AÑO II NÚMERO XVI EDICIÓN DE MARZO DEL 2010

LA SANTÍSIMA TRINIDAD DE LAS 4 ESQUINAS

Editado en Arica- Chile 2010 Diseño: Daniel Rojas Pachas y Milvia Alata Tejedo Cinosargo © Daniel Rojas Pachas y Milvia Alata 2000-2010 Contacto: carrollera@gmail.com Web: www.cinosargo.cl.kz Cinosargo by Daniel Rojas Pachas y Milvia Alata Tejedo Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.0 Chile

LA PRESENTE EDICIÓN DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD... deseamos iniciarla con un poema de Stella Díaz Varín y dedicarla a nuestros amigos, familiares y chilenos vícitmas del terremoto. LA PALABRA Una sola será mi lucha Y mi triunfo; Encontrar la palabra escondida aquella vez de nuestro pacto secreto a pocos días de terminar la infancia. Debes recordar dónde la guardaste Debiste pronunciarla siquiera una vez... Ya la habría encontrado Pero tienes razón ese era el pacto. Mira cómo está mi casa, desarmada. Hoja por hoja mi casa, de pies a cabeza. Y mi huerto, forado permanente Y mis libros cómo mi huerto, Hojeado hasta el deshilache Sin dar con la palabra. Se termina la búsqueda y el tiempo. Vencida y condenada Por no hallar la palabra que escondiste. Dentro del contenido presentamos un artículo de Daniel Rojas Pachas sobre la Antología de la poesía NN en Chile "El árbol de los libres" con prólogo de Eduardo Llanos, una crónica dedicada a Juan Radrigán escrita por Carlos Marchant, poesía inédita de Ulises Varsovia, un relato de Alonso Valencia titulado Making off, un análisis del poemario Exhumada de Marcelo Arce Garín escrito por Cristián Gómez y mucho más... ...ESPERAMOS DISFRUTEN!!!!!!!!!!!!!!!! LA SANTÍSIMA, SIEMPRE DEDICADA A LA LITERATURA NACIONAL... MILVIA ALATA TEJEDO. 01/04/10

Sobre El árbol de los libres a propósito de la situación act
Por Daniel Rojas Pachas “Los anillos de una serpiente son aún más complicados que los agujeros de una topera”. Gilles Deleuze El árbol de los libres “Poetas de la generación NN de Chile” es una antología publicada en México por Arlequín Ediciones el año 2008. La selección estuvo a cargo de Fabián Muñoz y el prólogo del libro lo realizó el poeta nacional Eduardo Llanos. La obra llegó a mis manos en Serena en agosto del año pasado gracias a uno de los antologados. El poeta y gestor cultural Arturo Volantines me obsequió el texto durante la ceremonia de premiación del concurso de poesía y ensayo “Lagar” del cual fui jurado junto a otra poeta que forma parte del libro con su simbólico poema “Bandera de Chile”. Me refiero a Elvira Hernández. Desde entonces he querido escribir algo sobre esta antología. Algo más que una simple reseña y enumeración de los autores que participan de ella. No me parece justo sólo loar el criterio de Fabián Muñoz y la poesía de los congregados. Ello me parece poca cosa ante un trabajo valiente y de calidad pues como dice Llanos en el prólogo: “el antólogo bien pudo ahorrarse este trabajo, por el cual Chile no ofrece más pago que las enemistades y el resentimiento, pero asumió el desafío, y eso merece nuestra gratitud” El libro además ofrece en su actualización una gama de sensaciones que se avivan si pensamos en la tragedia que Chile atraviesa. Un devastador terremoto, crisis natural y social con ribetes políticos y económicos que no vamos a anteponer a lo humano pero que quien redacta no puede ignorar al pensar su artículo pues fue también un momento álgido y de crisis el que toco afrontar a las múltiples voces que componen El árbol de los libres. Voces que dialogan con nosotros en su esfuerzo por surcar el oscuro bosque de la represión y censura dictatorial. Muchos de ellos formaron además parte de la llamada neovanguardia y sin duda en su conjunto dan forma al cuerpo extenso y variopinto de la generación de los ochenta con todas sus líneas de percepción de la realidad y formas de comunicar desde lo apocalíptico religioso pasando por lo testimonial, etnocultural y la poesía de las minorías sexuales. De todos modos obviando el tema taxonómico recalco el espíritu de diálogo que El árbol de los libres provee, gestando charlas inagotables con voces que ya conocía y admiraba por su quehacer: Elvira Hernández, Verónica Zondek, Teresa Calderón, Tomás Harris, Diego Maqueira, Rodrigo Lira, Javier Campos, Gonzalo Millán, Elicura Chihuailaf, Pedro Lemebel, Roberto Bolaño entre otros que con sus relatos en prosa y verso permiten rememorar fragmentos y construir pasajes de lecturas y lugares que en un continuo devenir van dando forma, ritmo y color a la realidad.

tual de Chile.
Asimismo el libro no termina en los límites del papel y su índice pues el entramado al cual da vida permite abordar otros textos y autores no presentes e igual de entrañables que los mentados como Carmen Berenguer y Eugenia Brito y al mismo tiempo descubre percepciones poéticas que al menos para mí, eran desconocidas hasta el momento. Me refiero a poetas presentes en la edición como Natasha Valdés y Galvarino Santibáñez. Esta apreciación se suma a lo que Eduardo Llanos dice en el prólogo luego de hacer una lista cronológica y geográfica de los autores de su generación: “Tanta convergencia cronológica contrasta con la divergencia de los estilos y los temas, pero marca un contexto histórico común. Debimos asistir a grandes cambios, a veces como espectadores impotentes y otras veces como participantes críticos y activos. Durante los años de terror dictatorial por ejemplo, resultaba notorio que entre nosotros predominaban las posiciones de izquierda, y hasta quienes estaban lejos de la izquierda mostraban también rebeldía anárquica o al menos independencia con respecto de los poderes fácticos –o más bien putrefácticos- que controlaban tras bambalinas la escena nacional”.

Esta visión de Llanos nos habla de los autores de la selección como hijos de su época, inmersos en un estado de terror ideado y puesto en práctica a la manera de los sistemas disciplinarios que Foucault detalla a lo largo de su obra y que Deleuze explica del siguiente modo: “Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades alcanzan su apogeo a principios del XX, y proceden a la organización de los grandes espacios de encierro. El individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después la escuela (“acá ya no estás en tu casa”), después el cuartel (“acá ya no estás en la escuela”), después la fábrica, de tanto en tanto el hospital, y eventualmente la prisión, que es el lugar de encierro por excelencia. Es la prisión la que sirve de modelo analógico” En tal medida, desde diversos ángulos y con variados estilos los autores presentes en “El árbol de los libres” se preocuparon y más bien podríamos decir se arriesgaron a combatir el silencio haciendo una radiografía de Chile y su devenir sin concesiones y derroches gratuitos de heroísmo. Llanos al respecto agrega: “No pretendíamos ser <la voz de los sin voz> (…) “Sentíamos con dolor y también dolores propios”. Esto va en concordancia con lo que Foucault demuestra al abordar las herramientas que el sistema disciplinario tiene a la hora de Vigilar y Castigar. La disciplina de ese entonces en Chile impactó a muchos, Llanos agrega: “varios sufrieron la prisión política (Zurita, Bolaño, Riedemann, Redolés, Montealegre, España). Además, el exilio, la dispersión geográfica y la atmósfera de terror impidieron que nuestra hornada cultivara los vínculos y esas amistades tan naturales en otras generaciones”

Afirmaciones como esta junto a otras citas tomadas del prólogo de Eduardo Llanos, conforman la materia que sin duda me motivó a escribir sobre “El árbol de los libres” y continuar la redacción del artículo entroncando la catástrofe que enfrenta el país y cómo esta se puede entender desde una lógica diversa a la que tuvo el Chile previo al llamado retorno a la democracia. Me gustaría referirme a la situación del centrosur de Chile. Ciudades devastadas con serios problemas de abastecimiento en recursos básicos (luz, agua y alimentos), sumidas en toques de queda, bajo saqueos y con una marcada incomunicación. Mucho se ha dicho además de la negligencia de organismos de gobierno como la Onemi, la prepotencia de ciertas autoridades o el silencio de otras al abordar lo que denominaron de modo reduccionista una cacería de brujas cuando se buscaba hablar de responsabilidades en cuanto a la caída de caminos y edificios relativamente nuevos o la demora o simple ineptitud en la reacción de alerta, eso sin obviar lo que algunos medios festinaron en un comienzo aminorando la envergadura de la situación con una clara mirada centralista y desde el Sheraton en Viña para luego hacer un mea culpa que mostró el verdadero rostro del horror en las poblaciones más alejadas de la mirada del Luminoso (A la manera del cartel en Lumpérica de Diamela Eltit)

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Desde luego que este estado de catástrofe nace bajo causas diversas a las de ese Chile que le tocó vivir a los autores del árbol de los libres pues hoy enfrentamos un desastre natural aunque paradójicamente y quizá por una broma macabra del destino, ocurre semanas previas a que un nuevo gobierno de derecha asuma el poder en Chile. La pregunta de rigor entonces es ¿Cómo perciben lo acontecido los poetas de la generación NN? ¿Qué pensar ahora de la imagen de reloj suizo que Chile promueve ante sus pares de Latinoamérica? y en esa medida no es menor el siguiente cuestionamiento: Cómo perciben lo acaecido los jóvenes poetas de hoy, los pensadores, ensayistas, críticos y artistas que transitan bajo los treinta y que en línea general han crecido en un Chile ambiguo, ya no de polos marcados al estilo guerra fría con hombres grises detrás, sino un Chile de máscaras y apariencias, de socialismo neoliberal o lo que algunos llaman dictadura blanda pero que otros defiende a ultranza como la ruta del éxito y del consabido progreso con cambios invocados en slogans con trademark incluido. Esos hijos también de su época, ya no responden a la disciplina como podemos verlo en los colegios del Chile actual. Deleuze dice al respecto: “Estamos en una crisis generalizada de todos los lugares de encierro: prisión, hospital, fábrica, escuela, familia. La familia es un “interior” en crisis como todos los interiores, escolares, profesionales, etc. Los ministros competentes no han dejado de anunciar reformas supuestamente necesarias.

Reformar la escuela, reformar la industria, el hospital, el ejército, la prisión: pero todos saben que estas instituciones están terminadas, a más o menos corto plazo. Sólo se trata de administrar su agonía y de ocupar a la gente hasta la instalación de las nuevas fuerzas que están golpeando la puerta. Son las sociedades de control las que están reemplazando a las sociedades disciplinarias”. El panorama de Chile nunca pudo estar más claro, reforma penal, carcelaria, educativa, de transporte y salud y a la par podemos ver los resultados funestos en todos esos ámbitos; niños que se intercambian por error en los hospitales, mujeres dando a luz en baños, cárceles hacinadas y colegios sin mobiliario o contaminados con plomo como ocurre en Arica. Sociológica y tecnológica-mente no estamos preparados. Nos decimos de primer mundo, antes éramos los jaguares ahora estamos en listas rimbombantes empero ¿Cómo respondemos ante una crisis interna? Eso dice mucho más que una cifra o top ten. ¿Cómo enfrentamos un terremoto?, no sólo de la magnitud abismal del que tenemos encima, sino ¿Cómo enfrentamos el que ocurrió no hace tanto en el norte y qué aprendimos de él?… No mucho al parecer…

Bueno esta crisis da como resultado a una nueva generación o un nuevo tipo de Chileno por decirlo de alguna manera. Vástagos de las sociedades que Deleuze llamó de control. “Esto se ve bien en la cuestión de los salarios: la fábrica era un cuerpo que llevaba a sus fuerzas interiores a un punto de equilibrio: lo más alto posible para la producción, lo más bajo posible para los salarios; pero, en una sociedad de control, la empresa ha reemplazado a la fábrica, y la empresa es un alma, un gas. Sin duda la fábrica ya conocía el sistema de primas, pero la empresa se esfuerza más profundamente por imponer una modulación de cada salario, en estados de perpetua metastabilidad que pasan por desafíos, concursos y coloquios extremadamente cómicos. Si los juegos televisados más idiotas tienen tanto éxito es porque expresan adecuadamente la situación de empresa. La fábrica constituía a los individuos en cuerpos, por la doble ventaja del patrón que vigilaba a cada elemento en la masa, y de los sindicatos que movilizaban una masa de resistencia; pero la empresa no cesa de introducir una rivalidad inexplicable como sana emulación, excelente motivación que opone a los individuos entre ellos y atraviesa a cada uno, dividiéndolo en sí mismo”. La sociedad que estamos viviendo es un escandaloso reality en el cual nos vamos eliminando por popularidad y convivencia. Por esa viabilidad que prefiere negar o permitir accesos delegando la responsabilidad a los propios usuarios en lugar de desterrar o someter a palos y con la cacha del fusil a sus gobernados. Por un tema de relaciones públicas es mejor vender una imagen políticamente correcta hacia fuera pues vale la pena ocupar el arma del momento, el canibalismo empresarial de grandes redes y abismantes espacios de intercambio que exigen ser operativo a la altura del software del momento. Esta mirada pensando lo que los autores del árbol de los libres tuvieron que enfrentar en su juventud y lo que nos toca a los que estamos pensando y escribiendo en este momento, me hace reflexionar la catástrofe nacional más allá de lo inmediato y situarla sin chauvinismos desde el norte extremo de Chile. Lugar en que habito y desde el cual desarrollo mi literatura.

Acá el panorama es también particular y no menos ambiguo. Arica frontera entrañable y heroica dirán los partidarios de la disciplina de antaño, rememorando aquella cuna de regimientos y bastión de la soberanía en cambio otros, podemos pensar en una Arica post-guerra del pacífico y desterritorializar la discusión. Sobre todo si nos detenemos ante la reacción de Bolivia frente a la tragedia que vive hoy Chile. Por años los medios con su morbo usual han insistido en mostrar a los bolivianos como un pueblo que a regañadientes espera ver al país por los suelos para lanzar la estocada de gracia. Hacer leña del árbol caído, dirán algunos. Pero la realidad ha contradicho al mito pues ante la falta de agua potable en las zonas afectadas, los bolivianos donaron toneladas del preciado líquido que siempre ha sido el tema de escisión entre los dos países. Una especie de metáfora iluminadora al igual que el gesto del presidente y gabinete de ese país al donar parte sustancial de sus sueldos para los damnificados. Algunos dirán que es una especie de manipulación sentimental otros que es la frugalidad más sincera y humana la que motiva estos actos, cada cual puede tener su punto de vista y argumentar libremente. Nosotros en cambio viviendo en este norte que crece junto a Perú y Bolivia, creo y quizá es sólo mi parecer, no podemos cuestionar el proceder de Bolivia sin hacer un alto y pensar en los repetidos festivales y carnavales con la fuerza del sol (incluido Américo) que muestran la interculturalidad bullente. Además la economía turística y el comercio, principales sustentos de la región, dependen del cruce e intercambio, de la simbiosis entre las provincias que se encuentran ya no como antes dividas por un soldado y minas antipersonales sino por la posibilidad de ser un inmigrante viable ante los ojos del canon social y económico. Como dice Deleuze: “No es necesaria la ciencia ficción para concebir un mecanismo de control que señale a cada instante la posición de un elemento en un lugar abierto, animal en una reserva, hombre en una empresa (collar electrónico). Félix Guattari imaginaba una ciudad en la que cada uno podía salir de su departamento, su calle, su barrio, gracias a su tarjeta electrónica (dividual) que abría tal o cual barrera; pero también la tarjeta podía no ser aceptada tal día, o entre determinadas horas: lo que importa no es la barrera, sino el ordenador que señala la posición de cada uno, lícita o ilícita, y opera una modulación universal”. Bueno para no irme por las ramas del árbol quiero recalcar y sintetizar este inestable equilibrio o contradictorio estado que siempre se ha vivido en Chile, usando a días del desastre en el país, otras palabras expuestas por Llanos en su prólogo: “<Loca geografía>: país largo, angosto y montañoso como ninguno, con enorme diversidad de paisajes y de climas (desde el desierto más seco del mundo hasta los hielos “eternos” de la antártica), con gran frecuencia e intensidad de sismos y un número de volcanes que ningún otro país supera (aquí se encuentra 15 por ciento de los volcanes del planeta) (…) Durante tres años concitamos la atención internacional por el triunfo electoral de Salvador Allende, primer socialista en el mundo elegido democráticamente para el cargo de presidente de un país; sin embargo, a partir del derrocamiento de Allende, Pinochet se convirtió en el arquetipo del dictador latinoamericano. (…) Ninguna otra nación de la Tierra aplicó con tanta ortodoxia el modelo neoliberal, y ninguna otra ha acumulado en el último decenio más desigualdad en la redistribución del ingreso. Por si fuera poco, en el año 2000 un miembro del Opus Dei estuvo a punto de ser elegido presidente del país, lo que habría constituido otra plusmarca mundial”. En el texto citado Llanos casi profético más bien lúcido expone toda una serie de imágenes que pintan por entero el cuerpo de una Chilenidad que se debate entre el morbo sensacionalista y la solidaridad, el oportunismo y la fraternidad desinteresada. La intención de mi artículo de cualquier modo no ha sido la de politizar la situación pero ante todo lo ocurrido, las tragedias de antaño y la reciente, las provocadas por la lucha de poder en los setenta y las que demuestran el poder real de la naturaleza y la inmediatez del hombre y sus devaneos y desde luego pensando en lo que vendrá durante los siguientes días y por delante, queda pensar en lo que dice Deleuze:

“El marketing es ahora el instrumento del control social, y forma la raza impúdica de nuestros amos. El control es a corto plazo y de rotación rápida, pero también continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de larga duración, infinita y discontinua. El hombre ya no es el hombre encerrado, sino el hombre endeudado. Es cierto que el capitalismo ha guardado como constante la extrema miseria de tres cuartas partes de la humanidad: demasiado pobres para la deuda, demasiado numerosos para el encierro: el control no sólo tendrá que enfrentarse con la disipación de las fronteras, sino también con las explosiones de villas-miseria y guetos. (…) ¿Podemos desde ya captar los esbozos de esas formas futuras, capaces de atacar las maravillas del marketing? Muchos jóvenes reclaman extrañamente ser “motivados”, piden más cursos, más formación permanente: a ellos corresponde descubrir para qué se los usa, como sus mayores descubrieron no sin esfuerzo la finalidad de las disciplinas. Los anillos de una serpiente son aún más complicados que los agujeros de una topera”. Entonces insisto, qué harán los escritores, pensadores y los artistas de una nueva hornada en Chile, pues los que están presentes en la antología “El árbol de los libres”, combatieron, cantaron, relataron, testimoniaron y también cuando fue necesario se evadieron para volver a arremeter contra una realidad adversa y disciplinaria, pero hoy nos toca otro mundo, otra situación y en este momento, otro Chile que en esencia no dista del anterior, no en la superficie quizá, pero si en los mecanismos que nos coartan al tiempo que nos dan alas. Los medios de masa nos bombardean pero también podemos usarlos para responder y hermanar. Facebook y Twitter fueron de mayor utilidad que el roñoso fax de la Onemi. Creo que la respuesta esta en otro texto de Eduardo Llanos. Me refiero al escrito titulado “Aclaración preliminar” también presente en “El árbol de los libres”. Este texto en su visceralidad y capacidad de crítica siempre me ha parecido de gran vuelo. Dice así: (…) Pero si ser poeta significa sudar y defecar como todos los mortales, contradecirse y remorderse, debatirse entre el cielo y la tierra, escuchar no tanto a los demás poetas como a los transeúntes anónimos, no tanto a los lingüistas cuanto a los analfabetos de precioso corazón; si ser poeta significa enterarse de que un Juan violó a su madre y a su propio hijo y que luego lloró terriblemente sobre el Evangelio de San Juan, su remoto tocayo, entonces, bueno, podría ser poeta y agregar algún suspiro a esta neblina. Todo lo dicho en relación con el libro “El árbol de los libres”, con el perdón de la digresión personal sobre la coyuntura, forma a mi parecer parte del diálogo incesante que el trabajo de Fabián Muñoz promueve a través de su selección sobre todo si consideramos que el antólogo Mexicano confiesa al inicio del libro que este proyecto nació después de un paseo por las playas de Con Con al enterarse en su departamento en que cumplía la residencia artística, por medio de la prensa televisiva, del deceso de Pinochet. Esta suma de fenómenos y efectos concatenados lleva a reflexionar sobre nuestra vía para procurar ser libres. Ella no reposa en la superficie del árbol, superficie que por lo demás ha mostrado muchas veces ser acartonada y manipulable en Chile, sino que al contrario subyace bajo esa tierra que se mueve con mucha vitalidad para nuestro disgusto. Busquemos entonces en la raíz o el rizoma que las generaciones anteriores atisbaron, esnifaron y sobre la cual poetizaron en sus relatos, algunos incluso llegaron a perderse en ella por eso la generación actual quizá debe también perderse en ese tránsito sin centros para encontrar nuevas salidas y entradas, nuevos puntos de fuga por entre las ruinas y fragmentos que permitan una alternativa de libertad y no una verdad que se maquilla como el rostro univoco de la felicidad, arco iris procesado y empaquetado para el bien del logo de campaña y la sonrisa en cadena. Autor: Daniel Rojas Pachas. Marzo del 2010

SÓLO RADRIGÁN Escribe Carlos Amador Marchant
Soñé que había un mundo distinto donde se podía hablar y entender, donde las casas ya no tenían enrejados y las separaciones entre unas y otras se perdían en medio del viento. Sueño ineludible después de visitar algunas ciudades y pasar por suburbios, por aquellos sitios donde a veces nos desconocemos, como suele suceder en los animales, que en ocasiones no distinguen a sus cercanos y agreden. Soñar con un mundo distinto es utópico. Muchos soñadores, muchos líderes, han muerto por querer llevar a la práctica sus ideas, ideas de prácticas impracticables en el mundo de hoy. La pregunta es si en algún momento lo utópico puede ser practicable y lo practicable deje de estar en los poros del hombre. Miles creen que no hay otra vida después de la nuestra. Otros dicen que la hay y que todo vuelve en una constante repetición. Si nada se sabe, creo, es mejor no opinar con tanta firmeza. Los suburbios, en consecuencia, donde se encuentran los desamparados, los que a veces no están ni siquiera en los esquemas y anales, es decir, los que representan a los seres CERO y que han venido al mundo a decir nada, es probable, sin embargo, que lo digan todo en momentos en que llegan al estado mental subyacente. Asco produce ver a esos seres que duermen en las calles, que se fabrican camas malolientes, donde el sebo carcome los rincones, donde al verlos el mundo te parece visto a la inversa. En Valparaíso, al encaminarme al trabajo, muy temprano por las mañanas los veo salir como cuando los animales, como cuando en mis días de antaño, en las crianzas de conejos de mi padre, salieran de sus cuevas. Hay veces, incluso, que la fuerza pública no haya qué hacer con ellos, porque han ido tantas veces a los calabozos que ya no pueden. Y son cientos, y son miles. Pero qué ha pasado con ellos que no han cuajado en esta sociedad. Es una pregunta socio política, socio cultural, antropológica y hasta ontológica. Estamos hablando de nosotros mismos, porque los millones de seres en este planeta somos uno solo. Estamos hablando de mirarnos minuciosamente en el entorno hasta decir cosas para afuera. Por esta razón Eva y el Huinca, me trajeron a meditaciones que deben hacerse miles de personas en nuestra sociedad mundial. Es probable que en la década de los ochenta, cuando en Chile dictadura militar, cuando en el mundo miserias similares, estos dos personajes, que en el dramaturgo chileno Juan Radrigán, emergían súbitos para reclamarle al mundo clemencia, nadie se fijó en sus presencias. Me atrevo a decir que ahora tampoco. Pero Radrigán emergía (emerge) con sus personajes para hacernos, para hacernos, esa es la palabra, ni siquiera para meditar, sencillamente para hacernos.

Y ellos, esos locos, esos locos, que en medio de sus sueños querían transmitir al mundo algo nuevo, mientras el alcohol circulaba por las venas, mientras esos locos querían una casa, mientras se agazapaban, dándose bofetadas y palabras y palabras, que la coja, que el hediondo, que nadie te quiere, que anda a la calle y te pillan, que irás al calabozo, que los pacos, mientras el mundo seguía su curso, que quiero que me conozcan, que tengo antecedentes, que mire estos papeles mugrosos de lo que fui, que a fin de cuentas son mis papeles, pero mire, esto fui, esto y usted me cree ¿verdad?, que esto fui que esto soy, que nada me detendrá, que esto soy, que el mundo debe conocerme, pero ya no me conoce, que fui hijo de rico y ahora soy nada, que mire como estoy, que me pudro, que me pudro, que me pudro. Terminalmente Eva y el Huinca se amaban. Tal vez esto nunca existió. Pero en el entorno quedan sus vidas, la miseria entrelazada, el no tener pan, sino el olor a alcohol y vicio como desahogo mundano. Yo no creo en eso. Más bien, la verdad, he creído en Juan Radrigán. Lo conocí el 2002, en momentos en que mi voz estaba exigua, interrumpida por el ruido de los poetas porteños, por sus noches, por sus palabras. Radrigán desarrollaba en Valparaíso un proyecto que consistía en talleres con culminación de una obra teatral. Al evento, que duró más de un mes, asistieron cerca de una decena de hombres y mujeres repartidos entre actores y poetas. La idea central de esos encuentros fue la improvisación de algunos actores sobre el escenario, mientras el resto hacia anotaciones para dramaturgia. Al paso de los días, Juan revisó mis escritos y se interesó por aquella que sería mi segunda obra para teatro (inédita aún) denominada “Seis ojos en lipiria”. Como sabía de mis preferencias barquerianas, un día me obsequió las obras completas del Premio Nacional Efraín Barquero. En Santiago nos encontramos dos veces más, en uno de esos viajes dialogamos también junto a su hija Flavia, también dramaturga. Juan Radrigán es un hombre querendón, sencillo, que se entrega a quienes aprecia. Es sin duda, unos de los dramaturgos chilenos de gran altura. “El loco y la triste”, estrenada hace treinta años, nos trae precisamente la vida de los marginados, los mismos que en Chile viven en casas abandonadas o debajo de puentes. Ella, una prostituta a mal traer y llena de ilusiones. Él, un alcohólico a punto de reventar con su cirrosis. Radrigán sitúa a estos dos personajes en una sola escenografía, el interior de una casa en ruinas, en derrumbe, erradicada, y en donde afloran diálogos que tienen que ver con la vida de los desamparados, de los que no tienen más que esperar la muerte. El Huinca busca precisamente eso, un lugar donde morir, una calle donde entregarse al fin de sus días. Y hasta lo había elegido en sus momentos de sobriedad. Ambos están muertos en vida. Con un pasado donde las calles ya no los reciben. La fetidez de él, la cojera de ella. Se insultan, garabatean, hacen de los minutos una masacre, más allá de la masacre de sus días. El Huinca le dice a ella que en la otra vida tendrá de todo, todo lo que no tuvo en ésta, le habla de cómo es la otra existencia, de la paz, de las casas distintas. Ella siempre lo escucha pero no le cree. Más tarde en medio de la depresión, del alcohol, terminan simulando un casamiento, se unen en medio de los muebles viejos, de las tablas, de la hediondez. Hacen de la cloaca algo bello. Parecen amarse en medio de la soledad. Este amor dura poco. Los camiones, las máquinas de demolición se acercan a la casa en ruinas. Entran, comienzan a escarbar, derrumban todo. Ellos están adentro y junto a las tablas y cachureos, son aplastados por las pesadas máquinas y el ruido. Los desamparados, sencillamente, partieron de esta vida sin dejar rastros. Juan Radrigán expone estas existencias como propias. No hay detalle de esos seres que se le escapen, pareciera que él estuviese con ellos. Es la genialidad de este autor. Al comienzo de esta crónica hice referencia a algunas visiones de Valparaíso, de gente que duerme a la intemperie en pleno centro de la ciudad. Malolientes seres que ya nadie los acepta, que caminan sin rumbos, que se exponen como los animales en desmedro. Y tienen nombres y tienen pasados. Saben, al mismo tiempo, que vinieron a este infierno con la misión de irse transformados en infierno. Son la Eva y el Huinca, los personajes de Radrigán, los que emergen en cada espacio de este Chile, de este planeta. Y nadie sabe si vinieron al mundo. Sólo los carcome el silencio, las hojas de cuadernos sin registros.

La Literatura y el lado oscuro de la luna
Abordar la escritura de cuentos es una tarea de difícil consecución y se sabe que el intento es de mayor esfuerzo que el que requiere la construcción de una novela, porque además de la condensación y unidad temática, el cuento exige mantener el interés irreductible del lector por cada uno y hasta el final del libro. En cambio, la novela permite a su autor entrelazar variadas historias, anécdotas, permitirse digresiones y dispersión en sus páginas, lo que no permite el cuento. Si bien, la mayoría de los cuentos de Nancy Mendoza son de corte trágico, (tratan de un crimen, accidente, sucesos paranormales, mujeres abusadas e impotentes de defenderse, etc.) los acontecimientos limítrofes con lo que se puede soportar, es notable la capacidad narrativa que nos ubica claramente en un contexto dado, definición de personajes, lugares y ambientes que nos llevan al desierto y norte chileno o bien, nos traslada a tiempos ancestrales desaparecidos (Los Molles) y la bien hilada trama que nos lleva con rapidez a un desenlace que no nos permite despegarnos de ella. Nancy Mendoza posee oficio, por eso es capaz de mantenernos unidos a su narración y no lo desperdicia relatando cualquier acontecimiento, tal vez sin proponérselo ella aborda temas que conmocionan al lector, lo conmueven e intimidan profundamente (El Espejo) y de pronto se piensa en el suspenso de Edgar Allan Poe o bien en Borges con sus paseos y devaneos que realiza a través del tiempo, del Dios Tiempo, que permanece inconmovible ante el desfile de nuestras vidas, generalmente llenas de vicisitudes y misterios que no tendrán explicación más que como pasos hacia otras dimensiones o fantasmas que rodean nuestra existencia y que no vemos. El mundo que ha construido Nancy Mendoza, en su libro de cuentos, es la catarsis, tal vez, que ella construye para resarcirse del padecimiento que le provoca este mundo que como artista percibe con agudeza hasta la conmoción profunda y demuele sus esperanzas en un género humano más benigno. De esta forma, N. Mendoza se yergue a través de su pluma y nos encara y enrostra estos seres malignos, oscuros para que no olvidemos lo crueles que podemos llegar a ser. En cuanto a los temas que se abordan: crimen, terror y suspenso o sucesos paranormales, no es común en las letras chilenas, especialmente en nuestro género femenino. Si bien, las mujeres hemos ido ganando espacios largamente acallados, se han ido planteando nuevos desafíos, además de los ya conocidos acercamientos al erotismo y caída de tabúes, como Marta Brunet, María Luisa Bombal, Pía Barros y Ana María del Río, Andrea Maturana y propuestas renovadoras y rupturistas como la de Diamela Eltit, son en consecuencia un abanico de posibilidades que actualmente las mujeres se atreven a encarar. En el cuento Alas Rotas, cuento trágico de una niña pequeña que sufre deformación física, pese a ello se vislumbra una fórmula esperanzadora que escapa a la comprensión que tenemos o atisbamos de la realidad. De tal forma, la Literatura se transforma en acción salvífica ante el absurdo, el dolor sin límites, el escritor a través de su imaginación levanta salidas, capta revelaciones que respaldan este escape de la realidad y a la vez “destapan” esta misma, dado que nos agrede constantemente y nos desagrada al punto que solamente la imaginación “la gran buceadora” como dijo Einstein, es la que verdaderamente nos acerca a la verdad, y puede transmutar en algo maravilloso y distinto que nos salva de todo dolor o absurdo. Al mismo tiempo, que nos trae reminiscencias del escritor Pedro Prado, con su novela Alsino, similar personaje en algunos aspectos. El libro de N. Mendoza, es fruto de un trabajo constante y serio a través de mucho tiempo y que me aventuro en precisar que no es de las autoras que se precipitan en publicar, sino hasta que están muy seguras del trabajo literario que entregarán. En este oficio, se requiere lo que ella demuestra ampliamente y se requiere, valentía, riesgo, oficio, libertad imaginativa, sensibilidad y ruptura con los viejos moldes que nos han deparado, para escribir desde su genuina inventiva. Aída Esther Mora - Escritora - Directora Rev. de Arte y Literatura Artemisa Concepción, Noviembre 17 de 2009.

Hernán Rivera Letelier gana el Premio Alfaguara de Novela 2010 Freddy Torres Oviedo

Nuestro escritor Hernán Rivera Letelier se ha hecho con el Premio Alfagura de Novela 2010, uno de los más significativos y mejor dotados de los que existen en nuestro panorama literario actualmente, concretamente está dotado con 175.000 dólares y una escultura de Martín Chirino. La obra con la que lo ha conseguido lleva por título El arte de la resurrección. El fallo lo ha hecho público el presidente del jurado, Manuel Vicent, en el salón de actos que el grupo Santillana tiene en Madrid. El resto de miembros del jurado han sido: Soledad Puértolas, Gerardo Herrero, Juan Miguel Salvador, Juan Gabriel Vázquez y Juan González, quienes han visto en esta obra el “aliento y la fuerza narrativa”, valorando especialmente “la creación de una geografía personal a través del humor, el surrealismo y la tragedia”. En cuanto a la obra ganadora en cuestión, ‘El arte de la resurrección’, nos cuenta la historia de Domingo Zárate Vera, más conocido por todos como El Cristo de Elqui, una especie de iluminado que se cree la reencarnación de Cristo. Lleva diez años predicando en las tierras chilenas y se entera de que en unas oficinas salitreras vive una prostituta que él cree que le puede ayudar en su sagrada misión de advertir a la gente de que el fin del mundo es inminente. La novela está ambientada en el desierto chileno, en las primeras décadas del siglo XX y parece ser que mezcla con gran maestría y habilidad la crónica histórica y social con poderosos elementos del realismo mágico. Ya hay quien dice por ahí que este personajes del Cristo se parece a otros de Garcia Márquez o Vargas Llosa. En cuanto a Hernán Rivera Letelier, que ha presentado la novela bajo el seudónimo de Manuel Madero, nació en Talca, allá por el año 1950 y es poeta, cuentista y novelista. De joven fue minero y dice que empezó en esto de la escritura por pura necesidad, por hambre, aunque era el único minero que utilizaba la biblioteca de su pueblo. Entre sus novelas caben destacar títulos como La Reina Isabel cantaba rancheras, Canción para caminar sobre las aguas, Romance del duende que me escribe las novelas o La contadora de películas (que se publicó el pasado Noviembre de 2009 en España). También como uno siempre tira para lo mismo, hay que citar Donde mueren los valientes, un libro de relatos del año 1999. Sus obras han sido traducidas a muchísimos idiomas y son reeditadas continuamente en Chile, España o Argentina. Entre sus muchos premios y condecoraciones, destaca por encima del resto el nombramiento de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura de Francia. A la XIII edición de este premio se habían presentado un total de 539 obras, de las que la mayoría procedía de España con 194, aunque todos los países de Latinoamérica se encontraban en mayor o menor medida representados. En el caso de Chile, eran tan sólo 14 las obras presentadas a concurso. Como chileno me siento orgulloso que Rivera se haya adjudicado este premio porque ha sido el único escritor que pasó el tema pampino y salitrero a conceptos universales, es decir la pampa por lo menos en el mundo de la literatura, ya no nos pertenece solamente a los chilenos, sino que a toda la humanidad.

Making Off

Autor: Alonso Valencia

Puta weón la idea es re simple: se trata de un loquito medio perdedor que se cambia de muchas carreras, tira al ostracismo y que tiene una mina. La loca es tela, media cuica no más y más que quererlo le tiene pena.

Si po, ella no sabe que le tiene lástima, ella cree que lo ama y él cree amarla también. Igual es mano lograr que él se sienta debiéndole algo, por último que se sienta mal por hacer que la loca invierta tiempo, su tiempo en él; el problema de hacer esa wea es que tendría que trabajar mucho a los personajes y no estoy ni ahí con eso, no es la finalidad, es más aun, por mi que no pasara nada como me decías el otro día: esa cosa de agarrar a los personajes por un día y luego soltarlos como que no ha pasado nada, la radiografía de un día; pero es re difícil lograr eso, por ejemplo ahora ya estamos hablando de los personajes como si existieran, ya me los estoy imaginando y les voy a tener que crear una vida y todo. Ya oh si igual tení razón, tomar a un personaje por un rato no más no quiere decir que no tenga vida, pero es distinto cuando uno crea personajes; querí que les pase algo, querí que les pase las weas que no te han pasado, una wea así como inventarse una vida o capaz que no, capaz que querí contar lo que te ha pasado y darle un pequeño giro, una pequeña vuelta de tuerca pa quedar como ganador. Claro tan ganador quiero quedar, por eso hago la triste historia de un pobre weón, pero puta loco volviendo al tema: había pensado no ponerle nombre a los weones y dejarlos con él y ella, si po como el poema de Benedetti, esa wea cómo se llama…. Puta espera, mi memoria …. Los formales y el frío… si po terrible de mamón el Benedetti pero es reentrete y las hizo todas, sacó hasta un disco de música hazte esa po loco. La wea es que aunque no quiera que pase nada, algo tiene que pasar: buuuu la trama tú cachay po, es como fantasmagórica la wea: a todo esto, hay un poema en el hacedor del mariconcillo del Borges que se llama la trama que es la raja porque se soluciona la wea a nivel discursivo “(estas palabras hay que oírlas no leerlas)” o algo así, la zorra. Sí, no hay drama; después te presto el libro pero tení que devolverlo… jajajja que buena el que presta un libro es weón pero el que lo devuelve es doblemente agüeonao jajjaja, te las mandaste. Ya po, la trama; puta weón escribí una parte del texto, me gusta, espera la busco y te la leo, si igual traje la wea, ya acá va: “Es acá cuando se complica la historia: entran y salen personajes y todo se enredaría si siguiéramos con él y ella. Él es ahora Rubén y ella es ella y la que está a punto de llamar a Rubén, ahora que se siente enfermo después del almuerzo, es María, pero María importa en la medida de que existe Rubén, cuando ella lo deje ya no va importar, así que María podría ser Ana, Francisca o la novia de Rubén”, ya po loco acá tenemos algo: la novia de Rubén es su mina la que te conté al principio la media cuica y wea… y ahora ella la que apareció recién es una loquita que conoció el loco, se miraron un ratito, claro esa wea: sostuvieron la mirada un ratito y después siguen sus caminos y no debería pasar nada de nada, el mundo sigue… él se va no más, pero cuando llega a su casa algo le hace clic, algo cambia, se echa unas pajitas y no pasa nada, come y no pasa nada y comienza a hacerse el weón lisa y llanamente, no le contesta las llamadas a la loca, a su mina y aun cuando parece que los rasgos de su introversión se hacen más cuáticos no po, no es así: el loco comienza con su liberación. Qué como creo que voy a lograr esa wea, no se po… en volá llego y lo escribo así explícitamente no más, ya te pusiste weón viste, le day con esas cagá de que la literatura es decir una cosa por otra y que la idea no es decir que estoy depresivo sino que el lector lo descubra… puras weas no más, así al final lo único que hací es divinizar una wea que no pasa nah… es como un poema del Hoefler, no me lo se pero parafraseo: mientras mis niños juegan con la máquina de escribir me doy cuenta que lo mío (el ser escritor) es puro weveo no más. Si po apoyo esa idea, a mi eso me parece que es un poema valioso o como dice el Zambra, el Alejandro eso sí no ese weón que vive en Copiapó o Vallenar y que los poetas regionalistas alaban tanto.

jajajjaj si po esos locos están cagaos, creen que por ser de un lugar deberían apoyarlos más, no pu loco que se las rasquen solitos no más o erí bueno o erí malo todo lo demás es paja molía, es paja mental… yo igual una vez escribí un poema de esa wea… poema no, una reflexión ajajja; puta loco esa wea me dijo un pendejito “me gustaron sus reflexiones” con una voz toda impostada y wea, igual el loco escribe re bien, se le nota que tiene deos pal piano el único problema es que ve a la literatura de manera muy seria cuando la wea es mentira no más, bueno me imagino que es por la edad y porque ve a la literatura como profesión y esa wea te obliga a la sistematicidad y todas esas cagás. Haaa eso, si po el Alejandro Zambra que igual es poeta, pero me gusta más su narrativa, el tipo deja clarita esa wea de que la literatura no salva a nadie… pero esto tení que entenderlo de manera literal po weón, un puchito te puede salvar la vida, unas cervecitas, una loquita, una cachita y hasta una pajita pero la literatura no po, no hay que ser weón… es como otro poema del Hoefler que me gusta, parafraseo otra vez… puta la wea me carga mi memoria loco debería aprenderme las weas… los únicos poemas que se son míos, cacha la perdida de tiempo y espacio, ya acá va es así como: escribo en la pieza del lado mientras mis hijos y esposa duermen porque se que no los hará peores. Puta loco es una wea así, pero genial “que no los hará peores” y tampoco mejores, al final a la hora de los quiubos la literatura no sirve pa na… cuando uno se enferma y vay al hospital y te atienden como el hoyo y veí a locos que se están muriendo porque tienen un corte en la yugular o porque tomaron cloro pa cagarse, no sirve de nada, no hace la diferencia… de que te sirve Rilke, Parra o cualquier weón, de nada o te acorday cuando me acuchillaron, de qué creí que me sirvió la cagá, creí que les dije: no hermanito guarde esa wea de machete leamos a Nietzsche o a Machado… no po weón no podí decir esa wea, ahí con más ganas te cagan por fletillo, jajajjaj si po. Puta loco en qué quedamos con el texto: no, no se que extensión va a tener, pensé que era un cuento pero ahora ya no… una nouvelle quizá jajaj la wea fleta; pero espera po no preguntí esas weas todavía deja explicarte de que se trata la cagá y me digay que te parece. Ya po, el loquito se siente enfermo, pero todavía no se da cuenta que cagó, que la mina lo cagó que fue como un destello… jajaj yo una vez le dije eso a una loquita que fue destello para yo, buena… igual me pegó tremenda pata en la raja jajja… si po, bien dada, jajaj me había bajado lo mariconcillo eufemístico. Ya, la cosa es que el loco empieza a hacer cambios en su vida, se inventa amigos y llama a su polola pa decirle que no se puede juntar y la loca se pone re feliz por el loco, porque cree que el weón está haciendo cosas pa superarse, pa ser feliz… no tiene la puta idea que la van a cortar, si lo sospechara no le hubiese dado permiso pa salir, jajajjaj caga por weona no más. Comienza a tomar solo el loco porque sale de noche y la loca lo llama y tiene que mentir po y las hace todas… se copetea y le habla curao y la wea… pero ese ritmo le cansa, así que busca otras weas pa hacer, como ir al cine pero le flaquean las lucas, arrienda películas pero su abuelo, si po vive con su abuelo un weón comunista, no le presta la tele porque le gusta el fútbol y la wea y que los partidos de Chile, de Inglaterra, de España, Argentina y la wea así que el loco comienza a ver la tele con el viejito esperando por sus películas pero se termina metiendo en la cagá del fútbol; le cabrea eso sí que siempre los camarógrafos sigan a la pelotita, él quiere ver otras cosas como pegarse el cacho que cuando sube un lateral el otro se queda o cuando un weón hace una diagonal y le abre el espacio al que lleva la pelota pa seguir ahí pistiando…. Esas weas de fútbol po loco, así que decide ir a la cancha y se compra un cuaderno y hace dibujitos de los movimientos y se mete, pero un día lo asaltan unos locos de la barra y caga… igual por lo menos se queda con su cuaderno y pa que no sea tan literaria la wea no escribe poemas sino que empieza a dibujar y le gusta, encuentra un sistema que también le da libertad. ¿La loca? ¿La polola? No po ya está a la chucha, el loco está totalmente desconectado de ella, a estas alturas ya ni la llama, le contesta el teléfono por una wea mecánica y porque le agradece también, pero ya fue. Ya po déjame terminar que me tengo que ir, un día dibujando ahí al lado del abuelo cacha en las noticias que la loquita con la que sostuvo la mirada sufrió un accidente y que está pal pico, así que se arma de valor no más y se va al hospital, compra flores y cuando llega le dice a la vieja de la loca que viene de Santiago que se mamó el viaje pa La Serena y la viejurra lo deja entrar solo, ni en el mejor de los casos el weón se hubiese imaginado eso. Ya po le deja las flores en la mesa del lado, la mira y le da un besito así medio tierno medio calentón, inmediatamente el loco sale de la pieza, sale del hospital y se sale del mundo. y?
Alonso Valencia: Codirector de la revista el Ascenzor. Profesor de lenguas y estudiante de Magíster.

Los crímenes que marcaron a Antofagasta
Por Rodrigo Ramos Bañados.

El ojo estéril se clavaba despacio en el tubo fluorescente de la sala hasta que el hombre los cerró con sus dedos como quien cierra una cortina. La boca, donde resalaba los labios delgados y secos, estaba echada hacia la izquierda y dejaba ver el detalle entre los dientes. Faltaba dos: el incisivo central y un premolar. Los golpes. El cabello estaba apelmazado por la sangre seca que escurrió cuando echaron la cabeza hacía atrás. La nariz también estaba semidestruida por el efecto de los golpes y el arma cortante. Había detalles en su rictus, como el arqueo de sus cejas que alcanzaba la cuenca del ojo izquierdo. El ojo izquierdo estaba destruido. Su mano izquierda presentaba heridas por el arma. Tal vez ella se protegió. Los tejidos de la piel comenzaban a perder la rigidez y adoptaba un tono pálido. “El rictus de la muerte recoge los últimos segundos de dolor, especialmente después de un crimen violento. El cuerpo graba. Uno ve la persona y a través de su expresión trata de entender lo que le sucedió. Lo primero que se hace es el examen externo y hay que fijarse en todo, especialmente en el rostro y la apariencia que tiene aunque no se crea, es fundamental la expresión que tiene el rostro, si bien es cierto cuando se le rompen las rigidez, vuelve a ser normal, pero aquí llegan las personas como quedaron, con el último dolor” asegura Julio Alvarez, quien lleva alrededor de 30 años laborando como tecnólogo del Servicio Médico Legal (SML) y a la par de los médicos forenses, es decir, la morgue de Antofagasta. En el SML, una casa que no se ve desde la vereda ubicada en 21 de mayo con avenida argentina, se convive a diario con el dolor. Alvarez aclara que es difícil abstraerse pues siempre se debe tener la buena cara, la sonrisa y la amabilidad hacia las personas. “Todo lo que entra acá es dolor. Cada cosa que entra hay una persona o muchas personas que sufren por lo que pasa. Uno debe ser fuerte en este sentido y tratar de blindarse. Hay que ser lo mejor posible la entrega del fallecido, la atención hacia los familiares y todo el entorno de la muerte que es complicado. A lo mejor es fácil decirlo, pero hacerlo es complicado. Acá la conciencia es fundamental, si se está conciente que hiciste un buen trabajo y te entregaste al máximo, puedes andar tranquilo por la vida sin tener ningún temor que te hallas equivocado y que familias te puedan enrostrar de que no diste el 100% de su trabajo de esclarecer los homicidios”. La secretaria del SML, bromea con la fama de Alvarez. Muchas entrevistas, dice la mujer. Me pregunta cual es el tema de esta entrevista. Alvarez que convive entre la opaca y blancuzca carne de los cadáveres y con su familia, gesticula y me cuenta sobre los cuatro crímenes que más le impactaron de su carrera.

Niña tocopillana La tarde en Tocopilla se deshacía en el horizonte, con tonos ocres y anaranjados. Desde su casa ubicada en la parte alta, la ciudad mantenía el aletargamiento de la tarde. Caminó pausada a la escuela Carlos Condell. Después dijo que todo le pareció normal en ese trayecto. Su casa estaba cerca, como casi todo en Tocopilla. Besó a Claudia Andrea, de 7 años, y le dijo que se fuera a su casa, sola, distante a cuatro cuadras, mientras ella esperaba su certificado de notas. La madre se arrepintió toda su vida de aquella decisión. Lo que aconteció después fue el crimen más espeluznante que Tocopilla tenga recuerdo. El 26 de octubre de 1984 fue violada y asesinada Claudia Andrea González. Por esa época Julio Alvarez Maturana, daba sus primeros pasos en un trabajo que califica como difícil. “El cuerpo la niñita estaba destrozado, con pérdida de masa encefálica. El cuerpo había sido violado en reiteradas oportunidades por el ano y la vagina. A la niñita la encontraron cerca de unos rieles de la línea férrea. Fue tremendo”. Dice que uno lo siente más cuando hay niños. “Mi hija tenía la edad de la niñita, y uno quiéralo o no, lo va asociando. Son casos que quedan marcados y uno los recuerda siempre, por la manera de cómo sucedieron los homicidios. Nunca se conoció al culpable”. Al caso de Claudia Andrea González, se sumó el de María Filomena Mercado Rojas de 9, perpetrados el 3 de junio del 1986 con las mismas características del primero. Todavía están impunes. Mujer fondeada Las cosas no siempre son lo que parecen. Juanita Guajardo era una mujer atractiva. Sus facciones era delgadas, finas, y su pelo claro lo salía amarrar en un coqueto moño. Era locuaz, carismática y de caminar cimbreante. Tenía un afán por la estética. Quizás por esto derivó en peluquera. Trabajaba en un salón de belleza ubicado en Condell con Latorre. Resultaba frecuente observarla en el sector. Llamaba la atención. Su otra faceta la sacaba a relucir de noche y aquello los sabían taxistas y habitués de los pocos boliches del centro. Sandra Le Roy era una bailarina que por aquellos días interpretaba semidesnuda las canciones de Flashdance. No se supo si hubo amenazas, o pasiones detrás de su desaparición. El mito dice que ella había dado a conocer ciertos secretos. Lo claro es que sus victimario(s) quisieron fondear su cadáver, por esto y con métodos dignos de los aparatos de seguridad de la época, amarraron a su cintura un riel y la lanzaron al mar. Sin embargo su cuerpo apareció la mañana del 21 de febrero de 1983 uno metros más al sur del lugar de su actual animita. Julio Alvarez recuerda que el cadáver de Juanita Guajardo estaba descompuesto y blancuzco pues llevaba muchos días en el mar. “Se hicieron bastantes pericias para identificar de quien se trataba. Estando en el mar la piel se va desintegrando y la misma fauna la va carcomiendo. No tenía orejas ni ojos, ni nariz ni parte de cuero cabelludo. Los animales atacaron las partes blandas. Posteriormente se determinó que ella había fallecido de asfixia por inmersión. Fue lanzada viva al mar”. Recordó el caso de un joven ahogado que lisa y llanamente fue devorado por los animales. “A los meses sólo apareció un fémur. Este permitió identificar a la persona a través de exámenes de ADN” dijo. “Los animales marinos devoran todo”.

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AD DE LAS CUATRO ESQUINAS

Bazar Glorita Hay monstruos célebres en el mundo. El venezolano Ramón Eladio Salcedo (42), es conocido ahora como "monstruo del martillo", tras asesinar en diciembre de 2008 a martillazos a su pareja y a su pequeña hijastra y confesar además haber hecho lo mismo con su primera esposa, ratificó no estar arrepentido de lo que hizo: "Las maté por infieles. Dios me va a ayudar a salir de la cárcel y una vez libre comenzaré una nueva vida con otra pareja". En el caso del crimen del Bazar Glorita, ubicado en Matta 2723, los “monstruos del martillo” de Antofagasta todavía andan libres por la calle. Sucedió un viernes 16 de febrero de 2005 y sin duda, por las características, fue el crimen más brutal de los últimos 20 años en la ciudad. Lo confirma Julio Alvarez. Celia del Rosario Legua recibió 30 golpes de martillo en la cabeza, brazos y tórax, mientras su sobrina, Yeimy Alejandra Loayza, de sólo 4 años, recibió 12 martillazos en diversas partes de su cuerpo. “A mi me tocó retirar los cadáveres del bazar –recuerda Alvarez-. Ví el arma que se ocupó, un martillo mediano. Los cuerpos estaban destruidos por el efecto de los martillazos. Colaboramos en la autopsia con el médico. Son cosas fuertes que a uno le llama la atención, especialmente por el estado como llegaron los cadáveres. Ahí uno se pregunta ¿Por qué tanta violencia? ¿Por qué ensañarse tanto con las personas? ¿Había una niña? Y eso es lo que uno no entiende, cómo un ser humano puede perder tanto su forma de ser y actuar tan violentamente. Uno se explica como puede haber tanta violencia. A lo mejor están de por medio el alcohol o drogas, y después el victimario recapacita cuando ya es demasiado tarde. Alguien normal no hace tanto daño”. 64 puñaladas Alfred Hitchcock puso nueve puñaladas perfectas en la película Psicosis. La escena de la ducha quedó en la historia del cine. La imagen de la actriz Vivian Leight, todavía retuerce los sesos por la crudeza del acto de acuchillar. 64 puñaladas en diversas partes de cuerpo recibió Carolina Lissette Arias González de 22 años, en un impactante parricidio de corte pasional que estremeció hace un par de semanas a Antofagasta. A diferencia del resto de los crímenes expuesto, en este caso el autor, Jimmy Alejandro Miranda Ortega de 26 años de edad se encuentra recluido en el Centro de Readaptación Social de Antofagasta, en su calidad de autor. “La mujer llegó con 64 puñaladas según lo que contó el médico, por todas partes del cuerpo, especialmente en la parte posterior. Fue un crimen brutal. Aquello no lo había visto nunca en Antofagasta. Nunca presencia algo tan feroz, desde que estoy trabajando acá. También de la inusitada violencia que ocupa el hecho ante este tipo de cosas. Menos mal que esto no es tan frecuente pues de lo contrario, estaríamos llenos de grandes homicidios”. “Con el paso de los años uno aprende en el sentido de que uno no puede vivir constantemente en lo que pasa. Tu trabajo es tu trabajo. Uno no puede vivir que la labor que desempeña le sirve a la comunidad, pues las personas que sienten víctimas depositan en uno y en el médico toda la responsabilidad de que uno puede esclarecer y que esto se esclarezca. Uno siempre actúa con la visión de la víctima sobre que le pasó, y tratar de esclarecer el hecho junto al médico. Cuando uno vive con esa presión no se podría vivir, y uno tiene que separar las cosas. El trabajo se hace con profesionalismo. Una vez que terminas el trabajo, está tu familia. Con ellos uno vive, de lo contrario no se podría”. Fuente: http://escritoresprovincianos.blogspot.com/

Para la sed de la muerte (Poemas inéditos de Ulises Varsovia) Selección (1979. Inédito)
Para la sed de la muerte Escribo para la sed de la muerte que acerca hacia mí sus temblorosos labios. Ella me busca en mi propio interior, la siento echar sus redes en mis noches, y sueño con náufragos que forcejean. Un poco el hombre son sus palabras, y las palabras que arranco a mi vida yo sé que no existen, se han muerto. Murieron inmoladas por mi vida. Todos los días la muerte revisa mi cuarto, remueve, olfatea rincones y estantes, se inclina implacable en mi viejo cuaderno, y una por una devora las letras cautivas. Ay, si mañana perdiera el sentido de la poesía, si de pronto sus claves secretas me fueran para siempre extrañas, ¿qué podría ofrecer a la sed de la muerte? Escribo con sangre para sus labios. Escribo con furia de fiera acosada: detrás de las huellas de mis palabras escucho acercarse su olfato felino. Moriría si mañana equivocara los rumbos. Escribo para la sed de la muerte.

La realidad de las cosas La realidad de las cosas me envuelve y no puedo cogerla. Hay algo en mí que rechaza, algo detiene o perturba las claves que emanan del mundo y en mí se extravían. Con mi corazón palpo volúmenes, toco el transcurso del agua o del tiempo, y extraigo un rumor inaccessible, un agitado temblor de alas o labios que asume temblando mi tenso instrumento. Sé que a la tierra ha venido el reinado, la monarquía del ojo que capta el sutil movimiento, las relaciones moleculares de la materia. Pero yo veo más allá de lo medible, en las lindes finales de la muerte y lo viviente. La edad acumulada de la tierra, el prístino aliento del mundo recién inaugurado, el trajín de los pasos desnudos del hombre depositando en el tiempo su heroica instancia. Y no puedo coger, sin embargo, los numeros que salen del átomo ciego, la exacta dimension donde el espacio será capturado por la arquitectura, el origen de la lluvia y sus procesos. Llevo en mi interior velocidades muertas. La realidad de las cosas me envuelve y no puedo cogerla.

Cazador de sonidos Un relámpago venga a mi mente y trastorne los hilos de la inteligencia, rompa, desgarre sus fibras, y arroje a un infierno de llamas la pura medida de luz y equilibrio. En el centro de un gran torbellino de ideas convulsionadas, al fondo de las desorientaciones, perdido en las selvas espesas del alma donde el número y la forma se extravían, oh misteriosa palabra en tinieblas, adoro tu sombría claridad irreductible, tu ritmo arrancado al proceso invisible de los crecimientos naturales. Al corazón de tus letras dementes que giran sin orden en el infinito, a tus rutas de tránsito ciego voy con mis manos desnudas tactando, acechando tus felinos movimientos, pleno de ardientes poderes que luchan contra el orden implacable de la muerte. Voy cazador de sonidos confusos armando una trama de voces dispersas, y mi dolor de tenaz sacerdote oficia en la más abismal soledad un rito de tenaces tentativas. Y casi consigo seguir existiendo, casi detengo en su vuelo impalpable la insigne armonía, el conjuro. Pero regresan mis manos vencidas desde las profundidades, no pudo mi mente encontrarse anulada, desnuda de idiomas terrestres en el tránsito abstruso de los apotegmas. Muero, pues, de miseria verbal, agonizo de hermosas canciones que vagan sin rumbo en la amada tiniebla, donde bajó trepidando mi vida y no pudo coger las recónditas claves. Ahora que venga la muerte a mi boca,. No soy digno de amar la Palabra. Soy esclavo de la ley y el equilibrio.

(Marcelo Arce Garín, Exhumada. Editorial Mantra, Santiago, 2009) Cristián Gómez O.

EXHUMADA: POESÍA TRADICIONAL

Marcelo Arce Garín ha publicado su primer libro bajo la premisa de escribir sobre su entorno. Exhumada (Ediciones Mantra, Stgo., 2009) recorre las calles rayando las murallas de la marginalidad urbana en el supuesto de que el poema se asemeja, como señala acertadamente José Ángel Cuevas, a la comunicabilidad del graffiti. Valiéndose de ciertos giros de lenguaje popular, Arce Garín articula un punto de hablada en que la conocida feminización de la voz (Diego Maquieira, Sergio Parra(1)) se torna en este caso no sólo política, sino también contingente. Inmediata, si se quiere, con todos los costos y beneficios que ello puede involucrar. Desde su título, este libro alude desde una perspectiva maximalista al conflicto todavía irresoluto (o resuelto a medias) de las violaciones a los derechos humanos, más específicamente en su versión de los detenidos desaparecidos y la continuación judicial de tal proceso, esto es, las exhumaciones legales (e ilegales) que se han llevado a cabo ya para identificar los cuerpos y asignar las responsabilidades criminales que corresponda(n), ya para entorpecer esos mismos procesos y entorpecer la actuación de los tribunales chilenos. Pero la referencia coyuntural llega hasta ahí (salvo alguna mención aislada a La Moneda que no modifica lo dicho hasta aquí). En lo que sigue, el retrato privilegia una mirada en torno al personaje de “La exhumada”, sus devenires amorosos y los alrededores de la pobla. Para esta empresa, la imagen de la prostituta que asume también por asociación el rol de víctima -no sólo de sus condiciones de trabajo, sino también como producto de la historia reciente de nuestro país- habla de un relegamiento doble, de una negación que se suma a otra. En ese sentido, el texto abunda en imágenes que nos retrotraen a lo que Stella Díaz Varín llamaba “el tiempo del asco” y que aquí se transforma en un estética del ídem, una poética de la fealdad como caracterización de esa periferia que habita el/la hablante: y lanzar un escupo póstumo en tu oreja leprosa asesinando la voz que emite el guatón del distrito (Arce, 29) Esta opción fija el lugar de lo popular entre el reconocimiento de una norma lingüística y aquello que fue aplastado después del golpe de estado del '73, aquel San Bernardo que terminó festejando en los cerros colindantes de Chena, mientras bailaba encima de sus muertos. Si por una parte, el uso de términos como “la putifrunci”, “mis cañones no le gustan”, “más encima regodeón”, entre muchos otros de la misma índole busca voluntaria y voluntariosamente dar las pinceladas maestras del retrato popular, por otra el recuerdo de lo acontecido con los cuerpos sienta aun cuando precariamente una mirada biopolítica que se relaciona directa o indirectamente con el trauma de la (post) dictadura.

En el poema que abre el libro, “A mi muchacho le gustaban los Ex...” mezcla sintomáticamente el estribillo de una canción de los Ex(2) (“dime cuantas veces quieres que te lo repita”, Arce, 13) con otras referencias, veladas o no, a ciertos vocablos que fuera del contexto chileno no tendrían mayor significación, pero que al interior de este sistema semiótico cobran la primacía del sentido. Así cuando el o la hablante habla de sí mismo/a, (“Soy la exhumada/oía la ronda de San Miguel/mientras vendaban mis ojos”), es inevitable no asociar esa venda con la de los cuerpos de los ejecutados políticos, cuyos restos aparecieran en las fosas del desierto, o también con el centro de detención de la DINA conocido como “La discotheque” o la “Venda Sexy”, donde la “especialidad” eran las vejaciones sexuales a las que eran sometidos los detenidos y las detenidas. En un estudio que no debiera ser subestimado, Hillary Hiner da cuenta de los parámetros que han modelado el discurso en torno a las violaciones de los derechos humanos en Chile y cómo estos parámetros han acotado y definido la realidad representable de tales crímenes y atropellos, especialmente en lo que se refiere a una perspectiva de género que, como Hiner se encarga de señalar desde un principio, está ausente casi por completo de este discurso. Así, Hiner entiende que el paradigma de los Informes de la comisión Rettig y de la comisión Valech, en ambos casos, es el de victimario y víctima, donde el binarismo sexuado entre el polo masculino (agentes del estado, uniformados, militares, que es como se denomina a los responsables de los crímenes) y la contraparte feminizada de las víctimas, ha sido la única forma de referirse a estos hechos, conculcando la posibilidad de incluir otros aspectos y consecuencias de la represión política que, producto del enfoque de ambos informes, están fuera de los mismos. Hiner explica que aun cuando en el informe Valech se plantea de algún modo la temática de género (cómo evitarla al tener que tratar de las múltiples violaciones sexuales sufridas por muchas de las prisioneras políticas), esta fue asumida exclusivamente en su versión biológica y no en su integridad, careciendo de la complejidad que el caso requería. Esto se ejemplifica cuando la investigadora de la Universidad Diego Portales, señala que el planteamiento del informe Valech al respecto no se diferencia mucho de la postura asumida por las mismas organizaciones de derechos humanos, para las cuales la tortura es sufrida por todos los seres humanos y no por el género (incluso si se subentiende que la mayoría de las veces es un hombre quien resulta víctima)(3). Nos interesa el punto de vista anterior en la medida en que Exhumada pone de manifiesto esa marginalidad de género que aparece en este caso doblemente ignorada: desde las políticas de Estado que no han logrado satisfacer las demandas de los sectores afectados, así como la pauperización de amplias capas de la población, retratada en una hablante que se vale de su cuerpo en tanto mercancía transable para ejercer una prostitución que carece de todo glamour. Volviendo, entonces, al poema con que se abre el volumen, podemos releer ese verso que aparece como una cita del estribillo de la mencionada canción de los Ex (“Dime cuantas veces quieres que te lo repita”) como parte de una sesión de tortura. Una sesión en que las preguntas se repiten hasta la náusea, en un ejercicio que no buscaba tanto información que probablemente ya se tenía como la aniquilación física y por sobre todo moral del prisionero, se revive -tal vez- fundamentalmente en la mención de esos ojos vendados junto con la ronda de San Miguel que se oye y “los calzones en los tobillos” (131), estas últimas señales que evocan para el lector el aparataje siniestro de la represión política, específicamente aquel utilizado en centros de detención como el ya citado “La Venda Sexy” o “La discotheque”, conocido así debido a la música ambiental que acompañaba siempre el trabajo de los torturadores.

También, como ya hemos señalado, esos calzones en los tobillos indican esa violencia de género (que no fue sufrida sólo por mujeres(4)). Vemos así que en un texto como este primer libro de Arce Garín el tema de los derechos humanos dista mucho de una denuncia ingenua o testimonial de hechos a estas alturas “de sobra” conocidos. La reiteración de un relato que no ofreciera los bemoles y matices que presenta Exhumada no haría más que agotar un tema que, de acuerdo a la versión oficial y consensuada de los hechos, ya aparece como sancionado. Los procedimientos escriturales de los que se vale en esta ocasión el poeta motivan unas últimas reflexiones. Para Enrique Lihn, la literatura se define por lo que no es. En tanto lenguaje, Lihn está consciente de que la literatura comparte ciertas funciones del lenguaje (la poesía como conocimiento, por ejemplo), pero en su visión de las cosas sólo la especificidad de la obra poética es lo que merece ser estudiado en tanto argumento decisivo para saber qué es poesía, qué es literatura. En el supuesto, claro, que no siempre es compartido, de que las entendamos si no equivalentes, al menos hermanadas, intrísecamente relacionadas. Para ello, Lihn -en su colección El circo en llamas- cita una tajante definición de Roman Jakobson: “El objeto del estudio literario no es la literatura en su totalidad, sino en su literaturidad, es decir, aquello que hace de un escrito una obra literaria”. (Jakobson, en Lihn, 133). Con esto, Lihn quiere recalcar cierta independencia del lenguaje poético, aquella especificidad que para él resultara tan preciada, sobre todo en momentos en los que Lihn escribía en una particular y pública cruzada en defensa de esa literaturidad que veía, no sin justa razón, amenazada por todos lados. Después de su (mala) experiencia cubana y los contratiempos que enfrentaba en el proceso de la Unidad Popular(5), donde para ser de izquierda había que ser el más izquierdista de todos, Lihn se había enfocado en delimitar esas características que pudieran diferenciar a un texto de otro en tanto hecho literario, aquello que distinguiría a la literatura de aquello que no entrara en sus dominios. Me interesa traer a colación estos conceptos lihneanos en la medida en que nos pueden ayudar a entender los procedimientos retóricos de Marcelo Arce, incluso a tender un puente, si cabe, entre los contextos de uno y otro creador -salvando todas las diferencias. En Exhumada vemos una mezcla de lenguajes que, si bien no es nada nuevo en sí como procedimiento literario, tiene por otra parte la virtud de lograr un paneo urbano que al mismo tiempo crea y representa un entorno, producto de esa misma mezcla. Y he ahí el punto: la técnica expresiva de Marcelo Arce hasta cierto punto pone en jaque la especificidad añorada por Lihn. Evidentemente, tanto el autor de Pena de extrañamiento como los formalistas rusos (la fuente de donde el primero bebe), contemplaron en la formulación de sus propuestas que “Los hechos artísticos testimoniaban que la differencia specifica en arte no se expresaba en los elementos que constituyen la obra sino en la utilización que se hace de ellos” (Eichenbaum, citado en Todorov, 30), i.e., Lihn reservaba la literaturidad no para la mera especificidad de uno o más lenguajes, sino a la forma lograda a a través de ese -esos- lenguaje(s)(6).

Lo que ocurre es que en este primer libro de Arce Garín la condición privativa de la poesía o del lenguaje de la poesía se logra exclusivamente por medio del intento de superación de esa misma autonomía del hecho poético. Que la haya superado o no podría ser motivo de especulación; aquí, sin embargo, nos atendremos a considerar el hecho de los lenguajes de los que se vale Arce Garín para emprender su proyecto creativo, lenguajes entre los que se cuentan -y he aquí nuestra diferencia fundamental con la presentación de Exhumada que hiciera el poeta y crítico Felipe Ruiz- textos poéticos que anteceden al de Garín Arce y que son su punto de partida y de llegada. Me explico: no hace falta haber leído a Bloom para compartir la idea de que la poesía es un largo tejido complementario, en el que las obras precedentes se van uniendo a las nuevas al mismo tiempo que se van borrando. Un proceso agónico en el que pareciera claro que ningún poeta, ningún artista, posee la totalidad de su propio significado. Su significado, su apreciación, es la apreciación de su relación con los poetas y artistas muertos. (…) Procedamos a una exposición más inteligible de la relación entre el pasado y el poeta: éste no puede tomar el pasado como un bulto, una masa indiscriminada; tampoco puede formarse totalmente basándose en uno o dos seres que personalmente admira, o en un período concreto de su preferencia. Lo primero resulta inadmisible; lo segundo es una experiencia importante de juventud, y lo tercero es una compensación placentera y bastante deseable. (…) (El poeta) Debe tener plena conciencia del hecho obvio de que el arte nunca mejora, pero que la materia del arte no es exactamente la misma en todos los casos. (Eliot, 21) Lo que intenta decirnos Eliot, ahora en relación con el libro de Arce Garín, es que no se trata de entender la nueva obra sólo en comparación con el pasado, sino que, para lograr su individualidad como obra de arte, ambos polos deben compararse mutuamente, lo que implica (Borges también lo dijo en su momento) que el presente modifica el pasado, debe ser, en consecuencia, capaz de leerlo. Es el sentido de lo temporal (y de lo atemporal), el sentido de lo histórico, lo que en suma hace a un escritor, según Eliot, un escritor tradicional. No la mera reconstrucción arqueológica ni, agregaremos nosotros, la mención de unos cuantos nombres (supuestamente) ilustres. Lo tradicional es la conciencia de esa relación inextricable e inherente con la historia(7). Y Arce Garín lo hace aquí de diferentes maneras, consciente de su lugar de escritura, esto es, como decíamos en un principio, de su contexto: su entorno. Por eso las escrituras que lo preceden no se asumen de manera ni pasiva ni estática, sino que son recontextualizadas, en la búsqueda, que todavía debe continuar, de esa individualidad de la que habla Eliot y que no existe sino es en convivencia con la tradición que lo antecede y que habrá, si logra su objetivo, de modificar. Y eso definitivamente hay que agradecerlo y agradecérselo.

Notas 1.- En la presentación de este libro, Felipe Ruiz (2009) intenta clausurar cualquier posibilidad de leer este texto de Marcelo Arce en conexión con los nombres aquí señalados. Tal actitud reduccionista y contumaz no se condice con la necesidad de contextualizar e historizar este y cualquier otro título, a no ser que podamos suponer que la poesía nace en el aire, sin relación con una tradición literaria que necesariamente lo antecede, por no decir su relación con la Historia, que no sólo le es previa, sino inherente. 2.-Ex fue una banda punk rock (aunque hay divergencias en torno a esta etiqueta) formada por Octavio Bascuñán, Colombina Parra, Hernán Edwards y Pablo Ugarte; su primer disco se titula Caída libre (1996) y la canción que cita Arce Garín (“La corbata de mi tío”) pertenece a este disco. Después de varias separaciones, los Ex continúan tocando en el circuito más independiente. 3.- Aunque no venga al caso aquí, es sumamente interesante la pregunta que se hace Hiner: “¿Cuáles son las relaciones de poder presentes en la relación violencia sufrida por hombres torturados y violencia que aquellos hombres, antes torturados, ejercen en su propia casa?”(67). Naturalmente, todo esto quedó fuera del Informe Valech, aun cuando subyace a la pregunta anterior la interrogante sobre cuáles son las reacciones culturales apropiadas para un hombre chileno que ha sufrido tal tipo de vejámenes. 4.- Testimonios de algunos prisioneros que pasaron por este centro de torturas, relatan como fueron violentados sexualmente por perros especialmente amaestrados para estos efectos. Cfr. www.memoriaviva.cl 5.- Para estos efectos, se pueden consultar, entre otros textos de suma importancia, el de Róger Santiváñez (2009) y el texto del mismo Lihn, “Política y cultura en una etapa de transición al socialismo” (1997). 6.- Raymond Williams ya había demostrado en Marxismo y literatura la falacia que supone tal premisa. Allí señala que la distinción entre lo “denotativo” y lo “connotativo”, entre lenguaje vulgar y lengauje literario en tanto categorías en consecuencia entidades separadas, sólo contribuye a perpetuar las dicotomías sausserianas e idealistas del signo. 7.- Tema aparte es la experiencia atrofiada de la historia que hoy en día, en plena posmodernidad, seamos capaces de experimentar. Para mayores antecedentes, conviene consultar el libro de Jameson (1991) sobre este aspecto. OBRAS CITADAS Arce Garín, Marcelo. Exhumada. Santiago: Mantra ediciones, 2009. Eliot, T.S. Ensayos escogidos. México D.F: Universidad Nacional Autónoma de México, 2000. Hiner, Hillary. “Voces soterradas, violencias ignoradas. Discurso, violencia política y género en los informes Rettig y Valech”, en Latin American Research Review. Vol. 44, n° 3, 2009. (pp. 50-74) Jameson, Fredric. Postmodernism, or, The Cultural Logic of Late Capitalism. Durham, NC: Duke University Press. 1991 Lihn, Enrique. El circo en llamas. Santiago: Lom ediciones, 1997. – – Pena de extrañamiento. Santiago: Editorial Sinfronteras, 1986. Ruiz, Felipe. “Presentación del libro Exhumada, de Marcelo Arce Garín”, en http://letras.s5.com/fr111109.html Santiváñez, Róger. “Poesía y revolución: Enrique Lihn en La Habana, circa 1968”, en Anales de Literatura Chilena. N° 11, Junio 2009. (pp. 177-190) Todorov, Tzvetan. Teoría de la literatura de los formalistas rusos. Buenos Aires: Siglo XXI editores, 2004. Williams, Raymond. Marxismo y literatura. Barcelona: Ediciones Península, 1980.

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