“Las personas no somos tan diferentes como creemos.

Podemos tener diferentes creencias, pero todos nos parecemos mucho.”
—La Familia Partridge, 1970.

El Corazón de tu Vida
 ¿Alguna vez te has puesto a pensar cuáles ideas guían tu vida? ¿Sabes cuáles son los principios más firmes que guardas dentro de ti? Por un instante cierra los ojos y piensa en ellos. Tal vez los reconozcas de inmediato, tal vez te tome más tiempo. Muchos de ellos están en nosotros sin que los sepamos, pero los expresamos con nuestras acciones. Esos principios reciben el nombre de “creencias” o “convicciones”. Los llamamos “creencias” porque creemos en ellos; los llamamos convicciones porque estamos convencidos de ellos.

Su origen procede de la educación y el medio en el que has crecido. Los aprendiste en tu casa, te los enseñaron en la escuela o los has ido captando en tu ambiente. Gran parte de ellos surgió de los ejemplos que tienes cerca de ti, como el amor de tus abuelos, el esfuerzo de tus padres, la lealtad de tus hermanos o la paciencia de tus maestros. Muchas personas carecen de esos principios o los modifican según les conviene en diferentes circunstancias. Por ejemplo, se olvidan de la honestidad y dicen alguna mentira cuando lo necesitan; se olvidan del respeto y maltratan a los demás cuando están de malas. Aparte del daño que hacen, quienes actúan así y se “acomodan” continuamente a las situaciones, pierden las bases necesarias para vivir y quedan a la deriva, como barcos que arrastra la corriente.

 

Reflexiona: A Revisar las Bases
También puede ocurrir que las bases sobre las que construimos nuestra vida no sean firmes. Eso ocurre cuando hemos escuchado mensajes equivocados. Por ejemplo, algunos niños que ven pleitos en su hogar creen que la agresividad es una forma de resolver los problemas. Otros están convencidos de que lo mejor en la vida es tener todo lo que anuncia la publicidad. Unos más están seguros de que para estar bien deben hacer lo que hacen sus amigos. Pero ninguna de esas bases es segura: la violencia genera más violencia; los objetos materiales no traen la felicidad y seguir la corriente a los otros es poner nuestra vida en sus manos.

Ver para Creer
Galileo Galilei (1564-1642) fue un astrónomo y matemático renacentista que al perfeccionar el telescopio, descubrió que la Tierra giraba alrededor del Sol, defendiendo sus convicciones incluso ante la Santa Inquisición, que establecía que Dios había puesto a la Tierra en el centro del Universo.  Por ello fue condenado y privado de su libertad. En 1992, el Papa Juan Pablo II reconoció públicamente este error, rindiéndole homenaje.  

Problemas para pensar
La Investigación Mundial de Valores es un programa para saber cuáles son las creencias y convicciones de las personas de ochenta naciones. A continuación te colocamos un ejercicio tomado de ella para que lo resuelvas. Ordena estas diez cualidades según la importancia que tengan para ti. El número 10 es para la más importante y el número 1 para la menos importante. Cuando hayas acabado explícate por qué las ordenaste de esa forma (o sea, por qué unas te parecen más importantes que otras).  

La Convicción de los Símbolos
  La estrella de cinco puntas sin líneas que se cruzan simboliza un conjunto de ideas y se combina con otras imágenes para hacer referencia a distintas convicciones y creencias. Aparece en las banderas de 35 países del mundo.

Viviendo el Valor
• Invita a otras personas a resolver el ejercicio incluido en “Problemas para pensar”. Pueden ser compañeros de escuela o miembros de tu familia. Una vez que lo hayan resuelto organicen un debate, supervisado por tus padres o maestros, en el que cada uno explique a los demás por qué ordenó así los conceptos. No se trata de que unos convenzan a otros, sino de que se escuchen las razones de todos.

• Realiza una pequeña encuesta en tu comunidad con las siguientes preguntas: ¿Cuáles son tus convicciones / valores / creencias más importantes? ¿Qué estarías dispuesto a hacer para defenderlos?

SALMO 27
  El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Cuando se juntaron contra mí los malignos para comer mis carnes, ellos mismos, mis adversarios y mis enemigos, tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; Y aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado. Una cosa he demandado del Señor; ésta buscaré: que esté yo en la casa del Señor, todos los días de mi vida.

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