JOSE BERENGUER RODRIGUEZ – “TIWANAKU: SEÑORES DEL LAGO SAGRADO”

Esta cultura se expandió por territorios que actualmente corresponden a Bolivia, Perú, Noreste Argentino y Norte de Chile entre el 600 y 1.000 d.C. En Chile, los lugares de Arica, Tarapacá y Atacama estuvieron influenciados por esta cultura, ya que Tiwanaku incorporo una serie de colonos del altiplano en el extremo norte de Chile, con un constante intercambio de productos con la Puna de Atacama, en su periferia representada por la fase Cabuza en Arica (300 a 700 a.C.) y la ultra periferia por la fase Quitor (400 a 700 d.C.) en los oasis atacameños. La influencia se debió principalmente a las caravanas de llamas para el intercambio. Este imperio creó un control alrededor del lago Titicaca, ya que se localizó en el suroeste de este lago, desde donde emergió el dios Wiracocha para crear el cielo, la tierra, el sol, la luna, las estrellas y el día, dando nombres y trajes a cada nación y les ordeno poblar el mundo, organizados en un pequeño señorío absorbieron a las culturas Wancarani y Chiripa, rivalizando con la cultura Pukara. Se transformo en un centro político y ritual de primer orden (100 – 400 d.C.), con la construcción de grandes monumentos como la pirámide de Akapana (utilizada para ceremonias y entierros) con varias chachapumas (esfinge de piedra con mascara de puma, sosteniendo en una mano un hacha y en la otra una cabeza humana), esta pirámide poseía un sofisticado sistema de drenaje.

El templo de Kantatayita (templete semi–subterráneo); el templo de Kalasasaya (para cultos al sol y ciclos agrícolas estacionales); el palacio de Putuni (para acoger un numero pequeño de personas en la plataforma y un gran número en el patio); el palacio Kheri Kala (terrazas superpuestas o escalonadas con muros de contención) y la pirámide de Puma Punku (con un complejo sistema de canales). Cuando se extinguió el señorío Pukara (siglo III d.C.) emergió Tiwanaku, que le otorgó una gran importancia a lo cívico y religioso, este aspecto representado por los chamanes que eran mediadores entre la gente y los dioses, con un pensamiento dual entre el personaje frontal y sus abreviaciones felinitas y la otra falcónica (en los monumentos). Consumían alucinógenos como un valor medicinal o religioso y en ocasiones para hacer intercambios comerciales, los consumían previamente.

Al implantar colonias antiplanicas se produjo el “archipiélago vertical” que significó la ocupación de territorios alejados unos de otros, pero se complementaban en los intercambios, ya que habían productividades distintas; por lo que se importaba principalmente coca, maíz, ají, calabazas, jiquima, yuca, pescado, mariscos, etc.

Existía en el estado una reciprocidad, porque la población que no pertenecía a la elite trabajaba para el imperio en obras públicas o agricultura (manteniendo la economía), y a cambio de esto, el Estado les retribuía en especial con tejidos (vestimenta), que era un símbolo de generosidad y de prestigio por parte de los gobernantes y del Imperio.

Entre los años 1.000 y 1.200 d.C., Tiwanaku pierde su dominio en el lago Titicaca, producto de sequías reiteradas, cediendo su organización social, económica y política a señoríos regionales que con el contacto español se conocerán como kollas, lupazas, pakajes, charkas, karangas, etc.

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