Palabras de don Carlos Cerda Fernández

en el acto de juramento como ministro de la Corte Suprema
Santiago, 4 de junio de 2014

Gracias, señor presidente.
A. Acabo de jurar por Dios y los Santos Evangelios, lo que para mí es todo.
Lo he hecho ante el pueblo de Chile, aquí institucionalmente representado por las
señoras y los señores ministros del excelentísimo tribunal.
Lo he hecho ante mi familia, silenciosa, sacrificada, esperanzada y expectante
testigo de lo que es juez.
Lo he hecho, también, ante compañeros de muchos años de enriquecedora labor
conjunta.
Y, por supuesto, ante tantos que, dentro o fuera de esta sala, hoy se alegran de lo
que consideran un logro de la democracia y el Poder Judicial.
B. Lo que he jurado es guardar la constitución y la ley.
Guardarlas en su contenido, no en su continente.
Vivificarlas en la desafiante historicidad en cada caso.
Cuidarlas de lecturas de inmovilidad y fijeza.
Servirlas en sus fines trascendentes, de manifiesta humanidad.
C. Que a ello me ayude el Dios de mi juramento, al que, tal como me dijo el señor
Presidente, imploro me demande cada vez que la pequeñez de mi vanidad, mi
cobardía, mi pasión o pereza, intenten vencer la humildad, la fortaleza, la templanza
y la prudencia indispensables para ofrendarse, aún con la propia vida, en pro de las
libertades e igualdades tan maltratadas, cuya tutela se nos requiere.
D. Parafraseando al salmista:
Que mi trono esté asentado en el derecho.
Que para ello, por una parte, la justicia me presida, preparándome el camino.
Y que, por otra, yo contribuya, junto a mis nuevos compañeros de Corte, a que la
verdad brote de esta tierra.
Para que así, en un beso de armonía.
Verdad y justicia engendren paz y amor.

Muchas gracias.