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NOTA

Mares
y cambio

climático:
consecuencias
desbordantes
POR FRANCISCO MARTÍNEZ NIETO | @manfrax

Inundacion en Nashville, Tennesse (mayo 2010). | Foto: Kaldari.

Los invaluables servicios ambientales que
ofrecen los océanos al planeta se encuentran
amenazados por el cambio climático. Como
consecuencia, las aguas están subiendo de nivel
y acidificándose. La vida de muchas personas
—las que viven en regiones costeras, de la
Polinesia y Bangladesh, al Golfo de México
y el Caribe— y especies animales ya está
resultando afectada. El deshielo del Ártico, otro
problema relacionado, ha despertado el apetito
internacional por el control de los
hidrocarburos que ahí abundan, lo cual
empeoraría la situación. Se requieren, al menos,
dos acciones urgentes: reducir la emisión de
gases de efecto invernadero producto de las
actividades industriales y cotidianas, así como
proteger los ecosistemas marinos ante los
fenómenos irreversibles.

“¿

Qué harían ustedes ante la desaparición de su nación?”, cuestionaba
Enele Sapoaga, presidente de Tuvalú, a los delegados de la xx Conferencia Internacional de Cambio Climático (cop 20) celebrada este diciembre en Lima, Perú. La pregunta retórica plantea el riesgo real que corre
este archipiélago del Pacífico Sur ante el incremento del nivel del mar durante las próximas décadas. De hecho, Tuvalú ha establecido ya un acuerdo
migratorio con Nueva Zelanda para enviar cada año a 75 de sus habitantes
a ese país. Se trata de una nueva e inquietante forma de migración: los refugiados climáticos.
El estado de alerta es compartido por los países insulares de la Polinesia
occidental que se elevan apenas unos metros por encima del Pacífico, entre
ellos Maldivas, las Islas Marshall y Kiribati. En este último archipiélago, el
presidente Anote Tong se ha dedicado durante la última década a la adquisición de nuevas tierras y a negociar acuerdos migratorios con sus vecinos
ante la posibilidad de que su nación corra la misma suerte que enfrentará
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Tuvalú dentro de 30 o 40 años. Para los polinesios, el cambio
climático acarrea, además de todo, la posibilidad de convertirse
en apátridas.
El problema no es exclusivo de esta región. Zonas costeras
tan diversas como las de los mares Caribe y del Norte o las del
Golfo de Bengala se encuentran igualmente comprometidas por
el creciente aumento en el nivel del mar y enfrentan un futuro
tempestuoso para sus habitantes y ecosistemas.

si esto cambiara? Tal vez dicho continente podría tener una temperatura como la del norte de Canadá, donde sólo viven esquimales”, especula Noel Carbajal, doctor en Oceanografía Física e
investigador del Instituto Potosino de Investigación Científica y
Tecnológica. Un tema incluso más grave es que el metano depositado en el lecho del océano pueda subir a la superficie, advierte
Carbajal: “esto está ocurriendo, por ejemplo, en las costas de California, y recordemos que el metano tiene una potencia 20 veces
mayor que el bióxido de carbono para retener el calor”.

U n a d efen s a n at u r a l en r ie s g o

L a d em o l i c i ó n d el Á r t i co

La relación de los océanos con la temperatura del planeta es muy
estrecha. Mientras su capacidad para almacenar calor supera en
cuatro veces a la de la atmósfera, su densidad promedio es casi
1000 veces más grande. Esto convierte a los mares en los principales amortiguadores del calentamiento global y del impacto de
los gases de efecto invernadero, pues funcionan como excelentes
sumideros de dióxido de carbono (CO₂). En este mismo servicio
radica la clave de su vulnerabilidad.
Para la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de
Estados Unidos (noaa), el incremento de calor en los océanos es
equivalente a la explosión de una bomba como la de Hiroshima
cada segundo durante los últimos 30 años. Esto se manifiesta en
su temperatura promedio, que se incrementa alrededor de .1 °C
por década, y en la subida en el nivel del mar, que crece en un rango de al menos .25 milímetros por año desde la década de 1990.
Mientras la precisión de estas estimaciones ha crecido
con el tiempo, también lo han hecho las inquietudes sobre los
fenómenos que este calentamiento podría desencadenar. La
capa superficial del océano —que es la que se está calentando— abarca únicamente 10% de su volumen total. Fenómenos
como el oleaje o el viento podrían estar llevando este calor hacia las profundidades, provocando cambios en sus niveles de
salinidad y oxigenación. “El cambio climático está cambiando
los patrones del viento”, comenta Jorge Torre, doctor en Recursos Naturales y director ejecutivo de la asociación civil Comunidad y Biodiversidad (Cobi), con sede en Guaymas, Sonora, y
promotora de proyectos comunitarios de conservación para los
ecosistemas marinos. “En el fondo del mar existe una parte que
carece de oxígeno, a la que llamamos zona hipóxica. Cuando los
vientos son tan fuertes, esta capa asciende a la superficie y provoca que diversas especies se queden sin respirar, es un fenómeno
bien documentado que han reportado los pescadores”.
La acción del viento puede además comprometer el funcionamiento de la cinta transportadora oceánica, una especie de
carretera submarina que regula la temperatura de todo el planeta. “La corriente del Golfo lleva agua caliente al norte de Europa
y permite que ahí se mantenga un buen clima. Pero, ¿qué pasaría

En septiembre de 2009, dos buques comerciales de la empresa
alemana Beluga Shipping completaron un recorrido desde el
océano Pacífico hasta el Atlántico, navegando únicamente por
el océano polar Ártico. Nunca antes una firma marítima occidental había completado esta travesía —conocida como ruta
marítima del Norte— sin la necesidad de un barco rompehielos. “Estamos muy orgullosos; lograrlo ha sido el resultado de
una preparación muy precisa y del trabajo en equipo de nuestros
capitanes, meteorólogos y la tripulación”, decía Niels Stolberg,
presidente de la compañía, quien se ahorró los más de 150 000
dólares que implicaba viajar por otra ruta.
Stolberg olvidó incluir entre los créditos la inestimable
ayuda del cambio climático. Según el Panel Gubernamental de Cambio Climático —ipcc por sus siglas en inglés y que
representa la voz más certificada a nivel mundial en el estudio del tema—, la reducción de hielo en el Ártico no tiene antecedentes en el registro histórico y se prevé, incluso en un
pronóstico moderado, que en menos de 40 años la zona esté
completamente libre de hielo durante el verano. Un fenómeno que, a decir de un reporte de la internacionalmente reconocida Unión Americana de Geofísica, publicado en 2005, no
se ha presentado en el registro paleoclimático en los últimos
80 000 años.
Mientras el hielo en el Ártico disminuye, algunas ambiciones aumentan. La disponibilidad de nuevos espacios para la navegación hace posible la incursión de embarcaciones pesqueras
y comerciales hacia ecosistemas antes inaccesibles. Quizá este
impacto sea lo de menos ante un tesoro ahora desprotegido: más
de 10% de las reservas no descubiertas de gas natural y petróleo a nivel mundial se encuentra en esta zona, según reportes
de Repsol y otras compañías. Un edén de hidrocarburos que
ha despertado el apetito no sólo de las petroleras, sino de potencias como Rusia, Estados Unidos, Canadá o los países Nórdicos.
Este enfrentamiento silencioso comienza a evidenciarse con
los reclamos de Dinamarca o Rusia ante la onu para agenciarse
nuevos territorios en el Ártico, o por la filtración, cortesía de Wi14

EL INCREMENTO DE CALOR EN LOS
OCÉANOS EQUIVALE A LA EXPLOSIÓN
DE UNA BOMBA COMO LA DE
HIROSHIMA CADA SEGUNDO
DURANTE LOS ÚLTIMOS 30 AÑOS.

El Golfo y el Caribe , las regiones
má s afec tadas en Mé xico

kileaks en 2011, de diversos cables diplomáticos que reflejan una
naciente disputa por los recursos energéticos en la zona.
Las costas mexicanas no están exentas ni presentan un riesgo menor ante los problemas
ambientales asociados al cambio climático. De
acuerdo con los reportes del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (inecc), las
regiones más susceptibles son las del oriente
del país, sobre todo los litorales del Golfo de
México y el Mar Caribe.
De acuerdo con un estudio del Instituto
de Geografía de la unam, las regiones más
vulnerables son el delta del río Bravo en Tamaulipas; la Laguna de Alvarado, en Veracruz;
una amplia zona de Tabasco —quizá el estado más amenazado—, comprendida por los
recorridos de los ríos Grijalva y Usumacinta, y
las costas de Yucatán y Quintana Roo.
Este problema se torna aún más grave
considerando la alta vulnerabilidad de los sitios de anidación de tortugas marinas en Campeche, a causa de la erosión y la pérdida de
litorales; la exposición de arrecifes de coral en
Quintana Roo ante las altas dosis de salinidad
marina; y la existencia de humedales en prácticamente todos los estados en la costa oriental
del país.
Sobre los perjuicios a las actividades humanas y comerciales, se plantean riesgos directos
a la práctica de la pesca artesanal en todas las
costas y al sector turístico instalado en el Caribe. Esto último debido a las amenazas que
representan la acidificación de los océanos y
el aumento en la frecuencia de los huracanes.
Según el inecc, una elevación de apenas un metro sobre el nivel del mar generaría más de tres
millones de afectados, todos ellos en la costa
oriental del país.

El fen ó m en o d e l a ac id ifi c ac i ó n
El ritmo de emisión de CO₂ por parte de las actividades humanas está fatigando la capacidad de los océanos para absorberlo.
Cuando este gas de efecto invernadero se disuelve en el agua salada, se forma ácido carbónico, compuesto que con sus grandes
concentraciones está provocando una acidificación global de
los océanos. Este fenómeno tiene graves consecuencias para la
sobrevivencia de las especies marinas, principalmente las que
desarrollan conchas o esqueletos, como los crustáceos, moluscos y corales, pues un mayor nivel de acidez disminuye la concentración de los carbonatos que conforman estas estructuras y
los vuelven vulnerables a las amenazas de su ambiente.
“En las costas de Washington se dieron cuenta de que esto
(la acidificación) afectaba a los cultivos de almeja”, dice Torre.
“Cuando sale su larva (uno de sus primeros estados de desarrollo) emplea sus primeras horas para construir su concha, pero
al haber más acidez le cuesta más trabajo y ese gasto adicional
de energía le dificulta construir otros órganos. Son pequeños
indicios de que cosas que no ocurrían ya están sucediendo”.
Hallazgos como éste han sido consignados por Woods Hole
—una de las instituciones oceanográficas más grandes de Estados Unidos— y hasta ahora, como reconoce el ipcc, se desconoce cómo es que los organismos marinos se adaptarán a esta
clase de cambios, si es que esto es posible.
Para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (fao), esta vulnerabilidad de las especies marinas provocará un efecto dominó o una reacción en
cadena, impactando, a nivel mundial, el sector pesquero. Una
actividad que hace posible el sustento 500 millones de personas
que viven en países en desarrollo, con lo que ello supone: alimentación e ingresos económicos.
Los daños, además, no serían equitativos. Atendiendo a la
tendencia histórica, los factores de peligrosidad natural hacen
más vulnerables a las comunidades pesqueras pobres y con bajos niveles de desarrollo, quienes, adicionalmente, enfrentan
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el rezago social y una limitada capacidad de adaptación a estos
problemas. En números de la fao, la industria pesquera mundial
se compone hoy en día hasta en 90% por el trabajo de los pescadores artesanales, los que cuentan esta actividad entre sus
estrategias de sobrevivencia y, en muchos casos, como único
medio de sustento ante el decaimiento de otros modos de vida
como el comercio o la agricultura. Para ellos existirán pocas
oportunidades de movilidad y adaptación, cuando las especies
marinas de las que dependen cambien sus zonas de distribución a
causa del fenómeno.
Las zonas más vulnerables a estos impactos están localizadas, según la fao, en las costas de África (naciones poco desarrolladas como Gambia, Sudán o Mozambique, dependen
en gran medida de la pesca de moluscos). Algunas más en la
costa del Pacífico sudamericano de Colombia y Ecuador, debido al lugar primordial que ocupa la pesca entre sus actividades
comerciales. Regiones de Rusia y Ucrania, donde el calentamiento de los mares puede alcanzar altos niveles, también se
consideran vulnerables, atendiendo a la poca capacidad de
adaptación de sus habitantes.
Las poblaciones humanas tendrían más retos. Los cerca de
300 millones de personas que viven en zonas costeras bajas o
alrededor de las deltas de los ríos más importantes del mundo,
podrían ser castigados por efectos como la radicalización en la
frecuencia e intensidad de los huracanes. Ello está relacionado
con la disminución de barreras naturales como los arrecifes,
según las universidades de Warwick (Inglaterra) y Queensland
(Australia), publicado en 2005. Regiones superpobladas en Bangladesh ya son azotadas por estas calamidades, y el ipcc estima
en 15 millones los posibles afectados ante un incremento de un
metro en el nivel del mar. Para 2050 esta cantidad de personas
podría elevarse mundialmente a 200 millones, según la onu.

mente precisos sólo en los últimos 20 años”, critica del Monte.
Por lo tanto, eventos consecuentes, como el aumento en el nivel
del mar o el cambio en las corrientes oceánicas podrían someterse a escrutinio. “Lo importante son los procesos regionales,
la resolución que emplean los estudios del ipcc podría ser muy
amplia (la sección territorial que se está estudiando) y estos aspectos regionales se pierden, tal vez son ellos los que indican
otras tendencias en la temperatura”, añade.
Estas reflexiones, dice Del Monte, contribuyen a colocar el
sistema ambiental en un escenario más complejo, propicio a
diversas interpretaciones. “La gente debe saber que no hay sólo
una postura, aunque hay una reticencia fuerte por parte de otros
investigadores y nos cuesta trabajo colocar nuestros artículos en
algunas publicaciones”.

Ag en da in m ed i ata
Los estudios más aceptados por la comunidad científica (ipcc
y noaa) en relación con el cambio climático y su relación con
los océanos son en realidad pesimistas e indican que las medidas transformadoras no pueden aplazarse. “Es importante
mandar este mensaje a la sociedad, pero a la vez es muy difícil
entenderlo”, dice Jorge Torre con resignación. “Por ejemplo tú,
¿te imaginas a tus nietos?, ¿qué tan lejos puedes pensar? No hay
la capacidad de ver tanto. No sé si el huracán Odile, que recién
azotó Los Cabos, tenga algo que ver con el cambio climático,
pero ofrece una imagen de las condiciones que pueden enfrentarse con más frecuencia en algunas décadas”.
La emergencia de la que habla Torre tiene ya una medida.
Según R. K. Pachauri, presidente del ipcc, la “ventana de oportunidad” para actuar no estará abierta mucho tiempo. Y con ello
se refiere al objetivo de no superar el techo de 2 °C en el aumento
de las temperaturas que la comunidad internacional se ha propuesto para los próximos años —algo que se ha reafirmado en
las reuniones del cop 20 de Perú—. Aunado a esta medida, se
propone, entre otras acciones, el empleo de energías alternativas,
la captura artificial de gases contaminantes y la conservación de
los ecosistemas marinos.
Por otro lado, los efectos climáticos que parecen irreversibles
no darían otra alternativa más que adaptarse a ellos. Algunas de
las medidas propuestas por la fao, el ipcc e instituciones nacionales como el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático consisten en generar lineamientos de viabilidad para evitar la
instalación de proyectos industriales o habitacionales en zonas
de riesgo, así como buscar soluciones para contener inundaciones —como diques o marismas— o fomentar actividades pesqueras alternativas, algo que sugiere la fao con la adopción de
la acuicultura.

In t er pr e tac i o n e s a co n t r aco r r ien t e
Aunque existe un consenso científico sobre la existencia del
cambio climático, hay también otras interpretaciones —a menudo poco visibles— que sugieren escenarios mucho más reservados. Para el doctor Pablo del Monte, investigador del Centro
Interdisciplinario de Ciencias Marinas del Instituto Politécnico
Nacional, los registros climáticos de su grupo de especialistas en el Golfo de México indican que las variabilidades climáticas corresponden a procesos naturales que responden a ciclos
de 60 años. Un hallazgo que no omite los cambios inducidos por
las actividades humanas, pero que sí se contrapone a las estimaciones del ipcc.
“Los modelos del ipcc no toman en cuenta la variación climática anterior a sus registros, pues estos modelos son especial16

Foto | Kathry Hansen, nasa.

En México, la asociación civil Cobi contribuye a que los esfuerzos no se concentren sólo
entre los especialistas; para ello, forma brigadistas entre los habitantes de comunidades
vulnerables para monitorear las anomalías ambientales, proteger áreas naturales y, posteriormente, generar conocimiento científico. “No hay un involucramiento efectivo de la sociedad; por eso promovemos mecanismos de participación donde los implicados se reúnan
para lograr la conservación marina”, dice Jorge Torre a propósito de los diversos proyectos
que desarrollan en el Golfo de California.
Aunque pequeños, proyectos como los impulsados por Cobi comienzan a ofrecer resultados. Dicha asociación mexicana registra que, durante los últimos años, los lugares
cerrados de manera estratégica a la pesca han comenzado a propiciar la recuperación de
especies marinas en zonas antes afectadas por la falta de oxígeno.
Quizá sea el primer tramo de una larga ruta que las sociedades presentes y futuras
tendrán que recorrer, y para ello, como comentó Pachauri durante uno de sus mensajes
al público en la cop 20 de Perú, se exige un reacomodo de prioridades: “Ha llegado el
momento de enfocarnos en las soluciones en vez de seguir insistiendo en el problema. La
sociedad civil puede hacer una gran diferencia para grupos de interés como el gobierno,
la academia y las empresas”.
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Mares y cambio climático: consecuencias desbordantes