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BIOÉTICA Ciencia de la Vida para tiempos nuevos NOTA DEL AUTOR El presente manual no

BIOÉTICA Ciencia de la Vida para tiempos nuevos

NOTA DEL AUTOR

El presente manual no ha sido editado. Está registrado ante la Dirección Nacional de Derecho de Autor Expediente Nº 587576 (Buenos Aires, 26/07/2007) Es fruto de varios años de dictado de la Cátedra y de algunos cursos presentados en ámbitos civiles y eclesiales, con la incorporación de trabajos realizados por alumnos. Entre los años 2007-2011 el autor ha realizado cursos e investigaciones en diversos Institutos y Cátedras de Bioética, Universidades Pontificias, Eclesiales y Estatales (Argentina, Bogotá y España), y trabajos de investigación y de campo (Argentina, Colombia y Ghana). A raíz de estos pasos del autor en vistas a su doctorado en el ámbito de la Bioética y de la Teología Moral, estos apuntes requieren actualización. Igualmente se ofrece como servicio de consulta para estudiantes.

Dejándonos guiar por el Dios que ama la vida…

Lic. Juan Francisco Tomás sdb* Buenos Aires 2007

* El autor es Doctorando en Teología Moral. Tesis Doctoral: “Epistemología y Método de la Teología Moral en clave de Diálogo Plural y Secular según la Bioética Teológica de Javier Gafo” (Facultad de Teología, Universidad del Salvador, Área San Miguel, Buenos Aires, entregada en abril 2012 a defender en ago sto del mismo año)

ÍNDICE

APUNTES

Introducción

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Unidad 1 El despertar científico de la reflexión ética en torno a la vida humana.

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1. Bioética: historia y ensayos de definiciones:

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1.1. Aproximación histórica.

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1.2. Aproximación al concepto y definiciones de Bioética.

2. La Bioética como ciencia y movimiento social.

3. Ámbitos propios de la Bioética: temas α (alfa), β (beta) y ω (omega).

4. El Corpus Vitae Ecclesiae.

Unidad 2 Fundamentación de la Bioética:

teorías, principios, personalismo e instituciones.

1. Crisis moral en materia de salud y discernimiento ético.

2. Informe Belmont. Teoría de los Principios. Otras teorías.

3. La opción por la Bioética Personalista.

Unidad 3 El inicio de la vida humana.

1. La pregunta sobre el origen de la vida humana. 1.1. Remitiéndonos a “los Antiguos”…

1.2. El comienzo de la vida en la Sagrada Escritura.

1.3. De la “Teoría de la Animación” a la Embriología contemporánea.

2. Valor y Dignidad de la Vida Humana.

2.1. Vida humana y enseñanza del Magisterio.

2.2. El concepto de persona humana.

2.3. La vida humana: un valor en sí misma.

3. Inicio del proceso de generación: criterios y dilemas.

4. El recién concebido a la luz de la genética y la biología humana.

4.1. Un nuevo proyecto-programa inidividualizado.

4.2. El principio de autonomía y la extrínseca dependencia uterina.

5. El embrión: ¿cúmulo de células o individuo humano?

5.1. Unidad de naturaleza entre corporalidad y humanidad.

5.2. El hombre: totalidad unificada en el proyecto creacional de Dios.

5.3. El estatuto del embrión.

Unidad 4 Aborto y diagnóstico prenatal.

1. Definición y formas de aborto: aspectos clínicos.

1.1. Tipos de aborto.

1.2. Valoración ética del diagnóstico prenatal.

1.3. Situaciones morales especialmente complejas.

2. El dilema ético del aborto instalado en la sociedad actual.

2.1. El problema ético y las motivaciones para el aborto.

2.2. El conflicto ético desde el pluralismo social.

2.3. El problema jurídico y las exigencias morales.

3. Respuesta ética cristiana al conflicto del aborto en ámbitos políticos, jurídicos y sociales.

3.1. Objetividad y jerarquía de valores.

3.2. Respuesta a los dilemas éticos-sociales.

3.3. Legislación y conciencia moral cristiana.

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Unidad 5 Debates abiertos en ética del nacer e ingeniería genética.

1.

La procreación humana: procreación responsable, planificación familiar

y técnicas de reproducción humana asistida.

1.1. La transmisión de la vida humana en el matrimonio.

a) El don de la procreación. Transmisión de la vida y paternidad responsable.

b) Planificación natural de la familia y

métodos artificiales de control de la natalidad.

1.2. Reproducción humana asistida.

a) Consideraciones generales sobre las Tecnologías de Reproducción Humana (TRH).

b) Algunas reflexiones éticas generales sobre las TRH.

2.

Ingeniería, experimentación y manipulación genética.

2.1. Importancia histórica y actual del tema.

2.2. Aclaración de términos.

2.3. Objetivos tecnológicos en Ingeniería Genética.

2.4. Intervención genética: niveles y finalidades.

2.5. Principios de orientación ética.

2.6. Ingeniería genética de mejora: clonación terapéutica y clonación reproductiva.

3.

Legislación en materia de sexualidad y ética del nacer.

3.1. Políticas poblacionales, perspectiva de género y perspectiva moral.

3.2. Una propuesta posible educativo-pastoral.

3.3. Políticas parlamentarias y cambio cultural.

3.4. La cuestión legislativa.

Unidad 6 Calidad y cuidado de la vida humana.

1. Consideraciones éticas sobre principios de sanidad en materia de salud y enfermedad.

2. La Bioética y sus Instituciones.

2.1. Origen y concepto de las Instituciones en Bioética.

2.2. Comité de Ética de Investigación.

2.3. Comité de Ética Hospitalaria (CHE).

2.4. Comisiones de Bioética.

3. Derechos del enfermo y Consentimiento Informado.

4. Relación médico-paciente. Ética y espiritualidad.

4.1. Principios y virtudes en ética biomédica.

4.2. La relación médicopaciente.

5. Un decálogo” del enfermo.

Unidad 7 Donación y trasplantes de órganos.

Presentación e importancia del tema.

1. Nociones básicas, vocabulario y clasificación de trasplantes.

2. Algunos dilemas éticos.

3. Algunas perspectivas legislativas y de cooperación internacional.

4. Trasplantes de muerto-vivo e interrogantes sobre muerte cerebral.

5. Trasplantes de células embrionarias o de tejido fetal.

6. Reflexión desde los principios y desde la Bioética Personalista. 6.1. El principio del “voluntario indirecto” o del “doble efecto”.

6.2. Principios de beneficencia o no maleficencia, de autonomía y de justicia.

6.3. Consideraciones morales en la aplicación de los principios.

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7. El Magisterio de la Iglesia y su relación con los interrogantes

o las decisiones científicas.

Conclusión: una mirada a Jesucristo, Señor y dador de Vida.

Unidad 8 Drogodependencia:

una mirada teológico-moral y pastoral.

Introducción

1. Fe y moral: el rol preponderante de la conciencia cristiana.

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1.1.

Planteo de la cuestión.

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1.2. Interconexión entre fe y moral.

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1.3. La moral como la realización de la vida ética cristiana.

115

1.4. El aporte de la moral cristiana a la prevención y tratamiento de las adicciones.

115

2. Conceptos generales y definiciones en toxicomanía.

117

2.1. ¿Drogadicción, drogodependencia o abuso de substancias?

117

2.2. Cuatro palabras clave en toxicomanía.

117

3. Drogodependencia: una enfermedad cultural.

118

3.1. Vida humana, valores y proyecto de vida.

118

3.2. El toxicómano como producto de una enfermedad cultural.

120

3.3. Toxicomanía y causas familiares.

122

4. Prevención y tratamiento de adicciones.

123

4.1. Alternativas de acción ética.

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4.2. Prevención social de elementos favorecedores de la drogadicción.

124

4.3. Otros aspectos para la prevención.

124

5. Tres preguntas claves ante el tratamiento de adicciones.

127

5.1. ¿Cómo actuar ante una persona con problemas ocasionados por el uso de drogas?

127

5.2. ¿Existe un tratamiento eficaz?

128

5.3. ¿Es válido el desarrollo de la emergencia a través de Redes Sociales?

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Conclusión

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Bibliografía complementaria específica

134

Unidad 9 HIV-SIDA: aspectos biológicos, sociológicos y ético preventivos. Desde una mirada pastoral a adolescentes y jóvenes.

135

Primera parte: aspectos biológicos, sociológicos y éticos.

135

1. Cuestionamientos éticos.

135

2. Análisis de la enfermedad desde los datos científicos.

136

3. SIDA: ¿enfermedad de la pobreza?

138

3.1. Algunos números reveladores.

139

3.2. Situación por zonas geográficas.

139

3.3. La situación en la Argentina.

141

3.4. SIDA: ¿enfermedad de la pobreza?

141

Segunda parte: sexualidad, educación y prevención.

143

4. Adolescencia, sexualidad y sociedad actual.

143

4.1. Nacimiento integral del ser humano.

143

4.2. Adolescencia, sociedad y sexualidad.

143

4.3. Consecuencias de visiones inadecuadas de la sexualidad.

144

5. SIDA: análisis ético de la enfermedad.

145

5.1. Responsabilidades morales.

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5.2. Prevención y solidaridad.

146

5.3. Recuperación de los valores sexuales.

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Decálogo… que alguien escribiera alguna vez…

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Bibliografía específica

148

Unidad 10 El morir con dignidad.

149

0. Introducción: una cuestión compleja.

149

1. Enfermedad, dolor y muerte en la Sagrada Escritura.

150

2. El concepto de muerte clínica.

152

2.1. La muerte en la filosofía y en el pensamiento contemporáneo.

152

2.2. Influencia del pensamiento filosófico y contemporáneo en la teología.

153

2.3. La muerte desde el punto de vista bioético.

153

2.4. La muerte cerebral o encefálica.

156

3. El morir con dignidad: Eutanasia, Distanasia y Ortotanasia.

156

3.1. Actualidad del tema y cuestionamientos éticos.

156

3.1.1. Algunos casos para iniciar la reflexión.

157

3.1.2. Definición y relación de términos.

159

3.2. El aporte de la ciencia, la Iglesia y el lenguaje secular.

161

3.2.1. Corolarios y principios de la Bioética Personalista.

161

3.2.2. Muerte y encarnizamiento terapéutico.

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3.2.3. Obligación médica de asistencia al muriente: análisis del art. 28.2 del Código Internacional de Ética Médica.

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3.2.4. Los tratamientos paliativos: Medicina y Magisterio.

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3.3. Nuestra propuesta moral desde la bioética personalista.

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3.3.1. La ortotanasia: práctica de los cuidados paliativos.

168

3.3.2. Dejar vivir la propia muerte con dignidad.

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3.3.3. Justificación de la ortotanasia.

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3.3.4. Aceptación de la muerte: gesto de madurez y sentido común.

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3.3.5. A quién compete la decisión del tratamiento.

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3.3.6. Asumir una actitud de calor humano ante el muriente.

170

3.3.7. Permitir morir en paz: un acto de caridad cristiana.

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3.3.8. Una estrategia pastoral: coherencia y testimonio de vida y fe.

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Bibliografía

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ANEXOS

Anexo 1 Unidad 1 Desde los dilemas científicos a la noticia diaria y los cuestionamientos políticos y sociales. Anexo 2 Unidad 1 Textos completos de Juramento Hipocrático, Declaración de Helsinki, Informe Belmont. Anexo 3 Unidad 1 Reseña histórica de situaciones que desafían la reflexión ética biomédica. Anexo 4 Unidad 3 El inicio de la vida humana en imágenes y el proceso de gestación. Anexo 5 Unidad 3 El estatuto del embrión humano Documentos y bibliografía. Anexo 6 Unidad 4 Valoración del aborto desde el Corpus Vitae Ecclesiae. Anexo 7 Unidad 4 El dilema del aborto. Fichas para el análisis de casos. Anexo 8 Unidad 4 Respecto a la Píldora del Día Después: encuestra y dictámenes. Anexo 9 Unidad 4 Para entender el diagnóstico de Espina Bífida. Anexo 10 Unidad 5 Paternidad Responsable y contextualización pastoral. Anexo 11 Unidad 5 Qué se puede decir del D.I.U. Anexo 12 Unidad 5 Breve historia de las técnicas de Reproducción Humana Asistida (RHA) Anexo 13 Unidad 5 El estudio del ADN aplicado a la Justicia. Anexo 14 Unidad 5 Declaración Universal sobre Genoma Humano y Derechos Humanos. Anexo 15 Unidad 5 Ley 25.673 de Salud Sexual y Procreación Responsable. Anexo 16 Unidad 5 Ley de educación sexual de la ciudad de Buenos Aires y perspectiva de género. Anexo 17 Unidad 6 Ministros de la vida: Carta pastoral de los Agentes de Salud. Anexo 18 Unidad 6 Bioética y Justicia en salud. Anexo 19 Unidad 6 Derechos de los Pacientes: ejemplificación del estado de la cuestión en Argentina. Anexo 20 Unidad 7 La cuestión de los xenotrasplantes. Anexo 21 Unidad 8 Drogas: clasificación, sustancias y daños. Anexo 22 Unidad 8 Drogadicción. Trabajo de investigación desde una mirada médica, teológica y pastoral.

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Índice Archivos Power-Point y MP3

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IINNTTRROODDUUCCCCIIÓÓNN

Ni médico, ni genetista, ni biólogo; soy sólo un simple hombre enamorado de la vida,

salesiano y sacerdote, que no puedo desentenderme de los cuestionamientos que los jóvenes se hacen ante todo aquello que esté relacionado profundamente con la vida, mientras se hallan

en intensa y valiosa búsqueda de su lugar en la historia, en la sociedad y en la Iglesia.

Es cierto, sí, que cuando era niño me gustaba ir semanalmente al laboratorio dónde trabajaba

mi tía y allí, mientras ella hacía sus tareas, yo jugaba con lo que algunos técnicos o

bioquímicos me permitían… Hasta se me cruzó por la mente ser médico… Pero eso fue hace mucho… Cuando apenas tenía once años, Don Bosco impactó tan fuerte en mi vida que quise quedarme con él, y a través suyo pude conocer e intentar el camino del seguimiento de Jesucristo. Los sueños de mi infancia entre el laboratorio y la medicina quedaron atrás, aunque siempre he tenido la oportunidad de estar en contacto con el mundo de la vida, entre la salud, la enfermedad y la muerte…

Pero hasta hace algunos años nunca se me hubiera ocurrido que algún día me fascinaría el mundo de la Bioética; ni siquiera supe de su existencia hasta que tuve la posibilidad de realizar la licenciatura en teología moral. Precisamente desde este espacio, desde la Teología Moral, a medida que avanzaba en los estudios de Bioética, y especialmente cuando comencé a dictar esta materia a jóvenes salesianos y viendo cómo ellos se entusiasmaban en sus propias investigaciones personales, comenzaron a surgirme numerosas preguntas. Son esos cuestionamientos los que me llevan a introducir estos apuntes (no son más que eso:

simplemente, apuntes) con el brevísimo testimonio personal.

Mi entusiasmo y mis interrogantes en Bioética no pueden disociarse de mi ser salesiano. ¿Es

posible articular la vocación del educador-pastor, la Bioética como ciencia transdisciplinar y

sus aplicaciones prácticas en el mundo juvenil y popular?; ¿ha de ser esta ciencia objeto

necesario de estudio para el salesiano? Mi respuesta es que no sólo es posible, sino necesario y urgente.

Al educador-pastor-salesiano, ante todo como ser humano que es en sí mismo, pero también en su práctica educativo-pastoral, se le plantean a menudo dilemas sobre la valoración, el sentido y el cuidado de la vida humana; interrogantes que requieren respuestas a mediano o largo plazo; muchas veces, inmediatas. Y me pregunto:

¿Qué diría Don Bosco, hoy, en medio del debate postmoderno sobre la complejidad de la vida humana?

¿Cómo encaja el Sistema Preventivo en medio de las cuestiones científicas, sociales y culturales que se imponen a la reflexión Bioética?

¿Cómo hacer de la Bioética “también” (aunque no “sólo”) un instrumento valioso para quien opta por seguir a Jesucristo entregando su vida por los jóvenes, especialmente los más pobres?

En el acompañamiento de los jóvenes y de sus familias, en la presencia del educador-pastor

entre los marginados y desprotegidos, surgen inquietudes diarias que movilizan los

sentimientos más profundos de su corazón.

Embarazos adolescentes, abortos, inadecuada atención a la salud, adicciones, HIV-Sida,

muertes violentas o inesperadas, largos acompañamientos de enfermedades irreversibles y

terminales, práctica deportiva, ecología y educación en el tiempo libre

que invitan a prepararse desde el saber científico bioético para poder discernir más allá de los

sentimientos que cada situación particular despierte. Un discernimiento personalista racional,

moral y trascendente que permita acompañar e iluminar tanto la educación juvenil y popular, como también la ayuda en la toma de decisiones en casos particulares, difíciles y urgentes.

Sólo son ejemplos

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Hasta aquí, sólo algunos interrogantes y temas que aborda la Bioética. Soy consciente de la imposibilidad de abarcar la totalidad de las ramas del amplio árbol en el que se transformó esta ciencia tan reciente. Pero igualmente, desde el principio, quiero dejar en claro la opción de nuestra propuesta: un camino teológico moral personalista. Desde la Bioética Personalista, teniendo por centro la persona humana, intentaremos articular sistematización académica y vocación pedagógica y pastoral con una mentalidad orgánica que “aporta una pedagogía de ideales, vínculos, actitudes y alianza; se sustenta en la confianza y la creatividad; es capaz de transformar la bioética en un humanismo cristiano; es, en cierto sentido, secular sin ser laicista; está al servicio de una auténtica cultura de la vida en nuestra época posmoderna1 .

Por un lado, es necesario considerar la valoración cristiana de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, a la luz de la Escritura, la Tradición y el Magisterio, en clara y sincera actitud de diálogo con la conciencia personal, la ciencia y los idearios sociales o institucionales (cf. Optatam Totius n.16), y, por otra parte, se hace cada vez más urgente saber articular los grandes ideales morales y bioéticos en clave de contextualización desde la cultura juvenil y popular a la que somos enviados como discípulos y misioneros. La vocación cristiana y pastoral supone el llamado a servir al Señor de la Vida y colaborar creativa y responsablemente en la construcción de la Cultura de la Vida ante los actuales desafíos de la sociedad posmoderna.

Desde allí, la propuesta consiste en intentar alcanzar los siguientes objetivos:

1. Aproximarnos al conocimiento de la Bioética como ciencia transdisciplinar y movimiento social de importancia ineludible ante los actuales debates en torno a la vida humana.

2. Descubrir los fundamentos, principios y método de la Bioética Personalista como aporte científico al discernimiento teológico y pastoral para la resolución de conflictos éticos sobre la vida humana.

3. Profundizar la actitud ética que, con criticidad, historicidad y capacidad de diálogo, permita orientar la reflexión moral ante las nuevas cuestiones surgidas del acelerado avance científico y tecnológico que despiertan el pensamiento social y cultural y plantea nuevos interrogantes y necesidades.

4. Asumir el desafío de dar respuesta razonable, auténtica y responsable, positiva y esperanzadora, a los diversos dilemas que a diario se presentan en torno a la ética del nacer, del vivir y del morir con dignidad.

5. Integrar la Bioética como herramienta de discernimiento científico y teológico en la misión pastoral y en el acompañamiento personal y comunitario de los destinatarios del propio carisma vocacional.

6. Iniciarnos en la práctica de la reflexión bioética personalista sobre problemáticas particulares en aspectos que hacen a la prevención, el acompañamiento y la toma de decisiones en diversas realidades, mediante sistema de taller y análisis de casos.

Así surgen estos apuntes. Intentan ser un agradecimiento a los alumnos de cursos anteriores en clave de profundo respeto al camino a realizar por los que se inician en esta temática. La idea es que el alumno, al inicio de la cursada, cuente en sus manos con suficiente material que le permita interpelarse y dialogar con la vida para iniciar la búsqueda científica desde la teología moral especial. Por eso los apuntes también van acompañados de una extensa selección de bibliografía y anexos relativos a las diversas unidades temáticas, como así también la orientación necesaria para el acceso a textos fundamentales del ámbito científico, jurídico y del Magisterio de la Iglesia.

1 LUGO Elena, Bioética personalista. Visión orgánica del P. José Kentenich, Ed. Patris Argentina, Córdoba 2006.

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Ello permitirá, en primer lugar, que podamos avanzar con rapidez y seriedad científica a la vez. En segundo lugar, que una vez recorridos los primeros módulos o unidades, el alumno ya pueda ir perfilando su propio proyecto de investigación en vistas al tema que más lo entusiasme o le interese. La propuesta metodológica consiste en que mient ras se avanza en la exposición y la lectura guiada, se pueda ir trabajando a la vez mediante sistema de taller en el análisis de casos reales o imaginarios. Informática, periódicos, canciones o películas… también serán de suma utilidad en el trabajo académico que pretendemos abordar.

Pero decía al principio… Cuando era niño, gozaba acompañando a mi tía los sábados al laboratorio… Allí también había ranas o sapos para experimentación… Casualidad o providencia, la cosa es que el siguiente testimonio me parece genial para iniciarnos en el fascinante mundo de la Bioética…

para iniciarnos en el fascinante mundo de la Bioética… P. Lic. Juan Francisco Tomás sdb E-Mail

P. Lic. Juan Francisco Tomás sdb E-Mail principal: juanfra@exoip.com.ar E-Mail exclusivo para chat: juanfrapatagonia@hotmail.com

¿Bebés o ranas? 2

Dios es simple, la vida es hermosa, los hijos son un tesoro, todo es sencillo y el mundo lo ha hecho complicado. un sábado, cerca de las siete de la mañana. Me disponía a salir de casa para asistir a una reunión del Consejo de Bioética de la CEM, del que formamos parte mi marido y yo, cuando Fernanda mi hija, la quinta de los nueve, que entonces tendría unos ocho años, extrañada de verme salir tan temprano en un sábado, me preguntó:

¿A dónde vas, mamá? ¿Pasó algo malo?

Papá y yo tenemos una junta del Consejo de Bioética. No nos tardamos, te lo prometo.

¿Consejo de Bioética? ¿Qué quiere decir eso, mamá?

Con su pregunta vinieron a mi mente mil palabras nada adecuadas para explicar algo a una niña de ocho años: "estatuto humano del embrión", "aborto

terapéutico" "eutanasia y eugenesia", "fecundación asistida", "clonación"

uf

Respiré hondo y miré al cielo, pidiendo ayuda a Dios para explicar en cinco palabras y en cinco segundos (porque mi marido ya me estaba esperando en el coche) a una niña de ocho años, un

concepto que muchos adultos no entienden aún.

Mira le dije, tratando de poner la verdad en palabras sencillas la Bioética estudia si es bueno o es malo que las mamás maten a sus bebés cuando no los quieren. Confieso que me sentí un poco boba al oír mis palabras y mi niña me lo confirmó:

Mamaaaá, no inventes me dijo, soltando una franca carcajada todos saben que eso es malo. ¿Cómo van a estudiar eso?

No estoy inventando le dije sonriendo también, al ver que mi explicación le había parecido tontísima te prometo que eso estudia la Bioética. Pero también estudia si es bueno o es malo que los nietos maten a sus abuelitos enfermos.

Jajaja se rió de nuevo, ahora con más ganas me estás engañando, nadie puede estudiar algo

tan bobo

matar a los abuelitos… ja!

Bueno… espera… también analiza la Bioética si es bueno o malo que las mamás y los papás se corten las tripas para ya no poder tener bebés, porque les tienen miedo.

Mamá, ¿cómo unos papás le van a tener miedo a los bebés?

Pues sí, aunque no me creas… – le dije, poniéndome en cuclillas para estar a su altura hay

muchos, muchos, muchísimos papás y mamás que tienen miedo, terror, pánico… de que llegue inesperadamente un nuevo bebé a su casa y… zas! de repente les quite TODO su dinero, TODO su tiempo y TODA su salud. Por eso, toman pastillas anti-bebés y muchos hasta se cortan las tripas o se las sacan, para que los bebés… ni se acerquen.

2 Fuente: REGO DE PLANAS Lucrecia, Miembro del Consejo de Dirección de Catholic.net, 25 de marzo de 2007, en:

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Oh, eso no es cierto, mamá… los bebés son lindos siempre me dijo, riéndose aún e inclinándose para cargar al más pequeño de mis niños, el noveno, que se acercaba gateando

hacia nosotros – mejor ya vete, que te va a regañar papá… luego me explicas bien.

Y

dándome un beso de despedida, salió corriendo con el chiquito en brazos hacia la sala, en donde

estaban otros tres o cuatro de sus hermanos jugando al "veo-veo".

Me dejó con la palabra en la boca, justo cuando la conversación se ponía buena, y ya no le pude

explicar todas las demás cosas interesantes que estudia la bioética, como por ejemplo

bebé recién concebido en el vientre de la mamá es realmente un bebé o si lo que está creciendo ahí

es, durante algunas semanas, algún tipo de rana

él. Ya no le pude explicar tampoco que la bioética también estudia si es bueno o malo que una mamá se mande fabricar diez hijos en una cajita de vidrio, para ponerse uno solo en la panza (porque sólo quiere un bebé) y pida que dejen a los otros nueve hermanitos encerrados en un congelador… para siempre.

En fin

cerebro las carcajadas de mi hija hablamos con suma seriedad y profundidad de esas cosas que yo

o más bien, relacionadas con la muerte

(tal vez se debería llamar muertética en lugar de bioética): aborto, eutanasia, esterilización, experimentación con embriones y, claro, de cómo contrarrestar las propuestas de leyes que quieren hacernos creer que sí es bueno que las mamás maten a sus bebés; que sí es bueno que los nietos maten a sus abuelitos enfermos; que sí es bueno congelar hermanitos y que los bebés al inicio de su vida no son bebés, sino ranas.

No pude evitar sentirme incómoda de ver a esos grandes cerebros cristianos: médicos, abogados,

sacerdotes y obispos y de verme a mí misma con ellos, empleando nuestro tiempo en planear estrategias (dossiers temáticos, desplegados en prensa, panfletos y marchas multitudinarias) para demostrar al mundo que esas cosas no están bien, cuando… son tan obvias para las mentes

sencillas, que el sólo imaginarlas acababa de arrancar carcajadas a mi niña de ocho años.

Pero

entraréis en el Reino de los Cielos”. Dios es simple, la vida es hermosa, los hijos son un tesoro, todo es sencillo y el mundo lo ha hecho complicado. Creo que nuestro reto como católicos, más que emplear nuestro tiempo y esfuerzo en escribir gruesos dossiers científicos para los legisladores, es ocuparnos al 100% en regresar al mundo ( y sobre todo a los legisladores) esa sencillez y claridad ante el valor de la vida que sólo tienen los niños y aquellos que no han sido aún contaminados con el veneno de la cultura de la muerte.

de algo sirvió, pues ese día comprendí las palabras de Jesús: “Si no os hacéis como niños, no

le había contado a mi niña; cosas relacionadas con la vida

analizar si un

que se puede sacar para hacer experimentos con

asistimos a nuestra junta de Consejo y ahí, todo el tiempo mientras aún resonaban en mi

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UUNNIIDDAADD 11

EL DESPERTAR CIENTÍFICO DE LA REFLEXIÓN ÉTICA EN TORNO A LA VIDA HUMANA

1. Bioética: historia y concepto

1.1. Aproximación histórica

Desde sus inicios más remotos, la actividad médica ha sido objeto de particular cuidado ético. Numerosos son los testimonios de la eticidad aplicada a los actos médicos y al ámbito de la salud a lo largo de la historia 3 . A modo de ejemplo, citamos:

S.

X a.C.

Mundo Árabe: Consejo a un médico

S.

IV a.C.

Occidente: Juramento Hipocrático 4

 

Mundo Judío: Juramento de Asaph

S.

I a.C.

India: Juramento de Iniciación, Caraka Samhita

S.

XII

Oración del médico Maimónides

1492 Inicio de la incorporación desde “el nuevo mundo” a la farmacopea europea, de plantas medicinales especialmente quinina, hipecacuana, jalapa y cocay la relación entre el “chamán” o “brujo” y la tribu.

S. XVII

“Los cinco mandamientos y las diez exigencias”, del médico chino Chen Shih-Kung

1856

«Ensayo sobre la Teología Moral, considerada en sus relaciones con la fisiología y la medicina, obra destinada especialmente al Clero, de P. J. C. Debreyne, Dr. en medicina, Facultad de París, Prof. medicina práctica, sacerdote y religioso de la Gran Trapa (Orna)»

1946

Código de Nüremberg 5

1948

Declaración de Ginebra, resultado de la 1ª Asamblea Médica Mundial.

1964

Declaración de Helsinki 6

1991

Documento de Erice 7

1998

Informe Belmont 8

3 Por su importancia, se adjuntan como Anexo 2: el Juramento Hipocrático, la Declaración de Helsinki y el Informe Belmont.

4 “La cultura occidental puede presentar el famoso Juramento de Hipócrates (siglos III y IV a.C.), como el primer testimonio de esa conciencia de la Medicina sobre las implicaciones éticas de la profesión. El Juramento forma parte del llamado Corpus Hipocraticum o conjunto de escritos atribuidos al que es calificado, con razón, padre de la Medicina. Se considera, sin embargo, que el Juramento no tiene como autor a Hipócrates y ni siquiera representa la forma de entender la praxis médica en la Escuela Hipocráticasino que procede muy probablemente de círculos neopitagóricos. El Juramento tiene dos partes fundamentales: en la primera aborda las obligaciones éticas del médico hacia sus maestros y familiares, mientras que la segunda trata de sus relaciones con el enfermo. Este documento, puesto bajo la autoridad del «padre de la medicina» será recogido por la tradición occidental, sustituyendo su invocación inicial dirigida a los dioses del Olimpo por una referencia al único Dios, y constituirá un documento venerable en que se condensan las obligaciones éticas básicas que el médico deberá

observar en el ejercicio de su profesión.” (GAFO Javier, Bioética teológica, Desclée de Brouwer, Bilbao, pp. 17-18)

5 El Código de Nuremberg se promulgó en 1947 como consecuencia del juicio a los médicos habían realizado experimentos atroces con prisioneros y detenidos sin su consentimiento en el dominio nazi durante la segunda guerra mundial. Su objetivo:

proteger la integridad de la persona que se somete a un experimento, estipulando las condiciones necesarias para la realización de trabajos de investigación en seres humanos, haciendo hincapié en el “consentimiento voluntario” de esa

persona.

6 La Declaración de Helsinki, promulgada por la Asociación Médica Mundial, es el documento fundamental en el campo de la ética en la investigación biomédica y ha tenido considerable influencia en la formulación de la legislación y de los códigos de conducta internacionales, regionales y nacionales. Revisada en Tokio en 1975, en Venecia en 1983 y nuevamente en Hong Kong en 1989, es un planteamiento internacional de gran alcance sobre la ética de la investigación en seres humanos. Establece pautas éticas para los médicos que realizan investigación biomédica clínica y no clínica, y estipula entre sus diversas reglas el consentimiento informado de las personas que participan en la investigación, así como la evaluación ética

del protocolo de investigación.

7 Este documento se presenta en el punto 3 de esta Unidad 1.

8 El Informe Belmont es el resultado de la Declaración de la Academia Nacional de Medicina y su correspondiente Manual de Ética del Colegio Médico de los Estados Unidos (4ª edición). Más adelante analizaremos los principios qu e establece.

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9

Sin pretender una totalidad de racconto histórico podríamos decir que el nacimiento de la Bioética se remonta al año 1970 cuando Van Resselaer Potter, cancerólogo americano, acuña dicho término en su trabajo titulado Bioethics: The Science of Survival. Al año siguiente vuelve a retomar el tema en Bioethics. Bridge of the future. En 1971, Hellegers da un paso decisivo en el soporte de esta disciplina al crear, en la Georgetown University de Washington, en el Kennedy Institute of Ethics, la escuela sajona- americana, y fijando como punto de partida de esta disciplina a Callahan y Gaylin quienes al proponer normas en el campo de la investigación y la experimentación biomédica, al mismo tiempo de fundar el Hasting Center, se adjudicarían la paternidad de la criatura.

Finalmente, haciendo justicia, se ha de mencionar a Pío XII, quien, durante su pontificado (1953-1958) se dirigió numerosas veces en sus alocuciones radiales al mundo de las Ciencias Biomédicas con el fin de iluminar y orientar en la solución de los problemas que ya presentaba en esos tiempos el progreso científico.

Pero más importante que un recorrido histórico o pretender definir la Bioética, es necesario argumentar el por qué y el para qué de la Bioética en el campo de las ciencias y la tecnología como también en el ámbito social, justificando su existencia desde las numerosas situaciones, muchas de ellas de carácter dinámico, que hoy abarca la Bioética 9 . D. Gracia menciona dos grandes razones históricas que han servido de base para el nacimiento de la Bioética: las revoluciones biológica y ecológica y la revolución médico-sanitaria. Dentro de este segundo grupo de razones, menciona particularmente: a) la nueva conciencia de la autonomía personal y el movimiento de emancipación de los pacientes; b) los nuevos avances tecnológicos y los límites del principio de beneficencia; c) los cambios institucionales y políticos y el problema de la justicia sanitaria. 10

1.2. Aproximación al concepto y definiciones de Bioética…

Desde que Potter, en Bioethics: Bridge to the future, acuñara el término diciendo que la bioética es una ciencia que estudia el valor de la vida humana y sus implicancias para el comportamiento responsable de los hombres, las definiciones que se sucedieron han sido innumerables.

Según el diccionario de la Real Academia Española, se trata de “una disciplina que estudia los aspectos éticos de la medicina y la biología en general, así como de las relaciones del hombre con los restantes seres vivos”.

Resulta interesante la evolución que se da en el término de 17 años en la misma Encyclopedia of bioethics de Warren Th. Teick (N. York):

“Estudio sistemático de la conducta humana, en el campo de las ciencias biológicas y de la atención de la salud, en la medida en que esta conducta se examine a la luz de valores y principios morales” (1978)

“Estudio sistemático de las dimensiones morales (incluyendo visión moral, decisiones, conductas y políticas) de las ciencias de la vida y de la atención de la salud, empleando una variedad de metodologías éticas en un contexto

interdisciplinar” (1995)Según Mons. Elio Sgreccia, uno de los padres de la Bioética Personalista, actualmente Presidente de la Pontificia Academia para la Vida, la Bioética:

Deberá ser una ética racional que a partir de la definición del dato científico, biológico y médico, analice racionalmente la licitud de la intervención del

9 El Dr. Hugo Obiglio presenta una buena reseña histórica de situaciones que requieren de la reflexión bioética que

justifican su razón de ser. Adjunto este texto como Anexo 3.
10

Cf. GRACIA Diego, Fundamentación y enseñanza de la Bioética, Ed. El Búho, Bogotá, 1993, pp. 12-17.

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10

Hombre sobre el Hombre. Esta reflexión ética tiene su polo inmediato de referencia en la persona humana y en su valor trascendente, y su referencia última en Dios como valor absoluto.

Esta reflexión ética abarca el amplio campo de la experimentación biológica y del ejercicio de la medicina y se concreta en el análisis de múltiples casos particulares.

11

En síntesis, el secreto de la Bioética está en la interacción del conocimiento y del comprender la vida humana y la aplicación práctica en cada caso particular de acuerdo a la orientación del ejercicio intelectual y la reflexión ética. Conocimiento que ha alcanzado el carácter de imprescindible como herramienta necesaria para juzgar el impresionante avance de las ciencias y de la técnica en los últimos decenios en el campo de la vida humana y la salud.

2. La Bioética como ciencia y como movimiento social

El siguiente esquema puede ayudarnos a comprender el alcance de la Bioética como ciencia:



VIDA

 - Mores

(en bioética se la entiende como)

ciencia que juzga los actos humanos como buenos o malos

uniendo

biología ciencia

moral conciencia

DEFINICIÓN

reflexión sistemática sobre la conducta humana en el campo de la vida y de la salud, a la luz de los valores y principios éticos

CONTENIDO

es proporcionado por los datos científicos relacionados con la vida y la salud

ENFOQUE ESPECÍFICO que la distingue de las otras ciencias

es constituido por la perspectiva ética que plantea el interrogante por el sentido humano

METODOLOGÍA

interdisciplinariedad entre la ética y las distintas ciencias relacionadas con la vida y la salud, incluyendo las ciencias sociales que arrojan luz sobre aquellas condiciones que repercuten sobre la vida y la salud

despertar de la reflexión ética en torno a la vida humana

estudia los conflictos éticos que surgen a partir de los nuevos desafíos tecnológicos y experimentaciones

No se trata de un enunciado teológico

Se pone en juego qué tipo de sociedad estamos construyendo

Estudia los conflictos éticos que surgen a partir de los nuevos desafíos tecnológicos y experimentaciones.

11 SGRECCIA Elio, Manual de Bioética, Ed. Diana, México, 1996, p. 42.

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11

En atención a los conflictos éticos que se plantean en relación a la vida humana, la Bioética no sólo ha surgido como nueva ciencia, sino que también se ha ido gestando en torno a ella un fuerte movimiento social:

en cuanto

CIENCIA

en cuanto MOVIMIENTO SOCIAL

Su objeto material es el comportamiento humano ante los dilemas y conflictos del impacto tecnológico en la vida en todas sus formas (humana, animal, vegetal) y el equilibrio ambiental.

Su objeto formal consiste en el análisis valorativo de los dilemas que se van presentando por las nuevas tecnologías y su aplicación e impacto sobre la vida en todas sus formas.

No todo lo técnicamente posible, ni lo legalmente permitido, ni lo económicamente accesible, es siempre éticamente aceptable. Ante el impacto de la tecnologización sobre el hombre y su ambiente, se ve la necesidad social de una toma de conciencia sobre la importancia transformadora de estos hechos y sus correspondientes consecuencias si se dan de forma irresponsable.

Su finalidad: originar una actitud reflexiva

de compromiso responsable y solidario en defensa de la dignidad humana y el respeto por la vida en todas sus manifestaciones,

guardando el compromiso ecológico

y asumiendo el compromiso de dejar un planeta habitable para las próximas generaciones.

3. Ámbitos propios de la Bioética:

temas α (alfa), β (beta) y ω (omega).

La Bioética, primero como ciencia y posteriormente como movimiento social, surge, pues, a fin de evitar el peligro que pueda comprometer la supervivencia humana y el ecosistema si persiste la separación entre los saberes científico y humanístico o ético. Plantea que toda ciencia (especialmente la biológica) ha de preguntarse por la dimensión ética de su actividad y desde allí ordenar sus acciones, de manera que sus intervenciones sobre la vida en general y la vida humana en particular sean realizadas con responsabilidad ética. En esa dirección apuntaban los objetivos de V. R. Potter, aunque no llegó a delinear concretamente los contenidos y ámbitos propios de la nueva ciencia. Poco a poco, y gracias a Declaraciones y Convenciones científicas y a los diversos centros de estudios de Bioética, esos contenidos y ámbitos se fueron delineando.

De las definiciones presentadas más arriba, se deduce que la Bioética no puede reducirse simplemente a la deontología profesional médica, ni mucho menos a la medicina legal o a la sola consideración filosófica. Va mucho más allá; será el Documento de Erice (1991) el que determinará por vez primera la competencia de la Bioética en cuatro campos.

a) problemas éticos de las profesiones sanitarias (casos clínicos)

b) problemas éticos emergentes en el ámbito de la investigación sobre el Hombre, aunque

ésta no sea directamente terapéutica (investigación / experimentación)

c) problemas sociales relacionados con las políticas sanitarias, la medicina ocupacional y las políticas de planificación familiar y control demográfico (políticas sanitarias)

d) problemas relativos a la intervención sobre la vida de otros seres vivientes y al ecosistema (ecología)

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12

Antes y después de Erice, encontramos numerosos intentos de clasificación de los campos específicos de la Bioética. Últimamente se habla de abordarlos en tres grandes apartados:

El inicio de la vida humana (temas α alfa-): aborto, inseminación artificial, fecundación in vitro, esterilización, castración

La calidad de la vida humana (temas β beta-): salud y enfermedad, tránsito vehicular, deportes, alcoholismo, drogadicción, experimentación humana, intervención genética, eugenesia, trasplantes, ecología

La ética frente a la muerte (temas ω omega-): eutanasia y distanasia, pena de muerte, tortura, guerra moderna, carrera armamentista, objeción de conciencia, desarme, legítima defensa, suicidio, huelga de hambre

4. El Corpus Vitae Ecclesiae.

La Iglesia, preocupada por la vida humana que ha sido creada a imagen y semejanza de Dios, ocupándose de la dignidad y el cuidado y respeto que se le debe a todo ser humano, ha ido realizando una amplia reflexión respecto a cuestiones de Bioética. En el ámbito del Magisterio Eclesiástico, por su importancia y significatividad, se reconocen como el Corpus Vitae Ecclesiae aquellos documentos que revelan el pensamiento y la opción de la Iglesia en el marco de la Bioética. Fundamentalmente son tres los documentos que marcan el camino de las últimas décadas:

Humanae vitae, Pablo VI, 25-jul-1968: sobre la regulación de la natalidad.

Donum vitae, Congregación para la Doctrina de la Fe, 22-feb-1987: respeto de la vida humana y la procreación.

Evangelium vitae, Juan Pablo II, 25-mar-1995: sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana.

Tras las orientaciones y directrices de éstos, se han incorporado numerosos documentos al respecto, sin contar la amplísima bibliografía de autores 12 . Me remito sólo a citar dos documentos. El primero, a mi juicio, es una carta ética de gran valor que, en forma clara y concisa, abarca los principales temas que hacen al cuidado y la atención de la vida y la salud del ser humano; podríamos denominarlo como “el documento de bolsillo” de fácil acceso al cual recurrir como herramienta que permite respuestas precisas e inmediatas ante los diversos conflictos. El segundo, de la Conferencia Episcopal Argentina, resulta de interés a nuestro contexto nacional. Obviamente, con ellos no agotamos la totalidad de orientaciones eclesiales ni la respuesta acabada a cada conflicto ético que se presenta a diario con el avance de la biotecnología. Me refiero a:

Carta de los agentes de la salud, del Pontificio Consejo para la pastoral de los agentes de salud (1995)

Familia y vida, compendio de cuestiones legislativas, de la Conferencia Episcopal Argentina (2004)

Finalmente vale recordar que, en materia de fe y moral en cuestiones bioéticas, no sólo la Iglesia Católica va haciendo su camino. Los diversos credos, incluso los no-cristianos, están haciendo camino en este campo, generando incluso un espacio ecuménico en la materia 13 .

*********************************

12 Al respecto, se puede consultar la Bibliografía presentada en el programa de la asignatura. 13 Como ejemplo de ello se puede consultar la página de Razones para creer, Filial Argentina: http://www.razones.org

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13

UUNNIIDDAADD 22

FUNDAMENTACIÓN DE LA BIOÉTICA:

TEORÍAS, PRINCIPIOS, PERSONALISMO E INSTITUCIONES

1. Crisis moral en materia de salud y discernimiento ético

Haciendo memoria, al iniciar el curso de Teología Moral Fundamental hacíamos referencia al cambio de época que, ante la novedad que presenta, produce un quiebre que genera crisis. Hablábamos de la crisis global y dentro de ella ubicábamos la crisis mo ral. Ahora, puntualizando este último aspecto, podríamos hablar de crisis moral en materia de salud, cuidado y calidad de vida.

El ser humano es creado por Dios a su imagen y semejanza: semejantes a Dios en nuestras capacidades volitivas y espirituales, imagen suya en nuestro cuerpo. Volviendo al fresco de La Creación de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, también decíamos que sólo un cuerpo espiritualizado -y no un espíritu desencarnado- puede aspirar a la trascendencia. En esta imagen, el contacto con Dios es directo, se trata de un contacto personal y sensible, donde fluye una corriente de gracia que produce la reciprocidad entre el Creador y la criatura. Todo ello, fruto del profundo amor de Dios. En palabras de Benedicto XVI:

(…) Toda la realidad en que vivimos se remite a Dios, es creación suya. (…) Este Dios ama al hombre (…) El Dios único … ama personalmente. … Es un amor de predilección … y este amor suyo puede ser calificado sin duda como eros que, no obstante, es también totalmente ágape. (…) 14

Podríamos decir que el cuerpo, el cuerpo único y personal de cada varón y de cada mujer, imagen de Dios, es producto del amor eros y ágape del Creador; se trata de un cuerpo bueno y sano. La infidelidad del hombre al amor erótico, gratuito y oblativo de Dios, trajo, entre otras consecuencias, la corrupción de ese cuerpo que es originariamente “muy bueno” (Cf. Gn. 1,27-30) y sano a la vez. Es responsabilidad del hombre cuidar también de su cuerpo; se trata de una necesidad ética de conservación y valoración de la vida, de toda vida humana.

Este cambio de época al que asistimos, y cuya crisis global acarrea la crisis moral caracterizada por la aceleración y los continuos cambios interiores y antropológicos, afecta también en el ámbito de la salud y de la enfermedad. Temas como inicio de la vida humana, aborto, clonación, fertilización asistida, eutanasia, encarnizamiento terapéutico, abundancia de investigación científica biomédica, legislación y términos ambiguos por nombrar algunos, requieren de un ejercicio ético que pueda brindar luz a los diversos ámbitos de la atención primaria y secundaria de la salud, al obrar ético profesional y, en el caso del creyente, lo movilicen a que dejarse cuestionar por su fe y mantenerse firme y con los pies en la tierra: una fe traducida en obras (Cf. St. 2, 14-18).

También decíamos en Moral Fundamental que, frente a la crisis, lo importante es salir bien de ella, para lo cual se requiere un ejercicio sano de discernimiento ético. En materia de crisis de salud y calidad de vida humana, es necesario saber situarnos ante el dilema y desde allí discernir sobre la realidad. Desde una mirada de fe, el discernimiento ético será, también en este campo, fruto de la conversión a Dios y a su proyecto ético ofrecido por Jesucristo en el Evangelio de las Bienaventuranzas y el mandamiento del amor. Si la propuesta moral del Evangelio consiste precisamente en lograr la felicidad mediante la construcción del propio proyecto de vida y la realización de la opción fundamental, la preocupación auténtica y práxica por la propia vida y por hacer del otro un hermano al reconocerlo como hijo de Dios, ha de traducirse también en respeto y cuidado de la salud personal y comunitaria.

14 BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 9

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14

Si, como hemos dicho en el curso anterior, el discernimiento ético se estructura en cinco aspectos fundamentales, retomando estos aspectos, me animo a decir que en bioética el discernimiento ético adquiriría las siguientes características:

Estructura del discernimiento ético

Características del la estructura del discernimiento ético traducidas a la Bioética

SSUUJJEETTOO

La persona humana en su aspecto bio-psico-socio-espiritual y el universo inmediato o remoto de la comunidad formada por personas individuales, desde su concepción hasta la muerte natural.

OOBBJJEETTOO

Búsqueda de la voluntad de Dios en la realidad concreta personal y social en materia de calidad de vida, cuidado, respeto y status salutis de la propia vida y de la de los demás, manteniendo la integridad de la dignidad personal de cada sujeto.

PPRROOCCEESSOO

Un discurso ético trans-disciplinar desde la misma realidad de los ámbitos propios de la Bioética y no sólo sobre esa realidad vista como quien la observa desde afuera.

LLUUGGAARR

Entendido como la clave dónde encontrar a Dios. En este sentido, podemos decir que cada ámbito bioético podría traducirse en el lugar teológico del encuentro con Dios.

FFIINNAALLIIDDAADD

En diálogo con la ciencia, transformar la realidad humanizando saludablemente cada vez más la propia vida, la de los demás y hábitat natural en dónde el hombre nace, crece, se desarrolla y muere.

2. Informe Belmont. Teoría de los principios. Otras teorías. 15

2.1. El Informe Belmont

Tras búsqueda de Van R. Potter por establecer un puente más firme, confiable y seguro en la relación médico-paciente, surgieron diversas teorías. En Occidente sobresale lo que hoy podemos llamar como ética anglosajona; ésta tuvo que ir a la búsqueda de principios con los cuales poder soportar los crecientes problemas que planteaba la ciencia médica. Precisamente, a partir de 1970, con la aparició n el neologismo «Bioethics», comienza a crecer en Estados Unidos una preocupación por sentar las bases que permitan en el futuro emitir juicios de valor sobre aspectos biomédicos desde el punto de vista ético, en la búsqueda de un procedimiento apto para el ejercicio de una ética práctica. De esta forma, el gobierno norteamericano crea en 1974 la National Comission que trabaja a efectos de estudiar los dilemas éticos que van surgiendo desde la experimentación en seres humanos. El estudio considera específicamente el respeto a la conciencia individual y principios o criterios objetivos que puedan orientar la investigación, experimentación y quehacer biomédicos atendiendo al pluralismo y la interdisciplinariedad o transdisciplinariedadde los aportes que intenta brindar. Sus miembros llegaron a una conclusión que se hizo pública con el nombre de Informe Belmont que, recogiendo principios anteriores propios de la herencia socio-cultural, establece e identifica directrices para ensayos clínicos en seres humanos y establece tres principios éticos operativos para otros temas concretos de Bioética: respeto a las personas, beneficencia y equidad. De esta forma quedan señalizados claramente tres de los cuatro principios que hoy rigen la ética anglosajona.

Serán Tom L. Beauchamp y James F. Childres quienes introducirán en una publicación 16 un cuarto principio al que llaman no-maleficencia y acuñarán para los primeros los nombres de

15 Para una relación detallada de las principales y diversas teorías en Bioética y la exposición de una amplia bibliogr afía al

respecto, Cf.: GAFO Javier, Bioética teológica, Desclée de Brouwer, Bilbao, pp. 39-73

16 BEAUCHAMP T. L. CHILDRESS J. F., Principles of Biomedical Ethics, New York, 1970. La traducción española de la 4ª edición totalmente revisada y corregidadata de 1994 y se denomina: Principios de ética biomédica, Barcelona, 1999 2 .

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15

principios de autonomía, beneficencia y justicia. De esta manera da a luz la teoría de los principios o el principalismo en Bioética 17 .

2.2. La Teoría de los Principios

El juego de la Bioética generado por Beauchamp y Childress, y que aún perdura aunque con variables en el tiempo, se centra en distinguir entre los principios “prima facie” y los deberes efectivos”. El hecho de no jerarquizarlos ha colaborado en conformar lentamente para cada uno de ellos un contenido ambivalente, que ha hecho peligrar el juicio Ético Biomédico hasta llevarlo a tomar decisiones disímiles sobre hechos similares. Esto se refleja más claramente cuando el juicio de valor afecta directamente al derecho a la vida y a la dignidad de la persona humana.

Intentando una síntesis, lo señalado por estos principios consiste en lo siguiente:

Principio de Autonomía (respeto a las personas):

Dos convicciones morales fundamentales:

Deber de tratar a las personas como agentes autónomos

Deber de tutelar los derechos de las personas cuya autonomía está disminuida o comprometida Dos obligaciones morales:

Reconocimiento de la autonomía ajena

Protección de las personas con autonomía comprometida

En conclusión, se trata de:

Una concepción del ser humano como ser autónomo: capaz de deliberar sobre sus objetivos personales y actuar bajo la dirección de esta deliberación.

La capacidad de actuar con conocimiento de causa y sin coacción alguna.

El respeto por la autonomía exige el derecho de la persona a:

a) decidir autónomamente a tener sus propios puntos de vista

b) hacer sus propias opciones

c) obrar en conformidad con sus valores y creencias

Un principio prima facie que obliga en principio y en igualdad de condiciones, pero que puede ser limitado por otras consideraciones morales en situaciones de conflicto.

El deber (médico) y el derecho (paciente) al Consentimiento Informado.

Principio de Beneficencia No-maleficencia:

Juramento

de

Hipócrates:

intencionalmente).

“primum

non

nocere”

(ante

todo,

Obligaciones negativas (no-maleficencia):

1. Prohibiciones negativas

2. Se deben obedecer imparcialmente

3. Pueden dar pie a sanción legal

Obligaciones positivas (beneficencia):

1. Imponen acciones positivas

2. No siempre exige obediencia imparcial

3. En pocas ocasiones dan pie a sanción legal

no

hacer

daño

Junto a ellos, el principio de utilidad (no utilitarismo): entendido como ponderación de los beneficios e inconvenientes propios de determinada acción.

17 Se expone a continuación la Teoría de los Principios. Para la valoración del principalismo, remito a GAFO J., op.cit, pp. 52-54

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16

Principio de Justicia:

Entendido desde la justicia distributiva: distribución equitativa de derechos, beneficios y responsabilidades o cargas entre los miembros de una sociedad.

En el ámbito biomédico: “casos iguales requieren tratamientos iguales sin discriminación de asistencia sanitaria por criterios económicos, sociales, raciales, religiosos…”

Declaración de Ginebra: “No permitiré consideraciones de religión, nacionalidad, raza, partido político o categoría social para mediar entre mi deber y mi paciente”

2.3. Otras teorías 18

Tras la fuerza con la que se impone la ética anglosajona en biomedicina mediante la teoría de los principios, comienzan a surgir nuevas teorías bioéticas de corrientes diversas o, a veces, con la intención de resignificar la primera o presentarse como alternativas válidas. A continuación, como para saber que existen y sin por ello pretender negar su valioso aporte, simplemente menciono algunas de ellas, centrando la atención sobre lo fundamental de cada una 19 .

a) El casuismo:

Principales representantes: Albert Jonsen y Stephen Toulmin (Univ. de California) en su Obra “The Abuse of Casuistry” (1988)

“Aunque el fuerte énfasis en el estudio de casos tuvo consecuencias negativas sobre la teología moral, sin embargo aportó … un elemento positivo: la atención al caso particular y a las circunstancias concretas de cada situación.” (p. 54)

“El método casuístico no niega el valor de los principios y de las normas morales, sino que procura aplicar con discernimiento los principios a la nueva situación, es decir, tomando en serio las circunstancias concretas del caso nuevo y la evaluación ponderada de las posibles soluciones.” (p.

55)

“Parece que hay que reconocer una prioridad a los principios, pero el verdadero análisis moral debe ir en la doble dirección: de los principios a los casos y de éstos a aquéllos. Por lo tanto, es preciso decir que principalismo y casuística no son aproximaciones alternativas a los dilemas morales. Son, más bien, complementarias. Según L. Feito se trata de una bioética secular compuesta de dos momentos: uno principalista, de corte teleológico, y otro consecuencialista, de corte teológico. Pero, además, trabaja en dos perspectivas: la de fundamentación, que intenta buscar mínimos universalizables, y la aplicación, que exige un procedimiento.” (p. 56)

Ante “la pregunta sobre cómo se resuelven las diversas exigencias existentes entre los casos … el reciente desarrollo de la Bioética (demuestra) la gran importancia de la aproximación del casuismo, por lo que esta metodología juega un papel privilegiado en esta disciplina.” (p. 57)

b) Teoría ética de la virtud:

Principales representantes: Edmund Pellegrino (Univ. de Georgetown) y David C. Thomasma (Univ. Loyola de Chicago)

Según Santo Tomás, “las virtudes son disposiciones habituales que inclinan a la persona a llevar a cabo las acciones que la orientan hacia el fin último de la vida humana. Las virtudes no sólo hacen buenas las obras, sino que, más importante aún, hacen buena a la misma persona. Las virtudes morales naturales se adquieren por la práctica por el ejercicio repetido de actos conforme a la virtud–.” (p. 57)

18 Para una más adecuada comprensión de las diversas teorías, Cf. GAFO J., op.cit., pp. 54-71. para quien interese una obra más voluminosa dedicada exclusivamente a la exposición de las diversas teorías, Cf.: JOSÉ FERRER Jorge - ÁLVAREZ Juan Carlos, Para fundamentar la bioética: teorías y paradigmas teóricos en la bioética contemporánea, Madrid, Universidad Pontificia Comillas, 2003. 19 Vale aclarar que la transcripción extractada de J. Gafo en cada uno de los puntos siguientes, nos remonta necesariamente a lo estudiado en Teología Moral Fundamental; sin embargo, para evitar confusiones que lleven a controversias o confusionismos innecesarios, al leer cada párrafo, no debemos olvidar hacerlo en clave de Bioética; al concluir la lectura y la exposición nos daremos cuenta del por qué de esta aclaración. Los textos entre comillas que figuran en este apartado corresponden a la obra de J. Gafo que venimos citando, por lo cual sólo señalizo entre paréntesis las páginas dónde se halla cada texto.

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17

Pellegrino y Thomasma, de raíces católicas, optando por la filosofía tomista, parten de “la naturaleza humana común, como el fundamento que nos permite avanzar afirmaciones generales acerca del ser humano, tanto en medicina como en ética. Es esa humanidad la que posibilita el diálogo racional en una sociedad plural.” (p. 58) Allí radica la principal dificultad de esta teoría: en cómo relacionar el presupuesto de una común comprensión del bien y del fin de la vida humana con el pluralismo actual.

Para la ética de la virtud “existen tres factores constitutivos de la medicina que hacen de ella necesariamente una empresa moral, que impone graves responsabilidades colectivas sobre los hombros de quienes la practican: a) la naturaleza de la enfermedad; b) la índole comunitaria de los conocimientos médicos (estos no constituyen jamás una propiedad privada, son patrimonio de la humanidad); c) el juramento profesional.” (p. 59)

Se trata de “una ética médica cuyo principio principal es la beneficencia sin incurrir en el paternalismo, ya que la autonomía del paciente se debe respetar porque forma parte del bien mismo del enfermo. … Este modelo exige que el médico sea una persona virtuosa, digna de la confianza del paciente, dispuesta a usar sus conocimientos médicos en primer lugar para el bien del enfermo y no para el propio lucro, prestigio o poder, y que no explote al enfermo en su situación de debilidad y dependencia.” (p. 60)

Para ellos, “en medicina, la virtud consiste en poner los propios conocimientos y habilidades médicas al servicio del bien integral del paciente… (Exponen como virtudes propias del acto médico): fidelidad a la promesa, benevolencia, abnegación, compasión, humildad intelectual, justicia y prudencia. (…) (Para estos autores) las virtudes son los principios personalizados, convertidos en realidades vivientes (reconociendo) la necesidad de unir la ética de las virtudes con la de los principios”. (p. 61)

c) Teoría ética del cuidado 20 : Ref.: estudios de Köhlberg sobre el desarrollo de la conciencia moral en el ser humano, cuestionado por su asistente Carol Gilligan respecto a si es verdad que las mujeres hablan un lenguaje moral distinto y que sea un lenguaje relacional y dirigido al cuidado. Principal representante: Nel Noddings (profesora emérita de educación infantil de la Universidad de Stanford)

De origen con impronta feminista y contra el modelo principalista, “se inscribe en la transición de una ética basada en el ideal ilustrado de la universalidad a una ética basada en la tradición y en la particularidad; de una ética basada en los principios a una ética centrada en las virtudes; de una ética centrada en el individuo a una ética basada en las relaciones, afincada en la comunidad y en la preservación de los vínculos concretos nacidos de las relaciones. (…) La pregunta fundamental no es tanto la de cómo ser justo, sino la de cómo responder a las necesidades de las personas con las que se entra en relación. (…) (Así), las acciones serán moralmente buenas si están arraigadas fielmente en el deseo de responder con cuidado a las necesidades de la otra persona con la que se ha entrado en relación”. (p. 64-65)

Para Noddings, originaria del área de las ciencias de la educación, “el cuidado es una cualidad de la relación entre dos personas en donde una es la que cuida y la otra es la que responde a ese cuidado. … Noddings es consciente de que lograr establecer relaciones de cuidado con todos no es humanamente posible. Habrá personas con las cuales no lo logremos pero que sin embargo necesitan de nuestro cuidado. ¿Qué hacer? Para Noddings estos casos exigen el ideal ético que surge de la memoria de los momentos en que hemos sido cuidados y nos lleva a responder con cariño incluso cuando el sentimiento natural de cuidado no aparece. En cuanto a la ética del cuidado como enfoque de pedagogía moral, Noddings dice que la meta más importante de la escuela es lograr que los alumnos y las alumnas se sientan queridos(as) y por tanto crezcan llegando a ser personas cariñosas, que aman y son amadas. Esta es la clave de cualquier educación exitosa.”

La ética del cuidado subraya aspectos fundamentales en la vida moral, tales como: “la existencia de la vulnerabilidad y de las importantes necesidades del paciente, … el afecto y la fidelidad en la praxis ética, … la existencia de relaciones especiales … y, culturalmente vinculados con la mujer, … la compasión, la fidelidad, la responsabilidad ante las necesidades de la otra persona con la que se entra en relación”. (p. 65)

21

20 Cf. JOSÉ FERRER J. ALVAREZ J. C., op.cit., Cap. VIII: II - Bioética y feminismo, 271 ss.

21 Cf.: http://www.mineducacion.gov.co/1621/article-87304.html

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18

d) Ética de la responsabilidad:

Su creador: Diego Gracia 22

Surge ante la crisis actual de la razón. Sus rasgos más significativos: “1) Los juicios analíticos no pueden fundar la ética; 2) tampoco los sintéticos a priori que, probablemente, no existen; 3) los juicios morales son probablemente sintéticos. Para la ética de la responsabilidad, no hay ningún juicio ético que sea absoluto; sin embargo, en el ser humano no todo son juicios, ni éstos son lo más importantes. La tradición habló siempre de intuiciones, que no se pueden reducir a cosas. … Nuestro contacto con la realidad es previo a los juicios.” (p. 70)

Podemos resumir los tres rasgos de la ética de la responsabilidad propuesta por Gracia en: “1) Tiene que poseer un canon, una «vara de medida» (…). 2) Hay que establecer, además, unos principios deontológicos: criterios universales sobre cómo proceder (…). 3) Debe procederse a una evaluación de las circunstancias y consecuencias (…)” (p. 71)

La visión de D. Gracia respecto a las características de la Bioética es la siguiente:

1. “La Bioética ha de ser, en primer término, una ética civil o secular, no directamente religiosa.

2. Ha de ser una ética pluralista, es decir, que acepte la diversidad de enfoques y posturas e intente conjugarlos en una unidad superior.

3. La Bioética actual ha de ser autónoma y no heterónoma.

4. La Bioética tiene que ser racional.

5. Aspira a ser universal, y por tanto ir más allá de los convencionalismos morales.

6. Debe tener una actitud crítica frente a la realidad plural.” (p. 71)

3. La opción por la Bioética Personalista

En el conjunto del desarrollo de las diversas teorías bioéticas, resulta interesante cómo éstas pueden integrarse entre sí en lugar de contraponerse. Cada una aporta elementos fundamentales a la ciencia y práctica bioética. Si analizamos la historia de la Bioética, y en especial dentro del marco de la teología moral católica, vemos un salto cualitativo en las últimas décadas: se ha ido pasando paulatinamente del principalismo al personalismo. La Bioética Personalista, centrándose en la ética de la persona, tiene la virtud de saber rescatar e incorporar elementos desde los diversos paradigmas precedentes.

Según O. França Tarragó 23 la ética de la persona se preocupa de los dilemas éticos que se suscitan en el ser humano cuando, como individuo, es puesto en relación con sus semejantes. Comprende entre sus ramas fundamentales, a la Bioética (que a su vez comprende a la ética bio-sanitaria, a la psicoética y a la ética sexual), la ética de las relaciones interpersonales (familiares, amistosas), la ética de los pequeños grupos humanos (barrio, etc.)24

Entre los grandes desafíos actuales que hoy se plantean a la bioética, encontramos temas como: abundancia de investigación científica biomédica, legislaciones de muerte, la necesidad de una bioética teológica inserta en la sociedad, temas como matrimonio y familia, la lógica de la ambigüedad, las diversas teorías respecto al cuerpo humano… Al situarnos ante ello s,

22 Diego Gracia es uno de los bioeticistas actuales de mayor importancia en habla hispana. Nace en Madrid el 21 de mayo de 1941. Licenciado en medicina en 1970 por la Universidad de Salamanca, Doctor en 1973 por la Universidad Complutense, Diplomado en Psicología Clínica por la Universidad Pontificia de Salamanca y especialista en Psiquiatría. Su tesis doctoral versó sobre «Persona y enfermedad: una introducción a la Historia y Teoría de la Antropología Médica». Colaborador científico del CSIC, por oposición, en 1974, es Profesor Agregado de Historia de la Medicina en 1978 y desde 1979 es Catedrático de Historia de la Medicina de la Universidad Complutense. Fue Vice-Decano de la Facultad de Medicina desde 1981 hasta 1983 y es Director de la biblioteca de esta Facultad y Director del Master en Bioética que en ella se imparte. Es Director de la Fundación «Xavier Zubiri», Profesor Visitante de Bioética de la Facultad de Teología d e Comillas. Es especialista en Bioética, tema sobre el que ha escrito varios libros, y actualmente dirige el Instituto de Bioética de la

Fundación de Ciencias de la Salud. Laico, casado, padre de cuatro hijos.
23

Omar França Tarragó, sj, uruguayo, es teólogo y doctor en medicina, miembro directivo del Comité nacional de Bioética en la R. O. del Uruguay, profesor en diversas Universidades, entre ellas, en la Facultad de Teología de la Universidad del

Salvador, Bs. As.

24 FRANCA TARRAGÓ O., Bioética en el transcurso de la vida. II - La bioética, rama de la ética filosófica. Introducción general, Apuntes de clase, Facultad de Teología, USL, Bs. As. 2001, p. 24

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19

podemos descubrir como la Bioética Personalista, a la cual adherimos, puede iluminar y dar respuesta positiva, humanista e, incluso, cristiana, a los diversos dilemas.

Mons. Elio Sgreccia, actual presidente de la Pontificia Academia para la Vida, es uno de los fundadores y principales exponentes de la Bioética Personalista. En su manual de Bioética, obra de consulta y estudio de singular importancia, expresa el carácter fundamental de la Bioética Personalista:

Deberá ser una ética racional que a partir de la definición del dato científico, biológico y médico, analice racionalmente la licitud de la intervención del Hombre sobre el Hombre. Esta reflexión ética tiene su polo inmediato de referencia en la persona humana y en su valor trascendente, y su referencia última en Dios como valor absoluto.

Esta reflexión ética abarca el amplio campo de la experimentación biológica y del ejercicio de la medicina y se concreta en el análisis de múltiples casos particulares. 25

Elena Lugo, en su más reciente obra titulada Bioética Personalista. Visión orgánica del P. Kentenich 26 , a partir del pensamiento del P. Kentenich, presenta los fundamentales aportes de éste en clave de lectura bioética, los principales puntos de partida y su enlace con las cuestiones que hacen a la ciencia y la vida. A continuación presento una apretada síntesis de su publicación, con la intención de exponer los principales aportes del Personalismo al quehacer bioético.

Estos aportes se concentran fundamentalmente en tres aspectos:

1. El fundamento antropológico en bioética. Éste se centra en el ser persona y en los temas fundamentales que rondan en torno a ello: vida, amor, matrimonio, sufrimiento, muerte, vínculos y formación de las virtudes.

2. La armonía entre teoría y práctica y entre pensamiento y exigencias de la vida.

3. La mentalidad orgánica que suscita una pedagogía de ideales, vínculos, actitudes y alianza, sustentada en la confianza y la creatividad, y que permita la transformación de la Bioética en un auténtico humanismo cristiano que sea secular sin ser laicista y esté al servicio de una cultura de la vida 27 .

Estos aportes surgen de dos puntos de partida, uno natural y otro sobrenatural o teológico; ambos en interacción mutua entre el intelecto-volitivo y el mundo afectivo-vivencial. Ello permite el enlace entre la ciencia y la vida, lo cual traerá como consecuencia la respuesta personalista en sentido orgánico, entendiendo por sentido orgánico un pensar humano que es sano en su raíz, vital y espontáneo, orgánico, simbólico, integral y centrado. De esta manera se podrá esclarecer, interpretar y atender pedagógicamente los procesos de vida.

Hasta aquí lo que puntualiza la Dra. E. Lugo. Veamos ahora cómo funciona el método triangular y cuáles son los principios que sostiene la Bioética Personalista. Lo expongo a continuación en forma de cuadros.

25 SGRECCIA Elio, Manual de Bioética, Diana, México, 1999. P. 42. 26 LUGO Elena, Bioética personalista. Visión orgánica del P. José Kentenich, Patris Argentina, Córdoba, 2006. Por su trayectoria en el mundo de la Bioética, vale resaltar que la Hna. Dra. Elena Lugo pertenece al Instituto Secular de las Hermanas de María de Schoenstatt. Nacida en Puerto Rico y autora de numerosas obras, entre otras cosas, es actual Presidenta de la Comisión de Bioética P. Kentenich (P. Rico), Eticista Clínico del Hospital La Concepción (P. Rico), B.A. en Psicología-Sociología (Barry University, EE.UU.), M.A. en Filosofía y Ph.D. en Filosofía Moderna y Contemporánea (Georgetown University, EE.UU.), Miembro de la Pontificia Academia para la Vida, Miembro del Comité de ética en la

investigación de la Academia Nacional de Medicina y Miembro de la Academia del Plata (ambas en Argentina)

27 De esta forma también damos respuesta positiva al llamado que Juan Pablo II realiza al mundo, especialmente a los cristianos, para que cada persona se transforme en artífice de la Nueva Cultura de la Vida (Cf. EV, cap. IV, nn. 78-101). Aprovecho aquí para sugerir la consulta de un diccionario analítico como material complementario para poder leer esta Carta Encíclica: BERTOLINO Luis M., Diccionario de la Evangelium Vitae. 722 conceptos con el texto completo de la encíclica , Buenos Aires, Centro de Investigaciones de Ética Social, 1997. Adjunto fotocopias de las páginas 13-68.

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EL MÉTODO TRIANGULAR DE LA BIOÉTICA PERSONALISTA

EL MÉTODO TRIANGULAR DE LA BIOÉTICA PERSONALISTA significado antropológico (ANTROPOLOGÍA) valores a tutelar

significado

antropológico

(ANTROPOLOGÍA)

PERSONALISTA significado antropológico (ANTROPOLOGÍA) valores a tutelar (ÉTICA) P E R S O N A hecho

valores a

tutelar

(ÉTICA)

(ANTROPOLOGÍA) valores a tutelar (ÉTICA) P E R S O N A hecho biomédico (MEDICINA) ÉTICA
P E R S O N A
P E R S O N A
hecho biomédico (MEDICINA)
hecho
biomédico
(MEDICINA)
(ÉTICA) P E R S O N A hecho biomédico (MEDICINA) ÉTICA MÉDICA problemas con valores
(ÉTICA) P E R S O N A hecho biomédico (MEDICINA) ÉTICA MÉDICA problemas con valores

ÉTICA MÉDICA problemas con valores en la relación:

MÉDICO PACIENTE MÉDICO MÉDICO

Conexión entre:

Medicina

Antropología

Ética

Permite un itinerario verídico:

clarificación del conflicto como objeto de la reflexión bioética

momento receptivo

objeto de la reflexión bioética  momento receptivo PRINCIPIOS DE LA BIOÉTICA PERSONALISTA  DEFENSA DE

PRINCIPIOS DE LA BIOÉTICA PERSONALISTA

DEFENSA DE LA VIDA FÍSICA:

- dignidad de la persona, valor fundamental

LIBERTAD y RESPONSABILIDAD:

- dimensión esencial de la persona - marco: la verdad objetiva

TOTALIDAD o TERAPÉUTICO:

- licitud de intervención del Hombre sobre el Hombre

SOCIALIDAD y SUBSIDARIEDAD:

- la persona es un ser social, capaz de organizarse libremente

- el Estado: rol subsidiario

*********************************

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21

UUNNIIDDAADD 33

EL INICIO DE LA VIDA HUMANA

1. La pregunta sobre el origen de la vida humana

1.1. Remitiéndonos a “los Antiguos”…

Grande es el misterio del origen de la vida humana. Aún desconociendo certera y científicamente su origen primero, podemos afirmar que la vida se fue desarrollando desde formas muy primitivas hasta alcanzar la unidad que luego definirá al ser humano como tal. En todo este proceso, y en algún momento en particular, intervino la mano creadora de Dios elevando al hombre a la trascendencia y otorgándole la dignidad que le es propia. 28 Juan Pablo II, refiriéndose a la dignidad unitaria del ser humano personal, afirma:

La persona incluido el cuerpoestá confiada enteramente a sí misma, y es en la unidad de alma y cuerpo donde ella es el sujeto de sus propios actos morales. La persona, mediante la luz de la razón y la ayuda de la virtud,

descubre en su cuerpo los signos precursores, la expresión y la promesa del

don de sí misma, según el sabio designio del Creador.

29

(VS n. 48 #3)

Desde que el hombre es hombre, siempre se ha cuestionado sobre el origen de su existencia. Existe un elemento común, al respecto, en el conjunto de las culturas y de las religiones: el hombre no se da la vida a sí mismo, sino que ésta es fruto de un acto creacional de un Ser Superior al que denominamos «Dios». La misma vida prenatal siempre ha sido relacionada con este acto creador. A modo de ejemplo, me remito, “tierra adentro”, a nuestras milenaristas culturas indígenas patagónicas:

Tehuelches:

Elal inventó un montón de cosas (… ) Fueron creciendo pasto, árboles y arbustos (en algunas partes más, en otras menos) y los animales se fueron metiendo por todos lados. Pero no había gente. Entonces, dicen los tehuelches que Elal agarró un poco de barro y se puso a hacer dos muñequitos: uno tenía forma de hombre y el otro de mujer. Trabajó

y trabajó y al final esos muñequitos estuvieron vivos: se hicieron de carne y tenían corazón y sangre. Cuando crecieron esos dos tuvieron muchos hijos y fueron cada vez más y más gente. De ellos nacieron los abuelos de los abuelos de los abuelos de los abuelos de los tehuelches de hoy. Ahora ya había personas. 30

Mapuches:

Antes, mucho antes de que llegaran los blancos y lo mataran, Dios vivía en lo alto con su mujer y sus hijos, reinando sobre el Cielo y la Tierra. Aunque siempre era Dios, tenía muchos nombres: Chau, el Padre, y también Antü, el Sol, o Nguenechén, Creador del mundo. A la reina, que era a la vez madre y esposa de Dios, le decían Luna, Reina Azul, Reina Maga y también Kushe, que quiere decir “Bruja” o “Sabia”. Dios había hecho un gran trabajo: había creado el Cielo, con todas sus nubes

y cada una de sus estrellas, y la Tierra de gigantescos cordones. Había

hecho correr los ríos y crecer los bosques, y había entreabierto sus enormes dedos para sembrar aquí y allá los animales y los hombres, los mapuches. 31

28 Cf. HÄRING Bernhard, Libertad y fidelidad en Cristo. Teología moral para sacerdotes y seglares. Tomo tercero:

responsabilidad del hombre ante la vida, Herder, Barcelona, 1986. Pág. 23.

29 JUAN PABLO II, Veritatis Splendor, n.48 #3. 30 PALERMO Miguel A., Cuentos que cuentan los tehuelches, Secretaría de Cultura de la Nación, Ediciones Culturales

Argentinas, Centro Editor de América Latina, Ediciones Culturales Argentinas, Buenos Aires, 1993. Pág. 26
31

SALTZMANN Julia, Historia de los mapuches, en Leyendas de la Patagonia, Planeta, Buenos Aires, 1997. Pág. 39

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Culturas milenarias dejaron plasmadas en la historia de la humanidad sus reflexiones tan diversas como complementarias. Los jeroglíficos egipcios, por ejemplo, expresan su concepto cultural ante la mujer en cinta y el evento del parto.

El mundo antiguo greco-romano marcará todo un hito que posteriormente derivará, hasta los siglos XVII y XVIII, en cuestiones de embriología, particularmente en la polémica Teoría de la Animación. Así:

Para el Corpus Hipocraticum, los Epicúreos y parte de la Escuela de Alejandría: el nuevo ser surge por la fusión del semen masculino con el semen femenino (secreciones vaginales).

Según Aristóteles (384-322 a.C.) y, en parte Galeno (150-201 d.C.), la sangre menstrual (katamenia) de la mujer es transformada por el esperma masculino que, como elemento activo, da forma a aquella materia informe. De allí se desprenderá que en los ambientes populares y en la literatura helénica crean que la madre aporta solamente alimento y cobijo al nuevo ser.

Será particularmente el pensamiento de Hipócrates (aprox. 460-370 a.C.) y el Corpus Hipocraticum que mayor influencia tiene en el pensamiento antiguo greco-romano. Distingue cuatro estadios en el desarrollo:

1. Goné: seis primeros días del desarrollo en los cuales predomina en el embrión el aspecto y apariencia del semen.

2. Kyema: el embrión se llena de sangre; los órganos fundamentales (corazón, cerebro, hígado), sin estar completamente formados, poseen una cierta consistencia y magnitud.

3. Embryon: los tres órganos fundamentales están completamente formados, pero los restantes órganos se encuentran únicamente esbozados.

4. Paidion: el feto posee todos sus órganos perfectamente articulados y se mueve. 32

1.2. El comienzo de la vida humana en la Sagrada Escritura

En la Sagrada Escritura encontramos numerosos testimonios respecto a la creación del hombre y la trascendencia de la vida humana; basten como ejemplo los primeros capítulos del Génesis. El dato revelado nos presenta la mano de Dios en la creación del hombre (varón- mujer) 33 ya desde el mismo vientre materno (cf. Jr 1).

Mientras nuestra civilización occidental hace una división geométrica del ser humano, la Sagrada Escritura considera al hombre en su totalidad, o sea, “un cuerpo espiritualizado, más que un compuesto sustancial de alma y cuerpo34 . Es esta totalidad sustancial la que ha sido creada en sus orígenes a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1-2). Particularmente “se podría incluir también en el contexto, al menos, la primera frase del capítulo cuarto del Génesis, que trata de la concepción y nacimiento del hombre de padres terrenos35 .

En relación trascendente, para la Escritura el hombre aparece como un ser semejante a Dios. Es decir, el hombre surge en relación íntima con Dios, dotado de espíritu propio, por lo que su cuerpo será también una proyección de Dios; de allí que el hombre, en su cuerpo, es creado a imagen de Dios. El carácter teológico del primer relato de la creación nos permite afirmar con

32 MIFSUD Tony, Moral de Discernimiento. Bioética. El respeto por la vida humana, 2, San Pablo, Santiago de Chile, 2002 5 . Pág. 89. Para ampliar el aspecto histórico sobre el desarrollo teórico del inicio de la vida humana, cf. “ El rostro humano del embrión” presentada por el Instituto de Bioética, Facultad de Postgrado en Ciencias de la Salud, de la Pontificia Universidad

Católica Argentina en su CD y manual explicativo, Buenos Aires, noviembre 2001.
33

Sobre el tema de la creación del hombre, varón-mujer: JUAN PABLO II, Varón y mujer, Teología del cuerpo, Ediciones

Palabra, Madrid, 1995.

34 FABBRI Enrique, Alegría y trabajo de hacerse hombre. Ser persona, Ed. Guadalupe, Buenos Aires, 1992 4 . Pág. 31.

35 JUAN PABLO II, Varón y mujer… (op.cit.), p. 30.

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23

Juan Pablo II que “la definición del hombre sobre la base de su relación con Dios (nos remite

a que) también el hombre es cuerpo36 . Y cuando afirmamos que el hombre es imagen de

Dios, de acuerdo al segundo relato de la creación, esta imagen se da sobre todo en la

communio entre personas: “El hombre se convierte en imagen de Dios no tanto en el momento de la soledad cuando en el momento de la comunión” 37 .

Si sobre la base de la Sagrada Escritura nos vamos al arte del S. XV, la

contemplación del detalle en el fresco de

la Capilla Sixtina (la creación del hombre,

de Miguel Ángel 38 ), nos permite descubrir al Creador en el momento en que dota de vida a Adán. El cuerpo es, en sí, la expresión simbólica de la persona humana en su dimensión espacio temporal. El ser imagen y semejanza de Dios se refleja en el cuerpo y en el espíritu humano:

operación integrativa donde el cuerpo es la manifestación de la calidad del espíritu que se transparenta en él. Se trata de la reciprocidad entre Dios y el hombre: “el artista no privó del cuerpo al hombre, sino que prestó uno a Dios39 .

cuerpo al hombre, sino que prestó uno a Dios ” 3 9 . 1.3. De la

1.3. De la “Teoría de la Animación” a la Embriología contemporánea

Ahora bien, el gran dilema filosófico-teológico es y ha sido siempre, especialmente en los primeros siglos de la era cristiana, el planteo sobre el momento en que el acto creador de Dios interviene directamente y dota al ser en gestación de su elemento espiritual personal.

Dando respuesta al planteo sobre la recepción del alma en el hombre, surge la Teoría de la Animación. Esta teoría tiene su origen en las ideas filosóficas de Aristóteles, en los conocimientos de Galeano y en la incorrecta interpretación del capítulo 21 del Éxodo, vv. 22- 23 40 . La tendencia común relacionaba la recepción del alma con la adquisición de la forma humana del ser por nacer. Ello influenció en el pensamiento de San Agustín; de allí el motivo por el cual Agustín desaprobará tanto el aborto del feto vivificado (que moría antes de nacer) como del feto no vivificado (que moría antes de vivir), aunque distingue entre ambos sexos; su preocupación iba más bien por el lado de la administración del sacramento del Bautismo para la salvación del alma, por lo cual también se entiende que para él no fuera homicidio el aborto de un feto no formado (o no vivificado), pues aún no estaba en éste el alma espiritual.

Varios siglos posteriores a San Agustín, San Alberto Magno se convertirá en uno de los primeros en hablar de la animación al instante mismo de la concepción. Será uno de sus discípulos, Santo Tomas de Aquino (S. XIII), quien adoptará la visión aristotélica que

36 Ibíd., p. 31-32
37

38 Miguel Ángel, o Buonarroti, Michelangelo (1475-1564), es uno de los mayores creadores de toda la historia del arte. En su condición de arquitecto, escultor, pintor y poeta ejerció una enorme influencia tanto en sus contemporáneos como en todo el

arte occidental posterior a su época.
39

BOSSU H. CHALAGUIER C., L’expression corporelle, París, 1974, pág. 334. Citado por AA.VV., Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ed. Paulinas, Madrid, 1983, pág. 334. Para ampliar la temática, cf. FABBRI Enrique, Cuerpo, lenguaje del espíritu, en Revista del Centro de Investigación y Acción Social, Año L, Nº 502, CIAS, Buenos Aires, Mayo 2001. Pág. 155-

166.

40 Cuando en una pelea entre hombres alguien golpea a una mujer encinta, haciéndole abortar, pero sin causarle ninguna lesión, se impondrá al causante la multa que reclame el marido de la mujer, y la pagará ante los jueces. Pero cuando haya

Ibíd., p. 15

lesiones, las pagarás: vida por vida.”

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24

dominaba la tendencia filosófica en Occidente, retomando la tradición que afirmaba la animación sucesiva o retardada:

Siguiendo a Aristóteles, (Santo Tomás) pensó que, en el feto masculino, sucedería esto hacia el cuadragésimo día y, en el feto femenino, en el

El aspecto positivo de la posición de Tomás de Aquino residía en que la totalidad de este ser se desarrolla a través de diversos estadios de trascendencia en una única síntesis entre la realidad corporal y su principio de vida. 41

Lo innovador en Santo Tomás será la introducción de un nuevo concepto : el alma racional como obra directa del Creador y, en el proceso de gestación, el varón y la mujer son los colaboradores de esta obra creadora. Este es un motivo fundamental por el que afirmamos que la vida humana es originalmente un bien personal, don del Creador, por lo cual desde su propia inclinación natural el hombre no puede quitársela ni a sí mismo; principio que reafirma la inclinación innata en el hombre a la caridad hacia sí mismo. 42 La distinción entre feto formado y feto no-formado que, siguiendo una vez más a Aristóteles, acontece a los 40 días si se trata de un feto varón, mientras que sucede a los 80-90 días en las mujeres 43 , será una tendencia que prevalecerá en el pensamiento católico durante alrededor de once siglos, aproximadamente entre el S. VII al XVII.

Apenas un par de siglos posteriores a Tomás de Aquino, Leonardo Da Vinci (siglos XV- XVI) dejará plasmada la posición del feto en el útero de la madre, dibujando y describiendo las etapas del desarrollo embrional y fetal de manera sumamente precisa.

Más tarde, William Harvey (S. XVI- XVII) corregirá la antigua visión aristotélica acerca de la coagulación de la sangre materna mediante el esperma, dando lugar a la intuición de la producción del óvulo por parte de la mujer que, luego de la relación con el varón, es capaz de desarrollarse y dar origen a un nuevo ser humano; ésta fue una simple intuición, dado que los medios de la época no permitían el acceso a la demostración de la existencia del óvulo y del espermatozoide.

Entre los siglos XVII y XVIII, ignorando las investigaciones presentadas por Da Vinci y Harvey, algunos filósofos difunden la «teoría de la preformación». La teoría preformista sostenía que un pequeño hombre estaba ya presente y formado en el huevo del espermatozoide, reduciendo de esta forma el desarrollo fetal a una gradual solidificación y aumento del volumen de cada parte del cuerpo preformado. Como contrapartida, Friedrich Wolf (S. XVIII) introducirá un cambio decisivo en la historia de la embriología: se deja de lado la teoría de la preformación, para regresar a la “teoría de la postformación” o “epigénesis”, ya adelantada por Aristóteles y los filósofos medievales, pero con un nuevo y moderno concepto que será desarrollado como “teoría celular” un siglo más tarde.

Así llegamos al siglo XIX en el cual, gracias al aporte de Hans Driesch y Hans Sperman, se puede demostrar mediante experimentación en animales que, al separar las dos primeras células del embrión, se forma de cada una de ellas un embrión completo. De esta forma se da origen a la embriología contemporánea.

41 HÄRING B., op.cit., p. 25 42 Cf. SANTO TOMÁS, II, q. 64. Cit. por VIDAL Marciano, Moral de la persona. Moral de actitudes II: Bioética, ética sexual,

ética de la convivencia, Madrid, 1985

5

, p. 203.

43 Cf. GAFO Javier, Aborto, en GAFO J., 10 palabras claves en bioética, Verbo Divino, Navarra, 1998. Pág. 62-63

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25

2. Valor y Dignidad de la Vida Humana

2.1. Vida humana y enseñanza del Magisterio

Asistimos hoy a una corrida aceleradamente vertiginosa tras los avances científicos y tecnológicos que permiten al hombre llegar a situaciones insospechadas hace pocos años atrás. Fenómenos posibles y reales ante la vida humana como la fecundación y la fertilización asistida, el congelamiento de embriones, la clonación humana, y otros muchos, lejos de dar una respuesta abren más y más el camino de la gran pregunta: ¿qué es la vida humana y cuál

es el alcance de su valor?

No nos animamos a definir en sí misma la vida. Sencillamente intentamos contemplarla como don de Dios, de ese Dios que es un vivir eterno. Contemplar la vida significa simplemente un permanente descubrir y admirar, como bien dice L. Boff, “un misterio de espontaneidad, un proceso inagotable y multiforme de desdoblamientos a partir de dentro, irrumpiendo en relaciones hacia fuera44 .

La vida supone organismo, autofuncionamiento, totalidad arquitectónica, reproducción, autorrealización, existencia. Está cargada de ambigüedades desde el mismo hecho de su tendencia contra la muerte. La muerte aparece ante la vida humana como el gran obstáculo imposible de vencer; el existir humano, frente al tánatos, se desarrolla en forma paulatina como capacidad de devenir hacia el proyecto de realización personal que el hombre deberá ir canalizando a lo largo de toda su existencia y desde el mismo instante de la concepción. Sobre su vida nadie tiene derecho sino solamente el mismo hombre, y éste en permanente actitud intrínseca de dependencia con el Ser que lo creó y lo dotó de aliento existencial.

Su relación con la trascendencia hace de la vida humana un aspecto maravilloso de

contemplación y grandiosidad. Pero, justamente los límites que el hombre encuentra desde el inicio de su proceso vital en minúscula existencia embrional o fetal hasta el desarrollo gradual

y progresivo de sus posteriores y diversas etapas, es lo que lo lleva al ser humano a

experimentarse frágil. Negar la fragilidad de la vida, sería negar al mismo hombre. En este

sentido, son elocuentes las palabras de J. L. del Barco al afirmar:

Seguramente sea necio negar la fragilidad. Seguramente sea necio, como un junco presumido desafiando altivo al viento que al final lo doblará, y pone de manifiesto una actitud de avestruz, que soslaya lo palmario no prestándole atención, pero de hecho se niega con una firmeza estéril de tramposo descubierto. El hombre ha sentido siempre la seducción de la fuerza, le ha fascinado el vigor de los héroes invencibles, a los que ha compuesto loas de exaltados panegíricos, y ha cantado la dureza de los pechos irrompibles refractarios a las quiebras, como el puño encallecido abundante de asperezas, que ni vacila ni tiembla. 45

La novedad maravillosa que significa toda vida humana, aún cuando está cargada de fragilidad, tiene su origen en la unión indisoluble entre el amor personal y la procreación que

se da en el amor entre el varón y la mujer que, para la Iglesia, tiene carácter esponsal.

La vida humana halla su origen natural en la concepción. Pero lo que le da a la vida humana su plenitud y dignidad procreativa no es cualquier tipo de unión entre el espermatozoide y el óvulo, lo cual, hoy por hoy, en virtud de la biotecnología, se puede dar simplemente en un laboratorio, aunque de ello pueda salir un ser humano.

44 BOFF Leonardo, La Trinidad, la sociedad, la liberación, Ed. Paulinas, Colección Cristianismo y Sociedad, Buenos Aires,

1986.

45 DEL BARCO José Luis, La vida frágil, Instituto de Ética Biomédica, EDUCA, Buenos Aires, 2000. Pág. 175-176.

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26

La plenitud y dignidad de la procreación es consecuencia de la condición indisoluble entre el amor personal y la procreación. Entendemos por amor personal aquel que se realiza en el acto conyugal desde la totalidad de ambas personas en cuanto cuerpo, corazón y espíritu.

Desde que se instaló la problemática de la contracepción por el año 1968, hasta los planteos morales sobre la clonación humana que plantean hoy las posibilidades científicas, el Magisterio ha tenido que salir permanentemente al encuentro de tales situaciones inmorales, pues van contra la ley natural y la ética cristiana en cuanto que se separa la procreación de la máxima expresión de amor personal que ha de darse en la pareja humana. El Corpus Vitae Ecclesiae sostiene la indisolubilidad de la unión entre el amor personal y la procreación: el Magisterio admite como éticamente lícitos sólo aquellos métodos naturales y aquellas intervenciones o técnicas que ayuden a que el acto conyugal sea fecundo y el hijo permanezca como fruto y signo del mismo amor conyugal. La inmoralidad de otros tipos de prácticas e intervenciones está precisamente en la sustitución del acto conyugal.

Fruto de la unión indisoluble entre el amor personal conyugal y la procreación surge el ser humano que existe ya en el mismo embrión. El embrión no es un hombre en potencia; es en potencia un niño, es en potencia un adulto, pero es ya en acto un verdadero ser humano. Ya está plenamente la vida humana en el embrión; éste es ya persona humana en su totalidad corporal y espiritual desde el momento de la concepción.

La Iglesia, al manifestarse de este modo, no pretende en absoluto invadir el ámbito de las ciencias experimentales; muy por el contrario, valorando el dato científico, la Iglesia intenta brindar su aporte respecto a la doctrina moral conforme a la dignidad de la persona humana (cf. DV, Introducción, n. 1; en DZ n. 4790).

Por lo tanto, en virtud de esta valoración moral, resulta ilícito todo medio antinatural que atente contra la unidad indisoluble entre amor personal y procreación, tales como, por ejemplo, el aborto provocado, la fecundación heteróloga, la fecundación in vitro, el recurso a la madre sustituta, la clonación, entre muchos otros.

Esto no es fruto de una postura caprichosa; el niño tiene derecho a nacer de un verdadero acto de amor de sus padres. El niño que está potencialmente presente en el embrión, pero que desde aquel momento es ya persona humana, debe ser respetado, cuidado y protegido ya desde el primer instante de su existencia.

El fruto de la generación humana desde el primer momento de su

existencia, es decir, desde la constitución del cigoto, exige el respeto incondicionado que es moralmente debido al ser humano en su totalidad corporal y espiritual. El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de este mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida. (DV, Primera parte, n. 1, en DZ n. 4793)

) (

Allí, en el microscópico cigoto, se inicia todo el proceso vital del ser humano; poco a poco irá desarrollándose e irá aprendiendo a descubrirse a sí mismo como persona relacional e intersubjetiva.

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27

2.2. El concepto de persona humana 46 .

La discusión ética respecto a la vida humana no puede fundarse sólo en el aporte de la ciencia

genética, mucho menos en la tecnología, sino que tiene sus raíces en el plano de lo antropológico, metafísico y moral. ¿Qué queremos decir cuando hablamos de persona humana? ¿Cuándo un ser puede comenzar a llamarse verdaderamente humano? Estas preguntas son fundamentales, pues de la respuesta que cada cual dé a estos interrogantes dependerá también la valoración ética respecto a la interrupción del embarazo.

A la luz de la razón, el concepto antropológico fundamental que sostiene nuestra óptica

cristiana está claramente sintetizado en las expresiones de la Declaración sobre el aborto:

Constituido por una naturaleza racional, el hombre es un sujeto personal, capaz de reflexionar por sí mismo, de decidir acerca de sus actos y, por tanto, de su propio destino. Es libre; por consiguiente, es dueño de sí mismo, o mejor, puesto que se realiza en el tiempo, tiene capacidad para serlo, ésa es su tarea. Creada por Dios, su alma es espiritual, y, por ende, inmortal. Está abierto a Dios y solamente en él encontrará su realización completa. Pero vive en la comunidad de sus semejantes, se enriquece en la comunión interpersonal con ellos, dentro del indispensable medio ambiente social. De cara a la sociedad y a los demás hombres, cada persona humana se posee a sí misma, posee su vida, sus diversos bienes, a manera de derecho. (DA n. 8)

Podríamos definir la persona en virtud de un proyecto de realización personal consciente y libre. Para ello, viene bien recordar los conceptos bíblicos, escolásticos y antropológicos de persona humana.

El dato revelado en la Escritura considera al hombre en su totalidad, manifestando una clara

unión de vida en cuanto tendencia a algo y este algo es trascendente, de espíritu en relación intrínseca con Diosy de cuerpo finito y factible de corrupción física y ética, abierto a los otros y como medio de comunicación.

La escolástica, siguiendo la conocida definición de Boecio, presenta al hombre como substancia individual de naturaleza racional.

Finalmente, el modelo antropológico sitúa el concepto de persona humana en una estática básica y dinámica. En su estática básica, el ser humano es cuerpo, reflexión (inteligencia), libertad (voluntad) y responsabilidad (imaginación creadora). En virtud de su estática dinámica, la persona humana es conformación individual interior, sociable y abierto a la trascendencia.

Todo ello nos lleva a presentar la persona humana como ser autónomo artificial, experimental y trascendente. El hombre es, pues, imagen de Dios por su cuerpo viviente y semejanza del Creador por su espíritu viviente.

46 Volveremos más adelante sobre la Persona Humana desde el aspecto jurídico. Sin la mirada desde el Derecho, la Bioética quedaría incompleta; pero por el momento, en relación al Derecho Positivo (Código Civil, Código Penal, Proyectos legislativos, Convenciones, Declaraciones, etc.), sugiero ir teniendo en cuenta la Constitución de la Nación Argentina. Especialmente: IIª Parte, Capít. 4º, art. 75, n. 22) dónde queda claramente establecido que “los tratados y concordatos tienen jerarquía superior a las leyes” y se da jerarquía Constitucional entre otrosa: la Declaración Universal de los Derechos Humanos (ONU, 10/XII/1948); la Convención Americana sobre Derechos Humanos (-Pacto de San José de Costa Rica, 22/XI/69-); la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer; la Convención sobre los Derechos del Niño. Como no han sido derogados, continúan también vigentes los concordatos con la Santa Sede. Para un análisis de los aspectos jurídicos que hacen a la naturaleza y dignidad de la Persona Humana desde la Concepción hasta su fin natural, podemos consultar:

BORDA Guillermo A. (dir.), La persona humana, La Ley S.A., Buenos Aires, 2001. RODRÍGUEZ VARELA Alberto, Aproximación a la persona antes de nacer, Editorial de la Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, Julio 2006.

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2.3. La Vida Humana: un valor en sí misma.

Pero el hecho de definir el concepto de persona humana no basta. Es necesario afirmar que la persona requiere de un respeto fundamental a su condición. Para lograr este respeto fundamental existen algunos principios orientativos que lo favorecen. Entre estos principios señalamos el cuidado, la tutela y la promoción de la vida física, el reconocimiento de la libertad y la responsabilidad personal, el principio de totalidad o terapéutico, y el de sociabilidad y subsidiariedad 47 .

Expresa Juan Pablo II: “El hombre está llamado a una plenitud de vida que va más allá de las dimensiones de su existencia terrena. Lo sublime de esta vocación sobrenatural manifiesta la grandeza y el valor de la vida humana incluso en su fase temporal” (EV, 2). De esta grandeza y valor se desprenden tres conclusiones fundamentales:

Se entiende que el valor sagrado de la vida humana comprende desde su inicio hasta su término.

El primer derecho de cada ser humano es el respeto absoluto y total a ese bien básico constituyente de su ser.

En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política.

T. Mifsud, comentando la Tradición y el Magisterio (en particular la Evangelium Vitae) concentra en cinco puntos la caracterización que hace al valor de la vida humana 48 :

1. La vida es un valor en sí.

2. La vida es un valor sagrado.

3. La vida terrena es un valor básico pero no necesariamente primario.

4. La vida es un concepto y una realidad a la vez personal, comunitaria y ambiental.

5. La vida humana incluye el concepto de calidad.

Desde la grandeza y el valor de la vida humana en sí misma, se pueden, entonces, comprender los tres argumentos fundamentales de la Tradición:

1. Todo ser se ama por una inclinación natural a sí mismo, que le lleva a luchar por su propia conservación y a defenderse de todo aquello que pueda destruirlo. (…)

2. … La vida de cada individuo pertenece de alguna manera al patrimonio común … Apoderarse de este bien, que no nos pertenece, es realizar, por tanto, un robo a la sociedad. …

3. La vida se considera como un regalo de Dios, el único que tiene poder sobre la existencia humana. Si él es el dueño y creador, la vida es una realidad de la que no podemos disponer, pues somos simples administradores que sólo debemos de actuar en conformidad con la voluntad del Señor. (…) Disponer de este regalo a nuestro gusto sería erigirnos en propietarios de algo sobre lo que no tenemos ningún dominio. 49

3. Inicio del proceso de generación: criterios y dilemas

Hemos iniciado nuestra presentación refiriéndonos al carácter de la vida humana y los grandes interrogantes que el hombre de todos los tiempos se plantea ante la misma, centrándonos en su fragilidad y en el concepto antropológico de la persona humana y la necesidad de una adecuada formación de la conciencia moral en estas cuestiones. Abordaremos a continuación los dilemas éticos que confluyen desde los desafíos científicos y jurídicos respecto al inicio

47 Cf. BOCHATEY Alberto, Vida humana y sexualidad. San Agustín y la persona, en Vida y Ética, Buenos Aires, UCA, Instituto

de Bioética, Año 2, N. 2, Diciembre 2001. Pág. 20.
48

49 LÓPEZ AZPITARTE Eduardo, Ética y Vida. Desafíos actuales, San Pablo, Madrid, 1990. Pág. 12

MIFSUD Tony, op.cit., pp. 26-27

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del proceso generativo y al inicio del peculiar derecho a la vida, apuntando a la promoción y preservación de la vida desde su estado inicial.

Sobre la base de los derechos y los deberes de la persona humana, la moral tiene la mis ión de iluminar las conciencias de manera que la sociedad sea capaz de promover y preservar los derechos fundamentales del hombre, y entre ellos, en primer lugar, el derecho a la vida como condición para todos los demás” (DA n. 11). El planteo consiste en cuándo podemos decir que comienza el derecho a la vida.

El respeto a la vida humana se impone desde que comienza el proceso de generación(Declaración sobre el aborto, n. 12 en adelante: DA). Ahora bien, ¿cuándo se inicia este proceso de generación? Esta pregunta es clave, porque de la respuesta a este interrogante deriva, por lógica consecuencia, la respuesta a cuándo comienza el derecho a la vida. Y es ante esta pregunta donde las opiniones se dividen. El siguiente cuadro 50 nos ayuda a obtener una síntesis de las principales opiniones:

Comienzo del derecho a la vida

Fase

Día

Inicio del Derecho a la vida

embrionaria

o mes

 

FECUNDACIÓN

Zigoto

Primer día

Constitución de la realidad biológica del cigoto: fusión del óvulo y el espermatozoide. No se trata de un instante preciso, sino que “la singamia o unión del complemento cromosómico de las células germinales masculina y femenina dura hasta unas 24 horas51 . Se trata de un salto cualitativo, equiparable al del recién nacido, por cuatro razones:

la información genética en la célula huevo es humana y solamente humana (realidad biológica humana),

se prefigura desde allí el individuo humano, se trata de una realidad biológica diversa a la del organismo materno,

y desde entonces se instaura el proceso de continuidad del desarrollo embrionario. Según el Magisterio, aquí inicia el comienzo del derecho a la vida

ANIDACIÓN

Blastocisto

14 días

El derecho a la vida se daría recién a partir de esta etapa: desde que acontece la fecundación en el tercio superior de las trompas (proceso que dura de tres a cuatro días aproximadamente) hasta penetrar en el útero en cuyo lumen quedará libre (tres o cuatro días más) y, finalmente, inicie la anidación o implantación en el endometrio donde continuará su desarrollo posterior. Refieren a tres razones:

recién allí se daría la posibilidad de división del nuevo ser,

al elevado número de abortos espontáneos (alrededor del 70%) que se dan antes de finalizar la anidación,

a que el primer esbozo del sistema

50 Cf. GAFO J., op.cit., p. 50 ss. 51 GAFO J., op.cit., p. 50

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nervioso o sea la constitución de la línea primitiva o cresta neuralse daría alrededor de los 14 días. En esta posición se ubican algunos moralistas católicos.

FIN DE LA ORGANOGÉNESIS

Feto

Dos meses

Al concluir el proceso de constitución de los órganos humanos, precisamente allí donde la medicina deja de hablar de embrión para comenzar a llamar feto al nuevo ser. En esta etapa también se da inicio a la actividad eléctrica del cerebro. En el primer mes se van construyendo los cimientos del futuro niño (forma alargada, apéndice cefálico, ojos, corazón, hígado, columna vertebral); en el segundo mes, el aspecto externo es ya claramente humano. El valor antropológico que subsiste a esta postura se impone por la fuerza de la sensibilidad ante un ser cuya apariencia ya es indiscutiblemente humana.

VIABILIDAD

Niño

prematuro

21 semanas

Cuando el nuevo ser tiene la capacidad de poder vivir fuera del útero materno, aún cuando requiera apoyatura médica externa.

NACIMIENTO

9 meses

Es la postura del Derecho Romano. No se diferencia radicalmente de la anterior a excepción de la asistencia brindada al prematuro.

CRITERIOS

RELACIONALES

?

?

No se puede delimitar la realidad humana a los aportes de la biología (fecundación, anidación, EEG, etc.) Se es humano, más allá de las estructuras biológicas, en la medida en que se de la posibilidad de

relaciones interhumanas sin las cuales no puede existir proceso de personalización. De acuerdo a esta mentalidad, no se le reconoce el derecho a la vida a quien no ha sido deseado o no ha sido procreado intencionalmente (con el mismo criterio podríamos aceptar que el minusválido, el anciano o el enfermo terminal es un ser que ha de ser eliminado si no es aceptado por la sociedad).

Párrafo aparte merece la teoría escolástica de la animación que mencionáramos en la primera parte de esta unidad. Nos remitimos a expresiones de E. López Azpitarte:

De acuerdo con la teoría hilemórfica, el alma racional no estaría presente en los primeros estadios de la gestación hasta que la materia con la que debe unirse para formar el compuesto humano, no tuviese la preparación suficiente y adecuada. La teoría de la animación retardada fue defendida por muchos

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teólogos, que no concedían su infusión de inmediato, sino que otorgaban un plazo de cuarenta días, si se trataba de un embrión masculino, o de ochenta para el caso de que fuese mujer. 52

Pese a la diversidad de opiniones encontradas entre los teólogos, aún en este caso, la Iglesia siempre condenó el aborto de fetos inanimados.

Ante tan diversas posturas, amparados incluso por el beneficio de la duda, reafirmamos el derecho a la vida desde el momento de la fecundación. Si esa realidad embriológica es humana es siempre digna de un absoluto respeto e inviolabilidad ya desde el primer instante de su existencia física. Se trata no tanto de una respuesta simplemente biológica, sino metafísica: “la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 2270). Al respecto, la Declaración sobre el aborto, que retomará Juan Pablo II en su encíclica Evangelium Vitae, expresa:

Desde el momento de la fecundación del óvulo, queda inaugurada una vida que no es ni la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. No llegará a ser nunca humano si no lo es ya entonces. (DA n. 12; cf. EV n. 60)

4. El recién concebido a la luz de la genética y la biología humana

4.1. Un nuevo proyecto-programa individualizado.

Es indiscutible ya, desde la genética, que el momento de la fertilización, es decir, desde la penetración del espermatozoide en el óvulo, se conforma una nueva entidad biológica mediante los dos gametos de los padres. A esta nueva entidad se la denomina cigoto, y éste ya lleva en sí mismo, desde ese momento, un nuevo proyecto-programa individualizado. Estamos ante una nueva entidad individual. 53

Las dos respectivas células gaméticas tienen en sí un patrimonio bien definido, el programa genético, recogido en torno a los 23 pares de cromosomas: cada una de las células gaméticas tiene una mitad del patrimonio genético respecto de las células somáticas del organismo de los padres, y con una información genética que es cualitativamente diversa respecto de las células somáticas del organismo paterno y materno. Una vez unidos estos dos gametos diversos entre sí y diversos también de las células somáticas de los padres, pero mutuamente complementarios, activan un nuevo proyecto-programa que determina e individualiza al recién concebido. 54

Es de notar que se trata de un nuevo proyecto que se construye a sí mismo; él es el actor principal. Desde el inicio rige, también, el principio de autonomía, pues no se trata de un programa inerte ni ejecutado por el organismo materno, sino que, si bien necesita de dicho organismo, el mismo cigoto lleva en sí todo el proyecto-programa que caracterizará su propia individualidad humana y que potencialmente podrá seguir, si no se le impide, su propio proceso de desarrollo.

Siguiendo el esquema del documento del Centro de Bioética de la Universidad Católica italiana, podemos afirmar que este proceso de desarrollo cuenta con tres propiedades biológicas particulares; ellas son la coordinación, la continuidad y la gradualidad. Así lo expresa científicamente el mencionado documento:

52 LÓPEZ AZPITARTE E., Op.cit., p. 130

53 Un análisis más exhaustivo, desde el punto de vista de la ciencia embriológica y biomolecular, lo podemos encontrar en FRANCA TARRAGÓ Omar y Colaboradores, Ética al inicio de la vida, en Anales de Ginecología y Obstetricia, 38 (1), Montevideo, 2000, Pág. 5-13. 54 SGRECCIA E., op.cit., p. 338

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Coordinación. En todo el proceso, desde la formación del cigoto en adelante, se da una sucesión de actividades moleculares y celulares guiadas por la información contenida en el genoma y bajo el control de señales originadas por interacciones que se multiplican incesantemente a todos los niveles, dentro del embrión mismo y entre éste y su ambiente. Precisamente de esta guía y de este control deriva la expresión coordinada de miles de genes estructurales que implica y confiere una estrecha unidad al organismo que se desarrolla en el espacio y en el tiempo.

Continuidad. El nuevo ciclo vital que se inicia en la fertilización procede si se satisfacen las condiciones requeridasininterrumpidamente. Cada uno de los eventos, por ejemplo la replicación celular, la determinación celular, la diferenciación de los tejidos y la formación de los órganos, aparecen obviamente como pasos sucesivos. Pero el proceso en sí mismo de la formación del organismo es continuo. Es siempre el mismo individuo el que va adquiriendo su forma definitiva. Si este proceso se interrumpiera, en cualquier momento, se tendría la muerte del individuo.

Gradualidad. Es ley intrínseca del proceso de formación de un organismo pluricelular que éste adquiera su forma final mediante el paso de formas más simples a formas cada vez más complejas. Esta ley de la gradualidad de la adquisición de la forma definitiva implica que el embrión, desde el estado de célula en adelante, mantenga permanentemente su propia identidad e individualidad a través de todo el proceso.

55

El proceso se ha iniciado, pues, en aquel momento en que se unieron las gametas y a partir del cual se desencadenó un desarrollo continuo y ordenado. Allí se inició la nueva vida que tendrá la herencia genética y citoplasmática de la gameta materna, el ovocito, y de la gameta paterna, el espermatozoide. Estos aportes materno-paterno forman el patrimonio biogenético del nuevo ser, el cual también participa durante todo el proceso de su desarrollo.

4.2. El principio de autonomía y la extrínseca dependencia uterina.

En base al principio de autonomía, que lleva intrínsecamente grabado en sí mismo en forma cuidadosamente rítmica y ordenada, el nuevo ser va autoconstruyéndose, se impone su propia dirección, se va diferenciando en su estructura molecular y va realizando su propia calidad de crecimiento, siempre de acuerdo a la caracterología del genoma que ha quedado inscrito desde la fertilización. De esta manera se va realizando el proceso de histogénesis, regionalización y morfogénesis.

Nos referimos a una autonomía que no es absoluta; nunca lo será. Incluso, cuando estemos ya frente al ser humano física, psicológica y espiritualmente desarrollado y maduro, jamás podremos hablar de una autonomía absoluta, pues todo hombre es un ser-en-relación-con. En el caso del cigoto o del embrión, de hecho, su autonomía quedará trunca si al llegar la blástula al útero se encuentra con que éste no está lo suficientemente preparado por los estrógenos para aceptar la anidación. Pero aún así, esta dependencia materno-uterina será igualmente extrínseca. Así como el adulto depende del ambiente, el embrión necesitará que el propio ambiente materno le proporcione nutrición y oxigenación y al mismo tiempo aleje todo aquello que pueda resultarle nocivo en su desarrollo. Pero queda claro que la composición autogenética del propio embrión es la que dará calidad, impulso y dirección de desarrollo; ello no depende de la directividad de los órganos maternos.

Por lo tanto, he aquí uno de los primeros argumentos científicos a favor de la vida intrauterina: el embrión no es una parte del organismo materno de cuyo crecimiento y desarrollo la madre pueda disponer como de sí misma y a su propio arbitrio. Incluso las

55 CENTRO DI BIOETICA, UNIVERSITA CATTOLICA DEL S. CUORE, Identidad y estatuto del embrión humano, 22.6.1989, «Medicina y Ética», 1990, 1, 1, p. 123. Cit. por E. Sgreccia, op.cit. p. 340-341.

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mismas pruebas biológicas, como las que se dan, por ejemplo, en el modo de fertilización in vitro aunque no entraremos aquí en su valoración ética, nos dan la certeza que la dependencia del embrión respecto al útero materno es siempre extrínseca a sí mismo.

5. El embrión: ¿cúmulo de células o individuo humano?

5.1. Unidad de naturaleza entre corporalidad y humanidad.

En lo dicho ya hemos podido observar que, desde el primer instante, no estamos ante una masa de células sin unidad ni determinación. Muy por el contrario.

(El embrión) es un organismo en rápido y ordenado desarrollo, organizado en una sola unidad morfológica y funcional. Tanto en la forma como en la posición de las células que se generan, desde el cigoto, se observa un orden que se repite. Existen uniones citoplasmáticas e intercambio de señales bioquímicas que marcan el destino de cada célula. 56

Aquí surge una nueva pregunta: los estadios o aspectos biológicos primigenios del nuevo ser, ¿son ya de naturaleza humana en sí mismos? El aporte de la biología afirma que la realidad biológica del nuevo ser es siempre la misma que se desarrolla y se transforma. Por otra parte, el fruto de la concepción no puede ser separado de lo que es humano. La antropología filosófica contemporánea afirma también que lo que es humano en el hombre es inseparable de su corporeidad.

Teniendo en cuenta estos presupuestos, los principios biológicos nos muestran que desde la concepción, la especie humana evoluciona por medio de un principio intrínseco, unitario y de actualización de sus propias capacidades, de acuerdo a las características del desarrollo del recién concebido que ya hemos mencionado: coordinación, continuidad y gradualidad.

Si nos referimos a la naturaleza humana del embrión, es necesario también aclarar el sentido del término naturaleza al que hacemos referencia. La traducción latina del término natura deriva de los términos griegos physis, es decir, el mundo físico, material, lo complejo de la naturaleza general, y phisis, lo que refiere a la esencia de algo. Cada ser tiene una naturaleza (phisis) que determina su lugar entre los seres y su forma específica y propia de actuar. En este sentido, el hombre no es algo ya hecho, sino que es aquello que se está haciendo, es decir, una estructura abierta, dinámica, transformante.

Podemos concluir, entonces, que el hombre es hombre porque tiene precisamente naturaleza humana. El hombre es porque efectivamente posee el acto de ser por medio del cual su naturaleza humana subsiste, siendo sujeto de sus propios actos, lo que significa que es una persona, ser humano individual. La definición de Boecio, “sustancia individual de naturaleza racional”, es importante en este aspecto, ya que nos hace ver por qué en la filosofía judeo - cristiana el hombre es persona.

5.2. El hombre: totalidad unificada en el proyecto creacional de Dios.

Desde el punto de vista teológico, sin desconocer el aporte cierto de la bioquímica y la biología, y en diálogo con la filosofía, es importante el concepto de hombre como ser pro- creado en su unidad y trascendencia. En esta línea de pensamiento subyacen los principios antropológicos que fundamentan el juicio moral; entre ellos, el principio fundamental de la distinción entre alma y cuerpo, pero ambos constituyendo una totalidad unificada; por lo tanto, el cuerpo no es un simple conjunto de tejidos, sino componente esencial del mismo

56 El rostro humano del embrión”, exposición presentada por el Instituto de Bioética, Facultad de Postgrado en Ciencias de la Salud, de la Pontificia Universidad Católica Argentina; manual explicativo, Buenos Aires, noviembre 2001, p. 11.

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hombre. Así mismo, la originalidad en la transmisión de la vida humana deriva de la misma condición del ser racional; un ser humano nunca es producto de la técnica o la casualidad, sino de la donación en el amor entre el hombre y la mujer.

El concepto antropológico de hombre como ser pro-creado lo encontramos plasmado en la Sagrada Escritura al afirmarse que la persona se configura mediante una íntima relación entre la criatura humana y su Creador: “en su mano está el respiro de los vivientes y el aliento de la carne de cada uno” (Jb 12,10). Es la misma mano del Creador que plasma al hombre, varón- mujer, a su imagen y semejanza, otorgándole el poder de colaborar con Él en la procreación mediante la generación de la vida humana (Gn 1,26). Desde la gestación en el seno materno el hombre es llamado por Dios a ser persona que, libre y responsablemente, colabore con Él en el proyecto redentor y salvador de la misma humanidad (cf. Sal 22,11).

5.3. El estatuto del embrión

La reflexión nos abre ahora el camino a una nueva pregunta: ¿cuál es el estatuto que debemos reconocer en el embrión humano?

El planteo es reiterativo si lo encaramos éticamente ante los desafíos que plantea hoy la ciencia genética, planteos que nos ubican ante fenómenos como el aborto, la reproducción asistida, la clonación o la experimentación con embriones.

Existen diversos niveles o perspectivas para analizar la vida de un individuo de la especie humana. Por un lado, el nivel biológico, con los aportes brindados desde la ciencia embriológica y molecular; a ella corresponde describir la realidad de los hechos biológicos en cuanto tal. Por otra parte, el aspecto jurídico, al que corresponde ver hasta qué punto y en qué medida le corresponde a la ley proteger al no nacido, y el aspecto ontológico-ético que analizará cuál es el deber moral frente a la realidad del aún no nacido.

Vale aclarar que al hablar de embrión nos estamos refiriendo directamente a un nuevo individuo humano que desde su concepción continúa su propio camino vital. Su proceso biológico de desarrollo es ininterrumpido, no actúa en él ninguna mutación cualitativa intrínseca, ni tampoco se requiere de ninguna intervención posterior que lo origine. Esta nueva entidad individual, efectúa su autogénesis de manera tan admirable que ninguna fase posterior puede eliminar la anterior; por el contrario, toda fase en el proceso de su desarrollo es absorbida y desarrollada según una ley biológica individualizada y activamente controlada.

La figura humana aún no es reconocible en el embrión. Como bien afirma E. Sgreccia: “son cientos de miles de células musculares las que hacen ya latir un corazón primitivo; decenas de millones de células nerviosas, las que se ensamblan en circuitos y se disponen a formar el sistema nervioso de una persona determinada” 57 . No vale, pues, hablar de una línea divisoria cualitativa que marque una distinción entre ser humano y ser humanizado, como tampoco distinguir entre ontogénesis y filogénesis.

No se trata de una opinión más, sino de un dato científico innegable. Este argumento nos permite afirmar que toda opinión que se niegue a aceptar el propio estatuto individual del embrión, considerándolo como una simple parte del organismo de la madre y, por ende, sujeto a ser abortado, no es sólo una ofensa a la moral sino una ofensa a la misma seriedad científica.

En fin, el embrión humano debe ser tratado con el máximo y absoluto respeto.

Sobre la base de los principios expuestos, nos detendremos en la próxima unidad a present ar nuestra reflexión ética sobre los dilemas en torno a la ética del nacer que se plantean en la actualidad y en nuestro contexto socio-cultural. *********************************

57 SGRECCIA E., op.cit., p. 342

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UUNNIIDDAADD 44

ABORTO Y DIAGNÓSTICO PRENATAL 58

1. El aborto desde el punto de vista clínico

Entendemos por aborto la interrupción del embarazo en el seno materno cuando el feto todavía no es viable. Tradicionalmente se admite que el feto es viable, aproximadamente, a partir de las las 21 semanas sucedida la concepción. Tanto a nivel teórico como práctico, el aborto es un interrogante planteado a la conciencia humana de todas las épocas y sociedades. En los tiempos actuales el problema adquiere cada vez mayor amplitud y gran profundidad de planteamientos; la abundancia bibliográfica al respecto demuestra la importancia actual del problema que atrae tanta atención.

Es imposible ignorar la existencia del hecho del aborto cuyo número e importancia tienden a aumentar. En pro de su difusión se invierten impresionantes sumas de dinero destinadas, por ejemplo, a la obtención de productos farmacéuticos que posibilitan la muerte del feto en el seno materno sin necesidad de recurrir a la ayuda del médico. Se puede afirmar, incluso, que daría la impresión que a veces, la misma investigación científica, pareciera estar aún más preocupada en la obtención de productos cada vez más simples y eficaces contra la vida, evadiendo toda forma de control y responsabilidad social (cf. EV n. 13).

1.1. Tipos de aborto.

Médicamente se distinguen dos clases de aborto:

El aborto espontáneo: aquel que se produce por causas naturales sin intervención especial humana

y el aborto provocado: llevado a cabo por explícita intervención del hombre 59 .

Por su complejidad moral y legal que acarrea numerosos interrogantes, nos referiremos al segundo tipo: el aborto provocado.

Desde el punto de vista jurídico puede ser:

legal: si está tolerado por la ley,

o criminal: si no está permitido por la ley.

Desde el punto de vista moral, es considerado desde la perspectiva de la responsabilidad y del valor objetivo; la moral católica clasifica al aborto provocado como:

directo: cuando es directa y explícitamente querido,

o indirecto: cuando se permite buscando directamente una finalidad buena.

Tanto desde el punto de vista moral como legal, suelen distinguirse cuatro tipos de aborto:

terapéutico, ético o humanitario, psicosocial y eugénico. También existen formas encubiertas de aborto.

a) Aborto terapéutico: aquel que se realiza con el fin de salvaguardar la vida o la salud de la madre. El aborto terapéutico prácticamente ya ha sido superado por el progreso de la medicina, aunque quedan algunas situaciones excepcionales que incluyen también la

58 Gran parte de lo expuesto en esta Unidad 4, ha sido extractado de mi tesis de licenciatura: La vida humana y el dilema ético del aborto, Facultad de Teología, Universidad del Salvador, Buenos Aires, 2002, inscripta bajo el expediente 2 49513 de la Dirección Nacional del Derecho de Autor el 29/04/03 59 Cf. GAFO Javier, Aborto, en GAFO J., 10 palabras claves en bioética, Ed. Verbo Divino, Navarra, 1998, pp. 44-46. SGRECCIA Elio, Manual de Bioética, Ed. Diana, México, 1999, pp. 364-373

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inviabilidad del feto; tal es el caso del embarazo ectópico (cuando el embarazo se da fuera del útero, por ejemplo, en las trompas).

b) Aborto ético o humanitario: también llamado criminológico, es aquella intervención que se realiza para interrumpir el embarazo cuando éste es fruto de una acción delictiva (por ejemplo, producto de una violación o de relaciones de incesto).

c) Aborto psicosocial: aquel que se practica por razones de índole personal, familiar, económica o social de la mujer. Es el caso del aborto como control de la natalidad, cuando se interrumpe el embarazo para no aceptar la carga social o económica que comporta, o el aborto falsamente ético, es decir, cuando con la interrupción del embarazo se pretende paliar un fallo moral o eliminar una deshonra social.

d) Aborto eugénico: también denominado de indicación fetal, es el que se practica cuando corren serios riesgos de afección por anomalías o malformaciones congénitas. Es el caso, por ejemplo, del aborto que muchas veces se indica ante un diagnóstico de anencefalia, situación que analizaremos más adelante.

e) Formas encubiertas de aborto: conviene indicar también que, tanto en el plano científico como en el social, existe una clara tendencia a enmascarar el término de aborto con otros nombres, menos alarmantes, en forma confusa y engañosa. Mediante el uso de fármacos, por ejemplo, se difunde actualmente una conciencia antigestativa o abortiva encubierta:

Los antigestativos o abortivos más difundidos en la actualidad son: la píldora de bajo contenido en progesterona (la llamada minipíldora); las inyecciones trimestrales y las inoculaciones subcutáneas de progestógenos o estro- progestógenos; el dispositivo intrauterino, o espiral; la vacuna anti-hCG; la llamada píldora del día antes; las prostaglandinas y los fármacos luteolíticos (entre ellos el RU486). El uso de estos métodos no requiere, en la mayoría de los casos, la hospitalización de la mujer. 60

1.2. Valoración ética del diagnóstico prenatal.

El avance tecnológico y científico en la genética permite que hoy día podamos tener una aproximación más o menos exacta al conocimiento del no-nacido. A esta aproximación de conocimiento se llega mediante las denominadas técnicas de diagnóstico prenatal. Si bien la valoración ética de las mismas, como veremos más adelante, no las considera de por sí abortivas y, en adecuadas condiciones, son absolutamente aceptables, nos detenemos en este aspecto por su importancia en cuanto a diagnóstico, pronóstico y consecuencias tiene en relación a la vida del ser en gestación.

1.2.1. Tipos de técnicas más utilizadas.

Entre estas técnicas podemos citar la ecografía, el estudio del líquido amniótico o de alfa- proteína materna, el análisis citogenético de las células cultivadas procedentes del líquido amniótico, la biopsia de las vellosidades coriales, el estudio de sangra fetal, el análisis genético y bioquímico de material cromosómico de las células del líquido amniótico, el estudio directo de células aisladas tomadas del blastocisto o mórula de embriones in vitro con posibilidad futura de terapia genética. 61 Veamos el comportamiento de algunas de estas técnicas más utilizadas.

a) La amniocentesis: consiste en extraer una pequeña cantidad del líquido amniótico para su posterior cultivo y estudio de células fetales. Se realiza en torno a las 20 semanas. El riesgo de pérdidas embrionarias es del 0,25 al 0,50%, contra el 1 al 1,5% de riesgo en el estudio

60 SGRECCIA Elio, Manual de Bioética, Diana, México, 1999, p. 382-383. 61 Cf. GAFO J., op.cit., pp. 46-50

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de sangre fetal. Mediante esta técnica se puede diagnosticar cualquier anomalía cromosómica del feto como, por ejemplo, el síndrome de Down o las anomalías de cromosomas sexuales. Mediante el análisis de los niveles de la alfa-fetroproteína, esta técnica permite el diagnóstico de un relevante riesgo de anencefalia o de falta de cierre del tubo neutral que originará un niño nacido con espina bífida 62 ; también se puede realizar el diagnóstico de probabilidad de enfermedades metabólicas que va a padecer el niño. Junto

al estudio de sangre fetal se complementan por el estudio del ADN de células fetales, lo

que sirve para diagnosticar algunas enfermedades hereditarias, como son, entre otras, el Tay-Schs, la fenilcetonuria, la hemofilia, la distrofia muscular, la fibrosis cística y las

hemoglobinopatías comunes.

b) La biopsia de vellosidades coriales: consiste en un raspado sencillo del corion (estructura externa del huevo compuesta por células fetales). Se realiza en torno a las 12 semanas de gestación. El riesgo de pérdidas embrionarias va hasta el 1,5%. Esta técnica, de manera similar a la amniocentesis, permite la detección de anomalías cromosómicas.

c) La ecografía: se realiza mediante ondas sonoras y permite conseguir imágenes del feto.

Posee un amplio campo de posibilidades diagnósticas, sin conformar ningún riesgo ni para

el feto ni para la madre. Entre los diversos diagnósticos, puede mostrar la existencia de

defectos funcionales y estructurales y permite seguir el curso de enfermedades del feto como, por ejemplo, de la hidrocefalia, como así mismo diagnosticar anomalías cardíacas. Es una técnica de diagnóstico de gran seguridad en el caso de anencefalia.

d) La fetoscopía: consiste en la introducción de un aparato óptico en el interior de la bolsa amniótica que permite visualizar el feto.

e) El proyecto genoma: hoy la ciencia genética ya ha concluido (¿ha concluido?) su investigación respecto al proyecto genoma… y hasta se comienza a hablar del «proyecto pre-genoma». Mediante sondas genéticas, por ejemplo, se puede tomar un embrión de

pocas células y extirpar una, congelando el resto. Se puede, así mismo, determinar el sexo del embrión, evitar el desarrollo de embriones del sexo masculino afectados por hemofilia

o distrofia muscular de Duhcenne, determinar si es portador del gen causante de la

enfermedad de Tay-Sachs o de la anemia falciforme. También se puede analizar toda una gama de agentes teratogénicos que puedan afectar a la mujer embarazada o a una probable malformación del niño, determinar y prevenir enfermedades como la rubeola, la toxoplasmosis, la sífilis y el SIDA. En el caso del SIDA, cabe aclarar que la madre portadora de HIV corre un riesgo del 25 al 30% de dar a luz un niño portador de HIV. Últimamente ese riesgo desciende hasta el 8 al 10% si se recurre al tratamiento triple de la mujer durante el embarazo. 63

1.2.2. Valoración del diagnóstico prenatal

Las técnicas de diagnóstico prenatal, en caso de ser positivas, no siempre concluyen en aborto; generalmente salvan más vidas que las que acaban en el aborto y pueden servir para que los padres se preparen al nacimiento del niño o a la atención inmediata del recién nacido en un centro perinatológico. En casos muy excepcionales estas técnicas diagnósticas permitirán la ulterior posibilidad de tratamiento in utero.

62 Para entender el diagnóstico de “Espina Bífida”, ver Anexo 9. 63 El reciente Premio Nobel de Fisiología o Medicina para Fire y Mello (Estocolmo, Octubre 2006) por haber hallado cómo silenciar los genes en vistas a grandes posibilidades terapéuticas, nos introduciría ahora en altas posibilidades de trabajo respecto a prevención pre-gestatoria. Como la noticia apenas tiene unos días, remito al artículo publicad o en La Nación, Buenos Aires, martes 3 de octubre de 2006.

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Es más, puesto que “la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción” (CCC n. 2274) y que el embrión ha de ser “defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de lo posible, como todo otro ser humano” (CCC n. 2274), podemos afirmar que estas técnicas son no sólo moralmente lícitas sino hasta recomendables y necesarias siempre que se guarden y prevengan los parámetros de la integridad de la vida del embrión y del feto humano y se orienten hacia su protección o hacia su curación.

En conclusión, el diagnóstico prenatal está permitido moralmente siempre que se respete la vida y la inviolabilidad del embrión y del feto humano y se efectúe con vistas a la protección y el cuidado del embrión individual 64 . Al respecto, expresa Juan Pablo II:

Son moralmente lícitas cuando están exentas de riesgos desproporcionados para el niño o la madre, y están orientadas a posibilitar una terapia precoz o también a favorecer una serena y consciente aceptación del niño por nacer. (EV n. 63)

Sin embargo, existen situaciones en las cuales el diagnóstico prenatal y las técnicas utilizadas son ilícitas y condenables. Es el caso de cualquier acción favorable a una conexión entre el diagnóstico prenatal y el aborto en donde se recurra, por ejemplo, a la insistencia de sometimiento a un diagnóstico prenatal con el objeto de eliminar fetos con malformaciones o enfermedades hereditarias, favoreciendo así el surgir de una mentalidad eugenésica que acepta el aborto selectivo para impedir el nacimiento de niños afectados por varios tipos de anomalías (cf. CCC n. 2274; DV, I, 2). En consecuencia, el diagnóstico prenatal está en oposición con la ley moral cuando contempla la eventualidad, dependiendo de los resultados, de provocar un aborto. En esta misma línea de calificación moral ingresan aquellos programas civiles, sanitarios o de organizaciones científicas que interpreten dichas técnicas como camino probable hacia una mentalidad abortista 65 .

1.3. Situaciones morales especialmente complejas.

La medicina y la genética han logrado avances tales que, situaciones que antiguamente llevaban consigo la dramática alternativa de tener que elegir entre la vida de la madre y la del feto, hoy hayan quedado prácticamente superadas hasta brindar la posibilidad de salvar ambas vidas. Es cierto que existen embarazos de riesgo; sin embargo, se ha llegado a lograr que tales situaciones, en su inmensa mayoría, no lleven al extremo de semejante conflicto. Pero hemos de reconocer que igualmente quedan aún algunos pocos casos en que se da tal conflicto, en los cuales mayormente se da también la condición de inviabilidad fetal.

Dos ejemplos de esta última situación son, entre otros, el caso del embarazo ectópico (implantación del embrión fuera del útero, especialmente en las trompas), y el del desarrollo de un proceso tumoral (por ejemplo, en los ovarios, con afección o no del útero materno, que pueda derivar en la urgente extirpación del tumor y, como consecuencia, la interrupción del embarazo). Se trata de situaciones que entran en la categoría de aborto terapéutico.

1.3.1. La indicación terapéutica y el conflicto de valores

El aborto de indicación terapéutica es el que se realiza con el fin de salvaguardar la vida o la salud de la madre. En este caso se aplica el denominado principio del doble efecto, al admitir que intervenga directamente una terapia para curar a la mujer, aunque la consecuencia indirecta, no querida pero prevista, sea interrumpir el embarazo. Se trata de un aborto

64 Cf. PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PASTORAL DE LOS AGENTES DE SALUD, Carta de los agentes de salud, Buenos Aires, Paulinas, 1998 2 . En adelante: Carta de los Agentes de Salud 65 Cf. Carta de los agentes de salud, n. 61

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indirecto, es decir, siendo curativa la acción médica, deriva indirectamente en el efecto occisivo del feto. Es el caso mencionado de un proceso tumoral uterino.

Similar conflicto lo plantea el caso del embarazo ectópico, cuando la implantación del embrión se da fuera del útero materno, especialmente en las trompas. Ante esta situación se ha llegado a afirmar que era preferible dos muertes a un asesinato. Posteriormente, teniendo en cuenta el principio del doble efecto, se llegó a calificar el efecto occisivo del feto como aborto indirecto, entablándose, así, una discusión sobre el carácter directo o indirecto del aborto, lo cual representa los límites del principio mencionado.

La respuesta de la teología moral católica a los límites del principio del doble efecto consiste en la sustitución del mismo por la figura del conflicto de valores. Se critica desde esta concepción el principio del doble efecto, dado “su extrincesismo a la hora de calificar el carácter bueno (curativo), malo (occisivo) o indiferente de la acción puesta, su intencionalidad 66 y su alambicamiento 67 ”. 68

Atendiendo a esta visión crítica, la postura de la bioética personalista se inclina por afrontar la situación especialmente compleja desde el conflicto de valores, reconociendo que existen acciones humanas que poseen en sí mismas un doble significado o sentido y que pueden realizarse cuando el significado positivo supera o es equiparable al negativo69 .

1.3.2. Aborto eugénico. El caso de la anencefalia.

a) Valoración ética del aborto eugénico:

Otra situación especialmente compleja es el caso del aborto eugénico, o denominado también preventivo o de indicación fetal. Es la práctica efectuada cuando se corre el riesgo altamente probable de una grave afección del feto que originará un niño con importantes anomalías o malformaciones. Justamente aquí es donde los grandes avances de la fetología permiten diagnósticos prenatales tan detallados que a veces puedan transformarse en dramáticas decisiones contra la vida en gestación.

Una primera valoración ética nos lleva a afirmar que, si bien los diagnósticos prenatales pueden ser tan completos como cuasi perfectos, también ha de considerarse que la medicina se mueve dentro de márgenes de probabilidades mayores y menores. Desde esta perspectiva podemos afirmar que provocándose abortos masivos como consecuencia de tales diagnósticos, se corre el riesgo de suprimir fetos normales. Por otra parte, la gran pregunta es hasta qué punto se pueden suprimir vidas humanas llamadas a nacer y cuyo derecho no puede depender de determinadas anomalías. La dignidad humana del naciente no puede depender de su integridad física o de sus condiciones intelectuales, ni aquellos que nos consideramos “normales” tenemos derecho alguno para suprimir vidas desde nuestros propios parámetros de normalidad.

Por ejemplo, si consideramos el caso de fetos portadores del síndrome de Down, nos encontramos evidentemente ante un futuro niño que no llegará al desarrollo de un determinado nivel intelectual. Pero, ¿podemos por ello suprimir la vida de niños que tendrán un importante desarrollo personal y afectivo? Y si el motivo de la decisión abortiva no radicara en el presente, sino en un futuro probable que conlleve la ausencia de sus padres, ¿no sería mejor pensar en el desafío social que implica el asumir estas vidas, aún cuando falten sus padres, antes que negarles el derecho a nacer? En el fondo, una mentalidad abortiva en tales

66 Tanto en el aborto directo como en el indirecto, el agente quiere la supresión del embarazo.

67 El médico se encuentra ante una única y compleja situación, en la que es artificial distinguir si la acción médica es primero

occisiva o curativa, o al revés, en el orden causal.

68 GAFO J., op. cit., p. 78

69 Ibíd., p. 78

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casos no es otra cosa que una mentalidad falsamente perfeccionista entre ciudadanos que intentan crear, consciente o inconscientemente, una sociedad altamente elitista.

b) El especial caso de la anencefalia:

Un ejemplo mucho más dramático es el caso de la anencefalia, enfermedad, ésta, que consiste en la mal formación de la masa encefálica que será incompatible con la vida. El feto anencefálico puede vivir en el útero materno, pero, una vez nacido, no podrá sobrevivir fuera del mismo más allá de 24 horas; se calcula aproximadamente un promedio de cinco horas de vida post parto.

El diagnóstico prenatal permite detectar el problema. Generalmente, una vez que los padres reciben el resultado del diagnóstico, suele generarse en ellos dramáticas crisis con fuertes golpes emocionales y afectivos en el grupo familiar.

Desde el punto de vista médico, la posibilidad, hoy menos probable, de utilizar sus órganos o tejidos para transplantes, especialmente para receptores bebés, alimenta la ilusión de seguir adelante con el embarazo en vistas a este fin, pero sin esperar la muerte cardiorespiratoria, pues se correría el riesgo de perder los órganos; por esta razón, aún estando atentos al paro cardiorespiratorio, algunos admitirían el aborto directo sin esperar al nacimiento del bebé.

Por otra parte, desde una base filosófica y antropológica, la pregunta puede surgir desde la misma definición de persona dada por Boecio respecto a la naturaleza racional. Si un niño no tiene cerebro, no puede razonar; por lo tanto, no sería un ser humano; en consecuencia, ¿qué es?

Desde nuestra posición, aún ante el drama existencial y psicológico que cualquiera pueda experimentar frente a la existencia del feto o bebé anencefálico, afirmamos que estamos ante un ser humano. Diversos son los motivos que nos llevan a esta afirmación. Ante todo, es un ser humano porque es el fruto de una relación humana y tiene forma humana. Más filosóficamente podemos afirmar que desde el principio, teleológicamente, cuenta con su proceso vital propio y, mientras está en el útero, se va desarrollando normalmente; por lo tanto, ha de respetárselo como persona humana. Por otra parte, la caracterización de Boecio respecto a la racionalidad no hace precisamente referencia tanto al aspecto racional en acto sino en potencia, pues no es cierto que como seres humanos pensemos en forma permanente. Vale aquí el argumento de Santo Tomás al expresar la naturaleza essendi propia del ser humano; es decir, ontológicamente es permanente al hombre su condición racional como propio de su naturaleza esencial.

Una postura científica médica, compatible o no con la mencionada más arriba, afirmaría que mantener con vida un feto anencefálico sería un método desproporcional en virtud de la madre, la cual no cumpliría otra función que la de ser un soporte mecánico de un bebé que no va a vivir; entonces, ¿ qué sentido tiene seguir adelante con el embarazo?

Ante este último planteo, dos respuestas nos parecen sumamente válidas. Ante todo, no se trata de un método mecánico sino natural; el feto vivirá nueve meses dentro del seno materno, lo que no es comparable con ningún tipo de método mecánico. En segundo lugar, no podemos comparar un embarazo en tales condiciones con un método que podrá ser aplicado más adelante, pues el tiempo de vida anterior es natural y no artificial.

No dejamos de reconocer que la anencefalia es una situació n límite; pero esto no nos autoriza en absoluto ni a crear una categoría biológica o jurídica particular para estas personas, ni a provocar la interrupción del embarazo. Estamos, pues, ante dos pacientes: la madre y el bebé. El caso admite diversos conflictos de valores en los cuales no podremos detenernos ahora, pues no es el objeto de nuestro estudio. Sin embargo, queremos dejar asentado que en el

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fondo se trata de la opción por la búsqueda de medidas pedagógicas para el bien de la mamá y el bien del bebé. Una medida pedagógica podría consistir, por ejemplo, en que mientras se hace un serio acompañamiento médico, psicológico, incluso espiritual, de la madre, se pueda así mismo concluir en la decisión de adelantar el parto, aún sabiendo la incompatibilidad con la vida del naciente, pero dejando en claro que lo que se busca con la inducción al parto no es la muerte del bebé sino su vida y que viva su escaso tiempo de la mejor manera posible, evitándole todo tipo de medios desproporcionados como puedan ser, por ejemplo, el hecho de vacunarlo o de sacarle sangre.

1.3.3. Razones humanitarias

Finalmente, el tipo de aborto que hemos denominado ético, humanitario o criminológico, es decir, cuando el embarazo es consecuencia de una acción delictiva, nos presenta un nuevo caso dramático puesto que se trata de una consecuencia que no resulta como fruto del amor sino de un acto que está en sus antípodas.

Como ejemplo podemos citar el caso del Zaire, en la década del 60: ante la violación sufrida por diversas religiosas, se llegó a la aceptación generalizada de uso de medidas preventivas anticonceptivas. Es más, incluso entre los mismos teólogos católicos hay quienes consideran que en estos casos puede ser lícita la aplicación de inmediatas medidas de posible acción antianidatoria realizables dentro del plazo de las dos primeras semanas.

Estamos nuevamente ante un serio conflicto de valores y un dramático conflicto de derechos. Por un lado, el derecho de la mujer a no quedar embarazada violentamente, y, por otra parte, el derecho a la vida del nuevo ser. Mientras que en el primer caso estamos ante un verdadero y cierto derecho, en el segundo se dan numerosos interrogantes.

El argumento ético que orienta nuestra oposición a la ejecución occisiva del feto parte de la necesidad de salvaguardar la vida del naciente que se va gestando y que no es culpable ni responsable de la acción delictiva. El derecho básico a la vida del ser con destino humano ha de prevalecer sobre el derecho de la mujer a no quedar embarazada violentamente.

1.3.4. Conclusión ética objetiva ante estas situaciones

Las situaciones morales especialmente complejas que hemos presentado orientan la necesidad de plantear una conclusión ética objetiva respecto al aborto terapéutico, que también puede aplicarse en rigor al aborto eugénico o de razones humanitarias.

Ante todo, “es deber del médico sostener la vida tanto de la madre como la del niño y proporcionar todos los medios terapéuticos para que ambos se salven70 . La muerte directa, sea de la madre o del niño, no es ni un acto médico ni un acto ético aceptable. La vida humana es potencial de deterioro, pero ello no quiere decir que se la pueda suprimir, incluso bajo la apariencia de causas razonables, pues no existe razón alguna que esté por encima del valor trascendente de la misma vida.

Puede darse el caso en que se prevea a primera vista que la madre corra serios riesgos de morir si se continúa con el embarazo, incluso con la esperanza de salvar al hijo. Aún ante esta dramática situación no podemos optar por salvar la vida de la madre actuando directamente para suprimir la vida del hijo, pues no hay derecho a elegir sobre la vida ajena. E. Sgreccia propone diversas alternativas al respecto:

Se puede ciertamente intentar practicar una cesárea, que es una intervención normal, cuando hay esperanzas de salvar al hijo, en una mujer que está a las

70 SGRECCIA E., op. cit., p. 372

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puertas de la muerte; pero, si es posible esperar hasta el momento de la muerte clínica con la utilización del respirador, se debe esperar a la muerte natural de la madre.

Es posible incluso que haya necesidad de mantener «en vida» artificialmente a una mujer embarazada con muerte cerebral, a fin de hacer que el feto llegue a una etapa de desarrollo que pueda permitirle una vida autónoma fuera del útero.

71

Frente al desafío ético que plantea la problemática del aborto, es necesario buscar respuestas

claras, precisas y objetivas 72 .

2. El dilema ético del aborto instalado en la sociedad actual

2.1. El problema ético y las motivaciones para el aborto

Diversas son las motivaciones a favor del aborto que responden a un intento de evitar consecuencias negativas y obtener bienes que suelen parecer buenos y deseables. Es allí donde se da un conflicto de valores, pues el problema ético no existe tanto frente a la elección entre algo bueno y algo malo, sino más bien a la hora de optar entre dos cosas o aspectos buenos de la realidad.

Entre los conflictos de valores está el que se da ante motivaciones de tipo terapéutico, eugenésico o social. El conflicto por indicación terapéutica se plantea frente al interrogante sobre la licitud del aborto cuando está en juego la protección o defensa de la vida de la madre, aunque de ello se derive la occisión del feto. El conflicto por motivación eugenésica surge frente a la cuestión sobre si no es mejor evitar una existencia inhumana y desgraciada.

Otra línea de conflictos se da ante las llamadas motivaciones de tipo social. Estas motivaciones resaltan lo problemático que pudiera resultar para la mujer la graves consecuencias debidas a inconvenientes sociales o familiares o a ciertos condicionamientos que harían muy difícil y lamentable la vida para el mismo niño. Ante razones de tipo dramático, ciertos sectores sostienen que rechazar el aborto puede perjudicar bienes importantes, como pueden ser, por ejemplo, la vida de la madre o la salud del niño.

También surgen motivaciones derivadas de movimientos en pro de la emancipación de la mujer o de la reivindicación de la libertad sexual. Y finalmente, encontramos el conflicto que trae aparejado el avance científico y biotecnológico y los derivados de ciertas políticas que plantean determinadas formas de regulación de la natalidad en relación directa con sistemas de paternidad responsable.

2.2. El conflicto ético desde el pluralismo social

a) Pluralismo social: realidad, desafíos y consecuencias.

Uno de los desafíos más grandes que a nuestro juicio se plantea hoy a la ética cristiana, incluyendo al ámbito de la pastoral, es el gigantesco pluralismo que existe en la sociedad y en la misma Iglesia y que afecta, no sólo al pensamiento, sino también a la vida misma de las personas. Este pluralismo provoca dudas, incertidumbre e inseguridades. Asistimos hoy a una conciencia social de profundos cambios de enfoques sobre determinados temas o situaciones.

El doble aspecto científico y ético del problema del aborto nos sitúa en medio de este pluralismo de diferencias y enfoques contradictorios; esto hace difícil el diálogo social sobre aspectos como el del aborto ante puntos de partida tan divergentes 73 .

71 Ibíd. 72 Para conocer y confrontar la valoración y respuesta que presenta el Magisterio de la Iglesia en su Corpus Vitae respecto al dilema ético que plantea el tema del aborto, remito al anexo 6.

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b) Influencia de los Medios de Comunicación

En relación con el gigantesco pluralismo social y el dilema ético del aborto, ubicamos la influencia notable de los Medios de Comunicación Social (MCS). En efecto, el tema del aborto muchas veces está favorecido desde los mismos Mass Media. Buscando el liderazgo del raiting, el acercamiento ideológico de una u otra línea política, desde la óptica empresarial, siempre tras un objetivo económico, aunque éste vaya en desmedro de la misma sociedad a la que dicen defender, en no pocas oportunidades los MCS se convierten en los principales promotores de mentalidades hedonistas y políticas antinatalistas y abortistas.

La promoción del placer sexual sin ningún tipo de formación auténtica en la verdadera sexualidad humana, la mentira oculta tras determinadas formas de propagandas, la mentalidad hedonista escondida en la promoción de todo tipo de productos, el ocultar deliberadamente los efectos nocivos o contraindicaciones de determinadas medicaciones contraceptivas o productos para la relación íntima, la propaganda de pseudo-clínicas o pseudo-tratamientos para la genitalidad tanto masculina como femenina, parecieran reinar en muchos MCS y ser el objeto más buscado por varones y mujeres de todas las edades, especialmente por adolescentes y jóvenes, y sin protección real de la infancia. En todo esto no podemos olvidar, particularmente hoy, la amplia producción que se da mediante internet y la violación al derecho de privacidad del individuo cuando entran en las casillas personales sin ningún tipo

o tal vez

de aviso ni solicitud de permiso. De allí a la promoción del aborto hay solo un paso ni siquiera uno.

El egoísmo tanto del que vende como del que compra es expresión del gran negocio y señala los signos de una cultura hedonista y de muerte. Es propio de la cultura de la muerte suscitar miedo, y el miedo es lo que muchas veces reina tras este tipo de campañas. Claro está, nunca dirán: “haz el amor y mata un inocente” y siempre estarán escondidos tras pseudo-campañas de formación e información de la población. Cualquier excusa es buena si sirve para vender el producto.

Es cierto que no todas las propuestas que nos vienen por los MCS son nocivos; las hay también muy buenas y verdaderas formadoras de conciencia; pero, lamentablemente, no son las que más abundan. También ante esto hay una respuesta ética que veremos en el próximo capítulo.

2.3. El problema jurídico y las exigencias morales.

El dilema que se plantea entre lo estrictamente jurídico y lo moral también hemos de verlo en el marco del pluralismo social y el uso e influencia de los MCS que hemos expuesto.

En el caso del aborto, lo que se evalúa y se discute a la hora de legislar tiene un carácter muy peculiar, pues lo que está en juego es la interrupción del embarazo que, para muchas conciencias, aún cuando objetivamente no deja de ser un hecho criminal, ante situaciones límites y dramáticas, no siempre se evalúa como algo ilícito que necesariamente deba ser penalizado. El problema ético en la cuestión política, jurídica y social surge a la hora de plantearse si la despenalización del aborto atenta contra la moralidad o constituye siempre un acto criminal.

2.3.1. Tolerancia civil y exigencias morales.

Ante todo, hemos de ubicar el problema moral que se plantea respecto a la tolerancia civil desde una perspectiva ética. Es necesario, para una correcta resolución del conflicto,

73 Cf. LÓPEZ AZPITARTE E., Ética y vida

, p. 141-142

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distinguir bien entre lo ético y lo legal; no todo lo legal es ético. Es el conflicto que muchas veces se plantea entre la ley humana y la ley natural:

La ley humana es impuesta a una multitud de hombres, de los que la mayor parte no son perfectos. Por ello, la ley humana no prohibe todos los vicios de los que se abstienen los hombres, sino sólo los más graves, de los que sí pueden abstenerse la mayor parte, sobre todo si van en perjuicio de los demás, pues sin la prohibición de éstos la sociedad humana no podría

Por tanto, la ley humana no puede prohibir todas las cosas que

prohibe la ley natural. 74

conservarse

Siguiendo estos argumentos, la tradición de la Iglesia siempre ha distinguido entre tolerancia civil y aprobación moral de un determinado hecho, sabiendo que no siempre aquello que es lícito legalmente lo sea también éticamente. A veces, tolerar una acción o conducta, aún cuando no sea lo adecuadamente ético, puede resultar más aconsejable que su prohibición con el fin de evitar males mayores.

La Iglesia católica tiene en cuenta estos aspectos, pero, “en el caso del aborto, está en juego el valor social primario de la vida humana, que debe estar siempre protegido, incluso jurídicamente75 .

Es aquí donde entra en juego una suerte de inacabable discusión entre quienes se inclinan por un marco de tolerancia en determinadas situaciones y quienes optan por la penalización en todos los casos.

En el marco de la tolerancia en determinadas situaciones, podemos citar, a modo de ejemplo histórico, una de las 65 proposiciones condenadas en el decreto del Santo Oficio del 2 de marzo de 1679 que, desde una moral más laxa, señalaba la licitud del aborto en defensa del propio honor: “es lícito procurar el aborto antes de la animación del feto, por temor de que la muchacha, sorprendida grávida, sea muerta o infamada” (DZ 2134, #34) 76 .

En cuanto a los argumentos en torno a la penalización, un ejemplo de actualidad lo podemos encontrar en el llamado a la denuncia de la injusticia legal, presentado como un signo de fidelidad profesional por la Carta de los Agentes de Salud:

Además de ser un signo de fidelidad profesional, la objeción de conciencia del agente de la salud, auténticamente motivada, tiene el gran significado de denuncia social de una injusticia legal perpetrada contra la vida inocente e indefensa. 77

2.3.2. Legalización y penalización.

Aunque parezcan sinónimos, legalización y despenalización son dos términos distintos. Despenalizar el aborto no significa legalizarlo. Santo Tomás de Aquino señala esta diferencia

y observa que el legislador ha de mirar el bien común sin desentenderse de los valores éticos. Despenalizar determinadas infracciones éticas podría significar una opción por el mal menor

o el mayor bien posible. Por otra parte, aunque el nivel ético no coincide con el legal, las opciones legales están condicionadas por las convicciones éticas.

Hecha esta aclaración, presentamos algunos argumentos a favor y en contra de la legalización

y la despenalización del aborto. Para ello, seguimos la exposición de J. Gafo 78 .

74 SANTO TOMAS, ST, I-II, q. 96, a. 2. Cit. por LÓPEZ AZPITARTE E. en Ética y vida

75 GAFO J., op.cit., p. 83.

76 La facción de la facultad teológica de Lovaina que simpatizaba con el Bayanismo había enviado a Roma algunos delegados, en el año 1677, para proponer la condena de diversas proposiciones dogmáticas y morales. Con el Papa Inocencio XI, que

se inclinaba al rigorismo, los delegados tuvieron éxito en cuanto a las doctrinas morales, pero no en cuanto a las

proposiciones sobre las ayudas de la gracia. Inocencio XI se contentó con condenar degeneraciones de la doctrina moral.
77

78 Cf. GAFO J., op.cit., p.82-87

, p. 142-143.

Carta de los agentes de salud

n. 144.

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a) Argumentos a favor de la legalización / despenalización del aborto:

Son particularmente cinco los argumentos más utilizados a favor.

1. El primer argumento tiene que ver con el pluralismo social al que ya hemos dedicado parte de nuestra reflexión en este capítulo. Es positivo, en principio, contemplar la diversidad y el pluralismo. El conflicto ético que lleva al debate se plantea frente al enfrentamiento entre la opción pro choice derecho de la mujer a regular la natalidad como superior a la del embrióny la opción pro life que considera el aborto como éticamente inaceptable. Atendiendo al pluralismo social, los que están a favor de la legalización / despenalización del aborto, sostienen que la regulación de la natalidad es un derecho que le compete a la mujer y que está por encima de los derechos del embrión.

2. El segundo argumento apunta a la no-discriminación social. Este argumento tiene que ver mucho con el aspecto económico y las diferencias sociales que colocan una brecha entre mujeres de mayor o de menor poder adquisitivo. Argumentan que legalizar / despenalizar el aborto, favorecería que quienes no tienen suficiente poder económico como para asistir a determinadas prestaciones, puedan hacerlo; de esta forma se evitarían situaciones que muchas veces concluyen en la esterilización o la muerte de mujeres de bajos recursos.

3. Muy ligado al anterior y como desprendiéndose de él, surge el argumento que plantea los riesgos del aborto no-clínico, que suelen concluir en consecuencias serias para la vida y la salud de la mujer.

4. Otro argumento tiene que ver con la inevitable realidad de los abortos clandestinos. Esta realidad social se podría regular si se legalizara el aborto. Es el argumento conocido como regulación del hecho social del aborto.

5. Finalmente, los partidarios de la legalización / despenalización del aborto refieren al irrealismo de una legislación restrictiva del aborto. Un ejemplo de este irrealismo es el caso español de los años 90: “¿tiene sentido mantener una legalización restrictiva del aborto cuando se puede conseguir a no muchos kilómetros de nuestras fronteras?” 79

A estos argumentos se agrega un último elemento: aquel que se plantea ante los casos de indicación terapéutica, criminológico o eugénico. Estos casos requieren de la mujer una actitud heroica. “De ahí surge la pregunta de si puede caer sobre ellas todo el peso de la ley penal y exigirles un comportamiento de altísimos niveles éticos” 80 .

b) Argumentos en contra de la legalización / despenalización del aborto:

Señalamos tres argumentos fundamentales utilizados por quienes están en contra de la legalización / despenalización del aborto.

1. En primer lugar, la multiplicación de las cifras de aborto. La experiencia de muchos países que han legalizado / despenalizado el aborto, dice a las claras que en lugar de reducirse las cifras de abortos, por el contrario, se han incrementado notablemente. Lo que comienza como una forma de regular socialmente el hecho y disminuir riesgos y casos, tarde o temprano concluye en una práctica que depende únicamente de la voluntad de la mujer para quien constituye un verdadero derecho.

79 Ibíd., p. 84.

80 Ibíd., p. 84-85.

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2. El segundo argumento es aquel que sostiene el valor proclamatorio de la Ley. El legislador no puede sancionar sólo en vistas al mal menor; tiene el deber de expresar los valores propios de la sociedad a quien representa y para la que está legislando. A ello se suma que muchas veces, el ciudadano común, tiende a considerar como ético aquello que está permitido por la ley. Si se desvirtúa el valor proclamatorio de la Ley se puede llegar a consecuencias insospechadas.

3. Finalmente, el argumento de mayor peso es el del valor de la vida humana. Hemos hablado bastante, aunque nunca lo suficiente, respecto al valor que sostiene esta postura. Nos parece oportuno sintetizarlo en las mismas palabras de J. Gafo:

Aunque no pueda estimarse a la vida humana como un valor absoluto y sea legítimo hacer consideraciones sobre la calidad de vida, es indiscutible que el respeto de la vida humana es un valor básico en todo orden legal y en toda

convivencia quiebra de un valor ético

valor del que no se puede últimamente disponer puede llevar a abusos en su valoración, acentuados además por vivir en una sociedad en que la calidad de rendimiento o productividad se ha convertido en un punto de referencia

muy importante en la evaluación de la vida humana. 81

Admitir la legitimidad del aborto supone una El que la vida humana deje de ser un

3. Respuesta ética cristiana al conflicto del aborto en ámbitos políticos, jurídicos y sociales.

3.1. Objetividad y jerarquía de valores

A la hora de dar una respuesta ética al conflicto del aborto en el ámbito político, jurídico y

social, el problema radica, como bien dice E. López Azpitarte, “en discernir cuál es el valor superior y más importante, aquel que se ha de buscar por encima de todo, de acuerdo con una determinada jerarquía82 . Se trata de un verdadero conflicto; pues, aunque parezca una verdad de perogrullo, no todos aceptan que la vida incipiente es un valor superior a todos los demás valores.

Ubicar cada valor en su justo lugar de jerarquía es fundamental para poder ser objetivos. Hemos de saber superar todo tipo de complejidad afectiva que, aunque pueda ser aceptable, nos puede impedir, sin embargo, una respuesta objetiva a valorar ante todo la vida incipiente.

A la hora de ser objetivos en la jerarquía de valores, hablamos del valor absoluto de la vida

humana respecto a la persona inocente. El primer derecho de la persona humana es el derecho a la vida; por lo tanto, la vida humana es absolutamente inviolable desde el mismo instante de

la concepción (cf. DA n. 11, en DZ 4552).

En razón de la objetividad y de una correcta jerarquía de valores, se deriva una primera conclusión lógica: el derecho a la vida de todo individuo humano inocente es un bien moral fundamental que, juntamente con los derechos de la familia y del matrimonio, conforma el conjunto de los valores morales fundamentales, por propia condición natural y vocación integral de la persona humana. De allí que la sociedad civil y el orden jurídico han de velar por defender y mantener estos valores (cf. DV, III, en DZ 4807).

81 Ibíd., p. 86.

82 LÓPEZ AZPITARTE E., Ética y vida

, p. 138-139

BIOÉTICA/07 Juan F. Tomás sdb

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3.2. Respuesta a los dilemas éticos-sociales.

a) Ante las motivaciones de tipo social a favor del aborto.

Como hemos mencionado, son muchas y variadas las motivaciones a favor del aborto, incluso con objetivos que pueden juzgarse como buenos. Es allí donde surge el conflicto de valores. Frente a las motivaciones de tipo social podemos hallar la respuesta ética en la misma Declaración sobre el aborto:

Debemos proclamar absolutamente que ninguna de estas razones puede jamás dar objetivamente derecho para disponer de la vida de los demás, ni siquiera en sus comienzos; y, por lo que se refiere al futuro desdichado del niño, nadie, ni siquiera el padre o la madre, pueden ponerse en su lugar, aunque se halle todavía en estado de embrión, para preferir en su nombre la

muerte a la

en balanza con otros inconvenientes, incluso más graves. (DA n. 14)

La vida es un bien demasiado fundamental para ponerlo

Si nos situamos ante las motivaciones que orientan a aquellos movimientos que promueven la libertad sexual y la emancipación de la mujer, en tanto tiendan a liberar a la mujer de toda injusta discriminación, obtienen nuestra valoración moral positiva. Pero a las motivaciones que estos movimientos suelen presentar para la aceptación del aborto, habría que recordarles que la libertad tiene un límite; ese límite es precisamente el propio derecho de los demás. Es correcto respetar el derecho de la mujer a no quedar embarazada; pero este derecho queda absolutamente limitado ante el derecho inalienable a la vida del ser débil e indefenso que se encuentra en estado embrionario o fetal (cf. DA n. 15) 83 .

En cuanto al patrocinio de reivindicación de la libertad sexual, si ello fuera en pro del dominio de la propia sexualidad que deriva del uso de la razón y del amor auténtico, sin menospreciar el placer pero tampoco dejándose llevar por los impulsos instintivos, podemos calificarlo positivamente. Si por el contrario, promulgar la libertad sexual significa que tanto el hombre como la mujer puedan hacer lo que quieran, incluyendo la supresión de una vida en gestación, ello no puede tener aprobación moral alguna (cf. DA n. 16; GS n. 48).

Otro de los conflictos mencionados surgía ante el progreso científico y tecnológico. Nuestra respuesta valora el progreso de la ciencia y de la biotecnología, recordándole que el mismo ha de estar siempre al servicio del ser humano, colaborando a su desarrollo en todos los aspectos que le son propios, pero con la misma fuerza reprobamos todo tipo de avance científico, mal llamado “progreso”, que tienda a manipular la vida humana con fines que no son propios a la naturaleza dada.

En cuanto al conflicto que se da ante el problema de la superpoblación mundial, ninguna política tiene derecho a utilizar el aborto como medio de regulación de la natalidad y, por supuesto, este medio va contra todo auténtico sentido de paternidad responsable (cf. DA n. 17- 18). En el fondo, estas políticas contra la natalidad son opresoras e intolerantes y coartan la verdadera libertad de las personas. “Se trata de políticas que con técnicas nuevas extienden su radio de acción hasta llegar, como en una guerra química, a envenenar la vida de millones de