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Una Educacion Hacia La Libertad - Pedagogia Waldorf

Una Educacion Hacia La Libertad - Pedagogia Waldorf

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Frans Carlgren Sobre Pedagogia Waldorf
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01/15/2013

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Para satisfacer sus necesidades materiales, el habitante
de una zona industrializada depende totalmente del
rendimiento de sus semejantes. Por mucho que el individuo
crea que solamente trabaja para ganar dinero, dentro del
orden económico actual tiene que servir, sin embargo, a otros
consumidores con su labor. La vida autárquica en estas zonas
del mundo está superada. Aquí podemos hablar de una forma
de "fraternidad" causada indirectamente por el proceso de
producción moderno, sin tener que darle a esta palabra
ningún sentido moral.
Ya que en principio siempre queremos comprar una
mercancía procedente del lugar donde más barata y de mejor
calidad se produzca, la vida económica tiene la tendencia
natural de crear una red de relaciones que en la era de los
modernos medios de locomoción abarca todo el mundo. Esta
tendencia está actualmente reprimida por las aduanas,
suspensiones de importación, régimen de divisas, etc. Pero si
le dieran la oportunidad de desarrollarse libremente, sería
necesario formar asociaciones de producción independientes
de todas las fronteras estatales, en las cuales serían los
propios implicados en la producción, distribución y consumo,
o sus representantes elegidos, los que intercambiarían
opiniones y decisiones sobre las necesidades existentes y la
posibilidad de satisfacerlas. Las asociaciones pueden cumplir
la tarea encomendada según las circunstancias, siendo en
unos casos más bien de carácter local y abarcando en otros
todo el mundo. Lo esencial es únicamente que se desarrollen
a partir de condiciones puramente económicas, sin que se
mezclen en sus asuntos exigencias políticas. De esta forma
quedan patentes también posibilidades de relaciones
económicas completamente nuevas entre los habitantes de
los países industrializados y de los subdesarrollados.
Estén o no coordinadas en importantes centrales
organizadas, las distintas asociaciones estarán conjuntamente
activas en un campo de trabajo autónomo, que como tal, es
un sector dentro de la sociedad "ternaria". Este campo de
trabajo abarca la producción y distribución de mercancías de
toda clase que sirven a la satisfacción de las más variadas
necesidades de la vida. Un sistema así no es realizable en
países en los que los medios de producción pertenecen al

estado o en los que éste dirige el empresariado. Por otra
parte, son necesarias medidas estatales para evitar los
problemas que causa la posesión privada de industrias en un
sentido convencional. Para esto, Rudolf Steiner propone una
solución legislativa de la propiedad, que sería en cierto modo
un camino intermedio entre comunismo y capitalismo. Si se
quiere evitar el predominio de la burocracia y dar juego libre a
la fuerza de iniciativa de cada individuo, tendrá que ofrecerse
oportunidad a personas individuales capacitadas para que, en
la edad más productiva de su vida, puedan administrar capital
y medios de producción en la libertad; pero cuando
abandonan su cargo, el derecho de libre disposición de la
empresa fundada o dirigida por ellos pasará a otras
personalidades o grupos que estén capacitados para
proseguir la tarea determinada, una vez que un órgano
competente del sector espiritual libre haya dado su
aprobación. Con una legislación dispuesta en este sentido se
impide que grandes fortunas pasen por herencia a manos
improductivas.

¿Es utópica la idea de la Triformación?

La estructura de un orden social descentralizado, en el
que cada hombre tenga al mismo tiempo parte en los tres
sectores de la vida independientes entre sí con sus diferentes
instituciones, ocasionaría sin lugar a dudas cambios
profundos en la convivencia social de la humanidad. Una
consecuencia especialmente decisiva sería que los
representantes de los estados y federaciones no podrían
contar para sus aspiraciones militares y de política exterior,
sin más ni más, con el apoyo de las instituciones del sector
cultural

y

económico,

abiertas

y

orientadas
internacionalmente. Es evidente que los órganos estatales
tendrían que disponer de todas las fuentes de ayuda que
necesiten para procurar la justicia social dentro de sus
ámbitos. Las funciones legislativas del estado serían más
importantes que nunca. Aparte de esto no ostentarían ningún
otro poder. Sus medios de poder quedarían limitados al
máximo.

¿Pero no sería utópico creer que políticos responsables
colaboren algún día para instituir tal orden de cosas?
Demos un vistazo al estado actual del mundo. Toda una
serie de estados modernos industrializados, sobre todo las
"superpotencias", poseen una maquinaria de guerra de una
fuerza incalculable. Nadie sabe aún ni cuándo se podrán
desmontar estas fuerzas de destrucción. La mutua amenaza
de los estados y federaciones descansa sobre una tremenda
aglomeración de poder político, espiritual y económico, el cual
está concentrado en las manos de unos pocos funcionarios,
en los estados "totalitarios" de forma permanente y en los
"democráticos" por lo menos en tiempos de revueltas y
guerras. Este es un motivo capital de la amenaza de guerra
que continuamente sufre gran parte de la humanidad. La
centralización que va en aumento casi universalmente y las
enormes posibilidades del campo de acción así creado,
algunas veces producen en políticos y militares -sobre todo en
zonas con pobreza económica y condiciones sociales
inestables- la tentación casi irresistible de usurpar el poder
con la violencia, el cual puede ser conquistado en su totalidad
con un solo golpe.

Solamente cuando las funciones del mundo espiritual
(educación, formación, investigación, opinión pública) y del
sector económico (industria, agricultura, banca) se hayan
desligado del poder directo del estado podrán evitarse estos
peligros. Una de las utopías sociales más difundidas en
nuestro tiempo es que el deseo de paz y seguridad extendido

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por todo el mundo, pueda ser satisfecho algún díasin esta
descentralización.

Para lograr formar una opinión internacional
extraordinariamente fuerte, capaz de penetrar incluso en las
dictaduras, que por sí sola haga posible un cambio social en
esta dirección, es necesaria una amplia información, mucho
tiempo y quizás también muchos sufrimientos.
En 1919 Rudolf Steiner tenía la esperanza de que se
tomarían las medidas sociales necesarias y que hombres de
estado responsables las harían realidad por convicción
mediante un desarrollo pacífico y encauzadas
democráticamente. Pero los cambios esperados no se
produjeron. Y así predijo que el camino de la humanidad
seguiría a través de golpes de estado, revoluciones y guerras
mientras no se cumplan las exigencias de un orden social
actualizado.

Sus descripciones de las condiciones de vida que se
podrían lograr por el camino de una Triformación eran en todo
momento sobrias y desapasionadas. Continuamente
recalcaba que cada una de las medidas podía verificarse de
forma completamente diferente a como él describía. En
consciente discrepancia con muchos pensadores reformistas
y revolucionarios, subrayó que la forma de vida que él querría
promover no conduciría de ninguna manera a una situación
social paradisíaca. No alimentaba ninguna clase de ilusiones
respecto a las aptitudes morales de los gobernantes en la
política y economía o de los hombres en general. La meta
para la que él quería actuar no era una utopía, sino un
sistema social que parte del conocimiento del hombre,
teniendo en cuenta sus impulsos sociales, y que, mediante su
realización, activa aquellas aptitudes sociales que pueden
despertar en medio de toda debilidad y egoísmo, si se
desarrollan a través de formas de convivencia sanas, actuales
y verdaderamente humanas. Quien quiera comprender la
Pedagogía de Rudolf Steiner desde sus fundamentos, no
puede evitar enfrentarse con las ideas de Triformación Social.
Pues una de las metas básicas de su arte de enseñar es
conseguir despertar y cultivar esas capacidades, ya durante la
infancia y juventud del hombre.

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