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En la “Fenomenología del espíritu” Hegel presenta una exposición sistemática de la experiencia de la conciencia, esto es, una

descriptiva de las diversas apariciones que lo sabido tuvo a lo largo del tiempo. Los tres momentos en que dicho espíritu se
despliega son: la conciencia, la autoconciencia y la Razón.
La autoconciencia es el saber que el espíritu tiene de sí mismo, y en ella se da el pasaje de la naturaleza a la cultura. Recién en el
momento de la autoconciencia surge lo ético y lo político.
La eticidad surge cuando el hombre/la conciencia quiere saber de sí y sale del mundo de la vida, del deseo y de la apetencia
natural, para enfrentarse a otro hombre/conciencia a través del cual logra reconocerse a sí mismo.
“La autoconciencia es primeramente simple ser para sí, igual a sí misma, por la exclusión de sí de todo lo otro; su esencia y
objeto absoluto es para ella el yo; y, en esta inmediatez o en este ser su ser para sí, es singular. Lo que para ella es otro es como
objeto no esencial, marcado con el carácter de lo negativo”

[1]

Sin embargo “La autoconciencia es en y para sí en cuanto que y porque es en si y para si para otra autoconciencia; es decir, sólo
en cuanto se la reconoce…la esencia de la autoconciencia consiste en ser infinita o inmediatamente lo contrario de la
determinabilidad en que es puesta. El desdoblamiento de esta unidad espiritual en su duplicación presenta ante nosotros el
movimiento de reconocimiento.”

[2]

De modo que aquella que vive en la naturaleza como una unidad debe escindirse y ponerse a sí misma como objeto para
tornarse autoconciencia. Presentada fuera de sí la autoconciencia se encuentra como otra esencia y se ve a sí misma en eso otro,
igualmente independiente y encerrada en sí misma.
“…lo otro es tambien una autoconciencia; un individuo surge frente a otro individuo. Y surgiendo asi, de un modo inmediato, son
el uno para el otro…conciencia hundidas en el ser de la vida…Cada una de ellas esta bien cierta de sí misma, pero no de la otra,

[3]

por lo que su propia certeza de si no tiene todavía ninguna verdad”

Tenemos que de aquella escisión surgieron dos partes idénticas. Ahora bien ambas desean ser reconocidas por la otra como

[4] Y como cada uno

tales. “Cada una de ellas ve a la otra hacer lo mismo que ella hace; cada una hace lo que exige de la otra”

pretende lo mismo del otro se produce una lucha, la lucha por el reconocimiento, que se bate a muerte.
Frente a la muerte una de las conciencias preferirá preservar la vida biológica y concederle al otro el reconocimiento de la vida
espiritual, la otra habiendo arriesgado la vida biológica resulta reconocido. A la primera Hegel la llama conciencia “sierva o
esclava”, a la segunda “amo o señor”.
En un mismo momento se pasa de la naturaleza a la cultura y surge la subjetividad. La presentación de la autoconciencia como
abstracción pura de la autoconciencia implica mostrarse como negación de lo objetivo y mostrar que no está vinculada al mundo
de la vida. Esto implica que las dos autoconcienciencias tenderán a la muerte del otro al punto de arriesgar su propia vida, ya
que en nada la misma resulta apreciable: “Solamente arriesgando la vida se mantienen en libertad…cada cual tiene que tender a
la muerte del otro, cuando expone su vida, pues el otro no vale para el mas de lo que vale el mismo.”

[5]

La muerte es la negación de la vida, posición natural de la conciencia que no alberga negatividad. De modo que si uno de los dos
individuos teme arriesgar la vida, en ese mismo acto se encadena a aquella, y aunque pueda ser reconocido como persona, no
alcanza la verdad del reconocimiento como autoconciencia independiente.
Así se arriba al fin de la primera experiencia: una unidad simple se escinde en una autoconciencia pura, conciencia independiente
que tiene por esencia el ser para si, y una conciencia-cosa, dependiente, que no es puramente para si pues su esencia es la vida
o el ser para el otro.
“El señor se relaciona al siervo de un modo mediato, a través del ser independiente, pues a esto precisamente es a lo que se
halla sujeto el siervo; ésta es su cadena, de la que no puede abstraerse en la lucha...Y, asimismo, el señor se relaciona con la
cosa de un modo mediato y por medio del siervo; el siervo, como autoconciencia en general, se relaciona también de un modo
negativo con la cosa y la supera; pero, al mismo tiempo la cosa es para el algo independiente, por lo cual no puede consumar su
destrucción por medio de su negación, sino que se limita a transformarla. Por el contrario, a través de esta mediación la relación
inmediata se convierte, para el señor en la pura negación de la misma o el goce.”

[6]

La subjetividad aflora frente a la objetividad de una conciencia no esencial que lo reconoce como amo y se pone a si mismo como
esclavo, entablando con el mundo de la naturaleza, de la vida, de las cosas un negocio inmediato y evitando, con esto, que el
amo ensucie sus manos de objetividad. La conciencia esclava no enseñorea el ser, lo trabaja, lo transforma, la otra conciencia,
sólo, lo goza y al hacerlo, lo niega.
Pero, advierte Hegel, “…para el reconocimiento en sentido estricto falta otro momento: el de que lo que el señor hace contra el

[7]

otro lo haga también contra sí mismo y lo que el siervo hace contra si lo haga también contra el otro”

Al siervo, entonces, le aguarda un destino inverso, en el que se convertirá en lo contrario de lo que comienzo siendo de un modo
inmediato, le aguarda su verdadera independencia.
La servidumbre comienza teniendo una esencia que no es ella misma, su verdad es el señor, a quien experimenta en la angustia
que le produce el miedo de la muerte, el miedo del señor absoluto.
Sin embargo en la realización de su servidumbre, esta autoconciencia supera todos los momentos singulares de su supeditación
a la esencia natural y la elimina mediante el trabajo.
Esta, y solo esta, negación de la naturaleza mediante el trabajo es la que produce la cultura. La satisfacción que el amo
experimenta tiende a desaparecer, pues carece de lado objetivo. “El trabajo, por el contrario, es apetencia reprimida,…, el
trabajo formativo. La relación negativa con el objeto se convierte en forma de este y en algo permanente, precisamente porque
ante el trabajador el objeto tiene independencia. Este termino medio negativo o la acción formativa es, al mismo tiempo, la
singularidad o el puro ser para si de la conciencia, que ahora se manifiesta en el trabajo fuera de si y pasa al elemento de la
permanencia; la conciencia que trabaja llega, pues, de este modo a la intuición del ser independiente como de si misma”
Tanto la angustia como el temor, inclusive el temblor

[9] son

[8].

experiencias cruciales para que se forme propiamente la

conciencia, si estas no hay negatividad en sí y, por tanto, no hay subjetividad en sí, esencial. De hecho el temor que esta a la
base de la subjetividad no puede ser una angustia cualquiera “por esto o por aquello, por este o por aquel instante, sino por su
esencia entera”
determinado.

[1] Hegel, 115

[10];

todos los contenidos de la conciencia natural deben estremecerse para dejar de pertenecer al ser

[10] 119 .[2] Hegel. p. La relacion con “El concepto de angustia” de Kierkegaard sera elaborada en trabajo final de la materia. p. Fenomenología del Espírtu. 114 [5] 116 [6] 117-118 [7] 118 [8] 120 [9] Cf. 119. 113 [3] 115 [4] Ibid.