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Norwood Russell

Hanson
Observación y explicación:
guía de la filosofía de la ciencia.
Patrones de descubrimiento
Investigación de las bases
conceptuales de la ciencia
Versión española de
Enrique García Camarero
(para «Patrones de descubrimiento»)
Y
Antonio Montesinos
(para «Observación y explicación»)
Alianza
Editorial
Título original:
Observation and Explanation: A Guide to Philosophy o/ Science
Patterns of Discovery.-An Inquiry into the Conceptual
Foundations of Science
O Cambridge University Press. 1958 (Patterns of Discovery)
O 1971 by F . Fay Hanson; por autorización de Harper & Row
Publishers. Inc . (Observation and Explanation)
Ed . cast . . Alianza Editorial. S . A., Madrid. 1977 .
ISBN: 84-206-2177-3
Depósito legal: 3.614-1977
Fotocomposición. Compoprint. Marqués de Monteagudo. 16. Madrid-28
Printed in Spain
Impreso en Artes Gráficas EMA . Miguel Yuste. 31 . Madrid-17
INDICE
Observación y explicación: guía
de la filosofía de la ciencia
Prefacio . por Stephen Toulmin . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
Obsewación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
Hechos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 16
Medición . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20
Inducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23
Experimentar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Causalidad 29
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Explicación 35
Teoríar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 39
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Leyes 42
Hipótesis-Deducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 49
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Retroducción 51
Enridader teóracar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 54
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Teorema de Crai g 55
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Verificación 58
Refutación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60
Modelos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60
Patrones de descubrimiento . Investigación
de las bases conceptuadas de La ciencia
Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71
PREFACIO
Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
1. Obsqrvación
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
11. Hechos.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
111. Causalidad
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . IV. Teorías
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
V. Física clhsica de partículas
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .
VI. Física de partículas elementales
Apéndice 1 ..................................
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Apéndice 11
Nomuood Russell Hanson (1924-67) fue un hombre fuera de su
tiempo, un carácter del Renacimiento floren tino desarrollado en los
Estados Unidos contemporáneos. Hanson mostró l o mucho que todavía
puede lograr, incluso dentro de la profesionalizad sociedad tecnocrática
de la mitad del siglo X X , el verdadero amateur: el hombre que se
convierte a si mismo en un maestro de un arte o ciencia motivado por su
curiosidad, amor u obstinación pura, sin conexión con el problema de
ganarse la vida. Y mostró que tal amateur puede conseguir una gran
riqueza y variedad de experiencia en toda una gama de actividades que
desbordan las fronteras existentes entre ellas. De este modo, se convirtió en
un .hombre de muchos oficios» y, de un modo propio muy especial, en un
maestro de todos ellos.
Cuando Russ Hanson murió en Abril de 1967, pilotaba su propio
Grumman Bearcat, con el que había planeado batir el récord mundial
de velocidad para aviones con motores de pistón. (Había aprendido a
volar como piloto de la Armada de Estados Unidos durante la Segunda
Guerra Mundial y, en los arios que estuvo en Yale, daba exhibiciones
acrobáticas en verano con el apodo de .El profesor volador)).) Pero era
también un músico de talento, que improvisaba al órgano, a la trompa o
a la trompeta, e igualmente un dibujante notable, con una disposición
especial para los dibujos de figuras grotescas e imaginativas que recuer-
dan a las de Fuseli o Blake. Si su propia casa necesitaba atención,
igualmente hacía el trabajo por sí mismo, colocando en su sitio sin la
ayuda de máquinas, vigas de acero ante las que hubiesen palidecido
muchos maestros de obras. Incluso la física teórica, sobre la que escribió
como filósofo con tanta autoridad y confianza, la había aprendido en
gran medida por sí solo; y, en los últimos años de su vida, podía discutir
los problemas más técnicos de la mecánica cuántica con los profesionales
punteros de ese campo, de una forma que ganaba su respeto, en extraño
contraste con la frustrada exasperación con que los científicos activos
consideran los argumentos de la mayoría de los filósofos de la ciencia
profesionales.
Hanson adquirió en gran medida su educación universitaria, des-
pués de cumplir sus obligaciones militares, en las universidzdes de
Chicago y Columbia, y fue como graduado a Oxford. Allí añadió
rápidamente a sus habilidades previas la maestría en los métodos del
análisis filosófico británico posterior a la guerra, y fue nombrado catedrá-
tico de Filosofía de la Ciencia en la Universidzd de Cambridge. Después
de los acontecimientos de Suez en 1956, desilusionado con Gran Bre-
taña? regresó a Estados Unidos y se enfrascó en la tarea de organizar el
recién creado departamento interdisciplinario de Historia y Filosofía de la
Ciencia de la Universidzd de Indiana, que en gran medida debe su
ímpetu continuado a sus esfuenos.
Los ensayos y los polémicas escritos de Hanson abarcan el espectro
completo que va de la lógica filosófica a la teología, la teología, es
innecesario decirlo, de un no creyente; porque en religión, como en todas
las cosas, era fuertemente anti-impresionante. El dogmatismo, incluso en
dejinsa de opiniones que él sustentaba, despertaba su espíritu polémico;
consideraba todavía peor que creer u10 correcto por razones falsas» creer
algo sin ninguna razón. Los dos libros publicados durante su vida,
Patrones de descubrimiento y The Concept of the Positron (el
concepto de positrón), fueron ambos como pasteles intelectuales; variables
en cuanto a textura, pero rellenos de cosas buenas. El ensayo que viene a
continuación nos ofrece otros fragmentos característicos de ese estilo
sabroso y lleno de modismos, que k fue tan propio y que sus amigos
llegaron a apreciar tanto.
STEPHEN TOULMIN
Enero 1971
OBSERVACION Y EXPLICACION: GUl A DE LA
FILOSOFIA DE LA CIENCIA
Observación
Pascal situó al hombre a mitad de camino entre los ángeles y las
bestias. Es de esta posición, pensaba él, de la que surge la «situa-
ción humana». La ciencia, el glorioso logro del hombre moderno,
se halla análogamente situada entre la matemática pura y la expe-
riencia sensorial bruta: es de la tensión conceptual generada entre
estas coordenadas polares de la que provienen las perplejidades
filosóficas sobre la ciencia.
Este es el esquema de todo lo que sigue. Nuestra «Guía de la
Filosofía de la Ciencia» recorrerá un terreno conceptual de temas
estándar, enfocando primero a la Escila del formalismo y mirando
después a la Caribdis del sensorialismo. La mayoría de las discusio-
nes filosóficas de la ciencia se dirigen inicialmente hacia las desnu-
das y escarpadas rocas de la simbología y regresan después hacia el.
ot ro extremo: el turbulento y prolífico remolino de la fenomenolo-
gía. iPavoroso formalismo a estribor!, jempirismo informe a babor!
Los más fructíferos de estos engagements du voyage resisten los
embates hacia ambos desastres navegando a l o largo de la sutil
línea de equilibrada razón y prudente moderación que apenas
alcanza a distinguirse entre ellos.
Nuestra estrategia será aquí delinear estos extremos (la «tesis
sensorialista)) y la (cantítesis formalista»), señalando algunos de sus
atractivos y de sus desventajas. Una resolución equilibrada que nos
lleve por «el centro del canal» (una ((síntesis estable y realista»),
12 N. R. Hanson Obkrvación y explicación 13
será el objetivo que se perseguirá en cada etapa del sinuoso viaje
que ahora emprendemos.
La ciencia natural se interesa por los hechos de este mundo. Los
resultados de tal interés se articulan en enunciados factuales.
(Ninguna colección de enunciados no-factuales puede constituir una
ciencia natural.) Pero los enunciados factuales poseen esta propie-
dad: son «sintéticos» vis-2-vis su estructura como signos. Es decir,
todo enunciado factual es tal que su negación no genera ninguna
inconsistencia formal. E es sintético (en un lenguaje L), si, y sólo si,
es consciente al tiempo que no-E también lo es; ni E ni no-E
generan (en L) nada de la forma Q y no-Q. Un E de ese tipo podría
ser un enunciado factual en L debido precisamente a que la
pregunta «¿es E un enunciado de hecho?>, no puede responderse
mediante el análisis solamente.
¿Cómo puede, entonces, determinarse si un enunciado factual
dado, E, es o no es verdadero, es decir, es un enunciado de
hechos? El escrutinio semántico y simbólico no es suficiente; nada
relativo al estudio de la sintaxis, o al análisis del significado, puede
escoger un E como aceptable, a la vez que descarta no-E, por la vía
de la sola inspección. Y ello debido a que tanto E como no-E son
lógicamente consistentes, lo cual equivale a repetir que E, al ser un
enunciado factual, es sintético.
Se precisa de la experiencia observacional para separar aquellos
enunciados factuales que «se cumplen» de los que no se cumplen,
quedando sólo los primeros como candidatos a la inclusión en
sistemas de ciencia natural informativa. (Ninguna colección de
enunciados factuales conocidos como falsos puede constituir una
ciencia natural.)
Pero esto hace que el proceso de observación resulte algo
«pavloniano», ¿no es así? Sugiere que los enunciados factuales se
presenten por parejas (E y no-E), para ser después «sujetos» a
contrastación observacional («din-don»), de tal manera que E o
no-E resulta corroborado (jsalivación!). Sugiere que algo como
«ácido» o «base» nos es indicado como respuesta por un papel de
tornasol sumergido en un líquido. <Qué es lo que en las observa-
ciones científicas se corresponde con esa reacción del papel de torna-
sol? <Dónde, y cuándo, domina el registro de datos simpliciter?
(¿En qué medida puede lograrse una determinación observacional
pasiva de la verdad o la falsedad?)
Por descontado que, en situaciones experimentales que encie-
rran valoraciones, reacciones de papeles de tornasol o salivación
como respuesta al sonido de una campana, el informe de las
sensaciones del observador puede ser un dato significativo. «Ahora
rojo» o «din-don» pueden ser señales de observación de primor-
dial importancia en tales contextos. Los sabores de los ácidos, los
olores de los gases, las texturas de las superficies, los colores de
los fluidos, la temperatura de los circuitos, etc., precisan todos ellos
de observadores normales, con circuitos neuro-sensoriales normales,
a fin de determinar qué afirmaciones factuales son verdaderas
y cuáles falsas. «El observador» no es, en estos casos, más que un
detector animado; despersonalizado, no es sino un retículo de
receptores de señales integrado con una eficacia y fiabilidad mecá-
nicas considerables. En esta medida y por este motivo, cualquier
persona normal podría hacer observaciones científicamente valio-
sas. El químico daltónico necesita la ayuda de otra persona con
visión normal para efectuar un trabajo de valoración; el que se
trate de otro químico, o de su hijo de seis años, no tiene importan-
cia. Mas, ¿existen observaciones que aquel último, el niño, no
pueda hacer?
Consideremos el siguiente pasaje escrito por Pierre Duhem:
Entremos en un laboratorio, acerquémonos a la mesa poblada por una multitud de
aparatos, una pila eléctrica, alambre de cobre recubierto de seda, pequeñas vasijas
de mercurio, bobinas y un espejo montado en una barra de hierro; el experimenta-
dor está insertando en pequeñas aberturas los extremos metálicos de unos alfileres
con cabeza de ébano; la barra de hierro oscila, y el espejo adosado a ella lanza una
banda luminosa sobre una escala de celuloide; el movimiento hacia atrás y adelante
de esta señal permite al físico observar mínimas oscilaciones de la barra de
hierro. Pero preguntémosle qué es lo que está haciendo. .¿Responderá «estoy
estudiando las oscilaciones de una barra de hierro que soporta un espejo*? No, dirá
que está midiendo la resistencia eléctrica de las bobinas. Si .nos quedamos sorpren-
didos y le preguntamos qué significan sus palabras, qué relación tienen con los
fenómenos que estaba observando y que nosotros contemplábamos al mismo
tiempo que él, nos responderá que nuestra pregunta requiere una larga explicación
y que deberíamos seguir un curso de electricidad. La Tbéorie Pbyrique (París, 1914),
pág. 218.
Por tanto, observar lo que el físico de Duhem considera que él
está observando requiere algo más que una visión normal. Los
receptores de señales ópticas, no importa lo sensibles y exactos que
sean, no pueden proporcionar todo lo que se necesita para obser-
var la resistencia eléctrica. Se presupone también un conocimiento; la
observación científica es, por tanto, una actividad «cargada de
teoría» (por utilizar una expresión de Patrones de Descubrimiento,
que parece estar ahora en boga). Los computadores fotosensibles
sin cerebro -y también los niños y las ardillas- no hacen obser-
vaciones 'científicas, por muy notables que sean su recepción de
señales y su memoria. Esto no puede sorprender a ningún lector de
este libro. Que el movimiento de Marte es retrógado, que el flujo
de un fluido es laminar, que la fricción del ala de un avión aumenta
rápidamente con el descenso, que existe una deficiencia de sodio
en el suelo de Connecticut y que el índice de aguas de Nortearné-
rica ha descendido, son todas afirmaciones relacionadas con obser-
vaciones que sobrepasan con mucho el orden de complejidad que
permite la experiencia sensorial bruta. Tampoco son casos que re-
quieran simplemente «extensiones» físico-biológicas de los sen-
tidos que ya tenemos, porque los telescopios, microscopios, termo-
sensores no bastan para determinar que el movimiento de Marte es
retrógado, que la sangre está iritoxicada o que la actividad volcánica
es inmanente. Ser capaz de dar sentido a los sensores exige
conocimiento y teoría, no sólo más señales sensoriales. (La com-
prensión del significado de las señales de las banderas que ondean
en el puente del Queen Elizabeth no suele requerir que se haga
ondear aún más banderas.)
Este reconocimiento de un fuerte elemento teórico dentro de
la observación científica conduce algunas veces a los filósofos a dar
a entender que las señales proyenientes de la «materia de que se
trata» son menos importantes de lo que realmente son. Para un
Descartes, un Poincaré o un Eddington, la observación puede
empequeñecerse hasta ser poco más que la provisión de valores
para variables en un algoritmo teórico, en un marco de «compren-
sión». A tales pensadores los instrumentos de laboratorio, la
medición y el diseño experimental puedep'parecerles que entran
en escena tan sólo para aportar las «condiciones iniciales)), los más
simples puntos de partida localizados de la reflexión científica.
Tales condiciones sólo recuerdan a «lo dado» dentro del cálculo
matemático, son la ocasión para los problemas, no sus soluciones,
no son «conocimiento» propiamente dicho. Aun como tales, a
menudo deben ser «corregidos», remodelados y procesados para
su posterior utilidad dentro de un sistema de cálculo. El teórico
presiona al observador con preguntas como «¿en qué medida las
desviaciones del 'caso ideal' son atribuidas simplemente a la tos-
quedad del aparato experimental?», «¿hasta qué punto son funda-
mentales para nuestra comprensión de los fenómenos las desviacio-
nes, amplitudes de error, fricciones, dislocaciones, deformaciones,
etc. detectadas, cosas todas ellas inseparables de los instrumentos y
técnicas de medición?)) «En pocas palabras, ¿en qué puntos pode-
mos ignorar los 'efectos laterales' de las sondas insuficientemente
sensibles que usted utiliza (y que, iay!, ocupan n~est r a~at enci ón)
y, en cambio, ponderar los aspectos esenciales de los propios
acontecimientos? »
En este caso, es como si la «forma conceptual* de las teorías de
uno, la postura y estatura de las presuposiciones de uno, determi-
Observación y explicación 15
nasen dónde han de «limpiarse» las observaciones; dónde deben
realinearse y reprocesarse de modo efectivo para ser insertadas en
el marco teórico de una ciencia, su estructura para la inteligibilidad.
Sin duda es muy importante reconocer este rasgo central de la
observación científica. La comprensión de los fenómenos se ve a
menudo precedida por estudios sobre fluidos ideales, superficies
sin fricción, palancas estrictamente rígidas, cuerpos perfectamente
elásticos, envergaduras infinitas, traslaciones unidimensionales, par-
tículas puntuales y, en general, «casos puros». Cuando nuestras
ideas de los procesos están estructuradas por tan delicadas concep-
ciones, los miles de sobresaltos naturales de la observación real
pueden suavizarse y hacerse tratables en términos de «lo que es
razonable)). Una fontanería inexperta, una mala carpintería y una
técnica pobre de banco d e laboratorio no tiene por qué moldear
nuestra comprensión de la materia de que trata una ciencia. Esta
actitud fue bien transmitida por Laplace cuando escribió:
La astronomía es un gran problema de mecánica en el que los elementos de los
movimientos son las magnitudes constantes arbitrarias. La solución depende de la
precisión de las observaciones y de la perfección del análisis. Es muy importante
rechazar codo proceso empírico, y completar el análisis, de manera que no sea necesario
derivar de la observación sino los datos indispensables. Mécanique Céleste (1799-1825),
vol. 1.
Aunque Laplace reconoció la indispensabilidad de la observa-
ción en algún punto (si es que la teoría científica ha de estar
enganchada al mundo natural «exterior»), su deseo era, no obs-
tante, el de mantener en el mínimo el contenido observacional-
descriptivo de la ciencia analítica. Así, el 'trabajo' de laboratorio
debe estorbar tan poco como sea posible a la principal función de
la empresa científica, a saber, la consecución de comprensión
teórica, de conocimiento. Los refinamientos en conductos y circui-
tos, en la concentración de rayos y en el empleo de detectores, en
la espectrometría, termometría e hidrometría pueden hacernos
avanzar unos decimales con el informe de los resultados de las
mediciones, pero es raro que determinen una forma nueva de
una ecuación, o un nuevo tipo de inferencia relativo a un tema
viejo.
Periódicamente, sin embargo, los teóricos quedan atrapados en
una actitud de «tanto-peor-para-los-hechos». Históricamente, tal
confianza parece casi comprensible, sobre todo después de los
«descubrimientos exigidos por la teoría», como los del antiprotón, el
antineutrón, el neutrino, el positrón de Anderson, el planeta
Neptuno (cuyo descubridor fue Leverrier el teórico, no d'Arret,
el ayudante de Galle, que fue el primer hombre cuya retina
16
N. R. Hanson
distinguió el nuevo punto luminoso), etc. Pero aun así, el «punto
medio,, filosófico debe ser siempre el que reconozca que las
observaciones significativas de una ciencia son aquéllas que cum-
plen los criterios de relevancia incorporados a la teoría vigente y, al
mismo tiempo, son capaces de modtjícar esa teoría mediante el
riguroso e inquebrantable reconocimiento de «lo que es el caso»,
de los hechos. La ciencia no fabrica los hechos, por mucho que
pueda darles forma, color y orden.
Hechos
Las observaciones lo son de cosas como pares de partículas,
perturbaciones y polinización. Los hechos son que, por ejemplo, se
produjo un par en una lluvia de rayos cósmicos en x,y,z y t . Otro
hecho es que nuestra luna perturba, o desvía, a los satélites
artificiales de sus órbitas circunterrestres «puras» (keplerianas).
Otro hecho es que nuestro sol está situado a 30.000 años-luz del
centro de nuestra galaxia.
Las construcciones lingüísticas con la conjunción «que» están
siempre cerca de toda articulación de lo que los hechos son; y de
un modo necesario. Esto debe sugerir cierta intimidad conceptual
entre lo que consideramos hechos y el lenguaje en que los afirma-
mos, o al menos entre los hechos y los tipos de entidad lógica que
designamos como 'enunciados'. El enunciado E afirma que x, y, y z.
Si E es verdadero, entonces el hecho debe ser que x,y,z. Tal
verificación puede haberse realizado por la vía de la observación
científica de aquello que E describe como verdad. (Por supuesto
que las líneas conceptuales no están en este caso muy nítidas,
podría decirse que el científico observa que x, y, z, haciendo de esa
manera evidente la verdad de E. Pero lo que se pretende, parece
claro.) Nuestras observaciones de, por ejemplo, las flores y las
abejas, y de lo que hacen (E) puede establecer como un hecho para
nosotros que E, en cuyo caso (dado que optásemos por expresarnos
lingüísticamente a tal efecto) afirmaríamos que E. Observamos
objetos, procesos y acontecimientos. Pero los hechos deben ser un
tipo diferente, lógicamente diferente, de denotatum, Nosotros no
observamos hechos (¿qué aspecto tendrían?). Los hechos no son
objetos, o colecciones de objetos, o constelaciones de objetos. Los
hechos sonpara el caso que, v. g., una abeja, al tiempo que chupa el
néctar de una flor, recoge polen con sus patas, depositándolo más
tarde en otras plantas y fertilizándolas de ese modo. Un enunciado .
a ese respecto sería verdadero, o falso, en virtud de hechos de ese
Observación y explicación 1 7
tipo, y no debido a la simple existencia de abejas y flores, y
ciertamente no a causa de que tales hechos sean abejas y flores, o
sus interrelaciones geométricas, o enunciados verdaderos sobre
ellos. Los hechos son aquello que afirman los enunciados verdaderos.
Los intentos de concebir los hechos como objetos, o constela-
ciones de objetos, han sido notorios durante este siglo. La motiva-
ción es siempre la misma: si los términos de color han de estar
directamente relacionados con los colores, y los nombres directa-
mente relacionados con los objetos, entonces los enunciados (pre-
sumiblemente) han de estar directamente relacionados con los
hechos (como si éstos pudieran fotografiarse, transportarse o guar-
darse en cajas), al igual que con cualquier conjunto de objetos y
procesos. 'Rojo' está ligado al color de la amapola; 'Fido' está
ligado con el ocupante de aquella perrera; por tanto, también lo
que expresa 'La lengua de Fido es roja' está ligado a que la lengua
de Fido tiene color, es decir, al hecho de que la lengua de Fido es
roja. El enunciado describe la lengua, afirma un hecho sobre ella.
Ergo el hecho es la lengua roja; así es como se desliza el escurridizo
argumento. Pero las nociones de fotografiar hechos (¿Lenguas
rojas?), de transportar lo que los enunciados verdaderos afirman,
de vallar, o envolver, lo que la observación y el experimento
revelan que sucede (iPodemos guardar en una caja el hecho de que
la lengua de Fido es roja?) son nociones con las que algo anda mal,
al igual que con estos modos de expresarlas. Afirmamos hechos, los
enumeramos, los clasificamos para posteriores referencias. Los
conjuntos de objetos no se acomodan a tales locuciones. ( No
podemos afirmar a Fido.) Sin embargo, es el duro, tenaz, objetivo e
intratable rasgo de 'los hechos' (que son lo que son con independen-
cia de cualquier teoría engreída que afirme lo contrario) lo que ha
dado algún valor filosófico a la posición de que los hechos no son
sino otro tipo de mobiliario en el guardamuebles del mundo. (Las
conferencias de Bertrand Russell sobre El Atomismo lógico son un
ejemplo oportuno.) En principio no son diferentes, para tales
filósofos, de los conjuntos de objetos, de las constelaciones de
acontecimientos y de las configuraciones de situaciones, siendo
todos estos denota fotografiables, guardables y fechables, cosas que
los hechos no son. Para este modo de pensar, entonces, el resul-
tado directo de la experimentación, observación, contrastación y
medición son, y siempre han sido, los hechos; los objetos, aconte-
cimientos y situaciones expuestos sobre la mesa, en el observato-
rio, en el campo de trabajo.
El observar la intimidad conceptual que predomina entre «los
hechos» y los enunciados de los hechos, sin embargo, sugiere a
otros filósofos que puede no exitir nada lógicamente menos com-
plicado respecto de los hechos que respecto de los propios enuncia-
dos. Dado que los enunciados son conceptualmente más intrin-
cados que los nombres, así también los hechos deben ser con-
ceptualmente más intrincados que los objetos; más intrincados
también que los conjuntos de objetos. El carácter cargado de teoría
de alos hechos» pronto llega a impresionar a tales pensadores inclu-
so con más fuerza que en el caso de la observación. Porque sea lo
que sea lo que hay «ahí fuera,, que nos hace decir (con verdad) que
el espacio inmediatamente adyacente a nuestro sol es no-euclídeo, o
que las propiedades de simetría observadas en nuestro universo
indican la existencia de una antipartícula en correspondencia con
cada una de las partículas 'familiares' que se conocen se trata de
hechos. A tales cosas se les asigna «facticidad» porque 'anclan' los
enunciados menos vulnerables en la física teórica vigente. La
tendencia filosófica será, por tanto, en este punto, concebir «los
hechos,, como aquellas organizaciones objetivas de objetos, icon-
tecimientos y estados de cosas de una disciplina científica que
hacen verdaderas las teorías que mantenemos. Surge así la opinión
de que «los hechos» son justo aquellas condiciones que cumple
una disciplina para que pueda aplicársele una teoría dada: las condi-
ciones límite. En ese sentido, los hechos están «determinados
teóricamente,,; algo así como las reglas del ajedrez determinan cómo
debe estar dispuesto el tablero en el comienzo, y cuáles serán los
movimientos permisibles a partir de ahí, de manera que el inter-
cambio subsiguiente pueda ser describible como «ajedrez». Así,
desde el punto de vista wittgensteiniano:
... nada dice acerca del universo que se le pueda describir por la mecánica newto-
niana; pero sí dice algo que se le pueda describir como de hecho se le describe.
Tractatus Logiro-Philosophicus. 6.342.
La «ciencia posible,, es, por tanto, una infinitud potencial de
teorías posibles -juegos de ideas científicas- algunas de
las cuales se aplicarán a cuestiones de facto, pero la mayoría de las
cuales no lo harán. Aplicables o no, tales redes conceptuales son
estructuras identificables de enunciados, como lo fueron las teorías
del flogisto y del calórico. Los herhos, desde este imponente punto
de vista, no son sino aquellas condiciones objetivas, tridimensiona-
les, que una materia debe cumplir para ser calificada como tratable
e inteligible a través de la lente de esta teoría, o de ésa, o de
aquélh; y en algunos casos, por supuesto, «los hechos fenoméni-
tos» no cumplen con las condiciones de contorno de ninguna de
las teorías vigentes (v.g., las láminas de inversión en la antigua
Observación y explicación
Grecia, el magnetismo de los imanes naturales para Caflomagno, la
luminosidad de las luciérnagas en la época de Galileo, la percepción
extrasensorial en la actualidad). Entonces, la materia en cuestión
está (se desea que temporalmente) «más allá de la ciencia». Con
respecto a tales complejos de fenómenos, abunda siempre una
considerable confusión sobre lo que son los hechos.
Vemos aquí de nuevo actitudes filosóficas (ahora aquéllas con-
cernientes a los hechos) que abarcan todo el camino que va desde
el empirismo en bruto a un idealismo teórico casi abstrac'to. Pero
aquí, como en todos los lugares del firmamento filosófico, existe
una vía media.
Adviértase un rasgo conceptual de las escenas y paisajes. Cuando
un artista habilidoso se enfrenta a la escena del amanecer, puede
verse inducido a llevar al lienzo los colores, formas y texturas.
Después de haber hecho esto, puede observar el parecido existente
entre la escena de «allí fuera» (en el Este) y la escena que
contempla en su lienzo. ¡ES realmente un hábil pintor depaisajes! Al
igual que el jardinero paisajista da forma a los árboles y arbustos
reales de las laderas orientales, así nuestro artista «da forma» a las
manchas correspondientes de su lienzo. El paisaje está «ahí fuera,),
pero también es capturado para siempre en su pintura. La «escena»
y el «paisaje» son, por tanto, términos con rostro de Jano. El
complejo de objetos tridimensionales del Este al amanecer es tal
que puede ser capturado sobre el lienzo: es ese tipo de designatum.
Las escenas que se hallan continuamente ante nuestros ojos com-
prenden las posibilidades inherentes a los objetos y acontecimientos
de ser captados sobre un lienzo, o de ser fijados en una fotografía.
La pintura (si tiene éxito en su «captación,>) será «fiel». La misma
escena es, por lo tanto, aprehensible de varios modos: «ahí fuera»
in rerum natural y también sobre lienzos, en películas. en esDe-
jos, etc.
La analogía con los hechos debe resultar evidente. Las posibilida-
des de ser descritos de este o aquel modo constituyen los rasgos
objetivos de los acontecimientos y procesos de nuestro mundo. En
la medida en que nuestras descripciones (que mediante el álgebra
resultan más articuladas y precisas) ejemplifiquen tales posibilidades,
en esa misma medida, son verdaderas.
La descripción cientifica es verdadera, entonces, cuando afirma
«los hechos». Y de nuevo, ¿qué son 'los hechos'? Justo aquellas
posibilidades esfracturales inherentes a los estados de cosas tales
que algunos enunciados formulados sobre estos estados sean
certificablemente verdaderos y algunos certificablemente falsos. Lo
que los enunciados afirman cuando son verdaderos (y, por descon-
tado, lo que niegan cuando son falsos); esto son los hechos. Los
hechos, por tanto, constituyen posibilidades-de-enunciados-
verdaderos (adescribabilia*) dentro de una materia. «Hecho» es
también un término con cara de Jano, por l o tanto. Los hechos
están «ahí fuera,, en la materia; están 'allí' y son potencialmente
describibles aun antes de que nadie los haya articulado. Sin em-
bargo, una vez que toman cuerpo en un lenguaje, esos mismos he-
chos son afirmados, es decir, expresados de modo explícito. Los
hechos están «ahí fueran, y son, no obstante. afirmables.
Los hechos, entonces, son los describabilia de este mundo. Antes de
ser captados por el lenguaje, son ~describabilia naturales;,; después de
la captación lingüística, son «describabilia expresados,, (es decir,
descritos). Así, igual que los paisajes son las posibilidades estructu-
rales que campos reales tridimensionales presentan a los pintores
que aspiran a manifestar lo que es fiel a la realidad* (jen los
paisajes pintados!), los hechos son aquellas posibilidades estructura-
les de las (infinitamente) diversas variedades de materias tales que
10s científicos que la desean puedan tener éxito en afirmar lo
que es «fiel a la realidad), de esas materias (jen sus sistemas
de enunciados de hecho!).
Así, «tomar conocimiento de los hechos,) es mucho más que
simular y emular a un receptor de datos hipersensible. Por otro
lado, parecer ser también algo más que el empalme de las reglas y
definiciones de una teoría científica con el mundo, seleccionando
con ello para el estudio sólo aquellas materias que sean ecooperati-
vas» con las teorías vigentes. Mejor aún, «los hechos* surgen aquí
como las posibilidades que tiene el mundo de ser descrito e n un
lenguaje disponible; posibilidades que estarán en todas partes tan
«cargadas de teoría,, como las propias descripciones han revelado
estarlo. (¿Podría E = mc2 haber expresado un hecho hace un millón
de años? ¿Para quién?) Y esto será así, aunque tales descripciones
conciernan sólo a simples registros de color, como en las valora-
ciones químicas, o a intrincadas y sutiles asignaciones numéricas,
como en la mayoría de los casos norniales de medición.
Medición
Una vez más, existe la tendencia a considerar las materias de la
ciencia como porciones del mundo, como estando «ahí fuera»
-reposadas, quietas y ricamente adornadas de propiedades-
aguardando pasivamente a nuestros teodolitos, telescopios, micros-
copios, balanzas, cent r i f ~~ador as, galvanómetros, aceleradores, etc.
Observación y explicación 2 1
Igual que la cámara recoge lo que está puesto y expuesto ante la
lente para que sea recogido, así (aparen cemente) estos instrumentos
de medición registran y recogen objetivamente los grados en que
ciertos objetos, procesos y acontecimientos poseen y manifiestan
ciertas propiedades.
Sin duda, l o que irrisoriamente se designa como aempirismo de
secano» recoge algo de su atractivo de tal visión acrítica de la
naturaleza de la medición. Sólo durante las revoluciones científicas
de este siglo -la Teoría de la Relatividad y la Mecánica Cuántica-
se han efectuado modificaciones duraderas de ese penetrante,
poderoso y perenne punto de vista. Cuando los operacionalistas
prácticos (como Mach, Einstein y Bridgman) comenzaron la bús-
queda del «valor al contado» de términos como masa, simultanei-
dad y tiempo, se hizo evidente un cierto 'enredo' entre la materia y
el observador. La contraseña es ahora 'interacción'.
¿Qué significa, tal como todos los astrofísicos anteriores a 1900
habrían creído significativo decir, que una explosión en Alfa del
Centauro tuvo lugar «al mismo tiempo» que algún acontecimiento
terrestre (v. g., la erupción del Vesubio)? Verdadera o falsa, tal
afirmación habría parecido al menos significativa para todos los del
laboratorio Cavendish de Maxwell. Dado que un fotón de luz
emitido desde Alfa del Centauro tardaría más de cuatro de nues-
tros años en recorrer la distancia hasta nosotros, la sincronización
de relojes, y la calibración de toda la instrumentación óptica
asociada, presentaría un problema de cálculo y computación de la
mayor magnitud. Las técnicas de medición utilizadas en un caso tan
(relativamente) sencillo atraviesan muchos campos de la teoría
física, buena parte de la cual estaría «inserta» en la «medición» que
se obtuviese. Al igual que el principio de Arquímedes no puede
ser refutado mediante mediciones efectuadas con una balanza de
brazos, ni refutada la ley de Hooke por lecturas arrojadas por una
balanza de resorte al ser estas leyes las base^ de tales balanzas- así
tampoco nada que envuelva cronometría y teoría óptica terrestres
será trastornado por nuestras mediciones de perturbaciones explo-
sivas próximas a Alfa del Centauro. Estas disciplinas tradicionales
están «entronizadas» en nuestras mediciones de los acontecimien-
tos celestes. La información que nuestros instrumentos nos trasmi-
ten es la que es porque tales disciplinas son el vehículo de la
interpretación de las deflexiones de las agujas, la intensidad de
señales y los clicks de los contadores. En esa medida, existe una
penetrante interacción entre tales acontecimientos y nuestras teo-
rías de la técnica de medición. Aquellos números que emerjan de
los esfuerzos de medición pueden ser el resultado, no de un
registro simple y objetivo de datos, sino de un enmarañamiento
más intrincado de la materia, la sonda y la teoría. (¡Algo así como
usar marsopas para obtener información sobre las ballenas! ; O
como usar gotas de melaza para obtener información sobre almíbar
caliente!)
Poco se necesita añadir aquí a la inmensa literatura que se
ocupa de la teoría cuántica de la medida. Baste señalar de nuevo
esto: que la información nos llega del mundo microfísico en
unidades no menores que h (el cuanto de acción), y que es siempre
y necesariamente el resultado de una interacción entre algún
microfenómeno y una sonda macroexperimental. Dado que el
efecto de la sonda es incalculable (en principio), nuestra informa-
ción debe estar siempre en relación al sistema fenómeno-más-
detector; información que, de nuevo, está limitada a unidades
mayores que h.
No se sigue de esto, por supuesto, que el conocimiento que
nos es dado en tales mediciones deje de ser «objetivo». Más bien,
debemos darnos ahora cuenta de que la «objetividad» (en su
significado clásico) puede ya no ser una concepción adecuada para
partículas y procesos aislados (es decir, independientes del detec-
tor). Es siempre un sistema, un armazón, de procesos sobre lo que
en la actualidad obtenemos conocimiento objetivo en la microcien-
cia. ¿Quizás la idea de que una vez fuimos capaces de obtener más
que un mero conocimiento de conjunto (es decir, conocimiento de
microindividuos), estaba ella misma falta de solidez? Hemos des-
plazado la noción de medición, empujándola de su no examinado
pináculo de falsa objetividad, a un turbulento flujo de detector-y-
detectado, e incluso a una sima ocasional de subjetividad incons-
tante.
Una vez más, el camino razonable pasa por entremedias: la
objetividad no nos es menos alcanzable que a nuestros predeceso-
res. Pero ya no puede ser concebida como una objetividad de
particulares aislados «ahí fuera», interpretación que siempre estuvo
injustificada. Al igual que los sociólogos pueden informar objetiva-
mente sobre grupos de los que son miembros, así también los
detectores de laboratorio pueden informar objetivamente sobre
intrincadas situaciones en las que se hallen inextricablemente en-
trelazados y entretejidos, Ninguna de nuestras concepciones res-
ponsables de lo que la ciencia inductiva es, requerirá una modifica-
ción radical a causa de esta evaluación «realista» de la medida. Los
instrumentos científicos de medida no son libros de borrador pasi-
vos, pero tampoco son tan perturbadores que batan la materia
como una batidora de huevos. Más bien, registran las propiedades
Observación y explicación 23
de los fenómenos complejos perturbándolos de un modo contro-
lado y en gran manera calculable. El cirujano debe cortar para
curar; el científico experimental debe desalojar y perturbar con el
fin de aprender acerca de las propiedades de una materia cuando
está no-perturbada y «de acuerdo con la naturaleza».
Inducción
Señalé una vez respecto de un científico ya mayor que había
tenido cuarenta años de experiencia. Un crítico contestó que el
individuo en cuestión no tenía la experiencia de cuarenta años; más
bien tenía la misma experiencia una y otra vez, cuarenta años
seguidos. ¿Es la inducción simplemente una repetición rutinaria de
estímulo y respuesta, de acontecimientos anteriores seguidos por
acontecimientos posteriores? 20 se puede aprender algo de la
inducción, aprender algo sobre naturaleza de, y de las intercone-
xiones entre, los fenómenos que se dan ante nosotros, y no
simplemente sobre cómo se hallan secuencialmente distribuidos?
¿Es la inducción un examen superficial de pares de acontecimien-
tos, o nos permite asomarnos «al interior» de los procesos, para
ver lo que produce que hagan 'tick', y no simplemente que hacen
'tick'?
Si este x es y, y ese x es y, y aquél, y aquél, y aquél; en realidad,
si todos los x jamás encontrados han sido también y, la afirmación
«todos los x son y» ¿será sólo un tipo de resumen actuarial para decir
rápidamente lo que la experiencia ha revelado a la larga, seriatim y
en detalle? 20 revelará «todos los x son y» algo «más profundo» que
lo que podríamos haber aprendido a través sólo de la experiencia
repetitiva; algo en el sentido de que existe algo «de y» en cada x?
Todas las posiciones posibles de este espectro han sido manteni-
das por filósofos partidarios de un extremo polar o del otro.
Reichenbach felicita a Hume por haber sido el primero en recono-
cer que toda inducción, no importa lo intrincada y «teórica» que
sea, depende en último extremo de la ~i nduct i o per enumeratio-
nem si mpl i cem~ (Reichenbach, Experienre and Prediction [Expe-
riencia y Predicción], pág. 389). Por ot ro lado, Aristóteles, y un
milenio de aristotélicos, arguye que después de advertir que este X
es y, y ése, y aguélIos también, se puede llegar a estar conceptual-
mente en condiciones de dar «un salto i nduct i vo~ hasta la conclu-
sión (no restringida) «todos los x son y», lo que más tarde descubre
la esencia de x. Para Aristóteles, la inducción revela que .está en
la naturaleza» de un x ser un y; esto no puede ser una cuestión de
24 N. R. Hanson
necesidad lógica, por supuesto, pero sí es, sin embargo, un rasgo
sin excepciones de la constitución del mundo real en el que
vivimos (Aristóteles, Segundos Analíticos, Libro 11, cap. 19).
Sobre este tema, como en la mayoría de los otros, las filosofías
de la ciencia se dividen en (1) «filosofías de nada salvo», (2)
«filosofías de algo más,,, y (3) «filosofías de lo que hay». Las
generalizaciones inductivas (incluso cuando se establecen como
Leyes de la Naturaleza), no son nada salvo expresiones empíricas
que resumen ámbitos enormes de pares de observación repetidos
(1). O bien, la inducción puede ser representada como un proceso
a través del cual, mediante la experiencia, aprendemos algo de la
estructura fundamental de los objetos, acontecimientos y procesos;
donde este «algo fundamental» siempre es cualitativamente más de
l o que se descubre a través de una mera repetición (2). [Los seres
humanos aprenden sobre la naturaleza a través de la inducción: llegan a
entenderla; los animales y máquinas no lo hacen (aunque pueden
cosechar muchas cosas sobre cómo evitar mejor los inconvenientes y cómo
funcionar efectivamente)].
El camino razonable (3) de nuevo parece discurrir entre la mera
enumeración de casos, por un lado, y la misteriosa adivinación de
esencias, por el otro. Quizás advirtiendo solamente que la induc-
ción pocas veces se lleva a cabo sin un propósito, sin algún objetivo
teóricamente determinado, llegará a quedar claro que las generali-
zaciones se edifican normalmente sobre una experiencia que es ya
altamente selectiva. Los científicos no son como los fabricantes de
patines de juguete con cojinetes de bolas. No es el «control de
cantidad y cualidad,, sino la comprensión lo que constituye ( o debe
constituir) el objetivo primario de la ciencia. Esto se reflejó du-
rante mucho tiempo en la referencia a la física como «filosofía
natural», disciplina científica que siempre ha exigido aprender qué
ocurre con respecto a clases de fenómenos apartados, por la
experiencia y por la teoría, para posterior reflexión y estudio.
Aprendemos lo que prevalece en los fenómenos -lo que «los hace
andar»- por intermedio de nuestra ligazón con el mundo a través
de la experiencia sensible. Comprendemos esas experiencias, incluso
cuando acontecen en formas profusas y diversas, sólo cuando
podemos ubicarlas dentro de marcos conceptuales; éstos propor-
cionan estructuras a «la mente científica*, estructuras de ideas que
algunas veces están relacionadas con las estructuras de los procesos
de «ahí fuera,, en la materia real. La inducción es por tanto un tubo
epistémico; si los fenómenos se presentan a través de él en parejas,
o en tríos, etc., con frecuencia suficiente, entonces pueden ser
reconocidos como no «meramente accidentales» en lo concer-
Observación y explicación
25
niente a su correlación. Pero el tubo tiene que estar dirigido en una
dirección dada de investigación, al igual que un telescopio debe
estar intencionalmente «apuntado» (para algún propósito) a una
región limitada del cielo. Son tales rasgos no accidentales de
nuestras, investigaclónes sobre el mundo los que, al ser entendidos,
convierten en inteligibles clases enteras de fenómenos. Tales usos
guiados de la inducción, sin embargo, han hecho de la experimentación
científica moderna una encarnación virtual de la comprensión teórica;
porque cada dato encontrado se detecta a l o largo de una línea de
investigación, dentro de un marco de interés limitado por los
criterios de relevancia y significación que dirige nuestros esfuerzos
por este lado en lugar de por ese otro. Los experimentos pueden ser
realmente «los sentidos ampliados». Pero unos ojos agudos sin un
cerebro ágil hacen de Juan un idiota obtuso, un agitador de
telescopios. La experimentación ingeniosa, sin el constante control
de la teoría cuidadosa, podría saturar pronto los laboratorios con
«descubridores de números*, pero los dejaría menguados en
cuanto a nuevas direcciones para la comprensión científica. «El
descubrimiento de nuevos hechos está abierto a cualquier zoquete
con paciencia, destreza manual y sentidos agudos,, (Sir William
Hamilton).
Experi ment os
Para Galileo la experimentación era importante, pero sólo
como una exhibición y confirmación ex post facto de l o que (para él)
ya había descubierto la razón. Una vez que el mundo, como
creación de un Dios matemático, había cedido a la descripción
geométrica, sus propiedades minúsculas y sus detalles ocultos
estaban predeterminados epistémicamente, tal como l o están las
consecuencias de la geometría euclídea para cualquier estudiante
que acepte los axiomas y las reglas. Entonces, montar una demos-
tración viva de esas verdades (con planos inclinados, poleas y
alambres) era poco más o menos tan necesario en la filosofía
natural como en la geometría: es decir, nada en absoluto. Tal
recurso se dirigía principalmente a aquellos que eran demasiado
lerdos para seguir el argumento. Sin .embargo, Galileo hubiese
considerado que caía en pecado mortal aquel que, siendo incapaz
de seguir el argumento, ignorase también el 'experimento' tridi-
mensional. Algunos contemporáneos hicieron precisamente eso y,
al hacerlo, pecaron contra la razón. Porque, aunque la estructura
de la experiencia fuese concebida como si estuviese geométrica-
mente diseñada, ese mismo diseño estaba de modo evidente en el
experimento, al igual que estaba también en el argumento que
articulaba la estructura de ese experimento. (Esto es un eco de
nuestras afirmaciones anteriores sobre el concepto de escena.) La
realidad física se le aparecía a Galileo como una creación geomé-
trica; los hechos físicos estaban estructurados a la Euclides. Los
fenómenos, la experimentación y la argumentación podían compar-
tir la misma estructura. En realidad, deben hacerlo así para estar
relacionados como materia de la que se trata -demostración- y
descripción. Por tanto, parecía que el filósofo natural podía alcan-
zar los mismos logros por dos diferentes sendas de investigación: la
argumentación geométrica o la experimentación de laboratorio. La
estructura de los hechos físicos podría ser delineada por cualquiera
de los dos tipos de investigación. Aun así, para Galileo (y para
muchos héroes científicos contemporáneos) la «corrección» de un
experimento, de su diseño, se revelaba de alguna manera en el
grado en que incorporaba argumentos puramente teóricos. El
fracaso de los resultados experimentales para apoyar reflexiones
teóricas anteriores ha sido siempre, para algunos, una indicación
inicial de que hay algo equivocado en el propio diseño experimen-
tal. Aquí radica el poder de los Gedankenexperimente, como el de
Galileo con las balas de cañón en Pisa, el del cubo de Newton, el
del ascensor de Einstein, el del gato de Schrodinger, etc.; los
problemas teóricos de tales ejemplos superan las virtudes de
estirar, empujar, cortar o calentar trozos de materia con el fin
de mostrar «l o que es el caso)) a quien no está convencido.
Comparemos esta visión del experimento con otra diarnetral-
mente diferente. La posición parodiada como cempirismo de se-
cano» hace de la experimentación y de la observación controlada el
verdadero origen, el desarrollo y la realización de t odo l o valioso
en la ciencia. Todo lo demás es «mera especulación», o incluso
i ~me t a f í ~i ~a >>! En su forma extrema, el científico de esa orientación
«dejará a los hechos hablar por sí mismos»; actuará, vagará y
rumiar6 al azar, dando «al mundo)) (es decir, a la materia que ha
elegido) todas las oportunidades de «expresarse». Las teorías
científicas, según esta interpretación, serán como fotografías de
rayos X de l o que las materias dadas revelan de sí mismas durante la
investigación experimental cuidadosa, precisa y cuantitativamente
circunscrita. La experimentación aporta su propia dirección, según
este punto de vista. Las ideas preconcebidas, hipótesis, sospechas,
intuiciones y especulaciones errantes serán, aparentemente, tritu-
radas bajo el inexorable avance de tal experimentador. La exactitud
experimental, el control, el detalle en la medida, éstos serán los
criterios y la consumación real de la investigación cuidadosa, junto
Observación y explicación 2 7
a la cual todas las elaboradas e inteligentes construcciones de los
teóricos abstractos se disiparán en el olvido de la historia (e incluso
de la mitología).
¿Cómo es posible articular las posiciones anteriores sin una
pizca de caricatura? Con caricatura o sin ella, existe un contraste
que hay que destacar entre tales concepciones extremas de la
naturaleza y función de la experiencia de laboratorio controlada.
Un punto de vista es que la preeminencia de la experimentación se
encuentra al término de la labor teórica con éxito, como corrobo-
ración final de lo que la razón sugiere que es el caso. Según esta
opinión, el experimentador se guía por consideraciones sobre la
relevancia de los procesos que está contribuyendo a poner en
movimiento para algún marco conceptual, siendo este último esen-
cia! para que entendamos o no una materia dada. El experimento se
halla aquí cargado de teoría, guiado por la teoría y orientado hacia
la teoría. Es simplemente la sonda que las ideas, grupos de concep-
tos, y los argumentos introducen en las materias reales 3-D. Según
la otra opinión, sin embargo, la teoría es el producto de la experi-
mentación. No es más que la tersa, elegante, simbólica encarnación
de lo que el teórico ha extraído de la propia materia retorcida y
multiparamétrica. Aquí el teórico se halla sometido a los juicios del
experimentador. Este último siempre «dejará que los hechos
hablen por sí mismos», y los expresará del modo más claro posible.
El teórico, al esforzarse por «ver la realidad bajo los hechos»,
podría a veces dejar de lado todo lo que en el experimento resulta
demasiado obvio, mirando por encima en busca del «algo más».
Mas tal búsqueda excede, demasiado a menudo, a lo que la
experiencia puede sancionar. Es éste, por tanto, un consejo que
previene en contra de la teorización desenfrenada. La imaginación
creativa debe siempre «estar sometida» a los datos, a las pruebas, a
los hechos. Un modo de asegurar esto puede ser destacar la
función «resumidora» de las teorías; es decir, éstas no son sino
conjuntos de descripciones sistemáticamente pulidas.
Una vez más, la historia de la ciencia apoya ambas posiciones.
La teoría del estado estable de Hoyle acaba de ceder terreno ante
una andanada de hechos provenientes de la astronomía d e los
quasar. La segunda edición del libro Fundamental Theory (Teoría
fundamental) de Eddington recoge la «constante de estructura
fina» relacionada con el número 137, de acuerdo con determinadas
observaciones efectuadas después de publicada la primera edición.
Sin advertirlo, modificó la primera edición, donde se determinaba
teóricamente que la constante estaba relacionada con el número
i136! Los mesones no resultaron ser «electrones con extrañas
28 N. R. Hanson
propiedades y elevada energía», como habían sostenido algunos
teóricos (Wilson y Blackett, 1936). La radiación electromagnética
no resultó ser uniformemente continua y ondulatoria, a pesar de la
teoría contraria en vigor (Planck, 1901). Por otro lado, había de
hecho un planeta transuránico (Neptuno), tal como exigía la teoría
(Leverrier y Adams, 1846). Se han descubierto cosas multiformes
como neutrinos (Pauli, 1929), positrones (Dirac, 193 1 ), antiproto-
nes y antineutrones (Segre et al., 1956), al igual que el planeta
Plutón (Tombaregh, 1931), cosas todas ellas exigidas por la teoría.
1
El encontrar exige a menudo saber dónde buscar, siendo lo pri-
mero una función de lo segundo, siendo el descubrimiento expe-
rimental una función de la estrategia teórica.
Así las cosas, parecería que el veredicto de la historia de la ciencia
es imparcial entre estos dos pretendientes filosóficos. Los ejemplos
de (1) la teoría que dirige al experimento de la nariz, y de (2) el
experimento que corrige, e incluso genera, la teoría, son suficien-
temente abundantes entre los antepasados de la ciencia. Es, por
tanto, un poco difícil discernir cuál es la vía media en este
contexto. Porque evidentemente no puede existir una respuesta
filosófica final y absoluta a la pregunta «¿qué es experimentar? La
experimentación como demostración o como corroboración de la teoría es
seguramente diferente del experimentar como fuente generadora de la
teoría. Cuando las actividades de laboratorio son así de diversas, es
inútil buscar una fórmula filosófica única que abarque todo aquello
que se llama «experimento». Mejor es explorar cada caso de
investigación según sus propios méritos, aprendiendo con ello qué
papel epistemológico, semántico o metodológico ha desempeñado
este experimento individual con relación a esta teoría particular. (Un
experimento dado puede afectar a diferentes teorías de muy distin-
tos modos; puede apoyar a una misma teoría de diferente modo en
distintas ocasiones.) Mejor es también preguntarse cómo esta teoría
puede haber sido apoyada. definida y aclarada por ese determinado
experimento. (Una teoría dada puede relacionarse con una multi-
tud de experimentos independientes en una multitud de modos
i
conceptualmente diferentes.) ¡Qué monumental error es, por
tanto, buscar alguna conexión quasi-causal que opere siempre
entre el diseño de un experimento y la creación de una teoría!
I ¡Cómo si la idea de causa estuviese suficientemente clara siquiera al
nivel de las bolas de billar! No lo está. Eo ipso no queda generalmente
~
claro cómo los experimentos causan que las teorías posean ciertas
propiedades, ni cómo las teorías causan que los experimentos
1
tengan cualesquiera características que puedan manifestar.
i
PATRONES DE DESCUBRIMIENTO.
INVESTIGACION DE LAS BASES
CONCEPTUALES
DE LA CIENCIA.
INTRODUCCION
... TRATA DEL SZSTEMA Y NO DE LO QUE
EL SZSTEMA DESCRIBE,
Wittgenrtein '
En este ensayo se subrayan los aspectos filosóficos del pensa-
miento microfísico. Aunque la teoría de las partículas elementales
es muy disentida por los filósofos de la ciencia, no se han com-
prendido sus rasgos principales. Los filósofos se refieren a menudo
a las relaciones de incertidumbre, al principio de identidad, al
principio de correspondencia y a términos teóricos como NI,$»;
referencias que avivan discusiones acerca de la causalidad, el de-
terminismo, las leyes naturales, las hipótesis y la probabilidad. Sin
embargo, en muy escasas ocasiones se ajustan a los conceptos
empleados por los físicos. ¿Por qué es esto así? ¿Por qué los
filósofos desfiguran la microfísica?
La razón es simple. Ellos han considerado como paradigmas de
la investigación física sistemas completamente desarrollados como
la mecánica celeste, la óptica, el electromagnetismo y la termodi-
námica clásica y no ciencias no acabadas, dinámicas y en proceso de
búsqueda como lo es la microfísica. «Después de todo - di cen-
~Handel n vorn Netz, nicht von dern, was das Netz beschreibt., L. Wittgens-
tein, Tractatus Logiro-Philosophicus (Harcourt, Brace and Co. , Nueva York, 1922),
6. 35.
cuando la microfísica quede firmemente establecida será como
estos refinados sistemas.» Tal observación es un error en cualquier
enfoque de la microfísica. Si se acepta esta actitud, la actividad
propia de los filósofos de la física parecería ser entonces, o bien (1)
estudiar la lógica de los sistemas deductivos que sustentan el
contenido de la microfísica, o bien (2) estudiar los métodos estadís-
ticos por medio de los cuales se han construido las teorías microfí-
sicas a partir de repetidas muestras de datos. Estas dos formas de
tratamiento del tema se pueden aplicar a las disciplinas «clásicas».
Pero éstas ya no son ciencias en proceso de búsqueda, como lo
fueron en otro tiempo, hecho que los filósofos e historiadores de la
ciencia corren el peligro de olvidar. En la actualidad, sin embargo,
son una clase de física enteramente diferente. Las distinciones que
en este momento se les pueden aplicar, deben ser consideradas
sospechosas cuando se transfieren a disciplinas en proceso de
búsqueda, verdaderamente, esas distinciones proporcionan una
descripción artificial, incluso del tipo de actividades a las que
realmente se dedicaron Kepler, Galileo y Newton.
Igualmente ha de sospecharse de las concepciones generales
extraídas de ese primer error. Observación, elementos de juicio,
hechos son nociones que, si se las toma tal como aparecen en las
«ciencias-catálogo» de la escuela y en los libros de texto universita-
rios, malamente pueden prepararnos para comprender los funda-
mentos de la teoría de partículas. Lo mismo ocurre con los concep-
tos de teoría, hipótesis, ley, causalidad y principio. En una disciplina
de búsqueda en crecimiento, la investigación se dirige, no a reor-
denar viejos hechos y explicaciones en modelos formales más
elegantes, sino más bien al descubrimiento de nuevos esquemas de
explicación. De ahí que el sabor filosófico de tales ideas difiera del
que presentan los profesores y catedráticos de ciencias, y muchos
filósofos de la ciencia.
Tal discrepancia nos conduce a la noción familiar de que el
pensamiento físico contemporáneo diverge en todas las cuestiones
de principio del pensamiento del pasado. Superficialmente, parece
como si hubiera habido un salto cuántico en la historia de la
ciencia. Las explosiones conceptuales de 1901, 1905, 19 1 1, 19 13,
19 15 y 1924-30 puede parecer que han transformado la física, que,
de la disciplina experimental, acumulativa y cuidadosa de Faraday y
Kelvin, se ha convertido en otra más especulativa, anómala e
incluso atemorizadora. La continuidad que historiadores como
Tannery, Duhem y Sarton nos enseñaron a buscar se derrumba
bruscamente cuando se supone que Einstein, Bohr, Heisepberg y
Dirac son pensadores de una clase diferente de la de Galileo,
Introducción 7 5
Kepler y Newton. Pero esto es erróneo. Todos ellos son físicos;
esto es, filósofos de la naturaleza que buscan explicaciones de los
fenómenos siguiendo caminos más parecidos de lo que la dicoto-
mía «clásico-moderno» ha llevado a imaginar a los filósofos de la
ciencia.
El enfoque y el método utilizados en este ensayo no son
usuales. He optado por no aislar los problemas filosóficos generales
(la naturaleza de la observación, el status de los hechos, la lógica de
la causalidad y el carácter de la teoría física) y utilizar las conclusio-
nes de tales investigaciones como lentes a través de las cuales se
mira la teoría de partículas, sino que por el contrario, dada la falta
de adecuación de las discusiones filosíficas de estas materias, me he
inclinado a seguir un sistema diferente de prioridades. Así la teoría
de partículas será la lente a través de la cual se observarán los
problemas filosóficos permanentes.
En los primeros cinco capítulos se describen la observación
científica, la interaccibn de los hechos y las notaciones en que son
expresados dichos hechos, la «carga teórica» del discurso causal,
los razonamientos involucrados en la formación de una teoría física
y la función que en la física cumplen los enunciados de leyes. Estos
capítulos se aplican a toda investigación científica, pero se han
escrito teniendo presente siempre el capítulo final. Cualquier ar-
gumentación que no sea aplicable a la microfísica generalmente ha
sido puesta en duda; y a la inversa, las argumentaciones que en
otros contextos se tienen por seguras, han sido consideradas como
válidas si ayudan a comprender las bases conceptuales de la teoría
de partículas elementales.
El problema no es la utilización d e teorías, sino el hallazgo de
éstas; no me ocupo del problema de la comprobación de hipótesis,
sino del de su descubrimiento. Examinaremos, no de qué manera la
observación, los hechos y los datos son ordenados en sistemas
generales de explicación física, sino cómo estos sistemas aparecen
en nuestras observaciones así como en nuestra apreciación de los
hechos y de los datos. Sólo así podrán entenderse las discrepancias
existentes acerca de la interpretación de términos y símbolos
dentro de la teoría cuántica.
No he dudado en referirme a hechos de la historia de la física;
con ellos se resaltarán las otras argumentaciones. Esto está de
acuerdo con mi concepción de la filosofía de la ciencia: a saber, que
la utilidad de la discusión filosófica en cualquier ciencia depende
del grado de familiaridad que se tenga con su historia y su estado
presente.
Capítulo 1
OBSERVACION
El ojo nunca podría ver el sol,
si no estuviera acostumbrado a él.
Gwthe'
Consideremos a dos microbiólogos. Están observando la
preparación de un portaobjetos; si se les pregunta qué es l o
que ven, pueden dar respuestas distintas. Uno de ellos ve en la
célula que tiene ante él un agrupamiento de materia extraña:
es un producto artificial, un grumo resultante de una técnica
de t eñi do inadecuada. Este coágulo t i ene poca relación
con la célula, i n vivo, como la que puedan tener con la forma
original de un jarrón griego las rayas que sobre éste haya dejado el
pico del arqueólogo. El ot r o biólogo identifica en dicho coágulo un
órgano celular, un «aparato de Gol@». En cuanto a las técnicas,
sostiene que «la regla establecida para detectar un órgano celular
consiste en fijar y teñir la preparación. ¿Por qué recelar de esta
I
Wir' nicht das Auge sonnenhaft
Die Sonne konnt' es nie erblicken;
Goethe, Zahme Xenien (Werke, Weimar, 1887-1918), Lb. 3, 1805.
78 N. R. Hanson
técnica suponiendo que sólo brinda productos artificiales, mientras
que otras revelan órganos genuinos?»
La controversia continúa2. En ella está involucrada toda la
teoría de las técnicas microscópicas; no es un problema obviamente
experimental. Pero afecta a lo que los científicos dicen que ven.
Quizá puede tener sentido decir que ambos observadores no ven la
misma cosa, no parten de los mismos datos, aunque su vista sea
normal y los dos perciban visualmente el mismo objeto.
Imaginemos que los dos están observando un protozoo, una
Amoeba. Uno de ellos ve un animal unicelular, el ot ro un animal no
celular. El primero ve a la amoeba en todas sus analogías con los
diferentes tipos de células simples: células del hígado, células
nerviosa,, células epiteliales. Estas tienen membrana, núcleo, cito-
plasma, etc. Entre las de esta clase, la amoeba se distingue sólo por
su independencia. Sin embargo, el ot ro ve que las amoebas son
análogas, no a las células simples, sino a 10s animales. Como todos
los animales, la amoeba ingiere su comida, la digiere y la asimila.
Excreta, se reproduce y es móvil de una manera más parecida a
como l o es un animal que la célula de un tejido.
No es éste un problema experimental, pero puede afectar al
experimento. Lo que cualquiera de estos dos hombres consideran
como cuestiones significativas o datos relevantes puede estar dete-
minado por el peso relativo que dé a cada una de estas dos
palabras: «animal unicelular» 3.
Algunos filósofos tienen una fórmula dispuesta para estas oca-
siones: «Naturalmente, ellos ven la misma cosa. Hacen la misma
observación, puesto que parten de los mismos datos visuales. Pero
lo que ven lo interpretan de una forma diferente. Interpretan los
datos de forma diferente4.» La cuestión es, entonces, mostrar
Véanse los artículos de Baker y Gatonby en Nature, 1949-1958.
NO es éste un asunto meramente conceptual, por supuesto. Véase Wittgenstein,
Philosophical lnvesrigarions (Blackwell, Oxford, 1953 ), p. 196.
( 1) G. Berkeley, Essay Towards a Ne w Theory o/ Vision [en Obras, vol. 1
(Londres, T. Nelson, 1948-56)], pp. 51 y siguientes.
(2) Jarnes Mill, Analysis of the Phenomena of the Human Mi nd (Longrnans,
Londres, 1869), vol. 1, p. 97.
( 3) J. Sully, Outlines of Psychology (Appleton, Nueva York, 1885).
(4) William Jarnes, The Principles of psychology (Holt, Nueva York, 1890-
1905), vol . 11, pp. 4, 78, 80 y 81; vol . ] , p. 221.
( 5) A. Schopenhauer,Satz i , or ~~ Grunde (en Sammtliche Werke, Leipzig, 1888),
Capítulo 1V.
(6) H. Spencer, The Principles of p~j chol ogy (Appleton, Nueva York, 1897).
vol. IV, Capítulos IX, X.
Patrones de descubrimiento 7 9
cómo estos datos son moldeados por diferentes teorías o interpre-
taciones o construcciones intelectuales.
Muchos filósofos se han enfrentado a esa tarea. Pero, en
realidad, la fórmula con la que comienzan es demasiado simple
para que permita captar la naturaleza de la observación en física.
¿Es que quizás los científicos citados anteriormente no comienzan
sus investigaciones a partir de los mismos datos? ¿Es que no hacen
las mismas observaciones? ¿Es que incluso no ven la misma cosa?
Aquí nos encontramos con varios conceptos entrelazados. Debe-
mos proceder cuidadosamente, puesto que, si es verdad que tiene
sentido afirmar que dos científicos que están mirando a x no ven la
misma cosa, siempre debe haber un sentido anterior en que sí ven
la misma cosa. Pero el problema es entonces, «¿cuál de esos dos
sentidos es más esclarecedor para la comprensión de las observa-
ciones físicas?»
Estos ejemplos biológicos son demasiado complejos. Pensemos
en Johannes Kepler: imaginémosle en una colina mirando el ama-
necer. Con él está Tycho Brahe. Kepler considera que el Sol está
fijo; es la Tierra la que se mueve. Pero Tycho, siguiendo a
Ptolomeo y a Aristóteles, al menos en esto, sostiene que la Tierra
está fija y que los demás cuerpos celestes se mueven alrededor de
ella. ¿Ven Kepler y Tycho la misma cosa en el Este, al amanecer?
Al contrario que en las anteriores cuestiones «¿son aparatos de
Golgi?» y «¿son los protozoos animales unicelulares o no celula-
res?», podemos pensar que la pregunta sobre lo que ven Kepler y
(7) E. von Hartrnann, P~i l o~ophy of the Uncoun~cious (K. Paul, Londres, 1931),
B. Capítulos VII, VIII.
(8) W. M. Wundt, Vorlesungen über di e Men~rhen und Thierseele (Voss, Ham-
burgo, 1892), IV, XIII.
(9) H. L. F. von Helrnholtz, Handbuch der Phyrio/ogischen Opt i k (Leipzig,
1867). pp. 430, 447.
( 10) A. Binet, La p ~~Ch0 ~0 g f e d u rat~onnement, recherches expérfmentales par
í'hypnotisme (Alcan, París, 1886), Capítulos 111, V.
(11) J. Grote, Exploratio Philosophfca (Carnbridge, 1900), vol. 11, pp. 201 y
siguientes.
(12) B. Russell, en Mi nd (1913). p. 76. MyJttCfJm and Logic (Longrnans, Nueva
York, 1918), p. 209. The Problem~ of Phi l o~ophy (Holt, Nueva York, 1912), pp. 73,
92. 179. 203.
- .
( 13) ' ~ a w e s Hicks, Arirr. Sor. Sup. vol. 11 (1919), pp, 176-8.
(14) G. F. Stout, A Manual of Psychology (Clive, Londres, 1907, 2.= edicción),
vol. 11 1 y 2, pp. 324, 561-4.
( 15) A. C. Ewing, Fundamental Questions o/ Philosophy (Nueva York, 195 1).
pp. 45 y siguientes.
(16) G. W. Cunningham, Problem~ of Philo~ophy (Holt. Nueva York, 1924), pp.
96-7.
80 N. R. Hanson
Tycho es una cuestión experimental u observacional. Pero no era
así en los siglos XVI y XVII. Así, Galileo dijo a los seguidores de
Ptolomeo «...Ni Aristóteles ni ustedes pueden probar que la
Tierra es de facto el centro del universo «¿Ven Kepler y Tycho
la misma cosa en el Este, al amanecer?» no es quizás una cuestión
de facto, sino, más bien, el comienzo de un examen de los concep-
tos de visión y observación.
La discusión resultante podría ser:
«Sí, ven lo mismo.»
«No, no ven l o mismo.»
«¡Sí, ven lo mismo!»
.¡NO, no ven lo mismo!»
El hecho de que eso sea posible nos indica que puede haber
razones para ambos argumentos6. Consideremos algunos puntos
que apoyan la respuesta afirmativa.
Los procesos físicos que tenían lugar cuando Kepler y Tycho
miraban el amanecer son de importancia. El Sol emite los mismos
fotones para ambos observadores; los fotónes atraviesan el espacio
solar y nuestra atmósfera. Los dos astrónomos tienen una visión
normal; por tanto, dichos fotones pasan a través de la córnea, el
humor acuoso, el iris, el cristalino y el humor vítreo de sus ojos de
la misma manera. Finalmente, son afectadas sus retinas. En sus
células de selenio ocurren cambios electroquímicos similares. En
las retinas de Kepler y de Tycho se forman las mismas configura-
ciones. Así pues, ellos ven la misma cosa.
En algunas ocasiones Locke se refería al hecho de ver con estas
palabras: un hombre ve el sol si la imagen que de él se le forma en
la retina es una imagen normal. El Dr. Sir W. Russell Brain se
refiere a nuestras sensaciones en la retina como indicadores y
señales. Todo l o que tiene lugar detrás de la retina es, como él
dice, «una operación intelectual que se basa en gran medida en ex-
periencias no visuales.. . » '. Lo que vemos son los cambios que ocu-
rren en la túnica retiniana. El Dr. Ida Mann considera que la mácu-
la del oj o «ve detalles en luz brillante» y los bastoncillos «ven autos
Galileo, Dialogue Concerning the Two Chief World Syrtems (California, 1953),
~ T h e First Dayn, p. 33.
'«Das ist doch kein Sehen!» - «Das ist doch ein S e h e n ! ~ Beide müssen sich
begrifflich rechtfertigen lassen' (Wittgenstein, Phil. Inv. , ) p. 203.
' Brain, Recent Advancer i n Neurology (en colaboración con Strauss) (Londres,
1929). p. 88. Compárese con Helmholtz: «I as sensaciones son signos de nuestra
conciencia, y es tarea de nuestra inteligencia aprender a entender su significado,,
(Handbuch der Physiologischem Optik (Leipzig, 1967), vol. 111, p. 433).
Véase también Husserl, «Ideen zu einer Reinen Phaenomenologie*, en Jahr-
Patrones de descubrimiento 8 1
que se aproximan». El Dr. Agnes Arber habla del oj o como si por sí
mismo viera8. A menudo, cuando se habla de la visión, se dirige la
atención a la retina. Así, las personas normales se distinguen de
aquellas otras en las que no pueden formarse imágenes en la retina;
podemos decir de las primeras que pueden ver, y de las segundas,
que no pueden ver. Si informamos al oculista cuándo podemos ver
un punto rojo, le suministramos información directa sobre las
condiciones de nuestra retinas.
Sin embargo, no hace falta seguir en esa dirección. Esos autores
hablan de forma un tanto descuidada: ver el sol no es ver las
imágenes del sol que se forman en la retina. Las imágenes que
Kepler y Tycho tienen en su retina son cuatro, están invertidas y
son diminutaslO. Los astrónomos no se pueden referir a estas
imágenes cuando dicen que ven el sol. Si están hipnotizados,
delgados, borrachos o distraídos, pueden no ver el sol aunque su
retina registre su imagen exactamente de la misma manera que si
estuvieran en estado normal.
La visión es una experiencia. Una reacción de la retina es
solamente un estado físico, una excitación fotoquímica. Los fisicó-
logos no siempre han apreciado las diferencias existentes entre las
experiencias y los estados físicos". Son las personas las que ven,
no sus ojos. Las cámaras fotográficas y los globos del oj o son
ciegos. Pueden rechazarse los intentos de localizar en los órganos
de la vista ( o en el retículo neurológico situado detrás de los ojos)
algo que pueda denominarse visión. Que Kepler y Tycho vieran o
no la misma cosa no puede argumentarse mediante referencias a
buch für Philorophie, vol. 1 (1913), pp. 75, 79 y el Handworterbuch der Phyriologie de
Wagner, vol. 111, sección 1 (1846), p. 183.
Mann, The Sciencie of Seeing (Londres 1949). pp. 48-9. Arber, The Mi nd and
the Eye (Cambridge, 1954). Compárese con Müller: *En cualquier campo de visión,
la retina en sí misma sólo ve en su extensión espacial durante un estado de afección.
Ella se percibe a sí misma como ... etc.» [Zur vergleichenden Physiologie des Gesichte-
sinner des Menichen und der Thiere (Leipzig, 1826), p. 54.1
Kolin: uCuando un oj o astigmático mira un papel miIimetrado puede acomo-
darse para ver nítidamente o las líneas horizontales o las líneas verticales.* [Physics
(Nueva York. 1950), pp. 570 y siguientes.]
lo Véase Whewell, Philosophy of Discovery (Londres, 1860). uThe paradoxes of
visionr.
l 1 Véase, por ejemplo, J. Z. Young, Doubt and Certainty i n Science (Oxford,
1951, The Reith Lectures), y el artículo de Gray Walter en Arpects of Form, ed. por
L. L. Whyte (Londres, 1953). Compárese con Newton: *;No excitan vibraciones en
la retina los rayos de luz que caen sobre el fondo del oj o? Estas vibraciones, al
propagarse desde las fibras sólidas de los nervios hasta el cerebro, producen la
sensación de la visión.» [Opticks (Londres, 1769), Lb. 111, parte 1.1
82
N. R. Hanson
estados físicos de sus retinas, sus nervios ópticos o sus cortezas
a visuales; para ver es necesario algo más que la mera recepción en
los globos oculares.
Naturalmente Tycho y Kepler ven el mismo objeto físico.
Ambos tienen su vista fijada en el Sol. Si se les sitúa dentro de una
I
habitación oscura y se les pide que informen cuando vean algo (no
importa lo que sea), los dos pueden informar al mismo tiempo que
ven el mismo objeto. Supongamos que el único objeto que se
puede ver es un cilindro de plomo. Ambos ven la misma cosa; es
decir, ese objeto, cualquiera que sea. Es, sin embargo, en ese
momento exactamente cuando surge la dificultad, puesto que mien-
tras Tycho ve un simple tubo, Kepler verá un telescopio, instru-
mento sobre el cual le ha escrito Galileo.
No habrá nada que tenga interés filosófico en la cuestión de si
ven o no ven la misma cosa, a menos que ambos perciban el mismo
objeto. Nuestra cuestión no conduce a nada, a menos que ambos
vean el sol en ese sentido primario.
Sin embargo, tanto Tycho como Kepler tienen en cierta forma
una experiencia visual común. Esta experiencia quizás constituye
su ver la misma cosa. En verdad, puede ser un ver Iógicamente más
básico que cualquiera de las cosas que se expresan con la frase
«veo el Sol» (en la que cada uno da un significado diferente a la
palabra «Sol»). Si la única clave fuera lo que ellos quieren decir
con la palabra «Sol», entonces Tycho y Kepler podrían no estar
viendo la misma cosa, aunque los dos estuvieran contemplando el
mismo objeto.
Sin embargo, si nuestra pregunta no fuera «¿ven la misma
cosa?», sino «¿qué es lo que ven ambos?, podríamos esperar una
respuesta que no sería ambigua. Tanto Tycho como Kepler tienen
fijada su atención en un disco brillante, de un color amarillo
blanquecino, que está situado en un espacio azul sobre una zona
verde. Tal imagen de «datos sensoriales» es única y no invertida.
No ser consciente de ella es no tenerla. O la imagen domina
nuestra atención visual completamente o no existe tal imagen.
Si Tycho y Kepler son conscientes de alguna cosa visible, ésta
debe ser algún conjunto de colores. ¿Qué otra cosa podría ser? No
tocamos ni oímos con nuestros ojos; con ellos solamente recibimos
luz". Ese conjunto particular es el mismo para los dos observado-
res. Seguramente, si se les pide que hagan un esquema del conte-
l2 «Rot und grün kann ich nur sehen, aber nicht horenw (Wittgenstein, p h ; ~
Inv. p. 209).
Patrones de descubrimiento 8 3
nido de sus campos visuales los dos dibujarán un semicírculo sobre
una Iínea de horizonte 13. Ellos dicen que ven el Sol. Pero ellos no
ven todos los lados del Sol al mismo tiempo; lo que ven realmente,
en principio, es el discoide. Sólo es un aspecto visual del Sol. En
toda observación simple,,el Sol es un disco luminescente brillante,
un penique pintado con radio.
De este modo, hay algo de sus experiencias visuales al amane-
cer que es idéntico para ambos: un disco blanco amarillento y
brillante, centrado entre manchas de color verde y azul. El es-
quema de l o que ambos ven sería idéntico, congruente. En este
sentido, Tycho y Kepler ven la misma cosa al amanecer. El Sol
presenta la misma forma para ellos. Ambos tienen ante ellos la
misma vista o escena.
De hecho, a menudo hablamos de este modo. Así, por ejem-
plo, se puede citar una descripción hecha recientemente de un
eclipse solar14: «Sólo queda del Sol un delgado creciente; la luz
blanca está ahora completamente oscurecida; el cielo tiene un color
oscuro, casi purpúreo, y el paisaje es de un verde monocromá-
tic0 ... hay destellos de luz sobre la circunferencia del disco y aho-
ra el creciente brillante aparece a la izquierda ... » Newton se expresa
de un modo similar en su Optica: «Al principio estos arcos eran de un
color azul y violeta, y entre ellos había arcos de círculos blancos,
l 3 Cf. <<Una apariencia es la misma si afecta de la misma forma al mismo ojo.
[iambert, Photometria (Berlín, 1760)l; «Estamos justificados al inferir que, cuando
se nos ofrecen distintas percepciones, son diferentes las condiciones reales que hay
por debajo de esas percepcionesa [Helmholtz, Wirrenchaftliche Abhandlungen
(Leipzig, 1882), vol. 11, p. 6561, y Hertz: «Nos formamos imágenes o símbolos de
los objetos externos; la manera en que los formamos es tal que las consecuencias
Iógicamente necesarias ( denkn~t wendi ~en) en el pensamiento son de manera invaria-
ble las imágenes de las consecuencias materialmente necesarias (naturnotwendigen)
de los objetos correspondientesn [Principier of Mechanicr (Londres, 1889), p. 11.
Broad y Price profundizaron en un rasgo de la fqrma visual particular. Sin
embargo, Weyl [Phiiorophy of Mathematicr and Nat ural Science (Princeton, 1949, p.
1251 señala que un único oj o percibe cualidades que se extienden en un campo
bidimensional, ya que éste queda dividido por cualquier Iínea unidimensional que lo
cruce. Pero nuestras dificultades conceptuales persisten incluso cuando Kepler y
Tycho mantienen cerrado un ojo.
Si dos observadores tienen o no los mismos datos visuales en un cierto instante
se reduce directamente a la cuestión de si las descripciones exactas del contenido de
sus campos visuales son idénticas o difieren en algún detalle. Entonces, podemos
examinar las imágenes observables públicamente d e lo que Tycho y Kepler sacan de
lo que ven, en vez de aquellas entidades misteriosas, particulares, encerradas en su
conciencia visual. ia descripción exacta y el dato sensorial deben ser idénticos;
jcómo podrían diferir?
" Según el informe de la B.B.C., 30 de junio de 1954
84 N. R. Hanson
Patrones de descubrimiento
los cuales ... se tiñen ligeramente en sus limbos internos con rojo y
amarillo ... » 1 5 Todo físico emplea el lenguaje de líneas, manchas
coloreadas, apariencias, sombras. En tanto que dos observadores
normales utilicen esta forma de expresión para el mismo suceso,
parten de los mismos datos: están haciendo la misma observación.
Las diferencias entre ellos pueden presentarse en las interpretacio-
nes que dan de estos datos.
Así, pues, resumiendo, decir que Kepler y Tycho ven la misma
cosa al amanecer sólo por que sus ojos son afectados de un modo
similar es un error elemental. Existe una gran diferencia entre un
estado físico y una experiencia visual. Supóngase, sin embargo, que
se sostiene, como se ha hecho más arriba, que ven la misma cosa
porque tienen la misma experiencia de datos sensoriales. Las
disparidades entre sus descripciones aparecerán en interpretaciones
ex post jacto de lo que se ve, no en los datos visuales básicos. Si
se sostiene esto, aparecerán pronto dificultades adicionales.
La figura 1 impresiona de un modo similar las cámaras foto-
gráficas y las retinas normales 16. Nuestros datos sensoriales visuales
también serán iguales. Si nos piden que dibujemos lo que vemos,
la mayoría de nosotros construiremos una configuración como la
figura 1.
la Newton, Optirkr. Libro 11, parte 1. Los escritos de Claudio de Tolomeo a veces
se parecen a un libro de texto fenomenalista. Cf. e. g. El Almagesto (Venecia, 1515),
VI, sección 11, sobre las direcciones en los eclipses*, *Cuando toca la sombra
circular desde dentron, *Cuando los círculos se tocan entre sí desde fuera». Cf.
también VI1 y VIII, 1X (sección 4). Tolomeo busca continuamente la representa-
ción y predicción de <<las apariencias*, los puntos de luz sobre el globo celeste. El
Almagesto renuncia a todo intento de explicar el mecanismo que se oculta detrás de
estas apariencias.
Cf. Pappus: «El (círculo) que divide la porción blanca que debe su color al sol, y
la porción que tiene el color ceniciento propio de la misma luna es indistinguible de
un círculo emáximoa [Mathematical Collertion (Hultsch, Berlín y Leipzig, 18641, pp.
554-601.
l6 Esta famosa ilusión data de 1832, cuando L. A. Necker, el naturalista suizo,
escribió una carta a Sir David Brewster en la que describía cómo, cuando ciertos
cristales romboidales son mirados desde un extremo, podría cambiar la perspectiva
en la forma que ahora nos resulta familiar. Cf. Phil. Mag. 111, no. 1 (1832). 329-37,
especialmente p. 336. Para el presente argumento es importante advertir que este
fenómeno observacional surge a la luz del día, no como una ilusión de psicólogo,
sino en las mismas fronteras de la v'encia observacional.
¿Vemos todos la misma cosa?17 Algunos verán un cubo en
perspectiva visto desde abajo. Otros verán el mismo cubo, pero
visto desde arriba. Otras personas verán en la misma figura una
cierta clase de piedra preciosa cortada poligonalmente. Algunas
sólo verán líneas entrecruzadas en un plano. También puede verse,
al contemplar esa figura, un bloque de hielo, un acuario, una
estructura de alambre para una cometa o muchas otras cosas.
¿Vemos todos, entonces, la misma cosa? Si aceptásemos una
respuesta afirmativa, ¿cómo podrían explicarse estas diferencias?
La «fórmula» interviene aquí de nuevo: «Existen diferentes
interpretaciones de lo que ven, en común, todos los observadores.
Las reacciones de la retina ante la figura 1 son virtualmente
idénticas; también lo son nuestros datos sensoriales visuales, ya que
nuestros dibujos de lo que vemos tendrán el mismo contenido. No
existen, pues, diferencias en la visión. Estas diferencias deben
corresponder, por consiguiente, a las interpretaciones que se dan
de lo que se ve.»
Esto suena como si yo hiciese dos cosas, no una, cuando veo
cajas y bicicletas. .¿Doy diferentes interpretaciones de la figura 1
cuando la veo primero como una caja vista desde abajo, y después
como un cubo desde arriba? No soy consciente de que ocurra tal
cosa. Ni quiero significar nada semejante cuando digo que la
perspectiva de la caja ha saltado hacia atrás en la páginala. Si yo no
quiero significar esto, entonces el concepto de visión que es natural
en esta conexión no denota dos componentes diáfanos, uno óptico
y otro interpretativo. La figura 1 se ve simplemente, o bien como
una caja vista desde abajo, o bien como un cubo visto desde arriba;
no absorbemos primero una forma óptica para abrazar a continua-
ción una interpretación de la misma. Kepler y Tycho simplemente
ven el Sol. Eso es todo. Este es el modo en que el concepto de
visión opera en esta situación.
l7 Wittgenstein contesta: «Denn wir sehen eben wirklich zwei verschiedene
Tatsachenr (Trartatur, 5. 5423).
«Auf Welche Vorgknge spiele ich a n ? ~ (Wittgenstein, Phil. Inv. p. 214.)
8 6 N. R. Hanson
«Pero -usted dirá- ver la figura 1 primero como una caja
vista desde abajo y después como un cubo visto desde arriba,
implica que en cada caso las líneas se interpretan de forma dife-
rente.» De tal manera, para usted y para mí el hecho de tener una
interpretación diferente de la figura 1 es, exactamente, ver algo
diferente. Esto no significa que veamos la misma cosa y después la
interpretemos d e manera diferente. Cuando yo de repente exclamo
«iEureka, una caja vista desde arriba!)), no me refiero simplemente
a una interpretación diferente. ( Nos encontramos de nuevo con
que hay, lógicamente, un sentido primario según el cual ver la
figura 1, tanto desde abajo como desde arriba, es ver la misma cosa
de manera diferente, es decir, ser conscientes del mismo diagra-
ma de maneras diferentes. Podríamos referirnos justamente a esto,
pero no nos es necesario y, en este caso, no lo hacemos.)
Además, el término «interpretación» es útil en ocasiones.
Sabemos cuándo puede ser aplicado y cuándo no l o puede ser.
Tucídides presentaba los hechos objetivamente; Heródot o daba
una interpretación de ellos. La palabra no tiene aplicación en todos
' los casos: tiene un significado. ?Se puede estar interpretando
cuando se está viendo? Algunas veces quizás sí, como cuando
vislumbramos el contorno difuso de una máquina agrícola en una
mañana de niebla y, con esfuerzo, llegamos finalmente a
identificarla. ?Es esta interpretación la que opera cuando se ven
claramente las bicicletas y las cajas? ¿Opera esta «interpretación»
cuando la perspectiva de la figura 1 de pronto se convierte en la
contraria? Hubo un tiempo en que Heródot o se quedó a mitad de
camino con su interpretación de las guerras entre griegos y persas.
¿Podría haber un tiempo en que uno se quedara a mitad de camino
al interpretar la figura I como una caja vista desde arriba o como
cualquier otra cosa?
«Pero, la interpretación se hace en muy poco tiempo, es instan-
tánea.» La interpretación instantánea proviene del Limbo que
produce sensibilia no sentidas, inferencias inconscientes, enuncia-
dos incorregibles, hechos negativos y Objektive. Son éstas, ideas que
los filósofos imponen al mundo para preservar su teoría metafísica
o epistemológica favorita.
Solamente en contraste con situaciones del tipo «Eureka»
(como las inversiones de perspectiva, en las que uno no puede
interpretar los datos) está claro lo que significa decir que Tucídides
no hizo una interpretación de la historia, aunque podía haberla
hecho. Además, el que un historiador esté o no dando una inter-
pretación es una cuestión empírica; sabemos lo que aparecería
como prueba en uno y otro' iaso. Pero si estamos o no dando una
Patrones de descubrimiento 8 7
interpretación cuando vemos la figura 1, en cierto modo no es una
cuestión empírica. ¿Qué es lo que contaría como prueba de ello?
. .
En ningún sentido ordinario de la palabra «interpretar» yo inter-
preto la figura 1 de modo diferente cuando su perspectiva se
., ,,
invierte para mí. No está claro que en el lenguaje ordinario ni en el . '
lenguaje extraordinario (filosófico) exista un sentido extraordinario
de la palabra. El hecho de insistir en que las diferentes reacciones
ante la figura 1 deben descansar sobre interpretaciones hechas a
partir de una experiencia visual común es justamente reiterar (sin
razones) que la visión de x debe ser la misma para todos los
observadores que están mirando a x.
«Pero veo la figura como si fuera una caja significa: estoy
teniendo una experiencia visual particular que siempre tengo
cuando interpreto la figura como una caja o cuando miro a una
caja ... » «... Si yo quiero decir eso, debo saberlo. Debo ser capaz de
referirme a la experiencia directamente, y no sólo de manera
indirecta.. . » lg
Las descripciones ordinarias de las experiencias relativas a la
figura 1 no requieren que la cosecha visual se muela intelectual-
mente; las teorías y las interpretaciones están «allí», en la visión,
desde el principio. ?Cómo pueden estar «allí», en la visión, las
interpretaciones? ¿Cómo es posible ver un objeto de acuerdo con
una interpretación? «La pregunta plantea esto como un hecho
curioso; como si se quisiera introducir algo dentro de un molde al
que realmente no se adapta. Pero en realidad, no tiene lugar
ninguna presión, ningún
Consideremos ahora las figuras de perspectiva reversible que
aparecen en los libros de texto sobre psicología de la forma: la
bandeja de té, la escalera cambiante (Schroder), el túnel. Cada una
de ellas puede verse como cóncava, como convexa o como un
dibujo plano2'. ¿Veo realmente algo diferente cada vez o sola-
l8 Ibid. p. 194 (al final).
20 Ibid. p. 200.
" Esto no se debe al movimiento de los ojos o a la fatiga retina1 focal. Cf.
Flugel, Brit. Journ. Psyrhol. VI (1913). p. 60; Brit. Journ. Psyrhol. V (191 3). p. 357. Cf.
Donahue y Griffiths, Amer. Journ. Psyrhol. (1931), y Luckiesh, Vi sual Illusions and
their Applirations (Londres, 1922). Cf. también Peirce, Collerted Papers (Harvard,
1931) pp. 5 , 183. No deben ser mal entendidas las referencias a la psicología; pero a
medida que profundizamos en nuestro conocimiento de la psicología de la percep-
ción, profundizamos en el carácter de los problemas conceptuales que consideramos
significativos. Cf. Wittgenstein, Phil. Inv. p. 206 (al final). Y de nuevo, en Ia p. 193:
*Sus causas son de interés para los psicólogos. Nosotros estamos interesados en el
concepto y su Lugar entre los conceptos de la experiencia.*
8 8 N. R. Hanson
mente interpreto de una forma diferente lo que veo? Interpretar es
pensar, hacer algo; la visión es un estado de la experienciaz2. Las
formas diferentes en que esas figuras se ven no se deben a que
detrás de las reacciones visuales existan diferentes pensamientos.
¿Qué significado podría tener el término «espontáneo» si estas
reacciones no son espontáneas? Cuando la escalera «se invierte* lo
hace espontáneamente. Uno no piensa en algo especial; no se
piensa en absoluto. No se interpreta. Simplemente se ve, ahora
una escalera vista desde arriba, ahora una escalera vista desde
abajo.
Sin embargo, el Sol no es una entidad que tenga una tal
perspectiva variable. ¿Qué tiene que ver todo esto con la sugeren-
cia de que Tycho y Kepler puedan haber visto cosas diferentes en
el Este, al amanecer? Evidentemente, los casos son diferentes. Pero
las figuras de perspectivas reversibles son ejemplos de las diferen-
tes cosas que se ven en la misma configuración, donde esta
diferencia no se debe a imágenes visuales diferentes ni a ~i nt erpre-
taciones* superpuestas a la sensación.
Fig. 2
Algunos verán en la figura 2 una anciana parisiense, otros una
joven (a la Toulouse-Lautrec)z3. Todas las retinas normales ureci-
ben» la misma imagen, y nuestras imágenes de datos sensoriales
deben ser las mismas, puesto que, si usted ve una anciana y yo una
Wirtgensrein, Phi l . Inz,. p. 212.
' "n Bo r i n~, Amer. Journ. Pqchol, XLII ( 1930) , p. 444 y cf. Allporr, Brir, Journ.
Psychol. XXI ( 1930) , p. 133; Leeper,J. Genet. Psychol. XLVI ( 1935) , p. 41; Srreet,
Gestalt Completions Test (Universidad de Colombia, T931); Dees y Gr i ndl e ~, Bri t ,
P~ychul . (1 947).
Patrones de descubrimiento 8 9
joven, las imágenes que dibujemos de lo que vemos pueden llegar
a ser geométricamente indistinguibles. (Algunos pueden verlo so-
lamente de una forma, no de ambas. Esto es como la dificultad que
tenemos para encontrar una cara en un rompecabezas que repre-
senta un árbol; una vez que hemos visto la cara, ya no podemos ver
el árbol sin ver también la cara.)
Cuando lo aue se observa es caracterizado de formas tan
diferentes como una «joven» y una «anciana», ¿no es natural decir
que los observadores ven cosas diferentes? ¿O es que «ver cosas
diferentes* debe significar solamente «ver diferentes objetos»?
Seguramente, éste es un sentido primario de la expresión. ¿Pero
no hay también un sentido en el que alguien que no puede ver a la
joven en la figura 2 ve algo diferente que yo que sí la veo? Claro
que hay tal sentido.
De forma similar, en el famoso dibujo de Kohler de la copa y
las carasz4 recibimos la misma imagen de datos sensoriales cortica-
les y retinales; si dibujáramos lo que vemos, nuestros dibujos
serían indistinguibles. Sin embargo, yo veo una copa y usted ve dos
hombres frente a frente. ¿Vemos la misma cosa? Claro que sí. Pero
también, de nuevo, podemos decir que no vemos la misma cosa.
(El sentido en el cual vemos la misma cosa empieza a perder su
interés filosófico.)
Yo dibujo mi copa. Usted dice: «esto es justamente lo que yo
veo, dos hombres que se miran fijamente». ¿Qué pasos hacen falta
para conseguir que usted vea lo que yo veo? ¿Es que la imagen
visual de uno cambia cuando la atención se desvía desde la copa
hacia las caras? ¿Cómo cambia? ¿Qué es lo que cambia? ¿Qué
puede cambiar? Nada óptico o sensorial se ha modificado, y, sin
embargo, uno ve cosas diferentes. Cambia la organización de lo
-
que uno vez5.
¿Como se describe la diferencia entre la jeune fille y la vieille
femme en la figura 2? Quizás no se puede describir la diferencia;
simplemente, la diferencia aparece por sí mismaz6. El hecho de que
dos observadores no han visto la misma cosa en la figura 2 se
manifiesta en su comportamiento. ¿Cuál es la diferencia entre
Kohler, Gertalt Prychology (Londres, 1929). Cf. su Dinamicr i n Prychology
(Londres, 1939).
«Mei n Gesichteseindruck hat sich geandert; -wie war er früher; wie ist er
j ent ? -Stelle ich ihn durch ei ne, genaue Kopi e dar -und ist das kei ne gute
Darstellung? -so zeigt sich kei ne Anderungn (Wittgenstein, Phil. Inv. p. 196).
aWas gezeigt werden kann, kann nicht werdenn (Wittgenstein, Tract a-
tus. 4. 1212).
90 N. R. Hanson
nosotros cuando usted ve la cebra negra con bandas blancas y yo la
veo blanca con bandas negras? No hay diferencia óptica alguna. Sin
embargo, puede haber un contexto (por ejemplo, en la genética de
la pigmentación animal) donde podría ser importante tal diferencia.
Un tercer grupo de figuras acentuaría aún más estos elementos
organizativos del ver y el observar. Su examen nos indicará cuántas
cosas más, que las que sugiere la «fórmula» están implicadas
cuando Tycho y Kepler presencian el amanecer.
¿Qué se representa en la figura 3? Las retinas y cortezas
visuales de usted son afectadas en la misma medida que las mías;
nuestras imágenes de datos sensoriales no diferirían. Seguramente,
todos podríamos hacer un boceto preciso de la figura 3. ¿Vemos la
misma cosa?
Fig. 3
Yo veo un oso trepando por la cara posterior de un árbol.
Cuando usted se da cuenta de esto, los elementos ¿adquieren
«armonía», coherencia, se organizan2'? Usted podría decir con
Wittgenstein: «no ha cambiado y, sin embargo, lo veo de otra
forma. .. » Entonces, j no es verdad que tiene «una 'organización'
muy particular? »
'' Este caso es diferente del de la fig. 1. Ahora puedo ayudar a un perceptor
«lento* trazando la silueta del oso. En la fig. 1 el perceptor o ve la perspectiva del
conjunto o no, aunque aquí incluso Wittgenstein hace algunas sugerencias d e cómo
se podría ayudar a verla; cf. Trartatus, 5. 5423, última línea.
I
' Wi t t genst ei n, Phil. Inv. p. 193. Helmholtz habla d e la función *integradora>
que convierte la figura en la aparición d e un objeto encontrado por un rayo visual
Patrones de descubrimiento 91
La organización en sí misma no se ve de la misma manera en
que se ven las líneas y los colores de un dibujo. En sí misma no es
una línea, una forma ni un color. No es un elemento que exista en / ,
el campo visual, sino más bien la manera en que se comprenden los \
elementos. El argumento no es un detalle más en un relato, ni la
melodía es una nota más. Y sin la existencia del argumento y la
melodía no quedarían unidos los detalles y las notas. De manera
similar, la organización de la figura 3 no es algo que se registre en
la retina junto con los demás detalles. Con todo, proporciona una
Fig. 4
Fig. 5
- -
(Phyr. Optik, vol. 111, p. 239). Esto tiene reminiscencias de Aristóteles, para quien la
visión consistía en emanaciones de nuestros ojos. Estas se aIargan, en forma de
tentáculos y tocan los objetos cuyas formas son «sentidas» en los ojos. [cf. De Caelo
(Oxford, 1928). 290a, 18; y Meteorologira (Oxford, 1928), 111, iv, 373b, 2. (También
Platón, Menón, Londres, 1869), 76 C-D.). Pero lo pone e n duda en Topica (Oxford,
1928), 105b, 6.). Teofrasto sostiene que «la visión se debe a los destellos ... que
desde los ojos se reflejan hacia los obj et os, (On the Senses, 26, trad. d e G. M.
Stratton). Herón escribe: .Los rayos que proceden d e nuestros ojos son reflejados
por los espejos ... que nuestra vista se dirige en Iínea recta procediendo de1 órgano
de la visión puede ser comprobado del siguiente modo* (Catoptrica, 1-5, trad.
Schmidt en Heronis Alexandrini Opera (Leipzig, 1899-1919).] Galeno es de la misma
opinión. También lo es Leonardo: nEl oj o envía su imagen al objeto ... la potencia
de la visión se extiende por medio d e ratos visuales ... (Norebooks, C: A: p. 135 v.b. y
p. 270 v. c.) De modo similar, Donne escribe en The Erstasy: <<Nuestros rayos oculares
se desviaron y ... las imágenes que obteníamos en nuestros ojos eran totalmente
propagación nuestra.,
Esta es la concepción de que toda percepción es realmente una especie d e cacto,
por ejemplo, las impresiones d e Descartes, y la analogía d e la cera. Compárese con:
«[Demócrito] explica [la visión] por la compresión del aire que media entre el oj o y
el objeto ... el cual queda así impreso .. *como si se obtuviera un molde de cera ...»
«Teofrasto íop. cit. 50-3). Aunque carece d e apoyo físico y fisiológico, la concep-
ción es atractiva en los casos en que las líneas parecen bruscamente obligadas a
adoptar un esquema inteligible para nosotros.
92 N. R. Hanson
Patrones de descubrimiento 93
estructura para las líneas y las formas. Si la organización faltara, nos
quedaríamos nada más que con una configuración ininteligible de
líneas.
¿Cómo llegan a organizarse las experiencias visuales? ¿Cómo es
posible la visión?
Consideremos la figura 4 en el contexto de la figura 5:
El contexto nos da la clave. En este caso algunas personas no
podrían ver la figura como un antílope. ¿Pueden ver un antílope en
la figura 4 las personas que nunca han visto un antílope, sino
solamente pájaros?
En el contexto de la figura 6, la figura puede verdaderamente
resaltar como un antílope. Incluso se podría aducir que la figura
vista en la figura 5 no es similar a la de la figura 6, aunque las dos
sean congruentes. ¿Podría haber algo más opuesto a una descrip-
ción sensorial de la visión?
Fig. 6
Fig. 7
Wittgenstein escribe, acerca de una figura similar al cubo de
Necker (figura 1): «Usted puede imaginar que ésta aparece en
diversos lugares de un libro de texto y que, cada vez que aparece,
el texto correspondiente la toma como una cosa distinta: aquí un
cubo de cristal, allí una caja abierta invertida, en otro lado como
una estructura de alambre de esa forma y en otro como tres
tableros formando un angulo sólido. En cada uno de estos casos, el
texto facilita la interpretación de la ilustración. Pero también
podemos ver la ilustración en un momento como una cosa y
después como otra. Así, la interpretamos, y la vemos como la
interpretamos.» 2B
Consideremos ahora la cabeza y los hombros de la figura 7:
El margen superior de la imagen corra la frente, de manera que la parte superior
de la cabeza no se ve. La barbilla, afeitada y brillantemente iluminada, está situada
justo encima del centro geométrico de la imagen. Un manto blanco ... cubre el
hombro derecho. La parte alta de la manga derecha aparece en la parte inferior
izquierda como una zona muy negra. El pelo y la barba están dibujados como en las
representaciones de Cristo que se hacían en la Baja Edad Media3'.
La apariencia apropiada de la ilustración se aclara por el con-
texto verbal en que aparece, y no es una ilustración de algo
determinado a menos que aparezca en semejante contexto. Del
mismo modo, deseo hablar y hacer ademanes en torno a la figura 4
para hacerle ver a usted el antílope, cuando sólo el pájaro se le ha
revelado por sí mismo. Debo proporcionar un contexto. El con-
texto es parte de la misma ilustración.
No se necesita, sin embargo, que dicho contexto sea estable-
cido explícitamente. A menudo es «inherente» al pensar, el imagi-
nar y el figurar. Estamos preparados31 para apreciar de ciertas
lbid p. 193. Cf. Helmholtz, Phys. Opt i k, vol. 111, pp. 4, 18 y Fichte
(Bestimmung des Mensrhen, ed. Medicus (Bonn, 1834), vol. 111, p. 326). Cf. también
Wittgenstein, Trart at us, 2. 0123.
" P. B. Porter, Amer. lourn. Psyrhol. LXVII (1954). 550
3' Hay muchosescritos deios psicólogos de la Gestalt sobre «set. y ['Aufgabe*. Sin
embargo son ignorados por muchos filósofos. Unos pocos artículos fundamentales son:
Ber, 1 Komgress Exp. Psyrhol., Giessen (1904); Bartlett, Bri t . Journ. Psyrhol. VI11
(1916). p. 222; George, Amer. Journ. Psyrhol. XXVIII (1917), p. 1; Fernberger,
Psyrhol. Monogr. XXVI (1919). p. 6; Zigles, Amer. Journ. Psyrhol. XXXI (I920), p.
273; Boring, Amer. Journ. Psyrhol, XXXV (1924), p. 301; Wilcox, Amer. Journ.
Psyrhol, XXXVI (1925), p. 324; Gilliland, Psyrhol. Bull. XXIV (1927), p. 622;
Gotschaldt, Psyrhol, Forsrh. X11 ( 1929, 1; Boring, Amer. Journ. ~ s ~ r h o l . XLlI
(1930), p. 444; Street, Gestalt Completion Test (Universidad de Columbia. 1931);
Ross y Schilder, J. Gen. Psyrhol. X (1934). p. 152; Hunt, Amer. Psyrhol. XLVIl
94 N. R. Hanson
1 maneras los aspectos visuales de las cosas. Los elementos de
nuestra experiencia no se agrupan al azar.
En la figura 8 un físico vería lo siguiente: un tubo de rayos-X
visto desde el cátodo. ¿Verían la misma cosa Sir Lawrence Bragg y ,
un niño esquimal al mirar el tubo de rayos-X? Sí y no. Sí, puesto
1
que perciben visualmente el mismo objeto. No, porque las formas
en que perciben visualmente son muy diferentes. La visión no es
solamente e l hecho de tener una experiencia visual; es también l a'
forma en la cual se tiene esta experiencia visual.
En la escuela, el físico ha visto este instrumento de metal y
cristal. Posteriormente, después de pasar años en la universidad e
investigando vuelve a fijar su mirada en el mismo objeto. ¿Ve en
este momento la misma cosa que veía antes? Ahora él ve el
instrumento en relación con la teoría de circuitos eléctricos, la
teoría termodinámica, la teoría de las estructuras metálica y crista-
lina, la emisión termoiónica, la transmisión, la refracción y la
difracción ópticas, la teoría atómica, la teoría cuántica y la relativi-
dad restringida.
Contrástese la opinión que un estudiante de primer curso tiene
acerca de la universidad con la que tiene su viejo profesor.
Compárese el primer vistazo que un hombre echa al motor de su
coche con el que echa después de diez exasperantes años.
Puede contestarse: «Admitido, uno aprende todas estas cosas,
pero cada una de ellas figura en la interpretación que da el físico de
lo que ve. Aunque el profano ve exactamente lo mismo que ve el
físico, no puede interpretarlo del mismo modo porque no ha
aprendido tanto. »
¿Está haciendo el físico algo más que ver? No; él no hace nada
diferente de lo que hace el profano cuando ve el tubo de rayos-X.
¿Qué está haciendo usted al leer estas palabras? ¿Está usted inter-
pretando las señales que aparecen sobre la página? <Cuándo podría
ser natural esta manera de hablar? ¿Vería un niño pequeño lo que
ve usted aquí, cuando usted lee palabras y frases mientras que él ve
marcas y líneas? Uno no hace nada aparte de mirar y ver cuando
( 1935). p. 1; Süpola, P ~ ~ c h o / . Monogr. XLVI ( 1935). pp. 210, 27; Gibson, Prycho/.
Bu/ / XXXV111 (1941). p. 781; Henle,]. Exp. Prycho/. XXX (1942). p. 1; Luchins,J.
Soc. PrychO/. XXI (1945). p. 257; Wertheimer, Productive Thi nki ng (1945); Russell
Davis y Sinha, Quart J. Exp. Prycho/. (1950); Hall, Quart . J. Exp. Prycho/. II (1950),
D. 153.
. -
La filosofía no tiene ningún interés en los hechos, sino sólo en los asuntos
conceptuales (cf. Wittgenstein, Tractatur, 4. p. 11 1); pero la lectura de estos veinte
artículos no podría sino mejorar los análisis de la percepción.
Patrones de descubrimiento
Fig. 8
esquiva bicicletas, mira a un amigo o nos damos cuenta de que ha
entrado un gato al iardín.
«El físico y el profano ven la misma cosa -se objeta- pero no
infieren la misma cosa a partir de lo que ven.» El profano no puede
inferir nada. Esto no es solamente una figura de lenguaje. Yo no
puedo inferir nada de la palabra árabe que designa al gato, aunque
mi impresión puramente visual puede ser indistinguible de la del
árabe que sí puede. Debo aprender árabe para poder ver lo que él
ve. El profano debe aprender física para poder ver lo que ve el
f" ISICO.
Si se quiere encontrar un caso paradigmático de visión, sería
rneior considerar como tal. no la a~rehensi ón visual de las manchas
de color, sino cosas como ver qué hora es, en qué clave está escrita
una pieza musical y si está desinfectada una herida32.
Pierre Duhem escribe:
Entre en un laboratorio, acérquese a una mesa atestada de aparatos, una batería
eléctrica, alambre de cobre con envoltura de seda, pequeiias cubetas con mercurio,
bobinas, un espejo montado sobre una barra de hierro; el experimentador está
" A menudo, #¿qué es l o que usted ve?» sólo plantea la cuestión #¿puede usted
identificar el objeto que hay ante usted?* Esto, está más destinado a comprobar
nuestro conocimiento que a probar nuestra vista
96 N. R. Hanson
El visitante debe aprender algo de física antes de que pueda ver
lo que el físico ve. Sólo entonces el contexto pondrá de relieve
I j I
aquellas características de los objetos que tiene ante él y en las
+,
cuales el físico ve indicadores de resistencia. 1;
insertando en pequeñas aberturas los extremos metálicos de unas clavijas con cabeza
de ebano; el hierro oscila y el espejo sujeto a él envía una señal luminosa sobre una
escala de celuloide; los movimientos de vaivén de esta mancha luminosa permiten al
físico observar las pequeñas oscilaciones de la barra de hierro. Pero pregúntele qhé
está haciendo. ¿Le contestará uestoy estudiando las oscilaciones de una barra de
hierro que transporta un espejo*? No, dirá que está midiendo la resistencia
eléctrica de las bobinas. Si usted se queda atónito, si usted le pregunta qué significan
sus palabras, qué relación tienen con los fenómenos que ha estado observandq y
que usted ha advertido al mismo tiempo que él, le contestará que su pregunta
'
requiere una larga explicación y que usted debería seguir un curso de e l e ~t r i c i da d~~.
aunque esto será penosamente obvio para un músico experto. (El
cual, dicho sea de paso, no oirá los tonos e interpretará que están
r 1
1 l
Esto ocurre en toda visión. Se dirige raramente la atención al
i r
espacio que queda entre las hojas de un árbol, salvo cuando un
l b
Keats nos lo muestra34. (Considérese también todo lo que había
1
implicado en el hecho de que Robinson Crusoe viera una pisada en
1
'"uhem, La théorie physique (París, 1914), p. 218.
" Los poetas chinos aprecian el significado de los urasgos negativos*, como el
hueco de un recipiente d e arcilla o el vacío central del centro de una rueda [cf.
Waley, Three Ways of Thought in Ancient Chi na (Londres, 1939), p. 1551.
la arena.) Nuestra atención se fija de la forma más natural en los
objetos y en los sucesos que dominan el campo visual. Qué
indiferenciada, atronadora y abigarrada confusión sería nuestra vida
visual si todos nos levantáramos un día sin que nuestra atención
fuese capaz de fijarse solamente en lo que hasta entonces habíamos
35 Los niños no discriminan; conceden el mismo valor a los espacios, las
relaciones, los objetos y los sucesos. Deben aún aprender a organizar su atención
visual. La claridad fotográfica de sus reacciones visuales no es suficiente por sí
misma para diferenciar los elementos de sus campos visuales. Contrástese con lo
que ha dicho recientemente W. H. Auden sobre el poeta que es abombardeado por
un flujo de variadas sensaciones, que le volverían loco si se apoderara de todas. Es
imposible imaginar cuánta energía tenemos que gastar cada día para no ver, no oír,
no oler, no reaccionar*.
I
J6 Cf *El era ciego a la expresión de una cara. En esta narración, jsería
defectuosa su vista?* (Wittgenstein, Phi l , Inv. p. 210). Y: debido a que su vista
li
no ve y su oído no oye, tampoco comprenden* (San Mateo, XIII. 10-13).
'r '
] i
l
pasado por alto35.
f
El niño y el profano pueden ver; no son ciegos. Pero no
pueden ver l o que el físico ve; son ciegos para lo que él ve38.
Nosotros puede que no apreciemos que un oboe está desafinado,
patrones de descubrimiento 97
desafinados, sino que simplemente oirá que el oboe está
d e ~ a f i n a d o ~ ~ . Nosotros simplemente vemos qué hora es; el ciru-
jano simplemente ve que una herida está desinfectada; el físico ve
que el ánodo del tubo de rayos-X está excesivamente caliente.) Los
elementos del campo visual del visitante, aunque son idénticos a
los del físico, no están organizados como los de éste; ambos
aprehenden las mismas líneas, colores y formas, pero no de la
misma manera. Hay un número ilimitado de maneras en las que se
puede ver un conjunto de líneas, formas y manchas. Por qué una
forma visual se ve de maneras diferentes es una cuestión de
psicología, pero el hecho de que puede verse de manera diferente es
importante en cualquier examen que se haga de los conceptos de
visión y observación. Aquí, como Wittgenstein habría dicho, lo
psicoló~ico es un símbolo de lo lógico.
Usted ve un pájaro, yo veo un antílope; el físico ve un tubo de
rayos-X, el niño una lámpara complicada; el histólogo ve coelente-
rata meroglea, el joven estudiante ve solamente un material informe
y pegajoso. Tycho y Simplicio ven un Sol que se mueve; Kepler y
Galileo ven un Sol estático38.
Puede objetarse: «Cada persona, cualquiera que sea su estado
de conocimiento, verá en la figura 1 una caja o un cubo, desde
arriba o desde abajo.» Cierto; casi todas las personas, sea un niño,
un profano o un físico, verán de una forma u otra la figura como
algo parecido a una caja. Pero, ¿podrían hacer observaciones como
esas,personas que fueran ignorantes de la construcción de objetos
parecidos a cajas? No. Esta objeción simplemente nos demuestra
que la mayor parte de nosotros -si excluimos a los ciegos, los
bebés y los débiles mentales- hemos aprendido lo suficiente para
ser capaces de ver esa figura como una caja tridimensional. Esto
revela algo acerca del sentido en el que Simplicio y Galileo ven la
misma cosa (lo cual nunca he negado): los dos ven un cuerpo
celeste brillante. Tanto el escolar como el físico ven que el tubo de
rayos-X se hará pedazos si se deja caer. El exámen de cómo
37 «ES hort doch jeder nur, was er versteht» [Goethe, Ma x i m~ (Werke, Weimar,
1887-1918)l.
" El profesor H. H. Price ha afirmado en contra de esto: <<Con toda seguridad,
para ambos el sol asciende, se mueve hacia arriba, atravesando el horizonte ...
ambos ven un sol que se mueve: ambos ven un cuerpo redondo y brillante que
parece elevarse.» Philip Frank responde: . «Nuestra observación sensorial sólo
muestra que por la mañana crece la distancia entre el horizonte y el sol, pero no nos
dice si es el sol el que asciende o si el horizonte desciende ... D [Modern Science and
its Philosophy (Harvard, 1949, p. 231.1 Precisamente. Para Galileo y Kepler el
horizonte cae; para Simplicio y Tycho el sol asciende. Esta es la diferencia que
olvida Price, y que ocupa un lugar central en este ensayo.
98 N. R. Hanson
Patrones de descubrimiento 99
diferentes observadores ven cosas diferentes en x pone de relieve
algunas cosas de interés en cuanto al ver la misma cosa cuapdo
miran a x. Si ver cosas diferentes implica la posesión de conoci-
mientos y teorías diferentes acerca de x, entonces, cuando ven la
misma cosa debe tomwse, quizás, como que los diferentes obser-
vadores comparten conocimientos y teorías acerca de x. Bragg y el
bebé no comparten ningún conocimiento acerca de los tubos de
rayos-X. Ellos ven la misma cosa sólo en cuanto que, al mirar a x,
ambos tienen una cierta experiencia visual de ella. Hay una con-
cordancia mayor entre las visiones de Kepler y Tycho: ellos ven la
misma cosa en un sentido más fuerte. Sus campos visuales están
organizados de un modo mucho más similar. Ninguno ve el Sol
próximo a romper en una mueca, o próximo a romperse en cubos
de hielo. (El niño no está preparado siquiera contra estas eventuali-
dades.) Hoy día la mayoría ve la misma cosa al amanecer en un
sentido más fuerte todavía: compartimos mucho conocimiento
acerca del Sol. De aquí que Kepler y Tycho vean cosas diferentes
y, no obstante, vean la misma cosa. Que estas cosas puedan decirse,
depende de su conocimiento, experiencia y teorías.
Kepler y Tycho son al Sol lo que nosotros somos a la figura 4,
en relación con la cual yo veo el pájaro y usted sólo ve el antílope.
Los elementos de sus experiencias son idénticos; pero su organiza-
ción intelectual es muy diferente. ¿Pueden tener sus campos
visuales una organización diferente? Entonces, ellos pueden ver
cosas diferentes en el Este al amanecer.
Es precisamente el sentido en el que Tycho y Kepler no
observan la misma cosa el que debe tenerse en cuenta cuando se
trata de entender los desacuerdos que existen dentro de la microfí-
sica. La física fundamental es, primordialmente, una búsqueda de
inteligibilidad; es una filosofía de la materia. Solamente de manera
secundaria es una búsqueda de objetos y hechos (aunque los dos
cometidos son uña y carne). Los microfísicos buscan nuevos modos
de organización conceptual. Si esto se consigue, se producirá el
hallazgo de nuevas entidades. Rara vez descubre oro quien no ha
explorado bien el terreno.
Es demasiado fácil decir que Tycho y Kepler, Simplicio y
Galileo, Hooke y Newton, Priestley y Lavoisier, Soddy y Einstein,
De Broglie y Born, Heisenberg y Bohm hacen las mismas observa-
ciones pero las utilizan de forma diferente39. Esto no explica las
"' Esto se asemeja a la demadiado fácil doctrina epistemológica que afirma que
todos los observadores ven la misma cosa en x, pero la interpretan de modo
diferente.
controversias existentes en las ciencias en proceso de búsqueda.
Si no hubiera ningún sentido en el que las observaciones
fueran diferentes, no podrían ser usadas de forma diferente.
Esto puede dejar perplejo a más de uno: es una cosa bas-
tante seria el decir que a veces los investigadores no perciben
los datos del mismo modo. Sin embargo, es importante darse
cuenta de que destacar diferencias en datos, elementos de juicio y
observaciones puede requerir algo más que el simple gesticular
ante los objetos observables. Puede requerir una revaluación
amplia de nuestros temas lo cual puede ser difícil, pero ello no
debe ocultar el hecho de que es lo mínimo que se puede hacer.
En cierto sentido, entonces, la visión es una acción que lleva
una «carga teórica». La observación de x está moldeada por un
conocimiento previo de x. El lenguaje o las notaciones usados para
expresar lo que conocemos, y sin los cuales habría muy poco que
~u di e r a reconocerse como conocimiento. eiercen también influen-
, ,
cia sobre las observaciones. Pasaremos a examinar estas nuevas
influencias 40.
Con ello no quiero decir que identifique ver con ver como. Así,
ver un tubo de rayos-X no es ver un objeto de metal y cristal como
si fuera un tubo de rayos-X41. Sin embargo, ver un antílope y ver
un objeto como si fuera un antílope tienen mucho en común. Se
puede discernir algo acerca del concepto de ver a partir del análisis
de los usos de N. .. ver... como...». Wittgenstein es muy reacio a
aceptar esto42, pero las razones que da no son claras para mí, por el
contrario, la lógica de «ver como» parece aclarar el caso general de
la percepción 43. Consideremos de nuevo ia pisada en la arena. En
'O Cf. el importante artículo de Carmichael, Hogan y Walter, «An Experimental
Study of the Effect of Language on the Reproduction of Visually Perceibed Form»,
J. Exp. Pryrhol. XV (1932). pp. 73-86. [Cf. también Wulf, Beitrage zur Psyrhologie der
Gertalt. VI. s<Uber die Veranderung von Vorstellungen (Gedachtnis und Gestalt).s
Pryrhol. Forrrh. 1 (1921), pp. 333-73.1 Cf. también Wittgenstein, Trartatur, 5, p. 6;
5, 61.
'' Wittgenstein, Phil. Inu. p. 206.
42 n'ver como ...' no es parte de la percepción. Y por esa razón, es como ver y
también no lo es. (lbid. p. 197).
'' «Todo ver es ver como.. . si una persona ve algo, esto, para él, debe parecerse
a algo . o [G. N. A. Vesey, ~Seei ng and seeing as., Proc. Arirtotefian Sor. (1956).
p. 114.1
1 O0 N. R. Hanson
Patrones de descubrimiento 101
este caso, todas las características organizativas de ver como resaltan
claramente, en ausencia de un *objeto». Podemos incluso imaginar
casos en que «él ve esto como una pisada» podría ser una forma de
referirse a la aprehensión que otra persona realiza de lo que
realmente es una pisada. Así, aunque no identifique, por ejemplo,
la visión de Hamlet de un camello en las nubes, con su visión de la
calavera de Yorik, todavía queda algo por aprender acerca de esta
última por la observación de lo que está operando en la primera.
Existe, no obstante, un elemento adicional en la visión y en la
observación. Si la etiqueta «ver como» ha perfilado ciertas caracte-
rísticas de esos conceptos, «ver que ... » puede perfilar algunas más.
Ver un oso en la figura 3 es ver que, si rodeáramos al «árbol»,
apareceríamos por detrás del animal. Para Tycho y para Simplicio
l
1 1 ver el amanecer era ver que el brillante satélite de la Tierra estaba
comenzando su circuito diurno alrededor de nosotros, mientras
que para Kepler y para Galileo ver el amanecer era ver que la
Tierra, en su giro, les volvía a poner bajo la luz de nuestra estrella
vecina. Examinemos «ver que» en esos ejemplos. Puede que sea el
I I
elemento lógico que conecta el hecho de observar con nuestro
1 ~
conocimiento y con nuestro lenguaje.
Por supuesto, hay casos en que los datos son confusos y en que
I 1
quizás no tengamos una clave que nos guíe. Cuando miramos por
~ ~
el microscopio, a veces informamos de una manera poco brillante y
fenoménica sobre las sensaciones experimentadas: «con esta luz se
I I
ve verde; las áreas oscuras marcan el contorno...». De la misma
1
manera, también el físico puede decir: «la aguja oscila y hay un
débil rayo cerca de la parábola de neón. En la superficie de la placa
catódica aparecen centelleos...». Negar que éstos son casos genui-
~ ~
nos de ver, incluso de observar, no tendría sentido, de la misma
1 1
manera que tampoco tendría sentido sugerir que son los únicos
1 l
casos genuinos de ver.
Sin embargo, esos ejemplos son exagerados. El lenguaje de las
formas, de las manchas de color, de las oscilaciones y de las lec-
turas de los aparatos de medida es apropiado para las situaciones
~
experimentales no aclaradas, en las que puede predominar la
confusión o, incluso, el embrollo conceptual. Puede ser que el
observador no sepa l o que está viendo: intenta solamente que sus
l
observaciones sean coherentes con la base de un conocimiento
establecido. Esta forma de ver es la meta de la observación. La
I
nueva investigación se conduce en estos términos, y no en térmi-
nos de una visión «fenoménica». Todo físico que se ve forzado a
observar sus datos como si estuviera en la consulta de un oculista
l
se encuentra en una situación especial, no acostumbrada. Está
obligado a olvidar todo l o que conoce y tiene que contemplar los
sucesos como si fuera un niño. Estos casos no son típicos, aunque a
veces sean muy espectaculares.
Registrar primero las observaciones y después buscar conoci-
miento de ellas nos ofrece un modelo simple de cómo la mente y
el oj o se adaptan mutuamente. Sin embargo, no es en modo alguno
simple la relación que existe entre la visión y el cuerpo de nuestro
conocimiento.
¿Qué es ver cajas, escaleras, pájaros, antílopes, osos, copas,
tubos de rayos-X? Es (al menos) tener algún tipo de conocimiento.
(Los robots y las células fotoeléctricas son ciegos, por muy eficaz-
mente que reaccionen ante la luz. Las cámaras fotográficas no
pueden ver.) Es ver que, si se hicieran ciertas cosas a los objetos
que tenemos delante de nuestros ojos, resultarían otras cosas
distintas. ¿Cómo consideraríamos la información que nos da un
hombre de que ve x, si sabemos que no conoce ningún x ?
Exactamente de la misma manera que consideraríamos la informa-
ción que nos diera un niño de cuatro años si nos dijera que ve una
lluvia de mesones. «Smith ve x» sugiere que Smith podría especifi-
car algunas cosas relativas a x. Ver un tubo de rayos-X, es, al
menos, ver que , si se deja caer sobre una piedra, se hará pedazos.
Ver una copa es ver algo con el interior cóncavo. Puede que
estemos equivocados, pero no l o estaremos siempre; no l o estare-
mos ni siquiera normalmente. Además, los engaños suceden en
términos de lo que es normal u ordinario. Puesto que el mundo no
es un conjunto de tretas de prestidigitadores, pueden existir pres-
tidigitadores. Puesto que la lógica del «ver que» es una parte íntima
del concepto de visión, a veces nos restregamos los ojos ante las
ilusiones.
«Ver como» y «ver que» no son componentes de la visión en la
misma medida en que las barras y los cojinetes son parte de los
motores; la visión no es compuesta. Con todo se pueden plantear
cuestiones lógicas. ¿Qué debe haber ocurrido, por ejemplo, para
que describamos a un hombre como habiendo encontrado un
botón de cuello de camisa o visto un bacilo? A menos que haya
tenido una sensación visual y supiera lo que es un bacilo (y cuál es
su aspecto), no diríamos que ha visto un bacilo, excepto en el
sentido en que un niño puede ver un bacilo. «Ver como» y «ver
que*, por tanto, no son componentes psicológicos de la visión. Son
elementos lógicamente distinguibles del lenguaje sobre la visión,
según el concepto que nosotros tenemos de ésta.
Ver la figura 1 como una caja transparente, un cubo de hielo o
un bloque de cristal es ver que tiene seis caras, doce aristas y ocho
vértices. Sus vértices son ángulos sólidos rectos; se podrían cons-
truir con un material rígido o semi-rígido pero no con una materia
líquida o gaseosa tal como aceite, vapor o llamas. Sería tangible.
Ocuparía espacio de una manera exclusiva, siendo localizable aquí,
allí o en cualquier ot ro lugar. No dejaría de existir cuando parpa-
deáramos. Verlo como un cubo es simplemente ver que se dan
todas esas cosas.
Conocimiento es saber qué clase de cosas denotan «caja» o
«cubo» y conocer algo acerca de los materiales con que puede
hacerse tal entidad. «Cajas transparentes» o «cubos de cristal» no
expresarían lo que se vio si fuese negada alguna de estas considera-
ciones adicionales. Ver un pájaro en el cielo implica ver que no
caerá en barrena repentinamente; y esto es más de lo que aprecia la
retina. Podríamos estar equivocados. Pero ver un pájaro, incluso
momentáneamente, es verle en todos estos aspectos. Como diría
Wisdom, cada percepción implica una etiología y una p r o g n ~ s i s ~ ~ .
Los que teorizan sobre los datos sensoriales acentúan cómo
podemos equivocarnos en nuestras observaciones, como cuando
llamamos «pájaros» a los aeroplanos. Así, buscan en qué estamos
en lo cierto, incluso en estos casos. El preocuparse por este
problema oscurece otro, como es el de describir todo lo que está
implicado cuando estamos en lo cierto acerca de lo que decimos
que vemos; y, además, esto ocurre muy a menudo. Su preocupa-
ción por los errores conduce a los fenomenalistas a retratar un
mundo en el cual normalmente nos engañamos; pero el mundo de
la física no es como éste. Si un físico, en una situación normal, en
el laboratorio reaccionarzante su entorno visual con una respuesta
meramente referida a datos sensoriales (como lo haría un niño o un
idiota), pensaríamos que está loco. Pensaríamos que no está viendo
lo que hay a su alrededor.
«Ver que» inserta conocimiento dentro de nuestra visión; nos
libra de reidentificar cada cosa que encuentran nuestros ojos;
permite al físico observar los nuevos datos como físico y no como
una cámara fotográfica. No preguntamos «¿qué es eso?» ante cada
bicicleta que pasa delante de nosotros. El conocimiento está en
la visión y no es algo adjunto a ella. (La trama del tejido está en la
prenda y no es hilvanada sobre ella en una operación auxiliar). Muy
raras veces nos sorprendemos añadiendo conocimiento a lo que
reciben nuestros ojos. Ver esta página como algo que tiene una
patrones de descubrimiento 103
cara opuesta no requiere un gran esfuerzo y, sin embargo, no hay
nada óptico que nos garantice que, cuando demos vuelta la página,
no habrá dejado de existir. Esto no es más que' una nueva forma de
decir que la visión normal es corregible, l o cual l o admitirá todo el
mundo sin ningún problema. La búsqueda de una visión incorregi-
ble ha llevado a algunos filósofos a negar que pueda verse algo
diferente de lo incorregible.
Ver un objeto x es ver que este objeto puede comportarse
según sabemos que se comportan los objetos x; si el comporta-
miento del objeto no concuerda con lo que esperamos de un x, nos
veremos obligados a no verlo, en adelante, como un x. Ahora bien,
raramente vemos un delfín como un pez, la Tierra como si fuera
plana, el cielo como un cuenco invertido o el Sol como nuestro
satélite. «...Lo que percibo como el despuntar de un aspecto no es
una propiedad del objeto, sino una relación interna que existe
entre él y los otros objetos45.» Ver en la figura 8 un tubo de
rayos-X es ver que, si se colocara debajo de él una lámina
fotosensible, recibirá radiación. Es ver que el blanco alcanzará una
temperatura extremadamente elevada y que, puesto que no tiene
camisa de agua, debe estar hecho de un metal que tenga un punt o
de fusión muy elevado, molibdeno o tungsteno. Es ver que, cuando
se alcance un alto voltaje, aparecerá en el ánodo una fluorescencia
verde. ¿Podría un físico ver un tubo de rayos-X sin ver que se
darían todas estas cosas? ¿Podría una persona ver algo como una
lámpara de luz incandescente y no ver que es el filamento el que se
enciende hasta el rojo blanco? La respuesta puede ser a veces «sí»,
pero esto solamente nos indica que «t ubo de rayos-X» y «lámpara
incandescente» pueden significar cosas diferentes. Dos personas
enfrentadas a un mismo x pueden entender por x cosas diferentes.
Cuando dicen «veo x » ¿significa que ven la misma cosa? Un niño
puede repetir «tubo de rayos-X» o «Kentucky» o «Winston»
cuando se le enfrenta con la mencionada figura pero no vería que
otras cosas derivan de aquélla. Y esto es l o que el físico sí ve.
Si Tycho solamente ve el Sol en el disco brillante que percibe,
no puede ver sino que éste es un cuerpo que se comportará d e
maneras característicamente «tychonianas». Estas sirven como fun-
damento a las teorías geocéntricas y geostáticas generales que
Tycho formuló sobre el s,ol. No se han impuesto a sus impresiones
visuales como una interpretación en tándem; están «en la visión».
44 <<¿Llevar colgada una medalla es simplemente llevar colgado un trozo de
metal?,, [Wisdom, «Gods, , Pror. Aristoteiian Sor. í 1944-5 ).]
Wittgenstein, Phrf. l nv. p. 212. Cf. Trart at us 2. 0121. Cf. también Helm-
holtz, Phys. Opt i k, vol. 111, p. 18.
104 N. R. Hanson
patrones de descubrimiento 105
(Así, también, la interpretación de una pieza musical está en la
música. ¿En qué otro sitio podría estar? No es algo sobrepuesto al
sonido puro y no adulterado.)
De forma similar, vemcs la figura 1 tanto desde abajo como
desde arriba, o como un diagrama de un laberinto o como un
proyecto de tallado de piedra preciosa. Como quiera que se
interprete, la interpretación está allí, en la visión. Nos atreveríamos
a decir que «la interpretación es la visión>>. El hilo y su ordena-
miento es la trama, el sonido y su composición es la música, el color
y su disposición es la pintura. No hay dos operaciones cuando yo
veo la figura 1 como un cubo de hielo; simplemente la veo como un
cubo de hielo. Análogamente, el físico ve un tubo de rayos-X, no
en un proceso complejo en el que primero absorbe la luz'reflejada
para consolidar después una interpretación, sino simplemente pro-
cede como usted cuando ve esta página que está ante sus ojos.
Tycho ve el Sol comenzando su viaje desde un horizonte al
otro. Ve que desde un punto celestial estratégico puede observarse
el Sol (llevando consigo a la luna y a los planetas) circundando
nuestra Tierra fija. Si miráramos el Sol al amanecer a través de las
gafas de Tycho, lo veríamos de una forma muy parecida a ésa.
Sin embargo, el campo visual de Kepler tiene una organización
conceptual diferente. No obstante, el dibujo de lo que él ve al
amanecer sería un dibujo exacto de l o que Tycho vio46, y podría
ser reconocido como tal por Tycho. Pero Kepler verá que el
horizonte se sumerge o se aparta de nuestra estrella vecina fija. El
cambio existente entre la ascensión del Sol y el giro del horizonte
es análogo al fenómeno de cambio de aspecto ya considerado; se
debe a las diferencias entre lo que Tycho y Kepler piensan que
conocen.
Estas características lógicas del concepto de visión son inextrica-
bles e indispensables para la observación en la investigación física.
¿Por qué indispensable? Una cosa es que los hombres vean de
una forma que permita el análisis de los factores en «ver como» y
«ver que»; «indispensable», sin embargo, sugiere que el mundo
debe ser visto así. Esta es una afirmación más fuerte y requiere
Las dos figuras podrian ser geométricamente idénticas si se dibujan en papel
cuadriculado. Cf. uSi las dos 'apariencias's diferentes de una figura reversible fueran
en realidad cosas (ucuadrosn), podríamos concebirlas proyectadas sobre una pantalla
desde nuestra mente, una al lado de la otra, y distinguibles. Pero las únicas imágenes
sobre la pantalla que podrían servir como proyecciones de las dos 'apariencias'
diferentes serían idénticas* [G. N. A. Vesey, uSeeing and seeing as», Pror.
Aristotelian Sor. ( 1956)l.
una argumentación igualmente fuerte. Digámoslo de otra manera:
la observación en física no es un encuentro con destellos, sonidos y
sacudidas poco familiares e inconexos, sino más bien un encuentro
calculado con éstos como destellos, sonidos y sacudidas de una
clase particular; esto podría figurar en una descripción de lo que es
la observación. No es seguro, sin embargo, que la observación no
pudiera ser de otra manera. En este momento es necesario este
último tipo de argumentación; con ella se debe establecer que una
descripción alternativa sería, no solamente falsa, sino absurda.
Pasemos a verlo.
Afortunadamente, no vemos el Sol y la Luna como vemos los
puntos de color y luz en el consultorio del oculista; tampoco ve el
físico su equipo de laboratorio, su escritorio o sus manos en la
confusa manera que puede contemplar una fotografía hecha en una
cámara de niebla o las figuras de un oscilógrafo. En muchos casos
podríamos dar más información acerca de la clase de cosa que
vemos. Esta puede expresarse en una lista: por ejemplo, que x se
rompería si se cayese, que x es hueco, y así sucesivamente.
Ver la figura 3 como un oso subiéndose a un árbol es ver que
son posibles observaciones adicionales; podemos imaginar al oso
observado desde un lado o desde atrás. En realidad, ver la figura 3
como un oso es simplemente haber visto que podrían realizarse
simultáneamente todas estas otras observaciones. Es, también, ver
que no son posibles ciertas observaciones: por ejemplo, el oso no
puede estar agitando una garra en el aire ni balanceando una pata.
También esto está «allí» en la visión.
«¿Se trata de ver y después pensar o es más bien una amalgama
de las dos cosas como casi me gustaría Sea 10 que fuese lo
que a uno le gustaría decir, es claro que en la visión de la figura 3
como un oso hay más de lo que la óptica, la fotoquímica o el
fenomenalismo pueden explicar 48.
Repárese en una característica lógica: «ver que» y «viendo
que» vienen siempre seguidos por cláusulas «oracionales». La
adición de sólo una letra mayúscula inicial y un punto final las
separa como oraciones independientes. Se puede ver un cubo de
'" Wittgenstein. Phil. lnv. p. 197.
'' «Sólo podemos saber de los datos sensoriales ... que están de acuerdo unos
con otros>> [Leibniz, Die Philosophisrhe Srhriften (Berlín, 1875-90), vol. IV, p. 3561.
106 N. R. Hanson patrones de descubrimienro 1 O7
hielo, o ver una cometa como un pájaro. Uno no puede ver «que
un cubo de hielo*, o no ver «que un pájaro». Esto no es debido a
limitaciones de la visión. Más bien uno puede ver, que los cubos de
hielo pueden fundirse; que los pájaros tienen los huesos «huecos*. Tycho
y Simplicio ven que el universo es geocéntrico; Kepler y Galileo ven
que es heliocéntrico. El físico ve que el ánodo de un tubo de rayos-X a
un alto voltaje aparecerá juorescente. Las frases que he escrito en
letras itálicas son unidades oracionales completas.
Imágenes y oraciones difieren en su tipo lógico, y los pasos que
median entre las imágenes visuales y los enunciados de lo que se ve
son muchos e intrincados. Nuestra conciencia visual es dominada
por imágenes; el conocimiento científico, sin embargo, es primor-
dialmente lingüístico. La visión es, casi diría, una amalgama de
imágenes y lenguaje. Al menos el concepto de visión abarca los
conceptos de sensación visual y c o n o ~i mi e n t o ~~.
El abismo entre imágenes y lenguaje localiza la función lógica
del «ver que». La visión es esencialmente pictórica, y el conoci-
miento fundamentalmente lingüístico. Ambos, visión y cono-
cimiento, son elementos indispensables del ver; pero las diferencias
entre las representaciones pictóricas y las lingüísticas pueden mar-
car diferencias entre los rasgos ópticos y conceptuales de la visión.
Esto puede servirnos para comprender mejor qué es «ver que».
No todos los elementos de un enunciado corresponden a los
elementos de una imagen: sólo quien no comprenda bien los usos
del lenguaje podría esperar que fuese de otra maneras0. Existe un
factor lingüístico en la visión, aunque no hay nada lingüístico en lo
que se forma en el oj o o en el oj o de la mente. Si no existiera este
elemento lingüístico, nada de l o que hubiéramos observado tendría
relevancia para nuestro conocimiento. No podemos hablar de
observaciones significantes: nada de lo que se ha visto tendría
sentido y la microscopía sería sólo una clase de caleidoscopia. Pues,
¿qué es que las cosas tengan sentido sino que las descripciones que
de ellas se hagan estén compuestas de oraciones significativas?
Debemos explorar la laguna que existe entre imágenes y len-
guaje, entre esbozar y describir, entre dibujar e informar. Sola-
mente se puede sugerir cómo «ver que» puede unirlos mostrando
cómo se diferencian pintar y hablar; y, para que las observaciones
i
'' Hablamos del fototropismo de los platelmintos, y sin embargo no ven. (Si los
perros hablaran, Descartes no los habría considerado como máquinas ciegas.)
50 En sus periodos de construcciones-lógicas, de *teoría pictórica, [del
significado], Russell [Logicaí Atomism (Minnesota, 1950)], Wittgenstein (Tractatus) y
Wisdom -Logical Const ruct i ons~ (Mind, 1931-4). pertenecen a esta clase.
sean significantes o dignas de mención esos términos deben estar
unidos.
Conocimiento es aquí conocimiento de lo que existe, tal como
se expresa objetivamente en libros, informes y ensayos. No nos
incumbe explicar cómo se hacen las cosas. Sé cómo se silba; pero
¿podría expresar este conocimiento por medio del lenguaje? ¿Po-
dría describir cómo sabe la sal, aunque sepa perfectamente cómo
sabe la sal? Sé cómo se controla un paracaídas; una gran parte de
este conocimiento se imparte en clases teóricas y prácticas, pero
una parte esencial de él no se imparte, sino que se «consigue sobre
el terreno)). Los físicos dependen de la «pericia», del «intuir» las
cosas, de la «apreciación» de las situaciones, puesto que estas cosas
controlan las directrices de la investigación. Sin embargo, tales
imponderables rara vez afectan al cuerpo de verdades físicas. NO
ha sido la penetración de Galileo, el genio de Newton y la
imaginación de Einstein lo que ha cambiado per se nuestro conoci-
miento de lo que existe, sino las verdades que han dicho. «El
conocimiento físico» quiere decir, por tanto, «lo que es expresable
en textos, comunicaciones y discusiones de física.» Aquí, estamos
interesados en el tema del savoir, no en el del savoir fairesl.
La «fundamentación» del lenguaje de la física, la parte más
próxima a la mera sensación, es una serie de enunciados. Los
enunciados son verdaderos o falsos. Las imágenes no tienen ningún
parecido con los enunciados: no son ni verdaderas ni falsas. No
obstante, lo que vemos puede determinar si enunciados tales como
«el sol está por encima del horizonte,, y «el cubo es transparenten
son verdaderos o falsos. Nuestras sensaciones visuales pueden «ser
expresadas» en formas lingüísticas; ¿de qué otra manera podrían
ser apreciadas en términos de l o que conocemos? Hasta que dichas
sensaciones no son apreciadas de esta forma, no constituyen obser-
vación: se asemejan más a la confusión de un mareo o a la distraída
visión de una mirada fija y sin objeto a través de una ventanilla de
tren52. El conocimiento del mundo no es un montaje de piedras,
palos, manchas de color y ruidos, sino un sistema de proposiciones.
La figura 8 de la página 95 no dice nada. Podría ser imprecisa,
pero no podría ser una mentira. Aquí radica la diferencia entre
imágenes y lenguaje.
5' «'Conocerlo' significa solamente: ser capaz de describirlon (Wittgenstein,
Phii. Inv. p. 185).
«YO miraba la flor, pero estaba pensando en otra cosa y no era consciente de
su color ... la miraba sin verla...>) fibid. p. 21 1). La historia de la física proporciona
más ejemplos, cf. Capítulos 11, I V y VI.
108
1 1 1 1
N. R. Hanson
l
Cf. Kant: <<La intuición sin conceptos es ciega ... Los conceptos sin intuición
l
son vacíos.» En realidad, j cómo es posible la *interpreiación» d e un dato sensorial
visual puro?
i "
8 8
54 Cf. Wittgenstein, Trartatus. 2. 1-2, 2 y 3-3. 1.
l I
I i l ~
1
patrones de descubrimiento
109
i l ~ I
Significancia, refevancia. Estas nociones dependen de lo que ya
conocemos. Los objetos, los sucesos y las imágenes no son intrín-
secamente significantes o relevantes. Si la visión fuera solamente
un proceso óptico-químico, nada de lo que viéramos sería rele-
vante para lo que conociéramos y nada de lo conocido podría tener
significación para lo que vemos. La vida visual sería ininteligible; a
sonrisa de Mona Lisa, pero no su risa. Sin embargo, el lenguaje es
más versátil. Existe aquí una desemejanza entre la pintura y el
discurso que crecerá hasta romper la descripción ofrecida hace
algún tiempo por Wittgenstein, Russell y Wisdom. El lenguaje
puede encapsular escenas y sonidos, dientes y gruñidos, sonrisas y
risas; una pintura o un gramófono pueden hacer una cosa o la otra
pero no ambas. Las pinturas y las grabaciones representan las cosas
al poseer ciertas propiedades del mismo original. Imágenes,
reflexiones, pinturas o mapas duplican las propiedades espaciales
de lo que evocan, reflejan, pintan o representan; las grabaciones de
gramófono reproducen propiedades audio-temporales. Las oracio-
nes no son así. No representan cosas en virtud de la posesión de
ciertas propiedades del original: no reemplazan a nada. Pueden
formular lo que sucede o puede suceder. Pueden ser usadas para
hacer aseveraciones, descripciones, suministrar narraciones, infor-
mes, etc., ninguno de los cuales depende de la posesión de algunas
propiedades en común con aquello a l o que se refiere la oración.
No se necesita escribir «EL OSO es mayor que su CRIA» para mostrar
lo que se quiere decir.
Imágenes, reflejos, cuadros y mapas copian de hecho los origi-
nales con un grado diferente de exactitud. Un reflejo especular de
1
~
King's parade-no copia en el mismo sentido que lo hace un dibujo
en carboncillo, y ambos difieren de la representación de K. P.
sobre un mapa de Cambridge y del dibujo de un urbanista. Cuando
i 1 la vida intelectual le faltaría un aspecto visual. El hombre sería una
'
~
computadora ciega acoplada a una placa fotográfica sin cerebro53.
Las imágenes, a veces, copian originales. Sin embargo, todos los
elementos de una copia tienen el mismo tipo de función. Las líneas
1
representan elementos del original. La ordenación que tienen los
más es un mapa a un reflejo especular menos útil es el
mapa. Los dibujos son copias del original en menor grado que lo
son las fotografías. De una forma osuna toscamente dibujada se
puede decir «esto es un oso» o «se supone que esto es un oso*. Lo
mismo ocurre con los mapas; de un punto dibujado en un mapa se
dice «esto es Cambridgen o cesto representa a Cambridgep.
El lenguaje no copia en absoluto o copia menos. Hay palabras
excepcionales como «zumbido», «retintín», «izas!», pero sólo
elementos de la copia muestra la disposición que tienen los ele-
111
mentos en el original. Copia y original son del mismo tipo lógico;
usted y su reflexión son del mismo tipo. De forma similar, el
lenguaje puede copiar lo que describe5'?.
l i l
Consideremos la figura 3 como «el oso está en el árbol». La
imagen contiene un elemento oso y un elemento árbol. Si esto es
conforme a la realidad, en el original hay, entonces, un oso y un
1 ~ 1
árbol. Si la oración es fiel a la realidad, entonces (así como contiene
demiestran lo convencionales que son nuestros lenguajes y nota-
ciones. Nada hay en la palabra «oso» que evoque la forma del oso;
nada hay en el sonido de la palabra «oso» que parezca un gruñido.
El que o-S-o haga referencia a osos es debido a una convención que
coordina la palabra con el objeto. No hay nada peligroso en una
bandera roja, y, sin embargo, es una señal con la que se expresa
peligro. Podemos decir de la figura 3 «hay un oso». Nunca
podríamos decir lo mismo de la palabra «oso». En el cine decimos
~
«es un oso» o «es King's Parade» y no «eso representa un oso» o
«eso denota K. P.». Son las palabras las que denotan; pero rara vez
éstas son parecidas a aquello que denotan.
«oso» y «árbol») la situación que describe contiene un oso y un
árbol. La imagen combina sus elementos, refleja la relación real
~~
entre el oso y el árbol. La creación asocia asimismo «oso» y
«árbol» según el esquema «el -está en el- D. Esta relación verbal
1 i
significa la relación real entre el árbol real y el oso real. Tanto la
i ~1
imagen como la oración son copias verdaderas: no contienen nada
de lo que falta en el original y no les falta nada de lo que contiene
1 l
el original. Los elementos de la imagen representan a los elementos
1 1; del original: así lo hacen «oso» y «árbol». Esto queda más claro
cuando se expresa de forma simbólica como o R a, donde o = oso,
a = árbol y R = la relación de estar sobre.
Por la ordenación de sus elementos dichas copias muestran la
I
ordenación en la situación original. Así, la figura 3, «el oso está en
el árbol», y «o Ra» muestra lo que ocurre con el oso real y con el
1 árbol real; mientras que «el árbol está en el oso» y «aRo* y un
cierto conjunto de líneas no muestran lo que realmente ocurre.
1 La copia es del mismo tipo que el original. Podemos bosquejar
los dientes del oso pero no su gruñido, así como tampoco podría-
1 1
I
mos ver el gruñido del oso original. Leonardo pudo pintar la
Las oraciones gramaticales no muestran, por ejemplo, a los osos
subiéndose a los árboles, pero con ellas se puede enunciar que los
osos se suben a los árboles. Mostrar que el Sol sube en el cielo
consiste en representar el Sol y el cielo y ordenarlos apropiada-
mente. Enunciar que el Sol está subiendo en el cielo consiste en
referirse al Sol para caracterizarle a continuación como subiendo
en el cielo. Las diferencias entre representar y relatar, entre
componer y caracterizar, son las que existen entre los usos de la
representación pictórica y del lenguaje.
No son menores las diferencias que existen entre los datos
sensoriales visuales y las oraciones básicas. Los primeros interpre-
tadores lógicos no pusieron la suficiente atención a las dificultades
que hay para ajustar los datos sensoriales visuales con las oraciones
básicas. Si hubieran puesto atención a las diferencias entre las
pinturas y los mapas, podrían haber detectado diferencias aún
mayores entre las pinturas y el lenguaje. Nuestra percepción visual
de una mancha osuna parda es, desde el punto de vista lógico, tan
remota de la expresión «(percibo una) mancha osuna parda» como
de cualquiera de las pinturas y las oraciones que hemos conside-
rado. La pintura es de x; la frase alude a x. La pintura muestra x; la
frase se refiere a x y lo describe. La laguna que existe entre
pinturas y lenguaje no se estrecha un milímetro aunque se fije la
atención en los datos sensoriales y en las oraciones básicas.
No necesitamos detenernos en la prehistoria de los lenguajes.
Aquí nos ocupamos más de las diferencias entre nuestros lenguajes
y nuestras pinturas que de la pequeñez de esas diferencias en
ciertas épocas históricas. Wittgenstein es engañoso cuando se
refiere a esto: «... y de ahí [la escritura jeroglífica] surge el alfabeto
sin que se pierda la esencia de la represent aci ón~~' . Con esto se
reforzaba la teoría pictórica del significado, una estimación
funcional-veritativa del lenguaje y una teoría de las oraciones
atómicas. Pero a menos que se hubiera perdido la esencia de la
representación, no se podrían utilizar los lenguajes para decir
la verdad, contar mentiras, referir y caracterizar.
No todos los elementos de una oración desempeñan la misma
función. Sin embargo, todos los elementos de una pintura hacen
exactamente lo mismo, representan5'j. Un cuadro del amanecer se
55 Ibid. 4. 016.
56 Así, la estructura de un cuadro no es otro elemento del cuadro. Ia diferencia
entre el pájaro y el antílope es como la que existe entre bRt y tRb. Podemos ver
cosas diferentes en los mismos elementos visuales; igual que, cuando usted dice
<cbRt» y yo digo « t R b ~ , hemos dicho cosas diferentes con las mismas palabras. Cf.
Patrones de descubrimiento 111
puede dividir en pequeños cuadros, pero no se puede dividir en
~e que ña s oraciones, oraciones tales como «el sol está en el hori-
zonte» y «percibo una mancha solar*. Todos los elementos de un
cuadro muestran algo: ninguno de los elementos de una oración
enuncia nada. <<iOso!* puede servir como una frase de la misma
manera que lo puede hacer «¡árbol!» dicho por un leñador O
<<i Sol ! ~ durante la observación de un eclipse. Pero «el», «está» y
«en» no es muy probable que se comporten nunca como frases.
Se pinta l o que es pintable. Se graba lo que es griibable. No se
puede poner una sonrisa o un pestañeo en el gramófono. Pero el
lenguaje es más versátil: se pueden describir olores, sonidos,
sentimientos, miradas, sonrisas y pestañeos. Esta libertad hace
posible errores-tipo como los siguientes: «Encontraron su pituitaria
pero no su mente*, «examinamos su retina pero no pudimos
encontrar su vistan. Sólo pueden ocurrirtales errores cuando nos
liberamos de las limitaciones propias de las pinturas y de las
grabaciones. También son posibles estos errores en los mapas; ante
la hoz y el martillo que significan Rusia en un mapa escolar, un
niño podría preguntar, por ejemplo, «¿Cuántas millas de longitud
tiene la hoz?» Los mapas, con sus caracteres parcialmente conven-
cionales, deben ser leídos (al contrario de lo que ocurre con las
pinturas y las fotografías); sin embargo, deben ser una copia.
Asimismo existe el correspondiente arte entre las imágenes
visuales y l o que sabemos. El ver salva este obstáculo, puesto que,
si bien ver es al menos una «copia visual* de los objetos, es
también más que eso. Es una cierta clase de visión de los objetos:
es ver que si se diera x, se seguiría y. Este hecho se pierde en todas
las charlas acerca del conocimiento proveniente de la experiencia
sensorial, la memoria, la asociación. y la correlación. La memoriza-
ción, la asociación, la correlación y la comparación mental de
pinturas pueden ser comprendidas a d indejínitum sin haber dado
un paso hacia el conocimiento científico, esto es, hacia proposicio-
nes de las que se sabe que son verdaderas. ¿Cuánto tiempo
debemos manipular fotografías, diagramas y bocetos de antílopes
antes de que surja la frase «los antílopes son ungulados*?
Cuando se ignoran el lenguaje y las notaciones en los estudios
de observación, se considera que la física descansa sobre la pura
sensación y los experimentos de bajo nivel. Se ia describe como
una concatenación repetitiva y monótona de sensaciones espectacu-
Wittgenstein, Trartatui, 3. p. 341: ~ D e r Satz ist kein Wortengemisch. (Wie das
musikalische Thema kein Gemisch von Tonen. )»
112 N. R. Hanson
lares y de experimentos de laboratorio escolar. Pero la ciencia
física no es solamente una sistemática exposición de los sentidos al
mundo; también es una manera de pensar acerca del mundo, una
manera de formar concepciones. El paradigma de observador no es
el hombre que ve y comunica lo que todos los observadores
normales ven y comunican, sino el hombre que ve en objetos
familiares lo que nadie ha visto a nt e r i ~r me nt e ~~.
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«'La filosofía natura l'... no consiste en el descubrimiento de hechos, sino en
descubrir nuevas formas de pensar acerca de ellos. La prueba a que sometemos estas
ideas es esta: jnos permiten ensamblar los hechos unos con otros? Bragg, ~ T h e
atom» en The History of Science (Londres, 1948), p. 167.
<<El ordenamiento armónico es la tarea del científico. Una ciencia se construye a
partir de hechos, lo mismo que una casa se construye a partir de ladrillos. Pero no
se puede llamar ciencia a una mera colección d e hechos, como no puede llamarse
casa a un montón de ladrillos» (Poincaré, Foundations of Science (Science Press,
Lancaster, Pa., 1946), p. 127). .Frecuentemente, no se ve un objeto porque no se
sabe cómo verle, más que por algún defecto en el órgano de la visión ... [Herschel
decía] «Prepararé el aparato y le colocaré a usted en una posición tal que [las líneas
oscuras de Fraunhofer] sean visibles, y, a pesar d e ello, usted las buscará y no las
encontrará: después de lo cual le instruiré en cómo verlas mientras usted permanece
en la misma posición, y entonces las verá, y no sólo se preguntará cómo es que no
las veía antes, sino que encontrará imposible mirar al espectro sin verlas.» r[Bab-
1830)].»