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Moderadoras:
Danny_McFly
Chachii
*~ Vero ~*
Fiioreee
B. C. Fitzwalter
noenatale
Anelynn
Nico
Traductoras:
Danny_McFly
*~ Vero ~*
Fiioreee
B. C. Fitzwalter
noenatale
Anelynn
Aleja E
letssinkhearts
aa.tesares
eyeOc
Issel
Val_17
Katita
PaoSwagUp
Snowsmily
Maca Delos
lunnanotte
Zafiro
CrisCras
MaryJane♥
Adriana Tate
cami.r
Julieyrr
Aimetz14
Blaire2015
Janusnelly
Mel Markham
Noelle
BeaG
Wen

Correctoras:
Daenerys
Gaz Walker
Alessa
itxi
Andreina
Daniela
Meliizza
Momby Merlos
Paltonika
MaryJane
marivalepaz
Karool
Cami
Aimetz
SammyD
Vanessa
Revisión final:
Nats
Diseño:
Paula Mayfair


Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Iris Blaire



Ella es el secreto más sexy en la Universidad de East Park.
Rylan Willow es la modelo estrella de East Park Exposed, una revista
erótica clandestina e increíblemente exitosa de la universidad.
Sus amigos la conocen como Evan Cosette, una estudiante de
bioquímica con notas sobresalientes.
East Park Exposed ha pagado la matrícula de Evan. Todo lo que
tiene que hacer es mantener el disfraz de ingenua colegiala cuando está
en la universidad y su secreto está a salvo, sus dos mundos separados.
Hasta Dallas.
Cuando la revista planea una sesión fotográfica mixta para ampliar
el número de lectores, el compañero de Evan es un estudiante graduado
magnífico y asquerosamente brillante. Evan no sabe cuánto de Dallas
Whitley será capaz de manejar, especialmente cuando él quiere estudiar
con ella fuera del estudio fotográfico. Se promete a sí misma que sólo
puede ser amiga de Dallas. Tiene una novia, después de todo. Y Evan tiene
que centrarse.
Pero es difícil hacerlo cuando la sesión mixta dispara las ventas hasta
el cielo.
Y mucho menos ahora que el fotógrafo quiere subir el calor para la
próxima edición.
Cada húmeda sesión deja a Evan sin aliento, sus verdaderos
sentimientos hacia Dallas se nublan por las falsas tomas. Pero cuanto más
tiempo pasa con él en el mundo real, más corre el riesgo de que alguien
averigüe la verdad sobre ella.
Tiene que decidir.
Quién se queda con Dallas, ¿Rylan o Evan?
East Park, #1


Evan


Vender sexo es como ser dueño de un camión de helados. Haces
que todos tus clientes se sientan saciados y pegajosos, y ellos recordarán
volver al día siguiente, cuando estén calientes y mojados y tengan la
necesidad de ser satisfechos.
Ahora mismo, estoy vendiendo ambos. Sexo y helados. Haagen-Dazs
debería darme una maldita comisión.
Britain me tiene posando con mi espalda apoyada contra un árbol,
un cono de helado de vainilla inclinado en mis delicados dedos. Crema
derretida gotea sobre mis labios brillantes y cuello. Sólo llevo un par de
braguitas rosas que dicen UEP
1
escritas con tipografía universitaria y unos
calcetines de rayas rosas y blancas hasta la rodilla.
Lo único que puedo utilizar para cubrir mis tetas son mis muñecas,
apretadas contra mi piel para darles ese perfecto volumen -en otras
palabras, para que mis pechos parezcan falsos. Tengo pegajoso helado
derretido en el escote, goteando hasta mi ombligo.
Britain se aparta el pelo y se acuclilla para conseguir un ángulo
diferente.
—Venga, señorita Rylan. Luce más sorprendida. Como si no supieras
qué hacer con el desastre.
Sólo me llama Rylan cuando no le estoy dando lo que quiere.
Resoplo antes de levantar el trasero un poco más, consiguiendo la
perfecta curvatura de espalda que hace que todos nuestros suscriptores se
vuelvan locos. Alboroto el cabello un poco e intento ampliar la mirada
naturalmente inocente de mis ojos.
Britain suspira y deja caer la cámara. —Más, Rylan. Como si alguien
te hubiera llenado la cara de semen y no supieras cómo sentirte al
respecto todavía.

1
Universidad East Park.


Relajo mi postura, entrecerrando los ojos. —Gracias. Por eso.
Me sonríe malvadamente antes de levantar de nuevo la cámara.
Britain se pirra por esta mierda.
Bueno, primero, es una voyeur total. Y segundo, cuando sabe que ha
clavado una increíble sesión caliente, desprende una energía entusiasta.
—Los chicos quieren a la dulce y pequeña inocente Rylan. Quieren
arrancarte esas braguitas y desflorarte con sus mentes.
No siempre fue así. Mis sesiones solían ser más "adúlteras" y menos "la
follable hermanita de tu amigo" hasta la última edición. Corrección -hasta
el éxito de la última edición. Britain piensa que tiene que ver con mi sesión
–fui la chica de la portada, después de todo. Nos habíamos vuelto un pelín
fetichistas con un oso de peluche de gran tamaño y una piruleta de
corazón. Llevaba coletas y lo único que usé eran unos tacones blancos
Mary Jane.
Chistoso.
Pero nuestros clientes se lo tragaron. Y son lo único que importa.
Así que ahora soy Rylan Willow –una dulce adolescente mamadora
de la East Park Exposed. Y no creo que sea capaz de librarme de esa
etiqueta nunca.
—Tienes suerte de ser mi mejor amiga —le dije a Britain, embarrando
más helado entre mis pechos y haciendo una mueca de sorpresa. Oopsie.
—Y tú tienes suerte de que te page —dijo ella, sacando fotos.
Tiene razón en eso. Maldita sea, me pagan bien. Un par de horas de
sesiones a la semana es mejor que treinta horas en la cafetería, que es lo
que hacía cuando comencé la universidad. Pero sacar dieces en clases
como biología molecular e inmunobiotecnología no era exactamente un
camino de rosas. Necesito tiempo. Tengo que comer.
East Park Exposed me permite hacer ambas cosas. Todo lo que
tengo que hacer es verme como una muñeca Bratz desnuda por un par
de horas a la semana y boom. Alimentos pagados, matrícula pagada,
alquiler pagado. Soy una modelo básica, lo que significa que tengo un
diferencial en cada número. Las modelos de tiempo parcial no se
contratan y van y vienen, pero se me prometió un cheque de pago por la
revista siempre y cuando tuviera sesiones cada semana. Es una de las
ventajas de ser la mejor amiga de su fundadora.
—Muy bien —dice Britain, levantándose—. Creo que tengo algo más
o menos decente.


Me relajo y me dirijo a casa, pero no antes de que Britain grite—: ¡Es
hora de ir a las duchas! —Y me pegue en el trasero. Se arrepiente de ese
movimiento cuando le arrojo el helado derretido.

***

Britain y yo vivimos en la casa en la que hacemos la mayoría de
nuestras sesiones. Divido el alquiler con ella y con la otra modelo básica y
mejor amiga, Delilah Banks. Como por lo general sólo somos nosotras en un
día de micro sesión, no me lo pienso dos veces antes de caminar por el
lugar en topless.
Como ahora, por ejemplo.
Es por eso que no espero chocarme contra un muy amplio y duro
pecho.
—Oomph.
Dos grandes manos atrapan mis hombros y me apartan, y de
repente estoy mirando a los ojos de un muy divertido e increíble rubio. Se
mira el pecho, que tiene helado de vainilla derretido corriendo por las
grietas de su paquete de seis. Y luego, por supuesto, mira al mío, y a la
amplia mancha de helado esparcida sobre él.
Finalmente, sus ojos encuentran los míos, y con una mirada de
reconocimiento, dice—: Rylan Willow, supongo.
—Eh... —Me alejo y cruzo los brazos sobre mi pecho.
Señala su boca, moviendo el dedo en círculos. —Tienes algo en la
cara.
Manteniendo un brazo clavado en mi pecho, me limpio la boca con
el dorso de la mano. —¿Quién coño eres tú? —digo, porque ser descarada
siempre es mejor que sonrojarse.
Siempre.
—No esperaba que fueras tan directa —reflexiona con una sonrisa
tímida.
—Oh, mierda. —Britain se detiene en el borde de la cocina, pasando
su mano por su impecable melena rubia—. Ev… err... Rylan, este es Adam,
nuestro más reciente modelo incorporado.
Intento que mi mandíbula no toque el suelo. —¿Un modelo?
Britain sonríe forzadamente. —Adam, ¿te importaría esperar con
Delilah en la sala de fotos?


—¿Esperar con Delilah? —pregunto, pero Britain no responde hasta
que Adam me guiña el ojo y se dirige a la otra habitación.
—¿Qué diablos está pasando, Brit?
—Te lo juro, te lo iba a decir absolutamente…
—¿Un hombre?
—Delilah y yo... bueno... —Deja la cámara sobre la isla de la cocina y
se retuerce las manos—. Estuvimos hablando de expandir nuestra
audiencia. Y agregar un par de modelos masculinos sería una buena
oportunidad para hacer que EPE fuese menos un espectáculo pajillero,
¿sabes?
No sé por qué me siento tan ignorada. Quiero decir, tiene sentido,
¿pero realmente tenía que ocultarme un secreto con Delilah? Somos como
las tres amigas de la EPE. Britain siempre nos informa antes de que en
realidad vaya y lo ejecute.
—Así que es una sesión en solitario o...
—No te enfades.
—¿Es una sesión con Delilah? —Por supuesto que la hará con Delilah,
nuestra diosa del sexo residencial. Nuestra víbora.
—Son sólo... tan increíbles juntos, Evan.
Le echo un vistazo a la habitación, asegurándome de que estamos
solas. Si este chico, Adam, se queda alrededor, eventualmente escuchará
mi nombre real. Fabuloso. Ningún chico del set ha oído mi nombre
anteriormente. Ni Rob, nuestro genio diseñador, ni el tipo de tecnología, ni
los técnicos de escenario que ayudan sólo para que sus nombres salgan
en los créditos de la revista.
Ningún chico ha tenido nunca la oportunidad de conectar a Evan
Cosette con Rylan Willow. Y me gustaría mantenerlo así.
—Oye —Alza las manos—. Si no funciona, no funciona, y no tienes
que preocuparte por ello. ¿De acuerdo?
—¿Es sólo él?
Respira profundamente -lo que significa que va a de decir algo que
no querré escuchar.
—Tenemos un montón de buenos candidatos. Pienso… pienso que
podríamos contratar a otro.
Ruedo los ojos.
—Lo que sea. Sólo mantenme lejos de las sesiones con los dos, ¿de
acuerdo?


Una sonrisa maliciosa se arrastra por su rostro.
—¿Qué, Evan ? ¿Miedo de un chico?
—Sí, claro. —Me alejo de ella—. Preferiría no tener a algún chico
robándome la atención. O a mis fans.
—Confía en mí —grita desde atrás—. Tus fans apoyan todo ese culo
de Rylan. No estarán buscando a ningún hombre cualquier día de la
semana.
No sé si debería sentirme ofendida o no, por lo que no respondo. East
Park Exposed es un nombre de mala calidad con un interior muy elegante.
Britain es una experta en las fotografías budoir, por eso la revista se ve más
vanguardista que porno suave.
La elegancia vanguardista vende menos que el porno suave, así que
supongo que con estas bragas rosas y el helado de vainilla derretido, seré
yo la que sea lanzada bajo el autobús para atraer a los estudiantes de
primer año con furiosas erecciones y dinero en efectivo de sus padres.
Nuestra casa solía ser para dos inquilinos, hasta que decidimos
alquilar ambos lados de los terratenientes y convertir una parte en un
estudio y la otra en nuestra casa. Todo está separado -cocina separada,
baños, dormitorios, incluso las entradas. Lo único que las mantiene unidas
es una puerta de roble en el estudio que pega mis dos vidas juntas.
Aún en sólo ropa interior, agarro el bolso del sofá, busco la llave, y
abro la puerta.
El olor es totalmente diferente. Es menos laca barata y maquillaje, y
más galleta de azúcar y lavanda. El sonido de las llaves cayendo sobre el
mostrador de la cocina hace eco a través del espacio vacío. Me relajo y
miro al reloj de la cocina. Tengo una hora antes de que comience la
conferencia de biología.
Malditas clases nocturnas.
Me dirijo a las escaleras y entro al cuarto de baño que comparto
con Britain -que es blanco y de porcelana y siempre huele un poco a
limpiador de limón. Somos un poco neuróticas. Enciendo la ducha, y
meintras el agua se está calentando, me miro en el espejo.
Tentadores y enlacados rizos de chocolate. Maquillaje aplicado tan
intensamente que ni siquiera se puede ver mis pecas. Nora, la chica de
cabello y maquillaje, ha perfeccionado el arte de hacer que mis ojos sean
tan grandes como los de los bebés. Y entonces Britain los retoca para que
sean de un brillante verde esmeralda. Otra cosa más que separa a Evan
de Rylan.


Después de lidiar con la miseria total de despegar lass pestañas
postizas, me meto en la ducha y dejo que el vapor me libere de la euforia.
Rylan se desvanece, con la ayuda de todo el jabón y el champú natural
de baya del que Britain está totalmente enamorada.
Me seco, y limpio el vapor del espejo. Saco las lentillas y me pongo
las gafas.
La pequeña Evan fea está de vuelta. Con sus pecas gloriosas y todo.
Igual que el modelito escolar. Es un ritual ahora –el cómo nadie me
reconoce. Unos pantalones de yoga de Victoria Secret, una sudadera de
la East Park, chanclas Reef, un moño desordenado, y gafas hípster. Y lo
más importante, sin maquillaje. Me cuelgo la mochila al hombro, agarro el
zumo verde que hice antes en la cocina, y salgo por la puerta.

***

Odio las clases nocturnas con pasión. La única razón por la que
siempre me apunto a ellas es para poder esconderme en el campus
oscuro. Nunca me quedo alrededor para algo de esa mierda de espíritu
escolar. Sin hermandades o clubs o clubs de lectura o galerías. Estoy
dentro y fuera de mis conferencias y laboratorios, sin darle a nadie la
oportunidad de relacionarme con donde sea que me hayan visto antes.
Sorbo mi zumo verde en el fondo de la sala de conferencias. Mi
cuaderno está en el escritorio deslizante y me estoy desplazando por mis
notas de la conferencia del lunes. Es la única forma de memorizarlo –o
incluso procesar todas las cosas que me lanzan en las cinco clases y dos
laboratorios que estoy tomando este semestre. Leer y taladrármelo y
volverlo a leer…
Alguien me toca el hombro. Me giro y es el chico a mi lado, lo único
que nos separa es una silla libre. —¿Te importa? Mi lápiz rodó bajo tu silla —
dice.
Me muevo y me inclino, llegando bajo mi asiento. Cuando
encuentro su lápiz, levanto el brazo para dárselo y capto un vistazo de su
mochila. De su mochila abierta. Con la edición más reciente del East Park
Exposed escondida junto a su portátil.
Oh, Dios.
Y ahí estoy yo en toda mi gloria porno, acurrucada junto a ese
animal de peluche. Las puntas de mis dedos se congelan.
—Uhh… ¿mi lápiz?


Encuentro sus ojos. El chico parece increíblemente molesto pero es
sobre esto –nada en su cara muestra que me reconozca en absoluto.
Me inclino lo suficiente para que podamos hacer el intercambio. —
Gracias —murmura. Me siento y doy un suspiro de alivio.
Llevo un moño desordenado y una sudadera holgada, voy al
natural. Tengo que aprender a confiar en mí misma y en mi maldito disfraz
inteligente. Ese es el verdadero truco.
Sigo esperándolo, sin embargo –el momento en que alguien me vea
desde el otro lado de la sala y sepa quién soy. Me las he arreglado con
esta mierda durante dos años sin ser reconocida. Puedo manejarlo un
semestre más.
Uno más.
El profesor Gates sube al estrado, y nadie de los doscientos en clase
se tranquiliza hasta que dice—: Tomaré asiento hoy. Tenemos un
conferencista invitado. Uno de mis más brillantes estudiantes, Dallas
Whitley.
¿Uno de sus estudiantes? Debe ser un estudiante de postgrado en
biología. Todo el mundo sabe que los estudiantes de bio son o estudiantes
de medicina o realmente unos nerds aburridos. Y si este es uno de los más
―brillantes‖ de Gates, apuesto mi culo a que el conferencista es un
aburrido nerd.
Y no hay nada peor que una conferencia nerd de dos horas de un
estudiante de postgrado.
Incluso a pesar de que he gastado gasolina para venir aquí, ahora
parece la oportunidad perfecta para escabullirme. Tengo un montón de
tareas de estadística igualmente.
Mientras me levanto para ir hacia el pasillo, el estudiante graduado
sube al podio.
Lentamente bajo mi mochila de nuevo al suelo.
Y me siento.
Nunca he visto un ser humano como él. Es alto y bien formado (sólo
puedo imaginarme cómo luce bajo esa abotonada camisa azul pálido).
Debajo de ese cabello ondulado castaño, tiene los más penetrantes,
cegadores ojos azules que he visto en mi vida. Un revuelo de susurros se
esparce detrás de mí. Estiro el cuello un poco para ver a un par de chicas
encorvadas juntas y mirando. Parece ser que no soy la única que ha
notado al Dios griego que acaba de entrar en el aula.


Tiene una mandíbula lo suficientemente cuadrara como para
mantenerle joven sin darle un aspecto de niño. Barajea sus papeles y
aparta ese lío descuidado de pelo hacia un lado. Jodidamente adorable.
—Hola… eh… clase. Así que hoy, continuaré con la conferencia del
profesor Gates sobre los genes supresores del tumor.
Fabuloso –un tema que ya me he leído por adelantado. Cierro el
cuaderno. Puedo observar a este magnífico estudiante graduado
balancearse sobre la conferencia sin la molestia de tener que tomar notas.
Su voz es de un suave barítono –una en la que es fácil perderse.
Me doy cuenta ahora de mi profunda fascinación con este dulce
para el oído y el ojo, y dejo escapar un suspiro silencioso. Mejor imposible,
Evan. Remójate mientras puedas.
Hacerse con un novio en estos momentos es una idea ridícula.
Primero está el hecho de que no sé si le podría ocultar mi doble vida al
chico con el que estuviese. Y esa conversación no sería la cosa más
agradable del mundo. Oye, bebé, sólo quería hacerte saber que la razón
por la que no tengo ninguna deuda estudiantil no es porque mis padres
sean ricos. Es porque la mayor parte de la población masculina del East
Park ha visto mis tetas.
Y segundo, está la escuela de postgrado. Voy a entrar en la
Universidad de Berkeley. ¿Por qué molestarse en empezar una relación
cuando estoy destinada a ir al sur?
Así que tendré que conformarme con el señor Dallas aquí, quien
finalmente ha conseguido que la bola ruede y está explicando
fluidamente las diapositivas del Power Point. Pero no estoy tomando notas
de las fangosas, monstruosas fotos del desarrollo del tumor destellando en
la pantalla del proyector.
Estoy desvistiendo a Dallas con mis ojos, muchas gracias.



Dallas

Tricia ha intentado llamarme ocho veces en las últimas dos horas.
Probablemente quiera recordarme comprar leche de camino a casa.
Que es por qué no esperaba que la primera cosa saliendo de su
boca fuera—: Oh. Dios. Mío. Dallas… ¡Dallas!
Me deslizo en el asiento de mi destartalado Toyota. —¿Qué Trish?
¿Qué?
—East Park Exposed. La fotógrafa… ya ha visto tus fotos de
presentación. Quiere que vayas mañana.
Me detengo de encender el coche. Vale, buenas noticias.
¿Entonces por qué mi estómago se está retorciendo? Oh sí, porque no fui
el que envió las fotos.
Tricia lo hizo.
Sí, mi novia quiere que pose para la East Park Exposed. La revista es
tan popular, dijo. Tendrás tu cara ahí. Tu carrera de modelo despegará.
Ha estado presionando con la cosa del modelaje desde que decidí
entrar en la investigación de campo en lugar de en la escuela de
medicina. Es su forma de asegurarse de que seguiré pagando algunas
facturas, ya que ahora recibiré mi doctorado por un sueldo de cinco cifras.
Como si modelar realmente me proporcionara un buen sueldo.
Supongo que tiene fe en mi cuerpo.
—¿Eso es todo? —digo—. Así que, ¿qué es? ¿Una audición?
—No estoy segura —responde Tricia—. Creo que sólo quiere verte.
Quizás hacer una sesión de prueba.
—Lo que significa que estaré juntándome con chicas casi
desnudas… mañana. Sabes eso, ¿verdad?
Su suspiro es fuerte. —Ya hemos hablado de esto. Te lo dije… el
trabajo es el trabajo —se burla—. ¿De verdad crees que estaría celosa de
esas putas?
—Sólo comprobando de nuevo. Te quiero. Te veo en un rato.
—No te olvides de la leche. Besos —dice, y cuelga.
Dejo caer el móvil en el soporte para vasos y me froto los ojos. Con
una respuesta ya del fotógrafo… ¿estoy preparado para esto? Posar no es
un problema en absoluto. He hecho sesiones en ropa interior antes.


Pero el hecho de que la revista esté afiliada con el East Park sólo me
hace sentir tan poco profesional. Además de hacerme fotos con chicas
que no sean Tricia.
Pero a ella no le importa, así que no debería preocuparme.
Salgo del aparcamiento, con ganas de simplemente comprar la
leche y clasificar los documentos de pregrado esta noche.
Y de ser pobre.
Y de prostituirme a los suscriptores de la EPE.
A la mierda la universidad.




Evan
—Lo he reducido a cuatro sexis modelos —dice Britain justo cuando
entro por la puerta. Está sentada con su computadora—. Todos se van a
pasar mañana.
—Vale —digo con tanta indiferencia como es posible. Lanzo el bolso
en el sofá y me dirijo a la cocina para lavar mi taza.
—Bueno, ¿no te interesa?
—¿Ver cómo lucen estos chicos modelo? —grito sobre la corriente
del agua, encogiéndome de hombros—. En realidad no. Quiero decir, no
voy a posar con ellos. Y son sólo temporales, ¿cierto?
—Jesús, Evan. Deja de ser una mojigata y ven a ver algún culo
caliente conmigo.
Ruedo los ojos y cierro el agua, caminando hacia la sala. Cojo una
silla y me siento en el escritorio a su lado. Ya tiene la primera abierta. Él es...
caliente, supongo. Tiene buenos abdominales.
—Su nariz es un poco grande.
—Eres imposible —dice.
—Muéstrame el siguiente.
Hace clic, y una nueva foto aparece. El chico se apoya contra una
pared de ladrillo, cruzando sus brazos carnosos. Y lo de carnoso es un
eufemismo.
—Este tipo es enorme. Y bajo. Y calvo. Dios, tienes un pésimo gusto
para los hombres. ¿Por qué me estoy enterando de esto ahora?
—Cierra la boca.
Abre la siguiente, y dejo de respirar.


El modelo está sentado en el sofá, vistiendo unos pantalones
vaqueros a la cadera. La camisa blanca, completamente desabrochada,
deja al descubierto su pecho bronceado —y las ondas de su paquete de
seis.
Exhalo. —Oh Dios mío.
Su cuello está estirado mientras mira a la cámara detrás suyo con
esos hermosos ojos azules.
—Evan tiene una señora erección —canta Britain.
Abro la boca, ¿pero qué demonios se supone que deba decir?
¿Que llega tarde a la fiesta? ¿Que he estado masturbando a este chico
mentalmente durante las dos últimas horas? —Lo conozco. Bueno, más o
menos. Fue nuestro profesor adjunto hoy en bio.
—Espera. ¿Me estás diciendo que es un estudiante de posgrado?
—Sí. ¿Pero qué tiene eso que ver con algo?
Se encoge de hombros. —Los chicos mayores tienen nuestro nivel de
madurez. Adam ya me está poniendo de los nervios.
—Por eso no deberíamos tener chicos en nuestras sesiones.
—No, por eso deberíamos contratar a éste.
Cuando me levanto de un salto, casi tiro la silla. —¡Por supuesto que
no!
—¿Me estás tomando el pelo? Tenemos que hacerlo. Es perfecto.
Escuché cómo te quedaste sin aliento cuando abrí la foto.
—Está en mi especialidad, Brit. La primera vez que un suscriptor nos
vea juntos, se imaginará exactamente quién soy.
Se aparta el pelo rubio de la cara, al mismo tiempo que Delilah baja
las escaleras pavoneándose en sus shorts y un crop top. —Realmente
necesitas superar todo este asunto de la doble vida. Estarás mucho menos
estresada. —Asiente hacia la escalera—. Mira a Delilah, por ejemplo.
Nunca está estresada.
Delilah gira en el extremo inferior de la barandilla, su largo y liso pelo
castaño rojizo balanceándose. Delilah -la Jessica Rabbit de EPE. Caderas y
pechos llenos, cintura diminuta. Enormes labios y ojos. No sólo interpreta a
una zorra en la pantalla.
—Le he dicho a Evan esto un millón y medio de veces —dice,
paseándose entre nosotras—. Una se acostumbra a las llamadas. Las
bebidas gratis lo recompensan. Además, puedes tener sexo cuando
quieras.


Delilah no es como yo -no tiene un seudónimo.
—Y si hiciera esto entonces nunca conseguiría ningún trabajo.
—Estarás demasiado ocupada follando.
—Bueno… no-
Pero me interrumpe. —¿Quién. Es. Ese? —Se inclina sobre el
ordenador—. Quiero lamer cada centímetro de su cuerpo.
—Tal vez lo hagas. —Britain aumenta la foto de Dallas.
—¿Es uno de nuestros nuevos muchachos? —Delilah se muerde el
labio inferior.
—No... No. —Pongo las manos en mis caderas. Nada dice ―asunto
serio‖ como las manos en las caderas.
—Piensa en ello, Evan. Tendrías a alguien de tu especialidad que te
entendiera. Podríais ser amigos. —Britain bate sus pestañas—. Mientras
Delilah lo escala como a un árbol para nuestro beneficio.
Ruedo los ojos. —Lo que sea.
Mientras camino penosamente a mi habitación, Britain grita—: Así
que estarás mañana por aquí para conocerle, ¿verdad?
No contesto.
—Oye, Evan, ¿quieres un maratón de Cómo conocí a vuestra madre
este fin de semana? —pregunta Delilah.
—No puedo. Tengo tarea. Siempre tengo tarea. —Miro como hace
un puchero abajo—. Inténtalo después de la graduación.

***

Mientras estoy tumbada en la cama, me abrazo el estómago,
preguntándome por qué está revuelto. No estoy celosa de Delilah. No lo
estoy. Gano dinero. Consigo buenas notas. Voy a entrar en la escuela de
posgrado. Lo último que necesito es ser distraída por un puñado de
modelos masculinos. Hacerlos posar con nosotras es una mala idea en
primer lugar.
Cuando Britain vea que el trabajar juntos simplemente aburrirá a los
lectores masculinos, se irán y las cosas volverán a la normalidad.
Sólo tengo que esperar.



***

Cuando merodeo por las sesiones que no son mías, esperando mi
turno frente a la cámara, normalmente llevo algo cómodo pero mucho
más a la moda de lo que Evan se pondría para la escuela. Una sexy Rylan
cómoda. Hoy, es un body negro y sandalias de gladiador mientras Nora
me maquilla y peina.
Supongo que Nora sería otra más que sabe la existencia de mis dos
identidades. Pero no me importa -se graduó de una escuela de estética en
el otro lado de la ciudad, es no-tan-secretamente súper gótica, y no quiere
tener nada que ver con nosotras las zorras universitarias.
Como que me gusta.
No le pagamos mucho. Estoy segura que solo viene a prepararnos
por los créditos en la revista. De hecho tiene a algunos suscritores (o a las
novias de estos, supongo) pidiendo una cita por lo que habían visto en EPE.
Cierro los ojos mientras rocía spray sobre mi maquillaje. Hoy tengo el
look usual de Rylan -pelo suave y rizado en cascada sobre los hombros, y
una paleta de sombras en tonos marrones. Mejillas con una inocente
tonalidad rosa. Mi cosa favorita, por extraño que parezca, es el par de
pestañas postizas que llevo todos los días. Hay algo en las pestañas que
cambia totalmente la apariencia de una chica, y me hace ver como una
persona completamente diferente.
Cuando Nora termina, me examino en el espejo. Hola, Rylan.
Rizo uno de los tirabuzones del cabello y me dirijo hacia el set de hoy.
Sólo hay una habitación en el estudio al lado de la casa. La usamos para
la mayoría de nuestras sesiones de interior, con la cama, los muebles y las
paredes cubiertas para emparejar el tema de esta. En realidad, no he
estado prestando atención últimamente a los cambios de la revista y no
sabía qué estaba previsto para la sesión de Delilah -por lo que, cuando
pongo un pie en el dormitorio, no espero que me entreguen una botella de
sirope de chocolate y a un Adam muy, muy desnudo frente a mí.
—Ayuda y cubre a Adam con esto —ordena Britain, volviendo a su
trabajo de untar a Delilah, que usa sólo un tanga negro, con el sirope de
chocolate.
—Bueno. —Adam me lanza una sonrisa y estira sus brazos—. Listo
cuando tú lo estés.
Me burlo. —Por supuesto me darías para cubrir al gigante desnudo.
—Gigante desnudo con buenos activos. Pero no voy a comentar nada
sobre ellos y hacerle el ego aún más grande.


—Lo que sea —murmuro. Cubrir con chocolate a un tipo caliente y
desnudo no es la cosa más rara que he hecho en mi vida. Me acerco a
Adam y abro la tapa de la botella—. Hershey’s… clásico.
Agito la botella en su torso. Cuando el chocolate sale a borbotones
sobre su piel, gime.
Resoplo. —Dame un respiro.
—¿Qué? —dice Adam—. ¿No encuentras erótico el darme un baño
de chocolate?
—Me parece jodidamente cursi. No pises fuera del plástico. Es una
mierda quitar el sirope de chocolate de la alfombra.
—¿Lo sabes? —pregunta maliciosamente.
—Sí. Delilah y tú no sois los únicos en esta sala que han sido cubiertos
de postre.
—Pero no has estado cubierta de postre conmigo.
—Oh, Dios. —Retrocedo, apuntando a Delilah—. ¿No ves la pieza
calenturienta con la que vas a estar fotografiándote durante la próxima
hora?
—Vaya, gracias —canta Delilah. Delicadamente, se sube a la cama.
Ahora me doy cuenta de que está cubierta con almohadas y el cómodo
edredón de vinilo color marfil. Suena de mal gusto, pero en realidad
parece un costoso juego de cama de plumas. Y aun así se puede rociar
con una manguera si es necesario.
—Pero tener sólo a Delilah no es tan bueno como teneros a ambas
—dice Adam.
—Parece que alguien está enamorado. —Delilah se arrodilla en la
cama y se esponja el cabello, completamente libre de vergüenza mientras
el chocolate gotea lentamente sobre sus pechos. Quiero decir, cuando
éramos sólo nosotras durante las sesiones, tanta exposición no me habría
hecho ni parpadear. Pero la idea de estar desnuda delante de alguien
como Adam, quien me devora con la mirada mientras estoy vestida, me
incomoda.
No puedo dejar que pase. Sólo porque haya un hombre implicado
en una sesión no quiere decir que no tenga la sartén por el mango. No
puedo tener miedo de algo nuevo -de lo impredecible.
Añado un poco de arrogancia mientras me acerco, echando sirope
en la mano. —Así que eres una de esas personas que piensan que están
tan buenas que lo pueden tener todo. —Pongo la mano en su pecho,
manchando todos sus pectorales con chocolate. Mirándole fijamente,


arrastro los dedos por los músculos de su abdomen—. Por lo que debe ser
impactante que a una chica como yo le sea indiferente la idea de lamerte
el sirope de chocolate.
Trazo su cadera. Sus ojos giran y los cierra fuertemente. Echo un
vistazo para encontrarlo duro como una roca, su polla a menos de un
centímetro de distancia de mi abdomen.
Es bueno saber que en realidad puedo encender a un tipo en
persona. Un poco de afirmación aquí y allá no le hace daño a una chica.
—Suficiente coqueteo con el modelo, Rylan, y apresúrate —dice
Britain arrastrando las palabras.
Rápidamente unto el resto del sirope sobre el torso y la espalda de
Adam mientras él se empapa sus piernas, y luego se sube a la cama con
Delilah.
—¿Qué harán ahora? —le murmuro a Britain.
—Lamerse entre sí, ¿tú qué crees? —responde con indiferencia
mientras prepara la cámara.
Creo que es un poco cursi, pero no digo nada. En cambio, me siento
en la esquina de la habitación y espero a que Britain consiga la iluminación
correcta sobre la blanca habitación.
—Voy a intentar este sesion con un montón de diferentes aperturas,
por lo que podríamos estar aquí por un tiempo. ¿Bien con eso?
Delilah muerde de nuevo su sonrisa mientras Adam la atrae. Al
instante, ya no soy el foco, y Delilah es el nuevo objeto-de-lujo. Dios, los
hombres son tan predecibles.
—Absolutamente —dice Adam.
Britain no suelta tantas instrucciones como suele hacer con las
sesiones en solitario. Supongo que las feromonas hacen un trabajo lo
suficientemente bueno. Adam empuja con fuerza a Delilah sobre la cama,
agacha la cabeza, y lame el centro de su cuerpo, justo entre sus pechos
cubiertos de chocolate. Los enormes labios de Delilah se separan mientras
jadea y se retuerce en el edredón.
Sigilosamente, Britain agarra un poste del dosel para apoyarse y salta
sobre los pies de la cama, fotografiando de lejos. Es buena con estos actos
de equilibrio. —Muy bien. Mantenedlo caliente, chicos.
Eso es todo lo que dice. No le manda a Adam que le chupe el cuello
a Delilah o que ésta se meta más en el papel. Son perfectos.
Adam le murmura algo a Delilah, y ella se ríe y asiente. Arrastra los
dedos con chocolate por la parte interior de su muslo desnudo. Baja la


cabeza y cubre el pezón con su boca. Delilah gime y levanta las manos
sobre su cabeza, dándole acceso completo.
Calor inunda el vértice de mis muslos. Maldita sea, esto es caliente.
Sigo diciéndome que puedo pasar el doctorado sin pareja o citas,
pero verlos me recuerda que ha pasado un año entero desde que un
hombre me tocó así. Cruzo las piernas, imaginando cómo se debe sentir
Delilah ahora mismo -la lengua de Adam chasqueando contra su pezón, la
yema de su pulgar moviéndose sobre el tanga y frotándose contra su raja
cubierta.
—No dejes que te domine, Delilah. Haz algo al respecto.
Adam deja que Delilah lo empuje y se suba a horcajadas sobre él.
Britain baja de su lugar y se acerca lo más que puede, consiguiendo
fotografiar sus cuerpos apretados, la lengua de Delilah corriendo por la
cúspide de la oreja de Adam.
Mantengo lass piernas juntas, contengo el aliento incluso, mis dientes
apretados.
Nunca he estado tan celosa de alguien y, sin embargo, tan
agradecida de no ser yo al mismo tiempo.


Dallas

No sé cómo me esperaba que luciera la sede de EPE. Diablos, esas
sesiones casi bordean lo porno. Me refiero a un porno elegante, por
llamarlo así. Porno artístico. Pero soy pobre y a esto he llegado. Supongo
que me esperaba un basurero en el centro de la ciudad, pero no es a
donde mi GPS me ha traído. Aparco fuera de una casa enorme en las
afueras de los suburbios. Sólo rodean la casa campos abiertos y una calle
sin salida.
La casa parece en buenas condiciones, también. Y es enorme –
como una versión de ―Mujeres Desesperadas‖ de la mansión Playboy.
Antes de salir del coche, me reviso. Estoy vestido casi como un idiota.
Acabo de llegar de mi práctica estudiantil y mi camisa está abotonada
hasta el cuello y metida en mis pantalones. La saco y me quito la corbata,
desabrocho un par de botones, y respiro profundamente.
¿Por qué narices estoy tan nervioso? Es decir, no supone un gran
problema si no consigo el trabajo. Aplicar fue una estúpida idea en primer
lugar, incluso si Tricia tiene razón y me da una ventaja en la industria. ¿Y
qué con el respeto de un estudiante graduado? Lo último que necesito es
un grupo de estudiantes salidos que piensan que pueden jugar conmigo
porque me han visto desnudo.
Casi desnudo.
EPE es buena evitando fotos de la entrepierna. Pero aun así. Esto fue
un error.
Justo cuando estoy a punto de encender el coche de nuevo, una
linda rubia con gafas sale dando saltos de la puerta principal. Me divisa,
saluda, y se acerca. Viste una camiseta de tirantes y unos pantalones
cortos.
Bastante normal.
Se inclina sobre mi ventana abierta, tendiéndome la mano. —Debes
de ser Dallas. He visto tu foto. Soy Britain.
¿Esta es Britain? Pensé que Britain sería algún pseudónimo para un
viejo hombre de cuarenta espeluznante con barrigón. Pero esta chica
parece una estudiante universitaria promedio. Naturalmente bonita, pero
un poco demasiado nerd para estar en una hermandad. Un poco plana.
Como si no estuviera en el negocio de tomar fotos de gente desnuda.
—Eh… hola —digo. Saco las llaves del contacto y salgo del coche.


—Vamos, entra. Está bien, pareces bastante asustado. —Sonríe—.
Espero que no te vistieras para nosotros.
Tiro el cuello de la camisa. —Soy un profesor estudiante.
—Oh, es cierto.
—¿Es cierto?
—Uh… sí. O sea, tuve que hacer mi investigación. Umm… una de mis
amigas está en tu clase de bio. —Aparta la vista y se dirige a la puerta.
Genial.
La sigo por las escaleras y a la casa. La habitación principal es
abovedada y grande, pero con clase. Mucho más estilosa de lo que me
esperaba. Casi parece bonita, como si una familia de clase media viviese
aquí. Excepto por el hecho de los posters en la pared de las modelos semi
o medio desnudas de EPE. Reconozco a todas ellas. No es que sea un
ávido lector ni nada. Tricia mira más las publicaciones que yo. Pero soy un
suscritor. ¿Quién en la Universidad East Park no lo es? Tenemos la más
exitosa revista erótica independiente de cualquier escuela de país.
Todo el mundo verá mis fotos ahora.
He posado en ropa interior antes. Es la misma cosa.
Una chica está en la esquina de la habitación, de brazos cruzados.
En el marco detrás de ella está su póster promocional, como si lo hubiera
planeado.
Rylan Willow. Santa mierda, es Rylan Willow.
Se ve mucho más feliz en el póster –y lleva mucha más ropa-, pero
definitivamente es ella. Aunque no soy lo que se dice un gran fan de EPE,
nunca me salto las publicaciones de Rylan. Y ahora está frente a mí, brazos
cruzados sobre sus tetas para que su perfecto escote se derrame sobre
esa… cosa de una sola pieza. Lo que sea que lleve puesto luce
condenadamente genial en ella.
Quizás la fama de este trabajo merezca la pena si puedo
acompañarla en las sesiones.
No. No puedo pensar así. No cuando Tricia está confiando tanto en
mí con esto.
¿Por qué diablos parece Rylan tan molesta conmigo?
—Dallas, esta es una de nuestras modelos básicas, Rylan Willow.
—E-estoy al tanto de ello. —¿Estoy al tanto de ello? Llamando a la
fachada de profesor –tú, maldito idiota. Extiendo lamano pero no la toma,
así que la meto en el bolsillo—. Encantado de conocerte, Rylan.


Alza una ceja. —Un placer —dice cansinamente. Podría haberme
engañado.
Britain me lleva hasta el sofá y me pregunta todas las típicas
cuestiones de una entrevista –durante cuánto he hecho esto, cuál ha sido
de lejos mi concierto favorito, y qué hago cuando no estoy en la escuela o
modelando. Piensa que es divertido que fuese idea de Tricia el que
audicionara para EPE.
Me sorprendo a mí mismo mirando a Rylan, quien has acado una
rara bebida verde de la nevera y está bebiéndola en la isla,
observándonos.
—Así que, desde que me has avisado que tienes novia, eso podría
suponer un problema en términos de cuán lejos estás dispuesto a llegar en
las sesiones. Intento –en la medida de mis posibilidades- mantenerme lo
suficientemente elegante como para llamarlo arte, pero aun así tendrás
que intimar con las modelos.
Rylan suspira desde el mostrador.
—No tengo problemas con ello. —Cuando Britain alza una ceja
escépticamente, añado—: De verdad. Lo único que no seré capaz de
hacer son fotos de polla.
Britain estalla en risas. —Vale. Sin fotos de polla. Puedo trabajar con
eso.
—No, en serio. Los estudiantes verán suficientemente de mí en esta
revista. He acabado con mis horas de enseñanza –ayer fue mi último día…
—Felicidades.
—Gracias. Pero seguirán recordándome.
—Suena como si fueras propenso a la humillación —dice Rylan—. Y
no creo que tengas las agallas para aceptar el trabajo, para ser honesta.
¿Qué problema tiene esta chica?
—No te preocupes por ella. Britain guiña—. Sólo está cabreada
porque eres parte de su…
—¡Brit! ¡Cierra la maldita boca!
Britain suspira. —Dejemos que la cámara decida cuál es tu grado de
humillación, ¿de acuerdo? —Mira la puerta cerrada en el otro lado de la
habitación—. Todo lo que necesitamos ahora es a la maldita modelo.
—¿Perdón?
—Te harás las fotos de prueba con Delilah. Sólo hacemos audiciones
masculinas con ella al principio hasta que vemos cómo funciona.


Delilah –eso tiene sentido. Es la más innovadora, por lo que puedo
recordar.
—Pero acabamos de terminar una sesión en la que estaba cubierta
de sirope de chocolate, y supongo que necesita un par de horas para
recuperarse con una ducha y peinarse y maquillarse. Dios, no pensé que
tomase tanto tiempo. No tienes que estar en ninguna parte, ¿verdad?
Niego al mismo tiempo que otro modelo masculino entra en la
habitación del otro lado de la puerta. No lleva nada más que una toalla
envuelta alrededor de su cintura. Saludándome, dice—: Qué hay, tío.
—Uh… qué hay.
—Este es Adam, nuestro primer modelo masculino contratado.
Adam, ¿dónde está Delilah?
Adams se encoge de hombros. —La última vez que la vi, estaba
saliendo de la ducha.
Britain suspira. —Bien. Bueno, no tengo todo el día. Y estoy seguro de
que tú tampoco.
—Yo… en serio, estoy bien.
—Oye, Rylan, te toca a ti.
Me giro para mirar a Rylan. Sus ojos se agrandan mientras se agarra
al vaso vacío frente a ella. Tiene una expresión de horror.
Así que la modelo más caliente de EPE me odia sin motivo aparente.
Se acabó el buen comienzo.





Evan


—¡Diablos no! —Prácticamente grité.
De ninguna maldita manera voy a hacer esas cosas que Delilah y
Adam acaban de hacer con un tipo de mi especialidad. ¿Britain quiere
que fracase en la universidad? Dios, y es tan hermoso también.
Esto es malo. Dallas sólo es una terrible y gran distracción que
necesita irse.
—Puedo decir que soy querido aquí —dice Dallas secamente. Britain
me dispara una mirada de desprecio.
—No, Dallas, no es que no me gustes. —Trato de contrarrestar
rápidamente—. Es sólo… ya sabes. Tengo una imagen que mantener en
mis tomas. Una imagen virginal, aparentemente intacta, y Britain y yo
específicamente decidimos que no habría chicos en mis sesiones de fotos.
—Bueno, si ese es tu problema. —Britain salta del sofá—. Nunca dije
que estaría usando estas fotos en la revista, ¿verdad? —Sonríe—. Esto es
sólo una prueba.
A veces odio a mi mejor amiga. Abro la boca, pero a menos que me
delate a Dallas y diga que estoy en su especialidad, no tengo excusas.
—Ve a cambiarte para tu sesión de hoy, por favor —ordena Britain.
—Sí, su majestad —digo con los dientes apretados, y salgo dando
fuertes pisotones hacia la habitación de maquillaje. La odio, la odio, la
odio…
—¿Tienes tus bragas torcidas? —pregunta Nora mientras camino
hacia el vestidor. Cuando no respondo, dice—: ¿Puedo hacer algo para
ayudar?
—¿Podrías matarme?
—No iría tan lejos, pero tengo algo de sangre falsa en mi kit.


Quizás eso serviría, podría cubrirme de ella y entonces Britain tendría
que enviarme a las duchas. Me controlo y simplemente agradezco a Nora
sus esfuerzos. Me cambio a lo que estaba preparado para mí, un sostén
bandeau blanco de encaje y bragas, y un vestido rosa rubor. La pequeña
Rylan, inocente como siempre. Me visto y me examino en el espejo. Con mi
cabello así de largo, parezco una muñeca Barbie morena.
Hago una mueca en el espejo y me dirijo a la piscina.
Dallas está en nada más que un par de pantalones de gaza blancos,
mirando alrededor. —Este sitio es malditamente lindo. ¿Rentaste toda la
casa sólo para las sesiones?
—También vivimos aquí —dice Britain. Le disparo una mirada. Lo
siguiente que le dirá es mi nombre real, por el amor de Dios.
—¿Quién cuida de la piscina?
—El chico de la piscina.
—Sí, el chico de la piscina, como en las casas normales —digo,
interrumpiendo su pequeña charla—. ¿Podemos terminar ya con esto?
—Está bien, Señorita Pantalones Ocupados. —Britain prepara su
cámara. Apuntando a una de las sillas blancas de nogal, dice—: Dallas, ve
a sentarte allí.
Hace lo que le dicen, reclinándose en ella. Su piel apenas brilla,
capturando la luz del sol.
—Ahora, endereza la silla. Rylan, siéntate enfrente.
Lentamente camino por la suave piedra que rodea el agua limpia,
hacia Dallas. Sus penetrantes ojos azules están en mí todo el tiempo -
relajados. Quizás un poco excitados.
Creo que voy a vomitar. Contrólate, Evan.
Desplazo mi pierna sobre la silla, sentándome frente a él por lo que
también estoy mirando el agua.
Britain se acerca y se pone en cuclillas frente a su silla, trayendo la
cámara a su rostro. —Júntense, rápido.
Lo hacemos, hasta que su torso duro presiona mi espalda. Su aliento
me hace cosquillas en la oreja mientras dice—: Es un poco incómodo para
un primer encuentro, ¿cierto?
Me muerdo la sonrisa. Lindo y encantador. Joder, nunca seré capaz
de olvidar los siguientes momentos.
Pero esto será todo, me libraré de ésta sesión y entonces no tendré
que hacer más tomas con Dallas de nuevo. Será cosa de Delilah. Un par


de minutos con Dallas es todo lo que tengo. Quizás debería simplemente
relajarme y disfrutar del único contacto masculino que he tenido en un año
y que probablemente tendré hasta que termine el año.
—Escenario —comienza Britain—. Rylan, quiero que mantengas ese
personaje virginal tuyo. Esta es la primera vez que has sido tocada por un
chico. No debería ser muy difícil para ti.
—Vete a la mierda —espeto, antes de darme cuenta de que Dallas
podría encontrar este ambiente de trabajo increíblemente hostil si no
mantengo mi boca bajo control. Afortunadamente, reacciona dándome
una risa profunda y gutural. Mi corazón empieza a martillear en mi pecho.
—Dallas, quiero que la desenvuelvas como a un regalo de Navidad.
Rylan, quiero ver cada toque suyo escrito en tu rosto. Veámoslos hacer
magia.
Tu única oportunidad de conseguir algo de acción, Evan. Olvida tus
prejuicios. Déjate llevar.
Echo atrás la cabeza y respiro. —Escuchaste lo que dijo. Tócame.
No sé por qué, pero no esperaba que escuchara. Quizás porque, por
lo que he visto de Dallas, parece más incómodo que otra cosa. Pero lo
hace. Siento su lenta respiración en mi mandíbula mientras su mano se
desliza sobre mi estómago y me aprieta contra él, mi trasero contra su
ingle…
—¿Por dónde quieres que comience? —susurra.
Oh, Dios. Oh, Dios.
Lentamente, la mano apoyada en mi estómago se arrastra al borde
del dobladillo de mi vestido. Toma la parte superior y engancha su pulgar
bajo del tirante. Cuando sus labios rozan la cúspide de mi oído, baja mi
vestido hasta que mi bandeau está completamente expuesto.
Oigo a Britain sacando fotos a lo lejos. Creo que podría estar
dándome órdenes, pero no quiero enfocarme en ella. No me importa el
resultado de esta sesión en absoluto. Sólo quiero sentir las manos de Dallas
tocándome en lugares en los que no he sido tocada en décadas.
Arrastra la mano sobre mi piel desnuda y hasta el sujetador,
ahuecando mi pecho. Dejo caer la cabeza, un pequeño gemido
escapando de mi boca.
—No estamos grabando audio, ¿verdad? —Puedo oír la diversión en
su voz—. ¿O ese sonido no fue provocado para la cámara?
—Cállate —respiro. Alzo los brazos por detrás de mi cabeza,
envolviéndolos alrededor de su cuello. Su mano libre descansa en mi


muslo, lentamente avanzando de un lado a otro bajo la falda de mi
vestido. Va a sentir lo mojada que estoy, y ni siquiera estamos haciendo
nada.
En un rápido movimiento, me doy la vuelta para enfrentarle. Me
siento y aprieto sus caderas con mis rodillas, mis manos encuentran sus
hombros y lo presiono contra la silla de madera.
Sus ojos están sorprendidos, pero su boca esta torcida en una sonrisa,
como si supiera algo que yo no.
Golpeo mis caderas contra las suyas, sintiendo cuan duro está.
—Esto no es muy virginal para ti —murmura.
Oh, sí. Se supone que estoy interpretando un personaje. Pero de
frente, puedo estudiarlo mejor a él y a su mandíbula fuerte por la que
quiero correr mi lengua, su labio inferior lleno que quiero morder…
Britain se mueve más cerca, cambiando el ángulo. —Dallas, quítale
ese vestido. Ry, debes estar insegura de él.
Cuando baja mi vestido, sus dedos rozan la curva de mi trasero.
¿Insegura? ¿Cómo puedo estarlo cuando lo quiero tan jodidamente mal?
No me da una oportunidad para reflexionar. Manteniendo una
mano contra mi espalda, me empuja hasta que estoy acostada en la silla y
él está sobre mí.
La voz de Britain flota a través del aire. —Levanta tus brazos sobre tu
cabeza, Ry.
La escucho. Dallas se cierne sobre mí, deslizando el vestido sobre mis
rodillas y quitándolo por los tobillos hasta que estoy en nada más que mi
sostén bandeau y bragas. Nuestros ojos se encuentran y de repente, a
pesar del brillo de la luz de la tarde, hay algo oscuro y malicioso que
persiste en ellos. Algo diferente a lo que vi ayer, mientras navegaba por el
Power Point frente a la sala de conferencias.
En un instante, estar insegura viene naturalmente. Muerdo mi labio
inferior mientras se inclina sobre mi ombligo. Su lengua se desliza por el
borde de mis bragas. Siseo y sacudo mis caderas. Mi piel vibra con su risa.
Sabe lo mucho que esto está matándome.
Esta sesión cambió de calor ardiente a pura tortura.
—Lame su cuello —instruye Britain.
Está bien, ahora es pura tortura.
Dallas desciende hasta que su cuerpo cubre el mío. —No me
importa —murmura, todavía sonriendo. Quiero responderle con algo


inteligente pero todo lo que se escapa de mi boca son rápidos jadeos de
aliento.
Baja hasta que su pecho presiona el mío. Se mantiene sobre una
mano y usa la otra para cubrir mi cuello. Su nariz roza la mía y abro los
labios, preguntándome si va a besarme. Preguntándome si estoy bien con
eso.
—Cierra los ojos —ordena. Los cierro y espero.
Suspiro cuando su lengua chupa mi garganta, encontrando el punto
dulce detrás de mí oreja y succionando.
—No te muevas —dice Britain—. Luces perfectamente sorprendida
en este momento, Ry.
Contengo el aliento, tratando muy duro de no moverme o cambiar
mi expresión. Mientras lo hago, Dallas acaricia mi barbilla con su pulgar y
susurra en mi oído. —Eres buena fingiendo.
Me está tomando el pelo. Me está tomando el pelo porque sabe
que mi reacción fue real.
—Y con eso termina —dice Britain.
Exhalo. Necesito quitarme de encima a este chico antes de
comenzar a jadear como un animal. Pero no me libera. En vez de eso, me
empuja contra su pecho, me agarra por debajo de las piernas, y me
levanta.
—¿Qué estás haciendo? —grito.
Comienza a correr hacia la piscina. Estoy gritando obscenidades y
Britain se está riendo y de repente no puedo escucharla más, porque el
agua fría me envuelve.
Nado a la superficie, escupiendo agua por la boca. Dallas está
flotando en el agua junto a mí, luciendo demasiado engreído para mi
gusto.
Quiero matarlo.
Quiero violarlo y luego matarlo.
—¡Estás contratado! —grita Britain.




Dallas

He tomado tres duchas frías desde que estoy en casa.
Afortunadamente, Tricia está tan envuelta en su trabajo que no
parece notarlo. Ayuda que intente no mojarme el pelo, apuntado
directamente el gélido chorro de agua a mi polla.
Cada vez que pienso en Rylan, me pongo duro de nuevo. La forma
en que se retorció debajo de mí, como si no me hubiera puesto los ojos en
blanco antes. Actuó como si me odiara hasta que la toqué. Y entonces
algo pasó. Era como si me deseara -como si realmente me deseara.
Cierro la ducha y me quedo ahí de pie, frío y goteando. Y entonces
pienso en cómo sabe -dulce, como el glaseado.
Gimo y vuelvo a abrir la ducha. Nada me gustaría más que sacarme
el pensamiento de Rylan Willow por el resto de la noche, pero hay un
seminario de la mitocondria y el metabolismo y grandes científicos vienen
desde Filadelfia. Todos los estudiantes de posgrado serios estarán ahí.
Y, maldición, estoy dejando la escuela de medicina para tirar al
campo de investigación, así que debo ser un estudiante de posgrado serio.
Finalmente, cuando pienso que me las puedo arreglar para estar
cinco minutos sin ponerme duro, dejo la ducha y me pongo una camisa y
vaqueros. En la sala de estar, Tricia sigue sentada en el sofá con su portátil
en el regazo, completamente dedicada a su trabajo. Es una diseñadora
web, o, debería decir, vive como una. Vestida con pantalón de yoga y top
sin mangas, ni siquiera me mira cuando paso por delante. Hace poco se
cortó su cabello lacio súper corto, por lo que ni siquiera tiene que peinarse
al salir de la cama para ir al trabajo. Le queda bien a su rostro, sólo
desearía que me mirara más para saber cómo luce desde el frente.
Me siento en el sofá a su lado, envolviendo su hombro mientras
continúa tecleando. Está enviando un correo a alguien -debe ser un
cliente.
—¿Vas a salir? —dice.
—Sí. —Rasco mi cabeza—. Voy a salir. No quieres venirte a un
seminario de mitocondrias y metabolismo, ¿o sí?
—Me encantaría —dice, poniendo esa cara de póker para que no
identifique si es sarcasmo o falta de atención—. Pero estos clientes me
están matando.


La beso bajo su oreja. —¿Qué te parece si compro una botella de
pinnot de camino a casa y nos olvidamos de nuestra ropa por esta noche?
Se gira para mirarme, dándome un rápido beso en los labios. —Tal
vez, bebé. Sabes que nada me gustaría más. Pero este cliente nos está
pagando el mes de renta.
Suspiro, y quito el brazo. —Regresaré en unas horas.
No dice nada mientras dejo el apartamento. Conectar con Tricia
últimamente ha sido difícil. Ama su trabajo y hace un duro esfuerzo por
este, principalmente porque ambos estamos enterrados en préstamos de
la universidad, y la renta en esta área no es exactamente barata. Por eso
audicioné para EPE. Quizás, si me dan un cheque sustancial, podrá
trabajar menos y las cosas regresarán a ser como eran cuando
empezamos a salir.

***

El estacionamiento cerca del edificio de ciencias está lleno cuando
llego a la universidad. Este tipo es alguien importante, pero no me di
cuenta de que cada sección de ciencias y matemáticas estaría asistiendo.
Cuando entro en el edificio, me empujo entre la gente cerca del
auditorio y me apresuro a la oficina de biología para revisar mi bandeja de
entrada antes del evento. Mientras me estoy yendo, examinando
cuidadosamente los papeles que uno de los profesores me dejó para
calificar, no noto a la persona corriendo a toda velocidad por el pasillo.
Me las arreglo para aferrar los papeles mientras su hombro conecta
con el mío, pero a ella se le caen sus libros. Hay algo de la teoría publicada
de la conferencia a la que yo… nosotros estamos por asistir.
—Mierda —murmura, inclinándose para recogerlos.
—Maldición, lo siento. —Me agacho para atrapar un libro que cayó
más lejos. Lo toma al mismo tiempo, y levanto la vista.
Usa esos gruesos y sofisticados anteojos con marcos color azul, su
cabello oscuro amontonado en la parte superior de su cabeza en un moño
desordenado. Su camiseta dice: Querida álgebra. Deja de pedirnos que
encontremos tu X. No va a regresar. Y cuando nuestros ojos se encuentran,
su expresión se transforma en terror.
—¿Rylan?
Me da una bofetada fuerte en la cara.


Evan


Puedo perderlo en esta multitud.
Hay suficiente gente en el pasillo como para echar a correr y
alejarme de Dallas. Las clases nocturnas deben estar empezando. Huyo de
él y tomo la esquina, pero está desesperado por alcanzarme.
—¡Rylan! —grita de nuevo—. ¿Qué demonios fue eso?
Giro sobre mis talones para mirarlo. —¿Acaso eres idiota? ¡No
vuelvas a llamarme así en la escuela de nuevo! —siseo.
Y entonces se da cuenta. —Oh.
Me burlo y me marcho, pero no capta la indirecta. Justo detrás de
mí, pregunta—: ¿Entonces cómo se supone que debo llamarte?
Me rindo. Me detengo y me apoyo contra la pared del pasillo. La
gente se apresura a abandonar la clase e ir al auditorio. La conferencia
comenzará en cualquier momento. Voy a conseguir un terrible puesto. —
Nada, Dallas. Se supone que no debes llamarme, porque se supone que
no debes perseguirme dentro del campus. La gente no debe vernos juntos.
Estrecha esos hermosos ojos azules que tiene. —¿Por qué?
Suspiro. Realmente preferiría no discutir esto en medio de un pasillo
del East Park. —Porque —susurro. Se inclina cerca—, Britain va a utilizar las
fotos de la sesión.
Sus ojos se ensanchan. —¿En serio?
Odio el hecho de tener que asentir. Antes de irme a clases, Britain
me dijo que las fotos de la sesión eran tan buenas que no había manera
de que no las utilizara. Le grité mucho. Y luego me fui.
—Pronto todo el mundo nos verá prácticamente desnudos en la
revista, y luego, si nos ven en el campus, la gente podría atar los cabos
sueltos.


—Y eso es malo porque...
No puedo creer que no lo entienda. —Porque no soy Rylan, Dallas.
—Saco el móvil del bolsillo de mis vaqueros y le echo una ojeada—. Voy a
llegar tarde. —Me alejo otra vez y bajo las escaleras.
Continúa siguiéndome.
—Bueno, quien quiera que seas, lo entiendo. Te dejaré en paz. Si te
veo en los pasillos, me olvidaré de ti como si nunca te hubiera visto en mi
vida. Mañana. Rompamos las reglas por esta noche.
Este chico es ridículo. —¿Y por qué querría hacer eso?
—Porque no quiero sentarme solo en la conferencia. Vamos.
Retomo mi ritmo. —Bueno, no haré una escena pública si te sientas a
mi lado, si es eso lo que estás preguntando.
—Gracias —murmura.
Me muerdo para alejar la sonrisa de mi cara y me doy prisa dentro
del auditorio, con Dallas justo detrás de mí. Como supuse, apenas hay una
silla vacía en el mar lleno de cientos de asientos. Hay varias individuales
dispersas aquí y allá. Técnicamente podría tomar uno de esas y Dallas
tendría que encontrar un asiento en otro lugar, pero entonces veo dos sillas
vacías juntas, y las señalo con la cabeza.
¿Por qué me estoy haciendo? ¿Porque es patético y no quiere estar
solo?
Esa no es la verdadera respuesta, pero realmente no tengo ganas
de pensar en esto a fondo.
Dallas se sienta a mi lado. Está a punto de abrir la boca de nuevo,
pero el profesor presentado por el altavoz entra en el escenario y todo el
mundo empieza a aplaudir. Gracias a Dios por haber llegado tarde.
Saco el cuaderno y le doy la vuelta a una hoja en blanco. Mientras
respiro, lo huelo a mi lado. Su colonia es como una brisa de mar picante, y
al instante estoy de vuelta en ese sillón, la lengua de Dallas recorriendo el
hueso de mi cadera.
Cruzo las piernas y me aclaro la garganta.
—¿Tomas notas? —dice.
Le miro. Se ve impresionado. —¿No es eso lo que se tiene que hacer
en estas cosas?
Se encoge de hombros. —Nunca lo hago.
—Bueno, yo sí. —El profesor menciona uno de los libros del
conferencista, y lo saco de mi montón, abriéndolo por la primera página.


Dallas se inclina más cerca. —Evan Cosette.
Oh mierda. Mierda, mierda, mierda, mierda.
Brillante de mi parte el pensar que era una buena idea escribir mi
nombre y número de teléfono en la tapa frontal de todos mis libros. No es
el movimiento más inteligente para una chica que está intentando ocultar
su verdadera identidad la mitad del tiempo. No, en absoluto.
Mantengo mi compostura. —Correcto. Evan.
Una esquina de su boca se curva en una sonrisa torcida. —Eh. Sí,
puedo ver que eres una Evan. Uno de esos lindos nombres masculinos para
chicas. Se adapta a tu personalidad.
Levanto una ceja. —¿Me estas llamando marimacho?
—Audaz más bien.
—No, creo que estás llamándome marimacho. —Me vuelvo hacia el
hablante, y no dice nada más. Pero cada vez que lo miro fijamente
durante la conferencia de una hora, sigue con esa sonrisa petulante que
quiero borrar de su rostro.
La pregunta es, ¿cómo?
Cuando la conferencia termina, Dallas sigue sin irse. En el
estacionamiento, estoy ya casi en mi coche cuando dice—: Espera,
espera. Apenas aprendí algo de ti, Evan.
Llego a mi coche y abro el maletero, lanzando mis libros en su
interior. —¿No podemos hacer eso en el trabajo?
—¿Por qué no podemos hacerlo ahora?
Bajo la tapa y me apoyo contra ella. —Vaya, eres mucho menos
molesto cuando estás lamiendo mi cuello o equivocándote con una mala
presentación de Power Point.
Da un paso atrás. —¿Perdón?
Cruzo los brazos. Es mi turno de ser petulante.
Su expresión cae. —¿Estás en Bio 114?
—Lo estoy. Y sabes que solo estoy dándote mierda. No eres del todo
malo, pero más que nada es porque eres agradable a la vista.
Un destello de sonrisa surge en su cara. —¿Estás coqueteando
conmigo?
—¿Y por qué iba a estar haciéndolo? Tienes novia, ¿verdad?
Suspira y aparta su cabello.


Continuo. —Bueno, si me disculpas, tengo un poco de tarea que
hacer. Estoy bastante segura de que fuiste tú quien la asignó.
Mientras voy a la parte delantera del coche, él sigue allí de pie sin
decir adiós. Abro la puerta y me vuelvo a mirarlo. —¿Así que... nos vemos
mañana?
—¿Ha sido extraña la sesión de hoy?
Niego. —¿Qué quieres decir con extraña?
—Me pregunto si cada conversación que tengamos será tan
incómoda como ésta.
Me muerdo el labio. Su hombros están encorvados, las manos en
los bolsillos. Así, en una camiseta y pantalones vaqueros, se parece a
cualquier otro estudiante. Un estudiante universitario, quizás uno bellísimo.
Debió tener chicas que se le acercaban todos los días en el campus.
—Supongo que lo averiguaremos.

***

Las chicas están en casa y en pijama, alrededor de la computadora
de la sala de estar. Delilah está efusiva sobre lo sexy que es Adam.
—No quiero volver a las sesiones de uno —dice soñadoramente.
Lanzo mi bolso en el sofá. —Puedes quedarte con mi chico,
también —le digo con un guiño—. Duplicar la acción.
—Jesús, Evan —gimotea Britain, su atención centrada en las fotos
que está editando—. Uno pensaría que te hago posar con algún ogro feo.
Busco en la nevera hasta que encuentro todos los ingredientes para
una mezcla de tofu, y saco la sartén del armario. —No es que no
encuentre a Dallas atractivo.
—Sí, puedo decir eso por tu cara de orgasmo en todas estas fotos.
—Delilah se inclina sobre el hombro de Britain. Deben estar revisando mi
sesión de esta tarde—. ¡Oh Dios!, ¿dejaste que te comiera
2
?
—¡No! —le grito—. Britain sólo jugaba con los ángulos. Jesús.
—Entiendo lo que quieres decir —dice Delilah mientras estudia mis
fotos, jugando con el final de su trenza castaña—. Todavía quiero mi
plataforma. Confía en mí, me encantan las sesiones con Adam. Sólo
espero que no me eclipse.

2
Refiriéndose a tener sexo oral


—Bueno, con suerte el chico puede darse por vencido —digo—. Eso
sería lo más lógico, ¿no? Nuestra revista está dirigida hacia los hombres.
—No por mucho tiempo. —Britain gira en su silla y se cruza de
brazos—. Acabo de contratar a un montón de mujeres escritoras. —Empuja
las gafas sobre el puente de su nariz—. Sexo, salud, socialización; EPE ya no
irá sólo dirigida hacia los hombres. Vamos a por todas, bebé. ¿Y sabes lo
que eso significa? —Toma un libro de bolsillo de la mesa y me lo tira. Este
vuela sobre la isla y me agacho justo a tiempo. Cuando golpea contra los
armarios y cae al piso, lo miro y me doy cuenta de que es su más nueva
novela romántica de bolsillo. Del tipo obsceno.
—Se te ha otorgado la tarea de averiguar qué convierte a las
mujeres en eso.
Recojo la novela y me levanto. —¿Entonces qué? ¿Debo leer esto?
—Vuelvo a mi chisporroteante sartén.
—Eso y los otros quince que tengo en mi habitación. Es en lo que
basaremos las sesiones tuyas y de Dallas.
Se me cae la espátula, y traquetea al lado de mis pies. —Espera...
¿qué?
Los ojos de Delilah están amplios y emocionados, cambiando de mí
a Britain.
Britain sonríe. —Eso es correcto. La pequeña Rylan va a someterse a
Dallas para las chicas.

***

Miro al techo, con un montón de novelas románticas basura que me
dio Britain y mi carpeta llena de tareas de biología como compañeros de
cama.
Cuando cierro los ojos, pienso en mi sesión con Dallas esta tarde. He
estado haciendo que los chicos eyaculen en sus pantalones durante casi
dos años sin ni siquiera hacer manitas con ellos. Quizás por eso sus manos
sobre mí se sintieron mejor que cualquier sexo que haya tenido. Sobre todo
cuando movió su mano sobre mi muslo, a sólo unos centímetros de mi ropa
interior.
Antes de darme cuenta de lo que estoy haciendo, muevo los dedos
más allá del dobladillo de mis pantalones cortos, la mano deslizándose más
abajo.
… su boca en mi cuello…


El teléfono vibra y me quejo.
Saco la mano de mis pantalones y me doy la vuelta, comprobando
mi móvil sobre la mesita de noche.

Nuevo mensaje de mamá: Por fin me instalé. Deberías venir a ver el
nuevo lugar.

Suspiro y me froto los ojos. Por mucho que quiera ver a mamá, no
quiero ver su apartamento. Eso solo rompería mi corazón.
Yo fui el resultado de una aventura que mi madre tuvo con uno de
sus profesores hace veintitrés años. Desde entonces, solo hemos sido ella y
yo, y el novio ocasional al que tenía que soportar. Siempre tuve comida,
ropa de segunda mano y un techo sobre mi cabeza; mi madre era
oficinista en una oficina de abogados.
Por suerte, cuando la oficina se fue a la quiebra, yo ya estaba fuera
de casa. Ahora solo tiene que preocuparse de sí misma. Se degradó a un
apartamiento de mierda, así que el desempleo la cubriría por ahora.
Me gustaría tener suficiente dinero ahorrado para echarle una
mano, pero mamá afirma que ya he ayudado bastante. Estás sacando
buenas calificaciones y no tienes deudas, me dijo la semana pasada
cuando me informó de que se iba a mudar. Ese es tu pago, y darme el
dinero que te impidiera hacer eso nos deshonraría a ambas.
No sabe que el dinero que consigo proviene del modelaje erótico.
Piensa que trabajo en una oficina.
Al igual que ella.

***

Me levanto a las nueve y camino arduamente al baño a lavarme los
dientes. Cuando vuelvo a entrar en mi habitación, cepillándome el pelo,
me congelo al mirar por la ventana.
—Jodidamente increíble —murmuro.
Mi ventana da a un callejón sin salida. Dallas se encuentra en la
acera, encorvado, las manos sobre sus rodillas. Está sin camisa, su cuerpo
duro como una piedra brillante por el sudor.
Se endereza y controla el pulso con los dedos, mirando el reloj.


El chico está corriendo sin camisa -¿por mi barrio?
Me deslizo en mis sandalias y bajo corriendo las escaleras. Este lado
de la casa está vacío, todo el mundo está en el estudio esta mañana. El
miércoles es el día de las sesiones grupales, terminando la mayoría de las
fotos para la edición. Las modelos de medio tiempo comienzan a llegar a
las ocho.
Saco un frasco lleno de batido de avena de manzana de la nevera y
abro la puerta al estudio. El aire vibra con la actividad.
Por lo general, ya estoy medio arreglada para cuando alguien más
llega, pero hoy, soy la tardona de la fiesta. El salón es un vestidor
improvisado y una sala de maquillaje para las modelos de medio tiempo.
Varios artistas del cabello y maquillaje han alineado a las chicas y están
preparándolas para la sesión.
Britain se acerca. —Llegas tarde. Ve a maquillarte.
—Vale, vale, chica dura.
Sonríe. Nuestra relación siempre ha sido así desde que empezamos la
revista. Desvergonzada y un poco sarcástica. Creo que es nuestro
mecanismo de defensa para poder trabajar juntas y no arruinar nuestra
amistad.
Ha funcionado hasta ahora.
—Una pregunta antes de irme: ¿Por qué Dallas corre alrededor de
nuestra casa?
Levanta dos dedos uno detrás de otro. —Uno, porque llegó aquí
temprano y no necesita mucho maquillaje porque es un chico. Y dos… —
Mira alrededor y dice en voz baja—. Estaba recibiendo toneladas de
asquerosa atención de las chicas y, sinceramente, creo que es una
persona introvertida. Intenta encontrar algo con lo que ocuparse hasta su
sesión.
Cálidas mariposas estallan a la vida en mi estómago. Por qué me
pongo efusiva ante la idea de Dallas siendo introvertido me golpea.
Porque si realmente es una persona introvertida, entonces es igual
que tú.
Tomo un gran trago del batido, arrastrándome a través de todas los
modelos. Muchas dan un respingo, y me pregunto si es porque no me
reconocen, o me reconocen y no saben cómo me las he arreglado para
parecer tan casera.
Jessica, la rubia y alta novata la cual posó para la última edición
como una sexy animadora, me detiene antes de que pueda llegar a los


vestuarios. —Cristo, Rylan ¿qué te pasó en la cara? —Arruga su nariz como
si acabara de recibir un olorcillo a mierda de vaca.
—Vete a la mierda, Jessica —digo, empujándola.




Dallas

Una larga hora más tarde Britain sigue sin estar en absoluto
preparada. Ni siquiera debería haber entrado a comprobarlo, porque
ahora no puedo ni llegar a la puerta.
—Así que, me enteré de que eres un estudiante graduado —dijo una
pelirroja, jugando con su pelo.
Ella y sus amigas me han acorralado. Literalmente. Mi espalda está
presionada contra la pared. No sólo eso, sino que me estoy limpiando el
sudor con mi camiseta hecha una bola. Estoy seguro de que apesto.
—Yo… uhh… sí.
Muestra sus dientes perfectamente blancos, mientras sus amigas
exclaman ohhs y ahhs. —Eso es tan caliente. ¿Cuál es tu especialidad? La
mía es administración de empresas.
—Estoy en… bio. Biología. Hago investigaciones.
Sus ojos se iluminan. —¿Así que serás un doctor?
No me jodas. Odio tener esta conversación con gente fea, no
digamos con diez hermosas mujeres.
—No, no. No un doctor.
—¡Dallas! —ladra Britain—. Trae tu culo aquí.
Gracias, Dios.
—Disculpen —les digo. Los rostros de las chicas caen mientras las
paso, y me apresuro a mi fotógrafo.
—Jesús, eres como un cachorrito en una fiesta de cumpleaños de
infantes.
Relajo los hombros. —¿Me puedes esconder?
—Sí, pero hermano, hueles terrible. —Mira hacia el cuarto de baño.
La puerta está abierta y las chicas están, literalmente, inundando el mismo
en su intento de maquillarse—. Nunca hago esto. Pero me gustas y, como
todas esas perras de ahí, pienso que eres muy lindo. —Del bolsillo de sus
vaqueros saca una llave y la balancea frente a ella. La tomo—. Esta es del
verdadero hogar de este lugar. Usa el baño de arriba, hay toallas encima
del inodoro. Cierra cuando termines y no te metas con nada más,
¿entiendes?
Sonrío. —Sí, señora.


—Y no me llames así de nuevo.
—Así que con lo de no te metas con nada más, quieres decir que no
puedo quedarme por allí, ¿verdad?
—¿No estoy hablando en español?
—Es que tengo mucha tarea que hacer. —Echo un vistazo a la
multitud de modelos en la esquina. La pelirroja me guiña mientras las dos
detrás de ella se susurran de ida y vuelta—. Es bastante imposible trabajar
aquí.
—Oh, Dios. Chico, simplemente ignóralas. No eres tan lindo. —
Entonces se ríe y dice—: Está bien, sí, te ves aterrorizado. Hay un salón de
maquillaje y un vestidor privados para Delilah y Rylan. Creo que Rylan es la
única que lo está utilizando ahora. Probablemente puedas acampar
detrás de los bastidores de ropa y hacer algo de álgebra.
—Biología. No puedes obtener una maestría en álgebra.
—Lo que sea.
Sonrío. —Gracias.
—Solo estoy siendo agradable contigo porque haces buenas fotos.
Ya sabes —dice. Pero entonces me devuelve la sonrisa.
Britain es una chica ruda que trabajo duro.
Abro la puerta de la casa y me deslizo dentro.
La cerradura hace clic y me pregunto si debo pasar por la puerta de
la derecha.
El salón no es como uno que pertenezca a tres chicas universitarias.
La mierda aquí es agradable. Las encimeras de la cocina son de mármol y
los electrodomésticos son nuevos. Los sofás de la sala de estar son de
cuero, y el ordenador de mesa fácilmente vale un par de los grandes.
En lugar de semidesnudos posters de las muchachas de la EPE
cubriendo las paredes, el espacio está decorado con fotografías y retratos
urbanos de Los Ángeles, Boston y Chicago. Desde paisajes urbanos
integrales hasta cruces en las calles, el horizonte de Nueva York y la
cafetería del centro de Detroit.
Si hubiera entrado aquí sin saberlo, pensaría que un hombre rico de
mediana edad vivía aquí solo.
No te metas con nada más, dijo Britain. Correcto.
Sigo sus instrucciones, subiendo por las escaleras. Dijo que la
segunda puerta a la derecha era el baño. Camino más allá de la primera y
me detengo.


La habitación es morada y negra. Algunas fotos enmarcadas están
dispersas por las paredes, junto a un póster de una banda que nunca he
escuchado. La cama está deshecha. Libros de texto de biología y de no
ficción están apilados en el escritorio del ordenador y en la estantería de
madera contrachapada.
Esta es la de Rylan… esta es la habitación de Evan.
Algo me invade... el impulso de meterme en la cama y esperar a
que me encuentre allí.
Olvídate de esto, Dallas.
Anoche cuando llegué a casa, le conté a Tricia -cuando por fin tuvo
tiempo para escucharme- sobre la sesión y la cantidad de tiempo que iba
a tener que pasar tocando, lamiendo y besando a esas modelos. Parecía
totalmente imperturbable. Si te ayuda a concentrarte mejor, finge que
estás soltero cuando entras en el estudio. Que no estás obligado a
permanecer fiel.
Estoy seguro de que si cualquier hombre escuchase a mi novia decir
eso, pensarían que soy el hombre más afortunado del mundo. ¿Por qué no
me siento así? El hecho de que esté bien conmigo fingiendo estar soltero
en medio de todas estas hermosas mujeres desnudas, me revuelve el
estómago.
Pero no es real. Es sólo para el espectáculo... sólo por dinero. Tengo
que recordar eso.
Dejo la habitación de Evan y me ducho en el baño decorado como
el océano. Me pongo mis pantalones cortos y regreso de nuevo al estudio.
Algunas modelos han creado una estación de maquillaje junto a la puerta,
y me miran raro cuando saco la llave de Britain y cierro.
—¿Se está follando a una de las básicas? —Escucho a una susurrar
mientras paso. Genial. Así es como comienzan los rumores.
No queriendo ser objeto de miradas por más tiempo del necesario,
encuentro que mi bolsa ha sido enterrada bajo un montón de ropa junto a
la puerta principal cerca de los vestuarios VIP. La puerta está cerrada.
Toco.
—Adelante —dice Evan.
Abro la puerta y me detengo. Probablemente no me esperaba.
Debería irme. Pero antes de que pueda, me mira por el espejo y dice—:
Date prisa, estás dejando salir todo el calor.
Como si no se avergonzara en absoluto de estar casi desnuda.
Cierro la puerta, dejando mi bolsa caer al suelo.


Los rizos ruedan por su espalda, salvajes y perfectos para meter los
dedos entre ellos. Su escote se derrama desde lo alto de su sostén azul
bebé de volantes. Y sus bragas exponen lo suficiente de su firme culo para
que tenga una erección en segundos.
Maldita sea. No ahora.
La peor cosa en el mundo es tener una erección mientras intento
terminar la tarea de biología.
Y actúa como si no hubiese nada extraño en esto. Como si sólo fuese
otro día en la oficina.
—¿Britain me necesita o algo?
Sostengo en alto mi libro. —Simplemente necesito un lugar tranquilo
para mantener la cordura.
Sigue empolvándose la cara. —Este lugar será tuyo en un momento.
Britain quiere empezar la sesión pronto.
Mierda. De por sí la tarea es bastante difícil de hacer en el estudio,
¿pero irse dejándome caliente y erecto? Bien podría ni siquiera intentarlo.
Respiro profundamente. Está bien. Juega solo en el estudio.
Juega solo.
—¿Necesitas una audiencia?
Se detiene de aplicarse maquillaje, me mira en el espejo, y se ríe. —
Oh, Dallas. No voy a ser cruel, porque nunca has estado aquí en un día de
sesión general. Pero confía en mí, tendré una audiencia.
Mis ojos se encuentran directamente con los suyos. —¿Qué, un grupo
de chicas que están insanamente celosas de ti?
Se mofa. —Celosas de mi posición en la EPE, tal vez. Pero eso es
todo. Ven mi éxito y estudian mis fotos para poder copiarlas. Confía en mí,
la mayoría de estas chicas creen que son mucho más atractivas que yo y
que podrían hacer un mejor trabajo.
No recuerdo cuando empecé a acercarme, pero no puedo parar.
Mis ojos no dejan los suyos. —¿Y crees que tienen una oportunidad de
hacerlo mejor tú?
—Incluso si lo hicieran, Britain nunca me degradaría.
Me detengo detrás de ella. Sus ojos se abren mientras pongo mis
manos a cada lado del tocador que la rodea. —Eso no es lo que te he
preguntado.


Abre la boca para responder, pero cuando ningún ruido sale, se
muerde el labio. Finalmente, después de segundos de silencio, cambia de
tema con otra pregunta. —¿Por qué quieres ver mi sesión?
Me inclino cerca de su oído, el olor de fresas perfumadas rozando mi
nariz. —Para estudiarte. Necesito saber cómo moverme contigo si vas estar
retorciéndote debajo de mí por el próximo mes más o menos.
Observo en el espejo cómo cae su mandíbula. Se gira hasta
enfrentarme, apoyando la espalda contra el mostrador, y dice—: ¿Lo dices
en serio?
Me encorvo hasta que nuestras caras están al mismo nivel. Su rápida
respiración huele a menta. Alzo una ceja y pregunto—: ¿Qué crees tú?
Se abre la puerta detrás de mí, y Britain grita—: Tu turno, Ry.
Evan se muerde el labio inferior de nuevo, los dientes hundiéndose
en su regordeta y brillante carne. —Entonces mira —dice.
Me retiro del mostrador y se aparta, sus caderas meciéndose
mientras se dirige a la puerta. No mira hacia atrás.
Maldición. La tarea no se hará hoy.
Me apresuro tras ella.

***

Evan no mentía. La terraza de la piscina está llena de gente. Britain
está gritando para que se queden en un extremo del patio y no bloqueen
sus fotos. No la escucho, dirigiéndome al otro extremo, a la silla en la que
Evan y yo posamos el otro día. Britain no dice nada, tal vez porque se da
cuenta de la manada de modelos babeantes mirándome como si fuera
una presa.
Y seriamente necesito mi privacidad cuando observo a Evan.
Se mete en la piscina, mojando lentamente todo su cuerpo debajo
de la superficie del agua. Cuando sube de nuevo al patio, su ropa interior
mojada está aferrándose a ella, y puedo verlo todo.
To-do.
En realidad, toda la maldita gente observando puede verlo todo, y
eso ni siquiera la perturba. Britain lanza su trenza rubia a un lado y le dice a
Evan que se tumbe en el borde de la piscina de forma que sus pies me
estén enfrentando. Tan pronto como lo hace, Britain se arrodilla y
comienza a ajustar su lente.


Evan alza las manos sobre su cabeza hasta que sus perfectas tetas
están el máximo, sus pezones forzándose contra la tela húmeda de su
sujetador. Arquea la parte baja de su espalda y deja caer la cabeza hacia
atrás.
Oh mierda. Mierda. Mierda.
Sin ser demasiado llamativo, pongo los puños en mi regazo y me
inclino.
Evan abre las piernas para mí lo suficiente para que pueda ver la
forma en que su ropa se adhiere a la parte interior de sus muslos y el
contorno de su raja.
—Perfecto, Rylan. Ahora trae más inocencia a tus ojos.
Me esfuerzo por arrancar los ojos de ella y ver a las modelos en el
otro extremo de la piscina. La mayoría se encuentran en grupos,
susurrando entre sí, todas en lencería push-up.
Ninguna se acerca al sex appeal de Evan.
Se tumba boca abajo y levanta el culo al aire, estirando la cabeza
hacia un lado para mirar a la derecha, hacia la lente.
Los susurros frenéticos de las modelos aletean en el aire, y espero por
Dios que no nos observen cuando esté haciendo la sesión con Evan.
La quiero toda para mí.

***

Soy capaz de atraparla antes de que vaya a cambiarse. Por suerte,
me acuerdo de llamarla Rylan. Será difícil que me acostumbre al nombre.
—Sígueme al vestuario —dice Evan.
—¿Por qué? ¿Qué pasa?
—No me gusta cómo nos miran estas modelos. Como si fueras la
carne y yo la perra que te está acaparando.
Me río hasta que me doy cuenta de que no bromea, bajando el
rostro y siguiéndola al vestuario. Cuando cierro la puerta detrás de mí, deja
caer la toalla. Podría ser también que no llevara nada.
Se cruza de brazos. —¿Y bien? ¿Qué quieres?
—Estudiar contigo esta noche.
No, sólo quiero pasar tiempo con ella cuando ambos no estemos
siendo observados con la boca abierta. Lo que no debería querer. No


debería querer pasar tiempo con mi hermosa compañera de trabajo
cuando tengo una novia, una novia que me dijo que sólo podía fingir estar
soltero dentro del estudio.
Se burla y se aparta de mí. —Te lo dije. No podemos ser vistos juntos.
Conozco a un montón de modelos que les gusta la fama que EPE les da,
pero a mí no, ¿de acuerdo? —Alcanza su espalda y se quita el sujetador,
por lo que estoy mirando su espalda desnuda.
Mi boca se seca. Trago. —Hay una cafetería genial a una hora de la
ciudad en un antiguo centro comercial. No hay ninguna posibilidad de
que alguien te reconozca allí.
Se desliza una camiseta de gran tamaño sobre su cabeza y me mira.
—¿Y por qué diablos iba yo a querer hacer eso?
Sonrío. —Porque sé lo que el profesor Gates tiene previsto cubrir
hasta la mitad de semestre.


Evan

¿Cómo me metí en esto otra vez? Oh, sí, Dallas me sobornó.
Lo observo mientras ordena nuestras bebidas. Su camisa está
abotonada y metida en sus pantalones. Le sonríe educadamente a la
camarera, incluso bromea con ella. Por fuera, es como uno de esos
adorables nerds perseguidos por todas las buenas e inteligentes chicas
virginales y que todas las chicas fáciles quieren corromper.
Pero sé cómo es realmente. Sé mucho más.
De hecho, la única cosa que realmente no sé, es por qué demonios
quiere tanto pasar el rato conmigo, como si fuéramos amigos o algo.
Como si tuviera un enamoramiento por mí.
Pero no puede, porque tiene novia.
A menos que sea uno de esos idiotas que engañan a sus novias. Pero
no lo sé. Eso no parece a lo que conozco de él.
—Un latte de soja —dice cuando regresa a nuestra mesa, poniendo
la bebida frente a mí.
—Gracias. —Tomo un sorbo. Perfecto.
Se sienta en frente, lo único que nos separa son nuestras carpetas y
la montaña de libros de texto. —¿Así que eres vegetariana o algo así?
—O algo así —digo, tomando otro sorbo—. ¿Por qué lo preguntas?
—Ordenaste un latte de soja.
—Podría ser intolerante a la lactosa.
—Siempre te veo beber esos raros batidos verdes.
Elevo una ceja. —Sí, está bien, soy vegetariana. ¿Eso te incomoda?
Sus labios se desplazan en una tímida sonrisa. —Un poco. —Toma un
trago—. Mientras no me estrangules por beber lácteos delante de ti.


Niego. —No soy ese tipo de vegetariana. Ya sabes, del tipo loco de
PETA
3
. Soy vegetariana porque lo tengo que ser.
—¿Tienes que?
Hago gestos hacia mi cuerpo. —¿Crees que esto se logra comiendo
pizza y hamburguesas todo los días?
—Así que es por razones de salud.
—Más bien por razones de modelo —corrijo.
Me gustaría decir que soy una de esas chicas a las que no les
importa una mierda la retorcida idea de belleza de la sociedad.
Desafortunadamente, mi trabajo es estar desnuda todo el tiempo. Me
pagan por sucumbir a las tendencias de los medios. Por lucir ―caliente‖.
—Aunque tienes que hacer trampa —dice Dallas, cruzando las
manos como si fuera a pasar las próximas horas acosándome sobre mis
elecciones alimenticias.
—Por supuesto que hago trampa. —Abro el libro de texto—. ¿Qué
clase de ser humano sería si no hago trampa?
Asiente y abre su propio libro de texto, y ambos comenzamos a leer.
Alrededor de un minuto después, habla otra vez—: ¿Cuál es tu comida
favorita para hacer trampa?
Alzo la vista del libro y me encuentro con sus sorprendentes ojos.
Realmente parece interesado en mi respuesta. Suspiro y bajo el lápiz. —
¿De verdad quieres saberlo?
—¿Por qué preguntaría si no?
—Masa de galletas con chispas de chocolate medio cruda y
helado, complementado con Cheetos Flamingo Hot y una agradable
IPA
4
para bajarlo todo, preferentemente en el lado más loco.
Parpadea una vez y luego se ríe a carcajadas.
—¿Qué?
—Obviamente has pensado sobre esto por un largo tiempo.
—Bueno, sí, cuando estas engullendo comida para conejos,
fantaseas mucho sobre las cosas que podrías estar comiendo. Ahora borra
esa sonrisa tonta de tu cara y ponte a trabajar.

3
People for the Ethical Treatment of Animals: Personas por el Trato Ético de los Animales. Es
una organización por los derechos de los animales.
4
Indian Pale Ale: Variedad de cerveza inglesa que se caracteriza por ser pálida y
espumosa, con un alto nivel de alcohol y de lúpulo.


El hecho de que me escuche es bastante emocionante. Me gusta
seguir teniendo algún tipo de poder sobre el chico que me arrincona en el
vestidor como si quisiera tenerme.
Es como un juego. Una forma de hacer las sesiones desnudas un
poco más sexis y menos incómodas. Y estoy de acuerdo con ello, mientras
mis calificaciones no decaigan.
Y por cómo me está mirando ahora, las puedo ver completamente
decaer.
Me aclaro la garganta y me concentro en biología.
Sorprendentemente, Dallas deja de hacerme preguntas y me dirige
al capítulo que debería estar leyendo para el parcial. Con la falta de
interrupción y el estímulo de la cafeína, soy capaz de estudiar un poco.
Mucho más que si me hubiera quedado en casa.
Finalmente, cuando comienzo a estar bizca por la terminología,
guardo mi libro de texto y saco de mi mochila una de las novelas
románticas que Britain quiere tanto que lea. Tiene una portada muy
promiscua: un par de esposas en unas sábanas de satín. Sutil pero sexy.
Comienzo a leer. La cosa es como el crack y antes de darme cuenta estoy
en la página cincuenta y los dos personajes principales ya han follado dos
veces.
—¿Cuál es tu asunto? —pregunta Dallas—. ¿Y por qué dejaste de
estudiar?
—Estoy estudiando —digo—. Sólo que ahora para el trabajo. —
Cuando suspiro, me doy cuenta de que lo he estado haciendo
fuertemente por los últimos minutos—. Son estos libros, hombre. No puedo
creer que exciten a las mujeres. Ingenuas chicas virginales succionadas en
la vida de los chicos mujeriegos, que no saben si les gusta ser nalgueadas
hasta que lo son de verdad. Es una total mierda.
Dallas se echa a reír a carcajadas. Me doy cuenta ahora de que se
ríe mucho. El sonido barítono y ronco es hermoso.
—¿Crees que es divertido? Esas escritoras femeninas actúan como si
ni siquiera supieran lo que las mujeres realmente quieren durante el sexo.
Maldita sea, la narradora en este libro se corre sólo con que jueguen con
sus pezones.
La cara de Dallas repentinamente se vuelve muy seria. —¿Y tú no te
corres cuando juegan con tus pezones?
—No puedo correrme ni durante el sexo. —Las palabras se escapan
de mi boca antes de que siquiera me dé cuenta que he dicho


mucho. Demasiado. Me muerdo el labio inferior como castigo y rezo para
que de alguna manera no comprenda lo que acabo de decir.
No tengo tanta suerte.
—Espera —dice lentamente. Sus ojos se entrecierran y se inclina—.
¿Me estás diciendo que nunca has tenido un orgasmo durante el sexo?
—¡Shh! —Miro alrededor para ver si alguien nos está mirando.
—¿Me estás diciendo que nunca has tenido un orgasmo durante el
sexo? —susurra.
Calor ruboriza mi cara, y sé que debo estar como un
tomate. Mantén la calma, Evan. Puedes hablar sobre orgasmos. No tienes
doce. —Yo…no.
—¿A quién demonios te has estado tirando?
—¡Dallas! —siseo.
En realidad parece molesto, sus ojos albergando el tipo más caliente
de fuego. —¿Me estás diciendo que ningún tipo con el que te has
acostado tuvo la decencia de hacerte venir? —Repentinamente se le
ocurre una idea—. Espera… ¿eres virgen?
Me espabilo. —Dallas… hago porno para vivir. Por supuesto que no.
—Entonces, ¿qué demonios pasa con tu vida sexual?
Abro la boca antes de tener las palabras para contestar. De hecho,
odio admitirlo, pero EPE me ha alejado de tener una vida sexual. Nunca
podré dejar que los chicos se acerquen demasiado, porque en cuanto
sepan de mi doble vida, me convertiré en un objeto. Salgo en citas con
chicos lo suficientemente dulces como para dormir con ellos -tener sexo
incómodo- y luego asustarme de que sepan quién soy realmente. De que
estén mortificados por la clase de chica con la que han compartido
cama.
Cuando comencé a modelar para EPE, mi antiguo novio se enteró.
Pensó que era sexy, pero también que me gustaba ser humillada en el
dormitorio, llamada puta y que empujara mi cabeza contra su polla
porque eso era lo que chicas como yo disfrutaban. Había visto porno.
Pensó que sabía.
Vuelvo al presente. Dallas sigue mirándome, esperando una
respuesta. Finalmente respondo encogiéndome de hombros.
Sonríe y dice humildemente—: Si no estás dentro de las nalgadas,
entonces, ¿en qué estás dentro?


Mi corazón comienza a acelerarse, placer esparciéndose
profundamente en mi abdomen. No me puedo creer que el hablar sobre
sexo en un lugar público con un hombre tomado me esté excitando.
—Nunca dije que no me gustaran las nalgadas —digo. Brillo baila en
sus ojos, como si estuviera bebiendo cada uno de mis movimientos, cada
palabra—. Pero no necesito a algún billonario con un abdomen definido
para saberlo. Puedo decidir por mí misma si me gusta ser nalgueada o no.
—Y tu decisión es…
—Sí, algunas veces es caliente. ¿Vale?
—Pero obviamente no eres como la mayoría de esas protagonistas
—dice divertido, echándose atrás en su asiento y cruzándose de brazos—.
Y si recreamos visualmente tus más profundos y oscuros deseos, ¿qué
haremos supuestamente? —Mira su taza, trazando el borde manchada de
café con la punta de sus dedos.
Cruzo las piernas para tranquilizar la presión construyéndose e intento
que mi respiración sea lo más regular posible. —Supongo que tendrás que
dominarme.
Sus ojos encuentras los míos de nuevo, malvados, juguetones y
sorprendentemente azules. Delicioso placer se dispara por mi espalda y
juro que estoy cerca del orgasmo que nunca tuve durante el sexo. Sólo por
cómo me está mirando.
—Supongo que tendré que dominarte —responde.



Dallas

—Le he estado enviando correos a tu fotógrafo —dice Tricia.
Ambos estamos desnudos, tumbados en la cama. La última vez que
tuve sexo con Tricia fue hace aproximadamente una semana, por lo que
pensé que cuando finalmente tuviéramos la oportunidad de dormir juntos,
tendríamos fuegos artificiales. Como solía ser.
Me equivoqué.
Estuvo distraída todo el tiempo, incluso cuando bajé hasta su sexo y
la trabajé con mi boca. Y después de una hora de intentar hacerla
correrse, me di por vencido.
Odio rendirme en eso. Y no es siquiera por orgullo. Observar a una
chica venirse es una de las cosas más hermosas del mundo -como una
adicción- y no he tenido mi dosis en un largo tiempo.
Envuelvo a Tricia con mis brazos, y se relaja dentro de ellos. —¿Sobre
qué? —Me pregunto si la sugerencia de que actuara en solitario era solo
una prueba, y ahora trata de utilizar a Britain para que me espíe.
Britain me vio acorralando a Evan el otro día, con mi cara en su
cabello. ¿Qué si le dijo a Tricia? Mi estómago se retuerce.
—Sobre cuánto ganarás por tu sesión fotográfica de prueba.
Me relajo, pero sólo un poco. —¿Te preocupa el dinero? —No mi
fidelidad. Sólo el dinero.
Se gira para poder mirarme. —Es sólo que sé lo mucho que estás
trabajando en la escuela, no quiero que estés bajo más tensión de la
necesaria.
—Estoy bien —le digo—. Realmente no es trabajo. E… Rylan sabe lo
que hace y yo simplemente me dejo guiar.
Tricia se ríe tontamente. —Cierto. Britain me dijo que te habían
emparejado con la falsa inocente. La prostituta virgen.
Me alejo de ella. —¿Por qué la llamarías así?
—Porque es lo que es.
—Sólo es su personaje —corrijo—. En realidad no es así.
Empuja mi pecho. —Vamos, tiene que ser un poco putita para posar
en esa revista.


No me puedo creer lo que está insinuando. —Trish, yo poso en esa
revista.
—Sí, pero es diferente.
—¿Porque soy un chico?
—Porque… joder, Dallas, no sé. Tan solo porque sí.
Es inútil discutir ahora mismo. Estoy cansado e irritado y tengo el peor
caso de pelotas moradas. No puedo estar en estas condiciones si voy a
trabajar con Evan hoy. Sin decir nada, beso a Tricia en la mejilla y salgo de
la cama.
Si no me masturbo en la ducha, me vendré accidentalmente
durante nuestra sesión de hoy si se parece en algo a la de la semana
pasada.

* * *

El estudio está tan ocupado como lo estaba el miércoles, pero de
distinta forma. Cuando entro, varias mujeres están tranquilamente
sentadas en los muebles, mirándome. En vez de lencería, llevan vaqueros y
franelas. Britain está entre ellas. Hay papeles dispersos sobre la mesa de
café.
—Dallas —dice Britain—, que bien que estás aquí. —Le hace gestos a
una mujer de piel oscura y cabello rizado sentada a su lado—. Ésta es
Andrea, una de nuestras escritoras para el próximo número de EPE.
Elaborará vuestra historia para la revista.
Andrea se levanta. Me acerco y estrecho su mano. —Un placer
conocerte. Lo siento —me vuelvo hacia Britain—, ¿qué historia?
—Me alegra que preguntaras. ¡Rylan! —grita Britain.
—¡QUÉ! —grita Evan desde el vestidor. Contengo una sonrisa.
—Trae tu culo aquí. Estamos hablando de negocios.
Sale del vestidor vestida como Evan, igual de adorable que esa
última vez en la cafetería. Sin maquillaje, lentes estilo hípster, coleta.
—No sé qué pasa —le digo honestamente a Evan cuando se detiene
a mi lado.
—Tú y yo vamos a elaborar nuestra historia de amor —dice
secamente—. Yupy.
—¿Historia de amor? —pregunto.


—Intentamos atraer una mayor audiencia con este número —explica
Britain—. Por eso te contratamos. Queremos atraer a las mujeres.
Investigaciones muestran que a las mujeres les gusta la idea de una historia
erótica con argumento. —Señala a Andrea. Y ésta saluda—. Así que he
contratado a Andrea para que escriba vuestra historia. En cada número,
tendremos una sesión y un episodio.
—Titulado ―La seducción de Rylan Willow‖ —dice Evan con voz
cansina.
Bufo.
—No es broma —dice Britain seriamente, mirándome.
—Oh —murmuro.
—De cualquier forma —continúa Britain—, esperábamos inspirarnos
con tus ideas. Quién debería ser este personaje, cómo debería ser el tema
de las sesiones fotográficas, etcétera. Podríamos hacerlo más sencillo. El
millonario director ejecutivo y su pequeña adorable secretaria. —Britain
golpea gentilmente a Evan con su hombro.
Evan frunce el ceño. —Eso está demasiado hecho.
—Bien entonces, Rylan. ¿Cuáles son tus ideas?
Evan se encoge de hombros dramáticamente. —¿Por qué no van a
por todo y hacemos toda esa cosa de dominación y sumisión? Básenlo en
un jodido club de BDSM o algo.
Andrea pone mala cara. —Es demasiado difícil escribir una historia
con eso.
—Vamos, Rylan, ya lo sabes —dice Britain—. También tenemos que
trabajar con lo que tenemos. Construir un estudio para un enloquecido
club de BDSM sería demasiado difícil. Además, tendríamos que comprar un
montón de juguetes pervertidos y toda esa mierda.
—Trabajar con lo que tenemos —murmuro, y los ojos de todo el
mundo vuelan a mí—. Es sencillo. Somos parte de una universidad, por el
amor de Dios. Una relación profesor-estudiante.
Las mujeres en los muebles murmuran emocionadas. Mientras Evan
gruñe, los ojos de Britain se abren. —Dallas, eres un genio.
—¡Genio! —exclama Evan—. Ese es el contexto de nuestra vida real.
¡Me dio clase la semana pasada!
Niego. —Pero no soy tu profesor. Soy un estudiante de postgrado.
—¿No te da miedo que le afecte a tu imagen? La próxima vez que
des clases, tendrás licenciadas lanzándose sobre ti. ¿Cómo se sentirá tu


novia? —Si no me equivoco, hay amargura en su tono bajo todo ese
disgusto.
—Te lo dije —digo—. Terminé con las conferencias y la enseñanza. El
próximo año me dejaran sumergirme por completo en el campo de
investigación.
Obviamente no es lo que quiere oír. Gruñe de nuevo y gira sobre sus
talones. —Entonces jodidamente genial. Dame un minuto, déjame vestirme
como una estudiante de escuela católica putona y perfeccionar mi
mordida de labio.
Britain rueda los ojos mientras Evan sale dando pisotones y cierra de
golpe la puerta de los vestidores. Suspiro y paso la mano por mi cabello. —
Debería hablar con ella.
—No te molestes —dice Britain, pero la ignoro.
Cuando entro al vestuario, Evan ya está en sostén y bragas,
hurgando a través de las perchas de ropa. Me es difícil no mirar fijamente
sus deliciosas curvas.
—Lárgate —farfulla sin apartar los ojos de las perchas y tirándolas
detrás de ella.
—Tengo novia.
—Exactamente —dice—. Y me siento como la zorra entrometiéndose
en tu relación.
—Evan. Evan, mírame, ahora.
Parpadea un par de veces y sus ojos me encuentran.
—No vuelvas a llamarte así nunca más, ¿me entiendes? En cualquier
caso, yo soy el zorro.
Localiza una falda microscópica de colegiala en la que seguro
como el infierno no le entra ni el trasero, claro que a lo mejor esa es la idea.
—¿Cómo soporta esto tu novia?
—En realidad lo ama —digo honestamente. Evan levanta una ceja, y
continúo—: Ama que nos vaya a dar ingresos extras. Incluso me dijo que
actuara como si estuviera soltero.
Evan estrecha sus ojos escépticamente. —¿Hizo qué?
—Para que me relajara. Porque me sentía mal sobre esto, ¿sabes?
—Pareces bastante relajado —murmura—. Debe confiar en ti en
serio.
—Eso es lo que ocurre cuando se sale desde siempre. —Y a veces,
también olvidas que supuestamente debes estar enamorado, pero no se lo


digo a Evan. En vez de eso, me acerco, tomo la falda en sus manos y la
lanzo sobre los percheros.
—¿Qué diablos haces? —exclama.
—Las mujeres no quieren verte con eso. Quieren verte con algo que
ellas podrían usar. —Hurgo a través de los percheros hasta que saco un par
de pantalones de cintura baja que lucen de su talla, y una sudadera rosa
con la capucha adornada de piedras. Se las paso—. Con estos, podrías ser
cualquier estudiante femenina del campus. Así, los lectores serán capaces
de fantasear cuando me vean desvistiéndote.


Evan
Aprieto los dientes para evitar que mi mandíbula se caiga al piso.
Dallas de alguna forma hace que le odie por encenderme tanto.
Con los chicos normales, eso no sería un problema. Sólo coquetearía y
seguiría el curso de las cosas. Pero con Dallas -bueno, en primer lugar es
extraordinariamente hermoso. Y en segundo, terminó hablando sobre su
novia. De siempre. Quién confía en él.
Lo que necesito hacer es simplemente aceptarlo, y tomar ventaja
del hecho de que su siempre tan confiada novia quiera que finja estar
soltero en el set. No puedo tener novio. Los chicos son demasiada
distracción y se ponen raros cuando se enteran de mi fuente de ingresos.
Esta será mi única emoción por un tiempo.
Dallas.
—Será difícil que me meta en el papel en este ridículo traje —le digo
con sinceridad—. Voy a necesitar algo de ayuda.
—Me aseguraré de ello —responde con voz ronca, antes de dejarme
sola para cambiarme.
Cuando se ha ido, me pongo la mano sobre el corazón, que late
frenéticamente.
—No te emociones demasiado —me susurro a mí misma—. Es sólo
gratificación instantánea.

***

Britain es la más valiente y desvergonzada chica que he conocido
en toda mi vida. Es por eso que somos amigas. Y que pudo convencer a
un comité universitario de aprobar East Park Exposed como una
publicación oficial de la Universidad East Park. El argumento de Britain
fue: Demonios, Harvard lo hizo.


Y funcionó.
Hay una cláusula en el acuerdo que indica que no se puede rodar
en ningún edificio del East Park a excepción de uno -un gimnasio
abandonado que alberga un conjunto de salones de clase, casilleros,
duchas y una piscina de natación con drenaje. No podemos hacer mucho
con eso, pero deberíamos ser capaces de encontrar una oficina para esta
sesión.
Maldición, esta sesión.
El policía del campus le guiña a Britain cuando sube para abrirnos el
edificio. Lo hemos utilizado antes un par de veces, y sabe exactamente lo
que estamos haciendo. Supongo que piensa que necesitamos el guiño
extra para sentirnos sexis o algo así.
Afortunadamente, los únicos que asistimos a esta sesión fuera de
casa somos Dallas, Britain, Andrea y yo. Andrea está aquí para dirigirnos
sobre la historia que tiene en su cabeza en este instante. Delilah realmente
quería venir, al igual que Adam, pero creo que Britain puede sentir lo
tensos que están mis nervios en este momento, así que hizo que la sesión
fuese privada.
Caminamos por el sucio pasillo desierto, y Britain nos guía por las
escaleras.
—Creo que las oficinas se encuentran en el segundo piso —dice.
Trago. ¿Por qué estoy tan nerviosa? He hecho un millón y medio de
sesiones antes y he triunfado en todos ellas. Incluso hice una anteriormente
con Dallas. Pero la idea de estar a su alrededor, o tenerlo tocándome
delante de la cámara de nuevo, me está mareando.
Y haciéndome sudar. Qué es lo último que necesito.
Britain encuentra una oficina que parece estar todavía en uso. Hay
libros en las estanterías y archivos dispersos sobre el escritorio. Comienza a
mover los archivos, y a regañadientes encuentro un pedazo suave de
fieltro en uno de los cajones para comenzar a limpiar el polvo.
Dallas alisa la parte delantera de sus pantalones y se sienta,
cruzando las piernas. Lleva una bonita camisa metida dentro de sus
pantalones. Incluso tiene una corbata, y el pelo peinado hacia atrás lo
suficiente como para hacerle parecer más viejo y profesional sin lucir
espeluznante. Y en serio parece mayor. Se ve como si pudiera tener
fácilmente la perfecta juventud de los treinta y pocos años -la edad de un
profesor sexy.
Oleadas de calor recorren mi cuerpo.


Llevo puesto un increíble pantalón de cintura baja, una reveladora
camisa blanca y una sudadera rosa de la EPE con cremallera.
Exactamente lo que Dallas me dijo que usara. Mientras acecho alrededor
de la habitación intentando ordenar el lugar, me agarra del brazo y me
acerca a él. Miro fijamente sus ojos claros que expresan preocupación.
—¿Qué puedo hacer para que este sesión sea lo más fácil posible
para ti?
Quiero estirarme y tocar su cara -pasar mi pulgar a lo largo del suave
extremo de su mandíbula, pero tengo que ser paciente.
—Sólo me tomará algo más de tiempo acostumbrarme a modelar
con alguien.
La esquina de su boca se eleva. —Intentaré lo mejor que pueda
hacer que te olvides de la cámara.
Oh, Dios.
Mejor deberías intentar hacerme olvidar que no estás soltero, quiero
decirle, pero en su lugar, solo asiento.
Después de que Britain configure la iluminación, aplaude.
—Bien, creo que estamos listos para rodar. Dallas, ve y siéntate detrás
del escritorio.
Mi corazón empieza a latir implacablemente. Aprieto la carpeta -
que he traído como accesorio- contra mi pecho.
Britain comienza a ajustar su cámara. —De acuerdo, Andrea, ¿cuál
es el escenario?
Andrea inspira con entusiasmo y aprieta las manos.
—Vale, Rylan. Vienes a la oficina buscando créditos extras en la
clase de Dallas, pero él obviamente tiene mejores planes para ti.
Ruedo los ojos. —Oh, hermano.
—Rylan —dice Dallas con severidad. Oscuramente. Me giro para
verle observándome desde su escritorio, con ojos feroces. Sus palmas están
presionadas contra la madera pulida—. He notado que estás fallando en
mi clase.
—Tienes que estar bromeando —murmuro.
—¡Joder sí! —grita Britain, levantando la cámara y tomando algunas
tomas de prueba de Dallas—. Vamos, Rylan. No seas una pobre deportista.
Juega con eso.
Inhalo profundamente y empiezo a caminar lentamente hacia
Dallas, que está tan inmóvil como una roca.


—Rylan, eres humilde e inocente —instruye Andrea—. Este profesor es
implacable contigo. Nunca te había ido tan mal en una clase y todo lo
que más quieres en el mundo es que tu GPA no caiga de un brillante 4.0.
No muy lejos de la vida real, pienso.
—Dame diálogo —indica Andrea—. Inspírame.
Dallas sonríe con malicia. Se está divirtiendo demasiado con esto.
—No creo que puedas conseguirlo —dice.
El fuego se enciende dentro de mí. Un desafío.
Bajo la vista, rozando mis pies tímidamente. —Profesor, quisiera
preguntarle si puede hacer una excepción y ofrecerme créditos extra. Es
sólo que soy una honrada estudiante de matrículas y nunca antes se me
ha dado tan mal una clase.
—Sí —silba Britain.
Cuando miro a Dallas, no sé si está impresionado o no por mi
actuación. Su expresión carece de toda diversión. Se inclina en su silla.
—El asunto es, Rylan, que muchas chicas vienen constantemente
solicitando créditos extras. Y sus excusas son bastantes creativas. ¿Así que
por qué debería dártelos a ti y no a ellas?
—Por favor, profesor —lloriqueo—. Haré lo que sea.
Dallas no puede ocultar la sonrisa que aparece en su rostro.
—Abre la sudadera —ordena con voz profunda—. Lentamente.
—¿Esto sirve, Andrea? —Le oigo preguntar a Britain.
—Oh, estoy teniendo el momento de mi vida —responde Andrea—.
Continúen —instruye.
Intentando controlar la respiración lo mejor que puedo, poco a poco
me desabrocho la sudadera. Los ojos de Dallas no dejan los míos en ningún
momento.
—Quítatela —dice. Dejo caer la prenda al suelo.
Se echa atrás con su silla y se levanta. Colocando un pie
intencionadamente frente al otro, rodea el escritorio.
—Toma asiento —dice, su seria expresión inquebrantable.
Tengo que saltar sobre la mesa, con los pies colgando delante de él.
Andrea permanece en silencio, dejando que Dallas tome las riendas.
—No creo que debas aprobar esta clase sin algún tipo de castigo
por fallarla en primer lugar.


Oh. Dios.
Mis ojos se agrandan. —¿Qué tipo de castigo?
No aparta la vista cuando pone la mano sobre la hebilla del cinturón
y comienza a desabrochárselo.
Britain se ríe.
—Te odio, Britain —suspiro.
—Mantente en el personaje —ladra, sin dejar de tomar fotos.
Cuando Dallas desliza retira el cinturón, ordena—: Levanta los brazos
sobre tu cabeza.
—¿Qué vas a hacer? —susurro.
Sólo responde con sus ojos oscurecidos, que envían un escalofrío por
todo mi cuerpo. Mordiéndome el labio inferior, levanto los brazos.
Agarra el borde inferior de mi camiseta y me la quita, dejando al
descubierto mi sujetador de encaje. Por un segundo, sus ojos descienden a
mi pecho para beber cómo me veo.
Chorros de calor bajan por la parte interna de mis muslos, y los
aprieto.
Empiezo a bajar los brazos. Sus manos se disparan y atrapan mis
muñecas, sujetándolas con fuerza.
—¿He dicho que podías bajar las manos?
—No, señor.
Maldición, me gustaría que esto fuera real. Desearía que Britain y
Andrea no estuvieran aquí y que Dallas no estuviera interpretando un
personaje en este escenario sólo para encenderme.
Porque estoy oh, tan encendida.
—Mantén tus muñecas juntas.
Obedezco mientras toma el cinturón y rodea mis muñecas con él,
enlazando y sujetando para atarme.
—Túmbate —instruye.
Tan pronto como lo hago, con los brazos aún sobre mi cabeza,
coloca el dedo índice en el centro de mi labio inferior, empujándolo
ligeramente hasta que lo saboreo. Luego, lo arrastra por mi barbilla, mi
cuello y el valle entre mis pechos. Cuando llega a mi ombligo, elevo las
caderas y presiona su palma contra mi vientre, manteniéndome quieta.
—No te muevas hasta que yo lo diga. ¿Entiendes?


—Sí, señor. —Intento hablar claramente, pero termino metida en el
personaje más de lo que quiero cuando mis palabras se escapan con un
gemido.
Dallas lo nota. Lo sé por cómo sus labios se contraen. Enganchando
los dedos bajo el dobladillo de mis pantalones, se inclina hasta que sus
labios rozan mi oído.
—¿Estás tan excitada como yo?
Un pequeño gemido se me escapa, pero no tengo tiempo de
responder antes de que Andrea le diga a Dallas que me quite los
pantalones.


Dallas

Le pido a Evan que levante las caderas para quitarle los pantalones.
Estos caen al suelo. Mis manos encuentran sus muslos y los aprieto.
—No te muevas a menos que yo lo diga.
Cierra los ojos fuertemente y asiente furiosamente. Mi polla está
endureciéndose más y más con cada segundo que pasa, y seguirá
haciéndolo hasta que sea doloroso incluso moverse.
Sobre todo con lo que estoy planeando hacer.
Abro sus piernas y reprimo un gemido. Puedo ver lo mojada que está
desde aquí. Si estuviéramos solos -si estuviera soltero- sería incapaz de
contenerme. Le arrancaría las bragas de encaje y lamería todo el camino
hasta su centro.
Joder.
Sus tetas perfectas suben y bajan mientras respira profundamente.
Me doy cuenta de que Britain está intentando instruirme.
—Jesús, Dallas. Sí, todos sabemos que Rylan es caliente, ahora cierra
la mandíbula y mantén el control.
Cierro la boca y respiro por la nariz. Mantén el control. Mantén el
control.
—Ata sus pies —dice Andrea.
¿Atar sus pies? —¿Con qué?
La miro y gesticula hacia mi pecho.
Por supuesto, idiota.
Acerco las rodillas de Evan y deshago el nudo de mi corbata lo más
rápido posible. Gime de nuevo, un ruido que desearía que controlara
porque estoy empezando a perder la cabeza. Cuando la corbata está
fuera de mi cuello, envuelvo la tela en un nudo alrededor de sus tobillos.
Sus dedos se curvan, y pellizco el pulgar de su pie izquierdo. Jadea.
—No te muevas —gruño, más por mi frustración sexual que por
cualquier otra cosa—, o este castigo será mucho peor para ti.
Cuando encuentro sus ojos, me está mirando extrañamente, como si
se estuviera replanteando algo seriamente.
Y luego curva los dedos de nuevo.


No me doy tiempo para pensar en mis acciones, mis manos recorren
su espalda y sus piernas, y le doy la vuelta para que quede sobre su
estómago. Grita, sorprendida.
Andrea silba. Britain baja su cámara. —¿Estás bien, Ry?
—Cállate, Brit —jadea Evan—. Deja al hombre trabajar.
—Ahueca su culo —dice Andrea—, y luego acércate, como si
estuvieras susurrándole al oído.
Arrastro mi mano por su muslo suave, el globo perfecto de su culo
ajustándose bien en mi mano.
Britain le ordena a Evan que arqueé las caderas y miré a la cámara.
Me agacho hasta su oreja más cercana. Cuando su cabello roza mis
labios, algo dentro de mí se rompe. Estoy bailando con ella como si se
tratara de una muerte lenta y tortuosa, y no puedo soportarlo más. Abro la
boca y tomo el lóbulo de su oreja, raspando los dientes contra su tierna
carne. Gime mi nombre en voz baja y casi lo pierdo ahí mismo.
Oigo a Andrea decir—: Esta sería buena como pose final.
Britain toma fotos como una loca. —Estoy de acuerdo —dice
finalmente, bajando la cámara—. Creo que hemos acabado, chicos.
Me enderezo, intentado controlar mi respiración.
Britain se abanica con una mano. —Maldita sea, ¿hace calor aquí
adentro o son sólo ustedes dos? —Me guiña el ojo y Andrea abre la puerta.
Las dos salen de la oficina para conseguir un poco de aire fresco.
—Ayuda —suplica Evan.
—Oh, mierda. —Desenrollo suavemente el cinturón de sus manos y se
da la vuelta sobre su espalda. Sus ojos color pizarra están vidriosos, sus
labios hinchados, como si acabáramos de enrollarnos. Eso sólo me excita
más.
—Puedo encargarme de eso —dice.
—Está bien. —Aflojo el nudo en sus tobillos—. Es lo menos que puedo
hacer después de esto.
—Dallas Whitley —dice mi nombre sin aliento, y alejo la mirada de sus
pies para ver como estira los brazos. Su cuerpo bronceado brilla por el
sudor—. Tienes suerte de no estar soltero ahora mismo.
Mis manos se congelan. —¿Por qué?
Sin apartar la mirada, dice—: Porque si fuera así, después de
hacerme pasar por este pequeño número, te obligaría a que me hicieras
correr.


No puede hablar en serio.
—No puedes hablar en serio.
Suspira y se limpia la frente con el dorso de la mano, soltando una
risa ronca.
—Oh, Dios mío —dice—. No me puedo creer que haya dicho eso. El
calor me está haciendo delirar o algo así. —Mira sus pies—. ¿Vas a tomarte
todo el día con ese nudo o qué?

***

Cuando estoy de vuelta en mi apartamento, dejo las llaves en la
mesa y grito el nombre de Tricia.
He tenido una furiosa erección desde la sesión. Estoy seguro de que
las chicas se dieron cuenta, pero en este momento, realmente me importa
una mierda.
Sólo tengo que correrme. Necesito correrme ahora.
Grito el nombre de Tricia de nuevo antes de ver la nota escrita a
mano pegada en la nevera.
Mi jefe me llevó a cenar. Vuelvo a las 11. OXOX
Maldigo y camino hasta el final del pasillo, arrancándome la camisa
antes de llegar al baño. Pienso en tomar una ducha fría, ¿pero por qué
torturarme más de lo que ya he sido torturado hoy?
Me quito los pantalones y me aseguro de que el agua esté tibia
antes de entrar. Gimo cuando el chorro caliente me envuelve, y mi mente
salta a Evan. La forma en que compró la farsa tan pronto como empecé a
tocarla. La forma en que gimió mi nombre. Cómo de empapadas tenía sus
bragas.
Agarro mi polla y empiezo a acariciarla. En cuestión de segundos,
por fin tengo mi liberación. Sin embargo, no puedo sacarla de mi mente ni
siquiera después de terminar.
Pero eso es normal. Incluso a pesar de estar enamorado, es normal
sentirse de esta manera por una chica hermosa como Evan, ¿verdad?
No es más que una fantasía. Como si tuviera que alquilar una
película porno y verla ahora mismo ya que Tricia no está. Todos los chicos
hacen mierdas así.
Es sólo mi polla la que me está haciendo sentir así por Evan Cosette.
Tiene que serlo.


Evan


Levanto la espalda de la cama, mis dedos trabajando furiosamente
en mi clítoris hasta que siento el tercer orgasmo de la noche
invadiéndome. Bajando del placer, tomo bocanadas de aire y espero a
sentirme satisfecha, pero la satisfacción nunca llega.
Gimo y me tumbo sobre mi estómago, enterrando la cabeza bajo la
almohada mientras espero a que mi corazón deje de martillearme en el
pecho.
Es normal que cualquier chica se encienda por un magnífico
modelo. Sobre todo una que ha renunciado a los chicos durante un año.
Durante todo un año, hemos sido sólo mis dedos y yo. Y a veces un
vibrador cuando me apetece usar uno. Sigo diciéndome que de esta
manera me esfuerzo menos emocionalmente que con un verdadero
hombre en mi cama, pero ahora estoy empezando a cuestionar esa
afirmación.
No he querido a nadie tan malditamente en un largo tiempo.
Pero eso se debe a que estamos imitando actos sexuales con ropa
en el trabajo, idiota.
Es cierto. No es Dallas Whitley el que me excita. Es la presencia
masculina genérica después de estar tan pura durante tanto tiempo.
Tiene que ser eso. No puedo estar sintiendo cosas por Dallas. Está en
la escuela de postgrado en mi departamento y es mi compañero de
trabajo. Se encuentra demasiado cerca de todo lo importante en mi vida.
De todo lo que me mantiene a flote.
Y tiene novia. No puedo sentir nada por Dallas porque tiene novia.


***



La mañana siguiente, las cosas en producción están tomándose en
serio. Me hago el batido de proteínas de plátano y me dirijo allí en pijama,
sentándome en un rincón, mientras Britain organiza al equipo de escritores,
diseñadores gráficos, al que hace el diseño de la página-infierno –diablos,
incluso el diseñador web está aquí. Todo el mundo está gritando sólo para
ser escuchados sobre el ruido en la sala de estudio, pero incluso en el caos,
Britain aún tiene una enorme sonrisa en su rostro.
Ha convertido la pre-producción en una ciencia, esta chica. El
formato y el diseño de la revista se realizan generalmente en un solo día de
trabajo, como mucho. Es por el rápido impulso que somos capaces de ser
bimensuales -bueno, eso y que los lectores están dispuestos a comprar dos
números al mes. Parece no tener suficiente dosis de piel, y eso trabaja a
nuestro favor.
Britain se acerca y se sienta a mi lado, apoyando la cabeza en mi
hombro.
—Has estado trabajando muy duro en este tema —digo.
Suspira. —Gracias por darte cuenta, Evan. Necesito gente como tú
en mi vida.
Sonrío. Mi parte favorita de nuestra relación es que podemos ser
sarcásticas la una con la otra durante las sesiones de desahogo, pero eso
no siempre hace mella en nuestra amistad. Es poco convencional, sí, pero
nos funciona.
—Evan… tu sesión con Dallas. Jesús, es como si los dos estuvieran
hechos para posar juntos. Es decir, a pesar de que las sesiones de Adam y
Delilah son más subidas de tono, ustedes me están haciendo ponerme
caliente y molesta.
Resoplo. —Eso es un poco inquietante.
—Lo siento, es la verdad. Una vez que se olvidan de que estoy ahí,
tienen esa loca química.
—Bien, eso es genial. Al menos Dallas hace su trabajo.
—¿Te gusta? —pregunta.
—¿Dallas? Bueno, sí, claro. Sabe lo que hace.
Se ríe. —Eso no es lo que quise decir, Evan.
Oh. Me pregunta si me gusta de gustar, como si estuviéramos en la
escuela secundaria y habláramos del chico lindo del grupo con los
aparatos. Por Dios.


Antes de que pueda decir algo, uno de los escritores la llama para
hacerle una pregunta, y me quedo sola. Salgo como el infierno del estudio.
Con la sesión de la piscina y del escritorio ya hechas, Dallas y yo
hemos terminado por un tiempo en cuanto al modelaje se refiere. Britain
quiere debutar con la sesión del escritorio y usar la sesión de la piscina para
la próxima edición, cuando Rylan tenga algo más de diversión con su
profesor en la ducha del gimnasio.
En serio, estas sesiones son tan cursis que no me sorprendería que
fracasaran. Si lo hacen, supongo que Britain tendrá que despedir a los
chicos.
Una extraña punzada de decepción se me instala en la boca del
estómago, pero es rápidamente reemplazada por la ansiedad cuando me
dirijo hacia el buzón. No he recibido ninguna carta de aceptación de las
escuelas para las que apliqué en los programas de postgrado. Algo me
dice que la noticia está a la vuelta de la esquina.
Abro el buzón sólo para que la decepción vuelva a mí. Nada más
que anuncios y correo no deseado.
Arrojo los papeles en la basura y vuelvo a mi habitación, donde paso
el resto del día estudiando para mi examen de biología de esta noche.
Dallas me dirigió en la dirección correcta, y con su orientación, es de
esperar que sólo estudie lo que se necesita para la prueba. Esperemos que
no me esté puteando.
Una hora antes de clase, mamá me envía un mensaje.

Por lo tanto, este fin de semana... ¿Estás ocupada?

Suspiro. No puedo evitarla por más tiempo. Aprieto el botón de
respuesta.

Claro. Iré a ver tú nueva casa.


Dallas

Ser un estudiante de postgrado significa, en su mayoría, que tienes
que hacer un montón de trabajo de mierda.
Uno de mis compañeros y yo repartimos los exámenes a los
doscientos estudiantes en el auditorio. Prueba A, prueba B, prueba C,
prueba D. Nos aseguramos de que dos personas sentadas juntas no
tengan la misma letra.
Evan se sienta al fondo. Me sonríe cuando le entrego la prueba.
Quiero decirle ―buena suerte‖, pero sé cuán extraña es sobre las personas
viéndonos interactuar, y quiero respetar eso.
Las próximas dos horas transcurren siendo yo el imbécil que camina
de un lado a otro entre los asientos del pasillo, vigilando a todos los
estudiantes como un halcón para asegurarme de que nadie esté
copiándose. Un par de veces llamo la atención de Evan. Muerde su labio
inferior para ocultar una sonrisa y baja la vista de vuelta a su examen.
Dios… no quiero saber a cuántos chicos se ha ligado con ese movimiento.
Son las nueve de la noche cuando por fin han terminado todas las
pruebas. Estoy de camino a la oficina para empezar el maratón de
calificaciones cuando paso a Evan en el pasillo. Para mi sorpresa, mira a su
derecha e izquierda para asegurarse de que estamos solos, y luego se
recuesta contra la pared. —Hola.
—¿Cómo crees que lo hiciste? —pregunto.
Las esquinas de sus labios se elevan. —Di justo en el clavo —dice—.
Creo que podría necesitarte como tutor todas las semanas.
Aunque su poco maquillaje, lentes y sudadera la hacen lucir
bastante joven como para ser una adolescente, todavía tiene esa gran
aura a su alrededor.
—¿Qué tal este fin de semana? —Ofrezco—. Hemos terminado… —
Miro alrededor—, hemos terminado la sesión. No me importaría salir de la
ciudad por un rato.
Frunce el ceño y levanta sus lentes con la punta del dedo. —Tengo
que visitar a mi madre.
—¿Dónde vive?
—Chico
5
.

5
Ciudad del condado de Butte, en el estado de California.


—Oh, bien. Es agradable.
Ladea la cabeza, con una sonrisa maliciosa en sus labios. —¿Insinúas
que quieres venir conmigo a casa de mi madre?
—No pensé que estuviera insinuando nada, pero si buscas
compañía… Tricia se irá de viaje el fin de semana para visitar a uno de sus
clientes, de todos modos. No es como que vaya a hacer mucho, además
de mis deberes.
—¿En serio quieres venir? —pregunta, y luego se encoje de
hombros—. Vale, supongo que eso me viene bien. Si llevo un invitado,
mamá no me presionará para quedarme más tiempo. Hay una excelente
cafetería en el centro.
—Suena como un plan —suspiro, y luego me rasco la cabeza con la
mano que no está sosteniendo todos los exámenes—. Así que, las fotos van
a producción esta semana.
Asiente. —Britain está realmente emocionada por eso. —Ladea la
cabeza—. ¿Estás nervioso? —Sus ojos destellan con adorable curiosidad.
Antes de que pueda responder, sin embargo, voces llegan desde el
fondo del pasillo. Son los otros estudiantes graduados que ayudarán a
calificar los exámenes esta noche.
Evan presiona los libros contra su pecho y eleva sus lentes por última
vez. —Hablamos luego, Dallas —dice, y antes de que pueda decirle
buenas noches, ya ha hecho su camino por el pasillo, lejos de mi vista.

***

Estoy a punto de colocar la hoja con las respuestas de Evan en la
máquina cuando Brad, otro interno, dice—: Entonces, Dallas, tienes que
dejarme saber si los rumores son ciertos.
Alzo la vista, Brad y los otros tres internos están mirándome. Todos
sonríen maliciosamente -a excepción de Abby, la chica del grupo, que
solo rueda sus ojos.
—¿Qué rumores? —pregunto despreocupadamente, y deslizo la hoja
de soluciones de Evan dentro de la máquina.
—Esos de que te estás follando a esas chicas de EPE en las sesiones.
La máquina escupe la hoja. Falló tres. Evan obtuvo un noventa y
siete por ciento en el test múltiple.
—No me estoy follando a nadie en las sesiones, Brad —digo—. No sé
dónde escuchaste eso, pero tu fuente no tiene ni idea.


Mi respuesta no lo complace. —Pero estás modelando para EPE,
¿cierto?
Volteo el examen de Evan y coloco la hoja de respuestas hacia mí,
evitando el contacto visual con Brad. —Sí. ¿Por qué te importa?
—Joder, hombre. Eres el hijo de puta más afortunado con vida. Qué
no daría yo para poder frotarme con esas perras. Esa muñeca de Rylan
tiene un culo tan dulce que me gustaría…
—Lo juro por Dios, Brad, cállate antes de que te dé una paliza.
De verdad que no soy una persona violenta. Pero idiotas como Brad
me ponen al límite.
Levanta las manos. —Vaya, hermano. Relájate. Solo estoy
bromeando.
No, no lo estás, pienso. Bajo la vista, dándome cuenta de que estoy
arrugando el examen de Evan en mis manos empuñadas. Lo aliso,
respirando profundamente, y comienzo a calificar.
Esta chica no es sólo una cara bonita o un jodido trozo de carne
para idiotas como Brad. Es brillante. Y comprendo cuán brillante es cuando
termino de calificar todos los complicados dibujos de proteínas y células -
cosas que, aunque le ayudara a estudiar, solo sabría si realmente se
dedicara a ello.
Noventa y cinco. Evan obtuvo un noventa y cinco.
Cuando termino de corregir mi parte, abandono la oficina sin decir
nada, sabiendo que cualquier cosa que se escape de mi boca será
amenazadoramente conflictiva.
No me doy cuenta de que Abby está siguiéndome hasta que estoy
casi en mi coche en el estacionamiento.
—Fue realmente impresionante lo que hiciste —dice.
—¿El qué?
—Defender a esas modelos. —Arrastra sus pies. Abby es la clase de
chica dolorosamente nerd. No creo haberla escuchado hablar hasta
ahora.
—No son sólo modelos para mí —digo honestamente—. Son mis
amigas, también. Por supuesto que voy a defenderlas.
—Es realmente genial escucharte decir eso —dice emocionada—.
Estoy deseando la próxima edición.
Retrocedo. Esta chica. ¿Es una suscriptora de EPE? No lo hubiera
adivinado ni en un millón de años.


—¿Es posible que poses con Rylan Willow? —pregunta.
—Sí, tengo que hacerlo.
—Es mi favorita. Eres un chico con suerte.
Sonrío, abriendo la puerta del coche. Supongo que lo soy.

***

La sala de estar se encuentra a oscuras cuando llego a casa, pero
puedo ver, al fondo del pasillo, la luz del dormitorio encendida. Arrojo las
llaves en la mesa del comedor, poniendo la pila de papeles en el sofá,
desvistiéndome mientras voy a la habitación. Me detengo de deshacerme
la corbata cuando veo a Tricia tumbada en medio de la cama con nada
más que un par de bragas negras. Estira los brazos sobre su cabeza y
dice—: He estado esperándote.
Ya era maldita hora.
—¿Cuál es la ocasión? —pregunto, desabrochando el cinturón.
Arquea la espalda, extendiendo sus esbeltas piernas. —He estado
evasiva últimamente, y desde que voy a estar fuera este fin de semana y
viajando por una semana el próximo mes, pensé en darte algo en lo que
pensar.
Cuando mi ropa está fuera, subo a la cama y me acuesto sobre mi
espalda. Sólo mirarla por primera vez en un largo tiempo, inetntando
excitarme en lugar de hacer lo contrario, es suficiente para ponerme duro
inmediatamente.
Cuando Tricia se sube sobre mí, deslizo las bragas hacia abajo por
sus piernas y se hunde en mí. Gimo, saboreando el sentimiento de estar
dentro de ella.
No hablamos.
Cuando ofrezco hacerla llegar después de terminar, me besa y me
dice que está bien. Que está cansada.
Se gira, apaga la lámpara, y nos vamos a dormir.


Evan


¿Qué demonios hago?
Llevar a Dallas a casa de mamá, eso estoy haciendo.
Creo que ambos fuimos demasiado educados como para decirle al
otro que esta era una idea realmente estúpida. Me pregunto si se siente
igual que yo. Si sabe que ir a Chico sirve para distraernos del hecho de que
EPE estará en imprenta este fin de semana, y el lunes nuestra traviesa sesión
de fotos de colegiala-profesor estará inmediatamente disponible para
todos aquellos que quieran pagar cinco dólares.
Dallas necesita tanto una distracción que está dispuesto a visitar a mi
madre y su apartamento desagradable.
Mientras voy por la autopista, digo—: Así que, mi madre piensa que
eres mi compañero de trabajo. De acuerdo a lo que sabe, trabajo como
administrativa para una oficina de servicio técnico.
—Entonces... ¿se supone que sea como, parte del grupo friki?
—Seguro —digo—. Te queda bien el papel. —Me muerdo el labio,
intentando ocultar el hecho de que me divierte mi propio jodido chiste.
—Já, já. Oye, sólo porque sea un estudiante graduado en biología
no significa que no pueda ser caliente. Britain parece pensar que lo soy.
Asiento, manteniendo los ojos en la carretera. —Sí, lo hace.
—Y tú también.
—De acuerdo, señor Engreído. No asumas tanto.
—¿Así que no crees que sea ardiente?
Abro la boca para responder, ¿pero existe realmente una razón para
mentirle por completo? En cambio, me las arreglo para esquivar un poco
la pregunta. —Bueno, como que fui obligada a conocerte, así que
supongo que dadas las circunstancias, lidiar contigo no ha sido de lo peor.


Se burla. —De acuerdo, Evan. Seguro.
Siento cómo mi cara entera se ruboriza. Recuerdo lo húmeda que
estuve durante nuestra última sesión. Lo mucho que quería que se fueran
Britain y Andrea y también mi lencería, para que simplemente me tomara.
Me abrió las piernas. Mis bragas eran increíblemente finas.
Debió haber visto lo mucho que ardía por él.
Por suerte, se desvía del tema. Tal vez ve lo incómoda que estoy. —
Entonces, soy el friki para el que trabajas.
—Asumirá que estamos juntos. Sólo sé honesto y dile que somos
amigos.
—O puedo decirle que ayer te tuve tendida sobre un escritorio, en
sólo tus bragas.
—Dios, eres un imbécil. —Respiro profunda y temblorosamente, no
tanto porque esté enojada sino porque la manera en que lo dijo sonó tan
jodidamente sexy.
—Relájate, Evan. Estoy bromeando, por supuesto. —Y entonces
vuelve a su personalidad tonta, y el aura oscura y sexual de repente se
ausenta. Es increíble lo rápido que puede cambiar de personalidad. Debe
ser su lado modelo. La habilidad de reflejar cualquier carácter que deba
interpretar—. Creo que es injusto que nuestros escenarios sean
continuamente de dominación masculina.
—Bueno, nos hemos metido en el marrón profesor-estudiante
traviesa. ¿Qué más puedes esperar?
—Pero es injusto. Siento como si tuviéramos que igualarlo de alguna
manera.
—¿Como hacer una sesión en la que te azote el trasero con una
fusta o algo?
Estalla en risas. —¿Auch? ¿Se supone que eso sea sexy?
—Para algunas personas.
—¿Qué tal algo más suave?
De repente me estoy imaginando a mí misma a horcajadas sobre él
mientras ambos estamos sentados, atrapando sus manos por encima de su
cabeza y moliendo mis caderas contra su ingle.
Detente, Evan. Detente.
—Si convences a Britain, estoy dentro —respondo.
—Hecho. —Saca su teléfono.


—¿En serio? Bueno, está bien. —Sigo mirándolo por el rabillo del ojo
mientras le manda un mensaje a Britain. Cuando vuelve a meterse el
celular en el bolsillo, pregunto—: ¿Qué le dijiste?
—Le pregunté si la próxima vez podrías atarme a la cama y
azotarme con una fusta.
—Cállate.
Una sonrisa aparece en su rostro, pero no dice nada.

***

Una hora y media después, entro en el bloque de mi madre. Le dije
que iba a traer un amigo del trabajo y que más tarde iríamos a estudiar a
la cafetería. Sólo que no sabe que es un precioso estudiante graduado dos
años mayor que yo.
El complejo de apartamentos es un vertedero. Tiene pintura
despegada y ventanas oscurecidas. Incluso hay un carrito de
supermercado lleno de bolsas de basura aparcado en la orilla. Suspiro y
estaciono el auto en frente de su número, ciento cinco. Dallas y yo salimos
del coche y me sigue hasta su departamento.
Mi madre -Dios bendiga su alma- luce como la mujer loca de los
gatos. Hoy lleva una falda larga de gasa, y el cabello rizado atado en un
moño encima de su cabeza. Sus ojos son dos grandes globos gigantes por
el efecto de las finas gafas de marco de alambre. Junto a la puerta, me
mira, guiña, y luego sus ojos de insecto se agrandan aún más cuando se
posan sobre Dallas.
—Oh, Dios —dice, desvergonzadamente.
—Mamá —murmuro, apuntando a Dallas—. Este es...
Dallas da un paso al frente, extendiendo su mano. —Soy Dallas
Whitley, el jefe de Evan.
Hago mi mejor esfuerzo para no rodar los ojos. Oh, querido Dios.
—Bueno, señor Whitley —dice mamá, pasándose las manos por la
falda—. Espero que no le importe una comida vegetariana.
—Para nada. Estoy totalmente al tanto de los hábitos alimenticios de
Evan.
Le dirijo una mirada fría. Qué gran jodida manera de hacernos sonar
casuales.


—Espero que no te importe que lo haya traído —le digo a mamá—.
Estamos en la misma carrera. Ya se ha graduado, y me está ayudando a
estudiar.
—Estudiar. Claro —dice—. ¿Entran?
Asiento y espero a que mamá vuelva a entrar en el apartamento
antes de girarme hacia Dallas. —Por favor deja de intentar ser
completamente encantador con ella —ruego—. Ha estado esperando
que "encuentre un hombre" por años y no quiero que se haga ilusiones
contigo.
Las comisuras de su boca se levantan mientras se inclina contra el
marco de la puerta. —¿Por qué haría eso? —pregunta.
—Porque eres malvado, por eso.
Se ríe entre dientes y me sigue al apartamento.

***

Mamá realmente se ha pasado. Estoy impresionada.
He estado viviendo como semi-vegetariana desde que era
adolescente, mayormente teniendo a mamá como guía. Hacíamos lo
mejor con lo que podíamos permitirnos, aprovechando nuestro jardín y
prácticamente viviendo a base de lentejas. Pero esta noche, hizo magia
con un plato dulce y agrio de tempeh
6
y un revuelto de vegetales con
arroz. Medio espero que Dallas esté completamente asqueado y no coma
nada, pero para mi sorpresa, mientras estamos sentados alrededor de la
pequeña mesa de mi madre, se come todo.
—Esto es increíble —dice entre bocados—. No extraño la carne ni un
poco.
Observo sus ojos, esforzándome por intentar expresar una mirada
que diga que sé que está mintiendo como la mierda. No estoy segura de
lograrlo.
Pero mamá parece feliz y no se inmuta del rastro de falsedad que
puede haber colado Dallas. —Me alegro —dice—. Llevo sin cocinar carne
desde que Evan estaba en la secundaria. Debo decir que tengo más
energía en ahora en mis cincuenta que en mis treinta.

6
Producto alimenticio procedente de la fermentación de la soja que se presenta en
forma de pastel


Dallas revuelve el contenido de su plato con el tenedor. —Evan me
dijo que solía ser una niña muy fotogénica.
No lo hizo.
Miro a mi madre. Es como si la Navidad se hubiera adelantado. —Te
dijo, ¿en serio?
Gimo y dejo caer la cabeza con vergüenza. Pero entonces una idea
corre por mi cabeza, una que podría sacarme de este embrollo. Le doy
una mirada de desprecio a Dallas antes de decir—: En realidad, mamá,
Dallas y yo sólo pasamos a cenar. Tengo un examen gigante la próxima
semana y...
Mamá se burla. —No seas ridícula, Evan. No te he visto en semanas
—Mira a Dallas y sonríe—. Si esto se trata de traer a tu novio a casa...
—Él no es...
—No soy tan de la vieja escuela. Quiero decir, sé que cuando eras
joven te di ese discurso sobre "tocar a un chico hará que quedes
embarazada", ¿pero en serio crees que soy tan ingenua como para creer
que ustedes dos no están durmiendo juntos?
—Mamá...
—Olvídalo, Evan. No vas a irte esta noche. Hice de la segunda
habitación un cuarto de huéspedes sólo para ti, para ambos, y que me
maldigan si no lo usan.
Mi boca se abre, trastornada.
—Si eso está bien contigo, por supuesto —agrega, asintiendo hacia
Dallas.
Se echa atrás en su asiento, con una estúpida y arrogante sonrisa
creciendo en su rostro. Se cruza de brazos. —Perfectamente bien, por mi
parte.

***

—¿Cuál es tu problema? —Siseo cuando la puerta del dormitorio se
cierra y Dallas y yo nos quedamos solos. Son sólo las diez. Primero tuve que
soportar la cena tras la aceptación de Dallas a quedarse, y pasaron
interminables horas cuando mi madre tiró el cliché más jugado de la
historia y le mostró a mí no-novio viejas fotos mías de bebé. Y no
dijo nada que pudiera indicar que no estábamos, de ninguna manera o
forma, saliendo.


—Relájate, Cosette. —Se sienta casualmente sobre la cama.
La única cama—. Sólo pasamos tiempo juntos en el estudio.
—Y esa otra vez en la cafetería.
—Oh, está bien —dice sarcásticamente—. Y esa vez en la cafetería.
—Quieres pasar tiempo conmigo para poder conocer a tu falsa
compañera sexual, bien. ¿Pero cómo diablos no es esto raro? Por favor,
ilumíname.
Me da esa maldita sonrisa torcida suya. —Sólo es raro si tú lo haces
raro.
—¿Entonces cómo funciona esto? ¿Me quieres acurrucada junto a ti
para poder llegar a conocerme mejor?
—Usa el cerebro, Evan. —Señala mi mochila en el rincón de la
habitación—. Vamos a estudiar para que así cuando consigas ser
aceptada en la universidad de Berkeley y quieran tu expediente
académico, los dejes pasmados con todas esas matrículas.
¿Estudiar? ¿En serio? ¿Por qué me siento tan decepcionada?
Concéntrate, Evan.
Resoplo y recojo mi mochila, dejándola caer sobre la cama a su
lado. —Bien.
Sonríe. —Perfecto. No puedo pensar en un espacio más libre de
distracciones.
Espacio libre de distracciones. Dallas piensa que este es un espacio
libre de distracciones. Esa podría ser la cosa más graciosa que he
escuchado nunca.
Pero sorprendentemente, se mantiene firme en hacer que estudie.
Hace ejercicios conmigo y me guía a través de estructuras de proteínas
con las que no estoy familiarizada -en poco tiempo, prácticamente he
memorizado el capítulo catorce. Sincronización perfecta, también. Mi
teléfono comienza a sonar. Es Britain.
Deslizo el bloqueo y lo levanto a mi oreja.
—¡Oye!
—Evan. ¿Has visto la entrevista?
—¿Entrevista? —Repentinamente recuerdo esa entrevista de Britain
con un diario blogger erótico que fue publicado hace un par de horas —.
Mierda, no.
Me dirijo a Dallas para buscarlo en su teléfono. Cuando encuentra el
artículo, sus ojos se agrandan.


Sostiene el teléfono para que pueda ver. —No estoy muy
familiarizado con la escena erótica de blogs, ¿pero esto es normal?
Entrecierro los ojos en la pantalla, y cuando veo los números, mi
boca cae abierta.
—Ciento sesenta y tres comentarios. Cuarenta y cuatro tweets, y
veinte publicaciones en Facebook.
—Lo sé, ¿cierto? —chilla Britain.
—¿En dos horas?
—LO SÉ, ¿CIERTO? Evan, el tema aún no ha sido lanzado todavía y la
gente se está volviendo loca sobre la idea de la sesión fotográfica en
pareja.
Trago. Si la excitación en la entrada del blog sirve de indicación para
las próximas ventas, entonces Adam y Dallas van a quedarse por un rato.
—¿Y has leído los comentarios? —Suelta una risita—. Amiga, casi
nadie puede esperar que Rylan folle de una vez.
Miro boquiabierta a Dallas. Alza una ceja, pero no sé si logró
escuchar a Britain.
—Nosotros… solo simularemos eso en la sesión final de la serie,
¿cierto?
Se ríe de nuevo. —Supongo... Quiero decir, a menos que ustedes
realmente quieran follar para la cámara. Ya me conoces. Soy de mente
abierta.
—¿Puedes oír lo que está diciendo? —le pregunto a Dallas.
Niega, aunque si siempre evasiva sonrisa crece sutilmente en su
rostro. No le puedo creer.
—Ven mañana tan pronto como puedas. Si las ventas van a ser tan
grandes como pienso, querré empezar una lluvia de ideas y fotografiar
inmediatamente el resto de las sesiones de primavera. Además, Delilah
dice que te extraña y que necesitas dejar de ser una imbécil obsesionada
con la biología.
—Sí, sí —respondo antes de colgar.
—No parezcas tan devastada —dice Dallas arrastrando las palabras,
apoyándose en sus manos. Se ve demasiado entretenido para mi gusto—.
Soy un buen polvo. Lo prometo.
—Creí que dijiste que no podías escuchar.


Ignora mi declaración. —Te mostraré. —Junta todos los libros
dispersos sobre la cama y, dejándolos caer a un lado, dice—: Quítate la
ropa.
Mi mandíbula cae, fuego corre a través de mi cuerpo
repentinamente. —Por el maldito amor de Dios, Dallas.
Rueda los ojos. —Cálmate, Cosette. Realmente no voy a follarte. Solo
voy a mostrarte como fingirlo.
Me cruzo de brazos. Sé cómo fingir el sexo. Si tiene medio cerebro,
será consciente de que sé cómo hacerlo. Podría señalárselo. Pero algo
dentro de mí ansía agarrar el dobladillo de mi camiseta y levantarla sobre
mi cabeza.
Echo un vistazo a la puerta.
—Tu madre ya piensa que nos estamos acostando.
Maldita sea, tiene razón.
Cuando voy a la puerta y pongo el seguro, su expresión es
victoriosa.
Se quita la camisa y sus pantalones mientras yo me quito la mía.
—No estarás viendo mis pechos esta noche —digo, manteniendo mi
ropa interior.
—Como quieras. —Sonríe—. Pero con el tiempo lo haré. Sabes que es
inevitable.
Piscinas de humedad se forman entre mis piernas. Que se jodan él y
su descaro por excitarme tanto.
Se arrodilla sobre el colchón. —¿Te vas a quedar ahí, o vas a ponerte
debajo de mí?
Tomo una respiración profunda para calmar mi palpitante corazón y
me siento en la cama.
—Acuéstate —instruye.
—Esto se siente terriblemente familiar —digo arrastrando las palabras,
pero hago lo que dice.
Rueda sobre mí, apoyándose en sus codos. Incluso con sólo la débil
luz de la lámpara, sus ojos azules son petrificantes. —No me digas que no te
encendiste como el infierno en esa oficina —murmura—. Vi lo mojada que
estabas.
Mierda, mierda, mierda, mierda.


Trato de mantener la calma. —Enfócate, Dallas. Se supone que
debes estar mostrándome cómo simular sexo, no tratando de
avergonzarme.
—Haz lo que quieras —murmura descontento, sentándose—
. Suponiendo que EPE no esté dispuesto a fotografiar penetrando…
—Ah-hah.
—Tendré que actuar como si estuviera empujando contra ti, y tu
tendrás que fingir estar sintiéndolo.
—Así que… con el fin de calcular el éxtasis que debería estar
sintiendo, aproximadamente, ¿cuán grande es tu pene?
Ladea su cabeza. —Lo has sentido. Dímelo tú.
Un pequeño temblor me invade mientras recuerdo la sesión
fotográfica de la piscina, y cómo me froté con su pene. Dios, si estuviera
realmente dentro de mí... nos imagino sin nuestra ropa interior, su polla tan
duro como una roca, empujando dentro de mí…
—¿A dónde fuiste ahora mismo? —pregunta, sus ojos brillando con
malicia.
—Solo haz lo tuyo —susurro.
Señala la pared a su derecha. —Si la cámara estuviese ahí —agarra
mi tobillo y atrae mi pierna alrededor de sus caderas—, esta sería una
buena pose para ocultar el hecho de que no estamos realmente teniendo
sexo.
—Pero es un ángulo aburrido —argumento.
—Pero está lejos de ser una imagen aburrida —dice. Mientras
empuja sus caderas, puedo sentir lo duro que está ya—. Cuando empuje
contra ti, arquea la espalda y cierra los ojos. Finge que es el mejor polvo de
tu vida.
Puedo escuchar el pulso en mis oídos. El mejor polvo de mi vida…
nunca he tenido uno. Todas mis experiencias han sido mediocres en el
mejor de los casos. ¿Así que cómo se supone que deba simular esto?
Pero luego empuja sus caderas y olvido que estoy actuando. Cierro
los ojos, un pequeño gemido escapa de mis labios.
—Ahí lo tienes. —Empuja de nuevo y puedo sentirle rozar contra mi
sexo con cada centímetro suyo, nada separándonos excepto la delgada
tela de nuestra ropa interior.
—Oh, Dios —murmuro.


Baja los labios hasta mi oído. —Relájate —murmura, frotándose
contra mi otra vez. Mis manos surgen entre nosotros, dedos frotando
abdominales, encontrando el camino a su espalda. Mis uñas lentamente
se arrastran por su piel, y su aliento se engancha.
Mis ojos revolotean abiertos, y me doy cuenta de que su cara está
justo encima de la mía. Podría levantarme y atrapar esos labios si quisiera.
Podría estirarme y desabrocharme el sujetador, o arrastrar la tela de mis
bragas a un lado y ordenarle que dejara de provocarme -porque de eso
se trata todo esto. De un montón de mierda de provocación.
Pero entonces eso me haría la otra mujer. La puta.
—Probablemente deberías ir a darte una ducha —digo.
Traga y asiente pero no dice nada, levantándose y saliendo de la
cama. Cuando la puerta unida del baño se cierra, exhalo.
Santa madre de Dios.
Nunca he querido a alguien tan malditamente así en mi vida. Y
nunca a nadie que no pudiese tener.
Cuando regresa a la habitación, finjo estar dormida a pesar de que
no puedo engañarle. Pero no me llama. En su lugar, se desliza en la cama,
sin camisa y oliendo a jabón y me pregunto cómo se siente su piel recién
salida de la ducha.
A qué sabe.

***

Después de un desayuno vegetariano de panqueques con virutas
de algarrobos y jarabe de arce, mamá no me deja ir, y abrazándome
firmemente, dice—: Sabes que eres una campeona, Evan, ¿verdad? He
sido un fracaso como madre y no he sido capaz de ayudarte en todo, sin
embargo aquí estás, administrando tu dinero perfectamente, consiguiendo
becas, ni siquiera con deudas.
Siento vergüenza. ¿Administrando mi dinero perfectamente? Más
bien administrando mis mentiras perfectamente. Las becas son mi excusa
para mantenerme a flote. En realidad, la única ayuda que he recibido de
la escuela es una miserable pequeña subvención estatal. East Park
Exposed es mi salvador. Y espero por Dios que mamá nunca se entere. Esa
sería una incómoda conversación durante la cena.
—¿Estás segura de que no necesitas dinero? —pregunto
suavemente.


—¡Evan! —Finalmente se aleja—. No vuelvas a ofrecerlo de nuevo. Lo
digo en serio. Estoy perfectamente bien. El nuevo lugar me conviene. De
verdad me gustan mis nuevos vecinos.
Está mintiendo a través de sus dientes. Debe ser cosa de familia.
—Muy bien. —Le doy un beso en la mejilla—. Te amo.
Mientras Dallas y yo nos alejamos del complejo, me pregunto si su
respuesta sería la misma si supiera que tengo casi diez de los grandes
ahorrados. Si no decirle, si dejarla vivir aquí pensando que estoy apenas
sobreviviendo, me hace una terrible hija.




Dallas

Evan no dice nada acerca de anoche en nuestro camino de vuelta
al estudio. Lo peor es que no para de hablar, quejándose siempre de la
mierda más mundana, biología. La cosa es que Evan nunca se queja, así
que sólo puedo asumir que esto es algún tipo de mecanismo de defensa
para evitar la incómoda conversación.
Nunca debí haber "practicado" poses con ella anoche. Conseguí
superarme. La cosa es que, incluso si le dijera a Tricia, probablemente sólo
le restaría importancia, diciéndome que hacer cosas como esa con Evan
es sólo parte del trabajo. Es por eso tengo que ser aún más cuidadoso. Sólo
yo puedo controlarme.
Lo que es cada vez más difícil de hacer. Cuanto más sigue
balbuceando sobre este artículo que leyó en Internet sobre la mutación de
genes en los gatitos, más quiero ordenarle detener el auto, empujarla
contra la ventana y hacerla callar con mi boca.
Mis fantasías se están saliendo de control.
Afortunadamente, no tengo que escuchar más basura de biología
cuando llegamos al estudio. El callejón sin salida está repleto de coches.
Evan abre la puerta principal, y entramos en un lugar lleno de gente -
modelos, maquilladores, escritores, fotógrafos. Britain corre hacia nosotros,
sus ojos brillan de emoción.
—Los números ya están rodando en la edición
electrónica. Huffington Post mencionó mi entrevista en el blog en un
artículo de hoy. ¿Puedes creerlo? El jodido Huffington Post.
—¿El Huffington Post cubre porno? —digo estúpidamente
—Al parecer, el renovar una revista independiente para ser
universalmente más amistosa entre géneros les llamó la atención. Y así fue.
Quiero decir, funcionó. —Está parloteando a un millón de kilómetros por
minuto, casi tanto como Evan lo estaba en el coche, pero lo que Britain
está diciendo es mucho más interesante—. Nuestra agenda funcionó tan
bién. ¿Has estado buscando en la red?
—No, no he estado buscando en la red —dice Evan con un
resoplido—. Literalmente acabamos de regresar de donde mi madre.
—Bueno, que te den. Espera. —Britain arquea la ceja—. ¿Nosotros,
como en ambos, acabamos de regresar de donde tu madre?
—Larga historia —respondo—. ¿Qué decías?


—Cierto. Bueno, nuestra retroalimentación sobre la edición a través
de todas las esferas de los medios sociales es positiva para ambos sexos.
Pero casi todo el mundo quiere más.
—¿Más qué? —pregunta Evan.
—Más tensión sexual. Y más piel. —Britain menea las cejas y Evan
rueda los ojos. Pero ese gesto es una pobre máscara. Parece nerviosa.
—Espero que ambos estén listos. Vamos a promover la mierda en la
segunda sesión. Quiero hacerla hoy, si eso está bien con los dos. ¿Pueden
estar en peinado y maquillaje en cinco? Y no importa lo que lleven. —
Guiña, y antes de que cualquiera de nosotros pueda responder, deambula
lejos.
Evan suspira fuertemente y empuja hacia atrás su cabello chocolate
con los dedos. Agarro sus hombros, obligándola a mirarme. —Oye, ¿estás
bien?
Hace el adorable gesto de empujar el centro de sus gafas con el
dedo. No lleva maquillaje, al igual que anoche. Como cuando se arqueó
debajo de mí. Y un gemido gutural escapó de su garganta. Alejo la
imagen antes de que tenga la oportunidad de tener una erección.
—Estupenda —dice con una débil sonrisa.
—Si alguna vez hago algo que te haga sentir incómoda, frente a la
cámara o no, me lo dirás, ¿verdad?
Parpadea lentamente antes de decir—: No eres el problema, Dallas.
No tengo ni idea de lo que quiere decir, pero me distraigo
rápidamente por las risitas provenientes de la esquina de la habitación.
Una manada de modelos están mirándonos. Una hermosa rubia sonríe y
me guiña. Sostiene la edición actual de EPE.
Evan apoya la mano en mi brazo. Está mirando a las chicas con
desdén. Contengo una sonrisa. ¿Está siendo protectora conmigo?
—¿Quieres ver la edición? —pregunto.
—Claro que no —responde rápidamente—. Sobre todo no la sesión
contigo —y en la misma frase—, tengo que maquillarme.
Se aleja.
Me acerco a la modelo rubia y sus amigas. Todas están vestidas con
bikinis o lencería. —¿Puedes prestarme eso? —pregunto.
Hace aparecer su cadera. —Por supuesto. —Me entrega la revista y
bate sus pestañas—. Espero que no te importe que diga esto, pero pagaría
dinero por fotografiarme contigo. ¿Tal vez podamos hacer una sesión
privada después?


—Eh... no sé si estás siendo literal, o si estás coqueteando. Soy un
idiota de ciencias. No soy tan bueno leyendo a las mujeres.
Ella y su pandilla se ríen. —Eres un chico tonto. —Se inclina y susurra,
su cálido aliento haciéndome cosquillas en la oreja—. Quiero decir que,
más tarde esta noche, me gustaría tenerte a solas y follarte hasta volarte
los sesos. —Da un paso atrás—. La oferta está sobre la mesa.
¿Qué diablos está mal conmigo? ¿Por qué no me siento encendido
en lo más mínimo por esta hermosa chica ofreciéndoseme? —Lo siento —
digo—. Tengo novia.
Se burla. —¿Rylan?
—Uhh... no, en realidad. Pero Rylan es una amiga. Mira, tengo que...
—Niño bonito —grita alguien a través de la habitación.
Instintivamente me volteo. Una enojada chica de aspecto gótico está
mirándome directamente—. ¿Estás coqueteando? Trae tu culo a
maquillaje.
No discuto, usando esto como una excusa para esquivar cualquier
otro avance de la rubia.
Cuando la maquilladora y yo estamos solos en el vestuario, ordena
que me siente. —Por suerte, porque tienes pelotas, no tengo que hacer
mucho por ti —me dice, haciendo un pálido maquillaje de la mezcla de
varios colores juntos—. No creerías la mierda que estas chicas tienen que
ponerse todos los días antes de fotografiarse.
Abro la revista justo al final de nuestra sesión en la oficina. Estoy de
pie entre ella, acunando su culo. Por lo menos, parece que está teniendo
un buen rato. Rápidamente la cierro de nuevo. Ahora sé por qué Evan
nunca mira la edición. Parece... bueno, parece raro. No tengo ni idea de
cómo las chicas encuentran esta mierda de representación profesor-
alumna atractiva.
Por supuesto, fue divertido como el infierno interpretarla.
Echo un vistazo a la etiqueta de la maquilladora mientras comienza
a sacudir cosas en mi cara. Dice NORA. —Nora, ¿por qué las modelos
odian a Rylan?
Se ríe. —¿Por qué lo preguntas?
Me encojo de hombros.
—No todas lo hacen. Delilah ama a Rylan.
—Entonces, ¿están las modelos temporales celosas de ella?
Nora niega. —No creo que sea eso. Por si no lo has notado, Rylan
tiene un tipo de actitud ―que le den a todo‖ que la hace parecer


indiferente. Como si no le importara el modelaje, y sólo lo hiciese para
ganar dinero. Y para ser honesta, esa es la verdad. Es hermosa y sabe
cómo trabaja la cámara y lo utiliza a su favor. Las otras chicas ven que
realmente no lo quiere. La odian por eso.
Pienso en esto mientras Britain me lleva al gimnasio abandonado,
donde vamos a estar fotografiando hoy.
—Evan dijo que quería revisar con los exploradores y alistarse en el
lugar —me explica—. Creo que espera entrar en el personaje antes de que
llegues.
La estudio. —¿Por qué pareces tan satisfecha?
Obviamente, trata de parecer calmada mientras entramos en el
estacionamiento. —Es simplemente divertido para mí.
—Sí, y muchas cosas son divertidas para mí también.
—El cómo ambos están totalmente por el otro y para ocultarlo
interpretan toda la cosa de "compañeros de trabajo".
¿Quién se cree que es esta chica para decirme lo que puedo sentir?
—Amiga, Britain. Tengo una novia, ¿cuántas veces tengo qué...?
—Amigo, Dallas. —Abre la puerta y se desliza fuera del coche—.
Ahora es el momento de reconocer tus sentimientos por Evan antes de
hacer algo estúpido, ¿sí? —Cierra la puerta.
Salgo del coche para seguirla, para preguntarle qué diablos quiere
decir con eso, pero anda demasiado rápido y es probablemente porque
no quiere que la conteste. Para cuando empiezo a correr, ya estamos en
el interior, girando la curva al abierto vestuario de mujeres, a las duchas...
Evan está sentada encima de una de las bajas paredes de la ducha
mientras el equipo de exploración ajusta la iluminación a su alrededor,
empapada y sin nada en la parte de arriba.
Absolutamente sin sujetador.
Agua gotea sobre su pecho. Puedo decir desde aquí que sus
rosados pezones no podrían estar más duros.
Esperando.
Me está esperando.
Anoche yo era el pervertido. Pero hoy, soy masilla en sus manos.
Britain resopla. —Adelante. Ve a unirte a tu "compañera de trabajo‖.


Evan




Dallas no se irá. Este número demuestra que ahora es un miembro
permanente de la EPE.
Y la única forma en que puedo tratar con él es rindiéndome
completamente. Tratarlo como a un objeto sexual en el set. Conseguir
utilizarlo plenamente.
Además, las miradas atónitas como la que me está dando ahora no
tienen precio.
—Ya has oído a la dama —dice Britain, sacudiendo la cabeza hacia
mí. Parece muy entretenida. Demasiado—. Desnúdate.
—Espera. ¿Del todo? —tartamudea Dallas. Me encanta verlo
atrapado con la guardia baja de esta manera.
—A menos que tengas un problema con eso —dice Britain sin rodeos,
agachándose y abriendo el estuche de su cámara.
—No, no lo hago. Tener un problema. Estoy bien.
Britain y yo intercambiamos miradas, y sonrío, deslizándome hacia
abajo por la pared. La cabeza de la ducha tiene toda clase de mierda, así
que cuando la enciendo de nuevo, la corriente enloquece, saliendo
disparada como un ligero aerosol en vez de un chorro sólido. Por suerte
para la sesión, capta la iluminación que el equipo de exploración preparó
perfectamente.
Jadeo cuando las frías salpicaduras se estrellan contra mí, girando
rápidamente el medidor a una temperatura más moderada. Dallas parece
confuso. Lo cual, estoy bastante segura, tiene que ver con mis tetas. Mis
tetas lo están confundiendo. Pobre hombre. Al menos se ha quitado la
camiseta. Abdominales acumulados encima de esos vaqueros, esperando
para mojarse…


—En realidad, Brit. —Camino hacia Dallas—. Creo que los vaqueros
podrían funcionar para esta sesión. Dijiste que me querías más vulnerable
que él, de cualquier forma, ¿verdad? —Mientras hablo, mantengo mis ojos
pegados en los de Dallas.
Lentamente, la intensidad que tenía en ellos anoche regresa, y baja
la cabeza. —¿Qué voy a hacer contigo? —murmura, por lo que sólo yo
puedo oírlo.
—Finge follarme contra la pared de la ducha —respondo—. Justo
como practicamos.
—¿Están listos, pajaritos amorosos? —grita Britain—. Vamos a
empezar esta fiesta.
En esta sesión, no tiene que guiarnos en absoluto. Dallas ha ganado
ferocidad. Me empuja por los hombros hasta que tropezando, atravieso la
corriente. Jadeo cuando mi espalda golpea las frías baldosas de la pared
de la ducha. Sus manos están apretando las partes internas de mis muslos
antes de que siquiera recupere el equilibrio, levantándome. Envuelvo mis
piernas alrededor de su cintura para equilibrarme. Britain se mueve
alrededor de nosotros para evitar que se le moje la cámara, pero esta es la
última vez que mi atención se centra en ella.
El cabello de Dallas se está empapando. Agua gotea de su nariz, de
sus labios. Quiero saborearlo, pero por alguna razón, un beso parece más
íntimo que lo que estamos haciendo ahora.
Un beso parece real.
No deja que me debata por mucho tiempo, baja la cabeza hasta mi
hombro y lame el agua de él. Una mano serpentea entre nosotros y
encuentra mis pechos. Su dedo índice traza círculos alrededor de mi pezón
hasta que está dolorosamente duro, y entonces, cuando no creo que sea
posible sentir más placer en esa zona de mi cuerpo, lo pellizca y tira de él.
Mi cabeza cae hacia atrás y murmuro una maldición en éxtasis. En
éxtasis real.
Repetimos esos movimientos durante quince minutos más o menos,
hasta que Britain finalmente declara que terminamos. Conteniendo la
respiración, espero a que Dallas me suelte. Pero antes de hacerlo, baja la
cabeza, saca la lengua y la gira alrededor de mi pezón.
Suelto un gemido de sorpresa.
Tan rápido como empezó, ha terminado. Mis pies tocan el suelo, mi
cuerpo pegado fuertemente contra el suyo. No retrocede cuando alzo la
vista, nuestras rápidas respiraciones mezclándose, sus perversos ojos
entrecerrados. Sabe que me lamió cuando la cámara estaba apagada.


Lo hizo porque quería hacerlo, no por la sesión.
—Te deseo tan desesperadamente —susurro.
Me lleva alrededor de medio segundo darme cuenta de que en
realidad lo he dicho en voz alta.
Me alejo de él y giro la esquina apresuradamente, deslizándome en
los vestuarios del baño. Encerrándome dentro de la cabina más cercana,
envuelvo mis brazos a mí alrededor y tiemblo, ahuyentando esta
sensación.
Esta sensación de que Dallas Whitley no es solo un objeto sexual para
mí.
Que nunca podrá serlo.



















Dallas



Por fin entiendo por qué los disfraces públicos son tan importantes
para Evan. Pero desafortunadamente para mí, al ser un hombre, no soy
muy capaz de vestirme con el fin de ocultar mi imagen erótica de la EPE.
Lo que hace el estar en la escuela. Jodidamente. Incómodo.
Lo peor fue cuando una chica de primer año quiso que le firmara un
autógrafo mientras iba de camino a la oficina de graduados, sacando el
último número de EPE y agitándolo alrededor como si no fuese nada más
que un ejemplar de Seventeen. Dobló las páginas para abrirla por donde
aparecía Evan sentada en un escritorio, con las piernas desnudas
enredadas alrededor de mi cintura.
—Sí, no puedo hacer esto —le dije en voz alta, devolviéndole la
revista.
Pero los cinco minutos de fama no han acabado. La oficina es
mucho peor.
—Estupendo juego de poder, Whitley —dice Brad, arrastrando las
palabras. Alzo la mirada del informe de investigación que estoy
escribiendo para ver su jodida sonrisa dentuda. Enseña su copia de EPE—.
¿Así es cómo te ganas a todas tus mujeres?
Cierro de golpe la tapa de mi ordenador portátil y lo meto en la
funda. Tengo que salir de aquí antes de que alguien pierda un ojo.
—Vamos, hermano. Estoy bromeando.
Ni siquiera puedo ver a través de toda mi rabia, y mucho menos
responder. Cuando estoy fuera de la oficina y corriendo hacia mi coche,
me doy cuenta de que ni siquiera sé por qué estoy tan enfadado. Para
esto fue diseñada la sesión, ¿verdad? Para mostrar mí juego de poder
sobre Rylan Willow. Pensamientos despectivos de bastardos como Brad son
una reacción natural.
Las miradas de las personas que pasan son suficientes para
enloquecerme. Realmente pensé que tenía menos vergüenza. Que las
consecuencias de posar para EPE no me molestarían tanto.
Cuando me meto en el coche y cierro la puerta, exhalo. Tal vez es
porque, cuando la gente me pide un autógrafo, cuando me miran,
cuando hacen comentarios estúpidos, imagino a Evan teniendo que tratar
con lo mismo. Evan, quien intenta desesperadamente ocultar y separar su
lado de Ryan cada segundo que está fuera del estudio.
No he hablado con ella en cuatro días, no desde lo de la ducha. Se
supone que tenemos una sesión nuevamente mañana. Britain quiere
variedad para elegir, por lo que le gustaría fotografiar tanto como le sea
posible durante las próximas semanas. Quiero seguir y llegar a sentirme
cómodo con Evan, pero eso es imposible si sigue evitándome.


Cuando le devolví su prueba durante la conferencia de biología, ni
siquiera me miró. No sé si está asegurándose de que nadie nos vea
interactuar y sume dos más dos, o si tiene algo que ver con lo que dijo en
las duchas.
Te deseo tan desesperadamente.
Esas fueron las últimas palabras que me dirigió, y ahora se niega a
mirarme, incluso cuando paso a su lado por los pasillos.
Tal vez se siente culpable. Tal vez es mi culpa, por lo que le hice.
Tengo una novia, pero no pude evitarlo. No con ella húmeda y
aferrándose a mí. No con sus hermosas y descaradas tetas justo en mi
cara.
Necesitaba lamerla. E hizo que me deseara.
Pero la forma en la que actúa ahora es como si me despreciara.
Junto con las reacciones de la gente en la escuela, estoy empezando a
odiar ser un modelo de EPE. Aunque Britain me ha prometido un gran
sueldo.
No estoy bajo contrato. Técnicamente podría renunciar.
No, no puedo. Necesito este dinero. Y algo más profundo en mí
realmente no quiere decepcionar a Britain.
Llego a casa y Tricia está empacando sus maletas. Se va dos
semanas a Seattle para trabajar con uno de sus clientes, una oficina
corporativa a la que le está haciendo un trabajo de web.
—No seas muy travieso mientras no estoy —dice con una sonrisa
irónica, besándome en la boca—. He puesto mis manos en ese número de
EPE, y maldita sea, chico. Hace que quiera saltar sobre ti para un rapidito
justo aquí.
Bueno, sería la primera vez.
—Entonces, ¿no te hace sentir incómoda?
Se encoge de hombros. —¿Por qué lo haría? Es solo una modelo
insignificante.
Cierto. Modelo insignificante.
Mirando por la ventana, dice—: Mi taxi está aquí. —Y me besa otra
vez—. Te amo. Te llamaré cuando llegue a Seattle.
Y antes de que pueda decir adiós, sale por la puerta.
Dos semanas sin Tricia. Me gustaría poder decir que esto es una
especie de victoria, pero estar solo en este apartamento resulta un poco


solitario. Aunque siempre esté trabajando cuando está aquí, al menos es
un cuerpo, una presencia.
Le escribo un mensaje a Evan antes de dirigirme al gimnasio,
preguntándole si está bien. Supongo que es lo menos que puedo hacer
considerando que no he hablado con ella en una semana y que se niega
a hacer contacto visual conmigo en la escuela. Pero después de dos horas
de pesas y ejercicio cardiovascular, todavía no ha respondido. En casa,
pido comida china y estudio. La llamo. Sin respuesta.
Decido no molestarla. Si por alguna razón la he enfadado, tendrá
que tratar conmigo mañana.

***

Hoy Britain quiere trabajar al aire libre. Algunas ultra-sexy fotografías
de picnic, dice. Cuando llego al estudio, está fuera en la piscina con
Adam y Delilah. Corrección, está dentro de la piscina con Adam y Delilah,
que se encuentran desnudos y de pie en la parte más honda. Vestida con
un bikini y de pie en la menos profunda, sostiene la cámara, protegida a
prueba de agua.
—Aeróbicos sensuales bajo el agua —dice cuando me siento en una
de las sillas de la piscina y observo.
Delilah se ríe, hundiendo los hombros de Adam bajo la superficie.
Coqueteo. Por supuesto que es normal que los modelos calientes y
desnudos coqueteen con los demás.
—Bien, bien, deja esa mierda. A la cuenta de tres, dos, uno.
Britain, Delilah y Adam se hunden por debajo de la superficie al
mismo tiempo. Realmente no puedo decir lo que están haciendo bajo el
agua, solo concluir algunas interpretaciones de lo que Britain mencionó…
aeróbicos sensuales bajo el agua. Sin nada encima, excepto su piel.
Envidio que ellos hayan avanzado en esto, mientras que Evan y yo
seguimos perdiendo el tiempo con nuestras ropas todavía puestas. ¿Por
qué? Porque Britain quiere exagerar la imagen de Rylan y este personaje
virginal siendo lentamente corrompido.
Algo retorcido, si me preguntan.
Cuando los tres vuelven a emerger, Britain limpia el agua de sus ojos
y se gira hacia mí. —Puedes entrar en la sala de maquillaje. Rylan debería
estar ahí.
Genial.


¿Será difícil verla? Está actuando como si estuviera enojada
conmigo, y ni siquiera sé por qué.
Regresando al estudio, me detengo. Recuerdo las duchas, cuando
no pude contenerme más. Cuando, después de saber que Britain dejó de
fotografiar, me incliné hacia delante y lamí su pezón.
Y dijo lo desesperadamente que me deseaba.
Así que tiene una razón para estar molesta. ¿Por qué no pensé en
esto antes? Lo dijo aún más descaradamente en el estudio de fotografía:
Tienes mucha suerte de no estar soltero ahora mismo. Si no, haría que me
hicieras venir.
Como si eso me hiciese afortunado. Ahora, no me estoy follando a
una hermosa modelo, pero sí recibo la ira de su frustración sexual.
Un hurra por mí.
Sin embargo, no es suficiente para que me ignore, sobre todo
después de enviarle mensajes de texto y llamarla para saber si está bien.
Entro en el vestuario. Está vestida con una bata blanca y encorvada
sobre el mostrador, mirándose en el espejo. No sé si es por la iluminación,
pero se ve pálida. Me mira por un segundo antes de que sus ojos vuelvan a
su propio rostro.
—Es malditamente fantástico verte también —digo.
Entonces hace algo que no esperaba para nada. Alza la mirada y
parpadea muchas veces. Luego su cara se arruga y comienza a llorar.
—Lo siento. —Se cubre la boca con las manos para ahogar un
sollozo—. No puedo, no puedo hacer esto hoy. Lo s-siento.
Sale corriendo de la habitación, dando un portazo. Y me quedo allí
como un idiota. Estoy sentado en una silla, preguntándome si debería ir tras
ella o si eso empeorará las cosas, cuando Britain entra, cámara en mano y
toalla envuelta alrededor de su cintura.
Me levanto. —¿Has visto a Ev…
Levanta la mano. —Toma asiento, asunto urgente.
La escucho, confundido.
Suspira y camina hacia el tocador, dejando su cámara sobre este. —
Evan está pasando por un mal momento. Así que vamos a cancelar la
sesión de hoy.
—A la mierda —digo—. ¿Qué he hecho?
Frunce el ceño. —¿Tú? Bueno, nada. No creo.


—Espera... ¿qué?
—Evan. No puede trabajar hoy.
—¿Por qué?
—No entró a Berkeley.
La miro boquiabierto. —¿Qué demonios fue lo que dijiste?
—¿Evan no fue aceptada en Berkeley?
—Eso es imposible.
Britain se encoge de hombros. —Recibió la carta ayer.
Ayer, probablemente justo cuando le envié un mensaje preguntando
si se encontraba bien. Estaba de todo menos bien.
—Dijo que podía manejar la sesión de hoy —continúa—. Actuó muy
bien anoche.
Bien. Si he aprendido una cosa sobre Evan es que puede interiorizarlo
todo si así lo quiere. Demonios, lo aparta todo cada vez que entra en el
campus o cuando está con su madre.
—Por lo tanto, ¿no vamos a fotografiarnos hoy? —pregunto.
—No creo que podamos —dice Britain.
—Muy bien —digo, y me dirijo a la puerta—. Tengo mierda que
hacer.


Evan



—Tienes que salir tarde o temprano —grita Delilah desde el otro lado
de mi puerta—. Vamos, Evan. Quiero mostrarte mi sesión de hoy. Estoy muy
orgullosa de ella.
Después de la ducha, me puse un suéter y me acurruqué en las
sábanas. Planeo quedarme así por las próximas setenta y dos horas más o
menos.
—Intenta de nuevo en tres días —le digo.
—Evan…
No respondo a sus lloriqueos y no lo intenta de nuevo.
Mi vida está arruinada. Cuatro años creyendo que estaba destinada
a entrar en la universidad de Berkeley cuatro años reventándome el trasero
para nada. Sin eso, no soy nada más que una estudiante universitaria y
una pila de revistas eróticas.
Si no entré en Berkeley, ¿quién dice que no lo haré en ninguna otra
de las que he aplicado? ¿Quién me puede decir que no, al menos, lograré
entrar al programa de East Park? Si no logro entrar al de East Park,
entonces no puedo ser ni siquiera una modelo de EPE.
Estoy jodida. En todo en lo que soy buena, estoy jodida. No puedo
hacer una mierda con una licenciatura de biología.
También podría entrar en la industria del porno.
Alguien llama. Otra vez.
—Váyanse de una maldita vez.
—Evan —llama Dallas—, abre.
¿Qué demonios está haciendo él aquí?
—Especialmente tú. Lárgate.


—Hazme esto fácil o treparé por la ventana de tu dormitorio.
—No podrías.
—Pruébame.
—Vete a la mierda —digo, cerrando los ojos con fuerza. Quizás es
como un monstruo debajo de mi cama. Si finjo que no está, simplemente
se irá.
Me quedo dormida. No sé por cuánto, pero cuando me despierto,
está oscuro. Mi boca está seca y tengo ganas de hacer pis. Me deslizo
fuera de la cama y caminando arduamente por la habitación, abro la
puerta.
Dallas está sentado frente a mí, su espalda contra la pared del
pasillo. En su regazo, tiene una bolsa de Cheetos Flamingo Hot.
—Tuve que poner la cerveza en la nevera y el helado en el
congelador porque te estabas comportando como una perra terca —
dice.
Me echo a llorar.

***

La cucharilla que Dallas trajo de la cocina es, lo juro por Dios, del
tamaño de mi cara. Los dos estamos sentados a lo indio sobre mi cama. Le
dejo usar la cucharilla para el helado porque estoy sumergiendo los
Cheetos dentro de la sustancia y siguiéndolos con la cerveza.
—Esa es la cosa más asquerosa que he visto en mi vida —dice.
—Di eso cuando hayas sido vegetariano durante cinco meses sin
hacer trampa —respondo.
Se ríe, un sonido que no puedo dejar de amar. —Touché.
—Necesitaré sacar esta mierda de mi sistema dentro de quince
minutos. —Meto otro Cheeto dentro de la tarrina de helado.
—Cristo, Evan.
—¿Qué, esa declaración es muy poco femenina para ti?
—No, me excita totalmente. Estoy consiguiendo una enorme
erección de solo pensar en ello.
—Me doy cuenta por ese masivo bulto en tus pantalones.
—Tener una batalla de sarcasmo con alguien tan terco como yo es
la cosa más divertida que he tenido en años.


No puedo evitarlo, sonrío.
Entonces su cara se pone seria, y no del tipo seria-sarcástica. —No es
el fin del mundo, sabes.
Niego. —No lo entiendes.
—Sí lo hago —dice—. East Park no fue tampoco mi primera opción.
O sea, no es una mala escuela. Y todavía tengo mi doctorado. Lo que
estoy intentado decirte es que tienes opciones, Evan. Toneladas de ellas.
—Si posar para Hot Skanks R Us es a lo que tú llamas opciones.
Entrecierra los ojos. —¿De cuántas has tenido respuesta?
—Berkeley. Es suficiente.
—¿Qué hay de Harvard?
—JA. JA —digo antipáticamente.
—Aplicaste, ¿cierto? —pregunta—. Porque serías idiota si no. Tiene el
mejor programa de Bioquímica en la nación.
Tomo un gran trago de mi cerveza. De alguna manera, Dallas
conocía mi marca favorita. No he bebido cerveza en años, y es la mejor
cosa que he probado.
Vuelvo a prestar atención. —Por supuesto que apliqué para Harvard.
Como broma. Ni siquiera estoy contando esa como una verdadera
solicitud.
—Pues deberías, Evan. —Hace girar un Cheeto en sus dedos—.
Tengo calificación suficiente de tu trabajo como para saber que estás
destinada a la escuela de postgrado. Y qué si no entraste a Berkeley. Eres
brillante, hermosa y saludable. No puedes tener una vida perfecta, Evan.
Eso no sería justo para el resto de nosotros.
Sonrío. —Bueno, gracias por hacerme sentir como una idiota.
—No hay de qué. Y sólo para hacerte sentir peor, todo ese llanto te
ha dejado unos lamentables ojos de mapache.
Maldito rímel. No sale con una ducha, pero que Dios me ayude si
lloro un poquito…
—Los ojos de mapache están totalmente de moda —le digo—. Los
voy a usar para la próxima sesión.
—Sí, claro —dice, acercándose. Sus nudillos rozan un lado de mi cara
y mi corazón se agita en el pecho. Abre su mano para poner la palma en
mi mejilla y de buena gana me acurruco en ella. La parte blanda de su
pulgar roza por debajo de mis ojos, que empiezan a arder.


—Joder, Dallas. —Entrecierro los ojos—. Polvo de Cheeto.
—Oh, mierda. —Salta de la cama—. Joder, mierda, joder. ¿Estás
bien? Espera aquí.
Antes de que pueda discutir, sale corriendo de la habitación. Todo lo
que tengo que hacer es pestañear unas cuantas veces y frotarme el ojo
con la mano limpia y el ardor se detiene, pero para entonces, Dallas ya ha
regresado con una toalla mojada en la mano. Sube a la cama de nuevo y
se cerca, sujetando la parte de atrás de mi nuca y presionando
gentilmente la toalla en mi ojo.
Me río. —Para. Estoy bien, lo juro.
—Cállate y déjame jugar al príncipe encantador, ¿de acuerdo?
Frota la toalla en mis ojos un par de veces más y la baja. Cuando mi
visión se enfoca, noto lo cerca que está. Lo suficientemente cerca para
estudiar cada curva de sus hermosos esculpidos labios. Me muerdo el mío,
esperando a que se aparte. Pero no lo hace. Solo espera estoicamente, su
respiración contra mi piel, ojos helados penetrando los míos.
Britain se aclara la garganta.
Me alejo de un salto y me giro hacia donde está, en la puerta con
los brazos cruzados y una ceja alzada. —¿Entonces me lo tomo como que
estás lista para mañana? —pregunta—. ¿No te esconderás en tu oscura
cueva por el resto de la semana?
Abro la boca, pero no antes de que Dallas responda. —Está lista. —
Le miro y me guiña.
—Bien, porque ustedes no van a una sesión mañana. —Sonríe con
una completa sonrisa.
Ladeo la cabeza. —No te sigo.
—Acabo de hablar por teléfono con A. J. Harrison, CEO de Amora
Adquisiciones. Nos quiere llevar a cenar mañana por la noche.
Mi boca se cae. Amora Adquisiciones… —Santa mierda.
—Estoy perdido —dice Dallas.
—Amora Adqusiciones es una pequeña rama de conglomerados de
medios que ha estado comprando revistas eróticas por todo el país —le
explico—, si están interesados en nosotros…
—Eso significa que nos volveríamos nacionales —continúa Britain por
mí—. Significa que tu carrera como modelo sería escrita en piedra y que
tendrías más dinero de lo que jamás sabrías gastar.


Dallas

Una media hora antes de la gran cena, estoy al teléfono con Tricia. Y
acabo de comunicarle las noticias.
—Oh, cariño, ¡eso suena increíble! —chilla—. Esto puede ser enorme
para nosotros. ¡Podemos hacer un pago al contado para una casa!
Sonrío. Instalarnos es lo que siempre quisimos. Podremos
establecernos. Ser felices.
Felices. Tricia y yo vamos a estar juntos y felices. Y eso es todo lo que
necesito en mi vida, ¿cierto?
Ajusto la corbata en el espejo, escuchando la voz de un hombre en
el fondo.
—Escucha, Dallas, estoy por empezar una reunión con mi cliente. Te
llamaré mañana, ¿vale? Te amo.
—Te amo, Trish.
Cuelga.
Dejo el móvil e inhalo profundo, mirándome en el espejo.
Mi estómago se aprieta. No es la cena lo que me pone nervioso, he
hecho la mierda de la buena impresión antes. Es el mensaje de Britain que
recibí hace una hora.

Escucha, sé que tienes novia, pero A. J. quiere ver la química que
hay entre tú y Evan. Así que actúa como si estuvieran juntos. ¿Eso está
bien?

No hay problema, contesté, porque en ese momento pensé que
hacerlo para A. J. sería lo mismo que hacerlo para la cámara. Una farsa.
Pero cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de lo fluida que
tendrá que ser la farsa esta noche. No me preocupa porque puedo
hacerlo.
Puedo hacerlo muy bien. Porque quiero.
Alejo ese pensamiento cuando llaman a la puerta. Tiro la campera
sobre mi hombro y me encamino hacia la sala encontrándome cara a
cara con Evan. Mis ojos comienzan desde abajo, en sus tacones stiletto, y
se elevan lentamente hacia sus piernas desnudas, su vestido de encaje


negro cuyo borde termina sobre su culo y abraza cada una de sus curvas.
Su pelo recogido en un moño, maquillaje oscuro en sus ojos, tan
peligrosamente atrayente como el resto de ella.
—Hola —dice.
—Hola.
—¿Estás listo?
Asiento y se gira para regresar al coche, sus caderas balanceándose
con cada paso. Su vestido es sin espalda, y me pregunto cómo sería
tenerla debajo de mí, lamer el sendero de su columna…
Cálmate, Dallas. Maldita sea.
Britain nos espera en su Escalade blanco. Puedo decir que hizo que
lo lavaran y enceraran, como si quisiera hacer que nos veamos tan
importantes como sea posible. Andrea se sienta en el lado del
acompañante, así que me tengo que sentar detrás, con Evan.
Britain ni siquiera dice hola, va directa a la lista de reglas que hizo
para nosotros. —Bien, así que recuerden, hagan lo posible para actuar
como una pareja, o al menos para demostrar que no temen ser íntimos
entre sí en cualquier lugar. Sean educados, mastiquen con la boca
cerrada, y por el amor de Dios, por favor no me avergüencen. ¿Capisce?
—Sí, señora.
Miro a Evan. Luce como me siento, nerviosa. No habla mucho,
tampoco. No dice nada en todo el camino, lo que me vuelve loco. Deseo
que haga una estúpida broma. Deseo que diga cualquier cosa.
Nos adentramos hacia el aparcamiento de Blue Water Bistro, que es
de lejos el mejor restaurante de carne de la ciudad. Britain y Andrea salen
del auto. Evan abre la puerta, pero me inclino sobre el asiento, alcanzando
su regazo y acercándola.
—Qué narices, Dallas…
La empujo por el hombro hasta que su espalda está sobre el asiento.
—Supuestamente tenemos que fingir ser una pareja.
Sus ojos se agrandan. —Bien, pues actuemos como una.
—No seas evasiva, entonces.
—No me sermonees.
—Jesús, ¿tanto has estado soltera que se te ha olvidado cómo
actuar en una cita?
Sonríe con desdén. —Sé cómo actuar en una cita, idiota.


Alguien está un poco sensible. —Bien, porque vamos a tener que
acelerar este proceso un poco.
—¿Y qué diablos significa eso?
Me inclino y presiono mis labios sobre los suyos.



Evan



Dallas me está besando.
Pero besando de verdad.
No uno de esos descuidados beso exhibicionistas que podrían
alargarse por días. Un verdadero beso. Un casto beso Disney. Sus labios son
suaves y cálidos, y dejo escapar un gemido porque no puedo evitarlo.
Abro los labios con la esperanza de que capte la indirecta. Pero en lugar
de eso se aleja, tomando un profundo y tembloroso suspiro.
—¿Estás lista? —pregunta con voz ronca.
—S-sí —tartamudeo, dándome cuenta de que todo mi cuerpo está
temblando.
Abre la puerta y sale, sus ojos sobre mí todo el tiempo. Sostengo el
bolso y tomo su mano. Me ayuda, sus dedos deslizándose a lo largo de mi
espalda desnuda. Tiene que notar la piel de gallina que estalla sobre mi
piel. Me apoyo en él a medida que aceleramos el paso para ponernos al
día con Britain y Andrea. Adam y Delilah se unen a nosotros desde donde
el BMW de Adam está estacionado, Delilah viéndose impresionante en un
vestido rojo ceñido.
—Me encanta —le digo, extendiendo la mano para tocar la tela—.
Nunca lo he visto antes.
—Eso es porque me fui de compras sin ti —dice un poco
amargamente.
Me llevo la mano a la boca. Me envió un mensaje hoy cuando
estaba en la escuela preguntándome si quería ir de compras. Me vi
absorbida por las tareas y nunca respondí.
—Lo olvidé por completo.
—Sí, sí —dice, mientras entramos.


El restaurante es bastante moderno, las cabinas ovaladas al fondo
tienen grandes fiestas. Tres personas ya están sentadas en nuestra mesa.
Puedo asumir con seguridad que el hombre mayor con el pelo más claro
es A. J. Se desliza de la cabina y se levanta, sonriendo.
—Bienvenidos, bienvenidos —dice, extendiendo la mano hacia
Britain, quien nos lidera—. Tú debes de ser Britain.
Britain nos presenta al Sr. Harrison, y este nos estrecha la mano a
todos.
—Os reconozco a muchos de la revista —dice mientras toma la mía,
sus ojos demorándose en mí por un segundo demasiado largo, antes de
trasladarse a Dallas—. Ah, sí. Las dos parejas poderosas. Me alegra que los
trajeras contigo, Britain. Por favor, tomen asiento.
Dallas y yo nos deslizamos en la cabina hasta que estamos en el
centro de todo el mundo. A. J. nos presenta al hombre y a la mujer como
su director financiero y productora. Sonríen, pero no dicen nada, sus tablets
frente a ellos mientras teclean rápidamente. Deben estar tomando notas
de la noche para A. J.
La conversación en realidad no comienza hasta que los vasos de
agua están llenos y todos ordenamos. Pruebo con el elemento más
pesado de vegetales en el menú, y Dallas susurra—: Lo harías.
Sonrío. Sus dedos encuentran la base de mi cuello, presionando
suavemente la piel mientras masajea mis músculos. Hago un maldito
esfuerzo en no dejar que mis ojos revoloteen cerrados mientras continúa
con sus caricias, e intento concentrarme en la conversación en cuestión.
Me pregunto si le toca así a Tricia cuando tienen una noche de fiesta.
Adam y Delilah también son bastante buenos fingiendo ser una
pareja. Él mantiene el largo cabello castaño rojizo retirado, susurrando en
su oído. Sus ojos se abren y se sonroja.
Britain y A. J. están conversando en el otro lado de la mesa. Es difícil
concentrarse en lo que dicen con Dallas tocándome de esta manera.
Britain saca una carpeta de manila, y tengo que mirar de cerca cuando A.
J. lo abre para darme cuenta de lo que hay dentro -fotos de la sesión de
ducha, y luego debajo de estas, Delilah y Adam posando bajo el agua.
Estoy totalmente atrapada cuando Andrea comienza a explicar el
argumento que ha creado para las dos parejas, empezando por Adam y
Delilah -dos jóvenes amigos con beneficios con la misión de tener sexo en
lugares extraños. Y luego Dallas y yo –el desfloramiento de Rylan Willow por
su joven y sexy profesor.
De todas las personas en esta mesa, A. J. me apunta con su dedo.
—Me intriga mucho, señorita Willow.


Dallas baja la mano de mi cuello y la descansa en mi muslo.
Sonrío educadamente.
—¿En serio?
Levanta su copa de vino, y dice antes de tomar un sorbo—: Con la
última edición me pregunté si, aquí Britain, te amenazó de muerte durante
las fotografías; te hiciste la víctima tan bien.
A mitad de beber su vaso de agua, Dallas se atraganta. Adam
ahoga la risa.
—Ah —dice A. J.—, veo qué ocurre aquí. Tal vez debería estar
dirigiendo la pregunta al caballero. Tú y el señor Whitley parecen bastante
amistosos, incluso fuera del estudio. ¿Estoy suponiendo lo correcto? —Sus
ojos parpadean en Dallas.
Por la gracia de Dios, el camarero pasa por allí. Gesticulo para que
se acerque.
—Doble vodka con tónica —susurro, volviendo mi atención a A. J.—.
No tiene que redirigir las preguntas a Dallas. —Apenas sonrío rígidamente—
. Soy perfectamente capaz de responder.
Los ojos de Britain se ensanchan. Es como si tuviera una réplica
exacta de Evan Snark Meter dentro de su cerebro.
A .J. levanta una ceja.
—¿Sí, Rylan?
—He perfeccionado la expresión de virgen ingenua simplemente
porque puedo ser lo que quiera que sea. Soy modelo, señor Harrison, no
una virgen cautiva. Estoy segura de que lo entiende. Dallas aquí lo hace.
Siento a Dallas tensarse a mi lado. Mantengo mis ojos fijos y
entrecerrados en A. J.
Se ríe.
—Muy bien, señorita Willow.
Mi bebida llega. La termino de un solo trago.
—Y en cuanto a Dallas —empiezo, mi mano apoyada en la parte
interior de su muslo—, una mujer nunca revela su estrategia de batalla
para acostarse con un caballero.
Delilah jadea, y Britain me da un pulgar hacia arriba por debajo de
la mesa.


—Tu ingenio me está seduciendo —dice A. J. con un guiño—. Muy
bien. Tomaré en cuenta ese factor mientras esté considerando la
adquisición de la revista.

***

Después de dos vodkas dobles con tónica no puedo seguir la
conversación. La mano de Dallas, en el transcurso de la noche, se ha
arrastrado más y más alto sobre mi muslo, y eso, junto al alcohol, me ha
quitado el humor para concentrarme en una conversación seria. Lo único
que capto en la mesa –además de que la comida aquí es jodidamente
increíble-, es que esta serie de historias entre Dallas y yo, y Delilah y Adam,
durarán cinco ediciones, y para entonces el Sr. Harrison tendrá una
respuesta para nosotros de una manera u otra.
Nos levantamos para salir.
—Tengo ganas de ver cómo continuarán estas historias —dice,
guiñándome otra vez.
¿Sabe que es raro? Porque es totalmente raro. O tal vez es sólo mi
zumbante cerebro hablando.
Tengo que aferrarme a Dallas por mi vida querida para salir al
estacionamiento. El vodka y los tacones realmente no se llevan para nada
bien. Incluso me pregunta cuántos me he tomado.
—Oh, por el amor de Dios —respondo—. No estoy tan borracha.
Intenta tomarte unos tragos y caminar en estos zapatos, y verás lo bien que
lo haces.
Se ríe profundamente, enviando escalofríos por mi espina dorsal.
—Está bien, está bien.
A medida que nos amontonamos en el coche de Britain, capto su
parloteo acerca de cómo configurar el resto de la serie.
—… ni siquiera hemos impreso la segunda edición, sin embargo, por
lo que están más avanzados de lo previsto. Mantengámoslo así. Todavía
tenemos la sesión de la piscina y la de la ducha para usarlas, y por
supuesto, la última sesión será de Rylan en la cama, así que sólo falta una.
—Enciende el motor, pero luego lo apaga rápidamente de nuevo.
—¿Qué pasa? —pregunta Andrea.
—Aquí —dice Britain, volviéndose a Dallas y a mí con una gran
sonrisa en su rostro—. Haremos la sesión aquí.


—¿Aquí? —lloriqueo.
—Síp —responde—. Aquí. Andrea, toma mi cámara del estuche. Está
en el maletero.
—Pero… —Intento pensar en una buena excusa mientras Andrea se
baja del coche y abre la puerta—. No tenemos una historia.
—Rylan y su profesor se encuentran en departamento mixto. Él la
seduce en la parte trasera de su coche a la salida. Bam. Historia. Vamos.
—¡Eso funciona! —grita Andrea.
—Pero mi cabello y maquillaje… no están listos. No es la típica Rylan.
—¿Cuál es el problema, amiga? Necesitas relajarte con la cosa de
todo el pueblo reconociéndote.
Dallas pone el brazo sobre mi hombro mientras Andrea regresa con
el estuche. Me mira con ojos preocupados.
—No quieres hacer esto ahora mismo.
—No es eso —le digo humildemente—. Solo estoy… siendo
sorprendida con la guardia baja. Necesito un momento para, ya sabes,
meterme en el personaje.
—Déjame ayudarte —dice con voz ronca, bajando la cabeza. Sus
labios atrapan mi cuello y lanzo un jadeo de asombro.
—Sí, por favor, consíguela en el estado de ánimo para que podamos
fotografiar esta cosa antes de que un guardia de seguridad se acerque —
escucho decir a Britain—. Eso sería incómodo. —Dirige a Andrea para
sostener la iluminación móvil en cierto ángulo.
La lengua de Dallas sale rápidamente y lame mi garganta. La curva
de su dedo encuentra mi mandíbula, y me obliga a mirar esos
impresionantes ojos, dejándome absolutamente inútil.
—¿Qué quieres que haga con ella? —le pregunta a Britain sin
liberarme de su agarre.
—Desliza la mano bajo el vestido para que parezca como si la
estuvieras follando con los dedos. Y bésala.
Aguanto la respiración mientras espero a que me posicione. Me
empuja contra la parte interior de la puerta del coche y el asiento.
—Abre las piernas —murmura. Sigo sus órdenes, su mano
deslizándose por el interior de mi muslo. El alcohol pulsando en mis venas
aumenta cada sensación. No espero que vaya tan lejos como para
deslizar el pulgar en medio de mis bragas, así que cuando lo hace me
tenso, pero él sonríe y se inclina, rozando mi oreja con los labios.


—Sé cuán mojada estás en este momento —susurra.
Un gemido estrangulado escapa de mi garganta. ¿Está Britain
dirigiéndonos? No oigo nada sobre mi propio pulso estrepitoso y el aliento
caliente de Dallas.
—Olvídate de Britain —me urge secretamente, empujando mis
bragas a un lado—. Olvida que está aquí. Finge que sólo estamos tú y yo,
Evan. Finge que esto es de verdad.
Acaricia mi hendidura con sus dedos hasta que su pulgar encuentra
mi clítoris. Frota en lentos círculos, capturando mis jadeos con su boca.
Separo los labios y esta vez acepta ávidamente, su lengua recorriendo mi
labio inferior y adentrándose para encontrarse con la mía. Aumenta la
presión de la mano hasta que estoy gimiendo suavemente en su boca,
todo mi cuerpo arde.
No sé si Britain está dándole instrucciones, pero siento su mano libre ir
a lo largo del cuello de mi vestido. Aparta el tirante hasta que mi pecho
está expuesto. Acunándolos, pellizca rudamente mis pezones, una
poderosa ola de éxtasis rasgando mi cuerpo. Tiemblo contra su mano. Una
risa oscura burbujea de su garganta, y se aleja de mi boca sólo lo
suficiente para susurrar—: Paciencia —antes de besarme profundamente
otra vez. Mete dos dedos en mi interior, aumentando la velocidad de su
pulgar contra mi clítoris.
La presión se comienza a construir muy dentro de mí. Murmuro ―por
favor‖ una y otra y otra vez contra sus labios y no es hasta que estoy al
borde de mi liberación que me doy cuenta de que voy a llegar por
primera vez al orgasmo frente a una cámara.
Por primera vez a causa de un chico.


Dallas

Mientras Evan se viene, lo disimula muy bien. Sólo lo noto porque
puedo sentirlo -su coño apretado, mojado alrededor de mis dedos, la
forma en que se estremece y susurra en voz baja "mierda" contra mis labios.
Calmándose de su orgasmo rápidamente, sus ojos se abren, como si
de repente fuese más consciente de lo acaba de suceder.
Lo que hice con ella.
—Santa mierda —suspira Britain—. Eso fue… intenso. Y ahora estoy
muy caliente y mojada.
Mantengo mis ojos sobre Evan mientras retiro la mano, limpiándola
en el interior de su muslo. Si estuviéramos solos -si esto fuese real- me
lamería los dedos.
Pero no lo es. Y se supone que sólo tenía que fingir que la estaba
follando con los dedos, porque tengo una novia.
¿Qué demonios he hecho?
Evan se sienta y su cuerpo entero sigue temblando. Mete un salvaje
mechón de cabello detrás de su oreja y acomoda su vestido.
La hice venir.
Evan me dijo que nunca se había venido durante el sexo. Y si no
mintió, entonces soy el primero en conseguirlo. Y ni siquiera la estaba
follando. Llevaba todavía su ropa.
—Deberíamos irnos.
—Lo tienes, chico amante. —Britain tapa la lente de la cámara y se
la pasa a Andrea, que nos sigue mirando boquiabierta—. ¿Quieres que te
deje en casa?
—Por favor —digo, mirando por la ventana e intentando controlar mi
respiración. Britain sale del estacionamiento y gira hacia la autopista.
A Trish no le importa.
El hecho de que tenga que seguir recordándome a mí mismo eso no
mejora la situación. Estoy perdiendo el control. Cada segundo que paso
con Evan me acerco más al borde de enamorarme.
Sí, correcto, tú, maldito idiota. Ya te has enamorado de ella.
Miro a Evan. Sus piernas están cruzadas mientras mira por la ventana,
su cuerpo totalmente inmóvil. No puedo evitar preguntarme en qué está


pensando. En si esto es sólo una tarea… si venirse en la mano de su
compañero de trabajo es solo otro día más. O si una parte suya se siente
igual que yo.
No importa cómo se sienta. Tienes novia.
Tengo que alejarme de Evan ahora mismo.
El teléfono de Andrea suena y contesta.
—Evan, es Delilah. Quiere ir a bailar. ¿Quieres venir?
—Si hay un bar —dice Evan secamente—, cuenta conmigo.
Britain se burla.
—Estamos cerca de casa. ¿Qué hay sobre el otro personaje?
—¿Qué sobre eso? —Evan mantiene los ojos pegados a la ventana.
Britain no dice nada en respuesta.
—¿Dallas? —pregunta Andrea.
—Tengo tarea —contesto brevemente. La verdad es que no tengo
ninguna tarea. La verdad es que no quiero nada más que molerme contra
Evan en una pista de baile oscura.
Es veneno. Me va a arruinar.
Britain se detiene en mi complejo.
—Gracias por todo, Dallas. Una sesión más y tendrás el resto del
verano libre. Deberías tener tu primer cheque mañana, por cierto, por si
quieres pasarte por el estudio.
—Gracias. —Abro la puerta y miro a Evan. Su cabeza sigue girada
mientras mira por la ventana.
No dice nada.
Cierro la puerta, y Britain se aleja.


Evan

El camarero me desliza mi segundo trago de tequila bordeado con
sal, acompañado de una rodaja de limón. Sin dudarlo ni un segundo, lo
trago, golpeando el cristal de la encimera y mordiendo la fruta ácida.
Me he quitado los zapatos y los he escondido tras la puerta. El ritmo
fluye acompañado con una variedad de luces estroboscópicas. Andrea,
Delilah, Britain y Adam se encuentran en algún lado de la pista de baile, o
eso creo. Cuando una mano presiona contra la parte baja de mi espalda,
comienzo a girarme.
—Calma, forastera. —En la sombra de las espeluznantes luces,
apenas distingo la sonrisa torcida de Adam—. Solo soy yo.
Vuelvo a la barra en un intento de hacer señas para pedir más, mi
cuerpo caliente y doliendo por más alcohol—. ¿Qué pasa?
—Vine para preguntarte si te quieres unir. Parece que necesitas
liberarte de algo.
Suelto una risa irónica. —¿Qué pudo haberte hecho pensar eso?
Finalmente atrapo la atención del camarero, que me desliza otro
chupito, y me lo tomo del tirón.
—¿Quieres hablar de ello antes de emborracharte hasta la locura?
—pregunta.
Me burlo. —¿Contigo? Improbable.
—Es Dallas, ¿verdad? —Cuando niego, continua—: Vamos, Rylan.
Apenas os veo a los dos a menudo y es tan obvio.
Rylan. Olvidé que Adam ni siquiera sabe mi nombre real. Sólo soy un
envoltorio de chica para él.
Arrojo mis sentimientos por Dallas como si no fueran nada. —
Supongo que podrías decir que me interesa —grito por encima de la
música—. Vamos, Adam. Esas escenas me frustran sexualmente. Eso es


todo lo que soy. Simplemente le quiero volar el cerebro, y no puedo,
porque tiene una puñetera novia.
—¿Tu boca es siempre así de sucia, o es el alcohol el que habla?
—Vete a la mierda, capullo.
Se acerca hasta que me aprieta contra la barra con sus caderas. —
¿Te quieres follar a Dallas únicamente porque lo hallas particularmente
atractivo, o porque es tu modelo?
Abro la boca para responder, pero no hay palabras. ¿Está
acercándose o es sólo que estoy borracha? Estudio su físico. Bronceado,
amplio, rubio... —¿Eres algo así como un surfista?
Dios mío, ¿realmente he dicho eso? Ahora suenas como una niña
estúpida, Evan.
Sonríe. —Antes. ¿Por qué lo preguntas?
—Me gustaría verte tomar una ola, eso es todo. —Vaya. Mi boca
está fuera de control. Al menos soy honesta.
—¿Quieres bailar conmigo o no, Evan?
—Que le jodan. —Dejo de golpe el tercer vaso y toma la mano que
extiendo para arrastrarme a la pista de baile. Dios, no he bailado en años.
Quizás desde la graduación, tristemente. Evan no baila. Evan sacrificó su
libertad para arreglarse e irse hace mucho tiempo. Lo que fue una
estúpida idea, considerando cuan oscuro es el club. Nadie reconocería a
Rylan Willow en un lugar como este.
Adam me acerca, y pronto encuentro el ritmo de la música.
Envuelvo los brazos alrededor de sus hombros y disfruto la sensación de sus
movimientos contra mí, el aire pesado con el olor a sudor, sexo y cigarrillos.
Quiero perderme.
Tiro de su cuello hasta que baja la cabeza y capturo sus labios con
los míos. Cuando rompe el beso, le pregunto si quiere salir de aquí. Britain
me observa desde la barra mientras bebe agua. Se encoge de hombros,
como si preguntara a dónde voy.
Le digo adiós con la mano y agarro la mano de Adam.

***

Decidimos que en mi casa, ya que Adam tiene que estar mañana
en el estudio de todas formas.


Cierra la puerta de mi habitación y me lanza sobre mi cama. No
tengo tiempo de reaccionar antes de que esté encima de mí, quitándome
el vestido y bajando las bragas por mis tobillos. El chico no malgasta el
tiempo, busca un condón de su bolsillo y se desnuda. Desgarra el
envoltorio, se lo pone, separa mis piernas, y hunde su polla en mí.
Grito y agarro el cabecero. Antes de marcar el ritmo, se inclina y me
muerde el pezón. Me sumerjo en un abrasador dolor excitante, rogándole
que me folle.
Me da la vuelta, introduce sus dedos en la carne de mi culo, y
obedece.


Dallas

Corrí seis kilómetros esta mañana y podría recorrer otros diez. Es una
forma saludable de canalizar la frustración sexual, pero decido darme un
descanso y conseguir algo de café después de la ducha. Le envío un
mensaje a Britain para ver si puedo ir a recoger mi cheque. Me contesta y
dice que vaya, por lo que subo al coche y voy al estudio.
—Aquí —grita desde el camerino al entrar. Está sentada en la silla de
maquillaje, viendo como Delilah termina de peinarse.
—Buenos días —digo, dejando el café.
Delilah me fulmina con la mirada.
Ladeo la cabeza. —¿Mala mañana? —Pero antes de que pueda
responder, Britain me tiende un sobre.
—Gracias —digo, tomándolo.
—Evan no se levantará en un buen rato —dice Britain. Delilah se
burla.
—Está bien. Trajes cosas para estudiar.
—Genial. —Britain alza un dedo—. De hecho, antes de ponerte a
ello, ¿te importaría ir a hacerme un recado? Se nos ha acabado la laca, y
hay un par de botes en el cuarto de baño junto a las habitaciones. Sabes
dónde, ¿verdad?


La puerta de Evan está cerrada cuando paso. Las diez y sigue
dormida -supongo que se lo pasó bien en el club. Busco a través de un
montón de mierdas de chica en el baño antes de encontrar un paquete
de dos lacas para el cabello y lo agarro.
Cuando vuelvo al pasillo, la puerta de Evan se abre, pero no es ella
la que sale. Me congelo.
Adam bosteza y se aparta el pelo, girándose. Me ve, saluda, y me
pasa para entrar al baño.
¿Qué cojones?
Echo un vistazo por la puerta. Está de pie junto a la ventana,
dándome la espalda en nada más que un culot y una camisa sin mangas.
Se retira el cabello y se da la vuelta. Cuando me reconoce, su rostro se
sorprende.


—¿Dallas?
Folló con Adam. Evan folló con Adam.
—¿Qué haces aquí?
Levanto la laca. —Haciendo un recado. —Antes de que responda,
dejo su puerta y me voy por el pasillo lo más rápido posible antes de que
golpee la pared.
No puedes enfadarte porque no es tuya. No puedes enfadarte
porque no es tuya.
Folló con Adam.
Irrumpo en el camerino y dejo la laca de golpe sobre el tocador.
Britain salta. Levanta la botella arrugada de plástico, líquido derramándose
por el borde del tapón. —Alto ahí, súper Hulk. Tenías que conseguir las
botellas de aerosol.
—¿El qué?
—Aerosol. Ya sabes, ¿las botellas de metal con laca dentro?
—Ni siquiera sé de qué coño me estás hablando.
—Cálmate, chico.
—No regresaré allí.
Sus ojos se agrandan. —Oh, mierda. Has visto... —Su boca se cierra
de golpe, y asiente rápidamente antes de decir—: ¿Por qué no tomas un
baño? Te enfriará.
—¿Enfriarme de qué?
—Soy tu jefa. Simplemente haz lo que digo y no discutas conmigo,
¿vale?
Gruño y me giro, cerrando de golpe la puerta. Le hago caso porque
no sé qué más hacer –además de correr otra vez. Pero sé que eso no
funcionará. Lo he intentado ya.
He intentado correr y me siento peor.
Folló con Adam.
Quizás debería esperar a que él entre en el estudio, ¿y entonces
qué? ¿Empezar una pelea -por Evan? No puedo hacerlo, porque no es
mía.
No es mía.
En la piscina, me quedo en mis calzoncillos. No sé por cuánto tiempo
nado, pero cuando finalmente descanso en el borde de la piscina, el sol se
encuentra en medio del cielo.


Agarro mi móvil sobre el hormigón. No hay llamadas perdidas de
Tricia. No hay mensajes.
—Estoy enamorado de ella —digo en voz alta, porque es la única
forma de convencerme de que en realidad me siento de esa manera.
Estoy enamorado de Evan Cosette.


Evan

Adam actúa como si nada estuviera diferente entre nosotros cuando
lo veo en el cuarto de vestir una hora después de que dejara mi cama.
Gracias a Dios.
No es como si la noche anterior fuese un error, porque no lo fue.
Necesitaba un poco de sexo en mi vida, había pasado demasiado tiempo,
y últimamente he estado muy frustrada sexualmente hablando. Quiero
decir, habría estado mejor si Adam hubiese sido lo suficientemente gentil
como para hacer que me corriese…
—Tú. —Britain me apunta y trona sus dedos—. A mi oficina. Ahora.
Parece bastante seria. El chisme debe ser jugoso.
Me saca del vestidor y me mete en el baño, cerrando la puerta
detrás de ella y bloqueándola. Se gira, y para mi sorpresa, luce enojada. —
¿En qué diablos estabas pensando al acostarte con Adam?
—Yo… ¿qué? ¿Nos oíste o algo así?
—Oh Dios, Evan. ¡Todo el mundo lo sabe! —escupe.
Me siento en el retrete. —No entiendo. ¿Tiene algo que ver con no
acostarse con los compañeros del trabajo? Porque no recuerdo que
hayamos establecido esa regla.
—No, idiota. Esto tiene que ver con Delilah estando enamorada de
Adam.
Mi mandíbula cae. —¿Perdón?
—Pero no podrías saberlo, porque has sido un poco egoísta en los
últimos meses.
Me levanto. —¿Qué demonios, Brit? Siento si el querer entrar a una
buena escuela de posgrado me ha hecho centrarme en mí misma. No
puedo estar pasando el rato con ustedes cada maldito segundo.


Se acerca, su rostro solemne. —Asume los hechos, Evan. No sabías
que una de tus mejores amigas tenía sentimientos por un chico con el que
acabas de acostarte, escuela de posgrado o no. —Y con eso, se da la
vuelta y me deja sola en el baño, sintiéndome como la idiota más grande.
No tenía ni idea de que Delilah estuviera interesada en Adam, y
obviamente él tampoco. Me refiero a que, ¿cómo podría, con todo el
falso coqueteo y la tensión sexual?
¿Cómo puede separar lo que es real y lo que no?
Pienso en Dallas.
No, Dallas es diferente. Dallas no está soltero. Sé que nada entre
nosotros es real. Lo sé.
Lo sé.
Con rumbo al vestidor, paso a Delilah en el pasillo, ya preparada
para su sesión de hoy. Me lanza un bufido y se aleja de mí. La llamo por su
nombre, pero no se detiene. Ni se da la vuelta.
Maldición. Maldición, arruiné todo.
Me dirijo a mi propio estudio, el dormitorio. Hoy está preparado con
volantes blancos y rosas, las paredes decoradas con posters de corazones
y bandas de chicos.
Supuestamente es el cuarto de Rylan. Pero la visión me da náuseas.
Dallas está sentado en el sillón de felpa en la esquina, en sus
calzoncillos. Está de brazos cruzados y mirándome.
Realmente me estoy cansando de ver esta mirada hoy.
—¿Y qué demonios está mal contigo? —gruño.
—Oh, nada, sólo que deberíamos estar actuando desde… —Mira
dramáticamente su muñeca desnuda—. No sé, hace una hora, pero
alguien estuvo demasiado ocupada echando un polvo durante toda la
noche como para poder levantarse a tiempo hoy.
El calor me invade, asando mis entrañas. —¿Sabes qué, Dallas?
Puedes irte a la mierda. Mi vida sexual no es asunto tuyo, e incluso aunque
lo fuera, es una hora. Si tu día está tan lleno de mierda interesante por
hacer, ¿entonces por qué simplemente no te vas?
Sata, poniéndose en pie, con las manos hechas puños. Por un
segundo pienso que de hecho va a escucharme, cuando Britain entra en
la habitación y cierra la puerta.
Dallas abre la boca como si fuera a decirle algo, pero lo corta. —
Bien, entonces la sesión de hoy será privada por razones obvias. —Camina


por la habitación y enciende la sombrilla reflectora, lanzando una caja de
condones a la mesita de noche.
Dallas asiente hacia los condones y cruza los brazos. —¿Para qué son
esos?
—Esta sesión podría ponerse un poco intensa. —Britain se encoge de
hombros—. Adam y Delilah los necesitaron.
—Por supuesto, Adam necesitó uno —escupe Dallas.
—Ve a chuparte la polla, Dallas.
Britain resopla. —Muy bien, no quiero adivinar qué mierda les está
pasando a ustedes dos, ¿pero serás capaz de manejar esto hoy?
Dallas me mira, clavando sus ojos brillantes en los míos, y finalmente
dice—: Estoy bien.
Desato la bata y la dejo caer al suelo. No llevo nada más que un
sujetador push-up de encaje y un tanga a juego. Incluso en el calor de
estar molesto por cualquier razón, los ojos de Dallas barren mi cuerpo. Un
estremecimiento me sacude.
—Bien, entonces. Sube a la cama.

* * *

La primera parte de la sesión es desagradable. Dallas se mueve
como un robot, y tontear con él es menos divertido que masticarme las
uñas.
Britain puede verlo.
—Vamos, joder —dice, bajando la cámara—. Pueden o no hacer
esto, porque están gastando mi tiempo y el suyo.
Estoy acostada debajo de Dallas. Se supone que debería estar
besándome de manera sexy, como lo ha hecho en cada sesión que
hemos modelado juntos. Pero, en cambio, es como si estuviera arrastrando
su rostro sobre mi pecho contra su voluntad.
Lo empujo a un lado y me siento. —No puedo hacerlo cuando él ni
siquiera está intentado encenderme.
Dallas se cruza de brazos y alza una ceja. —¿Quieres que te
encienda?
Me encojo de hombros. —Así es como siempre ha funcionado,
Dallas.


—Si no encuentran una manera de resolverlo en treinta segundos,
esto se acabó —amenaza Britain.
—¿Acaso piensas que mágicamente puedo sacarme del trasero una
forma de encenderte? —dice furioso a través de los diente apretados.
Es mi turno de cruzar los brazos. —Algo así.
Britain suspira. —Diecinueve, dieciocho, diecisiete…
—Nunca antes te he follado, Evan. No sé cuáles son tus manías.
—Estas diciéndome que, después de hacer sesiones conmigo
durante un mes y medio, no tienes ni una remota idea de lo que me
enciende… Yo lo llamo una mierda.
—Seis, cinco, cuatro…
Los músculos de su mandíbula se ondulan y sus ojos arden con odio.
Por un segundo, creo que está hecho. Vamos a tener que hablar de estas
diferencias porque, por alguna razón, Dallas cree que le pertenecen todos
mis movimientos. Cree que le pertenezco…
Sin previo aviso, agarra mis hombros, dándome la vuelta y
colocándome sobre su regazo. Y después me pega en el trasero. Fuerte.
Grito, más por la sorpresa que por el dolor. Pero eso hace que Britain
deje caer su cámara.
—¡Jesús, Evan! ¿Estás bien?
Tomo unas pocas respiraciones temblorosas. —S-sí. Simplemente me
sorprendió.
—Err… ¿esto está bien? —pregunta.
Dallas masajea suavemente el lugar donde me ha pegado, pero no
dice nada. Ya puedo sentir la humedad empapando la cima de mis
muslos. En algún momento, lo verá. Lo sentirá.
—Solo toma las malditas fotos —le digo.
Captando la idea, Dallas levanta su mano y me azota una y otra vez,
cada contacto escociendo más que el anterior, hasta que mi culo está
ardiendo. Los dedos de su otra mano se enredan en mis cabellos, envuelve
un puñado con ellos y tira suavemente. Me masajea de nuevo y gimo de
alivio. Inclinándose, me susurra—: Eres mía hasta que esto se acabe. —Alza
la mano y me azota de nuevo, el fuerte chasquido llenando el aire. Grito,
apretando en mis puños la colcha.
Pasea sus dedos bajo la tira del tanga y lo desliza por mis piernas
hasta el suelo. Comienza a sobar mi culo de nuevo, dedos hundiéndose en
la carne de mi maltratada nalga. Relajo cada tenso músculo de mi


cuerpo, con la cabeza descansando en el colchón. Dejo que mis ojos
pestañeen hasta cerrarse. No estoy fingiendo para nada en estos
momentos. Cada emoción invadiéndome… todas ellas son reales.
Dallas arrastra sus dedos por el interior de mi muslo, rozando los labios
de mi coño. —Jodidamente húmeda —susurra, lo suficientemente alto
para que sólo yo lo oiga. Sus manos se deslizan por encima de mi culo de
nuevo y hacia mi espalda, desabrochando el sujetador. Levanto los brazos
para quitarlo, y me voltea, alzando una mano para que Britain pueda
lanzarle una pequeña tela blanca que utilizaremos para separar nuestros
durante el sexo fingido.
Me tumbo de espaldas. Dallas se levanta y se baja los calzoncillos,
hago todo lo posible para mantener la mandíbula cerrada al primer vistazo
de su erección. Cubre con la tela mis caderas, y jadeo cuando me arrastra
hasta el borde de la cama.
Su expresión es furiosa, lujuriosa y hermosa.
Agarra mis rodillas y abre mis piernas, poniéndose entre ellas. —Justo
como en casa de tu madre.
—¿Qué? —chilla Britain.
La mira de reojo. —Eh, tú por allá con la cámara… no arruines el
momento.
Me río y sus ojos vuelven a mí otra vez, como espuma de mar en
llamas. —Justo como practicamos, nena —gruñe, y se balancea hacia
delante.
Levanto las manos sobre mi cabeza, arqueo mi espalda, y dejo que
mis labios participen en el éxtasis.
—Jodidamente perfecta —dice Britain—. No te muevas.
Nos quedamos así por unos cuantos segundos hasta que Britain nos
dice que sigamos, y Dallas agacha su cabeza, su lengua saliendo y
girando alrededor de mi pezón. Jadeo cuando lo muerde suavemente,
meciendo mis caderas contra las suyas. Su erección roza mi empapada
abertura, volviéndome loca.
—Por favor —susurro cuando su cara está justo encima de la mía.
—¿Qué?
—Te deseo.
Inhala profundamente por la nariz y cierra los ojos, como si estuviera
a punto de perder el control. Y quiero que lo pierda. Lo necesito. Cuando
los abre de nuevo, buscan mis labios. Levanta los dedos hasta mi boca y la
traza; cuando la abro, empuja su dedo índice dentro. Lo succiono y


arrastro mi lengua bajo su dedo, mis ojos parpadeando como si fuera la
mejor maldita cosa que haya estado en mi boca.
Porque lo es.
Gruñe, y cuando lo aparto, su dedo se desliza de mi boca con un
plop. Su respiración es rápida. Lo alcanzo y tomo su cara entre mis manos,
su expresión destellando tristeza. Y después miedo.
—Bien hecho —dice Britain en voz baja.

* * *

Cuando Dallas se viste y se va, regreso a la cuarta parte de la casa
que es habitable y tomo una ducha. Mientras me quito el maquillaje, el
sudor y la pegajosidad de mi piel, cierro los ojos y medito sobre cómo se
sintió estar con Dallas hoy, tan enojada como me puso. Ninguno de los dos
hará esto por un tiempo. Infiernos, quién sabe. Después de la forma en la
que actuamos hoy, puede que Britain no lo ponga conmigo de nuevo.
Quizás es lo mejor.
Después de una eternidad debajo del agua hirviendo, apago la
ducha y salgo de la bañera, envolviéndome en una toalla. Abro la puerta
y voy al pasillo, sorprendiéndome al ver a Britain delante de la puerta de mi
habitación. Se queda mirando fijamente la pared adyacente, lentamente
girando su teléfono una y otra vez en su mano.
—¿Brit?
Parpadea y me mira. —Dallas renunció.



Dallas

Britain prometió que me enviaría por correo todos los cheques de
ahora en adelante. No puedo regresar al estudio.
No puedo ver a Evan.
Por supuesto, es algo imposible ya que compartimos especialidad.
Prácticamente la veo cada maldito día de mi vida, y sólo a distancia. No
me ha enviado mensajes o llamado. Cuando me pasa en los pasillos,
aparta la mirada. Cuando le entrego un trabajo en la sala de
conferencias, lo toma sin decir una palabra.
Lo sabe.
Cada segundo que estoy con ella, la deseo. Sufro por ella. Y no
puedo seguir haciéndome esto.
A ambos.
Porque me está convirtiendo en un mentiroso, y en una persona
horrible.
El segundo problema llega con el lanzamiento de la serie en EPE ya
que ese mismo día Tricia vuelve a casa. Cuando entra por la puerta, chilla
y corre hacia mí, saltando a mis brazos. —Te extrañé —dice entre besos—.
Te extrañé, te extrañé, mi Dallas.
Le muestro mi primer cheque por cuatro mil dólares, más dinero del
que probablemente podría hacer en un período de pago. También le
muestro, renuentemente, el nuevo problema. Observa la foto de la piscina
con Evan como si estuviera comprando calcetines. —Este es tu destino —
me dice—. Al diablo la biología.
—Renuncié.
Suelta la revista y me mira boquiabierta, la tiro a mi pecho,
envolviéndola con mis brazos. —Créeme, es lo mejor.
Se aleja de mí. —¿Cómo puedes decir eso, Dallas? Eres obviamente
talentoso. ¡Este podría funcionar!
—Porque te amo y no quiero estar tentado por mujeres hermosas
cada día de mi vida.
—Ya te lo dije, Dallas. Confío en ti. —Prácticamente me ruega con
los ojos.
Niego. ¿Cómo le hago entender que yo no confío en mí? —
Hablaremos de esto en otro momento —le aseguro—. Tengo cheques de


EPE que llegarán hasta el final del verano, probablemente. Si lo que te
preocupa es el dinero…
—Yo… no —dice con un pequeño suspiro—. Quiero que seas feliz, y si
esta decisión te hace feliz, entonces que así sea.
—Gracias. —Tomo su cara y planto un beso en sus labios.

* * *

Ahora que renuncié a EPE, mi fama se volvió tolerable.
Todavía recibo las miradas y los silbidos (¡de chicas de la
hermandad!) y todo tipo de estudiantes pidiéndome que les firme sus
copias de EPE, pero, de alguna forma, está bien. Quizás porque sé ahora
que esto no va a durar para siempre, que solo es una fase en mi vida, y
estoy dispuesto a aceptarlo. Quizás por eso Evan no lo está. Quizás piensa
que siempre interpretará a Rylan, y no está lista para mezclar su vida de
forma permanente.
Podría solo estar especulando.


Tres semanas después de renunciar, estoy clasificando papeles en mi
oficina con el grupo normal de graduados cuando las puertas de abren.
Levanto la mirada para ver la última cara que espero ver.
—¿Evan?
Todas las cabezas en la oficina se vuelven para mirarla. Muerde su
labio inferior y abraza su pecho. Está vestida con su usual atuendo de la
escuela -sudadera y lentes, sin maquillaje, su cabello atado- pero de
alguna forma luce diferente. Más pequeña.
—Yo sólo… yo, ummm… quería hacerte saber que tenías razón.
Frunzo mis cejas, confundido.
—Entré a Harvard —dice con el fantasma de una sonrisa.
Mi boca se abre. —Oh, Dios mío, Evan…
Traga, sus ojos brillando. —Sí, lo sé. —De repente es como si se diera
cuenta que no somos los únicos dos en la habitación. Echa un vistazo
alrededor, a los otros estudiantes. Ellos ni siquiera la conocen y están
boquiabiertos por su logro. Incluso Brad.
—Tengo que irme —dice—. Fue bueno verte.


Y antes de que pueda responder, sale de la oficina y desaparece.
—Maldición, Harvard —dice alguien—. ¿Quién es esa?
—Una amiga —murmuro.
—Es una nena —dice Brad, meciéndose en su silla y metiendo un
Dorito en su boca—. Como que se parecía a Rylan Willow.
Y luego se detiene, sus ojos agrandándose.
Hijo. De. Puta.
—Amigo. Amigo. ¿Esa era Rylan Willow?
Mantengo mi rostro lo más malditamente serio que puedo. —¿Crees
que esa era Rylan Willow?
Brad se gira hacia el resto de los estudiantes. —¿No lucía como Rylan
Willow?
Hay un murmullo, pero no una respuesta firme.
—Te lo puedo asegurar, Brad, Rylan no vendría a visitarme a mitad
del día. Le gusta su privacidad.
—¿Cómo dijiste que era su nombre? ¿Evan?
El pulso late en mis orejas. Brad tiene una gran sonrisa de idiota. No
digo nada y él lo deja, pero sé que no lo hace realmente. Sabe su nombre.
Sabe cómo luce. Si la persigue y estudia su cara…
—Rylan Willow… —susurra con una risita entre dientes.
Saco mi teléfono y escribo un mensaje por debajo del escritorio: Creo
que acabo de arruinar tu secreto.


Evan

Si el origen del descubrimiento de mi identidad surgió de mi
encuentro con Dallas o no, nunca lo sabré. Sabía que iba a pasar
eventualmente. Supongo que es mejor que haya sucedido ahora,
considerando que me iré de este lugar en dos meses.
Nadie me ha confrontado directamente todavía. He oído el
nombre Rylan desde lejos mientras caminaba a través del campus. He sido
llamada gatita un par de veces, pero nadie ha tenido las pelotas lo
suficientemente grandes para ser directo conmigo. Estoy segura de que va
a pasar antes de que me gradúe. La única manera en que puedo tratar
de prevenirlo es estar en el campus lo menos posible. Lo que significa que
no veré a Dallas nunca más.
No lo he visto en dos semanas.
Mamá me gritó por el teléfono unos sólidos tres minutos cuando le
dije que entré a Harvard. Y luego se puso a llorar. —No puedo darte nada
—me dijo—. Nada para ayudarte. No valgo nada.
—Mamá, escúchame —le supliqué—. Ya estoy recibiendo asistencia.
Y voy a solicitar más becas. Estoy bien. Lo prometo.
Lo que no sabe y nunca sabrá es que, al final del verano, tendré
suficiente gracias al modelaje erótico para pagar todo un semestre en
Harvard.
Es un comienzo.
Ahora que Dallas se ha ido, es más fácil mirar las dos primeras
ediciones de la serie y el resto de las sesiones sin romper en un sudor
incómodo y caliente. Incluso ayudé a Britain a elegir las mejores imágenes
para trabajar en la historia de Andrea con un pack de cerveza una noche.
Ahora que he terminado con el modelaje, soy un infierno mucho más
liberal con mi dieta.
—Me gusta en la que sale mordiéndote el pezón —dice
tranquilamente mientras estamos navegando a través de las imágenes de


la sesión número cinco. Dios, este negocio seguro que hace de nuestra
relación una extraña.
—No es tan ruda como la del azote.
Resopla. —Ruda. Veo lo que hiciste allí. Usaremos las dos, tontita. Sólo
pienso que la foto del pezón tiene mérito.
—Bien, bien —digo, bebiendo de un trago la cerveza cuando Delilah
entra por la puerta principal. Ni siquiera nos mira, subiendo directamente a
su dormitorio.
Britain suspira audiblemente.
—Tengo que arreglar esto, ¿no? —pregunto.
—Sabes cuál es mi respuesta —dice.
Subo las escaleras a semi-regañadientes y llamo a la puerta de
Delilah. Abre y frunce el ceño al ver que soy yo. —¿Qué quieres?
—¿Puedo entrar? ¿Por favor?
Rueda los ojos y camina hacia su cama. Abro la puerta para verla
desplomarse en su edredón, recogiendo su teléfono. Tomo asiento en su
silla de ordenador y espero a que termine. Cuando me doy cuenta de que
no lo hará porque no quiere mirarme, digo—: No quiero tu perdón.
Sus dedos se congelan en el teclado de su teléfono, y me mira.
—No me lo merezco. Hice una cosa desconsiderada y horrible, y por
mucho que lo lamente, no será nunca suficiente. —Me encojo de
hombros—. La cagué, Delilah.
Su labio inferior tiembla, sus ojos se llenan. —Ni siquiera querías salir
conmigo ya. No lo entendí. No entendí por qué de repente te decidiste a
odiarme tanto y quitármelo.
Entierro la cara entre mis manos. —Mierda, Delilah. —Cuando miro
hacia arriba, me muevo de la silla a la cama y la abrazo—. No podría
nunca, nunca odiarte. He estado absorta en mí misma últimamente. Tan
ensimismada que ni siquiera me di cuenta de que te gustaba Adam. Lo
que pasó entre nosotros fue nada. Fue menos que nada. Me sentía sola y
vulnerable y borracha y caliente y él estaba allí. Y sé que esa excusa
nunca arreglará las cosas, pero sólo necesito que sepas eso.
Sonríe débilmente y asiente, limpiándose los ojos con el dorso de la
mano. —Gracias, Evan.
Asiento y me pongo de pie, caminando hacia la puerta. Me
detengo y la miro. —¿Te puedo dar un consejo desde la experiencia?
Suspira. —Supongo.


—Las cosas se vuelven confusas en este negocio. Dile a la cara
cómo te sientes. Incluso si te aterroriza. Incluso si estás preocupada de que
vaya a hacer las cosas difíciles. No dejes que estas sesiones terminen sin
que él lo sepa.






Dallas

Es sólo uno de esos viernes que apestan, no importa cuánto trates y
lo disfraces en tu cabeza. Estoy bastante seguro de que arruiné mi prueba
de anatomía de esta mañana. La máquina Scantron se rompió así que
tengo que calificar a todos esos pequeños hijos de puta a mano. También
hay una gran tormenta acercándose, y he estacionado al otro lado del
campus.
Más allá del otro lado.
Realmente no espero que se ponga aun peor. Pero debería
habérmelo imaginado.
Sentado en mi oficina con la puerta entreabierta, alguien en el
vestíbulo grita Rylan.
—Rylan... ¡Rylan Willow!
Me pongo de pie tan rápido que casi tiro mi escritorio entero.
—Vamos, nena. Muéstrame algo de amor. ¿Qué tal un poco de piel?
Corro fuera de la oficina. Las mesas y sofás en el vestíbulo están
llenas de estudiantes, todas sus cabezas vueltas hacia Brad. Se acerca a
Evan con arrogancia -Evan, quien está cerca de las puertas dobles con su
carpeta apretada contra su pecho. Sus ojos se mueven a mí, y niega con
rapidez.
Pero es demasiado tarde. La rabia me controla ahora.
Ni siquiera soy consciente de lo rápido que me estoy moviendo, lo
fuerte que lo tiro hacia atrás. Cuando se da vuelta, le golpeo en la nariz, y
cae.
Algunos estudiantes jadean detrás de mí, y entonces todo el mundo
se queda en silencio, hasta que Brad grita—: ¡Hijo de puta! —Agarra su
cara, la sangre corriendo entre sus dedos.
Espero haberla roto.
Evan abre la boca con una mirada de terror. Y luego se da la vuelta
y corre, golpeando las puertas para abrirlas y escapar.
—Maldita sea —murmuro, persiguiéndola.
Las aceras ya están resbaladizas por la lluvia, por lo que es difícil ir
tras ella. Llego a su coche justo cuando cierra la puerta y aprieta todas las
cerraduras. Derrapo y me detengo en la ventana del pasajero. Enciende el
coche y baja la ventanilla.


Está llorando.
—¿Cómo pudiste? —solloza—. ¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?
Te lo advertí. Sabías que golpearlo sólo empeoraría las cosas. Toda esa
gente... lo vieron todo.
Niego. —No podía dejar que te hablara así. No podía soportar
escucharlo.
—Oh, como si te importara una mierda, Dallas. —Las lágrimas caen
por su rostro, rompiéndome—. No te importo nada.
Cada una de sus palabras atraviesa mi pecho. —¿Por qué lo dices?
—Te fuiste. Te fuiste después de besarme, después de tocarme.
Después de pasar la noche en casa de mi puñetera madre, te fuiste como
si nada.
—¡Eso no fue lo que pasó!
—Entonces, ¿qué fue lo que pasó?
—No podía ser modelo para EPE. No podía más.
—¿Por qué?
—¡Tuve que alejarme de ti!
—¿POR QUÉ?
—¡Porque estoy enamorado de ti, Evan!
Oh, mierda.
Mierda.
Mierda, mierda, mierda.
Mierda.
Mierda.
Su boca se cierra de golpe, los ojos cada vez más amplios.
Confundida. Y estoy aquí, encorvado en su ventana y recibiendo una
paliza por la lluvia.
Poco a poco sacude su cabeza, otra lágrima cayendo por su cara.
—Me tengo que ir, Dallas.
—Evan, espera...
Sube la ventanilla, y da marcha atrás a medida que se retira del
estacionamiento.
Espero hasta que no puedo ver su coche para caminar
penosamente hacia el otro lado del campus. Hacia el mío. No hay manera
de que pueda volver a la oficina ahora.


Necesito ir a casa.


Evan


Me tumbo en la cama mientras Britain me cepilla el pelo con sus
dedos. La lluvia salpica contra mi ventana. Es tan apropiado para este
momento que siento como si hiciera de mi vida todo un maldito cliché.
—La zorra nunca consigue al chico.
Britain se burla—: ¿Tú? ¿Una zorra? Dame un respiro. Y además, eso
significa que Dallas es igual de puto que tú, si no más, debido a Tricia.
Ustedes dos son una pareja hecha en el cielo.
—Pero se marchó —digo.
—¡Porque tenía sentimientos por ti!
Giro sobre mi espalda. —Eso sólo significa que la eligió por encima
de mí. —Niego y me froto la frente con los dedos. Llorar ha hecho que mi
cara esté toda tirante—. Es mejor de esta forma —digo—. Estaré en
Cambridge, de todos modos. La larga distancia no funcionaría…
—Le amas, ¿verdad?
Miro al techo, a cualquier lugar menos a su cara, parpadeando
mientras las lágrimas inundan mis ojos otra vez.
—Lo sabía —dice—. Sabía desde tu primera sesión que te gustaba.
Por supuesto, no le amabas entonces, pero totalmente había algo allí.
—Lujuria, Brit. Tenía que posar desnuda con él.
—Era más que eso.
Cierro los ojos, frotándome las sienes. —Mierda.
—Deberías dormir. Te sentirás mejor por la mañana. —Besa mi frente.
—¿Lo prometes?
—No, pero podemos hacer fotos, y tal vez eso te ayude a sentirte
mejor ahora.
—Ugh. No, gracias.


—Te quiero, niña.
—Yo también te quiero, Brit.


Dallas

¿Por qué me hiciste ir a por esos sprays para el cabello el día de mi
última sesión? No mientas.
Nuevo mensaje de Britain: Tú sabes por qué.
Necesito oírlo de ti.
Nuevo mensaje de Britain: Esperaba que vieras a Adam.
¿Por qué?
Nuevo mensaje de Britain: Así finalmente te crecerían un par de
bolas y le dirías a Evan que la amabas.

La puerta principal se abre. Tricia sacude su paraguas y entra. —¡Dios
mío, es un desastre ahí fuera!
La observo desde el sofá mientras cuelga su abrigo y deja el bolso y
su paraguas junto a la puerta. Baja la cremallera de sus botas y se las quita,
caminando hasta la encimera de la cocina y recogiendo el correo. Está
mirando las facturas.
—Tricia.
Me mira, y cuando ve mi cara sus cejas se fruncen con repentina
preocupación.
—Tenemos que hablar.


Evan
Me despierto con la luz parpadeante de un relámpago. Frotando los
ojos, tomo el teléfono y veo la pantalla.
Son las tres y veintiocho de la madrugada.
Tengo ocho mensajes nuevos.
Y trece llamadas perdidas

10:38 pm Dallas: No te asustes… Estoy en camino.
10:52 pm Dallas: ¿Por qué no contestas el teléfono?
11:14 pm Dallas: Mi auto se descompuso totalmente a dos kilómetros
de tu casa. Corrí hasta la puerta de tu casa bajo la lluvia, y ahora nadie
contesta. La historia de mi vida.
11:48 pm Dallas: Hace bastante frío aquí fuera… jaja…
12:07 am Dallas: Si muero de hipotermia, quiero asegurarme de que
sepas que es tu culpa.
12:08 am Dallas: Y que te amo. Quiero asegurarme de que sepas eso
también.
01:01 am Dallas: Entiendo que estés despierta leyendo esto y solo
quieras torturarme. Los problemas lo merecen pero me gustaría que te
inclinaras por la misericordia y la razón… Ahora.
01:56 am Dallas: No puedo sentir mis dedos.

—¡Mierda! —siseo. Salto fuera de la cama y caigo directamente
sobre mi cara. Mi pie se durmió. De todas las noches que tuvo hoy el
maldito pie se quedó dormido.


Me pongo de pie y cojeo por el pasillo y las escaleras, lentamente,
hasta que siento lo suficiente para irrumpir en una carrera de cojos. Patino
por todo el piso de la sala de estar y me lanzo a abrir la puerta.
Relámpagos destellan en el cielo, rodeando la corpulenta silueta de
Dallas que se apoya en el marco de la puerta.
—Ho… hola —dice temblando.
—¡Santa mierda, Dallas! —grito, lo empujo adentro y cierro la
puerta—. Oh dios mío. —Sacudo las manos frente a mi cara—. Oh dios mío,
tenemos que quitarte esa ropa. ¿Estás bien? ¿Puedes subir las escaleras?
—Ta…Tal vez…
Agarro su mano. Su piel está helada. Lo guio por las escaleras lo más
delicadamente posible y hasta el baño, donde enciendo la ventilación y
abro la ducha.
—Evan, estoy bi…bien.
—Tienes que quitarte esa ropa. ¿Qué demonios haces aquí, Dallas?
Levanta los brazos.
Obedece y me ayuda a quitarle su camiseta mojada.
—No te...tenía otro lugar al que ir.
—No sé qué significa eso. —Pero a medida que la habitación se llena
de vapor, me doy cuenta. Me tapo la boca.
Finalmente, su cuerpo se relaja, y deja de temblar. —Estaba con
Tricia porque siempre he estado con Tricia. Porque era lo seguro. —Niega—
. Pero no puedo vivir en lo seguro sabiendo que estás ahí fuera. Incluso si no
me quieres. Y lo siento, me tomó tanto maldito tiempo darme cuenta de
esto…
Después de que llego a un acuerdo con el hecho de que en
realidad me está diciendo lo que creo que me está diciendo, llevo mis
manos a su cinturón, trabajando en el resbaladizo cuero con mis dedos.
Finalmente consigo quitarlo, desabrochándolo y bajando la cremallera.
—Di algo —ruega.
Miro su cara de dolor. —Intento desnudarte. ¿No te dice eso
suficiente?
Sacude la cabeza.
—Te amo, Dallas. Te he amado durante más tiempo del que puedo
admitir cómodamente. Y creo que lo sabes.
La nuez de Adam se mueve mientras traga. Se gira y tira de la
cortina de la ducha, para cerrar la llave.


—¿Qué haces?
—Estoy bien ahora. —Cierra la distancia entre nosotros—. Y la
primera vez quiero tomarte en tu cama. No en el baño.
Mi corazón se acelera. Presiono las manos contra su pecho duro,
mirándolo a los ojos. Las esquinas de sus labios se levantan en una sonrisa.
—Ahora ve a tu cuarto. Siéntate en tu cama, mirando la ventana. —Niega
lentamente. Peligrosamente—. Ni se te ocurra girarte.
Sonrío y me escabullo del baño, corriendo a mi dormitorio y saltando
en la cama. Me arrodillo en el centro, esperando y esperando hasta que la
puerta chirria abierta y sus pasos suenan a través del suelo.
—Quítate la camisa —ordena.
No vacilo ni un segundo, agarro el dobladillo de mi camiseta y la
levanto por encima de mi cabeza. El colchón se mueve a medida que
sube en él, su pecho roza mi espalda desnuda. Un escalofrío me recorre.
Envolviendo sus brazos a mí alrededor, toma la camiseta de mis
manos y la dobla en una forma larga, levantándola hasta mi cara. La usa
como una venda, atándola alrededor mi cabeza.
—Dallas…
—Confía en mí, nena, recuéstate.
Le obedezco, y apoyo la cabeza en la almohada. Sus muslos rozan
los míos mientras se sienta a horcajadas. Está desnudo.
—Prométeme que quieres esto. —Su voz retumba desde algún lugar
en la oscuridad.
—Te amo, Dallas —inhalo—. Te quiero a tí.
Su boca aplasta la mía, ahogando mi gemido. Abro mi boca para él,
su lengua deslizándose entre mis labios y encontrando la mía mientras sus
manos vagan por mis pechos, ahuecándolos.
—No más bromas —ruego cuando me libera por aire—. He tenido
que soportar meses de burla. Te necesito jodidamente ahora.
Se ríe en mi oído. —Como desees, mi amor. —Sus manos encuentran
mis pantalones cortos, quitándolos. Cuando estoy completamente
desnuda, me besa hasta llegar al ombligo, y agarra mis muslos para
mantenerme extendida
—He querido probarte desde la sesión en la oficina. Me imaginaba
sumergiendo mi lengua en tu coño perfecto —gruñe—. No puedo creer
que esto esté sucediendo finalmente.
Me retuerzo debajo de él. —¡Por favor, Dallas!


Puedo sentir su aliento sobre mí. Sopla un rastro hacia mi hendidura y
susurra—: Dios, Evan. Tan jodidamente mojada.
Gimo cuando la punta de su lengua recorre mis labios y rodea mi
clítoris.
—Te odio tanto en este momento —murmuro.
—Me amas. —Su lengua se mueve contra la punta de mi clítoris.
Gimo su nombre, mis dedos curvándose.
De repente, su lengua se hunde en mí, y casi grito. Arrastra la boca
de nuevo a mi clítoris y lo chupa dentro de su boca, empujando dos dedos
profundamente dentro de mi coño. Grito mientras bombea, la presión
construyéndose más y más, y finalmente lo pierdo cuando enrosca sus
dedos hacia arriba y roza los dientes contra el punto sensible. Le agarro el
cabello mientras me libero, cayendo inerte cuando la agitación termina
conmigo.
Se arrastra sobre mí cuando acabo y me quita la venda,
besándome profundamente de manera que puedo saborearme a mí
misma en él. —Eres lo más delicioso que alguna vez he lamido.
—No has terminado conmigo, ¿verdad? —respiro.
—Estás bromeando, ¿no? —Se acaricia a sí mismo, tomando un
condón de las sábanas que debe haber traído del baño—. He esperado
demasiado tiempo para tenerte.
—Date prisa —gimo—. No puedo esperar otro segundo.
Se pone el condón y se inclina para besarme, lenta y necesitada y
maravillosamente. Sus labios se mueven a mi cuello. —Te amo, Evan —
susurra contra mi piel. Lentamente se empuja dentro de mí.
Es diferente a cualquier chico con el que he estado, no sólo por el
hecho de que lo amo, sino por la manera en que se mueve dentro de mí
esta noche, como si cada empuje fuese deliberado. —Joder, Evan. Estás
apretada.
—No hago esto a menudo… Ahh. —Mi respiración se queda en mi
garganta cuando acelera el ritmo y me besa los pechos. Antes de que
sepa lo que está pasando, me da la vuelta de manera que lo estoy
montando. Muevo mis caderas, disfrutando de la fricción cuando entra y
sale de mí. Cuando su pulgar encuentra mi clítoris, es demasiado.
—Bésame —ordena con voz grave—. Quiero sentirte venir.
Me inclino hacia delante y encuentro sus labios. Incrementa la
presión de su mano y lo pierdo, gritando su nombre en su boca. Cuando
termino, me voltea de nuevo y lanza mis piernas sobre sus hombros, sus


uñas hundiéndose en mis caderas. Cada embestida es más profunda que
la anterior y estoy tan sensible… que es casi demasiado. Finalmente, gruñe
su liberación y se desploma sobre mí.
Nuestra respiración va al mismo ritmo hasta que cada uno consigue
la propia. Paso mis dedos por su pelo y comienzo a reírme.
—¿Fue tan malo?
—No es eso.
—¿Entonces qué?
—Me vine dos veces. —Y luego me río otra vez.
Se ríe y presiona los labios en la hendidura de mi caja torácica. —
Joder, sí, te viniste dos veces. Esa es la nueva norma. Acostúmbrate a ella.
Suspiro feliz. Sale y me acurruco contra su pecho.
—Necesito ir de nuevo al apartamento y buscar mi mierda mañana.
Eso será extraño.
—¿Cómo se lo tomó?
Se encoge de hombros, mirando al techo oscuro. —Mejor que yo,
creo, y era el que estaba rompiendo. Creo que después de un tiempo, te
conviertes en alguien feliz con el recuerdo de lo que solía ser que no estás
listo para dejarlo ir. —Quita el cabello de mi rostro y me mira directamente
a los ojos, a mi alma—. Prométeme, Evan, que nunca nos convertiremos en
eso.
Sonrío. —¿Me estás pidiendo que sea tu noooooooviaaaaa?
—Marca sí, no, o tal vez.
Pretendo pensarlo por un minuto, y luego me pongo muy seria
cuando recuerdo lo que el futuro nos depara. —Dallas, me voy en otoño.
Me mudo al otro lado del país.
—¿Y qué?
—¿Y qué? Es una gran cosa para un ―y qué‖.
—A mí sólo me queda un año de escuela, y parte de ese tiempo
estaré en Costa Rica trabajando en mi proyecto. Así que sí, apestará por
un tiempo. Pero luego vendré por ti.
—¿Te mudarías al otro lado del país por mí? ¿Incluso si tienes un
grandioso trabajo para ese momento? ¿Incluso si no hay campo de
trabajo en Boston o en algún lugar cerca de Harvard?
—Evan, no puedo vivir sin ti. Me di cuenta de eso cuando estaba
sentado en tu pórtico pensando que iba a morir.


Le golpeo en broma. —Nenaza.
—En serio. —La parte de atrás de sus nudillos acaricia mi mandíbula,
y besa mi frente—. Me mudaría a donde sea por ti.

***

Lo primero que me pregunto cuando despierto es si lo soñé todo. Me
siento y me pongo las gafas, deslizándome fuera de la cama y caminando
a la sala. El baño está vacío.
¿Será que Dallas fue a buscar sus cosas ya?
¿Será que cambió de opinión?
¿Se dio cuenta de que había cometido un error dejando a Tricia?
Y luego huelo algo delicioso, lo que es muy extraño, considerando el
hecho de que no creo que Britain o Delilah hayan cocinado algún día de
sus vidas. Bajo a la cocina y veo a Dallas en la estufa, volteando un
panqueque en un sartén. Me ve y sonríe. —Por fin llegó La Bella Durmiente.
—Ja, ja. ¿Qué estás haciendo?
—Panqueques de maple, avena y semillas, receta por cortesía de tu
mamá.
—¿Mi mamá? ¿Has estado hablando con mi mamá?
—¿No te lo dije? —Desliza el panqueque sobre una pila de los ya
cocinados—. Me pidió el número cuando estuvimos en tu casa y me ha
estado enviando mensajes desde entonces.
Gimo. —La voy a matar.
—Solo quería conocer al novio de su hija mejor. Y ahora tiene una
razón para hacerlo. —Se inclina y me besa.
—Ya era hora —dice Britain desde las escaleras, y arrugo mi nariz—.
Espero que hayas hecho comida para mí también, chico amante. —Se
desliza en un taburete—. No sólo tienes que convencer a la madre de que
vales la pena, las compañeras de cuarto son igual de importantes,
considerando que ahora voy a tener que ver tu feo rostro por los
alrededores.
Dallas entrecierra los ojos y apaga el fogón. —Has estado viendo mi
feo rostro por aquí desde hace dos meses.
—Estás perdiendo el punto —dice Britain, y bosteza.


—Bueno, por suerte para ti, hice suficiente para ti y Delilah. ¡Delilah!
—grita.
—¡Sí, comida de conejo! —vitorea Delilah desde arriba, y resoplo.
Pero no importa si los panqueques son comida de conejo o no. Se
derriten en mi boca. —¿Dónde demonios aprendiste a cocinar así? —
pregunto, cuando voy por el tercero.
—Solo porque nos hayamos tocado no significa que sepas todo
sobre mí —dice Dallas, y Britain se ahoga en su jugo de naranja.
—Así que, ¿qué harán por el resto del semestre? —pregunta Delilah—
. Me refiero, si la gente los ve juntos, se darán cuenta de quién es Evan.
Aclaro mi garganta —Yo… uhh… creo que voy a dejar el disfraz.
La mandíbula de Delilah cae abierta y los ojos de Dallas brillan.
—Todas las chicas deberían disfrutar de ser una estrella porno por
una vez en la vida.





Dallas

Evan se ve grandiosa.
Hoy, sus dos personajes están juntos. Su maquillaje es ligero pero
existente y su oscuro cabello cae en suaves ondas por debajo de los
hombros. Está usando una modesta camisa y una no tan modesta falda.
No dijo nada de camino a la escuela. Tomé el aventón con ella
porque mi coche sigue en el taller.
Me pregunto si está nerviosa.
—Te ves grandiosa —ofrezco.
—Dallas —dice mi nombre débilmente—. ¿Crees que esto es
seguro?
—¿Qué quieres decir?
Se detiene en un sitio de estacionamiento. —Quiero decir, todo el
campus me ha visto desnuda. Me siento… no lo sé… vulnerable.
Me inclino. —Si alguien extiende un dedo sobre ti, le romperé por la
mitad. Sabes eso, ¿cierto?
Sus hombros se relajan y sonríe. —Eres un gran hombre viril, sí señor.
Salimos del coche y la envuelvo con mi brazo mientras caminamos
hacia el edificio de ciencias. —Primero, eres un poco aterradora, así que
estoy bastante seguro que no hay muchos idiotas dispuestos a comenzar
algo una vez que des rienda suelta a ese lado tuyo.
—Muy gracioso.
—Segundo, apuesto a que los dos estamos exagerando y nadie te
reconocerá hoy. Quiero decir, este campus es enorme. No todo el mundo
puede estar familiarizado con la revista.
Estoy equivocado. Muy, muy equivocado.
Las clases salen a medida que caminamos a través del pasillo del
edificio de ciencias. Las cabezas se vuelven. Los estudiantes ponen las
manos alrededor de sus bocas mientras susurran frenéticamente a los
amigos. Su nombre artístico rebota una y otra vez en las paredes como
una pelota de pinball. —Mierda. ¿Esa es Rylan Willow?
—Lo sabía —silba alguien. Es Brad, luciendo dos repugnantes ojos
negros—. Jodidamente lo sabía. No me pueden engañar.


Para mi sorpresa, Evan le dedica una gran sonrisa. Y luego alza su
mano y lo quita del camino.
Un grupo cercano de chicos se ríen a carcajadas.
—Ves, no es tan malo —le digo.
—No, no lo es.
Un grupo de chicas abren sus labios en sorpresa mientras nos pasan.
Una incluso saluda a Evan con la mano. Evan la saluda de vuelta.
—En realidad, es un poco divertido —dice.
—Rylan —dice un tipo que nunca he visto en mi vida—. Es bueno
verte fuera de casa hoy.
—Jesús —murmuro—. Eres como un unicornio o algo así.
Evan me ignora, dándole una sonrisa al extraño. —Tengo algunas
cosas que hacer… transcripciones que llenar. Profesores con los que
reunirme.
—¿Ordenaron servicios especiales o algo así? —dice, guiñándome
un ojo a mí.
Mis manos se aprietan en puños automáticamente. Varios se han
detenido a escuchar y ahora tiene una audiencia. Todos la han visto en
páginas, pero probablemente esta es la primera vez que la han
escuchado hablar.
Y debería haber adivinado que podría manejarlo como una jodida
campeona.
Evan se ríe y agita el cabello. —Por supuesto que no, tonto. Estoy
aquí para darles las noticias. Iré a Harvard.
A medida que el grupo asimila el hecho de que su modelo se irá a
Harvard, su móvil suena. Lo saca del bolsillo y lo aprieta contra la oreja. —
¿Hola?
Escucha por un momento, y luego sus ojos se abren. Me mira.
—Dallas —susurra excitada. Puedo oír la frenética voz de Britain en el
otro extremo.
—¿Qué pasa?
—Lo hicimos. EPE será nacional.


Iris es una recién graduada de la universidad y nativa de Nueva
York. Cuando no está escribiendo romance, puedes encontrarla
peleando con su perro Schipperke, escribiendo mala poesía y
saltando en los charcos de días lluviosos.



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