ALFABETO PARA NADIE

Cristián Gómez O.

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ALFABETO PARA NADIE ©Agencia Editorial FUGA ©Cristián Gómez O. Derechos reservados Registro de propiedad intelectual Inscripción número: xxxxxxx-x I.S.B.N. 00000-00000-0000 Diagramación: Ángela Barraza Risso Diseño portada: Arturo Ledezma M. Impreso en Valparaíso, Chile por Editorial FUGA

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EL MÁS PACIENTE

Habla de esto: un hospital demasiado moderno y delantales blancos, prohibiciones de fumar a menos de veinticinco metros de cualquier ingreso al recinto penitenciario, donaciones hechas por todos y cada uno de los bancos de la ciudad,
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organizaciones sin fines de lucro, millonarios cuyos nombres aparecen bautizando pabellones completos de atención cubierta por un seguro en el que todos piensan pero del que nadie habla y en el casino, una familia el matrimonio y el niño
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calvo, delgadísimo (y lo único que alcanzas a escuchar al pasar por el lado de su mesa es que está funcionando el tratamiento.

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HOMO SACCER

Algunos juzgan al héroe de acuerdo a las posibilidades que tenga en contra. Y cometió el error de no morir en el intento. Otros aseguran que la clave se encuentra en lo sucedido, si por lo sucedido se entiende referir con palabras decorosas lo que de otro modo no sería sino un espejismo en el desierto, una ilusión más bien espiritual antes que óptica y producto a todas luces de los azotes de silicio en las
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espaldas de aquellos obligados a referir la historia. Nunca sobreviven los mejores.

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INCURABLE

Creo haber escrito algún poema. A veces me levanto de la cama para verme reflejado como una mancha en el espejo. Después de todo a nadie le preocupa el curso de la historia ni las alas de un ángel ni un espejo retrovisor. Creo haber escrito algún poema me dijo el paciente con cáncer terminal antes de darse por vencido y negarse a recibir una nueva sesión de quimioterapia. Creo haber escrito, creo haber puesto encima de la mesa las cartas guardadas bajo la manga. La paternidad no se reclama ni se comprueba

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sin necesidad de someter a los exámenes el rostro ajeno de una hija. Creo haber escrito algún poema después de reflejarme como una mancha entre las sábanas como un tahúr en su prisión para inclinar el azar en mi favor y sorprender luego a los jugadores del día, con este poema lleno de cartas marcadas, que nada dice y contra el cual no hay respuesta posible y que ni siquiera es una interrogación.

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DOMINGO POR LA TARDE

El exilio perdió a sus héroes. Nosotros, asomados al balcón, vinimos a reemplazarlos. Nadie nos dio la bienvenida. En el cuarto de al lado escucho los quejidos de alguna pareja, la división capitalista del trabajo y las tarifas del servicio telefónico contribuyen de igual manera a la redacción de panfletos revolucionarios que de otra manera no encontrarían su razón de ser más allá de la contemplación solipsista del atardecer en un espejo, el crepúsculo adecuadamente sancionado por la tradición: te acompaña sin decir una palabra, con el sol a cuestas ni siquiera el silencio es necesario.

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NO SE EQUIVOCABAN LOS MAESTROS (museo de bellas artes, versión libre)

Alguien cree estar escribiendo en el fin del mundo, pero no puede negar que el camión de los helados está pasando nuevamente por el parque donde los niños se arremolinan a su alrededor y la descripción del paisaje no ha cambiado porque el ojo del que mira no ha cambiado: confía impertérrito en que el mundo es una catástrofe tranquila, una reunión de nubes diríase que de paso por el cielo sería el único argumento convincente para encerrarnos a conversar en un café :de cualquier cosa, menos de las nubes. Nadie tiene ganas de salvarse de nada pero sí de tomarse un par de chelas, de las últimas profecías sobre algún remoto apocalipsis las palabras tienen poco que decir: las danzas de la muerte, un anillo en el dedo de los que no alcanzan a apretarse el cinturón, aunque nada tengo en ello que ver la improbable falta de presupuesto: y es cierto que no sabemos distinguir como le gusta enrostrarnos a los catedráticos de las plazas más preciadas entre el cierzo y el mistral, ok: touché. Así decía mi hermano
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cuando hacíamos esgrima con palos de escoba y terminaba sacándome cresta y media cuando a los dos se nos pasaba la mano con el ardor de los guerreros: él moriría poco después, tendido en una cancha de fútbol, mordiendo no sé si con desesperación el pasto, de seguro ya inconsciente, producto de una falla en el ventrículo derecho del conjunto arterial. El camión de los helados pasa haciendo sonar la sirena, los niños están a punto de alcanzarlo y el conductor sólo piensa en lo fácil que será entregarle las planillas al supervisor del turno de las mañanas.

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POEMA DE APREMIOS Y CONCESIONES

Es bueno que algunos salgan a planear en sus avionetas (los pueden llevar muy lejos). Uno se acostumbra, a veces a echar de menos y sin avergonzarse. Cuando me daba un par de vueltas por el centro y visitaba el sindicato de empleados de talabarterías, pude darme cuenta de tantas cosas. Después recorría la calle Ayllavilú y desde la perspectiva de un niño de doce años montado en una Einstein-Sta. Rosa, más tarde en una M.Montt-Cerrillos: no dejaba de imaginarse ese tugurio como una especie de lugar sagrado y sin acceso. El error se repetiría con frecuencia, pero el cabaret El Infierno sería pronto reemplazado por un estacionamiento de dos pisos que no tardó mucho tampoco en ser asimismo reemplazado por uno de tres. La penitenciaría, el mercado, la estación. No hace mucho almorcé por ahí con un amigo que dice ya no ser mi amigo. También subieron los precios. Lo único que ha bajado es la bencina. Debe ser lo que estoy tomando.

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CLASE

Voy a hablar, entonces, de una letra. Del componente, simplemente, de un alfabeto. Cada lector, dicho sea de paso, tiene su propio rostro. La vida no es tan corta como se piensa. Entró al cuadrilátero dueño de una inexorable indiferencia. Tiró unos guantes como para tantear la noche. Las batallas que hoy en día se pelean ocurren todas en el desierto: las cámaras, las luces, el público que lo ovaciona: elementos puramente del decorado, que no habrá de modificar la decisión dividida de los jueces. Una autobiografía como cualquier otra revestida de la misma elegancia de un crepúsculo, un espejo siempre de sí mismo, una repetición del aire que respiramos y dejamos de respirar.

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ENCENDÍ UN CIGARRILLO Y MIRÉ A MÍ ALREDEDOR CON LA ESPERANZA DE ENCONTRAR UN ROSTRO CONOCIDO. PERO NO TUVE SUERTE. LOS CLIENTES PARECÍAN EXTRAS DE UNA MALA PELÍCULA DE PRESIDIARIOS A LOS QUE NADIE DEJARÍA AL CUIDADO DE UNA MONEDA DE CIEN PESOS. El panorama ante nosotros no incluye el optimismo. El equilibrio de fuerzas se ha logrado a costa de ciertos sacrificios que no estaban en los cálculos de nadie. Aún así, la dirección ha decidido seguir adelante, para lo cual se requiere del aplauso de la asamblea. Y aplaude la asamblea. La obra gruesa está acabada, por ahora el principal objetivo es lograr que los festejos sigan en manos de los que no saben (lo) que están festejando y todo el mundo vea en ello otra consecuencia inevitable en un mundo plagado de consecuencias inevitables. Como en toda primavera, las hojas que brotan lo hacen con el mismo tipo de inocencia que los jóvenes repartiendo volantes en los semáforos de las grandes avenidas. Son una especie de alegría pasajera como todo sentimiento de este tipo que se precie. Esto, que parece un comentario al pasar de algún cuadro de cienfuegos, tiene, a su vez, por paradójico que parezca, aplicaciones prácticas que algún día darán sus frutos, basta con leer los diarios de derecha para despotricar después con orgullo en contra de los diarios de derecha, el hecho de que los nombres no coincidan en este caso con los objetos, tiene tanto que ver con el clima como el clima tiene que ver con las palabras.
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LA DERROTA

La visita al museo concluye delante de una estatua, un enorme montón de tela reunida bajo el nombre de una calle del centro de Santiago. Está amontonada como si se la hubieran arrancado a un infinito número de gente que la hubiera tenido puesta, ropa que apelotonada en el medio de un museo perdido aquí en el midwest ofrece lo mejor de sí. La ropa está desnuda, sentencia mi hija mayor que entiende mejor que uno mismo esto de andar presenciando con desconfianza lo que sólo se puede mirar por vez primera: después ya sólo el comentario, mirar la hora, volver como si tuviéramos que volver.

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ENCENDÍ UN CIGARRILLO Y MIRÉ A MÍ ALREDEDOR CON LA ESPERANZA DE ENCONTRAR UN ROSTRO CONOCIDO. PERO NO TUVE SUERTE. LOS CLIENTES PARECÍAN EXTRAS DE UNA MALA PELÍCULA DE PRESIDIARIOS A LOS QUE NADIE DEJARÍA AL CUIDADO DE UNA MONEDA DE CIEN PESOS.

No lo hubiera imaginado nunca. Pero tampoco es que sea una sorpresa. A lo mejor no lo entendiste. Si quisiera algún consejo ya te lo hubiera dicho. De vez en cuando es mejor que las cosas se calmen primero. Queda mucho todavía. Y no traje nada para cambiarme: sin embargo no hace falta que vuelvas a repetírmelo. Sin embargo no hace falta que vuelvas a repetírmelo.

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QUE INACABABLE EMPIEZA

El mar se demuestra pero nadando. Los granjeros de la zona, al hacer la cosecha del maíz, tienen que tener cuidado de no electrocutarse con los cables del tendido eléctrico, derribados durante el último tornado. Al subirse a sus tractores comprados con un largo crédito que terminarán de pagar sus hijos, no debieran estar tocando el suelo. Las estadísticas dicen que después de una tormenta los índices de accidentes laborales se incrementan en un doscientos por ciento, lo que da una cifra anual de un catorce por ciento acumulado en las últimas dos décadas. Las razones (dicen los que saben) se pueden atribuir al aumento de la actividad meteorológica debido fundamentalmente a la deforestación de vastas zonas del área norte y a que las cosechas, sobreexplotadas por los biocombustibles, son cada vez más difíciles de cubrir por un sólo operario encargado de una cantidad creciente de acres. Como los cultivos orgánicos demandan al menos dos o tres años manteniendo intacta la tierra, durante ese tiempo el pequeño propietario no recibe ninguna entrada, cero ingreso, lo que le significaría sobre endeudarse por echarse el destino del planeta sobre los hombros. Sus dos hijas salen a jugar al patio y él se pone a pensar en cuando sean grandes, en la
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universidad, en crecerlas. Hace cálculos, ve venir los años, una de ellas vuelve con un pájaro entre las manos: tiene un ala medio rota, pero quizás tal vez se salve. Y cuando lo llevan adentro, cuando lo comienzan a cuidar, las niñas vuelven con sus hijos, se sientan a conversar con el abuelo que puede que otra vez les repita esa historia sabida de memoria en las sobremesas de la familia, de cuando era joven y le gustaba nadar y un día llevó muy lejos a la abuela, hasta las playas de North Carolina para que ella conociera el mar y se decidiera por fin a casarse con un joven granjero del interior que recién había heredado un pedazo de la tierra y ni siquiera sabía como se arreglan los tractores, para que ella conociera el mar y le tuviera el mismo respeto que le tienen los marinos que nunca han sabido nadar ni tampoco necesitan aprender porque el mar no se explica ni se demuestra sino es con un par de estas palabras que lo miran desde el muelle golpear el muelle, da lo mismo que suba o que baje la marea los botes amarrados sólo esperan que amanezca para seguir estando amarrados.

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DESPUÉS DE ESO ABANDONAMOS EL CINE SIN QUE NADIE NOS VIERA SALIR

Pero puedo dar fe de que esas fueron sus últimas palabras. Tiempo atrás había dicho algo parecido como si estuviera citando a algún personaje que yo debiera conocer, un dato que no cambiaría el rumbo de la rueda de su fortuna ni el hecho de haber dejado
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la historia cuando el culpable estaba a punto de confesar después de haber sido sometido a una larga lista de apremios ilegítimos (lo que en nada modifica los hechos, sino a lo sumo lo que ellos signifiquen.

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DOÑA INÉS DE SUÁREZ YA NO EXISTE

Un suero metodológicamente administrado en la boca de enfermos terminales y enfermeras tan complacientes como dejaditas de la mano de dios: universos que no van más allá de la puerta batiente, a partir de la cual los hechos tienen varias versiones, todas ellas verdaderas: de paseo he constatado en primera persona el abandono en que yace dama tan ilustre, y cual caballero, me he ofrecido ( a nombre de todos, a costa de un nuevo paréntesis abierto: a quemarme las mejillas y recibir después la bendición de nuestros enemigos a usanza de lo que nuestros profesores repitieran hasta el cansancio en el baño de los colegios de una clase media que insistía en salir de vacaciones
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al valneario incomparable de bentanas: los mozos nos llaman con nuestro nombre y se atreven a cargarnos hasta la puerta de un taxi estacionado en la noche y las ruedas encima de la vereda, la tarifa es cuestión de minutos, una negociación que no necesita tornarse violenta si el juego está empatado de antemano: el trabajo ennoblece al hombre a los ojos de dios, aunque sea el trabajo de soportar la conversación interminable de cierto tipo de habitués, devenidos en amistades
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a falta de un nombre mejor para lo que va quedando de la noche (pero henos aquí, mi socio de vuelta en esta mesa arreglándolo todo en día de semana, teniendo que esperar a que pase el último colectivo con rumbo de cualquier manera incierto y rogarle que nos lleve de vuelta otra vez hasta el hogar, hasta la historia –que escrita así con minúsculas y apretujada entre los pasajeros del móvil, abre la ventana para que entre un poco de ese aire en el clima enrarecido del asiento posterior y el viento le golpee el rostro con la fuerza de lo que está por suceder y nuestra única tragedia sea que podamos evitarlo pero no queramos evitarlo. Pídase la otra pues compadre.

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MIRABA EL RÍO DESDE UNO DE LOS PUENTES QUE LO CRUZAN. Y NO PENSABA EN NADA

I.Una mujer ha descubierto el otoño. Para ordenar las palabras como hojas esparcidas por el suelo. II.Una mujer ha descubierto el otoño. Lo lleva sobre sus espaldas como los cargadores de avenida la paz: soportan el peso del mundo sobre los hombros (y las cajas infinitas de la fruta pudriéndose y perdiéndose en las mismas aceras del siquiátrico y del cementerio. III.Una mujer ha descubierto el otoño. La transfiguración de la noche pone de manifiesto el afán de componer de espaldas a la realidad pero de cara a los transeúntes
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que vienen en sentido contrario por las mismas aceras de avenida la paz: allí donde se hicieron los funerales vigilados del poeta.

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LE PEDÍ QUE SE QUEDARA. ME PREGUNTÓ QUÉ IBA A PASAR. LUEGO SE SENTÓ Y ENCENDIÓ UN CIGARRILLO (ELLA NO FUMA)

No se ama a una mujer sin amarla, no se la confunde con la falta de sueño y una noche más en vela: no se le arranca el vestido por si acaso, a ver si los astros azules –a lo lejos justifican haber perdido tanto el lugar como el espacio: mitologías aparte, el uso de la voz pasa por haberla compartido, los frutos de la tierra piden más de una boca, el vino, sin ir más lejos no tiene gracia
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si no tiene un plato que lo adobe, los viejos hubieran preferido sus buenas carbonadas, tallarines derramándose en los manteles como señales de buena salud. Preparados por las mujeres que ahora pueden ser amadas desvestidas como siempre aunque se hayan desvestido y los hijos ya paridos de antemano.

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COMO SI NO QUISIERA QUE LA ESCUCHARA DIJO ALGO SOBRE EL JARDÍN

En la pantalla se suceden los personajes pero continúa siempre la misma trama (nadie diría que esto es lindo, ninguna de las muchachas ubicadas en las filas posteriores y como de costumbre bien acompañadas confesará su preferencia por este corpus pero qué importa: los personajes no se dirigen a la platea ni tampoco se han percatado de la cámara: removida la cuarta pared de la habitación donde giran la mayoría de sus problemas no queda sino el naturalismo que observamos con la paciencia del entomólogo y un peso en la conciencia que aspira a reemplazar a la conciencia.

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NO QUERÍA SALIR DE NOCHE

Una vez nos juntamos a celebrar los cien años de Pessoa; a cada cual le correspondía un heterónimo, a mí me tocó en suerte Álvaro de Campos, ingeniero y cosmopolita, desenfadadamente maricón, según contaba Ofelia. La casa era una de esas antiguas casas señoriales donde hubiéramos tenido que entrar por la puerta de servicio. Ni el vino ni las velas nos salvaron del invierno, a punto de partir como nosotros: fue, sin embargo, la última noche que hizo frío.

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Y SORPRENDER LUEGO A LOS JUGADORES DEL DÍA

Con un certificado de buena conducta que no me haría ni los haría más felices ni sirve para terminar con la única sospecha que se cierne sobre nosotros, esa según la cual asistimos de brazos cruzados a la historia como si la varita mágica estuviera en nuestras manos, la misma con la que pretendían gobernar en fantasilandia, pero sin bajarse a vomitar (aunque todos se bajaron vomitando) de la única montaña rusa que funcionaba de verdad. Con la mirada puesta en el espejo retrovisor y descifrar así el verdadero nombre de las ambulancias: con las alas cerradas porque un ángel de espaldas a la historia ha caído víctima de un viento inexorable y el encargado de ponerlo frente a nosotros se ha dedicado menos a la geometría que a la reproducción detallada del progreso: la acumulación en tiempos de escasez como una forma de contribuir a la profecía autocumplida del desabastecimiento y la mala costumbre de reemplazar la historia con nuestra historia, de recordarlo todo como si fuera una despedida, como si hubiéramos sabido de antemano que de verdad tendríamos que
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despedirnos tanto del sol como del reflejo del sol, la última posibilidad que tuvimos de abrigarnos con ropa y abrigo que fueran nuestros como eran nuestros el aire que respirábamos y también el que dejamos de respirar.

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LOS TÚNELES MORADOS

Esta fue nuestra playa girón. Por esto nos recordarán aunque no paguemos ni hayamos pagado nuestras cuotas revolucionarias. La épica de lograr cazar un taxi (ya se nos pasó hace rato la última de las micros es, a fin de cuentas, nuestro orgullo. Nuestro único orgullo, una última elegancia. Hemos compuesto los himnos pertinentes, incluso podemos exhibir las necesarias divisiones entre nosotros, después de la batalla, todos quisieron ser generales. Pero los soldados, los que fusil en ristre, los que a bayoneta calada: desperdigados por el mundo, añorando esas noches del nuevo congreso, donde planeamos el asalto a los palacios de un invierno que para nosotros siempre se tradujo en carpetas
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bajo el brazo, en tratar de cruzar la próxima calle: algunos están por llegar, otros (armados de una ardiente paciencia) algún día llegaremos.

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EL APRENDIZ DE RIMAS (still life)

I.El cuerpo humano de una mujer calza con el cuerpo humano de un hombre y el rostro de un hombre enmarcado en un cuadro decimonónico mirando a los visitantes que hipotéticamente se detengan a contemplarlo como parte de las actividades de esparcimiento que a fines del siglo veinte son capaces de costearse en una sociedad postindustrial y lo suficientemente democrática como para que el abuelo de todos ellos departiera con el pintor y su paisaje pero igual no esté en el cuadro: la división de una ciudad de acuerdo a la programación televisiva, donde un testigo debiera dar cuenta de la forma en que ve la realidad (e incluso también de la realidad) sin por ello tener que avergonzarse. No se avergonzaron los emisarios de la corona, de cualquier corona, cuando leyeron en perfecto español: un edicto que declaraba aquellas tierras como parte del botín, ante un auditorio taino e ignorante, a dios gracias, de la gramática de nebrija, lo cual les costaría no sólo las tierras en cuestión, sino

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también tener que cargar con las ruinas, con tomos infinitos escritos por los arqueólogos de un futuro donde la única imitación de las ruinas son un par de frutas sobre una bandeja, como un dios menor la naturaleza ha muerto retratada en la quietud de su agonía.

II.-

La única superstición posible es aquella que nos previene de las manchas de sol durante el embarazo. De ahí que la piel sea como una forma de contemplar el pasado, un recuerdo indiscutible que salta a la vista de familiares y de amigos que no pueden eludir en los comentarios elogiosos de la recién venida al mundo. Ni las higueras en la noche de san juan, ni la vuelta a la manzana en año nuevo, ni ponerse en cuatro patas a las puertas de una repartición ministerial: las prebendas no caen de maduras en el árbol de la ciencia ni tampoco en el de la sabiduría, más bien hay que remecerlos y subirse como una temporera sobre las ramas (para compartir los intereses de la nueva clase empresarial que mis compañeros de clase media y santiaguina han llevado hasta sus últimas consecuencias, hay quien ha señalado la inequívoca relación entre la filosofía cartesiana y la solución final implementada en los campos de concentración judía, que también son los campos de
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concentración donde enjaularon a pound para que escribiera los cantos pisanos de memoria que también son los campos de concentración en que nos pusieron a escribir y a otros muchos los pusieron a tener familia (la corriente aplicada en los genitales no ha sido ningún impedimento.

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Este libro fue escrito, en gran medida, gracias a la colaboración de Damaris P., matancera de origen y cubana de adopción. A ella, entonces, quede dedicado. Aun cuando, como he dicho por ahí, le deba mucho más que un libro.

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Índice

El más paciente Homo Saccer Incurable Domingo por la tarde No se equivocaban los maestros Poema de apremios y concesiones Clase Encendí un cigarrillo y miré a mi alrededor con la esperanza de encontrar un rostro conocido. Pero no tuve suerte. Los clientes parecían extras de una mala película de presidiarios a los que nadie dejaría al cuidado de una moneda de cien pesos La derrota Encendí un cigarrillo y miré a mi alrededor con la esperanza de encontrar un rostro conocido. Pero no tuve suerte. Los clientes parecían extras de una mala película de presidiarios a los que nadie dejaría al cuidado de una moneda de cien pesos Que inacabable limpieza Después de eso abandonamos el cine sin que nadie nos viera salir Doña Inés de Suárez ya no existe

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Miraba el río desde uno de los puentes que lo cruzan. Y no pensaba en nada Le pedí que se quedara. Me preguntó qué iba a pasar. Luego se sentó y encendió un cigarrillo (ella no fuma) Como si no quisiera que la escuchara dijo algo sobre el jardín No quería salir de noche Y sorprender luego a los jugadores del día Los túneles morados El aprendiz de rimas

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ALFABETO PARA NADIE se terminó de imprimir en el mes de Diciembre del año 2007 Este libro fue hecho a mano y en su composición se utilizaron tipografías: Californian FB y Goudy Old Style. Impreso en papeles: Bond auesado de 80 gramos y Cartulina Murillo de 120 gramos.

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