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Durante nuestra vida en estas fechas nos la pasamos repitiendo el valor que

tienen las madres, en todo lo que tuvieron que dejar por amor a ese hijo que
nació, cosas como cambiar su figura por una enorme pancita, cambiar su cartera
por una pañalera, sus noches tranquilas por desvelos, pero qué más, qué más
hacemos aparte de decirle palabras bonitas en estas fechas y de vez en cuandoLa estamos honrando con nuestros actos, con nuestra indiferencia. Tomamos
muy a la ligera el papel que tiene nuestra madre, no fijamos demasiado interés
hacia el valor que realmente tiene este ser maravilloso, o erróneamente le
damos importancia a otras cosas que siendo sinceros no la tienen, ¿estás
haciendo al lado a tu madre? Independientemente de cómo sea, fastidiosa
cuando quiere algo que es para tu bien, malgeniada porque no haces las cosas
cuando te manda, que si las salidas con los amigos, las llamadas telefónicas
hasta tarde, la escuela, el trabajo etc.
Si hay una verdad es esta, deberíamos poner más cuidado cuando se trate de
nuestros padres, de tu madre, ya que siempre van a estar ahí, ella siempre va a
estar ahí, o hasta que sea la voluntad de Dios. Nunca te dirá no tengo tiempo
cuando se trate de ti, o después de hacerla aún lado cuando solemos o solíamos
hacerlo, siempre te escucha, ¿Te has puesto a pensar? ¿Cuántas veces has
escuchado con atención a tu madre?
Como duele perder y luego valorar, Nadie nunca se imagina que algo así pueda
llegarle a pasar, no poder decir te amo una vez más, abrazar o una caricia en el
rostro después de un beso. Son cosas que nunca se van de la mente, pero que
poco a poco se va comprendiendo.
Ama a tu madre, a tu padre demasiado, valóralos, valórala a cada segundo, a
cada minuto, valóralos cada día más que el día anterior. Escúchalos, entiéndelos,
porque ellos nunca van a querer un mal para ti. Nunca te imaginas lo que pueda
pasar mañana y luego la culpa de no haberlo hecho te perseguirá por años,
culpa que sólo el perfecto amor de Dios pueda quitar
Te invito a que tomes conciencia en un ser tan hermoso, eres un pedazo, una
parte de su ser. Y si lo estás haciendo, amala el doble.
Quiero dedicar esta rosa a esas grandes mujeres, llenas de fuerza de vitalidad,
llenas de vida, tan llenas de Dios… A aquella madres que lo dieron todo, que
fueron esas grandes luchadoras a aquellas mujeres doblemente madres y
doblemente virtuosas que no permitieron que la enfermedad acabara con su fe,
ni con su alegría. Que aunque ya no están ahora mismo están vivas, su ejemplo,
su valor, su esfuerzo están plasmados en nuestras memorias y escritas con
letras doradas en nuestro corazón. Esta rosa por la memoria de aquellas madres
a las que volveremos a ver cuándo el Señor Jesús vuelva.