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edición al cuidado de jorge tula

portada de anhelo hernández
primera edición en español, 1982
© siglo xxi editores, s. a.
is b n

968-231175-6

Segunda ed ición (A rgentina, 1 9 8 3 )
ISBN 9 5 0 -9 3 7 4 -0 0 -8
H echo el d epósito que marca la ley 1 1 7 2 3
Im preso en A rgentina-Printed in A rgentina

Desde la vertiente de los indios. 93. 28. Armas. modelo latino­ americano finisecular. hacia la colonia. 22. LA CAM PAÑA AL DESIERTO C OM O ETAPA SUPERIOR DE LA CONQUISTA ESPAÑOLA 45 Recuperación del pasado/legitimidad del presente. arreos y jinetes. MÁS DE U N SIGLO DE ESTANCIAS. 61 IV.. 31* Martí. 42 III. 53. clasicidad e ideología. 85. 86. De Guatemala y el Perú. Dos itinerarios de las vacas. La apelación al pasado como neohispanismo. 46. fronteras y sal. Oligarquía y expansión. Los precursores de Roca1: hasta Juan Manuel de Rosas y la batalla de Caseros (1852). Táctica del positivismo. 26. 35. 91. Nacionalismos e historio­ grafía. 101. itinerario y problema del estado liberal. 69. 23. Desde el campo cristiano. el anti Gobineau. El porfiriato. El más allá de Roca. Balance con dos opiniones. 40. Uruguay. 20 II. Con motivo de Chile y del Brasil: de Coimbra y el país Vasco. DE M ÉXICO A TIERRA DEL FUEGO: INDIOS. 17. Equilibrio. Propiedades. 37.IN D IC E I. 79 V. 103 82 . lapsus y silencios. Por América Central y el Caribe. 51. 48. EL BURGUÉS CONQUISTADOR ENTR E RASTIGNAC Y STANLEY 65 Coincidencias e intercambios en la imaginación liberal. Sar­ miento: indios. 65. 57. Rosas. 98. CONDENAS Y GE­ NOCIDIO 22 La historia como contexto. Caballos. Alteración y reve­ ses de un programa. ROCA Y EL EJÉRCITO ARGENTINO E N 1879 11 Humus. Coin­ cidencia. desfases e impostación. 11. Entre la batalla de Caseros y Choele-Choel. 73. El mundo burgués comio texto y encuadre. 75. 82. Balance que suena a réquiem. GANADOS Y FORTINES De cacerías y cimarrones. Ecuador y Bolivia: indios lombrosianos. autobiografía y progreso. La naturaleza frente a los programas. 89. 15. Para­ guay y después. leyes y marginalidad. 96.

UN SANSIMONIANO EN LA PATAGONIA (1 8 7 6 -1 8 8 0 ) 203 11. De 1810 a Laguna «Brava (1848). Momentos de una larga querella. Colonos. Entre Caseros y las campañas de Victorica. VICENTE GIL QUESADA EN LOS LÍM ITES DE LOS INDIOS Y DEL 171 (1 8 7 5 . EL INTELECTUAL MÁS ORGÁNICO DE LA OONQUISta (1 8 7 8 ) 217 14. ZEBALLOS. DEL INDIO AL TRABAJO Y A LA CONVER­ SIÓN (1 8 7 2 -1 8 7 9 ) 159 5. In­ versión de la dicotomía de Sarmiento. 121. MILITAR MODERNO Y ESTANCIERO CIEN­ TÍFICO ( 1 8 7 6 ) 197 10. NICASIO OROÑO COMO PROVINCIANO Y PRECURSOR INTER­ 133 MEDIO ( 1 8 6 9 ) 3. Sobre paraguayos y jesuí­ tas. ÁLVARO BARROS. NAMUNCURÁ RECLAMA DEL PRESIDENTE AVELLANEDA ( 1 8 7 7 ) 208 12. MANSELLA. (1 8 7 5 ) * 185 DOS CORONELES CON OTRO TONO AL DE MANSELLA ( 1 8 7 5 1877) 190 9 . 126 PRESENTACIONES Y TESTIMONIOS ANTERIORES 1. 113 ANEXO B EL CHACO: MÁS ALLA DEL BERMEJO Y HASTA LA FORESTAL H 7 Una región dejada a un costado. CALFUCURA Y MITRE: MATICES.1 8 7 9 ) 6. JOSÉ HERNÁNDEZ. SOBRE ADOLFO ALSINA GOMO DIFERENTE Y PARECIDO ( 1 8 7 7 ) 212 13. ARQUETIPO DEL ‘‘g ENTLEMA n ’’-M ILITAR ( 1 8 7 0 ) 142 149 4. 118. EXPERTO EN FRONTERAS Y EN OTROS DETALLES ( 1 8 7 9 ) 224 1 . MELCHERT: u n m i l i t a r ALEMÁN p r o p o n e u n a t é c n i c a d e 179 p o s it iv is m o a s im il a c ió n 8.ANEXO A CONFLICTO CON CHELE: DE LOS GRANDES MALONES A LAS H U EL­ GAS ROJAS 107 Dos campanas.1 9 0 3 ) 7. 109. MISIONEROS ENTRE EL CIELO Y LAS TIERRAS ( 1 8 7 2 . 107. 123. EL PERITO MORENO. ALFREDO EBÉLOT. ESPECTROS Y MUTACIONES (1 8 6 3 ) 2. 120. mensús y confina­ dos.

EN TORNO A SARMIENTO Y SUS OBSESIONES SISTEMATIZA­ DAS ( 1 8 8 3 ) 20. VILLEGAS Y LOS GENERALES DE ROCA: PROCÓNSULES. DE ARGELIA A FENTMORE COOPER Y EL QUEBRACHO: AMADEO JACQUES (1 8 5 5 ) 26. a r n o l d : t á c t ic a s . EL GENERAL FOTHERINGHAM : TRÓPICOS SOMETIDOS ( 1 9 0 8 ) 312 BIBLIOGRAFÍA 322 . EDUARDO GUTIÉRREZ: ENTRE EL FOLLETÍN Y LA FRONTE­ RA ( 1 8 8 6 ) 261 268 TARDÍOS: 21. BOS­ QUES Y TINIEBLAS ( 1 8 8 1 ) 18. EMILIO CASTRO BOEDO. MILITA­ ROTES Y MERCADO 22. OLASCOAGA: LA VERSIÓN CANÓNICA ( 1 8 8 1 ) 241 17.ÍNDICE 7 15. FEDERICO BARBERA Y EL DIALOGO DE LAS REDUCOCIONES (1 8 7 9 ) 250 CULMINACIÓN: 16. LAS RETICENCIAS DEL COMANDANTE PRADO ( 1 9 0 7 ) 284 288 TANGENCIALES: 25. ENTRE EMPRESARIO Y PROYECTIS­ TA ( 1 8 7 2 ) 293 303 27. ROCA Y EL BALANCETRIUNFAL ( 1 8 8 1 ) 249 254 19. OCANTOS Y “ QUILITOS” ( 1 8 9 2 ) : CHINAS. PAYRÓ COMO SOCIALISTA DEL 1 9 0 0 Y “ HOMBRE DE *LA naqón’ ” 24. NIÑOS. UN MAESTRO DE LA GENERACIÓN DEL 8 0 . e s c a r a m u z a s 273 y m uertos (1 8 9 3 ) 279 23. MANUEL J .

Y para Justo Barboza y Aldo Comoto: este polémico collage. ranquelina y recordadora— que allá.En homenaje a doña Felisa —tan vieja y aislada. rezongó algu­ nas cosas. a orillas de la laguna. . muy hacia el fondo. en la Guardia del Monte.

pues son los ünicoj que se conservan. Muerte y transfiguración dt Martín Fierro. siempre peor.Tampoco en la historia figura ese capítulo. escritas por amanuenses asalariados por el gobierno. . car los materiales en las crónicas d e frontera. Ezequiel Martínez Estrada. es preciso bus. Allí la conducta del blanco es paliada o puesta en contraste con la del indio.

. se obstina en prolongar —con una creciente dureza que se lee en el revés de su trama triunfalista— un circuito que ya evidenció sus aportes más fecundos. Y a la vez señala la matriz y la institucionalización de la república con­ servadora que prevalece hasta 1916 como paulatino acuerdo entre el ejército y la oligarquía. una serie de acontecimientos felices comen­ zaron y terminaron la gran obra que ha dado los siguientes resul­ tados: la pacificación de los desiertos que se extienden al sur de la República. su eficacia si se quiere. Como si el estado liberal argentino presintiese que los planteos sobre la gé­ nesis de su poder pusiera en cuestionamiento ese mismo privile­ gio. ¿qué hizo. Conjunto social que si en 1930 logra de por Isí una equívoca reaparición de diez años. la liberación de varios centenares de cautivos. ] Manuel J. pero cada vez más sus límites. la conclusión de la guerra secular contra los indios [ . la sumisión y la regeneración de po­ blaciones salvajes. Olascoaga. realmen­ te. la conquista de 20 000 leguas de tierras fértiles entregadas a la civilización. ITINERARIO Y PROBLEMA DEL ESTADO LIBERAL Para la Argentina oficial 1879 significa el cierre de la conquista de la Patagonia y el decisivo sometimiento de los indios. ROCA Y EL EJÉRC ITO A RG EN TIN O EN 1879 En este año glorioso. La conquista de la pampa„ 1881. Coerción que se ha distinguido no sólo por ponerse en la super­ ficie en los momentos de crisis del sistema. . precisamente. HUMUS. en función de esos números escasos. es que pretendo abrir algunas preguntas: si en la Argentina actual —por ejemplo— donde el ejército ha proliferado hasta ocupar la totalidad del proscenio en el espacio histórico. en la Patagonia de hace más de cien años? Cuando el discur­ so de ese ejército adoptaba gestos espectaculares. jamás hubo genocidio sino. después de un siglo. sino por su peculiar capacidad silenciadora para negar la violencia que subyace a la instauración del estado liberal.I. Pero como entiendo que corresponde interrogar esas elusiones. y por su ejercicio de la censura ante los problemas vinculados a sus propios orígenes. a . ¿negó la impor­ tancia numérica de los indios? ¿Ése fue su recurso? ¿O la disfumó aduciendo una exigua calidad que no comportaba “magnicidio”? ¿O bien pretendió disolver su responsabilidad alegando que. su crispada ac­ ción represiva. hoy. su agotamiento y sus categóricas contra­ dicciones. Entre las que se destaca.

en la isla de Choele-Choel. especialnín l e ahora. después de 1955. de treinta y seis años de edad enton­ ces. deficiente ima­ ginación. el 25 de mayo de 1879. sa­ biéndolo a medias. pero también de lo que se ha eludido. ¿por qué no en la Argentina? ¿La Argentina no tiene nada que ver con los indios? ¿Y con las indias? ¿O nada que ver con América Latina? Y sigo preguntando: ¿No hubo vencidos? ¿No hubo violadas? ¿O no hubo indias ni indios? ¿O los indios fueron conquistados por las exhortaciones piadosas de la civilización li­ beral-burguesa que los convenció para que se sometieran e integra ran en paz? ¿Y qué significa “integrarse”? Pero. El estilo heroico del maestro Blanes necesitó de un largo modelo apaisado para pintarlo. Lo intentaré. “matanza”? Y que los que la cometieron. la integración de una comunidad y de su espacio evaluado como un mercado único y homogéneo. de manera más agravada. a la del turis mo o de las secciones periodísticas de faits divers? Por todo eso me empecino en preguntar: ¿no tenían voz los indios? ¿O su sexo era una enfermedad? ¿Y la enfermedad su silencio? Se trataría. me animo a insistir: ¿por qué no se habla de los indios en la Argentina? ¿Y de su sexo? ¿Qué implica que se los desplace hacia la franja de la etnología. no me convence la versión que me ofrece el cir­ cuito liberal de 1879 hacia acá. Y especialmente. Mutación que. Por algo “el con­ quistador del Desierto” de 1879 al año siguiente se convertirá en “el conquistador de la Ciudad” : es que ese general reproducía. el viento apaciguado y un sol metálico contribuyen a exaltar ese espectáculo realizado frente a cuatro mil hombres polvorientos y patrióticos. una “calcificación” de tipo institucional de rasgos estructuralmente h* mogéneos y coyunturalmente heterogéneos. ¿del discurso del silencio? O* quizá. Porque en lo que a los historiadores canónicos se refiere: ¿dijeron algo de ese silencio o colaboraron en el borramiento de las hue­ llas que todo eso dejó? Qué son esos profesionales de la histo­ riografía: ¿cómplices o afónicos? Si en otros países de América Latina la “voz de los indios vencidos” ha sido puesta en eviden cia. Ese Dieu caché de la Argentina moderna qu. los indios / fueron V los desaparecidos de 1879? Todos esos interrogantes. pero de ninguna manera eficacia operativa. O su des­ carnada imaginación de crisis: sobrevivir enmascarando su incapa­ cidad para formular una ecuación operativa que dé cuenta de la multiplicidad de variables que le plantea la complejidad histórica actual. No sólo de los procedimientos con que la élite liberal utilizó a los indios como mano de obra servil. El ge­ neral Julio Argentino Roca. EJÉRCITO Y FRONTERA lo sumo. sobre todo. trataré de hacerlo. mucha imaginación. Nada hay en esa ceremonia que antes no haya sido calculado. ministro de guerra y emergente del entramado de oligarquías provincianas que se irían articulando en el Partido Autonomista Nacional. la definitiva actualización de un circuito inaugurado en torno a esa unidad pro­ ductiva representada por la estancia desde fines del siglo xvm. desde la izquierda incluso. quizá. La soledad. para \ dójicamente. A partir. del 1930. hasta en sus últimas consecuencias: sobre . Pero hace más de cien años esa élite apuntaba a un salto cua­ litativo mediante la catalización de una serie de constantes previas: la consolidación indiscriminada de un poder central. más lastimosamente. representaba el punto de flexión de la estrecha alianza con un coro discreto pero de creciente poder de decisión: el ejér­ cito. y su inserción definitiva en el pro­ yecto mundial capitalista. Da& que.e realiza su pri­ mera explicitación decisiva casualmente con Roca. de manera frustrada. situada donde el río Negro se ensancha y se cubre de arboledas que lo destacan del resto de la desolada Patagonia. verificable en la repetitiva circularidad de sus contornos más deteriorados que han ido subrayando una suerte de rutina histórica en tanto “encerrona autística” o estrangulamiento estructural. Dentro de ese contexto. ¿fueron en­ tidades ajenas a lo militar? Porque me interesa saber no sólo de los negociados que se hicieron con las tierras de los indios. señorial y positivista. tema que suele tratarse. Imaginación espontánea. con tanta benevo­ lencia preocupada como los gentlemen de 1880 ya hablaban del gaucho humillado. Porque ese proceso histórico ha ido conformando. francamente. Lo que más inquieta. De todo eso sí. No ya en sus declaraciones a favor de la “salvación” o del “mantenimiento de un mundo” (y jamás de la invención). sino en la imposibilidad.12 INDIOS. se celebraba una gigantesca misa de campaña frente al ejército ar­ gentino. por cierto. a la que se le ha ve­ nido oponiendo. contaba ya con un protagonista nítido. esa “república i roca y e l e j é r c i t o a r g e n t in o e n 1879 13 conciencias” exhibe la crisis de la imaginación liberal. necesito aclararlos. cauteloso. dentro de la precariedad de medios. además. una suerte de “fermento" modificador que ni con las bases del yrigoyenismo ni con las peronismo —entendidos ambos como movimientos populares dimensiones nacionales y de ambiguos pero considerables índices favorables al cambio— ha logrado salir de una estructura coloide sólo episódicamente homogénea. luego del 76. del folclore o. Frente a la cual los sectores opositores han tenido —hemos tenido—. un antecedente argentino y un mito genérico. Es que en el tránsito que va de 1879 al 1930 y de allí al 19# a través de un desplazamiento que ya no sólo pone en la suptf ficie el vacío de poder sino el vacío de clase.

a Santa María de Chile o al mariscal brasileño Floriano Peixoto. que habiendo penetrado hasta la primera mitad del . la expedición de Roca —que si prolongaba una línea de fuerza histórica decisiva para los intereses ganaderos de la provincia de Buenos Aires. vocero y inetteur en scéne de ese acto. a Racedo. Otra fracción. a la vez pretendía tras­ cenderlos— necesitaba repetir el itinerario seguido por Juan Ma­ nuel de Rosas en 1833. deteriorante de los soldados y desproporcionadamente costoso—. la quinta. Resuelto a superar la estrategia de Adolfo Alsina que privilegia ba el viejo sistema de fortines —considerado por sus críticos como inmovilizador de la empresa militar. Y de manera ineludible. matizándolo en sucesivos refinamientos. brilla como uno de los candidatos más firmes a suceder al presidente Nicolás Avellaneda cuyo pe­ riodo constitucional termina. de barbas bíbli­ cas. Sus generales. la Patagonia ya no tiene las ca­ racterísticas mitológicas difundidas por Pigafetta en el viaje de Magallanes. requería. sino que des­ pués de la muerte de Adolfo Alsina. Rastignac desplegaba una andadura semejante. que lo imitaban hasta en su puntualidad y en su dandismo. frente al indio. no han podido. pero consciente de la continui­ dad y del salto cualitativo dentro de una línea general estratégica. una seguridad mucho más estable para su producción. teórico. pero no de la provincia hacia la ciudad sino de la ciudad hacia el mun do. ex ministro de guerra y cau dillo popular de Buenos Aires. con una lúcida visión de lo que implicaba el modelo norteamericano en su lucha contra el indio a fines del siglo xix. lo formulado por el virrey Vértiz. Roca. comenta socarronamente Eduardo Wilde. fue ba­ jando por la zona de Neuquén. así. Sobre todo. lo repetido por Rosas o lo apenas alterado por Mitre. en 1880. no sólo es una figura de significación equiva lente —ya sea por su carerra militar como por su ávido pragma­ tismo y sus bases sociales— al mexicano Porfirio Díaz. gastando anualmente millones de dólares y em­ pleando numerosos ejércitos. EJÉRCITO Y FRONTE** todo que el general Roca. 1873. partió de Guaminí. en el otro extremo de América. condensada programáticamente en el Facundo de Sarmiento treinta y cinco años antes. Su protagonismo exigía. Ese grupo social condicionado por sus compromisos con Inglaterra hasta en su paulatino acercamiento a un jefe puesto al día y más de acuerdo con las necesidades planteadas por la nueva política de la carne visualizada en 1876. su eficacia inmediata operó teniendo muy en cuenta el hegemonismo tradicional del gran latifundio bonaerense. de tirios y troyanos”.” La conquista militar argentina fue iniciada. en el orden mundial. al guate­ malteco Justo Rufino Barrios. dirigida por Lagos. más tierras. “Los Estados Unidos del Norte —había dicho Roca en su pro­ clama del 18 de abril de 1879 al poner en marcha su campañauna de las más poderosas naciones de la tierra. por la botadu­ ra del vapor Le Frigorifique. lo recogido por Rivadavia. Porque si la propiedad de la tierra había sufrido modificaciones parciales. avanzaba de manera arrolladora sobre “los espa­ cios vacíos”. “Porque él es un militar de primera línea”. al mando de la segunda. urgentemente. ROCA Y EL EJÉRCITO ARGENTINO EN 1879 15 OLIGARQUÍA Y EXPANSIÓN No abandonaré Carhué al humea. héroe. Calfucurá. por su aire de embajador de la III República. Y el núcleo del circuito justifica torio frente a los indios reiteraba. escribía uno dé sus representantes. tal cual iba anotando Eduardo Wilde. entre otros síntomas. salió de Carhué. dar solución a la cuestión de los indios. su presencia inmediata. Vosotros vais a resolverla.pasar la línea defensiva alcanzada durante él predo­ minio político de Mitre (1852-1874). en esa coyuntura de lanzamien­ to. en su esencia permanecía inalte­ rable. a Piérola del Perú. “Ese enemigo de todos nosotros. Uriburu. Era la faena prioritaria que. al mando de Godoy.14 INDIOS. sintetizaría Kipling con su invocación a The white manís burden. Zeballos—. Y si el significado histórico de su peculiar modernidad consistió en trascender definitivamente un diagrama cuyo arcaísmo aludía a los viejos rezagos virreinales. sus lineamientos primordiales se vinculaban a las ne­ cesidades expansivas actualizadas por los estancieros porteños. si el proyec­ to de Roca desbordaba los límites consabidos de la provincia de Buenos Aires. integrado en ese marco. de qué significaba ese proyec­ to y de cuáles eran los parecidos y las diferencias en una alusión al contexto continental. con la cuarta. hasta ahora. con un pequeño esfuerzo de vuestra labor. ensayando todos los sistemas. encabezó la primera división del ejército. La civilización liberal-burguesa. le correspondió avanzar desde Villa Mercedes. con sus re­ sabios del Grant de Tennessee. a raíz de su parentesco con un magno clan saltefio. con la división del centro. precisamente. En sus lineamientos generales. hacia abril de 1879. La diferencia mayor con­ siste en que. se pusieron al frente de las otras divisiones: Levalle. pero en orden”. salió de Trenque-Lauquen. Roca ordenó . “Más y más hacia el sur”. “Eliminarlos —teoriza Es­ tanislao S. Por eso. Testamento.

El que mejor ad­ ministraba la represión de la “barbarie”. TÁCTICA DEL POSITIVISMO Hoy. escribía sir John Seeley en su T he expansión of England. desgaste previo. re­ sulta un modelo para los militares puestos bajo ese mismo emble­ ma. Namuncurá confiesa que los campos pertenecen a la Na­ ción y no insiste más en sus ridiculas pretensiones.16 INDIOS. por un lado. sus rasgos más notorios se superponen con los de un militar civilizador. Proceso que si en el nuevo mapa mundial apuntaba a convertirla en boca de salida continental semejante a Shangai o Singapur. con una ironía que a cada paso se convierte en sarcasmo. la táctica de desgaste lie vada a cabo por el ejército argentino —en disponibilidad después de la guerra del Paraguay (1865-1870). distante hasta la dureza. Bien visto. sus grados posteriores los gana contra los montoneros del noroeste y especialmente en Ñaembé. y en que un aventurero como Auguste Guinnard la atraviesa entre 1856 y 1859 estimulando al Jules Veme de Los hijos del capitán Grant. la mayor novedad estriba en la existencia de una élite históricamente madura. y de la elimina­ ción de las últimas montoneras federales del catamarqueño Varela y del entrerriano López Jordán— había rendido sus frutos. 1878. y de las de Alberdi en lo jurídico y económico—. y que reconocía al general Paz como al antepasado más rescatable entre los jefes militares de la historia: “el manco” letrado. si Roca va organizando su prestigio militar en virtud del padrinazgo inicial de Sarmiento a lo largo de la presi­ dencia del sanjuanino (1868-1874). entrad “malones blancos” menos veloces pero más despiadados que los del movimiento inverso llevados a cabo por los indios. Al fin de cuentas. en este sentido. de ser posible. de la superación de la en sis económica que perturbó el periodo 1873-1877. General Levalle al coronel Luis Ma. Que si apelaban a la misma “santísima trinidad” —telégrafos. en la zona mesopotámica. el 1880 significará su ratificación jurídica con la federalización de la ciudad de Buenos Aires. sordo y sistemático. buenas maneras”. sus ascensos inaugurales los ob­ tiene en Tuyutí o en Humaitá frente a “los bárbaros guaraníes”. los Cañé y hasta los Avellaneda. montoneros y pampas os­ tentaban una imagen parecida de “hombres desnudos. En superposición con estos factores. ya no podía seriólo nacional. alertas. en la segunda mitad del siglo x ex . Un modelo castrense. las luchas con los indios de la Patagonia (y del Chaco) deben ser vistas como una complanen tación de la guerra contra los paraguayos y frente a los caudillos federales. el Chacho o Calfucurá indistintamente representaban fuerzas centrífugas que había que desbaratar. con los ingleses se hubiera en­ frentado al Mahdi sudanés y en Madagascar se hubiera permitido exaltarse cantando La Marsellesa ante las ruinas malgaches. la artillería a las otras armas. Para el cual si el mariscal López. un jefe debe demostrar ejecutividad y. rémington y ferrocarriles—. Porque por el otro.” Por eso es que. Un auténtico jefe positi­ vista: que si en México hubiera actuado contra los yaquis de So­ nora y en los Estados Unidos hubiese empezado de teniente de la Guerra de Secesión hasta alcanzar su generalato contra el in­ dio Gerónimo en la zona apache. provinciano y muy so­ brio se contraponía. Campos. por sobre todo. Entiéndase bien. lúcida hasta lo despiadado. de manera sistemática. “Y si esos indios nos han golpeado tres —sentencia Olascoaga—. memorialista. comenzaban a dibujar una ideología castrense que iba prefiriendo. ante “esa chusma de harapientos” . De ahí es que en la . Eso. en el debatí ROCA Y EL EJÉRCITO ARGENTINO EN 1879 17 político argentino corroboraba la carrera militar del propio Roca. “En cualquier latitud. al caudillismo román­ tico y desprolijo. Esa secuencia no sólo Ta­ rifica el proyecto liberal-burgués de homogeneización del escena­ rio político —dentro del cual guaraníes. incluso la caballería. primitivos y racialmente ineptos”— sino de intenso fortalecimiento de un poda centralizador. triple. al en­ cuadrarse en la llamada generación del 80 —que se veía a sí mis­ ma como realizadora de las propuestas de Sarmiento en lo político y cultural. EJERCITO Y FRONTE** siglo xix cuando Danvin aún la presiente “la matriz más oscura del universo”. El itinerario castrense del general Roca. pero sobre todo coincidente en varios ejes decisivos y coyunturalmente oportuna por haber asumido y evaluado qué parte de responsabilidad le correspondía en los fracasos anteriores: el exilio vivido por la mayoría de los padres de los señores del 80 fue el muro imaginario sobre el que más veces apoyaron su frente los Wilde. Choele-Choel clausura el circuito abierto en Olta y dramatizado al máximo en Cerro-Corá. nosotros debemos pegarles doble. alcanza el momento en que el poder de un gran cacique como Calfucurá impone su dominio desde la cordillera de los Andes hasta la costa atlántica. Allí reside en gran parte el éxito del “paseo” de Roca: cotidianeidad implacable. Lo que se llamaba “operación previa de limpieza” funcionaba así.

a la vez. más atenuadas en lo patio. Carlos Tejedor. Mejor dicho. Porque si en los días de la salida de la expedición. Su positivismo se mani­ miso y degradado”. “Concentra. como concluye W ilde). por los márgenes avanzan “indios sin caballo”. nos atenemos a la correspondencia de Remigio Lupo publicada en clan al que pretenecían sus esposas respectivas. acota guamiento de León XIII. Y en segunda.’' Porque si la marcha de Roca hacia el ción entre Moltke y Lyautey— para los Ricliieri. a hacer sentir su creciente prestigio político respecto del otro candidato presidencial una locura. cañe­ la promesa muy concreta de actualizarse con los pagos atrasados. efi­ reajuste de una coalición de oligarquías provincianas con un eje en Nada ciencia. Fotheringham en La vida de un soldado. suboficiales y tro­ mercantil. me habló muy seriamente. Ge­ pliamente actualizado en todas las empresas del bourgeois con. hombre atroces de esas latitudes. “Roca —prosigue La Pampa. sintonización con los ritos del capita­ de Offenbach. conservadurismo modernista. “Por lo menos. “toldos incendiados”. Y va de suyo. reajustaba al máximo una versión del Poder de acuerdo a cados— en desbordar una política inmovilizadora que se limitaba la concepción de las burguesías modernistas a fines del siglo xix y a la provincia de Buenos Aires y en culminar su carrera militar planteaba. e íntimo aliado de imbrican —en un estilo de partes desde la vanguardia— “los lin­ los intereses tradicionales de Mitre en tanto gobernador de Bue­ dos galopes”.” En primera instancia. hacia el norte ese mismo ademán implicaba el — ' de ' extraño tiene que a partir de ' esa combinación . sobre todo. “tolderías mugrientas”. “un general de renombre y empecinado y peligroso pretendiente a la Patagonia. con una fuerte dosis de Rerum Novarum y otra racial”. De de una suma de procedimientos eclécticos políticamente dosifi. . los Dellepiane. de donde era oriundo Roca. el punto de partida de la Argentina oligárqui­ con vistas a la presidencia. con el implacable Wilde. los telégrafos y el puerto único. mataba varios pájaros de un tiro. . . sobre todo. “chinerío su­ Negro. capitalización de un pres­ racistas parecen combinarse tanto en el ritmo de avance como tigio pulcro obtenido sobre los desmanes de sus subalternos. sobre todo en el pasaje del enérgico Pío IX al apaci­ pa.de. “cadáveres desparrama­ festaba.nerosa distribución de “chinitas” para criadas de antecocina o de quérant. los “días agradables”.Tucumán. socarronerías. Y bonos de tierra en premios a oficiales. de vieja data. que era en lo que hace a lo estrictamente argentino. en su severa economía de tácticas: monopolio dos”. nacionalización de las oligarquías provinciales y del La mayor eficacia del Roca de 1879. si controlada por su concuñado Juárez Celman a través de los Funes. mo exportador. feroz “homogeneización rales arrasadores. las “fajas de esmeralda en medio de un valle Roca. con connotaciones paternalistas. “la excelente movilidad”. Ademán misional. al culminar su conquista sobre la Patagonia con la cele­ inmenso”. EJÉRCITO Y FRONTE^ ^ . consistió entonces —a partir ticulación de los ferrocarriles. Pero en superposición. mediante la puesta al día o un veloz y ameno desfile mechado de cacerías de avestruces.hecho. . arreando a los indios quebrados por sus lugartenientes y expió­ los Varela.18 INDIOS. dentro ras de caballos entre los oficiales más jóvenes. sur. que pereceríamos todos infaliblemente por los fríos considerable. para ese otro arquetipo de defensoi piando sus tierras. presuponía un previo acuerdo con el latifundisdel “orden y el progreso” que fue el coronel Ramón S. semejante paradig.ta Wilde. pretenda parecer más un recuento de “sumisiones de Wilde— va a lograr que el litoral y el interior del país lleguen indios” y de “casamientos en masa” realizados por los misione­ a un acuerdo. y por las crueles privaciones consiguien de la generación de 1837 (“tan ampulosa. de esa “república de conciencias” donde el estilo . jugada entre una fachada ejército frente a las milicias locales. cen­ en los aspectos cotidianos.ca. y con el otro en Córdoba te y Gobineau— la marcha final sobre el Desierto patagónico. ma sirvió de referencia fundamental —mediante una curiosa ecua. los nos Aires desde 1876. según relata decisivo sobre Perú y Bolivia en la guerra del salitre (1879-1883). una actua­ ros. aconsejándome que no fuera. avanza y agiliza”. tan ineficaz y tan dis­ tes a un avance tan temerario”. “chus­ bración de esa monumental misa de campaña al borde del río mas desgreñadas y perplejas”. que lo encontramos ara lización del ejército mediante esa campaña fácil y triunfalista. Estas últimas disposiciones de Roca estaban dirigidas. Falcón. de vieja tradición porteña. a insinuar su poderío respecto de Chile —dominado por una oligarquía similar a la argentina— en avance te virilidad de la marcha Curuzú. “Que se los rifarán por cuatro pesos a los bolicheros”. comen. en la superficie de la marcha se tinta de la nuestra”. por cierto. que se instaura entre 1880 y 1916. La dureza del positivismo cristalizado y de las teorizaciones de las tierras expropiadas a los indios. ar­ inobjetable y una sórdida trastienda. lismo mundial. retretas musicales en las que el dúo de La Traviata se entremezcla con la estimulan­ del mapa latinoamericano. entre una parada marcial y unos late­ tralización. implacabilidad y cientificismo —entre Com. ROCA Y e l EJÉRCITO ARGENTINO EN 1879 19 Argentina. Y a la vez. fuerte estatización. “gritos y risotadas”. Pero. reafirmación de fronteras.

En especial del estilo mental que ha ido caracterizando a ese gru­ po social cuya creatividad actual se define por la represión y cuya ideología real es hoy el antipensamiento. por consiguiente. Dado que en el peculiar pragm atism o que carac­ teriza la realización de los programas de los dos teóricos mayores del liberalismo inicial se verifican. Lucio V. es­ taba indicando que la nación romántica se había convertido. se fue invirtiendo hasta la degradación cuando se trató de la mediatez estratégica de la Argentina. y al roquismo como la respuesta más cohe­ Memoria del departamento de guerra y marina. Y esa concentración. si esa actitud reactiva aparece como el Habían enviado emisarios y regalos a los principales caciques de nódulo primordial de la filosofía del 80. nislao Zeballos. efi­ cacísima en la inmediatez de la táctica de Roca. 1880 y el primer roquismo deben ser recuperados como momento clásico de la élite liberal argentina. ROCA Y EL EJÉRCITO ARGENTINO EN 1879 21 programa liberal romántico no sólo radica la matriz de lo más negativo de la oligarquía victoriosa. Carlos Pellegrini. Esta. recíprocamente. un balance desde sus propuestas hasta esa coyuntura en C onflicto y armonía de las razas en América (1883) y en La República Argentina consolidada en 1880 con la ciudad de Buenos Aires por capital (1881). Para usar otra clave: lo dramatúrgico se ha tornado escénico. 1881 rente e implacable de una conciencia posible. EJÉ R C IT O Y FRONTE^ de la genteel tradition de los Miguel Cañé. En ese punto culmina una serie de coordenadas que porque como lo han dicho en esa ocasión prefieren morir pelean convierten a sus planteos en “formas superiores” de la mentalidad do que vivir esclavos. sino de su posterior escepti­ cismo al verificar sus imposibilidades y sus insuperables conflictos. desde el arranque. deben ser leídos como la concre­ ción del Facundo y de las Bases. porque si la colonización y la distribución de la tie­ rra llevada a cabo por Roca contradecía lo más legítimo de lo pro­ puesto por Sarmiento. Barros. literatura. Precisamente por considerar a los indios como “ene­ ALTERACION Y REVESES DE UN PROGRAMA migos prioritarios y generalizados”. entonces. final­ mente. tinoamericano del siglo xrx representado por lo agroexportadorse ponía en movimiento hacia un apogeo del que sólo llegarían a verificar los límites con las primeras leyes antiliberales de ]a segunda presidencia de Roca entre 1898 y 1904. O con el cierre de la disponibilidad de tierras llegadas al p u nto d e máxima ex pansión hacia 1914. 1879. Pero que. Eduardo W ilde. Por eso. su eficientismo de militar positivista comprendía lo lineal. sus profundas tergiversaciones. 1879 y 1880. Conviene tenerlo presente: porque en esa doble alteración de . la federalización de Buenos Aires en luga1 de “descentralizar poderes” —como propiciaba Alberdi— los agi­ gantó en una concentración acelerada. conservadora argentina. Mansilla. Lópe^ Groussac —encabalgados en ese primer “milagro” económico ]a. no lo contradictorio. en estado liberal. Las palabras y las letras del tex­ to liberal programático han sido “puestas en pie”. Dicho de otra manera*: si el miedo frente a los indios. la inquietud por no ser las tribus araucanas. Más aún: hasta por el hecho de que el roquismo distorsionó ainbas propuestas.20 INDIOS. Incluso porque tan­ to Sarmiento como Alberdi hacen. alentándolos a la resistencia y ofreciéndoles considerado como europeo brota como lugar común de toda su su cooperación para un levantamiento para el que los invitaban. Sobre todo por el equilibrio logrado en tom o a un núcleo de coincidencias ideológicas.