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Montes Claros del Cerro y Crespo: indefensospasalo.blogspot.

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31-2-12-2015

DES-IGUAL
ÁNGELUS NOVIEMBRE

Con fecha un poco trucada por eso de archivar, y mi felicitación navideña, que
este año será del 2015-2016 en espera, me dispongo a realizar el relato de mi
Ángelus del mes de noviembre, un tanto en peligro por las ajetreadas fechas en
las que me toca plasmarlo. En el año 2012 se me traspapeló y sólo he podido
rescatar su esbozo y las fotos. Mi lapsus pudo ser detectado gracias a mi
trabajo sobre el envío al Papa, que a este paso es posible que no sea el
actual; tanto da. Demasiados temas a tratar y muy poco tiempo.

Aquel 25 de noviembre era muy especial,

se estaba a la
espera de una concentración por la tarde, en defensa de la mujer agredida por
el hombre. Lucha de derechos. Mi título ha sido elegido tal cual, con el guión
mejor, aunque bien mirado, hasta sin él estaría perfecto. DES-IGUAL trato se
va dando en estos tiempos nuestros donde priman más los de un colectivo u
otro, y el “depende” es el pan nuestro de cada día. En la política, más de lo
mismo, y también podría ser con mayúscula el vocablo que pasaría a ser
nombre y si me apuran, hasta alias.

DES - IGUAL. Que DES

IGUALDAD es mi ardua lucha con quienes
se parten el pecho en aras de la retorcida IGUALDAD. Jamás el derecho
de uno debe pisotear el de otro, máxime si en ello le va la vida, el
derecho primario y sin el que los demás sobran. Destacada la imagen del
brazo sujetando el lazo morado. Uno de los dedos apunta hacia arriba,
parece ser el índice, bien podría ser el corazón y al igual que hiciera el tal
Bárcenas empujando carrito en aeropuerto, hacer vistosa
“PEINETA”, ni siquiera por compasión. Minutos antes, no
pude resistirme a inmortalizar diferentes viandantes, cada
uno con sus manos bien ocupadas. Un anciano portando una
bolsa avanza hacia el precioso cuarteto apoyándose sobre
su bastón. Casi en paralelo, una joven madre empuja la sillita
de su hijo convertida casi en un carrito de compra. Delante
de ella, una anciana hace lo propio con el suyo, que bien
podría hacerle las veces de andador.
Cuando empujo el mío me traslado a
unos pocos años más allá.
Aquel día tocó gimnasio. Mantener una de las
herramientas principales en forma, debe ser un noble
objetivo. El día antes me dirigí al tanatorio
para abrazar a una antigua compañera
de colegio por el fallecimiento de un
familiar. La muerte no para, pero la vida
tampoco, aunque en más de una ocasión
se haga lo indecible para que no sea así.
Si dolorosa es la pérdida de una mujer,
tanto, o más, debería ser la de esos pequeños seres a los que,
casi nadie, presta la más mínima atención. Yo quiero ser su
“VOCERA” y mi sombra con cámara en mano espero dé buena
muestra de ello a lo largo de todo el año. ¡¡¡ A por mi sexto año!!!
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Para nuestra desgracia, pero sobre todo para la de esos diminutos seres, el
panorama no es nada esperanzador.
Desde el autobús, pude ver a un entrañable conocido,
que tan generoso fue con mi madre en sus temporadas
en Torrevieja y que tanto pedaleó por aquellos parajes.
Inclinado sobre su cachava, caminaba a paso tranquilo.
Atrás Pero aún a ese ritmo se va avanzando. Espero
prosperar en este lamentable duelo; nunca mejor
empelado el doble sentido, por dolor y por combate. El
breve tiempo empleado en la grata sorpresa de saludar
y charlar con la antigua panadera de la que fuera mi
Plaza, al bajar en la misma parada, compensó la pena
de no poder abrazarlo. Estoy en ello, parece mi sino el
cruzarme con él pues, el día de Los Santos Inocentes,
volví a verlo desde mi coche cuando me dirigía a
defender los derechos de otros INOCENTES en
Sotopalacios. La vida de la señora también tenía sus
dolores, sobre todo por su columna, desde entonces
debe hacerse acompañar por un bastón; algo bastante
habitual cuando se sobrepasa una edad. Razón tenía
la adivinanza de la Esfinge. Mentamos a sus nietos, ya mayores, también a los
míos y de lo mucho que se acuerda, aún, de mi madre.
Aún no era la hora y esperé unos momentos. Nada más llegar al lugar me
percaté de que no había pintada alguna, ni en las puertas del templo, ni en la
cercana pared. Preparo con tiempo mi pequeño escenario. Veo que la cera
derramada hacía un mes estaba allí. Me alegró el poder quitarlo yo, no me
gusta dejar eso a otros. Suelo aliviar el exceso de cera líquida con un
recipiente, tapa de mis DVD. Aquel día fue la vela verde, la del color de la
esperanza, la que debió recibir mi alivio para seguir luciendo; debí voltearla
más de una vez. Bien podría ser el presagio de cuanto nos aguarda. Me costó
que el encendedor lanzase su llamita. Creo que va a ser cosa del frío, pues en
casa funciona a la perfección. Una señora al verme con tanto apuro, trata de
echarme una mano y rebusca en su bolso, un encendedor, supongo; la
tranquilizo diciéndola que yo también tengo varios, tanto en mi bolso, aunque
no fumo, como en la bolsa portadora de las velas. Conviene no arriesgar. Aquel
mismo encendedor en mi bolso fue quien proporcionó la
primera llama en mi primera concentración, exactamente
el 25 de noviembre del 2010, ese día fuimos varias
personas.
Una mujer con deje extranjero charla conmigo. Al
preguntarle por sus orígenes me informa que es rumana.
Otra más joven se une a nuestra conversación. Ninguna
estaba por el aborto, pero lo entendían en algunos
casos. Es lo que pasa con la mayoría, lamentablemente.
Me comentó que una conocida suya quedó embarazada,
pero su estatus no la permitía seguir adelante. “Me
parece fatal” le contesté tajante. Nuestros argumentos,
sin ser coincidentes, nos permitieron tener una civilizada
conversación que me recordó a Concha Gavarón la que
contestaba los escritos cuando me dirigí al Ministerio de
la Igualdad con Bibiana Ahido al frente, hoy gran
vividora.
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“Hay otras salidas para esos casos” me reafirmé. Les entregué mi tarjeta a
ambas.
La más joven comenta que se puede dialogar aunque se tenga diferente
opinión sobre el tema. Eso mismo pienso yo, pero hay quién, sea a favor o en
contra, huyen despavoridos. Comento lo de mi dinero y los impuestos que
tengo que pagar “obligada” contra mi conciencia. Barra libre. También comento
el lamentable caso de aquella mujer que había abortado tres veces y su hija
otras tres. No están de acuerdo y me dan la razón. Sale a mientes la violación y
ahí hay que matizar. La pastilla del día después, y cuanto antes, lo considero
una buena salida, aunque sigue sin gustarme. Les comento la canción
“MADRE HOY NO ME LEVANTO” de Manolo Galván. No la conocía ni la
joven española. Era de nuestra época, no es extrañó. Puede que más de una
de mi edad no la conozca tampoco. Valiente mujer, sí señor.
La española comenta sobre la empatía. Eso es lo más importante. Ponerse en
el lugar del otro sería comenzar en la solución de tan triste y sangriento
problema.
Antes de llegar a casa me entero de que en Sevilla una mujer ha matado a su
marido y luego se ha suicidado. Ni una palabra en el telediario. Violencia de
Género femenino, supongo o violencia sin género de dudas.
Comento mi poesía, no la ve muy clara. Me pide un clínex, la ofrezco dos,
pero es prudente y se apaña con uno. Me comentó que a un compañero de
trabajo le habían arrestado en su trabajo, con esposas incluidas, por una
denuncia que resultó ser falsa. Otro compañero está en la cárcel por lo mismo.
Le comenté que yo habría impuesto el doble de pena a la difamadora, por no
decir asesina. Dios te libre de quien no tiene nada que perder. Te quitan todo,
hijos, casa, dinero y encima se burlan. También hay hombres víctimas.
La rumana afirma que el aborto es un pecado terrible. Comento lo acontecido
con uno de mis sobrinos y el pasotismo de las féminas a la hora de mantener
relaciones. Habiendo barra libre con mi dinero, aunque esté en contra de ello,
para qué tomar precauciones. ¡¡¡Es penoso!!! Las invito a rezar el Ángelus pero
la una tenía prisa y la otra me dijo claramente que ella no entraba en eso.
Respeté su decisión y agradecí la enriquecedora charla.
Aquel día fue pródigo en visitas, todas féminas. Otro
grupo diferente se acerca. Estaban en contra, como yo y
hasta más, una de ellas. “Somos Templo del Espíritu
Santo y no podemos hacer con nuestro cuerpo lo que
queramos”. (Lo acababa de teclear yo apenas 2 horas
antes al comenzar mi escrito MISERICORDIA A
RAUDALES). Le comento que para quien no cree eso no
le sirve, ella insiste. Le digo que hay que dialogar, como
dicen ahora, y tratar de ser un tanto benevolente con
alguna que otra matización. Estoy de acuerdo en que se
sea o no creyente, esa otra vida que late ya en el vientre,
no es propiedad suya. “De tu vientre eres la dueña, más, no de la vida que
encierra”, rezaba una de mis frases. Peculiaridad importante la del cuerpo
femenino y hay que tener responsabilidad, las guste o no, somos incubodaras
con patas, portadoras de vida. No me di cuenta de invitarle a rezar conmigo
ese día el Ángelus, que creo ya había rezado a solas, seguro que habría
aceptado.
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La señora insistía en que se les ha educado a los jóvenes en la creencia de
que pueden hacer lo que quieran. Lo vamos a pagar caro, con la que se
avecina. Doy tarjetas y explico mi caso. Una de las féminas me dice que ella en
eso del aborto, nada. Tiene una nieta de 16 años ya. No me di cuenta de
comentarle al respecto. La patética situación de hace a penas unos días, me
temo que no ha variado demasiado. En el brevísimo espacio de tiempo tras la
imposición lógica de que los padres han de conocer decisión tan impactante de
sus niñas, ya ha habido el caso de una que, recurriendo la decisión de sus
progenitores de seguir adelante con el embarazo y ofrecerla su ayuda, se
dirigió a un juez que se lo permitió. Ha habido genocidios en la historia, pero
este del aborto se va a llevar la palma. “A un pueblo se le conoce por
cómo trata a los animales” afirmaba Mahatma Gandhi. Yo iría más allá
y retocaría la frase terminándola con; cómo trata a los seres más débiles e
indefensos. Imposible no recordar a la famosa actriz Brigitte Bardort que
defiende a muerte a los animales, pero ha sido condenada varias veces por
racismo y hasta por calificar de tumor a su propio hijo.
Aprovechando la desigualdad entre la afluencia de
personal en aquel mi Ángelus, y la manifestación que se
celebraría después, y el trato tan DESIGUAL ante la
misma barbaridad, inmortalizo mi alegre bolsa de deportes
que parece apoyarme en aquel día tan especialmente
DESIGUAL.
Dejo el lugar con cierto retraso, pero contenta de haber
podido platicar al respecto. Ya en la cercana residencia,
veo las caritas de los ancianos en el cuarto de estar.
Huele a Navidad, o a sus preparativos, ya no lo sé muy bien. La médico, en
plena charla, bromea sobre pasar consulta en los pasillos por sus múltiples
encuentros.
Visito a la mujer de mi pueblo en su habitación, donde la encuentro tras mirar
en varios lugares. La informo de la muerte de mi tío. Ya lo sabía por uno de sus
hijos. Como siempre, se queja de sus constantes dolores. La hacen mil cosas,
la dan muchas pastillas, pero a penas nota alivio.
Se compadece de mi peso. Le digo que más pesaba la comida que llevaban al
campo en sus tiempos jóvenes; me sonríe, cómplice. Se recuerda que la di
recuerdos por medio de su hija que vive en mi barrio.
Varias personas se afanaban en terminar un Nacimiento, mi recuerdo para el
mío que, a buen seguro, estará terminado, pero rozando el tiempo, como me
ocurre cada año. De vuelta hacia mi casa, a punto de coger el autobús puedo
leer: “El oído es lo primero que desarrolla el feto”, reza un cartel con una mamá
y su abultada barriguita con notas musicales por doquier. Yo podría afirmar que
en más de una ocasión se pierde al poco de nacer, sobretodo si lo que se ha
de escuchar no es de nuestro agrado.
Ya en el barrio veo a una compañera de gimnasio dándole el
brazo a su madre junto a una emigrante. Un tanto doblada la
anciana, no me es desconocida y así se lo hago saber.
Con mi mente en la grabación de mi Nacimiento, cierro este
escrito por la vida, una vez más y las que sean menester.
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Con algún que otro retoque escribía así:

“El más grande destructor
de la paz es el aborto”

“Nos están matando” dicen,
lamentando ser las víctimas
de una violencia “machista”.
“Campañas y ¿después qué?”
preguntan desesperadas.
¡Quién pillara al meno eso!
diría más de un pequeño
que no llegará a serlo.

Diría aquella santa
en el lejano Calcuta;
otra Teresa más,
para alegrar nuestras almas
y enjugar nuestras retinas.
Si una madre ha de matar
al hijo en sus entrañas
qué podemos ya esperar;
¿cohabitar cual alimañas?

Al igual que hiciera el sabio
del poeta Calderón,
comprenderán con resabio
que en su desgracia ya tienen
la respuesta a su amargura,
pues, aquestas penas suyas,
las harían ellos contento,
firmarían con premura.
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