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El Olor a Mar

El mar estaba allí, eternamente húmedo y con olor a sal. Ella estaba allí, siempre sola en
la noche. Algo era ella, nadie lo sabía. Le tenían miedo, les daba pavor. La eterna
soledad seguía allí, en el cuerpo de una chica que solo aparecía en la noche. ¿Quién iba
a saber que ella era especial? Dormía por el día, despertaba por la noche. Solo para
entonar un dulce pero angustioso canto que hacía llorar hasta a la marea.
Una chica vivía cerca de la mar, solitaria y algunos llegaban a pensar que era la gemela
de la chica que solo aparecía por las noches. En cambio, ella dormía por la noche, vivía
por el día. Una chica que vagabundeaba con el mar tocándole los pies, agrietados por ir
descalza.
Nadie sabía en esos tiempos lo que era un atardecer. El sol desaparecía antes de que
nadie lo viese ocultarse y la luna aparecía sin que hubiese ni unos pocos minutos de
separación entre una hora y otra.
Antes de que el día se fuese, y la noche llegase se encontraron inevitablemente las dos
mitades, mientras una entonaba su canto angustioso, y la otra volvía a las sombras.
-¿Quién eres?-preguntó la chica del sol y cuando miró sus ojos, llenos de angustia,
descubrió que ella tenía una historia que contar.
<<Nací aquí, en la orilla del mar. La sal era mi madre, el agua mi padre y la luna mi
única hermana. Mi alimentación constaba solo de lo que encontraba por la noche y poco
tiempo después, descubrí que algo me hacía peligrar bajo los rayos del sol>>
<<Nací lejos de aquí, donde la luna no existía. No dormía, no hablaba, solo irradiaba
paz y alegría a la gente. Nadie cuidaba de mí y un día acabé inevitablemente en la mar.
El sol me ayudó a vivir y con tan solo eso he vivido siempre. Solo salgo del día, porque
el sol guía mis pasos a través de un camino que ya consideraba perdido>>
Ambas mitades se tocaron, ambas mitades se juntaron. Cuando la noche llegaba y el día
se iba, ambas se unieron, formando una criatura, una criatura llamada Amanecer.