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EL REY DE LOS DEPORTES

:
A los que el beisbol es un estado de ánimo
El rey de los deportes.
Soldados de Yankilandia juran, perjuran, que ellos lo inventaron,
Dominicanos, Cubanos, Mexicanos, solo, disfrutan, pues ellos lo
¡sazonaron!

El pitcher.
Como el Cristo de Corcovado, como el del Cerro del Cubilete o
como el de Copoya, el pitcher se para en la loma para castigar o
ser castigado, todo depende del pie con el que entre al campo.
Soba las costuras para allanar la bola, naufrago, solo en una isla,
el lanzador mira los dedos, la seña del cátcher.
Hay días en que solo le ven los números de la espalda, hay otros
que mal y de malas lo mandan garroteado a la jaula.
El cátcher.
Único oficio además del presidente, que se practica por afuera
del terreno de juego, comparte vestimenta solo con el umpire,
su guante es distinto, en el paredón de fusilamiento él ha
detener las balas, todos lo miran, pero solo el mira a todos.
Conoce los puntos débiles del roster contrario, hasta el de la
mascota, tiene una función para cada dedo:
anular- recta, anular y medio- curva, hi five- de desperdicio.
No se le debe escapar ninguna, así vayan al suelo, al dogout, a la
tribuna, ¡a donde vayan!
El bateador.
Uno contra uno, ¡justo!, dos contra uno, ¡ya no tanto!, tres contra
uno, ¡un abuso!, pero nueve contra uno, ¡Jesús de Veracruz!,
armado con un mundano pedazo de madera el bateador es
fusilado, intenta desesperadamente buscar los huecos, batear la
buena, no ser ponchado.



El umpire.
Para ser Juez, no requiere de títulos nobiliarios o universitarios.
Sus gritos nunca se entienden, el play ball se le escucha
¡pleebooo!, el strike, ¡truaaaa!, la bola, ¡booo!, el umpire resiste la
inclemencia del tiempo, golpes, insultos y goza de ser el único,
que a opinión de cual quiera, nunca hace bien su trabajo.
-de regla todo, de apreciación nada, ¡escudo inservible!, rolling a
tercera, tiro de bote pronto y marca ¡out!, rabioso el coach se le
ha de plantar cara versus mascara y le enlista cada una de sus
virtudes a exhalo de saliva y tabaco… ¡Ah! pero llega el momento
y ajusticia al penitente que nomas ha ido a la caja a pararse, con
tal satisfacción que detrás de la careta unos dientes se iluminan.
La pelota.
-Ahí, ese es esteban, quince años ya de estar aquí, mes con mes
las bolas de beisbol hacen un viaje de la fabrica a la cárcel, para
ser cocidas, experto costurero la pelota no dura ni quince minutos
en sus manos, la empresa se ahorra salarios, prestaciones,
seguros, con los presos y para muchos como esteban representa a
demás de los pocos pesos, la conexión con el mundo que nace
detrás del cemento y los puestos de vigilancia.
Cemento liquido, hilo de poliéster, algodón gris y rojo, piel de
vaca, manos de prisión y doña blanca ya está lista para que le
digan que ¡no!
La primera.
Alguien se preguntara por que el primera bases es el gordo, el
alto, razones desconocidas lo han colocado en la almohadilla más
comadre, el tipo platica con el coach, con el umpire, con el
corredor, con su pitcher, con todos, vigilante de tiempo completo,
le ha tocado el privilegio del juego, el de concluir los outs, del 4 al
3, del 6 al 3, del 5 al 3, del 6 al 4 … al 3 y del 1 al 3 (la vía de la
vergüenza)
La Esquina caliente.
Reservada para valientes, la tercera, ubicada en terreno hostil,
más de una cabeza ha peligrado por aquel ángulo del diamante,
toquecito y no hay de otra a mano pelada, pero a raya caliente o
metes el guante o te tumban los dientes.

El campo
Aquel solar desde que vio la luz, se negaba a ser solar, gustaba de
ser otra cosa, lunes, martes y miércoles, unos lo usaban de bar y el
solar gustoso de ser bar, pero el domingo, aquel terrenito se
llenaba de gente, de cerveza, de barbacoa, de beisbol, de niñitos,
de perros, de cal, de mujeres, de hits, de outs y de amigos, y el
solar se sentía estadio con sus luces, sus butacas y todo,
imaginaba el solar que el verde y despeinado zacate era su barda,
se sabía albergador de la crema y nata, te lo juro desde que vio la
luz aquel solar gustaba de ser otra cosa, el quería ser siempre
diamante, trazos de cal, barda de zacate, árbol como butaca,
naranjero y sus aguas, pero si hoy lo vieras, pobre solar, la tristeza
gris que carga a sus espaldas, lo sabe, se sabe plaza comercial,
humo del progreso, aquel solar de estadio no le queda nada.

7/8/2013
Diente de León
[Mario Ernesto Brannan León]