existe, en algunos trabajos de Psicoanalisi e
cancro, cuando se relaciona una determinada época biográfica, con la aparición de
un tumor canceroso. Dado que los tiempos de reduplicación celular en el sujeto
estudiado, o en el tipo de neoplasia considerado, permiten inferir el tiempo en que
habría ocurrido la desviación en sentido neoplásico de la primera célula,
acontecimiento que, en ocasiones, precede en años a la aparición clínica del
tumor. También se menciona que, desde el punto de vista endocrino o inmunitario,
la posibilidad de retrogradar un desarrollo canceroso es distinta en el caso de un
tumor incipiente que en el caso de una gran masa tumoral.
Precisamente en este punto, en el cual se apela a la prudencia, se omiten, otra
vez, consideraciones que son importantes.
1) La desviación en sentido neoplásico de una célula no puede ser el "verdadero"
origen de un tumor clínico. Es necesario que a ella se agregue alguna otra
condición, porque admitimos que muchas desviaciones neoplásicas son destruidas
por el mismo organismo que las crea mucho antes de ser percibidas. Si admitimos
que un tumor clínicamente evidente puede ser destruido por el propio organismo
(no puede interpretarse de otro modo que la estadística afirme, por ejemplo, que
uno de cada cuatrocientos melanomas correctamente diagnosticados retrogradan
"espontáneamente"), admitimos también que lo mismo puede ocurrir con otro que
no sea evidente. No es fácil definir por lo tanto qué es lo que debemos entender en
medicina (aún en la medicina que llaman "biológica") por el tiempo del "verdadero"
origen "subclínico" de un tumor "clínico".
2) Aún en el caso de que existiera una contradicción entre los hallazgos de dos
disciplinas diferentes, que utilizan modelos de pensamiento distintos, no existe
derecho para invalidar desde una de ellas, por más re spetable que sea, los
resultados de la otra. Menos derecho existe aún para privilegiar las "verdades" que
obtiene una de ellas.
Hace ya unos cuantos años, un distinguido cardiólogo que trabajaba en nuestro
Centro, sostuvo que los autores más importantes de su especialidad estaban de
acuerdo en afirmar que el espasmo, en las coronarias, no existe. Años después se
obtuvieron cinecoronariografías que mostraban lo contrario 3.
Estoy de acuerdo en que cuanto más sólidos sean los conocimientos que podamos
adquirir los psicoanalistas acerca de la (mal llamada) "biología" del tumor,
estaremos en mejores condiciones para realizar nuestro estudio, siempre, claro
está, que no los hayamos adquirido a expensas de una formación o profundización
suficiente en nuestro propio terreno de investigación. Sin embargo conviene
distinguir entre conocer suficientemente el esquema de pensamiento que
pertenece a la disciplina cuyos hallazgos se intenta interpretar desde la nuestra, y
conocer en detalle los últimos e innumerables datos, muchas veces provisionales,
que constituyen el cuerpo entero de sus conocimientos.
Quiero subrayar el hecho, sin pretender que sea un mérito, de que Psicoanalisi e
cancro es un libro distinto del que probablemente espera encontrar quien
emprende su lectura. Los artículos de la primera parte fueron escritos para ser
presentados y discutidos entre un público de psicoanalistas con muchos años de
formación en la especialidad. Los artículos de las tres últimas partes, y la
introducción titulada "Un encuentro del hombre con el cáncer", surgieron de una
jornada realizada entre colegas que compartían las ideas básicas que los
fundamentan. Si no se tiene en cuenta este origen, relatado en el prólogo, muchos
de los sobreentendidos en que incurre su lenguaje, especialmente en las últimas
partes, pueden dar la impresión falsa de que su argumentación es superficial. Creo
que no debe omitirse al juzgarlo que el libro no pretende ser otra cosa que lo que
su título en castellano anuncia y su subtítulo italiano aclara: "Ìdeas para una
concepción psicoanalítica del cáncer".
Psicoanalisi e cancro, a pesar de un prólogo que intenta llenar alguna de sus
lagunas, no logra la arquitectura de una obra en que cada capítulo ha sido
redactado especialmente para ser incluido en el libro. Pero esto nos hubiera
apartado de otras tareas igualmente importantes, y, así como está, aún en el caso
de que no alcanzara la fuerza suficiente para poder ser "creído", tiene, como
sucede muchísimas veces con la interpretación psicoanalítica, contenido suficiente
para poder ser "sentido". Creo que encuentra la primera justificación de su
existencia en el haber originado una discusión como ésta.
II Meto!ologa
Göethe ha dicho ÷de acuerdo con una cita de Weizsaecker (1956 [1951], pág.
447)÷ que "es mejor creer lo falso que dudar de lo verdadero". La historia de la
filosofía se divide, según Ortega y Gasset, entre aquellos f ilósofos que tienen
necesidad de saber y aquellos otros, los metodólogos, que tienen temor de
equivocarse. Se me ocurre que la relación entre ellos es de algún modo similar a la
que existe entre el artista y el crítico de arte. Ninguno de los dos necesita de una
especial justificación para existir, pero, como sucede con el elefante y la ballena,
habitan en nichos ecológicos distintos y es muy difícil que se encuentren.
Hay metodólogos que se han convertido en técnicos que sólo ayudan a pensar por
los caminos trillados, y que se especializan en trazar silogismos a posteriori sobre
enunciados de un pensamiento creativo que se ha fo rmado por otros caminos.
Nada tiene de malo, en sí mismo, el investigar por caminos trillados, pero el
problema aquí es otro. Se trata de que cuando nos vemos forzados a recorrer
nuevos terrenos debemos cuidarnos de no quedar sometidos al obstáculo
epistemológico constituido por procedimientos metodológicos que han surgido
específicamente de otros contextos.
Me solicitan más pruebas de algunas de las teorías que expongo. Pruebas
convincentes, por ejemplo, de que el cáncer representa la realización de una idea
inconciente que habita permanentemente, como deseo insatisfecho, en cada uno
de nosotros, idea que es atribuible a un individuo que no coincide con aquel que,
desde nuestra conciencia, llamamos "yo".
En primer lugar, quiero llamar la atención sobre el hecho de que, en la frase citada,
casi me he limitado a traducir en los términos del psicoanálisis lo que la oncología
afirma. La idea inconciente que habita permanentemente en cada uno de nosotros
equivale a lo que se denomina "desviación celular en sentido neoplásico",
desviación que, si mal no tengo entendido, ocurre continuamente y permanece
"insatisfecha" gracias a la actividad inmunitaria del propio organismo. En cuanto a
que pertenece a un individuo que no coincide con aquel que, desde nuestra
conciencia, llamamos "yo", equivale al concepto de que la célula tumoral es un
individuo, y que, además, es "anárquico" con respecto al organismo que constituye
su "portador". Si no fuera así, ¿cómo podrían, sin entrar en contradicción,
sostener, como lo hacen en la crítica que motiva estas respuestas, que una masa
tumoral "se produce autónomamente y afinalísticamente"?
Pero entonces, se dirá, si de una analogía se trata, ¿a qué se debe que afirmemos
que su enunciado corresponde a conclusiones extraídas de nuestro propio campo
de trabajo? Una teoría es una herramienta, y, frente a la tarea concreta de
investigar en nuestro campo, tenemos derecho, como tantas veces lo afirma
Freud, a pedir prestados conocimientos de otras ciencias para construir la propia.
Pero estos conceptos, y los términos que los representan, adquirirán en nuestro
terreno y durante el proceso de su utilización, un valor propio. Así, en sus
comienzos, la física construyó su concepto de fuerza a partir de la noción, ubicua,
de fuerza vital. Todavía hoy medimos en "caballos" la potencia de un motor, pero
el antiguo concepto de fuerza perdió en la física su cualidad de intencional. La
teoría, construida primitivamente mediante una "traducción", expresa "conclusiones
surgidas de nuestro propio campo de trabajo" cuando "funciona" en ese campo,
enriqueciendo cada vez más, a través de una interpretación que abarca un mayor
número de hechos, el significado de su primitivo enunciado. Sin embargo no es
esto lo que interesa subrayar ahora.
No presento mis ideas como hechos comprobados, sino como conclusiones
teóricas (nada más, pero nada menos), que surgen de los hechos generalmente
admitidos o de otras teorías admitidas. Sin embargo, creo que son ideas
verosímiles, y a medida que transcurre el tiempo mi convicción ha ido creciendo.
¿De qué depende la convicción científica? ¿Qué son las pruebas convincentes?
¿Convincentes para quién y en qué lenguaje? Nuevas ideas suelen necesitar
nuevos lenguajes, y volveremos más adelante sobre el asunto de si el lenguaje del
psicoanálisis es apropiado para tratar con las ideas que aquí nos ocupan.
Si acepto discutir estas críticas es porque admito que su discusión puede ser
interesante y fructífera. Supongamos ahora que como resultado quedemos todos
los aquí presentes convencidos de que lo que afirmo es correcto, ¿significaría esto
que está comprobado? ¿Será necesario tal vez convencer a un consenso
mayoritario de autoridades científicas? ¿Pero de qué especialidad? ¿Existe
actualmente una especialidad tipificada en el campo que nos ocupa? Suele
suceder, además, que cuando las verdades científicas adquieren un amplio y
consolidado consenso, ya han dejado hace tiempo de ser consideradas verdades
en la cúpula del conocimiento científico.
Me parece que, en un significado riguroso, carece de sentido decir que una teoría
se ha comprobado. Prefiero pensar, en cambio, que existen teorías que son
mejores que otras. Pienso que una teoría es mejor cuando cumple, en orden de
importancia, alguna de estas tres condiciones: 1) abarca un mayor número de
hechos o teorías admitidos; 2) es más simple en su formulación; 3) aunque
parezca inútil decirlo, en el caso de que su alternativa es ninguna.
III Esta!stica
Surge la pregunta de por qué y en qué sentido rechazo el método estadístico como
medio para alcanzar, del examen de experiencias singulares indi viduales, la
formulación de leyes generales. Los únicos párrafos que he escrito, en toda mi
obra, con respecto a la estadística, son tres 4. Uno, muy breve, al final del trabajo
"¿Azar o acción terapéutica?" (Chiozza y colab., 1983a [1981]). Otro, en el prólogo
de Ideas para una concepción psicoanalítica del cáncer (Chiozza, L., 1978%), en el
cual, entre otras cosas, señalo el problema de las anomalías y la necesidad de
examinar más de un caso. El tercero, con el titulo de "Reconsideración del
conocimiento estadístico", forma parte de un trabajo que presenté, como relato
oficial argentino, en el Tercer Encuentro Argentino÷Brasileño y Primer Encuentro L
atinoamericano sobre "La interpretación psicoanalítica de la enfermedad somática
en la teoría y en la práctica clínica" y formó parte de un semin ario dictado en
Perugia, Ìtalia, en Julio de 1981 (Chiozza, L., 1981e).
No encuentro de dónde podría deducirse que rechazo el método estadístico. En el
tercero de los mencionados párrafos señalo textualmente: «¿Significa esto que el
estudio estadístico constituye una tarea inútil que resulta en un conocimiento
falso? Evidentemente no. Significa, en cambio, que la estadística es a menudo
objeto de una cierta "reverencia supersticiosa" que disminuye la posibilidad de su
utilización acertada. La utilización acertada deriva ante todo del tener en cuenta
que cada estadística se ha constituido aislando artificialmente un valor elegido a
partir de una importancia sostenida por un determinado criterio».
¿Habrá surgido, tal vez, el equívoco del siguiente párrafo?: «Cuando, intentando
identificar los beneficios que pueda brindar nuestra labor psicoanalítica sobre el
enfermo somático, nos interrogamos acerca de los resultados terapéuticos que
obtenemos, en lugar de establecer una estadística debemos extraer un criterio del
estudio cuidadoso y exhaustivo de unos pocos casos». Sin embargo, el sentido,
que apunta sobre todo a subrayar la necesidad de identificar los criterios implícitos
en la determinación del valor que se denomina "resultado", surge con claridad del
contexto al que la frase pertenece.
Leyendo en su conjunto todo aquello que de la estadística afirmo, se deduce que
mi interés reside en sostener: 1) La estadística nada afirma acerca del hecho
singular. 2) Aunque la cuestión de si todo conocimiento es, o no es, estadístico, ha
dividido a los físicos en dos grandes bandos, la diferencia, en la vida cotidiana,
entre certeza y probabilidad, conserva todo su valor. Nace de un tipo de
pensamiento causal que cabe distinguir, por la intervención de un encadenamiento
de fenómenos que denominamos racional, del procedimiento "contable" que
denominamos "estadística". 3) A medida que crece la dificultad en la identificación
y la homogeneización de las variables que intervienen en el fenómeno estudiado,
crece la dificultad para realizar una estadística genuina. La estadística queda
entonces muchas veces degradada hasta configurar una grosera casuística de
"grandes números" que, aunque encubierta por un ropaje científico, se parece más
a la superstición que a la ciencia.
IV Presentación !e casos clnicos
En la tercera parte de Ideas para una concepción psicoanalítica del cáncer, salvo
quizás con la excepción del trabajo "¿Azar o acción terapéutica?", nos limitamos,
como el título de esa parte lo indica, a publicar algunas "reflexiones sobre la
experiencia clínica". "El análisis longitudinal de sujetos sanos que luego
enfermaron de cáncer", al cual alude la crítica, habría tal vez podido brindar
interesantes conclusiones, pero existen razones por las cuales, frente a la tarea
concreta, se hace necesario elegir jera rquizando los fines. Me parece en cambio
erróneo criticar la utilización de textos literarios argumentando que "son situaciones
no verificables realmente, en el sentido de que la literatura es una realidad
imaginada y no sucedida". El tema es demasiado extenso como para discutirlo
aquí en su integridad, pero me bastará con recordar que nuestra investigación se
dirige hacia la búsqueda de significados, y que la imaginación de un literato es una
realidad psicológica que corresponde, cuando es capaz de conmover a un gran
número de personas, a una realidad compartida o, si se pr efiere decir,
"generalizable". Piénsese, por ejemplo, en la leyenda de Edipo. No me parece, por
idénticas razones, justificada la desconfianza a la util ización de materiales
heterogéneos en la investigación de las relaciones existentes entre lo hepático y la
envidia. Es una desconfianza que desestima que todos esos materiales
heterogéneos son deriva dos concientes de la fantasía inconciente.
Es cierto que la ilustración clínica ayuda, y, en lo que atañe al punto específico
solicitado, puede encontrarse alguna ilustración clínica en el fascícu lo con los
trabajos que realizamos para el Seminario de Roma (Chiozza y colab., 1979a*).
También ayudará el trabajo sobre cardiopatías isquém icas (Chiozza y colab.
1983b [1982]), presentado en noviembre de 1982 en el segundo Seminario de
Perugia 5.
Creo que antes de afirmar que los casos presentados son muy pocos, o que la
biología del tumor no es tomada suficientemente en consideración, es necesario
tener en cuenta cuál es el propósito de su presentación. Volvemos así al problema
de las pruebas.
Coincido con la afirmación de que a la clínica se la ve, no se la lee, porque lo que
se lee siempre es una historia seleccionada de acuerdo con un determinado
criterio. Pero el problema es más grave. La experiencia muestra que en la clínica
sólo se ve aquello que en la teoría se comprende y acepta. Puede decirse,
metafóricamente, que la realidad espera, desde hace años, en nuestros
consultorios, a que desarrollemos, mediante reflexiones o discusiones teóricas,
nuestra capacidad para verla. Los juegos de ilusión óptica ponen de manifiesto que
la más "simple" de nuestras percepciones cotidianas lleva implícita una teoría
inconciente.
Cuando dos observadores perciben lo mismo es porque comparten la misma
teoría. Por esta razón nada es más difícil que "comprobar en la clínica" una nueva
teoría. La situación empeora cuando la nueva teoría opera en contra del "sentido
común" que constituye al consenso, y afecta supuestos teóricos habituales que,
por ser inconcientes, quedan siempre fuera de toda cuestión.
Tomemos como ejemplo el artículo de Ìribarne y Fonzi 6, en el cual se critican
"algunas inexactitudes y superficialidades". La crítica con respecto a este artículo
finaliza diciendo: "También nosotros nos unimos a la esperanza de que Cuqui
pueda vivir algo mejor, pero el problema aquí es sólo la relación entre la eventual
repetición de la neoplasia y las condiciones psicológicas profundas de la paciente".
Releo ahora, nuevamente, el texto de Ìribarne y Fonzi, y no encuentro una sola
línea que me permita suponer que el artículo se ocupa de exponer, esclarecer,
ilustrar o responder a dicho problema. Me parece menos cierto aún que allí, en el
caso narrado, el problema sólo sea ése. La finalidad explícita de Ìribarne y Fonzi
es describir brevemente la experiencia, las reflexiones y los hallazgos
psicoanalíticos (en los términos más cercanos posibles al significado canceroso
"primario") en una persona operada de cáncer y clínicamente "curada" al precio de
una mutilación genital. Una vez aclarado este equívoco, desaparecen esas
"inexactitudes y superficialidades", salvo, tal vez, la cuestión de creer (o no creer)
que una intervención semejante haya podido realizarse, como afirma la paciente,
sólo con una finalidad preventiva. Pero esta cuestión, por importante que sea, no
afecta a la meta hacia la cual el artículo apunta.
Encontramos otro ejemplo de lo que se puede, o no se puede, ver en la clínica, en
dos preguntas acerca del paciente presentado en "¿Azar o acción terapéutica?".
En la primera pregunta se plantea si a todos los sujetos con melanomas malignos
les ha faltado el cálido contacto con la piel de la madre a causa de una lactancia
artificial o si, "más modestamente", hay una mayor incidencia de melanomas entre
sujetos que no han sido amamantados con pecho.
El trabajo no afirma (ni sugiere siquiera) que a todos los sujetos enfermos de
melanomas malignos les faltó dicho contacto. Se limita a señalar un caso particular
de una teoría general que expresaría así: Para que la localización de una
enfermedad somática, cualquiera que ella sea, resulte psicológicamente
comprensible, es necesario que se haya de scubierto alguna de las relaciones
siguientes, las cuales, bajo su distinta apariencia, conducen hacia una misma
realidad de fondo. 1) El significado "primario" o específico del órgano afectado
debe formar parte del significado de la crisis biográfica actual. Esto equivale
aproximadamente a lo que Freud denominaba, para el caso de la histeria,
"conversión simbolizante", porque la zona afectada se prestaba especialmente
para expresar simbólicamente, en términos lingüísticos, el conflicto psíquico
implicado. 2) La crisis biográfica actual debe contener la reedición inconciente de
una situación traumática anterior en la cual la zona corporal afectada quedó
involucrada. Este tipo de significación, que consideramos una resignificación
secundaria, equivale a lo que Freud, siempre refiriéndose a la histeria, denominaba
"simbolización mnemónica". 3) El conflicto psíquico que configura la crisis
biográfica actual resulta "atraído" por un complejo inconciente que en su hora
produjo un trastorno del órgano actualmente implicado. Esto equivale
aproximadamente a lo que Freud denominaba, en la histeria, "solicitación (o
complacencia) somática".
La segunda pregunta, con respecto al mismo caso, es si el factor de difusión
metastásico no está más ligado al drenaje linfático de la zona primitivamente
afectada, que al hecho de ser el punto que debe haber entrado en contacto con el
hijo durante el abrazo traumático. Como es necesario ser breve, diré en este punto
que en el libro Cuerpo" afecto # len$ua%e (Chioz za, L., 1998e" [1976]), con el
subtítulo "Un hombre con el dolor en un brazo ", discuto una situación semejante 7.
En cuanto a la pregunta acerca de la peculiaridad de la psiquis del canceroso,
supongo que no es válido decir ahora que el libro entero intenta responder e
ilustrar a esa cuestión. Creo que existe el derecho de que intente resumir aquí la
respuesta.
De acuerdo con la teoría que planteo, para que una persona se enferme
específicamente de cáncer deben confluir las siguientes condiciones:
1) Una fijación al periodo individual que corresponde al desarrollo
embrionario. Este núcleo narcisista inconciente, precozmente
disociado, permanece como un deseo insatisfecho que no se
integra con el desarrollo que emprende el yo coherente que
constituye el núcleo predominante de la personalidad en el estadio
de la evolución individual alcanzada. Si tenemos en cuenta que
una de cada cuatro (o cinco) personas muere como consecuencia
de un cáncer y que se admite que la desviación neoplásica de
células aisladas oc urre de manera continua sin llegar a constituir
un tumor canceroso, podemos suponer que esta primera condición
se halla presente en todos los seres humanos.
2) Una frustración actual en los estadios posteriores de la
evolución tánato÷libidinosa alcanzada. Especialmente en los que
son, para una determinada persona, aquellos económicamente
más eficaces. A partir de ella se condiciona una regresión que
incrementa la energía pulsional contenida en la fijación narcisista
embrionaria, "reactivando" las fantasías que ese núcleo "contiene".
3) La imposibilidad de descargar, en sentido progresivo, la
excitación generada en la fijación embrionaria, a través de
cualesquiera de los estadios posteriores de la evolución tánato÷
libidinosa individual. Esta condición suele observarse
predominantemente, en la clínica, como un fracaso en la descarga
de la excitación incestuosa, por ser ésta última, en su carácter de
provocada por una relación consanguínea, la inmediatamente
posterior a la fijación narcisista embrionaria.
Ìmagino ahora que se me podría preguntar si estas condiciones son generalizables
y si se confirman en la observación clínica. Contestaré, brevemen te, que:
1) Hasta donde sé, la teoría que planteo es la única que explica, e
ntre las que pertenecen al terreno de la investigación del
psiquismo, las características que diferencian al cáncer de
cualquier otra enfermedad somática. Estas características son las
de un crecimiento celular, ilimitado e invasor, que no se conforma
al plan de los órganos y tejidos diferenciados, que constituyen al
individuo pluricelular, jerárquicamente estructurado, en el cual el
cáncer aparece.
2) Cada vez que, hasta ahora, frente a un paciente canceroso, nos
hemos aproximado para estudiarlo psíquicamente con prolijidad
suficiente, nuestras observaciones no solamente no contradicen la
teoría, sino que, más aún, nos han permitido encontrar, una y otra
vez, en el momento de sus vidas en que la enfermedad aparece,
un tipo particular de fracaso que anteriormente nos había pasado,
en estos casos, inadvertido. Se trata de un fracaso constituido por
la p2r!i!a !e la satis$acción de los deseos inconcientes
correspondientes a un vínculo incestuoso, hasta entonces
o#teni!a, casi siempre, mediante la sustitución de los fines
directos pero no !e los o#;etos consanguneos. Debo, para ser
más exacto, aclarar que, aunque la ausencia de este tipo de
fracaso pueda llegar a ser rara entre los enfermos de cáncer, la
posibilidad de esa ausencia no es incompatible con la teoría que
planteo, ya que, dentro de esa teoría, como hemos visto, se
conciben otras maneras por las cuales se alcanza la regresión y la
reactivación narcisista necesarias.
V La teora psicoanaltica
Se sostiene que la manera en que derivo, de la teoría psicoanalítica, una
estructura teórica para la interpretación de un significado psíquico específico en los
fenómenos somáticos, es poco convincente. Se encuentran d emasiadas
generalizaciones, artificios retóricos y forzamiento de autores clásicos,
introduciendo demasiadas innovaciones, más allá de las presumibles intenciones
de los autores de las palabras que cito. Veamos un ejemplo.
En &ás allá del principio del placer, Freud (1920$, pág. 1118) afirma que las
células germinales se comportan de un modo "narcisista", porque tienen necesidad
de la actividad de sus pulsiones de vida para sí mismas, en calidad de reserva, con
miras a su posterior actividad de grandiosa dimensión anabólica. Agrega un año
más tarde (en las dos ediciones castellanas, y en el original alemán, la frase no
está entre paréntesis como en la traducción inglesa de Strachey), que tal vez
habría que declarar narcisistas, en ese mismo sentido, a las células de los
neoplasmas malignos, dado que la patología está preparada para considerar
congénitos sus gérmenes y atribuir a ellos cualidades embrionales.
Escribí en Ideas para una concepción psicoanalítica del cáncer que, si aceptamos
los conceptos que la frase contiene, no debía extrañarnos que una excitación
incontrolada de carácter narcisista pueda utilizar la representación de un
crecimiento tumoral para expresarse, dado que, tal como se deduce de la frase de
Freud, suponemos que el proceso somático mismo, que corresponde a la
representación "crecimiento tumoral", deba también quizás ser declarado (además
de "incontrolado") como narcisista en el mismo sentido que las células germinales.
Dado que se sostiene que el punto de partida del ligamen que establezco entre
narcisismo y tumor es una frase de Freud, conviene señalar ahora que mi análisis
de la frase de Freud (capítulo sexto del presente volumen) se dirige, en primera
instancia, a apoyar una afirmación que ya ha sido realizada antes, en la misma
página. Digo en esencia que el contenido narcisista que posee el incesto adquiere
en algunas ocasiones la representación de un desarrollo tumoral y maligno. La
expresión "en algunas ocasiones", así como otras similares que utilizo en el mismo
capítulo, constituye una referencia implícita a la experiencia clínica psicoanalítica,
que es el terreno natural del cual extraemos nuestras observaciones. El contenido
de ese capítulo formó parte originalmente de un trabajo más extenso titulado "Una
contribución al estudio del horror al incesto" (presentado en la Asociación
Psicoanalítica Argentina en 1966). En ese trabajo las mismas conclusiones fueron
elaboradas a partir del material de sesiones psicoanalíticas pertenecientes a una
paciente que consumó, durante muchos años de su vida adulta, el incesto fraterno,
y en la cual aparecían, muy frecuentemente, fantasías de estar enferma de cáncer.
Lamentablemente, debido al riesgo de que la paciente pudiera ser identificada,
dicho material no pudo ser publicado 8.
Se sostiene que "los conceptos de Freud se refieren al narcisismo (cual idad
mental), no a las células tumorales" de modo que estaríamos ante un ejemplo de la
extensión injustificada de las ideas de la cita, porque, aparentemente: "Se trata de
una frase insertada en un contexto dominado por las fantasías biológicas de Freud
sobre las células germinales".
¿Cómo se puede afirmar que los conceptos de Freud no se refieren a las células
tumorales sino al narcisismo "cualidad mental"? Si no se refiere a las células
tumorales, ¿para qué las nombra?, y, además, ¿por qué constituyen el sujeto
sustantivo de la frase en cuestión, mientras que el narcisismo es en ella un
adjetivo? Pero aún admitiendo que el tema central de la cita fuera, en función del
contexto, el narcisismo cualidad "mental", ¿qué habrá querido decir Freud cuando
afirma que las c2lulas se reservan para sí mismas sus pulsiones de vida? ¿Son
estas pulsiones de las células, que las células se reservan, narcisismo cualidad
mental? ¿Existe un narcisismo que no sea cualidad mental? En este punto me
pregunto cuál es el significado que podemos asignar a la expresión "fantasías
biológicas de Freud acerca de las células germinales". Tal vez se prefiera suponer
que se trata de un pensamiento accesorio que (aún admitiendo que forme parte de
la manera de pensar de Freud) no forma parte de la teoría ps icoanalítica.
Etcheverry ha traducido recientemente la obra de Freud al castellano, directamente
del original alemán, en una cuidadosa versión cotejada con la inglesa de Strachey.
Veamos lo que dice Etcheverry cuando se ocupa de fundamentar la traducción del
alemán -eele por el castellano "alma" ("mente" es una traducción errónea, al
castellano, de los términos ingleses "mind" y "mental" que utiliza Strachey):
"Vemos pues que la asimilación que establece Freud entre 'psique' y 'alma' es
taxativa". "Para Haeckel la célula primordial (protista) así como las células unidas
entre sí en un ser vivo pluricelular, poseen alma". "Alma, en Haeckel, es término
descriptivo de la especificidad de ciertos procesos materiales". "... parece probable
que la tradición de Haeckel y de la filosofía de la naturaleza es obligado con÷texto
del texto freudiano" (Etcheverry, 1978, págs. 36, 37 y 56). ¿Puede "el obligado
contexto del texto freudiano" ser considerado sólo un accesorio de la teoría
psicoanalítica, o quedar fuera de ella?
Se sostiene que resulta atractiva la posibilidad de leer un clásico de modos
siempre nuevos, y que parece licito como un acceso para nuevas categorías e
intuiciones que acrecientan la riqueza de la fantasía, y permiten pensar lo
impensable (o lo afrontado hasta ahora en términos ritualísticos o fallidos),
abriendo un "espacio de nadie" en el conocimiento científico, que deberá ser
recorrido por una investigación rig urosa, dado que estas categorías e intuiciones
no poseen las ventajas de la teoría, cuyo fin es compatibilizar, en un sistema
comprensible y atendible, las distintas proposiciones que derivan de la experiencia.
Estoy en un íntimo acuerdo, ta nto en lo que respecta a la función de la intuición y
la fantasía como en que el camino que emprendo tiene un larguísimo trayecto para
recorrer todavía. También estoy de acuerdo en cuál es la meta de una teoría. No
coincido en cambio en que se pueda abrir un "espacio de nadie" y establecer
nuevas categorías sin haber realizado una teoría.
Un ejemplo privilegiado para discutir este punto es el de Groddeck. Cuando
decimos que Groddeck no formuló una teoría, creo que no tenemos conciencia de
que su teoría funciona tan lejos de los parámetros habituales de la "formación de
sistemas" que no parece teoría, y sin embargo lo es. Encontramos, en el caso de
Weizsaecker, un ejemplo distinto. Su formación teórica multidisciplinaria era tan
profunda que (independientemente del sentido y el valor de su obra) su esfuerzo
por trazar un puente entre el terreno de lo aparentemente "impensable" y el
pensamiento habitual deja la viva impresión de un fracaso que es, casi, un logro.
Fracasa porque su lectura es difícil en la medida en que es difícil descubrir en su
inteligencia un sistema que es producto de una ruptura epistemológica. Es casi un
logro porque su pensamiento adquiere una apariencia más "seria" y menos "
mística" que el pensamiento de Groddeck.
Ambos deseaban encontrar en la figura gigantesca de Freud el más formidable
compañero de ruta. Pero Freud, interesado en otros destinos y comprometido en
otros combates, aún aceptando que la meta era digna de los mayores esfuerzos,
les brindó su estímulo, pero se rehusó a acomp añarlos.
Se critica mi esfuerzo por permanecer "fuertemente anclado al pensamiento
psicoanalítico", de una manera que es casi un elogio hacia la originalidad de lo que
pienso. Coincido en que en algunos pasajes (los cuales, dicho sea de paso,
provienen de textos escritos hace muchos años) este esfuerzo resulta tedioso. Sin
embargo, se impone aquí una aclaración. La plantearemos a través de un ejemplo.
Sostenemos que debe pensarse en la existencia de un proceso terciario (Chiozza
y colab., 1970a [1966]), además de los procesos primario y secundario que postula
Freud. ¿Disiente esta afirmación con el pensamiento de Freud, o lo prosigue por
los mismos caminos? ¿Deberá quedar incluida en lo que denominamos
psicoanálisis, o excluida de él? No creo que, mirando hacia el futuro, debamos
resignarnos a llamar psicoanálisis solamente a aquello que pensaba Freud. Sería
equivalente al haber pretendido que la física terminara con Newton. Justamente
por este motivo es necesario que dediquemos los ma yores esfuerzos a
comprender su teoría hasta sus últimos alcances. Evitaremos de este modo la
situación lamentable de tantos disidentes que, creyendo discrepar con el creador
del psicoanálisis, sólo di screpaban con las ideas equivocadas que, acerca del
pensamiento de Freud, ellos se habían formado.
VI El lengua;e !el órgano
Entre las citas de Freud que utilizo en Cuerpo" afecto # len$ua%e (Chiozza, L.,
1998e [1976]) se reproducen, en el comentario crítico, tres, para ejemplificar la
manera en que "extiendo" el significado del pensamiento de su autor. Con respecto
a las dos primeras, a fines de abreviar, no añadiré nada a los conceptos vertidos
en el punto anterior. Con respecto a la tercera se sostiene que "la extensión" que
de ella realizo no está clara en su fundamentación teórica, porque "se tiene la
impresión de que existe un pasaje demasiado brusco, de la hipocondría, a la cual
se refiere la cita de Freud, a la neurosis de órgano". Es necesario que aclare, al
respecto, tres puntos.
1) La frase de Cuerpo" afecto # len$ua%e que se considera una extensión de la cita
de Freud, comienza diciendo: "Podemos añadir a este postulado (el de Freud)...".
No se trata por lo tanto de una extensión sino de un agregado o desarrollo de
ideas psicoanalíticas que se sostienen en algo más que esa frase. Desarrollo que
continúo exponiendo en ése y el siguiente apartado.
2) La frase de Freud no se refiere únicamente a la hipocondría. Dos páginas más
adelante señalo: "No cabe duda de que esta relación del contenido con un ór gano
del soma va más allá de la mera asociación entre las representaciones
preconcientes (lenguaje verbal), ya que constituye el tema que Freud continúa
desarrollando a partir de la frase mencionada. Este desarrollo continúa las ideas
contenidas en el párrafo de 1895, ya citado" -me refiero aquí a una cita del historial
de Ìsabel de R. (Freud, 1895d) que se comenta enseguida 9.
3) Cuando se subraya en la cita de Ìsabel de R. un modelo que se denomina "
darwiniano÷histérico", no se toma en cuenta que el motivo fundamental que me
lleva a utilizar esa cita no reside solamente en que, a través de la referencia a la
expresión de las emociones, Freud se introduce en el tema de las histerias que
afectan el territorio de los órganos internos y de la vida vegetativa 10. Me importa
aún más su afirmación, que me parece revolucionaria, de que cuando la histeria
parece simbolizar el significado de un uso lingüístico, en realidad se trata de que
obtiene sus materiales de la misma fuente inconciente de la cual los obtiene el
lenguaje verbal.
Quizás convenga que resumamos ahora cuál es la posición teórica que hemos
adoptado integrando, durante un largo camino, un conjunto de conceptos
freudianos.
No sólo los trastornos histéricos (incluyendo en ellos las histerias "vegetativas") y
los afectos, sino también las enfermedades orgánicas y los órganos mismos,
representan a (o "extraen sus materiales" de) una fuente inconciente, que no
constituye en sí misma un fenómeno al cual puedan aplicarse los conceptos de
psíquico o somático, que se forman como cate gorías en la conciencia.
El lenguaje y su significado (incluyendo en el significado el conjunto entero de lo
que denominamos psicológico) representan a (o "extraen sus materiales" de) la
misma fuente inconciente.
La idea o el concepto "físico" que bajo el rótulo "un órgano" la conciencia se forma
de un determinado existente inconciente específico (incognoscible en sí mismo
como la "cosa en sí" de Kant), mantendrá pues una relación espec$ica con
determinadas fantasías y significados concientes que, a través de numerosos
intermediarios preconcientes, provienen !el mismo existente inconciente. (Si dos
cosas son iguales a una tercera son también iguales entre sí).
Cuando decimos entonces que el órgano habla, es porque esa fuente inconciente
(que corresponde en la conciencia tanto al concepto de ese órgano como a un
conjunto especifico de significados o fantasías) se expresa a través de lo que la
conciencia percibe como una transformación del órgano físico, así como lo hace
otras veces a través de un mensaje verbal. El fenómeno lingüístico no sólo abarca
estos dos extremos de las categorías física y psíquica, sino el enorme campo
intermedio del afecto y el gesto.
Restan ahora dos cuestiones entre las planteadas con respecto a este punto. La
primera de ellas se refiere a si un fenómeno no somático o psíquico puede
presentar, en lugar de un lenguaje, la destrucción o la obstrucción de un lenguaje.
Este mismo problema adquiere una formulación similar en el interrogante de si una
fantasía, en lugar de ser una manifestación de un evento mental, puede ser la
negación o la cobertura de un evento mental. En la historia de la ciencia, se afirma,
hay sistemas de fantasías que, escasamente productivos, se han mostrado como
obstáculos al progreso cognoscitivo.
Resumiría mi posición con respecto a este asunto diciendo, de una manera
concisa, que todo sistema de fantasías obstruye a los otros en una proporción que
crece precisamente en la medida en que crece su capacidad de producir
resultados científicos fecundos, y que toda destrucción de un le nguaje (aunque se
trate de un "ruido") arrastra un significado que es, a su vez, nuevamente un
mensaje. Pero esto último implica la segunda cuestión que, en este punto, se
plantea. ¿Qué es lo que debemos considerar un lenguaje?
En esencia, se sostiene que para que un fenómeno natural pueda ser considerado
un lenguaje es necesario que exista un proceso de comunicación caracterizado por
el traslado de una información desde un emisor hacia un receptor, y que, además,
el intercambio de materia entre ambos debe ser mínimo con respecto al
intercambio de información.
Pienso que el hecho de que los intercambios de materia sean tan grandes como
los intercambios de información, no quita a estos últimos su condición de tales. Y
pienso también que, en el sentido amplio que aquí interesa, el intercambio de
formas, presente en la conformación o transformación que todo fenómeno natural
implica, equivale también a un intercambio de información. En el sentido
restringido que constituye la posición antagónica, podemos negar la categoría de
lenguaje (como algunos lo hacen) a la danza con la cual una abeja comunica a sus
compañeras la posición de una fuente de néctar, apoyándonos en el hecho de que
este mensaje no puede ser transmitido por una abeja interpósita. Que adoptemos
una u otra de estas dos posiciones que son, ambas, lícitas, depende de que el
momento particular de nuestra indagación científica nos conduzca hacia el
reconocer semejanzas o hacia el establecer diferencias.
VII El psiquismo inconciente
Llegamos por fin a la cuestión de "qué es lo que el cáncer piensa y se propone".
Comprendo perfectamente que no se pueda resistir la tentación de pensar en Walt
Disney presentando los objetos inanimados como vivos y pensantes. Esto equivale
preguntarse si mi pensamiento no incurre en un retorno a lo que se suele llamar
animismo primitivo. Despierta mi mayor respeto el que se apele a la prudencia y se
afirme que "sobre este lenguaje y sobre los conceptos que sobreentiende es
necesario sostener una más larga discusión antes de encontrar un terreno común
de entendimiento". Es el mismo asunto que se define, con justeza, como una
propuesta escandalizante, a la cual se llega por un proceso que se describe
recurriendo a la metáfora de las cajas chinas. Me atrevería a sostener que, si se
desconfía del proceso de pensamiento que propongo, es precisamente porque la
propuesta a la cual conduce es bastante difícil de admitir.
Debo aclarar en primer lugar que cuando me pregunto qué es lo que el cáncer
"piensa y se propo ne" ignoro si las palabras "pensamiento" y "propósito" pueden
llegar a adquirir en esta frase un sentido similar a lo que percibimos en nuestra
conciencia humana como pensamiento y propósito. Esto lo ignoro, porque, para
decirlo en las palabras de Weizsaecker, nunca estuve dentro de una célula o,
mejor dicho, una vez estuve pero ya me olvidé de lo que entonces viví
(Weizsaecker, 1947). En mi frase, lo que comenzó por ser una metáfora que
intentaba enriquecer la comprensión del significado del fenómeno, crea ndo una
vía de abordaje mediante la contratransferencia, acabó por adquirir el valor
ineludible de aquello que los metodólogos llaman una analogía positiva entre el
modelo y el fenómeno. Antes de decidir si este "pansiquismo" se justifica o
constituye, pura y simplemente, el animismo de un pensamiento mágico, les pido
que hagan uso de la prudencia a la cual la crítica varias veces apela. Dicha
prudencia implica considerar si esta teoría puede conducir a la interpretación de
fenómenos que de otro modo quedan inconexos.
¿Cuáles son estos fenómenos? Freud señala que las series psíquicas concientes
forman cadenas de significación con eslabones faltantes. La psicología, por lo
tanto, se vio forzada a crear la idea de que estas series interrumpidas se hallan
vinculadas entre sí por un concomitante somático. La segunda hipótesis
fundamental del psicoanálisis, sostiene Freud entonces, es que estos pretendidos
concomitantes somáticos, e(presa!os en t2rminos !e un signi$ica!o que cierra
la brecha de la cadena psíquica conciente, no son otra cosa que lo psíquico
inconciente o, mejor dicho, lo genuinamente psíquico, siendo la conciencia un
carácter accesorio que se agrega a algunos de ellos solamente. Renunciar a la
idea de este significado psíquico inconciente, ocupando el lugar teórico del
pretendido concomitante somático, es renunciar a la idea de lo psíquico
inconciente, ya que ambas son una y la misma idea. Hasta aquí ÷aunque en mis
palabras÷ estrictamente Freud (1940a [1938]).
Ìngresemos ahora en lo que se describe como una "extensión". Para que la misma
no adquiera la apariencia de un "artificio retórico", sería tal vez necesario que
utilice más espacio del que puedo disponer aquí. Ìntentaré de todos modos
señalar, aunque más no sea, los jalones de este camino cognitivo.
Primer paso: El concomitante somático capaz de cerrar la brecha entre los
significados concientes es, somáticamente hablando, un proceso cerebral,
hipotalámico, neurovegetativo o endocrino, en el cual la estructura anatómica y el
proceso funcional evolutivo están ligados de manera indisoluble. (De acuerdo, por
ejemplo, con el principio de que la función hace al órgano). Creo que es razonable
suponer que hasta aquí todos estaremos de acuerdo.
"egun!o paso: ¿En qué "nivel" de "tamaño", o jerarquía de la estructura y función
neuroendócrinas, pondremos el limite de lo que podemos considerar concomitante
somático? ¿En el nivel tisular o en el célulo÷humo ral? ¿Ìncluiremos en ello la
estructura y función genética de los núcleos celulares? En el caso de que
decidiéramos que sí: ¿incluiremos solamente los núcleos de las células nerviosas
y endocrinas? ¿o también inmunitarias y "metabólicas" (por ejemplo, linfocitarias,
musculares o hepáticas)?
Ìntervienen aquí dos cuestiones. Una es el precio que debemos pagar en una
moneda que podemos llamar "disminución en la comprensión del sentido", en el
momento que trazamos el límite. La otra reside en que el lugar en donde
pongamos el límite no dejará de parecernos arbitrario, caprichoso o ambiguo,
debido a que carecemos de fundamentos sólidos para dicha tarea. ¿Por qué, por
ejemplo, el concomitante somático de esa función psíquica conciente que
llamamos memoria, puede concebirse a nivel de los ácidos nucleicos de cualquier
célula y nos negamos a pensar la posibilidad de que lo mismo pueda llegar a
suceder con otras funciones, como la atención o la capacidad de juicio? 11.
)ercer paso: Cuando admitamos, en el nivel que querramos, que una estructura o
función somática posee un significado inconciente que Freud postulaba para el
concomitante, estaremos simultáneamente admitiendo que: a) en su cualidad de
significado o sentido está dotada de un propósito o meta que no deja de ser
psíquico por el hecho de ser inconciente; y b) en tanto significado, indica una
presencia o representa una ausencia. Es decir, que su propósito se halla
indisolublemente ligado al ejercicio de una función simbólica que constituye, en
otros términos, el núcleo esencial de lo que se denomina pensar 12.
Llegamos así a lo que "el cáncer piensa y se propone" de un modo que, creemos,
es "algo más que una metáfora".
Sé que la exposición descarnada de estos pocos jalones no basta para convencer
a quien no tiene un motivo propio, para que recorra un camino cognitivo que
conduce hacia semejante respuesta final. Añadiré solamente que, en una época en
que la mayoría de los científicos se empeñan en diferenciar fenómenos, hace falta
que, aunque sean unos pocos, nos ocupemos de buscar las semejanzas que los
vinculan a un "tronco" o metamodelo común.
Busquemos ahora un poco de compañía para nuestra "escandalizante" propuesta.
Hemos visto ya que para Haeckel (en opinión de Etcheverry el ineludible contexto
del texto freudiano) la célula primordial (protista), así como las células unidas entre
sí en un ser vivo pluricelular, poseen alma. Weizsaecker (1947, pág. 42) señala
textualmente: "Es una idea atractiva ésta de atribuir pensamiento al órgano".
Portmann (1960) denomina "interior idad" a la cualidad subjetiva no espacial propia
de los seres vivos, cuyas formas y colores pueden ser mejor comprendidos como
maneras de una autorrepresentación simbólica, que explicados como resultados
de una función; y afirma que todo trabajo en biología es, en última instancia, una
exploración de lo inconciente (Portmann, 1970, pág. 29). Jennings ÷el más
eminente de los protozoólogos en opinión de Lorenz (1973, pág. 63)- señala que,
si en lugar de observar una ameba sometida a la instilación sobre un portaobjeto la
observáramos en su espacio vital ordinario, y si, además, fuera tan grande como
un perro, nadie dudaría en atribuirle una vivencia subjetiva. Bateson (1979, págs.
12 y 13), a partir de la conocida frase de Próspero, "estamos hechos de la
sustancia de la cual están hechos los sueños", sostiene que la embriología está
hecha de la sustancia de las historias, y que la anatomía participa del contexto de
la gramática, porque toda parte anatómica es un mensaje contextualmente
formado.
Sherrington, que en opinión de Schrödinger (1958) ha dedicado un esfuerzo
enorme al problema de la relación entre la mente y el cuerpo, afirma desde el otro
extremo: "Tenemos que ver el problema de la relación entre psiquis y cerebro
como un problema, no meramente irresuelto, sino como un problema mal
planteado desde sus inicios" 13.
Pero esta lista, forzosamente desprolija, parcial y mutilada en pensamientos y
autores, se vincula inevitablemente con otras cuestiones que, tarde o temprano,
son ineludibles para todo el que quiera internarse en la investigación del
significado inconciente de los procesos somáticos.
Existe en primer lugar el problema de la noción de individuo, creado por el
descubrimiento de un psiquismo inconciente. Citemos, otra vez de manera
arbitraria e incompleta, al Ello de Groddeck, al inconciente colectivo de Jung, a las
jerarquías holónicas de Koestler (1978), y a la idea de un ecosistema de la psiquis
de Bateson (1972), que lo lleva a trascender la polémica entre darwinianos y
lamarckianos 14.
Existe también el problema de la universalidad del fenómeno lingüístico. Ruyer
(1974) atribuye a los Neognósticos de Princeton el concepto de que los órganos,
como ocurre con las palabras de un idioma, poseen una subsistencia semántica
que trasciende, en cada nuevo "pronunciamiento", su subsistencia física. Turbayne
(1970) afirma que el mundo puede ser ejemplificado de igual manera, si no es que
mejor, suponiendo que se trata de un lenguaje universal en lugar de una
gigantesca maquinaria de reloj.
Debo detenerme ahora, pero repito una vez más mi convicción de que todas estas
cuestiones son ineludibles cuando se profundiza en la tarea de comprender la
significación inconciente de los fenómenos somáticos.
Notas
1 +ri(nani )., Y/eggendo 0Psicoanalisi e #ancro7 di L. '. ChiozzaZ, en 1uaderni di
Psicoterapia $nfantile, a;o 190G, >N /, Borla , *oma. #cotti )., YPensare il #ancro2 3ota di
lettura di 0Psicoanalisi e #ancro0& e 0#orpo& Affetto e /inguagio0Z, en 1uaderni di
Psicoterapia $nfantile, a;o 190G, >N /, Borla, *oma. ?is respuestas, utilizadas como
introducci&n al seminario $ue desarroll5 en Ceru(ia en >oviembre de 190G, fueron tambi5n
publicadas en la revista 1uaderni 222& ';o 1908 , >N 9, Borla, *oma, . en Buenos 'ires
como un capítulo del libro Psicoanálisis& presente y futuro (Chiozza, L. 1908a".
2 Er[in #chrodin(er, Cremio >obel de )ísica, ha escrito los libros -"at is life (¿1ué es la
vida?" (19K/", . 4ind and matter (190" como producto de una preocupaci&n $ue se halla
mu. le%os de una inclinaci&n de amateur.
3 >o puedo proporcionar datos biblio(r4ficos fidedi(nos $ue ubi$uen con exactitud el
tiempo . la so lvencia científica de las afirmaciones de este e%emplo, pero la ciencia oficial
est4 llena de otros similares. Cuando -ones (se(Dn 5l mismo lo cuentaM -ones, 199" le
aconse%& a )reud suprimir un p4rrafo de 4oisés y el monote'smo en el cual defendía la tesis
de Lamarc< con respecto a la herencia de los caracteres ad$uiridos, por$ue 7.a nin(Dn
bi&lo(o responsable la consideraba sostenible7, )reud se ne(& cate(&ricamente a modificar
las conclusiones obtenidas en su campo de experiencia. ';os despu5s, como lo muestra
Bateson (19/9", la biolo(ía misma se vio obli(ada a reestructurar, en un campo si(nificativo
m4s amplio, sus propias conclusiones con respecto a este punto.
4 Cuando fue escrito este p4rrafo aDn no había publicado el traba%o $ue constitu.e el
capítulo anterior.
5 9esde la fecha ori(inal de este capítulo (1908" hemos publicado numerosos 7casos
clínicos7. 25ase, por e%emplo, Chiozza, L., 199/b. Chiozza, L., 199/c [1991!M Chiozza,
L.,1990b [1998!M . Chiozza, L., 1990c [1918H19/E!.
6 #e trata de un artículo publicado en $deas para una concepci%n psicoanal'tica del cáncer,
(Chiozza . colab., 19/0a"
7 El traba%o al cual se alude forma tambi5n parte del libro \Por qué enfermamos] (Chiozza,
L., 199/a [1901!" , con el título: 7Fn dolor $ue no vale lo $ue vale la pena7.
8 6an desaparecido actualmente los motivos $ue impedían su publicaci&n . el material al
cual se hace referencia puede encontrarse en el libro #uando la envidia es esperanza
(Chiozza, L., 1990c, [1918H 19/E!".
9 En una extensa nota al pie del fascículo correspondiente al seminario $ue realizamos en
*oma (Chiozza . colab., 19/9a^, p4(s. 1, / . 0" a(re(o al(unas consideraciones m4s a este
tema, $ue al(unos a;os m4s tarde se desarrollar4 en toda su amplitud en el seminario
sostenido con +reen $ue se public& en forma de libro (Chiozza, L. . +reen, '., 1990b
[1909!"
10 9icho sea de paso, no creo $ue fueran ideas $ue 7se hicieron al principio Breuer .
)reud7, .a $ue )reud las retoma, por e%emplo, en 19G1, en $n"ibici%n s'ntoma y angustia
(19G1d [19G!", cuando habla de los afectos como e$uivalentes de ata$ues hist5ricos
universales . con(5nitos.
11 En 7Coraz&n, hí(ado . cerebroM introducci&n es$uem4tica a la comprensi&n de un
trilema7(Chiozza, L., 190Ec", se desarrolla este tema retomando al(unos conceptos de
Bateson (19/9" acerca del 7saber c&mo7 inconciente. El proceso binario $ue denominamos
7%uicio7, se encuentra 7incluido7 en los circuitos de retroalimentaci&n ne(ativa $ue
participan en los mecanismos de autorre(ulaci&n de los sistemas, .a en los or(anismos m4s
elementales. Cor otra parte, tal como sostiene lDcidamente, Aeizenbaum (19/1", entre otros,
en la funci&n $ue denominamos 7inteli(encia7 intervienen tambi5n las estructuras or(4nicas
$ue no forman parte del sistema nervioso.
12 #er(io 'izenber(, cole(a con $uien traba%amos durante muchos a;os en estrecha
colaboraci&n, public& un interesante . bien fundamentado traba%o, titulado 7El pensamiento
de los &r(anos7 ('izenber(, 19/0", dedicado a exponer este tema. #us conclusiones, sin
embar(o, no asi(nan, a mi %uicio, suficiente importancia a la distinci&n entre pensamiento
como e%ercicio del pensar . pensamiento como producto de ese e%ercicio.
=enemos por un lado el pensar del con%unto entero $ue constitu.e la psi$uis de un
or(anismo pluricelular o de un protista, . por otro las ideas inconcientes $ue constitu.en los
&r(anos parciales. Estas Dltimas, aun$ue como productos del proceso co(nitivo $ue las
forma, pueden llamarse pensamientos, se e%ercitan de una manera autom4tica $ue no
corresponde ni conviene $ue denominemos pensar. #chrodin(er (190" sostiene $ue todo
saber o conocimiento consolidado es inconciente . $ue la conciencia es la sede del
aprendiza%e. Es cierto $ue la existencia de procesos como los inmunitarios nos demuestra
$ue la inclusi&n de un aprendiza%e inconciente no debe descartarse. =ambi5n es cierto $ue el
e%ercicio de la funci&n simb&lica inconciente constitu.e, en sus dos fases, el nDcleo de la
actividad co(nitiva inte(rada por los procesos primario . secundario. Cero tanto las formas
. funciones or(4nicas normales, como las patol&(icas, se repiten de una manera típica,
mucho menos creativa, o m4s lentamente creativa, $ue las comple%ísimas permutaciones e
intermediaciones simb&licas, e%ercitadas en el proceso $ue habitualmente denominamos
pensar.
El traba%o de 'izenber( posee el m5rito indudable de haber explorado en profundidad estos
procesos ., precisamente por eso, el defecto $ue se;alo se destaca como una carencia $ue
compromete el resultado. Cienso $ue por ese motivo la expresi&n 7pensamiento de los
&r(anos7, privada de una aclaraci&n suficiente, tiene m4s inconvenientes $ue venta%as.
_uien desee profundizar en este tema encontrar4 sin embar(o mu. Dtil su lectura.
13 >o he podido volver encontrar el lu(ar de donde extra%e una vez esta cita.
14 Bateson considera criaturas psí$uicas a entes tan diversos como la an5mona de mar, el
bos$ue de pinos, el #enado de los Estados Fnidos, . a$uello $ue denominamos 7tD7 o 7.o7
(Bateson, 19/9, p4(.. K". Aeizsaec<er (191 [191!, p4(.. G0" escribe: 7... ?is &r(anos,
te%idos, c5lulas, viven sin estado conciente... al menos viven sin mi estado conciente. Claro
$ue no se puede saber si mis c5lulas corporales, cada una para sí, tienen su concienteM me%or
dicho: se lo puede afirmar o discutir, sin estar obli(ado a decidirse7.

Luis Chiozza
Una concepción psicoanaltica !el c&ncer
0
La primera cuestión que se presenta atañe al significado de la expresión "una
concepción psicoanalítica del cáncer", con la cual titulamos este libro. ¿Se
pretende con esto sostener, ya sea de manera explícita o implícita, que la causa
del cáncer puede residir, aunque fuera de un modo parcial, en el terreno de la
psicología? ¿Puede una concepción psicoanalítica del cáncer servir de alguna
ayuda al enfermo canceroso o evitar que el hombre sano desemboque en esta
enfermedad? ¿Cuál es, en todo caso, la experiencia clínica que puede avalar estas
ideas?
Comencemos por ocuparnos de "las causas". El pensamiento causal ha llegado en
nuestros días, y gracias al éxito notable de la organización conceptual que
constituye el mundo físico y sus leyes, a ser considerado, de modo casi siempre
inconciente, como un sinónimo casi absoluto de la ciencia o del conocimiento
verdadero.
En medicina, por ejemplo, el sa#er es ha#itualmente equipara!o con el .sa#er
la causa.. Si no puede conocerse la causa de la enfermedad, su etiología, se
buscará la causa de los síntomas, es decir la patogenia, y si una u otra son
desconocidas se intentará, por lo menos, coincidir, en algún punto más o menos
lejano de la evolución, con aquellos aspectos de la patogenia que, por ser
suficientemente generales, nos permiten identificar alguna causa. El extremo de
esta lucha desesperada frente a nuestra ignorancia con respecto a determinadas
enfermedades, lo encontramos en la frase: "la muerte se produce por...", en cuya
información intentamos encontrar las armas para proseguir la lucha hasta los
últimos momentos.
Acorde con este modo de pensar, la terapéutica será concebida como una técnica
de combate con la causa de la enfermedad o de los síntomas. Al hombre que
padece la enfermedad y que se encuentra intensamente comprometido con ella, se
le solicitará, a lo sumo, que ayude con su "buena disposición" a la tarea del
médico, o que le "deje hacer" sin interferir con sus esfuerzos y procurando,
mientras tanto, no pensar en el combate que se esta desarrollando, ni en sus
resultados.
Se abre en este punto un campo enorme, cuyo análisis, que por sí solo merecería
un libro entero y sobre el cual se han escrito muchas páginas, nos alej aría del
cometido que se proponen estas líneas. Nos interesa en cambio señalar ahora que
esta íntima y no siempre conciente asimilación entre saber, ciencia y pensamiento
causal es errónea.
Teniendo en cuenta la importancia atribuida al hallazgo de una causa, no debe
extrañarnos el que, durante esta búsqueda insistente, habitualmente se incurra (a
la manera de quien hace trampas frente a un solitario que no sale) en distorsiones
conceptuales de la relación causa÷efecto. Una muy frecuente consiste en
con$un!ir una relación antece!ente=consecuente (que la estadística demuestra
como fuertemente predominante), con una relación !e tipo causa=e$ecto. Se
olvida entonces que, para poder establecer fehacientemente éste ultimo tipo de
relación, es imprescindible poder explicar "cómo se las arregla la causa para
producir el efecto", es decir, es necesario establecer cuál es el m ecanismo de la
acción.
También es frecuente recurrir, frente a una insuficiencia explicativa de la relación
causa÷efecto, a la idea de una pluricausalidad determinante. De este modo un
conjunto de causas mal conocidas (generalmente más supuestas que
efectivamente halladas), colaboran con la causa establecida para producir el efecto
que, a partir solamente de esta última, permanece inexplicable. Esta tesis de la
pluricausalidad, sin embargo, considerada de un modo riguroso, sustituye la
primitiva idea de una "causa" por la idea de una "con!ición ne cesaria pero no
su$iciente", la cual, aunque nos brinda todo lo necesario para fund amentar una
intervención terapéutica (y constituye una descripción más ajustada de lo que
encontramos en nuestra experiencia clínica), representa algo muy diferente desde
el punto de vista conceptual.
Sería muy largo enumerar aquí las múltiples razones que, desde diferentes
sectores del conocimiento, han conducido al hombre de nuestra época a tomar
conciencia de que los límites del pensamiento racional no coinciden con los límites
de lo que es posible conocer de una manera genuina, es decir, de una manera que
permita prever las consecuencias de la acción. Más aún, tal vez precisamente
porque en nuestros días hemos alcanzado el punto peligroso en el cual el hombre
puede colocar al ser+icio !el conocimiento insu$iciente que su razón le
#rin!a* una t2cnica !e impresionante po!er, ha comenzado a desarrollarse la
conciencia de que la polaridad racional÷irracional constituye una falsa alternativa y
ha vuelto a despertarse, con un enfoque totalmente nuevo, el interés por aquellas
formas del conocimiento que trascienden la estructura del pensamiento lógico.
El lector interesado en profundizar en este tema puede consultar a Gebser (1954
[1950], 1954 [1951]), Bateson (1972), Turbayne (1970), Langer (1941), Watzlawick
(1976), Waddington (1977), por ejemplo, cuya solvencia en sus respectivos
campos es recon ocida.
Lo único que nos interesa destacar ahora, para cumplir con los fines que nos
proponemos, es el hecho, enormemente trascendente para la medicina, que al
la!o !e la posi#ili!a! !e e(plicar mecanismos que implican un tipo de relación
causa÷efecto (fundamentado en una imagen física del hombre), e(iste, sin entrar
en contradicción con esa imagen física (y sin necesidad tampoco de someterse a
ella), la posi#ili!a! !e compren!er signi$ica!os que implican un tipo de relación
simbólica, fundamentada en una imagen histórica del hombre.
La historia a la cual aludimos en el párrafo anterior, no es la ciencia cuya es
tructura deriva de una concepción física del tiempo, sino, por el contrario, aquella
otra cuya organización conceptual surge del tiempo vivido (Minkovski, 1968) como
tiempo primordial (Chiozza, 1979a [1977÷1978÷1979], pág. 135) y cuya materia
prima no es el hecho físico observado sobre una cosa perceptible, sino el recuerdo
relatado, que constituye el acontecimiento histórico sólo en la medida en que
compromete, en el terreno del deseo o del temor, una importancia comunicable
(Chiozza, 2000a).
<a#lar !e una concepción psicoanaltica !el c&ncer no implica por lo tanto
necesariamente sostener su psicog2nesis. No se trata aquí de negar la
posibilidad de esa psicogénesis; se trata de que el concepto !e psicog2nesis* en
s mismo* es !emasia!o estrecho.
También se trata, sobre todo, de dejar claramente establecido que el hallazgo !e
un signi$ica!o histórico que nos permite compren!er la en$erme!a! como
una $orma !e sim#olización +ital* no e(clu'e el hallazgo !e una causa $sica
que nos permita e(plicar el mecanismo !e su $ormación. Es necesario insistir
además, porque constituye el error más común olvidarlo, que la in+ersa !e la
$rase su#ra'a!a es igualmente +&li!a* ' que am#os en$oques ;untos* por el
hecho !e ser complementarios* amplan el campo terap2utico.
Desembocamos así en la cuestión acerca de qué modo puede una concepción
psicoanalítica del cáncer ayudar al enfermo canceroso o evitar que el hombre sano
desarrolle esta enfermedad.
Podríamos recurrir, como lo ha hecho Freud, a la idea de la existencia de
condiciones necesarias pero no suficientes para sostener que, así como sin bacilo
de Koch no hay tuberculosis aunque éste no baste para producirla, sin la
e(istencia !e la !etermina!a con$iguración psquica que presentamos no
e(iste la posi#ili!a! !e en$ermar !e c&ncer. Encontraríamos, por lo tanto, en el
descubrimiento de estas condiciones (que no se excluyen unas a otras en su
intervención patógena), un arraigo suficiente para fundamentar una terapéutica o
una profilaxis. Preferimos en cambio insistir en otro punto.
Cuando podemos explicar el mecanismo de una acción nos encontramos en el
camino de desarrollar nuestra posibilidad de intervenir en dicho mecanismo. Así se
construye el poder de nuestra técnica. Nuestra actual capacidad para modificar el
mundo natural que nos rodea ha llegado de este modo a ser tan grande como para
que nuestro intelecto quedara entretenido y subyugado por el éxito más o menos
inmediato que acompaña a estos menesteres. Olvidamos así que, de una manera
análoga, cuando logramos comprender el significado de un fenómeno que forma
parte del universo humano, el acontecimiento mismo de la comprensión del
símbolo inicia de manera inevitable el camino de su transformación.
En una época en que la física, la más "objetiva" de las ciencias, ha terminado con
el mito del "observador no participante", debería ser evidente por sí mismo que,
más allá de las apariencias superficiales, en el terreno de los significados de una
vida humana, comprender una importancia oculta implica inevitablemente hacer
historia, es decir, transformar el decurso de esa vida que, enfocada desde este
ángulo, se manifiesta como una permanente y críptica realización simbólica.
Llegamos así a la tercera pregunta: ¿Avala la experiencia clínica nuestra
pretensión de obtener tales modificaciones? Aquí, en este punto, tropezamos con
una dificultad parecida a la que antes hemos señalado: determinados prejuicios
que acerca de la ciencia provienen del desarrollo predominante de modelos
teóricos tomados de la física, prejuicios en los cuales hemos incurrido debido a
que dichos modelos se han mostrado extraordinariamente eficaces.
No !e#emos con$un!ir, en primer lugar, e(periencia con e(perimento. Mientras
que en el terreno que constituye la sustancia de la física (también de la química y
de aquella parte de la biología construida con estos modelos) es posible planear
un experimento y realizarlo mediante la fijación de un número grande de variables
claramente identificadas (gracias a que cada una de ellas puede ser concebida
como elemental), en el terreno que constituye el tema de la historia esto no es
realizable de la misma manera. Las variables forman parte de una estructura
gestáltica que pierde sus propiedades si intentamos descomponerla en sus
pretendidos elementos constitutivos. De modo que cuan!o se trata !e
compren!er la importancia comprometi!a en una situación +ital* en lugar !e
plani$icar un e(perimento es necesario !isponerse a +i+ir una e(periencia.
Fue Racker (1952; 1958) el primero que, dentro de la disciplina psicoanalítica,
comprendió profundamente este aserto.
Otro prejuicio que es necesario mencionar aquí gira en torno de la estadística. No
solamente ocurre que se homologa desaprensivamente casuística con estadística,
sin tener en cuenta que esta última implica la identificación y la ponderación muy
meditada de las múltiples variables que particularizan cada caso. Demasiado a
menudo se piensa que el único modo de saber verdadero, o el único modo de
comprobar una hipótesis conjeturada, se encuentra en el acumular un número
grande de experiencias.
Nuevamente se comete aquí un error que mutila al pensamiento y a la facultad de
conocer, ya que el recurrir a los grandes números es operante para las ciencias
que, como la física, pueden componer su teoría con nociones que encuentran una
correspondencia más o menos aceptable con cada uno de los elementos en que
cierto tipo de realidad tolera ser descompuesta. Las experiencias numerosas
suelen ser cortas y aisladas, suelen ser microexperiencias, y no to!o o#;eto !e
conocimiento se presta para ser trata!o !e ese mo!o.
Cotidianamente se comprueba que hace falta cierto tiempo para sentir que se
conoce a una persona, y, lo que es más importante todavía, el carácter más
sobresaliente de esta experiencia de conocimiento se haya constituido
precisamente por la vivencia de un encuentro que configura siempre, como
descubrimiento de cualidades insospechadas a priori, un aprendizaje.
Hay situaciones en las cuales el saber se constituye mediante la investigación
profunda de unos pocos casos. Para ejemplificarlo no es imprescindible recurrir a
la mención de los historiales de Freud sobre la histeria. Salvo que estemos
especialmente interesados en investigar anomalías infrecuentes, no parece
necesario desenterrar ciento veinte esqueletos completos para saber cómo era la
estructura de un determinado dinosaurio, ni disecar mil doscientos corazones para
conocer la disposición de sus fibras musculares.
De cuanto llevamos dicho hasta aquí surge con claridad por qué el lector no
encuentra en este libro, como material probatorio de la tesis que en él se sustenta,
un número grande de casos, ni ese tipo de consideraciones que suelen
denominarse (las más de las veces de modo abusivo), estadísticas. Tampoco nos
rigen los criterios habituales acerca de lo que debe entenderse por salud,
enfermedad, curación o profilaxis, criterios que, forzoso es destacarlo, se hallan
hoy en crisis y no es posible evitar replantearlos en cualquier trabajo que se
proponga encarar seriamente la cuestión de la medicina. Por una y otra razón es
necesario que expongamos aquí en qué consiste el terreno de nuestra experiencia
y cuáles pueden ser los objetivos de nuestra intervención sobre el paciente.
El lector asiste en este libro a la construcción de una idea sobre la génesis del
incesto consumado y sobre el contenido latente del horror al incesto que constituyó
el origen de una concepción psicoanalítica acerca del cáncer expuesta en 1967.
Esa es probablemente la única parte que puede llegar a ser más árida para quien
no posea los conocimientos psicoanalíticos esenciales, pero constituye la
fundamentación teórica de las ideas vertidas y permite comprender en profundidad
las razones que asisten a la construcción de la tesis planteada.
Para evaluar la utilidad que posee una concepción psicoanalítica del cáncer en la
terapéutica o en la profilaxis de esa enfermedad, se hace necesario introducir
previamente algunas cuestiones. Durante demasiado tiempo se ha dado por
sentado que la tarea del médico debía regirse por un esquema que expresado de
un modo un tanto simple podría resumirse en dos postulados fundamentales: con
respecto a la enfermedad, y para usar una expresión de Weizsaecker, "fuera con
ella"; con respecto a la vida, "prolongar siempre su duración".
Numerosos autores (entre ellos Weizsaecker de un modo extremadamente
meditado y prolijo), han expresado sin embargo reiteradamente cuán insostenible
resulta este esquema a poco que se profundice en él, y cuánto daño puede infligir
al paciente el médico que se apoya solamente en esta pretensión ingenua.
Weizsaecker ha expuesto con elocuencia, a partir de la clínica y de la teoría, su
idea de que nuestra actitud frente a la enfermedad, en lugar de ser la que
corresponde a la frase "fuera con ella", debería ser la que podríamos describir
mediante las palabras "sí, pero no así".
En cuanto a nuestra actitud frente a la muerte, o frente a la prolongación de la vida,
ha quedado claro ya muchas veces (de un modo suficientemente dramático en
nuestra época provista de su poderoso arsenal técnico), que la labor del médico no
puede regirse unilateralmente por el parámetro "cantidad de vida", sino que debe
considerar además al otro, constituido por la modificación que nuestra intervención
produce en la calidad de la vida.
Aquí, en el tema "calidad de la vida", se abre el inmenso campo del significado o
sentido que una vida adquiere o pierde y que, a pesar de ser importantísimo, no
podemos desarrollar ahora. Apenas hemos rozado este tema para referirnos al
hecho de que nuestra intención terapéutica o pro$il&ctica, con respecto a la
enfermedad que denominamos cáncer, no se rige por las coordenadas que
habitualmente forman el basamento tácito de las valoraciones estadísticas. No
solamente se trata de la afirmación rotunda pero suficientemente obvia, de que
ayudar a un enfermo canceroso no necesariamente implica prolongarle la vida a
cualquier precio. Se trata de la modificación de un conjunto de nociones básicas en
un campo amplio que abarca mucho más, y que compromete a cada uno de los
conceptos que conforman los criterios de salud, enfermedad, tratamiento y
prevención, ya que los que predominan en la praxis provienen de una concepción
mecanicista.
Una vez que hemos llegado a comprender lo que el cáncer significa, como forma
de vida, como "cultura", comprendemos también que la pretensión de "curar", en el
sentido tradicional de intentar restituir las cosas a su estado primitivo, constituye
una utopía, o peor aún, "un sin sentido". No se trata en este caso de que el
recomponer totalmente a un enfermo cuyo esófago ha sido ví ctima de una
degeneración carcinomatosa, que destruye su estructura e invade los órganos
vecinos, es por el momento tan imposible como pretender provocar el crecimiento
de una nueva pierna a partir del muñón de un amputado. Se trata en cambio de
que, una vez comprendido el tipo de transformación que el cáncer configura,
comprendemos también que, como ocurre con la pérdida de la inocencia, nos
encontramos ante una transformación irreversible. "Curar" un cáncer, por lo tanto,
implicará un nuevo cambio hacia un estado diferente al primitivo, anterior al suceso
"enfermedad".
Creemos compren!er ahora que el en$ermo canceroso ni empieza ni termina
en el tumor +isi#le o histológicamente compro#a#le. El c&ncer* sien!o como
es una $orma !e la +i!a* no sólo trascien!e los lmites !el tumor* sino que
trascen!ien!o a!em&s los lmites !e lo que consi!eramos in!i+i!uo humano*
se e(tien!e !entro !e una socie!a! como si $uera una .epi!emia.. Una
epi!emia cu'as +as !e .contagio. no son las que hemos !escu#ierto para el
caso !e las en$erme!a!es liga!as a la +irulencia !e los organismos
micro#ianos* sino aquellas otras que* m&s all& !e la herencia #iológica !e
una pre!isposición2* constitu'en una herencia cultural estructura!a como
un con;unto !e normas sociales* las cuales* como resi!uos !e una
con+i+encia pasa!a* son mo!os persistentes !e la +i!a.
Tanto la terapéutica como la profilaxis del cáncer comienzan, por lo tanto, más allá
del individuo, en el seno de una sociedad, de un grupo, de una familia, en el
instante mismo en que empieza, en el encuentro de una convivencia genuina, la
dilucidación de su significado inconciente.
Antes de finalizar estas palabras se hace necesario dejar consignado que estas
ideas para una concepción psicoanalítica del cáncer, a pesar de la unidad que las
vincula y de su fundamentación en una muy particular manera de com prender el
quehacer psicoanalítico, son fragmentos de una construcción que, iniciados desde
distintos ángulos, confluyen hacia la arquitectura de un conjunto armónico.
Ya que se trata de una construcción en marcha, ese conjunto, hasta ahora, sólo ha
sido posible imaginarlo a partir de su dibujo, como si existiera a lo lejos y en
escorzo. No nos ha sido dado todavía el caminar, abandonando los andamios, por
todos los senderos, no porque estén bloqueados o prohibidos sino porque la vida,
en su polifacética manera, anuda, imprevisible, a la curiosidad del hombre, un
ovillo de caminos ignotos.
Notas
1 El texto de este capítulo proviene del pr&lo(o, escrito en a(osto de 19/0, para el libro
$deas para una concepci%n psicoanal'tica del cáncer2 #e han suprimido los p4rrafos $ue
aludían concretamente a los capítulos de ese volumen.
2 Cuando hablamos, entre colegas, de una concepción psicoanalítica del cáncer,
surgen a menudo dos cuestiones que merecen ser comentadas aquí. La primera
de ellas se refiere a la herencia biológica y a la presunta determinación genética
del cáncer. ¿No se ha establecido acaso la existencia de oncogenes? La segunda
se refiere a lo que denominamos herencia cultural y adquiere la forma de una
pregunta inquietante. ¿Qué debemos pensar acerca del cáncer en los animales?
Se trata, en el fondo, de una vieja y siempre renovada polémica entre hereditario y
adquirido o entre natura y cultura. Antes de responder a cada una de esas dos
preguntas recordemos aquello que, apoyándonos en otros autores, afirmamos
muchas veces: encontramos cada vez más natura en la cultura y más cultura en la
natura. Esto nos lleva a pensar en que natura y cultura son dos modos distintos de
ver una misma realidad. En cuanto a la determinación genética del cáncer a partir
de los llamados oncogenes, o de la debilidad de los genes "supresores de tumor"
-y lo mismo podría decirse de los factores carcinogenéticos, por ejemplo, el
tabaco-, cabe señalar, tal como lo ha hecho S. Jones (1993) de manera impecable,
el malentendido que confunde predisposición (o susceptibilidad) con
determinación. La existencia de oncogenes en el ADN, tanto sea hereditaria como
"insertada" por virus, genera una predisposición al desarrollo de un cáncer, pero no
basta para determinar que así ocurra, y lo mismo puede decirse de los factores
carcinogenéticos. En nuestra concepción psicoanalítica del cáncer estudiamos la
predisposición, desde el cuadrante constituido por la significación, como una
intensa fijación narcisista embrionaria. La coincidencia de ciertas relaciones en
ambos cuadrantes de la investigación estimula nuestro interés y reclama nuevas
investigaciones. Se ha demostrado, por ejemplo, la influencia carcinogenética de
los alimentos contaminados por el moho en el desarrollo del cáncer de hígado
(Jones, S., 1993, pág. 186), lo cual no puede dejar de intrigarnos, dado que
nuestra investigación sobre el psicoanálisis de los trastornos hepáticos se ha visto
involucrada, desde sus inicios, con la relación entre las enfermedades hepáticas y
el aburrimiento, permanentemente asociado, en la fantasía inconciente, con el
hastío, la náusea, lo podrido y la "mufa" ("mufa" proviene del italiano "muffa", que
posee el significado del castellano "moho"). En cuanto a la cuestión del cáncer en
los an imales, lo cual parecería "aislar" a la carcinogénesis de toda cuestión
cultural, es decir, de toda cuestión que lleva implícita una significación
"psicológica", comencemos por señalar que no debemos reducir el psiquismo a la
psicología de la conciencia humana. Es imposible negar que los animales, por lo
menos aquellos que tenemos más cerca, padecen enfermedades, sufren temores,
experimentan deseos, y sienten "afectos " placenteros y displacenteros, por no
decir alegría y tristeza. Está lejos de mi ánimo el atribuirles las características de
una conciencia humana, pero el significado de las fantasías inconcientes
cancerosas no se relaciona especialmente con las características de la conciencia
humana. En este punto podría tender a desconcertarnos el hecho de que algunos
animales, como el perro, por ejemplo, que pueden enfermarse de cáncer, no
parecen experimentar horror ante la consumación del incesto, pero creo que la
cuestión reclama observaciones y reflexiones más cuidadosas, ya que lo mismo
podría afirmarse frente a determinados grupos humanos. Recordemos que hemos
considerado que el horror al incesto deriva del desplazamiento del horror, o la
extrema ansiedad, desencadenada por una sobrexcitación "narcisista"
desorganizadora, frente a la cual la conducta incestuosa funciona como una
defensa. Agreguemos, por último, con palabras textuales de Freud (1940 [1938]*,
pág. 145) un elemento que nos parece clave: "Se ve que ello y superyó, a pesar de
su diversidad fundamental, muestran una coincidencia en cuanto representan
{reprIsentieren} los influjos del pasado: el ello, los del pasado heredado; el
superyó, en lo esencial, los del pasado asumido por otros. En tanto, el yo está
comandado principalmente por lo que uno mismo ha vivenciado, vale decir, lo
accidental y actual. Este esquema general del aparato psíquico habrá de
considerarse válido también para los animales superiores, semejantes al hombre
en lo anímico. Cabe suponer un superyó siempre que exista un período
prolongado de dependencia infantil, como en el ser humano. Y es inevitable
suponer una separación de yo y ello. La psicología animal no ha abordado todavía
la interesante tarea que esto le plantea."

Luis Chiozza
- manera !e eplogo
0
Tengo entendido que los cabos de la marina inglesa poseen un hilo rojo que
ininterrumpidamente los recorre denunciando su filiación. El "hilo" intercomunicante
que recorre y nutre este libro, que en última instancia le permanece siempre fiel,
proviene, a mi entender, de la captación intuitiva y "global" de una $estalt que
habita el retículo inconciente de la vida intelectual de nuestra época.
Creo que se trata de una $estalt que en los últimos años ha empezado a surgir en
la conciencia de un número cada vez más grande de autores de las más diversas
disciplinas. Al principio, como puntos aislados emergentes que de pronto quedaron
"casualmente" vinculados; luego, como los miembros sensibles y móviles,
mutuamente influyentes, de un conjunto que despierta la sospecha de un complejo
sistema subterráneo que constituye un engendro unitario.
Entre los miembros de ese sistema subterráneo que han atraído nuestro interés
hay muchos importantes. Algunos son temas que forman parte de lo que podemos
considerar el punto de urgencia de nuestra época. Pienso especialmente en:
• ÷la noción de ecosistema de la mente
• ÷las paradojas que plantea la conciencia
• ÷la extensión de la existencia de lo psíquico mucho más allá del hombre y
de su ser como individuo
• ÷la incipiente noticia de un proceso terciario, de un estado de conciencia
"ampliada" y de un tiempo primordial que no coincide con la "crono÷lógica"
• ÷el planteo de dos epicentros del conocimiento constituidos por la física y
la historia
• ÷el recíproco esclarecimiento que se otorgan entre sí experiencia,
importancia y diferencia
• ÷la participación del sentimiento y la voluntad, junto con el pensamiento,
en la forma más elevada de la inteligencia
• ÷la existencia de una conciencia nueva acerca de que, más allá de la
subsistencia material o energética de los órganos, e(iste una continuidad
o subsistencia sem&ntica de esos mismos órganos
• ÷la comprensión de que la relación de significación, que depende de la
existencia misteriosa de la función simbólica, es tan fundamental como la
relación que llamamos causalidad y mecanismo, o, tal vez, más
fundamental aún
• ÷la no menos misteriosa articulación de ficción, metáfora y sacramento, de
algún modo similar a la que mantienen el juego o el teatro con el mito y el
ritual, o también los elementos de un código con el símbolo y el sig no
• ÷la revaloración de la importancia de la forma como totalidad
• ÷el papel de la llamada "redundancia extrasistemática" y de la
polisensorialidad en el arte y en la comunicación
y, por último no menos importante,
• ÷las complejas relaciones que mantienen el hablar y el callar con la verdad
y la mentira, y con las significaciones directa e indirecta que nos
introducen en el campo de la metacomunicación.
Son muchos los nombres vinculados con estas ideas. Quiero citar aquí unos pocos
entre los que parecen hallarse más cercanos a la incipiente conciencia de una
totalidad subterránea que lleva implícita una mutación epistemológica, cuya
trascendencia, en opinión de Gebser (1954 [1950]) sólo puede ser comparada con
la que tuvo en su momento la adquisición del pensamiento racional.
Mencionemos, entre los físicos, a ErLin "chrM!inger (1947, 1953, 1958) y a 7ean
Charon (1977); entre los biólogos, a Lu!Lig +on /ertalan$$' (1949), a Conra!
Na!!ington (1977) y a Oonra! Lorenz (1973, 1979); entre los psicólogos, a Oarl
/uhler (1960); entre los ensayistas de carácter general, a Ea'mon! Eu'er
(1974), a -rthur Ooestler (1978) y a Eattra' )a'lor (1979); entre los lingüistas, a
Colin Murra' )ur#a'ne (1970) y a )z+etan )o!oro+ (1967, 1978); y entre
quienes se han dedicado al estudio de la comunicación en psicoterapia, a Paul
NatzlaLicP (1976, 1980). Agreguemos a 7oseph Neizen#aum (1976), Douglas
<o$sta!ter (1980, 1985) y Daniel Dennett (1978), (Hofstadter D., y Dennet, D.,
1981), cuyos trabajos sobre los pro blemas del self, el alma y la inteligencia
artificial, son lúcidos, profundos y apasionantes.
Podrían citarse seguramente muchos más entre quienes son, al mismo tiempo, los
detectores y los artífices de la profunda transformación epistemológica que
anteriormente mencionamos, pero me he limitado a consignar aquellos cuya
lectura reciente me ha conmovido más. Ocupa un lugar especialmente destacado
>regor' /ateson* cuyo último libro, &ind and ;ature (1979), me produjo el placer
de un encuentro largamente esperado.
Entre los múltiples temas que constituyen otros tantos emergentes de la
transformación cultural subterránea que nutre el universo simbólico de nuestra
época, hay dos que deseo destacar aquí.
El primero de ellos, porque me parece el peñón más abrupto, el filón más inex
plorado y más inaccesible. Me refiero a la noción de un tiempo primordial (tiempo
que se diferencia inclusive del que forma parte como "cuarta dimensión" del
universo de la física relativista) que nos promete el acceso a una nueva
concepción del recuerdo, del deseo y de la melancolía.
El segundo, porque, curiosamente, parece pesar entero sobre nuestros hombros.
Se trata del haber comprendido que cada ser humano enfermo con una diferente
alteración de su cuerpo físico representa, en el escenario de la vida, un drama y
una historia tan diferente como lo es esa precisa alteración del cuerpo. De modo
que a ca!a una !e las en$erme!a!es $sicas i!enti$ica#les* es !ecir* tpicas*
correspon!e en el terreno !e la historia una tem&tica* un guión* un li#reto*
igualmente tpicos.
Hasta donde me es posible saberlo, nadie parece ocuparse de este tema y de su
enorme importancia para el futuro de la medicina. Por eso decía, en el discurso de
clausura de la actividad correspondiente al año 1979 de nuestro Centro de
Ìnvestigación en Psicoanálisis y Medicina Psicosomática (CÌMP):
"Es natural entonces que debamos dedicarle lo mejor de nuestro esfuerzo a su
investigación, utilizando para esto todas aquellas nociones que constituyen las
claves de nuestra época... teniendo en cuenta que, para decirlo con palabras de
Freud, ... al lle$ar a su término" por ahora indeterminable" todos aquellos
conocimientos que ha#amos adquirido en nuestro camino" por mínimos que
pare)can" se encontrarán transformados en poder terapéutico".
Antes de terminar debo señalar algo más. La conciencia incipiente de que aquello
que llamamos individuo humano es solamente uno de los recortes posibles del
concepto "individuo", y de que la humanidad, como conjunto, no puede sobrevivir
mucho tiempo rigiéndose por una concepción del mundo trazada sobre el concepto
de individuo humano, por mejor regulados y concebidos que se hallen, desde un
punto de vista racional, los procesos de interrelación entre los propósitos egoístas
y lineales de cada uno de los hombres individualmente considerados. En otras
palabras, la conciencia incipiente de que la unidad de supervivencia no se recorta
sobre aquello que llamamos un ser humano particular, sino sobre estructuras
sistémicas complejas que incluyen en su equilibrio "ecológico" algo más que ese
trozo de la realidad que llamamos hombre.
Esto no solamente nos ha llevado a consi!erar a en$erme!a!es como el c&ncer
!es!e un punto !e +ista !i$erente* que las rescata !e su aparente sinsenti!o,
sino que nos conduce a la convicción de que nuestra convivencia (y no sólo la
convivencia humana, sino también la biológica o la "ambiental") ha dejado ya hace
mucho de ser un sobreagregado "cultural" para convertirse en un "órgano" de la
supervivencia cuyo deterioro, tal como ocurre con el riñón o el corazón enfermos,
se manifiesta muchas veces lentamente y en la distancia de los años.
De modo que vivir, lejos ya de ser un ilusorio vivir para sí mismo, o para los
personajes queridos de la infancia que habitan nuestro mundo interno otorgándole
un sentido o dirección a nuestra vida, es, ante todo, un vivir actualmente para un
"otro" que nos incluye, más allá de los límites de nuestra piel, en el seno de una
familia, un grupo, una sociedad, pero también en el seno de un hábitat, un
panorama, un terruño y un planeta que integran un mundo natural.
Subrayemos esto bien. Más allá de la vivencia ilusoria de que podemos "seguir
siendo" como entes aislados autosuficientes, vivir en un grupo, formar parte de un
movimiento intelectual que es una manera particular de la conciencia, y
desarrollarse con él, no es un so#rea%a!i!o cultural que a!orna o +iste
nuestra +i!a natural* es la $orma misma !e nuestra super+i+encia actual. Es
el índice de nuestra participación en una evolución sistémica que es inteligencia y
que se manifiesta, en la conciencia restringida de cada uno, como el sentimiento
ilusorio de que se es, aislada e individualmente, libre.
La ignorancia de que ese sentimiento de libertad proviene precisamente de la
participación en la libertad que ejerce un conjunto formado por seres
interdependientes, crea así la ilusión de una "voluntad" que pretende sostener
"linealmente" la utopía de un proyecto egoísta individual.
Finalizaremos este libro citando las conmovedoras palabras de Ludwig von
Bertalanffy, que forman parte de la introducción a su Perspecti(as en la teoría
$eneral de sistemas (1979):
Como suele suceder cuando se trata de ideas nue(as" las del autor encontraron la
oposición # el recha)o de la 2ciencia normal2! -u (ida" de hecho" fue una lucha
áspera # continua" # ha# que decir que" enfrentado a menores resistencias durante
sus a'os producti(os" sin duda hubiese podido reali)ar una obra me%or # menos
fra$mentaria! Le han (indicado" no obstante" sus frutos! La concepción
or$anísmica" el enfoque sistemático" el simbolismo como característica del hombre
# la consideración perspecti(ista se han con(ertido en parte de la escena
intelectual! ;o hace mucho tiempo eran here%ías contra un do$ma instituido> ho#
no suscitan ciertamente unanimidad" pero están $anando terreno poco a poco! El
autor está a la (e) sorprendido # a$radecido al (er lo mucho que coincide su obra
con los traba%os de Le Jis &umford" 9rthur Koestler" -usanne Lan$er ( -il(ano
9rieti" para mencionar sólo a un pu'ado de autores! La importancia de este
denominador com<n no puede pasarse por alto! ;o si$nifica conformidad en un
marco dominante # aceptado> por el contrario" cada uno de estos autores lucha por
al$o nue(o contra la ma#oría del claustro intelectual" actitud ésta poco cómoda #
sin la esperan)a de fáciles recompensas" # por ello sostenible <nicamente a costa
de una $ran inte$ridad intelectual! &ás que soluciones finales" eisten enfoques
di(ersamente prometedores! Las premisas" puntos de partida" campos de interés #
de in(esti$ación" son diferentes! 9 lo que debe a'adirse que" debido a la
inmensidad de la producción literaria contemporánea" la comunicación científica es
difícil sino nula" a despecho de la buena intención personal para conocer #
apreciar a nuestros aliados intelectuales! Con todo" # a pesar de los obstáculos
que eri$en ante nosotros pre%uicios" inadecuaciones e idiosincrasias particulares"
los esfuer)os de cada uno comien)an a complementarse para despe%ar un
panorama de con%unto! -erá difícil encontrar otro e%emplo más adecuado de
re(olución científica # de desarrollo de nue(os paradi$mas que asoman sobre el
colapso de los anti$uos! Una nue(a tendencia aial" como la llama LeJis &umford"
parece estarse desarrollando en nuestra edad de crisis> lo que no de%a de re
$oci%ar" cuando casi todo nos conduce a la desesperación!
Notas
1 El texto del presente capítulo proviene, con escasas modificaciones del $ue, escrito en
marzo de 190E, se public&, con i(ual título, en el libro Psicoanálisis& presente y futuro
(Chiozza, L., 1908a".
Luis Chiozza
/i#liogra$a
-!+ertencia so#re las citas !e "igmun! 8reu!
Hemos decidido utilizar, cualquiera sea la traducción citada, el ordenamiento de la
Standard Edition (SE) que presenta Amorrortu editores. Cuando en el cuerpo
central del texto aparece una remisión a Freud, en principio se alude a la
traducción de Luis López Ballesteros (BN: Biblioteca Nueva). Cuando aparece un
asterisco, se trata de la versión de José Luis Etcheverry (AE: Amorrortu editores).
La presencia de dos asteriscos alude a la versión de Strachey, correspondiente a
la Standard Edition. De este modo, hemos respetado la frescura de las citas a lo
largo de la construcción del presente libro, facilitando, cada vez, la fuente
genuinamente consultada por el autor.
El lector podrá encontrar las indicaciones relativas a la paginación, cuando se trata
de una cita textual, en el cuerpo principal del texto.

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