You are on page 1of 3

Reflujo gastroesofágico en el

embarazo
Autores: Ángel Aguarón de la Cruz, Guadalupe Aguarón Benítez y Raquel Oliva Sánchez
Fecha: 04/01/2016

Entre el 45 y el 80 por ciento en las gestantes
suele sufrir reflujo gastroesofágico provocado
por los cambios hormonales y las modificaciones
anatómicas propios de este período.
El reflujo gastroesofágico (RGE) es el paso del
contenido gástrico desde el estómago al esófago por
la alteración de los mecanismos que normalmente
bloquean ese tránsito. Se considera patológico
cuando es continuo, el contacto del ácido gástrico
con la mucosa esofágica es duradero y la resistencia
del esófago a los agentes agresivos resulta alterada,
de manera que produce síntomas o inflamación del
esófago.
Aunque el 15 por ciento de la población española
tiene RGE, la mayoría de estos pacientes no
presenta esofagitis erosiva porque el reflujo no
implica siempre que haya enfermedad por reflujo
gastroesofágico (ERGE). En la población general,
el reflujo se produce tras comidas copiosas pero sin
ninguna complicación, mientras que en el caso de los
pacientes con ERGE se registran síntomas molestos
o complicaciones.
El desequilibrio del balance entre los factores
agresores y defensivos de la mucosa esofágica
provoca la ERGE. Entre sus causas más conocidas
y relevantes está la alteración del esfínter esofágico
inferior (anillo de Schatzki), que rodea el esófago en
su unión con el estómago, de forma que cuando está
normal, impide que el contenido del estómago pase
al esófago. Sin embargo, cuando resulta alterado, su
presión en reposo disminuye y permite el flujo del
contenido estomacal.

Síntomas y complicaciones
El síntoma más típico de la RGE es la pirosis, que
se describe por parte de los pacientes como una
sensación de ardor, quemazón o fuego que comienza
en el epigastrio o en la ‘boca del estómago’ y sube por
el centro del tórax pudiendo llegar hasta la garganta y
sentirse como un ácido en la boca. Aunque se presenta
a lo largo del día, es más habitual tras las comidas, al
agacharse o estar acostado, y se da con periodicidad
e intensidad variable, llegando a alterar el sueño y las
actividades de la vida diaria del paciente.

Otros posibles síntomas son la regurgitación, es
decir, la sensación de que la comida va a la boca,
o el dolor del centro torácico de aparición brusca
por espasmos esofágicos, manifestado en forma
de opresión o quemazón en la parte anterior del
tórax que puede extenderse hacia la mandíbula, el
brazo o la espalda. Además, es posible que la ERGE
provoque problemas al afectar a órganos ajenos al
tubo digestivo, como la laringe o los bronquios.
Las complicaciones del RGE son:
• La esofagitis erosiva, que induce una contracción
del músculo liso longitudinal con hiper respuesta
y alteración de la contractilidad del músculo liso
circular, provocando congestión del esófago,
eritema y edema de la mucosa y hemorragia.
• La estenosis esofágica, secreciones de ácido y
pepsina que erosionan a la larga la mucosa del
esófago, generando una sustitución por tejido
fibroso, de forma que los pacientes sufren disfagia,
odinofagia, regurgitación y dolor torácido
• El esófago de Barret, una condición precancerosa
del esófago caracterizada por la presencia
anormal de epitelio columnar en el recubrimiento
del esófago inferior.

El sistema digestivo en el embarazo
La gestación está entre los factores de riesgo para
el desarrollo del reflujo gastroesofágico, además del
alcohol, el tabaquismo, las bebidas gaseosas, los zumos
y las frutas cítricas, los alimentos condimentados o
grasos, los tomates y salsas de tomate, la hernia de
hiato, la obesidad y la esclerodermia.
Los cambios durante este periodo por las demandas
metabólicas del feto, la placenta y el útero, así
como los elevados niveles de las hormonas, sobre
todo la progesterona y los estrógenos, y finalmente
modificaciones anatómicas por la acción mecánica
del útero en crecimiento, provocan:
• En la boca. Más susceptibilidad a irritaciones
locales con fácil sangrado y empeoramiento de
las gingivitis previas, así como mayor frecuencia

de odontalgias y caries y un incremento en la
producción de saliva.
En el estómago. Su vaciamiento gástrico se
prolonga y el caridas y el píldoro pueden sufrir
atonía, favoreciendo el reflujo alcalino. El hábito
alimentario cambia, con momentos de fuerte
apetito y otros de inapetencia, principalmente
cuando hay náuseas y vómitos.
En el intestino delgado y el colon. La variación
anatómica impulsa el intestino hacia el diafragma.
Estos desplazamientos provocan estreñimiento
y pseudoobstrucción intestinal y, en algunos
casos, diarrea; dándose también posibilidades
de dolor abdominal, generalmente por síndrome
de intestino irritable. Es habitual la aparición de
hemorroides.
En el hígado. Los principales cambios que sufre
son en su función metabólica, influyendo en el
metabolismo energético de hidratos de carbono
y lípidos, principalmente. La función hepática
suele permanecer normal, pero hay una gama
de trastornos durante la gestación que pueden
ocasionar ictericia, además de que es habitual
un incremento de los niveles de triglicéridos y el
colesterol durante la gestación.
En la vesícula biliar. La bilis es más litogénica
y la motilidad del árbol biliar es más deficitaria,
por lo que es más fácil la formación de cálculos
biliares.
En el páncreas. El embarazo predispone a
pancreatitis aguda e hiperinsulinemia.

Hospital Nuestra Señora del Rosario

C/Príncipe de Vergara, 53. 28006 Madrid, España.
www.hospitalrosario.com

En concreto, las alteraciones que influyen en el reflujo
gástrico se deben a que durante el embarazo existe una
mayor presión en el estómago y más progesterona,
una hormona que relaja sustancialmente los
músculos, incluyendo el esfínter esofágico interior.
El agrandamiento uterino incrementa la presión
intragástrica y disminuye el ángulo gastroesofágico,
facilitando el reflujo del contenido gástrico hacia el
esófago.
Además, elevadas concentraciones de progesterona
disminuyen la motilidad gastrointestinal y la
absorción de los alimentos, rebajando también
la presión del esfínter esofágico inferior. A ello, se
suma el aumento de la concentración de gastrina de
origen placentario que provoca un incremento de la
acidez del contenido gástrico.
Estas alteraciones hace que el reflujo gastroesofágico
sea muy común durante la gestación y tienda a
repetirse en posteriores embarazos, afectando igual
a nulíparas que multíparas. Suele presentarse con
una frecuencia de entre el 45 y el 80 por ciento en las
gestantes, desde el primer trimestre (52 por ciento), al
segundo (entre el 24 y el 40 por ciento) hasta el tercero
(9 por ciento). Generalmente, presenta síntomas,
pero en casos dudosos o con complicaciones se puede
detectar mediante endoscopia o procedimientos
invasivos como el control ambulatorio del pH o la
manometría esofágica.
Tratamiento del RGE durante la gestación
Para aliviar los síntomas de pirosis de la madre y
proteger al feto en desarrollo, el tratamiento del
reflujo durante el embarazo consiste en:
• Modificar la dieta, evitando los alimentos que
irritan el esófago inflamado (frutas y jugos
cítricos, el café, las gaseosas, el té, los alimentos
picantes o condimentados) y los que agravan el
reflujo (grasas, frituras, pimienta o menta, leche
entera, aceites vegetales o animales, chocolates,
alimentos o sopas cremosas hechas con pollo o
leche, comidas rápidas, carnes grasas, jamón,
vegetales fritos o tomates).

Hospital Nuestra Señora del Rosario

C/Príncipe de Vergara, 53. 28006 Madrid, España.
www.hospitalrosario.com

• Cambios en el estilo de vida, como dejar de
fumar, evitar tomar chicle o caramelos duros, no
acostarse inmediatamente después de comer o
no ingerir comidas tarde por la noche, no llevar
ropa ajustada, comer pocas cantidades varias
veces a lo largo del día, reducir el peso en el
caso de exceso y elevar la cabecera de la cama 12
centímetros.
• Administrar alginatos a demanda que alivian
rápidamente el ardor y tienen un buen perfil de
tolerabilidad y seguridad en el embarazo.
• Los antiácidos que contienen alumnio, magnesio
y calcio son aceptables en dosis terapéuticas, pero
se recomienda evitar el bicarbonato de sodio y
las dosis elevadas de trisilicato de magnesio. Los
bloqueadores de ácido son seguros pero se han
de suministrar bajo supervisión médica.