U.N.L.P, F.A.H.C.E.

2º Parcial de Filosofía Medieval [Domiciliario]
Fecha de entrega: 15/VII/2010 [diegaray@gmail.com]

Apellido y Nombre: Carneri, Daiana
Legajo: 95238/6
e-mail: daianacarneri@hotmail.com
1. Tomás de Aquino
a. Reproduzca la argumentación de Tomás de Aquino en los artículos 1 y 2 de la Cuestión I de la
Suma Teológica y relaciónela con su ámbito, influido por la recepción del aristotelismo en el
occidente latino.
b. Exponga la crítica de Tomás a Anselmo y, a continuación, compare las vías para probar la
existencia de Dios de Tomás con la prueba de Anselmo.

2. Marsilio de Padua
a. Exponga la tesis de Ullmann acerca de los principios ascendente y descendente y póngala en
relación con el llamado ‘surgimiento de la ciencia política’ en la baja edad media.
b. Reproduzca la argumentación de Marsilio respecto al origen de la ciudad.
c. Compare la relación entre origen de la ciudad y constitución de la ley como la presenta Marsilio
de Padua con la que aparece en el siguiente pasaje:

Maquiavelo:
“[Las] variaciones de gobiernos nacen por casualidad entre los hombres porque al principio del
mundo los habitantes eran pocos y vivieron dispersos un tiempo, a semejanza de las bestias;
después, al multiplicar la generación, se agruparon y, para defenderse mejor, empezaron a
observar entre ellos quiénes eran los más fuertes y de mayor coraje, y los hicieron jefes y les
obedecieron. De ello nació el conocimiento de las cosas honestas y buenas, distintas de las
perniciosas y malas, porque al ver que si alguien le hacía mal a su benefactor surgían odio y
compasión entre los hombres, denostando a los ingratos y honrando a los gratos, y pensando
también que ellos mismos podían recibir tales ofensas, a fin de escapar de ese mal se sometieron
a hacer leyes y a ordenar castigos a quien las violara: de allí nació el conocimiento de la justicia.
Por esa razón, cuando tenían que elegir después un príncipe, no iban detrás del más valiente, sino
del que fuera más prudente y más justo.”

N. Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Losada, Buenos Aires, 2004, I, 2.
1) Tomás de Aquino.
a) En el artículo I de la Cuestión I, Tomás intenta probar que es necesario que exista una doctrina
distinta de las ciencias filosóficas. Luego de plantear la problemática a abordar, expone dos
dificultades. La primera de ellas, afirma que el hombre no debe esforzarse por alcanzar aquello que
está por encima de su entendimiento; “Pero lo asequible a la razón se enseña suficientemente en las
disciplinas filosóficas, y, por consiguiente, parece superfluo que, aparte de éstas, haya otras
doctrinas”
1
. La segunda dificultad, por su parte, afirma que las ciencias filosóficas tratan acerca de
todos los seres. Sobre Dios se ocupa la teología o la llamada ciencia de Dios, la cual forma parte de
las ciencias filosóficas.
Para superar dichas dificultades, primeramente se acude al recurso argumentativo de la autoridad
citando al Apóstol, según el cual “toda escritura divinamente inspirada es útil para enseñar, para
argüir, para corregir y para educar en la justicia”
2
. Con ello, Tomás afirma que la Escritura
(divinamente inspirada), no puede pertenecer a las disciplinas filosóficas, ya que, estas últimas
constituyen un descubrimiento de la razón humana. Por lo tanto, es necesaria otra doctrina inspirada
por Dios.
Luego de este recurso, se sigue el cuerpo de la cuestión, donde lleva a cabo la justificación de
aquello que se quiere probar: la necesidad de la existencia de otra doctrina además de las ciencias
filosóficas. Es preciso que sea así, “porque el hombre está ordenado a Dios como a un fin que
excede la capacidad de comprensión de nuestro entendimiento (…). Ahora bien, los hombres que
han de ordenar sus actos e intenciones a un fin deben conocerlo. Por tanto, para salvarse necesitó el
hombre que se le diesen a conocer por revelación divina algunas verdades que exceden la
capacidad de la razón humana. Más aún, fue también necesario que el hombre fuese instruido por
revelación divina sobre las mismas verdades que la razón humana puede descubrir acerca de Dios,
por que las verdades acerca de Dios investigadas por la razón humana llegarían a los hombres
por intermedio de pocos, tras de mucho tiempo y mezcladas con muchos errores, y, sin
embargo, de su conocimiento depende que el hombre se salve, y su salvación está en Dios”
3
. La
salvación se asegura más rápidamente a partir de la instrucción de la revelación divina, la cual es
objeto de la doctrina sagrada conocida por revelación.
Por último, se exponen las dos soluciones que responden a las dos dificultades explicitadas antes. A
la primera dificultad, Tomás le contesta que el hombre debe aceptar por la fe lo que Dios le ha
revelado. La solución a la segunda dificultad comienza dando una explicación de porqué se da la
diversidad en las ciencias. Ésta se debe a los distintos puntos de vista que observan el objeto de
estudio. Por lo cual, no ve problema alguno en que otra ciencia –que conoce por medio de la razón
divina– se ocupe de las mismas cosas que se ocupan las disciplinas filosóficas – donde se conoce
mediante la luz de la razón natural–. Por último, la teología (que se ocupa de la ciencia sagrada)
difiere en género de aquella teología que forma parte de las ciencias filosóficas.

1
Tomás de Aquino, Suma Teológica I, q. 1
2
Ibíd.
3
Ibíd.
De esta manera, se concluye del primer artículo que es necesario que haya una doctrina distinta de
las ciencias filosóficas.
En el artículo II, de la cuestión I, se pregunta si la doctrina sagrada es ciencia. Las dificultades
niegan que la doctrina sagrada sea una ciencia. La primera, parte de la premisa de que las ciencias
se apoyan en principios evidentes. Como la doctrina sagrada se basa en principios no evidentes
(artículos de fe), se concluye que la misma no es una ciencia. La segunda y última dificultad, parte
de la premisa que no hay ciencia de lo singular. Como la doctrina sagrada se ocupa de cosas
particulares, se sigue de ello que no es una ciencia.
La autoridad a la que recurre para comenzar a superar dichos obstáculos, es San Agustín:
“únicamente se atribuye a esta doctrina aquello por lo que la fe salubérrima se engendra, se nutre, se
defiende y se fortalece”
4
.
En su respuesta afirma que la doctrina sagrada es una ciencia y además, advierte que hay dos tipos
de ciencias; unas que se basan en principios conocidos por la luz natural del entendimiento, y otras,
que se apoyan en principios demostrados por otra ciencia superior. De acuerdo a este último tipo, la
doctrina sagrada es ciencia.
Por último, la primera solución modifica la primera premisa de la primera dificultad. Para Tomás,
los principios de una ciencia o son evidentes por sí mismos o se reducen a lo conocido en otra
ciencia superior. Este último tipo de principios es el que trata la doctrina sagrada, es decir, los
principios son dados por Dios. En la segunda solución, se realiza una corrección acerca de lo
mencionado sobre las ciencias sagradas. Éstas no tratan principalmente objetos particulares, sino
que son oportunamente mencionados.
Del segundo artículo se concluye así, que la doctrina sagrada es ciencia.
Ambos artículos pueden relacionarse claramente con el acceso de Tomás a los escritos aristotélicos
ya traducidos y su condición de teólogo. En el siglo XIII, los teólogos no lograban conciliar los
términos “teólogo” y “filósofo” en una misma persona. La filosofía era presentada por muchos
teólogos como una gran cantidad doctrinas de aquellos que, no conociendo o no aceptando la
doctrina cristiana, intentaban alcanzar por medio de la razón una opinión consecuente del hombre y
del mundo.

4
Tomás de Aquino, Suma Teológica I, q. 2.
Nuestro autor es el caso de un teólogo, que da clases, primero de teología y luego, de filosofía. Ya
se mencionó que tuvo acceso a las obras de Aristóteles. Aprovecha así, a escribir comentarios sobre
las obras del “pagano”. Allí donde se contradice la verdad del cristianismo, o simplemente se aparta
algo de ella, Tomás lo advierte y remueve todos estos obstáculos. En los escritos teológicos
tomistas, Aristóteles es bautizado.
Esta discusión acerca las distancias y el acercamiento entre filosofía y teología, es característica del
siglo XIII. Tomás da cuenta de la importancia de los escritos aristotélicos (filosóficos) y por ello, no
desea excluirlos, sino conciliarlos con la teología. Es así, como en los artículos reproducidos
detalladamente, se intenta mostrar que la doctrina sagrada es tan importante y necesaria como lo son
las ciencias filosóficas.
b) En la Cuestión II, artículo I es titulado Si la existencia de Dios es verdad de evidencia inmediata.
Dicho título anticipa la temática a tratar. En la dificultad II del mismo artículo, se expone la
formulación tomista del argumento ontológico de Anselmo, el cual ratifica la existencia de Dios
como cosa evidente por sí misma. Para Anselmo, Dios es aquello de lo cual nada mayor puede ser
pensado. El hecho de entender su nombre implica que Dios existe en el entendimiento. Luego, se
sigue que existe en la realidad.
Tomás no va a negar la existencia de Dios que formula Anselmo, pero sí va a criticar la afirmación
de que su existencia se trate de una verdad evidente. Para Tomás, Dios existe y es el más grande de
los objetos del entendimiento. Pero, “aun suponiendo que todos entiendan por el término Dios lo
que se pretende, no por esto se sigue que entiendan que lo designado con este nombre exista en la
realidad, sino sólo en el concepto del entendimiento”
5
. La definición no implica la existencia.
En el artículo II de dicha cuestión, se mostrará que la existencia de Dios es demostrable. Esta
demostración se llevará a cabo mediante las cinco vías expuestas en el artículo III. Las cinco vías
son: (a) del movimiento, (b) de la causalidad eficiente, (c) de lo posible y lo necesario, (d) de los
grados de perfección, (e) de la intencionalidad.
2) Marsilio de Padua
a) La historia del pensamiento político medieval es la historia de las concepciones ascendente y
descendente del gobierno.
La concepción ascendente del gobierno y la ley es aquella según la cual el poder de crear la ley se
encuentra en la comunidad. La autoridad gubernativa asciende desde la amplia base de la forma

5
Tomás de Aquino, Suma Teológica I, q. 2.
piramidal. El pueblo otorga poderes específicos a determinados órganos por un tiempo dado. Los
órganos siguen siendo responsables frente al pueblo. La idea de representación es germinal del tema
ascendente. Esta concepción también puede ser llamada populista.
Contrariamente, en la concepción descendente del gobierno y la ley, la autoridad gubernamental y
la competencia para crear leyes descienden de un órgano supremo. Este último es Dios mismo, es
quien designa un gerente en la tierra. De hecho, es su gerente quien posee la suma total del poder,
habiéndolo recibido divinamente. En esta concepción, no se habla de representación sino de poder
delegado o derivado en la forma de un cargo específico divinamente concebido. La concepción
descendiente también puede ser llamada teocrática.
Mientras que el sello del tema ascendente es la voluntas populi, el del tema descendente es la
voluntas principis.
Como se ha dicho, ambas concepciones, constituyen la historia del pensamiento político medieval.
Para referirnos a este último, es preciso aludir a Un enfrentamiento se inicia cuando el rey francés,
necesitado de recursos económicos por la guerra que mantenía con Inglaterra, pretendió hacer
tributar al clero francés. El Papa Bonifacio VIII responde a ello emitiendo, el 25 de febrero de 1296,
la bula Clericis laicos por la que prohibía el cobro de tasas al clero por parte de los poderes
políticos sin el consentimiento papal. Esta bula fue ignorada por Felipe quien contestó emitiendo
una serie de edictos por los que se prohibía, tanto a laicos como a eclesiásticos, la exportación de
productos a Roma, obligando a Bonifacio a firmar una acuerdo por el que reconocía al rey francés
la potestad de fijar tributos al clero en casos de extrema necesidad y sin contar con una autorización
previa del pontífice.
Este enfrentamiento no queda ahí. Se expondrán las últimas pretensiones del Papa antes de morir, y
se omitirán los detalles de la pelea que protagonizan éste y Felipe, con el fin de mostrar lo que aquí
nos interesa: la presencia de los principios ascendentes y descendentes en la Edad Media.
En 1302, en la bula Unam sanctam se exponía la doctrina de un sistema jerárquico con supremacía
pontificia afirmando, en la misma línea que sus predecesores Gregorio VII e Inocencio III, que:
«...existen dos gobiernos, el espiritual y el temporal, y ambos pertenecen a la Iglesia. El uno está en
la mano del Papa y el otro en la mano de los reyes; pero los reyes no pueden hacer uso de él más
que por la Iglesia, según la orden y con el permiso del Papa. Si el poder temporal se tuerce, debe
ser enderezado por el poder espiritual (...) Así pues, declaramos, decimos, decidimos y
pronunciamos que es de absoluta necesidad para salvarse, que toda criatura humana esté sometida
al pontífice romano».
La reacción de Felipe IV fue la convocatoria de una asamblea en la que, tras acusar a Bonifacio
VIII de herejía y simonía, se decidió su procesamiento, encargando al consejero Guillermo de
Nogaret su captura y traslado a París. Cuando el Papa recibe la noticia de las intenciones de Felipe,
prepara una nueva bula de excomunión, la Supra Petri solio que no tiene tiempo de promulgar.
¿Qué tipo de enfrentamiento es este? Se trata de las diferencias que surgen entre la teoría del poder
papal y la teoría antipapista. Se describirán a continuación con más detalle para justificar por qué la
primera se puede identificar con los principios descendentes y la segunda con los principios
ascendentes.
Teoría del poder papal
La posición de Bonifacio VIII intentó hacer buena frente al reino de Francia, y la política que
intento seguir derivaban del camino previamente adoptado por los grandes papas del siglo XIII, y de
la teoría del poder papal ya desarrollada por los canonistas, de los que no fue el menor el propio
Inocencio IV.
La esencia de la teoría consistía en reclamar para el papado un poder único, tanto en la propia
Iglesia como las relaciones entre éstas y los poderes seculares, poder superior y de diferente clase
que el ejercido por cualquier otra autoridad. El papa tenia plenitudo potestatis (soberanía).
Inocencio IV sacó al poder papal de las categorías de dependencia feudal, al afirmar que el derecho
a intervenir o a deponer a un monarca negligente no dependía de que el rey fuese vasallo del papa,
sino de la plenitudo potestatis del papa, poder pleno “que tiene por ser vicario de Cristo”. Tal poder
es una consecuencia peculiar de la religión cristiana.
La teoría equivale a una pretensión de soberanía universal que hace del papa cabeza de todo el
sistema jurídico como tribunal de autoridad final y como fuente del poder jurídico.
La posición papal más extremista fue formulada por Bonifacio en 1302 en la bula Unam Sanctam,
donde afirmaba dos principios fundamentales: primero, el papa es supremo en la iglesia y la
sujeción a él es doctrina necesaria para la salvación; y segundo, ambas espadas
6
pertenecen a la
Iglesia. La espada temporal no debe ser utilizada por el clero, sino por los reyes “por orden y con
permiso de los sacerdotes”. El poder espiritual es superior y es una ley general de la naturaleza que
el orden requiera la sujeción de lo inferior a lo superior. De ahí que la autoridad terrena sea
establecida y juzgada por lo espiritual, en tanto que la autoridad espiritual solo es juzgada por Dios.
Teoría de los antipapistas
En el siglo XIII había aparecido la concepción nueva para la Edad Media, de que la validez de la ley
depende de la promulgación por el príncipe, cosa debida al estudio del derecho romano. La teoría de
los juristas era: la voluntad del emperador tiene fuerza de ley, aunque el poder imperial derive del

6
Teoría de las dos espadas: por un lado, la conservación de los intereses espirituales y el gobierno de las
almas, y por otro lado, los intereses seculares. Doctrina inspirada en los textos de Agustín de Hipona. Fue el
eje del restablecimiento del poder del emperador Pedro Carolingio.
acto del pueblo que la inviste de él. Diferían en las opiniones de los juristas acerca de si ese acto
había privado al pueblo del poder de hacer leyes. Sin embargo, había ganado crédito la concepción
de que la ley tiene que ser promulgada y de que expresa la voluntad de un magistrado principal,
cosa que introdujo un nuevo elemento en una situación en la que se consideraba al derecho como la
costumbre de un pueblo. Comportaba una distinción entre gobiernos en los que el derecho deriva
del pueblo y gobiernos en los que deriva de un monarca, que es, la distinción entre gobiernos
constitucionales y absolutos.
La tendencia de los juristas partidarios de la monarquía era definir la autoridad espiritual como de
instrucción ética o religiosa y privarla de la fuerza coactiva, excepto en la medida en que ésta la
aplicaba el poder secular. Así, la autoridad espiritual es meramente el derecho a enseñar. Esta
concepción más limitada de la autoridad espiritual tenía una aplicación importante a las
pretensiones del absolutismo papal dentro de la Iglesia.

b) Marsilio de Padua escribe en el capítulo III de su obra El defensor de la paz acerca del origen de
la comunidad civil. Allí presenta no un origen asociativo de la misma, sino más bien biológico. Para
Marsilio las comunidades civiles comienzan de lo pequeño y poco a poco, incrementándose hasta
alcanzar el fin de las mismas, como toda acción de la naturaleza o del arte. La primera unión
humana se da entre el varón y la hembra, a partir de la cual se lleva a cabo la reproducción y se
constituye una familia, al punto de colmar el hogar. La propagación de los hombres se vuelve tan
amplia que no alcanza con una casa única, por lo cual se vuelve necesaria la construcción de otras
casas. De este modo, se constituye para Marsilio la primera comunidad, caracterizada como perfecta
(política). Los ejemplos reconocidos en su obra son bíblicos: Adán y Eva como ejemplo de unión
entre los hombres, Abraham como ejemplo de un rey, Moisés y Aaron como ejemplo de división de
tareas.
El acento en Marsilio está dado en la supervivencia, es decir, en el problema de que el hombre
aislado es biológicamente incapaz de sobrevivir por sí mismo. Su concepción puede relacionarse
con alguna noción de corte averroísta, la de dilectio naturalis, la idea de que hay en todos los
hombres un deseo natural de supervivencia. Dicho deseo lo lleva a asociar con la mujer en el
matrimonio como primer caso de sociabilidad.
Hay eventualmente en Marsilio una apelación a la totalidad de los ciudadanos, al pueblo como
gobernante y legislador legítimo. Quizá esta noción tenga que ver con este principio biológico que
postula. Mientras que en Aristóteles el mejor gobernante es el que mejor sabe vivir, en Marsilio, es
la totalidad de los individuos, porque todos ellos apuntan a la conservación de su vida. De este
modo presentaría una interpretación biologicista de la democracia.

c) La intención de este punto es contraponer distintos aspectos de ambos autores. Las citas de
Maquiavelo, llevan a hacer un comentario (desde el pensamiento de Marsilio) que puede reafirmar
o contradecir lo que Maquiavelo postula.
- “al principio del mundo los habitantes eran pocos y vivieron dispersos un tiempo, a
semejanza de las bestias”. Si bien para Maquiavelo, al principio eran unos pocos, Marsilio sólo se
va a referir a la unión entre un hombre y una mujer. Los detalles que Marsilio da acerca de este
principio fueron expuestos en el punto anterior del parcial.
- “al multiplicar la generación, se agruparon”. Mientras que en Maquiavelo hay un énfasis
en agruparse, en Marsilio, cuando las generaciones se multiplican, comienza la construcción de
hogares y la dispersión de los sujetos. La expansión permite lograr la constitución de la comunidad.
- “para defenderse mejor, empezaron a observar entre ellos quiénes eran los más fuertes y
de mayor coraje, y los hicieron jefes y les obedecieron. De ello nació el conocimiento de las cosas
honestas y buenas, distintas de las perniciosas y malas, porque al ver que si alguien le hacía mal a
su benefactor surgían odio y compasión entre los hombres, denostando a los ingratos y honrando a
los gratos, y pensando también que ellos mismos podían recibir tales ofensas, a fin de escapar de
ese mal se sometieron a hacer leyes y a ordenar castigos a quien las violara: de allí nació el
conocimiento de la justicia. Por esa razón, cuando tenían que elegir después un príncipe, no iban
detrás del más valiente, sino del que fuera más prudente y más justo.” En Marsilio, para lograr la
supervivencia se vuelve necesario acudir a la ley. Si en la familia ocurría que el paterfamilias podía
perdonar el asesinato de uno de sus hijos (como hace Adán), la ley se convierte en requisito
indispensable a ser respetado en la comunidad política. Por un lado, hay una necesidad judicial de la
ley, en el sentido de que la ley invariable permite determinar que es justo y que es injusto en una
comunidad civil, y por el otro, hay una necesidad política (subjetiva) que es la de que el juez tenga
un estado de conocimiento óptimo para llevar adelante las resoluciones. Se plantea el problema de
la arbitrariedad. Un árbitro, como lo es un padre, responde a sus inclinaciones, a sus deseos, a su
predisposición respecto de las personas que debe juzgar. Entonces, por una parte la ley debe ser
producto del interés general y por otra, en el juicio, una ley más perfecta es la que permite un menor
grado de arbitrariedad en el juez.
Una buena/mala causa y un legislador adecuado/inadecuado, determinará una buena/mala ley.
El legislador es el pueblo (presencia de principios ascendentes), sea la totalidad o la parte prevalente
de él. Por más que el pueblo designe representantes, el legislador no deja de ser nunca el pueblo. El
poder tiene un fundamento, tiene una pertenencia propia que es del pueblo.
Desarrolla una serie de argumentos que atañen a que el fin de la ley es obtener lo mejor civilmente
(en este caso la supervivencia). Por una serie de argumentos lógicos, psicológicos, físicos,
demuestra que la mejor ley es la que hace el pueblo. Hay argumentos del tipo cuantitativo (los más
piensan mejor que uno) y del tipo cualitativo (la masa no atenta contra su propia vida). Así como
cada hombre apunta a su conservación, porque ningún hombre se daña así mismo, una comunidad
civil hará lo mismo. Para Marsilio la fuerza coactiva pertenece a todos los ciudadanos. Por último, y
no por ello menos importante, el autor afirma que uno o unos pocos pueden ser perversos o no,
pueden tener un efecto subjetivo. Debido a esta incertidumbre, es mejor acudir a la totalidad de los
ciudadanos, que constituyan leyes objetivamente en pos de la conservación colectiva.