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Aquaman Junnior

Un día cuando tenía aproximadamente entre 4 ó 5 años, salí con mis


padres a un paseo familiar, que era en la pega de mi papá. Eran los típicos
encuentros recreativos que hacían los marinos, en los cuales invitaban a sus
señoras e hijos. Este día de diversión, fue genial y se desarrolló en el lugar que
se localizaba la base aeronaval del Belloto, ahora en ese sitio no existe dicha
repartición naval, si no, que existen varias poblaciones, un súpermecado y
centro comercial.

La base estaba adornada de pelos, tenía muchos stands de


competencias, onda como los siguientes: competencias de autitos, la pesca
milagrosa, entre otras picá. Al ver todo esto mi emoción fue sublime, me
encontraba en el olimpo, ya que existían todos los ingredientes para la
conjugación perfecta, éstos eran: niños y niñas (potenciales amiguitos), solcito
(el tiempo me favorecía, había mucho calor), juegos (los grandiosos stands), mi
tenida dominguera topísima (esa que te obligaban a ponerte todos los
domingos en la mañana).

Luego de esta eufórica primera impresión, mis ojos se dirigieron


directamente hacia el stand de la pesca milagrosa; al instante de forma
desesperada le pedí a mi padre una caña de pescar (de esas de mentira, o sea
de juguete) y me dispuse a realizar la gran pesca de mi vida, si en estos
momentos estaba muy concentrado, era yo, la caña y maldito pez de madera
que se arrancaba a cada rato de ésta. Mis incipientes niveles para soportar la
frustración, ya empezaban a llegar a sus límites. Si era verdad ya no lo toleraba
más y en un acto de arrebato lance la caña lejos de mi presencia y me tire uno
de los mejores piqueros de mi vida en aquella pequeña piscinita (me creía una
especie de mini aquaman, yo era todo un súper-héroe), si damas y caballeros
me había lanzado con ropa y todo en ese pequeño estanque de agüita. La
emoción y alegría de aquel momento fue máxima para mí un pequeño infante
que tenía en mis manos el pececito que tanto anhelaba.
No obstante, la impresión de mi papá no fue la más agradable, que
digamos, ya lo había hecho enojar. Inmediatamente, mi progenitor llegó al lugar
del suceso y “me tomó de un ala”, es decir, de un brazo para sacarme de la
piscina y arrebatarme mi escueto instante de gloria. Posteriormente, me retaron
mis dos papás y me hicieron pasar vergüenza frente a todo el público presente.
De verdad, yo no comprendía muy bien porque chucha me estaban retando,
solo sabía que mi pequeño momento de felicidad desapareció.

Para finalizar, ese día no comimos pescado, parece que nos servimos
carne asada.

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