Estimados llorones y lloronas: Es tan solo normal que lloren, pues llegaron llorando al mundo y no se conoce de ni uno solo

que haya llegado sonriendo. Pero, por otra parte, sería mayor virtud dejar de llorar mientras se vive, dejar de quejarse tanto, de fijarse en aquello que causa insatisfacción, de creer que solo después de la vida viene algo mejor, en fin, de no luchar con honor y aceptar los logros y las derrotas. Empieza a creer más en la vida y menos en la muerte, que de seguro, después de la muerte ya no creerás más. Siempre puede estar peor. Siempre las cosas pueden ser más desastrosas de lo que crees. Un día lluvioso no es un día feo, pues peor es si nunca lloviese. ¿Qué satisfacción diese el alimento sin hambre? ¿Qué seria de la fortaleza sin el trabajo, sin el sudor, sin la lucha? Aún cuando hay noticias de que vendrán a limpiar la casa, no señales el sucio sin tomar tú la escoba. La limpieza nos corresponde a todos, el verdadero cambio provendrá de una madurez social. ¿Esperaremos a que se rehaga el mundo cuando el cambio puede empezar aquí, desde tu perímetro más cercano, desde a tan solo a unos pasos de ti hacia aquellos que te rodean? No, no, pero prefieren seguir llorando y morirán llorando. Nunca comprendieron las glorias del verdadero agradecimiento, la aceptación, la lucha contra lo ‘imposible’, el arte de vivir, la tolerancia, de dar bienvenida a las enseñanzas del sufrimiento y del dolor. Quisieron tanto más, necesitaron tanto esto y aquello inalcanzable que sembraron en sus adentros vacíos abismales. Desearon una perfección que les hizo odiar este mundo y aún nos plagan con este odio; no saben donde esconderlo, no saben ocultarlo, supura por sus poros…llorones y lloronas. ¿Acaso olvidaron cómo los niños aprenden a dejar de llorar cuando juegan? ¡Y cuando se lastiman, no gastan el resto del día lamentándose! ¡Es muy maravilloso el día para desperdiciarlo, secan sus lágrimas y siguen jugando! Tenemos la esperanza a que sequen sus lágrimas, a que sequen sus labios de palabras de pena, a que desnutran su involuntad de creer en la humanidad. Un sabio dijo: 'no te eleves tan alto que pisotees la vida misma'. Sea la belleza del mundo la medicina ante tal enfermedad. G.Antuan

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