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Octave M I R B E A U

Memoria de Georges el amargado

(Les Mémoires de mon ami)

Recepción en España

1. http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?
id_noticia=13606&id_seccion=13&PHPSESSID=.

24 de abril 2009 – Juan Hernández

Memoria de Georges el amargado, de Octave Mirbeau


Una obra imbuida de pesimismo por un protagonista que se refugia en la
mente para huir de la realidad
Octave Mirbeau (1848-1917) fue periodista y crítico de arte además de escritor.
Junto con Zolá y otros intelectuales se posición a favor de Dreyfus y, de espíritu
anárquico, se destacó por su antimilitarismo además de ser anticlerical. En su obra
se confirma su ética personal, imbuida de pesimismo.

En Memoria de Georges el amargado, traducida por Lluís Maria Todó, retrata un


tipo de hombre que odia a todo el mundo y que, en su peculiar visión del mundo y de la
sociedad, resalta todo lo feo, terrible y desagradable de su alrededor. Georges, que
trabaja de contable, carece de personalidad propia y su biografía está aparentemente
marcada por las decisiones que otros toman por él. Su madre que lo envía a trabajar a
París, un amigo de la familia que le compromete a casarse con su hija, etcétera. Todo a
su alrededor rezuma estupidez, desde su particular mirada.

A ese mundo hostil, en el que se ve obligado a habitar, el protagonista sólo opone


su imaginación, que le sirve de refugio frente a la fealdad que le rodea, pero que
también es el castillo en el que voluntariamente se recluye para evitar todo contacto con
lo humano. A George, en definitiva, nada le interesa. Su único amigo, el confidente que a
su muerte, nos da a conocer sus memorias, no es tal. Sólo algunas veces se ha cruzado
con él por las calles. Y a su mujer ya la despreció en la misma noche de bodas.

En George se produce esta situación, descrita por el mismo: “jamás existió un ser
humano más entusiasta, más apasionado por todo, más verdadera y
profundamente vivo que yo: ¡mi espíritu es un enorme depósito de fuerzas creadoras,
de justicia y belleza! Había, hay todavía en mí un núcleo ardiente de pensamientos
violentos y ardientes deseos… (…) Nadie estuvo más que yo en la vida, en el centro de la
vida, ¡nadie fue más contemporáneo de sí mismo que yo! En las letras, en las artes,
en la ciencia, la política, la revolución, yo participé en todo, yo forjé de nuevo el mundo en
la forja inextinguible de mi corazón…”

Sin embargo, esa pulsión que se da en su interior, no se trasmite para nada


en su vida exterior. Quizás Mirbeau quiso evidenciar la hipocresía de la sociedad de
su época y trasladarnos el enorme desprecio y disgusto que le provocaban ciertas
actitudes burguesas y del sistema judicial. Pero junto a la hediondez de la sociedad nos ha
dejado este relato, tan bien trazado, de una vida insulsa, que desemboca en el odio
porque es incapaz de reconocer lo que hay de bello, y porque voluntariamente se
incapacita para amar.

La ironía y el humor negro que emplea el autor contra las miserias de la época, en
esta novela que merece ser recordada, no deberían dejar que nos pasara desapercibido
que su protagonista es aún más miserable. Hundiéndose en sí mismo para escapar de la
putrefacción que le rodea, nos muestra la que hay en su interior. Pero, al final de sus
memorias, el protagonista reconoce que ha vivido sólo para sus pensamientos, sin
conceder a los acontecimientos exteriores y a los hombres que los protagonizan más que
una parte mínima de sus reflexiones. Y, en ese pesar, nos dice: “quizás es el pesar por
haberlo sacrificado todo a unos sueños interiores, y no haber comprendido que sólo la
vida, con sus abyecciones y sus taras, está dotada de belleza, puesto que sólo en la vida
residen el movimiento y la pasión”.
Octave Mirbeau no llegó más lejos pero, al menos, nos dejó el aviso de la nada a la
que conduce refugiarse en la idea para huir de la realidad en vez de buscar en ella lo
que puede dar sentido a nuestras vidas.

Octave Mirbeau
Memoria de Georges el amargado
Impedimenta
Madrid, 2009
131 páginas

* * *

2. http://www.solodelibros.es/08/04/2009/memoria-de-georges-el-amargado-octave-mirbeau/

Memoria de Georges el amargado – Octave Mirbeau

8 de abril 2009, por Señora Castro

Un niño criado sin amor que, llegado a la edad adulta, pasa cada día en un trabajo poco
estimulante para, al llegar a casa, encontrarse con una esposa a la que no ama. Ese es Georges
el amargado. Pero la verdadera causa de su amargura no deriva de su tristísima situación
personal, antes bien, es consecuencia de su tendencia a observar su entorno con una mirada
que traspasa ese velo de conformismo y felicidad superficial con el que la mayoría de los
seres humanos nos dejamos habitualmente engañar.
Con esos ingredientes cocina Octave Mirbeau la conciencia de un personaje pesimista,
en ocasiones cínico, pero siempre muy humano. Y en torno a sus reflexiones, plantea una de
las mejores novelas que he leído en esta temporada.
Georges comienza por narrar las amargas circunstancias de su vida en un tono tal que puede
dar la impresión de no ser sino un hombre pusilánime, incapaz de luchar por su propia
felicidad, a la par que un pequeño egoísta que jamás movería un dedo por la dicha ajena.
Pero al avanzar la narración, el lector comprende que la infelicidad es necesariamente el
pan de cada día de aquellos que nunca conocieron otra cosa. La felicidad no es para Georges
más que un concepto, jamás experimentado, del que su mente puede apenas hacer una vaga
representación.
Siendo la desdicha su elemento, se va desarrollando en él desde pequeño una tendencia a
mirar a su alrededor con ojos que buscan aquello que tan bien conoce: la pena, la humillación,
el desamor, la falsedad hipócrita. Y, evidentemente, la encuentra por doquier. Así, Georges
pasa de lo particular a lo general, planteando la realidad de un mundo donde lo normal es el
sufrimiento, el egoísmo, la miseria… aunque la mayoría se esfuerza en mirar hacia otro lado.
La infelicidad es la norma pero, ¿es el pesimismo de Georges consecuencia de esa realidad
implacable, o la realidad implacable es consecuencia de mirar el mundo con ojos turbios?
Difícil discernir en esa proposición qué es causa y qué consecuencia.
Porque la narración de Mirbeau tiene la capacidad de lograr que, por unos instantes, nos
apeemos de ese caballo fantástico que nos conduce por el camino que lleva a la felicidad;
teniendo siempre la meta presente, la miramos con fijeza obsesiva, evitando caer en la
tentación de mirar hacia los lados.
Pero Georges el amargado, parece haber desmontado de esa cabalgadura (o tal vez
nunca montó en ella), internándose por esos márgenes inhóspitos donde moran, por una parte,
el desconsuelo y la precariedad de quienes han sido arrollados sin opción por la vida; y por
otra, la estulticia, la avaricia y la rigidez de quienes permiten que la vida se convierta en un
pozo de desgracia para el prójimo.
La mirada de Georges rezuma dolor, aunque no caridad o conmiseración. Es testigo y
parte, y nos señala una realidad cuyas negras sombras todos adivinamos por detrás del
resplandor de una felicidad que, muchas veces, no es más que una promesa.

* * *

3. http://www.vivelaculture.com/libros/memoriadegeorgeselamargado_285

Febrero 2009

La acción se plantea en el París de los últimos años del siglo XIX, y muestra a un
personaje que se desilusiona poco a poco por la sociedad y el genero humano. Su vida
profesional de cajero no le da ningún tipo de satisfacción, mientras que la parte familiar de su
existencia le decepciona más aún, su esposa haciéndole la vida imposible. Frente a su
cotidiano vacío, se ensimisma cada vez más, y acaba haciendo de su vida interior y de sus
sueños el medio para sobrevivir. Alejándose de la sociedad, desarrolla una mirada crítica que
acentúa su rechazo del mundo y le permite poner al día todas las hipocresías, las mentiras, y
todo lo feo que le rodea. Así que llega a la conclusión que “ no se imagina el papel
deprímante que tiene fealdad en las relaciones sociales”. Lejos de cualquier tipo de onirismo,
sus pensamientos se estructuran sobre el odio por una raza humana estúpida y fea. De un
punto de vista material y carnal, se trata aquí de su mujer y de su hogar, mientras que un
enfoque moral le empuja a odiar a la sociedad en general.
La novela de Octave Mirbeau, escrita en primera persona, puede aparecer como un
manifiesto ético e intelectual del artista. Fue publicada en 1899 en el medio del caso Dreyfus
que acaparó toda la atención del escritor, que apoyaba enérgicamente al oficiar. Aunque no se
encuentra nada explícito sobre sus compromisos filosóficos o políticos, ni sobre su visión
personal de la sociedad, hay que subrayar que el anarquismo y la incesante y violente ironía
del autor tienen algo que ver con psicológica desengañada del personaje principal. Octave
Mirbeau nunca dejó de denunciar las manipulaciones políticas y padecía de una fe en la
magnitud y la razón humana que no compraba en la realidad. Ambos lo condujeron a un
pesimismo irrevocable, en particular en cuanto a las relaciones de amor. Transmuto en el
libro este sentimiento para producir un texto políticamente incorrecto dotado de un humor
negrísimo.
De un punto de vista artístico Memoria de George el amargado puede ser interpretada
como una obra precursora. La intriga tanto como la importancia de los sueños evocan por un
lado la literatura del absurdo y por otro la psicoanálisis, todavía desconocida en aquella
época.
Octave Mirbeau (1848 – 1917) : conocido al principio como periodista, firmó su
primera novela de su propio nombre en 1886, cuando ya se gozaba de un amplia fama. Tuvo
éxito internacional tratando de temas tabú, como por ejemplo el de las violaciones por los
curas. También era un famoso crítica de arte, que apoyaba a las vanguardias (Rodin sobre
todo). En su vida personal, hay que subrayar su itinerario amoroso difícil que contribuyo a su
desencanto : ninguna de las dos mujeres de su vida, Judith Vimmer y Alice Regnault, le
proporcionó felicidad.

* * *

4.http ://www.elplacerdelalectura.com/2009/03/memoria-de-georges-el-amargado-
octave_6232.html

27 de marzo 2009

Mientras la hipocresía de la política francesa se encargaba de fecundar el germen del


descontento social en los últimos años del siglo diecinueve, Octave Mirbeau gestaba uno de
sus personajes más importantes.
Se trataba de contar una historia que trascendiera al mero texto, que fuera más allá de la
narración, que sobrevolara por encima de los protagonistas y que demostrara lo absurdo de
una sociedad pagada de si misma e incapaz de reconocer sus carencias.
Es así como surge Georges el amargado, el primer antisistema no anarquista del siglo
diecinueve. En tan solo ciento treinta páginas, Georges fusila el concepto de :
1) Amistad. Solo habla con su amigo más íntimo cada cinco o seis años, encontrándose
por casualidad en la calle y manteniendo una conversación insustancial
2) Matrimonio. Se casa con Rosalie cuya “fealdad era tan total que era más que fealdad,
era nada, nada, nada ». Tan fea es que ni le habla durante su vida de casados.
3) Familia. Tanto la propia como la familia política solo le usan por interés, le exprimen
y le tiran a la basura.
4) Justicia. Sin pruebas es acusado de asesinato y encarcelado, pero por buena fortuna
sale pronto en libertad, sin razones para ni lo uno ni lo otro.
Total, que deja Francia patas arriba y a la torre Eiffel boca abajo, pero con un estilo y
arte absoluto. Mordaz, cáustico, hilarante y kafkiano, Mirbeau dibuja cada escena con un
color ocre diferente, con un tono frío y sucio que trasmite el asco inmenso que sufre su
protagonista ante su vida, ante la omnipresente fealdad del mundo que le toca vivir y ante lo
farisaico de los métodos sociales establecidos.
¡Lean, lean, como se puede dinamitar un sistema con un solo relato aparentemente
inocente ! Pero antes infórmense sobre el caso Dreyfus, ya que solo así tendrán el cuadro
completo.

* * *

5. http://thekankel.blogspot.com/2009/03/memoria-de-georges-el-amargado-de.html

6 de marzo 2009, por Jab

Aquella noche, en aquella cárcel abyecta donde había de todo, asesinos, vagabundos,
ladrones, borrachos, tuve la revelación súbita de que la sociedad cultiva el crimen con
incansable perseverancia y que lo cultiva mediante la miseria. Diríase que sin el crimen la
sociedad no podía funcionar. Sí, en realidad, las leyes que dicta y las penas que aplica son
tan sólo el caldo de cultivo de la miseria. La sociedad quiere miserables porque necesita
criminales para apuntalar su dominación, para organizar su explotación. Y comprendí que
quien haya sido empujado una sola vez al crimen por la necesidad de vivir, no podrá salir
jamás del crimen, jamás, jamás. La sociedad le hundirá en él cada día, cada hora, más
hondo, más profundamente. Es como un paseante que va por la orilla de un río, y él le tira
piedras y más piedras para que desaparezca para siempre en las tinieblas del agua.
.
Creo que Georges L., el hombre gris y cenizo que escribe estas memorias, es un
personaje olvidado que merecía la justicia que le ha hecho Impedimenta al publicar este libro
de Octave Mirbeau, fina pluma a quien también corresponde la base literaria que sirvió a Luis
Buñuel para Diario de una camarera. Georges se mira al espejo y se detesta. Pero aún odia
más a su mujer. Y a unos padres que lo trataron mal. Pero Georges tiene una fuerte capacidad
de abstracción: se refugia dentro de sí mismo, en sus pensamientos, y ahí pasa su existencia.
Sólo despierta de su letargo cuando, sospechoso de asesinato, pasa unas horas en la cárcel.
Uno de esos personajes en la línea de Bartleby o Jean Dézert. En breve, un artículo sobre el
tema.

* * *

6. http://encuentrosconlasletras.blogspot.com/2009/05/memoria-de-georges-el-amargado.html

11 de mayo 2009

Es la memoria prosaica de un hombre sentado en un antro oscuro y húmedo que


parece un símbolo del mundo. La publicó Octave Mirbeau en 1899 y la edita Impedimenta
con traducción de Lluís Maria Todó.
Hoy, por casualidad, me he mirado en un espejo.

Así comienza esta novela corta e intensa que es una reflexión sobre la decrepitud física
y la fealdad como reflejo de la ruina interior del narrador-protagonista y del resto de los
personajes.

Georges L., que ha perdido todos los trenes, escribe la memoria de la insatisfacción y
hace su autorretrato de hombre mediocre que no envejece porque ha nacido viejo. La escritura
de estas memorias, que su viuda hace llegar al autor, es la última venganza del protagonista
contra un mundo hostil y en descomposición, contra el pasado de su infancia sombría y su
familia lamentable, contra el presente de un matrimonio humillante y una mujer odiosa.
En contraste con la nítida prosa de Mirbeau, todo es viscoso y lóbrego en este catálogo de
rostros siniestros que reflejan las ruindades personales y colectivas de una sociedad perversa.

En el París miserable donde trabaja como cajero o en la ciudad de provincias de la que


viene Georges, sólo los animales –los perros o las gallinas- tienen destellos de inteligencia,
afecto, voluntad o ironía.

Sospechoso de un crimen sórdido, Georges pasa un día detenido en un calabozo. Y a


partir de ese momento, la novela toma otro cariz, menos individual, y se convierte en una
denuncia de las leyes y el sistema penitenciario, en un alegato contra las desigualdades y las
injusticias.
La piedad y la rebeldía surgen de aquel hombre arrestado en medio de otros hombres.
Y así la peripecia personal de un ser empequeñecido por las circunstancias acaba
transformándose abruptamente en un grito, en la airada denuncia social y cultural de una
colectividad que encubre la miseria tras el brillo aparente de su lujo:
En París los filósofos del optimismo mortífero no ven la miseria. ¡No sólo no la ven, sino que
la niegan!

Santos Domínguez

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7. http://www.cronica.com.mx/especial.php?id_tema=1237&id_nota=467576

8 de noviembre 2009 - Adrián Figueroa, La Crónica de hoy, México

Pocos relatos pueden tener esa orilla entre lo ridículo y la desesperanza. Esa es la
personalidad de Georges L., el protagonista de esta novela y el personaje del Mirbeau. El
amargado, como lo nombra el escritor, es un tipo de muchas hendiduras por las cuales
podríamos ver diferentes caras. Pero ninguna de ellas sobresale más que la otra. Lo que sí
aparece, de manera manifiesta, es la gran incapacidad de Georges para tomar las riendas de su
vida y, por no hacerlo, lo llevan a vivir con la mujer que no desea, el empleo que no quiere, la
vida miserable que acepta por temor. Es el destino del hombre impuesto por el mismo o su
inseguridad. Una gran novela que no tiene un suspiro permanente por algo o alguien, sino que
es la parálisis total del ser humano.

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8. http://www.diarioelfaro.es/noticia.asp?ref=122573

EL FARO DE LAS LETRAS, Murcia, 24 de febrero 2009

El odio como estilo de supervivencia

Por Antonio J. Ubero

Cada mañana y desde hace ya bastante tiempo, suelo tomar café en un lugar en el que
la clientela gusta de expresar, impúdica y sonoramente, su estado de ánimo; y así, entre
miserías, esperanzas y ocurrencias, ocupo los no más de seis minutos que mi paciencia
permite y salgo de allí ansiando un poco más de paz que la última vez al tiempo que hago
votos por no caer en el pozo de la misantropía. Harto de esforzarme por entender la naturaleza
humana en su hábitat rutinario, relativizo sus ataques y fortalezco la presencia de ánimo, no
sea que un mal día acabe con mis huesos en un frenopático y, lo que sería peor, hallase allí la
paz. Pero en dosis continuadas, no me extraña que la amargura se adueñe de las almas
sensibles, impregne con su hedor el aire y conduzca al incauto hacia las mazmorras de la
desesperación. Cierto es que se tiende a relacionar esas realidades con el tiempo que se vive,
en una inevitable sincronía marcada por lo cercano y propio. Pero basta con leer un libro
como ‘Memoria de Georges el amargado’, para comprobar que las amenazas son universales
e intemporales. Con lo que el desasosiego aumenta irremediablemente, ante la certeza de que
el ser humano no aprende ni a cañonazos.
“No existe, estoy convencido de ello, ejemplo de hombre más desprovisto que yo de
los medios físicos capaces de dar impulso a todo cuanto se crea y fermenta en él, de dar forma
exterior a sus exaltaciones”, lamenta Georges L. en las memorias que su mujer le confía a un
intelectual –el propio Octave Mirbeau– para que las lea y, en su caso, las publique, apelando a
una más que dudosa amistad.
Del autor se debe fiar el lector cuando asegura que esas páginas son “admirables” en la
introducción que hace al relato en sí. Pero basta con empezar a leer para comprobar que así es
y que, sin género de duda, esta obra es una de esas joyas de la literatura perdidas en el piélago
de los tiempos y los intereses, y afortunadamente recuperada por una editorial tan audaz como
el escritor que de su obra habla maravillas.
Georges L. es un hombre ambivalente: su aspecto y personalidad anodinas contrastan
con su esfervescente espíritu, creativo, intrépido, sensual e ingenioso; pero su voluntad se ha
impermeabilizado a fuerza de rutina tras la reja de una ventanilla en la caja de un banco; en
las reuniones de unos viejos amigos que sólo hablan de lo mal que va el comercio; en una
familia convencional y protectora tan opresiva como complaciente; y, sobre todo, en su mujer,
Rosalie, sobre la que vuelca toda su decepción llegando a odiarla hasta el punto de convertirlo
en el auténtico sentido de su existencia: vive para odiar y odia para vivir. Es un volcán a punto
de estallar que encuentra en los finos labios y en las formas angulosas de Rosalíe la fuente
heladora que sutura las escasas grietas por las que puede escaparse el fuego que le abrasa.
Pero Georges L. es un hombre resignado; su yo terrenal impone su imperio y le obliga
a seguir contando el oro ajeno, soportar los desplantes de Rosalie y privarse de la belleza que
su sensibilidad le puede conceder. La vida gris de un hombre que encuentra la amistad en
alguien al que sólo ve por casualidad de lustro en lustro, que busca por doquier algo que dirija
su vida por un derrotero distinto al que todos se empeñan en imponerle. Y por fin, es en ese
interior donde encuentra la solución. Una solución que se llama fantasía. El mundo donde,
desde ese momento, llevará a cabo sus grandes empresas, mientras su cuerpo se arrastra por el
barro de la realidad, hasta que la muerte los separe.
Octave Mirbeau fue periodista y crítico de arte además de escritor y, como Zola,
partidario de Dreyfuss, quien se convirtio en bandera de una generación de intelectuales
refractarios al puritanismo político que predominaba en Francia a finales del siglo XIX.
Mirbeau se ganó la fama de incorrecto y eso, quizás, fue lo que le privó de ser más conocido
en el mundo literario, a pesar de que su obra ha sido traducida a más de treinta lenguas. Su
espíritu rebelde y soñador se plasma en la extraordinaria imaginación que desarrolla en sus
historias, de las que ésta es un buen ejemplo.
La fina ironía con la que retrata las miserias de la sociedad bienpensante y pesimista
de la Francia de entresiglos y el humor negro que impregna todo el relato, hacen de ‘Mmeoria
de George el amargado’ una novela memorable.

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9. http://www.paquebote.com/buscar.php?
titulo=&autor=&editorial=&ano=&general=&materia=CLA&nombremateria=Cl
%E1sicos&primero=100

«Octave Mirbeau es, con todo merecimiento, nuestro más grande contemporáneo.» (Lev
Tolstói).

Conoced a Georges L., el héroe de esta nouvelle: no es más que un cajero parisino, de
espíritu contemplativo, aparentemente desprovisto de personalidad y condenado a llevar una
existencia larvaria. Obsesionado con la abrumadora estupidez y la inmensa fealdad de la raza
humana, una sola cosa le mantiene vivo: el odio que siente hacia su esposa, una mujer seca y
siniestra cuyo único objetivo es hacerle la vida imposible. Pero Georges tiene una despiadada
capacidad para recluirse en sí mismo y para huir de la depravación social que le rodea, y eso
le salvará de su propia destrucción.

Escrita en plena efervescencia del célebre affaire Dreyfus, esta Memoria de Georges
el amargado es una fábula políticamente incorrecta dotada de un humor negrísimo, donde se
mezclan el crimen, los deseos carnales insatisfechos y las eternas preguntas sobre el incierto
destino del hombre.

Octave Mirbeau nació en Trévières, pequeña ciudad de Normandía, en 1848. Comenzó


su vida creativa ejerciendo de periodista para los bonapartistas y como negro literario. Su
primera novela «propia» es Le calvaire (1886), que narra de modo explícito la pasión
desatada del narrador por una mujer llamada Juliette, trasunto de un amor real del autor. En
1888 publica L’Abbé Jules, que es, de hecho, la primera novela dostoievskiana y prefreudiana
de la literatura francesa. En Sébastien Roch (1890), Mirbeau narró sus traumáticas
experiencias como estudiante en un internado jesuita en Vannes. La novela se convirtió en un
pequeño succès de scandale al incluir escenas de violaciones de adolescentes por parte de
sacerdotes. Poco después de que se desencadenara el caso Dreyfus, Mirbeau acentuó su
pesimismo y publicó varias novelas juzgadas «escandalosas» por los Tartufos y los
bienpensantes franceses, pero que tuvieron gran éxito de ventas en todo el mundo: Memoria
de Georges el amargado (1899), El jardín de los suplicios (1899), Diario de una camarera
(1900), y Las veintiuna jornadas de un neurasténico (1901). Ya en ellas pone en jaque el
género novelesco, practicando la técnica del collage y transgrediendo los códigos de la
verosimilitud, de la credibilidad novelesca y de las conveniencias hipócritas. En sus dos
últimas novelas —La 628-E8 (1907) y Dingo (1913)— se apartó si cabe de un modo más
claro de la narración de tipo realista, haciendo protagonista de las mismas, respectivamente, a
su coche y a su perro. Anticlericalista radical, pacifista y antimilitarista, su obra ha sido
traducida a más de treinta idiomas. Muere en París en 1917, y sus restos se conservan en el
Cementerio de Passy.

Memorias de Georges el amargado ha sido traducida por Lluis María Todó.