Cancionero folklórico

Arriba en la cordillera
(Texto y música de Patricio Manns) Canción-huapango ¿Qué sabes de cordillera, si tú naciste tan lejos? Hay que conocer la piedra que corona al ventisquero; hay que recorrer callando los atajos del silencio, y cortar por las orillas de los lagos cumbrereños. ¡Mi padre anduvo su vida por entre piedras y cerros! La Viuda Blanca en su grupa, la maldición del arriero llevó a mi viejo esa noche a robar ganado ajeno. Junto al paso de Atacalco, a la entrada del invierno, le preguntaron a golpes, y él respondió con silencios. Los guardias cordilleranos clavaron su cruz al viento. Los Ángeles, Santa Fe, fueron nombres del infierno. Hasta mi casa llegaba la ley buscando al cuatrero. Mi madre escondió la cara cuando él no volvió del cerro, y arriba en la cordillera la noche entraba en sus huesos. Él, que fue tan hombre y solo, llevó a la muerte en su arreo. Nosotros cruzamos hoy con un rebaño del bueno; arriba en la cordillera no nos vio pasar ni el viento. ¡Con qué orgullo me querría si ahora llegara a saberlo! Pero el viento no más sabe dónde se durmió mi viejo con su pena de hombre pobre y dos balas en el pecho. se sirvieron higos secos, y se fueron a acostar debajo de un cielo negro. Y allí están las dos cabezas de la negra con el negro. Amanecieron con frío, tuvieron que prender fuego; carbón trajo la negrita, carbón que también es negro. Algo le duele a la negra; vino el médico del pueblo, recetó emplastos de barro, pero del barro más negro; que le dieran a la negra zumo de maqui del cerro. Ya se murió la negrita, ¡qué pena pa'l pobre negro! La puso dentro 'e un cajón, cajón pintado de negro; no prendieron ni una vela, ¡ay, qué velorio más negro!

Caballito de metal
(Texto de H. Dicovers; Música de H. Molina) Guaracha ¡Del tren su "chiqui-chiquichá" me alegra el triste corazón! Es rápido como un reloj, como un potro desbocado; va pasando las ciudades, viñas, campos y sembrados. "¡Qué linda es mi tierra!", no me canso de exclamar; como si fuera mujer, la quisiera enamorar. ¡Galopa, galopa, no más, caballito de metal! ¡Tu pitazo, chiquichá, deja atrás a otro ramal! Se acerca el inspector, anunciando otra estación, revisando los boletos, ¡ya llegamos, qué emoción!

Chile Lindo
(Texto y música de Clara Solovera) Tonada ¡Ayúdeme usted, compadre, a gritar un "Viva Chile", la tierra de los zorzales y de los rojos copihues! Con su cordillera blanca, ¡puchas qué es linda mi tierra! ¡No hay otra que se le iguale aunque la busquen con vela! ¡Chile, Chile lindo, cómo te querré, que si por vos me pidieran, la vida te la daré! ¡Chile, Chile lindo, lindo como un sol, aquí mismito te dejo, hecho un copihue mi corazón!

Casamiento de negros
(Texto y música de Violeta Parra) Parabién Se ha formado un casamiento todo cubierto de negro; negros novios y padrinos, negros cuñados y suegros, y el cura que los casó era de los mismos negros. Cuando empezaron la fiesta, pusieron un mantel negro; luego llegaron al postre,

¡Afírmese las espuelas y eche la manta pa'l lado, y mándese aquí una cueca de esas pa' morir parado! ¡Que canten con las guitarras hasta los sauces llorones, que en Chile no llora naiden, porque hay puros corazones!

"¡A la refalosa, niña!", gritaba José Miguel, "¡Viva la Patria que nace, vamos a ver, vamos a ver!" Doña Javiera Carrera su patria libre quería; la independencia de Chile la soñaba noche y día. Cuando en el viento flamea orgullosa la bandera, en sus pliegues se refleja su rostro, doña Javiera.

para el duro invierno que vino a caer. Tú me lo tejiste con poca pasión: se destiñó, se destiñó con la lluvia que cayó; se destiñó, se destiñó, ¡igual que tu cariño! Siete ovejas blancas te di pa' esquilar, y después la lana te mandé a lavar. Tú te descuidaste en forma fatal: se la llevó, se la llevó la corriente del canal; se la llevó, se la llevó, ¡igual que tu cariño! ¡Desata la lancha, que voy pa' Quellón! ¡Échame la jarra, y echa el acordeón! Ya no quiero penas ni falsa pasión: voy pa' Quellón, voy pa' Quellón en busca de un nuevo amor; voy pa' Quellón, voy pa Quellón, ¡no quiero tu cariño!

Chiu Chiu
(Texto y música de Nicanor Molinare) Corrido Canta, canta, pajarito, canta, canta tu canción, ¡canta, que la vida es triste y tu cantar me alegra el corazón! Chiu, chiu, chiu, chiu, chiu, chiu, chiu, cho, ¡canta, canta, pajarito, que tu cantar me alegra el corazón! Con tus gorjeos, con tu trinar, despierta el alba, ¡la noche ya se va! Avecita de los campos, pájaro madrugador, ¡ven y cántale a mi niña! ¡Despiértala antes que salga el sol! Antes que cante la diuca, antes que cante el zorzal, el chincol nos ha cantado, ¡chiu, chiu, sin cesar!

El corralero
(Texto y música de Sergio Sauvalle) Tonada 'Tá muy malo el corralero, y allá en el potrero como viejo está; hay que ayudarlo a que muera para que no sufra más. Siempre fuiste el más certero, y por eso debes su mal aliviar. ¿Cómo pretende que yo, que lo crié de potrillo, clave en su pecho un cuchillo porque el patrón lo ordenó? ¡Déjelo no más pastar! No rechace mi consejo, que yo lo voy a enterrar cuando se muera de viejo. Junto al estero del bajo lo encontré tendido, casi al expirar; me acerqué muy lentamente, y se lo quise explicar. Pero al verlo resignado, me tembló la mano y me puse a llorar.

En Mejillones yo tuve un amor
(Texto y música de Gamaliel Guerra) Fox-Trot En Mejillones yo tuve un amor; hoy no lo puedo encontrar. Quizás en estas playas esperándome estará. Era una linda rubiecita, ojos de verde mar; me dio un beso y se fue, no volvió más. ¡Ahora díganme dónde estará, que no la puedo encontrar! Mi corazón no puede, sería fatalidad.

Doña Javiera Carrera
(Texto y música de Rolando Alarcón) Refalosa Doña Javiera Carrera bailaba la refalosa; hermosa, fina y valiente, y su mirada orgullosa.

El gorro de lana
(Texto y música de Jorge Yáñez) Vals Un gorro de lana te mandé a tejer

Yo no podré irme sin ella nunca jamás, pero alguno de estos días, presiento, ha de volver. Mejillones, yo te quiero, y me da mucha tristeza alumbrar con tus faroles esperando que amanezca. Mejillones duerme, duerme, pero duerme como un niño; "Despierta Mejillones", me dirás, "aquí tienes mi cariño".

y antes que me cuenten una me recorro el mundo entero; por eso tan sólo espero el sí de su boca'e luna.

y la casa tuya, tu calle y tu patio. Gracias a la vida, que me ha dado tanto; me dio el corazón, que agita su marco cuando miro el fruto del cerebro humano, cuando miro al bueno tan lejos del malo, cuando miro el fondo te tus ojos claros. Gracias a la vida, que me ha dado tanto; me ha dado la risa y me ha dado el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto; y el canto de ustedes, que es el mismo canto; y el canto de todos, que es mi propio canto. Gracias a la vida, que me ha dado tanto.

Gracias a la vida
(Texto y música de Violeta Parra) Canción-sirilla Gracias a la vida, que me ha dado tanto; me dio dos luceros que cuando los abro perfecto distingo lo negro del blanco, y en el alto cielo su fondo estrellado, y en las multitudes al hombre que yo amo. Gracias a la vida, que me ha dado tanto; me ha dado el oído que en todo su ancho graba, noche y día, grillos y canarios, martillos, turbinas, ladridos, chubascos. y la voz tan tierna de mi bienamado. Gracias a la vida, que me ha dado tanto; me ha dado el sonido y el abecedario. Con él, las palabras que pienso y declaro: "madre", "amigo", "hermano", y "luz", alumbrando la ruta del alma del que estoy amando. Gracias a la vida, que me ha dado tanto; me ha dado la marcha de mis pies cansados. Con ellos anduve ciudades y charcos, playas y desiertos, montañas y llanos,

Ende que te vi
(Texto y música de Luis Bahamonde) Tonada Un día de mañanita salí a recorrer la hacienda, y me encontré con mi prienda que se encontraba solita. Le dije al punto: "M' hijita, ¡no sabe cuánto la quiero! Yo soy un huaso sincero que su amor le solicita, y espero que usted permita que sea su amor primero." Ende que te vi, que te quiero, ende que te vi, que te adoro, quien te quiere a ti, mi lucero, quien te quiere a ti, mi tesoro. ¡Corre que te tengo que querer, corre que te tengo que adorar, corre que te tengo que querer aunque tu mama no me pueda ver! No tengo mucho dinero para empezar el ranchito, pero le juro y repito que soy un huaso sincero. Ensillo mi manco overo y salgo a buscar fortuna,

La consentida
(Texto y música de Jaime Atria) Cueca Déjame que te llame "la consentida", porque todo consigues con tus porfías. Primero tu cariño, mi idolatría, y después, mi pasión de noche y día. Eres la consentida, amor de amores, que todito te doy pa' que no llores. Pa' que no llores, sí, yo te lo digo, dondequiera que vayas yo iré contigo.

Eres la consentida, de noche y día.

La joya del Pacífico
(Texto y música de Víctor Acosta) Vals Eres un arco iris de múltiples colores tú, Valparaíso, puerto principal; tus mujeres son blancas margaritas, todas ellas arrancadas de tu mar. Al mirarte de Playa Ancha, lindo puerto, allí se ven las naves al salir y al entrar; el marino te canta esta canción: "Yo sin ti no vivo, puerto de mi amor." Del cerro Los Placeres yo me pasé al Barón, me vine al Cordillera en busca de tu amor. Te fuiste al Cerro Alegre, y yo siempre detrás; ¡porteña buena moza, no me hagas sufrir más! La Plaza de la Victoria es un centro social, Avenida Pedro Montt, como tú no hay otra igual, mas yo quisiera cantarte con todito el corazón, ¡Torpederas de mi ensueño, Valparaíso de mi amor! En mis primeros años yo quise descubrir la historia de tus cerros jugando al volantín; como las mariposas que vuelan entre las rosas yo recorrí tus cerros hasta el último confín. Yo me alejé de ti, puerto querido,

y al retornar de nuevo, te vuelvo a contemplar; la joya del Pacífico te llaman los marinos, y yo te llamo encanto, como Viña del Mar.

Los momentos
(Texto y música de Eduardo Gatti) Tu silueta va caminando con el alma triste y dormida, ya la aurora no es nada nuevo pa' tus ojos grandes y pa' tu frente; ya el cielo y sus estrellas se quedaron mudos, lejanos y muertos pa' tu mente ajena. Nos hablaron una vez cuando niños, cuando la vida se muestra entera, "que el futuro", "que cuando grandes"; ahí murieron ya los momentos. Sembraron así su semilla y tuvimos miedo, temblamos, y en ésto se nos fue la vida. Cada uno aferrado a sus dioses, productos de toda una historia; los modelan y los destruyen, y según eso ordenan sus vidas. En la frente les ponen monedas, en sus largas manos les cuelgan candados, letreros y rejas.

La rosa y el clavel
(Texto y música de J. Martínez) Cueca La rosa con el clavel hicieron un juramento y pusieron de testigos a un jazmín y a un pensamiento. ¡No me tires con rosas, que tiene espinas! ¡Tírame con violetas que son más finas! ¡Que son más finas, sí! ¡Rosas con dalias! ¿Dónde va mi negrita que yo no vaya? ¡Anda, rosas con dalias, que yo no vaya!

Los lagos de Chile
(Texto y música de Petronila Orellana) Cueca Pirihueico, Panguipulli, Calafquén, también Riñihue, son lagos no menos bellos, como el gran lago Llanquihue. Todos los Santos tiene verde esperanza; el que bebe de sus aguas todo lo alcanza. Todo lo alcanza, ay sí, lago Rupanco, que está cerca del Puyehue, lejos del Ranco. El lago Villarrica, cosa más rica.

Los viejos estandartes
(De Al Séptimo de Línea) (Texto de Jorge Inostroza; Música de Guillermo Bascuñán) Marcha Cesó el tronar de cañones, las trincheras están silentes, y por los caminos del norte vuelven los batallones, vuelven los escuadrones, a Chile y a sus viejos amores. En sus victoriosas banderas

traen mil recuerdos de gloria; varas desgarraron sus cejas y sus estrellas muestran honrosas cicatrices de guerra. Cruzando arcos triunfales, tras de sus bravos generales, que aunque pasan heridos van marchando marciales, van sonriendo viriles, y retornan invictos, pasan los viejos estandartes que en las batallas combatieron, y que empapados en sangre a los soldados guiaron y a los muertos cubrieron como mortaja noble. ¡Ahí van los infantes de bronce, fuego artillero de hierro, y al viento sus sables y lanzas, a la carga, los jinetes de plata!

son las iniciales de mis dos viejitos ausentes por siempre, por siempre jamás.

estás. Mi amor cuando está contigo sabe reír; sin ti, este pobre amor se me va a morir

Mi banderita chilena
(Texto y música de Donato Román Heitman) Canción ¡Mi banderita chilena, banderita tricolor! Colores que son emblema, emblema de mi nación. El azul de mi cielo, la nieve de las montañas, el rojo de copihue y de la sangre araucana. El alma de mi bandera, banderita tricolor, es una pálida estrella que del cielo se cayó. Al azul de mi emblema te quedaste prendida, estrella solitaria, entre los pliegues dormida. ¡Flameando siempre serena, mi banderita chilena!

Si vas para Chile
(Texto y música de Chito Faró, pseudónimo de Enrique Motto) Vals Si vas para Chile, te ruego que pases por donde vive mi amada; es una casita muy linda y chiquita que está en la falda de un cerro enclavada. La adornan las parras, la cruza un estero, y al frente hay un sauce que llora y que llora porque yo la quiero. Si vas para Chile, te ruego, viajero, le digas a ella que de amor me muero. El pueblito se llama Las Condes, y está junto a los cerros y al cielo, y si miras de lo alto hacia el valle lo verás que lo baña un estero. Campesinos y gentes del pueblo te saldrán al encuentro, viajero, y verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero.

Mantelito blanco
(Texto y música de Nicanor Molinare) Canción Mantelito blanco de la humilde mesa en que compartimos el pan familiar. Mantelito blanco hecho por mi madre en horas de invierno de nunca acabar. Tienen tus dibujos figuras pequeñas, avecitas locas que quieren volar; las bordó mi madre en aquellas noches que junto a mi cuna me enseñó a rezar. Hay dos letras grandes en el mantelito, letras veneradas que he de recordar;

Qué bonita va
(Texto y música de Francisco Flores del Campo) Tonada ¡Qué bonita va! Con su pollerita al viento, qué linda va a vender quesitos frescos a la ciudad; y yo no vivo tranquilo hasta que al volver la veo en la puerta 'el rancho al atardecer. ¡Qué bonita va! Mi amor te acompaña siempre por donde vas; no sabe quedarse solo si tú no

Viejo lobo chilote
(Texto de Manuel Andrade; Música de Porfirio Díaz) Vals En una aldea costera de plomizadas arenas vive un viejo marino que canta pasadas penas. Fue pescador y lobero en aquellos años mozos

ese chilote marino, que como él no hay otro, ni habrá nunca más. Hoy, recordando el pasado siente ansias de llorar; piensa en su bote marino cuando salía a navegar. Con las jarcias tiritando, viene un fuerte ventarrón; confía él en su gente desde la proa al timón. Suelta esa vela, muchacho; es la orden del capitán, que un temporal ya se asoma por las alturas del mar. Vuelve a su casa tranquilo, de su pesca está gozoso ese chilote marino, que como él no hay otro, ni habrá nunca más.

Mi paso ha retrocedido mientras el de ustedes avanza; el Arco de las Alianzas ha penetrado en mi nido. Con todo su colorido se ha paseado por mis venas, y hasta la dura cadena con que nos ata el destino es como un diamante fino que alumbra mi alma serena. Se va enredando, enredando como en el muro la hiedra, y va brotando, brotando como el musguito en la piedra. Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber, ni el más claro proceder, ni el más ancho pensamiento. Todo lo cambia el momento; cual mago condescendiente nos aleja dulcemente de rencores y violencias. ¡Sólo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes! El amor es torbellino de pureza original; hasta el feroz animal susurra su dulce trino. Detiene a los peregrinos, libera a los prisioneros; el amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño, y al malo sólo el cariño lo vuelve puro y sincero. De par en par la ventana se abrió como por encanto; entró el amor con su manto como una tibia mañana.

Al son de su bella diana hizo brotar al jazmín; volando cual serafín al cielo le puso aretes; mis años en diecisiete los convirtió el querubín.

Yo vendo unos ojos negros
(Del Folklore) Tonada Yo vendo unos ojos negros, ¿quién me los quiere comprar? Lo vendo por hechiceros, porque me han pagado mal. ¡Más te quisiera, más te amo yo, y todas las noches lo paso suspirando por tu amor! Cada vez que tengo pena me voy a la orilla 'el mar a preguntarle a las olas si han visto a mi amor pasar. Las flores de mi jardín con el sol se descoloran, y los ojos de mi negra lloran por el bien que adoran. Ojos negros traicioneros, ¿por qué me miráis así? ¡Tan alegres para otros, y tan tristes para mí! ¿Qué sacas con no quererme, y yo con no amarte a ti, si estoy muriendo por verte, y tú no vives sin mí?

Volver a los diecisiete
(Texto y música de Violeta Parra) Canción-sirilla Volver a los diecisiete después de vivir un siglo es como descifrar signos sin ser sabio competente; volver a ser, de repente, tan frágil como un segundo, volver a sentir profundo como un niño frente a Dios. Eso es lo que siento yo en este instante fecundo.

FUENTE: http://www.geocities.com/Vienna/Strasse/1791/chile.html