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Rudyard Kipling

El libro de la selva

Los hermanos de Mowgli

Mang, ese ciego con alas,
suelta las bridas de la noche.
Rann es su amigo, en él cabalga.
Duermen las vacas sueños torpes.
Los corderos tiemblan, balan,
y tras la puerta se esconden.
Somos dueños hasta el alba.
Queremos siempre ser libres,
fuerza, pasión desatada.
Que abunde siempre la caza.
Será así, si en la Ley vives.

LAS COLINAS DE SEEONEE PARECÍAN UN
horno. Padre Lobo, que había pasado todo el
día durmiendo, se despertó. Se rascó, boste-
zó y fue estirando una tras otra las patas.
Quería desprenderse de todo el sopor y la
rigidez que se había acumulado en ellas. Ma-

dre Loba estaba echada. Su cabeza gris repo-
saba, en señal de cariño y protección, sobre
los lobatos, cuatro animalitos indefensos y
chillones. La Luna brillaba en todo su esplen-
dor nocturno fuera de la cueva.
––¡Ahuugr! ––sentenció Padre Lobo––. Es
hora de salir de caza ––y ya estaba a punto
de lanzarse pendiente abajo, cuando se pre-
sentó a la entrada de la cueva una sombra
menuda y furtiva; era bien visible su cola es-
ponjosa. Empezó en tono lastimero:
––Buena suerte, jefe de los lobos. Y que la
misma buena suerte sea siempre con tus
hijos. Que puedan estar eternamente orgullo-
sos de sus fuertes colmillos. Y que jamás les
falte el apetito.
Era el chacal ––Tabaqui el lameplatos–– el
que así habló. En la India los lobos despre-
cian a Tabaqui por ser un chismoso. Siempre
anda con cuentos e historias de un lado para
otro. También lo desprecian por su dieta:
despojos y todo lo que haya mínimamente
aprovechable en cualquier basurero.
Despreciable, sí, pero temible. Mas que
cualquier otro animal, cuando a Tabaqui le

entra la locura, se olvida de su miedo y
muerde todo lo que le sale al paso: cosas y
animales. Son los momentos en los que hasta
el tigre no se atreve a vagar libremente por la
Selva. Les preocupa hasta el solo pensamien-
to de poder verse reducidos ellos mismos a
una situación tan deplorable. Porque, en la
Selva, la locura es considerada como una
deshonra, la mayor de todas. Nosotros sabe-
mos que se trata de la hidrofobia*. Pero ellos
le dan simplemente el nombre de locura.
––De acuerdo. Pasa y busca ––dijo Padre
Lobo––, pero quiero que sepas de antemano
que no hay comida.
––A buen seguro que no la hay para un lo-
bo ––contestó Tabaqui––, pero para un ani-
mal como yo, hasta un hueso mondo es un
excelente banquete. Nosotros, el Pueblo de
los Chacales, no tenemos elección a la hora
de comer.
Se dirigió sin dilación hacia el fondo de la
cueva. Encontró un hueso de gamo. Todavía
tenía algo de carne adherida. Empezó a tritu-
rarlo con fruición.

––Gracias por tan excelente comida ––dijo
relamiendose––. ¡Qué hijos tan hermosos
tienes! ¡Cómo se adivina en ellos la nobleza!
Tienen unos ojos enormes. Y qué maravilla
de juventud la suya. Aunque nada de esto me
debería extrañar. Los hijos de los reyes son
hombres desde que nacen.
Tabaqui sabía de sobra que no ayuda a la
buena crianza alabar a los lobatos estando
ellos presentes. El descontento se reflejaba
en la actitud de Madre Loba y de su pareja.
Tabaqui guardó silencio un momento como
recreándose en el mal que había hecho. Lue-
go, añadió escupiendo sus palabras:
––El Gran Shere Khan ha cambiado su te-
rritorio de caza. Estas colinas serán su caza-
dero durante las próximas semanas, hasta
que cambie la Luna.
Shere Khan era el tigre que ahora mero-
deaba cerca del río Waingunga, a pocos kiló-
metros de distancia.
––¿Por qué lo ha hecho? No le asistía nin-
gún derecho ––dijo furioso Padre Lobo––. De
acuerdo con la Ley de la Selva, nadie puede
cambiar de territorio de caza sin previo aviso.

Espantará la caza en kilómetros a la redonda.
Y entonces tendré que trabajar el doble para
encontrar el alimento de mi familia.
––No olvidemos que su madre siempre lo
llamó Lungri, el Cojo. Por algo sería ––dijo
Madre Loba quedamente––. Es cojo de naci-
miento. Jamás ha sido capaz de matar otra
cosa que animales domésticos. Por eso, al
sentirse perseguido por los campesinos ribe-
reños del Waingunga, se ha venido hasta aquí
para causarnos mil problemas. Por su culpa
no dejarán de revolver hasta el último rincón
de la Selva, en su intento de encontrarlo y de
matarlo. Pero el se marchará. Y nosotros ten-
dremos que irnos lejos con nuestros cacho-
rros. Sabemos que estas fiestas terminan
siempre con el incendio de la maleza. Eso se
lo tendremos que agradecer a Shere Khan.
––Si queréis, como muestra de agradeci-
miento, le puedo transmitir vuestros deseos –
–dijo Tabaqui.
––Largo de aquí, miserable ––gritó enfa-
dado Padre Lobo––. Largo de aquí y vete a
cazar a la sombra de tu amo. Ya has hecho tu
mala acción de la noche.

y a los va- gabundos. Busca al hombre. Aunque realmente me po- dría haber ahorrado traeros la noticia. Y le tiene sin cuidado que se entere de su fracaso toda la Selva. ––¡Qué estúpido! Habrá pensado que aquí los gamos son como los pesados bueyes en el Waingunga. ––Tranquilo. Voso- tros mismos podéis oír desde aquí a Shere Khan rugiendo en la espesura. obligados a dormir al raso. No es precisamente bueyes lo que está buscando. ya me voy ––dijo en tono in- sidioso Tabaqui––. En el fondo del valle se oía esa especie de lamento seco. Era esa clase de ruido infernal que asusta a los leña- dores. ––Cuidado. Le ha vuelto rabioso el olor de hombre y lo busca – –dijo Madre Loba. En ocasiones les hace enloquecer . El lamento se había convertido en un ron- quido que parecía surgir de las entrañas de la tierra llenando el universo entero. Padre Lobo escuchó atentamente. rabioso y chirriante que emite el tigre cuando está ayuno de presa.

¡Qué asco! Habrá agotado ya los escarabajos de nuestros campos y las ranas de nuestros estanques para que. No es . La Ley de la Selva prohíbe taxativamente* a toda fiera comer carne humana. Y. Pero entonces es también preceptivo que se haga fuera del territorio de caza de la manada. hombres blancos invadan la Selva ar- mados de fusiles. Y hay una razón muy po- derosa para ello: matar a un hombre trae como consecuencia segura que. tarde o tem- prano. Hay una sola excepción: matar para enseñar a los ca- chorros a hacerlo. En la Selva todo es entonces dolor y sufrimiento. en nuestro propio territorio. de repente. ––El hombre ––dijo Padre Lobo abriendo sus mandíbulas y enseñando las formidables filas de dientes––. además. sin darse cuenta. se arrojan a las fauces mismas de la fiera. se le haya ocurrido que le apetece carne humana. Las fieras saben que el hombre es el ani- mal más indefenso de la naturaleza. acompañados por hombres de color equipados con todos los instrumen- tos capaces de producir el mayor ruido.de tal modo que.

Y. Y añaden ––y es cierto que los que se acostumbran a comer carne humana son atacados por la sarna* y pierden pronto los dientes. ––¡No puede ser mas estúpido! Se le ha ocurrido la idea genial de saltar la barrera de fuego preparada por unos leñadores.una presa digna de un cazador que se precie de serlo. mientras se revolca- ba despechado. Se ha quemado las patas ––dijo Padre Lobo mal- humorado––. Casi enseguida Shere Khan aulló de una forma absolutamente impropia de un tigre. El feroz ronquido se fue haciendo de una gran intensidad. En la maleza estaba Shere Khan gruñendo furiosamente. ––Ha fallado su golpe ––comentó Madre Loba––. ¿Qué pasa? Padre Lobo avanzó unos pasos fuera de la caverna. Terminó con ese rugido in- confundible del tigre en el momento del ata- que. allí esta Tabaqui con el. ––Hay algo que sube por la colina ––dijo Madre Loba orientando en aquella dirección . claro.

––¿Es eso un chachorro de hombre? ––dijo Madre Loba––. ––Un hombre ––dijo disgustado––. Lo que sucedió a continuación fue algo extraordinario: el lobo saltó. pero vino a caer casi en el mismo sitio. desnudo.los pabellones de sus orejas––. Los lleva de un lado a otro. Mira. Padre Lobo se agachó y se apoyó en los cuartos traseros. Y cuando estaba en pleno salto. apretado de carnes. Estaba apoyado li- geramente en una rama baja. Era precioso. Se encontró frente a él. Es la primera vez que veo uno. presto a saltar. Muy cerca crujieron los matorrales. El impulso lo levantó. sin mie- do alguno. fino. una cria- tura perfecta. intentó detenerse. Tráemelo. Una cría humana. Un lobo esta acostumbrado a mover a sus pequeños. Era un niño moreno. Debemos es- tar preparados. El niño lo miró y se rió tranquilamente. Apenas podía andar. lanzándose al ataque contra algo des- conocido. Jamás se había presentado al- go semejante ante la cueva de un lobo. Hasta .

De repente todo quedó a oscuras. Estaba perfectamente cuan- do fue colocado entre los lobatos. que no sufrió el mínimo rasguño. Y esta tan indefenso que si lo golpeara lige- ramente con una pata. lo mataría. el niño empujaba como un cachorro más para acer- carse y sentir el calor de la piel de Madre Lo- ba––. Mira.puede transportar un huevo en la boca sin romperlo. Mientras tanto. La luz de la Luna iluminaba débilmente el interior de la cueva. He aquí una loba que va a vanagloriarse durante toda su vida de haber tenido una cría humana entre sus hijos. ––Pequeño. nadie lo recuerda ––dijo Padre Lobo––. Así que esta es una cría de hombre. Pero nunca ha sucedido algo pa- recido en nuestra manada. Las dos mandíbulas se cerraron sobre la espalda del niño. sin em- bargo. No tiene pelo. ––Sé que en la historia ha habido casos semejantes. Al menos. se alimenta con los demás. Y. Shere Khan metió su cabezota y . desnudo y atrevido ––dijo con dulzura Madre Loba. nos mira sin miedo.

Sólo obedecen las órdenes del jefe de su manada. Tabaqui le chillaba la noticia por detrás: ––Señor. Shere Khan? ––Mi presa. Perseguía yo a sus padres. Todavía brillaba en los ojos de Shere Khan la furia de su fracaso y de sus quemaduras al saltar por encima de la hoguera de los leña- dores. aunque sus ojos expresaban a gritos lo contrario––. Sería lo mismo que si dos hombres intentaran pelear metidos en un mismo barril. Pero han huido abandonando a su cachorro. Dentro de la cueva se estaba seguro. También sabía que. Te lo exijo. sólo eso.parte de su cuerpo en la entrada. no lo haría cómodamente. ––Nos sentimos honrados con tu visita. ––Te recuerdo que los lobos son un Pueblo Libre ––le gritó Padre Lobo––. ¿Qué deseas. estoy seguro. Padre Lobo lo sabía muy bien. se ha metido aquí. Nunca las de un payaso desfigurado a brochazos. Ten- dría que hacerlo encogido. un . Shere Khan ––dijo Padre Lobo. Nunca lograría Shere Khan pasar su corpachón a través de la boca de entrada. si tenía que pelear.

el demonio. Nadie la matará. Reclamo la justicia y mi derecho. como los demás. fiero cazador de desnudos cachorrillos. que al final será esta cría humana quien le cace a usted. no tú. Sus ojos brillaban como dos enormes y amenazantes lunas verdes. Lo haremos nosotros. totalmente mía. la mataremos. Raksha. de animales mansos. Y tú la ve- rás corriendo con nuestra manada. Ahora. Lungri. al riesgo de la caza. matador de peces. Y tengo que advertir a su señoría. Su malestar llenó los rinco- nes más oscuros de la cueva. como tú. La cría de hombre es nuestra. devorador de ranas.cazador. ––¡Si queremos! ¿Qué lenguaje es ése en el que alardeáis de vuestra capacidad de elección? ¡Por el toro que maté!. entrega- da. Madre Loba se separó de sus lobatos. Y si queremos. Ahora soy yo. La cría humana es mía. estoy harto de seguir oliendo vuestra asquerosa guarida. apárte- se o por el maravilloso y rapidísimo gamo que maté ––yo no como ganado hambriento como . quien te contesta. Se acercó a Shere Khan. ¿No os dais cuenta de que os está hablando Shere Khan? El tigre rugió.

Se retiró con enorme disgusto de la bo- ca de la caverna. que le voy a hacer volver al regazo de su madre más cojo aún de lo que vino al mundo. Cuando la llamó demonio. Pero tenía todas las de perder si luchaba con Madre Loba. sabía lo que se decía. señor fiero y cha- muscado. No lo hizo por galantería. Al verse libre gritó: ––¡Cada gallo canta en el palo más alto de su gallinero! Tengo curiosidad por ver lo que dice la manada sobre este asunto. El mismo Shere Khan se dio cuenta de que sería capaz de luchar con Padre Lobo. miserables ladrones. ¡Fuera de aquí! Padre Lobo miró con aire de asombro. Ella estaba dispuesta a llegar hasta el final. ¡Criar ca- chorros humanos! Veréis cómo al final el ca- chorro será mío. . le aseguro. Re- cordó de pronto algo que tenía casi olvidado: el día en que ganó en una apuesta de caza a Madre Loba y a otros cinco lobos. Ella había escogido una posición maravillosa y Shere Khan sabía que pagaría con su vida una lucha con Madre Loba.hacen otros––.

Después. Y tú. Por supuesto que me quedaré con el. vendrían los campesinos a sacarnos de nues- tros cubiles. Madre Loba se tumbó entre sus lobatos. . gran personaje––. renacuajo. Nos llegó desnudo y de noche. Mira cómo manda en sus hermanos. ¿Sigues con la firme decisión de quedarte con el? ––¿Quedarme con él? ––contestó como en un suspiro––. a pesar de todo. Y ese miserable carnicero cojo quería matarlo y huir luego al Waingunga. abandonado y hambriento. estate quieto. Padre Lobo le dijo con aire preocu- pado: ––Aunque procedan de un enemigo. Y te diste cuenta de que. La manada tiene que estar enterada de todo. hay mucho de verdad en las palabras que nos ha arrojado a la cara Shere Khan. Mowgli ––ése será tu nombre en adelante. en justa venganza. Jadeante. en que no sola- mente no te dejarás cazar por Shere Khan. Ha echado a un lado a uno de mis hijos. Llegará un tiempo. sino que lo cazarás tú a él. no tenía miedo. Hay que enseñarle este cachorro humano.

echado sobre su piedra de presidente. el padre debe llevarlos al Con- sejo. puede dejar su manada. Allí estaba Akela. cuando se casa. la noche en que se reunía toda la manada. Debajo de el había hasta cuarenta lobos de toda edad y . hasta cien lobos. Y no hay causa alguna que exima de culpabilidad al lobo que. Es evidentemente justo. de muerte a alguno de ellos. Su fuerza y su habilidad le habían llevado a jefe de la manada. el Lobo Gris. Se le buscará hasta el fin del mundo y se le impondrá la pena capital. los cogió. Entonces. La Ley de la Selva es clara: cualquier lobo. junto con Mowgli y Madre Loba. Padre Lobo esperó a que los cachorros fue- ran capaces de corretear. los demás lobos podrán identificar- los. llena de guijarros. y se los llevó a la Roca del Consejo. El espacio era tan amplio que se podían reunir. Así. Era una cima rocosa. enorme y solitario. bien guarecidos. los lobatos pueden corretear por donde quieran. Después. Pero en cuanto nacen los cachorros y pueden sos- tenerse en pie. antes de que los cachorros hayan sido capaces de matar un gamo.

siendo joven. mirad bien. Poco se habló en aquella reunión. Y que en otra ocasión había sido apaleado hasta ser dado por muerto. Ya era leyenda el que había caído. gritaba: ––Ya sabéis lo que dice la Ley. lo mi- raba con la mayor atención y se volvía a su sitio. Y todo ello se hacía en perfecto silencio. todos los lobos pudieran ver perfectamente a su cachorro. Akela. Y las madres. y los que sólo podían presumir de sus futuras hazañas. . Luego. De cuando en cuando. por dos veces en una trampa. Así pues. nerviosas y preocupadas. desde su roca. a la luz de la Luna. El Lobo Solitario era el guía de todos ellos desde hacía un año. que lo habían demostrado cazando en solitario un gamo. uno de los lobos viejos se acercaba a un cachorro. in- sistían en lo que Akela había dicho: ––Lobos. la madre acercaba su lobato al círculo para que.pelaje: los fuertes. mirad bien. tenía sobrados motivos para conocer lo que eran los hombres. mi- rad bien. Lobos. Los lobatos armaban un ja- leo enorme.

¿Tiene algo que ver el Pueblo Libre con lo que venga de alguien aje- no a el? Miradlo bien. sin prestar demasiada atención ni levantar la cabeza. El cachorro humano se sentó y sonrió al mismo tiempo que jugaba despreocupado con algu- nos guijarros que brillaban a la luz de la Lu- na. Akela no hizo un solo movimiento y conti- nuó gritando: ––Mirad bien. Se oyó un rugido detrás de las ro- cas. Nada tiene que ver con el Pueblo Libre de los lobos. Akela. Un lobo de unos cuatro años se hizo eco de la pregunta de Shere Khan y se dirigió a Akela: ––¿Qué tiene que ver el Pueblo Libre con una cría humana? . continuó su cantinela: Mi- rad bien. Padre Lobo empujó hacia el centro del claro a Mowgli. Al final ––momento en que Madre Loba sintió un escalofrío––. Se oyó claramente un coro de gruñidos. Era Shere Khan que gritaba: ––El cachorro humano es mío. Dádmelo. la Rana. lobos.

Se le- vantó sobre sus patas traseras y dijo: ––¿El cachorro humano? Quiero hablar en su favor. raíces y miel. su derecho tiene que ser defendido al menos por dos congéneres que no sean sus padres. puede ir por todas partes. Ya ha hablado Baloo. Baloo. el único. Es el en- cargado de enseñar a los lobatos la Ley de la Selva. con muchos años a sus espal- das. el maestro de . ––¿Quién defiende los derechos de este cachorro? ––preguntó Akela––. ¿Qué mal puede hacernos? No soy un brillante orador. Sólo come nueces. Hay una Ley de la Selva que dice que cuando aparezcan dudas sobre el ingreso de un lobo en la manada. siempre soñoliento. pero pienso que debe ser integrado totalmente en la manada. El oso. que puede tomar parte en el Consejo de la manada. Yo me encargaré de enseñarle. A nadie estor- ba. ––Es preciso que ahora hable otro ––dijo Akela––. ¿Quién entre los miembros del Pueblo Libre habla en su favor? Hay un animal de otra especie.

y también todos vosotros que pertenecéis al Pueblo Libre. salvo en el caso de que el ca- chorro se haya hecho merecedor de la pena de muerte. de un negro de tinta desde la cabeza a la cola. Todo el mundo la conocía. la insolencia de un búfalo salvaje y la fiereza de un elefante herido. Pero vengo a recor- daros que hay una Ley en la Selva que otorga la posibilidad de comprar un cachorro por un precio justo.nuestros lobatos. La luz hacía aguas en su brillante piel. Y era temida y respetada. Y nada dice la Ley sobre quién puede ofertar para que la compra se haga efectiva. Reunía en sí la astucia de Tabaqui. ¿Estoy o no en la verdad al interpre- tar la Ley? . la pantera negra. Era Bagheera. Se que no tengo ni voz ni voto en vuestras asambleas. Akela ––dijo como en un susurro––. Pero su voz era dulce como la miel y su piel más suave que el plumón. ¿Quién sigue en el uso de la palabra? En aquellos momentos se deslizó hacia el centro del círculo una sombra.

se va a morir en cuanto lleguen las lluvias. añado yo ahora la oferta de un toro. Creo que os puede ser muy útil para la caza. ––Está bien ––dijeron los lobos jóvenes. Y si logra pasar el invierno. De todos modos. El toro por la cría de hombre. Que hable Bagheera. Que sea uno más entre nosotros. Entonces volvió a oírse el ladrido pene- trante de Akela. un animal enorme que acabo de matar y que está cerca de aquí. Baloo ha hablado ya en su defensa. ¿Estáis de acuerdo? Siguió un confuso clamor que decía: ––No es un problema. ––Habla ––gritaron a la vez un montón de voces. Es lo que dice la Ley. lo abrasarán los rayos del sol. que apremiaba: . según la Ley. Está claro que se puede poner un precio al cachorro. Bagheera. A lo que el ha dicho. siempre hambrientos––. ¿dónde está el toro? Aceptamos tu propuesta. Una Rana como ésta no puede perju- dicar a la manada. ––Pienso que es una vergüenza matar a un cachorro desnudo.

Y acuérdese su señoría de lo que en estos momentos le digo: llegará un día en que esa cosa que tiene ahí delante desnuda le hará rugir. ––Hemos obrado sabiamente ––dijo Ake- la––. lobos de la manada. Estaba rabioso. pero de una manera bien distinta. ––¡Miradlo bien! ¡Miradlo bien!. Bagheera. La noche repetía los rugidos de Shere Khan. Nos puede ser de gran utili- dad para la caza. Akela pensó profundamente en un hecho que con el tiempo debía producirse: le empe- . ––Sí ––ratificó Bagheera––. ––Amigo. ruge cuanto quieras ––le dijo in- solentemente Bagheera––. Se quedaron solos Akela. Nadie es jefe de la manada para siempre. Puede sernos de gran utilidad. Con el tiempo los hombres se hacen muy prudentes. Mowgli estaba tan entretenido en sus juegos que no prestó atención cuando uno a uno se le fueron acercando los lobos. Otra vez se le había negado la presa. Baloo y la familia de Mowgli. Se alejaron todos en busca del toro muerto.

Sería considerado un elemento inútil y le condenarían a muerte. Padre Lobo.zarían a faltar las fuerzas. el ulular del búho sobre su cabeza. aunque cierta- mente el ritmo del crecimiento fue muy dis- tinto: los lobatos eran ya adultos cuando él todavía estaba en la primera infancia. No tenemos posibili- dad de describirla. con infinita paciencia. Ahora tenemos que saltar diez u once años. le enseñó el sig- nificado de todo lo que le rodeaba en la Sel- va: un mínimo crujido bajo la hierba. Baloo. Ocuparía demasiados li- bros. y así se continuaría el ciclo indefinidamente. Podéis adivinar lo feliz que sería la vida de Mowgli con los lobos. Y ésta es la historia de cómo Mowgli entró a formar parte de la manada de los lobos Seeonee. ––Llévatelo ––le dijo a Padre Lobo––. Su rescate fue un toro y su gran defensor. los distintos ruidos . Otro le sucedería. En- séñale todo lo que debe saber uno de nuestra raza. Creció junto a los lobatos. un so- plo de aire en la tibieza de la noche.

tanto como la carne cruda. La pantera. Si le molestaba el calor o su cuerpo le pedía limpieza. se iba a nadar en las lagunas próximas. comía y vol- vía a dormir. se tendía sobre una rama y le llamaba: ––Ven aquí. como otras realidades tienen sentido para el hombre de negocios sentado en su oficina. Mowgli se agarraba fuerte y torpemente a las ramas. Dedicaba al descanso placentero al sol los momentos en que no te- nía que aprender algo. amiguito. Pero ensegui- da empezó a volar de una rama a otra. Todo encerraba para el un significado. Dormía. el menudo chapoteo de un pez cuando salta en una balsa. arañando fuer- temente. como los perezosos. como los monos grises. Bagheera había si- do su gran maestra en el aprendizaje de la trepa. son las nueces con miel––. Si le apetecía comer miel ––había aprendido de Baloo que lo más exquisito del mundo. .que hacen los murciélagos cuando se detie- nen en un tronco a descansar. como jugando. trepaba a los árboles para buscarla.

Le encantaba ir con la pantera al corazón del bosque. Bagheera le había ense- ñado una caja cuadrada con una especie de ventana que se hundía en cuanto alguien se colocaba encima. Al principio lo hacía a menudo porque le parecía divertido. sentía un gran pla- . Es una de las causas fundamentales del sufri- miento de los lobos. por la noche. También ocupó su puesto en el Consejo de la Roca. Siempre le producía enorme curiosidad ver a los campesinos des- cansando en sus chozas. aunque no se fiaba demasiado de ellos. le obligaba a bajar la vista. También les quitaba los cadillos* de la pelambrera. Luego. Estaba tan bien disimulada en la maleza que estuvo a punto de caer dentro alguna vez. Dormía durante todo el día. Otras veces se entretenía arrancando de la piel de sus amigos largas espinas que les causaban un dolor terrible. En esas reuniones se dio cuenta del extraño poder de su mirada: si miraba fija- mente a un lobo. Debajo había un enorme agujero. Por la noche descendía en loca carrera por la ladera de la colina y se acercaba a los campos de cultivo.

––Todo lo que hay en la Selva es tuyo ––le dijo Bagheera––. y cuya única preocupación es buscar qué co- mer. como lo hace cualquier niño que no necesita ir a nin- gún aula para aprender lo más elemental. Lo primero que le dijo Baghee- ra es que nunca debía matar animales man- sos al servicio de los hombres. Mataba de acuerdo con su apetito. Mowgli aprendió rápidamente. Un animal de ésos había sido su rescate. Y habría respondido afirmativamen- . Madre Loba le advirtió muy seriamente que debía tener mucho cuidado con Shere Khan. Así lo habría hecho de haber sido real- mente un lobato. Aunque él tenía conciencia de serlo. ni siquiera para participar en el banquete que otros se estén dando. Por eso estaba obligado a respetarlos.cer viendo cómo cazaba la pantera. Mowgli asimiló es- ta enseñanza. Puedes matar todo lo que esté al alcance de tus fuerzas y necesidad. Eso es lo que manda la Ley de la Selva. Pero jamás toques una res mansa.

Respondían gruñendo. que le seguían esperando para recoger sus so- bras.te si alguien le hubiera preguntado si era un lobo. Shere Khan se le hacía el encontradizo. Les decía que no comprendía cómo unos jóvenes fuertes como ellos se dejaban guiar mansamente por un viejo decrépito y un cachorro humano. que parecía enterarse de todo y estar en todas partes al mismo tiempo. siempre excelentes. Maliciosamente. Los lobos se sentían humillados. Akela envejecía. oyó eso y le repitió a Mowgli con frecuencia que . Bagheera. Con demasiada frecuencia. pero no se atrevía a impo- ner su autoridad con la fuerza con que lo hacía antes. ––Me han asegurado ––les decía taima- damente Shere Khan–– que no sois capaces de aguantar su mirada cuando os reunís en los Consejos. con el pelo erizado. Akela nunca lo hubiera tolerado. Shere Khan se dedicaba a halagar a sus jóvenes amigos. le abandonaban las fuerzas. El tigre había hecho gran amistad con los lobos más jóvenes. molestos.

la manada. puesto que te lo ha dicho Taba- qui. . Pero Mowgli res- pondía riéndose: ––Estoy seguro contigo y con la manada.Shere Khan quería matarlo. Le dijo a Mowgli cuando estaban en lo más intrincado de la Selva. Un día de enorme calor Bagheera tuvo una idea. ¿qué pasa? Me estoy dur- miendo. hermano. De todas formas. Se parece a Mao. A Shere Khan le sobran palabras y cola. No tengo motivo alguno de inquietud. Incluso Baloo despertaría de su pereza y gol- pearía fieramente para salir en mi defensa. En la Selva lo sabe todo el mundo: Baloo. hasta los ciervos. el puerco espín. el pavo real. ––No busques el sueño como excusa. No es hora de dormir. Y tú mismo. Tal vez se la sugirió una noticia que le dio Ikki. en el momento en que el chico había tomado por almohada su piel: ––¿Cuántas veces te he dicho. que Shere Khan es tu enemigo personal? ––Yo creo que tantas como frutos cuelgan de esa palmera ––Mowgli no sabía contar––.

Enseguida te vas a hacer un hombre. ––¡Ah. sí! ––respondió Mowgli––. Pronto será incapaz de matar el solo a un gamo. Pero se llevó su mere- cido: lo cogí por la cola y le di un par de gol- pes contra una palmera. Nací en la Selva. A todos los lobos de la . Pero conoce muchas cosas. todo el mundo lo sabe. El otro día me vino con que yo no era más que una desnuda cría de hombre y que no valía ni pa- ra desenterrar raíces. Los lobos que te admitieron en la manada son ya viejos. En ese momento dejará de ser jefe. Y a los jóvenes Shere Khan les ha metido en la cabeza que no tienes derecho a pertenecer a la manada. Probablemente te hubiera dicho algo interesante. he acatado sumisamente su Ley. ––¿Pues qué tiene de especial el hombre para que no pueda vivir con sus hermanos? – –dijo Mowgli––. Shere Khan no se atreve a matarte en la Selva. ––Hiciste una tontería. Ves con toda claridad que Akela se está haciendo muy viejo. Y de paso le enseñé a ser más educado. Es cierto que Taba- qui es un chismoso.

la pantera. Desconocía la Selva. ––La Selva desconoce que yo tengo esta marca. mucho más que Shere Khan.manada les he arrancado alguna espina. también yo nací entre los hombres. como si hubiera estado despellejada durante algún tiempo. ¡Te vi tan desnudo y desamparado! Ya ves. amigo. Por eso pagué por ti el precio de tu rescate. Es la que deja el collar. nací entre los hombres. Porque yo. Un día se des- pertó en mí la conciencia de lo que realmente era: Bagheera. Mi larga experiencia entre los hombres me hizo terrible en la Selva. Y entre los hombres murió mi madre. ¿No es así? . en Oodeypore. Me alimentaban en grandes cuencos de hierro tras los barrotes de una jaula. bajo mi quijada*. Mowgli acercó la mano y notó un paquete de músculos y una zona sin pelo. No era un juguete. cautiva en las jau- las del Palacio Real. Rompí de un zarpazo la cerradura y me esca- pé. ¿Por qué dudar de que son mis hermanos? Bagheera se tendió completamente y le di- jo: ––Toca aquí.

Yo he vuelto a mi mundo. ––¿Sabes una ley de la Selva? Primero se pega y luego se avisa. Y. y eso que conozco bien a los humanos. ––¡Oh! Tú eres un cachorro de hombre –– dijo la pantera con enorme ternura––. además. en definitiva. ––Mírame ––le contestó Bagheera. ––Sí ––dijo Mowgli––. tus hermanos. eres sabio. Y ojalá puedas realizarlo. hermano. ––Desconocía todo eso ––dijo Mowgli con el ceño fruncido. ––Pero ¿por qué? ¿Quién va a tener inte- rés en mi muerte? ––dijo Mowgli. La pantera volvió la cabeza muy pronto––. Tienes tal confianza en . Por eso –– dijo cambiando su posición y acomodándose mejor en un lecho de hojas––. Mowgli la miró a los ojos sin pestañear. la Selva. En la Selva todos te tienen miedo menos yo. eres un hombre. Los demás tienen motivos para odiarte: no pueden resistir tu mirada. Quizá pidan tu muer- te en el Consejo. has arrancado espinas de sus patas y. los hombres. te quiero. Ni siquiera yo puedo mirarte a los ojos. Y tú tienes que volver al tuyo.

Se convocará un Consejo de la Selva en la Roca. Vete a donde habitan los hombres. La cultivan en unas . O que el de Baloo o el de tus fieles de la manada. Coge una parte de la Flor Roja que ellos cultivan. ––Así hablan las crías humanas ––dijo Bagheera con orgullo––. Y enton- ces. ¿La que cultivan los hombres fuera de sus chozas en el crepúsculo? La cogeré.ti mismo que andas absolutamente descuida- do. Tanto lo temen que no se atreven ni a nombrarlo. Es seguro que en cuanto a Akela se le escape un gamo ––cosa que resultará más fácil cada día–– se enfrentará a él toda la manada. En la Selva nadie lo llama por su nombre. Tienes que ser prudente. ––¿La Flor Roja? ––dijo Mowgli––. Lo que Bagheera quería decir al hablar de la Flor Roja era el fuego. Una prueba más de que perteneces a la raza humana. Y tú también caerás en desgracia. Vete a buscar enseguida la Flor Ro- ja. Tengo una idea ––dijo Bagheera levan- tándose como impulsada por un resorte––.. Será para ti un apoyo mucho más firme que el mío..

––Asi son los hombres ––musitó Bagheera mientras se tendía tranquilamente––. Roba una y guardala para cuando la necesites. Madre Loba estaba sola. de que todo esto lo ha urdido She- re Khan? ––¡Por el cerrojo que me dio la libertad! Te lo juro. . querida Bagheera. Pero. notó enseguida que algo le pasaba a su que- rida Rana. Llegó a la cue- va cuando ascendía la bruma vespertina.macetas pequeñas. Tu empeño por cazar a esta Ra- na desde hace diez años será funesto. re- cobró el aliento y contempló el valle. Por cómo respiraba Mowgli. ¡por el toro que sirvió para mi rescate!. Y quizá me tenga que dar más de lo que me debe ––y salió disparado. Mowgli cruzó el bosque en loca carrera. Su corazón era un infierno de ira. ––Pues entonces. hermano. ¡Ah! Shere Khan. ¿Estás segura. una pregunta ––y mientras decía esto abra- zaba el cuello de la pantera mirándola con ternura a los ojos––. voy a saldar mis cuentas con Shere Khan. ––Voy a buscarla ––dijo Mowgli––.

que es más charlatán que un murciélago ––respondió Mowgli––. hijo? ––Ese miserable Shere Khan. tratando de recuperar su respiración normal. Estaban cazando. Se oían mugidos y el re- soplar de un gamo acorralado. Continuó su camino y le fueron persi- guiendo los gritos. Todos los honores para el jefe de la manada. cada vez más lejanos a medida que se iba acercando a las tierras de labor. Entonces. un coro de voces venenosas e insultantes. al mismo tiempo que se ocultaba. Allí vivían los campesinos. ––Bagheera tenía razón ––dijo. Se aco- modó. La cacería estaba en todo su apogeo y se escuchaban los alaridos de la manada. Voy a cazar en campo abierto esta noche ––y se fue hacia el fondo del valle. Se detuvo. en . empezó a gritar: ––¡Akela! ¡Akela! ¡Akela! Que el Lobo Soli- tario nos demuestre su fuerza ––se desgañi- taban––. las de los lobos más jóvenes. Mowgli sabía ya todo lo que tenía que sa- ber. ¡Akela! ¡Salta y abate a la presa! Akela debió de saltar. ––¿Qué ocurre. pero se equivocó y el gamo lo derribó.

le arrebató la cesta y desapareció en la niebla. so- plando. Miró por la ventana y vio el fuego que ar- día en el suelo. Imitaba lo que había visto que hacía la mujer––. El muchacho se quedó alelado por la sorpresa y luego comenzó a gritar. Empezó a avivar el fuego con ramas finas y cortezas de árbol.la hierba que encontró junto a una choza––. la esposa del campesino se levantó y arrojó al fuego una especie de piedras negras. se me va a morir ––añadió. lo cubrió con una manta y salió a cuidar los bú- falos que se impacientaban en el establo. no es tan peligroso ––dobló la esquina de la casa. Si no. ––Son casi iguales a mí ––dijo Mowgli. Tengo que alimentarlo. Si un pequeño como ése ha sido capaz de hacerlo. Mañana va a ser un día importante para Ake- la y para mí. se dirigió hacia el mu- chacho. Lo llenó de brasas. un niño de la familia aso- mó por la puerta con un cesto. recubierto in- teriormente de tierra. ––¿Y es todo lo que hay que hacer? ––dijo Mowgli––. Durante la noche. . cuando la neblina parecía cubrir todo con su manto lechoso. Por la maña- na.

Cuando subía. Echaba ramas secas y se quedaba expectante. Durante todo el día Mowgli estuvo alimen- tando el fuego. Su piel estaba cuajada de perlas de rocío. Éste le dijo sin miramientos que lo . Aquí tienes lo que me indicaste. Por fin encontró una a su gusto. Fueron en tu busca. Le interesaba ver el efecto que producían. Producía una llama viva y rápida. Estoy preparado. ¿Tienes miedo de hacerlo? ––No. Lo hubieran matado ayer por la noche de no haber querido mataros a los dos a la vez. ––Todo lo que has hecho está bien. Era caliente y agradable. ––Akela falló el golpe ––dijo la pantera––. Pero los hombres hacían algo más. ¿Por qué iba a tener miedo? Re- cuerdo que antes de ser lobo me acosté junto a la Flor Roja. ––Yo estaba entonces en las tierras de la- bor. en la mitad de la pendiente de la colina se topó con Bagheera. Echaban una rama seca y brotaba la Flor. Fue justamente antes de recibir la visita de Tabaqui. Mowgli levantó la cesta llena de fuego.

. Verás cómo se refleja el terror en su cara. Era la señal de que había dejado de ser el jefe de la manada. ––No tiene derecho ––dijo por lo bajo Bagheera––. ––Pueblo Libre ––gritó––. Shere Khan se paseaba de un lado a otro. lleno de orgullo. Bagheera estaba junto a Mowgli. Éste mantenía firmemente la cesta del fuego. Mowgli se rió descaradamente del chacal y se dirigió al Consejo sin perder la sonrisa. Ja- más lo habría hecho si Akela hubiera estado en plenas facultades. Akela. Al completarse el número de los asistentes. se encontraba postrado cerca del sitio que tenía siempre asignado en el Consejo. Dile que es de la misma raza que los perros. Shere Khan tomó la palabra. Se me ha suplicado que hablara ––dijo Shere Khan. Mowgli se puso en pie. el Lobo Solitario.necesitaban en el Consejo de la Roca. ¿Desde cuándo Shere Khan dirige la manada? ¿Por qué te- nemos que aceptar la jefatura de un tigre? ––El puesto de jefe está vacante. ante la complacencia de los lobos de su parti- do.

A lo largo de doce estaciones he sido vuestro jefe en la caza. Cuando el jefe de la manada falla el golpe de prueba en la caza. Lo que hace está dentro de la Ley. ––Dejadle hablar. ––Pueblo Libre ––dijo–– y vosotros tam- bién. recibe el nombre de Lobo Muerto. Tenéis derecho a . Se oyeron feroces aullidos que decían: ––Cállate. Nadie ha caído en trampa alguna o ha sido malherido. Vosotros sabéis muy bien por qué. Sí. chacales amigos de Shere Khan. Así se le llamará hasta el final de sus días. cachorro humano. Los ancianos de la manada se impusieron y dijeron a gritos: ––Que hable Lobo Muerto. ––¿Quién te lo ha pedido? ¿Nos hemos vuelto todos unos míseros chacales para te- ner que rendir pleitesía* a este carnicero despreciable? La jefatura de la manada recae en sus propios miembros. he errado el golpe. Me habéis tendido una trampa. No suelen ser demasiados. Me habéis enfrentado a un gamo descansado. Queríais que se viera claramente mi debilidad.

a la vista de todos los miembros del Consejo. os juro que he de cazar siempre aquí y no os daré ni un mí- sero hueso. Entonces se oyó un aullido espantoso de más de la mitad de los lobos que estaban en el Consejo: . Si no. Se hizo un silencio sepulcral. En diez años no ha hecho más que causar molestias a todos en la Selva. Ese cachorro es simplemente un hombre. El que ha vivido demasiado es ese cachorro de hombre. Dádmelo. Lo odio. ¡Pueblo Libre! Fue una presa mía desde el principio. aquí. Shere Khan dijo con un rugido: ––Dejemos a ese carcamal. Sólo os pre- gunto: ¿quién de vosotros ejecutará la sen- tencia? De acuerdo con la Ley. un chiquillo de los que crían los hombres. aunque fuera viejo. Todos com- prendieron perfectamente que no sería agra- dable batirse a muerte con Akela. Dadme a ese chachorro de hombre. Estoy harto de veros intentar hacer de el un lobo. Se morirá pronto.matarme ahora mismo. tengo derecho a que os acerquéis uno a uno.

nos ha ayudado a cazar. ha dormido con nosotros. ––¿Quién se acuerda de un toro de hace diez años? ¿Dónde estarán aquellos huesos? ––dijeron entre dientes algunos miembros de la manada. nada ha hecho que vaya contra la Ley de la Selva. Dádmelo. Por eso se dice de vo- sotros que sois el Pueblo Libre. ––¡Un hombre! ¡Un hombre! ¡Nada tiene que ver con nosotros hombre alguno! ¡Que se vaya con los suyos! ––Y alzará contra vosotros a la gente de las aldeas. ––Decid más bien que nada os importa una promesa ––dijo Bagheera dejando ver sus blancos dientes––. Pero está mi honor por encima de esta consideración. Es un hombre. No. No es demasiado. La prueba es que ninguno de nosotros es capaz de aguantar su mirada. Akela levantó la cabeza: ––Ha comido con nosotros. Acordaos de que yo pagué un toro por su rescate. . Y por mi honor sí que estoy dispuesta a pelear ––dijo Bagheera suavizando cuanto pudo el tono.

Los que hacen eso son unos cobardes. Y estáis decididos a matarlo. y dirigidos por Shere Khan. No recaerá sobre vosotros la vergüenza de matar a un herma- . ––Un cachorro humano jamás podrá vivir con el Pueblo de la Selva. He vivido demasiado. la ofrece- ría gustosamente por la del chachorro de hombre. mis dientes callarán a la hora de morir. Si seguís mi consejo. pues os habéis relajado totalmente desde que estáis sin jefe–– os aseguro que si dejáis al cacho- rro de hombre ir con los suyos. Así se salvarán. Algunos de vosotros tienen el deshonor de alimentarse del ganado de los campesinos. Entregádmelo. Por tanto. tres vidas. Se que voy a morir y que mi vida no tiene valor alguno. Es todo lo que puedo ofreceros. Pero por el honor de la manada ––si es que eso todavía os dice algo. estoy hablando a unos cobardes. Incluso me he enterado de que hay otros que por la noche. ––Es nuestro hermano en todo menos en la sangre ––dijo Akela––. salvaréis una vida inocente. Si lo tuviera. Moriré sin luchar. se dedican a ro- bar niños a las puertas mismas de las chozas de los aldeanos. al menos.

Para mí ya no seréis nunca más mis hermanos. Todos se unieron a Shere Khan. sintió una enorme pena. Llevaba entre sus ma- nos la cesta del fuego. Bostezó para disimular la ira que ardía en su corazón. Lo habían odiado siempre y lo habían disimula- do. un hermano por el que se pagó un rescate de acuerdo con la Ley de la Selva. Los lobos habían demostrado de qué raza eran. Mowgli se levantó. aunque yo hubiera preferido se- guir siendo un lobo toda mi vida. No hagáis comentarios inútiles como si fuerais perros. Mowgli –– dijo Bagheera––. Me habéis convencido. Éste se azotaba furio- samente los costados con la cola. En el fondo. Así es como os llaman los . ––¡Es un hombre! ¡Un hombre! ¡Un hom- bre! ––se oyó gruñir a los lobos. Así es como llegó a ser uno de los nuestros. ––Lo dejo todo en tus manos. Por eso os llamaré perros.no que ningún delito ha cometido. Creo que vamos a tener que luchar. Me habéis gritado esta noche y repe- tidamente que soy un hombre. además. Y. ––¡Escuchadme todos! ––gritó––.

que jamás había pedido a nadie miseri- cordia. No tendreis poder de decisión de ahora en adelante. yo. Alguna de ellas prendió en la hierba se- ca. que desde ahora seré un hombre para vosotros. Salva la vida de Akela. Siem- pre ha sido un padre para ti. Y para que os enteréis perfectamente. siempre tan se- rio. Mowgli lanzó sobre el fuego la rama que tenía preparada. Éste mostraba toda su impresionante desnudez. Al fin y al cabo sois perros. Sí. Seré yo quien os de órde- nes. aquel enorme lobo. ––Te has hecho el amo ––dijo Bagheera por lo bajo––. miró tristemente hacia donde estaba Mowgli. Akela. Ésta ardió inmediatamente. la cogió agitándola por encima de la aterrorizada ma- nada. os he traído una parte de la Flor Roja. Cuando prendió. La rama que había encendido lo ilumi- .hombres. Mowgli arrojó al suelo la cesta con las bra- sas. Todo el Con- sejo retrocedió asustado al ver las llamas. La cabellera le caía hasta los hom- bros. esa Flor que tanto terror os causa.

os juro que cuando esté entre los hombres como uno más de ellos. contemplaba las llamas. ––Nunca habrá guerra entre nosotros –– continuó––. Nunca haré lo que vosotros me habéis hecho a mí. ––Bien ––dijo Mowgli mirando tranquila- mente a todos––. salvo de sangre. Innu- merables chispas llenaron el aire. Dejo la manada. . he sido un hermano para vosotros. Dio un tremendo puntapié al fuego. Me voy con los míos.naba y hacía extrañas figuras con las som- bras. antes de dejaros ––se fue a grandes zancadas hacia donde se sentaba Shere Khan que. Teniendo en cuenta que. Está claro que sois unos perros. Lo cogió por debajo de la mandíbula inferior. Pero creo que voy a ser me- jor que vosotros. Pero tengo que ajustar cuentas con alguien. atónito. jamás os traicionaré. Bagheera estaba allí por lo que pu- diera ocurrir. como el último rincón de vuestro corazón. Siento que tengo vedado hasta el último rin- cón de la Selva.

Shere Khan. ––Este cazador de animales mansos juró que me mataría. ––¡Bah! ¡Marcha!. y te juro por mi condición de hombre que volveré. Cerró los ojos. Soy un hombre y debes le- vantarte cuando te habla uno de mi raza. y que lo haría delante de todo el Consejo. No pudo matarme cuando yo no era más que un cachorro. Si no lo haces. aquí mismo te abraso la piel. Akela debe seguir viviendo cómo y donde le guste hacerlo. Pero no olvides lo que te voy a decir: cuando vuel- va al Consejo de la Roca. Éste es el trato que damos a los perros cuando tenemos la fuerza de los hombres. Shere Khan hundió las orejas entre los pliegues de la piel de su cabeza. mueve un solo pelo de tus bigotes. Blandió la rama y pegó a Shere Khan en la cabeza. levántate ––gritó Mowgli sin con- templaciones––. Vio demasiado cerca la terrible Flor Ro- ja. aterrorizado. Lundri maldito. lanzó un grito de dolor. Éste. Mi . lle varé mi cabeza cubierta con tu piel. gato de la selva. y te hundiré la Flor Roja hasta el gaznate. ––Perro.

que siempre habían estado del lado de Mowgli. Estoy harto ya de veros aquí. Huyeron todos aterrorizados al ver que el fuego quemaba su piel. como las que derraman los hombres ––dijo Bagheera––. Mowgli empezó a vapulear con ella a los lobos que miraban atónitos desde el círculo.. No sé qué me pasa. –– dijo––.voluntad es que viva y ninguno de vosotros lo matará. ––No. Ya has dejado de ser un cachorro huma- . Sintió un terrible aguijón de pena en el alma.. Bagheera y unos diez lobos. Ahora eres realmente un hom- bre.. Bagheera. No sois más que unos perros a los que arrojo de este lugar. Se trata sólo de lágrimas. Sólo se quedaron en el mismo sitio Akela.? ¿Qué me pasa?. ––¿Qué me pasa. ¡Largo de aquí! La rama ardía con toda su fuerza en esos momentos. Lloró de forma desconsolada y las lágrimas corrieron por sus mejillas. con vuestras lenguas fuera. hermano. parece que me estoy muriendo.. No quiero abandonar la Selva.

Y escucha algo que he que- . Deja que corran las lágrimas. mientras seamos capaces de se- guir una pista ––respondieron los cachorros– –. Cuando seas un hombre. Ra- na sabia. Siguió llorando sobre su piel. Mowgli. ––Vuelve pronto ––dijo Madre Loba––. esperamos que vuelvas pronto.no. ––Me voy con los hombres ––dijo––. Ten en cuenta que Madre Loba y yo nos estamos haciendo viejos. sentado. los cachorros aullaban lastimeramente. Cuando caiga el sol y venga la noche. empezó a llorar. Era la primera vez que lloraba. Mowgli. desnudo hijo mío. iremos hasta las tierras de cultivo. Ya no hay sitio para ti en la Selva. ––Vuelve pronto ––dijo Padre Lobo––. Mientras tan- to. no te olvides de venir al pie de la colina a hablar con nosotros. Se fue a la cueva donde estaba Madre Lo- ba. Allí jugaremos como lo hemos hecho siempre. Pero antes tengo que despedirme de mi Madre. ––Nunca. Parecía que su corazón iba a saltar en pedazos. ––¿Me olvidaréis? ––preguntó Mowgli.

Tenso. lo he podido ver. siempre te he querido más que a mis propios hijos. dos y tres. al acecho.rido decirte más de una vez: aunque eres una cría de hombre. el ciervo a beber. CANCIÓN DE CAZA DE LA MANADA DE SEEONEE La aurora está cerca y rompe la quietud el balido de la presa. Y decid a todos mis hermanos de la Selva que no me olviden. Acordaos de mí. tranquilo. . solo y en busca de unos seres mis- teriosos: los hombres. Pero cuando vuelva. ––Claro que lo haré ––dijo Mowgli––. El gamo no espera. El lago. Una. pendiente. será para tender en la Roca del Consejo la piel de Shere Khan. Era ya casi el alba cuando Mowgli dejaba la colina.

La aurora está cerca y rompe la quietud un fuerte rugido. El lobo está atento. Corre la noticia. dos y tres. dos y tres. Mira. Una. dos y tres. Una. dos y tres. volvamos a ver. Una. La aurora está cerca y rompe la quietud el balido de la presa. . su hambre también. fresca está la pista. Los pies van pisando. no se dejan ver. Una.

si el furor hunde su saña en tu cuerpo. mantén limpia tu piel y tus recuerdos. haces de tus manchas gala. Hay gritos. Sigue siempre el camino de tu empeño. Viviendo la grandeza de la Selva. Tu padre los convidará a su mesa. van adivinan- do. dos y tres. enamorado de tus cuernos. Son torpes. sollozos. . La noche se ha hecho ojos. Hijos son de la osa y su fiereza. Kaa sale de caza Leopardo. Una. primera hazaña de un bravo montero. Búfalo. Nada importa si un toro te voltea. Una batalla nunca fue una guerra. Ten piedad de los cachorros ajenos. Orgulloso está el cachorro de su presa. despreciables por pequeños. como el agua que corre en la cañada.

y la hie- na. inmenso. El oso pardo. imitará la humildad del romero. a la que odiamos con toda el alma. Todos so- mos así. Baloo le enseñaba la Ley de la Selva. ojos que traspasan la noche. menos Tabaqui. De la mítica Canción de Caza sólo memorizan: Pies silenciosos. los dientes listos. adusto. vie- jo. ore- jas capaces de distinguir los distintos ruidos y a distancia. Bagheera sentía una . Mowgli ya era un hombrecito. Normalmente. se sentía orgulloso de tener un discípulo tan inteligente. necesitaba aprender mucho más. los lobatos aprenden sólo lo que hace referencia a las necesidades de su manada. (Máxi- mas de Baloo) TODO LO QUE VAMOS A CONTAR AHORA sucedió no mucho tiempo antes de que Mow- gli fuera arrojado de la manada y de su ven- ganza contra Shere Khan. esto es lo que caracteriza a nuestros hermanos. el chacal. Es lo único que les interesa de la Ley de la Selva.

suspen- dida unos metros por encima de su cabeza. y el lenguaje que tenía que emplear con las serpientes de agua antes de lanzarse a una laguna entre ellas. Tengo hambre. Trepaba a los árboles ágilmente. cuando éste se empeñara en no dejarlo des- cansar durante el día. Nadar y correr no tenían secretos para él. Descan- saba contra un árbol y ronroneaba mientras escuchaba gustosamente cómo Mowgli reci- taba su lección a Baloo. el murciélago. Era para él un ejercicio tan normal como andar. la ciencia de distinguir una rama sana de una carcomida.gran curiosidad por ver los progresos del ca- chorro humano al que tanto quería. . la de hablar suavemente a las abejas salvajes cuando tuviera que pasar por debajo de una de sus colmenas. La respuesta tiene que ser: Caza. Hay que repetirla en voz alta hasta que alguien conteste: Dadme per- miso para cazar en este territorio. lo que tenía que decir a Mang. Fue muy sabia para Mowgli la consigna del Cazador extraño. Por eso Baloo le enseñó la Ley del Bosque y la del Agua.

pero solamente para comer. distraído. Debo enseñarle toda la Ley de la Selva. pues había cosas que tenía que repetir hasta cien veces. Hoy le has deja- . ––Hablas de suavidad y tienes las patas de hierro ––gruñó Bagheera––. Baloo le dijo a Bagheera: ––Una cría humana es una cría humana. Se cansaba. Y por eso le pego alguna vez. No le pueden entrar en ella. Su cabeza es todavía pequeña y tus enseñanzas dema- siado largas. ––Tú sabes que en la Selva pueden ser una presa hasta las criaturas más pequeñas. Debe aprender más que nadie. ––Pero ten en cuenta que es todavía un cachorro ––dijo Bagheera enternecida. Hubie- ra llenado de mimos a Mowgli de haber esta- do encargada de su educación––. Cuando Mowgli se fue malhumorado. No busques en la caza tu diversión. olvida algo. y aprenderlas de memoria. Hasta hubo un día en que Baloo le pegó. Eso es lo que trato de que Mowgli vaya aprendiendo. Pero siempre con amor. si es que. Ya veis la cantidad de cosas que tuvo que aprender Mowgli.

Y ahora dime si no vale la pena que reci- ba algunos golpes.do toda la cara marcada. Basta con que de ahora en adelante recuerde estas palabras y estará seguro en todas par- tes. pequeño. Ven aquí. ––Pero ten cuidado. excepto contra los de su propia manada. . De to- dos modos me gustaría conocerlas. yo que lo quiero. ––Prefiero marcarle yo. En estos momentos le enseño las Palabras Mágicas de la Selva. Y hablas de suavi- dad. Normalmente seré yo quien preste ayuda en vez de pedirla ––y mientras habla- ba. suponiendo que esté de humor para hacerlo. llenarle la cara de cardenales. porque tú eres capaz de matar al cachorro de hombre. És- tas lo protegerán contra los pájaros enemi- gos. dejaba ver sus terribles garras––. contra todo caza- dor. contra las serpientes. ––Que sea el mismo Mowgli quien te las aclare. No lo con- fundas con un tronco de árbol y afiles en él tus garras. Explícame qué Palabras Mágicas son ésas. que no verlo sufriendo por desconocer algo ––contestó Ba- loo muy seriamente––.

y los sé todos. ––No doy importancia a lo que dices ––dijo Baloo. Bagheera. ––Sabes algo. ––Y que conste que si vengo es por Bag- heera y no por ti. Repítele a Bagheera las Palabras Mágicas de la Selva que has aprendido hoy conmigo. saco de grasa. hablados por diferentes pue- blos. ––Los dos llevamos la misma sangre –– dijo Mowgli imitando el acento de oso de to- dos los que cazan en ese territorio. Na- die da las gracias a Baloo. que se deslizaba por el' tronco de un árbol y bajaba a tierra. Baloo. ––Me zumba la cabeza como si tuviera en ella un enjambre ––dijo una voz fina y mal- humorada. Habla de las pala- bras que se refieren al Pueblo Cazador. Está claro. . ––Continúa con las de los Pájaros. Menos de lo que crees. que realmente se sintió herido por las palabras de Mowgli––. ¿Qué lenguaje debo hablar? Sabes que hay muchos. No hay un solo lobato que se muestre agradecido con quien le enseña. Era Mowgli. ––Las Palabras Mágicas forman un conjun- to de lenguajes.

golpeó con los talones el flanco de la pantera e hizo unas muecas horrorosas a Baloo. Ningún animal le haría daño alguno. volviéndose hacia ella. ni las serpientes. Mowgli contestó con un silbido imposible de describir. el más sabio de todos los elefantes. Una ser- piente de agua había explicado a Mowgli su lenguaje. ni los pájaros. ––Veo que te has ganado limpiamente los cardenales ––dijo lleno de ternura el oso––. que llevara a Mowgli a una laguna. Mowgli las repitió. Ya te sentirás agradecido algún día. cómo había pedido a Hathi. Y al final silbó como lo hace el buitre. él mismo aplaudió su propia habilidad y se colocó de un salto a lomos de Bagheera. Le explicó a Bagheera. ni las fieras. Se quedó de medio lado. ––Ahora quiero que me digas las de las Serpientes ––dijo Bagheera. Hizo luego una pirueta salvaje. Baloo era incapaz de pronunciar las palabras de las Serpientes. el que lo sabe todo. Mowgli estaba a salvo de todo lo que de malo se le pudiera presentar en la Selva. .

No sueñes ––dijo Bagheera. gritó: ––Me van a dar una tribu. . salvo a los miembros de su propia manada ––dijo Bagheera en voz baja. ––Podré tirar ramas y toda clase de obje- tos sucios a Baloo ––dijo Mowgli––. ––Ya a nadie tiene que temer ––dijo Ba- loo. ––¡Wufffl ––la pata peluda y enorme de Baloo arrojó a Mowgli del lomo de Bagheera donde estaba tan contento. amigo? ¿Se puede saber por qué bailas de ese modo? Mowgli intentaba hacerse oír por Bagheera y para conseguirlo le estiraba la piel y bailaba furiosamente sobre ella. Luego se dirigió en voz más fuerte a Mowgli– – ¿Qué haces con mis costillas. ––Ya estamos con una de tus locuras. ––A nadie. Y la dirigiré por entre las ramas de los árboles. Quedó tendido ante las patas delanteras de la pantera y se dio cuenta del mal humor que había desper- tado en Baloo. Es la pro- mesa que me han hecho. golpeando suavemente su vientre gordo y peludo. Cuando lo logró.

La expresión de sus pupilas era de enorme dureza. ––Baloo me pegó en la cabeza ––dijo Mowgli. los sin Ley. Fueron los únicos que mostraron tales sentimientos ––al decir esto se veía que estaba profundamente dolido. ––Mowgli ––le dijo Baloo––. ––Has estado con el Pueblo de los Monos. O co- mo si me hablaras de la frescura del sol en verano. Es como hablarme de la paz de las aguas que se despeñan torren- cialmente desde la cumbre del monte. los Bandar-log. se acercaron y tuvie- ron compasión de mí. has hablado con el Pueblo de los Monos. Brillaban como piedras de jade. Ahora dinos qué ocurrió luego. Me marché y los monos grises bajaron rápi- damente de los árboles. Es una vergüenza. Seguía aún tendido de espaldas––. los despreciables monos grises. los que comen todas las porquerías que en- cuentran. . ––Hablas de la compasión de los monos –– dijo molesto Baloo––. Quería saber si la pantera se había enfadado tam- bién. Mowgli fijó sus ojos en Bagheera.

Quiero volver a jugar con ellos. ––Cachorro humano. Había una pequeña diferencia entre nosotros: que yo no tenía cola como ellos. ¿Por qué siempre me habéis tenido apartado del Pueblo de los Monos? Es cierto que se parecen a mí. Me insistieron que querían que volviera a verlos. Quiro subir adonde están ellos. Baloo. ––Fueron maravillosamente amables con- migo. ––Después me dieron nueces y otras cosas de un sabor exquisito. Me llevaron en brazos a lo más alto de los árboles. Su voz era como un trueno––. quiero que me oigas bien ––le dijo Baloo. Andan sobre dos pies como yo. Su día es una pura diversión. Jamás han tenido jefe ––dijo Bagheera en el colmo de la indignación. Hablaron seriamente de que algún día yo sería su jefe. ––Mienten en esta ocasión como siempre. no seas ma- lo. Son los únicos que no . Me aseguraron que eran mis hermanos. No me pegan ni tienen las patas duras. Todo lo que sabes de la Ley de la Selva lo sabes por mí. Y la Ley te servirá para tratar con todos los animales de la Selva me- nos con los monos.

los ha desterrado de sus conversa- ciones y de sus pensamientos. Se creen serios y preocupados por problemas importantes. ¿Me has oído hablar alguna vez de los Bandar-log? ––No ––dijo Mowgli hablando muy bajo. Ni siquiera tienen lenguaje propio. El suyo es una mezcla del lenguaje de todos los demás animales. Pero que caiga una nuez delante de ellos. maliciosos. Tampoco tenemos los mismos lugares de caza. Tampoco tienen memoria. ––Todos los animales. ni morimos donde ellos mue- ren. sucios. Son unos charlatanes y unos presumidos. ni vamos adonde ellos suelen ir. y todo se les convertirá en risa.tienen Ley. Y es que el bosque se quedó completamente callado en cuanto calló Baloo. Todo el mundo los rechaza. desalmados. Lo único que les interesa es que nosotros nos . No tienen los mismos bebe- deros que nosotros. Se les olvida todo. Sus caminos son totalmente diferentes de los nuestros. Son muy nu- merosos. Nunca han llegado a tener jefes. Están siempre a la escucha desde las altas ramas. el Pueblo de la Sel- va entero.

fijemos en ellos. Pero nada cuentan para no-
sotros en ningún momento, incluso cuando
nos bombardean con inmundicias.
Apenas acabó de hablar, cayó desde lo alto
de los árboles una lluvia de frutos y ramas, y
se oyó en las alturas una sinfonía de toses,
aullidos y saltos locos de rama en rama.
––El Pueblo de la Selva no puede tener
trato alguno con los monos. Tenlo siempre
presente.
––Totalmente prohibido ––confirmó Bag-
heera––. Y lo extraño es que Baloo no te lo
haya advertido.
––¿Yo? Jamás podría haber adivinado que
Mowgli iba a jugar alguna vez con semejante
ralea. ¡Los monos! Me dan asco.
Se repitió el chaparrón. Baloo y Bagheera
se fueron corriendo hacia otro sitio arrastran-
do consigo a Mowgli.
Baloo estaba en lo cierto con respecto a
los monos. Vivían en las copas de los árboles.
Las fieras no suelen mirar hacia lo alto. Por
eso los caminos de los monos y los de los
demás animales de la Selva jamás se cruza-
ban. Pero era doloroso que en cuanto veían a

un animal de la Selva enfermo o herido, los
monos se ensañasen con él. Arrojaban toda
clase de cosas sobre cualquier fiera. Y lo
hacían sencillamente para llamar la atención.
Aullaban, cantaban canciones estúpidas invi-
tando a los demás animales a que se subie-
ran a los árboles para pelear con ellos. Ellos
mismos andaban siempre enzarzados en te-
rribles luchas por cualquier nadería.
Y eran desagradables hasta por el hecho
de dejar sus muertos bien visibles. En mu-
chas ocasiones habrían podido tener una or-
ganización con jefe, leyes y costumbres pro-
pias. Pero jamás lo lograban definitivamente.
Peleaban, se olvidaban de todo y los consola-
ba esta frase: Toda la Selva llegará a pensar
como nosotros pensamos ahora.
Ningún animal del bosque podía llegar has-
ta las alturas en las que ellos estaban. Por
eso se emocionaron cuando Mowgli quiso
compartir sus juegos. Y fue divertido, sobre
todo porque vieron cómo todo eso molestaba
a Baloo.
Así quedó todo. Normalmente los monos
no tienen iniciativa alguna. Pero uno de ellos

pensó algo que a todos los demás les pareció
magnífico. Era conveniente conservar en su
tribu a Mowgli. Sabia entrelazar ramas. Y ese
entramado era una magnífica protección co-
ntra el viento. Mowgli lo hacía casi sin darse
cuenta. Al ser su padre leñador, solía cons-
truir chozas con ramas caídas. Mowgli había
heredado esa habilidad. No pasó inadvertido
a los monos ese hecho. Se vieron con un
gran jefe y como el pueblo más sabio de la
tierra. Seguramente todos los demás los ad-
mirarían. Por eso, sin hacer ruido alguno, si-
guieron a Mowgli, Bagheera y Baloo por toda
la Selva. Mowgli se echó a dormir entre el oso
y la pantera. Juró que jamás trataría con los
monos.
Su siguiente recuerdo fue verse atrapado
por unas manos fuertes y pequeñas, sentirse
inmovilizado de brazos y piernas, el choque
de unas hojas y luego mirar hacia abajo des-
de la altura de los árboles.
Baloo despertó a toda la Selva con sus ru-
gidos y Bagheera iba de árbol en árbol ense-
ñando furiosa sus dientes terribles. Los mo-
nos treparon hasta las ramas más altas. Ni

siquiera Bagheera se atrevió a seguirlos hasta
allí.
Por eso gritaron triunfantes:
––Bagheera se ha fijado en nosotros. Se
ha fijado en nosotros. Ya somos objeto de
admiración para todo el Pueblo de la Selva.
Empezó la huida de los monos, una huida
revestida de caracteres indescriptibles. Tie-
nen caminos en las copas de los árboles, ata-
jos, subidas y bajadas, a una altura excesiva
sobre el nivel del suelo: quince, veinte y has-
ta treinta metros. Son capaces de viajar de
noche en ese laberinto. Dos de los monos
más fuertes habían cogido a Mowgli por las
axilas y le llevaban en volandas hasta la cima
de los árboles, con unos saltos de siete me-
tros. El peso del chico los lastraba. Mowgli,
casi mareado, sentía el cosquilleo de la emo-
ción. Aunque, de cuando en cuando, ver la
tierra allá abajo le producía sensación de vér-
tigo. Era horrible pararse, balancearse, tomar
impulso y saltar a otra rama. A veces estaba
en las ramas más altas, temblando de miedo
ante la posibilidad de que se rompieran. A los

pocos segundos ya se encontraba en las ra-
mas bajas del árbol siguiente.
Llegó en algunos momentos a tener la im-
presión de hallarse encaramado a un mástil,
viajando en un mar verde. Sólo cuando el
ramaje le sacudía la cara, se daba cuenta de
dónde se encontraba. Así, entre resoplidos,
saltos, ruidos y chillidos siguieron aquel ca-
mino loco. Mowgli iba conducido como un pri-
sionero.
Hasta llegó a temer que lo soltaran deján-
dolo caer desde lo alto. Sintió una furia cre-
ciente. Pero al ver cuál era su situación real,
la de un preso, no quiso dar signos de rebel-
día. Sí que vio claramente enseguida que te-
nía que avisar a sus amigos, Bagheera y Ba-
loo. Dada la velocidad con que los monos
huían, se daba cuenta de que sus amigos se
iban a quedar atrás. Nada conseguía mirando
hacia abajo. Sólo veía las puntas de las ra-
mas.
Por un momento dirigió su mirada al cielo
inmenso y azul, y vio en todo lo alto a Rann,
el buitre. Como siempre, vigilaba la muerte
de algún ser de la Selva. Vio que los monos

llevaban algo y descendió unos cientos de
metros en picado para ver el género de pre-
sa. En ese instante, llevaban a Mowgli en vo-
landas hasta lo más alto de un árbol. El buitre
le oyó gritar, se sorprendió y contestó con un
silbido: Llevamos la misma sangre. La espe-
sura se cerró de nuevo y Rann desvió su vue-
lo hasta el siguiente árbol, desde donde vio
de nuevo a Mowgli.
––No dejes mi pista ––gritó el chico––. Pa-
sa el aviso a Baloo, de la manada de Seeo-
nee, y a Bagheera, del Consejo de la Roca.
––Dime en nombre de quién, amigo ––dijo
Rann. Nunca había visto a Mowgli, aunque
había oído hablar de él en muchas ocasiones.
––Soy Mowgli, la Rana. Me llaman cacho-
rro humano. Sigue mi pista.
Apenas se oyeron las últimas palabras. Se
sintió balancear en el aire, listo para el
próximo salto. Rann hizo unas señales de
asentimiento. Se elevó hasta quedar reducido
a un puntito insignificante. Pero nada de
cuanto ocurría debajo de el escapaba a sus
ojos penetrantes. Pudo seguir perfectamente

Lo que hacía era una temeridad que jamás había cometido. ––Poco va a durar su huida ––dijo riéndo- se sofocadamente––. Bagheera es capaz de matar algo más que cabras ––se meció en el aire. recogió las patas.el camino de los monos y su prisionero Mow- gli. Baloo y Bagheera se sentían consumir de furor. ––¿Por qué no pusiste al cachorro humano sobre aviso? ––decía en un tremendo rugido a Baloo. Bagheera subió hasta los árboles más altos. Por su parte. Los Bandar-log empiezan siempre mil cosas nue- vas. . que con su trote pesado esperaba adelantarse a la loca carrera de los monos––. Pero tengo la impresión de que esta vez han ido demasiado lejos. Tenía que aminorar el golpe de la caída agarrándose a las ramas y al tronco. desplegó las alas y esperó. Se van a arrepentir. Cuando caía al suelo solía llevar las garras llenas de corteza. En más de una ocasión se rompieron las ramas. Porque Baloo y Bagheera no son precisamen- te seres indecisos y miedosos. Estos monos son unos inconscientes en todo cuanto emprenden.

en cambio. Y. cansados de llevarlo. ––Creo que llevamos un paso que podría seguir cómodamente hasta una vaca. Asustados. luego. Gran Maestro de la Ley de la Selva. entié- rrame cerca de la madriguera de una hiena. Soy el oso más desgraciado que haya nacido. azotacacho- rros.Fue una estupidez matarlo casi a golpes y. en vez de golpearte. Hazme caer de ca- beza en una colmena de abejas furiosas que me piquen hasta matarme. no te previne contra los monos? Es posible incluso que mis golpes le hayan sacado de la cabeza mis lec- . no ponerle en guardia contra este peligro. Descansa y piensa. ––¡Brrr! Es posible incluso que ya lo hayan hecho. Aliméntame solamente a base de huesos viejos. Bastaría una corta distancia para hacer- te reventar. lo podrían dejar caer. ––Date prisa. ¿Quién se puede fiar de los monos? Corona mi cabeza con murciélagos muertos. Piensa un plan. Es posible que los alcance- mos ––decía Baloo extenuado. Sería peligroso hasta que los alcanzá- ramos. ¡Brrr! ¡Ah! ¡Mowgli! ¡Mowgli! ¿Por qué fui tan estúpido y.

Baloo metió la cabeza entre las patas de- lanteras y se convirtió en un puro sollozo.ciones y en estos momentos se encuentre en la Selva desamparado. Pero no hay que temer de- masiado por el cachorro humano. has perdido completamente la cabeza y el respeto a ti mismo. Ponte en mi lugar y juzga lo que pensaría la Selva si me hiciera una bola como Ikki. está bien formado y nadie es capaz de aguantar su mirada. A nadie temen ––Bagheera mor- disqueaba nerviosamente una de sus patas delanteras. Nadie puede llegar hasta donde ellos viven. ––Ten en cuenta que a mí me las dijo co- rrectamente hace muy poco tiempo todavía – –dijo Bagheera impaciente––. Pero hay que reconocer que la situación es grave. Es posible que a estas horas Mowgli ya haya muerto. ––Nada me importa lo que piense la Selva de mí. Es listo. al no acordarse de las Palabras Mágicas. Está en poder de los monos. ––Sólo por pereza o por juego lo dejarían caer. el puerco espín. . y me dedicara a lamentarme. Baloo –– continuó––.

cuando dice: Cada uno tiene su propio miedo. Cuando oyen su nombre les castañetean los dientes. Y es posible también que prefiera cazar ella misma las cabras ––Bagheera. ––¿Para qué? No es de nuestro pueblo. Vamos a hacer una visita a Kaa. el ele- fante. descon- fiaba de todo lo que concernía a la serpiente. les roba sus crías por la noche. Y siempre ham- brienta. Lo lleva escrito en los ojos – –dijo Bagheera. ––¡Tonto y necio de mí! No soy más que un desenterrador de raíces ––dijo Baloo en- derezándose de un salto––. Es posible incluso que en estos momentos se encuentre durmiendo. El miedo de los monos es Kaa. porque no tiene patas. ––Tan vieja como astuta. Prométele un rebaño entero de ca- bras ––dijo Baloo lleno de esperanza. ––Sabes como yo que en cuanto come una se pasa durmiendo un mes entero. la ser- piente de la Roca. Es una verdad evidente lo que afirma el sabio Hathi. que desconocía casi por completo a Kaa. . Sube a los árboles tan bien como ellos. Y está claro que es un saco de maldad.

––Estamos de suerte ––dijo Baloo precavi- damente y con satisfacción en cuanto vio su hermosa piel nueva––. . Y los dos juntos se fueron en busca de Kaa. la pitón que vive en la Roca. Contemplaba con admiración su propia piel. viejo amigo. Kaa tenía a gala no ser venenosa. Lo había hecho en el retiro más absoluto. Su fuerza estaba en su capacidad de presión. Soñaba con su próxima presa. Hay que tener cuida- do. ésta se podía dar por perdida. Cuando se enrosca- ba alrededor del cuerpo de su presa. hermosa y brillante. Despre- ciaba a las que lo eran. Cuando muda de piel se queda medio ciega. Parecía una enorme joya. ––Entre nosotros dos. Le había costado diez días cambiarla. con su cabeza roma y su cuer- po de nueve metros enroscado en fantásticos anillos. Ataca por puro instinto a todo lo que se le ponga por delante. nueva. somos capaces de convencerla ––Baloo frotó amis- tosamente con su paletilla la piel de la pante- ra. La encontraron tendida al sol en el saliente de un peñasco.

como lo son normalmente las pitones. ¿Habéis visto algo cerca? Me conformo con un gamo. ––Vamos de caza ––dijo Baloo sin dar im- portancia a sus palabras. Baloo? ¿Qué haces aquí? ¡Buena caza. ––¡Buena caza! ––gritó Baloo sentado sólo sobre sus cuartos traseros. A Baloo y a Bagheera no les im- porta dar un zarpazo más o menos. ––Dejadme que vaya con vosotros ––les rogó Kaa––. Se preparó para el ataque enro- llándose en forma de espiral. Yo. en cambio. Son demasiado grandes para ser rápidas. Bagheera! Necesito co- mer. Es- . O subir a los árboles por la noche para sorpren- der a algún mono poco avispado. No es una buena táctica meter prisa a las serpientes pitones. Me siento tan vacía como un pozo seco. me veo obligada a esperar días ente- ros en alguna senda perdida del bosque. ––Que la caza sea buena para todos –– contestó––. ¡Ah! ¿Eres tú. Kaa era sorda. ¡Ssshs! Hay que tener cuidado además con las ramas. aunque sea joven. con la cabeza baja.

Así nos insultaron a nosotros los Bandar- log en la Luna nueva pasada. Dicen cualquier cosa. sino del ramaje nuevo. miserable y sin patas ––dijo como sin quererlo Bagheera. En mi última cacería estuve a punto de caerme al suelo. ––¡Ssshss! ¿Me han insultado así alguna vez? ––preguntó Kaa airada. .tán todas podridas. Y al no tener fija mi cola al tronco del árbol. No les hicimos caso. que tienes miedo a todo lo que sea mayor que un cabrito ––los monos son unos deslenguados ––y que tienes miedo a los cuernos ––siguió insidiosamente Bag- heera. Hasta que te has quedado sin dientes. Pero sigo pensando que la culpa no es mía. ––Realmente no me falta longitud –– contestó Kaa con aire de orgullo––. ––Lombriz de tierra. especialmente las mayo- res. ––Es posible que sea por tu peso ––le dijo Baloo. produje tal ruido que los monos se despertaron y comenzaron a insultarme. o secas.

encargado de enseñársela a los loba- . Las serpientes pitones disimulan sus sen- timientos. Recordó de pronto que el era el pri- mer animal de la Selva que había mostrado cierto interés por la vida de los monos. ––Realmente ––dijo Baloo––. jamás dan muestras de haberse encolerizado. no demasiado inteli- gente. yo soy un viejo maestro de la Ley. al mismo tiempo muerta de curiosidad. ––Pues precisamente vamos siguiendo su rastro ––dijo Baloo. ––Evidentemente. Se oían en las copas de los árboles. Pero Baloo y Bagheera vieron cómo se le hincha- ban los enormes músculos del cuello. ––Los monos han abandonado su territorio ––dijo con aparente tranquilidad––. Oí sus gritos justamente cuando salía a tomar el sol. estáis si- guiendo el rastro de los Bandar––log –– respondió con fina cortesía Kaa. Kaa quiso mostrarse así. el asunto debe de ser muy serio cuando vosotros. No le salieron las palabras como él hubiera querido. tan importantes en la Selva y entre los vuestros.

Kaa. me dijo algo Ikki ––ciertamente. Nadie hubo semejante a él ––dijo Baloo––. el cachorro humano. Ikki es un relator de noticias mal oídas y peor contadas. está cada día más infatuado de sus púas–– acerca de una cría de hombre admitida en una ma- nada. Pero no lo tomé en serio. y amigo de Bagheera. que no sólo vosotros sabéis lo que es querer.tos de la manada de Seeonee. ––¡Bueno! ¡Bueno!. Lo queremos locamente. ––Nos las tienes que contar una noche de Luna y con el estó- . elegante. ––Sí. Hará famoso mi nombre en toda la Selva. Y se trata de un hombrecito maravilloso. que me acompaña. Bagheera cerró con ruido sus mandíbulas. ––El asunto que traemos entre manos es éste ––dijo Bagheera dirigiéndose a Kaa––. esos miserables y despreciables ladrones de nueces nos han robado a nuestro amigo. ––En esta ocasión estaba en lo cierto. os en- teraríais de muchas cosas. Ella no era partidaria de falsas modestias. Si yo hablara. Es inte- ligente. Seguramente habrás oído hablar de él. el mejor.

está claro que corre peligro. Si tie- nen a un hombre entre ellos. lombriz de tierra ––dijo Bagheeray algunas otras cosas que me aver- gonzaría repetir ahora. sin saber por qué. Los monos son unos charlatanes necios y vanidosos. Sí. Cogen una nuez. que eres tú el único animal de la Selva al que temen. ¿Os acordáis si cuando me insultaron me llamaron pez amarillo? ––Sólo lombriz. ––A nadie más. hay que refrescarles la memoria. la llevan toda una mañana. dicen que van a hacer ma- ravillas con ella y luego. Pero ¿tenéis idea de adónde se han llevado al hombrecito? . No quisiera estar yo en la piel del hombrecito.mago lleno ––dijo Bagheera––. la parten y la tiran. Kaa. Y sabemos. ––Creo que será conveniente recordarles que deben tener más respeto a su maestro. Los monos tienen en su poder a nuestro hombrecito. Y no les faltan motivos pa- ra pensar así ––dijo Kaa––. les cansa en- seguida y la tiran. Cogen una rama.

He visto a Mowgli entre los monos. en los caminos. A esas horas. de la manada de lobos de Seeonee! ¡Mira hacia arriba! Baloo vio a Rann. La Selva lo sabrá. es po- sible que se queden allí un breve o largo tiempo. a las Mora- das Frías. Como son tan imprevisibles. Pero nunca en las ramas ni en las lagunas. ––¡Eh! ¡Baloo. Me encargó insistentemente que te lo dijera. Creemos que se lo llevaron hacia poniente. Se lo han llevado al otro lado del río. Es todo. si se me ponen al paso. pero el follaje le había impedido verlo. Pensábamos que tú lo sabrías. que caía en pi- cado desde el cielo. el buitre. Rann tenía que estar ya durmiendo. De todos modos. he encargado a mis amigos. Buena suerte. Había sobrevo- lado la Selva en busca del oso. los murciélagos. ––No. a la ciudad de los monos. . Los he seguido. ––¿Traes noticias? ––dijo Baloo. El sol alumbraba el borde levantado de sus alas. ––Sí. que los vigilen du- rante la noche. ––¿Yo? Los suelo atrapar.

Me sentí obligado a cumplir su encargo – –después de decir esto se elevó en círculos. Se trata de una ciudad antigua y abandonada. Felices sueños después de haber llenado bien el bu- che. Se acordó de las Palabras Mági- cas. ––Lo que he hecho no es nada. no ha perdido la lengua –– dijo Baloo con orgullo––. El chico se lo merecía. Vamos a las Moradas Frías. Rann ––gritó Bagheera alborozada––. ––Buena suerte también para ti. ––Felizmente. Reservaré la cabeza de lo que mate y te la ofreceré a cambio de tus servicios. el mejor de los buitres. medio enterrada en la Selva. En la Selva todo el mundo conoce dónde están las Moradas Frías. Pero me siento orgullosa de él. ––Se las metiste en la cabeza a fuerza de golpes ––comentó Bagheera––. Te tendré en cuenta cuando cace la próxima vez. Tan joven y ha sido capaz de acordarse de las Palabras Mágicas justamente cuando se lo llevaban a través de la Selva. volando luego en busca de refugio. pero nadie se acerca a aquel lugar. . a ti.

Baloo. las cisternas y estanques de la ciudad aban- donada suelen conservar alguna reserva de agua. ––Sabes que aun sin pies puedo alcanzar la misma velocidad que tú que tienes cuatro patas ––dijo Kaa. Ni siquiera los monos viven regularmente allí. pero nunca los animales cazadores. como asustado. ––No podemos esperarte. aunque más . Baloo se esforzó por ir lo más rápidamente posible. Lo deja- ron con la esperanza de que. Síguenos. Kaa y yo somos siempre veloces. Acuden a aquel lugar solamente en momentos de sequía pertinaz. es posible que lleguemos allí hacia medianoche –– comentó Bagheera. ––Si vamos a toda velocidad. Todos los habitantes de la Selva suelen dejar un enorme espacio entre su camino y las Mo- radas Frías. La puede hacer el jabalí.Las fieras no suelen hacer sus guaridas donde antes habitaron los hombres. Baloo se quedó serio. Pero pronto se rin- dió a la realidad. Entonces. Se sentó agotado. ––Iré a mi máxima velocidad ––dijo Baloo preocupado.

al llegar a un arroyo. Continuemos ––parecía que Kaa se confundía con la tierra. Ganó terreno Bagheera cuando. lo pasó de un salto. En las Moradas Frías los Bandar-log pen- saban en todo menos en los amigos de Mow- . ––Tengo hambre ––dijo Kaa––. Encontra- ba con toda seguridad el camino más corto y lo seguía sin equivocarse. ade- más. Y. Eres una andariega invencible. Kaa no hizo comentario algu- no. ––Es lo mismo. de- jando asomar solamente su cabeza y una pe- queña parte del cuerpo. ––¡Por la cerradura que me permitió ser li- bre! ––dijo Bagheera––.despacio. para mayor exactitud. ––Lombriz de tierra y amarilla. Pero en cuanto tocó tierra de nuevo alcanzó con toda facilidad a la pantera. aun- que ésta acelerara su carrera. ten en cuenta que me han llamado rana manchada. Bagheera se adelantó con ese trote característico de los animales de su especie. Kaa tuvo que vadearlo. los seguiría. pero precedía siempre a la pantera.

Parecidas a col- . Era posible ver desde el palacio grandes hileras de casas sin techo. Se veía claramente todavía cuáles habían sido las salas donde habitaban los elefantes del rey. se quedaron satisfechos. lleno de manchas. Fue edificada por un rey. roto. hacía muchos años. que habían perdido sus fortifi- caciones suplementarias. Mowgli no había visto jamás una ciudad india y. De éstas sólo quedaba el recuerdo de algunas tablas adheridas todavía a los goznes herrumbrosos y prácticamente des- truidos. Todavía se adivinaban las calzadas que conducían a las puertas. El precioso mármol de patios y fuentes esta- ba estropeado. Eran las casas de la antigua ciudad. en lo alto de una colina. La colina estaba coronada por un gran palacio sin techumbre. Cuando llegaron con el muchacho a la ciudad perdida. Pero las losas del suelo estaban separa- das por las hierbas y los árboles que crecían a discreción.gli. le pareció deslumbrante y sober- bia. aunque ésta no era ya más que un montón de ruinas. colgaban en gran- des matas las enredaderas. Los árboles crecían por todas partes. De los muros.

se quitaban las pulgas y bravuconeaban como hombres. Los monos se la habían atribuido como su ciudad. Se sentaban en círculos en la antecámara de la sala del Con- sejo. bajando y subiendo co- mo locos las terrazas del jardín real. sacu- diendo fuertemente los rosales y los naran- . Había un enorme ídolo derribado en la confluencia de cuatro avenidas. ahora eran solamente unos hoyos secos casi todo el año. Lo que antiguamente habían sido fuentes y pozos. transportaban yeso o ladrillos hasta un sitio. y luego se olvidaban por qué y dónde lo habían escondido. sólo estaban habitadas por las sombras más oscuras. Pero nunca llegaron a comprender por qué se habían levantado to- dos aquellos edificios. Y cuando más enfadados parecían estar. empezaban a jugar. Peleaban por creerse robados por los de- más. Las pre- ciosas cúpulas antiguas estaban hundidas y flanqueadas por higueras silvestres. Despreciaban a todos los animales por vivir en el bosque. Salían o entraban en las ca- sas sin techo. y menos aún el uso que se había hecho de ellos.menas sin tapadera.

le pareció una vida sin senti- do. los más fuertes y los más prudentes. Normalmente debe- rían haberse ido a dormir. por el simple placer de ver cómo caían las flores o los frutos. De nuevo volvían a rebrotar los antiguos problemas hasta que. perfectamente educado en la Ley de la Selva. A Mowgli. al caer la tarde. cansados de todo. Se consideraban tan importantes como los hombres cuando paseaban solos o en pe- queños grupos por aquel laberinto. Llegaron a las Moradas Frías. Pero. se iban de la ciudad a las copas de los árboles con la estúpida esperanza de que los anima- les de la Selva se fijaran en ellos. Bebían en las cisternas. pero sin cuidado alguno. Conocían todos los pa- sadizos subterráneos del palacio. pasando inmediatamente del enfado a la alegría desmedida. los mejores. gritaban todos jun- tos: ––Somos los más sabios de la Selva. los más inteligentes. teniendo en cuenta . Por eso ensuciaban el agua y discutían por ello. Pero ense- guida se olvidaban de lo que acababan de ver.jos. llevando a Mowgli.

que. les dijo a todos que la captura de Mowgli representaba la fecha del inicio de una nueva era para los Bandar––log. se enzarzaron. Pero el juego sólo les duró unos minutos. a cons- truir refugios contra la lluvia. ––Quiero comer ––dijo Mowgli––. Faltó tiempo para que veinte o treinta mo- nos se lanzaran fuera de la ciudad en busca de nueces silvestres. como de ordinario. en una pelea y echaron a perder lo que traían. uniendo ramas y cañas. em- pezaron a tirarse de las colas y a saltar sobre sus cuatro patas. Les iba a enseñar. Mowgli. Pero los monos se pusieron en círculo y empezaron a cantar absurdas can- ciones.el largo viaje. Faltos de interés. Pero. cogió algunas enredaderas y empezó a entretejerlas. sintiéndose orador. Soy un forastero en esta parte de la Selva. Dadme algo de comer o permiso para cazar. como demostración de su capacidad. . cuando volvían. Los monos trataron de imitarlo. Pensaron que no valía la pena ofrecer a su huésped aquellas frutas estropeadas. Incluso hubo uno.

Sus manos son co- mo las de los pequeños ladrones. Tengo que hacer todo lo posible y lo imposible por volver a la Selva. sin sentido. Nadie le contestó. Seguro que Baloo me va a dar una paliza. No tienen jefes. Se convenció de que había ido a parar a un sitio indeseable. los monos le hicieron retroceder. Se dirigió a una terraza situada sobre los depósitos de piedra roja destinados a recoger agua. Le pellizca- ron para que aprendiera a ser más agradeci- do. Rechinó los dientes y se calló. Se dio cuenta de que los depósitos estaban medio llenos. Pero lo prefiero a estar aquí con los monos perdiendo el tiempo. ––Qué razón tenía Baloo ––pensó––. Seré el úni- co culpable si me matan de hambre. Sólo pala- bras inútiles. ley. malhumorado y hambrien- to. En cuanto llegó a las murallas. lanzó de cuando en cuando el grito de caza de los ex- traños. ni grito de caza. estaba magullado. Mowgli sentía dolores por todo el cuerpo. Erró por la ciudad abandonada. En mitad de la terraza había un cena- . Le aseguraron que no sabía apreciar la suerte que había tenido al estar con ellos en aquella ciudad.

Eso había hecho que la comunicación entre el cenador y el pasadi- zo. extraordinarios y dignos de admiración por parte del resto de los animales de la Selva. parecían unos biombos de mármol afiligranado. construido en forma de cúpula. fuertes y discretos que eran. no pudo menos de reírse cuando unos veinte monos a la vez empezaron a predicarle lo grandes. sabios. derrengado. Mowgli. libres. Cuando la Luna se asomó por detrás de la colina. filtró su luz a través de aquellos cala- dos. estaba medio hundido. ––Somos inmensos. con sueño y hambre. estu- viera impracticable. Y que era un loco por intentar separarse de ellos.dor* destinado a las reinas que habían vivido en aquel palacio hacía unos cien años. Pero tienes que enterarte . tiene que ser ver- dad ––gritaban––. y dibujó en el suelo una especie de man- to negro hermosísimo. Pero las paredes. usado antiguamente por las reinas. con incrus- taciones de ágata*. cornalina* y jaspe*. blanquísimo. Como nosotros es- tamos convencidos de ello. perfec- tamente en pie. El techo.

––Parece que Tabaqui los ha mordido a todos y comunicado su locura. y sentía al mismo tiempo un enorme mareo ante todo aquel alboroto. logro escabullirme. Éstos cantaban las excelencias de los Bandar-log. respondía con un sí cuando le preguntaban algo. Dos amigos de Mowgli contemplaban la misma nube desde los fosos que rodeaban las . Te darás cuenta de que somos im- portantísimos. Pero ¿cuándo duermen? Veo que está formándose una nube en el firmamento. Aunque estoy muy cansado. de ahora en adelante se fijarán en nosotros. A ver si cubre la Luna y. Así. Tú vas a tener ocasión de repetírselo después a todos los animales de la Selva. todos a la vez gritaban: ––Es cierto. aprovechando la os- curidad. Y en- tonces. Los monos se reunieron a cientos en la terraza para escuchar a sus oradores. Mowgli asentía con la cabeza. Nada pudo oponer Mowgli a esa idea pere- grina. Porque están todos locos. Es lo que todos pensamos. parpadeaba. A veces se callaban para tomar aliento.de quiénes somos.

El terreno está en declive y me permitirá lan- zarme desde allí contra los monos. ––Por mi parte sé lo que hay que hacer. Los monos presen- tan batalla sólo cuando se encuentran en la proporción de uno a cien. Seguro que no se me vendrán encima a centenares.murallas de la ciudad abandonada. Pero es una lástima que Baloo no esté con nosotros. ––¡Buena caza! ––dijo Kaa con aire feroz. y Bagheera y Kaa conocían perfectamente el peligro que eso suponía. Voy a esperar a que la nube cubra la Luna y entonces aprovecharé para subir a la terraza. mientras se deslizaba sin hacer ruido alguno hacia la zona occidental del muro. Yo me dirigiré hacia el lado oeste de la muralla ––dijo Kaa como en un susurro––. Sabían que era peligroso luchar con los monos. Veo que están celebrando una es- pecie de Consejo. La gran . Siempre se juntaban en número enorme. Seguramente para delibe- rar sobre Mowgli. Pero no hay animal de la Selva que se atreva a luchar contra ellos con esa enorme desventaja.

Los monos estaban sentados alrededor de Mowgli en cír- culos de cincuenta o más. Se precipitaron ciegamente sobre Bagheera. arañar. Uno de ellos gritó: ––¡Es uno solo! ¡Matadlo! ¡Matadlo! Los monos se lanzaron en masa desorde- nada a morder. romper y arrancar cuanto pudiesen. Había subido la pendiente sin hacer rui- do y empezó a repartir golpes a diestro y si- niestro. Pero a . Cayó hasta el fondo. No valía la pena morder. Cualquier chico se hubiera lastimado seriamente. Mowgli se quedó expectante después de oír los pasos rapidísimos de Bagheera. Se oyó un enorme aullido de rabia y sorpresa. Media docena se apoderó de Mowgli. que ya estaba en la terraza en medio de los mo- nos. lo arrastró fuera del cenador y lo arrojó al agujero que había visto él antes. Bagheera tropezó con los cuerpos de los monos que habían ro- dado por el suelo al ritmo de sus golpes. Al instante la nube interceptó la visión de la Luna.pitón tardó en encontrar un camino practica- ble. Había caído desde unos cuatro metros de altura.

Mowgli le había enseñado Baloo a caer: siem- pre de pie. Nos harías daño con tus pies. volvió a gritar de nuevo: A que es verdad. ssss. ––No te muevas de ahí ––le grita- ron los monos hasta que hayamos matado a tus amigos. ––Vosotros y yo tenemos la misma sangre ––dijo Mowgli con mucha prisa por pronunciar las Palabras Mágicas salvadoras: las que sir- ven para las serpientes. protegeos ––dijeron seis ser- pientes en tono muy bajo. no te muevas. Luego. en un refugio ideal para las serpien- tes. A través de los calados escuchó el ruido tremendo de la lucha de Bagheera contra los monos. Para estar más seguro. vendremos a jugar conti- go. Por eso el antiguo cenador era un hervi- dero de cobras. Mowgli siguió fiel- mente la indicación. estate quieto. Distinguía con clari- dad sus roces y sus silbidos entre los escom- bros que lo rodeaban. Esperamos que el Pueblo Venenoso res- pete tu vida. Era fácil oír los . ––Vosotras. con el tiempo. Amigo. Toda ruina en la India se convierte.

no había podido llegar antes. . Zambúllete completamente. se fue abriendo camino hacia las cisternas. a las cisternas*. el chasquido de las mandíbulas. Espérame. que llegaba desde las ruinas del muro próxi- mo a la Selva. Era un grito salvaje. Le sucedía eso por primera vez en su vida. Malditos monos. ––Bagheera. estoy contigo ––gritó––. Al ver que Mowgli estaba a salvo.aullidos. el de Ba- loo. ¡Brrr! Todo resbala bajo mis pies. Fue entonces cuando oyó una voz. Subo. Bagheera jamás habría venido sola a esta misión». el resoplar de Bagheera mientras avanzaba y retrocedía. Voy a ayudarte. buscando posiciones defensivas contra el enorme montón de sus enemigos. Golpeaba en el más absoluto silencio. «Seguro que Baloo anda cerca. Bagheera oyó repetir la indicación. Entonces gritó con todas sus fuerzas: ––Bagheera. En un esfuerzo desespera- do. Aunque había hecho todo lo posible. sintió que sus fuerzas renacían. despacio. pensó Mowgli. Sólo trataba de salvar su pellejo.

Los monos vigilaban desde las orillas. y lanzó un grito que entienden muy bien las serpien- tes: Tú y yo tenemos la misma sangre. iplafl. Allí los monos no podían perseguirla. algo parecido al chapoteo de las palas de la rueda de un barco de va- por. Casi sin aliento llegó a la terraza. Con las delanteras iba cogiendo monos. Se les notaba una enorme agresividad. La pantera levantó la cabe- za desesperada. Se sintió satisfecho cuando el ruido de un cuerpo que caía en el agua le hizo ver que Bagheera había alcanzado las cisternas. Se oía el iplafl. Se afianzó sobre las patas traseras. Tampoco el se encontraba demasiado . Temió que Kaa se hubiera echado atrás en el último momento. La pantera estaba metida en el agua hasta el cuello. Quedó prácticamente enterrado por un enorme mon- tón de monos. Baloo no pudo evitar la risa cuando vio que hasta Bagheera pedía auxilio. buscando protección. Esta- ban claramente dispuestos a echarse sobre Bagheera en cuanto hiciera el menor intento de salir del agua. golpeándolos unos contra otros. El cansancio hacía difícil su respira- ción.

medio aplastado por los monos y empu- jado hasta el borde de la terraza. Así se preparó. llevó la noticia de la gran batalla a toda la Selva. para ayudar a sus hermanos en la ba- talla de las Moradas Frías. sintiendo el ciego instinto de matar. su enorme cuerpo des- prendió una piedra que fue a caer al foso. Los monos aullaban alrededor de la cisterna donde se encontraba en apuros Bagheera. Los monos acudieron des- de todas partes. Kaa. En ese momento. mientras Baloo seguía pro- tagonizando la batalla. Kaa salvaba el muro del oeste. Hathi. Una serpiente pitón es temible en un primer ata- que por el poder destructor que tiene su ca- . aun desde los sitios más le- janos. Hizo ejercicio formando una serie de anillos y des- enroscándose luego. Cundieron la alar- ma y la alerta entre todas las aves diurnas.bien. El terreno le era muy favorable. el murciélago. el elefante salvaje. atacó sin titubeos. Al coronarlo. Notó que estaba en per- fecta forma para la lucha. Mang. Se alegró. volando en todas di- recciones. co- menzó a barritar*. con enorme rapidez.

Y al mismo tiempo envolvía en sus anillos. Los monos huyeron despavo- ridos gritando: ––¡Es Kaa. en un abrazo mortal. hacia el centro de la enorme masa de monos que aplastaba a Baloo. una serpiente pitón puede derribar a un hombre hecho y derecho si lo golpea de lleno en el pecho. Parece como si comunicara a esa zona toda la fuerza de su enorme cuerpo. el silencio del musgo mien- tras crece. al mono más fuerte. Corred. Lo hizo en un silencio perfecto. Poneos a salvo! Kaa había sido el terror de generaciones enteras de Bandar-log. No necesitó re- petir el ataque. Todos se portaban bien con sólo nombrarla. Embistió. La vieja Kaa adoptaba todos los dis- . Es como una lanza. Imaginaos lo que serían atacando los nueve metros de Kaa. para empezar. metódica. Y ese enorme peso está movido por una inteligencia fría.beza. Aun midiendo solamente un metro. un ariete* o un martillo de media tonelada. que se balancea en lo alto de un lar- guísimo palo. asesina. Kaa era capaz de deslizarse por las ramas con el silencio de la más tenue brisa. calculadora.

fraces: una rama muerta, un árbol carcomi-
do. Caían en la trampa hasta los más hábiles.
La rama los rodeaba con sus anillos y se los
llevaba. Por eso Kaa era para los monos lo
más temible de la Selva. Nadie conocía los
límites de su poder. Nadie se atrevía a mirar-
la cara a cara. Ningún mono había escapado
con vida de sus anillos. Por eso huyeron co-
mo locos a refugiarse donde pudieron: en los
muros, los techos, las casas. Baloo empezó a
respirar. Aunque tenía la piel más resistente
que su amiga Bagheera, había sufrido en la
lucha. Entonces, Kaa lanzó un silbido largo y
penetrante, como suelen hablar los pitones.
Los monos que acudían en ayuda de sus ami-
gos se quedaron en los árboles, petrificados
por el miedo. Cesó el griterío de todos los que
se habían refugiado por allí. En el silencio que
reinó entonces en la ciudad abandonada,
Mowgli oyó cómo Bagheera salía de la cister-
na y se sacudía el agua.
Se oyó de nuevo el griterío anterior. Los
monos buscaron mayor altura en los muros.
Se agarraban al cuello de las estatuas y subí-
an a lo más alto de las defensas de la mura-

lla. Mowgli, que bailaba de alegría en el cena-
dor, miraba todo a través de los calados. In-
cluso imitaba al búho como para burlarse del
terror de los monos, y manifestar su alegría.
––Kaa, saca a nuestro amigo de la trampa.
Me siento sin fuerzas ––dijo Bagheera––.
Vámonos cuanto antes. Nos podrían atacar de
nuevo.
––Sólo se moverán cuando yo se lo man-
de. ¡Quietos todos! ¡Psshs! ––silbó Kaa, y la
ciudad recobró su silencio. Kaa se dirigió de
nuevo a Bagheera:
––No me fue posible llegar antes, herma-
na. De todos modos, creo que oí tu llamada.
––Es posible que gritara en medio de la lu-
cha ––contestó Bagheera––. ¿Cómo te en-
cuentras, Baloo? ¿Te han hecho daño?
––Me han zarandeado de tal modo que
creo que en estos momentos en vez de ser
uno soy un centenar de oseznos ––contestó
con mucha seriedad Baloo estirando las pa-
tas––. ¡Wuaaa! Siento dolores por todo el
cuerpo. Kaa, Bagheera y yo te debemos la
vida.

––No tiene importancia. ¿Dónde está el
hombrecito?
––Aquí, en la trampa. No puedo encara-
marme y salir de ella ––les gritó Mowgli dán-
dose cuenta de que tenía sobre su cabeza la
cúpula rota.
––Sacadlo cuanto antes de aquí. Está bai-
lando locamente al estilo de Mao, el pavo re-
al. Si continúa así, aplastará a alguna de
nuestras crías ––dijeron las cobras.
––¡Ja! ¡ja! ¡Qué gracia! ––exclamó Kaa
riendo––. El cachorro humano tiene amigos
en todas partes. Mowgli, retírate. Y lo mismo
vosotras, Pueblo Venenoso. Voy a derribar la
pared.
Tras un detenido examen, Kaa descubrió
una grieta en la pared de mármol. Era el pun-
to débil. Calculó la distancia, se levantó a una
altura de unos dos metros y propinó al muro
unos cuantos testarazos. Su nariz fue lo pri-
mero que chocó contra el mármol. Cayó el
cenador entre ruido y polvo, Mowgli salió por
el boquete que se había abierto y fue a colo-
carse entre Baloo y Bagheera, echando un
brazo al cuello de cada uno.

––¿Te han echo daño? ––preguntó Baloo
emocionado, abrazándolo.
––Tengo dolores por todas partes, estoy
hambriento y mi cuerpo es un puro cardenal;
pero ¡cómo os han puesto a vosotros! ¡Estáis
cubiertos de sangre!
––Otros han pagado también el tributo de
la sangre ––y, mientras lo decía, Bagheera
miraba el montón de monos muertos que
había en la terraza y cerca de la cisterna.
––Pero lo nuestro no tiene importancia. Lo
importante es que estás a salvo, vida mía, mi
orgullo ––dijo Baloo hipando emocionado.
––De todo habrá tiempo de hablar luego –
–dijo Bagheera sembrando la inquietud, por
su tono seco, en el corazón de Mowgli––. Pe-
ro ahí está Kaa, a la que debemos tú, tu vida,
y nosotros haber ganado la batalla.
Cuando Mowgli se volvió, vio a escasa dis-
tancia de su cara la cabeza de Kaa balan-
ceándose.
––¡Bueno! Así que éste es el hombrecito –
–dijo Kaa mirándole fijamente––. Tienes la
piel muy fina y te pareces mucho a los mo-
nos, los Bandar-log. Ten cuidado, hermano.

Es posible que algún día, hacia la hora del
crepúsculo, después de haber cambiado mi
piel, en los días en que me encuentro más
baja de vista, me equivoque y te confunda
con un mono.
––Tú y yo tenemos la misma sangre ––dijo
Mowgli––. Me has salvado la vida hace unos
momentos. En agradecimiento, cuando ten-
gas hambre y yo haya cazado, será todo para
ti, amiga Kaa.
––Mil gracias, hermano ––dijo Kaa al mis-
mo tiempo que sus ojos brillantes despedían
destellos de malicia––. Me gustaría saber lo
que mi hermano, este fiero cazador,
es capaz de matar. Te pido permiso para
seguirte cuando vayas de cacería.
––En realidad, de momento no soy capaz
de matar presa alguna. Soy todavía demasia-
do pequeño. Pero asusto a las cabras y las
envío astutamente hacia el lugar donde están
quienes pueden matarlas. Si algún día tienes
el vientre vacío, te vienes conmigo y te con-
vencerás de que no te estoy engañando. Ma-
nejo con destreza estas manos que ves ––y
entonces se las mostró––. Y es más, si algún

día caes en una trampa, te pagaré la deuda
que he contraído contigo hoy. Y lo mismo
haré con Baloo y Bagheera. Sois realmente
mis maestros. ¡Buena suerte!
––Ha hablado maravillosamente ––dijo Ba-
loo admirando la habilidad con que Mowgli se
había expresado para dar las gracias. Kaa
dejó caer blandamente la cabeza sobre el
hombro del muchacho, mientras le decía:
––Tu corazón es grande y tu lengua hábil.
Entre las dos cosas llegarás muy lejos en la
Selva. Pero ahora márchate con tus amigos.
Vete a dormir. La luna va a desaparecer y no
quiero que veas lo que va a suceder aquí.
La Luna se hundía silenciosamente tras las
colinas. Los monos parecían una guirnalda en
los muros y salientes del escenario de la lu-
cha. Baloo se fue a la cisterna a beber un lar-
go trago de agua. Bagheera empezó a acica-
lar su piel con todo cuidado. Entonces Kaa,
con un extraño chasquido de mandíbulas, se
dirigió hacia el centro de la terraza. Los mo-
nos prestaron la máxima atención.

De todos modos. Siempre al mismo ritmo. Balanceaba la cabeza de de- recha a izquierda. Mowgli no acababa de entender aquello. sin descan- so pero tranquilamente. Se enroscó un par de veces en forma de anillos enormes. acompañando todos los movimientos con un raro zumbido. ¿hay luz suficiente para que me veáis? ––dijo Kaa. ––Bandar-log ––dijo Kaa––. ––Kaa. A continuación. te vemos perfectamente ––fue la respuesta unánime y aterrada. Baloo y Bagheera se quedaron petrifica- dos. ––Perfecto. Quietos todos y mirad. quietos. so- bre todo la actitud de sus amigos. ¿sois capaces de mover cualquier parte de vuestro cuerpo . Empieza la Danza. cuadrados. Al mismo tiempo fue oscureciendo. ––Se nos ha escondido la Luna. Conocéis mi Danza del Hambre. empezó una Danza de óvalos y extraños ochos. pero seguía imperturbable el ruido de sus esca- mas. toda clase de figuras. lanzando aullidos lastimeros. Al final ya no se veían los movimientos de Kaa. trián- gulos sin vértice.

Si te sepa- ras de mí. ––Por ningún motivo separes tu mano de mi lomo ––murmuró Bagheera––.sin que yo os lo mande? Hablad. Los monos. Kaa. De nuevo se movieron. iré ciegamente hacia Kaa. se fueron hacia adelante. No podemos movernos si tú no nos lo indicas. ––¡Uff! ––exclamó Baloo al encontrarse sano y salvo bajo los árboles––. Parecía que salían de una horrible pesa- dilla. . inconscientemente. Vámonos ––y los tres se fue- ron a todo correr a través de las murallas hacia la Selva. Los animales echaron a co- rrer. Mowgli se apoyó sobre sus amigos para apartarlos de allí. ––¿Pero no os dais cuenta de que lo único que hace es trazar círculos en el suelo? –– dijo Mowgli––. Acercaos. dad un paso. también Baloo y Bagheera. sin fuerzas. espero vues- tra respuesta. ––Más cerca todavía ––les silbó Kaa. como. Jamás bus- caré otra vez la ayuda de Kaa. ––Entonces. ––No.

Ni Baloo ni yo podremos salir de caza en varios días. ––¿Cuántos serán los que vayan a parar a ella antes de que salga la Luna de nuevo? –– dijo Baloo––. Hubiéramos estado muy . pero a su estilo. Lo úni- co que vi fue a la enorme pitón trazando es- túpidos círculos. ––Tienes razón. pero hemos empleado un tiempo precioso. hemos recobrado a nuestro amigo. De todos modos. mis patas. mis orejas. Como eres también el culpa- ble de que no haya parte alguna de mi cuerpo que esté libre de mordiscos: mi cuello.. ––Mowgli. ¿queréis explicarme lo que signi- ficaba todo aquello? ––dijo Mowgli––. habría ido a parar a su inmensa boca.. si estaba hinchada su nariz. ––No tiene importancia ––dijo Baloo––. Era hasta gracioso ––el niño desconocía el poder de fascinación de Kaa. ––Bueno. ––Es más sabia que nosotros ––y se nota- ba claramente el temblor de Bagheera––. Si me hubiera quedado un rato más en la terra- za. tú eres el culpable. Va a tener una caza maravillo- sa. Tenía la nariz tremendamen- te hinchada.

Hemos sufrido heridas. Lo hizo cariñosa y suavemente. permitir que se conculcara la Ley. He sido muy malo. ––Tenéis razón ––afirmó con tristeza Mowgli––. Y todo porque se le ocurrió ir a jugar con los monos. Está claro que hice mal y. hemos perdido el pelo ––parece que han arado en mi espalda–– y hemos puesto en juego nuestra honra. ami- go Baloo? Éste no quería disgustar más a Mowgli. que yo. Bagheera le propinó entonces media doce- na de golpes. además. Y tú viste cómo Baloo y yo quedamos hipnoti- zados como pajarillos ante la Danza del Ham- bre. Ten en cuenta. Por eso dijo: ––Me acuerdo. Nada habría supuesto si hubiera pegado a sus . ––¿Qué establece la Ley de la Selva. Ha cometido una falta y tiene que ser castigado físicamente.bien cazando. por mi culpa vosotros estáis heridos. ¿Qué di- ces a eso. tuve que pedir auxilio a Kaa. la pantera negra. Mowgli. Mowgli? ––Nada. Algo me lo dice en el alma. pe- ro tampoco podía.

No despertó ni cuando lo deposi- taron junto a Madre Loba en la cueva donde tenía su hogar. entre gestos de Luna en pura envidia caminamos. Ahora. El asunto queda absolutamente zanjado. Hazte uno de los nuestros.cachorros. LA CANCIÓN DE Los BANDAR––LOG Guirnalda de alegría cara al cielo. en tu cuerpo ya el rabo se adivina. ¡Tener sólo dos manos! ¡Qué desdicha! Nuestra cola es un arco de embeleso y tenerla yo se que os gustarla. pero para un muchacho aquello resultó una monumental paliza. La maravilla de la Ley de la Selva es que el castigo salda todas las cuentas pendientes. apoyó la cabeza y se quedó profundamen- te dormido. Alégrate como un niño pequeño. Cuando ter- minó. . Mowgli se enderezó sin decir palabra. siéntate en mi lomo ––dijo Baghee- ra–– y vamos a casa. Mowgli se tendió sobre el lomo de Baghee- ra.

aunque no pongas empeño. Monos. Hermano. Pensamos en algo que ha de ser tan bello que exige como lo hace una caricia. . Portentoso regalo. murciélagos que chillan.Colgados de una rama. Escucháis mil voces de animales. ¡Qué pobre es el humano lenguaje! ¿Somos algo más. éste es el ser de nuestra vida. pájaros. Ruido de mañana enfebrecida. hechos silencio. en tu cuerpo el rabo se adivina. Venid. Soñamos en batallas y conquistas cantadas por poetas en sus versos. Graciosa jerigonza de verdades. que entre pinos enloquecen buscando uvas silvestres. La vida transformada en mil mensajes que llegan a nosotros cada día. amigos caminantes? Sí. ya en tu cuerpo el rabo se adivina. nos seduce la hondura de la vida. Qué grande va a ser nuestra jornada. haced más apretadas nuestras filas. maravilla.

Conozco mi suerte. Me voy a mi casa. por la herida abierta. saliste a cazar hoy el primero. Enseña la pieza en que tanto soñaste. pero pensó que estaba de- masiado cerca de la Selva y decidió no que- darse allí. Se dirigió di- rectamente a las tierras de labor donde vivían los agricultores. La muerte de Shere Khan Cazador. ¿Qué fue de tu orgullo. . Luego. Sabía que tenía en Shere Khan un enemigo irreconciliable. Tu vergüenza arrastras con aire de muer- te. Marchó a buen paso por un camino que lo dejó en el valle. Horas largas de tedio y frío intenso. Mowgli abandonó la manada. Recordamos su lucha en el Consejo de la Roca. TENEMOS QUE VOLVER A LA ÉPOCA EN QUE hemos situado nuestro primer cuento. Se fue por la selva. qué fue de tu fuer- za? Volaron muy lejos. mundo impenetrable.

Mowgli no hizo caso alguno de todos aque- llos signos de hostilidad. El arbusto espinoso que normalmente cerraba el paso durante la no- che estaba abierto en aquellos momentos. Siguió adelante y encontró abierta la entrada del pueblo. Con mucha frecuencia se había encontrado ese mismo tipo de barreras cuando en otras ocasiones. La llanura estaba salpicada de animales pastando: búfa- los y toda clase de ganado. En un extremo había una pequeña aldea. El valle se abría a una gran llanura. Era como si hubieran hecho un corte para di- ferenciar la Selva de los campos. sembrada de rocas y cor- tada por torrenteras*. Llegaba hasta la zona de pastos. Los pastores eran muchachos. Tenía demasiada hambre. hambriento. ––¡Vaya! ––dijo. Cerraba el otro la selva mas tupida. Cuando vieron a Mowgli. había .aceleró el paso y recorrió unos veinte kilóme- tros hasta llegar a una región que le era completamente desconocida. Se encargaron de au- mentar el ruido de estas voces los ladridos de los perros vagabundos que rondan siempre las aldeas indias. salieron a todo correr gritando.

que tenía hambre y que ne- cesitaba comida. que apareció enseguida. Se ve que aquí también los hombres temen a los habitantes de la Selva. El hombre lo miró.ido a alguna aldea––. la única que había. A gritos llamó al sacerdote. Se comportan como los monos grises ––y apartó hacia atrás su melena. Daos cuenta de todas las cica- . El hombre acudió hacia donde estaba Mowgli. ––El Pueblo de los Hombres no tiene edu- cación ––se dijo Mowgli––. Se sentó tranquilamente junto a la entra- da. señalando su boca abierta. ––¿Se puede saber qué teméis? ––dijo el sacerdote––. Se quedó mirándolos con aire de pocos amigos. Todas gritaban y todas señalaban al niño. Salió corriendo por la calle de la aldea. Con él se llegaron a juntar hasta unas cien personas. Vio venir a un hombre y se levantó. Era un hombre muy alto y gordo. llamaba la atención porque llevaba pintada en la frente una señal roja y amarilla. Le hizo saber con signos muy claros. Vestido de blanco.

Es cierto que se le parece ––continuó––. Messua. Yo diría. ¡Le han mordido los lobos! ¡Po- bre! ¡Es un muchacho tan hermoso! Sus ojos parecen ascuas. Es un niño lobo que se ha es- capado de la Selva. que es exacto al que te robó el tigre. dijo con toda solemnidad: . con curiosidad. Por eso. aunque es más flaco. éstos le habían hincado los dientes más de lo que hubieran querido. Lo estudió. El sacerdote sabia mucho de la psicología de los aldeanos. Messua era la esposa del más rico del lugar. ––¡Qué horror! ––dijeron a coro varias mujeres––. después de mirar el cielo. Son las señales de los mordiscos que le han dado los lobos. Pero de ahí a que eso fue- ran mordiscos había una gran diferencia.trices que lleva en las piernas y en los brazos. ––Voy a mirarlo detenidamente ––dijo una mujer que se adornaba las muñecas y los to- billos con pesados brazaletes de cobre. Cuando jugaba con sus hermanos. Se parece mucho a mi niño. Él sí que sabia lo que era morder. Con la mano hacía pantalla contra el sol––.

A Mowgli ese nombre le resultaba completamente des- conocido––. he de empezar a actuar como tal. si soy un hombre. Pero bueno. Parecían pezuñas––. un arcón de tierra cocida para guardar el grano. Reverencia la sabiduría del sacerdote que cala tan hondo en el corazón de los hombres. una docena de calderos de cobre. El grupo se disolvió. En ella había algunos muebles: una cama. Y. so- bre la pared un auténtico espejo. Estos pies jamás han lle- . ––La Selva te devuelve lo que te quitó. Esto se parece enteramente al examen que me hicieron para admitirme en la manada. ador- nado con relieves curiosos.. ––¡Por el toro que sirvió para mi rescate! – –dijo Mowgli––. Recuerda cuando te regalé un par de zapatos nuevos ––al tocar los pies del muchacho notó la fortísima callosidad de sus plantas.. La mujer le indicó a Mowgli que la siguiera hasta su choza. maravilla. de esos que se venden en las ferias. la imagen de un dios indio en un pequeño dormitorio. Está claro –– dijo tristemente––. ––¡Nathoo! ¡Nathoo! ––le dijo. Lleva al muchacho contigo a casa.

La paja del tejado era espesa. así que le fue fácil imitar a Messua cuando ésta pronunciaba una palabra. En la Selva había tenido que aprender a repetir el grito de alerta del gamo cuando se siente en peligro. Mowgli se sentía violento. tuvo sus problemas a la hora de acostarse. Mowgli no quería dormir bajo cubierto. el gruñido del jabato y mu- chos sonidos diferentes. ––De nada me sirve ser hombre ––se dijo a sí mismo–– si no entiendo el lenguaje que usan los hombres––. Aquello se parecía enteramente a . Es lo que le pasaría a cualquier hom- bre que en la Selva se quisiera comunicar con nosotros. ciego y mudo. Era la primera vez que estaba bajo techo. Y la ventana cerrada tampoco era practicable. Estoy sordo. No podría perforarla en caso de querer huir. Antes de la noche había aprendido el nombre de muchas cosas que había en la choza. Sin embargo. Pero eres tan parecido a mi hijo Nathoo. que de todos modos te voy a adoptar.vado zapatos. Debo aprender el lenguaje humano.

Está muy lejos. ––Es un asunto que concierne a dos. Pero apenas había cerrado los ojos. Buen regalo me das después de haberte seguido durante tantos kilómetros. Hueles que apestas. ––Todos bien. el mayor de los cachorros de Madre Loba––. te traigo noticias. Y lo más in- teresante es que Shere Khan se ha ido a otro cazadero. Y que entonces volverá para enterrar tus huesos a orillas del Waingunga. Mowgli se tendió cuan largo era en la hierba que rodeaba la choza. el salió por la ventana. Igual que un hom- bre. y dice que sólo vol- verá cuando le haya crecido el pelo. ––¡Ufffl ––dijo Hermano Gris. Así que. Despierta. ––¿Están todos bien en la Selva? –– preguntó Mowgli mientras lo abrazaba. Pero . el pobre lo tiene todo chamuscado. Aunque hay unos cuantos lobos que se están curando de las quemadu- ras que les produjo la Flor Roja. sintió ba- jo su barbilla el roce de un hocico suave. cuando cerraron la puerta.una trampa de las que se usan para cazar panteras. a humo de leña y a ganado. Re- cuerda que yo también he jurado algo.

––Pues ahora has de tener cuidado de que no te arrojen de esta otra. Me siento muy cansado.siempre es bueno recibir noticias. Me acordaré de todos. Mowgli apenas salió de la aldea. ––Espero que jamás olvides que eres un lobo. Pero jamás podré olvidar que me han arrojado de la manada. Todo es nuevo para mí esta noche. . Pero estoy deseoso de recibir noticias. Volveré por aquí. que los hombres no logren borrártelo de la memoria ––dijo Hermano Gris con aire de gran preocupación. Estaba ocupado en aprender las cos- tumbres de los hombres. También tuvo que aprender el valor de las monedas. durante tres in- terminables meses. pero te esperaré junto a los bambúes. No le fue fácil la pri- mera lección: llevar el cuerpo cubierto por una tela. especialmente de vosotros los de la cueva. Su charla vale tanto como la de las ranas en la charca. Después de aquella noche. Recuerda que los hombres siempre serán hombres. Le resultaba muy molesto. ––Nunca ––dijo Mowgli––.

Y algo que jamás en- contró útil: arar. De no haberse acordado. él lo sacaba y ayudaba al hombre a po- ner en su sitio todas las vasijas y cazuelas. Eso era motivo de escándalo para la gente. Le molestaban los niños. A Mowgli le tenían sin cuidado todas esas historias de diferencias de casta que los hombres se habían inventado. los hubiera partido por la mitad. Pero cuando se burlaban de él. Y menos mal que la Ley de la Selva le había enseñado a domi- narse. tenía que echar mano del código de honor de la Selva: Es indigno matar a un ca- chorro desnudo. pero en la aldea todos le decían que tenía la fuerza de un toro. por no saber hacer volar una cometa o por pronunciar mal una palabra. El alfarero era un intocable y todavía más el bo- rrico. Si el borrico del alfarero caía por casualidad en un loda- zal*.Le resultó muy difícil. Ni siquiera se daba cuenta de la enorme fuerza que poseía. Se sabía débil con respec- to a otros animales. . En la Selva la vida y la alimentación dependen totalmente de esa facultad.

Allí estaban todos: el jefe. El jefe de la aldea le mandó al día siguiente a apacentar los bú- falos. Era algo así como el salón de la aldea. Y como ya era el encarga- do de algo. que poseía un arma de fuego. Debajo de la plata forma te- nía su guarida una cobra. Se hacían diariamente en una especie de plataforma. Todas las noche le daban su cuenco de leche. el vigilante. tenía derecho a asistir a las reu- niones. El sa cerdote acon- sejó al marido de Messua que pusiera a tra- bajar cuanto antes al chico. Mowgli le ame- nazó con que si continuaba así lo montaría a horcajadas en el borrico. Era el mejor trabajo que le habrían po- dido dar a Mowgli. Se sentaban en las ramas altas de la higuera y se dedica- ban a parlotear. Y aquella misma noche se celebró una. De alguna manera. pues era un ani- mal sagrado. el barbero ––que sabía todos los chismes–– y el viejo Buldeo. Cuando el sacerdote le reprendió con as- pereza por haber hecho eso. Todos fumaban. a la sombra de una gran higuera. también los monos participaban en las reuniones. .

Explicaba muy seriamente Buldeo. Sus cosechas eran castiga- das por los ciervos y los jabalíes. La reunión du- raba siempre hasta muy entrada la noche. Pero las más portentosas eran las que contaba Buldeo so- bre las costumbres de las fieras de la Selva. Mowgli estaba más que enterado de todo aquello. que el tigre que se había llevado al hijo de Messua era un tigre duende. Se tapaba la cara para que nadie lo viera reírse. que fumaban en pipa. Los ojos se les salían de las órbitas a los ma- ravillados oyentes. Se . que escuchaban con enorme interés esas historias debido a la cer- canía de la Selva. Se contaban maravillosas historias relativas a dioses. En su cuerpo habitaba el alma de un pérfido usure- ro que había muerto hacía algunos años. hombres y duendes. por ejemplo. Buldeo seguía hilvanando histo- rias y Mowgli sentía auténticas sacudidas en los hombros a fuerza de aguantar la risa. y no era infrecuente que un tigre se llevara a un hom- bre a la vista de todos los vecinos de la al- dea. Alrededor del árbol tomaban asiento los viejos.

una sarta de embustes y mentiras? ––dijo Mow- gli––. Le habían dado un golpe en un tumulto en el que le quemaron todos los libros de cuentas. No me vengáis con la burda historia de que el alma del avaro se ha refugiado en él. Y el tigre también cojeaba. y era cojo. Pero es mejor que te calles y muestres más respeto a las personas mayores. te ruego que lleves la piel de ese tigre a Khanhiwara. Buldeo se quedó mudo por la sorpresa. Se repuso. Era evidente. porque dejaba huellas desiguales cuando andaba. miró fijamente al muchacho y luego dijo: ––¿Tú eres el chico que ha venido de la Selva? Si tanto sabes. ––Llevo mucho tiempo escuchando – . ––¿Son así todos vuestros cuentos. Mowgli se puso de pie dispuesto a mar- charse. El gobierno ha ofrecido cien rupias* por ella. La fiera tiene menos valor que un chacal y vuestra historia es completamente infantil. El tigre cojea desde su nacimiento. ––¡Es cierto! ¡Es verdad! ––confirmaban los viejos lugareños.llamaba Purun Dass.

Mowgli. están a salvo de todo peligro. Buldeo no ha dicho una sola palabra que sea verdad. Pero se dejan gobernar mansamente.–dijo mirando desdeñosamente––. Hay una curiosa costumbre en las aldeas indias: son los chicos los encargados de la custodia de los búfalos. de llevarlos a los pas- tos. Pueden desaparecer para siempre. No puedo creer esos cuentos de duendes. Y lo hacen desde las primeras horas del día hasta la puesta del sol. era un imperti- nente. salvo en dos detalles. a sus ojos. Ni los tigres se atreven a atacar la manada de búfalos. dioses y espíritus que él asegura haber visto. por unos muchachos que ni siquiera les llegan a la altura del hocico. Esos animales se- rían capaces de aplastar a un hombre blanco. Los chicos corren peligro en cuanto se desví- an para coger flores o perseguir lagartos. Y mientras los muchachos se mantengan junto al gana- do. incluso golpear. Y en todo este tiempo. . ––Ese muchacho tiene que ir ya a pasto- rear el ganado ––afirmó el jefe con tono de enfado.

uno de los chi- cos. y recalcó que por nada del mundo se alejara del rebaño. Los búfalos. donde se revuelcan por el cieno horas enteras. En la India las praderas tienen unas carac- terísticas especiales. lleno de monte bajo y quebradas*. Allí estaba Hermano Gris. Golpeó a los búfalos con un bambú. Los búfalos se detienen en lagunas pantanosas. con sus cuernos casi paralelos al lomo. sin palabras. de ojos feroces. el toro guía del re- baño. Mowgli. Los reba- ños se esparcen por allí y desaparecen de la vista. se levantaron de sus establos y lo siguieron. . del color de la pizarra. Mowgli se los llevó hasta el extremo de la llanura. Son un terreno rocoso. Se apeó de Rama y se fue hacia un haz de bam- búes. justo donde el Wain- gunga desemboca al salir de la Selva. hizo saber a todos los chicos del pueblo que él mandaba entre los niños pastores. Mowgli pasó por la única calle de la aldea cabalgando sobre Rama. Encargó que lo sustituyera momentáneamente Kamya.

Los búfalos pastaban tranquilamente a su alrededor. Pero ha dicho que volverá y te matará. yo. me esperarás en el barranco. El ganado cambia de sitio. en el centro de la llanura. junto al árbol que se ve allí. Pero en cuanto llegue Shere Khan. ¿Qué haces con el ga- nado? ––Es la orden que me han dado. se echa. se levanta y no se oye ni el más leve . Si hay algún oficio perezoso en el mundo. ––Está bien ––dijo Mowgli––. De mo- mento soy pastor. Te ha buscado durante mu- cho tiempo. ¡Ah! ––gritó el lobo––. No te- nemos por qué dar a Shere Khan el gusto de meternos espontáneamente en sus fauces. podré veros. tú o uno de los herma- nos. que- daos sobre esta roca. Hace ya muchos dí- as que te espero aquí. se ha ido de nuevo. A continuación Mowgli se tumbó y se dur- mió. rumia. Mientras Shere Khan no haga acto de presencia. Así. cuando salga de la aldea. es el de pastor de búfalos en la India. ¿Tienes alguna noticia nueva sobre Shere Khan? ––Ha vuelto. Al ver que aquí no había caza.

fijos. alternando las rojas y las negras. Fabrican collares con nueces de la Selva. Y normalmente los búfalos se van a un loda- zal y se meten en el fango hasta que sólo se les ven los ojos azules. Y el buitre más próximo. se despiertan y siguen durmiendo tranquilamen- te. De vez en vez provocan peleas entre mantis religiosas*.mugido. Emite una especie de gemido sordo. a unos kilómetros de distancia. El sol es tan fuerte que parece hacer vibrar las rocas recalentadas. Se dedican por gusto a tejer cestas con hierba seca. vería su descenso. Suelen cantar canciones inter- . Y casi apenas muerta la vaca. Les encanta observar a los lagar- tos al sol y cómo las serpientes cazan ranas en la laguna. ya esta- rían sobre ella veinte buitres hambrientos. Mientras tanto los chiquillos duermen. otros se enterarían del hecho. Los niños que pasto- rean oyen de cuando en cuando a un buitre – –solamente uno–– que. se lanzaría en picado sobre ella. Así se quedan como troncos sin vida. que les sirven como jaulas para saltamontes. Al mismo tiempo que el. si en ese momento muriera alguna vaca.

caballos. También se entretienen hacien- do con barro figurillas de hombres. Y todos los días se acostaba en la hierba. los gritos de los ni- ños azuzan a los búfalos que se levantan pe- sadamente de los lodazales. Incluso recuerdan a dioses que reclaman la adoración de sus devotos. Cuando uno oye estas canciones. Cuando llega la noche.minables que adornan con unos arpegios* finales típicos del país. escuchaba los ruidos y soñaba con su vida pasada en la Selva. inmuta- ble o eterno. Mowgli habría . Eso le bastaba para saber que Shere Khan no había vuelto todavía. búfalos. Despegarse del barro es tan sonoro como el ruido de los fusi- les. En fila. Todos los días Mowgli llevaba los búfalos a pastar. Parecen guerreros rodeados de sus fieles ejércitos. Los hombres llevan cañas. tiene la impresión de que el tiem- po sólo corre para las personas. Y siempre veía a Hermano Gris a la misma distancia en la chata llanura. pues a su alrededor todo se queda estancado. estatuas de barro se dirigen hacia donde ya brillan en plena llanura las luces de la aldea.

Pues lo vi anoche cruzando los campos. con Tabaqui a sus talones ––dijo Hermano Gris todo sofoca- do. La quietud y el silencio eran absolutos a lo largo de aquellas tranquilas mañanas. El plan de Shere . Encontré a Taba- qui cuando estaba amaneciendo. cubierto de flores rojas y doradas. ––No lo temas ––dijo relamiéndose de sa- tisfacción Hermano Gris––. Con un gesto satisfecho llevó a los búfalos por el barranco donde estaba el árbol. Antes de que subiera a los cielos a compartir su sabi- duría con los buitres. me lo contó todo. Des- pués le partí el espinazo. Pero un día vio a Hermano Gris en el sitio que habían convenido. con todos los pelos del lomo erizados. pero temo la astucia de Ta- baqui. Mowgli se mostró preocupado. un árbol de dhák. ––Sabes que decidió esconderse durante un mes para tenerte despistado. ––No hay por qué tener miedo a Shere Khan ––dijo––.notado la presencia de Shere Khan al más mínimo movimiento del tigre. Hermano Gris estaba allí.

. Su vida de- pendía de una u otra respuesta. Y ha bebido. ––¿Sabes si ha comido hoy? ¿O no ha lo- grado cazar una sola pieza hasta ahora? –– preguntó Mowgli muy interesado. Así lo olfatearían y seguirían su rastro. ––Es un imbécil. Pero siempre podría- mos colocarnos detrás de el. Shere Khan es incapaz de ayunar. Ahora está echado en el barranco seco del Waingunga. Está bien comido. Al amanecer cogió una presa. Es absolutamente infantil. Quiere enfrentarse a solas conti- go. Nadó a lo largo de la co- rriente del Waingunga para evitar que hicié- ramos eso. ni siquiera cuan- do sería de prudencia elemental para cumplir su venganza. ––Fue astuto. es posible que haya sido un jabalí. ¿Dónde dices que está echado? Entre diez seríamos capaces de arrastrarlo hasta aquí.Khan es esperarte a la entrada de la aldea esta noche. Los búfalos no querrán embestirlo mientras no olfateen su rastro. bien bebido y cree que le voy a dejar hacer la digestión tranquilamen- te.

Nunca se le hubiera ocurrido a el algo tan inteligen- te. ¿Puedes ayudarme a divi- dir el rebaño? ––Es posible que yo no sea capaz. Pero seguramente lo podré hacer con la ayuda de alguien que he traído conmigo. Re- sonó en la quietud del ambiente el grito de guerra más aterrador que se puede oír en la Selva: el terrible aullido de un lobo en pleno día. luego lo podría lanzar cuesta abajo contra el. ––Hay un dato a tener en cuenta: el ba- rranco seco del Waingunga desemboca en la llanura. ––¡Akela! ¡Amigo Akela! ––dijo Mowgli aplaudiendo entusiasmado––. que Mowgli conocía a la perfección. ––Eso fue un consejo de Tabaqui. Hermano Gris. seguía profundamente pensativo. Mowgli. muy cerca de donde nos encontra- mos. Pero le dejaría una escapato- ria por la parte inferior. Debo cerrar esa sali- da. con un dedo en la boca. Por él asomó inmediatamente una cabeza gris. Si estaba claro . Si conduzco el rebaño hasta la parte alta de la Selva. Hermano Gris desapareció en un agujero.

que no podías olvidarte de mí. Tenemos un
trabajo importante que hacer entre los dos.
Debes ayudarme a dividir el rebaño. Ponme a
un lado las vacas y los terneros, y a otro los
toros y los búfalos de labor.
Los dos lobos se metieron entre el rebaño.
Parecían niños jugando a algo divertido. En-
traban y salían levantando a los animales que
bufaban y trataban de cornear a los rapidísi-
mos intrusos. El rebaño quedó separado en
dos grupos: en uno estaban las hembras que
protegían fieramente a sus crías, colocadas
en el centro. Pateaban furiosas mirando con
ojos asesinos. Estaban dispuestas a embestir
al menor descuido, aplastando a los lobos sin
remedio.
El otro grupo estaba formado por los toros
y novillos. También resoplaban y pateaban.
Su aspecto era imponente, pero en el fondo
eran menos peligrosos. No tenían crías que
proteger. Media docena de hombres no
habría dividido el rebaño tan bien como los
lobos.

––¿Hay algo más que hacer? ––esperó
Akela jadeante––, Porque si te das cuenta,
intentan reunirse.
Mowgli montó sobre Rama y le explicó a
Akela:
––Conduce los toros hacia la izquierda. Tú,
Hermano Gris, cuando hayamos salido, man-
tén unidas a las vacas. Llévalas al pie del ba-
rranco.
––¿Hasta dónde? ––preguntó el lobo.
––Hasta que veas que los lados tienen la
altura suficiente como para que Shere Khan
sea incapaz de saltar ––le dijo Mowgli a gri-
tos––. Y haz que se estén allí hasta que ba-
jemos nosotros.
Los toros salieron cuando Àkela empezó a
ladrar, y Hermano Gris se quedó con el resto
del rebaño. Las vacas embestían. El lobo co-
rrió delante de ellas hasta que las hizo llegar
al pie del barranco. Akela hacía avanzar a los
toros hacia la izquierda.
––Perfecto. Con una nueva embestida es-
tarán a punto. Pero ten cuidado, Akela. Si
muerdes, te embestirán. Este trabajo es más
complicado que acorralar gamos negros. ¿Sa-

bías que estos animales podían alcanzar se-
mejante velocidad? ––dijo Mowgli.
––En mis buenos tiempos los he cazado ––
dijo Akela cubierto de polvo––. ¿Los lanzo
ahora hacia la Selva?
––Sí, inmediatamente. Veo que Rama está
furioso. No logro comunicarle por qué lo ne-
cesito hoy.
Los toros penetraron por la derecha en la
espesura. Lo destruían todo a su paso. Los
que pastoreaban cerca huyeron hacia la aldea
con la noticia de que los búfalos, enloqueci-
dos, se habían escapado.
Pero Mowgli había concebido un plan sen-
cillísimo: trazaría un gran círculo mientras
subía. Al llegar al barranco, haría descender a
los toros y cogería a Shere Khan entre dos
fuegos, entre aquéllos y las vacas. El tigre,
bien comido y bebido, no lucharía, y sería in-
capaz de saltar el barranco por los lados. In-
tentaba en esos momentos tranquilizar a los
animales con la voz. Akela se había quedado
rezagado. No ladraba más que muy de cuan-
do en cuando para avivar el paso de la reta-
guardia.

Estaban trazando un círculo enorme. To-
davía querían mantenerse alejados del ba-
rranco. De ese modo, Shere Khan nunca ad-
vertiría la presencia de sus atacantes. Mowgli
reunió al asustado rebaño en lo alto del ba-
rranco. La pendiente era rápida, estaba tapi-
zada de hierba y terminaba en el precipicio.
Era un magnífico observatorio de la llanura.
Pero lo que satisfizo realmente a Mowgli fue
descubrir que los laterales del barranco esta-
ban cortados a pico. Las plantas que crecían
allí jamás podrían aguantar el peso de un ti-
gre, si es que Shere Khan se aventuraba a
huir por ese camino.
––Déjalos un momento tranquilos ––dijo
moviendo una mano––. Tienen que captar el
rastro. Voy a anunciarle a mi amigo Shere
Khan el ciclón que se le viene encima. Lo te-
nemos en la trampa.
Hizo con sus manos una especie de bocina,
gritó hacia el barranco y produjo el mismo
efecto que en la boca de un túnel. El eco re-
botó de roca en roca.
No tardó mucho en oírse el gruñido de un
tigre, perezoso y soñoliento. Era la reacción

de alguien que, bien comido y bien bebido,
harto ya, se despierta de un sueño profundo.
––¿Quién me molesta? ––preguntó Shere
Khan. Del fondo del barranco salió chillando y
huyendo en un vuelo precioso un pavo real.
––Soy yo, Mowgli. ¡Tú! ¡Ladrón de anima-
les domésticos! Debes venir conmigo al Con-
sejo de la Roca. ¡Ya! ¡Lánzalos! ¡Akela! Ra-
ma, vamos abajo.
El rebaño se quedó un momento indeciso
al borde mismo de la pendiente. Àkela lanzó
su tremendo grito de guerra y todos se preci-
pitaron hacia abajo. Parecían barcos a la de-
riva en una corriente loca. La arena y las pie-
dras saltaban a su alrededor. Comenzaba la
carrera, ya no había posibilidad de pararla.
Rama captó enseguida el rastro de Shere
Khan y mugió.
––Ya es hora ––dijo Mowgli––. Al fin te has
enterado.
La avalancha de cuernos, hocicos humean-
tes, ojos dilatados por la ira, cruzó la torren-
tera. Parecían rocas arrastradas ciegamente
por la furia de la crecida de las aguas. Al pa-
sar, despedían hacia los lados a los más débi-

les. Todos fueron conscientes de lo que se
esperaba de ellos. Era la embestida del terri-
ble ejército de los búfalos. Contra ese ataque
ni el tigre más fiero tenía posibilidad alguna
de salir victorioso.
Shere Khan oyó el ruido tormentoso de las
pezuñas. Se levantó y trató de caminar to-
rrentera abajo. Vio claramente que los latera-
les del cauce estaban cortados a pico. Estaba
abotargado por la comida y la bebida, y se
dio cuenta de que se encontraba en pésimas
condiciones para presentar batalla.
El furioso rebaño pasó chapoteando por la
laguna que Shere Khan acababa de abando-
nar. Los mugidos hacían retumbar violenta-
mente el estrecho paso. Se oyó otro mugido
desde la parte inferior del barranco y a Shere
Khan retrocediendo. Entonces comprendió
que era mejor luchar contra los toros que co-
ntra las hembras y sus crías.
En ese momento Rama echó por tierra al-
go. Tropezó y siguió adelante. Notó que pa-
saba por encima de una masa blanda. Los
demás toros lo seguían, casi lo pisaban, y ca-
yeron sobre el que venía de la parte inferior

Rama. Fue tal la furia del encuentro que los búfalos más débiles volaron por el aire. Se dieron la vuelta dispuestos a embestir. Siguiendo su ejemplo. Aunque es cierto que jamás se hubiera batido cara a cara. ––¡Hermanos! Ha muerto como un perro – –dijo Mowgli desenfundando el cuchillo que llevaba colgando al cuello desde su incorpo- ración al Pueblo de los Hombres––. tendida en la Roca del Consejo. por la tremenda fuerza de la embestida.del barranco. Mowgli se apeó de Rama y empezó a repartir golpes con el palo que llevaba. Ambos rebaños. Mowgli logró do- minar a Rama. Su piel. Cuando llegó el momento oportuno. consiguieron que los búfalos se pararan. Akela y Hermano Gris. todo ha terminado. ––¡Akela! ¡Enseguida! ¡Divídelos! Si no los separas. tran- quilos. a base de mordis- cos en las patas. seremos testigos de una enorme re- friega. Akela. los de- más búfalos se encaminaron hacia los panta- nos. . se vieron lanzados hacia la lla- nura. barranco arriba. haz que te sigan.

No pensarás desollar tú solo un tigre. ––¿Qué locura intentas? ––dijo Buldeo de mal humor––. Bueno. Levantando los ojos vio a Buldeo con su mosquetón*. Se había enterado por el relato de los chicos de la huida de los búfalos y había llegado dispuesto a recriminar a Mowgli por no haber sabido cuidar de los animales. Y además te daré una rupia como premio cuando lleve la piel a Khanhiwara ––palpándose la ropa sacó un pedazo de acero y un pedernal. pusieron tierra de por medio. Así. . Vamos a traba- jar enseguida. Se agachó y quemó los bigotes de Shere Khan. como to- dos los cazadores indígenas.causará un efecto tremendo. Los lobos. en cuanto notaron la presencia del hombre. Han ofrecido por su piel cien ru- pias. se verán libres de la persecución del espíritu encarnado en los tigres. ¿Dónde lo mataron los búfalos? Y es el tigre cojo. dicen ellos. voy a hacer la vista gorda sobre la huida del rebaño. Entonces cayó una mano sobre el hombro de Mowgli.

Bueno. ––¡Por el toro que me sirvió de rescate! –– exclamó Mowgli. y encima te daré una bue- na paliza. mira por dónde. Mira. que vas a llevar la piel a Khanhiwara pa- ra que te den las cien rupias de la recompen- sa. Además. magnánimamente. Pues. O sea. te atreves a decirme a mí. ––Tiene gracia la cosa ––dijo Mowgli entre dientes mientras desollaba ya una pata––. que deje de quemarle los bigotes. un advenedizo*. el tigre estaba harto de comida. ––¿Te atreves a hablar así al jefe de los cazadores de la aldea? Todo lo que has hecho se lo debes a la estupidez de los búfalos. tú. Suelta al tigre. ¿Crees que voy a perder toda la tarde charlando con un mono . aparta ese fuego. yo nece- sito esta piel para mí solito. me darás qui- zá una rupia. esforzándose por alcanzar ya la piel de la paletilla––. viejo. en estos momentos estaría a una buena distancia de aquí. te vas a quedar sin un céntimo de la recompensa. Buldeo. De no haber sido así. No eres capaz de desollarlo correctamente y. sin embargo. Mowgli. Y luego.

Buldeo se encontró de pronto tendido en la hierba. Se quedó quieto. Pe- ro tenía encima a un lobo que obedecía las órdenes del muchacho y. por tanto. Siendo imparcial. no podía ser un animal como los demás. tie- nes toda la razón cuando dices que no me vas a dar un céntimo como recompensa. ––Sí ––decía Mowgli entre dientes––. temiendo que de un momento a otro Mowgli se convirtiera en ti- gre. Mientras tanto Mowgli seguía desollando al tigre tan tranqui- lo. hay que reconocer que diez años antes Buldeo se habría enfrentado en pleno bosque con la fuerza de Mowgli. paralizado por el terror. Tenía encima en actitud poco amisto- sa a un enorme lobo gris. Este tigre y yo teníamos un viejo duelo pendiente y yo he vencido. pensó Bul- deo. Allí había ma- gia y encantamiento de los malos. . Incluso llegó a dudar que su amuleto le sirviese de algo.viejo como tú? ¡Akela! ¡Ven acá! Espabila de aquí a este hombre que me está molestando. tendido. como si se hallase solo en la India.

¿Me vas a permitir levantarme e irme. ––¿Qué? ––dijo Mowgli sin volver siquiera la cabeza. en- cantamientos y brujerías. Pero ten cuidado y no te metas de nuevo con mi caza. ––Ya ves que soy un anciano. Mowgli continuó afanosamente su labor. Le deja- ron sin su enorme piel. Al llegar. Era casi de noche cuando. de una vistosidad in- igualable. ¡Akela! ¡Suélta- lo! Buldeo se fue hacia la aldea cojeando visi- blemente y mirando hacia atrás a la espera de que Mowgli se convirtiera en algo espanto- so. pero sonriendo satisfecho por el triunfo. contó una historia de magia. . ––¡Gran Rey! ––dijo con voz ronca y como en un susurro. acabó de despellejar al trigre. El sacerdote se pu- so muy serio. con la ayuda de los lobos. o vas a consentir que me haga pedazos este servidor al que tienes completamente some- tido? ––Vete en paz. Jamas pensé que fueses algo más que un pastor de búfa- los.

y sus oídos se llenaron de frases como éstas: ––¡Hechicero! ¡Eres hijo de una loba! ¡Eres el diablo de la Selva! ¡Largo de aquí! De lo contrario. El rebaño se agrupó aun- que la luz era ya bien escasa. Al acercarse. has herido a tu búfa- lo. Ahí tenéis un nuevo hechizo ––dijeron to- dos a la vez––. Buldeo. . Mowgli se dio cuenta de que había más luces que de ordinario. Pero una lluvia de piedras silbó muy cerca de su cabeza. El estruen- do fue enorme. Un búfalo joven lanzó un mu- gido de dolor. Se fue hacia la aldea. ––Seguramente ––pensó Mowgli–– es por- que he matado a Shere Khan. Y llevemos los búfalos a casa. Ahora ––dijo–– tenemos que esconder es- ta piel. En el templo se oían los instrumentos religiosos y el sonido de las caracolas marinas. dispara. El viejo mosquetón hizo fuego. Buldeo. Mowgli ha desviado la bala. el sacerdote hará que te conviertas de nuevo en lobo. Akela. Vamos a reunirlos. La mitad de la población parecía esperarle a la entrada del pueblo.

corrió hacia el rebaño gritando: ––¡Hijo mío! Dicen que eres un hechicero y que. Yo no lo creo. si te lo propones. vámonos. ––¡Lobo! ¡Márchate! ––dijo el sacerdote histéricamente. La lluvia de pie- dras arreciaba. vuelve atrás. Pero realmente sólo has vengado la muerte de Nathoo. agitando al mismo tiempo una rama sagrada. ––¿Qué significa todo esto? ––preguntó Mowgli sin entender nada. Pero márchate. ahora. No quiero que te maten. . Creo que la única explicación de las balas es que los hombres te quieren arrojar del lugar. Antes me echaron porque era un hombre y. porque soy un lobo. De lo contrario te apedrearemos ––rugió la multitud detrás de la mujer. ––Éstos se parecen totalmente a los de la manada ––dijo seriamente Akela––. que me veo de nuevo en la mis- ma situación. puedes convertirte en una fiera. Messua. Buldeo afirma que eres un brujo. Akela. Pero una mujer. ––Messua. ––O sea.

vuélvete ––dijo––. hijos de los hombres. Corre. ––Contadlos ––les gritó Mowgli con des- dén––. pues una piedra le dio en pleno rostro. Adiós. Mowgli se sonrió. Apenas fue necesario que Akela los empujara con sus aullidos. Por lo menos he vengado la muerte de tu hijo. Los búfalos estaban deseosos de volver a la aldea. Echó a andar lenta- mente acompañado de Akela. si no fuera por ella. Les volvió la espalda. . Serán más rápidos que las piedras que me arrojan. Es posible que os haya robado alguno. Entraron todos como un torbellino a través de las puertas. Que Dios sea con vosotros. Voy a lanzar los bú- falos contra ellos. Iban derribando todo y a todos a derecha e izquierda. me lanzaría con mis lobos a cazaros en vues- tras calles. Es la última vez que los voy a apacentar. aunque la sonrisa le duró poco. Y dad gracias a Messua. Miró las estre- llas y se sintió enormemente feliz. Esto es co- mo uno de esos cuentos sin sentido que se inventan al anochecer a la sombra de la higuera. ––Messua.

me han arroja- do de la manada de los hombres. corría por el campo. ese que les permite de- vorar las mayores distancias. ––Akela. Llegó a decir que Ake- la se había erguido sobre dos pies hablando como un hombre. La Luna se elevó sobre la llanura y lo colo- reó todo de un tinte blanco lechoso. pero he . No hagamos mal alguno a la aldea en honor a lo bien que Messua se ha portado conmigo. Los al- deanos vieron aterrorizados cómo Mowgli. Se pararon ante la cueva de Madre Loba. Entonces sonaron todos los instrumentos musicales y las caracolas marinas con una enorme fuerza. Ya empezaba a descender la Luna cuando Mowgli y sus amigos llegaron a la Roca del Consejo. Su trote era como el de los lobos. Vamos a recoger la piel de Shere Khan y alejémonos de aquí. ––Madre ––dijo Mowgli––. en compañía de dos lobos y con un fardo sobre la cabeza. se ha terminado para mí dormir dentro de una trampa. Buldeo empezó a ribetear de fantasía las historias de sus aventuras en la Selva. Messua lloró.

un día. Sus ojos parecían ascuas de fuego cuando vio la piel. Vengo con la piel de Shere Khan. Sobre aquella roca plana en la que solía colocarse Akela. Mowgli tendió la piel de She- re Khan. ––Muy bien. la sujetó con cuatro cañas de bambú. ranita mía. Akela se echó sobre ella y pronunció el antiguo grito del Consejo: . Tenía cier- ta dificultad al andar. hermano ––dijo una voz pro- funda procedente de la espesura––. ––Se lo profeticé el día que metió la cabe- za en nuestra cueva. Quería matarte. ¡Hijo mío! Has hecho lo que debías. Todos juntos subieron a la Roca del Conse- jo. tarde o temprano. Le dije que el que entonces se sentía cazador. Los lobatos la seguían. sería ca- zado por su pretendida víctima. Te echá- bamos de menos en la Selva ––y Bagheera llegó corriendo a lamer los desnudos pies de Mowgli. Madre Loba salió de la caverna. Luego.cumplido mi palabra.

como coreando. Entonces fue cuando Mowgli. mirad bien ––el mismo gri- to que resonó cuando le llevaron allí a Mow- gli. Los lobos empezaron a acercarse. Otros arrastraban una pata. ––Mirad. lobos. destro- zada por un balazo. mirad ––dijo Mowgli cuando terminaba––. Unos es- taban cojos porque habían caído en alguna trampa. ¿Quién duda de que he . Entre las estrofas. sintiéndose poeta. Llevaba el compás con los talones. lobos. Desde la destitución de Akela. Había algunos sarnosos por comer cosas infectas. Vieron la rayada piel de Shere Khan sobre la Roca y sus enor- mes garras colgando en el vacío. Al fin se quedó sin aliento. Todos los que que- daban acudieron al Consejo. compuso una famosa canción. Pero todavía contestaba a aquel famoso grito por la fuerza de la costumbre. ––Mirad bien. Le nació espontáneamente del corazón y le llegó hasta los labios. la manada andaba sin jefe. Cazaba y luchaba como me- jor podía. Comenzó a cantarla a grandes vo- ces arrojándose sobre la piel. Hermano Gris y Akela aullaban.

Con el . Ahí la tenéis. Mowgli se fue a cazar en la Selva acompañado por los cuatro loba- tos. dijeron: ––Sí. Aunque no estuvo siempre solo. Har- tos de todo. Por algo os llaman el Pueblo Libre. ––No ––dijo Bagheera––. En ade- lante cazaré solo en la Selva. La podéis devorar incluso. ––Y nosotros contigo ––dijeron los cuatro lobatos. Os puede pasar como la otra vez. ––Me arrojaron de la manada de los hom- bres y de los lobos ––dijo Mowgli––. podéis caer en la antigua locura.cumplido mi palabra? ––y los lobos. Luchasteis por vuestra libertad. cuya piel era un desgarrón completo y estaba lleno de cicatrices. aulló: ––¡Akela! ¡Vuelve a guiarnos! ¡Cachorro humano! ¡Vuelve a guiarnos! No podemos vivir sin Ley. Como había dicho. has cumplido ––y uno de ellos. lanzando aullidos lastimeros como perros apaleados. Queremos ser el Pueblo Libre de otros tiempos. Os podéis equi- vocar.

Bebed cuanto que- ráis. . Y yo soy. Pero ésa es otra historia. Aseguró Shere Khan que me mataría.tiempo. ¿Volveréis alguna vez a tener sed? Que os sintáis feliz soñan- do con vuestra caza. Comió y bebió. Que conozca la Selva todo lo que he hecho. MIENTRAS BAILABA SOBRE LA PIEL DE SHERE KHAN Ésta es la canción de Mowgli. quien la canta. se casó. esa pobre Ra- na. ¡Que me mataría! Y que lo haría a las puertas de la al- dea entre dos luces. Que mataría a Mowgli. Shere Khan. al hacerse mayor. el mismo Mowgli. LA CANCIÓN DE MOWGLI QUE CANTÓ MOWGLI ANTE EL CONSEJO DE LA ROCA.

está sumido en el silencio del profundo sueño. Su Señoría. y detrás de mí. Lobo Solitario. Yo te indicaré su marcha errática. ¿sabéis dónde se esconde Shere Khan? Él no es Ikki. Un tigre cojo bajo las patas de Ra- . funambulista en las ramas. Vergüen- za. despertad. el viento os hace hablar moviendo suavemente vuestras cañas. Aguas del Waingunga. escarba impaciente con sus pezuñas el suelo. allí está. Hermano Gris. los to- ros de lomos azulados y ojos coléricos. capaz de perforar la tie- rra. su rey. Nada tiene de Mang. Decidme. el pavo real. Bambúes. que te vas a diver- tir. Hazme compañía. Pastorea los enormes búfalos. despertad. La soledad me rodea en los prados. el murciélago. Va- mos. Ven aquí. Tampoco es Mao. Aquí estoy yo. los búfalos. Rama. Shere Khan. para alzar orgulloso el vuelo. ¿adónde ha huido She- re Khan? ¡Ahuuu! Allí está.

ma. Qué mal me sien- to así delante de la imponente asam- blea. Ahora me inclino a la tierra a recoger vuestro regalo. con ese filo de odio con que matan los hombres. muy pequeña. ¡Arriba. Cono- céis su inmensa fuerza. Préstame tu abrigo. ¿Veis este cuchillo? Es de cazador. Pero es preciso que me prestéis vuestra piel para cumplirla. Shere Khan! Dad un salto y matad. To- dos quieren contemplarlo. Desnudo. Rompedles la columna vertebral. las hormigas as- cendieron de sus negros agujeros. Préstame tu precioso abrigo de rayas. Ahí tenéis los toros. para que yo pueda presentarme en el Consejo de la Roca. Por mi segundo padre. Una gloriosa corte lo rodea. Buitres. no os fi- jéis en ello. el Toro. ¡Ah! No tengo una sola prenda para cubrir mis vergüenzas. Shere Kan. ¡Psss! Cuidado al despertarlo. Descendieron los buitres en picado. . hice una pequeña promesa.

Aguas del Waingunga. Aguas del Waingunga. mi corazón es un pozo de triste- . ¿Por qué me tendrán miedo? ¡Ma- nada de los lobos! También por vosotros me siento desterrado. Huyamos. ¡Tira. Mi boca está san- grando. os pongo por testigos del amor que Shere Khan siem- pre me ha tenido. ¿Por qué? Tendré que imitar a Mang y su vuelo en zigzag entre la Selva y las fieras. ¿Por qué? Mientras bailo sobre la piel de Shere Khan. Akela! ¡Qué pesada es la piel de Shere Khan! ¿Por qué se habrá enfurecido la ma- nada de los hombres? Me tiran piedras y chillan como niños. de esta noche cálida. Hermano Gris! ¡Tira. La Luna nos alumbra. Todos han cerra- do para mí sus puertas: la selva. Yo nada malo les hice. soy un pros- crito de los hombres. pongamos alas en los pies y huyamos a través de la noche. Hasta me ha dado su piel. Hermanos. Que se queden atrás las luces de la aldea. la al- dea.

niño. ¿Por qué? Soy dos personas. Pero siento mi corazón aliviado. canto jubiloso. Mirad. mirad bien. Sangra mi boca. Pero mi corazón sigue oprimido. . Por fin volví de nuevo a la Selva. dos Mowglis. He dado muerte a Shere Khan. y ya es negra el agua que antes fue verde. y mientras fluye el río de mis ojos. Ya toda la Selva conoce mi victoria. Hay mil contradicciones que aún no entien- do. Pero es maravilloso pensar que la piel de Shere Khan está bajo mis pies. ¿Por qué? Viste una vez dos serpientes luchan- do en el ardor de primavera. todos los lobos. La foca blanca Duérmete. Así luchan en mí dos sentimientos. za. Lloro. que la tarde cae. destrozada por las piedras lanzadas contra mí desde la al- dea.

Me lo llevé al camarote. Me contó esta historia Limmershin. cuando pensé que ya estaba sufi- cientemente repuesto como para volver a San Pablo. una vez que el viento le arrojó contra la arboladura* de un barco que navegaba hacia Japón. La ola que rompe es un suave manto. Retoza. mi amor. de las olas sale. en la isla de San Pablo*. que la noche crece. curiosa. (Canción de cuna de las fo- cas) TODO LO QUE OS VOY A CONTAR SUCEDIÓ. y que no haya llanto. le di de comer durante dos días y luego le solté. Silencio. las únicas que los . mi vida. en esa blancura. Duerme tranquilo. ni sueños que llenen el mar de amargura. muy lejos. y normalmente. el gracioso pajarillo de las cue- vas. donde se ca- lentó. Nadie se acerca a Novastosna más que por negocios. en Novastosna. en el mar de Bering. hace muchos años. un lugar al que se llama también cabo del Noreste. La Luna.

con una gran me- lena en el arranque de la espalda. Lo podía comprobar cual- quiera. Pero siempre estaba dispuesto a una nueva pelea. Tenía todo el cuerpo surcado por cicatri- ces. Garra del Mar tenía quince años. las marcas de los salvajes combates que había librado. Antes de empezar el . y se pasaba un mes entero en continua pelea con sus com- pañeros para hacerse con un buen sitio en las rocas.tienen por allí son las focas. amenazadores. lo más cercano posible al agua. Cuan- do se levantaba sobre sus extremidades de- lanteras. nadaba como un barco torpedero. estuviera donde estuviese. de atreverse a pesarle en una báscu- la. y unos dientes caninos largos. conseguía elevarse a más de un metro del suelo. Garra del Mar lo sabía muy bien. abandonando el mar frío y gris. Y eso que pesaba más de trescientos kilos. en perfecta línea recta hasta Novastosria. y todas las primaveras. de pelaje gris. Llegan en los meses de verano a cientos y cientos de miles. Las playas de Novastosna les ofrecen unas condiciones in- mejorables. Era una enorme foca macho.

Luego. pero nunca con la ayuda de Garra del Mar. los tremendos resoplidos que se oían en la playa eran espantosos.combate ladeaba la cabeza. y cuando sus enormes caninos hacían presa en el cuello de la otra foca macho. Luchaban sobre las rompientes. Desde la colina Hutchinson se podía ver una extensión de costa de tres millas y me- dia. Pero como había cuarenta o cincuenta mil focas más buscando lo mismo todas las primaveras. bramidos. rugidos. enzarzadas entre sí en unas luchas feroces. los silbidos. como si le asus- tara el enemigo y no se atreviera a mirarle cara a cara. lanzaba su cabeza contra él con la velocidad del rayo. en la arena y hasta en las . Lo que jamás hizo Garra del Mar es atacar a focas previamente heridas por otras. totalmente cubierta de focas. por- que eso atentaba contra todas las reglas de la bahía. Él sólo quería un criadero cerca del mar. ésta se escapaba si tenía ocasión. Y la zona cercana a la playa estaba llena de cabezas de focas que se apresuraban a ir a tierra para unirse a los fieros combates.

la acomodó en el terreno que había escogido. porque no querían pasar por el duro trance. Jugaban sobre las dunas. atravesando las apretadas filas de guerreros en plena batalla. tres o cuatro años. nunca llegaban a la isla hasta finales de mayo o principios de junio. destrozando todas las plantas cerca- nas.pulidas rocas de basalto* de los criaderos. Se les conocía con el nombre de hollus- chickie. Las crías de dos. Las hembras. sus parejas. Eran tan estúpidas e intransigentes como los hombres. su dulce y complaciente esposa. Un día de primavera. los solteros. salió del mar. Inmediatamente la cogió el por el pescuezo. Garra del Mar había terminado su combate número cuarenta y cinco cuando Matka. se limitaban a irse hacia el interior de la isla. en grupos pequeños o a mi- llares. de que les hicieran pedazos. que todavía no tenían la obliga- ción de fundar una familia. y solamente en Novas- tosna podía haber hasta trescientos mil. a una distancia de una media milla. siempre posible. . y casi en volandas. de lánguida mirada.

Esta- ba medio ciego. ¿No podéis entrar en razón algún día y repartiros los sitios en paz? Se diría. hombres al fin y al cabo! ––gritó Matka. Sangraba por veinte heridas diferentes. ¿Dónde has estado? Garra del Mar tenía la costumbre de no comer nada durante los cuatro meses que pasaba de vigilancia en la playa. llegas tarde ––fue su sa- ludo de gruñón malhumorado––. estaba de un humor pési mo. ––¡Vaya. por tu aspecto. Mírame un poco. Se le veían rasguños por todas partes. La playa está te- . y en los costados la piel le colgaba a jirones. que has conseguido volver a establecerte en nuestro sitio de siempre? ––Parece que sí ––le res- pondió Garra del Mar––. Matka se guardó muy bien de responderle. normalmente. ––Como siempre. que has tenido que luchar contra una orca. Miró a su alrededor y le dijo con dulzura: ––¡Qué previsor eres! ¿O sea. ––No he hecho otra cosa que combatir desde mediados de mayo. Por eso. mientras se abanicaba con una de las aletas posteriores––.

en vez de venir a este sitio. y pre- parado. Querida. los demás dirán que tenemos miedo. que buscaban un sitio donde acomodarse. Pero siempre con un ojo avizor. es preciso cui- dar las apariencias. De aquella masa de focas brotaba un clamor que podía oírse a leguas mar adentro. contando muy por lo ba- . Me he encontrado con más de un centenar de focas de la playa de Lukannon.rriblemente superpoblada este año. ¿Por qué no se que- da cada uno en su sitio? ––He pensado muchas veces que estaría- mos mucho mejor si bajáramos hasta la isla de Loutres. Si vamos allí. y pareció dormir durante unos mi- nutos. Ahora ya estaban en tierra las focas machos con sus respectivas hembras. Había en las playas. por si tenía que volver a pelearse con alguien. en el que no se puede dar un paso ––comentó Matka. Garra del Mar hundió su orgullosa cabeza entre los hombros. redondeados por una capa de grasa. ––¡Bah! Sólo los holluschickíe van a la isla de Loutres. Dominaban el horrísono sonido de cualquier vendaval.

jo. a zambullirse en el agua y a salir de ella. y durante unos instantes da a todas las cosas el reflejo del nácar y los colores del arco iris. crías recientes. hasta que el sol logra vencerla. al menos un millón de focas. de un azul aguamarina. retozaban. nació en medio de esta barahúnda. como lo son siempre los de las crías de focas recién nacidas. ¿Una foca blanca? ¡Algo nunca visto! . No tenía más que cabeza y hombros. la niebla se hace presente casi siempre. brama- ban. la cría de Matka. cubriendo hasta la última pulgada* de terreno. por compañías y batallones. se arrastraban. ¡Nuestro hijo va a ser blanco! ––¡Conchas vacías y algas secas! –– exclamó Garra del Mar––. y hollus- chickíe. divirtiéndose entregadas a juegos de escaramuzas a través de la niebla. empezaban a jugar a la vez. que se peleaban. En Novastosna. y unos ojos claros. otras madres. Kotick. algunas vie- jas. ––¡Garra del Mar! ––comentó al fin––. Pero había algo en la piel de aquella cría que obligó a su ma- dre a fijarse atentamente.

Aprendió a hacer sus escapadas cuando su padre peleaba con otra foca. ––De momento no puedo hacer nada. Si para nadar no esperas seis semanas. Cuídate de sus salvajes colmillos. Evidentemente. te hundirás porque tienes la nariz pesada. son enemigos. Jugaba en el agua. Matka salía a la mar para buscar algo que echarse a la boca. No lo olvides. chapoteando. o se arras- traba junto a su madre. con tremendos ru- gidos. La cría era alimentada una vez cada dos días. y te harás fuerte y feliz como tu padre. báñate en los anchos mares. La orca y los golpes de viento del verano son enemigos de nuestro débil rebaño. Hijo mío. mi ratita. Mientras tanto. y los dos enemigos. Pero en- . rodaban sobre las resbaladizas rocas. Ve- remos más adelante ––respondió Matka. Y se puso a cantar la dulce y grave canción que cantan todas las madres focas a sus crías recién nacidas. el animalito era todavía incapaz de comprender aquellas palabras.

Los padres. Entonces se dirigía hacia el en una línea ab- solutamente recta. que jugaban juntas como cachorri- llos. Allí se juntó con decenas de miles de crías de su edad. se dirigía inmediatamente al terreno de juego. unas crías que se divertían allí a sus anchas. le sentaba muy bien. llamaba a su cría como una oveja re- clama la presencia de su cordero y esperaba hasta que el balido de Kotick se dejaba oír.tonces comía hasta hartarse. además de serle más que suficiente. Entre las primeras cosas que hizo fue in- ternarse con movimientos torpes en la isla. lo que permitía a los pequeños campar a sus anchas. soltando golpes con sus aletas caudales. Pero ya Matka le había dicho a Kotick: . y eso. Siempre había madres a la búsqueda de sus crías en los terrenos de juego. dormían sobre la arena limpia y volvían de nuevo al juego. en los criade- ros. y apartando a las demás crí- as. Cuando Matka volvía de la pesca en alta mar. no les hacían caso alguno y los hollus- chickie permanecían impertérritos en su pro- pio territorio.

––Mientras no se te ocurra bañarte en el agua fangosa y cojas así la sarna. se arrojaba al agua como loca. to- sía. salía de ella. aquí no corres peligro alguno. y mientras no te pongas a nadar cuando la mar esté picada. gruñía. Pero tampoco sienten una prisa loca por aprender. Después de eso aprendió a permanecer tendida en un charco de la playa. o te arras- tres en la arena dura y te cortes la piel. se habría ahogado. que podían hacerle daño. donde el agua apenas llegaba a cubrirla. como su madre había descrito en la canción. Y si la ola siguiente no la hubiera lanzado a tierra. Durante esas dos semanas. remontaba la pequeña pendiente de la playa y luego se echaba una siesta so- . y sus aletas caudales se elevaron en el aire. se le hundió la cabezota. mientras chapoteaba. La primera vez que Kotick se echó al agua. Necesitó dos sema- nas para aprender a servirse de sus aletas natatorias. Como los niños. y se dejaba mecer por las olas. las focas pequeñas no sa- ben nadar. una ola la arrastró a un lu- gar profundo. Pe- ro siempre estaba atenta a las olas grandes.

bre la arena. y la aleta se alejaba lentamente haciendo pases de baile. Re- soplaba para recuperar la respiración y no ahogarse. o jugaba al rey del castillo. . dándose cha- puzones para pasar por debajo de las olas. subido en todo lo alto de las resbaladizas rocas cubier- tas de musgo. Después volvía al agua. En- tonces Kotick se dirigía a la playa como una flecha. como los ma- yores. la asesina. hasta que un día se dio cuenta de que ella era su auténtico elemento. o cabalgando sobre su cresta. que se come a las focas pequeñas cuando puede atraparlas. que nadaba len- tamente cerca de la costa. como si hubiera ido por allí por pura casualidad. También se alzaba sobre la cola y se rascaba la cabeza. para ate rrizar en medio de un crepitar de agua y espuma. pare- cida a la de un gran tiburón. A veces veía una aleta delgada. Podéis imaginaros los estupendos ratos que pasó con sus compañeros. Sabía que se tra- taba de la orca. mientras la ola remontaba la playa como un torbellino. que asomaban apenas de las aguas.

Ya no se lu- chaba por la posesión de los criaderos. las focas empezaron a abandonar la isla de San Pablo. ––El año próximo ––le dijo Matka a Ko- tick–– seras un holluschickie. ––Dentro de poco sabrás hacia dónde diri- girte. Justamente pasaba por allí un pequeño banco de marsopas que se daba chapuzones . asomando la nariz a ras del agua. la marsopa. Pero ahora nos limitaremos a seguir a Cerdo Marino. Cuando Kotick notó por el cuerpo un hormigueo y algunos pinchazos. con las aletas replegadas en los costados. que esas sensaciones anun- ciaban mal tiempo. su madre le explicó que empezaba a sentir el agua. y los holluschickie jugaban donde querían. Se lanzaron juntos a través del Pacífico y Matka le enseñó cómo dormir de espaldas. Pero este año tienes que aprender a pescar. dirigiéndose a alta mar por familias y tribus. A finales de octubre. No hay cu- na alguna tan cómoda como el continuo ba- lanceo de las olas del Pacífico. y que debía nadar con toda energía para escapar de la tormenta. que sobre la mar lo sabe todo.

––¿Cómo sabéis hacia dónde tenéis que ir? ––preguntó. ¡Ven conmigo enseguida! Estas aguas no son se- guras. a bordear los barcos hundidos a cien brazas de profundidad.en el agua. eso significa que la tempestad está frente a ti y que debes escapar hacia el norte. entrando por un ojo . Ésa fue sólo una de las muchas cosas que aprendió Kotick. a arrancar a algunos peces de sus agujeros disimulados entre las algas. nadando tan depri- sa como podía. ––Pequeño. El jefe de las marsopas miró hacia todas partes con sus blancos ojos y se zambulló. respirando entrecortadamente. siento en mi cola cierto hor- migueo ––le respondió––. Eso significa que tengo la tempestad a mis espaldas. que captaba constantemente realidades y sensaciones nuevas. y el pequeño Kotick lo siguió. cortándola a toda velocidad. ¡Ven conmigo a toda prisa! Cuando se está al sur del mar de Aguas Viscosas (quería decir el Ecuador) y se sienten pinchazos en la cola. Matka le enseñó a perseguir al bacalao y al fletán en los bancos submarinos.

y al Hombre de la Guerra. como los delfines. A bailar sobre las crestas de las olas cuando los rayos se cruzan en la inmen- sa bóveda del firmamento. Y durante todo ese tiempo nunca descan- saron sus aletas en tierra seca. y a saltar limpiamente fuera del agua más de un metro. a arrancar un trozo del lomo de un baca- lao. mientras se balanceaba en el agua tibia de una zona de la isla de Juan Fer- nández. lo que Kotick no supiera sobre la pesca en aguas profundas no tenía ninguna importan- cia. y que una enorme . Al acabar los seis meses. porque no hay en ellos más que espi- nas. cuando vuela a vela. nadando con la rapidez de una bala de cañón en persecución de los peces. moviendo gracio- samente las aletas. el Halcón. a saludar al alba- tros. y menos todavía una barca de remos. de cola corta y ancha. dejándose llevar por el viento. y a no detenerse para mirar un barco. a despreciar a los peces vola- dores.de buey y saliendo por otro. se sintió mareado. con las aletas pegadas al cuerpo y la cola curvada. y eso nadando a toda velocidad y a diez brazas* de profundidad. Pero un día.

se limitó a responder: ––¡Nadad a toda prisa! Me duelen los hue- sos de tanto añorar la tierra firme. y podemos bailar la danza del fuego en las rompientes de Lukannon. y oyeron a sus padres. los brami- dos de las focas y sus terribles luchas. y har- tarnos de jugar sobre la hierba. Se acordó de la dulzura de las playas de Novas- tosna. como les pasa a las personas cuando llega la primavera. Kotick. en plena pelea entre la niebla. este año todos somos holluschickie. como él. Kotick bailó la danza del fue- go con las focas que tenían. y aunque se sentía muy orgulloso de ella. Inme- diatamente empezó a nadar tranquilo y segu- ro. las focas viejas. Por la noche.pereza se adueñaba de él. . Pronto se encontró con otros compañeros que hacían el mismo viaje que el. ––Hola. Pero ¿cómo has conseguido esa piel? La piel de Kotick era ya casi completamen- te blanca. un año. tan seguras siempre. Todos llegaron a las antiguas playas en las que habían nacido. rumbo al norte. lo que había ju- gado en ellas con sus compañeros.

y cada foca deja tras sí una estela como de aceite que- mándose. Hablaron del Pacífico como los niños que han estado en el bosque recogiendo frutos silves- tres. chiquillos! No habléis así hasta que hayáis doblado el Cabo de Hor- nos*. añojo. gritando: ––¡Fuera de aquí. Y si alguien les hubiera escuchado. y un fogonazo cuando salta del agua. habría podido trazar un mapa tan perfecto de ese océano como jamás nadie lo haya hecho. el mar se llena de fue- go entre Novastosna y Lukannon. Las olas rompen contra la arena de la playa. ¿dónde has encontrado esa piel? . Luego. Pero ¡mira qué gracia! Oye tú. Kotick y sus compañeras llegaron hasta el territorio de los holluschickie. en el interior de la isla. Se re- volcaron con una alegría loca en el trigo sil- vestre que acababa de nacer. convirtiéndose en grandes franjas y remolinos fosforescentes. y contaron qué habían hecho durante su estancia en la mar. Los holluschickie de tres o cuatro años des- cendieron en frenética carrera desde la colina de Hutchinson.Las noches de verano.

tosió y bajó la cabeza. Ve- nían de la aldea. situada a una milla del cria- dero de focas. Kotick. jefe de los cazadores de focas de la isla. ––No la he encontrado ––les respondió Ko- tick––. Los holluschickie se retiraron unos cuantos metros y se quedaron inmóviles. y discutían sobre cuáles se lle- varían al matadero ––porque las focas se de- jan llevar como borregos––. y los aleutianos no son demasiado limpios. ––¡Mira! ––exclamó Patalamon––. Se trataba nada menos que de Kerick Booterin. porque era aleutiano. . que aún no había divisado a ningún hombre. y de Patalamon. Y cuando se preparaba para dar un revol- cón al que acababa de hablar. Ha venido ella sola. Luego empezó a rezar como en un murmullo. tras una duna se dejaron ver dos hombres de pelo negro y caras rojas y chatas. su hijo. para luego con- vertirlas en abrigos de piel. ¡Una fo- ca blanca! Kerick Booterin palideció bajo la capa de aceite y tizne que le cubría la piel. li- mitándose a mirar con ojos estúpidos a los dos aparecidos.

Los hombres deberían desollar hoy doscientas. Llévatelo. Trae malos augurios. ––No la mires ––le ordenó Kerick––. Ahí tienes ese rebaño de focas de cuatro años. desde que yo nací. ¿De veras crees que es el viejo Zaharrof reencarnado en ella? Le debo dos huevos de gaviota. ademas. Jamas se ha visto una foca blanca desde que.. Desapareció el año pasado en una horrible tempestad. reso- plando fuertemente. como muertas. Quizá sea el fantasma del viejo Za- harrof. ––No la toques. Se adelantó unos pasos y las focas empezaron a moverse. Ni por un instante se le ocurrió a ninguna vol- verse para reintegrarse al grupo de sus com- pañeras.. ¡Rápido! Patalamon golpeó dos omoplatos de foca frente a la manada de holluschickies. y Kerick les hizo dirigirse hacia el interior de la isla. Cientos y cientos de miles de focas vieron cómo las conducían. y éstas se quedaron inmóviles. pero continuaron . Patalamon. Pero estamos al principio de la estación y. ––No me acercaré a ella ––le dijo Patala- mon––. De momento bastará con cien. son unos novatos.

cruzando la Garganta del León Marino. su piel saldría a trozos. dejando atrás la Casa de Webster. sí. Bueno.jugando como si aquello no las afectara. ––Quiero ir tras ellas ––dijo Kotick. mien- tras los ojos casi se le salían de las órbitas. le dijeron que los hombres se llevaban siempre a las focas de esta ma- nera. y. ––Nos sigue la foca blanca ––gritó asusta- do Patalamon––. ¡Seguro que es el fantasma de Zaha- rrofl Tengo que hablar con el sacerdote. Úni- camente Kotick hizo algunas preguntas. Kerick sabía que si las focas iban dema- siado deprisa. se sofocarían. al desollarlas. Es la primera vez que una foca viene al matadero por sí misma. ya fuera de la vista de las focas de la . durante seis semanas o dos meses al año. pero necesitaron una hora para recorrer- la. El matadero estaba a una milla de distan- cia. Por eso fueron muy despacio. que sus compañeras no pudieron responderen ab- soluto. Empezó a seguir la pista del rebaño. hasta llegar al almacén de salazón. ––¡Calla! No mires atrás ––le ordenó Ke- rick––.

calzados con pesadas botas de piel de morsa. sacó un gran reloj de bolsillo. las apar- taron del rebaño a puntapiés. y Kerick les señaló una o dos focas.playa. lle- garon diez o doce hombres. Creía estar en el fin del mundo. o demasiado sofocadas. y espe- ró una media hora para que los cuerpos de las focas se enfriaran. desde los criaderos de las focas. armados cada uno con una gruesa barra de hierro de alre- dedor de un metro. con una enorme rapidez. condensadas por la niebla. que le caían de las alas del gorro. y admirado ante lo que veía. desolladas desde el hocico . Kerick se sentó en el musgo. Kotick podía oír hasta las gotas de lluvia. Los hombres. pero le llegaba. por- que sus pieles. un ruido tan tremendo como el de un tren que atraviesa un túnel. Luego. Kotick seguía al rebaño respirando de forma entrecortada. el pequeño Kotick fue incapaz de reconocer a sus amigas. Al cabo de diez minutos. mordidas por sus compañeras. Entonces Kerick dijo: ––¡Ya! Los hombres empezaron a dar golpes en la cabeza a las focas.

y se abandonó al suave balanceo de la mar. En la Garganta del León Marino. El león marino volvió la cabeza hacia la tie- rra. Dio media vuelta y se dirigió a todo correr ––una foca puede hacerlo a galope tendido durante un tiempo muy corto–– hacia el mar. y arrancadas luego de un tirón seco. Kotick había visto ya bastante. donde los animales descansan hasta donde llega la re- saca. protegiéndose la cabeza con las aletas. Están a punto de matar a todos los holluschickie. a todos sin excepción y en todas las playas. quién anda por ahí? ––gruñó un león marino. se lanzó al agua fresca. suspirando triste- mente. En general sólo les gusta la compañía de sus congéneres. Segu- . ––¿Qué pasa. se amontonaban en el suelo. Ochen scoochnie! (¡Estoy so- lo! ¡Muy solo!) ––respondió Kotick––. ¡Scoochnie! . Tus ami- gos siguen alborotando como siempre.hasta las aletas posteriores. erizado el bigote por el horror que había contemplado. ––¡Qué disparate! ––comentó––.

os empeñáis en venir aquí año tras año. seguirán tratándoos de la misma mane- ra.. ––¡No está nada mal! ¡Está muy bien para tu edad! ––le dijo el león marino. Lleva haciendo lo mismo desde hace treinta años. Tengo la im- . le hicieron ponerse vertical a escasos centímetros de los afilados bordes de una roca. las focas. a menos que en- contréis una isla a la que ninguno de ellos vaya. ––Es horrible ––le respondió Kotick. Me imagino que. notando que una ola iba a sumergirle. empezó a nadar hacia atrás y se afianzó con un movimiento de aletas. que sabía reconocer los méritos de un buen nadador––.. ––¿Existe una isla así? ––le replicó Kotick. los hombres. acaban por enterarse y. Pero ya que vosotras. En ese momento. es bastante atroz. girando como una hélice.ro que has visto al viejo Kerick despachando a un rebaño. que. naturalmen- te. ––Sigo al halibut desde hace veinte años y tengo que confesarte que todavía no lo he encontrado. desde tu punto de vista. Pero escuchame. efectivamente.

¿Por qué no vas al islote de las Morsas y hablas con Sea––Vitch? Quizá ella sepa al- go. . Sólo tenía modales durmiendo. llena de cornisas y nidos de gaviotas. y lue- go a tierra. en tu lugar. de muy poca altura y extensión. Llegó has- ta la playa. de enorme cuello. ––¡Despierta! ––rugió Kotick. gorda. con las aletas posteriores medio hundidas en el agua. se dirigió en linea recta al islote de las Morsas. Kotick dio por bueno el consejo. casi exactamen- te al noreste de Novastosna. como les sucede siempre a las focas. No te embales. entre convulsiones. porque las gaviotas graznaban con un ruido insoporta- ble. Luego. donde las morsas hacen vida aparte. que era lo que hacía. dotada de grandes colmillos. yo iría primero a tierra y dormiría un rato. Es una travesía de nueve kilómetros y. Salió a tierra muy cerca de Sea––Vitch.presión de que te gusta hablar con tus supe- riores. Durmió una media hora. una plataforma rocosa. cruzando una zona de mar. la morsa del Pacífico Norte. fea.

y al que los hombres les resulte imposi- ble el acceso? ––Descúbrelo tú ––le contestó Sea––Vitch cerrando los ojos––. A Kotick no le hacía ninguna gra- cia que le hablaran de ser desollado. ––¡Pero. hummm! ¿Qué pasa? –– exclamó SeaVitch. ––¡Eh. y siguió chi- llando: . hasta que se despertaron todas las morsas. bueno. Empezaron a mirar en todas las di- recciones. Vete. salvo en la que debían. que hizo lo mis- mo con el que tenía al lado. Aquí tenemos mu- cho trabajo. Por eso empezó a gritar: ––¿Hay algún sitio al que puedan ir las fo- cas. que me desuellen! –– exclamó SeaVitch. Kotick dio un salto de delfín. soy yo! ––les gritó Kotick. que se balanceaba con la corriente y parecía una ba- bosa blanca. oh. Y todas las morsas miraron a Kotick como mirarían a un niño los soñolientos miembros de un club. que con un golpe de sus colmillos despertó al vecino. ––¡Ah. continuando así el juego. Ya había visto bastante.

––Y bien. pues se limitaba a revolver los fondos marinos en busca de ostras y algas. Todos sus habitantes gritaban a pleno pulmón: «¡Tra- gaostras! ¡Stareek! (viejo)». ––¡Zampaostras! ¡Zampaostras! Aunque se las tenía por un personaje te- mible. las gaviotas de todo tipo y los mergos*. preparado ya para salir nadando. los chickies. siempre prepara- dos para cometer cualquier grosería. ––¿Y cómo la reconoceré? ––preguntó Ko- tick. durante casi cinco minutos no habría podido escucharse ni siquiera un ca- ñonazo en el islote de las Morsas. la foca sabía muy bien que Sea––Vitch jamás había pescado un pez. ––Pregúntaselo a Vaca––Marina ––le res- pondió SeaVitch––. Si todavía vive. ¿me lo vas a decir ahora? –– preguntó Kotick. . Evidentemente. según me ha contado Limmershin. los gooverooskies y los epatkas. se hicie- ron eco de su grito y. exhausto. podrá de- círtelo. bufando furioso. mientras Sea–– Vitch se movía alternativamente sobre sus costados.

hacerte una gran foca. y que si no le gustaba ser testigo de un espectáculo tan horrible. dejando a las gaviotas entregadas a sus gritos. ¡El más feo y el mas grosero! ¡Stareek! Kotick regresó a Novastosna. Le dijeron que los hombres siempre se habían llevado a los holluschickie. ––Es la única criatura del mar más fea que Sea––Vitch ––gritó una gaviota. es crecer. que volaba justo por encima de la nariz de la morsa––. Pero ninguna había asistido a aquella carnicería. Ade- más. Entonces te dejarán . lo mismo que tu padre. Y. y conseguir y defender un criadero en la playa. ––Lo que necesitas ––le dijo Garra del Mar cuando se enteró de las aventuras de su hijo––. que eso formaba parte de la rutina diaria. no debía haber ido adonde sacrifican a las focas. y eso marcaba una enor- me diferencia entre ella y sus amigas. una vez allí. Kotick era una foca blanca. se dio cuenta de que todas las molestias que se había tomado por encontrar un sitio seguro para las focas no le servían para gran- jearse simpatía alguna.

donde las focas vivieran sin que los hombres las inquietasen. Así lo hizo.tranquilo. escapó por los pelos de los dien- tes de los tiburones y del pez martillo.. que se quedan inmóviles. porque tenía una idea en la cabe- za. Trope- zó con todos los malhechores que rondan los mares. Estaba decidido a encontrar a Vaca–– Marina. aferradas al mismo sitio durante cientos de años. nadando hasta trescientas millas* en un día y una no- che. y descubrir una isla tranquila. le dijo: ––Jamás podrás detener esa carnicería. de lo que están muy orgullo- . con grandes peces tranquilos. Exploró el Pacífico de norte a sur. Kotick. Cuando llegó el otoño.. si es que tal personaje habitaba los mares. Corrió más aventuras de las que se pue- dan contar. Hasta su madre. la dulce Matka. Dentro de cinco años tendras que pelear tú solito. con buenas playas de arena dura. Se fue y bailó la danza del fue- go. Vete a jugar a la mar. y con las vieiras de manchas rojas. abandonó la playa y se fue solo. pero con el corazón apesadumbrado.

debido a una furiosa tormenta de aguanieve. estuvo a pun- to de chocar contra los negruzcos y terribles acantilados. cara a la tor- menta. Se topó también con un viejo albatros de cola corta. y se prolon- gaba en un talud* donde las focas pudieran jugar. observó que hasta en aquel sitio hubo en otro tiempo un criadero de focas. Si la playa era buena y dura. siempre se veía en el horizonte el humo de un ballenero. que le dijo que las islas Kerguelen eran el sitio ideal para quien buscara paz y tranquilidad. relámpagos y truenos. al abandonar el lugar. Sin em- bargo. ni una isla que le gustase. . O bien constataba que las focas habían frecuentado ya la isla. Y suce- dió lo mismo en todas las islas que visitó. que fabricaba acei te de ballena. y Kotick sabía muy bien qué signi- ficaba eso. Pero cuando Kotick llegó hasta aquellos parajes tan apartados. y que habían sido exterminadas. Kotick sabía de sobra que los hombres vuelven siempre a las zonas que conocen. Pero nunca encontró a VacaMarina.sas.

bajo la lí- nea del ecuador. asado por el sol. a Gough. a las islas Cro- zet. Pero en todas partes los habitantes de la mar le decían lo mismo. a las Orcadas del Sur. descan- sando cada año cuatro meses en Novastosna. y hasta abordó un islote al sur del Cabo de Buena Esperanza*. descansando en una roca. y alcanzó Cabo Corrientes* ––de regreso de la isla de Gough––. Limmershin me dio una lista muy larga. porque me dijo que Kotick había consagrado cinco estaciones a sus exploraciones. Se fue hasta las Galá- pagos*. con la piel sar- nosa. un sitio árido y pavoroso. donde estuvo a punto de morir. . a Georgia del Sur. al Pequeño Ruiseñor. Las focas habían llegado en otro tiempo a esas islas. Le asegura- ron que los hombres también llegaban hasta allí. encontró algunos centenares de focas. pero los hombres las habían ani- quilado. a la isla Esmeralda. donde los holluschickie se burlaban de el y de sus islas imaginarias. Incluso cuando recorrió miles de millas fuera del Pacífico.

me trae sin cui- dado. . Inténta- lo otra vez. Kotick se retorció el bigote ––lo tenía magnífico. Aquello estuvo a punto de partirle el cora- zón. se contaba en la playa que una foca blanca vendría para conducirnos a un lugar tranquilo. donde resistía una foca vieja y moribunda. pero otros lo verán. y en ese estado de ánimo franqueó el cabo de Hornos para volver a su hogar. ––Ahora ––dijo Kotick––. descubrió una isla cu- bierta de árboles de un verdor maravilloso. Yo soy el único superviviente de la colonia desaparecida de Masafuera y. y si me llevan con los holluschickie a los campos de la muerte. Soy vieja y jamás llega- ré a ver ese día. ––Inténtalo una vez más ––le dijo la vieja foca––. en la época en la que los hombres nos mataban por cientos de miles. me vuelvo a No- vastosna. De camino hacia el norte. Kotick pescó algunos peces para ella y le con- fió todas sus penas.

sino un Garra del Mar adulto. Siguió a los peces hasta que se cansó y se hizo un ovillo en los hoyos que . ––Soy la única foca blanca que ha visto la luz del día ––dijo––. y la única foca. Cuando volvió a Novastosna durante el vera- no. Kotick y ella bailaron la danza del fuego a lo largo de la playa de Lu kannon. que la séptima ola es la que más lame la playa. la noche que precedió a su salida. Entonces se encaminó hacia el oeste. su madre le pidió que se casara y que se estableciera. al menos. por- que acababa de descubrir un inmenso banco de fletán. que ha soñado con nuevas islas. cincuenta kilos de pescado diariamente para estar en plena forma. Recuerda. porque ya no era un holluschic- kie. tan fuerte. Aquel encuentro le animó muchísimo. y necesitaba. madre. ––Dame una temporada más ––le respon- dió––. rumbo al úl- timo viaje de exploración. blanca o negra. una foca hembra pensaba también posponer su boda para el año si- guiente. de melena blanca y ondulada. Curiosamente. tan grande y tan imponente como su padre.

Eran largos. Una enorme som- bra oliscaba sobre las aguas poco profundas y tragaba gran cantidad de algas. Su cabeza daba la impresión de pertene- cer a un ser absolutamente estúpido. ni a los peces ni a las vieiras. Cuando no se dedicaban a comer. balanceaban el . ¿De qué criaturas se trata? Aquellos seres no se parecían a las mor- sas. cuando notó que su cuerpo caía sobre un lecho de plantas marinas. se dijo: «Vaya.deja la resaca cuando las olas se dirigen hacia la isla del Cobre. y no tenían aletas poste- riores. Después. giró bajo el agua. ni a los leones. abrió los ojos perezosamente y se estiró. Luego. a las ballenas o a los tiburones. y tampoco a los osos de mar. Por eso. ––¡Por las olas de Magallanes! ––se dijo–– . hacia las doce. dio un salto felino. como sobre un blando col- chón. Le llamó la atención su cola en forma de pala. Conocía la costa a la perfección. a ninguno de los animales con los que Kotick estaba familiarizado. de hasta seis a ocho metros. Tampoco a las focas. que parecía un trozo de cuero moja- do. la marea es muy fuerte esta noche».

Ko- tick advirtió que tenían el labio superior par- tido en dos lóbulos que podían separarse bruscamente casi medio metro. co- mo parece. ––Hola ––intervino Kotick––. Se saludaban unos a otros con mucha solemnidad.cuerpo en el agua. Muy bien ––dijo––. Las metían en la boca y las masticaban con cierta serie- dad. no es nece- sario que hagáis las exhibiciones a las que os entregáis. ayudándose del extremo de la cola. Si. ¿qué tal la pesca. como hombres muy gordos que movieran los bra- zos. Vuestras reverencias resultan gra- . señores? Las enormes criaturas respondieron haciendo una reverencia y sacudiendo las ale- tas natatorias como FrogFootman*. tenéis en las aletas delanteras un articulación más que los demás. Cuando empezaron a comer de nuevo. ––¡Vaya forma grosera de comer! –– murmuró Kotick. Aquellas criaturas hicieron de nuevo una reverencia y Kotick empezó a impacientarse––. y cerrarse sobre toda una brazada de algas. agitando las aletas.

hombre! ––subió el tono––.. Pero las vacas marinas no respondían. Las vacas marinas continuaron buscando y masticando grandes brazadas de algas. Los labios hendidos se separaron y los ojos verde vidrioso se redondearon. lo que le había dicho su amiga la gavio- ta en la isla de las Morsas cuando.ciosas. En lugar de siete. ––¡Vaya. es la primera vez que tropiezo con gente más fea que Sea––Vitch. incluso con sus semejan- tes. Porque los animales marinos hablan tan- tas lenguas como los hombres. Com- prendió que por fin había encontrado a Vaca- Marina. tienen una articulación . se lanzó al agua de espaldas. porque no pueden hablar. pero me gustaría saber cómo os lla- máis. con la rapidez del rayo. pero no con- testaron a Kotick. y se dice en los mares que eso les impide hablar.. al cumplir un año. Le vino a la memoria. tienen seis huesos en el cuello. Pero como sabéis. y Ko- tick les hizo montones de preguntas en todas las lenguas que había aprendido en sus via- jes. y peor educada.

Kotick estaba medio desesperado. pero no conseguía que acelerase el ritmo ni siquiera media milla. Kotick las siguió. por debajo. se re- unía. se paraba de noche para reponer fuerzas comiendo. la melena de Kotick estaba total- mente erizada. Las vacas marinas se pusieron en camino hacia el norte. se sirven de ella como de una se- ñal telegráfica elemental. Kotick nadaba a su alrededor. diciéndose: «Gente tan es- túpida como ésta habría muerto hace ya mu- cho tiempo de no haber encontrado una isla segura. y su paciencia había ido a pa- rar adonde lo hacen los cangrejos muertos. Pero me gustaría que se dieran prisa». siempre con los mismos intervalos.suplementaria en la aleta natatoria anterior. por encima. Al alba. para . Y lo que es bueno para Vaca–– Marina. A medida que avanzaba hacia el norte. lo es para Garra del Mar. deteniéndose de cuando en cuando para celebrar absurdos conciliábulos. y moviéndola de arriba abajo y de derecha a izquierda. y siempre se movía muy cerca de las playas. El reba- ño hacía sólo cuarenta o cincuenta millas dia- rias.

cuando sofocado y resoplando. a unas veinte brazas de calado. oscuro en su base. las vacas marinas se dejaron caer hasta el fondo del agua brillante. en el otro extremo––. emergió a la superfi- cie. Nadaron durante largo tiempo. un farallón que se hundía en las aguas profundas. Se dirigieron en línea recta hacia un acantilado cercano a la costa. porque jamás había imaginado que Vaca––Marina tuviera el menor talento para la natación. El buceo ha sido largo. Una noche. y entonces empezó a tener algo más de respeto por ellas. tal era su impaciencia. Las siguió y se quedó asombrado de su rapidez. Kotick estaba a punto de arrancarse los bigotes a mordiscos. vio que comenzaban a nadar a toda velocidad. ––¡Por todos los demonios! ––dijo. y por primera vez desde que las conocía. pero ha valido la pena. . y se metieron por un aguje- ro. como si fueran piedras.celebrar sus extraños conciliábulos. y Kotick echó mucho de menos el aire fresco antes de salir de aquel túnel negro. Pero ter- minó por darse cuenta de que seguían una corriente cálida.

lejos. Luego. en- cantadoras. disi- muladas por la niebla. que desprendía infini- tas tonalidades. algo que Kotick supo en cuanto tocó el agua. se veía claramente una franja de arena. Las vacas marinas se habían separado y comían perezosamente cerca de las playas más hermosas que Kotick había visto jamás. bajas y de arena perfec ta. maravillosamente dispuestas pa- ra la instalación de criaderos. Hacia el norte. aptos para jugar. Eso impediría que un barco se acerca- se a la playa a menos de seis millas. que se remontaban suavemente hacia el in- terior. Y rompientes magníficos para el baile. Y dunas que subir y bajar. que jamás ha engañado a un auténtico garra del mar: que el hombre ja- más había puesto el pie allí. Lo primero que hizo fue asegurarse de que las aguas eran abundantes en peces. escollos y rocas. Detrás había terrenos. Había largas extensiones de rocas per fecta- mente lisas. Y lo me- jor de todo. Entre las islas y la zona de tierra más extensa había un . bordeó las playas y reconoció las islas. Y una hierba blanda sobre la que podrían re- volcarse. de arena dura.

habría sospechado jamás su existencia. Luego se zam- bulló y. Pero. aunque tenía prisa por volver a Novastosna. salvo una vaca marina o una foca. que le estaría espe- rando. Nadie. lo enfiló hacia el sur. pero diez veces me- jor». Si hay algún lu- gar seguro en la superficie de los mares. se dijo Kotick.canal profundo. le costó hacerse a la idea de que había pasado por debajo de aquellos enormes acantilados. y cuando miró hacia atrás. «Es otro Novastosna. sin duda éste es el mejor. Vaca Marina debe ser más inteligente de lo que yo pensaba. exploró a fondo el lugar para poder responder a todas las preguntas que estaba seguro iban a hacerle. eso en el caso de que hubiera hombres por aquí. después de haber grabado bien en su memoria la entrada del túnel. que corría casi paralelo y muy cercano a los acantilados de la costa.» Empezó a pensar en la foca que había de- jado en su tierra natal. Los hombres no podrían descender por estos acantilados. Bajo éstos se abría el túnel de acceso. Tardó seis días . Y los bajíos costeros harí- an pedazos cualquier barco.

en volver a su casa, sin retrasarse lo más mí-
nimo en el camino. Y cuando tocó tierra, jus-
to encima de la garganta del León Marino, la
primera foca que encontró fue la que le espe-
raba, que leyó en su mirada la buena noticia.
Pero los holluschickie, su padre y las demás
focas se burlaron de él cuando les contó su
descubrimiento. Y una foca joven, que tenía
más o menos su edad, le dijo:
––Todo eso es muy hermoso, Kotick, pero
no puedes llegar dando órdenes sin más, es-
pecialmente cuando no has luchado por nues-
tros criaderos.
Los demás estallaron en una risa inconte-
nible y empezaron a menear la cabeza. El jo-
ven se había casado aquel mismo año y se
creía muy importante.
––Yo no tengo que defender un criadero –
–exclamó rabioso Kotick––. Sólo quiero ense-
ñaros un lugar donde podréis vivir absoluta-
mente seguros. ¿Para qué luchar entre noso-
tros?
––Bueno, si te bates en retirada tan fácil-
mente y, en el fondo, buscas una excusa, no

tengo nada que añadir ––terminó la foca con
una risa sarcástica.
––¿Te vendrás conmigo si te venzo? ––le
preguntó Kotick.
Sus ojos se iluminaron con destellos ver-
des de rabia ante el posible combate.
––Muy bien ––respondió su contrincante
con un tono despreocupado––. Si me vences,
iré contigo.
No pudo cambiar de opinión, porque la ca-
beza de Kotick salió disparada como una fle-
cha, y sus dientes se hundieron en el grueso
cuello de su adversario. Después Kotick se
apoyó en la parte trasera de su cuerpo,
arrastró a su enemigo por la playa, le sacudió
y terminó poniéndole de espaldas. Luego se
dirigió a las focas con palabras como rugidos:
––He hecho todo lo que he podido a lo lar-
go de cinco estaciones. He encontrado una
isla en la que estaréis totalmente seguros,
pero parece que no me creeréis hasta que no
os arranque esas estúpidas cabezas vuestras.
Pues bien, ahora voy a datos una lección. ¡En
guardia!

Limmershin me dijo que en toda su vida –
–y Limmershin ve batirse a diez mil focas to-
dos los años––, en toda su corta vida no
había visto nada semejante a Kotick, enfilan-
do como un rayo los criaderos. Se lanzó so-
bre el garra del mar más corpulento, lo aga-
rró por la garganta y lo ahogó, cubriéndolo al
mismo tiempo de golpes, hasta que el otro
lanzó un gruñido para pedir clemencia. Luego
lo lanzó de costado y atacó al siguiente. Te-
ned en cuenta que Kotick no había ayunado
como las grandes focas. Sus viajes en alta
mar le mantenían en una forma perfecta y,
sobre todo, jamás se había batido hasta en-
tonces. La cólera erizaba su melena blanca,
llena de bucles, y sus grandes caninos brilla-
ban: era un espectáculo digno de admirar.
El viejo Garra del Mar, su padre, le vio pa-
sar como una tromba, arrastrar a los viejos
machos de pelo gris, como si fueran simples
fletanes, y derribar a los jóvenes por doce-
nas. Garra del Mar, lanzando un rugido, gritó:
––Quizá sea un idiota, pero nadie lucha
como él. Hijo, no pelees conmigo. Yo estoy
contigo.

Kotick se limitó a lanzar un rugido, y el
viejo Garra del Mar, moviéndose torpemente,
se acercó hasta unirse a su hijo, que resopla-
ba como una locomotora, mientras Matka y la
futura esposa de Kotick parecían haberse
hecho muy pequeñas, llenas de admiración
por sus parejas. Fue un combate magnífico,
porque los dos se batieron mientras hubo una
sola cabeza levantada en son de desafío.
Luego los dos desfilaron por la playa, muy
juntos, emitiendo unos berridos tremendos.
Por la noche, cuando la aurora boreal* di-
fundía sus luminarias intermitentes a través
de la niebla, Kotick subió a una roca desnuda
y contempló el gran criadero, hecho un in-
menso revoltijo, y a las focas heridas y san-
grantes.
––Bien, os he dado una buena lección.
––¡Por todos los diablos! ––dijo el viejo
Garra del Mar, en un esfuerzo penoso por en-
derezar su cuerpo magullado––, ni la orca
misma les habría dado semejante lección.
Hijo, me siento orgulloso de ti. Y lo que es
más, yo mismo te acompañaré a tu isla, si es
que existe.

––¡Y bien, gordos cerdos marinos! ¿Quién
me acompaña al túnel de la Vaca-Marina?
Respondedme, y si no os daré otra lección ––
rugió Kotick.
Se oyó un murmullo, semejante a una
suave sacudida de la marea, sobre las playas.
––Sí, iremos contigo ––dijeron miles de
voces exhaustas––. Sí, seguiremos a Kotick,
la foca blanca.
Entonces Kotick hundió la cabeza, y cerró
los ojos lleno de orgullo. Ya no era la foca
blanca, sino una foca roja de la cabeza a la
cola. Y, sin embargo, le habría parecido un
gesto vergonzante echar siquiera una mirada
o tocar una sola de sus heridas.
Pasados ocho días, el y su ejército ––casi
diez mil focas entre los holluschickie y las ya
maduras–– se echaron al agua y empezaron
a nadar en dirección norte, hacia el túnel de
Vaca––Marina, al mando de Kotick. Las que
se quedaron en Novastosna los trataron de
locos. Pero en la primavera siguiente, cuando
se reencontraron junto a los bancos de peces
del Pacífico, las seguidoras de Kotick hicieron
tales descripciones de las nuevas playas, que

un número creciente de focas abandonó No-
vastosna.
Naturalmente, eso no sucedió en un breve
espacio de tiempo, porque las focas son un
poco cabezotas. Pero al cabo de un año, mu-
chas más abandonaron Novastosna, Lukan-
non y los otros criaderos, emigrando a esas
playas tranquilas y bien abrigadas, en las que
Kotick pasa ahora el verano. Crece, engorda
y se pone más fuerte cada día, mientras los
holluschickie juegan a su alrededor en aquel
mar que no visita ni un solo hombre.

LUKANNON

HE AQUÍ LA CANCIÓN SOLEMNE QUE
ENTONAN EN ALTA MAR TODAS LAS FOCAS
DE SAN PABLO, CUANDO, LLEGADO EL
VERANO, VUELVEN A SUS PLAYAS. ES UNA
ESPECIE DE HIMNO NACIONAL EMPAPADO
DE TRISTEZA

Al alba vi amigas cargadas de años,
nací a la mañana de olas y espacios.
Quedo es el rumor del mar en resaca.

El grito de guerra era algo olvidado. Espacios abiertos. escarchas y niebla. No volveré a verlos. Playas de Lukannon. la bala. Playas de Lukannon. Felices sin hombres. serás sólo un recuerdo de vida. cubiertas de hierba. peligros de mil singladuras. la vida que canta. ¿Por qué hoy mis hermanos están abati- dos? El hombre. . Tu raza estará para siempre perdida. Ya todo eran risas. de recuerdos dulces. Playas de Lukannon. Lukannon. mi tierra querida. carreras y cantos. terrazas pulidas. Nos lleva a la muerte en triste rebaño. Vivían la vida como un puro juego. Cuenta tu historia al rey de los mares. playas de Lukannon. La noche se llena de bailes y luces. el brazo asesino. se fue la amargura de mares. Eran mis hermanos. Feliz es la estancia. líquenes profundos. ya no hay quien te ampa- re. Playas de Lukannon. Si no lo hace él.

y de Chu- . el pájaro-sastre. No olvides. guarda la distancia. Nag. regalo de astucia y de suerte. Nag. corre a esconder tu piel sucia muy le- jos. la muerte va a ser el fin de tus sueños. en el cuartel de Segowlee. totalmen- te solo. en un cuarto de aseo del gran bunga- ló. dos cabezas. Dieron mil vueltas en el duro suelo. ven. el mejor conjuro. Escuchad el gran reto de animal sin miedo: Nag. Contó con la ayuda de Darzee. Rikki-Tikki-Tavi Ojo-Rojo. Nag. y el triunfo. HE AQUÍ LA HISTORIA DE LA GRAN BATALLA que Rikki-Tikki-Tavi libró. desde el hueco redondo. Quisiste mi muerte y fue toda tuya. odio puro. la lucha es a muer- te. Ojo a ojo. cobra. Te dejó sin vida la diosa Fortuna. a Piel Arrugada le lanzó el cohombro.

parecía reptar sobre la hierba. y se aferró a él. cloqueando como una gallina. eran de color rosa. No se enteró de lo que pasó después. llegó al fin a una zanja que estaba al borde de un camino. y se parecía a un gato por la piel y la cola. la que escogiera. siempre nervioso. Un día. deslizándose. que le dio buenos consejos. Su cola podía hincharse hasta imitar una brocha. Sus ojos y la punta del hocico. Patean- do. Podía rascarse cualquier parte del cuerpo con cualquiera de sus patas delanteras o traseras. porque perdió el conocimiento. pues se desliza bien pegado a las paredes. mientras.chundra. Cuando lo recobró. la rata almizclera. era: «¡Rikk- tikk-tikki-tikki-tchk!». Pero Rikki-Tikki-Tavi sostu- vo la auténtica lucha. una de esas impresionantes inun- daciones de verano la arrancó de la madri- guera en la que vivía con sus padres. estaba tumbada a pleno sol en medio de un . Tuvo la suerte de encontrar allí un menudo haz de hierbas. que jamás anda por el centro de las habitaciones. Era una mangosta*. Y su grito de guerra. asustada.

porque está devorada por la curiosidad de la punta de la nariz a la cola. sino medio ahogada. Correteó con curiosi- dad a lo largo y ancho de la mesa. Y Rikki-Tikki era una auténtica mangos- ta. se sentó. a su lado. Vamos a celebrar un funeral por ella. la calentaron. y veremos qué hace. y el pequeño animal abrió los ojos y estornudó.sendero de un jardín. por cierto. La envolvieron entre algodo- nes. un hombre grueso la mantuvo un momento en el aire y aseguró que no estaba muerta. muy descui- dado. Allí. La cogieron y la llevaron a casa. La consigna de la familia de las mangostas es: «Corre y entéra- te». ––No ––le contestó su madre––. . Se fijó en el algodón y se dio cuenta de que no era comestible. Quizá no esté realmente muerta. no la asustéis. Ahora ––dijo el hombre. Es casi imposible asustar a una mangosta. y un niño. un inglés que acababa de trasladarse al bungaló––. vamos a cogerla y a secarla. decía: ––Mira. una mangosta muerta.

salió a la galería. ––No te asustes. jugueteando. curioseó. Le dieron un pequeño pedazo de carne cruda. ––¡Vaya! ––exclamó la madre de Teddy––. se subió al hombro del niño.se alisó la piel. Teddy ––le dijo su pa- dre––. y saltó al suelo. se sentó al sol y esponjó su piel para que se le secara por completo. Si Teddy no la tira de la cola o intenta meterla en una jaula. ––Me hace cosquillas en la barbilla ––se sonrió Teddy. ty eso es un animal salvaje? Supongo que se ha familiarizado con nosotros porque hemos sido buenos con ella. y cuando lo terminó. Vamos a darle algo de comer. en su oído. ––Todavía hay muchas cosas que ver en . saldrá y entrará en la casa sin parar. A Rikki-Tikki le gustó muchísimo. al hueco que se abría entre la camisa del niño y su cuello. dando un salto. donde se rascó la nariz. se rascó y. Es su manera de hacer amigos. ––Todas las mangostas se comportan así – –le aclaró su marido––. Luego empezó a sentirse me- jor. Rikki-Tikki miró hacia abajo.

Yo me quedaré aquí y las encontraré. Si ahora entrara una serpiente.. Más que las que toda mi familia junta podría encontrar en toda su vida. ––No me gusta eso ––dijo la madre de Teddy––. se fue a la habitación de Teddy para ver cómo se encendían las lámpa- ras de queroseno*. Pero la madre de Teddy no quería ni pen- sar en algo tan horrible. sentada sobre la almohada. y se la quemó oliscando el extremo del puro del hombre grande. ––No lo hará ––le contestó el padre––.esta casa ––se dijo––. Rikki-Tikki hizo lo mismo. y cuando el niño subió a la cama. y Rikki-Tikki estaba despierta. Puede morder al niño.. Casi se ahogó en el cuarto de baño. metió su nariz en el tintero que había en el escritorio. El matri- monio entró ––como siempre–– para ver a su hijo. porque se subió a su re- gazo para enterarse de cómo escribía. . Cuan- do cayó la tarde. Teddy está más seguro con este pequeño animal que con un perro de presa. Pasó todo el día dando vueltas por la casa.

También había naranjos y limas. La madre de RikkiTikki. Se sentó por turno en el regazo de los tres. lo exploró todo. Era un jardín enorme. sentada en un hombro de Teddy. cuidado a medias. y su cola se esponjó. Su nido era precioso. Rikki-Tikki salió al jardín para ins- peccionarlo. el pájaro-sastre. Rikki-Tikki se fue a des- ayunar a la galería. Rikki-Tikki se rela- mió: «Esto es un magnífico cazadero». con rosales tan grandes como cena- dores. le había enseñado cómo actuar si algún día se encontraba con hombres blancos. porque toda mangosta bien educada aspira a convertirse algún día en un animal domésti- co. y su esposa. De repente oyó unas voces lastimeras que salían de un espino. Luego. y le dieron un plátano y huevo duro. pensó. Por la mañana. de los llamados Marshal Niel. Eran Darzee. Habían cosido dos . y disponer de habitaciones por las que corretear. Luego. corriendo locamente de un lado pa- ra otro. que había vivido en la casa del general en Segowlee. bambúes y una gran extensión de hierba alta.

––¿Qué pasa? ––les preguntó Rikki-Tikki. se refugiaron en el nido. que medía un metro y medio. Luego. El nido se balanceaba. Una de nuestras crías se cayó del nido ayer. empezó a balancear- se. que nunca cambian de ex- presión. sentados en los bordes. como los dientes de león agitados por el aire. en vez de contestar. Pero yo soy aquí un extraño. ¿Quién es Nag? Darzee y su mujer. Cuando ya estaba casi completamente visible. desde la lengua hasta la cola. y Nag se la comió. mientras ellos. piensen lo que piensen.grandes hojas y habían llenado el hueco de algodón y pelusa. lentamente. ––Nos ha golpeado la desgracia ––le res- pondió Darzee––. y miró a RikkiTikki con sus malignos ojos de serpiente. llora- ban. que hizo que Rikki-Tikki retrocediera. . un horrible sonido frío. ––Hummm. De la es- pesa hierba que crecía al pie del arbusto. fueron emergiendo de la hierba la cabeza y el capuchón de Nag.. sa- lió un sonido sordo. eso es muy triste ––dijo Rikki-Tikki––.. sí. la gran cobra negra.

¡mí- rame y échate a temblar! Ensanchó su cuello más que nunca. su madre lo había alimentado con cobras muertas. El gran dios Brahma nos puso el signo distintivo cuando la primera cobra extendió su capucha para que el sol no le molestara mientras dormía. y sabía muy bien que una mangosta adulta tiene como misión en la vida combatir y matar a las serpientes. ¿te parece bien comer. ––¡Vaya! ––dijo Rikki-Tikki. Durante un instante. Parecía un cierre en forma de corchete. el miedo hizo presa en él. y en el fondo de su corazón de hielo sintió miedo. y aunque Rikki- Tikki no se había encontrado aún con una co- bra viva. ––¿Quién es Nag? ––exclamó en tono triunfal––. cuya cola había adquirido el máximo volumen––. con marca o sin ella. y Rik- ki-Tikki vio una marca como de gafas en la parte de atrás. Y ahora. Yo soy Nag. paja- rillos caídos del nido? Nag disimulaba sus pensamientos y obser- vaba los movimientos de la hierba tras Rikki- . Nag lo sa- bía también. Pero a una mangosta el miedo no le dura más que un instante.

Falló por los pelos. tarde o temprano. la cabeza de Nagaina. Sabía bien que la presencia de mangos- tas en el jardín significaba. pero no con demasia- da fuerza. su muerte y la de su familia. ––Dialoguemos un momento ––le dijo––. y de un salto se vio libre de la . pasó como una flecha. la pér- fida esposa de Nag. Le dio un mordisco. pero quiso bur- lar la vigilancia de Rikki-Tikki. para ajustarle las cuentas. y jus- to debajo de él. ¿Por qué no puedo yo comer pájaros? ––¡Detrás! ¡Mira detrás de ti! ––le cantó Darzee. Bajó un poco la cabeza y la ladeó. Se oyó un feroz silbido de contrarie- dad. Dio en el aire el mayor salto que pudo.Tikki. Tú comes huevos tan a gusto. Una vieja mangosta habría sabido que ése era el momento justo de romper la columna vertebral de su enemiga de un solo bocado. Rikki-Tikki no perdió ni un segundo. Se le había acercado por detrás mientras habla- ba. Rikki-Tikki cayó casi encima del lomo de Nagaina. Pero Rikki-Tikki tuvo miedo del terri- ble latigazo que la cobra le lanzó con la cola.

azo- tando el aire en torno al nido. Se sentó sobre la cola y las patas traseras. dejando a Nagaina herida y rabiosa. se calla y no de- ja traslucir lo que hará luego. Darzee lo había construido fuera del alcance de las serpien- tes. descubriréis que cuando . Se fue trotando hasta el camino enare- nado. Rikki-Tikki ni siquiera intentó seguirlas. Miraba a su alrededor y los dientes le rechinaban de rabia.amenaza que representaba aquella cola san- grante. Si leéis libros antiguos de historia natural. Se encontraba ante un problema muy serio. eres malvado! ––dijo Nag. Pero Nag y Nagaina habían desaparecido en la hierba. y el nido se limitó a oscilar de izquierda a derecha. es que está rabiosa. No estaba prepa- rada para luchar contra dos serpientes a la vez. Rikki-Tikki sintió que sus ojos se habían vuelto rojos y brillantes. que se asenta- ba firmemente en el espino. cerca de la casa. y cuando los ojos de una mangosta adquieren esa coloración. y se sentó para pen- sar tranquilamente. como si fuera un pequeño canguro. Cuando una serpiente falla un golpe. ––¡Darzee.

el polvo se removió y se oyó una voz tenue: ––¡Cuidado! ¡Soy la muerte! Se trataba de Karait. Pero ésa no es una verdad científica. Pero en el momento en que Teddy se incli- naba.una mangosta entra en fiero combate con una serpiente y es mordida por ella. La victoria sólo es cuestión de rapidez de mirada y agilidad de patas. y estaba mas que satisfecho de haber podido esquivar un ataque por la espalda. Y como ninguna mirada es capaz de seguir el movimiento de la cabeza de una serpiente cuando ataca. la realidad de los hechos es todavía mas extraordinaria que la hierba mas mágica. Eso le dio una gran confianza en sí mismo. y cuando Teddy llegó corriendo por el caminillo. A cada intento de la serpiente. Rikki-Tikki estaba preparado para dejarse acariciar. la minúscula serpien- te color tierra. a la que le encanta dormir en- tre el polvo. un salto de la mangosta. Su mordedura es tan peligrosa como la de una cobra. se va a comer una hierba que la cura. Rikki-Tikki sabía que él era una joven mangosta macho. pero es tan pequeña .

Y cuando se trata de ser- pientes. y por eso hace es- tragos entre las personas. que si no le mordía exactamente detrás de la cabe- za. heredado de su familia. y se acercó a Karait con ese paso único. Pero Rikki no lo sabia. y se balanceaba hacia atrás y hacia delante. Los ojos de Rikki-Tikki se inyectaron de nuevo en sangre. Parece extraño y has- ta cómico. recibiría la picadura de Karait en un ojo o en el labio. Tenia los ojos completamente rojos. ese movimiento representa una gran ventaja. buscando un ob- jetivo. pero la perversa serpiente del polvo dio un latigazo en el aire. Rikki-Tikki se vio obligada a saltar por encima del cuerpo de la serpiente. mien- . Porque Karait era tan pequeña y podía darse la vuelta a tal velocidad. Lo que no sabía Rikki-Tikki es que haría algo mucho mas peligroso que luchar contra Nag.que nadie piensa en ella. a la distancia de un cabello de su espalda. Rikki dio un salto de cos- tado e intentó llegar al cuerpo a cuerpo. Karait atacó. entre el balanceo y la ondulación. pero está tan perfectamente equi- librado que el animal puede salir disparado en cualquier dirección.

reflexio- nó Rikki-Tikki. Recogió cuanto pudo la cabeza entre las patas delanteras y mordió la columna vertebral de la serpiente. de un salto. Teddy gritó a las personas que había en la casa: ––¡Venid a ver esto! Nuestra mangosta es- tá a punto de matar una serpiente. no debería engordar. «¿Para qué. Rikki-Tikki oyó chillar a la madre de Teddy. cuando pensó que. con un palo en la mano. Su padre salió a toda prisa. La mor- dedura paralizó a Karait. si yo he hecho todo lo que había que hacer?» Entonces la madre de Teddy la cogió. empezando por la cola. Pero antes de que llegaran. mientras el padre de Teddy golpea- ba el cadáver de Karait. Se fue a tomar un baño de polvo bajo los ricinos*. si quería conservar su fuerza y su viveza. Karait había lanzado un ataque alocado que le per- mitió a Rikki-Tikki.tras la cabeza de ésta estuvo a punto de apresar sus patas. según la costumbre de su familia. caer sobre la espalda de la serpiente. y Rikki-Tikki se pre- paraba para comérsela entera. la abrazó estrechamente y le .

movién- dose tranquilamente entre los vasos de vino. y se empeñó en que durmiera pegado a su barbilla. Rikki- Tikki estaba demasiado bien educado como para morder o arañar. evidentemente. y en la oscuridad cayó . y auparse al hombro de éste. pero se acordó de Nag y de Nagaina y. Rikki se divirtió muchísimo. mientras Teddy miraba todo con ojos llenos de espanto. A Rikki-Tikki le diver- tía mucho el alboroto que se traían. sus ojos se inyectaban en sangre de cuando en cuando y lanzaba su prolongado grito de guerra: «¡Rikk––tikk––tikki––tikki––tchk!».dijo con voz cariñosa pero fuerte que había salvado de la muerte a su hijo. Por la tarde. podría haberse atiborrado. Y el padre de- claró en tono solemne que la había enviado la Providencia. Teddy se la llevó a la cama. pero en cuanto Teddy se durmió. a la hora de la cena. aunque le gustaba de- jarse alabar y acariciar por la madre de Ted- dy. no entendía nada. aunque. La madre de Teddy podría haber acariciado al niño exactamente igual por haber jugado en el polvo. se fue a hacer la ronda nocturna alrededor de la casa.

––¿Piensas que quien mata serpientes se va a rebajar a matar ratas como tú? ––le contestó Rikki-Tikki con desdén. Rik- ki-Tikki. Rikki-Tikki. Se lamenta en voz alta toda la noche. Chuchundra es un animal pequeño que vive siempre lleno de miedo. – –empezó Chuchundra. ––Los que matan serpientes al final mue- ren en sus fauces ––dijo Chuchundra. ––Mi primo Chua. con- fundiéndome contigo. ––No me mates ––le suplicó Chuchundra. a punto de llorar––.sobre Chuchundra. no me mates. me ha dicho. pero no se atreve a correr por el centro de las habitaciones. la rata almizclera. sé que Nag está en el jardín y tú no te dejas ver en el. más quejumbrosa que nunca––.. y luego se calló. Además. ¿Y cómo sabré yo con seguridad que Nag no me atacará. la rata. . ––¿Qué te ha dicho? ––¡Chitón! Nag está en todas partes. que se arrastraba junto a una pared.. una noche bien oscura? ––No hay el menor peligro ––respondió Rikki-Tikki––. Tendrías que haber hablado con Chua en el jardín.

un ruido tan leve como el que produce una avispa acariciando el cris- tal de una ventana. Luego. Chuchundra. En la parte baja del muro encalado habían retirado un ladrillo pa- . Rikki-Tikki? La mangosta se puso a la escucha. Jamás he tenido el valor de lanzarme hasta el centro de una habitación. Era el roce tenue y seco de las escamas de una serpiente sobre los ladrillos. al de la madre de Teddy. o te muerdo. ––Se trata de Nag o Nagaina ––murmuró como para sí mismo–– a punto de entrar por el conducto de salida del cuarto de baño. ––No lo he hecho. debería haber habla- do con Chua. No encontró nada allí. ¡Chitón! No debo decir nada. Chuchundra se sentó y se puso a llorar con tanta fuerza que las lágrimas resbalaban por sus bigotes. ¿No te das cuenta. Así que tienes que de- círmelo. Tie- nes razón. pero se oía un débil crisscriss. Chuchundra. Se llegó sigilosamente hasta el cuarto de baño de Teddy. Rápido. La casa estaba envuelta en un silencio total. ––Soy un pobre infeliz ––dijo entre sollozos––.

––Cuando no haya ni un solo ser humano en la casa ––le decía Nagaina a su marido––. Cuando nadie habitaba el bungaló. seremos los reyes. Entra sin ruido. en el mo- mento en que Rikki-Tikki se deslizaba dentro de la habitación. ––Pero ¿estás segura de que saldremos ganando matando a los humanos? –– preguntó Nag. Y luego nos iremos las dos juntas al encuentro de Rikki-Tikki. ––Del todo. que el hombre que ha mata- do a Karait es el primero al que hay que morder. ella tendrá que irse. . cuando se acercaba a la ba- ñera. al claro de luna. nuestros hijos necesitarán mucho espacio y mucha tranquilidad. Y entonces el jardín volverá a ser nuestro. escuchó a Nag y a Nagaina cuchichean- do fuera. Y acuérdate de que en cuanto los hue- vos que hemos puesto en el melonar se abran ––y eso puede ocurrir mañana mismo– –.ra desaguar el cuarto de baño y. Después vienes y me lo cuentas. ¿teníamos una mangosta en el jar- dín? En cuanto se quede vacío.

en campo abierto. Nag se hizo un ovillo. y luego al niño si me da tiempo. Nagaina lo sa- brá. la cabeza de Nag apareció por el conducto. Rikki-Tikki advertía el brillo de sus ojos. se asustó mucho al comprobar su lon- gitud. Nag se balanceaba en todas direcciones. todas las ventajas serán para ella. e inspeccionó el cuarto de baño. si la mato aquí. . que es- taba en la más absoluta oscuridad. levantó la cabe- za. Un estremecimiento de rabia y odio reco- rrió a la mangosta. seguida por el metro y medio de su cuerpo frío. ¿Qué hacer? ––se dijo Rikki-Tikki. Rikki-Tikki escuchó cómo bebía en el jarro que se empleaba para llenar la bañera. A continuación. Y si la ataco en tierra. Luego. Yo mataré al hombre y a su mujer. Aunque Rikki-Tikki estaba totalmente dominado por la cólera. Voy ahora mismo. ––Veamos. ––No había pensado en eso ––dijo Nag––. y dejaré la ca- sa sin hacer ruido alguno. Entonces el bunga- ló se quedará vacío y Rikki-Tikki tendrá que irse. Pero será inútil que nos pongamos a buscar inmediatamente a Rikki- Tikki.

Quizá lo tenga todavía. Rikki- Tikki comprendió que Nagaina se había ido. «Si no le rompo los riñones con el primer ataque –– pensó Rikki––. el hombre gordo llevaba un bastón. y Rikki-Tikki se quedó como muerto.. bien fresquito. Era dema- siado para el. Pero cuando mañana por la mañana venga a bañarse.. adiós. ––Está bien ––dijo la serpiente––. mantendrá la capacidad de lucha.. Nag se ovilló en torno al fondo del jarro. se dijo al fin. Y una mordedura cerca de la cola no conseguiría mas que enfurecer a Nag hasta el paroxismo. Y si lucha. Nagaina. se- guro que no lo tendrá. Nag estaba dormido. «La cabeza. por enci- .. No se oyó respuesta alguna fuera. «Es preciso atacarle en la cabeza». músculo tras músculo. ¿me oyes? Voy a esperar aquí. y avanzó hacia el jarro. Cuando Karait murió. y Rikki-Tikki tuvo tiempo de mirar su espalda poderosa. Le voy a esperàr aquí. hasta que se haga de día. totalmen- te quieto donde se encontraba. Al cabo de una hora se puso en movimiento. Rikki. y de buscar el mejor sitio para hacer presa en el.» Consideró el grosor del cuello bajo la capucha.

aunque sacó de su posición toda la ventaja posible. bajo su curva. con los dientes apretados. cuando.ma del capuchón. en el suelo. Y una vez que haya hecho presa ahí.» Entonces atacó. en todas las direcciones. y tenía la impresión de que estaba hecho añicos. prefería que le encontraran así. Después se vio zarandeado de un lado a otro. la jabonera y un cepillo. no soltarla por nada del mundo. mientras ésta pegaba latigazos en el suelo. Rikki se arqueó co- ntra la arcilla roja. se . de repente. La cabeza de Nag estaba a unos dedos del jarro. Tiró un bote de hojala- ta. cerraba sus mandíbulas cada vez mas. de arriba abajo y en grandes cír- culos. hundidos en el cuerpo de la cobra. Pero tenía los ojos rojos y aprisionaba con firmeza a su presa. Cuando sus dientes se clavaron. Y golpeó terri- blemente a Rikki-Tikki contra el metal esmal- tado de la bañera. para atenazar contra el suelo la cabeza de la serpiente. pues estaba seguro de morir a fuerza de gol- pes. No pudo guardar este punto de apoyo más que un se- gundo. y por el honor de su familia. Le daba vueltas la cabeza. Manteniendo siempre la presa.

El hombre lo cogió diciendo: Alicia. porque ahora estaba com- pletamente seguro de que la cabeza ya no se movía. se dijo. Esta vez es ella la que nos ha salvado la vida. pálida. tenía agujetas en todo el cuerpo. Cuando llegó la mañana. vio lo que quedaba de Nag. de nuevo la mangosta. Y no se puede saber cuándo nacerán sus crías. Rikki seguía manteniendo su presa. y sintió que una llama roja le quemaba la piel.oyó tras el como un enorme trueno. despertado por el ruido. Entonces. pero estaba satisfecho del trabajo realizado. que será peor que cinco Nag juntos. Un aire abrasador le hizo perder el conocimiento. donde pasó la mitad de la noche sacudiéndose suavemente para comprobar si estaba o no hecha trocitos. ¡Santo cielo! Tengo que ir a hablar con Darzee». la madre de Teddy entró en la habitación. había hecho fuego con una escopeta de caza. Tenía los ojos cerrados. «Y ahora le ha llegado el turno a Nagaina. El hombre. al- canzando a Nag justo detrás de la capucha. y Rikki-Tikki se fue sigilosamente a la habitación de Teddy. .

––Muy bien. Ha llegado el hombre con el bastón que hace «buuum» ¡y Nag ha caído. corrió hacia el espino en el que Darzee. Rik- .. cantaba a voz en grito. El barrendero ha enros- cado ahí su cuerpo y lo ha tirado al basurero. ––Nagaina ha llegado hasta el conducto de la sala de baño.. ––¡Oye. triunfal. partido en dos! Jamás volverá a comerse a mis crías. y ha llamado a Nag –– respondió Darzee––.. porque el ba- rrendero había arrojado su cuerpo a la basu- ra. pero ¿dónde está Nagaina –– preguntó. muerto. El valiente Rik- ki-Tikki lo ha cogido por la cabeza y ha tenido el valor de no soltar la presa. estúpido montón de plumas! –– gritó Rikki-Tikki encolerizado––.. ¿Es el mejor momento para cantar? ––¡Nag está muerto. Sin esperar al desayuno. y bien muerto! ––cantaba Darzee––. La noticia de la muerte de Nag había recorrido todo el jardín. Pero Nag ha salido en el extremo de un palo. Cantemos en honor del gran Rikki-Tikki.

––¿Y no se te ha ocurrido decírmelo? ¿En el lado más próximo al muro? ––Rikki-Tikki. al hermoso Rikki- Tikki. aquí abajo. Deja de cantar un momento. ––Por amor al grande. no te comerás esos huevos. el de los ojos rojos ––y después. . lo destruiría y lanzaría al suelo a tus crías. Llora la muerte de Nag. vivo en plena guerra. no haces las cosas cuando y como debes. ¿dónde se encuentra Nagaina? ––Sobre el montón de basura. seguro en tu nido. Darzee. ¿verdad? ––¿Comérmelos? No exactamente.ki-Tikki. Darzee. cer- ca de las caballerizas. el de los dientes blancos! ––¡Olvídate de mis dientes! ¿Sabes dónde guarda sus huevos? ––En el melonar. junto al muro. donde el sol da con fuerza casi todo el día. ––Si pudiera alcanzar tu nido. Darzee hinchó el cuello y siguió cantando. me paro ––dijo Darzee––. ¡Qué grande es Rikki-Tikki. ¿Qué te pa- sa? ––Por tercera vez. Tú es- tás ahí arriba. Pero yo. Hace se- manas que los oculta allí.

cerca del montón de basura. si no has perdido el juicio por com- pleto. Nagaina levantó la cabeza y silbó: . y sabía que los huevos de cobra acaban por producir cobras jóvenes. y haz que Na- gaina te persiga hasta este espino. absolutamente desesperada. vete enseguida hacia los establos. Voló hasta donde estaba Nagaina. Tengo que ir al melonar. incapaz de re- tener más de una idea en la cabeza. Pero su mujer razona- ba muy bien. ella me vería. y dejó a Darzee la misión de mantener calientes a las crías y continuar cantando la muerte de Nag. y empezó a lamentar- se: ––¡Ay. Echó a volar desde el nido. Darzee era un poco tonto. Y porque sabía que las crías de Nagaina nacían de hue- vos semejantes a los suyos. opinaba que no había que destruirlos.Darzee. y si fuera ahora. si- mula que se te ha roto un ala. Darzee se pare- cía mucho a los hombres en ciertos aspectos. se me ha roto un ala! El niño de la casa me ha lanzado una piedra y me la ha partido. Luego empezó a aletear.

porque un pájaro que mira a una serpiente a los ojos se asusta de tal manera que ya es incapaz de hacer un solo movi- miento. ¿Por qué tratas de huir? No te escaparás de mí. y Nagai- na empezó a arrastrarse más aprisa hacia ella. ––¡El niño me la ha roto con una piedra! – –gritó de nuevo la esposa de Darzee. ––Tú avisaste a Rikki-Tikki cuando yo es- taba a punto de matarle. arrastrándose por el polvo. Rikki-Tikki las oyó alejarse de las caballeri- zas y subir por el camino. después de tu muerte. pero antes de la no- che. Mi marido yace esta mañana sobre un montón de basura. ––Bien. sin levantar nunca el vuelo. La esposa de Darzee se guardó muy bien de hacerlo. pensar que yo le ajustaré las cuentas al niño. quizá te consuele. Entonces echó a correr a toda velocidad hacia el melonar que . mí- rame. el pequeño de la casa reposará en una inmovilidad absoluta. Pequeña idiota. La esposa de Darzee continuó ale- teando. No has escogido el mejor sitio para cojear ––y se fue acercando a ella.

¡ven in- mediatamente. Con un mordisco arrancó la piel de los huevos y. y se precipitó hacia la galería con la mayor rapidez que le permitie- . poniendo toda su alma en la tarea. pero recubiertos de una piel blanquecina en vez de cáscara. descubrió veinticinco huevos. muy hábilmente ocultos. en la paja tibia extendida alrededor de los melones. Al final no quedaban más que tres huevos. y sabía que. pero enton- ces oyó la aguda voz de la esposa de Darzee: ––Rikki-Tikki.se encontraba cerca del muro. porque se había dado cuenta de que las crías estaban ovilladas en el interior. cada una de ellas podría matar a un hombre o a una mangosta.. del mismo grosor más o menos que los de la gallina Bantam. aplastó a las jóvenes cobras. he llevado a Nagaina hacia la casa y ha alcanzado la galería y. Se echó a reír. quiere matar! Rikki-Tikki aplastó dos huevos. ––No me he adelantado ni un solo día –– dijo. Luego revolvió la paja varias veces para asegurarse de que no había olvidado ninguno.. en cuanto naciesen. Allí. se retiró del melonar dan- do un salto hacia atrás. se llevó el tercero en la boca.

A ti te ajustaré las cuentas más tarde. Esperad un poco. cantando triunfalmente: ––Hijo del hombre que ha matado a Nag – –silbaba––. Estaban petrifica- dos en sus asientos. pero Rik- ki-Tikki vio que no comían. y si no. Entonces llegó Rikki-Tikki y gritó: ––¡Date la vuelta. Teddy. Mira a tus amigos. No se .ron sus patas. Teddy. Nagaina. Es- tán pálidos e inmóviles. Si os movéis. ante su desayuno. Teddy. os habéis atrevido a matar a mi Nag! Los ojos de Teddy estaban clavados en los de su padre. No hay que moverse. sin volver los ojos––. Nagai- na se había enroscado sobre la estera. os atacaré. Rikki-Tikki. con la cara lívida. Todavía no estoy preparada. tienen miedo. ¡Insensatos. ––Cada cosa a su tiempo ––dijo ella. muy cerca de la silla de Teddy. su padre y su madre se encontraban allí. tranquilo. tenía a su alcance la pierna del niño y se balanceaba de derecha a izquierda. que sólo murmuraba: ––Tranquilo. Quedaos abso- lutamente inmóviles los tres. también. no te muevas. date la vuelta! Ven a luchar.

Vete a verlos. Y Rikki-Tikki vio que el padre de Teddy tendía bruscamente una mano. olvidando todo por aquel único huevo. Nagaina giró en redondo. ––Vete a ver tus huevos ––exclamó Rikki- Tikki––. sano y salvo. y si das un solo paso hacia delante. en el melonar. donde se encontraban las tazas de té. Rikki-Tikki puso el huevo entre sus patas. los atacaré. el último de la nidada? Las hormigas es- tán a punto de comerse los restantes allí.atreven a moverse. Nagaina. ––¿Qué precio estás dispuesta a pagar por un huevo de serpiente? ¿Por una joven co- bra? ¿Por una joven cobra real? ¿Por el últi- mo. ––¡Ay! ¡Dámelo! ––gritó. atrapaba a Teddy por un hombro y lo retiraba al lado opuesto de la mesita. cerca del melonar. ––¡Engañada! ¡Engañada! ¡Engañada! ¡Rikk––tikki––tck-tck! ––se burló Rikki-Tikki– . fuera del alcance de Nagaina. La gran serpiente dio media vuelta y vio el huevo en el suelo de la galería. Tenía los ojos inyectados en sangre. cerca del muro.

pues. ––Dame al último de mis huevos y me iré para no volver jamás ––dijo ella. pero no consiguió que lo soltara. pobre viuda! ¡El hombre ha ido a buscar su escopeta! ¡Lucha! Rikki-Tikki saltaba alrededor de Nagaina. te irás para no volver. ¡Lucha. ven a luchar conmigo. Me sa- cudió en todos los sentidos. pero siempre fuera de su alcance. Sus ojillos brillaban como dos carbones encendi- dos. y el huevo conti- nuaba entre las garras de Rikki-Tikki.–. y con la cabeza casi a ras del suelo––. . Estaba muerto antes de que el hombre lo partiera en dos trozos. cerca. ––Sí. ¡Rikki-Tikki––tck––tck! Ven. Rikki-Tikki saltó hacia atrás. Porque te vas con Nag al basurero. en el cuarto de baño ––luego se puso a saltar como loco. mientras se desinflaba su capuchón. El niño está sano y salvo y fui yo quien co- gió a Nag por el capuchón ayer por la noche. Soy yo el que lo hizo. Nagaina comprobó que había perdido la ocasión de matar a Teddy. Nagaina se replegó sobre sí misma y se lanzó contra el. con las cuatro patas a la vez. Tu viu- dedad se va a terminar enseguida. Nagaina.

Rikki-Tikki debía atrapar a Nagaina o sus problemas comenzarían de nuevo. Rikki-Tikki empezó a dar vueltas alrededor de Nagaina. Nagaina se fue acer- cando a él. Luego se re- plegaba como si fuese la cuerda de un reloj. Pe- ro su esposa era más inteligente. adquiere la rapidez de una tralla* sobre el cuello de un caballo. Rikki-Tikki se había olvidado del huevo que permanecia en el suelo. y acabó por cogerlo con la boca. En- tonces se dirigió a las escaleras y escapó co- mo una flecha hacia el camino. Cuando una cobra huye de la muerte. al correr. girando la cabeza.La cobra atacó unas cuantas veces más. su cabeza golpeaba contra la estera del suelo de la galería. Cada vez que lo hacía. Ella esca- paba en línea recta hacia el arbusto espinoso. que lo seguía con la vista. mientras Rikki-Tikki descansaba un poco. y empezó a . Su cola hacía un rui- do parecido al de las hojas secas arrastradas por el viento. Entonces. Voló desde su nido al encuentro de Nagaina. y Rikki-Tikki. oía que Dar zee se- guía cantando su estúpido himno triunfal. perseguida por Rikki-Tikki.

los pequeños dientes blancos de la mangosta hicieron presa en su cola. En ése. Ha muerto el valiente Rikki-Tikki.batir sus alas sobre la cabeza de la cobra. Y Rik- ki-Tikki no sabía si aquel túnel podría ensan- charse. la hierba que crecía a la entrada del agujero dejó de moverse y Darzee gritó: ––Rikki-Tikki ha muerto. y ofrecer a Nagaina el espacio sufi- ciente para revolverse y atacar. . en el que había vivido con Nag. Muy pocas mangostas. Siguió feroz- mente enganchada. con las patas separadas para que le sirvieran de freno en la pendiente de tierra caliente y húmeda. parecido al de las ratas. Cantemos un himno a su muerte. porque seguramente Nagaina lo matará bajo tierra. la oscuridad era total. Ésta se contentó con desinflar su capuchón y continuó su camino. y se lanzó al interior de la madriguera detrás de ella. y cuando Nagaina se lanzó de cabeza al agujero. Pero esos segundos per- didos permitieron que Rikki-Tikki la alcanza- se. se atreven a seguir a una cobra cuando se mete en un agujero. aunque sean muy viejas y muy listas. Entonces.

es el pregonero en todos los jardines. y lanza las . limpiándose los bigotes. Improvisó una lúgubre canción. la viuda no volverá a salir. Darzee se pa- ró. me vuelvo a la casa. lanzando un grito. la hierba empezó a moverse y Rikki- Tikki. Durmió y durmió hasta bien entrada la tarde. pero cuando cantaba la parte más sombría y dolo- rida. Ahora ––dijo cuando se despertó––. Y si hace siem- pre ese ruido. salió tranquila- mente del agujero. se quitó de encima parte del polvo y estornudó. porque el día había re- sultado muy fatigoso. ––Se acabó ––dijo––. Rikki-Tikki. El barbudo de frente roja es un pájaro que hace un ruido muy parecido al de un martillo sobre un recipiente de cobre. completamente sucio. como si nada hubiera pa- sado. Darzee. en la India. y él hará saber a todos los habitantes de jardín que Nagaina ha muerto. de una sa- cudida. Cuenta todo al barbudo de frente roja. Rikki-Tikki se ovilló sobre la hierba y se durmió al instante. se debe a que.

entró para echar una ojeada. Allí seguía cuando su madre. Rikki- Tikki le oyó decir: ––¡Atención! ¡Atención! ––y luego. Luego. todo lo que le ofrecieron. bastante más tarde. se fue a la cama sobre un hombro de Teddy. Teddy. dong! ¡Nagaina ha muerto! ¡Ding–– dong––tock! Cuando Rikki llegó a la casa. que seguía todavía muy pálida. Y aquella tarde comió hasta hartarse. lo mismo que a Teddy ––le dijo a su marido––. su madre. ––La mangosta nos ha salvado la vida. en forma de notas sostenidas––: ¡Dingdong––tock! ¡Nag ha muerto. ¿Te das cuenta? ¡Nos ha salvado la vida a los tres! Rikki-Tikki se despertó sobresaltado.noticias a los cuatro vientos a quien quiera escucharle. como si fuese un gong de mesa. y su padre salieron y estuvieron a punto de llorar sobre él. absolutamente lle- no. por- que se había desmayado. To- das las mangostas tienen el sueño ligero. .. Al avanzar sobre el camino..

Pero no se vanaglorió de- masiado. con sus dientes. me siento feliz como nadie. Ah. Arrullar puedo a tus pequeños. Sube tu canto hasta el cielo. . MELOPEA DE DARZEE (CANTADA EN HONOR DE RIKKI-TIKKI) Yo. con sus saltos. y siguió protegiendo el jardín como debe hacerlo una mangosta. Rikki-Tikki tenía derecho a sentirse orgu- lloso de sí mismo. Ya no hay mal que nos azote. con sus mordiscos. Lanzo mi orgullo al espacio. sois vosotros. aquí estoy yo. madre. y si no lo estuviesen. El compás de mi canto sube y baja. bueno. Nunca una cobra más se atrevió a asomar la cabeza por el jardín. que soy sastre y cantor. satisfecho del nido que hago. como el suave balanceo de mi casa. ¿Qué os preocu- pa? Todas las cobras están muertas.

la de ojos encendidos y cola siempre henchida. Rikki-Tikki. la de ojos encendidos. El terror que se escondía en las rosas. Rikki-Tikki interrumpió a Darzee y se ha perdido el resto de la canción. Pero. ¿quién nos libró de él? Dime su nombre y su nido. Que los pájaros la agasajen. Rikki-Tikki. La muerte y su capirote se fueron de nuestro jardín. la de los blancos colmillos. Rikki-Tikki. con sus ojos encendidos. Las notas del ruiseñor se harán homenaje y preces. . con sus colas bien extendidas. (En este punto. siempre presta. ya no es más que una cosa muerta y arrojada al estiércol. Rikki-Tikki.) Toomai el de los Elefantes Quiero recordar lo que fui en otro tiempo. Rikki.

DESDE HACÍA CUARENTA Y SIETE ANOS. acariciado por el beso inmaculado del vien- to y de las aguas. Y como había cumplido los veinte cuando le capturaron. Olvidaré cadenas y grilletes. romperé mis crueles amarres. Huiré. que quiere decir Serpiente Negra. tenía ya cerca de setenta años. Kala Nag. y volveré con mis amigos. Caminaré toda la noche. Estoy enfermo de cadena y cuerda. volveré a visitar a mis amigos. de haber tirado. por ejemplo. y en el bos- que mis grandes peleas. ellos. a las más altas montañas. Jamás venderé al hombre mi espalda por un puñado de azúcar de caña. Recordaré mi antigua fuerza. Se acorda- ba. hasta las luces del alba. libres como gavilanes. servía al gobierno de la India de todas las formas en las que un elefante puede hacerlo. con un grueso cojín de cuero que le protegía la fren- . Una buena edad para un elefante.

le había dicho. con la ba- yoneta* calada. que formaban una especie de cono. cuando todavía no había alcanzado la plenitud de su fuerza. no tenía miedo a nada. Kala Nag sabía que se trataba de un buen consejo. Radha la Bien Amada.te. que había sido cap- turada con él. antes de cumplir los veinti- cinco años. muy lejos del . de un cañón profundamente atascado. Radha Pya- ri. n. y después de dos días de travesía. Su madre. de mane- ra que se había convertido en el preferido y mejor cuidado de todos los elefantes al servi- cio del gobierno de la India. en 1842. Y eso antes de la guerra de Afganistán. en una marcha emprendida por el norte de la India. Por eso. antes de que su hijo perdiera sus defensas de leche. Había transpor- tado tiendas de más de seiscientos kilos. Le pincharon en lo más delicado del cuerpo. le habían hecho llevar sobre lomos un mortero. porque la primera vez que vio estallar un obús*. que los elefantes miedosos siempre están expuestos al daño. retrocedió con un enorme bramido y cayó sobre unos fusiles. Le habían izado a un navío con una grúa. en un país extraño y rocoso.

los elefantes gozan de una protección del gobierno.suyo. siempre a bordo del navío. de hambre y de insolación en un lugar llamado Aki Musjid. entre- nados para esa tarea. En la In- dia. Después. domarlos y enviar- los a los cuatro puntos cardinales del país. en la captura de ele- fantes salvajes en los montes Gato. Diez años más tarde vio morir a sus hermanos de frío. junto con algunas docenas de congéneres. allí donde se necesite su trabajo. . Estuvo a punto de morir por el ataque de un joven ele- fante que se insubordinó. merecedor. capturarlos. de epilepsia. como dicen los soldados. Hay todo un servicio ministerial que se ocupa exclusivamente de perseguirlos. Había visto al emperador Teodoro. que ha dictado unas leyes muy se- veras para conseguirlo. Más tarde. ten- dido sin vida en Magdala. le retira- ron de los almacenes para que ayudara. Luego había vuelto. de la medalla al mérito en la guerra de Abisinia. le enviaron a miles de kilómetros al sur para transportar y almace- nar enormes vigas de madera de teca en los inmensos almacenes de Moulmein.

de- jándoselos de un metro y medio de largo. con esa especie de muñones. Y habían rodeado el extremo de los mismos con unos anillos de cobre. hasta que los cuarenta o cincuenta monstruos sal- vajes eran engañados. para evitar que se le astillaran. Pasaba interminables semanas obligando a subir montañas a elefantes dispersos. formada por gruesos troncos. escogía al adulto ma- yor y más agresivo. Pero podía hacer lo mismo. cuando la luz vacilante de las antorchas dificulta el cál- culo de las distancias. Le habían cortado las colmillos. impidiéndoles toda posibilidad de huida. Kala Nag medía algo más de tres metros de altura. orien- tándolos con grandes precauciones. caía con estrépito detrás del último. A una señal dada. que cualquier otro ele- fante salvaje con sus colmillos enteros y afi- lados como puntas de acero. y le reducía al silencio a fuerza de golpes y topetazos. mientras los . y la enorme puerta. Kala Nag entraba en aquella especie de pandemonium* inquieto y bramador. normalmente de noche. penetraban en la últi- ma corraliza*.

al temible felino.hombres. que lo había llevado a Abisinia. una masa casi viscosa. tirándolo de costado. salvo a mí. hasta la muerte del peligroso animal. montados en otros elefantes. abando- nada. peluda y raya- da. para ponerla al abrigo de todo peligro. Allí quedaba sobre la tierra. Lo arrojaba por tierra y se arrodillaba sobre él con todo el peso de sus enormes rodillas. No había nada en el arte de combatir que no supiera Kala Nag. a na- da teme Serpiente Negra. pues en más de una ocasión había hecho frente a tigres heridos. el viejo y astuto Ser- piente Negra. Enrosca- ba cuidadosamente la trompa. inmo- vilizaban con cuerdas a los más pequeños. y lanzaba al aire. un golpe como de hoz que había inventado él mismo. mo- mento que acompañaba con un suspiro y un rugido. que Kala Nag se limitaba luego a arras- trar por la cola. ––Sí ––decía Toomai padre. y nieto de Toomai el de los Elefan- tes. su cornac. Tres de . hijo de Toomai el Negro. con un rápido movimiento de cabeza. que había asistido a su captura––.

y Kala Nag jamás habría soñado en desobedecer las órdenes de su débil voz aguda. la pesada aguijada* para elefantes. como tampoco soñó en matarlo cuando Toomai. Sabía lo que decía. Tenía diez años. hierro que habían pulido. su padre. estirándose para mostrar su altu- ra. y. le había llevado al abrevadero en cuanto unió dos pasos. el pequeño. su abuelo y su bisabuelo. acercó al moreno recién nacido hasta sus defensas y le ordenó saludar a su futuro dueño. me te- me ––luego se aproximó a Kala Nag a gran- . según la costumbre. gracias al uso. ––Sí ––dijo el pequeño Toomai––. reemplazaría a su padre sobre el cuello de Kala Nag cuan- do se hiciera mayor y fuera capaz de manejar el ankus. el padre. había jugado con su trompa antes de apren- der a andar. y verá una cuarta. llevaba por toda ropa un trapo liado al cuerpo. ––También me teme a mí ––dijo Toomai. Era el hijo mayor de Toomai. que sobrepasaría escasamente un metro veinte.nuestras generaciones lo han alimentado y cuidado. Había nacido a la sombra de Kala Nag.

te comprará por tu talla y tus buenas maneras. ––¡Bueno! ––dijo Toomai. de los cornacs. y tan salvaje como un búfalo joven. como lo hacemos ahora. una gran silla dorada sobre el lomo. le insultó llamándole cerdo grasiento. Correr por parajes desolados no es el mejor empleo al servicio del gobierno. Kala Nag. en realidad son nuestros.des zancadas. amigo Kala Nag. Eres todavía un niño. y los hombres nos precederán con bastones de oro gritando: «¡Abrid paso al elefante del rey!». vendrá un rajá rico. Bueno ––continuó––. Kala Nag. el padre––. Me hago viejo y no me gustan los elefantes sal- . una gualdrapa* en los flancos. Será ma- ravilloso. Cuando seas viejo. Yo iré sentado sobre tu cuello. pero no tan agradable como cazar en la jungla. y abrir la marcha en los desfiles reales. y le hizo levantar las patas una tras otra––. tú eres un gran elefante ––movió su cabeza greñuda. su- jetando un ankus de plata. y repitió lo que había escuchado de su padre: Aunque el gobierno pague los elefantes. y entonces sólo tendrás que llevar aros de oro en las orejas.

que se movía impaciente entre las estacas que lo tenían casi inmovilizado. Muy cerca de las cuadras había un bazar y sólo tenía- mos que trabajar tres horas al día. y los descensos casi vertigino- sos hasta el fondo de los valles. El pequeño Toomai recordó la zona de Cawnpore.vajes. Lo que le gustaba al pequeño Toomai era subir por pistas que sólo un elefante se atre- ve a ascender. y las horas interminables en las que no había nada que hacer excepto mirar a Kala Nag. y caminos anchos y largos para hacer ejercicio en vez de ese perpetuo ir y venir de un campamento a otro. las . Prefería con mucho la vida en el campamento. Que me construyan unas cuadras de ladrillo. Los cuarteles de Cawnpore eran muy agradables. la visión fu- gaz de los elefantes salvajes al pastar. unas grandes estacas para amarrarlos bien. el sál- vese quien pueda del jabalí y del pavo real. y detestaba esos caminos anchos y largos. y calló. así como los grandes fardos de forraje que había que recoger en los sitios señalados. asustados por las pisadas de Kala Nag. con un compartimento para cada ele- fante.

cuando los elefantes. de antorchas llameantes que se blan- den ante ellos. las mañanas de niebla. el corral formado por la empalizada. el ruido salvaje y la ba- rahúnda desenfrenada. Allí. se precipitan a la empalizada* como piedras desprendidas al azar por una avalancha. parecía el retrato del fin del mundo. y de cartuchos de pólvora. Entonces. y al descubrir que no pueden salir. Los hombres tenían que comunicarse por señas. llenas de precauciones. cuando nadie sabía dónde montarían el campamento por la noche. la carrera loca.lluvias tibias y cegadoras que hacían humear las montañas y los valles. y Toomai valía por tres. y la última tarde. las batidas in- cansables. descargados sobre sus enormes cuerpos. asustados. la agi- taba y chillaba con los más valientes. se lanzan enloquecidos contra los enormes troncos. hasta un niño podía ser útil. porque era im- posible hacerse oír. es decir. Pero el mejor momento era cuando comenzaban a salir los elefantes. Cogía su tea encendida. y la keddah. de los que se los aleja a fuerza de gritos. el pequeño Toomai ––cubierta la espalda con el cabello .

que parecía a muerte. que bailaba de alegría en lo alto del tronco. el chasquear de las cuerdas y los bufidos de los elefantes atados. mail. y arrojó a un cornac el cabo de una cuerda. Kala Nag lo vio. se oían los agudos gritos de ánimo que le lanzaba a Kala Nag. Cuando el tumulto remitía por un momento. y los cazadores veteranos se secaban el sudor que les caía a los ojos con el tiempo justo para hacer una señal con la cabeza al pequeño Toomai. en el que estaban enzarzados Kala Nag y el elefante salvaje. Pero no se contentaba con bailar. iluminado por las antorchas. se coló en el terreno de los elefantes. Kala Nag! ¡Dant do! ¡Somalo! ¡Maro! ¡Mar! ¡Cuidado con el poste! ¡Arré! ¡Arré! ¡Hai! i Ya¡! ¡Hiaa––ah! –– gritaba. desde donde. Una no- che se deslizó desde su tronco.desteñido por el sol–– trepaba a lo alto de un poste sacudido por las vibraciones. parecía un duende. se desarrollaba por toda la extensión de la gran corraliza. el ruido. dominando el ba- rritar. lo rescató con su trompa y se . mientras el combate. que había recogido. ––¡Mail.

y que sabía. ––¿No te bastan unos establos estupen- dos. sobre sus costumbres. ––Lo peor que puedas imaginarte. los imbéciles de los cazadores. a sus ojos. que cobran me- nos que yo. Al pequeño Toomai le entró miedo.. como si fueras un furtivo? Y para que te vayas enterando. No sa- bía demasiado sobre los blancos. Era el jefe de to- das las operaciones de la keddah: el hombre que capturaba a todos los elefantes para el gobierno de la India. han ido con el cuento a Petersen Sahib.lo entregó a Toomai. el padre. ––¿Qué. más que nadie en este mundo. que le dio un pescozón y lo devolvió a su sitio. construidos con ladrillos. Peter- sen Sahib es un insensato. ¿por qué se iba a dedicar a la caza de esos demonios furiosos? Quizá exija que empieces a cazar . Y si no. o transportar tiendas. qué va a suceder? ––preguntó el pequeño Toomai.. era el blanco más im- portante del mundo entero. que pareces necesitar ir a robar los elefantes de tu propio jefe. pero Peter- sen Sahib. A la mañana siguiente le riñó.

lo has oído bien. Pero sus labores se reducen al combate. hijo. sino. como corresponde a un cornac. y cuida de que no tenga espinas en los pies. para terminar pisoteado hasta morir en la keddah.elefantes. Kala Nag me obedece a mí solamente. yo me siento a gusto. mírale bien las orejas. No como un simple cazador. estoy muy enfadado al comprobar que te inmiscuyes en el trabajo de los Assamais. perdi- do. De lo con- trario. como un cornac. La semana próxima finalizarán las capturas y nosotros seremos enviados a nuestros respectivos hogares. no ayuda a inmovili- zar a los otros. un hombre al que se le da una pensión cuando termina sus servicios. que duermas en cualquier sitio. Así. Por eso en- tro yo con él en la keddah. sentado. Pero. ¿Va a resultar que la familia de Toomai el de los Elefantes sólo sirve para ser pisoteada en el fango de la keddah? ¡Fuera de aquí. y hará de ti un . esa gentuza de la jungla. en junglas infestadas de fiebres. Petersen te prenderá. degenerado! Anda y asea a Kala Nag. Ha sido una suerte que esta historia absurda haya terminado sin incidente alguno. desastrado.

. qui- zá. porque la estación tocaba a su fin. un encargado indígena.. ahora. Me han acusa- do ante Petersen Sahib y quizá. y en hacer inventario de las mantas. Petersen Sahib llegó sobre su montura. y.. mira qué espina aca- bo de arrancarte. Había pagado a los empleados de otros dos campamentos. cuerdas y otros objetos estropeados o perdidos en el bosque. Siguieron a éste unos cuantos días em- pleados en reunir a los elefantes. levantando el borde de la enorme oreja derecha de Kala Nag––. sentado a una mesa . un mero ojeador de elefantes. ¡Puafffl ¡Vete de aquí ahora mismo! El pequeño Toomai se fue sin decir pala- bra. ¿quién sabe? Oye. quizá. situados en las montañas.. una elefanta de gran inteligencia.. ––¿Qué me importa? ––dijo el pequeño Toomai. pero le contó todas sus penas a Kala Nag mientras examinaba sus plantas. un oso de la jun- gla. Pudmini.cazador.. en obligar- los a caminar para que no se comportaran locamente en la bajada hacia los llanos. de esos que siguen sus huellas.

se bur- laban de los cornacs que se iban. y se colocaba en la fila que estaba a punto de em- prender la marcha. estaban montados en los elefantes que formaban parte de los efectivos regulares de Petersen Sahib. que pasaban todo el año en la jungla. descansando el fusil al brazo. Cada hombre. O se apoyaban contra los árboles. Los ojeadores y domado- res. Toomai. seguido del pequeño Toomai. se acercó al contable. Petersen Sahib estaba muy atento a todo lo que pasaba y se decía. el jefe de los ojeadores.colocada bajo un árbol. el padre. y se reían cuando los animales recién capturados rom- pían las filas y echaban a correr. y Machua Appa. Es una pena que a ese gallito de la jungla lo releguen ahora a mudar el plumaje en los llanos. dijo en voz baja a uno de sus amigos: Ahí va uno que está hecho de la pasta de los buenos cazadores. los hombres que tenían un puesto fijo en la keddah. como debe ser cuando se acecha al animal más silencioso . entregaba el salario a los cazadores. una vez con- forme. regresaba junto a su elefante.

a modo de sa- ludo. tocando casi el suelo con la cabeza. porque no era . el elefante salvaje. ––No se trata de un hombre. Se vol vió so- bre el lomo de Pudmini. Entonces Toomai se cu- brió el rostro con las manos. donde estaba echado cuan largo era. Machua Appa señaló con el dedo al peque- ño Toomai. Toomai estaba demasiado asustado para hablar. Petersen Sahib lo miró y Toomai hizo una profunda reverencia. y le lanzó la cuerda a Barmao. sino de un chico. que inten- taba separar de su madre al joven macho que tiene una mancha en la paletilla. ––¿Él? ¿Lanzar una cuerda? ¡Pero si es más pequeño que una estaca! Niño. Toomai le hizo una señal con la mano. ni siquiera después de muerto. Entró en la keddah.que existe. de cara al gran Petersen Sahib. ––¿Qué? No sabía que entre los cornacs de los llanos hubiera alguien capaz de enlazar a un elefante. en la última cace- ría. ¿cómo te llamas? ––le preguntó Petersen Sahib. pero Kala Nag se hallaba detrás de él. el ele- fante lo levantó con la trompa y lo mantuvo a la altura de la frente de Pudmini.

más que un niño. ––¡Oh! ––dijo Petersen Sahib. frunciendo el ceño––. era tan tímido como un muchacho.. muchacho. pero en aquel mo- mento le habría gustado estar a dos metros bajo tierra. Cuando lo oyeron. todos los hombres que estaban sentados por allí cerca rompieron a reír. y acabará en prisión. el padre. ––Permíteme dudarlo ––respondió Peter- sen Sahib––. Toomai estaba suspendido a más de dos metros del suelo. Sahib. protector del pobre.. Un niño capaz de enfrentarse a toda una keddah a su edad. que se seca sobre el tejado de las ca- sas? ––Trigo verde no. cuando tenía su edad. mi hijo ––dijo Too- mai. La mayor parte de ellos. sonriendo bajo su bigote––. había enseñado el mismo truco a los elefantes. aquí tienes cuatro . Mira. ––Sahib. y salvo en lo tocante a los elefantes.. no acaba en la cárcel. pero sí melones ––contestó Toomai. ¿Y cómo le has enseñado a un elefante a hacer eso? ¿Para robar el trigo verde. es Toomai. Este chi- co es una cosa mala.

no quiero que olvides nunca que las keddah no se hacen para jugar.annas para que te compres dulces. Y aún más. pero eso es lo único que se sabe sobre sus danzas. es po- sible que te conviertas en un gran cazador. Sahib? –– preguntó Toomai. En lo más profundo de los bosques hay grandes claros lla mados salas de baile de los elefantes. Toomai. Llegado el momento. lanzando un suspiro. pero excelente. y te dejaré entrar en todas las ked- dah. bajo esa melena. y todavía nadie ha visto bailar a los elefantes. porque lo de «ver bailar a los elefantes» es un dicho cómico muy anti- guo que significa nunca. ––Sin embargo ––prosiguió Petersen Sahib––. ––¿No podré entrar nunca. esos lugares se han descubierto por pu- ra casualidad. frunció el entrecejo más que nunca. Estalló la risa. Cuando un cornac se vanaglo- ria de su habilidad y de su valor. el padre. ––Ven a buscarme cuando hayas visto bai- lar a los elefantes ––Petersen Sahib sonrió de nuevo––. porque tienes un cerebro pequeño. los otros le .

que. salió con su padre. Su madre amamantaba al hermano pequeño de Toomai. en cada vado. Había llamado la atención de Petersen Sahib. Fue un viaje muy movido gracias a los nuevos. aguijoneaba duramente a Kala Nag porque estaba consumido por la rabia. entresacado de las filas para recibir los elogios de su comandante en jefe. y entregó a su madre la moneda de cuatro annas. quien de nuevo saludó hasta rozar el suelo con la frente. y a quienes continuamente había que animar o golpear. éste le había da- do dinero.preguntan: «¿Cuándo has visto tú bailar a los elefantes?». y se imaginaba como un soldado raso. y la columna ondulante de ele- fantes descendió. entre bramidos y gritos agudos. ––¿Qué quería decir Petersen Sahib cuan- do se refirió al baile de los elefantes? –– . Pero el pequeño Toomai se sentía de- masiado feliz para hablar. por el sendero que conduce a los lla- nos. Kala Nag depositó en tierra a Toomai. Todos se acomodaron sobre el lomo de Kala Nag. Toomai. causaban pro- blemas. el padre.

burros de los arrozales? Pon en línea tu ele- fante con el mío. La culpa la . ¡Vamos! ¡Adelan- te! ¿Por qué nos detenemos? Un cornac se volvió furioso. y que de unos cuantos golpes a este joven que llevo. ––Que tú jamás debes convertirte en uno de esos bufalos de montaña que son los ras- treadores. Eso quería decir. y le dejó sin respiración. estos nuevos elefantes están po- seídos por el maligno. el mayor.terminó por preguntar a su madre con un to- no lleno de dulzura. Por todos los dioses de las montañas. dos o tres ele- fantes por delante. para bajar con vosotros. para enseñarle a comportarse como es debido. mientras decía Toomai. Kala Nag golpeó en las costillas a aquel elefante salvaje. ¿Por qué ha tenido que escogerme a mí Pe- tersen Sahib. el padre: ––Con la última captura hemos barrido de estas montañas a los elefantes. gritando: ––Trae aquí a Kala Nag. o bien es que olfatean a sus compañeros que siguen en la selva. Toomai. Toomai. a mí. y que le meta sus colmillos en la piel. le oyó y lanzó un gruñi- do.

salvo un negado que ja- más ha visto la jungla. que ha barrido la montaña de ele- fantes.. . Van a bailar. esta noche. hará muy bien en poner una cadena doble a las patas de los animales esta noche. Pero ¿para qué malgastar mi sabiduría con una tortuga de agua dulce? ––¿Qué van a hacer? ––gritó el joven Toomai. ––¡Pequeño! ¿Estás ahí? Te lo voy a decir porque tienes la cabeza fría. de padres a hijos. y tu padre.tienes tú. sabría que los elefan- tes han intuido que se han acabado las bati- das de esta estación. hombres de la llanu- ra! Todo el mundo. ¿Es que ten- go yo la obligación de mantener el orden en toda la columna? ––Escuchad ––dijo el otro cornac––. ¡Hemos barrido las montañas! ¡Vaya! ¡Vaya! ¡Sabéis mucho vosotros.. y jamás hemos escuchado historias sobre esos bailes. nos ocupamos de los elefantes. ––¿Qué cuento es ése? Hace cuarenta años que. En consecuencia. que no sabes guiarlo. todos los elefantes salvajes.

pero es que un hombre de las llanu- ras que vive en una cabaña. Y así. charlando. des- pués de haber recomendado a los cornacs de las llanuras que redoblasen su atención esa noche. Bien. ¡Bapree-Bap! Pero ¿cuántos meandros hace este endiablado Di-hang? He aquí otro vado. Alto. destraba a tus elefantes esta noche. los cornacs de montaña se vol- vieron adonde estaba Petersen Sahib. y les pu- sieron el forraje a su alcance. que habían perdido la paciencia mucho antes de llegar. que los elefantillos deberán cruzar a nado. y verás lo que pasa. y se echaran a reír cuando les pregun- taron por qué. En cuanto a su danza. A las doce del día siguiente. he visto el sitio en el que. con unas cuerdas suplementarias). atrás.. no conoce más que sus cuatro muros. discutiendo y chapotean- do en los ríos que tenían que vadear. Allí los en- cadenaron a todos por las patas traseras a unos postes gruesos y cortos (a los nuevos. . ––Sí. cubrie- ron la primera etapa. vosotros.. que desembocaba en una especie de campamento de acogida para los elefantes nuevos.

re- corrió el campamento. Los elefantes nuevos tiraban de las cuer- das. ni a armar alboroto. Pero el co- merciante que vendía dulces en el campa- mento le prestó un tamtan ––esos tamborci- llos que se golpean con la palma de la mano– –. habría estallado. Se sienta y se re- gala algo parecido a una fiesta para él solo. él solo. Cuando un niño indio tiene el co- razón henchido. Todo era si- lencio a su alrededor. sentado en uno de los montones de fo- rraje destinados a los elefantes. y empezó a tocar sin des- canso. no se pone a correr como un loco. y tocar le hacía feliz. El joven Toomai se encargó de dar de co- mer a Kala Nag y. Con una felicidad que no le cabía en el cuerpo se fue en busca de un tamtan. lanzaban de cuando en cuando fuertes . a la caída de la tarde. cuando las estrellas salieron a saludar brilantes a la noche. con el tamtan sobre las rodillas. se sentó con las piernas cruzadas delante de Kala Nag. más tocaba. Y cuanto más pensaba en el gran honor que se le había hecho. ¡Al pequeño Toomai le había dirigido la pala- bra Petersen Sahib! Si no hubiera encontrado lo que buscaba.

sobre el gran dios Si- va. Siva. . dio a cada uno su parte. en la barraca central del campamento. Es una can- ción de cuna relajante. ¡Mahadeo! ¡Mahadeo! Lo hizo todo. trabajo y destino. y para ti. para los bueyes la hierba. mi pecho de madre tier- na. sembrador de cosechas y dueño de los vientos. muy antigua. Todo nos lo ha dado el más alto dios. que parecían más bien lamentos. desde el rey omnipotente hasta el más po- bre mendigo. y escuchó que su madre. comida. mi niño. que en otro tiempo prescribió a los ani- males lo que tienen que comer.barritos. intentaba dormir a su her- mano pequeño entonando una canción muy antigua. hará mucho tiempo. la joroba. sentado al iniciarse un nuevo día. y he aquí su primera estrofa: Siva. Al camello.

juntos. dejando a Kala Nag. atentas al viento nocturno que soplaba dul- cemente desde las montañas. el fru-fru que produce el correr de algo entre los matorrales.. se acostó sobre la hierba junto a Kala Nag. el arañar y el grito ronco de un pájaro medio dormido ––los pá- jaros velan durante la noche más a menudo de lo que nos imaginamos––. con sus orejas alerta. Finalmente. una caída de agua prodigiosamente lejana. creaban un gran silencio: el entrechocar de las cañas de bambú. de pie.. como si el espesor . los ele- fantes se acostaron. hasta que. que. El pequeño Toomai durmió un rato. haciendo crujir la hierba. El aire mecía los sonidos de la noche. la luz de luna resplandecía y Kala Nag se- guía de pie. Entonces oyó algo. según su costumbre. el último de su fila por la derecha. Toomai la acompañaba con un alegre tonc- tonc al final de cada verso. El mucha- cho se dio la vuelta. uno tras otro. sin po- der aguantar el sueño. que le ocultaba la mitad de las es- trellas. y cuando se desper- tó. y contempló la enorme curva del espinazo del elefante. balanceándose con suavidad con las orejas hacia delante.

Todos los elefantes. hundieron las pi- quetas con la ayuda de grandes martillos. se le- vantaron de un salto. con la cabeza ligeramente levantada y las orejas desplegadas como gi- gantes abanicos hacia las enormes ondula- ciones de los montes Gato. a un lugar ilumi- nado por la Luna.del silencio fuera atravesado por un alfiler. Se quedó inmóvil. Uno de los elefantes nuevos casi había arrancado su poste. mirando a lo lejos. el padre. Toomai. Su padre y su abuelo habían hecho lo mismo cientos de ve- ces antes que el. . bien alineados. liberó a Kala Nag. Sus barritos acabaron por despertar a los cornacs. contentándose con deslizar una simple cuerda de fibra alrededor de la pata de su elefante y recordándole des- pués que continuaba atado. tendieron aquí una cuerda y anudaron allá otra. Era como el sonido de un cuerno de caza. Todo recobró la tranquilidad. Kala Nag no respondió la orden con su gargarismo habitual. como alcanzados por un tiro. para trabar a otro animal. que salieron. pe- ro emitido por un elefante salvaje.

lo depositó sobre su lomo. Y Kala Nag se separó len- ta. su hijo. se internó en el bos- que. dio tres pasos hacia atrás para encontrar- se con el niño. el padre. en las filas de los elefantes. a la luz de la Luna. un barritar furioso. y sin apenas darle tiempo de aferrarse a sus cos- tados con las rodillas. Después volvió al cobertizo y se durmió. a Toomai. bajó su trompa. Luego. silenciosamente de su poste. lo levantó rá- pidamente. llamándole en voz baja: ––¡Kala Nag! ¡Kala Nag! ¡Llévame. cuando oyó que la cuerda de coco se rompía con un ruido seco. El pequeño Toomai también iba a dormirse. un haz de hierba alta le barría los flan- . el silen- cio se cerró y Kala Nag se puso en marcha. A veces. Kala Nag! El elefante se volvió sin hacer ruido algu- no. El pequeño Toomai se puso a correr detrás de él. Se produjo entonces. como se desliza una nube hacia la desembocadura de un valle. ––Ocúpate de el si se agita durante la no- che ––dijo Toomai.

Kala Nag llegó a la cima de una ladera y se paró un momento.cos como una ola azota los costados de un barco. Subía. entre los árboles. Se inclinó hacia delante y miró. muy lejos. y la bruma de un blanco azulado sobre el río. otras notaba que una rama colgante de pimienta silvestre le arañaba el lomo. una enorme piel extendida a lo largo de kilómetros y ki- lómetros a la claridad de la Luna. pasó rozándole una oreja. que se veían entre los claros. Y en la oscuridad. avanzando por el espeso bosque de Gato como a través de una humareda. pero aunque el pequeño Toomai se había fijado en las estrellas. que resonaron en la es- pesura. Después. de los que comen fruta. no podía adivinar en qué dirección iban. Toomai distin- guía las puntas de los árboles. Pero se desplazaba sigilosamente. Y se dio cuenta de que el bosque se había des- pertado y bullía de vida y ruidos. o bien una caña de bambú se rompía por donde él había metido antes sus hombros. Un gran murciélago marrón. Un puerco espín entrechocó sus púas. al fondo. escuchó cómo un jabalí hocicaba y resoplaba .

Enton- ces. Kala Nag partió lentamente. que apartaba con sus hombros. En ese mo- mento le habría gustado mucho encontrarse en el campamento. a derecha e izquierda. Sus enormes miembros se movían con la regularidad de los pistones de un mo- tor. ya no con un paso tranqui- lo. con un ruido de tela ras- gada. Luego descendió al valle. se ende- rezaban de golpe y le azotaban los costados. sino como un cañón loco sobre un talud abrupto.con tremenda impaciencia entre la tierra húmeda y caliente. . y la piel de su espalda crujía al for- mar enormes arrugas en las articulaciones. Los árboles jóvenes. Como lanzaba la cabeza a un lado y a otro para abrirse paso. larguísimas guirnaldas de lianas se enredaban en sus defensas. La maleza se abría violentamente ante el avance del elefante. en su balanceo. Después las ramas se cerraron por encima de el. el pequeño Toomai se aplastó sobre la enorme nuca. cubriendo más de dos metros de una sola zancada. por miedo de que una rama. lo arrojara al suelo.

al afirmarse en el sue- lo. La hierba se hacía esponjosa por el agua. Por encima del rumor del agua. Los pies de Kala Nag. y una corriente de agua. y luego de ventosa. primero de chapoteo. hacían un ruido. ni tenía que abrirse camino. casi entumecía de frío al pe- queño Toomai. Se notó un chapuzón y un pi- soteo. a su alrededor. en el fondo del valle. parecía llena de som- bras ondulantes y sinuosas. La bruma noc turna. Toomai escuchó más chapuzones y barritos. casta- ñeteando los dientes––. Ya estaba hecho. Kala Nag en- tró en el río a grandes zancadas. que le llegaban de los dos extremos del río. En una extensión bastante grande. justo delante de . que hacía remolinos en las patas del elefante. Kala Nag salió del agua haciendo mucho ruido. vació la trompa y continuó la ascen- sión. El pueblo elefante está en vela esta noche. La ne- blina. tanteando con mucho cuidado el camino que tenía que seguir. ––¡Ah! ––se le escapó a media voz. Pero ahora ya no estaba solo. Seguro que habrá baile.

Kala Nag se paró entre dos tron- cos en lo más alto de la montaña. como constató el pequeño Toomai. en medio de barri- tos y ruidos de ramas rotas.él. la hierba de la jungla. Formaban parte de un círculo de árboles que delimitaba un espacio irregular de alre dedor de dos hec- táreas. Algunos árboles habían crecido en el centro del claro. Algunas lianas se descolgaban desde las ramas más altas. pero su corteza había desaparecido. El pequeño Toomai se volvió: detrás de él un enorme adulto salvaje. de tan apisonado. y semejantes a . y sus flores blancas. salía de las aguas del río cubiertas por la niebla. enceradas. y la madera blanca de debajo aparecía com- pletamente pulida y brillante bajo las man- chas de la luz de la luna. con unos ojos de cerdo que brillaban como carbones encendidos. Al final. tumbada. en toda aquella explanada. parecía intentar recobrar su fuerza y levantarse de nuevo. Muchos elefantes debían haber pasa- do por allí hacía escasos minutos. y. estaba tan duro como un ladrillo. Des- pués los árboles se cerraron a su alrededor y continuaron la ascensión. el suelo.

Contó y recontó con los dedos. pero acabó por perder la cuenta de las decenas. que aplastaban la maleza. ramas y hojas entre los plie- gues de la piel del cuello y en las orejas. con los ojos saliéndosele de las órbitas. El pequeño Toomai no sabía contar más que hasta diez. solemnes en su ca- . emergiendo de entre los troncos de los árboles. El pequeño Toomai miraba. La luz de la luna daba a todo un tono gris acerado. contenien- do el aliento. Pero en cuanto llegaban al interior del círculo se movían co- mo fantasmas. Y mientras miraba. sólo tierra apisonada. cuyas sombras eran oscuras como tinta. ca- da vez más numerosos. los elefantes. Había gruesas hembras. salvo a los sitios donde había ele- fantes. Desde el otro lado le llegaba el ruido de los elefantes. descendían como embebidas en un profundo sueño. Había machos salvajes con blancas defen- sas. subien- do con dificultad la pendiente. avanzaban con paso rítmico hacia el claro.clemátides. con frutos. Pero en el claro no había la más mínima brizna de hierba. y se hizo un lío.

con unas cicatrices que cubrían sus paletillas y costados. que corrían bajo sus vientres. no le pasa- . acompañadas por elefantillos. rastro de viejas peleas. tenía en el costado la señal de un gran golpe: el hueco terrible que dejan. También había viejas damas descarnadas. Viejos machos orgullosos y fieros. las garras de un tigre. de los que se sentían muy or- gullosos. Y jóvenes cu- yos colmillos. con una defen- sa rota. cabeza con cabeza. unas crías vocingleras con la piel de un negro ro- sado y una altura de algo más de un metro. recuerdo de los solitarios baños de barro. como de corcho. o haciendo extraños y suaves movi- mientos o meciéndose en soledad. Toomai sabía que mientras se quedara in- móvil sobre el lomo de Kala Nag. o paseando arriba y abajo por el campo en pa- rejas. con caras angulosas e inquietas trompas rugosas. y había docenas. y les caían de las espaldas grandes plastones de lodo. Allí estaban de pie.minar. con ronchas de heridas mal cura- das. al retirarse. Uno de ellos. que afeaban sus cuerpos. empezaban a apuntar.

y subía la cuesta gruñendo y reso- plando. con las orejas dirigidas hacia delante. jamás un elefante salvaje levanta la trompa para descabalgar a un hombre del cuello de un elefante domesti- cado. producidas por las cuerdas. . Kala Nag abandonó el lugar en el que se encontraba. para mezclarse con la multitud. entre cloqueos y ásperos susurros guturales. El pe- queño Toomai vio a otro elefante. Él también parecía haberse escapado de alguno de los campamentos de los alrededores. al oír unos ruidos metálicos en el bosque. Y esos elefantes pensaban entonces en cualquier cosa. Porque ni siquiera en la barahúnda tremenda de una keddah. Fi- nalmente no se escuchó a elefante alguno avanzar por el bosque. Pero se trata- ba de Pudmini. menos en los hombres. cuyo lomo y pecho tenían profundas desolladuras. que había partido limpiamente la cadena. A continuación. Debía de haber roto los postes y lle- gado directamente de su campamento. la elefanta favorita de Peter- sen Sahib.ría nada. con su paso ondulante. al que no conocía. Entonces. entre los árboles. Du- rante un momento se pusieron tensos.

de orejas que se batían nerviosas. produciendo un silbido seco. y de ojillos inquietos. Luego. de trompas en movimiento. Cerró los dientes y sintió un escalo- frío. el pequeño Toomai descubrió. . de apretarse los unos contra los otros. el roce de los costa- dos y de los hombros enormes de aquella multitud.todos los elefantes empezaron a moverse y a charlar en su lengua. de emitir aquellos ruidos gu- turales. al bajar la mirada. al menos. las luces de las antorchas. el susurro de sus trompas al entrelazarse. Siempre recostado. Pero los elefantes no dejaron por eso de empujarse. y los gritos. Kala Nag estaba totalmente rodeado y Toomai no tenía posibilidad alguna de salir de aquella reunión descolgándose del cuello del elefante. mientras las colas golpeaban y cor- taban el aire. con el mismo ritmo tranquilo y regu- lar. Escuchó el ruido del en- trechocar de los colmillos. una trompa le había tocado la rodilla. además. una nube cubrió la luna y se hizo no- che cerrada. docenas y do- cenas de lomos enormes. En una keddah tenía. Pero aquí esta- ba solo en medio de las tinieblas y.

uno. Los golpes sordos se convertían en un rumor de vegetación llena de savia. Toomai se tapó los oídos. Al cabo de un par de minutos. suave al principio. los elefan- tes golpeaban el suelo todos a la vez. el estruen- . que el pequeño Toomai no pudo reconocer. uno. pero entonces una trepidación única y gigan- tesca le atravesó de parte a parte. dos. y el ruido continuó. en forma de gruesas gotas de lluvia. pisotea- da. y aque- llo sonaba como un conjunto de tambores guerreros a la entrada de una caverna. La tierra parecía retemblar hasta sus entrañas. y se elevó un ruido sordo. Ahora. con la regula- ridad de un martillo pilón. luego la otra. Un elefante lanzó un barrito que todos los demás secundaron durante cinco o diez se- gundos terribles. Pero el ruido cre- ció. y Kala Nag levantó una de sus patas de- lanteras. Una o dos veces notó que Kala Nag y los demás se adelantaban unos cuantos pa- sos. Era el martilleo de centenares de pies sobre la tierra desnuda. El ro- cío cayó de los árboles hasta la última gota. dos. El rocío caía desde los árbo- les sobre los lomos invisibles. y después las afirmó en el suelo.

Sólo una vez uno o dos elefantillos lanzaron un vagido. con unos ojos desorbitados. salvo a Kala Nag. y el pequeño Toomai todavía no había cambiado de posición. cuando ya no se veía a elefante alguno. El pequeño Toomai siguió mirando fija- mente. Pudmini y al que llevaba las señales de las cuerdas. Un árbol pareció rajarse o lamentarse cerca del niño. Duró dos horas enteras. El claro . Entonces escuchó un ruido sordo. Ninguna marca. Nació el día. como si la luz hubiera sido una or- den. ni roce. siempre golpeando con las patas. Ya no sabía en qué claro del bosque se encontraba. pero Kala Nag avanzó. un manto rojo pálido detrás de las montañas. indicaba dónde estaban los demás. un frotar de pies y el clamor continuó.do se reanudaba. Extendió los bra- zos y tocó la corteza. y el ruido cesó con el pri- mer rayo. Ya no le llegaba ningún sonido. y al pequeño Toomai le dolía todo el cuerpo. El estruendo seguía aún reso nando en su cabeza. ni murmullo sobre las pendientes. Pero por el olor del aire sabía que la aurora estaba cerca.

El tercer elefante miró cómo se iban los otros dos. lanzó un resoplido. Ahora comprendía el porqué del golpeteo con los pies. El pequeño Toomai miró una vez más. me caeré de tu cuello. sesenta o cien millas de allí. ésta en pequeños fragmentos. Quizá for- mara parte de la casa de algún reyezuelo in- dígena. había desaparecido. mientras Petersen Sahib desayunaba. pero. a los lados. . ––¡Auch! ––exclamó el pequeño Toomai. y éstas en tierra compacta.del bosque se había agrandado. dio media vuel- ta y se fue por su propio camino. y hasta la hierba. Los árboles eran más numerosos en el centro. los elefantes. Dos horas más tarde. Si no. a cincuenta. sigamos a Pudmini y va- yamos al campamento de Petersen Sahib. cuyas cade- nas habían sido duplicadas aquella noche. cuando sintió que se le cerraban los ojos––. toda la maleza. Los elefantes habían ensanchado el espacio pateado. Habían con- vertido los juncos y las cañas de yute en una masa. Mi señor Kala Nag. estos fragmentos en fibras menudas.

Pero como parece que los niños indígenas no tienen nervios. pero intentó saludar a Petersen Sahib y exclamó con una voz desfallecida: ––El baile. contó su aventura en términos concisos. en la hamaca de Petersen Sahib. como lo haría un niño. y concluyó diciendo: . medio arrastrándo- se.! ¡Me muero! Cuando Kala Nag se echó. en el campamento. con las patas doloridas.. le miraban como si fuera un aparecido. y Kala Nag. sentados en tres filas de- lante de él. con el traje de caza del mismo capataz como almohada...empezaron a barritar. El pequeño Toomai apareció con una cara de color gris y el cabe- llo lleno de hojas y empapado de rocío. entraron. desmayado. Mientras los ve- teranos e hirsutos cazadores de la jungla. con barba de muchos días. Pudmini. y con un vaso de leche con brandy y un poco de quinina* en el estómago. al cabo de dos horas se despertó muy contento. resbaló desde su cuello. embarrada hasta lo alto del lomo. ¡El baile de los elefantes! ¡Lo he visto..

pateando el terreno. si una sola de mis palabras es mentira. El pequeño Toomai se acostó y durmió to- da la tarde. hasta el momento. han agran dado su salón de baile. Verán las huellas que conducen has- ta allí por decenas y decenas. Ma- chua Appa no tuvo que mirar dos veces el claro del bosque para comprender lo que había ocurrido allí la noche anterior. laminada por los elefantes. pero. . Petersen Sahib había pasado dieciocho años de su vida como caza- dor. ––Y ahora. Ade- más. que me muera aquí mismo. y sólo necesitó arañar con un dedo del pie la tierra apisonada. Lo he visto todo. Enviad unos hombres allí. Y mientras él dormía. hasta casi el comienzo del cre- púsculo. no había des- cubierto un salón de baile de elefantes. hasta una distan- cia de quince millas. Petersen Sahib y Machua Appa siguieron la huella de los dos elefantes en las montañas. Han aumenta- do su espacio con los pies. Verán que los elefantes. Kala Nag me ha llevado y lo he visto. a Kala Nag casi no le sostienen las pier- nas.

y ración doble de harina. Todo esto es de la noche pasada y he descu- bierto hasta setenta pistas que franqueaban el río. . se había hecho la hora de la cena.. pero. Petersen Sahib ce- nó solo en su tienda. Mira.. Por todos los dioses de las montañas. ––¡Ese chico dice la verdad! ––exclamó––. No sé qué pensar. Cuando volvieron al campamento. si la memoria no me falla. también ella ha venido has- ta aquí. Sahib. y luego miraron el suelo y el cielo con ojos asombrados. Sí. jamás un niño ha visto lo que éste. negros o blancos. durante cuarenta años he segui- do a los elefantes. es. porque las cos- tumbres de los elefantes sobrepasan lo que el espíritu de los hombres. dónde los hierros de las trabas de Pudmini han arrancado la corteza de este árbol. pueden penetrar. porque estaba seguro de que se celebra- ría una fiesta. de arroz y de sal. ––Señor. Pero mandó distribuir entre sus hombres dos corderos y algunas aves. Se miraron.

había llegado rápida- mente desde el campamento de los llanos. Machua Appa. Pero ahora que ya los había encontrado. un iniciado. con derecho de ciu- dadanía en todas las junglas. para asegurar a todos que era un hombre de los bosques. en busca de su hijo y de su elefante. atados a sus postes correspondientes. Hubo fiesta alre- dedor del fuego. se lo pasaron de uno a otro y le hicieron una señal en la frente con la sangre de un gallo salvaje muerto recientemente. y los que conocían todos los se- cretos del arte de domar a los elefantes más peligrosos. Toomai. los miraba como si los dos le atemorizasen. Los caza- dores de elefantes. grandes. cuando las llamas se extinguieron. y la luz roja de las ascuas teñía también de sangre a los elefan- tes. El pequeño Toomai fue el héroe de aquella celebración. que lanzaba al aire sus ale- gres llamas ante los elefantes. los rastreadores. el padre. Machua Appa. tan grande que no se le cono- . álter ego de Petersen Sahib. que en cuarenta años no había visto un camino empedrado. jefe de todas las keddah. con la piel tos- tada por el sol. los cornacs y los laceros. Al fin.

dio un salto.cía más que por Machua Appa. co- mo su antepasado. hermanos! ¡Escuchad tam- bién vosotros. los que estáis en esas filas. Se con- vertirá en un gran rastreador de huellas. gritó: ––¡Escuchad. ¡Se- rá más grande que yo. he aquí al pequeño que os ha visto bailar. porque es Machua Appa el que habla! En ade- lante este pequeño no se llamará el pequeño Toomai. Machua Appa! ¡Segui- rá la pista todavía fresca. Le acompañan el favor del pueblo de los ele- fantes y de los dioses de la jungla. él lo ha visto durante toda una noche. en vuestros lugares secretos. la pista antigua y la que hay entre las dos. y si resbala delante de un macho a punto de atacar. sino Toomai el de los Elefantes. Lo que ningún hombre ha visto. con una vista absolu- tamente segura! Jamás sufrirá daño alguno en ninguna keddah cuando se deslice bajo el vientre de los adultos salvajes para atarles las patas. ese macho le reconocerá y no le atacará. y alzando al pequeño Toomai por encima de su cabeza. ¡Ahiai! ¡Señores que estáis aherrojados ––pasó corriendo ante los pos- tes––. espectá- .

Kala Nag. aha! ¡Hira Guj. todos los elefantes de la fila elevaron sus trompas hasta la frente. y rompieron en un saludo. perla de mis elefantes! ¡Aha! ¡To- dos a coro! ¡A Toomai el de los Elefantes. Ba- rrao! A ese grito salvaje. él solo. Kuttar Guj. ¡Pero esa vez era en honor de Toomai. tú que le has visto durante la danza. hijos míos! ¡Gunga Pershad. que había visto lo que no había conseguido ver hombre alguno. Bírchi Guj. por la noche.culo que jamás ha contemplado hombre al- guno! ¡Señores. rendidle honores! ¡Saludad a Toomai el de los Elefantes! ¡Salaam karo. aha! ¡Pudmini. que sólo el virrey de las Indias puede escuchar. el Salaam de la ked- dah. el sonido ensordece- dor de sus barritos. y tú también. el baile de los elefantes. en los montes Garo! SIVA Y EL SALTAMONTES (CANCIÓN DE CUNA DE LA MADRE DE TODMAI) .

huesos y trapos al lobo. . comida. y al pobre. para los bueyes la hierba. Todo nos lo ha dado el más alto dios. mi pecho de madre tier- na. de puerta en puerta mendigo. Al camello. desde el rey omnipotente hasta el mas po- bre mendigo. su pobre mijo. trabajo y destino. Al tigre buenos rebaños. nada tan feo y tan malo. dio a cada uno su parte. sembrador de cosechas y dueño de los vientos. Nada muy noble a sus ojos. sucia carroña al buitre. Al rico le dio su trigo. hará mucho tiempo. Siva. Siva. la joroba. sentado al iniciarse un nuevo día. y para ti. noches de luna rondando. migajas al hombre santo. mi niño. ¡Mahadeo! ¡Mahadeo! Lo hizo todo.

Cuando se acabó el reparto. . Parbati los vio venir y marchar. el providente. Parbati. Rió Siva y contestó: di a cada uno su par- te. ¡Mahadeo! ¡Mahadeo! Mira despacio. y le hizo en su pe- cho alcoba. con que quisiste engañarme. Lo sacó de su pecho. enorme el buey en el prado. Robó un saltamontes. Logró engañar así a Siva. ella le dijo riendo: «Señor. una engaña- da ladrona. hacerle objeto de mofa. ¿Qué sientes? Gigantesco es el camello. también a eso pequeño. estando siempre a su lado. oh mi hijo bien amado. pensó a su marido engañar. Pero este animal es pequeño. alimentaste a millares. y tu olvido entiendo».

Siva lo ha dado todo.. mi niño. para los bueyes la hierba. Lo vio. se desmayó temblorosa. el providente. que de nadie se olvidó. y vio que el pequeño insecto se fue dere- cho a una hoja. o bien por regla de tres.. Pero el estilo de Tweedle-dum no es el de Tweedle-dee. Dale al problema mil vueltas. . al camello. Los servidores de Su Majestad Resolvedlo por fracciones. y para ti. hasta morir de cansancio. mi pecho de madre tier- na. haciendo oración a Siva. a todos dio su co- mida. la joroba. El estilo Laridon no es estilo Larida. ¡Mahadeo! ¡Mahadeo! como un regalo.

Podéis imaginaros lo encantados que estaban quie- nes intentaban dormir. Mi tienda estaba lejos del lugar reservado a los camellos y yo la cre- . El emir iba acompañado por una guardia de corps de ochocientos hombres con sus caballos. en medio del barro y de la oscuridad. HABÍA LLOVIDO TORRENCIALMENTE DURANTE un mes entero. casi amontonados todos en un lugar llamado Rawalpindi. un rey. que jamás habían visto un cam- pamento. bue- yes y mulos. pero un rey salvaje de un país más sal- vaje todavía. El virrey recibía la visita del emir de Afganistán. y de miles de camellos y elefantes. y trope- zaban con las cuerdas de las tiendas. Todas las noches. sin fallar una sola. una manada de estos animales soltaba sus trabas y se precipitaba dando saltos por todo el campamento. para que los pasa- ra en revista el virrey de la India. nacidos en algún rincón del Asia central. corrían por todas partes. O bien los camellos rompían sus ataduras. ni locomotoras: hombres salvajes y caballos salvajes. Llovía sobre un campamento de treinta mil hombres. caballos.

donde se guardaban los cañones durante la noche. y có- mo se ponía a bailar cual fantasma loco. roto limpiamente su mástil. brami- dos. salió por el otro. y aunque me sentía furioso porque me estaba calando. como si se tratara de una olla burbujeante. Luego oí gruñidos. un hombre asomó de repente la cabeza y gritó: ––¡Salid inmediatamente! ¡Que vienen! ¡Mi tienda está ya por tierra! Yo sabía muy bien a quién se refería. Acabé por tropezar con la cureña* de un cañón y me di cuenta de que estaba en el acantonamiento de la artillería. porque ignoraba cuántos camellos se habían escapado. y me vi enseguida lejos del cam- pamento. Me puse las botas y el impermeable. me precipité fuera de la tienda. Luego eché a correr. mi fox––terrier. no pude evitar la risa. Pero una noche. sonidos guturales. y vi cómo desaparecía mi tienda. y salí corriendo por uno de los lados. avanzando penosamente por el ba- rro. La pequeña Vixen. Un camello se había empotrado en ella.ía libre de todo problema. No quise continuar andando sin ton ni son en .

al hundirse. y prestan grandes servi- cios en terrenos rocosos.medio de la oscuridad y bajo la lluvia. Me disponía a dormir cuando oí el sonido inconfundible de un arnés*. cadenas y otros objetos que llevaba sobre el lomo. hacían en el barro un ruido de ventosa–– que balanceaba . y me eché cuan largo era en la cureña de otro ca- ñón. me hice una especie de vivac im- provisado con la ayuda de dos o tres ataca- dores que había encontrado por allí. puse mi impermeable sobre la boca de uno de los cañones. Me lo certificaba el ruido de correas. preguntándome dónde estaba yo y qué le habría ocurrido a Vixen. algo parecido a un gruñido de disgusto. Estaba asignado a una batería de cañones desmontables. Detrás del mulo llegaba un camello –– cuyas patas blancas. anillos. formadas por dos cuerpos que se unen cuando hay que servirse de ellas. Los cañones desmon- tables son piezas muy bonitas. y un mulo pasó de- lante de mí sacudiéndoselas orejas mojadas. Se transportan a la monta- ña hasta el último rincón adonde sea capaz de llegar un mulo.

¿tú y tus amigos los que habéis sembrado el desorden en el campamento? Muy bien. noté que el mulo retrocedía. Eso te va a costar unos buenos golpes mañana por la mañana. porque le decía al mulo: ––¿Qué voy a hacer? ¿Adónde ir? Acabo de pelear con una cosa blanca que se agitaba. y me gustó saberlo––. Debía de tratarse del mismo que se había estrellado contra mi tienda. no el de los salvajes. ––¡Ah!. Me voy lo mas lejos posible. partido. Felizmente. Pero yo te voy a adelantar unos cuantos.el cuello hacia adelante y hacia atrás. para poder enterar- me así de lo que contaban. ¿eres tú? ––respondió el mulo––. Por el ruido de su arnés. como una gallina perdida. yo conocía bastante bien el lenguaje de los animales. Me lo habían enseñado los indígenas. sino el de los acostumbra- dos a vivir en campamentos. Estampó en el costado del camello . y ha cogido un palo y me ha golpeado en el cuello ––se trataba del mástil de mi tienda.

De nuevo esos despreciables camellos han armado lío en nuestra zona. y el otro es uno de vuestros amigos. ¿Cómo puede un caballo estar en plena forma si no le dejan dormir? ¿Quién está ahí? ––Soy un mulo que se dedica a transportar cureñas. como en los desfiles. que galopaba muy tranquilo. ¿Y tú quién eres? . y me han asignado la del número 2. en escuadra. Se oyó en la oscuridad el rítmico golpear de los cascos de un gran caballo. gritando: «¡Al ladrón! ¡A las armas!». que resonaron como so- bre un tambor. Saltó por en- cima de la cureña de un cañón y se acercó al mulo. ––Es una vergüenza ––dijo con unos reso- plidos con los que descargaba toda su furia–– . Agáchate y no muevas tu estú- pido cuello. ––La próxima vez no te arrojes sobre una batería por la noche.una lluvia de coces. y se sentó lanzando un suspiro. Y es la tercera vez en una semana. El camello se dobló como lo hacen ellos. primera batería desmontable ––respondió el mulo––.

Es una noche tan oscura que no se ve absolutamente nada. hemos tenido pesadillas esta noche y nos ha entrado miedo. ––Señores ––dijo humildemente el came- llo––. Por fa- vor. prestando la mayor .° regimiento de la infantería indígena. señores. El caballo de Dick Cunliffe.° escuadrón. ––Entonces. en vez de co- rrer por todo el campamento? ––preguntó el mulo. por las barbas de Satanás. Yo no soy más que un camello de carga del 39. y no tengo vuestro valor. o te romperás esas largas patas con los cañones – –puso las orejas tiesas. 5. ¿por qué no te has quedado para llevar el ba- gaje de la infantería indígena. Os pido perdón. ––El número 15. ––Eran unas pesadillas espantosas –– respondió el camello––. He salido de mi campamento para bus- car un poco de paz y calma aquí. 9. ¡Es- cuchad! ¿Qué es eso? ¿Hay que echar a co- rrer de nuevo? ––Siéntate ––le ordenó el mulo––. ––Perdóname ––dijo el mulo––.° de lanceros. hazme un poco de sitio.

Venia detrás de ellos un mulo de los de batería. Se necesita moles- tar de veras a un buey de batería para que se ponga de pie. jovenzuelo. los bueyes empleados en la batería. Vamos. Me llama. Los bueyes de batería se pusieron costado contra costado y empezaron a rumiar. Llegó una pareja de esos bueyes blancos que acercan los cañones a los sitios a los que no se atreven a llegar los ele- fantes. ¿por qué gritas de esa manera? La oscuridad jamás ha hecho mal a nadie.atención––. casi pisando la cadena. ¡Por todos los de- monios! Tú y tus amigos habéis despertado al campamento al completo. Iban lentos. . Pero el mulo novato se precipitó hacia Billy. al notar cerca el fuego del enemigo. que llamó a gritos como loco: ––¡Billy! ––Uno de nuestros reclutas ––le presentó el mulo veterano al caballo de las fuerzas de caballería––. empujándose con los hombros. apoyándose. Me pareció oír una cadena que se arras- traba por el suelo. Los bueyes ––dijo––.

y si hubiera visto a un camello. me levan- té sobre las patas delanteras. Billy. No sabía prácti- . ¡Que un mulo enorme como tú. todavía seguiría corriendo. cosas espantosas y horribles. con to- das sus cadenas. La primera vez que vi a un hombre (fue en Australia y tenía yo entonces tres años). Llegaron hasta nues- tras filas mientras dormíamos. Deja de temblar. jovencito. empecé a dar coces y tiré todo por tierra. Casi todos los caballos de nuestra fuerza de caballería. formado co- mo estás. ¿Crees que nos matarán? ––Tengo ganas de propinarte unas coces que me dejen a gusto ––le respondió Billy––. son importa- dos de Australia. ––¡Qué cosas! ––exclamó––. deshonre a la batería delante de este señor! ––Tranquilo. sobre la espalda. en la India. Recuerda que son todos igual al princi- pio. La primera vez que me pusieron el arnés completo. ––Es cierto lo que dices ––cedió Billy––. tranquilo ––suplicó el caba- llo––. eché a correr y no paré en medio día. y los doman los mismos ji- netes.

pero los de la batería dijeron que jamás habían visto algo parecido.. los que estáis tumbados? Los bueyes dieron la vuelta al bolo alimen- ticio en la boca. 1. Entonces huí con. ¿Quiénes sois voso- tros. burbu jeando. nos levan- . Estábamos durmiendo cuando llegaron los camellos. pero con mucha tranquilidad.camente nada sobre el arte de cocear. ––¡Hummm! ––rezongó Billy––. tiene que estar seriamen- te tocado de la cabeza. y caían por todo el campamento. ––Pero no era un arnés. en cuanto vi que los camellos se habían escapado. me fui por propia iniciativa.a pieza de artillería de grueso calibre. Sabes. que eso me trae ya sin cuidado.. Billy. estos señores. vosotros.a pareja. de cañón desmontable llame se- ñores a los bueyes.. Para que un mulo de batería. o. Billy. Cuando nos dimos cuenta de que no respetaban nada y a nadie y estaban a punto de pisotearnos. más bien. ni cosa que haga ruido. y respondieron a la vez: ––7. Eran cosas como árboles. Se me rompió la cabezada y no pude encontrar a mi encargado..

El mulo joven apretó los dientes. ––Fíjate lo que pasa cuando se tiene mie- do ––dijo Billy––. no te enfades. Esa sí que es la peor de las cobardías ––trató de apaciguar los ánimos el caballo––. porque un recluta empezó a contarnos histo- . Nosotros nos hemos esca- pado en muchas ocasiones. pero es tan sabio que le ha pare- cido mejor seguir su propia opinión. pequeño. ¡Qué le vamos a hacer! Y siguieron rumiando. y una vez nada menos que cuatrocientos de entre nosotros. Le hemos dicho a vues- tro amigo aquí presente que no tenía nada que temer. que mal sobre una buena cama de paja.tamos y nos fuimos. Es mejor descansar tranquilos en el barro. Uno se convierte en objeto de mofa hasta para bueyes de batería. ––Bueno. y le oí decir algo así como que el no tenía miedo de ningún viejo y asqueroso buey de batería. A cualquiera se le puede perdonar por tener miedo ante lo que no se comprende. Pero los bueyes se limitaron a entrechocar sus cuernos y continuaron rumiando. Espero que eso te guste.

eso es otro asunto. que me hunde las rodillas en los costados. ––Todo eso está muy bien en el campa- mento ––dijo Billy––. ¿Quieres decir que no os enseñan a obedecer la brida? ¿Có- mo podéis ser buenos en nada si no sabéis dar la vuelta en redondo. mi jinete es Dick Cunliffe. Australia. cuando sentís que una de las riendas os aprieta en una parte del . No me resisto al in- menso placer que produce una desbandada después de haber estado uno o dos días sin salir.rias de serpientes––látigo. Nos moríamos de miedo con sólo ver el cabo suelto de nuestras cabezadas. Pero ¿qué hacéis cuando estáis en ser- vicio activo? ––Bueno. que hay en nues- tra tierra. Sólo tengo que vigilar dónde pongo los cascos. y que son muy peligro- sas. mantener las patas tras- eras debajo del cuerpo y obedecer la brida. Cuando me encuentro en esa circunstancia. ––¡Esto sí que es bueno. por lo más sa- grado que haya en el mundo! ––le contestó el caballo con aire desdeñoso––. ––¿Qué quiere decir obedecer la brida? –– preguntó el mulo joven.

Pero ¿a qué vienen esas bellas maniobras y figuras de carrusel. A pararnos a una orden suya. y entonces da la vuelta apo- yándote en ellas. armados con cuchillos lar- gos. naturalmente. A menudo tengo que hacer cargas contra multitudes furiosas. que deben ser malísimas para vuestros jarretes*? De verdad. levántate sobre las patas traseras. Se nos enseña a obedecer a nuestro guía. y tengo que estar atento para que la bota de Dick llegue a tocar la del hom- .cuello? Es una cuestión de vida o muerte para vuestro hombre y. Eso es saber obedecer la brida. también para vosotros. peores que las herramientas del herrador. ––Eso no es lo que nos enseñan ––le repli- có Billy con mucha frialdad––. Supongo que en el fondo es lo mismo. masas de hombres hirsutos. y a avanzar cuando nos lo man- de. Cuando sientas la rienda en tu cuello tienes que girar en redondo con las pa- tas traseras bajo la horizontal del cuerpo. ¿para qué os sirven? ––Eso depende ––respondió el caballo––. vociferantes. brillantes. Si no tienes sitio suficiente.

en cuanto hubiera sentido la herida ––dijo el joven mulo. Pero me hizo un tajo con su cuchillo. ––Pero los cuchillos deben haceros mucho mal ––dijo el mulo joven. ––Un grave error ––contestó el caballo––. ––Yo habría dejado de preocuparme de quién era la falta. Nos topamos con un hombre tendido en el suelo. La próxima vez que vea un hombre en tierra le pondré los cascos encima. y me siento seguro. . Así se comportan algunos de mis colegas. es me- jor que te retires inmediatamente. pero sin apretarla.. ––Bueno. Como he dicho. y me estiré cuanto pude para no pisotearlo. no era culpa de Dick.bre que va a su lado. Veo la lanza de Dick a la derecha de mi ojo dere- cho. cuando nos encontremos en aprietos. pero Dick no tuvo la culpa. en una ocasión me rajaron el pecho. Si no tienes confianza en tu hombre. a Dick y a mí. y a toda velocidad. y bien fuerte. y no se lo reprocho. No me gustaría ser el hombre o el caballo que quiera detenernos..

muy abajo. chico––. Lo más interesante es su- bir montañas. Los cuchillos son unos instrumentos asquerosos. ––¿Y nunca habéis dado un paso en falso? ––le preguntó el caballo. De cuando en cuando quizá una albar- . aferrarse al suelo con las cuatro patas. a una cornisa donde existe el sitio justo para apoyar los cascos. lejos. ––Se dice que cuando una mula de batería resbale y se despeñe. avanzar paso a paso haciéndose bien pequeño. después de lo cual se ve cómo los diminutos obuses caen por encima de las copas de los árboles haciendo «buuum». para llegar al fin. eso me pa- rece totalmente absurdo. hay que celebrarlo par- tiendo la oreja de una gallina ––contestó Bi- lly––. míreselos por donde se los mire. ––¡Hummm! ––gruñó Billy––. muy lejos. dominando todo el mundo desde centenares de metros de altura. y hasta con las orejas. en si- lencio mientras montan los cañones. Entonces te quedas totalmente quieto y en silencio ––ni siquiera sueñes que un hombre te sujete la cabeza. llevando la silla perfectamente sujeta y equilibrada.

He tardado tres años en comprender lo que querían los hombres.da mal cargada haga perder el equilibrio a un mulo. pero es muy raro. Yo no lo soportaría. después de haberse aclarado la garganta. Me volverla loco por atacar con Dick como jinete. reflexionando profundamente––. ––¡Servir de blanco sin poder lanzarte so- bre los que te están tiroteando! ––dijo el ca- ballo. Es científico y limpio. y con un tono en el que se adivina- ba la timidez. inseguro: . Pero los cuchi- llos. Permanece a cubierto siempre que sea posible. incluso si eso significa desviarte una milla. A mí me to- ca guiar la batería cuando se escala así. Luego. La sabiduría del oficio consiste en no ponerse nunca de perfil a cielo abierto. porque entonces puedes muy bien convertirte en blanco de los fusiles enemigos. Me gustaría enseñar- te lo que hacemos. le oí. intentando intervenir en la conversación. En cuanto están en posición. ––Las cosas no son así. Es magnífico. ¡qué porquería! El camello balanceaba la cabeza impacien- te. las piezas de cañón se ocupan de cargar.

. ––Eso es evidente y lo sabemos todos. viejo far- do de heno? ––Pues que hicimos las cosas como hay que hacerlas ––respondió el camello––. pero no escalando y corriendo como vosotros. Y. Los hombres apilaron los fardos y las sillas que llevábamos en los lados del cuadrado.. También a nosotros. Y lo hacían desde los cuatro lados del cuadrado. Yo he.. ¿Qué pasó. en la escuela de equitación. Nos echamos todos. por mi grupera* y mi pretal*! –– rezongó el caballo en voz baja––. yo he.. y a permitir que nuestros jinetes disparen por encima de nosotros. y disparaban por encima de nuestros lomos. puesto que te has decidido a hablar. ––¿Y quiénes eran esos hombres? ¿Los primeros que se presentaron como reclutas? ––preguntó el caballo––. formando un gran cuadrado ––continuó el camello––.. Pero yo só- .. Eres poca cosa. ¡Echarse al suelo! ––Nos echamos cien en el suelo. hecho un poco la guerra. te digo que no tienes aire ni de escalador ni de co- rredor. ––¡Vaya. nos enseñan a echarnos.

lo me fío de Dick Cunliffe. y de permitir que un hombre dispare por encima de mí. Entonces no me asusto. ––Pero ¿qué importa quién dispare por en- cima de tu cuerpo? ––dijo el camello––. ade- más. tan ridículo y tan sin sentido como esto? Se hizo un gran silencio. Que no te preocupe mi presencia. Me hace cosquillas junto a la cincha para que me tumbe y. ––Y. Hay montones de hombres y de camellos cerca de uno. ––Vaya. mis patas y su cabeza ten- drían algo que decirse. tanto más de sen- tarme. con la cabeza en tierra no puedo ver. sin embargo ––dijo Billy––. ––Lo que decís no tiene ni pies ni cabeza – –dijo––. ¿Habéis oído en vues- tra vida algo tan espantoso. ¡Bien! ¡Bien! An- tes de echarme al suelo. combatís de pie. y luego uno de los bueyes levantó su impresionante cabeza. Hay una sola manera de combatir. y enormes nubes de humo. adelante ––comentó Billy––. Supongo que vosotros. . tienes pe- sadillas por la noche y conviertes el campa- mento en un pandemonium. y apoya- dos sobre vuestra cola. Me limito a sentarme y esperar. amigos.

Dos Colas es el mote que se emplea en el campamento para referirse al elefante. empujamos el gran cañón. Las veinte yuntas de mi grupo avanza- mos por la llanura. ––¿Y entonces es cuando más os gusta pastar? ––preguntó el mulo joven. ¡Heeya. ––¿Y por qué barrita? ––Para decirnos que no dará un paso más hacia la humareda que tiene enfrente. ¡Heeya! . Dos Colas es un cobarde total. Deberían haber sido gemelos––. sólo hay una forma ––dijeron los dos a la vez. tan plana como la palma de la mano. y pastamos cuando el gran cañón le habla a través de la llanura a alguna ciudad de pa- redes de adobe. ¡Hullah! Ni esca- lamos como gatos. y sube una enorme polvareda como si muchas vacadas volvieran al establo. y los muros saltan por los aires. . ¡Hullah!. Y es ésta: uncirnos las veinte yuntas* que so- mos al cañón grande en cuanto Dos Colas barrita. Nosotros somos los que. hasta que nos desuncen de nue- vo. todos a una. ––Sí. ni corremos como terne- ros.

Nuestro padre fue un buey sagrado de Siva. en las ciudades hay grandes cañones que responden al fuego del nuestro y matan a algunos de nosotros. de todas formas. Vosotros. únicamente de eso. que se ha quedado atrás? ––Casi la misma alegría que sentimos cuando tenemos que echarnos por tierra. ¿tenéis el humor suficiente como para comer cuando estáis bajo el fuego. Dos Colas es un grandísimo cobarde. y dejar que los hombres se tumben sobre noso- tros. A veces. los señores de la batería de los cañones desmon- tables. Hemos dicho lo que teníamos que decir. Pero. ciertamente he aprendido algo es- ta noche ––dijo el caballo––. La nuestra es la manera más adecuada de pelear. hijos de Hapur. Nosotros somos hermanos. ––Entonces o luego. Nunca había oído . Se trata del destino. mientras os espera Dos Colas. ––Bien. Comer siempre está bien. o cuando nos lanzamos contra multitu- des armadas de cuchillos. Comemos hasta que nos uncen de nue- vo al yugo y desplazamos el cañón hasta donde lo espera Dos Colas.

por línea paterna. Pero del resto de lo dicho. La palabra brumby se emplea para calificar a un caballo salvaje. gran brumby marrón. de morder y dejar para el arras- tre a cualquier caballo que se le cruzara en el camino. un mulero que me deje seguir mi camino. ––No admito que os metáis con la línea paterna de nuestra familia ––respondió Billy encolerizado––. les costaría entender mu- chas cosas. y veo que a los de vuestra familia. Y os podéis imaginar lo que el insulto significó para el ca- . sin modales. No lo olvides nunca. y seré yo el primero que se ofrezca para todo. una carga bien equilibrada. Una cornisa junto a un precipicio en la montaña. ¡ni hablar! ––casi gritó Billy golpeando la tierra con uno de sus cascos. capaz de derribar. ––Naturalmente ––quiso aclarar el caba- llo––. porque a ningún mulo le gus- ta que le recuerden que su padre fue un as- no. no estamos todos hechos de la misma madera.tonterías semejantes a las que he escuchado esta noche. tú. Mi padre era un caballero del sur.

sobre las patas traseras! –– gritó Billy con voz estridente. ¿Estás preparado? ––¡De pie. esos juguetes que entretienen a los niños. con Carbine. hijo de un garañón importado de Málaga ––la frase le salió de entre unos dien- tes apretados de rabia––. Los dos animales bajaron las patas a la vez. ––Dime. ¿por qué os peleáis? Tranquilos. ––Chicos ––dijo––. cuando en la oscuridad. Los dos adoptaron la misma postura. Y en mi tierra no solemos dejarnos pisotear por un mulo que habla como los lo- ros. porque ni el caballo . y yo esperaba un combate a muerte. esta- ban cara a cara. Vi cómo brillaba en la os- curidad el blanco de sus ojos. por línea materna. pero sus palabras salen de su cabeza de cerdo.ballo de Australia. se oyó una voz gutural y profun- da. y no les queda más remedio que per- tenecer a una batería de cerbatanas*. hacia la par- te derecha. Quiero que sepas que estoy emparentado. ganadora de la copa de Mel- bourne. bufando de disgusto.

Me han atado a los postes para pasar la noche. ––¡Es Dos Colas! ––dijo el caballo––. Dos Colas. He escuchado lo que decíais.ni el mulo pueden soportar la voz de un ele- fante. ¿Por qué vamos a pelearnos? Oye. ––Lo mismo pienso yo ––dijo Billy. Dos Colas. Me quedo donde estoy. Tener una cola a cada ex- tremo del cuerpo no es justo. Los bueyes y los camellos exclamaron casi en voz alta: ––¿Miedo de Dos Colas? ¡Qué absurdo! ––Sentimos que nos hayas oído ––añadió el buey––. Nosotros nos parecemos mucho en cier- tos rasgos. ¿por qué tenéis miedo de los cañones cuando dis- paran? . pero es verdad. ––Supongo que los habremos heredado de nuestras madres ––respondió él caballo––. apre- tándose contra el caballo para no sentirse so- lo––. No tengáis miedo. ¿estás atado? ––Sí ––respondió el riéndose con toda la trompa––. No puedo aguantarlo.

––Yo sí ––dijo el caballo––. El otro día. ––Supongo que se refería a la manera tan particular que tienes de combatir ––dijo Billy. Pero es que yo soy muy diferen- te. ––Nosotros no comprendemos. Y sé que sois más valientes de lo que pensáis. pero de- bemos arrastrar los cañones ––respondieron los bueyes. Sé. En cambio. pero yo sí. no poseéis esa capacidad. tú no tienes ni idea de lo que eso significa. vosotros. Y procuro no pensar en ello. No sé si llegaréis a comprender lo que os voy a contar. como el niño que recita una poesía––. que en mi caso. ––Bueno ––dijo Dos Colas frotándose las patas traseras. más o menos. . ––Naturalmente. que ni una cosa ni otra. y no puedo evitar pensarlo. que había recuperado su–– valor. Eso significa. el capitán de mi batería me llamó paquidermo anacrónico. al- go. ––Lo se. Puedo ver con toda claridad lo que sucederá si estalla un obús. ––Yo soy capaz de ver más que tú. Al menos. y eso es exactamente lo que yo soy. los bueyes.

Sólo con oír esa palabra puedo olerla. y que nadie me cuidará si caigo en- fermo. Es una cosa roja que empa- pa el suelo y que huele. ––No comprendemos ––dijeron los bueyes. ––Podéis ponerme enci- ma del lomo un regimiento de Dicks sin que por eso consiguiera sentirme mejor. El caballo resopló. y final- mente hizo un corcovo*. No pagarían a mi cornac hasta mi re- cuperación. Sé más que de sobra para sentirme incómodo.tengo que vigilar una masa de un volumen enorme. ––Pues yo sí ––le respondió el caballo––. Sí que lo sabemos. Y ese olor me produce un deseo incontenible de salir huyendo cuan- do Dick no me monta. . Yo puedo fiarme com- pletamente de Dick. No tenéis ni idea de lo que es la sangre. ––No habléis de la sangre. No os hablo a vosotros. Ahora está todo claro. ––Te equivocas ––respondieron ellos––. pero no puedo fiarme de el. dio un brinco. ––Lo sé. y no lo suficiente como para seguir adelante como si no lo supiera.

¡Qué tonto eres! ––Es algo sucio ––dijo Billy––. ––Pues claro que estamos aquí ––dijeron al unísono los bueyes––. aquí está! ––dijo Dos Colas meneando el rabo a manera de explicación. ––Es verdad. no os necesitarían para arrastrar los cañones. Si yo fuera como mi capitán.. Llevamos toda la noche. pero tam- poco quiero hablar de ello. Yo no sien- to la necesidad de echar a correr. Vemos con nuestros cuatro ojos lo que hay fuera de nosotros ––dijeron los bueyes––. ––¡Pareja de necios! No hablaba de voso- tros. el ve las cosas en su cabeza antes de disparar. ––¡Eso es. ––Si yo pudiera hacer lo mismo. ––Pero aquí no hay sangre por ninguna parte ––dijeron el camello y los bueyes––. Dos Colas golpeó la tierra con una fuerza tal que la anilla de hierro que llevaba empezó a tintinear.. única- mente eso. . Sois incapaces de ver lo que hay dentro de vuestras cabezas. Vemos lo que hay frente a no- sotros.

––¡Para! ––dijeron a la vez Billy y el caba- llo. Pero si yo supiera tanto. ¿quieres explicarme por qué no te gusta esto? Se puso a barritar furiosamente. no la re- media. pero poner a una cosa un nombre intermina- ble. con la máxima potencia de que era capaz. ––Todo eso es muy bonito ––dijo Billy––. ––Calla ––le contestó con aspereza el ca- ballo––. Si yo fuera como él. jamás me habría metido en este embrollo. como lo era antes. Me parece que empiezo a entender lo que dice Dos Colas. Sería un rey en el bosque. pero es de- masiado inteligente para huir. Va- mos. . ––Lo comprenderás mejor dentro de un minuto ––contestó el hecho una furia––. Hace ya un mes que no me he dado un buen baño. como paquidermo anacrónico.Tiembla de los pies a la cabeza. sería capaz de arrastrar los cañones. Pasaría la mitad del día durmiendo y me bañaría cuando me apeteciera.

. ––¡Vete de aquí. sobre todo en una noche oscu- ra. ––¿No? ––respondió Dos Colas––. es el ladrido de un perro pequeño. Él las movía. perrito simpático. me va a morder! ––Me parece ––dijo Billy al caballo–– que nuestro amigo Dos Colas tiene miedo de casi . Oí un pequeño vagido en la oscuridad y me di cuenta inme- diatamente de que Vixen me había encontra- do. ¿Por qué no la retiráis de aquí? ¡Fijaos. venga! Túm- bate. El barrito del elefante es siempre desagradable. perro asqueroso! ––le chilló Dos Colas––. Vixen se detuvo para molestar a Dos Colas y se puso a corretear alrededor de sus enormes patas. Sentí que golpeaban el suelo y que se es- tremecían. mientras lanzaba unos gritos agu- dos. te soltaré una patada. Perrito valien- te. pequeña bestia sucia. ¡Venga. Ella sabía tan bien como yo que si hay algo en el mundo que asuste más al elefante. Si sigues oliéndome los tobillos.. ¿No me lo vais a explicar? ¡Hhhrrmph! ¡Rrrt! ¡Rrrmph! ¡Rrrhha! Luego se paró de repente.

me lamió la nariz. cada uno la suya ––continuó. ––Se diría que todos tenemos nuestras debilidades. mientras se sonaba la trompa––. golpeaba el suelo y gruñía para sus aden- tros. . dando volteretas. pues se habría tomado todas las libertades del mundo. Si me hubieran dado una buena comida por cada perro que. Silbé. de familia. y Vixen se me acercó. ––¡Es extraordinario! ¡Sencillamente ex- traordinario! Es algo genético. he hecho atravesar. Nunca le había revelado que yo comprendía el lenguaje de los animales.todo. abotonándome el abrigo por encima de ella. mientras Dos Colas se agita- ba. de una coz. totalmente embarrada. a estas horas estaría tan gordo como Dos Colas. Pe- ro ¿dónde está ahora esa bestia pequeña y maligna? ––oí que palpaba la oscuridad con la trompa. Vosotros. y me contó cómo había recorrido todo el campamento buscándome. La levanté con mis brazos y la apreté contra mi pecho. el campo de maniobras.

re- chinando los dientes. No empieces otra vez. ––Las órdenes ––añadió Billy el mulo. ––Porque nos lo mandan ––explicó el ca- ballo. ¡Hukm ha¡! (es una orden) ––dijo el came- llo. ––Yo tengo miedo de un perro faldero. .caballeros. con un gargarismo. ¡Hukm hai! ––repitieron Dos Colas y los bueyes. ––No nos hemos alarmado exactamente – –respondió el caballo––. por qué tenemos que luchar. pero pensé que tenía en el lomo un avispero en vez de una silla. sencillamente. ––Lo que a mí me gustaría saber ––señaló el joven mulo. ––Tenemos la suerte de no vernos obliga- dos a luchar todos de la misma manera –– dijo el caballo. os alarmasteis cuando me puse a barritar. que estaba callado desde hacía mucho tiempo–– es. y al camello le asustan las pesadillas. indignado.

O el que te guía. porque . ––Pero ¿quién les da a ellos las órdenes? ––Bueno. el caballo. que era un recluta reciente. una excelente forma de que te tundan a patadas. Vamos a llegarnos a nuestro campamento. sin hacer preguntas. joven- zuelo ––le contestó Billy––. quieres saber demasiado. Es cierto que nosotros solamente vemos con nuestros ojos. Desobedece las órde- nes y detendrás toda la batería. ––Perfecto ––aseveró Dos Colas––. pero Billy tiene razón. ––Sí. el camello y los bueyes. cada uno por turno. pero eso no importa. Sólo de- bes obedecer al hombre que te tiene a su cargo. Los bueyes se levantaron para salir. pero ¿quién da las órdenes? –– preguntó el mulo joven. O el que puede retorcerte la cola ––le explica- ron Billy. con lo que te ganarás una buena tunda. yo no puedo obedecer porque no veo claro nada. y que no somos demasiado inteligentes. ––Está a punto de amanecer ––dijeron––. O el que llevas sobre tu lomo. ––El hombre que se encarga de ti.

y con mi amo. y el caballo preguntó pa- ra cambiar de conversación: ––¿Dónde está el perrillo? Donde hay un perro. tú nos echaste abajo la tienda. Vámonos inmediata- mente. bajo la cure- ña––. Empezaron a andar a toda prisa sobre el barro. y mi amo está furioso. Es inútil que lo inten- téis. valientes. Nadie respondió. ––¡Uau! ––exclamaron los bueyes––. hasta . ––Estoy aquí ––ladró Vixen. Os vais a quedar así. y no sé cómo se las arreglaron para que su yugo se quedara enganchado en la vara de una carreta de municiones. siempre hay un hombre cerca.somos los únicos que esta noche no hemos tenido miedo. ––Lo habéis conseguido ––Billy no pudo contener su sorna––. Oye. camello estúpido y patudo. Buenas noches. bloqueados. ––Por supuesto ––replicó Vixen––. ¿Pen- sabais que me cuidaba un boyero negro? ¡Huah! ¡Ouack! ¡Ugh! ––exclamaron de nuevo los bueyes––. Debe ser un blanco.

Hasta entonces. casi se cayeron al suelo. ¡Nos comen! ¡Tira! ––exclamó el buey de la izquierda. embarrado. gruñendo con furia. naturalmente. Empujaban. ¡Santo Cielo! ¿Quién la ha to- mado con vosotros? Los bueyes empezaron a lanzar esos bufi- dos prolongados. golpeaban el suelo. ––¡Que me azoten con las cadenas de mi arzón! ¿Quién se habría imaginado que dos . ¿Pues qué tienen los blancos? Yo vivo bien con ellos... y. ––Comen. cosa que no hace ningún boyero. característicos del ganado vacuno de la India. Nosotros come- mos carne de buey. nunca había comprendido por qué el ganado vacuno en la India tiene tanto miedo a los ingleses. y se alejaron los dos con una marcha pesada. sibilantes. se resbalaban. ––Os vais a romper el cuello en cualquier momento ––aseguró muy serio el caballo––. se apretaban el uno contra el otro. El yugo se rompió con un ruido seco. eso no les sienta bien a las bestias.al amanecer.

Billy. ––Después de lo que has dicho. durante la revista. viejo fardo de paja! A ver si intentas controlar tus miedos. Si pasas junto a nosotros mañana. ¡Buenas noches. Australia! Supongo que volveremos a vernos mañana durante la revista. el caba- llo apoyó su morro contra mi pecho. Le di unas cuantas galletas. Dos Colas. el mulo. La mayoría lle- va cosas en los bolsillos ––se oyó al caballo. ––¿Y eso qué importa? Yo voy a echar un vistazo a ese hombre blanco. Además. te dejo so- lo. que vamos a llegarnos juntos hasta nuestro rincón. entre derren- gado y desenfadado. que es la pe- . ¡Buenas noches. y Vixen. no te pongas a barritar. Vente conmigo. Mientras tanto. ¿eh? Buenas noches. los blancos que no tie- nen un lugar donde dormir son casi siempre ladrones. se fue con los andares ca- racterísticos de los veteranos. y llevo cantidad de cosas sobre el lomo que son propiedad del Estado. Eso desorde- naría nuestras líneas. jovenzuelo.gordinflones como ellos perderían la cabeza? ––le salió a Billy. Tampoco yo puedo decir que les quiera demasiado.

La primera parte de la revista transcurrió a pleno sol. Una visión que ca- . ––Mañana iré a la revista en mi coche de dos ruedas ––quiso impresionarle––. la gran estrella de diamantes. se celebró por la tarde. en perfecto acompasamiento y con los fusiles alineados sin un solo fallo. cubierta su cabeza con un alto y fuerte gorro de astracán. oleadas sucesivas de piernas. Vixen y yo ocupamos un buen sitio. muy cerca del virrey y del emir de Afganis- tán. con todo su equipamiento. porque debo encontrar a Dick.° escuadrón. Ahora me voy. y en medio de él. aprovechó la ocasión para contarle mentirijillas sobre las docenas y docenas de caballos que ella y yo teníamos a nuestro cargo. ¿Dónde estarás tú? ––En el flanco izquierdo del 2. Tengo la cola llena de barro y necesitará dos horas de duro trabajo para prepararme para la revista. Desfilaron los regimientos. Yo marco la cadencia a todo mi pelotón. La gran revista de treinta mil hombres. se- ñorita ––respondió él muy cortésmente––.rrilla más vanidosa del mundo.

La séptima llevaba un yugo nuevo y parecía avanzar con más pereza de la nor- mal. levantó las orejas para oírla mejor. con su cabeza casi apoyada en el pecho. y a otros elefantes. marcando el paso al resto del es- cuadrón. Empezó a caer la lluvia. que nadie coreó. Bonnie Dundee. seguidos por veinte parejas de bueyes. Al final desfilaron los cañones desmontables. orgullosa en su carruaje. y vi a Dos Colas. como si fuera el comandante en jefe. fatigada.° escuadrón de lanceros pasó a toda ve- locidad. de los que disparan obuses de veinte kilos. Yo lancé un ¡hurra!. Luego llegó la caballería a medio galope. Vinieron a continuación los cañones. Vixen. moviendo las patas a ritmo de vals. Billy el mulo tenía un aire or- gulloso. Brillaba. pero no miró ni una sola vez ni a derecha ni a izquierda. y durante un rato una cortina de niebla impidió ver los movi- .si producía vértigo. El 2. arrastrando un cañón de asedio. con una oreja hacia delante y la otra hacia atrás. el caballo de la noche anterior. por Billy el mulo. Su arnés estaba perfectamente engrasado y cepillado. y entre ellos. acompañada por una bella to- nada.

Hasta entonces no había cruzado su rostro la más mínima sombra de sorpresa. de repente. Yo miraba al emir. creciendo. una muralla com- pacta de hombres. hasta cubrir un kilóme- tro de un extremo a otro. la muralla empezó a avanzar direc- tamente hacia donde se encontraban el virrey y el emir y. creciendo. y miró a su espalda. cogió con fuerza las riendas de su caballo. a medida que se aproximaba. como el puente de un barco con los motores a toda potencia. En- tonces. el sue- . Si no se ha asistido a una revista parecida. Luego. caballos y cañones. ni de ningún otro sentimiento. detrás de él. uno no puede imaginarse la impresión ate- rradora que este avance de las tropas causa a los espectadores. el suelo echó a temblar. sus ojos empezaron a abrirse.mientos de las tropas. Por un instante se pudo hasta pensar que iba a desenvainar su espada y abrirse paso entre la multitud inglesa. Pero. La línea fue creciendo. la muralla se paró de golpe. Habían descrito un gran semicírculo en la llanura y se des plega- ban en un solo frente. hombres y mujeres que se encontraban en sus carruajes.

mientras una banda de infantería atacaba el himno siguien- te: Avanzaban los animales de dos en dos. ¿cómo se ha conseguido este prodigio? ––Se ha dado una orden y luego se ha acatado. Después oí a uno de los jefes asiáticos. El elefante y el mulo de batería. buscando protección del agua fría. La revista había terminado. y los regimientos volvieron a sus campamentos bajo la lluvia. de cabellos grises. ¡Hurra! Avanzaban los animales de dos en dos. que había venido con el emir desde el norte del país. preguntar a un oficial indígena: ––Dime. y entraron todos en el Arca. . el frente entero de las tropas saludó.lo dejó de temblar. y treinta bandas de música empezaron a tocar a la vez.

a quien no obedecéis. el buey. CANCIÓN DE LOS ANIMALES DEL CAMPAMENTO DURANTE LA REVISTA LOS ELEFANTES DE LOS CAÑONES . Allí nadie obedece más que su propia voluntad. todos obede- cen a sus encargados. como los hombres. Las cosas hay que hacerlas así. éste a su brigadier con sus tres regimientos. el briga- dier a su general. el caballo. éste a su teniente. ––Obedecen. que está al servicio de la emperatriz. ––Y por eso ––comentó el oficial indígena retorciéndose el bigote––. que obedece al virrey. éste a su sargento. éste a su comandante. ––¿Pero es que los animales son tan inteli- gentes como los hombres? ––preguntó de nuevo el jefe. éste a su coronel. ––¡Si hubiera algo parecido en Afganistán! ––exclamó el jefe––. vuestro emir. el elefante. El mulo. debe presentarse aquí para obedecer las órdenes de nuestro virrey. éste a su capitán.

que llegan veinte parejas. arrastrando cañones. Nuestros cuellos. Apartaos. la pólvora se os cuela en las entrañas. Mejor que establos o abrevaderos. jamás gozaron de libertad o beneficio. Paso a los altos elefantes y a sus inmensos arreos. ya no viven de emocio- nes. Arrastran atalajes. . lanceros. y gozan de nosotros. CABALLOS DE LA FUERZA DE CABALLERÍA Nos marcó el hierro para ser mejores. LOS BUEYES DE LA ARTILLERIA Héroes de arneses que esquivan las balas. sembradores de muerte y de miedo. la ciencia en nuestros cuerpos y cabeza. Prestamos a Alejandro nuestra fuerza. Entramos en acción y nos siguen los caño- nes. húsares. dispuestos siempre al servicio.

las grandes ilusiones del honor. Dadnos luego de comer. mucha doma y mil cuidados. tierra abierta a los es- pacios. inteligentes jinetes. la canción de Bonnie Dundee. Formemos escuadrones en columna bien perfecta. pero se- guimos. corazón y cascos y a hacer nuestro cual- quier sitio. ¡y veréis galopes locos con las notas de Bonnie Dundee! LOS MULOS DE LA ARTILLERÍA DE MONTAÑA Trepábamos monte arriba mis compañeros y yo. No había sendero ante nosotros. nuestro su- premo consuelo. Nos encantan las alturas y dicen que nos sobran patas. Y en la cima. .

tralala. LOS CAMELLOS DE INTENDENCIA No hay un himno que a los camellos nos ayude a avanzar. ¿Quién ha perdido la carga? ¿Por qué no ha sido la mía? Cayó la carga al camino. ¡Urr! ¡Yarth! ¡Grr! ¡Arch! A palos le parten a uno el alma. no! Que lo oiga la línea entera. ni haré. Viva el alto y la algarada. Y nuestra canción de marcha es ¡ni puedo. . Sabemos manejarnos en lugares y terre- nos imposibles. auténticos trombones. mala a los malos cargadores. ni quiero. sonoridad de trombones. Nos encantan las alturas y dicen que nos sobran patas. Buena suerte al sargento que nos deja li- bertad para encontrar el camino. tralala. Nuestros cuellos.

nuestras filas. aguijada. ignoran como nosotros. GLOSARIO *A* . Hijos del yugo. miles de petos y cargas. y hay para todos un rango. es una ley. Hijos del yugo. miles de petos y carga. aguijada. y hay para todos un rango. Nacimos. por qué seguir con frío y con sed. arneses. ojos de sueño y vigilias. vivimos en campamentos. polvorientos. Destensada está la cuerda. vivimos en campamentos. arneses. una marea ondulante. con prisas de ir a la guerra. Siempre los hombres a nuestro lado. TODOS LOS ANIMALES A CORO Nacimos.

trans- lúcida y con franjas o capas de varios colores. También se refiere a las guarniciones o conjunto de co- rreas y otros objetos que se ponen a las ca- ballerías para que tiren de un carruaje. dura. AGUIJADA: Vara larga con una punta de hierro en uno de los extremos que se usa pa- ra picar a los bueyes y otros animales. no le corresponde por su condición o por sus méritos. en opinión de los que ya estaban allí. ARNÉS: Conjunto de armas de acero de- fensivas que se ajustaban al cuerpo asegu- rándolas con hebillas y correajes. para montarlas o para cargarlas. ÁGATA: Variedad del cuarzo. generalmente en forma de cabeza de carnero. . ARBOLADURA: Conjunto de palos que sos- tienen las velas en una embarcación. ADVENEDIZO: Persona que se introduce en un grupo social o llega a ocupar una posi- ción que. ARIETE: Antigua máquina militar que se utilizaba para derribar puertas y murallas y que estaba formada por una viga Larga y pe- sada reforzada en uno de sus extremos por una pieza de hierro o bronce.

muy dura. es un fenómeno siem- pre sorprendente. ARPEGIOS: Sucesión más o menos acele- rada de los sonidos que. . *B* BARRITAR: Referido a los elefantes o al ri- noceronte: dar barritos o emitir su voz carac- terística. de intensos colores. forman un acorde. fantasmagórico. que procede de la fusión de materiales de las capas profundas del manto superior de la corteza terrestre. BASALTO: Roca volcánica de color negro o verdoso. AURORA BOREAL: En las tierras del lejano norte. de pura magia. pero só- lo durante breves momentos. Se cree que aparece por unas miste- riosas fuerzas magnéticas. que se ajusta al cañón de un fusil y sobresale de su boca. BAYONETA: Arma blanca de doble filo con forma de cuchillo. cuando se tocan si- multáneamente. Sus formas son impresionantes. la aurora boreal. también conocida como luces del norte.

que crece hasta unos 30 centímetros de altura. CENADOR: En un jardín. si- tuado entre Guadalajara y Colima. BRAZA: En el sistema anglosajón. hojas anchas y flores de color rojo o purpúreo. en los que se introducen flechas u otros proyectiles para dispararlos soplando por uno de sus extremos. al lado de Ciudad del Cabo. unidad de longitud que equivale aproximadamente a 1. general- mente redondo. . espacio. muy común en los campos cultivados.8 metros. CABO CORRIENTES: Cabo mexicano. y que suele estar destinado a actividades de esparcimiento. CADILLOS: Planta umbelífera. CABO DE HORNOS: Cabo situado en la punta de Suramérica. CERBATANAS: Canuto o tubo estrechos y huecos. *C* CABO DE BUENA ESPERANZA: Situado en la punta del continente africano. cercado y revestido de plan- tas trepadoras.

bien co- nocido por los lectores ingleses. CORNALINA: Ágata de color de sangre o rojiza. o pocilga. una gran rana que nunca deja de hacer gestos con la cabeza. la joven heroína conoce a Frog_Footman. Alicia en el país de las maravillas. CORRALIZA: Corral. CISTERNAS: Dépositos de agua. bien sea para un retrete. *F* FROG_FOOTMAN: En el cuento de Lewis Carroll. CORCOVO: Salto que dan algunos anima- les encorvando el lomo. *E* EMPALIZADA: Valla hecha de palos o de estacas clavadas en el suelo. . o para transportar líquidos. compara Ki- pling el movimiento de las atetas natatorias de las vacas marinas. CUREÑA: Armazón con ruedas sobre el que se monta el cañón de artillería. Con este personaje.

y reciben también el nombre de Archipiélago Colón. y es el único territorio conocido donde se reproducen. que padecen algunos animales y que se transmite al hombre o a otros animales por mordedura. *I* ISLA DE SAN PABLO: Isla situada al oeste de Alaska. forma parte de las islas Pribitof. GALÁPAGOS: Islas pertenecientes a Ecua- dor. para colocar encima la maleta u otros efectos. Durante el período mi- . *H* HIDROFOBIA: Temor enfermizo al agua. Están situadas en el océano Pacífico. También es una enfermedad infecciosa. Son el lugar ideal para la especie de leones marinos. GRUPERA: Almohadilla que se pone detrás del borrén trasero en las sillas de montar so- bre los lomos de la caballería. GUALDRAPA: Cobertura larga que cubre y adorna las ancas de las caballerías. rabia. pro- ducida por un virus.

patas cortas. que se usa como ornamentación. *L* LODAZAL: Terreno lleno de lodo. *J* JARRETES: El jarrete es la parte alta y carnosa de la pantorrilla. de cuerpo verdoso. *M* MANGOSTA: Mamífero carnívoro de pe- queño tamaño. rojo o pardo. pelaje rojizo o gris. JASPE: Variedad de cuarzo. el más largo del año. opaca. estos leones marinos de Pribitof se reparten por el Pacífi- co. patas anteriores erguidas y juntas cuando permanecen en reposo.gratorio. MANTIS RELIGIOSAS: Insecto masticador. llegando algunos hasta aguas japonesas. cuerpo alargado. de gra- no fino y color generalmente amarillo. cola muy desarrollada y hocico apuntado. cuya .

MOSQUETÓN: Arma de fuego más corta y ligera que el fusil.609 metros. *O* OBÚS: Pieza de artillería de mayor alcance que un mortero y menor que un cañón. MILLAS: En el sistema anglosajón. . PRETAL: Petral. *P* PANDEMONIUM: Lugar en el que hay mu- cho ruido y confusión. PLEITESÍA: Manifestación o muestra reve- rente de cortesía o de obediencia. MERGOS: Cuervos marinos. unidad de longitud que equivale aproximadamente a 1. Correa o faja que ciñe y rodea el pecho de una cabalgadura.hembra suele devorar al macho después de la cópula. Tam- bién se emplea el término para designar a un proyectil disparado por cualquier pieza de ar- tillería.

PULGADA: En el sistema anglosajón. *Q* QUEBRADAS: Terreno tortuoso. obtenida por refinado y destilación del petróleo natural. que se utiliza como combustible y en la fabricación de pesticidas. QUININA: Sustancia vegetal. las flores en racimo y el . QUIJADA: Cada una de las dos mandíbulas de un vertebrado que tiene dientes.5 centímetros. las hojas muy grandes y partidas. o con muchos desniveles. QUEROSENO: Mezcla de hidrocarburos lí- quidos. desigual. uni- dad de longitud que equivale aproximada- mente a 2. amarga y de color blanco. que se extrae de la corteza del quino y que tiene la propiedad de disminuir la fiebre. *R* RICINOS: Planta de origen africano que tiene el tronco verde rojizo.

RUPIA: Unidad monetaria hindú. *T* TALUD: Inclinación de un terreno o un mu- ro. TRALLA: Látigo provisto de una trencilla en su extremo para que haga ruido al sacudirlo. *S* SARNA: Enfermedad cutánea contagiosa. producida por un parásito que se alimenta de las células superficiales de la piel o que exca- va túneles debajo de ella. . TAXATIVAMENTE: Que no admite discu- sión. y de cuyas semillas se extrae una sustancia purgante.fruto esférico y espinoso. *Y* YUNTAS: Conjunto de dos animales de tiro o de labor. o lugar por donde corren sus aguas. TORRENTERAS: Cauce de un torrente.