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Universidad de Costa Rica, Instituto de Investigación en Educación INIE, Proyecto ED-2145

Taller de Capacitación para profesores de español:
Módulo: Literatura y creatividad. Facilitador: Gabriel Quesada Mora
Gabriel Quesada Mora La culpa es de los tlaxcaltecas


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La culpa es de los Tlaxcaltecas
El tiempo de lo fantástico: entre la realidad y el mito



Gabriel Quesada Mora
egogarnez@hotmail.com


“Alcanzó a cerrar otra vez los párpados, aunque ahora
sabía que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el
sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos
los sueños; un sueño en el que había andado por extrañas
avenidas de una ciudad asombrosa, con luces verdes y
rojas que ardían sin llama ni humo, con un enorme insecto
de metal que zumbaba bajo sus piernas”.

La noche boca arriba. Julio Cortázar



Elena Garro publicó La cumpla es de los Tlaxcaltecas este cuento en 1964, texto que
formó parte de la obra La semana de colores. Es bien conocido que en esta década de los
años 60 y 70 la literatura latinoamericana tuvo en despliegue extraordinario a nivel
mundial. Escritores como Cortázar, Carlos Fuentes, Vargas Losa, García Marqués, cada
uno con su estilo peculiar de trabajar con el lenguaje. Con este cuento Elena Garro resulta
ser una de las escritoras pioneras –en el marco del Boom latinoamericano– de esta forma de
escritura en la que hay un juego con el tiempo, de límites anulados entre lo real y lo
fantástico, la configuración de una realidad distinta en la que converge la historia, lo
insólito y lo mítico.

La culpa es de los Tlaxcaltecas tiene una clara dimensión fantástica: basta con
observar que el tiempo del relato manifiesta ya una perturbación de la normalidad. Aunque
al principio da la impresión de que la acción transcurre si mayor novedad: “Naya oyó que
llamaban en la puerta y se quedó quieta... abrió con sigilo y miró la noche” (Garro, 1964:
9). El cuento inicia in media res –en medio de la acción–, no hay una preparación previa de
espacio, circunstancias, etc., el lector es puesto ya a medio camino de lo que está
ocurriendo. Este recurso lo vemos empleado también en otros textos narrativos de gran
calidad literaria como los cuentos de Juan Rulfo: ¡Diles que no me maten! y ¿No oyes
ladrar los perros? Lo anterior crea la expectativa del lector de querer saber las causas
últimas de esa acción en la que se encuentra de principio.



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La culpa y la traición

El encuentro de Nacha y la señora Laura en la cocina resulta ser el espacio y el
tiempo en el que Laura cuenta lo que le ha sucedido en los últimos días y acaso siglos.
Laura entreteje sucesos de su tiempo actual (segunda mitad del siglo XX)
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y sucesos del
siglo XVI cuando el imperio azteca sucumbió ante la conquista de los españoles liderados
por Hernán Cortés (1519).
En un primer momento Nacha experimenta el asombro de ver nuevamente a Laura:
“¡Señora!... Señora, el señor... el señor la va a matar. Nosotros ya la dábamos por muerta”
(Garro, 1964: 9). En el tiempo lineal Laura llega de nuevo a la casa luego de casi dos meses
de estar desaparecida. De aquí el asombro al verla llegar además con “el traje blanco
quemado y sucio de tierra y sangre” (Garro, 1964: 9).

“¿Sabes Nacha? La culpa es de los tlaxcaltecas” (Garro, 1964: 9) dice Laura. Nacha
guarda silencio porque la referencia a los tlaxcaltecas es ya una irrupción en la normalidad
de la situación. No decir palabra en este caso es una actitud de asombro frente al misterio,
el silencio frente a algo que ya sobrepasa el ámbito de lo conocido. Luego de esta
afirmación que da título al cuento la misma Laura a afirma ser traidora como los
tlaxcaltecas. Esta vinculación entre los tlaxcaltecas y la traición tiene su fundamentación en
el hecho histórico de la existencia del pueblo tlaxcalteca, pueblo que nunca pudo ser
dominado totalmente por los aztecas. Los tlaxcaltecas apoyaron la empresa de conquista de
Hernán Cortés, esto en el marco de la época resultó una estrategia política-militar para
oponerse al dominio azteca. Con el tiempo se forjó la idea de “la traición de los
tlaxcaltecas”, esta idea tomó fuerza en los siglos posteriores y se convirtió en una
justificación para menospreciar a este pueblo. Aquí se puede reflexionar en el tema de la
culpabilidad individual y colectiva. Los hijos no son responsables ni culpables de las
acciones de sus padres, los actos humanos son personales, no colectivos. De esta manera
seguir culpando de manera colectiva a un pueblo en el presente por los actos de sus
antepasados es una acción orientada a seguir cultivando el odio. Y sobre el odio no se
puede construir la fraternidad de las personas. Es bueno y sano recordar para no repetir los
errores del pasado, aquí la historia como maestra de vida, comprender la historia para
rectificar en el presente es un acto de soberana libertad y autogobierno.

“Sí, yo también soy traicionera, señora Laura” (Garro, 1964: 10). Hay una mutua
identificación de ser traicioneras. Es bajo esta condición que Laura siente confianza para
continuar su historia. La traición tiene sentido cuando la persona actúa de manera en que ha
faltado a la palabra dada, cuando se actúa faltando a los principios que se ha elegido como
rectores de la vida. La traición tiene rostros precisos porque afectan directamente a
personas concretas. Además hay culpabilidad en la traición cuando la persona sabe que
pudo en libertad actuar de otra manera. Veremos más adelante que Laura tiene la
posibilidad de rectificar y se va con su esposo del siglo XVI.




1
Por la referencia histórica del presidente mexicano Adolfo López Mateos (1958-1964).

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El tiempo

La historia real del ser humano ocurre en coordenadas espacio-temporales concretas.
No se puede entender a la persona al margen de estas coordenadas. El artificio literario
permite una apropiación del tiempo y del espacio y configurarlo de acuerdo a la nueva
lógica del relato ficcional.

En el cuento de Elena Garro las primeras pistas de una temporalidad distinta nos la da
la luz:

La luz era muy blanca y el puente, las lajas y el automóvil empezaron a flotar en ella.
Luego la luz se partió en varios pedazos para convertirse en miles de puntitos y empezó a
girar hasta que se quedó fija como un retrato (Garro, 1964: 11).

Los objetos del tiempo actual del relato (siglo XX) empiezan a flotar en la luz, hay
luego una fragmentación de la luz que siguiere una quiebra del tiempo lineal y absoluto.
Las seguridades y los referentes se desajustan para dar lugar a otra temporalidad que se rige
por otros parámetros, otra lógica entra en el relato:

El tiempo había dado la vuelta completa, como cuando ves una tarjeta postal y luego la
vuelves para ver lo que hay escrito atrás. Así llegué en el lago de Cuitzeo, hasta la otra
niña que fui. La luz produce esas catástrofes, cuando el sol se vuelve blanco y uno está en
el mismo centro de sus rayos (Garro, 1964: 11).

Hay un desplazamiento temporal hacia la infancia: de la mujer del siglo XX hacia la
niña del siglo XVI. La catástrofe es la perturbación temporal que la ubica ya en esa otra
realidad en la que convergen dos temporalidades:

Pero el tiempo se cerró alrededor de mí, se volvió único y perecedero y no pude moverme
del asiento del automóvil (...). Allí venía él, avanzando por la orilla del puente, con la piel
ardida por el sol y el peso de la derrota sobre los hombros desnudos (Garro, 1964: 11-12).

Como se observa en este primer encuentro, ni están totalmente en el siglo XX –
tiempo actual– ni en el siglo XVI –tiempo mítico de la invasión española y la caída de
México-Tenochtitlan–. Elementos de estas dos realidades se encuentran en un nuevo plano
temporal: el puente y el carro, el guerrero indígena y Laura de niña. Luego el tiempo se
vuelve a cerrar y deja a Laura en la fragilidad propia del devenir: “el tiempo se volvió único
y perecedero” (Garro, 1964: 11).
Otro aspecto importante es que Laura asume con naturalidad la irrupción de este
tiempo mítico-indígena:

No me asombré. Levanté los ojos y lo vi venir. En ese instante, también recordé la
magnitud de mi traición, tuve miedo y quise huir (Garro, 1964: 11).

Ella sabe e intuye motivos y afectos, no es necesario explicar todo racimalmente en
este ámbito de lo fantástico. En Laura no hay escándalo frente a los acontecimientos que
van sucediendo. De cierta manera ella se sabe parte de estos dos mundos separados por
quinientos años.
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El relato da cuenta de los acontecimientos de una mera continua, como si todo fuera
parte de una sola realidad. Se borran las fronteras y surge lo nuevo.

Cuando se fue, volví a oír los gritos del combate y salí corriendo en medio de la lluvia de
piedras y me perdí hasta el coche parado en el puente del Lago de Cuitzeo.
—¿Qué pasa? ¿Estás herida? —me gritó Margarita cuando llegó. Asustada, tocaba la
sangre de mi vestido blanco...” (Garro, 1964: 15).

Sin embargo, los personajes propios del siglo XX miran todo desde la perspectiva de
su tiempo: para Margarita, el mecánico y luego el señor Pablo, Laura fue violada por un
indígena. Ellos no entran en el juego de la realidad mítica de los acontecimientos, están
anclados en la lógica occidental del siglo XX. No participan activa y conscientemente del
acontecer fantástico.


La locura

Para los personajes de Pablo, Margarita, el médico y Josefina, el comportamiento de
Laura –al no ajustarse a los parámetros de la lógica occidental– resulta propio de un estado
de locura. Los silencios de Laura, su mirada, sus deseos, etc., fueron rápidamente
racionalizados como locura, depresión, producto seguramente de una violación.

—Mamá, Laura le pidió al doctor la Historia... de Bernal Díaz del Castillo. Dice que es lo
único que le interesa.
La señora Margarita había dejado caer el tenedor.
—¡Pobre hijo mío, tu mujer está loca! (Garro, 1964: 28).

El libro de Bernal Díaz no es gratuito. Hace referencia a los eventos de la caída del
imperio azteca. Para Laura este libro supone una conexión con el tiempo y el mundo que
ella está hace poco ha vuelto a experimentar.

Es importante tener presente que el ser humano precisa de nombrar las realidades
como primer acto de dominación. Nombrar como locura el estado de Laura es una forma de
delimitar y querer dominar esta realidad. Lo conocido da la sensación de seguridad, la
etiqueta de locura disminuye la sensación de peligro y de amenaza.

Según la lógica propia del relato comprendemos que Laura más bien actúa de acuerdo
a la realidad mítica de la que es parte desde hace muchos siglos. No será ya locura sino
correspondencia al llamado de su esposo y de su tiempo ancestral. Por esto Nacha le dirá a
Margarita al final del relato “Yo digo que la señora Laurita no era de este tiempo, ni era
para el señor” (Garro, 1964: 33).

“El tiempo y el amor son uno solo”
El guerrero indígena anda buscando a Laura, la encuentra en el tiempo convergente
de esos dos mundos. Luego con ella en la ciudad azteca que se desmorona son testigos del
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fin del tiempo del hombre azteca. Él le dice “Ya falta poco para que se acabe el tiempo y
seamos uno solo...” (Garro, 1964: 14). El amor humano acontece en el tiempo histórico, en
esta oportunidad se abre una nueva posibilidad temporal de llegar a la unión y compartir en
el amor. Sin embargo, hay que recordar que el amor entre dos personas no es la fusión de
una en la otra, como si una se perdiera y se diluyera su especificidad personal. Una fusión
sería la dominación de un ser sobre otro. En cambio ser uno solo en el amor es seguir
siendo dos personas distintas pero tan íntimas en la vivencia del amor que son ya una sola.
Bien le dice el guerrero a Laura “los dos hemos de quedarnos el uno en el otro, para entrar
en el tiempo verdadero convertidos en uno solo” (Garro, 1964: 14). El amor inaugura un
tiempo nuevo, nada sigue siendo igual cuando el amor inunda la vida. En el relato más bien
el matrimonio de Laura con Pablo no es amor auténtico. Él la agrede, la abofetea, es
violento y posesivo. No hay un ámbito de libertad, sino de imposición, de miedo. Por el
contrario con el guerrero indígena hay un ámbito de afecto que acoge y cuida de la persona
amada.
Laura tiene una especie de redención final porque al terminar el relato elige irse con
su esposo, el primero, en medio de una sociedad rígida e impositiva elige lo que primero
había perdido, se le da una segunda oportunidad y rectifica su camino en medio de unas
dimensiones fantásticas que hacen posible el reencuentro.





Elena desde pequeña fue hiperactiva, esto la llevó a convertirse en una gran escritora,
estudió literatura en la UNAM, era de puebla, donde conoció a Octavio Paz y se casó con
él.
Comenzó a escribir periodismo a los 40 años, vivía en una época de represión ya que el
estado controlaba todos los medios, siempre criticaba la hipocresía de las camarillas del
poder. Venía siendo la piedrota en el zapato para estás camarillas.
Fue una escritora que lucho por la libertad de las mujeres y defender a los indígenas, fue
una mujer a la cual se le reprimió durante su vida y sin embargo ella siguió manteniendo su
posición ante la sociedad firme en las ideas que tenía.
Tuvo que salir del país por un tiempo, ya que era acusada de haber participado en el
movimiento estudiantil del 68, vivió en Francia con su hija, regresó a México y su salud
comenzó a deteriorarse a causa de un cáncer de pulmones, sobrevivía con un tanque de
oxígeno, no dejaba el cigarro ni la coca cola.
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En su obra que es en este caso "La culpa es de los tlaxcaltecas" encontramos que Elena
plasma sus preocupaciones sociales, culturales, étnicas y políticas; por ejemplo "-Mama
Laura le pidió al doctor la historia de Bernal Díaz del Castillo Dice que es lo único que le
interesa…” , también se distorsiona el tiempo, para que el presente se repita o se parezca al
pasado, por ejemplo “Recordé el olor de las hojas de maíz y el rumor sosegado de sus
pasos. Así caminaba, con el ritmo de las hojas secas cuando el viento de febrero las lleva
sobre piedras… andaba en esos tristes pensamientos cuando oí correr al Sol y las hojas
empezaron a cambiar de sitio…” También encontramos que el fenómeno de la muerte es
tomado en cuenta, es decir que los personajes pueden morir y volver a vivir, por ejemplo:
“Había muchos muertos que flotaban en el agua de los canales…”, se presentan también
planos de realidad y fantasía “Señora ya llego por usted… Después cuando Laura se había
ido para siempre con él, Nachita limpió la sangre y espanto a los coyotes…”, el tiempo se
maneja cíclico “Nacha oyó que llamaban a la puerta de la cocina y se quedo quieta era la
señora Laura… en ese instante levante los ojos y recordé la magnitud de mi traición…”
Además contiene elementos mágicos que los personajes perciben como normales “Al
anochecer llegamos a la Ciudad de México ¡Como había cambiado Nachita, casi no pude
creerlo! A las doce del día todavía estaban ahí los guerreros y ahora ya ni huella de sus
pasos.”
También podemos destacar el cambio de tiempos, mezclando el presente con el pasado y a
veces con el futuro, en ocasiones el tiempo se detiene como si no corriera.
Podemos encontrar palabras desconocidas como higuera que es un árbol que da higos,
ensimismada que refiere a estar pensativo, estrépito que alude a un gran ruido.
En cuanto a los recursos estilísticos y su interpretación destacan las sinestesias, un poco de
metáforas, la exclamación y un tanto de comparación, casi nada de repetición. En estos se
interpreta que había desesperación, había silencio y dolor, amor, palabras profundas, había
un panorama parecido al terror, enojo, lástima, tristeza, encontramos una gran serie de
sentimientos que se desencadenan en el transcurso de la obra.
El cuento es interesante pero un poco enredado al principio y a lo largo de la obra, una ves
entrado en la obra es un poco entendible, característica del realismo mágico, de hacer
cambio de tiempos y te puedes perder, debes darte cuenta cuando hay un cambio de
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tiempos y en las voces, de un momento a otro puede cambiar el guion. Cambiaban de
escenarios cotidianos y paisajes, del común a un antiguo.