EDIGIÍII{ES $IGIfl UEII{TE

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LEFEBVRE
LA VIOLENCIA
Y EL
FII{ DE
LA HISTORIA
EDICIONES
SIGLO
VEINTE
BUENOS AIRES
pág.
1
Adoertencia .. ..
CaPítulo
Pri,mero
HEGEI/, MARX, NIETZSCHE:
SOBRE LA HISTORIA
Hegel, Marx, Nietzsche
Hegel. ..
Malx . . ..
Nietzsche . .
Hesel v la historia
Viia
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muerte de la histolia segrin Hegel
Hegel y el tiempo
La"hisioria y la muerte según Hegel
La historia y el sistema según Hegel . .
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y el fin de la historia
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Heáel v Ia historicidad
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Las" contradicciones del hegelianismo .
Figuras
y sistema en Hegel
HJgeHanismo y fenomenología hegeliana
SobJe la racionalidad hegeliana
La finitud hegeliana
A propósito dé la
"sistematicidad" de Hegel
El neo-hegelianismo
EI heeelianismo
y el mundo moderno
Histor"ia y dialéctica después de Hegel
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Marx-Hegel
Marx v lá historicidad . . .
El
"reíno de los fines" segirn Marx .
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¿Quién
hace la historia según Marx? . . .
22. ÉLegel, N,'{arx y le iucha a muerte
23. La historicidad sesún Marx
24. Marx y la "objetividad"
histórica . .
25. Finalidad de la historia según Marx . .
26. El fin del Estado en N{¿rrx . . . .
27. El fin de las ideologías según Marx . . . .
28. El fin de la fiiosofía, según Marx .
29. Fin de la historia en Marx
30.
Qué
es la historia, según Marx .
31. La historia y la eccnomía en
"El
Capital" . .
32. Sobre
"EI
Capital'
33. Fin del dinero, según Marx
34. El fin de la naturaleza en Marx . .
35. La muerte del arte . . . .
36. Marx,
¿;hombre
histórico? . . . .
37.
¿Marx
izquierdista? . .
38. De Hegel a }.Iietzsche .. ..
39. Las
"intempestivas"
. .
40. Las
"intempestivas"
(continuación)
41. Las
"internpestivas" (contintiación)
42. I-a liquidación nietzscheana de la historia . .
43. Nietzsche y Grecia
44. F,l proceso a Sócrates
45. Hegel, N{arx, Nietzsche y la filosofía . .
46. Más sobre Ftregel, N,{aix, Nietzsche . . . .
47. Nietzsche contra la conciencia histórica . .
48. El fin nietzscheano de la historia . .
49. Nieizsche sobre Ftregel y la historia . .
50. Repetición y eterno retorno
51. Sentído y verdad en Nietzsche . .
52. La autodestrucción de la histoiia, segírn Nietzsche . .
53.
¿'Nietzsche
"reaccionario"?
. .
54. La infelicidad de la conciencia en Nietzsche . .
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48
Capítulo Il
HISTORIA E I]ISTORICIDAD
Las contradicciones de la historicidad . .
Marx y el método hislórico . .
Marx y el relativismo histó¡ico
Historia e ideología ..
Más sobre
"El
Capital" . .
Naturaleza e historia
Industria e hisioria ..
El saber del Estado y la ciencia . .
Nacimiento de la historia
(en
Francia)
Condiciones de la historicidad
Fundamentos de ia historicidad . .
La hístoria como referencia .
Un curioso mito: la aceleración de la historia . . . .
La historia contemporánea .. .. ..
¿Qué
es la
"disciplina"
histórica? . .
Algo sobre la historia institucional (y la filosofíu) ..
Revolución e historicidad ..
Sobre las épocas históricas (historia e individuo, his-
toria y noveia)
¿Qué
es el devenir? . .
Acumuiación e historicidad .
Ilusión histórica
Historicismo
Historia y movimiento dialéctico .. ..
Trastrocamiento del hegeiianisrno . . .
Hisioria y escritos
Escribir v hacer
Los graídes hombres
Historia y sociclogía
Crítica de Ia
"historia"
. . .
La historia como problema . .
Los campos ciegos de la historia . .
Historia y causalidad
Ilusiones y sofismas .. ..
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Histolia e inconsciencia .. .. .,
¿Flistoria
latente?
¿Historia
manifiesta? . .
I-a historia abismal
Psicoanálisis e historia
Epistemología e historia
Lingüística e historia
Las formas y la historia
El discurso histórico . .
Lógica e historia ..
Filosofía de la historia y/o historia de la filosofía ..
Historia del ser
Clausura de la historia . .
FIisto¡ia y cotidianidad ..
Iiistoria y esirategia .. ..
Pa-ra una renovación de la historia
¿.Cómo
salvar la historia? . .
Cuestiones de método histórico (continuación)
La historia y la burguesía .. .. ..
¿Ontologización
de la historia? . .
El stalinismo y la historia . .
tr-a gloriosa decadencia . .
Revolución e hístoria
El fraca.so dc ia historia . . .
h,{uerte de la historia . .
Fin de la conciencia histórica . . . .
"Homo
historicus" . .
Ca,pítulo ItrI
LA SALIDA DE LA HISTORIA
Sentido del fin
La gran decepción ..
Lo <¡ue no termina . .
El
"peso
de la historia" . . .
Las particularidades históricas . .
De ia historia a la pauperiz.aci.ón (intelectual) ab-
soluta .
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Eciípse dc lrr hjsto,in
I-Iistoria y cultura
I-a cultura y 1as clases n-redias
Sobre la modernidad . .
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¿'Borrar
la historia? . .
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Los cambios ..
1g1
El índividuo y la historia . . 1g2
La alienación histórica . .
La liistoria en tlozos (la destrucción de la historia)
Corrcepto cle tiempo
Flulalídad de tierapos . .
De la historia c,,rro representación . .
Lers desigu;rldades del desarrollo . .
Del acoirtecirniento . .
Ironía de la historia . .
juego
cle palabras ..
De Xa historia universai a la hisLoria mundial . .
Disociación de lo
"Weltgeschichtiich"
..
Sobre la histor.i¿r nrundial ('"Weltgeschichte',)
..
El período
de tr¿rnsición y la salidá de la hisioria . .
Lns l'lses
Las categorí¡is t:ranstrrist¿ri;";'.. .. .. .. ::
tr-:r superación de la historia . .
l-a utopía hisNórica . .
El tedio poshístórico
Las parodias de Ia hjstoria
Filosofía y metafilosofía ..
La apropiación . .
La socieclacl poshistó;'ica . .
El senticlo de la hist<¡ria . .
El cuerpo histórico . .
La comuna cle Farís
La capacidad histórica . .
La gucrra y \a paz . .
Reivindicaciones transhistóricas
La salida de Ia historia
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Resumen
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concLttsiones
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Título del original en francés
LA FIN DE L,HISTOIRE
Les Editions d.e Minuit, París
Traducción de
ALFREDO LLANOS
Queda
hecho el depósito que previene la ley 11.723
EDICIONES SIGLO VEINTE
-
Maza 177
-
Buenos
Impreso en Ia Argentina
-
Printed in Argentina
@bv
Aires
f4n
ADVERTENCIA
I
l{stc libro no es la obra de un filósofo aunque contenga
irl¡¡rrrrirs consideraciones filosóficas (más la crítica metafiLo-
sitlico tle toda filosofía). No es el trabajo de un sociólogo, si
lricrr <:ontiene elementos de sociología, ni el de un historiador,
¡rrru <:uando eI autor ha realizado alsunas investigaciones his-
lrilir'¿rs antes de permitirse el cueslionamiento dó la historia.
,'Sr,r'ii
"inclasificable"?
¡Pesado
título para llevar! Sin embargo,
,'¡,or
<1ué no declarar desde el cornienzo que este lit¡ro sale de
l,rs r:u¿¡dros de la división del trabajo intelectual, tal corno eIIa
rrr' lrir instaurado en el
pensamiento
sornetido a las instituciones
lullrrr¿rles? Vale más prevenir. He aquí 1o hecho.
¿No
podrá
¡tlrir:¿trse esta obra? En absoluto. Elia se desliza en una línea
rlc t:rcstas entre vertientes: filosofía, historia, sociología, bus-
r'¡rr¡rkr clominarlas. Hay que recordar que las obras de Hegel,
rlr' l\4arx, de Nietzsche que servirán de punto de partida para
trrr l.r;ryecto difícil no entraban en los cuadros según separa-
r i.ncs liien delimitadas.
¿Pensaba
Hegel como enciclopedista?
,'
Y lV;rrx? Sus obras no pueden encerrarse en departamentos
r",l;rr¡r'os: frlosofía, economía política, historia, sociología, etc.
l'lrr cr¡iulto a Nietzsche, se ha querido interpretarlo corno poeta,
lilosril'i<:a o científicamente insignificante; advertirnos que es
r'l riltirno filósofo occidental, iniciador, con Marx, de una línea
rlrr(, no
¡luede
definirse ni por la filosofía clásica ni por la
r ir,rrci¡r catalosada.
l,lrr 1968, los estudiantes
¿no
han rechazado
-s¡f¡s
6f¡e5
rr'.¡r.r los de la sociedad y del mundo actuales-, Ia división
eri i'l
tr
del trabajo, técnico en apariencia, en realidad social, vale decirn
determinadas por el mercado y sus exigencias, hasta en el
plano intelectual y rnental? Cierta e incierta mezcla de des-
menuzamiento especializado y degradado enciclopedismo no,
contenta más que a los institucionalistas del saber.
Aún por algún tiempo, el perrsarniento en Europa, en
Francia, y la simple conciencia (individreal y/o social) con-
servan variadas clirnensiones; así este pensamiento y esta con-
ciencia difieren del pensarniento y de la conciencia en otros;
países,
]. sobre todo del pensamiento reducído a Ia sóla dimen-
sión del empirismo y de la comprobación.
Tres dimensiones: filosófica, históri.ca, práctica, dan su
cornplejidad a la forma europea tle pensarniento y de con-
ciencia. Por las dos primeras, {ilosófica e histórica, tiene un
enfoque y un designio críticos. Para "nosotros", europeos,
nada de conocimiento sin teoría (sin conceptos elaborados)
y sin crítica de lo que se realiza. La práctica no puede conce-
birse ni hacerse independientemente de esta reflexión; lo
práctico-crítico predomina, no 1o pragmático y 1o "positivo".
¿Por
cuánto tiempo?
También la clase obrera está marcad¿
-¿616s
y con-
qisn6i¿-
por la historia v la reflexión crítica. ElIa posee, a
su manera indistinta
l.
pujante? la dimensión histórica (refe-
rencia a las revoh-rcioncs) y la dimensión negativa.
¿Tendría
una conciencia de clase, en eI sentido de una autoconciencia,
separable, opuesta a la de la burguesía como clase? Exacta-
mente no? porque la brlrguesía misma no puede deshacerse
fácilmente ni del pasado ni de1 criticismo, en la medida en
que las "tradicionbs", todavía no desgarradas en ritos con-
mernorativos, en recitaciones anecdóticas, permanecen en eI
centro de la "cultura". En la conciencia proletaria y en la
conciencia burguesa, las acentuaciones se diferencian más que
la "esencia" o las "dimensiones". Ahora bien, se anuncia una
crisis euronea de esta "cultura". IJna amenaza se cierne sobre
esas dimensiones; se trata de reducirlas, de sofocarlas.
¿De
dónde procede esta amenaza? La exclusiva preocupación de1
crecimiento económico desempeña el papel de una ideología
que constriñe, así como Ia prioridad que se acuerda a lo cuanti-
t¿rlivo hasta en las reivindicaciones r¡ aspiraciones obreras. La
l.rlr:nica y la tecnología, con el soportá soóial du su importancia,,
csl.o cs7 la tecnocracia y la trurocracia asociadas, ejercen presión
solrrc lo que las interfiere. Se supone a veces que ese medio
sot:ial, técnicos
¡r
tecnócratas2 en una palabra, "tecnoestruc-
l.rrra", puede desernpeñar un "papel histórico". Si así fuera,
srrrí¿r en detrimento de la historia. La conciencia histórica
lrrrba a esa gente y sobre todo, le es extraña.
La conciencia (individual y/o social) no se percibe en
l,lrrropa y sólo se concibe con ciertos reparos. Espontáneamente.
loma corno referencia el tiernpo histórico.
¿Cómo
podría ser
rlc otra manera en una resión del mundo oue "culturalmente"
¡rosee
dos mil años cle reciierclos, cle epopeyas revolucionarias?
Strprema riqueza. En Francia cada uno sabe y siente que Ia
r'¿rzón filosófica se acerca más al buen sentido crítico definido
¡ror
Descartes que a la razón de Estado o del intelecto prag-
rrt¿itico.
¿Acaso
no podrían descubrirse aquí las motivaciones
r¡trc ha dado al movimiento estudiantil en Alemania y en
l,'rancia, su impulso y su capacidad, que permitieron desbórdar
los objetivos limitados, como el de encerrarse en una micro
sot:iedad marginal y cuestionar la sociedad en su conjunto?
Sí"
¿rnas
por cuárnto tiernpo todavía?
El americarrisrno (ideología de la productividad, empi-
rismo y positivisrno, pragmatismo) destruye y sofoca tanto
l;r r:onciencia como eI pensamiento. La potencia ideológica del
l'lslado que utiliza para todo sin discriminación y la filosofía
.y
l;rs conrnemoraciones históricas, contr:ibuyen a la degracla-
r'irirr. Sometidas, reducidas a la categoría de instrumentos
irlr'ológicos, la filosofía y la historia se áeterioran.
Esta presión sobre las dimensiones de la conciencia, del
r.¡rocimiento y de la "cultura", de ahora en adelante no
lorrlr'¿i lugar sin desgastes. Abundantes humaredas ideológicas
¡.;r'icnden sobre los campos devastados; la historia ya no di-
f rrrr,l,' claridadcs; se la uiiliza para operaciones tácticis. Mien-
llits (lue
en los proyectos iniciales (Marx), la historia y e1
,,r¡¡ot'imiento
debían disipar las ideologías, la historia misma
',,' irlcologiza.
¿'No
llegaremos a escribirla otra vez y muchas
\{'r(''i. ('11
función del presente, es decir, de una apología de.
tal o cual potencia actual? En cuanto a la filosofía'
jamás
h. l"-*á;
^salir
de la ideología'
¿Esa
ha sido su verdadera
;üi.%;i P;;t l¿;"Ias tai- falsás como la-s que anuncia
4
"fin de Ias ideologías" y considera.realizado
este trn' (Lr'
nur]i"r-
g"rr,
on
"thi
Eíhaustion of Political ldeas in tlrc
litÁt
:fne
-End
of the ldeology',.,Free
Press Paperback'
Macl,{illan, 1967; ert''particular
"Épílogo", p' 343-y sig') En
verdad es Io contrariol Las ciencias más exactas iimitan con
iu
-la*t"giu,
en Ia medida
.en
que los conocir¡rientos
fragmen-
tarios suscitan interpretacionei,
en que el detalle del saber
pa rcel ado requ iere clmen tari os' g"tl"tá I
"s
Y,
pof t",1
:igf,t^:: :".i
una filosofía o una ilusión filosófica' La propta crentrilclctad
se vuelve ideología; el empirismo, el p-ositivlsmo logrco son
iÁ.ologio.; iguai
-que
ei estructuraÍsmo'^NinSuna
id11l¡g1i h:
deuup".ecido" p*"o nuevas nubes ideológicas ascrenden en et
horizonte. ..".1-u-p'"siónsobrelaconcienciahistórica(comprer'idida
lu di*en.lór, preoiru de la cultura y. del saber: la referencia
histórica) se acompaña con una crisis dei pensamiento
histo-
riaclo. FÍallaremos^algunos
índices de esta crisis en los escntos
de los historiadores, én u,'s controversias,
en Ia reducción de
iu nráirt"*arica
hisiórica clescle hace un siglo' Cuanto más se
;il.h; i; problemhtica tlcl historiador,
más sólido él se cree
v su saber ."
-"rJo
*1ts con la itleoÍogía' Las pruebas de
ásta crisis tanliliórL st¡ cncucntr¿In en los escriios contempo-
;;;"; cottrag.udo. a ia cpistcmo ogía'. La historia ve restringir
t" pá"t". N3
",
la parLe dd lcór"¡ sino, la de una servidora;
.u itngn hasta a ,r"g,,tt" t'l cst¿rtuto teórico (epistemológico)
i
J fi"ttif¿e lugar'que aún reclama en la "episteme"'
'
U., pro(cso'irrt'versibie
ticnde práctica y
'-uót:ttT-"1^t".,1
reducjr Iá historicjdad y la historia de lo de adenlro
y lo de
afuera. Se opcran a faíor de este p-roceso extrañas e inquie-
tantes substiLucion".. I-o, objetivos-de la ciencia histórica' las
ambicicnes clet m¿totlo
I
dol'pu"tumiento
crítico son r-eernpla-
ludo, po. otras miras, otrnt intereses, olro^s oblelos y
:]]i:]1"".,:
La reóría "pura"- proclamada-con
más fuerza'
i" llllll,1-:,
manera más sutil qúe antes' Sobre su-plano, el de la
'-verctaü
'
so en lrecr.uzan la. intrigirs. Las ideas sirvcn. ¿A
clutcn:
10
11
,
(,rirrro,)
¿llstratcgias
conscientes?
-¿Manip.uleos?
,Las
ideas
¡,i,',
,1,'rr t,i,l¿r i,tocéncia, devienen nidos de víboras' El análisis
,1,' ,'rl,,s ortrotlos clebe dirigirse según las reglas del anáIisis
, r'iIico.
,,(1,,,,
qué objeto?
¿La
protesta? El-pasatismo pierde todo
',,,rr¡irio. I#posibÍe volv"et airás. Pretender restablecer un pri-
r ilt'i¡io, cl de urta conciencia y de un tipo de sabio, honesto
r "st't io", no sóio es perder el tiempo, sino que es rlusono y
¡,,'ligioso.
La protesta en nombre del pasado no puede escapar
',1
ri¿rst.o movimiento que liquida ese pasado.
Si resulta inaclmisible dejarse estar
y asistir sin un-gesto
;r lir muerte de Ia historia (á la transformación de la histo-
r ir itlad en ideología, ligada a su aniquilarniento),
esflenester
':olrrc todo po*rr"r"rrrrurrás sentidos' ,.t-""ot obletivos' El aliqu¡-
lrrrnicnto dL la historicidad y de la historia tanto como el de la
lilosr¡fía profundiza un abiirno, lugar del nihiiismo' La cues-
titirr reside en remoniar cI nihilisrno, pllesto que la historia
rr,, ha curnplido sus promesas y se
-la
vjlrrnera eir la escala
i,lr¡olósica áundial. Tácticarnente el principio es simple en
,, tluálidad: defender la historia contra tros que la atacan,
.rlircarla contra quienes la defienden. Estratógicamente,
es un
rrrru,o estilo de inteligibilidad que hace falta definir.
Hace un siglo v"medio, Ia historia apareció-al colnienzo,
,'rr toda la majéstad de la gran ciencia, del saber supremo'
l)r.spuós de la iolcmno pro.iá*oción por parle de T{eqel" ella
¡,r','londió
ser ciencia glotal <.le una completa re¡lidad' Inlenló
l,','
j,re, y soberano, pionunciándose respecto de todas las cosas'
1,,, r4igantesca estatul con vestimenta de pliegues tensos lleva
rrr¡a antorcha en lo alio de una rnano y en Ia otra la esPaoa;
l,r justicia es la historia; Ia libei:iad es tambión Ia historia'
I I saber libera. Este se áefine como ciencia de la libertad' En
,'l rnundo oriental uno sólo era libre. En el mundo antiguo
;rlrlrrrros eran libres. En eI mundo moderno, todos serán libres'
,\,'i transcurre el tier.:npo. Se agregaba a esta vísión optimista
r¡rrir reDresentación fácil de retener: el evolucionismo, que
,,,, taráó en convertirse en ideología corriente; lo superior
,.rr c de lo inferior, lo mejor de lo peor. A la luz del progreso
l,,rl. se presentaba entonces como formación, génesis, tran-
sición pero de un bien minirno hacia un estado mejor' Lo
intcligí'bte se dc[inía por la c-on.tinuidad'
Desde entonces, ál *.,"do ha cambiado mucho' La fabu-
losa, la moristruosa Mére Gi-gogne*, Ia llistoria
(-¡-H!)
|a
Duesto al alcance ,nu li.tu dá
"pequeñas
ciencias' llamadas
tr"-d
l;;
;;:t;;t,-hrr-*t
ur, .ociuieu, etc' L9 que complica la
situación, es que una de esas pequeñas ciencias todavía se
ii;;, hito.i^ (h). No ." patei" mucho a su madre' A veces
;;" i; vestimentá de su madre y otras ofrece sus encantos
nersonales. -l-{sto no Ls todo.
¿Actualmente,
quién 1o ignora?
fl".d.e eL final del siglo xrx, 1o discontinuo
aparece e
-tnvade
l*o
-u
lroco
toilos io"s dominios, a partir de la bioiog-ía y la
+rJ;
-
d¿t" r"""".;"ri"
-o¿u
dá Ia iingiiística
ha confirmado
esta invasión (que errguttd,a una
.uniláteralidad
simél'rica de
i;";;;;;in,'.i'o"¿oia
época-privilegiaba
1o continuo)'
Se
pronone entortccs .tnu ,rrJn" figura d'c inteligibilid¿d:
d,eli-
truu¿o
y rnontaje' l)esarmar y- reconstruir,
asi se derlnlo ra
operación
qlre torna ininteligible 1o real' Las transiciones
;í J*rt;;itil;";i;.
;;"'; ei de"""i', por la estabilidad v
el
eouilibrio": lal continuidailés
por las estiucturas
y configura-
ci-,¡r.es discontinuas.
Esta figura remite a la inteligrbilidad
elesquema.histórico
del tiempo. I-a ¿rmenaza conl'ra
"l
ti"-po histórico tiene pues
;;;;; i,', el pla,',o-1eó,ico; no
'sóIo
consiste en una presión
¿" ;á..f"gias e instituo,io''ás
sobre el pensamiento
te.ol-co,
Asistimos al ataque contra eI fundamettto
de la historicidad
v- Dor olra ¡arte, a
"-t'.ionnnles
esfuerzos por defenderla
o
'r""n.ontturla,
para impe'lir el desmanlclamienlo
de Ia hrstorta
ñ;;;;;;;ln'
ilo'.hu clásica del pensamiento
historiado'
II
¿Et
fin ile la historia? Parece que. estas pil:¡i"t
.tH*:
,".uri ,tr.u paradoja v hasta una contradicción
interna' ¿'Lomo
;;;r;;;;";
ii'.ut'tu t'i.toria? Siempre habrá acontecimientos;
*
Personaje de cuentos, sinónimo cle mailre con muchos hijos (N
del T.).
t2 13
.r(,nrl)r'(, or:r.rrrirá algo. El tiempo no puede terminar. Pues
l,r lri,;l,rriir y cl tiempo andan juntos; una misma idea, una
rr,,nr;r ,',,,,litlod conducen a dos interrogantes. Luego, la his-
trli;r no l.icrLe fin.
l'lstc
Prctendido
silogismo, formula-ciól del sentido común,
,,,( rr'(,( o i¿r
problemáticá fundamental. En esta perspectiva
,1ill' rro ,,t *ás que una ausencia de perspectiva:
'
| ) lll término "historia" sólo designa una sucesión de
,,, ,,rrlt't:itnientos sin vínculo racional, Ios hechos sin concate-
¡r,rr irin. Todo eshistórico o parece que lo fuera. Lo anecdótico
r' lo lristórico se confunden, cada vez coÍr mayor holgura pa-ra
l{,'; (tuc escriben relatos.
¿El
acontecimiento? Entre eI hecho
,lir','i'so y el hecho mundiil, el ámbito es arnplio.
-¿Q^uién
elige
,'l lrochó ilarnado histórico?
¿Según
qué criterios? A cada
rrr;l;lrrte ocurre "algo" y ese-"algo" se disuelve, se esfuma
,,,nro una humaredi, quizá dejando algunos rastros.
¿Dónde?
,llrr
lo "real" o sólo en la memoria? Vestigios, una sucesrÓn
,1,, vt:stigios no hacen una historia.
9)
"Fodemos
tratar de definir la historia por eI tiempo
I'i'ritrico, y a la vez ésta es una definición impiícita y.vulgar;
j,,,r'() se oud*." a una tautología. Todos podemos verlficar que
',r la rcaliclail hay ticrnpos
-últipl"s,
tiempo físico, biológico,
,,' i;rl, trempos clcücos^y lincalés.
Que
"naturalmente"
se
¡,,
ir ilegie t-rr,,o .t otro d-^ esos tiemp-os, el fisiológico. o cotidiano,
,,
,,r,u-evid.encia farniliar.
¿No-debe
el pensamiento
teórico
lil,r'r'¡rrse de tal evidencia? Si ei historiador construYe el
r ,'iu¡o
hisiórico como objeto según-un modelo que asume y
1,,
, trrla,v si ese tiempo no-fuera fundamental, se redrrce.a tlu
l, ,;,ir á o.rr.u lógiia abstracta'
¿Se
concederá que Iaüistoria
', , sc define?
¿Q*rle
hace falta admitir una realidad o una
,
'
¡lad c:¡acta dé lo histórico?
¿'Acaso
lo que aún designamos
, r' "hlrl."ia" sir'lllDr€ está unido al "golpe por golpe"? Esta
'
,..'.:csis
' i'.a sin¡ritáneamente la hisloiia como realidad
-v
,,1,,n n,ur',fa,l"; ella remite a la histo¡:icidad ccmo objeto de
,'r,cirnier.lto cie'tífico aunque permita una interesante revi-
,',rr ¿e la5 repres-'ntaciones'sisfematizadas
que conciernen aI
",r,;¡trlo.
La histct"ia no se define sino por un
fin'
De tal manera
ella tiene íinicamente una orientación, un término' La expre-
sión "fin de la historia" no sóIo tiene un sentido, sino que
fuera de ese sentid.o ia historia no se define y carece de sentido'
Sólo eI
fin
permite concebir la historicidad sin el cual no es
historia'sir.ó caos. Esto es lo que establecerá una parte dc
la obra.
-
Si supusiéramos que definimos la historia de manera teo ó-
gicu, co*'o sustituto d soporte d9
lu.divinidad,
s-e la definiría
lauáar y siempre pot .tr. fin: eI juicio-úItimo, la realización
áu fu
;"Jti"iu,
"1
trirrrrfo de Ia Veráad. La irracionalidad atri-
buida'al devánir, no se deja pensar si no se le inyecta es'ia
mínima dosis de iacionahdád. En cuanto a la entera y plena
ráoionulidud que podría atribuirse al tiempo en oposición a la
teología y a'la metafísica tradicional,, igualmente
:le"l1"
el ob]etivb, el término, eI fin. Racionalidad y.finaltdad
+lttl
ricas'marchan
juntas, se definen un-a a-otra' La racronalrdao
implica nexo y concatenación de los hechos segúrr cierta causa-
lidad, formai o eficjente' que no puede concebirse racional-
mentá sino de acuerdo .án'rrnu causa final' La finalidad no
.;p;;" q,r"
"l
objetivo sea fijo y realrnente representad?l fu
ore et tiempo
(el devcnir) lenga una dirección, una detcrml-
rirción a lrarós dc tur lrirmino.
Resta dcsign¿rrlos firres conccbibles' Se vuelven a encon-
t.n. uqiri ln. g.,,t,,1,,. hi¡rótcsis h-eg-elianas y marxistas' EI
senticlo tle la hl.storia cs l¿i plcnitud tle Ia racionalidad
misma'
la realizacitirr hLrm¿ttra. Coir mayor precisión la historia, para
Hegel, sc clcfinc
¡ror
la rcalización de la filosofía como sistema
potitl.o' como teóría <lcl Estado que-Iegitirna una práctica-que
j.r.tlt;.u su corrstitución, que e¡igtle.c! su carácter absoluto'
casi divino. Iln cuan[.o o'Mát", definió la historia, en principi-o'
nor la
praxis inclustli¿rl. pot iu revolución proletaria, por la
f"U"ru"in clcl homlrrc éoóiul .".p"cto de la naturaleza:
por
la sociedacl sin t:lasos en Ia abundancia'
Ahora bicn, la li.sloria, desde hace un siglo no verifica
con certeza, ur-t io medicla
"t
qrr" ella puede comprenderse
o
interpretarse, ninguna cle esas hipótesis' Tampoco- reglstra
fripái"tit mes i-irecisas (acluel]a--simple. y,ltt1tu d",1
-tT-
grlso", por ejemplo) o más particulares
(la de la realizacion
L4 t5
l,rl,rl rlr, un¿r nacionalidad por triulfar sobre las otras). Los
lrrrr',.
¡rrcsrr¡rucst.os
han per.dido así su sentido, o amenazan
¡r.t
rIr'r'lo.
llr,strr cncontrar otro término, otra hipótesis: el de urr
''lrrr''
r¡rrr: no coincidiría con las finalidades encaradas por los
,,,,,r,lrr'('s
clel pensamiento histórico.
Ar¡rrí sc encuentra y adquiere toda su vigencia el pensa-
,u¡('nt() rlc Nietzsche. Para Hegel, para 1\4arx, para los otros
¡,r'rrr;rrlrrr{rs cle la historia, existe una poshisto,ria,pero el]a nace
'1,'
l,r l¡istorla de manera casi natural. Surse de lo histórico
'
(,ru,) (lc
una cuna y de la historia como de una matriz.
Nr,'tirsr'hc es el prirnero en abordar la hipótesis de una ciaili-
,t,,i,',n. tltferente que la nuestra porque ella nació repudiando
l.r lrist.oria, la historicidad, 1o histórico, el pasado y su conoci-
rrri'rrtr) como sobrecargas inútiles, fardos de la mernoria. inven-
t,rrio cada vez m¿is estéril de lo realizado. El nacimiento de
, t;¡ r:ivilización implicaría un corte radical, una disconti-
rrr¡irl;rrl total, una renovación de los métodos del conocimiento,
Irr,'1ir' ¡111 repudio del pensamiento histórico.
[[asta ahora, jamás ha sido proseguida, desarrollada, com-
t,,,';'rl¿r esta hipótesis con otras. Pues ella dialectizu la fina-
l',1;rrl..
¿Fin
de la historia? Sí y no. Iy'o según Ia acepción
l¡,'llcliana y marxista, según el compromiso liberal y pro-
,'r'r'sista.
Y sin embargo sí; la historia terminará o términó
r,r. contradictoriamente, con un peso
más acentuado del saber
v rlc la cultura históricas,
"n
.n descomposición. Terminó
,'xlirrguiéndose,
lo que obliga a concebir-una salida de la
Iti'tr¡ria. Salir de la historiafbien es terminarla, mas no es ni
( ('r'r'¿lrse
en ese término, ni por otra parte atenerse a su reaiidad
, r.istalizada.
La hipótesis de una salida de Ia historia. expuesta en otra
l,r¡r'l.e
de esta obra, involucra algunas obliqaciones teóricas.
l''la salida comporla corrcebir urá suporariln. en funciórr de
l,r sups¡_¿6ifn
hegeliana y marxista
'(Aulheb,en),
pero lam-
l,irin de la superación nietzscheana ([Jberwinden: aicensión).
S¡rlir de la historia, en el plano
teórico" es volverse nrimero
lr;rcia ella en lrna vasta rótrospecciónl es lotalizarla nor el
l','rsamiento; es r"elomar en lo éucesivo la historicidad
-ir-u
€omo materia dominada. Por consiguiente, es hacer
-un
amplio
Uioq"" de la historia para perderla' Los historiadores
y-.su
;;#;."-áJi.un u formar

"bloq"" histórico"
(las comillas
son-itOr.i.u.¡.
¡Sin
que ellos lo sepan!
¡Salir
de la historia
sería arrojaila
'audaimente
a ella, con sus representantes'
i". t".i"aáres
de las verdades históricas, a los muy conocidos
"baiureros de la historia"!
Dicho en otros términos, desde que se definió la historia
v la historicidad, simultáneá
e inevitablemente
también
se
concibió:
a) \a prehistoria
(caracterizada por una presencra
y/o
.r,tu u.tt"toia: el Estado, Ia escritura, la mercancia, la organr-
zación económica y Ia clivisión del trabajo, et-c')'
b) ia poslzzstória igualmente caracterizada
por una-pre-
sencia y por .,ttu urr"i.ia, la apropiación,
por parte
f] :::
.llumanó á. tt propio ser, presencia en sí que excluye esa
ausencia, la hisforicidad,
la dependencia
en relacron con el
pasado. Ía deterrninación
por lo superado'
l^ t-i¡ai in lo lr¡tio'¡o p'"tiu así err perspectiva".¿cómo
tlejaría de haber desigualdad¿s?.
Ciertos
.pueblos
asprrgn,1
.ni.u, en la historia, y-tal vez serhn defraudados;
otros.qulercn
y pueden salir de e[la, y cluizá teriin retenrdos'
Las desrguar-
á^h",
"r',
el derarrollo utu-"n todo su alcaltce' For una par[e'
.:1 neso
y
la imporlancia ciel "factor histórico",
por la,otra,
lo i'ulr".idud de iiberacjón, la apertura y la aventura poslusto-
;;.;;; *p^ttlt a"
-".,átu
dlsigual. én el mundo modernc'
.1""átiut
'difcrencias
pueden concebirse
y analizars?
"1 ,:"'
borizonLe y'a esa luz. No resulta irnprobable
que la sanc3
,le la história difiera en Oriente y Oc-cidente'
puesto
99:.
*;i
Oriente 1a propia historia del "rnodo de producclÓn
asratrco
ooiu ait"t.t te de la historicidad
occidental'
No es p.r",
".r"riión
de eliminar
pura
{
ti3pl:*:t'^:^^it
historia como lo proponen e1 empirismo
y
-"1
estructuralr'sm-r'
ui prolongar la liistóricidad como quieren los
"mensaleros üe
t"r''dude,
"históricas".
La salida de la historia acontece
entre
-esos
dogmatismos
que degeneran,
cada uno por su parte'
¿N"o
sería el cáso máJ ittquietante
el de la gente que posee
,la ev'idettcia histórica y la éxtiende
a la política?
De paso
l6
17
se la atribuye. Esa gente se arroga eI derecho cle decisión en 1o
que concieáe eI paádo y por cierto aI porvenir' En el pasado
'ihubiera hecho filta qué. . . ". En eI porvenir "será necesario
nara continuar la historia. . . ". Estos argumentos
lustrtrcan
iodas las crueldades, todas las arbitrariedades'
El pensamiento no sale de las dificultades
-y
dilema¡ s]1o
definiendo un rnétodo para situar unas sociedades en relación
cán las otras, las cultuias, ias civilizaciones'
El método com-
parativo (objetivo) aplicado en profundidad debe permitir
'descubrir'loi
dt¡nrnri;ot un lugar cle reducir los términos
enfocados yu ,uá a uno de ellos" o a un modelo'
'frátase de
una corrfro"ntación en una simultaneidad conceptual, sin nive-
lamienlo ni reducción.
Es imposible no evocar desde ahora 1a enorme
-presencia
que domina el debate y que en cierta medida lo explica' Este
áebate tiene lugar en un espacro que rodea
y delimita un
colosal monumento. No es lá gran estatua de la historia,.Ia
justicia y ia libertad la que se erige. IJn coloso con-pies
hu ut.iná contempla la esóena con mirada fría: el Estado'
Hay que recordar respecto del Fstado que
,Nla-rx
había
p."putuáo y anunciado la caducidad; que,, segú¡. Marx' la
reváiución teórica y práctica coincide con Ia crítica radical
del Estado, con la á..iótt que lo lleva hacia su fin'
La existencia que se prolonga de un Estado
(más- fuerte
que
antcs de la revolución que ó origina en Marx), la exis-
ü;;i" á" ese Estaclo omnisciinte,
o-"1pt"tunte,
todopoderoso'
cle tipo hegeliano, que parece apuntar a la eternidad porque
.uptÉr"r.tu"to
"t"rrro
enia tierra, explica. las tendencias diver-
gentes que se rnanl{iestan en eI pensamiento contemporáneo:
a) un neohegelianismo
(que ve en el mrindo moderno
la reaíización ti"añshistórica dei sistema hegeliano'-vale,decir'
tlel saber, de Ia historia y del Estado definido por Hegel ) ;
b) un neonietzscheanismo
(que trata de superar
-lu 3"-
gustia y el nihilismo nacidos cle la enorme presión estatal sobre
iu ,o"iédu¿t, yendo más aIIá de esta triste historia) ;
c) un neonmrrismo
(que busca- adaptar. el marxismo
.a
lns condiciones históricas o-pretendiclamente
históricas,
tanto
más imprevistas
.puesto
que tergiversan el pensamiento de
lvrarx pretendrendo
descender
de él).
.
Si se quisiera un cuadro
compláto de estas fuerzas ideoló-
grcas daria algunos detalles
sobre ésas tendencias y los matices
que aparecen en el interior
de cada
,,escuela"
(cuándo se trate
de escuelas). Si se agregan
a este resumen, por una pane,
algunas consideracionés
iobre el empirismo y'"1 posiüvismá
]ógicos -en
el mundo, y por la otuá, sobre
"eI
pénsamiento
historiado y sus dificnitaáes,
se tiená una visión irnparcial
aer amDtto teorrco.
III
Este libro se compone
de tomas discontinuas sobre una
continuidad profunda, lo cual deja claros que el lector llenará
3 1u
antgio, por medio de la reflexión o por la imaginación.
llste carácter voluntariamente
fragrnentado no oculti ningún
ardid, aun cuanclo se quiere
repreientar, simulando desoráen
e inc.oherencia para oponerse
mejor a lá pesadez y lo serio,
espirrtu
.a
la moda, más
mundaro qre lo que se" cree, que
recubre la ausencia de gravedad y el .ometdiento a 1as cons-
tricciones.
primera parte reproduce Ia formación del pensa-
mienlo histórico (Hegel
y'Marx),
següdo luego por su crítica
(Nietzsche).
,. . lu^segunda
parte rcemplaza
la pregunta:
,'..eué
es la
historia?.
¿Dónde
se hace?",
por los i.,rieriogantes,",)¿Qué era
la historia en su <<belle époq"'er?
¿y
q* es!eráb"-o.'sie ella
antes de las decepciones?'
¿.y
qré üncfrrión'sacar?".
La tercera toma de fréntela pregunta:
¿eué
quiere decir
fin de la historia? Si es verda¿'oi" tá. irrraráores cle la
hisloria la han delinido .o*o
"n
f'n,- ihtru cs de extraer el
senhdo no tanto de la historia
sino de su fin!
.
Una última parte debiera
resumir y refutar las ideologías
contemporáneas
a propósito
del cuestiónamiento central. La
nay_o{
parte de los ideólogos
circunscriben la problemática
dándola vuelta. Algunos
luisieran
tomar purtido para sll
18 19
1,,'rrr,lit io cn una transición cuyos trazos caracteristlcos co-
,,,,,,,,r,,,, ¿t manifestarse' Esta parte polémica proveerá
.la
r,,,rt,', iir
¡rara
otro libro que será publicado si las controversras
,1,, t,,,'',,, clc éste
-ur"aütu.,
la pena' Mientras se aguarda'
rr,u,r r¡ut'r esqrirnir
prel'exlos. ya sean ataques venenosos? o ra
, J,,, ,¡,i',,, ión áeI tilencio? No se evitarán sin embargo algunos
,,¡,,,,,1,,,
.y
desagrados.
CAPITUI,O
PRIMERO
HEGEL,
MARX,
NIETZSCHE
SOBRE LA HISTORIA
1. I{ncnr-,
Manx, Nrnrzsc¡rB
I logeL
Piensa
en térmirros
de Estado t
t^,t"tX.Oi{
fftffiffi:
,,,*"
"T'p"nru¿o.
rlel Estado.
Po{
""t91:l
I'rrndarlo teóricament",
lá'Jiti"rlo.practicamente'
conducirlo
ir su término
(hi.tóriio-t"tiá-f¿git"l,
t-g potcncia
y
11,::X"-
...i¿" a"i"nrü¿o
¿"tiáou,r
"n
íIcgel
criterio
de aprectacron
l",l¡r"trjg":iffi:Íff ü"*,¿;;t1itl:.i#'i'**'-'ut
rirzón de Estaclo, ruo-l;p;;i";')'
clefinitiva
de la razón'
Marr
Piensa en términos
de sociedad
"" ,fft}t; #XilffiT:li
"
*át^;;;ttJ
q"u 1o políüco'
es constitul
i,#;ü";;;"r-'áÁr*"'át'áÁto'**"'"?uf;
,"tt;i'i."f,
*:'T;
ii:t;"#'
"'ili"
11"*L1rTffi
üTi:*::.dü.".Hiltif,
,ii.."tii."o a la vez.
¿'El
Estado?
Instrur
2T
que de\-iene obstáculo para el desarrollo, desaparece en eI_curso
de utra transformación decisiva, de una crisis raclical. Mediante
esta mutación, las relaciones de producción elaboradas (re-
laciones de propiedad) y codificadas (reiaciones jurídicas y
contractuales que tienen por fundamento la propiedad privada)
se enriquecen, se liberan de sus limitaciones. I-a sociedad
absorbe y reabsorbe por utra parte lo económico, por la otra,
lo político; manifiesta así su carácter esencial. Y es también
lo esencial del proceso histórico: de la historicidad'
Nietzsche
Piensa en térrninos de ciuilizaciórt. Para Nietzsche esta
noción engloba y refuta la de cul'tura (que ha ,:riticado severa-
mente desde sus primeras obras). No sólo hay diferencia entre
las civilizaciorres, sino jerarquía. Algunas son superiores a las
otras, por:que son creadoras.
¿De
qué? De nuevas diferencias.
Además toda civilizaciórt comporta una jerarquía interior:
evaluaciones, que dan sentido a los actos, a las cosas, a-1a gente,
y los alinean iegíur cierto orden, el cual no coincide con el
órden oficial. Una gran civilización crea un estila (un alte
de vivir, más que una "cultura") que rrace aquí y no allá,
que tiene una genealogía, pero no depende de una historia
en la misma medida cue cuando hav creación.
2. HrcBr- Y LA HrsroRrcrDAD
La historia se defh^e. En toda definición y en esta en
particular, existe urt
fin,
en un triple aspecto:
a)
finitud,
es decir determirración y limitación del pro-
ceso, hitos inherentes a las condiciones de lo que rrace en el
movimiento;
b)
finalídad,
esto es, orientación" sentido (doble: objetivo
y/o subjetivo), destinación o destino anunciado, devenir-p-re--
visible y no obstante sorprendente, en resurnen, inteligibilidad
bajo las contingencias superficiales;
22 23
c)
finiquitación,'tale
decir realización, perfección, segírn
,'l ,noieio dóI Arte (realización y perfección conformes con la
"¡rrl.uraleza" o con la "esencia" de la cosa, cn consecuencia
l.r'rnas, adecuadas a su corrtenido).
Tres aspectos igualmente necesarios y racionales (necesa-
'irs
para la razón
¡'
según Ia razón)' Inseparables' Nada de
r','irli-zación, de petiección sin la finitud que deplora el.
¡o,-
ilr¿rnticismó. Nacla de finalidad sin la oriértaciórr
(sentido)
irrlrcren[e al devenir creacior, que {ija sus objetivos, conscienles
o inconscientes.
N. B. Por urra vez, la lengua francesa es filosóficamerrte
rrriis precisa y más rica que la alemana.
J. Vrr¡
y
MUERTE DE r-A lrrsronr¡ spcúw tlncer-
1
La Revolución Frances a ha l¿echo historia. No sólo por
¿rnortar un cambio introduciendo lo nuevo. No como aconte-
r:irniento oue conmovió el rnundo existente al inaugurar otro
"rnllndo" mejor o ntás racional. Más fuertemente aún: en
l.ifto rel'igó en acto (en una actividad to-tal: social, económica,
¡rolítica,
5deológica") todas las realidades.que p-arecían exte-
,'io."t
'lttu.
a laJotras y permallecían adheridas a las relaciones
rkr exterioridad, a saÜei, la naturaleza, ia razón, eI pueblo,
la nación, la ciencia y el conocimiento, las diversas institu-
r;iones. el derecho. Ia inanela de vivir (moral objetiva Y sub-
ict.ivaj,
Ias represóntaciones, las costumbres y vestimentas, las
i'icstai,' etc. fJna práctica (una acción) que pueda
-decirse,
o
rnás bien que sea necesario llamar hísfórica, constituye una
totaliclad;
"ilu
lu crea, la produce, en la acepción más ajustada
rl<-' esos términos. No es una totalidad filosófica, inhteligible
¡rucs,
sino porque la acción revolucionaria ha creado ese todo
i,'," il"tu ttt oo-1r.": el Estado. Este haz, esta reunión, es
ll historicidad. La Revolución Francesa ha creado (o más
lricn ha perfeccionado) la historicidad. Por cierto, preparada
1
Cf. Hegel, Legons sur la philosaphie de l'histoire, trad' Gibelin,
Vrin, 19'!6 (págs. 404 a 409).
durante largo tierrrpo-po.. [a frJosofia, la historicidad aparere
plenamente en 178Q.
_No
basta. pues, decir que la Revoiucjón
hace- (construye)
la historia, éirro q.re la historia ,ru." du tu
re'olución (con Ia historiciciad). sú esta noció' de la historia
agregada a la historicidad,
¿'qué
decir del relat,r histórico, sino
que lo mlrerto capta lo vir,o?
Así Hegel. con su aparato conceptual, ha querido, por Jo
contrario, captar la historia en lo vivo. Defir.l" el cáncepto
d"
lrlaglr_u,
para é1, rro es sólo elaborar las nociones del
,,sujeio"
o del. "objeto", o del "espíritu,' históricos, es concebir una
prdctica histórica. La Revolución Francesá y Napoleón han
alcanzadc esta- prhctica histórica. Napoleón iuogiá de ta his_
toria.constituida por la revolución; af unísorro, áo' el mismo
rmplrlso, Ia completa.
.
La época ulterior sü.rse
-es
decir, ella no surge de sí
¡¡ism¿- sino de los problemas de la Revolución f'ruri."ro, A*
las respuestas a esos problemas que aportó Napoleón,
"f
É"ui
typ:.u (deroga v realiza) ia revólucién: al esrábl"."" lu L"y,
el lJerecho, los Estados modernos
-.al
rnostrar en acción ái
ciudadano solclado-, demostrando sri legitimidad.
Existe entonces: prehistoria, luego Listoria, después pos-
historia. Los elemei-rtos de la hiÁtoria-nacen y apareien en el
ctrrso.de. la prehistoria, cornprendida allí la ,azóny el lenguaje,
9l
tSbajo. organiztrdo
1.
los oficios, la familia y lá .i.r,iui,
"i.l La_historia (la historicidad) no a.qrega nada á esos rnomántos
o elementos preexisterrtes. Y sjn emb-"argo, les agrega totlo: en
realidad un todo rcal y racional a la vez.'nerpi,er'ae iá."o1
el_ti-empo incierto se iernrina. Llega la poshistoria. La tota_
lidad no es filosófica siiro porque" es h'istórica (vale decir.
práctica y real).
4. Hpcnr,
y
EL TrEMpo
,
"EI tiempo es el concepto nlismo que existe v se presenra
a la conciencia como intuicjón vacía.
plr
oro u. qr" el espíritu
se manifiesta necesariamente en el tiempo,
¡,
él se maniiiesta
en el tiempo en tanto que r1o capta su .orr."pto puro, es deciro
24
ZD
rr,r r'lirnina el tiernpo._F.l tiempo es el puro Sí cxterior, intuido"
rr) (i¿rptado
por el Sí, el concepto iólo intuido; cuando eÍ
r orrr:c.lrto_ se capta a sí mismo, suprime su forma de tiernpo,
,,,rrt:ibe
la irituiciór, es intuición óoncebida y concipiente.'EÍ
lr{,rrJ)o se manifiesta? en co'secuerrcia comó el deitino r- la
rr.t:.sidad de.l espíritu que aún no se ha realizado en el intérior
rlc.sí rnismo.. ." (Plt(noménologie,
trad. Hyppolite, II,309).
Así, el concepto del
lin
es inheiente al tiemñó con'su'tripÍe
;rs¡rccto
.(finitud,
finalidad, "finiquitación,') p-or el solo heóho
r¡rrc el tiempo se concibe, y lleva en sí su concepto. El tiernpo
rro cs a-pariencia sino aparición: manifestacióri. Después cl^el
I,icrnpo llega y de él nqle el¡eino espiritual: la conbúplación
rkrl tiempo realizado. El Saber absoluto, así generado,'aporta
l;r realización suprerna. El Si (el Sujero: Égo, el í;tOsoto¡
rlcvie_ne Dios, se reconoce l)ios, en y pór el ,uÉui qr" ." .o*
l.mpla, que concibe y percibe .l, autócr"ación, su'clesarrollo,
r;u perfección. El tiernpo, racional en su fondo y en su funda_
rllonlo. se deline como re(.url^encia
1-
reqreso a Sí a parlir de
lo original.
Fuesto que el tiernpo se realiza, en éI lleva su fin. I-lena
ttn momento_ en qlre todo es conociclo y reconocido, todo está
t:onsumado: historia y saber, espíritu objetivo y suÉjetivo.
.
"El objetivo, el saber absoluto, el espíritu'q.r" l" conoce
¿r sí mism.o. como espíritu? tiene por vía du u.o"io la reunión
(le
los espfrtus, conio son en sí mismos, y segrin e]los realizan
la organización de su reino espiritual. Sü.oñn".oución, con el
aspecto de su ser determinado libre, que se manifiesta en
la forma de la coittingencia, es la historii; pero? en el aspecto
de- su orp¡anización conceptual, es la ciencia rlel saber ieno_
ménico. Reunidos los doi aspectos, concebida la historia en
otros términos, forma la reunión y el calvario del espíritu
absoluto, la afectividad,,la verdad y la certeza de su irorro,
sin la cual sería certeza sin vida" (F'iirar dera Fcnonzenolosía\'.
5. L¿ rrrsronr¿
y
LA MUIIRTn sncÚN llncnr,
Sí, Ios revolucionarios y ias revoluciones hacen la historia,
en la medida en que ellos asumen la lucha y Ia muerte
(,rcontra
los otros "sujetos". las otras conciencias? En efecto,
iiro
también contra lós objetos iustaurados entre las relaciones
de exterioridad).
Napoleón, en tanto qure Weltgeisl, se ha hecho cargo.de
esta luCha, abandonada a Ia muerte de los revolucionarios.
Total (totalizante-totalizada), finitud privilegiada pero que
termina como las otras (trágicamente), exterminante-extermi-
nada. es decir. llevando a su término las otras realidades, la
historicidad manifiesta Ia finitud y su nexo con la firralidad
(sin omitir la "finiquitación").
¿De
dónde procede este privilegio de hacerse cargo de
-Ia
lucha a muerte?
¿'Será
el de una conciencia más elevada,
de un conocimientó, de una intuición, de un gusto por la
aventura, por el riesgo y por el juego?
Esto no siempré está claro en Hegel, aunque eI úItimo
y supremo privitegio resida en el conocimiento. Sin embargo,
no hay práitica hlstórica (acción creadora de la historia) sin
un riésgo total, tan total como 1o objetivo y Ia apuesta (el
"fin").
"Expresado
en otros lérminos, Ios que hacen la historia
son aqueilol que presentan una guerra total con un objetivo
total (comprometierrdo "todo" en Ia causa y en el juego).
Desde el tiempo de Hegel, ningún ataque' ninguna inju-riq
fueron nerrlonadai a Napóleón. tst tit¿.óto de la totalidad
históricó-política no ha marrtenido menos la eminente digrridad
del empeiador de los franceses, usurpador y tirano de Europa,
corno iVeltgeist, héroe mundial que realiza eI
,tiempo
v. las
'estructuras-del espíritu. Lucha a muerte Ilevada a término:
esa es la verdad de la historia. El riesgo de muerte de Napoleór:
ejecuta su propio decreto: la muerte de Ia historia.
6. L¡ srsronr¿ Y EL srsrEM¿ spoÚr.q }Incnr-
La conexión interna entre la historia y el sistema en
Hegel ha sido profundamente explicada por Alexandre Kojéve'
26
27
l,ll lugar de este encuentro se descubre en la finitud y por
t:rinsiguiente en la rnuerte (comprendida la de la historia,
¡'oinando el sistema en el desierto de Ia esencia).
Si el esclavo deviene hombre histórico por la lucha y
r'l trabajo, al someter el Amo, si eI Esclavo deviene "hombre"
lilrre y satisfecho (bet'riedigt), si da paso al "hombre" portador
rlc la r-erdad realizada '-ei lTilósofo-, esto pone fin a la
lristoria (cf. Kojél'e, La dialéctica del amo y el esclauo en
llr:gel, Ed. La Pléyade, Bs. As.).
Si es cierto que el conocimiento en el fondo es re-conoci-
rniento, él realiza el devenir comprendiendo y concibiéndolo.
,Si la naturaleza se transforma (por la lucha y ei trabajo)
cn mundo histórico, el fin deseable de estas luchas sangrientas
suprirne el devenir histórico.
Si la
filosofi¿
sistemática resume y contiene las filosofías
itnteriores, eI monrerito capital es aquel en que todas las acti-
tr-rdes filosóficas han sido formuladas y realizadas. Es el mo-
rnento de la filosofía total, por consiguienle uerdadera, en el
que conserya y suprime todas las fiioso{ías, realizándolas. Es
cl momento del saber absoluto.
A través de la historia y las luchas históricas, la filosofía
ha devenido práctica. Es decir política. El sistema filosófico
y el sistema político no sacen sino una totalidad de doble
aspecto. Al comienzo disociadas una de otra (alienadas), 1o
real se eleva a lo racional, lo racional se encarna en lo real.
La realidad (Ia filosofía) coincide con la realidad (Estado). La
filosofía se realiza y la historia se acaba.
7. Hrcnr-
y
EL IrrN DE LA rrrsroRrA
IJna vez
que
se ha seíralado la imnortancia de esta tesis
(la historicidad deflnida por su fin), se vuelve a encontrar y
se reconoce a todo lo largo del pensamiento hegeliano. Aparece
.y
se insinúa de múltiples maneras. Sabiduría y ciencia se
recrean en la satisfacción filosófica ante la plenitud realizada.
Contrapartida de esta satisfacción filosófica: la angustia
igualmente filosófica ante el final inminente y la finitud gene-
ralizada (cf. Kojéve, La concepción de la antropología v del
ateísmo en Hegel, Ild. La Pléyacle, Ils. As.). La inmineircia
de la muertc
¡r
la conciencia de la muerte se mezclan, por
una parte, corr el Sujeto, y por la otra, con e] Sistema, que
juntoi se dirigen con el mismo paso hacia la realización, hacia
ia consun acién de los tiempos (cf. íd., I'a dialéctica de lo real
y la idea de la ntuerte en Flegel, Ed. La Pléyade, Bs. As.)'
Finalmente el Estado en su plenitud y Ia vejez en su perfecta
y crepuscular sabiduría tienen algo análogo en lo profundo
(cf . Leeons sur la phiLctso¡thie de l'histoire, Introduction, págs.
100-101, trad. Gibelir:r: "El cuarto rnomento de la historia
universal: cornparado con Ias edades de los hombres, corres-
pondería a la vejez. La vejez natural es debilidad, pero
-la
vejez del espíritu es la madurez perfecta." EI espíritu ha
"producido su obra". Las oposiciones l,' conflictos, sobre todo
aquelios entre la Tglesia y eI Estaclo, han desaparecido;
.el
Einíritu adantándose a la realidad la ha constituido en exis-
tencia orgánica. "IlI Estado no es ya inferior a la Iglesia y
no está subordinaclo a eila; ésta no conserva más privilegios
y el espír"itu
)¡a
no es exlraño para el Estado. La litrertad ha
encontrado el meriio propio para realizar tanto su concepto
como su vcrdad. Iis el fin ile la historia universal ...").
EI pensamiento hegeliarro es una reflexión sobre el agoia-
rniento (aniquilamicnlo) cit-.l ser.
¿'I1l
impulso creador?
¿El
deseo?
¿'La lrriicLit:¿r
histórir:a?
¿'I-a
lucha a muerte? Ellos
tienen límirc;. La Revolucióu crea
y pone en el mundo el
Estado modcrno con su alloyo social tt político, la nación,
Ia clase mecllia, la burocraciá racional. Bien. Y ha terrninado.
IJna vez establecidas estas formas ya no hay más que con-
servar, comentar filosóficamente, contemplar el producto cle
la historiciclad. Es el fin. EI Estado, producto del tiempo,
dispone del espacio.
B. I{ncirr- Y r,A rrlsTonrcrDz\D
En consecuencia, el saber absoluto, entera y plena auto-
conciencia, cotrcepto realizado, unidad inicial v terminal de lo'
28
29
real con lo racional, ocupa el Tiempo. Este tiempo compacto,
colrnado como un huevo, se re-conoce por completo en eI
Sisiema. EI Si, alienuclo, se encuentra y se muestra como ser,
trayendo hacia sí su pretexto? el objeto. La forma del concepto
recupera por entero el contenido, abandonado en el espacio y
en el tiempc. Un triple recorrido (de Ia conciencia d-esde sL
comienzo, eI /¿ic et nl¿Tzc j sertseción y percepción
-¡f¿l
66n¿¿p¡6
a partir de su iniciación, Ia desgarrante diferencia entre el
ser y
lo verdadero, entre el .on."fto y la vida- dela hís¡oria
de.sde que empieza, la natulaleza rr el combate entre el hombre
y la naturaleza), este triple recorriclo se unifica. Esta unifica-
ción, historia profunda por sobre la historia manifiesta, con-
centra la totalidad dispersa (alienada). EI saber regresa a
trar'és de las mediaciones hacia la inmediatez perfeccionada.
AIIí está, final en el comienzo, comienzo en el final. Es un
círculo, o rne.ior un círculo de círculos: el sisterna.
El conocimiento se identifica (reconoce la identidad) al
"conocerse". El objeto se reabsorbe en el sujeto rnientras que
el sujeto se colma de objetividad, pero triunfa en }a plenitud
del Saber. El triunfo señala el momento gue separa la historia
<Je la poshistoria. En cse lugar privilegiado se alza un gigan-
tcsco monumento: el hegelianismo.
En efecto,
¡pero
entonces el otrjeto no es rnás que apa-
riencia, pretexto, obstáculo, ilusiónl Conocerlo no es sino
recorrer su historia por un camino preparado para la Eternidad
oculta, impulsado o atraído por una ilusión que sirve de
anzuelo, pers.iguiendo un espejismo: espejismo de Sí.
¿Efecto
de espejo?
¿Imageir-espejismo
de ia diferencia entre eI Yo y
el No-Yo, entre el ser y la nada, entre lo verdadero y lo falso,
entre lo Mismo y lo Otro?
¿Mas,
la In-diferencia (Gleich-
gültigkeit\ ?
¿No
se halla al acecho?
¿Dónde? ¿Del
lado del
Srijeto?
¿DeI
Objeto?
¿Por
todos lados?
La ironía (hegeliana) de la historia, superior a la histo-
ricidad (hegeliana), interesa a la historia (hegeliana).
9. Las coxrn,rDrccroNES DEL IIEGELTANTsN{o
Antes de habiar de las contradicciones
(insolubl¿s)
inhe-
rentes a la teoría hegeliana de las contradicciones (según Hegel
resueltas en la marcha), podemos referirnos a las paradojas
hegelianas.
La filosofía de la historia none fin a la historia después
de haber definirlo y haber presio en elidencia la historicidad
del ser humano.
¿No
es paradójico?
Si ia historia no terminase? si no se definiera por su fin,
ella consistiría en un deber ser (Sollen) sin fin, 1o cual no
supone el pensamierrto hegeliano. Esperanza o desesperanza,
Hegel refuta esta teoría del Sollen (kantiano).
¿Por
qué?
Porque su pensamiento implica una teoría de la práctica, del
acto y de 1o actual.
Hay que reconocer el mérito de Flegel: haber extraíclo el
concepto de praris. En é1 todo nace de la praxis, todo es
producto de la práctica teórica, todos los momentos de la
sociedad civil y política. La historia también es producción
y producto. Y si para Hegel el conocimiento teórico es el
elemento dominante de la práctica, es precisamente así como
se define el concepto (que habría que atribuir a Hegel si se
verificase que es urr concepto) de "práctica teórica". Marx ha
señalado enérgicamente este aspecto del hegelianismo en los
Manuscritos de 1841, oponiéndolo a la pasividad (al pasivisrno)
del materialismo corriente v de la antropolosía feuerbachiana.
He aquí que esta producción, que esta piáctiia histórica (crea-
dora de la historicidad) no nuede sino sesuir el rastro de Ia
Idea. retlejar el sisiema. La idea revol uóionaria de la plo-
ducción (la idea de una producción revolucionaria) aflora en
IJegel y se autosuprime. La práctica teórica se autodestruve.
¿La
contradicción principal aparece allí donde Engels
laboriosamente la seiiala: entre la apertura dialéctica y la
clausura del Sistema? También existe y sobre todo la contra-
dicción subyacente entre lo posible y lo imposible, errtre Io
infinito y lo finito. "El hombre" genérico tiene infinitas
posibilidades y es porque muere el "hombre" individual y
sabe que muere y lo acepta. La conciencia de la muerte prueba
30 31
r¡uc la abandonan la finitud y lo infinito. Sin embargo, "eI
Irombre" se conoce y se reconoce no tanto en la muerte, como
crr la certeza que tierre de morir. Para I.Iegel, "el hombre" en
gcneral, es el infinito malo en tanto que infinito abierto, que
so cree inacabado y que lo es. Lo Verdadero entonces es per-
I'r:<:tamente circular. Por eso es que la verdad filosófica y la
rr¿rlización de la filosofía (política y práctica) coinciden con
cl fin de la historia.
¿El
porwenir? Si hubiera porvenir éste
srrría imprevisible.
¿'EI
tiempo y Ia historia tienen una reali-
rlad? En efecto, pero 1o que es verdaclero y real, Iihre y
rtr:cesario es el espíritu abso uto, no el hombre histórico. Este
Ot:ist no es nacla m.is ni es distinto
que
la totalidad realizada
rlr' la hisloria: la pr¡sliistoria.
10. I,'rcunes
y
srsrEMA Bry Hoonr,
Observarido los contornos un siglo y medio después del
"¿rr:rné" del heqeliirnismo, podemos admirar en Hegel el uso
rrrrrqistral de los r.'onceptos ahora familiares: inconsciente y
t orrsciente, significación y sentido, símbolo y figura. Sin em-
I ri r r¡1o", cada figura (momento
)
de Ia F enomenolo gía permanece
r;icmpre enigmática y comprendemos que algunas conserven
cl
lrroyecto
de una aclaración última, de una hermenéutica.
Oirrla figura de -t¿r conciencia es inconsciente de Io que acontece
crr clla y a través de ella.
¿Sabe
bien de qué es- vehícr-rlo y
t:r¡¿i[ es su rnensaje. su código? No. Ni el amo ni el esclavo,
rri su lucha a muerte proporcionan la claridad que llegará
rlcspués: al final de la carrera.
¿El
sentido y el símbolo? Todo
lione una significación "para sí" y otra significación "para
cl otro", vale decir, para la serie. Todo tiene un sentido que
sr- rer.ela a posteriori y que sóIo aI
final
aparece con plenitud;
y t's el senticlo histórico. La pluralidad (el carácter "plural")
rlr: los sentidos torna además nroblemática la existencia de un
sr:ntitlo último, de un mensaje, o de un esclarecimiento último.
¿l)or
qué esta privilegiada ocultación? Porque es necesario
rlr¡lcnerse. Y no obstante, el pensamiento sistemático e histo-
rizante afirma la existencia del sentido último. de la aclara-
ción completa. Si elude esta tarea, lo veremos cietenerse en
cualquier af irn-ración.
De tal rnarrera la figura hegeliana rernite a lo indeter-
minado
-6
¿ si mismo córno .latá (inmediatez) privilegiado.
Se descifrar¿i Ia historia a partir de alguna figura privilegiada
i"f
Á*" y cl Esclavo, Napoleól y elWcltgelsl, etc')' O bien
rro. r'"r"mos remitidos a otra interpretación" Y aun o. gttu:
hasta el infiiii';o. Coilsiderada
".'t
.tt ttt"t"ha, la historicidad
,u d"firte ahora
y siernpre por su fin' Salvo si se afirma en
r"*U." de Hcgál que'r,in[uta figura puede realizarse sin
una lucha qr" ito téirga {iri sin que las {iguras. continúen el
.o-but", que el Anro
"y
el Esclavó y el Weltgeisl
jamás nor-
malicen'sr,is asuntos.
I
qLle rlinguna figura puede entonces nr
\¡encer ni morir.
11. Hrcnr-r¡r,IrsMo Y FLrloMpl¡or'ocÍe HEGELTANA
N'Iucho se ha discutido sobre el puesto que ocupa la.Feno-
menoligía del Espíritu en el pensámiento
y el el sistema
heselianos.
""""-;l;"i"nome'rutlosí¿
no scría (no
.sería
rnás-.que) camjno
v
-irchu.
itinerario, viajc y ascensión, aprendizaje^-
traduc-
fión .ot
"áptual
cle 1a Rildungsrornan
ga-erheana, marcha hacla
ü .l"n.lni
¿'De
rnarrera tai que también podría abrir una
vía hacia lo áesconocido, hacia algo imprevisto?
-
¿nff.
;¡1¡ocllrl:iría propetléutiCa*"ttt"
la lógica' tt*1",1i:;
ción'desautorizada
r- dernrentida por ésla?
(Lo que. Flegel
Darece hube,
p"n.ado al final de-su rirla)'
¿N9
n"-tiq..olu
narte lateral, situa.'la en el "elemento de la exter'tondad"'
{ ie
il^fi1".;]r;;^h" r" histo.ia de la filosofia_u./o de la {ilosofía
cle la historia?
¿Debiera
definirse por la búsque'la tle lrquras
y símbolos, por-medio de una hermenéutica?
'
Podemo. opotl", Ia Fetzomenología
al Sistema en lo que
se refiere u .1.t" toda figura clel Espíritu allí se
f't"t"1t1
::o-l:
no realizada.' Sólo el espíritu incierto buscándotc a lralos
rie
los "fenómenos", tiene pár,,".i. y posibiiidades, trae a la iuz lo
'que
se oculta. Sólo éi descubre y se descubre'
32
ó,)
l ,¡r lt'lltrxitil:r retlospectiva sobre ei hegelianismo encuentr''a
,r,¡rri :rirr tltttla Lrn¿l líllea de separa-ción y por consiguiente de
¡,.ilt
i,l;r. [)tr csta in ierpreLación cle- la Fen.omenr"¡logia
(olluesia
l' 1,, l,rir¡ir:rt; ciiríase lioy, de io diacrónico opuesto a lo sin-
, ,,',',i,.,;''
¡,,ríre
el hey,eiiauismo llamado de izquierda; luego
l\lrrrx.
l,lstc ril timo comienza por 1lna penetrante cllrtlca, pero
,rri. i¡lr:;lr¿tt:ta, dc la filosc¡iía clel Estado
-v-
del Derecho (1849-
lli, l''i ). Y¿r r',rell'e co¡rira IJegeI la tecría hegeliana de Ia con-
tr.rr,lir.r,itirr; c.¿idencja el car.áiier contradictorio rle una teorla
(lr(,
1)olr()
L' tórnrino a las contr:adicciones en la hi.storia
1'la
,,1,,
io', 1ir,1. Dcspués, Nlarx encuentra apoyo en Ia Il'eno¡T¿et'to'
1,,t,.í,t; alli,lesc.-rbre La teoría detr "irombr""- qtq
por sus.e.sfucr-
,,,.,.,,trabajo
I'sus
luchas en ei cr-trso clel tiernpo-hrstorrco'
,*'
j,',,.1,r,:c
u1í *inoro, unió la a'tropología feue'bachiana
(rle
1,, l¡,,,, ,l",rrt.ia el aspecto pasivo á p"iu" de la importancia
,1,, lo
¡rr:iciico
sensible^que ñvela Feuerbach) con la felcnre-
',,,1,,1¡íir
lre¡¡eliana, en tti<'+ (Manuscrílos)' &{ás tarde, muc}ro
,r,,i,'' lirr:cle'( 1.857',
,
Marx se dirige a 1a Lógic.a de l-{egel
.para
rr'¡¡I irrnar
)j
fotrnular su pensamiento ciialéctico
(rné*'odo)
'
Ai;í la [r' enonter¿olc,A 1J puede Separa rse re trospectivarxenie
,lr' lir Lógica y de la sistematización.
E' efeclo, esta he.rme-
rrrir¡t.ir:a ,l"e lu ir"'¡,etfección humana, no es ya el-hegelianisno,
sisrcrna nerfecto. sisterna de sislemas, totalicXad que inteara
tr¡rl;rs las totalicl-acles parciales, saber absoluio, conocido y reco-
rrocitlo, cer'rado, perfecto. En cuanto al Estado, el mismo
¡rroblcma a título filosórtico-politico.
19. So¡nn r,A F.ACroNAr,rDAD TTEGELTANA
La (cloble) c:ttegoría de "sigrrificacióil" Y "sentido",
Tuy
claborada en Hegel. que la t¡:asrnite a sus sucesores, cLeslgna
r.rna ambigüc.ladipero subordinacla a la verdad, es-decir'
.con-
ccbida ."{,ín ,rt-ru^ verdadera relación con la totalidad'
(Ver
jln.
"j"-pto
Phénoménolagie, I,263, sobre Ia ambigüedad de
i,, si¡pificación
-v
clel siglo, en relaciól con Ia conciencia
y
.,r, .'ci,rción .on oi ...,
"tit"i"ción
con el contenido y la forma:
erpresión con relaciórl al ser y al contenicTo, signifícación con
relación a la conciencia, a la forma, al conocimiento.) "El
placer que llcga al goce bien tiene la significación positiva de
haber dcvenido celteza de sí pero como autoconciencia objetiva;
mas tambicln hay una significación negativa, Ia de suprimirse
a sí mismo". (Ib., pág.999). La dobie significación hace el
sentido, quc tiene su puesto en la verdari, sin que pueda haber
allí conflicto insoluble entre esos términos. EI sentido en
Hegel, no amenaza ia verdad.
El deseo quiere y se quiere. I)eviene deseo de esto y
aquello, sin por ello dejar de "ser" ileseo: deseo de desear,
deseo de ser deseado. Se transforma en necesidad cle un
objeto, con mira a ese objeto, obstáculo, distancia, resisiencia.
Es a través del objeto deseado que es y se conoce y se reconoce
deseo.
Quiere
realizalse. En tanto que doble y redoblado
deseo, se hace necesidad, lenguaje, acción.
¿'Qué
cluiere? Gozar
del objeto, tenerlo, consumirlo. Al actuar de tal manera, el
d-eseo quiere su fin. Se suprime realizándose en eI goce. Asi
se termina su historia. Tal es su sentido. Tal es su verdad:
totalidad- "parcial" en la f'r¡talitlacl (total). Conflictualmente.
La significación es actual, eI sentido se rel¡ela "de pronto".
Cornprendido en ello el sentido dei tiempc
].
de la historia
(de Ia totalidad histórica). For tanto en cada acto existe eI
monlento del Desec,. Iroro el Deseo nunca es más que un mo-
mento que se suprime gozando para perrnitir que aparezca la
verdad de la concierrcia, de la refiexión, del conceptc. En
definitiva, el Sujeto reconoce tanto Ia verdad Ce cada mcmento
de cada cleseo, de cada
irlacer
como la verdad del conjunto.
Une la significaciór¿ de ios mornentos, comprendiendo en eilo
el desoo y el goce, con el sentitlo, es decir, la verdad total.
13. L¿ rrryrruo ¡IEGiILTANA
Hay una cantidad (enumeración¡ finita Ce figuras, mo-
mentos inherentes al devenir. Su relación, su re-conocimiento,
su concatenación pel'rniten el relato global que podemos liarnar
"historia". En términos poco hegelianos, existe una recurren-
34
'JD
, irr
¡ru
fccta. La re-inscripción del tiempo se completa sin el
ru(,uor obstáculo. La filosofía proporciona el paradigma (cua-
rllo sist.ernático y cerrado de oposiciones) así como la ordena-
, irirr (rrcxo, concatenamiento) de los procesos (cadena "vivida"
',irr t:orrciencia del encadenarniento).
¿De
qué historia se trata?
I )r' lir historia del espíritu (referida a la idea y/o ideal)
, ,rirrr:irlente por hipótesis con la historia "real".
¿Las
figuras, tttometttos, elementos, pueden combinarse
r,rilo
lror
el pensamiento? No. En Ia reflexión hegeliana, un
¡,r'rrsirmicnto
que corn'oina sólo puede llegar tarclíamente, como
¡rrrcsl.o
en ílltirla forrna. I-os "nlomentos" y sus conexiones
1rr¡rosición y concatenamiento), ha sido menesler concebirlos
(,¡r
una lucha real. "Ei hombre", o más bien "el espíritLr",
I)irs¿l
por las pruebas que Io llevan de Io original aI conoci-
nrlt¡nto. Tal es el designio y el orden; paso a paso "el espíritu"
luc eI deseo y el entendimiento, el amo y el esclavo, el traba-
i;rrior
y el desengarñado.
¿lista
violenc,ia, esta exig'encia, esta
rrccesidacl se relaciorian, según trJegel, con una naturc¿lidad
,,r'irlinal y originaria? No. La exigencia de la lucha a muerte
rro viene de una iraturaleza sino del propio espíritu; de la
lirritud en la cual se realiza el espíritu absoiutc.
La lógica inmancirte en Ia historia en nada irnprde ctrue
lr;rr.a que recox"rer (y volver a recorrer) la historia sin saltar
rlcl comienzo al fin. Ei conocimiento filosófico rnismo no puecle
irlxrlir el tiernpo y sustiLuir la no realización fenornenológica
¡,r,r'
el cuadro terrninado. Y sin embarpJo, el que haya lógica
l' verdad de la historia, unidacl reglada de figuras en el rnovi-
riricnto,
¿no
anur:rcia esto la posibiiidad del cuadro (de la
:;ir¡cronización final) ? Sí. La forraulación de ia Lógica coincide
,,,rr el fin: r¡ejez, sabidur'ía, crepúsculo, noche. IVIuerta ia
lrist.oria, finiquitada, terminada, porque sólo podemos imaginar
(rur concebir
3.
no hacer) un tiempo no histórico.
1 l. A
pnopósr¡ro
DE LA "srsrEi\4ATrcrDdtr)" DE ITecB¡,
Desde el punto de vista de los qüe buscan una srieta,
r¡rrc- desean una abertura, que intentan la salicla, existe cierta-
menie una contradicción irtenra en eI hegelianismo. Contra-
dicción mil r-eces cleclarada desde Nfarx y Engels: el sistema
destruyó Ia dialtictica, y de paso, su propia génesis.
A la inversa, desde el punto de vista de los que mantienen
enórgicamente Ia inteligibilidad sistemática (la Sistematicidad)
y que hacen de e1tro una condición del pensamiento coherenle,
hay contradicción en el hegelianisrno. Hegel no ha sabido
postular ni sostener el Sistema, vale decir, la inteligibilidad,
el conjunto de las relaciones, la transparencia, sin hacer refe-
rencia a otra cosa: un origen, un fondo (]. t o un fundamento),
ur:a opacidad o por 1o menos una ambigüedad rnal denunciaria
y jamás eliminada, un símbolo poco racional (la ldea, el
Espíritu absoluto, eI Infinito buerro o malo).
Si
para
unos eI heselianismo se lleva mal con Ia histo-
ricidad^ para
los otros nó se aviene con Ia naturalidad.
¿'No
queda de este L.xamen una impresión extraíra? El
sistema kantiano cle las categorías, tomado estáticamente, re-
mite a un "incontliciomado": trascendente, noúrneno, cosa en
sí, origen y conclusión, comienzo y fin. trl sistema hegeiiano
elaborado dinámicamente
(historia y
dialéctica) remite aírn
a algo original, pero deja ese "algo""en la ambigtledad.
El problema qLre emerge del hegelianismo (de su esta-
llido)
¿no
sería el de esta ambigü,edad que luego analizarernos:
naturalidad e historicidacl? ;Cuáles sotl stls vínculos? ;Hay
historicidad en tanto qou ,rátr,r"lismo, génesis, geneaLgíá,
punto de partida?
¿'El
naturalismo no es acaso un postulado
de la historicidad?
¿Sirnbolismo
retenido en falso?
¿Residuo
del análisis?
¿Se
hr-rndirá ante el sistema, arrastrando con él
la historicidad? Puede presuntarse si el pensarniento filosófico
después de Hegel no oscilará entre un "substancialismo" que
jamás llegará a legitirnarse y un "formalismo" que no llegarii
a cerrarse.
¿No
sería ésta rina situación susceptible ile superar
por medio de una rnetafilosofía?
15. Er, Neo-uncELrANrsMO
Así el Estado no se satisfacía con su policía, con su ejército,
con sus tribunales, las múItiples instituciones que 1o consagran
36
{)/
1 ,¡rrc til coro'na, eI carácter represivo qtie detenta. Estos po-
(1,,r'(,s no lc resriltart suficientes. Le hace falta, además, el
,,.¡ lilir:¿rtlo de buena conducta, de vida normal y costumbres:
, l Ir'r;Iirrronio cle r¿rcionatidad y cle r¡.oralidad que sólo el filósofo
¡,rr,'rlc
tliscernir.
I)csde Ftregel hay alguna objeción fundamental en la ca-
rr,'r'ir oficial del filósofo, y es en ese sentido que lJegel ha
ll,,vi¡rkr la filosofía hasta su término. I:Ia marcado a Ia filo-
',,liir, ha puesto sobre ella un sello distintivo. Y é1 se ha
¡rr¡rlt:¿rrlo a sí rnismc¡. Al devenir servicio público la {ilosofía
( r'on o[ urisrno criterio que lcs otros "servicios" administrativc;s,
"rrroralmente"
un poco por encirna de eJlos, pero cle igual
!n;ru(lra: al curnplir una función, orientándola hacia los inte-
¡,'.;<rs del Estado y a su legitimación), eI filósofo se torna
"r'r'vidor'.
Ya no de la reiigión, sino del Príncipe. Sin grandes
r(!(:onlpensas o beneficios. La desdicha del neo-hegelianisrno
r,r; rlue no llega a hacerse reconocer? a pesar de sus esfuerzos'
I,ll stalinisrno, neo-hegeliano por esencia, no pretenc.lía serlo
r¡i sc consideraba corno tal Antes bien, proscribía el hegelia-
rrisLno por ser alemán.
Esta cuestión no está agotada. Ni Hegel ni el hegelia-
risrno han terminatlo su carrera. I-a destrttcción marxista del
lilg^elianismo? su
lluesta
en obra utilizando fragmenlos
(la
,rlicnación, la dialéctica, etc.) no acarrearon su muerte. El
,lrirgón resucita.
I-os neo-hegelianos ofrecen sus servicios. Proponen el
t{'r'r'cno de los cor¡rpromisos entre el capitalismo de Estado- y
,,1 socialis¡no de Esiaclo (ambos fetichizan el Estado al recla-
n¡i*' su legitinración por una ideología "adaptada" a este fin).
Lo extraíro es que el neo-hegelianisrno aun parezca ul1a
;rr¡,laria a los ojos cle cjerlos ingenuos.
l(i- Er, t¡Bcer-laNlslio :r EL \{ur{Do MoDERNo
"Nuestro" rnundo es razonable y hasta racional: cada cosa
,r.
¡rirocli.r.ce )'
se conduce conforme a su conceptc, sin que jamás
lo realice por
.
comDleto. Por consiguiente, cacla objeto tiene
una doble existencia: material y lormal, social í mental"
práctica e instiLucional, concreta y abstracia. e{ectiva v buro-
rrótica.
La
¡rrimcra
ilnita [a segúnda. próxirna o lejana. No
se trata sol¿rme'te dei Estado, sino de los obietos óoticJianos
y cle las rnúltiples "esencias". Así la literatura. cada vez meior
definrcla por su concepto, el de escrituro" uÁlo clecir por'la
rranera en que e] "escriior", literato especializado" adópta o
ada.¡ta los signos r-isil-rles v legibles de lo litet ario para utili-
zarlos en el rnercado de lo escrito.
podría
creerse óue eI uso
¡'el
abuso de estos signos perjudicarían a esta actividad espe-
cializatla, que los lectores se fastidiarían pronto de este juego,
reconocer en "la obra" que se les presenta, los signos, ei génóro
y la diferencia esi-,ecíficas, el esiilo y la técnióa de fábrica-
ción, etc. Punto. Al contrario: la satiif¿rcción r.acional. ciencia
y sabicluría, confirma su potencia en cada oportunidad.
. ._
¿.Es{e mrrrrdo^ el nue*iro" sería hegel iano? No sólo porque
el Estado, más sólido que nunca, no se contenta con gob"rrrir,
polg,re_ corona y cimenta la sociedad, sino porque cierta racio-
nalidacl (una racionalidad que parece cierta) hi penetrado por
todas partes.
No sólo Hegel donrina el horizonte llamado filosófico v
aquel márs amlilio clc¡l saber y dc la acción, sino que queda coi.n"o
ei. test, la pnrcba del pensamicnLo, cl cr.iterio qn" ró aclmite" o
que no se admitr:. floy, err plena "moder.nidÁd", que acepta
el hegelianismo como rnoclelo clc la filosofía. clue recibe esta
herencia {ilosófica sin crítica {undamental áe la filosofía. es
la que aclrnite iambién la filosofía clel Estado. el Estado láei-
timaclo (implícita o explícitamente) por la filosofía, la fiio-
sofía ccmo institución y servicio púbhóo. El erige la idartidad
de lo real y de lo racional en infeligibilidad suórema. Con la
filoso.ía. se acepla Ia lógica
¡-
el sistérna dcl Estado. El mismo
"espíritu" ailmite la irrterpretación entre la lóeica y
la historia:
la lógica del Estado en nómbre de la lóeica ie la historia: en
definitiva, eI Estaclo err nombre de la hisioriciclad. Todo o"nru-
r¡iento que no retorna la crítica radical (la critica en sú raí2.
e.n el-comienzo y en el fundamenio) prolonga la filosofía polí-
tica de l{egel. Ella justifica
y legitima el or.den estableiido.
38
39
'l'icrrc
csa función. El neo-hegelianisr¡ro sirve aI Estado y lo
,,,rlrr':
s¿rbe
que
allí
yeside
su saber.
ilste mundo, pues? tornado sin las fucrzas de discusión y
,lr.rrcgación clue lo corioen, fuera de la crítir:a radical que lo
{ r('sliona teóricamenie, es neo-hegeliano, profunclamente y por
t,rrrt,o sin profundiriad histórica. Por el contrario: al suprirnir"Ia
I rr ) conserva sino el resultaclo. Ilegeiianos, los hombres de
i l:;l¿rilo que creen en su perennided. I{egelianos, .[os hornbres
'll
r;iencia y de técnica, convencidos de la unidad (en ellos
r
¡ror
eilos) d-e lo real y de lo racionai. Flegelianos, los privi-
li'r¡iados clel conocinriento, que 1o privilegian
)'
io institucio-
r;rlizan.
| 7 . FTrsron¡¡
y
o¡ar,Éctrca oespuÉs or, Hncnr
Que
la teoría hegeliana detr Es[ado, que la inmanencia
( r)rrstriÍiente de la lógica en el devenir, que )a tesis de la
cxl-inción ciei tiernpo histórico signan la condena de muerte de
l;r dialéctica, es complensi.ble y demasiado conocido. Aporte
,lc la filosofía crítica y cr:ítica de la filosofía, eI pensamienio
,lialéctico (pensamiento negativo y
¡tensamiento
de lo nega-
livo) muere en el triunlo del Estado y del Sisterna. Hegel
lcga esta situación con su herencia a los que después de é1
,irrieren
perpetuar la filosofía.
O bien Ia dialéctica continúa sobre un plano abstracl.o,
":;peculativo,
a la vez desprendido de ia lógica, de la acción,
rle la práctica
-v
de la problemática concretas, y lo que no es
r'rás que sofística, erística, discusión y confrontación trivial
'lc los contrarios; por oira parte, no se preocupa en absoluto del
iln de la hjstoria ni de su apertura. La dialéctica, negatividad
:rislada, gira sobre ella ¡nisma. La lógica aceptada (socio-
'riqica, ideo-lóqica) es la del iistado; ella se disueh'e en el
r'mpirismo de la aceptación, mientras que la dialéctica se pierde
¡'n la vanidad de las nesaciones abstractas de 1o real.
O bien se admite ef final de la diaiéctica, ya sea en una
.'icncia
especializacla, ya en un pragmatismo, va en fin en la
.:iceptación de una enorme "positividad" (lo que implica ade-
más, por otra r'ía, la aceptación detr Estado, de tra racionalidad
institriida). :-"'
H;;,i"í la situación teórica de la dialéctica, después.de
H"gJ. Si La crítica raclical no la desprendc del Sistema filo-
u¿tí.o ., hasta de ia filosofía, to*o u" separa la rama de un
;;il;i p.;; inje;:tarla en otio lugar, ella se pierde' St
.t"
encuentra un contenido que atacár cgtt
:Y -punzante
crítica
ni aplical su capacidad constructiva, Ia dialéctrca se plerde'
I-n .it.,u"iót ,r.o Éa cambiado desCe hace ciento cincuenta años"
-..
fi"V t" cliiema. EI probiema reside en escapar de él'
en no deja. que se cierreri las tenazas sobre el pensamiento'
Bt ,tf qú"
"f
clilema se forrnula filosóficamente'
Es interno
cte ia filosofía. Para rlo perm.allecer prisionero e1 pensarniento
fiiosófico debe dar un ialto y si es necesario también huir
adelante hacia la rnetafilosofía.
18. I\4anx-HncBr,
Dejemos ile Iaclo aquí la transición efectiva, Ia exégesis
y uf ápá".io filológico. ¿'i,os
textos? Mil veces se los ha pubii-
Éailo,
^clasificailo,
"recoriado,
arreglaclo, construido y recory:
ouido, manipulá.Jo, trituraclo. lq"i¿o
no los conoce? El
que los desconoce pueclc encontrarlos direciamente'
Aqr-egue-
áo, u granCes .o.gnr, es decir a la relación conflictr-ral T{egel-
Marx, ielación qré tio se reduce ni a una "influencia"'
ti a
""1.L*plilidadini.a
una hostilidad; que no se define simple-
mente por una conunuidad
(filosófica o.científica) o bien por
.*u ¿iJ.o.ttinuidad
(epistemológica o po1ítica) pero que abarca
todos esos aspec[os.
Hegel ..' po.u Marx el Padre inmortal' Es eI Patrón'
oue deienta ei capital intelectual. Aiienado-alienante'
este
it"pi"o.l"
po."" io, meclios de producción
/intelectuales)
'
jeuiu
q"a suplicar a este amo del Patrimonio? Es menester
ia.u.le'su bián, saquearlo, estafarlo, disimular Io
.que
se le
;;;;; t";". públicaÁente las piezas-sin impo-rtancia;
r'olr-er
de noche
"oi
puto tle bandido, para-lo esencial'
Casi medio siglo de complicadas relaciones, latentes o
40
4t
rr¡i¡rrif iestas: para liberar ia ilialéctica desuniéndola de la lógica
r,,u i¡ lrrcgo iLlntarla
nrejor, pala elucidar Ia ligadura
.errtre
el
i,'ti, lrism"o áel Estado r
eI lin de Ia historia rnrtrtrcndc la
lr,lirr:irin hegeliana, afinrrando el fin del Estado como condición
;;,,,','';,,
;t'"1.; dá la historia.
¡Qué
labor!
-Trabajo
de abeia
r ,1,, n"e de presa, elaboración lenta y
-vuelos
brnscos"
'
lVlarx q.tiut" rnostrar primero-que Ia historia contirnia-y
,¡rrc hasta c.,urtdo conrierlz'a, por lo--ntenos la verdadera' la
ll,,',,,ina; no puede conocer'ei desaiiento, siendo inagota'nie
,'l llrrir h"ru.iít"o, y dado que e] Estado hegeliano, t-Y.b1t"
,,,,r'iirl
y su soporte
-(la
clase
T"di9l
la. burocracia cie lrstado'
| ,n sl.r ccr:npererrcra
y su racionalidad) se hrlndirán con los
;i,rl¡rcs
dc ia lievolución.
" '
¿El
hegelianisnro? Es la teoría del mundo aJ' revés, que
1,,,r'
'áue
dír vuelta con ese mundo' Dar vuelta: voh'er al
,,,,n,,r'uo, no sin modificacic'nes.
En ei mor¡ento en que ter-
,',i,ra la historia "real"
)-
erl que conrir"nza Ia historia "verda-
rlr,r'í1", IIegeI declara urt *rt"itu. I-a clase media, esa inter-
,',".lior.iu,
-"v
Ia burocracia de Estado, son por é] elelnizl]a
{r), su raóionalicla¿ limitada. Las lleva a lo absoluto.
Qln
',r' Irtinila ese sistenia, declara el joven Marx, quien ya-{il¡sofa
.,,
¡f,1p..
de martilló',. trror hítri eI sisterna ha estallado en
Ir'()zos, puesto que se tierre la derecha y la izcluiercla hegelianas'
\ lr¡rx ¡bsorberá esta separación, superará esa "lzqulcftla
'
que
,¡,r ha sabido más que dismembrar'
(deshacer) eI hegelianisrno'
l1). M¿nx Y LA HrsroRrcrDAD
¿Qué
quiere expresar h{arx cuando declara en 1Bi5
t t,t;,iligia ,iln*onu'," que no conoce mas quc una
,ciencia'-la
lri.torial Esta afjr.ntación parece complelamenle
clare. rero
t'l r;ontexto muestra qo"
"i
pensamiento de Marx no sale de
rr rra ambigüedad t'u1 á serrtido se rer ela.rá pol lo q'9
,
tiflll'
l'ln esta oñra él caracteriza la historia bien pcr Ia acc-ron h'u-
rnana orientada hacia un objetivo
(finalidad),.o sirnplernenie
¡,or la sucesión de las generáciones hu-manas
(pone el acen'üo
r''r la finitud y no en la finalidad).
. . .
Por. cierto que Marx no sólo quería decir que exisie para
el historiaclor la posibi.lidad
de clistinguir, clasifiiar, y coniate-
nar los hcchos considerados históricos, que constituyetr u., corro-
cimienlo llarnado "historia".
Quiere
significar que existe una
roalidad, la historia, obra cle una prhciica nolítica, la revolu-
ción; esLa. realidad prcducida por la acciórr o ..,
--.,
produce
n¡r conocimicnto. No hay historia sin hlstoricidad. Esta no
c:onsiste en una sucesión o una serie cle hechos, cle aconteci-
rnientos, de actos, sino en una creación racional cle obras (ins_
lituciones, ideas). La historia así concebida es activa. Elta
r:eemplaza a la filoscfía. lletiene los resultados rnás senerosos
¡1el desarrol.lo hur-narro: la lógica y el derecho, las tEcnicas y
los clatos de las ciencias. IJila los utiliza. I-a concención rer,ó-
lucionaria de histolicirlad
-historicidad
cle la re¡¡oiución-
evita el historicisno. l-a vuelta del mundo al re.i-és consiste
cn que la historia como reflexión y discurso se subordina a
ir historia como práctica snbversiva, como his¡oricidacl activa,
or lugar de pretender clontinarla.
Al hacer esto y al c'lecirlo, Nlarx continúa el hegelianismo;
letiene 1a sustancia de la historicidad hegeliani: lucha a
truerte? práctica revolucionaria, ideas e inslituciones introdu-
r:idas por el fVeltgeisl. Sin embargo, Marx someie la forma
Cel hegelianismo (sistema) y el cónterrido (resultados de la
historia) a su cr'ítica raclical. I)e inmediato. en ese mor.i-
triento se hunden las rnula-llas del heqe]ianismo. El contenido
(praxis
e historicidad urridas en la dlaléctica r.evoXucionaria)
cmerge, no obstante clue la forma (sistematicidad, iuteligibi-
liclad realizada). se oesmorona.
90. EL "nerNo Dri Los FTNES" sscúN X4Anx
Este térrnino kantiano, "reino C-e los fines". pue{:le
rei.c-
narse
_-no
sin ironía- a propósito del pensamiento rnarxista.
lggl"
Marx, la teoría hegeliana no desaparece. Se transforlna.
ill fin Ce la histolia se caml¡ia en história de los fines.
_
Malx nrimero concibe una rer,-olución tcltal, sobre el im-
puiso del heselianismo (dado vuelta, vuelto con.¿ra si mismo)
42 41.)
rr¿r nrvollición total: final de todas las alienaciones, creación
,¡(, ur¡ rnundo que sornete las necesidades y se libera de las
, r'¡rslli<:<;iorrcs,
Despuós de este período, que"algunos rechazan,
r¡rr.olrrrs llaman "rnesih¡rico" y que
con audacia no era sino
r,,r olrrt:it)nario, para lvIarx los
"firies
se escaiorran cle manera
r¡;i,.r rc¡rlista, esbozando una estrategia. F1e aquí ia sucesj.ón
rlr' r.lrr¡r:rs plevistas por &farx, reaiizando cada una de eiias
lrrrr
lro¡rii¡ilidad,
ponieirdo {in a
-una
aliclación, al¡riendo una
rr¡('.,í¡ perspectiva
.y
urla salida:
a'¡
fin
de Ia religicirz (¿por qué no decir:
,'muerte
de
l )io:;"? Porque esta forinuiación patética no ha sido traída
,r (iu(-rnto
por Marx). Iln consecuencia, fin de la alienación
r,'lirliosa por ia crítica radical, por la tr.ansformación práctica
v r'l crrriquecimiento de las relaciones sociales:
b) .fin de la
fiLosotía
(v de ta racionalidad contemplativa,
ir;lcrnhtica) por la realización de los proyectos filásóficos
,,,nt:ebidos
de Sócrates a tr{egel, concerniénlés a la libertad y
rr l¿r necesidad, tra carencia y eI goce, el deseo y la razón, Iá
,,'rrlad y la feliciclad;
.
c).
firy
del "h.ontbre" (y de la antropología abstracta) por
lrr sustitución de las cornpiejas relaciones sociales y no obstante
I.rrnsparentes
frente a Los r'ínc'los disociarios en abstracciones
t¡ iviales y en cieeos detelminismos:
d)
fín
de Las ideo|agías y de la "L,erd.od', abstracta (por
l;r sustitución de la verdad concreta, vale decir prácticá y
:r/)cial, en lugar de las interpretaciones y representa-ciones uti-
lizaclas por las clases dominantes);
e)
fin
del. Esta¿lo (por deterioro, la aestión social de los
rrcdios de producción y de los asuntos globales suplantan
l¡rs relaciones basadas en ia propiedad privad¿r de los medios
rlr-. producción y reernplazan el poder politico y las represiones
l
roliciales)
;
f)
fin
de Ia economía política (por e1 paso a la abun-
rlancia, al no ser la econornia más que la ciencia de la penuria
]' el arte de repartirla) y de la rnoral (por el regreso a una
r rstumbre razonatla);
ü fi"
de la l¿istot'iciclud ciega, basada en los determirris-
*or é.onó*icos, Ias luchas de clases, las contingencias y ias
voluntades "privadas"
;
h) fin úIti-o pero no el menor:
fin
tle lrts clases mismtts,
creadoras y/o productoras cle historicidad, en Ia sociedad sirr
clascs.
Camino hecho a tambor batiente, si así puede decirse,
este cuadro del "reino de los fines" ha ornitido como cosa
secundaria algunos pequeíros fines: Ios de la familia, Ios de la
nación, Ios dél capitalismo. . . Fines subsidiarios que van de
suyoT corno quien dice, sometidos tanto a los grandes 'Fines
como al fin de los fines.
Esta secuengi¿
-¿u¡que
estaríamos tentados de escril¡ir:
esta agenda ds '¿fi¡gs"- implica evidentemente que el prole-
tariadó se pone fin; que se niega en tanto que tal, es decir,
en tanto qtte negador de la sociedad burguesa. en su propio
seno.
2I.
¿QurÉN
HACII LA r{rsroRrA sr:,cúN M¿nx?
¿Quién?
Seguro que no eI Espíritu absoluto enfocado
coirrd bujeto. bli ta rizón y/o eI conocer, igualmente defi-
nidos como sr-rietos. Ni tampoco los pueblos que pueden-batiree
entre ellos y poooo.*. acontecirnientcs (crónicas, anales, re-
latos épicos, tragedias) sin que por ello tengan un nexo y
por éste,.un senticio. Las luchas de los puLeblos dan lugar
a perrpecras, no a una historia. Sus grandes acciones van.y
oiénen sin ley interna.
¿Pues
quién hace la historia, según
Marx? Las c=lases. Y en primer térrnino la burguesia' X'uego
r. en la actualidad la clase obrera. I'{o existe histo ia (y pot
Lonsiguiente inteiigibilidad
y transparencia) sino en la_medicla
"n
oiu interviene" la clase obrera donde hace la historia'
Según Marx, ella es el agente, el sujeto que puecie-unir en sí
el
"conocimiento,
la voluntad, el utilizarniento de las contin-
sencias como determinismos. En la actualidacl eIIa ase¡prra
iot
.n práctica social y po ítica: t) Ia historicidad
(objetiva,
iacionai producción dé rbalidades);2) el conocimiento
(cien-
44 4D
,,;r lrririca) de esta historicidad; 3) la conciencia histó¡'ica en
t;rrrlo rlue reunión r.le la práctica y clel conocimiento el1 ulla
, rr rlor:o l rciencia.
r,L)i-'ro
a título cle c1ué? Aqui los conceptos y las cos.as se
,,,,"¡ilican. Según ivlarx, en cierta cantidad de textos filosó-
li,,rs (hegelianós, en consecuencia dialécticos) el proletariacio
rrr(,rvrene por su- negatividad. Rechaza todo lo que ha tenido
,
'r,lcs.
¿Poi
qué?
¿'Irórc1ue
no tiene nada?
¿Porque
no es nada?
1,,, r.rnd
)'
lo otro. La ilase obrera no tiene para perder más
{lro sus cadenas (Manit'iesto). Niega la sociedad burguesa
¡,,,'
,¡.rc elia cxisie.
¿'Esf
ontánearyierrte ella sería sujeto- h;s-
i,i, ir:o? For cierto que Nlarx no lo ha pensado. Haciendo la
lrislrrria es como la clase obrera se ltace sujeto histórico, "pro-
,lr¡r'icnclo" la ciecijva negación de ia exislencia y su reertplazo
¡,rir'"otra
cosa". No es sujeto sino en tanio que negación y en
¡,r'irncr
término como negación. Así es como Marx retomaT
rcfirióncloia al proletariado, la tesis hegeliana de la negación,
rirlc decir dc la lucha a muerte. EI proletariado luchará a
rr¡rr(:rie contra lo guc exisLe, hacia y para otra cosa. Pero
('rlonces2
¿'por
oué no rechazar la hisioria que la ha precedido
v la historicidad misrna?
No obstante,
¿la
miseria absoluta irnpulsa a Ia acció-li?
,,
A qué acción?
¿I{évuelta
espontánea y sin objetivo o-revolu-
, irirr total?
¿'No
}iacen falta condiciones pata tentar la revo-
lrrr:ión y para que ésta triuirfe? Las condiciolles que pelm-ite-n
lir acción-la limitan.
¿La
clase obrera no tiene necesidad de
rrrxr "positivid,rd" pará qlre su situación negativa se cambie
r.n
¡rroyecto,
en programa, en acción política determinada, en
r"rl.ralegia?
¿'Dónde
erlctlenlra este apoyo, esie complemento o
.,rr¡rleminto
inclispensable?
¿'En
otras capas y ciases?
¿En
qué
, r¡¿ldros Cesde errtonces aceptados?
¿No
posee en sí rnisma
,rcccsidad de un reculso, de una viialidad que tiene aquí o aIIá,
rro siempre, en conjr-rncioltes o condiciones narticulares que
¡,rrcden
ier nacionaies y presentar
por ello vínculos con un
rrirluralismo? De manera que estamos en plesencia de cualro
lrirrninos: negatividad y/o positividad; historicidad y/o na-
l r rlalidad.
22. I{rcrr,, M¡nx
y
r-^ LUCI:A A NTuERTE
¿Cómo
cscapan, primero Flegel, luego Marx de esa pesadez
que no sicnrpre les han disculpado ios filósofos adherentes de
sus rcsl.rec[ivas teorías? No hay en e]Ios el raciocinio bueno y
beilo, ni la buena voluntad, ni el ah,na bella. No hay espera
pasiva del porvenir rnejor, ni Ia conciencia tranquila que sabe
[cner razón. Se libran de las molestias nor ]a teoría de la lucha
perpetua y doble: contra la naturaleza. entre las fornaciones
históricas. La lucha entre las fuerzas sociales v nolíticas no es
rin acciclente o un incidente con relación al trabajo. Ya
en FTegeJ, el trabajo es doble lucha: contra la rnaterialidad,
contra eI Arno (que domina al esclavo y lo explota). Ahcra
bien, toda lucha cleviene iucha a rnuerte para alcanzar su
término.
I-a naturaleza se transforma en rnunCo iristórico sólo
cuando inte¡:vicne y se realiza la negatividad.
¿Cómo?
Por
la guerra y el tra.baijo. La historia según F{egel es historia de
Iuchas sangrientas
-guerras,
revoluciones- por e1 reconoci-
rniento cie los que actúan, luego, por ei cle ios rrabajadores que
traresfonnan la naturaleza. (Cf. I{ojéve, op. cit.). A través de
los trabajadoros, el esclavo, esa nada que aún es el "hombre"
con relación al ser natural, entra en Ia existencia, aclviene
al mundo. La exisl"e¡rcia dcl "ltrornbre" y su libertad, pasan
por la lucha y I;r angustia de la lucha a muerte. Así el
"hombre" nace en eI rnundo no como una esencia plefáb,ricada
sil'ro coino una interverrción de la nada (de io virtual) que
elirnina el ser determinado inicial
(natural)
en y por el
tiernpo histórico. Nace err y por }a doble determinación de la
acción práctica: trabajo y lucha. Aunque Ia teoría de la alie-
nación permanezca ambigua en lleg-el, no siempre se define
en é1 por la pérclida del ser inicial, puesto que el "ser deter-
lztinadc", perdido desde hace tiempo, ha debido ser aboliclo
(superaclo) por la lucha y el trabajo. Según Hegel, la aliena-
ción se clefine por la detención de ia lucha, por el estanca-
miento del proceso y el bloqueo de lo posible, illás bien que
por la pérdida de la "esencia" extraviada. A pesar de todo'
esta tesis en Marx sólo deviene neta y clara, en 184'1..
46
/4
+t
l,;r lut:h¿r a mLrerte produce (en eI sentido más estricto)
,.t
,,,
r' lrr¡rn¿rro; es lo que explica para Hegel la realización; el
'
rtlr(liuro (lue lucha (como revolucionario) y trabaja, el sol-
,1.r,1,, r'ir¡tl¿rdano de los ejércitos napoleónicos. Co r él aparece
, r l;r lristtiria el ciudadano del Estado absotruto, superando'
,lr,rlrir ti<r¿rrnente la particularidad en Ia universalidad
¡t
consti-
I rr vurrlo la individualidad total.
\4irrx reti'ene ese doble carácter; precisa su estructura

'r rnovlrniento dialéctico: trabajo
y lucha. La lucha entre
1,r,. Iir¡ruas de la historia se concentra en las luchas cie clases,
l,r
)r' consiguiente alcanza su plenitud con el período inilusirial.
llr,r usir Ia teoría l¡istórica del soldado ciudadano del Flstado
.rlr,,rluto y por lo mismo la teoría política de la racionaliclad
,lr, lo:r burócratas 1
de la clase media. La clase obrera asurne
,',r cirnrbio la misiórr histórica, la de continuar la historia y
,,,r rrlrrcirla a destino.
r'
;. L¡ r¡rsronrcrDAl¡ sEGúN Nlenx
Ile tal rrranera la fórrmrla de 1845 sobre la prirnacía
,¡lr:rr¡luta de la histolia y la posición teórica de los escritos de
,.,;ttr período son claros. Pero la posición no ha sido sostenida
rrrrrcho tiemno.
a) I-Ia3' cierta iluctuación respecto de los conceptos: pre-
I ri.slrtria" ltistoria, po;hisl.ari.a (este ultirno presupuesto, impli-
, i rr lo, nunca explicitado) . El perioclo durante el cual "ios
lrornbi:es" hacen su historia mas no satten cómo 1. por consi-
rluicirte tampoco saben lo que hacen siendo llevados por los
r'(':riltados de sus acciones, erste perícdo conchiye. La transpa-
rr.rrcia cornenz¡rr¡i. Lo ciue llamamos "historia" no es más que
l;r
¡rrehistoria
de la humanidad. i\4arx declara que la prehis-
tr¡r'i;r se termina; es cnlonces cuanrlo comienza la historia con
lrr rc'¿olución proletaria: la historicidad conocida, reconocida y
srlrre todo hecha (producida) conscientemente por' la clase
r¡lrrcra. Mas si desaparecen las alienaciones y si la producción
ur sentido global y total (producción del "ser humano" por
si mismo) devierie plenarlente consciente, ese salto introduce
una historicidad riuo rradc liene en cc¡r¡rin con lo pasado.
;En
q.('.sc corrr rt'l'ic l;¡ Iristoricidad clc3a?
¿Eila
se concibe retios_
peclr\amet¡[c,
l)o|
rccrlrrencia, por referencia, a la natura_
lrflad/ f sln embarqo7
¿tro
era ya lucha en contra de la natu_
'i:at+za)
luclra a muerte,
-trabajo,
necesidad y a veces tambiérr
gocc?
.
¿E'
qué se co.vierten'esos criterios" u"tropoiOgi.á.i"--
,
b) Algtrnos años después de haber tornado, en'la láeolopía
etr-rn¿177s. una pcsición Leó¡,ica radical sobre
ja
historicidaj y
ta hrsto'a, lVlarx se errrpeña en las investigacior:res
de econorníá
política. quc desembo.ü en EL Capital.
"En
el .,rrro ,1"
"..r, Drlsquedas encuentra
,(corr,.su
doble aspecto: crítico y cons_
ln"rclir-o.1 Ja dialóctica hegeliana.
,.En
ranto prlparaba
v
publi_
caba.la obra_magist ral, EI Ca¡,;tai" naur-, olru"ioi,J ,.,'r{ir-á"
la prrmacia de la historia (en el conocimiento
y la estrategia) ?
¿Flabía
adoptadu l¿ tesis qLc se le asig'ará poí mucrro tii¡nro
y,que liará en grau.nredidi
cl exiro cá.u ojj.u.
"f
Jáip.i*"Íá
cle la
_economía,
el del deterrninismo económico?
iHub"íu
adopiado una interpret,ación
"economista" cle ra historiá mocri-
ii:?1d",
su couceirlo de histo_ricidad?
¿
O bien se habría espe_
cratrzacioz a la manera rrroderna, en una ciencia parcelaiia,
la economía política?
,
.
.,LIu.o.
sabe
_r1ue
mantiene simultánea::nente el carác.ter
:lrsiortco
cle las leyes económic-as y su carácter de leyes na-
turtttes- lr,l reirne rraturaliclad e historicidaci en el mateiialis¡no
histórico. Esta reui¡ióir
_anunciada
y prepaxada en el pu.iodá
pre't'ederrte a pariir cle }Iegel f'lrisóricidacl) y de Fo"e.ba.h
(naturatrsmo)
toma en IiI
C_apitaluna arnplitud y una impor-
tanc.ia
$.aIores.
Ella articula la ciencia .on lu .ipu..ciOrr'1ü
realización)
de la filosofía.
24,. h{enx y
LA "oBJETrvrDAD" HrsroRrcA
,. Pl Tl."pto
de historicidad aparece ahora en toda su am_
plitud. Primero para Ffegel, desiués para Mnrx, la historia
no sólo consiste en una interpreiación o en una explicación
del_ tiempo, en un conjunto dá hechos racionalmente encade_
nados según relacionej de causa a efecto. No es un discurso
48
49
rrr rrrr sirnlrle objeto de con<lcimiento que plantea a ese título
;rllirrrros
Jrioblemas
epistenrológicos y que sin ernbar-go para
,.1 lilrisofti testimonia un origen natural y un final humano
,[,] l,icrnpo..
¿La
historia? Ill vocablo designa la
.mayéutica
,i,,rrcrirl
Jel "ser hutnano", su forrnación, su nacimiento, y su
, r'r.r:irrricnto, su educación por la madre Naturaleza, por s-us
¡,r'o¡riits
prodr-rcciortes y productos? por sus luchas. La filosofía
i',r
'¡,r'ctendido
ser teoiíi y práctica de esta BLldung; ha fraca-
',,,,1i,. La conciencia, la" del individuo y 1a de La sociedad
1"t:ivil"),
no sólo concierne a la filosofía
y no se refiere
rirrit:amente a las filosofías. Ella es también y sobre todo
r'oslrrnen del devenir. EI individuo tiene una historia, así como
cirda una de sus aptitudes, facultades, relaciones; se define y
sc piensa históricárnente. En cuanto a la historia general,
llcga a pensarse y reconocerse en los individuos y
9n:PS
''.,I'átos.
Actividad más profunda, más "radical" que la filosofía,
lir historia, adviene y sobreviene como el aspecto co.nglet"o
,lc la filosoiía. Si no éxistiera o si no hubiera más historicidad,
.ya
no habría pedagogía en la acepción estricta del término'
La pedagogía fundadi en la historii no desciende al rango de
irctividad limitada, profesional
1'
especializada, que pror/ee
conocirnientos fragmentarios, comandados desde afuera;

-esto
en la exacta mediáa en que produce al indivicluo
y re-produce
la historia, producción
.de1
ser humano. Tanto para Marx
,,nrno putá i{egel la historicidad proviene de
-Ia
capacidad
"propedéutica" del sab,e-r, introducción a ]a vida práctica y
.éciai, en la totalidad.
-
¿El
hombre" que carezca de historia
oerderá su calidad de hombre. Retrocederá hacia el na'tura-
iisrno abstracto (animalidad). Por encima de los dos 1érmilos
(la historicidad como práctica y creación reales, la histolia
,io*o
.or.o"imiento raciónal,) existe pues eI tercero que consiste
cn la conciencía ltistórica, tan importante como los otros,
uniéndolos en la acción y la "qultura".
La burguesía, según l{arx, ha cornenzaclo, anunciado,
preparado lihistoria; ia ha concebido y realizado con la Revo-
i.t"iótt y el Estado. Incumbe a Ia clase obrera la misión histó-
rica de" conducir Ia historia a su desarrollo práctico y teórico'
Por consiguiente. a su fin.
En cuanto a la cñjetiviclad
histórica, no se trata de una
cuestión de rnétodo. Elia procede de ra historia .lc ñrir"-
ción objetiva, corno prárctica revolrcior.a.iu
qr* türra;"ili"
una totaliclad nueva, tan real como la antigria, ;á;;;;;l
(y mejor) a trar,és de la disolu"i¿; y la clestrucción
de la
anterior.
25. I{rx¿r,rp¡¡ DE LA }rrs.r.oRrA s¡¡cú¡¡ M¿nx
.Dejando
de laclo el idea.lismo hegeiiano,
es decir, la co-n_
cepción de un devenir encasillado (pr8vocad;,
.ru.i;;:,;.j;;
tado, dirigido. "plani{icado")
po, lu'hur¿" y por la fdea,
¿.Marx
no se impedia oensar en la finaliclad l*g;i;_¿"á"1*, "Eil;
sabía; el lector to siente atormentado,
dubitativo.
¿Có*o oorl
tular (y no bupo'er) el objerivo,
"iiár";1",
"i;1":;#';.#i;
a una trascendencia,
a una divinidad laica. ia Iá;;,1;R;;;;
el Hombre?
A este interrogante-;;
l; ijnaliciad responden
las consideraciones
especiales"sobr"
tá-,,"i';il;;;'];i1ü;
las previsiones
sob'e.ñs_etapas
del ;iaii;mo y ciel .;;;;;;;
En verdad la finalida.d ,dlo.p";.;;tu*y"rn
á"tir," ;;;"ii;;;
desorden absoluto, crítica radiáal, .ái,o/r.i¿r, t"t"l; p;;;;;
9" "ri?
rnundo (cle mundo ¿i.ii"üi, lrr.,ersión del mundo.
r,a rerrexron que anuncia el fin de la sociedad y del Estaclc
exrstentes, que presume y
asume este fin,
"o"rhtu1_
*á"sil;
li.t^",1?,t'^1:1_d,el'
proceso.
.
pero,,
;""-
i; acción práctica (conro
en argrnos rnor"nentos
).,
textos hegelianos) la lucha a iluer,e
no es la. que devie.e ciiterio de listoricidadt
i; ;d";lñ;;;
proletaria,
a la que
-Ma5x,.¿lj"ái.r-l;tL;rl¿o
hi;tó";.;
;;;
excelencia,
como es la de llerla, u t¿-.,'i"o l; i;il;;;;
"fi;
famosa negatividad
no-tiene ."r.i;¿o,-rri nxistenciá, ni
";;;i;
si
-no
coinóide con la lucha u
-"uJtu'1iu
guur.a; contra el
orden existenre.
Si nadie (ni individuá ,ii .lu.ul ." h;.;;;;
de la lucha a muerte,
¿en
qué ," .orrn i"-rtlll r¡.i".i.ii"ii
¿Qué
deviene la raciorraüaaaf
otro^inte-rrogante.
¿cuál
es en Marx la relación exacta
entre el fin de lá historL y el fin dei ñstado? Si
"l
E;;d-;
se debilita, una época hisiórica t"rmna.
¿.Es
la historia?,
50
51
,,O
la prehis'Loria?
¿Es
la poshistoria que comienza?
¿La
his-
toriir (ciega: ia prehistoria) termina con Io raro, con el Estaclo,
r orL la totalidad de las alienaciones? NIas si el Estado persiste,
,
t¡rrt! sucede con Ia l¡istoricidad y la historia?
Si el deterioro del Estado consiste en un Droceso contro-
lrrrlo, sorrretido (por Ia dictachira del pro-tetariado, aspecto real
rkr la práctica política cuya extendida democracia presenta el
lirlo racional), lo que parece la tesis de N'Iarx,
¿es
en fin
l;r hisioria la que comienza con ese proceso?
¿O
Ia que ter-
rrrina con éI?
Pero entonces,
¿qué
acontece con el fortalecimiento y la
,lrscomposición del h,sLado, esas otras posibilidades, esas alter-
rr¡rncias o alternatilas?
¿Si
se tonifica el E,stado, no es asimismo
r'l fin de la historia otro fin (un fin diferente...) que el
¡rnunciado? Y si ocurriera su descomposición,
¿no
sería el fin
rlc la sociedad, co.ilo lo fue para Ronla y el imperio romano?
Y si inesperadamente la liistoria continuase al rnismo tiempo
,¡ue el Estado, por ejemplo como lucha a muerte de los Estados,
,,r1ué
pasaría con la historicidad? AI no haber realizado aún
cl proletariado, hasta nue\a orden, su misión histórica (de lo
cu¿rl no hay que excluir la decadencia del Estado y su fin
so
lrena
de traicion¿rr al marxismo),
¿en
la actualidad qué es
¡rosible
y]o imposibie?
¿Lo
posible y lo imposible dependen
irriir de la historia concebida
por
Marx?
26. nir-
prx
n¡r, Esr¡no ¡:'N Menx
En los primeros escritos de I\,Iarx, una extraordinaria
irrquietud dramatiza una situación teórica que podría parecer
"sriliciente"
iluesto
que definía poco antes cle mediados del
siqlo xrx, ]a satisfacción rnental
I' social.
¿A
qué se dirige?
A la errornle masa clel Estado, a su saber. IIegel muesfra la
lr';lnsparencia
-la
racionalidad- ds ss{¿ mole; I\4arx afirma
r¡rro ói, co1lo su rnaestro, está en ese
jugarpor
supropia razón"
\.{arx se agita en el interior cle esta prisión de cristal.
Quiere
lornperla. fntent¿i ia apertura. La encur:ntra.
¿A
partir de
r¡rró? De los probierrnas
1;olíticos
de su tiernpo y para corrrenzar
de los,que plairteaba_n
las difíciles relaciones (a pesar cle la
arnronia preesrabr.cida
postulacru
p". r-iug"lr
"rit "'ü
Lü¿i
v
el Estacto.
'c
arií ra croble J"rii." ."á!."r ¿" lá ."rl*¿""""
clcl
.l,stgdo
(i'clu¡.endo
r" .riu."*áll-lá.uoU"j
;; l;";;;;,j.
cie I 84,2-1843.
La religión no puecle aportar el sentido del mundo, el
sentido de la vicla humana
y'de io
¡loriln". La crítica teórica
le basta para qr_ritarle toda ápariencia
de verdad; en la lucha
a ruuerte eirtre la fjlosofía (nicida
de la religió,.
bJ;;üté*
close contra ella)
¡,
fu.ufigiO;,-'yl"tl'rr.rrciclo
la filosofía.
Aunque conser\¡e eilralo de un mundo desagradable,
su cródito,
su reserya y su recurso enciclopédicos,
la"religió;
.;;;"j;l
Falra demostrar que el Esiado ,rü u, tu ifti_u"
ñ;ü;
de la trristoria,
sino uiiobstáculo
"" "i.u*r.o
de ra rristoria.
Para lMarx, existe ,¡r.9*putit;tiá;d'-";;."
la historia y el
Estado. Si conrinúa ta hir;o"iu;
"l_ü"9'ár
Bri"a" ,"^á]rú";
su fin. Si el Estado
ra!.to.iu-na"""?i,ii:";'::'Íf,
*y3:"i"'il;";l1ut".;::,í;.r;
El Estado no es un fin en sí, esto ., .rru .uuhzacjón.
El Estailo
::_ly"-q"
definirse. por l_a sóla razón
fJ*-U.tuao ; ,,o)
"ü;;j
po(er, por consiguiente,
la constriccióri.
No es
""1"ui.""r",,ao
po,ítico, ,n modi..,. La demosrr;.i¿;^";
¡"bi". R;;ü;;;;;
piano teórico, es lrlelrester
quitar ar Estai{o su justificación
v
il1. 1_:g:11T".iórr,
sr_r aratlura con t"-r-*á;J;
il;.;;;;rd;j
r1s
¡rrecrso ryrostrar tln él una rnezcla de icleoiogía y du i".tio_
1.ü:?,'ü11?'!:::1fl1;;"i:*
j*,n{i::fuii::li;;
lier-arlo a su fin. 'r'al
es ul .o',turriJ"'d;"i;;;;..iri,r"r"lr""
l:^:"^""1'^I:geliana
clel derecho y J;i ñ"áo; Jri;ññ;;j
:1i:it^"-,:,".t
hegelianismo...L9
que no viene a ,igrrifica. .u
oL'sapancron
teónca. su elirlinación
como objeto'de conoci,
rrrienio.
Al corrtrario.
El Estado no per
p.orqu_e se instara
;..":nX."n:iff :# fff
Ti**
titl:::::il*
el poder y el abuio y las justifi.udo"uri"i
noder. M;;"-;;
rechaza esta tesis moralizánte,
*u, ,ro constituye el nervio
de su argumentación.
A mayor ub;;J;rrri""to,
si es necesario
admitir que en las sociedad", a".á.lofláJuu (o'"r, .i";i;, ;;p;;
52 DJ
,lc sociedad, como las que incluye el munclo de producción
;rsiiil.ico), el Estado desempeña un papel activo hasta en la
¡,r'otlLrcción de obras inclusive, del pensamiento y del arte, si
l,icn ello no es razón suficiente para que se rnantenga. El
l,lslrrrlo perecerá
lrorque
la racionálidad estatal es limitada;
lx)r'(lue
desde el período industrial la práctica social elabora
¡¡rr¿r racionalidad rnás elevada; jrorque ésta absorberá a aquélla
;rl resoh.er las contradicciones entre la socieclad civil-y la
',,,
ir.dad polílica.
_
El Estado, potencia constriírente (y en consecuencia limi-
lir<la
1.
Iimitatir-a, en sentido racional) es doblernente peligroso.
l,)l poder re-presenta una clase a cuyos intereses superllone sus
¡r'o-p_ios
intereses (en tanto que aparato de Estado y burócracia).
I)oble limitación, doble peligro: dos razones pará disolverlo.
27. Er, rorw DE LAS rpeo¡-ocí¡s sscú¡{ Menx
Estc fin se anr¡ncia enla ldeología alemuna y todo acon-
l.(lce conto si Marx y Engels io hubieran logrado. El concepto
rle ideología se cla cor¡o algo revolucionário por cornpleto.
(ioincide
con el provecto de la revolución tc¡tal, poraue erradica
rlc gc,lpa de Ia conciencia y
del conocimicnto todas las ilusiones.
I)cstruye la confianza en las repr.eserrtaciores, las recusa,
las cuestiona. Fara destruirla corxpone una totalidad, la de las
ilusiones
).
falacjas de clase, cornprendiCa en ella la religión
f- ia filosofía, Ia moral y la econornía política. Marx y Engels
sustituyen esta tt¡talidad llamacla "'ideologíct" por la praxi.s
levolucionaria global: la construcción por la clase obrera del
Irue\¡o mundo (ti:astrocanriento dei mundo). l{o obstante, no
salen de la anrbigüedad respecto de este importante punto.
¿Definición
anteriol de los análisis críticos de la ideoloeía?
,'Principio
de una critica radical?
¿Teoría
explicativa c¡re
elimina en bloque las ideologías porqLre ella las denuncia como
resultado de la historia y las considera ilusiones?
¿Punto
de
partida de una desconfianza política que constantemente habrá
rlue volver a formular?
'I'odo
esto aportan Marx y Engels
cn sus escritos sobre la ideología, pero de manera incompleta.
Prometen más cle Io clue dair. Su definición de la ideoloqía
ccn relación a la ccrteza del saber es eiia misi:na incierta. ;-La
teuría explicativa? Sigue siendo programática.
¿La
clesün-
fianza? Dcstrnye la. confianza.
¿lrn
qué? Fln ias ideas y
representaciones, en las conciencias, en las voluntades decla-
rarlas. Es irnportanLe, mas no suficierte. rle allí las vicisitudes
y9r
Íluc
atrar.iesa descle hace mlls de un siglo el concepto de tra
idcología y de la teor.ía (conocimiento crítióo) de las iiieoiogías.
EsLa teoría ha deveniclo ella misr¡a ideuiogía po.q.l" ." Iru
apoderado de las ideologías y el marxismc se ña
,'ideoiogizado".
Confusión que culmirra en eI interrogante: "¿Bl coniópto de
ideología no será ideológico?" Apoiía gue
"poclría
.Lñ*lu,
d.e man_era imprevista, eI fin de las ideologíar, i lu vez que el
fin de la teoría cle las ideolosías.
Fare¿iera que la tesjs dél {in de las ideologías disimula
una tcsis más profunda: el.
fin
de la.s superestrulil¿ras. Cono-
cei-nos la d'rstinción cle los tres niveies: br¡se (fuerzas procluc-
tivas y relaciones de producción), eslruclura social
lrel-aciones
de producción elaboradas como relaciones de propiedad, codi-
ficadas, formuladas)
,
superestructuras (ideologíás e institu-
ciones). La distinción de los niveles no nuedó culminar en
rrna separación.
¿Qué
es lo que asegura un acuerdo momerl-
thneo?
¿Cómo
y dónde, crr quó nivel, cc rnanifiestan las
contradiccior]es-)-
ios conflictos? Por una parte la praxis y
por la otra la historia, respondcn, segrin Marx, a estos inte-
rrogantes. Sin embargo las estructuras clese¡npeñan un papei
qlie se trata de elucidar. Irara empezar ellas sirven de me-
diación entre los otros dos niveles, la base y las superestruc-
turas.
¿Puede
decirse qu-e se rer,-elan corno estruciuradas y
estructurantes (estructuradas con relaciólr a las fuerzas Dro-
ductivas, a la división del trabajo, a las relaciones de p.o&.r.-
ción; estructuranies con relacióna las ideoloeías e institucio'es
¡'
en relación con la sociedad como totalidaJ; ? en efecto. Su
elaboración acrece su importancia. Esta elaboración implica
la lógica y el derecho, que no son estructuras.
¿En
qué ni.i,el
interviene el conocinriento?
¿En
c1ué nivel la aóción^se torna
eficaz? Todo ocurre como si'la mecliación deviniera esencial
y central, no sirl confiictos. La base es sornetida en
y
rlor
o4
DD
lir estructura qlle, transformándose, absorbe y reabsorbe las
:;Lr¡rerestructuras. Ellas están destinadas a terminar en el
<:r¡nocimiento y en las formas de organización social, es decir,
or las estructuras de la sociedad socialista o más bien comu-
nista. El movimiento dialéctico integra, sirviéndose de ellas,
l¿¡s consideraciones estlucturales. Su expresión utiliza eI con-
t'cpto de "estructura", pero no cae en la ideología ilarnada
"ost¡:uc{uralista".
98. El,
prx
DE r,A iirlosonia, saoriN h{.,rnx.
Como las ideologias, Ia filosofía con las icleoiogías y las
srrperestructrlras, puesio que ella misma es ideología y super-
cstructLrra, según ln4arx, se dirige a su fin. Ella talrii¡ién se
define por esie fin. Sin postular el fin de la filosofía, no
poclcmos ni definirla, ni atribuirle seniido. Los fracmenios
llarnados "filosóficos" contienen explícitarnente estas afirma-
t:iorres.
Esto dice que como para las ldeologías, el pensarnieilto
dc. h{arx no sale cle la amblgüedad.
,'Quó
es 1o que pone fin
a Ia filosofía?
¿I-a
ciencia? Esta tesis positivista no tiene nada
cn común con el profundo pensamiento de Nlarx y sin em-
barqo, a veces lo aulopta; "el marxismo" se expresa enionces
como fin de la i:netafísica, fin de Ia especulación, fin de la
abstracción v¿6i¿,
porqrie es c;encia. Si es verdad que para
Marx la filosofía se clisiin,.qiie esirictar¡ente cle la ciencia,
¿sr-i
pensam;,ento se resurne ell una sustitución de aqr-rólla por ósta?
hI. Para Marx ia frlosofía se reulizo. \'Ias para él no se
roaliza en el Est¿¡do, como sostiene Hegel. Reinontándose a
las fuentes, al pensalniento griegc, a la historia de la filosofía,
h{arx ccrnprueba que:
1) La filosofía, anierior a ia di-¿isión del trabajo, deve-
nida, no obstante, activiclad especializada? no por ello contiene
menos el proyecto de superación, como lo es la división del
lrahajo. Por otra parte, ese prolrs6b no puede ser tomado
como trivial, corno rin simple ic'leal
(idealista); debe ser rete-
rrido pcr"qrie eI examen analítico de la división del trabajo Io
legitima. Este exanrerr presenta en el proceso
clel traba
jo
productivo factores que le resultau parcelarios, que lo rniríi-
mtzan, así com. otros factores que anuncian'una totaliclad
restituida (por la ciencia y
iror
la técnica, sobre toclo en la
automatizacíón) .
2) La filosofía aparece desde entonces no como una inter._
pretación trivial del mundo sino corlo proyec¿o de transfor-
macíón. La filosofía no tra'sforrrra el mun'do; sin ducla hace
{alta haberla. interprerado para encarar sli tra'sformación. La
trtosolia clevicne mr.rndo cuando el mn'do deviene filosofía.
simultánea y recíprocamente? ra filosofía corno totaridacl nro-
yecta
una idea del "ser humano" (racionalidad
¡-
deseo, nlce_
sidad_ y libertad, r.erclad y goce), idea que nt puecie aún
elucidar sus propias contrádicciones internas.
La filosofía iermina, realizada por la praxis levclucio-
naria. L¿r rcvol'ció. coincide co'la realizaciórr de la filosofía.
No es en elio sólo contemporánea. Está dofinida por esta
realización...o*^2
proyecto, después del largo trayeito d,e Ia
fllcsotja
¡-
ias filosofías, y cuyo ogente en io sucesivo será
la clase cbrera revoluciclár'ia.
"
29. Frw nn LA rrrsl-orit.A liN Ni¡nx
_I-o
gue llarrlarnos historia r:onclu\.e con una rer.olución
total (aun si las fases y los "mome'tos"
de esta revoiución
se suceden en el tiempo). La historia aparece entonces" en
esta perspectiva,
conto prehistoria.
¿MaJ
tal vez esta
.,pre_
historia" debiera l.larnarse "historia nit'ral cle la h,mar,idáá-,
desi.qnanclo así cl pcríoclo durante el cuatr el ser go,ró"i.o,
;;ni
nomhre", lucha en su seno contra la naturaleza, iin .lespren_
tlerse.de ella, sin someter la materia? Er, .or."..r"".* l;
historia propiamente
dicha sería la cle lo
,,hum"";;;;
;;;.i-
miento y desarrollo social, cuyo doble aspecto define Ia his-
tarüidad.
¿Tcrnina
esta hisioria? Sí, por cuanto que se
desen-ueh-e. al azar., mierrtras el homl¡re cluda, atormentado
por determinismos
que desconoce y r:lo dorni',a.
y
ú
¡;;_
historia? Puede .onrld".ur." qr" n, la historicidad realizárJo"
El fonclo opaco del ser humano, su naturalismo, se ven dorrii-
nados, apro,piados. El tiempo de Ia apropiación reemplaza al
tiempo de la ceguera en eI cuai eI encadenamiento de las
causas y los efectos (comprendidas aIIí las voluntades y
Ias ideas) escapaba aI conocimiento, a la razón, a la previsión.
La naturaLezti produce al "hombre". Poi la lucha y el
trabajo Ia producción continúa en el "hombre" el proceso
de la naturaleza.
¿'La
primera gxan obra de esta produccrón,
no es la historia, proceso en cuyo curso "el ser humano" se
ploduce a si misrnoT Cuarldo el "hombre" ilega a proclucir
y a reproducir en sí mismo y en torno su)¡o a la naturaleza
(¡'una "segunda naluraleza"?) la historia cesa. Y quizá el
"hombre" en general . . .
De tal rnanera la producción tornada en su plenitud
envuelvc Ia creación y car:acteriza al "setr hltmano". lli ser
produce y se procluce. hio existe sólo producción cle objetos,
sino producción de espacio y de tiertrpo, proclucción de rela-
ciones, producción y autoproducción y autorreproducción
(la
concieracia) y de Io otro (eI mundo). Ei tiernpo así elaborado
por la priictica social y el pensarniento fiJ.osófico, ese tiempo
r.ro puede detenerse. Es el que se expande después dei tiempo
lris¡órico o prehistórico. Si no hay rnás l¿istori(r en sentido de
un devenir necesario v ciego, no comprendido
-'.
no dorrri,trado,
la histori.cidtzd se despiicga en el seno cle un devenir en eI cual
se inscribe el conocimiento para orientarlo y sobre todo gozar
en é1. A pesar de los límites de la acción, clel conocir:niento,
clel goce humanos. Más exactamente, la historicidad cieviene
cl desarrollo (ch{erenciado con nitidez del siraple crecimicrrto
económico).
Esta teoría imr¡lica la unidail clialéctica (reconciliación
tlespuós del con{Iicio) del naturalisrrto y la historicidad. Im-
¡rlica
la suporacir5n de ésta, es decir, la abohción de rina y
rie otra, rle una por la otra. La realización del "ser humano"
supera la naturaleza y la Liistoria
-a
Ia filosofía t la ciencia-
t.omadas seDaradamerrte.
3A.
QuÉ
ns r.A Hrs'roRrA, snoúN Manx
I-a relación ent.re producción (en sentido amplio, no res_
tringiclo todavía.por loi economistai¡ y prodtrcto'(eí sentido
lgu¡lmorrte lnplio,_aún
no reducido a'ja cosa) es un vínculo
Jrrctor;co._'.'JII
pr"odut'lo, en forma de capiia!, expresa ura
rclacron deter*inada y característica
de una formá histórica
de sociedad. . . " (Grúndrisse,
trad., I, pág. 212). En esta
Íorma,
en el seno de las relaciones de p"odroció.r, ei capitalista
L.:1,:-b-*.
se producen y se reprocluérr.rr.o
al átro; ,ep""d"_
clendose en el otro cada uno se reproduce a sí mis¡no. be tal
manera
,la _producción.(en_
sentido amplio) es re_producción,
?: :!T
biológica, no sólo de stocks.
_y
d"
"ór"r"u.,
?u útiles
1,
de ürstru_nxentos,
de cosas consurnidas o clestruidas Iuego ré_
constituidas,
sino de relaciones. El
,,cue¡:po
orgánico" ie la
sociedad
_se
proCuce y se reproduce en el
-,,tiem"po
histórico;;,
implicando
la produtción y reproducción
cle los individuos
como tales y por consiguierite de Ia indíuid.ualidad.
socíal:
,,Es
necesario, que las condiciones de un moclo tal de reproducción
de su vida
1-.cle
su.proceso vital de producción seán p"imero
:.,-,r,i1:Jo._el
propio proceso económico
e histórico', (Ib., XI,
pag. J/9). Luego, el análisis
1-
el desarrollo de la producción
terrninan_por porrcir cn evrdenóia la reproclucción corqro esencia
y ilave de_ Ia corn¡;rcirsiólr clcl proccic, no siendo concebida
esta rep'cducción
corrlo hechura-o forriración de obietos" sino
como creación v re-creación dc las relaciones, que'irrcíu1,en
lo individual y su nexo con Io social.
.
Lejos de partir del
,,hornbre',
corno individualidad, Marx
i-1i1.,"1-
q"."
,"1
''hombre" sólo se indiviclualizu
"" "i
pr*o
hrstonco. Así, de anim_al biológico que era y de miembro de
la especie, o más bien. del gr,,pó or.ái.o, á"-r'iurr"
""1*"f
f"ii_
tico. De anirnal rural, taribiSn deviene animal urbano.'Sin
saiir por tanto de la animalidad antes de una revolución deci-
giyu
,q3u
lo individualice.. I{o obstanre, los canrbios
""
g;""r;f
(de bienes materiales así como también d" .orro.iÁ1"?i;;;
9"-9!1"r _diversas)
son uno cle los ug*rt". esenciales de esta
indiviclualiz ación (l b., I, pág.,tr56).
En consecu-encia, paia Marx, la historia no sólo es his_
58
DY
l.oria de la economía, de la política, del conocimiento, siiro
también hísforia de Ia indiuiduatíd.ad.
J1. La ursronra y
r.A ECoNo¡rÍe n¡l
.,El
C¡prr¿1,'
Recordemos Lina vez más que Et Capitat lleva un subtítulo
criya irnportancia no han coinprendido los intérpretes durante
largos- años: "Crítica de la economía política,'i subtítulo que
reproduce el título de un trabaio anteiior del autor. T'rátáse
tle la crítica de i.irra sc.udo cieicia, que clisimula ideológica e
irrstitucionalmcnte
la práctica social én la sociedad capiialista.
liormula esta práctica pero dis{razánclola. La
,,represénta',
en
lugar de conocerla. El lector comprueba rnuy pronto que
la obra de h{alx contiene tanto historia. en li acerrción
corriente del términoz corno ecouor¡ía politica y socioiogía.
f,Ll_Capital, después de los capítulos sobrelu *".oin.ía (forma
del valor do carnbio), pro\ ce numel.osas incjicaciones, general-
mente extraídas de ia historia palticular c{e Iirglaterra so}.¡re tra
acumulación del ca¡.ritai; por tánio, si los elemen.tos se retinen
en una tecría general de acumulación, ósta no lia sido llcvada
a término por el nutor; ia histcria ilustra una teonía en vía
de elaboración. l\farx no rlela de caracte¡izar.brer.e o extensa-
rnente a la familia burguesa, el alma o la conciencia del
capitalista, la evolución y el destino Ce
jas
ciud-ades, Ja impor-
tancia clo las peculiaridades
nacionales en la formación soiial
económica. Lo que
depende tanto cle eso que podemos llarnar
"sociología", coráo de ia historia con carácier áe ciencia.
_
-
?odría clecirse que El Capital quiere expresar en su tota-
Ldad el devenir rlel iapitalisrno competitivo,'partienclo de una
hipótesis teórica: su fin iirevitable. AdemáÁ,'un fin entre los
fines. Para Marx esta idea se vincula .on .ú iCea seneral del
iler.enir, con el proyecto de autorrealización poo eI sór hu¡lano.
¿T{istoria?
Filosofía. Pone en evidencia la génesis y cl fin del
capitalismo; su "historia total" se clespliega én rjiveisos planos:
crítica radical, elaboración de un r-ocabulário a
ja
vez ciórrtífico
y'.^revolucionario.
estrategia política. Con toclo, persiste una
dificultad. Si es exacto ,1"e et capitalismo se ciiacteriza pcr
su rnodo de producción en donde predomina 1o económico, si
la socieclad burguesa ha realizado esta primacía escamoteátr-
dola ideológicarnente, si hay que atacar al capitalismo en eI
plano econórnico para destruirlo
¡r
superarlo, si luego recons-
t¡uimos ¿rsí la hisioricidad,
¿esta
reconstrucción no involucra
una clesgerrrarrte revisión del papel de la historia? En defini-
tiva,
¿el
papel de la ec<¡nomia política, del conocimiento del
capiLaiismo y de 1a esirategia revolucionaria, no es
)-a
utra
especie de "lin" de Ia historia, paradójicament¡l necesario para
que continúe Ia historia?
¿Pero
qué historia?
32. Sosnn "EL CAPTTAL"
IIn fin, Ia lectura literal de
crimina:
a) ia operación reductora que cumple la forma "pura"
(abstracta) del valor de cambio y la ley del valor, las irnpli-
cancias teóricas de esta forma (la estructura de la mercancía,
el dinero
¡t
sus funciones)? y las relaciones iiociales así defi-
nidas, rcgiadas por otra forma, jurídica, eI contrato;
b) la o1-reraciór:r que ai eiucidar el conteniclo de esta forrna
-
cl tlabajo socral- con su rlovimicnto dialóctico y sus oposi-
ciones inrnancntcs (tlallajo cuantiiati.,'o y cualitativo, trabajo
parcelado y global, trabajo simplc y complejo, trabajo material
y trabajo intelecLual, etc.) Io clue perrnite satisfacer una praxis,
la del capitaiismo, que impuisa hasta sus últii¡as consecuen-
cias la dir-isión del trabajo productivo;
c) el estudio del proceso de acumulación del capitai por
la actividad de uria clase, la burguesía, Ia quc por otra parte
mientras acurnula se transforma (prirnero comercial, luego
manufacturera, industrial, financiera); este esftrdio llega hasta
la concentración y la centralización del capital (monopolista)
;
d) el anáiisis crítico de los mecanismos autorreguladores
del capitalismo competitivo, que confieren a la sociedad brir-
guesa una cohesión interrra, de los equilibrios provisionales o
reconocidos, de las posibilidades de crecjmiento (forrnación de
la tasa de interés rrredio, papel "expurgador" de las crisis
la gran obra de Marx ciis-
60 61
cíclicas después c1e las cuales recomienza el ciclo, arnplias
perspectivas de acumulación, etc.)
;
e) una teoría que corrcierne a Ia esencia del capitalisnro,
a saber, la teoría de Ia plusvalía (explotación de la clase
obrera), completada pcr eI estudio (inacabado) del reparto Ce
esta plusr-alía entre las diversas capas de Ia socieclad burguesa
(propietarios del suelo, carnpesinos diversos, comerciatrtes,
clases med.ias, clase obrera, Estado, etc.); la rinica fuente de
"i:ecursc nacional" es tra plusvalía en tanto que los econornistas
separan la tierra
-!'
su rcnta, el capital y su provecho, el
trabajo y el salario;
f) el análisis de las fuerzas que conmueven el capitalisrno
competitivo en el
irlano
económico (tendencia a Ia baja de
interés meilio) y en eI plauo sociopolítico (acción de la clase
obrera y acción del capital monopolístico),
La parte más elaborada de la obra se refiere a una
"forma" cu1-o carácter lógico, esto es? "transhistórico", aparece
ile inrnediato: el valr-¡r cle cambio.
¿La
crítica dc la econornía
política burguesa y de la sociedad burguesa como sociedad
donde clomina la economía basta para definir una ]ristoricidad?
En este vasto conjunto, sólo puede ltramarse "histórica"
a la partc que concierne a la acurnnlación.
¿No
constituiría
el conjunto una "llistoria total" del mundo de producción
capitalista, historia que se despliega sobre planos rarúltiples
utilizando las otras ciencias? El Capital analiza el capitalisrno
competitivo y artuilcia su fin. Lo que en efecto ha ocurrido.
Ahora bien, el capitalismo sot¡revive. En verdad, ya no es
el capitalismo competitivo.
¿Fls
esta misma historia u otra?
¿O
el mundo rrrás allá de la historia?
33. Frr.r nnr- DrNERo, sBoúN Menx
El Capital no sólo presenta dificultacles para su lectura.
Contiene paradojas (aporías) poco señaladas en su carácter
de tales, que explican esas dificultades. "Erlcara el movi-
miento social corno un concatenamicnto natural de fenómenos
históricos", afirma de Marx un autor citado y aprobado por él
(cf. Prefacio y cpíIogo a il'L Cttpital).-Lo crial no resulta escla-
iecedor. Si Márx-contibe las leyes de la economía política com".r
leyes naLurales (sobre el modelo de las Ieyes físicas), por una
parte también las vincula al métcdo hegeliano "p-u-esto-sobre
's.rs
pics" y, por la oü:a, a una fornea-"pura", la del valor-de
.n-|,i,,
1p.i-u.
capítulo de El Cctpital). La dialéctica hegelia-
na, en fin, parece réducirse a algunas_afirmaciones
naturalistas:
tocio lo quó existe nace? crece,-elvejece y muere; hay lucha^s
err todas'partes. En cuanto a Ia historicidad,
¿de
dónde viene?
;CuáI es su ubicación?
-
No menos paradójicamente, existe s-egún Marx, un "mun-
do de la mercJncía" óor, ,rt.u forrrra coherente, con su lógica
inrrranente, su lenguaje? sus estructuras y funciones'- Expiica
cómo ese 'imundo á" Íu *"t.uncía" se apodera de todo lo qr-re
cxiste, cle todo cuanto le preexiste. El planettl lu gente,, Ias
costuÁbres, la farnilia, la vida y Ia muerte. El mundo de Ia
mercancía se instala, íecubre, ábsorbe a los otros "rnuntios",
los cle la ciencia
y Ia conciencia, eI del arte y las-obras'.¿hTc
es él el q.ru ."ntlit.tye la mwndialidad,en Ia cual se abisma
la historiá?
¿Córno
Éacer arin historia de ese mundo del qqc
Marx descriüe, ani.rliza, cxplica el pocler, la agresir-i<iad,-la
capacidacl de univcrsaliz-ación
y de recuperación? ¿IJna
revolu-
ciá,-, q.r" sur.qicra .omo ur voló¿in en el ocóano r'Je la mercancía
tcnilria car','iitcr lilstói:'ico? Si s.pusiór:¿lmos
rluc la inlensa
productivitlatl
-v
l¿t autonratización liicieran decaer un dia el
valor dle cambiá y rest.ituyeran la supremacía del valor de uso
(hipótesis de Marx),
¿dóncle
y cómo tendría lugar este inmenso
oc"nte.i-i"nto?
¿Cuánclo
deiaparecerán el cljnero-y rsu poder.?
¿Por
ilecreto?
¿'P:or
clecisión política? No. Cuando las concli-
iior-,", tle su cleéaparj.ción se iealicen" el dinero y sus pocleres
se clisolverán en las relaciones sociales transformadas'
Con
eI Estailo y eI resto, las otras alienaciones. ¿'Voluntad?
Nc'
Proceso.
¿Histórico?
No es seguro. . .
Cualésquiera sean los vínculos entre la historia y esie
"fin", Mari no ha dejaclo de anunciar el fin de1 djnero' I-a
.".u.íón cle la propietlád privada (abolición o superación), no
tiene más sentido tti obl"tiuo clue el "fin" del 4inero, accjdent:e
qlru ha devenido
"r"í.iul,
intermediario que se ha vueltc
62
63
rlct:isivo. Con el reino del dinero se termina el mundo de la
¡rrrrrc¿lncía. I-a forrna del cambio deja de ser oprimente, pi:o-
rlrrctora de opacidad y dispensadora de una falsa luz (con su
t:orrt.rapartidá, la forma
jurídica y contractual, escrita, en
,,,,rsccüencia, congelada, estipula<ia, definitiva en apariencia,
rlc las relaciones sociales).
il. Er- r--rr.t DE LA N¡\TURALEZA enr N'ianx
Duranie un período (respecto del cual habría que discutir
tr¿rr'a se,ber si es necesario llamarlo "feuerbachiano"), Marx lio
srilo acepta una antrcpología sino una ontología. Si Marx-hace
l¡r críricá de l{egel poi Feuetbach y la de Feuerbach por l{egel,
cs ciecir, el hisiorióismo por eI naturalismo Y el naturalisrno
l)or
Llna conccpcióri de la historia, extrae por sí misrno de ese
t:onflicto una noción de lo prdctico-sensible y una concepciórr
rlc Ia naturaleza como punto de partida (origen) de Ia pro-
rlucción por sí misrno "del ser humano"' Eso que llamamo,s
"rnundo'i se descubre como producto y obra de la actividad.
I)or otra parte, Ia Naturaleza es a Ia vez materia Y
madre del
,icr l:urnano, origen y objeto dc su actividad creadora.
El regreso (inversión) del hegelianismo aI que se- le in-
vecta una teoría del "ser humano" práctico-sensible de esta
vrsión en la cual ia Naturaleza reemplaza a la trclea' La
Naturaleza no es sólo el lugar de nacirniento rletr ser hurnano,
su inserción en la existencia. Segírn Marx, hacia 18'14
-rt
también en Goethe y Spinoza-, ella tiene aI "ser huntrano"
conro lrijo
¡,riülegietlo
ál quo trala duramenle.
-pero
a
-quicn
cduca e-impulsa ñacia su eler.aclo clestino. LIno de los fuXrtnus-
crito,s de tS++ lo afirma: las pasiones hurnanas (deseo y
necesidad) tienen una irnportancia ont.ológica. Ellas-no se
rer-elan. sino
que
"son". Y son los fr,.ndamentos de lo que
vicne a contintiaciórL.
Después de 1844 y Ios célebres Mrtn'uscritos, o rnás bien
en el mismo curso cle- su redacción (en el que confronta }a
filosofía feuerbachiana cle la Naturaleza con la filosofía hege-
liana de Ia Historia), Ia naturaleza pierde su lugar. No es
más eI terreno de la producción clel "ser humatlo" por sí
rnismo, producción por 1a cual emerge el.hijo-privilegiado.de
la Maá.e naturalezá. No es más clue el objeio de Ia producció-n
inilustrial. Ei concepto cle "producci.ón" al precisarse_ tiende
a restringirse, tro obLtante que l)"trarx nun-99 haya explicitado
esta redu'ccióú. Existe
''a
éspecie de conflicto entre materia-
Iidacl y naturalisrno. El carácter hisiórico
.c1e la pr-oducción
(que Lulminará cori el reconocimiento del primadg cie.
la
"árorrríu
política, err un momento cleterminado de la historia),
conserva áq.rn1 tu.go. For olra parte, Nlarx jamás corta el
cordón umLilicai
{.ru
,rttu "lo }tumano" (la produc.ci-ót
.y
el producto) con k-r originario y el modelo, con lo inicial y lo
terininal: ál natr¡ralismo. El r'ínculo se empequeñece' No
desaparece. Sin emb:irgo no seria errado decir, q-ue también
un úno" la naturaleza ie clcfine por un final: su desaparición
en y por la activiclaci procluctori qr-re la transforma' En el
iímíte^(que N{arx al¡orda desde los Grundrisse, hacia 1857),
Ia producción se autornatiza; a Ia vez ciineina la naturaleza
y d"oi"r1" naturalez.a
luna
antinaturalezar la
"lel
ser clue,lieva
ón sí el principio cle su movimierrto, que se mlle\¡e a sí ¡:rrismo:
eI autómata).'Utt día, pues, la naturileza habrá desaparecido'
Habrá qr" teprod.]cirla-. "lll hombre", armado con la técnica,
,uprodrrii.á 1ó que destruyó, clominírndolo y utilizándolo' ¿En
éIi
¿En
torno ie é1? Lirio va con lo otro. Paradójicamente,
este fin cle la nat¡-rraleza clada (de la rir¡reza natural que
viene como un don), de 1a espontaneidad, marcará. el principio
de Ia apropiaciótt pá. uI ser'humano de su oropio ser' Y 1o
creará.
35. L¿ rrunnrn DEL ARTE
Marx, que anuncia tantos fines, no prevé- el fin del arte'
Antes bien, sucetle que se le representa el desarrollo de
la actividad estética cómo modelo de actividad creadora en la
sociedad futura. Cacla uno devendrá poeta, músico, dra¡na-
turgo, etc. Por cierto, Marx rehusa
-anticiparse;
a
los
hombres
,de1"pórvenir, la solución de sus problemas. Duda, é1, en efecto,
64
65
r,nlrc una visión moral (el respeto de todos por todos, libles
¡ror:
igual en los límites de la libertad de los otros) y una visión
r.sltltica. Esta cuenta con su preferencia. &Iarx no gusta de
lir moral.
¿Quién
previó la muerte del arte? Hegel. La muerte
cst.¿i involucrada entre las realizaciones que entran en el sis-
t.cma filosófico político. En cada época el arte ia expresa
;rrrunciando su fin, agotándoia. El arte de cada época (antigua,
oriental, medieval, etc.) por consiguiente, expresaba una fini-
trrd. El Romanticismo expresa simultáneamente Ia finitud del
alte y la finitud humana. Arte de la muerte y muerte del arte
andan juntas. N{eclitación poética, dramática, épica, sobre la
rnuerte, el llomanticismo concluye la historia del arte, no
obstante que por otra parte, la historia en general cu]mina
cn el Estado moderno y su filosofía: el sistema hegeliano.
¿Se
imponclría una elección entre la teoría hegeliana, que
vincula el fin del arte con el r'in de la historia, y la tccría
marxista, la que parece afirmar que el arte sobrevive a la
historia y aún a la moral, a la política, a la ideología? I{ieizsche
nos ha ensehado que el probierna es profundo de otra manera.
Si no existe poesía sin lo trágico, si no ha1,' tragedia sin
violencia,
¿cómo
concebir una actirridad creaclora, serena y
satis{echa?
¿I-a
poesía, el arte dramático, la música. depender:r
cle categorías que el marxismo ha deseado promover? Si la
creación estética no muere, sin dnda que no será según
el esquema fijado por NIarx, pues el hombre poshistórico y
posrevolucionario continuará desplegando libre y razonable-
mente su actividad creadora. El arte se destruye a sí mismo?
luego resucita de sus cenizas. La cotidianeidad lo mata, mas
ret'ive para matar lo cotidiano. Se perpetúa como poCer de
destrucción (la descomposición, corno dicen aleunos). Su
perennidad no puede seguir ul tral.ecto apacible.
36. Menx,
¿rroMBRE
¡rrsrónrco?
No es sin argumentos que podemos presentar la Crítica
clel Programa de Gotlm, el testamento político de lVlarx, como
obra esencial. Es necesario aún, precisar y situar esta afir-
mación.
El texto de NIarx hace pública una angustia y contiene
una queja. La "iristr¡ria" ya no toma el sentirjo previsto p,rr
Marx. El teórico, el pensador, no ha sido ni será jefe político.
Ya la práctica política, la dirección Cel partido y la de las masas
van pcr otra parte y proceden de otra manera. Ya los cuadros
históricos que li4aix quería ronrper? la nación, ei Estacio,
anuncian su persisterrcia. Ellos pi:oveen las estructuras en Ias
cuales entrarán, t)or las buenas o por las malas, las coyunturas.
El texto de i\{arx termina trágicamente col palabras qr-re
acusan la impotencia del pensador ante e1 hecho terrninante:
Ios acontecimientos no se ajustan al esquerna racionai cle la
historia. Esta histor"ia, concebida por Marx, se clesmentirá.
X4arx no podía saber que esa desmentida lleEaría hasta la
a utodestrucc:órr.
-
¿Qu.ién
es descle enionces ei "hor¡bre histórico" que ha
desr.iado el curso de lcs aconiecimientos? que ha orientado
las ins[ituciones, sr-rs modi{icaciones llamadas "históricas"? Es
Ferdinanclc Lassaiie, iilr'entor del scciaiismo cle Estado, con-
tinuador de l-{egel, descubridor cie las zonas de coinciclencia
entre Io "real" y lo "r"acional", oirtre la revolución y el orden
establecirlo. Lassal lc ira sabido des na t ur al.i zar r.ierLos conr-eptos
marxistas (la plusvalía ¡¡e convicr.tc en "-ley de brolrce"). Sus
partirlarios, conscientcmonl.e o no, han sahido contornear las
tendencias revolucionarias de la clase obrera europea" eI iz-
quierdismo, el anarquismo.
¿Ferdinando
Lassaile no ha hecho
historia poniéndole {iir a ésta, por la consagración clel llstado?
Es él quien merece el titulo de "hombre histórjco", el que ha
triunfado, no Marx.
37.
¿Manx
rzqururnrsra?
Marx ha eirrpieado algunas fórmulas solprendentes. Ha
nzarcado los hechos históricos (o pretendidamente tales) con
frases excesir.'as cuya falsedacl "histórica" aparece dernasiado
pronto. Los inspirados en él han aceptailo esas fórrnulas como
66
tli
¡,irlabras
más que como conceptos.
¿Qué
dice Marx? Hacer
,r rro hacer la historia, he aquí el dilema. La actividad histórica
rlt'fine al ser hurrrano. Esta actividad pone fin a todo lo que
t'xiste. La nación, el Estado, eI dinero, el mercado y la mer-
t:iu.rcía, las clases, la famiiia, terminarán, entre otros fines.
Los proletarios no tienen nada que perder, como no sean sus
r'¿rclenas. Ellcs no tienen patria, declara eI Mantt'íesto del Partido
()amunista.
¿Cómo
podríamos reprocharles que abandonen o
lraicionen lo que no tienen? Las leyes de la economía política
soil leyes naturales. Por consiguiente, la economía política
dcsaparecer:á.
¿QLlé
subsistirá después cie la revolución abso-
lLrta? Nada de Io que antes existía.
¿Qué
es lo que determi-
rra'na (estrucfuraba) la práctica social?
¿En
qué se basaba?
,'Qué
iniplicaba en todas sus relaciones? La propiedad privada
clue ha de abolir el proletariado. La clase obrera hará Ia
Jristoria, una historia transparente que "los hombres no harán
más ciegarne.nte", de modo que ella no los llevará jamás donde
no qllieren 1r.
Todo acontcce corrro si h{arx hubiera influiclo el curso
cie los acontecimientos con sus fórmulas exaseradas.
Todo ocurre igrialmente como si el fluir de los aconteci-
mientos llamados históricos hubiera delineacio esas nosiciones.
esas exaseraciones. Como si éstas hubieran clesviado eI fluir
espontáneo sin haberlo clominado.
Así las afiritaciones excesivas hacen época y circulan
bien. Y luegc la práctica las gasta, las deprime. Sin embargo,
se las recuerda. Nr¡ nos acordamos sino de ellas.
¿En
lo que llarnarnos historia. sería necesario resumir el
conjunto creciente de los com¡rro nisos, malentendidos, ambi-
giicclades jarnás resueltas, ernpujad-as hacia esto o aquello por
un hábil golpe de rnano de los políticos, fabricantes de aconte-
cimientos que luego los excedcn?
{Jn siglo después de El Capital, parece que la situación
no hubiera cambiadc¡ tanto. El izquierdismo, las formulaciones
exageradas, las tesis excesivas distinguen los acontecimientos.
Fero la ola y el fiujo (así corno eI reflujo) pasan de lado, van
por otra par"te, proceden de otra manera. Lo que no refuta
el "izquierdismo", sino por lo contrario, señala su necesidad?
aún y sobre todo si rro se realiza literaimente. Las fórmulas
excesivas no contionen cluizá la verdad y sin embargo tienen
un sentido. Y tal vez tengan rnás senticlo cuando menor sea
su exat;titud. EI cientificismo no basta para la acción. La
ingerruidad de los economistas es inmensa, pues creen c¡ue Ia
gente se hace matar por el desarrollo, por la ciencia y el plan;
es menester la esperanza, el sueíro, la r.oluntad, la utopía.
¿"Izquierdista"
Nlarx? Cornprendemos mejor por gué su
eliminación (de afuera) y su desintegración (de adentro)
estírn a la orden del día.
38. De, HricBr, ¡ l.{rrrzsorls,
La meditación y la obra de Nietzsche ccmicnzan en el
mo¡nento mismo en que el pensamiento de Marx declina,
habiendo alcanzado su culnrinación con El Capitril (1867). i-Ia
transcurrido un cuarto de sislo desde los vibrantes comienzos
de Marx. Menos de medio siglo desde la muerte de Hegel ...
No se ha señalado lo suficiente que el punto de particla
de Nietzsche coincide con el de N4arx: la crítica del hegelia-
nismo y particulannente la dcl hegelianismo tle izquierda. Sin
embargo, la situaciórL terlrica ha crarnbiac.lo profundamente.
1) Contra l-Icgcl y su lacionalismo unitario, Schopen-
hauer ha ouerido moslrar la escisión fundamental de1 "ser"
(y del "sef humano"). Por consiguiente si hay escisión hay
"alienación", pero esta alienación es constmctiva. El "ser"
es por una parte impulso, querer, profundidacl ciega, elemental
y r-ital; y por otra parte, conciencia, clariclad, r'eflexión.
¿CuJiI
es la relación entre esos dos términos? En el mundo el ser se
desdobla en voluntad
Jr
representación.
¿La
historicidad? No
puede ni definirse. La temporalidad resulta del conflicto
insoluble entre el cluerer-r'ivir (tan espontáneo e inconsciente
como oscuro) y lu representación de ese querer en el plano Ce
lo que ha realizado para destruirlo luego. Sólo el filósofo llega
a sostenerse en Ia incierta línea de cresta entre la voluntad y
la representación. Frontera de tormcnta. Alli concibe el fin:
68 69
rro sólo de la historia, sino del mundo. Por la purificación
r' la negación del querer.
De esta disociación, Nietzsche xetiene el conflicto entre
l)ioniso (la violencia, Ia crueldad oscura, la embriaguez, el
tixtasis) y Apolo (eL sosiego, eI sueño, la luz).
2) Mas hav otra cosa. Existe la historia. Después dei
lr'¿icaso de la rer-olución europea de 1Éi48, liegó Bismarck.
Vcnce (Sadowa, Sedan, Versailles). El ha hecho Ia historia
t:rr bcncficio de Prusia. I-Ia comprendido los objetivos de la
revotrución, las posibiiidades de Ia prárctica histórica. Efectiva-
rnente, él ha realizado allí Ia unidad nacional alemana y ha
"nnodernizad-o" A Alcmania. tle él ha podidc decir Flngels
(al cual Nietzsche ignoraba) que intentaba una revolución
descle arriba. De la primera gran prueba después de 1as
guerras napoleónicas, el nuevo Estado, el de Alemania, sale
fortalecido. Puesto a
prueba" la clase obrera ha sido vencirila.
Rismarck se entenderi, maniobrará con ella. Pareciera que
Nietzsche lo presierrte. Resulta de esos hechos que la cultura
¿rlertarra ha devenido histórica. Como lo anunció IJegel, la
historia no es una ciertcia como las otras; contiene una cultura.
Alernania, después de 1871 es hegeliana sin saberlo. La
c:orrtinuicllacl del pensamiento hegeliano está representacla por
eI viejo Dar.id Strauss. Contra éI se lanza l\Tietzsche, pero
apuntanclo más lejos. Las Consideraciones intentpesltua.s pl'o-
claman el fin de la historia por decadencia, por destil.ución"
l,a historia concebida por I'Iegel se realiza. En la medida en
que ésta se realiza se clesacredita. I-a crítica radical no apunla
mhs a la continuación de la historia y al relato cle su fin
ilespués cle ia realización de una serie de objetivos. La crítica
se lanza clirectamente contra la historiciclacl mostranclo lo que
ploduce: el imperialisrno alemhn, el fortalecimiento clel Estaclo,
la turbación cle la conciencia. la
podredumbre "c,¡Itura[".
39. L¡s "rNrnilrP¡rs'trvAs"
Con frecuencia se las ha considerado ccmo panfletos,
opílsculcs de circunstancia. Pero ellas señalan un gran viraje'
El título tier¡e un sertido mu1. claro: liietzsche provoca
a sus
co'tempor:hreo:;; los clcsafía; desde ese insta¡te fuera cle su
cr¡rnilnirlacl (cle si.r plopia rracionalidad y de su propia cultura),
se rrbii:ar¿i luLera rlcl tieml_ro histórico. Sóio kail Lówitt ha
ten'rtlo cl scntimiento, muy osculo, de este sesgo (cf. De Flegel
a.l'ii¡rzs¡:lte, 1'.' parte, cap. IV). Sentimiento o..r.o, pi",
Lórvitt relaia histór.icamente (corno una historia). las clificiil-
iacles del_ pensaneiento europeo después de lic-gel, r,ale r_iecii,,
después del pensai:niento historiado.
Primera ütternpestiuu (1873). Nietzsche se enfrenta con
los "filisteos cultivaclos", representados por el viejo hegeliano
"cie izquierda", Dalid Strai-rss. Este esciito cornienza .ór, ,rru
aclvertencia: urfa gr.an victoria cornporia un gran riesgo. Las
victorias de Alerirania han acredi¡,ado la iclei que
la listoria
ha pronunciado su
juicio,
que la cultura aiernarrá ha triunfado
en .la lucha. Lo que corre eI pelig-ro de transformar la victoria
en derrota: la dei espíritu alemán en provecho del imperia-
lismo alemán.
¿El
enemiqo interior? Ei la pretendida cúltura
con base histórica, que confunde el éxito cbrr la leqitimación
anie la historia. Nietzscire l1o conoce la palabra
.;ideología,'
y no cmplea ese concepto. Cuanclo escribe
,,cultura",
illo
plniu intelpletarse corno "idcología". I)e todas manerás, éI
disiirrgue la grandc y r.cr.datlela cultura de la de los filistóos.
L,a srar cultur¿r rrorrsislc err un ¿:sl¿lo. Saber mucho y haber
aprendirlo nrLrcho, Jo que corrcucrcia mu1, blcn ron
ja
blr.barie,
vale decir, con Ia ausenci¿r de csrilo o la mezcla caótica cle
lns estilos (ilcl- Aubier, tracl. Bianqr-ris, pág. 25). Al cler.enir
clorninante ei fjlisteisrno, éste se creyó promovido al rango de
"clrltura" por constituirse err sisterna, mis puede haber siJtema
de incultura (System der iVicht-KuLtur)^ tanto más pesado
puesto que pone fin a la búsqueda: el filistco cultivado cr.ee
habei"lo cncontrado. I-os satisfechos se aDoderaron de la his-
toria y procuraron transformar todas las óiencias en disciplina
histórica, comprendiendo en ella la {ilolosía v la filoiofía.
Illlos han briscado en la conciencia históri.á fpeg.3g) y han
llegatlo a encontrar una fórmula para divinizai * t.ioiáhdud
cotidiana. trl filisteo afirma la unidacl de lo real v cle io
racional en é1, en torno de é1, en la seriedad de sus actividades,
tlc sus conocimientos, de sus asuntos. Strauss. cornpleto filisteo
y profeta del filisteo c¿iltivado, sólo rechazó cierto tristianismo
¡rara
constituirse en fundador de una nueva fe. ¡Neocreencia?
tllla exalta hasta las rrubes a la nueva AlemaniJ, la cierrcia y
!a cultura alemanas, la historia alemana (la de Alemaniá,
cscrita por alernaries al estilo de la juventur-i alemana), la
rnúsica alernana, la fiiosofía alemana, etc. Ese charlatanisrrro
¡rrocede
del culto hegeliano de lo real identificado con lo
racional, r.ale decir, Jel culto del éxito (pág.
gZ).
EI gran
¡dealismo se convierte en pragmatismo.
La verdad, dice Nietzsche, es que Strauss tjene mieclo.
<,De
quién y de qué? Del socialisrno y de los socialistas. f)e
manera que hábiimente remite a sus lectores a Bismarck,
objeto de la nueva fe de la historia. "Creo en todo esto"
_(pág.
107). Mundo estéril, mundo perdido. "Aquí
)'a
no
liabrá primavera".
1,0. LAS "rNrnMpEs.rrv,\s" (continuación)
La Prim.era trntempestiua concluye con nna abjuración.
Federico Nietzsche se dirige a una "cultura posible, la que
cumplirnentaría el deseo de una vida rnás intensa y rn¿lis ele-
i-acla, en lugar cle perjudicarla. Evoca y trata de descartar
ios obstáculos. Clitica al especialista corno tipo social y cul-
tural, a sus caracteres morfológicos, a su estridente mal gusio,
a su falta de espíritu, a su grosería. La cultura considerada
í'omo un compendium cle opiniones sobre la filosofía, el arte,
la literatura, no es sino un factor de "rebarbarización". En
ia marcha, Nietzsche cornprueba y deplora la simpatía que
unió al proletariado con los sabios de la culturá filistea.
Apunta a Dühring a quicn parece conocer pero del cual ignora
que tarnbién Engels 1o tratará de "filisteo". I-a verdadela
c,-rltura, que nada tiene en común con la cultura que se llama
.,.erdadera,
ha desaparecido; en las universidades. 1a gerrnina-
r:,ón de una cultura nue\¡a deviene imposible (phg. i1S). EI
coimo del filisteísmo, es la identificación de la religión y de
tra ciencia en la "nueva fe". la transferencia a esle unii-ersc
7I
concebido por los filisteos de "Ia piedad que los creyentes
experimentabatrr para coll su dios". En ese sentido y- q p.e9ar
de la lógica, la cieucia de la naturaleza y la ciencia histórica
se encuóntran. ]1llas construyen un "habitáculo" que, según
Nie[zsche, rio es ni un templo ni un palacio, ni tampoco una
vercl¿rclera viviencla, sino una viila: un pabellón, dotado de
una terraza, r}-esdc doitde se contempla el cielo y el mar y ux
pequeiro jarclín encarii.ador.
¡Un
pabellón tal cs el símbolo
ilela cuiiura moclerna y de su ausencia de estilo!
La Segurul.a Intempestiu¿ ataca directamente a la historia
y ya no al-historiador: ia requisi[oria no se func]a en eI cuestio-
narniento de la objetivtdad, asunto secundario,
-que
aparece
tarclíarnente (cf. pág. 279 y sig.). La critica go'lpeará en
"el
corazón misrno ,1-"1
.-p"t
nu*iento histórico.
¿La
historia? Es
el "rnundo clel especláculo" para Nietzsche: hasta Ia cultura
sedicentemente mlderna, ninguna generación ha sabido desa-
rrollar "cl espectíiculo, fuera=del alcance de la vista-, que al
presente ,,o, óf"*.u la hi.storia convertida en ciencia del de'e-
irir universal"
(pág.
253). EI hombre moderno lealla ante sí
"la masa
"rtor*á
1'.confusa
de piedras para Ia construcción del
saber" (p1ig. 256). Es en Io que se distingue de los griegos
a los quc pietencle
l)¿lrecersc;
los gricgos.sabían no abrrmarse'
EI exceso- dc his¡oriicirla¿ _v clc conocimiertos históricos llega
a confurltlir? a corromper el clcvenir histórico, a-detenerlo'
Diríase qr.re Nietzsclie agrega irónicamente a las alienaciones
c{escr:itas, analizaclas
1.
ciitiiaclus por I-Iegel
Y
\Igrx
ur'a alie-.
nación po, Ia l'tisrcría (uIra alienación de Ia historia
Plr
s-i
misma), separación entie Io interior I'
exterior del "sujeto"
histórióo, cinismo, creencia en la perfección, apología de.lo
actual. Mientras la especie humana permanece alena,
llurza
frustrada, sin duda imperfecta (cf. pág. 2C4-205)
y por. consl-
suiente 1á iclea de uná madurez de la especie, del individuo,
del tiempo, no tiene ningún sentido'
72
¡o
41. Las "TNTeMPESTTvAS"
(continuación)
La ironía dialéctica c1e Nietzsche revela una contradicción
urir, ,to p"..ifria". i,xisten dos aspectos de.la historia (la histo-
;i"id;,'Geschicl¿te,
y eI conocimiento del der¡enir ÍIistctrie)'
La coincidencia entrá estos dos aspectos postulados por He€lel,
;phJ;
¡;r
Marx, no es evideirte' Ség1n Nietz::h::^lÍ]'
"or.th"to.
{Jna vez admitida Ia historicidad
-no
srn p-rollle-
-ur-
el conocimiento histórico la destruye' Ella cierra la r-ía'
oscurece eI horizonte que (por Ia voz de Ia historia)
-la
hisro-
ricidad
prelende,t"s.rUrit,'mostrar?
señalar
-y .significar'. .El
conocinriento cle la liistoria indica y marca e[ l'rn de la rrrsto-
ri.lááá,
"ta
es, de Ia capacidad cróadora
(de crear histórir:a-
;";;'¡il.;;;t
h historial). Polvo y ceniza, el p^ensamiento
histórico vuelve ¿t caer para extingüitlo
""t
la efervescencia
;;I;;;i;" Los pueblos, ':los hombrás",- sólo hacen la historia
;id;;;;", erpár.t,irteuotente'
A patl.'r del momento clue saben
ü-A;; il;.;r. áujun á* nu""t. Farodian' ¿I'{o
es en }nTietzsche
inevitable la conciusiár, áu lu teoría de la finitud, de la-.sabi-
án.io ..nposcular? iá hl.t¿ti.o es el domjnio de lo finito'
J" to .1.ru' .u cor-tj.rg" en el tliemry.o- después de haber creado
"i
i;"*lt
-nn^r"'
úbiuro clicho:',.De práctica revolucionaria,
iu hintooiu se convierte en ideología", Y
1o irnitación se torna
;;i."il;. Dijo Nietzsche: "La hittoiio se con'ierte en c'1-
i"t";; i"""f,r.1ur.do Ll conocimiento de la historia' La histo'ia
como cultura y como ciencia precisamente
es el pensamientc
qrr" pto.lurn a la terminación^ que conoce'
í"t""::T '*?':t^"^I
iiniró y eI -tjn: que termina. en cl sentido de matar' tll pafcr
;;;";;t;;;;a'etr
co,.o.-i-ierrlo no es olro qY,"
"1.,:," -19:::
cstipulando el agolamiento.
perl'eccionar la obra dnl tlcmDo
"-frt""aiA"dola
"y
t""o"o"iá"dola'
La historia o más bien la
hi.i*i.idud, Ilevá ert sí misma su ley-: hace nacer la historia
"o-o
.orro"imiento, Y es su fin' "Un fenóment¡ histórico pura
y completamente conocido. reducjdo
(auf,gelósL\
i Y: I:::
*"r,o áu conocimienlo, eclá muerto para el-que lo haYa.cono-
.iáo;;
ila.,
pág. 22r).'
¿La
historia c-oncebida como crencra
tñ"*'u,- tuüei ubroínto) Eso sería el suicidio de la especie
humana.
Dicho en otros tór'minos, la dialéctica nietzscireana tras-
troca a su l11ailera el hegelianismo, vuelve contra lJeqel la
tesis hegeliarra cle l¿r fin:ituci. La historicidad
¡-
el conocimiento
histórico uo esLrapan a la ironía, mientras que para Hegel
lrabía supr:ración del infinito malo en la realización de lo
iinito. La finitud históricarnente pensada
devi,ene teoría del
agotanriento,
I
jlor consiguiente Ce la ¿iecatiencia.
¿.1)ónc1e,
c:uáncio, córno, en qnién, se ¡nanifiestan los síntornas mórbidos
c1e la fatiga, de la cleclinación, del fin? lrJietzsche pasará su
vida en deducir los síntomas de la enfermedad, err luchar
t:ontra esta enferrnedatl, el nihilismo,
)
en propoirer un
remedio: otros sentidos, otros objetivos.
La ncción de superación persiste pcro se modifica profrul-
damente; ya no se trata de sr-rpel"ar por la historia un mornenio
histórico, sino superar' (sobrepasar) el niirilis¡rro que pror.iene
r1e lo que Ia liistoria nc ha superado. De tal maneia la historia
-,'
la historicidad serári abclidas. L,a überwinrlezz nietzscheana
clifiere del At$ Íu:berz hegel iano-rnarxista.
1.2. La r-rqurnacrón ryr¡,rzscrrcANA DE LA r{rsroRrA
Corr y despuós cle las cr-¡nsirJer,rcion.es intempestíu¿s Nietz-
sche persigue obr;tinad¿imerltc csta licpiiclación, en los planos:
a) de la historicidad, fundamento o esencia de la historia;
b) de la historia corno "disciplina", ciencia, formación, cul-
t;-rra. La distinción por"rlemás
clara entre Geschichte e |tistorie
1o ayuda en gran meriida; la lengua alemana
-hecho
lingüís-
tico e ideológico observado con frecuencia-- ignora la confusión
v la ambiririiedad del vocablo francés "historia". En el voca-
J¡¡-rlario de la epistemoiogía actual, liietzsche impugna simul-
1.¿ineamente el objeto real y el objeto de conocirniento, la
Iiipótesis historizante que concierne a los hechos y a los
ilodelos construidos por los historiadores. Emplea los grandes
nedios. Mientras que lTegel ha leído sobre tod'o a los filósofos,
en tanto Marx, después de haber leíd-o a los filósofos, as.imjló
(de
manera crítica) los trabajos de los economlstas, el filólogo
Nietzschc dispone dc rina información his'¡órica considerable.
74 ID
,{-¡fiE?
1c?
V ü ci
-l
i-J. e;
Impulsado por la ironia l¿r extrae c1e Io que conocieron mal
si-is predecesores: Oriente, Gr:ecia y la época heienística. Es-
paña. Sería del lado del "modo de producción asiático" (los
i)ersas?
etc.), caso reserr,-ado por lVlarx, 1o que él observaría
más blen que el ¿lspecto de Europa o de Ingiaterra contem-
poránea, para reunir objeciones conl.ra la historicidad.
A) F:!, Anto y eL EscLauo. Esta figura hegeiiana, el Amo
y su re.lación con el Esclavo, no es más qr-re una figura
abstracta que funda de rnanera ilusoria la historicidad.
¿.La
inversión hegeliana?
¿'El
Arno que larrguidece en medio de-los
placeres?
¿El
Esclavo que se fortifica en contacto con la
realidad por el trabajo?
¿La
lucha a muerte que retorna y da
vuelta la situación? No es así como esto ocurre. Es bueno
para los amos qlre se sientan amenazados. Entonces inventan.
¿{)ué?
Ideas ("ideologías"). Razones para vivir y actuar? pa.ra
combatir y morir. Vaiores. IJn estilo. Si ellos no son capaces,
sucumben. Bajo los golpes de otros amos, los conquistadores.
En cuanto a los esclavos, sobreviven. O bien, perecen. Si
sobi:eviven, es porque tienen una moral que los sostiene? una
definición del tsien y del MaI que les promete un mundo
distinto. El modelo "heseliano" de la historicidad no vale
nnda (no comprende nadá;.
B) No es pol el "hombre" en general que eI sentido llega
al mundo. Ni por eI "e¡1o" o el "yo" o el "Sujeto". Los
pueblos han ejercitado todas las posibilidades para mantenerse,
para responder a los desafíos de otros pueblos. Dios y la
verdad no fueron sino mec{ios Dara sobrevivir. Y lo mismo
la Sabiduría. Pero esos valores, al mismo tiempo que diversos
rnedios según los pueblos, son también medios diferentes sobre
los cuales algunos se superan. Los valores aportan un sentido
doble; actual y virtual. Es así que los pueblos han erigido
múltiples valores (cf. Zaralustra: "De los mil y un propó-
sitos"). Es imposible sorneter io realizado a un criterio írnico,
a un esquema unitario extraído ya sea de la racionalidad en
general (Hegel), ya de la práctica. I-a visión sobre el pasado
hace surgir una prodigiosa diversidad que retiene un pensa-
miento más profundo que eI de Ia esquematización histoli-
zante. Lo que
tenernos costumbre de llarnar historia se vuelve
a definir pues por la comparación y la confrontación de los
sentidos (de sus diferencias y sus desafíos). A la historicidacl
hegeliana se soblepone la meditación sobre las diferencias, y
por consiguiente sobre lo posible y no sobre 1o realizado.
4,3. NrErzscgn ¡r GREcTA
Sí, Grecia ha creado todo, todo ile cuanto aún vive Occi-
dente comprendiendo en ello a la historia. Comprerrdiendo el
Estado, la lógica. la filosofía, la técnica, el conocimiento. Todo,
salvo el derecho ronlano y la lglesia. Todo, con excepción
de la tendencia de cada "elemento" o "momento" de afirmalse
por sí mismo.
¿Qué
Grecia? La de los primeros siglos, antes
de Pericles, antes de la ciudad instituida y constituida como
tal, antes de enfrentar los peligros. Antes del E{stado y el
irnperialismo atenienses. Antes cle la filosofía. Antes de las
divisiones: la del trabajo intelectual y manual, la del ciuda-
dano y del político, la del poeta y del filósofo. La Grecia dei
gran impulso creador ha clescubierto lo trágico y la tragedia,
la música y la fiesia, el apaciguamiento de la angustia en la
alegría, antes ile separar trlros y Logos. Aquello cuyo mérito
se atribuye aI "rnilagro griego" sólo llegó después, tardíarnente,
como consecuenci¿l y cleclinación. La
(]recia
socrtitica, la del
Loeos y de la trógica, la de la Ciuclad llstado. la del conoci-
rniento "pu.r{)" y del relato histórico, señala el fin de la Grecia
antigua y el de su potencia creadora: la decadencia. La
Grecia del siglo de Pericles ha realizado a la Grecia cle la
"pre-historia". BI fin de Grecia, este fin que tratan de explicar
los historiadores, contiene una doble lección: el fin de una
historia y el fin por la historia. Definir utl gran estilo, una
gran civilización. es expresar los riesgos que han corrido, las
derrotas y las victorias, los gérmenes de muerte que desde su
nacirniento llevan en sus flancos. El fin eiecuta la detención
irnplicada desde el comienzo en la definición. La primera
Grecia ha sabido clue la capacidad creadora debía servirse del
conocimiento, de la historia (y qr" sólo la historiamonumental
aporta incitaciones para vivir, cf. Segunda Intempestiu(r, pág.
76 n1
U3
V
sig.). La seplunda Grecia ignora esta regla y subordina
Eros al Logos. Ils verdad que hace falta consultar a los
ggiego¡, pues revelan sus contradicciones.
¿Cómo
explicar
históricamente el fin de la Grecia? No es necelario hacei una
lista de pruebas y enfrentamientos, las guerras médicas o las
iuchas entre ciudades, enlre las razoneJ y las causas? entre
Ios síntoma.s esenciales. Esas luchas tuvieron un asnecto viril.
"En todo es menester ser el primero y superar a^ los otros;
tu celosa alma no amará jamás
a nadie que no sea tu amigo?
he aquí lo que hacía palpitar el alma griega", dijo Zaratustia.
T,a-historia
y la conciencia histórica, lnsrrumentos del impe-
rialismo ateniense, y simultáneamente "puros" conocimientos,
tales serían, seg'r-in Nietzsche, los síntomas de la crisis filal,
de la crisis mortal. Excrecencia parasitaria, cáncer de la poten-
cia creadora, la historia es mortai para las cívilizaciones.
++. Er-
pnocrso
e Sócn.qrls
Para comprender la relación Hegel-Nietzsche, y en cada
u-no de ellos el juicio histórico y Ia elección del juicio sobre la
historia, podemos evocar el proceso de Sócrates.
"Uno
de los
más resonantes y de los más "históricos".
Para ltregel: la muerte de Sócrates señala una fecha, un
cambio. Con Sócrates, con su reflexión, con su enjuiciamiento
)'
su sentencia de muerte, el pensamiento proclama el principio
rle su indepenclencia y de su interioridad. Se afirma Ia razón
libre. Lo que no era, el Yo, entra en la existencia por una
doble negación, la de lo empírico y la razón limitada. Debía
morir Sócrates para que este suceso ileviniera acontecimiento.
Sócrates ha descubierto el concepto; lo ha trasladado al len-
guaje, a la universalidad. El anuncia el final de Ia Ciudad
griega, cosa per{ecta, obra eminente pero irnagen limitada de
la razón. Al ejecutar a Sócrates, los ateniensés se condenan;
el mal. los conflictos están en ellos y he aquí que matan a
quien los descubre. De tal manera se borran los límites que
Grecia había trazado entre lo justo y lo injusto, entre la cos-
tumbre y el derecho. Ya una racionaiidad más elevacla ha
penetrallo er1 ios sriegos; pero se niegan a realizar eI decreto
le la histt¡.ia. iln tanto que la cornbaten confirman esta
razón superirir que surge de ellos.
¿Sócrates?
Un fin y u-n
comie,rro. ill sujeto de lá historia (el pensamiento que.procede
por conccptos) se manifiesta, prediciendo la continuación.
-
I'ara-Nietzsche: con Sócrates, la gran inspiración creadora,
Io c¡ie aún es r'álido para Grecia (la poesía, la tragedia, Ia
múiica) se agotó; ha puesto fin al período heraclíteo y p^ar-
meníclco *r, ,iü"

filó*fo era poeta y dirigente político.
¿Qué
es 1o sue coileienza? Ei hornbre teórico, e} hombre especiali-
zado, ei homJtre del raciocinio abstracto. Cuando los atenienses
ju"gáoo,. a Sócrates, no supieron qué hacían. Si Grecia había
au;áAo nacer y crecer a Sócrates,
¿por
qué condenarlo? Sócrates
críticaba a la'Grecia de la decadencia,
¡'
esto era 1o que ponía
en evic.lencia. El sostuvo ese
jui.cio no por su tnuerte, sirlo por
su r itltt:
l)o-r
su cr isterrcia.
4,5. FItlclr,, i\'Ianr, NTETZscHE v r-¡ n'lr-osorj¡
Segúrr Iicgel, la fjlosofía se realiza, a ptrrlir d^e-ento.nces
(en eI Jlsta,lo l'/o
.*t el sisterna). Par"a h4ar:x, la filosofía se
realizarii clc oira lilattc'it quc como la piensan los filósofos:
por la Rcvolur:irin. Sirr enibar¡¡o, la filosofía era verdadera;
atraía atr rnurtlo l¿r verdac1 y lo conclucía hacia su verdad'
¿Nietzsr:he?
Es a la filosofía a Ia que ejecuta, no por
reseltimiento contla ei orgrillo de lcs filósofos sino como
síntoma de enferrnedad, decádencia, inrnaculado conocimiento
y prédica del muncio rezasado.
¿No
sería la religión más bien que la íilosofía lo que,
segúñ é1, se realiza? No la religión de los sacerdotes, lo-s cultos
oficiales
-v
las iglesias; más bien la de los heréticos. "Yo" soy
y r'r" uoy; "r'o" áoy mortal y finito pero "yo" s9I otlg:
infürito'
;'Yo",ó1.
ei'rrism'o y soy el Otro.
t'Yo"
soy Dios. "{9"-(e.co)
no soy nada, luego
¿yo'i.soy
todo. "Yo" soy la eternidad.
.l'os
g.un,l*. espíritul.eiigiosoj han percibido (si no concebido)
[ue
poseían, a travéJ del tiempo, algo de olé.
-v
de menos,
"igo
trrau aci y mhs allá del tierrpo.
lq"Al
Las promesas de

7S
los grandes espíriir"rs reiigiosos se lealizan de otra manera que.
como ellos lo creían.
¿Por
actos rituales, gestos ceremorriáles
y palab as mágicas, adoraciones y sacrificios?
¿En
otro mundo?
No. liic et nl¿nc. No en la felicidad. En lo alegre y lo trá-
gico. No en una trascendencia, sino en la inrnanencia absoluta.
No en una sustancia, sino en una paradoja: la repetición,
enisma y certezu. Dios, el Sujeto y el Yo, la Naturaleza.
¿qué
son? Metáforas de la repetición. Lo mismo que la historia.
I-o repetitivo, "incesante", engendra la diversidad. Lo dife-
rente se engendra por y a trar'és de la repetición, pero clisimula
su génesis (gerrealouía).
Para Nietzsche la filosofía está fuera de iimbito, fuera de
juego. De los filósofos, unos han querido conocer y los otros
reflexionar sobre el conocimiento. T'odos han olvidaclo el frin-
darnento, hecho y valor, sin el cual no habría ni conocimiento
ni recoirocirliento, ni permanencia ni ncvedad, ni identidad
lógica ni fulguraciones creadoras. La tragedta eucca la mr.rerie
de] héroe: ]a reníia r:rctar:rorfoseándola en un lugar asignado,
con un texto en sí misino respetable.
¿'La
música? hfás toclavía
qu!
]a
trasedia, la rnúsica revela el enigma y da mejor que Ia
palabra idea clel enigrna.
¿No
es en base a repeticiorres: ilrter-
valos, ritmos, tonosi) En cuanto al conocimiento, de la lógica
y del principro de identidad a la mennoria
-t.
al reconocer,
irnulica repetición. EI filósofo ha buscado en otra parte, hacia
el Sujeto o hacia el Objeto. La fiiosofia se reduce a ese desr'ío.
El filósofo ha perdiclo su rul.a. tria olvidado lo esencial:
¿.qué?
El
nudo cle lo N4ismo y
de lo Otro. de la creación y del recono-
cimiento, la repeuéión. IJa querido perlsar aÉsolutamenie,
saliendo así de lo que es y pasando a lo que no es, por Lrna
ficción. I{a abandonado el arte y la diferencia por el conoci-
miento "puro" y la iclentldad vacía.
Con la filosofía cae la historia. tr-a metafilosofía nietz-
schea-na conser\¡a una forrila tan pura
¡.
poderosamente deter-
minada corno el concepto y la lógica hegelianas, corno la folma
del carnbio sesí¡l-r &farx. Es la íorma de la existencia como
conocimiento y corero creación, del reconocimiento tanto en
Ia memoria corno en la evocación trágica. Con esta forma, eI
conocel difiere clel coirocimrento definiilo por Ios filósofos, los
historiadores y los sabios. lll arte (la tragedia, la música) se
ubica en cl centro del conocimiento en eI sitio de Ia raciona-
lidad filosófica
":,/o
histórico-científica. E1 conocimiento no ha
siilo destituido en provecho de lo irracional, como se ha pre-
tenclido. Se desplaza. Se sitúa de otra manera (distinta).
Arlolrta utro cenlro (momentáneamenle).
La historia, como conocimiento? como génesis ficticia, disi-
mulaba eI devenir en lugar de revelarlo, igual que la filosofía.
La tragedia, la mírsica, ésos devenires, naiia tienen en común
con el-devenir del conocimiento y el conocimiento (histórico
y filosófico) del deveirir. Se diferencian de éste, salvo en Io
que les comprenden sin estar involucrados en é1.
46. MÁs sosnn Fle,our-, Menx, NrBrzscrril
¿Qué
papel hace el viejo Hegel ante el Príncipe Vogelfrei,
que óanta^ hásta perder el aliento? Pedante pedagogo que
$olpea
con la teglu los dedos de los educandos. Funcionario
írniortante, p..tóu la importancia de los funcionarios. El
viejo filósofo no tiene un porte brillante ante el poeta errante
y éi rnetafilósofo: e. un b.trgués (alemán para colmo;,y- tit
ámba.gor "l{osotros alemanes, somos hegelianos, aunque Hegel
no huiiera existido, por lo que contrariamente a todos 1os
Iatinos, instintivanrerrte atribuimos al devenir en la evolución
una irnportancia rnás profunda, un valor más rico, que a 1o
que ¿s
-
". (Cf. El Gcty Saber. Obras completas, en caste-
llano" vol. VL 1949 ).
En cuanto a Marx, he aquí su fisonomía según ra-sgos
peculiares: un homl.¡re de corajq un barbudo cirlcuentón,-pleno
de bueoa voluntad y de grancles ideas, quien
ya ado^pta el tono
áspero de los poseédoreJ de la verdad histórica. Se cree un
sai.,io y tto
".
iitto un inveterado moralista. Sin temo r y sin
reproche, ilice sus cuatro verdades a la gente. Arranca sus
rnár.u.u, ignorando que debajo de cada una cle ellasLray otra
v aírn otri. Posee una firme creencia: la razón' Para este
óptimista, existen trayecto y proyecto?. en clefinitiva armo-
,iioror, dá la Libertad.' No Éu .ottpt"ttdido bien Ia crueldad
BO
B1
rlc lo que llama "historia". Jamás ha entrevisto lo que lrynli-
t,¿rría la "liberación" tan ansiada, la desacralización de la
Sagrada Familia, el fin del Estado, de la moral y dela religión.
,,Piesentiría
qué terrible nueva aportaba al m.undo esta pe--
ilueña frase:
?'Dios
ha muerto"?
¿Qué
acontecimiento serí¿r?
.,,ngt", con la propia sangre. No sabe lo que dice.
¿Su
virtud?
No.- Nad. entendíá de artl, de música, de poesía.
¿La
tragedia
¿rntisua? La ieía a rnanera de relato, luz más bien que sangre.
'I'ampoco
ha sospechado las fuerzas que pacificaba, desper-
tándólas, la potencia de la expresión Ilamada "es.tética". Su
cultura
.es
muy lirnitada.
¿No
será un retórico chariatán
metido a lógico? Anuncia sin pudores que un día todos escri-
birán poemás, tragedias, epopeyas. Eso que. se escribe co.n
.ung.", con la propia sangre-. No sabe lo que dice.
¿Su,virtud?
La
-honestidad.
Sé ubica en el lugar del trabajador honesto
y Ie prornete lo clue él desea: el mundo.
¿Per9
qqé-m,1ndo-? E|
dei tiabajo. Mundo triste y oscuro. Esta visión del "hombre"
deja de ládo, razonablemente, la violencia, lo trágico, la alegría,
el'mal, la cruelclacl, Ia voluptuosidad, la danza y eI tran-ce, eI
éxtasis, la juventud exaspetáda, en una paiabra: la vida' Marx
hablaba ei nombre de ü historia; creíase eI portavoz, el eie-
cutor testamentarir¡.
¿Así
han pasado 1as cosas? No.
¿Por
suerte o por desgracia? La continuación 1o dirá.
47. NrErzscrrn coNTRA r,A coNcrllNcra rustónrc-q.
"EI hombre", este ser genérico abstracto, no existe según
Nietzsche, más que en el hornbre griego o alemán, italiano o
francés, en el hombre de la tragedia, de la música,
-d-u ]n
poesía'
Este "hornbre", que alcanzó Nietzsche por la filología," ha
nerdido la inocencia. la clel anirnal o del niño. El ha extraviado
ia capacidad vital de olvidar, de estar de acuerdo con el pre-
sente, de adherir al instante, y Io lamenta amargamente'
Cuanáo e1 "homl¡re" dice: "Recuerdo...", sü delectación no
impide que añore el ser natural que vive una vida no histórica,
otrá to sabe disimular.
que se muestra tal como es. La verdad
histórica sirve para mentir y alentar obsesiones, vale
-
decir,
debilidades. El iombre históiico, secunclado por su conciencia,
cargado
por su conciencia, se fortalece contra el pasado, ese
bI;A;" q.-,e lo aqobia; se emociona ante la cercana inocencia
dei
^niño,
que nó rerriega de n-ada, que juega en su- dichosa
cegucr.a. Sá enXaza con"e[ pasado, con el enormc y-admirable
nq?""r-.r"ttto y su r''ida t.o iiutt" otro sentido que eI de sobre-
vivjr en su lri-lo cuya ingenuidad
codicia tanto como su ausencia
de memoria y tn'tutt".- de recuerdos. Atorrnentado por esta
""f""-"¿-¿,
ia cor,,ciet cia histórica, es[e hornbre aspira a ]a
Gran Salucl, a 1a Gran Inocencia del deseo'
La hisioria, es eI peso, la rnasa que cuesta trasladar' la
rr:.orada dificii ie
"...pát.
Es el monumento aplastante, salvo
en el raro caso en que alguien produzca esa necesidad clel
nasaclo llor s¿l necesiáad dJ veneiar, de admirar y de arnar
irf
.1"i"Ápcstiuas.
pirg. 237
v
tiq')'.4lgo más grave:.Ia. his-
;;" .;ie^iili"a. iá
"át
ci"t iia histórica nutre el sentimiento
á; ;"iñ; enfermec'lad incurable que-interfiere la salud y ia
creacidn.. Así cs corno la historia es bella y es buena, y siempre
;i-"i"gl"
camuflada"
(cf'
1:ág.
23i;, llegada rle.
jrrcóg.nit1
tll
la Edid Media, dc su pesimisrno,
su nthtltsmo, lmponrenoo a
sus servidores una actitud pasiva y retrospectiva'- Lo que Marx
clecia de ia !.ilosofía, Niétzsche
lo proclama de la historia.
EI precipita ésta con áciuótla en-el.abismo del pasado superado
(con cI accrrto
Puo:to
titt la ol"'!iciór¿ más,!"t nl\ Ia elcuaci,ór"
esto es, en 1o trágitro Y
no cn lo razonable) '
Y es
.asi
cómo
Nietzsche después" clc Marx, pero más neta y- enérgicarnente'
sale de la filosofía. El ilaugur:a un nue\o rnorlo de reflexionar
(uobte Io realizado) y d.' meditqr
(sobre Io posible) que es
üenester decidirse a liamar metrtfilosofía, a pesar del desagraclo
de los filósofos (que refuerza eI de los historiadores)'
48. Er- r'rw NrETzscFrEANo DE LA HrsroRrA
El fin de la historia corno apariencia y de la filosofía
corno legitirnación de la apariencia
perrnitiría la revelacrÓn deI
;.""",
u! decir, tle lo posi-ble y los
-diferentes-
posibles' Lo qrie
un día conduciría u ,tln tcmporalidad ligada al amor y/o.2
la muerte, al juego y/o al deseo, a Ia poesía y a Ia gravedad
82 B3
rlr'[ pensamiento. "F{istoricidad" muy diferente cle la de los
lristoriadores puesto que está r'inculada con la percepción afi-
rr;rrla de las diferencias. Los historiadores reducen las dife-
rr.ucias persiguiendo anaiogías, mientras que los filósofos las
rr¡rlucen reuniéndolas en tautologias. Nada tan grosero conlo
cs¿rs reducciones. Este "ser" teffiporal desmentido por la filo-
:;ofía y desconocido por la historia no tendría ya nacla err
r'omrin con el "naturalismo", residuo de la filosofía y la moral.
hJi con la "realidad" de los sabios.
Así sucede a la historia una no-historia. Es una sucesión:
r'lla hereda despuós de la muerte o del suicidio. A la verdad
tlc la hrstoria, que pr:eLeridía explicitar el sentido y no ha
cxpresado rnás que el no sentido, sucede la verdad de la no
li:sio;:ia y su sentido: even[ualmente una no verdad, pero no
rlesprovista de se¡ltido. Al contrario. Si la historia ha sido
cl.^spliegue o desrlol'¡lamiento dei Ser (tanebién su ocultami.enio,
rlirá Heidegger), y si el no sentido de la historia es su verdad,
Ia no historia portrrá desplegar o desdobl¿rr el no ser, vale clecir,
rlescubrir el seritirlo del nihilismo, de la ansustia, de la desespe-
r¡rción v suneraric.ts.
"Dios ha muerto". I{e aquí uno de los sentidos de esas
palabras: el Cristianisrllo, con su dios que muere en la cruz,
no tiene otro valor y sentido que esta proclarnación cle La
mncrte (de dios, clel dios hombre, de la vida, del inundo).
El Cristianismo ha ccultaclo ese sentido. De allí que se hayan
sr.rcedid.o r.einte si¡1los de rrihilisr¡o disimulado, de
falsa
histaria..
Pues el Cristianismo no ha creado nada. I{a clevorado las
creaciones de Grecia v ftoma. I-a relisión cristiana no nació
baio el signo de la freación, en .r,rJ región y un per'íodo
c;:eadores. A diferencia quizá, de las religiones orientales. Do
allí veinte siglos cie no creación bajo el r¡anto de la historr'a,
de la historiciclacl ir,aaginariamente creadora. Adernás que esta
l'lligión ha1'a creído tentar granCes cosas) caen las vendas C-e
los ojos sobre el nltrevo carnino cle l)amasco.
La refutacrón de la historia no sólo traer consigo la filosofía
(y a la :inversa). Ella se acornpaiia por una crítica del Cristia-
nisrnc r.rrucho mis
jnci.si.¡a
en Nietzsche qtre en NIarx. La
leliriió1, so'nre toclo la q--¡g pen::.ite la institución de una lglesia,
la del Crislo, no es sólo la adormecedora, la encantadora, la
flor dc las cadenas. Es la hechicera, la maga negra? la men-
sajera dc muerte. Ella hace que se tome la muerte por la vida
y la vida
llor
la muerte. EIla suscita el fantasma: la historia, y
rcsur:ita este otro vampiro: ]a filosofía" dotándolo de un enorme
y maléfico poder. La religiórr tiene un sentido. Va más lejos
que la filosofía en profundidad o elevación. Ese sentido no se
rer.ela sino a una crítica aún mlis radical oue la critica mar-
xista, pues la crítica debe llegar hasta las raices antropológicas
y ontológicas de la religión, sin limitarse a las raíces sociales
e históricas.
4'9. Nr¡,rzscrrs sonnn Hncnr-
y
LA HrsroRrA
"La historia comprendicla a la rnanera hegeliana ha sido
llamada burlonamerrte la acción de Dios sobre la tierra, no
siendo Dios mismo más que una creación de la historia. Pero
ese Dios, dentro de los cráneos hegelianos, ha d.evenido trans-
parente c inteligible en sí rnismo y ha trepado clialécticamerrte
todos los estadios de su devenir hasta esta revelación de sí
mismo; si bicn para lIegel, la cirna y cI término (der f{óhe-
punkt uruJ dt:r findpunkt des WeLtprozesses) del proceso
universal terrnirran por coincidir con su propia existencia
berlirresa. Podr'ía haber dicho que todo lo que le preceda no
tendrá más valor que el final del rondó universal
TaIs
eine
musikalische I{oda des u'eltgeschichtlichen Rond.os) o con
mayor precisión, clue sería superfluo. El no lo ha dicho; por
lo contrario, ha irnplantado en la generación impregnada de
su pensamiento la admiración por el "polvo de la historia"
que se t¡:ansforma a cada instante en la admiración por el
éxito y conduce a la idolatría de lo real, esta idolatría en la
cual generalmente se ha ejercitado y repetido la fórmula mito-
lógica: "hacer justicia a los hechos". Cuando se aprende a
bajar la cabeza y a irrclinarse ante la "potencia de 1a historia",
se termina, como un mago chino, por asentir con un signo
ante cualquier poder. . . "
¿Es
necesario subrayar la convergencia entre esta crítica
B4
B5
r l¿r de Marx y Engels? Pero Nietzsche va más lejos v golpea
nrhs fuerte.
50. RBpErrcróN y
E.t'ERNo REToRNo
El estudio de Ia repetición para líietzsche, es el punto
rk-. partida, el fundamento. La repetición no se sitúa aqui o
or otra parte, en tal o cual dorninio limitado. Ella cubie Ia
cxtensión de Ia experiencia, de lo real a lo racional, sin
.stablecer por ello su coincidencia. Tanto concierne a la rósica
\. a las matemáticas como a la estética y a la moral, la fiiica
.y
la teoría llamada "{ilosófica" del conocimiento" el Densa-
rniento abstracto y el práctico, etc. El estudio de la repétición
<lescubre una Totalidad: que no coincide con la tótaliclacl
lrcgelia na.
.
Lq punta y el filo, si es que así puede hallarse, de la tesis
rrietzscheana se dirigen hacia (contra)
la {ilosofía, hacia
(contra) la moral, hacia (contra) la ilusión histórica. Al
comrenzo pues; una paradoja: la generación cle la diferencia
a través de la repetición. Ejemplo fundamental para Nietzsche
1' rnás que ejemplo, enfoque, conocimiento iniclal antes de la
tragedia v la consecrenóia, la construcción o composición
musical.
_pl
r]tmo, la- armonía y hasta la melodía suigen cle
l_a repetición de las vibraciones, de los interr.alos, de loionos,
de los temas. La lextura del devenir no aparece ya de iguaÍ
manera: se aclara musicalizándose, comprendiendó el espácio
como el tiempo de los ritmos y armonías. Extraña,
-uruoillo.u
transparencia.
Sólo el artista conoce. a partir
de la música.
I a repetición hace la mrisica. luego Ia musicalidad despliega
los tiempos; es movimiento que Je desencadena, co.rerrtoió,
imprevisibilidad (aparente). Pira el que la escucha, la músicá
se identifica con Ia temporalidad
,'pura,,.
para
él analista,
este infinito se resuelve en repeticlones que engendran lá
diversidad inagotable. Lo repetitivo es Ia posésión nietzscheana
de la finitud, pero en profundidad. La diierencia ya no puede
disimular- lo que contiene v quien Ia engendra. Las .elacio-
nes filosóficas "apariencia-realidad',,,,supérficie-profundidad",
"manifestación-Latencia", t1o tienetl rnás razón ni en 1o h4ismo
ni en lo Otro. Lueg-o? esas relaciones constituyen Ia filosofía.
El filósofo, nrago y sacerdote, hacía desaparecer con un geslo
ia apariencia sacando a la luz la realidad oculta. En efecto, ccn
su qcsto hacía clesaparecer lo "real" y lo reemplazaba con otra
a¡ralicncia, la suya. su verdad. Pretendía llevar al lenguaje,
cvocar y encarnar un Infinito. Afirmaba su verdad postulando
/a Verdad, imponiendo con ello un orden social y mental en
nornbre de esta verdad. En cuanto atr historiador, tamltieln
pret,endía hacer surgir una verdad del caos de los aconteci-
mientos, ilumjnar en la oscuridad cle las palabras y de los
at:tos. Y eso era arir.r un miiagro. Por consiguiente un engerño.
La triple ilusión (filosófica. moral, histórica) cae de un solo
golne. Ei aparecer, es el ser. Lo que c'lesaparece aparecienCo
y aparece desaparecienclo, es la repoticiónr genealogía de Ia
diferencia.
En lo sucesivo el der-enir. el fluir heraclíteo, tiene su ley
y su transparencia, que no es la de la nada, opuesta a la
opacidad de Ia cosa: "O Himmel über mir, du Reiner! Tiefer!
Du Licht Abgruru)" (abismo de luz). EI devenir cesa de ser
oscuro, atravesado por la luz del Retorno. "Lo N1ismo y 1o
Otro", este viejo eni¡¡ma de la filosofía ha encontrado su
palabra: la identidad clo lo N{isrno y cle lo Otro en su diferencia;
su diferencia cn sl.r identi<'lad.
51. SBr.¡rroo rr vEnDAD nw Nrnrzscge
El filósofo, el moralista, el historiador tienen la misma
meta, el mismo interés: la Verdad (extraer lo verdadero,
decirlo, proclamarlo, imponerlo). Por consiguiente, el fin de
Ia historia, es también eI fin de la verdad (esta arma tan
terrible como la oposición del Bien y del Mal que no pueden
separarse, arma de la que se sirven los filósofos en beneficio
de su propia volurrtad de poder, y que ellos pusieron aI
servicio de los Príncipes, de los Estados y de las Iglesias)
'
La Verdad más allá clel devenir, la Verdacl en el porvenir,
tuvieron ese mismo sentido.
¿No
es eso manifestar que hay
B6
B7
irrr:ompatibilidad entre el sentido y la verdad? La afirmación
(luo
se pretende velciadera titene igual sentido que las otras:
cll¿t sirve (un proyecto? ulra voluntad). tJnicamente que es
rrriis hábil, y la lo.tuntad
-eI
proyecto- mejor disfrazado.
I)ol mismo modo la virtud. flusiones, engaños, tienen un sen-
litlo, lo mismo que la verdad. Fostuian valores al servicio cle
rrna 'r-oluntad (de poder, de sobrevivencia, de superación) (cf.
.lcan Granier, Sentitlo y uerdad en Nietzsche,
llue
muestra la
irrcompatibiliclacl, rrias a \¡eces parece aguardar una reconci-
liación armoniosa...)
No resulta irrú-til señalar ei acnerdo y el desacuerclo,
lrrofundos
por igual, enlre Ia teorís rnarrista de las irleologías
y la teoría nietzsclrcann de los sentidos y ualores. Por ¿r¡¡r'¡os
latlos igual desconfianza respecto de la conciencia, del lenguaje,
rle las representaciones, de las ideas. Estos son instrumentos
¡rl servicio de una acciórr, la cle una clase para N{arx, ia de
todo grupo capaz de clescar
)'
de actuar, para Nietzsche. No
ttbstante, para Marx, eI coirocimiento crítico (explicatrvo) cie
las representaciorres, de las ilusiones de clase, de los instru-
mentos ideológicos, acarreará su decadencia global. Perma-
irecerá sola y {uerte ia verdad (científica y revolucionaria a
la vez). For otra parte, &{arx no se pregunta si el concepto
tle la verdad persiste y subsiste, mientras que los filósofos lo han
claboraclo
¡r en tanto él aiinea la filosofía entre las ideoiogías.
Pries para N{arx, triunfa aI fin la Verdad, después de una
compleja y accideirtada historia, que tanto para él como para
Heg'el se clcfine corno historia dc lo Vendaclero y de lo Falso.
Por el con[rario, para Nietzsche, ioios los valores, todos ]os
sentidos y significaciones, toclas las representaciones se justi-
fican en tanto qile rnedios e instrurnentos cle los di¡.ersos
pueblos v de las diferentes sociedacles
¡lara
sobrevivir (sostener
sus condiciones de exisiencia). Si la confrontación de valores
v senticlos los rernite a ia nada con el objeto que surja del
nihilismo el sentido de lo humano, es decir lo sobrehumano,
son todos "histói:icr,s" por igual,
.v
están del mismo modo más
allh clel error y de lo verdadero. !'ueron y son aún actos
vitales que pueden jnzgarse, pero no partiendo de la Verdad
(o del error).
La verdad filosófico-histórica evalúa, aprecia y despreciao
pero mediante ur.r¿l rnala evaluación: en nombre'del ideal v
de lo verdatlero opuestos a lo real. I-a verdad que se considerá
"pura"
y cl "¡rlrro"
ltensamiento
son los más irtpuros. Sin'en
no obstante.
¿A
quiéir y a qué? Al resentimientó. La historia
y la filosofía llevan la marca del resentimiento, del instinto.
de venganza que se dirige contra el l)everrir. acusándolo en
tanto_se culpabiliza. Concepciórr o visión de gente que se cree
culpable o cargada de la culpabilidad genu.ol (mai
¿cómo
y
por qué?
¡Los
filirsofos y los historiadores no tienen ninquna
responsabilidacl!) Ia filosofía y Ia historia agravan el senti-
¡niento de culpa, sin objeto, sin salida.
La lucha nietzscheana por el retorno al Gran I)eseo y a
la Gran fnocencia implica eI fin simultáneo de la filosoiía,
la historia y Ia moral.
52. La auroon,srnuccrón DE LA rrrsronr,l, snoúN Nrnrzsc¡rn
1. Lo idéntico que gelrera (eneendra) lo diverso, lo repe-
titivo que produce la diferencia, lo Misrno, en fin, para habiar
como los filósofos, que engendra lo Otro
-peto
también,
inversa y rccíprocamcnfc, lo dir.erso. lo difercnt-e, lo Otro que,
se procluce a trar.<is de lo idéntico, lo repetitir.o, lo Mismo-,
he aquí lo que t:ambr¿r Ia concepción del devenir.
2. Si el estudio de la genealogía reemplaza a la historia,
la historia y el historiador tiénen asimismo sü qenealogía.
Comó
todo lo que nace, la historia se afirma y luego se autóde,struye.
Pu_es según Nietzsche no existe clesapaiició" po. pro.n.o ,uóio-
nal, por debilitamiento, sino por auiodestrucción. La muerte,
siempre trágica, r'epite sirr cesar lo trágico, se acompaña con
la violencia. Asistimos a la autodestrucción ,le la historia, a
Ia vez como realidad y como racionalidad, como concatena-
miento
)r
como "disciplina". La historia como historicidad se,
sumirá en el caos sangrieirto de las guerras mundiales; en
tanto que conocimie¡rto (ciencia) ella desaparecerá en la
confusión y el tumulto "cu-ltLrral". De este abiurdo emerqerá
finalmente el Sentido. Lo que muestran las Intempestiias,,
B8
B9
y tamblén las obras clue siguen, es la autodestl"ucción simul_
tánea de la fiJosofía, la moral y la historia; en ello se incluye
lo."humano", la justicia,
la láy,
I'tambiún
la Verdad y ia
cultura. La cultur.a en tanto que opuesta al i{stilo e incom-
p-atible con é1. marchará de 1á prehistoria a la poshistoria.
Por el extenso trabajo de la prehistoria, la cultuia llega al
irrdividuo, en- quien eI hombré y la cultura se superan"(por
autodestrrrcción, la cual no se realiza sino por to tragiib¡.
Fl ,l".
his.toria v_ cor-r la historia, vale decir, en el peiíoáo
histórico (conocido y señalado por la historia),
¿,Qué
iucede?,
Las fuerzas reactivas se apocleian de la culturol tu desrrían.
Su triunfo duran[e un laryo períoc1o, no es un áccidente, es
1l _princip_io.
y el se¡rtido
-de
la Weltgescl.r.ichte
¡cf.
Gílles
Deleuze, Nietzsche et la philosophie,
"págs.
158, 254). En,
lugar de la activitlad genérica de'lo hunrano que prepara su
superación, la histor.ia nos pesenta razasT puebios,^ clases,
Iglesias y Estados, en definitiva parásitos que'absorbór, .e.,r-
bren, desbuyen la actividad .t"udoru, muliitudes y
manadas.
3. Nietzsche comprueba eI deceso de la hjsloria por suici-
dio (autodestrucción).
Esa comprobación lil¡era: un'grailo de
libertad acaba de nacer con la inuerte de.t
,,
homo hiáot^icus,,.
Ya no nos sentiremos solidarios con un pasado. responsa-
bles cle un destino, culpables de no se sabe qré más, obligados
a justificarnos
ante la historja. Ya no nós conside.o.!*o.
"hombres históricos" ni tomaremos en serio a ]os oue actúan
errtre bambalinas en el teatro del rnundo: dom^inantes v
dominados.
53.
¿NrErzscnr
"REACCroNARro"?
Ha sido necesario levantar la hipoteca fascista sobre el'
peirsamiento
'ietzscheano,
como la hipoteca stali'iana sobre
el pensamiento marxista para poder confrontarlos. Nietzsche
conserva nada menos que la reputación de nn
,,crítico
de
derecha" de la meiafísicá, de la sóciedad existente, del Estaclo
y
pgr consiguiente de
_fa
historia.
¿.F.s
justo?
No. ya que
podría mostrarse en él un extremismo anarquizante.
^un
.'izquierdismo".
Sus ataques contra el Estado, "el rnás frío
entre los morlstruos fr'íos", no se parecen a los ataques de
gente qlle quisiera volverse más acá del Estado, hacia la
cornunidad, la tribalidad, la sociabilidacl de la pequeíra parro-
quia; é1, por el pensamiento, se traslada como Bakunin, más
all¡i de la historia, rnás allá dei Estado. Cuando sostiene que
la lristoria universal (la lVeltgeschichte) jamás ha sido una
teología y una teodicea y que inevitablernente ella se ha
rleslizado hacia ia historia nacional, apología de los valores
locales y al fin moralidacl política" tro se rrbicu en el lerrciro
nacionalista. N4ás aún: lo rechaza.
¿I{ace
falta agregar que
Dioniso era el amigo y el clios de los esclavos y las mujeres,
no sólo de los campesinos y provincianos semibárbaros de
Tracia?
¿Que
la danza y el éxtasis, de la cual Ia tragedia no
flle más que un episodio
-s¡
ys¡dad
repetible, es decir, que
podía presentarse v representarse- en una palabra, que la
festividad se mantuvo por largo tiempo y quizá conservó
un carácter subversivo?
¿'Que
Apolo era el Dios de los amos,
poseedores del saber y la riqueza?
Que
Occidenle, y Ia cultura
'de los Amos, fueron apolíneos que rechazaron a Dioniso hasta
clerribarlos: las revanchas de los sometidos, sus revueltas, sus
llamados a Dioniso, al canto, a la danza, al ansia, al éxtasis,
a la violencia, a lo arcilico, a lo "primiti\.o" a 1o salvaje...
54. L¡ rN¡,nr,rcrDAD D¡ r-A coNCTENCTA EN Nrprzscr¡B
Que
la conciencia se constituya? que tome forma en "el
mundo", que ascienda dificultosamente hacia una cúspide, es
poco discutible.
¿Pero
qué cúspide?
¿Y
qué le ocurre a aquel
que llega? Para el filósofo clásico, de Platón a Hegel, es el
esplendor de la satisfacción espiritual al gran sol de lo Inteli-
gible; la conciencia devenida "autoconciencia" reposa, reali-
zada, en esa altura. Fara Nietzsche, ella no puede sino
observar fríamente y comprobar el horror de su situación. Se
.acrecienta:
"autoconciencia". La ascensión literalmente aso-
90 9l
iadora prometía maravillas. El animal humano se rxostraba
¡r sí mismo el inceritivo que esiirnulakra sus fuerzas: otra vida,
oiro mundo, desde estoz o en esto. Al final de la ascensión,
"el hombre" sobre la cima no puede más que hacerse cargo
rle su agotamiento. Cuando la conciencia cul¡nina lo que
r'ndican la repetición velada y Ia conciencia desplegada de la
repetición en la "autoconciencia", ella advierte que la rnarcha
(la historia) termina, que "el hombre" en el ¡nundo no va ni
nrás alto ni más lejos.
¿Culminación? ¿Impasse? ¿Círculo
infernal? Lo uno no impide lo otro y la comprobación se
impone cle la finitud. El estremecimiento del poeta, Ia inspi-
ración del creador, pronto lo dejan caer sobre ia última
plataforma. No falta más qlie intentar la postrera rneta-
morfosis: lo "sobrehumano".
De tal manela la "toma de conciencia" y cl conocimiento,
lejos de franquear un unrbral? señalan la detención y el
comienzo de una caducidad.
¿Cómo
asombrarse entonces si
la historia como conocimiento anuncia v Dro¡¡oca el fin de la
historia como realidad lde la hisroricidadl? La conciencia
nace en el crepúsculo de ese nuevo clios con relación a los
clioses anteriores. al gran Pan, a Dioniso. al propio Cristo:
la historia. Ella canta el elogio del pasado sirviéndose de é1.
Entra en conflicto con el conocimiento en general (lo que
traducen las dificriltades de la "objetividad" histórica). La
historia se pone al servicio de las pasiones y por cierto que
de las pasiones políticas. Se auiodestruye? no sin conmover
la cultura y el eclificio del saber que ella quería sustentar.
La cultura que emerge de la historia refluye corno cultura
histórica: círculo vicioso que corresponde al círculo interno de
la "autoconciencia". Pronto la reflexión no es más que un
conjunto de recuerdos, de anécdotas, de opiniones, de citas,
más o menos exactas. Es el tiemno del "último de Ios hombres"
y del más "desagradable de los hombres" (Zaratustra). Por
consiguiente, el último de los hombres y el rnás feo de los
hombres son conternporáneos del predominio de la historia y
,de
su fin. El eterno Retorno no tiene nada en común con un
recomienzo de la historia, con un estilo histórico. Por lo con-
trario, se aproxima, estremecimiento nuevo, cuando termina
la historia. El se anuncia con el fin de la historia- reoetición
velada, falsa diversidad, reacción de lo idéntico antes d-el salto.
La visión del Retorno coincide con la afirmación, la que cambia
en metáforas la filc¡sofia v la historia; el "sí" dicho al ser.
92
93
CAPITULO II
HISTORIA E I{IST'ORICIDAD
1. Las coNrn¿DrccroNEs DE LA Hrs'loRrcrDAD
La historicidad (rro debe entenderse historicismo) definida
primero por Hegel, luego por Marx, no escapa a ciertas
contradicciones. En otros términos, la teoría de las contradic-
ciones en el devenir y del devenir contradictcrio no llega a
formularse dominando las contradicciones. Si esta teoría devi-
niera lógicamente coherente sin dejar de involucrar, en tanto
las expone, contladicciones concretas, muchas dilicultades
desaparecerían. Luego:
-a)
Por un ladó, relatiuismo. El devenir es ilimitado
'
y cada momento o elemento no es sino transición. Cacla
' "momento" que llega a su hora no puede pretencler eternizarse.
Los elementos y mornentos dialécticos (oposiciones, conflictos)
, no tienen más que un alcance limitado en un contexto.
Nirrgún corte, ninguna periodización poseen por consiguiente
,_uña-$dad cientíJica o práctica suferior a' ]as otrai. Las
p._e4_ó{!4ácion-es son_ provislonátes, *odiniáUtes.
Nr4áü; cén-
cepto, l_ilguna teoría, ningún momenlo, ninqrrna f igura, de-
iiener-to*verdadeio. EI "ñecho" incrustado án la tiamá, en
e1*éncañenáüie"to'"a" las razones y resultados, de las .uir.u,
v Jos efectos, el "hecho" no puede tener ningrrna pretensión.
Las figuras claves, tipificadas, las de la fenomenología hege-
ljana, por ejemplo
-imarionetas
de la idea!- que realizan
delante de nosotros sus tres pequeños giros sobre-la escena y

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