"LA APUESTA" Se cuenta de un grupo de amigos que estudiaban medicina en el hospital civil, un día uno de ellos hizo una apuesta

con sus compañeros, entraría al panteón de Belén a las ocho de la noche, hora en que según la creencia salían los muertos de sus sepulcros, y clavaría un clavo para constatar su presencia. Dadas las ocho en el reloj, el joven brinco la barda, con clavo y martillo camino hasta el fondo del panteón y clavo el metal puntiagudo en la pared, sin embargo al quererse retirar del lugar, notó que alguien o algo le detenía su saco, fue entonces que se llenó de pavor y horror a tal punto de perder la conciencia, sus compañeros le esperaron una hora y al notar que no llegaba entraron al panteón a ver lo que pasaba, hallaron a su compañero tendido en el suelo, con el saco sujeto a la pared con el, lo retiraron de allí el pobre, yacía muerto. "Las Monedas" Se dice de un señor que residía en la ciudad y que tuvo que partir a la costa para arreglar asuntos de negocios con sus terrenos, partió en la tarde, sin embargo no llegó a su destino, pues fue asesinado en una emboscada. Se dice que murió antes de anochecer, sin embargo para la noche cuando su familia se encontraba dormida, su hija mayor le vio llegar, al verlo el le dio ordenes de seguirlo en silencio, la llevó al escritorio de donde sacó un compartimiento con monedas de oro, dejó instrucciones y rato después partió a un viaje largo, según lo que el anima contó a su hija. Al día siguiente la terrible noticia llegó a oídos de la familia, la muchacha platicó lo que había pasado con su padre la noche anterior, comprendiendo que fue el anima de su padre con quien habló. pero aquella noche que fue asesinado logro defenderse y matar algunos de los creadores de la emboscada.Pero él había jurado vengarse y molestar a su familia y nunca dejarla descansar...

El niño que le temía a la oscuridad [editar]
Se cuenta de un niño, el cual desde los inicios de su vida tuvo un miedo extremo hacia la oscuridad, era tal ese miedo que si no había luz en el lugar donde dormía, lloraba y gritaba, así fue hasta la edad de 1 año que falleció dado a que su niñera olvido encender las cuatro luces (que se encontraban en las esquinas de su habitación) que iluminaban su habitación. Y fue sepultado en el panteón de Belen, sin embargo las dificultades siguieron, ya que el velador cada mañana veía el fertro del niño fuera de su tumba, por lo

que debía ser introducido de nuevo a su lugar, también se cuenta que se veía su fantasma en la puerta del camposanto tratando de llegar a la luz de la calle, sus padres ante esto decidieron modificar la tumba, haciendo un feretro de piedra que estuviera en el exterior (es decir afuera) con cuatro antorchas alrededor de el, allí fue puesto el cuerpo del niño y desde ese momento todo ha estado normal, hoy en día se le pueden dejar ofrendas como dulces o juguetes, tal vez para que el niño siga descansando con tranquilidad y pueda jugar cuando su espiritu salga de noche.

La tumba de las rosas [editar]
Esta leyenda trata de una señora, quien, caminando por el campo, tropezó con algo en el suelo. Miró hacia abajo aquello que estorbó su caminar observando a sus pies un crucifijo roto. En ese momento lo recogió y lo llevo a su casa, allí lo puso en su sala, en donde lo llenó de flores y de veladoras, y así fue como siempre trató la señora al Cristo roto. Nunca le faltó ni una rosa, y siempre le ponía una veladora. Así llevo su vida hasta que un día enfermo de gravedad. El doctor determinó que no se podía hacer nada. Su familia, triste a su lado, escuchaba como la señora les decía -No lloren, pues el señor me dijo en un sueño que, así como lo recogí y lo llené de flores ahora el llenaría de flores mi tumba y nunca habrá día en que me falten flores como a él no le faltaron-. Y así fue, la señora falleció, y un par de días después comenzaron a salir flores sobre la tumba, pero de una forma peculiar. En vez de crecer y salir hacia arriba, las flores conformaban dos salientes que parecían proteger en un constante abrazo, la tumba de aquella señora. Hasta hoy no hay día en que falten flores en la tumba de esa generosa señora.