You are on page 1of 27

Informe: Línea de Base Voto Electrónico en Pacarán, Cañete

Responsable: Roberto Bustamante Vento
Redacción: Roberto Bustamante Vento y Nino Bariola Gonzales

CEPES, 2011
2


1. Antecedentes sobre el voto electrónico
Ya desde mediados del siglo XIX, con el desarrollo de las máquinas
industriales, se viene planteando la automatización del acto de sufragio (Jones,
2003). En efecto, fue en Inglaterra donde ya aparecieron los primeros diseños
de las llamadas “máquinas de voto”, donde el fin de estas herramientas era
acelerar el proceso de sufragio y reducir cualquier posible error humano.
El desarrollo tecnológico durante la era moderna ha venido acompañado del
mito de la máquina sobre las capacidades humanas. Hacia fines del siglo XIX
aparecieron las máquinas de voto a palanca, cuyo objetivo era: “la protección
mecánica de los votantes de los bribones, y que el proceso de emisión de la
cédula sea perfectamente claro, sencillo y secreto.” (Jacob Myers, 1892, citado
por Jones, 2003).
Esto para afirmar que el deseo de contra con un sistema a prueba de errores
humanos no es nuevo y más bien en los últimos años, ya con el desarrollo de
las llamadas tecnologías de información y comunicación, es que la
automatización del voto es cada vez más cercana. La reducción de costos en
los equipos de recolección y envío de datos abre distintas posibilidades para la
implementación de esta metodología a relativo bajo costo.
Es posible, además, como se ha visto en experiencias similares en la región
(Prince, 2005), tener sistemas que respondan a criterios básicos de usabilidad
(facilidad de uso de acuerdo a las características y capacidades del usuario),
confiabilidad y apropiación.
Entonces, el problema de la implementación de los procesos de voto
electrónico es entender las propias capacidades de los votantes, así como
también las expectativas. Como se ha visto para el caso del voto electrónico en
Argentina, como en otros países, es la propia confianza en el proceso electoral
(antes del voto electrónico) aún más importante que el uso correcto del equipo
para votar. Ha ocurrido que la desconfianza previa se reproduce en el nuevo
escenario: Desconfianza en el proceso, en el conteo de votos, en el cálculo
final (Prince, ibid). Estos problemas fueron en su momento resueltos a través
de capacitaciones tanto para el uso de los nuevos módulos de voto electrónico,
como del proceso electoral. El fortalecimiento de confianza con las instituciones
electorales sirvió al final para el mejor ejercicio ciudadano. Finalmente, en
países donde hay una gran dispersión de voto (como se ha podido ver en las
últimas elecciones) y baja gobernabilidad (Carrión y Zárate, 2010), la confianza
en las instituciones electorales son un fundamento central del régimen
democrático. Si la población no confía en las elecciones, difícilmente dará
legitimidad a las autoridades electas.
3
Fuente: Carrión y Zárate, 2010.
El segundo problema tiene que ver con la apropiación misma de las nuevas
tecnologías y lo que los autores han venido llamando “uso efectivo” (Gurstein,
2003; Warschauer, 2004; Benítez et al 2010), entendida como “la capacidad y
oportunidad para integrar exitosamente las tecnologías de información y
comunicación al logro de metas individuales o colectivas” (Gurstein, ibid). Hay
múltiples factores que inciden en el uso o no de una tecnología digital (Stanley,
2003; Ling, 2008), desde el propio capital social del usuario a los miedos
generados por el (mal) uso de las herramientas. A la práctica del uso de las
nuevas tecnologías la llamaremos literacidad digital (Warschauer, 2003), para
poder luego abrir un abanico de múltiples usos e imágenes sobre el
aprovechamiento de las nuevas tecnologías.
Así, por ejemplo, en el Perú se ha visto cómo hay un mayor aprovechamiento
de las nuevas tecnologías por parte de los jóvenes rurales en distintos
proyectos de inclusión digital (Bustamante, Burneo y Alvarado, 2009). Los
usuarios mayores se van autoexcluyendo en el uso de estas nuevas
tecnologías, entre otras razones porque el uso de las mismas no es funcional a
sus expectativas. Muchas veces los proyectos de inclusión digital asume a
priori que los usuarios en zonas marginales (o de baja densidad digital)
deberían usar las nuevas tecnologías de determinada forma, sin atender a las
necesidades e intereses de los beneficiarios. El resultado es una tensión
permantente entre aquellos que lo aprovechan para cualquier fin (incluso la mal
vista mensajería instantánea) y las autoridades locales que buscan imponer un
uso ideal de las nuevas tecnologías.
En la actualidad, en el Perú es la telefonía móvil la que ha logrado mayor
difusión a nivel nacional, incluso en zonas rurales, por sobre otras nuevas
tecnologías. Eso ha permitido no solamente un mayor acceso a comunicación
4
e información, sino también el desarrollo y aparición de un conjunto nuevo de
prácticas sociales, especialmente entre la población más joven.
Fuente: INEI. Elaboración Propia
Fuente: INEI. Elaboración Propia
Sin embargo, sí existe una expansión lenta e insuficiente de Internet en zonas
rurales, debido sobre todo a la expansión de cabinas públicas. Esto debería
también promover otras prácticas o formas de relación hombre-máquina.
5
Existen además otros impedimentos para la expansión de uso de las nuevas
tecnologías. Además del factor etario, existe un factor de género y otro
intercultural. Muchas de las políticas de fortalecimiento de capacidades en el
uso de nuevas tecnologías está basado en un “usuario tipo”. Esto es, para el
caso peruano, un usuario urbano, castellano hablante y por lo general
masculino. En zonas rurales, por el contrario, donde la incidencia de mujeres
quechuahablantes es mayor, este sector de la población es excluido de estas
políticas, ya que o buena parte de los materiales de capacitación no son
adecuados, o no se toma en cuenta las prácticas sociales en las que ellas
están insertas (Bustamante, Burneo y Alvarado, 2009).
Este intercruce, entre la confianza en el proceso electoral y las distintas
literacidades digitales, es la que será usada para poder realizar la línea de
base previa al proceso de implementación del voto electrónico en el distrito de
Pacarán, provincia de Cañete, Región Lima Provincias.
6

2. Metodología:
El distrito de Pacarán, ubicado en la sierra de la provincia de Cañete, en la
región Lima ha sido considerado para el piloto de voto electrónico en el país, la
resolución que norma esta situación fue promulgada por la Oficina Nacional de
procesos electorales (ONPE), del 17 de diciembre de 2010. Pacarán tiene una
población de 1,687 habitantes (INEI, 2007), aquí se instalará el módulo de
votación compuesto de hasta tres módulos de voto electrónico.
Es importante contar con información base de los indicadores percepción y
capacidades de los electores. Esta información servirá para analizar los
resultados de la implementación del proceso de voto electrónico en el país y
aportará en la mejora de estos procesos. Para ello, fue necesario desarrollar un
estudio que convine estrategias y herramientas tanto cualitativas como
cuantitativas, analizando en profundidad las diversas características de los
perfiles de los electores en relación al uso de las tecnologías de la información
y comunicación, y las percepciones de estos medios sobre la población.
El estudio combinó herramientas cuantitativas, como encuestas
representativas, revisión de bases de datos relacionadas; así como
herramientas cualitativas, grupos focales y/o talleres, además de entrevistas.
CEPES propuso la realización de ambas herramientas, en el caso de la
encuesta, esta será representativa a un 95.5%. En el caso de los grupos
focales, se realizaron cuatro.
Se han planteado tres ejes para la línea de base:
I. Percepción sobre el proceso de sufragio y organismos competentes:
Expectativas, conocimientos, miedos
II. Percepción sobre uso de nuevas tecnologías: Expectativas,
conocimientos, miedos
III. Percepción sobre voto electrónico
Es en base a estos tres elementos que podremos nosotros establecer el punto
de partida para el proceso de voto electrónico en Pacarán.
El primero punto tiene que ver con la confianza y conocimiento sobre el
proceso electoral. Medir el nivel de conocimiento sobre las funciones de los
miembros de mesa y la neutralidad de las instituciones electorales.
El segundo punto está referido a las capacidades de la población sobre uso de
nuevas tecnologías, pero también a las expectativas que ellos ponen sobre
ellas.
El tercer punto está referido al conocimiento que tienen sobre el voto
electrónico, qué esperan del mismo y su nivel de conocimiento sobre el
proceso mismo en Pacarán.


7
2.1. Encuestas
Objetivo: Tener información cuantitativa sobre el conocimiento de la población
electoral de Pacarán (mayores de 18 años) sobre el proceso electoral, acceso y
uso a nuevas tecnologías y el voto electrónico.
Universo muestral: Los hombres y mujeres mayores de 18 años del distrito de
Pacarán, Provincia de Cañete
Tipo de muestra: Bietápica, representativa al 95% con un error máximo de 5%.
El método de asignación fue proporcional a la raíz cuadrada de cada centro
poblado.
Esta muestra cubre el total del distrito y considera la procedencia de cada uno
de sus pobladores
Las encuestas se realizaron entre el día 3 al 7 de abril de 2011, en el distrito de
Pacarán, aplicándose un total de 275 encuestas. Estas encuestas se
procesaron entre los días 11 al 13 de abril de 2011. en la base de datos del
SPSS.
La muestra de 275 encuestas, se ha expandido en base a un ponderador, con
la que se calculó para hallar la muestra. La muestra expandida arroja una
población total de 1,156 habitantes (casos) mayores de 18 años.
2.2. Grupos Focales
Objetivo: Identificar percepciones y expectativas alrededor del uso de nuevas
tecnologías en las próximas elecciones presidenciales (segunda vuelta)
Participantes:
 Focus 1: 08 Jóvenes de 18 a 28 años (4 hombres y 4 mujeres)
 Focus 2: 08 Personas de 29 a 45 años (4 hombres y 4 mujeres)
 Focus 3: 08 Mujeres de 46 a más años
 Focus 4: 08 Hombres de 46 a más años
La división responde a la necesidad de separar a las mujeres mayores, ya que
en muchos otros casos su nivel de participación disminuye frente a la presencia
de hombres mayores.
Los grupos focales fueron aplicados entre los días 4 al 6 de abril del 2011.
2.3. Enfoques
a. Generacional
Queremos aquí separar las capacidades y expectativas sobre las nuevas
tecnologías y el voto electrónico a partir de los grupos de edad. La bibliografía
es muy extensa sobre las diversas formas de apropiación entre jóvenes y
mayores (por ejemplo, Gee, 2004). Esta división permitirá abrir preguntas y
desplegar respuestas sobre las distintas literacidades digitales.
b. Género
8
Junto con las diferencias por grupos de edad, existen también diferencias entre
grupos por sexo. Las nuevas tecnologías, como algunos autores han señalado,
tienen discursos de poder que excluyen a las mujeres (Mambo-Thata, Buhle et
al, 2009). Es preciso entonces observar por separado los miedos, capacidades
y expectativas de cada grupo por sexo, así como las imágenes transversales.

c. Intercultural
Aunque las poblaciones rurales de la costa son básicamente hispanohablantes,
para el estudio no se descartó la posibilidad de población nativa migrante. Si
bien es cierto que la lengua materna no es una variable de interculturalidad per
se, queremos aquí entender las distintas formas de valorar lo escrito, lo “escrito
digital”, lo “oral digital”. En ese sentido, el enfoque intercultural estará presente
en todo el informe.
9

3. Resultados
3.1. Datos Generales
La población electoral de Pacarán, en la actualidad, cuenta con un 50.2% de
mujeres femenina versus 49.8% de hombres. Aunque las distribuciones por
sexo son homogéneas, a nivel de grupos de edad la mayor concentración de
personas se encuentra por debajo de los 44 años.
Si bien es cierto es una población estructuralmente joven, también es cierto
que es considerable la población que se encuentra por sobre los 70 años.
La mayor parte de los pobladores vive en el centro poblado de Pacarán,
seguido en segundo lugar por el centro poblado de Romaní a pocos minutos
del primero. La mayor cantidad de servicios y recursos se encuentran en
Pacarán.

10

La mayor parte de pobladores ha nacido en Pacarán (89.9%). Sin embargo,
llama la atención la cantidad de migrantes de la región Ica (6.7%). Hay
porcentajes ínfimos de migrantes de Apurímac, Arequipa, Cajamarca, Cusco,
Junín y Loreto.
Aún siendo un centro poblado pequeño, llama la atención el alto porcentaje de
pobladores que cuentan con secundaria completa (23.8%) así como estudios
superiores, completo o incompletos (36.3%).

11

Sin embargo, si vemos el mismo gráfico por sexo, notamos una ligera
tendencia, donde las mujeres tienen menor nivel de escolaridad frente a los
hombres.
Por último, el 94.6% de la población tiene como lengua materna el castellano,
frente aun 5.4% de quechuahablantes maternos.
12
3.2. Confianza y conocimiento sobre el proceso electoral
Con tal nivel de jóvenes es entendible que para el 8.9% de electores esta sea
su primer proceso. Y también, que para un universo tan bajo, hay un 21.4% de
personas que ha manifestado haber sido miembro de mesa con anterioridad.
Casi la totalidad de electores sabe que se debe llevar el DNI o la libreta
electoral.
Los que han sido miembros de mesa sugirieron que las capacitaciones han
sido suficientes para comprender y realizar adecuadamente el trabajo
requerido. Algunos apuntaron que los contenidos de la capacitación no eran del
todo claros, pero que, en todo caso, bastaban para arreglárselas ya en las
urnas. A pesar de este detalle, las capacitaciones recibían casi unánimemente
una valoración positiva.
A su vez, hay un 17.6% de personas mayores de 18 años que militan o
simpatizan con algún partido. Un 16.7% de personas también dicen participar
en alguna organización no política, sea esta deportiva, cultural o comunal.
Al ver las funciones de los miembros de mesa y los personeros aparece un
dato relevante. Todos saben cuáles son las funciones básicas de los miembros
de mesa (instalar la cámara secreta, fiscalizar el proceso, participar en el
conteo de votos); de igual modo, la función principal de los personeros es la
representación de los partidos políticos. Sin embargo, y como veremos esto
puede explicarse a la cultura política propia de Pacarán, hay un alto porcentaje
de encuestados que piensa que los miembros de mesa también representan a
los partidos políticos. Esto puede minar la legitimidad del proceso, instalando
un nivel de desconfianza sobre la neutralidad de estos actores.
Casi todo el total de encuestados sabe que el voto es secreto (99.3%). El
problema de confianza aparece cuando preguntamos sobre el conteo de votos.
Un 25.7% no confía en el mismo y un 14.6% de electores piensa que su voto
ha sido cambiado de una u otra forma.
13
Allí aparece la figura de los personeros como forma de presión sobre el
proceso. Sobre todo en el grupo de entre 18 y 28 años algunos sienten que, en
virtud de que Pacarán es un distrito pequeño en el que mucha gente se
conoce, los personeros pueden a veces interferir en el proceso de sufragio.
Una de las formas en las que han interferido en el pasado se ha dado en
mesas en las que los miembros de mesa no se muestran muy diestros en el
manejo del proceso. Otra manera de intervención es que rompen las normas y,
en los mismos centros de votación, procuran convencer a sus conocidos de
que opten por un partido específico. De allí que muchos crean que en efecto
los miembros de mesa pueden favorecer a uno u otro partido. La confianza en
las instituciones electorales es bastante baja y es cercana al nivel nacional
(57.8%). Los que manifestaron no confiar en estas instituciones han dicho
estas responden a un candidato.

En los grupos de mujeres mayores de 45 años, en el de hombres y mujeres de
28 a 45 y en el de hombres y mujeres de 18 a 28, se comparte el sentimiento
de confianza hacia la labor que cumplen la ONPE y el Jurado Nacional de
Elecciones (JNE). Los miembros de todos estos grupos convenían en que
estas organizaciones son neutrales.
No compartían este juicio los hombres mayores de 45 años. La mayoría de
estos sostenía que la ONPE “responde a los intereses del gobierno de turno”,
y, en consecuencia, la confianza que depositaban en esta organización era, en
la palabra de uno de los participantes, “relativa”. Uno de los señores llegó a
decir: “¿Recuerdan lo que dijo Alan García? ‘Yo no voy a permitir que entre un
candidato que no me...’. ¿Qué garantía tenemos con la ONPE?”. Ello, sin
embargo, al parecer no merma la confianza que tienen estos señores en los
funcionarios locales de las organizaciones vinculadas con el proceso electoral.
14
El golondrinaje y la cultura política de Pacarán
Otro punto que discutieron los participantes de este grupo es que, a su juicio,
las organizaciones vinculadas a temas electorales no atienden ni resuelven
temas políticos que afectan fuertemente los procesos de votación en Pacarán.
Uno de estos fenómenos es el de “golondrinaje”.
Se conoce como “golondrinos” a las personas que reciben algún tipo de
beneficio por cambiar oportunamente en sus documentos de identidad la
dirección de su domicilio –y, consecuentemente, su lugar de sufragio– con el
fin de aportar votos a un candidato determinado. Los golondrinos alteran de
ese modo el devenir de los procesos electorales y propician que la voluntad
popular de una jurisdicción específica no sea respetada. Según se dijo en los
grupos focales, el “golondrinaje” ha ido creciendo progresivamente en Pacarán,
por lo que la vida y la cultura política del distrito se están viendo seriamente
afectadas por este fenómeno.
A juicio de los participantes en los grupos focales (sobre todo, los mayores de
45 años, tanto hombres como mujeres), el voto golondrino ha sido el que
permitió la victoria del actual alcalde. Esto produce, en opinión de los
entrevistados, un efecto de “doble filo”, pues, a la par que ellos no sienten que
la autoridad se preocupe por resolver sus demandas sociales, los pacareños
mismos no le otorgan su confianza ni su apoyo. Todo esto provoca un grave
desencanto con la política y genera desinterés y desconfianza respecto a la
alcaldía –la representación local del Estado– y, por extensión, a otras
instituciones estatales. Uno de los señores lo dijo así: “Los problemas de
Pacarán no se resuelven. Lo que el Candidato busca no es satisfacer al
pueblo, sino hacer lo que le da la gana. Entonces perjudica las expectativas de
la población”.
Si bien se concuerda en que este fenómeno podría no impactar de forma
capital estos comicios presidenciales, los participantes en los grupos focales
manifestaron que sí puede beneficiar, en cierta medida al menos, a la
candidata de Fuerza 2011, pues el alcalde vigente es de dicho partido y, como
dijimos, logró la victoria apelando al voto golondrino.
Pacarán: Resultados de las elecciones municipales 2010. Fuente: ONPE
15
Más allá de esto, preocupa de sobre manera a los hombres y mujeres mayores
de 45 años que este fenómeno se siga dando, en virtud de que lo estiman muy
negativo para la socialización de los jóvenes en la política. Además del
desinterés y la desconfianza institucional que ya mencionamos, según se dice,
el voto golondrino podría estar influyendo negativamente en la cultura política
de la población pacareña de otra manera. Exhiben preocupación porque, a su
juicio, se está estableciendo un sentido común según el cual que el voto se
encuentra no a disposición de quien un elector identifique como alternativa
para solventar sus demandas sociales y políticas (alguien que lo represente),
sino más bien de aquel que ofrece algún pago directo o beneficio asistencial.
Arguyen los participantes que se está instalando en el imaginario pacareño de
esa forma un cierto mercenariaje electoral: “Aquí se da el caso del negocio del
voto. Prácticamente desvirtúan y prostituyen las elecciones. Los candidatos
compran votos y los mismos ciudadanos venden su voto”. Esto incrementa aun
más, en opinión de los participantes, el desdén en la relación de los
ciudadanos del lugar con la política distrital y nacional.
Hay, según las mujeres mayores de 45 años, otra forma en la que el
golondrinaje impacta en la atención de los pacareños hacia dinámicas
vinculadas con la vida política. Manifiestan que la asistencia de muchas
personas a actividades como las capacitaciones electorales se da solo si es
que hay de por medio algún pago u otra recompensa. Hay quienes sugieren,
asimismo, que hay la creencia de que las capacitaciones son para seducir el
voto de los personas hacia un determinado candidato. Si bien se puede pensar
que estos juicios sobre las capacitaciones no están necesariamente vinculados
con el golondrinaje, las mujeres de esta edad no dudan en hacer la correlación.
3.3. Literacidad digital
3.3.1. Celulares
En Pacarán, el 41.7% de la población mayor de 18 años afirma tener celular.
De los que lo poseen mayor uso del mismo es para realizar llamadas (61.9%),
recibir llamadas (31.7%) y un porcentaje muy pequeño (0.7%) lo usa para
mensajería de texto, principalmente. La tenencia de un celular es mayor
mientras menor es la edad del usuario.
16

El asunto adquiere dimensiones de género distintas cuando analizamos los
usos por sexo.

17
Que sean los hombres quienes realicen más llamadas, en comparación a las
mujeres que reciben más llamadas, puede explicarse por el acceso a tarjetas
de recarga.
Al ser los jóvenes los poseedores mayoritarios de celulares, hace que la
mayoría de ellos pueda hacer un uso de los mismos sin mayor problema. La
mayoría (57%) afirma no necesitar nunca ayuda para su uso, frente a un grupo
menor que a veces necesita ayuda (37%). Un porcentaje muy menor (5.7%)
necesita ayuda la mayoría de las veces o siempre.
En el grupo de entrevistadas (mujeres) mayores de 45 años, todas sugieren
que contar con un teléfono móvil puede resultar sumamente útil. Declaran que,
sobre todo, sería de gran ayuda ante casos de emergencia en los cuales sea
menester remitir comunicación a parientes o autoridades. Una de ellas
manifestó: “Sería bueno tener celular a veces por una emergencia, ¿no?”. Otra
agregó: “Yo he tenido alguna urgencia. Y, pues, mis hijas también tienen
(celular), así que nos podríamos comunicar así por el celular”. No obstante,
solo dos manifestaron tener y utilizar un celular. Por supuesto, este dato
corresponde con que, por un lado, como indicamos previamente, en Pacarán
no hay señal para este medio. Pero, por otra parte, puede también tener que
ver el hecho de que las mujeres de esta edad no suelen ser quienes se
movilizan más hacia zonas aledañas por motivos laborales o comerciales. En
los testimonios, se deja ver que la mayoría viaja esporádicamente a lugares
como Cañete o Lima para realizar sobre todo visitas a sus hijos, hermanos,
primos, etc.
Entre los hombres mayores de 45 años, aquellos que manifiestan tener
solamente un trabajo vinculado a la agricultura no cuentan con un teléfono
celular. En cambio, sí tienen uno quienes ejercen labores en una oficina o en
una institución estatal (el gobernador y los profesores por ejemplo). Este dato
podría dar la impresión de que la tenencia de estos aparatos podría estar
asociada con las actividades que se cumplen en los trabajos burocráticos. Si
bien esta idea no puede ser descartada del todo, los entrevistados manifiestan
que el uso primordial que le dan a los celulares no es laboral, sino para
contactar fundamentalmente a parientes que residen en lugares distantes:
“Más que todo familiarmente. Para cosas del trabajo, no”. Es cierto, empero,
que la naturaleza del trabajo burocrático exige a estos señores, según
sugieren, salir reiteradamente de Pacarán para estar en contacto –aunque no
vía celular– con colegas e instituciones.
Cabe añadir que tanto los hombres como las mujeres mayores de 45 años que
usan con cierta frecuencia teléfonos móviles dicen haber aprendido a utilizar
estos aparatos gracias al apoyo de sus hijos.
A la práctica de comunicación familiar que le dan los mayores a la telefonía
celular, las personas de entre 28 y 45 años, hombres y mujeres, añaden el uso
asociado con el dominio del trabajo: “Es muy importante el celular, porque si
para cualquier negocio tú te comunicas, ya te están esperando la mercadería
ya”. Como es de presumir, esta praxis se lleva a cabo cuando la gente se
mueve hacia zonas aledañas.
18
Las personas de estas edades señalan que no requirieron capacitación para
aprender manejar las funciones básicas del celular (hacer y recibir llamadas, y
almacenar números).
Unos pocos de este grupo utilizan mensajes de texto. Su usanza está
principalmente orientada al contacto con amistades. Sobre las funciones más
complejas de los teléfonos (como utilizarlos para escuchar música por
ejemplo), uno de los señores participantes expresó el sentir general del grupo
con la siguiente frase: “Eso lo dejo para los más jóvenes”. Solo uno de los
señores de este rango de edad manifestó ser diestro en el uso de otras
funciones de los celulares –como, por ejemplo, el utilizarlo para escuchar
música en formato MP3.
Las personas de entre 18 y 28 años, en principio, no se diferencian demasiado
del grupo de entre 28 y 45 años en cuanto al uso de los celulares: quienes los
utilizan –que no son todos, sino tan solo algunos– lo hacen con propósitos
familiares y laborales. Una de las muchachas añadió que usa intensamente el
celular para llamar y enviar mensajes a amigos y amigas que había adquirido
durante el tiempo que vivió en Lima. Ella seguía estudios en Lunahuaná –
donde sí hay señal–, por lo que aprovechaba cada visita para contactar a sus
amistades, “por ejemplo, cuando no llegan temprano a las clases, ‘¿por qué no
llegas?, ¿pasó algo?’”.
3.3.2. Computadoras
Una minoría de pobladores de Pacarán cuenta con una computadora en su
domicilio (11.3%) y los principales usuarios son los hijos (55.4%). La mayoría,
de necesitarlo, hace uso de la cabina pública que cuenta con Internet satelital.
En su mayoría, los usuarios son jóvenes y la mayoría asiste al menos una vez
por semana (77.7%).
19

Pocos tienen correo electrónico (20.5%) y la mayoría de los que lo tienen son
también son jóvenes.


Entre las mujeres mayores de 45 años, ninguna manifestó saber utilizar una
computadora. Concordaban todas en que el aprender podría ser provechoso,
pues podrían “comunicarse con distintas personas, chatear con los hijos...”. En
algunas, sin embargo, es posible rastrear cierto miedo a que “conectarse”
pueda entorpecer sus actividades cotidianas domésticas: “[La computadora] Es
para estar constantemente”, “Me olvidaría de cocinar” dicen algunas. Otras
manifiestan que conectarse tiene otro “lado negativo”. Sugieren que uno está
expuesto a pornografía y al potencial contacto de personas con malas
intenciones.
En el grupo de mayores de 45 años, se cumple que quienes no utilizan celular
tampoco saben manejar una computadora. Son, una vez más, quienes
cumplen una labor oficinesca y de burócrata quienes son capaces de operar –
y, vale decir, con limitada destreza– los aparatos en cuestión. La sapiencia en
la gestión de algunos programas básicos, como Word, Excel y PowerPoint, la
adquirieron mediante capacitaciones o gracias al apoyo de amigos cercanos y
parientes. Los usos de estos están fundamentalmente vinculados al orden
laboral. Estas personas sugieren que también tienen una cuenta de correo
electrónico mediante la cual se comunican con familiares y amigos, y también
20
con colegas de trabajo y representantes de otras instituciones. Uno de ellos
suele chatear con amigos y con parientes que habitan lugares lejanos.
Entre los de entre 28 y 45 años, tres personas se animaron a declarar que eran
usuarios reiterados de computadoras. Uno de ellos, un profesor, sostuvo que
tenía una máquina en casa y que el principal uso que le daba tenía que ver con
la elaboración de materiales pedagógicos y otros documentos vinculados con
la labor docente. Para ello, utiliza, según dice, Word, Excel y PowerPoint. Otro
miembro de este grupo sugirió que atendía tiempo atrás con bastante
frecuencia a la única cabina que se encuentra en Pacarán. Fundamentalmente,
su pretensión era la de comunicarse con amigos y conocer chicas. También
utiliza motores de búsqueda (como Google) para obtener información sobre
deportes y el acontecer nacional: “Todo lo que quiero saber, lo encuentro ahí”.
Suele, asimismo, descargar música para su celular. Por otra parte, una de las
señoras sugiere que ella acostumbra utilizar la Internet para buscar información
sobre las asignaciones que reciben sus hijos en la escuela.
En el grupo de personas de entre 18 y 28 años, tres personas manifestaron ser
usuarias recurrentes de computadoras y que accedían comúnmente a la
Internet mediante la cabina local. Uno de estos jóvenes sostenía que visitaba
páginas que brindaran información sobre “algunos trabajos relacionados con la
agricultura”, sobre cómo mejorar su producción agrícola. Así, por ejemplo,
buscaba en Google entradas sobre el maíz. Esta misma persona decía a la par
utilizar el correo electrónico y redes sociales como el Facebook y el Hi5 para
contactarse con amigos que viven en otras latitudes. Otro muchacho solía,
según cuenta, utilizar la Internet con frecuencia para contactarse con amigos y
para aprender sobre diversas cosas, pero ha dejado la costumbre en las
últimas épocas: “cuando uno tiene familia, ya no tiene tiempo para entrar a
Internet”. La muchacha que sigue estudios en Lunahuaná y que manifestó usar
su celular para estar en permanente contacto con amigos en Lima era la única
del grupo que tenía una máquina en casa. Ella la utiliza principalmente para
hacer sus trabajos y tareas. Además, visita regularmente la cabina pacareña
para ingresar al MSN, Hi5 y Facebook para relacionarse a través de esas redes
con sus amigos y familiares. También utiliza Youtube.
Todas las personas (de todos los grupos) que utilizan con poca o regular
frecuencia computadoras han recibido algún tipo de capacitación. Los más
jóvenes han adquirido cierta base en el colegio mientras los mayores han sido
capacitados en el ámbito laboral. Los de unas y otras edades han manifestado
cierto miedo al inicio –miedo que con la práctica y la perseverancia fue siendo
soslayado al menos medianamente. Ahora bien, como intuición, cabe señalar
que la renuencia de los mayores a aprender por su cuenta a utilizar ciertos
recursos en los que no fueron directamente capacitados (práctica que sí parece
ser costumbre en varios de los más jóvenes) sugiere que, a pesar de la
experiencia con algunos programas, el miedo no se reduce sustantivamente.



21
3.3.3. Banca
La mayoría no cuenta con tarjeta de banco (82.1%). Entre los que sí tienen, la
mayoría usa más el servicio del cajero automático (65.8%). Aunque no es
determinante, es entre las mujeres donde hay un porcentaje mayor de uso del
cajero personal (45.2% del total de mujeres que cuentan con tarjeta de banco)
con respecto a los hombres (22.8%).
En los grupos focales, solo una de las mujeres mayores de 45 años manifestó
usar de forma frecuente los cajeros automáticos. El motivo de esta práctica es
que su hijo le envía dinero por esa vía. Otra mujer sostuvo que en el pasado
había hecho uso de una tarjeta de débito. Dos de las señoras restantes dijeron
que son sus esposos los que las manejan; en palabras de una de ellas, “Yo
solo veo cómo usa”.
En el grupo de entre 18 a 28 años, solo una mujer sostuvo que era usuaria de
cajeros automáticos: su esposo mantenía una cuenta y ella era portadora de
una tarjeta que le permitía de cuando en cuando extraer fondos. El resto de
jóvenes clamaba que recibía su sueldo en efectivo de sus trabajos respectivos
y que, por ende, no acudían a los bancos más que muy esporádicamente para
enviar o recibir algún giro. Es importante señalar que a pesar del
desconocimiento que había entre la mayoría de los participantes de estas
edades sobre el uso de los cajeros, no expresaron contundentemente temor ni
desconfianza al respecto.
Eso sí sucedió en el resto de grupos. Entre los de 28 a 45 años, dos personas
recibían su sueldo a través de bancos. Ambos manifestaron que utilizan los
cajeros solamente los días domingo. El resto de días procuran extraer fondos
de sus cuentas personalmente a través de las ventanillas. Arguyó uno de ellos
que “[Los cajeros] me generan desconfianza. Todo el mundo te está viendo.
Ahora como está movida la situación, te pueden secuestrar”. Hay, además,
miedo a que, por un uso inapropiado (como el olvido de clave o que mucho
tiempo pase sin que se ejecute ningún comando) el cajero se quede con la
tarjeta.
Del grupo de hombres mayores de 45 años, cuatro dijeron usar con mediana
frecuencia un cajero. Sin embargo, entre ellos era reiterada la opinión según la
cual el uso estos aparatos tiene “su riesgo”. Admitía uno de los señores que
“Hay personas que pueden copiar el número de la clave. Te pueden vaciar lo
poco que tienes”. Otro sugería que “Algo puede pasar. Ante la duda, prefiero la
ventanilla”.
3.4. Voto electrónico
El punto final de la línea de base tiene que ver con el cruce entre la confianza
entre el proceso electoral y las capacidades humanas en torno al uso de las
nuevas tecnologías. Esto se va a evidenciar en las expectativas alrededor del
proceso de voto electrónico.
Aún cuando una mayoría ha escuchado que en Pacarán va a haber voto
electrónico (71.5%), una minoría siente que sabe qué cosa es (32.6%). Entre
los que respondieron afirmativamente al conocimiento sobre voto electrónico,
22
una gran mayoría cree que este método es mejor al voto tradicional de conteo
manual (84.5%). Los que se han enterado de la noticia del voto electrónico en
Pacarán, lo han hecho a través de familiares o amigos (39.1%), la televisión
que se produce en Lima pero se retransmite a nivel local (21.5%), la propia
oficina local de la ONPE (15%). Lejos están quienes sen enteraron por la
prensa escrita (8.9%) u otros medios.
Entre las razones esgrimidas, la que tiene más fuerza es la de la velocidad
para el conteo (62.8%). En segundo lugar, la transparencia en el proceso
(23.5%) y finalmente mayor facilidad al momento de votar (13.7%).
En los grupos focales aplicados, los pacareños de distintas edades convinieron
en que el proceso sería ahora mucho más rápido. Una de las señoras mayores
de 45 años dijo en ese sentido: “Todo está enlazado. Antes tú llevabas tu voto
a la capital. Ahora todo será en segundos”.
Un joven del grupo de entre 18 y 28 años expresó que la rapidez es un
elemento clave que puede desarrollar confianza en el electorado: “[el voto
electrónico] me genera confianza porque todo va a ser más rápido. La gente no
va a tener que esperar hasta tarde para ver los resultados”. En esta misma
línea, dijo un hombre del grupo de entre 28 y 45 años: “Las pantallas no
engañan”.
Otra ventaja asociada al voto electrónico sería que reduciría el impacto de los
errores humanos en el proceso. A partir de los testimonios se puede intuir que
para los pacareños uno de los campos en los que estos errores afectan más
fuertemente es el conteo de los votos. En ese tenor, una mujer del grupo de
entre 28 y 45 sugirió con cierto contento que “Ya no van a contar palitos”. Esto,
asimismo, consideran algunos, aligeraría consistentemente el trabajo de los
miembros de mesa.
En relación con el fenómeno del golondrinaje es importante considerar que los
pacareños mayores de 45 años tienen altas expectativas sobre el voto
electrónico. Esperan que el nuevo sistema de votación pueda, de alguna
manera, servir para evitar que el golondrinaje sea una estrategia exitosa para
los candidatos en juego. Uno de los señores mayores de 45 años dijo en ese
sentido que “El voto electrónico debe impedir esta viveza”.
Por el lado de las desventajas, entre los pocos que respondieron que el voto
electrónico va a ser peor que el proceso tradicional, el primer problema
identificado es el de la dificultad al momento de votar (57.6%), mayor facilidad
para el cambio de voto (25.2%) y finalmente una menor transparencia,
posiblemente por no saber exactamente de qué se trata el proceso.
En cuanto a las desventajas que podría traer consigo el voto electrónico y los
aristas negativas que podría entrañar, todas ellas se vincularon con los miedos
por desconocimiento sobre cómo se llevaría a cabo el proceso, desde el
sufragio hasta el conteo. Algunas de las mujeres mayores de 45 años, por
ejemplo, manifestaron que al encontrarse frente a una “novedad” como esta
podrían sentirse nerviosas y no saber cómo proceder adecuadamente: “A
veces los nervios pueden hacer que uno apriete varios botones”. Esto, además,
23
en la opinión de varias, podría ocasionar que el aparato de sufragio se
estropee: “Un mal manejo de la máquina la puede malograr”.
Personas de este grupo y también varias del de entre 18 y 28 años
manifestaban su empatía por las personas que no saben leer ni escribir con
suma destreza: “Hay madres que ni siquiera saben leer o poner su firma”; “Hay
que capacitar a los analfabetos o personas con pocos estudios, que van a
tener miedo”.
Varios de los participantes del grupo de 18 a 28 años sostuvieron que en
general los “mayores” podrían tener problemas con el proceso electrónico;
sugerían que estos podían pertenecer al mismo paradigma que los
analfabetos. Así, expresaron, por ejemplo, que “Se van a asustar los mayores.
No todos están capacitados para ello (voto electrónico)” y que “Las personas
de edad van a tener problemas si no ven el papel”.
Entre los hombres mayores de 45 años, tuvo bastante eco la opinión de uno de
los participantes según la cual “Como no conozco bien esa ‘técnica’ [del voto
electrónico], puede haber manipulación. No estoy convencido. Puede haber
trafa”. Da la impresión de que el desencanto de los pacareños hombres de esta
edad respecto de la vida política del distrito implica el sentir de que cualquier
ventana posible para la manipulación del proceso puede ser perfectamente
aprovechada por alguna de las partes para llevar a cabo sus agendas
particulares.
Es importante señalar, sin embargo, que esta desconfianza no cundió en el
resto de grupos. Los participantes de estos manifestaron que el voto
electrónico les producía confianza y que bien podía incrementar la credibilidad
de los procesos electorales. Una joven del grupo de 18 a 28 años dijo en ese
sentido que “A través de las computadoras, nadie podrá hacer trampa, como lo
de romper un voto”.
24

4. Conclusiones y recomendaciones
Hemos establecido aquí tres indicadores para la línea de base. En primer lugar,
la confianza en las instituciones electorales. En segundo lugar, las capacidades
en el uso de nuevas tecnologías. Finalmente, las expectativas alrededor del
voto electrónico.
Sobre la confianza, creemos que hay evidencia suficiente para señalar que
este es un primer tema a trabajar por parte de los equipos que participen en las
capacitaciones y difusión del voto electrónico. Si partimos de un 57.8% de
desconfianza en estas (donde están la ONPE y el JNE), una primer estrategia
debe referirse al incremento de confianza.
El problema del “golondrinaje” ha estado minando seriamente los procesos
electorales y la legitimidad del estado en las poblaciones rurales. Esta es una
línea comunicativa a trabajar, ya que se espera que las instituciones
electorales resuelvan el problema a la brevedad. Sabemos que esto escapa las
acciones referidas al voto electrónico, pero debe ser tomado en cuenta.
En el estudio ha salido con fuerza la importancia de las capacitaciones para
conocer (y confiar en) el proceso electoral. El éxito del voto electrónico en
Pacarán va a depender en buena medida de las capacitaciones que se ofrezca
para familiarizar a los ciudadanos del lugar con el nuevo sistema de sufragio. A
partir de lo recabado en los grupos focales se puede preveer que la
desconfianza y el miedo manifestados por algunos de los entrevistados están
lejos de ser insoslayables. Para trascender estos “obstáculos”, es importante
que los movimientos que tome la ONPE para ello sean consistentes y que
articulen mucha de la información recogida en este documento. Enfatizamos en
este acápite algunos puntos importantes.
Es importante, para empezar, subrayar algunas de las razones por las que las
capacitaciones ofrecidas en Pacarán han sido valoradas positivamente por los
participantes de los diversos grupos.
En primer lugar, hay que destacar la importancia de ofrecer un pequeño
agasajo o refrigerio en las capacitaciones. Los representantes en la localidad
de la ONPE, a sabiendas de que esta era una condición fundamental de la
asistencia del público, utilizaron dinero de sus bolsillos para este fin. Creemos
que la ONPE debe apropiarse de esta estrategia para garantizar la presencia
de un número importante de asistentes a las dinámicas. Si además se puede
ofrecer algún otro tipo de presente (polos o cuadernos por ejemplo), esto
aportaría a que la presencia de la gente se incremente.
Segundo. Una estrategia que favoreció la asistencia de la gente a las
capacitaciones y que sirvió, en general, para divulgar información sobre el
proceso de votación fue el uso de medios de comunicación locales. Se
difundió, por ejemplo, a través de una radio local detalles sobre el sufragio y
sobre las fechas y horas de las capacitaciones. También se aprovechó varios
espacios que convocan a multitudes en el distrito, como la misa. Continuar
haciendo uso de estos medios y espacios puede ser muy provechoso.
25
En tercer lugar se encuentra un punto que les ha merecido una calificación muy
positiva a los representantes locales de la ONPE según pudimos apreciar en
conversaciones informales y en algunos momentos de los grupos focales. Nos
referimos al esfuerzo de los capacitadores por ir en busca de quienes no
atendieron a las capacitaciones públicas ofrecidas para los miembros de mesa.
A través de esta estrategia, los representantes de la ONPE lograron capacitar a
personas en lugares medianamente alejados del centro del distrito. Por
supuesto, entendemos que sea complejo capacitar a los electores en el voto
electrónico a través de este mecanismo, dada la dificultad que implica el
movilizar el módulo de votación. Sin embargo, sí creemos que al menos una
presentación con la proyección de un video en el que se muestre cómo
sufragar puede servir sustantivamente para familiarizar al electorado con el
nuevo sistema de votación. Un material escrito que acompañe la presentación
puede ser muy útil también.
El segundo indicador tiene que ver con las capacidades sobre uso de nuevas
tecnologías. Se ha expuesto que son los jóvenes quienes más se han
apropiado de las nuevas tecnologías. Sin embargo, se encuentran problemas
de apropiación por parte de las personas mayores, en especial, las mujeres
mayores.
Allí, si bien es cierto no va a poder solucionarse el problema de la apropiación
en este grupo, las capacitaciones deben apuntar a separar la capacitación
tanto por grupos etarios como por sexo. El factor psicosocial del miedo entre
las mujeres mayores debe ser atendido especialmente, para evitar que las
mujeres sean excluidas en la capacitación sobre voto electrónico. Una
estrategia que no diferencie los distintos modos de apropiación va a fracasar.
Finalmente, las expectativas sobre voto electrónico. Todos reconocen la
velocidad en el proceso, pero también hay una esperanza puesta en la
transparencia. Como se ha visto en términos de confianza en el proceso, si
esta expectativa no queda satisfecha (es decir, que se explique muy bien cada
paso del proceso de conteo y la elaboración de las actas), la desconfianza
puede aumentar.
No son pocos los que han señalado que el voto electrónico puede significar un
problema para las personas de menor nivel educativo. Una idea que puede
tener mucho éxito con el voto electrónico es la de ofrecer a los votantes una
simulación in situ el día del sufragio. Esta estrategia surgió ante el hecho de
que varios miembros de mesa viven fuera de Pacarán (en Lima, Cañete,
Chiclayo por ejemplo) y llegarían pues al distrito el mismo día de la votación.
Por ello, no habían podido recibir una capacitación previa.
Por otro lado, los trabajadores de la ONPE en Pacarán manifestaron que
estaban destinando esfuerzo para identificar a los votantes que no habitaban
en Pacarán. Contar con un padrón de esos votantes podría servir para
remitirles alguna comunicación de invitación a algún lugar en la capital para
una jornada de capacitación en el voto electrónico y también para acercarles
material sobre este nuevo sistema.
Los hijos han cumplido un rol crucial en el aprendizaje de sus padres del uso
de nuevas tecnologías. Que, además de capacitaciones enfocadas por nivel de
26
uso y edad, haya capacitaciones u otras dinámicas de socialización con la
nueva tecnología de votación en las cuales puedan participar hijos y padres de
forma interactiva sería una idea interesante.
Otra sugerencia relevante en ese sentido es la de hacer simulacros públicos de
sufragio con candidatos ficticios. Podría destinarse para este fin un lugar como
la plaza principal del distrito.
Se deslizó también la idea de que las personas analfabetas tengan la potestad
de atender al sufragio en compañía de una persona de confianza elegida por
ellos.
27



5. Bibliografía
Benítez, Sebastían et al 2010. “Conceptual and Methodological Problems in the
Study of ICT Appropriation Process by Low- income Urban Youth in Argentina.”
Amy Mahan Papers. Universitat Pompeu Fabra.
Bustamante, Roberto, Zulema Burneo y Maicu Alvarado 2008. Usos efectivos y
necesidades de información para el desarrollo de estrategias apropiadas para
proyectos TIC en el área rural. CEPES
Carrión, Julio y Patricia Zárate. 2010. Cultura política de la democracia en perú,
2010. Consolidación democrática en las américas en tiempos difíciles. Instituto
de Estudios Peruanos.
Gee, James Paul 2004. Good video games and good learning. En:
http://www.academiccolab.org/resources/documents/Good_Learning.pdf (visto
el 27 de abril del 2011)
Gurstein, Michael 2003. “Effective use: A community information strategy
beyond the Digital Divide”. En: First Monday, Special Issue #8
Jones, Douglas. 2003. A Brief Illustrated History of Voting. Part of the Voting
and Elections web pages by Douglas W. Jones. University of Iowa Department
of Computer Science http://www.cs.uiowa.edu/~jones/voting/pictures/ (visto el
27 de abril del 2011)
Ling, Rich. 2008. “Should We Be Concerned That the Elderly Don't Text?” En:
The Information Society, Volume 24 Issue 5
Mbambo-Thata, Bhule et al. 2009. “When a gender-blind access policy results
in discrimination: realities and perceptions of female students at the University
of Zimbabwe”. En African Women and ICTs: investigating technology, gender
and empowerment. Editado por Ineke Buskens y Anne Webb. APC.
Prince, Alejandro. 2005. Consideraciones, aportes y experiencias para el Voto
electrónico en Argentina. Buenos Aires
Stanley, Laura. 2003. “Beyond Access: Psychosocial Barriers to Computer
Literacy”. En: The Information Society, Volume 19, Issue 5