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Gacetilla de prensa

Nueva edición de la célebre novela de Mark Twain

Los diarios de Adán y Eva
14,5 x 21,5 cm; 80 pp.
Rústica con solapas

Texto de Mark Twain

(Nuevo formato)

Ilustraciones de Francisco Meléndez

ISBN: 978-84-9432-845-9
PVP: 11,95 €

Traducción de Patricia Willson
Libros del Zorro Rojo, Barcelona
www.librosdelzorrorojo.com

Al cumplirse en 2010 cien años de la muerte de Mark
Twain, Libros del Zorro Rojo publicó una edición especial
de Los diarios de Adán y Eva iluminada por el legendario
dibujante Francisco Meléndez, figura esencial de la
ilustración contemporánea en España; esta obra ahora se
reedita para disfrute de los lectores en un nuevo formato.

Desde su publicación original en 1906, Los diarios de
Adán y Eva no han perdido vigencia. Su pervivencia radica
en una poderosa combinación de humor y ternura: una
gracia construida a base de finas ironías, un candor que
recrea las más primitivas ingenuidades.

Los contrapuntos se suceden, por ejemplo:
Diario de Adán:
«Esta nueva criatura de pelo largo se entromete bastante.
Siempre está merodeando y me sigue a todas partes. Eso
no me gusta; no estoy habituado a la compañía. Preferiría
que se quedara con los otros animales. Hoy está nublado,
hay viento del este; creo que tendremos lluvia…
¿Tendremos? ¿Nosotros? ¿De dónde saqué esta
palabra…? Ahora lo recuerdo: la usa la nueva criatura».

Diario de Eva:
«Toda la semana lo seguí y traté de entablar relaciones
con él. Yo soy la que tuvo que hablar, porque él es tímido,
pero no me importa. Parecía complacido de tenerme
alrededor, y usé el sociable “nosotros” varias veces,
porque él parecía halagado de verse incluido».

Para Twain, Eva es la encargada de dar nombre a las
cosas, y este hecho la impone como la intelectual de la
pareja. Adán, en tanto, presiente y se resigna a sus límites
(«La nueva criatura le da un nombre a todo lo que aparece
antes de que yo pueda protestar»); ocupado más en la
contemplación y ambicionando la quietud, discurre sus
días en la preparación de refugios, en la obtención de
alimentos, o previendo catástrofes («Ella dice que la
serpiente le aconseja probar el fruto de ese árbol, y dice
que el resultado será una noble, bella y grandiosa
educación […]. Le aconsejé que se mantuviera alejada del
árbol. Dijo que no lo haría. Preveo problemas. Emigraré».)

La paternidad propicia en él nuevas incertidumbres:
«Le pusimos de nombre Caín. Ella lo recogió mientras yo
estaba cazando en la ribera norte del Erie; lo recogió en el
bosque, a unas dos millas de nuestro refugio […]. La
diferencia de tamaño lleva a la conclusión de que se trata
de una nueva y diferente clase de animal, quizás un pez».

Al tiempo que Eva realiza otros hallazgos de promisoria
utilidad:
«Él vino corriendo, y se detuvo y observó, y no dijo una
sola palabra durante varios minutos. Luego preguntó qué
era. Ay, no convenía que hiciera esa pregunta tan directa.
Yo tenía que responder, y eso hice. Dije que era fuego. [...]
Después de una pausa, preguntó:
—¿Cómo se produjo?
Otra pregunta directa, y también tenía que tener una
respuesta directa.

—Yo lo hice.
El fuego estaba viajando más y más lejos. Él llegó hasta el
borde del sitio quemado, se quedó mirando y dijo:
—¿Qué es esto?
—Carbones.
Entonces levantó uno para examinarlo, pero cambió de
parecer».

Como señala María Caballero Wangüemert, en Los diarios
de Adán y Eva, «Twain invierte el relato bíblico donde el
varón organiza la creación y nombra a los seres a imagen
y semejanza divina. La mujer ha tomado el poder; Twain
acusa el sufragismo norteamericano del XIX, se mueve
desde los parámetros patriarcales pero, como varón,
asume las incipientes críticas a la futura revolución
femenina».

«Un texto –escribió Borges– es también lo que el tiempo
hace de él». Leídos a más de un siglo, estos diarios del
paraíso brillan aún por el ingenio de su humor
incombustible.

Sobre esta edición de Libros del Zorro Rojo
La presente edición de Los diarios de Adán y Eva es
resultado de dos voluntados, saludar a Mark Twain a más
de cien años de su adiós y convocar al mítico dibujante
Francisco Meléndez para un nuevo trabajo, luego de años
de voluntario silencio. Es probable que la paradoja hubiera
agradado al maestro: preparar una edición ilustrada por
quien ya no ilustra.

Francisco Meléndez, figura clave para comprender la
evolución de la ilustración española en los últimos treinta
años, hizo un excepcional paréntesis en su misterioso
silencio, y aceptó la propuesta. El resultado es una
extraordinaria interpretación gráfica que sobresale por la
representación de los protagonistas así como también por

la técnica utilizada, grafito sobre papel, recurso dificilísimo,
ingrato para muchos, caído hace años en el olvido, y cuyo
pleno dominio es provincia exclusiva de los artistas
verdaderos.

La versión en castellano de Patricia Willson, Premio
Panhispánico de Traducción 2005, se impone entre las
más perfectas realizadas hasta el presente.

Mark Twain
Florida, 1835 - Redding, 1910

Se educó en la ribera del Misisipi. Fue aprendiz de
impresor, tipógrafo itinerante, piloto de un barco de vapor,
soldado del ejército confederado, minero, inventor,
periodista, empresario arruinado, doctor en Letras por la
universidades de Yale y Oxford, conferenciante en cinco
continentes y finalmente una de las mayores celebridades
de su tiempo. En 1876 publicó Tom Sawyer y en 1884 su
secuela, Huckleberry Finn, vértice de toda la literatura
norteamericana moderna según Ernest Hemingway. Los
diarios de Adán y Eva, aparecidos entre 1893 y 1905,
derivan de su preocupación por la Biblia, «esa vieja galería
de curiosidades». A lo largo de su vida, Mark Twain pasó
gradualmente de la ironía al pesimismo, luego a la
amargura y a la misantropía; el humor y la lucidez nunca lo
abandonaron. En 1909 comentó: «Yo nací con el cometa
Halley en 1835. El próximo año volverá y espero
fervorosamente irme con él. Si así no fuera, sería la mayor
desilusión de mi vida. Estoy convencido de que el
Todopoderoso lo ha pensado: “estos dos monstruos han
llegado juntos, que se vayan juntos”».

Francisco Meléndez
Zaragoza, 1964

Dibujante eminente y autodidacta. En 1984 publicó su
primer trabajo y dos años más tarde obtuvo el Premio
Nacional de Ilustración por La oveja negra y otras fábulas
de Augusto Monterroso. A este le seguiría una pléyade de
obras con textos de autoría propia, como El verdadero
inventor del buque submarino, Premio LIBER al Libro Mejor
Editado y Medalla de Plata en la exposición «Los libros
más bellos del mundo» de Leipzig en 1990; Leopold, la
conquista del aire, segundo Premio Nacional de Ilustración
en 1992 y El viaje de Colonus, un friso de nueve metros
plegado en fuelle, donde recreó el viaje del almirante a las
Indias. Luego, Meléndez optó por el silencio, renunció a su
oficio, eligió vivir en un monasterio y fundar la agrupación
socioeducativa ’ãl-May’ãrî-Valmadrid, que promueve el
trabajo artístico entre niños y adolescentes, al margen de
los cánones académicos. Su trabajo para Los diarios de
Adán y Eva supone un excepcional regreso al ejercicio de
su magia. Por todo instrumento se sirvió de un lápiz, en la
paz del camposanto que por la noche vigila.

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