Colección de E-BOOKS de Nueva Poesía

Editorial ese-ele



Propuesta I
del
Grupo Poético EHEU!

2008

POESÍA
Ritmos íntimos

2


RITMOS
ÍNTIMOS


|-:i·. ,·-i:·:,·«i:.

Felipe Fuentes García
Ignacio Bellido ● Venecia Lesseps ● Antonio Rojas
Enrique Sanmol ●Javier Aguirre Ortiz ● Orión de Pantoseas
Esteban Granado ● José María Pinilla J.J. M. Ferreiro
Proserpina Ramírez ● Adrián Pérez Castillo
Federico Ruibal ● Mario Martínez Martínez








Propuesta I
del
Grupo Poético EHEU!



Ritmos íntimos

3








I
Secreto seno

Forjan el bronce
las llamas de los trigos:
sopla el verano.
F. F.G

Resol del mediodía devastado.
Y el incendio celeste
como una hoguera en calma o como un signo.

¿Qué alada luminaria
vencedora del fuego de la tarde viertes, abrasado laúd;
de qué feraz designio, de qué secreto seno llegas,
como un soplo ancestral, hasta el paisaje
y lo colmas de júbilo y lo habitas,
y dejas en mis ojos
este herido fulgor que me conmueve?
¿Y qué nutricio enigma pulsa
mi armónico en la hondura de este efluvio
cuando la sobretarde
en gratitud florece hasta su ocaso?

Ante un trigal de bronce,
callada partitura en el varal de agosto,
velan las golondrinas su solaz inmóvil.
(|:/:,: |«:«i:. 0·-·.·)

Ritmos íntimos

4
II
Ardua noche

En el azul donde la noche aprisca
su corte de alta noche
se fueron desbocando uno tras otro
los caballos del llanto:
El mar como un exhausto naufragio de palomas,
la posesión con sangre de los limos de arcilla,
la sed que cubre ahora las aguas manantiales...

No pude contenerlos.

Viento o nave que ignora su derrota,
se desata mi voz y te requiere.
Como grama sedienta.
Como bruma escorada en la ardua noche.
(|:/:,: |«:«i:. 0·-·.·)
.

III
Nacer a la palabra

Bajo hasta el grito. Oigo
en el vaivén del lecho de las aguas
-sobre una muelle sucesión de fugas- cómo rompe
la irisación del llanto.

La lenta música del fondo
recrea el pensamiento, cumple mi boca:

En su rumor desnudo rozo un seno
en donde sólo ondea
la resonancia del alumbramiento.

Parto del grito.

Buscando estoy la música
de la que el hombre nace a la palabra.
(|:/:,: |«:«i:. 0·-·.·)
Ritmos íntimos

5

IV
Un pálpito

Como, ardido, el funámbulo se adentra
en la delgada vacuidad del aire
palpando un trazo exiguo,
como el humo retorna con el viento
a la mordiente llama,
así cía mi búsqueda
por repliegues de sombra en esta hora.

Obstinado desciendo hasta mí mismo,
e ignoro cuanto sé.
¿Quién anda, ciego, entonces,
bordeando el cobijo de las casas?

Afuera,
tras la sonora inflorescencia de los árboles,
el horizonte, el aire, un ave, un pálpito...
(|:/:,: |«:«i:. 0·-·.·)


V
Tengo miedo a tropezar de nuevo

Dios entre la mies.
Dios de las ausencias.

¡Ayúdame!

Estoy escuchando mi muerte
gritar en el sudario.

Voy hacia Ti
en el cofre de leyes que ofreciste.
Me acompaña el árbol
en lluvia de sus hojas
y en el grito de un Requiem.

He abierto mis venas
para ofrecerte mi color.
Ritmos íntimos

6
Comprueba el rojo
y únelo a la blancura del triángulo
para formar la nueva aurora.
Tengo miedo a renacer.
La mirada ofrecida
dañó mis ojos con el llanto de invierno
y ahora no puedo comprender el faro que me ocupa.
Llevo en mis manos
un poco de ese mar que nació junto a mi
y una caracola con los nombres del mundo.

Acaso pueda continuar llamándote.
Acaso la guadaña cumpla su promesa
antes de que amanezcan las palomas...
pero siento...todavía siento....

Ha cesado la lluvia Señor
y el giro de la inmensidad comienza a ocuparme
y tu escala se ofrece.
Vayamos juntos.
Tengo miedo a tropezar de nuevo.
(|ç«··:- f://:J-¹

VI
La profundidad

L a profundidad es un molino lleno de elixires, lleno de
náuseas.
Allí habitan los repliegues de la vida,
errores y brillos,
maderas de cuna, ojos perdidos en promesa.
La profundidad, se asocia a los abismos,
aunque se olvida el pensamiento que se dobla y dobla
en su reja enmohecida
para ofrecer un túnel de engañosa luz.

Vivimos lo profundo con desazón,
y a veces con orgullo de llegada,
pero nada más profundo que el silencio
donde tiene cabida el recuerdo sin manos
el cuerpo fosilizado del niño
y alguna flecha errante en su veneno.

Ritmos íntimos

7
En la profundidad del silencio,
no hay espacio para melodías,
ni tampoco entregas que multipliquen la sensación de vida.

Unas flores de plástico,
adornando los últimos gritos del cadáver,
ocupan la confirmación del pensamiento.
(|ç«··:- f://:J-¹


VII
Mística

“…tan incierta la luz como en un
sueño…”
Olvido García Valdés
He bebido el secreto de la fuente
en la que abreva el ciervo de la tarde
y sus lamentos nacarados dicen:
“¡sus ojos casi ciegos,
son amor!”:
¡vanas son las palabras cuando no son de ti,
son vanas!
-Los hueros corredores del olvido
huelen a soledad
en el perfume añejo
que siembra cada noche de silencios-

Hoy,
-a tu lado-
he visto que sus ojos
están llenos de lágrimas
hoy he visto en sus lágrimas el llanto
que llena los bajíos de la tarde.
Son vanas las palabras cuando vierten
su voz en tierra yerma:
tierra deshabitada,
tierra desposeída.

Y sus lágrimas tienen, el color de la aurora
-rubio color de nube adolescente-
y sus lágrimas son sonrosadas como auroras
Ritmos íntimos

8
cuando bebe en las fuentes cristalinas
de las tardes de Mayo.

He bebido en la fuente de ese ciervo nimbado:
¡sus ojos misteriosos
son amor!
(l:«:¡:· |:..:,.)


VIII
El mar

Releo serenamente el mar
que pasa página:
la tarde es un clamor incandescente
que espira contra mi
como un hálito
de la noche que llega.
Solos,
tu mano y yo y el efímero grito de la ola
que inquiere del paisaje una respuesta
que nunca llegará.

Si efímero es el grito que se muere
desarraigado entre el llanto y la espera,
inquietante es la espera
del grito que no grita
y la palabra que nunca se pronuncia
porque terminarán muriendo de su ausencia.

Y el tiempo es un perfil narcotizado
que percibe mi voz
y se pregunta:
cómo callar entonces,
cómo no retrasar ese silencio
que acabará llegando.
(l:«:¡:· |:..:,.)







Ritmos íntimos

9
IX
Yo soy
Soles distintos te adoraron,
maduraron tu piel,
fueron dejando
seco tu corazón.
José Hierro
Mírame viajero:
se deshizo mi clámide
y mi túnica yace en la ceniza.
Por mi bosque de cedros han cruzado los siglos
y descansan palomas en mi hombro.

Mas
mi desnudez te dice que un día yo viví
y que fueron mis sueños los de un ángel.

Caminante,
apiádate de mí,
recórreme en mis ruinas de arenisca,
pisa sobre la hierba mi dorado cabello
y a la sombra del bosque
-si arden fuegos azules todavía-
recuérdame que un día
tuve sueños.
Me olvidaron los hombres
y ahora
sobre el mármol de mi corazón
las aves se disputan mi piel,
deshacen mi armadura.

Acércate
a la obsidiana de mis labios,
no temas, no hay distancias aquí
más allá de la bruma de mis ojos, cegados
por el río de fuego de un llanto inmemorial.

Viajero, si no puedo ser tú,
mírame con piedad
y dile a este silencio
que me siento cansada de estar muerta.
(l:«:¡:· |:..:,.)

Ritmos íntimos

10
X
Dedicatoria

Dedicado a D.P.A...al otro lado


Brindis por la ola
felicidad! Por ti
gran ciervo blanco que te derramas
sobre los acantilados de la noche.
Por ti , celeste pájaro de la noche
-mitad ala de ángel-
que recorres
el anémico cielo nocturno
sobre el brillo acerado del mar.
Brindo por ti y por ti:
pequeño querube de las aguas
del cielo estrellado
que en esta noche
has herido mis manos y
despertado mi corazón hiperestésico.
Brindis por la ola felicidad
de esta noche estrellada
que me entrega al milagro
de la nocturnidad
y de la negritud.

***

Oh noche, desciende ya
de tu ebúrneo bajel
a estas aguas
y sumérgeme en la inmensidad
del azul.
Cómo será el después
cuando el índigo
sepulte para siempre mis manos,
Cómo será tan acerbo el recuerdo
cuando el mar sepulte mis manos
para siempre
tan lejos de las tuyas.
Como será triste el recuerdo
cuando los alargados brazos
Ritmos íntimos

11
de las algas enlacen mi cintura…
y en danza los delfines
florezcan sobre el mar.

***

Cómo será así el reencuentro
en el cielo estrellado, pequeño ángel
del cielo, corazón mío.
(l:«:¡:· |:..:,.)


XI
Plegaria de Luzbel

“Quomodo cecidiste de coelo, Lucifer, qui mane oriebaris;
corruisti in terram qui vulnerabas gentes.
Qui dicebas in corde tuo: in caelum conscendam,
super astra Dei exaltabo solium meum,
sedebo in monte testamenti, in lateribus Aquilonis”.
Isaias 14: 12.
No recuerdo, Padre, no recuerdo,
la luz en tus ojos de amarillísimo ocaso,
la selva vibrante de tu voz sin edad;
la caricia que una vez calmó mi duda
y ungía de perfumes el lomo de las fieras.
He perdido, Padre, el tacto y el sonido de tu abrazo,
tu mirada que adornó mi amanecer de infinitas amapolas.
Soy tu hijo, el que no extrañas,
aquél que de siglo en siglo
ha sido llamado todos los nombres
y en el que todas la huellas dejadas en el polvo
abren en sus pies como flores de espanto.
Soy tu prole, Dios mío, y a Ti busco.
He seguido la compulsión de las estrellas,
la ruta de las aves
en los vientos circulares del sur;
he mirado con asombro
el ritual del lucero que sube con la aurora
y se pierde en el día como jardín de soledades
y no te encuentro, Padre, no te encuentro,
como si mirara en el rostro del olvido.
Imploro.
Mi grito se pierde en la mudez de los abismos
Ritmos íntimos

12
y entonces me abrazo a esta tierra que amo,
y me ama,
a estos ríos de interminable blancura
y a ellos confieso mis inquietudes y reclamos.
Hoy, que en las cumbres más altas de la noche
buscan mis pasos ser guiados por los tuyos,
me pregunto si tomarías entre tus manos éstas mías,
curtidas por el dolor inacabable de los hombres.
(^«i-«:- k-¡·.)


XII
Ubi sunt

Paisaje de persianas echadas.
Una canción de Neil Young
trae imágenes
de un hogar lejano y frío
con ventanas azules
y pájaros altísimos como cometas.
Imágenes verdaderas como humo,
ese humo que huele
como dicen que huelen los recuerdos
cuando el silencio nos visita.
Yo sigo allí, donde el amor
las canciones dicen que es más real,
el faisán inerte de una pintura embalada
en los sótanos de un museo.
Y tú, supongo,
no estás más que en estas palabras.
Nada de esto es luz, lo sé,
para beber en ti las estrellas
hablo de un viento que desconozco
y de sueños que partieron olvidándonos.
Nada de esto es luz,
pero la música nos permite imaginar la llama,
porque, después de todo, es cierto,
hay un hogar en el norte de Ontario.
(|«-:««: í·«»-/)


Ritmos íntimos

13
XIII
Otro

Yo voy hacia la luz sin saber dónde,
como si el río lo dijera todo
con las manzanas en el borde mismo
de los labios, bebiendo la alegría

de pronto, el nuevo corazón; de pronto
la lluvia: la verdad: la transparencia

como si bajo el agua ahora viviéramos
y de pronto la luz, de nuevo, siempre,
en medio de la noche nos ahogara
para al fin despertar

-qué voz es esa, que no deja de hablar de tan callada?
-qué verdadero sueño
se lleva nuestras trampas
calle abajo, como agua el desconsuelo?
vendrán aquí, sin yo poder ya verlo,
otras sombras, otros caminos nuevos,
y otro muerto laborará mi huerto.

nadie viene a la búsqueda de un beso,
nadie ha dejado nunca de vivir,
nadie lleva en el sol los pies helados,
nadie sabe la sombra dónde está,
nadie vive la vida bajo el agua,
nadie vive la sombra bajo el sol,
nadie prueba la sombra de la vida,
nadie vive del sol el desconsuelo,
Nadie ve los caminos que perdió.
Nadie encuentra el camino sin saber.
Nadie avanza sin nombre de verdad.
Nadie llega hasta el puerto de la luz.
(|·.::- ^ç«:--: 0-i:¡)




Ritmos íntimos

14
XIV
Luz de todas las uvas

Luz de todas las uvas, limpiamente,
morena sed del sol, cántaro claro,
morena sed del sol, ramaje oscuro,
río que transparenta su vivencia,
nube que apenas en su mano lleva,
salamandra fugaz, ruidosamente,
procesión de la siesta y las hormigas,
estero que pronuncia una palabra,
quemada voluntad, imperio quieto,
rosa batalla de la luz perdida,
morena sed del sol, relampaguea.
(|·.::- ^ç«:--: 0-i:¡)

XV
Para llegar al mar

(I)

Hoy te he sentido dentro, Nervión, y eso es muy duro,
te he contemplado como si sobre mí viajara,
te he recorrido y comprobado: he visto
agua limpia al nacer, por la mañana,
y he visto que a tu sangre, sin que tù lo quisieras,
se iba mezclando el cieno, por la tarde;
iy los barcos, los barcos...!:
los he visto roñados por el mar,
los que como el mar fueron de playa en playa un día,
de puerto a puerto abierto,
los he visto cansados, medio muertos
-y he visto uno pequeño en un hueco sin corriente,
entre las dos orillas de Erandio y Barakaldo,
hundido, ¡como una de mis pequeñas muertes!

Te he sentido tan cerca que he creído estar viéndome,
reflejado en lo turbio de tu agua.



Ritmos íntimos

15
(II)

Y te veo avanzar como sin vida
y sólo por inercia
como si fueras tiempo tan sólo hacia la muerte.

Pero luego te miro y no, tu agua
no desemboca en muerte tan temprano,
se abre al mar, que no es muerte, es agua viva,
a la que quedan sal, vida en lo hondo,
arenas, costas, calas por vivir.

Ya los barcos roñados se han hundido:
ia mí me llama el puerto, Nervión, igual que a ti,
quiero limpiarme el agua, ser mar, libre por fin!

(III)

Ayer te sentí dentro, Nervión.
Otra vez más
se acerca la mañana.

Ayer llegué tan sólo hasta tus fábricas,
las altas torres donde el cieno humea,
los caballos roñados que ocupan tus orillas,
el hedor de los cauces que te aumentan el peso.

Hoy de nuevo es el alba.

Por el marco del Puente de Vizcaya
puedes mirar lo que delante tienes
y lo que atrás se marcha;
llevarás siempre algo de tu peso en el agua,
pero no te preocupes, tú desemboca, anda,
que el Abra se te abra.

Quién sabe lo que hacerte mar te guarda.

(IV)

En las mareas bajas se ve todo distinto:
se descubren las vigas débiles y enlodadas,
los esqueletos turbios, las raíces del cieno.



Ritmos íntimos

16

(V)

Vengo buscando el mar, quiero limpiarme
como el Nervión lo hace cuando al fin desemboca.
Quiero abrirme a la mar, y que mi cauce
estrecho, se me ensanche: quiero esparcir mi sangre,
dándome, con salado sudor, de playa en playa.

(VI)

Mi vida es un cauce estrecho
que quiere llegar al mar,
que es el vivir,
mar al que quiero ir derecho
para así desembocar
y ser, servir.

(VII)

Yo venía buscando
el mar. Ahora ya tengo el agua limpia.
Ahora
la luz me unge hasta
las últimas esquinas.

(VIII)

Digo que busco a Dios.
Pero luego ya no me quedan fuerzas
para buscar, y espero,
y me dejo llevar por la marea,
por la corriente, y vuelvo por el río...


(IX)

Es curioso el vaivén de la marea.
Y yo nunca estoy quieto.
Unas veces me salgo por el puerto
y otras veces me entro.

Es curioso el limpiarse y enturbiarse.
Y yo siempre soy mezclas.
Unas veces mi sangre se clarea
y otras veces es negra.

Ritmos íntimos

17
Es curioso que Heráclito era sabio.
Y yo siempre fluyendo.
Unas veces recién brotado fuego,
otras veces ya vuelvo.

(X)

La verdadera fuerza está en saberse débil,
en ser dueño consciente de la debilidad,
llevar dentro la historia de todas las caídas,
y saberlas usar,
verlas venir, saberlas, ir despiertos
para llegar al mar.
(|·.::- ^ç«:--: 0-i:¡)


XVI
Celebración de la noche del viento

...O yendo tiritar un tallo de tristeza,
el viento detenido;

como en mi alma oyó,
y entre el oro y el grito en que un instante
es,
el rocío
y el labio de la noche
ejerciendo de aurora redentora del mundo;

… gravita el viento, y, aún dudando, triunfal y con feroz rugido,
alza el vuelo y ordena la alegría.
(0-:-« J: |·«i-.:·.)

XVII
Racionalización de la alegría

...acostumbra el dolor; llega la alegría
y la estoy recibiendo con los labios temblando,
como si el cuerpo extrañara, como si la costumbre del dolor
hubiese obviado la irrupción de sucesos hermosos;
Ritmos íntimos

18
... es así que la alegría casi duele; despiadadamente se aprieta
contra el pecho para hacerse sentir, para ser reconocida y
/asumida
y de esta forma pronunciarse;
... y son tan pocas las gotas de rocío vivo que van apareciendo
en la aridez que soy, que las cojo y pongo por las grietas del ser
cuidadosamente no para que crezcan, sino para que no mueran;
... todo parece revertir a este momento en que me quedo quieto,
/escuchando,
como si el leve resplandor que tengo estuviera en peligro,
y con rapidez, contra un mar taimado de oscuridad e insidia,
tuviera que ordenar las fuerzas para creerlo en mí, amarlo y
defenderlo.
(0-:-« J: |·«i-.:·.)


XVIII
De la labor del tiempo al shock de la
memoria


...entra el tiempo al corazón con saña y hachas vivas y
/acampa en él,
sin piedad lo revienta y descuaja, lo tira a un vertedero y lo
maldice allí, lo escupe, lo mira con desprecio y después se va;
... y con el corazón tirado, con la sangre podrida y los pájaros
/picoteando el óxido
donde se tuvo encendido el ser, no se exige ya vivir, pues uno,
/entonces, no duda
de que ha muerto y empiezan a nacerle incluso hierbas, augurios
/de sal
y arena, cardos, empieza a silbar el viento y a dejar cardenillo en
/los huesos,
señales ciertas con que escruta y va llenando sus intersticios la
/soledad;
... así, cuando nace una rosa, uno tiende a ignorar que es en él
/donde nace,
pues jura y perjura que su sangre podrida y su ser devastado no
/existen,
que el tiempo se ha ido y sus hachas ya no pueden herirlo; en su
/nada,
uno tiende a creer que sus manos de muerte no podrán levantar
/ya la vida
de los agraces rescoldos del corazón; y aún así, en su afán por
Ritmos íntimos

19
/recobrar los / latidos
se removerá, llorará, gritará, y ahíto de dolor, como un dios
/desolado recurrirá a la memoria,
pero ésta acudirá transida por un mar de inenarrable tristeza:
indolente y dañada, no recuerda las rosas.
(0-:-« J: |·«i-.:·.)


XIX
Si aún

...si aún encontrara un resquicio de vida para mirar al cielo
/con dignidad;
pero, si así fuera ¿ qué iba a decirle ? ¿ a qué atisbo de luz
/podría dirigir estas mugres y desastres
y con qué señal, con qué razón de hombre ? ... oh preguntas que
/no dais al corazón más que venganza
frente a lo perdido, y una sed azarosa y ciega que nunca, jamás
/ha de calmarse, tan ahíta como está el alma de tragedias;
... recuerdo, sí, aquellos días en que, ardiéndome las manos, las
/sienes y los huesos
era capaz de parar, enarbolar en alto el mundo y desafiar su hez y
/sus herrumbres, beber su daño
y después combatir por él y por mí; sin embargo, y no obstante,
/la necedad propia es otra cosa y viene sola y por sí misma,
lasciva y airada; así me sacó la vida de los goznes, así me
/ picoteó en el mar
de los ojos y cantando estuvo en ellos cual pájaro excelso de
/virtud y fuego; y así, así fue en la razón;
¡ ... si pudiera construirme - digo - un serio dolor para lenta y
/conscientemente amarlo, educarlo y vencerlo;
ah, si tuviera aún prestigio para hablarle al alma y al hacerlo no
/morir !
¡ ... pero es tan vergonzoso, tanto, intentar reparar sin honor el
/espíritu.
(0-:-« J: |·«i-.:·.)




Ritmos íntimos

20
XX
A veces no tengo nada que decir

A veces tengo nada que decir
y lo digo con todo en la garganta.
Son esos nombres propios de las cosas
que me inducen un débil entusiasmo.

A veces se me ocurren los silencios,
trascienden la muralla de la voz
-no salen de mi asombro
y reinciden en su noble abismo-.

Por cierto que no finge la miseria,
que los sucesos no se escandalizan
ni se ofenden las rosas.

A veces tengo un algo en el espejo,
un aire de saber lo que me digo,
una fatalidad ajetreada.
(|.i:/·« 0-·«·J-)


XXI
A Ignacio Bellido, poeta

"S oy Ignacio Bellido, y soy poeta”, me dijo
entre susurros una tarde. También me consta,
que a bordo del navío, fue psiquiatra
y hoy, en la literatura tiene el cobijo de sus gotas de agua
y sus campanas.

A veces me insinúa,
que hay que ser respetuoso con el azar y con la muerte,
con el mito de Bronwyn de Cirlot, y su amada
—la que renace siempre de las aguas—,
y me lee sonetos de Shakespeare en versión original
—por supuesto en inglés—
y me habla de cuando estuvo con Pessoa en Portugal,
de aminoácidos y proteínas,
Ritmos íntimos

21
mientras apura su plato de lentejas con esmero
para fortalecer el ADN de su barba blanca,
como una indulgencia o una jaculatoria,
como si vestirse cada mañana
supusiera cometer un adulterio, y arrojar al mar
los residuos radiactivos de la aurora.

También me lee a John Ashbery, y me cuenta sus periplos,
su estancia en Nueva York,
y como el invierno se parece a la noche
y el adiós al olvido.

Y dice que nació en Salamanca, y pretende
conjurar su memoria con el cero, mientras galante,
enamora lunas, me cuenta su viaje a Baden-Baden
y sigue hablando de lentejas, de tomillo, de pimiento verde.

Ayer, en el Ateneo, del que me hice socio
por petición del poeta, le dije: ¿Por qué tan serio Ignacio?
Estoy admirando —me
respondió— una fotografía del poeta Yeats
en su profunda metafísica,
gafas condecoradas en lo intemporal
y gesto de "darse cuenta" de lo que el resto ignoramos.

Ante tan sabias premisas, sólo me queda
retomar sus “Crepúsculos Involuntarios”,
rezar a su árboles,
disfrazarme de luz
y esperar que el cielo acuda.
(|-.: |·-.· |:«://·)

XXII
Indago lo no escrito

Indago lo no escrito,
la no palabra;
el color de la rosa disentida
que es morada del sueño.
Íntimamente ensancho
mi encierro propietario,
mi bandera inequívoca
a la luz de los vientos persistentes.
Ritmos íntimos

22
Forjo las mazas,
los versos inmortales piedra abajo,
la hierba de la tundra,
imágenes erguidas
axiales a la evocación.
También algún volumen del sollozo
con los ojos rayados
desposeídos de intransparencias.

Y tú,
cifra, carácter, símbolo,
vendrás
tras la calima donde el mar barbudo
tras el barbudo sueño,
donde más verde
la Posidonia fulge.

En su conjunto
¿sientes el viaje
del corazón, sus infinitas
irregularidades?

Yace el color en el ala
junto al laurel
descansando de sí mismo.
(|. |. |. |:--::--)

XXIII
Manifiesto

No me digáis que siga ese camino que lleva a las estrellas,
dónde sólo transita la esterilidad confesa del tumulto
y en la que mi voz, si alguna vez germina, nace muda,
porque ahora amo demasiado el silencio y seguro
que echaría de menos el mar.

No me digáis que trate de alcanzar las estrellas
porque aprendí que una estrella es algo especialmente peligroso
sólo apto para astrónomos y poetas escolásticos.

Si es posible, dejad que siga aquí.
Dejadme
esperando el estallido del invierno, o mejor,
Ritmos íntimos

23
sobrevivir en este otoño amable y doloroso que parece vivir de
/los recuerdos.
Este mar de hojas muertas en el que el viento
dibuja perezosamente hipocampos y grifos.

¿No es mar al fin y al cabo?
(|--.:-,:«· k·».-:¡)

XXIV
Entre el amor y el odio

Buscaba referencias en el Eclesiastés
sobre este breve encuentro que es la vida
entre el amor y el odio -dos medidas espurias de la misma
balanza-
mas no he hallado la clave.

Pero ha venido a mi memoria
la idea de que me bastaría consultar
en la exánime biografía de mi misma
para saber
por qué el odio enaltece, pero el amor, humilla.

Y es que mi vida lleva rango académico
y resulta factible
extrapolarle suficientes a mis noches
y notables a mi grueso expediente de lujurias.
Es decir,
que soy sólo apolítica
en lo tocante al sexo de los ángeles
y en lo que se refiere a la virginidad de las estrellas
(de cine, claro)
porque las otras, las del cielo,
hace tiempo que vienen
prostituyendo a los poetas.

Tendría
que acotar una pequeña parcela de silencios,
o anudar mi memoria
y tratar de guardarme en naftalina
antes de que una lluvia,
estólida,
trate de subsumirme y convertirme en sombra
Ritmos íntimos

24
para hacer comprender a la feligresía
que no puede taparse el sol
tan sólo con un dedo.
(|--.:-,:«· k·».-:¡)


XXV
Racimos de esperanza


(I)

No estrangules la aurora con sarmientos
mientras yace el licor sonoro
en la copa rasgada de unos labios
que se entregan al rito de la sangre.
Un vino joven acaricia
los cristales teñidos por los besos,
y unos párpados, guardan la blancura
de la cumbre celeste
que se derrama como una tormenta
con lágrimas de fuego por la piel.


(II)

Son racimos de uvas los senos que palpitan
en un temblor de lenguas
que absorben el consuelo de la vida;
minúsculos torrentes agrupados
en diamantinas cepas de pezones
que enmudecen la sed y el hambre,
uvas donde reposa el tránsito del mundo.

(III)

Crecen como los pámpanos de Abril
los frutos de su vientre, los retoños
de la carne entregada en el destino
que se ofrece al amor.
Crecen, y como el mosto, se prolongan
sus dedos cada noche entre suspiros,
se prolonga su voz de cauce joven
regando las llanuras de la alcoba,
cubriendo las raíces sin azadas
Ritmos íntimos

25
con la ternura que destilan
sus manos de crianza.

(IV)

Son de viento sus ojos,
de noviembres que arrastran las arrugas
de las vides sangrantes
hacia los cementerios de hojas muertas.
Ya se fueron del nido los injernos,
y las lunas, descansan sobre el tronco
de las cepas podadas.

(V)

Un aroma de gran reserva
se extiende en los latidos de su cuerpo,
en el arrope de los labios
que entregan su promesa, mientras brota
cada te quiero, cada amor,
en el triste rocío de los párpados.

(VI)

Brilla el sol en el iris de sus ojos
mientras castiga el tiempo su figura,
y amanece esparciendo su alegría
que embriaga como el vino
junto a su amado, junto al hombre
que recibe su aliento y se estremece
con la eterna frescura de sus labios,
lo acaricia, lo abraza,
y condena el silencio con su fértil sonrisa.

(VII)

Surcando los caminos del otoño
se estremece la tarde, y el crepúsculo,
coloca en su mejilla los dorados destellos
que sobreviven como brasas
de un sol que nunca muere.
Ya desprenden sus hojas los viñedos,
el vino se fermenta en las bodegas,
las grullas van surcando con graznidos
el horizonte tibio con su vuelo.
Sigo a tu lado amor, mujer de avena,
esposa que me acoges con los surcos
Ritmos íntimos

26
labrados por el tiempo.
Se van las golondrinas, las cigüeñas,
y vuelven los primeros copos
anunciando el invierno.
Caminamos amor, unidos en la vida,
mientras la aurora nos sorprende
vendimiando racimos de esperanza.
(^J-:·« |:-:¡ 0·.i://-)


XXVI
Pan de sed

Pan de sed, vuelve
a estas mis manos desatadas
labradoras amargas de este helado yermo
hasta donde he llevado la pobre nave mía
Pues no han de volver de nuevo las ganas a mis manos
que se desoyen hoy, que van cayendo lacias
como muertas correas a largo
de mi frío
tomando torpemente
el alimento justo con que trabar su angustia
De todo aquel camino no guardan más que el polvo
que no han sido capaces de limpiar de la sandalia
Y así como el longevo
que con el pasar de los años se fue quedando solo
y aliñara el silencio evocando su paso
así a ellas esa angustia está siendo mi fuerza
siendo como soy sobreviviente
de mis amados muertos
y de vivos amados
a los que el destino acanalló a mejores playas

Sea pues mi vida batir de roca sola
el nadar de la piedra por entre el mar sin fondo
Sabrá, entonces, la tal condena
a la presencia de tantos
de los que a tal hora se me han ido
al verde de los campos
al rumor del agua en los arroyos
muerto como estoy desde hace tiempo en vida

Ritmos íntimos

27
Sea pues mi dolor la espuela única
hasta el tremendo paso me dé la fuerza
que me hará falta para acabar este morir con el que cargo
tan de vacío
con este cuerpo
que tan sólo es ya el sollozo de una muerte
sin cuerpo que se pudra.
(|:J:-:·- k«:/·/)


XXVII
Ella me dijo

La fiera luna, sola,
me gritó ayer solemne
–hermoso su volar de luz contra la cresta-
¡qué te hiciste!

En pie, de cara contra el cielo
exprimí en mi puño su lívido limón
por gozar así del ácido escurrir
contra los ojos.

La anciana loba, triste,
clavada, toda miel contra la sombra,
blanda del frío, rotura mi nevero.

Fue ayer, fue ayer, sí, fue ayer mismo
que gritara la luna equivocada
niño
el que a mi arrullo soñaras tantas cosas,
Federo,
¡qué te hiciste...!
De siempre ha estado escrito
en la luz mortecina de mi nombre
que nací para libar paz de las bocanas
árido cáliz que mi esparto recoja.

Así, la bestia en que me arrastro,
desnuda ya de piel,
os canta
por hacer de este crimen, del dolor
el bálsamo sencillo,
Ritmos íntimos

28
el pasatiempo inútil,
el bárbaro remedio.

Tomad, pues, comed,
bebed todos de él;
pues es vida a pedazos que ofrezco en alimento
y a cítara, a címbalos y trova
sea el convite.

Así, aún pasado el último minuto
sea la fiesta.

La blanca sed gritara
Federo, Federo, Federico
¡qué te hiciste!
(|:J:-:·- k«:/·/)


XXVIII
Al blanco

Y cómo hago yo ahora
para lograr derrotarme en el papel
si está mi mano tinta de páginas en blanco
que me obligan a volar con los zapatos puestos;
perfumado, cabredal, obispo, diminuto,
amarillo cordial, bola, mar, amigos, carga,
perdigones que atraviesan el globo en el que parto
al paraje lejano donde tu boca gime.
Lloved entre mis pastos, vientos del mar, llevadme
al abrigo del cosmos que sangra entre los barcos.
Y para este destino, para tal sueño grande,
qué pijama me pongo, qué ropajes
funerarios, de qué cadáver
como, qué limbos, a qué cénit…
(|:J:-:·- k«:/·/)





Ritmos íntimos

29
XXIX
A veces escribir...


Es escribir mi cruz y mi ventura,
una satisfacción, un desvarío,
serena placidez en calmo río,
perpetua tempestad en noche oscura.

Es una bendición y una tortura,
un momento especial, un desafío,
la plena libertad de mi albedrío,
la cárcel que amenaza mi cordura.

Es una luz esquiva, intermitente,
que alumbrará la meta que persigo
si mente, tiempo y pluma le consagro.

Clase de aprendizaje permanente,
a veces escribir es un castigo
y en otras ocasiones un milagro.
(|·-:- |·-i.«:¡ |·-i.«:¡)

XXX
Aquel extraño abril

Llegaba tarde Abril. Totalmente
a destiempo, igual que una palabra
que te ofrece consuelo cuando el dolor
se ha ido, cuando a olvidar comienzas.
Llegaba como el sueño tenazmente
buscado tras una noche en vela,
y aparecido al alba cuando el reloj
ya muestra la orden de embargarlo.
Con el tranquilo paso del que sabe
que pese a su tardanza, encontrará
lugar donde ubicarse, porque tiene
en reserva su sitio el calendario.


Llegaba tarde Abril. Lo hablaban claro
las últimas cenizas de los días
Ritmos íntimos

30
que en el febril intento de emularle
dejara tras su huella el mes de Marzo.
Lo gritaban los valles verdecidos,
los árboles en flor, el trino alegre
del pájaro que engulle los insectos
bajo el plácido azul de un cielo inmóvil.
Lo contempló fugaz en la inocente
mirada de la tarde, en los olores
de un viento casi en calma, en la bondad
de un clima que impropio se mostraba.


Llegaba tarde Abril. Efervescente,
sin esperarlo a él, sin su permiso,
fluía en derredor la vida entera
con la pasión de un Mayo adelantado.
Y no lo consintió. Nadie gozaba
su don primaveral sin que él llegase.
Salvando el primer día de los treinta,
clavó cristal de hielo en los restantes.
Dijeron que así fue, aunque yo dude
del enfado de Abril y su venganza,
pues convencido estoy que fue principio
del climático cambio que hoy arrasa.
(|·-:- |·-i.«:¡ |·-i.«:¡)