Vi si ón mat emát i ca de l a músi ca ( I

)
El desarrollo de los aspectos matemáticos de la música debe ser realizado apoyándolo
simultáneamente tres bases: la física, la fisiológica y la cultural.
Base física
La emisión de “sonido” (físicamente, compresiones y dilataciones del aire, que se
transmiten en todas direcciones) sin ninguna regularidad se llama “ruido”, y no nos ocuparemos
de él; bastante lo soportamos en la vida diaria. Lo que recibe propiamente el nombre de “sonido”
(en el que apreciamos cierta regularidad y belleza) se caracteriza ante todo por responder a
impulsos periódicos regulares, y viene caracterizado por:
• Intensidad, que físicamente es la potencia transmitida.
• Tono, o sea la frecuencia del movimiento vibratorio periódico básico.
• Timbre, cualidad que le prestan los armónicos acompañantes, llamando armónicos a los
componentes de la onda sónica de frecuencias mayores e intensidades menores que la
principal, siendo dichas frecuencias múltiplos de la básica o de mayor intensidad.
Como acabamos de decir, el sonido debe consistir en vibraciones periódicas. Éstas vienen
definidas por su frecuencia (repeticiones por segundo), y dentro de ellas, las más perfectas son
las llamadas “armónicas”, caracterizadas por la proporcionalidad entre la fuerza originadora y el
efecto producido (presión del aire). Matemáticamente, responden a la expresión:
Donde es:
• x: Elongación (presión del aire).
• a: Amplitud (elongación máxima).
• : Frecuencia.
• t: Tiempo.
Representaremos su gráfica para una amplitud a = 1 y una frecuencia = 440 Hz,
correspondiente a la nota definida internacionalmente como la
3
(en algunos países, la
5
). En el
dibujo se recogen cuatro períodos, en el intervalo comprendido entre 0 y 1/110 s.
Sin embargo, sólo los sonidos puros (como los del diapasón) tendrán una gráfica así. En
general, ésta tendrá un aspecto de este tipo:
Pero se puede demostrar matemáticamente (descomposición en serie de Fourier) que toda
función periódica es descomponible en otras de tipo sinusoidal y de frecuencias iguales, doble,
triple, etc. (es decir, sus armónicos). Efectuado el análisis de la curva anterior, se halla que
corresponde a la suma de otras tres curvas sinusoidales de períodos respectivos 2a, 4a y 6a. La
ecuación de la curva sería así:
Es decir, que el sonido de partida podría descomponerse en tres sonidos puros de períodos
igual, doble y cuádruple. Éstas serían, superpuestas, sus tres gráficas respectivas:
Se comprende por tanto el interés de estudiar separadamente las distintas ondas
sinusoidales simples, que son llamadas notas musicales. Desde luego, puede asociarse cada nota
musical con una frecuencia, por lo que su número es infinito, pero algunas tienen nombre
concreto.
Base fisiológica
Pasemos ahora al aspecto fisiológico del fenómeno. Cuando dos o más notas son emitidas
simultáneamente, se genera un fenómeno ondulatorio de superposición de frecuencias. El efecto
percibido es más “agradable” cuanto más sencilla es la relación de frecuencias, pues la onda
resultante es también sencilla al poderse crear movimientos ondulatorios compuestos de un tipo
como el visto anteriormente. Por ejemplo, el acorde más sencillo es el formado por una nota y la
de frecuencia doble (llamada “la octava”) al coincidir un nodo de la primera con uno de cada dos
de la segunda. Para el caso en que ambas tengan la misma amplitud, ésta es la gráfica:
Más generalmente: la relación entre dos notas es captada en función de sus frecuencias
relativas, por lo que denominaremos “intervalo” entre ellas no a su diferencia de frecuencias,
sino entre al cociente de las mismas. En el caso anterior, el intervalo entre una nota y su octava
es 1:2.
Base cultural
Finalmente, el aspecto cultural incide al menos en un doble frente: en primer lugar, los
usos culturales pueden modificar más o menos parcialmente los asertos anteriores, en especial la
sensación estética, y, por otra parte, esos mismos usos influyen en la elección de una gama, es
decir, de la individuación de algunas notas entre todas las posibles.
La gama temperada
Llamaremos gama a la serie de sonidos armónicos puros (notas) utilizados como base en
una determinada tradición o cultura musical. En nuestro sistema occidental, el intervalo entre una
nota y la de doble frecuencia (lo que llamamos su “octava”) se halla dividido en doce partes,
cuyas frecuencias forman una progresión geométrica de razón:
Desgraciadamente, este número se halla lejos de responder a una fracción sencilla.
Desarrollando el valor anterior en reducidas (fracciones aproximadas), tendremos, en orden de
aproximación creciente:
Vamos a efectuar un análisis algo detallado de las frecuencias de las restantes notas. A
través del desarrollo de sus fracciones reducidas, veremos las fracciones racionales a las que
pueden aproximarse, y captaremos el grado de aproximación en cada caso:
n Nota 2
n/12
Fracciones reducidas Aprox.
0 o 1 1 =do
1 ß 1,0595 17/16,18/17,89/84…
2 v 1,1225 9/8,55/49,1714/1527… re
3 ö 1,1892 6/5,19/16,25/21…
4 r 1,2599 4/3,5/4,29/23… mi
5 ï 1,3348 3/2,4/3,295/221… fa
6 n 1,4142 7/5,17/12,41/29…
7 0 1,4983 3/2,442/295,2213/1477… sol
8 ì 1,5874 8/5,19/12,27/17…
9 k 1,6818 5/3,37/22,3002/1785… la
10 K 1,7818 7/4,9/5,16/9…
11 u 1,8877 15/8,17/9,168/89… si
12 v 2 2 =do'
Hemos usado para designar las notas obtenidas las letras griegas para no confundirlas con
la notación alemana, que usa las latinas, y que veremos más adelante.
Lo primero que llama la atención (y justifica el acierto de haber elegido una escala con
doce notas) en la sencillez y la aproximación de las fracciones reducidas a los números
irracionales del tipo 2
n/12
. La primera de las fracciones reducidas es siempre un valor sencillo,
mientras que la segunda es a menudo una fracción bastante más complicada, lo que indica que la
anterior gozaba de un grado de aproximación notable pese a su sencillez.
En particular, son especialmente sencillas las primeras fracciones reducidas de las notas v,
o, c, ., 0, k , µ, , con separaciones respectivas de 1, 1, ½, 1, 1, 1, ½ tonos respectivamente
respecto de las anteriores. Esto sugiere la adopción de unas notas aproximadas equivalentes a las
fracciones reducidas iníciales, que serán nuestras familiares do, re, mi, fa, sol, la, si, do. En la
última columna se indican estas notas con el signo (“aproximadamente igual”).
Observemos que, ya que nos estamos refiriendo siempre a proporciones entre frecuencias,
puede resultar útil utilizar los logaritmos de sus valores. Puesto que el logaritmo decimal de 2 es
log 2 = 0,3101030, podemos dividir el intervalo en 301 partes, que son denominadas savarts en
honor del físico Savart, especializado en la acústica. En tal caso, el intervalo entre cada nota y la
siguiente sería:
K’ = 301/12 = 25,08 savarts
De hecho, esta progresión o gama es llamada “temperada”, que es la que modernamente se
utiliza, y a la cual nos hemos ido habituando. En ella se pasa de una nota a la siguiente mediante
aumentos en su frecuencia de un 5,94 % en cada caso, o sea de 301/12 = 25,08 savarts.
La gama natural
Pero es de mayor interés estudiar la llamada “gama natural” o de armónicos, en la que los
intervalos entre una y otra nota son desiguales, buscando en cada caso la fracción sencilla. La
nota octava vuelve a ser denominada como la primera; para advertir que pertenece a la gama
superior, la tildaremos.
Los valores tradicionalmente usados, con sus fracciones respectivas, son precisamente las
reducidas halladas anteriormente:
NOTA
Frecuencia
en relación
con el do
(fracción f)
Id.
(decimal)
Intervalo
respecto
a la nota
anterior
Intervalo
en
savarts
do 1 1 1,066 28
do#
re 9/8 1,125 1,125 51
re#
mi 5/4 1,25 1,111 46
fa 4/3 1,333 1,066 28
fa#
sol 3/2 1,5 1,125 51
sol#
la 5/3 1,667 1,111 46
la#
si 15/8 1,875 1,125 51
do' 2 2 1,066 28
El espacio comprendido entre una nota y la siguiente es llamado “tono”, salvo los Mi Fa y
Si Do, que son de medio tono. ¿Por qué hemos dejado algunos espacios vacíos, donde se ubican
las notas sostenidas (#)? Puede observarse que todos los intervalos excepto el Mi Fa y el Si Do
son aproximadamente el doble de estos dos (véase la cuarta fila). Los espacios vacíos (que en la
anterior gama temperada correspondían a las “notas”, , , , ) son rellenados con nombres feos
y complicados, tomados de una de las notas contiguas
1[1]
. Así, Do#, que se lee “Do sostenido”.
Convienen unas líneas de advertencia respecto a estas “notas a medio intervalo”. En
primer lugar, habría que convenir que el Mi# coincide con el Fa, y el Si# con el Do’. ¿Por qué no
hemos anotado sus frecuencias respectivas? En principio se sitúan “a medio camino”, y por tanto
la frecuencia del Do# (que antes hemos llamado ) debería ser \1,125 = 1,0607, que, en fracción
reducida, es aproximadamente, como hemos visto 17/16. Pero los músicos prefieren considerar
este Do# más bien como una variante algo más aguda del Mi Ù. Así, cada nota tiene no sólo su
sostenido (incluidas Mi y Si), sino también su bemol, que se nota Ù; si el sostenido era una
variante aguda de la nota, el bemol es una variante más grave. En principio, es Do# = ReÙ, pero
aquí se admiten pequeñas variaciones en función del instrumento e incluso del gusto del
intérprete.
La falta de regularidad entre los intervalos se suple con creces con la cantidad de sonidos
armónicos que se generan en esta gama. El primer fruto de la sencillez de las fracciones
expuestas es que, doblando cada nota, acabamos encontrando, en algún intervalo superior, otra
1[1]
La irracionalidad en la nomenclatura musical es fruto de la costumbre, y no es fácil desterrarla hoy. De hecho, se
denomina “octava” y “quinta” a lo que debiera ser denominado “séptima” y “cuarta”, respectivamente, desde un
punto de vista matemático, atendiendo a los intervalos que cubren.
nota de la escala. Así, doblando la Re, llegamos a la Re’ de la octava superior, volviendo a
doblarlo, el Re”, y así sucesivamente.
Como hemos visto, el acorde más agradable, es la tercera, Do Sol (2:3), proporción que
también se da en la Mi Si y en la Fa Do’.
La cuarta es ya algo más forzada. Se cumple en la Do Mi (8:9), y también en el Fa Sol.
Observemos que la proporción es bastante parecida en Mi Fa (9:10). La primera es llamada
tercera mayor; la segunda, tercera menor.
Los acordes (conjuntos de tres notas) más corrientes en música son el conjunto do-mi-sol
(relación 1:5/4:3/2, o sea 4:5:6, terna muy sencilla), que es por ello es sin duda el más frecuente
en música, así como el sol-si-re y del fa-la-do, ambos con la misma proporción.