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Schurerl Emil - Historia Del Pueblo Judio en Tiempos de Jesus Tomo II

Schurerl Emil - Historia Del Pueblo Judio en Tiempos de Jesus Tomo II

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El midras haggádico, es decir la elaboración de los pasajes histó-
ricos y ético-religiosos de la Biblia es muy distinto del midras ha-
lákico. El segundo desarrolla y amplía los materiales contenidos
en el texto mismo, pero la haggadá lo completa y enriquece de
hecho. Supone una modificación de la Escritura de acuerdo con
las necesidades y opiniones de una época posterior. En este caso,
el punto de partida es también el texto bíblico y tenemos asi-
mismo una elaboración similar a la que se aplicaba a los pasajes
legales. La historia se escribe de nuevo combinando diversas for-
mulaciones textuales o completando un texto con ayuda de otro
o estableciendo una cronología, etc. Las secciones éticas, a su
vez, se escriben de nuevo interpretando antiguas doctrinas a la
luz de las enseñanzas de los profetas y sus sucesores. Pero este
tipo de exégesis, más bien riguroso, es desbordado por otro más
libre que aborda el texto desde una perspectiva menos ceñida a la
letra y lo completa con una diversidad de aportaciones propias.
Las «doctrinas» históricas y morales elaboradas de este modo son
conocidas como hgdwt o 'gdwt27

.

27

El término «haggadá» o «aggadá» se explica como relato, lec-
ción, comunicación, de hgyd, narrar, relatar, y como «clase de litera-
tura rabínica, que explica la Biblia homiléticamente, homilía»; cf. Jas-
trow, Dictionary, s.v. 'gdh y hgdh; J. Derenbourg, Haggadá et légen-
de:
REJ 9 (1884) 301-4; W. Bacher, The Origin of the word Haggadá.
(Agada);
JQR 4 (1892) 406-29; Die Agada der Tannaiten I2

, 451-75;
Die exegetische Terminologie I, 30-37; II, 44. Bacher argumenta como
sigue: En Mekilta y Sifre se usa hgyd como sinónimo de limmed.
mgyd hktwb,
el pasaje de la Escritura enseña, o de ordinario simple-
mente mgyd, enseña (o indica) sirve para introducir una deducción a
partir de un texto bíblico en las discusiones tanto halákicas como no
halákicas. En Sifra, por otra parte, ya no se utiliza mgyd, sino que se
sustituye por el sinónimo mlmd. De ahí que el primero corresponde a
un uso lingüístico más antiguo que se conserva aún en la escuela de
Yismael, pero que ha sido abandonado por la de Aqiba. Por otra par-
te, el sustantivo hgdh queda ahora limitado a las explicaciones no ha-
lákicas. En consecuencia, la haggadá es una «enseñanza» no halákica
extraída de un pasaje de la Escritura. En Ned. 4,3, mdrs (exégesis),
hlkwt (enseñanzas legales) 'gdwt (enseñanzas no legales) se mencionan
a la vez; a las otras dos subyace el midras. Cf. sobre estos tres con-
ceptos Bacher, REJ 38 (1899) 211-19 = Die Agada der Tannaiten I2

,
475-89. Sobre varios detalles de los usos lingüísticos medievales, cf.
Bacher, Derasch et Haggadá: REJ 23 (1891) 311-13. Para una valora-
ción histórica, cf. G. Vermes, Scripture and Tradition in Judaism,

i

*5b

EL ESTUDIO DE LA TORA

El midras histórico tiene una excelente ilustración muy ins-
tructiva en uno de los escritos canónicos del Antiguo Testa-
mento, el libro de las Crónicas. Una comparación de sus relatos
con los paralelos de los libros históricos anteriores (Samuel y
Reyes) demuestra que el Cronista añadió toda una categoría de
noticias a la historia de los reyes judíos sobre los que las fuentes
antiguas apenas dicen nada, tales como los relatos sobre los mu-
chos méritos adquiridos no sólo por David sino por otros reyes
piadosos al mantener y dar aún mayor magnificencia al culto sa-
cerdotal. La preocupación principal del Cronista es relatar cómo
aquellos reyes cuidaron muy conscientemente todo lo relacio-
nado con las instituciones del culto. Puede afirmarse que la au-
sencia de tales noticias en los libros de Samuel y Reyes no es
prueba de su inautenticidad y que el Cronista se limitó a to-
marlas de otras fuentes. Pero la dificultad estriba aquí en el hecho
de que las instituciones mismas que aquellos reyes cuidaban
tanto pertenecen en su totalidad al período posexílico, como
puede probarse generalmente de manera definitiva (cf. § 24). Se
diría, por consiguiente, que el Cronista escribió de nuevo la his-
toria anterior desde un punto de vista que le pareció esencial. En
su mente, el culto divino era la realidad capital, y los reyes teo-
cráticos debieron de distinguirse en consecuencia por el interés
que le dedicaban. De este modo aseguraba a la vez el objetivo
práctico de demostrar la justicia de las pretensiones formuladas
por aquellas instituciones y su valor elevado, señalando cómo los
reyes más ilustres las habían tenido en cuenta. Seguramente
nunca se le ocurrió pensar que de este modo falseaba la historia.
Al ajustaría a las necesidades de su tiempo estaba convencido de
que la mejoraba. Su obra o más bien la obra posterior, de la que el
trabajo desarrollado por el Cronista es probablemente una parte
tan sólo, puede caracterizarse con toda propiedad como un mi-
dras histórico, hasta el punto de que su redactor final la designó
explícitamente de este modo (mdrs) (2 Cr 13,22; 24, 27)28

.

Haggadic Studies (1961, 2

1973); Bible and Midrash, en CHB I, 199-

231 = PBJS 59-913

; J. Heineman, La haggadá y su evolución (1974),

en hebreo.

28

Cf. J. Wellhausen, Geschichte Israels I, 236-37. Sin referencia al
término, pero con la conclusión de que el libro de las Crónicas es un
tratamiento homilético de fuentes anteriores: G. von Rad, The Leviti-
cal Sermón in I and II Chronicles,
en The Problem of the Hexateuch
and Other Essays
(1966). Sobre la teoría de que Crónicas utiliza una
fuente homilética, el «Midras de los Reyes», Cf. O. Eissfeldt, Intro-
duction,
532-34.

HALAKA Y HAGGADA

457

Este método que hemos descrito para escribir de nuevo la
historia sagrada se mantuvo y floreció en épocas posteriores y
adquirió cada vez mayor colorido. Cuanto más prestigio e im-
portancia iba adquiriendo entre el pueblo, con mayor empeño se
dedicaron a él los estudiosos de la Tora, fijando sus detalles con
precisión creciente, elaborándolo copiosamente y rodeándolo de
gloria y honor. Las historias de los patriarcas y de Moisés en par-
ticular fueron objeto de una labor dedicada a recargarlas de
adornos. Los judíos helenizados se mostraron especialmente ac-
tivos en esta tarea de escribir de nuevo la historia. Hasta po-
dríamos sospechar que la haggadá tuvo sus orígenes entre ellos
de no estar ahí la obra del Cronista, pero también por el hecho
de que este tipo de midras refleja exactamente el espíritu del ju-
daismo rabínico.

La literatura que conserva rastros de historiografía haggádica
es relativamente rica y variada. Estos rasgos aparecen en las obras
de los helenistas Demetrio, Eupólemo, Artapano (cf. vol. III,
§ 33) o en Filón y Josefo29

; también en los llamados apocalipsis y

en la literatura pseudoepigráfica30

en general. Mucho es también

lo conservado en los textos de Qumrán31

, en los targumes y en el
Talmud, pero especialmente en los midrases propiamente dichos,
dedicados ex professo al desarrollo exegético de los textos bíbli-
cos (cf. vol. I, pp. 128ss). Los más antiguos son el llamado libro de
los Jubileos y el Génesis apócrifo de Qumrán. Ambos pueden
darse como ejemplos clásicos del tratamiento haggádico de la his-
toria bíblica. Jubileos reproduce todo el texto del libro canónico
del Génesis (en el manuscrito de lQapGn sólo se ha conservado

29

Sobre materiales haggádicos en Josefo, cf. S. Rappaport, Agada
und Exegese bei Flavius Josephus
(1930) y la bibliografía recogida en
vol. I, pp. 93-96. Sobre los contactos de Filón con el midrás palestinen-
se, cf. C. Siegfried, Pbüo von Alexandria ais Ausleger des Alten Testa-
ments
(1875) 142-59; E. Stein, Pbüo und der Midrasch (1931); S. Bel-
kin, Filón y la tradición midrashica de Palestina, en Horeb (1958)
1-60, en hebreo; S. Sandmel, Philo's Place in Judaism: A Study of tbe
Conception of Abraham m Jewish Literature
(1971) y § 34 del vol. III.

30

Cf. L. Ginzberg, Tbe Legends of tbe Jews I-VII (,0

1954). Cf.

también R. H. Charles, The Apocrypha and Pseudepigrapha (2

1963); A.

Diez Macho, Apócrifos delAT(Madrid 1982ss).

31

Cf. O. Betz, Offenbarung und Schriftforschung in der Qum-
ransekte
(1960); G. Vermes, Scnpture and Tradition in Judaisrn (1961,
1973); The Qumrán Interpretation of Scripture m its Historical Set-
tmg:
ALUOS 6 (1969) 84-97 = PBJS 37-49; S. Lowy, Some Aspects of
Normatwe and Sedarían Interpretation of Scriptures,
en ibid., 98-163.

i

458

EL ESTUDIO DE LA TORA

Gn 5-15) de tal modo que no sólo se fijan cronológicamente los
detalles, sino que además se enriquece el contenido, que se reela-
bora a fin de que responda a las exigencias del gusto contemporá-
neo.

Damos a continuación algunos ejemplos para ilustrar esta
rama de la actividad exegética.
El relato de la creación es amplificado como sigue.
«Diez cosas fueron creadas la tarde del sábado al oscurecer: la
boca de la tierra (para Coré y los suyos); la boca del pozo (de
Miriam); la boca de la asna (de Balaam); el arco iris; el maná en
el desierto; la vara (de Moisés); el samir (un gusano que resque-
braja las piedras); el alfabeto; los útiles para escribir; las tablas de
piedra. Algunos incluyen también los malos espíritus, la tumba
de Moisés y el carnero de nuestro padre Abrahán, y aun otros
dicen que también las primeras tenazas para hacer nuevas
tenazas»32

.
Muchas leyendas se tejieron en torno a la vida de Adán, co-
nocidas principalmente a través de sus aportes a las literaturas
cristiana y judía posterior, que además las desarrollaron conti-
nuamente33

.
Henoc, que fue arrebatado milagrosamente por Dios y llevado
al cielo, parecía un personaje muy adecuado para revelar los mis-
terios celestes a los hombres. Hacia finales del período del se-
gundo templo, en consecuencia, se le atribuyó un libro que conte-
nía revelaciones de este tipo (cf. vol. III, § 32). La leyenda

32

Abot, 5,6; Ps. Jon. a Nm 22,28 (el maná, el pozo, la vara de
Moisés, el samir, el arco iris, las nubes de gloria, la boca de la tierra,
la escritura de las tablas de la alianza, los malos espíritus y la boca de
la asna parlante). Para una detallada comparación de todas las recen-
siones, cf. W. S. Towner, The Rabbinic «Enumeration of Scnptural
Examples»
(1973) 65-71. Sobre las siete cosas anteriores a la creación
del mundo, es decir la Tora, el arrepentimiento, el jardín del Edén, la
gehenna, el trono de Gloria, el templo y el nombre del Mesías, cf.
bPes. 54a.

33

L. S. Wells en R. H. Charles, The Apocrypha and Pseudepigra-
pha of the OT in English
II (1913), reimpresión 1963, 123ss. K. Koh-
ler, s.v. Adam, en JE I, 174-77; L. Ginzberg, s.v. Adam, Book of, en
ibid., 179ss. L. Ginzberg, The Legends of the Jews I, 86-107; V, 114-
35; A. Altmann, Gnostic Background of the Rabbinic Adam Legend:
JQR 35 (1945) 371-91; O. Eissfeldt, Introduction, 36-37; A.-M. De-
nis, Introduction aux pseudépigraphes grecs de lAncien Testament
(1970) 3-14; M. E. Stone y J. Licht, Ene. Jud. 2, cois. 245-47. Cf.
A. Diez Macho, Apócrifos delAT, 1,195-197; II, 317-352.

HALAKA Y HAGGADA

459

posterior ensalza su piedad y describe su ascensión34

. El helenista

Eupólemo se refiere a él como inventor de la astrología35

.
Abrahán, el progenitor de Israel, revestía indudablemente un
interés especial para este tipo de tratamiento histórico. Los judíos
helenizados y los palestinenses acometieron por igual la tarea. Es
probable que ya en el siglo III a.C. le dedicara un judío helenista
un libro que luego ha sido atribuido a Hecateo3

. Según Arta-
pano, Abrahán instruyó al monarca egipcio Faretotes en la astro-
logia37

. Para el judaismo rabínico, Abrahán fue un modelo de
piedad farisea. Cumplió en su totalidad la Tora incluso antes de
que fuera dada38

.
Se echaron cuentas y resultó que Abrahán resistió hasta diez

tentaciones39

. A causa de su justicia, recibió los premios de las
diez generaciones anteriores, que éstas habían perdido por sus
pecados40

.

34

Sobre la importancia de Henoc en la literatura haggádica, cf.
L. Ginzberg, Legends I, 127-40; el libro de Henoc se analizará detallada-
mente a la luz de los fragmentos árameos de Qumrán en el § 32 del
vol. III. Cf. E. M. Borobio, Apócrifos delATIV (1984) 293-325.

35

Eusebio, Paep. ev., IX, 17. Para un estudio al día de los proble-
mas literarios que plantea el ciclo de Henoc, cf. J. T. Milik, Problémes
de la httérature hénochique a la lumiére des fragments araméens de
Qumram:
HThR 64 (1971) 333-78 y especialmente The Books of
Enoch: Aramaic Fragments of Qumran Cave 4
(1976).

36

Josefo, Ant., 1,7,2 (159); Clemente de Alejandría, Strom.,
V,14,113. Cf. Stern, GLAJJ 1,22.

37

Eusebio, Praep. ev., IX,18. Sobre Abrahán como astrólogo, cf.
también Josefo, Ant., 1,7,1 (155-56); G. Vermes, Scripture and Tradi-
tion,
76-83.

38

ApBar cap. 57,1-2; Qid. 4,14; cf. también Ned. 3,11.

39

Abot 5,3; Jub. 19,8; ARNa cap. 33 (ed. Schechter, 94-95); PRE
26-31; Ps. Jon. Gn 22,1; B. Beer, Lebensgemalde bibhscher Personen
nach Auffassung der judischen Sage,
78, 190-92; R. H. Charles, The
Book of Jubdees
(1902) 121; L. Ginzberg, Dte Haggada bei den Kir-
chenvatern,
117-18; Legends V, 253, n. 253; Abot 5,3; C. Taylor,
Sayings of the Jewish Fathers, 94; Marti-Beer, 'Abot, 119-21; Moore,
Judaism I, 276; III, n.46.

40

Abot, 5,2; cf. en general B. Beer, Leben Abrahams nach Auffas-
sung der judischen Sage
(1859); K. Kohler, s.v. Abraham, en JÉ I,
85-87; L. Ginzberg, JE I, 91ss; The Legends of the Jews I, 209ss,
299-306; V, 217, 229-30, 266-67; G. Vermes, Scripture and Traditwn
in Judaism,
67-95; M. Delcor, The Testament of Abraham (1973). So-
bre la «atadura de Isaac», cf. Vermes, Scripture and Tradition, 193-
218; R. Le Déaut, La nuit paséale (1963) 122-200; S. Spiegel, The Last
Tnal
(1969).

i

460

EL ESTUDIO DE LA TORA

Se ensalzan sobre todo la figura de Moisés el legislador y su
tiempo. En sus obras dirigidas a los lectores paganos, los hele-
nistas lo pintan como padre de la ciencia y la cultura. Según Eu-
pólemo, Moisés fue el inventor del alfabeto, que de él pasó a los
fenicios y de éstos a los griegos. Según Artapano, los egipcios de-
bían toda su civilización a Moisés . Se queda corto en este sen-
tido el autor de Hechos cuando dice que Moisés estaba versado
en toda la sabiduría de los egipcios, aunque esto es ya más de lo
que afirma el Antiguo Testamento (Hch 7,22). La historia de su
vida y de sus hechos se embellece de todos los modos posibles,
como puede verse en Filón y en Josefo42

. Se dan los nombres de
los hechiceros egipcios vencidos por Moisés y Aarón: Yanés y
Yambrés (2 Tim 3,8)43

. Durante la peregrinación de los israelitas
por el desierto, no es que les fuera suministrada agua milagrosa-
mente de una roca en una sola ocasión, sino que durante todo su
viaje los acompañaba una roca que manaba agua (1 Cor 10,4)44

.
La Ley no fue dada a Moisés por el mismo Dios, sino por los
ángeles (Hch 7,53; Gal 3,19; Heb 21,2)45

. Parte de la perfección

41

Eupólemo: Eusebio, Praep. ev., IX,26,1 = Clemente de Alejan-
dría, Strom. 1,23,153. Cf. B. Z. Wacholder, Eupolemus. A Study of
Judaeo-Greek Literature
(1974) 71-96. Artapano: Eusebio, Praep. ev.,
IX,29. Cf. Vermes, La figure de Mo'ise au tournant des deux Tes-
taments,
en H. Cazelles, Mo'ise l'homme de l'Alliance (1955) 68-69.

42

Filón, De vita Mos.; Josefo, Ant., II-IV. Cf. en general B. Beer,
Leben Moses nach Auffasung der jüdischen Sage (1863); W. Z. Lauter-
bach, s.v. Moses, en JE, 46-54; J. Jeremías, TDNT IV, 852ss; H. J.
Schoeps, Theologie und Geschichte des Judenchristentums (1949) 87ss;
B. Botte, G. Vermes, Renée Bloch, Mo'ise l'homme de l'Alliance (1955)
55-167; D. Daube, The New Testament and Rabbinic Judaism (1956)
5-12; W. A. Meeks, The Prophet-King (1967) 100-46. Sobre Moisés en
las pinturas murales de Dura-Europos, cf. M. Rostovtzeff, Dura-Eu-
ropos and its Art
(1938) cap. III; C. H. Kraeling, The Excavations at
Dura-Europos. Final Report
VIII,1: The Synagogue (1956) especial-
mente 349-56. Cf. también Wacholder en n. 41 y J. G. Gager, Moses
in Greco-Román Paganism
(1972); T. Rajak, Moses in Ethiopia: Le-
gend and Literature:
JJS 29 (1978) 111-23.

43

Cf. R. Bloch, Mo'ise, l'homme de l'Alliance (art. cit.) 105. n. 21.
Sobre «Yanés yhnh y su hermano» en CD 5,19-20, cf. C. Rabin, The
Zadokite Documents
(1954) 21.

44

Cf. Ps. Filón, LAB 10,7. Cf. G. Vermes, Mo'ise l'homme de
l'Alliance (art. cit.)
89; M. R. james, The Biblical Antiquities of Philo,
Proleg. de H. Feldman (1971) XCIV, 105-6; C. Perrot y P.-M. Bo-
geart, Pseudo-Philon: Les Antiquités bibliques II (1976) 110.

45

Cf. Str.-B. sobre Gal 3,19; G. Vermes, The Decalogue and the

HALAKA Y HAGGADA

461

de aquella revelación era el hecho de que fuera escrita en setenta
lenguas diferentes sobre estelas erigidas en el monte Ebal
(Dt 28,2ss)46

. Como las dos fechas nefastas en la historia de Is-
rael eran el 17 de Tammuz y el 9 de Ab, las desdichas de la época
mosaica debieron de ocurrir en esos días: el 17 de Tammuz fue-
ron rotas las tablas de la Ley y el 9 de Ab se decretó que la gene-
ración de Moisés no entraría en la tierra de Canaán 7

. Las cir-
cunstancias maravillosas que rodearon la muerte de Moisés
(Dt 34) dieron también abundantes motivos para la formación de

Minim en In Memoriam Paul Kahle (1968) 239 = PBJS 169-77. Sobre
los áyyeX.01 responsables de la transmisión de «la más santa de nues-
tras leyes» en Josefo, Ant., XV,5,3 (136), interpretados como ángeles
o como profetas (o sacerdotes), cf. R. Marcus, Josephus, VIII, 66, n.a.

46

Sot. 7,5, con referencia a Dt 27,8: b'r bytyb, grabándolas clara-
mente (inteligiblemente por tanto). Los setenta idiomas corresponden
a los setenta pueblos que se suponen a partir de Gn 10; cf. Ps. Jon.
sobre Gn 11,7-8; Dt 32,8. PRE 24; S. Krauss, Die Zahl der biblischen
Vólkerschaften:
ZAW (1899) 1-14; ibid. (1900) 38-43 y (1906) 33-48.
Cf. también S. Krauss, Die biblische Vólkertafel im Tlamud, Midrasch
und Targum:
MGWJ 39 (1895) 1-11, 40-63; Moore, Judaism I, 278;
III, n. 49; Ene. Jud, 12, cois. 882-86. En varias crónicas cristianas
pueden verse enumeraciones de los 70 ó 72 pueblos e idiomas del
mundo; cf. A. von Gutschmid, Kleine Schriften V (1894) 240-73, 585-
717; entre otros, cf. la crónica de Hipólito, Die Chronik des Hippoly-
tus
(1905) 100-3, 136-40; cf. Hipólito, Refutatio, X,30: r\oav ÓE oíxoi
o(3' éfrvn (bv xcu xa óvóuaxa Exxefteífiefra ev éxéocug |3í|3Xoig. So-
bre las varias listas, cf. también Bauer, loe. cit.; Moore, Judaism I,
227-28; III, n. 2. La designación de 70 ángeles en el libro de Henoc
como «pastores» del mundo se basa en este presupuesto referente a los
70 pueblos (cf. vol. III, § 32). Sobre los setenta idiomas, cf. también
Seq. 5,1. (Mardoqueo entendía 70 lenguas); Homilías Clementinas,
18,4: jtEQiYQáipag yXúooaig é$bo\ir\xovxa, Recognitiones clementi-
nas,
11,42: In septuaginta et duas partes divisit totius terrae nationes.
Epifanio, Haer., 1,5: xág Y^cóxxag... arcó uiág eíg £|3Sour|xovxa 6IJO
Siéveiuív. Agustín, Civ. Dei, XVI, 9: Per septuaginta duas gentes et
totidem linguas.
Sobre el número 70 en general, cf. M. Steinschneider,
ZDMG 4 (1850) 145-70; 57 (1903) 474-507. Sobre los 70 ángeles, cf.
Moore, Judaism II, 300. Sobre un importante fragmento de Qumrán,
cf. Vermes, DSS 204-5.

47

Taa. 4,6; Ps. Filón, LAB 19,7, fecha la destrucción del templo
en el día decimoséptimo del cuarto mes (Tammuz), el mismo en que
Moisés rompió las tablas de la alianza. Cf. M. R. James, op. cit., 29-
31; M. Wadsworth, A New Pseudo-Philo: JJS 29 (1978) 187-92.

462

EL ESTUDIO DE LA TORA

leyendas48

. En el Nuevo Testamento se menciona la disputa en-
tre Miguel y Satán por el cuerpo de Moisés (Jds 9).
La historia de la era posmosaica recibe el mismo tratamiento
midrásico que la historia anterior de Israel. Por poner sólo unos
ejemplos tomados del Nuevo Testamento, en la lista de antepa-
sados de David que dan Crónicas y Rut aparece un cierto Salmá
o Salmón, padre de Boaz (1 Cr 2,11; Rut 4, 20-21). El midras
histórico divulga que este Salmón era el esposo de Rajab (Mt

1,5)49

. El hambre y la sequía que hubo en tiempos de Elias (1 Re
17) duraron, según el midras histórico, tres años y medio, es de-
cir, media semana de años (Le 4,25; Sant 5,17)50

. Entre los már-
tires de la antigua alianza menciona el autor de Hebreos a los que
fueron aserrados (Heb 11,37). De este modo alude a Isaías, del
que la leyenda hebrea dice lo mismo51

.

Igual que ocurre con la historia bíblica, la reelaboración del
contenido moral-doctrinal de la Escritura es de dos tipos; en
ciertos casos se trata de una verdadera reelaboración del texto tal
como se lee mediante los recursos de combinación, deducción,
etc., y en parte consiste en un enriquecimiento libre del relato bí-
blico al que añaden los frutos de una imaginación creadora.
Los dos elementos se engarzan imperceptiblemente uno con
otro. Muchas ideas y conceptos religiosos de épocas posteriores

48

Cf. ya Josefo, Ant., IV,8,48 (320-26); cf. Ginzberg, Legends III,
448-81; VI, 152-68; R. Bloch, Moise l'homme de l'Alliance (art. cit.)
127-38; M. Wadsworth, The Death of Moses and the Riddle of the
End of Time in Pseudo-Philo,
JJS 28 (1977) 12-19.

49

Según otro midras (bMeg. 14b), Rajab era esposa de Josué.

50

Sobre las leyendas de Elias en general, cf. L. Ginzberg, Eine
unbekannte jüdische Sekte
(1922) 303 = An Unknown Jewish Sect
(1976) 239-56; R. B. Y. Scott, The Expectation of Elijab: «The Cana-
dian Journal of Religious Thought» 3 (1962) 490-502; Moore, Judaism
II, 357ss; J. Jeremías, TDNT sobre Elias; cf., sin embargo, Giblet, Le
Messianisme prophétique,
en L Atiente du Messie, 112; W. D. Davies,
The Setting of the Sermón on the Mount (1964) 158ss.

51

Martirio de Isaías, 5; cf. Charles, Apocrypha and Pseudepigra-
pha
II, 162; bYeb. 49b; Ginzberg, Legends IV, 279; VI, 374-75; Justi-
no, Dial. c. Trypho, c. 120; Tertuliano, De patientia, c. 14; Scorpiace,
c.8; Hipólito, De Christo et Antichristo, c. 30; Orígenes, Epist. ad
Afric.,
c. 9; Comment. in Matth. 13,57 y 23,37 (ed. Lommatzsch, III, 49,
IV, 238-39); Prisciliano, 111,60 (ed. Schepss, 47); Jerónimo, Comment, in
Isaiam,
57 fin. Sobre Jeremías, cf. A. A. Wieder, Josiah and Jeremiah:
Their Relationship according to Aggadic Sources,
en M. A. Fishbane y P.
R. Flohr (eds.), Texts and Responses. Studies presented to N. N. Glatzer
(1975)60-72.

HALAKA Y HAGGADA

463

surgieron como resultado de someter un pasaje bíblico a una «in-
vestigación», es decir, de reflexionar sobre las palabras escritas,
de discurrir y hacer combinaciones sobre la base del mismo
texto. Pero la imaginación constituía una fuente aún más rica de
nuevos avances. Además, lo que se iba adquiriendo por empleo
de un método se combinaba con los frutos de la aplicación de
otro. Las creaciones libres de la fantasía se unían a los hallazgos
de la investigación; consciente o inconscientemente, el hecho es
que la primera solía seguir el mismo curso y la misma dirección
que la segunda. Una vez que esos resultados estaban ya firme-
mente establecidos, eran metódicamente vinculados a la Escritura
mediante el midras.
Esta actividad teológica de investigación y a la vez de crea-
ción se extendía a todo el campo de la religión y la ética. El resul-
tado fue que las ideas religiosas de Israel durante la época inter-
testamentaria adquirieron un aire de fantasía, por una parte, y de
escolasticismo, por otra.
Las tendencias escatológica y apocalíptica, nutridas por un
pesimismo que brotaba de las sucesivas crisis políticas, desde los
Macabeos a Bar Kokba, se orientaron inevitablemente hacia una
trascendencia en el tiempo y en el espacio: la edad futura y el
mundo celeste. La postura apocalíptica consideraba este mundo y
el eón presente como si estuvieran ya a punto de extinguirse y
buscaba una base para sus esperanzas y expectativas en la nueva
realidad de un universo que surgiría en virtud de una interven-
ción divina. Al interpretar las sentencias proféticas, los exegetas
de la Escritura esbozaban la salvación de Israel en un mundo fu-
turo y determinaban por anticipado las condiciones y circunstan-
cias en que se habría de realizar. Pero a la vez fijaban su atención
en el mundo celeste en cuanto tal y se entregaban a unas especu-
laciones inagotables sobre la naturaleza de Dios y sus ángeles.
También se discutían ciertos problemas filosóficos, como las no-
ciones de revelación, trascendencia divina, el bien y el mal, etc.
El pensamiento teosófico se nutría de dos secciones de la Bi-
blia en particular: el relato de la creación (m'sh br'syt) y el carro
de Ezequiel (m'sh mrkbh). La interpretación de estas dos sec-
ciones implicaba abordar los misterios divinos más profundos
que se suponían temas adecuado tan sólo para los iniciados.
«El relato de la creación no debe exponerse delante de dos, y
el del carro ni siquiera delante de uno, a menos que sea un sabio
y capaz de entender por su propio discernimiento»52

.

52

Hag. 2,1. Cf. también Meg. 4,10. Cf. G. Scholem, Major Trenas

\

464

EL ESTUDIO DE LA TORA

Estas interpretaciones amorosamente transmitidas del relato
de la creación y del carro preludian el misticismo teosófico ple-
namente desarrollado y el esoterismo de la cabala medieval53

.

Mientras que la exposición y amplificación de la ley estaban
estrictamente controladas, en el campo de la especulación reli-
giosa se permitía una mayor libertad. Normas y métodos se apli-
caban con una cierta elasticidad. Especialmente, en comparación
con el tratamiento de materias legales, faltaba por completo, so-
bre todo, un elemento: el principio de una tradición vinculante.
El haggadista tenía libertad para dar rienda suelta a su imagina-
ción con tal de que se mantuviera dentro de los límites del ju-
daismo. También en este terreno llegó a desarrollarse una cierta
tradición, por supuesto, pero no era obligatorio atenerse a ella54

.
El pensamiento religioso era relativamente libre, mientras que el
comportamiento estaba estrictamente disciplinado. Pero a falta
de una tradición autoritativa, sólo es posible hablar de normas en
sentido muy amplio. A R. Eliezer b. Yosé el Galileo se atribuyen
treinta y dos de estas middot o principios hermenéuticos55

. Más
tarde halló la tradición judía que la Escritura tenía cuatro sen-
tidos indicados por el término prds, paraíso: 1) pst, el sentido
más simple o literal; 2) rmz (alusión), el sentido alegórico o típico;
3) drs (indagación), el sentido que se deduce de una investigación;
4) swd (misterio), el sentido teosófico56

.

ofjewish Mystiósm (1955) 40-43; Kabbalah (1974) 8-14, 373-76. Jeró-
nimo, Prolog. Commentarii in Ezech.: «Aggrediar Ezechiel prophe-
tam, cuius difficultatem Hebraeorum probat traditio. Nam nisi quis
apud eos aetatem sacerdotalis ministerii, id est tricesimum annum im-
pleverit, nec principia Geneseos, nec Canticum Canticorum, nec huius
voluminis exordium et finem legere permittitur». Id., Epist. 53 ad
Paulinum,
8: «Tertius (scil. Ezechiel) principia et finem tantis habet
obscuritatibus involuta, ut apud Hebraeos istae partes cum exordio
Geneseos ante annos triginta non legantur».

53

Cf. G. Scholem, Major Trends, 40-79; The Kabbalah and its
Symbolism
(1965); s.v. Kabbalah, en Ene. Jud. 10, cois. 489-653; Kab-
balah
(1974).

54

Sobre la tradición haggádica, cf. G. Vermes, Scripture and Tra-
dition injudaism
(1961, 2

1973); Bible and Midrash, en CHB I, (1970)
199-231 = PBJS 59-91; J. Heinemann, La haggadá y su evolución
(1974), en hebreo, con un análisis exhaustivo de la historia de la hag-
gadá desde el período intertestamentario hasta Pirqé de-Rabbí Eliezer.

55

Cf. Bacher, Tannaiten I, 365-66; II, 293ss; JE II, 520-21;
Strack, 95-98; H. G. Enelow, The Mishnah of R. Eliezer, or Midrash
ofthe Thirty-two Hermeneutic Rules
(1933).

56

Las iniciales de estas cuatro palabras forman el término prds.

HALAKA Y HAGGADA

465

La exégesis bíblica por vía de midras pasó al Nuevo Testa-
mento y a la antigua literatura cristiana57

. En cuanto a la Escri-
tura en sí, sus interpretaciones concretas fueron tomadas del ju-
daismo por el cristianismo. Lo cierto es que varias formulaciones
de la teología del Nuevo Testamento dependen de una adapta-
ción cristiana de la tradición exegética judía.

Cf. Bacher, L'exégése biblique dans le Zohar: REJ 22 (1891) 33-46,
219-29; Das Merkwort prds in der jüdischen Bibelexegese: ZAW 13
(1893) 294-305. Bacher demuestra que el Zohar (siglo XIII) fue el pri-
mero en indicar este cuádruple sentido. Hay, ciertamente, una leyenda
talmúdica de que cuatro sabios penetraron en el «paraíso», pero sólo
uno de ellos, R. Aqiba, salió sin sufrir daño alguno; cf. tHag. 2,3;
jHag. 77b; bHag. 14b. Sin embargo, «paraíso», es decir, el lugar de los
misterios celestes no alude aquí a las cuatro reglas de la exégesis, sino
a las especulaciones teosóficas y cosmológicas derivadas de Gn 1 y Ez
1. Sobre las cuatro nociones exegéticas, cf. los importantes artículos de
Bacher, Terminologie I y II, y de E. E. Urbach, The Tradition of
Merkabah Mysticism in tbe Tannaitic Period, en Studies in Mysticism
and Religión
(Scholem Festschrift, 1967) sección hebrea, 1-28. Sobre
los cuatro sabios en el paraíso, cf. Bacher, Tannaiten I, 332-35; A.
Néher, Le voy age mystique des quatre: RHR 140 (1951) 59-82; G.
Scholem, Jewish Gnosticism, Merkahab Mysticism, and Talmudic Tra-
dition
(1965) 14-19; H. A. Fischel, Rabbinic Literature and Greco-
Roman Philosophy
(1973) 4-34.

57

G. Vermes, Scripture and Tradition in Judaism (1961, 2

1973)
especialmente 178-227; The Qumran Interpretation of Scripture in its
Historical Setting:
ALUOS 6 (1969) 85-97; Bible and Midrash: CHB
1 (1970) 199-231 = PBJS 37-49; 59-91; R. Le Déaut, La nuit paséale
(1963); M. McNamara, The New Testament and the Palestinian Tar-
gum to the Pentateuch
(1966); Targum and Testament (1972); B. J.
Malina, The Palestinian Manna Tradition (1968); J. Luzárraga, Las
tradiciones de la nube en la Biblia y en el judaismo primitivo
(1973); J.
E. Ménard (ed.), Exégése biblique et judaisme (1973). Sobre la exposi-
ción alegórica de la Biblia por Filón, cf. E. Stein, Allegorische Exegese
des Philo aus Alexandria:
ZAW 51 (1929) 1-61; G. Alón, Studies in
the Halakah of Philo:
«Tarbiz», cf. n. 17, supra; Jews, Judaism and
the Classical World,
cf. ibíd. D. Daube, Alexandrian Methods of In-
terpretation and the Rabbis,
en Festschrift H. Lewald (1953) 27-44; R.
J. Z. Werblowsky, Philo and Zohar: JJS 10 (1959) 25-44, 113-35; I.
Christiansen, Die Technik der allegorischen Auslegungswissenschaft bei
Philon von Alexandrien
(1969); R. Hamerton-Kelly, Some Techniques
of Composition in Philo's Allegorical Commentary with Special Refe-
rence to De Agricultura. Study in the Hellenistic Midrash,
en R. Ha-
merton-Kelly y R. Scroggs (eds.), Jews, Greeks and Christians (W. D.
Davies Festschrift, 1976) 45-56. Sobre la especulación mística acerca

466

EL ESTUDIO DE LA TORA

de los números, cf. Uqs. 3,12, donde la afirmación de que Dios dará a
todo justo como herencia 310 palabras se prueba por Prov 8,21,
Ihnbyl 'hby ys, ya que ys tiene 310 por valor numérico. Entre los
autores patrísticos primitivos, el autor de la Carta de Bernabé (cap. 9)

C

rueba, a partir de los 318 sirvientes de Abrahán, que el patriarca ya
abía visto en espíritu la cruz de Cristo, pues el número 18 = IH =
el nombre de Jesús, y el número 300 = T = la cruz. Otros muchos
ejemplos recoge Bacher, Tannaiten I-II, y Paldst. Amorder I-1II, Re-
gister,
s.v. Wortdeutung, y Die exegetische Terminologie I, 125-28 (s.v.
nwtryqwn) y II, 27-28 (s.v. gmtry'). Cf. JE V, 589-92 (s.v. Gematria)
y
IX, 339-40 (s.v. Notarikon); Ene. Jud. 7, cois. 369-74 (s.v. Gema-
tria) y
12, cois. 1231-32 (s.v. Notarikon). Sobre una reciente explica-
ción de gematria, cf. S. Sambursky, On the Origín and Signijicance of
the Term Gematria:
JJS 29 (1978) 35-38. Una versión anterior en he-
breo en «Tarbiz» 45 (1976) 268-71.

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