Revista La Castellana Dirección y Selección: Víctor Salinas Rubio Contacto: vsalinas@e-absenta.

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REVISTA LA CASTELLANA – EDICION I

Camilo Brodsky (1974, Chile)

Galilea El zelota, cara al mar en Galilea, mensura la distancia, consume el vaivén silente de los botes las pequeñas barcas que recogen hombres, almas, peces; sueña detrás de ese silencio una guerra sin tregua ni sentido; un Armagedón de tropas caídas desde el ocaso sobre las duras tierras de Yafo.

se ve el zelota desnucado, el cuello desunido de su centro y su estructura colgando como la piltrafa en que amenazan convertir su cuerpo los romanos, los viejos sacerdotes acosados en el Templo

—es tan breve el espacio de tiempo entre la prédica, el desierto y las visiones; algo palpita en su pecho, ya inerte en cierta forma, predestinado al silencio, la precariedad de los siglos y el garrote vil—

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Sin saber aún si está dormido busca el zelota el refugio de su manto

y sueña un infierno imposible de legiones carmesí y holocaustos.

Sueña el zelota la quema de brujas, la muerte mínima de Menocchio;

a Torquemada sueña el zelota sobre un trono de lenguas maldicientes, borrachas, temerosas

y despierta con escalofríos

cuando va subiendo el viento tibio desde el mar de Galilea.

El zelota ante el discípulo Qué sabes tú, que no despiertas de la fiebre en medio de una guerra de dos mil años con el reflejo de las hojas del bambú sobre tu piel, ahí donde no hay vinagre para calmar la calentura de tu cuerpo ni agua para dominar tu sed

si tan sólo no tuviera el rastro, la estela del amor, el ojo de Dios sobre la nuca, este silencio retumbando en mi cabeza como arena en un reloj de cuero;

estas manos listas a empuñarlo todo

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estos ojos

hoyos secos en mi cara que te miran preguntando por el brillo de los tuyos.

El zelota piensa en la muerte y sus repercusiones inmediatas Acaso moriré hoy —piensa el zelota en medio de la renuncia que el fogonazo podría convertir en heroismo.

Se toma el estómago. El dolor en el costado casi lo dobla sobre sí.

Podría morir hoy —repite como un mantra.

El cansancio no le nubla el pensamiento.

Se ve el zelota, sin embargo, ejecutando danza de lobos en el Friuli cuidando las cosechas de unos campos que aún ignora coloreados como cuadros de Van Gogh por el estío, y no percibe ningún cuerpo dando un golpe seco contra el suelo y la arena rojiza.

Morir —piensa el zelota muy adentro de su propio silencio— no es lo que quiero para mí en este día jalonado por el viento en Galilea.

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Álvaro López Bustamante (1976, Chile)
Tercera Plegaria Tengo escorpiones colgando de los brazos tengo un cubo de hielo en la caverna del pecho los brazos cansados de amarte, Señor

Tengo insectos devorándome la entraña tengo el miedo como perlas de hielo

los ojos pálidos como larvas la carne magra y quebradiza

Tengo la demencia como una piedrecilla girando mi cráneo de oído a oído

El espíritu como sumergido como sumergido en granizo

Las manos desgarradas de tanto abrazarme a mí mismo

tengo un delgado alfiler que sangra a cada palabra

tengo una rata muerta en el espíritu

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tengo el corazón anochecido como segado como torturado en vidrio

Tengo al invierno encadenado al pie de mi pie llagado, la muerte como sonriendo horrorosa

Tengo una lluvia de recuerdos torrencial y muerta el tedio

el horror de Cristo aguardando las horas clavado

y una piedra cúbica de dolor, Señor

oh, Señor, eres todo mío.

una antipoesía si mereces una parodia imaginaria, entonces no fue en vano todo lo imaginario

¡qué veo! – miseria imaginaria tipos ardiendo en neoprén imaginario y putas imaginarias con catorce años imaginarios en las calles imaginarias de mi ciudad imaginaria porque después de todo, claro, en el fondo somos imaginarios con pegas y estudios y despidos imaginarios

y en esto lo crucial es que la poesía, poesía imaginaria posee una utilidad imaginaria

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porque esto lo imaginario jamás ha podido acercarse a lo imaginario, digo, a lo real, o lo imaginario cual es la diferencia si me pierdo entre la percepción y, por supuesto, algo imaginario

dolor imaginario muerte imaginaria una vida imaginaria torturas y asesinatos imaginarios

porque yo crecí con un Pinochet imaginario no te preocupes porque ja, ja, soy un copión imaginario de antipoesía imaginaria tiene todo mi respeto imaginario en la buena onda imaginaria

aunque – cogitación y toma de perspectiva imaginaria es bueno repetir palabras y parodiar lo imaginario tal vez ahora avancemos un paso imaginario en eso que llamamos arte – imaginario de este nuestro país imaginario

y lo veo, no soy ciego niños, ahora te aburres de manera rematadamente no imaginaria, quieres un trago que no sea imaginario o arrancarte a un lugar real, para nada imaginario

así que termino esta tosca parodia imaginaria aunque en la imaginación está todo, /me gusta como escribe don Nica – esto no es imaginario

lo que me disgusta es el culto totalmente real, en absoluto imaginario

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a figuras glorificadas por su fama imaginaria en artículos ensayos comentarios medios de prensa imaginarios (sin poder de crítica o algún rasgo de inteligencia imaginaria)

pues cómo no sabes leer te refugias en un bukowski un fuguet imaginario y citas y te aprendes poemas que alcanzan un alma imaginaria ah, super hombres imaginarios cómo no sabes escribir te escondes bajo un parra un neruda un rojas imaginario para fortalecer tu talento imaginario

a la mierda con esto, lo imaginario

y lo que no es imaginario,

es

cansancio imaginario, insomnio imaginario, depresión miseria imaginaria, aburrimiento imaginario, soy un adolescente imaginario Ayatola no me toques la pirola – imaginaria

agacho el lomo y acepto lo imaginario

me falta el talento ah ese talento imaginario.

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Arturo Ciudad (1978, Chile)
Escapista Empecé a trabajar a los dieciocho años Quise ser ladrón La primera noche me atrapó carabineros La segunda noche escapé Fui mejor escapista

Luego quise ser narcotraficante La primera noche me atrapó la P.D.I. La segunda noche huí Seguí siendo mejor escapista.

Después aspiré amor me hice adicto La primera noche me atraparon tus labios La segunda noche no escapé La tercera noche seguí junto a ti Ya no era el mejor escapista.

Tú mujer. Fuiste mi mejor celda.

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Del ciego He pensado en sacarme los ojos para así no mostrar ante los tuyos, ningún motivo de sentidos

Repasando las miradas he repensado en sacarme lo ojos y quien sabe hacer una sopa de ellos para beber los momentos almacenados y alimentarme de recuerdos impensados, pensados y expropiados.

Y Si Los Años Secos Decaen Canosos

Sabré dar los pasos ya seguros sin mis ojos.

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Y seguiré mirándote a través de mi memoria. Y las cavidades donde una ves ellos se posaron

-Serán mis notas cadavéricas cantadas en prefacios-

Copias Escribe:

Los gatos leyendo el periódico del domingo A orillas de una piscina Con un refresco tropical Comentando el partido de fútbol del día anterior.

O:

Las hermanitas descalzas Entregando alimento al viento Para el pequeño niño que sufre Tras la golpiza dada por la tierra que lo acoge.

Pero:

Si el cielo cayera a tus pies Cuando más allá del crepúsculo Apareciera tu sonrisa

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Templada, blanca, como espuma marina

Rozaría la eternidad acongojada Y te besaría mil veces.

Cuando:

El cielo en mil colores Te arrebate cada gota Y viaje de día por estrellas sedientas Junto a un pájaro fluorescente

Yo:

Asolaría todos los campos de cebada Con mi voz al hombro Cansada, piedra gozadora, de venas grises, y moriría dormido como árbol seco en un campo abandonado.

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Juan Eduardo Díaz (1976, Chile)
La vigilia Y ahora que se está ahí dentro a la manera de un terno antiguo puesto confortablemente en aquel baúl. La conclusión del tiempo hace caer por ley de gravedad hasta las plegarias, la carne y la fragancia de los claveles.

La forma es lo menos que importa. Aunque pareciera la siesta al sol luego del almuerzo. La contemplación de la tarde hasta que el sangrar se hace vigilia.

Todo el resto de la noche para meditarlo las cuatro lumbreras apagadas. En la habitación de adjunto la pena de todo un océano. El dolor diluido hasta la puerta de calle.

Diferente es que todo decante en lo profundo y no temer a las llamas, menester ahora de ángeles y demonios. Es el espíritu jugado a una partida de ajedrez.

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La ánima I De la manera en que duele cuando la tierra jala desde el suelo, atada a los huesos con pesadas cuerdas, de los extremos las piedras se enrabian incrustándose más abajo, tironeando desde lo profundo. El chillido oscurano se cae en los hombros, con el peso de un cadáver que lleva mi nombre en su boca, mis marcas en el cuerpo, todo el amor urdido en la piel y los ojos vendados. Maniatado como un niño en su sexto mes de gestación, a punto de salir a la vida, a un respiro de cargar con su propia sombra, que nace muerta de miedo, atrozmente desfigurada.

II Del modo en que un tiro a la sien no produce más ruido que el aire en el desierto, ni más sorpresa que un millón de flores en este mismo arenal. Entonces, no queda más que adueñarse para siempre del entorno, con los labios reventados, con los ojos todavía abiertos y secos. Todo el homenaje de esa fotografía postal para demostrar el eco desolado de la descomposición. Trova del lugar donde no hay mármol que piense siquiera en un nombre, un aniversario al menos, y descubrirse una vez al año pegado a la ventana, aguantando las ganas de salir a recibirle.

III Y llorar, a la forma de los muros, del piso, del cielo, el mono bloc odioso, despiadado, repleto de voces que no logran siquiera oírse, ni tocarse, entre ellas se espantan como parientes que se aman, y se descubren como en la fila del pan o del azúcar. La parca espera en todas las esquina con la svástica en la siniestra. Los heridos de muerte, no han vuelto al espejo, se engañan al baile de un bolero y lagrimean al arrullo de un sitio desocupado. La culpa es por darle el espacio al sol. Pues, se debe huir de la sombra de los albatros, ellos persiguen a los muertos y le sacan los ojos y la lengua.

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Leonor Dinamarca (1975, Chile)
Absynthe El hada verde corrompiendo mi voz abriendo el tercer ojo para ver en la penumbra que la poesía es profecía Vagar por calles llenas de recovecos infernales Barcelona tiene algo maligno en sus venas todos quieren posar sus sucias manos sobre sus monumentales versos Yo me pierdo en el barrio gótico mascullo frases ebrias en un catalán olvidado llego al CAELUM soberbiamente decorado como para señoras francesas acomodadas que vienen a tomar el té té de melocotón, de frutilla, de aromas alimonados, café de variedades impronunciables Trufas, mazapanes, chocolates a la pimienta o a la menta… Absynthe Pido Absynthe

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en medio de esa aséptica decoración me dan terrones de azúcar una cuchara demasiado moderna para las rosas secas que decoran mi romántica mesa o para las delicadas cortinas tejidas a croché Me traen lumbre, me presienten terrible Pido acompañar el elixir amargo con dos trufas Una por Barcelona la puta Una por mi Santiago demecialmente humilde Me nutro Me hago poeta y hembra

Pienso en los malditos que acompañan mi senda Yo que debía flambear mi copa o decorarla con el dulzor de la refinada azúcar Bebo como chilena "aperrada” Una que se bebe el aguardiente hecha en casa como si fuese agua Una que se templa con pisco puritano de 45° para que el alma te vuelva al cuerpo Una que se crió en Gran Avenida bebiendo sin mágicos aderezos saboreando la verdad amarga como el mejor de los vicios un poco de Ajenjo en boca de chilena puede espantar hasta al Europeo más curtido…

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No No quiero venderle el alma al sistema para publicar poesía dejar de ser terrible para gozar de aplausos en salones literarios que se vuelven bizarros Quiero vomitar la poesía terrible como si fuese un parto Sin tratar de hacer piruetas para quedar en paz con lo políticamente correcto Prefiero que me prohíban en todo idioma Que la tierra y el cielo tiemblen con poesía traída del fondo del alma de las tripas mismas, de las lágrimas amargas de la noche de la risa delirante del humano común y corriente que necesita vida, pasión y sangre NO a una manga de amanerados que escriben para el aplauso una par de poemillas delicados para acceder a un Nobel que no me interesa Porque quiero rescatar lo humano de la poesía No esa basura intragable que no calienta a nadie NO pararé hasta crear un engendro aborrecible para todo aquel que tenga el alma dormida los ojos cerrados y el corazón seco No necesito droga, ni alcohol, ni sexo bizarro porque extraigo la poesía de la sobriedad absoluta Allí donde la verdad anida como un animal en extinción Volveré mi lengua un metal afilado Condenadme! Quemad mis libros! porque no quiero que paguen mis palabras con monedas traidoras Ni quiero sonrisas de media tarde ni felicitaciones mundanas Mi trabajo es serio No es esa farsa que veo en las vitrinas de mis calles Quiero ese underground que me hace libre "y vomitar la poesía... como si fuese un parto"

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Raúl Hernández (1980, Chile)
Fresa salvaje Nos arrinconamos contra la pared de posters.

Recuerdo que hablábamos de la playa y de las aves que viajan hacia el campanario.

Rompimos un vaso cuando nos reímos boté los vidrios rotos a la hora de tu pastilla y al volver estabas desnuda en mi cama cantando Camilo Sesto junto a un cigarro.

Zenith Tengo fotografías de una niñez ochentera.

Las miro una vez más tomo las llaves desde la mesa y salgo a la calle.

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Busco nuevas noticias de la luna pero me encuentro con amigos que siempre están dispuestos a gastar dinero en una botella de vino barato.

Nos emborrachamos con gracia / lentamente con la inevitable espera del tren sin regreso en una vida que no quiere ser fotografiada.

El rayo verde Tendrás un fin de semana tendrás miles de aventuras de litoral.

Las venideras desgracias sólo pueden ser esquirla de fogata ahuyentada por el viento.

Las conversaciones al aire libre intentan ser la sanación espiritual que anhelaste.

Tendrás un fin de semana tendrás miles de aventuras de litoral.

Las cartas de tarot arrojadas a la vereda.

Las verduras colocadas en la mesa a la hora del rayo verde.

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Elías Hienam (1983, Chile)
Ojo de mal un pañal usado y alambres de púa rodean mi cuerpo envasado al vacio, prisión justa a la espera de un juicio preventivo que coludido con aquel veneno pasado se vuela por la rendija de la ventana abierta de mi niña.

entonces empezaba a llover lluvia e iba a flagelarse. yo con mi ojo de mal miraba cual cola de lagarto, burlón ufano, libidinal y tardío, lleno de envidia y trenes que se alejan, conmigo, hacía adentro.

Las narices frías lengua muerta y desmedida en angustias y hastío, arrullo, leche y correas: un dínamo que alumbra sin adioses, el dormir de estática en toallas húmedas.

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litera que mece y da pase a esta gélida modorra de sacos.

terror en vela de llaves, tetillas, ¡Morfeo! que mosquiteros en pijama pellizcan al recogerse en el somier sin colchón, ni sueño.

Agua va con tanto amor como puedo transito, digo recorro, pero nada es distinto, como cuando te asomaste a esa ventana: tenemos motivos para esperar el olvido, para recorrer el encierro y transitar esta igualdad eterna; devanándose los sesos in inconstantia contans, he aspirado con fuerza el olor de tus rosas enfermas, en la dulce quimera de pensar en verano mientras cae la helada.

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Leo Lobos (1966, Chile)
Ardiendo bajo las aguas En los inicios de una constante, de un continuo secreto, aquí, allá, más allá de todo de todos los enigmas arden bajo las aguas estos momentos de verdadero egoísmo de guerras totales miserias humanas despojos dinero sucio necedad estupidez

¿la memoria será acaso la presencia de lo ausente? Buscando luces en la ciudad luz Busca que busca la luz de la palabra cruzando ríos y lagos

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mares y montañas internándose en ciudades laberintos actuales bosques sumergidos desde Santiago a Boston desde Nueva York a París, París, París y en este bosque blanco que, otra cosa, la misma cosa la veo parada ahí en la calle pensando quizás en el eco de las aguas entre la multitud y los autos veloces buscando la luz, las luces de una piel que nadie podrá herir mientras perdidos transeúntes le preguntan por dónde por qué camino por qué lugar se entra se sale del espejo donde a ratos logran escuchar a un triste Lewis llorar por una niña llamada Alicia atrapada por él en una historia paradojal

Un paseo por Alemania es un lugar en la pared Transparentes vamos en este aleteo en alemán página tras página en portugués tan bien así transparentes e inmóviles en el mármol

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piedras

árboles niños de irreconocible encantamiento preñez en la danza sabiduría y ventarrón efímero elocuentes son estas luces en el muro como un inacabado sol innombrable un rostro sol que avanza una sombra, una llave un rayo en esta tarde torrencial un fondo ciego pasos quizás círculos iónicos

a lo lejos silencio

Ventanas escaleras Ventanas, escaleras y desde el fondo de la pieza con ojos de otros nos miran.

Son, están, hoy los he visto

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y tocado: Marilyn Monroe, ¿recuerdas la escena de las nubes contra las torres del sueño?. Andy Warhol, los minutos se disipan cada día con los años tan próximos y ya no sé. Mick Jagger, ni quimeras, ni ocultismos, ni partidos, ni completos: disuelve el frío y la rigidez ¿volverás a ser tu propio contenido? James Dean, lo misteriosamente fascinante ¿siempre se esparce por el aire en ideas de humo?. Brigitte Bardot, Elvis Presley, Frida Kahlo y todos aquí lo solemne y lo modesto, lo sublime y lo sencillo, la celebración y el ascetismo, lo costoso y lo barato, todas y cada una de las tensiones de la vida entre la euforia y la depresión, en verdad: ¿cualquier tiempo que haga es un buen tiempo?

Amigos estamos entre amigos que Marcela nos devuelve desde la nada para esta nuestra primera foto.

Maldición: este es un día hermoso.

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Natalia Rojas Cortés (1983, Chile)

El que erige la lágrima Muerto sulfúrico qué haces construyendo un nido cavernoso en la punta del mundo eres el zángano que aprieta el dedo de Dios y el cadáver que logra extraer la muerte por su risa.

Desnudo, muy desnudo, sentado me miras detén el segundo en que me mezclo es que los ríos de harneros cruzan la piel ensimismados por el aire que respira la sangre del vivo.

Taparé con los tejados el miedo de mi tierra y agazapada entraré a tu mano sembrada de mariposas hirvientes como el gato celuloso que repta por el mundo.

Quiero salvarte las manos cubrirte en los puños de un animal y que no sigas más clavando sinuosas hachas en el lomo de todos los cuerpos ángel masticado por el hastío de Dios.

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De Ahíto abelengua (poema largo en prosa) mi lengua de tierra, sombra afluente de aquel nogal que alcanza mirando a Dios y le dice A. Desde aquí todos se están tragando un sollozo. Una letra del sonido. Acá arde la invención en lo callado, todo es infancia, balbuceo, roedor trizado como ventana. Sé que yo soy hija hecha de lluvia, sé que el poema es la historia de los precipicios, de lo que es sin padre, de lo que se incendia con la voz, pero mi lengua, pero mi turgencia, como boca de noche, por qué desflora la letra cuando deambula, qué pasa en el error (...) ciego de algo quizá por distraerte, quizá por llegar al vidrio quebrado que protege mi hogar, lo opaco que tiene sonreír. Avieso y desconsolado. Te veo chiquito en los columpios del habla. Te has callado, mutismo infantil de negras rodillas, bájate te digo, bájate, hay días en que los árboles te empujan, hacen creerte que su savia es tristeza, bájate te digo pequeño ahínco dolorido, bájate que me subo a conocer la altura, yo allí ahíta y montesa, allende al dolorido silencio: he dejado de nombrarte (...) te descubro tan apacible que te temo. Iré con lágrima y boca abierta saltando por las cimas. Asaltada por la bruma haré que me escuches: eres nombre, eres tierra, yo lo soy y tú te desdices. Iré, juro que te iré, no cogeré las fieras ni temeré a las flores, sé que veremos juntos lo mismo: la noche que te dio a luz y su propio vacío (...) pues moras como un animal entre mi boca. En esta cercanía aroman las frases sus excesos. Veo quiénes son los que se integran a la palidez, a la criatura del tiempo. Veo al ángel del trueno que esparce mi instancia en los oídos y no veo, pero sé que sólo debo hablar si es canción lo que miras (...) ave que nunca ha sido ave, pero que canta las voces de una ortiga. Si hiero tu lengua saldrá mi nombre por la llaga, saldrá tu aliento por mi voz, aquí pendes, aquí te estiras en mi labio de trigo, en este paraje que soy yo sin vuelo. No me busques en la altura, estoy a ras de alma, en el alma que cruza a tu ciervo y que yo debo escribir acá, en el aprisco de mi mano y tu lejanía. No me busques allí, pues de pronto se despoblarán los aires, la belleza devorará el lugar y los poemas se irán conmigo en el pretexto. Acá pueden agotarse los pájaros (...) graznidos, graznidos, es de mañana quizá: reúneme en el vacío y la carne, ya es hora de decir, es hora de pensar la grafía en el viento, mirar las manos de la ausencia, al eco, la cueva del silencio, la síntesis de la huida. Esta niña de árbol padece el peor

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mal: que cante, cante, / y en concierto acordado/ tus ondas sean veloces/ sílabas, lenguas, números y voces. Mira cómo hace cuajar el mar en la boca -ella lo hace desde la raíz en su cielo; ella sabe lo que es blanco; la piel del relámpago y los cristales-. Tras oscuridades escuchó cómo nombra el humo su voz, cómo se ve su vuelco al brío de lo inmóvil, porque ella es un vacío, un albergue absurdo donde oculta tus ojos de leche y donde ahíto bautiza las cosas y sus silencios
__________________________________________________ [1] Villancico "Santa Catarina” de sor Juana Inés de la Cruz.

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Malú Urriola (1967, Chile)
De Hija de Perra "El puto cansancio se ha ido convirtiendo en tedio, el tedio es agreste, el tedio es inmóvil, el tedio es como una eclosión, como aceite humano se me pega, aparece, brota, no lo llamé, te lo juro... no pensaba escribir, no tenía la menor intención, no tenía, estoy harta de escribir, escribir no tiene ningún otro sentido que espantar el tedio, no vale la pena, tú te crees que tengo todo el tiempo del mundo... No ves cómo se cae todo, cómo piden por las calles los pobres que no existen... Estás ciega, estás ciega que no ves cómo nos dejan a la orilla del camino... ya nadie, nadie lee, nadie... se cae a pedazos esta ciudad, se cae... ¡En ese lugar ayer no había un edificio de departamentos! no estaba esa muchacha levantando automovilistas... no estaba yo tan harta, escuchándole citar a Foucault a este pobre tarado -no me impresionas, ni aunque cites a Sartre, ni a Mallarmé, ni a Nietzsche. No tienes idea de nada... no tienes idea, le digo... cállate, cállame, quítame esta cabeza que nunca para, desnúcame, cúbreme el cuello con tus brazos y arráncamela...

invítame a tomar un trago, llévame lejos de este tarado, llévame a tu cama, necesito que me lleves a una cama, a un motel de paso, no me importa... quiero que me digas lo que me dices cuando estamos solas, vuélvete perra me dices, lámeme me dices y es que cuando me quito el pulóver puedes ver el pelaje de mi cuerpo, la cola, estoy muriendo... duelen las tripas, estoy cansada, más triste que cansada, hace tiempo que no descanso de este tedio... ¿tienes algo para fumar?... Estás sorda que no escuchas nada, nada escuchas, estoy harta de hablarle a nadie, estoy harta de mirarle las pestañas plateadas al chico de la barra... estás ciega... no has visto cómo crece la cultura... cómo se van al éxito... cómo se hacen los finos, cómo se callan la boca... qué

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hago en este lugar lleno de ansiosos idiotas... beben y comen como cerdos... para matarse el hastío... Un idiota me habla de su nueva novela... cállate me digo como si le dijese cállate... Míralos, me digo, como si los miraras... a ti, que nunca has estado, nunca, míralos, se mueven como si toda esta mierda fuese importante... salen a la calle a tomarse un trago y hablan de literatura hasta que se emborrachan, y levantan la voz para que alguien los escuche y escuchan sus pobres voces borrachas levantarse... es una pena, una triste pena, a mí también me mata la pena... Míralos cómo los traiciona la lengua y parecen estúpidos y se quedan en silencio como si pensaran, mirando a la nada, porque saben que no son nada, saben que después de las palabras no queda nada, nada que no sea el registro banal y perecedero del recuerdo...”

El Alcohol "Me he perdido en un largo delirio, hay alguien junto a mi cuerpo, en un motel descanso después que me partieron el vientre, temo irme en el sueño, tanto como temo desvalijarme, envolverme en bruma ante un nauseabundo amor, clamo por los desarraigados cuando bebo y tu rostro flota al ras del líquido en el vaso y otros cuerpos acompañan desnudos esta terca soledad, estoy lejos de la tribu, no me toca la corrupción del bienestar ni los alcohólicos de clase, espero por un lugar donde el alumbrado no se apague al alba, donde el grito de los ausentes no acabe salido el sol.

Quiero verte, acariciarte como si acariciara una fina navaja. Camino por San Martín a estas horas, para proyectarme en los ojos secos de otras rameras, estoy tan harta, sueño en la desolación.

En la soledad de la casa fría, las colillas de cigarro aparecen desde el piso como ampollas, siento la fragilidad del cuerpo, la mirada cortopunzante; me abracé a mi propia sombra, me alejé de otros cuerpos, de sus dulces voces diciendo no te vayas esta noche. Camino sorda, respiro y mato con el aire. En el sitio del corazón me late un metal, atrofiado, maldito.”

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De Piedras Rodantes "Hace tanto tiempo, querida amiga acá los poetas mienten y tus ojos son ya un par de gorriones que se fornican no sé donde reniego de la poesía y todas esas banalidades la mistral ha muerto Neruda ha muerto Lihn ha muerto sólo quedamos los necios. Recuerdas cuando nos emborrachamos amparadas por una chimenea medio loca tú, estás allá ahora, recordándolo todo con un suave dejo de melancolía la puta melancolía que has guardado largo tiempo en el anonimato y un sol turístico cae sobre tu rimbombante isla en el Mediterráneo mientras acá el sol pega sobre cientos de cabezas hastiadas. Ah, querida mía los seres somos tan maleables de ahí la distorsión a la que Hugo intentó someter el alejandrino.”

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Carla Valdés del Río (1985, Chile)
De Instantáneas I Las piedras, inútiles en el dinamismo de sus cuerpos; aún conservan la pureza de los entierros, sin llantos ni lluvias.

II Porque la tierra abriría sus párpados, sollozando en su paso las semillas, buscaría los nombres de su mutilación.

III Mientras las madres siguen acunando a sus hijos por la garúa. Es el aire el hábitat de todo encuentro.

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Patio 29 Porque vuelan las cabezas, y los estridentes huesos impares por el aire ya no se buscan melodías internas de cansancio se llama a las mujeres universales madres en busca de fuego, gen, carne. El sollozo se vuelve espuma en las olas de mares inexistentes y gravitan cruces rotas en busca de pavimento alado.

Vienen las voces como espermas enlutándose en las avenidas del llanto como seca energía de los cuerpos a rodar bajo la tierra crudos escondites de horror.

Crepitan nombres enredándose como fluidos que se arrastran en busca de la sentencia mientras las vértebras caminan rudas sobre las sombras del aire mezclándose en el paso de las gentes.

Y todos los cantos, los mares y las tierras de Chile vienen a cubrir las alas de las piedras inexistentes de los sepulcros.

Las Pequeñas del Viento I Pequeñas como flores amarillas, iban a dormir la noche temblando en el viento.

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II Giran la noche, con sus gemidos cayendo al silencio. Tardíamente amanece y la ciudad reanuda lentamente el cauce de las aguas.

III Y el miedo reanudo un espacio negro, donde las risas y las muñecas son figuras de cristal en las gargantas.

IV Las figuras del calor, crearon en sus risas la inexacta mixtura del fuego.

V Toda la noche en sus úteros, rondan los fetos gelatinosos del dolor.

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Michelle Valencia (Chile, 1975)
Estallidos de conciencia El anochecer y sus secretos contiene toda la alquimia de los sueños de los hombres. Los pensamientos viajan a la velocidad de la luz.

Fundidos en el hálito de la oscuridad intercambian su fuego creador para volar más allá del tiempo, y se tropiezan, se elogian y se aplauden, se comentan unos con otros, algunos se sabotean solos incluso aún dormidos, o simplemente se desvanecen.

Pero el alma del que piensa aún dormido, siempre se retroalimenta; Y nacen las revelaciones oníricas, los estallidos de conciencia, las señales arquetípicas, los mensajes y los símbolos.

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Un vértigo anuncia el Eterno retorno. Y la memoria arcaica sigue latente a pesar de las contradicciones inmanentes, vivas, respiran como el mismo planeta.

Un nuevo día ha nacido para el alma del que piensa, del que vive de los sueños; nada, todo; Nunca nada será igual en el giro de sus días.

La separación del átomo Esta conversación comenzó más allá de las horas contables, con la separación del átomo en nuestras venas, junto al baile de las estrellas y el juego del viento sobre las calles desoladas.

Dando palos de ciegos, como mudos, castrados, el alma se hizo invisible; solo quedó la sangre y la pluma y la risa de los niños que fuimos.

Un espanto de no ser siendo nos alertó, mientras caminábamos hacia la muerte, solo a minutos de haber nacido, para desintegrarnos, para volver encontrarnos, en un gran átomo.

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REVISTA LA CASTELLANA – EDICION I

Tiempos difíciles Mírame por favor, porque tenía razón el tiempo anunciaba terribles catástrofes las líneas de las manos las cartas astrales el tarot los cielos y las estrellas la luna y los árboles tomando siniestras formas y símbolos

Los sueños anunciaban tiempos difíciles grandes elefantes caían tumbados en circos inundados por sus profundas lágrimas y tú me mirabas inquieto. Mírame dulcemente, si acaso no es verdad? aunque los ruidos de las calles anuncien que se llevarán ventanas y puertas y las olas, seres a descansar en paz. ¿Que podemos hacer? solo tomarnos de las manos y volar por los aires mirarnos de frente cantar nuestras canciones así no es tan difícil

Tienes miedo del cielo azulino de esta dura realidad que nos rodea tu que en tiempos difíciles me diste fuerza y me acompañaste cálidamente te digo ahora, abracémonos mejor enséñame que existe ese sueño que todos esperábamos alcanzar

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dejemos que los vaticinios nos anuncien cómo vivir la vida. Vamos a conquistarla.

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