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Cinosargo número XXII edición de marzo del 2010

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Cinosargo número XXII edición de marzo del 2010
Editores: Daniel Rojas Pachas y Milvia Alata Tejedo
Ediciones Cinosargo
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Editores: Daniel Rojas Pachas y Milvia Alata Tejedo
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AÑO II NÚMERO XXII

EDICIÓN DE MARZO DEL 2010

REVISTA CINOSARGO

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Editado en Arica- Chile 2010 Diseño: Daniel Rojas Pachas y Milvia Alata Cinosargo Contacto: carrollera@gmail.com Web: www.cinosargo.cl.kz Editorial Cinosargo by Daniel Rojas Pachas & Milvia Alata Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.0 Chile

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Director: Daniel Rojas Pachas Editores. Milvia Alata y Daniel Rojas. Coordinadores. • • • • • Daniel Rojas P. Wilfredo Carrizales Milvia Alata Tejedo Violeta Fernández Eduardo Ignacio

Colaboradores externos: • Grupo MAL.

La Revista Cinosargo esta en línea desde el día 17 de mayo del presente año, alojada en la plataforma social Bligoo. Todos los derechos de los artículos y la responsabilidad de su contenido, pertenece a sus respectivos autores. www.cinosargo.cl.kz Revista Cinosargo Copyright © Daniel Rojas 2008 - 2010

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Breve reflexión acerca de la oposición
Por Daniel Rojas Pachas
I started a joke which started the whole world crying but i didn't see that the joke was on me oh no i started to cry which started the whole world laughing oh if i'd only seen that the joke was on me “Bee gees” Entiéndase la oposición para fines de este breve artículo como una tensión necesaria dentro de una buena partida “capaz de aportar” no sólo al mejoramiento de los contendores sino del juego mismo. Se piensa en una homeostasis que en esencia implica el perfeccionamiento, la estrategia y autorregulación dentro de todo ámbito cultural en el cual se produce debate, intersubjetividad y contraposición activa o pasiva, pensemos en política, deporte y arte y todo en suma como un juego tendiente a motivar a los participes a anticipar movimientos, prepararse y valerse de talento mostrando que los mejores se edifican en la dialéctica que percibe la competencia como un diálogo fructífero. En sentido contrario podemos apreciar cómo vivimos “hoy” en sociedad este proceso de delicado equilibrio haciendo gala de abanderamientos, rencor, venganza y apatía, nos abstenemos de opinar y contender, nos valemos de la queja, el escarnio, la ironía, sorna y rara vez aparece el compromiso genuino, por ello es fácil bajar el perfil al juego sintiéndose por encima de él como una excusa ante el miedo a participar o peor aún, asumiendo la competencia como una carrera llena de cortapisas. En una dinámica de este tipo no hay ganadores, sólo un simulacro de triunfo (más bien de imposición de aquel que se considera a cualquier precio vencedor, humillando o negando el acceso a participar al otro). Esto perjudica a todos pues cierra las puertas a nuevos aportes y avances que truncan el crecimiento del juego, depredan lo existente y echan mano del pasado y su supuesto prestigio para decorar las apariencias de gloria anulando el surgimiento de nuevas voces y actores. Me explico con un ejemplo: Pensemos en una partida de ajedrez. El jugador de las piezas blancas pierde ante su contendor. En una dinámica ideal el vencido aprenderá de su derrota en lugar de renunciar. Se preparará mejor, estudiará sus errores y buscará no repetirlos, creará una nueva lógica ante el juego lo cual ya es un aporte e innovación y formulará estrategias, teorías y métodos para jugar mejor y eventualmente ganar. Esto implica una partida diferente a la inicial en tal sentido, el jugador de las fichas negras si es inteligente, sabrá que debe perfeccionarse pues su retador está entrenando, no debería confiarse y engordar avalado por su triunfo pasajero pues el juego es constante. En otras palabras ambos deben estar a la altura del desafío, de la lid. Pero eso como señalé, es el panorama ideal que aporta e impulsa al juego, a los contendores y al público en una tensión constante. Caso contrario es lo que vivimos pues el supuesto ganador más bien tiende en las partidas sucedáneas a acaparar las piezas del otro e impide la maduración de cualquier posible retador. Esto nos lleva a generar una atmósfera de mediocridad, sin antítesis que rebatan una verdad única, la del que detenta el poder y dominio de las fichas, aquel que en su gloria efímera y fantasmal se siente dueño del tablero y tiende a volverse pétreo en su juicio, déspota y paranoico pues siente que todos quieren eliminarlo de la partida cuando quizá, tan sólo quieren competir deportivamente y medirse. Pero cómo hacerlo si el acceso es negado, los canales de participación son mínimos y sólo se alientan juegos de exhibición, arreglados para aumentar el ego y fama del supuesto ganador.

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A juicio del redactor del artículo eso es lo que se entiende por ganar “hoy” un espectáculo de luces y humo listo a contentar a las masas inconscientes que se han visto relegadas del juego por la manipulación de los supuestos lideres y la desidia y conformismo generalizado que se alimenta en los individuos desde la formación inicial. Imposibilitar y ningunear a cualquiera que se oponga, cercar el tablero, quebrar las manos y piernas de aquel que se destaca y hacer del mérito y cualidad del retador condiciones molestas y desequilibradas o de plano nulas, justifica el fin: “No exponer la falta de talento y miseria en una partida equitativa”. En la práctica las medidas usuales para evitar que otro cobre valor son la trampa, arreglar la mesa y tener información privilegiada. Imaginen jugar poker con alguien que conoce de antemano las cartas de sus contendores. Excluir al otro es también un método usual, se coloca un alto costo o imposible cuota de acceso demandando cierto grado de instrucción o patrimonio para participar en igualdad o simplemente participar. Esto es barbárico sobre todo cuando el disque ganador es juez y parte en la mesa e impide que otros se informen, crezcan y entrenen pues sus condiciones son paupérrimas y todo queda limitado al “hágalo usted mismo” y al espíritu de los autodidactas capaces en algunas ocasiones de sorprender desde los extramuros a los dueños de la maquinaria. Estilo Rocky o Daniel Larusso también conocido como Daniel San. Ficciones como está demuestran que el underdog o excluido puede dar vuelta al sistema y por tanto, en calidad de relatos pasan a formar parte de la consciencia mítica del hombre. Pensemos en historias que van desde David y Goliath hasta la nueva versión de Karate Kid pero al final sólo son un recordatorio de cuanta nobleza ha perdido el juego. Ningunear y difamar es otra de las medidas comunes y de rigor dentro de una partida sucia. Hablo de escarbar en el pasado del contendor, cuestionar su idoneidad para ser parte de la mesa bajo juicios éticos y morales establecidos a sangre por los detentadores del tablero. Muchas veces dichas apreciaciones no tienen injerencia real en la partida y sólo son una excusa de control y disciplina. Algo similar ocurre con la falta de fairplay al querer lesionar física o psicológicamente al retador atacando su integridad, a los familiares o circunstancias de origen o crecimiento que ha tenido. Imaginen a dos ajedrecistas gritándose en medio de la partida para herir o distraer a su competidor. “Tu madre es tan gorda que se tiene que abrochar el cinturón con un boomerang” o “a tu hermana le dicen el semáforo”. Creo que se entiende la lógica disminuida de este tipo de juego. En síntesis, el objetivo del artículo es reflexionar en torno a cómo nos desenvolvemos en los diversos juegos que dan forma y sabor a nuestra existencia. Qué rol detentamos en el medio y cómo el miedo nos condiciona a excluirnos o abusar de nuestro poder. Quisiera por último llevar esto al plano de las artes y poner un ejemplo categórico de lo que sucede con la poesía en Chile a ojos de la crítica y los mismos escritores sin olvidar desde luego, a los lectores pues en conjunto los protagonistas de esta disciplina han propiciado la leyenda urbana del poeta único y los inútiles rankings que buscan establecer una “santísima trinidad” con nombres que compiten en una especie de Billboard criollo acomodando a Mistral, Neruda, Huidobro y De Rokha y sus respectivos espurios y clones en los escalafones de acuerdo al favoritismo o enojo de quien realiza la lista creando incluso escuelas de exclusión y proselitismo que en lo material, se traducen en el exceso de bulla ante un ídolo y la satanización o silencio de quienes piensan distinto. La cacería de brujas y canibalismo está a la orden del consumidor y se ha prolongado consuetudinariamente entre artistas, críticos, gestores, editores y administradores dentro del servicio de cultura hasta la saciedad. Está práctica patética de amiguismos y zancadillas podemos desacralizarla con una frase aguda de Parra: Los cuatro grandes poetas de Chile Son tres Alonso de Ercilla y Rubén Darío. El tema en definitiva es la actitud de los supuestos ganadores y de todos dentro de la partida lo que se resume en una broma sólo que esta humorada como reza el tema de los Bee gees, recae en nosotros mismos.

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TRES TEXTOS BREVES: Texto y fotografía: Wilfredo Carrizales

PABLO Le vi el ojo tuerto cuando su caballo blanco y anciano vomitó la carretada de arena frente a mi puerta que recelaba de cualquiera. El ojo, sumergido en la cuenca, buscaba una salida hacia una singular maravilla. Pablo prohijaba la mejor leña para una Ramírez, cocinera y entrometida ella. Pablo sabía que de aquel budare salían las más propiciatorias arepas. El caballo miraba interrogador a Pablo y a Pablo le daba hambre retroactiva. De regreso a su cobertizo el caballo rumiaba y fumaba por Pablo. El tabaco era a Pablo lo que su ojo tuerto y éste se le abría para volver a fijar el rostro del torturador que le extrajo la luz a golpes, mientras su cuerpo colgaba en busca de las estrellas culpables. (“La Sagrada” del general Gómez era experta en procedimientos profanos y a Pablo le dejaron el ojo de rehén. El verdadero asesino se fue de juerga con Jesús, el hijo del carpintero de Belén.) De la sombra de un árbol de mamón macho, desalojado estuvo Pablo, su carreta y el caballo. A la sombra de un árbol de cotoperíz macho fueron a dar y su vida en poco cambió, a no ser una capa de grasa más en los aperos. Tenía mal genio Pablo (o tal vez era la herencia que “La Sagrada” le dejó clavada en los ijares.) De improviso, en alguna madrugada, el garrote de Pablo despertaba y ponía en ascuas a un inadvertido miador noctámbulo que le mojaba la carreta. El caballo se cansó y murió primero. Pablo no comprendió el acontecimiento y fue a buscar al caballo. En el sagrario ahora moran los dos y les sobran ojos para ver y avanzar entre la neblina.

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PEDRO Y EL PERRO Pedro pintó al perro y lo describió de una manera fácil, pero enigmática, muy parecida a un sueño de ocasión. Pronto Pedro tuvo nostalgia del can y comenzó a hablarle de memoria, con dureza de imágenes. Fue una atmósfera harta de melancolías. El perro pintado quedó capturado y consecuentemente sus momentos resultaron una pesada carga. El perro se esforzaba en quedar igualado a los de cacería. Sus afanes trataban de explorar muchos ámbitos, mas no merecía un preámbulo en las jaurías. Las velaciones del perro servían para innovar y finalmente entraba en temas que distaban mucho de su comprensión. La presencia del perro era, por entero, de su convicción. Mantuvo la tensión entre el instinto y la representación de su más excelsa característica. La naturaleza de sus ladridos mudos le ofrecía una libertad de movimientos que desembocaban en un síntoma de vigilancia. El perro jugaba con su condición; se mostraba medular y poco constreñido. El mejor de sus coletazos lo llevó a crear un proceso para su propio acaecimiento. Pedro volvió a pintar el perro y lo introdujo en un catálogo para su conveniencia. Escribió acerca de su experiencia con el ladrido aglutinante del perro y reflejó el curso de su histerismo. A la sombra de los árboles, el perro se asemejaba a un héroe de historia comentada. El perro quería entrar en una breve reseña biográfica y deseaba la muerte de los paisajes. Esto se volvió su afición. A ella le consagraba una particular afinidad. La leyenda envolvió al perro y lo condujo a Canaán. Allí lo esperaba una mujer de ojos espectrales, quien cuidaba niños muertos en la fe de su edad. Fue obvio para el perro que su nivel de comprensión nunca alcanzaría al exigido por los cánones al uso. Se desprendió el perro de su época y durmió con despistados tiempos. Por tercera vez, Pedro pintó el perro, en esta ocasión, según el recuerdo. La ambigüedad bañó al perro en su inútil correría. Una muchacha le haló la cola y lo puso frente a su deceso. El can se sintió irresoluto y no encontró salida a la insólita cualidad que ahora lo marcaba. El perro se absolvió y se aproximó a su dueño. Luego se imbuyó de un encanto que sonaba a cotidiano. La noche de estrellas pestilentes lo cercó. Él pudo ver, con una facilidad irreal, que otro perro había comenzado a pintarlo, mientras lo observaba a través de un telescopio. IMAGO El regalo de las imágenes para quien se haya escondido y está como a ciegas. Hay que darle de beber un agua oscura proveniente de un lago ilusorio. El polvo le obnubilará la razón. El rostro sobre su rostro reflejará un pensamiento y romperá, reformará y rastreará la orilla de su yo. A la mente le llegarán árboles y casas con luces y pueblos comiendo vainilla. Un desconocido pez naufragará bajo su nariz. Se levantará un trono y sus patas señalarán las vías hacia la discordia. Los quienes arribarán con otras imágenes sometidas. Les procurarán una larga distancia en medio de la mezcla de poderes. Si cerraran los ojos una muchedumbre de colores reversos aniquilarían al negro y al blanco. Después partirían tras banderolas verdes o rojas y un faro como un hombro de gaviota se desplazaría por el corredor. ¿De dónde provienen las formas de las imágenes? De las tierras asustadas y de mundos que nunca se pensaron. También es evidente que existen mensajeros que las transportan –a las imágenes- y una y otra vez afinan sus uñas para que rasquen sobre las puertas y en las pieles expectantes. Resulta provechoso no escuchar los ruidos que se produzcan y prestar suma atención al silencio secuestrado. Los vientos extranjeros traen imágenes y trasladan encima de ellas a las posibilidades de lo desconocido. Las imágenes deben dormir entre las hierbas y procurar ojos saltones y no permitir que las extraigan porque engrosarían los diccionarios. Las imágenes se asimilan a los corazones y ganan intereses. ¿Y qué ganan los corazones? La membrecía de los asertos.

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El señor de las moscas
Por Rodrigo Ramos Bañados

No nos deberíamos horrorizar demasiado por los saqueos en Concepción pues parecen ser actos propios del ser humano ante situaciones extremas, de desesperación y oscuridad. Nueva Orleáns, en Estados Unidos, no se salvó de esto tras el huracán Katrina en 2005. La gente saqueó los almacenes en busca de comida y de agua –ésta última para sopesar el calor de ese momento-, pero también de armas para atacar o defenderse. Por esto Estados Unidos desplegó 24 mil soldados y controló lo que debía y lo que no debía aparecer en los medios de comunicación -por el potencial daño a la imagen del país-. Saqueos y vandalismo también se produjeron el 13 de julio de 1977 en Nueva York, en el recordado apagón que duró más de 25 horas – recordado también por la película de Spike Lee, "Verano de Sam"-. Muchos vecindarios, más notablemente Bushwick, fueron devastados casi por completo en la oscuridad. Estos estados extremos de la naturaleza humana que brotan en situaciones límites conducen al Señor de las Moscas, la novela de William Golding y su recordada versión de cine de 1990 a cargo de Harry Hook, donde un grupo de niños, escolares, abandonados en una isla alcanzan cierto grado de salvajismo. Esto pues las circunstancias y contexto condicionaron el actuar del grupo. Primó, como en los simios o leones, la ley del más fuerte. El simulacro del estado "Señor de las Moscas" está en las cárceles. Allí en medio del hacinamiento, las personas desarrollan códigos extremos para sobrevivir. En aquel encierro sobrevive el más fuerte, el más astuto o el que mantiene las armas. Tal vez ahí, en las cárceles, esté la respuesta en lo que pudimos devenir si no se decretaba a tiempo el toque de queda. Queda en la retina la imagen del tipo de clase media en el clímax de los saqueos en Concepción, que en vista de las circunstancias y protegiendo su familia y su condominio esta vez no sacó su auto o la moto, sino una escopeta de caza ¿Qué pasaría en una catástrofe mundial como las que exhibe NAT GEO en su serie Armagedón? ¿Qué importancia tienen las armas en caso de una catástrofe? Lo impredecible del ser humano en caso de caos, es lo que de algún modo llena de dudas como atemoriza.

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BIENVENIDOS A CINOSARGO MULTIMEDIA, ESTE ESPACIO ESTÁ DESTINADO A COMPLEMENTAR, LA LABOR QUE REALIZAMOS CON LA REVISTA Y DE UNA FORMA MÁS EXPEDITA, DAR CUENTA Y MUESTRA A NUESTRO PÚBLICO DE LOS DISTINTOS ARCHIVOS EN MÚLTIPLES FORMATOS Y SITIOS DE ALOJAMIENTO COMO YOU TUBE, GOEAR, SCRIBD, ISSUU Y FACEBOOK, ENTRE OTRAS CUENTAS QUE MANTENEMOS COMO PROYECTO LITERARIO VINCULADO A LOS MEDIOS DIGITALES Y SU ENORME P O S IB IL ID A D D E P R O Y E C C IÓ N . CINOSARGO TIENE LA PALABRA... EL SONIDO Y LA IMAGEN...

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CHILE QUEBRADO: LA RESPONSABILIDAD DE LAS AUTORIDADES por José G. Martínez Fernández.

El aeropuerto y los caminos -destruidos en parte- son responsabilidad de las autoridades del MOP. Los edificios hechos por empresarios son responsabilidad de ellos y de los Municipios. Un verdadero caos producido por los que hablan de orden. Y en nombre de ese orden aplican un TOQUE DE QUEDA estilo Pinochet. Los terremotos en Chile son predecibles. El más fuerte en el mundo ocurrió en Valdivia en 1960. Como país sísmico tendríamos que tener una óptica previsora y, por ende, cuidadosa frente a la forma y los materiales con que se construye. Y las autoridades velar por los intereses de las personas que van a vivir en esas construcciones. Pero ello no ocurre. El reciente evento de este tipo dejó en evidencia las falencias de nuestras autoridades. Estoy un poco lejos de Chile. El terremoto “me pilló” a más de dos mil kilómetros de mi ciudad de residencia: Santiago. Sé –por los vecinos amigos- que mi departamento, como los de ellos, se ha destruido en buena parte. Me llegan las fotos. Nuestros departamentos, aunque viejos, se dañan, pero menos que otros que, con autorizaciones municipales extrañas, se han destrozado más y son NUEVOS. En el sur de Chile…en especial en Concepción la gente se ha quejado de la destrucción de departamentos nuevos…¿Quién autorizó, señores de la Municipalidad de Concepción, esas construcciones? ¿Cuántos muertos son a causa de vuestra irresponsabilidad? ¿Son tan malos gestores como los de los municipios de ciudades en que otros edificios nuevos se vinieron al suelo sembrando dolor y muerte? ¿Tenéis conciencia de los crímenes cometidos por negligencia o intereses vuestros y de empresarios sin más alma que el dinero? Porque quien mata con un arma es ciertamente un criminal y vosotros, al no poner en las obras los materiales que la hagan más sólidas, creáis obras que son verdaderas bombas de tiempo: ¿No sois también criminales? Ahora, ya causada tanta muerte, empiezan a levantar cadáveres. Lentamente. Pero se olvidan de millares de ciudadanos sedientos y hambrientos. Esos ciudadanos, en diferentes ciudades de Chile, han salido a buscar, desesperadamente, cómo obtener algo para beber o comer. Los saca electrodomésticos son simplemente ladrones. Pero mucha gente “saqueó” por hambre. Entonces vino EL PODER, con sus uñas afiladas, y recordó que en Chile existía un caballero, ya convertido en polvo, que IMPONÍA ORDEN mediante TOQUE DE QUEDA y que así se le hacía temer a “la chusma” y el NUEVO PODER ordenó: TOQUE DE QUEDA. TOQUE DE QUEDA contra los hambrientos, contra los sedientos, contra los sin hogar. Supongamos que era una necesidad extrema…pero yo me pregunto: ¿Por qué esas autoridades no impusieron TOQUE DE QUEDA contra los empresarios de la construcción que hacen edificios de tablitas, contra las Concesionarias de grandes obras y contra su halagador papá –el MOP- y contra los Municipios responsables, al final, de tanto desastre? Si esas obras hubiesen estado bien hechas indudablemente que hubiesen visto muertos, pero no la cantidad a la que ahora se está llegando. Aquí algunos varios cientos de muertos son responsabilidad de las constructoras y empresarios apoyados por un aparato de autoridades que sólo velan por sus mutuos intereses. A ellos, reitero, no les imponen TOQUE DE QUEDA. Me hago cargo aquí de una reflexión muy interesante: “Por ganar unos pesos de más llegamos a esta tragedia”. La dijo Monseñor Alejandro Goic. Es la pura verdad. No siendo yo creyente aplaudo aquí las palabras de un creyente porque su dicho se aplica a la realidad.

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Breves apuntes sobre la desestructuración cultural y el mestizaje. por Daniel Rojas Pachas.
Frente a la noción de cultura en un “estado puro”, mirada estática y estructural, Roger Bastide privilegia la idea de “relación intercultural” como un proceso dinámico y flexible ajeno a miradas maniqueistas o polaridades que escinden el pensamiento y actuar del hombre en bueno o malo, correcto e incorrecto, superior e inferior, masculino y femenino. Esto sin duda desafía el concepto organicista que tendía a prestigiar un sistema cerrado, idéntico a sí mismo, homogéneo y capaz de desarrollarse con éxito y uniformidad mientras menos influencia tuviese de factores externos.El cambio conceptual de Bastide se extiende más allá de lo teórico y penetra al ámbito ontológico de la realidad pues un término como “aculturación” antes pensado dentro del campo del conocimiento como un proceso negativo y perjudicial para las culturas pasa a entenderse como un fenómeno universal que se produce en formas y grados muy diversos que van desde la espontaneidad a la planificación y cuyas fases varían en importancia de acuerdo al contexto de la realidad en estudio. Podemos agregar que Bastide con este cambio de paradigma llega al punto de invertir la terminología clásica y aquella perspectiva de los estudios otrora petrificantes e inmanentistas atreviéndose a señalar que la homeóstasis en que se desarrollan las sociedades y el individuo no debe entenderse como mera cultura, pues este término se refiere tan solo a un estado, a un momento de regulación espacio-temporal que se enmarca dentro de la mecánica constante de cambio, intervención, diálogo, intercambio, asimilación e incluso etnocidio, por tanto es más apropiado hablar de “culturación” pues ella refleja el constante flujo en que transitamos históricamente como usuarios y actores de prácticas que si bien, nos permiten estructurar la realidad, crear estereotipos que además podemos tipificar con nomenclaturas y taxonomías para su estudio y práctica metodológica, sin embargo, en la praxis rara vez se encuentran cristalizados e inamovibles como en un laboratorio o texto académico pues su pervivencia y difusión requiere de la constante adaptación, deconstrucción de jerarquías y reestructuración de formas de poder, mutación del lenguaje y sus códigos, alteración de la tipología de géneros y desde luego la suma de todos estos factores altera la operatividad de las instituciones. Esto ataca la mirada de autores como Claude Lévi Strauss y agrega que más que hablar de estructura conviene trabajar los estudios culturales en términos de acción y transformar el concepto rígido de estructura a “estructuración”, “desestructuración” y “reestructuración”. Y agrega en su explicación que debemos eliminar la tendencia a ver la desestructuración peyorativamente analogando con error el concepto a desintegración, pulverización y erradicación de lo que se entiende por cultura, cuando por el contrario esta es una fase más del proceso a través del cual la realidad en que nos desenvolvemos evoluciona y se transforma, pues sin exagerar habitamos y convivimos en una fragmentación atravesada por relatos que se cruzan y retroalimentan en diversas instancias que no necesariamente son negativas o positivas, sino que simplemente son dentro del cambio. Lo que en conclusión da a las ideas de filiación y pureza, un agotado carácter mítico. Considerando el área de la semiótica, hermenéutica e intertextualidad vale la pena agregar y vincular lo expuesto por Roger Bastide frente a los aportes de Roland Barthes que señala: La intertextualidad, condición de todo texto cualquiera qué sea, no se reduce evidentemente a un problema de fuentes o de influencias. El intertexto es un campo general de fórmulas anónimas cuyo origen raramente es identificado, de citas inconscientes o automáticas, dadas sin comillas. Epistemológicamente, el concepto de intertexto es lo que aporta a la teoría del texto el volumen de la socialidad: es todo el lenguaje, anterior y contemporáneo, que llega al texto no según la vía de una filiación identificable, de una imitación voluntaria, sino según la vía de diseminación. (Barthes 1968:1015). Imagen que asegura al texto el estatuto no de una reproducción, sino de una productividad y agrega luego: Esto es precisamente el intertexto: la imposibilidad de vivir fuera del texto infinito --no importa que ese texto sea Proust, o el diario, o la pantalla televisiva: el libro hace el sentido, el sentido hace la vida" (Barthes. 1974, p.49) Esta mirada nos ha permitido transitar desde estudios netamente estructuralistas a teorías post-coloniales, teoría queer y abordar métodos valiosos como el semanálisis de Kristeva, lo cual me lleva a pensar en el valioso cambio de mirada de los creadores frente a la hibridación y el mestizaje a la hora de transponer una concepción cerrada y unívoca del texto, el sujeto y los géneros literarios.

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¿Hasta cuándo la complicidad con la dictadura en Cuba? por Pablo Romero García Mientras reconocidos cubanos pro castristas como Pablo Milanés comienzan finalmente a abrir los ojos y a tener la valentía intelectual -e integridad ética- de oponerse al régimen dictatorial de los Castro y compañía, sumándose a intelectuales comunistas como José Saramago quien abandonó su apoyo a la “aventura” totalitaria tras aquellos resonados fusilamientos del año 2003 -que se sumaban a otros asesinatos cometidos por el régimen en este medio siglo de opresión contra su pueblo- tenemos que dirigentes, militantes y sectores políticos de la izquierda uruguaya siguen siendo cómplices de la tiranía que padece nuestra hermana isla caribeña. No todos, por cierto, aunque el hecho de que la Mesa Política del Frente Amplio haya emitido un comunicado de apoyo a una dictadura no deja de ser condenable, máxime si tenemos en cuenta su representatividad como voz política de todo el electorado frentista y de su clase dirigente. Es preocupante, definitivamente, ver a un partido demócrata y de izquierda (que ha vivido en carne viva lo que significa una dictadura, lo que significa el terrorismo de Estado) apoyar a un gobierno totalitario como el de Castro. En Cuba no sólo no hay libertad de expresión, ni libertad de prensa, no sólo está prohibido toda forma de oposición política tanto como la posibilidad de que sus ciudadanos puedan moverse libremente y salir o entrar de su país cuando quieran, no sólo está prohibido hasta el acceso a Internet, no sólo hay presos políticos, no sólo entonces no se respetan libertades y derechos humanos básicos, sino que hace más de medio siglo que la cúpula dirigente es la misma, sin derecho a elecciones libres y reprimiendo a todo el que se oponga el régimen (incluyendo desde fusilamientos hasta procesamientos sin garantías mínimas).

Por cierto, ¿saben cuáles fueron los delitos que tenía tipificado el preso político Orlando Zapata (el “disidente”, que es como se califica a quienes se resisten al régimen), antes que la dictadura cubana lo dejara morir? Su delito central fue tipificado como “Desprecio a la figura del presidente Fidel Castro”, sumando a otros figuras “delictivas” como “resistencia”, “desorden público” y “desacato” provenientes todas de un solo hecho: participar en reuniones con opositores a la dictadura castrista. Y, ¿saben cuál fue la condena que el “revolucionario, socialista y humanista” gobierno de Fidel le aplicó a Zapata por tales “delitos”? Una pena de 36 años de cárcel. Fueron bastante “benignos”, pues a otros los han fusilado sin miramientos. Pues, ¿cómo alguien puede ser tan hipócrita de decir que en Cuba se respetan los Derechos Humanos? Cuesta creer que quienes han sido perseguidos políticos y presos políticos y que quienes han condenado –y condenan- esas situaciones, sean hoy día cómplices de la persecución política y la represión en Cuba, que sean cómplices intelectuales de los presos políticos que existen en Cuba. ¿Qué sienten cuando ven por estos días las imágenes de la policía cubana golpeando a las mujeres de los presos políticos? Una doble moral terrible todavía pervive en muchos a la hora de hablar sobre el “caso cubano” (al respecto, Cuba está siempre en “la lupa”, tenemos el “caso cubano” como “eterno retorno”, porque precisamente allí la ha puesto la “revolución dictatorial” de Castro, presentándola en todo momento como “alternativa” hacia un “mundo mejor” y como la “cuna” del “anti-imperialismo”. Está en el centro constante de la tormenta pues allí la viene colocando desde hace décadas Fidel y compañía, en su trágica “revolución”, la cual en medio siglo no ha mejorado ni cambiado en nada el mundo, pero sí ha dejado en su país muertos varios, presos y muchas vidas vividas sin libertad y en la miseria).

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A estas alturas resulta tragicómico sostener que si se critica al régimen cubano se está "a favor" del imperio o razonar que si hay pobres en el mundo es porque la democracia “liberal” no funciona (o simplemente está al servicio de los “poderosos del mundo”) y entonces está bien que haya una “alternativa viable” basada en una especie de “sana dictadura revolucionaria”. ¿Cómo es posible realizar tales dicotomías sin darse cuenta en la evidente falacia que se cae? ¿Hay que esperar que desaparezcan los “malvados” países “democráticos y ricos” y que no exista ningún pobre en el mundo para condenar la violación de los derechos humanos en Cuba? ¿Qué precio tiene la vida de las personas que padecen una dictadura, sea del signo ideológico que esta sea? ¿No importan las víctimas de la dictadura cubana porque existe "el malo" EEUU y porque todavía en el mundo existen desigualdades? ¿Lo que sucede en Cuba no es grave porque en el mundo existen otra injusticias? Pensar en esos términos es adherir a una perversa lógica de falsas oposiciones que nos deshumaniza. Por cierto, en Cuba existen las mismas desigualdades sociales que en otras sociedades, los mismos pobres y la mismas clase privilegiadas que en otras sociedades, con el agravante de que además no existen las libertades básicas. El mundo vive evidentemente mejor bajo formas de democracia y libertad, en sociedades donde se respeten los derechos humanos. ¿Se puede seguir creyendo que hay que instalar dictaduras “revolucionarias” -llegado el caso- para solucionar los problemas de injusticias sociales que padece el mundo o una sociedad en particular? No parece que el camino hacia un mundo más justo, más equitativo, sea el de las dictaduras. Para encaminarnos a un mundo mejor, parece ser necesario –por el contrario- contar con personas, ciudadanos, líderes, instituciones y partidos políticos que prioricen la libertad y el respeto por los derechos ajenos. No habrá mundo mejor mientras en nombre de cualquier ideología se siga justificando la tiranía y el avasallamiento de las libertades y los derechos humanos (esos mismos que ya fueron consagrados como universales en el año 48’ del siglo pasado). Pero, ¿es posible hablar de derechos humanos consagrados universalmente, consagrándolos más allá –por ejemplo- de los fines ideológicos particulares? Las declaraciones universales son siempre gestos de principios, son proposiciones filosóficas respecto de aquellos valores en los que se cree que deberíamos poder concordar para convivir mejor. Parece ser recomendable para toda sociedad que busque progresar en términos de justicia social adherir a los principios que recoge la Declaración Universal de los Derechos Humanos del año 1948. Y que pensemos en términos universales y no particulares -y excluyentes- sobre su puesta en práctica: no pensar que esta bien esa declaración para EEUU, pero no para Cuba, por ejemplo. Así, si en algunos lugares del mundo practican el matar a las pedradas a las mujeres infieles, si gustan de lapidar a las mujeres, deberíamos condenar tal situación más allá del “respeto” por la diversidad cultural o la autodeterminación de los pueblos y sin importarnos de qué signo ideológico es el gobierno en cuestión que permite tales violaciones de los derechos humanos, porque hay valores que están por encima de esa diversidad cultural u orientación ideológica, valores universales -que son siempre construcciones humanas y no tienen que ver con lo “natural” ni con “esencialidades platónicas”- que creo valen la pena defender en nombre de la humanidad entera (y sin que uno se sienta un “burgués blanco y occidental” que sólo quiere imponer valores al resto del mundo. La vida y las víctimas son más importantes que los discursos “justificadores” de la muerte y los victimarios). Lo mejor del hombre precisamente está en cuanto trasciende como colectivo y se da para sí algunos valores que considera básicos defender. Allí está la grandeza de gestos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Invito a pensar lo que sucede en Cuba a partir de retomar la lectura de tal Declaración.

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Luego, el hecho de que en Cuba haya buenos niveles de educación, salud y alimentación no justifica nada respecto de la violación permanente que el régimen castrista hace sobre los derechos humanos. No podemos seguir todo el tiempo arrojando “justificaciones” de este tipo, que son groseras falacias de falsa oposición. Por ejemplo, en EEUU hay un muy buen nivel en esos rubros y sin embargo sus políticas exteriores de corte belicista han violado en variadas ocasiones los derechos humanos. Por estos lados del mundo, se ha escuchado decir a algunas personas que durante la dictadura se vivía bárbaro porque no había delincuencia y porque no se pasaba sobresaltos económicos. O sea, ojo con creer que los logros de algunos indicadores sociales que se puedan tener bajo una dictadura justifican su existencia y defensa. Y la libertad, además, no pasa únicamente por tener un plato de comida, poder ir a un médico o poder educarse. Y, por supuesto que los pueblos pueden elegir una tiranía si quieren, pero de allí a que uno aplauda tales hechos significa el fin de toda forma de defensa de las libertades y de ejercicio crítico de resistencia a las injusticias. ¿Cómo es posible seguir mirando para el otro lado y no condenar nada de lo que sucede en Cuba a nivel de represión y violación de los derechos humanos, porque “de última” tienen buena cobertura médica y buen rendimiento escolar? ¿Será que todos los valores son relativos a nuestra simpatía ideológica y entonces está bien hacer en materia de derechos humanos “ filtros” y “justificaciones” según nuestros parámetros ideológicos? ¿Se trata implemente de hacer la vista gorda dependiendo de que el que cometa el delito sea “de los míos” o “de los ajenos”, en la ciega dicotomía de “buenos” y “malos”? Parece que algunos derechos valen sólo a la hora de juzgar a los “malos y poderosos”, pero que están exonerados de ser cumplidos por Fidel Castro y compañía (por cierto, me cuesta cree cómo para algunas personas es más importante Fidel Castro y su ideología, Fidel Castro y su “lucha” contra los “imperialismo”, que el cubano de a pie, que el tipo de carne y hueso, que los fusilados por el régimen, que los presos en las cárceles cubanas por pensar distinto, que la falta de libertades de un pueblo entero, que los que efectivamente padecen esa dictadura). Seria bueno que la izquierda dejara sus viejos mitos románticos de lado y asumiera finalmente el fracaso de la empresa revolucionaria cubana y su devenir en mero autoritarismo represivo. Que sea capaz de recomendar y apoyar la vida en democracia para el hermano pueblo cubano, el respeto por las libertades y los derechos humanos y la firme condena a toda práctica contraria a tales valores. Es triste ver el grado de indiferencia humanista y alienación ideológica que logran alcanzar bienpensantes y solidarios “compañeros” cuando pretender hacer ver que la condena a la falta de libertades y el autoritarismo reinante en el caso de Cuba es simplemente parte de un discurso “neoliberal” o de la “derecha”.

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¿Hasta cuándo vamos a seguir restándole importancia a la idea de libertad en el caso de los gobiernos autoritarios que se autodenominan “socialistas? ¿Hasta cuándo vamos a mantener la ceguera, a mirar para otro lado, y apelar simplemente a tildar de “neoliberales” , “pro-imperialistas” o “derechistas” a las personas que condenan la falta de libertad en países como Cuba? ¿Hasta cuando, al momento de vernos interpelados por los caminos represivos que sigue tomando la dictadura castrista, vamos a considerar que la “libertad” es una mala palabra que utilizan los “neoliberales” para seguir “dominándonos”? Es cierto que los derechos humanos forman parte de una ideología, como todo discurso, como toda valoración sobre el mundo, pero el problema no parece ser el de que la “ideología de los poderosos” nos quiera imponer un determinado discurso sobre los derechos humanos para condenar la “experiencia revolucionaria” en Cuba sino el que desde tiendas ideológicas afines a valores humanistas adhieran a la idea de que es correcto atentar contra los derechos humanos en tanto resultan ser “justificables” -o un “asunto menor”- comparado con el “objetivo final” de intentar alcanzar los valores supremos que lleven a un mundo mejor que acabe con el imperialismo, la pobreza y toda forma de injusticia (es curioso, además, que se siga viendo en Castro y compañía el portavoz de tal tarea. Hace años que han renunciado a toda ideología y sólo ha quedado el aún efectivo discurso para las masas fervorosas con el que intenta justificar su permanencia en el poder y su “necesaria” represión a los “disidentes”) Ya llegará el tiempo en que Cuba sea libre y su pueblo pueda vivir y decidir su destino en libertad. Esa libertad que no debería ser nunca un problema de “diferentes miradas políticas”, sino un valor universal, que exceda los gobiernos e ideologías de ocasión, pues no deberíamos juzgar si alguien coarta o no las libertades si viola o no los derechos humanos según sea un país rico, pobre, o más “afín” o no a nuestra ideología. No quisiera cargar nunca en mi conciencia con la adhesión a dictadura alguna, sea de izquierda, derecha, centro, arriba o abajo. Muchos de la generación aún presente ya han cargado con la mochila de alabar en su momento lo que sucedía tras la cortina de hierro. Cuando Cuba finalmente recupere su libertad, cuando el régimen castrista sea finalmente juzgado por la Historia, no será un día festivo para quienes practicaron diversas formas de adhesión y complicidad. La reciente muerte de Orlando Zapata también les pertenece. A ellos, les pregunto: ¿hasta cuándo la complicidad con la dictadura en Cuba? Más información del autor en: http://pabloromero7.blogspot.com

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LAS ÚLTIMAS DEFENSAS DEL ENFERMO: HACIA UNA LECTURA ÉTICA DE LA CARTA A LOS DIREC
POR DENNIS PÁEZ

El siguiente trabajo se propone 1)realizar una lectura crítica del texto “carta los directores de manicomios” de Antonin Artaud a la luz de datos biográficos, literarios y contextuales que sean pertinentes para abordar el texto.2) presentar una reflexión sistemática de cómo Artaud, loco de por vida, realiza esta reflexión sobre los manicomios en la escritura, internándose hasta los trasfondos más éticos de abordar en asociación al tema de la locura y las instituciones psiquiatricas.3) reparar en los aspectos éticos que Artaud cuestiona, realizando asociaciones con propuestas éticas contemporáneas y con pensadores de relevancia como Rorty y Habermas. La realización de este trabajo tuvo como tópico general el abordar las dimensiones éticas implicadas en las instituciones que tratan a los denominados enfermos mentales, los hospitales psiquiátricos, y el examen de las relaciones e interacciones que se dan al interior del organismo y sus respectivas consecuencias. Por cuestiones de espacio este trabajo ha sido reducido para su publicación, por lo que se presenta como un somero análisis introductorio y exploratorio en la temática. Quiero ir a un manicomio para ver Si la profundidad de la locura Me explica el enigma de la vida Soren Kierkegaard I- Artaud y la escritura Fácil es decir que Artaud fue un poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, director escénico y actor francés, aparte de loco. Sin embargo, no es fácil dar un primer acercamiento a la obra de Artaud (18961948, Francia), tanto por su complejidad como por su fragmentada escritura. No obstante nos convoca el deseo de dirigirnos hacia un texto en particular, asociado estrechamente con la vida del autor, quien experimentó la locura y los diversos modos que la sociedad impone para remediarla y corregirla. La obra de Artaud, fragmentaria e inconexa en muchos casos, esta constituida en la parte importante por cartas. Esto nos sugiere ya un primer acercamiento a la ética en literatura o a lo ético-literario: ¿Es debida la publicación de material no destinado al público, material privado, construido con otros fines? La pregunta se plantea abierta ya que la respuesta no será parte de este trabajo por motivos de pertinencia y extensión. Sin embargo, saber que son cartas y no otro tipo de texto es ya bastante. Con ello se nos dice que Artaud escribe para alguien, para un destinatario real, al cual considera como lector involucrado, a diferencia de escritos de naturaleza literaria, como la poesía o la novela, en los cuales el lector es pasivo y solo interactúa en razón de cultura u/o entretención. En este caso no, el lector que tuvo en mente Artaud al iniciar el acto de escritura no es un sujeto neutral, sino por el contrario, alguien considerado capaz de entender tan complejo motivo que originó la escritura.

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CTORES DE MANICOMIOS DE ANTONIN ARTAUD

II- Artaud y la locura Antonin Artaud se da a conocer en un comienzo por la publicación de poemas, artículos de arte y de teatro en diversas revistas. Luego será catalogado como un escritor que compartió con los surrealistas franceses, que hizo teatro, y entre otras cosas consume opio y láudano para curarse de dolores físicos (e inevitablemente psíquicos) que lo atormentan. Internado mas de alguna vez, Artaud es un personaje caótico, con enfermedades que lo persiguen desde pequeño, como el ataque de meningitis a los cuatro años, y la paranoia que lo acompañara de por vida. Aparte están sus deseos y ansias de irrefrenable búsqueda, indefinida y contradictoria, que lo llevará a ser internado en muchas ocasiones y en diversos centros como en Ville-Évrard, Le Havre y Rodez, Cobh, Dublín, etc. Fruto de estos encierros, es que Artaud empeorará su estado, volviéndose cada vez mas demente, violento, antisocial, peligroso para el orden público y a la seguridad de las personas que lo circundan. Esta incomprensión de la cual es victima en estos diversos centros, será la causa decisiva en el trastorno de su actitud. III. Sobre “Carta a los directores de manicomios”: análisis de extractos. Por medio de esta carta* (publicada en la Pág. 37-38, la otra locura, Laura Forti) Artaud a dejado su lúcido testimonio sobre la enfermedad que ha sufrido y sobre lo que piensa acerca de los manicomios, los psiquiatras y las instituciones de rehabilitación. Es un documento de inacabable valor dado que fue uno de los más inauditos reclusos de dichas instituciones durante largos periodos, por lo que podemos decir que realmente las conoció en su interior, en su diario funcionamiento y actividad. Poseedor del genio bipolar típico del artista, éste se irá transformado en un sin fin de contradicciones e inconexiones que ya no podrá tolerar su lucidez. Aquejado por dolores corporales, que según él constituyen señales del espíritu al cuerpo, se medicaba con opio para refrenar aquellos achaques. Pese a todo ello, subsistió la carta que escribió, y conservamos el escrito hasta nuestros días y a la vez tenemos el privilegio de analizarlo pausadamente, develando en primer lugar la lucidez desde la cual se aborda el tema, y en segundo lugar, el sentido crítico del autor frente al tema tratado. A continuación revisaremos fragmentos de la carta, deteniéndonos en el examen de lo ético que se desprende de ella al final de este apartado.

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I-.Señores: Las leyes y las costumbres les conceden el derecho de valorar el espíritu humano. Ustedes ejercitan esta jurisdicción soberana e indiscutible a vuestra discreción” Con estas palabras se inicia el documento. La carta como tal, va expresamente dirigida a los psiquiatras, directores de manicomios rotulados en el tajante y distante Señores que da inicio al texto. El peso de la afirmación con la cual se inicia el documento marca de inmediato la lucidez y claridad con la cual se ejercerá la crítica: Las leyes y las costumbres les conceden el derecho de valorar el espíritu humano. Esta primera aproximación alude específicamente a la autoridad del especialista, en este caso, el psiquiatra, de quien se dice que ejerce esta facultad de valorar el espíritu humano según sea su discreción. Por una parte, la frase articula la crítica de inmediato, aludiendo a que los psiquiatras valoran el espíritu del hombre según ellos lo decidan, guiados por sus propios patrones y reglas, según como su disciplina lo ha concensuado. II.-Cada cien clasificaciones, las mas vagas de las cuales son aun las únicas que puedan utilizarse ,¿Cuántas nobles tentativas se han realizado para aproximarse al mundo cerebral donde viven tantos de vuestros prisioneros? En esta segunda cita, Artaud se introduce de pleno en lo que constituye las clasificaciones de las enfermedades mentales por un lado y la acentuación en la pregunta sobre la verdadera acción que se ejerce para adentrarse en el mundo del paciente. De este modo, se nos expresa como el enfermo concibe a sus sanadores: Una sarta de psiquiatras que estereotipan y clasifican en tal o cual enfermedad a partir de rasgos observados. Sin embargo, es posible inferir del texto que el personal que atiende al paciente no hace ni siquiera intentos por aproximarse a los pensamientos del paciente. No hay un acercamiento hacia el mundo mental en el cual están insertos los pacientes, sino una clasificación y un tratamiento que en el fondo omite al paciente, reduciéndolo a un conjunto de síntomas abordables de tal o cual manera. III-. Se sabe –y todavía no lo suficiente- que los hospitales, lejos de ser hospitales, son prisiones espantosas, en las que los detenidos proporcionan mano de obra gratuita y útil, en las que la brutalidad es la regla y esto es tolerado por ustedes. El instituto para alienados, bajo la apariencia de la ciencia y la justicia, es comparable al cuartel, a la cárcel, al penal. En este último fragmento extraído de la carta, el autor lanza sus dardos directos y sin eufemismos de lenguaje para expresar ácidamente su apreciación. Denuncia por medio de estas palabras -explicitando que aun no es totalmente difundido pero que ya se sabe-como el interior del manicomio se convierte en una empresa en la cual hay jerarquía determinada, en la cual el rango mas bajo lo ocupan los pacientes, en la que hay abuso y ostención en contra de los enfermos, quienes acatan a golpes cada mandato de seres supuestamente especialistas que no han aprendido jamás como tratar con humanos de tales condiciones, acudiendo a las reglas y la subordinación para la represión de los individuos y de su comportamiento.

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Existe en este fragmento también, un recurso abordable desde dos direcciones: Por un lado se puede decir que Artaud utiliza el ustedes para dirigirse a los directores, y es lo más probable que así haya sido. Sin embargo aquel ustedes puede servir como un apelativo para implícitamente nombrar a los lectores actuales de la obra, o en otros términos más generales, a la sociedad en si: Somos nosotros los que hemos permitido sucedan estas perversiones en las instituciones de nuestras naciones frente a nuestros ojos. Nosotros hemos tolerado un trato indigno de aquellas personas. Hemos dejado que se perviertan las funciones básicas por las cuales cobran sentido las instituciones, somos nosotros, en el fondo, con nuestro silencio, quienes permitimos estos hechos ocurran. IV-.Sin entrar a insistir en sobre el carácter de perfecta genialidad de las manifestaciones de ciertos locos, en la medida en que podemos apreciarlas, afirmamos la absoluta legitimidad de sus concepciones de la realidad, y de todas las acciones que derivan de ella. Artaud menciona la genialidad en este fragmento, por que, desde su perspectiva y experiencia, ha convivido y compartido con muchos sujetos que son catalogados como locos o enfermos mentales, sin siquiera ver las manifestaciones artísticas o expresivas que pueden llegar a producir. Sin embargo, la parte mas aguda de este segmento de la carta, esta en la afirmación de la absoluta legitimidad de sus concepciones de la realidad y de todas las acciones que derivan de ella. Tener que llegar a escribir una carta-denuncia contra lo que pasa en los manicomios un loco, me parece que es bastante. Pero, encima de esto, que sea un sujeto catalogado de enfermo mental quien nos enrostre que no hemos legitimado todas las posibles concepciones de la realidad ya es demasiado. Lo que Artaud nos dice en el fondo con estas palabras, es que hemos sido uniformados mentalmente a aceptar ciertas cosas y rechazar otras. Que se nos ha impuesto una realidad ante nuestro vivir, se nos ha entregado una concepción de la vida que nos es ajena y la cual no hemos experimentado por nuestra cuenta. Artaud desde su locura, es capaz de demostrar lucidamente como la sociedad a desviado el rumbo, a perdido el control, ha dejado en los brazos de otros su responsabilidad última. Desde su enfermedad, nos dice sutilmente, que hemos sido criados al alero de un sistema que nos ha impuesto la realidad que vivimos según su conveniencia, la cual es bastante distinta de la que nosotros creemos existe en razón de bien supremo y común, que nos encontramos gobernados por una lógica ajena a nuestro espíritu. IV-.Conjeturas en torno a la carta: Aspectos éticos presentes en la carta. El documento que analizamos es en si un llamado urgente hacia una ética de los enfermos; Por medio del documento que hemos estado analizando, hemos visto que no existe una congruencia entre los avances científicos en la materia con las prácticas en determinados contextos. Hemos percibido del mismo modo, como el psiquiatra no tiene un real compromiso con su paciente, no hay una intención verdadera que se intente ejecutar de cualquier modo por ayudar al paciente, sino situaciones comunicativas delimitadas, fragmentarias, mediante las cuales es imposible establecer un vinculo fuerte de confianza para conocer al paciente y buscar el método por el cual será posible brindarle ayuda. Al respecto es interesante la opinión de Guattari: “El psicoanalista tiene una relación de palabra con su paciente, pero no esta comprometido con la vida social en la institución, en los problemas biológicos, etiológicos, económicos- sociales.”*

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Interesante es también mencionar respecto al tema, los intentos que han establecido Guattari junto a Deleuze, quienes propusieron abolir los hospitales psiquiátricos en Italia por medio de la ley 180. En su lugar, han desarrollado una entre comillas “clínica psiquiatrica”-incluso la denominación se resiste- llamada la borde. En ella se propone que los pensionistas-como se les llama a los pacientes- tengan la posibilidad , como lo expresa Guattari, de desarrollar distintas virtualidades de su personalidad por todo tipo de centros subjetivos, esto es, en otros términos, romper con el clásico dialogismo entre paciente-medico, y dar pie para que el pensionista pueda entablar todo tipo de relaciones interpersonales con los otros pensionistas, o con el personal a cargo, organizando su propia existencia en el lugar. Es indudable, luego de haber comentado parte importante del testimonio de Artaud, que han sido sobrepasados todos los derechos éticos que cualquier persona posee: ha sufrido una violación constante de su derecho a la salud, ya que no es atendido como debiese, ha sido atacado el principio de sociabilidad, su libertad se encuentra impedida, todos sus valores como persona han sido inhabilitados por su condición, derivándosele a una categoría inferior donde no es mas que un subordinado que debe obedecer ordenes y mandatos, impedido de decisión, de libertad y de acción. En definitiva, podemos decir que la carta en si es manifiesto de la necesidad de una ética que garantice las relaciones al interior de las instituciones. El deber ser Kantiano no es suficiente en esta época ni lo fue en las anteriores. El deber ser debe estar custodiado, guiado, e inclusive controlado por un imperativo mayor capaz de dominar y de evitar estas desviaciones. No queremos llegar al extremo de que sean vigiladas cuidadosamente las acciones de profesionales en áreas tan complejas, pero tampoco dejar que entre cuatro paredes ocurra lo que la voz del especialista se le antoje ocurra. Es necesario aun, establecer una ética superior, fundada en nuestra necesidad de fraternidad para con el otro, ese otro tan yo como cualquier humano, que siente y vive, y por ello, necesita también de la mano de un hermano de su especie que le brinde lo necesario para seguir su camino. V-. Aproximaciones de Artaud a Rorty: El teatro de la crueldad y la experiencia subjetiva radical. Antonin Artaud, como dijimos en alguna parte de este trabajo, fue en su momento actor y dramaturgo. Esta empresa que emprendió en sus mejores años, culminaría con una idea radical que rondaba la cabeza del artista, y que mas tarde, el filosofo estadounidense Richard Rorty tomaría como argumento para proponer uno de los postulados éticos contemporáneos mas radicales y llamativos, conocido hoy como el liberalismo neo-pragmático de Richard Rorty. ¿Qué tienen en común estos dos personajes? ¿Qué los vincula tan estrechamente como para figurar juntos en un apartado de este trabajo? La respuesta a continuación: Artaud es el creador una invención teatral, un modelo o tipo de dramatización denominada el teatro de la crueldad. Dicho movimiento teatral, es expuesto en su totalidad en su obra El teatro y su doble que data del año 1938. Por medio de esta forma o modalidad teatral, se busca sorprender e impresionar a los espectadores, mediante situaciones impactantes e inesperadas. Con esto se pretende dejar una huella en el espectador, en otras palabras, se busca que la obra lo marque. De este modo Artaud buscará el impacto, con escenas trágicas de profundo dolor y desgarramiento, apelará al auditorio por medio de la crueldad de las representaciones.

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Años más tarde, el norteamericano aplicará estos postulados a su pensamiento, los cuales se pueden rastrear en el planteamiento sobre la experiencia subjetiva radical. Dicha experiencia, es la que nos unifica –dice Rorty- y nos constituye como género humano. Por medio de esta experiencia subjetiva radical que nos ofrece el miedo a la agresión, a ser atacados, ofendidos y al sufrimiento, es que nos construimos como un solo cuerpo, una sola raza que siente su debilidad y se organiza con fraternidad frente al medio ofensivo como especie. De este modo, Rorty propone que mientras mayor sean estas experiencias subjetivas radicales, mientras mayor densidad y agresividad nos sugieran, mayor será el sentimiento fraternal de solidaridad que iremos construyendo. En base a ello se construirá una ética a partir del impacto de lo aberrante que nos puede ocurrir.

VI-. Aproximaciones desde Artaud a Habermas: La crítica como instrumento de emancipación. El texto que analizamos, como hemos dicho anteriormente, se construye como una poderosa crítica a las instituciones psiquiatricas. La forma en como se elabora esta crítica, posee ciertos rasgos que nos hacen situarla en un paralelo frente la actitud crítica revelada por medio de los textos de Habermas. Habermas encontrará la desviación o el error, en la subordinación de la dimensión social a la técnica, imposibilitándose así la praxis liberadora. A raíz de esto, comienza aparecer en sus diversos textos la concepción de filosofía crítica, la cual se propone nada menos que desarrollar a fondo el interés emancipativo que debe estar bajo las dos dimensiones señaladas. Este interés emancipativo-nos confiesa Habermas- ha sido extraído luego de una extensa lectura de Freud, por la que llegamos finalmente apreciar la coincidencia que se da en el psicoanálisis entre el conocimiento y el interés, la cual parece no darse en nuestra teoría de la sociedad y del conocimiento. A partir de estas ideas base, es posible establecer la siguiente relación entre las ideas habermasianas y las de Artaud: Artaud realiza por medio de la carta una crítica a las instituciones psiquiátricas y sus directores. La crítica se elabora poniendo especial énfasis en que las instituciones no están realizando el trabajo que debiesen y es aquí donde podemos percibir el primer paralelo entre ambos autores: 1.-Tal como Habermas critica que la teoría del conocimiento y la de la sociedad no han abordado la que debiera ser su misión impulsora que es la emancipación del hombre, Artaud revelará que las instituciones psiquiatricas tampoco han servido para lo que se han propuesto, que es brindar ayuda y apoyo a los enfermos mentales. 2.-Artaud da cuenta de como no existe coherencia entre interés - conocimiento y aplicación, ya que, si bien existen innumerables avances en el área de la psiquiatría, su aplicación práctica no se ha concretizado en las instituciones, habiendo un vacío inmenso entre las teoría y la práctica psiquiátrica.

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Además de lo anterior, existe otro factor importante. Recordemos que Artaud esta viviendo un periodo donde la modernidad se ha impuesto en la sociedad. Este cambio, traerá problemas también para el hombre, en su intento de adaptación a dichos cambios. Artaud es la evidencia de como el desarrollo de la sociedad industrializada del que habla Habermas, repercute directamente en los individuos, quienes ante la incomprensión por parte del sistema es tildado de loco pese a su genialidad y su lucidez de pensamiento, apartándosele a la periferia, donde sus ideas no tengan relevancia. En conclusión, Artaud articula una crítica en sentido similar a la que Habermas postularía la suya: Artaud critica esta institución, a los psiquiatras y a la psiquiatría en si , en tanto no se han ocupado del problema en si mismo, sino de organizar clasificaciones de los problemas que presentan los individuos; de modo semejante lo hizo Habermas al demostrar que hemos errado en centrarnos solo en la dimensión técnica e ignorar la dimensión social en la cual se dan las relaciones entre los hombres, la verdadera dimensión emancipatoria, y hemos pecado creyendo que nuestra emancipación depende de esa dimensión que explota y domina la naturaleza , por sobre la dimensión humana. VII-.Reflexiones y conclusiones finales Como hemos visto por medio de la carta de Artaud a los directores de manicomios, los pacientes, representados por Artaud en el escrito, sufren no solo su enfermedad, sino por si fuera poco, un trato indigno justificado por un errado concepto del paciente enfermo mental. Como lo explica el autor, los enfermos que permanecen en dichos centros de “ayuda” son explotados y tratados de manera infrahumana por quienes debieran procurar su pronta mejora. Los hospitales, y tanto mas los psiquiátricos, desde siempre han sido centro de debate y cuestionamiento ético y bioético. Sin embargo, pese a los muchos años que han pasado desde la carta de nuestro autor y la revelación de los sucesos que ocurren en estas instituciones, las condiciones pareciesen no mejorar. Al respecto Morton Schotzman nos dice: “si trabaja en un hospital psiquiátrico impone reglas a los pacientes: premia la obediencia, castiga la desobediencia y define estas actividades como <tratamiento>” Paralelamente, pero desde otra óptica, Foucault afirma: “la practica psiquiatrica producida en hospitales psiquiátricos es una táctica moral, disfrazada de verdad científica”

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En el interior de la institución psiquiatrica se produce la reverberación del modelo de autoridad que se da en organismos como la familia: se reproduce un padre-castigador y un hijo-desobediente. Esta lógica se articula mediante una moral convencional, la cual define lo que esta bien y es correcto, de lo que desborda dichos limites. En tales circunstancias, las palabras de Foucault cobran inusitada relevancia, al analizar como esta incerteza que se tiene frente a la locura demostrada en los pacientes, obliga a los especialistas a mermar dichas conductas consideradas irracionales desde su perspectiva; al respecto Schotzman nos aclara como funciona este no saber científico y como es encubierto bajo la capa de ciencia medica: “`para encuadrar sus actividades en el interior de un modelo médico llama <visita> al proceso; <diagnóstico> al juicio; <disposición> a la sentencia; <tratamiento> a la corrección. Si sus pacientes afirman que no están enfermos se trata de un desafío a sus juicios” En conclusión, son muchas las cosas que son necesarias revisar en la psiquiatría, desde la teoría misma hasta la práctica misma en un lugar determinado. Guattari, en su paso por Chile, visitó los psiquiátricos, de los cuales aparte de decir que no eran tan brillantes materialmente pero que si había voluntad de hacer cosas, sentencio: “Al examinar la agenda, comprobé que aparecía una seria de actividades interesantestalleres, terapias grupales- con los pacientes…de lunes a viernes. Sábado y domingo nada. Este es el servicio público: un trabajo de funcionarios, muchas veces mal pagado que se ciñe exclusivamente a horarios y actividades prefijadas” Finalizando, solo cabe agregar que sino cambia el modo de abordar a los pacientes, todo seguirá en las mismas condiciones. Solo si se considera el humano como humano en su integridad, tal vez, tengamos una minima señal esperanzadora de cambio. REFERENCIAS: Forti Laura, la otra locura; mapa antológico de la psiquiatría alternativa. Barcelona, 1982, Tusquets editores. Foucault Michel, el nacimiento de la clínica: una arqueología de la mirada médica. México,1997, siglo XX1 ed. Guattari Félix, el devenir de la subjetividad, Santiago de Chile, 1998, Dolmen editores. Jaspers Karl, esencia y critica de la psicoterapia, Buenos aires, 1959, Fabril editora.

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Algunas curiosas singularidades de la lengua y la literatura

por Freddy Torres O.

La lengua está viva, es multiforme y multicapa. A pesar de que algunos pretendan encorsetarla, la lengua evoluciona y se adapta a la realidad; incluso condicionando la propia realidad. Lo mismo sucede, por tanto, con la literatura. No hay diques para ella. Caudalosa y ingobernable, como debe ser, es capaz de adoptar la forma que más nos apetezca. Hay autores que no sólo han jugado con las palabras sino también con las letras, sobre todo en poseía. Como aquel extraño poema en latín del alemán Christianus Pierus titulado Christus crucifixus, cuyos mil versos estaban compuestos por palabras que empiezan por C (Currite, castalides. Christo comitante camanae...) Abracadabra es una palabra hebrea que incluye tres palabras: padre, hijo y espíritu santo. Escribir del prisionero consiste en escribir utilizando palabras sin letras con salientes superiores o inferiores (evitando letras tales como q, t o f) para utilizar el mínimo papel posible. También hay quien escribe utilizando sólo una vocal, o con palabras que empiezan siempre por la misma consonante (“Sábado. Siniestros sonidos surcaban sombríamente Salamanca. Sintiéndose solitario, Sergio, sentado sobre su suntuoso sofá, suspiró, sopló, salpicó saliva….”), o suprimiendo una letra determinada, o alternando rigurosamente vocales y consonantes, o haciendo que una determinada letra esté en todas las palabras del texto. Está la escritura pivote, dónde cada palabra empieza con la última letra de la anterior (“El león no obedece. Es sutil, lánguido, obsesivo…”). Está la escritura creciente, dónde cada palabra tiene una letra más que la anterior (“Y si tío fuma nunca tendrá dolores, espasmos terribles…”) ¿Amigos ustedes conocen idiomas como el Kaluli o el Kobon? Estos lenguajes son muy raros, están en peligro de extinción, y tienen la particularidad de que son capaces de transmitir paquetes de información. Uno de estos paquetes es el de contar, numerar con el cuerpo. En Papúa Nueva Guinea, que es donde los lingüistas han hecho el agosto con estos lenguajes, las palabras que denominan los números son los nombres de las partes del cuerpo. Este rollo macabeo podría ir soltándolo un hombre mientras acaricia la piel desnuda de una mujer que se halla tendida en una cama King Size con dosel. Iría palpando levemente, etéreamente, con una pluma de avestruz o de ángel, ya puestos, su meñique, que es la parte del cuerpo que es Kobon designa el número uno. “Y ahora voy a contarte toda entera, amor”, le susurraría el amante al oído de la amada. Qué bonito. Le rozaría el anular, el dos; luego el corazón, el tres; el índice, el cuatro; el pulgar, el cinco; la muñeca, el seis; el antebrazo, el siete; el interior del codo, el ocho; el bíceps, el nueve; el hombro, el diez. Y, para contar más, se debe emplear la clavícula y el hueco que hay sobre el manubrio del esternón, la incisura yugular. El campo de las paradojas semánticas lógicas también es amplísimo. Dicen en el libro Platón y un ornitorrinco entran en un bar que existen dos tipos de palabras: las que se refieren a sí mismas o autólogas, y las que no o heterólogas. Algunos ejemplos de autólogas son “Corto” que es corta en sí misma, “Polisílabo” que también lo es en sí misma, etc. “Monosilábico” es una palabra que tiene mucho más que una sola silaba, así que es heteróloga. La pregunta que plantean es: ¿la palabra “Heterólogo” es autóloga o heteróloga? Si fuera autóloga, entonces es heteróloga…y si fuera heteróloga, es autóloga. Los errores en la literatura, en la lengua, en la traducción también son necesarios. Cambian y enriquecen la imaginación. Provocan realidades espontáneas que difícilmente se habrían materializado siguiendo a rajatabla normas y valores. En el cuento de La Cenicienta de Perrault, el famoso zapato hubiera tenido que ser de “vaire” (un tipo de piel) y no de “verre” (cristal). Pero ¿a que queda mejor siendo de cristal? Asi es la lengua y la literatura. Tiene mil formas. Tiene mil aplicaciones. Y así deberá ser siempre, por mucho que los dictadores de la lengua y la estética se empeñen en cortarnos las alas.

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Una Frustrada Modernidad por Beatriz García Huidobro
Novela: Correcciones Elementales - Autor: César Valdebenito - Género: Narrativa, ficción - Páginas: 249 páginas - Editorial: Ediciones C&M La literatura de los años 70 generó una serie de textos en los que individuos racionalmente nihilistas daban un paso al lado en la nueva identidad que se construía en una sociedad ineludiblemente capitalista. Fueron textos construidos sobre la marcha de cambios sociales y económicos profundos, en un tiempo histórico polarizado que requería redefinirse. La novela de Valdebenito es una reconstrucción y reinterpretación de esa decepción posmoderna que fue anticipación de esta que, recogida en códigos y escenarios actuales, en una realidad socio-histórica mucho más rígida, mucho menos utópica, mantiene ese sabor amargo y al mismo tiempo neutro, de caminos que se difuminan metros más allá. No hay horizontes ni ilusión de bifurcaciones interesantes, no hay nada más que una sensualidad enajenante y una difusa sensación de pequeños logros que se desvalorizan y se desvanecen apenas se vislumbran. Esta es una novela de destellos en la que jóvenes van de un lugar a otro sin mayor interés por profundizar en las historias, los momentos o los sentidos de las experiencias. Viven esos momentos que se van solo porque el tiempo pasa y son sucedidos por otros distintos pero semejantes, ninguno de ellos capaz de remecer y torcer los destinos. Los jóvenes se relacionan con otras personas pero al estar tan intensamente sumidos en su individualismo, ven al otro como una fachada, perciben lo que el otro representa en cuanto a ellos mismos y no en cuanto a su propio yo en esta interacción. Transformados en modernos Sísifos que en lugar de arrastrar una piedra en ascenso, arrastran su propia humanidad de un punto a otro, esperando que algo los detenga y los libere de su propia y excesiva libertad. El escenario de esta novela es Concepción, ciudad que el autor transforma en una urbe como casi todas, con sus rincones y sus identidades, sus espacios cargados de simbolismos propios, esas definiciones que la gente hace de sus rincones finalmente idénticos. Sin embargo, esta ciudad está circunscrita a un paisaje poderoso, es la Concepción que todos conocemos, con el mar y el río, con la lluvia y el viento, con los elementos naturales a ratos haciéndose ver con más fuerza que las calles y los negocios. Ese determinismo de las fuerzas telúricas es un contraste muy interesante y que Valdebenito trabaja con aparente naturalidad y simplicidad pero que revela una intención planificada y potente. La novela no tiene una historia propiamente tal, se parece más a una secuencia de imágenes o a un zapping de escenas independientes unas de otras, aunque la inexistencia de un encadenamiento es justamente lo que logra generar la sensación final de esta no-historia que es esta falta de dirección de los jóvenes. Momentáneamente, algunos de los personajes se desvían y entran en la sociedad establecida, en trabajos regulares o en matrimonios y formación de familias. Entonces dejan de ser parte de los eslabones y ya no existen hasta que en algún momento se desarma su nueva estructura y regresan a la realidad desestructurada, realidad que no admite compromisos ni horizontes. Hombres y mujeres admiten tácitamente estas reglas e ingresan al juego del desgobierno de sus vidas y aunque a ratos sus potencialidades intentan remecerlos, así como algunas aspiraciones anteriores, presiones externas, lazos inevitables, ellos permanecen aferrados a esta tabla de náufragos que es la no-identidad como recurso ante excesivos estímulos externos y escasos impulsos interiores. Un acierto del escritor es el modo en que estas pequeñas historias se intercalan desaprensivamente en el texto, son brochazos que en su simplicidad y síntesis adquieren una enorme potencia de contraste. Esta es un novela que acaba remeciendo al lector al reconocer este retrato fiel de una época plagada de engañosos destellos, efímeros como fuegos de artificio, que devora a jóvenes que se bambolean creyendo que en algún chispazo encontrarán lo que solamente podría surgir de ellos mismos.

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Diario de Brooklyn de Hilario Barrero [Nota de José Garés Crespo]
DE GABRIEL MIRÓ A HILARIO BARRERO, PASANDO POR CERNUDA. Diario de Brooklyn es el tercer volumen que publica Hilario Barrero con este formato de diario. Los dos anteriores son, Las estaciones del día y De amores y temores. Diario de Brooklyn es un libro que, aunque formalmente está secuenciado como un diario en el que va anotando algunas observaciones y reflexiones sobre algunas de las cosas u hechos que le rozan, Barrero aprovecha, en ocasiones, de forma aparentemente aleatoria, cualquier detalle para, en un continuo flash-back, transformar el diario en un libro de memorias cuyo hilo conductor no son los días que durante su vida, desde la infancia hasta la madurez, recuerda haber vivido, sino los días que mientras escribe vive ahora y en Brooklyn, su actual residencia, confirmando lo que decía J.P. Lavall, “Escribir de otros es una forma, de las muchas que hay, de escribir sobre uno mismo”. De esta manera, Brooklyn aparece como un telón de fondo sobre el que los personajes, que son la mirada y los recuerdos de Hilario Barrero pasean. Podríamos decir pues, que Barrero, en un ejercicio de humildad casi franciscana, nos propone en el título del libro hablar de Brooklyn, cuando en realidad nos habla de sí mismo. Como los magos que procuran centrar la atención del espectador en alguna triquiñuela evidente, mientras realizan todos los cambios en el resto de su parafernalia para que de repente, ¡voilà¡, misteriosamente aparezca el objeto no anunciado, así Barrero nos anuncia un diario de una ciudad, cual gacetillero neoyorquino, y nos deja caer en un excelente texto cuyo personaje central es él mismo. En 1960, en su ensayo “Lingüística y poética”, se preguntaba Román Jakobson: “¿Qué es lo que hace que un mensaje verbal sea una obra de arte?”. Posteriormente, en 1971, Guillermo Díaz Plaza tratando de explicar qué es la prosa poética señalaba, “el mayor acontecimiento estético de nuestro tiempo es el de la creación de un lenguaje capaz de alcanzar los elementos propios del verso, la tensión y el ‘clima’ propios de la poesía” A partir de la pregunta de Jakobson y de la contestación de Díaz Plaja, aunque sigue en vigor el problema de definir teóricamente la prosa poética, al menos se nos abre un ángulo de lectura una perspectiva interesante para leer “Diario de Brooklyn” de Hilario Barrero y llegar a la conclusión de que nos encontramos delante de un texto escrito en “prosa” de un magnífico poeta. Sin duda, el ejercicio literario que realiza Barrero es sumamente delicado, como el del equilibrista que se desliza por un cable a 100 metros de altura, realizando el triple salto sin red al final del trayecto. Barrero, teniendo a un lado, no el verso, aunque una lectura dirigida puede incluso extraerse versos pautados, ...el teatro de sus gestos se encarceló de sombra / su cuerpo se quedó inmóvil como un árbol, / atravesado por una flecha venenosa / como un pájaro con las alas de seda, / un río con las orillas llenas de ortiga, / una hoguera de cieno. (“Diario de Brooklyn”, pag.41)

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pero sí la poesía, y al otro lado la prosa desnuda y cuidada, se desliza suavemente, inclinándose a un lado y a otro, sin tomar pié totalmente en ninguno de los dos. Lo cual demuestra un dominio de la palabra, su música y su ritmo verdaderamente encomiable y que inevitablemente nos orienta respecto a una de sus pretensiones, posible en quien tiene un largo camino de estudio y elaboración de textos poéticos y que podemos denominar, prosa poética, con todo lo inconcreta que esta denominación mantiene. En cualquier caso, eso sí, un espléndido libro, una obra de arte. Más acá de los ejercicios literarios de este tipo, que los modernistas de finales del XIX realizaron de prosa poética, siguiendo a los simbolistas y el impacto de Boudelaire con sus poemas en prosa donde dio ejemplo de “glorifier le cult des images, ma grand, mon unique, ma primitive passion”, el libro de Barrero está más cerca de las estampas de Gabriel Miró en su Libro de Sigüenza y su peculiar entonación poética, en palabras de Baquero Goyanes, y en otros numerosos casos, por la estructura, el simbolismo y el ritmo, de los sesenta y tres poemas en prosa de Ocnos de Cernuda, éstos escritos desde el exilio mexicano y en continuas referencias a su infancia y juventud en Sevilla y en Diario de Brooklyn, desde Nueva York en numerosos recuerdos y evocaciones del Toledo de los primeros 20 años de Barrero. No se trata de proponer al lector que al leer “Diario de Brooklyn” entre en una convención semióticoliteraria que fuerce la lectura del texto, pero sí explorar un proyecto textual que está implícito y que asoma en ocasiones, tal vez no el primigenio, ni quizá el más fundamental, pero si una perspectiva cierta, entre otras, que ofrece una comprensión decisiva para responder a la pregunta de quien habla o construye la polifonía que es todo texto con un alto componente poético, y sobre todo desde dónde. Aquí conviene recordar que, como dice U. Eco, el escritor realiza “un complejo trabajo de manipulación de la expresión, estimulando la capacidad interpretativa del destinatario”. Conforme vamos leyendo las anotaciones de cada día, en muchos casos pudiera dar la impresión que Barrero intenta mantener una actitud aparentemente de observador imparcial, de fotógrafo stendheliano que va anotando cuanto sucede a su alrededor, como si quisiera darnos a conocer su actual ciudad sin más, comprimiendo el sentimiento y manifestándolo únicamente cuando nos habla de una tercera persona o acontecimiento en lo que aparece como un inocente deslizamiento de un espejo, e intercalando tímidamente alguna apreciación personal. Pero como demuestra el psiconeurólogo, profesor en Harvard, Pascual Leone “El cerebro solo ve lo que busca” lo cual ciertamente nos lleva a hacer una pirueta intelectual y darle la vuelta, como a un calcetín, transformando el axioma escolástico de ver para creer por al parecer más riguroso de creer para ver. De tal modo que el lector atento observa como “Diario de Brooklyn” con frecuencia, rompe la aparente objetivación del texto que traiciona la pretensión del autor, si es que tal hubiese sido su intención. Y así, mediante este recurso, consciente o no, da igual, Barrero nos cuenta de sí mismo sus sensaciones, los sentimientos y los recuerdos que lo que observa le provoca y que considera debemos saber. Conviene tener en cuenta que todo recuerdo, en tanto que recuerdo, lo es desde el hoy que el autor vive y relata, de manera que si todos somos producto de nuestra historia inevitablemente, ésta se recuerda contextualizada y en interacción con el hoy desde el que la recordamos siempre. De aquí que probablemente dentro de un año el mismo recuerdo tendría un perfil distinto a cómo lo recordamos hoy y por consiguiente produciría un texto asimismo diferente.

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En el caso de “Diario de Brooklyn”, lo que importa no es desde dónde ni con qué técnica Hilario Barrero nos está contando su vida, sino cómo. Tengo la impresión de que es ahí donde reside la importancia de Diario de Brooklyn. Desde una deriva sociológica, aspecto no pretendido, al parecer, Barrero podría contarnos aproximadamente lo mismo viviendo en París, Roma, Madrid o Buenos Aires, ya que seguro en cualquiera de estas ciudades encontraría los mismos elementos objetivos que le provocan los estados de ánimo que, en última instancia, es el objeto del libro. En este sentido y como una lección marginal, pero no baladí que nos ofrece el libro, es que nos permite hacer una lectura atendiendo a los efectos de la globalización considerando lo mucho que se parecen los ciudadanos de estas ciudades nombradas u otras que se nos puede ocurrir. Unos comportamientos, los de los habitantes de estas metrópolis, que hace escasamente 40 años no serían tan parecidos ni previsibles. La aldea global se evidencia en su marcha inexorable. Pudiera parecer, pues, habida cuenta de que el único sujeto claramente definido y evidente del texto es el autor, que estamos delante de una obra eminentemente lírica, pero no es así. Hilario Barrero, comedido, entrañable e intimista pero de una intensa humanidad, desparrama su calidez por su vecindario, compañeros de trabajo, transeúntes...por dondequiera que arrastra su humanidad. Barrero que es un cuidadoso y exigente melómano, amante y buen conocedor de la ópera, continuamente nos cuenta sus asiduas asistencias a las mejores audiciones que se ofrecen en el Metropolitan Opera House. Cuando pasea por las calles de Brooklyn y observa las gentes que van y vienen, por la calle, en el metro, que vuelven cansados del trabajo o se lanzan, aún medio dormidos, al fragor de la vida diaria, se diría que preside su mirada un sentimiento agridulce de amor y tristeza, como si estuviera observando grandes coros que actúan según la partitura y el libreto de una ópera. Generalmente más cerca del Coro de los esclavos de Verdi que del coro de los peregrinos de Wagner. Un intenso y diluido sentimiento que preside la palabra de este excelente escritor y poeta que es Hilario Barrero y que forma parte del clima que nos posee desde la primera anotación en el primer día, Domingo, uno de Enero de 2006. Diario de Brooklyn es un texto que exige varias lecturas, una primera que te engancha y te lleva, día a día, hasta el final, como si de un libro de aventuras fuera, y otra que reclama la reflexión necesaria para descubrir la vida, obras y milagros de un maestro de la palabra y del verso y solazarnos en el gozo y el placer. J. Garés Crespo Más información de José Garés Crespo en: http://garescrespo.blogspot.com/

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COMENTARIO / Cuando pase el temblor...

por Amanda Espejo

La madrugada del día 27 de Febrero del año 2010, quedará grabada para siempre en la memoria de quienes habitamos gran parte de esta larga faja de tierra. A las 3:34 Hrs. de aquél sábado, casi tres cuartas partes de nuestro país se convulsionaron en mayor o menor grado, sembrando la destrucción y causando el pánico en la totalidad de sus habitantes. El violento sismo que llegó a tener 8,8 grados en el epicentro, estremeció íntegramente no sólo la corporalidad de nuestros compatriotas , sino, hasta lo más profundo de sus conciencias. Y es que la catástrofe producida por el terremoto – calificado como el quinto más violento a nivel mundial – vivió , a los pocos minutos su contraparte en el mar, sumándose a la desgracia en tierra, intensos tsunamis a lo largo del borde costero. Para todos los que vivimos la experiencia, en alguna parte de los eternos minutos en que sentimos que el cielo y la tierra entera se desmoronaría sobre nosotros, resultó, hay que admitirlo, imposible sustraerse al recuerdo de las viejas profecías en cuanto a “ el fin de los tiempos”. Más aún, para los que conservan viva en la retina imágenes de la reciente película 2012 que, como toda creación efectista, caló hondo en las sensibilidades de espectadores de toda edad. Claro que esta vez, no hubieron efectos especiales. La cruda realidad desplegada con la simpleza que identifica las expresiones inevitables, superó la aplaudida ficción por el sólo hecho de ser eso: realidad. El asombro, el miedo y hasta terror que se apoderó de todos los actores reales en esta situación, no necesitó más de dos minutos y fracción para rebajar a todo ser humano al estado primitivo de indefensión que tuvieron los primeros habitantes de este planeta. Nada, nada se pudo hacer contra la fuerza viva de la naturaleza en constante evolución, y no hubo tecnología top, o aparato complejo de última generación que pudiera hacer frente a aquello o, tan siquiera ponernos a salvo. Toda la tecnología computacional y comunicacional al mismo tiempo, nada pueden hacer sin una base de energía encauzada por el hombre. Sin embargo, a modo de bofetada en el rostro, la energía viva, en estado “salvaje”, nos vapuleó hasta los cimientos con un simple corcoveo en vías de un acomodo del planeta. Resulta aconsejable y hasta de primera necesidad el detenerse a pensar en ello....y también en la soberbia solapada que solemos portar cada uno de nosotros a medida que avanzamos en poder material y en niveles de conocimiento. Es indudable que hay etapas del saber que nos saltamos o ni siquiera las presentimos, sobre todo, con respecto a la sabiduría principal de conocernos a nosotros mismos y el tipo de relación que deberíamos mantener con nuestro entorno.

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Durante las horas que siguieron al desastre, hemos podido ser testigos de la degeneración del ser humano frente a situaciones límites. Sin duda, hoy como nunca, vuelve a recobrar vigencia la frase del pensador Thomas Hobbes, Homo homini lupus, “El hombre es un lobo para el hombre”. Y esta vez, para vergüenza nuestra, no es en algún país africano, asiático o una isla lejana inmersa en la miseria: esta vez es en el nuestro: nuestro orgulloso Chile, punto de encuentro obligado de recitales internacionales, festivales y eventos faranduleros y de divertimiento. Es el mismo Chile admirado por su avance y estabilidad económica que salió en menos que canta un gallo de la crisis económica que afectó mundialmente a la humanidad el año pasado. Un Chile (mi Chile) ad portas del desarrollo, sin niveles de desnutrición y sin analfabetismo, con una construcción sólida y asísmica que, sin embargo, dejó ver “la hilacha” en varios edificios, puentes y hasta hospitales recientemente construidos. El Chile cuyos habitantes se pueden dar el lujo de veranear casi sin excepciones, de celebrar cada navidad o fiesta principal comprando hasta lo innecesario y en donde hasta en los lugares de menos recursos no falta la “chela” (cerveza) ni el asadito para el partido clasificatorio ni para pasar el fin de semana en compartimiento con la vecindad. Es a esa misma vecindad, la que ahora el movimiento de tierra desparramó por el mapa y apartó también de las consideraciones. El abuso, el saqueo sin razones ni miramientos, hizo presa de una parte de “nuestros vecinos”, quienes se consideraron en primer lugar en cuanto al cumplimiento de sus necesidades básicas. Es muy fácil y básico razonar así: YO tengo hambre, YO tengo sed, miedo, angustia o lo que sea, pero ninguno de esos saqueadores estaba sin un techo sobre sus cabezas, las partes de su cuerpo están completas y su raciocinio tan en buen estado - o limitado, según se mire – como para urdir estrategias para su beneficio. ¡Qué vergüenza produce observar aquello! ¡Qué dolor del ser humano por el ser humano mismo!, por el deterioro que se puede llegar a manifestar en nuestra especie en presencia de una situación límite. Y qué remezón a nuestras conciencias entumecidas por los logros varios del día a día. A pesar de tantos siglos de evolución de la especie sobre el planeta, nuestro interior no ha evolucionado lo suficiente, y tal vez nunca lo haga, en el sentido de que lo arcaico siempre puede permanecer en nuestro interior por mucho que lo maquille la modernidad. Sin embargo, no podemos olvidar que somos seres pensantes, con capacidad de comprensión, capaces de autoanalizarnos en descarnado y sin miedo para que, producto de tal examen, podamos conocer bien nuestras debilidades y fortalezas y así, sepamos mantener a raya nuestro impulsos primitivos tal como corresponde a personas civilizadas, seres realmente evolucionados que no deseamos en ningún modo volver a la época de las cavernas. Afortunadamente y como el opuesto necesario para lo anteriormente descrito, así lo han entendido gran cantidad de jóvenes y personas de toda edad que, lenta pero ciertamente, comienzan a organizarse para ir en ayuda del semejante que realmente sufre, ese, al que nunca deberíamos desconocer puesto que es, ni más ni menos, uno más de nuestros propios reflejos multiplicados infinitamente en cada uno de los átomos de vida que conforman esta esfera rebosante de maravillas, riquezas y estallidos llamada Tierra. Habrá, cuando pase el temblor, que sentarse a reflexionar sobre el sentido que le deseamos dar a nuestra discontinua existencia para que, otra vez enfrentados a el derroche de vida ( La verdadera fiesta, a decir de Georges Bataille) expresado por las fuerzas vivas de nuestro planeta -sepamos reaccionar e interactuar dignamente en ella. Amanda Espejo Quilicura, 2- marzo - 2010

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PRESENTACIÓN DE LOS PÁJAROS NEGROS por Arturo Ruiz
El viernes pasado lancé mi novela LOS PÁJAROS NEGROS en el pub la tecla, sé que muchos de ustedes no pudieron asistir por encontrarse en otras ciudades, países lejanos, o afectados por el reciente temblor. El siguiente es el discurso con el que presenté mi libro y agradecí a Yoyi Koda y a RIL Editores por su apoyo. El libro estará disponible en las próximas semanas en las librerías y en la página de la editorial. A todos ustedes, especialmente a los que no pudieron asistir y me siguen en este blog o en LADO B, les agradezco de corazón y espero que exista alguna oportunidad de conocernos. EL LIBRO YA ESTÁ DISPONIBLE EN LA TIENDA VIRTUAL DE RIL EDITORES Y EN POCOS DÍAS EN LAS MEJORES LIBRERÍAS ¿Por qué lanzas una novela de terror? Acaba de temblar fuerte, la gente ya está los suficientemente asustada ¿Cuál es el afán de todos los autores en centrarse en cuestiones negativas, en el dolor, en el miedo, en las perversiones sexuales –todo esto está en LOS PÁJAROS NEGROS –y en general en todo aquello que es perturbador y duro? ¿Por qué no escribes de cosas más edificantes? ¿Por qué precisamente los autores más grandes desde el mismísimo Homero Simpson en adelante –el autor de la Ilíada –pasando Sófocles hasta llegar a Kawabata, Kundera, Yoshimoto y este humilde aspirante a la inmortalidad sin esperanzas, pero porfiado, tienen que centrarse en cuestiones horribles ya sea desde el punto de vista emocional, esotérico, físico o moral? ¿No tiene ya la vida suficiente de todas esas cosas? Cualquier sufrimiento es demasiado. Los creyentes piensan que cualquier dolor es en realidad una prueba que les envía su dios de misteriosos designios, y tal vez hasta tengan razón, sin embargo, un dios de designios tan misteriosos y que es tan cruel con las personas como yo lo soy con mis personajes es un dios del que quiero permanecer alejado y que espero que sea el resultado de alguna elucubración mosaica de la edad del bronce… pero, si es así, entonces de nuevo ¿cuál es el afán de plasmar visiones horrorosas en el papel y entregarlas al público para que las lea y, sobre todo, cuál es el afán del público por leerlas? La gran diferencia entre el arte y la vida está en el sentido. Mi maestro Nietzsche dijo que el hombre lo soportaba todo, a excepción de la falta de sentido. El sufrimiento en la vida no lo tiene. Los budistas dicen que el sufrimiento se justifica en leyes de causa y efecto que se llaman karma, pero sólo el Buda puede conocer el contenido de los karmas, en este punto entonces, la ley del karma se vuelve tan insondable como la Moira griega, el destino que hizo que el inocente y buen Edipo, matara a su padre, se casara con su madre y le diera nombre a un complejo… por eso nuestros ancestros en la edad del bronce le inventaron un sentido que lamentablemente se probó que era falso: no eran ni Vulcano ni Yavéh quienes enviaba los terremotos a los hombres. El terremoto no es más que el resultado de la colisión de placas tectónicas inconscientes, sin embargo, que algo no tenga un sentido no necesariamente significa que uno tenga perderse en un abismo absurdo y nihilista de desesperación.

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Que algo no tenga sentido, abre la oportunidad para que, el intelecto que se ha liberado, dote del sentido que le plazca a los hechos, sin atribuirles una voluntad, antes bien subordinándolos a un orden impuesto por uno mismo, o por otro autor de otro orden horroroso y dramático y de esta forma, responderle a la vida: “¡mira tú, vida sin sentido, mira como yo te someto a mi voluntad y, no bastándome con el dolor que ya me impones, he adoptado dolores de fantasía con los que he creado bellos cuadros en mi mente y me he regocijado! ¡Mira cómo puedo ser más grande que tú y que tu hermana la muerte, que todo lo reduce a la nada!” Sakiamuni el Buda, enseñó que existe un estado supremo de la mente llamado el nirvana. En este estado el iluminado puede contemplar el mundo y ver que todas las cosas son puras. Yo he tenido esa experiencia, y todos la hemos tenido, pero no hemos tomado en consideración el momento de tales experiencias ¿quién aquí no se ha emocionado y conmocionado viendo un cuadro tan terrible como “El Grito” de Munch? ¿Quién ha sido capaz de contemplar la belleza de una tragedia griega sin gozarla? O para ser más contemporáneos ¿quién aquí no se ha emocionado viendo como “Darth Vader”, el villano absoluto por exelencia, era el padre de Luke Skywalker, el héroe absoluto del siglo veinte? ¿No es el arte entonces una forma de nirvana, una forma en que la mente alcanza la liberación? Los griegos, para variar, le pusieron el nombre de un dios a esa capacidad de transformar lo feo en bello… a este dios le llamaron Dionisio, que era el dios del éxtasis, de la embriaguez, de los poetas y de la tragedia. Este es un dios en el que no me molesta creer: es un dios que sabe bailar y que es capaz de reírse de la desgracia y que entrega a los hombres el vino de la embriaguez y la tragedia redentora del éxtasis y esta es una redención que he conocido en vida y conocí cuando creé LOS PÁJAROS NEGROS… Pero todo eso ahora no vale nada… porque en este momento ya no soy un tipo encerrado frente a una pantalla, ni alguien que está en su volada… ahora soy un autor que acaba de editar su libro y que tiene que ser capaz de lograr que sean ustedes quienes tengan esta experiencia de iluminación a través del terror, o para ser más realistas, que se entretengan un rato y que me digan a mí o a sus amigos “¡me entretuve harto con LOS PÁJAROS NEGROS, es un libro re interesante, te lo recomiendo! MUCHAS GRACIAS!

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VEGA O EL PULSO DE LA SERPIENTE
POR TERESA ITURRIAGA OSA … La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que hiciera Yaveh Dios. Y dijo a la mujer: << ¿Es cierto que os ha dicho Dios: No comáis de todos los árboles del jardín? >>. (Génesis, 3) Si se me pregunta por la presencia de la mujer en la obra pictórica de José Luis Vega (Las Palmas de Gran Canaria, 1937), diré que es innegable. Podría decirse que en él, todo lo importante tiene nombre de mujer. Con ojo cómplice escudriño sus cuadros y reconozco al artista en su estudio como un arqueólogo voraz y apasionado. Moldea el paisaje –sin dañarlo- para encontrar los tesoros del mundo secreto femenino. En efecto, nadie podrá pasar por alto su pertinaz búsqueda de la línea curva que, a modo de metáfora, realza la representación de la mujer como el más bello paisaje transitado. Ese modo de avanzar suavemente por el lienzo contribuye a elevar la sexualidad y la fertilidad, que se hacen símbolo de libertad en su latido artístico. La interpretación que hace José Luis Vega de un mundo femenino sin fracturas pone en cuestión los códigos a los que, con frecuencia, ha querido acostumbrarnos la mirada masculina. Bajo ese prisma, la pintura de Vega se nutre de la fluidez del mar, de la fuerza de un remolino de aguas que convergen en ombligo hacia el centro del mundo. Parece que una serpiente de sangre y fuego guía su pulso cuando intenta descifrar el enigma del origen. Dentro del hechizo de sus líneas, construye las paredes de una voz que nos llega desde el cuadro y nos hace preguntarnos qué sentido tiene todo esto, por qué estamos aquí. No podemos escapar del juego de preguntas que retumban en nosotros como un eco. Y no hay respuestas en esta dimensión. Pero la obsesión que a muchos les lleva a la locura, al comprobar que no existe en su destino ningún plan determinado, a otros, como a Vega, les conduce a la genialidad, a la carcajada como certeza, una ironía vital ante la desesperación de saber que la razón nunca llega hasta el final. El artista sabe muy bien que, a través del intelecto, no podremos ver lo que ocurre al otro lado del espejo. A menudo, sus obras son polémicas, eróticas, sexuales, Vega no evita las pulsiones directas. Rompe los tabúes y las convenciones sobre el cuerpo. Sin embargo, una de las características más destacadas de su obra es que la mirada sobre sus desnudos jamás contiene una carga de violencia de género. Un erotismo más allá de lo previsto nos invade. Quizá esa invitación al juego de la sensualidad podría ser fruto de su búsqueda de la curva, simbólicamente amable con la vida. El artista no utiliza el cuerpo de la mujer como consuelo o reclamo, sino como camino hacia las puertas del misterio. Su trazo, al ritmo de las mareas, es como un rito de aproximación a lo sagrado, nos recuerda que la mujer no es un objeto de usar y tirar. Sus líneas reptan como serpientes, como denuncia a la interpretación de la caída, a la leyenda negra que recae sobre la mujer, responsable de la pérdida del ser, de la divinidad esencial del primer hombre.

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Así, rebelde hasta el extremo con la manipulación de los sistemas filosóficos, religiosos y políticos, Vega denuncia la gran mentira que encierra el mito edénico de la manzana mordida, exigencia, grito y lamento de su ser natural por recuperar el paraíso antes de ser prohibido por los sacerdotes del lugar, jerarquía de editores de los libros del engaño. En ese sentido, podría afirmar que Vega desarrolla un ejercicio que va más allá de lo convencional, guiado por el elevado impulso de rescatar la naturaleza propia del ser humano. Palpita en él una mística de los sentidos, entendidos como puertas de entrada al jardín del “árbol de vida, que está plantado en las mesmas aguas vivas de la vida”, como diría Santa Teresa. Por consiguiente, en la pintura de Vega, no encontraremos un elogio al gobierno de la recta conducta, al dedo inquisidor que marca el pecado, al canon de las sagradas advertencias, a la moral del orden que, como manda la tradición, está dictada por Dios. La obra de Vega es un viaje cromático a través del agua, la tierra, el fuego, el aire, el éter. Del mismo modo que la materia va diseñándose en espiral, el microcosmos y el macrocosmos coinciden en la pintura de Vega. Su mano nos lleva al no-lugar, a una utopía que parte del paisaje de su infancia, la geología volcánica que, como él dice, “forma parte de la identidad de todos los artistas canarios”. Lugares que están grabados en la memoria, en el corazón. En su pintura, la presencia constante de estratos superpuestos en formas concéntricas nos permite adivinar el movimiento de la energía telúrica que no se somete a control. Sus líneas sinuosas nos llevan a la libertad, contrariamente a lo que nos sugiere el trazo recto y uniforme, una educada domesticación de la mente. Curvas, ondas, olas, nos hablan en un lenguaje críptico sobre la fuerza de los agentes meteorológicos y su erosión. De manera que si seguimos con atención las rayas de un cuadro de Vega, buscando con paciencia quiromántica las huellas de su sentido, inscritas en las manos y en el rostro de la obra, descubriremos los indicios de la voluntad natural. Vega es un observador de la madre naturaleza –y, por ende, del cuerpo-, un filósofo que añora la unidad perdida entre el cielo y la tierra. Esa reflexión se revela en las formaciones y deformaciones geológicas que tanto aparecen en su pintura. De ahí surge la cueva -siempre presente en su obra y personalidad-, que podría relacionarse con un vientre donde se gestan las grandezas y, a la vez, las enfermedades congénitas de la raza humana. Esa predilección de Vega por las hendiduras de la tierra, las cavernas, los acantilados, los barrancos, las rocas, los hervideros, el volcán fuera de control… es algo que le obsesiona como características inherentes al comportamiento de nuestra especie. De ahí, por ejemplo, “Deformaciones geopolíticas”, “¿Neo-fascismo?” o “¿Hasta cuándo?”. Hay también en ese pulso de la mano de Vega hacia las formas circulares como una presencia femenina que sostiene su lucha por la justicia social. Justicia: nombre propio de mujer. Cierto, en toda su trayectoria vital, su producción artística no se evade en ningún momento del contexto social e histórico que le ha tocado vivir. Vega pinta desde ese compromiso, dejando su impronta en los materiales como un hijo de la tierra, obrero y artesano de lo sencillo. Pretende exponer una crítica que inicie ciertas transformaciones en la sociedad. Toda su obra persigue ese punto de despertar. Recordemos, por ejemplo, “Muerte en el océano”, referencia al drama que vive la inmigración para alcanzar nuestras costas en pateras. Y es, precisamente, su mirada compasiva con los elementos de desecho del sistema, la que en él se disfraza de mordaz ironía. Mirada, compasión e ironía, tres sustantivos de género femenino que estarán siempre presentes en su lienzo y en su agenda. Porque su pintura no persigue un ornato feliz, la estética per se no le interesa. Él busca respuestas al caos general que nos domina y las ondas del espejo -en el lago sobre el que dibuja- nos remiten al misterio. Hay en Vega una aceptación de la evidencia: una gran fuerza creadora condensa y expande el universo. El cíclico movimiento de lo intangible escondido en lo tangible. En definitiva, hay una conciencia del paisaje natural y del ser humano como parte de cambio, inmerso en el continuo devenir. Más información en: http://www.vegap.es/ES

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LA POESIA INGLESA DE TRINCHERAS
Los conflictos bélicos, la guerras y las revoluciones, desde tiempos remotos han inspirado la creación de versos ensalzando la valentía, el patriotismo, el honor a través de relatos de proezas guerreras individuales o colectivas. De ahí la poesía épica con una amplia producción y la de guerra o bélica. Sin embargo durante la Primera Guerra Mundial, en los parapetos llenos de barro y de mortandad, surgió una nueva variedad poética: la poesía de trincheras, por parte de poetas-soldados anglosajones, principalmente ingleses. Estas nuevas obras esta vez no buscaron enaltecer valores patrios tradicionales sino que se presentó, por el contrario, como una violenta y clara denuncia de los horrores y la futilidad de la guerra. Wilfred Owen Wilfred Owen es uno de los más famosos poetas de guerra inglés. Nació el 18 de marzo de 1893, en 1915 ingresó al ejército y fue destinado al frente en Francia. Allí experimentó en carne propia los espantos de esa carnicería organizada. Como consecuencia de traumas sufridos en combate es enviado a un hospital donde conoció a Siegfried Sassoon, otro vate en uniforme, quién lo animó en su trabajo. Es durante este período que Owen escribió sus mejores poemas: “Himno a la Juventud Condenada”, “Dulce et Decorum Est” y “La parábola del viejo y el joven”. Su poesía se caracteriza por su cólera hacia la guerra, la crueldad y el desperdicio de vidas durante el conflicto bélico. Como él mismo señaló: “Mi tema es la Guerra, la Compasión de la Guerra”. Sus crudas líneas ilustran los sufrimientos, el ambiente y la relación del cuerpo humano con ese paisaje desgarrado por las bombas y regado de sangre inútilmente derramada. Utiliza un lenguaje directo, propio de una denuncia franca y sin tapujos. Estilo que fue criticado por algunos personajes ilustre de las letras anglosajonas como E. W. Yates quién sostenía que la poesía, en cualquier circunstancia debía ser metafórica. Owen regresó al frente en Noviembre de 1918 y cayó en combate una semana antes de que la guerra finalizara. “Himno a juventud la juventud condenada”, es sin duda el más conocido y popular poema escrito por Wilfred Owen. En el incorpora el tópico del horror de la guerra. En un lamento por los jóvenes soldados que perdieron innecesariamente sus vidas durante sangrientos combates que le tocó presenciar y sufrir personalmente durante este conflicto. Este soneto fue escrito entre septiembre y octubre de 1917 cuando Owen se encontraba en un hospital recuperándose de un shock nervioso. En su estadía en ese sanatorio conoció a Siegfried Sassoon a quién solicitó consejo para la escritura final de este poema.

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ANTHEM FOR DOOMED YOUTH What passing-bells for these who die as cattle? Only the monstrous anger of the guns. Only the stuttering rifles' rapid rattle Can patter out their hasty orisons. No mockeries now for them; no prayers nor bells; Nor any voice of mourning save the choirs, – The shrill, demented choirs of wailing shells; And bugles calling for them from sad shires. What candles may be held to speed them all? Not in the hands of boys but in their eyes Shall shine the holy glimmers of goodbyes. The pallor of girls' brows shall be their pall; Their flowers the tenderness of patient minds, And each slow dusk a drawing-down of blinds. HIMNO A LA JUVENTUD CONDENADA ¿Doblarán las campanas por aquellos que mueren como ganado? Sólo la rabia monstruosa de los cañones el rápido tartamudeo de los fusiles pueden rezarles una breve plegaria. Para ellos, no más ceremonias, oraciones ni campanas ni voces de luto o salvas en coros, Sólo el agudo, rabioso gemido de coros de obuses y clarines llamándolos desde dolientes condados. ¿Qué candelabros pueden encenderse para ellos? No en sus manos de niños sino en sus ojos brillará la sagrada luz de los adioses. La pálida mirada de las muchachas serán sus mortajas; Sus ofrendas, la ternura de dolidos recuerdos y cada lento atardecer se inclinará ante sus memorias. (versión de J.C.G.A) Siegfried Sassoon Escritor y poeta inglés nacido en 1886. Desde antes del inicio de la guerra manifestó públicamente su oposición lo que no le impidió participar en ella llegando a ser condecorado por su valentía. En el frente de batalla, Sassoon rápidamente se confrontó con las realidades de la guerra, lo que marcó un giro en su escritura. De la dulzura diletante de sus inicios, sus versos se tornaron cada vez más discordantes transmitiendo las aterradoras verdades de las trincheras hacia un público cortejado por la propaganda patriótica.

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Detalles como la muerte inútil, los cuerpos en descomposición, los miembros destrozados, la suciedad, la cobardía y el suicidio caracterizan su trabajo de ese período. Su poesía se tornó satírica, punzante y crítica en contra la guerra. Denunció abiertamente a las autoridades militares y políticas quienes, según su opinión, prolongaban inútilmente las hostilidades. A su juicio, la guerra de defensa se había transformado en guerra de conquista. Una vez finalizada la beligerancia publicó los trabajos de Owen y otros poetas de trincheras. Más tarde, fue aclamado por su obra en prosa, sobre todo por tres volúmenes de su autobiografía novelada, conocidos colectivamente como la "Trilogía de Sherston". “Suicidio en la Trincheras” es su poema más conocido. Sassoon allí expresa su sentir sobre la guerra, que no es sólo cruel, sino que es sobretodo, un infierno que conduce al hombre al suicidio. Critica las muchedumbres inconcientes que piensan que es un juego divertido y que creen que no se muere. Pero hombres caen en los frentes de batalla y luego los cubre el polvo del olvido. Suicide In The Trenches I knew a simple soldier boy Who grinned at life in empty joy, Slept soundly through the lonesome dark, And whistled early with the lark. In winter trenches, cowed and glum, With crumps and lice and lack of rum, He put a bullet through his brain. No one spoke of him again. You smug-faced crowds with kindling eye Who cheer when soldier lads march by, Sneak home and pray you'll never know The hell where youth and laughter go. UN SUICIDIO EN LAS TRINCHERAS (versión de J.C.G.A) Conocí a un simple niño soldado que sonreía a la vida pleno de agrado, dormía profundamente en solitaria oscuridad y superaba alegre su ansiedad. En heladas trincheras, miserables y horrorosas, con piojos, escasos de ron, ruinosas, se disparó una bala en la sien y nadie mas habló de él. Ustedes, complaciente multitud de ingenua mirada que aclaman a los soldados en la parada, guarden hogar y rueguen para que nunca sepan el infierno donde la juventud y las risas van.

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Sin embargo uno de los poemas más conocidos en el mundo anglosajón es “En los campos de Flandes”. Este memorable poema de trincheras lo escribió el Doctor John McCrae (1872-1918), Teniente Coronel del Ejército canadiense. Es el legado de la terrible y sangrienta batalla de Ypres acaecida en la primavera de 1915. Con el transcurso del tiempo, esta poesía se convirtió en el emblema de los caídos. Durante las ceremonias de conmemoración del Armisticio (Remembrance Day), las ofrendas de amapolas simbolizan y homenajean a los caídos en todas las guerras. In Flanders Fields In Flanders Fields the poppies blow Between the crosses row on row, That mark our place; and in the sky The larks, still bravely singing, fly Scarce heard amid the guns below. We are the Dead. Short days ago We lived, felt dawn, saw sunset glow, Loved and were loved, and now we lie In Flanders fields. Take up our quarrel with the foe: To you from failing hands we throw The torch; be yours to hold it high. If ye break faith with us who die We shall not sleep, though poppies grow In Flanders fields.

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EN LOS CAMPOS DE FLANDES En los campos de Flandes las amapolas se mecen entre interminables filas de cruces, marcan nuestro lugar; y en el cielo las alondras todavía vuelan y cantan sobre el ruido de los cañones. Somos la Muerte, hasta ayer vivíamos, contemplábamos alba y ocaso, amamos y fuimos amados, y ahora yacemos en los campos de Flandes. Rescaten nuestro lema con fe, tomen en sus manos la antorcha levántela y háganla suya. Si pierden la confianza, los que morimos nunca descansaremos en paz, aunque las amapolas crezcan en los campos de Flandes. (versión de J.C.G.A)

El legado En el Reino Unido existen varias asociaciones que rememoran la vida y el trabajo de aquellos poetas que cayeron en la guerra, como fue el caso de Wilfred Owen, Leslie Coulson, W.N. Hodgson, T. M. Kettle, Francis Ledwidge, E. A. Mackintosh, Alan Seeger y muchos otros. Regularmente organizan concursos y se editan libros acerca de sus poesías. Así mismo prestigiosas universidades británicas imparten cátedras que permiten mantener vigente el legado de estos escritores entre la juventud. Al mismo tiempo se rescatan y se dan a conocer otras creaciones de pasados conflictos, como aquellas de la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Vietnam, algunas revoluciones, etc. Por otro lado, los actuales conflictos en Irak y Afganistán y la fuerte oposición a ellos, han puesto en actualidad este particular género literario. Numerosos combatientes y también civiles han dado a luz pública numerosos testimonios poéticos acerca de sus experiencias en los frentes de batallas del siglo XXI. Juan Carlos García Araya Londres, 1 de Marzo de 2010.

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TRAICIONES DE LA MEMORIA: ¿EL ARTE DE ESCRIBIR SE OLVIDA?
Juan Carlos Gómez - Bogotá, D.C. -Colombia. Se trata de una respetable edición de Alfaguara. 265 páginas de letras grandes, bien espaciadas, con unas 60 fotografías. En conjunto, 265 páginas que sin recurrir al hacinamiento cabrían en otras económicas 80 o 100. Esta edición, bajo el nombre Traiciones de la memoria, reúne tres textos no inéditos de Héctor Abad Faciolince. En su prólogo, el escritor colombiano arguye que se trata de “relatos autobiográficos”, dirigidos por “la paciente reconstrucción por indicios de un pasado que ya no se recuerda bien, o el asombro ante un futuro que quizá ya no seremos nunca”. Pero al final de cualquier análisis poco profundo, resulta evidente que casi cualquier relato es autobiográfico, en menor o mayor medida, y que esa clasificación es vaga y corta. En ese sentido, el reverso del libro se anticipa al escritor: “un híbrido de cuento, ensayo y autobiografía”. Aunque también podría agregarse algo de crónica, especialmente en lo relativo al primer texto, Un poema en el bolsillo, que hace un repaso cronológico a través de los hechos que llevaron al escritor a determinar que el poema al que pertenece el verso “Ya somos el olvido que seremos” es, efectivamente, de Jorge Luis Borges. Ese primer texto, el mayor de los tres, incluye un detallado registro fotográfico de los sucesos narrados. El relato empieza en Alemania durante un exilio, pasa por Finlandia, recibe ayuda de Colombia y Estados Unidos, se concluye en Argentina, se confirma en Francia y termina en el libro. Así que, como cuento policiaco, es un aburrimiento; como autobiografía, de un alto valor sentimental y escaso literario; como crítica a Alvarado Tenorio, una exageración (habría bastado una columna en El Espectador); y como crónica interesante hasta llegar a la Argentina, en adelante tediosa. La crónica no tiene por qué ser agotadora. Ni una corta como Crónica de una muerte anunciada, ni una extensa como A sangre fría (Nota aparte: mi edición de A sangre fría consta de 362 páginas, pero es al menos 15 veces más extensa que Traiciones de la memoria). Abad Faciolince no es un buen cronista, o por lo menos Un poema en el bolsillo no es una buena crónica. Le falta seducción, esa atracción que mantiene al lector unido a las letras, siempre a la expectativa, tan presente en las obras de Hemingway, y a la que Alfred Hicthcok, maestro indiscutible del suspense, llamó alguna vez por su nombre más preciso: aprehensión. Un poema en el bolsillo no la tiene. A la mitad ya se sabe que el poema es de Borges, y lo que resta es sólo el paseo de Faciolince por París, acompañado de “Santi” (Santiago Gamboa), y la venganza a Alvarado Tenorio, que, siendo sincero, no a muchos puede importarle. El siguiente texto no es mejor. Un camino equivocado tiene alma de cuento, cuerpo de autobiografía y gabán de fruslería de piel de camello. Narra las peripecias del escritor en Italia, adonde ha huido del sicariato con su esposa e hija, y sus deformes divagaciones en torno de la dificultad de ser colombiano en un país donde los colombianos no pasan de ser cacos. Al final, el escritor tendrá que aprovechar su aspecto caucásico para hacerse pasar por Ibérico, única forma como puede conseguir trabajo como profesor de español, primero con particulares y luego con una universidad. En derredor de este relato habitan consideraciones interesantes, como la sensación de miseria que convive con un exiliado en un ambiente cargado de buenas almas que quieren ayudarlo. Pero este relato, además, tiene una estructura perdida: empieza con la venta de una leontina (de un reloj-viático de un tío arzobispo) y termina en las tetas de una italiana hermosa llamada Lorenza (uno de los pocos nombres cambiados para el libro, afirma el autor). Ese cambio dramático no se debe a un ritmo veloz del tipo que acompaña los Trópicos de Miller, sino, parece ser, a un descuido. ¿Qué pasó con el reloj aquel que había acompañado a los Faciolince desde hace quién sabe cuántos siglos? Bueno, les permitió a Bárbara, Héctor y la niña ver una película de Woody Allen, por lo menos.

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El resto de la historia, si la hay, nos la queda debiendo. Y también el erotismo: No todas las mujeres te buscan con la mano. Ella sí. Ella quería probar qué había allí. Y en adelante siempre fue parecido: una larga caricia por encima de los pantalones, luego una mano hábil que abre el botón y baja la bragueta. Yo mientras tanto, con mis manos, de las axilas pasaba al pecho. Las tetas de Lorenza. (…) Eran perfectas. De un tamaño ideal que apenas rebasaba la palma abierta y cóncava de mi mano, con una areola rosada y suave, muy sensible al tacto, de perfecta textura cuando las lamía, mullidas y duras al mismo tiempo, blandas y firmes, aptas para la caricia y el mordisco leve. Lorenza desnuda era una aparición; algo tan perfecto que me quedé pasmado, mirándola un rato, sin poder reaccionar, mi miembro estupefacto apuntando con su único ojo hacia el techo, con una tensión de fruta madura a punto de estallar. Cuando mis dedos la tocaron debajo del vello, y hallé esa viscosidad tan abundante que una tirita de baba se enredó y colgó de mis dedos como un largo espagueti, no pude contenerme. Quedé como el peor amante tropical que ojos humanos vieran. Me vine allí, afuera, sin haber siquiera insinuado el ademán de penetrarla. Ella se murió de risa, y recogió mi semen con la mano para untárselo alrededor del ombligo. Abad Faciolince no es un buen narrador erótico, o por lo menos el erotismo de Un camino equivocado anduvo por un camino equivocado. Más felices y efectivas formas de erotismo las hay en todas partes. Tal vez no se trata de un recurso literario que pueda forzarse, sino una virtud natural que fluye con libertad, sin tropiezos. En Julio Cortázar ocurre felizmente; la escena es similar (¡qué estoy diciendo, no hay similitud!), pero en vez de “me le vine en la boca, babas de espagueti”, Cortázar nos arroja esto (del capítulo 5, Rayuela): Sólo esa vez, excentrado como un matador mítico para quien matar es devolver el toro al mar y el mar al cielo, (Oliveira) vejó a la Maga en una larga noche de la que poco hablaron luego, la hizo Pasifae, la dobló y la usó como a un adolescente, la conoció y le exigió las servidumbres de la más triste puta, la magnificó a constelación, la tuvo entre los brazos oliendo a sangre, le hizo beber el semen que corre por la boca como el desafío al Logos, le chupó la sombra del vientre y de la grupa y se la alzó hasta la cara para untarla de sí misma en esa última operación de conocimiento que sólo el hombre puede dar a la mujer, la exasperó con piel y pelo y baba y quejas, la vació hasta lo último de su fuerza magnífica, la tiró contra una almohada y una sábana y la sintió llorar de felicidad contra su cara que un nuevo cigarrillo devolvía a la noche del cuarto y del hotel. Sin palabras. El último de los “relatos autobiográficos”, Ex futuros, es un desafortunado intento de ensayo. De los tres, es el más corto y el más vacuo. Arranca despacio y felizmente con un párrafo acerca de la pasión literaria, se amalgama con el recuerdo de un pasado que pudo ser pero no fue, incitado por el reencuentro con un amigo, y termina, es decir, intenta terminar, ofreciendo apreciaciones ¿filosóficas? que, según Abad Faciolince, fueron “esbozadas” pero no “desarrolladas a cabalidad” por Miguel de Unamuno, y un poco por J. L. Borges. Pero, sin ir tan lejos, cualquiera que haya leído siquiera un buen artículo de opinión verá que Faciolince, en realidad, no ofrece nada. Ex futuros es un bosquejo, sea de cuento o de ensayo, pero nada más. Notas al margen esparcidas en demasiadas páginas. Fragmentos de árbol desperdiciados. Traiciones de la memoria no es en verdad un libro, sino una recopilación apresurada de textos envejecidos. Y aun la rapidez no justifica la malograda calidad: Dostoievski dictó El Jugador a su taquígrafa (futura esposa) en tres semanas, Wilde escribió El retrato de Dorian Gray en quince días, y Chejov llegó a escribir cerca de 120 cuentos en un año. Parafraseando a algún francés cuyo nombre no logro recordar (me traiciona la memoria), “un escritor se conoce por lo que no escribe”. Pues Faciolince no debió escribir esto; a lo sumo Un poema en el bolsillo, pero aun después de una depuración más sincera. Y ya que lo escribió, sin importar que para él fuera un escape necesario, lo valioso que pueda ser para su familia o si es producto de en un arranque de ira o felicidad y franco patetismo, nunca debió publicarlo. Debió quedarse allá, en el diario rosado, encerrado con llave en su mesita de noche.

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