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e Pregon MORO 1998 CAUDETE ES MORA 1id en los albores del sigio XIN, Caudete es mora, y se haya encuadrada entre dos poderosos reinos musulmanes: en fa zona valenciana tiene @ Mardanis, el eélebre Rey Lobo, que, tras rebelarse con- tra el gobernador almohade de Valencia, consigue desiro- narte, arebaténdole fa capital del Tuna, para mas tarde aduo- frarse de todo e! Levante; en la zona murciana se encuentra el implacable lbn-Hud, un tagri con fama de valiento que se considera descendiente de los reyes hudites de Zaragoza y, tenarbolando en su mano la bandera negra de los abbasies, ‘ntenta unificar bajo su égita a toda ia Espana musuimana, Por e! noroeste, [os renes cristianos cuyos reyes no tienen inconveniente en incordlar en lo posible y permitr descara- damente que partidas incon- troladas de almogavares ha- gan sus escarceos por estas. fares, que llaman tierra de nadie, esto es, la frontera, Miontras tanto, enme- dio do esa densa caima, fos ‘mores de Caudete y sus pue- blos comarcanos siguen en- tregados a sus distinfos que- hhaceres, ya que en estos si- los de dominio musulmén la zona ha vivido, sino piécida- ‘mento, si tranqulla y préspera, Los moros son gente trabaja- dora y con una gran capacidad de inventiva para sobrevivir. Con jos prmeros destellos def alba, una vez més se fescucha fa cantinela del almuédano que convoca a la ora- cid desde e' alminar, a lo que fe responden los pajaros con tun chisporroteo de trinos que, unido al suave perdume do azahar que se percive en el ambionte, nos anuncia que es primavera. Se distuta de un clima apacible, ol paisaje es ameno, y hasta las estrellas brilan casi con la misma infonsidad que en el desierto, Continuamente se renueva la fetiidad en fos ett ab x bancales, puesto que todas las mafanas jos agricutores ‘musulmanes dan muestra de su admirable habilidad para componer los huertos y distrbuir fos riegos. Esa capacidlad de sintesis que hace convivr la higuera con el parral, las ‘horializas con los frutales, procurando ef mutuo beneficio de las especies vegetales... do ele leva a los moros a bende- cir mil veces cada da ef nombre de Als, Si frondosos son sus ferocisimos campos y su huerta encantadora, no lo son menas sus innumerabies huerfos y Jardines, que acarician la muralla circundante del puebio, donde so mezclan flores y frutos, donde se disfruta en la vi- sion de las flares, con su perfume, con el sonido del agua «que de forma continua deja caer sus carios, como cadeniias 0s plata, con el gusta de los frutos de Jas pitoras, asomando por el borde de sus tapias, que con un gesto de gracia orian- {alas sefalan el camino que penetra enel serentsimo ceino de las palmeres. Pero algo turba aunque, por ahora, nada més que lige- ramente fa placidez en fa que vive Caude. Cuando en fa fa- mosa batalla de Alarcos fos crista- ‘nos saligron de- srotados, muchos pensaron que ta tranquidad que- daba asegurada por fargo tiempo, Pero he aqui, de ‘nue, fa cruz. Se estén producien- do movimientos extrafios en la parte noroeste, La tierra de nadie empieza a ‘encenderse com las frecuentes escaramuzas: se teme (y con ‘az6n) quo, ervalentonados por ia victoria, os reyes cristia- ‘nos hayan decidido reanudar fo que ellos kaman pomposa- mente fa Reconquista. Estos temores no se manifestan abiertamente, pero en Jos corrillos de fa gente principal fos comentarios rezuman Jnguietud. Con el siglo que sequieren ciertas dectsiones, at unos conspicuos de la sociedad musuimana estan ya bara- Jando la posiblidad de abandonar este paraiso y regresar al ‘antiguo hogar afcano... José Sarrié