Revista Bajo los Hielos N°20

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Poemas de Javier Aguirre Ortiz

MATERIAL

Palabras materiales, Otra vez os encuentro Al borde de la espera, Amurallándome.

HABLAS

Me gusta que me hablas Porque despiertas todo lo que nace Los ojos de las hojas -no los sabes los abresel río de la luz

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que sale de tu boca y me ilumina por dentro y va naciendo

eres hermosa y hablas me gusta que me hablas en modo indicativo como se hablan las hojas

LEJOS

Lejos, muy lejos, lejos, lejos, lejos, Toda la noche es sombra, sombra, sombra.

Límpiame de palabras la palabra Que salga libre de tu boca oscura Sola silencïosa palabra Palabra no palabra Misterio donde no

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Digo Nada

Tu nombre

DESTINO DE ENEAS

Todo a cuanto me acerco se esfuma como nube, Todo, aunque pareciera tener cuerpo, Se pierde entre las sombras de la noche Donde todo es igual, sordo y difuso.

A punto está una rosa de serme material Cuando desaparece, sin dejarme más señas Que mis manos vacías.

¿Qué infierno es éste, en donde no te toco, donde perdiste toda realidad? Las plantas, y las fuentes, y los pájaros, ¿dónde fueron, dónde quedó su tiempo?

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La queja es el refugio último que me queda, sin mi voz pronunciada, perdida ya la vida. Tal vez al alba, aún...

NOTA SOBRE EL AUTOR: Escritor, profesor y traductor, nacido en 1973. Algunas de sus colaboraciones literarias han sido plasmadas en el periódico Bilbao y su suplemento literario Pérgola, y en revistas de literatura como Momo y Noticias UD Berriak, de la Universidad de Deusto, La Galleta del Norte (Barakaldo), Píntalo de verde (Murcia). Ha colaborado en BLH en nuestro número 17.

E-mail: jaguirreo@yahoo.fr

Para citar este artículo, por favor indicar la siguiente URL:
http://www.bajoloshielos.cl/20aguirre.pdf

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Javier Aguirre Ortiz
“Qué grande es la realidad. No quepo en ella”.
Eduardo Apodaca

Tal vez pudo el poeta verlo todo, abrió los ojos tanto que se fue.

Sálvame de la sombra abrasadora, déjame ver el sol de la palabra con que mi corazón sus puertas abra, y acuda el mundo al alba destructora

de la noche total. Oh, redentora luz que las falsedades descalabra, y como arado que la tierra labra mueve mi muerte en que mi vida mora. Desconocida luz, deshabitada luz, dame voz para vivir tu vida, alma para encontrarte a la salida, valor para beberte en la mirada. No vaya a ser la sombra prisionera protagonista de la primavera.

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Número 2

Revista de Poesía EHEU!

EHEU!

Javier Aguirre Ortiz
Poeta nacido en Bilbao y residente en Francia. Fue miembro del taller literario "La Galleta del Norte", de Barakaldo. Es autor de numerosas colaboraciones literarias en diversas publicaciones tanto en la red como en papel.

QUIÉN VIENE A VER EL SOL DE ESTE SEPULCRO

uién viene a ver el sol de este sepulcro, donde la piedra iluminada nace, donde la vida nace de la nada, donde la noche pare el sol eterno; quién viene a ver la luna dada vuelta, la nada dada vuelta y dice todo, la sombra dada vuelta y dice sol y el hombre dado vuelta y dice dios quién viene a ver el sol de este sepulcro, donde el sepulturero resucita, donde un tiesto la testa reverbera y el palíndromo romo se hace añicos; no me digas que no, que si la sombra nos deja de vivir, será de día.

q

SONETO EN BLANCO Y NEGRO

qué circunvalación de dios recuerda

la vida misma entre las cosas todas, qué pregunta callada por los siglos amanece en las simas de mi mismo no sé por cuántos días, cuántas noches podrá la soledad decir lo mismo, ni si otra vez o siempre, esa palabra se resiste a pasar inadvertida

qué conjunción, en medio del abismo, pone frontera a la palabra siempre? qué abecedario, mudo y ceniciento, se sostiene en el hilo de una duda? qué fina es la esperanza, cuánta muerte deshace sus preguntas en la arena.

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Número 4

Revista de Poesía EHEU!

EHEU!
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Javier Aguirre Ortiz
Poeta nacido en Bilbao y residente en Francia. Fue miembro del taller literario "La Galleta del Norte", de Barakaldo. Es autor de numerosas colaboraciones literarias en diversas publicaciones tanto en la red como en papel..

ENTRETEJIDOS

abes que sigo oyendo aquel sonido del nuevo amor? El corazón aún suena, late en su intensidad el primer día sin fin, aquel hilo de luz o de agua que sin cesar renueva la mirada como arado la tierra de labor; ¿y qué aire es este que vivimos, qué prodigio nos mantiene entretenidos? Sin duda, bajo la mirada canta un río rojo, un ave inaccesible que guía a las estrellas a su cuna.

DESAPARECIDOS

e van quedando ciegos los segundos. Las hojas se despojan de sus ojos. Una mano se funde en blanco amén. Arden en las palabras otros vientos. Quisiéramos vencer, hacernos libres. Se ha destrozado el día nube a nube. Una borrasca es ya mi corazón. Pero lejanos, en la soledad, encendiéramos uvas silenciadas, amáramos el mar amanecido. Quizás desde el silencio sale el sol.

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Javier Aguirre Ortiz
Poeta nacido en Bilbao y residente en Francia. Fue miembro del taller literario "La Galleta del Norte", de Barakaldo. Es autor de numerosas colaboraciones literarias en diversas publicaciones tanto en la red como en papel.

NADAS

L

a sombra se diluye incansablemente el aire no tiene esquinas es única maravilla transparente lo que creemos aire es una pared de vidrio contra la que estrellarnos hasta ver las estrellas los martillos generan más paredes sepultureros de la imaginación y no nos queda más que aire indefinido para respirar como si fuera lo único univocidad como si todo fuera una sola voz que nos tiene, adivinándonos, deshechos en nuestros quehaceres, demasiado nosotros mismos para ser nosotros mismos, porque "nosotros mismos no podemos vernos a nosotros mismos porque nosotros mismos estamos detrás de nosotros mismos" y no sabemos dónde seguir hablando, en una serv

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illeta de papel que se pierde o decidida en una rama imposible que nace de mi mano que va (qué va!) como si fuera sábado llamando como hacías entonces a la euforia rugiente a las llamas efímeras a las trompetas cósmicas que se fueron de copas y hace ya muchos años que no ganamos nada.

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Ritmos íntimos

XIII Otro

Yo voy hacia la luz sin saber dónde,
como si el río lo dijera todo con las manzanas en el borde mismo de los labios, bebiendo la alegría de pronto, el nuevo corazón; de pronto la lluvia: la verdad: la transparencia como si bajo el agua ahora viviéramos y de pronto la luz, de nuevo, siempre, en medio de la noche nos ahogara para al fin despertar -qué voz es esa, que no deja de hablar de tan callada? -qué verdadero sueño se lleva nuestras trampas calle abajo, como agua el desconsuelo? vendrán aquí, sin yo poder ya verlo, otras sombras, otros caminos nuevos, y otro muerto laborará mi huerto. nadie viene a la búsqueda de un beso, nadie ha dejado nunca de vivir, nadie lleva en el sol los pies helados, nadie sabe la sombra dónde está, nadie vive la vida bajo el agua, nadie vive la sombra bajo el sol, nadie prueba la sombra de la vida, nadie vive del sol el desconsuelo, Nadie ve los caminos que perdió. Nadie encuentra el camino sin saber. Nadie avanza sin nombre de verdad. Nadie llega hasta el puerto de la luz. ()

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Ritmos íntimos

XIV Luz de todas las uvas

Luz de todas las uvas, limpiamente,
morena sed del sol, cántaro claro, morena sed del sol, ramaje oscuro, río que transparenta su vivencia, nube que apenas en su mano lleva, salamandra fugaz, ruidosamente, procesión de la siesta y las hormigas, estero que pronuncia una palabra, quemada voluntad, imperio quieto, rosa batalla de la luz perdida, morena sed del sol, relampaguea. ()

XV Para llegar al mar
(I)

Hoy te he sentido dentro, Nervión, y eso es muy duro,
te he contemplado como si sobre mí viajara, te he recorrido y comprobado: he visto agua limpia al nacer, por la mañana, y he visto que a tu sangre, sin que tù lo quisieras, se iba mezclando el cieno, por la tarde; iy los barcos, los barcos...!: los he visto roñados por el mar, los que como el mar fueron de playa en playa un día, de puerto a puerto abierto, los he visto cansados, medio muertos -y he visto uno pequeño en un hueco sin corriente, entre las dos orillas de Erandio y Barakaldo, hundido, ¡como una de mis pequeñas muertes! Te he sentido tan cerca que he creído estar viéndome, reflejado en lo turbio de tu agua.

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Ritmos íntimos

(II) Y te veo avanzar como sin vida y sólo por inercia como si fueras tiempo tan sólo hacia la muerte. Pero luego te miro y no, tu agua no desemboca en muerte tan temprano, se abre al mar, que no es muerte, es agua viva, a la que quedan sal, vida en lo hondo, arenas, costas, calas por vivir. Ya los barcos roñados se han hundido: ia mí me llama el puerto, Nervión, igual que a ti, quiero limpiarme el agua, ser mar, libre por fin! (III) Ayer te sentí dentro, Nervión. Otra vez más se acerca la mañana. Ayer llegué tan sólo hasta tus fábricas, las altas torres donde el cieno humea, los caballos roñados que ocupan tus orillas, el hedor de los cauces que te aumentan el peso. Hoy de nuevo es el alba. Por el marco del Puente de Vizcaya puedes mirar lo que delante tienes y lo que atrás se marcha; llevarás siempre algo de tu peso en el agua, pero no te preocupes, tú desemboca, anda, que el Abra se te abra. Quién sabe lo que hacerte mar te guarda. (IV) En las mareas bajas se ve todo distinto: se descubren las vigas débiles y enlodadas, los esqueletos turbios, las raíces del cieno.

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Ritmos íntimos

(V) Vengo buscando el mar, quiero limpiarme como el Nervión lo hace cuando al fin desemboca. Quiero abrirme a la mar, y que mi cauce estrecho, se me ensanche: quiero esparcir mi sangre, dándome, con salado sudor, de playa en playa. (VI) Mi vida es un cauce estrecho que quiere llegar al mar, que es el vivir, mar al que quiero ir derecho para así desembocar y ser, servir. (VII) Yo venía buscando el mar. Ahora ya tengo el agua limpia. Ahora la luz me unge hasta las últimas esquinas. (VIII) Digo que busco a Dios. Pero luego ya no me quedan fuerzas para buscar, y espero, y me dejo llevar por la marea, por la corriente, y vuelvo por el río... (IX) Es curioso el vaivén de la marea. Y yo nunca estoy quieto. Unas veces me salgo por el puerto y otras veces me entro. Es curioso el limpiarse y enturbiarse. Y yo siempre soy mezclas. Unas veces mi sangre se clarea y otras veces es negra.

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Ritmos íntimos

Es curioso que Heráclito era sabio. Y yo siempre fluyendo. Unas veces recién brotado fuego, otras veces ya vuelvo. (X) La verdadera fuerza está en saberse débil, en ser dueño consciente de la debilidad, llevar dentro la historia de todas las caídas, y saberlas usar, verlas venir, saberlas, ir despiertos para llegar al mar. ()

XVI Celebración de la noche del viento

...O yendo tiritar un tallo de tristeza,
el viento detenido; como en mi alma oyó, y entre el oro y el grito en que un instante es, el rocío y el labio de la noche ejerciendo de aurora redentora del mundo; … gravita el viento, y, aún dudando, triunfal y con feroz rugido, alza el vuelo y ordena la alegría. ()

XVII Racionalización de la alegría

...acostumbra el dolor; llega la alegría
y la estoy recibiendo con los labios temblando, como si el cuerpo extrañara, como si la costumbre del dolor hubiese obviado la irrupción de sucesos hermosos;

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Deustopía

Momo

Era el mejor de los tiempos, era el peor
de los tiempos, era la época de la cordura, era
la época de la locura, era la época de la fe, era la época de la
incredulidad, era la estación de la Luz, era la estación de la Oscuridad, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación, lo teníamos todo
frente a nosotros, no teníamos nada frente a nosotros, íbamos a ir todos al cielo, íbamos a ir todos por el otro camino…
Historia de dos ciudades, Charles Dickens

Buen tiempo
Quién puede tener prisa para llegar al sol. Icaro me mostró cuánto pesa un naufragio, un hundimiento, un negror de amor quemado. Para llegar al sol quién puede tener prisa. Vamos andando. Hoy hace buen tiempo. Hoy hace sol. Javier Aguirre Ortiz En el pueblo el señor Horacio era eso que se suele llamar un borracho conocido. Un borracho que contaba historias fantásticas de gente que vela tras la primera botella de vino tinto. Me acuerdo una tarde en una fiesta popular que durante la mitad de la segunda botella me relató esta historia:

Búsqueda
Tras esta tarde acongojada y desfavorable, únicamente la misma persistente idea rondaba por mi cabeza. Sólo un pensamiento perturbándola (...) quizás mi gran temor. «¿Dónde estaba ella?» Esta búsqueda me resultaba insostenible. Todas las posibles indagaciones tan sólo lograban conducirme a un bosque un tanto tenebroso. La oscuridad junto con la noche. Poco estrellada me invadían, obligándome a encender el mechero. La llama se agotaba y se advertía un silencio descomunal; proseguí por cierto camino a mi diestra para finalmente corroborar lo más insospechado... Alumbré con las chispas centelleantes. El zippo advirtió la enorme roca de granito: unas huellas ensangrentadas plasmadas en ésta me sobresaltaron. Mente en blanco, yo inmóvil(...), por unos instantes; miedo. La niebla me cubrió el cabello al igual que mis dudas... Mari Jose García (4.o Filología Hispánica)

Inquietud
Cuando Cidalia nació a las veinte y dos horas y cinco minutos con 45 segundos, el gallo de la señora Laurinda cantó, muy muy fuerte, durante horas; cuando hizo la primera comunión, el río que durante años dividía la iglesia del pueblo se secó, y cuando Cidalia conoció a Antonio, el hijo del herrero, el sol brilló en pleno Enero. Bueno, vayamos al nudo de nuestra historia. Una tarde, cuando fue al río a lavar la ropa, vio como una mujer anciana nadaba en el río. Parecía un gato, vestía de negro, el pelo blanco por el paso de tiempo se extendía por el agua como una medusa. Pero lo más sorprendente eran sus dedos relucientes, una luz que dañaban los ojos de Cidalia. Oro. La mujer se fue acercando lentamente, suavemente, moviendo sus anchas caderas al son de una cintura estrecha, con el pelo blanco mojado sobre los hombres, el largo vestido negro al son de sus pasos felinos... Cidalia era incapaz de huir, de desearlo, de echarse andar, de dar pasos hacia atrás... Cidalia desapareció esa tarde, jamás se volvió a saber de ella: Antonio se hizo cura, el gallo de la señora Laurinda no volvió a cantar y murió un Domingo de Resurrección. El riachuelo que separaba la iglesia del pueblo regresó y una madrugada de abril un hombre borracho que fue a dar al río para despejarse la borrachera, vio a una mujer lavando ropa, una mujer con los dedos de oro. ¡Era ella! Patricia Da Costa

Paz
«es ahora la hora» J.A. Valente Mañana empieza hoy, ahora es la hora de andar como si fuera ya el futuro, de empezar a empezar, sin más seguro que la inestable tabla del ahora. No puede ser la sombra vencedora del porvenir que viene en aire puro, no ha de morir el alba contra un muro de indiferente carne abrumadora. Hoy hace sol, buen tiempo, la mañana ilumina la esquina más oscura del corazón. Será que está empezando el día, que la música cercana nos baña, tan presente, de esta dura luz que nos hace, vamos, libres, cuando... Javier Aguirre Ortiz

XVIII

Deustopía

II Concurso UD-Abaroa de Microrrelatos

El pasado 7 de julio se reunió el jurado del II Concurso UD-Abaroa de Microrrelatos, convocado por la revista «Noticias UD», compuesto por Mario Montenegro, Mercedes Acillona, Aitor Bergara, Josu Bijuesca, Arantza Etxebarria y Javier Torres Ripa, acordó conceder el Premio, modalidad castellano, al cuento titulado «Aceitunas» de Begoña Sanz, el Premio, modalidad euskera, al cuento titulado «NYCko Kafe batean» de Amaia Gorrotxategi, y un Accésit, modalidad castellano, al cuento «De dinosaurios y de hombres», de Jabi Agirre. Restaurantes Abaroa patrocina este Concurso con 100 euros a los ganadores del Premio y con un vale para dos personas en los Restaurantes Abaroa para el ganador del Accesit.

De dinosaurios y de hombres Cuando el planeta despertó, él ya no estaba allí. Jabi Agirre

Aceitunas Niño raro. Eso decían que era. No comía aceitunas y me ponía nerviosísimo si me sentaba con mis padres a tomar el vermú. Bueno, yo tomaba mosto y mi hermana, mosto y aceitunas. Muchas aceitunas. La miraba comer y me escurría de la silla, inquieto, y el sudor se escurría por mi frente, frío. Pero ayer me atiborré de aceitunas. Veníamos del entierro de mi tía Malena y mi madre empezó a hablar de su hermano José. Recuerdo lo rojo que se puso el tío un domingo mientras tomaba aceitunas. Tosió hasta que cayó de la silla. Muerto. Siempre creí que lo que no pudo tragar el tío José era una aceituna. Pero fue el enterarse de que la tía estaba embarazada del panadero lo que no digirió su corazón. Eso comentaba ayer mi madre. Mientras, yo escuchaba atónito la historia y la empujaba con vermú y aceitunas, muchas aceitunas. Begoña Sanz NYCko kafe batean... Ainhoak bere jertse arrosaren mahukak begiratu, eta emeki elkarren kontra igurtzi ditu, bere eta Jonen gorputz biluziak zirela imajinatuz. Hamar negu gutxiago zituzten gorputzak. Txinparta gori bat atera da lanazko bi besoen artetik. NYCraino etorri da; soilik galdera bat egitera. Baina, Jon ez dago.Bere pisuko atean agertu den neskak esan dio. Joan egin da. Jon ez da joan. Maleta eskuan, urrutiko kafe batean dagoen neskari so dago.Arrosa koloreak oso ondo ematen dio. Milaka kilometro.Zertarako? Galdera soil bat egiteko? Ez. Beldur da. Nahiago du Ainhoak oraindik maite duela amesten jarraitu; ametsak, soilik hori, amets , badira ere. Amaia Gorrotxategi

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Licenciado en filología inglesa, imparte clases en la universidad de santo Tomás de temuco (chile). Ha publicado varios libros de poesía (“ICARO”, “girasol”, “varios poemas y un prólogo”, Sálvame de la sombra abrasadora”, etc) y sus poemas han aparecido en diversas revistas digitales (bajo hielos, escáner cultural, realidad literal, espéculo, espacio luke, letralia). Ha sido incluido en las antologías de “poesía breve” y “ritmos íntimos” y ha ganado diversos premios de poesía (concurso de poesía villa de Bilbao, premio de poesía de la universidad de deusto, ect).

Nevermore El sol se va; no somos lo que fuimos. El verano ya nunca más será. Las luces en la arena se apagaron, y de la vida resta la humedad. Pisadas frías en la playa muda, solo, andando en un mar que ya no ve. Relámpagos ligeros de entusiasmo, cada ola la maraña de un adiós. Recorro aquí lugares ya no míos, que un día pretendí para después. Las ramas secas nadan en la nada, las estrellas son los ojos de Dios.

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We tripantu (año nuevo mapuche) El sol es un jardín estrafalario Mi poema es una camisa muerta Ningún otoño ha comido en mi mano Música ajena en las manzanas de oro Tiemblan los girasoles de tu vientre Despertarán acaso las preguntas El río lleva una palabra sola Muere la luz mientras tu vida suena Raíz aún en la extendida pérdida Delfín hollar en la fragante luna Crucifixión en el agua del río Mira la luz que avanza hasta tu mano La realidad del agua nueva emerge Clarín del sol que amanece de nuevo

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POÉTICA III La poesía debe servir para nacer hoja nueva en otoño astro raro en el mundo estrella que ilumina la vida luz encendida en medio de la noche para escribir sus líneas que no acaban tocada con la mano

Javier Aguirre

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