Flashback Primero lo primero, y nobleza obliga, comenzaremos por dedicarle nuestros más sincera oposición a quien sabe quien

se encargó de ponerle nombre a la astrología. Etimológicamente la palabra está formada por los vocablos griegos astros y logia que significan “ciencia de los astros”. Así es que hemos dejado a la astronomía privada de caracterizarse como tal, viéndose relegada al nivel de mero “conocimiento de las leyes” de los astros (del gr. Astros=astros y nomos=orden, comportamiento). Bueno, discusión semántica aparte, eso que comúnmente se denomina Astrología tiene una etapa obscura en las épocas tempranas de la civilización humana, cuando de una manera u otra, las culturas antiguas adoraron al sol, la luna y las estrellas y las asociaron con las inundaciones, la sequía y cambios climáticos. También asumían que el resultado de una batalla podía estar condicionado por los presagios de los adivinadores. En la naciente Grecia podemos encontrar a los precursores famosos de la ciencia moderna, tales como Platón, Pitágoras, Leucippus y Aristóteles, Así como otros científicos implicados con el estudio de la astronomía, como Eudoxo, que sostuvieron la opinión que la astrología era “ridícula” y “nadie debería creer en la predicción de su vida basada en el día que nació”, sin embargo, curiosamente su nombre quiere decir la buena doctrina. As time goes by Y así estamos hoy en día. Lejos, tan lejos de estos lejanos hombres. Uno sale a la calle y dispares variantes de esta pseudo-ciencia nos acosan tal si hubiésemos entrado a un (muy) barato prostíbulo. El horóscopo del diario de la mañana, los
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negocios de Tauro”. En fin, usted conocerá seguramente otros ejemplos más verosímiles, pero no por eso menos gráficos. Hojas, hojas y más hojas Entre los dos comenzamos a leer historias sobre astrología, un obeso Buda que invitó a todos los animales antes de su muerte, pero dada su alicaída popularidad –estaba muy senil ya a esta altura- sólo se acercaron a su morada doce especies. Encontramos también dibujos alegóricos de Da Vinci, Horóscopos Egipcios, Mayas, a su vez las variantes de fuego, agua, tierra y aire que condicionan los signos. De paso probamos las compatibilidades zodiacales con algunas modelos famosas para encontrar fundamento a su menosprecio constante hacia nosotros. Descubrimos nuestros números de destino en la numerología (3 y 7), también que éramos Chancho y Rata de madera en el horóscopo chino. Hicimos cartas astrales en cuantas páginas gratuitas hubiera con el sólo propósito de comprobar empíricamente la “veracidad” de los datos. Buscando y rebuscándonos dimos con un experimento del estadístico galo Michel Gauquelin, quien envió la Carta Astral de uno de los peores asesinos de Francia a 150 personas, de las cuales el 94% dijeron que se reconocían a sí mismas con la descripción. Cabe destacar que en la experiencia del francés, no le fue remitida la carta a personas de la calaña de Bush, el gato Sessa, miembros del Ku Klux Klan, grupos neonazis, productores del Gran Hermano, etc. Es muy común que las personas se vean reflejadas en las cartas astrales y que piensen que se ajustan a su personalidad. Estos escritos son elaboraciones que pretenden no sólo definir las características personales, sino también hacer vaticinios del

Quizá por las determinaciones del sigiloso azar, no hemos perdido la capacidad de sorprendernos de las cosas más pequeñas y aún de preguntarnos por ellas. Esos enormes cuerpos celestes que existen desde antes del primer espermatozoide y que seguramente subsistirán aun después de las fechorías del último. POR FACU BRAVO Y GABITO ZARAGOZA

volúmenes d e Horangel o de Ludovica , las páginas de nuestros correos electrónicos, mensajes de textos y muchas otras sandeces; nos inducen a pensar que somos unos entes indignos de desafiar los problemas y disfrutar de nuestras venturas. Nos mienten de manera astuta y vil sobre nuestra personalidad, nos inventan el “quiénes y cómo somos” cual si estuvieran describiendo hamsters de laboratorio. Nos dicen con qué otro signo no debemos relacionarnos, con quién debemos hacer negocios, o con quién compartiremos una agradable velada llena de sexo, hasta parece que nunca hemos acertado en el signo de nuestras parejas, malditos astrólogos. Hay que admitir el inmenso porcentaje de personas que se queda impasible observando qué le deparará el día de hoy, la semana, el año, o la vida. Manipulando su realidad cotidiana adaptándola a las posibilidades que le sugiere el horóscopo, llegando por ejemplo a invertir en acciones de una empresa ocupada de capar monos en el Paraguay o depilar focas en la Antártica, dado que era “buen tiempo para los

futuro según la fecha de nuestro nacimiento –pueden llegar a utilizar incluso la hora-. Sin embargo, lo importante es que esa persona sea capaz de distinguir entre la carta propia, de otra que no lo es. Si las personas ven reflejado su carácter en una carta cualquiera, entonces la capacidad de predicción que supone tener la astrología es nula, porque estas afirmaciones son tan generales que se pueden aplicar a la mayoría de las personas. Históricamente se han elaborado diversos tests para demostrar tal extremo. El investigador Geofrey Dean, “invirtió” las lecturas astrológicas, sustituyendo las frases para que digan “exactamente lo opuesto” a lo que decía la carta original. Aún así el 96% respondió que las lecturas les eran aplicables. Vagas al extremo las profecías, si en positivo o en negativo valen igual, podríamos decir que los sofistas han sobrevivido al paso de los años, pero como tales se han ocultado bajo el nombre de “científicos de los astros”. El mismo Dean, en 1985 puso a prueba a 45 eximios astrólogos. Estos debían decidir si un sujeto era “introvertido o extrovertido” (característica de la personalidad fácil de determinar mediante un test psicológico) según sus cartas astrales. Por otro lado, otras 45 personas cualquiera debían decidir sobre el mismo aspecto pero por simple “azar”. El resultado fue desastroso, los astrólogos acertaron aún menos veces que quienes “predijeron” por

simple conjetura. El maravilloso azar, es incluso más certero que estas cartas inicuas. Muchos otros tests fueron atropellando sistemáticamente a los paladines de esta patraña, aunque es mucho más complicado encontrar estos artículos, ya que la Astrología es claramente un buen negocio, y nuestro mundo también. Ciertamente hasta los más escépticos nos hemos sentido atrapados por alguna descripción “astrológica” (lo vamos a proponer a la Real Academia). Muchos se sienten atraídos por esta “rara magia” que es la predicción, y en especial si la tarotista del barrio nos augura excelsa prosperidad, abundante salud y una feliz y apasionada relación, a pesar que nunca estornudamos más de dos veces seguidas. Los manipuladores ofrecen vaguedades aplicables a todos los seres humanos. Todos tenemos proyectos que no hemos alcanzado y que aún deseamos realizar, todos sufrimos ante los problemas, absolutamente todos queremos más dinero, amar y ser amados o tenemos frustraciones grandes o pequeñas; y como dijo Protágoras, somos la medida de todas las cosas. Una tarea muy perspicaz ¿Puede alguien “deducir” lo que estoy pensando?: altamente probable, ¿Puede alguien “adivinar misteriosamente” lo que estoy pensando?: poco probable. Astrólogos, quirománticos, geománticos, lectores de la borra

de café, observadores de las entrañas de las aves, tarotistas, etc. utilizan una técnica denominada “LECTURA EN FRIO”. El Geólogo Gustavo Ferrero nos dio una original aproximación y nos brindó valiosos textos. Se trata, en resumen, de un método que entraña una dialéctica secreta por parte del manipulador. En primer lugar estos pseudos embaucadores se aprovechan del contacto con la persona, el tono de su voz, los términos que utiliza al hablar, el tipo de ropa que usa y hasta si lleva colonia o perfume. En segundo lugar va solicitando información al sujeto, pero sin nunca ser específico, de esta forma predispone a la otra persona a colaborar. Utilizan técnicas antiquísimas como la interpretación de actos, posturas o gestos, y también la observación de la dilatación del iris (expresiones muy difíciles de evitar hasta conscientemente por el hombre). Los comerciantes zocos árabes lo saben desde tiempos inmemoriales, por eso cuando le muestran un artículo lo miran a los ojos porque así saben hasta donde pueden regatear. Así se van aprovechando de cualquier manifestación mínima del entrevistado para hacer sus deducciones, ellos no “adivinan” sino que sólo nos devuelven los datos que nosotros mismos les proveemos, y por esto también cobran un rédito importante de dinero. Argumentum Astrologicum No podíamos dejar de lado una interesante
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anécdota no menos graciosa que peligrosa, y es que supuestamente en el mandato de Ronald Reagan, la Casa Blanca organizaba y reorganizaba su agenda diaria basándose en las predicciones de un astrólogo de San Francisco. El ser humano, aún siendo un animal racional, posee un fuerte componente irracional, normalmente manifestados en forma de impulsos o sentimientos. Esa parte irracional nos lleva a mostrar fobias o filias desproporcionadas, a tener ataques de ira o de pasión desenfrenada sin motivo aparente, o a enamorarnos de una persona sin acaso conocerla. Lo que debemos hacer con esa irracionalidad no es oponernos a ella, sino conocerla y asumirla, para poder comprender mejor nuestros propios actos. Como un cronista de la revista Cosmos dijo 15 años atrás, no podemos olvidarnos de otros componentes irracionales que influyen en la astrología, tales como la ignorancia o la tendencia a no reconocer nuestros propios errores. ¿Qué lección podemos aprender de esto? Quizá sea muy difícil convencer a un creyente en la astrología empleando argumentos racionales, sencillamente porque él no se fundamenta en la razón para su defensa. Por el mismo motivo, es prácticamente imposible convencer a un integrista islámico de que la guerra santa no es justa, o a un racista de que blancos y negros deben tener los mismos derechos: todos ellos actúan movidos por motivos ajenos a la razón. ¿Quosquem tandem astrólogos? A ver, a ver… hasta cuando seremos presa fácil de estas aves de rapiña. Aquí van algunas preguntas para hacer y para hacernos. Empecemos por una de las más vulgares de todas ¿Cuál es la probabilidad de que un doceavo de la población mundial tenga el mismo tipo de día? Una división simple indica que unas 400 millones de personas tendrán el mismo tipo de día, todos los días. No importa si estemos bajo el mandato de

Gandhi, Stalin, Fidel, Mussolini o Mandela. Dada la necesidad de cumplir con tantas predicciones, es claro por qué están escritas en el lenguaje más vago y general posible. ¿Si los astrólogos son tan buenos como dicen, por qué no son más ricos? Popular pregunta, ellos han respondido sistemáticamente que no pueden “predecir eventos específicos”, de todos modos los astrólogos podrían hacer millones haciendo predicciones generales sobre el comportamiento del mercado accionario o de la economía y así no tendrían que andar cobrando altos “honorarios profesionales” (vaya profesión) a sus ingenuos clientes. ¿Cómo es que actúan las fuerzas de atracción gravitatorias? Pregunta un tanto más sofisticada. En síntesis, para algunos astrólogos la posición de Júpiter en el cielo condiciona la personalidad del bebé. Pero como aprendimos en la secundaria, la atracción depende de la masa y de la distancia, así es que es raro que los “astrolocos” no tomen en cuenta que la atracción gravitatoria de una persona presente en la misma habitación que nosotros es comparable a la de Júpiter, y ni hablar del médico que trae al mundo al baby!! Éste produce un jalón gravitacional cerca de seis veces el de Marte y algo así como dos billones de veces la fuerza de mareas. Espero que les sirva este dato que nos insumió varios cientos de tipeos en la calculadora científica. Más allá de que nuestro espíritu pacifista pudiera otorgar el “beneficio de la duda” a estos ladrones de pelo y medio aceptando que pudieran existir influencias fuera de nuestra comprensión actual del universo, hay un punto final y devastador: LA ASTROLOGÍA NO FUNCIONA. Mientras estos salames importantes se han ocupado de ganar dinero aprovechándose de las necesidades existenciales de la gente, científicos físicos y sociales han tenido que perder el tiempo en realizar los exámenes estadísticos como los ya expuestos.

C’est le commencement de la fin Todo esto nos lleva a realizar una pregunta imprescindible de cualquier retórica: ¿Esconde alguna virtud la astrología? Luego de un pasmoso silencio y de escarbar en lo más profundo de nuestra inventiva, no podemos reconocer otro mérito que el mencionado en los albores de este artículo. Es decir, creemos que tuvo una gran significación como precursores de la astronomía, como inspiradora de los grandes matemáticos de la historia como así también de grandes poetas, ¡quien no ha dejado de fascinarse con las lecturas sobre dioses y oráculos en las prosas de Homero y de Virgilio! Lo que es inconcebible es la cantidad de personas (miles, miles y miles) que toman decisiones respecto de su vida personal, tomando como base una práctica utilizada en una época en que la visión del mundo estaba dominada por la superstición y la magia. No podemos permitir (ansiamos que sea este nuestro pequeño aporte) que otra generación de jóvenes y no tan jóvenes permanezca atada a una antigua fantasía, nacida en un tiempo en el que nos acurrucábamos alrededor del fuego, temerosos de la oscuridad. Ya en las postrimerías de estas líneas nos invitó el recuerdo de un día otoñal, en que nuestro amigo Fran, luego de rendir un difícil final de Botánica, dijo viendo un sauce llorón “que alegría que los árboles vuelvan a ser árboles”. En ocasión de este pesado artículo deseamos poder salir airosos a contemplar el cielo y ver a Venus como canal de aire… perdón, como aquel lejano y misterioso planeta y no como un banco de datos para decidir con quién debemos contraer matrimonio. Nos parece que la consigna es amparar bajo las reglas del Fair Play nuestro libre albedrío y construir la posibilidad de un futuro esquivo a cualquier predicción, que mala o buena, sólo desplazaría la apasionante capacidad de sorprendernos que tenemos los animales de este planeta.

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