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Qué leer, Qué ver

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Pero..., ¿cómo encontrar lo que se puede leer acerca de un tema, por ejemplo, en
esta diversidad? Indudablemente, el libro, sobre todo el manual, permite una búsqueda
rápida, porque la información está ordenada en capítulos, temas, subtemas, cuadros,
esquemas, ilustraciones. .. Y en el índice se encuentran todas las referencias. Entonces,
habrá que preparar índices.

Esta tarea, sencilla para los estudiantes, es también un juego y una ocasión de
aprendizajes (lectura, escritura, clasificación, ordenamiento) que cuenta con el deseo
espontáneo de armar colecciones, característica de los chicos desde alrededor de los
ocho años. Se trata de acompañar todo tipo de material con listados. Los listados pueden
ser numéricos o alfabéticos.

Conviene empezar por los numéricos, que son más sencillos. Se les llama
inventarios. Por ejemplo, ¿qué contienen las cajas del armario? ¿Figuritas, fotos,
muestras de minerales y metales, recortes de chistes, dibujos? Habrá que contar los
elementos una vez al mes y escribir el resultado en una planilla que se pegará en la parte
delantera de la caja. El deseo de acrecentar la colección y de confirmar la cantidad de
cosas, facilita la confección de inventarios. Este control orientará a los chicos de primer
nivel y les permitirá conocer dónde están los materiales disponibles; se acostumbrarán a

¿Qué leer? ¿Qué ver? Luis Hernando Mutis Ibarra
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manipularlos, mantenerlos en orden y cuidarlos. Serán los dueños de un patrimonio
común.

En las instituciones donde existen laboratorios de computación, que ya son casi
excepciones, se puede aprovechar esta tarea para aplicar los conocimientos iniciales que
muchas veces no encuentran una función definida. Es sencillo volcar en la computadora
los datos del inventario del aula, haciendo cuadros donde se consigne qué hay, dónde,
cuántos elementos de cada clase y una columna con la fecha, de modo de poder ver las
variaciones que se vayan produciendo (cosas dadas de baja o ingresadas). Un juego, que
hará sentir a los chicos como pequeños oficinistas en la administración de una empresa
cualquiera. Las rutinas de las oficinas comunes y corrientes tienen mucho que ver con la
pasión coleccionista y los juegos funcionales, obsesivos por naturaleza, que permiten
adquirir naturalmente competencias diversas. Son especialmente queridas por los niños
en edad escolar. Se forman grupos que pueden asumir una responsabilidad u otra. La
información automatizada tiene también la virtud de reunir rápidamente todos los datos,
en este caso, el trabajo de control efectuado por los distintos grupos. Se puede
confeccionar, finalmente, un resumen mensual del inventario del aula. En ocasiones se
podrá hacer el inventario de la escuela, incorporando (nunca olvidemos que es un juego)
algunos rubros imaginativos. Por ejemplo, cosas perdidas o cosas encontradas,
felicitaciones escritas por los maestros, habilidades descubiertas, baldosas rotas o
lugares desordenados, chistes dichos y disparates.

Luego, se incorporarán los censos y las estadísticas, con su traducción a gráficos o
cuadros cuantitativos. Por supuesto, estos inventarios, censos y estadísticas también
pueden hacerse de manera manual, sin computadora alguna.
La clasificación alfabética de los materiales, en cambio, podrá iniciarse sólo
cuando los alumnos manejen el alfabeto. Es una práctica útil de lectura y escritura que
implica la continua revisión de textos y su redescubrimiento. También acapara el interés y
deseo de los chicos porque requiere la repetición característica del juego funcional. Los
índices alfabéticos son, en primer término, enumeraciones de cosas.
Se trata de que los chicos hagan, grupalmente, el listado con los títulos de ios
materiales que se pueden diferenciar entre sí, por ejemplo: títulos de libros, de historietas,
de cuentos escritos por los chicos, de casetes grabados, de vídeos, de juegos, etcétera.
Otra forma de clasificación es temática, por ejemplo, listados con los temas de las
fotos de la colección, de las notas periodísticas, de los mapas, de las ilustraciones, de los
informes, de los cuadernillos.

En segundo término, siempre como trabajo grupal, ordenarán alfabéticamente los
listados y confeccionarán un índice. ¿Para qué? Para que se pueda encontrar
rápidamente la información, recurriendo al orden alfabético y sin tener que volver a leer el
índice completo. El manejo del diccionario es limitado y tedioso, mientras que estos
procedimientos que involucran la acción, la producción, tienen el interés del juego y el
desafío: el grupo tiene que resolver un problema. ¿Podrá hacerlo? ¿Lo harán los otros
grupos?

Los índices alfabéticos permiten también el control dinámico de los materiales, por
ejemplo, el préstamo de libros de la biblioteca. O de fotocopias del archivo de textos. O de
carteles, fotos, palabras.

Sí, en una caja de palabras difíciles (con dificultades ortográficas o de cualquier
otra índole que los mismos chicos hayan seleccionado) es posible guardar una suerte de

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diccionario propio del aula. Los programas de procesamiento de textos de las
computadoras también poseen un diccionario: otro modo de operación más complejo y su
estimulante para la fijación ortográfica. Los índices deberán informar sobre dónde están
los materiales, y facilitan, finalmente, la búsqueda autónoma y responsable de
información por parte de los alumnos.
Estas actividades, que llevarían mucho tiempo si tuvieran que hacerlas los
maestros o los bibliotecarios, en realidad son parte integrante y fundamental de una
didáctica qué propende a la construcción de conocimientos. Muchas veces, una
pedagogía con buenas intenciones no encuentra los procedimientos para facilitar un
aprendizaje serio y al mismo tiempo activo y creador. Y se produce un vacío de estímulos,
aquel famoso "investiguen", que obliga a los padres a buscar quién sabe qué ni dónde,
mientras los alumnos se convencen de su incapacidad y su impotencia. No se puede
dejar a un lado los compendios y manuales sin haber creado un archivo de
documentación o indicar el lugar donde se pueden encontrar los documentos.
La producción de información sobre los materiales con que se cuenta en el aula es
lo que inaugura procedimientos de informática, más aun que la posesión y manejo de la
computadora. Pero son las computadoras las que permiten acumular gran cantidad de
información ordenada sistemáticamente y recuperarla con la máxima velocidad y
economía de esfuerzo. Los arduos ficheros manuales que contenían la información de las
bibliotecas, por ejemplo, y que rara vez podían tocar los lectores (generalmente, para
abreviar, se concluía pidiendo el consabido manual o libro de texto) son remplazados por
listados alfabéticos o numéricos procesados en la computadora.
Para aprender a aprender es necesario que el alumno aprenda a buscar
información. Utilizando procedimientos informáticos (con o sin computadora) y, mejor
todavía, compenetrándose en el manejo de las computadoras, procesando la información
disponible en la realidad inmediata por sí mismo y en colaboración con sus compañeros,
el niño estará preparado para actuar con mayor autonomía.

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