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CAZADERO, Manuel. Desarrollo,crisis e ideologia en la formacion del capitalismo.

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Manuel Cazadero Desarrollo, crisis e ideología en la formación del capitalismo

HB501 C42

Fondo de Cultura Económica/Serie de Economía

MANUEL CAZADERO

Desarrollo, crisis e ideología en la formación del capitalismo
Un estudio sobre la Ley de Correspondencia

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA MÉXICO

Primera edición, 1986

FILOSOFÍA Y LETRAS

D. R. © 1986, FONDO DE CULTURA ECONÓMICA, S. A. DE C V. Av. de la Universidad, 975; 03100 México, D. F.

ISBN 968-16-2280-4
Impreso en México

A todos los hombres y mujeres que a través de los siglos han compartido el anhelo de un mundo mejor.

AGRADECIMIENTOS Este trabajo es el resultado de varios años de lecturas, reflexiones e intercambio de ideas con especialistas de varias disciplinas. Cualquier intento de mencionar a todos los que por medio de cátedras, conferencias, simples conversaciones, etc., han contribuido a formar las tesis que se exponen en él, estaría condenado a un fracaso que implicaría una injusticia, ya que serían omitidos muchos nombres que escapan a mi memoria. En estas condiciones, el único recurso es expresar mi agradecimiento a todos los que en alguna forma ayudaron a elaborar este libro. Sin embargo, hay algunos maestros y amigos cuya ayuda merece un reconocimiento especial. Monique Legros, de la Universidad de París, me hizo ver la riqueza del Medievo y su importancia para comprender muchos procesos de larga duración. Varios profesores de la Universidad Nacional Autónoma de México ayudaron en forma igualmente significativa: Juan A. Ortega y Medina, al describir en su cátedra los grandes virajes del pensamiento europeo a través de los siglos, despertó en mí el interés por buscar la explicación de esos cambios, y puso así en marcha la investigación que produjo esta obra; Miguel León Portilla me introdujo a la categoría de ecosis que él proponía como instrumento de trabajo y la cual he utilizado en el examen de los conceptos de desarrollo y crisis; Severo de Salles revisó la primera versión del manuscrito e hizo varias observaciones sobre las tesis expuestas, y en particular me pareció valioso su comentario de que la Ley de Correspondencia no es la expresión de un desarrollo armonioso de la estructura social sino de las tensiones que generan las contradicciones de ésta; Luis Gonzaga Ramos Gómez-Pérez leyó el manuscrito terminado y sugirió hacer algunas modificaciones a la descripción del pensamiento trascendental y, en especial, aclarar bien el carácter dialéctico de la interacción entre el mundo ideológico y el material. A todos ellos debo expresar mi gratitud y liberarlos de toda responsabilidad por las tesis presentadas, la cual me corresponde sólo a mí. Tan importante como la ayuda que puede recibir un investigador de otros miembros del mundo académico, es el apoyo moral que le brindan sus amigos. En este terreno debo destacar la amistad de Alejandra Lajous y de Fernando Rosenz-vveig, sin la cual no hubiera superado una grave crisis y la presente obra no habría sido terminada. A ellos hago extensivo mi agradecimiento. Ciudad de México, diciembre de 1984. MANUEL CAZADERO

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I. LA LEY DE CORRESPONDENCIA
Las abstracciones de la economía política deben basarse en el desarrollo real, histórico, del proceso económico... OSKAR LANGE.

I
LA LEY de Correspondencia fue descubierta, aunque en forma parcial, en la Antigüedad y se le encuentra subyacente en muchas de las obras más importantes de las ciencias sociales producidas desde entonces. En términos generales, la Ley postula que los distintos niveles de la actividad social de los hombres forman una totalidad en la que las transformaciones operadas en un nivel, sea el económico, el político, el ideológico, etcétera, repercuten en los otros, generando cambios correspondientes que tienden a mantener la coherencia del conjunto. Así, Tucídides, a juicio de muchos el más grande historiador antiguo, explicó, en forma análoga a la de muchos autores de nuestros días, los procesos históricos en función de la fuerzas económicas y afirmó que el ascenso de los caudillos políticos llamados tiranos, que substituyeron a los monarcas hereditarios en la etapa de madurez de la polis griega, fue el resultado del desarrollo económico de las mismas. 2 De esta manera, la historiografía griega del siglo V antes de Cristo ya mostraba conciencia de la relación de los procesos económicos cojijos políticos, tal como lo afirma la Ley de Correspondencia. A través de los siglos, otros pensadores también la utilizaron en forma implícita o explícita en sus estudios. Así, veintidós siglos después de Tucídides, sirvió a Montesquieu para su análisis de las leyes, basándose en el principio de que éstas deben estar en concordancia con el carácter de las diversas sociedades en las cuales van a aplicarse, el cual a su vez es determinado por factores objetivos, como el clima de los territorios que habitan, etc.3 En su análisis, el autor francés hace ver cómo la misma ley puede tener consecuencias diversas según las circunstancias materiales de la vida social, como ocurrió con la Ley en contra del atesoramiento dictada por César con resultados positivos, mientras que una ley similar empobreció a los franceses en su época después de que una política gubernamental errónea había destruido los instrumentos de ahorro. La obra de Montesquieu, como es bien sabido, es una
1 Oskar Lange, Economía Política, trad. Silverio Ruiz Daimiel, México, Fondo de Cultura Económica, 1974, p. 100. 2 Tucídides, Guerra del Peloponeso, trad. Diego Gracián en Herodoto, Túcídides, Jenofonte, Los historiadores griegos, Madrid, EDAF, 1968, .libro I parte 1. 3 Montesquieu (Charles- Louis de Secondat, barón de la Brede et de), Del’ espirit des lois. Introd. y notas Gonzaque Truc, París, Garnier, 1944, p. 239. 4 ídem, pp. 281, 282.

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de las contribuciones más importantes al avance del Derecho y de la Ciencia Política e inspiró los sistemas constitucionales de muchos Estados contemporáneos. En el siglo siguiente, Carlos Marx afirmaba que la Ley o Principio de Correspondencia le había servido de hilo conductor en sus estudios.5 Este autor ofrece una buena definición de dicha ley cuando escribe:
puede formularse brevemente de este modo: en la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas relaciones de producción corresponden a un grado determinado de desarrollo de las fuerzas productoras materiales. El conjunto de estas relaciones de producción constituyen la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la que se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual en general.6

Dicho de otra manera, en toda sociedad existe una correlación o correspondencia entre los distintos niveles de la actividad social, los cuales integran una totalidad estructurada en la cual la variable determinante es la infraestructura integrada por las fuerzas productivas y las relaciones de producción que las encuadran. Posteriormente, otros muchos pensadores; pese ala diversidad de sus tendencias ideológicas, han utilizado la Ley de correspondencia para integrar el marcó teórico de sus trabajos y hoy día forma parte del patrimonio común de las ciencias sociales. A pesar de su obvia importancia, esta ley no ha sido sometida a un estudio específico que intente determinar los límites de su operatividad, sino que se la ha utilizado con carácter axiomático. El objeto de este trabajo es realizar un examen de su funcionamiento en un periodo de seis siglos, etapa en la cual Occidente emergió como la primera civilización en la que el capitalismo constituiría la forma determinante de organización económica y social. Este largo periodo fue seleccionado tomando en consideración la flexibilidad de dicha ley, reflejada en la llamada autonomía relativa de las instancias superestructurales, como la ideología, en relación a los cambios de la base económica. Para este examen de la Ley de Correspondencia partiremos de varias hipótesis de trabajo y trataremos de analizar en qué medida la evidencia histórica las confirma o, por el contrario, exige su rectificación. La primera de dichas hipótesis es que la Ley de Correspondencia es el resultado del carácter total y estructurado de la realidad "tanto en el caso de la naturaleza como de la sociedad. Esta totalidad está integrada por múltiples elementos que no forman un simple conjuntó de partes yuxtapuestas, sino que integran un todo estructural donde cada parte está sometida a la acción de las otras, al mismo tiempo que ejerce una acción recíproca sobre ellas. De está manera, ningún elemento económico, político, social, ideológico, etcétera, tiene verdadero significado desvinculado de los otros y su realidad únicamente se revela cuando es ubicado en-su relación con todos ellos. Una segunda hipótesis, íntimamente asociada a la anterior, es que loa nexos
5 Carlos Marx, Prólogo a la Contribución de la Crítica a la Economía Política, México, Ediciones de Cultura Popular, 1974, p. 12. 6 Idem.

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entre los diversos elementos son tan importantes y tan reales como los propios elementos que vinculan. Dicho dé otra manera, las partes constitutivas de la realidad generan vínculos, los cuales, a su vez, constituyen nuevas realidades que se integran al conjunto enriqueciéndolo y complicándolo en un proceso ilimitado y dinámico que transforma continuamente la totalidad. Estos vínculos penetran toda la realidad y son los que le otorgan su carácter de totalidad en donde ninguna porción tiene significado por sí misma. Es precisamente el resultado de esa compleja interacción el que encuentra su expresión en la Ley de Correspondencia. Una tercera hipótesis es la de que esta ley tiene un carácter objetivo. Su cumplimiento es independiente tanto de la voluntad humana como de la conciencia, que los hombres tengan de ella. Pero esta objetividad no debe interpretarse en su funcionamiento como una rigidez mecánica. Por el contrario, los nexos que vinculan los diversos elementos de la totalidad social son flexibles y permiten una autonomía relativa de diversas instancias, tales como el Estado y la ideología, en relación con los procesos económicos. Pero incluso dentro de esa autonomía relativa, la Ley de Correspondencia sigue funcionando; cuando la evolución de algún elemento no correspondía un cambio proporcional en los otros, la acción de la ley toma la forma de tensiones sociales que crecen con magnitud proporcional a las dimensiones del desfase. La cuarta hipótesis esta constituida por la idea de que en la conformación de cada uno de los elementos integradores de la realidad social convergen como fuerzas determinantes tanto la naturaleza de la estructura de la que forman parte como las formas heredadas de la historia, de manera que, como ha sido afirmado, "diversos elementos del presente y del pasado se combinan para formar la superestructura de la formación social en gestación."7 Esta hipótesis da una importancia especial a la historia como elemento constitutivo de todas las ciencias sociales, al mismo tiempo que se enriquece la explicación histórica permitiendo que esta ciencia supere las deficiencias que le han merecido la crítica de ser tan sólo una descripción poco satisfactoria del pasado.8 Estas hipótesis, que subyacen en el uso que han dado a la Ley de Correspondencia los diversos pensadores a través de los tiempos, serán confrontadas con la evidencia empírica que ofrece el conocimiento que tenemos sobre el proceso formativo del capitalismo. Esta labor no es fácil. La concepción estructural y totalizadora dé la realidad social involucra una contradicción. En efecto, la división del estudio del funcionamiento de la sociedad en diversas disciplinas —Economía, Ciencia Política, Sociología, etc. — no es un capricho sino una necesidad impuesta por el deseo de realizar avances rápidos e importantes en campos limitados, marginando las dificultades que presenta tratar, de analizar un objeto de estudio como lo es la sociedad en todas sus dimensiones. Pero el cosito de esta división y de los logros que ha producido ha sido muy alto: una comprensión inadecuada de esa realidad múltiple que es la sociedad. Se debe Hacer un esfuerzo por superarlos efectos de esa división realizando una síntesis de las verdades par7 Lange, op.cit., p. 43. 8 Edmundo O'Gorman, Crisis y porvenir de la tienda histórica, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1947.

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cíales que nos ofrecen las ciencias sociales. El objeto de este trabajo es precisamente realizar un estudio de ese tipo; en él se examinaran el funcionamiento y la operatividad de la Ley de Correspondencia estudiando la interacción entre el desarrollo económico y las crisis que lo interrumpen, por una parte, y por la otra de la ideología en general y, particularmente, de la concepción que los hombres tienen de su propio ser histórico. También se ha puesto atención en el examen de las instancias intermedias entre los niveles económico e ideológico, que en el periodo examinado son principalmente las ciases sociales dedicadas al comercio, la banca y la industria y, por otra parte, el Estado en gestación. Este periodo, en el que se dio el proceso formativo de la Civilización Occidental y del capitalismo parece ser un laboratorio adecuado para este estudio. II Al realizar un análisis de los diversos niveles de la actividad social del hombre es posible incurrir en errores que dificultan los estudios. Un ejemplo de estos problemas lo presenta Lukács, que, al hacer la crítica de su propia obra, escribió que su objetivo era comprender los fenómenos ideológicos por su base económica, aunque en sus trabajos la economía quedó conceptualmente estrechada al no comprender adecuadamente su categoría fundamental, el trabajo, "en cuanto mediador del intercambio de la sociedad con la naturaleza."9 Como el propósito de nuestro estudio es similar, se hará un esfuerzo para evitar debilidades parecidas, para ello definiremos con la mayor claridad posible las categorías que serán utilizadas en este análisis y que son las de desarrollo, crisis e ideología. El concepto desarrollo surgió vinculado al auge del capitalismo y, pese a ser utilizado en estudios de los procesos históricos capitalistas, ha presentado serios problemas cuando se lo quiere definir científicamente. En este trabajo las dificultades crecen, ya que se trata de utilizar dicha categoría en el examen de sociedades precapitalistas. Con el objeto de superar estos problemas se define el desarrollo económico como un dominio creciente de una sociedad dada sobre el entorno natural que habita. Con este fin utilizaremos el término ecosis para designar el control social sobre la naturaleza. Este concepto ecosis ha sido propuesto por Miguel León Portilla como una categoría para designar las consecuencias y cambios provocados por una sociedad sobre el medio natural, se puede decir que las sociedades establecen un diálogo con la naturaleza basado en sus mitos y creencias, pero dicho diálogo se lleva al cabo principalmente a través de su acción di recta sobre el contexto natural. Esta relación es recíproca, pues si bien el medio condiciona y en cierta medida determina, es igualmente cierto que el hombre dotado de elementos culturales, incluso si éstos son primitivos, actúa con planes y objetivos sobre el medió natural que ha escogido para vivir. Esta concepción ha sido sintetizada por León Portilla diciendo que los animales tienen un hábitat, pero que "del hombre habría que afirmar que su destino es creárselo."10
9 Georg Lukács. Historia y conciencia de clase, Trad. Manual Sacristán, México, Grijalbo, 1969, p. xviii 10 Miguel León Portilla, "Aculturación y ecosis". En Anales de Antropología, vol. II, México, 1965, pp. 131136

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La segunda de las grandes categorías utilizadas en este estudio es la de crisis. A esta la definiremos como la antítesis del desarrollo. Con este objeto; y habiendo aceptado la categoría de ecosis como un instrumento válido para este análisis, el autor quisiera enriquecerla, yendo más allá de lo propuesto por el doctor León Portilla. Proponemos distinguir dos tipos de ecosis, la positiva y la negativa. En la primera, la relación del hombre con la naturaleza implica la generación de bienes y servicios en una escala cada vez mayor que permita la reproducción de la base material de la sociedad en forma ampliada, sea cuantitativa o cualitativamente, o bien ambas a la vez. Esta ecosis positiva es la que identificamos con el desarrollo económico, el cual queda así definido en los términos amplios y precisos que convienen a nuestro trabajo. En estos términos, definiremos la crisis, también en función de la ecosis, como una ruptura en el proceso de dominio social sobre la naturaleza. La crisis es, pues, un proceso de ecosis negativa. Dada la interacción entre la sociedad y su entorno natural, la crisis puede generarse en cualquiera de los dos polos: unas veces es la naturaleza la que experimenta cambios que quebrantan el control humano sobre ella, como ocurrió en el siglo XIV con el descenso de la temperatura media que produjo condiciones adversas que destruyeron las colonias escandinavas de Groenlandia y Norteamérica, o el proceso de desertificación que afecta a África en la actualidad y que ha creado una situación alimentaría desastrosa en los países del Sehel. Otras veces, por el contrario, son las sociedades humanas las que generan en su seno contradicciones que debilitan su dominio sobre el entorno natural, como ocurrió durante la Gran Depresión de los años treinta de este siglo en que disminuyó la producción en muchos rubros, como si la naturaleza hubiese dejado de responder a la acción humana, aunque en realidad ese quebranto se debía a un colapso de la dinámica social. La identificación de la crisis con la categoría de ecosis negativa que hemos propuesto tiene la ventaja, como en el caso del desarrollo económico, de ser operante tanto para sociedades capitalistas como para las que no los son. La ideología, la tercera de las grandes categorías que sirven de directrices a este análisis, ha presentado dificultades similares, incluso cuando se la utiliza como instrumento para el estudio de las sociedades contemporáneas. La ambigüedad del término, dice Luis Villoro, ha impedido la elaboración de una teoría sociológica precisa sobre la ideología. 11 Proponemos superar estas dificultades haciendo abstracción del contenido de verdad o falsedad de los elementos que la integran, y definiremos "la ideología simplemente como el conjunto de creencias y sentimientos que predominan en la sociedad en un momento dado. Estos elementos son de una gran diversidad y entre ellos se presentan todo tipo de contradicciones e incongruencias; pese a ello, toda sociedad posee un cúmulo de estos elementos que resultan dominantes, otros forman conjuntos que son patrimonio de sectores sociales más o menos amplios pero que no han llegado a dominar como los primeros y, finalmente, un tercer grupo está conformado por ideas concebidas sólo por individuos aislados. El primer conjunto es el que integra la ideología dominante, y su función es darle coherencia a la totalidad social, incluyendo la
11 Luis Villoro, Creer; saber, conocer, México; Siglo XXI, 1982, p. 14

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base productiva, como veremos en el curso de este estudio; los otros conjuntos configuran ideologías subordinadas de las cuales únicamente nos ocuparemos en la medida en que contribuyan al estudio de la primera. Los elementos que configuran la ideología tienen una permanencia relativamente grande en comparación con los que integran los niveles social, económico y político, pero también evolucionan con el resto de la estructura Precisamente este examen centra su atención en la naturaleza históricamente determinada que tienen las verdades, mitos y sentimientos de las sociedades. Estos elementos no sólo varían de una sociedad a otra, sino que en el seno de una misma comunidad experimentan una evolución temporal: en el proceso histórico las verdades consagradas en un periodo dado vienen a ser las falsedades de otro posterior y viceversa. En síntesis, la verdad es histórica. Para este estudio, dentro del conjunto de elementos que integran la ideología, se ha privilegiado uno que tiene un carácter determinante sobre los demás: la conciencia histórica de la sociedad. Dicho de otra manera, la idea que los hombres tienen de su propio ser histórico. Para este análisis, esa conciencia puede clasificarse en dos grandes categorías: la trascendental y la inmanente. En efecto, el problema fundamental que se plantea a la conciencia histórica es el de explicar el cambio, la transformación inexorable que es una de las características más visibles de la realidad social, y las causas, trascendentales o inmanentes, que explican al hombre dicho cambio. En el trascendentalismo, el cambio se explica en función de fuerzas exógenas que trascienden el mundo de lo humano. Generalmente, esas fuerzas son identificadas con la voluntad de los dioses que rigen el destino de los hombres y de los pueblos. Sin embargo, no siempre es así. Algunas veces esa fuerza externa es un elemento despersonalizado y no individualizable, como ocurre en el caso del hado de los griegos. Pero en todos los casos el trascendentalismo atribuye las transformaciones a un motor ajeno s. la sociedad humana. Nuestra tradición judeocristiana abunda en ejemplos de estos acontecimientos ordenados por la divinidad; un caso entre muchos es el relato bíblico del Diluvio ocurrido cuando Dios, encolerizado por la maldad de sus criaturas, decide acabar con la humanidad en un magno cataclismo. Es difícil concebir una historia que revele con mayor fuerza la concepción de que los hombres y su destino están regidos por una fuerza externa, la voluntad divina. Ejemplos igualmente claros de una concepción trascendental de la historia se encuentran en otras culturas. En el inmanentismo, por el contrario, el motor del cambio histórico es interno. La sociedad se mueve por fuerzas que emanan de su interior, sean éstas la voluntad de los hombres, sus pasiones o la evolución de la capacidad productiva. Dado que en nuestra época es esta la concepción que predomina, al grado que incluso individuos profundamente religiosos sienten poca inclinación por explicar acontecimientos, como las guerras mundiales, tomo debidos a causas de orden divino, y sí lo hacen exponiendo causas como las luchas por los mercados, el auge del nacionalismo, etc. No parece necesario, pues, abundar sobre la naturaleza del inmanentismo. En síntesis, la ideología de una sociedad puede estar enmarcada por una filosofía trascendental b por una inmanente, y esta diferencia servirá de base a este estudio para analizar la evolución ideológica de la Civilización Occidental.

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La concepción de la realidad social, como una totalidad estructural, es incompatible tanto con el idealismo como con el materialismo mecanicista. El idealismo postula que el curso de la historia es determinado por las ideas y su evolución, esto es, por el conjunto de creencias y actitudes que hemos definido como la ideología; el materialismo mecanicista, adoptando la posición opuesta, afirma que el devenir histórico, incluyendo la ideología, es producto de la evolución de la base económica. Ambas posturas parecen inaceptables; este estudio supone una tercera posición que implica una interacción dialéctica ente ideología y base material, interacción que refleja su indisoluble unidad corno partes integrantes de una totalidad que no puede dividirse sin ser destruida. Precisamente, la Ley de Correspondencia es la expresión más acabada del carácter estructural y totalizador de la sociedad humana. Examinaremos ahora algunos aspectos de esa influencia recíproca entre ideología e instancias materiales incluyendo los procesos productivos. La ideología determina la conducta humana, lo que repercute en la evolución del mundo material. En efecto, la ideología es un universo de creencias, cada una de las cuales implica la disposición a actuar en determinada forma o, como afirma Gilbert Ryle, "creer es un verbo de tendencia que pertenece a la categoría de los términos de motivación."12 Según esto, creencia es un término dispósicional que indica una tendencia o disposición a actuar en determinada manera al presentarse las circunstancias pertinentes.13 Esto es cierto tanto para los individuos como para los sectores sociales más o menos amplios, así como para sociedades enteras. De esta manera, la creencia en una divinidad puede conducir a una comunidad a aportar recursos para la construcción de templos destinados a su culto, mientras que la creencia de que un país vecino prepara un ataque llevará a la sociedad que alberga esa idea a alistarse para repeler la agresión, o incluso a adelantarse al esperado ataque llevando a cabo una acción militar de carácter preventivo. En ambos casos las creencias habrían propiciado un determinado tipo de conducta. Es preciso señalar que el contenido de verdad o falsedad de los elementos ideológicos no se refleja en su operatividad. Los ejemplos que pueden ofrecer a este respecto son innumerables. Así, magníficas obras arquitectónicas de gran importancia, tanto artística como económica, han sido erigidas en honor de seres que, desde nuestra perspectiva, son míticos. Por otra parte, la creencia, para nosotros verdadera, en el origen microbiano de las enfermedades infecciosas, han conducido a los grandes avances de la medicina que caracteriza nuestra época. Debido a esto, como ya se ha explicado en este estudio, haremos abstracciones del contenido de verdad o falsedad que puedan tener los elementos de las ideologías analizadas, para ocuparnos únicamente de las circunstancias históricas en que existieron.
12 Gilbert Ryle, El concepto de lo mental, trad. Eduardo Rabossi. Buenos Aires, Editorial Paidós, 1967, p. 119. 13 Ídem, pp. 105, 110.

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En esta forma, la ideología está conformada por elementos que, al implicar una disposición a determinadas acciones, se convierten en un determinante de la realidad material. Pero esa realidad material, las características de los procesos productivos y délas relaciones sociales en que éstos se dan, tiene, a su vez, un carácter igualmente determinante sobre las creencias y actitudes. Los individuos producen continuamente todo tipo de ideas, pero éstas tienen un destino muy diverso. Algunas resultan positivas para él funcionamiento de la base material de la sociedad, propiciando su reproducción, otras, por el contrario, resultan adversas a dicha base ya que obstaculizan su continuidad. En el primer caso, las ideas que encuentran una receptividad social se convierten en parte de la ideología dominante, la cual pasan a enriquecer y perfeccionar, y en el segundo, las que resultan adversas a la base material son rechazadas o incluso reprimidas si su grado de peligrosidad es grande, de manera que, o bien desaparecen o, en el mejor de los casos, sobreviven con una existencia anémica como porciones de ideologías subordinadas. En síntesis, la ideología predominante en cada sociedad es el producto de las condiciones de reproducción material de la misma. Pero esa receptividad social no es el único mecanismo por medio del cual la estructura material determina la ideología dominante en una sociedad. Como se ha dicho, creer es un término disposicional que tiende a generar intencionalidades. Pero las acciones que surgen de la intencionalidad no siempre producen el objetivo perseguido por ella y, a menudo, se obtienen resultados opuestos a los buscados. Es el caso de naciones agresoras, cuyos gobiernos, animados por la intencionalidad de engrandecimiento por medio de la conquista de nuevos territorios, terminan convirtiendo sus agresiones en derrotas que no sólo frustran sus objetivos, sino que incluso tienen como resultado final pérdidas territoriales. La intencionalidad generada por los elementos ideológicos tiene resultados contrarios a los perseguidos porque las ideas no corresponden a las condiciones materiales con las que se van a enfrentar en la práctica. El caso de las naciones derrotadas en la segunda Guerra Mundial es un buen ejemplo de esta situación: los países derrotados fracasaron porque sus gobiernos se lanzaron a guerras de conquista basados en ideas erróneas sobre la correlación de fuerzas, entre sus naciones y sus adversarios. Cuando las acciones generadas por una ideología dada fracasan al confrontarse con la realidad material, se produce una tendencia a corregir dichas ideas para hacerlas eficaces, esto se logra cuando las mismas resultan congruentes con dicha estructura material, la cual termina en esta forma por ser factor determinante de la ideología. En síntesis, la práctica tiende a eliminar las ideas o actitudes ineficientes para sustituirlas por otras que no lo sean. De esta manera, queda establecido la doble determinación que implica la influencia recíproca entre la ideología de una sociedad y su base material. Esta continua interacción dialéctica entre la realidad; material y la ideología es la base de la dinámica histórica; y es consecuencia, como se ha señalado; del carácter de la sociedad correo, un todo estructurado y encuentra su expresión en la Ley de Correspondencia. Por otra parte, esta congruencia entre las realidades materiales y las ideológicas no implica una relación armónica, sino que, por el contrario, las relaciones entre los procesos económicos, sociales, políticos e ideológicos están llenas de desfasamientos y por esto, no debe atribuirse a la Ley de

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Correspondencia un funcionamiento simple y mecánico; por el contrario, éste se expresa por una parte en una congruencia imperfecta y, por la otra, en una serie de tensiones sociales producidas por los desfasamientos citados. En estas condiciones se plantea un problema importante que puede sintetizarse en un cuestionamiento acerca del derecho que existe para dar el carácter de ley a la llamada Ley de Correspondencia. Como ya se ha señalado, es precisamente el propósito de este trabajo el de explorar el funcionamiento de ésta a lo largo de un periodo de varios siglos con el fin de examinar los límites de su precisión, de manera que una respuesta, por lo menos parcial, deberá surgir de este análisis del proceso formativo de la Civilización Occidental y del capitalismo. IV Parece indicado hacer una presentación panorámica del entorno espacial y temporal en que surgió nuestro objeto de estudio, la Civilización Occidental. El marco geográfico es fácil de determinar: esta civilización se formó precisamente en el extremo occidental de Europa, circunstancia que se refleja en su nombre. Se trata de un territorio muy reducido, pues ni siquiera comprendía toda la extensión de los países europeos considerados actualmente como occidentales. Así, la mayor parte de la Península Ibérica pertenecía a una civilización diferente, la islámica, mientras que los países escandinavos, todavía no incorporados a la Cristiandad, eran temibles enemigos. Es más difícil precisar cuando se formó la Civilización Occidental, ya que no se trata de un acontecimiento que ocurre en un momento determinado, sino de un proceso que se prolonga por un periodo largo en el cual una sociedad primitiva va reuniendo los factores necesarios para que se dé el proceso civilizatorio. Pese a esa inevitable imprecisión, se puede considerar que esa transformación se dio hace un milenio, en el curso del siglo X, de manera que después del año mil ya existía una sociedad dotada del suficiente dinamismo para generar todas las características de una civilización incluyendo la vida urbana. Al iniciarse el siglo X, el territorio de la futura civilización estaba cubierto por bosques y pantanos y, en general, por una naturaleza no dominada por la acción del hombre,;en el cual vivía una población escasa y dispersa. La vida urbana no existía y las concentraciones humanas eran pequeñas y miserables. La producción que lograban generar los habitantes de ese territorio salvaje era muy pequeña y cubría escasamente las necesidades del autoconsumo, por lo cual el comercio se limitaba a operaciones ocasionales. Se trataba de una economía no monetaria, en la que el valor de uso privaba en forma casi absoluta, ya que el valor de cambio prácticamente había desaparecido. En estas condiciones, el Estado no pudo subsistir, y la pobre y escasa población iba quedando sujeta al dominio de señoríos carentes de aparato administrativo, en una situación que oscilaba entre la arbitrariedad y el caos. Incluso la Iglesia, la única institución que conservaba una estructura administrativa dotada de cierta coherencia, sufría de la tendencia general hacia la decadencia; el clero era ignorante e indisciplinado y la autoridad del Sumo Pontífice era despreciada en vastos territorios. Esta ausencia de institu-

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ciones capaces de organizar a la población dejó a ésta sin defensa de los enemigos que la acosaban desde todas direcciones. La vida corta y brutal de los europeos occidentales sufría además de una marcada pobreza espiritual. La religión de la mayoría de la población estaba mezclada con groseras superticiones, que convertían el mundo en un sitio poblado por toda clase de fantásticas criaturas, cuyas amenazas aumentaban los temores propios de una existencia acosada siempre por el hambre, las enfermedades y la violencia, e incluso los pocos hombres cultos que existían desesperaban del porvenir. El analfabetismo que sufría casi la totalidad de la población y la ausencia casi completa de libros y documentos condujo al surgimiento de gran número de idiomas y dialectos locales que sólo servían para los restringidos' usos de una existencia dedicada a la lucha diaria por la supervivencia. La pobreza, inseguridad e ignorancia que agobiaban a los europeos al iniciarse el siglo X fue el resultado del colapso de otra civilización que había florecido en ese territorio casi un milenio antes, cuando todos los elementos de una vida civilizada existían con gran vitalidad y de la cual no quedaban sino ruinas y fragmentos incoherentes. Esa civilización arruinada ha recibido de los historiadores diversos nombres, Civilización Clásica, Helénica, Grecorromana, etcétera, y una breve visión retrospectiva a algunas de sus características permite comprender mejor el proceso formativo de la futura Civilización Occidental, y en particular de la ideología que desarrolló cuando las relaciones capitalistas comenzaron a dominar los procesos productivos. El nombre de grecorromana que muchas veces se utiliza para designar esa antigua civilización hace referencia a los dos pueblos que más se distinguieron en su conformación, el griego y el romano. Los griegos clásicos consiguieron después de siglos de evolución un importante dominio sobre el entorno natural, en particular el mar, de modo que el factor más importante en su desarrollo fue su expansión marítima. De esta manera, "Grecia" no era solamente el territorio peninsular que hoy lleva ese nombre, sino un conjunto de países esparcidos desde Asia hasta España, los cuales eran Independientes políticamente, pero estaban ligados por nexos culturales y comerciales. La expansión marítima contribuyó a acelerar el progreso debilitando las costumbres tradicionales, allanando así el terreno para establecer nuevas formas de organización social.14 Estas transformaciones implicaron la disgregación de las sociedades primitivas, el auge urbano, la expansión del impulso colonizador, el aumento del comercio y de la productividad, todo lo cual condujo al incremento de las fuerzas productivas.15 Lo más importante desde nuestra perspectiva fue la forma en que se sustentó el auge comercial. En Atenas, el crecimiento estuvo basado en una ecosis con una naturaleza mezquina, en donde la esterilidad del suelo fue superada mediante el uso de fertilizantes.16 Pese a estos esfuerzos, la cosecha resultaba insuficiente para alimentar a más de la cuarta parte de la población y era necesario importar
14 Arnold J. Toynbee. A Study of History, Londres, Oxford University Press, 1962, II, 84-100. 15 Avdakov y otros, Historia económica de los países capitalistas, Trad. Luis Vargas, México, Grijalbo, 1965, p. 55. 16 Jenofonte, Economics .xviii, en Minor Works, Londres, citado en Will Durant, Life in Greence, Nueva York, Simón and Schuster, 1939, pp. 268, 269.

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grandes volúmenes de alimentos. Los recursos necesarios para pagar esas importaciones se generaron mediante el desarrollo de una agricultura comercial destinada a satisfacer la demanda de los mercados extranjeros y cuyos dos productos principales eran el vino y el aceite de olivo. Este último resultó, una mercancía de gran demanda por sus múltiples usos como alimento, jabón y para el alumbrado. Otros pueblos estaban dispuestos a cambiar grandes cantidades de cereales por el aceite ateniense, y éste llegó a ser tan importante en la economía que el gobierno ofreció créditos a los agricultores que se dedicaran a cultivar olivos, base de ese comercio de exportación. 17 De esta manera, la sociedad se transformó al dedicarse a una producción destinada al mercado. Por otra parte, la agricultura no fue la única fuente de riqueza para los atenienses. Su territorio, aunque pequeño, tenía recursos como el mármol, la plata y el hierro, que fueron base de una minería próspera. Además, las manufacturas alcanzaron niveles considerables y se organizaron grandes talleres en los cuales se utilizaba la mano de obra de los esclavos, desde luego tanto la producción como el comercio dependían de la acumulación de capitales considerables, y un sistema de transporte que se organizó gracias al dominio del mar. Atenas llegó a disponer de trescientos barcos de los llamados trirremes, que la convirtieron en la primera potencia marítima de la época.18 La ecosis era, de esta manera, tanto terrestre como marítima. Esta civilización surgió, como otras, en el marco de una concepción trascendental del hombre y del mundo según la cual el destino humano está regido por la voluntad de los dioses. Numerosos pasajes de las principales obras literarias de los griegos, como La Iliada, dan testimonio de ello. Sin embargo, paulatinamente, el pensamiento griego, a medida que se profundizaba el proceso de desarrollo económico, abandonó el trascendentalismo para pasar a explicar el hombre y su evolución desde una perspectiva inmanentista. Esta transformación fue muy similar a la que se produjo en la Civilización Occidental, aproximadamente dos milenios más tarde, al generarse un desarrollo económico igualmente dinámico. Este cambio en la ideología se percibe ya en el siglo V antes de Cristo, en la obra historiográfica de Herodoto de Halicarnaso, el primer gran historiador europeo, quien aunque no llegó a negar la influencia divina en los sucesos humanos la presenta como un factor no comprobado.19 Posteriormente, con Tucídides, el mayor de los historiadores antiguos, la filosofía inmanente adquirió una hegemonía absoluta en la explicación histórica: en su obra, los dioses y su intervención en los asuntos humanos están totalmente ausentes para ser substituidos por causas endógenas al propio proceso histórico: la Guerra del Peloponeso se explica por la lucha entre Atenas y Esparta por el dominio del mundo helénico.20 Pero el historiador ateniense no se limita a percibir una causalidad inmanente, sino que explica los procesos históricos en función de las fuerzas económicas, con17 William H. McNeill, The Rise of the West, Chicago, Chicago University Press, 1966, pp. 201-202. 18 Avdakov, op. cit., pp. 62-63. 19 Herodoto de Halicarnaso, Los nueve libros de historia, trad. Bartolomé Pau, en Herodoto, Tucidides, Jenofonte, op. cit., libro vii, parte clxxxix. 20 Tucídides, op. cit., libro I, parte I.

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virtiéndose incluso, como ya se dijo, en un pionero en el uso de la Ley de Correspondencia. De esta manera, el pensamiento griego del siglo V antes de nuestra era demostró su capacidad para explicar el movimiento social y las transformaciones políticas, no como resultado de la intervención divina, sino como el producto de la evolución económica. Más adelante, la sociedad romana siguió una trayectoria paralela a la de la griega aunque con características propias. A partir del pequeño territorio del Lacio, Roma fue extendiendo su dominio, primero por Italia y posteriormente por todos los países mediterráneos. El Imperio Romano fue una unión Política de pueblos que integraron una gran totalidad económica. En su vasto territorio las actividades mercantiles alcanzaron un gran desarrolló propiciado por una buena red de comunicaciones terrestres y marítimas. El hecho de que la economía estuviese orientada hacia la producción de valores de cambio, genero una sociedad fuertemente urbanizada: el mundo romano estuvo constelado de ciudades desde España hasta Egipto. Esto fue resultado del crecimiento de las fuerzas productivas que llegaron a ser capaces de generar los excedentes económicos necesarios para construir y mantener las numerosas ciudades. Este proceso de ecosis positiva produjo en el mundo romano una sociedad mercantilizada cuya ideología evolucionó desde una perspectiva trascendental hacia una inmanente Como un ejemplo muy claro de esta última está la obra de Lucrecio Caro. Este pensador recogió la tradición materialista de Epicuro y proclamó que la naturaleza y sus transformaciones están sujetas a leyes endógenas capaces de ser comprendidas por el intelecto humano.21 La ideología inmanentista de Lucrecio lo lleva a concebir la evolución social de una manera muy similar a la visión que nos proporciona la ciencia actual: los primeros hombres fueron nómadas que desconocían la agricultura, alimentándose con los productos de la caza y la recolección, y paulatinamente se dio un proceso de enriquecimiento cultural que fue acumulando diversos elementos, el fuego, el lenguaje, los metales, los tejidos, la música, la escritura, etcétera, todos los cuales son fruto del esfuerzo humano.22 El racionalismo y la concepción inmanente de la existencia humana de que dan testimonio las ideas de Lucrecio formaron la corriente dominante en el pensamiento de la Civilización Grecorromana hasta el siglo II después de Cristo. Una proporción muy grande de las obras de los autores griegos y romanos se ha perdido o únicamente se conservan fragmentos de ellas o simples referencias hechas por otros escritores. Sin embargo, lo que ha sobrevivido nos permite tener una idea muy aproximada de su naturaleza, y podemos afirmar que el inmanentismo alcanzó una posición dominante en la cultura clásica, lo cual no sólo es una muestra de la evolución que experimenta la ideología al transformarse la estructura socioeconómica, sino que este pensamiento servirá, como veremos en los capítulos siguientes, de base para la elaboración de la ideología inmanente de la futura Civilización Occidental.
21 Tito Lucrecio Caro, De la naturaleza de lasa cosas, introd., versión y notas Rene Acuña, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1963, I, 123-130. 22 Ídem, V. 925-1457.

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En el siglo III después de Cristo, la trayectoria histórica de la Civilización Clásica tuvo un punto de inflexión que se refleja en todos los campos de la actividad social, los cuales comienzan a sufrir profundas transformaciones de carácter degenerativo. Estos cambios están vinculados a la caída del Imperio Romano de Occidente, la cual no fue un acontecimiento sino un proceso de larga duración que se extendió por trescientos años, de manera que las invasiones/germánicas que destruyeron el imperio tan sólo concluyen un largo proceso de decadencia que aniquiló las bases mismas de la sociedad esclavista desde antes de su irrupción. Los lineamientos generales del colapso de la sociedad mediterránea son bien conocidos por los historiadores. El incremento de la presión ejercida por los llamados pueblos bárbaros condujo a una militarización del mundo romano, con el consiguiente aumento de los gastos destinados al ejército, sin que, por ello se lograra una defensa eficaz. El gobierno imperial se hundió paulatinamente en el caos y la impotencia sin que las reformas que se intentaron consiguiesen otra cosa que respiros transitorios en el proceso de su decadencia. La degradación que sufre la estructura política es una parte de la crisis de la sociedad esclavista en su totalidad, la cual veía agotarse sus fuerzas productivas. El sistema monetario se desmoronó cuando el gobierno recurrió al envilecimiento de la moneda como un recurso para sufragar sus crecientes gastos a partir de una base económica en crisis y la pesada carga fiscal agobiaba el sistema productivo acelerando su ruina. El comercio decayó y la economía retrocedió hacia un sistema de autoconsumo, terminando progresivamente toda producción en gran escala. La crisis afectó la base misma del sistema, la esclavitud, de manera que los grandes latifundios que utilizaban mano de obra esclava se hicieron antieconómicos por lo que sus propietarios los reorganizaron como unidades autárquicas trabajadas por colonos, campesinos que pagaban una renta en especie. Esta crisis de la Civilización Clásica terminaría por producir un mundo orwelliano donde los hombres libres renunciaban a su libertad para buscar la protección de los grandes terratenientes a cambio de la sumisión. Víctima de tan graves contradicciones, la sociedad romana terminó por ser incapaz de mantener su estructura política, y el siglo V de nuestra era vio la destrucción del Imperio Romano de Occidente. Pero este acontecimiento fue únicamente un episodio más en el colapso general de la civilización, ya que los reinos organizados por los invasores germánicos no tuvieron la capacidad para dotarse de un sistema productivo capaz de revertir la tendencia histórica; la ruina de la sociedad esclavista no liberó fuerzas productivas, sino que simplemente produjo un vacío que no podía servir de base a una cultura superior. En síntesis, se dio un proceso de ecosis negativa que implicó la ruina del sistema dé carreteras, puentes y puertos que se destruyó en ausencia de un comercio que justificara su existencia, la vida urbana desapareció mientras la población disminuía y el territorio, antes unificado, se fragmentaba en pequeños reinos y señoríos que luchaban por sobrevivir. La ideología de la sociedad experimentó un gran viraje y ya desde el siglo III abandona el esquema inmanentista, y el trascendentalismo vuelve a ocupar la posición hegemónica representado por la filosofía neoplatónica y las religiones orientales, entre las que se incluía el Cristianismo, de manera que se crea una

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Frontera entre dos mundos ideológicos.23 Se establece, de esta manera, el marco ideológico, para que siglos más tarde surja la Civilización Occidental. El periodo que se extiende entre la caída del Imperto Romano de Occidente y el siglo X es de una continua depresión económica que ve disminuir el dominio que los hombres habían logrado obtener sobre la naturaleza, de manera que al final el territorio occidental de Europa se convirtió en la tierra salvaje que se ha descrito, donde una población escasa y dispersa, carente de los atributos de la vida civilizada, luchaban por sobrevivir en medio de los pantanos e inmensos bosques que constituían su habitat, víctima constante del hambre, las enfermedades, la ignorancia y los.ataques de enemigos que la acosar, desde todas las direcciones. Este sería el escenario donde se formó la Civilización Occidental sobre las ruinas del mundo clásico.

23 Jacques Chevalier, Hcstoirc de Ja pcnsée, 3.v., París, Flammarion, 1955, II, 72.

II. GÉNESIS DEL DESARROLLO ECONÓMICO DE OCCIDENTE
La región cronológica del año mil y el propio año mil son un gran momento en la historia humana. HENRI FOCILLON'

I COMO resultado del largo proceso de desintegración de las instituciones políticas y sociales, así como de la estructura económica que había servido de base a la sociedad esclavista, la Europa occidental se caracteriza en la Alta Edad Media por la debilidad de las fuerzas productivas. Se ha configurado una sociedad casi exclusivamente rural en la que los hombres ejercen un dominio muy precario sobre el medio geográfico que habitan. Este proceso histórico cuyos matices pueden ser discutidos tiene, sin embargo, elementos que no pueden ser puestos en duda. Un punto en el que los medievalistas coinciden es que el siglo XI es una época de desarrollo que contrasta con la depresión del Alto Medievo. En él se producen "una serie de transformaciones muy profundas y generales", afirma Marc Bloch, que generan un "cambio de orientación que pese a los inevitables retrasos según los países o los fenómenos examinados, afecta uno a uno todos los niveles de la actividad social."5
El progreso del siglo XI se continúa hasta finales del XIII, produciendo un periodo de auge de unos trescientos años de duración que genera las bases estructurales para edificar la Europa moderna. Esta transformación histórica fue percibida por los hombres que la vivieron. Raoul Glaber relata con optimismo como al acercarse el tercer año que seguía al año mil, se vio en casi toda la tierra, periodo especialmente en Italia y en la Galia, reedificar los edificios de las iglesias; aunque la mayoría, bastante bien construidas, no lo necesitaban en absoluto. Una auténtica emulación impulsaba a cada comunidad cristiana a tener una iglesia más suntuosa que la de sus vecinos. Se hubiera dicho que el mundo se sacudía para despejarse de su vetustez y se revestía en todas partes con un blanco manto de iglesias. Entonces casi todas las iglesias de las sedes episcopales, las de los monasterios consagradas a cualquier santo e incluso las pequeñas capillas de las aldeas, fueron reconstruidas por los fieles con mayor belleza.

1 Henry Focillon, L'an mil, París. Armand Colin, 1952, p. 66. 2 Marc Bloch, La sacíete féodalc. París, Albín Michel, 1968, p. 98. 3 Raoul Glaber, Historias, III, 4, citado en Jacques Le GofF, La Baja Edad Media, trad. Lourdes Ortiz, Madrid, Siglo XXI de.España, 1972, p. 9.

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Casi mil años después, Jacques Le Goff, basado en el examen de múltiples elementos infraestructurales y superestructurales, afirma la existencia de un gran viraje histórico a mediados del siglo XI en la pobre, exigua y bárbara cristiandad occidental.4 Este dinamismo no hubiera sido posible sin la ruptura de los factores depresivos, entre los que sobresalen los ataques externos que producen un verdadero estrangulamiento de las posibilidades de desarrollo de la naciente Civilización Occidental, que en los siglos anteriores al año mil era una ciudad asediada, a medias invadida desde tres direcciones: en el sur por los fieles del Islam, árabes o arabizados, en el este por los húngaros, y en el norte por los escandinavos. La Italia es un terreno favorito para las agresiones de los soberanos de África; la mayor parte de España está en poder cíe los musulmanes quienes además incursionan en tierra francesa, en cuya costa, cerca del actual Saint-Tropez, establecen una base fortificada que les permite cerrar los pasos de los Alpes e incluso lanzar ataques a mediados del siglo X hasta el valle del Rin. La destrucción de esta amenaza es un ejemplo del viraje de la historia. En efecto, la captura de Moieul, el venerado abad de Cluny, en el año de 972 provocó la movilización de los señores del valle de Ródano bajo el mando del conde de Provenza, quien montó una ofensiva que destruyó la ciudadela enemiga con lo que terminan las invasiones terrestres de gran envergadura. Por su parte, en el siglo X, los húngaros devastaron provincia tras provincia en Alemania; Italia y Galia hasta su derrota en Lechfeld por Otón el Grande de Alemania, quien coronó su victoria creando dos marcas para impedir nuevas invasiones. En el Norte, los escandinavos presentaron un problema más difícil de resolver. El rey Carlos el Calvo, reconociendo su impotencia, decide hacer vasallos suyos a los invasores establecidos en las costas de Francia, con la esperanza de que constituyan una barrera defensiva ante los ataques de nuevos piratas. Una primera oferta real fracasa, pero después de la derrota de los normandos frente a las murallas de Chartres, éstos deciden aceptar ser vasallos de la corona, y en un documento de 918 el monarca puede consignar las concesiones que se vio obligado a otorgar "a los normandos del Sena [...] para la defensa del reino". Pese a esto, las incursiones continúan, y en ellas incluso participan los nuevos vasallos normandos del rey, los que son calificados por Rich-ter, todavía a fines del siglo X, como "duques de piratas". Sin embargo, paulatinamente los ataques se van haciendo más raros hasta cesar.* Por último, al quedar roto el estrangulamiento de sus enemigos externos, el Occidente cristiano gozó en el siglo XI de una seguridad que permitiría su desarrollo. II En esta sociedad casi exclusivamente rural ningún desarrollo es posible sin el progreso de la agricultura cuya debilidad era un obstáculo infranqueable. El paisaje .predominante en la. Europa del año mil es el bosque; las dos terceras partes de
4 ídem, pp. 1-10. 5 Bloch. La sacióte ffodalc, op. cit., pp. 23-60.

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la Galia, Inglaterra, Irlanda, los Países Bajos y del Centro de Alemania están cubiertas de grandes zonas boscosas. Las poblaciones, sean aldeas, castillos, monasterios o ciudades embrionarias, se ubican en claros abiertos en la inmensidad cíe los bosques. Los hombres de la época semejaban pequeños grupos cíe náufragos en el interminable mar de árboles que los aislaban; tierra salvaje poblada de terrores reales o imaginarios, donde escasos humanos se internaban pagando el precio de la soledad y el peligro. Era preciso vencer ese bosque omnipresente y conquistar, nos dice Focillon, la tierra para el trigo.6 La experiencia de nuestro siglo nos ha dado conciencia del perjuicio que una alimentación insuficiente causa a los seres humanos, y de cómo una penuria prolongada que les impide alcanzar su pleno desarrollo físico y mental es peor que una escasez aguda, pero pasajera, de alimentos. El resultado de la subalimentación son gentes abúlicas, predispuestas a las enfermedades y destinadas a una vida corta y estéril. Era indispensable que el incremento de la agricultura proporcionara a la población medieval una mejor alimentación que la capacitara para el trabajo y que, al mismo tiempo, generara los excedentes necesarios para permitir el renacimiento de la vida urbana y posibilitar un proceso de acumulación. Este desarrollo se dio a través de un vasto proceso de colonización interna y externa que transformó la faz de Europa. La colonización externa implicó el avance en los confines del mundo occidental, en el altiplano ibérico y en la gran llanura que se extiende más allá del Elba, mientras el esfuerzo colonizador interno se realizaría en el corazón de los antiguos territorios mediante el desmonte y la apertura de nuevas tierras al cultivo, de manera que en los claros abiertos en los bosques y matorrales surgieron nuevas aldeas en la tierra virgen. El dominio del hombre sobre la naturaleza es el fruto del trabajo anónimo de varias generaciones:
Campesinos y señores terratenientes colaboran en esas empresas destinadas a transformar progresivamente los bosques y pantanos en tierras productivas. Los campesinos toman a menudo la iniciativa; ya que la explotación de las antiguas tierras de labor requiere menos trabajo que antaño, cuando ha terminado sus tareas le queda tiempo al jefe de familia para atacar la vegetación que limita sus campos para llevar más allá sus surcos y agrandar un poco su parcela; en el invierno, quema la maleza, derriba los grandes árboles, desentierra las raíces; en la primavera el terreno rozado se ha convertido en tierra de cultivo, que el año siguiente podrá arar y sembrar.7

La conquista de las tierras vírgenes, conocida por los historiadores como la época de las grandes roturaciones, es un proceso complejo y de difícil estudio8 y que tuvo inicios y desarrollo distintos según las diversas regiones. Georges Duby, quien se ha especializado en la economía rural del Medievo, considera que ésta se desarrolló en tres fases. La primera corresponde a la ampliación del antiguo terreno

6 Focillon, op. cit., pp. 66, 67. 7 Edouard Perroy, Le moyen age, L'expansion de J'Oricnr el la naissancz de la civilization occidcntale, v. III, Hisfoiregenérale des civüizalions, París, Prcsses Univcrsitaircs de France, 1957, p. 254. 8 Los especialistas utilizan varias técnicas incluyendo el estudió del polen fosilizado que permanece en las distintas capas del suelo. Actualmente es posible fechar esos estratos y estudiar si el polen contenido corresponde a plantas cultivadas o a árboles y matorrales.

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sobre los terrenos aledaños en la forma descrita en la transcripción. Este es el procedimiento más fácil, e incluso puede realizarse a escondidas del señor, y en la mayor parte fue el resultado del trabajo individual de los campesinos y parece haber comenzado en el siglo X, en cuyo caso el auge es la prolongación más dinámica de un lento progreso anterior. En los siglos XI y XII estas empresas individuales hicieron proliferar la pequeña propiedad campesina.8 La segunda fase del desarrollo agrícola fue mucho más dinámica: los campesinos abandonaron sus pueblos natales y establecían sus casas en tierras vírgenes luchando contra una naturaleza hostil, ya fueran los bosques de la región parisina, la Francia occidental y la región del Carona, las aguas torrenciales en el valle del Loira y la Lombardía, los pantanos en el Norte y el Este de Germania o el mar en los Países Bajos. Estos desarraigados trabajaron en sus nuevos terruños haciendo surgir nuevas parroquias y nuevas aldeas con un patrón de vida social análogo al de su procedencia. Esta colonización fue el resultado de la voluntad deliberada de los señores a quienes pertenecían los vastos espacios no cultivados. Los fundadores de los nuevos pueblos son los condes, los castellanos, los monasterios y los reyes mismos, lo que implicó un cambio de mentalidad en la más alta aristocracia que decidió organizar el poblamiento y la roturación a medida que se percataba de los beneficios que significaba el contar con nuevas fuentes de derechos, tallas y multas, así como de asegurar la protección de sus territorios estableciendo en bosques y fronteras vigorosas comunidades de campesinos sujetos al servicio militar. Con este fin se ofrecían a jóvenes carentes de tierras los instrumentos de trabajo y los animales de tiro-que necesitaban para asentarse en las tierras vírgenes. Estas atractivas condiciones permitieron incluso la colonización de tierras tan inhóspitas como son los pantanos del Mar del Norte, realizada por los flamencos en el siglo XII. Finalmente, la tercera etapa se caracterizó por un decaimiento progresivo del esfuerzo colonizador.10 En España, el proceso de colonización presentó características peculiares. La mayor parte de la península estaba en poder de los musulmanes y Occidente estaba representado por pequeños reinos en el extremo norte que fueron incapaces de realizar grandes progresos mientras el Califato de Córdoba preservó su unidad. Pero aquí también, señala Koebner, los progresos fueron rápidos después del año mil." Efectivamente, la reconquista del espacio peninsular llegó a la región del Duero a mediados del siglo XI y en el año 1085 alcanzó el Tajo. El avance prosiguió en los dos siglos siguientes, y la necesidad de poblar las tierras que iban siendo ganadas por las armas cristianas hizo necesario, en esos trescientos años, un proceso colonizador que significó grandes transferencias de poblaciones.12 En esta forma:

9 Georges Duby, Economía rural y vida campesina en el Occidente medieval, trad. Jaime Torres Elias, Barcelona, Ed. Península, 1973, pp. 102-104, 121. 10 Cf.; Perroy, op. ci;., pp. 254, 255 y Duby, Economía rural... op. ci'r., p. 107, IOS; 11 Richard Kocbner, "The Sctdement and Colonization of Europe", The Agrarian Life of the Middle Ages, y. I. The Cambridge Economic History of Europc, Cambridge, cup, 1966, p. 66. 12 Duby,.Economía rural..., op. cit., p. 121, apud, J.M. Lacarra, La repoblación del Camino de Santiago, pp. 223-232.

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(...) la creación y configuración, con rasgos que, en ocasiones llegan hasta nuestros días de una sociedad hispano-cristiana es el balance más definidor de la evolución histórica peninsular entre comienzos del siglo XI y fines del XIII, realizada a través de un proceso que, en todos los órdenes de la actividad humana, resulta estrictamente paralelo y simultáneo al que, coetáneamente, vive el conjunto de la llamada cristiandad latina o Europa Occidental.13

Para colonizar los nuevos territorios se utilizaron campesinos de las montañas del norte o fugitivos que habían huido de tierras del Islam. Los colonos eran tan escasos que los señores se los disputaban y para atraerlos les concedieron privilegios políticos, y ya desde antes del año mil se otorgaban derechos extensivos a todos los habitantes futuros de las nuevas tierras, dando con ello origen a los fueros españoles.14 A medida que crece el territorio ibérico dominado por los cristianos se produce el desarrollo de las actividades agropecuarias, de manera que entre los años 1000 y 1300 se produce una diversificación del paisaje agrario e incrementos en la producción paralelos a los del resto de la Europa occidental. Lo que imprime un carácter específico al desarrollo español es el gran impulso que se da a la ganadería, principalmente en Castilla, que vio poblarse con ovejas grandes extensiones donde se practicaba un pastoreo transhumante. La importancia económica de la producción lanar se pone de manifiesto cuando Alfonso X confirmó al Honrado Consejo de la Mesta en 1273, con lo que culminan cuatro siglos de desarrollo ganadero.15 Por otra parte, la importancia de la lana española desborda los límites peninsulares para convertirse en un factor del desarrollo de Occidente, de manera que los borregos merinos, probablemente introducidos en el siglo XII, han sido llamados "la gran contribución de España al comercio internacional y a la economía ganadera del mundo."16 III El desarrollo agropecuario, el elemento básico en el despegue económico del Occidente medieval, no hubiera sido suficiente o incluso posible si no se hubiesen producido progresos técnicos de gran significación. La agricultura romana había utilizado un arado liviano, el aratrum, mientras que en la Edad Media se difundió el arado pesado, la cárnica, hecho de tal importancia que Postan afirma que terminó por dominar la tecnología de la época. El arado pesado es un implemento más eficiente que su predecesor, al incorporar una cuchilla frontal que abre el suelo y dirige el corfe y una vertedera .que .vuelve la tierra. En su forma más desarrollada está dotada de ruedas y sus partes incisivas son de .hierro.17 este ti-

13 J. A. García de Cortázar, Nueva Historia de España en sus Textos, Santiago de Composíela, Pico Sacro. 1975, p. 280. 14 Koebner, 'op. cit., pp. 66, 67. 15 García de Cortázar, op. cit., p. 382. 16 Roben S. Smith, "Medieval Agrarian Sociely in its Prime: Spain'1, The Agrarían Life.., op.cit, p. 438. 17 M.M. Postan, The Medieval Economy and Socicty, Penguin'Books, Hardmonsworth, Inglaterra, 1975, pp. 49, 50.

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po de arado es capaz de remover más profundamente la tierra, ablandándola mejor, con lo que se asegura una mejor nutrición de la semilla y, por tanto, un rendimiento superior.18 Hay una relación estrecha entre el uso del aratrum y la preferencia de los agricultores romanos por los suelos suaves, mientras que la cárnica permitió trabajar los suelos pesados o duros de la Europa del norte, especialmente los que iban siendo roturados al ser arrebatados a los bosques. El arado pesado fue el requisito esencial para las grandes roturaciones sin el cual el desarrollo agrícola occidental hubiera tropezado con límites insuperables.19 La importancia de la relación entre la ecosis y la introducción de nueva tecnología hace necesario que nos detengamos a examinar la naturaleza del avance tecnológico. La introducción del arado pesado en la Edad Media ha provocado dudas en lo que respecta a la cronología del proceso. En efecto, las partes de dicho arado eran conocidas desde la época romana e incluso desde la celta, pero su uso se difundió muy lentamente. Su primera representación se hizo en el siglo X-'" y su uso extensivo fue después del año mil. En el siglo XIII, durante la Cruzada, el historiador Joinville, se extrañaba de ver a los campesinos egipcios utilizar "un arado sin ruedas".'" Tenemos, que establecer, pues, una diferencia entre el momento en que se introduce una innovación y el que corresponde a su uso en una escala lo suficientemente grande como para alterar el proceso productivo. Al historiador de las ideas le interesa principalmente la génesis de la nueva tecnología mientras que al economista sólo los cambios que introduce en la esfera de la producción. En nuestra época, el periodo que separa los dos momentos es generalmente de varias décadas, en la Antigüedad y en la Edad Media, como lo ilustra el caso de la substitución del arado romano por el arado pesado, puede ser de siglos. El rezago de la difusión tecnológica no puede atribuirse sólo al conservadurismo, sino a que la tecnología está ligada estructuralmente a otros elementos de la sociedad que no pueden ser modificados rápidamente. En el caso del arado medieval nos encontramos con que éste requiere de una sociedad en que el hierro y los herreros sean abundantes, necesita además disponerse de una fuerza tractiva mucho mayor: el arado se engancha a ocho o hasta diez bueyes en contraste con el aratum que puede ser arrastrado por sólo dos o, incluso, por seres humanos. La gran cantidad de bestias que tiran del arado medieval forman un conjunto muy eficiente en el trabajo unidireccional, pero poco maniobrable cuando se trata de dar la vuelta. Esto implica que los campos de cultivo de la época romana, cuadrados y pequeños; tengan que ser reemplazados por otros grandes y tan alargados como lo permitiere la topografía del terreno. Esta transformación implica cambios en las formas de trabajo y de tenencia de la tierra.22 La experiencia histórica ha demostrado cuan difíciles y lentos son éstos. La necesidad de restituir la fertilidad al suelo y evitar su agotamiento era uno

18 Le Golf, La Baja Edad Media, op. cit., p. 31. 19 Postan, op. cit:, p. 50. 20 Véase cuadro de innovaciones medievales. 21 Guy Fourquin,."Le temps de la croissance", en Georges Duby y Armand Wallon (directores),Historie de la France rurale. París, Seuil. 1975, I, 407. 408. 22 Postan, op. cit., pp. 51, 52.

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de los problemas más urgentes. El estiércol del ganado fue muy apreciado y corrientemente se reservó para campos cercados destinados al cultivo intensivo. En Inglaterra, los señores exigen que los campesinos lleven sus ovejas durante las noches al dominio para abonarlas y a veces ordenaban que las ferias ganaderas se efectuasen en sus campos. Otro método de fertilizar consistía en hacer la siega con la hoz, dejando la mayor parte del tallo para que al labrar el campo se mezclase el rastrojo con la tierra.21 Otra innovación que propicia el progreso agrícola en este periodo es el desarrollo de la rotación trienal de cultivos llamada en los diferentes países DreifeJderwirtschaft, three field rotatíon o assolement trienal. Existió también un sistema bienal en el cual el campo se dividía en dos porciones, una de las cuales se deja descansar mientras que la otra se cultiva. En el sistema trienal, en el cual el campo quedaba dividido en tres partes, una descansaba, la segunda se sembraba con la cosecha primaveral, generalmente con cebada y avena, y la tercera se dedicaba a la siembra de otoño de trigo y centeno. Esto permitió un mejor aprovechamiento de la tierra, a la vez que el sistema implicó una racionalización de su uso que variaba en sus formas específicas según las regiones y el tiempo.24 El control hidráulico mediante sistemas de drenaje y de irrigación fue otro de los factores del desarrollo, especialmente en los Países Bajos y en Italia, que no por coincidencia van a ser las regiones más desarrolladas de la Europa medieval, no sólo en la agricultura, sino también en la manufactura, el comercio y la vida urbana. En las costas del Mar del Norte la lucha del hombre contra las aguas para conquistar nuevas tierras para la agricultura y la ganadería es un capítulo fundamenta] en la historia del progresivo dominio que la sociedad del Medievo va obteniendo sobre su habitat. Hacia él año mil, grupos humanos muy pequeños habitaban la región costera de este mar, dedicados á la pesca y la ganadería: En el siglo XI la presión demográfica hizo imperioso emprender un proceso de ecosis capaz de incrementar los recursos alimenticios, y se dio inicio a la creación de polders mediante diques que permitían ganar tierra al mar. A diferencia de los terrenos conquistados al bosque, los polders no pueden ser utilizados de inmediato para la agricultura, destinándose primero al ganado ovino y después al bovino, y sólo en el siglo XII. se inició en ellos el cultivó de cereales; Las riquezas generadas por las nuevas tierras fueron importantes y compensaron ampliamente los esfuerzos de los colonizadores y cíe sus señores.25 En Italia también el control hidráulico tuvo una importancia decisiva en el desarrollo. Después déla gran devastación y despoblamiento de la Alta Edad Media, Italia es el país que se recupera más temprano. Los primeros avances son obstaculizados por las guerras y destrucción que acompañan el derrumbe del Imperio carolingio, pero después "en toda la economía el proceso de 'crecimiento súbitamente 'se hizo rápido, intenso y sostenido.26 En el siglo X empieza un impulso vigoroso de ocupación y cultivo de la tierra que sé prolonga hasta el XIII,

23 Duby, La economía rural..., op. cti., p. 143. 24 Cfr., Postan, 'op. cit., p. 55, Duby, La economía rural,.., op.cit 25 Fourquin, "Le Temps..."" op. cit.I, .439-442. 26 Philipjones, " Medieval Society in its Prime: Italy", The .Agrarian Life.., op.cit., p. 344.

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y mediante el cual se logra la coexistencia de las empresas individuales con los esfuerzos conjuntos de campesinos, señores y gobiernos municipales. Estos esfuerzos colectivos son indispensables para construir obras de drenaje y de irrigación. La zona más necesitada de este tipo de infraestructura es la del valle del Po y ésta se inicia tempranamente, como lo demuestran documentos de Nonantola en Mantua, que indican que ya en siglo XI se han organizado los esfuerzos para controlar las inundaciones. También en el Piamonte están documentados los trabajos hidráulicos que se hicieron después del año mil. La construcción de nuevas obras hidráulicas y oí mejoramiento de las existentes prosigue, y. en el siglo XIII muchos distritos disponen de presas, canales y zanjas que sobrepasaron las construcciones de la Antigüedad. Por último, a fines del Medievo, esta labor continua de dominio del agua convirtió el suelo italiano en objeto de admiración del resto de Europa.2' Las obras hidráulicas son importantes también en España. Los cristianos no se limitan a conservar las construcciones heredadas de la Antigüedad o realiza das por los musulmanes, sino que las amplían. Como ejemplo puede citarse la vega de Valencia, uno de los mayores premios al esfuerzo reconquistador, la cual pasó a poder de los hispano-cristianos en el siglo XIII. La vega estaba irrigada por un sistema de canales que los vencedores extendieron construyendo la Acequia Real.28 IV Después del año mil, .otras actividades económicas, además de la agricultura, manifiestan un gran dinamismo. Las invasiones enemigas, la desintegración de la autoridad central y las contiendas señoriales hicieron que la necesidad de defensa tuviera un carácter vital: Occidente se cubre de fortificaciones. En el siglo X, los castillos son simples torres de madera que sirven de habitación señorial, rodeadas de palizadas y de fosos llenos de agua. Las palizadas y fosos protegían también las habitaciones de los compañeros y sirvientes del señor además de los almacenes, establos y caballerizas. Puentes móviles o levadizos atravesaban los fosos, siempre listos para ser retirados; en caso de peligro. Las construcción de madera de estas fortificaciones las hacía vulnerables, ya partir del siglo XI fueron remplazadas por castillos construidos con piedra, de los cuales el más antiguo es el de la Langlais, edificado alrededor del año de 995. Tras las conquista normanda, las construcciones de piedra también se inician en Inglaterra, siendo la primera la Torre de Londres edificada hacia 1090.29 En el siglo XII, al llegar a su cénit el ciclo expansivo las fortalezas se habían convertido en construcciones, grandes y complejas y las empalizadas se habían transformado en murallas reforzadas con torres. Todos estos elementos estaban construidos con piedra y en los castillos más poderosos se cuenta con varias murallas, con fortificaciones secun-

27 idem, pp. 353-360. 28 Smith, op. cit., p. 440, apud, R. Gayano Lluch, El Furs de Valencia, 1930, pp. 202-207. 29 Charles Terrase, Hísroire de l'arf, 3v, París. Henri Laurens, 1950, pp. 34, 35.

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darias, etcétera.30 La edificación de estas complicadas y vastas obras fue un elemento dinamizador de primera magnitud. La fe de la Cristiandad occidental, por otra parte, ya a dar un gran impulso a las construcciones religiosas. El "blanco manto de iglesias", que apareció en el paisaje europeo llamando la atención de Raoul Glaber apenas tres años después del año mil coincide con el surgimiento de una nueva arquitectura: la románica. Este nuevo estilo, que caracteriza la naciente civilización europea, hereda elementos de la arquitectura romana y de la oriental, pero tiene un carácter original afirmado en la forma de los planos y la variedad de las fachadas y portales. Uno de los elementos principales de la nueva arquitectura es la bóveda semicilíndrica que cubre la nave central y la cual además de pesada ejerce un empuje transversal sobre los muros laterales obligando a los arquitectos a darles una gran solidez tanto por medio de su masividad como reforzándolos con contramuros. La pesantez del estilo románico refuerza la demanda de piedra, de mano de obra, etcétera. Cuando el románico es desplazado por el más ligero estilo gótico, a mediados del siglo XII, nuevos elementos vienen a incrementar la demanda: la arquitectura civil progresó más lentamente a medida que se desarrollaban el comercio y el urbanismo, pero paulatinamente la creciente riqueza e importancia de las ciudades reclamó edificios públicos, ayuntamientos, hospitales, etcétera. Por otra parte, la construcción de puentes fue otra de las consecuencias del auge mercantil que demandó con urgencia el restablecimiento de un sistema de comunicaciones terrestres y marítimas. Es necesario señalar que el desarrollo de la nueva arquitectura, tanto la románica cómo la gótica, no se basó en un progreso teórico sino en un avance técnico con bases empíricas que buscaba soluciones a los problemas prácticos que se presentaban.31 El auge de la construcción tiene un efecto multiplicador en la economía del Medievo. Grandes canteras se abrieron en la Europa occidental, principalmente en Francia, país rico en buenas piedras de labrar. Las dificultades del transporte de la época hicieron que los constructores prefirieran disponer siempre de cante ras próximas a los sitios de sus edificaciones, y cuando esto no era posible se buscó reducir los costos del transporte labrando la piedra en las canteras mismas para disminuir su peso y su volumen. Esto condujo a una benéfica descentralización que dinamizó las economías locales. Las huellas dejadas por la explotación de canteras a cielo abierto casi han desaparecido con el paso de los siglos a medida que la naturaleza ha vuelto a cubrirlas, pero las galerías de las canteras subterráneas permanecen como testigos de un prodigioso esfuerzo, y en el caso de las más importantes forman laberintos subterráneos que en el caso de la de París tienen una longitud de 300 kilómetros.32 Las canteras más grandes tienen galerías paralelas que se cruzan con otras transversales formando una retícula. En otros casos se cavaron galerías en diferentes niveles. Este esfuerzo de conquista de la naturaleza tuvo que ser

33 ídem, pp, .75, 79. 31 John Desmond Bernal, Science in History, 4 vols, Penguin, Harmondsworth, Penguin, 1969. I. 310. 32 En comparación el actual metro parisino sólo tiene 189 kilómetros de longitud. Jean Gimpel, La révolution industrielle du Moyen Age, París, Seuil, 1975, pp. 33, 34.

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acompañado de un avance técnico que hiciera posible evitar los derrumbes en los túneles que eran reforzados con pilares. La extracción de piedra es sólo la mayor de las actividades extractivas del Medievo. De menor volumen pero de mayor importancia es la explotación de los metales. Es difícil encontrar un mejor ejemplo del carácter estructural del desarrollo que requiere del avance simultáneo de varias ramas de la producción. La lucha contra los bosques, la construcción de obras hidráulicas, la apertura de las tierras pesadas del norte, y en general todo el proceso de ecosis fue posibilitado por el progreso de las actividades minero-metalúrgicas que permitió que en la construcción de herramientas y utensilios "la madera ceda su sitio al metal".33 La guerra hizo que la industria del hierro tuviera una gran demanda de herraduras, armas, cotas de malla y toda suerte de artefactos defensivos y ofensivos, cuya magnitud puede juzgarse por la compra, que Ricardo I de Inglaterra hizo a las forjas que había en el bosque de Dean, de 50 000 herraduras para la Cruzada. El auge de la construcción está íntimamente ligado al hierro, que sirve tanto para la fabricación de instrumentos de trabajo como de elementos de construcción tales como los clavos que se ofrecieron en gran variedad. Los hombres de la época estaban concientes de la importancia que el hierro tenía en diversas actividades tanto en la paz como en la guerra, como testimonian las palabras del franciscano Bartolomé el Inglés en 1260.
Desde numerosos puntos de vista, el hierro es más útil al hombre que el oro, aun cuando los avarientos codicien el oro más que el hierro. Sin el hierro, el pueblo no podría defenderse de sus enemigos ni hacer prevalecer el derecho común; los inocentes aseguran su defensa gracias al hierro y la audacia de los malvados es castigada con el hierro. Además, todo oficio manual demanda del empleo del hierro sin el cual nadie podría cultivar la tierra ni construir una casa.34

El incrementó de las fuerzas productivas en los siglos XI, XII y XlII permitió obtener excedentes económicos, mientras que el crecimiento demográfico generaba una mano de obra que no era absorbida por las ocupaciones tradicionales. La combinación de ambos excedentes hizo posible el crecimiento de una industria artesanal que .reactivando técnicas de la Antigüedad e importando otras de Oriente va a contribuir al desarrollo económico occidental. Entre las distintas actividades en que se manifiesta esta auge destaca la producción textil como una de las ramas más dinámicas y cuyo crecimiento hizo posible adoptar una división del trabajo considerablemente compleja. En el caso de los tejidos de lana, los más importantes económicamente, el proceso productivo se inicia con la preparación de aquélla: la lana es lavada, trillada, sometida al baqueteo, engrasada, peinada y cardada. Después de estas operaciones, el material estaba preparado para la elaboración del hilo que luego se utilizaría en el tejido. Las telas producidas son teñidas, actividad en la que se utilizaban tinturas de procedencia mineral, vegetal y animal para obtener diversos colores y matices. Para preparar el teñido de las

33 Fourquin, "Le temps...,", op. cit., p. 403. 34 Gimpel, op. cit., p. 37, apud, T A. Richard, L'Homme et les Metaux. París, Gallimard, 1938, pp. 335, 356.

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telas éstas eran limpiadas hirviéndolas en agua a la que se añadía un mordiente como el alumbre. Por último, se les sometía al apresto que "da al tejido su pureza, flexibilidad y esplendor", para ello los bataneros pisoteaban el tejido en tinas de agua fría con tierra de batir, para luego lavarla en un baño jabonoso.35 La complejidad de este proceso es un elocuente testimonio del grado de desarrollo que va alcanzando la producción de tejidos en el Medievo, la cual se incrementa en el siglo XIII cuando la industria textil se transforma con la aparición o la difusión de innovaciones técnicas. Las tres principales fueron el molino de batan, el telar horizontal con pedales y el torno de hilar. El molino de batán era conocido desde el siglo XI, pero es en el XIII cuando se extiende por toda la Cristiandad, ejemplo de la demora entre la aparición de nueva tecnología y su difusión en una escala económicamente significativa. Su importancia es grande, el enfurtido a pie de una pieza de paño era una labor físicamente agotadora que provocaba lamentaciones sobre "el gran perjuicio y destierro de cuerpos y miembros".36 El trabajo con el pilón movido por un molino es más eficiente tanto en rapidez como en calidad. El telar horizontal permite realizar, accionando los pedales de que está provisto, operaciones que en el antiguo telar se efectuaban con la mano. El resultado es un aumento de la eficiencia: el tejido no solamente salía más apretado, sino que se hacía además mucho más rápido. La primera descripción que se tiene de este equipo es del inglés Alejandro Neckam, quien residió por mucho tiempo en Francia, sobre todo en París, y data del siglo XII.37 La tercera innovación, el torno de hilar, comienza a reemplazar la rueca y el huso de mano a fines del siglo XIII. A pesar de que era todavía movido a mano permitió multiplicar por cinco la rapidez de las operaciones de retorcido y bobinado del hilo.38 El incremento de la productividad introducido por este avance tecnológico tiene un efecto multiplicador en el crecimiento, ya que permitió, por un lado, acrecentar el excedente económico y, por el otro, el auge de la producción aumentó la demanda de lana, colorantes, alumbre, etc. Dado el carácter estructura] del desarrollo, estos avances acentúan los nexos de interdependencia de diversas actividades productivas o establecen otros nuevos. Como en muchas ocasiones los procesos productivos se realizan en diversas regiones o países, las relaciones de interdependencia adquieren una dimensión geográfica. V Todas las actividades dependían para su prosperidad del incremento de los recursos energéticos. La Antigüedad clásica nunca utilizó correctamente la energía del caballo. Este era enganchado por medio de correas que le oprimían el pecho

35 Philip Wolff y Frcdéric Mauro, La época del artesanado, v. ll, en Louis Henri Parias, director. Historia general del trabajo, Barcelona. Grijalbo, 1965. pp. 139142. 36 Le Goff, La Baja Edad Media, op. cit., pp. 180, 181. 37 ídem. 38 idem.

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y lo estrangulaban obligándolo a disminuir el esfuerzo. Es el Medievo el que introduce un collar rígido que se apoya en los hombros del animal sin interferir con su respiración permitiendo una mayor capacidad de tiro. Esta innovación hizo que el caballo pudiera ser utilizado en la agricultura, cosa que no hacían los antiguos. Charles Parram considera que el caballo fue utilizado en las labores avícolas a partir del siglo XI y que su uso se generaliza en los siglos siguientes. Este es un factor que contribuye a explicar el dinamismo de la economía rural a partir del ano mil, ya que el caballo es más rápido que el buey y esa rapidez es muy importante en los climas húmedos del norte Europeo. 39 El uso del caballo se extiende además, a otros transportes como, los molinos, etcétera. Un examen del cuadro numero 5 que compara las características mecánicas de la energía equina con las de otros animales y con la humana permite apreciar mejor su superioridad. El uso del caballo pone en relieve un aspecto estructural más del desarrollo y de la forma en que cada electo nuevo se integra a cada conjunto. A diferencia del buey por el caballo necesita alimentarse con avena por lo que su uso generalizado requirió de la práctica regular de la rotación trienal. Aun cuando un estudio de la substitución del buey por el caballo en las diferentes regiones aun no se ha realizado, se sabe que esa substitución no tuvo lugar en las zonas mediterráneas debido a la insuficiente producción de avena. 40 Por otro lado, el progreso de la energía equina estuvo relacionado con el de la metalurgia que proporciono las herraduras que protegieron los cascos de los caballos. Otra fuente de gran energía fue el molino de agua. Su invención data de la edad esclavista y fue descrito por Vitruvio unos cincuenta años antes de cristo, aunque su uso solo adquirió importancia económica, después del año mil cuando comenzó a utilizarse masivamente, así solo en Inglaterra, según Doomsday Book había mas de 5,000. La construcción y mantenimiento de los molinos con sus engranes y diversos mecanismos no podían ser hechos por los herreros locales y surgieron especialistas en esas tareas que viajaban construyendo y reparando molinos. John Desmond Brenal estima que estos individuos fueron, gracias a sus conocimientos, los primeros ingenieros mecánicos e hidráulicos en el sentido actual de estos términos. 41 Los molinos de agua tuvieron múltiples aplicaciones, desde la molienda de cereales hasta la fabricación de cerveza, papel y paños. Su uso en la industria textil lo convierte en el instrumento de una verdadera “revolución industrial” en la Inglaterra del siglo XIII. 42 Desde el punto de vista material las bases de la superioridad tecnológica de Occidente quedaron establecidas desde los trescientos años que siguieron al año mil.

39 Charles Parían, “ The Evolution of Agricultural Technique”, en The Agrarian Life…, op. cit., pp. 142-144 40 Duby, Economia rural…, op. cit.., p. 151 41 Bernal, op. cit., I. 314, 315. 42 Jacques Le Goff, La civilisation de l'Occiden medieval, París. Arthaud, 1964, p. 267.

III. REVOLUCIÓN COMERCIAL Y RELACIONES PRECAPITALISTAS
El desarrollo agrícola y el desarrollo del comercio se hallan estrechamente unidos. JAQUES LE GOFF. 1

I LAS TENDENCIAS demográficas de Occidente confirman las directrices de la evolución y la involución de las fuerzas productivas. Obviamente los datos que presentan los investigadores sobre la población de la Antigüedad y de la Edad Media son cálculos fundados en informaciones fragmentarias manejadas con base en hipótesis y carecen de precisión. Pese a esto, como postula B.H. Slicher van Bath, se puede aceptar que estas cifras imprecisas son una aproximación a la realidad y resultan preferibles a la ignorancia total.2 M.K. Bennett en su obra The World's Food, haciendo uso de las últimas investigaciones en el campo de la demografía, da a conocer la evolución de la población europea a partir del año 400 antes de Cristo. De acuerdo con sus cifras, dicha población crece de 23 millones en esa fecha inicial hasta alcanzar un máximo de 67 millones en el año 200 de la era cristiana. Posteriormente se presenta una época de depresión demográfica correspondiente al Bajo Imperio Romano y de los primeros siglos medievales. Para el año 700. La población había descendido a 27 millones, casi el mismo nivel que 1100 años antes.3 Esto tiene una corre-lación perfecta con la tesis de que las fuerzas productivas fueron desarrolladas por la sociedad clásica hasta el siglo II de nuestra era, y que posteriormente se dio un proceso regresivo de ecosis negativa, caracterizado por el descenso del comercio, la producción y la vida urbana. Van Bath, apoyándose en Marc Bloch, considera que se llegó a un mínimo hacia el año 900.4 Este corresponde a la fase de agudización de los ataques externos de vikingos, húngaros, etcétera, que condujeron a un colapso social. , Por el contrario, después del año mil, la población creció hasta alcanzar la cifra de 73 millones en el año 1300, que por notable coincidencia es muy similar a la del máximo de fines del siglo II; Este auge demográfico correspondió a la génesis del desarrollo económico de Occidente y tiene su base fundamental en

1 Le GolT, La Baja Edad Media, op. cit., p. 38. 2 B.H. Slichler van Bath, Historia agraria de Europa occidental (500-1850), trad. F.M Lorda Alaiz, Barcelona, Editorial Península, 1974. p. 112. 3 Véase cuadro 2. 4 Van Bath, op. cit., 112, 113, apud, Marc Bloch, "Les invasions: occupation du sol et peuplerment", Annales d'histoire sociale, 1945, p. 28

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la mayor disponibilidad de alimentos, ya que, como confirma Georges Duby "el perfeccionamiento de las técnicas agrarias incrementó de manera considerable la producción de subsistencias, de la misma manera que la extensión de la superficie cultivada; los obstáculos que frenaban el impulso demográfico retrocedieron."5 Por otra parte, si se examina el crecimiento por periodos de 50 años a partir del año mil, se ve que el incremento es variable y oscila desde un mínimo de 4.2% para la etapa 1100-1150 hasta un máximo de 22% para la de 1150-1200. Tampoco aparece una tendencia secular definida en sentido ascendente o descendente: el primer periodo después del año mil tiene un incremento de 9.5% para descender durante los 100 años siguientes a un poco más de 4%, y luego alcanzar el máximo de 22% tan sólo para volver a descender a 5.8% al final del siglo XIII.6 De mayor interés para nuestro análisis son las cifras de población correspondiente a la Europa occidental. El historiador norteamericano J.C.Russell ha calculado la población de cierto número de países y, con base en esos resultados, llega a estimar la población europea, exceptuando el este y el sudeste de dicho continente. Estos datos nos dan una idea sobre la evolución demográfica de Occidente. Para este territorio se da una cifra de 25.6 millones al inicio de la era cristiana, la cual desciende a sólo 14.7 millones después del año 600, lo que indica que Occidente tuvo un descenso aún más pronunciado que el de Europa en su conjunto, ocasionando que descendiera del 69% a sólo el 54% de la población total. Esto se explica si recordamos que el Imperio Romano de Oriente resistió mucho mejor el proceso desintegrador que su homólogo occidental. En cambio, para el periodo de 950 a 1350, la población de esta región asciende de 22.6 millones a 54.5, lo cual representa un incremento más dinámico que el del total europeo, por lo que su participación en el conjunto se eleva de 54 a 75%.' Todas estas cifras son, como ya se ha advertido, aproximadas, pero es muy importante ver que los cálculos demográficos confirman las tendencias señaladas de una catástrofe social europea a partir del año 200 y un periodo de desarrollo después del año mil, y la manera como ambas tendencias se agudizan en Occidente en relación al conjunto de Europa. También se han realizado cálculos sobre la población de países individuales. En el caso de Inglaterra, el crecimiento de la población puede documentarse mucho mejor que para cualquier otro país gracias a censos de una riqueza informativa excepcional como el Domesday Book. Los normandos nunca fueron más feudales que cuando conquistaron Inglaterra en el siglo XI, por lo que era de gran importancia económica, y política un conocimiento preciso de los feudos otorgados por la corona.8 La Crónica Anglo-sajona relata como Guillermo el Conquistador hizo ver a sus consejeros, reunidos en Gloucester en la Navidad de 1085, la necesidad de conocer "acerca de esta tierra, de cómo estaba poblada y con qué clase de hombres."9 El resultado fue el censo Domesday, una investigación

5 Duby, Economía rural..., op. cit., pp. 162, 163. 6 Véase cuadro 3. 7 Véase cuadro 2. 8 V.H. Galbraith, The making of the Domesday Book, Oxford Universily Press, 1961, p. 30. 9 The Anglo-Saxon Chronicle, ed. Gardsmondway, p. 220 citada en Galbraith, op.cit., pp. 50, 51 .

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profunda y minuciosa de la extensión y valor de los dominios reales y de las tierras en posesión de los feudatarios, cuyo resultado final fue un documento sin precedente en la Edad Media. Tres siglos más tarde se produjo otra fuente informativa de gran importancia conocida como los registros del Poll Tax de 1377. Con estas bases, los historiadores han calculado que la población del reino pasó de 1 100 000 habitantes en 1086 a 3 700 00 en 1346.10 Inglaterra es un ejemplo del dinamismo demográfico de Occidente durante la primera etapa de su desarrollo económico. II La involución de las fuerzas productivas durante el proceso de decadencia de la sociedad esclavista, condujo a una sociedad rural con una organización primitiva en la cual la vida mercantil quedó reducida a un nivel mínimo y la producción se destinaba a satisfacer las necesidades locales de comunidades autárquicas.11 Los pocos comerciantes que existían en el siglo X se ocupaban de artículos extravagantes o de cubrir necesidades extraordinarias más que de organizar una actividad sistemática. Pero entre los siglos X y XI el comercio se desplaza de la periferia al centro mismo de la vida ordinaria. Aunque las actividades mercantiles sólo ocuparon a una pequeña parte de la población, su gran dinamismo transformó las circunstancias de la sociedad medieval, y su influencia fue tan importante, que por analogía puede hablarse de una "revolución comercial" en la Baja Edad Media. Robert S. López propone que se utilice el término "comercialización" para designar la metamorfosis, lenta pero radical, que se opera en Occidente y que es el equivalente medieval de la industrialización moderna.12 Los historiadores marxistas coinciden en que en el siglo XI hay un vigoroso renacimiento del comercio que adquiere un gran desarrollo e importancia económica, y del cual el profesor Polianski afirma que señaló "una de las principales épocas de la Edad Media en Occidente, un punto crucial en su evolución.13 El Medievo nos presenta el caso concreto del proceso histórico-lógico del tránsito entre una economía natural y una economía monetaria, el cual fue planteado en el siglo XIX por autores de tendencias tan diferentes como Carlos Marx y Bruno Hildebrand. Alfons Dopsch, en un libro publicado en 1930 sobre este tema, influyó en los estudios medievales y más recientemente, otros autores como Slicher van Bath, Jacques de Goff, etc. lo han abordado en sus múltiples aspectos. Una primera interrogante se plantea sobre la exterioridad del proceso: ¿el renacimiento mercantil en la sociedad medieval es motivado por un fenómeno externo o interno de dicha sociedad? Henri Pirenne se inclina por el primero de dichos fenómenos y señala la formación de dos polos, uno mediterráneo y el otro nórdico, como causas del resurgimiento del comercio. En el extremo del Adriático,

10 Duby, Economía rural..., op. cit., p. 164. 11 C. Delise Bums, The First Europe, A Study of the Establishment of Medieval Christendom, Londres, George Alien and Unwin, 1947, p. 405. 12 Robert S. López, Naissance de lEurope, París, Armand Colín, 1962, p. 136. ´ 13 Avdakov, Polianski, op. cit, p.178.

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Venecia comienza su carrera ascendente; sin tierra, y dependiendo su prosperidad y vida de la conquista del mar y de la comercialización que ésta hace posible, sus primeros habitantes, asentados en los islotes arenosos y estériles de la laguna, tuvieron que vender a sus vecinos del continente la sal y los pescados que obtenían del mar, comprándoles trigo, vino y otros alimentos que no podían obtener de otra forma. Estas primeras manifestaciones económicas fueron aumentando y el creciente comercio enriqueció a la población preparándola para empresas más ambiciosas. Penetró en el territorio de Verona y del Valle del Po, y desde el siglo X se establecieron relaciones con poblaciones de la tierra firme. Los venecianos cultivaron además un comercio muy intenso con Constantinopla, cuya población grande y próspera proporcionaba un mercado cuyas dimensiones no tenían paralelo en Occidente; por último, los comerciantes de la cristiana Venecia extendieron sus actividades, venciendo los escrúpulos religiosos, y establecieron relaciones mercantiles con los países de infieles. Poco les importaba la religión de sus clientes, nos dice Pirenne, con tal de que pagaran, y añade que aquí la avaricia se manifestó en su forma más brutal. Desafiando la, prohibiciones de la Iglesia, los venecianos exportaban jóvenes esclavas capturadas en Europa hacia los harenes de Siria y Egipto, comercio que contribuyó a la prosperidad de Venecia en la misma forma que siglos más tarde la trata de negros enriquecería a Inglaterra y a Francia. Las amenazas de excomunión que el Papa hacía a quienes vendiesen esclavos cristianos a los infieles fueron incapaces de impedir el desarrollo de una actividad tan lucrativa. A esto hay que agregar la venta de madera de construcción y de hierro, materiales de que carecían los países islámicos, pese a que se emplearían para construir barcos y armas que se utilizarían contra los cristianos e incluso contra los propios marineros venecianos. El deseo de lucro se impuso y la riqueza se incrementó en forma ininterrumpida a medida que Venecia, con energía y actividad sorprendentes, impulsó este comercio marítimo que era condición de su existencia, y se puede afirmar que toda la población se dedicaba a vivir de él de a misma manera que en el continente los hombres vivían de la tierra.14 La formación de este espacio económico mercantilizado fue posible sólo por el creciente dominio sobre el mar que terminó por hacer de Venecia una formidable potencia naval Es de gran interés el hecho de que una parte importante del poderío y de la prosperidad venecianos se debió al intercambio desigual que Venecia impuso desde época temprana en sus relaciones con los bizantinos, y que implico una gran transferencia de riqueza hacia ella a medida que sus mercaderes recibían muchas concesiones del gobierno griego. El tratado de 992, que no es sino el primero de una serie, establecía una política de libre comercio que concedía a los venecianos importantes reducciones en los derechos de importación y exportación, así como garantías contra la interferencia de los funcionarios bizantinos. El tratado de 1082, que fue renovado y ampliado a lo largo del siglo XII, aumentó esos privilegios y, a partir de entonces, los mercaderes venecianos pudieron comprar y vender en todo el imperio sin pagar derechos. Estas concesiones inauditas les permitieron establecer su hegemonía en un área vastísima y en Constantinopla ocuparon

14 Pirenne, Historia económica y social…, op. Cit., pp. 19-21, 26,27.

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un barrio propio en el punto más ventajoso del Cuerno de Oro, mientras sus barcos navegaban por el Mediterráneo y el mar Negro hasta Crimea para recoger el trigo del Sur de Rusia o las mercancías de Oriente traídas por las rutas comerciales del centro de Asia. Así los venecianos disfrutaron de un trato privilegiado en todo el Imperio griego que los convirtió en un intermediario obligado para todo el comercio entre Oriente y Occidente.15 Otras ciudades italianas tuvieron un desarrollo basado en el comercio marítimo similar al veneciano. Pisa en el siglo XII domina Cerdeña, tiene una colonia en Constantinopla y sus intereses son importantes en Siria, Tiro y Acre; Genova obtiene en el año 1191 el dominio de toda la costa que va de Pontovenere hasta Mónaco, domina toda Córcega, obtiene privilegios en Sicilia y Constantinopla y se convierte en un gran importador de mercancías de lujo procedentes de Oriente. Las ciudades italianas del interior participan de este desarrollo, aunque su ascenso es más lento. Florencia, por ejemplo, se convierte en la potencia dominante en la Toscana.16 Este desarrollo enriqueció notablemente a Italia y permitió que ésta jugara en los
inicios de la revolución comercial de la Baja Edad media un papel tan dominante como el de Inglaterra en los primeros días de la revolución industrial-moderna. Además ella conservó esta superioridad comercial durante cuatro siglos por lo menos, mientras que la Inglaterra moderna sólo debía mantener la delantera sobre las otras naciones industriales por cien años.17

La prosperidad italiana tuvo su contrapartida en la ruina de la economía bizantina. La hegemonía de los occidentales y la política de libre comercio impuesta a los griegos terminó por desquiciar su comercio y empobrecer la hacienda pública. Hacia el final del proceso, en el siglo XIV, Nicéforo Grégoras escribía: "los latinos, se han apoderado no sólo de toda la riqueza de los bizantinos y de casi todos los productos del mar, sino también de todos los recursos que alimentan el tesoro real."18 En el siglo siguiente, el Imperio Bizantino que había sobrevivido durante un milenio a la caída del Imperio Romano, completamente arruinado, se derrumbaría a su vez. Desde el Medievo, uno de los mecanismos del desarrollo de Occidente fue la transferencia de valor desde otras regiones mediante el establecimiento de relaciones de intercambio desigual. La otra área de comercialización se ubica en el otro extremo de Europa, en el Báltico y en el mar del Norte. El origen de la actividad marítima de este polo de desarrollo fue el continuo saqueo realizado por los normandos, quienes lo organizaron sistemáticamente. Sus incursiones son realizadas partiendo de campamentos fortificados que les sirven de base de operaciones y de almacén para acumular el botín obtenido hasta que llega el momento de transportarlo a Dinamarca y Noruega. Los vikingos son piratas y, nos dice Pirenne, la piratería constituye

15 Charles DiehI, "La decadencia económica de Bizancío", en C.M. Cipolla, La decadencia económica..., op. cit., p. 104. 16 Le Goff, La Baja Edad Media, op. cit., p. 99 17 López, op. cit., p. 138. 18 Diehl, op. cit., 108, 109.

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la primera etapa del comercio. Paulatinamente los saqueadores se convierten en mercaderes. Sus barcos visitaban Hamburgo y Tiel, lo mismo que Inglaterra, y el comercio que desarrollaban llegó a su apogeo cuando Canuto el Grande, logró la unión política, durante el siglo XI de Dinamarca, Noruega e Inglaterra. Pese a esto la actividad de los hombres del Norte no tenía porvenir; su escaso número no les permitió conservar el dominio de la inmensa extensión surcada por sus barcos.19 En consecuencia, los normandos fueron desplazados por los alemanes y los flamencos. En el siglo XI se inició el auge de las ciudades mercantiles germanas, y en 1075 Adam de Brema escribía que "los mercaderes del mundo entero se encuentran en Brema". En el año de 1161 tuvo lugar un acontecimiento decisivo para el auge del comercio alemán: la fundación, bajo la égida de Enrique el León, de la "comunidad de mercaderes alemanes que frecuentan Gotland", la cual sería el núcleo de la Hansa.20 En los Países Bajos, ya desde los siglos XI y XII, algunas ciudades no sólo participaban dinámicamente en las actividades mercantiles sino que alcanzaron un desarrollo industrial, anterior incluso al de la industria italiana de Florencia, Milán y Venecia. Hacia el año 1150, el condado de Flandes se había convertido en una región predominantemente industrial de cuyos talleres salían grandes cantidades de tejidos para los mercados de Saint Ower, Douai, Lille, Brujas, Cambrai, Valenciennes, Ypres y Gante.21 Al igual que en el Mediterráneo, el comercio en el norte implicaba a menudo intercambios desiguales. El desarrollo de Flandes es uno de los "milagros económicos" de la Edad Media. La combinación de una agricultura dinámica, basada en las tierras conquistadas al mar, con una tradición industrial en tejidos, que nunca se perdió, fue potenciada por la estabilidad política lograda por los poderosos condes de Flandes, generando un crecimiento que destaca incluso en esta época de auge. Inglaterra, con su vasta producción de lana, se convirtió en el abastecedor natural de la industria flamenca. Para el siglo XIII, Inglaterra exportaba grandes cantidades de lana que han sido estimadas en cincuenta mil sacos, equivalentes a la producción de seis millones de ovejas. La magnitud de las exportaciones indica que éstas crecieron a través de un periodo considerable. La lana inglesa fue la base de los tejidos flamencos de calidad que se exportaban a toda Europa, de manera que Flandes e Inglaterra formaron una unidad simbiótica similar al esquema centroperiferia que caracteriza al sistema económico mundial en la actualidad.22 Otros historiadores para explicar la revolución comercial privilegian, en lugar de la influencia del comercio de larga distancia, el aumento de la producción agrícola.23 En apoyo de esta tesis está el hecho de que el comercio de alimentos es el más importante. El crecimiento agrario produjo excedentes susceptibles de

19 Pirenne, Historia económica y social..., op. cit. pp. 23-26. 20 Le Goff. La Baja Edad Media, op. cit., p. 40 21 Gcrald A.J. Hodgett, Historia social y económica de la Europa medieval, Madrid, Alianza Editorial. 1974, p. 85. 22 Postan. The Medieval Effaomy... op. cit., pp. 213, 214, apud, E.E. Power, The Wool Trade in English Medieval History, Oxford, 1941, pp. 63-85. 23 Le Goff, La Baja Edad Media, op. cit., p. 38.

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ser comercializados. Hay zonas importantes cuyos excedentes de cereales permiten, incluso, un tráfico en gran escala: el norte de Francia y la Alemania Occidental abastecían a Flandes y los Países Bajos, y el trigo ruso llegaba a Occidente por el Báltico y el mar Negro. Polonia, Escandinavia, Holanda e Inglaterra exportaron mantequilla y Noruega e Islandia pescado. Los arenques salados salen de Holanda y de Escania (hoy Suecia meridional). Es también necesario mencionar la sal, un alimento de origen no agrícola, que tuvo gran importancia como condimento y conservador del pescado y la carne. La principal zona exportadora de sal fue la costa atlántica de Francia, en donde se encontraban las grandes salinas de la bahía de Bourgueuf.24 De acuerdo con las teorías actuales sobre el desarrollo, seguramente todas las causas señaladas actuaron estructuralmente para potenciar la economía del Occidente medieval. Pronto Europa quedó enlazada por un comercio con un radio de acción muy amplio que se desplaza a lo largo de ejes que unen los puntos extremos de la Cristiandad desde York pasando por el valle del Ródano o por el Rhin y los pasos alpinos, hasta Roma, desde la Italia septentrional y Flandes hasta Santiago de Compostela o desde Flandes hasta Bergen, Gotland y Novgorod. A estas rutas se unen las que llegan a los centros musulmanes y bizantinos: Córdoba, Túnez, Alejandría, Tiro y Constantmopia.25 Como nudos vitales de esta red florecieron las ferias, entre las que ocupan un lugar privilegiado las de Champaña. Al principio, sólo tuvieron una importancia local, pero ya en fecha tan temprana como 1070, comerciantes italianos acudieron a la feria de Saint Denis. A partir de 1114, se tiene información continua sobre las ferias de Champañe. Anualmente se celebraban seis, dos en Troyes, dos en Provins, una en Lagny y una en Bar-sur-Aube. Alcanzaron rango internacional y en el siglo XIII, acudían a ellas, además de los franceses, comerciantes italianos de Milán, Cremona, Piaccenza y Asti, así como sus congéneres de Flandes, Hainault, Brabante, España, Inglaterra, Alemania y Saboya. En ellas se encontraban mercancías de múltiples procedencias, desde los tejidos flamencos de lana hasta sedas de Lucca, productos de cuero españoles, africanos o provenzales, y los italianos llevaban productos de fuera de Europa, como especies, azúcar, alumbre, laca y tinte de madera. De todos estos rubros el más importante era el de los tejidos de lana.26 III Por otra parte, la revolución comercial fue posibilitada por el progreso en las comunicaciones terrestres y marítimas. El auge económico de Occidente en esta primera fase alcanzó su punto máximo en el siglo XIII. Léopold Genicot ha realizado un estudio de la conquista del hombre sobre el medio en este primer apogeo de Europa:27 los antiguos caminos fueron nuevamente objeto de mantenimiento

24 Donald King, "Corrientes del comercio; Industria, mercados y dinero", en La Baja Edad Media, Joan Evans (directora), trad. Mircia Bonfill, Barcelona, Editorial Labor, 1972, pp. 267, 268. 25 Le Goff, La Baja Edad Media, op. cit.. p. 39. 26 Hodgett, op. cií. p. 91. 27 Leópold Genicot, Le XIII siécle européen. París, Presses Universitaires de France, 1968, pp.

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y por lo menos se abre una nueva ruta, la de San Gotardo, inaugurada en 1237, y que resulta de gran importancia por atravesar los Alpes. De igual importancia es el aumento de la seguridad en los caminos, que son recorridos no sólo por los mercaderes, sino por transportistas que liberan a aquéllos de la necesidad de transportar sus mercancías y por correos que agilitan la correspondencia. El desarrollo económico propicia la división de trabajo que a su vez genera posteriores avances. Los ríos también facilitan el traslado de mercancías y personas, pero es el mar el escenario de los progresos más espectaculares. En los mares nórdicos, a partir del año 1200 aparecen barcos de nuevo tipo, los coggen, más grandes y maniobrables, mientras que el Mediterráneo es recorrido normalmente por barcos de 200 toneladas y en algunos casos por naves hasta de 500 toneladas. La tecnología marina se desarrolla al introducirse avances como el timón de codaste, la brújula y los portolanos que aparecen en el siglo XIII. El transporte marítimo tiene la ventaja adicional de estar libre de los peajes que infestan los caminos y sobre todo los ríos, así el transporte de 100 libras costaba tres sous de Civitavecchia a Genova y ochenta de Marsella a Provins. Esto hace que la carga marítima se imponga dondequiera que es posible y, a partir de 1277, los contactos entre Flandes e Italia se harán por el Atlántico. El incremento en la capacidad de los transportes hace que en el siglo XII ya el comercio no se limite a mercancías de lujo, sino que se extienda a productos de gran volumen. Así, en 1230, llegó a Grimsby la primera flota con madera de Noruega, de donde procedía, además, el pescado que se consumía en cuaresma en la Europa septentrional. La posibilidad de exportar alimentos básicos como el trigo de las regiones que poseían excedentes hizo posible desterrar la amenaza del hambre que Occidente enfrentaba antes. La Revolución Mercantil exigió una infraestructura monetaria y bancaria. El retroceso de la economía natural hizo necesario un aumento en el flujo de dinero, y para lograrlo se activó la minería. A las minas más insignificantes se les exigió los máximos rendimientos, al mismo tiempo que se lleva al cabo una búsqueda intensiva de nuevos filones. Hacia 1170 el descubrimiento de ricas minas de plata en Freiburg lugar situado en Sajonia, inició el primer gran auge minero en Occidente. A medida que crecen las corrientes comerciales se requiere de piezas con un poder liberatorio mayor. La aparición del gros responde a las necesidades del comercio en gran escala, y es Venecia la que en 1192 lo acuña. Más espectacular es la acuñación de monedas de oro llevada al cabo en Occidente en el siglo XIII tras muchos de no hacerlo. En 1252 Genova y Florencia lanzan a la circulación el florín de oro, Francia emite el escudo de oro hacia 1263 y Venecia el ducado de oro en 1284. Estas monedas desplazan a las orientales, el bezante bizantino y el dinar musulmán, que ya no serían, dice Le Goff, los dólares del mundo medieval.28 La correlación de fuerzas económicas entre Oriente y Occidente se había modificado. El sistema bancario alcanzó su máximo desarrollo en Italia y debe mucho a sus precedentes griego y romano. Documentos genoveses del siglo XII mencionan

195-197. 205. 28 Le Goff. La Baja Edad Media, op. di., pp. 190, 191.

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al bancherius, que probablemente en esa época era un simple cambista, pero que hacía el año 1200 inició las actividades bancarias propiamente dichas. Los mercaderes abren cuentas bancarias y los pagos se realizan mediante simples transferencias contables. Entre los centros de la banca medieval aparece la ciudad de Siena como el más importante de Europa en el siglo XIII, pero a fines del siglo los bancos florentinos comienzan a disputarle la suprermacía. Entre las casas bancarias más importantes de Florencia se contaban las de Bardi y de Peruzzi, que, según palabras del historiador Villani, podían considerarse los pilares de la Cristiandad. La magnitud de sus actividades puede aquilatarse por el número y ubicación de sus sucursales: la casa de los Peruzzi las tenía en Avignon, Barletta, Brujas, Castello di Castro (Cerdeña), Chipre, Londres, Mallorca, Ñapóles, París, Pisa, Sicilia, Túnez y Venecia.39 El progreso de la banca del Occidente medieval permitió complementar la circulación de dinero con otros instrumentos: la "letra de feria" era una promesa de pago por una cantidad determinada en la feria indicada en el documento, corno se ve en un ejemplar emitido en Ypres en 1250, y es la predecesora de la letra de cambio que apareció a fines del siglo Xfll.30 Hacia el año mil, la sociedad occidental se estructuraba en torno a dos clases fundamentales, la servil y la señorial, organizadas con base en la riqueza territorial. El surgimiento del capital mercantil, y más tarde del capital bancario en los tres siglos siguientes, implicó la introducción de una nueva clase social integrada por los individuos que manejaban la nueva riqueza formada por mercancías y por dinero. Estos hombres errantes, vagabundos del comercio, debían sorprender por lo insólito de su tipo de vida a la sociedad agrícola. Suponían la movilidad en medio de gentes arraigadas a la tierra. La nobleza no tuvo más que desprecio para estos advenedizos cuya procedencia desconocía y cuya insolente fortuna resultaba insoportable para su orgullo. La actividad mercantil, por otra parte, al resurgir, hizo posible el renacimiento de la vida urbana en Occidente. Italia y los Países Bajos, donde el capital mercantil apareció más temprano y se desarrolló con mayor dinamismo, fueron precisamente las regiones en las que el proceso de urbanización se afirmó con mayor rapidez y vigor, y luego, a medida que progresaba el comercio, las ciudades se multiplican y crecen en sus ejes y centros de actividad.31 José Luis Romero unos de los pocos hispanoamericanos que se han interesado por estudiar este proceso, señala cómo la Revolución Mercantil renovó las situaciones sociales provocando conflictos y enfrentamientos, y afirma que
las nuevas clases sociales surgidas con el cambio mismo, descubrían en cada momento todo lo que en el orden tradicional les era hostil y particularmente todo lo que consumía un obstáculo para el desarrollo de sus actividades económicas y para su propio desarrollo y ascenso. Las caracterizó una audacia extraordinaria y una vigorosa imaginación, pero sobre todo una vasta capacidad para entrever las infinitas posibilidades que se abrían ante sus ojos. Para desarrollarlas necesitaban arrasar con incontables limitaciones

29 Hodgcii, op. cit., pp. 79, 80. 30 Genícot, op. di., p. 198. 31 Henri Pirenne, Las ciudades de la Edad Media, trad. Francisco Calvo, Madrid, Alianza Editorial, 1972, pp. 81, 88.

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de todo tipo, institucionales unas y nacidas otras de arraigados prejuicios, que hallaban respaldo en la convicción generalizada de la inmutabilidad del orden establecido.32

En ocasiones, circunstancias favorables permitieron que las nuevas clases compraran con dinero los privilegios que anhelaban vehementemente. Otras veces, el poder señorial percibió las ventajas no sólo económicas sino políticas del auge mercantil. Así, los condes de Champaña obtuvieron tales ventajas de las ricas ferias internacionales que se sintieron impulsados a organizar "comunas de burgueses y campesinos, en los cuales (el conde de Champagne) confiaba mas que en sus caballeros."33 Las ciudades que se encontraban en territorios disputados lograron privilegios como precio a su lealtad a una u otra parte, como ocurrió en las regiones en litigio entre Capelos y Plantagenets; lo mismo sucedió con los territorios conquistados en Castilla, León, Galicia, Navarra y Aragón cuyas franquicias fueron acreditadas en fueros y cartas pueblas.34 Pero si en muchos casos, sobre todo en el de las ciudades nuevas, los ciudadanos obtuvieron con mayor o menor facilidad sus libertades, no ocurrió lo mismo en la mayoría de las ciudades más antiguas donde las nuevas poblaciones urbanas tuvieron que lograrlas mediante la violencia. La fuerza militar adquirida por las nuevas clases sociales se reveló ante un mundo feudal estupefacto cuando las milicias de las comunas lombardas derrotaron en 1176 a la caballería del emperador Federico Barbarroja.35 IV La existencia del capital mercantil en continuo crecimiento no alteró el hecho de que la producción y en consecuencia, la generación del excedente económico se realizaran dentro del marco de relaciones sociales precapitalistas. La clase señorial establecida en sus feudos era sostenida por el trabajo de campesinos ligados a ella por una gran variedad de nexos que limitaban en diversas medidas su libertad. El sistema feudal implica la generación de excedente mediante el establecimiento de un flujo de trabajo humano no retribuido: el villein inglés, el vilain francés, el Holde alemán, estaban ligados a sus señores por la obligación específica de prestarles servicios, lo que se complementaba con el pago de derechos. El villano debía trabajar la tierra señorial y además entregar una parte del producto de su parcela; debía estar a disposición de su señor para realizar trabajos individuales o colectivos, de construcción o mantenimiento de los castillos, caminos, puentes, etcétera.36 Las relaciones feudales de producción son la contrapartida de una sociedad de consumo agrario directo, la cual, señala van Bath, se detecta

32 José Luis Romero, La evolución burguesa en el mundo feudal. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1967, pp.- 231-233 33 Aubri de Troesfuntaines, Chronica, p. 329, en Romero, op. cit., p. 349 34 Romero, op. citi., pp. 344, 349. 35 Le Goff. La Baja Edad Medía, op. cit., p. 71 36 Friedrich Heen, The Medieval World, trad. Janet Soudheimer, Nueva York, New Amencan Library, s.f., p. 42

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con claridad entre los años 500 y 1150 y en donde, en la mayoría de los casos, el productor y el consumidor son la misma persona, el comercio de productos agrarios es de escasa importancia y no existe un mercado de ellos con un sistema de precios. La penetración de la economía monetaria en las zonas rurales fue realizándose a lo largo de un prolongado periodo a partir del siglo XII. Durante un tiempo largo la familia campesina vive con arreglo a una administración doméstica cerrada, en donde buena parte de lo que necesita para vivir, alimento, indumentaria y albergue, lo produce su propia empresa y los escasos servicios que necesita de terceros, herreros, carpinteros, etc. los paga a menudo in natura. La generación y transmisión del excedente económico que sustenta a la clase señorial que la gobierna tampoco implica transacciones monetarias. Sin embargo, esa empresa campesina se ve involucrada paulatinamente en una economía monetaria ya que tiene que vender una parte de sus productos para reunir el dinero necesario para impuestos, arriendos y otras obligaciones a medida que el excedente evoluciona hacia formas monetarias.37 Igualmente, la producción de la reserva señorial se destina cada vez más hacia la comercialización. La mercantilización de la economía modifica sin transformar esencialmente las relaciones de producción, por lo que Witold Kula, quien mucho se ha preocupado por estructurar una teoría económica de la sociedad feudal, enfatiza la imposibilidad de aplicar las categorías y métodos de la teoría económica actual al análisis de la sociedad feudal.58 Por otra parte, los estudios que se realizan constantemente demuestran la complejidad medieval y su desarrollo desigual, según las regiones y periodos, y en el que no están ausentes los retrocesos. Así, en la Inglaterra del siglo XII, las tierras señoriales fueron frecuentemente rentadas iniciándose una evolución que corresponde al desarrollo de la economía monetaria; sin embargo, en el siglo siguiente, pese al continuo avance de! comercio, la organización de la agricultura tiene una involución y los señores retornan a la administración directa de sus dominios,39 en cambio, en Bélgica, país muy avanzado, no tuvo lugar esa refeudalización ni un aumento de los tributos señoriales como en el caso inglés.40 La producción industrial urbana también se inscribe en el marco de las relaciones sociales precapitalistas. De acuerdo con Máurice Dobb, la base esencial de la sociedad en las ciudades era el "régimen de pequeña producción" en el que el proceso productivo era realizado por pequeños productores propietarios de sus instrumentos de producción quienes comerciaban libremente con sus productos.41 La diferenciación entre maestros y oficiales no parece haber sido muy grande, opina Dobb. Pirenne dice que:

37 Van Bath.op. cit., pp. 26, 27, 39, 52 38 Witold Kula, Teoría económica del sistema feudal, trad. Estanislaw J. Zembrzuski, Buenos Aires, Siglo XXI Argentina, 1974, pp. 25-26. 39 P.D.A. Harvey. "The Pipe Rolls and the Adopción of Dcmesne Farming in England", Economic History Review, vol. XXVII. No. 3, 1976, p. 345. 40 Genicot, op. cit., p. 327, apud, B. Lyon, "Encore le probleme de I'évolution chronologique de la corvée au Moyen Age," Moyen Age, vol. X1X, 11963, pp. 615-630. 41 Maurice Dobb, Estudios sobre el desarrollo del capitalismo, trad. Luis Etcheverry, Buenos Aires, Siglo XXI Argentina, 1971, p. 112

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la desigualdad de fortunas entre los artesanos parece haber sido muy rara; y esta organización merece el título de no-capitalista,

Gretton apoya esa opinión afirmando que en los primeros gremios
es imposible encontrar una diferenciación en cuanto a posición social entre un comerciante, un maestro artesano y un oficial

y Seligman abunda planteando que
se desconocían, por lo general, los conflictos de intereses, pues el oficial esperaba siempre el momento en que sería admitido como miembro del oficio. Por regla general, a un trabajador hábil no le resultaba difícil alcanzar esto... Fue un periodo de supremacía del trabajo sobre el capital; y el maestro, aunque así llamado nominalmente, no era tanto un patrono cuanto uno de los empleados [...] Las relaciones, en lo general, eran armoniosas, no existiendo, así, una clase asalariada distinta de los patronos y capitalistas y hostil a éstos.42

Es necesario enfatizar que los historiadores que describen en esos términos a la sociedad medieval se refieren a las condiciones dominantes en la generalidad de los casos. En efecto, si bien la producción de Occidente durante el desarrollo que siguió al año mil se generaba en un sistema de relaciones sociales no capitalistas, es en el seno de esa sociedad y en ese periodo donde surgen las relaciones salariales. El gran auge del comercio creó una demanda en constante incremento que terminó por no poder ser satisfecha por los procesos productivos artesanales cuyas limitaciones intrínsecas formaban una barrera. El capital mercantil nació en la esfera de la circulación y era un elemento exógeno a los procesos productivos, pero terminó por enfrentarse a la necesidad histórica de penetrar la esfera de la producción para dotarla del dinamismo y eficacia que requería su crecimiento. El resultado fue el surgimiento del capital industrial y la mercantilización de la fuerza de trabajo como respuesta a la necesidad de incrementar la producción. Por esto las primeras manifestaciones del capitalismo fueron muy reducidas, circunscribiéndose a las regiones urbanizadas más desarrolladas. Así en Flandes, los mercaderes atraen a las ciudades a tejedores quienes, perdiendo su carácter rural, se convierten en asalariados, 43 pero la casi totalidad de la población de Occidente, permaneció al margen de este cambio que sólo afectaría siglos más tarde.

42 Henri Perenne, Belgian Democracy, p. 90; R.H. Gretton, English Middle Class, p. 65; E.R.A. Seligman, Two chapters of Medieval Gilds, Publication of the American Economic Association, 1887, p. 50, citados en Dobb, op. cit., p. 111.. 43 Pirenne, Las ciudades…, op. cit., pp. 100, 101.

IV. DESARROLLO Y TRASCENDENTALISMO
La gran tarea de la historiografía medieval consistía en el descubrimiento y explicación del objetivo o plan divino de la historia. R.G. COLLINGWOOD 1

DURANTE los tres siglos que siguieron al año mil, la vida de Occidente se caracterizó por una serie de fenómenos que corresponden a lo que la teoría económica señala como propios del desarrollo. Nicholas Kaldor afirma que las tres características primordiales del proceso de desarrollo económico son: el crecimiento de la población, el progreso de la tecnología que incrementa la productividad y la acumulación de capital.2 Como hemos visto, y de acuerdo con las estimaciones de Russell, 3 la población del Occidente "medieval aumentó de 22.1 a mediados del siglo X a 54.4 millones en el siglo XIV demostrando un crecimiento cuyo dinamismo supera al de Europa en su conjunto. El incremento demográfico fue uno de los factores que impulsaron la expansión territorial de la sociedad occidental convirtiendo sus límites geográficos en fronteras móviles que retrocedían bajo la presión militar. Los contemporáneos estaban conscientes de este factor y atribuían su pobreza a una desproporción entre los recursos naturales, principalmente la tierra; de esto dan clara muestra las creaciones literarias de la época desde la Saga de los Yngling hasta el Poema de Fernán González.4 Pero además, el crecimiento poblacional condujo al proceso de colonización interior que abrió nuevas tierras al cultivo, al mismo tiempo que proporcionaba los hombres que necesitaban las nuevas actividades, tales como el comercio, la industria, etc. Un simple crecimiento extensivo no hubiera sido suficiente para sustentar el desarrollo, pero el progreso técnico incrementó la productividad, haciendo posible un proceso de acumulación. Este aumento es de particular importancia cuando se trata de la producción agrícola, que es considerada por los especialistas como el principal elemento dinamizador en el desarrollo occidental. La difusión del arado pesado, equipado con vertedera, las innovaciones en el enganche del caballo, el uso del hierro en los arados y otros instrumentos, la roturación trienal y demás avances tecnológicos, incrementaron el rendimiento de la agricultura. Esto

1 Collingwood, op. cit., p. 60. 2 Nicholas Kaldor, Ensayos sobre estabilidad y desarrollo económicos, trad. Ana Martínez Pujana. Madrid, Editorial Teenos, 1969, p. 219. 3 Vcasc cuadro 2. . 4 Snorri Sturluson, Heimskingla Ynglinga Saga, XLVIII; Poema de Fernán González, v. 217.- 218, citados en Romero, op. eje., pp. 108, 109.

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es de gran importancia debido a que en el Alto Medievo los rendimientos eran muy bajos. De acuerdo con el inventario del dominio real de Annappes, los rendimientos llevados al cabo en el único año registrado fueron inferiores al 2 por 1 y Duby juzgó que la productividad agrícola de este nivel, esto es, entre 1.6 y 2.2, no era excepcional.5 Después del año mil los resultados mejoraron, llegando en el siglo XIII a cifras que en promedio fueron de 3.8 para el trigo, 3.6 para la cebada y 3.4 para el centeno.6 Estos incrementos se debieron al avance técnico que permitió una mayor recuperación de la fertilidad de la tierra.7 En una economía feudal es impropio hablar de una acumulación de capital. Sin embargo, durante esta época hubo una importante acumulación de riqueza productiva. La colonización interior, que conquistó las inmensidades boscosas para el cultivo, se complementaba con las numerosas obras hidráulicas, la construcción de molinos y de instalaciones para la industria textil, incluyendo telares, batanes, etcétera. A esto se añaden minas, canteras, barcos con capacidad de carga creciente y otros elementos cuya reseña se ha presentado ya. Todos estos elementos constituyeron un sistema estructurado y dinámico de variables económicas, que formó el primer modelo de desarrollo de Occidente, y al que podemos bautizar como modelo feudomercantil, haciendo referencia a la forma en que se genera y se transmite al excedente económico. El crecimiento de los rendimientos agrícolas fue el principal elemento dinamizador del modelo. B.H. Slicher van Bath señala la forma en que operan los incrementos de la productividad agrícola. Por un lado, debe tenerse en cuenta que sólo una fracción de la tierra cultivable producía cereales para la panificación. Así, con un factor de 3 por 1, una tercera parte de la cosecha se destinaba a servir de simiente al próximo año, lo cual era igual a decir que sólo se utilizaban para la alimentación dos tercios del área cultivada, pero si se recuerda que en el sistema de rotación tripartita sólo una tercera parte de la tierra se destinaba a la siembra de cereales para la panificación, resulta que únicamente dos novenos del área total se utilizaban para esa producción. Por otra parte, los bajos factores de la productividad de la Alta Edad Media, hacían que cualquier mejoría en ellos tuviera una importancia dramática: con un factor de 2 a 1, la mitad de la cosecha se; destinaba a simiente pero si el factor se elevaba a 3 por 1, sólo era necesario utilizar un tercio, y se duplicaba la cantidad de producto destinado al consumo. Esta es una proporción mucho mayor que la que se logra cuando los factores son del orden de once o doce.8 Como los rendimientos agrícolas en la época oscilaban entre 2 y 4 por 1, los incrementos obtenidos con el progreso de la tecnología" fueron la base del desarrollo económico y social, pues generaron los excedentes que permitieron el crecimiento demográfico, la división del trabajo, el sostenimiento de las poblaciones urbanas y el aumento del tiempo libre.9 Como este excedente se produce

5 Georges Duby Guerries el Paysans, Vlle-XIle siecle. . Premier essor de l'eeonomic europee, Paris Gallimard 1973 p. 38 6 Véase cuadro 4. 7 Duby, Guerriers et paysans 8 Bath, op. de., pp. 30-32. 9 Lynn VVhite, Tecnología medieval y cambio social, trad. Ernesto Córdoba Palacios, Buenos Aries, Editorial Paidos, 1973, p. 60.

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dentro de relaciones sociales de carácter feudal, basadas en un flujo de trabajo extraído de los siervos como derecho señorial, y que por otro lado, su transmisión se realiza por los mecanismos de intercambio desigual de carácter monopólico, estructurados por el capital mercantil, se justifica el nombre de feudomercantil propuesto para designar el modelo de acumulación de Occidente en la primera fase de su desarrollo. II Los hombres del Medievo, que percibieron el crecimiento de su sociedad a partir del año mil, coinciden, como hemos visto, con los historiadores actuales en afirmar la vitalidad del desarrollo en el siglo XI y en las dos centurias siguientes. Sin embargo, los elementos que impulsaron el auge económico y social de Occidente en este periodo se configuraron en una época anterior. Los investigadores actuales señalan, como ya dijimos, a la carruca o arado pesado, como el factor decisivo para abrir al cultivo las tierras duras del norte de Europa y dicho instrumento es ya mencionado en los años 724-730 en la Lex Alemannorum, la cual revela que en Alemania sudoccidental la carruca había pasado a ser un arado equipado con dos ruedas, mientras que en Inglaterra, las leyes del rey Ine de Wessex, que datan de los años 688 a 694, hablan de campos de cultivo estructurados en franjas, lo que supone, de acuerdo con varios especialistas, el uso de tal arado.10 En la producción textil, que fue la rama más dinámica de la industria medieval, los orígenes de su avance tecnológico se ubican siglos atrás, de manera que
la falta de pruebas documentales nos imposibilita para fijar la fecha de esos cambios, pero es evidente que el desarrollo técnico de las industrias textiles fue muy importante durante un periodo que es precisamente el que proporciona menos pruebas documentales, de modo que las industrias existentes en el siglo XI y en el XII representan la terminación de una larga y compleja evolución...11

En el campo de la energía, el aparejo para enganchar el caballo mediante un collar rígido, que permitió aumentar su fuerza tractiva y, en consecuencia, las disponibilidades energéticas de la sociedad occidental, ya aparecería representado en el siglo X y seguramente fue introducido con anterioridad.12 El molino hidráulico, que también incrementó la energía disponible, fue descrito en la Antigüedad por Vitruvius, con un diseño que parece corresponder a las características de los existentes en el Tíbet; tal molino fue adaptado posteriormente a diversas condiciones y hacia 1169, en el Hortus Delicialorum de la abadesa de Landsberg,3 aparece el dibujo de un módelo perfeccionado. Estudios sobre la
10 Lynn Whitc, op. cit., pp. 66, 67, apud, Lex Alemannorum, XCVI, 2; F. Secbohm, The English Village Community. 1890. p- 109: R. Trow-Smith. English Husbandry Londres, 1951 p.38. 11 Abbot Payson Usher, Historia de las Invenciones mecánicas, trad. Teodoro Ortiz, México, Fondo de Cultura Económica, 194Í. p. 214. 12 Bark, op. cit., pp. 91-93. 13 Usher, op. cit., apud, Hortus Delicialorum, Lámina XXX.

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tecnología medieval como el de Lynn White, permiten hacer afirmaciones similares sobre otros avances tecnológicos que posibilitaron el desarrollo después del año mil, pero cuyos orígenes son anteriores a dicho año.14 En las relaciones sociales se dieron procesos transformadores paralelos. El sistema feudal responde a la necesidad vital que tiene la sociedad de asegurar su defensa del asedio de los enemigos externos, cuyos ataques eran un obstáculo para el desarrollo. Esa protección no podía ser proporcionada por los monarcas; la impotencia de éstos es la principal característica de la estructura política de Europa después de la desintegración de la monarquía carolingia en el curso del siglo IX. En esas condiciones, afirma Duby, la defensa del país, función primordial de la Corona, pasó en un proceso rápido e irreversible a las manos de los príncipes regionales. Estos se apropiaron de los derechos reales que les habían sido delegados, incorporándolos al patrimonio de las dinastías que establecían. Pero el proceso no se detuvo en esa etapa, sino que, poco a poco, la mayoría de estos grandes principados se disgregaron a su vez, en una forma similar a la de las monarquías, en fortalezas gobernadas por un jefe máximo. Los jefes de menor rango fueron, adquiriendo autonomía hasta que, por último, hacia el año mil, el proceso llegó a sus consecuencias finales cuando quienes ejercían el mando en cada fortaleza obtuvieron la independencia del poder de los príncipes regionales. El proceso se da en Galia durante todo el siglo X, penetra en Inglaterra y en Italia, aunque en ésta se debilita a consecuencias de la vitalidad urbana y, por último, se introduce con gran retardo en Alemania, donde las instituciones carolingias conservaron por más tiempo su vigor.15 Hacia el año mil la tierra europea se dividía en pequeñas haciendas, cada una de las cuales producía una renta neta para que un caballero pudiese mantener a su familia y dedicarse a la administración de la localidad y al adiestramiento militar, de modo que al surgir la necesidad estuviese disponible para la guerra bajo el mando del capitán hereditario local del cual dependía.16 En esta forma, en los siglos IX y X se estructuró el sistema político, económico y social del feudalismo, en el que "los Siervos que cultivaban la tierra para su señor pagaban, con su trabajo, la protección militar y la posesión de las tierras..."17 Es lógico que, a medida que se fortalecían las estructuras feudales en el siglo X, disminuyeran las agresiones de los enemigos externos, posibilitando así, el desarrollo de Occidente. III Así, durante los siglos anteriores al año mil fueron reuniéndose los distintos elementos económicos, políticos y sociales que constituirían el modelo feudomercantil de desarrollo. Las investigaciones han conducido a la historiografía a considerar qué los primeros factores de dinamismo aparecieron con anterioridad al año mil, y que no debe estimarse a éste como un punto de
14 Lynn White op. cit., passim. . 15 Duby, Guerriers et paysans, op. cit., p. 184. 16 Christopher Hahler, "Reyes y castillos, Vida cortesana en la guerra y en la paz", en Evans op. cit., p. 17 Idem, p. 134.

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inflexión en la historia europea. Jan Dhondt niega incluso aspectos ideológicos atribuidos al fin del primer milenio de nuestra era, afirmando que el pánico que generó la proximidad del año mil es, al menos en gran parte, una "simple convicción personal de historiadores de épocas mucho más tardías", aunque añade, matizando su afirmación, que en todo caso el fenómeno sólo se evidencia en Francia.18 Las discrepancias que presentan los especialistas sobre la ubicación del punto de inflexión en el proceso evolutivo que contrae y expande las fuerzas productivas en el Medievo, no es una simple cuestión de diferencias subjetivas, sino un problema complejo que involucra varios elementos y sobre el cual se han hecho avances importantes en los últimos años, a medida que los investigadores han dejado de estar dominados por la influencia de las tesis de Henri Pirenne. Éstas tienen el mérito de haber despertado un gran interés por el proceso socioeconómico de la Alta Edad Media, impulsando vigorosas investigaciones que han permitido arrojar luz sobre una época mal conocida. Hoy se ha superado la idea de Pirenne, de acuerdo a la cual se consideraba al comercio como un factor exógeno que vino a dinamizar una sociedad estática, y, en consecuencia, a las comunidades urbanas como elementos extraños a la sociedad, para afirmar que los mercaderes y sus actividades son parte de la estructura''socioeconómica y deben ser considerados causa y efecto de sus transformaciones.19 Pese al progreso de las investigaciones, los especialistas aún no están en posibilidad de determinar el momento en que se inició el desarrollo y, por tanto, dice Reynolds, tampoco están en condiciones de explicar sus causas.20 Es necesario, desde luego, que continúen los estudios, aunque ya es posible afirmar varias tesis en relación al problema. En primer lugar, tal como se ha descrito, el origen del desarrollo debe buscarse en la esfera de la producción y no en el progreso del comercio, el cual no habría podido superar límites muy modestos si no se hubiese ampliado la base productiva. En segundo lugar, es preciso considerar las diferencias cronológicas o desfases que presentan las evoluciones económicas de las distintas regiones de la Europa Medieval. Aunque toda la parte occidental del continente europeo muestra las mismas tendencias depresivas a partir del siglo III de la era cristiana y, en contraste en la Baja Edad Media, las tendencias apuntan hacia el dinamismo, las características de este gran ciclo económico no son idénticas en todas partes, sino que las diferentes regiones evolucionan desfasadamente, lo que contribuye a explicar las disputas entre los historiadores, cuyos criterios divergen en la medida en que centran su estudio en regiones con desarrollo desigual. Existe, sin embargo, otra forma de considerar el problema de ubicar el punto mínimo del ciclo evolutivo de la economía en este periodo, y esto se logra basándose en la categoría de modelo de desarrollo económico. Este está constituido por una serie de factores dinamizadores que no coexisten en una simple yuxtaposición, sino que forman una totalidad estructurada y coherente, o sea, que el desarrollo
18 Dhondt, op. cit., pp. 263, 264. 19 Susan Reynolds, An Introduction to the Hístory of English Medieval Towns, Oxford, Clarendon Press, 1977, pp. 16-21. 20 ídem, pp. 44, 45.

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económico necesita una expansión equilibrada de los diferentes sectores de la economía, y si en algún sector crítico la capacidad de expansión no se logra, la capacidad de los otros sectores no podrá hacerse efectiva.21 Los diferentes componentes del modelo de desarrollo de Occidente parecen haber ido apareciendo a lo largo de un periodo que se inicia, por lo menos desde el siglo VIII. Uno de los elementos determinantes fue el climático. Ya no es posible considerar, dice Duby, que el clima haya permanecido invariable en Europa en los tiempos históricos. El estudioso de una economía tan primitiva corno la de la primera parte del Medievo no puede hacer abstracción de fluctuaciones que, incluso ligeras, modificaron las condiciones de la lucha del hombre por dominar la naturaleza. De la temperatura y aún más de la humedad, del escalonamiento de las lluvias a través de las estaciones, depende la mayor o menor resistencia de los bosques, el comportamiento de los suelos y, por tanto, el éxito o fracaso de los campesinos al tratar de ampliar el espacio bajo cultivo. Para este tipo de análisis, las crónicas medievales son inútiles por el carácter subjetivo y ocasional de sus observaciones. Los elementos más útiles los proporcionan el estudio de los avances y retrocesos que a través de los siglos han tenido los glaciares, movimientos que han dejado sus vestigios en las capas sedimentadas del terreno, ya que el comportamiento de los glaciares está determinado por las oscilaciones climáticas, tales como las variaciones en la temperatura y encías precipitaciones pluviales. Con base en estos y otros elementos se ha podido establecer una cronología aproximada de las variaciones del clima en el periodo que nos ocupa. Después de una época glacial, el clima cambia hacia mediados del siglo VIII, suavizándose hasta un nivel más favorable que el que tiene la Europa occidental en nuestros días, siendo sobre todo menos húmedo. Esta fase propicia para el progreso de la agricultura se prolongó a lo largo de unos cuatrocientos años.22 Puede decirse que durante un periodo de unos-tres siglos se fueron acumulando los diversos elementos que constituirían el modelo feudomercantii de desarrollo, hasta que en el siglo X dichos factores integran una totalidad coherente, lo que permitió el espectacular progreso de Occidente después del año mil que reconocen los especialistas. Durante toda la época de conformación de esa estructura dinámica, e incluso en la época del despegue económico medieval, el nivel de las fuerzas productivas es muy bajo. La ecosis negativa que caracterizó el colapso de la sociedad esclavista, llevó a la economía a una debilidad tal que la sociedad se limitó a luchar por su supervivencia; aún después de que se penetra en la fase ascendente del gran ciclo, el nivel de las fuerzas productivas es tan bajo que pasaron varios siglos antes de que Occidente pudiese gozar de una mínima holgura económica. IV Si analizamos ahora la evolución de las ideas de la sociedad nos encontramos qué todo este proceso, tanto en su fase descendente como en la ascendente, está en21 Kaldor, op. cit., p. 223. 22 Duby, Guerriers et paysans, op. cit., pp. 15, 16.

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cuadrado en una concepción trascendental del hombre, de la sociedad y de la historia. Sin embargo, a partir del siglo IX hay un cambio dentro de la propia perspectiva del trascendentalismo; esto se da en la época en que, habiéndose configurado la estructura dinámica del modelo feudomercantil, Occidente penetra en un periodo de desarrollo de tres siglos de duración. Después del año mil, el trascendentalismo toma un carácter racional que contrasta con su fase inmediata anterior. Uno de los ejemplos más claros de este racionalismo es el que proporciona el pensamiento de San Anselmo, quien ha sido llamado un "segundo Agustín" y es, sin duda, el pensador más importante del siglo XI. Anselmo, a quien la simple afirmación de la existencia de Dios no satisfacía, buscó una prueba concluyente de ella. El problema le obsesionó hasta que consiguió su objetivo: la famosa prueba ontológica de la existencia divina. El razonamiento anselmiáno ha dejado una huella importante en filósofos posteriores. Fue negado por Santo Tomás de Aquino, retomado por Duns Scoto, reafirmado por Rene Descartes, modificado por Gottfried Liebnitz, refutado por Inmrnanuel Kant, sólo para ser nuevamente modificado y confirmado por Hegel.23 Lo que interesa más para el propósito de nuestro análisis es, sin embargo, la unión de la fe y del racionalismo que caracteriza el pensamiento de Anselmo. No es un individuo de creencias vacilantes y menos un incrédulo; está, por el contrario, dotado de una fe profunda que quiere complementar con el ejercicio de la razón, 'según el mismo "declara en el Proslogion:"no busco comprender para creer; creo para comprender. Por que también creo que, si no creyera no comprendería."24 La unión simbiótica entre la fe y el intelecto se realiza a través del amor: el hombre es un ser hecho para ver a Dios, y apartado de él en este mundo quiere utilizar la inteligencia para anticipar por medio del razonamiento la visión futura del objeto último de su mismo ser.25 El racionalismo medieval muestra un vigor creciente a medida que avanza el proceso de desarrollo de Occidente, como lo demuestra el progreso de la dialéctica, y en el siglo XIII alcanza su momento culminante, en el terreno de lo institucional, con la fundación de las grandes universidades y en el de lo individual con la figura de Santo Tomás de Aquino. La Universidad de París, que se formó teniendo como núcleo a los profesores y estudiantes de la Escuela Catedral de Notre Dame, fue legalizada por el legado papal en 1215 y a ella se asociaron en alguna forma todos los filósofos:y teólogos del siglo XIII: Alejandro de Hales, San Buenaventura, San Alberto el Grande, Santo Tomás de Aquino, Mateo de Aquasparta, Rogelio Marston, Ricardo de Middleton, Enrique de Gante, Siger de Brabante, Raimundo Lull, Duns Scoto, todos los cuales estudiaron o enseñaron en París.2Í Entre todos destaca Santo Tomás de Aquino, el más grande pensador cristiano del Medievo..27 En él la unión de la fe y de la razón toma la forma de
23 Fremantle, op. cit., p. 88 24 San Anselmo, Proslogíon, cap. I, citado en Jean Jolivet, La filosofía medieval en Occidente, trad. Lourdes Órtiz, Madrid, Siglo XXI, 1974, p. 91. 25 Paul Vignaux, El pensamiento en la Edad Media, trad. Tomás Segovia, México, Fondo de Cultura Económica, 1971, p. 33 26 Copleston, op. cit., vol.2, parte 1, p. 241. 27 Chevalier, op. cit., vol. 2, p. 313.

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un proceso armonizador del dogma cristiano con la filosofía griega, principalmente con el pensamiento de Aristóteles. De acuerdo con la concepción tomista existen, como se afirma en la Summa contra los Gentiles, dos procesos cognoscivos, el de la razón y el de la revelación. La especificidad de la filosofía y de la teología no procede de su objeto, sino de la forma de aprehender dicho objeto, y en caso de discrepancia entre los resultados de los dos procesos debe prevalecer el procedente de la fe y revisarse las conclusiones del intelecto.28 Igual que Anselmo, Tomás utiliza la razón para acercarse al conocimiento de la existencia divina. De las cinco vías que propone para lograrlo, que aparecen en las Sumas, tres están basadas en la filosofía aristotélica y tienen una relación con el objeto de nuestro análisis: la concepción dominante en el hombre medieval acerca de su ser histórico. La primera se refiere al movimiento: el ser que se mueve no puede ser a la vez motor y movido, por lo tanto, hay que buscar el motor fuera de él, y a propósito de éste volverá a plantearse la misma cuestión y así sucesivamente. No se puede admitir que esta serie sea infinita, pues el movimiento quedaría entonces inexplicado, por lo cual plantea la necesidad de una causa motriz primera: Dios. La segunda vía, similar a la primera, se basa en la noción de causa eficiente, lo que lo lleva a plantear que nada puede causarse a sí mismo. Es pues necesario, como en el caso anterior, que la serie de causas eficientes termine en una que no sea a su vez causada. La última vía es tal vez la más relacionada con la explicación trascendental de la historia: señala la tendencia armoniosa hacia un fin, en un universo regulado, excluye la explicación mediante el azar y lleva a afirmar la existencia de una inteligencia ordenadora del mundo.29 Si la filosofía estaba enmarcada por el trascendentalismo, la ideología de la mayoría de la población concebía igualmente la realidad dominada por poderes sobrenaturales, aunque con especificaciones derivadas de su pobre conocimiento del dogma. En la mente popular había una tendencia hacia una concepción simétrica del Bien y del Mal que no comprendía el carácter de criatura del demonio. Toda la vida es una batalla entre el Rey Dios y el Rey Satán, entre los espíritus malignos y los ejércitos de Cristo. La misa y los sacramentos son armas en la lucha contra el demonio, las vestiduras del sacerdote son su armadura de salvación cuando, en su calidad de legado de Cristo, conduce al pueblo hacia la patria eterna en combate con el eterno Enemigo. Esta interpretación popular fue rechazada por los escolásticos en el siglo XIII, pero continuó existiendo en la conciencia del pueblo.30 El dinámico desarrollo de Occidente después del año mil, produjo desajustes y conflictos sociales, y éstos también encuentran su expresión dentro de la perspectiva del trascendentalismo en forma de herejías. Estas aparecen desde el siglo XI, aunque con un carácter local; la herejía de Leutard en Champaña hacia el año 1000, la de los grupos de Monforte (hacia 1018), la de Orleans (1022) y la de Arrás (1025). Otros movimientos en ese siglo y en el siguiente demuestran con que facilidad determinados individuos, sobre todo clérigos, y ciertos grupos
28 Idem, p. 319, apud. Santo Tomás, Surnma contra los Gentiles, 1, 3,4. 29Jolivet, op. cit., pp. 224, 225. 30 Heer, op .cit., pp. 56, 57.

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esencialmente populares podían adoptar actitudes heréticas, aunque éstas no pusieron en peligro la hegemonía de la Iglesia. Pero no sucedió lo mismo con la herejía de los cátaros. Estos deben su origen a la influencia de seguidores balcánicos del maniqueísmo, aunque esto es menos importante ya que su doctrina respondió a necesidades profundas, lo que le permitió extenderse por una gran parte de la Cristiandad y poner en peligro a la Iglesia, al catolicismo y a la sociedad feudal. En 1167 (probablemente) se reunió un concilio cátaro en Saint Félix de Caraman, cerca de Tolouse, al que asistieron obispos de las iglesias cataras de Francia, Lombardía y Carcasona acompañados por una muchedumbre, y se constituyó así una iglesia y un clero rivales de la iglesia y del clero católicos. Su doctrina se fundaba en el dualismo y suponía que sólo el espíritu era creación divina, mientras que el hombre y el mundo habían sido creados por el diablo quiera un ángel rebelde de acuerdo con los cataros moderados o un dios del mal según los radicales. La Iglesia, el papado y los padres eran encarnaciones del mal. La cruz era el signo de la bestia del Apocalipsis y su culto debería ser suprimido por completo. Esta repulsa de la sociedad humana se materializaba en una condena sin remisión de la sociedad feudal, cuyo fin debería ser precipitado. La doctrina catara penetró en todas las clases sociales pero su mayor éxito lo obtuvo entre los artesanos y los obreros, principalmente de la rama textil Jacques Le Goff concluye afirmando que el auge económico había dividido a la Cristiandad en una mayoría que aceptaba con más o menos reticencias el progreso histórico y una minoría que sólo soñaba con destruirlo.31 Las prédicas de los legados pontificios en contra de la herejía catara fracasaron, y cuando uno de estos enviados del Papa fue asesinado, el pontífice predicó la cruzada contra los cataros, llamado al que respondieron varios señores que lanzaron una primera ofensiva en 1209. La lucha continuó con gran violencia en los años siguientes pero sin resultados decisivos, y no fue sino hasta 1226, cuando la intervención del rey Luis VIII inclinó la balanza en contra de los herejes, pese a lo cual la resistencia se prolongó hasta 1244, año en que las tropas reales conquistan el castillo de Montsegur, última fortaleza catara. Sin embargo, a pesar de las derrotas militares; la herejía continuó existiendo, por lo que se organizó un arma aún más eficaz para combatirla que los ejércitos cruzados: los tribunales de la Inquisición. Mediante una persecución rigurosa se consiguió reducir la herejía a dimensiones que ya no implicaban un peligro para la hegemonía de la Iglesia, que alcanza en el siglo XIII su máximo poder y esplendor.32 V La concepción de la historia que tienen los hombres de la Baja Edad Media corresponde al trascendentalismo que determina su pensamiento. La tarea de los .historiadores medievales consistía en el descubrimiento y la explicitación del plan divino de la historia. Se trata de un plan que se desarrolla en el tiempo y
31 Le Goff, La Baja Edad Media, op. cit., pp. 173-175. 32 Idem, pp. 236-239.

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que se despliega a través de una serie de etapas, y fue precisamente esto lo que condujo a la concepción de edades históricas que hemos heredado y cada una de las cuales es iniciada por un acontecimiento creador de una época. Como ejemplo está la periodización hecha por Joaquín de Flore en el siglo XII, y que considera el tiempo dividido en tres etapas: el reino del Padre o del dios no encarnado, es decir, la edad precristiana; el reino del Hijo o la edad cristiana y el reino del Espíritu Santo que daría principio en el futuro. Esta última es la más significativa. Para un historiador medieval, en la historia había un plan objetivo conocido por medio de la revelación; era parte de lo que Cristo había revelado acerca de Dios, y semejante revelación ofrecía, no tan sólo la clave de cuanto Dios había obrado en el pasado, sino de lo que iba a hacer en el futuro. La revelación cristiana ofrecía una visión de toda la historia del mundo, desde su creación en el pasado hasta su fin en el futuro, de suerte que los historiadores medievales miraban el fin de la historia como algo predeterminado por Dios y conocible a través de la revelación.33 Este trascendentalismo en la explicación histórica prolonga el establecido por los primeros grandes pensadores de la Iglesia. La "épica cristiana" conservó su prestigio sin merma por doce siglos y en la historiografía de la Baja Edad Media el trascendentalismo se manifiesta en múltiples formas. Muchos historiadores inician sus relatos con la Creación. En otros casos, el título mismo de la obra es indicativo de la filosofía que las inspira, ejemplo de esto es Guibert de Nogent, quien escribió la historia de la primera cruzada intitulándola Los hechos de Dios realizados por los francos. Pero aunque la explicación que ofrecen los autores sea trascendental, existen diferencias en las formas concretas que asume, incluso tratándose de hombres del mismo país y de la misma época. Así, en el siglo XII, el inglés Enrique de Huntingdon escribió su Historia de los ingleses con una actitud racionalista, haciendo un esfuerzo por eliminar lo legendario o maravilloso, mientras que su compatriota Godofredo de Monmouth en la misma época, en su Historia de los reyes de Bretaña, acepta la leyenda del origen troyano del pueblo británico y en sus páginas se incluyen muchas de las historias sobre la corte del rey Arturo, contándose entre sus personajes, figuras tales como el mago Merlín.34 Lo que aconteció, escribe Collingwood, es que el péndulo del pensamiento osciló desde el humanismo de los historiadores grecorromanos hasta el teocentrismo de los medievales. En su concepción, la historia era guiada por la mano de la Providencia de tal manera que al hombre no le quedaba nada por hacer. La fuerza que guía el proceso histórico quedaba fuera de dicho proceso, es un poder exógeno el que lo determina. En resumen, se trata de una teleología inconmoviblemente anclada en la fe auxiliada por la razón.35 El teocentrismo que domina la conciencia histórica de Occidente durante está primera fase de su desarrollo se refleja en el pensamiento político, económico y social de la época. La naturaleza, según Santo Tomás, debe estar subordinada

33 Collingwood, op. cit., pp. 60, 61. 34 Bames, op. cit., pp. 55, 70. 71. 35 Collingwood, op. cit., p. 62.

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a lo sobrenatural ya que el destino del hombre no está en este mundo sino en el más allá. En estas condiciones la sociedad debe subordinar los objetivos terrenales a los trascendentales. El fin del ser humano es lograr la felicidad que será producto de la contemplación de la divinidad en su existencia futura, y el poder y la riqueza deben ser concebidos a la luz de esta idea básica.36 El papel de la Iglesia en el gobierno de la cristiandad era comparado a la relación entre el alma y el cuerpo. En la misma forma en que el anima gobierna al corpus, así el clero debía regir el resto de los seres humanos. El poder temporal de principes y señores debería quedar subordinado a la autoridad eclesiástica. En el siglo XI el cardenal Humberto afirmaba que los reyes eran el brazo del clero, el que a su vez era el ojo de la Iglesia, lo que permitía a ésta decidir la conducta social. En la misma época, el papa Gregorio VII, quien reinó de 1073 a 1083, declaraba que la salvación de los reyes dependía de su obediencia. Otro elemento de la concepción política que complementaba el anterior, establecía que la suprema autoridad o soberanía pertenecía al papa, a quien se aplicaba el pasaje bíblico de Jeremías que declara "Te he colocado sobre las naciones y los reinos...". En los siglos XII y XIII esa autoridad se consolidó al desarrollarse la idea de que el papa era el vicario de Cristo en la Tierra, lo que lo convertía en el punto de intersección de ésta con el cielo. Inocencio III, cuyo pontifica- do se extendió de 1198 a 1216, afirmó categóricamente que sus decretos eran los del propio Cristo. Esta doctrina, que llevó a su punto culminante la autoridad papal, fue afirmada y ampliada por sus sucesores. Gregorio IX, quien reinó de 1227 a 1241, declaró que "Cuando Cristo ascendió al cielo dejó un vicario sobre la Tierra y por tanto todos los que se proclamaban cristianos estaban sujetos al gobierno de ese vicario." Por último, Inocencio IV, quien ocupó el trono de San Pedro entre 1245 y 1254, proclamó su autoridad no sólo sobre los cristianos sino sobre todos los seres humanos.37 Estas doctrinas eran la consecuencia lógica de la concepción de una sociedad que ubicaba su destino en un mundo trascendental y cuya historia estaba determinada por la voluntad divina. El comercio, que había sido condenado por Aristóteles como un peligro moral, fue aceptado por Santo Tomás siempre y cuando su fin no fuera el placer, como consideró el filósofo de la Antigüedad, sino un objetivo moralmente valido como satisfacer las necesidades de la familia o de la sociedad, y luego, en la Summa Teológica, asienta que la actividad del mercader será lícita "cuando comercia para utilidad social, a fin de que su patria no carezca de lo necesario; sin duda busca su beneficio, pero como precio de su trabajo y no como un fin."38 El pensamiento del teólogo cristiano, abordó de esta manera los problemas planteados por el desarrollo en el marco de una teoría moral del individuo, derivada de la concepción trascendental del mundo. La propiedad privada recibe un tratamiento similar; es aceptada pero sujeta a una obligación social. Estas tesis serán de gran importancia en los siglos siguientes y desde allí hasta nuestros días, ya que son uno.
36 Henri Denis, Historia del pensamiento económico, trad. Nuria Bozzo Duran y Antonio Aponte, Barcelona, Ediciones Ariel, 1970, p. 72. 37 Walter Ullmam, A History of Political Thought: The Mlddle Ages, Hamondsworth, Inglaterra, Penguin Books, 1970, pp. 100-104. 38 Santo Tomás, Summa Teológica, T. III. p. 205, citado en Denis, op. cit., p. 78.

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de los fundamentos de la doctrina social de la Iglesia, tal como ha sido formulada en las siguientes encíclicas de los papas: Rerum Novarum de León Xlll en 1891, Ultadraguesimo Anno de Pió XI en 1931 y Mater et Magistra de Juan XXIII en 1961.39 Sin embargo, por profundo que penetrara el trascendentalismo en la mentalidad Occidental de aquella época, el desarrollo económico convertía la transformación de esa mentalidad, de acuerdo con el principio de correspondencia, en una necesidad histórica, provocando un retomo del inmanentismo. Nuestro análisis nos conduce, en consecuencia, a examinar si ese cambio se produjo y en caso sustantivo cuáles fueron las características concretas que asumió.

39 Denis, op. cit., p. 75

V. RENACIMIENTO DEL INMANENTISMO
El recuerdo de los nombres gloriosos y de las nobles hazañas de los hombres de la Antigüedad me llenan de un gozo tan indescriptible, que si éste fuera conocido se asombrarían de saber cuanto más placer tengo con los muertos que con los vivos.

I

FRANCISCO PETRARCA

EL PARADIGMA trascendental, como hemos visto, penetró profundamente las estructuras mentales de Occidente en los siglos que siguieron al año mil, e igualmente profunda era la convicción intelectual de que la razón era un instrumento al servicio de la fe. Sin embargo, el racionalismo siguió un proceso evolutivo autónomo y objetivo, por el cual su carácter de elemento subordinado a la fe se fue debilitando para convertirse en un factor subversivo de la concepción trascendental del ser histórico del hombre. Esta capacidad subversiva del racionalismo fue percibida por los defensores del esquema trascendental. Ya en el siglo XII, cuando Pedro Abelardo, siguiendo los pasos de San Anselmo, buscaba combinar la razón y la fe y declaraba: "no deseo ser un filósofo hasta el grado de rechazar a Cristo", San Bernardo de Clairvaux asentaba, furioso, que Abelardo "no veía nada a través de un cristal obscuro, sino que contemplaba todo frontalmente" y en 1221 buscó y obtuvo la condena de las ideas abelardianas en el concilio de Soissons, consiguiendo una nueva veinte años después en otro concilio, el de Sens.2 En el siglo siguiente, cuando el racionalismo teocéntrico alcanzó sus mayores triunfos, el peligro pareció mayor a medida que se intensificaba el interés por el pensamiento de la Antigüedad y se tuvo que actuar en consecuencia. Las reglas fijadas por el cardenal Roberto de Courcon en 1215 para la Universidad de París establecieron: "No se leerán los libros de Aristóteles sobre metafísica y sobre filosofía natural, ni resúmenes de ellos".3 Estas disposiciones que revelan las inquietudes de los tradicionalistas no fueron efectivas, y el avance del racionalismo continuó en un proceso lleno de conflictos y contradicciones. Como un ejemplo de éstos, está el caso del Papa Gregorio IX, descrito por Etienne Gilson.4

1 Francisco Petrarca, carta en Epistolac familiares, comp. V. Rossí y U. Bosco, Florencia, 1926-1942, III, 18, citada en Morris Bishop, Petrarch and his World, Londres, Chatto and Windus, 1964, p. 242. 2 Fremantle, op. cit., pp. 99-101. 3 Chartularum universitatis Pariensinsis, I, 78,79, citado en Romero, op. Cit:, pp. 241, 242. 4 Etienne Gilson. La philosophic au Moye Age. Des origines patristiques a la fin du XIV siécle, 1944. pp. 395, 396.

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quien siendo cardenal había impuesto el estudio de la ciencia a los franciscanos e introdujo las órdenes mendicantes a la universidad para asegurarse que la ciencia quedase subordinada a la teología y sirviese de vehículo a la difusión de la verdad cristiana en el mundo. En seguimiento de esa política, el pontífice escribió en 1228 a los maestros de teología de la Universidad de París que el saber científico debe estar al servicio del teológico, y a semejanza de "la prisionera hecha al enemigo con la que se unió el israelita, después de haberle cortado la cabellera y las uñas, no debe dominarlo, sino servirlo como un vasallo". Sin embargo en esa misma comunicación a los maestros universitarios, el pontífice se quejaba de la amenaza que representaba el racionalismo que él mismo había propiciado: "Nuestro corazón sufre un profundo dolor y estamos llenos de amargura al enterarnos de que algunos de vosotros, henchidos como otros hombres de vanidad y siguiendo un espíritu de novedad impía, rebasáis los límites establecidos por los Padres y buscáis en la filosofía pagana el significado de los textos sagrados." Con el tiempo, las dudas de Gregorio IX se acentuaron, y en 1231 pidió a los maestros que enseñaran únicamente cuestiones cuya solución estuviese en los libros teológicos" y en los escritos de los Padres, para concluir recordándoles que las ciencias sólo deben ser estudiadas en la medida en que sirven a la teología. La lucha ideológica se agudizó al continuar el progreso del racionalismo en con junción con tesis juzgadas erróneas desdé el punto de 'vista de la Ortodoxia religiosa, incluyendo algunas elaboradas por Santo Tomás, y alcanzó una gran intensidad en las últimas décadas del siglo XIII. El obispo de París, auxiliado por una asamblea de maestros en Teología y de "hombres prudentes", elaboró una lista de 219 tesis enseñadas en la Universidad, y el 7 de marzo de 1277 procedió a su condenación excomulgando a quienes persistiesen en sostener los errores catalogados. Una bula pontificia del 28 de abril reforzó la postura del obispo al ordenarle proceder además a una depuración de la enseñanza de los teólogos. Esta célebre condena de 1277 tiene un carácter complejo, ya que las tesis fulminadas no constituyen un todo homogéneo, pero puede afirmarse que la misma contempla el aristotelismo en todas sus formas.5 Con esto, se condenó formalmente la principal base filosófica del racionalismo tomista. Todos los esfuerzos por detener el avance del racionalismo fracasaron; éste respondía al proceso de transformación de la sociedad occidental originado por el desarrollo económico. Ese proceso tuvo múltiples manifestaciones además del auge de la razón, que igualmente confundían" y alarmaban a los partidarios del orden tradicional a medida que los percibían. Romero, con base en documentos contemporáneos, 6 describe como ya desde el inicio del gran impulso del desarrollo en el siglo XI Raoul Gábler criticaba las costumbres frívolas que se introdujeron en el reino de los francos, venciendo la resistencia y las exhortaciones de los hombres de Dios, mientras quedara fines del mismo siglo, Guilbert de Nogent se horrorizaba del libertinaje en las costumbres femeninas, refiriéndose en
5 Maurice de Wulf, Historia de la filosofía medieval, trad. Jesús Toral Moreno, México, Ed, Jus, 1945, II, pp. 219, 220. 6 Romero, op. cit., pp. 545-551, apud, Raoul Gabler, Histories, III. 9, Guilbert de Nogent, De vita sua, I, 12, Guillaume de Tyr. Historia rerum in partibus transmarinis gestarum, XXI; Jacques de Vitry, Historia Oríentalis, I.

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tonos dramáticos a la forma como las jóvenes habían rechazado la autoridad de sus mayores para entregarse a los placeres. Con las cruzadas los cambios se aceleraron al contacto con Oriente y Guillermo de Tiro contrastaba, a fines del siglo XII, la virilidad y el valor de los primeros cruzados con la debilidad de sus hijos que fácilmente son vencidos por los guerreros del Islam. En el siglo siguiente, Jacques de Vitry insistía con indignación en el mismo tema, señalando la decadencia de las costumbres de los cruzados, cuyos hijos deseaban hacer a toda costa la paz con los sarracenos para poder disfrutar de los refinados placeres que proporcionaban las mujeres del Oriente. Los cambios en las costumbres sólo eran las manifestaciones superficiales de metamorfosis profundas que en la sociedad estaban produciendo un nuevo tipo de hombre en el que el individualismo estaba mucho más desarrollado. Este cambio era particularmente acentuado en los miembros de las nuevas clases surgidas del comercio, quienes paulatinamente iban percibiendo los horizontes que se abrían a su acción en la medida en que los límites impuestos por el rígido orden tradicional pudieran ser rebasados. Estos hombres, cuya rápida fortuna no parecía ser el resultado de otra cosa que su propia habilidad y audacia, iban produciendo una sociedad distinta en la que sin negar a Dios, éste era concebido cada vez más distante, como una instancia posterior a las fuerzas sociales y naturales que operaban inmediatamente sobre ella. Más que un debilitamiento de la fe, hubo un traslado de la misma a un ámbito más lejano.7 Este alejamiento produjo un vacío en el que surgió paulatina pero irresistiblemente la idea del hombre como arquitecto de su propio destino. En este proceso, el racionalismo, que se pretendía sirviera como instrumento para la perpetuación del trascendentalismo y del paradigma teocéntrico de la sociedad, se transformaba en un factor autónomo que tendía hacia una concepción inmanente del hombre y de la historia. En el siglo XIV, la evolución alcanzó el nivel necesario para producir el cambio cualitativo que produjo la reaparición del inmanentismo. En el periodo en que va a producirse la inflexión histórica, las contradicciones se multiplican manifestando los desfasamientos entre los distintos niveles del proceso evolutivo. A principios del siglo, Dante Alighieri, en la Divina Comedia critica duramente a los racionalistas, condenando a quienes con sus limitados intelectos pretenden aprehender a un ser infinito. Si el conocimiento de Dios estuviese dentro de los límites de las potencialidades humanas, no hubiese sido necesaria la Encamación. La inteligencia humana, de acuerdo con Dante, debe aceptar la quia, ésto es, aceptar la existencia divina conociéndola sólo a través de sus efectos, como la causa de todo lo conocido, y no pretende penetrar esa causa última, tarea superior a la razón como descubrieron Aristóteles, Platón y otros hombres cuyo fracaso constituye su castigo eterno.8 La contradicción presentada por Dante aparece en toda su magnitud si se considera que éste nació en el seno de una familia de la burguesía florentina, esto es, perteneciente a la clase que protagoniza la gran transformación social e ideológica, y cuya vida transcurrió durante la época en que
7 Ídem, pp. 513, 514 8 Dante Alighieri, La Divina Comedia, Introducción y comentario de Francisco Montes de Oca, México, Porrúa, 1973, "Purgatorio", Canto III, p. 91.

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Florencia, a su vez tuvo un desarrollo incontenible, 9 que la ligaba históricamente al renacimiento del inmanentismo. II A partir de mediados del siglo XIV aproximadamente, surgieron en Europa, y adquirieron proporciones notables, una cultura distinta a la clerical y una sensibilidad que no puede llamarse cristiana. Cuando se define como laica a esta cultura y a esta sensibilidad, se quiere decir, ante todo, no eclesiástica en cuanto a inspiración y propósito, y es posible afirmar, escriben Ruggiero Romano y Alberto Tenenti,10 que entre los siglos XIV y XV, se observan en Occidente los síntomas indudables y los elementos orgánicos de una cultura nueva, que es legítimo calificar de laica porque se apartó de la cultura prexistente, indudablemente cristiana y eclesiástica. Entre los nuevos elementos son notables un sentido ya no cristiano de la vida y de la muerte, un deseo de formas históricas y terrenas de supervivencia, una necesidad de expresión artística directa y una religiosidad individual, etc. El paradigma trascendental que tenía como eje a la divinidad fue substituido por otro inmanente, centrado en el hombre. El humanismo de los siglos XIV y XV es la estructuración cultural de la nueva sociedad profana.11 Pero si las manifestaciones de la nueva concepción que el hombre tiene de sí mismo se presentaron en distintos sitios, fue en Italia donde se produjo el cambio más significativo. Se rompió el anatema que había estigmatizado el individualismo, y la personalidad humana adquirió una nueva dimensión. El hombre nuevo, causa y efecto de la nueva cultura no es ya un peregrino en marcha hacia su verdadera patria en un mundo trascendental, sino un ciudadano de esta tierra donde desea su realización plena. Un elemento que revela el cambio en la relación entre los hombres y la vida es la búsqueda de la gloria en el sentido moderno, esto es, la gloria humana, exaltación no ante Dios sino ante sus iguales.12 La cultura laica produce la idea de posesión del tiempo. Dentro de la perspectiva del trascendentalismo el tiempo pertenece a Dios, el cobro de intereses hecho por el capital usurario era un pecado porque implicaba la venta de ese elemento divino, dicho elemento pasaba ahora a pertenecer al hombre, quien, declaró León Battista Alberti, hacia 1440, es propietario de tres cosas: su fortuna, su cuerpo y su tiempo.13 Los otros dos componentes de esa trilogía son igualmente significativos y definitorios de la reaparición del inmanentismo. Para la mente medieval, el cuerpo es la cárcel en donde el espíritu estaría prisionero hasta ser liberado por la muerte para poder alcanzar el destino para el que fue creado, la unión con la divinidad. La riqueza,
9 Francisco Montes de Oca, Introducción, en Dante Alighieri, op. cit., p. IX. I0 Ruggiero Romano y Alberto Tenenti, Los fundamentos del mundo moderno. Edad Media tardía. Reforma, Renacimiento, trad. Marcial Suárez, México, Siglo XXI, 1977, pp. 104, 116. 11 Ídem. p. 117. 12 Jacob Burckardt, La cultura del Renacimiento en Italia, trad, Ramón de la Serna y Espina, Buenos Aires, Lasada, 1962, pp, 106, 114. 13 Le Goff, La civilisation de l'Occident, op. cit., p. 452.

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por otra parte, como afirma la tesis tomista, era un peligro para el alma que sólo se justificaba si cumplía una obligación social. Por el contrario, de acuerdo con la nueva perspectiva, cuerpo y fortuna son propiedades individuales cuya misión es conectar al hombre con este mundo y durante esta vida. Parecen evidentes los nexos entre la nueva mentalidad inmanente y el ascenso de la nueva clase mercantil producida por el desarrollo económico de Occidente. El saber es el factor en que los humanistas depositaron mayor confianza. La razón dejó de ser la servidora de la fe para convertirse en el instrumento del dominio del hombre sobre su destino. Así, Ghiberti dice: ''sólo quien todo lo ha aprendido no es en ninguna parte un extraño; aunque se le prive de su fortuna, aunque se encuentre sin amigos, será un ciudadano en cualquier ciudad donde resida y puede aguardar sin miedo las vicisitudes del destino".14 La principal fuente del conocimiento libertador que buscaba el humanismo sería la cultura clásica. Se retornó a los textos antiguos y hubo una exploración de las obras filosóficas y literarias de la antigüedad grecolatina. Se buscó en el pensamiento de la antigua Grecia el asidero de una tradición cultural, que sirviese de punto de partida para explorar los nuevos rumbos que se abrían. En esa dirección; con la mirada puesta en una exploración retrospectiva, el hombre nuevo comienza a dar sus primeros pasos. Se dio una resurrección de la filosofía, la literatura y el arte .antiguos; pero con la idea de que ello permitiese avanzar hacia el futuro.15 Fue este "renacimiento" de la Antigüedad lo que dio su nombre a esta época. Todas las manifestaciones culturales fueron influidas por la cultura romana y griega en formas diversas y numerosas, afirma Burckardt, y añade, para precisar la génesis del fenómeno: "Este movimiento de vuelta a la Antigüedad puede decirse que, en grande y de una manera general y decidida, sólo se inicia en los Italianos en el siglo XIV".16 El desarrollo económico y la vida urbana que impulsó el Renacimiento, tuvieron en Italia el dinamismo necesario para permitir que los cambios cuantitativos que venían generando en la mentalidad occidental, dieran paso a un cambio cualitativo que transformó la concepción trascendental de la existencia humana, remplazándola por una inmanente. Por otra parte, Italia es el país europeo con las condiciones para establecer el contacto con la cultura antigua, ya que el recuerdo de ésta no se desvaneció como en otras regiones. Muchas familias de los estratos superiores de la sociedad italiana se ufanaban de descender de los patricios de la antigua Roma, al mismo tiempo que numerosas ruinas de los edificios y monumentos clásicos eran testimonio de un pasado de riqueza, poderío y esplendor. El resultado fue que, al norte de los Alpes, los humanistas que acogieron e impulsaron los nuevos estudios eran pocos, y su actividad no tuvo, en esa primera época, la continuidad, el desarrollo y la resonancia que alcanzaría la de los italianos. Incluso en Italia hay diferencias. Si bien en muchas ciudades, desde el norte hasta Napóles, y en casi todas las cortes principescas, se favoreció a los humanistas, los centros semirrepublicanos y semiprincipescos
14 Ghiberti, Secondo commentario, cap. XV, Vasari. Ed. Lemmonier I, p. XXIX. Citado en Burckardt, op. cit., p. 109. 15 Gustavo Fabal. Pensamiento social desde el Medievo hasta el Siglo XIX, Madrid, Ayuso. 1973, p. 92. 16 Burckardt, op. cit., pp. 135-138.

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mas importantes del humanismo fueron tres: Florencia, Venecia y la Curia Los humanistas experimentaban un jubilo en conocerse y Romana.17 reconocerse en los textos clásicos, júbilo que no se veía turbado por el hecho de que éstos no fueran cristianos. "La sociedad que los exige es la predominantemente burguesa que en cuanto a sí misma y a su quehacer humano ha rechazado la cultura eclesiástica”.18 Producto de un largo proceso de desarrollo y de la vida urbana que se asocia a éste, los humanistas se identificaban con otros hombres nacidos y educados también en un mundo caracterizado por el dinamismo de una economía monetaria, cuya cultura inmanentista había desaparecido al producirse el agotamiento y crisis de la sociedad esclavista. Desde el punto de vista de nuestro análisis, el Renacimiento es, realmente, el renacimiento del inmanentismo. III Francisco Petrarca fue el primer gran humanista, el primer representante de gran importancia del hombre nuevo. Sus escritos expresan con vigor la nueva perspectiva y su obra historiográfica refleja el tránsito hacia una filosofía secularizante e inmanente. La conciencia histórica del humanismo refleja la percepción del surgimiento de una nueva cultura y de su afinidad con la grecolatina, al mismo tiempo que la extranjeridad de la sociedad teocéntrica que se interpone entre ellas, y con base en esa conciencia se introdujo la periodización de la historia como antigua, medieval y moderna que seguimos utilizando hasta hoy.19 De acuerdo con muchos historiadores, a Petrarca, el padre del Humanismo, es a quien corresponde la paternidad de la actitud que califica la Edad Media como un periodo de tenebrae.20 Como historiador, Petrarca se desentiende del mundo judeocristiano para dedicar su esfuerza estudiar la vida de los hombres importantes de la antigua Roma que recoge en su De virís illustribus, la principal de sus obras de historia. El humanista buscó la verdad sobre el pasado, no ya en los textos sagrados, sino en las obras de los escritores de la Antigüedad clásica, a cuyo rescate dedicaba grandes esfuerzos.21 La vista de la Roma medieval le causó una impresión profunda al comparar la majestad de las ruinas de la urbe imperial, testimonios de su antigua grandeza, con la pequeñez y miseria de la ciudad del siglo XIV, cuando incluso los papas lo han abandonado para ir a residir a Avignon.22 A partir
17 Romano, op. cit., p, 119 18 Idem, p. 117. 19 Theodor E. Mommsen, "Petrarch on the Dark Ages" en Medieval and Renaíssance Studies; ícomp. Eugene F. Rice jr., Ithaca, Nueva York, Cornell University Press, 1959. pp. 108,109,125. 20 Idem. pp. 109, 118, 119, apud, W. Rohm, Der Undergang Romain abend lándischen Denken, Leipzig, 1930, p. 45; Franco Simone, La Concienza della Rinacita negli Umanisti, en La Rinacíta, 1939, II, 842; Waliace K. Ferguson, "Humanist Views of The Renaissance" en The'A,ertican Hiitorical Review, XLV, 1939, p. 7. 21 Josefina Vázquez de Knauth, Historia de la Historiografía, México, Sep Setentas, Secretaria Educación Pública, 1973, p. 54. 22 Bishop, op. cit. pp. 119-125.

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de ese sentimiento, el objetivo de su obra historiográfica, y una de las directrices de su pensamiento, tiene un carácter secular e inmanente: la restauración de la perdida grandeza romana. Para Petrarca los héroes más exaltados son Julio César y Escipión el Africano, y su admiración por el segundo tiene como base la idea, que ya Tito Livio compartía con muchos contemporáneos suyos, de que la época de las Guerras Púnicas había constituido la edad de oro de Roma,23 Francisco Petrarca es un puente hacia la Antigüedad, con quien el pensamiento clásico vuelve a vivir. Está conciente de ello, pero siendo la vanguardia de ese renacimiento se siente extranjero en su propio tiempo y nos dice:
Escribo para complacerme y mientras lo hago me asocio con frenesí con nuestros antepasados en la única forma en que puedo y me olvido feliz de aquellos entre quienes un destino adverso me ha obligado a vivir [...] el recuerdo de los nombres gloriosos y de las nobles hazañas de los hombres de la Antigüedad me llenan de un gozo tan indescriptible, que si éste fuese conocido, muchos se asombrarían de saber cuánto más placer tengo con los muertos que con los vivos.24

Con Petrarca el pensamiento antiguo renace después de un milenio para servir de directriz en la conformación de la Modernidad. Su admiración por los clásicos lo lleva a elogiar al propio Epicuro, audacia notable en el siglo XIV, que demuestra las diferencias entre el nuevo tipo de cristiano renacentista y el cristiano medieval. Se trata de un hombre diferente con una visión distinta de su destino y de su sitio en el mundo. La historiografía adquiere además con Petrarca un segundo papel: el de conferir la inmortalidad en este mundo. Habiendo dejado el hombre de ser un exiliado cósmico para convertirse en un ciudadano a carta cabal de esta tierra, la inmortalidad planteada por el paradigma trascendental dejó de satisfacerle y busca sobrevivir a su propia muerte en ese mundo. Este anhelo condujo al renacentista a la búsqueda de la gloria terrenal que se convirtió en un auténtico valor éticosocial desde el momento en que volvió a interesar a los ambientes laicos cultos del siglo XIV. A esta función de la historia y de la literatura se refería Petrarca cuando hacia 1350 envía a Pandolfo Malatesta, señor de Rimini, unos versos programáticos:
Pero el corazón me dice que yo escriba en el papel algo que ensalce el honor de vuestro nombre, porque en ninguna parte se talla tan firmemente para hacer de mármol una persona viva. ¿Creéis vos que César o Marcelo o Paulo o el Africano fuesen tales ya nunca por el yunque ni por el martillo? Pandolfo mío, estas obras son fragües para el largo camino, pero nuestro esfuerzo es el que hace a los hombres inmortales para la fama.25

Aparecen sintetizados de esta manera por Petrarca los principales elementos que integran la nueva cultura del Renacimiento, causa y producto de un hombre nuevo

23 Edward Fueter. Historia de la Historiografía moderna, trad. Ana Mana Ripullone, Buenos Aires. Ed. Nova, 1953, vol. I, pp. 16, 17. 24 Véase nota no. 1. 25 Francisco Petrarca, versos a Pandolfo Mandolfo, citados en Romano, op. cit., p. 114.

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deseoso de gozar su existencia terrena y de prolongarla por medio de la gloria humana, y que busca en la cultura antigua la inspiración necesaria para crear un estilo de vida que no tenía precedentes en los siglos anteriores. Petrarca fue seguido por otros hombres quienes avanzaron más lejos por el nuevo camino. Existen, desde luego, diferencias entre los historiadores renacentistas, pero, como señala Barnes, se encuentran características generales comunes en los pensadores humanistas. La búsqueda de los textos antiguos fue acompañada de un estudio crítico que incluía el método comparativo. Esta labor, que se perfecciona con el paso del tiempo, tuvo como consecuencia la formación de una metodología para el análisis de documentos que sería una de las bases de la historiografía moderna. Por otra parte, el humanismo fue una fuerza desintegradora de la épica cristiana, a la cual, le diluyó su carga emotiva, y devolvió a la historia pagana el lugar del cual había sido desplazada por el pensamiento cristiano, principalmente el de Osorio y el de San Agustín.26 Algunos de los historiadores renacentistas son particularmente interesantes para este análisis. Boccacio continuó la obra de Petrarca sobre el mundo grecolatino, complementando el trabajo de su maestro, Cuya influencia no ocultaba. Su entusiasmo por la obra de Tito Livio lo llevó a traducir al historiador romano. Fueter estima que si bien Boccacio es inferior a Petrarca, su labor fue muy valiosa porque, abrió nuevos horizontes a la historiografía, ya que su obra contiene una protesta contra el clasicismo exagerado y representa un esfuerzo para escapar al hechizo de la literatura antigua y lograr una personalidad propia.27 Durante la primera fase del Renacimiento en el siglo XIV, Roma pareció impermeable al nuevo espíritu y la pobreza de su vida cultural disgustó tanto a Dante como a Petrarca. En el siglo siguiente, sin embargo, después del retorno del papado a la Ciudad Eterna, la propia Iglesia y su jefe máximo resultaron afectados por las nuevas ideas y terminaron por ser arrastrados por la corriente del humanismo produciendo la figura extraordinaria de un papa historiador. Este fue Eneas Silvio, miembro de la destacada familia de los Piccolomini de Siena y quien se distinguió como humanista, diplomático y hombre de mundo antes de ascender al trono de San Pedro con el nombre de Pío II.28 Su principal obra histórica, Los comentarios, describe los acontecimientos de su propia época desde una perspectiva inmanentista. Refiriéndose a Juana de Arco, utiliza expresiones que nos recuerdan el agnosticismo de Herodoto al referirse a los dioses:
Y así murió Juana, maravillosa y estupenda doncella, quien restauró el caído, abatido y casi arruinado reino de Francia e infringió muchas graves derrotas a los ingleses. Convirtiéndose en una conductora de hombres, preservó su modestia intacta entre las tropas y nada deshonroso se supo de ella. Si sus hazañas fueron obra divina o humana, en encuentro difícil asegurarlo. Algunos opinan que, cuando los nobles franceses diferíais de opinión, ninguno podía tolerar el mando de otro, y los éxitos ingleses indujeron a alguien más astuto que sus colegas a tramar un mecanismo para inducirlos a someterse a la jefatura de una doncella quien afirmaba ser enviada por el cielo, con lo que se 26 Barnes, op. cit., pp. 99,100. 27 Fueter, op. cit., vol. I. pp. 21, 22. 28 Thompson, op. cit, Vol. I, pp. 284, 285.

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aseguró un mando supremo. Sea como fuere, lo cierto es que fue gracias a la jefatura de una doncella que e] sitio de Orleans fue roto, por cuyas anuas el territorio entre Bourges y París fue conquistado, por cuyo consejo Reims fue recuperada y la coronación (de Carlos VII) tuvo lugar, por su ofensiva Talbot fue derrotado y su ejercito aniquilado, y por su audacia la puerta de Paris fue quemada y por cuya prudencia y celo la fortaleza de Francia asegurada.
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Pío II no niega que el curso de los acontecimientos históricos obedezca a un mandato divino, pero asienta que tal cosa no puede asegurarse y con sutil ironía presenta una explicación totalmente humana de hechos tenidos como milagrosos, dejando al lector sacar sus propias conclusiones. El avance de la cultura laica había alcanzado en el siglo XV el grado suficiente como para que el Renacimiento produjera un pontífice historiador, cuya obra es un ejemplo del renacer del inmanentismo en la conciencia histórica. Igualmente representativa de esa evolución es la figura de Flavio Biondo, otro historiador del siglo XV, quien en sus Décadas estudia el periodo entre el siglo V y el año de 1440. El método utilizado de analizar "tiempos largos", unido al análisis crítico de las fuentes, convierten a Biondo en un antecesor de Gibbon. Su objetividad le condujo a criticarla condena que Petrarca hizo a la Edad Media y a señalar la continuidad del procesó histórico, desde el saqueo de Roma en 410 hasta el Renacimiento, con lo que anticipaba la postura de historiadores actuales que ven en el Medievo un periodo de gran creatividad y en donde se forjó nuestra civilización. La obra de Biondo está considerada, ajusto título, como un verdadero hito en la historiografía; de ella Burckardt ha escrito: "Este libro nos permite decir que fue el estudio de la Antigüedad lo que hizo posible el estudio de la Edad Media preparando la mente en el hábito de la crítica histórica imparcial". Después de Biondo ningún historiador italiano pudo repetir las leyendas sobre los orígenes tróvanos y otras fábulas acerca de Florencia, Venecia y Milán,30 la formación de una metodología crítica sería la base de la historiografía moderna y el complemento de la explicación inmanente que la caracteriza. IV Al norte de los Alpes, en el resto de la Europa occidental, el inundo ideológico no evolucionó en luía trayectoria paralela al de Italia. En los países transalpinos los humanistas son poco numerosos durante este periodo, carecen de figuras comparables a los grandes renacentistas italianos de los siglos XIV y XV y su trabajo no tiene la continuidad y riqueza de la obra de éstos. Occidente tuvo un desarrollo desigual en el terreno dé las ideas: mientras las ciudades italianas, principal mente Florencia, producían una nueva cultura laica que buscaba su inspiración en el pensamiento antiguo, en los países del norte, incluyendo las áreas más de-

29 Pío II, citado en Thompson, op. cit., I, 486, apud Mandel Creighton, A History of the Papacy from the Great Schism to the Sack of Rome. 6 vols, Londres y Nueva York, 1907-1914., III, 344-347. 30 Thompsom, op. cit., I, 491, 492, apud, Jacob Burckardt, Civilisation of the Renáissanse, p. 246.

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sarrolladas, como los Países Bajos, se prolongaba la cultura tradicional pero con modalidades novedosas y sorprendentes. Para examinar la atmósfera cultural de la zona nórdica, tenemos como punto de partida el estudio clásico hecho por Johan Huizinga sobre lo que él mismo llamó las formas de la vida, el pensamiento y el arte en Francia y los Países Bajos en los siglos XIV y XV 31 En esas regiones, el fin de la Edad Media se caracteriza por una obscura melancolía que pesaba sobre el espíritu de las gentes. Donde quiera que se examinen crónicas, poemas, sermones, o incluso documentos legales, su lectura produce la misma impresión de inmensa tristeza, como si el periodo hubiese sido particularmente desdichado y capaz de dejar tan sólo recuerdos de violencia, avaricia y odios mortales. La literatura francesa carece del optimismo del Renacimiento y muestra un panorama de miseria y decadencia universales, al mismo tiempo que lamenta la decadencia del mundo.32 En la filosofía se presentan igualmente las manifestaciones de un malestar profundo. Con el siglo XIII terminó la época de los grandes sistemas medievales con sus grandes síntesis. El siglo XIV fue distinto: un periodo de disociación en que el pensamiento filosófico se disuelve y fragmenta. El gran cisma de Occidente, que duró de 1378 a 1417, durante el cual papas rivales de Roma y Avignon fueron apoyados lo mismo por reinos que por santos, debilitó el poder que el papado había alcanzado en el siglo anterior y condujo a muchos cristianos a buscar una unión personal, íntima y no institucional con Dios. El resultado final es un movimiento de "retorno al Evangelio", que buscaba divorciar la fe de la razón separando la mente del alma. Siguiendo esta dirección grandes pensadores adoptaron posiciones antirracionalistas, y Nicolás de Cusa escribía en 1433 que el mundo mismo estaba en peligro de tornarse tan incomprensible como la divinidad.33 El auge del racionalismo que alcanzó su plenitud en la filosofía tomista concluyó para dar paso a una época de incertidumbre intelectual. Mientras se producía este cambio en el pensamiento de la élite culta, se generaban transformaciones igualmente significativas en la mentalidad de la sociedad en su conjunto. El elemento dominante durante los siglos XIV y XV en esa mentalidad es la idea de la muerte. Esta había sido la preocupación suprema en la Edad Media, pero al finalizar ésta, adquirió características mórbidas sin precedente, las que se reflejaron en múltiples aspectos, entre los cuales destaca la construcción de tumbas espléndidas de extraordinaria riqueza, preparadas con verdadera obsesión y a las que son escoltados los restos de sus propietarios por cortejos fúnebres notables por su magnitud, y magnificencia. Así, Felipe el Atrevido duque de Borgoña, comenzó la construcción de su tumba en 1383, veinte años antes de su muerte, y cuando ésta sobrevino en 1404 fue acompañado a ella por un cortejo de dos mil cortesanos. Pero aún más sorprendentes resultan las características de otras tumbas y funerales que revelan la novedosa fascinación que ejerció el cadáver descompuesto. Sobre la tumba los escultores reproducían no
31 Johan Huizinga, The Waning of the Middle Ages, A Study of the forms of Life thought and Art in France and the Netherlands in the Fourteenth and Fifteenth countries, trad. F. Hopman, Hardsmondwonh. Penguin, 1972. 32 Idem. pp. 30, 31. 33 Fremantle, op. cit., pp. 198. 199, 201.

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la imagen del personaje en vida, sino la de su cadáver putrefacto.34 Múltiples son los ejemplos que produjo el arte europeo de los extraños y morbosos sentimientos que inspiró la muerte a los hombres al terminar la Edad Media. Como uno de tantos está el caso del cardenal Lagrange, muerto en Avignon en 1402 y sobre cuya tumba fue esculpida la figura de su cadáver descompuesto, acompañado de una inscripción inspirada en la nueva sensibilidad macabra: "Desdichado, qué razón tienes para estar orgulloso? No eres más que cenizas y serás pronto, corno yo, un cadáver fétido, alimento de los gusanos."35 En la cultura occidental, hasta principios del siglo XIV, la muerte era un concepto básicamente abstracto, significaba el fin de la vida terrenal del hombre y su tránsito hacia una existencia distinta. Rara vez se le consideraba como un ser concreto y nunca como una realidad terrible. Hacia 1350 se operó un cambio cualitativo al darse a la muerte una representación personificada y autónoma: es una diosa que vuela por los aires para segar inexorablemente las vidas humanas, un caballero impetuoso que hace estragos o adquiere la forma más familiar de un ser cadavérico. La muerte se convirtió en un personaje que actuaba por voluntad propia e irresistible. De cualquier manera que realizase su acción, la muerte era un ser de forma humana y cadavérica y al mismo tiempo una contra figura repugnante del cuerpo viviente proyectada por la nueva sensibilidad macabra.36 La finalidad de la existencia humana, el carácter efímero de toda gloria terrenal y su inevitable fin en el polvo y el olvido son temas que han sido objeto de la atención de los ascetas en todas las épocas, pero, para los propósitos de nuestro análisis, el elemento más significativo de estos sentimientos es la fuerza obsesiva y generalizada que adquieren en el siglo XIV, y el hecho de que si bien no fueron desconocidos en Italia, es en la Europa transalpina y principalmente en Francia donde adquieren mayor intensidad, Romano y Tenenti 37 afirman que "el sentido de la muerte tiene en ese periodo sus más profundas y fuertes expresiones en la zona franco-germánica", mientras que la gloria, otro elemento esencial en el gran giro en la sensibilidad colectiva en los siglos XIV y XV, si bien también afecta muchos ambientes del Occidente nórdico "se afirma como valor sobre todo en Italia". El sentimiento de la muerte y el de la gloria no se ubicaban, por otra parte, en el mismo plano; mientras el primero envolvió la psicología colectiva de un modo ampliamente difundido en toda la población, el segundo, en cambio, está estrechamente ligado a las élites. Huizinga, por su parte, escribe 38 que al finalizar la Edad Media, la visión de la muerte podía sintetizarse en el término macabro en su sentido moderno. El sentimiento que contiene de algo horrendo y desesperanzado es precisamente la concepción de la muerte que surgió al finalizar el Medievo, y lo que es también interesante, esta extraña palabra apareció en francés bajo la forma macabre en el siglo XIV. Boase añade que el tema de la "Danza Macabra" se extendió a toda Europa pero que tuvo una fuerza
34 T.S.R. Boase, "La reina muerte, Agonía, juicio y recuerdo", en Evans, op. cit., p. 219. 35 Le Goff, La civilisation de l'Occident..., op. cit., p. 449. 36 Romano, op. cit., p. 106. 37 ídem, p. 110. 38 Huizinga, op. cit., p. 139.

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Menor en Italia donde lo macabro es menos congénito.39 En el gran vuelco que se opero en la mentalidad Occidental en el siglo XIV se estableció una divergencia significativa entre Italia y la zona transalpina. Esta diferencia no debe exagerarse; la obsesión de la muerte, la avidez de gloria terrena y el interés por la cultura antigua son elementos ligados al mismo proceso de alejamiento del paradigma tradicional. La visión de la muerte al finalizar la Edad Media no correspondía a un sentimiento verdaderamente cristiano, sino que implicaba el rechazo de un destino trascendental. Por otra parte, las actividades renacentistas que caracterizaron el surgimiento de la Modernidad no se impusieron sino hasta mediados del siglo XV en la propia Florencia ciudad privilegiada por las nuevas tendencias culturales.40 Sin embargo, las diferencias subsisten en la metamorfosis de la sociedad occidental en ese periodo y se reflejan en el nivel concreto de la historiografía. Mientras en Italia los historiadores, desde Petrarca hasta Biondo, están influenciados por el renacimiento del inmanentismo en el resto de Europa existe un rázago que perpetuó mitos históricos, incluso hasta el siglo XVII. En España se narran los hechos de una sucesión ininterrumpida de reyes que se remonta hasta Tubal, nieto de Noé; Milton empezaría su historia de Bretaña con el gigante Albión y Bruto de Troya, y Olof Rudbeck de Suecia afirmó que d Paraíso estuvo situado en su país.41 El crecimiento del capital mercantil, el ascenso y consolidación de las nuevas clases asociadas a él, el auge de la vida urbana y el creciente dominio del hombre sobre la naturaleza a través de procesos productivos cada vez más eficientes son elementos del desarrollo europeo que determinaron, en el siglo XIV, una transformación cualitativa en la conciencia histórica. Esta tuvo características tan extrañas y sorprendentes que, dentro de la lógica de este análisis, nos conducen a examinar la trayectoria del desarrollo económico de Occidente durante el transito del Medievo a la Modernidad.

39 Boase, op. cit., p. 241. 40 Romano, op. cit. P. 128 41 Thompson, op. cit., I, 492, apud, J. F. Jameson, “The Development of modern European Historiography," Atlanta Monthly, LXVI, 1890, p. 325.

VI CRISIS
Líbranos Señor, del hambre, de la peste y de la guerra. Invocación popular medieval 1

I LOS DOCUMENTOS históricos correspondiente; a los siglos XIV y XV definen un clima de crisis general. Esta, como lo afirma un especialista,
se siente en la lectura de diarios íntimos o en escritos circunstanciales; se perciben los efectos a través de las oleadas de bancarrotas que empiezan en Siena al final del siglo XIII y continúan de 1341 a 1346 con los derrumbes de los Buonnacorsi, los Peruzzi, los Acciavoli y los Bardi...; se materializa en la baja de los ingresos fiscales de origen comercial en los puertos de Génova y sobre todo de Marsella, en el descenso de la producción de telas que empieza en Ypres desde 1320 y en Florencia entre 1340 y 1348, por la disminución del tráfico de vinos de Burdeos hacia Inglaterra, en la decadencia irremediable de las ferias de Champaña o en el aumento del endeudamiento muy visible en el medio rural...2

El Occidente es durante los siglos XIV y XV, sin duda, una sociedad en crisis. Los agudos problemas que caracterizan el fin de la Edad Media se manifiestan, de acuerdo con los datos de Bennett,3 en un colapso demográfico que hace descender la población de Europa de 73 millones en el año 1300 a sólo 45 millones un siglo más tarde. La contradicción afectó a todos los países de Occidente conforme a los cálculos de los especialistas, así por ejemplo, Russel ha estimado que la población de Inglaterra (sin incluir Gales, Escocia o Irlanda) se había elevado de 1 100 000 en 1086 a 3 757 000 en 1348, para luego iniciar un brusco descenso a 2 100 000 apenas dos generaciones más tarde en 1400.4 Además de la reducción demográfica general se pueden señalar fenómenos parciales de la crisis entre los que destacan el despoblamiento de áreas rurales que implica, incluso, el abandono de una gran cantidad de aldeas; así de 170 000 localidades existentes en Alemania hacia 1300, unas 40 000 habían desaparecido al principiar el siglo XVI; en la Provenza existían 625 aldeas al iniciar el siglo XIV, de las cuales 177 estaban deshabitadas en; 1471. En Alsacia, Navarra, Italia, Inglaterra y otras regiones se presentan procesos similares. Por otra parte en muchas grandes ciudades vieron disminuir espectacularmente su población: Florencia, que tenía 110 000 habitantes en 1338, sólo contaba con 50 000 en 1351, mientras que Ham-

1 López, op. Cit., p. 399. 2 Michel Le Mené, L'économie mediévale. París, Presses Universitaires de France. 1977, p. 211. 3 Véase cuadro 2. 4 Van Bath, op. cit., p. 127.

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burgo pierde en esa época entre la mitad y las dos terceras partes de sus pobladores.5 Esta crisis demográfica ha sido atribuida a las mortíferas epidemias, en especial la "Muerte negra" de 1348, que atacaron a Occidente, pero ahora los especialistas están convencidos de que el fenómeno es más complejo y de que la invocación popular implorando la protección divina contra la peste, el hambre y la guerra ofrece un diagnóstico más adecuado de las causas del colapso demográfico. Desde luego, la peste tuvo un sitio en la reducción del número de europeos en el siglo XIV. El doctor Frederick F. Cartvvrigt, jefe del Departamento de Historia de la Medicina en el King's College Medical School de Londres, considera que la "Muerte negra", como fue conocida la gran plaga de 1348, no fue simplemente un ejemplo más de la larga lista de epidemias que ha asolado al mundo, sino "probablemente la mayor catástrofe de Europa registrada por la historia."6 La epidemia ha sido identificada como peste bubónica, enfermedad cuyo vehículo trasmisor fue una combinación de la pulga con la rata. Las pulgas al picar ratas contaminadas ingieren los bacilos de la plaga, los que permanecen en el sistema digestivo del insecto para ser a su vez trasmitidos al hombre al ser picado por él. El organismo causal, Pasteurella pestis, se multiplica rápidamente en el torrente sanguíneo humano provocando altas temperaturas y la muerte por septicemia o envenenamiento de la sangre. La enfermedad tiene un índice de mortalidad muy elevado que puede llegar al 90%. Existe una variante, la neumónica, cuyos síntomas son los de una neumonía excepcionalmente severa, que es de particular interés para este estudio, ya que en este caso el mal puede trasmitirse directa mente entre los seres humanos; el aliento y el esputo de la víctima están plagados de bacilos que son esparcidos cuando tose, estornuda o simplemente habla, contaminando el aire que lo rodea y contagiando a otras personas con la misma variedad neumónica de la plaga.7 La peligrosidad de la epidemia se incrementa gravemente hasta ser capaz, como sucedió en el Occidente durante el siglo XIV, de provocar tina terrible catástrofe. La velocidad con la que progresa la enfermedad impresionó a los europeos; un individuo podía pasar de la salud a la muerte en el curso de un día, aunque generalmente el proceso duraba de tres a cuatro días durante los cuales la víctima padecía fiebre y una sed ardiente. Boccacio describe, el cuadro en forma precisa e inolvidable en la introducción a El Decamerón. Durante las investigaciones para establecer los orígenes de la "Muerte negra" en 1347, los especialistas han conseguido establecer que las primeras manifestaciones conocidas de la peste se presentaron en la gran colonia genovesa de Caffa, situada en Crimea, en las márgenes del mar Negro. La plaza fue sitiada por el ejército del jefe mongol Dhaniberg en cuyas filas se produjeron las primeras víctimas y cuyos cadáveres fueron arrojados con catapultas sobre la ciudad para debilitar la resistencia de los genoveses. Éste caso temprano de guerra biológica fracasó: Caffa pudo resistir el sitió. Sin
5 Jean Delumeau, La sivilisation de la Renaissance, París, Arthaud, 1973, pp. 85-88. 6 Frederick F. Cartwrigh y Michael D. Biddiss, Discase and History, Nueva York. New American Library, 1974, p. 43. 7 Idem, p. 36.

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embargo, hubo otras consecuencias de gran importancia cuando zarparon hacia Occidente doce barcos que trasmitieron la peste a Mesina, en octubre de 1347; de allí pasó a Sicilia que, dados sus contactos con otros puntos del Mediterráneo, la esparció por los países limítrofes, incluyendo España donde se introdujo por los puertos de Almería, Barcelona y Valencia. Al principio de 1348, otros barcos venidos de Oriente introdujeron la peste directamente a Genova de donde fue esparcida a toda Europa. La epidemia se extendió por la Toscana a Pisa, Siena y Florencia, atravesó los Alpes esparciéndose por Alemania en 1349; otra avenida de contagio se abrió siguiendo la ruta de Marsella, donde llegó en 1348, y a partir de la cual se extendió por Francia hasta Burdeos en la costa atlántica y hasta París donde llegó a finales de ese año. A partir de ese foco, la epidemia, en 1349, atacó con terrible virulencia a Flandes e Inglaterra, para posteriormente alcanzar los países escandinavos. De esta manera, en el espacio de dos años, Europa entera fue recorrida y diezmada por la "Muerte negra". El número de muertos fue tal que produjo la impresión de una mortalidad sin precedente. El historiador Froissart afirmó en su obra que la tercera parte de la población pereció, y los estudios recientes confirman la magnitud del desastre: Gasquet calcula que entre 1348 y 1350 sucumbió la mitad del clero de Inglaterra, y Doren estima que entre el 40% y el 60% de la población urbana de Italia pereció, no así la de las áreas rurales en donde la mortalidad fue inferior. Todas las clases sociales fueron afectadas por la peste, aunque fue la clase baja urbana la que sufrió más a causa del atroz hacinamiento y las pésimas condiciones de higiene en que vivía. A ello no escapó la nobleza y entre sus muertos se cuentan la reina Leonor y la princesa María de Aragón, el rey Alfonso XI de Castilla, una hija del rey Eduardo III de Inglaterra. El alto clero, por su parte, perdió a dos arzobispos de Canterbury y al cardenal Giovanni Colonna, amigo y protector de Petrarca, mientras que de la gran burguesía murieron, entre otros, Giovanni Villani, socio de las compañías florentinas de Peruzzi y Buonacorsi, Sir John Pulfeney, socio de la compañía de pañeros de Londres y el banquero más importante de la City, etc.8 La mortalidad total es difícil de calcular, pero ha sido estimada entre un cuarto y un tercio de la población de Europa, aunque dichas pérdidas no fueron proporcionales, ya que hubo países que sufrieron más que otros y el promedio asignado difícilmente alcanza la realidad, como sucedió con Inglaterra, en donde la mortalidad alcanzó un 40% de su población.9 Por otra parte, debe tenerse en cuenta que la gran peste de 1348 fue la primera de una serie de nuevas epidemias que golpearon periódicamente a la sociedad occidental hasta el siglo siguiente.10 Otro elemento de la crisis fue el hambre. Durante los siglos del desarrollo de Occidente, el hambre generalizada había desaparecido y para el siglo XIII la escasez crítica de alimentos había quedado restringida a pequeñas regiones, mientras que los excedentes generados por el avance de la agricultura, combinados con el progreso de las comunicaciones, permitían cubrir las necesidades de las áreas deficitarias. En el siglo XIV, esta situación favorable dio paso á problemas
8 Ivés Renouard, Estudes d'histoire medievale, 2, vols, París, SEPVEN, 1968, I, 143-148. 9 Le Mené, op. cit., p. 46. 10 Romano, op. cit., p. 4.

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críticos de abastecimiento. La primera crisis se produjo en 1305 cuando el suministro de alimentos a París se convierte en un problema grave, ocasionando el envío de comisarios reales a las provincias para resolverlo. En 1309 se abrió una nueva crisis alimentaría que, empezando en Alemania, terminó por abarcar toda Europa Occidental. Pero la crisis más grave fue la que se produjo en los años de 1315 a 131 7, y cuya mecánica es conocida: en 1314 las cosechas de cereales fueron deficitarias en toda la Europa noroccidental y al año siguiente dicha región sufrió lluvias torrenciales, la semilla sembrada se pudrió en el suelo, mientras que las labores fueron dificultadas por el lodo que entorpecía los movimientos de hombres y animales dando como resultado una cosecha decepcionante; en 1316, la tierra mal trabajada dio rendimientos muy inferiores a los normales, y sólo en 1317 se obtuvieron cosechas satisfactorias, pero para entonces la población había padecido tres años de hambre que produjo numerosas muertes. Asi, de acuerdo con fuentes fidedignas, en 1316, la ciudad de Ypres perdió aproximadamente el 10% de sus habitantes, mientras que Brujas consiguió reducir su mortalidad a 5.5% gracias a abastecimientos de emergencia traídos del exterior."
En Irlanda, la miseria duró hasta 1318 y fue particularmente trágica; los hambrientos desenterraron los cadáveres en los cementerios. Los padres devoraban a sus hijos [...] En los países eslavos, como Polonia y Silesia, hambres y epidemias duraban todavía en 1319 y se dieron casos de canibalismo [...] los padres mataban a los hijos y los hijos a los padres. Los cadáveres de los ajusticiados eran robados de los patíbulos con avidez.12

Una de las características de las terribles hambres del siglo XIV es su extensión a escala europea, pero aun éstas mostraron variaciones regionales, así, la crisis alimentaría de 1314-17 fue particularmente catastrófica en Irlanda, Inglaterra, Escandinavia, y Alemania y la Francia septentrional, mientras que las regiones meridionales fueron menos afectadas; en contraste, el decenio 1365-1375 fue desastroso en el sur de Francia, España e Italia, mientras que en Inglaterra, y posiblemente en Alemania, las cosechas fueron satisfactorias. Sin embargo, como regla general, puede afirmarse que el siglo XIV vio sufrir a Occidente de malas cosechas que como promedio afectaron un año de cada tres, y que lo convirtieron en una época de Hambre secular.13 El tercer elemento de la gran crisis occidental fue la guerra. El siglo XIII fue un largo periodo de paz, el XIV lo fue de guerras, las cuales se prolongaron al siglo siguiente. Generaciones enteras nacieron, y vivieron y murieron sin conocer la paz. Muchos individuos no supieron de ella ni siquiera por los relatos de sus abuelos, ya que éstos también habían nacido en un mundo de guerra. El mayor de los Conflictos fue la guerra de los Cien Años, en la que se enfrentaron Inglaterra y Francia,'y alrededor de la cual se dieron otras, como las de Inglaterra y Escocia; la dé Castilla y Portugal, etcétera. La mortalidad causada directamente

11 Guy Fourquin, "Au seuil du XIV síecle", en Histoire déla Francerurale, op. cit., I, 593, 594. 12 H.S. Lucas. "The Great European Famine of 1315, 1316 and 1317” Speculum, vol. v, 1930, p. 376 en Gimpel, op. cit., p. 197. 13 Le Mene, op. cit., pp. 44, 45.

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por los combates era reducida ya que estaba en función del tamaño de los ejércitos, los cuales eran pequeños; sin embargo, la destrucción era terrible ya que era una estrategia válida atacar la base económica del enemigo destruyendo cultivos y construcciones y realizando un pillaje sistemático. En ocasiones los jefes ordenaban a sus tropas una política de moderación como medio de conseguir la lealtad de la población conquistada o por lo menos para debilitar su resistencia, factor muy importante en el caso de la pretendida conquista de Francia por los ingleses, dada la superioridad numérica de la población francesa, pero los soldados desobedecerían esas instrucciones, buscando ame todo el pillaje que justificaban alegando la resistencia de los nativos fuese ésta real o no.14 El desquiciamiento provocado agudizó la crisis al generar migraciones masivas que desorganizaron aún más los procesos productivos de numerosas regiones. Campesinos y señores huyen de las áreas rurales abandonando sus tierras que son de nuevo invadidas por los bosques, las malezas y los pantanos. Las crónicas relatan la desaparición de campos de cultivo y el deterioro de los caminos, las cercas y los bordos a lo largo de canales y ríos, víctimas del abandono. El derecho consuetudinario alemán establece que el campesino que no cultive su tierra la pierda: "lo que durante diez años no ha sido cultivado y se convierte en un matorral pase a ser campo de pastoreo de la comunidad". Pero con frecuencia, como se ha visto, el problema es que no existe comunidad para utilizar las tierras abandonadas. En todo Occidente desaparecían las aldeas y estas viliages desertes, lost villages o Wüstungen sólo son detectados hoy por fotografías aéreas o excavaciones arqueológicas que muestran sus vestigios.15 II La crisis se reflejó en el desorden de los precios. Durante los años de 1315 a 1317, cuando se sufrieron cosechas desastrosas, se elevaron vertiginosamente. En Inglaterra el precio del trigo se volvió prohibitivo, ya que se multiplicó por cuatro en 1315 y al año siguiente subió a ocho veces el nivel previo. El gobierno real intentó poner en operación un control de precios pero el esfuerzo no tuvo éxito. El proceso inflacionario terminó súbitamente en 1317 cuando una cosecha excelente puso fin a la escasez. El análisis de las fluctuaciones confírmala experiencia del mundo contemporáneo: los precios agrícolas en general, y en mayor medida los de los cereales, son muy inestables y tienden a tener oscilaciones mayores que los de otras mercancías. Esa inestabilidad se explica por la inelasticidad de la demanda aunada a la dificultad de equilibrarla con la oferta. En Inglaterra, después de la caída de los precios en 1317, éstos no se recuperaron sino que continuaron bajando durante más de un siglo, y en el periodo 1460-1479 alcanzaban apenas en 47% del nivel correspondiente a la primera década del siglo XIV. La experiencia francesa se caracteriza por la ausencia
14 Fletcher Pratt, The Battles that Changed History, Nueva York, Doubleday, 1955, p.p. 106, 107. 15 Jacques Heers, L'Occident aux XIV et XV siecles, París, Presses Universitaires de Fránce, 1970, pp. 104, 105

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de movimientos tan bruscos, pero también acusa una tendencia deflacionaria a largo plazo en la agricultura.16 La producción industrial también fue afectada seriamente durante la crisis. El sector más dinámico de la industria urbana era el textil y en su caída influyen varios elementos, entre los que destacan, según Le Goff, las dificultades de realización provocadas por la contracción de su mercado —el cual estaba constituido principalmente por el estrato más rico de la población, que absorbía lo esencial de las mercancías de lujo— y las diversas perturbaciones que sufre la sociedad medieval en el siglo XIV.17 Esta problemática, unida a la operación de nuevos centros productores, dio como resultado un descenso muy importante en los centros tradicionales de la industria textil: Florencia, que produce unas 100,000 piezas a principio del siglo XIV, vio descender su producción a 70 000 u 80 000 hacia 1336-1338, a 30 000 en 1373 y a sólo 19 000 en 1383, mientras que Flandes experimentó dificultades en su industria textil desde finales del siglo anterior, lo cual es importante, pues Toscana y Flandes eran los grandes polos tradicionales del desarrollo industrial de Occidente.18 A los desórdenes en el sistema de precios, provocados por la crisis de la producción, se agregó un elemento más de inestabilidad: las manipulaciones que los gobiernos efectuaban en el sistema monetario. El surgimiento de los Estados nacionales en la Baja Edad Media; que fue la contrapartida política del desarrollo económico, no se acompañó de un fortalecimiento paralelo de los sistemas fiscales, lo cual generó un perturbador rezago entre las necesidades financieras de los gobiernos, cuyos gastos aumentaban continuamente, y la recaudación de impuestos, la cual se basaba en el concepto feudal de que éstos sólo deberían pagarse, en casos excepcionales como medidas de emergencia.19 Para resolver, aun cuando sea temporalmente, sus problemas económicos, el naciente Estado recurrió a préstamos en gran escala otorgados por los mercaderes banqueros. Agobiados por el peso de un endeudamiento cada vez mayor, los gobiernos recurren a mecanismos devaluatorios para aliviar la carga. Los monarcas utilizaron su poder soberano para modificar las monedas, ya alterando el valor intrínseco de las piezas, disminuyendo la cantidad de metal precioso en su contenido o simplemente mediante el aumento de su poder liberatorio, sin modificar su ley. Según las necesidades del Estado y la situación de su tesorería, esto es, su carácter de acreedor o deudor, podía devaluar o revaluar la moneda generando inflación o deflación según sus requerimientos. El ejemplo más notorio lo dio Felipe el Hermoso de Francia, quien siendo deudor realizó una devaluación para resolver la pobreza de su tesoro.20 Otros elementos ofrecen testimonio de la profundidad de la crisis sufrida por Occidente. Son notorias las bancarrotas de los grandes bancos italianos, y en especial las de los florentinos, en el siglo XIV: la de los Frescobaldi en 1312, de Scali
16 Fourquin, "Au seuil du XIV siecle" op. cit., pp. 594, 597. 17 Le Goff, La Baja Edad Media, op. cit., p. 274. 18 Romano, op. cit., p. 26. 19 Barbara W. Tuchman, A Distant Mirror, The Calamitous 14th Century, Nueva York, Alfred A. Knopf. 1979, p. 42. 20 Le Goff. La Baja Edad Media, op. cit., pp. 272-274.

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en 1327, de Banacorsi, de Usoni y de Corsini en 1341 y aún más importantes fueron las de Acciaivoli y de Peruzzi en 1343 y de Bardi en 1346. El sistema bancario y financiero sufrió los efectos perturbadores de la crisis y sus consiguientes fallas se convirtieron, a su vez, en un elemento más de ella. Las ciudades cuyo desarrollo estuvo vinculado al auge del comercio y de la industria se estancaron y retrocedieron. Ciudades tan diversas como Barcelona, Perpiñán, Florencia, Siena, Venecia, Módena, Zurich y Albi, no habían conseguido hacia 1500 recuperar los niveles de población que tenían doscientos años atrás, al principiar el siglo XIV.21 III Como una consecuencia de la crisis los conflictos sociales se agudizaron. Las ciudades habían tenido un proceso de diferenciación social como resultado del crecimiento del capital mercantil. Para que la acumulación se realizase en gran escala, el capital debía operar con una serie de privilegios que lo colocaran en una posición monopólica que le permitiese concentrar el excedente económico en manos de los grandes comerciantes. Durante la lucha por la libertad délas ciudades contra el poder feudal, la burguesía mercantil consiguió d poder político que posteriormente usaría en su beneficio mediante monopolios, sistemas de precios preferenciales, etcétera, en detrimento de otros sectores de la población urbana. En Europa continental, dice Dobb, ya en fecha tan temprana como 1200, se daba ese proceso diferenciador. En los Países Bajos, las guildas de las ciudades más importantes, una vez afirmada su posición contra el poder de la Iglesia y de la nobleza, se convirtieron en corporaciones cerradas de los mercaderes más ricos que procuraban monopolizar el comercio mayoritario y excluían de sus filas, de manera explícita, a los comerciantes minoristas y a todos quienes tuvieron "uñas azules" —esto es, a los artesanos— de manera que el control político quedó en poder de los burgueses más ricos que comenzaron a ser denominados "el patriciado". En Florencia, donde las actividades bancarias llegaron a sobrepasar por su importancia a las comerciales, las Artes Mayores, integradas por banqueros y comerciantes exportadores, dominaban la ciudad desde mediados del siglo XIII. En Alemania oriental, en el siglo XIV, los regidores se reclutaban entre unas pocas familias de mercaderes, fabricantes de paños y terratenientes, mientras que los artesanos y gentes del común estaban excluidos del gobierno. En París la posición dominante la ocupaban los seis principales Corps de Métiers, cuyo dominio era similar al de los Arti Maggiorí de las ciudades italianas. Ya en el siglo XII los marchands de l’eau habían obtenido privilegios que parece fueron la base del posterior dominio de los mercaderes sobre el gobierno parisino. En Inglaterra esta transformación convirtió a los insignificantes mercaderes de los siglos XI, XII, y XIII en un sector políticamente poderoso en el siglo XIV. De particular importancia fue la Compañía de Mercaderes de la Staple que gozó desde el siglo XIII de privilegios reales y derechos que le dieron el monopolio casi total de la exportación de la lana inglesa, lo mismo que las Livery Campanies, asociaciones
21 Delumeau. op. cit., p. 84.

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de comerciantes que se constituyen a partir del reinado de Eduardo III, que dominaron el gobierno de Londres.22 El surgimiento del patriciado hizo que los conflictos sociales del siglo XIV no sólo fueran muy graves como consecuencia de la crisis sino que tuvieran un carácter cualitativamente distinto a los de la época anterior, al enfrentar a trabajadores y ciudadanos comunes con el nuevo sector dominante de mercaderes exportadores. Las ciudades flamencas, donde el crecimiento del capital mercantil y la industrialización había dinamizado el proceso de diferenciación social, fueron el escenario de una vasta rebeldía popular y antipatricia al comenzar el siglo XIV, la cual conocemos a través de crónicas contemporáneas como la de Giovanni Villani, quien fue testigo de la lucha y percibió la división de las sociedades urbanas en "grandes burgueses", por una parte, y los "artífices y popólo minuto" por la otra.23 La lucha se complicó cuando el obispo de Huy apoyó la causa popular, política que también siguió el conde de Flandes, quien buscaba el apoyo de las clases populares en contra el rey de Francia que estaba aliado con los patricios. La insurrección del pueblo estalló con gran violencia en Brujas, el 17 de mayo de 1302, y se extendió en pocos días en gran número de ciudades flamencas. El ejército del rey francés marchó en apoyo del patriciado dando lugar a una batalla campal en Courtrai, donde el ejército rebelde, integrado por campesinos, bataneros, tejedores y tintoreros, obtuvo una victoria total.24 Al triunfar la rebelión de las gentes de los oficios, se dio paso a un reordenamiento político que reflejaba la nueva correlación de fuerzas en las ciudades industriales de Flandes. Los conflictos urbanos, que enfrentaron a la burguesía la nobleza y los artesanos, continuaron durante el siglo XIV en diversas ciudades de Occidente. A ellos vinieron a añadirse las grandes rebeliones de campesinos exasperados por los continuos abusos de que eran objeto. En Francia, en el año de 1358, la condición campesina se tornó insufrible cuando a los males tradicionales se añadieron continuos despojos propiciados por el caos de la guerra contra Inglaterra, precisamente en el momento en que la nobleza feudal había perdido su prestigio como resultado de su derrota en Poitiers frente a los ingleses. La jacquerie o rebelión campesina estalló el 28 de mayo en la aldea de St. Leu, cerca de Senlis, cuando un grupo de campesinos tuvo una reunión para manifestar su descontento contra los nobles, a quienes culpaban de su miseria y de las derrotas francesas. La jornada terminó proclamando una guerra de exterminio contra la nobleza. Armados con cuchillos, instrumentos de labranza y antorchas, los sublevados atacaron los castillos. La rebelión se extendió rápidamente por el valle del Oise, la Isla de Francia, Picardía y Champaña, región donde más de cien castillos y residencias señoriales fueron destruidos. Aterrorizados ante la violencia del ataque, los nobles huyeron a las ciudades abandonando sus propiedades. Los campesinos insurrectos intentaron formar una alianza con los habitantes de las ciudades en contra el ejercito de la nobleza, y esta política tuvo éxito en muchos casos, como en Senlis y Béauvais, donde a los rebeldes se les abrieron las puertas, se les proporcionaron ali22 Dobb, op. Cit., pp. 115-131 23 Giovanni Villani, Cronica VIII, LV, citado en Romero, op. Cit., p 367 24 Romero, op. Cit., p 374, apud, Chronique Artesiene, ed. Funk Brentano, pp 40-63; anales gandences, ed. Funk brentano, pp 24-42

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mentos y muchos ciudadanos se incorporaron a sus filas.; Por, último, la nobleza pudo organizar el contrataque. Derrotados en Meaux por el superior armamento de la caballería señorial los rebeldes fueron perseguidos hasta el exterminio en una campaña que devastó a Francia más que el enemigo ingles 25 IV Muchos de los conflictos y luchas sociales que agitaron a Occidente durante la crisis tuvieron características religiosas. El debilitamiento del trascendentalismo y el tránsito hacia una conciencia histórica inmanente, operaba sólo en los estratos privilegiados de la sociedad, mientras que la mayoría déla población conservaba la perspectiva trascendental y teocéntrica del ser histórico del hombre. Así, en el siglo XIV, el espíritu de cruzada sólo seguía existiendo en el pueblo y se presentaba acompañado con un tipo de milenarismo que pretendía, aunque de un modo confuso, derribar a los poderosos y exaltar a los humildes. El reino de Jerusalén, establecido por los cruzados, ya no existía, el papado había abandonado el áurea mística de Roma por la seguridad de Avignon y el poder político iba quedando en manos de burócratas al servicio del Estado, mientras que en las masas empobrecidas se agitaban las antiguas ideas escatológicas. Durante el periodo de hambre de 1309 que asoló la Picardía, los Países Bajos y la parte inferior del Rhin, se formaron columnas de artesanos y trabajadores empobrecidos, a los que se unieron nobles arruinados que recorrieron la región atacando los castillos de la nobleza hasta que fueron derrotados por el duque de Brabante: Pero las derrotas eran transitorias ya que la crisis provocaba nuevos movimientos que surgían continuamente tomando a menudo modalidades religiosas. En 1315, cuando Occidente sufría los estragos del hambre, se formaron largas procesiones de peregrinos casi desnudos que marchaban implorando el perdón divino mientras que las esperanzas milenarias llegaban a su apogeo al circular una profecía anunciando el levantamiento general de los pobres, agobiados por la miseria, contra los ricos y la cual destruiría también a la Iglesia para que después de una sangrienta lucha se inaugurase una nueva época de unidad entre los hombres que adorarían una sola cruz.26 La concepción trascendental ha tenido dos funciones a través del tierno, la de aglutinante social y la de factor de liberación, que adquieren importancias relativas diferentes según las condiciones históricas. Durante la crisis de Occidente el carácter libertador de la religión aumenta. Al agudizarse las contradicciones sociales, las confrontaciones entre las clases que integraban la sociedad medieval incrementan su violencia, pero como el inmanentismo era patrimonio de una minoría, los movimientos revolucionarios, surgidos en el seno de las masas tenían que desarrollarse enmarcados en el trascendentalismo con la participación frecuente de religiosos.

25 Tuchman, op. cit., pp. 171-180. 26 Norman Cohn, En pos del milenio. Revolucionarios milenaristas y anarquistas místicos en la Edad Medía, trad. Ramón Allaix Busquéts, Barcelona, Barral Editores, 1972, pp 109-110

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Una rebelión popular de gran importancia se dio en 1381 por los campesinos ingleses. El motivo inmediato fue el descontento causado por un impuesto extraordinario decretado para financiar una aventura extranjera, aunque las causas reales derivaban de la creciente resistencia a los nexos feudales que limitaban sus derechos. En mayo de 1381 los habitantes de las aldeas de Essex cercanas Londres, rehusaron pagar el impuesto, extendiéndose la rebeldía a otros condados. Dos columnas de campesinos rebeldes marcharon sobre Londres, atacando en el camino las mansiones señoriales y las abadías que se negaban a conmutar el trabajo servil. La rebelión de los campesinos fui: estimulada por las perdidas religiosos que denunciaban los atropellos de la noble/.a, como las del franciscano John Bromyard, quien afirmaba que "las diversiones del rico eran el tormento del pobre",27 las de Wycliffe, el más prominente de los religiosos revolucionarios, quien denunció durante la rebelión a los señores —quienes luchaban por reducir a los campesinos a la servidumbre, los cargaban de tributos, los extorsionaban y los despojaban— condenándolos por utilizar la riqueza obtenida a cosía cíe la explotación de los campesinos para satisfacer su glotonería y derroches, mientras que las víctimas perecían de hambre y frío junto a sus hijos.28 Giro movimiento fue el de los flagelantes. Cohn los describe así:
Dirigidos comúnmente por sacerdotes, masas de hombres y mujeres jóvenes marchaban noche y día con estandartes y velas encendidas de ciudad en ciudad. Cada vez que llegaban a una de ellas, se formaban en grupo delante de la iglesia y se azotaban cruelmente durante horas. El impacto que esta penitencia pública causaba sobre la población en general era enorme. Los criminales confesaban, los ladrones restituían sus botines, los usureros el interés de sus préstamos, los enemigos se reconciliaban.29

El movimiento se originó en Italia en el siglo anterior, pero cobró el mayor impulso de su historia durante la "Muerte negra", cuando, surgido en Hungría en 1348, se extendió por Alemania hasta el Rhin, de donde irradió hacia Brabante, Hainaut y Flandes y posteriormente hacia Francia. Los flagelantes marchaban en bandas más o menos grandes, integradas por individuos en número de 50 a 500, que como riadas humanas cruzaban el territorio en todas las direcciones y recibían otros grupos menores que se incorporaban a ellos. A Estrasburgo, por ejemplo, llegó una nueva banda cada semana y a ellas se unieron ciudadanos locales. El movimiento se convirtió en una búsqueda militante del Milenio. En 1368, el pueblo interpretó los terremotos de Carintia Italia como "presagios mesiánicos" que deberían sobrevenir en los Últimos Días. La experiencia de la insoportable inseguridad, desorientación y ansiedad, dice Cohn, provocaron el efecto de despertar la excitación escatológica de las masas e impulsarla hasta un punto culminante. Las procesiones de flagelantes jugaron el papel de elementó; destructor y de terror y exaltación en los llamados "Últimos días".30
27 Tushman, op. Cit., pp 372-374 28 George Macaulay Travelian, England in the Age of Wycliffe, Londres, Longsman, Green and Co., 1943. p. 201 29 Cohn, op. cit., pp 109, 110 30 Idem. pp. 140-145

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La gran crisis que interrumpió el desarrollo de Occidente en el siglo XIV y sus características explican las modalidades del retorno de la conciencia histórica a una perspectiva inmanente. Precisamente cuando el desarrollo de las fuerzas productivas imponía un cambio ideológico, la crisis limitó las manifestaciones del pensamiento inmanente a una élite intelectual reducida y fundamental mente circunscrita a la Italia urbana. Los estudios realizados en los últimos años han llevado a los historiadores al convencimiento de que la crisis afectó a la totalidad de Occidente pero tuvo intensidades diferentes en los diversos países. Como conclusión de su monumental informe al Congreso Internacional de Estudios Históricos de 1955, los especialistas, M. Mollet, P. Johansen, M. Postan, A. Sapori y Ch. Verlinden insisten en la imposibilidad de reducir la historia de Europa en ese periodo a una unidad absoluta y propusieron una clasificación tripartita; primero, Italia, que había escapado a la crisis; segundo, Europa oriental; tercero, Europa occidental que se extiende hasta una superficie no definida en la Europa Central. Para R. Romano y A. Tenenti la afirmación de que Italia haya sido el único país occidental que escapó a la crisis general, les parece excesiva pero admiten que sin duda hubo "diferentes intensidades del fenómeno.31 Se puede, pues, concluir que la crisis de la economía y de la sociedad occidentales imposibilitaron un renacimiento general del inmanentismo y que éste sólo se dio en Italia, el país donde el proceso histórico mostró tendencias negativas menos pronunciadas. Con lo expuesto han quedado satisfechas las necesidades del presente estudio, al establecer la correlación entre el desarrollo de Occidente y su evolución ideológica. Sin embargo, parece conveniente intentar establecer una teoría de la crisis que explique su etiología, desarrollo y consecuencias. Este esfuerzo teórico permitirá comprender mejor la diferenciación que se establece entre la sociedad occidental y otras sociedades sobre las que aquella impondrá su hegemonía en el curso de los siglos siguientes.

31 Romano, op. Cit., p. 34

VII. CRISIS Y DESARROLLO
Una época de oro, por las inmensas liberadoras en ella contenidas. RUGGIERO ROMANO Y ALBERTO TENETI

EL ESTUDIO de los diversos aspectos de la crisis de Occidente en el siglo XTV muestra dos características importantes la primera relevante desde la perspectiva dé esté estudio consiste en qué forman' una simple yuxtaposición dé factores adversos que por una infortunada coincidencia Hayan afectado simultáneamente a’ la sociedad: occidental, sino que integran una totalidad Sus relaciones recíprocas. La segunda característica se refiere al hecho dé que como resultado de la crisis se opero una transformación extensa y profunda en la estructura económica d la 'sociedad occidental 'que incluyo mutaciones cuantitativas las relaciones sociales dé producción Común nuevo modelo dé desarrolló que substituirá al modelo feüdomércantil que caracterizo el crecimiento de los siglos anteriores examinemos en primer lugar el carácter estructural de la crisis. Una sociedad necesita utilizar la capacidad humana de trabajo de tal manera que produzca los bienes y servicios que requiere globalmente y, al mismo tiempo, proporcione a cada trabajador unaparticipación adecuada en el producto social destinada a satisfacer sus necesidades. Si hacemos abstracción del comercio exterior y suponemos, simplificando, un sistema económico cerrado, la situación ideal es .que diversos factores se equilibren dentro del nivel tecnológico existente. En primer término, la mano de obra disponible debe ser capaz, utilizando la tecnología dada, de obtener la producción total requerida socialmente; en segundo, el proceso productivo que genere esos bienes y servicios debe absorber toda la oferta de mano de obra. Este equilibrio debe lograrse dentro de las disponibilidades de recursos naturales y en el marco de una estructura social dada. Por otra parte, debe tenerse en cuenta que ninguno de estos factores es una constante sino que todos son variables y que, si bien son determinados en cierta medida por los restantes, en realidad tienen una autonomía relativa. Dadas estas condiciones, el equilibrio, si llega a darse, es una situación transitoria y un sistema económico tiende naturalmente a desequilibrarse. Los desequilibrios pueden darse en diversos sentidos. En una sociedad tecnológicamente primitiva o que habite un entorno geográfico excesiva

1 Romano, op. cit., p. 23.

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vamente pobre en recursos naturales, pueden utilizarse toda la energía humana disponible sin conseguirla producción mínima necesaria y padecer hambre. El caso inverso también se presenta. Una sociedad puede gracias a una tecnología muy productiva generar los bienes necesarios sin necesitar hacer uso de toda la oferta de manó de obra y marginar a una parte de sus integrantes que no tendrían acceso a los bienes necesarios pese a su abundancia. Las sociedades reales evolucionan dentro de un desequilibrio casi perpetuo que se considera "normalidad" si se mantiene dentro de ciertos límites definidos históricamente y "crisis" si se sale de ellos. Si consideramos ahora un sistema abierto, esto es dotado de relaciones comerciales con otros sistemas la situación se complica ya que ciertos sectores de la producción pueden ser deficitarios a condición de que otros obtengan excedentes susceptibles de ser intercambiados por productos importados. Pero en el sistema abierto se mantienen las consideraciones generales hechas para el cerrado. II Durante el desarrollo la sociedad mercantil muchas comunidades perdieron su carácter autárquico. Para depender del comercio para su supervivencia convirtiéndose en sistema abierto. Durante el proceso le economía en su conjunto se mantuvo dentro de un desequilibrio “normal” pero con el tiempo comenzaron a aparecer y a incrementarse ciertos factores de riesgo. El profesor Mikimin escribe que el comercio y la industria de las comunidades urbanas les permitieron crecer hasta rebasar ampliamente las posibilidades de producción alimentaria de sus territorios, especialmente en el caso de la s ciudades de Italia que importaba dos tercios de su consumo de cereales con lo que el sistema económico se hizo muy vulnerable a cualquier perturbación.2 El elemento axial del desarrollo de occidente era, según se ha examinado, la agricultura que a través de la apertura de nuevos campos y la difusión de una tecnología mas avanzada generó la producción necesaria para posibilitar el crecimiento general de la economía. Pero para el siglo XIII se presento un desequilibrio creciente en relación a ese sector clave que condujo paulatinamente a la estructura económica a operar en condiciones limite, George Duby, considera que se produjo una sobrepoblación cuando el proceso agrícola, después de 1250 cuando cesaron las roturaciones.3 El continuo crecimiento de la población generaba uña demanda siempre creciente tanto de alimentos como de empleo que sólo podía ser satisfecha poniendo bajo cultivo tierras marginales que habían sido desdeñadas cuando la deman-

2 Harry A. Miskirnin, TheEconomy of Early Rcnaissance Euope, 1300-146O Cambridge, Cambridge, Univcrsity Press, 1975, p. 23. 3 Duby, Economia rural…, op, cit..., p 167,168.

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da era menor. Estas tierras necesitaban una labor intensiva combinada con una fertilización continua para obtener incluso los rendimientos mediocres de la agricultura medieval. Los campos de calidad marginal que son desbrozados y cultivados podían proporcionar cosechas razonables por algunos años, pero después su producción mostraba inevitablemente una tendencia descendente. Esta tendencia no podía detenerse con el uso de fertilizantes, ya que su principal productor era la ganadería que a su vez era función de la superficie de pastoreo que disminuía continuamente a medida que se dedicaban más tierras al cultivo. La técnica de la rotación trienal, elemento clave del crecimiento agrícola, también disminuyó las tierras en barbecho disponibles para el ganado de la mitad a un tercio. De ésta manera, la necesidad de fertilizantes se incrementaba por la misma expansión de la agricultura, que reducía su abastecimiento al competir con la ganadería. Las investigaciones indican que al iniciarse el siglo XIV Europa presionaba sobre los límites últimos de la tecnología disponible para la producción de alimentos. Un proceso inflacionario persistente que eleva los precios de los cereales en el siglo XIII es en la medida en que los documentos nos permiten conocer el fenómeno, una comprobación de la creciente tensión de la demanda en el sector alimentario. Por el contrario, en esa misma época, los salarios se estancan o sufren un descenso, reflejando el desequilibrio entre la oferta y la demanda del empleo. Estas pruebas llevan a Duby a concluir que en la segunda mitad del siglo XIII la sobrepoblación rural es algo evidente. Todo esto puede sintetizarse diciendo que al inicio del siglo XIV el modelo de desarrollo de Occidente se había agotado. Esto no sólo hacía imposible todo crecimiento ulterior sino que colocaba a la sociedad en una situación límite. En estas peligrosas circunstancias se produjeron perturbaciones climáticas que tuvieron resultados devastadores. La temperatura descendió desde el principio del siglo, iniciándolo que hoy se conoce como la "pequeña edad glacial", que causan avance en los glaciares polares y alpinos. El Báltico se congeló en 1303 y de 1306 a 1307, Las comunicaciones con Groenlandia se interrumpieron paulatinamente, y las colonias establecidas por los vikingos se fueron extinguiendo a medida que disminuían drásticamente las cosechas de cereales en Islándia y Escandinavia. Por todas partes los hombres veían atemorizados el resultado del frío: una capacidad productiva inferior de la agricultura.6 El régimen pluvial también sufrió alteraciones: la terrible hambruna e 1315 a 1317 fue el resultado de lluvias torrenciales que causaron cosechas desastrosas en toda Europa. El crecimiento demográfico de los siglos anteriores y el deterioro del clima hicieron del siglo XIV una época de hambre. En una primera aproximación al estudio sistemático de la crisis alimentaria, Helen Robbins ha establecido un panorama siniestro: Francia padeció hambre generalizada en 1304, 1305, 1 de 1330 a 1134; 1344, de 1349 a 1351, de 1358 a 136Ú, 1371, de 1374 a 1375.
4 Cfr., R.H. Britnell,-"Agricultural Technology and the Margin of Cultivation in the Ccntury", The Economic History Review, vol. XXX. No. 1, Febrero 1977, pp. 53, 54; op. cit., pp. 24, .25. 5 Duby, Economía Rural..., op. cit., p. 168. 6 Tuchman, op. cit., p. 24.

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y, finalmente, en 1390, mientras que Inglaterra la sufrió de 1315 a. 1316, 1321, 1351 y 1369; a éstas deben agregarse las crisis en otros países y las penurias regionales en todos ellos. Una consecuencia de esta escasez recurrente de alimentos a niveles críticos fue hacer de Occidente una sociedad desnutrida que resultó víctima de las enfermedades. De acuerdo con los doctores Cartwright y Biddiss, la terrible mortalidad provocada por la "Muerte negra" está relacionada con la desnutrición generalizada en la sociedad occidental, la cual se agudizó en los años que antecedieron al de 1348, cuando la epidemia atacó Europa,8 también Jac-ques Heers está de acuerdo en que fue la subalimentación la que preparó al terreno para la rápida propagación de la epidemia.9 El examen de casos concretos confirma estas afirmaciones generales. Así, la ciudad de Florencia, ubicada en la vanguardia del crecimiento económico, ocultaba bajo su fachada de prosperidad una masa de indigentes que sufrió terriblemente en los años de 1344, 1346 y 1347, cuando la carestía alcanzó niveles muy severos, haciendo que en el último de estos años críticos la comuna se viera precisada a socorrer entre las tres y las cuatro quintas partes de la población de la ciudad. En la vecina ciudad de Siena, la carestía de 1347 fue tan terrible que se vio a las masas lanzarse a las calles con las armas en la mano y gritando: "¡Viva el pueblo! ¡Muerte a los perros que nos hambrean!"10 No hay duda de que cuando la epidemia llegó en 1348 encontró una población que debilitada por el hambre no podía resistirla. La vinculación entre los conflictos bélicos y la crisis general del siglo XIV también ha sido establecida. Le Goff dice que los señores feudales victimados por la crisis recurrieron.
a la solución fácil de las clases dominantes amenazadas: la guerra. El ejemplo más notable es la Guerra de los Cien Años, confusamente buscada por las noblezas inglesa y francesa como una solución a sus dificultades. Pero, como siempre, la guerra acelera el proceso y hace nacer la economía y la sociedad nuevas encima de los muertos y de las ruinas:"

Las relaciones feudales de producción habían sido sometidas a una gran tensión por el auge del comercio y el consiguiente incremento déla circulación monetaria que condujo a la decadencia de la economía domicial.12 Sweezy hace ver cómo el auge mercantil engendra un sistema basado en el valor de cambio, al lado del antiguo sistema feudal centrado en el valor de uso, el cual generó un hambre insaciable de trabajo excedente que presionó, desorganizándolas, ¡as relaciones feudales de producción.13 Sin embargo, parece correcta la opinión de Dobb de que
7 Miskimin, op. cit., p. 26, apud, Helen Robbins, "A Comparison of the Efíects ofthe Black Death on the Economic Organization of France and Engiand", Journal of poliitical Economy, XXXIV, 1928, pp. 44779. 8 Cartwright, op. cit. pp. 41, 42. 9 Heers. op. cit., pp. 100, 101. 10 Michel Mollet y Philip Wolf, Uñas azules. Jacques y Ciompi, Las revoluciones populares en Europa en los siglos XIV y XV, trad. Santiago Funes, Madrid. Siglo XXI, 1976, pp. 92, 93. 11 Le Goff, La civilisaiion de l'Occident...,op. cit., p. 144. 12 Pirenne, Historia económica..., op. cit., p. 82. 13 Paul M. Sweezy, "Comentario crítico", en Paul M. Sweezy y otros, La transición del feudalismo

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La decadencia del feudalismo sé produjo porque a la acción disgregadora de la monetaria se le agregó una sobreexplotación del trabajo servil por la Señorial provocada por el incremento de las necesidades debidas a la guerra necesidad de mayores rentas sometió al sistema productivo cuya capa de generar excedente era limitada a presiones desintegradoras. La clase quedó de esta manera encerrada en un círculo vicioso que implicaba de esa de retroalimentación destructivo: el desequilibrio y crisis del sistema buscar una salida en la actividad bélica, pero ésta, lejos de ofrecer solución, acentuó la ruina de la economía campesina y aceleró el proceso cadencia del sistema feudal. Recientemente, algunos investigadores han demostrado interés por ampliar "conocimientos sobre el periodo de crisis que precedió a la "Muerte y el resultado de sus estudios confirma esta panorama. Los historiadores britanicos A.R. Bridsbury, Z. MilleryJ. R. Maddicott afirman que la economía estaba en crisis desde mucho antes de la epidemia de 1348, y que dicha se debió a diversos factores, entre los que destacan la guerra con Francia, hilas cosechas, la explotación señorial y las excesivas y crecientes cargas del real, los cuales tuvieron una incidencia negativa que, al acumularse, lleva a los campesinos ingleses a una situación muy precaria Maddicott- añadeque en la realidad él proceso no se inicia con la catástrofe agrícola de 1315 á'1317, qué sus orígenes se remontan veinte años atrás y sé encuentran en las guerras con Francia y Escocia.16 Parece indudable que la crisis del modelo de desarrollo de Occidente tiene su en el agotamiento de tierras adecuadas para la agricultura, dentro de los impuestos por la tecnología contemporánea, y la consiguiente dificultad proporcionar los alimentos y la demanda dé mano de obra exigidos por el demográfico. El desequilibrio fue acentuado por cambios "climáticos mi versos que afectaron el rendimiento de la agricultura. El resultado fue una de hambre y de miseria que, a su vez, agudizaron los conflictos sociales. La respuesta de la clase feudal fue la actividad bélica que, lejos de solucionar los problemas, los amplió al provocar graves daños a la estructura Como consecuencia directa de las hostilidades, y .en todas las ocasiones mediante el aumento de las tributaciones para sufragar los gastos. .La desnutrición disminuyó la resistencia de la población a las enfermedades preparando el terreno para la "Muerte negra", que en dos años mató una proporción muy importante de los habitantes de Occidente en la peor catástrofe de su historia

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La crisis pudo haber provocado. Un proceso de decadencia al sufrido por otras civilizaciones que terminará en su colapso o por lo menos en un estancamiento a un nivel muy bajo de desarrollo. Esto es, podía haberse reeditado con características propias, el derrumbe ocurrido clásico, cuando la sociedad esclavista entró primero en crisis y después en desintegración. Sin embargo, la profundidad misma de la crisis alteró las relaciones entre las clases sociales, las ramas productivas y los países, lo que va a producir las posibilidades de iniciar un nuevo ciclo expansivo. La catástrofe demográfica modificó las condiciones de oferta y demanda de alimentos y de mano de obra, conduciendo a un reajuste importante de los precios relativos: los cereales se movieron a la baja y los salarios lo hicieron a la alza. Durante los ciento cincuenta que siguieron a la "Muerte negra;" los precios medios de los cereales experimentaron una tendencia descendente a medida que disminuía la presión, sóbrenla oferta por el contrario el descenso de los precios de los alimentos de alta: calidad como el vino y la carne fue mucho menor. Estas tendencias se explican si considerarnos, queden el siglo XIV los cereales proporcionaban por lo menos dos tercios de las calorías consumidas por los habitantes de Occidente. Esto hacía que su demanda fuera, muy popo. a. la dimensiones de la población, por lo que disminuyó al contraerse ésta. Por el contrario, los alimentos de alta calidad, como la carne y-el vino, fueron muy solicitados a medida que la mortalidad provocaba una mutación en los hábitos de consumo ante la amenaza de una muerte siempre próxima: la vida era corta y era mejor gozarla El alza de los salarios provocó las quejas de quienes tenía que pagarlos y una reacción de las autoridades. EN Inglaterra, donde el proceso fue muy pronunciado, la escasez de trabajadores después de la “Muerte negra” hizo que mas de un tercio de la tierra cultivada dejara de serlo.21 Los trabajadores conscientes de la novedosa situación favorable en que se encontraban exigieron salarios mas elevados al mismo tiempo que perdían la docilidad a la que los había conducido la oferta excesiva de fuerza de trabajo. Un cronista, reflejando las quejas de los trabajadores, afirmaba que los obreros y trabajadores calificados SAE habían vuelto tan rebeldes que no había forma de disciplinarlo.22 Por otra parte los trabajadores agrícolas, se decía, ya no se conformaban con los alimentos tradicionales sino que exigían carne fresca y pescado bien cocinados,23 Para frenar el alza salarial, el gobierno ingles expidió el Estatuto de los trabajadores, estableciendo

17 Romano. Op. Cit., 22,23 18 Gimpel, op.cit., p 204 20 Mollat, op.cit., pp.97,98

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que todas las personas de uno y otro sexo, menores de 60 años, deberían laborar o verse sujetos a pena de presión, aceptando cualquier trabajo que se les ofreciera y recibiendo el salario vigente antes de la "Muerte negra", siendo ilegal para cualquier patrón pagar salarios superiores al tope establecido bajo pena de multas.24 El intento de limitar los salarios por medios legales a niveles inferiores a los que determinaba la escasa oferta de fuerza de trabajo, fracasó y, además, tuvo consecuencias sociales muy graves ya que hizo que muchos trabajadores y patrones violaran continuamente la ley. La demanda de trabajadores era tan grande que muchos abades, priores y terratenientes laicos, grandes y pequeños, fueron multados por pagar salarios que rebasaban el tope legal, mientras que numerosos jornaleros emigraban continuamente de una localidad a otra buscando escapar a las penas que les correspondían. Para 1361 la situación era tan grave que el Parlamento aprobó una ley condenando, a los que abandonaran sus domicilios para buscar mejores salarios, a ser marcados con hierro candente con una letra F en el rostro. Esta situación de ilegalidad generalizada en que vivían tantos ingleses preparó el terreno para la gran rebelión de 1381.55 En Francia también se produjo el doble movimiento de precios y salarios. Hugues Neveux afirma que, al disminuir la demanda, los precios siguen esa misma tendencia, en especial los de los cereales en la medida en que la sobrepoblación se transforma en subpoblación, mientras que los campesinos sobrevivientes exigen salarios más elevados.26 IV Las perturbaciones de la crisis produjeron una transformación de las relaciones sociales en la estructura productiva de Occidente, transformaciones que habrían de ser de gran importancia para su futuro desarrollo. Romano y Tenenti opinan que la crisis agrícola del siglo XIV tiene un carácter "bivalente". Por un lado es innegable su aspecto material que implica una caída en la producción, pero aunado a ese proceso se advierte ya el inicio del derrumbe del feudalismo al desintegrarse las relaciones serviles, obligando a los señores, mediante la compra de fuerza de trabajo, a utilizar mano de obra que ya no está sometida a servidumbre.2' Las-relaciones serviles se tornaron cada vez más intolerables. En Francia, la rebelión de los campesinos tuvo como causa principal su desprecio hacia la nobleza feudal, a la que consideraban parasitaria y, en Inglaterra, cuando en 1381 la fuerza.de los rebeldes obliga al rey a parlamentar con ellos, su principal exigencia es la abolicion del trabajo servil.28 Por otra parte, los señores que optaban por utilizar trabajo asalariado, se encontraban conque el costo creciente del mismo coincidía con la debilidad de los precios de sus productos, poniendo en peligro la economía de los feudos. De esta forma se planteaba una doble crisis
24 Vickers, op, cit p- 251. . 25 Cfr. Trevdyan, op. cit pp. 187-189; Vickers, op. cít., p. 252; Romano, op. clt. p. 21. 26 Neveux, op. cit.,p 47. 27 Romano, op. cíí., p. 20. 28 Tuchman, op.cit, p- 375.

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para el sistema feudal, pues al mismo tiempo que se cuestionaban sus fundamentos sociales se derrumbaban sus bases económicas. Estas condiciones, obligaron a los señores ingleses a abandonar la explotación directa de sus dominios, explotación que practicaron hasta principios del siglo XIV y, ya en el segundo cuarto del mismo, comenzaron a rentar a corto plazo parte de sus tierras. Después de la "Muerte negra" se inició la renta a largo plazo de heredades completas, hasta que el proceso alcanzó su culminación en el siglo XV con los señores transformados en rentistas. En Francia también los señores se arruinan con la baja de la producción y dejos precios y el alza de los costos y, al igual que en Inglaterra, en el curso del siglo XIV se pasa de la administración directa de las tierras a los arrendamientos. En los diferentes países de Occidente, el proceso tuvo modalidades diversas de acuerdo con las condiciones históricas, pero condujo en general a la ruina de la servidumbre feudal como sistema de producción. Pero si la crisis arruina la economía señorial, a cambio de ello la suerte de muchos campesinos mejora. Georges Duby estima que hacia 1380, después de las grandes perturbaciones, se establece paulatinamente una nueva estructura rural en la que la mayor parte de los campesinos vivía en una situación más desahogada que sus antepasados. Se abandonó el cultivo de tierras marginales que habían sido desmontadas bajo la presión del sobre poblamiento, y el campesinado, reducido a un número menor,-se concentró en las tierras más productivas. Familias que desde hacía generaciones vivían en la miseria, pudieron tomar en arriándolas mejores tierras porque en todas partes se las ofrecían.31 Al mismo tiempo, las familias campesinas establecidas en las nuevas tierras se esforzaron por limitar el número de sus hijos a fin de preservar su prosperidad. Las fuentes de informa ción de los siglos XIV y XV han permitido realizar investigaciones razonablemente completas que permiten apreciar la nueva tendencia contra la natalidad excesiva. Así, en la zona de Friburgo, en Suiza, el promedio de hijos en la familia que había permanecido en el campo era de 2.5, cifra sensiblemente inferior a la correspondiente a los desarraigados que habían emigrado a la ciudad y que era de 2.9.32 Romano y Tenenti asientan que si bien muchos campesinos mejoraron su situación y algunos incluso se enriquecieron, paralelamente aparece un proletariado agrícola integrado por siervos que, liberados de la sujeción feudal,-no llegaron a mejorar su nivel económico, aunque en el plano de las libertades civiles hayan alcanzado importantes metas. Para estos autores, el resultado principal de la crisis de la sociedad occidental no radicó en una elevación del nivel de vida del campesinado en general, ya que sólo una minoría obtuvo ese ascenso, sino en las inmensas posibilidades liberadoras que abrió para la sociedad rural.33 La
29 R.A. Lomas, "The Pnory of Durham and its Demesnes ¡n the Fourteenth and Fifteenth Centuries", The Economicffütory Review, v'ol.' XXXI No. 3,'agosto 1978, p. 339. 0 30 Neveux, op. c/t., pp. 77, 80. 31 Duby, Economía Rural..., pp. 399, 401. 32 F. Boumberger, "Bevolkerung und Vcrmogenstatistik in der Stadt und Landschaft un die Mit-te des 15 Jahrhunderts", en Zeitschrífl turschn-cizcriscbcStacistick, 1905, citado en Duby, Economía Rural..., op. c/f., p. 401. 33 Romano, op. c/f., p. 23.

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decadencia de las relaciones serviles de producción en la agricultura medieval, dio paso a un esquema en el que los campesinos enriquecidos yel proletariado agrícola constituyeron los elementos axiales de una nueva sociedad rural. La estructura productiva industrial también tuvo una evolución importante durante el siglo XIV ya hemos examinado el hecho de que los procesos productivos urbanos, en los tres siglos procedentes tuvieron un carácter pre capitalista. El capital mercantil se mantenía como un elemento exógeno a la producción que se desarrollaba dentro del marco de relaciones sociales dónde la diferenciación entre maestros, oficiales y aprendices era mínima. Sin embargo, ya durante esa etapa el capital mercantil realizó las primeras penetraciones en la esfera de la producción, dando nacimiento al capital industrial. Desacuerdo con Dobb, los primeros, desarrollos de la producción capitalista se dieron en los Países Bajos y en algunas ciudades italianas y agrega que en Flandes, el mercader, fabricante capitalista había empezado a aparecer en el siglo XIIl .Este primer capitalismo No Concentraba sus trabajadores en recintos especiales, sino, que ellos continuaban laborando en sus talleres y hogares utilizando las mismas herramientas tradicionales, mientras, que el empresario mercader se limitaba a suministrarles las materias primas y, a pagarles su trabajo. La historia ha recogido testimonios de la actividad de estos empresarios jehan Bomebroke.

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que terminó en la sublevación general en Flandes. La guerra que se singularizó por su ferocidad terminó con la derrota de los patricios, lo que condujo á un retroceso en él desarrollo de las relaciones Capitalistas dé producción y a un predominio dé los artesanos que conquistaron él poder político é impusieron medidas protectoras para los gremios La naciente industria capitalista sin embargo, no fue destruida por completo ya que pudo sobrevivir en las aldeas fuera del control gremial.38 En Toscarna también se habían desarrollado las relaciones capitalistas en la industria textil, en forma similar a la flamenca, con mercaderes fabricantes que controlaron el trabajó de los artesanos.39 Las grandes perturbaciones del siglo XIV incluyeron cambios en la importancia relativa de la producción industria] de diversos países de Occidente. La industria tradicional de los tejidos de lujo fue duramente afectada por la crisis y los centros donde florecía declinaron pero Como contrapartida se desarrollaron otros dedicados a la manufactura dé telas menos finas destinadas á una clientela menos exigente. La nueva industria dedicada a la elaboración de productos baratos se desarrolló en Inglaterra Normandía Languédoc.'Cataluña, Alemania del Sur e Italia Fue ésta competencia la que la contracción general dé la demanda provocó la gravé depresión de las industrias tradicionales en los Países Bajos. En Yprés la producción textil alcalizaba las 90 '000 piezas anuales en la segunda década del siglo XIV, pero para el 1360 de las beneficiarías de las transformaciones económicas. Las condiciones para el desarrollo industrial inglés surgieron durante 'él largo periodo del auge dé la contracción económica. La industria inglesa, en cambio, fue una de las beneficiarias de las transformaciones económicas. Las condiciones para el desarrollo industrial surgieron durante el largo periodo de auge de los siglos XI, XII y XIII periodo en que floreció la economía flamenca al otro lado del canal de la mancha y cuya industria era abastecida con la lana importada de Inglaterra, en cantidades tan grandes que dan idea de una larga etapa de crecimiento de la ganadería ovina en la isla. Otros centros textiles, entre los que destaca Florencia, también dependían de los abastecimientos de la lana inglesa para elaborar las mejores telas destinadas a exportarse. al atenerse el crecimiento, la oferta perdió elasticidad, señala postan, mientras

37 Postan, The Medieval Economy and Society, op. cit.T p, 216. . 38 Dobb, Estudios sobre el desarrollo..., p. 190. 39 Delumeau, op. cit., p. 268. . 40 Le Goff, La civilisation de J'Ocddent.,., op. cit., p. 142. -'Southern 207Í2ÍO. 41 Hermán Van der Wee;, "Structural Ghangc áh'd Spcciaüzatíon in ihé Industry of the Nc(hcrlands, 1100-1600", Economic Hislory Rcñcw, vol. XXVIÍ1, Ñ¿. 2-Crnayo 1975,¡:pp'.' 42 Miskimin, op. cit., p. 95. 43 Romano, op. cit., p. 26.

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que la demanda se mantenía a niveles elevados y sin posibilidad de encontrar fuentes alternas de aprovisionamiento. El desequilibrio fue; aprovechado por los exportadores que monopolizaban el comercio de lana inglesa para aumentar sus utilidades, elevando fuertemente los precios de exportación, aun cuando se mantenían bajos los pagados a los productores. Las grandes ganancias obtenidas llevaron a los reyes ingleses a captar parte de ellas mediante impuestos, con lo que la Corona adquirió un interés directo en el mantenimiento de una gran diferencia entre los precios internos y externos.44 Esa gran diferencia entre el precio que el fabricante extranjero pagaba por la materia prima y el que ésta tenía en Inglaterra proporcionaba un fuerte incentivo para el desarrollo de la industria inglesa. A esto se agregaron factores extra económicos, como la política de los reyes ingleses de utilizar, con fines estratégicos, la dependencia de la industria flamenca de la lana insular, con lo que se acentuó la decadencia industrial de Flandes. Al estallar la Guerra de los Cien Años, Eduardo III formó una alianza con Castilla, el otro productor importante de lana que controlaba su producción a través de la Mesta, y declaró un embargo combinado de las exportaciones laneras a Flandes, al mismo tiempo que alentaba a los fabricantes extranjeros de tejidos a establecerse en Inglaterra.45 Los flamencos intentaron defenderse mediante políticas proteccionistas que prohibieron la importación de telas inglesas entre 1340 y 1489, pero la competencia era demasiado desigual y la industria inglesa, que tenía la ventaja adicional de operar con mano de obra más barata por desarrollarse en áreas rurales, con trabajadores que tenían otros ingresos provenientes de la agricultura, ganó la batalla económica y, desde mediados del siglo XTV, la exportación de lana de Inglaterra disminuyó a medida que se destinaba al consumo interno.46 El desarrollo inglés es la contrapartida de la crisis y decadencia de Flandes. Inglaterra, dice Miskimin, mediante el ejercicio de su poderío nacional y su control sobre las materias primas, triunfó en su intento efe destruir la industria flamenca y trasladar parte de ella a su territorio.47 La gran crisis, provocada en la economía por el agotamiento del modelo feu-do mercantil, no condujo a una decadencia general de Occidente, como ocurrió con la sociedad esclavista que la precedió, sino a una serie de vastas transformaciones que, si bien implicaron un costo social muy elevado, condujeron a la formación de una estructura productiva renovada en donde las relaciones feudales tendrían una importancia decreciente mientras que las fuerzas dinamizadoras de un nuevo y mayor desarrollo estarían ubicadas en clases sociales, ciudades y países distintos de los 'tradicionales.

44 Postan, The Medieval Economy and Socicty. op. cit., pp. 213-215. 45 MUkimin, op. di., pp- 92, 93. 46 .Van dcr Wec, op. cit., pp. 207, 210, 211. 47 Miskimin, op..dt., pp- 95, 96.

VIII LA ECONOMÍA MUNDIAL
La biografía moderna del capital comienza en el siglo XVI, con el comercio y el mercado mundiales. CARLOS MARX'

EL FIN de la crisis y la nueva etapa de desarrollo de la sociedad occidental se reflejaron en el crecimiento demográfico. El correspondiente a Francia es muy significativo por tratarse del país más populoso de los que la integran. Emmanuel Le Roy Ládurie considera que el punto mínimo de la evolución demográfica francesa debió alcanzarse hacia 1440, cuando la población, que había sido de 17 millones en 1330 descendió a 10 millones o incluso a una cifra inferior.? Poco después se inicia un crecimiento de la población, plenamente comprobado por los investigadores, que duraría de 1450 a 1560 y que permitió recuperar las pérdidas originadas por la crisis. El crecimiento fue tan vigoroso que las áreas rurales de la región parisina alcanzaron hacia la mitad del siglo XVI una población superior a la que tendrían en el siglo siguiente. En las regiones meridionales las tendencias son parecidas a las que se registraron en las septentrionales: en Provenza los altos niveles demográficos de 1320, que habían descendido en 1471 a la mitad, son alcanzados nuevamente hacia 1540. Estas tendencias llevan a los investigadores 4 concluir que la Francia de 1560 había recuperado por lo menos la población de 17 millones que tenía antes de la catástrofe de la Baja Edad Media y que, probablemente, alcanzó la cifra de 20 millones de habitantes.5 Uno de los aspectos más interesantes de los cálculos de Le Roi Ládurie es que lo llevan a afirmar que los niveles alcanzados por la población francesa a mediados del siglo XVI permanecieron estables hasta 1720, esto es, por más de un siglo y medio.4 Esto comprueba la tesis presentada en el capítulo anterior, en el sentido de que este nivel demográfico representaba el límite posible dentro del marco de la tecnología y de la organización social del fin del Medievo y.de los primeros siglos modernos, el cual sólo sería rebasado en el siglo XVín, cuando se presentó un ensanchamiento de esos límites por la modificación de los elementos que lo determinaban al desarrollarse la industria, el comercio ultramarino, etcétera.

1 Carlos Marx, El Capital 1, (rad. Wenceslao Roces, México, Fondo de Cultura Económica, 1972,p. 103. 2 Emmanuel Le Roy Ladurie, "Les masses profondcs: la paysanncrie" en Histoire cconomique et sociale de la France, Fcrnand Braude! .y Emest Labrouse (directores), París, Prcsses Univcrsitaires te Francc. 1977, I, 494 3 ídem, I. 555-561. 4 ídem, I. 561.

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Otros países occidentales también experimentaron crecimientos demográficos importantes. Fernand Braudel, en su estudio clásico sobre el mundo mediterráneo en el siglo XVI, señala que a partir de 1450, o lo más tarde de 1500, comienza a crecer el número desabitantes de Francia, España e Italia, además de otros países de los Balcáhesy dé Asia Menor, por lo que, en términos generales, la población mediterránea pudo muy bien duplicarse en el periodo comprendido entre el año de 1500 y el de 1600, y agrega que los crecimientos más dinámicos se dieron entre 1450 y 1500, para tornarse más lentos en los años siguientes. En Castilla se produjo un poderoso avance, demográfico en el siglo XVI, con un ritmo ascendente y regular que hizo que la población se duplicara entre los años de 1530 y 1591, de acuerdo con los cálculos de Tomás González, que si bien contienen errores, éstos no invalidan los resultados de conjunto.1' En Italia la población también tuvo un crecimiento que ha sido documentado por Karl Julius Beloch y de acuerdo con el cual, Sicilia, que en 1501 tenía un poco más de 600 000 habitantes; en 1583 rebasó el millón. El Reino de Napóles contaba en 1505 con 254823 hogares equivalentes a poco más de un millón de habitantes y para 1595 dicha cifra ascendió a 540 090 hogares, con lo cual su población se vio duplicada a finales del siglo. Por su parte," él Estado Pontificio pasó de 1 700 000 habitantes en 1550 a 2 000 000 en 1600; mientras que Florencia, sumando la población de la ciudad con la de su territorio contaba en 1551 'con 565 918 habitantes Sifra qué se elevo en 1622 a 648 798.7 En el norte las tendencias demográficas también implicaron un incremento después dé la crisis Inglaterra al terminar las perturbaciones de la guerra de los Cien Años y la de las DosRosás comenzó a recuperarse, aunque su población permaneció escasa comparada con las de Francia, España o Italia. En Europa occidental las ciudades crecen. Al principiar el siglo XVI sólo cuatro de ellas sobrepasaban ‘los 100-000 habitantes: París, que posiblemente tenía 200 000, Nápoles con150 000 Venecia con aproximadamente 105 000 y Milán con 100 000. En cambio, al terminar el siglo diez ciudades rebasaban esa cifra París que después de un descenso ocasionado por las guerras de religión alcanzaba, según parece habitantes en 1637 Nápoles, con 280 000,:Londres con 225 000, Venecia El crecimiento más espectacular fue de Londres-qué casi cuadriplicó sus habitantes, pues a principios del siglo estos eran tan solo 60 000 En contraste ninguna ciudad España la alcanzamos cien mil habitantes . Estas diferencias reflejan las trayectorias y la revolución económica de las diversas sociedades occidentales: el dina-

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mismo londinense señala las transformaciones de la pre revolución industrial que caracterizan la Inglaterra isabelina, y la poca vitalidad del urbanismo español marca el rezago que va produciéndose en el desarrollo de la península. Pero sobre las diferencias regionales, el conjunto de Occidente tiene un impulso demográfico que se manifiesta tanto en sus ciudades como en la dimensión de los espacios nacionales. II El incremento demográfico fue posible por la recuperación de las diversas actividades económicas después de la crisis a medida que cada país lograba superarla. El primer país que consiguió remontar la crisis fue Italia, lo que logró hacia fines del siglo XIV." En la nueva etapa de auge, el avance del capital mercantil y bancario impulsó el crecimiento urbano. La importancia de este mecanismo se percibe con claridad en el caso de Florencia que consiguió compensar la decadencia de la industria textil con el desarrollo de actividades mercantiles complejas y en gran escala. La ciudad de Pisa, que domina la desembocadura del río Arno, obstaculizaba las comunicaciones marítimas de los florentinos, quienes se veían obligados a utilizar otros puertos de la costa toscana, por lo que emprendieron operaciones militares que culminaron con la conquista de dicha ciudad en 1406, permitiendo un mejor acceso de la República al mar. Este, en realidad, no era tan importante para las operaciones comerciales de Florencia, que eran muy extensas y constituían un sistema mercantil internacional de gran envergadura, por medio del cual sus empresarios, manejaban una serie de flujos comerciales que no tenían necesidad de pasar por su propia ciudad sino a través de Genova y Ve-necia para dirigirse al Atlántico con destino a Inglaterra o a Flandes, o bien, hacia las costas de España o África, para lo cual las principales firmas florentinas contaban con filiales en los puertos del Mediterráneo y del mar del Norte.1" La magnitud de esta red comercial es más notable si se tiene en cuenta que Florencia nunca tuvo flota importante. Al capital/florentino, ésta no le fue necesaria para su desarrollo, bastándole el control obtenido sobre los flujos comerciales mediante su capacidad organizativa y sus mecanismos financieros. . Venecia y Genova fueron otras importantes potencias mercantiles italianas que, superada la crisis, conocieron un nuevo periodo de prosperidad en el siglo XV. Los venecianos se especializaron en la zona sur del comercio oriental, dirigiendo sus flotas hacia Beirut y Alejandría y concentrando sus actividades de productos de alto precio: pimienta, canela, y otros condimentos, a los cuales se-agregaba el algodón. Por el contrario, la zona de influencia genovesa se situaba al norte del mar: Egeo y del mar Negro, incluso después de la caída de Cónstantinopla. La posesión déla isla de Chío dio a Genova un punto de apoyo que se constituyó en un inmenso centro de concentración para las mercancías del Egéo del mar
9 Heers, op. cit., p. 183. 10 Alberto Tenenti, Florencia en la peninsula, 1974, pp. 77-79.

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Negro y sobre todo de Turquía. Los mercaderes venecianos terminaron por monopolizar el comercio de la pimienta, obligando a sus competidores florentinos, genoveses e iberos a buscar rutas alternativas para destruir el monopolio. Genova, por su parte, acaparó el alumbre de las minas turcas, producto esencial en la industria textil, y lo enviaba a los centros industriales de Inglaterra y de Flandes. En Francia la reactivación de las actividades comerciales es más tardía que en Italia y se inicia en la década de 1460 a 1470, dando principio a una época de crecimiento que se prolongaría hasta 1570. Entre los centros beneficiados por el auge mercantil destacó la ciudad de Lyon. La ruina de las ferias de Champaña había convertido a Francia en una barrera que los flujos comerciales no atravesaban. Después de la crisis se reinicia un intenso comercio a través del territorio francés que Lyon, situada en el corredor Saona-Ródano y a sólo 80 kilómetros de Loira, estaba estratégicamente colocada para explotar conviniéndose en un gran emporio mercantil. De esta manera, Lyon viene a ser el polo de un comercio de importación con Italia, comercio centrado en las sedas y otros artículos de lujo italianos a los que se añadían las especies venidas de Oriente. A estos productos se agregaban el cobre y la plata procedentes de Alemania, las telas y tapices de los Países Bajos y el plomo y el estaño de Inglaterra. Al mismo tiempo, Lyon pasó a ser un centro para la exportación de los tejidos baratos franceses, constituyéndose en punto de tránsito para una parte del comercio entre la Europa septentrional y la meridional. La importancia de la ciudad y la rapidez de su ascenso pueden apreciarse por el hecho de que los Mediéis trasladaron a ella su sucursal de Genova, y de que en los años siguientes fueron imitados por muchas empresas, de manera que para 1502 había 42 firmas florentinas establecidas en Lyon.12 Otras ciudades francesas también se beneficiaron con el renacer del comercio.Marsella, adquirida por Francia en 1481, viene a ampliar el frente mediterráneodel reino. Su cce.ciénte prosperidad es documentada por el ascenso del monto de los impuestos cobrados, que subió de sólo 400 libras tornesas a fines del siglo XV a' 8 000 a mediados del siglo XVI, al mismo tiempo que su población se triplicaba en el mismo periodo. Sobré la costa atlántica.'Burdeos prosperaba con el incremento del comercio de exportación de los vinos de la región que ascendían de 20 000 a 30 000 toneles anuales. Al lado del comercio de exportación también tenía un desarrollo importante el tráfico interior de mercancías, el cual alcanzó vastas proporciones dinamizado por la demanda generada en las grandes ciudades como Lyon, que consumía el trigo producido por un territorio equivalente a seis u ocho departamentos actuales, o de París que necesitaba la producciónde una docena de ellos Uno de los fenómenos.más importantes de la épócá'de reactivación ecoñómi-^ ca, fue la aparición de los barcos y los mercaderes de: Inglaterra en las-grandes rutas del comercio internacional, como es el caso de una flota de 38 navios carga11 Heers, op. cit., pp. 183-184. 12 Richard Gascón, "La France du mouvement: les commerces et les villes", HístoÍrc cconomíque et sacíale de la France, op. cit..p. 231, 236-239. 13 ídem. I, 241. 246, 257.

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dos de lana que zarpó de Londres en 1478. Pero la exportación lanera tiende, como examinamos en el capítulo anterior, a ser substituida: por ¡a de productos manufacturados. Esta importantísima evolución ocasionaría que los exportadores de lana fuesen rebasados en importancia por los Aferchant Adventurers especializados en el comercio de telas, quienes implantaron una agresiva política de desplazamiento de los extranjeros de los mercados ingleses y de penetración de los mercados extranjeros por ellos. Bristol fue el principal centro del agresivo nacionalismo económico de Inglaterra, y en el siglo XV fue dotado de nuevos muelles de los que partirían sus barcos a la conquista de mercados en España y Portugal e incluso en el Mediterráneo, largamente dominado por los italianos. En los mares del Norte, los comerciantes ingleses desplazaron a los alemanes en una larga lucha que condujo a la guerra, y los ingleses, triunfantes, pusieron fin al predo minio comercial de la Liga Hanseática.14 . En los Países Bajos, la ciudad de Brujas consiguió mantener su prosperidad comercial durante el siglo XV como el mercado más importante de la Europa septentrional, pese al asolvamiento del estuario del Swynn y a la decadencia de la industria flamenca. Los barcos grandes, que no podían ya acercarse a los muelles, eran cargados y descargados en la isla de Walcheren, mientras que los mercaderes compensaban la debilidad de la industria concentrándose en el control del comercio de transito de mercancías de diversas procedencias.15 Sin embargo, en el siglo XVI, Amberes sobrepasaría a Brujas como el gran centro de distribución mercantil, principalmente de las especias importadas por los españoles, portugueses e italianos en Occidente, a medida que las diversas regiones superaban los efectos déla crisis, ofreciendo un enlocuente testimonio de la fase ascendente del gran ciclo econ omico que caracteriza el transito del Medievo a la modernidad de la sociedad occidental. III El dinamismo del capital mercantil propició un desarrollo de gran importancia en las comunicaciones marítimas basado en una revolución tecnológica. La nueva tecnología permitió a Occidente lograr la primera ecosis en escala planetaria, la cual serviría de base para el establecimiento de un sistema económico mundial. La condición necesaria para lograr este resultado era la conquista económica del océano. Los intentos realizados desde la Antigüedad por lograr el dominio de las inmensidades oceánicas consiguieron éxitos, algunos de los cuales fueron registrados por la historia; pero estas hazañas, por más meritorias ¡que hayan sido, no tuvieron consecuencias comparables por carecer de la tecnología necesaria para establecer, un dominio permanente y con una capacidad de transporte capaz de producir las transformaciones históricas que caracterizaron al siglo XVI.

14 Heers, op. cit., pp. 195-198. 15 ídem, pp. 193, 194 16 Gascón, op. cit., pp. 244, 245.

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El barco más utilizado en la navegación mediterránea era la galera, embarcación mixta de remo y velamen, lenta y poco marinera, que no era el instrumento adecuado para la conquista del océano. Braudel señala cómo, incluso el Mediterráneo, resultaba un espacio demasiado extenso cuyo dominio se lograba penosamente con esos navios: la duración normal, en el siglo XV, del trayecto de Venecia a Tierra Santa oscilaba entre cuarenta y cincuenta días, y en ocasiones era aún mayor." Por otra parte, las tripulaciones no estaban preparadas para adentrarse en el mar alejándose de la costa. Los portugueses, que desempeñarían un papel de vanguardia en el desarrollo de la navegación, no habían resuelto, a principio del siglo XV, el problema de navegar en alta mar. En la expedición contra Ceuta, en 1415, resultó patente su inexperiencia, y con muchas dificultades pudieron dominar las corrientes del Estrecho de Gibraltar. El cronista Joáo de Barros confiesa que en esa fecha sus compatriotas "no estaban habituados a aventurarse mar adentro".18 Sólo hacia 1440 se comenzaron a utilizarlas carabelas, las naves revolucionarias que van a permitir el dominio oceánico. Al principio del siglo, los barcos europeos utilizaban casi siempre el aparejo de cruz que hacía necesario acentuar la tosquedad del casco, y solamente con viento de popa el navio avanzaba en la dirección deseada; si el viento era .oblicuo se tendía a desviar demasiado, y un viento de proa imposibilitaba incluso la salida del puerto. La ventaja que ofrecía el aparejo de cruz era que permitía aumentar el velamen, haciéndolo adecuado para grandes barcos. En general, hacia 1400, el barco de vela era de dimensiones considerables, pero tosco y primitivo. Guando el viento le era propicio podía transportar cargas voluminosas o gran número de hombres en travesías cortas, pero era absolutamente inadecuado para explorar las sinuosidades de costas desconocidas o desafiar los vientos desfavorables y, en consecuencia, los barcos con aparejo de cruz no tuvieron importancia en la conquista del océano, ya que ésta requería una revolución tecnológica. Los portugueses, inspirándose en el diseño de los barcas árabes, introdujeron el aparejo latino que podía ser adaptado para permitir el avance con casi todas las condiciones de viento.19 Los portugueses no se limitaron a copiar los diseños de los musulmanes. La carabela se mantuvo en una evolución constante en el siglo XV, a medida que los viajes de exploración demostraban sus deficiencias y señalaban sus posibilidades de perfeccionamiento. La limitación más importante del aparejo latino es que sólo puede ser utilizado en barcos pequeños, y esta deficiencia se acentuó por las modificaciones que le hicieron, acortando las vergas a fin de facilitar los virajes, lo que disminuyó la superficie velera. Hacia fines del siglo, los diseñadores de barcos, tanto en Portugal como en España, habían encontrado la solución al combinar en la misma nave el aparejo latino con el de cruz, produciendo la carabela que va a ser el instrumento de los grandes viajes de exploración oceánica. Su ve17 Braudelj El Mediterráneo..., op. cit.. I. 482, apúd, Sottas, J., Les mcssegcries marítima a Ve-n¡ce aux XlVe et XV siéclcs, París, 1938, p. 183. 18Joaode Barros, De Asia, Dicl, libro I, cap. II, Vcnecia, 1551, p. 7, citado en Braudel, El Me diterráneo..., op. cit., I..140. 19 J.H. Parry, Europa y ¡a expansión de] mundo, erad. María Teresa Fernández, México, Fondo de Cultura Económica, 1958, pp. 24, 27. : .

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lamen latino le permitían una gran maniobrabilidad, mientras que su aparejo tradicional le daba gran velocidad cuando el viento era favorable. Esta afortunada combinación que se dio en los barcos europeos en el siglo XVI, fue utilizada en diversos tipos de navio, incluyendo los de gran tamaño. Este progreso técnico dio a los navegantes el instrumento adecuado para la conquista del océano.20 Los viajes de exploración de los portugueses tuvieron como objetivo alcanzar las zonas productoras de especias del lejano Oriente y explotar las riquezas africanas. El progreso del siglo XV estuvo ligado a la figura del príncipe Enrique El Navegante, quien participó en la difícil expedición de Ceuta a la que nos hemos referido, y escuchó de los prisioneros relatos sobre las riquezas, principalmente el oro, del Continente Negro. Hombre de dos mundos, el príncipe estaba animado al igual por la filosofía trascendentalista de un cruzado ansioso de combatir a los enemigos de Cristo que ' por el espíritu mercantil ávido de ganancias, y reunió los medios financieros, científicos, tecnológicos y humanos necesarios para el dominio oceánico. Las islas Madera fueron redescubiertas en 14-25 y poco después colonizadas, introduciéndose el cultivo de la caña de azúcar, con lo que aparecía la primera colonia realmente rentable en el Atlántico, la que fue organizada por la Corona de acuerdo con las normas feudales. Unos años más tarde, y siguiendo el mismo patrón^ fueron colonizadas otras islas atlánticas que también se utilizaron para plantaciones azucareras.21 El mundo feudal que declinaba y el moderno que nacía se unían en la gran empresa de conquistar el Atlántico. También en el Continente africano los portugueses obtuvieron ventajas rápidamente. El Cabo Bojador, límite más allá del cual se creía que los hombres blancos se transformaban en negros, fue rebasado en 1434 por Gil Eannes. Unos años más tarde, en 1441, Antao Gongalves y Niño de Tristáo llegaron al Río de Oro y capturaron por primera vez esclavos nativos, inaugurando así el tráfico de negros que durante los siglos siguientes llevaría a millones de africanos allende el océano a proporcionar la energía humana necesaria para la explotación del Nuevo Mundo. Los beneficios que daba este comercio estimularon las exploraciones y el establecimiento del Fuerte de Arguim, en 1448, primera colonia europea permanente en la costa atlántica de África.22 Los españoles también iniciaron temprano el dominio del océano. Ya en 1402, vasallos de la corona de Castilla conquistaron las Canarias. El archipiélago sirvió de base a los corsarios españoles para atacar los barcos portugueses portadores de las riquezas de su naciente imperio. La rivalidad entre las dos potencias se intensificó con el paso del tiempo, hasta terminar en una feroz guerra marítima por el control del Atlántico que duró hasta el Tratado de Alcafovas, en 1479, en que se hizo el primer reparto imperial en zonas de influencia entre las dos potencias ibéricas, recibiendo los portugueses el monopolio del comercio de la Guinea y los españoles el reconocimiento de su posesión de las Canarias.23
20 ídem, pp. 27, 28. 21 Charles Verlindc, Les origines de la civüisation aüanoque. Neuchatel, Suiza, Editions de la Baconnicrc, 1966, pp. 11-15. 22 ídem; pp. 15, 16. 23 J.H. Parry, The Age of Rcconnaissance, Nueva York, New American Library, 1964, pp. 149.

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A partir de ese momento, los progresos tanto de Portugal como de España fue ron rápidos. Para controlar el primer centro productor de oro, los portugueses construyen, en 1482, el fuerte y la factoría Sao Jorge de Mina. Además, del oro, éste protegía un próspero comercio de esclavos, pimienta, marfil y otros productos. Una expedición salida de Lisboa en 1487 alcanzó el extremo meridional del continente posibilitando la conquista del océano Indico que fue atravesado por una flota al mando de Vasco de Gama en 1498.2 Los españoles, por su parte, emprendieron una empresa audaz y bien conocida: alcanzar el Oriente atravesando el Atlántico. El proyecto fue propuesto por Cristóforo Colombo, marino genovés con una extensa experiencia de navegación oceánica, incluyendo las aguas de Islandia. En consonancia con el espíritu renacentista, Colón apoyaba su proyecto con argumentos basados en los autores de la Antigüedad como Estrabón, pero el argumento más fuerte que aducía era la pequenez de la distancia entre las Canarias, última avanzada española en el océano y Japón, que él estimaba en sólo 2 400 milla náuticas.25 Los instrumentos para la navegación en océano abierto eran todavía precarios: la orientación se determinaba por medio de la brújula que ya tenía siglos de utilizarse, pero determinar la posición era un problema que no podía resolverse con precisión. La latitud se establecía por la altura de la Estrella Polar sobre el horizonte medida con un astrolabio o un cuadrante que en un barco en movimiento sólo ofrecía cifras aproximadas. Determinar la longitud era un problema aún mayor, pues su cálculo se basaba en la velocidad del barco que no era fácil de precisar Colón, por ejemplo, cometió un error de 9% al evaluar la de su flotilla.26 Como es bien sabido, la flota española que atravesó el Adántico en 1492 tropezó con la barrera del continente americano, lo que si bien impidió alcanzar inmediatamente tierras asiáticas, abrió nuevas e inesperadas posibilidades a la expansión de la sociedad occidental. En los años siguientes, multitud de navegantes fueron revelando las formas y dimensiones del Nuevo Mundo, al mismo tiempo que se buscaban un pasaje que permitiera alcanzar el objetivo original: Asia. Hasta que, en 1519, otra flota española, al mando del portugués Hernando de Magallanes, consiguió localizar el estrecho que lleva su nombre y lo cruzó en medio de grandes dificultades para iniciar la travesía del inmenso Pacífico, sometiendo a la tripulación a terribles penalidades hasta conseguir el arribo al Asia. Magallanes pereció y fue sustituido por Juan Sebastian Elcano, quien prosiguió el viaje a través del océano índico y por último, del Adántico, para regresar a Sevilla en 1522. La magnitud de las dificultades que debieron vencerse puede medirse por el hecho de que de los cinco barcos y 265 hombres que partieron, sólo un barco y 18 hombres completa ron ese primer viaje de circunnavegación del planeta que duró tres años

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A la conquista del océano siguió la de la tierra. Para esa tarea España estaba mejor preparada que otros pueblos de Occidente, para quienes las conquistas, como las Cruzadas, eran ya acontecimientos remotos, mientras que para los españoles la Reconquista había sido la constante más significativa durante los últimos siglos, de manera que la España cristiana se forjó como tal y llegó a ser lo que fue mediante la incorporación e introducción en su proceso vital de todo aquello lo que su misma interacción con el mundo musulmán la obligaba. Pierre Chaunu señala que uno de los aspectos interesantes de ¡a expansión española es su ritmo. En un siglo, entre 1400 y 1490, sólo se lograron dominar 4 mil Km2 en las Canarias, pero entre 1493 y 1500 se llegó en La Española a la cifra de 50 mil Km2, incremento superior al diez mil por ciento. El siglo XVI es el de las grandes conquistas. En 1508 había terminado la ocupación de Santo Domingo. Hasta ese momento el peso de la exploración y conquista de las Indias lo habían llevado las expediciones salidas de España, pero a partir de entonces la propia isla antillana sirvió de base para las-posteriores conquistas. Este es un fenómeno que merece subrayarse: América fue conquistada por españoles americanizados que se habían establecido en las primeras colonias, las que sirvieron de punto de apoyo para proseguir la expansión. En ese mismo año, comenzó la ocupación de Puerto Rico y en. 1511, la de Cuba, que recibe inmigrantes de santo Domingo al mismo tiempo que se preparaba la conquista del 1518 el imperio0antillano de España al con lo que la zona de dominio de los españoles alcanzaba unos 300 mil Km2, área equivalente a la del reino de Castilla del que casi todos los conquistadores procedían. Después el proceso expansivo se acelera nuevamente. En 1517 se comenzó a explorar la costa del Golfo de México, y en 1519 Hernán Cortés inició la conquista del vasto dominio de los aztecas que, concluida tres años después, añadió otros 300 mil Km2 al espacio español que se duplicó y, por otra parte, sirvió de base para nuevos avances que hicieron de la Nueva España un inmenso dominio déla Corona. Esa conquista fue, además, modelo para otras, como la del Imperio incaico, que por su extensión y grado de organización social era aún más impresionante que el de Moctezuma. Hacia 1540, los españoles dominaban 2 millones de Km2, o sea, una, extensión superior a la de Europa occidental, y establecieron una presencia hispana continuada desde la frontera norte de la Nueva España hasta el río Bio Bio, límite meridional de Chile, cuya población ha sido estimada en 70 u 80 millones de habitantes, o sea, un quinto de la humanidad. Con esto se cerró la segunda etapa de la conquista del Nuevo Mundo, la del domini

27 Montgomery Watt, Historia de la España islámica, trad, José Lizalde, Madrid, Alianza Editorial, 1970, pp. 187, 188 28 Pierre Chaunu, Conquíte et Exploiaiion des nouveaux mondes, París, Press Uníversitaires de France, 1969, pp. 123, 128, 130-133

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de las zonas altamente pobladas donde prosperaban grandes civilizaciones, para abrir paso a la tercera etapa, la de la penetración en áreas con una población menos densa y un desarrollo cultural inferior. Se trataba ya no de conquistar imperios y reinos dilatados, sino de establecer comunidades nuevas en zonas carentes de una cultura urbana.59 La colonización del norte de la Nueva España y de la zona del Plata, pertenecen a. esta etapa que corresponde al resto del siglo XVI. Por último, los españoles inician la conquista del Pacífico. El estrecho de Magallanes no resultaba una ruta practicable y la expansión va a realizarse a partir de los puertos occidentales de la América española. En 1524, Cortés informó al emperador don Carlos de que había empezado la construcción de barcos en la costa del Pacífico del Itsmo de Tehuantepec, a lo que la Corona respondió con una cédula real autorizando la empresa. La primera expedición que zarpó en 1527 hacia las Molucas se perdió. Sin embargo, ya en 1533 se llegó a la Bahía de La Paz en Baja California, y los tripulantes retornaron con noticias de la riqueza en perlas de las nuevas tierras de las que se tomaría posesión en nombre de la Corona española en 1535. Otras expediciones continuaron los avances: en 1539 se alcanzó el delta del río Colorado, en 1542 la Bahía de San Diego y, por último, en 1542, Ruy López de Villalobos cruzó el océano y llegó a las Filipinas. En 1559, el experimentado marino fray Andrés de Urdaneta recibió órdenes de acompañar una expedición al mando del general Miguel López de Legaspi la cual partió en 1564 y al año siguiente logró conquistar las Filipinas, con lo que se establecieron las bases para el comercio regular con el Asia oriental. 30 Los portugueses, por su parte, continuaron su expansión estableciendo un imperio ultramarino; después del retorno de Da Gama, una flota mayor fue enviada al mando de Pedro Alvarez Cabral. La expedición se desvió e hizo el primer desembarco en las costas del Brasil actual para después proseguir su viaje hacia !a India. Nuevas expediciones establecieron el control del océano Indicó después de derrotar a las flotas árabes que lo habían dominado. El objetivo no era solamente el comercio, sino la conquista. Las mercancías europeas eran rudas y poco atractivas para los orientales y la única forma de obtener las codiciadas especias era establecer un monopolio por la fuerza militar. Esta tarea fue realizada por Alfonso Alburquerque, el mejor estratega naval de que disponía el gobierno portugués, quien, en 1509, fue nombrado gobernador general. Comprendiendo que el dominio del océano sólo podía lograrse con una base capaz de abastecer una flota permanente en el Indico, conquistó Goa en la costa de la India y, para controlar el Golfo Pérsico, se apoderó de Ormuz que durante los dos siglos siguientes va a ser sinónimo de la riqueza y el esplendor orientales. El dominio de Malaca abrió la ruta del Pacífico y en 1513 los portugueses llegaron a China." Con esto quedó establecido el Imperio marítimo de Portugal y comenzó a prosperar un rico comercio en especias. Para compensar estas importaciones- así cómo las de oro y marfil de África, Portugal tenía poco que ofrecer y fue necesario de29 ídem, pp. 135-176. 30 W. Michel Mathes, Sebastian Vizcaíno y ¡a expansión española en e/ océano Pacífico, 1580-1630, Irad. Ignacio del Río. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1973, pp. 12-16. 31 Parry, The Age..., op. cIT., pp. 158-161.

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sarrollar un comercio secundario de textiles con la India, dichos textiles encontraban un buen mercado tanto en Indonesia como en África.32 La concentración de los esfuerzos lusitanos en el índico hizo que sus posesiones en Brasil, cuya riqueza casi única era la madera que luego daría nombre al país, se desarrollaran con lentitud.33 Con el establecimiento de Macao en las costas de China por los portugueses en 1556 y la conquista española de las Filipinas en 1565 se cerró el círculo de dominación del planeta por Occidente, base del establecimiento de un sistema económico mundial. V El desarrollo de la economía planetaria implicó, por una parte, llevar a sus límites las posibilidades tecnológicas de los europeos pero con una inversión mínima de loe recursos económicos de Occidente y, por la otra, la utilización de la energía humana de las poblaciones nativas conquistadas para la explotación de los nuevos territorios. Fue esta confluencia de factores la que dio sentido a la nueva economía dimensionada a la escala del mundo. La conquista, primero del océano y luego de los continentes, fue sólo la primera etapa del proceso formativo del sistema económico mundial. La segunda hacía necesario el surgimiento de mecanismos permanentes de explotación que hiciesen de los recién constituidos imperios fuentes de riqueza. Los grandes obstáculos para lograr esa meta eran el tiempo y la distancia que formaban una formidable barrera para el desarrollo del sistema. Fierre Chaunu nos dice: "una cosa era descubrir o establecer una conexión experimental sin preocuparse del rendimiento inmediato y otra, el explotar y por tanto establecer una conexión constante sujeta a la ley de la ganancia.34 La distancia tiempo que importa desde esta perspectiva es el viaje de ida y vuelta entre la metrópoli y sus dependencias ultramarinas. El eje de mayor dimensión era el de Sevilla y Filipinas, establecido, como se ha visto, en 1565 y cuya dimensión temporal era de cinco años para la ida y el retorno. Las dimensiones del planeta coincidieron con el espacio viable económicamente. El mundo del siglo XVI no sólo estaba limitado por las dimensiones de la Tierra sino por la capacidad tecnológica de sus moradores más avanzados.35 Esta es la realidad en que debe fundarse el análisis de la nueva economía mundial. Sólo la existencia de mercancías de alto valor en relación a su volumen y peso podía justificar su transporte a tan inmensas distancias-tiempos en condiciones rentables. Las especias para el imperio marítimo lusitano y los metales preciosos para el imperio continental español son los elementos vitales de los cuales dependía su existencia. Condición necesaria pero no suficiente. El sistema económico mundial hubiese sido imposible si la producción de esos productos hubiera dependido del trabajo de los europeos. La expansión de Occidente requirió de una inversión muy
32 ídem, p. 207. 33 Verlinden, op. cil., pp. 201, 202. 34 Chaunu, Conquere eT exploration..., op. cit., p. 227.

35 ídem, p. 279.

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pequeña de los recursos de éste, incluso en el caso de España, que realizó una vasta labor de conquista y colonización que requirió un sistema administrativo que —de acuerdo con Howard Mumford Jones— no tenía paralelo desde los días de la antigua Roma.36 En efecto, durante los veinticinco años de la primera etapa, la de los grandes viajes de exploración y conquista de las Antillas, emigraron a América 5 481 personas, incluyendo 141 extranjeros. En la segunda etapa, la de la conquista de los grandes imperios continentales, atravesaron el océano 13 262 emigrantes, incluidos 557 extranjeros. Estas cifras basadas en las listas oficiales de pasajeros del archivo General de Indias, demuestran que la gran expansión que se cierra en 1540 fue hecha por menos de veinte mil españoles y que los extranjeros participaron muy poco en la empresa.37 Este escaso número de conquistadores y de colonizadores consiguió establecer su dominio sobre una vasta población comparable en magnitud a la del Occidente europeo y que fue el factor indispensable para la explotación de las riquezas del Nuevo Mundo. Los españoles consiguieron sus conquistas más fáciles y rápidas allí donde encontraron pueblos cuya cultura había alcanzado la etapa urbana y donde el proceso de ecosis hacía posible la existencia de territorios densamente poblados, cuyos habitantes proporcionaron un vasto flujo de energía humana para explotar sus recursos. Tan decisivo es este elemento que, como señala Alvaro Jara, "limita el ámbito y las posibilidades de su implantación y también posterior desarrollo á las regiones en que los cauces del superior rendimiento del trabajo humano, de la tributación, de las prestaciones en servicios, de ^a formación o acumulación de excedentes eran una .adquisición y un logro social con anterioridad a la llegada de los españoles."38 En realidad, el trabajo indígena fue .indispensable desde las primeras etapas de la colonización americana, no únicamente para permitir la explotación de los metales preciosos, sino para producir los alimentos que sustentaron a los colonizadores.39 Varios fueron los factores con los que los historiadores explican el establecimiento de una estructura de dominio sobre poblaciones y territorios tan desproporcionados a los medios utilizados 40 la superioridad tecnológica de los europeos, la extraordinaria agresividad de éstos, que superaba incluso la de pueblos tan belicosos como los mexicas y, por último, la inmunidad adquirida contra enfermedades como la viruela, que causó estragos entre los indefensos americanos, debilitando su resistencia. A estos factores hay que agregar otros, como los derivados de la estructura económico-social de los indígenas, factores que perduraron después de la conquista, la cual unirá mente substituye a los señores de los aborígenes por los conquistadores blancos.41 El enlace entre las dos sociedades se basa

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en la comunidad agraria y el sistema tributario que descansa sobre ella. Enrique Semo señala que esta continuidad fue posibilitada por rasgos afines en las sociedades americanas y española, que permiten que en la estructura social de las colonias sobrevivan elementos e instituciones de origen prehispánico.42 Pese a estos factores, la explotación rentable del imperio exigió de España recursos humanos superiores a los empleados en la conquista. Si las grandes conquistas hasta1540 necesitaron menos de 20 mil españoles, en el resto del siglo emigraron aproximadamente 40 mil, incluyendo un gran número de mujeres, muy escasas en la primera etapa, y que fueron un factor muy importante en la formación de los patrones culturales en las colonias.43 Por otra parte, la nueva emigración era necesaria para resolver la contradicción entre el interés del Estado español de mantener un poder centralizado y la tendencia de los conquistadores originales del Nuevo Mundo a establecer una estructura de dominación de características feudales, cuya forma más típica de dominio, la encomienda, era agresivamente competitiva con el poder real. La riqueza y el tamaño de las poblaciones indígenas aumentaron la ambición de los dominadores dando origen a una clase de encomenderos inclinada convertirse en una nobleza hereditaria. Estas tendencias feudalizantes fueron vigorosamente combatidas por los monarcas, cuyos esfuerzos por someter a su autoridad a los autores de la conquista tuvieron éxito, y éstos, para la época de Felipe II, quedaron reducidos a la impotencia en la Nueva España.43 En Sudamérica, la lucha antifeudal de la Corona llevó a la rebelión y a la guerra civil a los conquistadores cuando éstos se negaron a aceptar las Nuevas Leyes de Indias, leyes por las cuales Carlos V les arrebataba de hecho el dominio sobre los indios. La sublevación sólo terminó cuando el virrey, enviado por el emperador para aplastarla, hubo derrotado a los rebeldes y ejecutado a sus principales jefes, incluyendo a Gonzalo Pizarro. Con el triunfo del poder real comenzó la explotación intensiva del Perú, que pasó a ser el más rico de los dominios españoles.46 El éxito del Estado español por establecer y consolidar su poder centralizado sobre las tendencias feudalizantes en los vastos territorios ultramarinos era el requisito político indispensable para el adecuado funcionamiento del sistema económico mundial que emergía. Las investigaciones de Fierre Chaunu ponen de relieve el dinamismo del desarrollo de la economía transoceánica, la cual se reflejó en el flujo de mercancías que se daba hacia uno y otro lado del Atlántico, flujo que se vio incrementado a lo largo del siglo XVI, hasta alcanzar su máximo nivel en la primera década del XVII.47 El desarrollo del Brasil siguió un patrón diferente al de las colonias hispanoa42-Enrique Scmo, Historia o'cl capitalismo en México, México, Ediciones Era, 1975, p. 60. 43 Boyd-Newman, op. cit., pp. 585, 596-599 44 Charles Gibson, Los aztecas bajo el dominio español, trad, Julieta Campos, México, Siglo XXI, 1967, pp. 63, 64. 45 José Miranda, España_y Nueva España en la época de Felipe II, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1963, p. 61 46 F. A. Kirkpatrick, Los conquistadores españoles, trad. Rafael Vázquez Zamora, Madrid, EspasaCalpc, 1960, pp.:"173-183. '' 47Fierre Chaunu, Scville et l'Atlantique (1504--I650), París, SEVPEN., v. VlIII pp15,16.

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menearías. Los portugueses no encontraron metales preciosos y basaron la economía colonial en la agricultura tropical. Al encontrar una población nativa relativamente escasa e inadecuada para el arduo trabajo en las plantaciones azucareras, se decidieron por la importación de mano de obra africana, lo que exigía inversiones considerables. En general, la acción portuguesa en Brasil tuvo la forma de una colonización más que la de una conquista y las estructuras sociales conservarían las características producidas por ese hecho inicial.*8 El sector brasileño de la economía mundial también prosperó y la producción de azúcar que en 1570 fue de 180 mil arrobas, alcanzó la cantidad de 1 200 mil en 1600, contribuyendo al florecimiento del complejo Amberes-Amsterdam, el cual se constituyó en el gran centro distribuidor azucarero del norte de Europa. En esta forma la expansión transoceánica de Occidente creó la primera economía de la historia cuyas dimensiones coinciden con las del planeta, y en la que grupos humanos cada vez más importantes y que habitaban otros continentes quedaron integrados mediante relaciones mercantiles a un sistema económico centrado en. la Europa occidental. Tan sólo para Hispanoamérica, Chaunu evalúa en 10 millones el número de personas incluidas en las relaciones monetarias de la economía mundial.48 Pero si el mundo extra europeo se transformó al ser penetrado cada vez más profundamente a lo largo del siglo XVI por Occidente, la sociedad occidental también fue objeto de grandes transformaciones al incrementarse las fuerzas productivas y efectuarse cambios en las relaciones sociales que las enmarcaban. Esta evolución configura la parte europea del surgimiento del sistema económico mundial y debemos ahora analizarla.

48 Celso Furtado, La economía latinoamericana, formación histórica y problemas contemporáneos, Trad. Angélica Gimpcl Smith y Stella Mastrangclo. México, Siglo XXI, 1976, pp. 32, 33. 49 Chaunu .v Scvífle ct l'Atbntique.... op. cir., VIII, 198.

IX. PRODUCCIÓN Y CAPITAL
Una civilización capitalista se formaba paulatinamente. FERNAND BRAUDEL 1

La SUPERACIÓN de la crisis y el desarrollo de una nueva etapa expansiva en la economía tuvieron como base el progreso de los procesos productivos de la sociedad occidental. La agricultura continuaba siendo la principal productora de riqueza y el auge económico se cimentó en su progreso, el cual presenta diversas características y grados de dinamismo en los diferentes países europeos. Inglaterra conoció una verdadera revolución agrícola de gran profundidad centrada en los endosares, los cercamientos. Con ellos las tierras dedicadas a la explotación colectiva disminuyen o desaparecen; el pastoreo sobre tierras en descanso se su-, prime para dedicarlas al cultivo de forrajes, plantas oleaginosas o legumbres, al mismo tiempo que el crecimiento en el número de animales de establo produjo los fertilizantes necesarios para mantener la fertilidad de los campos. Esta combinación produciría una agricultura de altos rendimientos, una ganadería importan te y una organización para el uso de la tierra que optimiza la producción. La evolución que produjo estas transformaciones se originó durante la crisis, cuando, cómo hemos visto, los señores a partir del siglo XIV se convirtieron en rentistas y los siervos en inquilinos. Entre 1455 y 1637 la superficie cercada fue de unos 750 000 acres, sin embargo, el número de campesinos que perdieron sus fuentes de trabajo fue limitado y no rebasó los 35 000. Estos cambios están vinculados a una profunda penetración de la economía monetaria en las áreas rurales inglesas, complementada con la confiscación de las propiedades eclesiásticas, y su consecuencia más importante fue generar una agricultura de alta rentabilidad que, a su vez, puede explicar el dinamismo general del desarrollo de Inglaterra. La agricultura de los países mediterráneos no tuvo una transformación similar pero también progresó. Se construyeron numerosas obras que dentro de sus limitaciones técnicas incrementaron el dominio humano sobre la naturaleza. Braudel señala cómo los hombres después de la crisis continuaron su lucha milenaria: ' 'Ya en el siglo XV, y durante todo el siglo XVI, se llevaron a cabo innumerables bonificaciones de tierras, aun con los escasos medios de que se disponía: fosas, ace-

1Fernand Braudd, Capitalism and Material Life, I4OO-1800, trad. Miriam Kochán^Fontana, 1979, p. xiii. .. 2 Fréderíc Mauro, Le XVIc siéclc européen, aspects économiques. París, Presses Univercitaircs de Francc, 1966, p. 106 3 ídem, apud. Lord Ernle, Histoire niraje de l'Anglaterrc, París, 1952, caps. I-IV. 109

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quias, canales, bombas rudimentarias".4 Los italianos dedicaron sus esfuerzos que conquistar dentro de sus propias fronteras todo el espacio susceptible de aprovechamiento, desde las planicies inundadas hasta las cumbres, de manera que Italia está cultivada hasta la cima de sus montañas" como escribía orgullosamente el historiador Francesco Guicciardini al comienzo de su Historia de Italia. En Francia, el resurgimiento de la agricultura se inicia hacia 1420 en las áreas unís favorecidas y entre 1440 y 1453 para el resto del país. Hughes Neveux afirma que esa reactivación se explica por la disminución de las grandes epidemias, cuya virulencia decrece al mismo tiempo que ya no se presentan con carácter general sino en brotes localizados, este decremento puede atribuirse a la inmunidad que paulatinamente fueron adquiriendo los habitantes, así como a una mayor insistencia natural generada por una mejor alimentación. Una segunda causa, agrega es el fin de la Guerra de los Cien Años, cuyas hostilidades asolaron la tierra francesa, mientras que las guerras posteriores se desarrollaron en el extranjero. Las carestías desaparecieron en Francia después de 1440, salvo casos lisiados y locales, señalando el final de la crisis.6 Le Roy Ladourie, por su par le, coincide en reconocer para la agricultura francesa tres etapas: la primera en la cual respondiente a la crisis y que duró hasta 1440; la segunda, de 1450 a 1505, cuan do la producción creció más rápidamente que el incremento demográfico, mediante mecanismos que recuerdan la época de los grandes desmontes, llevados ni cabo cuatro siglos antes, y cuyo dinamismo se manifestó con especial vigor en regiones como la Isla de Francia, Honde, reparados los daños de la guerra, desapareció el hambre; por último, la tercera etapa, la que se da después de 1505, en la cual la producción crecería con lentitud a medida que se alcanzaban los límites impuestos por la disponibilidad de tierras cultivables y por la tecnología disponible. Ambos autores coinciden en afirmar que en el siglo XVI la producción cecalera francesa alcanzó nuevamente un límite similar al de fines del siglo XIII, debido a la incapacidad para rebasar la tecnología medieval." Este estancamiento se compensa con el avance espectacular de la producción de vinos que se dio en "Hiclias regiones, entre las que destacan Abacia, Borgoña, la Isla de Francia y la costa atlántica. La ganadería francesa también prospera. Duby escribe que cuando en los años cuarenta del siglo XV empezó a afirmarse la recuperación, el primer signo de la misma fue un rápido crecimiento de los rebaños. En primer lugar aquellos que eran propiedad de los príncipes. Así, Rene d'Anjou, conde de Provenza, para equipar un dominio adquirido, compró en 1458 mil trescientas ovejas y el año siguiente veintinueve bueyes, al mismo tiempo que alquilaba pastos y vendía el vellón de tres mil animales. Pero no hay duda que los establos de los nobles, de

4 Braudel, El Mediterráneo..., op. cit.. I, 84. 5 farancisco Guicciárdini, Historia de Italia, Venecia, 1568, p: 2, citado en Braudcl, El Mcditerínro..., op. cíf., I, 83. 6 Ncvcaux, op. cit., pp. 89-99. 7 Le Roy Ladourie, op: cit., pp. 581, 582. 8 Cfr. Ncvcaux, op. cif., p. 112; Le Roy Ladourie, op. cit., pp. 578,579. 9 Nevcaux, op. cit., pp 113, 114.

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los grandes arrendatarios e incluso de los campesinos de toda condición no se quedaron alias. En 1471, se contaban en ocho parroquias de los alrededores cíe Vence (en la región de Niza) veinticinco mil cabezas de ganado ovino y más de mil de bovino, y cada familia rural poseía entre cien y doscientas cabezas de ganado;10 La sorprendente importancia del sector pecuario y la rapidez de su recuperación no son exclusivas de esta comarca, sino que, como agrega Duby, ilustran la evolución general. El crecimiento ganadero se reflejó en la acentuación del antagonismo entre agricultores y ganaderos —que durante generaciones había perdido aspereza, debido a la depresión demográfica que disminuyó la presión sobre los recursos— revivía ahora atizando las disputas que se daban como consecuencia del uso de pastos comunales, de los setos y cercamientos, y de las obligaciones colectivas, disputas que casi habían desaparecido hacia 1350." Se hizo necesario encontrar un nuevo equilibrio entre los sectores agrícola y pecuario a medida que competían con mayor intensidad por recursos cada vez más escasos. La revolución de la agricultura española fue menos afortunada y se caracterizó por la incapacidad de encontrar un equilibrio adecuado con la ganadería. El crecimiento de la producción de lana en España muestra un dinamismo similar a la inglesa y, al igual que ésta, fue estimulada por la política de la Corona que encontraba atractivo disponer de una mercancía de alto precio y fácil venta en amplios mercados. La diferencia estribó en que en Inglaterra se estableció un sistema que permitió el desarrollo simultáneo de la agricultura y de la ganadería, mientras que los monarcas españoles se comprometieron sin reservas en favor del sector pecuario y, ya desde finales del siglo XV, la agricultura se convirtió en un elemento secundario. Las tierras realengas y las obtenidas de las órdenes militares se entregaron a la explotación de los ganaderos organizados en la Mesta. Se dictaron leyes garantizando el acceso de la Mesta a los pastos comunales y castigando a las ciudades o pueblos que resistían estas disposiciones. La política real fue particularmente efectiva por haber sido secundada por las autoridades inferiores, incluyendo corregidores y jueces pesquidores.12 En el siglo XVI, la riqueza forestal española también sufrió las consecuencias de la parcialidad gubernamental, parcialidad que incluso llegó al extremo de legalizar el corte de árboles pequeños cuando escaseaban los pastos, lo que provocó un proceso de desertificación, que impresionó a los embajadores venecianos y a otros viajeros, y la alarma de muchos españoles.13 La reactivación de la economía occidental y su posterior desarrollo se cimentaron, así, en el avance de la producción agropecuaria que se produjo en los siglos XV y XVI, aunque este proceso tuvo diversas características en los diferentes países, siendo más vigoroso en los septentrionales. Esta diferencia contribuye a explicar las diferencias en el desarrollo entre la Europa del sur y la del norte.
10 Duby, Economía rural..., op. cit., p. 452, apud.T. Salaíert,rCu/ru/w en Hautc Pro\-cnce, Dcboisscments et paturages au moyen age. París, 1959, pp. 146.V447, 237,.238. 11 Duby, Economía rural..., op. cit., p. 452, 453. 12 Julius Küein, La Mesta, Estudio déla Historia Económica de España, 1273-1836, trad. C. Muñoz; Madrid, Revista de Occidente, 1936, pp. 313-316. 13 ídem, p. 319, apud, Ramírez, Pragmáticas del Reyno, fol. LXII, v, 1496.

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La producción Industrial progresó dinamizada por varios factores. El movimiento de precios tendía a favorecer a las áreas urbanas y a los productores de mercancías manufacturadas cuyo precio se movía al alza, en detrimento de las zonas rurales y de los productos de cereales que tuvieron una tendencia al estancamiento.14 esta situación, que se presentó durante la crisis y la primera parte de recuperación, implicaba una transferencia de valor del campo a las ciudades que ayudó una transferencia producción urbana. La industria de construcciones navales se desarrolló dinámicamente proporcionando el gran número dé barcos que requería el transporte marítimo. Los grandes astilleros genoveses eran propiedad de empresarios privados mientras que en Venecia esto pertenecían al Estado que dedicaba gran atención a su progreso. Otra parlo esta generaba una demanda importante de materias primas e insumos intermedios. Así, Venecia traía madera desde las Dolomitas, los astilleros de puerto Pisano desde los Dolomitas de la Toscana y los de Barcelona desde Monstseny, además, industrias auxiliares se establecieron para manufacturar velas, cancelaría y, en general, los muchos elementos requeridos en la construcción naval. Por, su parte industria textil que conserva su sitio como la más importante, después de haberse reestructurado durante la crisis, constituyó uno de los principales factores del desarrollo económico occidental. La industria inglesa progresó con una estructura peculiar que combinaba un mayor grado de mecanización con un nivel superior de descentralización. El uso de molinos de agua para batanes se generalizó minimizando en mayor medida el proceso de producción, al mismo tiempo que la necesidad de contar con las corrientes de agua adecuadas dispersó las actividades por las regiones mejor dotadas de éstas, haciendo surgir nuevos centros productores en East Anglia, Yorkshire y la región occidental- que atrajeron industrias de los viejos centros, como Londres, que fracasaron en su intento de frenar esto proceso modernizados '« Además, hacia mediados del siglo XVI, los ingleses comenzaron a fabricar, para su exportación a las Indias, tejidos ordinarios llamados fustanes." Esto señala la forma en que la producción industrial se dinamizó por la aparición de la naciente economía planetaria, que a la demanda de los mercados europeos añadió la de ultramar. En Francia también progresa la manufactura de tejidos dé lana. El hecho de que la materia prima se importara de España permite apreciar a través .de los documentos de Exportación el auge productivo entre 1500 y 1540, y posterior mente el sostenimiento a un buen nivel.18 La industria flamenca consigue superar en siglo XVI, la postración a que la había llevado la competencia inglesa, adop-

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tando los métodos de ésta: la producción se dispersa en las áreas rurales lejos de los centros tradicionales para escapar a las limitaciones gremiales. Los comerciantes remitían a esos talleres rurales la lana que se recibía de Amberes, ciudad que se convierte en la capital de la nueva industria y en donde se concentraban los productos terminados para su comercialización.19 Al lado de los tejidos de lana también progresó la fabricación de telas de otros materiales, como el lino, que prosperaba en las regiones húmedas a consecuencia de su clima favorable al cultivo de la planta; en estos casos estaban el norte de Italia, el sur de Alemania, Francia, Inglaterra y los Países Bajos, cuya producción compensó en algunas regiones la decadencia de los tejidos de lana.20 La industria de la seda tornó gran importancia en Florencia, que así consiguió compensar la declinación de los textiles laneros, y en el curso del siglo XV dicha industria llegó a rebasar en importancia a la de la lana. La industria de la seda, dice Tenenti, procuraba grandes beneficios a los mercaderes florentinos que habían conseguido controlar el ciclo entero de la producción de una manera más completa que en el caso de la lana, ya que mientras ésta era importada, la campiña toscana comenzó a cultivar los gusanos sederos. Al mismo tiempo, la creciente inclinación por el lujo en la península generó mercados próximos. Estas ventajas hicieron que los florentinos impulsaran vigorosamenteesta nueva fuente de riqueza.21 La industria química gozó de una prosperidad estrechamente vinculada a los textiles ya que se centraba en la producción de tintes y mordientes utilizados en su manufactura. Como ejemplo está el pastel, que servía para dar el color azul el cual se prepara a partir de una planta invernal de carácter bianual. El cultivo, preparación y comercio de esta planta dio impulso a las regiones donde se producía, como es el caso de Turingia, viéndose de esa manera ligadas al auge de la industria textil, cuyo dinamismo tuvo un efecto multiplicador importante; también se encuentra en esta industria el alumbre, utilizado como mordiente en la manufactura de paños, sustancia que en la Edad Media provenía del Oriente, lo que permitió a los turcos establecer su monopolio sobre Europa, monopolio que se prolongó hasta 1460, año en que se dio el descubrimiento de las minas de Tolfi, al norte de Roma, el cual vino a abolir el monopolio mencionado y a dar curso a una nueva actividad industrial en Occidente.22 El desarrollo de la imprenta estuvo basado en el crecimiento de una industria productora de papel que, ¡a su vez, requería de diversas materias primas que contenían celulosa, tales como el lino, el algodón, la paja o la madera. De una importancia mayor fue la industria siderúrgica, la que se desarrolla vigorosamente gracias a un progreso técnico importante como lo fue el alto homo, cuyo uso se introdujo en el siglo XV y se generalizó en el XVI, desplazando así a la forja catalana. Dotado de fuelles accionados de manera hidráulica, permitió procesar el mineral de hierro en cantidades sin precedente en la época, proporcionando el material para la fabricación de tubos, planchas, cañones, proyectiles, anclas, así
19 Mauro, Le XVIc siecle..., op. de., pp. 119-121. 20ídem, pp. 123-124. 21 Tenenti, op. cit., p. 87. 22 Mauro, Le XVIc siecle..., op. cit.t pp. 126, 127.

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como una gran cantidad de herramientas que incrementaron la productividad en diversas actividades. La refinación de azúcar, la manufactura de cerveza, jabones y textiles eran industrias que crecían rápidamente y requerían para llevar a cabo sus respectivos procesos productivos, diversos elementos metálicos —como rodillos, calderas, marmitas, etcétera— en cantidades que sólo el uso generalizado de los altos hornos hizo posibles, constituyéndose en el núcleo de una primera revolución industrial.23 El desarrollo de la producción industrial no hubiera sido posible sin el apoyo recibido por medio del incremento de las disponibilidades de energéticos. Recordemos el creciente uso de la fuerza hidráulica en las industrias (textil y siderúrgica que ya mencionamos. Braudel señala que esta energía resultaba tan importante que las instalaciones metalúrgicas se desplazaron cíe los bosques hacia los ríos, cuya energía movilizaba los enormes fuelles que ayudaban a la combustión y los grandes martillos que desmenuzaban el mineral y posteriormente forjaban el metal. El hierro y el acero pudieron obtenerse mediante sucesivos procesos de descarbonización posibilitados por la nueva tecnología, 2* a partir del hierro fundido que era la materia prima. Este era el inicio de una etapa de desarrollo de la primera civilización que dispondría de grandes cantidades de hierro y de acero. El uso del carbón mineral proporcionó otra gran fuente de energía. En Inglaterra, la penuria de madera hace que se recurra al carbón como un sustituto, lo que inicia la tendencia a instalar los altos hornos en las zonas carboníferas y, debido a ello, según Nef, la producción del combustible en las Islas Británicas se elevó rápidamente, hasta alcanzar un promedio anual de unas 210 000 toneladas durante la década 1551-1560." El gran desarrollo de la energía en Inglaterra, tanto hidráulica como térmica, es uno de los puntales del progreso que conducirá a la Revolución Industrial del siglo XVIII. Por otra parte, de los territorios de ultramar dominados por los europeos llegaron nuevos artículos que contribuyeron a la producción. Así, se utilizaron tintes novedosos como el índigo, la madera de Campeche y la cochinilla productos que mejoraron la calidad de las telas. De esta manera, tanto desde el punto de vista de la demanda como el de la oferta, el sistema económico mundial en formación vigorizó la economía occidental. Esto explica la paulatina superación de los centros mediterráneos por las ciudades del litoral atlántico; Lisboa, Sevilla, Gádiz, Burdeos, Nantes, Dieppe, Dunkerque, Saint Malo, Amberes, Amsterdam, Bris-tol, Liverpool y Londres serían los nuevos centros dominantes, mientras que el Mediterráneo que había mantenido su ascendencia durante cinco milenios, ocuparía una posición secundaria en la nueva etapa histórica caracterizada por la formación de una economía planetaria.26

23 Delumeau, op. cit., pp. 203, 204. 24 Braudd, Capitalism..., op. cit., pp. 279, 280. 25 J.U. Ncf, RiscofthcSritish Coal Indusíry, Londres, 1932,1, 19, citado en Mauro, Le XVIe siécle..., op. cit.,p, 131. 26 Barnes, Historia de la economía..., op. cit., p. 270.

PRODUCCIÓN Y CAPITAL III

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De esta manera, durante el siglo XV se inició la recuperación económica de Occidente. Primero Italia y después, uno tras otro, los diversos países superaron los efectos de la crisis para iniciar un nuevo ciclo expansivo de extraordinario dinamismo. Si hay un terreno en el cual el siglo XVI inaugura la época moderna, éste es indudablemente el económico: hacia finales del siglo XV y la primera mitad del XVI, se desarrolló una revolución económica de magnitud sin precedente.-7 Esta expansión muestra con claridad el carácter estructural del desarrollo que es impulsado por múltiples factores que interactúan dinámicamente. El auge del comercio estuvo ligado al crecimiento de la producción general incluyendo la agropecuaria, y ambas esferas fueron impulsadas por una amplia gama de avances tecnológicos que posibilitaron la base de un sistema económico a escala mundial cuyo centro era el Occidente europeo. Este avance se manifestó en otros niveles en la transformación de los procesos de trabajo y de las relaciones sociales que los encuadraban. Todos estos factores integran una totalidad cuyos elementos mantuvieron la coherencia necesaria para impulsar la expansión del sistema proyectando a la sociedad occidental en una nueva etapa de su desarrollo. El capital continuó el proceso de penetración y de control de las fuerzas productivas que se habían iniciado en el siglo XIII. En los dos siglos siguientes, la nueva organización de las actividades económicas estructuradas en torno a relaciones capitalistas se desarrollaría acompañada del progreso de técnicas comerciales e industriales que facilitaban su avance.28 El sistema de trabajo doméstico controlado por el capital siguió remplazando el trabajo artesanal controlado por los gremios en Italia y Flandes y se introdujo en el siglo XV en Inglaterra, especialmente en las nuevas industrias de la lana y del algodón en pleno desarrollo.29 Como hemos visto, los comerciantes capitalistas incrementaban continuamente su control sobre el trabajo de los artesanos mediante el suministro de las materias primas, cuyo comercio dominaban, lo mismo que la mercantilización de los productos terminados que ellos controlaban. A medida que estos métodos se generalizaban, un número creciente de artesanos y de oficiales se convertían en empleados que realizaban el trabajo por un precio convenido, lo que originó el nombre de putting out con el que se designó a este sistema inglés.30 El sistema doméstico, quebrantar los rígidos reglamentos impuestos por los gremios a los artesanos, permitió un rápido avance en la producción que impulsó el desarrollo económico; pero este sistema, a su vez, sufría defectos que exigían una transformación ulterior. Una de las mayores deficiencias desde la perspectiva de los empresarios era la tendencia al ocio de los trabajadores, especialmente en los días siguientes al recibo de sus jornales, ocio que se prolongaba hasta haber agotado éstos. También se perdía tiempo y dinero en repartirlos materiales y en recoger los productos terminados, y cuando el proceso productivo implicaba
27 Henri l-raus¿r, La modemité du XVIc siédc, París, Félix, Alean, 1930. 28 Mauro, Le XVIe siécle..., op. cit., p. 99. 29 Barnes, Historia de la economía..., óp. cit., p. 278. 30 ídem, pp. 279, 280,apud, N.S.B. Gras, Industrial Evolution, Harvard University Press, 1930, caps. III-IV.

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varias etapas, como en el caso de los textiles, el incumplimiento de los trabajadores encargados de alguna de ellas, por ejemplo el hilado, desorganizaba la producción. Como resultado de estas dificultades, se desarrolló el sistema manufacturero en el que se reunió a los trabajadores en grandes talleres centrales donde podían ser vigilados por los representantes de los empresarios.31 La producción manufacturera representaba un incremento cualitativo en el control del capital sobre el proceso productivo que le permitió aumentar su eficiencia. Pese a las ventajas que implicaba el nuevo sistema, su introducción fue lenta. Como el trabajo en los talleres manufactureros se realizaba utilizando las mismas herramientas usadas por los artesanos en sus domicilios, éstos estaban en condiciones de resistir el cambio hacia la nueva forma de organización del proceso de trabajo. En el caso de la industria textil, la única diferencia, dice Dobb, entre la producción manufacturera y la doméstica, residía en que, en la primera, cierto número de telares eran instalados en el mismo edificio uno al lado de otro, en vez de encontrarse dispersos en las viviendas de los artesanos. Es decir, que la producción se concentraba espacialmente pero sin cambio respecto al carácter del proceso productivo.32 Esta situación, derivada de la falta de progreso técnico, hizo que en la rama textil se utilizara una combinación del sistema doméstico con el manufacturero de acuerdo con las diversas etapas del proceso productivo: en Florencia, el hilado lo trabajaban las mujeres en sus casas, sea en la propia ciudad o en el campo" dónde eran visitadas por un agente del empresario con un carro y una báscula para entregar la materia prima y recoger la elaborada; el tejido lo realizaban en sus domicilias del área urbana artesanos muy calificados, a quienes en algunos casos se les prestaba el telar; por ultimo, el teñido de las telas se hacía por el sistema manufacturero dominado por el Arte Della lana, agrupación formada por grandes artesanos convertidos en mercaderes ricos, y donde los obreros laboraban sujetos a una disciplina y supervisados por los contramaestres del Arte.33 En otras regiones industriales se hacían combinaciones similares. En Inglaterra, donde el sistema de trabajo domiciliario fue importante hasta el siglo XVIII, la labor de acabado se realizaba con frecuencia, al menos en las regiones occidentales del país, en un gran establecimiento propiedad del fabricante de paños.34 Sin embargo, en otras industrias el capitalismo manufacturero progresó más rápidamente. Se trataba de actividades en las qué el desarrollo tecnológico hacía necesarias grandes inversiones que los artesanos no estaban en posibilidad de realizar. En la minería, por ejemplo, en Inglaterra y antes del siglo XVI, como consecuencia de técnicas primitivas, bastaba un capital de pocas libras esterlinas para Iniciar operaciones mineras en pequeña escala y a menudo los campesinos se dedicaban a extraer carbón, sea por cuenta propia o por-la del señor. Pero con los avances que se hicieron en los sistemas de drenaje logrados a principios del siglo XVI, como resultado de la invención de bombas más eficaces; se comenzaron a excavar minas de mucho mayor profundidad cuya perforación, aunada al
31 Bames, Historia de la economía..., op. cit., pp. 280, 281. 32 Dobb, Estudios sobre d desarrollo..., op. cit., p. 171. 33 Mauro, Le XVI siede…, op. cit., pp. 117, 118. . 34 Dobb, Estudios sobre el desarrollo..., op. di., pp. 171. 172, apud, V.C.H. Gloucester, 2, 118.

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costo del sistema de bombeo que requerían, necesitaba capitales considerables.35 En la extracción del carbón fue donde se desarrolló con mayor vigor el capitalismo inglés. Los propietarios, provistos de grandes capitales, explotaban las minas utilizando el trabajo de grupos importantes de mineros. La construcción naval tuvo un desarrollo similar y, en Venecia, por ejemplo, la construcción de barcos se hacía dentro de un régimen de relaciones salariales, en astilleros que eran rentados por los capitalistas que se encargaban de organizar el trabajo y de llevar la contabilidad de la empresa.36 El desarrollo tecnológico de la siderurgia que hemos mencionado también condujo a una penetración más directa del capital que la efectuada en otras actividades. Al principio del siglo XVI, la producción toda vía era controlada por artesanos fieles a las tradiciones gremiales, pero la necesidad de inversiones siempre mayores hizo que al finalizar el siglo la creciente maquinización desplazara a los artesanos, quienes quedaron convertidos en trabaja dores asalariados por empresarios salidos de la clase mercantil." Una empresa típicamente capitalista fue la organizada por Jacobo Fugger, quien construyó su fortuna en la producción de cobre y plata: controlaba las minas del Tirol y de Hungría e hizo construir tres grandes plantas para el refinamiento del metal, y en 1523 adquirió las minas de mercurio de Almadén, en España, insumo necesario en el proceso de amalgama, realizando la integración vertical de sus empresas industriales.38 La agricultura se desarrollaba también sobre bases nuevas en las que intervenía el capital. Ya hemos visto como la crisis del siglo XIV tuvo un efecto desintegrado en el campo sobre las relaciones feudales de producción. De manera que, escriben Romano y Tenenti, "los métodos de reanimación agrícola a que hemos aludido fueron realizados ya no, como en los siglos XI, XII y XIII, a través dé relaciones de tipo feudal, sino, en parte, por medio de inversión de dinero:"39 Es te proceso hizo que se introdujesen nuevos criterios de racionalidad en la agricultura, uno de cuyos signos externos es la enorme difusión de los manuales sobre la forma de aumentar la productividad agrícola. Dentro de la tradición renacentista, muchos de éstos eran traducciones a lenguas vulgares de obras de la Antigüedad que después fueron seguidas de trabajos de divulgación. El resultado final de esta difusión de mejoras fue el progreso de la agricultura.40 Estas transformaciones tuvieron distinto carácter en los diversos países y regiones de Occidente y, como señala Takahashi, la decadencia del sistema feudal produjo cambios en la renta, que en Inglaterra evolucionó hacia la renta en dinero, mientras que en Francia y en Alemania se hacía el pago en productos. Estos cambios por sí solos no implicaron la introducción de relaciones capitalistas de producción e: la agricultura, la que a través de un periodo de transición que sólo en el siglo XVI
35 Dobb, Estudios sobre el desarrollo..., op. cit., p. 172. 36 Delumeau, op. cit., p. 269 37 Mauro, Le XVIe siécle..., op. cit., pp. 132, 133, apud, J. Lcjeune, La formation du capiíalisme modeme dans la príncipauté de LJcge au XVIe siécle, Licja, 1939. 38 Delumeau, op. cit., f. 269. 39 Romano, op. cit., p. 277. 40 ídem.

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llegaría a "la fase inicial de la era auténticamente capitalista".41Parece que fue únicamente en Inglaterra en donde el capital penetró en profundidad los procesos productivos agrícolas, lo que aunado al desmoronamiento de la propiedad eclesiástica impartió al proceso características que ayudan a explicar el dinamismo de la economía inglesa.42 IV Tanto el crecimiento del capital mercantil como del industrial fueron acompañados del desarrollo de formas de organización que facilitaron operaciones cada vez más complejas, así como el auge paralelo del capital bancario. Italia aportó una vez más los modelos que sirvieron para estructurar operativamente grandes capitales: la commenda y la compagina; la primera en las ciudades marítimas, como Venecia y Génova, y la segunda en las ciudades interiores donde se desarrollaba con más intensidad la actividad industrial y bancaria. La commenda implicaba la asociación entre un socio que suministraba el capital necesario para una empresa determinada, generalmente un viaje marítimo, y un mercader viajero quien realizaba la operación. La forma en que se repartían las pérdidas y ganancias :entre las partes variaba según los términos de los contratos. Delumeau escribe que la commenda fue una institución que fecundó toda la vida económica del Renacimiento.43 La compagina estaba dotada de una forma más próxima a la de las grandes empresas actuales pues agrupaba a muchos socios y su duración no se limitaba al de una sola operación, sino que duraba muchos años; la banca de los Mediéis, por ejemplo, duró noventa y siete años.44 Después de las grandes bancarrotas de las casas bancarias, vino la recuperación y el capital bancario progresó paralelamente al crecimiento de los capitales mercantil e industrial. La banca italiana fue favorecida por el manejo de los fondos del fisco papal procedentes de Alemania, Hungría, Polonia, Escandinava e incluso de Inglaterra.45 Durante este periodo de auge que siguió a la crisis del siglo XTV, en el siglo siguiente hubo un florecimiento de la banca florentina, ligado a los nombres de los Guardi, los Strozzi y, sobre todo, los Médici. Estos últimos organizaron un imperio comercial, industrial y bancario parecido a las empresas holding actual. Según un documento de 1438, cuando la familia alcanzó su apogeo bajo la dirección de Cosme el Viejo, los Médici eran accionistas de once sociedades diferentes esparcidas en la Europa occidental: la TavoJa que era un banco florentino, así como una manufactura de seda y dos de paño, igualmente situadas en Florencia, y compañías situadas en Venecia, en Brujas, en Londres, en Génova, donde la empresa operaba con el nombre de Américo Benci y Feo. Sassetti, en Avignon, donde se llamaba Feo. Sassetti y Giou Zampini, en

41 K. Takahashi, "Contribución al debate", en Dobb, La transición del feudalismo op. cit., pp. 83-87. 42 Véase nota 3. 43 Delumeau, op. cit., p. 249. 44 ídem, p. 250. 45 Hauser, op. cit., p. 95.;

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Milán y, por último, una más, probablemente en Pisa. Todas estas empresas eran controladas estrictamente desde el centro por el jefe de la familia y director de la Tavola de Florencia.46 Este enorme poder económico era inseparable del poder político. Los Médici, a partir de 1434, gobernaron en Florencia durante más de tres siglos, siendo uno de los objetivos de su gobierno proteger y acrecentar su riqueza. Como escribió Lorenzo el Magnífico, el miembro más célebre de la , , dinastía: "Nadie puede ser rico en Florencia sin el Estado".47 Esa poderosa combinación elevó a los Médici a las posiciones más exaltadas de la sociedad occidental, desde el trono de San Pedro hasta el trono de Francia, ilustrando el largo camino ascendente recorrido por el capital desde sus modestos inicios siglos atrás. El dinamismo del comercio, la banca y la industria hicieron de Florencia la capital económica de Occidente, abarcando un periodo que va desde el siglo XIII hasta el XV.48 Después del año 1500 hubo un desplazamiento del centro de gravedad de la economía europea. Los hombres de negocios florentinos fueron superados por los de otros países, como es el caso de los negociantes alemanes Fugger, y Welser y Hóchtetter, los genoveses Pallavicini, Spinola y Sauli y los españoles Malvendí y Ruiz, quienes se convirtieron en árbitros de los destinos de Europa,49 al mismo tiempo que las ciudades atlánticas desplazaban a las mediterráneas como centros de la actividad económica. La fundación de la Bolsa de Amberes, en 1531, sintetiza muchas de las transformaciones que forman la revolución económica del siglo XVI::el establecimiento de Bolsas en donde diariamente se negociaba, no solamente con mercancías, sino con valores, desplaza a las ferias cuyas operaciones no eran continuas y, además, introduce un grado de liberalismo que contrasta con las restricciones medievales, como lo atestiguó la inscripción en el portal de la Bolsa de-Amberes que la proclamó abierta a los "negociantes de todas las naciones" :50 Para 1566, Luigi Guicciardini observaba que en Amberes las operaciones bancarias superaban a las comerciales y señalaba la importancia de la ciudad como mercado de valores.51 Los países ultramarinos que se integraron a la naciente economía mundial, no sólo contribuyeron a incrementar la oferta de mercancías y, mediante sus compras, a ampliar la demanda, sino que también tuvieron un papel de primera importancia en el fortalecimiento del sistema monetario con la aportación de sus metales preciosos. Ya hemos visto que un incentivo para la exploración portuguesa en la costa africana fue la obtención de oro, desde la toma de Ceuta en 1415 hasta alcanzar las regiones del África negra. El oro obtenido posibilitó la acuñación de los primeros "cruzados" en 1457, moneda que conservaría durante ochenta años el mismo contenido de 3.54 gramos de oro fino, dando a Portugal un instrumento de primera clase para respaldar su expansión económica.52
46 Delumeau, op. cit., pp. 251-254. 47 The New Encydopaedia Britannica, Chicago, 1974, XI, 815. 48 Fabel, op. cit., p. 88. 49 Delumcau, op. cit., p. 251. 50 Henri Sée y Armand Rebillon, Le XVIe siédc, París, Presses Univcrsitaires de France, 1942, p. 30. 51 Hauscr, op. cit., p. 98. 52 Fierre Vilar, Oro y moneda en la historia, 1450-1920, trad. Armando Sáenz Buesa y Juana Sa-bater Borrcll, Barcelona, Ediciones Ariel, 1972, pp. 67-76.

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Los españoles al obtener el oro y la plata del Nuevo Mundo, eclipsaron a los portugueses en el siglo XVI. De acuerdo con el estudio clásico hecho por Hamilton, entre 1503 y 1660 se exportaron de América 447 millones de pesos, cada uno equivalente a 42.29 gramos de plata pura, y esta cifra corresponde únicamente a las remesas legales, a las que hay que añadir el contrabando, aunque éste no rebasaba probablemente el 10%.53 En Castilla, durante el reinado de Carlos, se acuñaron monedas de oro como el ducado y el doblón. Estas emisiones ampliaron la oferta monetaria en Europa, pues la tendencia del oro español a fugarse a Francia hizo que en numerosas ocasiones las Cortes solicitaran a la Corona una política revaluatoria para frenar su salida.54 En el siglo XVI, Occidente experimentó un proceso inflacionario que ha sido atribuido por diversos autores a esta afluencia de metales preciosos. Jean Bodin concluía, ya en el siglo XVI, que, en el aumento de los precios, la causa "principal y casi única... es la abundancia de oro y plata",55 y cuatrocientos años después, Hamilton escribió que "desbordándose sobre Europa en un torrente gigantesco, el oro y la plata americanos precipitaron la 'Revolución en los Precios', que a su vez tuvo un papel significativo en la transformación de las instituciones sociales y económicas de los dos primeros siglos de la era moderna."56 Las investigaciones más recientes han puesto en duda estas explicaciones "monetaristas" de la inflación occidental en el siglo XVI. Braudel ha señalado que ya antes del año 1500 la masa monetaria europea era muy considerable y servía de base para una organización social que incluía los Estados nacionales con ejércitos a sueldo, funcionarios asalariados ^sistemas fiscales que operaban con numerario, y que la teoría monetaria cuantitativa debe tener en cuenta en sus consideraciones esa reserva metálica heredada de los siglos precedentes.57 Ingrid Hammarstrom, en un notable artículo publicado en la Scandinavian Economic History Review, ha denunciado la debilidad de la teoría monetarista, aun cuando esté respaldada por los prestigios de Jean Bodin y Müton Freidman, para explicar la "Revolución en los Precios" al iniciarse la era moderna.58 Esto no significa que los metales preciosos del Nuevo Mundo no hayan tenido un impacto importante en la economía europea del siglo XVI, sino que dicha influencia no puede ser explicada en una forma simple y mecánica sino en el marco de la acción dentro de una estructura compleja. En España la llegada del oro y la plata de América corresponde, por un lado, a los ingresos de la Corona captados por el fisco real y, por el otro, a la compensación por las mercancías que cruzaban el Atlántico para satisfacer las necesidades de los colonizadores, dentro de una división del trabajo que especializaba las colonias en la minería y las hacía importadoras de productos elaborados en Europa.59 Carande ha señalado que
53 Eari J. Hamilton, American .Treasure and íhe Pnce Rcvolution ¡n Spain, 1501-1650, Nueva York, Octagon Books, 1970, pp. 32-38. 54 M Mauro, Le XVIe siéde..., op. cit., pp. 186, 187. 55 Vílar, Oro y moneda..., op. cit., p. 255. 56 Hamilton, op. cit., p. vii. 57 Braudel, El Mediterráneo..., op. cit., \. 691, 692. 58 Le Roy Ladourie, p. 584. 59 Hamilton, op. cit., p. 33.

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la demanda americana tuvo un efecto inflacionario en Andalucía, ya que se hacían pedidos de grandes cantidades de vino, producto que era el más solicitado, en segundo lugar de aceite y en tercero, de harina. Esto se reflejó en el aumento de sus precios que, tomando como base los de 1511,'alcanzaron en 1539 los índices de 350 para el vino, 297.5 para el aceité y de 264.4 para el trigo.60 Fierre Villar asienta que el comportamiento de los precios en Castilla muestra aumentos que reflejaban las malas cosechas, pero que, a partir de los años críticos de 1522 y de 1530, a las alzas ya no seguían descensos que correspondieran a resultados mejores en la producción agrícola, sino que se entro en una etapa de "alza de larga duración", y que en Andalucía los precios aumentaron bajo la doble presión de la crisis meteorológicas y de la demanda de los envíos destinados al Nuevo Mundo.61 Le Roy Ladourie explica que en Francia el proceso fue causado por diversos factores: el incremento de la demanda provocado por el auge demográfico y el crecimiento urbano, el estancamiento en la oferta cerealera que terminó por crear una stagüation a partir de 1560-1570 que combinaba el estancamiento de la producción con una persistente tendencia alcista de los precios y, por último, el aumento de los costos marginales a medida que se ponían en cultivo tierras mediocres ante la presión de los demandantes.62 Puede decirse que en Occidente la llegada del oro y de la plata americanos incidió sobre una sociedad que, pese al aumento de la producción, mantenía un equilibrio precario entre la oferta y la demanda, y que en esas condiciones la llegada del nuevo metal tuvo un efecto multiplicador con incidencias inflacionarias.63 Por otra parte, los metales preciosos, del Nuevo Mundo llenaron otras funciones en el establecimiento de la economía planetaria. Asia, por ejemplo, disponía de sederías y excedentes de oro, la plata, por el contrario, era escasa y cara. En estas condiciones, la relación oro/plata era 5 o 6 por 1; en cambio, en Occidente, la producción americana provocó una superabundancia de plata cuya relación con el oro tendía a ser de 14 por 1. La Nueva España, gran productora de plata, aprovechó la oportunidad exportándola hacia China por el galeón de Manila.6* De esta manera, en las antípodas de Europa se estableció un nexo mercantil basado en la plata novohispana que fue un elemento más en el emergente sistema económico mundial. V El gran ciclo de crisis y expansión que caracteriza el tránsito de Occidente del Medievo a la Modernidad tiene un reflejo superestructura] en el surgimiento de los Estados nacionales. El proceso de transformación de las estructuras políticas
60 Vilar, Oro y moneda..., op. cit., p. 114. 61 ídem p. 110. 62 Le Roy Ladourie, op. cit., p. 585. 63 Braudel, El Mediterráneo..., op. cit., I. 692, apvd, Pierre Chaunu, L'Amcrique et Jes Amcríques, París, 1964, pp. 93, sí. 64 Vilar, Oro y moneda..., op. cit., pp. 128, 129

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fue impulsado por dos factores, uno negativo y el otro positivo. El primero corresponde al vacío de poder creado por el debilitamiento del poder feudal que de la ruina de su base económica, fenómeno que ya hemos descrito, así ) de su inadecuación a las necesidades históricas generadas por el desarrollo. términos concretos, podemos ver que la caída del feudalismo se derivó en Fran la Guerra de los Cien Años que desintegró el poderío de los grandes feudatarios, especialmente del ducado de Borgoña que se alió al enemigo inglés, lo que posibilitó el establecimiento de un Estado unificado en el gobierno de Luís V por un poder monárquico centralizado y absoluto. En Inglaterra se desarrollo un proceso similar, igualmente como secuela de la Guerra de los Cien Años. La derrota condujo a la nobleza a la lucha encarnizada de la Guerra de las Dos rosas que arruinó el poderío feudal e incluso extinguió a multitud de familias facilitando a la dinastía Tudor la constitución del Estado nacional. En este pedía la unión de las coronas de Castilla y de Aragón y la victoria sobre los musulmanes de Andalucía dio paso igualmente al establecimiento del Estado unificado En Portugal, se alcanzarían resultados similares bajo el rey Juan II. En ''Míos los casos surgieron Estados unificados bajo monarquías de autoridades con poderes absolutos.65 El Estado llenó el vacío dejado por el poder feudal en decadencia, pero al mismo tiempo, respondió a las necesidades del desarrollo económico del naciente capitalismo. Este requería un factor capaz de mantener el orden social y de construir la infraestructura material que demandaban la producción y el comercio. listo factor fue el Estado que, como sienta Fierre Chaunu, es el poder supremo capaz de mandar, de ordenar, de construir, de dictar la ley y de imponer estructuras durables de orden al cuerpo social.66 Ya se ha visto la forma en que, desde el siglo XVI, la industria textil inglesa triunfó sobre su competidora flamenca titítrias a la movilización nacional de los recursos de Inglaterra que a su favor realizo la Corona. Ya en el siglo XVI, los ingleses desarrollaron dinámicamente su comercio con el apoyo y protección del Estado de los Tudor, quienes se esforzaron por impulsar el crecimiento de la economía inaugurando una política económica de gran envergadura que cubrió muchos campos: se realizaron mejoras en los puertos, se apoyó la pesca como un medio para disponer de una marinería diestra y, con la protección de la Corona, se organizaron sociedades mercantiles en gran escala, como los Merchant Adventurers, la Moscovy Company, para el comercio con Rusia, la-East/and Company, para el comercio en el Baldeo, etc.6' Aunque con menos éxito que en Inglaterra, en otros países el Estado buscaba pulsar el desarrollo económico que era la base misma de su existencia al generar los recursos que lo sustentaban: Maximiliano, y luego Felipe el Hermoso, en los estados borgoñones y los Reyes Católicos en España, ya esbozaban desde el siglo XV políticas "mercantilistas".68 El desarrollo económico de Occidente produciría una sociedad distinta, cualitativa y cuantitativamente, de la sociedad medieval. El crecimiento de la produc65 Fabal, op. cit., pp. 100, 101. 66 Pierre Chaunu, "L'Etat", en Histoire économique ct socialc de la France, op. cit., I, 16. 67 Sée, op. dt., pp. 28, 29. 68 Vilar, Om y moneda..., op. cit, p. 98.

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ción agropecuaria, el dinamismo de la industria, el impulso del comercio y el auge de la vida urbana alcanzaron niveles sin precedente en la historia de la Europa occidental. Al mismo tiempo aparecieron dos elementos cuya novedad no se refiere únicamente a la historia europea sino también a la mundial/El primero de ellos fue la aparición de la primera economía planetaria que comenzó a integrar la producción y la circulación en un sistema cuyas dimensiones coinciden con las del planeta, y cuyos electos transformadores tuvieron consecuencias muy distintas en las diferentes partes comenzando a dar muestras inequívocas desde esta primera etapa de un desarrollo desigual. El segundo elemento lo constituyó la penetración del capital en todos los niveles de la actividad social del hombre occidental, a quien impone las leyes de su propia racionalidad. El establecimiento de relaciones capitalistas permitió una reestructuración de los procesos productivos que se manifestaba en forma concreta en la labor organizativa del empresario capitalista que ha sido descrita por Werner Sombart, uno de los principales historiadores del capitalismo, diciendo que significa disponer a hombres y cosas de forma qué se consiga sin restricciones el efecto deseado. Pero ello encierra a su vez aptitudes y acciones de muy diversa especie. En primer lugar, quien quiera organizar ha de estar capacitado para juzgar a las personas con vistas a su rendimiento para saber distinguir entre muchas personas a las idóneas para un determinado propósito. Luego ha de tener el talento de hacerlas trabajar para él, pero de forma tal que cada una ocupe el lugar adecuado donde pueda rendir el máximo, y saber estimular siempre a todos de manera que desplieguen el más alto grado de actividad correspondiente a su capacidad de rendimiento. Por último, corresponde al empresario el preocuparse de que las personas así reunidas para una actividad común constituyan un conjunto verdaderamente eficiente, que la coordinación y la subordinación de los diferentes elementos sea perfecta y sus actividades se enlacen en ininterrumpida cadena...69 El capital comenzó así a recrear la sociedad a su imagen y semejanza, produciendo en el campo económico la concentración de fuerzas en el espacio y la conjuntación de elementos en el tiempo, cuyo objetivo es maximizar su rendimiento dentro de la lógica de su propia racionalidad. A medida que se profundizaba y ampliaba ese proceso en el siglo XVI, la economía occidental comenzó a moverse en ciclos similares a los identificados por la Teoría Económica: el ciclo de Kitchin, con duración de tres o cuatro años y con oscilaciones muy moderadas, un ciclo decenal, similar al de Juglar, que oscila a veces débilmente y otras profundamente y también un ciclo Koudratieff de larga duración, cuyos puntos máximos se localizaron en los años de 1500, 1560 y 1595.™ Al generalizarse la producción de valores de cambio comenzaron a manifestarse los movimientos cíclicos con periodos de auge y de crisis que la caracterizan. Sin embargo, para los propósitos de este análisis lo que interesa es que todas, estas oscilaciones quedaron sumergidas en una larga etapa de desarro69 Werner Sombart, El burgués. Contribución a ¡a historia espiritual del hombre económico moderno, trad. Mana Pilar Lorenzo, Madrid, Alianza Editorial, 1972, p. 65. 70 Mauro, Le XVIe siécle..., op. cit., pp. 210, 211.

PRODUCCIÓN Y CAPITAL 124 llo de duración secular que corresponde a un ciclo de gran amplitud, cuyas características se han presentado en los últimos capítulos. El surgimiento de la primera civilización planetaria y, capitalista de la historia produjo una sociedad cuyas inmensas potencialidades sólo se realizarían en los siglos posteriores, pero que ya desde su génesis se agitó con un dinamismo que, al ser percibido por la conciencia de los hombres que la integraban, modificaría la concepción que tenían de su propio ser histórico.

X. UTOPÍA: EL PARAÍSO INMANENTE
... secularizar, terrenar o utopizar el dogma déla redención y materializar la invisible ciudad de Dios. EUGENIO ÍMAZ'

El desmoronamiento de la síntesis aristotélica que había estructurado el pensamiento medieval abrió un vacío. La negación de los paradigmas que habían guiado los procesos cognoscitivos del pasado dejó a los hombres del Renacimiento sin un criterio que les permitiera distinguir entre lo que es posible y lo que no lo es. La metodología de la ciencia moderna, que privilegia lo posible real, sólo sería elaborada hasta el siglo XVII. La época renacentista es, en consecuencia, un periodo en que el pensamiento estuvo abierto a un número mayor de posibilidades que en los siglos anteriores o en los posteriores. Si se quisiera resumir en una sola frase la mentalidad del Renacimiento, la fórmula seria: todo es posible.2 En estas condiciones, el pensamiento falto de brújula admitía las supersticiones más groseras y la magia y la hechicería se extendieron de una manera prodigiosa. Pero esta situación descontrolada tenía un aspecto positivo: surgió una curiosidad sin límite acompañado de una agudeza de visión y un espíritu de aventura que se reflejaron en los grandes viajes de exploración y que condujeron a una acumulación del saber. El conocimiento del hombre sobre su propio hábitat progresó en ese clima libertario y vinculado al proceso de ecosis que otorgaba a los occidentales, por primera vez en escala planetaria, un creciente dominio sobre la naturaleza. El avance del saber estuvo ligado al progreso económico y este nexo se reflejó en la ubicación de los centros científicos de vanguardia. Siendo Italia la región que más fácil y tempranamente superó la crisis económica del siglo XTV y Florencia el centro de dicha superación, lógico es que en ella se dieran los mayores progresos en el conocimiento del mundo. Por otra parte, y siguiendo la lógica renacentista, el avance de la geografía está tan estrechamente ligado a la herencia de la Antigüedad, que un historiador, utiliza la expresión "el renacimiento de Tolomeo" para referirse a él.3 Aquí, como en otros campos, el término Renacimiento aparece como singularmente apropiado para aludir a esta época en que el pensamiento clásico sirvió de inspiración para realizar nuevos progresos. Desde el derrumbe del mundo antiguo hasta el siglo XV, Tolomeo fue prácticamente ignorado por

1 Eugenio Imaz, "Tdpía y Ütopía'^cn- Utopías dcLRcnacimienco, México, Fondo de Cultura Eco nómica, 1941, p. xvii. . 2 Alexandre Koyrc, Eludes d'histoirc de la pensce cicnti/Iquc, París, Gallimard, 1973, pp. 50-53. 3 G.R. Crone, Historia efe los mapas, trad. Luis Alaminos y Jorge Hernández Campos, Fondo de Cultura Económica, 1966, p. 76

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los geógrafos. En el año de 1400 el florentino Palla Strozzi consiguió una copia de su Geografía, acompañada de veintisiete mapas, de cuya traducción al latín se encargó Jacopo Ángelus, tarea que vio terminada en 1406. Esta traducción fue criticada, corregida y enmendada por sucesivos editores, pero posteriormente sirvió de base a todos los textos impresos de dicha obra. En cuanto a los mapas tolemaicos, éstos fueron reproducidos en la primera década del siglo por los florentinos Francesco di Lappacino y Domenico di Boninsegni. Otros cosmógrafos enriquecieron el saber: el florentino Pietro de Massajo produjo manuscritos notables por sus mapas suplementarios, pero más importante fue Dominicus Nicholaus Germanus, quien estuvo en Florencia hacia el periodo de 1464 a 1471 y fue el autor de doce mapas manuscritos basados en la Geografía de Tolomeo, en los que introdujo mejoras tales como el uso de la proyección trapezoidal y añadió nuevos mapas. También por esos años trabajó en Florencia Francesco Ber-linghiri, quien enriqueció la obra de Toic-meo con gran cantidad de mapas modernos. Resulta evidente que, por esa época, Florencia era un centro de primera magnitud de estudios cosmográficos.4 La correspondencia entre el progreso científico y el desarrollo económico resalta en el siglo XV florentino. A medida que el proceso cognoscitivo progresa, se reflejan en él dos aspectos de la realidad histórica: el tránsito de una concepción trascendental del hombre y del mundo hacia una concepción inmanente y la creciente importancia de los países atlánticos. Así, uno de los primeros mapas del mundo fue elaborado por el benedictino Andreas Walsperger en 1448, y en él el cartógrafo manifiesta el trascendentalismo y el inmanentismo coexistentes al plasmar en su obra el Paraíso Terrenal, representado por un castillo gótico, como también recientes descubrimientos entre los que podríamos mencionar la isla "Taperbana", la que es seña lada por un letrero que la identifica como el "lugar de la pimienta". La obra maestra de la cartografía medieval, que representa al mismo tiempo el tránsito hacia el conocimiento moderno, es el mapamundi de Frau Mauro, quien trabajó para el rey de Portugal y fue provisto de cartas que consignaban los resultados denlos últimos descubrimientos portugueses. El mapa para el rey fue terminado en 1459 y se ha perdido, pero una copia hecha por la Señoría de Venecia ha sobrevivido y se conserva en la Biblioteca Marciana de esa ciudad. Gracias a ella podemos apreciar que la tradición medieval de colocar a Jerusalén en el centro del mundo fue abandonada, probablemente por la doble influencia de Tolomeo y de los informes de los viajeros acerca de la gran extensión del Oriente. El interés material que subyacía en este progreso científico quedó de manifiesto en las descripciones de las riquezas de los países hecha por el religioso, y así, refiriéndose a Java, informa que "la isla es deliciosa y muy fértil, produciendo muchas cosas, tales como oro en grandes cantidades, madera de áloa, especias y otras maravillas. La exploración de América multiplicó los conocimientos y preparó la mente occidental para la revolución científica que da paso a la Modernidad. Edmundo O'Gorman propone la expresión "la invención de América" para denominar el proceso cognoscitivo que tomó conciencia de la realidad geográfica y que formó
4 ídem. pp. 76-80. 5 ídem. pp. 56, 59, 60, 64

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parte del tránsito de una perspectiva trascendental a una inmanente.6 Guando Colón se encontró con el inmenso caudal de agua dulce de un río, en lo que hoy conocernos como la costa de Suramérica, comprendió que había encontrado un gran continente austral ignorado por Tolomeo y hasta entonces del todo desconocido, y con un razonamiento impregnado de tradicionalismo supuso que ese gran caudal procedía de la fuente del Paraíso Terrenal de donde, como era sabido, salían los cuatro grandes ríos de la Tierra.7 Viendo el Almirante la velocidad de la corriente, la atribuyó a que descendía de una altísima montaña donde estaba ubicado el Paraíso y cuya elevación lo había salvado del Diluvio Universal. Esto hizo que Colón modificara incluso su idea acerca de la esfericidad de la Tierra y sostuviese que el planeta semejaba un seno femenino con su pezón, esto es, una esfera dotada de una protuberancia. El navegante se atemorizó a] considerarse cerca del Paraíso prohibido por Dios a los humanos y retrocedió hacia La Española.8 Sin duda la visión de Colón corresponde al paradigma trascendental del mundo. Posteriormente, obsesionado por la idea de haber llegado a Asia, Colón abandonaría la concepción de haber descubierto un continente desconocido, y correspondió a Americo Vespucio proponer nuevamente la idea en su famosa carta Mundus Novus en la que dice que le parece lícito designar los "nuevos países" que ha visitado con el nombre de Mundo Nuevo, ya que nadie sabía que existían, pues de acuerdo con el saber tradicional el hemisferio meridional sólo estaba ocupado por el océano.9 O'Gorman señala que el nombre refleja el hecho de que para la ciencia antigua y medieval el "mundo" estaba integrado por Europa, Asia y África, de manera que un continente distinto y habitado constituyese efectivamente un "mundo nuevo" en el sentido que para nosotros lo sería otro planeta habitado.10 Los descubrimientos de los navegantes formaban parte de un amplio proceso cognoscitivo en el que participaban muchos individuos, la mayor parte de los cuales nunca salieron de Europa. Las informaciones de Colón sobre su arribo a Asia fueron recibidas con escepticismo por científicos que se preguntaban a dónde había llegado realmente el Almirante, al mismo tiempo que le reconocían el mérito de haber dado a conocer la mitad ignota de la Tierra. Los juristas encargados de establecer los derechos de la Corona sobre esas. tierras y las nuevas rutas oceánicas tenían que encontrar, fórmulas que cubriesen la posibilidad de que no se hubiese arribado a territorios asiáticos, y se les designó vagamente en la bula in ter caetera como "isla y tierras firmes" ubicadas en "las partes occidentales del
6 Edmundo O'Gorman, La invención de America, México, Fondo de Cullura Económica, 1958. 7 Cristóbal Colón, Diario de su tercer viaje en Raecolta di docomcnti e studi publicara c/cl/a R. Commisionc Colombiana par cuarto centenario dclla scopcrtn del!'Amerita, Roma, 1892-1896, II, ii, 22 y Cristóbal Colón, Carta a los reyes del 18 de octubre de H98, en Raccolta, I. ii, 26-40, citados en O'Gorman, La invención..., op. cit., pp. 48. 49, 116. 8 O'Gorman, La invención..., op. cit., p. 61. 9 Carta llamada "El Nuevo Mundo", ¿1503?, en Amcrico Vcspúcio, El Nuevo Mundo, Carlas relativas a sus viajes y descubrimientos, Textos en italiano, español e inglés, Estudio preliminar de Roberto Lcvillier, Buenos Airus, 1951, pp. 170-195, citado en O'Gorrnan, L:i invención.... op. cit.. pp. 61, 125. 10 O'Gorman, La invención..., op. cit., pp. 21, 61, 62.

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Mar Océano, hacia las Indias."" Se trataba de un fenómeno auténticamente social, en él que se conjugaba la actividad de individuos de muy diversas profesiones e impulsados por motivos diferentes, que tuvo como resultado una transformación en la conciencia de la sociedad occidental y que culminaría en la concepción de las tierras encontradas a partir de 1492, tanto en el norte como en el sur, como una unidad de dimensiones continentales y distintas de Asia. Esta nueva concepción quedó asentada en el folleto Cosmographiae Introductio, publicado en 1507 y acompañado del famoso mapamundi y llamado WaJdseemuller de 1507, destinado a ilustrarlo, en el cual se asienta que, en vista de las recientes exploraciones, es necesario agregar a las tres en que se dividía el mundo una "cuarta parte" que se bautiza con el nombre de América en honor de Vespucio.12 II La nueva visión del mundo no sólo demostraba las fallas de la ciencia heredada de la Antigüedad, sino que ponía en crisis la concepción trascendental y mística en que la había enmarcado el Cristianismo. El mundo tripartita constituido por Europa, Asia y África es el núcleo de la geografía patrística y medieval que iniciada por Dionisio el Aeropagita fue consagrada por San Agustín en la Ciudad de Dios y refleja —de acuerdo con los diversos tratadistas que a lo largo de los siglos fueron enriqueciendo esta concepción rnísticogeográfica— el Misterio de la Santísima Trinidad de un Dios a la vez trino y unitario, mientras que en el terreno histórico se vinculaba con el reparto del mundo entre los tres hijos de Noé, antecesores de las razas humanas y representadas por los tres Reyes Magos que adoraron al Niño Jesús como embajadores ecuménicos.13 Al proponer a América como cuarta parte del mundo, la ciencia occidental por primera vez hace coincidir los conceptos de nuestro mundo y de nuestro planeta y al mismo tiempo se aleja de la idea mística en que estaban ubicados de acuerdo con la filosofía trascendental. Describiendo este proceso, O'Gorman escribe:
Puede afirmarse, entonces, que con la invención de América, la cultura de Occidente logra, porun, adueñarse de la totalidad de la Tierra como de algo propio, y aún más, porque como desde ese momento se superó la vivencia multisecular de estar el hombre metido en un mundo como cárcel, también se apropia del universo entero. Es la hora en que el hombre occidental se concibe como el señor nato del cosmos,

y prosigue diciendo que esta revolución intelectual produjo un
alucinante endiosamiento en que puede verse la raíz, no sólo del entonces ya inminente nuevo sistema cosmográfico que desencadenó la Tierra de su centro y firmeza para ha-

11 Manín Fernández de Navarrete, Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por' mar los españoles desde fines del siglo XV, con varios documentos inéditos concernientes a la historia de la marina castellana y de los establecimientos españoles en las indias, Madrid, 1825-1837, II, xvii, citado en O'Gorman, Lii invención..., op. cií., pp. 35, 36. 12O'Gorman, La invención..., op. cií., p. 72. 13 ídem, pp. 21, 22.

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cer de ella alado carro observatorio de los caminos celestes, sino de toda esa poderosa corriente de modernidad;14

La Revolución Copernicana tuvo lugar en la siguiente generación. En realidad, aunque Nicolás Copérnico publicó su-obra magna, Las revoluciones de ¡as esferas celestes, hasta el año de 1543, la idea central la concibió unos treinta y seis años antes, según el mismo nos informa en su libro.15 Esto es, en la época en que el Cosmographiae Introductivo proclamaba el mundo planetario cuatripartito con su inclusión de América. Además, ya Copérnico había dado a conocer su teoría en forma sintética en su Pequeño comentario escrito hacia 1512." En forma típicamente renacentista, Copérnico estudió en Italia y conoció los grandes autores de la Antigüedad para lo que aprendió el griego.17 A diferencia de otros hombres de su tiempo, Copérnico no se dedicó a glosar o a enriquecer la herencia clásica, sino que rechazó el sistema cosmográfico heredado de Aristóteles y de Tolomeo, iniciando con ello la revolución científica que lleva su nombre. La teoría copernicana remplazó el sistema geocéntrico y geoestático por otro en el que el sol ocupaba el centro y en el que los movimientos de la bóveda celeste y del propio sol se explicaban concibiendo la Tierra como un cuerpo que se desplaza a través del espacio dotado de movimientos de traslación y de rotación.18 La Revolución Copernicana provocó un cambio en el concepto que el hombre tenía de sí mismo más radical que ninguna otra teoría científica hasta El origen de las especies de Darwin. La humanidad dejó de ser habitante del centro del universo que giraba majestuosamente en tomo a ella para convertirse en un viajero a bordo de un bólido que surcaba el espacio a una velocidad inimaginable. La reacción de los defensores de las teorías tradicionales y de la concepción trascendentista ante la teoría heliocéntrica no se hizo esperar. La Iglesia católica, imbuida del espíritu renacentista, adoptó una. actitud tolerante. El Pequeño comentario había dado a conocer la tesis copernicana entre muchos intelectuales que se mostraron receptivos a ella y, ya en 1533, John Widmandtad, secretario papal, dio una conferencia sobre el tema para el pontífice Clemente VII y algunos cardenales en los jardines del Vaticano, y cuando Copérnico vaciló en publicar su obra temiendo la rabies theologorum, la furia de los teólogos, el cardenal Nicolás von Schóriberg le escribió exhortándolo a publicarla." En cambio, los protestantes, quienes basaban su movimiento en el repudio al carácter mundano adquirido por la Iglesia y postulaban un retorno a las concepciones trascendenta-listas del hombre y del mundo basadas en una interpretación rigurosa y litera] de las Sagradas Escrituras, reaccionaron con violencia condenando la teoría heliocéntrica como contraria a ellas. Lutero condenó a Copérnico como.a un' "ton14 ídem, p. 81. 15 Nicolás Copérnico, Las revoluciones de las esferas celestes. Libro primero. Introducción y no las de Alejandro Koyrc, trad. Jorge Fernández Chiti, Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1965, p. 40. 16 Angus Armilagc, The World of Copcrnicus, Nueva York, The New American Library, 1963, p. 70. 17 Alejandro Koyrc, Introduccion en Copérnico, op. cit., p. 12. 18 Copérnico, op. cit., Libro primero, cap. XI, pp. 84, 85. 19 ídem. Prefacio, pp. 39-41; Armitage, op. cit., pp. 91, 92.

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to que pondría de cabeza toda la ciencia de la Astronomía. Pero que, como las Sagradas Escrituras afirmaban, era el Sol y no la Tierra el que recibió la orden de Josué de detenerse", mientras que Melanchthon escribió arguyendo contra la tesis copernicana con base en los escritos bíblicos.20 Si consideramos la importancia que la nueva concepción de un mundo planetario cuatripartíto y el nuevo sistema cosmográfico heliocéntrico tuvieron en la conformación del pensamiento moderno y de la perspectiva inmanente que lo caracteriza, y si tenemos en cuenta que estas ideas surgieron como resultado de un proceso histórico en el que participaron incontables hombres, quienes utilizando una nueva tecnología impusieron su dominio sobre mares y continentes, aparece con claridad como el tránsito de la concepción trascendental del hombre y del mundo hacia una inmanente fue el resultado del desarrollo económico de la sociedad occidental. III La historiografía del siglo XVI evolucionó reflejando las transformaciones del pensamiento occidental. Italia que desde hacía siglo y medio había visto surgir el renacimiento del inmanentismo produjo dos figuras de primer orden: Maquiave-lo y Guicciardini. Nicolás Maquiavelo, a quien James Westfall Thompson considera el más grande de los historiadores italianos, fue un hombre especialmente dotado por su talento y circunstancias para comprender el complejo surgimiento de la Modernidad.21 Como los otros grandes humanistas desde Petrarca, Ma-quiayelp encontró su inspiración en la historiografía del mundo antiguo, principalmente en las obras de Polibio y de Tito Livio. Su gran preocupación fue cómo utilizar el estudio del pasado para modelar el presente.22 El nexo que se extiende a trayés de los siglos entre la concepción inmanente de la existencia histórica, que había caracterizado al mundo grecolatino y la del Renacimiento, se muestra en todo su vigor en los Discorsi sobre la primera Deca di Tito Livio, obra en la cual Maquiavelo elabora una serie de ensayos sobre historia y política, correspondiendo éstos a una perspectiva inmanente de los procesos sociales y utilizando como base de su análisis los escritos del gran historiador romano. Así, según él, el origen mismo cíe las sociedades se explica en función de las necesidades materiales de los hombres de manera que, examinando la Revolución Urbana, escribe:
Las ciudades son edificadas[...] cuando [los hombres], dispersos en varias y pequeñas localidades, ni les ofrecen éstas seguridad por el sitio o por el corto número de los defensores contra los ataques del enemigo, ni siquiera pueden reunirse a tiempo cuando éste les invade, y sí lo consiguen es abandonando muchas de sus viviendas que son inmediatamente presa del invasor. A fin de evitar tales peligros, o movidos por su propio impulso, o guiados por alguno de ellos de mayor autoridad, se unen para habitar juntos

20 Amitage,op. cit., p.90 21 Thompson, op. cit., I, 495 22Fueter, op.cit, I, 76.

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un sitio elegido de antemano donde la vida sea más cómoda y más fácil la defensa. Entre otras ciudades, así se fundaron Atenas y Venecia.23

Para el pensador florentino el poder que mueve la historia es la voluntad de los hombres motivada por sus intereses, y lo que convierte su estudio en un conocimiento útil es precisamente que su marcha obedece a un mecanismo inmutable: la naturaleza humana. En El príncipe, su obra más conocida, analiza los procesos por medio de los cuales se adquiere, se conserva, se incrementa o se pierde el poder político. Maquiavelo nos dice que ilustró sus tesis con los grandes ejemplos que ofrece la historia de la Antigüedad porque los hombres recorren caminos que ya han sido transitados por otros.24 Es esto lo que hace útiles al gobernante los estudios históricos: se pueden examinar las causas de las victorias del pasado, a fin de conseguir resultados similares, o de las derrotas con objeto de evitarlas.25 Al examinar los elementos que determinan el poder de un Estado, Maquiavelo se aleja de la voluntad divina como uno de ellos, y enumera factores humanos como los recursos en hombres y en dinero de que dispone el príncipe para integrar un ejército que le permita realizar campañas contra sus enemigos, o bien edificar las fortificaciones para la defensa si no tiene la fuerza para la ofensiva. Otro factor de gran importancia es la actitud del pueblo que le puede brindar o negar su apoyo, de acuerdo con el comportamiento que el príncipe haya tenido para con sus gobernados.26 " Antes de continuar examinando el pensamiento de Nicolás Maquiavelo, conviene recordar las circunstancias en que fueron escritas sus obras. Nacido en Florencia, cuyo sitio de vanguardia en el desarrollo de Occidente ya conocemos, recibió a la edad de veintinueve años el nombramiento de secretario del Consejo de los Diez para la Guerra del gobierno florentino! Era una época tormentosa, tanto en lo interno como en lo externo, en la historia de Florencia. Su gobierno fue una oligarquía bajo el dominio de los Médici hasta 1494, año en que bajo la influencia de Savonarola, se convirtió en una república con una base social más amplia, para volver en 1521 a la hegemonía de los Médici, cuyo poder se acrecentaría con el paso del tiempo. El periodo entre 1494, en que Carlos VIII de Francia invadió Italia, cuando Maquiavelo tenía veinticuatro años, hasta 1527, año de su muerte y en el que Roma fue saqueada por las tropas de Carlos V, vio a Italia convertida en campo de batalla de las ambiciones de Francia y España, transformadas en grandes potencias por su consolidación corrió Estados nacionales.27 Su eficiencia como funcionario hizo que le fueran confiadas responsabilidades crecientes y con el tiempo le encomendaron misiones diplomáticas, incluyendo una ante Luis XII de Francia, lo que le permitió observar de cerca la corte francesa y enviar penetrantes análisis de ella que incrementaron su prestigio. Más importante en el proceso formativo de sus ideas fue su misión ante
23 Nicolás Maquiavclo, Discurso sobre la primera década de Tito Livio, en Obras políticas, trad. Luís Navarro," Buenos Aires, El Ateneo, 1957. p. 57. 24 Nicolás Maquiavclo, El príncipe. Buenos Aires, Espasa Calpc, 1970. p. 30, (cap. VI). 25 ídem, p. 75 (cap. XIV). 26 ídem, p. 56, (cap. X). 27 J.R. Hale, Machiavdlí and Rcnaissancc Italy. Hardmondsworth, Pcnguin, 1972. pp. 1, 2, 22-24.

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César Borgia, quien encarnaba a la perfección al político renacentista y cuyas maniobras conmovían a toda Italia. También organizó un ejército de milicianos en Florencia para remplazar las tropas mercenarias que tan poca confianza le merecían y participó con él en la conquista de Pisa. Esta vida de triunfos se convirtió en tragedia con la derrota florentina ante las tropas del papa Julio II. Maquiave-lo no sólo perdió su puesto en el gobierno, sino que fue sometido a tortura y exiliado, teniendo que buscar refugio en una propiedad rústica donde escribió sus obras.23 Maquiavelo, pues, no fue un pensador sin contacto con la realidad, sino un hombre de Estado con una experiencia política que incluyó grandes éxitos y fracasos desastrosos. Sus obras tan criticadas por su inmoralidad, tan sólo describen las realidades de que fue testigo. De igual interés para nuestro análisis fueron los propósitos que animaron a Maquiavelo para escribir El príncipe. Quiso realizar un examen del funcionamiento de las sociedades humanas que ilustrara "cómo debe conducirse un príncipe con sus gobernados y amigos".29 El autor ansiaba abandonar la rústica vida del exilio y volver a figurar en los círculos oficiales, para lo cual pretendía ganarse el favor de la poderosa familia Médici.30 Del propósito de Maquiavelo podemos deducir que del mismo modo que Tucídides no hubiera podido poner en boca de sus personaje conceptos que no correspondieran a la visión que los atenienses de su época tenían de la existencia humana, sin frustrar su objetivo de escribir una historia libre de fábulas, así el historiador florentino no podía apartarse de la ideas que sus contemporáneos tenían de la realidad política sin desviarse de su objetivo de escribir una guía de acción para los gobernantes proporcionándoles las enseñanzas que le aportaron sus experiencias en "muchos años con suma fatiga y grandísimos peligros".31 Es, pues, indudable que la concepción inmanente de la historia había desplazado al trascendentalismo de su posición hegemónica en la Italia cristiana del Renacimiento, y que la nueva visión de la existencia humana era compartida incluso por los altos jefes de la Iglesia. Sin embargo, Maquiavelo tenía que guardar en ocasiones las apariencias —un Médici había ascendido "al trono de San Pedro con el nombre de León X— y en un capítulo destinado a examinar los principados eclesiásticos afirmó que son gobernados por causas superiores a la razón humana y que sería "bien presuntuoso discutir sobre sus soberanías erigidas y conservadas por Dios mismo" por lo que prefería pasarlos en silencio.. .Que estas piadosas expresiones eran mera fórmula lo demuestra el hecho de que en el mismo capítulo examínalas causas del poderío de los Estados Pontificios y, lejos de determinar que su grandeza se debía a un mandato divino, las localizó en la hábil política del papa Alejandro VI quien utilizó á su hijo César Borgia para quebrantar el poder de sus enemigos, principalmente de las poderosas, familias de los Urbino y de los Colórma, eternos rivales del poderío papal.32

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El agnosticismo de Maquiavelo se revela en forma aún más interesante al estudiar las fuerzas que determinan el proceso histórico, declarando con ironía que "no se oculta que muchos creyeron y creen que la fortuna, es decir Dios, gobierna de tal mudo las cosas de este mundo que los hombres con su prudencia no pueden corregir lo que ellas tienen de adverso" y que .resulta inútil luchar contra el destino. Continúa diciendo que él mismo en alguna ocasión se sintió inclinado hacia esa creencia, pero que sus reflexiones lo llevaron a juzgar que, si bien la fortuna juega un papel importante, los hombres pueden tomar precauciones para protegerse, y ejemplifica diciendo que Italia era víctima de una fortuna adversa porque sus habitantes no habían sido capaces de construir defensas contra ella; en cambio otros países, como Francia, eran dueños de su destino porque sus pobladores habían sabido erigir protecciones adecuadas contra las amenazas del extranjero.33 Esta tesis de Maquiavelo se repite en los Discursos sobre la primera Década de Tito Livio: "Es innegable que a la fortuna y la disciplina, se debió el poderío romano. Creo, sin embargo, que donde hay buena disciplina, hay orden y rara vez falta la buena fortuna".34 Es, pues, la voluntad de los hombres en combinación con el azar lo que determina el curso de la historia y el primer factor es el más importante en todas las ocasiones pues tiende a dominar al segundo. La voluntad de un pueblo de aceptar una disciplina social puede imponerse incluso, a factores adversos y determinar su grandeza. La conclusiones evidente; el destino de Italia no dependía de circunstancias desafortunadas que algunos consideraban obra divina, sino de voluntad de los italianos de convertirse en artífices de su prosperidad y poderío. En Maquiavelo la filosofía inmanente de la historia recuperó el sitio de privilegio que perdió con el derrumbe del mundo grecolatino. Este retorno resulta especialmente visible en el análisis que el pensador florentino hizo del papel histórico de la religión. En los Discursos, señaló que una concepción religiosa es un elemento necesario para gobernar la sociedad y ejemplificó su tesis utilizando la historia de la antigua Roma, donde el rey Numa, teniendo que disciplinar a un pueblo rudo estableciendo huevas normas de conducta y temeroso de que no bastase su autoridad para lograrlo, "acudió a la religión, cosa indispensable para mantener el Orden social".35 Para Maquiavelo la religiones el factor que permite estructurar una sociedad primitiva dotándola de la cohesión que posibilite el avance histórico. Este es un principio que deben tener presente los legisladores:
y en verdad han tenido que recurrir a un Dios cuantos dieron leyes extraordinarias a un pueblo, porque de otra suerte no hubieran sido aceptadas, a causa de que la bondad dé muchos principios la conocen los sabios legisladores, pero no tienen pruebas evidentes para convencer al vulgo, y los que quieren evitarse esta dificultad acuden a los dioses.36

33 ídem, pp. 121, 122, (cap. XXV). 34 Maquiavelo, Discurso..., op. cit., p. 69. 35 ídem, p. 93. 36 ídem, p. 94.

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La concepción trascendental de la historia se convierte así en un elemento civilizador que permite a una sociedad organizarse en el nivel necesario para alcanzar la prosperidad. La religión cesa de ser el vínculo del hombre con su creador para convertirse en un instrumento del gobierno de los hombres por los hombres, de tal importancia que su pérdida ocasiona el desmoronamiento de la estructura social, por lo que los gobernantes deben "cuidar ante todo de la pureza de la religión y de sus ceremonias y de que siempre sean veneradas, por lo que el indicio más seguro de ia ruina de un Estado es ver menospreciado el culto divino".3' Con Maquiavelo se penetraba en un mundo nuevo en el que la Edad Media estaba muerta o, más aún, dice Koyre, es como si jamás hubiese existido.38 Afirmación tal vez excesiva, pero que sin duda demuestra que el inmanentismo del pensador florentino, aunado a una concepción esencialista de la naturaleza humana, lo aproximó a vislumbrar en los procesos sociales los conceptos de legalidad y de necesidad históricas, como se muestra cuando escribió: "El que estudia las cosas de ahora y las antiguas, conoce fácilmente que en todas las ciudades y en todos los pueblos han existido los mismos deseos y las mismas pasiones; de suerte que examinando con atención los sucesos de la antigüedad cualquier gobierno republicano prevé lo que ha de ocurrir..."39 Podemos concluir diciendo que las concepciones de Nicolás Maquiavelo carecen de una carácter dialéctico y no corresponden a las ideas que hoy prevalecen sobre los procesos históricos, pero que en su época, al avanzar hacia la idea de una historia determinada por ley inmanentes, significaron una transformación tan profunda y significativa de la perspectiva filosófica bajo la cual los hombres veían su propio ser, como la que la revolución copernicana realizaba en su propio campo. IV Frenado por la gran crisis del siglo XIV, el Humanismo no consiguió extenderse en la Europa transalpina. Pero al superarse la depresión comenzó a manifestarse al norte délos Alpes. Hacia finales del siglo XV apareció en Francia la figura de Felipe de Conmines, cuya obra historiográfica examinó los reinados de Luís XI,-y de Carlos VIII. Interesado en la historia política, el pensador Trancéis analizó comparativamente el gobierno de su país con los de otros países, de manera que su obra puede considerarse como un antecedente de la Montesquieu. Una medida de la objetividad de sus apreciaciones es que, a su juicio, el sistema político inglés era superior, al de su propio país: "En mi opinión, de todos .los países del mundo que conozco Inglaterra es el que mejor maneja los. intereses públicos La obra/de Conmines se ubica en el tránsito entre la cosmovisión de Una Cristiandad regida por la voluntad divina y la que corresponde a Estados misionales gobernados por hombres.
37 idem. P. 96 38 Koyre, op. ril., p. 21. 39 Maquiavelo, Discurso..., op. di., p. 155. 40 Thompson, op. cit-. I, 5HV5I4.

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sus clásicos, incluyendo las de Herodoto y Tucídides." De esta manera, la utopía del Renacimiento marca un retorno a la cultura de la Grecia antigua. El segundo aspecto que nos interesa está constituido por los mecanismos propuestos por el pensador inglés para establecer una sociedad justa. Moro considera que el origen de las injusticias se encuentra en la base económica de las sociedades, y escribe que
donde quiera que existe la propiedad privada y se mide todo por el dinero, será difícil que el Estado obre justa y acertadamente, a no ser que pienses que es obrar con justicia el permitir que lo mejor vaya a parar a manos de los peores, y que se vive felizmente allí donde todo se haya repartido entre unos pocos que, mientras los demás padecen miseria, disfrutan de la mayor prosperidad.49

Estas ideas hacen de Tomás Moro un antecedente renacentista de las tesis del socialismo de los siglos XIX y XX, mientras que, por otra parte, reflejan la nueva perspectiva inmanente en varias formas: en primer lugar, y como se ha dicho, la felicidad humana debe realizarse en esta vida y no quedar reservada para un mundo trascendental; en segundo término, el logro de ese objetivo depende de la eliminación de la opulencia y la miseria que coexisten en la Tierra, y, por último, lo que prefigura el pensamiento futuro, la sociedad utópica debe lograrse como resultado dé la transformación de las condiciones materiales de la vida social, pues mientras éstas subsistan no es posible lograr una mejoría de la condición humana. Precisa:
Por eso estoy absolutamente persuadido de que, si no se suprime la propiedad, no es posible distribuir las cosas con un criterio equitativo y justo ni proceder acertadamente en las cosas humanas. Pues mientras exista, ha de perdurar entre la mayor y mejor parte de los hombres la angustia y la inevitable carga de la pobreza y de las calamidades, la cual así como admito que es susceptible de aligerarse un tanto, afirmo que no puede suprimirse totalmente.50

Pero si bien el pensamiento desplegado en la Utopía tiene evidentes puntos de coincidencia con las ideas de Platón y de Marx, y puede, en consecuencia, considerarse, como un elemento puente entre dos épocas tan distantes como la Antigüedad clásica y la nuestra, también existen diferencias substanciales. La comparación entre los pensamientos de Platón y de Moro lleva a Wildelband a concluir que el estadista inglés piensa más democráticamente que el filósofo ateniense. Para Platón deben ser los predilectos quienes se dediquen por entero al bien común, renunciando a toda recompensa pecuniaria y constituyendo una élite cuya labor posibilite la edificación de la sociedad superior que propone, mientras \ que Moro contempla una estructura social libertaria donde las tensiones y conflictos, así como los excesos pasionales se eliminen o por lo menos se suavicen como resultado de la racionalización de la base económica, de manera que, en su visión, una faena normal diaria de seis horas sería suficiente para satisfacer

48 Moro, op. cít,. pp. 90. 91. 49 idem p. 44. 50.ídem, p. 45.

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las necesidades de todos y el tiempo restante podría utilizarse por cada cual para actividades nobles libremente elegidas.51 De esta manera se encuentran en las utopías de Platón y de Moro los antecedentes remotos del pensamiento socialista actual en sus dos versiones, la autoritaria y la democrática. Por su parte, la diferencia con el pensamiento marxista radica principalmente en la preocupación del pensador alemán por las fuerzas motrices edificadoras de la sociedad superior en procesos sociales determinados por la necesidad histórica. Por otra parte, es preciso considerar hasta qué punto las ideas sociales de la Utopía reflejan el pensamiento del Humanismo inglés. Tomás Moro, al igual que Nicolás Maquiavelo, fue un individuo en estrecho contacto con la realidad social de su época que respiró la atmósfera intelectual de Oxford, donde gozó de la compañía y amistad de Colet, Lenacre, Grocyn y sobre todo de Erasmo de Rotterdam, el más grande de los pensadores humanistas. Moro fue tenido en gran estima por las mentes más brillantes de su tiempo, que lo consideraron poseedor de una profunda sensibilidad en relación con las nuevas aspiraciones humanas y asimiladoras de sus mejores manifestaciones culturales.52 Si Tomás Moro y su obra son representativos del Humanismo inglés, Francia fue el escenario de la vida de Francisco Rabelais, quien también utilizó la utopía como medio para exponer sus críticas a las condiciones sociales. Su apetito por el conocimiento fue insaciable: su educación incluyó: la Teología, el Derecho y la Medicina y fue una combinación de tradicionalismo medieval y de modernismo renacentista. Rabelais estaba consciente del abismo que separa balas generaciones precedentes y los siglos obscurecidos por una neblina "cimeriana", de los nuevos tiempos que habían retomado las tradiciones de la cultura grecolatina. Como todos los renacentistas mostraba un excesivo desprecio por la cultura medieval y depositaba su confianza en la ciencia.53 En Rabelais encontramos, una vez más, ese puente que se tiende entre dos mundos: el Renacimiento y la Antigüedad., Sus conocimientos del griego y del latín le proporcionaron las llaves de la ciencia antigua, especialmente en el campo de la medicina. El tiempo parece disolverse a medida que ese hombre del Renacimiento se convertía en hombre de ciencia leyendo los Aforismos de Hipócrates o el Pequeño arte médico de Galeno. Simultáneamente, se operaba la ruptura con el pasado más inmediato y sus métodos cuando Rabelais, habiendo recibido el grado de doctor en Medicina de la Universidad de Montpellier, audazmente comenzó a enseñar anatomía mediante la disección del cadáver humano.54; Humanista y hombre de letras además de científico, Rabelais, al escribir su Gargantúa y Pantagruel, produjo una obra que a través de páginas desbordantes de humanidad y dejóle de vivre, condena la herencia del Medievo, mientras enarbola los pendones filosóficos del nuevo mundo ideológico en formación. Una vez más surgió la utopía, el ideal cristiano se trasladó del plano trascendental al inmanente.
51 Windclband, op. til., pp. 143. 144. 52 Joyce Oramcl Hcrtzlcr, 77ir Hisinry oí Utopinn Thought, Nueva York, MacTvíilian, 128. 53 Jean Platard, La vie ct l'oi-um- de Rubí-lilis, París. Boivin, 1939, pp. 88-95. 54 ídem, pp. 19-45. 1923,

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El mundo es bueno pero puede ser mejor en beneficio del hombre y de su derecho a la felicidad terrena. Pero lo más importante es identificar los agentes que la producirían entre los cuales destaca la paz. El pensador francés se revela como un enemigo acérrimo de la guerra y de sus estragos. Para él, es deber de los reyes evitar los conflictos, prefiriendo siempre la negociación a la amenaza, la defensa al ataque y, conformándose con los territorios heredados sin intentar hacer conquistas.55 Nicole Aronson, analizando la filosofía política de Rabelais, se refiere, a la cuidadosa distinción que el escritor establece entre la guerra defensiva y la agresión y a la forma inequívoca en que toma partido del lado de los agredidos.56 Los males de la guerra deben evitarse a toda costa y un rey no debe emprenderla sino después de "haber intentado todas las artes y medios de paz"." Así, el pensamiento que consideraba los hechos históricos como parte de un designio divino se desvaneció para dar paso a una explicación inmanente que los hace depender de la voluntad humana. V Como todos los grandes fenómenos históricos, el Humanismo está lleno de contradicciones, por lo que cualquier generalización debe hacerse con cautela y tomando en cuenta los diferentes elementos antitéticos. Grane Brintoh previene contra la tendencia simplificadora a concebir el pensamiento humanista tan sólo como una etapa intermedia entre el mundo sobrenatural de la religión y el natural de la ciencia. Sin embargo, la directriz principal de la nueva cosmovisión está definida por el rechazo de la perspectiva teológica, aun cuándo todavía no se haya conformado la nueva concepción del mundo como un mecanismo de funcionamiento regular que será la característica del racionalismo.5 El gran denominador común de los humanistas fue su incapacidad para aceptar el trascendenta-lismo medieval y la conciencia de su extranjeridad en relación con él, que se expresó en forma tan dramática cuando Petrarca, el primero de ellos, expresó su dolor por vivir en una edad a la que no pertenecía. Cualquiera que fuese el principal objeto de su actividad e interés, los humanistas eran rebeldes contra la tradición heredada y estaban conscientes de su carácter de hombres nuevos y de la ruptura que se había operado entre ellos y el pasado: "Hombres como Erasmo expresaban abiertamente su desprecio por los escolásticos, miserables esclavos de Aristóteles, distorsionadores de la noble lengua de Horacio y Cicerón, ociosos polemistas acerca del número de ángeles que podían ocupar la punta de una aguja".59 en los nuevos pensadores el misterio de la existencia retrocedió para

55 Francois Rabdais, Garganfua, cnOcúvrés deRabclais, 2 vol., Louis Moland (comp.). París, Caniicr Frcrcs. 1950, I, 83. (cap. XXIX). . 56 Nicole Aronson. Les idñ-s politiques de Rabelais. París, Editions, A.C. Nizct, 1973. pp. 114, 115. 57 Rabclais, op. r/f., I, 82. (cap. XXVIII). 58 Grane Bnnton, The Shnping oflhc Modcrn hfind. Nueva York, New American Library, 1956, p. 24. 59 ídem, p. 29.

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dar paso a la visión racionalista que forma la base de la mentalidad moderna. El humanismo alcanzó su manifestación óptima con el retorno de la utopía. En ella se recogió el ideal de justicia y felicidad que innumerables hombres y mujeres han anhelado a través de los tiempos. La utopía implica simultáneamente continuidad y ruptura con el pasado medieval, los humanistas no repudian el cristianismo: no sólo continúan siendo cristianos, sino que se sienten, en general, repelidos por la violenta lucha del protestantismo contra la Iglesia. Tomás Moro es el mejor ejemplo de esta actitud, al sacrificar la vida por su fe y ser contado por el catolicismo entre el número de los santos. La utopía surge del contraste entre el ideal cristiano de justicia y su negación por la realidad social de la época. Pero, al mismo tiempo, la utopía significa la ruptura con el pasado, pues esos cristianos ya no ubican sus ideales y objetivos en un mundo trascendental, sino que buscaban "secularizar, terrenar o utopizar el dogma de la redención y materializar la invisible ciudad de Dios". Cristóbal Colón huyó al creerse cerca de la montaña, sagrada donde se encuentra el Paraíso negado por la cólera divina a los hombres, Tomás Moro, por el contrario, iniciaría la tradición moderna que continuará hasta nuestros días, y que desea no sólo penetrar en el paraíso sino construirlo mediante la acción humana. La diferencia entre Colón y Moro es la que existe entre el Medievo y la Modernidad, como resultado del desarrollo de la sociedad occidental. Al tomar conciencia de su progreso, el hombre transformó la concepción que tenía de su propio ser histórico y comenzó a pensar en la historia como un proceso controlado por fuerzas inmanentes, entre las que se cuenta la voluntad de los seres humanos…

60 Eugenio Imaz, loc. cit.

EPILOGO Al terminar este análisis del proceso formativo de la Civilización Occidental y del capitalismo, parece posible hacer algunas afirmaciones con respecto a las cuestiones planteadas en él. Los lectores del libro emitirán sus juicios acerca de lu fuerza probatoria de los argumentos presentados sobre la Ley de Correspondencia y los límites de su operatividad, pero el autor considera que con base en los hechos examinados es posible aceptar su existencia y considerarla como la expresión más acabada de la naturaleza estructural y totalizadora del ser social. En vista de lo anterior, es preciso emprender otros estudios utilizando de preferencia otros periodos históricos que involucren sociedades precapitalistas, sociedades capitalistas avanzadas, así como las socialistas, con el objeto de ir precisando mejor los alcances de la ley. Las categorías desarrollo, crisis, ecosis positiva y ecosis negativa, así como de ideología trascendental e ideología inmanente que propusimos emplear al iniciar este trabajo, han resultado instrumentos útiles para los fines propuestos. Esto no excluye la posibilidad de que se propongan otros instrumentos de análisis que vengan a complementar los anteriores. Por otra parte, el examen realizado muestra aspectos de los procesos vitales de la civilización que constituyen directrices muy prometedoras para otras investigaciones que enriquezcan nuestra comprensión de dichos procesos y que pueden ser realizadas independientemente de la Ley de Correspondencia. Una de estas directrices estaría constituida por el hecho de que aun cuando han existido elementos de capitalismo en otras civilizaciones, éstos no consiguieron prosperar hasta ejercer una influencia determinante en sus procesos productivos, de manera que la Civilización Occidental fue la primera en la historia que puede ser calificada de civilización capitalista. La evidencia indica que este hecho excepcional está vinculado a la aguda crisis que se ha descrito. Puede decirse que el capitalismo no es producto únicamente de un proceso de desarrollo sino también de crisis muy agudas, cuya intensidad resultó, sin embargo, en el caso examinado, favorable en el largo plazo. Todo parece indicar que una crisis más severa podría haber desarticulado esta civilización, como ocurrió con la Clásica, hasta volverla disfuncional e incapaz de mantener la vida urbana con todo lo que ello implica; por el contrario, una crisis menos severa habría permitido una recomposición de los elementos de la estructura sin dar la oportunidad para que los débiles brotes de capitalismo que se habían generado crecieran hasta adquirir la fuerza suficiente para imponer su propia lógica a la sociedad en su conjunto, lo que habría provocado un estancamiento secular parecido al sufrido por otras sociedades. Otra ruta de investigación la ofrece el nexo entre el progreso de la ciencia y la tecnología, por un lado, y el desarrollo del capitalismo por el otro. Esta primera civilización capitalista fue también la primera cuyos límites coincidieron con las dimensiones del planeta. Esta potencialidad está vinculada con avances tec-

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EPÍLOGO

141

nológicos de muchos tipos que han sido descritos al examinar el surgimiento del sistema económico mundial, pero dichos avances fueron el resultado de una reestructuración social y, posteriormente, la nueva sociedad demostró estar dotada de elementos que complementaban las innovaciones tecnológicas, dotándolas de una efectividad asombrosa, al grado que grupos muy pequeños de europeos pudieron imponer su dominio sobre inmensos territorios y vastas poblaciones en otras partes del mundo. En síntesis, la Ley de Correspondencia es un objeto de estudio que debe continuar explorándose, pero incluso quienes rechacen su existencia podrán encontrar en las tesis expuestas en este trabajo temas a explorar de máximo interés, tales como la naturaleza de la civilización o del capitalismo, que muestran aspectos obscuros y fascinantes y cuya penetración permitirá entender mejor la trayectoria del hombre.

APÉNDICE CUADRO I, Algunas innovaciones tecnológicas medievales

Rotación trienal de cultivos Collar rígido para el caballo Arado pesado Molino para forja del hierro Uso del caballo en la agricultura Molino para producir azúcar de caña Brújula Barcos de vela sin remos Telar horizontal para dos obreros Anteojos para deficiencias visuales Refuerzos de hierro en los muros Altos hornos Carabela Sistema biela-manivela

final del siglo VIII. ca, 800 siglo X (1a representación) ca. 1010 1077-1082 (1a representación) 1166 1195 (1a mención europea) siglo XII mitad del siglo XIII ca. 1286 siglo XIII siglo XIV ca. H30 ca. 1430 (1a representación)

Fuuente: Jean Gmpel, La revolutión industrielle du Moyen Age, París, Scuil, 1975, pp. 245-249.

143

APÉNDICE CUADRO 2. Evolución demográfica de Europa

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Año

Población de Europa Bennett

Año según Población de OcciProporción de Occidente según Russcll. dente en Europa.

400 a.C. 1 a.C. 200 d.C. 700 1000 1300 1400 1550

23 milones 37 67 27 42 73 45 78

_ 1 a.C. — después de 600 950 antes de 1348 ca. 1400 1550

— 25.6 millones — 14.7 22.6 54.4 35.4 45.7

— 69% — 54 54 75 79 59

FUENTE: B.H. Slicher van Bath, Historia agraria de Europa Occidental, trad. F.M. Lorda Alaiz, Barcelona, Ed. Península, 1974, pp. 1 13-1 15, apud, M.K. Bennett, The World's Food, 1954; J.C. Russell, Late Ancient and Medieval Population, 1958. CUADRO 3. Incrementos demográficos europeos por periodos de cincuenta años
Período 1000-1050 1050-1100 1100-1150 1150-1200 1200-1250 1250-1300 1300-1350 1350-1400 1400-1450 1450-1500 1500-1550 Incremento 9.5% 4.3 4.2 22.0 13.1 5.8 —30.1 — 11.8 13.3 15.8 13.0

FUENTE: misma que el cuadro 2.

APÉNDICE CUADRO 4. Proporción simiente/cosecha en La agricultura medieval Período Trigo Proporción (simiente - 1) Cebada Centeno
3.6 3.2 3.5 3.4. 4.0 8.8 8.1

145

1200-1299 1300-1399 1400-1499 1504-1537

3.8 3.3 4.6 6.6

FUENTE: Promedios calculados por Slicher van Bath, op. cít., con baso en cíalos de R. Leonard, "The Alleged Exhaution ol'lhe Soü in Medieval England", Economic Journut, 3'1932. pp. 12-27; J.K. Th. Rogcrs, History Agrícuiture and Pnces in england, I. 1866; W.H. Beveridge, ''The Yidd und Price of Corn in the Middle Ages", Economic History Review, 2a serie, 8, 1927, pp. 155-167; F.G Devenport, The Economic Developinent Norbík Manor, 1086-1565, (906, pp. 29-31; M. Morgan, The English Uncís of the Abbey office, 1946, pp. 99, 102, 103; H.P.R. Finberi. Tavístoete Abbeyt 1951, p. 114; J. Saltmarsh, "A College Home-farm in the Fificentti Century", Economic History Revíew, 3, 1937. pp.

CUADRO 5. Potencia muscular del hombre y de diversos animales
Fuerza1 Kg. Caballo de tiro Buey Mula Asno Hombre (operando manivela) 54 54 27 14 8 Velocidad m/s Potencia Kg-m/s 60 40 30 15 6.2 Proporción Caballo-100 100 66 50 25 10.4

1.10 0.73 1.10 1.10 0.76

1 Fuerza real ejercida medida con dinamómetro y no carga transportada. FUENTE: Gimpel, op. cit., p. 56.

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ÍNDICE

Agradecimientos .............................................................................. I. La Ley de Correspondencia ........................................................ II. Génesis del desarrollo económico de Occidente . , ............... III. Revolución comercial y relaciones precapitalistas ................. IV. Desarrollo y trascendentalismo ..............................…………... V. Renacimiento del inmanentismo .............................................. VI. Crisis .............................................................................................. VII. Crisis y desarrollo ........................................................................ VIII. La economía mundial .............................................................. IX. Producción y capital .................................................................. X. Utopía: el paraíso inmanente ................................................... Epílogo ............................................................................................... Apéndice ......................................................................................... Bibliografía ........................................................................................

9 11 25 37 49 61 73 84 95 109 125 140 143 147

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Manuel Cazadero Desarrollo, crisis e ideología en la formación del capitalismo
La historia de una civilización es la historia de su fenomenología económica. Pero este enunciado ha de entenderse como un principio da la ley de correspondencia, concepto que explica la interrelación dialéctica de la economía, la Industria, el comercio y la tecnología, con la cultura, las artes y las artesanías y con la política, el Estado y la Ideología, para englobar de esta forma, en su expresión histórica, al fenómeno humano mismo. La génesis y desarrollo del capitalismo es un proceso que se da a través de la Edad Media. La ley de correspondencia es el método que ayuda a analizar y desentrañar las particularidades y la totalidad de dicho proceso, para permitir así su cabal comprensión teórica. En el presente libro, el autor, Manuel Cazadero, muestra el uso de la ley de correspondencia en el estudio de un periodo que es ya un tema clásico de la historia universal, pues la fascinación que produce va unida al hecho de que ahí se encuentran los elementos concretos que estuvieron en el origen de la civilización moderna. La organización capitalista de la sociedad no es natural o inevitable; por el contrario, el capitalismo es el resultado de un accidentado proceso lleno de contradicciones, donde se alternan la evolución y la crisis que permitieron al capital penetrar la sociedad occidental dominando sus procesos productivos, lo cual le dio capacidad para reordenarla social, política e ideológicamente de acuerdo con su propia racionalidad. Monedas que aparecen en la portada, de arriba a abajo contra las manecillas del reloj: 1. Inglaterra, soberano. 1485-1509. 2. Francia. franco de a caballo. 1350-1364; 3. Venecia. ducado. 1280: 4. Florencia, florín. 1256.

Fondo de Cultura Económica /Serie de Economía

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