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En el otro extremo puede afectar a sujetos de menos de 40 o 50 años.

Se ha dicho que en los más jóvenes es más frecuente el compromiso del
lenguaje y de la escritura, que su curso puede ser más rápido; pero en la
clínica habitual las principales diferencias están dadas por la situación
biológica y social del sujeto afectado. En efecto, la demencia en un
sujeto añoso se acepta con naturalidad y habitualmente su familia puede
llegar a manejar bien la situación; en cambio en una persona joven la
enfermedad del Alzheimer significa una catástrofe económica, con hijos
todavía adolescentes, con un cónyuge que no logra aceptar la situación.
Conocemos una madre anciana que, al límite de sus fuerzas, cuida a su
hija de 55 años con demencia.