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La Curacion Energetica, Richard Gerber

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Un resumen de las tecnicas energeticas de curacion, escrita por un medico sientifico. Muy buen libro
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tando el poder en apariencia, poco a poco los Hijos
de Belial fueron haciéndose con parcelas de influencia
cada vez más extensas. Por último estalló la guerra
civil y los cristales solares fueron cruelmente re-
convertidos en medios de coerción, tortura y castigo,
a tal punto que el pueblo acabó por llamarlos
«cristales del terror». Hacia el 10700 a. de C. los Hijos
de Belial alcanzaron el punto más bajo en cuanto a
moralidad y dignidad humana con su falla de respeto
hacia las vidas de los demás; era ya evidente que el mal
uso de la técnica de los cristales y de otras tecnologías
por parte de la facción materialista acabaría por
acarrear otra gran catástrofe como las que en el
pasado habían roto el continente de la Atlántida.

Así pues, ¿por qué cayó la Atlántida? La Atlántida se
destruyó a sí misma, tal como suelen caer todas las ci-
vilizaciones, por los errores humanos. Aunque el pueblo
de la AÜántida había alcanzado un punto muy elevado
de la evolución, aunque sabía captar y dominar las
fuerzas cósmicas y aunque, debido a la larga duración de
su civilización, habían desarrollado sus facultades
psíquicas en un grado que hoy difícilmente lo-
graríamos comprender, no eligieron una motivación
correcta. Utilizaron su conocimiento del Cosmos y su
alto nivel de progreso, no para cumplir con la voluntad
de su Creador y con el plan divino, sino para realizar sus
propias concepciones acerca de la creación.
Aplicaron sus conocimientos al propio beneficio y
satisfacción personal, para aumentar su poder, para
amasar riquezas, para dominar a otros y perseguir .sus
ambiciones costara lo que coslara. Los poderes que
habían recibido los atlantes y que se habían empleado al
principio en la construcción, más tarde pasaron a
servir para la cleslrucción y así aconteció la caída de la
Ailántida y su desaparición definitiva, engullidas por
las aguas.6

Los seguidores de las enseñanzas del Dios uno
comprendieron, gracias a sus poderes de clarividencia
natural, que la destrucción de la Atlántida era un
proceso, aunque lento, ineluctable, tanto como el
hundimiento definitivo de los últimos restos del
continente. Sabían que el mal uso de los poderosos
cristales no dejaría de ejercer, en último término,
profundos efectos sobre el medio ambiente, lo mismo
que había sucedido en una catástrofe anterior,
también provocada por el hombre y que había estado
a punto de acabar con su civilización. Los seguidores
de las enseñanzas de la Ley del Uno tomaron sus
medidas en previsión del desastre, consistentes en
organizar varios grupos que abandonarían la
Atlántida siguiendo tres rutas principales de emigra-
ción. El uno iría a Egipto, país con el que existían re-

laciones tradicionales; el otro se encaminaría hacia
América del Sur, a lo que hoy llamamos el Perú, y el
tercero, hacia Centroamérica, a la actual península
del Yucatán. Todos llevarían consigo los cristales
registradores y aquellos aspectos de su técnica que
juzgaron dignos de ser transmitidos a la humanidad
futura. Además los sobrevivientes aportarían a esas
tierras remotas las tradiciones y las creencias de la
Ley del Uno. Según se cuenta, aquellas bibliotecas
cristalinas yacen todavía conservadas en cámaras de
máxima seguridad ocultas en las pirámides de Egipto,
Sudamérica y el Yucatán.
Hacia el 9600 a. de C., aproximadamente, se pro-
dujo el cataclismo definitivo que sepultó la Atlántida
bajo las aguas del océano. Algunas fuentes sugieren
que la causa de la inundación fue un desplazamiento
del eje de rotación terrestre, que determinó una
mayor proximidad del casquete polar con respecto al
sol. Además de los grandes terremotos y corrimientos
continentales que originó dicho fenómeno, la fusión
de los hielos añicos debió producir una significativa
elevación del nivel de los mares, sepultando
continentes y modificando el perfil de todos los
países costeros del mundo. ¿
Algunos de los datos de que disponemos actual-
mente parecen corroborar la idea de una gran inun-
dación acontecida hacia el 9600 a. de C., es decir en la
época en que según cuenta la leyenda se hundió la
Ailántida bajo las olas. Nuestro conocimiento de lo
que sucedió con la Atlántida deriva en gran parte de
las obras de Platón, filósofo griego que vivió hacia el
400 a. de C. y que, a su vez, sacó estas informa-
ciones de los escritos de un antecesor suyo, Solón, el
gran legislador de Atenas que vivió dos siglos antes, es
decir hacia el 600 a. de C., Solón había visitado
Egipto y había conversado con los sacerdotes, y estos
fueron quienes le hablaron de la Atlántida. Los
sacerdotes egipcios le dijeron a Solón que la inunda-
ción que destruyó la Atlántida había tenido lugar hacia
el 9600 a. de C. aproximadamente; si fuese cierto que
los atlantes eligieron el antiguo Egipto como uno de
los refugios para la emigración, como dice la leyenda,
entonces los sacerdotes egipcios desde luego tendrían
motivos para estar bien enterados.
Las investigaciones modernas sobre la climato-
logía de las distintas eras geológicas y de la anti-
güedad (paleoclimalologia) corroboran que el hun-
dimiento de la Atlántida debió producirse más o
menos hacia la época que los sacerdotes egipcios
comunicaron a Solón.7

En septiembre de 1975, cien-
tíficos de la Universidad de Miami publicaron en su
revista Science que hacia la época en cuestión de-

Los cristales y el sistema energético sutil humano 207

bieron producirse, efectivamente, grandes inunda-
ciones, conclusión que el paleoclimatólogo Cesare
Emiliani y colegas deducían de sus análisis de los
estratos sedimentarios del golfo de México. En di-
chas capas geológicas habían hallado conchas que
en la época de su formación incorporaron isótopos
del oxígeno en proporción correspondiente a la de
las aguas de los mares árticos, o bien a la de los pro-
pios hielos árticos. Según los cálculos establecidos
por estos científicos a partir de los fósiles encontrados
en los especímenes de aquellos estratos, la salinidad
del golfo debió disminuir en un 20 % hacia la época
de la formación de aquéllos; aplicando el método de
datación del carbono 14 sobre las conchas, se
estableció dicho período de formación de los de-
pósitos sedimentarios ¡alrededor del 9600 a. de C.,
es decir en la fecha de la supuesta destrucción de la
Atlántida!

Estos datos prestan verosimilitud a la teoría que
sostiene que hubo un gran deshielo en el Ártico, de-
bido a un efecto térmico de causa no conocida. El
calentamiento de la Tierra pudo ser debido a dife-
rentes factores; de haber ocurrido el supuesto des-
plazamiento del eje de rotación, el casquete polar
posiblemente habría derivado hacia el sur, hacia lo
que hoy es la costa norte de Estados Unidos, acele-
rándose su fusión, y las aguas del deshielo habrían
inundado las cuencas fluviales hacia el sur, en especial
la del Míssissippi, de donde resultó la invasión del
golfo de México por las aguas dulces que rebajaron
la salinidad del océano. Al mismo tiempo, ef
deshielo del casquete polar provocaría espectaculares
subidas del nivel del mar en la bahía de Hudson y el
Atlántico norte, lo que pudo producir la sumersión de
la Atlántida si e! nivel de las tierras emergidas no fuese
muy alto.

Aunque todo esto no sean más que leyendas para
muchos, el mito de la Atlántida conserva una gran
fuerza en la civilización moderna y es importante
para el estudio de la medicina vibracional, si admiti-
mos que la cultura altante contenía los gérmenes del
actual movimiento holístico en materia de sanidad y
curación. Desde el punto de vista de los partidarios
de la reencarnación se asegura que aquellos de entre
los atlantes seguidores del movimiento homeopático
y de las esencias florales, despreciando los criterios de
los materialistas alópatas (entonces minoritarios), han
reencarnado hoy como defensores (mayo-ritarios) de
la quimioterapia y la cirugía. Lo que no dejaría de
ser una paradoja irónica y una lección para las
facciones que todavía hoy se disputan el re-
conocimiento oficial y el poder. Y también sería una

extraordinaria demostración del principio de la re-
encarnación, según el cual las almas en sus múlti-
ples tránsitos vitales deben conocer todas las varie-
dades de la experiencia y todos los planteamientos
posibles de las cuestiones.
El mito de la Atlántida es importante además por
su valor de advertencia Irentc al abuso de la técnica a
fines de poderío personal y vanidad. En el mundo de
hoy, la nación estadounidense destaca como potencia
próspera por los éxitos de su técnica y su ideología.
Muchas de las ideas originarias de los atlantes se
hallan reproducidas (tal vez, debido a reencarnaciones
de los atlantes mismos) en campos tales como las
telecomunicaciones, la energía solar y las
aplicaciones del láser. Nos acercamos a un punto en
que, apenas iniciada la explotación de las verdaderas
posibilidades energéticas de los cristales, la ciencia
moderna sólo divisa la cima del iceberg. Nos ha sido
dada la energía atómica, pero los instrumentos de la
técnica pueden servir lo mismo para la curación que
para la destrucción, y recordemos las grandes dudas y
los conflictos de conciencia que sufrieron Albert
Einstein y otros sabios antes de comunicar al mundo
esos poderosos conocimientos, de los q«e sabían que
iban a desatar energías tan inherentemente peligrosas
como ricas en posibilidades beneficiosas.
El relato de la Atlántida nos sirve aquí como in-
troducción adecuada a lo que de otro modo podría
juzgarse perteneciente al dominio de la ciencia fic-
ción: el arle de curar por medio de los cristales. Los
atlantes habían descubierto muchos principios que les
permitieron controlar las energías cristalinas y enca-
minarlas a las aplicaciones curativas. Desarrollaron
una tecnología perfeccionada basada en la manipu-
lación de las energías sutiles, habiendo entendido
que estas energías operan en los mismos planos de
dimensiones superiores donde residen nuestros cuerpos
de luz; conocían el verdadero vínculo entre el
cuerpo físico y los cuerpos sutiles, y basaban sus artes
curativas en el conocimiento de ese vínculo.
Es posible que dentro de veinte años más, el
mito de la Atlántida se haya convertido en un hecho
reconocido por la arqueología. Tal vez estamos a
punto de descubrir los cristales de la Atlántida, con
sus registros holográficamente codificados, que
como sabemos fueron guardados por los sacerdotes
atlantes en lugares seguros. Y que no los hayamos
descubierto hasta que nuestra ciencia ha progresado lo
suficiente como para ser capaz de descifrar el co-
nocimiento almacenado en las supuestas bibliotecas
cristalinas de los atlantes. La Nueva Era en que el
mundo entero está entrando ahora podría ser una

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