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Mempo Giardinelli

Luna caliente

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Escaneo, OCR y correción: Ina Lomazzi

Diseño de colección:
Josep Bagá Associats
Primera edición en esta colección: septiembre de 1999

© 1983, 2000, Mempo Giardinelli

Derechos exclusivos de edición
en castellano reservados para
Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay
© 2000, Editorial Planeta Argentina S.A.I.C. / Seix Barral
Independencia 1668, 1100 Buenos Aires
Grupo Planeta

Hecho el depósito que indica la ley 11.723
ISBN 950-731-266-8
Impreso en la Argentina

Ninguna parte de esta publicación, incluido
el diseño de la cubierta, puede ser
reproducida, almacenada o transmitida
en manera alguna ni por ningún medio,
ya sea eléctrico, químico, mecánico,
óptico, de grabación o de fotocopia,
sin permiso previo del editor.

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Para Sergio Sinay, por la pasión común
por este género y por el inmenso cariño
de una amistad que, con los años,
pretendo acorazada.
Y para Osvaldo Soriano, por las mismas razones.

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PRIMERA PARTE 4 .

Tiene una edad monstruosa y es sempiternamente nueva. y casi me atrevería a decir: el único hecho.La muerte es el hecho primero y más antiguo. ELÍAS CANETTI La conciencia de las palabras 5 .

hasta las doce de la noche. Cuando se pusieron de pie para ir al jardín. parecía a la vez orgullosa y azorada por esos pechitos que empezaban a explotarle bajo la blusa blanca. de Araceli le tocaron el tobillo. Ramiro la miró. pero probablemente sucedió cuando descruzó las piernas para levantarse. casi casualmente. sus miradas se cruzaron muchas veces. que ya estaba bastante achispado. y un flequillo altivo que enmarcaba perfectamente su cara delgada. al costado. suavemente velludas. porque el calor era sofocante. y que lo había invitado con tanta insistencia a su casa de Fontana. de todo lo que habla una persona que los demás suponen trashumante porque ha recorrido mundo y ha vivido lejos. Y Araceli hizo como que miraba algo. desnudos. Los más chicos se habían acostado y Araceli. y que no sabía reprimir. Flaca y de piernas muy largas. grueso. y de su esposa. era raro que estuviera despierta a esa hora. Fue una velada que a Ramiro le resultó inquietante porque no podía dejar de mirar a Araceli. de sus estudios en Francia. Ramiro nunca sabría precisar en qué momento sintió miedo. hija del ahora veterano médico de campaña que fuera amigo de su padre.I Sabía que iba a pasar. Era incapaz de apartar de su cabeza algunas excitantes fantasías que parecían querer metérsele en la conversación. rociada de vino cordobés. de su divorcio. quien no dejaba de hablar. detrás del médico. dulzón como el aroma de las orquídeas silvestres que se abrazaban al viejo lapacho del fondo de la finca. a unos veinte kilómetros de Resistencia. "Los chicos crecen'. Ramiro se sintió observado toda la noche por la insolencia de esa niña. Ramiro la miró y supo que habría problemas: Araceli no podía tener más de trece años. modiglianesca. que en ese momento brillaban a la luz de la luna. Araceli no dejó 6 . decía su madre. Ella tenía sus ojos clavados en él. con las copas en las manos. largo. Tenía el pelo negro. y el calor se hizo húmedo y pesado y se prolongó después de la cena. Araceli fue un deslumbramiento. Él sí. de su casamiento. aunque acaso no. Charlaron y bebieron en el jardín trasero. dijo el médico. de mirada lánguida pero astuta. lo supo en cuanto la vio. al cabo del segundo café. en la que resaltaban sus ojos oscurísimos. Caminaron. La noche cayó con grillos tras los últimos cantos de las cigarras. mientras él hablaba de los años pasados. Hacía muchos años que no volvía al Chaco y en medio de tantas emociones por los reencuentros. Carmen. y bajo la mesa los pies fríos. Durante la cena. en un gesto que Ramiro interpretó cargado de la intención de que él viera su media sonrisa. ni a su falda corta que parecía remontarse sobre las piernas morenas. brillantes. no parecía turbada. cuando regresa a su tierra después de ocho años y tiene apenas treinta y dos. impregnadas de sol.

el mayor de sus hijos. -¿No arranca. que estudiaba en Corrientes. -Está bien -dijo. Ramiro? -preguntó el médico desde la casa. Ramiro se dijo que acaso se iba a arrepentir de su propia locura. mirándolo. cuando cruzó la carretera y entró al viejo Ford del 47 que le habían prestado. que él miró mientras el médico y su esposa. que no quiso pensar ni por un segundo: apretó varias veces. Ramiro tomó a Araceli de un brazo y se sintió estúpido. y secándose el sudor de la frente. Ella se secó la pollera. Araceli cruzó los brazos por debajo de sus pechos. salió del coche y dio un portazo. Cuando se adelantaron para abrir la puerta que daba al patio. Él frunció el ceño. Con un gesto exagerado. y que no era por el agobiante calor de la noche. Minutos después. Pero capituló cuando vio a Araceli. furioso. Ramiro pensó que ese hombre. 7 . Y sin esperar respuesta caminó hacia la casa y empezó a ordenar a su mujer que le prepararan a Ramiro el dormitorio de Braulito. en la ventana del primer piso. doctor. quedate a dormir y listo. sin bajar la mirada. dándose cuenta de que temblaba a causa de su excitación. empecinado. con una insistencia que lo turbaba y que él imaginó insinuante. petrificado sobre el camino de tierra. desesperado. El motor se ahogó más. haciendo un ruido que se fue apagando junto con la batería. violentamente. mañana lo arreglamos. ¿No me daría un empujón? -No. hacían comentarios que pretendían ser graciosos. que parecieron saltar hacia adelante. Además es tarde y hace demasiado calor. que a Ramiro ya no le pareció lánguida. Al despedirse. Y me quedé sin batería. Dudó un instante. Y en el viaje a Resistencia se te puede descomponer de nuevo. Con rabia. hombre. bastante bebidos los dos. Se preguntó qué estaba haciendo. alzándola un poco y mostrando las piernas. Entonces fue que se le ocurrió la idea.de mirarlo ni un minuto. cometió la torpeza de volcar un vaso sobre la muchacha. Ramiro se dio cuenta de que tenía las manos transpiradas. -No sé qué le pasa. y se encogió con un ligero estremecimiento. a fin de atravesar la casa hasta la calle. y ahora sin apretar el pedal. ya borracho. el acelerador. hizo girar en vano el arranque. era un estúpido por preguntar algo tan obvio. hasta que no dudó que había ahogado el motor. Repitió la operación varias veces. porque lo único que se le ocurrió preguntar fue: -¿Te manchaste mucho? Se miraron.

Pero abrió la puerta y volvió a asomarse al pasillo. mortecina. de imaginarla desnuda. Tomó dos y luego se lavó las manos y la cara. Debía ir al baño. Supo que era el cuarto en cuya ventana había visto la figura recortada de Araceli. recostándose en la jamba. De la puerta entreabierta de la habitación de Araceli ya no salía la luz. preguntándose si era el verano chaqueño. Pero no era eso: debió admitir que no podía olvidar el color de la piel de Araceli. Sudaba y la cabeza no dejaba de dolerle. ni su mirada que ahora dudaba si había sido lánguida o seductora. y se ordenó dormirse. que supuso serían del matrimonio y de los niños. dio vueltas sobre la colcha y cambió de posición un millón de veces. se dijo. Pero enseguida se dio cuenta de que no quería hacerlo. No sabía qué hacer.. porque algo le decía que ya sabía lo que iba a pasar. Ramiro se encerró en el dormitorio y se sentó en el borde de la cama. espiando la habitación iluminada. debo dormir. Cuando abrió la puerta de la habitación. Le dolía la cabeza. una tercera estaba entreabierta y desde adentro llegaba la tenue luz de un velador. Sí. Se sentó en el inodoro con los pantalones puestos y se estiró el pelo hacia atrás. Después de rechazar la invitación a tomar otra copa. pero algo tenía que hacer. para ver. al 8 . El miedo y la excitación que sentía lo bloqueaban y sólo podía escapar actuando.II El cuarto al que lo destinaron también quedaba en la planta alta. Quería ir. ni la insinuación de sus pequeños pechos duros. Fumó varios cigarrillos. Se metió en el baño lentamente. cruzó el pasillo. o las dos cosas. las dos cosas. se preguntó. no alcanzó a verla y se encerró nuevamente en su dormitorio. vestido. No podía pensar. Buscó una aspirina tras la puerta con espejo que había sobre el lavatorio. para acostumbrarse a la penumbra. Se tiró sobre la cama. ¿Qué estoy haciendo?. durante un largo rato. el pasillo estaba a oscuras. Respiró agitado. pero no pudo verla. Perdió noción del tiempo y al rato se desabotonó la camisa. Salió del baño. sin pensar.. muchos de ellos dejándolos a la mitad. La una y media de la mañana. y de despedirse del matrimonio. y se apretó el sexo. y el calor era abrasador. Le era imposible dejar de pensar en ella. el calor. porque la luna del Chaco estaba caliente esa noche. Porque el silencio era total y el recuerdo de Araceli era desesperante y su excitación incontenible. hundiendo la cabeza entre las manos. su propia ansiedad le anunciaba una tragedia. apenas el resplandor de la luna caliente que ingresaba por la ventana y llegaba. Tenía la boca reseca. como si estuviera por romper las costuras del pantalón. y finalmente se puso de pie y miró su reloj. El silencio era absoluto. refregándose los ojos. lo que lo ponía tan caliente. Se detuvo un momento. A su izquierda había dos puertas cerradas. erecto. Se sintió enfebrecido. Una cuarta puerta dejaba ver un lavatorio blanco. volvió a espiar. dolorosamente endurecido.

como si supiera que ésa era una manera de dominar la situación. apretándola con su cuerpo. diciéndose que regresaría luego a dormirse. La sábana revuelta cubría una pierna y mostraba la otra. Cruzó hacia el baño. Ella temblaba. sólo una brevísima tanga apretaba sus caderas delgadas. Y entonces él le tapó la boca con una mano. rápidamente se cubrió con la sábana. acezante. Se reacomodó sobre la cama. mirándose en silencio. Se recostó en ella. apenas en un suspiro-. en silencio. sin dejar de manosearla. con voz casi inaudible. treparon lenta. Temblaba. Ramiro la miró nuevamente a los ojos: -Qué divina que sos -le dijo. Se sintió desconcertado. el temblor de todo su cuerpo. conteniendo el alarido. Sos tan hermosa. aunque su pierna derecha quedó destapada y reflejando el brillo lunar. conservando esa especie de sonrisa patética que era más bien una mueca. Forcejearon. aceleradamente. De pronto. besándole el cuello y susurrándole que se callara. como para hundirla en la carne. Ella lo miraba. Lo impresionó la rabia que sentía. Estiró una mano y empezó a acariciarle el muslo. respiraba por la boca. se juntaron sobre el vientre. tranquila. azorado ante tanta belleza. y enseguida reconoció la erección paulatina e irreversible. espantado pero 9 . a todo lo largo de su cuerpo. Era muy chica para eso. -Tranquila. la yegüita seductora tuvo miedo y se durmió. que se le resecó aún más. y fue entonces que advirtió en ella el terror.pasillo. ahora. Voy a. penetrante. como si la tela fuese un difuminado falo que merodeaba su sexo. pero no tanto. dándose cuenta de que su pecho se alzaba y luego bajaba... miró hacia la puerta y lo vio. rítmica. Araceli estaba con los ojos cerrados. por las caderas. reconociendo la pastosidad de su paladar-. Se dirigió hacia la puerta entreabierta y miró hacia adentro. y se acostó boca arriba. acercándose más a ella. Ramiro entró a la habitación y cerró la puerta tras de sí.. que subieron por las piernas. sintió el leve estremecimiento de Araceli y apretó su mano. Pero sonrió. Los chicos crecen. para tranquilizarla. el miedo que la paralizaba. en su podrida lujuria. -Yo. suavemente. pero no por eso con la intención de seducirlo. -moduló ella. en la puerta. Él se acercó lentamente hacia la cama y se sentó. suavemente. Ramiro se quedó quieto. o de tan nervioso. ella se despertó fácilmente de un sueño intranquilo. lo había mirado mucho. sus pechitos se zafaron de la cobertura de sus brazos. Estuvieron así. Y enseguida. Y empezó a acariciarla con las dos manos. tensa. mientras él le rogaba que no gritara. sin dejar de mirarla. siguiendo con su vista el recorrido de sus manos. se dijo. Sí. y toda la malicia de la situación estaba en su propia cabeza. contemplándola. casi sin tocarla.. sin dejar de mirarla a los ojos. parecía dormir sobre el antebrazo izquierdo. de cara a la ventana y a la luna. deslumbrada. Semidesnuda.. Pero también pensó se ha dormido. tironeada por ese súbito tic que le hacía palpitar la mejilla izquierda. Hizo un movimiento. Debía ser virgen obviamente. Con los brazos ovillados alrededor de sus pechos. se reprochó su fantasía. pero en su estómago hubo algo de alivio.. -Sólo quiero tocarte -susurró. durante unos segundos. y se acostaba sobre ella. Si dormía.. Estaba a punto de gritar: tenía la boca abierta y los ojos que parecían querer salírsele de la cara.. y en ese momento escuchó el sonido de la muchacha revolviéndose en la cama. por el tórax hasta cerrarse sobre los pechos.

para horrorizarse ante la mirada de ella. Araceli se resistió un rato más. fracturada. más fuerte. en Fontana. dentro de la muchacha que se resistía como un animalito. quedamente. Hundió su lengua entre los dientes de Araceli. y se decía y repetía que la luna estaba muy caliente. para que ella no pudiera gritar. por volver a respirar. desesperada por zafarse de la boca de Ramiro. bajo la bombacha. Pero como Araceli gimoteaba ahora ruidosamente volvió a pegarle. Ella sacudió la cabeza. como una gaviota herida. que lo veía con pavor. lacrimógena. pero no lo hacía. ella soltó un aullido que él reprimió otra vez con su boca. embrutecido. y Ramiro la dejó respirar y gemir y le bajó la bombacha y se abrió el pantalón. y entonces fue que él. mientras él miraba por la ventana. enloquecido. mientras con la mano derecha le recorría el sexo. y poco a poco ella se fue aquietando. Entonces volvió a cubrirla y a pegar trompadas sordas sobre la almohada. y se exaltaba todavía más al reconocer la mata de los pelos del pubis. espasmódico. Y en el momento de penetrarla. impasible. aunque insistía "voy a gritar. Para Ramiro no fue difícil contenerla. y le tapó la cara con la almohada mientras se corría largamente. voy a gritar". ahuyentando una voz que le decía que se había convertido en una bestia. empezó a morderle los labios. le pegó un puñetazo que creyó suave pero que tuvo la contundencia suficiente para que ella se aplacara y rompiera a llorar. sin comprender. frenético. esa noche. 10 . destapó la cara de la muchacha sólo unos centímetros.enfebrecido por su apasionamiento. como a un monstruo. Hasta que Ramiro.

a los provincianos. no. de esa brutalidad que él desconocía en s mismo y que ahora le repugnaba recordar. Pero no se entregaría. Podría llamar a algunos amigos. a la parte más profunda del río. humana y acorde consigo mismo: enfrentar a la ley. Pero huir no era todo. En lo más alto. era indispensable que aclarara sus ideas... lo habían recibido con el antiguo cariño. un kilómetro después de la caseta de peaje. pero cuando se dio cuenta estaba junto al Ford. brilloso y restaurado ataúd de dos toneladas. convertido en un gigantesco. al regresar al Chaco después de ocho años. Encaminar el Ford. Entonces. Estoy loco. claro. Y el escándalo social que se produciría. ¿A dónde iría? Al Paraguay. y él ya no recordaba nada.. No concebía la idea de tener que mirar a su madre a la cara. La más. cambiar de nombre.. era cuestión de dar un violento volantazo. entregarse le resultaba intolerable. debía. hundirse en la selva amazónica. Pero se notó todavía demasiado nervioso. que muy pronto iba a incorporarse a la Universidad del Nordeste como profesor.. El coche rompería. no podía manejar. Abrió la puerta y se sentó frente al volante. Olvidarse de su inconsciencia.. a esa velocidad. sí.. en tres horas estaría en la frontera. Lo meterían. Podía. no 11 . en un celda en la que podría dormir. las barandas de acero. se dijo.III No supo cómo llegó hasta ahí. Dormir. súbitamente. Él era un joven abogado egresado de una universidad francesa. Encendió un cigarrillo y vio la hora: las dos y veinticinco. explicarles. a cien kilómetros por hora por el puente que cruzaba el Paraná hasta Corrientes. con más calma. un asesino. Araceli había dejado de resistirse. eso era todo lo que quería hacer en ese momento. de sus amigos que sólo tres días antes. doctor en jurisprudencia. Seguro. La primera de ellas era obvia: huir. de su ominosa conducta? Mejor sería desaparecer. no. respirando todavía agitadamente. ese enorme carromato de ocho cilindros. paradójicamente. con esa especie de admiración que produce. Y caería. Se dijo que necesitaba un largo trago de algo fuerte. no podía aceptar la idea del repudio de la gente. le aterraba sentirse. en un salto de cien metros. como cayendo en un sueño aletargado. de su familia. se dijo. Chupó el humo con fruición una o dos veces. ir en ese mismo instante a buscar un abogado que lo acompañara a la policía. de identidad. ¿Qué? ¿Qué podía explicar de esa espantosa noche. No se había quedado a comprobar la muerte. Cruzaría y al día siguiente vería qué hacer. especializado en Derecho Administrativo. o ir al Brasil. podía matarse. preventivamente. el que un coterráneo haya recorrido el mundo. sabiéndose un asesino. Estaba completamente confundido. cruzar el Paraguay rumbo a Bolivia. ¿Y si me entrego? Era la posibilidad más leal.

encendiendo otro cigarrillo.. Y si voy a hacerlo.. Después.. ? No. Encima. y en ese momento. con este coche indisimulable. dormiría todo lo que quisiera.podría sobrevivir. Bueno. Decidió que sus próximos pasos serían pocos y veloces: pasaría por su casa a buscar otra camisa. Se metería en un hotel y dormiría. ¿No podría? ¿Y si acaso. recoger todo el dinero que pudiera. 12 .. En la ruta. Colocó la llave en la ignición. después volvería a pensar. pero ése no era el problema. conscientemente. en Misiones o en cualquier provincia me agarrarían mañana mismo. no tenía valor para matarse. porque en Corrientes. Al menos. Cruzaría el río y se iría a Asunción. O no quería hacerlo. Sencillamente. no hay mejor opción que rajarme al Paraguay. sintió que se orinaba cuando una mano se posó en su hombro. Si de algo estaba seguro era de que no se mataría. sus documentos. espantado.. una botella de ginebra o algo bien fuerte y saldría a la carretera. se dijo... entonces lo único concreto en este momento es que tengo que huir. cargaría nafta y no pararía hasta Clorinda.

.IV -Ramiro. Debía estar ahogado. es que. Ramiro se dio vuelta. doctor. Resopló al desplomarse en el asiento. luego se aclaró la garganta-. tomo un micro. mirándolo con una sonrisa. -el hombre lo zarandeó un poco. Jé. Tengo que devolver el coche. te acompaño.. mantuvo el equilibrio y caminó.. hijo? -Sí. me dejás por ahí. y allá nos tomamos un vinito en "La Estrella" -No. .. tosiendo con fuerza. sacándose un resto de comida.. por borracho que estuviera. Me vuelvo a pata. es que después no voy a poder traerlo. yo quiero tomar un vinito con vos. -¿Se arregló el coche? -el médico se recostó contra la ventanilla. con un pie apoyado en el zocalito de la puerta. pero yo todas las noches me escapo.. como fuera. -No me llamés doctor. -No podía dormir -dijo el médico. Pero. -Está bien. son doblemente pesados. -Doctor. El calor es insoportable.. ya sé que es de Gomulka! -Pero tengo que devolverlo. Se preguntó dónde habría estado el hombre durante.. por delante del coche y se metió por la otra puerta. -Vamos -dijo. le dio un golpecito en el hombro-. ¿Y si era una trampa? No. -Que qué -enojado. no pidiéndole un cigarrillo. debía irse. Lo quise mucho. el tipo hubiese reaccionado de otra forma. che. Ramiro se desesperó: los borrachos.. del otro lado de la ventanilla estaba el médico. los cariñosos. decime Braulio. Vamos a Resistencia. encendiendo el motor-. doctor. Es de Juanito Gomulka. creo que sí -se apuró. Me asustó. ¿Me vas a despreciar la invitación? El hombre se apartó del coche. -Ya lo sé. aguachentos. no había visto ni escuchado nada. y aspiraba entre dos dientes. Por tu viejo.. Tenía los ojos vidriosos. -¡Carajo. -Llevame a dar una vuelta. Olía a vino tinto. pero. -Ya me iba. Urgentemente. -Sí.. Evidentemente. durante lo que pasó. inestable. -No. con fuerza. él. qué carajo. -¿Tenés un cigarrillo. -Ramiro hizo una mueca. Fumaba. no supo si quiso que fuera una sonrisa-... claro -se apresuró a ofrecerle el paquete. bueno. Después le pasó el encendedor. -No importa. y le hablaba tirándole su aliento asqueroso en la cara. ¿sabés? Yo lo quise mucho a tu viejo -pareció que iba a llorar-. doctor. estuvo a punto de caer al suelo. 13 . a decenas de litros de vino tinto.

Ramiro se preguntó si ya la tenía en la mano o si la llevaba en el bolsillo del pantalón. Carmen es una vieja imbancable.. mírenlo al abstemio. por dónde anduvo? Creí que se había ido a dormir. poné primera y vamos. Rió de su chiste. dormir con ella es más feo que tragar una cucharada de mocos. Siguió riéndose.. se reía. En mi casa siempre hay vino. Ramiro se sintió empavorecido. no quería cruzar de día. ¿o no? Los hombres.. Y quería estar lúcido para pensar. con la mano. -Vea.. para no perder más tiempo. recoger el dinero. hipando. resignado. al negarse. -y la voz se le apagaba en un eructo. -Puta madre. chamigo: me puse en pedo. como decía Lorca. Mientras. El hombre estaba hecho una laguna de alcohol.. procazmente-. diciéndose que en Resistencia se desembarazaría del médico. La acercó a sus labios. -Me alegra mucho verte. -Me pongo en pedo. mención honorífica de mi generación en la Facultad de Medicina de Rosario -se sonó la nariz.que vino a parar a este pueblo de mierda. -Gracias -dijo. te digo! -y le encajó la botella en la cara. -¿Qué mierda tenés que hacer a esta hora. Yo soy claro en lo que digo. y se la limpió en los pantalones. te dije que me digas Braulio. -Todas las noches me escapo. Tomá un trago. Era indispensable llegar a Clorinda antes del amanecer. Sacó una pequeña botella de vino. doctor. cómo lo quise a tu viejo.-Braulio. médico clínico. Iba a manejar de noche. El coche se desvió unos metros. -Sí. Cuando le devolvió la botella.. No lo escuché. Era una risa repulsiva. pero sin dejar que entrara a su boca ni una sola gota. che? Son como las. don Braulio: créame que no puedo llevarlo. Ramiro pudo mantener la estabilidad. -¿Y usted.. trigo. tomando la botella. era mejor no tomar. Mucho vino.. Y además. pero dónde toma. La pobre está gastada como chupete de mellizos. -En la cocina. Se fastidió porque se dio cuenta de que sería invitado y. y el trigo. gracias. ¿Qué hora es? -Las tres -mirando el reloj. los ocho 14 . -No. -Aguantarla es más difícil que cagar en un frasquito de perfume -entusiasmado. El Ford bramaba en la noche. tenía que pensar bien sus pasos. Ramiro aceleró al llegar al pavimento. quebrándola. pibe -el otro hablaba arrastrando las palabras. -¿Y esta noche qué hizo? -Te lo estoy diciendo. los documentos. Todo el vino del mundo para el doctor Braulio Tennembaum. Tengo que hacer. Ramiro arrancó.. hombres. Mierda. el médico se enojaría. -¿Y adónde va? -¿Quién? -Usted. -Bueno. decidió que no le vendría mal saber algo de las recientes actividades del médico. Y aún le faltaba pasar por su casa. ¡Tomá. Cuando se escapa. No era vino lo que necesitaba. ya encontraría la forma.

vio que el médico lo miraba fijamente. ¿no? Y se quedó un rato así. Abrió bruscamente la puerta y sacó la cabeza. y ahí había un puesto de Gendarmería. ¿Y si sabía? ¿Y si esto era una trampa y así como había sacado una botella de vino. Gomulka era un gran mecánico. -¿Y Araceli. diciéndose que más que nada lo que tenía era miedo. Ramiro apretó el volante y se mantuvo en su empecinado silencio. Pero siguió en esa posición. con la cabeza inclinada. alerta. Ramiro recordó las convulsiones de Araceli bajo la almohada. ¿eh? Va a ser una mujer del carajo. un fuerte mareo.cilindros respondían perfectamente. -¡Puta madre! -gritó Ramiro-. Frenó el coche y se salió de la ruta. Y que si se trataba de una trampa y el médico sabía lo de su hija. Ramiro se crispó. si los papeles del coche estarían en regla. pero supo que el otro lo miraba. la energía que se le fue acabando. para vomitar. llegaría a tiempo a Clorinda. Se sobresaltó. mejor que lo matara ahí mismo y chau. yo lo mataría. ahora Tennembaum sacara un revólver? Sintió náuseas. Ya se veían las luces de Resistencia. Sacó un pañuelo del pantalón y se limpió la boca. -Si alguna vez alguien le hiciera daño -continuaba Tennembaum-. lo mataría. Todo marcharía bien. Sintió un escalofrío. buscó en la guantera y los encontró. Por el rabillo del ojo. repentinamente alarmado. che? -preguntó éste. pues debía cruzar el río Bermejo para entrar a la' provincia de Formosa. se dijo. 15 . estacionándose a un costado. No respondió. Se preguntó. A quien fuera. Se estiró al costado. Pero debía desprenderse de Tennembaum. -Te sentís mal -dijo el médico. Es obvio. -Está linda mi hija. aquella sensación de gaviota herida e insumisa que había cedido a su presión.

sin moverse. Proceda nomás. en efecto. Están rodeados. ya debía estar en contacto con el comando radioeléctrico. en el bolsillo trasero del pantalón. -Mantengan las manos a la vista. oficial. -Bájese. por favor -el policía abrió la puerta con la mano izquierda. Era una voz serena. quitándole la botella de las manos y tirándola al piso del coche-. por favor. que procuraba parecer calma y segura-. para lo cual tuvo que sacudir a Tennembaum. debía tener una pistola 45. sin dejar de apuntarlo con la derecha. Ramiro los observó por el espejo retrovisor. Así le habían contado que se vivía en el país. pelotudo de mierda! -bramó Ramiro. ¡Quiere que nos caguen a balazos! -No se muevan -les advirtió una voz. -Yo tengo la cédula en mi cartera -dijo Ramiro-. -¡Pero yo no. El oficial revisó las cédulas de identidad de ambos. Tennembaum se echó un largo trago de vino. con las manos levantadas. oficial -dijo Ramiro. y no hagan ningún movimiento sospechoso. casi suave. que parecía mandar el operativo. desde hacía un par de años. -¡Carajo. Está borracho. Parece que se durmió. El policía se acercó a su ventanilla y miró dentro del coche. En cualquier momento podía aparecer una tanqueta del ejército. Era. Dos policías bajaron de las puertas traseras. Dos portaban escopetas de caño recortado -Itakas. El oficial siguió-: Y ahora quédese parado y con las manos en alto. Un tercero abrió la puerta delantera derecha. -Dígame dónde tienen los documentos -dijo el oficial-. gutural. Entonces llamó a otro de los policías. desde el patrullero. pero autoritaria. -Todo en orden.V El patrullero se estacionó detrás del Ford. en voz baja. inclinando la cabeza hacia atrás. se dijo Ramiro. el que manejaba. deje esa botella y quédese quieto! -Me cago en la policía.y el de adelante. una 45. quien repitió la operación. Los tres rodearon velozmente el Ford. apuntándolos. -Es el doctor Braulio Tennembaum. la reglamentaria. Éste se bajó en completo silencio y también quedó a un par de metros del coche. en voz alta. Ramiro se imaginó que los otros dos debían estar en las sombras. con las armas gatilladas. muy firme. y sobre el techo se le encendió un reflector cuyo haz dio directamente en Ramiro y en el médico. Los dos esperaron que el acompañante hablara. mientras el otro policía hurgaba dentro del 16 . Y el cuarto. Tennembaum parecía dormitar. de Fontana -explicó Ramiro-.

Tuvo ganas de llorar. y no pudo evitar un sentimiento de repulsión por ser tratado como "personal civil" Pero así estaba el país en esos años. Ramiro pensó que en otra circunstancia se hubiera sonreído. lo hace pasible de estos operativos. y mientras volvía a ponerlo en marcha. La noche avanzaba y la luna no dejaba de estar caliente. fui el que se descompuso -y señaló su vómito junto al automóvil-. Ramiro se preguntó qué tenía de sospechoso detenerse en la carretera para vomitar. del lado oculto del tablero. llamando a los suyos y regresando al patrullero. Perdone. que arrancó y se fue. Subieron al Ford. en su dormitorio. en estos tiempos y a esta hora. pero el cadáver de Araceli. El oficial se sorprendió. No dijo nada. -Deben tener más cuidado. su corazón parecía saltar dentro del pecho. en la guantera y en el baúl trasero. le habían contado. bajo los asientos y las alfombrillas. debía estar enfriándose. lo que acaba de pisar. Al cabo el oficial preguntó: -¿Por qué se detuvieron? -El doctor Tennembaum y yo nos sentimos mal. Ramiro sintió que dos lágrimas le caían por las mejillas. Y aunque yo no tomé ni una sola copa. cualquier movimiento sospechoso del personal civil. -Pueden continuar -dijo el oficial..coche. -¿Qué tengo que perdonarle? -Eso. en silencio.. Dio un par de taconazos sobre la tierra. 17 .

Tenía. estacionó el coche. al menos. y en total silencio. Estaba cansado. en la universidad. Y así nos va. Tampoco estaba dispuesto a soportar más al médico. -Aquí se dio vuelta el principio griego -siguió Tennembaum-: la aritmética es democrática porque enseña relaciones de igualdad. con sueño. cambió de rumbo y en lugar de dirigirse al centro de la ciudad. -Bueno. una trampa? ¿Cuándo terminaría todo esto? Instintivamente. llegar bien temprano. donde vivía desde que llegara de París. pero lo convirtieron en una completa mierda. pero no había otro camino. se dijo. No quería otro encuentro con la policía. la convicción ya irreversible de que era un fugitivo. de justicia. Al llegar. doctor? -No me vas a dejar. Eran las cuatro y veinte de la mañana y de todas maneras llegaría a la frontera siendo de día. se dirigió hacia el centro. ¿Y sí sabía lo de su hija? ¿Era. a Perú. Pero quería. le dijo a Tennembaum que lo esperara un momento y. muy triste. al Amazonas. como si fuera un extraño. sin pensar siquiera en mirar a su madre ni a su hermana menor. un asesino que sería buscado por toda la frontera. como una orden. Salió de la casa con mucho sigilo. no podía perder más tiempo. entró a la casa. Ni siquiera el Paraguay era seguro. Debía cruzarlo y llegar a Bolivia. Ramiro. lo que necesitaba: su pasaporte. sin esperar respuesta. Juntó rápidamente. secretamente. Lo hizo con voz suave. Ramiro pensó que esos minutos de espera 18 . quinientos dólares que aún no había cambiado. pero sobre todo triste. nomás. Ramiro no supo si se le había pasado la borrachera. che: ahora somos un país cada vez más geométrico. Era hermoso. La voz del médico sonó muy firme. y un pantalón y una camisa que envolvió en una bolsita de supermercado. doctor. Aceleró hasta el límite de velocidad urbana. pero todavía arrastrando las palabras: -Este país es una mierda.VI El médico habló primero. La voz del médico era amarga. se desvió hasta la casa de su madre. pero ahora mismo. Dónde lo dejo. Ramiro recuperó rápidamente el miedo. confuso por todo lo que no quería ni imaginar que le esperaba. ¿Leíste a Foucault? -Algo. harto. Lo dice Foucault. y la geometría es oligárquica porque demuestra las proporciones de la desigualdad. Una lástima. -¿Y vos. varios miles de pesos nuevos. -¿Dónde lo dejo. hasta aquí llego. -Pues nos dieron vuelta el principio. Ya en el coche. Ya vería qué hacía con él. a dónde vas? -la voz se le había aclarado. Frenó bruscamente en la esquina de Güemes y la avenida 9 de julio. A la mierda.

Bájese. Y hablar. era obvio que jamás volvería a ver a Braulio Tennembaum. precisamente. la desencadenaría ese hombre. cuando pocas horas después descubriera el cadáver de su hija. usted parece tener unas ganas que yo no tengo.los había dormido. pero con voz sonora y grave. -No me vas a dejar así nomás. y me voy ya. -Qué se propone -preguntó Ramiro. O habría orinado. irritado. ¿Te creés que no te vi. -Oiga. Al contrario. cómo mirabas a Araceli? 19 . Siempre les hace bien a los borrachos. -No me vas a dejar -dijo el médico. con miedo. siempre trataría de poner la mayor distancia entre los dos pues la cacería. esta noche. viejo: acábela. ¿quiere? Me voy a donde se me canta el culo. se dijo. cautelosamente. -¿A esta hora? -Mire. -Voy a pescar. -Seguir el pedo. fríamente. lentamente-. ¿estamos? después de todo. hijo de puta -hablaba gélida.

pero no estaba mal. convertido involuntariamente en asesino. se convencía de la limpieza con que actuaba. profirió unas maldiciones y se dispuso a pegar él también. Diez minutos después el Ford corría a todo lo que daba. regresó al coche donde lo esperaba el tío Ramón. Ramiro midió mejor la segunda trompada. como incrustadas en las baldosas. que se estrelló en la nariz del otro. de repente. Tennembaum no lo esperaba. lanzó un ronquido. hasta que observó que cuatro pequeños gatitos se deslizaban. muchísimos años atrás. una rabia intensa. se horrorizaron ante los pequeños cadáveres descompuestos. y pasó por la casa. prácticamente se habían apoderado del comedor y de la cocina. Su propia frialdad lo impresionó. Como aquella vez. ahora hay que darle para adelante porque estoy jugado. como buscando refugio en otro lado. y el motor funcionaba como nuevo. golpeando contra la puerta. paralizado ante el cuadro que veía. y por una ventana del comedor había ingresado una familia de gatos. Pero aunque procuraba no hacerlo. él debió viajar a Resistencia para hacerse unos análisis por una enfermedad que no recordaba. Jugado-fugado. cuando vio que dos enormes gatos huían al oírlo entrar. Su tío Ramón lo esperó en el coche. falta envido. Entonces el médico perdió el conocimiento. El olor era 20 . Gomulka lo había restaurado obsesivamente. ningún diente. y por un tiempo decidieron abandonar la casa. Un fin de semana. Fogado-tocado. Y el malabar de palabras era una manera de no pensar. Toquido-ronquido. por debajo de la mesa. la puerta que daba a la cocina y la que él mismo había abierto y que comunicaba con el resto de la casa. mientras él entraba a buscar unos vestidos de su madre. se dijo.VII Fue entonces que se asustó por la acusación de ese hombre y. cerró la ventana que daba al patio. Tocado-toquido. su hermana menor. Ronquido de muerto. cuando era niño y murió su padre. y aunque el viejo modelo no tenía velocímetro Ramiro calculó que fácilmente iba a 130 kilómetros por hora. Lo había dormido. no podía ir más rápido. que se instaló bajo la mesa. fríamente. Pero ella no había tenido el debido cuidado de cerrar la casa. inescrupuloso. sin dejar huellas. donde estaban en plena cosecha algodonera y eso parecía distraer a su madre del llanto cotidiano. le pegó un puñetazo en el mentón con toda su fuerza. Casi un mes después. Se fueron a vivir a lo de unos parientes. Excitado por su venganza. Bien jodido. de suciedad y repulsión. casi reptando. y cayó hacia atrás. Él sintió un profundo asco. en la base de la mandíbula. Pero no se durmió. Ese coche tan antiguo. en Quitilipi. Entonces. Jamás había imaginado que un hombre. Y se quedó así. Fugado-fogado. cuyas pelambres estaban pegadas. no le había roto ningún hueso. su madre y Cristina. pudiera. Perdido por perdido. En esas pocas semanas. vencer tantos prejuicios y tornarse frío. de treinta años exactos. Y todavía le aplicó un tercer derechazo. Ronquido-jodido. sin pensarlo. cuando volvieron a Resistencia.

Un hombre en el límite es capaz de todo. pero descartó la idea. desesperado.. Se espantó de su propio chiste. pues a las tres menos cuarto lo había despertado y él. creí que estaba en un pedo triste. Bueno. se fue al cine y se pasó la tarde viendo una misma película de Luis Sandrini. Pero sí colocó las manos del médico en el volante y sobre la palanca de cambios... procurando no dejar huellas de violencia en el pavimento y se dijo que debía proceder muy rápidamente.. cuando él fumaba en el coche. Ahora estaba convencido de que era capaz de muchas más acciones que las que antes suponía. fastidioso. un coche que venía del norte (con probable destino a Buenos Aires. Lo que estaba haciendo era horripilante. Supondrían que él mismo había violado a su hija para luego. Pues de ahí era la patente) y un ómnibus de la "Godoy" que hacía la línea Resistencia-Formosa. porque era amigo de mi padre. después de ocho años de ausencia. era bastante improbable que hubiera tránsito. había querido amarla. mejor no pensar. una cena magnífica. No iría a Paraguay ni a ningún otro lado que no fuera su casa. ya sabía lo que tendría que decir: que Tennembaum. La culpa había sido de la luna.... y acaso le estaba tendiendo una trampa. que dormía profundamente en el otro asiento. aquella noche. a las tres se le había acercado. Rogó que no pasara ningún coche. súbitamente un monstruo. Perdido por perdido. le había dicho Dorinne. nervioso. Perdido por perdido. mirando a Tennembaum. cuando se lo contó. Ramiro. bien jodido. Eso no era lo importante. Frío. y él en realidad no debió. Dudó un segundo sobre si debía quitar sus huellas digitales.insoportable y él. suicidarse en ese paraje absurdo. Después de cruzar el triángulo carretero de la salida occidental de Resistencia. diría. Ahora recordaba que después Dorinne no había querido hacer el amor. aquella tierna muchacha de Vincennes a la que había amado. pero yo no podía saber qué le habría pasado. por eso le había pegado hasta dormirlo y ahora lo iba a matar. Demasiado caliente. sí. Perdido por perdido. era completamente consciente. El médico se había puesto pesado.. después de tantos años. Sí. y muy pesado. qué iba a saber que había violado a su hija. ¿a qué hora? Sí. lo había despertado a las. no pudo resistir la invitación. borracho como una cuba. inescrupuloso. pasó el puente sobre el río Negro y el desvío de la ruta 16. Era obvio que él había manejado ese coche. y nos íbamos a "La 21 . Pero no tenía opciones. borracho. Apenas si se había cruzado con dos camiones. ella se resistió. las cinco de la mañana. Él no había querido matar a Araceli. Frenó suavemente. Ramiro. Se bajó y empujó el cuerpo de Tennembaum hasta ponerlo frente al volante. después de negar toda responsabilidad. claro que no. nomás. Perdido por perdido. pero sabría sortearlas. se dijo. lo sabía. la luna del Chaco. repitió para sí mismo. Poco más adelante. Estaba jugado. pero. había hecho un disparate.. Se acercó a la banquina unos doscientos metros antes de cruzar el puentecito. el polvo más costoso de mi vida. inescrupuloso'. pero bueno. La ruta estaba totalmente despejada. Dios. No tenía opción. llegó a un riachuelo que no tenía indicador de nombre. Claro que después debería enfrentar situaciones incómodas. "Frío. Y además. había decidido lanzar el viejo Ford. Sobre todo. estaba jugado y ahora ya nada lo detendría. aunque a esa hora. El doctor era mi anfitrión.. me había tratado espléndidamente. Soy un monstruo. Todos pensarían que Tennembaum. en ese puente contra el que él. Bueno. Y él había llegado al límite. como si le hubiese pasado algo.. Y explicaría que él fue quien manejó porque el doctor estaba borracho.. como lo había planeado cuando Tennembaum se puso pesado y debió pegarle.

Entonces se puso la bolsita de nylon dentro de la camisa. que los habían abordado. 22 .Estrella" a tomar unos vinos. Ramiro golpeó contra la tierra y fue detenido por un tacuruzal. enfiló hacia el puente y. si bien no se había provocado el incendio que deseaba. Aceleró al máximo. se inclinó sobre el lado izquierdo y cayó por el terraplén elevado sobre la orilla. pasando los cambios con premura. Y hasta nos paró un patrullero. Se levantó presuroso. dando tumbos. antes que las hormigas pudieran repeler ese cuerpo extraño. Todo salió bien. el Ford había quedado con las ruedas hacia arriba. profiriendo un grito espantoso que él mismo desconoció en su garganta. el médico moriría ahogado. Y se espeluznó de su propia certeza. saltó del coche un segundo antes de que se estrellara contra la baranda con un horrible estrépito de acero y cemento. de la repugnante serenidad de su comentario. unos metros antes. se sentó sobre el cuerpo del otro y arrancó. se dijo. diría. De pie. y sonrió mientras maniobraba con el cuerpo del médico y recordaba qué bien le había venido aquel encuentro. Se tranquilizó cuando se dio cuenta de que. y confirmarían la hora. semihundido en el agua. El coche pareció montarse sobre el borde del puente. corrió para ver el coche. La cabina estaba bajo el agua. Los policías admitirían que sí. y ratificarían que el médico estaba borracho hasta más no poder y que Ramiro estaba sobrio. y lamentándose del dolor en un codo. aterrado.

Y ese calor inaguantable. -Pa'onde le quede 'iéen. y no: lo que veía era el paisaje chato del norte chaqueño. -Bueno. con sus palmeras dibujadas en la noche en la dirección del río Paraná. con acento aparaguayado. en tono casual y mirando hacia afuera por la ventanilla. Abrió los ojos. a las veras del camino. Un minuto después. que buscaría un mecánico y que luego seguiría a Santa Fe. -Tá ién. 23 . que casi se podía tocar. con patente de Santa Fe. con su selva sucia. El tipo quería pensar en sus cosas. por la oscuridad. Habían pasado sólo minutos desde que corriera alejándose del puente. Las obras públicas en mal estado no sorprendían a nadie. Entonces. se detuvo ante sus señas. en el bíceps.lo que indicaba que nadie se detenía en el puentecito roto.VIII Eran las cinco y veinte de la mañana y aún no empezaba a amanecer. Ramiro se dijo que ese tipo podía tutear a cualquiera. persistente. Volvió a cerrar los ojos y. ahora más calmado. Ya dos automóviles y un camión habían sobrepasado su línea -Ramiro se apartó de la carretera. Recordó velozmente todo lo que había pasado esa noche y se preguntó si no era sueño. con su evidente tonada paraguaya dijo que se le había descompuesto su coche unos kilómetros antes. cuando calculó que había caminado lo suficiente. chamigo -respondió Ramiro. sin temor. era un moreno que viajaba con el torso desnudo y asomaba un brazo que parecía un guinche portuario y tenía un tatuaje borroso. subite. aunque el cansancio empezaba a dificultarle la marcha. De modo que pasaría un buen rato hasta que se descubriera el Ford semihundido. como indicando que no le interesaban las explicaciones ni los problemas ajenos. n'el centro. cuando se dio cuenta de que el camionero era uno de esos tipos capaces de hacer gauchadas. escondiéndose entre unos arbustos. Ya en la cabina. me bajo ái. no era un sueño. si no era algo que le estaba pasando a otro. Sólo movió la cabeza. Espió al camionero. -Voy a Resistencia a descargar y después sigo a Corrientes. pero sin mirarlo a los ojos. y le importaba un pepino la historia que le pudiera contar. a la ciudad. sobresaltado. Ramiro se lo agradeció desde lo más profundo de su corazón. -¿A dónde vas? -le preguntó el conductor desde la cabina. al escuchar los ronquidos de los motores. agrisada. un enorme "Bedford" con acoplado. y se recostó en el asiento. rumbo al sur. se dispuso a hacer dedo. Iba a agregar que había decidido caminar hasta que alguien lo llevara. que manejaba muy concentrado. No. en un desvío de la carretera. sin dejar de caminar. pero hosco y solitario. mordiendo un escarbadientes que parecía deshilachado y mirando fijamente el camino.

lo peligroso era que su familia lo escuchara entrar. Por segundos. Cruzó el living en completo silencio y entró a su dormitorio. y se durmió preguntándose si en París hubiese pensado que él. Cristina hacía sus ejercicios matutinos. todo había salido bien. alguna vez iba a ser capaz de tanta sangre fría. Cuando llegó.escuchando el ronroneo del diesel. Se quitó los zapatos en el zaguán y se erizó cuando sintió el tún-tún de su corazón. Venía con suerte. se relajó unos minutos. cerrando la puerta tras de sí. quien por su lado sólo gruñó y dijo algo así como "chau. mestrro. paragua". Debía caminar unas ocho cuadras hasta su casa. Pero ahora. tratando de ocultar su cara al camionero. Luego iría a la cocina a calentarse el café. Ramiro Bernárdez. nadie salía de sus casas. 24 . en el otro cuarto. Le pareció escuchar que. aquí me bajo" y abrió la puerta y saltó. mención que a Ramiro le pareció hermosa de escuchar. Cuando el camión se detuvo ante el semáforo de las avenidas Ávalos y 25 de Mayo. Su madre estaba en el baño. dijo "gracia. Se desvistió. Ese tipo no sería de cuidado. Pero miró su reloj y se alarmó: eran ya las seis menos diez y empezaba a clarear. tras mirar la calle y comprobar que nadie lo miraba por las ventanas. abrió la puerta con mucho sigilo. vigilante y con mucho cuidado. Ramiro. Habría jurado que no. después de semejante noche. sabía que cualquier cosa era posible.

Seguramente. decía. -¿Qué? -Ramiro saltó. horrorizado. Miró el reloj en su muñeca: las once y catorce. sobre todo cuando se iba totalmente hacia la izquierda y el buje debía girar una vuelta completa sobre sí mismo para iniciar el camino hacia la derecha. irguiéndose. Sintió un súbito dolor de cabeza y se relajó. querido. "Qué casualidad -decía su madre. justo en el momento en que ella entraba al dormitorio. moviendo los labios. casi gritando. luego. -Sí. la vieja tiene pies de lana. observó que el sol se filtraba por entre las rendijas de las persianas de metal. Ramiro se alertó. Sólo una madre puede entrar así a la habitación de un asesino. queridita -la voz sonaba ahora muy fuerte-. -Querido. el otro. se dijo. pero sin pronunciar la palabra. Debía ser alguna visita. pero claro. donde estuviste anoche. Se asombró de no haberse despertado. y parecía sorprendida y alegre. Afuera. te busca Araceli. sin que éste reaccione. querida'. la hija del doctor Tennembaum. 25 . -Un minuto.IX Cuando abrió los ojos. "Sí.nunca se te ve por aquí. repitió. Asesino. su madre lo había encendido. Él abrió un ojo. acababa de darse cuenta de que estaba completamente tenso. de Fontana. Ramiro se zambulló en la almohada y cerró los ojos." Y la voz parecía acercarse a su dormitorio. El ventilador de pie producía un sonido monótono y ensoñador. fingiendo estar dormido. -Ramiro. su madre hablaba con alguien. esperate que voy a ver si está despierto... No había dormido mucho. Araceli. Le llamó la atención ese ventilador.

SEGUNDA PARTE 26 .

¿Qué es la conciencia? ¡La he inventado yo! ¿En qué consiste el remordimiento? ¡Es una costumbre de la humanidad desde hace siete mil años! ¡Librémonos de esa preocupación y seremos dioses! FEDOR DOSTOIEVSKI Hermanos Karamazov 27 .

No. venosas. pero en un primer momento el crimen nos deslumbra. se dijo. nos impacta hasta la admiración. ¿Y Araceli. el pelaje duro y seco de un perro ovejero alemán. Luego las dio vuelta. se rió. 28 . una flor y no se marchitaría. en este momento lo único cierto es mi propia parálisis. no era tan así. y se dijo que no iba a salir por un rato. lentamente. Significaban momentos grabados imperceptiblemente en su memoria. No es posible ser "menos asesino" Así como si un solo ser te falta. después. todo está despoblado. pero a la vez sentía rabia por todo lo que había pasado. esas evocaciones no eran distractores eficaces. el asesino era él. Pero. y las contempló del otro lado. no hacía mucho. Ramiro se miró las manos. Aunque no. habría contado lo que pasó? ¿Y Carmen. así una muerte producida por mis manos es todas las muertes. por mí que me esperen toda la vida. cómo enfrentarla? ¿Qué le diría? ¿Qué sería capaz de decirle? Suspiró y encendió un cigarrillo. el horror de un asesinato. una seda de la India. mirando el techo. podían tocar. le parecieron manos de un monstruo de novela gótica. y seremos jueces implacables. los que señalaron que los humanos. Otra vez habían tocado tejidos de hilo oaxaqueño. En París. instantes indomeñables que no sabía por qué asociaba ahora. pensó. Y sin embargo eran las mismas que habían sabido acariciar a Dorinne. y sin embargo. admirativos. "Soy un misógino".. velludas.X No era posible. Dejó el fósforo en el cenicero. Alguna vez habían pellizcado dulcemente la mejilla de un niño. ¿Qué mierda querían? Odiaba a las mujeres. calmosas. En algún lugar nuestro disfrutamos. Se quedó en la cama. ¿qué era eso de sentirse menos asesino? ¿Qué era sino una comprobación ridícula? Primero fue De Quincey. sabría ya que la había violado e intentado matar? Porque evidentemente esa chica no había venido sola a su casa. asombrado y reconociendo sentimientos contradictorios: lo aliviaba saberse menos asesino. Podemos condenarlo. podían apasionarse ante la suavidad de la piel de algunas mujeres. Las sabía capaces de ternura. en veladas inolvidables. Carajo.. y luego Dostoievski. gozamos con el crimen. ¿y ahora qué haría? ¿Qué querría esa muchacha.. por más que quisiera ignorar su situación. sobre la mesa de luz. con las palmas abiertas. Que lo esperaran. en alarde de cinismo o de ociosidad. varias amigas lo habían acusado de machista.. sólo entonces se daba cuenta. desde Fontana. y que pudo no suceder si se hubiese dado cuenta. Ésas eran las manos de un asesino. ya demasiado ajetreo tuve anoche. Por Dios. el pedestal del David en Florencia. otra vez no estaba soñando.

lo que nos diferencia no es sólo la tenencia de un miembro unos y de vaginas otras.. sino el reconocimiento de su humildad. alocadas.. íntimamente. -Ya voy. ¿No le había pasado. Las mujeres representan el sentido común que nos falta a los hombres. no importaba que ahora Araceli resucitara o lo que fuere. se confesó. una superstición. que esa comprobación de ser "menos asesino" era absurda. ¿O no era eso lo que había sentido frente a Araceli. Y se reían. mamá. anoche? Él. y el tipo estaba desmayado. con todas. Ramiro Bernárdez. el argentino maula que no fue capaz de alzarse a una francesita en París. Nos causan pavor. Sin embargo. él había visto el Ford con la cabina hundida y las ruedas girando. una estupidez. El instante de terror que nos produce reconocer su sensatez. él no tenía honor. Y había asesinado dos veces. Nervioso. Por desearlas y necesitarlas. su aparente fragilidad (lo que nosotros queremos ver como fragilidad). Sí. Tenía que haberse ahogado. te está esperando esa chica. He ahí lo que rechazamos en el otro sexo. indefinible. Escuchó nuevamente la voz de su madre. advirtió el brinco de su corazón. como sugirió Dostoievski? ¿Qué era el honor de un hombre. Y ya no cabía ni pensar en huir a Paraguay. preguntó: 29 . que se acercaba. ni siquiera un hombre. No sabían nada de la vida. discutiendo sobre las conductas de los hombres frente a las mujeres. con muchas mujeres? Caray. ¿Qué era peor. el gran macho. Porque.. Pero entonces. antes. ese segundo de espanto que sentimos cuando enfrentamos a la mujer. Por miedo... todo sería peor. Todavía no. Pero enseguida debió admitir que no se atrevía a abandonar su cuarto. buscó algo en algún lado. ¿qué era eso? Sólo tenía sentido del pavor. de ese afanoso procurar distinguir el bien del mal. divertidas. si Araceli hablaba. se le vinieron encima. Volvió a pensar. se sabía incapaz de toda ascendencia moral? ¿O es que el honor era. Un destello extraño. -Che. contraatacaba él. feministas primarias. les tenemos miedo. anoche se había convertido en un vulgar violador. si cada mujer que había conocido en su vida había significado un minuto de terror. le decían. sino la vergüenza de haber sido un violador? ¿Porque de pronto debía admitir que no se atrevía a salir de su cuarto. se puso una camisa y un pantalón y se ordenó salir. ¿Y por qué pensar todo esto ahora? ¿Porque el horror no era siquiera la muerte. con lo que a él le parecieron sombritas de duda en los ojos. eso era seguro. se levantó de la cama. Machista. entonces. lo que nos diferencia es la imposibilidad de aceptar y reconocer la diferencia. Ella se quedó mirándolo. de pánico insoluble. inmensurable: qué era sino el abatimiento del narcisismo? Entonces. su intrínseca posibilidad de anclaje en una estabilidad que los hombres no tenemos.juguetonas. no era honrado. de su pequeñez infinita. por terror. nomás. ¿Y si tampoco había muerto? Se alarmó. quizá. Todos los siglos de la humanidad. y enseguida vio que abría la puerta del dormitorio y se asomaba. porque el médico. Y eso es lo que los hombres tememos.. Tennembaum era seguro que había muerto. Sentido común. puesto que se sentía francamente un prototipo lombrosiano? ¿O porque ya. Ramiro. Quizá eso era el machismo. ahora que estaba metido hasta el tuétano en este baile? Pero no.

y a Ramiro le parecieron unos ojos bellísimos: enormes. Ramiro pestañeó y se sentó en el sillón. Araceli. en silencio. -Apurate querido -dijo al cerrar la puerta. no hay remedio. -¿Cómo viniste? -Me trajo mamá. cualquiera que fuese la idea de esa muchacha. de hombre. no quise hacerte daño. nerviosa. mirándola fijamente. vieja. amarga. que le quedaba grande. ¿hablaste con tu mamá de lo de anoche? Ella se sonrió. un jean gastado que le apretaba las caderas y los muslos. El flequillo le ocultaba los ojos. en un sillón. una carcajada breve. ¿sabés? Es tonto que te lo diga. Ella estaba sentada en el living. Llevaba una camisa a cuadros. -Hola -respondió ella. -¿Y dónde está ella? -Buscando a papá. ella lo escuchaba. y aún ese moretón en el pómulo. anoche desapareció. -¿Cómo estás? -Bien -ella hablaba sin quitarle la vista de los ojos. Decime. Desde la cocina se oía el ruido de su madre. éste se levantó dramático.. Lo miró fijo. Luego se sentó en la cama y empezó a ponerse las medias y los zapatos despaciosamente. seguramente su desayuno: café con leche y galletitas. -Hola -dijo Ramiro. -No sé qué decirte. debe estar en lo de algún amigo. -Nos van a matar otras cosas. Ramiro buscó un cinturón y se lo cambió.. -¿Y sabe dónde buscarlo? -Se habrá emborrachado. Tenía una pequeña magulladura en el pómulo derecho. en la cal y en la pintura. mamá. chiquita. magnetizada ante su presencia y sus palabras-. -¿Qué estás diciendo? -No me hagas caso. húmedo. el sol nos va a matar. -Ahá -Ramiro se tranquilizó un poco. Ramiro terminó de vestirse diciéndose que al menos una cosa tenía clara: Araceli no debía hablar.-¿Cómo está el día? -¿Cómo querés que esté. Quisiera que me disculpes si estuve brutal... La piel aceitunada. instalado en los ladrillos. y se puso de pie. él debía estar sereno. todavía no había aparecido el cadáver-. -y de veras no sabía. -No hay aspirinas para lo que me pasa. Vestía un pantalón azul. muy negros. junto a ella. cerró los ojos y se recomendó calma. se acercó a él y le dio un beso junto a la boca. pero. con el brillo recobrado. como siempre. me siento horriblemente. Estaba hermosa. mi querido? Como siempre: caluroso.. le daban a ese 30 . No parecía ni triste ni asustada. hoy -como si le hablara a la pared. alguien que estuviese ahí. preparando algo. Anoche me volví loco. Luego salió rápidamente. Ella también se rió. -Vaya. y el pelo recogido en un rodete. Antes de salir del dormitorio.. Ella lo miraba. Ramiro era incapaz de definir qué había en esa mirada. o era que habían perdido el brillo. Ya vería cómo silenciarla. -¿Te traigo una aspirina? Ramiro rió.

con la boca entreabierta. Ramiro se dirigió a la cocina. esta tarde voy a necesitar el coche. alejando apenas su torso. Pero sabía que ella esperaba una respuesta más convincente. sin dejar de mirarlo. y Ramiro se dijo que no era posible que fuese tan inocente y tan hermosa. abominable. che? -No... a don Braulio.. -Es para vos. Voy a ir a tu casa -y colgó. -¿A quién se lo diste. -¿Qué te pasa. furioso. ¿A qué hora lo paso a buscar? -Eh. que le produjo miedo. y Ramiro dio un brinco. y Ramiro le exigía a su cerebro una velocidad que no tenía. -¿Le dijiste? -¿Cómo creés eso? -le dijo apenas moviendo los labios. Polaco. -¡Puta madre. che? -alarmado. lo que sucede es que no lo tengo. Pero a la vez. 31 . pecaminoso. -Dame un beso -pidió ella. sintiéndose un miserable por lo que acababa de decir. Ella cerró los ojos y acercó su cara. endemoniadamente seductora. Ramiro. Polaco.... Y el mismo sigilo. -¿Para qué viniste? -Tenía que verte -en voz baja. con la voz aniñada. Abrió la heladera. -Pero ese tipo vive en pedo. Regresó a la sala y se sentó en otro sillón. húmedos. -no quería decir el nombre. Y anoche me pidió que le contara de París. che. Era una situación embarazosa. Se mordió el labio inferior. che. Gomulka. Ramiro agarró el tubo. Parecía un animalito. carnosos. Él abrió los ojos todo lo grandes que pudo. -Pobre -agregó Ramiro-. En ese momento sonó el teléfono. como un beduino.rostro delgado un aire de madonna renacentista. sí. enfrente de la muchacha. Voy a ver si lo busco y te lo traigo ahora mismo. estas pibas provincianas creen que París queda aquí a la vuelta. -Hermano. ¿Cómo mierda me hacés esto? ¡Vos sabés que yo soy maniático de mi Ford! -Disculpame. tímida. Y salió de la cocina. de qué tenés que hablar con esa chiquilina? -Es que quiere estudiar abogacía. ¿A qué hora lo querés? -A las seis.. y que cualquiera va. El asunto era no tener que mirar a su madre a los ojos. tenía la curiosidad de un gato.. Disculpame. -¿Y vos.. para recibir el beso. ¿sabés? Pero. antes de responder: -Hola. No. eso. sintió que había algo provocativo. hermano. Juan Gomulka. Su cerebro era el de un mosquito.. estéee. y le pidió a su madre que les llevara café. Su madre atendió antes que él. Ella no dejaba de mirarlo. -Al doctor Tennembaum -no tenía opción-. Se quedaron en silencio. es que recién me levanto. Polaco. te lo presté a vos! ¡Y ahora decime que encima estaba borracho! -Sí. se lo llevó. pensativo. como buscando algo. un gato.

Y quiero hacerlo de nuevo.-Yo no quise hacerte daño -y se sintió idiota. como mirándose la vagina. quiero que vengas esta noche -y entonces bajó los ojos. O por qué no le avisó que no estaba muerta. siempre mirándolo: -No me hiciste daño. Todo hubiera sido distinto. Me gustó. Cómo carajo hizo para no morirse. Ramiro también miró. ¿cómo le decía eso? Era como preguntarle por qué no se había muerto. 32 . Pero ella dijo. Sintió rabia.

-Mamá. y anoche. con las bocas abiertas. pero más para sí misma. porque para eso son las madres. y ella comentó. para Araceli. mi querido. excitado. qué maravilla la Torre Eiffel. -Ay. que no se preocupara. Ramiro la miró. Ahora. claro que ella comprendía. y salió del living diciendo que se iba al mercado y vuelvo en un rato y si viene Cristina que empiece a pelar las papas para hacerlas al horno y contale de París. Bebieron en silencio y la escucharon salir. y después preguntó a Ramiro qué quería que le preparara para comer al mediodía. Entonces. 33 . ¿No te digo. sólo lo había oído cuando entró a buscar sus cosas. eran como las cuatro.XI La madre trajo los cafés y comentó que hacía demasiado calor. y luego preguntó por los padres de Araceli y dijo algo sobre la entrañable amistad del finado con el doctor. peor que anoche. con tono casual. te vas a consumir. Se miraron. Araceli empezó a jugar con el botón de su camisa que estaba exactamente sobre el seno. Ella ofreció unas galletitas. Araceli se recostó contra el respaldo del sillón y descruzó las piernas. para comprender a los hijos. sibilantes. que después de tantos años de faltar no paraba ni un minuto en casa. sí. imaginate querida. y sirvió los cafés. Los dos respiraban. así iba a hacer las compras. querida? Ramiro sintió alivio. que Ramiro la tenía abandonada. porque la respiración de ella parecía levemente agitada y alzaba sus pechitos. que rechazaron. Él respondió que no sabía si comería en casa. Dios mío no se puede estar. nene. con voz de niña-. -Hacémelo -dijo ella. Eran otros tiempos. y fíjate que todas las noches está llegando tardísimo y duerme muy poco. nerviosos. claro. ¿me escuchaste llegar? -preguntó él.

Se subió y. todavía me falta pasar por lo de Romero y lo de Freschini. otra vez. Gomulka movilizaría a la policía en 34 .. se dijo Ramiro. Carmen Tennembaum pasó a buscar a su hija. Seguro. las ojeras y el rimmel corrido no los producía la temperatura sino el llanto. andará por ahí.. un maniático pobre. no sé qué pensar. -pareció que iba a llorar de nuevo. María -dijo a la madre de Ramiro. pero se recompuso rápidamente-.. Yo no podía dormir por el calor -titubeó. señora? -terció Ramiro. no era posible mantener por demasiado tiempo la incertidumbre. nada. -No lo encontramos. Éste es de los peores. Después se recostó sobre su cama. y ella y Araceli subieron. Tengo miedo de ir. Ramiro? -sonándose los mocos. Araceli se apartó del grupo y se acercó al 504 de los Tennembaum. Voy a seguir buscándolo. Me pidió el coche y. no pude impedirlo. la muchacha lo miró con su mirada lánguida y lo saludó con la mano. tenía mucho miedo. pero yo no acepté. -Y entonces vinimos y me dejó en casa. habrán sido como las tres de la mañana. De hecho. No es la primera vez -la calmó María. pasándose un pañuelito por la nariz-. Vestía un traje sastre de lino azul y una blusa blanca con volados. la verdad. -¿Qué hicieron anoche. Gomulka era un maniático de su Ford del 47. -Siempre es así. -Vamos. estoy desesperada. y encima. muy. Ramiro se dijo que no entendía nada. -En realidad. que estaba recostada contra la puerta del 504 y los miraba.y decidí levantarme y salir. Incluso. Estaba nervioso. no un coleccionista rico. Y se dirigió al Peugeot. -¿Y a qué hora salieron? -No sé. nos vamos. y no sé qué le voy a decir a Juan Gomulka. Tenía la cara demacrada y parecía olvidada del calor. Bueno. Esa mujer había llorado mucho.. Me lo encontré afuera. también los temores de los demás eran una forma de presión sobre él. para meditar.. -Borracho. -¿No fue a la policía. y me pidió que lo trajera a Resistencia. -Qué calvario. Don Braulio me invitó a tomar algo. Dios mío. El coche ya se había compuesto. Carmen. sin convicción.. usted sabe. no pude negarme. forzándose a no mirar a Araceli. Cuando se le pone una cosa en la cabeza. Y a las seis iría a su casa el Polaco Gomulka y qué le iba a decir..XII Al mediodía.. Cuando se marcharon. posiblemente sólo se había ahogado. -Todavía no. ahora estoy preocupado porque ese auto no es mío. -Sí.

mientras comían.. Y él había visto. ni buena ni mala. y Carmen les habría informado que él. -¿Te sigue doliendo la cabeza? -¿Cuándo me dolió la cabeza? -Esta mañana. Aunque fuera porque no le quedaba otro camino.por aquel lugar. fumando en la semipenumbra de la habitación. por ominosas. -No me hagas caso. irónico-: Fue una 35 . pero no era imposible. -Estás raro -dijo su madre un par de veces. la condición humana también era esa maravillosa capacidad de afrontar cualquier situación. necesitaba una muy buena. y se mantuvo en silencio. Además. comprendía que ése había sido un criterio machista. a través de la ventana del comedor. no podía dejar de sentirse orgulloso. De modificarlo todo. se dijo. su hermana. Cristina. o ir en un taxi. si no fuera por esa maldita ansiedad que sentía. su imprevisibilidad. Y no tenía coche. Sí. ¿Suelo pantanoso y que se hubiera hundido lentamente. era capaz de cualquier acción. cuando te levantaste. Sí. ¿acaso la condición humana no era una demostración de lo infinito? ¿De qué no era capaz el hombre? ¿Es que alguien podía creer que existían los límites? Su propio caso era un buen ejemplo. mi Dios. había sido la última persona que estuvo con Tennembaum. pero vanidad y horror son mala mezcla cuando andan juntas. Siempre se había dicho que eso era lo bueno. Ya no reconocía límites. ¿por qué lo iban a esperar a él? Bueno. pensó. perder su amistad. no sabe nada de nada pero ella opina. después? Lo creía difícil. No tenía ninguna excusa. ¿Por qué no lo habían descubierto? Una súbita creciente del río era absolutamente improbable. Él asintió y dijo cualquier cosa. que las ruedas giraban en falso sobre la superficie del agua. ¿Y qué era eso?. pero le horrorizaba la idea. Lo que verdaderamente no entendía era la condición humana. Casi no pudo comer. un agudo remordimiento que a la vez se le mezclaba con una espantosa vanidad creciente. siempre son los ignorantes los que opinan. el Negro es un río prácticamente muerto. donde el calor apenas parecía atenuarse. él burlaría a todos y saldría de ésta. pensaba. aunque estaba muy oscuro. en las afueras de la ciudad. habló durante el almuerzo de su aversión por los alcohólicos. lo que era ridículo. era lo de menos. Y no lograba entenderla. Y aunque algo imprecisable le reprochaba esas ideas.. mirando el patio. Pero era peligrosa como mono con gillette. Quizá debía ir. Ramiro pensó maldita puritana. qué coño. pero ahora eso mismo lo desesperaba. luego de que su madre comentó la desgracia de Carmen de tener un marido borracho. Ah. Nunca entendería a las mujeres. ¿y por qué no? A esa hora ya era posible que hubiesen ido a Fontana. ¿Cómo podía ser tan petulante como para abarcar toda la dimensión de horror que cabía en un ser humano? Porque. por supuesto. Qué chica. Araceli. se preguntó. ¿y si la policía ya había descubierto el Ford y el cadáver y lo estaban esperando? No. Quizá él debía ir al puente y ver exactamente cómo había quedado el coche. Sintió asco de sí mismo. para salir del paso. Pero. Y además de todo eso. por lo tanto debía pedir prestado otro. Ah.procura de su coche. ciertamente. Tuve un mal sueño -repensó sus palabras y agregó. Ramiro. Dijiste que te sentías mal. Pero eso no era todo. excelente excusa para pasar a esa hora de la siesta -puesto que iría después de comer.

cuando sonó el timbre de la puerta de calle.. Cristina hizo un comentario sobre lo linda que estaba Araceli. pero ya va a pasar. mami. porque vos sabés.. las chicas de ahora empiezan temprano. Sonrió a nadie y se dijo que la condición humana era la imbecilidad de la gente. Después le sirvieron un café. la estúpida tiene veintidós años pero opina" pensó Ramiro. Lo estaba tomando. Las dos mujeres levantaron los platos sucios. 36 . Se preguntó si sentía celos. Cristina fue a atender. -Ahí afuera hay un patrullero. "Ella opina. Volvió con una mueca de preocupación y los ojos entrecerrados. Un policía pregunta por vos.pesadilla. mientras él pelaba una naranja que no comió. Ramiro. dijo que se preguntaba si ya tendría novio. En la cocina.

TERCERA PARTE 37 .

No somos de la clase de gente que traga camellos sólo para hacer esfuerzos en los retretes. NATHANAEL WEST Miss Lonelyheart 38 .

Se había recomendado extrema prudencia y no pensaba hablar sino lo indispensable. y un almanaque de "Casa Amarilla" en la pared. Había otro patrullero estacionado. todo el mobiliario eran dos sillas. el doctor Braulio Tennembaum. -Carajo -lo interrumpió Ramiro meneando la cabeza.XIII El Falcon entró a la jefatura de Policía y se estacionó en el pequeño patio interior. se dijo. cuando entró a la habitación un sujeto alto. que el otro lo creyera-. muchos años atrás. que Ramiro recordó que había sido. en la ruta 11. tendiéndole una mano. Aparentemente perdió el control y se cayó a un brazo del río Negro. sin patentes y con antenitas de radiocomandos. Parece haber sido un accidente.. fumando. Estaba muy nervioso y se permitió estarlo. El saco del traje lo había dejado en otro lado. -Qué pasa. Ramiro reconoció esos temibles coches de los agentes parapoliciales. Ramiro le dio la suya y asintió con la cabeza. con voz aflautada. ¿Dónde fue? ¿Qué tipo de accidente? -Encontramos el cuerpo dentro de un Ford de 1947. y lo observó fijamente por encima del humo. Era un ambiente muy pequeño. -Mucho gusto. -Así. como desesperado-: yo soy amigo de la familia y 39 . verdeclaros. de pelo corto pero más largo que lo habitual en los policías del régimen militar. pero usted comprenderá que tenemos que verificarlo. -¿El cadáver? -repitió Ramiro. pero hemos encontrado el cadáver de una persona amiga suya. Fingiría una fuerte impresión: mejor. y pocos minutos después se retiró. Sólo tenía una puerta.. Vestía un pantalón azul y camisa celeste de mangas largas arremangadas. doctor Bernárdez -le dijo. y una corbata con el nudo descorrido. Lo hicieron pasar a una pequeña oficina que estaba al final de un pasillo. Eso era todo. flaco. la casa de gobierno del entonces Territorio Nacional del Chaco. para encender un cigarrillo. -Mire. que daba a la galería que enmarcaba el patio del edificio. un escritorio con una máquina de escribir viejísima. es.. sosteniendo la mirada del otro y quedándose con la boca semiabierta. ¿Fuma? -Sí. una "Underwood" cincuentenaria. gracias -Ramiro tomó el paquete y extrajo un cigarrillo. El sargento que lo acompañó hasta allí se quedó en la puerta. una camioneta con rejillas en la puerta trasera y otros dos Falcon. voy a ir al grano. -Todo -pasándose la mano por los cabellos. Y tenemos ent. -hizo una pausa.. doctor: espero que disculpe que lo hayamos molestado.

-Pregunte nomás. -Supongo que sí. porque creí que él dormía. Y paré el coche para vomitar. No pude negarme. Me dio un buen susto. Anoche estuve cenando con ellos. ¿Le parece poco? -Nos interesaría que nos diera algunas informaciones. -Continúe. pero tengo que hacerle unas preguntas. doctor. Del estómago. Inspector Almirón. -Afuera. Y después... pero habrán sido como las dos y media o tres de la mañana. que me lo había prestado un amigo. Me pareció razonable porque era muy tarde. Pero no pude. Bueno. hacerle saber que estaban confirmando detalles-. estoy recapitulando. de lo que ahora me arrepiento. ÉI estaba nervioso.. yo me descompuse. y no acepté pero él se subió al auto y me pidió que lo llevara a Resistencia. porque después de todo la situación. era completamente dolorosa.. -Comprendo su impresión. -¿Qué quiere saber. vea: fui invitado a cenar por los Tennembaum. pero no por el alcohol.. pero no podía dormir. Bueno. claro -Ramiro seguía fingiendo azoramiento. muy borracho. la suya.. -Sí. No sé con quién estuvo después. Me quedé. el mismo Tennembaum insistió en que podía descomponerse el coche en el camino. Juan Gomulka. cuando está tomada.. el caso es que decidí intentar si arrancaba el coche. qué hizo usted anoche. Y se fue. me iba a retirar pero el coche. y Ramiro se preguntó si con tal precisión pretendía intimidarlo. lo más detalladamente. El calor.. Supongo que se habrá ahogado. no sé... pesado.. me invitaron a dormir en Fontana. él estaba. sí. que esto es casi rutinario -subrayó el "casi" -Sí. Ramiro hizo silencio. no sé. A eso de la medianoche. -Almirón. llegamos a mi casa y Tennembaum me pidió el coche prestado. bastante. -El patrullero los abordó a las tres y veinticinco -dijo Almirón. no exactamente. Almirón agregó: -Entienda. incluso. el Ford que usted menciona. Entonces.. es infernal también en las noches y yo vengo del invierno europeo. Otra vez no pude negarme. dolor. tampoco era cuestión de desembuchar enseguida su discurso. ¿Y dónde lo dejó él? -En mi casa. no quiso arrancar... señor. apareció el doctor Tennembaum. Y no era mi cama. -¿Recuerda a qué hora fue eso? -Sí. por favor. Pero además ese coche me lo habían prestado a mí. pensó. diciéndose que dudar un poco no le venía mal. Y que a uno lo busque la policía en estos tiempos. usted sabe.. -Bueno. no quise contrariarlo tanto. -Quisiera que me explique. justo cuando conseguí poner en marcha el coche. Apareció un patrullero y nos identificamos. 40 . Me invitó a tomar un vino.. -¿Le dijo adónde pensaba ir? -A “La Estrella”. más de la medianoche. la gente. -¿Qué sucedió luego? -Almirón no le quitaba los ojos de encima. usted sabe. Y acaso pena. inspector? -Tenemos entendido que usted fue la última persona que estuvo con él. No sé a qué hora habrá sido eso.supongo que ustedes me buscaron por eso.

. sí. Y lo dijo-: Hay huellas de que el coche estuvo estacionado a un costado de la ruta. alguna otra cosa que haya hecho. Ni un suicida se detiene a repensarlo a último momento. no sé cuánto tiempo. interrogativo. No lo creo -Almirón hizo un gesto de descarte con la mano.. De eso me acuerdo porque miré. pero ya no tenía retorno en su mentira. ¿Qué hacía usted a esa hora? -Dormía. -¿Y la otra pregunta? -¿Qué? -Usted dijo que me haría un par de preguntas. No encuentro el motivo. Ramiro pensó un segundo. 41 . pero usted dijo que no piensa que Tennembaum. “qué país: un asesinado no es importante. Simplemente. Supongo que no tiene nada que agregar. -Entiendo. ¿no? Alguien que lo haya visto. -No -dijo-. Yo estuve leyendo un rato. -¿Y entonces? La otra opción es que lo hayan asesinado. Tennembaum murió alrededor de las cinco y media de la mañana. Recordó al camionero. ¿Cree que Tennembaum pudo haberse suicidado? -No lo sé. “Entonces. estamos comprobando los hechos. -Tampoco dije que piense lo contrario. -Lo van a llevar a su casa. Almirón se puso de pie.. como dudando si debía decir lo que iba a decir.-¿Recuerda a qué hora se despidieron? -No. -Ah. y apagué la luz a las cinco en punto.. Almirón lo miró. pero déjeme hacer un par de preguntas: ¿Cree que esto puede tener que ver con la subversión? -No. se dijo Ramiro. naturalmente -Ramiro sonrió-. para este cretino no es nada grave”. Nada que agregar. -Entiendo -e inmediatamente agregó-: Inspector. ¿Estoy entre sus sospechosos. haya sido asesinado. cien metros antes de chocar. No sé si podré probarlo. yo sé que el que interroga es usted. Pero tampoco me parece un accidente -pensó un momento. y disculpe la molestia. -Según el forense. pero calculo que habrán sido cerca de las cuatro de la mañana. inspector. Quizá un poco más. Le ruego que no salga de la ciudad sin avisarnos. doctor. verdad? -Yo no dije que Tennembaum haya sido asesinado. Los galones los ganan contra los subversivos”. ni mucho menos un borracho programa un accidente.

en su dormitorio. pensó Ramiro. insultó. Tomaría un colectivo que lo llevara a Fontana. no podía dejar de hacerse presente en el velatorio de Tennembaum. Como si hubiese muertes que no son horribles. y dormiría veinte horas seguidas. Gomulka juró que no habría dinero en el mundo para pagarle el daño moral. con el cuerpo de Tennembaum dentro. pero caray. y le dijo: 42 . hacia él. Sintió miedo. negro. No faltaban los que especulaban que podía haber sucedido otra cosa. me quiero morir. o de un suicidio. Ramiro se sintió realmente incómodo cuando observó que ante su presencia los comentarios disminuían en intensidad. Ramiro colgó el tubo y se dio una ducha de agua fría. Después encontraría alguien que lo trajera de regreso. se dijo que nunca como en ese momento quería ser un tipo frío y prudente como Minaya Álvar Fáñez. no se atrevió a ver a la viuda y pensó "al carajo con Minaya" en el momento en que Araceli lo vio aparecer y se dirigió. Había mucha gente. Con el pelo negro. cómo había crecido en las últimas horas. recogido. desaparecieron cuando Ramiro le explicó que su coche debía estar destrozado en un corralón policial. Todos parecían descartar el accidente y eso los excitaba. escuchando a León Gieco después de dormir la siesta. respecto del crimen. parecía salida de un cuadro de Romero de Torres. a la vez. no te lo voy a perdonar nunca. Cuando se hizo noche cerrada. Pero también se dijo que quizá era su propia paranoia la que lo hacía pensar eso. Ramiro habló con Juan Gomulka. o tomaría otro ómnibus. y todos comentaban la horrible muerte que encontrara el doctor Braulio Tennembaum. Arriba. Tenía trece años. según le contó. Pero su voz. y con "otra cosa" aludían a las posibilidades de que se tratara de un crimen. Ramiro se preguntó cómo era posible tanta belleza y. Ramiro lo escuchó lamentarse. dijo que así se acababa una amistad. respondió a todo que sí y prometió pagarle los daños. cuando Araceli lo tomó de un brazo. tanta malicia en su mirada cuando lo besó. bordeando el living donde habían instalado el féretro ya cerrado. Ramiro se preguntaba si era ya la hora de irse. Llevaba un vestido muy liviano. ese lugar común. Y cuando subió la escalera de la casa. que cruzar los dedos mentalmente. que había sido un abuso de confianza. la viuda no dejaba de llorar. Gritó. Luego se vistió y caminó hasta la terminal de ómnibus. con aplomo. resuelta. No podía hacer otra cosa. quien parecía estar de buen humor. entallado en el torso y de falda acampanada y por debajo de las rodillas.XIV Antes de las seis de la tarde. el calor ya era insoportable. en cuanto pudiera. "el que todo lo hace con precaución". pues ese Ford había sido restaurado con sus propias manos y con piezas originales. y su alegría. Mucha gente se retiró y.

Más allá. A mí. abrazándose. a quien seguramente veían como un hermano mayor. Araceli. abrazados. Lentamente. la vegetación se espesaba y se confundía con la negritud de la noche. de arriba hacia abajo. escuchando sus respiraciones. alzándose la pollera. por el camino de tierra. suave. ensalivándole la piel del cuello. el terror y la excitación combinados que le inspiraba Araceli. se había resistido y luchado. Araceli se fue desviando del camino. y Ramiro sintió que se iba a correr cuando vio que ella no tenía nada bajo el vestido. sintiendo algunas miradas en su espalda. Cuando acabaron. un enorme lapacho. diciendo su nombre. -Nos hicieron preguntas. -¿Vos tampoco? -Tampoco. -No te preocupes. Ramiro miró hacia atrás. infausto. Se alejaron de la casa. Esa muchacha era casi una niña. como casualmente. Pero también vio que algo siniestro había en su propia conducta: él había corrompido a la muchacha. parecía. Araceli. cuyo tronco tenía una leve inclinación. Su pubis estaba mojado. Su respiración se hizo más fuerte. -Vení -dijo ella. Flexionó las piernas. sus piernas aparecieron perfectas. lamiéndolo. -¿Y? -Nadie supo decirles. en voz muy baja y sin mirarlo. por Dios. mientras caminaba con la vista fija en sus propios pies. aunque no le faltaban motivos. ni conmoverse. diciéndose que era una imprudencia. Porque ahí creyó descubrir que estaba abrazado a algo maligno. aspiraba con la boca abierta. Miró de reojo a Araceli. pero a la que no había visto soltar una sola lágrima. me vas a volver loco. Al leve brillo de la luna. ni de él. ahora era de acero. Las manos de ella se clavaban en su espalda y Ramiro sentía también su lengua y sus dientes mordiéndole una oreja. Ramiro reconoció que se excitaba. con un ronquido animal. porque la gente no tenía por qué pensar nada malo de una muchacha de sólo trece años a la que se le acababa de morir el padre. -¿Y qué dijiste. Ramiro prefirió no hablar. Vos y papá. Se pasó las manos por los muslos. Ramiro abrió los ojos y vio el tronco del árbol. -¿Sobre? -Querían saber a qué hora salieron ustedes. Lo dijo. sugerentemente. Se movieron bestialmente. donde parecía comenzar un sector de matas y arbustos. con caricias brutales. y en las arrugas de la corteza le pareció encontrar los interrogantes. Pero al mismo tiempo se reprochaba su paranoia. -Vino la policía -dijo ella. fundidos como cobre y níquel. a mamá. La noche anterior. que había estudiado en París y recientemente retornado al Chaco. se quedaron así. vos? Araceli se recostó contra el árbol. de un bronceado mate. mientras gemían de placer.-Llevame a caminar. Araceli se acercó a un árbol. torneadas. Respiraba agitadamente. a mis hermanos. Araceli. y Ramiro penetró en ella. y Ramiro se obstinó en su silencio. ya no se veía la casa de los Tennembaum. 43 . No tenía expresiones. execrable.

de ahí en adelante. de su probable futura nominación como funcionario del gobierno militar. de su incorporación a la docencia universitaria. cuando reconoció al inspector Almirón. Toda moral se derrumbaba. esa adolescente.A los treinta y dos años se sentía. 44 . Y él también. como esa luna que atestiguaba ese abrazo. era la que lo arrastraba ahora con una determinación diabólica. Y se paralizó. Araceli era insaciable. caminando con la misma parsimonia con que habían salido. esto era peor que ser un asesino. todas sus pasiones iban a desbordarse siempre. No podía contener su propia pasión. Cualquier maldad era posible. El crimen era vivir así. desde las sombras. arruinado en su éxito social. Todos sus sueños se fracturaban. Se separaron y ordenaron sus ropas. para ellos. podía haberla embarazado. Y podía ser su hija. se les acercó una figura. como ministro. lo sería irrefrenablemente. súbitamente. como el Paraná cada año. acabado. Peor aún. Y esa chica. Volvieron hacia la casa. tan calientes. espeluznado. A mitad de camino. en silencio. Presintió el prematuro fin de su carrera. si estaban juntos. Ramiro se erizó cuando se dijo que alguien podía haberlos visto. como juez.

También vio que. que era maneja do por un tercer policía. en la jefatura. Un foco de cien watts iluminaba brillantemente la estancia y producía mucho calor. que quiso ser dramático-. sumisa. repitió todo lo que ya había contado. y se alejó sin despedirse de ninguno. todo el país estaba caliente ese diciembre del 77. Cuénteme de nuevo.XV -Buenas noches -dijo Almirón. -Doctor. dando un suspiro prolongado. señorita. doctor -dijo Almirón. desde la ventanilla. Lo hicieron sentar en una silla. -¿Una cuestión rutinaria. Ramiro prefirió no insistir con sus preguntas ni sus ironías. inspector. semicerrada. señorita Tennembaum. necesito que nos acompañe. a pesar del calor de la noche. como indicando que disponía de todo el tiempo del mundo. Ramiro obedeció. pensó en el lío en que se había metido y sintió pánico. inspector? ¿A qué se debe? -Le pido que nos acompañe y luego hablaremos. Estaba caliente. con todos los detalles. otra vez? -Doctor: estamos tratando de ser muy discretos. -Mire. Ni siquiera dirigió una mirada a Ramiro. -¿Es esto un arresto. Los tres subieron al coche. qué hizo anoche. enfundado en un lustroso traje de tela sintética azul marino. narró el encuentro con el patrullero y explicó de qué hablaron con Tennembaum: 45 . Buenas noches. Ramiro y ella lo saludaron con bajadas de cabeza. regordete. El otro se quedó en la puerta. Luego se dirigió a Araceli-. adelantó el respaldo y empezó a mirarse las manos. por favor -y nuevamente miró a Araceli-. El ambiente en el Falcon era gélido. Vaya nomás a su casa. inspector? -Sí. del otro lado del camino. Viajaron a Resistencia en completo silencio. con voz firme. -Acompáñenos. Cuando arribaron a la Jefatura. la discreción no suele ser la característica de la policía. Almirón y el petiso lo llevaron a la misma habitación en la que habían estado al mediodía. Araceli obedeció. -¿A esta hora. Durante un largo rato. -En este país. Almirón tomó la otra. Amplió detalles. salía un sujeto bajo. Ramiro observó que no tenía patente. un moreno enorme que estaba en mangas de camisa y tenía un pañuelo húmedo de sudor en la mano. le voy a ser claro: en este asunto hay un montón de cosas que no concuerdan. Almirón se dio vuelta y fue hacia un Falcon de color gris claro. Recordó a Araceli. así que se dedicó a mirar la luna. por favor.

de un golpe -y miró a Ramiro a los ojos-. Ramiro lo miró. y de ahí no lo sacarían. y concluyó diciendo que su madre podía certificar a qué hora había llegado a la casa. Cuando terminó. Ramiro se encogió de hombros... -Pero según su relato. para distraerse. aquí. Mire.de la amistad del médico con su padre. en el mentón -y se tocó el suyo. de Foucault (Ramiro dio por hecho que Almirón no tenía idea de quién era. doctor? -dijo Almirón. Simplemente. -En algún lugar me da la espina que sí. Ramiro se dijo que ese hombre era muy astuto. -Y el forense dice que el cadáver tenía una magulladura. pero no puedo probarlo. usted es un hombre joven y brillante. No encuentro el motivo que usted podría tener. estuvo tentado de decir Ramiro. -Creo que todo lo que cuenta es cierto en un 99 por ciento. “Usted es muy imaginativo”. después que lo dejó en su casa? -No. eso no es común por estas tierras. pero le sirvió para evocar una vez más su procedencia parisina). Almirón empezó de nuevo: -Es llamativo que hay más huellas digitales suyas que de Tennembaum en el coche. -Claro. pero el silencio era su carta. aunque. Pero tenía mucho miedo. qué quiere que le diga -el tipo parecía lamentarse de lo que decía-. Para mí que le pegaron para dormirlo. se mantendría en esa versión. se sintió satisfecho de su relato. Y si lo acusaban directamente. Como si lo hubieran dormido. como si estuviera muy cansado. Si así hubiera sido se lo habría dicho. alzó la cabeza y dijo: -¿Usted está pensando que yo lo maté? Almirón lo miró y se sostuvieron las miradas durante unos segundos. Me preocupa el uno restante. Negaría y negaría. No debía hablar de más. No le convidó. En el volante y en la palanca de cambios. por eso me llama la atención que haya tan pocas huellas de él. Tuvo que haber manejado lo suficiente. A medida que la dijera. Con cierta resignación-. por otra parte. porque a mí me da la espina de que a Tennembaum lo pusieron frente al volante. Ramiro se dijo que era un idiota. -¿Quiere que le diga la verdad. como un moretón. su respuesta sería la negación. Estaba acorralado. estudió en Francia. él mismo se convencería aún más de que así habían sido las cosas. Y 46 . Almirón encendió otro cigarrillo. sin responder. Sin embargo. dándose dos palmadas-. Pero se había juramentado a no hablar sino ante preguntas concretas. ¿no? -Precisamente. ¿Usted no vio si él subió a otra persona en el auto. -Usted me dijo que él se estrelló o lo que fuera. después lo pusieron frente al volante y echaron a andar el coche. no tenía un pelo de tonto. Ramiro siguió mirándolo. usted no tiene por qué saber cuánto tiempo manejó Tennembaum -saltó el inspector. frunciendo el ceño. -El que manejó casi todo el tiempo fui yo. y luego le hubiesen colocado las manos para imprimir sus huellas. asintiendo repetidas veces con la cabeza. -Y otra cosa -Almirón hablaba despacio. Podría repetirla veinte veces. Tragó saliva y miró el foco.

pero a Ramiro le pareció que sí.. De la familia. Pero sintió que debajo suyo sus músculos se contraían. tiene muy buenas relaciones. contactos. carece de antecedentes. hemos comprobado su vieja amistad con la familia Tennembaum. Entonces no me explico por qué razón querría matar a ese médico pueblerino. -Está muy linda. -Sí. No sonreía. 47 . que podría cortar un alambre con el culo. Además. Sólo volví a verla anoche. Pensó. Aunque. no está contaminado por todo lo que está pasando.regresa en un momento muy especial para el país. Cuando yo me fui del Chaco ella era muy chica. alzando una ceja.. Tengo entendido que va a ser profesor en la universidad. ¿Qué relación tiene usted con la señorita Tennembaum? Ramiro debió reprimirse para no dar un brinco en la silla. para sí. ¿no? -Almirón lo miraba. muy linda... -Somos amigos.

casi amistoso. pero no la encontraba. no. -Ése no es el tema -dijo el militar. una guerra interna pero guerra al fin. -Hay una persona que quiere hablar con usted -dijo Almirón. Era un tipo bronceado. -¿Sabe quién soy? -No tengo el gusto. En el anular izquierdo llevaba un enorme anillo de sello. que hacían juego con las de las patillas. mientras se acariciaba el mentón. Podría darnos más o menos trabajo probarlo. y suspiró-: Se lo voy a poner muy clarito: nosotros sabemos que usted mató al doctor Tennembaum. Y se puso de pie y llamó al petiso. pero eso es lo de menos. Debía aparentar naturalidad. ¿me entiende? Porque no vaya a pensar que acá estamos en Francia. Al menos. aquí estamos en un país en guerra. Ramiro alzó una ceja. pero qué quiere que le haga. lo hace y listo. de los que llevan muy buena vida. -Teniente coronel Alcides Carlos Gamboa Boschetti. muy carnoso. -¿No le dice nada? -No. El tipo parecía fascinado consigo mismo. Después estiró los labios hacia adelante. y parece que el inspector Almirón no me cree. lo siento. Enseguida llegó un hombre de estatura mediana. Ya dije dos veces lo que tenía que decir. El hombre asintió varias veces. Debía tener unos cincuenta años. Yo soy el jefe de Policía de la Provincia. doctor Bernárdez. -Me doy cuenta. -Mucho gusto -dijo Ramiro. -Claro. hasta que Ramiro se reprochó que era estúpido seguir haciéndose el valiente. Su corazón latía apresuradamente. en tono confianzudo. y sobre el labio superior. acaba de llegar. Si acá la policía quiere probar algo. durante unos instantes. una camisa a rayas celestes y blancas impecablemente planchada y lucía un pañuelo de seda en el cuello. más que Almirón. usted es nuevo. doctor. que el otro entendió. Se fue. Vestía un pantalón de hilo color crema. Le hizo una seña con la cabeza. muy delgado. No podía encontrarla. se recomendó. -Está usted en un problema muy serio. ¿Mhjú? De modo que quiero que nos en- 48 . se haría el fastidiado: cruzó las piernas y se recostó en el respaldo. Ramiro se asustó.XVI Otra vez se quedaron mirándose. casi corriendo. se montaba un pequeño bigote con algunas canas. de oro macizo.

tendamos.
-Yo no maté a nadie.
-Mi querido doctor Bernárdez, cuando digo que quiero que nos entendamos, quiero decir que
nosotros sabemos que usted lo mató a Tennembaum. No lo estamos suponiendo. No está muy claro
por qué lo hizo, y a mí, le voy a ser franco, me preocupa poco descubrirlo. Si realmente nos
proponemos hacerlo hablar... -hizo una pausa- usted debe saber que podemos conseguirlo.
Tenemos formas... ¿Ehé?
Ramiro sintió un escalofrío. Recordó las denuncias que había oído y leído en París, de los
exiliados. Nunca había creído del todo en las barbaridades que se decían. Acorralado, decidió
jugarse.
-¿Me van a torturar, teniente coronel? Creí que esos métodos los reservaban para los
guerrilleros. O para los que ustedes consideran subversivos.
-Yo lo pondría en otros términos, pero no es asunto para discutir con usted. Lo que quiero
decir es que... -dudó un instante- es una lástima que tan luego usted se vea involucrado en este
crimen.
-¿Por qué “tan luego yo”?
-Porque esperábamos mucho de usted. No nos sobran hombres preparados y sin
contaminación ideológica.
-¿Qué quiere decir?
-Voy a ser claro nuevamente, doctor: usted no está siendo admitido en la universidad sólo por
sus estudios, ni por sus títulos. En el proceso en el que estamos empeñadas las fuerzas armadas,
ello no es posible, sin nuestro consentimiento. Usted viene a ser lo que yo llamaría un hombre de
reserva, una persona en estudio. Que nos interesa mucho. Y hasta ahora sus antecedentes son
impecables. ¿Se da cuenta? Y este..., digámoslo, este asesinato enturbia todo. Por eso quiero que
nos entendamos, y se lo voy a decir de una buena vez, si usted confiesa, podemos ayudarlo.
-No creo entender lo que me propone, aún en el caso de que yo fuera el asesino -Ramiro
luchaba por no cerrar los puños, por no aferrarse a la silla; estaba aterrado.
-Digo que si confiesa podemos arreglar las cosas. Atenuarlas en todo lo posible -subrayó el
“todo”-. Usted se imagina que en cualquier crimencito, de los que acá suceden cada muerte de
obispo, no viene el jefe de policía a hablar con el sospechoso, ¿no? Se dará cuenta que yo tengo
otros asuntos que atender, de orden político, de interés nacional. De modo que si yo vengo a verlo
es porque usted nos interesa. Nos interesa usted; no ese borracho. y porque puedo ayudarlo. Quiero
ayudarlo. ¿Me entiende?
-Yo no maté a nadie.
-¡Carajo, Bernárdez! -se acomodó el pañuelo del cuello-. Todo lo que tiene que hacer es
confesar, y sale derecho. Yo lo arreglo. Y después charlamos, porque nosotros estamos empeñados
en un proceso de largo plazo, entiéndalo. Un proceso en el que el verdadero enemigo es la
subversión, el comunismo internacional, la violencia organizada mundialmente. Nuestro objetivo es
exterminar el terrorismo, para instaurar una nueva sociedad. Y si le pido que confiese es porque
también debemos ocuparnos de cualquier crimen, cualquiera sea su causa, porque necesitamos
construir una sociedad con mucho orden. Pero se trata de un orden en el que no podemos permitir

49

asesinatos, y menos por parte de gente que puede ser amiga. ¿Me entiende? Y además, un asesinato
es una falta de respeto, es un atentado a la vida. Y la vida y la propiedad tienen que ser tan
sagradas como Dios mismo.
-Pero yo no maté a Tennembaum. Y tampoco sé si colaboraría con ustedes.
-Eso habría que verlo. Porque en este país, ahora, o se está con nosotros o se está contra
nosotros. No hay neutrales.
Ramiro hizo silencio. Gamboa Boschetti se acomodó el bigote con las dos manos, una para
cada lado. Después sacó de un bolsillo un pañuelo perfumado, con olor a lavanda, y se secó la
frente. Luego volvió a hablar, en torno amistoso:
-Mire, ahora el asunto es que usted confiese buenamente, y nosotros arreglaremos las cosas
del mejor modo posible. Obviamente, no querríamos que usted quede manchado.
Ramiro se moría de ganas de preguntar qué pasaría en caso contrario, si no confesaba, pero
eso hubiera sido delatarse. Estaba asombrado del discurso de ese hombre pulcro, seductor,
confianzudo. Pero el miedo seguía siendo su sentimiento principal y, curiosamente, su mejor carta
para seguir en silencio. Volvió a decirse que no podían probarle nada; era un hecho que mientras
no encontraran un motivo, es decir, mientras no supieran lo sucedido con Araceli, no podrían
sostener una acusación de asesinato. Probablemente él era la última persona, en el Chaco, que
podía tener motivos para matar a Tennembaum. Claro que más tarde debería hablar con la muchacha sobre una necesaria discreción, pero ése era otro tema. Además, aunque ella lo enloquecía de
excitación, no estaba seguro de que quisiera seguir esa relación. Pero todo eso quedaba para
después. Ahora, seguiría negando, si bien Gamboa Boschetti había sido claro en su amenaza de
hacerlo torturar.
-¿Qué me dice? -preguntó el militar.
-No sé qué espera que le diga, teniente coronel.
-¿Va a confesar?
-No tengo nada que confesar.
-Es testarudo, ¿eh? -el tipo parecía divertirse con ese asunto-. Pero mire que nosotros tenemos
otras cartas para hacerlo hablar, Bernárdez. Y no sólo las que usted se imagina; ésas pueden
esperar... Tenemos un camionero, por ejemplo...

50

XVII

Ramiro volvió a sentir el fruncimiento debajo suyo. El corazón pareció detenérsele. Pero como
ya estaba tenso, pensó que no aparentaría estarlo más por el golpe bajo del militar. Si le hubiesen
medido la adrenalina en ese momento, se dijo, casi habría suplantado a la sangre. Paralizado, trató
de no respirar, mientras Gamboa indicaba que trajeran al testigo.
El hombre entró a la oficina, seguido de Almirón. Era más bajo que lo que Ramiro había
pensado, pero igualmente fuerte y musculoso. Sus brazos eran impresionantes y el tatuaje un
corazón con iniciales. Vestía una camisa de brin, de mangas cortas, un jean gastadísimo y
alpargatas. Llevaba en la mano un sombrero tirolés, de tela impermeable y con una plumita al
costado, absolutamente ridículo para esa noche tan caliente de verano. Tenía miedo, se notaba que
tenía miedo de estar en la jefatura de Policía.
-Buenas -dijo, con voz melindrosa.
Gamboa, desde el escritorio en que seguía sentado, y sin dejar de mover una pierna, le espetó:
-¿Conoce a este hombre? -señalando a Ramiro.
El tipo manoseó el sombrerito que tenía contra su estómago. Encogió un poco los hombros y
miró a Ramiro, estudiándolo. Éste también lo miró, diciéndose perdido por perdido, estoy jugado.
Alzó el mentón, con cierta altanería, y confió en que su aspecto de universitario, con ropa limpia y
bien peinado, podía amilanar al camionero.
-No estoy seguro.
-Párese -ordenó Gamboa a Ramiro, con voz seca. Ramiro se puso de pie.
-Dé una vuelta al escritorio.
Ramiro lo hizo. Gamboa volvió a dirigirse al camionero.
-¿Y, lo reconoce?
-Es parecido, señor, pero... la verdad, no estoy seguro. Estaba muy oscuro y yo venía distraído.
-Carajo, estuvo sentado un rato al lado suyo, ¿no? Con que sea parecido no ganamos nada. Es
o no es.
El camionero parecía tan aterrorizado como Ramiro. No dejaba de jugar, histéricamente, con
su sombrerito tirolés. Sacó la lengua, se la pasó por los labios.
-Quizá si el señor hablara...
-Diga algo -ordenó Gamboa a Ramiro.
-No sé qué es lo que quiere que diga, teniente coronel -Ramiro eligió las palabras y las
pronunció con exactitud, casi académicamente-. Nunca en mi vida he visto a este hombre, y no sé
qué es lo que usted se propone.
Cuando terminó, se sintió orgulloso de su discursito.

51

pero no habla como el que llevé. -¿Sí? -Gamboa hizo un círculo con el pulgar y el índice. Almirón. y lo agitó de arriba abajo-. -Gracias -Gamboa sonrió. desde atrás del camionero. -Olvídese de cómo habla -dijo Gamboa. señor. Se detuvo a sus espaldas. -Pudo estar sucio y cansado -dijo Almirón-. ¿Diría que es la persona que llevó. -Cualquiera imita a los paraguayos -intervino Almirón. -No. mi amigo.. 52 . ¿O no? -Estéee. Bernárdez. Usted simplemente tiene que decir si lo reconoce o no. asustado como si hubiese escuchado la voz de Dios.. El señor se le parece. Me parece que era de otra condición.. satisfecho-. la persona que llevé era paraguayo. Los dos salieron y Gamboa encendió un cigarrillo. Se puso de pie y caminó alrededor de Ramiro. mirando al sujeto a los ojos.. muy fríamente-. señor..-¿Y? -urgió Gamboa al camionero. -Está perdido. la verdad no ofende. Que se retire. Y no tenga miedo. o no? -Pues. que se dio vuelta. Este señor.. Creo que sí. El hombre agradeció con los ojos.

que depositó en un cajón. Pensó que. donde un tercer policía le tomó los datos y le pidió la cédula. Era obvio que el camionero estaba aterrado y que Gamboa. Claro que él. Ramiro volvió a reconocer su miedo y su cansancio. el cinturón y los cordones de los zapatos. Hizo mucho ruido. el tipo expresaría sus dudas y su convicción de que había transportado a un paraguayo. por la mirilla. pero a cada momento se decía que estaba en el Chaco. doctor”. no debía temer demasiado de la declaración del camionero. Entonces volvieron al interior del edificio y. enseguida empezó a sentir un calor 53 . en las perspectivas de éxito social que estaban comprometidas ahora. aunque al bajar le había parecido que el sótano era fresco. lo había intimidado. y ante un juez de instrucción más o menos imparcial. La celda era sencillamente asquerosa. En un tribunal. de ninguna manera debió caer en la tentación de confesar. y que si algo faltaba en ese contexto eran garantías. le gustara o no reconocerlo. éste lo condujo a la guardia. que en todo caso era muy parecido al acusado. le sacaron el reloj. se dijo. en un rincón que supuso más. Después cerró la puerta. seco. en la Argentina de 1977. le había dicho Gamboa. pero no le quedó otra alternativa que sentarse. torpemente. Se felicitó por ello. donde había una docena de celdas. calculó. “No vaya a pensar que estamos en Francia. entraba un rayito de luz. Cualquier promesa de ese hombre era sospechosa. Durante todos estos procedimientos. La penumbra era compacta y. que fueran a torturarlo. En ese sentido. No había ventanas y apenas. y él escuchó que Gamboa daba órdenes de que a primera hora de la mañana se le tomara una declaración formal. por este asunto. que era de acero compacto y con una mirilla cuadrada en la parte superior. aunque no estaba seguro. que estaban vacíos. Luego. Tendría. y el piso de cemento estaba húmedo. No creía. Bien que lo sabía. dos metros por tres. El techo parecía muy alto. Pero lo que sí lo preocupaba era la amenaza velada de Gamboa. En silencio. y acaso. por la posibilidad de iniciar una carrera docente en la Universidad del Nordeste. no obstante la aparatosidad del jefe de Policía. le indicó que entrara. y con un trato indiferente. lo llevaron a un sótano maloliente. con un breve cabezazo. Entre otras cosas. el petiso que hacía guardia habló algo con un agente de uniforme que entró y se hizo cargo de él. Gamboa había acertado. no confiable. El policía abrió una y. porque sabía que con su currículum no le sería difícil encumbrarse políticamente. Si lo hicieran jurar ante una Biblia.XVIII Después lo dejaron solo. por aquella inexplicable nostalgia sentida en esos ocho años. También tuvo que dejar su billetera. Más tarde. reproduciendo el interrogatorio de Almirón. No supo si de orín. después de cruzar una puerta. y finalmente le revisaron los bolsillos. porque el olor a amoníaco era muy fuerte. su afirmación no era demasiado sostenible. y de todos modos había elegido volver. no quería creer.

-¿Por qué voy a salir? ¿Cambiaron de idea? ¿O encontraron al asesino? -No se haga el chistoso. carajo. los muchachos tuvieron mucho laburo. mientras abría la puerta-. Afuera estaba más claro. y él se sentía tan cansado como si en vez de dormir hubiera trabajado toda la noche. En esa celda se perdía la dimensión del tiempo. Y también escuchó la puteada gangosa. mientras él iba al mingitorio y luego se lavaba la cara y las manos y se mojaba el pelo. Puta madre. Le iba a costar mucho poder dormirse. debía reconocerlo: esa chica era el demonio reencarnado. Lo esperó ahí. -Va a salir. Pero antes quiero hablar un par de cosas. Cada vez que se lo cuestionaba. se quedó dormido. Le pareció que ya era de día. estridentemente. se dijo. de sentirse perseguido y acosado. al final del pasillo al que daban todas las celdas. Yo no tengo ninguna duda. y se enojó consigo mismo por todo lo que estaba pasando. encendida a todo volumen. a pesar del cansancio que traía. Lo preguntó. Hasta que lo despertó la voz del inspector Almirón. rasguidos dobles y avisos comerciales. a través de la mirilla. a pesar de la música y el calor y la humedad. prudente. y dio una trompada a la pared. el asesino es usted. Almirón lo llevó hacia una puerta. pero le pareció que muy poco. ¿Por qué se había descontrolado? ¿Cómo era posible que por su calentura se hubiese convertido en violador y en asesino? Se reconoció amargado. en el silencio retornado. Ramiro preguntó si podía ir al baño. En algún momento. y un ardoroso dolor en el metacarpo. mal sintonizado. gelatinoso. -Venga. abyecta. podía. Y más tarde volvió a escucharse la radio. -¿Qué quiere. otra vez volver a estar alerta. pero fue una sonrisa triste. se dijo. que le respondió con un ruido seco. Estaba entumecido. viscoso. Ramiro se puso de pie. un gemido lejano. No había sabido ser frío. e incluso ahora creo que ya sé por qué lo hizo -Almirón se rió. En cierto modo. sucio. de otro preso. Y en cierto modo así había sido. furioso. achicando los ojos con recelo. Parecía ser una radio. “Es que es hermosa. Ramiro salió.espeso. la oscuridad era la misma. y un dúo cantaba un amor perdido en medio de palmeras y arenales interminables. Y entonces se apagó el sonido de la radio. De pronto. ¿Pero cómo un tipo como él podía haberse enloquecido de ese modo? Y sí. Otra vez el miedo producido por esta endemoniada situación en que se había metido. Fue hacia la puerta. Ramiro se removió. se sentía mojado. -Qué hay. Jodieron toda la noche con una radio. acérquese. inquieto. ahora? -preguntó hacia la mirilla. Almirón respondió que eran las siete y media y quiso saber cómo se sentía. se escuchó un chamamé. ahora atronando el silencio con un tema de Charly García que evocaba la soledad de estar solo. Hacía mucho calor. Ramiro creyó escuchar. Ramiro no supo cuánto tiempo había dormido. Sonrió a la oscuridad. -Y. diabólicamente hermosa”. Le ofreció un 54 . -Como el culo. que durante un largo rato había pasado chamamés. ahogado. Y hasta creo que lo envidio. El bandoneón chillaba. pensando en Araceli. Mefistófeles que vino a cagarme la vida. Cuando se dio vuelta para salir. le dolían los huesos. Almirón sonreía. Era la segunda noche de tensión. que le pareció habitante de la celda de al lado.

Usted es un fenómeno. -Así es -lenta. de pronto petrificado. no le creemos ni una palabra. pero es una declaración y por ahora lo salva. A Ramiro le llamó la atención que en la ironía había también. fría.. jocoso-. sencillamente se le había caído la mandíbula. confianzudo. volvió a su casa a las cuatro. -Así es. su columna se puso rígida. -¿Por ahora? -Claro -dijo Almirón. intuyendo una trampa-. Se puso serio y los ojos se le congelaron. Lo dijo en un tono divertido. Pero para mí sigue en una situación de mierda. porque me da en la espina que nos vamos a volver a ver. En su cama. -se alertó Ramiro. Pero los policías del patrullero que nos detuvo confirmaron haberme visto con Tennembaum a las tres y pico. Miró a Almirón sin verlo. ¿no? Ramiro desconfió. lentamente-. Ramiro abrió la boca. cautelosamente.cigarrillo. Salga. un sentimiento de admiración. que aceptó. -¿De qué se ríe? -Usted es un fenómeno. -Sin embargo. -Por eso le dije que lo envidiaba. dándose cuenta de que no iba a decir nada. completamente borracho. Por supuesto. doctor. sincero. la señorita Tennembaum dice que usted pasó toda la noche del crimen con ella.. -Pero. 55 . che -dijo el otro. Pero ella dice que usted regresó a su habitación y que juntos vieron cómo Tennembaum se iba en el Ford. -¿Por? -Usted dijo que su madre podía certificar que usted.

que no se le ocurriera pensar que todo había terminado. avergonzado. besándolo y diciéndole “mi amor. Cuando lo vio salir. aunque con el aire circunspecto que le daba un traje Príncipe de Gales de poplín. se miraron unos segundos. que pareció encontrar un sonoro eco en el salón. las dos en silencio. mi amor. las manos cruzadas sobre el pubis y su mirada lánguida. pareció despertar. estaban su madre y Carmen. moviendo la cabeza: -Qué hiciste.vagamente un chamamé.. en la misma voz alta. supo que Almirón lo miraba desde algún lado. estaba Jaime Bartolucci. que estuviste toda la noche conmigo y que estamos enamorados. María fue hacia él. que se apretaba a sus formas todavía incipientes. Ramiro. con sus vaqueros ajustados y una breve remera verde. con las piernas cruzadas y fumando despreocupadamente. un abogado amigo que había sido su compañero en la secundaria. Cuando salió por la puerta que le indicó Almirón. Ramiro quiso decirle que no daba más. llorosas. sentadas en una larga banca de madera y recostadas contra la pared. y Jaime se puso de pie como impulsado. que recibió como un autómata. en voz muy alta.XIX En la guardia le devolvieron todas sus cosas. Ramiro se quedó rígido. Araceli controlaba la puerta de la guardia con los brazos caídos. por un resorte. En la recepción del edificio. de mangas cortas. con los mismos ojos fríos. De pie junto a una ventana que miraba a la calle. lo tomó del brazo y le explicó. Araceli se soltó. Carmen se largó a llorar histéricamente. vestidas de negro. sonándose con un pañuelito. 56 . mi amor”. segura: -Les dije toda la verdad. Mientras. Corrió hacia él y se le colgó del cuello.. Junto a ellas. el policía pareció decirle. que estaba exhausto. y le pareció recordar -o escuchar. Ramiro tragó saliva y suspiró profundamente. -se lamentó. Cuando salieron.

CUARTA PARTE 57 .

T. y lo que posees es lo que no posees. ELIOT Miércoles de ceniza 58 . S. Y donde estás es donde no estás.Y lo que no sabes es lo único que sabes.

y éste era un asunto precioso para ellos. Era el atardecer cuando encendió un cigarrillo y se quedó mirando cómo la luz del día se apagaba del otro lado de las persianas metálicas. sino todo lo contrario. pero. Y éste había sido claro: “Usted no está siendo admitido en la universidad sólo por sus estudios. pero recordaba la advertencia de Almirón: “Usted sigue en una situación de mierda” Y tenía razón. al posible asesinato de Tennembaum. Todo estaba en contra: en primer lugar. y le obstruirían la revalidación del pasaporte. Se sentía deprimido. y a las cinco. que estaba fuera del caso? ¿Y qué dirían Gamboa y Almirón. Y aunque lo tuviera. Momentáneamente se había salvado. mucho menos de un suicidio. Era previsible que al día siguiente. ni por sus títulos”. a los periodistas. No había una imputación desmesurada contra él. Nunca había crímenes resonantes en el Chaco. Pero la somnolencia lo fue ganando. aunque después se lo desvinculara. En segundo lugar. naturalmente. con Gamboa Boschetti. En tercer lugar. tuvo pesadillas. daban mucho despliegue al caso. ¿Qué diría. Máxime porque no se había mostrado cooperativo. se despertó. El Territorio y Norte. precisamente. ¿Y cómo explicarían. estaba claro que mientras no tuvieran un asesino -y no lo podían tener. Pero sobre todo. Durmió. no había evitado el escándalo. Gamboa y Almirón lo harían seguir en Buenos Aires. su nombre aparecía involucrado. porque se trataba de una menor y porque la policía quedaría en ridículo. que se tratara de un accidente. Y no podía huir. No quiso levantarse al mediodía para comer. los dos diarios locales. el jefe de Policía? ¿Que se habían equivocado? Eso era ilusorio. también ante los periodistas. a la que no amaba ni mucho menos.se lo vinculaba. atrapado por Araceli. por la Federal. aunque se desligara bien del asunto. elípticamente. Pero ese temible teniente coronel era capaz de cualquier nuevo golpe bajo. ¿Y Araceli? ¿Por qué había hecho todo eso? Estaba loca esa chica. Volvió a despertarse a las tres y media de la tarde. hoy. Una especie de Mefistófeles. y cada vez decidió seguir durmiendo. Peligraba.él iba a seguir en la mira. muchas veces. ¿Volver a París? Imposible: no tenía dinero. Lo había dicho ese hombre: lo tenían todo controlado. Francia no era un país limítrofe. que ayer habían asegurado que estaban sobre pistas seguras y que de un momento a otro atraparían al asesino? ¿Qué asesino mostrarían a la prensa? Porque ellos habían descartado. El ruido del ventilador de pie lo ayudó con una ligera sensación de bienestar. Resistencia no escatimaría lengua para un caso así. No darían a la prensa la versión de Araceli. no podía ocultárselo. porque ya en los diarios de esa mañana -que había leído antes de dormirse. para las autoridades universitarias eso podía ser definitivo. su nombre volvería a aparecer.XX Se pasó todo el día en la cama. sí. Cierta cuota de escándalo era ya imparable. su nombramiento. 59 . después. de hecho.

suspirando. Se removió en la cama. porque lo tenía atrapado. por más que fuese lasciva. para colmo. De hecho. El doctor Fausto estaba perdido.de veras. ¡Y apenas estaba empezando! Carajo. ¿Y si estuviera haciendo todo eso.. No la entendía.. Increíble: una adolescente. Sí.. Punto. lo tenía en sus manos. Él estaba en la plenitud de su vida. sin escapatoria. Porque evidentemente ella lo sabía todo. porque si así fuera. pero él jamás podría confiar en ella. apenas una niña hiperdesarrollada. acosado y con miedo. ¿querría casarlo ella? ¿Querría cazarlo? Dios. Se sentía como un gato detrás de la heladera. era de temer. debía odiarlo. Sí. en su tierra. lo calentaba desmesuradamente.. Habían sido felices... pero. esa muchacha? Loca o monstruo. sí. debía odiarlo. No. era una idea abominable. y era maravilloso hacerle el amor. En su vida había conocido a una mujer tan fogosa. él sabía. Ahora estaba atrapado. seguía en una situación diabólica. Eso era lo único cierto respecto de ella. estaba entrampado. Pero. pero ése era otro tema. donde era reconocido y hasta admirado. absurda. no se iba a casar. Bueno. que Araceli era capaz de cualquier cosa. con esa coartada indestructible. hasta que. ¿Por qué lo había salvado. no le disgustaba su actual soltería. ahora. Pero no encontraba escapatoria. Y un cornudo infeliz. ¿Y como se vengaría? ¿Qué le haría a él? ¿Matarlo? Bueno. insaciable. y no era para reírse. aquella encantadora francesita de Vincennes. él lo había sido. y menos con esa muchachita aterradora. y todas imprevisibles. claro que no quería casarse. y aunque todavía se sentía enamorado de Dorinne. quién le aguanta el tren. se dijo. va a ser muy puta y yo seré un cornudo toda la vida. Todavía no terminaba de olvidar a Dorinne. Aunque no. se dijo. Sí. ¿le haría el amor de ese modo tan brutal. y menos ante la perspectiva de relevancia social. corrompida prematuramente. si evidentemente ella sabía que él había matado a su padre? ¿Era un monstruo. salvaje. justamente para vengar la muerte de su padre y la violación de que había sido objeto? Podría ser. No. Y él. caliente. ¡tenía sólo trece años! Era una situación ridícula. Además. 60 . Araceli era insaciable. desesperante con que siempre quería que él la poseyera? ¿Y si se había enamorado? Estaba loca. lo excitaba hasta perder todo control. y ahora lo salvaba.

en Resistencia. después. sintonizada en una emisora brasileña que pasaba una canción de María Creuza. Estaba realmente hermosa: llevaba una pollera de tela de jean y una camisa escocesa con el botón abierto en medio de sus pechos. -Araceli. Esa casa quedaba a menos de quince cuadras. Pasaron muchas cosas. Ramiro se preguntó de qué estaba hecha esa muchacha. Araceli le pedía que fuera a buscarla y él iba. ya no le gusto. Él no tenía ganas de verla esa noche. con una carcajada sonora. y Araceli salió. Ramiro no pudo decirse. con esa coquetería natural. joven. de taco bajo. pero sí que su tono tenía una cierta firmeza indiscutible. Manejó en silencio. Araceli estaba espléndida. Cuando Ramiro la vio caminar hacia el coche. No.. ella contó que había pasado todo el día con esa amiga porque el ambiente en su casa era insoportable. y atravesó el centro 61 . le caía sobre los hombros y la hacía parecer una niña juguetona. Ramiro tocó dos breves bocinazos. frontalmente. sentándose sobre sus propias piernas. sobre la avenida Sarmiento. Calzaba unas sandalias de cuero. muy húmedo. soy un pelotudo. -¿De qué? -Bueno. y el largo pelo negro. no había llorado ni un segundo. Pero no pudo evitarlo. era firmeza. Verdaderamente. que sonaron aflautados. no pudo evitar morderse los labios. no era urgencia. que no fue capaz de negarse cuando Ramiro le pidió el coche. y además no veía la hora de verte. muy miope. suelto.. Le pareció que de pronto se había puesto muy seria. -Yo no tengo nada que hablar de eso. mamá lloró y lloró y va a seguir llorando. y mis hermanos están deshechos. Y encendió la radio del coche. él arrancó. se dijo.XXI A las ocho y media de la noche. Él conducía. Tampoco quiso hacer eso: pedir otro coche prestado. Araceli lo llamó por teléfono y le dijo que estaba en casa de una amiga. y después de darle un beso en la boca. fresca como una frutilla de Coronda. En la casa estaba el novio de Cristina. que la voz de ella hubiera sido perentoria. pero se dio cuenta de que ella lo escrutaba. me atendió mal tu mamá. así de sencillo. -¿Por qué no? -No quiero porque no quiero. Sin que le preguntara nada. Ramiro frunció el ceño pero no dijo nada. y que quería que él la llevara a Fontana. de todo lo que pasó. Evidentemente. impaciente. cuando lo pensó de nuevo. Pero la voz de Araceli contenía una incitación irrebatible. un muchacho mofletudo y de anteojos de metal. No quiero hablar. creo que tenemos que hablar. y se rió. hablé varias veces a tu casa y tu mamá me dijo que dormías. no preparada. ¿no? Ella lo miró. En cuanto cerró la puerta. cuando arrancó el pequeño Fiat 600..

Araceli le pidió que se detuviera. Después que tomaron el desvío. -Dormiste todo el día -dijo ella. no puede ser. a un costado del camino. como si estuviera por llorar. Su respiración era entrecortada. de su propia excitación. ¿Cuánto duraría esa coartada. él no supo precisarlo. que otra vez brillaba sobre el camino. y no podía contenerla y sí. abandonando la ruta 16. y volvió a poner una mano sobre su sexo. -¿A Fontana? -A donde quieras -y siguió moviéndose. -Igual estoy cansado. que respondió erigiéndose como un mástil. debía tener fiebre uterina y se la desperté yo. o se tragó unos mocos. cerca de la alambrada. -No. -Hoy no. ronca. Ella estiró una mano y apagó las luces del coche y movió la llave para cerrar el contacto. Respiró agitada. Llevo dos noches sin dormir. Y entonces tuvo que parar. como independizado de su voluntad. para sacarlo de la policía? ¿Cuánto tiempo podría aguantar él esa situación. y al rato estuvieron en la ruta. Salgamos de la ciudad. pero la espió por el rabillo del ojo y le pareció que ella hacía un puchero. los mal iluminados restaurantes para camioneros. una nueva Catón discurseando “Carthaginum esse delendam”. Los ojos le brillaban. -Quiero -dijo ella. que ella misma le había dado esa mañana. efectivamente iba a ser destruido. con voz de niñita perdida en un aeropuerto-. al compás de los temas que pasaban por la radio. pero ella se echó sobre él y empezó a besarle el cuello y a gemir en su oído. Y se quedaron en silencio y él siguió manejando. ¿eh? Pará un cacho. Araceli. Lo quiero ahora. Esa chiquilla era absolutamente imprevisible. pero Cartago era él. Vio pasar las parrillas de las que venían esos exquisitos olores a asados y achuras. porque el 600 zigzagueaba y él ni siquiera dominaba el volante. Estaba tan caliente como la luna. en el asiento.de la ciudad. Y empezó a roncar. hoy no. llenándolo de saliva. -No te enojes y entendeme. Ella se movía. Quiso quitar nuevamente la mano. No frenó el coche. mi amor. Lo aterraba el darse cuenta en manos de quién estaba. y trató de separarse de Araceli. como si se le hubiera roto su muñeca predilecta. La noche estaba clara. de ahí pasaría por Puerto Tirol y llegaría a Fontana en una media hora. hacémelo -y frenéticamente le descorrió el cierre del pantalón y se 62 . estoy muy cansado -dijo él. junto a esa muchacha que lo excitaba hasta hacerle perder toda conciencia? ¿Y de qué forma podría controlarla a ella? Araceli gimió. no quiero. iluminada por la luna llena. Pero en realidad lo que tenía era miedo. Ramiro enfiló hacia el triángulo carretero. y empezó a balbucear y a temblar. Ramiro tomó el camino a Makallé. Ramiro sintió pánico. carajo. ahora con un tema de Jobim. Ramiro sintió que los músculos de su cuello se contraían. entendelo. Ramiro se dijo que no podía ser. por favor. nena. me va a exprimir. cuando sintió la mano de ella sobre su pantalón. -¿Adónde te llevo? -A donde quieras. caliente. como una gatita en celo: -Hacémelo. siguió a la misma velocidad. que era insaciable. que estaba colgada de su cuello. te lo juro. estoy cansado -retirando la mano de ella y procurando no perder el control del auto-. A velocidad regular. Frenó en la banquina.

y ella en ese momento lanzó un grito y se largó a llorar.prendió de su sexo con una mano. poniéndola a la altura de su cara y empezó a besarla. enhorqueteada sobre él. desesperada. arrancándole de un tirón el calzoncito. en su excitación. tropezando. y supo que no podía resistirse. La penetró con violencia. de hambre. Profirió unas palabrotas cuando ella. que había llegado a la condición de marioneta. se alzaba la pollera de jean. le mordió el sexo y entonces la agarró de la cabellera y la alzó. y el minúsculo calzoncito blanco sobre el que se empenachaban los pelos de su pubis. golpeándose en los hombros para incitar más al otro. Y el 600 dejó de menearse. Y Ramiro volvió a ver. embrutecida de placer. reconociendo otra vez a la bestia en que se había convertido y se recostó un poco en el asiento y montó a la muchacha. mientras con la otra. los vellos brillosos sobre las piernas de color mate. y todo el cochecito se meneaba. 63 . a la tenue luz de la luna que ingresaba al coche. sintiéndose furioso y desbordado. Y así siguieron hasta que alcanzaron un orgasmo frenético. Y se zarandearon con torpeza. abrazándose. animal.

alzando el torso pero sin separar las ingles. que hizo que ella se soltara. cargado de rollizos de quebracho. y le pareció ver un hilillo de sangre que le caía de la boca. Quería fumar. y luego contempló la noche más allá del parabrisas..XXII Pasó un camión con acoplado. estoy muy caliente. llevando sus caderas a los costados. Era el miedo. vos creés que yo maté a tu papá. Pero cuando lo hizo. forcejearon hasta que ella. que mordió con fuerza. accesos espasmódicos. O quería y podía pero a la vez no quería. -Tenemos que hablar -dijo. mirándola. Frunció el ceño y se preguntó qué más podía querer ella. por un segundo. pero acaso no podía. Quiero seguir haciéndolo. Tantas veces los juegos de palabras ocultan el miedo. hablándole al oído-. O sí. le arrancó la camisa y se prendió de una tetilla. Él sintió una aguda punzada y se encolerizó. se le tiró encima. Se lo había destrozado. Como escalofríos.. Intentó separar a la chica para buscar sus cigarrillos. Su pelo olía a un champú de limón. Entonces. con los ojos desorbitados. y el piso pareció temblar. pero jadeantes. y a mover la cadera muy despacio. Se sentía vacío. La empujó con toda su fuerza hacia el otro asiento y la estrelló contra la puerta. Él ya no quería seguir. pero su sexo se erguía otra vez. Por momentos ella sufría como ataques de temblores. Y comenzó a golpearlo con sus puños cerrados en el pecho. Y se movía rítmicamente. haciendo ruido. y no entendía qué más podía desear. y volvió a erguirse. 64 . muy sensual. En silencio. completamente mojada. que tenía más fuerza que la que él había calculado. pero no del todo adormecido.. hirviente. para detenerla. quejoso. Se sentía amargado. Sus cuerpos estaban transpirados y. Ramiro observó que su sexo volvía a responder. dijo "no. ella se aferró a él nerviosamente. sus labios seguían pegados a su cuello pero ya no succionaban. despacito. era un pelo espeso. y con la otra del espejo retrovisor. palpitante sobre el sexo de Ramiro. Tenía a Araceli montada sobre él. por sobre la espalda de ella. Dame más. mientras se regularizaba su respiración. le dijo lo que tanto ansiaba y temía decir: -Araceli -en voz muy baja. Él todavía estaba dentro de ella. mientras corcoveaba sobre él-.. Se quedó así. Ramiro sintió que despertaba en ese momento. no" y empezó a lamerle nuevamente el cuello. -¡Mierda! -ella dio un salto. dame más! Ramiro la tomó de las muñecas y la apartó. Estaba exhausto. Y entonces fue que la agarró del cuello y empezó a apretar. él alcanzó a ver su trasero y un pedazo de calzón. respondiendo a esa muchacha ardorosa. Él apenas la vio. Su sexo estaba más laxo. ¿no? -No quiero hablar -murmuró ella. con su voz aniñada-. peor que esa tarde. Brutalmente. y apretando su vagina. ¡Dame más. amarrados en el cenicero del coche. le encajó un puñetazo en la nuca. Pero ella se agarró del respaldo con una mano.

Y volvió a horrorizarse cuando se dio cuenta de que estaba excitado. porque se había arruinado la vida. como un clavel que cuelga de un tallo partido. 65 . pánico. porque de todos modos era un asesino. y porque tenía miedo. que comenzó a tener convulsiones y a emitir ruidos guturales de pecho que poco a poco se fueron haciendo más oscuros. Y mientras pensaba y apretaba se largó a llorar. Por sobre el cuerpo doblegado de Araceli. Por fin la luna llena. mucho después de que Araceli se relajó totalmente. Y él apretó y apretó y vio el rostro morado de ella. que abrió los ojos desesperada y cerró sus manos sobre las muñecas de él. la luna caliente de diciembre. y de su cara amoratada que él tenía entre sus manos. arañándolo. acezante y aterrado por su propia violencia. casi silencioso. de que su sexo se había endurecido. con el cuello quebrado y caído hacia un costado. Y eyaculó así. Cuando acabó su resistencia. o sus reflejos. clavándole las uñas y haciéndole saltar la sangre. mirando esa luna candente. Nunca sabría cuánto tiempo estuvo así. como su corazón. que lloraba también convulsivamente. en la piel de Araceli. la vio entera. que volvían a entrar para estacionarse. pero no dejó de oprimir ni por un instante. lo sabía. Como un pedazo de granito. ígnea. Mucho después de que. sudoroso. no dejó de apretar. mientras se decía que otra vez estaba loco. más profundos. y todavía con su llanto carcajeante. y ya nada le importaba en ese momento.Y apretó con toda su alma. Pero Ramiro. pero sin impedir que él siguiera cada vez con más precisión. hasta que en un momento acabaron. agobiado por el calor. sería toda la vida. Y apretó más porque la odiaba. porque no podía dejar de poseerla cada vez que ella quería. eternizados. Y vio la luna. la luna hirviente. loco porque estaba atrapado. y así. observó la rotación de la luna. del Chaco.

rumbo a Corrientes. Su madre. alejándolo de la carretera. Volvió al 600. Aceleró hasta los cien kilómetros por hora. antes del amanecer estaría en el Paraguay. llenó el tanque de nafta. lo puso en marcha y giró para regresarse a Resistencia. preguntó si era él. llevándolo de las muñecas. desde el dormitorio. Tardó unos segundos en arrancar. esperó unos minutos. Entonces se lavó la sangre. se preguntó si era cierto todo eso. Eso quedaba del otro lado de Resistencia. buscó sus documentos. y cuando lo hizo profirió una serie de maldiciones. 66 . dobló un saco de hilo que llevó en la mano y recogió todo el dinero que encontró y los 500 dólares que no había cambiado. Ahora sí. Dijo que sí. Abrió la puerta derecha y sacó el cuerpo de Araceli. Desde un teléfono público. que no se preocupara. prohibiéndose pensar. donde dijo que se le había descompuesto el Fiat. se cambió la camisa y el pantalón.XXIII Se bajó del coche. La abandonó junto a un poste de la alambrada de un campo sembrado de algodón. luego de poner en posición neutra la luz interior. al ponerlo en marcha. frente al regimiento. y arrancó y fue a su casa. A la salida de la ciudad. Cuando llegó a la ciudad eran las once y media de la noche. que el coche se había arreglado solo. Regresó al coche y. hizo revisar el aire de las gomas y salió a toda velocidad rumbo a Formosa. Las luces estaban apagadas. llamó a su casa y le pidió a Cristina que fueran a buscarlo a La Liguria. Lo arrastró hacia la banquina. Encendió un cigarrillo.

EPÍLOGO 67 .

ALEDO LUIS MELONI Coplas de barro 68 .El hombre llega al otoño como a una tierra de nadie: para morir es muy pronto para amar es muy tarde.

Sí. La culpa había sido del calor. con sus cúpulas y sus techos apizarrados trasladándose de los sentimientos a las postales. timidón. de lo que él había hecho. París. ecología. Pero un testimonio efímero. Lo importante era esperar. acaso. acaso. en unos días las marcas desaparecen. No hay simulación posible para la tristeza profunda. El calor averigua. semidesnuda. el siglo pasado. París. pero empecinada en su belleza colonial. lo identificarían 69 . a lo lejos. Le diría. Pero produce muerte. como el Paraná. el Paraguay. porque la tristeza no deja moretones. Se sentó en la cama y bebió un trago de Coca-Cola que le habían traído. lo había sabido. esa cosa vieja. que incentiva las posibilidades de la muerte. Si viniera en este momento y me mirara a los ojos. muda. Que viniese por ejemplo una especie de Catoblepas. parece. Ahora sí. Pensar y recordar. lo de adentro es lo que queda. Lo veía en ese espejo. lo otro es lo que no sale. Un moretón que era testimonio de lo que había sucedido. grandes. se dijo. sucia. Ríos en serio. y las deudas se pagan. mientras tanto. Ah. porque eso pasa. En cualquier momento vendrían a buscarlo y lo único que podía hacer. tan hermosa y refulgente. ese monstruo imaginario de que hablaba Borges. porque había perdido mucho. Ni siquiera lamentarse. era otra forma del subdesarrollo. anchos.XXIV Cerró los ojos y se retiró de la ventana. con ese lamparón en el cuello que le recordaba la pasión de Araceli. Ah. cuando uno ya se ha convertido. con ese Sena cadencioso. Si hasta el miedo había perdido. capitalismo avanzado. su succión. Porque seguramente sería mejor que caer en manos de quienes iba a caer. Había hipotecado su vida. cómo quería morir en ese instante. asesinos muchas veces. Casi como el Paraná. siempre renovada como los grandes ríos. Ah. en aquel tranvía amarillento y desvencijado que iba calle abajo y se perdía entre las tejas de una casa de. Y el río allá. París. y esas riberas con los barquitos estacionados y sabios pescadores con pipas en la boca. para siempre. desbordados como la furia caliente de estas tierras. Da variedad a sus formas. aguada porque el hielo ya estaba casi totalmente derretido. Porque en cualquier momento llegaría un patrullero paraguayo. encima ponerse melancólico a esta altura del debate. "hola Catoblepas" y lo miraría. Ya no tenía sentido seguir huyendo. Y aquella infinita frialdad en la gente. caudalosos. frente a la cama. un ser al que todo hombre que le ve los ojos. Carajo. pulcritud. El calor se hacía insoportable y la parrilla del aparato de aire acondicionado. Tan diferente de esta ciudad achaparrada que ahora veía desde el octavo piso del Hotel “Guaraní”. claro que lo miraría. y uno como que no se da cuenta. ¿Quién lo hubiera dicho? Pero para qué pensar más. Desde que empezara a estudiar Leyes. cae muerto. intuido más que visto. en París. Esta ciudad subdesarrollada. Pero eso no era lo importante. Desarrollo. dentro de uno. tenía. en un proscrito. Él era un fugitivo de patas cortas. Esa maldición. que le devolvía su propia imagen descamisada. era pensar. ¿Tenía de qué lamentarse? Sí. su mordisco. Un río en serio.

Él debía limitarse a pensar y recordar. más. ¿Qué esperaban? No. mucho. ¿no? Y el Chaco es tierra caliente. Finalmente llegaban a detenerlo. cuando los paraguayos lo entregaran. selva. pero una verdadera holgazana sensual. carajo. Y él sería el objeto. El otoño traería los preparativos para las nuevas cosechas. Y esperar. No importaba que lo pasaran por “la máquina”. Después vendría la siega del algodón. un tierno enamorado. Francesca muy Da Rímini. la mercancía. y el Chaco y la Argentina. El Paraguay era una tierra de nadie.y lo entregarían a sus colegas argentinos. la esperanza de su tierra. comer algo. encendió otro cigarrillo y se recostó para fumarlo. caminó por la habitación. Y mientras tanto. Tierra de nadie: donde para morir es muy pronto y para amar es muy tarde. Con la muerte no se juega. gente apasionada. No. Y los Gamboa seguirían teniendo todo controlado. Pero enamorado de la muerte. el ensañamiento social de cierta gente mediocre y mezquina que lo maldeciría un tiempito. Él mismo era. Se pasmaba. con Cleopatra y con Elena. se dijo. recordando su desborde. no entiendo -repitió en voz alta-. todavía. Era el tipo de la conserjería. y el calor y la luna. ¿Por qué carajo no vienen de una vez? Regresó a la cama. Pero no se atrevía. con Semíramis. Como ella. Entender por qué y cómo su vida se había arruinado en sólo tres noches de calor. un Giovanni enamorado. ¿Nunca más? No. porque era muy joven y habitaba una tierra de nadie. un condenado'. Y Giovanni. ni con la brutalidad. y Asunción. nunca más. pues porque había vuelto al Chaco. la locura a que lo arrastró la excitación por esa muchacha a la que ya nunca más nombraría. en esas tierras de nadie. trópico. era no sufrir los dardazos de los centauros cada vez que quisiera erguirse. me voy a volver loco. y ese hotel. Pero. en cualquier momento llegarían. hasta que todos olvidarían y cambiarían de tema. Y por eso merecía pasar del segundo círculo al séptimo. Carajo. Descolgó el aparato. Entonces. pareció decir el otro. monte. con Dido. Mala junta. soy un proscrito. Faltaba mucho para eso. y no poder morir ni amar. Ella sin nombre ahora. mierda. 70 . ¿Más?. de aire tórrido. Un simple trámite. Y evocó la bella interpretación de Denevi: Paolo un necio y presumido. en Clorinda. le preguntó al Ramiro que le devolvía el espejo. prometiéndole que volverían a verse. Almirón estaría del otro lado del río. La condena era ser joven y estar vivo. salir a dar una vuelta. estupidizados por el calor. Al menos entender. Entender. tardaban tanto? Ya habían pasado dos días. Todo eso era poco: la verdadera condena era no ser sumergido inmediatamente en las lagunas de sangre del séptimo círculo.. Eran poco los interrogatorios. se dijo y se juró el segundo círculo. Sí. el monstruo de la torre. mientras fuera noticia. Ramiro recordaba la mirada del inspector Almirón. el tránsito al séptimo círculo se demoraba. Ni siquiera era castigo el escándalo. O que todo podía complicarse aún más. -No entiendo. ¿por qué. tonterías. Sí. Algo le decía que acaso podía escapar y que era un estúpido si no lo intentaba. y en los pecados de la carne y en los daños al prójimo. y saltó de la cama. la región dominada por Minotauro y por Gerión. seguro. En ese momento sonó el teléfono. Y los militares continuarían en el gobierno. "Pero yo ya no soy un prójimo. Ésa era su condena. Pensó en bajar. Y bebió un sorbo de Coca-Cola y pensó en Paolo y Francesca. las bofetadas que recibiría. ¿Pero por qué no venían a buscarlo? Debía ser cosa de ese hijo de puta de Almirón. Él merecía todo eso. en cierto modo..

pero él no tenía Dios. entonces y para siempre. Sólo había. enero febrero de 1983. conteniendo la respiración. Nueva York. 71 . DF. la piel más excitante que jamás conocería. instalada en un pedazo de piel. Ramiro apretó el tubo. marzo de 1982. -¿Cómo dice? -Que lo busca una señorita. el recuerdo de la luna caliente del Chaco. casi una niña. Miró por la ventana. No lo había. señor. México. Luego miró la Biblia que estaba sobre la mesa de luz y pensó en Dios.-Señor: aquí lo busca una señorita. negando con la cabeza.