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Bajo el brillo del corvo y El sonar del clarín

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Bajo el brillo del corvo y El sonar del clarín

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La Batalla de Arica.

Si buscas tus raíces, peregrino, ven al solar de nuestra raza, hermano; tuya es la luz del genio castellano y es común e inmortal nuestro destino.

Pan de flor, áurea miel y añejo vino te brinda nuestro hogar, americano; sangre azul, rubio sol, hogar cristiano y áticas gracias y vigor latino.

Ricardo León

(A los bravos de Arica)

Introducción

El presente libro, pretende ser un homenaje para aquellos miles de ciudadanos de las repúblicas de Chile, Perú y Bolivia que entre los años de 1879 y 1884 ofrendaron sus esfuerzos, sus energías y muchos sus vidas, en pos de un ideal, el que estaba representado en sus corazones por el amor a sus respectivas patrias. Patrias hermanas, nacidas del mismo tronco hispanoamericano, pero que sin embargo antes de cumplir un siglo de vida como naciones independientes se vieron enfrentadas como enemigas y en más de una ocasión. La guerra del Pacífico o del Nitrato como también se le llamó, fue una guerra que marcaría fuertemente a las sociedades de los países beligerantes, condicionando fuertemente la convivencia entre ellas durante todo el siglo XX. La guerra del Pacífico para Chile le significó tomar conciencia plena de su destino histórico por un proceso de ferviente unanimidad nacional, fenómeno que no se había producido en tal medida en los acontecimientos históricos anteriores, como la guerra por la independencia o la guerra contra la Confederación Perú Boliviana el año 1839. La guerra del Pacífico fue popular y estimuló por igual a todas las clases sociales, y a las distintas regiones del país, este fenómeno sociológico viene a dar razón del porque el soldado chileno acepto las dificilísimas condiciones geográficas y de recursos con que tuvo que soportar los largos casi 5 años de guerra, soportó con orgulloso estoicismo las marchas por los incandescentes desiertos hasta las gélidas alturas de la sierra peruana, desde el agobiante calor húmedo del norte peruano, hasta la anómala atmósfera de la puna, soporto las enfermedades tropicales, la sed y el hambre, para culminar cada movimiento, cada expedición en las gloriosas batallas que dieron brillo a sus lauros. En tanto la guerra del Pacífico para el Perú representó una guerra de intereses, sólo un sector de su población tenía alguna conciencia de la envergadura del conflicto internacional, tan solo una parte de la clase más culta y acomodada, los más lúcidos, enfrentaron la coyuntura bélica bajo la perspectiva de su propia cultura política y no como una guerra contra otra nación, militarmente actuaron tal como lo habían hecho sus abuelos, padres y ellos mismos en las constantes revoluciones, cuartelazos y asonadas, que afectaban cotidianamente la vida política del país, esta lacra llenó a la sociedad peruana de caudillismos militares, que no le permitieron la formación de una clase política dirigente cohesionada que posibilitara la conducción de tan rico país por la senda del progreso, afianzando de buena manera las instituciones republicanas, evitando la corrupción en los negocios públicos y los derroches que llevaron a la, casi, bancarrota de la Hacienda fiscal peruana en los años previos a la guerra y que en definitiva fue uno de los factores determinantes que impulsaron a los gobernantes peruanos a hacer un juego muy peligrosos en su política internacional, la que en definitiva derivó en la guerra. Esta, la guerra, representa para la clase dominante peruana, especialmente la limeña, la búsqueda nostálgica de un pasado, que giro en torno a la hegemonía política de Lima sobre las antiguas colonias españolas de Sudamérica, y que había perdido sobre sus hermanas repúblicas sudamericanas a la caída del virreinato y jamás recuperado como república a causa de la independencia. La guerra para el pueblo peruano fue tan seccionada socialmente que en infinidad de veces a los prisioneros que hacia el Ejército de Chile se les preguntaba por quien combatían, la respuesta casi irremisiblemente era por el caudillo que comandaba su Batallón o su División y no por su país, a diferencia del sentido de nación que tenía el soldado chileno. Por ello es que para el Perú los defensores de Arica representan el alma de su nación. Bolognesi y sus hombres representaron el honor nacional, no claudicaron al cómodo expediente de la rendición, mantuvieron en alto el sentido del deber y del honor de su país, estaban concientes de la trascendencia de su sacrificio para las futuras generaciones de peruanos. En la Guerra del Pacífico, la Batalla de Arica representa quizás uno de los hitos más trascendentes de toda la guerra, es por ello que hemos querido plasmar en este libro los acontecimientos ocurridos en la ciudad del Morro desde la declaración de guerra el 5 de abril de 1879 al 7 de junio de 1880, no sólo porque con esta acción bélica culminaba la perdida de los departamentos sureños del Perú, los que en realidad ya habían sido perdidos en la batalla de Tacna, sino, lo más trascendente es que en esta acción tanto peruanos como chilenos se vieron forzados a mostrar lo mejor de sí mismos como pueblos, el coraje, el

honor, la nobleza, la bonhomía, el espíritu de superación, la lealtad, en fin todos valores que enaltecieron a los beligerantes y que la más de las veces son valores ignorados en la fatídica vorágines de la guerra, donde prevalece de natural el instinto del hombre por depredar, destruir todo, aniquilar moralmente al adversario, asesinar. Sin embargo, también es sabido que en tanta tragedia humana florecen los valores que dan nobleza a la humanidad como la solidaridad, el acto de amor sublime de inmolarse entregando la vida por el prójimo y por la patria común, la fraternidad, el desarrollo al máxime del compañerismo, el desarrollo de ese sentido de esfuerzo colectivo por logra el bien común, en definitiva todo el heroísmo que es capaz de mostrar el hombre, los pueblos ante la adversidad sacan sus buenas aptitudes que en tiempos de paz desgraciadamente la mayor de las veces permanecen en letargo. La batalla de Arica fue la culminación de un proceso histórico que comenzó a desarrollarse un año y dos meses antes de la fecha gloriosa del 7 de junio de 1880, fecha en que se enfrenta una élite de Chile y Perú, grupo humano no seleccionado como tal por los altos mandos militares, sino que la providencia quiso ponerlos en una prueba del destino que supieron salvar con grandeza, honor y gloria y que hasta el día de hoy enorgullece a sus respectivos países. Los gobernantes de Perú y Bolivia, Prado y Daza, respectivamente, deciden constituirse en Arica y trasformarla en el centro del Comando General para la conducción de la guerra, es por ello que Arica se ve transformada en poco tiempo en una plaza fuerte, cuyo sistema defensivo se consideraba como uno de lo más avanzados para su época, entendido en el contexto del tamaño de las naciones americanas, las concentraciones de tropa, el establecimiento de la base naval, la actividad política y diplomática darán a la ciudad del Morro un espacio muy importante en la historia de este conflicto bélico. En tanto para Chile, Arica representaba un eslabón fundamental en el contexto estratégico de la guerra, junto con Tacna, representaba el punto de unión de los países aliados, era la puerta que de ganarla le permitiría el dominio relativamente tranquilo de Tarapacá y del Despoblado de Atacama (Antofagasta), además de servirle de base militar fundamental para una invasión sobre Lima que resultase con cierta certeza exitosa. El lector encontrara un relato con cierta rigurosidad cronológica de los acontecimientos, como si se tratase de un diario de campaña, la verdad es que se hizo intencionalmente así con el fin de situar a quienes se interesen por el tema en la emoción diaria que vivió la comunidad ariqueña, los mandos militares, los soldados de uno u otro bando y en general los protagonistas y testigos de esa época, todo esto con la idea de humanizar más los relatos históricos para que escapen de las frías estadísticas, fecha sin sentido o menciones de eventos como simples titulares, en este contexto es que se decidió incorporar un anexo con la nomina de los soldados del 4° de Línea que estuvieron presentes en el asalto y toma del Morro de Arica, nomina que va desde la Plana Mayor hasta la 4ª Compañía del 2 Batallón del regimiento, esto a modo de homenaje a los infantes de la República de Chile que participara en tan importante batalla, es decir los soldados de los regimientos; 3° de Línea, “Lautaro” y 1° de Línea “Buín”, no hay que olvidar que la batalla de Arica fue eminentemente una acción de infantería ya que por las condiciones de sus dispositivos de defensa hacían inoficiosa o poco efectiva la participación más directa de la Caballería y de la Artillería, en esta batalla brilló con excelencia el genio militar del coronel don Pedro Lagos Marchant, héroe que destacó durante toda la guerra por sus grandes dotes de táctico, aptitud demostrada en su ya dilatada carrera militar, fue un jefe con sabiduría y de gran ascendencia en el Ejército, institución en la que supo mantener el liderazgo del mando, por lo que siempre supo llevar al triunfo a las fuerzas bajo su mando, destacando con brillo especial en “El asalto y toma de Arica”.

El autor.

Capitulo I La crisis económica el inicio del conflicto internacional

El gobierno peruano en 1877 cruzaba por la peor crisis económica del siglo XIX, los malos manejos de la Hacienda fiscal lo habían llevado al descalabro económico, el contrato Dreyfus ya no proporciona las divisas que otrora dio, por el contrario la casa comercial francesa ahora reclamaba del Estado peruano importantes sumas de dinero que le habían sido adelantadas en años fiscales anteriores, el ilusionismo de la prosperidad lograda con el denominado contrato Dreyfus se deshacía como pompa de jabón, el crédito peruano en Europa y Estados Unidos estaba totalmente cerrado, el estanco del Salitre que implemento el gobierno peruano fue un fracaso, generando el resentimiento de la clase empresarial peruana vinculada al negocio salitrero y el de los inversionistas chilenos e ingleses que explotaban los cantones salitreros de Tarapacá, este cuadro económico llevó a la otrora prospera República prácticamente a la bancarrota. La crisis económica en Arica se hizo sentir en variadas formas, uno de su efecto fue la tensión en las relaciones comerciales entre Bolivia y Perú por el no reembolso de los derechos aduaneros cobrados en la Aduana de Arica por el gobierno peruano, este, tenía el compromiso de entregar un porcentaje de lo recaudado al gobierno de Bolivia conforme al tratado que existía entre ambas naciones después de la crisis del “libre tránsito” causada por el contrabando. El déficit de las arcas fiscales del Perú se dejo notar también en la calidad de las otrora suntuosas construcciones fiscales, dejando sus huellas en la reconstrucción de los edificios públicos de Arica, un ejemplo claro de estas circunstancias fue la casa del Subprefectura de Arica que al reconstruirla después del terremoto de 1877 en sus muros se utilizó piedra de río y desecho de ladrillos, a diferencia de los otros edificios del complejo cívico que usaron ladrillos traídos desde Francia y que llevaban impreso el sello de “G. EIFFEL ET CIE /PARIS”, la visión que presentaba Arica a los ojos del visitante en los años inmediatos a los terremotos esta muy bien expresada en el relato del viajero Albert Davin, teniente de la marina francesa, que por esos años recorrió el océano Pacífico entre Tierra del Fuego y las Islas de Hawai, pasando por las costas de Chile y Perú además de recorrer la Polinesia, en parte del relato Davin dice de Arica: “Es imposible imaginar un paraje más desolado, un paisaje triste, que el valle de Azapa, al borde del cual el pueblo de Arica congrega sus casas grisáceas. En el valle cabalgan fantásticos promontorios, cabezas arenosas entre las cuales algunos toques verduscos simulan pequeños oasis. Sin embargo, aquí, como en el teatro, hay que contentarse con el efecto lejano: olivos de follaje opaco y matas de boj dispersas forman bosquesillos de verdor al proyectarse unos contra otros. Arica está edificada sobre un centro de actividad volcánica, y muchos desastres sucesivos han determinado el régimen de construcción de las casas. De muy poca altura, éstas parecen aun más empequeñecidas bajo un peñón de 400 pies de altura, el Morro, que se alza al sur de la ciudad. Siete u ocho calles perpendiculares –mucha de las cuales no tienen nombre (¿quien tiene la certeza de que mañana no estarán en ruinas?)- atraviesan Arica de parte a parte; orilladas por casas rojizas o azules, están empedradas con guijarros redondos, según la costumbre española. Las terribles lecciones infligidas a los habitantes por los terremotos han dado sus frutos: de tarde en tarde, espacios vacíos permiten a la población acampar en caso de un nuevo cataclismo. Cuando la tierra comienza a estremecerse, todos se precipitan fuera de sus moradas y aguardan, golpeándose el pecho, esperando lo que el destino les reserva.” En otra de su parte Davin agrega: “Antaño la ciudad era más importante, a juzgar por las ruinas dispersas por la planicie. El nuevo pueblo no proporcionará sino un alimento mediocre al próximo terremoto. Aún no han osado los habitantes reconstruir la ciudad sobre sus antiguos cimientos; sin embargo, la audacia no tardará en reaparecer: la gente se acostumbra a todo, incluso a la amenaza perpetua de una destrucción total”. Hasta aquí el relato del teniente Davin. La llegada de 1878 no trajo respiro económico al Perú, con esto vino la complicación de la situación de sus relaciones exteriores que cada vez se dificultaba más, haciendo aparecer en el horizonte los nubarrones de la guerra. Para entender el inicio del conflicto internacional que derivaría en la guerra de 1879, nos remitiremos a la Ley firmada por el presidente peruano Manuel Pardo el 13 de enero de 1873, en que establecía el estanco del nitrato tarapaqueño; esta medida casi desesperada de las autoridades peruanas pretendía volver a la antigua bonanza generada por las ventas del guano, buscando en el salitre una nueva fuente de ingreso fiscal que le permitiera superar la crisis de la economía. Para establecer el estanco salitrero por medio de la Ley se dejó la producción limitada a 4.500.000 qq. españoles y se autorizaba al gobierno

para comprar esa producción a un precio fijo de 2.45 soles el quintal. De esta forma, Pardo pretendía eliminar el conflicto de interés que existía entre el guano peruano de propiedad fiscal, (comprometido con el contrato Dreyfus) y el Salitre Tarapaqueño en manos de particulares que hacia competir en los mercados internacionales al Perú contra el Perú. El proyecto del estanco salitrero consideraba revenderlo a aquellos que desearan exportarlo, con un recargo de 2 chelines y 6 peniques por quintal. Para las oficinas de explotación salitrera situadas en las cercanías del litoral el costo de fletes resultaba soportable; pero muchas de las ubicadas al interior del desierto no pudieron absorber dicho costo, causando esta dificultad el cierre de varias de ellas, como asimismo las oficinas que explotaban yacimientos de baja ley tuvieron que cerrar al no poder absorber los costos que significó el establecimiento del Estanco; con el fin de aumentar las utilidades los salitreros decidieron incrementar la producción, lo que prontamente excedió la demanda haciendo caer el precio en los mercados internacionales en un 25%. A causa de la crisis del precio del salitre en 1875 el gobierno peruano es autorizado para establecer el monopolio fiscal del nitrato. De esta forma los esfuerzos del gobierno peruano por manejar el negocio del salitre se estrellaban duramente con el negocio privado del fertilizante, que principalmente manejaban los capitales chilenos e ingleses tanto en Tarapacá como en Antofagasta, y que tenía su sede en Valparaíso, la competencia cada vez más fuerte de la “Compañía de Salitres de Antofagasta”, hacia más difícil al gobierno peruano pretender el control internacional del comercio salitrero. En la desesperación financiera de la Hacienda fiscal peruana sus gobernantes veían como una única posibilidad de éxitos en sus planes el aniquilamiento de la firma anglo-chilena, además del sometimiento de los inversionistas al diseño de control comercial que pretendían. Para ello comenzó a promover un entendimiento con el gobierno boliviano con el fin de que pusiese termino a los privilegios que poseían las empresas chilenas de la región de Antofagasta, que eran otorgados conforme a los tratados Chileno-Bolivianos de 1866 y 1874. Los continuos roces entre la república de Chile y la república de Bolivia por la definición fronteriza del desierto de Atacama, sirvieron al presidente peruano Manuel Pardo de pretexto de primer orden para atraer a los gobernantes bolivianos a favor de una alianza entre ambos países, así se firma un tratado secreto de alianza entre Perú y Bolivia el 6 de febrero de 1873, en representación de Bolivia firmó el señor Juan de la Cruz Benavente y por parte del Perú firmó el señor José de la Riva Agüero,[1] las consecuencias directas de este tratado fueron que Bolivia quedó impedida en los hechos de poder negociar directamente con Chile y de esta manera resolver las cuestiones pendientes entre ambos países, esta dificultad se generó especialmente por lo dispuesto en el articulo VIII del tratado secreto en cuestión. El segundo paso del gobierno peruano en el plan para logra dominar el negocio internacional del guano y del salitre consistía en alcanzar prontamente una suerte de tutela sobre el salitre atacameño, para ello, los dirigentes peruano consideraban más débiles a las autoridades bolivianas y a sus empresarios, que al fuerte rival que representaban los empresarios chilenos y el Estado de este país mucho más organizado y evolucionado en su vida republicana que sus vecinos. Para lograr el alejamiento chileno de la industria salitrera atacameña era necesario genera un conflicto armado entre Bolivia y Chile, lo antes posible, con este objeto el gobierno boliviano debía denunciar el tratado de 1874, retrotrayendo todas sus demandas a las reivindicaciones anteriores a la fecha de la firma de ese tratado y de inmediato había que proceder a la ocupación de los territorios al sur del paralelo 24, con lo que necesariamente provocaría la reacción del gobierno chileno obligándolo a declarar la guerra y de esta forma se pretendía hacer aparecer a Chile como país agresor, lo que provocaría el embargo de material de guerra en su contra, al ser considerado como país agresor. Esta estrategia requería que se ejecutara con la mayor celeridad posible para evitar que Chile pudiese retirar los dos blindados que había encargado construir en los astilleros “Hall” en Inglaterra, dejando al país del sur de este modo en desventaja para realizar una operación militar con probabilidades éxito sobre el desierto de Atacama. Los gobernantes peruanos pensaban que de este modo podrían hacer efectivo lo establecido en el tratado secreto firmado con Bolivia, intentando una mediación entre ambas naciones en conflicto, pero con la presión de los cañones de la Armada peruana, que por entonces mantenía cierta superioridad naval en esta zona del océano Pacífico, el plan era sin perjuicio de logra una alianza con Argentina que para la estrategia global era un “plus”. Por otra parte a los gobernantes bolivianos les atraía la estrategia peruana, pues, estaban consientes de la extrema debilidad militar y económica en que se había sumido esa república altiplánica a causa de la endémica anarquía que reinó en ese país después de los gloriosos días de los gobiernos del Mariscal Santa Cruz y del general Ballivián. Al adscribir a los planes peruanos los gobernantes bolivianos pretendían frenar la expansión chilena en la zona del desierto de Atacama que cada día era más poderosa

a través de sus empresas, mano de obra y capitales, transformado en un núcleo de riquezas minerales, como el guano, el salitre, la plata, etc. un territorio desértico y casi abandonado hasta antes de las explotaciones mineras hecha por los chilenos. Según el censo del 10 de noviembre de 1878, la circunscripción municipal de Antofagasta que comprendía: Antofagasta, Salar del Carmen, Mantos Blancos, Punta Negra, Salinas y Carmen Alto; tenía una población de 8.507 habitantes, de los cuales 6.544 eran chilenos; 1.226 bolivianos, y el resto de otras nacionalidades. Los planes de los aliados se vieron frustrados principalmente por la lenta actitud política de los bolivianos, lo que permitió que el gobierno chileno dilatar con acciones diplomáticos los peligrosos causes de la política internacional de sus vecinos, el problema argentito a momentos parecía que desencadenaría en guerra, todos motivos que llevó al gobierno del presidente Pinto a que ordenase acelerar la construcción de dos blindados en astilleros ingleses, el gobierno chileno da órdenes para que el blindado “Cochrane” saliese de los astilleros W.G. Armstrong, tan pronto estuviese su artillería lista, sin aguardar la colocación del forro de zinc y madera recomendado por el ingeniero y constructor naval George Rendel; dejando para posterior los detalles no esenciales para el combate. En octubre de 1875, el canciller peruano José de la Riva Agüero, enrostraba en comunicación escrita al gobierno boliviano entre otras consideraciones les decía lo siguiente: “...dos años perdidos en discusiones estériles...”, mas adelante: “...Reforzada como se halla la marina chilena por el blindado que acaba de sacar de los astilleros ingleses y que a la fecha camina hacia el Pacífico será más difícil evitar el posicionamiento de esa república del litoral boliviano...”. En 1878 gobernaba el Perú el general Mariano Ignacio Prado quien había asumido el gobierno el 2 de agosto de 1876 y el general Hilarión Daza hacía lo propio en Bolivia, este último se había hecho del poder también en 1876 cuando derrocó al presidentes Tomás Frías de quien había sido ministro de Guerra. El general Daza en un error de apreciación e incentivado por políticos peruano de tendencia civilista liderados por el ex presidente de esa nación Manuel Pardo entre otros los señores, Canevaro, José Riva Agüero, José Antonio Lavalle, Manuel Irigoyen, estimó como un signo de debilidad la política evasiva mantenida por el presidente chileno don Aníbal Pinto Garmendia con relación a los temas del cumplimiento de los tratados entre ambas naciones y del hostigamiento que sufrían los chilenos en territorio de Bolivia, el presidente chileno hacia todo lo posible por evitar un conflicto armado, de esta manera creyó el gobernante boliviano que Chile temía una guerra con una triple alianza entre Perú, Bolivia y Argentina. Este error de apreciación lo llevó a extremar las medidas destinadas al hostigamiento de los chilenos que habitaban Antofagasta y a sus empresas con el fin de desmotivar la presencia chilena en esa zona, bajo este prisma ordenó también tomar medidas para recuperar las salitreras para el fisco boliviano, el general Daza en comunicación al prefecto de Antofagasta señor Severino Zapata le señalaba: “Tengo una buena noticia que decirle. He fregado a los gringos, decretando la reivindicación de las salitreras y no podrán quitárnosla por más que se esfuerce el mundo entero. Espero que Chile no intervendrá en este asunto; pero si nos declaran la guerra, podemos contar con el apoyo del Perú, a quien exigiremos el cumplimiento del tratado secreto. Con este objeto voy a mandar a Lima a Serapio Reyes Ortiz”, nota enviada el 1º de febrero de 1879. El presidente boliviano decidió romper el tratado de 1874 suscrito con Chile, y para ello el 1º de febrero de 1879 dicta un decreto firmado por él y todos sus ministros, declarando caducadas las concesiones de la “Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta”, el 6 de febrero se notificó a la Compañía y al representante de Chile en La Paz. En la notificación a la Compañía anglo-chilena se hacia cobranza de los supuestos derechos adeudados conforme a la ley del 14 de febrero de 1878 en que grababa el quintal español de salitre en 10 centavos, el día 11 de febrero se trabó embargo en los bienes de la Compañía por la suma de $ 20.848,13 pesos bolivianos, además se ordenó conducir a la cárcel pública al gerente de la empresa señor Jorge Hicks y se fijo remate para el día 14 de febrero de 1879 de todo lo embargado es decir de las oficinas y todos sus bienes. La reacción del gobierno chileno fue la de ocupar militarmente el territorio comprendido entre el paralelo 23 y 24, reinvidicándolo a la soberanía chilena, por haber sido denunciado por parte del gobierno boliviano en los hechos el tratado de 1874 y en consecuencia el tratado de 1866 firmado entre los gobiernos de Chile y Bolivia. Chile reivindicaba los derechos anteriores a 1866, por lo que el gobierno ordenó la ocupación de Antofagasta, la que se hizo efectiva el mismo día 14 de febrero de 1879, cinco días después del desembarco el primer gobernador chileno de Antofagasta señor Nicanor Zenteno telegrafiaba al gobierno de Chile diciendo: “Todo el territorio comprendido entre los paralelos 23 y 24, de mar a cordillera, ha sido ocupado en nombre de la República”; Bolivia declara la guerra a Chile el 1º de marzo de 1879.

Por su parte la reacción del presidente peruano Mariano Ignacio Prado fue la de buscar la mediación, a pesar de las fuertes presiones de los civilistas que por esa fecha no contaban con el fuerte liderazgo de don Manuel Pardo quien había sido asesinado el 16 de noviembre de 1878 en las puertas del parlamento en Lima, el presidente Prado cede a la presión de los belicistas y decide hacer efectiva las cláusulas del tratado secreto firmado entre Perú y Bolivia en 1873; lo que determino que el gobierno chileno declarara la guerra a ambas Repúblicas el día 5 de abril de 1879. Arica en estos acontecimientos pasaría a ocupar un lugar de importancia tanto en las operaciones militares como en la actividad política y diplomática propias de un conflicto bélico; el 7 de abril del año de inicio de la conflagración armada, a tan sólo dos días de declarada la guerra por parte de Chile, el transporte “Chalaco” desembarcó en Arica al batallón “Lima” Nº8 de 500 plazas, cuatro piezas de artillería de campaña con 60 hombres, y al regimiento de caballería “Lanceros de Torata” con 200 plazas, el día 9 de ese mes se desembarcaron 4 cañones de grueso calibre de 250 libras cada uno, dos de los cuales se subieron al Morro para ser instalados en las baterías de esa excelente posición estratégica, los otros dos se destinaron a baterías que se armaban en la playa, días antes habían llegado al puerto dos batallones de guardias nacionales con destino a Tacna, cada batallón constaba de 250 hombres, estos estaban sin armas ni uniformes, se les trasladó a esa ciudad por tren, ahí se les acuarteló en espera que llegasen los pertrechos necesarios que venían en el transporte “Chalaco”. Según el corresponsal del diario el “Comercio” de Lima da como fecha de arribo del buque de transporte “Chalaco” el día 5 de abril en el puerto de Arica donde desembarcó gran cantidad de pertrechos para continuar a Pisagua al día siguiente, el corresponsal al respecto dice “... Al día siguiente viajó (el “Chalaco”) a Pisagua donde desembarcó el Batallón “Puno”, media batería, el general La Cotera y muchos caballeros voluntarios de Tacna con sus “Winchester”, entre ellos, Blondell, el doctor Oviedo, etc. Los “rotos” habían estado allí como a las cuatro de la mañana, pero el buque regresó a Arica sin novedad”. Desde los primeros días de abril de 1879 empieza una febril actividad en la ciudad puerto, el prefecto del Departamento de Tacna era el coronel Carlos Zapata y Subprefecto de Arica era don Fermín Federico Sosa, por ese entonces Arica era provincia del Departamento de Tacna. [2] La instalación de las baterías fue encomendada al Coronel de artillería don Arnaldo Panizo. El día 9 de ese mes se nombra Comandante General de Baterías y Fuerzas de la Plaza de Arica al Contralmirante don Lizardo Montero Flores que hace su arribo al puerto el día 13 de abril a bordo del “Talismán” acompañado de 19 Jefes, 30 Oficiales y 40 voluntarios de “elevada posición social”, este personal se alojó en el hotel “Colón” y en las casa de patricias familias ariqueñas, a los Jefes de más alta graduación se les dispuso la casa de la subprefectura, las tropas fueron acuarteladas en el cuartel de Celadores (policía), la cárcel que estaba ubicada al lado de este cuartel también fue habilitada como cuartel militar, la recova fue otro lugar que se adapto para cuartel militar, cuando aumento el contingente se ocuparon algunos sitios vacíos cercanos al cementerio donde se levantaron carpas de campañas pero las más fueron ramadas formadas con cañaveral y hojas de matas de plátano que servían de cuadras a los soldados; el buque traía 410 bultos con pertrechos militares, armas y víveres, entre el armamento llegado en el “Talismán” venían los cañones “Voruz” de 70 libras y Parrot de100 libras. El Comando General dispuso las fortificaciones de Arica en el borde costero norte de la ciudad en el lugar denominado “La Chimba” hasta la desembocadura de del río San José, con el objeto de proteger la bahía y la ciudad de bombardeos a corta distancia de buques enemigos, como también con el fin de evitar un desembarco de tropas por ese sector, el que se consideraba más apto para ese objeto, el primero de estos ingenios militares se ubicó en la ladera norte de la desembocadura del río San José sobre un pequeño barranco que formaba la topografía del sector, dándosele el nombre de fuerte “San José”, poco más al sur de la desembocadura, a unos 500 mts. al norte de las últimas casas de la ciudad, en el sector denominado “la Chimba”, fueron ubicado los fuertes “Santa Rosa” y “2 de Mayo” el Comando General también ordenó artillar el Morro, estas fueron las primeras instalaciones militares de importancia de la plaza fuerte de Arica; se sumaron al coronel Panizo en este trabajo los ingenieros militares, coronel Juan Nolberto Eléspuru y el teniente coronel Castillo, llegados junto a Montero en el “Talismán.” Para el día 20 de abril se esperaba en Tacna una vanguardia de las tropas bolivianas de 1.500 hombres bajo el mando del general Narciso Campero, estas tropas eran un adelanto del total de 4.000 soldados que había comprometido el general Daza conforme a la alianza establecida por Perú y Bolivia, el presidente boliviano llegó días más tardes con el resto de la tropa, así se iniciaba los febriles días de la guerra del Pacífico, en la estratégica ciudad del Morro y que no cesaría hasta ser verificada la toma de Arequipa, la

firma del tratado de Ancón y el retiro de las últimas tropas de ocupación chilenas desde territorio peruano en agosto de 1884. El 2 de mayo de 1879 tiene un especial significado para la ya militarizada Arica, era la fecha de conmemoración de la derrota de la escuadra española comandada por el almirante Casto Méndez Núñez en el puerto del Callao el año 1866, el contralmirante Montero era considerado un héroe de esa jornada donde había actuado como comandante del buque “Tumbes” que apoyado por las poderosas fortificaciones de tierra resistió como batería flotante el alevoso ataque de la escuadra española, cuando ocurrieron esos hechos eras presidente del Perú el entonces coronel Mariano Ignacio Prado, por una notable coincidencia el destino nuevamente ponía a estos dos altos oficiales en responsabilidades tan altas para con su patria, donde de nuevo Prado, ahora general, ocupaba la máxima jefatura del Estado y Montero el mando en jefe de la más importante Base Naval del Perú de ese momento. El contralmirante Montero había ido a visitar al general Daza el 30 de abril a Tacna con el fin de darle la bienvenida a nombre del gobierno peruano y le invito a los actos conmemorativos del 2 de Mayo a efectuarse en el puerto de Arica, Daza retribuye la visita de Montero, el contralmirante con una guardia de honor fue a recibir a su invitado a la estación de pasajeros del ferrocarril. Después de recorrer los lugares más notables de la urbe, se le ubica alojamiento en el departamento principal de la Aduana (casa de la subprefectura), donde se sirvió un espléndido almuerzo. Hecha la sobremesa el marino invita a su ilustre huésped a recorrer las baterías y presenciar un ejercicio de fuego. La visita se inició en el fuerte “San José” donde se analizó la calidad de las instalaciones recién hechas de las baterías de ese fuerte, se continuó en los fuertes aun en construcción, “Santa Rosa” y “2 de Mayo”, donde estaban próximas a ser colocadas las piezas de artillería destinadas a esos lugares, terminada la revista a los fuertes de la costa, la comitiva se dirigió a las baterías emplazadas en la cima del Morro, donde se realizaría las practicas de tiro. Para efectuar el ejercicio se había dispuesto una pequeña lancha como blanco, este objetivo se ubicó a unas tres millas de distancia, el honor de dar mecha al primer tiro le correspondió al general Daza que desde ese momento no disimuló su satisfacción y alegría, se dispararon quince tiros cada vez acotando con mayor exactitud la precisión de los tiros hasta que el último dio en medio de la pequeña embarcación hundiéndola instantáneamente. Ahí no tuvo limite al entusiasmo del general Daza, dando un efusivo abrazo y palmoteadas en la espalda al jefe de la batería, luego se dirigió donde se encontraba muy erguido y orgulloso el cabo de cañón con cuatro sirvientes de pieza, recompensándolos con unas monedas de oro, pero en el acto el contralmirante Montero se opuso cortésmente al gesto del mandatario boliviano y recompensó el mismo con largueza al personal de la batería. Concluyeron los actos conmemorativos con un desfile de honor en la explanada que daba frente al edificio de la Aduana y al anochecer se sirvió una abundante cena. El 19 de mayo de 1879 llegó a Arica el presidente peruano Mariano Ignacio Prado con el título de “Supremo director de la Guerra” estableciendo su Cuartel General en el puerto; el presidente peruano con un permiso del Congreso del Perú llega a tomar el Comando General de la Fuerzas Aliadas en los Departamentos del sur, cargo que le correspondía conforme a los acuerdos de alianza firmado por las repúblicas de Bolivia y Perú, al desarrollarse las acciones militares en territorios peruano. Desde fines de abril el presidente boliviano general Hilarión Daza iba y venía desde las ciudades de Tacna y de Arica coordinando la instalación de la guarnición boliviana en la zona, el día del arribo al puerto del presidente peruano encabezaba las tropas bolivianas con un regimiento de elite, considerado una suerte de guardia pretoriana del mandatario altiplánici, denominado Batallón Primero de Línea “Los Colorados” que el decir popular bautizó como “Los Colorados de Daza”; con la presencia del general Prado en Arica quedaba estructurado el comando aliado para las operaciones militares en Tarapacá y Atacama; Arica así se transforma en el centro de operaciones del Ejército Aliado, refugio de la Escuadra peruana y Base Naval. Las primeras actividades del comando en jefe del gobernante peruano consistieron en una revista a las concentraciones de tropas entre Iquique y Tacna, verificó las instalaciones militares de las costas, retornando a Arica el 4 de junio, donde comienzan a sucederse las Juntas de Guerra de los Jefes del Ejército Aliado, donde se acuerdan los planes de campaña, la ejecución de operaciones, los abastecimientos, etc.

Arica sirve de Base Naval a los buques de la Armada del Perú esta tiene una gran importancia, pues, la primera fase de la guerra se caracterizó por la lucha de los beligerantes por lograr el dominio del mar, esta fase de la guerra del Pacífico concluyó con la captura del monitor “Huáscar” el 8 de octubre de 1879, en punta de Angamos, acción donde perdió la vida el comandante de la nave peruana almirante don Miguel Grau, combate naval que se verifico a la cuadra de Mejillones. La primera incursión de buques de guerra chilenos a las costas de Arica se verifico el día 20 de abril de 1879 cuando el blindado “Cochrane” al mando del Capitán don Enrique M. Simpson y la corbeta “Magallanes” retornaban de una misión al puerto de Mollendo encomendada por el Comandante en Jefe de la Escuadra chilena Almirante don Juan Williams Rebolledo. A las 03:30 A.M. de ese día entre Ilo y el morro de Sama los buques chilenos avistaron un vapor, dándole caza lo identificaron como el “Itata” por el cual se enteraron que “La Unión” y “La Pilcomayo” se encontraban en el norte como a 40 millas del Callao retornando a la primera Base Naval del Perú, como a las 05:00 P.M. las naves chilenas estuvieron a tiro de cañón de las baterías del Morro de Arica, desde cubierta se pudo apreciar como se montaban cinco cañones de grueso calibre en el promontorio tutelar del puerto, tres de los cuales estaban destinado a la defensa de la rada y dos de ellos apuntaban al Oeste; el “Cochrane” y la “Magallanes” avanzaron hasta ponerse a 1.000 mts. de distancias de las baterías de tierra presentando su costado en un acto de provocación con el fin de medir las instalaciones de artillería que efectuaban los peruanos, esperaron hasta que cerrara la noche no obteniendo ninguna reacción por parte de los artilleros de la plaza fuerte de Arica, a pesar de que las baterías del Morro dominaban las cubiertas de los buques chilenos en un ángulo de 7º de depresión, al noreste se detecto otra batería pero que tampoco tuvo reacción alguna, en la Isla del Alacrán se observó la existencia de un parapeto de artillería en construcción, pero no había ningún cañón en ese emplazamiento, la escuadra chilena verifico que no había ningún buque de guerra peruano en la bahía, solamente cinco barcos extranjeros, entre los que se encontraba el barco de mantención del cable submarino, concluido el reconocimiento el capitán Simpson comandante del “Cochrane” ordenó tomar rumbo al sur, de esta incursión de buques de la Armada chilena a aguas ariqueñas se puede deducir que a esa fecha de abril aun no se encontraban en condiciones de combatir las defensas del puerto de Arica. Capitulo II La guerra del Pacífico

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Primera etapa de la Guerra

Queda establecido el Cuartel General del Ejército Aliado en Arica y con ello la presencia en la ciudad de los mandatarios de las repúblicas de Bolivia y Perú, encabezando el comando en jefe de las Fuerzas Aliadas el mandatario peruano conforme a las cláusulas del tratado secreto. Así, comienza la primera etapa de la guerra del Pacífico, etapa que a su vez es posible subdividir en dos periodos muy definidos, el primer periodo es el de la guerra marítima en la cual la marina peruana mantuvo paralizadas las operaciones militares chilenas y duró hasta la captura del monitor “Huáscar” y la consecuente muerte de su comandante el Almirante don Miguel Grau en Angamos, el segundo periodo corresponde a las operaciones terrestres en el Departamento de Tarapacá, termina este periodo con la perdida del Departamento sureño por parte de los aliados después de la batalla de Tarapacá; la segunda parte de la primera etapa de la guerra del Pacífico se inicia con la caída del poder de los mandatarios de los países aliados y concluye con el asalto y toma del Morro de Arica. El Almirante Montero inmediatamente asumida la Jefatura de la Plaza, toma personalmente la dirección de la construcción destinadas a la defensa de Arica, que habían sido encomendadas al coronel Arnaldo Panizo, estas construcciones se habían visto algo estancadas por la falta de recursos materiales y humanos, Montero mejoró en parte el diseño de los fuertes de la costa y los del Morro, en este último determinó la construcción de un fuerte de estructuras de mampostería sólida conforme al diseño francés

en boga en las construcciones militares de la época, el proyecto constaba de cuatro grupos con cuatro baterías cada uno, de los que solamente se concluyeron dos de los cuatro proyectados. El sistema defensivo de Arica quedo conformado por las baterías del Morro, que se dividieron en batería Alta y batería Baja, la primera estaba integrada por dos fortines construidos sobre zanjas excavadas en la roca viva, los matacanes, los blocaos de los cañones, las santabárbaras, fueron construidas en mampostería de cemento con piedra bolón de río y ladrillo cosido, estos fortines estaban intercomunicados por galería subterráneas talladas en la roca viva, donde se ubicaron los dormitorios de los servidores de las baterías y almacenes de vituallas; los cañones estaban empotrados sobre un sistema de rieles que les permitían girar en 360º , pudiendo dispara en cualquier dirección, el fortín ubicado más al sur de la explanada de la cima que protegía la costa de ese sector de Arica en un ángulo que daba un campo de tiro desde la playa Miller hasta cruzar sus fuegos con la batería Baja en un punto poco mas al norte de la Isla del Alacrán, conformación geológica que quedaba bajo el manto protector de estas baterías. El fortín tenía 3 cañones un Vavasseur de 250 libras y dos Voruz de 70 libras, el segundo fortín ubicado al centro de todo el sistema defensivo de la cima del Morro era el principal, pertenecía a la batería Alta, era de igual calidad en su construcción, al centro de este fortín se encontraba la atalaya de mando que consistía en una torrecilla construida en hormigón armado, y que daba una visión completa de casi el 90% del sistema de defensa del puerto, lugar desde donde el comandante de baterías impartían órdenes sobre la base de señales de bandera y de bocina, este fortín tenía cuatro cañones, dos Vavasseur de 250 libras, dos Parrot de 150 libras. La batería Baja ubicada al norte de la plazoleta formada en la cima dando frente a la ciudad, la integraban dos secciones una ubicada en el extremo más septentrional del peñón que daba campo de tiro sobre la rada y la ciudad, cubriendo con un manto de protección a los fuertes de la costa, este fortín tenía un cañón Parrot de 100 libras y dos Voruz de 70 libras la otra sección de la batería Baja estaba casi en el acceso al la plazoleta de la explanada era un fortín con un Parrot de 100 libras y dos Voruz de 70 libras su objeto era dar protección de artillería a las trincheras y parapetos del sector norte que iban desde el fuerte “San José” desde el lugar de avanzada “Del Chinchorro” al fuerte “Ciudadela”, cruzaban el campo de tiro con los cañones de este último fuerte, los cañones de la Batería Baja estaban colocados a barbeta, los blocaos de estos cañones estaban formados por la roca viva y portalones de gruesos maderos de roble fijando la base del cañón con gruesos pernos de acero empotrados a la roca, estos cañones eran de dirección de tiro fijo, solo se regulaba su “alza prima” por medio de un tornillo “sin fin”, los matacanes de protección lo formaban sacos de aspillera de cáñamo rellenos con arena, tenían cuatro hileras de alto, esta batería ubicada al norte de la explanada de la cima del Morro no fue terminada como los fortines de la batería Alta, por la falta de fondos, por lo que de esta forma fueron encontrado por los soldados chilenos el memorable 7 de junio de 1880, en la batería Baja estaba ubicado el mástil de honor para la bandera nacional, se dispuso este sitio porque era más visible desde la ciudad y también desde la rada, el fuerte del Morro tenía otras construcciones, eran unas casetas de unos 6 mts. de ancho por unos 15 mts. de largo que servían de oficinas a la oficialidad, los muros de estos recintos también eran de mampostería de cemento y piedra bolón de río, estas instalaciones fueron construidas semi subterráneas, con el fin de dar menor blanco a los proyectiles enemigos, una de estas construcciones se encontraba a la entrada a la plazoleta que daba al camino de herradura que subía por el costado norte del peñón a espalda de la segunda sección de la batería Baja, otras dos fueron construidas más al sur en unos montículos existentes allí con la finalidad de servir de cuadras de la oficialidad y defensores encargados de las trincheras y parapetos que protegía ese sector que formaban el sistema de defensas hasta unirse al reducto de “Cerro Gordo”. El sistema defensivo de Arica también contempló la ubicación de baterías en la playa norte de la ciudad, que abarcaba hasta la desembocadura del río “San José”, estas instalaciones militares fueron tres, las que recibieron el nombre de fuerte “Santa Rosa", “Dos de Mayo” y “San José”, el primero de estos fuertes, el “Santa Rosa”, lo forman dos cañones Vavasseur de 250 libras, estos estaban sujeto sobre dos rieles de deslizamiento los que a su vez se empotraban en un sistema de rodillos que le permitían un giro de 180º, cada cañón tenia a un costado la “santa bárbara” construida en subterráneo, con una techumbre muy sólida formada por rieles y cemento/cal, los matacanes en su base eran de cemento y piedra de río, sobre este se colocó tres filas horizontales de sacos de aspillera de cáñamo, la cara que daba al mar fue cubierta con champas de barro que con la humedad del sector pronto se recubrió de grama salada, vegetal característico del borde costero ariqueño, lo que daba un perfecto camuflaje a las baterías. El segundo fuerte del sector costero era él “Dos de Mayo” ubicado poco más al norte, este fuerte lo componía un cañón Parrot de 150 libras, este fortín tenia las mismas características de construcción que el “Santa Rosa”, estos fuerte estaban unidos entre sí por trincheras cavadas en la tierra y protegidas por sacos con

arena, estas trincheras llegaba hasta el muelle por el lado sur. Por último en la defensa costera estaba el fuerte “San José” que fue construido en un pequeño promontorio en la ladera norte de la desembocadura del río del mismo nombre, este fuerte lo conformaban dos cañones, un Vavasseur de 250 libras y un Parrot de 100 libras. Consciente el mando aliado de la importancia marítima de Arica toma la decisión de establecer aquí, la Primera División de Torpedistas, la que dependía del Estado Mayor General del Primer Ejército del Sur con asiento en Arica. La División estaba subordinada directamente al Coronel Jefe Superior de la Plaza de Arica y comandante General de Baterías, esta división tenía su cuartel en la Isla del Alacrán, la dotación estimada era de 25 hombres contando desde el primer jefe hasta el último marinero, el mando le correspondió al Comandante de Artillería don Leoncio Prado secundado por el ayudante alférez de batería don Pedro José Ureta, el cuerpo de oficiales lo componían el alférez de batería Aurelio Cárdenas, Manuel Cabello, Luis Azcarate y guardián de 1ª clase José María León; marineros de la dotación de la división eran: Francisco Molina, Manuel Zúñiga, Manuel Rodríguez, Carlos Ocega, Marcos González, Raimundo Flores, Manuel Díaz, Carlos Quevedo, Manuel A. Zúñiga, Ángel Fuentes, Belisario Guevara. La misión de este destacamento fue la de servir de antemuro defensivo ante un intento de desembarco suicida por parte de los chilenos. El 20 de Mayo llega el convoy que traía desde el Callao hasta Arica al presidente del Perú Mariano Ignacio Prado y que además trasladaba pertrechos de guerra, el convoy estaba integrado por los transportes “Oroya” buque insignia del presidente peruano, el “Chalaco”, y “Limeña”, eran protegidos por el monitor “Huáscar” y la fragata blindada “Independencia”. Por órdenes verbales de parte del señor General Director de la Guerra, el general Mariano I. Prado, los dos blindados peruanos siguen rumbo al sur, con la misión de romper el bloqueo del puerto de Iquique. El encuentro con las naves chilenas, la corbeta “Esmeralda” y la goleta “Covadonga”, se llevó a cabo el 21 de mayo en la rada de ese puerto, estas naves de guerra eran de madera, ambas habían sido construidas en astilleros de Inglaterra y España respectivamente en la década del ’50 del siglo XIX. El Almirante Williams Rebolledo cuando zarpó con el resto de la Escuadra chilena al norte con el fin de sorprender a la Escuadra peruana en su base del puerto del Callao las había dejado sosteniendo el bloqueo de Iquique; el combate se traba entre el monitor peruano “Huáscar” y la vieja corbeta chilena “Esmeralda”, la justa duró dramáticas tres horas y cuarenta minutos, aproximadamente, donde el heroísmo y sacrificio de los marinos chilenos hizo gala, dejando una profunda huella en el pueblo chileno que sería elemento catalizador y generador de una fuerza incomparable para soportar los sacrificios que demandaba una conflagración armada como la que se veía enfrentado Chile y dio la fuerza espiritual necesaria para coronar las aras de la patria con la victoria final, el espíritu del heroísmo de Prat, Condell y sus compañeros en Iquique y Punta Gruesa perdura hasta hoy en todas las ciudades y pueblos de Chile, el combate entre el “Huáscar” y la “Esmeralda” es recio; su capitán don Arturo Prat Chacón muere en la cubierta del buque peruano al intentar el abordaje. Después de tres envestidas al espolón por parte de la nave comandada por el noble marino peruano don Miguel Grau se hunde la vieja “Mancarrona”[3] a las 12:10 Hrs. de ese día. En tanto la “Covadonga” como el transporte “Lamar” habían salido rumbo al sur perseguida por la corbeta “Independencia”, la goleta chilena en su retirada hacia fuego para dar oportunidad al transporte de escapar, cosa que logró sin mucha dificultad, el buque comandado por el capitán Carlos Condell de la Haza, toma rumbo al sur muy apegado a la costa, en su persecución en forma muy imprudente el capitán de navío Juan Guillermo Moore comandante de “La Independencia” sigue las agua del buque chileno cuando intentaba dar alcance a toda maquina y embestir al espolón a la nave chilena encalla en una roca sumergida a la cuadra de Punta Gruesa, la roca sumergida rajó el casco blindado de la fragata peruana como si hubiese sido una gigantesca navaja, Condell ordena a los fusileros de cofa barrer la cubierta del dañado buque y dispara con la artillería del buque, con el fin de obligar la rendición, Moore arría la bandera, y el buque chileno emprende camino rumbo al puerto de Tocopilla sin prestar auxilio a los náufragos en prevención de ser alcanzado por el monitor “Huáscar”. Grau recoge los náufragos de la “Esmeralda” y los lleva a tierra en calidad de prisioneros los encabezaba el teniente Luis Uribe Orrego, último comandante de la “Esmeralda”, solamente habían sobrevivido 57 tripulantes de la gloriosa corbeta de los 198 que habían iniciado el combate, el comandante Grau ordena lo propio con los muertos entre los que estaban los cadáveres del Capitán Arturo Prat Chacón, del Teniente Ignacio Serrano Montaner y el sargento Juan de Dios Aldea gravemente herido, al verse desde Iquique los humos de Punta Gruesa se presumió en ese puerto el hundimiento de la “Covadonga” por lo

que Grau envía un propio a través del cable submarino al General Prado a Arica, en que da cuenta del hundimiento de los buques chilenos, A pesar de la perdida de la fragata “Independencia” la Armada del Perú continuaría dominando las operaciones marítimas, después del combate naval del 21 de mayo el “Huáscar” retorna a su base del puerto de Arica con el fin de reparar algunos daños menores causados durante la contienda, se detiene el 2 de junio en el puerto de Pisagua desde donde el capitán Grau envía a la viuda de Prat una emotiva carta y algunas pertenencias personales del malogrado capitán de la “Esmeralda”. En Arica el monitor se reparan de las averías sufridas en Iquique el 21 de mayo de 1879 según relación encontrada después de la toma de Arica en junio de 1880, parte de la documentación dejada por Montero en el cuartel general del puerto versaba así:

SECRETARIA JENERAL DE SU EXELENCIA EL SUPREMO DIRECTOR DE LA GUERRA

Arica, junio 4 de 1879

Señor Comandante General de Baterías y Fuerzas de la plaza de Arica, Contralmirante Dn Lizardo Montero.

Habiendo tomado noticias su excelencia el Supremo Director de la Guerra, de las averías del monitor “Huáscar” en el último hecho de armas en el puerto de Iquique, ordena a US. Iniciar los trabajos; quedando al arbitrio de US. los medios a utilizar con el fin de acelerar el zarpe lo antes posible de esa nave. Remito relación enviada por US. con detalle de averías sufridas por monitor “Huáscar”, documento tiene visto bueno de su excelencia el Supremo Director de la Guerra para el uso de la caja, US. ordenará a quien corresponda las medidas para solventar los gasto que de a lugar.

Mariano Álvarez

RELACIÓN DE LAS AVERIAS DEL MONITOR “HUÁSCAR”

1ª DIVISIÓN NAVAL

Una Bomba.- Al pie de la roda del lado de babor, la que abrió un boquete de cinco píes de alto por tres de ancho, destrozando los breques y produciendo incendio en el interior del castillo, que fue apagado veinte minutos después. Una Bomba.- Que rompió el quindaste del palo trinquete a babor. Una Bomba.- Que atravesó el palo trinquete banda a banda al pie de la fogonadura llevándose la brazola de la escotilla del sallado de la torre y atravesando el mamparo que divide dos sallados, donde principió a producir incendio, pero fue apagado en quince minutos. Una Bomba.- Que chocó en la torre al pie de las portas, donde estalló moviendo un poco la unión de las planchas y haciendo salir unas líneas a los pernos próximos a ese sitio. Una Bomba.- Que destrozó el sombrero de uno de los ventiladeros del sallado de proa. Cuatro píes de la línea de agua a la distancia de cuatro píes de la roda, se encuentra una plancha rasgada en toda su extensión transversal y cuatro pulgadas de la inmediata por efecto de los espolonazos. Las cubiertas, puentes, amuradas, toldillas, arboladuras, chimeneas y embarcaciones se encuentran completamente acribilladas de balas de ametralladoras y de rifles “Comblain”, así como las torres carrozas, ventiladores, etc.

MIGUEL GRAU

Vo. Bo. MARIANO IGNACIO PRADO, Presidente de la República del Perú.

El mayo 21 el presidente boliviano aun permanecía en Arica pues había viajado el día anterior desde Tacna para dar la recepción a su aliado, el general Prado. El general Daza permaneció un día más en Arica para convenir con el Presidente peruano la estrategia que iban a adoptar los ejércitos aliados. A las 3 de la tarde llegó un bote de Iquique con la noticia de que se había obtenido un triunfo sobre barcos chilenos. El “Huáscar” había hundido a la fragata “Esmeralda” y el “Independencia” estaba en persecución de la cañonera “Covadonga”. Cundió un entusiasmo indescriptible, de inmediato se dio la orden de retransmitir la información a Lima y La Paz. Como a las 4 P.M. llega el propio de Grau a Prado confirmando el triunfo del “Huáscar” y de la “Independencia” sobre los buques chilenos; la alegría en el puerto sede del Cuartel General Aliado es descollante, se echan al vuelo las campanas, los vecinos alborozados salen a las calles con gritos de ¡Viva el Perú! y otras consignas patriotas, los soldados acantonados en la ciudad se abrasan y dan muestras de indescriptibles muestras de alegría, sin embargo el alborozo ariqueño durara unas pocas horas cuando un nuevo propio del capitán Grau da cuenta de la perdida de la fragata “Independencia” en Punta Gruesa, de la alegría, la población ariqueña pasa al silencio del duelo, los cuarteles callaron quedando en el ambiente una atmósfera lúgubre, marcando un

verdadero estado de duelo. Esa noche, cuando los presidentes discutían la manera de iniciar la campaña terrestre, llegó otro bote. Todos creyeron que venía a avisar del fracaso de la “Covadonga”, la esperanza que había estado rondando en todos los corazones se trocó en amargura. La noticia era la confirmación de perdida de la corbeta “Independencia”. El propio de Grau confirmaba que el blindado peruano había chocado contra unos arrecifes, quedando completamente inutilizado. Con esta enorme desgracia la flota peruana quedaba en completa inferioridad de condiciones. No le quedaba nada más que el “Huáscar” como única nave capaz de hacer algún daño a la flota chilena, un tiburón solitario frente a enemigos más poderosos. El 26 de mayo se resuelve que el General Prado se traslade a Iquique. El general Hilarión Daza expone que a él le correspondía ponerse a la cabeza de las tropas que estaban en el departamento de Tarapacá, pide que se le proporcionase el transporte “Chalaco” para ir con los batallones. “Daza” (Colorados) y “Sucre” (Amarillos). Sin embargo el general Prado con mucha diplomacia hace ver al gobernante aliado que a pesar de la importancia que tendría la presencia presidente boliviano allí, él creía que debía ir primero como gobernante del territorio donde se efectuaba la concentración, no en pos de gloria, sino para asegurar los víveres que debían acumular. Por esos días se prepara todo el ejército aliado en las provincias sureñas del Perú para una larga campaña; el general Prado promete a Daza que tan luego como hiciese los arreglos pertinentes regresará para que él marchase al departamento de Tarapacá. A las 7 de la noche de ese día se embarcó el General Prado rumbo a Piragua en el mismo barco viajaron dos unidades bolivianas acompañándolo el “Victoria” y “Francotiradores” que iban destinados a ese puerto. En tanto la actividad de preparativos bélicos no cesaba en la zona el 28 de mayo el general Daza salía de para Pocollay para abrazar y saludar a la Cuarta División (tropas cochabambinas, de la capital y las provincias). Estas tropas acuartelaron en ese poblado por estar en mejores condicione que en los ya estrechos cuarteles de Tacna. El general Prado esta de regreso en Arica después de su visita a las guarniciones del departamento de Tarapacá el 4 de junio, por telegrama se comunica a Tacna de su retorno. En tanto el general Daza se afana en la preparación de su ejército haciendo ronda a los cuarteles de Tacna en la mañana y en la noche. Ese día el mando boliviano recibe la buena noticia en mensaje recibido de Lima que las armas compradas en Nueva York por el Coronel Aramay se encontraban en el Callao. Según el alto mando boliviano era lo único que se espera para continuar la campaña. Al siguiente día el presidente boliviano viajó a Arica para entrevistarse con el General Prado, la entrevista transformada en consejo de guerra dura hasta el anochecer, continuando hasta el siguiente día 6 de junio, la comitiva boliviana se hospeda esa noche en el hotel “Colón”. La comitiva boliviana retorna a Tacna al anochecer del día 6 por ferrocarril. El 7 de junio, a un año a antes de la batalla de Arica, las 11 de la mañana en el Cuartel General boliviano en Tacna se presentó ante el capitán general Hilarión Daza el señor Gabriel René Moreno, llegado de Santiago de Chile, el señor Moreno había entablado una misión diplomática secreta con ciertas autoridades chilenas amigas suyas de larga data, las que buscaban una solución pacifica al conflicto. A los coroneles Murguía y Dubrinsson se les comisiona para estudiar el posible teatro de la guerra terrestre, saliendo por tierra al sur, es decir, el departamento de Tarapacá. Al siguiente día 8 de junio el general Prado después de despachar con una nueva misión al capitán Grau se dirige por ferrocarril a Tacna llegando por la tarde a la cena. Daza dio orden a todas las bandas del ejército para que fuesen a esperar el tren que conducía al presidente peruano. Cuando los relojes marcaban las 5 de la tarde el general Daza, acompañado de sus edecanes, llega a la estación en pomposa comitiva. Momentos más tarde hace su llegada el general Prado, la locomotora iba empavesada con los pabellones nacionales de Perú y Bolivia, al toque de pito y detención de la maquina todas las bandas de música ejecutaron el himno nacional peruano. La multitud aglomerada por el atractivo recibimiento grita enfervorizada ¡Vivas! y ¡hurras! por Perú, por Bolivia, por la Alianza, los sones del himno resonaban en todas partes. El pueblo obstruía el paso de su digno jefe, quien, aclamado por la multitud recorrió a pie el trayecto de la estación a su alojamiento, haciendo un descanso en el domicilio del general Daza. Los agasajos a los dos jefes duraron hasta bien entrada la noche. En las puertas de la residencia del general Prado se ofreció para el pueblo una magnífica retreta, muy concurrida de público. Ese mismo día ocho de junio sale del puerto de Arica rumbo al sur, como se ha dicho, nuevamente el monitor “Huáscar” su misión era proteger el envío de pertrechos y tropas al puerto de Pisagua y levantar el bloqueo del puerto de Iquique, el nueve de ese mes se produce lo que la prensa de la época llamó el segundo combate naval de Iquique, y que enfrento en esta oportunidad al monitor peruano con las naves

chilenas la cañonera “Magallanes” y al transporte “Matías Causiño”, la nave blindada peruana no pudo echar a pique a la cañonera chilena después de varios intentos de ataque al espolón que con habilidad el comando del capitán Juan José Latorre supo esquivar; al anunciarse la llegada del blindado chileno “Cochrane” el “Huáscar” se retira rumbo al norte a su base del puerto de Arica a repara las nuevas averías de guerra. El presidente peruano, general Prado, permanece hasta el 10 de junio en Tacna, esa noche el mandatario ofrece una comida en su residencia tacneña a la cual concurrieron el general Daza y otros distinguidos jefes del ejército boliviano; para el día 11 de junio se programaron ejercicios de fuego en las baterías de Arica con la presencia de los generales Prado y Daza. En tanto el vapor “Lontué” de la Compañía Inglesa de Vapores el día 14 de junio reporta al comando naval chileno que en el fondeadero de Arica da presencia el “Huáscar” y la “Pilcomayo”. Para mediados de junio el ambiente en Arica y Tacna era de relativa calma. Así lo expresa en su diario de campaña el coronel, don José Vicente Ochoa: “A momentos parece que todo se ha paralizado. Habrá razón para ello. La delicada suerte de tres naciones se juega en la contienda y es prudente que los beligerantes procedan con la mayor calma y madurez, a fin de no precipitarse en un abismo”. Lo que ocurría en la mente de los directores de la alianza se puede conocer por esta carta del General Jofré al General Campero: “Tacna, 19 de junio de 1879. Nuestra situación si bien no mejora visiblemente, no puede ser mejor en cuanto a expectativas y muy fundadas esperanzas. Entre tanto, nuestra resolución está tomada: No lucharemos contra los formidables e invencibles obstáculos del desierto. No lo atravesaremos para ir a estrellarnos contra las fortificaciones enemigas. Hasta un triunfo allí podría sernos fatal si no tenemos asegurada la comunicación marítima. Tenemos la seguridad más íntima de que esta comunicación estará bien pronto expedita, porque la escuadra peruana está terminando su nuevo alistamiento hasta en los detalles más insignificantes, y la chilena se resiente de graves averías”. El 20 de Junio llegan a Arica 54 jóvenes de las mejores familias de Lima con objeto de servir de escolta de honor al general Prado. Se llaman “Húsares de la Guardia”. El general Prado se dirige de inmediato con su flamante escolta a Tacna, varios oficiales y soldados bolivianos del “Murillo”, con el comandante de la “Legión Boliviana” al tener noticias del arribo de la comitiva peruana salieron a encontrarlos poco más allá de las goteras de Tacna. Entraron en conjunto lanzando vivas a Bolivia y el Perú. Al pasar por el alojamiento del general Daza éste salió a la puerta a presenciar su armónica marcha. Una hora después los húsares hacen la visita de estilo en su despacho al presidente boliviano. Entre el 22 de junio y el 28 de ese mes se suceden con mucha frecuencia los concejos de guerra o juntas de guerra, como también se les llamaba, entre los generales Daza y Prado, ambos mandatarios generales en jefe de sus respectivos ejército procuran imprimir disciplina, moralidad, y preparación en la tropa, la que se comenzaba a ver algo relajada por el ya largo y tedioso acuartelamiento que eran sometidos. Por fin el 29 de junio el general Daza visita en Pocollay a la división Cochabambina para pasar revista y comprobar si están en condiciones de entrar dignamente a Tacna y ser merecedores del elogio de la población tacneña. Al día siguiente el general Daza y el cuerpo de edecanes salen hasta el Alto de Lima a dar encuentro a la Cuarta División de tropas de Cochabamba, que desde hacía tiempo estaba disciplinándose en Pachía y Pocollay. A las 2 de la tarde hace su entrada en Tacna la gallarda fuerza de los batallones “Aroma”, “Viedma” y “Padilla”, 1.600 hombres comandados por el general Luciano Alcorza. La tropa boliviana al compás de sones marciales desfila ante su comandante en jefe, quien los observa con gran orgullo ante la expectación del pueblo tacneño. El 2 de julio llega a Arica parte de los fusiles pedidos a Nueva York. El general Daza dispone que al día siguiente se trasladen a Arica a recogerlos los regimientos “Paucarpata” de la Paz, el “Aroma” de Cochabamba, el “Dalence” de Oruro y los “Vengadores” de Colquechaca. Daza en persona les entrega las armas a sus soldados de elít; el acto provoca un entusiasmo indescriptible en las fuerzas bolivianas, al verse al fin con el arma en las manos después de los largos meses de entrenamiento y preparación sufridos.

Ya provistas de armamento las tropas bolivianas, a las 4 de la madrugada del 4 de julio en la “Pilcomayo” y el “Oroya” se embarca para Piragua la Tercera División boliviana compuesta de los cuatro batallones que recién habían sido armados. A las 7 de la tarde de ese día por el cable se recibe en Arica el aviso de que la división del país altiplánico había llegado a Pisagua sin contratiempo alguno. El general Daza aprovechando su estadía en Arica con motivo de la despedida de la división de su ejército en compañía de varios jefes y oficiales de los otros cuerpos que quedaban en la zona hacen un paseo a la isla del Alacrán, son transportados en la barca boliviana a vapor “Sorata”, esta embarcación se había traído desarmada desde el lago Titicaca hasta Mollendo, puerto donde se la puso en aguas del océano. El 6 de julio llega la segunda remesa del armamento adquirido en Nueva York, el mando boliviano dispone que sea repartido a pocos soldados del batallón “Sucre” que no tenían fusiles y a los del cuerpo de ametralladoras que habían cedido los suyos a los “Francotiradores” que habían partido días atrás para Iquique. Los generales Prado y Daza continúan sosteniendo largas conferencias en presencia sus respectivos secretarios, los generales Reyes Ortíz y Álvarez y del Contralmirante Montero. En una conferencia efectuada el día 9 de julio, el general Daza manifestó la necesidad de emprender de una vez la ofensiva, para lo cual deseaba trasladarse inmediatamente a Iquique. En tanto la opinión de Prado y Montero era que la tardanza perjudicaba a los chilenos y que, fuera de eso, si el ejército boliviano desocupaba Tacna todo el departamento quedaría expuesto a ser ocupado por fuerzas chilenas, cosa gravísima por ser la llave de comunicación entre el sur y el norte del Perú, entre el Perú y Bolivia. Después de largo debate el general Daza consintió en no sacar todas las tropas de Tacna, pero no en desistir de marchar a Iquique, porque consideraba necesaria su presencia en toda la línea donde tenía escalonadas otras tropas de su ejército, cuyas necesidades quería conocer y atender. La preocupación manifestada por Daza estaba motivada porque pronto llegaría al término de su período presidencial y que su única ambición, según sus dichos, era terminar pronto y con éxito la guerra; a fin dé dejar a su sucesor legítimo en la presidencia la soberanía boliviana intacta. El general Prado al oír esas palabras lo estrechó en sus brazos, encomiando su patriotismo y desprendimiento. Hizo notar la coincidencia de que el mismo mes de agosto del año siguiente ambos tendrían que dejar sus puestos. El 10 de julio el “Huáscar”, después de muchas correrías, fondea en la bahía de Arica. El Capitán Grau invita a bordo al presidente boliviano y peruano, hace una relación de sus actividades a los gobernantes de las naciones aliadas. Grau no se muestra satisfecho. Resalta a las ilustres visitas que le es difícil dar cañonazos certeros por la poca práctica que tienen sus artilleros. Por tal consideración a planificado para el día siguiente ejercicios de fuego. El comandante del heroico monitor señala las falencias por la escasez de buen carbón para las calderas como la falta de víveres para la tripulación. Los señores Murguía y Dubrinsson retornan a Arica de su misión al departamento de Tarapacá el 12 de julio, dando una cuenta parcial a su llega al general Prado y Daza, los militares comisionados informan a sus superiores que se habían internado hasta Santa Bárbara, muy cerca de los puestos de avanzada de los chilenos en el Loa, para los días siguientes queda programada una minuciosa relación del teatro en que se desarrollará la campaña con la presencia de todo el alto mando aliado. El 14 de julio se traslada a Tacna el alto mando boliviano con motivo de la celebración de una ceremonia en donde el general Daza en persona reparte armas a los tres cuerpos que formaban la “Legión Boliviana” (“Murillo”, “Vanguardia” y “Libres del Sur”) y al “Aroma 2” de Cochabamba. La moral del ejército boliviano en Tacna es optimo, el 15 de Julio tiene un especial significado para las tropas bolivianas acantonadas en Tacna, esa noche las autoridades de la ciudad y los mandos militares dispusieron una gran iluminación y una retreta especial en el cuartel del batallón “Murillo”, por ser vísperas de las efemérides cívicas de La Paz. A las 12 de la noche la banda del escuadrón “Vanguardia” y una orquesta organizada por jóvenes de la misma unidad dan una serenata a los “Murillos”, los festejos duran hasta altas horas de la noche donde no faltó la “chicha de maíz” ni el aguardiente de caña de azúcar, “cocoroco”. En la mañana siguiente día del aniversario paceño, 16 de julio, en la calle donde estaba el cuartel del batallón “Murillo” se efectúa una misa solemne, con asistencia del Capitán General Hilarión Daza y todos los cuerpos bolivianos de guarnición en Tacna. A las dos de la tarde se hizo columna de honor ante los pabellones boliviano y peruano, para luego realizar una procesión patriótica. Se pronunciaron varios discursos, una compañía del “Vanguardia” y otra de los “Libres del Sur” hicieron la guardia de honor en el cuartel del “Murillo”. El subprefecto de Tacna declara feriado el día e invitó a un banquete en su casa a las autoridades bolivianas y peruanas que se encontraban en la ciudad, el general Prado y su Estado Mayor llegaron a las 5 de la tarde para saludar al gran día paceño. Concluyeron los

festejos con fuegos artificiales con elevación de globos y una función dispuesta por el batallón “Murillo”, seguida de una gran retreta. El 17 de julio se recibe la noticia de que los chilenos habían bombardeado Pisagua e Iquique matando a una sola persona e hiriendo a otra, causando bastantes daños materiales en ambos puertos. Ese mismo día a las 03:00 Hrs. A.M., el “Huáscar” en compañía de la “Unión” zarpan rumbo al sur por instrucciones del mando superior de la guerra, con el fin de hostilizar las operaciones chilenas sobre Antofagasta. En tanto en Tacna el 19 de julio el presidente boliviano recibe el correo desde Bolivia, las noticias que le llegaban desde la capital de su país no eran para nada agradables para el ánimo de dictador boliviano, pues se le informaba que el Consejo de Gobierno encargado del poder ejecutivo en su ausencia, por favorecer al circulo de confianza de los consejeros, había pagado a diestra y siniestra sueldos devengados de los servicios eclesiásticos y de otros géneros, distrayendo así preciosos fondos que necesitaba urgentemente el ejército estacionado en Tacna y Tarapacá, como asimismo para los formación de nuevos cuerpos. El 20 de julio se realiza conferencia de guerra en Arica, el presidente boliviano y comitiva visitan las instalaciones que se ejecutaban en la isla del Alacrán. En Tacna el 21 de julio ocurre un incidente más o menos grave en el cuartel de los “Colorados”, el mayor Samuel Meza, del batallón “Daza” (Colorados), estando de capitán de guardia, fue reprendido ásperamente, por alguna falta, por el comandante de la unidad, Coronel Murguía, que llegó hasta a darle bastonazos. Meza corrió a su alojamiento, sacó un revólver, volvió al cuartel y descargó contra su jefe un tiro y otro contra sí mismo. Ambos tiros erraron. Este incidente incomodó mucho a la plana mayor boliviana, porque sentían que empañaba el honor y la moralidad del ejército boliviano. El mayor Meza quedó detenido y sometido a Consejo de Guerra. El general Prado cumpliendo su promesa al general Daza dispone todo lo necesario para que este haga una revista a los lugares de concentración de las fuerzas aliadas de Tarapacá, estando todo dispuesto el 22 de julio a las 7 y 30 de la mañana, el presidente boliviano, el Secretario General y los empleados de la secretaría, se embarcan en el “Pilcomayo” con rumbo a Pisagua. Siete largas horas de navegación de navegación tenían hasta arribar al puerto salitrero. Los vigías del buque que transportaba al mandatario boliviano al medio día avistaron un buque. Creyéndoselo enemigo se puso el “Pilcomayo” en pie de combate al toque de zafarrancho. La alarma resultó falsa, el buque en cuestión resultó ser el “Pacífico” de la “'Pacific Steam Navegatión Company”. (los vapores de esta empresa hacían viajes bisemanales desde Chile hasta Panamá, haciendo escalas en los puertos de Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. Su servicio no se interrumpió por la guerra). La delegación boliviana arriba a Pisagua a las 3 y 30 de la tarde. La perspectiva que ofrecía es puerto a los ojos de los visitantes era de lo más desconsoladora que se puede imaginar. Dos terceras partes, sobre todo la parte norte, que era la principal, habían sido destruidas por las bombas chilenas. No se veía más que cenizas. La delegación toco tierra con el saludo protocolar de las autoridades militares y de puerto disponiéndose para la mañana siguiente comenzar la visita a los lugares donde están las divisiones de ejército boliviano y los cuerpos peruanos. Por otro lado el “Huáscar” y la “Unión” cumpliendo con su misión en la madrugada del 23 de julio sorprenden poco más al norte de Taltal, sin ningún resguardo al transporte chileno “Rimac” que llevaba a bordo con destino a Antofagasta al regimiento de caballería “Carabineros de Yungay” de 258 plazas incluido quince jefes y oficiales, su comandante era el teniente coronel don Manuel Bulnes Pinto, hijo del ex presidente de Chile y héroe de Yungay en la guerra contra la Confederación Perú Boliviana, Manuel Bulnes Prieto, también componía el cuerpo de oficiales de este regimiento otro hijo del héroe de Yungay el sargento mayor don Wenceslao Bulnes Pinto, el transporte apresado traía 215 caballos del regimiento, una gran cantidad de carbón, armamento, proyectiles, forraje, etc. La caza duró cuatro horas aproximadamente el capitán del buque era don Pedro Lautrop, según parte de guerra de capitán de navío don Miguel Grau, sin embargo el parte enviado al Comandante General de Marina de Chile, desde Arica el 25 de Julio de 1879 iba firmado por el capitán de Navío don Ignacio Luis Gana,[4] en este documente en su parte final el oficial de marina chileno escribe: “Los señores jefes del “Huáscar” y de la “Unión” han manifestado sus respetos al que suscribe por la impasible tenacidad de la resistencia del “Rimac” al momento de ser prisionero. Y de tratar a mis compañeros de desgracia con toda consideración y humanidad. Ello ha sido cumplido con una elevación tal, que honra al Presidente del Perú, a sus subalternos y al pueblo de Arica, que nos vio desembarcar a las 2 P.M sin la más leve demostración de jubilo o enojo.

La tropa se halla en un cuartel, los marinos repartidos en varias partes. Los oficiales han sido alojados en el cuartel de la guardia de honor. A petición de los señores oficiales de este cuerpo y los jefes, hemos sido detenidos en casas particulares, cuyos moradores se empeñan con sus atenciones por aliviar nuestra mala fortuna. Antes de terminar expondré a US. que la conciencia de cuantos habíamos a bordo, está tranquila. Se ha hecho lo mejor en tan odioso trance.” Según el corresponsal del diario “El Comercio”, otro testigo presencial de la entrada del transporte “Rimac” a Arica aquella mañana del 25 de Julio de 1879, describe el acontecimiento señalando que el buque chileno entra al fondeadero del puerto a las 9:30 Hrs. A.M., escoltado por el monitor “Huáscar” seguido por la corbeta “Unión”, en el mástil del palo de mesana de la corbeta “Unión” se izó la bandera de Chile invertida con su estrella hacia abajo y sobre esta estaba el pabellón rojiblanco del Perú, acto según algunos habría sido ordenado por el comandante de la “Unión” capitán de navío don Aurelio García y García, suceso que concitó el rechazo del capitán Miguel Grau comandante del “Huáscar” y jefe de la división naval, según el corresponsal del periódico limeño, al anunciarse la entrada del buque prisionero, se dispararon salvas de honor para las tripulaciones de los buques peruanos que regresaban triunfantes de la incursión a las costas antofagastinas, se echaron las campanas al vuelo en señal de victoria, la población se arremolinó en el muelle saludando a los buques victoriosos con pañuelos blancos, muchas banderas bicolores del Perú y en menor número se vieron algunas banderas de Bolivia el pueblo y muchos soldados de franco se agolpaban en el desembarcadero con la curiosidad de ver descender a los temidos chilenos, que la propaganda belicista peruana los presentaba como “hordas bárbaras de araucanos” dispuestas a cualquier ultraje, la espera de los curiosos para ver a los prisioneros fue aproximadamente de tres horas, fue larga pero no tediosa, ya que se desembarcaron primero la caballada que era de primerísima calidad, llamando la atención en particular de la oficialidad aliada, para algunos este hecho constituyó una agravio más que se les quiso inferir a los chilenos, al hacer descender el ganado antes que a los prisioneros. Para los expectantes ariqueños que esperaban ver desembarcar las hordas que les habían representado la propaganda oficial la sorpresa fue mayúscula cuando vieron desembarcar a los prisioneros en perfecto orden y disciplina, pero siempre bajo la atenta vigilancia de sus aprehensores, el regimiento “Carabineros de Yungay” considerado un cuerpo de elite lucía los vistosos uniformes de la caballería chilena, los marinos iban ataviados de sus uniformes de parada, lo que había sido autorizado por el comandante provisorio del “Rimac”, capitán de fragata de la Armada del Perú don Manuel Melitón Carvajal; los prisioneros con mucha dignidad encabezados por su jefe el comandante don Manuel Bulnes tomaban formación en el sector de la marina como si fuesen a presentarse a una parada militar, no hubo insultos ni injurias por parte de los curiosos ariqueños que les observaban, si se escuchaban muchos vivas al Perú, vivas a Bolivia, vivas al capitán Grau y sus marinos. Los prisioneros fueron conducidos al interior de los patios del recinto de la Aduana, donde pasó revista a la formación de prisioneros el Supremo Director de la Guerra, el general Mariano Ignacio Prado, concluida la cuenta se ordenó trasladar a los prisioneros soldados de caballería al cuartel “San Francisco”[5], la marinería fue repartida en varios recintos de reclusión, la oficialidad se le destino al cuartel de la Guardia de Honor del Supremo Director de la Guerra, a los comandantes Bulnes y los Jefes navales, Lautroup y Gana se les detuvo en el hotel “Colon” con cortesía pero con estricta vigilancia. La captura del transporte “Rimac” tuvo un efecto psicológico importante para la población ariqueña que desde el comienzo de las hostilidades había visto totalmente alterada su vida cotidiana por el gran número de soldados estacionados en sus lares, por los movimientos logísticos que fluían por el puerto llevando y trayendo pertrechos de guerra, además de toda la actividad que significaba la instrucción de los batallones de reclutas de ambas naciones aliadas que por esa época se consideraban en unos seis mil peruanos y cuatro mil bolivianos. El triunfo de la Armada peruana crea en la población de Arica un espíritu de triunfalismo que redundó el esfuerzo patriótico de todos los individuos que la formaban sin distingo de clases sociales, les permitió soportar de mejor forma los primeros meses de guerra y llevar la dura carga que implicaba ser centro de operaciones del Cuartel General Aliado, el espíritu triunfalista también se apodero de los Jefes aliados y de la tropa en general, para los más veteranos la guerra con Chile se les presentaba como una más de sus actividades revolucionarias de las aventuras de cuartelazos y golpes de Estado que habían sido tan frecuente en la vida republicana de las naciones aliadas, este espíritu de triunfo sólo desaparecerá con la captura de monitor “Huáscar” en Angamos y terminara por completo con la perdida del Departamento de Tarapacá, el ambiente de superioridad sobre los chilenos persistiría en los meses siguientes a la captura del transporte chileno “Rimac”, esta percepción de los aliados nacía del hecho que a pesar de la

reconocida inferioridad numérica de la Armada peruana y el bloqueo casi permanente del puerto de Iquique el mando aliado había logrado seguir con el apertrecheramiento y concentración de tropas en Tarapacá. En tanto, paralelo a los acontecimientos de la guerra en el mar el comando aliado sigue con sus preparativos bélicos en tierra, así el 24 de julio, la delegación boliviana con el general Daza a la cabeza llegaba al campamento del Hospicio lugar ubicado en las alturas del acantilado de la rada de Pisagua, donde acantonaban los batallones “Victoria” e “Independencia” de La Paz. La delegación presidencial les cancela sus haberes y se les reparten camisas, zapatos y frazadas. Al siguiente día, el 25 de julio, por tren el general Daza y comitiva se dirige a Agua Santa donde se encontraban los batallones “Aroma 1” de Cochabamba y “Vengadores” de Potosí (Colquechaca), a los que se les distribuye lo mismo que a los otros cuerpos: dinero, camisas, frazadas y zapatos. La revista presidencial boliviana sigue el 26 de julio saliendo a las 9 de la mañana de Agua Santa por carretera. la delegación de autoridades bolivianas por vez primera siente lo que es el desierto tarapaqueño al tener que atravesar largas pampas salitrosas les parece que pesara la maldición de Dios por esos territorios: inmensos, arenosos, estériles. Como a las 3 y 30 p.m. arriban a Pozo Almonte, donde daba guarnición el batallón “Bolívar”. El 27 de julio Daza y su gente salen por tren de Pozo Almonte para dirigirse a San Juan donde se encontraban acantonados los batallones “Paucarpata 2” de La Paz y “Dalence” de Oruro. El Capitán General Daza les entregó personalmente la ropa y el dinero. Luego se dirigen al Molle donde revistaron a los batallones peruanos “Zepita”, “Arequipa”, “'Ayacucho”, “2 de Mayo” y una unidad de artillería. Los jefes peruanos obsequiaron un almuerzo al mandatario de Bolivia. A continuación una vez terminados los agasajos, los que no estuvieron exentos del buen vino de Matilla la delegación emprende la marcha hacia Iquique en cabalgaduras ya que la escuadra chilena no dejaba pasar el tren hasta la ciudad. Al atravesar la ladera de bajada que domina el mar el presidente boliviano y su comitiva, con cólera imposible de reprimir mira a los barcos chilenos “Blanco Encalada”, “Magallanes”, “Abato” y “Lontué” que sostenían el bloqueo del puerto. El general Buendía, comandante de las fuerzas de todo el departamento de Tarapacá, el prefecto y varios vecinos del puerto salieron al encuentro de la comitiva presidencial boliviana en la llanura de Cavancha. Fueron recibidos con muchas demostraciones de entusiasmo y cariño. Las calles estaban embanderadas y llenas de gente. Una vez en la casa de Buendía el general Daza, desde el balcón; pronunció un altisonante y patriótico discurso ante un importante gentío. Enseguida habló el general Buendía. En la noche hubo comida suntuosa y muchos brindis y también retreta, además del recibimiento del mandatario aliado era la víspera del aniversario patrio del Perú. El aniversario cívico del Perú, conmemorado el 28 de julio, comenzó con una misa solemne en la iglesia “Matriz”, terminado el oficio religioso se realizó un desfile militar de las fuerzas estacionadas en el puerto: batallones “Cuzco”, “Cazadores de la Guardia”, “2 de Mayo” del Perú y el batallón boliviano “Loa”. Terminado el acto cívico militar, las autoridades asisten a un almuerzo ofrecido por el general en jefe de las fuerzas aliadas de Tarapacá general Juan Buendía. Como a las, 5 y media continuaban los festejos en casa del general Buendía, amenizada la fiesta por bandas de música. Reinó la mayor cordialidad entre los asistentes y hubo muchos brindis, el pueblo festejaba en las calles y en la plaza una gran retreta. Al día siguiente de los festejos el general Daza y su comitiva visitan a los prisioneros chilenos de la “Esmeralda”, los que se encontraban en el edificio de la Aduana. El mandatario de Bolivia les hizo ofrecimientos de amistad y asistencia, la opinión llevada por los visitantes fue que estaban muy bien tratados. Ese día el general Daza hace revista en el cuartel de los “Francotiradores” y en el del “Loa”. El 30 de julio el presidente boliviano sale de Iquique acompañado de una numerosa cabalgata. La caravana vio esa madrugada como los barcos chilenos se dirigían a su fondeadero de costumbre. Después de una hora en Molle, sustituyen las cabalgaduras para llegar en segunda posta hasta San Juan, en esa localidad nuevamente se hace cambio de animales, con los que llegan a San Lorenzo, donde estaban estacionados los batallones “'Illimani” de la Paz y “Olañetá” de Sucre. Ha estas tropas también se les repartió dinero, calzado, camisas y frazadas. El general Daza, según su costumbre se encierra solo con los soldados para conversar con ellos y conocer sus necesidades. Con esa última revista termina la visita a las dos divisiones escalonadas en el departamento de Tarapacá. El 1 de agosto el general Daza y comitiva en coches, carricoches y carretas cruza el inmenso desierto, llegando a Agua Santa, tras un breve descanso continúan el avance entre una espesa niebla, que en la zona

es llamada “camanchaca”, llegan a Hospicio a las 3 de la tarde. En Pisagua estaban los vapores comerciales “Valdivia” que pasaba al sur y “Santa Rosa” que iba al norte. El general Daza resolvió embarcarse en este último para volver a Arica. Hubo alguna oposición por tratarse de barcos neutrales. Después de salvar las dificultades, se consiguieron los pasajes. El capitán del buque acepto embarcar de incógnito el general Daza, el Secretario General, el Secretario Privado, el cirujano privado Mendizábal al miembro del Estado Mayor coronel Ochoa, sin que se enterase nadie de la tripulación. Dejando a los demás miembros de la comitiva en Pisagua, en vista de que el traje militar que llevaban no les permitía tomar pasajes. El capitán de origen inglés temía la presencia de un barco chileno y la equiza del buque y el apresamiento del general Daza y sus acompañantes. La nave que llevaba al general Daza zarpa como a las 9 de la mañana, a las 11 es avistado un vapor que proporcionó momentos de nerviosismo entre los pasajeros y tripulantes del “Santa Rosa”, pero pronto volvió la calma al darse cuenta que se trataba del “Valdivia” de la “'Pacific Steam Navegatión Company” que salía a alta mar en línea paralela al “Santa Rosa”. La comitiva presidencial boliviana desembarca en Arica como a las 7 y 30 de la noche. El general Daza fue visitado por, el Presidente Prado y el Contralmirante Montero, seguido directo por tren a Tacna. El 6 de agosto Aniversario patrio de Bolivia. Los festejos se iniciaron la noche de la víspera con una retreta en la plaza principal de Tacna. Para el día 6 se ordena embanderamiento genera en Tacna y Arica, se multiplican las banderas de ambos países aliados. Los festejos se iniciaron con dianas y salvas de ordenanza al amanecer. A las 8 de la mañana todo el ejército asiste a una misa en la calle de la Alameda. A las 11 A.M. se pasó revista y hace columna de honor delante del Capitán General Hilarión Daza. El Contralmirante Lizardo Montero llega presidiendo la delegación peruana que va a felicitar al general Daza en representación del Presidente Prado, que no pudo concurrir hasta Tacna. El general Daza ha obsequiado 200 bolivianos a cada uno los tres cuerpos de la “Legión Boliviana” para el festejo de este día y ha ordenado que se cancelen los haberes devengados del ejército. Terminan los festejos de noche con una retreta en la plaza y fuegos artificiales. El 7 de agosto de 1879 arriba al puerto de Arica el monitor “Manco Cápac” que había salido del Callao seis días antes, esta nave de guerra había sido remolcada hasta Arica por el transporte “Oroya” e hicieron convoy con el transporte “Talismán”, protegió el convoy la corbeta “Unión”, así quedaría el monitor como pontón defensivo hasta su hundimiento el día 7 de junio de 1880, el monitor tenía poca capacidad marinera y el estado de sus calderas era pésimo, su gemelo el monitor “Atahualpa” quedaba en la misma condición el puerto del Callao. Durante los meses de agosto y septiembre, el “Huáscar” en compañía de la “Unión” se transformaban en verdaderos buques fantasmas para los chilenos, el monitor peruano comandado por el flamante contralmirante Miguel Grau, recién lo habían ascendido, aparecía y desaparecía ante la vista de los buques de guerra chilenos, logrando siempre llegar bajo el manto protector de las baterías de su base en Arica, la estrella de Grau comenzó a eclipsarse cuando las autoridades chilenas decidieron reestructurar el mando de la Armada, esta determinación radical fue lo que permitió cambiar la estrategia naval, uno de sus efectos fue la suspensión del bloqueo de Iquique, asimismo otra medida que se ordenó fue la de efectuar todo un plan de reparaciones, mantención y mejoramiento de la flota de guerra del país. El “Huáscar” sale por última vez del puerto de Arica enarbolando la bandera peruana y comandado por el contralmirante Grau el 30 de septiembre de 1879, zarpa con la misión de convoyar hasta Iquique al Transporte “Rimac” ahora con bandera peruana, y de ahí continuar al sur en compañía de la “Unión” con el fin de seguir hostilizando el tráfico de pertrechos y tropas que efectuaba Chile desde Valparaíso a Antofagasta, en los primeros días de octubre una vez más la escuadra chilena se cruzaba con el escurridizo “Huáscar”, el 3 de octubre la escuadra chilena se encontraba a 60 millas mar afuera de Arica, a la cuadra del paralelo 18º, la escuadra chilena el día 4 del mes de octubre comienza su aproximación al puerto de Arica con el fin de realizar un ataque con lanchas torpedos, el ataque fue un fracaso, las lanchas fueron soltadas a mucha distancia de su objetivo, el mando chileno decidió entones hacer un ataque directo, pero al aproximarse a Arica verificaron que ya no estaba en el fondeadero ni el “Huáscar” ni la “Unión”, sólo se encontraba entre una serie de buques mercantes de distintas banderas la cañonera peruana “Pilcomayo”, estas acciones del día 5 de octubre concluyeron cuando el comando chileno ordena dar vela al sur, al estimar inoficioso la ejecución de un ataque de esta naturaleza a un barco menor como era considerada la cañonera “Pilcomayo”, al ver esta acción el capitán del buque peruano se desprende entre los buques neutrales que le servían de escudo protector y dispara sus fuego contra la corbeta “O’Higgins” que se encontraba más próxima, se produce el intercambio de disparos sin ningún riesgo para ambas naves; al ver el capitán de la “Pilcomayo” que se aproximaba el buque chileno y considerar la mayor potencia bélica de la nave chilena decide buscar nuevamente refugio entre los buques fondeados

en la bahía de Arica y protegerse al amparo de las formidables baterías del Morro. Terminadas esas acciones la escuadra chilena toma rumbo sur y comienza la historia a poner en su lugar a cada uno de los actores que participaran de uno de los hechos bélicos clave de la guerra del pacifico, concluyen estos sucesos con la muerte del brillante y noble marino don Miguel Grau, y con la gloriosa captura del hasta entonces invencible “Huáscar”, por parte de la división naval comandada por el insigne marino chileno capitán de corbeta, mas tarde Almirante, don Juan José Latorre, la sita fue en las aguas de Angamos. La noticia funesta para las armas del Perú, llegó a Arica el día 9 de octubre, la información del acontecimiento fue traída al puerto por marinos de un buque de bandera inglesa de la carrera, al correr el rumor por la zona del muelle la gente comenzó a arremolinarse, todos querían averiguar sobre la veracidad de la hablilla que llegaba a sus oídos; a cada momento crecían los detalles con el agregado que cada cual daba a su imaginación, al ver tanto alboroto las autoridades requirieron de la información al capitán del buque inglés, quien confirmó los relatos de los hombres bajo su mando, como a la hora de conocida la noticia arriba al puerto la corbeta “Unión”, dando su comandante capitán García y García el informe oficial. Arica cayo en una suerte de depresión colectiva, las campanas se echaron al vuelo con un tañer de duelo, las mujeres lloraban, los soldados desconcertado esperaban la reacción de sus Jefes, los habitantes de Arica, como era su costumbre en toda ocasión de angustia concurren al templo de San Marcos, se rezan plegaria por los caídos casi ininterrumpidamente hasta la mañana siguiente, aquella noche Arica se veía más oscura que nunca, al día siguiente las casas amanecieron con crespones negros en sus puertas en señal de duelo, el barco invencible y su comandante ya de leyenda había sucumbido, el mar era ahora de los chilenos. · Combates y Bombardeos de Arica

Con la captura del “Huáscar”, el mar quedó bajo el dominio de la Armada de Chile, en consecuencia el siguiente paso lógico en el desarrollo de la guerra era la invasión de las tropas chilenas al litoral tarapaqueño, esto lo sabía perfectamente el comando así lo expresa en su diario de campaña el miembro del Estado Mayor boliviano coronel José Vicente Ochoa; “Octubre 31: Debemos perder definitivamente la esperanza de adquisición de nuevos blindados, idea que con tanta ilusión tienen nuestros directores de la guerra. Por pruebas dadas, la situación fiscal y el crédito del Perú y Bolivia no sé prestan una operación de tal género. Además de que es muy difícil comprar buques de guerra y todavía más difícil traerlos a tiempo para impedir los progresos bélicos de Chile. El dominio de los mares es pues de nuestro enemigo y de ello se desprenden consecuencias desastrosas”. Al comando aliado sólo le faltaba saber cual sería la determinación del mando militar chileno sobre el lugar de invasión del territorio de Tarapacá. Por esto el General Prado adopta un plan estratégico para enfrentar la invasión chilena a territorio peruano, el que consistía en defender los posibles puntos de desembarco al sur como al norte del puerto de Iquique, ya que se consideraba que este puerto estaba lo suficientemente protegido y que cualquier intento de desembarco de tropas enemigas en sus costas simplemente seria un acto en extremo temerario. El posible lugar de desembarco al sur de Iquique fue fijado en la caleta de Patillos, dada la facilidad de acceso a pozos de agua y ferrocarril al interior que poseía esta caleta, se responsabilizó la defensa de este punto a la división comandada por el general boliviano Carlos Villegas, por otro lado, el lugar más seguro al norte de Iquique en que las tropas chilenas desembarcarían se presumió el puerto de Pisagua, esta plaza quedó a cargo del general boliviano Pedro Villamil con el refuerzos de tropas peruanas de infantería y de artillería bajo el mando del coronel Isaac Recavarren, por último previniendo un posible ataque terrestre por el sur de las fuerzas chilenas a través del desierto, por parte del batallón al mando del coronel Pedro Lagos que se encontraba de guarnición en Quillagua, se destinó en la localidad de Monte Soledad a la división bajo el mando del coronel Mori Ortíz, el comando en jefe de Tarapacá estaba en las manos del viejo general Juan Buendía, siendo su jefe de Estado Mayor el coronel Belisario Suárez, el grueso de las fuerzas aliadas se concentraron en “La Noria” y “Pozo Almonte”, dejando sólo una guarnición de 900 hombres en Iquique a cargo del coronel José Miguel Ríos, como medida precautoria con el objetivo de mantener abiertas las líneas de comunicación y logísticas con el puerto, por último el Supremo Conductor de la Guerra, el general Prado, dispuso el avance hacia el sur de las tropas bolivianas acantonadas en Tacna y que estaban bajo el mando del general Daza, el objetivo era conjuncionar con las tropas del general Buendía en Dolores o Jazpampa y de este punto devolver al mar a los chilenos, así quedó completo el plan defensivo aliado.

Las acciones bélicas en el Departamento de Tarapacá se desarrollan a partir del desembarco de las tropas chilenas en Pisagua el 2 de noviembre de 1879, teniendo como hitos más importantes de la campaña en este territorio además del desembarco de Pisagua; las batalla de pampa Germania el 5 de noviembre, la ignominiosa retirada sin combatir hacia Arica del presidente de Bolivia general Hilarión Daza con sus tropas desde la cuesta de Camarones el día 18 de ese mes, la batalla de Dolores o de San Francisco ocurrida el 19 de noviembre, la rendición de Iquique el día 23, y concluyendo las operaciones militares con la batalla de Tarapacá el 27 de ese mes de 1879, esta última acción de guerra que fue favorable a las armas peruanas pero que no tuvo ninguna importancia desde el punto de vista militar, las tropas de Buendía siguieron su retirada hacia Arica por los caminos de la precordillera, abandonando el Departamento de Tarapacá que quedará definitivamente bajo la soberanía chilena. La noticia en Arica del desembarco chileno en Pisagua el 2 de noviembre, produjo una inmensa desazón, estado de ánimo en los ariqueños que permanecía desde la perdida del “Huáscar” ocurrida a poco menos de un mes, una vez pasado los primeros momento de pánico de la población y desconcierto en los mandos militares ante la poca resistencia presentada por los defensores de Pisagua, el Supremo Director de la Guerra convoca a un Consejo de Guerra para el día 4 de noviembre en el que participan los dos presidentes de las naciones aliadas y los más altos jefes militares, en este Consejo se acuerda efectuar la concentración de 9.000 hombres el la quebrada de Camiña, para de ahí bajar a Jazpampa y hacer frente a los chilenos hasta expulsarlos de Pisagua, las fuerzas bajo el mando de Buendía debían marchar al norte desde La Noria pasando por Agua Santa y Dolores para converger en Camiña, una vez reunidas las fuerzas aliadas en este poblado el Comando en Jefe de las fuerzas lo asumiría el general Daza. Puesto en ejecución el plan, el día 9 de noviembre a partir de las 9 de la mañana los batallones “Pichincha”, “Puno”, “Lanceros de Torata”, el “Guías” y “Arica”, y demás que hacían guarnición en el puerto formaron con sus respectivas bandas en la explanada que iba desde la Aduana al Ferrocarril, el pueblo se congregaba en el área, el gran alboroto era por la llegada desde Tacna vía ferrocarril de las tropas bolivianas que irían a combatir a los chilenos a Tarapacá. A las 11 de la mañana, el Presidente Prado, a caballo en compañía del almirante Montero, con todo el cuerpo de edecanes y ayudantes, todos ataviados con sus uniformes y entorchados de parada recorren en revista toda la línea de formación, era una gran fiesta militar, a la que eran tan adicto los mandos aliados, a las 11:15 A.M. hizo su aparición el primer tren en el que venía el general Hilarión Daza con el batallón de los “Colorados” y parte del batallón de los “Amarillos”, la máquina que arrastraba al convoy venía engalanada con las banderas de Bolivia y de Perú, detenido en el anden el tren, irrumpe la banda peruana con el himno de Bolivia, gesto que contó con la respuesta inmediata de la banda boliviana una vez descendida de los vagones ferroviarios y formada para rendir honores, interpreta el himno del Perú, con efusivos abrazos y golpeteos de espalda se saludan los presidentes y sus respectivos séquitos de edecanes y ayudantes, los que no eran pocos en número, exultante la multitud lanzaba vivas al Perú, vivas a Bolivia y vivas a la Alianza, la muchedumbre lanzaba también efusivos gritos de alabanzas para los generales Prado y Daza, el segundo tren hace su arribo a la estación minutos mas tarde, trayendo al resto del batallón de los “Amarillos” y a la totalidad del batallón de los “Verdes”, la denominación de estos batallones era por el color de sus uniformes y que correspondían a los colores de la bandera boliviana. Una vez formados los batallones bolivianos se dio inicio al desfile, tomando ubicación los altos dignatarios en las gradas de acceso del edificio de la Aduana, abría el desfile el batallón de los “Colorados” que era el predilecto del general Daza, estaba formado por soldados escogidos todos veteranos de cuanto cuartelazo había ocurrido en la última década en el país altiplánico, comandaba este batallón el general Murgia, en segundo término iban los “Amarillos” encabezados por su banda, cerrando el desfile de las tropas boliviana el batallón de los “Verdes”, a continuación desfilan las tropas peruanas encabezadas por el batallón “Pichincha” cerrando el desfile una compañía de “Celadores”. Concluido el desfile las autoridades celebran un banquete en los salones de la casa de la Subprefectura, a las tropas se les dio un rancho de celebración en los cuarteles que les fueron asignados, la tarde fue ocupada por la tropa boliviana y sus jefes en visitar los buques “Unión” y “Manco Cápac” surtos en la bahía; a las 6:00 P.M. llegan dos trenes procedentes de Tacna con cinco batallones, estos eran: el “Viedma”, “Padilla”, el “Murillo”, “Libres del Sur” y el “Vanguardia de Cochabamba”; con lo que se completaba el traslado del ejército boliviano acantonado en la ciudad del Caplina, estas tropas estaban vestidas con uniformes de lana tejidos y teñidos en Bolivia, no calzaban zapatos sino hojotas, las cuales les eran mucho más cómodas para las largas caminatas, por ser la hojota el calzado habitual de estos soldados en su vida civil, el armamento que usaban las tropas bolivianas era “Remintong”, Daza al

recibir sus últimos contingente, rayaba en el frenesí señalaba a sus interlocutores que sus fuerzas “Eran tropas de metérselas al diablo”. El pueblo de Arica vivió un verdadero día de fiesta, parecía que celebraban anticipadamente la victoria, ante tanta exaltación de patriotismo y adulaciones mutuas de los máximos jefes militares aliados. El día 11 de noviembre Daza emprende la marcha al sur remontando la cuesta Acha llegando a Chaca al medio día del 12 donde se da un descanso para continuar la marcha a Camarones en la madrugada del día 13, a esta última localidad llega el día 14 cubriendo la distancia entre Arica y el valle de Camarones en cuatro jornadas de 22 Km. cada una aproximadamente. El general boliviano hace un alto para esperar la rezagada artillería y los bagajes que también venían retrasados enviando una avanzada a Tana compuesta por un piquete de caballería integrado por el escuadrón del coronel peruano Gregorio Albarracín más unos cuarenta jinetes de su guardia personal completando la patrulla de exploración un pelotón de unos 200 infantes. El 18 de noviembre, Daza da vuelta la espalda y regresa a Arica, habiendo pasado la noche anterior en la quebrada de Tana, donde se habían producido en las cercanías algunos contactos con avanzadas de exploración chilenas, el coronel Eliodoro Camacho a pesar de estar de acuerdo con la retirada desde Camarones representó al presidente boliviano la necesidad de proseguir la marcha, a lo menos por decoro, pero no fue escuchado. Por esos días de noviembre llegaban a Arica familias procedentes de Pisagua y de Iquique a refugiarse al amparo de la plaza que se suponía la más fortificada del Pacifico sur oriental, a decir de un corresponsal de un diario limeño destacado en Arica “era desgarrador ver el espectáculo que presentaban estas personas en la explanada del muelle... ” estas familias se habían embarcado rumbo al norte en buques de nacionalidad inglesa o italiana, llevando escasamente lo indispensable para su subsistencia, muchos de ellos se cobijaron en terrenos baldíos existentes entre las casas de la ciudad, los que habían quedado así después del terremoto de 1877, se protegían bajo precarias carpas proporcionadas por el ejército, o ramadas que en forma solidaria habían construidos soldados en sus ratos de franco, Iquique quedaba desolado todos luchaban por emigrar, el último embarque de personas se produjo el mismo día 23, día de la rendición de ese puerto, se calculó en unas 1.300 almas que se embarcaron rumbo a Arica y el Callao. El general Mariano Ignacio Prado, Supremo Conductor de la Guerra, recibe como un verdadero mazazo en la cabeza la derrota de Dolores y la rendición de Iquique, el presidente peruano se da cuenta que tenía perdido el Departamento de Tarapacá, su estado de animo no debe haber sido peor ya que en conjunto con los estrepitosos fracasos en la guerra, se sumaba la inestabilidad política que ya se hacia sentir por todos los rincones de Lima, con el escenario de desmoralización generalizado decide partir a la ciudad de los Virreyes el 25 de noviembre, lo que ya parecía casi una fuga, al momento de embarcar el mandatario rumbo al Callao ve como llegaban al puerto los refugiados de Iquique, que en forma dramática se presentaban antes sus ojos como el corolario del drama en que se había visto envuelto por los predicadores de la guerra, en especial los mas radicalizados, los civilistas. El triunfo aliado de Tarapacá, sólo fue un efímero alivio sociológico para la atribulada población civil de Arica, y para los desconcertados mandos aliados, se sabía que las mesnadas aliadas marchaban en éxodo rumbo al puerto, recorre el desmoralizado ejército del general Buendía 360 Km. en inclemente caminata, esta penosa travesía duró 20 días, el día 18 de diciembre de 1879 llegan a las proximidades de Arica por la quebrada de Acha, el almirante Montero jefe militar de la plaza había enviado en días anteriores algunos socorro para el malogrado ejército, por lo que estaba ya en conocimiento de la proximidad de la llegada a Arica del general Buendía y sus malogradas huestes; ese día de diciembre de 1879 el almirante con una formación de unos 500 hombre de infantería un escudaron de caballería de 200 individuos y con todos sus edecanes y ayudante se ubica en la pascana de Saucahe donde se bifurcaba el camino al valle de Azapa y el camino a la quebrada de Chaca. El general Buendía al divisar tan numerosa comitiva que le esperaba para su recibimiento hizo un pequeño alto para ordenar las filas y para que los soldados y jefes pudiesen presentar sus ajados uniformes de la forma mas digna posible, ante lo que suponían una afable recepción, al faltar unos 500 mt. para que llegase la cabecera de la columna precedida por el general Buendía y su Estado Mayor, el almirante Montero ordena al corneta de órdenes tocar el alto, la sorpresa para el derrotado general no fue menor, enseguida el marino da orden a la infantería de hacer formación cerrando el camino de acceso a la ciudad, acto seguido acompañado de sus edecanes y de los 200 jinetes se aproxima hacia el conmovido general, el coronel Suárez jefe del Estado Mayor del ejército de Tarapacá le observa al oído a su jefe el porque obedecía la orden de alto a un oficial de menor rango, el anciano jefe no tenía explicación, no pudo sacar palabra, Montero ya a unos metros de Buendía, le dice:

“General entregue el mando de sus fuerzas, para permitir entrada honrosa del ejército de Tarapacá a la ciudad de Arica... usted esta arrestado” a continuación da orden al coronel Manuel C. De la Torre para que reciba la espada del humillado general, Montero ordena lo mismo para el jefe del Estado Mayor el coronel Suárez, ambos altos oficiales son conducidos en calidad de detenidos por el camino que bajaba a la ciudad por el sector del Cerro de la Cruz hasta el hotel “Colón” donde cumplirían el arresto hasta que se les sometiera a juicio, los restos del ejército de Tarapacá entra a la ciudad por el camino real que pasaba por el Lazareto ante la expectación de los ariqueños. El mismo día de la entrada de las tropas de Buendía a Arica el presidente peruano, general Prado, sale en viaje a Europa con la supuesta misión de conseguir créditos para financiar la guerra y la compra de una Armada, deja como vicepresidente al anciano general La Puerta, el día 23 de diciembre don Nicolás de Piérola da un golpe de estado, proclamándose “Jefe Supremo de la República” Piérola informa de esta situación al almirante Montero.

Sr. Contralmirante don Lizardo Montero - Arica.

Por el voto espontáneo de los pueblos de Lima y Callao, y con la adhesión completa del ejército, he sido proclamado Jefe Supremo de la República. Me congratulo en comunicarlo a Ud. y le estrecha la mano su afectísimo.

Piérola

El Jefe de armas de la Plaza fuerte de Arica responde al nuevo mandatario en un escueto telegrama.

Arica, diciembre 1879.

Montero a S.E.

Este Departamento y el Ejército seguirán llenando su deber y aceptan el hecho a que refiere V.E.

Montero.

De esta forma quedo consumado el cambio de gobierno en Perú, sólo faltaba el derrumbe del gobierno boliviano el que se produciría el 1º de enero de 1880, para ese día en complicidad con el coronel Eliodoro Camacho el almirante Lizardo Montero invitó a Arica al presidente boliviano. Una vez en el puerto el general Hilarión Daza, el coronel Camacho que se había quedado en Tacna con mucha argucia logró sacar fuera del cuartel a los “Colorados” argumentando la necesidad de ejercicio, reparación y aseo del armamento, por lo que este iba sin munición, en tanto con los otros cuerpos del Ejército boliviano

controlaba a la “guardia pretoriana” del dictador formada por un escuadrón de los “Inmortales”, guardia que no había acompañado al general en su viaje a Arica quedándose en Tacna, así se consumaba el golpe de estado boliviano, en Arica Daza sólo se entera al atardecer de ese día cuando ya se encontraba a bordo del tren para regresar a Tacna, en ese momento fue informado por Montero a través del coronel Julio Mac Lean Portocarrero, el oficial peruano le informa al destituido presidente de los acontecimientos ocurridos en Tacna durante su ausencia, señalándole que en esa ciudad se le esperaba para fusilarlo, la reacción del general Daza fue de relativa pasividad sólo manifestó a su informante “me han fregado” , Montero facilitó el viaje del depuesto mandatario por caminos interiores hasta Arequipa, desde esta ciudad viajó hasta Mollendo donde embarco rumbo a Europa, los revolucionarios bolivianos nombraron como nuevo presidente de Bolivia al general Narciso Campero. El nuevo presidente de Bolivia en compañía del general Camacho, a la sazón Comandante en Jefe del Ejército boliviano estacionado en Tacna, recibe al teniente coronel Mac Lean en calidad de plenipotenciario de la máxima autoridad política y militar de los Departamentos del sur del Perú, el contralmirante Montero, Campero en su primer acto confirma la lealtad de Bolivia al Perú entregando al plenipotenciario enviando una nota para el almirante que en parte decía “... La alianza, Exmo. Señor, es el aire que hoy respira Bolivia y ella se mantendrá a través de los desastres que nuestras armas han sufrido en el teatro de la guerra y a pesar de los maquiavélicos manejos del gobierno de Chile...” en otra parte la nota expresaba “... Tenga Us. mis más cálidas buenaventurazas para el año que se inicia, trasmita estos deseos al ejército de su mando y al pueblo del Perú, que son los sentimientos de todo buen boliviano que me honro en representar...”; el almirante Montero respondió al flamante presidente en un telegrama que decía: “Le correspondo su felicitación por el nuevo año. Ojalá que principiemos sellando la alianza con nuestra sangre en el campo de batalla. Felicite Us. a mi nombre, al ejército”.

El día 28 de noviembre de 1879 la Armada chilena había establecido el bloqueo del puerto de Arica, el que quedó a cargo del jefe de la división naval capitán de navío don Oscar Viel que hace su buque insignia la corbeta “Chacabuco”, el jefe naval chileno comunica con la siguiente nota el establecimiento del bloqueo:

COMANDANCIA DE LA DIVISIÓN CHILENA BLOQUEADORÁ DE ARICA.

A bordo de la corbeta Chacabuco frente a

Arica, noviembre 28 de 1879

Tengo el honor de comunicar a US. que el supremo gobierno de Chile, ha ordenado establecer el bloqueo de este puerto y sus caletas vecinas, el que queda desde hoy establecido. Lo notifico a US., previniéndole que tengo instrucciones para conceder un plazo de diez días a los buques neutrales surtos en esta bahía, a fin de que efectúen su carga y descarga y zarpen del puerto. Debo también hacer presente a US. que cualquier agresión a los buques de mi mando ya con torpedos, ya sea con cualquier otro medio de ataque intentado desde tierra, provocara el bombardeo de la población por la Escuadra de Chile, y demás actos de hostilidades que se crean necesarios.

En tan dolorosa necesidad, será US. el solo responsable de los daños que se ocasionen a neutrales y demás habitantes.

Dios guarde a US.

Oscar Viel

Al señor prefecto, jefe militar de la plaza de Arica

La respuesta del almirante Montero fue del siguiente tenor:

JEFE SUPERIOR POLÍTICO Y MILITAR DE LOS DEPARTAMENTOS DEL SUR DE LA REPÚBLICA.

Arica, noviembre 28 de 1879

Al comandante en Jefe de la División Naval Chilena:

En contestación al oficio de US. fecha de hoy, debo decirle: que quedo enterado de su contenido; y que en cuanto al uso de otro genero de hostilidades que los buques de su mando pudieran ejercitar contra este puerto, estoy sumamente resuelto no solo a contestar a la iniciativa de la provocación, sino también a emplearlas por cuanto medio este a mi alcance; pues esta plaza militar no teme en manera alguna a la Escuadra de la nación que representa las fuerzas del mando de US.

Dios guarde a US.

Lizardo Montero

El día 2 de diciembre llega a Arica el transporte chileno “Lamar” enarbolando la bandera de la Cruz Roja, llevaba a bordo heridos del ejército Perú Boliviano caídos en la reciente campaña a territorio del Departamento de Tarapacá, además de personal de una ambulancia peruana completa que había sido encontrada en la localidad de Huara, el total de individuos transportados sumaban 107, la entrega se hacia conforme con la convención de Ginebra, en particular en sus artículos 3º y 6º, convenio internacional que ya en esa época había sido firmado por los gobiernos chileno y peruano. El comandante Viel efectúa todo los tramites para permitir la entrega de los heridos sin alterar el bloqueo que sostenía sobre Arica.

El mes de enero de 1880 se caracterizo por la baja actividad bélica entre las naciones en conflicto, hubo razones en ambos bandos para que se produjese esta especie de tregua; por la parte chilena fue principalmente la falta de definición del gobierno y de los mandos militares chilenos sobre la continuidad de la guerra, existiendo tres criterios diferentes sobre el trascendental hecho, uno de ellos era la idea de concluir la guerra buscando un arreglo diplomático con los aliados, la otra alternativa que se barajó y de la cual era partidario el ministro en campaña de la guerra don Rafael Sotomayor, la de hacer sin más dilación la campaña sobre Lima, y la tercera hipótesis de guerra planteada era realizar la campaña Tacna Arica, hipótesis que finalmente se adopto. El comando militar chileno comienza en la segunda mitad de diciembre de 1879 hacer un estudio y exploración de los posibles escenarios para iniciar la campaña Tacna Arica, en ese contexto se produjo la curiosa “aventura” del comandante Arístides Martínez que comandaba una compañía del regimiento “Lautaro” de 500 hombres más 12 granaderos, y un grupo de pontoneros, cuya misión era explorar la zona de Ilo, recabando la mayor información posible sobre la zona Ilo Tacna, el puerto de Ilo estaba totalmente desguarnecido, el ferrocarril Ilo Moquegua, quedo a disposición de los chilenos que en un acto de audacia que rayaba en lo intrépido decidieron llegar hasta Moquegua por medio de esta vía, en las estaciones que jalonaban la vía la gente creía que eran tropas provenientes de Lima, por lo que los saludaban con gran jolgorio, al llegar a la estación de Moquegua fueron recibidos con gran entusiasmo por la población que también pensó que eran tropas enviadas por Lima, era la víspera del año nuevo es decir 31 de diciembre, al conocer la realidad los moqueguanos se produce una histeria colectiva, Martínez y su gente se retiran sin no antes con alguna dificultad, la vía férrea en varios tramos había sido dañada para provocar el descarrilamiento del convoy que conducía a los chilenos de retorno a Ilo, concluye esta aventura sin mas contratiempos, regresando los exploradores sanos y salvo a Pisagua, esta presencia de tropas chilenas curiosamente no puso en alerta ni dio luces al mando aliado ante la evidencia que ese puerto podría llegar ha ser un posible punto de desembarco del grueso del Ejército de Chile en un futuro cercano, pues, cuando se produjo efectivamente el desembarco no existía ni la mas mínima medida de defensa en ese lugar. Por otro lado en el bando aliado, las cosas no mejoraban, los primeros días del año 1880 se caracterizó por el afianzamiento de las nuevas autoridades gubernamentales de ambas naciones aliadas, la crisis económica no mejoraba, sin embargo el nuevo gobierno peruano logro hacer algunos envíos de pertrechos militares a los Departamentos del sur de esa república a través del puerto de Mollendo, el comando aliado no lograba discernir ni era capaz de desarrollar un plan defensivo de envergadura, todas las actividades relacionadas con el conflicto bélico mas bien eran iniciativas individuales de algunos jefes, pero no existía una coordinación general, al parecer los gobernantes y los más altos jefes aliados estaban más preocupados de la política interna de sus respectivos países que del conflicto internacional que enfrentaban, en este escenario los mandos militares aliados barajaban algunas hipótesis sobre cual sería el nuevo paso de Chile en el desarrollo del conflicto, dejando en absoluto la iniciativa al país del sur, los mandos militares Perú boliviano manejaron sólo dos hipótesis de guerra muy elementales, una de esta hipótesis era el desembarco en Lima, y la segunda hipótesis era el desembarco frontal en Arica, ambas sin mucha elaboración táctica ni estratégica. A comienzos de 1880 se vio en Arica un cambio en la importancia que el comando naval del Perú otorgaba a la condición estratégica de las instalaciones de la base de la 1ª División de Torpedistas de la isla del Alacrán que estaba bajo el mando del comandante de artillería don Leoncio Prado. Los mandos navales del Perú ante la falta de buques que pudiesen hacer contrapeso a la Armada chilena, tomaron la decisión de reforzar la 1ª División de Torpedista radicada ahí, de esta forma transforman la isla en una poderosa arma disuasiva ante un intento de desembarco por la bahía de Arica, de ahí la decisión de cambiarla de un propósito meramente defensivo a una de vocación más ofensiva, para ese objetivo táctico el mando naval dispuso el aumento de la dotación de la División con tres expertos torpedistas, estos eran: Jhon Lind, Rolph Smtih y Karl Müller; los dos primeros de nacionalidad inglesa y el último de nacionalidad danesa (quizás su nacionalidad verdadera era alemana), además de un número no determinado de carpinteros de mar; el armamento fue destinado a la isla del Alacrán eran torpedos del sistema “Lay” y “Herresshoff”, se dispuso una mayor acumulación de material de guerra relacionados con esta arma, en particular explosivo, se formó un complejo de armaduría, arreglo y ensayo de torpedos. Por ese mes de enero de 1880 las fuerzas chilenas terminaron de limpiar de montoneros las tierras precordilleranas del Departamento de Tarapacá, misión que estuvo a cargo del coronel Jefe del Estado Mayor don Pedro Lagos. El 29 de enero, el coronel Lagos dispone que un destacamento desaloje a una milicia peruana de unos trescientos hombres que se mantenía en la hacienda de Camarones, el

destacamento que se le asignó la misión estuvo al mando del capitán de granaderos señor José Luis Contreras, esta fuerza estaba compuesta por 80 soldados de caballería, y una compañía del regimiento Santiago al mando del teniente Marcelino Dinator integrada por 80 soldados, esta compañía se dividía en una sección de 50 hombres al mando de los subtenientes José Domingo Terán y José Ramón Amor y una guerrilla de 30 soldados bajo las órdenes del subteniente Emiliano Gómez, los infantes iban a lomo de mula, a las 9Hrs. de la noche se reunieron en el caserío de Chiza las fuerzas de granaderos y los infantes del Santiago, marcharon desde este punto toda la noche para encontrarse en las proximidades de la hacienda de Camarones a eso de las 6Hrs. de la mañana, al divisar a cuatro individuos el capitán Contreras ordena que la guerrilla comandada por el subteniente Gómez diera alcance a los cuatro individuos que fueron vistos en las lomas cercanas, el teniente Gómez y sus hombres descienden avanzando a paso de trote, llegan al bajo del valle donde encuentran recién saliendo de la modorra del sueño interrumpido a la tropa peruana, que ya había sido alertada por los cuatro individuos, el teniente Dinator ordena la formación de guerrilla a la sección que quedaba bajo su mando con doble espacio e irrumpe los fuegos por la derecha de los peruanos y de esta forma proteger al subteniente Gómez, que podía verse comprometido en la posición en que estaba, sorprendidos los peruanos comienzan a subir en completo desorden la ladera norte de la quebrada donde el oficial a cargo del destacamento peruano logra organizar la resistencia, haciendo trinchera en rocas, desniveles y pequeñas hondonadas de la empinada ladera, los infantes chilenos hacen fuego en avance, sin desarmar la guerrilla hasta donde la pronunciada pendiente de la ladera norte de la quebrada se los permitió, en tanto un piquete de granaderos bajó al valle con el objeto de tomar el telégrafo y destruirlo, este se encontraba en un caserón ubicado en los primeros lomajes de la ladera norte de la quebrada y que hacia las veces de cuartel, esta fuerza de granaderos recibió un nutrido fuego desde las trincheras enemigas que hizo temer por momentos que fuesen totalmente diezmadas, en esa posición hubo que lamentarse la muerte del soldado Miguel Seda (o Cerda), los granaderos perdieron cuatro caballos, el capitán Contreras envía de refuerzos el segundo piquete de granaderos, acto que provocó la retirada de las fuerzas peruanas, las que fueron pasadas a sable en el empuje de los granaderos en un desfiladero cercano al cuartel que daba salida del valle hacia el norte, a la retirada los peruanos incendiaron el parque de municiones y víveres que tenían, ante la posibilidad de la existencia de mayor número de fuerzas peruanas en las cercanías y que comprometieran a los expedicionarios, como a las 8:00 Hrs, P.M. el capitán Contreras ordenó toque de retirada, la que se efectúo en completo orden, el destacamento sufrió una sola baja con la muerte del soldado granadero Miguel Seda, además de la perdida de cuatro caballos, los peruanos tuvieron un número no determinado soldados muertos y heridos, entre los heridos el oficial que tenía al mando la guarnición que en su retirada se le divisó muy maltrecho, después de esta acción las tropas peruanas abandonaron definitivamente el valle de Camarones. Cumpliendo con el plan de operaciones trazado por el comando chileno para lo que se denominó la “Campaña Tacna Arica”, al medio día del 25 de febrero de 1880, una fuerza del Ejército de Chile de 9.500 hombres desembarca en Ilo y Pachocha, sin la más mínima presencia ni resistencia de fuerzas peruanas, esta acción tuvo un efecto tremendo en la población civil de Arica, la que había sido incrementada fuertemente con las inmigraciones generadas desde Iquique y Pisagua. Al conocerse la presencia del Ejército chileno en Ilo, las familias ariqueñas comenzaron un éxodo al interior de la provincia con el fin de escapar de los rigores de la guerra, quedando en el puerto sólo aquellos que prestaban servicios anexos a las fuerzas militares estacionas en la ciudad, además de algunos comerciantes extranjeros que abastecían al ejército peruano, abusando de su condición de “neutrales” para romper el bloqueo al puerto impuesto por los buques de la Armada de Chile, Arica comenzaba a tomar un aspecto de un gran cuartel militar, ante la ausencia de la población civil en particular de mujeres, niños y ancianos. Desde el punto de vista militar como es obvio también obligó a un cambio en los objetivos y planes del alto mando aliado, Piérola ordena la formación de una comisión para el estudio y reforzamiento de las defensas de Arica incorporando también en el trabajo de la comisión las defensas de Tacna, esta comisión quedó integrada por los coroneles Teobaldo Elespurú, Arnaldo Panizo y capitán de fragata José Sánchez L., fue conocida como “Comisión Elespurú”. El mismo día que desembarcaba en Ilo la primera parte del Ejército de Chile que expedicionaria sobre Tacna y Arica, el monitor “Huáscar”, ahora bajo bandera chilena, relevaba en el bloqueo de Arica al blindado “Cochrane”, este último buque se le comisionó para escoltar el segundo convoy que transportaría tropa y pertrechos desde Pisagua a Ilo.

El 27 de febrero mantenían el bloque de Arica las naves chilenas “Huáscar” y “Magallanes”, a las 8:30 Hrs. A.M. el comandante del “Huáscar” capitán de fragata don Manuel Thomson Porto Mariño, dispone una operación de reconocimiento de los fuertes de la Plaza de Arica, las razones tácticas o estratégicas que tuvo el comandante del monitor para realizar esta operación no quedaron nunca muy nítidas con respecto ha que objetivo buscó, el hecho concreto es que es que al aproximarse a tiro de cañón de las baterías del Morro, estas abren fuego iniciando un intercambio de artillería que duro aproximadamente 50 minutos, al romper los fuegos las baterías del Morro generaron de inmediato la incorporación de la cañonera “Magallanes” al combate, secundando al “Huáscar”, era comandante de la cañonera el capitán de navío don Carlos Condell el “Héroe de Punta Gruesa”, el “Huáscar” fue alcanzado por un proyectil disparado por las baterías del Morro que le arranco una plancha de su blindaje, la “Magallanes” había hecho algunos tiros sobre la población, las naves chilenas se retiran fuera del alcance de los cañones de tierra como también de los del monitor “Manco Cápac”, a las 11:00 Hrs. A.M. teniendo a la vista el tren que se aproximaba al puerto desde Tacna, las naves chilenas inician el cañoneo hacia ese objetivo con el fin de destruir el convoy, de inmediato el tren da marcha atrás a toda maquina para ponerse fuera del alcance de los proyectiles chilenos, cosa que logra, no sufrió ningún daño, esta acción motivo el reinició del duelo entre los buques chilenos y las baterías de tierra del puerto de Arica y las del monitor “Manco Cápac”, el “Huáscar” se aproximó bastante a tierra desafiando temerariamente las baterías peruanas haciendo fuego sobre la población, en este lance resultaron muerto siete tripulantes y nueve heridos, todos tripulantes del “Huáscar”, uno de los siete muertos fue el aspirante don Eulogio Goicolea, y entre los heridos se contó al 2º comandante teniente 1º don Emilio Valverde y al teniente 2º don Tomás Pérez, las naves chilenas nuevamente se retiran a su fondeadero fuera del alcance de los cañones peruanos. Cuando la tripulación del “Huáscar” se encontraba en las labores de reparación y limpiezas de los daños causados por el combate, se ve que el “Manco Cápac” sale de su fondeadero con la clara intención de acortar distancia para bombardear al “Huáscar”, el buque peruano había reparado su caldera lo que le permitía maniobrar fuera de su fondeadero, la importante reparación fue obra del primer maquinista del monitor señor Thomas Colguhoun, de nacionalidad inglesa. Se traba combate nuevamente, el comandante Thomson ordena levar anclas y pone proa sobre el “Manco Cápac” con el fin de atacarlo al espolón, al aproximarse la velocidad del “Huáscar" no fue lo suficiente para la maniobra que se intentaba, gobernado ambos comandantes sus buques con real pericia quedan en un momento sólo a unos doscientos metros de distancia, trabándose una lucha de fusilería y ametralladoras, a las 2:30 P.M. una bomba vuela el palo de mesana del “Huáscar” donde se encontraba izado el pabellón nacional de Chile; esta granada en su trayectoria destructora mató al comandante Thomson que se encontraba en el lugar dirigiendo las maniobras, a pesar de estar herido toma el mando el teniente Valverde, ordena de inmediato izar el pabellón de Chile en el palo mayor, el combate terminó a las 3:30 Hrs. el comandante del “Manco Cápac” era el capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino. Las baterías peruanas efectuaron un total de 254 disparos que se distribuyeron de la siguiente forma: baterías del Morro 193 tiros, su comandante era el capitán de navío don Camilo N. Carrillo, las baterías Norte hicieron 50 tiros, su comandante era el coronel Arnaldo Panizo y el monitor “Manco Cápac” 11 tiros, su comandante era el capitán de fragata don José Sánchez Lagomarsino; por parte de la división chilena se hicieron un total de 140 disparos, distribuyéndose en 100 tiros efectuado por el “Huáscar”, su comandante era el capitán de fragata don Manuel Thomson (fallecido) y reemplazado por el teniente 1º don Emilio Valverde, y 40 tiros hechos por la “Magallanes” siendo su comandante el capitán de navío don Carlos Condell. La ciudad sufrió algunos daños con el bombardeo, una de las bombas disparadas por el “Huáscar” cayó en el deposito de carbón del ferrocarril causando un incendio que prontamente fue sofocado, fragmentos de este proyectil dañaron la tienda del ciudadano de origen chino Manuel Chifu, una esquirla alcanzo al infortunado comerciante causándole la muerte, otra bomba daño las casa de los señores Eduardo R. Puerto y del señor J.M. Davelsber, causando daños considerables a la propiedad pero sólo susto a sus habitantes, otras propiedades particulares dañadas con el bombardeo fueron la agencia de los señores “Carlos Mackehanne & Cº” y la del señor Gabriel Vigueras, quien salvó providencialmente junto a su amigo el señor Oroma, hubo daños menores en otras propiedades pero de fácil reparación, también el bombardeo causo algunos daños al edificio del club de la Unión, los tiros de las naves chilenas claramente buscaron hacer blanco en los cuarteles militares. Conocido el resultado del duelo del día 27 sostenido entre las naves bloqueadoras y las baterías de Arica, el ministro de la guerra señor Sotomayor ordenó hacer rumbo al puerto de Arica a una división naval integrada por el blindado “Blanco Encalada”, el “Angamos” y el transporte “Itata”, la misión de la

escuadrilla era la de llevar los heridos del combate de Arica a Iquique y repatriar los restos del comandante Thomson y del aspirante Goicolea. En la mañana del 29 de febrero se da orden de iniciar el bombardeo a Arica, para este fin el “Angamos”, que se coloca a una distancia de 7.000 mt. al suroeste del Morro, rompiendo fuegos desde esa posición sobre los fuertes del inmortal peñón y sobre la población, este cañoneo duro como hasta las 11:30 Hrs. A.M., pasado el medio día como a las 1:30 Hrs. P.M. secundando en el cañoneo al “Angamos” se incorpora a las acciones el monitor “Huáscar”, que prueba los recién instalados cañones “Armstrong” de nuevo sistema, el monitor se ubica a unos 6.000 mts. de distancia de los fuertes de tierra, de inmediato comenzó la respuesta de parte de las baterías peruanas, pero las del Morro solo cubrían dos tercios de la distancia que los separaba de las posiciones de los buques chileno; en tanto las baterías Norte sólo llegaban a cubrir la mitad de ese espacio, viendo el comandante de las baterías de tierra la inutilidad de su esfuerzo ordenaron el alto al fuego, quedando el cañoneo en forma unilateral por parte de la artillería de los buques chilenos que tranquilamente buscaban objetivos militares en la ciudad, esta operación duró como hasta las 4:30 Hrs. P.M., durante el bombardeo cada buque hizo 35 tiros. Durante la noche cuando las luces del día ya habían abandonado la bahía de Arica, los peruanos intentaron un ataque con lanchas torpederas en contra de los buques chilenos, pero estas fueron detectadas por los vigías de la división naval chilena ahuyentándolos con fuego de ametralladoras y de fusil, hubo dos intentos más de ataque por torpedos en contra de las unidades chilenas pero fueron rechazada de igual forma con un nutrido fuego de ametralladoras y fusil. La operación de bombardeo a Arica se repitió los días 1º, 2, 3 y 4 de marzo, el objetivo del mando chileno fue el de medir la eficacia de la artillería de costa puesta en Arica, como también lograr la destrucción de algunos objetivos militares, el segundo propósito era el de provocar la desmoralización de la población civil de Arica como también la de las fuerzas militares estacionadas en la ciudad, resultaba curioso según testimonio de testigos observar la ciudad desde los buques surtos en la bahía, estaba embanderada en forma multicolor, con los pabellones nacionales de distintos países, cualquier observador que hubiese llegado a la ciudad desconociendo el estado de guerra que se vivía, habría pensado que Arica era una ciudad de extranjeros, pues no se veía ninguna bandera peruana, a excepción de la de la cima del Morro y la de los fuertes, la gente puso estos emblemas de países neutrales para evitar ser blanco de los proyectiles chilenos, acogiéndose a la “neutralidad” de los países a la cual pertenecían los emblemas, era una forma de señalar que eran ciudadanos de esas naciones. Al caer la noche del 1º de marzo las naves bloqueadoras tuvieron a la vista un velero que al pedírsele identificación lisa llanamente no contesto, el “Huáscar” inicio la persecución, por caer ya la noche se suspendió la operación de captura para evitar algún accidente, el buque inglés “Turquoise” sospechando que fuese un buque de esa nacionalidad pidió por señas procedencia y destino acto que el velero no contesto, además al caer la noche no prendió los faroles de ordenanza. En la madrugada del día siguiente se reinicia la captura logrando resultados positivos, el velero resulto ser una nave de bandera inglesa llamado “Knight Templar” procedente de Liverpool, efectuada la vista de rigor se descubrió que traía gran cantidad de carbón, explosivos y otras mercancías estimadas contrabando de guerra, por lo que la nave inglesa quedo detenida, para ser enviada a las autoridades chilenas al día siguiente a Pacocha remolcada por el transporte “Toltén”. El mes marzo de 1880 fue intenso en los duelos de artillería naval en la rada de Arica, el día 17 de ese mes el buque de guerra peruano “Unión” perpetró un acto de audacia que es digno de destacar: El 12 de marzo había salido la corbeta del Callao con la misión de forzar el bloqueo de Arica, como a las 2:00 Hrs A.M., del día 17 llega a la cuadra de Arica, tomando como referencia la oscura silueta que marcaba el Morro que se percibía delante de las escasas luces de la ciudad, se aproxima por el lado sur, como a las 4:00 A.M. Se detiene frente a las playas del sector sur del puerto, que dan por detrás del Morro, el comandante de la “Unión” manda un bote al mando del alférez de fragata don Carlos L. Rodríguez para dar aviso a las autoridades ariqueñas de su presencia en la bahía. El capitán de navío Manuel Villavicencio toma todas las precauciones para evitar a los buques chilenos que mantenían el bloqueo de Arica, al amparo de la oscuridad de la noche entra silenciosamente la nave de guerra peruana, largando el ancla como a las 5:00Hrs. A.M. aproximadamente en el fondeadero. Apenas aclaró las naves chilenas se acercan para verificar la burla de que habían sido víctimas durante la noche, estos eran el monitor “Huáscar” y el transporte “Matías Causiño”, al avanzar el “Huáscar” disparaba de cuando en cuando según se lo permitía su andar en contra de la corbeta, la “Unión” contestaba la ofensa, el intercambio de proyectiles no impedía la descarga de la preciosa carga de pertrechos que traía la nave peruana para la

muy necesitada plaza militar de Arica, entre esta había una lancha torpedera, la “Alianza” que fue recibida por el comandante de la División de Torpedistas de la Isla del Alacrán Leoncio Prado y puesta al mando del teniente Dávila. Mientras ocurría esto el “Matías Causiño” fue en procura del blindado “Cochrane”. Incorporado el blindado al combate, ambas naves chilenas dirigían sus fuegos exclusivamente en contra de la corbeta, omitiendo dispara contra las baterías de tierra y contra el “Manco Cápac”, cuando arreciaba el combate como a las 2:00 Hrs. P.M., un proyectil del “Huáscar” de trescientas libras, penetró la cubierta de la “Unión” por encima de la borda, rompiendo en parte dicha cubierta, destrozó cinco carlingas y cuanto encontró a su paso, entre los destrozos que causó la bomba fue la rotura del tubo de extracción de la caldera de proa. Otra bomba disparada por el “Cochrane”, penetro la parte inferior de la chimenea, dejando grandes agujeros en dicha chimenea, varios fragmentos de esta bomba cayeron en el deposito de carbón que esta delante de los hornos, se produjeron dos incendios en torno a la caldera, siniestros que fueron rápidamente controlados. Finalmente como a las 4:00 Hrs. P.M., las naves chilenas se retiraron fuera de tiro de cañón, al parecer el mando de la división naval chilena estimó que había dañado seriamente al buque peruano. Este alto al fuego permitió desembarcar los 20 heridos y dos muertos que tuvo la “Unión” como bajas en su tripulación, uno de los fallecidos fue el sargento 2º Luis Hidalgo, apenas el comandante Villavicencio vio la oportunidad de salir, a toda maquina raudamente abandona la bahía muy pegado a la costa casi tocando la isla del Alacrán, sorprendidas las naves chilenas de inmediato intentaron dar alcance a la nave peruana, intento de captura que fracasó por el mayor andar de la corbeta y el auxilio de la noche que en esta oportunidad jugó a favor de los marinos peruanos, en el momento más critico de la persecución se declaro un incendio en la “Unión” sobre una de las calderas, este siniestro fue ocasionado por las llamas que salían de la dañada chimenea, amagando el palo mayor, el incendio es extinguido por la tripulación de artillería que no laboraba en ese momento. Las baterías de tierra tuvieron una importante participación en el combate; los fuertes del Morro hicieron 92 tiros, las del Norte efectuaron 21 tiro y el monitor “Manco Cápac” 4, los tiros efectuados por la “Unión” se calcularon en 20, se informo que durante el combate un cañón Parrot de 70 libras de la batería del Morro se había roto, por lo que se tuvo que remplazar posteriormente. Capitulo III Replanteamiento estratégico para la defensa de Arica

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La instalación de minas y la batalla de Tacna

Las angustias y las dificultades del mando peruano en Arica no podían ser mayores en ese mes de marzo de 1880, estado de ánimo que también repercutían en la oficialidad y tropas bajo su autoridad. En la guarnición de la División de Torpedistas de la isla del Alacrán el día 26 de febrero se produce un intento de motín, encabezado por el subteniente don Manuel Peceros, el joven oficial enfermó por la difícil vida que soportaba en dicha guarnición junto a sus compañeros asignado a ese reducto, en un instante de demencia quiso insurreccionar a la tropa, acción que tuvo un rotundo fracaso, reducido y dado de baja, fue enviado en calidad de prisionero a la ciudad, poniéndolo el comandante Prado a disposición del almirante Montero, el subteniente Peceros fue acusado de traición a la patria, el Jefe militar lo derivó en calidad de preso al Hospital Militar con el fin de curarle sus males, este oficial fue dado de alta de su enfermedad el día 7 de marzo de 1880, según consta en documento del Hospital Militar:

Hospital Militar y Ambulancias.

Arica Marzo 7 de 1880

Señor Don Leoncio Prado Jefe de la división Torpedos.

Con fecha 26 del mes ppdo., remitió a este Establecimiento el Señor Contra Almirante Gral. En Jefe del 1er Ejército del Sur a medicinarse y en calidad de preso al Subteniente Don Manuel Peceros, el que hoy se encuentra bueno de sus males y de alta.

Lo que pongo en conocimiento de U. Para que se sirva resolver lo que estime conveniente.

Dios guíe a U.

Doct. TORIBIO ARBAIZA.

El día 31 de marzo el comandante Prado envía el siguiente oficio al Estado Mayor General, en el que le hace presente las necesidades de alimentos y carbón para el contingente bajo su mando de su unidad:

1ª División de Torpedos Isla del Alacrán marzo 31 de 1880

Sor. Corl. Jefe del Estado Mayor General 1er Ejército del Sur.

Sor. Corl. Teniendo en cuenta la estación en que estamos durante la cual sucede con frecuencia que esta isla queda completamente incomunicada con tierra firme por periodos de cinco, hasta veinte días, suplico a US.

tenga la bondad de disponer se me proporcione un quintal de Charque, diez sacos de carbón y la carne salada que US. crea conveniente para la dotación que en la actualidad se compone de veinte y tres individuos. 1 Barril de carne salada 1 Quintal Chalona 2 Jamones 10 Sacos Carbón

Leoncio Prado

El estado de ánimo que envolvía al Jefe de Armas y Político de Arica, contralmirante Lizardo Montero, esta nítidamente expresado en una nota que envió a don Nicolás de Piérola “Jefe Supremo de la República y Protector de la Raza Indígena” el 4 de marzo de 1880, la nota versaba así:

Excelentísimo señor D. Nicolás de Piérola, Lima-

Mí estimado amigo:

He leído con suma atención su apreciable carta, fecha 29 del que expira, por la que quedo impuesto de los motivos que ha tenido el gobierno para hacer los cambios de personal y nombramientos que se me han comunicado en la misma fecha de una manera oficial. Dejando para posteriores apreciaciones todo aquello de carácter puramente político, he creído un deber de patriotismo, pedir al gobierno la reconsideración de las disposiciones relativas a la reorganización del primer ejército del Sur, por encontrarnos ya frente al enemigo y ser por este motivo esencialmente peligroso ejecutar semejante reforma. Juzgo, pues, que la importancia de mi procedimiento, lo apreciará usted con la elevación de miras que lo caracteriza por que los móviles a que obedezco son únicamente los del interés patrio. Apoyados en el conocimiento que tengo de la extraordinaria situación en que se encuentra colocado. Por lo demás, las circunstancias han variado mucho desde nuestra anterior comunicación. El Ejército enemigo desembarcó en Pacocha no sabemos hasta hoy si con el fin de emprender desde el Hospicio su marcha directa a Tacna, o de tomar primero posesión de Moquegua, cuya defensa la está confiada a una pequeña fuerza que comanda el coronel Gamarra, perteneciente de una manera inmediata al Segundo Ejército del Sur. Por mi parte, he tomado las convenientes medidas en mi Cuartel General, a fin de normar mis operaciones en conformidad con la situación, los elementos de que dispongo y los movimientos del enemigo.

El 27 tuvo lugar el primer combate de esta plaza militar con una división naval chilena: la acción se empeñó a las 9 horas A.M. y a la 1 hora 30 minutos P.M., que ya se retiraban, hicimos esfuerzos casi sobrehumanos para hacer salir al monitor y renovar el combate. Los documentos oficiales impondrán a usted de todos los pormenores de aquel día en el que siquiera se retempló el ánimo de nuestros soldados. Posteriormente a ese acontecimiento, es decir desde el día 29, nos tiene reducido a la más desesperante situación. Los cañones del “Angamos” y del “Huáscar”, superiores en mucho a las de nuestras baterías, han establecido un constante bombardeo contra la población, sin que podamos ofenderlos en lo menor, tal es la gran distancia en donde a favor del enorme alcance de su artillería se colocan para descargar sobre la plaza. Estamos, pues, reducidos a la más completa inacción y aguantando diariamente las balas enemigas, cuyo alcance llega hasta los mismos campamentos del ejército, en donde lo he situado desde el primer día, a fin de evitarle algunas desgracias. Hasta la fecha no he recibido refuerzos de tropa, ni armas, ni dinero para el desmantelado ejército que me obedece; así que, puramente, con los escasos elementos de que dispongo voy a librar al fin la batalla a que el enemigo nos provoca: veremos, pues, si la Providencia nos ayuda. Que se conserve usted con la mejor salud, son los deseos de su afectísimo amigo y seguro servidor.

LIZARDO MONTERO

En los dirigentes militares y políticos aliados seguían prevaleciendo los intereses de política interna y personales por sobre las necesidades urgentes de conducción de la guerra, la decisión de Piérola de reestructuración del Ejército del Sur, obedecía más a la desconfianza que le inspiraba Montero por el poder que pudiese obtener este, al estar al mando de todo el Ejército del Sur, más que por una razón estratégica o táctica. El daño que causaba la decisión del dictador con la dispersión del mando, al dividir en al Ejército del Sur en dos entes autónomos quedó claramente evidenciado con la caída de Moquegua y la posterior derrota en Tacna y Arica, de hecho este fue en factor importante que facilitó el dominio chileno en la línea Ilo-Moquegua. En tanto en Arica, la comisión “Elespurú” evacuó su informe sobre las defensas de la plaza fuerte, en el memorando presentado al alto mando aliado en su esencia expresaba: 1. El orden del trabajo no es el conveniente a las circunstancias; 2. No esta proyectado todo lo que se debe; 3. La comisión carece de la independencia y los elementos necesarios. El criterio empleado en las defensas de Arica hasta el momento de la evacuación del informe, estaba basado en la “escuela del '66”, es decir de la experiencia que dejó el conflicto con España de esos años y en especial en la jornada del 2 de mayo en el Callao, última acción ocurrida durante ese conflicto bélico y que lleno de tanta vanidad y orgullo a la Armada peruana, la mayor parte de los mandos navales de Arica habían tenido importante participación en el combate entre la Armada española y las baterías de los fuertes del principal puerto del Perú. La comisión “Elespurú”, cambia el criterio e incorpora al diseño militar las necesarias instalaciones defensivas para contener un eventual ataque por tierra, este nuevo factor que se presentaba, era a consecuencia de la evolución que había tenido la guerra, obligando a la “comisión” a estudiar las variables de la invasión terrestre; el ataque por tierra sólo podría provenir de dos puntos; uno de ellos era el del norte, es decir desde Tacna; y el otro el del sur desde Camarones o Vitor. Con respecto a la primera hipótesis, es decir un ataque proveniente desde Tacna, este, pasaba necesariamente por una eventual derrota de las fuerzas aliadas estacionadas en esa ciudad, existía ya la certeza que por ese lugar es donde vendría la ofensiva chilena, era la lógica consecuencia por el numeroso desembarco de tropas y pertrechos chilenos en Ilo-Pacocha, por lo que los mandos militares aliados analizaron dos escenarios, uno de estos, era cortar el avance de los chilenos impidiendo la ocupación de Moquegua, moviendo al ejército de Tacna sobre esas posiciones, esto traía los beneficios de mantener

abiertas las comunicaciones con el Segundo Ejército del Sur de base en Arequipa y permitía ahogar al los chilenos en el puerto de Ilo, a pesar del libre acceso al mar que tenían las fuerzas chilenas, este escenario no llegó ha ser realidad debido a que la movilidad de los chilenos fue mucho mayor que la esperada, pues el 20 de marzo el general Manuel Baquedano al frente de 4.000 hombres tomaba Moquegua sin ninguna resistencia, el día 22 de ese mes los chilenos derrotan al coronel Gamarra quien estaba al mando de una división dependiente del Segundo Ejército del Sur; en las alturas de “Los Ángeles”, paso estratégico que cortaba absolutamente toda comunicación entre ambos Ejércitos del Sur, quedaba de esta forma establecida la línea táctica Ilo-Moquegua, el otro problema que presentaba esta hipótesis era la insalvable posibilidad de que las tropas aliadas de Tacna cruzaran el desierto que separa el Valle de Tacna con el Valle de Moquegua, ninguno de los Ejércitos del Sur tenía los elementos necesarios para salvar con la rapidez que se requería los obstáculos geográficos que les separaban de las fuerzas chilenas. La segunda hipótesis de guerra se basó en la estacionalidad defensivas de las tropas de Tacna en posiciones tácticas que le permitiesen ventajas sobre el enemigo, esperando que el gasto del cruce del desierto fuese hecho por parte del Ejército de Chile, esta hipótesis fue la que prevaleció por lo que se dispuso organizar un plan de construcciones defensivas, las que se ubicaron en las pampas del Intiorco, mas tarde llamado “Campo de la Alianza” o “Alto de la Alianza”, aquí fue donde en definitiva se libro la batalla entre el Ejército de Chile y el Ejército Aliado Perú Boliviano el 26 de mayo de 1880; el plan de contingencia original, muy apoyado desde su escritorio de Lima por Piérola, contemplaba el encierro en Arica de los restos del ejército en caso de un revés en la suerte de las armas aliadas en Tacna, esta última determinación fue muy resistía primero por el comandante en Jefe del Ejército boliviano, general Eliodoro Camacho y compartida a plenitud por el presidente de esa nación el general Narciso Campero. La posibilidad de un desembarco por la costa norte de Arica prácticamente se desestimó, debido a la imposibilidad que representaba efectuar esa operación militar de tal envergadura con los medios que se disponían en la época de la guerra del Pacífico, por último estudiados por los peruanos los movimientos de la Armada y del Ejército de Chile, los mandos aliados descartaron una eventual invasión por el sur desde Camarones. Así planteado los escenarios bélicos, el almirante Montero dispuso la construcción de dos fuertes en la parte sureste de la cadena de cerros que forma el Morro de Arica, ubicándolos en dos promontorios que daban excelente posición a la artillería, y permitía una fácil defensa, el objetivo de estas instalaciones era la protección de la retaguardia de todo el sistema defensivo de Arica en prevención de un ataque enemigo proveniente del sector de las playas Miller y La Capilla, o de una eventual invasión por tierra por el sur desde Camarones o Caleta Vitor, también fueron concebidos para proteger el abastecimiento de la ciudad desde el valle de Azapa. Comenzaron aceleradamente la construcción de los dos fuertes al sureste de la ciudad, uno de estos reductos, el más cercano a la población y al valle, lindante con Saucache, recibió el nombre de “Ciudadela”[6] construido sobre un otero llamado cerro “Chuño” de lomajes más o menos pronunciado, este fuerte en su cúspide tenía una fosa a modo de trinchera cavada en la roca viva, esta fosa cubría el flanco norte y oriente del fuerte, la muralla que formaba el mismo suelo rocoso y salitroso en este sector era mucho más grueso con el fin de otorgar un mejor soporte a tres cañones que poseía el fuerte, dos Parrot de 100 libras y un Voruz de 70 libras, en el centro y bajo tierra estaba la “santa bárbara”, el cerro que formaba el fuerte había sido rodeado de tres muros que se colocaron a distintos niveles de la ladera, cumplían las funciones de trincheras, estos muros en su base comenzaban con unos montículos de arena salitrosa y sobre esto, sacos rellenos con arena que servían de parapeto dejando cada ciertos trecho espacios que hacía las veces de troneras permitiendo disparar con mas efectividad y seguridad a los defensores. El segundo fuerte construido para cortar el paso por el sureste de las cadenas de cerros que forman el Morro fue el fuerte denominado del “Este”, se ubicaba a uno 800 mts. al sur del fuerte “Ciudadela”, ambas alcazabas las separaba una profunda hondonada, el castro del “Este” también fue construido sobre un otero llamado cerro “Aniani” que sobresale claramente de la extensa pampa de suelo rocoso y arenas salitrosas, en su cúspide fue enfosado para contener los blocaos de los cañones y la “santa bárbara”, tenía tres cañones de base giratoria que le daba campo de tiro desde el valle de Azapa hasta la rada que forma la costa de playa “Miller” y “La Capilla”, estos cañones eran dos Parrot de 100 libras y un Voruz de 70 libra. , este fuerte estaba protegido por tres muros de parapetos de sacos con arena construidos en cuadros simétricamente colocados y orientados al compás.

Detrás de los fuertes del sur se levantaron una serie de reductos y trincheras unidas, que se defendían entre sí, en un número de 18, seis de ellas núcleos que constituían verdaderos fuertes, mientras que las doce restantes eran solo parapetos o trincheras para impedir o sujetar el asalto y tener campo fijo de tiro al mampuesto, esta seguidilla defensiva llegaba hasta el “Cerro Gordo”, pequeño reducto con un cañón Voruz de 70 libras que daba campo de tiro a la costa de la Lisera y del Laucho. Cerraba las defensas de la ciudad por el frente norte una cadena de trincheras y parapetos formada en las zanjas y sinuosidades naturales del terreno y protegidas con parapetos de sacos rellenos de arena estas defensas iban en diagonal desde el Fuerte “San José”, pasaban por el Panteón, continuando hacia el Lazareto para concluir en el fuerte “Ciudadela”. Esta estructura defensiva necesitaba una fuerza de unos 6.000 hombres para ser efectiva y que era aproximadamente el contingente peruano que contaba Montero en Arica a mediados de marzo, sin considerar los 3.500 sobrevivientes que se habían salvado de la campaña de Tarapacá, la defensa de Tacna seguirían confiadas a los 4.500 bolivianos estacionados allí. Con la toma de Moquegua el 20 de marzo y la derrota del coronel Gamarra el 22 del mismo mes en las alturas de los Ángeles, Montero y su Cuartel General decide trasladarse con el grueso del Ejército peruano a Tacna, acto que se verifica el día 3 de abril, dejando en Arica como Jefe militar al capitán de Navío Camilo N. Carrillo con una dotación 1.932 hombres que se distribuían en dos Divisiones, la 8ª División conformada por los batallones Iquique con 310 plazas y el Tarapacá con 210 plazas; la 7ª División estaba integrada por los batallones Granaderos de Tacna, el Cazadores de Piérola con un total 580 hombres, más le batallón Artesanos de Tacna 380 plazas, las baterías del Morro sumaban 200 hombres que en su gran mayoría habían pertenecido a la tripulación del blindado “Independencia”, la dotación del Manco Cápac sumaba 157 tripulantes, la 1ª División de Torpedistas de la isla del Alacrán 23 hombres y por último la tripulación de la lancha torpedera “Alianza” 25 hombres, incluidos los servidores de tierra(¿?), 47 hombres estaban asignados al Estado Mayor General. El ejército aliado de Tacna quedo formado por un contingente de 7.350 peruano y 5.150 bolivianos, 17 cañones y 6 ametralladoras. El almirante logro imprimirle una mística y disciplina a la tropa peruana que se probó eficazmente en la jornada del 26 de mayo, lo propio ocurrió con el ejército boliviano al mando del general Camacho, sin embargo la presencia de Montero en Tacna comenzó a generar seria fricciones con el general Camacho, discrepancias que arriesgaron a un rompimiento muy serio entre los aliados, obligando al general Campero a dejar La Paz para tomar personalmente el mando y hacer rectificaciones necesarias de los errores tácticos y de las falencias estratégicas que inducía obstinadamente el contralmirante Montero. Ante la imperiosa necesidad en que se había visto el almirante Montero de desguarnecer de tropas la plaza fuerte de Arica para reforzar las defensas de Tacna, y al no tener ninguna posibilidad que Lima o La Paz aumentaran el número de soldados y elementos necesarios que requería para cubrir las necesidades para la defensa de Arica y Tacna, el mando peruano recurrió al plan que venía proponiendo desde hacia algún tiempo el ingeniero don Teodoro Elmore, quien colaboraba desde inicios de la guerra en el cuerpo de ingenieros militares en la construcción y preparación de defensa. La propuesta “Elmore” tenía como principio básico el remplazar el potencial de fuego de la tropa de infantería apostada en las trincheras por cargas de dinamita que explotaran por control eléctrico o por fulminantes de simple presión (minas anti personales). El sistema propuesto por el ingeniero funcionaría remplazando en las trincheras y parapetos el potencial de fuego de los soldados que habían sido trasladados a Tacna por fuertes cargas de dinamitas que explotarían al avance de las tropas enemigas, si las minas, más el fuego de artillería y el fuego de fusilería del reducido número de defensores no lograran detener a los atacantes, entonces, una vez que el enemigo hubiese tomado posesión de los reductos y fortines estos se harían explotar y así se arrasaría a los ocupantes, el calculo de los ingenieros militares peruanos con este sistema era en una relación 1:8, es decir por un defensor se requerirían ocho atacantes. Aceptada la propuesta, el ingeniero Elmore y su brigada inician febrilmente la de instalación del sistema de minas, el ingeniero peruano es asesorado por el ayudante de la 1ª División de Torpedistas, teniente 1º de la marina del Perú don Pedro Ignacio Ureta[7] y por el ingeniero de origen danés Karl Müller, este técnico extranjero había sido contratado por el gobierno peruano en julio de 1879 para asesorar la

División de Torpedistas del Callao, posteriormente fue trasladado a Arica en noviembre de ese año para trabajar con la 1ª División de Torpedistas de la isla del Alacrán, el staff de ingenieros y zapadores comienzan su labor en las trincheras y parapetos que cubrían el flanco norte de la ciudad que iba desde el fuerte “San José” al fuerte “Ciudadela” se colocaron tres líneas de minas paralelas y separadas entre sí, los explosivo se instalaron en forma decreciente en profundidad, colocándose la primera línea de minas a una profundidad de 1,5 mts., la segunda a 2 mts. y la tercera a 3 mts.; la primera línea tenía una carga con 5 quintales de dinamita, las segunda 8 quintales del mismo explosivo y por último la tercera con 12 quintales, la distribución de estos nidos explosivos se alternaban como un verdadero tablero de ajedrez, estaban cubiertos por grandes piedras de río y por chatarra de fierro con el fin de generar la mayor cantidad de esquirlas al momento de la explosión, los cubría una capa de tierra que los disimulaba perfectamente; una red de hilos eléctrico colocados bajo tierra activaba los fulminantes, esta red se energizaba y controlaba desde una central que ubicaron en un recito del hospital, en unas dependencias del Lazareto, bajo el amparo de la bandera de la Cruz Roja. Se colocaron 250 quintales en 84 puntos de la ciudad, lo suficiente como para volar gran parte de esta y del sector del muelle, uno de estos lugares estaba en la intersección de las calles San Marcos con La Merced, a pocos metros del cuartel de la “Recova” a una cuadra de la casa destinada a Cuartel General en jirón de Ayacucho, otro nido de dinamita lo ubicaron en calle San Marcos muy cerca de la intersección con la calle del Telégrafo a pocos metros de la casa de la Subprefectura, en la parte próxima al desembarcadero se colocaron explosivos en explanada de la Aduana cercano a la estación del ferrocarril en la entrada al muelle, en la plazoleta del Morro también se colocaron este sistema de “defensas”, ahí la cantidad de explosivo fue de 40 quintales, los fuertes del sur, el “Este” y el “Ciudadela” fueron protegidos por minas de explosión por presión y eléctricas estas última concebidas para activarse una vez que el enemigo hubiese tomado posesión de ellos, lo propio se hizo en los fuertes “2 de Mayo”, “Santa Rosa” y “San José”. El 3 de abril de 1880, el coronel don Francisco Bolognesi Cervantes asumió como coronel Jefe Superior de la Plaza de Arica y comandante General de las Baterías en reemplazo del capitán de navío don Camilo N. Carrillo quien tuvo que dejar el cargo de Jefe de la plaza de Arica por razones de salud, por este motivo tuvo que trasladarse a Lima. El coronel Bolognesi relata la situación de Arica en carta dirigida a su hijo Enrique:

Arica abril 19 1880 Querido hijo:

Son las once del día y dirijo ésta para despedirme. El enemigo está cerca de Tacna; allí lo espera el general Montero con todo su ejército, salvo que los chilenos le hagan una jugarreta y vengan a tomar esta plaza que la han dejado débil. Yo no tengo para su defensa más que 1.400 infantes; ellos pueden en horas traer de Pacocha 3 o 4 mil hombres y a la vez comprometer combate por mar y tierra. En fin, ha llegado el momento de decidir la cuestión. No hay que asustarse, no estamos mal. Si se dirigen bien las cosas, les daremos un caldo como en Tarapacá. Creo que seré “el pato de la boda” por ocupar este puesto que es el ensueño del enemigo. Mientras estén los nuestros en Tacna quizás no abra nada aquí. Ya estoy fastidiado, deseo que llegue el momento de un ataque para descansar del modo que quieras entenderlo. Yo no duermo no me dejan ni comer; en la calle y por donde vaya tengo que hacer con todo el que me busca. Afectos a todos en casa, amigos y amigas.

Adiós. FRANCISCO BOLOGNESI.

Con la asunción al mando de la plaza de Arica de Bolognesi comenzó ha producirse un cambio sustancial en la calidad de organización y trabajo de la guarnición, comenzó a hacerse sentir la disciplina militar. El coronel Bolognesi era infatigable en el servicio, se aparecía en todas las avanzadas y sorprendía de noche a los centinelas; Jefes, oficiales y soldados habían cobrado respeto y afecto a su comandante. Los requerimientos de elementos para la construcción del sistema de minas fueron satisfechos fundamentalmente con los que poseía el parque de la 1ª División de Torpedistas, decisión que no estuvo exenta de la aprensión del jefe de ese destacamento, coronel Leoncio Prado, este jefe manifestó por memorando, el desligamiento de toda responsabilidad posterior sobre su comando por el desmantelamiento que sufría la División, así lo expresa Prado en nota dirigida al coronel Bolognesi:

1ª División de Torpedistas.

Isla del Alacrán Mayo 8 de 1880

Sor. Coronel Jefe Superior de la Plaza y Comandante Gral. De las Baterías.

S.C.

Es en mi poder su apreciable nota fechada el 7 del pte. En la cual me ordena US. entregue al Ingeniero Sor. Teodoro Elmore, todo el alambre aislado e inutilizado perteneciente a uno de los torpedos que se encuentran en mi poder, pero creo de mi deber para salvar toda responsabilidad, antes de dar cumplimiento a esa orden manifestar a US. que ese alambre a pesar de estar en mal estado posible es su compostura y su colocación al torpedo del que pertenece. Respecto a la razón detallada que me pide US. de los fulminantes eléctricos y para mecha para dinamita que se cuente, diré a US. que los primeros sólo tengo 12, los cuales me son necesarios para el arreglo y ensayo de los torpedos y los segundos no tengo ninguno.

Espero que US...

LEONCIO PRADO

En otra misiva enviada al coronel Bolognesi, el comandante de Torpedistas, insiste en sus aprensiones en el desmantelamiento de la unidad bajo su mando.

1ª División de Torpedistas

Isla del Alacrán Mayo 12 de 1880

Sor. Coronel Jefe Superior de la Plaza y Comandante Gral. De las Baterías.

S.C. Comprendo muy bien que no sólo para el buen servicio sino también para la defensa de esta plaza es muy necesario el alambre que en nota fecha 7 me pide US. pero creo de mí deber manifestar a US. que ese alambre a pesar de encontrarse en mal estado posible en su compostura y al mismo tiempo temo que mañana u otro día Su señoría el Sor. Gral. o alguna otra persona me diga, que porque he entregado ese alambre sin haber hecho estas observaciones. Respecto a la segunda parte de su nota, es decir a la cantidad de fulminantes que tengo; diré a US. que sólo tengo doce eléctricos, los que son indispensables para los torpedos de que estoy encargado y para el ensayo de ellos, es decir para ver si están buenos, y respecto a los otros, es decir a los de dinamita, diré a U. Que no tengo ninguno...

Por otra parte en esos mismos día el ingeniero Elmore respondía a las urgencias impuesta por el coronel Bolognesi, quien cifraba gran esperanza en la eficacia defensiva del sistema de minas, situación que se deduce de la correspondencia que mantuvo con el coronel Prado y con el Ingeniero Elmore en esos días, el Jefe de la Plaza exigía con urgencia la instalación de las minas, Elmore respondía:

Brigada Ingenieros 1er Ejército del Sur

Arica Mayo 10 de 1880

Sor. Coronel Jefe Superior de la Plaza y Comandante Gral. De las Baterías.

Sor Coronel.

Listos como se encuentran los tres parapetos que defienden el flanco de esta población, así como los alambres, baterías y demás elementos que son necesarios para minarlos, he hecho el día de ayer los experimentos que juzgué necesarios para sustituir a los fulminantes eléctrico de que carezco. El ensayo que V.S. presenció esta mañana, demuestra que el fuego, a una serie de cuatro minas, se comunica por un solo lado tan instantáneamente como es de apetecer, así que cada fulminante, comunicado por ambos lados, puede dar fuego, a ocho minas; por consiguiente, con tres fulminantes de hace estallar 24 minas en un segundo y seis decimos.

V.S. no ha quedado satisfecho del resultado de mis esfuerzos calificándolos como no lo esperaba, pues, si bien es cierto que los niños juegan con guías de pólvora, también lo es que hacen igual cosa con cañones y soldados; de tal manera, que por si esa razón no se ha de aplicar a la guerra lo primero, preciso será renunciar a lo segundo.

Hay más señor Coronel, no puedo jamás negar las ventajas de las minas cargadas todas con fulminantes eléctricos, pero advierto a V.S. que no por eso queda asegurado su éxito, porque un solo fulminante en cada mina puede fallar, así como puede fallar todos si se daña el alambre enterrado.

V.S. me ha expresado que quiere que el éxito sea infalible, quedando mi responsabilidad empeñada; de contestarle, y para que conste, lo hago por escrito, que tratándose de infalibilidad, no creo nada y menos acepto respondo responsabilidad mientras no me declare iluminado por un rayo de luz divina (o diabólica).

Por estas razones, señor Coronel, suspendo por el momento la carga de las minas que debía realizar hoy, hasta que V.S. estime conveniente, proporcionándome sí los útiles que para ello sea necesario, advirtiéndole que necesito 24 fulminantes por cada serie, si se calcula a uno por mina, y 27, si se colocase doble fulminante en las tres maestras que deben ponerse en cada serie, es decir necesito 81 fulminantes para las tres series que están expeditas para cargarse y que sólo esperan la orden de V.S.

Dios guarde A V.S.

T. ELMORE

En otro comunicado del mismo día el ingeniero Elmore informa al coronel Bolognesi.

Brigada Ingenieros 1er Ejército del Sur

Arica Mayo 10 de 1880

Sor. Coronel Jefe Superior de la Plaza y Comandante Gral. De las Baterías.

Sor Coronel.

En contestación a su estimable oficio de hoy, debo decir a V.S. que, conforme a lo que expuse en mi oficio de esta mañana, no me es posible responder del éxito infalible que V.S. desea de mis trabajos, vuelvo a decir a V.S. que sólo puedo garantizar de las posibilidades que lo humano me permite, prometiéndole si hacer cuanto me sea posible para asegurar dicho éxito. En cuanto a que se proceda a cargar las minas del Morro, debo suplicarle que para ello me remita la carga que hace un tiempo le pedí, pues el cajón y medio que tengo a mi disposición en el parque, sólo me bastaría para tres minas, siendo así que tengo 15 preparadas y algunas en trabajo. V.S. ignora que mientras para el Norte las minas las he hecho de libra y media, para el Morro las he hecho de a 30 en los puntos principales, en razón de que todo el trabajo es sobre roca.

Dios guarde A V.S.

T. ELMORE

La vida en Arica en los meses previos al Asalto y Toma del Morro, estaba llena de privaciones, así lo manifiesta el coronel Bolognesi a su jefe de Estado Mayor coronel José Carmen La Torre, “Los Jefes de esta plaza han convocado hacer mejor capotes, que ponchos para la tropa, porque hay gran parte de estas en mangas de camisa. Si V.S. no ha dispuesto de los botones de metal que se me remitieron a ese E.M.G., le agradecería me los remitiera.” Sin embargo dentro de las circunstancias los abastecimientos de alimentos para la población eran los suficientes, incluso se pensaba que la ciudad podría resistir con facilidad seis meses de sitio, hay que recordar que por entonces le mayor parte de la población de Arica era la dotación de los regimientos estacionados en la Plaza, el elemento civil sólo lo componían personas que servían de auxiliares al Ejército, funcionarios civiles del Estado y comerciantes y sus empleados que abastecían a las fuerzas militares. El coronel Bolognesi dispuso que se diera una ración de carne y arroz a las familias más pobres que permanecían en la ciudad. Las autoridades civiles de Arica en Mayo de 1880 eran el señor Domingo Pescetto alcalde de Arica, el señor Pescetto era comerciante de origen italiano, el subprefecto era el señor Fidel Federico Sosa. A partir de la segunda quincena del mes de mayo comienza a sentirse, cada vez mas en el ánimo de los defensores de Arica la cercanía de las fuerzas Chilenas, así es como el coronel Bolognesi requería información urgente al prefecto de Tacna en telegrama enviado a las 12:48 A.M. en el que expresaba: “Señor Prefecto –Tacna- Por telegramas particulares se sabe que hay combates. Sírvase decirme que sucede”. El día 24 de mayo el Capitán de “Manco Cápac” enviaba un telegrama al almirante Montero en el que daba cuenta de la información traída por el buque inglés “Thetis”, que comunicaba la muerte del ministro de la guerra de Chile señor Rafael Sotomayor.

El 25 de mayo el prefecto de Tacna informaba al coronel Bolognesi a las 7:59 P.M. de la presencia de las primeras avanzadas chilenas cercanas al “Campo de la Alianza”. Ese día el entusiasmo en el Ejército aliado era indescriptible, el general Campero Comandante en Jefe de los aliados y presidente de Bolivia, recorre las líneas, arengando a cada cuerpo particularmente. Los soldados enfermos en condiciones de portar armas abandonan los hospitales y se incorporan a sus respectivos cuerpos. Un importante número de civiles sube al Campo de la Alianza a pedir un puesto de combate, la mayoría lleva sus propias armas, un número importante de ellos son extranjeros avecindados en Tacna. El almirante Montero hace lo propio con su división visitando las líneas dispuestas al combate, al arengar al batallón 1º de Bolivia; que iba a pelear bajo su mando, al momento de concluir el fogoso discurso y en un arrebato de entusiasmo se equivoca y dice: ¡Viva Chile! A lo que los sorprendidos “Colorados” le responden ¡Viva la Alianza!. El día 26 de mayo, parte del ejército aliado amanece muy agobiado por la pernoctada de la noche, había vagado por las arenosas pampas del Intiorco enana búsqueda infructuosa para sorprender al ejército chileno en su último y transitorio campamento de Quebrada Honda antes del inicio de la batalla, el día de la batalla del Campo de la Alianza, el coronel Bolognesi consulta a las 9:10 A.M. por telegrama al prefecto de Tacna sobre la situación en esa ciudad, le responden al medio día un funcionario de apellido Ríos, señalándole que la batalla había comenzado a las 10:30 A.M. siendo “lo más crudo” cerca del medio día, a partir de ese momento la incomunicación con los Jefes aliados o con otra autoridad será totalmente nula, manteniéndose los defensores de Arica en el más absoluto desconocimiento de la realidad de los acontecimientos que ocurrían con los Ejércitos del Sur (1º y 2º) y con el Ejército de Bolivia.

Capitulo IV Los 7 días más trascendentales

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La batalla de Arica

Ante la evidente proximidad de la batalla en Tacna entre el Ejército de Chile y el Ejército Aliado, el coronel Bolognesi ordenó colocar un mensajero en el puesto avanzado de la estación del ferrocarril a Tacna llamada del Hospicio, el encargado de las comunicaciones en dicho puesto de avanzada informaba a su Jefe el día 26 de mayo a las 9:40 Hrs. A.M.: “En este momento acabo de ver con el anteojo de Elmore que el campamento esta lleno de gente. Parece que todo el Ejército está allí. Mas abajo en la cima del cerro se distingue más gente en grupos”. La incertidumbre avanzará inexorablemente en el Jefe de la Plaza de Arica hasta el mismo día 7 de junio, las informaciones contradictorias aumentan la desinformación de los mandos peruanos de Arica. Nuevamente llegan noticias a Arica a las 12:25 P.M. de ese día 26 de mayo, el cable traía la siguiente información: “Principian a llegar bolivianos en fuga. Los chilenos amagan la izquierda con el objeto de pasarse a Arica”. Un segundo telegrama informa: “Señor coronel Bolognesi 12:35 P.M. un fuego nutrido sigue. Pero todos los bolivianos corren. Creo que ya tenemos perdida la batalla”, una hora más tarde llega otra noticia algo más tranquilizadora: “señor

coronel Bolognesi 1:00 P.M. llegan noticias de que los chilenos huyen y los dispersos se reúnen en la plaza”. Con el dramatismo de la incertidumbre vive Arica ese 26 de mayo de 1880, a la distancia sólo se podía percibir lejanos penachos de humo negro que emanaba detrás de los cerros que cubren la vista desde Arica hacia Tacna. A eso de las cinco de la tarde el mensajero de Hospicio informaba lo siguiente: “Señor coronel Bolognesi, en este momento acaba de llegar un soldado del batallón “Arica”: dice éste que el enemigo está en Tacna con todas sus piezas de artillería, además dice que nuestro ejército está reconcentrado en Pachía y de que el general Montero a la cabeza de su gente se prepara para la madrugada atacarlos nuevamente. El coronel Camacho le acompaña herido de una pierna”. “El batallón Arica destrozado, murió su comandante Mac Lean”. “El soldado salió a las 3:00 P.M., dejando la mayor parte del enemigo en Tacna; haciendo fuego de cañón sobre el pueblo, han destrozado el pueblo a cañonazos. Toda la gente de Tacna se ha ido a Pachía”. “Se ha salvado toda nuestra artillería pues nuestra gente hacía fuego seriamente. Campero se retiró con su escolta de un principio”. El último telegrama enviado por el jefe de la plaza de Arica el día de la batalla de Tacna, suscrito por el Jefe del Estado Mayor, coronel Manuel Carmen La Torre, decía: “Arica, 26 mayo 18:45 P.M. Señor general Montero, Pachía.- Dice coronel Bolognesi que aquí sucumbiremos todos antes de entregar Arica. Háganos propios. Comuníquenos órdenes y noticias del ejército y de los auxilios de Moquegua”. Al parecer Montero nunca recibió este telegrama, hasta ahí las informaciones que obtuvo el mando peruano de Arica de los acontecimientos de la batalla de Tacna, el telégrafo fue cortado, por lo que cualquier comunicación sólo se hacia desde el Hospicio; Bolognesi mantuvo todo el día 27 la vía férrea vigilada para estar atento ante el eventual repliegue masivo de los derrotados de Tacna hacia el puerto. El día 28 Bolognesi despachó para el coronel Segundo Leiva, Jefe del 2º Ejército del Sur, por intermedio del prefecto Orbegoso de Arequipa un propio por el cable marino que unía Arica con Mollendo y que se mantuvo habilitado hasta el mismo día 7 de junio, decía el Jefe de la plaza de Arica: “Esfuerzo Inútil, Tacna ocupada por el enemigo. Nada oficial recibido. Arica se sostendrá muchos días y se salvara perdiendo enemigo si Leiva jaquea, aproximándose a Sama y se une con nosotros”. Este telegrama fue recibido el día 30 de mayo en Arequipa. Dando inicio a una serie de comunicados de Bolognesi a Obergoso y Leiva y que nunca tuvieron respuesta. En tanto la vida de la plaza fuerte se seguirá desarrollando con el dramatismo que significaba el cierre de hierro que cada día se estrechaba más y más los chilenos sobre los defensores de Arica, así es como el 27 de mayo el coronel Prado comandante de la 1ª División de Torpedistas recibía el oficio del jefe del Hospital Militar informándole sobre de la fuga del subteniente Pecero, el oficio versaba así:

Superintendencia del Hospital Militar y Ambulancias.

Arica, Mayo 27 de 1880

Señor Jefe de la División de Torpedistas.

Pongo en conocimiento de U. Que el individuo Manuel Pecero que ingresó a este Hospital en calidad de preso el 26 de febrero último según lo manifiesta la baja firmada por el ayudante de esa División se ha fugado el día de ayer.

Dios guíe a U.

Doct. S. BUSTONELLI

Las fuerzas chilenas encontraron en la madrugada del 27 de mayo de 1880 en la estación ferroviaria de Tacna un valioso material ferroviario que inexplicablemente las autoridades peruanas habían dejado abandonado e intacto, estos elementos ferroviarios fueron de gran utilidad para el posterior traslado del Ejército de Chile hacia Arica, el cuerpo de Ingenieros Militares tomó posesión de esto valiosos elementos logísticos, siendo su detalle grueso el siguiente: Cuatro locomotoras, dos de las cuales en perfecto estado, diez carros estanques, 14 carros de carga y 5 carros de pasajeros, además un importante número de herramientas y materiales para reparación, incluido varios empleados de la estación que desde ese momento prestaron gran colaboración. Tensas eran las horas que se vivían en Arica, ya convencido Bolognesi que el ejército de Tacna tomaba un camino distinto al de Arica, ordena a la unidad de explosivos al mando del ingeniero Elmore volar los puentes del Molle y el de Chacalluta como así mismo destruir los terraplenes del Hospicio y de Escritos, esta operación fue ordenada con el fin de dejar inhabilitada la vía férrea que unía Tacna con Arica. El jefe de la plaza convocó a Consejo de Guerra para el día 28 de mayo a últimas horas de la tarde; a este Consejo asistieron 27 jefes, el comandante de la plaza expone ante sus subordinados la situación que enfrentan, la exposición estuvo encargada al jefe del Estado Mayor, coronel Manuel C. La Torre, se vislumbraron dos posibles escenarios a encarar. El primer escenario, sugería un plan de operaciones mediante el cual el ejército chileno avanzaría desde Tacna hacia Arica, en cuyo proceso el contralmirante Montero o el II segundo Ejército del Sur hostilizaría a los chilenos por los flancos. Esto obligaría al Ejército bajo el mando del general Baquedano a batirse en retirada, encontrándose con la guarnición de Arica, donde serían derrotados. El segundo escenario, se basaba en la hipótesis de que el ejército chileno sitiaría la plaza o la atacaría; la guarnición resistiría con todos los recursos a su disposición, causando el mayor número de bajas posibles y agotando al ejército asaltante, tropas peruanas y bolivianas rehechas en la precordillera en avances sobre Arica sorprenderían al diezmado ejército chileno, que además vería permanentemente hostilizadas por el II Ejército del Sur sus líneas de abastecimientos que provenían desde Pacocha e Ite. Esta última hipótesis fue asumida por el coronel Bolognesi, de ahí tanta insistencia en solicitar que actuasen las fuerzas del coronel Leiva. Analizadas las alternativas que tenían los defensores de Arica, todos los oficiales citados al Consejo de Guerra esa noche del 28 de mayo, acordaron resistir hasta las últimas consecuencias y aprobaron el plan de defensa. La única excepción la constituyo el coronel Agustín Belaúnde, jefe del batallón de “Cazadores de Piérola”[8]. El coronel Belaúnde terminado el Consejo de Guerra intenta sublevar el cuerpo de su mando desconociendo el acuerdo casi unánime del consejo de oficiales de la plaza, el coronel Bolognesi sofoca el intento de sublevación, y envía arrestado al comandante Belaúnde al monitor “Manco Cápac”. Por otro lado en Tacna ese 28 de mayo de 1880 en el lado chileno no era menor la preocupación, el general Baquedano y su Estado Mayor, estaba consciente de la extrema necesidad que tenían de entrar en

contacto lo antes posible con la Escuadra estacionada frente a Arica, este objetivo tenía dos razones de mucha importancia. La primera de estas, era la necesidad de establecer los suministro en forma segura y rápida para el ejército de casi 18.000 hombres estacionados en Tacna, pues, los abastecimientos por Pacocha e Ite eran extremadamente difíciles como riesgoso, eran muchas leguas de distancia que separaban a Tacna de estos puertos, espacio fundamentalmente de desierto, además, la existencia de montoneras en la zona, la del coronel Gregorío Albarracín “El centauro de las vilcas” y la de Juan Luis Pacheco de Céspedes “El Cubano”, hacia peligroso el trayecto. El alto mando chileno sabía que el valle de Tacna podría proporcionar sustento al ejército por un tiempo pero este pronto se vería agotado, el valle de Sama, el más cercano, ya se había visto afectado por la ocupación previa a la batalla de Tacna, por lo que no era una fuente de recursos muy abundante, además, se creía seriamente en el riesgo latente de la reorganización del ejército aliado en la precordillera, también se contempló en el análisis el hecho de que una inmovilización muy larga del Ejército Expedicionario podría bajar la moral y relajar la disciplina, en consecuencia, estando además escaso de recurso y pertrechos, podría significar que el Ejército Chileno se encontrarse en comprometida situación ante un eventual adversario rehecho, el segundo motivo que daba preeminencia a una ocupación rápida de Arica era la de liberar a la Escuadra del bloqueo del puerto y del apoyo táctico de artillería necesario para las tropas de tierra ante cualquier acción de armas, al liberar de estos objetivos a la Escuadra podría tener un masivo empleo táctico sobre el Callao y sobre otros puertos más al norte de la costa peruana. Para el propósito señalado el general Baquedano dispuso hacer un reconocimiento del camino a Arica al día subsiguiente de la batalla de Tacna. La misión se le encomendó a una patrulla de 50 “Carabineros de Yungay” al mando del capitán don Juan de Dios Dinator, el destacamento llevaba como segundo comandante al alférez don Manuel Fornés. La patrulla sale de Tacna a la 8:00 P.M. siguiendo la línea del ferrocarril, como a unos mil metros antes de llegar a la estación del Hospicio el jefe del piquete ordena que quedasen 47 hombres a retaguardia bajo el mando del alférez Fornés, mientras él con tres hombres avanzaba por la línea en un carro de mano hasta apoderarse de la oficina del telégrafo. La oscuridad de la noche no le permitió al capitán Dinator y sus hombres percatarse de la presencia de una avanzada peruana, que al sentir los movimientos de los chilenos dio el “quien vive” como a veinte metros de distancia del objetivo, los chilenos continuaron avanzando en silencio sin contestar, los peruanos vuelve a dar el “quien vive” pero en esta oportunidad disparando sobre las sombras que percibían, de inmediato los chilenos respondieron al fuego dirigiendo sus dispararos en dirección al los fogonazos vistos, provocando la huida de la patrulla peruana. Al sentir las detonaciones el alférez Fornés ordena avanzar a seis carabineros, con los que el capitán Dinator carga haciendo fuego sobre los fugitivos, pero estos se pierden en las sinuosidades del terreno amparados en la oscuridad de la noche. Al amanecer del día 29, la patrulla chilena avanzó hasta casi llegar a la desembocadura del río Lluta, ahí en la costa, el capitán Dinator desplegó una bandera chilena que le había sido facilitada por el cuerpo de Navales, el despliegue de la bandera lo hicieron lanzando espontáneamente tres “hurras” por Chile. Los buques de la Armada chilena a la gira se percataron del gesto y contestaron subiendo la tripulación a la arboladura. Los movimientos efectuados por los chilenos alertaron a las avanzadas peruanas que prestaban vigilancia en la quebrada de Chacalluta, unos 50 jinetes y alguna infantería se abalanzaron sobre la patrulla chilena, la sección que había quedado de vigías en el borde del barranco de Chacalluta dan la voz de alerta, los chilenos forman en batalla y avanzan unos 800 metros sobre sus enemigos, acto que bastó para que los peruanos se retiraran en fuga a los cerro cercanos de “Punta Condori” desde donde hicieron fuego, pero por la distancia que los separaba de los chilenos impidió que causaran algún daño a los exploradores. La patrulla chilena siguió avanzando hasta la orilla del río Lluta donde existían unos alfalfales que sirvieron para forrajear a la caballada, acto que se hizo a vista y paciencia de la avanzada peruana sin que ésta reaccionara. A una hora de dar alimento a las bestias y tomar descanso la tropa, se dio la alerta de un nuevo avance del destacamento peruano sobre la patrulla, nuevamente el capitán dispone formación de batalla para cargar sobre el enemigo y nuevamente los peruanos emprenden la retirada a desbandada, en ese momento se perciben señales desde la “Covadonga”, el capitán Dinator con un piquete se acercan a la playa, al llegar a la orilla ven que desde el “Cochrane” se lanzaba un hombre al agua, el marinero alcanza a nado la orilla aprovechando que en ese momento estaba el mar calmo, al llegar se identifico como el marinero Jhon

Lewis, el había sido comisionado para llevar del comandante Juan José Latorre un pliego sellado para el general Baquedano. Cumplida su misión hizo intento de volver a nado al buque pero la fuerte corriente de ese sector de la costa se lo impidió, se incorpora por lo tanto a la patrulla chilena que regresa a Tacna a las 6:00 P.M. aproximadamente de ese día. En Arica, en la mañana del 29 de mayo el coronel Belaúnde con la complicidad de algunos oficiales de su batallón, y haciendo uso del soborno a sus celadores logra escapar de su prisión a bordo del “Manco Cápac”, la deserción del jefe de los “Cazadores de Piérola”, arrastró a los jefes de ese cuerpo; sargento mayor Manuel Revollar, al capitán Pedro Hume, a los subtenientes Enrique F. Dávila y Simón Quelopana y al sargento 2º Gavino Vargas, los que fueron declarados traidores a la patria, y se ordenó enjuiciarlos y aplicarles las penas que correspondan según el estatuto provisorio que regia las ordenanzas de ejército peruano en reorganización según había ordenado el dictador Piérola, para aplicación una vez que fuesen capturados. En la fuga hacia Arequipa, Belaúnde se encontró con el prefecto de Tacna don Pedro A. Del Solar quien le preguntó extrañado sobre la situación de Arica. Belaúnde no pudo responder, por lo cual el prefecto, comprendiendo que se trataba de un desertor, dispuso que fuera arrestado y fusilado junto a sus acompañantes, la sentencia no llego a cumplirse por las difíciles circunstancias que vivían las tropas peruanas en retirada desde Tacna camino a Arequipa. La deserción de Belaúnde generó el nombramiento como comandante del “Cazadores de Piérola” del teniente coronel Francisco Cornejo, además del nombramiento como jefe de línea en el fuerte “Ciudadela” del coronel don Justo Arias y Aragüez, y se ascendió al grado de sargento mayor de guardias nacionales a don Ismael Meza, quedando este último como tercer jefe de la Brigada de Artillería del fuerte del Este. El segundo escuadrón de “Carabineros de Yungay” al mando del sargento mayor don Rafael Vargas Pinochet, es comisionado para una segunda exploración del camino de Arica hasta el río Lluta, la misión contemplaba la protección al Cuerpo de Ingenieros al mando del sargento mayor don Francisco Javier Zelaya, que tenía la misión de repara la vía férrea que había sido destruida en cinco parte por el ingeniero Elmore y su gente, el mismo día 1º de junio quedaba expedita la vía hasta el mismo puente de Chacalluta, lugar que establece campamento el capitán Adolfo Silva Vergara con su compañía de pontoneros, el trabajo de los ingenieros y de los pontoneros fue muy satisfactorio por que en un solo día lograron habilitar la vía férrea hasta la quebrada de Chacalluta, ese mismo día se probó la efectividad de las reparaciones enviando una locomotora hasta el mismo puente de Chacalluta, la que llegó sin ningún tropiezo, la reparación del puente en la quebrada de Chacalluta era una obra que requería de algo más de tiempo, ya que la explosión ocurrida por la orden de demolición y destrucción de la vía férrea que había dado el coronel Bolognesi a Elmore había destruido el machón central de piedra y gran parte de las defensas del puente, rieles y durmientes los que igualmente habían volado. Tras el 2º escuadrón de “Carabineros de Yungay” habían salido desde Tacna el batallón “Cazadores a Caballo” reuniéndose toda la avanzada chilena a media tarde en el campamento levantado por los pontoneros. Al anochecer del día 1º de junio la caballería bajaba a apacentar a los alfalfales de las orillas del río y a dar de beber al ganado haciéndolo por el vado del camino real. Cuando ya había pasado el regimiento de “Cazadores” e iba a efectuar la operación el 2º escuadrón del “Carabineros”, se hace sentir una inmensa detonación acompañada de un estruendo que remeció el suelo como un gran sismo, levantando trozos de piedra y gran cantidad de tierra, provocando una negra polvareda, daba la impresión a los soldados que la tierra se partía en dos bajo sus pies, como si de improviso un volcán se abriera en esa parte del río; era una mina de dinamita que había explotado. La brigada de ingenieros de Elmore había minado todo el posible paso de las tropas chilenas por esa vadera, las baterías eléctricas que activaban dichas minas estaba en una casucha de madera semi camuflada de precarias condiciones a una prudente distancia del sector minado. Pasado el primer momento de desconcierto entre los chilenos y calmada la primera impresión se vio que la explosión no había causado ninguna baja, a excepción del corneta de órdenes que resulto con una fractura en un brazo, este soldado iba inmediatamente detrás del mayor Vargas al momento de la explosión, de inmediato se ordenó a un piquete dirigirse hacía la caseta donde entre las sombras se distinguían tres bultos móviles, que lejos de detenerse al disparo de los carabineros aumentaron su velocidad de escape, uno de ellos logra hacerse de un caballo lo que le permitió perderse en la oscuridad de la noche y en la sinuosidad del terreno. Los otros dos fueron capturados, al ser llevados ante el mayor

Vargas para ser interrogados, se descubrió que uno de ellos ere el mismísimo ingeniero Teodoro Elmore y el otro el teniente de la marina peruana Pedro I. Ureta quien había resultado herido de gravedad y fallecería días más tarde a causa de sus heridas. Elmore, informó al mayor Vargas de la existencia de otras minas en el sector y de que él poseía la información de todo el sistema de minas de la plaza fuerte de Arica, además señaló que el sólo se encontraba en el lugar para levantar unos planos, negando toda intervención suya en la explosión recién ocurrida. Revisada la casucha en las primeras horas del alba se pudo constatar que ahí estaban las baterías eléctricas que activaban las minas instaladas en el sector, se cortaron los alambres conductores y con grandes precauciones se rastrearon las márgenes del río, encontrándose nueve minas en diversos punto, estas estaban construidas en pozos de un metro y medio de profundidad ensanchándose en la mitad para tomar el mismo diámetro de la boca en el fondo, formando una especie de barril cavado en la tierra. Estos pozos estaban cargados con dinamita y rellenos con piedras y tierra fuertemente comprimida. La noticia de la explosión causó gran indignación en la tropa y oficialidad del Ejército de Chile, todos anhelaban marchar sobre Arica para vengar esa forma de hacer la guerra que la consideraban cobarde e inhumana, Elmore habría sido fusilado en el acto, sino hubiese primado el buen criterio de los jefes chilenos, él por si solo representaba una riquísima fuente de información sobre las defensas de Arica. La consternación en el bando peruano de Arica no fue menor al enterarse de la captura de Elmore y del teniente Ureta, sin embargo, el coronel Bolognesi mantuvo la férrea esperanza que su plan de operaciones era aun viable, ignoraba en absoluto la deserción del Ejército boliviano, con el general Campero a la cabeza, como también la retirada absoluta de Montero con los restos de su ejército hacia Arequipa, desde donde no saldría hasta la ocupación de esa ciudad por las fuerzas chilenas al término de la guerra; el viejo coronel estaba convencido de poder soportar el asedio chileno por largo tiempo, el día 2 de junio enviaba el siguiente telegrama al prefecto de Arequipa: “Arica, 2 de junio de 1880.- Prefecto.- Arequipa.- Toda caballería en Chacalluta. Compone ferrocarril. No posible comunicar Campero. Sitio o ataque resistiremos.- Bolognesi.” Este telegrama fue recibido en Arequipa a las 12:38 P.M. del día 2 de junio, ese mismo día remite otro telegrama con el mismo destino siendo recibido en Arequipa el día 3 de junio a las 6:35 A.M., decía así: “Arica, 2 de Junio de 1880. - Prefecto.- Arequipa.- Enemigo toda las armas por trenes a dos leguas acampado. Espero mañana ataque.- Bolognesi." El último telegrama del coronel Bolognesi del día 2 de junio comunicaba efectivamente lo que ocurría en el campamento chileno de Chacalluta, el general en jefe del Ejército chileno ordenó a la División que había actuado de reserva el 26 de mayo, que se trasladase a Chacalluta para iniciar los aprestos para el asalto o el sitio de la plaza fuerte de Arica, como jefe de esta División nombro al coronel Pedro Lagos Marchant, los primeros contingentes salen de Tacna a bordo del tren en la mañana de ese día, llegando a destino a comienzo de la tarde, estableciendo campamento en la rivera norte del río Lluta, las fuerzas de infantería que se incorporaba a la avanzada era el regimiento 1º de línea “Buín” y el regimiento 3º de línea. El día 3 de junio a las 10:00 A.M. el general Manuel Baquedano comandante en jefe del Ejército chileno salió con destino a Chacalluta, acompañado del Estado Mayor General, del regimiento 4º de Línea, batallón “Bulnes”, escuadrón Nº1 de “Carabineros de Yungay” y cuatro baterías de artillería, a la una de la tarde se reunieron todas las fuerzas en el campamento de Chacalluta, el general ordena reubicar el campamento en un lugar fuera de tiro de cañón, quedando algo mas al Este, al amparo de los lomajes de “Condorí” siempre en la rivera norte del río, esta medida motivo la creencia del coronel Bolognesi de un retiro de los chilenos, así lo estampa en telegrama enviado al prefecto de Arequipa al atardecer del día 3 de junio, en el que decía: “Arica 3 de junio de 1880.- Prefecto.- Arequipa.- Avanzadas enemigas se retiran. Continúan siete buques. Apure Leiva para unírsenos. Resistiremos.- Bolognesi”. A unos 200 kilómetros al noreste de Arica, en la breña tacneña, en Tarata, el prefecto de Tacna señor Pedro Alejandrino del Solar, comisiona a Juan Luis Pacheco de Céspedes, “El Cubano”[9], jefe de una

montonera que se había formado en la zona, con un mensaje para el coronel Bolognesi que decía: “Sor. coronel Bolognesi, destruya los cañones y cuanto elemento bélico hay en Arica y salve los hombres que allí tiene para pasar ese Ejército a Moquegua y unirlo al coronel Leiva”. “El Cubano” no logró llegar a Arica a cumplir su misión, pues, la plaza fuerte ya estaba totalmente sitiada el medio día del día 5 de junio cuando llegó a las inmediaciones de Sobraya, caserío del valle de Azapa, desde ese lugar alcanzó a divisar las avanzadas de la caballería chilena que tenían posesión del valle. En la mañana del día 4 de junio el general Baquedano en compañía de su Estado Mayor sale a un reconocimiento de campo, da orden a la artillería de tomar posiciones que le permitiesen dominar la ciudad con el fin de hacer reconocimiento de tiro, al mismo tiempo se ordenó al regimiento 4º de línea y a una parte de la caballería a tomar posesión del valle de Azapa, lugar por donde la ciudad recibía abastecimientos de alimentos y constituía una excelente puerta de acceso a los caminos al interior de la provincia, los que podrían ser utilizados ante una eventual retirada de las fuerzas defensoras de Arica. Desde el medio día la artillería con la colaboración de los pontoneros comenzó la fatigosa tarea de ubicación de sus piezas en las alturas de los arenosos cerros que forman la cadena montañosa entre “Punta Condori” y cerro “Chuño”, operación que recién quedó concluida en la noche de ese día, como fuerza de protección acompaño a los artilleros el batallón “Bulnes”, el general Baquedano acompañado de los coroneles José Velásquez Borquez y Pedro Lagos y demás miembros del Estado Mayor hicieron un reconocimiento de la plaza de Arica con catalejos desde las alturas de los cerros “Chuños”, durante toda la tarde del 4 de junio el comandante en jefe del Ejército y su Estado Mayor deliberaron sobre los planes de operación para ejecutar el asalto a la plaza de Arica, hasta ese momento el general Baquedano había determinado que la operación de asalto fuese conducidas por coronel Ricardo Castro, comandante del regimiento 3º de línea. En tanto se tomó la decisión de incorporar al regimiento “Lautaro” a la División Expedicionaria encargada de la toma de Arica. El “Lautaro” debía trasladarse de su campamento de Pocollay, poblado ubicado a unos 6 kilómetros en las afuera de Tacna, hasta la estación de esa ciudad, para salir a las 7:30 A.M. con destino a Chacalluta, también el Alto Mando determinó que la 1ª División quedase amunicionada en Tacna y acuartelada para estar prontos a concurrir al sitio de las operaciones si llegaba el caso de tal necesidad. Las deliberaciones del Alto Mando chileno se centraron en dos hipótesis de guerra, una de ellas era la de efectuar un sitio a la plaza de Arica, forzando la rendición de Bolognesi y su gente por agotamiento, la otra hipótesis era la de efectuar un rápido asalto a la plaza. Los defensores de la primera hipótesis decían que Arica no valía las numerosas víctimas que significaría el asalto, ya que estimaban que el poder del sistema de minas tendría un alto grado de letalidad para las fuerzas ofensoras, además de considerar como una ventaja para las fuerzas sitiadoras la nula posibilidad de auxilios que tendrían los defensores, por lo que la mejor y más humanitaria opción era “el sitio de la plaza”; uno de los defensores de esta hipótesis era el secretario del general Baquedano don Máximo Lira, así queda expresado en telegrama enviado al Almirante Lynch ese día, el que decía: “Campamento de Chacalluta, junio 4.- A. Lynch: creemos aquí todos que la posesión de Arica no vale la pena de perder hombres, por eso no se ha pensado en asaltar las posiciones que ocupan los enemigos y que están todas minadas”. Por otro lado los defensores del asalto decían que el perjuicio de un sitio se vería reflejado en lo dilatado del tiempo en que podría resolverse una rendición de los defensores, teniendo la urgente necesidad de abrir contacto físico con la Armada, solucionando así rápidamente las dificultades de abastecimiento que tendría el ejército estacionado en Tacna a corto plazo y además la inmovilización del Ejército provocaría la desmoralización y relajamiento de la disciplina, los partidarios de esta opción además no daban el valor militar tan absoluto al sistema de minas, confiaban en la capacidad de los soldados chilenos de empuje y arrojo que les permitiría salvar con éxito las dificultades que presentaban la defensas de Arica, como también confiaban en su propia capacidad en el mando, los principales defensores de esta hipótesis fueron los coroneles Lagos y Velásquez, el Jefe del Estado Mayor General coronel Velásquez telegrafiaba a Santiago diciendo: “Los restos peruanos de la batalla de Tacna tomaron distintos rumbos, pero nadie se replegó a Arica. Los regimientos Buín, 3º y 4º de Línea, el Bulnes, 22 piezas de artillería y 400 de caballería están a dos leguas de Arica. Mañana atacaremos por la retaguardia juntamente con la escuadra”.

Ya entrada la noche el general Baquedano toma la resolución del asalto a la plaza fuerte de Arica, descartando de plano la opción del sitio, manteniendo siempre la conducción del ataque en el coronel Ricardo Castro, situación que puso inquieta a toda la oficialidad, por la conocida y decidida opción de este jefe por la hipótesis del sitio a la plaza, la otra situación que complicaba este comando era el poco ascendiente que poseía el coronel Castro en la tropa ya que los corresponsales de guerra le habían creado una imagen de pusilanimidad entre los soldados. Don Máximo Lira, secretario del general Baquedano, hizo ingentes esfuerzos ante su jefe para convencerlo de entregar la conducción del asalto al coronel Lagos, los afanes de persuasión de Lira tuvieron sus frutos, el día 5 de junio, el coronel Pedro Lagos no sólo era jefe Divisionario sino que recaía directamente sobre sus hombros la responsabilidad de la conducción del Asalto y Toma de Arica. El coronel Lagos con facultades discrecionales otorgadas por el general Baquedano para ejecutar el Asalto a Arica, toma posesión de su cargo en la madrugada del 5 de junio, en la madrugada de ese día se dirige al valle de Azapa acompañado de los ayudantes del Estado Mayor General, mayor don Julio Argomedo, capitanes Belisario Campo y Enrique Salcedo, alférez Ricardo Walker, además del capitán de la comandancia general de Equipajes Segundo Fajardo, en el lugar ya se encontraban los regimientos 1º Buín, 4º y 3º de Línea y 100 hombres de caballería. A la misma hora que el coronel Lagos tomaba el mando de la operación, el general Baquedano envía como parlamentario ante el coronel Francisco Bolognesi al mayor Juan de la Cruz Salvo, conminando a la rendición de la plaza. Esa madrugada fue de sorpresa para los vigías del batallón “Tarapacá”, unidad del ejército peruano que estaba a cargo de la defensa de las trincheras del sector norte entre del Cementerio General y el Lazareto, al ver la bandera blanca de parlamento que enarbolaba un pequeño piquete de caballería que destacaba por sus uniformes azul y rojo y que llamaban la atención de parlamento al toque de corneta, el jefe peruano, coronel Ramón Zavala salió en el acto al encuentro de los inesperados emisarios, monto a caballo acompañado de un corneta de órdenes y de sus ayudantes, a la medida que se acercaba respondía con toques de inteligencia, el jefe peruano llegó ante el mayor Salvo en breve tiempo solicitándole una explicación de su presencia, acompañaban al mayor el ayudante del coronel Lagos capitán Enrique Salcedo, el alférez de artillería Santiago Frez, un abanderado de señales, un corneta de órdenes y dos ordenanzas. Explicada las razones de su misión por parte del mayor Salvo, el coronel Zavala con cortesía vendó los ojos del mayor Salvo, indicando con firmeza pero con respeto que el resto de la comitiva debería esperar en el lugar. El mayor Juan de la Cruz Salvo es conducido a la presencia del coronel Bolognesi al Cuartel General que se ubicaba en una hermosa casa construida en los faldeos del Morro en la esquina de jirón de “Ayacucho” y la calle “del Colegio”, este edificio por su ubicación dominaba la vista de toda la rada y valle de Arica lo que permitía desde el balcón del segundo piso al jefe de la plaza y su Estado Mayor tener control visual con catalejos de todas las fortificaciones del sector norte de la ciudad y de gran parte de la bahía como también esta edificación era percibida de todos los puntos de vigías de las defensas que se utilizaban para trasmitir y recibir las órdenes por señal de banderas. El oficial chileno es recibido en una dependencia interior de la casona, que al parecer servia de despacho privado del coronel Bolognesi, este cuarto sólo tenía una amplia mesa que hacia las veces de escritorio, y varias sillas de fina factura, sus muros desnudos sólo contenían un reloj mural, el dialogo de la entrevista se desarrollo de la siguiente forma según testigos presénciales peruanos que de algún modo coinciden con la versión del mayor Salvo, único testigo chileno; después del saludo protocolar, Bolognesi le dice al emisario chileno:

·

Bolognesi: “Le oigo a usted Señor”;

· Salvo: “Señor, el general en Jefe del Ejército de Chile, deseoso de evitar un derramamiento inútil de sangre, después de haber vencido en Tacna al grueso del Ejército aliado, me envía a pedir en nombre de la humanidad la rendición de esta plaza, cuyos recursos en hombres, víveres y municiones conocemos, además, contamos con un crecido ejército que sitiaría la plaza, o la tomará por asalto, siendo US. responsable de las consecuencias”; · Bolognesi: “Señor oficial, comunique usted al general Baquedano que tengo deberes sagrados y los cumpliré quemando el último cartucho”;

· Salvo: “Coronel, entonces está cumplida mi misión”, el oficial chileno se levanta de su asiento para retirase; · Bolognesi: “Lo que he dicho a usted es mi opinión personal; pero debo consultar a los jefes; y a las dos de la tarde mandaré mi respuesta al cuartel general chileno”; · Salvo: “No, señor comandante. Esa demora está prevista, por que en la situación en que respectivamente nos hallamos, una hora puede decidir de la suerte de la plaza. Me retiro”; · Bolognesi, le pide: “Dígnese usted aguardar un instante, voy hacer la consulta aquí mismo y en presencia de usted”.

El viejo coronel instruye a sus ayudantes de comunicar de inmediato la orden de reunión de Consejo de Guerra a todos los jefes, a la que concurren los 27 oficiales que componían el alto mando, una vez constituido el Consejo, el Jefe de la Plaza relata la conversación sostenida con el parlamentario chileno y expone su punto de vista respecto a la solicitud de rendición de la plaza, terminada las palabras de Bolognesi el capitán de navío don Guillermo Moore con decisión y plena convicción dice: “Esa es también mi opinión” ratificando la posición de Bolognesi, seguidamente expresan la misma opinión los demás oficiales por orden de graduación, concluido esto el mayor Salvo se pone de pie diciendo: “Señores, mi misión está cumplida, lo siento mucho”, se despide estrechando la mano de los jefes peruanos diciendo un respetuoso “Hasta luego”. El coronel Zavala guía al oficial chileno hasta donde lo esperaba el piquete que lo había acompañado en su misión, regresando al Cuartel General chileno a las 8:30 A.M. Concluida la gestión del mayor Juan de la Cruz Salvo, se da la orden de iniciar los fuegos por parte de la artillería chilena comandada por el mayor José Manuel Novoa la que había sido instalada convenientemente desde el día anterior. El bombardeo se inicia a las 9:00 A.M. la batería de montaña al mando del mayor Benjamín Montoya se había colocado a unos 3.000 mts. de distancia de los fuertes del Este, en los lomajes inmediatos al píe del cerro “Chuño” que da en el sector norte de la boca del valle de Azapa, concretamente en las lomas de entrada de la quebrada “Encantada”, esta unidad mantiene el duelo de artillería con dichos fuertes. En tanto las baterías al mando del teniente coronel Novoa, ubicada en los lomajes de los cerros que están frente al varado buque “Wateree", traban disparos con los fuertes del norte; “San José” y “Santa Rosa”, el cañoneo dura como hasta las 12:30 P.M. Suspendidos los fuegos, el Estado Mayor comienza de inmediato a analizar los incidentes de la acción. A las 2:00 P.M. el coronel Lagos acompañado de los comandantes de los regimientos, ingenieros y ayudantes efectúa un reconocimiento de las posiciones peruanas del Este, antes de esto ordenó a una compañía de guerrilla del Buín hacer un amago de ataque al noreste de la plaza con el fin de distraer a los mandos peruanos del verdadero lugar a estudiar. A las 4:00 P.M.; se da orden de replegarse a la artillería de montaña hasta las posiciones que ocupaban las baterías de campaña, rompiendo fuego contra los fuertes del norte y los parapetos de ese sector cubriendo las operaciones de la compañía del Buín, la finalidad era la de evidenciar más aun que el eventual ataque chileno por ese sector, el cañoneo duro como hasta las 5:30 P.M. Los cazadores al mando del capitán Alberto Novoa G. y del teniente Juan de Dios Quezada, retornaron después de una incursión profunda al valle de Azapa al campamento instalado en esa parte de Arica, donde se encontraba los regimientos 4º de Línea y “Buín”, los piquetes de caballería llegaron con dos bueyes, tres mulas, dos caballos, 40 cabras y 60 ovejas, los que fueron entregados al ayudante de la División Expedicionaria subteniente Ricardo Walker. Las patrullas de caballería que recorrieron el valle no les fue posible encontrar forraje sólo encontraron caña de azúcar, y agua dulce a unos dos kilómetros del campamento. El regimiento 3º de Línea al anochecer de ese día 5 de junio se incorporó al campamento del valle de Azapa, había hecho su recorrido por detrás de los cerros de “Condori” evitando ser vistos por el enemigo, el 3º de Línea había sido relevado en el campamento de Chacalluta por el regimiento “Lautaro” recién traído desde Tacna.

Terminadas las maniobras de reconocimiento ya de noche y con todo los antecedentes analizados y estudiados por el Estado Mayor, el coronel Lagos tomó la decisión definitiva sobre el plan de operaciones para llevar a cabo el asalto a la plaza, este consistió básicamente en concentrar el ataque principal por la retaguardia de los fuertes del Este, simulando un ataque principal por el sector norte de la ciudad, la operación por las características que presentaban las defensas de Arica, debería ser una maniobra sólo de infantería, la artillería de tierra chilena no tenía alcance sobre la artillería peruana, por lo que el mando chileno decidió que esta se mantuviera en sus posiciones de los cerros costeros del norte de Arica protegida por el batallón “Bulnes”, posición que mantuvo hasta el termino de la batalla del día 7, solamente quedaba por verificar un ataque de artillería en conjunto con la escuadra, reconocimiento que quedó pospuesto para el día 6, la caballería no podía tener ningún papel que cumplir en el ataque, ante el sistema de minas que protegía todas las instalaciones defensivas de la plaza. Definido el plan para el asalto, el coronel Lagos determinó responsabilizar del ataque al fuerte del Este y demás reductos hasta el “Morro Gordo”, al regimiento 4º de Línea, al mando del teniente coronel Juan José San Martín, quedando por determinar cual sería la unidad que atacaría al fuerte “Ciudadela” y cual sería la unidad que quedaría de reserva, ante el ímpetu por tener el honor del ataque al fuerte por parte de ambos comandantes de los regimientos 3º de Línea y “Buín”; el coronel Lagos echó a la suerte tal opción, ganado el honor del asalto el 3º de Línea al mando del teniente coronel Ricardo Castro, quedando de reserva el regimiento “Buín” al mando del teniente coronel Luis J. Ortíz más la caballería al mando del Capitán Alberto Novoa, la misión de la caballería era fundamentalmente la de cortar la retirada de cualquier tropa enemiga. Los fuertes de la plazoleta de la cima del Morro deberían ser asaltados por las fuerzas conjuntas de los dos regimientos encargados del ataque una vez rendidos los objetivos encomendados. Al norte simulando el ataque principal lo haría la 4ª División al mando del coronel Orozimbo Barbosa, esta División estaba integrada por el regimiento “Lautaro” que tenía al mando al teniente coronel Eulogio Robles más el Estado Mayor de esa División al mando del mayor Baldomero Dublé Almeyda. Por el lado de los defensores de Arica después de la entrevista del mayor Salvo, las perspectivas que se plantearon los principales jefes peruanos quedaron estampadas en una serie de documentos que confirman la convicción que tenían de poder resistir un largo tiempo al asedio de las fuerzas chilenas y con ello cumplir el plan de contingencia ante un eventual revés de las fuerzas aliadas de Tacna dejado por el contralmirante Montero al coronel Bolognesi el día 24 de mayo[10] y la esperanza permanente que las tropas aliadas Montero/Campero rehechas en los contrafuertes de la precordillera o las del coronel Leiva del 2º Ejército del Sur, marchasen sobre las “desgastadas” fuerzas chilenas estacionadas en Tacna y Arica. El coronel Bolognesi dirigió tres telegramas al prefecto de Arequipa ese día 5 de junio, el primero de ellos, decía: “Arica 5 de junio de 1880.- Prefecto.- Arequipa.- Apure Leiva. Todavía es posible hacer mayor estrago en el enemigo victorioso. Arica no se rinde y resistirá hasta el último sacrificio.- Bolognesi”. Poco más tarde un segundo telegrama enviado después de la entrevista de Salvo con Bolognesi, fue recibido en Arequipa ese mismo día a las 9:00a.m.; decía: “Arica, 5 de junio de 1880.- Prefecto.- Arequipa.- Parlamento impone rendición. Contestación previo acuerdo jefes: quemaremos el último cartucho.- Bolognesi”. Por último hubo ese día un tercer telegrama, enviado cuando cesaron los cañones al medio día del 5 de junio, decía así: “Arica 5 de junio de 1880.- Prefecto.- Arequipa.- Suspendido por enemigo cañoneo. Parlamentario dijo: “General Baquedano por deferencia especial a la enérgica actitud de la plaza desea evitar derramamiento de sangre”. Conteste, según acuerdo de jefes: “Mi última palabra es quemar el último cartucho”. ¡Viva el Perú!.- Bolognesi”. Ese día el jefe de la 8ª División, coronel Alfonso Ugarte Vernal escribía a su primo Fermín Vernal: “...No hay detalle ni tenemos noticias seguras de los nuestros más de lo que te comunico. Aquí en Arica estamos solamente dos Divisiones de nacionales, defendiendo éste punto, y aún cuando somos tan pocos, no podemos hacer lo de Iquique, abandonar el puerto y entregarlo, porque éste es un puerto artillado y tiene elementos y posiciones de defensa. Tenemos pues, que cumplir con el deber del honor defendiendo esta plaza hasta que nos arranquen a la fuerza. Ese es nuestro deber y así lo exige el honor nacional.

Estamos pues esperando ser atacados por mar y tierra. Dios sabe lo que resultará, así que te puedes imaginar mi triste situación. Sin embargo es preciso resistir hasta el último y te puedo asegurar, también, que con las posiciones que ocupamos en el morro, los cañones de grueso calibre y las minas que tenemos preparadas, les costará muchas vidas a los chilenos reducirnos y quitarnos ésta plaza. Estamos resueltos a resistir con toda la seguridad de ser vencidos, pero es preciso cumplir con el honor y el deber. Quizás la suerte nos favorezca y lleguen con tiempo los refuerzos que esperamos de Arequipa...” hasta ahí parte de la carta del coronel Ugarte a su primo. Otro jefe escribe a un amigo, se trata del coronel Ramón Zavala comandante del regimiento “Tarapacá”, que escribe a su amigo Esteban ¿?, parte de la carta: “...De todos modos tengo la seguridad de que si no triunfamos, que si los chilenos no reciben su castigo aquí, que si no hacemos de Arica un segundo Tarapacá, la defensa será de tal naturaleza, que nadie en el país desdeñara en reconocer en nosotros sus compatriotas, y que los naturales no dejaran de reconocernos como defensores de la honra e integridad de nuestra patria. Arica no se rinde, ni las banderas se despliegan para abandonar la plaza; por el contrario, resistirá tenaz y vigorosamente, y cuando la naturaleza cede, obedeciendo a leyes físicas, los invasores pondrán su planta en un suelo que está cubierto de cadáveres y regado por sangre peruana. Sus defensores prefieren la muerte a la deshonra; la gloria a una vida que les hubiera sido insoportable, sino hubieran aprovechado del último resto de ella para escarmentar al enemigo y levantar más alto el pabellón nacional...” hasta ahí la carta del coronel Zavala, el mismo oficial que condujo al mayor Salvo a la presencia de Bolognesi el día de la conferencia. En la mañana del día 6 de junio el jefe de la plaza de Arica, ante el eminente recrudecimiento y aumento de las acciones bélicas, dispone la evacuación de las pocas familias y civiles que aun permanecían en la ciudad, estos fueron conducidos a bordo de los buques neutrales surtos en la bahía, eran los buques alemanes “Bismark” y “Hanza”, el francés “Hussard”, el italiano “Garibaldi” y el inglés “Thetis”, quedando solamente algunos negros que prestaban servicio al ejército o cuidaban las casas de sus amos. El general Baquedano por medio de señales pide la cooperación de la escuadra para iniciar el bombardeo del día 6 con el fin de hacer el último reconocimiento de artillería, a las 11:00 A.M. la artillería de campaña inicia los fuegos, como a las 1:30 P.M. abre los fuegos los buques de la escuadra, todos los fuertes incluido el “Manco Cápac” respondieron a los fuegos; el cañoneo duro como hasta las 4:15 P.M., por el lado chileno resulto averiada la “Covadonga” que fue atravesada de lado a lado por dos tiros de cañón, sobre la línea de flotación sin causar bajas en la tripulación, una bomba estalló en el “Cochrane” dejando 25 marineros gravemente heridos, por el lado de los peruanos no tuvieron grandes daños ni bajas que lamentar, en tanto simultáneamente al duelo de artillería se ordenó hacer un reconocimiento táctico al regimiento “Lautaro” desde su campamento de Chacalluta hasta lo más próximo posible de los fuertes del norte de la ciudad, este reconocimiento llegó aproximadamente hasta el varadero del “Wateree”, descubierto los infantes chilenos por los defensores del fuerte “San José” y “Santa Rosa”, de inmediato comenzaron a hacer fuego de artillería sobre el regimiento chileno desplegado en guerrilla, verificado el reconocimiento y viendo el comandante Robles la inutilidad de hacer fuego de fusil dio la orden de retorno al campamento. Los objetivos tácticos de medir las fuerzas de artillería combinada, y la de fijar en los defensores de Arica la idea del ataque por el sector norte estaban cumplidos plenamente, sin embargo el deseo del general Baquedano, de producir un efecto de disuasión para lograr la rendición de Bolognesi y su gente salvando el honor en el reciente combate no surtió efecto, muy por el contrario, en el alto mando peruano se afianzo la idea de poder resistir largo tiempo a los embates de las fuerzas chilenas, ya que en el lance de esa mañana del 6 de junio, ellos no había recibido grandes perjuicios y ninguna baja. Bolognesi una vez terminadas las escaramuzas envía lo que sería su último telegrama al prefecto de Arequipa, el cual decía: “Arica 6 de junio de 1880.- señor General Montero o Coronel Leiva.- Este es el octavo propio que conduce, tal vez, las últimas palabras de los que sostiene en Arica el honor nacional. No he recibido, hasta hoy, comunicación alguna que me indique el lugar en que se encuentra, ni la determinación que haya tomado. El objeto de esta es decir a US. que tengo al frente a 4.000 enemigos poco mas o monos, a los cuales cerraré el paso a costa de la vida de todos los defensores de Arica. Aunque el número de los invasores se duplique.

Si US. con cualquier fuerza, ataca, o siquiera jaquea la fuerza enemiga, el triunfo seguro. Grave, tremenda responsabilidad vendrá sobre US. si, por desgracia, no se aprovecha tan segura, tan propicia oportunidad. En síntesis, actividad y pronto ataque o aproximación a Tacna, es lo necesario por parte de US., por la nuestra, cumpliremos nuestro deber hasta el sacrificio. Es probable que la situación dure algunos días más y, aunque hayamos sucumbido, no será sin debilitar al enemigo hasta el punto en que no podrá resistir el empuje de una fuerza animosa, por pequeño que sea su número. El Perú entero nos contempla. Animo, actividad, confianza y venceremos sin que quepa duda. Medite US., en la situación del enemigo, cerrado como está el paso a sus naves. Ferrocarril y telégrafo fueron inutilizados; pero hoy ya funcionan los trenes para el enemigo. Todas las medidas de defensa están tomadas. Espero ataque pasado mañana. Resistiré. Hágame propios cuantos sean posibles.

Dios Guarde a US...- Francisco Bolognesi.”

El coronel Bolognesi y su Estado Mayor, convencidos ya erróneamente que el grueso del ataque chileno provendría por el sector norte mantuvo a la 8ª División del coronel Alfonso Ugarte, la más numerosa, en esas posiciones defensivas. El batallón “Iquique” al mando del teniente coronel Roque Sáenz Peña[11] tenía a cargo la defensa del sector del “Chinchorro”, fuerte “San José” y parapetos que iban hasta el Cementerio General, la noche del 6 de junio para el día 7, las avanzadas de este batallón advirtieron una patrulla de caballería chilena, que hacia amagos por ese sector con el fin de mantener la atención de los defensores del sector, se produjo algunos disparos de fusilería, acción que determinó al comandante Sáenz Peña a redoblar la vigilancia en las primeras líneas, las trincheras que iban desde el Cementerio al Lazareto estaban bajo la defensa del batallón “Tarapacá” del coronel Ramón Zavala. Aquella noche todos los jefes peruanos estaban en sus puestos junto a la tropa de su mando, la distribución de las fuerzas defensoras de Arica fue la siguiente:

· Jefatura de la Plaza: Coronel Francisco Bolognesi Cervantes. / 5 ayudantes. Cuartel General casa de Jirón Ayacucho. · Jefatura del Detalle de la Plaza (E.M.G.): Teniente Coronel Manuel Carmen La Torre Santos / 9 ayudantes. Edificio de la Aduana. · 7ª División: General de la División, coronel José Joaquín Inclán / 4 ayudantes. Jefe estado Mayor, coronel don Ricardo O’Donovan Córdova. Campamento de la “Ciudadela”. Batallón “Granaderos de Tacna”: Comandante, coronel Justo Arias Aragüez / 325 hombres. Fuerte “Ciudadela”. Batallón “Artesanos de Tacna”: Comandante, coronel Marcelino Varela Barrios / 423 hombres. Línea de parapetos y reductos Fuerte del Este-Morro Gordo. Batallón “Cazadores de Piérola”: Comandante, coronel Francisco Cornejo / 321 hombres. Línea parapetos y reductos Ciudadela-Lazareto.

· 8ª División: General de la División, coronel Alfonso Ugarte Vernal. / 4 ayudantes. Jefe Estado Mayor, coronel don Mariano E. Bustamante. Fuerte “San José”. Batallón “Tarapacá”: Comandante, coronel Ramón Zavala Suárez / 347 hombres. Línea parapetos y trincheras Cementerio-Lazareto. Batallón “Iquique”: Comandante, teniente coronel Roque Sáenz Peña Lahitte / 339 hombres. Línea de parapetos y trincheras Chinchorro- Cementerio.

· Baterías del Morro: Comandante, capitán de navío Juan Guillermo Moore Ruiz / 187 hombres. Explanada de cima del Morro, Batería Alta, comandante de baterías y segundo comandante capitán de corbeta don Manuel Ignacio Espinosa, Batería Baja comandante de batería capitán de corbeta don capitán Daniel Nieto. · Baterías del Norte: Comandante, teniente coronel Juan P. Ayllón / 96 hombres. Fuerte “San José”, Comandante de baterías: capitán de fragata Cleto Martínez.

Fuerte “Santa Rosa”, Comandante de baterías: sargento mayor Soto. Fuerte “2 de Mayo”, Comandante de baterías: sargento mayor Goitizolo. · Baterías del “Este”: Comandante, teniente coronel Medardo Cornejo / 117 hombres. Fuertes del “Este” comandante de baterías sargento mayor Meza y “Ciudadela” comandante de baterías sargento mayor Nacario. · Monitor “Manco Cápac”: Comandante, capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino / 119 hombres. A bordo del buque.

Total de defensores peruanos de la Plaza Fuerte de Arica: 2.290 individuos incluidos Jefes y Oficiales. Cuando los relojes marcaban la 4:30 P.M. el coronel Pedro Lagos haciendo uso de las facultades discrecionales otorgadas por el general Baquedano decidió hacer un último intento por lograr la rendición de la plaza, por lo que envió en calidad de parlamentario al ingeniero peruano Teodoro Elmore, bajo palabra de honor de retornar al campamento chileno una vez concluida su misión antes de la media noche. Media hora mas tarde de la salida del parlamentario desde el campamento chileno, aproximadamente a las 5:00 P.M., este se presentaba en el Cuartel General peruano, sus compatriotas lo reciben con una extraña mezcla de satisfacción y desconfianza, el ingeniero debió cumplir lo que de seguro fue para él la no grata tarea de exponer a sus compatriotas una nueva conminación chilena a la rendición. El coronel Bolognesi, jefe de la plaza se negó a recibir al señor Elmore y reconocerle la calidad de parlamentario, ordenando a su jefe de Estado Mayor coronel La Torre, que le comunicase que sólo estaba dispuesto a recibir parlamentarios en forma y con arreglo a las prescripciones militares del caso; en consecuencia Elmore fue solamente atendido por los oficiales del Estado Mayor, reunión que el coronel Bolognesi se negó rotundamente a estar presente, los jefes peruanos ratificaron la decisión comunicada el día anterior al general Baquedano por intermedio del mayor Juan de la Cruz Salvo. Elmore entonces, en vista de la negativa de aceptar la rendición procedió a describir la ventajosa situación que él había percibido de las fuerzas chilenas, la superioridad absoluta en la preparación militar que exhibían las tropas, el grado de disciplina y organización del ejército, la calidad del armamento, fueron factores que no escaparon a la observación del prisionero transformado en parlamentario. Un hecho que destaco el emisario fue el ánimo en extremo hostil que percibía en los soldados chilenos en contra de sus enemigos por la utilización de minas en la defensa de la plaza, los soldados chilenos consideraban de extrema cobardía y traición esa forma de hacer la guerra, estimaban que había que vengar duramente a cada compañero que cayera a causa de la explosión de ese tipo ingenio destructivo. El ingeniero expresó que los chilenos desde jefes a oficiales y tropas consideraban lavado el honor peruano y que la guarnición había cumplido con crece con su deber, así había sido demostrado en los dos últimos días de resistencia,

por lo que perfectamente podría salvarse muchas vidas humanas. A pesar de los argumentos los jefes peruanos mantuvieron su posición, tenían la clara convicción de poder resistir un buen tiempo hasta dar oportunidad que las fuerzas de Arequipa o del Altiplano operaran sobre las supuestamente desgastadas fuerzas chilenas. Elmore fue despedido por sus compañeros quienes agradecieron sus buenos oficios. El ingeniero peruano cumpliendo su palabra llegó al campamento chileno poco antes de la media noche viendo con dramatismo que los regimientos ya habían emprendido su marcha para el asalto, Elmore traía una nota que le autorizaba decir: “que no obstante la respuesta dada al parlamentario oficial señor Salvo, no estamos distantes de escuchar proposiciones dignas que puedan hacerse oficialmente, llenando las prescripciones de la guerra y del honor”, esta nota era apócrifa, los jefes prisioneros después del asalto negaron su autenticidad, al parecer Elmore en un intento por posponer el asalto confecciono tal documente con ayuda de algún conocido en su permanencia en el Cuartel General peruano. Al caer las primeras sombras de la noche del día 6 de junio el coronel Lagos da la orden de iniciar los movimientos de los regimientos en pos de los objetivos que se les habían señalado tomar, de acuerdo al plan de operaciones diseñado para el asalto y toma de Arica. El primer regimiento en ponerse en movimiento fue el 3º de línea, a las 18:30 este regimiento formó por compañía, se pasó lista en voz baja, al volver de la cuenta los capitanes instruyen a la tropa que so pena de la vida, quedaba prohibido encender fósforos o cualquier artefacto que produjese chispas o luz, y se ordenaba marchar en el más absoluto silencio, la orden de marchar se da sólo a voz sin corneta como era lo habitual, los regimientos tenían instrucciones de detenerse a su paso en la hacienda Bellavista para abastecerse de agua dulce y de ahí continuar para esperar el momento de iniciar el asalto en el sitio que se le había señalado al comandante del regimiento en el último reconocimiento de esa tarde, el lugar indicado para el 3º de Línea estaba a unos 1.000 metros del fuerte “Ciudadela”, detrás de unas lomas que los protegían de la vista de los vigías del reducto peruano, el lugar es conocido como “Pampa Nueva”, el 3º de Línea llegó al lugar señalado a las 11:00 P.M., se dio descanso a la tropa quedando una compañía de avanzada en calidad de centinela a la espera de las primeras horas de la madrugada para iniciar el ataque.. El 4º de Línea y el regimiento “Buín” aproximadamente media hora mas tarde, como a las 7:00 P.M. iniciaron la misma rutina silenciosa que había efectuado el 3º de Línea, estos dos regimientos deberían marchar unos 800 metros más al sur de la ruta trazada para el 3º de Línea, el 4º de Línea debería ubicarse también a unos 1.500 mts. antes de los primeros parapetos fuerte del “Este”, llegan al lugar designado aproximadamente a las 12:15 A.M.. El regimiento de Cazadores a Caballo, quedó en el campamento de Azapa encargado de mantener los fuegos con el objeto de hacer pensar a los peruanos que los regimientos aun se encontraban en ese lugar, estas fuerzas permanecieron como hasta las 12:00 A.M. en ese lugar, ordenándoseles partir a esa hora al lugar de retaguardia ubicado en los cerros que dan a la costa de la playa “Miller” y playa de los “gringos”, las instrucciones a este cuerpo era que una vez iniciado el asalto debería moverse al centro de los dos fuertes quedando dentro de lo posible lejos del alcance de tiro de cañón, lugar de ubicación del regimiento “Buín” y del Estado Mayor Divisionario que se había determinado para el momento de inicio de las acciones. En tanto en el campamento de Chacalluta, el jefe de la 4ª División coronel Barbosa, ordena al regimiento iniciar su avance en pos de su objetivo, a las 3:00 A.M., se despertó a la tropa voz a voz, lo mismo se hizo con la lista y la voz de marcha, quedó bajo pena de la vida para quien prendiera fósforos u otro objeto que emitiese luz, se ordenó marchar en el más absoluto silencio, la caminata se hizo por el borde de la playa, a la altura de varado “Wateree” se ordenó formar en guerrilla, en dos bloques de cuatro compañías cada uno. En el campamento de Chacalluta había quedado la banda del “Lautaro” y el 2º escuadrón de carabineros de “Yungay” manteniendo los fuegos del rancho. De esta forma fueron distribuidas las fuerzas expedicionarias sobre Arica:

v Comandancia en Jefe División Expedicionaria, Comandante en Jefe, coronel Pedro Lagos Marchant / 27 hombres, retaguardia centro fuertes “Ciudadela” y del “Este”.

v Regimiento 4º de Línea, Comandante, teniente coronel Juan José San Martín / 893 hombres, fuerte del “Este”, parapetos “Morro Gordo”, explanada de la cima del Morro. v Regimiento 3º de Línea, Comandante, teniente coronel Ricardo Castro / 927 hombres, fuerte “Ciudadela”, parapetos “Morro Gordo”, explanada de la cima del Morro. v Regimiento 1º de Línea “Buín”, Comandante, teniente coronel Luis J. Ortíz / 904 hombres, retaguardia centro fuertes “Ciudadela” y del “Este”. v Regimiento “Lautaro”, Comandante, teniente coronel Eulogio Robles / 837 hombres, campamento Chacalluta, fuertes del norte, ciudad. v Batallón “Bulnes”, Comandante, teniente coronel José Echeverría / 434 hombres, lomas de “Condori”, ciudad. v 4 baterías de artillería, Comandante, sargento mayor José Manuel Novoa / 142 hombres, lomas de “Condori”, ciudad. v 2 escuadrones de Cazadores a Caballo, Comandante, capitán Alberto Novoa G. / 434 hombres, retaguardia cerros costero Morro, retaguardia centro fuertes “Ciudadela” y del “Este”. v 1 escuadrón “Carabineros de Yungay”, Comandante, sargento mayor José Francisco Vargas Pinochet / 237 hombres, campamento “Chacalluta”, valle de Lluta. v Estado Mayor General, Jefe de Estado Mayor, coronel José Velásquez / 46 hombres, campamento “Chacalluta”, retaguardia centro fuertes “Ciudadela” y del “Este”, ciudad.

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7 de Junio día de las Glorias de Arica

En el campamento transitorio del 3º de Línea la noche había pasado sin novedad, a las 4:00 A.M. del día 7 de junio de 1880 el coronel Pedro Lagos ordenó al su ayudante capitán Belisario Campos incorporarse al regimiento 3º de Línea y acompañar a esa unidad en el ataque que debía iniciar esa madrugada. El comandante Castro a las 4:30 A.M.; comienza los movimientos para organizar el ataque como el mayor sigilo posible, cuando los relojes marcaban las 5:00 A.M. se pone en marcha el regimiento, la noche era oscura y la pampa por donde cruzaba el regimiento era cubierta por una suave camanchaca (neblina) que hacia más difícil la orientación de los batallones, el desplazamiento se hace en dos grandes bloque formados en guerrilla, el más pequeño compuesto por 2 compañías avanzaba por el flanco más al norte del fuerte algo adelantado, la intención de este movimiento era atraer los fuegos hacia ese sector mientras el grueso de regimiento atacaba más a la izquierda, el ataque por ese flanco lo efectuaron cuatro compañías al mando del segundo comandante, sargento mayor José A. Gutiérrez, quedando algo mas rezagadas dos compañías como reserva protegida por un pequeño otero que da frente al fuerte; la distancia entre compañías de ambos bloque se mantuvo aproximadamente en 50 metros, en constante avance. Cuando el 3º de Línea remontaba las pequeñas lomas próximas a los primeros parapetos, más o menos, a unos 1.200 mts. comienza a despejar la suave neblina que mojaba los rostros de los infantes, la concentración de siluetas desplazándose fue percibida por los centinelas del fuerte, los nerviosos custodios del “Ciudadela” dan la alarma y de inmediato los peruanos hicieron fuego de artillería sobre la masa móvil que algo lograban distinguir entre las últimas tinieblas de la noche, el resplandor de las explosiones puso a ojos vistas de los defensores que el ataque era masivo; el comandante Arias Aragüez ordena inmediatamente los movimientos de los dispositivos para la defensa del fuerte; el 3º de Línea sigue sin detener el avance, cuando faltaban unos 1.000 mts. Se siente el sonar del clarín dando la orden a los defensores de los parapetos hacer fuego de fusilería sobre los atacantes, un nutrido fuego cae sobre los infantes del 3º de Línea, estos no detienen su avance, siguen disciplinadamente las instrucciones de sus oficiales sin disparar. Los primeros disparos de artillería atrajeron la atención de los fuertes del norte y del

Morro, que también hicieron fuego sobre los atacantes, los tiros de la artillería costera no fueron muy certeros por la escasa visibilidad que a esa hora había, además de las débiles luces de la madrugada había algo de “camanchaca” típica del amanecer de invierno en la zona, esas condiciones ambientales hacían más difícil los disparos sin correr el riesgo de dañar a los propios defensores. Rápidamente los soldados del 3º de Línea bajo una lluvia de fuego graneado llegan en forma escalonada hasta los parapetos, comienzan a disparar en avance cuando se hizo una distancia conveniente, los primeros soldados haciendo uso de sus corvos[12] para romper los sacos de arena de la base de los parapetos, con esta acción derrumbaban con facilidad los sacos de mas arriba y con eso abrían brechas que les permitían ingresar a los recintos del fuerte; se traba una cruenta lucha cuerpo a cuerpo, en la aproximación de los atacantes, los defensores del fuerte habían hecho estallar unas minas, las que provocaron algunas bajas en las filas chilenas, acción que enardeció a los infantes chilenos declarando a partir de ese momento un combate sin cuartel, juramentándose que esa mañana no abrían prisioneros. Los primeros soldados chilenos en llegar a la cúspide del promontorio fortificado fueron los soldados de la compañía del capitán Tristán Chacón, este oficial había sido herido en la ascensión de la empinada ladera del cerro “Chuño” donde estaba emplazado el fuerte “Ciudadela”, a pesar de ello siguió a sus hombres en el empeño por conquistar el corazón del fuerte, el subteniente José Miguel Poblete en medio de una granizada de balas llega hasta el lugar donde flameaba la bandera peruana, hace el intento de arriarla cuando el comandante del fuerte coronel Justo Arias y Aragüez, lo derriba de un certero balazo en la cabeza, el capitán Chacón con algunos oficiales que habían llegado al corazón del “Ciudadela”, entre ellos el teniente Ramón Arriagada y el teniente Lorenzo 2º Yoffroy, conmina a la rendición del veterano coronel y a algunos de sus ayudantes que le acompañaban entre ellos los mayores Zela y Tomás Chocano, pero este se niega persistentemente a rendir su espada, uno de los soldados termina por derribarlo de un balazo cuando el coronel tacneño iba a dispara sobre el capitán Chacón, a los segundo de este incidente se escucha una horrenda explosión que hace volar por los aires una mezcla de piedras, fierros, fragmentos humanos, era la tan temida forma de hacer la guerra que de tanto se hablaba en el campamento chileno antes de iniciar el asalto, la explosión fue provocada por el niño soldado Alfredo Maldonado que ostentaba el grado de cabo, al hacer estallar las minas dispuestas, el niño héroe también inmolo su vida, la reacción de los chilenos fue tremenda al ver destrozado al valiente capitán y sus más cercanos soldados, en forma milagrosa salvaron los tenientes Yoffroy que resulto con algunas heridas y contusiones en la cabeza y parte del cuerpo y el teniente Arriagada que voló por los aires cayendo aturdido entre un montón de cadáveres, donde fue encontrado más tarde semi desnudo a causa de la onda expansiva de la explosión, milagrosamente sólo estaba contuso, salvaron con algunas heridas 4 soldados y se dieron por desaparecidos a tres. Desde ese momento la batalla se hace cruenta en todos los rincones del fuerte, el teniente José Ignacio López fue el oficial que en definitiva arrió la bandera peruana e izó la bandera chilena, seguido por los tenientes Francisco Cotapos y Lorenzo Yoffroy, el capitán ayudante señor Gregorio Silva se encargó de inutilizar provisionalmente los cañones y desactivar las minas desconectándolas de las pilas eléctricas. El asalto al fuerte “Ciudadela” duró una hora aproximadamente, desde que sonó el primer disparo hasta que se apagaron los últimos fuegos, los peruanos perecieron prácticamente todos, salvaron prisioneros sólo un oficial y nueve soldados, por parte del regimiento 3º de Línea hubo 2 oficiales muertos y 51 muerto de tropa además de 6 desaparecidos. Una vez reorganizado el regimiento se ordenó al 1er batallón al mando del sargento mayo don Federico Castro continuar el ataque al Morro por el flanco de la ciudad para tomar por dos fuegos a los defensores de ese reducto. A la misma hora de la madrugada del 7 de junio en que se ponía en marcha el 3º de Línea, el comandante Juan José San Martín dispone que el 1er batallón del 4º de Línea avanzase sobre el objetivo fijado para el asalto, este batallón iba al mando del teniente coronel don Luis Solo de Zaldívar, eran las 4:00 A.M. cuando se dio comienzo a la marcha, el avance del regimiento se hace lento por la oscuridad de la noche y la neblina (Camanchaca) que cubría la pampa, el regimiento avanza lentamente en espera del capitán ayudante don Enrique Munizaga, oficial enviado por el coronel Pedro Lagos con el fin de indicar el lugar preciso donde se iniciaría el ataque, este oficial tenía órdenes de acompañar a este regimiento durante todo el asalto, el capitán Munizaga se incorpora al regimiento a las 5:00 A.M., el 2º batallón comandado por el propio comandante San Martín siguió la marcha por la pampa salitrosa, separándose un poco mas a la izquierda de la ruta seguida por el 1er batallón, algo mas rezagado. Cuando aun faltaba unos 1.500 mts. para alcanzar los primeros parapetos del fuerte del “Este” vino la claridad del día, poco antes ya se habían escuchado los disparo que comprometían la batalla en el fuerte “Ciudadela”, los defensores del fuerte del “Este” comienzan a hacer un recio fuego de artillería y de fusilería sobre los atacantes, los infantes del 1er batallón del 4º de Línea apuran el paso por orden del comandante Solo de Zaldívar, no

detienen su marcha a pesar de las explosiones de minas, de bombas de artillería y del fuego de fusil hecho por los soldados peruanos protegidos en los parapetos del fuerte, los infantes chilenos a distancia conveniente comienzan hacer fuego sobre la marcha, a pesar de la protección en parapetos de sacos de arena que tenían sus adversarios, cuando faltaba una cuadra para alcanzar las primeras defensas se ordena por toque de trompeta, calacuerda, sonido que electriza los espíritus de los atacantes, iniciando los soldados cuartinos el asalto al fuerte a la carrera, enfrentan una fuerte descarga de metralla sobre sus cabezas, más nutrida que la que habían soportado en la larga caminata a pecho descubierto que habían hecho desde que fueron vistos al clarear la mañana, el batallón cargaba con sus oficiales a la cabeza, nadie quería ser menos que su compañero, el ataque fue tan recio y arrollador que el fuerte cayó en tan sólo diez minutos, los peruanos dejaron en el reducto unos 70 muertos, aquí cae muerto el coronel José Joaquín Inclán, el resto unos 300 individuos huyeron a refugiarse en los parapetos y trincheras que se habían construido en forma escalonada hasta el “Morro Gordo”. En tanto el 2º batallón que iba de protección del 1er batallón, al percatarse de la fuga de los defensores del “Este”, su comandante ordena cargar sobre ellos, al ejecutar este movimiento alguien grita “¡Al Morro muchachos!”, grito de guerra que se repitió a viva voz por todos los protagonistas de la gloriosa acción, el empuje se hizo incontenible, ante el ímpetu de San Martín y su gente el 1er batallón lo sigue; unido ambos batallones no se detendrían hasta conquistar la plaza de los fuertes del Morro, no hubo tiempo de esperar al 3º de Línea o al “Buín” tal como había sido planificado por el coronel Lagos, los soldados del 4º de Línea avanzaban desalojando de cada trinchera, de cada reducto, de cada parapeto, a los soldados peruanos que se batían heroicamente en retirada en este sector del Morro cae herido el comandante peruano Marcelino Várela. En las defensas del “Morro Gordo” se hizo alguna resistencia algo mas recia por parte de las tropas peruanas, en ese lugar muere el jefe del batallón “Cazadores de Piérola” teniente coronel Francisco Cornejo y el capitán Adolfo King. Al iniciarse la batalla el capitán Moore había ordenado que concurriera la primera compañía de las baterías del Morro al mando del capitán de fragata don Cleto Martínez a proteger ese frente, este jefe también muere en ese lugar, el que se encontraba totalmente desguarnecido al comienzo de las acciones, el resto de la gente de esa unidad táctica a cargo de los fuertes del Morro fue distribuida en las tres piezas de artillería que permitía hacer fuegos a retaguardia, es decir por el área que era amagada, el resto de la gente se distribuyó en las trincheras del sector que va desde la explanada al Morro Gordo, en las baterías que daban a la bahía sólo se dejó un cabo de cañón por pieza por estimar los mandos del reducto que la escuadra chilena estaba fuera de tiro de cañón lo que hacia en esos momentos inoficioso ocupar gente en esas posiciones. Al aclara después de sentir las primeras explosiones en los fuertes del “Este”, las baterías del Morro rompieron fuego contra los atacantes que se abalanzaban sobre esos reductos utilizando bombas sobre las tropas que se percibían más lejanas, cuando los chilenos ya desalojaban a los peruanos de las trincheras de “Morro Gordo” se hizo fuego de ametralladora desde las trincheras del Morro. En el frente norte, al sentirse las detonaciones de los fuertes del Este y los disparos de fusil, sus defensores se dispusieron para enfrentar un ataque por ese flanco, sin embargo llegó a “mata caballo” un ayudante del coronel Bolognesi con la orden para el coronel Ugarte de concurrir con toda la 8ª División al Morro con el fin de cortar el avance de los chilenos, comienza una frenética marcha de los batallones “Tarapacá” e “Iquique” por los arenales de la pampa que separaba esos reductos de la ciudad, las tropas de Ugarte cruzan el pueblo por la calle “de la Matriz” y “del Colegio” en busca del ascenso al Morro. El coronel Bolognesi había caído engañado por la estrategia del coronel Lagos, el jefe peruano comete el error táctico de desguarnecer el frente norte en los momentos que el regimiento “Lautaro” avanzaba al asalto de esas defensas, los tiempos calculado por el Estado Mayor chileno se cumplían con gran precisión siendo un factor importante dentro de la estrategia diseñada, Bolognesi dejó confiada esa ala norte sólo al sistema de minas y a lo que pudiese hacer la artillería de los fuertes del sector y la del “Manco Cápac”, al momento de iniciarse las acciones Bolognesi se da cuenta del error de haber creído que el ataque principal vendría por el norte, pero eso mismo lo llevó a cometer segundo el error de apreciación al confiar en demasía en el sistema de minas instalado, creyendo que con ello detendría el asalto de las tropas chilenas por ese sector, desalojando totalmente de fuerzas de infantería el sector norte, quizás no vio desde su Cuartel general el avance en guerrilla del “Lautaro” que a esa hora ya estaba a unos 600 metros de su objetivo. Cuando la 8ª División peruana comenzaba a remontar los faldeos del Morro, el 4º de Línea ya dominaba absolutamente el “Morro Gordo” y comenzaba a estrechar a los defensores en las últimas trincheras que defendían las baterías, el coronel Zavala y el teniente coronel Ricardo O’Donovan logran llegar a la cima con medio batallón del “Tarapacá”, estos dos jefes caen muerto en la defensa de esas trincheras, el teniente coronel Roque Sáenz Peña logra también llegar a la cima con medio batallón del “Iquique”,

incorporándose estas fuerzas de inmediato a la lucha; estas tropas subieron por el angosto e inclinado sendero de acceso de la ladera norte del Morro; el resto de las tropas de la 8ª División no lograron su objetivo por el cansancio que les produjo la travesía que tuvieron que hacer desde sus posiciones originales en la línea defensiva del norte hasta el escarpado promontorio tutelar de Arica, los infantes del 4º de Línea hicieron un nutrido fuego sobre las tropas peruanas que pretendía alcanzar la cima, en este trance resultó herido el comandante Roque Sáenz Peña, la lucha en los últimos reductos peruanos se hace cruenta, el avance chileno es encabezado por el comandante Juan José San Martín. En una hondonada que se produce entre el Morro Gordo y la explanada de la cima del Morro, cuando faltaba unas tres a cuatro cuadras para que el heroico comandante alcanzara la plazoleta del fuerte cae herido de muerte, el comandante San Martín había sido alcanzado por una bala que le destrozó el bajó vientre, este hecho más la explosión de varias minas en el recorrido del regimiento y la explosión que en ese momento se produce en el fuerte “San José” y “Santa Rosa”, que hizo pensar a los atacantes del Morro que el regimiento Lautaro había sido volado por los aires, enervó el ánimo de los soldados chilenos dando un ataque final sin cuartel en contra de sus enemigos. El coronel Francisco Bolognesi, su Estado Mayor, y la mayoría de los jefes peruanos que aun estaban vivos lograron llegar a la plazoleta del Morro, entre los que se contaban los coroneles Manuel Carmen La Torre y Alfonso Ugarte, el teniente coronel Roque Sáenz Peña, el capitán de navío Juan Guillermo Moore, el capitán de fragata Manuel Ignacio Espinosa, el grupo de jefes se había concentrado en el recinto de la comandancia del fuerte, al ver el Coronel Jefe de la Plaza la inutilidad de la resistencia de los últimos defensores que se cobijaban entre las mismas baterías, en pequeñas zanjas y que en número comenzaban a ser sobre pasados con crece por las tropas chilenas que invadían el recinto, ordena el alto al fuego, orden que no fue escuchada por el ruido de las detonaciones y de los tiros de fusil y metralla, el coronel Ugarte toma la decisión de ir personalmente a impartir la orden de Bolognesi, cumpliendo este cometido el jefe de la 8ª División es alcanzado por una bala que lo mata en el acto en medio de la plazoleta del fuerte, paralelo a estos acontecimiento el comandante Moore ordenó al capitán Daniel Nieto reventar los cañones del fuerte, acción que no pudo cumplir por que ya no había personal para efectuar dicha faena, el oficial peruano logran sólo hacer reventar personalmente un cañón “Vavaseur”, el capitán Nieto era protegido en su labor por un piquete de soldados comandados por el sargento mayor Armando Blondel, ante la presencia de las tropas chilenas estos se repliegan al sector del asta de la bandera donde muere Blondel. Un grupo de soldados chilenos llegaba disparando al recinto donde se encontraban los altos jefes peruanos; al sentir la explosión ocasionada por el capitán Nieto y la explosión de una santabárbara de una de las piezas de artillería, los soldados chilenos disparan sobre los jefes peruanos que ya estaban en actitud de rendición ante los oficiales chilenos capitán José Miguel de la Barrera y subteniente Carlos Aldunate Bascuñan, segundos antes del dramático momento el subteniente Aldunate había recibido de manos del Coronel Jefe de la Plaza su espada, tizona que con tanta dignidad había levantado en defensa del honor de su patria el glorioso coronel Bolognesi, en este incidente muere el coronel Francisco Bolognesi y el capitán de navío Juan G. Moore, salvándose los demás oficiales por la enérgica presencia de los capitanes del 4º de Línea Ricardo Silva Arraigada, José Miguel De la Barrera y subteniente Carlos Aldunate Bascuñan, el capitán De la Barrera con la cooperación del sargento 2°, Vicente 2° Briones de la 2ª compañía del 2° batallón, arrían la bandera peruana e izan una banderola del 4º de Línea que el sargento llevaba colocada el su fusil. Desde ese momento comienzan a apagarse los disparos hasta producirse en breves minutos un silencio extraño que se hace sentir en todos los rincones de la explanada de la cima del Morro, invadiendo la atmósfera el humo con el característico olor de la mezcla de la pólvora quemada, de la sangre vertida, del polvo de la tierra salitrosa y del sudor heroico de los soldados, hálito ya conocido por los veteranos del 4° de Línea en los campos de batalla de Calama, Pisagua, San Francisco (Dolores), Moquegua y Tacna; pasado ese momento que para los protagonista fue una como una suspensión del tiempo, los oficiales chilenos con revólver en mano obligan a los oficiales peruanos hechos prisioneros a señalar los sitios donde se encontraban las minas que estaban destinadas a hacer volar todo el reducto y el lugar donde estaban las baterías eléctricas que daban energía a los detonadores, acto que dio su frutos logrando los soldados chilenos desactivar las minas, había transcurrido 55 minutos desde que el 4º de Línea iniciara el asalto al fuerte del “Este”. El comandante Juan José San Martín que se había visto impedido de avanzar junto a sus hombres para alcanzar la explanada a acusa de la herida recibida, es trasladado en una camilla de campaña al sector del edificio de la comandancia de las baterías del Morro, esta dependencia estaba situada al costado Este del lugar donde estaba el asta de la bandera, el capitán Silva Arriagada es el encargado de izar el pabellón nacional de Chile, en una breve ceremonia cargada de gloria, llena emoción patriótica y llena de dramatismo, momento captado fotográficamente por los señores Díaz y Spencer, en esos instantes al comandante San Martín se le escapaba la vida a pesar de las diligentes atenciones del cirujano 2º del

regimiento don Juan A. Llausas y del practicante de la misma unidad don Moisés Zúñiga Bermúdez, rodeado de sus soldados fallece tres horas mas tarde, al concluir el izamiento del pabellón nacional el comandante San Martín ordena al capitán ayudante Loredano Fuenzalida concurrir donde el coronel Lagos y trasmitir el siguiente mensaje oral: “Comunique a mi coronel Lagos que el regimiento cumplió con su deber, ha tomado al asalto todos los objetivos encomendado por US.; la bandera de Chile ya flamea en el fuerte del “Este” y en la cima del Morro, los infantes del 4º de Línea son dignos hijos de Chile...”. En el cuartel del Morro se encontró el estandarte del Batallón “Iquique” Nº1, el que fue remitido días después a al municipalidad de Chillán como digno homenaje al comandante Juan José San Martín, él había nacido en ese lugar, además por el honor a que la mayor parte del contingente del 4º de Línea procedía de la misma zona. En el frente norte las acciones se desarrollaban esa madrugada del 7 de junio tal cual habían sido planificada por el Alto Mando chileno, el “Lautaro” avanzaba desplegado en guerrilla, el regimiento acomete en cuatro escalones de dos compañías cada uno, separado cada escalón por unos 50 metros uno de otro; cuando ya se aproximaba a unos trescientos metro del objetivo se sintieron las primeras detonaciones de los fuertes del Este, y los primeros fogonazos de fusil que en la oscuridad de la madrugada semejaban un enjambre de luciérnagas, el resplandor de las explosiones hacía ver a los atacantes en silueta lo imponente de los fuertes que debían atacar al asalto, el comandante Roble ordena apurar la marcha, como también lo hace el Estado Mayor de la 4ª División al mando del mayor Dublé Almeyda, la orden era “que se acelere la marcha lo más posible, pero sin perder la formación, procurando no ser vistos, estar alerta para el asalto”, comenzaba a clarear y a lo lejos se veía que la batalla tenía pleno desarrollo en todo el sector del Morro, se ordenó apurar más la marcha, el fervor de los soldados llevo a iniciar un avance al trote, cuando el primer escalón se encontraba a unos 50 mts. de su objetivo se produjo una gran detonación, que a los atacantes les hizo parecer el disparo de “mil cañones al unísono”, seguido casi al instante de un segundo de similar magnitud, la tierra se estremeció bajo los pies de los soldados como si se tratase de un gran terremoto, el sonido fue tan fuerte que dejo sordos y algo aturdidos por un buen momento tiempo a todos los atacantes alcanzados por la onda expansiva, tumbando al suelo a prácticamente todo el regimiento, los caballos de la oficialidad escaparon despavoridos al caer sus jinetes a tierra, pareció que nacían dos grandes cerros en frente de los soldados del “Lautaro”, era el gran desplazamiento de tierra que provocaban las explosiones. Repuesto y reorganizadas las filas sigue el “Lautaro”, no encontrando ninguna resistencia por parte de soldados peruanos, los pocos defensores que habían quedado en los fuertes escapaban en distintas direcciones, al desplazarse la 8ª División peruana al frente del Morro en los primeros momentos de la batalla sólo habían dejado en los fuertes del norte a los servidores de los cañones y a los encargados de hacer estallar las minas, una vez que los fuertes fuesen ocupado por los chilenos, el temor y los nervios, el atolondramiento de los encargados de provocar las explosiones salvaron a los soldados del “Lautaro” de una muerte segura, se destino a medio regimiento para capturar a los fugitivos y a ocupar los resto que quedaban de los fuertes “San José” y “Santa Rosa”, los cráteres de la explosión eran tan grande que la otra parte del regimiento que seguía avanzando para ocupar la ciudad tuvo que rodearlos para seguir avanzando, con indignación veían los soldados los estragos provocado por las detonaciones, veían como los rieles de fierro se habían retorcido como si hubiesen sido de viruta de madera, unos cañones de grueso calibre habían sido destrozados como si hubiesen sido de masa de cartón, grandes piedras habían sido partidas en mil pedazos, los soldados pensaban que habría ocurrido si la detonación de las minas se hubiese atrasado tan sólo unos minutos después, todos habrían estados muertos, el fuerte 2 de Mayo no alcanzó ha ser destruido, en la labor de captura de prisioneros y desactivar las minas coopero activamente el Estado Mayor de la 4ª División, el resto del regimiento toma dirección a la ciudad, el avance se hacía con mucha precaución, para evitar ser sorprendidos por nuevas minas, en ese momento el “Manco Cápac”, comienza ha hacer fuegos en contra de los soldados del “Lautaro”, sin causar mayor estrago en las filas ni impedir su avance a la ciudad, cuando cruzaban el arenal próximo al cementerio vieron que se izaba la bandera chilena en el Morro y que con eso se daba por concluida la batalla. La labor del “Lautaro” se concentró en dominar el sector norte del pueblo capturando a los fugitivos, el regimiento había tenido sólo seis heridos en toda la acción. El 1er batallón del 3º de Línea al mando del sargento mayor don Federico Castro, que había recibido la orden de continuar el ataque al Morro por el flanco de la ciudad con el fin de tomar por dos fuegos a los defensores de ese reducto, entraba a la ciudad a paso redoblado desde el cerro “La Cruz” por la calle “28 de Julio”, al enfrentaban las primeras casas se escucha la fuerte detonación del fuerte “San José”, en ese mismo momento los del 3º de Línea comenzaban a capturar a los primeros desertores de los restos de los medios batallones de la 8ª División de Ugarte, eran los sobrevivientes que no habían logrado subir hasta la cima del Morro, los infantes del 3º de Línea siguen su avance hacia la plaza de armas de la ciudad capturando a los fugitivos, al llegar el primer pelotón de soldados chilenos a la plaza se encuentran con un

grupo de unos 60 soldados peruanos que buscaban refugio en el interior del templo de San Marcos, no logrando su objetivo de refugio por encontrarse cerradas las puertas, los chilenos captura a este grupo en las gradas de la Iglesia, en esos momentos llega a oído de los atacantes que el regimiento “Lautaro” había sido volado por los aires con las minas instaladas en el fuerte “San José”, habiendo sido esas las fuertes explosiones que se habían sentido cuando el batallón ingresaban a la ciudad; causó tal indignación en los soldados del 3º de Línea que en un modo de lavar la afrenta, fusilan a los peruanos en el acto, en las mismas gradas de la iglesia. Cuando ocurrían esos hechos en la plaza de armas de Arica, en la cima del Morro concluía el izamiento del pabellón nacional de Chile, se toca retreta, pasadas las listas y dada cuenta por los capitanes se pudo establecer que el regimiento 4º de Línea había dejado en las arenas salitrosas del Morro de Arica en su gloriosa marcha por la conquista del pétreo peñón, a 63 soldados de tropa muertos, 11 oficiales heridos, el teniente coronel don Juan José San Martín falleció a las once horas de esa mañana del 7 de junio de 1880, y habían resultado 190 soldados de tropa heridos. Los destacamentos chilenos recorren el campo recogiendo a los heridos, concluida esta labor, se toma la determinación de arrojar al mar los cuerpos de aproximadamente unos 300 muertos peruanos que por el excesivo número hacía imposible cavar sus tumbas en el rocoso suelo del Morro, los muertos chilenos fueron sepultados en una fosa común en los arenales de los faldeos del Morro, los restos de los jefes peruanos fueron trasladados a una sepultura transitoria en la iglesia de San Marcos.[13] El caso del coronel Alfonso Ugarte, es muy particular, como su muerte ocurrió en la explanada, su cuerpo no fue identificado de inmediato siendo arrojado por el acantilado al mar junto con los otros soldados peruanos caídos en la cima. Según el capitán del 4º de Línea Ricardo Silva Arraigada inmediatamente terminada las acciones pudo ver los cadáveres de Bolognesi, Moore y Ugarte, con relación al cadáver de Alfonso Ugarte, el capitán Silva Arraigada, dice, que el cadáver del coronel peruano se encontraba en una casucha ubicada cerca del mástil, al lado del mar (oficinas de la comandancia del fuerte del Morro), mirando hacia el pueblo; en ese lugar las “rabonas” del Morro cocinaban el rancho; esas pobres mujeres tenían oculto el cadáver de Alfonso Ugarte; era un hombre chico, moreno, el rostro picado de viruelas, los dientes muy orificados, de bigote negro. Aquellas mujeres tenían profundo cariño por Ugarte, y para guardar su cadáver, lo habían vestido con un uniforme quitado a un muerto chileno (los oficiales peruanos usaban uniformes similares a los chilenos de guerrera azul y pantalón rojo). Continua el capitán Silva, pude saber que era el coronel Ugarte, porque el doctor boliviano Juan Kid cuando lo vio exclamó: ¡Pobre Coronel Ugarte; no hace mucho lo he visto vivo!. Mas tarde se dio la orden de arrojar al mar todos los cadáveres; sin duda que botaron también el de Alfonso Ugarte. Como en el recuento no se pudo encontrar el cadáver del malogrado coronel, su familia ofreció mil pesos de recompensa al que encontrase el cadáver, se presentaron 12 cuerpos que tenían alguna semejanza con el coronel, hasta que el día 14 de junio se le encuentra en los roqueríos de los píes del Morro los restos del malogrado coronel, son sepultados en el panteón de Arica al día siguiente, la partida funeraria reza así:

“Año del señor de mil ochocientos ochenta. En quince de junio. Yo el cura y Vicario de esta ciudad de San Marcos de Arica, Sepulte de Exus Alta en el panteón esta ciudad el cuerpo mayor del coronel Alfonso Ugarte, que fue encontrado al píe del Morro, y desde allí se deposito en su respectivo nicho, hijo legitimo de don Narciso Ugarte y de doña Rosa Vernal; y para que conste lo firmé.Pbto. Diego Chávez

Muerto el comandante San Martín en el cuartel del fuerte del Morro su cuerpo fue sepultado en la fosa cavada en los faldeos del Morro, según el corresponsal del periódico chileno “El Ferrocarril”, dos días después, es decir el 9 de junio, se enterraban los restos del malogrado comandante del 4º de Línea, envuelto en una bandera chilena, en el Panteón de la ciudad. Todo el regimiento con su estandarte y banda de músicos a la cabeza seguía el cortejo tras la urna. Lo cierto es que la tumba del héroe de Arica se perdió en el tiempo, borrada por el polvo del olvido, solo cubierta por la tierra que él hizo chilena, sin más señas que el sol calcinante que quema sus arenas, su cuerpo se fundió eternamente en las arenas que gracias a su esfuerzo y valentía y al de sus compañeros hicieron de “San Marcos de Arica” chileno.

El coronel Pedro Lagos desde su posición en la retaguardia observaba el desarrollo de las acciones del asalto; junto a él y su Estado Mayor y cuerpo de ayudantes que con la precisión de verdadera piezas de reloj iban y venían desde el puesto de mando al frente de batalla, llevando las ordenes del lúcido jefe de la operación, ahí mismo estaba la reserva integrada por el “Buín” y el regimiento de “Cazadores a Caballo” alerta para actuar según las circunstancias lo requirieran, estas fuerzas recibieron algunos disparos de artillería hechos desde los fuertes, estos proyectiles sólo causaron cuatro heridos, uno de ellos fue el cabo José Vicente Caris del “Cazadores” y del “Buín” resultaron heridos un subteniente, un sargento 2º y un soldado. Cuando aun no se apagaban los fuegos del Morro, el coronel Lagos ordenó al subteniente Ricardo Walker, que concurriera hasta el hospital “San Juan de Dios” con el fin de descubrir y desconectar las baterías eléctricas y el sistema eléctrico destinado a hacer detonar las minas de la ciudad y de los fuertes desde ese recinto que era amparado por la Cruz Roja. Al llegar al hospital el piquete del subteniente Walker es recibido por el fuego de fusil y pistola que le hacen un grupo de individuos vestidos de civil desde unas tapias que separaban el recinto principal del lazareto, en esos momentos llega una patrulla del 3º de Línea que se une a la patrulla enviada por el coronel Lagos, la patrulla del 3º de Línea era encabezada por el capitán Leandro Frédes, el oficial ordena al cabo 1º Emiliano Palma concurrir con tres soldados al recinto del lazareto y desactivar todo el sistema, misión que cumple el cabo Palma sacando las piezas vitales del sistema, los individuos que habían disparado sobre los chilenos huyeron dejando en los jardines interiores del establecimiento hospitalario sus uniformes, encontrándose entre ellos el de un oficial, estos individuos no fueron apresados por ser la primera preocupación de las patrullas chilenas la desactivación del sistema de minas. El comandante del “Manco Cápac” al ver el izamiento de la bandera Chilena en la cima del Morro y percibir la perdida de los fuertes del norte, sale de su fondeadero separando la cadena de botes torpedos que le protegía enfilando en dirección a la flota chilena a media marcha se detiene, los tripulantes abandonan el buque, previamente habían abierto las válvulas y provocan la explosión de la santabárbara, con lo que la nave se hunde en breves minutos, la tripulación buscó asilo en los buques de naciones neutrales no consiguiéndolo, fueron recogido y hechos prisioneros por los buques chilenos, en tanto ocurría esto la lancha torpedera “Alianza”, logra romper el bloqueo escapando al norte, siendo perseguida por el “Cochrane” y el “Loa”, a la cuadra del Cabo Picata los tripulantes de esta embarcación deciden vararla, y escapar por tierra, objetivo que logran a medias, la lancha fue destruida pero la tripulación logro ser arrestada horas más tarde por la tripulación del “Loa”, el destacamento de la 1ª División de Torpedista fue hecho prisionero en su base sin ninguna resistencia, esta división no tomó parte en las acciones del 7 de junio. La caballería que había permanecido en la reserva se encargó de capturar los fugitivos que intentaban escapar al interior cordillerano de Arica a través de los valles de Azapa y de Lluta, misión que cumplieron a cabalidad. El coronel Pedro Lagos ingresó a al ciudad haciendo el mismo recorrido efectuado por el 3º de Línea hasta el cerro “La Cruz”, con la diferencias que en vez de entrar por “28 de Julio”, entró por calle “San Marcos” en dirección a la plaza de armas, El coronel Lagos iba escoltado por su Estado Mayor y por el regimiento “Buín”. Cuando ingresaba a la ciudad aun se escuchaban los disparos que provenían de los distintos puntos de la población, eran disparos que hacían los soldados chilenos capturando a los soldados fugitivos de las vencidas fuerzas peruanas y que se refugiaban en las vacías casas de la ciudad. El coronel Lagos toma posesión de la casa de la Subprefectura y del edificio de la Aduana donde establece el Cuartel General. Comenzaba el encuentro de los soldados de los distintos regimientos chilenos que habían participado en la acción, los que convergían en la plaza y en las calles aledañas, el encuentro de los soldados de los distintos cuerpos fue motivo de jolgorio y de grandes muestra de afecto y compañerismo, los primeros en llegar al sector habían sido los del 1er batallón del 3º de Línea, luego lo hicieron los de la compañía del 4º de Línea que encabezaba el capitán Avelino Villagrán, este pelotón se había desprendido de la cima del Morro en persecución de los soldados peruanos que escapaban por la empinada ladera norte del peñón, siendo estrechados por ambas fuerzas, las muestras de mayor alegría fue cuando llegaban los soldados del “Lautaro”, pues sus compañeros les suponían muertos por las explosiones de los fuertes “San José” y “Santa Rosa”. La primera labor del Cuartel General fue la de tomar conocimiento de toda la documentación dejada por los peruanos en los distintos cuarteles de la plaza fuerte, en la documentación encontrada en el edificio

de la Aduana, allí funcionaba la oficina del Detalle de la Guarnición (Estado Mayor General), se descubrió el mapa con la ubicación de las 84 minas distribuidas en la ciudad, lo que permitió comenzar de inmediato la tarea de desactivación, el resto de ese día 7 se ocupó en hacer un verdadero inventario de la ciudad, se encontró gran cantidad de víveres en varios almacenes, lo que venía confirmar la capacidad de la plaza de soportar un largo sitio, también se encontró una gran cantidad de munición de la artillería pesada, munición de fusil en grandes cantidades, un considerable número de fusiles de distintos sistemas y cantidad, gran cantidad de dinamita, y elementos para la instalación de las minas eléctricas, se pudo establecer que el total de cañones distribuidos en los distintos fuerte ascendía a al cantidad de 23 piezas, de las cuales 5 alcanzaron a ser inutilizadas por sus servidores antes de rendirse. Los prisioneros de tropa fueron confinados en el cuartel de la Recova y en el cuartel de Celadores ubicado en la calle “de la Matriz”, los jefes y oficiales prisioneros de mas alto rango fueron detenidos en los recintos de la Aduana; días más tarde serían trasladados al transporte “Limarí” que los conduciría a Valparaíso, desde donde serían enviados a las ciudades del interior de Chile a cumplir prisión; los de menor grados fueron confinados en algunas casas de la ciudad, hay que recordar que la ciudad prácticamente había sido abandonada por el elemento civil. Los heridos de ambas nacionalidades fueron trasladados al hospital “San Juan de Dios” y a las 4 ambulancias que habían armado en carpas de campaña los peruanos en las pampas aledañas al nosocomio, también se estableció un hospital de sangre en el recinto del colegio, en la atención de los heridos además de los cirujanos y practicantes de los regimientos chilenos, colaboraron los cirujanos de los buques neutrales que estaban surtos en la bahía, como también los de la escuadra chilena, es digno destacar la labor desarrollada por el doctor don Juan Kid. El doctor Kid era un medico de nacionalidad boliviana que había sido hecho prisionero por tropas del 3º de Línea, este medico prestó tan diligentes servicios al regimiento como a heridos de otros regimientos sin importar nacionalidad que dejo recuerdo y amistad imperecederos en los rudos soldados tercerinos como reconocimiento a su bondadoso carácter. El general Manuel Baquedano González, toma posesión de la Plaza al las 10 A.M. aproximadamente, en el edificio de las oficinas de la Aduana donde se había establecido el Cuartel General, hizo entrega en breve pero emotiva ceremonia el coronel Lagos. El General en Jefe había entrado a la ciudad por el Camino Real que viene del norte, acompañado por el Estado Mayor General que comandaba el coronel José Velásquez Bohórquez, al pasar por el fuerte “San José” pudieron ver los efecto de la gran explosión provocada por los peruano en ese reducto, percibiendo la gran tragedia que habría afectado al regimiento “Lautaro” de haberse encontrado algo más adelantado al momento del ataque a ese fuerte. Los héroes de ambas naciones en conflicto caídos en los fuertes del “Este” y “Ciudadela”, fueron sepultados en una fosa común cavada en la depresión que se forma entre los dos cerros donde se habían ubicado los fuertes “Ciudadela” y del “Este”, los caídos en los fuertes del norte fueron sepultados en el panteón. El Asalto y Toma de Arica le costo al Ejército de Chile, 114 soldados de tropa muertos, 3 oficiales muertos, 18 oficiales heridos y 337 soldados de tropa heridos, por parte del Perú, se registraron 118 jefes y oficiales prisioneros, aproximadamente seiscientos prisioneros de tropa, del total de prisioneros incluido jefes y oficiales los heridos ascendían a 322, se calcula en 1.300 los muertos. La noche del 7 de junio para el día 8, fue prácticamente de vigilia para las fuerzas triunfadoras, los soldados vencedores se refugiaron para pasar la noche en distintas casas abandonadas del pueblo, el “Buín” y el “Bulnes” tuvieron que sofocar varios incendios que comenzaron a producirse en medio de la oscuridad, fuera de la destrucción lógica que provocarían estos incendios en la ciudad se sumaba el temor a que reventaran las minas que aun no habían sido retiradas, en consecuencia se estableció un riguroso “toque de queda” para evitar saqueos y destrucción, en la madrugada del día 8 la jefatura del Ejército Expedicionario, determino el traslado a Tacna de los regimientos que habían participado en la acción del día anterior, estos cuerpos marcharon en las primeras horas del alba por la pampa del “Chinchorro” hasta la estación de Chacalluta donde embarcaron en tren hasta Tacna, quedando de guarnición en la ciudad los batallones de caballería “Granaderos” y “Carabineros de Yungay” además un regimiento de artillería, el batallón Bulnes y una sección de Zapadores encargado de la limpieza de las minas de la ciudad. El día nueve el general Manuel Baquedano nombró Jefe Político y Militar de la plaza al coronel, don Samuel Valdivieso. A partir de ese momento las autoridades comienzan una labor de normalización de la vida de Arica, el coronel Valdivieso organiza el saneamiento del pueblo, para ello contrata a cuadrillas de negros para estas

labores, estos afroariqueños que habían permanecido en la ciudad y habían sido utilizados como peones de servicios del ejército peruano, el coronel Valdivieso dispuso que a estas personas se les cancelara 1,25 pesos diarios, así la autoridad ordena desarmar la ranchería existente en callejón “Junín” formado por las puertas falsa de las propiedades que daban a calle “San Marcos” y estas precarias viviendas, estaba ubicado en medio de la manzana formada por la calles “Ayacucho”, “de la Matriz”, “San Marcos” y “del Colegio”, esta ranchería era muy insalubre, sus moradores lo habían construido con los restos de las casa que habían sido destruidas en el terremoto de 1868. El jefe político y militar de Arica, regulariza algunos servicios municipales básicos, como la limpiezas de los pozos de agua dulce y el control de la distribución de este liquido, también ordena el aseo de las calles, todas medidas para evitar el brote de enfermedades. A consecuencia de haber arrojado al mar los cadáveres de los soldados muertos en la cima del Morro empezaron a ser devueltos por las corrientes y las mareas comenzando a apilarse en los arrecifes del píe del Morro y en las pequeñas playas que se formaban entre sus grietas, el peligro de contaminación de propagación de enfermedades fue mayúsculo, por lo que el coronel Valdivieso optó por incinerarlos, esta labor la cumplió con una compañía del batallón “Bulnes” y con las cuadrillas de negros que había contratado para el saneamiento de la ciudad; oponiendo alguna resistencia estos semi forzados trabajadores, se negaban efectuar la macabra pero necesaria tarea, pero con algunos métodos de persuasión por parte de los soldados del “Bulnes” se incineraron 367 cuerpos, y sus cenizas se sepultaron en los arenales de los faldeos del Morro próximos a la playa, allí encontraron gran número de momias de origen precolombino, cestería y muchas piezas de cerámica. En el mes de octubre de 1880, cuando se realizaba la “Conferencia de Arica”[14] uno de los diplomáticos estadounidense hace mención en una de las notas a su gobierno que aun en ese mes de octubre era posible ver en el acantilado del Morro desde el buque “Lackawanna” soldados peruanos muertos en la batalla del 7 de junio, estos cadáveres habían quedado atrapados en las grietas del acantilado del Morro siendo muy difícil sacarlos de ahí.

En los días inmediatamente siguientes a la toma de Arica las autoridades militares de Chile regularizan el tránsito del ferrocarril desde el terminal muelle de Arica a Tacna, esto permitió el traslado entre ambas ciudades de pertrechos militares, víveres, traslado de tropas, el transporte de los heridos chilenos de las batallas de Tacna y de Arica a los buques que los regresaban a Valparaíso, etc. Por expresa orden del General en Jefe de las Fuerzas Expedicionarias, General Baquedano, se dispone la creación de la Gobernación Marítima del Puerto de Arica, nombrando para tal efecto, a Don Marcial Rodríguez V. como Gobernador Marítimo del Puerto Mayor de Arica. Don Marcial Rodríguez V.[15] era un empleado civil de mucho prestigio y con conocimiento sobre el manejo de carga y operación de puertos, se desempeña sin mayores problemas en un galpón ubicado al lado del antiguo muelle (según los lugareños en 1880), cumpliendo sus misiones como empleado de Hacienda dependiente de la Armada. La primera dotación de esta Gobernación Marítima, estaba conformada por un Cabo de Matrícula, un Patrón de Bote, cuatro marineros, más un práctico que fue enviado desde Valparaíso, con mucha experiencia en maniobrar con velas, pues un alto porcentaje de las naves que recalaban en Arica, venían con sus máquinas en muy mal estado y la maniobra de fondeo o amarre a boyas se efectuaba generalmente a vela. La actividad del puerto se irá incrementando con rapidez en lo siguientes meses ante la inminente campaña a Lima. Los primeros días del mes de julio llega a la bahía de Arica el vapor “Limeña”; este buque peruano venía en una misión humanitaria, por intermediación de la legación del Brasil en Lima la nave venía a cumplir con la misión de recoger a unos mil heridos peruanos de las batallas de Arica y de Tacna para trasladarlos al Callao y a Lima, el buque también transportaría al norte a algunas familias ariqueñas y a 5 monjas de un convento de Tacna, también, cumplió la honrosa misión del traslado de los féretros que transportaban los cuerpos del coronel Francisco Bolognesi y del capitán de navío Juan Guillermo Moore, ambos héroes fueron sacados de sus tumbas ubicadas en la misma iglesia de “San Marcos” y puestos en catafalcos de riquísima madera. Para la despedida de los héroes peruanos se ordenó por parte de las autoridades chilenas una ceremonia que incluyo una misa celebrada por el vicario de “San Marcos”, párroco José Diego Chávez, se ordenó una formación de honor de tropas chilenas con sus uniformes de parada, los féretros se trasladaron desde la iglesia al muelle donde fueron embarcados, los ataúdes fueron llevados en hombros por una escolta de soldados chilenos, acompañando el cortejo una banda de músicos de uno de los regimientos que cumplía guarnición en el puerto, la banda interpretaba himnos fúnebres, al embarcar se les rindió los honores de reglamento con salvas de rigor y toque de silencio. Los soldados chilenos

reconocían en ambos jefes peruanos a dignos adversarios que habían sucumbido con valentía y honor en la defensa de su patria. Desde el glorioso 7 de junio de 1880 paso a paso Arica se va incorporando a la administración y soberanía de la República de Chile, el 28 de junio de 1880 el general Manuel Baquedano en su calidad de General en Jefe del Ejército Expedicionario dicta un decreto ordenando la creación de una oficina de Aduana y Tesorería de Arica, tal dictamen es aprobado por Decreto del Ministerio de Hacienda de Chile del 15 de julio de 1880 lleva la firma del Presidente de la República don Aníbal Pinto G, y del ministro de Hacienda don José Alfonso, la planta administrativa de la Aduana y Tesorería de Arica contemplaba un departamento de Contaduría con 10 funcionarios; un departamento de Alcaidía con seis funcionarios; un departamento de Vistas dos funcionarios; un departamento de Resguardo con veintinueve funcionarios. Hay otros dos actos de administración del Estado de Chile en el departamento de Arica que afianzarían aun más la condición de chilena de “San Marcos de Arica” uno de ellos es la creación de la Gobernación de Arica por decreto del Ministerio del Interior de fecha 21 de octubre de 1880 y que nombra como gobernador del Departamento a don Darío Zañartu. El otro acto administrativo fue la creación de la Junta de Alcaldes conforme a la ley del 31 de octubre de 1884; por Decreto Nº 4.107 del Ministerio del Interior el 27 de diciembre de ese año se nombrar para el departamento de Arica una Junta de Alcalde compuesta por los señores: don Francisco Javier Zelayo, don Rodolfo Castro H. y don Jenaro F. Cáces. Tal Junta de Alcaldes funcionaría hasta la siguiente elección ordinaria de municipalidades. Sus atribuciones y obligaciones eran las que expresaba la Ley del 24 de agosto de 1846 y el artículo 8º de la Ley del 31 de octubre de 1884. El decreto esta firmado por el presidente de la República don Domingo Santa María y por el Ministro del Interior don José Manuel Balmaceda · Anexo 1

LOS JEFES MILITARES DE CHILE Y PERÚ EN EL ASALTO Y TOMA DE ARICA EL 7 DE JUNIO DE 1880

CHILE.

Coronel don Pedro Lagos Marchant. Nació en Chillán Viejo en 1832, muere en Concepción el 8 de enero de 1884. Hijo de Manuel Lagos Jaraquemada y de Rosario Marchant. En 1846 a los 14 años de edad ingresó a la Escuela militar, en febrero de 1847 recibe el grado de cabo primero, en marzo del año siguiente asciende al grado de sargento segundo. Su primera destinación es al Batallón “Chacabuco”, unidad del Ejército de Chile que se subleva contra el gobierno el 20 de abril de 1851, al ocurrir estos acontecimientos el joven militar estaba de guarnición en Valparaíso, poniéndose a las órdenes de las fuerzas que defienden al gobierno y a la Constitución, asciende a teniente, está presente en las acciones de Caldera y Copiapó. De regreso de la campaña el 26 de marzo de 1852 es ascendido a Ayudante Mayor, el 9 de febrero de 1854 es ascendido a capitán. En la guerra civil de 1859 está presente en el sitio de Talca, en esta conflagración interna está presente también en la batalla de “Los Loros” en el norte del país. En septiembre de ese año es ascendido a sargento mayor. Terminada la campaña, es destinado a la Araucanía siendo ascendido en 1863 a teniente coronel en reconocimiento a los servicios prestados al Estado de Chile, se le destina como comandante del regimiento 4º de línea, ocupando este cargo recibe el grado de teniente coronel efectivo en 1866. En 1868 es comandante de la plaza de Angol, hace la campaña contra

los mapuches entre 1868 y 1869. Se retira del Ejército y se dedica a la agricultura. Vuelve a incorporarse por llamado del presidente Federico Errázuriz Zañartu. En 1875 es nombrado Intendente de Ñuble y en 1879 es Intendente de Bio Bio. Hace las campañas del norte en la guerra del Pacífico. En enero de 1880 es nombrado Jefe de Estado Mayor General del Ejército. Hace la campaña de Tacna bajo las órdenes del general Manuel Baquedano. Su mayor gloria es el Asalto y Toma del Morro de Arica el 7 de junio de 1880. En octubre de 1880 es nombrado Jefe de la Tercera División del Ejército Expedicionario del Norte. Concurre a las batallas de Chorrillos y Miraflores. Ingresa a Lima con el grado de coronel, el 18 de Junio es ascendido a General de Brigada. De retorno al país es nombrado el 23 de noviembre de 1881Comandante General de armas de Santiago. En 1882 es elegido Diputado de la República por Rancagua para el periodo 1882-1885.

PERÚ.

Coronel don Francisco Bolognesi Cervantes. Hijo de don Andrés Bolognesi y de la dama arequipeña, doña Juana Cervantes, nació en Lima el 04 de noviembre 1816, en la antigua calle de Afligidos, actual Jirón Caylloma Nº 125. Sus primeros estudios fueron cursados en el colegio Seminario de Arequipa desde los 8 a los 16 años. Luego sigue los pasos de su padre dedicándose al comercio, entrando a trabajar a la casa Lebris y Violler. En la ciudad blanca residió junto a su familia en la casa ubicada en la esquina de las calles (hoy) Puente Bolognesi y Villalba hasta el año 1847,pasando luego a vivir a la casa ubicada en la calle Sucre N° 209. Su padre comerciante no quería que se dedicara a la milicia, a la cual se inclinó desde muy joven, el bautismo castrense de Francisco Bolognesi sin haber sentado plaza en el ejército del Perú ocurrió en julio de 1844, cuando las fuerzas vivanquistas y castillistas (por las que peleaba), se enfrentan en la batalla de Carmen Alto o Acequia Alta, estando cerca de la muerte, una bala perforó su sombrero salvando milagrosamente, otra bala mató el caballo que montaba. La acción revolucionaria decidió su destino, donde mostró coraje, por lo cual Castilla le ofreció un puesto cerca suyo, lo cual fue rechazado por Bolognesi, pues pensaba que su futuro debía seguir en el comercio, trasladándose presumiblemente a la ciudad de Cusco, El futuro coronel Bolognesi se incorporó al ejército recién en 1853, ese año vuelve a la ciudad de Arequipa donde ve todos los preparativos de una posible guerra con Bolivia, lo que lo alentó a enrolarse en el ejército siendo nombrado segundo jefe de un regimiento de caballería. La guerra con Bolivia no se concretó, dando paso a una de las revoluciones más importantes del Perú contra el presidente Echeñique. En esta acción de guerra es herido en un muslo, por su valor y desempeño recibe los galones de coronel, el destino vuelve a encontrar a Bolognesi con Castilla, siendo nombrado el primero Teniente coronel y puesto como ayudante del estado Mayor General de la provincia de Arequipa. a partir de aquel momento su destino estaría vinculado con el mariscal Ramón Castilla, entonces presidente del Perú, luego fue nombrado como segundo jefe del Batallón 2° “Libres de Arequipa”. En épocas de revoluciones lo nombró comisario general del Ejército, Parte junto a Ramón Castilla sobre Cusco como comisario general del ejército liberador en junio de 1854, avanzando luego sobre Andaguaylas, Chincheros, Ayacucho y Huancayo, para luego partir a las puertas de Lima, participando en la batalla final de La Palma. En 1856 fue nombrado jefe de un escuadrón de artillería volante, posteriormente Castilla lo nombra edecán del denominado gobierno provisorio. En 1860 se le comisiona un viaje a Europa para adquirir instrucción y equipo de artillería. Regresó al Perú con cuatro decenas de cañones “Blackleys”, que fueron los utilizados en 1866 en el combate del 2 de mayo, gesta que se verificó entre las defensas del Callao y la escuadra española. En 1864 retornó a Europa en una nueva misión, donde adquirió a nombre del gobierno peruano cañones franceses “Voruz”, “Parrot”, y “Vavasseurs”, así como modernos rifle belgas “Comblain” para la infantería, poco después, luego de ejercer otras responsabilidades dentro del ejército y puesto como jefe de la Comandancia General de Artillería del Ejército, pasó a retiro. Declarada la guerra con Chile, el coronel Bolognesi solicitó la reincorporación al ejército activo. Una vez trasladado al teatro de operaciones en Tarapacá, recibió el mando de la 3ª División, conformada por los batallones Segundo

de Ayacucho y Celadores de Arequipa, al frente de esta División participó en las acciones de Dolores (San Francisco) y Tarapacá, el 3 de abril de 1880 se recibe de la jefatura de la plaza fuerte de Arica cargo con el que muere en la batalla de Arica del 7 de junio de 1880.

·

Anexo 2

Parte de guerra de la batalla de Arica del 7 de junio de 1880 del Regimiento “4º de Línea”.

Comandancia Accidental del Regimiento 4º de Línea

Arica, junio 8 de 1880

El que suscribe comandante accidental del regimiento 4ª de Línea, tiene el honor de dar cuenta a US. del combate sostenido por el espresado cuerpo el día 7 del actual en la toma de los fuertes del Morro de Arica. En virtud de la orden de US. El 6 a las 7 P.M. se puso en marcha el regimiento con 893 hombres desde el valle de Azapa, a las órdenes del bravo i malogrado teniente coronel don Juan José San Martín, con dirección al punto señalado por US. En el reconocimiento practicado el día anterior con el objeto de tomar el fuerte del Este que US. ordenó atacar con este regimiento. Habiendo llegado al citado punto se descansó hasta las 4 A.M. del siguiente día i a esta hora recibí orden del comandante don Juan José San Martín para que con el primer batallón del regimiento marchara sobre el indicado fuerte i lo tomara a viva fuerza, i que no me detuviera aunque hubiera esplosión de minas como se decía i que él con el segundo batallón me protejería en el ataque. En esta virtud como a las 5 A.M. subí las lomas cercanas a los fuertes marchando muy despacio porque la oscuridad de la noche no me permitía distinguir la posición precisa que debía atacar i con el objeto además de esperar al capitán del cuerpo de ingenieros don Enrique Munizaga comisionado por US. Para que me indicara la posición del fuerte. Seguí la marcha en la dirección indicada por el capitán mencionado i a pocas cuadras vino la claridad del día i pude observar que el fuerte se hallaba a 1.500 metros de mi tropa. Casi inmediatamente rompe el enemigo sobre el batallón un fuego bien nutrido de rifle i artillería, marchando en dirección al fuerte mandé apurar el paso i romper sobre él los fuegos, a pesar de que la tropa enemiga casi no se veía por estar oculta detrás de los parapetos. El batallón de mi mando siguió con orden i serenidad adelante a pesar del vivo fuego que recibía a pecho descubierto. Estando a una cuadra del fuerte ordené tocar ataque i la tropa con sus oficiales a la cabeza se lanzó a la carrera sobre los parapetos i en diez minutos el fuerte Este estaba en nuestro poder. El enemigo dejó allí como 70 cadáveres i el resto de la guarnición como 300 hombre, huyó en dirección al Morro haciendo fuego en retirada. En éstos momentos el segundo batallón del regimiento a cargo del teniente coronel señor Juan José San Martín que quedaba en nuestra protección siguió persiguiendo a los que huían, pero a cinco o seis cuadras se encontró con nuevas fuerzas en los parapetos que estaban a su frente.

Al pasar el segundo batallón salí a unírmele con primero i entonces todo el regimiento marchó sobre el Morro desalojando al enemigo de todos los parapetos i zanjas en que se iba atrincherando en su retirada hacia aquella fortaleza. Durante esta persecución estallaron dos minas, las que no nos hicieron graves daños ni fue motivo para detener la marcha del regimiento en el ataque que iba haciendo al enemigo. Como cuatro cuadras antes de llegar al Morro fue herido gravemente el teniente coronel don Juan José San Martín; i a pesar de esta sensible pérdida, el regimiento siguió atacando al enemigo hasta que lo estrechó dentro de las fortalezas del Morro donde se rindieron 60 entre jefes i oficiales i 300 individuos de tropa. En este fuerte se encontró el estandarte del batallón Iquique número 33, toda la artillería, como 700 rifles, una gran cantidad de municiones i muchos víveres i forraje. Desde el primer ataque del fuerte Este hasta la toma del Morro, el regimiento tuvo las siguientes i sensibles pérdidas; teniente coronel don Juan José San Martín que murió tres horas después, diez oficiales heridos muchos de ellos gravemente, 63 muertos de tropa i 190 heridos que hacen un total de 264 bajas. Las del enemigo, en los distintos puntos que lo atacó el regimiento no serian menos de 200 muertos, entre los que se encuentra el coronel Bolognesi jefe de la guarnición de Arica, el comandante Moore que mandaba las baterías del Morro i muchos otros jefes i oficiales i unos 150 heridos. La conducta de los señores oficiales i tropa del regimiento ha sido digna de todo elogio i los capitanes como los demás oficiales han conducido a sus soldados con una bravura i pericia tal, que, recomendar especialmente a algunos, seria agraviar a los otros. El cirujano 2º don Juan A. Llausas i practícate don Moisés Zúñiga han atendido con celo i actividad a los heridos que tuvo el regimiento, igual servicio ha prestado el cirujano 2º del regimiento Buín don Juan F. Ibarra. Adjunto a US. Una lista nominal de los señores jefes, oficiales i soldados muertos i heridos en este glorioso hecho de armas, como igualmente una relación de los señores jefes i oficiales del regimiento que tomaron parte en él.

Dios guarde a US:

Luis Solo Zaldívar

Al señor coronel jefe de la División don Pedro Lagos. · Anexo 3

Nomina del Regimiento 4° de Línea que entró en batalla en el Asalta y toma del Morro de Arica el 7 de junio de 1880

Plana Mayor

CLASE BATALLÓN

NOMBRE

NOTAS

COMPAÑÍA

Teniente coronel Sargento Mayor Capitán Ayudante Capitán Ayudante Capitán Capitán Capitán Capitán Capitán Capitán Capitán Teniente Teniente Teniente Teniente Teniente Teniente Teniente Subteniente Subteniente Subteniente Subteniente Subteniente Subteniente Subteniente Subteniente Subteniente Subteniente

Juan José San Martín Luis Solo de Zaldívar Loredano Fuenzalida Miguel Rivera Avelino Villagrán José Miguel de la Barra Menandro José Urrutia Pablo Marchant Pedro Julio Quintavalle Pedro Onofre Gana Ricardo Silva Arriagada Casimiro Ibáñez Gumercindo Soto José Antonio Contreras Juan Urrea Luis Víctor Gana Martín Bravo Ricardo Gormáz Agustín Benítez Alberto de la Cruz Gutiérrez Alcides Vargas Ángel Custodio Corrales Carlos Aldunate Carlos Lama García Celedonio Moscoso Emilio Aninat Jenaro Alemparte Juan B. Riquelme

Muerto

Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor

Herido

Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor

Herido

Plana Mayor Plana Mayor

Herido

Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor

Herido

Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor

Herido Herido

Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor

Herido Herido

Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor

Subteniente Subteniente Subteniente Subteniente Subteniente Subteniente Subteniente Subteniente Subteniente Cirujano 2º Practicante de Cirugía

Juan Rafael Ramos Julio P. De la Sota Marco Antonio López Miguel E. Aguirre Ramón Silva Contreras Salvador Larraín Torres Samuel Mesa F. Vicente Videla Víctor López Amunátegui Juan Antonio Llausás Moisés Zúñiga Bermúdez

Herido

Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor

Herido

Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor

Banda

CLASE BATALLÓN

NOMBRE

NOTAS

COMPAÑÍA

Sarjento 2.º Cabo 2.º Músico Músico Músico Músico Músico Músico CLASE BATALLÓN

Nicolás Orellana Perfecto Meza Adolfo Barrientos Alfredo Cisterna Benjamín Herrera Blas Castillo Cipriano Aceituno Deciderito Salazar NOMBRE NOTAS

Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor COMPAÑÍA

Músico Músico Músico

Dionisio Flores Eleodoro Morales Elías Chacón Barahona

Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor

Músico Músico Músico Músico Músico Músico Músico Músico Músico Músico Músico Músico Músico Músico Músico Tambor Tambor Tambor Tambor Tambor Tambor Tambor

Hipólito Sepúlveda Joaquín Montecino Joaquín Muñoz José Miguel Sandoval José Vergara Juan Bautista Iones Juan Cerda Manuel Ibáñez Matías Urzúa Natalio González Pedro José Cabeza Pedro Pablo Rivera Ricardo Mardones Rolando Beltrán Valentín Avendaño Elías Díaz Jacinto Salinas José Abelino Basoalto José Jenaro Venegas José Manuel Sánchez Narciso Araya Pantaleón Godoi

Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor Plana Mayor

1er. Batallón 1ª Compañía

CLASE BATALLÓN

NOMBRE

NOTAS

COMPAÑÍA

Sarjento 1.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Cirilo Jara Belisario Prado Eduardo Eujenio Guzmán Efraín Sobarzo José Simón Aguilera Luis Sobarzo Martín Chandías Ricardo Rosas Francisco Rojas José del Rosario Abarzúa Juan Absolón Rojas Manuel Díaz Amador Olivares Caupolicán Corvalan Cipriano Zúñiga Crepúsculo Sepúlveda Cristóbal Acuña David Ubilla Delindo Encina Dionisio Reyes Herido Herido Herido Muerto Muerto Muerto Herido Muerto Herido

1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1° 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón CLASE BATALLÓN

Eliseo Morales Feliciano Celedrón Fidel Sepúlveda Francisco Astorga Francisco Burgos Jermán Gorigoitía Jerónimo Hernández NOMBRE

Muerto Muerto Herido Herido

1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

NOTAS

COMPAÑÍA

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Compañía Soldado Batallón Soldado Batallón 1º Batallón

José Ahumada José del Carmen González José Dolores Martínez José Félix Quilogran José Fierro José Guajardo José Ibarra José Inojosa José Manuel López José Quijada José Santos Jara Herido Herido

1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª 1ª Compañía 1ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

1º 1º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Compañía Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón 1º Batallón

Juan Arancibia Juan Cabrera Juan Castillo Juan de Dios Hidalgo Juan de Dios Muñoz Juan Estéban Elgueta Juan Flores Juan Pablo Elgueta Juan Sepúlveda Juan Soto Justo Contreras Justo Martínez Lino Pinto Manuel Alarcón Manuel Cofré Manuel Molina Manuel Ramos Manuel Romero Máximo Ramírez Miguel Daza Herido

Herido

1ª Compañía 1ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Herido Herido

1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía

Herido

1ª Compañía 1ª Compañía 1ª 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Herido

1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía

Herido

1ª Compañía

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Moisés Clemente Ávila Narciso Salas Nicanor Andrádes Nicasio Quero Nicolás Hidalgo Pedro Sepúlveda Pedro Torres Polinardo Escobar Rafael Gómez Zelaya Rafael Martínez Ramón Gálvez Ramón López Rosario Lara Sandalio Ramírez Secundino López Vicente González Vicente Morales Victorino Muñoz Zenón Ahumada Muerto Herido Herido Herido Muerto Herido Muerto Herido

1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

2ª Compañía

CLASE BATALLÓN

NOMBRE

NOTAS

COMPAÑÍA

Sarjento 1.° Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón CLASE BATALLÓN

Nicolás Hidalgo Cantalicio Quinteros Delfín Díaz NOMBRE

Muerto Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

1° 1º 1º

NOTAS

COMPAÑÍA

Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón

Domingo Guajardo Gregorio Villablanca José González Juan Garrido Pedro Riquelme Samuel Vicente Díaz Delfín Fernández Ernesto González José del Carmen Morales José Miguel Muñoz Juan González Olegario Venegas

Muerto

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

Herido

2ª Compañía 2ª Compañía

Herido

2ª Compañía 2ª Compañía

Cabo 1.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Ramón Burgos Estanislao Jara Eulojio Rodríguez Evaristo Cancino Francisco Báez Manuel Jesús Ilabaca Toribio Inostroza Alejandro Riveros Alejo Bravo Anacleto Zenteno Anselmo Hernández Antonio Torres Bartolomé Abbré Herido

Muerto

2ª Compañía 2ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

Belarmindo Guajardo Benjamín Pérez Camilo Duran Catalino Barra Celestino Prat Ciriaco Medina Clemente Parada Herido Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Compañía Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Compañía 1º Batallón 1º Batallón

Crisóstomo Avendaño Deciderito López Domingo Sarmiento Eleodoro Gutiérrez Eliseo Salas Eujenio Alarcón Eulojio Barrera Evaristo Oyarce Felipe Benicio Marchant Filomeno Plaza Francisco Canales Francisco Díaz Francisco Paredes Francisco Pérez Gregorio Alvarado Horacio Montecino Isidro Cáceres Jacinto Lucero Jerónimo Montenegro José Antonio Tapia Herido Herido Herido Herido Herido Muerto

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

1º 1º 1º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón CLASE BATALLÓN

José Contreras José Cornejo José Cruz Suazo José del Carmen Beltrán José Dolores Muñoz José Domingo Poblete José Fernández José Ignacio Fuentes NOMBRE

Muerto

2ª Compañía 2ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

Herido

2ª Compañía 2ª Compañía

Herido NOTAS

2ª Compañía COMPAÑÍA

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

José Leitón José Luis Cárcamo José Miguel Contreras José Miguel Ortiz José Miguel Sarmiento José Ortiz José Riquelme José Sepúlveda José Zúñiga José Zúñiga 2º

Herido Muerto

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

Herido

2ª Compañía

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Juan Avalos Juan Alvarado Juan Córdova Juan Díaz Juan Fuentes Juan José Sepúlveda Juan Valenzuela Laureano Álvarez Manuel Jesús Celedón Manuel Jesús Escobar Manuel Jesús Rodríguez Manuel Rodríguez Manuel Valenzuela Marcelino Palomino Marcelino Pimentel Maximiano Rojas Miguel Cartagena Nicanor Olivares Onofre Ordenes Pantaleón Iturra Herido Herido Herido Herido Muerto Herido Herido Herido Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Pedro Donoso Pedro Escobar Pedro Farias Raimundo Cinto Salvador Menares Santiago Catalán Santiago Sepúlveda Tiburcio Herrera Tristán Espinoza Vicente Alarcón Wenceslao Burgos

Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º

Herido Muerto

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

1º Batallón 1º 1º 1º 1º

Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

Muerto

2ª Compañía

3ª Compañía

CLASE BATALLÓN

NOMBRE

NOTAS

COMPAÑÍA

Sarjento 1.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón

Eduardo Salas Antonio Godoi Daniel Santander Joaquín Piña José Manuel Zorondo Juan A. Contreras Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º

Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Compañía Cabo 1.º Batallón Cabo 2.º Batallón CLASE BATALLÓN 1º Batallón

Manuel Leal Narciso Vega Santos Frez Feliciano Encina José del R. Aranelo Juan Crisóstomo Saldía Abelardo Flores NOMBRE NOTAS Herido Muerto

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª 3ª Compañía 3ª Compañía COMPAÑÍA

1º 1º 1º 1º

1º 1º

Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Bartolomé Riquelme Juan Antonio Álvarez Mariano Castro Adolfo Lineros Adolfo Soto Agustín Contreras Alejandro Ugas Alfredo Lagos Alfredo Villalobos Ánjel Quezada Antonio Aránguiz Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Antonio Calderón Antonio Delgadillo Antonio Ugas Arcenio Salazar Bartolomé Moraga Bartolomé Sepúlveda Benito Duran Calixto Silva Celedonio Salas Clodomiro Reyes Cornelio Bernales Dámaso Álvarez Eduardo Martínez Eleodoro Astorga Eulojio Barrera Feliciano Leiva Feliciano Rojas Félix Videla Fidel Ortiz Francisco Bastías

Herido Muerto

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3° Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

Herido

3ª Compañía

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Francisco González Francisco Villalobos Fructuoso Salinas Graciano Freire Gregorio Orellana Gumercindo Sánchez Ignacio Carvajal Ignacio Contreras Jacinto Núñez Joaquín Baeza José Agustín Pacheco José Bautista Rodríguez José Bustamante José del Carmen Padilla José del Carmen Torres José del T. Maurelia José Domingo Díaz José García José Gregorio Abarca José Hidalgo

Muerto

3ª Compañía 3ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Herido Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

Herido

3ª Compañía 3ª Compañía

Herido Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón CLASE BATALLÓN

José Luis Adriasola José Luis Berrrios José Manuel Leiva José Maria Navarrete José Maria Pino José Maria Silva José Mercedes Jiménez José Mercedes Miranda José Salgado NOMBRE NOTAS Muerto Herido Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía COMPAÑÍA

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

José Santos Gorigoitía José Santos Peña Juan Araya Juan Barrientos Juan de Dios Meléndez Juan de Dios Poblete Juan de Dios Rioseco Juan Federico Kühn Juan Francisco Velozo Herido Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Juan García Juan Lira Juan Pío Álvarez Juan Ramírez Juan Ramón Césped Juan Umaña Justino Salgado Laureano Contreras Manuel Antonio Sagal Manuel Ayala Manuel Pizarro Manuel Rojas Nicanor Leiva Nicanor Varas Nicómedes Bustos Onofre Bascur Pedro Jiménez Pedro José Cantillana Pedro Méndez Pedro Núñez

Muerto

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Herido

3ª Compañía 3ª Compañía

Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Pedro Pablo Simoné Pedro Rojas Pedro Vicencio Pedro Vilche Rafael Rojas Rafael Sánchez Remigio Abarca Ricardo Olivos Ruperto Jiménez Salvador Espinoza Samuel Antonio Cordero Valentín Zenón Villegas Vicente Ruz

Herido

3ª Compañía 3ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

Herido Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

Muerto

3ª Compañía 3ª Compañía

4ª Compañía

CLASE BATALLÓN

NOMBRE

NOTAS

COMPAÑÍA

Sarjento 1.° Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón

Miguel Aguirre Agustín Moisés Gajardo Gregorio Navarro

Muerto Herido

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

1° 1º 1º

Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón CLASE BATALLÓN

Guillermo Ortega José del Carmen Fonseca José del Carmen Silva Juan de Dios Espinoza Manuel Martínez Santiago Canales Adolfo Mena José de la Cruz Contreras Juan Toledo NOMBRE Herido NOTAS Muerto Muerto Herido

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía COMPAÑÍA

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Cabo 1.º Compañía Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Compañía Cabo 2.º Batallón

Luis Acosta Quiróz 1º Batallón Manuel Fuentes Tránsito Muñoz Benjamín Jara Elías Sánchez Eujenio Ortega Eujenio Saavedra José María Briceño 1º Batallón José Sanzana Herido Muerto Muerto Herido Muerto

4ª 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª 4ª Compañía 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Marcos Arriagada Secundino Vásquez Agustín Neira Albino Loyola Antonio Gálvez Antonio Pérez Arceo Rojas Augusto Fuentes Belisario Molina Belisario Betancur Bibiano Sánchez Cárlos Pacheco Cecilio Antemilla Cleto Reyes Clodomiro Parra Daniel Bastías Domingo Lagos Domingo Rojas Eleuterio Pérez Emilio Sandoval Herido Herido Herido Herido Herido Herido Contuso Herido Muerto Herido Herido

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Emilio Vásquez Enrique San Martín Eujenio Henríquez Felipe Muñoz Fernando Bahamondes Florentino Muñoz Francisco Pardo Gustavo Belling Jacinto Ibarra Jermán López José Daniel Alarcón José Domingo Baeza José del Carmen Muñoz José Ignacio Briones José Labraña José Luis López José Luis Segura José María Lillo José Mercedes Contreras José Mercedes González Herido Herido Herido Herido

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón CLASE BATALLÓN

José Montano José Natalio Sandoval José Núñez José Pineda José Poblete José Zúñiga Juan Bautista Norambuena Juan Bautista Riquelme Juan Bravo Juan de Dios Salazar Juan de la Cruz Trejo NOMBRE

Herido Herido

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

Herido Herido NOTAS

4ª Compañía 4ª Compañía COMPAÑÍA

Soldado Batallón Soldado Compañía Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón 1º Batallón

Juan Escobar Juan Mateo Peralta Juan Venegas Justo Vásquez Laureano Soto Lorenzo Valenzuela Manuel Calixto

Muerto Herido Herido

4ª Compañía 4ª 4ª Compañía 4ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º

Herido Herido

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Manuel de la Cruz Palacios Manuel Jesús Molina Manuel Olguín Miguel Sánchez Nicómedes Silva Pedro Navarrete Pedro Rodríguez Plácido Vásquez Ricardo Huerta Rómulo Díaz Rufino Henríquez Ruperto Celis Serafín Carrasco Sinecio Tapia Tomas Soto Ventura Burgos Wenceslao Contardo Zenón Contreras Zoilo Herrera Herido Herido Herido Herido Muerto Herido Herido Herido Herido Muerto

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º 1º

2° Batallón

1ª Compañía

CLASE BATALLÓN

NOMBRE

NOTAS

COMPAÑÍA

Sarjento 1.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón

Pedro López Bartolomé Guerrero Bonifacio Gómez Francisco Silva V. José del R. Luna José del T. Márquez José Félix Navarro José Salinas Pedro Escalona Benuvaldo Silva Feliciano Romero Florencio Llanes Guillermo Rahausen Juan Félix Henríquez Pedro Fuentes Ramón Espinosa Herido

1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Compañía Cabo 2.º Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón CLASE BATALLÓN 2º Batallón

Baltazar Cortés Cárlos Fuentealba Domingo González Juan de Dios Rodríguez Abelino Vergara Agustín Guajardo Alberto Miranda Antonio 2º Moran Antonio Silva NOMBRE NOTAS Herido Herido Herido

1ª Compañía 1ª Compañía 1ª 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía COMPAÑÍA

2º 2º

2º 2º 2º 2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Compañía 2º Batallón

Bartolo Soto Belisario Franco Benicio González Bernabé Navarro Bernardino Díaz Braulio Parra Cantalicio Cáceres Cornelio Mena Crisóstomo Barrios

1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Daniel Figueroa Delfín Miranda Deciderito Abarca Eduardo Mool Ejidio Sierra Elías Maldonado Emilio Rocco Eusebio Barahona Exequiel Rocco Félix Maldonado Floriano Vásquez Francisco Castro Francisco Cortes Francisco Henríquez Francisco Maturana Francisco Rivera Fructuoso Orellana Gregorio Encina Gregorio Marchant Hilario Jaña Herido

1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Compañía Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón 2º Batallón

Hilario Pozo Ignacio Bravo Ismael Ortiz Joaquín Díaz Joaquín Poblete José Agustín Ponce José Luis Parra José Luis Pereira José María Ortiz José Martínez José Mercedes Valiente José Miguel Torreblanca José Misael Parra José Tomas Riveros Juan Bautista Suárez Juan Evens Juan Tapia Liborio Henríquez Luis Herrera Luis Inostroza Herido Herido Herido Herido Muerto

1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón CLASE BATALLÓN

Manuel Arévalo Manuel Reyes Marcelino Salazar Martín Fernández Mateo Donoso Miguel Arévalo Nicolás Fuenzalida Pascual Aguatz Pedro Antonio Escobedo Pedro Recabal Pedro Soto NOMBRE Herido NOTAS Herido Herido

1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía COMPAÑÍA

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Pedro Valenzuela Pedro Vásquez Ramón Aguatz Remijio Rodríguez Salvador Martínez Salvador Sepúlveda Santiago Bustamante

Muerto

1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Herido

1ª Compañía 1ª Compañía

Soldado Batallón Soldado Compañía Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón 2º Batallón

Santiago Fuentealba Telésforo Troncoso Tránsito Durán Urbano Sánchez Vicente Cuello Víctor José Cáceres Wenceslao Tapia Zoilo Gutiérrez Muerto Herido

1ª Compañía 1ª 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía 1ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º

2ª Compañía

CLASE BATALLÓN

NOMBRE

NOTAS

COMPAÑÍA

Sarjento 1.º Batallón Sarjento 2.° 2° Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón

Pedro Antonio San Martín Alberto Risopatrón Alejandro J. Rojas Cárlos H. Bon José Anjel Angulo José Antioco Roa José Dario Dancáster José Leonardo Fierro

Muerto Muerto

2ª Compañía

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Manuel González Veragua Vicente 2º Briones Benito Garces Clemente Servierí Evaristo Letelier José Abelardo Retamal José Domingo Daza Juan Riquelme Osvaldo Saavedra Anjel Custodio Varas Benjamín Pinochet Bernardo Carrasco Emilio Silva José Romero Juan Dunstan Juan Evanjelista Rojas Agustín Fernández Agustín Pacheco Amador Arriaza Ambrosio Arangüez Muerto Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón CLASE BATALLÓN

Antonio Sepúlveda Aquilino Segovia Dásamo Guajardo Delfín Reveco Deciderito Vivanco Escolástico Espinosa Estéban Villalobos Fermín Ortega Francisco León Francisco Moyano Galindo Zúñiga NOMBRE

Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

NOTAS

COMPAÑÍA

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Gregorio Venegas Honorio Páez Jacinto Fritz Jacinto Ronda Jerman Inzurza Jerman Yaeguer Jesús Ramírez

Herido Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Muerto

2ª Compañía 2ª Compañía

Herido

2ª Compañía 2ª Compañía

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Compañía Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón 2º Batallón

Jorge Espíndola José Castillo José Maldonado José Manuel Caja José Manuel Ortiz José Maria Sazo José María Tobar José Maturana José Mercedes Correa José Miguel Matus José Sinforoso Riquelme Juan Antonio Jofré Herido Juan Bautista Valdés Juan Francisco Cruz Juan González C. Juan Inostroza Juan Lillo Juan Sáez Justo Manuel Retamal Majin Jaque Muerto Herido Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Manuel Berma Manuel Carrasco Manuel González Marín Mariano Piñones Mateo Cerda Máximo González Miguel Díaz Nicasio Cordero Nilo Acuña Pacífico Vidal Pascual Bravo Pedro Antonio Castillo Pedro Escobar Pedro González Pedro Osorio Policarpo Muñoz Rafael Basoalto Rudecindo Aqueveque Santiago Carvajal Saturnino García Muerto Herido Herido Herido Muerto Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Tobías Peña Vicente Espinosa Vicente Serrano Víctor Venegas Vidal González Herido

2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía 2ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º

3ª Compañía

CLASE BATALLÓN

NOMBRE

NOTAS

COMPAÑÍA

Sarjento 1.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón CLASE BATALLÓN

Toribio Wolleter Emilio Armazán Guillermo López NOMBRE NOTAS

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía COMPAÑÍA

2º 2º 2º

Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Compañía 2º Batallón

José Cirilo López José Ramón Pacheco Manuel Antonio Díaz Manuel Castillo Benjamín Farías Claudio Soto Juan Bautista Parra Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª

2º 2º 2º 2º 2º 2º

Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Compañía Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón 2º Batallón

Juan de La Cruz Marianje Marcelino Tobar Samuel Acuña Anjel Tapia Bautista Araya Delfín López Félix Martínez José López Manuel Antonio Pérez Manuel Jesús Duarte Abelardo Jiménez Abelardo Silva Adolfo Díaz Adolfo Morales Alberto Véliz Andrés Hidalgo Antonio Echeverría Antonio Riveros Baldomero Escobar Benigno Meneses Herido Herido Muerto Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Compañía Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Compañía Soldado Batallón 2º Batallón 2º Batallón

Benjamín Jorquera Bernabé Pradena Camilo Corales Cesáreo Pozo Daniel Castro David Jara Domingo Gutiérrez Eduardo 2º Infante Eleuterio Belmar Federico Zúñiga Feliciano Ojeda Francisco Lira Gavino Romero Gregorio 2º Araya Gregorio Peralta Gregorio Ponce Jacinto Alvarado José 2º Varela José Agustín Tapia José de la Cruz Rojas

Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º

Muerto

3ª Compañía 3ª Compañía Herido 3ª 3ª Compañía 3ª Compañía

Herido

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Herido Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

Muerto

3ª Compañía 3ª Compañía

Herido Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía Muerto 3ª 3ª Compañía

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón CLASE BATALLÓN

José del Carmen Caro José del Carmen Pérez José Luis Parra José Maria Olate José María Olguín José Rodríguez José Santos Yánez José Varela Juan Bautista Almazábal Juan de Dios San Martín Juan de la Cruz Bermúdez Juan Jorquera Juan José Escobar NOMBRE Muerto Muerto NOTAS Muerto

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía COMPAÑÍA

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Juan Molina Juan Parragué Juan Riveras Juan Sepúlveda Lázaro Rodríguez Herido Muerto

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Luis Cáceres Luis Contreras Manuel Fernández Manuel Gutiérrez Manuel Jesús Castro Manuel Jesús Díaz Manuel Jesús González Manuel Martínez Manuel Torres Pascual Iribárren Pedro Becerra Pedro Chamorro Pedro del Carmen Sandoval Pedro Ramírez Rafael Farías Raimundo Malermo Ramón Sariego Rosario Pérez Rudecindo Valdez Sabino Herrera Herido Herido Herido Herido Muerto

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Salvador Núñez Santiago Miranda Santiago Pérez Santiago Varas Saturnino Bravo Silverio Valderrama Teodoro Gutiérrez Tránsito Vásquez Vicente Chávez Victorino Aros

Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Herido

3ª Compañía 3ª Compañía 3ª Compañía

Muerto

3ª Compañía 3ª Compañía

Herido

3ª Compañía

4ª Compañía

CLASE BATALLÓN

NOMBRE

NOTAS

COMPAÑÍA

Sarjento 1.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón

José Antonio Montt Damián San Martín Gabriel Betancur Joaquín Riveros José del Tránsito Quezada José Félix Astudillo Muerto Herido Herido

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º

Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Sarjento 2.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 1.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón CLASE BATALLÓN

José Luis Farías José Luis Orellana Remijio Arévalo Demetrio Ríos Emilio Carvallo Gregorio Arenas Manuel Albarto Lezana Ramón Ríos Sótero Arévalo Tránsito Sánchez Agustín Zúñiga Ambrosio Fuentes Claudio Espinosa NOMBRE NOTAS Muerto Herido Herido Muerto

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía COMPAÑÍA

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón Cabo 2.º Batallón

Isaías Astete José Barrera Juan de Dios Pedrero Juan Muñoz Julio Martínez

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Agustín Muñoz Ambrosio Pérez Anacleto Flores Anselmo Benítez Antonio Muñoz Bartolomé Santis Belisario Pozo Benito Montes Bernabé Contreras Bernabé Pizarro Buenaventura Albornoz Cárlos Herrera Clodomiro Montecino Cristóbal Araneda Cruz Díaz Dámaso Jofré Deciderito Montero Deciderito Pérez Domingo Figueroa Domingo Véjar Herido Herido Herido Herido Herido

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Compañía Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón 2º Batallón

Eduvin Flores Efraín Briones Encarnación Guerra Enrique Espinosa Eustaquio Fuenzalida Exequiel Pardo Fabriciano Muñoz Federico Ruiz Fermín Huerta Fernando Riveros Francisco Espinosa Francisco Labra Francisco Pérez Francisco Ruiz Gabriel Sepúlveda Gavino Videla Guillermo Córdova Horacio Espinosa Jacinto Carvajal Jesús Castro Herido Muerto Herido Herido Muerto Herido Herido Herido Herido

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Compañía Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón CLASE BATALLÓN 2º Batallón

Jesús Rojas Joaquín Carrasco José Agustín Catalán José Antonio Leiva José Briones José del Carmen Romero José Luis Pavez José Luis Torrealba José Manuel San Martín José María Gutiérrez José María Marchant José Mercedes Muñoz José Santos Prado José Tomas Toro José Valentín Figueroa NOMBRE

Herido

4ª Compañía 4ª Compañía

2º 2º 2º

Herido

4ª Compañía 4ª 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Herido

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

Herido

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

NOTAS

COMPAÑÍA

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

José Vicente Sotomayor Juan Antonio Muñoz Juan Bautista Ibáñez

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

2º 2º 2º

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Compañía Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón 2º Batallón

Juan de Dios Venegas Juan Díaz Juan Donoso Juan Mayorga Juan Rodríguez Juan Ulloa Laurencio Galdame Luis Ramón Plata Manuel Ánjel Contreras Manuel Fuenzalida Manuel Guzmán Manuel Jesús Boza Manuel Núñez Manuel Parra Manuel Reinoso Manuel Rojas Marcos Valenzuela Martín Palacio Miguel Alfaro Moisés Valenzuela

Herido

4ª Compañía 4ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º

Muerto Muerto Herido

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

2º Batallón 2º 2º 2º 2º

Herido Herido

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª 4ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Herido Muerto

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

Herido

4ª Compañía 4ª Compañía

Herido

4ª Compañía

Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón Soldado Batallón

Pablo Huerta Pablo Vera Pantaleón Faundez Pascual Pacheco Polidoro Rojas Recaredo Herrera Rufino Briceño Rufino Cáceres Tomas Rojas Valentín Soto Victoriano Guiñez Victorio Vásquez Zenón Rojas

Herido

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º 2º

Muerto

4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía 4ª Compañía

·

Anexo 4

Tratado de Alianza Perú-Boliviana

Artículo 1°.- Las altas partes contratantes se unen y ligan para garantizarse mutuamente su independencia, su soberanía t la integridad de sus territorios respectivos, obligándose, e los términos del presente tratado, a defenderse de toda agresión exterior, bien sea de otro u otros Estados independientes, o de fuerzas sin bandera que no obedezcan a ningún poder reconocido.

Artículo 2°.- La alianza se hará efectiva, para conservar los derechos expresados en el artículo anterior, y especialmente en los casos de ofensa que consisten: 1) En actos dirigidos a privar, a alguna de las altas partes contratantes, de una porción de su territorio, con ánimo de apropiarse de su dominio, o de cederlo a otra potencia. 2) En actos dirigidos a someter a cualquiera de las altas partes contratantes, a protectorado, venta o cesión de territorio, o a establecer sobre ella cualquier superioridad, derecho o preeminencia que menoscabe y ofenda el ejercicio amplio y completo de su soberanía e independencia. 3) En actos dirigidos a anular a variar la forma de gobierno, la constitución política o las leyes que las altas partes contratantes se han dado o se dieren en ejercicio de su soberanía.

Artículo 3° .- Reconociendo ambas partes contratantes que todo acto legítimo de alianza se basa en la justicia, se establece para cada una de ellas, respectivamente, el derecho de decidir si la ofensa recibida por la otra está comprendida entre las designadas en el artículo anterior. Artículo 4° .- Declarado el casus foederis las altas partes contratantes se comprometen a cortar inmediatamente sus relaciones con el Estado ofensor; a dar pasaporte a sus ministros diplomáticos; a cancelar las patentes de los agentes consulares, la importación de productos naturales, y a cerrar los puertos a sus naves. Artículo 5° .- Nombrarán también, las mismas partes, plenipotenciarios que ajusten, por protocolo, los arreglos precisos para determinar los subsidios, los contingentes de las fuerzas terrestres y marítimas, o los auxilios de cualquiera clase que deban procurarse a la república ofendida o agredida; la manera cómo las fuerzas deban obrar y realizarse los auxilios, y todo lo demás que convenga para el mejor éxito de la defensa. La reunión de los plenipotenciarios se verificará en el lugar que designe la parte ofendida. Artículo 6° .- Las altas partes contratantes se obligan a suministrar a la que fuese ofendida o agredida, los medios de defensa de que cada una de ellas juzgue poder disponer, aunque no hayan precedido los arreglos que se prescriben en el artículo anterior, con tal que el caso fuere, a su juicio, urgente. Artículo 7° .- Declarado el casus foederis, la parte ofendida no podrá celebrar convenio de paz, de tregua o armisticio, sin la concurrencia del aliado que haya tomado parten la guerra. Artículo 8° .- Las altas partes contratantes se obligan también: 1) A emplear con preferencia, siempre que sea posible, todos los medios conciliatorios para evitar un rompimiento, o para terminar la guerra, aunque el rompimiento haya tenido lugar; reputando entre ellos como el más efectivo, el arbitraje de una tercera potencia; 2) A no conceder ni aceptar de ninguna nación o gobierno protectorado o superioridad que menoscabe su independencia o soberanía, ya a no ceder ni enajenar a favor de ninguna nación o Gobierno, parte alguna de sus territorios, excepto en los casos de mejor demarcación de límites; 3) A no concluir tratados de límites o de otros arreglos territoriales, sin conocimiento previo de la contratante.

Artículo 9° .- Las estipulaciones del presente tratado, no se extienden a actos practicados por partidos políticos, o provenientes de conmociones interiores, independientes de la intervención de gobiernos extraños, pues teniendo el presente tratado de alianza por objeto principal, la garantía recíproca de los derechos soberanos de ambas naciones, no debe interponerse ninguna de sus cláusulas en oposición con su fin primordial.

Articulo 10° .- Las altas partes contratantes solicitarán, separada o colectivamente, cuando así lo declaren oportuno, que por un acuerdo posterior, la adhesión de otro u otros estados americanos al presente tratado de alianza defensiva. Artículo 11° .- El presente tratado se canjear en Lima o en La Paz tan pronto como se obtenga su perfección constitucional, y quedará en plena vigencia a los veinte días después del canje. Su duración será por tiempo indefinido, reservándose cada una de las partes el derecho de darlo por terminado, cuando lo estime por conveniente. En tal caso, notificaran su resolución a la otra parte, y el tratado quedará sin efecto a los cuatro meses después de la fecha de la notificación.

En fe de lo cual los Plenipotenciarios respectivos lo firmaron por duplicado y lo sellaron con sus sellos particulares.

Hecho en Lima, a los seis días del mes de febrero de 1873.

Juan de la Cruz Benavente. (firmado)

José de la Riva Agüero. (firmado)

Artículo Adicional .- El presente Tratado de alianza defensiva entre Bolivia y el Perú, se conservará secreto mientras las dos partes contratantes, de común acuerdo, no estimen necesaria su publicación. BIBLIOGRAFÍA

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Prensa analizada:

Chile:

Diario Oficial de la República de Chile El Ferrocarril La Patria El Independiente Chillian Times (diario en inglés de Valparaíso) La Gaceta de Arica Arica La Defensa de Arica

Los Tiempos El Mercurio de Valparaíso El Estandarte Católico El Mercurio de Santiago Diario Ilustrado Diario La Concordia de La Estrella de Arica

El Pacífico (Tacna- Chile) (1909-1912)

El Ferrocarril de Arica

Perú:

El Comercio La estrella de Ayacucho (Arequipa) El Republicano de Arequipa La Gaceta del Comercio de Lima El Correo de Lima

Primavera de Arequipa El Peruano El Fénix de Tacna El Universal de Lima

Bolivia:

El Heraldo de Cochabamba Paz

La Gaceta de La

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Fuentes de Archivo: Archivo Nacional de Chile: Archivo Notarial de Arica. Archivo Judicial de Arica. Archivo Administrativo de Arica. Fondo Ministerio de Guerra Fondo Ministerio de Relaciones Exteriores Índice

INTRODUCCIÓN.......................................................................

03

Capitulo I La crisis económica el inicio del conflicto internacional…………………. 06

Capitulo II La guerra del Pacífico

· Primera etapa de la Guerra......................................................... · 45 Combates y Bombardeos de Arica.............................................

14

Capitulo III Replanteamiento estratégico para la defensa de Arica

·

Instalación sistema de minas y batalla de Tacna.......................

58

Capitulo IV Los 7 días más trascendentales

· La batalla de Arica........................................................................ · 85 7 de Junio día de las Glorias de Arica...........................................

69

ANEXO 1……………………………………………………………………… 99

ANEXO 2……………………………………………………………………… 101

ANEXO 3……………………………………………………………………… 119

BIBLIOGRAFÍA………………………………………………………………. 121

[1] Ver anexo N° 3 [2] Por ley del 16 de junio de 1875, al antiguo Departamento de Moquegua se le dio el nombre de Tacna, y la provincia de Moquegua fue elevada al rango de Departamento Litoral, el Departamento de Tacna quedo integrado por las Provincias de Tacna capital Tacna, Tarata capital Tarata, y Arica capital Arica, la provincia de Arica estaba integrada por seis distritos, Arica, Belén, Codpa, Livilcar, Lluta, Socoroma. [3] De esta forma cariñosa llamaban los marinos chilenos a la vieja “Esmeralda”, la que había servido en la guerra contra España en 1866 e incluso había servido como escuela naval. [4] El capitán del “Rimac” era el señor Lautrop, este buque fue arrendado a la compañía Sudamericana de Vapores, por lo que el gobierno destinó al capitán Ignacio Luis Gana como su delegado con instrucciones que en caso de presentarse el enemigo este último debería tomar el mando de la nave, según Lautrop, al momento de tener al frente al “Huáscar” y a la “Unión”, el comando del buque fue compartido. [5] Este cuartel puede haber sido el de la Recova, recinto que había sido habilitado como cuartel militar o también puede haber sido el recinto que formaba las antiguas ruinas de la iglesia de la Matriz que lindaba

con el cuartel de la policía y de la cárcel, el costado sur de este cuartel daba a la antigua calle de “San Francisco” igual que la Recova por su costado norte. [6] Recibió el nombre de “Ciudadela” ese fuerte debido a que la población en forma espontánea así denominaba al campamento militar que se había establecido en las planicies que existen inmediatamente atrás del cerro de La Cruz y muy cercano al reducto defensivo. El almirante Montero había ordenado esa ubicación de los regimientos con el fin de evitar daño a la tropa con motivo de los bombardeos de las naves chilenas a la ciudad. [7] El teniente 1º Pedro Ignacio Ureta era ingeniero electricista de la Armada del Perú. Miembro del Estado Mayor General de la Plaza de Arica [8] Agustín Belaúnde era un fanático pierolista arequipeño, a quien se le había otorgado por su afinidad política con el dictador Piérola y por su fortuna, rango militar de coronel, poniéndolo al mando del batallón “Cazadores de Piérola”, años más tarde cuando Belaúnde hacía campaña para congresista por Arequipa, fue reconocido por las placeras de un mercado arequipeño, quienes le lanzaron frutas y verduras en respuesta al indigno actuar que tuvo en la gesta de 1880. [9] Pacheco Céspedes, “El Cubano” había nacido en Cuba en 1853, desde su temprana juventud tomó parte en la lucha por la independencia de su país que libró en contra del dominio español, Pacheco Céspedes conoció en Cuba al peruano Leoncio Prado, hijo este último del presidente de Perú Mariano Ignacio Prado, siendo amigos y compañeros de armas en la revolución cubana. Al declararse la guerra entre Chile y Perú llegó a Lima junto a sus jóvenes amigos Leoncio Prado y José Payán, Pacheco es nombrado Jefe de Bagajes del Ejército de Tarapacá, después de la ocupación de Ilo- Moquegua por los chilenos formó el batallón de voluntarios que llamó “Columna de Sama-Pachia”. [10] Parte de Guerra del jefe del Estado Mayor General del 1er Ejército del Sur, coronel Manuel C. La Torre, firmado en Arica el 9 de junio de 1880 a bordo del buque “Limarí” [11] Roque Sáenz Peña Lahitte, era de nacionalidad argentina, algunos años más tarde llegó a ser presidente de su país producto un golpe de Estado. [12] El corvo, es un cuchillo de hoja semi curva que era muy usado en la época de la guerra del Pacífico por los chilenos en especial por los mineros de las regiones de Atacama y de Coquimbo. [13] Diez años mas tarde el gobierno chileno en un gesto de fraternidad al pueblo del Perú envía a Lima los restos de algunos héroes peruanos fallecidos en las batallas de Tacna y Arica, el día 8 de julio de 1890 son embarcados desde Arica los féretros que transportan los restos de los héroes peruanos en el vapor “Lima”, encabezaba la delegación peruana de recepción el Vicealmirante don Manuel Melitón Carvajal, héroe de “Angamos”, uno de los sobrevivientes del “Huáscar”, los restos enviado a Lima para ser sepultados en la cripta de los héroes del 1879 correspondían entre otros a: Alberto Télles, Alfredo Maldonado, Gregorio Albarracín, José María Vázquez, Carlos María Vidal, Enrique Chocano, Nicolás Ortíz, Samuel del Alcázar, Alfonso Ugarte, Adolfo King, Francisco Álvarez, José A. Beláunde, Carlos Escobar, Guillermo Santana. [14] La conferencia de Arica, fue parte de una iniciativa diplomática del gobierno de Estados Unidos para poner fin a la guerra, por medio de un arbitraje de su parte, tuvo como sede el buque de esa nacionalidad “Lackawanna” surto en la bahía de Arica, la conferencia se inicio el 19 de octubre de 1880, y no tuvo éxito. [15] En el año 1887 y después de haber servido a la Armada por siete años Don Marcial Rodríguez V., deja su cargo para entregarlo al que sería el primer gobernador marítimo de Arica con el rango de oficial naval, el Capitán de Corbeta Sr. Carlos Krug J.

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