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Cómo hacer vino casero

"Para empezar, no es recomendable fabricar demasiada cantidad de vino, al
menos hasta que tengamos la práctica adecuada."
Guía para hacer vino casero
El vino es una bebida de gran sabor y fantásticas propiedades saludables que
se ha extendido por todas partes en el mundo, lo cual hace que cuente con una
gran cantidad de seguidores y profesionales a los que les gusta aprender cada
día más sobre este fantástico licor.
En esta nota vamos a pretender dar los pasos esenciales para que
podamos fabricar nuestro propio vino casero. Sin duda, se trata de un
proceso entretenido y muy satisfactorio, ya que no hay nada como producir lo
que uno va a consumir.
Eligiendo la uva de nuestro vino artesanal
El primer paso para la elaboración de nuestro vino casero es hacernos con una
buena cantidad de uva, cuya variedad dependerá del tipo de vino que
queramos fabricar.
Existen muchos tipos de uva y muchas formas de prepararla, aunque en
nuestro caso vamos a hablar directamente de una uva tinta de sabor dulce.
Sin quitar la piel, procederemos a aplastar la uva. Esta tarea la podemos
realizar pisándola, como se hacía antiguamente, o mediante la utilización de
una presa que las aplaste y saque todo su jugo. En nuestro caso, es más
conveniente hacernos con una presa, ya que para empezar no es
recomendable fabricar demasiada cantidad de vino, al menos hasta que
tengamos la práctica adecuada para conseguir un perfecto sabor y aroma.
Conforme vayamos consiguiendo el vino deseado, podremos ir aumentando
las cantidades progresivamente.
Fermentación del vino
Una vez que hayamos obtenido el mosto (el jugo de la uva extraído),
tendremos que proceder a la fermentación sin retirar los restos de la trituración.
Para ello, podemos introducir este vino en un recipiente metálico, o en una orza
(vasija de barro) que dejaremos abierta. Esperaremos unos días hasta que se
produzca la fermentación. Un cálculo aproximado es de unos dos días por cada
cien litros de zumo de uva.
Es muy importante controlar la temperatura del jugo de uva durante la
fermentación. En el caso de que estemos fabricando vino blanco, la
temperatura nunca deberá superar los 20 grados centígrados. Si se
trata de vino tinto (como en el caso que estamos estudiando), la
temperatura nunca deberá superar los 30 grados centígrados.
Si no cuidamos la temperatura, el mosto se echará a perder y no
podremos continuar con la fabricación de nuestro vino.
El filtrado
Una vez que haya pasado el tiempo de fermentación del mosto,
procederemos a filtrar. En primer lugar, es conveniente utilizar un
filtro ancho, de forma que no filtre todas las impurezas, sino sólo los
hollejos y pulpa más grandes.
A continuación, podemos pasar el líquido filtrado por un nuevo filtro,
esta vez más fino, consiguiendo así que apenas pasen impurezas.
En tercer y último lugar, podemos hacernos con un filtro de tela, que
nos permitirá obtener una gran pureza de filtrado. Si lo consideramos
oportuno, realizaremos este último filtrado un par de veces, de forma
que estemos completamente seguros de que hemos eliminado todas
las impurezas.
Cómo macerar el vino
En este paso tendremos que dejar que el vino se vaya macerando.
Para ello, introduciremos de nuevo el líquido en la orza, cerrándola en
esta ocasión, y lo dejaremos en un lugar fresco y sin variaciones de
temperatura durante un plazo de unos treinta días como mínimo.
Lo ideal en este caso es utilizar una barrica de roble en lugar de la
orza, ya que le proporcionará una serie de tonalidades y un sabor
mucho más apto. En especial, si utilizamos una barrica de roble, es
recomendable mantener una maceración superior a 30 días.
El trasiego
Una vez transcurrido el período de maceración del vino, procederemos
de nuevo a filtrar el líquido como hicimos anteriormente, de forma que
quede lo más limpio posible, eliminando los nuevos sólidos que hayan
aparecido.
Envasado
Ahora, una vez realizado el trasiego, procederemos a envasar el vino,
de ser posible, en botellas de vidrio tapadas con un corcho natural.
Después de envasar el vino casero, debemos esperar al menos
treinta días más antes de consumirlo, de forma que el líquido se
adapte y conjugue suficientemente.
El disfrute de nuestro vino artesanal
El último paso es el más agradable: vamos a descorchar la botella y
probar el vino. En este caso, es recomendable esperar unos minutos
desde el descorche hasta la cata, de forma que el vino se oxigene lo
mejor posible, adoptando un sabor pleno y final.
Como ya hemos comentado al principio, es normal que los primeros
vinos artesanales que preparemos no salgan como esperamos. Si
tenemos dudas, podemos realizar el proceso en distintos formatos. Es
decir, una cantidad de vino lo maceramos durante treinta días y otra,
por ejemplo, durante noventa, y al probarlos, nos fijamos en la
diferencia de matices.
Poco a poco iremos consiguiendo el vino deseado.