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Leopoldo

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04/11/2015

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“A mis compañeros de lucha de la Unidad Democrática y a todos los venezolanos

quienes queremos conquistar la democracia.

Les escribo esta carta desde mi celda de la cárcel de Ramo Verde cuando cumplo
cinco meses de encarcelamiento injusto por haber llamado a la protesta no
violenta y a la conquista de la democracia por la vía popular y constitucional. No
soy el único preso, somos más de 150 los presos políticos incluyendo a los dos
alcaldes destituidos y encarcelados, Enzo Scarano y Daniel Ceballos, y a Iván
Simonovis y los policías de la PM que ya cumplen 11 años de prisión injusta.

Venezuela se está cayendo a pedazos, la crisis es en todos los ámbitos y no hay
ningún análisis, ni los de voceros del propio régimen, que indiquen que por el
camino que vamos saldremos de esta crisis que afecta la vida de millones de
venezolanos, todos los días.

El origen de esta crisis no es el colapso del precio del petróleo, ni una invasión
extranjera, tampoco lo es una guerra económica y mucho menos es culpa del
pueblo venezolano. El origen de todos los problemas es el mismo: el sistema. Un
modelo económico fracasado que, en lugar de haber aprovechado la más grande
bonanza petrolera en 100 años, ha permitido el crecimiento de la pobreza y de la
pobreza extrema. Un sistema de gobierno antidemocrático, corrupto, ineficiente y
militarista que ha instalado un Estado delincuente que pretende echar raíces
profundas para favorecer a una elite gobernante que ya asoma el despotismo
hereditario para mantenerse en el poder por generaciones.

Este sistema nosotros lo hemos calificado cómo DICTADURA, una Dictadura del
siglo XXI, una dictadura a color, pero a fin de cuentas una DICTADURA. Pero para
no polemizar si es o no una dictadura quedémonos en el punto de encuentro que
concluye que el origen de la crisis generalizada es el sistema. Es decir el origen
del problema es político y su solución tiene que ser política.

Siendo el problema el sistema, estamos obligados a hacernos, y respondernos, la
pregunta: ¿salimos del sistema o permanecemos prisioneros de él? El dilema está
centrado allí, salir o permanecer. Nosotros optamos por salir, una salida que sea
popular, democrática y constitucional, pero irrevocablemente comprometida con
salir del sistema y conquistar la democracia. Sin concesiones; no las puede haber,
como no las hubo para quienes salieron a conquistar la independencia de
Venezuela o para quienes salieron a derrocar la dictadura de Marcos Pérez
Jiménez.

Ante esta realidad se ha abierto un debate en el seno de la oposición democrática.
Lo primero que quiero decir sobre esto, es que no está mal el debate dentro de la
Unidad nacional, más bien es una señal positiva que tengamos visiones
diferentes, siempre y cuando no dejemos a un lado dos condiciones necesarias,
definir un objetivo común y mantenernos unidos.

El debate es positivo, ya ocurrió en el pasado reciente cuando en el 2009
promovimos primarias y tarjeta única, propuesta que fue duramente criticada por
algunos compañeros de la oposición en sus inicios, pero que luego fue asumida
como el camino a seguir por todos quienes creemos en la Unidad.

Para lograr el cambio que queremos es necesario debatir y hacerlo sin miedo, con
respeto, pero sin temor a disentir. Lo que sería reprochable es actuar como el
oficialismo, quienes ante las voces disidentes que ya señalan su división interna,
optan por la descalificación, los tribunales disciplinarios y el torniquete al debate.
Ese jamás debe ser nuestro proceder. Más bien todo lo contrario, para conquistar
la democracia, practiquémosla, seamos demócratas en nuestro proceder interno
para ganarnos la legitimidad de poder conducir el país, que siempre tendrá
visiones encontradas sobre distintos temas, de manera democrática.

Sobre este debate ya hay sobre la mesa distintas propuestas que me voy a
permitir comentar de forma respetuosa.

Ramón Guillermo Aveledo y Henri Ramos Allup (AD) han insistido en retomar el
dialogo con el régimen sin condicionarlo para que pueda fluir. Ya esta opción tuvo
un primer ensayo fracasado, no por culpa de la oposición sino porque el régimen
lo utilizó como un mecanismo para aplacar la protesta popular y no para tejer un
entendimiento nacional. Así acertada y oportunamente lo señaló esta semana la
Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) que estando representada en el diálogo
en la persona del Nuncio Apostólico tiene toda la autoridad moral para llegar a
esta demoledora conclusión de lo que fue este primer ensayo.

Nos preocupa que un nuevo episodio del diálogo sea utilizado por el régimen para
avalar medidas extremas como el aumento del precio de la gasolina, una
maxidevaluación y otras medidas muy duras que no merecen ser aplicadas bajo
un manejo opaco y corrupto de la economía como el que actualmente tenemos.
Convocan a pagar la factura entre todos para que ellos sigan robando y botando
los recursos de todos los venezolanos.

Sobre el diálogo tenemos que estar claros que no hay diálogo efectivo sin presión
de calle. Nuestro pueblo lo sabe: así como los obreros organizados en sindicatos
protestan para lograr el contrato colectivo, los estudiantes lo hacen por el pasaje o
el comedor, y los barrios por la falta de agua, así debemos actuar desde la
protesta no violenta para lograr que el régimen acceda a un diálogo real que
genere el único resultado aceptable: el camino hacia la democracia.

Henrique Capriles ha insistido en que el objetivo de la oposición debe ser el
cambio del CNE. Tiene razón Henrique, tenemos que cambiar el CNE, pero
también a la Contraloría que avala la corrupción endémica con su pasividad
cómplice; a la Fiscalía que encarcela a inocentes y deja en libertad a asesinos; al
TSJ que tuerce la Constitución con sentencias que criminalizan la protestas,
militarizan la política y avala la corrupción; a la Defensoría del Pueblo que solo
defiende los intereses del PSUV; de la Asamblea Nacional que es inoperante
como resorte del debate y contraloría política y democrática; y por supuesto al
ejecutivo encabezado por Nicolás Maduro que es responsable de las más alta
ineficiencia y corrupción que se haya conocido en la historia del país.

El problema es el sistema. Ya en el pasado la oposición se enfrascó en centrar el
debate en el CNE sin ningún resultado. Con esto no quiero decir que hay que
dejar de buscar el cambio del CNE, sí hay que hacerlo ya que todas las soluciones
pasan por procesos electorales, solo digo que allí no está la solución del problema
político de fondo, el CNE es un medio y no un fin.

Primero Justicia propone la tesis de acumulación de fuerzas y proponen como ruta
para el cambio las elecciones de la AN en el 2015.

El problema con esta propuesta es que ya hemos ganado y no ha sido reconocida
la voluntad popular. Así pasó en el 2010 con las elecciones de la Asamblea
Nacional. Ganamos el voto popular con el 52% pero el oficialismo obtuvo mayoría
de diputados y desarticularon la AN con habilitantes, destitución de diputados y
minimizando el impacto de esta instancia. Además esta opción sería inefectiva
para lograr un cambio en los Poderes Públicos, que no podrían ser cambiados aún
ganando la mayoría de los diputados, ni tampoco resuelve el problema de la
urgencia del cambio.

Ganar y no cobrar también ocurrió en abril del 2013, tal como lo dijo Henrique
Capriles a Venezuela y al mundo: ganamos las elecciones pero por el cerco
institucional hoy gobierna Maduro. Insisto: El problema es el sistema, no solo el
CNE.

Es necesario revisar y reorganizar la MUD y adaptarla a esta nueva etapa tal
como lo propone Antonio Ledezma, con respeto, amplitud pero con el sentido de
urgencia que amerita el momento.

En este sentido María Corina Machado, Copei, Bandera Roja y otras
organizaciones proponen la convocatoria de un Congreso Amplio de Unidad
Nacional, como un mecanismo para ampliar y democratizar la Unidad Nacional
que sin duda alguna es una tarea pendiente y necesaria ya que el país
democrático es mucho más grande que los partidos políticos que hacen vida en la
MUD.

Esta convocatoria a un Congreso Amplio podría ser el escenario ideal para la
definición entre todos de una ruta a seguir para el cambio del sistema. Fue
precisamente esa la deliberación que hace 203 años tuvieron nuestros padres de
la independencia quienes luego de tres días de deliberación acordaron firmar el
Acta de Independencia 10 años antes de conquistarla. Es decir, la declaración de
independencia el 5 de Julio de 1811, fue la definición de un rumbo a seguir que
solo se hizo realidad luego de muchos años de lucha y sacrificio, pero lo lograron
porque sabían hacia dónde iban y qué querían conquistar asumiendo todos los
riesgos.

La ruta a seguir debe combinar una estrategia política con la protesta de calle, una
acción sostenida y no-violenta que incorpore a todos los sectores en el espacio en
donde nos reconocemos y nos hacemos fuertes: LA CALLE. De lo ocurrido entre
febrero y mayo debemos convencernos de lo importante que es canalizar la
protesta de calle de forma ordenada y no violenta, y sin duda alguna los jóvenes y
estudiantes tendrán una responsabilidad importante en este sentido.

Un grupo de partidos y organizaciones entre los que está el partido al que
pertenezco: Voluntad Popular, estamos promoviendo dentro de este debate la
convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente como el camino a seguir
para lograr un cambio profundo como lo amerita la circunstancia.

Promovemos la convocatoria a una Constituyente por varias razones. La primera,
es un mecanismo de cambio político que está contemplado en la Constitución (art.
347 y art. 348) y que puede ser convocado por la vía de la iniciativa popular. En
Venezuela hemos tenido varios procesos constituyentes, y todos han sido
convocados desde el poder, es cierto, pero también es cierto que la Constitución
vigente, a diferencia de todas las anteriores contempla que el Pueblo mediante la
consignación de firmas equivalentes al 15% del REP, puede convocar un proceso
como este. Esta sería la primera Constituyente convocada desde el Pueblo y para
el Pueblo. No es un invento nuestro, la opción esta allí, clarita, en el artículo 348
de la Constitución. Activarla o no depende de nosotros.

La segunda razón es que si el problema es el sistema como hemos dicho, una
Constituyente es el mecanismo más idóneo para cambiar el esquema y los
responsables de conducir los Poderes Públicos del Estado venezolano, y
eventualmente convocar a unas elecciones para legitimar los cargos de elección
popular.

La tercera razón es que ante una crisis de la magnitud que hoy padecemos, una
Constituyente sería un punto de encuentro, de diálogo y reconciliación nacional en
donde todos estén representados. La Constitución no es el problema, es el pacto
social que hoy está roto por el secuestro del Estado venezolano. Por eso
aprovechamos para hacer un llamado al oficialismo democrático a buscar una
salida incluyente a la crisis.

En un proceso constituyente podrán participar todos, incluyendo la creciente
disidencia oficialista que hoy está siendo asfixiada por la antidemocracia interna.
En una eventual Constituyente estaría representado el PSUV así como otras
organizaciones del Polo Patriótico que hoy cuestionan al gobierno de Maduro y se
quejan de estar excluidos.

Y finalmente, estimamos oportuna la convocatoria de una Constituyente, porque
es urgente el debate y el acuerdo sobre el modelo de Gobierno y de Estado a
seguir. ¿Cuál es el modelo económico? ¿Cómo garantizar los derechos de todos?
¿Cuál es la responsabilidad de los militares? ¿La descentralización?

No basta con sustituir a quienes gobiernan, es necesario definir cuál es el modelo
de país por el cual todos trabajemos y todos nos veamos representados. Durante
los últimos años hemos visto crecer a muchos sectores que deben ser
incorporados en este proceso de cambio. Hoy esos sectores están en la calle y
reclaman ser escuchados: trabajadores, médicos, educadores, estudiantes,
gremios, productores, comerciantes, las ONG. Todos deben ser parte de un
proceso de cambio de abajo hacia arriba.

Estamos claros que nuestra propuesta es una más dentro del debate, y es
precisamente por eso que debemos ante todo promover el debate, el diálogo entre
quienes queremos cambio. Un diálogo que tenga como resultado un objetivo
común, la conquista de la democracia, y una ruta compartida.

No caigamos en la trampa de descalificarnos los unos a los otros, tengamos más
bien la valentía de debatir de manera amplia las propuestas que cada quien le
está haciendo al país.

Hermanos y hermanas de la Unidad Nacional, pongamos nuestro corazón y
compromiso del tamaño de la circunstancia, salgamos juntos, sin miedo, con la
mayor amplitud, a conquistar la democracia.

Desde la Cárcel de Ramo Verde, a los 14 días del mes de julio de 2014.


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