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Milagros Corcuera

Ernest Hemingway, “El regreso del soldado”
El regreso del soldado es un cuento que tematiza sobre los efectos alienantes de la guerra y la
pérdida del hogar (su título en inglés, Soldier’s Home, resulta irónico, ya que el joven Harold no
siente a su ciudad natal como propia, ni se puede decir que ha regresado de la guerra del todo.) Es
interesante que el relato comienza definiendo metonímicamente a Krebs a través de la 1° Guerra
Mundial, el colegio metodista al que asistió y la fotografía en el Rin junto con las muchachas
alemanas.
En la narración, predominan las imágenes visuales: las jóvenes de su ciudad son reducidas a cierto
peinado, sweaters y sandalias; formando cierto tipo o pattern (el término puede referirse a cierto
modelo o a un estampado); la prueba de la realidad verdadera de la guerra, cuando siente que
realmente la está viviendo, es al ver los mapas en los libros. La necesidad de la imagen, visualizar,
se sobrepone a la palabra, marcada por la incomunicación: al regresar años después que el resto
de los soldados no se escucha su relato y se ve obligado a exagerar y robar historias de la guerra,
que siguen sin impresionar a los habitantes del pueblo. Se asquea de su falsa pose de soldado
asustado, y pierde en el aparentar su propia experiencia y valía. No quiere hablar con las mujeres,
porque no desea complicaciones, y asocia la palabra a la falacia y el engaño. Frente a esto, los
señores Savage y Morissot de Maupasant presentan el rasgo contrario: son capaces de establecer
una relación sincera sin necesidad de emitir palabras, ya que intrínsecamente se reconocen
acompañados y comprenden el uno al otro. Por otro lado, cierto tipo de incomunicación unido al
resquemor se hace presente en el cuento de Fogwill cuando los familiares dudan de contarles que
fueron velados, y ofrecidas misas ya que creían muertos a los soldados que regresaron.
El protagonista hemingwayeano encuentra en medio de la tensión verdad-engaño, lo que se
espera de un soldado (trabajar, sentar cabeza, manejar un auto) y sus deseos como individuo, la
noción de convertirse en “a credit to the community” y la necesidad de actuar o pretender para
encajar o ser aceptado en la sociedad a la que regresa. El rechazo y aceptación del soldado que
vuelve de la guerra es también el tema principal de “Los pasajeros del tren de la noche” de Fogwill,
quienes misteriosamente llegan al pueblo por tandas los jueves a la noche, cuando ya habían sido
dados por muertos por sus familias. El pueblo se encuentra entre la impresión que causa el
supuesto retorno de alguien ya velado, y la sensación de que son extraños, que no van a tener
hijos ni adaptarse completamente a lo que era “antes”; por otro lado, el paso del tiempo todo lo
equipara, olvida y borra.
Diferentes rastros de la alienación son hallados a lo largo de “El regreso del soldado”: Harold
preferiría estar con las mujeres francesas y alemanas que con las norteamericanas, porque no
debe –ni puede- hablar con ellas. No puede rezar y niega a su madre encontrarse en el Reino de
Dios (nótese la oposición entre ‘We’ e ‘I’). Se encuentra imposibilitado para relacionarse
normalmente con la sociedad, y posee una visión distorsionada del amor: no está seguro poder ser
el beau de su hermanita; se limita a contemplar a las jóvenes cuando pasan por la calle, pero no
está dispuesto a luchar para cortejar a ninguna. Krebs se declara incapaz de amar a nadie, se usan
los términos ‘like’ y ‘nice’, pero nunca ‘love’. Su apatía e insensibilidad recuerdan al héroe de
Milagros Corcuera

Camus en El extranjero, que tampoco era capaz de sentir emociones y cosificaba a su amante en
un par de sandalias o un vestido. Las figuras femeninas se hacen presentes –en las mujeres, la
madre, y la hermana-, pero las masculinas no se encuentran –el padre es mencionado, pero nunca
dialoga directamente con Harold-. Los soldados que vuelven de los trenes son marcados como
extraños, a veces incomprendidos y temidos por el pueblo, no tienen hijos y se vislumbra que
dentro comparten un código propio, de aquellos que fueron a la guerra.
Se puede pensar en un suicidio de Krebs, implícito, como corresponde al tip of the iceberg de
Hemingway, en las frases “He did not want any consequences. He did not want any consequences
ever again.” e “It wasn’t any good. He couldn’t tell her, he couldn’t make her see it. He had only
hurt her”; como también “he had tried to keep his life from being complicated. Still, none of it had
touched him. (…) There would be one more scene maybe before he got away. (…) He wanted his
life to go smoothly. It had just gotten going that way. Well, that was all over now, anyway.” En
“Dos amigos” de Maupassant, también se comparte el rasgo de anticipar la muerte de los
protagonistas, en las descripciones del “cielo ensangrentado por el sol poniente”, el pueblo de
Nanterre “muerto” y las llanuras vacías y grises que evocan a un cementerio.
Tanto “Dos amigos” como “Los pasajeros del tren de la noche” se unen a “El regreso del soldado”
por el eje temático de la guerra que los atraviesa, e irrumpe en la cotidianeidad de la situación: sea
la pesca de dos amigos –y la descripción inminente de muerte en los paisajes anteriores al
episodio-, el regreso de soldados que se creían muertos a un pueblo o el retorno de un soldado
alienado a su pueblo natal. Personalmente, creo que el cuento de Fogwill se encuentra en una
nota más cerca al de Hemingway que el de Maupassant, no sólo porque focaliza en los individuos
que vuelven de la guerra, sino porque muestra la tensión de éstos con el resto de la sociedad, que
permanecía prácticamente invariable. En cambio, el relato de Maupassant se centra en la
irrupción de la guerra en la vida cotidiana, no un retorno, mostrando su poder destructivo no en el
ánimo del individuo o el desequilibrio de la sociedad, sino en el daño físico y la muerte, tanto de
los peces –quizá un símbolo- como la de los amigos.