E

El gran
engaño
planetario del
siglo XX
ENRIQUE CALDERÓN ALZATI
ntre 1952 y 1990 un tema permanente en las noticias
internacionales era la guerra fría entre Estados
Unidos y la Unión Soviética, es decir, entre el
comunismo y el capitalismo, al que se le daba el nombre
más aceptable de “democracia”. No era un asunto menor,
en virtud de los riesgos de convertirse en una gran
conflagración nuclear.
Cincuenta años después del inicio de aquella supuesta
guerra, cuyos primeros enfrentamientos se dieron en la
península de Corea, la desclasificación de los archivos de
la CIA en 2010, de acuerdo con las leyes de Estados
Unidos, empezó a dejar al descubierto que esa guerra fría
nunca existió como tal, dadas las diferencias económicas
reales entre los dos países, indicando que todo ello fue
sólo un mito creado por la administración del presidente
Eisenhower y su secretario John Foster Dulles, con el
propósito de dominar al mundo.
Para entender el problema es necesario regresar unos
años atrás, a los tiempos en que la Segunda Guerra estaba
en su apogeo, con ventaja para los ejércitos nazis, que en


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semanas habían doblegado a toda Europa y se preparaban
para atacar a la Unión Soviética. Unos meses después, las
cosas se complicaron con el ataque japonés a Pearl Harbor
y la entrada de los estadunidenses a la guerra, extendiendo
el conflicto a todo el continente asiático y el norte de
África.
A la par del conflicto bélico se daba otro de carácter
ideológico y propagandístico por alinear al resto del
mundo de un lado o del otro. Para el presidente Franklin
Roosevelt resultaba vital que el conflicto quedase definido
como uno entre las fuerzas de la democracia y la libertad y
otro representado por los regímenes fascistas y autoritarios
de Alemania, Italia y Japón.
Pero Roosevelt enfrentaba un problema serio, en razón
de que los países europeos –especialmente Inglaterra–
mantenían regímenes coloniales y racistas tanto en África
como en India y el sudeste de Asia, mientras el gobierno
soviético de Stalin tampoco tenía una imagen democrática.
Aun el mismo Estados Unidos, que aparecía entonces
como el país más limpio entre los aliados, tenía también
posiciones extraterritoriales y apoyaba gobiernos
antidemocráticos en Centroamérica. Para enfrentar estos
problemas, Roosevelt planteó la creación de un organismo
internacional en el que estarían representados todos los
pueblos de la Tierra con calidad de naciones soberanas,
dando fin al colonialismo.
El proyecto fue aceptado sin reticencias por Stalin, que
veía en Estados Unidos el apoyo necesario para derrotar a
los nazis, no así por los ingleses, que veían con temor la
pérdida de sus colonias. Cuando la guerra terminó,
estadunidenses, ingleses y soviéticos parecían ser los
triunfadores absolutos, aunque la realidad era distinta. Para
los ingleses como para los soviéticos su triunfo era más
bien simbólico, ya que su capacidad económica y
productiva había sido destruida, igual que la de Alemania
y Japón, mientras la industria de Estados Unidos estaba
intacta y había crecido aceleradamente para proporcionar
los suministros requeridos por sus aliados, quienes tenían
entonces enormes deudas con este país.
Por su parte, los ingleses contaban con el apoyo de
Australia, Nueva Zelanda y Canadá para su recuperación,
mientras los soviéticos habían cometido un error
mayúsculo al ocupar los países de Europa del Este,
igualmente destruidos por la guerra, como Polonia,
Hungría, Bulgaria y Checoslovaquia, haciéndose de hecho
responsables de su reconstrucción, lo cual sólo los llevó a
incrementar la magnitud de sus problemas internos al tener
que financiar su recuperación y la de las regiones
ocupadas por ellos.
De esta manera, al despejarse el panorama, luego del
fin de la guerra, el mundo estaba dividido, en términos
geopolíticos, en tres grandes grupos de naciones: uno
constituido por los países de Europa occidental, sus
colonias en Asia, África y Oceanía, así como por Estados
Unidos y Canadá con enormes recursos económicos; el
segundo estaba formado por los llamados países
comunistas, que incluían a la Unión Soviética, China y las
naciones de Europa del Este, devastadas por la guerra, y la
ocupación militar japonesa en un caso y alemana en la
otra. El tercer grupo de naciones estaba formado por
Latinoamérica y algunos países de Asia y África que
habían recuperado su independencia y que en términos
generales estábamos sumidos en la pobreza y el
subdesarrollo, y nos reconocíamos como el tercer mundo.
La diferencia en las condiciones económicas entre los
bloques “capitalista” y “comunista” resultaba abismal, lo
cual lleva a pensar que para estos últimos una nueva
guerra carecía de sentido, con independencia de las armas
que tuviesen; de hecho, hoy se sabe que en esos años la
Unión Soviética buscaba, con insistencia, créditos de
Estados Unidos para financiar su recuperación y la de sus
países satélites, los cuales, desde luego, nunca lograron
obtener.
El cambio de política de los estadunidenses con su
antiguo aliado se debió básicamente a la muerte de
Roosevelt, y con ello la de sus ideas de crear un nuevo
orden mundial, en el que las antiguas colonias europeas
fuesen reconocidas como naciones soberanas con plenos
derechos. Los hombres que le sucedieron en el gobierno de
Estados Unidos a partir de 1952 tenían una visión
diferente, la de un planeta dominado por sus intereses,
conformando un nuevo imperio económico.
En aquellos años, y como consecuencia de las
expectativas de libertad y soberanía, generadas en varios
países del tercer mundo surgieron algunos movimientos
nacionalistas de independización política y económica que
de inmediato fueron estigmatizados como comunistas para
dar credibilidad al mito estadunidense de una supuesta
defensa de la libertad en su lucha contra el espectro del
comunismo; tales fueron los casos de India, Irán e
Indonesia en Asia, el Congo Belga en África y Guatemala
en Centroamérica, mientras en los países de Europa del
Este la CIA buscaba subvertir el orden establecido,
creando problemas que generaban reacciones autoritarias y
violentas en el bloque comunista, fortaleciendo así la idea
del conflicto imaginario creada por Estados Unidos.
Fue así como con este mito, este país fue desplazando
a los ingleses, franceses y holandeses de sus colonias para
establecer un nuevo modelo de imperialismo económico en
un número creciente de naciones, hasta llegar al escenario
actual, de un planeta cuyo destino, valores y sistema de
justicia están controlados y puestos al servicio del dinero y
de sus dueños, con altos riesgos para la humanidad en su
conjunto.
Mucha de la información que aquí se presenta se
encuentra en el libro Two Brothers: John Foster Dulles y
Allen Dulles and Their Secret World War escrito por el
investigador estadunidense Stephen Kinder, que explica de
algún modo el contexto en el que hemos estado viviendo.
(Continuará).
Complemento
Ulises Mardones
Hay un extraordinario documental con su respectivo libro de Oliver Stone, llamado "La
Historia No Dicha de los Estados Unidos".
Guerra fria
Juan Santana
Mito? no. Fue una terrible realidad para nosotros los latinoamericanos. Países
devastados, dictaduras militares, invasiones, genocidios, exterminios de todo tipo de
luchas sociales, etc. Y todo en nombre de la democracia capitalista y cristiana en contra del
comunismo ateo. De que mito esta usted hablando?????
Agradecimiento
Omar
Agradezco mucho comparta el autor sus fuentes para un argumento que contradice
mucho de lo que sabiamos de la historia del siglo XX pero que tiene bastante sentido.
Habia leido ideas semejantes en los libros de Morris Berman, pero no con tanto detalle.
¿En donde deja estoel reciente y efimero reintento de resucitar un conflicto Rusia-Estados
Unidos, con una rusia hoy economicamente y socialmente mas quebrada que en los dias
de la URSS presentada como la gran amenaza?
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