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CAPITULO

XII

MONARQUIAS Y REPUBLICAS

1. Las monarquías en el concierto del derecho cons-


titucional comparado
1
La realeza parece ser tan vieja como el mundo. Hasta
, que los científicos políticos elaboraron la clasificación de las
1 formas de gobierno e introdujeron en ellas a la monarquía,
ha de haber habido, sin duda, muchas jefaturas investidas
de las características monárquicas. No en vano Polibio, que
vivió en el siglo 11 a.c. y escribió su "Historia Universal",
relata al edificar su concepción sobre las formas cíclicas de
gobierno (anaciclosis)que el primer tipo que se daba en la
experiencia histórica era el monárquico, del cual se iban
derivando sucesivamente los demás. Que sus contemporá-
neos no lo supieran, o que nadie formulara su concepto,
nada nos dice sobre su inexistencia.
Cuando se empieza el análisis científico de las formas
gubernativas en torno del problema de quién ejerce el poder,
la tripartición de monarquía, aristocracia y democracia nos
viene a señalar la primera como el gobierno de uno so1o.l Sin
i
' El reparo por las confusiones semánticas lleva a Bouthoul a hacerlas
presentes en relación con las monarquías, que van desde los despotismos
asiáticos en los que el soberano divino o cuasidivino no encuentra limite
alguno a su voluntad ni a s u capricho, hasta las monarquías constitucionales
duda, este criterio de discriminación en cuanto al número de las instituciones monárquicas en Europa Occidental. En
es muy pobre, y muy científico. Localiza aparentemente al los raros casos en los que se aproxima a la dictadura, la
poder y lo perfila como unipersonal o monocrático, pero se monarquia no se basa en la magia de la realeza, sino en los
encuentra desmentido -por lo menos- en las antiguas tanques y fusiles de las fuerzas armada^".^
diarquías reales y en las pluriarquías imperiales. Si se
acude a la nota de ejercicio vitalicio y acaso hereditario, se Si nos preguntamos qué es la no-monarquía, caemos en
desconoce la índole de la monarquía romana. Si se quiere idéntico pozo. Lo mejor es, pues, dejar de lado el contenido
descubrir la tipicidad en el hecho de que es monárquico conceptual, y limitarnos humildemente a rastrear los re-
aquel gobierno donde la voluntad estatal coincide con la gímenes que se definen como monárquicos. O sea, aquéllos
voluntad sicológica de un hombre-rey (y no de una plura- en los que visiblemente hay un rey, una corona, un trono.
lidad de órganos-instituciones), ignora las monarquias Es que, como bien opina Wheare, la clasificación de las
llamadas constitucionales. La fortaleza del poder y del constituciones en monárquicas y republicanas ha perdido
titular que lo detenta, tampoco viene al efecto; si ello es actualmente su importancia distintiva. "Apenas significa
observable históricamente en monarquías imperiales como más que la denominación según la cual si el jefe del estado
la del Negus de Etiopía, da al traste con el criterio cuando es un presidente, el estado es una república, y si el jefe del
topamos con presidentes tan fuertes como reyes (Estados estado es un rey, el estado es una monarquía o un reino.
Unidos, Francia gaullista, México, etc.) o con dictaduras Como de hecho la situación legal y los poderes de un
personalistas como las de Francisco Franco en España, Idi presidente varían sobremanera en las constituciones re-
Amin en Uganda, el fallecido Mobutu en el ex Zaire o Fidel publicanas, y también los poderes de los reyes en las mo-
Castro en Cuba. narquías, esta clasificación agrupa estados tan diferentes
Tal vez por eso tenga razón Xifra Heras cuando nos dice que resulta difícil hallar entre ellos algo más que una
que la monarquía se define por un título, por un nombre, por pequeña semejanza n ~ m i n a l " . ~
un símbolo. "Por lo demás, no dice nada, no resuelve ningún Que en el mundo contemporáneo hay monarquías, es
problema político fundamental. Es forma vacía, puro indudable. Pero que en las monarquías a las que estamos
nombren.*Coincide Loewenstein, al afirmar: "La monarquía, más acostumbrados -porque son las que mejor y más
que en su tiempo estuvo imbuida por el misticismo del fácilmente conocemos- ese rey no es absoluto, o ese rey
derecho divino, no es hoy sino un pálido reflejo de su pasado, "reina sin gobernar", también es cierto. Gran Bretaña,
como lo muestra la total racionalización y democratización Bélgica, Holanda, Luxemburgo, las reyecías escandinavas,
etc., etc., son monarquías a las que se reconoce como
constitucionales y, dentro de este tipo, como parlamentaria^.^
y aquéllas en las que el rey reina pero no gobierna. Conf. Bouthoul, Gastún,
Sociologie de la politique, París, 1967, pág. 88. Sobre la evolución de las
1
l
manifestaciones históricas que h a asumido la monarquia (feudal, nacional,

i
Conf. Loewenstein, Karl, Teoría de la Constitución, op. cit., págs. 461
liberal), puede verse Ortino, Sergio, Diritto costituzionale comparato, ob. cit., 4/.
págs.
- - 25/49. Conf. Wheare, K.C., Las constituciones modernas, op. cit., pág. 33.
Conf. Xifra, Jorge, Formas y fuerzas políticas, Barcelona, 1958, pfig. Ver Jiménez de Parga, Manuel, Las monarquias europeas en el hori-
* 0,- - 7 ?.E-J-id l 0 C C Dn, Inrlnmdq monamu& constitu-
Llamaría la atención al poco avezado en la materia, oír fue desde diciembre de 1976 hasta septiembre de 1979 la
afirmar que la forma de gobierno de Gran Bretaña -que transformación de la República Centroafricana en Imperio
tiene una corona- y la de Italia -que es una república- Centroafricano, convirtiendo a su presidente vitalicio Jean
es la misma: el parlamentarismo. Sin embargo, es así. La Bedel Bokassa en emperador con el título de Bokassa 1. En
diferencia estriba en que la jefatura del estado en Gran 1979, fue derrocado y se volvió a la forma republicana de
Bretaña incumbe al monarca, y en Italia al presidente de la gobierno.
repúbli~a.~
Obviamente, en el cómputo ha bajado considerablemen-
Conformémonos, entonces, con descubrir testas coro- te la cantidad de monarquías en relación con las repúblicas.
nadas. Aún así, son muchos los destronamientos a computar Piénsese que desde el siglo V hasta fines de la primer guerra
en las últimas décadas: la monarquía griega, con la depo- mundial, con algunas pocas excepciones, la forma guberna-
sición de Constantino y la posterior proclamación de la tiva europea por excelencia era la monarquía. En cambio,
república ratificada por el art. 1, inc. 1, de la constitución las últimas incorporaciones en el seno de la Unión Europea,
de 1975; la monarquía afghana en 1973; el imperio de Haile con la adición de Austria, Finlandia y Suecia en 1995, ha
Selassie en Etiopía en 1974; la monarquía laosiana en 1975; alterado el equilibrio paritario que existía entre repúblicas
el imperio iraní del Sha al calor de la revolución islámica de , y monarquías, desnivelándose levemente (8 a 7) en favor de
1979; con más antelación, las coronas de Italia (1947), las repúblicas.
Egipto (1952) y Burundi (1966).
Con todo, la forma monárquica conserva, aun bajo ropa-
A cambio, se ha restaurado la monarquía en España a jes parlamentarios, cierto hechizo y atractivo, lo cual ha
la muerte de Franco en 1975 y la de Norodom Shianouk en hecho que eventualmente se barajen alternativas monár-
Camboya en septiembre de 1993 (el art. 7, primer párr. de quicas -en el terreno de las hipótesis, por el m o m e n t e
la constitución camboyana de 1993 específicamente dice: "El para muchos países de la Europa Central y Oriental que
Rey de Camboya reina pero no gobierna"). Parecen afincadas salieron del comunismo después de 1989 (v.gr. Bulgaria,
las de Gran Bretaña, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Sue- Rumania, Albania, Serbia, etc.).
cia, Dinamarca, Noruega, Japón. Un extravagante ensayo
Dice Jiménez de Parga que en las monarquías parla-
mentarias suele hacerse gala de que el rey reina pero no
cional puede llegar a resultar equivoco ya que, como dice Lavaux con un tinte
gobierna. 'Yo prefiero cambiar la receta: el rey no gobierna
tal vez demasiado formalista, "...toda monarqufa es por naturaleza 'cons- pero reina", añade.7Y ello por la importancia, el prestigio,
titucional'...". Conf. Lavaux, Philippe, Les monarchies: inventaire des types, el equilibrio que en el régimen tiene la investidura real, el
en Pouvoirs, núm. 78, 1996, pág. 23.
U H ~dfay una clasificación de constituciones en republicanas y monár- .
quicas da grupos tan heterogéneos que mejor ejemplifican diferencias que
no analogías entre constituciones. S u mayor inter6s estriba en s u V.: Jiménez de Parga, Manuel, ob. cit., pág. 19. Coincide Duverger
ejemplificación del hecho de que los sfmbolos de l a monarqufa no son cuando afirma: "En Gran Bretaña, en España, en Escandinavia, la monar-
incompatibles con el gobierno libre y que 10s sfmbolos de una república no quia h a subsistido bajo una forma simbólica ... una suerte de bandera
impiden la autocracia". Conf. Wheare. K.C.. 1n.s rnnctit,lrinnoc mnnlornnr n n viviente. de árbitro moraln. Conf. Duverger, Maurice, Les monarchies
i
hecho de reinar, la majestad de la corona. Quizás sea ello i que, aparte de la tradición monárquica albergada en lo que
solamente una imagen, una idea, un símbolo, pero imagen, Ib los españoles han llamado su constitución interna, legitimada
idea y símbolo sirven de cohesión y de nudo de continuidad. \ por los siglos, tiene raíces en la liberalización postfranquista,
Algo similar había manifestado Duverger con respecto a la en el tránsito hacia la institucionalización y en el arbitraje
monarquía británica cuando indica que su papel esencial
"no es político, sino psico~ocial*.~
Pese a sus altibajos recientes, la mayoría de los britá-
nicos no trocaría su monarquía por una república. La pri-
I moderador desempeñado por el rey en concordancia con los
mandatos de la constitución de 1978. De los países africanos
advenidos a la independencia después del proceso de
descolonización, ninguno ha optado por la forma monárquica,
mera y única -de Cromwell- está ya muy distante (siglo excepción hecha del pintoresco episodio ya referido del
XVII), con una duración efímera de once años, y tuvo sus Imperio Centroafricano (1976-1979). Subsisten los tronos
motivaciones especiales antes de asentarse el parlamenta- de Marruecos y de Lesotho, pero desaparecieron los de
rismo y el constitucionalismo, a raíz de la "Glorious Egipto en 1952, Burundi en 1966, Libia en 1969 y Etiopía
Revolution" de 1688 y del "Bill of Rights" del año siguiente. en 1974. En Asia, la tradición monárquica no ha tenido
De las monarquías actuales en Europa podemos aseverar, mejor ejemplaridad, fuera del caso de Japón y de la res-
! tauración camboyana ya citada. Dejaron el campo monár-
en líneas generales, que gozan de prestigio y respeto; gene- [

ralmente sortearon la crisis de la guerra obteniendo ratifi- quico Afghanistán en 1973, Laos en 1975 e Irán en 1979; no
cación popular. La simplicidad y llaneza de la mayoría de obstante la existencia de otras monarquías en Jordania,
las reyecías contemporáneas ha ayudado en mucho a esti- Tailandia, Nepal, Bután, Kuwait (con una breve suspensión
mular el consenso popular favorable a su supervivencia. Los durante la ocupación iraquí en la Guerra del Golfo), Arabia
gabinetes, los partidos políticos, los parlamentos y el elec- Saudita, los emiratos de Qatar y Bahrein, los sultanatos de
torado activo funcionan como fuerzas bien engranadas, con Dubai, Omán, etc.
sustento social y estabilidad s ~ f i c i e n t e . ~ Es de destacar que en el reino saudi-arábe y en los
De todos modos, los modelos reales no tienen ejempla- pequeños estados del Golfo Pérsico todavía persisten las
ridad fuera de sus ámbitos propios. Que la monarquía pueda monarqutas absolutas.
conservarse allí donde existe, no significa quepueda imitarse Fuera de las tipologías clásicas, un enfoque realista de
seriamente donde carece de tradición. La restauración es- la ciencia política escarba en las formas republicanas la
pañola de 1975 -y su posterior constitución de 1978- encarnación disfrazada de monarquías en dos sentidos. Uno
ofrece muy especiales perfiles y responde a una situación sería el de las repúblicas monárquicas,1° allí donde la
apariencia republicana camufla el poder unipersonal abso--
luto de un solo gobernante, o acaso de un partido, como en
Conf. Duverger, Maurice, Instituciones políticas y derecho constitu- China y en Cuba, en tanto existirían monarquías republi-

¡
cional, ob. cit., pág. 268.
Tal como expresa Rubio Llorente, r a s monarquias europeas-son
simplemente repúblicas coronadasn. Conf. Rubio Llorente, Francisco, El
constitucionulismo de los estados i n t e m d o s de Eurooa. en Revista E s n n ñ n l n lo V.. Ahdala R a ~ í l0 q r n r " M n n r í r n r r i r n < :v t ~ n ~ r h l i r n n nT.a
c ~Prenca 12
canas en los estados donde la voluntad del rey oficialmente titucionalismo moderno tiene hoy otros herederos sin co-
coronado no concentra el poder monocráticamente, como en rona.
Gran Bretaña, los estados del Benelux, los reinos escandi-
Después de la primera guerra mundial sólo subsisten
navos, etc. El otro sería el de los denominados monarcas
vigorosas las monarquías que han logrado coronar, como
temporales que, bajo el título de presidentes, acumulan o
artístico remate, una democracia sin menoscabarla, dice
concentran el poder durante cierto tiempo limitado para
ejercer una conducción vigorosa. Al fin y al cabo hay mo- Recasens Siches. De las demás coronas algunas se han
derrumbado, y otras se bambolean en estado ruinoso.14
narquías electivas en las que, como es el caso de Malasia,
el rey dura cinco años en su trono. Es así como Loewens-tein En las formas monárquicas que se da en llamar
habla de "neopresidencialismo"'l y André Hauriou colaciona temperadas o constitucionales, y que son monarquías par-
los casos del presidente norteamericano; del canciller de lamentarias, se ha hecho carne -como ya vimos- el afo-
Alemania Federal y del primer ministro inglés.12 Puede rismo de que "el rey reina pero no gobierna",15 acentuando
referirse también el ejemplo de la presidencia en la V" su rol social o político exento de efectivo poder y de res-
República que, en común con el primer ministro, Hauriou ponsabilidad política. El monarca putativo o decorativo ha
cataloga en la forma de diarquía desigual;13 de Perón en cedido su sitio a otros protagonistas, pese a lo cual su
Argentina, de Somoza en Nicaragua, de Marcos en Filipi- simbolismo o su carisma puede ser más importante en tanto
nas, de Stroessner en Paraguay, de las presidencias vita- se apoye en una real legitimidad socialmente consentida,
licias de los Duvalier en Haití, de los "sexenios monárqui- como parece ser el caso de la subsistentes monarquías
cos" mexicanos antes del proceso de apertura del P.R.I., de europeo-occidentales.
Sukarno en Indonesia, o de Idi Amin en Uganda.
Una situación curiosa aparece en la Commonwealth
Contemporáneamente, podemos pensar en Daniel Arap Moi
británica, donde uno de los requisitos o rasgos típicos de la
de Kenia, en Slobodan Milosevic en Yugoslavia, o en el
comunidad radica en que sus miembros reconocen a la
presidente Suharto de Indonesia.
corona británica como cabeza de la asociación.16 Esto es
De todos modos, el panorama universal revela, con apenas también un simbolismo. Dentro de la Commonwealth
escasas excepciones, que la monarquía absoluta en su tipo hay estados que son verdaderamente monarquías (Malasia)
clásico ha desaparecido: los príncipes "legibus solutus" ya no y otros que son repúblicas (India). Al precedente republica-
existen, lo cual no significa que hayan sucumbido todas las no de la India, siguieron Pakistán, Ghana, Botswana,
formas políticas sucedáneas. El absolutismo real defenes-
trado con la revolución inglesa de 1688 y con el cons-
l4 Conf. Recasens Siches, Luis, El poder constituyente, Madrid, 1931,
pág. 134.
l5 Aunque Jiménez de Parga diga bien que a veces es preferible decir
" Conf. Loewenstein, Karl, Tmria de la Constitución, ob. cit., págs. 84 que el rey-no gobierna p e r o reiña, cuando la función de reinar es
y SS. importantisima (Las monarquías europeas en el horizonte español, cit., pág.
l2 Conf. Hauriou, André, Derecho Constitucional e Instituciones políti-
Nigeria, Kenia, Malawi, Trinidad-Tobago, Dominicana, etc. intrincado de fuerzas políticas, como son el electorado activo
Pero hay una tercera categoría, en la que registramos a y los partidos políticos? ¿Acaso el primer ministro y su
Australia, Canadá, Nueva Zelanda y muchos de los estados gabinete no rinden cuentas a la cámara y son revocables por
isleños del Caribe anglófono (v.gr., Barbados, Jamaica, Santa censura? ¿Acaso no hay alternación y rotación en el cargo
Lucía, etc.), donde hay ungobernadorgeneral que representa de premier? ¿Y por eso vamos a decir que Gran Bretaña es
a la reina de Gran Bretaña, que es a la postre jefa de ese república y no reino? Y todos estos interrogantes podrían
estado. Cuando u n estado como Trinidad-Tobago pasa a ser repetirse respecto de todas las monarquías parlamentarias
república, la reina de Gran Bretaña deja de ser reina de ese europeas, con lo que la forma republicana vendría a conver-
estado. Como dijimos más arriba, el sentimiento monárquico tirse exclusivamente en la inexistencia de una corona real.
se va disfumando del centro hacia la periferia, y no es de
extrañar estas transformaciones, como la actual discusión Por ello, al igual que con la monarquía, registraremos
en Australia sobre el cambio de su forma de gobierno. únicamente las repúblicas que son tales formalmente por no
tener un monarca, como colacionábamos las monarquías por
el mero hecho de tenerlo.
2. Las repúblicas en el ámbito del derecho constitu- La forma republicana moderna aparece en los Estados
cional comparado Unidos de Norteamérica al establecerse la constitución de
1787, que erigió un poder ejecutivo unipersonal a cargo de
Si la monarquía queda hoy relegada a una forma vacía un presidente. Con anterioridad, el interinato de Cromwell
cuyo símbolo es el trono, la república aparece como forma en Inglaterra ha sido señalado como la primera y única
de gobierno "no-monárquica'). Es decir, tampoco se caracte- república, no sólo inglesa, sino anterior a la edad contem-
rizaría por contenidos positivos. No obstante, a la forma poránea (podría observarse a dicha afirmación la existencia
republicana -que ya acogió Montesquieu al lado de las de las repúblicas comunales italianas del medioevo, como
monarquías y de los despotismos, con la subdivisión de Venecia, para no retrotraernos a la res publica romana en
repúblicas aristocráticas y democráticas- se la suele tipificar la antigüedad).
por algunos rasgos que consistirían en el origen electivo de
A poco de producida la revolución francesa, es abolida
los gobernantes, en su responsabilidad y control, en la
la monarquía e instaurada la primera república que, bajo
duración periódica y renovada de sus cargos, en la publici-
formas diversas, sobrevive hasta Napoleón. De ahí en más,
dad de sus actos, en la división de poderes, y en la igualdad
la república norteamericana juega un rol de ejemplaridad
ante la ley de todas las personas.
para todos los estados que adoptan esa forma de gobierno.
Ahora bien: tales rasgos concurren en la mayoría de los Sobre todo en América es acogida casi sin discusión para-
estados que formalmente son repúblicas, pero ¿quién negaría organizar los nuevos estados emancipados de sus metrópolis.
su constancia en muchos que técnicamente son monárquicos, Solamente Haití (1804-1806)) Brasil y México conocieron
aunque no se suman todos a la vez? ¿No hay acaso en Gran formas reales bajo el nombre de imperio durante el siglo
Bretaña elección popular para integrar la cámara de los XIX. La polarizada tendencia que en la Argentina posterior
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-en correspondencia con centralismo unitario y descen- No hay monarquías que se instauren originariamente al
tralización federal- nunca pasó de proyectos y alegatos proclamarse la independencia'de nuevos estados. La repú-
favorables a la coronación de príncipes de las más diversas blica queda, de este modo, estereotipada -aunque sea a
dinastías, y concluyó con el establecimiento de la república veces con defectos- en el derecho constitucional comparado
federal. de los tiempos recientes.
La mayor parte de los estados afroasiáticos que se libe-
raron de sus metrópolis en las últimas décadas lo hacen
3. Valoración de conjunto
acogiendo la forma republicana de gobierno, sin contar los
que en Europa, Africa y Asia dan por abolida la monarquía,
Al igual que en el caso de las relaciones entre estado e
algunos ya desde la primera post-guerra de 1914-1918.
iglesia, la monarquía carece de entidad para hacer confluir
Fueron así desapareciendo los tronos de Alemania, el im-
perio Austrohúngaro, Bulgaria, Yugoslavia, Mongolia, Italia, valoraciones equivalentes en el derecho constitucional com-
parado. No hay, entonces, valoraciones universales en torno
Egipto, Grecia, Etiopía, Laos, Irán, etc. Transitoriamente,
de monarquía y república. Quedó claro que, las más de las
en 1931, España, hasta 1975.
veces, su existencia o subsistencia responden a razones muy
Las actuales repúblicas se dividen en presidencialistas localizadas en un sistema político, en su tradición, en su
y parlamentaristas, sin contar las escasas que han tomado cultura política y en las valoraciones colectivas predomi-
gobierno de asamblea o gobierno colegiado. Entre las nantes. Hemos visto que mientras algunos países destronan
presidencialistas, la típica sigue siendo Estados Unidos, y reyes -a veces con violencia-, otros restauran sus tronos
muchas latinoamericanas: México, Argentina, Uruguay, o hay grupos significativos que añoran retornar a las formas
Brasil. Entre las parlamentaristas, Italia, Francia, India, reales. Quiere decir que en cada uno hay criterios distintos.
Alemania. Si tomamos en consideración las monarquías tradicionales,
Las repúblicas con gobierno de asamblea son escasas: hoy ya atenuadas con formas parlamentarias y con regíme-
algunos autores ubicaban dentro de esta categoría a los nes electorales, podemos reputar que se da en ellas una
modelos de inspiración soviética. valoración favorable, o por lo menos, un criterio de valor no
proclive a su sustitución por la república.
Las de gobierno colegiado: Suiza, y transitoriamente
(constituciones de 1918 y de 1952) Uruguay. Desde la afirmación de Jiménez de Parga en el sentido
de que, a veces, más que decir: el rey reina pero no gobierna,
Pese a las modalidades propias y a las desfiguraciones cabe afirmar: el rey no gobierna pero reina, hasta la de
históricas -algunas de las cuales, como las presidencias Julián Marías propiciando modernizar la idea de que el rey
vitalicias o cuasihereditarias que hemos visto del tipo de es jefe de la sociedad más que jefe del estado, hay toda una
Uganda, Indonesia y Haití son totalmente extrañas a la gama de opiniones que muestra la vitalidad de las coronas
forma republicana- la república parece ser universalmente en sociedades donde, lejos de despertar hostilidad, arraigan
aceptada. No hay monarquías que se limiten a un recambio con suficiente consenso. Incluso, ideas y proyectos destina-
de la familia real para sustituirla por una dinastía distinta. dos a suprimirlas, sufren el revés en las votaciones. Podría-
mos afirmar que allí donde la monarquía se halla bien cada sociedad. Es que las formas de gobierno -si acaso a
arraigada en la tradición cultural y política de la sociedad, la monarquía se la sigue formalmente incluyendo entre
hay motivos suficientes para preservarla y, acaso, hasta ellas- no pueden ni deben desconectarse ni independizarse
para reputar que configura un contenido pétreo implícito, de la singularidad de cada régimen. Las improvisaciones e
cuya sustitución o alteración sólo habría de justificarse y innovaciones carentes de fundamento, o simplemente ori-
legitimarse cuando la base social favorable a la monarquía ginadas en la imitación poco o nada racional de modelos que
desapareciera, se tornara hostil, o se volviera indiferente. se importan de afuera, no suelen convocar adhesiones
Donde muchos tronos han desaparecido, se nos ocurre valorativas predominantes.
que quizás la resistencia haya sido más bien un repudio
personal a quien los ocupaban, que a la misma monarquía
en abstracto. De todos modos, la proliferación de las repú-
blicas parece acentuar con mayor difusión una valoración
favorable a las mismas. América Latina no tiene tradiciones
reales, como no sean los efímeros imperios haitiano, los
mexicanos de Iturbide y Maximiliano, o el más duradero de
Brasil entre su independencia en 1822 y la república de
1889. Ello significa, acaso, que se han extinguido hace ya
mucho las valoraciones auspiciadoras de la monarquía
(piénsese, si no, en el resultado adverso que en Brasil
mereció la opinión monárquica en el plebiscito del año 1993,
convocado en virtud del art. 2 de las disposiciones transito-
rias de la constitución de 1988) que, sin embargo, antes
agitaron buena parte del constitucionalismo en la actual
Argentina después de la revolución de 1810.
Con respecto al resto del continente. americano, tanto
Canadá como siete de los nueve estados independientes del
Caribe angloparlante adoptan el gobierno monárquico (la
fórmula de la Reina de Gran Bretaña como jefa de estado),
merced al influjo recibido del "modelo de Westminster".
En lo que hace a nuestra propia valoración, monarquía
y república son cuestiones que, en abstracto, resultan
compatibles con la justicia y no pueden ser objeto de al-
ternativa teórica. Es cada circunstancia tempoespacial la
aue hace ~referibleiina 11 nt.ra pn ~l r n n t ~ u t nh i c t ~ r i r nIln